Sie sind auf Seite 1von 15

UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA

Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación

«TEORIA MARXISTA DEL CONOCIMIENTO Y MÉTODO


DIALÉCTICO MATERIALISTA»

Enrique V. García
21 de JULIO de 2008
1. Introducción

Para Marx (1818-1883) existe una sola manera de interpretar la realidad social y es
mediante el «método dialéctico materialista» Fue a partir de este método que Marx edificó toda
su obra. En este punto existe unánime acuerdo. Sin embargo, a la hora de definir lo que significa
«método dialéctico materialista», ya no se vislumbra la misma unanimidad. De tal suerte,
concebir la univocidad de la expresión «método dialéctico materialista», sin recurrir a la mera
enunciación de un listado de ejemplificaciones, es poco menos que imposible. Se impone,
entonces, aceptar la fórmula que caracteriza al marxismo como «la filosofía basada en el método
dialéctico materialista», y, a la vez, dar cuenta de una pregunta que sugiere un ejercicio analítico
exhaustivo: ¿qué significa método dialéctico?
La expresión «método dialéctico» revela un alto grado de ambigüedad, en cuanto
remite a las normas que conducen al pensamiento hacia la formación del conocimiento, es decir
el método científico asociado a la cuestión dialéctica del marxismo.
Se sabe que Marx jamás llegó a desarrollar sistemáticamente su método. Antes bien,
se limitó a explicarlo, y en esa explicación, lo sugirió. Esto quiere decir que el modo del que se
valió, que procedía del análisis del capitalismo y su teoría económica conexa, le proporcionó
elementos más que suficientes como para trazar los lineamientos fundamentales que le
permitirían extraer conclusiones acerca de lo que se entiende por normas que conducen al
pensamiento hacia la formación del conocimiento y su sistematización teórica, es decir su
procedimiento metodológico, su método científico. Pero, ¿cuáles son esos lineamientos que
presumimos implicados en los textos de Marx y que, al rastrearlos en ellos, nos permitirían
relevar lo que significa «método dialéctico»? Bien, esos lineamientos son: (a) los lineamientos de
la teoría marxista del conocimiento, lo que equivale a decir la «dialéctica materialista»; y (b) los
lineamientos de la perspectiva y de los caminos que conducen a los objetivos prácticos a los que
se dirige una teoría como la referida en (a)
Lo que principalmente, y sobre todo, caracteriza e identifica al pensamiento de Marx
en esos respectos [(a) y (b)], es su manera de abordarlos. Marx no se propuso sino presentar un
esquema explicativo del conocimiento y su producción.
Marx procuró, antes que nada, comprobar cómo, en la práctica corriente de los
pensadores que lo precedieron, el conocimiento, tal como efectivamente se elaboró, fue
presentado según el pensamiento de quienes lo perfilaron. El procedimiento de Marx, fue
expresado en un pasaje de sus Manuscritos de 1857, donde refirió el modelo que adoptó, y que le
inspiraron sus pioneros, los economistas ingleses del siglo XVII [1]
Marx se complacerá con la valoración que le atribuyera al método científico con el
que regiría su pensamiento. Gracias a su preparación en la dialéctica hegeliana, Marx logró
entrever el sentido de los escritos de sus inspiradores, los economistas preocupados por la
elucidación del proceso de formación del conocimiento. No examinaremos aquí la inspiración

1
[] Marx, Karl; Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) [bosquejo] 1857-1858,
Siglo XXI Editores, México, 2002, Tomo 1, p. 21.
3

hegeliana de Marx, porque la «cuestión hegeliana» fue contestada por algunos marxistas de gran
proyección [2] No obstante diremos que es de lamentar que esa «cuestión» sirviera para
contribuir a subestimar la obra de Hegel (1770-1831), donde indudablemente se encuentran las
raíces del «materialismo dialéctico» «Soy un discípulo de Hegel», supo decir Marx, para luego
exclamar que «la vocinglería de los epígonos que creen haber enterrado a este pensador
eminente» le «parece francamente ridícula», por lo que se ha «tomado la libertad de adoptar
hacia» su «maestro una actitud crítica, de desembarazar su dialéctica de su misticismo y
hacerle experimentar un cambio profundo» [3] Así fue, no habiendo desarrollado la teoría que
sustenta su método, sino limitádose solamente a aplicarlo, es la dialéctica hegeliana la que cobra
importancia para la comprensión del método marxista, ya que «Hegel cayó en la ilusión de
concebir lo real como resultado del pensamiento .., de reproducirlo como un concreto
espiritual» [4]
El rasgo fundamental de la teoría marxista del conocimiento, es la naturaleza
«constructiva» que proyecta el conocimiento. Para Marx, el conocimiento resulta de la
construcción que efectúa el pensamiento, y consiste en la «representación» mental de lo
concreto, elaborada a partir de la percepción y de la intuición [5] El alcance de esta concepción y
su significado, solamente puede develarse conforme la manera de concebir el conocimiento. Esto
fue así antes (e igualmente después de Marx), no ya como resultante de una elaboración, sino
como «aprehensión» de algo exterior al intelecto, y que una vez aprehendido e incorporado al
pensamiento, se hace conocimiento.
Interpretar el conocimiento como «aprehensión», constituyó el mayor escollo para
abordar un análisis adecuado, se insinuó en la generalidad del pensamiento filosófico, y se
prolongó también hasta nuestros días.

2. La perspectiva de Marx

Le cupo a Marx abrir una nueva perspectiva. Mientras Kant (1724-1804) no sostenía
sino «el ser conciente de la conciencia» [6], es decir la estructura que el albañil crea en la
imaginación, antes de erigirla en la realidad [7], y Hegel abogaba por la dialéctica del «espíritu de
contradicción organizado» como uno de los principios fundamentales de su sistema filosófico en

2
[] Althusser por ejemplo, dice que Marx no es Hegel invertido, y que existe un cambio tanto en los términos, (ya que
Marx introduce nuevos conceptos que no se encuentran en Hegel), como en la relación entre los términos (ya que de la
relación hegeliana esencia-fenómeno, se pasa a la relación marxista en la que las superestructuras ideológicas, jurídicas,
y políticas no son el simple fenómeno de la esencia económica, sino que existen realmente y determinan a su vez este
nivel en la estructura social) Cf. Althusser, Louis; La revolución teórica de Marx, (traducción de Marta Harnecker),
Siglo XXI Editores, México, 1990, p. 5.
3
[] Marx, Karl; El Capital, II/5, p. 658, nota 20 (Manuscrito II (A 65), del libro II, de 1868 a 1870); en Dussel,
Enrique D.; El último Marx (1863-1882) y la liberación latinoamericana, Siglo XXI Editores, México, 1990, p. 337.
4
[] Marx, Karl; Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) [bosquejo] 1857-1858,
op. cit., Tomo 1, pp. 21 y 22.
5
[] Marx, Karl; Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) [bosquejo] 1857-1858,
op. cit., Tomo 1, p. 22.
6
[] Marx, Karl H. y Engels, Friedrich; La ideología alemana, Santiago Rueda Editores, Buenos Aires, Argentina,
2005, p. 26.
7
[] Marx, Karl H.; El capital, Siglo XXI Editores, México, 1987, T. I., Cap. V, [215]
4

lo tocante «a su contenido, la ciencia de la experiencia de la conciencia» [8], ambos no hicieron


otra cosa que replicar sobre vías, lógicas, y dialécticas que no son sino «sombras de la realidad»
Marx y Engels (1820-1895), en cambio, se rebelaron contra esa «tiranía de los pensamientos»,
contra esos «fantasmas cerebrales, de las ideas, de los dogmas, de los seres imaginarios» que
no se compadecen con «la esencia del hombre» [9]

La exclamación de Marx y Engels: «rebelémonos contra esta tiranía de los


pensamientos», preanunciaba ya una «inversión [reversión] dialéctica» en la que la exposición
del «ser de los hombres» como «proceso de su vida real», consiste en considerar a la conciencia
«como una parte del proceso social material humano, y sus productos en ideas» también como
«parte de este proceso», al igual que «los propios productos materiales» [10]
Marx concibe el conocimiento como «un producto de la mente que piensa» como
«un producto del trabajo de elaboración que transforma intuiciones y representaciones en
conceptos», y no como un «producto del concepto que piensa y se engendra a sí mismo, desde
fuera y por encima de la intuición y de la representación» [11] Se trata de una «producción»
que parte «de la percepción y de la intuición» Se trata de una fórmula contrapuesta al idealismo,
sobre la que se apoya el materialismo de la dialéctica marxista, que hace intervenir a los
instrumentos del pensamiento como operaciones mentales, y no como elementos extraídos de la
realidad exterior que el pensamiento aprehendería o reflejaría como si fuese un espejo. Pero,
¿Cómo es que el pensamiento logra esa producción que culmina en una representación mental
de la realidad objetiva? Marx aborda el asunto refiriéndose a los orígenes de la Economía Política
como disciplina científica. Nos proporciona una breve síntesis de lo que constituye «el método
científico correcto» de la elaboración del conocimiento. Dice que «los economistas del siglo
XVII, p. ej., comienzan siempre por el todo viviente, la población, la nación, el estado, varios
estados, etc.; pero terminan siempre por descubrir, mediante el análisis, un cierto número de
relaciones generales abstractas determinantes, tales como la división del trabajo, el dinero, el
valor, etc. Una vez que esos momentos fueron más o menos fijados y abstraídos, comenzaron
[a surgir] los sistemas económicos que se elevaron desde lo simple –trabajo, división del
trabajo, necesidad, valor de cambio- hasta el estado, el cambio entre las naciones y el mercado
mundial» [12]

El procedimiento que emplea Marx, describe una perspectiva filosófica original. Se


aparta de los procedimientos ordinariamente seguidos por la filosofía especulativa. Procura
examinar los lineamientos seguidos por los fundadores de la Economía Política, para después
caracterizar el método que siguieron, e inspirarse en él con el propósito de fundar su propio

8
[] Hegel, G. W. F.; Fenomenología del espíritu (traducción al español de Wenceslao Roces), Fondo de Cultura
Económica/RBA Coleccionables, S. A., Barcelona, España, 2002, p. 60.
9
[] Marx, Karl H. y Engels, Friedrich; La ideología alemana, op. cit., p. 11.
10
[] Williams, Raymond; Marxismo y literatura (traducción de Pablo di Masso), Ediciones Península, Barcelona,
España, 1980, p. 76.
11
[] Marx, Karl; Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) [bosquejo] 1857-1858,
op. cit., Tomo 1, p. 22.
12
[] Marx, Karl; Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) [bosquejo] 1857-1858,
op. cit., Tomo 1, p. 21.
5

método. Aquello que en los economistas fundadores no pasó de ser una mera práctica
espontánea, empíricamente conducida por la intuición y el natural talento de los autores, en Marx
constituyó el resultado de la aplicación conciente de un método dirigido a enfocar el camino que
se recorrió en la formación de la teoría del sistema capitalista. La descripción que hace Marx, en
cuanto se refiere a lo esencial del procedimiento que menta en la cita glosada [12], nos
proporciona un punto de partida importante para poder interpretar y comprender lo que, según
él constituye el método científico, principalmente consistente en la determinación de relaciones a
través del análisis.

2.1. El capitalismo interpretado en clave relacional

En el vocabulario de la Economía Política se acostumbra a hablar de Sistema


Capitalista» como «conjunto» donde todos y cada uno de los elementos constituyentes se
integran en una unidad y totalidad, de tal suerte que en tanto y en cuanto ese conjunto deriva de
los elementos que lo componen y está por ellos determinado, esos mismos elementos, a su vez,
derivan su especificidad y su individualidad del conjunto que constituyen y en el que participan.
«Capitalismo» es la designación que caracteriza a un tipo de organización económica. Menta la
forma de comportamiento de individuos que se ligan colectivamente entre sí en torno de
actividades productivas derivadas y conexas. Se trata de un comportamiento en el que todos los
hechos y situaciones que acaecen, (a) se hayan estrecha e indisolublemente interconectados, (b)
dependen y resultan unos de otros, (c) se configuran y determinan mutuamente, (d) constituyen
un conjunto complejo de relaciones distribuidas en el espacio y en el tiempo, y (e) se conjugan en
un todo que constituye el Sistema Capitalista, cuyas partes y elementos se condicionan los unos a
los otros, bien como con la totalidad que integran.

Capital, materiales, fuerza de trabajo, mercaderías, comercialización, crédito,


ganancia, reinversión y tantos otros elementos del capitalismo, representan formas funcionales
características del comportamiento humano, actos y actitudes de individuos operando
colectivamente, funcionalmente dispuestos los unos respecto de los otros y del sistema conjunto
en el que se integran y de donde derivan sus características y especificidades propias. El papel que
cada uno de esos elementos desempeña, está siempre en función del papel de los demás. El
capital, por ejemplo, está puesto en función de la inversión; la inversión está puesta en función de
la compra de fuerza de trabajo, de la compra de medios de producción y de la compra de otros
insumos que, a su vez, están puestos en función de la actividad productiva toda, que, a su vez, está
puesta en función de las mercaderías, que, a su vez, están puestas en función de las ventas que
permiten la recuperación del dinero originalmente invertido, más un excedente que representa el
margen de ganancia obtenido por el capitalista en compensación por las múltiples funciones
cumplidas durante el giro de las operaciones implicadas en un proceso productivo que se
repetirá, una y otra vez, al influjo de sucesivas reinversiones destinadas a recuperar la inversión
original, a obtener nuevos niveles de ganancia, a mantenerse en el mercado y a crecer en él y
expandirse.
6

Tal como puede apreciarse, la noción de «capital» tiene sentido sólo si se la considera
dentro del esquema descrito, y su naturaleza está inscrita en una trama de relaciones
determinadas. Es en esa trama en la que se integra el conjunto de elementos precedentemente
mencionados, donde se sitúa tanto la naturaleza de cada uno de ellos, como la de la totalidad en la
que se interconectan y forman. No hay «capital» fuera de esa trama de relaciones, y es en ella
donde su naturaleza se agota. De la misma manera, no hay «fuerza de trabajo», ni hay, tampoco,
cualesquiera de los otros elementos del sistema, sino en el Sistema Capitalista y dentro de la
trama de relaciones bosquejada.

Este mismo respecto es el que observamos en todos los aspectos y situaciones de la


realidad: en la naturaleza inanimada, en la naturaleza orgánica, o en lo que se refiere al hombre y
sus actividades. Es decir, hay una trama de relaciones que estructura y constituye el universo, y en
la cual se realiza su comportamiento, y se manifiesta. Trama sin solución de continuidad. Trama
que envuelve, interconecta, y configura todos los aspectos y situaciones. Este proceso se difunde
en todas direcciones, no tiene fin, tiende al infinito... y revela cierta unidad universal.

2.2. La determinación de tramas de «relaciones»

«Relación» es una palabra suficientemente ambigua en el vocabulario filosófico. Se


usó en el meollo de muchísimos debates filosóficos, aunque no siempre aparezca acabadamente
caracterizada, y por consiguiente oficie como fuente de oscuridades e imprecisiones. Con el
propósito de obviar esta dificultad, aquí se entenderá por «relación», la manera según la cual los
aspectos de la realidad externa que constituyen el objeto de conocimiento, se disponen y
componen en el espacio y en el tiempo; es decir, estriba en captar cómo se comporta la realidad, y
no en puntualizar una mera ligazón exterior entre distintos objetos que conservan su
individualidad, y donde la relación no aporta nada nuevo, como en la Lógica. Es en esta
disposición, en la simultaneidad o en la sucesión de los diferentes aspectos del universo, o en las
relaciones presentes en la realidad en él incluidas, donde está lo que el pensamiento trata de
aprehender y representar mentalmente, constituyendo lo que entendemos por «conocimiento»

Así, la «relación»: (a) engloba a los objetos relacionados, en una totalidad; y (b) los
engloba en una nueva unidad, en un sistema de conjunto dado por (b.1.) la relación que viene a
ser la disposición diacrónica (a través del tiempo) y sincrónica (con el tiempo) de los mismos
objetos, por (b.2.) la posición espacial y la sucesión temporal de cada uno con respecto a los
demás; y por (b.3.) la totalidad que, relacionados, ellos constituyen. Se trata de indagar en los
elementos que constituyen y estructuran las relaciones, pero no en los elementos autónomos y
sólo exteriormente ligados, sino congregados en una totalidad que trasciende la individualidad y
la mera suma de ellos. Los conjuntos así integrados y totalizados se integrarán, a su vez, como
elementos de conjuntos más amplios, articulándose unos con otros, e integrando, de tal suerte,
sistemas de relaciones constituyentes de sistemas más amplios y complejos.

En síntesis, los objetos de conocimiento, es decir los aspectos y las situaciones de la


realidad que se procura conocer, se discriminan o individualizan en función de las pautas que
7

rigen el sistema de relaciones en la que dichos objetos se totalizan y unifican, es decir, lo que Marx
denomina (y entiende «concreta») la unidad en la diversidad [13]

Ahora sabemos dos cosas: (a) que son las relaciones, y los sistemas en los que se
estructuran, las que caracterizan los aspectos, las situaciones y las circunstancias generales de la
realidad que procuramos conocer; y (b) que esas relaciones constituyen la realidad tal y como no
es dado conocerla, y que aprehendemos en el acto de conocer a través de las operaciones con las
que se elabora el conocimiento.

2.3. El proceso de «análisis» relacional

Si quisiéramos considerar más de cerca las operaciones de relación que propone


Marx. Si quisiéramos lograr aprehender y percibir, y a través de ellas conceptualizar el sistema
relacional de conjunto del capitalismo, podríamos examinar la dimensión fina del «análisis» En
este punto, Marx no es muy explícito que digamos. En la medida en que va refiriéndose
repetidamente a la operación básica y central de su método, no teoriza respecto de ella, se limita a
aplicarla en el tratamiento de los asuntos en los que se ocupa. Es tan seguro, preciso y riguroso en
esa aplicación, lo que se revela en sus textos (sobre todo cuando se ocupa de la teoría económica),
que podemos rastrear en ellos el desenvolvimiento del método y de los procedimientos de
«análisis», como si contuviesen no ya el tratamiento de un asunto específico y sí la exposición de
la propia teoría del conocimiento.

En Filosofía o en Lógica, analizar implica, de ordinario, descomponer un todo en


sus partes. No es este el sentido que Marx le da al término «análisis», sino la «determinación de
relaciones a través del análisis» De tal suerte, la operación de analizar consiste en sumar
elementos en un sistema integrado de relaciones donde todos y cada uno de los elementos se
determinan mutuamente, y en función del todo que componen. Para alcanzar esa relación
generalizada e integrada en un sistema único de conjunto, habrá que descubrir relaciones no
consideradas, faltantes con los que será posible completar totalmente la integración.

Marx se propuso operar según esas pautas de «análisis» en la elaboración de la


Economía Política, completando, o bien continuando desde una nueva perspectiva más amplia y
comprensiva, la obra de los primeros economistas. Así, a partir de situaciones y circunstancias
observadas en la población y en la sociedad cuya economía procuraba investigar y describir, Marx
se concentra en el «proceso social de producción»: en las clases, en el trabajo asalariado, en el
capital. Luego, considerando las relaciones en las que tales situaciones se estructuran formando
cada una un sistema específico e individualizado, procurará determinar cómo esos sistemas, a
través y a partir de las relaciones que respectivamente los componen, se articulan unos con otros
integrando conjuntos cada vez más amplios y comprensivos, hasta alcanzar la sistematización
general en una totalidad unificada. Esto es lo que constituirá «una rica totalidad con múltiples

13
[] Marx, Karl; Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) [bosquejo] 1857-1858,
op. cit., Tomo 1, p. 21.
8

determinaciones y relaciones», en contraste con la «representación caótica» [14] que antes


tenía de la población y de las diferentes situaciones y circunstancias en ella observadas y
percibidas sólo separada y fragmentariamente las unas de las otras.

Marx no revela cuál es el hilo conductor que lo llevaría a la integración del sistema de
relaciones que menciona. Tampoco se expedirá respecto de por qué ni de cómo de esas
operaciones de relación resultarían los descubrimientos y conclusiones que constituirían su teoría
económica.

Marx procura estructurar, con los datos que le ofrece la realidad socioeconómica que
observa, gracias a los conocimientos que le proporcionan los primeros economistas, el sistema de
relaciones en el que también se integran factores faltantes hasta entonces inadvertidos. Pero,
¿cuáles son esos factores faltantes?

2.4. El «análisis» de los factores socioeconómicos faltantes

Al abordar el análisis del sistema económico capitalista, Marx se interesa por la


explotación del trabajador, es decir por el usufructo del esfuerzo del trabajador. Establece que la
apropiación del producto social, resultado del esfuerzo productivo de los trabajadores, se canaliza,
en gran medida, hacia los no-trabajadores. Así, históricamente, mientras los trabajadores
permanecían en los más bajos estratos de la sociedad, la riqueza social se concentraba y se
acumulaba cada vez más en manos de una clase minoritaria no trabajadora: la burguesía. Como
se evidencia en la historia, es en la explotación del trabajo ajeno donde se asienta la estructura y el
funcionamiento de toda sociedad dividida en clases.

En el capitalismo, las relaciones sociales de trabajo y producción revisten una forma


de transacción mercantil equivalente a cualquier operación de compra-venta. En ellas no se
observan rasgos de privilegio jurídico o político, ni de subordinación o dependencia personal
entre capitalista y proletario. Las relaciones entre ellos, en principio se establecen libremente. Las
partes son jurídicamente iguales, y la fuerza de trabajo se paga con un salario cuyo monto se fija
según las bases que rigen el mercado de trabajo. Entonces, ¿dónde radica la explotación?, ¿dónde
la prestación forzada del trabajo como en la esclavitud o en la servidumbre?, ¿dónde la
apropiación del esfuerzo productivo del trabajador por parte del empleador? A estas preguntas
responderían: (a) los economistas burgueses y los defensores del sistema capitalista; (b) los
socialistas; y también (c) Marx.

(c) Marx introduce la noción de «plusvalía» [15] como diferencia entre el valor de
producción de la fuerza de trabajo del trabajador y el valor generado por esta fuerza de trabajo.
Este excedente es apropiado por el capitalista y representa el núcleo productor de la acumulación
capitalista. La «plusvalía» comporta una forma de comportamiento social oculta en el meollo de
los aspectos, de las circunstancias, y de las situaciones generales de la realidad económica del
14
[] Marx, Karl; Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) [bosquejo] 1857-1858,
op. cit., Tomo 1, p. 21.
15
[] Marx, Karl H.; El capital, op. cit. , T. I., Cap. XIV, [615]
9

capitalismo. Lo que Marx pretende, es analizar la realidad económica de la Europa del siglo
anterior, poniendo en perspectiva el sistema en el que la «plusvalía» se encuadra. Sistema en el
que se unificaron y totalizaron las diferentes circunstancias, las diferentes situaciones, y los
diferentes hechos de la realidad, sin agotar el «análisis» que permitiría la integración como
totalidad, puesto que restaba considerar otros factores faltantes, que darían en integrar un
conjunto completamente sistematizado.

Marx alcanzará, progresivamente, la perspectiva del sistema de conjunto del


capitalismo (que es lo que se propuso para dar con las consideraciones faltantes del sistema e
integrarlas), a partir de la consideración de las sucesivas formas que históricamente asumieron
las relaciones económicas, lo que significa relacionarlas tanto en ocasión del simple cambio [16]
esporádico de bienes (cambio que se realiza y explica por el valor de uso de los bienes
intercambiados), como en ocasión de la progresiva generalización de ese cambio, es decir con el
establecimiento de un criterio general determinante de la proporción en la que los diferentes
bienes son intercambiados, esto es con el valor de cambio de los bienes, que se fijará en base al
esfuerzo necesario para la producción de ellos. Cada bien valdrá, para fines de cambio, tanto
como el esfuerzo aplicado en la producción de él, lo que viene a ser trabajo que se medirá por el
tiempo que insume. Y, con el fin de simplificar y de facilitar las operaciones de cambio, elegiríase
un bien que servirá como punto de referencia y de medida para todos los demás bienes,
constituyendo la unidad de medida del valor de cambio: el dinero. De tal suerte, los bienes
tendrán: (a) un valor de uso que los caracteriza como bienes económicos; y (b) un valor de
cambio, expresado en dinero, que los caracteriza como unidad de medida del valor de
intercambio.

Marx considera los hechos que se presentan en la realidad que constituyera la vida y
el comportamiento económico de la población europea de su tiempo, desde una perspectiva
relacional, esto es, (a) considerando los hechos unos en función de otros; (b) indagando cómo se
integran entre sí, (b.1) cómo «participan» unos de los otros, y (b.2) cómo cada cual tiene un
sentido y un papel que deriva de su integración con los demás. Así, en la realidad que analiza, se
va recortando una cierta disposición ordenada, de conjunto de aquellos hechos, que tiende, con el
progreso del análisis, hacia la determinación de un sistema integrado de relaciones en el que
puede discernirse la estructura y el funcionamiento del capitalismo.

Para Marx, el capitalismo comporta un «enorme cúmulo de mercancías» [17] que


son objeto de compra-venta y circulan pasando de las manos de unos individuos hacia las de
otros miembros de la sociedad capitalista. Lo que distingue a esta etapa de la etapa de cambio en
la que se intercambian bienes, es que ahora interviene un intermediario universal de cambio
generalizadamente empleado: el dinero. Así, la situación se ha modificado profundamente.
Antes, la finalidad perseguida con el intercambio de bienes contemplaba, prioritariamente, el
valor de uso de ellos. Ahora, la finalidad contemplada prioritariamente es el valor de cambio. Se
16
[] La relación de cambio expresa una relación cuantitativa entre mercancías. Es la proporción en que se cambian
valores de uso de una clase por valores de uso de otra clase. Se trata de una relación que varía continuamente, según el
tiempo y el lugar.
17
[] Marx, Karl H.; El Capital , Siglo XXI Ediciones, México, 1987, Libro Primero, Volumen 1, p. 43.
10

insinúa en el funcionamiento de la economía, y va ganando terreno, una nueva circunstancia


fundada en el valor de cambio: el comercio. Es cierto que el gran público consumidor privilegia
en sus compras el valor de uso. Que compra bienes con el fin de utilizarlos o de consumirlos. Que
es el uso lo que le interesa. Y es cierto que el vendedor, en cambio, privilegia en sus ventas el
dinero que recibirá en las operaciones de venta. Dinero con el que adquirirá nuevos bienes,
constituyéndose en comprador de una categoría especial: comerciante que con el único fin de
vender los bienes comprados, los transformará en dinero: «el proceso de intercambio de la
mercancía ... se lleva a cabo a través de dos metamorfosis contrapuestas que a la vez se
complementan entre sí: transformación de la mercancía en dinero y su reconversión de dinero
en mercancía» [18] Por ende, para ese comerciante, lo que cuenta en los bienes que compra (y
luego vende en operaciones sucesivas permanentemente repetidas) no es el valor de uso, sino el
valor de cambio.

Así se entronizó en la economía el valor de cambio y, en vez de simbolizar la «mera


circulación de bienes» bajo la forma de mercaderías que se compran y que se venden, que es lo
que alcanza en una primera y más elemental visión y perspectiva de la economía capitalista, lo
que ahora se pasa a entrever (y antes pasaba desapercibida), es algo más profundo, menos
aparente a primera vista, más abstracto y más amplio, más comprensivo e integrador de hechos:
la circulación del valor de cambio, que es lo que en realidad se comercializa en las operaciones
mercantiles enmascaradas bajo la forma de compra y venta de bienes. Realmente, eso es lo que
circula. Algo que materializado y simbolizado en el dinero que lo mide y lo expresa, asume, en el
curso de esa circulación, más allá de la forma del dinero, también la de la mercadería, sin
identificarse ni con una ni con otro: el capital.

Con esto se esboza, en la economía capitalista que estamos observando a través de las
huellas que Marx dejara, cómo comienza a configurarse en la realidad económica que su análisis
va develando, un aspecto que en dimensión histórica representa el momento de maduración del
sistema: el capitalismo industrial.

Considerar el proceso histórico del que resulta el capitalismo industrial, que es


propiamente lo que de ordinario se entiende por «capitalismo», implica registrar un cambio
evolutivo: en una primera etapa, el comerciante que compra el producto terminado del artesano,
para hacer de ese producto la mercadería que venderá al consumidor, pasa, en una segunda
etapa, a suministrarle al artesano la materia prima con la que este trabajará, y recibe de él el
producto confeccionado con ella. Este cambio representa el primer paso de la desaparición de la
función de productor como artesano autónomo, y su reemplazo por la función de simple
abastecedor de fuerza de trabajo, subordinado directa y totalmente al capitalista. Un paso más , y,
en la tercera etapa, el comerciante, ahora devenido industrial, no sólo abastecerá al trabajador y
productor de la materia prima que utilizará, sino que lo hará trabajar en los locales propios, con
instrumentos de producción de propiedad del capitalista industrial. Es cuando habrá surgido la
manufactura y con ella el trabajador, antes el artesano autónomo ahora devenido operario que,

18
[] Marx, Karl H.; El Capital , op. cit. Volumen 1, p. 128.
11

con nada más que con su fuerza de trabajo vendida al capitalista, bajo cuyas órdenes y directivas
trabaja, contribuye al proceso productivo.

La circulación gana, con esto, una nueva dimensión. Antes, ella se realizaba con la
compra del bien vendido por el productor al comerciante, a la que le seguía la venta del mismo
bien, vuelto mercadería, al consumidor. El capital transita ahí tan solamente de la forma del
dinero a la de mercadería, retornando en seguida a su forma originaria de dinero, para repetir
indefinidamente el mismo ciclo. Ahora, en el capitalismo industrial, las cosas se complican
considerablemente. El capital se hace aquí, en su primer momento y fase de la circulación, de
dinero en los «insumos» con los que se fabrican los bienes finales: la materia prima, los
instrumentos o medios de producción, y la fuerza de trabajo. Una vez realizada la producción y
obtenido el producto terminado como bien final, el capital habrá mutado en ese bien, la
mercadería será destinada a la venta, que una vez realizada, repondrá el capital en su forma
originaria de dinero. Es en esto en lo que consiste la circulación del capital industrial, aspecto
esencial y fundamental del capitalismo y centro neurálgico del sistema.

Ahora bien, el valor de cambio de la fuerza de trabajo, está dado, como en toda
mercadería, por el esfuerzo productivo en ella aplicado, por la fuerza de trabajo insumida en la
producción de ella. Pero, ¿qué fuerza de trabajo es esta que produce trabajo? Evidentemente
aquella necesaria para la manutención del trabajador, y que hace posible al trabajador proveerla.
Para proporcionar fuerza de trabajo y venderla al capitalista industrial, el trabajador precisa
mantenerse, alimentarse, vestirse, cobijarse. Así que, siendo el valor de la fuerza de trabajo será el
valor de los medios de subsistencia necesarios para la manutención de trabajador.

Pero, con el nivel tecnológico y el nivel de productividad alcanzado por la humanidad,


la producción de cada trabajador excede largamente las necesidades de su manutención, salvo en
el «comunismo primitivo» [19] donde las sociedades muy primitivas que se mantienen en un
nivel estricto de subsistencia, donde el esfuerzo productivo, una vez satisfechas las necesidades de
esa subsistencia, no deja excedente alguno, y nada se puede desviar de esa finalidad sin el riesgo
de ver perecer a la sociedad. No es el caso de la sociedad y de la economía capitalista, donde la
capacidad productiva, su productividad, sobrepasa largamente las necesidades de manutención
de sus productores, generando un abultado excedente, hecho este que traducido en términos de
valor, muestra que el valor de cambio del producto de una determinada cantidad de fuerza de
trabajo, es superior al valor de cambio de esa misma cantidad. Los trabajadores y productores
producen un valor superior al valor de la fuerza de trabajo por ellos empleada en la misma
producción. De lo que resulta que, en el curso de la circulación del capital, y en el término de cada
uno de sus ciclos productivos, con la venta de la mercadería producida se produzca también un
cierto incremento agregado de valor. Es a ese agregado al que Marx ha llamado «plusvalía», y
con él explica el valor que bajo la forma de lucro es obtenido por el capitalista. Ese lucro no es más
que aquel acrecentamiento o «plusvalía» verificado en el curso del proceso productivo, y que

19
[] Fernández Lorenzo, Manuel; Periodización de la historia en Fichte y Marx; en:
http://www.fgbueno.es/bas/pdf/bas11004.pdf
12

revierte en beneficio del capitalista, capital este con el que se compran los bienes y mercaderías
que concurren en la producción y con el que ella se realiza cíclicamente.

Es por el lucro que se concentra en las manos de los capitalistas, que el capital social
se va acrecentando, que va circulando más, y que, así, va acumulándose. Y es esto lo que
constituye el factor esencial del dinamismo propio del sistema, de su tendencia a la ampliación y
al crecimiento de las actividades económicas. En suma, el llamado «desarrollo» constituye la
característica esencial y específica del capitalismo.

Aquí tenemos la solución del problema central que Marx se propuso resolver, y que lo
llevó a la conceptualización del sistema capitalista. Esto es, la teoría económica del capitalismo dio
con las raíces de la explotación del trabajo en el régimen capitalista: aquel exceso de valor
proveniente del producto del trabajo, es apropiado por el capitalista. Esto es así porque, tanto la
tendencia natural del sistema capitalista hacia la explotación del trabajo, hacia la ganancia, o
hacia la «plusvalía», anulan los condicionamientos exógenos y las limitaciones extra económicas.
La explotación del trabajo, el lucro, y la «plusvalía» son partes integrantes del sistema capitalista.
Se presentan y configuran ante el observador de los hechos económicos del capitalismo, como se
presentaran y configuraran para Marx, luego de que, a través del análisis y de las operaciones de
relación que ese análisis implicaba, alcanzara el sistema en el que la economía capitalista se
encuadraba y disponía. La «plusvalía» será el eslabón (antes de Marx no percibido) faltante, en
el «análisis» incompleto, para el conocimiento de la realidad socioeconómica marxista.

3. Conclusión

Es en el proceso de progresiva determinación de relaciones en lo que consiste la


producción del conocimiento. Desde este punto de vista, el conocimiento no es conocimiento de
cosas, ni de entidades, ni de seres junto a su esencia, como podría pretender la Metafísica, sino
que el conocimiento es conocimiento de las relaciones que se tratan de descubrir, de aprehender
y de representar mentalmente. Y son las representaciones así formadas las que constituyen el
cuerpo de lo que entendemos por conocimiento en general, y de lo que también entendemos por
ciencia en particular, toda vez que la ciencia no es más que aquella parte recortada, sistematizada
y deliberadamente elaborada del conocimiento.

Nos encontramos aquí con el corazón del problema del conocimiento. En la Filosofía
Clásica, es decir en la filosofía inspirada y fundamentada en la Metafísica, el problema del
conocimiento se circunscribía a aprehender la esencia del objeto real, es decir a saber lo que son
las notas que componen el objeto real, a pensar acerca del ser, a reflexionar sobre él, contando
con que una cosa es (a) el saber del algo, y otra distinta es (b) el ser de algo, o, si se quiere,
considerar que el ser y el pensar no son una y la misma cosa (Kant), o bien que, si lo son, el pensar
tiene preminencia constitutiva sobre el ser (Hegel) Esto es lo que la palabra esencia estaría
revelando, lo que implica la concepción de una realidad dispersa e inconexa, compartimentada
en cosas, seres, o entidades (cada cual con su individualidad e identidad propia y exclusiva) que se
determinan, caracterizan y afirman por su esencia respectiva.
13

Esta manera de concebir la realidad, y por ende de conocer, se encuentra en la base


de toda la Filosofía Clásica. En vez de la unidad universal, entendida como la realidad concebida
como un todo único, tanto en el espacio como en el tiempo (lo que constituye la posición
dialéctica, que implica un universo en permanente transformación en un proceso de conjunto
que arrastra su totalidad), la concepción metafísica se cimienta en aquellas partes o elementos
individualizados y solamente exterior e inmutablemente conectados unos a otros, que se
emparejan y suceden, pero que no se integran en conjuntos ni se transforman con ellos.

Contrastando con esa manera de considerar la realidad y de conocerla, surge la


dialéctica de Marx que: (a) de un lado trasunta la perspectiva de la unidad universal tanto en el
espacio, es decir en la interconexión, la relación y la integración conjunta de la totalidad de los
aspectos de la realidad, como en el tiempo, esto es, en la incesante transformación de ese
conjunto que antes que nada es proceso en continuo devenir; y (b) de otro lado el conocer
consiste en (b.1.) aprehender progresivamente y describir esa unidad universal, lo que nos es
dado a través de las relaciones que la componen y estructuran, y en (b.2.) hacerlo espacial y
temporalmente.

Es en una progresiva determinación de relaciones en lo que consiste la elaboración


del conocimiento. El conocimiento no es, entonces, ya de cosas, entidades, seres, ni esencias,
como en la Filosofía Clásica en general ni en su Metafísica en particular. El conocimiento es de
tales relaciones que se tratan de descubrir, de determinar y de representar mentalmente. Son las
representaciones así formadas y elaboradas las que precisamente constituyen lo que entendemos
por conocimiento. La marcha del conocimiento (inclusive la ciencia propiamente dicha, que no
es sino el conocimiento mejor sistematizado) consiste así en la elaboración de conceptos
representativos de las relaciones determinadas y observadas en el seno de la realidad
considerada, lo que se realiza por la articulación y conjugación, en totalidades y unidades de
conjunto, de aspectos y situaciones anteriormente determinadas, luego debidamente
conceptualizadas y así observables. Aspectos y situaciones relacionadas o sistematizadas en un
conjunto, se presentarán ahora desde una nueva perspectiva.

Veamos este proceso un poco más de cerca. Veamos la naturaleza de los conceptos
referidos, conceptos que son representativos de las relaciones determinadas y observadas en el
seno de la realidad considerada. Hay dos maneras de explicar la formación del conocimiento: (a)
por una parte, tales relaciones que se estructuran e integran en sistemas de conjunto, van a
constituir «la síntesis de múltiples determinaciones, por lo tanto, unidad de lo diverso» [20]
Valiéndose de la terminología filosófica clásica, puntualmente del término «concepto» y del
término «concreto», Marx concibe a tales sistemas relacionales como hechos mentales que son
«concretos mentales» representativos de hechos reales que son «concretos reales», y caracteriza
la situación diciendo que «[lo concreto] aparece en el pensamiento como proceso de síntesis,
como resultado, no como punto de partida, aunque sea el verdadero punto de partida» Esto
significa que lo concreto, que constituye una forma de la realidad considerada en conjunto como
20
[] Marx, Karl; Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) [bosquejo] 1857-
1858, op. cit., Tomo 1, p. 21.
14

una unidad, se alcanzó por el pensamiento, y en él se representó mediante un proceso de síntesis


que constituye la integración de una relación que resulta en una unidad consecuente que se sigue
de la diversidad. Así, «la representación plena es volatilizada en una determinación abstracta»
dispersa en las relaciones que la constituyen y estructuran; y (b) por otra parte, «las
determinaciones abstractas conducen a la reproducción de lo concreto por el camino del
pensamiento» En el primer caso, nos colocamos en la perspectiva del conocimiento ya elaborado
e incluido en el pensamiento, que es el concepto representativo de un aspecto de la realidad
concebida como concreto real resultante del proceso de síntesis efectuado por la integración de
relaciones. En el otro caso, estamos en la perspectiva contraria, en la del proceso de síntesis en
operación que va a culminar en la reproducción y representación mental concebida como
concreto pensado de lo concreto real, según Marx, para quien estas fueron las circunstancias que
llevaron a Hegel a caer en «la ilusión de concebir lo real como resultado del pensamiento que,
partiendo de sí mismo, se concentra en sí mismo, profundiza en sí mismo y se mueve por sí
mismo, mientras que el método que consiste en elevarse de lo abstracto a lo concreto es para el
pensamiento sólo la manera de apropiarse lo concreto, de reproducirlo como un concreto
espiritual» Contrastando aquella posición idealista absoluta de Hegel con su «materialismo
dialéctico», Marx da cuenta de su manera de ver el proceso de formación del conocimiento
diciendo que, «a la conciencia, para la cual el pensamiento conceptivo es el hombre real y, por
consiguiente, el mundo pensado es como tal la única realidad –y la conciencia filosófica está
determinada de este modo-, el movimiento de las categorías se le aparece como el verdadero
acto de producción (el cual, aunque sea molesto reconocerlo, recibe únicamente un impulso del
exterior) cuyo resultado es el mundo; esto es exacto en la medida en que –pero aquí tenemos de
nuevo una tautología- la totalidad concreta, como totalidad del pensamiento, como un concreto
del pensamiento, es in fact [en los hechos] un producto del pensamiento y de la concepción,
pero de ninguna manera es un producto del concepto que piensa y se engendra a sí mismo,
desde fuera y por encima de la intuición y de la representación, sino que, por el contrario, es un
producto del trabajo de elaboración que transforma intuiciones y representaciones en
conceptos. El todo, tal como aparece en la mente como todo del pensamiento, es un producto de
la mente que piensa y que se apropia el mundo del único modo posible» [21]

En síntesis, el conocimiento es elaborado («producido» dice Marx) representando


mentalmente mediante relaciones que están presentes en la realidad y que, de allí, son
aprehendidas por el pensamiento mediante percepción e intuición y a través del proceso de
operaciones de relación. Se trata de operaciones que irán integrando, en el pensamiento, las
diferentes circunstancias observadas en los aspectos de la realidad desde una perspectiva de
conjuntos más o menos amplia y comprensiva, lo que corresponde a la unidad en la diversidad y,
de esa forma, tales conjuntos se traducirán y representarán, mediante conceptos, en la esfera
mental del individuo pensante, lo que corresponde a lo «concreto pensado»

10. Bibliografía consultada


21
[] Marx, Karl; Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) [bosquejo] 1857-1858,
op. cit., Tomo 1, p. 22.
15

10.1. Fuentes primarias


Marx, Karl H. y Engels, Friedrich; La ideología alemana, Santiago Rueda Editores, 2005.
Marx, Karl H.; El Capital, Siglo XXI Editores, México, 1987.

Marx, Karl y Hobsbawm, Eric; Formaciones económicas precapitalistas, (traducción de M.


N. y Miguel Murnis), Ediciones Pasado y Presente, Córdoba, Argentina, 1971.

Marx, Karl; Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse)


1857-1858, Siglo XXI Editores, México, 2002.

10.2. Fuentes secundarias


Althusser, Louis; La revolución teórica de Marx, (traducción de Marta Harnecker), Siglo XXI
Editores, México, 1990.

Bottomore, Tom y Nisbet, Robert (compiladores); Historia del análisis sociológico


(traducción de Leandro Wolfson, Lidia Espinosa, y Ariel Bignami), Amorrortu Editores, Buenos
Aires, Argentina, 1988.

Cortés Morató, Jordi y Martínez Riu, Antoni; Diccionario de filosofía en CD-ROM,


Editorial Herder S.A., Barcelona, España, 1996.
Dussel, Enrique D.; El último Marx (1863-1882) y la liberación latinoamericana, Siglo XXI
Editores, México, 1990.
Karczmarczyk, Pedro; Algunas consideraciones sobre las concepciones epistemológicas de
Marx, en Revista de Filosofía y Teoría Política, nros. 31 y 32, Departamento de Filosofía de la
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, La
Plata, 1996.
Màrkus, György; Marxismo y «Antropología» (traducción de Manuel Sacristán), Grijalbo,
Barcelona, España, 1974.