Genießen Sie diesen Titel jetzt und Millionen mehr, in einer kostenlosen Testversion

Kostenlos für 30 Tage, dann für $9.99/Monat. Jederzeit kündbar.

Un Prisionero Dentro

Un Prisionero Dentro

Vorschau lesen

Un Prisionero Dentro

Bewertungen:
5/5 (1 Bewertung)
Länge:
240 Seiten
3 Stunden
Herausgeber:
Freigegeben:
Jan 11, 2020
ISBN:
9781507171950
Format:
Buch

Beschreibung

¿Qué tan lejos irías para defenderte… de tu propia madre?

Tiffany es una chica de diecisiete años atrapada en una batalla por la existencia. Mientras trata de reclamar los derechos por su propia vida y mete, su abusiva madre lucha por mantener el control.

Derramando todo su odio por el mundo sobre su hija, Tiffany sufre bajo el velo de preocupación de su madre mientras ella convence a todos de que las heridas de su hija son hechas por ella misma. Peleando para probar que no es mentalmente inestable y buscando escapar de su madre, Tiffany deberá tomar la elección decisiva sobre quién morirá y quién vivirá.

¿Pero qué tan lejos estará dispuesta a ir? ¿Y es acaso su alma el precio justo de la redención?

A Prisoner Within (La Prisionera Interior) es una poderosa y convincente historia de manipulación, abuso y miedo.

Herausgeber:
Freigegeben:
Jan 11, 2020
ISBN:
9781507171950
Format:
Buch

Über den Autor


Ähnlich wie Un Prisionero Dentro

Buchvorschau

Un Prisionero Dentro - J.M. Northup

Epílogo

Para Katherina & Desirae

¿Ves? Yo también puedo escribir historias oscuras y esta historia representa

el tipo más aterrador de monstruos que conozco.

Lo siento, pero no hay Zombis

Agradecimiento

Me gustaría dar las gracias a la otra J. Northup por su generosidad de tiempo y talento.

Mi cuñada me ha proporcionado apoyo y aliento constante. A pesar de su apretada agenda, editó esta novela para poder ofrecer el mejor producto posible a mis lectores.

Prólogo

Perdona pero no olvides, o te lastimarán de nuevo. El perdonar te cambia las expectativas, pero si olvidas pierdes la lección.

-  Autor desconocido

Capítulo 1

Me quedé allí, luchando conmigo misma. Las diversas piezas de platería parecían pesadas mientras las sostenía en mi mano. Mi agarre era tan fuerte, que mis ojos se movían constantemente a los cuchillos afilados que establecen pulgadas de mí en el cajón. Era un espacio minúsculo que podía cruzar en una fracción de segundo.

Ella era tan pequeña en comparación conmigo, yo era joven y fuerte. No podía entender porque ella fue tan cruel o tan odiosa, especialmente cuando yo podía superarla fácilmente. No podía comprender lo que cualquier niño podía hacer para que su madre lo despreciara, de la misma manera que ella me despreció a mí. 

Yo solo quería complacerla; estar cerca de ella. He trabajado para hacer cosas que la hagan sonreír o reír. Todo ello pareció servir de nada, nada fue lo suficientemente bueno; yo era eternamente defectuosa. Me pregunté por qué me había mantenido si yo era la letal sanguijuela que ella decía que era.

Mientras ella gritaba, todo lo que yo quería era terminar con su reinado de tiranía.

En ese momento, no importaba si eso significaba que tenía que matarla, sería tan fácil como agarrar un cuchillo, darle la vuelta y cortarla de mi vida. Cuando imaginaba mi golpe mortal, temblaba mientras me colocaba de pie, tratando de mantener el control.

Sentí una emoción por la idea de cortar su cuerpo, sin importarme si lo hacía con un cuchillo o no. Demonios, podría colocar en mis manos cualquier utensilio, incluso las cucharas, ya que todos ellos lograrían mi objetivo deseado y provocarían el daño anticipado que tanto quisiera cosechar.

Entretanto luchaba contra el deseo de atacar, ella continúo con su desprecio; gritándome insultos mientras me amenazaba. No parecía importarle lo que estuviese diciendo o haciendo, mientras me lastimase. Su objetivo era desgastarme, si ella era realmente ajena a mis deseos o simplemente se confiaba en que yo no entraría en acción en contra de ella, no estaba segura. Todo lo que sabía era que ella quería el control y la sumisión, su objetivo era que me rompiera y se los diera.

El poder del amor es eterno, incluso si tus fines son malos y si tus miedos están llenos de bondad y calidez, las masas se reunirán para complacerte y darte con gratitud lo que pidas y lo harán con un sentido de alegría. ¿No nos lo ha mostrado la historia una y otra ves? Por supuesto, yo no usaría intencionalmente el amor por beneficio personal, pero sé que mi madre lo haría. Si ella tuviera la capacidad o el entendimiento de lo que significa hacerlo, tendría el amor como su arma más preciada.

Así que me di cuenta que estaba en una encrucijada, ¿Acaso dejé que el mal de mi madre se tragara mi amor y me dejara en la oscuridad? ¿He ignorado quien soy yo y permití que mis acciones sean las de ella?; literalmente, ¿me he convertido en una persona que sé que no soy? Hablar con ella es inútil, nunca escucha. No he estado seguro de si es porque a ella realmente no le importa o porque ha sido lo suficientemente arrogante como para pensar que siempre tiene la razón. No creo que la respuesta importe, ya que nada va a cambiar simplemente porque ella no quiere que nada cambie. 

No se puede cambiar a una persona a menos que lo permita, solo puedes controlar tu propio comportamiento y esperar a poder ofrecer un buen ejemplo para influenciar a otros. Al igual que con la terapia –o cualquier cosa en realidad– si una persona no está dispuesta a hacer un esfuerzo para tratar de modificar, mejorar o ajustar sus reacciones, sus situación o sus ideas, entonces todos los intentos de forzar un cambio serian inútiles. El cambio es personal y depende totalmente de una sola persona: tú mismo.

No, no comprometería quien soy yo. Puse los cubiertos en su lugar apropiado dentro del cajón. Cerré el cajón, escondiendo los cuchillos que me llamaban con fuertes voces. Me rehusé a sacrificar mi vida por el deseo de cometer un delito en el momento. No le permitiría ganar a ella, lastimarla me haría sentir bien pero finalmente eso me destruiría, haciendo que todo mi odio hacia a ella me afecte. No, yo era lo suficientemente fuerte como para retroceder y soportar su abuso.  Sin importar lo que ella hiciera, yo no le correspondería, hoy no.

Trata a las personas de la misma manera en que tú quieres ser tratado. Vivía bajo esa regla. Si pudiera evitarlo, nunca sería como ella. Nunca provocaría de manera intencional hacer sentir a alguien de la mis forma que me hace sentir a mí. Yo quería en un nivel primordial, pero sabía que me horrorizaría la cantidad de placer que tendría si pudiera ver como se le escapa su vida, sabiendo que era plenamente consciente de que era yo quien la tomaba. No importa lo mucho que yo quisiera drenar su sangre, sabía que nunca atacaría, Dios manda a ser amable y compasivo. Eso significaba que nunca levantaría mi mano contra ella, al menos no intencionalmente o con premeditación. 

Mientras trataba de evitar el contacto visual, continué guardando los platos limpios y comencé a lavar las pilas nuevas. Ella me miró con una mirada amarga, queriendo que desafiase su autoridad para así encontrar un motivo para derribarme. Actué dócil y obediente, me disculpé y estuve de acuerdo con todo lo que ella esperaba que la apoyara, lo cual era cuán inútil e ingrata era yo.

Yo sabía que si hacía algo para provocarla tendría más problemas que su propia irritación. Sus disgustos por mi capacidad para ejecutar mis tareas de una manera más expedita era más que suficiente, si su ira y su atención no fueran inmediatamente disminuida o redirigida, ella me vería todo el tiempo lavando los platos. Tomaba nota de todo lo que yo hacía mal y usaba eso como su munición contra mí. Sin importar en realidad lo limpio que tuvieran los platos, ella se aseguraba de que tenía que lavar todo de nuevo. 

Si mi segunda limpieza no la complacía, ella seguiría enojada y me gritaría mientras lavaba cada plato, taza, olla, sartén y utensilio en la cocina de nuevo. A veces quema su energía cuando llego tan lejos con las cosas, pero otras veces, acaba por construir un punto culminante. Eso significa que debo estar en pie de atención, como un soldado viendo a mi madre lavar todo por si misma que hace todo en modo de insulto completo y a un volumen máximo.

¡Qué horrible sería eso! Una noche muy larga para mí. Recé para que mi mamá se detuviera esta noche, esperaba que hubiera algo en la televisión que ella quisiera ver o alguien que le llamara su atención para distraerla. Si tuviera realmente suerte, estaría impresionada con el programa o la llamada y eso la pondría de buen humor, así como algo bueno que se podría esperar de ella. Eso significaría que podría meterme en la cama fingiendo dormir para poder así escapar.

Una vez que había terminado de guardar los platos limpios en la rejilla, trabajé diligentemente preparando la cocina para lavar platos. Me deshice de la sobras de la comida bajo la dirección estricta de mi madre, luego comencé a organizar los platos y limpiar de antemano el fregadero y las superficies.  Hice todo a fondo y deliberadamente para evitar más drama. Si me iban a gritar, preferiría que fuera por el resultado de ser lenta y no por hacer las cosas mal. Así que, raspé y enjuagué los platos, organizándolos de manera ordenada en el mostrador para que mi mamá entendiera que sabía el orden adecuado para lavar las cosas. A continuación, lavé los tazones seguidos por los platos. Una vez hecho eso, se lavan y enjuagan los cubiertos y otros utensilios de cocina. En ese punto, ya que el agua estaría demasiado sucia para cualquier uso, se vacía la cacerola y vuelvo a lavar el fregadero, rellenando la cacerola antes de empezar a lavar ollas y sartenes. 

Limpié meticulosamente el fregadero y el plato mientras mi madre observaba atentamente. Esperaba que mi organización y los preparativos la aplacaran, además, esperaba que ella reconociera que yo era lo suficientemente inteligente como para saber que no debo lavar los platos en un fregadero sucio y así me dejara hacer sola mi tarea.

—Asegúrate de que limpias bien ese fregadero, no se puede lavar los platos si se lavan y se enjuagan en la suciedad—.  Su voz chorreaba de disgusto. Yo estaba haciendo todo lo que ella quería, así que ¿por qué estaba todavía tan enojada conmigo? ¿Qué estaba haciendo mal?

Solo quería que se fuera, que saliera de la habitación. Solo quería ser invisible para que se olvidara de mí. Dejé caer la vajilla en el plato, mientras la llenaba de agua caliente con jabón y cantaba mentalmente vete, por favor. Vete, por favor.

—¡Asegúrate de que utilizas agua caliente! —Mi madre gritó. –Tiene que estar tan caliente que apenas puedas soportarlo o no se limpiarán de todos los gérmenes y mierda.

—Sí, mamá —Reconocí que ella sabía que estaba prestando atención.

—Tu piel debe estar roja, está muy caliente —Gritó mamá. Se paró para probar la temperatura del agua para asegurarse de que seguí las instrucciones.

Miré la estufa con disgusto al ver toda la comida que había allí. No podía entender por qué mi padrastro nunca limpió sus derrames cuando sucedieron durante la cocción. Si él lo hizo pues que no se le queme entonces, así yo no tendría que trabajar tan duro para raspar y limpiar la estufa. Estoy segura de que lo hizo a propósito; tal vez un gesto de falta de respeto. No he estado segura de si el realmente me disgustaba o si el disfrutaba de la actuación de mi madre como un Señor supremo. 

—¡Esta estufa brillará mejor cuando hayas terminado, no quiero nada de ese vago de mierda! —Espetó mi madre–, ¡Cualquiera que lo haga debe hacerlo bien, o que no lo haga en absoluto!

Lo había oído antes, era más o menos la misma escena cada noche. No creía que sus rabietas fueran tan buenas para su digestión, ya que ella no parecía sufrir ningún efecto dañino, lo mejor que podía desear era que se cansara del alboroto habitual y se marchara. Yo continuaba mi canto silencioso. Vete, por favor, vete. Por favor.

Vas a hacer las cosas bien—Mi madre dijo eso como si yo pensara seriamente que tenía una opción en la materia. 

La amenaza era que mi madre no estaba fingiendo, yo sabía que las cosas se hacen bien o por lo menos de acuerdo a la conformidad de sus normas. Simplemente no estaba segura de cuantos platos tendrían que ser lavados antes de que se cumpliera. Para mi sorpresa, parecía que mi madre estaba perdiendo el interés en nuestro ritual mientras llamaba a mi padrastro para ver si su película estaba lista para comenzar. Sentí una sensación de excitación, encantada con la perspectiva de que algo distraería su atención de mí. 

Cuando mi padrastro le informó que la película estaba a punto de comenzar, me dio una última mirada de advertencia, diciendo hazlo

Sentí una ola de alivio que me invadió cuando mi madre finalmente abandonó la habitación.

Suspiré profundamente, aunque en silencio, para que nadie lo oyera. Ahora me atrevía a esperar que fuera capaz de acurrucarme en la oscuridad de mi habitación más temprano que tarde.

Odiaba caminar sobre arenas movedizas. Odiaba que no tuviera voz. Odiaba ser nada.

* * *

Había un olor gracioso. Me había movido tanto que me sentía cansado y un poco desorientada. Recuerdo vagamente el desenfoque de luces y sonidos que había recorrido. En última instancias, termine aquí, en esta pequeña habitación tranquila; desnuda.

—¿Sabes en dónde estás? —La señora me preguntó con calma.

—¿Qué? —Podía escuchar su voz, pero la información no estaba siendo procesada, me distrajo su precioso pelo rojo, tan grueso y rizado. No era tampoco un payaso color rojo. Siempre me ha gustado el cabello rojo y soñé con tener una hermosa hija con una hermosa cabellera roja e intensos ojos color verde. Me preguntaba de qué color eran los ojos de la mujer que hablaba. 

—¿Tifanny? ¿Sabes dónde estás? —preguntó la señora de nuevo con más convicción. La miré directamente. Por supuesto tuve que hacerlo; ¿Cómo vería el color de sus ojos?

—Tengo un poco de frío —me quejé suavemente, todavía no podía entender por qué estaba desnuda. Por supuesto, tampoco estaba demasiado preocupada por eso, estaba tratando de ver el color de los ojos de la dama. Me moví de lado a lado para tratar de seguir a la señora y me molestó que no se quedara quieta ni me mirara directamente. ¿Por qué no estaba cooperando?

Marrón, sus ojos eran marrones. Me encantaron los ojos marrones, pero siempre pensé que era demasiado común para mi hija imaginada. Quería que tuviera ojos verdes vivos y llamativos, un verde tan intenso que la gente pensara que llevaba contactos. Mi hija preciosa tendría ojos tan únicos que la gente pensaría que eran inhumanos. Irradiarían; ella irradiaría en oro, ámbar y jade. Serían mis joyas, mi tesoro. 

Otra mujer agarró mi brazo justo por encima de la muñeca y preguntó con una voz muy directa y autoritaria –Tiffany. Tiffany, ¿sabes dónde estás? 

Me di vuelta lentamente hacia esta nueva voz, no estaba segura de sí sonaba enojada o simplemente determinada. Quise mirar su cara para poder decidir, necesitaba el contexto de su lenguaje corporal. No sabía lo que tenía para estar disgustada, yo era la que no tenía ropa para hablar. Tras la inspección, me contenté con ver que la mujer no parecía loca, sino más bien muy enfocada. 

Esta nueva mujer era un poco más ronca y un poco mayor que la otra dama, se había cortado el cabello y yo admiraba la plumilla que mostraba sus hebras doradas. No era hermosa pero tampoco era fea, noté que era muy fuerte, su agarre era apretado y firme. Su voz era más profunda que la pequeña pelirroja y me llamó la atención lo suficiente que empecé a concentrarme mejor en la conversación.

—¿Qué?—pregunté—. ¿Qué dijiste?

La mujer me sonrió amablemente y me sentí al instante mejor, aliviada de que ella no estaba enfadada y me alentó con su muestra exterior de amabilidad. Su sonrisa era cálida y hacía que su cara ordinaria parecía extraordinariamente bonita. Le sonreí de nuevo, esperando que mi sonrisa fuera tan hermosa. Estaba segura de que no lo era, pero sonreí de todos modos.

—Tiffany, ¿sabes dónde estás, querida? —La mujer me preguntó de manera deliberada esta vez. 

—Sí —respondí a la mujer mayor—. Estoy en un hospital.

Mire a mí alrededor para asegurarme de haber dado la respuesta correcta. La habitación sucia, blanca, con suaves acentos azules y verdes, colores calmantes reconocí, para calmar a un paciente — fue suficiente afirmación para mí. También me hizo entender por qué estaba tan atraído por el  color de la bonita pelirroja en medio del mar de mundana decoración. Inmediatamente devolví mi atención de la habitación al hermoso color.

—Correcto —contestó la mujer mayor con un toque de alivio en su voz.

Las dos mujeres me daban vueltas para poder mirar mi cuerpo desde todos los ángulos. Cuando miraron mis muslos durante un largo tiempo, yo también miré. No estaba segura de lo que estaban tratando de encontrar, pero no vi nada. Lo único que vi fue la sangre brillante que estaba manchando mi antebrazo izquierdo. Era bastante notable en la aburrida habitación estéril. Aun así, no tenía el atractivo del hermoso cabello que cosquilleaba cuando accidentalmente se posaba sobre mi piel 

—No veo otros cortes o abrasiones ¿verdad?—La voz era tan dulce y el tono me recordó algo. Simplemente no podía poner mi dedo exactamente lo que ese algo era. 

—Yo tampoco —oí la voz atractiva y profunda decir.

—Yo tampoco —repetí y luego sonreí, esperando que la señora ordinaria mostrara su extraordinaria sonrisa de vuelta a mí.

—Tiffany, ¿tienes algún corte o herida que no sea la del brazo? —preguntó la voz profunda con amabilidad.

Cuando respondí, me di cuenta de que debían estar comprobando si había daños adicionales. —No. No, no lo creo. ¿Por qué? ¿Encontraste algo más? 

Comencé a reevaluarme, todavía no veía nada así que no estaba segura de la razón por la cual las mujeres estaban preocupadas. Yo estaba segura de que el personal de la sala de emergencias ya había manejado esto, después de todo, ¿no habían limpiado, cosido y vendado mi brazo? Mirando mi brazo, vi una mancha de sangre atravesando los vendajes. La sangre era un poco preocupante, supongo, ya que era visible a través de la envoltura, pero no fue tanto como para proporcionar una verdadera razón de alarma.

Noté que las dos mujeres se miraban brevemente, no pensé que lo habría notado excepto que el movimiento de mover su cabeza hizo a los cabellos rojos suaves de la señora balancear y rebotar. Me gustó incluso cómo las horribles luces fluorescentes le hacían brillar el pelo con reflejos color cobre. Solo sabía que sería impresionante verlo en la luz natural del sol. Estaba a punto de preguntarle si podíamos salir cuando detecté otra pregunta dirigida hacia mí. 

—Cariño, ¿sabes por qué estás aquí? —Oh, la linda pelirroja estaba hablando de nuevo. Un colibrí, eso era, su voz era como un colibrí, era un poco aguda y pequeña, especialmente en comparación con la otra mujer. Me di cuenta de que prefería la voz más profunda.

—Sí, alguien trató de matarme— respondí con mucha naturalidad.

Capítulo 2

Nunca olvidaré que nací para servir a mi madre. Nunca lo olvidaré porque ella no me lo dejará

Sie haben das Ende dieser Vorschau erreicht. Registrieren Sie sich, um mehr zu lesen!
Seite 1 von 1

Rezensionen

Was die anderen über Un Prisionero Dentro denken

5.0
1 Bewertungen / 1 Rezensionen
Wie hat es Ihnen gefallen?
Bewertung: 0 von 5 Sternen

Leser-Rezensionen

  • (5/5)
    How did this wonderful girl survive this kind of abuse and all the stress that came wit it... This book is a page turner until the very strong end.