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L4 NORMA JURIDICA Y SUS CARACTERES

Por el doctor Miguel VILLOROTORANZO

iQué es una norma?

Profesor de la

Universidad Iberoamericana

y de la Escuela Libre de Derecho

Una norma es una orden general, dada por quien tiene autoridad, para regular la conducta de otros. Una orden, es decir, un mandato por el cual se pretende obligar a las normas mandadas. Se distingue así del consejo y de la recomenda- ción, los cuales no pretenden obligar a las personas a las cuales se aconseja o recomienda algo. Una orden general, porque no se dirige a una persona en particu- lar sino a una totalidad, categoría o generalidad de personas, que po- drá ser muy extensa o tambikn restringida; por ejemplo, todos los ciu- dadanos o solo los comerciantes, o, todavía más restringida, los comer- ciantes que sean comisarios de una sociedad anónima. Por eso se dice también que la norma es una regla general, es decir, una pauta o mo- delo de conducta, a la que deben ajustarse las conductas concretas. Dada por quien tiene autoridad. En efecto, no puede pretender obli- gar quien carece cle autoridad. La autoridad es precisamente la po- testad de mando, la que generalmente está limitada a un campo o esfera; por ejemplo, una familia, una sociedad, un Estado, la Iglesia. Por lo tanto la autoridad es generalmente limitada. Sólo Dios posee una autoridad ilimitada. Para regular la conducta de otros. Así se señala el fin de toda nor- ma: que el ordenado realice o se abstenga de una determinada con- ducta. Por conducta se entiende un modo de actuar, de comportarse, de realizar algo y hasta de abstenerse de intervenir. El que obedece a la norma está regulando su conducta conforme a la regla dada y contenida en la norma. Regular significa ajustar o medir conforme a una regla. El verbo "regular" puede ser usado en el modo transitivo (cuando la acción expresada por el verbo pasa directamente del sujeto al complemento) despuntar: por ejemplo, la autoridad regula las con. ductas de los súbditos; y tambikn en modo reflexivo (cuando es el sujeto el mismo que sufre la acción) : por ejemplo, los súbditos regu-

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lan su conducta conforme a la norma. Esto implica que en toda nor- ma intervienen dos libertades: la de quien tiene autoridad que puede mandar o dejar de mandar, mandar esto o aquello; y la del súbdito, que puede obedecer o desobedecer lo mandado.

L,o común a todas las especies de jnormas

Puesto que, para que exista una norma, debe darse alguien que p0- sea autoridad o potestad de mando y otro alguien que reciba ese man- dato, es evidente que todas las normas, sea cual fuere su especie, pre- suponen la existencia de a) una sociedad, b) con alguien que posea autoridad, y c) con por lo menos un súbdito. Además, es común a todas las normas la obligatoriedad, Para que una sociedad pueda funcionar como tal dek tener un fin propio, compartido por todos los miembros, y encauzar las conductas de ellos al fin social. Los antiguos romanos decían. donde hay una sociedad hay Dere- cho: ubi societas ibi ius. Es que no puede sobrevivir y desarrollarse una sociedad si carece de un orden interno; y, para hacer posible ese orden, son necesarias las normas. Y, si no hay sociedad sin normas, tampoco hay normas sin sociedad. La norma es, por lo tanto, un fenómeno esencialmente social, orde- nador y regulador de las conductas de los miembros de una sociedad de acuerdo con el proyecto social. La autoridad se encuentra tambien en relación esencial con la so- ciedad. En otras palabras: toda sociedad necesita una autoridad para existir, sobrevivir y desarrollarse como sociedad. Ya dijimos que la autoridad es la potestad de mando. Y esa potes- tad debe ser ejercida tanto para mantener unida y ordenada inter- namente a la sociedad, dirigiendo a todos sus miembros al cumpli- miento del fin o fines sociales, como para poder defender la integri-

dad de esa sociedad frente a realidades y peligros extrasociales (que pueden ser otras sociedades o individuos, y fen6menos de la naturaleza, como un terremoto, una sequía o una inundación). Alguien tiene que tomar las decisiones que afecten al todo social y esas decisiones deberin ser acatadas por todos para que lleguen a tener eficacia. A esa persona o personas a las que se les reconoce la potestad de mando o de tomar las decisiones que deberán ser obedecidas por los lemás tambikn se les Ila- ma autoridad, pero ya no en el sentido de potestad de mando sino en el sentido de quien posee la titularidad de ia potestad de mando. Para evitar confusiones a esas personas se les llama simplemente gobeman- tes. El gobernante es, por lo tanto, aquel que posee autoridad.

ia autoridad puede repartirse -y

de hecho con frecuencia se re.

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parte- entre varias personas. Como decíamos más amba, toda auto-

ridad (salvo la de Dios) es limitada. El reparto de la autoridad se hace limitando todavía más la esfera de mando de acuerdo con funciones más precisas.

Por ejemplo, en los sistemas constitucionales que aceptan la dis- tribución de poderes, se encomienda a unas personas el elaborar leyes, a otra u otras el ejecutarlas y a otras más el juzgar los problemas sur- gidos de su aplicación. Así una misma persona puede ser al mismo tiempo autoridad en una determinada función y súbdito en todas las demás. Un juez será autoridad en los asuntos en los que tenga compe- tencia para juzgar y súbdito de otras autoridades en todo los demás. S610 el hombre que vive totalmente aislado de la sociedad, alejado de sus semejantes, no necesita obedecer normas, porque las normas dicen siempre relación a otros. Por eso no hay sociedad sin súbditos. Imaginemos la sociedad más reducida posible. Sería una sociedad bi. membre (es decir, compuesta de dos miembros). Tomemos como ejemplo a la sociedad conyugal. En las formas du- rante largo tiempo imperantes de su organización se reconocía al es- poso como autoridad y se hacía de la esposa el único súbdito. Pero, aun entonces, si la sociedad conyugal no quería degenerar en una mera unión arbitraria en que el macho imponía por la fuerza sus capri- chos a la hembra, el esposo debía responder para si responsabilidades. Edtonces, aunque en el momento de proclamar las responsabilidades

propias

(como las de su esposa) era autoridad, durante la vida de la

sociedad conyugal el esposo tambien era súbdito, pues debía obedecer las normas por 61 mismo proclamadas. Hoy, tomando conciencia de la dignidad humana en la mujer y en el varón, se piensa que la auta ridad de la sociedad conyugal debe ser compartida por ambos cón- yuges. Los dos tomarán las decisiones de común acuerdo. Estas pue- den significar el reparto de determinadas tareas. Una vez tomada la decisión, ambos cónyuges serán súbditos de las normas implicadas en la decisión. Hemos dicho que la norma es una orden por la cual quien tiene autoridad impone una conducta obligatoria a sus súbditos. Debemos explicar tambien en que consiste esa obligatoriedad. Así podremos distinguir a las normas jurídicas de las normas morales y de las religiosas. Pero antes hay que aclarar que los convencionalis- mos sociales, precisamente por no ser obligatorios, rigurosamente no

son normas; si se les llama así, será sólo en sentido analógico.

Los convencionalismos sociales

Por conuencionalismos sociales o reglas del trato social o

también

usos sociales entendemos aquellos modos de proceder que adopta es-

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pontáneamente un grupo o un subgrupo para Iiacer más previsible y humana la convivencia y asi limar las naturales asperezas que se pue- den seguir de lo insaiito, de lo tosco o grosero o simplemente de lo incivilizado. En efecto, el espíritu que origina y anima a los conven- cionalismos sociales es el de la civilidad, de la cortesía, de los buenos modales, de la urbanidad, del respeto social, del compañerismo, de la caballerosidad. Pueden consistir en modos de saludar, de vestir, de comer a la mesa, de hablar, etc. Los convencionalismos sociales "en realidad son meras invitaciones a su cumplimiento, sólo rigen en so- ciedad, únicamente se mantienen mientras los respeta la generalidad (de un grupo o de un subgrupo), y contra sil incumplimiento no

la

presión del grupo o subgrupo puede ser muy grande, al punto de ne- garse a seguir tratando con el infractor. Cuando los convencionalismos sociales se enraizan en la generalidad

y se pro8:ongan durante largo tiempo reciben el nombre de costumbres. Mientras éstas se siguen demandando por espíritu de civilidad, se- guirin siendo meras reglas del trato social, de las que se invita a los miembros a beneficiarse si quieren participar en una convivencia grata y civilizada. Pero es posible que el transcurso del tiempo, aunado a la materia de que se trate, acabará convenciendo al grupo que no basta invitar a los individuos a que realice determinada conducta, sino que es imprescindible haciéndola obligatoria. Entonces apare- cerá una costumbre-norma que podrá ser moral o jurídica. En resu- men: lo que distingue a los convencionalismos de las noimas tanto morales como jurídicas es el carácter de obligatoriedad ausente en las primeras y presente en las últimas.

reacciona la propia colectividad,

sino las individualidades".l

Pero

6Qué es la obligatoriedad?

Por obligatorieda,d se entiende aquella calidad que tiene algo para que pueda ser exigido como obligatorio, es decir, incondicionalmente, de manera absoluta, sin tolerar excusas, evasivas o pretextos. El vinculo por el cual alguien está unido (o vinculado) a algo obli- gatorio recibe el nombre de obligación. Analizada la obligatoriedad, tenemos los siguientes elementos:

1) Una autoridad con capacidad de imponer algo como obligatorio. 2) Uno o varios súbditos, que despues serán los obligados;

Una norma que es la orden o mandato por el cual la autoridad

3)

impone a los súbditos algo como obligatorio;

1 M'.lu>o~AmJos6,

Curso de Derecho

neral. 2a. ed., Madrid, 1975, p. 32.

candnico pala

furistns

civiles. Parte

Ge-

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4, Un contenido normativo que es aquello que se declara obligato- rio para los súbditos; 5) Un vinculo, que es la obligación, que une al súbdito o súbditos con lo mandado; y

6)

Un valor que trata de proteger o desarrollar la norma.

Estos seis elementos nos permitirán distinguir entre sí a las normas morales, jurídicas y religiosas. Pero todas ellas comparten el carácter de la obligatoriedad.

sólo se puede dar

en seres inteligentes y libres. Tienen que ser inteligentes para poder entender la racionalidad de lo mandado, y libres para poder obede-

cerlo.

Observemos, por último, que la

obligatoriedad

Las normas morales

La moral es la disciplina que estudia a la luz de la razón la recti- tud de los actos humanos con relación al último fin del hombre o a las normas que se deriven de nuestro último fin. Consciente o incons- cientemente todo ser humano tiende a desarrollarse en su integridad y no sólo en aspectos aislados de su personalidad. Claro que, según posici6n filosófica y religiosa, definir& diferentemente la meta de

su desarrollo integral: e; ideal o prototipo humano que se siente obli- gado a ser por su posición en el mundo. Muchos perciben que el fin último de su propia existencia que lo único que puede dar pleno sen- tido a su desarrollo humano, es el cumplimiento del plan o proyecto que para el:os ha establecido Dios.2 Otros cada vez. más numerosos, en nuestros tiempos de incredulidad filosófica y religiosa, no pueden o no se atreven o no quieren dar el paso definitivo del reconocimiento de una causa última y final de sus responsabilidades morales y se contentan con admitir órdenes norma- tivos, en realidad derivados de esa última causa (que para ellos per- manece incierta y que a veces es explícitamente negada), tales como el orden de la naturaleza o el de la felicidad o el de la justicia, o el de la convivencia civilizada entre los hombres. Pero, en todo caso, las normas morales aparecen como vincuiando a los individuos con el principio o razón de ser última de su existen-

su

2 Hoy -1amcntablemente no son pom los que consideran de mal gusto en un estudio cientifico la presencia dc la palabra "Dios". Y, sin embargo, ?cómo entender la racionaidad del universo en que vivimos si no es por una causa iiitc- ligcnte, omnisciente y todopoderosa que es precisamente Dios? Las leyes cicntifi- cas, tan laboriosamente investigadas par la cientificos son la prueba irrefutable de la racionalidad del univeeo y esta lo es de la necesidad de una causa inteligente ordenadora del mismo.

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cia, principio Último por el cual debe juzgarse el desarrollo integral, sin que esto excluya otros principios subordinados, Para aquellos que niegan Iiasta la posibilidad de algún último prin. cipio o de algún orden normativo supremo no puede haber moral ni

elecciones pragmáticas o hedonísti-

cas ante situaciones concretas. Estas breves explicaciones nos permiten distinguir la autoridad pro- pia de las normas morales. Es Dios, ya sea reconocido explícitamente como tal, ya permanezca encubierto por el orden nonnativo de la natu- raleza, por el de la justicia o el de la convivencia humana civilizada. En este sentido, es claro que las normas morales son heterónomas, pues son impuestas por otro, por un legislador que no se confunde con los súbditos a los que dirige. Las normas morales no son crea- das por los súbditos. Nadie puede, según su propio gusto o capricho, crearse su propia moral; dictaminar lo que es bueno y lo que es malo, declarar que son buenos el odio, el asesinato, el adulterio o la ven- ganza, por más que en algún momento le sean muy atractivos. Pero hay algo de verdaa en la teoría kantiana que defiende que las normas morales son autónomas. El ser humano conoce las normas morales por medio de su conciencia capta la norma moral. Conciencia moral (distinguiéndose así de la conciencia psicológica)" es la facultad de la razón práctica que juzga a los actos individuales o como buenos o como malos e indica que los primeros deben ser rea- lizados y los últimos evitados. "Siempre debe obedecerse el dictamen de la conciencia cuando ordena algo. Esto vale también en el caso de la conciencia errónea invencible e inculpable. El agente no tiene otra posibilidad razonable. Se acomoda a la voluntad de Dios en la medi- da en que por el momento le es posible. Sin embargo, no puede in- vocar precipitadamente su propia conciencia cierta, sobre todo cuan-

do otras autoridades superiores juzgan de manera discrepante, pues

n<>se daría entonces el caso de la conciencia que yerra

inculpable-

mente. Existe, pues, la rigurosa obligación de formar una recta con- ciencia reflexionando, estudiando, solicitando consejo, et~ktera.~ En otro sentido tambien se puede decir que las normas morales son autónomas. Lo ha explicado muy bien Luis María Olaso J.: "el des- cubrimiento y conquista de niveles, cada vez mis altos, de vida moral depende del sujeto. Un nivel mínimo se Iiace patente a todos; pero

3 La mnciencia puede ser moral y psicológica. Esta última es "un saber con- comitante acerca de la existencia psiquica propia y de los estados en que en un momento dado ésta se encuentra". (W~LWOLL,en el Diccionario de Filosofin diri- gido por Walter Brupger, S. J., Heder, Barcelona, 2a. ed., 1958. articulo "con- ciencia"). 4 SCHUSTER,cn el mencionado D~ccionariode Filo~ofiade Brugger, articulo "con- ciencia moral'.

normas

morales;

a

lo más habrá

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hay grados en la moralidad y, por eso, cada persona puede ir afinando su propia moral La frase "cada quien se hace su propia moral" la rechazamos sólo en el sentido anteriormente expuesto de que cada uno puede hacerse lícitamente su moral a su antojo o capricho; pero es admisible si se entiende que "cada persona puede ir elevando a lo largo de la vida

su nivel

reconoaiendo normas morales que le exigen una conducta más ajus- tada a su perfeccionamiento individuai".s Lo anterior nos lleva a otras características, en cuando la natura- leza de los súbditos de las normas morales y del valor que estas tra- tan de proteger y estimular. Como lo hemos visto, la razón de ser de las normas morales y el valor que estas postulan es el desarrollo integral de los seres huma- nos. Pero, dado que cada ser humano es diferente de los demás, las normas morales no se dirigen a todos en forma idkntica: a unos les pide más que a otros, a tal individuo se le postula un tipo de desarm- 110 que no se le pide a los demás: para un individuo algo es absolu- tamente obligatorio que podría ser para otros inútil, indiferente y has- ta nocivo. Esto hace que la generalidad de las normas morales quede subordi- nada a la individualidad concreta de cada súbdito. No es que las normas morales dejen de ser generales, sino que su generalidad, al plasmarse en circunstancias y realidades concretas diferentes, tiene apli- caciones también diferentes. En resumen: los súbditos de las normas morales son contemplados en su realidad individual más que en cuan- to miembros de categorías abstractas, puesto que se pretende su des- arrollo integral concreto y no abstracto. La obligatoriedad moral y las obligaciones que de ella resultan re. vistirán las siguientes características que suelen subrayar la mayor parte de los tratadistas: unilateralidad, incoercibilidad, y predominio de la interioridad sin exclusión de la exterioridad.

Al pretender el desarrollo integral del individuo, la norma moral es unilateral porque le impone deberes independientemente de los deberes que tengan otros individuos. "Determina la bondad o mal- dad de los actos, según que sea o no adecuados para realizar el bien racional del sujeto agente. Compara siempre las posibilidades de ac- tuacibn, frente a !la conciencia del sujeto y en relación con su' bien de manera que los actos conducentes al bien personal del sujeto, debe éste realizarlos, y por la misma razón debe omitir los actos incondu- centes. En uno y otro caso, el hombre se encuentra siempre frente a

.

de moralidad

mediante

su propio esfuerzo, descubriendo y

s OLA=

J. Luis Maria, Introducciórr al Derecho. Tomo 1, 1:nivenidad

Andris Bello, Caracas, 2a. ed., 1977, p.

145.

Cat6lica

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un deber, ya sea de acción o de omisión. En moral no hay más que deberes, jamás pretensiones o derechos; pues la moral, en el sentido estricto en que hemos venido hablando de eila, no compara los actos posibles para una conciencia, con los actos posibles de otra concien- cia en relación con su bien".= La incoercibilidad de las normas morales se desprende de lo dicho. Incoercibilidad significa la ausencia de presiones externas dirigidas a obtener una determinada conducta o la omisión de ella. La conducta moral ideal es precisamente aquella que puede realizarse con pleno conocimiento y completa libertad: "el perfeccionamiento del hombre, la realización de su bien personal, sólo es posible con su esfuerzo cons- ciente y libre".' Decimos "ideal" porque es evidente que pocas veces se logra la per- feción del conocimiento y iia plenitud de la libertad; por lo tanto, la mayor parte de los actos humanos se realizan con una libertad im- perfecta. Es de esa libertad, más o menos perfecta, de la que somos responsable. Las presiones externas disminuyen esa libertad y la ha- cen menos moral. "Hay pues incompatibilidad entre lo coercible y lo moral"." Por lo mismo, es característica esencial de las normas morales la interioridad. Es en el fuero interno de la conciencia donde el hom- bre tiene que decidir por el bien y recliazar el mal. La decisión mo- ral es aque4:a que brota desde lo más intimo del ser humano que es su conciencia. Pero, una vez tomada la decisión, 6sta debe fraguarse la mayor parte de las veces en actos externos. De allí que, en las normas morales, predomina la interioridad pero esto no excluye, sino que muchas veces exige, la exterioridad.

~

-

Las normas religiosas

Si por religión se entiende un modo de pensar, de sentir y de actuar por el cual el ser humano se vincula con Dios y le da culto, entonces es claro que las normas morales son tambiPn normas religiosas. En efecto, las normas morales suponen un modo de pensar, de sentir y de actuar, por el cual el sujeto somete y vincula su conducta, tanto interna como externa, al plan querido para el por Dios, plan que Ya conciencia del sujeto debe descubrir observando el orden de las cosas. Por lo tanto, la dimensión moral es esencialmente religiosa y no de- ben concebirse a la moral y a la religión como cosas independientes

6 PRECIADO HERNLNDEZ,Rafael, Lecciones

3a. ed., 1960, p. 112.

7 Id,

8 Ibidcm.

p. 115.

de Filosofia

del Derecho, Jus, M&xico,

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CARACTERES

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entre si o como si la primera fuera la mera conclusión práctica de la segunda. Todo hombre sinceramente moral será, a la vez, realmente religioso, reconozca o no su religiosidad, por lo menos conforme a la religión natural. Y, a su vez, todo hombre auténticamente religioso será un hombre verdaderamente moral. Se puede decir, por lo tanto, que las normas morales y las religiosas nacen del mismo fenómeno: de la actitud que toma el ser humano ante el ultimo principio determinante tanto de su cosmovisión como de su conducta. Por eso, las normzs religiosas son, como las morales, unilaterales o incoercibles y, también como ellas, esencialmente interiores aunque sin excluir la exteriori- dad. Ambas reconocen como su fuente a una autoridad "heterónoma", explicitada por la Religión como la Divinidad y encubierta por algu- nas morales como un orden normativo (de la naturaleza, de la jus- ticia, de la convivencia civilizada o de la felicidad). Ambas se diri- gen a la interioridad de la conciencia para, a partir de ella, trans- formar primero las conductas internas y luego las externas, Ambas imponen deberes a los individuos sin vincularlo a los deberes de los demás o a los propios derechos. Ambas hacen un llamado a la respon- sabilidad del individuo, sin servirse de presiones externas. En resumen:

el fenómeno moral es un fenómeno religioso. Hasta aqui hemos tomado la palabra "zeligión" en el sentido de "religión natural", Luis María Olaso J., inspirándose en Georges Re- nard, la define como "el conjunto de creencias y prácticas en rela- ción con Dios, que el hombre encuentra convenientes a su naturaleza por la sola luz de la razón natural de conformidad con la exigencia de sus vivencias intimasw.*Lo que acentúa esta definición es que a la religión naturaI se Ilega por la razón natural; es esta la que investiga el orden natural del cosmos y el lugar que le corresponde al ser bu- mano en 41, la que pondera las exigencias de las vivencias íntimas y la que, en definitiva, decide 'lo que hay que creer y lo que se debe practicar. Como se ve, es el mismo proceso que sigue quien toma de- cisiones morales. Puede uno todavía preguntarse si, a pesar de ser el fenómeno mo- ral un fenómeno esencialmente religioso (de religión natural), no existen diferencias entre las ciencias de la moral y de la religión na- tural. La respuesta debe ser que sí. Ambas estudian el mismo fenó- meno (tienen el mismo objeto material), pero lo estudian desde dife

rentes perspectivas (tienen diferente

de la moral es el desarrollo integral del ser humano y las conductas necesarias para lograrlo; Ya de la ciencia de la religión, la naturaleza

objeto

formal). La

perspectiva

9 Ouso J. Luis Maria,

op. cit.,

p.

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de Dios y sólo secundariamente se interesa por las formas de conducta que deberá seguir el hombre para realizar la voluntad divina. La rectitud de la conducta humana es el centro mismo del interés de la ciencia moral, en tanto que, para la ciencia de la religión sólo constituye un corolario. Hay que reconocer que, en nuestros tiempos, cada vez son más nu- merosos los que por "religión" sólo entienden la natural. Son los que suelen decir: para mí, todas las reiigioncs son iguales. Admiten que, por su razón natural y por sus vivencias íntimas, se puede llegar a

existencia de Dios y la obligatoriedad de algunas con-

reconocer la

ductas. En cambio rechazan o por lo menos rehuyen afrontar la posibilidad de que Dios se haya manifestado a los hombres, más aiin si esa mani- festación es reclamada como propia por una iglesia determinada. En otras palabras: no admiten religiones reveladas o positivas. Las religiones reveladas, tambiin llamadas positivas. parten del su- puesto que Dios puede y quiere revelarse a los hombres, ya sea direc- tamente ya por la interposición de un profeta o santo. "Revelación" es, por lo tanto, aquello que Dios da a conocer a los hombres, ya sea

sobre si mismo ya sobre lo que espera de los liombres. Relacionadas con esto están las cuestiones de la verdad y de la prueba de las diver-

sas religiones positivas.

Este no es el lugar para discutirlas. Nuestra

posición es que, aunque Dios habló muchas veces y de muchas mane- ras por los profetas,lO la Revelación plena y definitiva se dio en Jesu- cristo y se conserva en el magisterio de la Iglesia Católica. El hecho es que, para quien admite una revelación, esta puede dar origen a nor- mas obligatorias para los fieles, normas que pueden encerrar conteni- dos normativos que van más allá de lo que se puede captar por la mera razón natural. Por ejemplo, la obligación de guardar ayuno durante el mes del Ramadán, para los musulmanes; la de abstenerse de la carne de puer- co, para los judíos; la de bautizarse, para los cristianos. Pero las nor- mas de las religiones reveladas no difieren en esencia de las de la re- ligión natural: todas se dirigen a la interioridad de la conciencia, son unilaterales en el sentido de que imponen deberes no correlativos a los deberes de los demás, regulan principalmente la conducta interna y secundarianiente la externa y no se imponen por coacción externa. Sin embargo, esto último merece una aclaración. Es bastante común que, entre las normas una determinada religión revelada, se encuentren algunas que sean el fundamento de la institución de una iglesia y de la obligación de los fieles de obedecerla. Esa iglesia podrá, entonces, promulgar normas obligatorias para sus fieles; naceri así un Derecho

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CARACTERES

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eclesiástico (tal es el Derecho Canónico). Las normas de las iglesias, aunque tienen su fundamento en normas religiosas, son ya juri:licüs

(por eso se les llama Dereclio eclesiástico), en cuanto que

tiene:^

por

fin el bien común de la comunidad de los fieles, regulan principal- mente lo que se llama el fuero externo, es decir, tanto el gobierno de la iglesia como los asuntos temporales y espirituales de la comuni- dad y de los individuos en cuanto miembros de la misma, disponen de sanciones y, en algunos casos de coactividad y, por último, se impo- nen correlativamente a los deberes de otros. Pero en un Dereclio ecle- siistico ~uedenencontrarse normas dirigidas al fuero interno, es de- cir, a la conciencia de los individuos. Estas normas seguirán siendo morales o religiosas. Si se encuentran en un ordenamiento jurídico eclesiástico, es porque 'la finalidad última del misnio no puede ser más que la santificación de las almas. A ella se subordinan incluso las normas jurídicas y ese bien común de la comunidad de los fieles protegido por las mismas. En resumen: en los Derechos eclesiásticos "la zona del fuero externo es la pmpia- mente jurídica, mientras que la zona del fuero interno se refiere al aspecto moral"ll y religioso. Por todo lo explicado, se entenderá que las normas religiosas di- fieren muy poco de las morales. Es verdad que parten de una explica- ción de lo que debe entenderse por autoridad: para las normas reli. giosas, es Dios o la Divinidad explicada a su modo por cada religión revelada; en tanto que, para las normas morales, lo importante es el orden normativo supremo, se entienda o no derivado de Dios. Los súbditos son considerados con sus individualidades diferentes, tanto por las normas morales como por la religiosas, pero estas últimas los reducen a la categoría de fieles de la respectiva religión. Por último, el valor protegido principalmente por las normas religiosas es la vo- luntad de Dios, en tanto que el de las morales, es el desarrollo inte- gral de los individuos, que para las primeras es un valor secundario que se llama santificación. Se trata de matices diferentes que contem- plan la misma realidad: la relación íntima y profunda de cada indi-

viduo con el principio o cansa última que da sentido a su existencia y que es el criterio supremo para juzgar la rectitud de su conducta. En las normas morales y en las religiosas hay una sociedad en la que cada súbdito está unido directamente a su autoridad y sólo por decisión de ésta se vincula con los demás súbditos: de aquí se sigue la unilateralidad y el carácter predominantemente interno y secun- diariamente externo tanto de las normas morales como de las normas religiosas.

i;i MAL~NADO,José, oP. Cit., PP. 37

Y

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Las normas juridicas

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La razón de ser de todas las normas jurídicas es ordenar la convi- vencia en una sociedad. Recordemos el adagio ya mencionado: ubi- societas ibi ius. Y ahora la palabra sociedad es tomada en su sentido propio, el de una unión estable y activa de hombres dirigida a la realización de un fin o valor común. Ninguna sociedad de hombres será posible sin normas reguladoras de las "relaciones entre tales hom- bres, que los enlazan en posiciones decíprocas de poderdeber, derechc- obligación y que, a su vez, se entegran en otras relaciones más com- plejas, formando instituciones reguladas por dichas normas".lz Así la característica más notoria de las normas juridicas es su esencia social:

son sociales, no sólo en el sentido de las normas morales y religiosas, en las que autoridad y súbdito constituyen una sociedad, sino muy especialmente en el sentido que los súbditos a los que se dirigen las normas juridicas deben estar unidos en una sociedad. En efecto, se dirigen a ellos precisamente porque forman sociedad; si no la for- maran, carecerían de sentido las normas jurídicas. En efecto, el valor protegido por las normas juridicas es el bien común, y &te presu- pone la existencia de una sociedad. Si un grupo de hombres esti unido en sociedad es porque todos ellos persiguen un mismo fin o bien, que se llama com~inporque por una parte a él tienden todos los individuos formando comunidad y, por otra, una vez alcanzado, los beneficia a todos. ¿En que consiste el bien común? Por de pronto, en que la convi- vencia en sociedad de todos los miembros se haga en forma pacífica y ordenada. Es lo que algunos filósofos llaman orden y paz. Nadie quiere formar parte de una sociedad para ser en ella la víctima de los caprichos, arbitrariedades o violencias de los demás miembros. En segundo lugar: la seguridad, que se deriva del orden y la paz pero que añade un matiz nuevo e importante: el de la ayuda o protecci6n que los individuos esperan de los demás a través de la unión social. E0 individuo aislado es dbbil e indigente, necesita de otros para mu- chas cosas, encontrará en la sociedad con otros la posibilidad de su- perar sus indigencias. Por eso el bien común de toda sociedad no sólo consiste en una convivencia pacífica y ordenada, sino tambikn en una ayuda o protección que se brinda a los miembros, de acuerdo con la naturaleza propia de la sociedad, y que produce en ellos una segu- ridad de poder superar sus limitaciones, por lo menos aquelmlas a las que corresponde el fin propio de una sociedad determinada. Por ejem- plo, el bien común de la sociedad familiar es Ia ayuda y protección que deben prestarse entre sí todos los miembros de la familia y

12 Id, p. 23.

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más en particular los padres a 'los hijos. Si se presta esa protección y ayuda en forma ordenada y pacifica, los miembros se sentirán seguros en familia. En una sociedad mercantil, los miembros se asocian para lograr juntos beneficios económicos que no podrían obtener si perma- necen aislados; la seguridad que esperan es la colaboración de los demás socios en la prosecución del fin social. Tratándose de la sociedad poli- tica, la seguridad se extiende a muchas esferas: educación, transportes, relaciones económicas y políticas, cultura, aplicación del Derecho. Por eso el bien común de la sociedad política consiste en la realización du- radera "de aquellas condiciones exteriores necesarias al conjunto de los ciudadanos, para el desailollo de sus cualidades, de sus funciones, de su vida material, intelectual y religiosa".'3 Las normas juridicas, por lo tan- to, determinan la contribución y participación que a cada quien corres- ponde en el bien común"'" de ese algo que complementa las limitaciones de los individuos aislados y que, una vez obtenido, les proporciona segu- ridad. "Las normas juridicas están ordenadas, por tanto, al perfecciona- miento de la vida social, que se alcanza con la realización del bien co- mún. No se trata, como en la moral, de someter los apetitos sensibles y la voluntad de cada persona a la regla de la razón, sino de coordinar varias voluntades y las acciones que de ellas derivan, de acuerdo con un criterio igualmente ra~ional".'~

Entendiendo lo normas juridicas.

exterioridad, coercibiliidad y bilateralidad creadora de deberes y de- rechos correlativos. Puesto que deben ordenar la convivencia en la sociedad y no s610 los conflictos eventuales y transitorios, las normas juridicas deben ser estables y uniformes. Son las reglas del juego social y no se debe cam- biar de reglas a mitad del juego, a no ser que existan motivos muy serios para hacerlo. "El Derecho es tambikn institución, es decir, relación estable entre personas, manera de ser y de hacer permanente, que se contrapone al

acontecimiento eventual y transitorio. Los organismos gubernamenta- les y privados, los sistemas de relación permanente en el campo patri- monial o familiar, los procesos y procedimientos para trámites conten-

anterior es fácil

A

saber:

deducir

las características de las

estabilidad y uniformidad, predominante

siosos y

de otra

índole,

son instituciones

jurídicas

necesarias en la

vida social".'e

Las normas

juridicas

no

deberán,

por

lo tanto,

ser

interpretadas

13 S, S. Pio XII, Radio-mensaje del 24 de diciembre de 1942.

14 PRLcinm HERNANDEZ,op. cit., p. 1ü2.

l5 Id,

pp.

102 y

SS.

16 Go~zÁ~rzMORF~NEfrain, nota inédita

sobre "Teoria

del Derecho IV".

870

MIGUEL

VILLORO

TORANZO

en forma aislada; forman instituciones y éstas, a su vez, el sistema de Derecho. Ordenar la vida en sociedad significa antes que nada ordenar ac- ciones externas, coordinar a las personas cuando entran en relación enltre si, es decir, cuando exteriorizan sus actos convirtiéndolos en ac- ciones externas. Por eso las normas jurídicas son predominantemente externas. Pero, no pocas veces, el orden externo sólo se entiende y se hace posible por el orden interno de las actitudes, de las intenciones y de los programas pensados. "Ya Suárez había visto certeramente que el Derecho se refiere también -indirectamente- al factor interno, puesto que ordena actos .humanos y libres, y no hay acto humano y libre sin el factor interno".l? Como cuando, para juzgar de la grave- dad de un delito, el Código Penal para el Distrito Federal ordena al juez tomar en cuenta "la edad, la educación, la ilustración, las ms- tumbres y la conducta precedente del sujeto, los motiuos que lo im-

." (artículo 52, fracción 11).

Y, en la interpretación de un contrato, "si las palabras parecieren contrarias a la intención evidente de los contratantes, prevalecerá esta sobre aquéllas". (Artículo 1851 del Código Civil para Distrito Federal). Pero el acento se seguirá poniendo en el cumplimiento externo del con- trato y no en la actitud subjetiva para cumplirlo. Escribe Giorgio del Vecchio: "el Derecho tiende a establecer un orden objetivo de coexis- tencia; por lo cual debe mirar ante todo el aspecto exterior de las accio- nes; porque es en el campo externo o físico donde tiene lugar la interferencia o encuentro entre las conductas de varios sujetos, de lo que surge la exigencia de al limitación mutua"1s En cuanto a la coercibilidad, ésta es necesaria para poder obtener una pacifica convivencia ordenada al bien común. No se puede aban-

donar a la espontaneidad de los súbditos el cumplimiento de algo que interesa a todos, sino que de grado o por fuerza éstos deberán some- terse al orden. El ideal de las normas juridicas será lograr la cooperación volun- taria de los súbditos, pero, como esta no siempre es posible, hay que acudir a presiones externas y, en su caso, a castigos. Las normas jurí- dicas que imponen castigos tendrán un carácter subsidiario, secunda- rio y de apoyo respecto de las normas que imponen deberes. SerAn subsidiarias a estas, es decir, sólo se impondrán cuando no se logre el cumplimiento voluntario. Serán de apoyo, porque el temor al castigo

pulsaron

o determinaron

a delinquir

17 LECU Y LAUMBM,Luis, Filosoji(l del Derecho, 2a. ed., Bosch, Barcelona, 1961,

p. 4C9. El autor refiere a la obra de Francisco SuAezz, S. J., De kgibus, IU, XII,

10: 111, XI,

7;

111, XI.

1s DEL V~cai~o,Giorgio,

pp. 310 y

SS.

Filorofia del Drrecho, 7a. ed

Bmch, Barcelona: 1960:

LA NORMA

jURfDICA

Y SUS

CARACTERES

871

servirá de presión para el cumplimiento voluntario y porque la fuer- za logrará muchas veces lo que la conducta espontánea no realizó, como, por ejemplo, el pago de una deuda. Serán secundarias porque siguen a las normas primarias, que son aquellas que establecen sim- plemente derechos y deberes sin mencionar ninguna presión externa. Veamos ahora la característica más importante de las normas jurí- dicas, la que más las distingue de las normas morales y religiosas:

la bilateralidad creadora de deberes y derechos correlativos. Puesto que la finalidad de las normas juridicas es coordinar las conductas

de los miembros de una sociedad wnforme al bien común, es claro que esa coordinación no podrá hacerse sin una distribución de tareas complementarias entre sí, cuyo cumplimiento pueda ser exigido por los demás cuando no se realice en forma voluntaria. Para que los individuos puedan alcanzar el bien común, se les reconoce derechos a los que corresponde el deber de los demás de respetarlos y hacerios posibles. Así a todo derecho corresponde correlativamente una plura- lidad de deberes: el deber de todos los demás de respetar el derecho del individuo y tal vez algunos deberes conuetos de otros individuos determinados que son llamados a realizarlo. Hay otra comlatividad no menos importante: la de los derechos y deberes en el mismo su.

jeto.

se le reconocen derechos). es lógico que contribuya tambien 61 a bene- ficiar a los demás (y por eso se le hará responsable de deberes). Asi los miembros de una sociedad se vinculan entre sí por un haz de derechos y deberes correlativos. Las normas juridicas operan repar- tiendo responsabilidades vinculadas entre si, porque la convivencia humana en sociedad es tarea común dirigida a un bien tambibn co- mún. En resumen: sociedad humana y bien común son los conceptos básicos para entender lo propio de las normas jurídicas. Terminaremos esta sección con unas breves consideraciones sobre la autoridad y los súbditos de las normas jurídicas Puesto que las nonnas juridicas son las soluciones que ordenan a los miembros de una sociedad conforme al bien común, es claro que deben presentarse a todos los miembros con precisión y con fuerza. De allí la necesidad de la autoridad y, en su caso, de una jerarquía de poderes de mando. No se puede dejar a los individuos el que cada uno determine a su modo cuáles deben ser las soluciones sociales, eso llevaría a la anarquía y a la pérdida de una convivencia pacífica y ordenada. Por eso será la promulgación y publicación de las normas juridicas por parte de la autoridad que manifieste y haga patente a todos cuáles son las soluciones sociales. Por otra parte, el titular de la autoridad en las nonnas jurídicas tiene que ser muy visible y cercano, no puede quedar a la merced de las interpretaciones personales de

Si alguien va a recibir beneficios de la comunidad

(y por

eso

872

MIGUEL

VILLORO

TORANZO

cada conciencia, debe ser fácilmente identificado y acatado por todos los súbditos: será él o los gobernantes. La mayor parte de las sociedades se dan mucha pena para destacar su importancia por encima de los súbditos; lo rodean de signos de poder (las fases de los cónsules y pretores, los centros y coronas de los reyes, la más modesta banda presidencial, etcétera), le reconocen lugares espe- ciales y exclusivos (tronos, estrados, tribunas), lo rodean de una corte, divulgan su imagen en monedas, sellos y en numerosos retratos que presiden las oficinas públicas. Las sociedades más democráticas rehuyen algunos de estos signos pero mantienen la distinción que se da al titular de la autoridad en el tratamiento que se le dirige ("Su Soberania", para dirigirse al Con- greso). Es que debe quedar patente a todos los súbditos dónde se encuentra la potestad de mando, la potestad de crear normas jurídicas. Por otra parte -si atendemos ahora a los súbditos- es claro que la autoridad, en su esfuerzo de encontrar soluciones sociales que co- ordinen tanto la prosecución como la distribuci6n del bien común, debe tomar a los súbditos en cuanto miembros de categorías, hacien- & de la pertenencia a una categoria el fundamento de derechos y de deberes. Las categorias son los criterios de distribución tanto de los beneficios (derechos) como de las cargas (deberes) del bien co- mún. Así aunque todas las normas en su origen son generales y en su aplicación se concretizan a los individuos, se puede decir que las normas morales y religiosas, por pretender la perfección o santifica- ción de los individuos, se concentran más en el proceso de la indivi- dualización, en tanto ,que las normas juridicas, por dirigirse al bien común, atienden más a las categorias generales. Pero las normas ju- rídicas tambikn deben concretizarse a los individuos; es una labor que corresponde ,a los órganos administrativos y mis en particular al aparato judicial. Los jueces, por estar en contacto con los casos con- cretos, serán entre todos los juristas los que mis se ,acercan a los ai- terios morales. Por lo mismo es un principio general del Derecho que el juez debe atemperar el rigor general de las leyes18 aplicándolas humanamente, es decir, con equidad. Dice un nejo aforismo romano:

aequitas religio iudicantis; la equidad es la religión del juez20

Compamción de las conclusiones de nuestro andlisis.

Podemos ahora resumir en un cuadro las conclusiones de nuestro análisis, para destacar así mejor las semejanzas y las diferencias entre las normas morales, religiosas y jurídicas.

1s Tal

es

el

sentido del

aforismo: summum ius summa iniuria;

la

aplicaci6n

estricta de las solucimes generales del Derecho es una gran injusticia.

LA NORMA

IURfDICA Y SUS CARACTERES

873

En la primera columna aparecen los diversos elementos de la obli- gatoriedad, en las demás, cómo se plasman esos elementos en las dife rentes especies de normas.

Normas

Morales

Noms Religiosas Normm [urldicas

Autoridad

Orden normativo La Divinidad supremo

El Gobernante

 

(heteronomía)

 

(heteronomía)

(heteronomía)

Súbditos

Tomados como

Tomados en cuan-

 

individuos

-y

fieles

to

miembros

de

 

categorías.

Norma

Se manifiesta

en

-y

en

la

Se manifiesta en

la conciencia

Revelación

(interioridad)

 

la promulgación y publicación.

so-

Contenido

Principalmente

 

IGUAL

( Esencialmente

normativo

interno, tambikn

 

cial. Principalmen-

externo.

 

te externo, tam- bién interno.

Obligación

S610 impone

 

IGUAL

( Impone deberes

deberes

 

correlativos (hila-

(unilateralidad)

 

teralidad) Apoyán-

sin

presiones

dose en la coacción

externas

 

(coercibilidad).

(incoercibilidad)

 

Valor

La perfección

 

La voluntad de

El bien común de

protegido

integral del

Dios.

lo sociedad.

individuo

La santificacidn

del

individuo.

La observación del cuadro anterior nos permite formular algunas conclusiones. 1) Las normas morales y las religiosas se asemejan mucho: ambas pretenden lograr la perfección integral del individuo humano (que, en las religiosas, se 1,lama santificación); ambas tienen su justificación y origen en un principio último, que es explicitado por la religión cc- mo la Divinidad; ambas sólo imponen deberes; ambas se manifiestan en la conciencia, aunque la Revelación puede añadir normas positi- vas no resultantes del puro proceso de la razón natural; ambas son principalmente internas y secundariamente externas.

874

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VILLORO

TORAMO

2) Estas semejanzas entre las normas morales y religiosas se hacen mis relevantes si las contraponemos a las normas juridicas,

a) El valor protegido por las normas jurid'icas es social y ya no in-

dividual; siempre temporal y ya no se proyecta al m& allá, como lo hace la santificación y la perfeccibn integral definida por las mora-

les espiritualistas.

b) La justificacibn y origen de las normas juridicas no es una causa

última sino próxima: el gobernante.

c) Las normas jurídicas imponen de~erescorrelativos a los deberes

y derechos de los demás y a los derechos propios.

d) La manifestación de las normas juridicas se hace por un acto

externo y no ya interno: la promulgación y publicación.

e) Al reves de las normas morales y religiosas, las juridicas son

predominantemente externas y secundariamente internas. 3) De todas estas diferencias, la más relevante para la ciencia y la practica del Derecho es la mencionada bajo la letra c: la correlati- vidad de los deberes y derechos jurídicos (que tambikn se puede lla- mar bilateralidad de las normas jurídicas). Por ella podremos ana- lizar las normas juridicas, enfrentando un sujeto activo a uno o varios sujetos pasivos. Por ella entenderemos que los derechos o deberes pro- clamados en una norma no pueden ser interpretados aisladamente sino

que deben relacionarse mn los deberes y derechos percibimos al ca- rácter esencialmente social de las normas jurídicas y cómo la tarea de hacer efectivo el bien común no sólo se harh posible en la medida que las conductas de los individuos se entrelazan entre sí, apoyándose las unas en las otras.