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POR UNA GEOGRAFIA DEL PODER

Claude RAFFESTIN

Traducción y notas Yanga Villagómez Velázquez

EL COLEGIO DE MICHOACAN Noviembre 2011

INDICE

PREFACIO Advertencias Preliminares

PRIMERA PARTE DE UNA PROBLEMÁTICA A OTRA

CAPITULO I. CRITICA DE LA GEOGRAFIA POLITICA CLASICA I.SURGIMIENTO DE LA GEOGRAFIA POLITICA.

II. ¿GEOGRAFÍA POLÍTICA O GEOGRAFÍA DEL ESTADO? III.-EL LENGUAJE DE LA GEOGRAFIA DEL ESTADO.

CAPITULO II. ELEMENTOS PARA UNA PROBLEMÁTICA RELACIONAL I.- ¿QUE ES UNA PROBLEMÁTICA? II.- IDENTIFICACION DE LA RELACION. III.- LOS ELEMENTOS CONSTITUTIVOS DE LA RELACION.

CAPITULO III. EL PODER I.- ¿QUÉ ES EL PODER? II.- LOS RIESGOS DEL PODER. III.- EL CAMPO DEL PODER.

SEGUNDA PARTE LA POBLACION Y EL PODER

CAPITULO I. ENUMERACION Y PODER I.- LA REPRESENTACIÓN DE LA POBLACIÓN: PRIMER DOMINIO DEL PODER II.- LOS ACTORES Y SUS FINES III.- CONTROL Y GESTION DE LOS FLUJOS NATURALES IV.- CONTROL Y GESTION DE LOS FLUJOS MIGRATORIOS

CAPITULO II. LENGUA Y PODER I.- LAS FUNCIONES DEL LENGUAJE II.- LA LENGUA COMO RECURSO. III.- LA LENGUA Y LAS RELACIONES DE PODER

CAPITULO III. RELIGION Y PODER I.- LO SAGRADO Y LO PROFANO II.- LAS RELACIONES ESTADO-IGLESIA III.- EL DESPERTAR DEL ISLAM.

CAPITULO IV. RAZAS ETNIAS Y PODER

I.- EL PAPEL Y EL SIGNIFICADO DE LAS DIFERENCIAS. II.- FORMAS DE DISCRIMINACIÓN.

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TERCERA PARTE EL TERRITORIO Y EL PODER

CAPITULO I. ¿QUE ES EL TERRITORIO? I.- DEL ESPACIO AL TERRITORIO. II.- EL SISTEMA TERRITORIAL. III.- LA TERRITORIALIDAD.

CAPITULO II. LAS RETÍCULAS DEL PODER I.- LÍMITES Y FRONTERAS II.- CAMBIO DE PODER-CAMBIO DE DIVISIÓN III.- CAMBIO DE MODO DE PRODUCCIÓN-CAMBIO DE DIVISIÓN IV.- A LA BÚSQUEDA DE UNA NUEVA DIVISIÓN: LA REGIÓN

CAPITULO III. NUDOSIDAD, CENTRALIDAD Y MARGINALIDAD I.- LOS LUGARES DEL PODER II.- LAS CAPITALES Y EL PODER III.- REGIONES, NACIONES, GRANDES ESPACIOS Y PODER

CAPÍTULO IV. LAS REDES Y EL PODER I.- LA CIRCULACIÓN Y LA COMUNICACIÓN II.- LOS ACTORES Y LA CIRCULACIÓN III.- LOS ACTORES Y LA COMUNICACIÓN

CUARTA PARTE LOS RECURSOS Y EL PODER

CAPÍTULO I. ¿QUÉ SON LOS RECURSOS? I.- MATERIA, RECURSO, TECNICIDAD II.- RECURSOS RENOVABLES Y RECURSOS NO RENOVABLES III.- LA MOVILIZACIÓN DE LOS RECURSOS

CAPITULO II. LOS ACTORES Y SUS ESTRATEGIAS I.- LOS COMPONENTES DE LA ESTRATEGIA II.- JAPON Y LA TRANSFERENCIA DE TECNOLOGÍA III.- LAS MULTINACIONALES Y LA TRANSFERENCIA TECNOLÓGICA IV.- LAS ESTRATEGIAS DE LAS TECNOLOGIAS INTERMEDIARIAS

CAPITULO III. LOS RECURSOS COMO “ARMAS POLITICAS” I.- ¿QUE RECURSOS? II.- LOS CEREALES Y PARTICULARMENTE EL TRIGO III.- LOS RECURSOS ENERGÉTICOS IV.- EL COBRE Y EL ALUMINIO

OBSERVACIONES FINALES

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PREFACIO

Se nota al menor indicio: en la era de “la economía mundial”, de la “revolución islámica”, de la OPEP, de la ofensiva económica japonesa, de la invasión de Afganistán y del chantaje para el abastecimiento de cereales, la vieja y vergonzosa Geopolítik entra en escena. La palabra misma ya no es tabú: aparece aquí y allá. Otra vez revocada, disfrazada, adornada, la abuela con un diente mellado es echada hacia delante, cojeando cae en los brazos de una jovencita maltratada y usada antes de su madurez que dice llamarse Sociobiología o algo parecido. Miasmas del obscurantismo, convergencias casi inocentes, esperadas y casi “necesarias”. Es así como este libro llega a tiempo quizá incluso de manera prematura: con la pretensión no de renovar una geografía política rutinaria, sino de refundarla y, lejos de hacer como que ignora la geopolítica, redescubrir sus límites y los de sus atractivos, que serían los menos alterados: en resumen, sus contradicciones. Hubo una “geopolítica”, que en sus inicios no dejó de tener sus méritos, pero que enseguida sirvió para justificar las ambiciones de conquista, en el nombre de un determinismo sin matiz, y sirvió así al nazismo. Y también hubo una “geografía política” que, a fuerza de considerarse neutra y para hacer olvidar los excesos de la vergüenza de la familia, devino en una virtud sin virtudes, logrando esa proeza de ser una geografía política… apolítica. Inclusive influenció toda la geografía a tal punto de quitarle sabor: quiero decir, interés y poder para explicar. La simple palabra “política” chocaba como una incongruencia: por eso durante décadas se estudiaron las ciudades sin actores, el campo sin propietarios, la industria sin empresarios, las organizaciones sin inversionistas, los estados sin gobernantes. Es decir, una geografía sin poderes, puesto que la prima alemana había concedido demasiado al Poder. Desde hace uno o dos lustros claro, 1968 ayudó bastante y también el duro contacto de geógrafos “aplicados” con las realidades del ordenamiento territorial-, el panorama ha cambiado: la geografía habla cada vez más de poderes, de dominio, de actores, de tomadores de decisiones e incluso de teorías de la decisión, de estrategias y hasta de guerra. El error sería la fundación de un nuevo reduccionismo y la visualización de un misterioso Poder, deus inoex machina explicando todo y nada al mismo tiempo; de no verlo más que a nivel del estado y como una nueva Eternidad, legitimada por su misma eternidad, por su esencia de Naturaleza, permitiendo entonces legitimar todas las dominaciones, las opresiones, las explotaciones. Porque conoce bien tanto la geografía política como la geopolítica, es que Claude Raffestin evita ese error y nos invita y prepara a no caer en él. Primero, solicitando que la geografía política no se limite más al análisis del comportamiento de los estados, aunque sabe delimitar lo político, o mejor, el poder, dondequiera que esté -y está por todas partes-: a otras escalas (la regional, la local) y en el conjunto de las relaciones sociales. Si eso no significara el riesgo de estrellar el libro contra un referente histórico muy pesado, quisiera llamarlo “Fundamentos para una Crítica de la Geografía política”. Oportunos Grundrisse, ahora que se sobrevalora el Estado para hacer olvidar las relaciones de dominación decisivas en ocasiones, por parte de las empresas y también por parte de las clases sociales. O para justificar el dominio “natural” de las grandes potencias sobre lo que no se atreven a nombrar los Unterstäte (los llamados Untermenschen 1 ), esos tipos de Estados advenedizos que ni siquiera saben utilizar una

1 Untermensch «subhombre» o «subhumano» en alemán. Término empleado por la ideología nazi para referirse a lo que esta ideología consideraba «personas inferiores», particularmente a las masas del Este

independencia apresuradamente concedida y que pretenden fijar el precio de sus favores perdón, de sus recursos- incluso si, aunque se podría ignorar, esto no ocurre siempre, ni de forma exclusiva, en contra de las compañías… La observación fundamental es que toda relación es asimétrica: si Claude Raffestin no lo dice de manera tan cruda, no está lejos de pensarlo. Toda relación implica un juego de poder. En ese sentido rebasa la noción de política: en efecto, es bueno que el título de este libro dé prioridad a los poderes más que a lo político. Esta Crítica, que es también constructiva, es concebida como una atenta práctica de las ciencias sociales: va en la misma línea de los trabajos de Michel Foucault y se apoya constantemente en las teorías de la información en sus diversas facetas: energía y entropía, comunicación y códigos. La lingüística y la lógica, lo sabemos, son especialidades de Ginebra: seremos sensibles

a

la solidez con la que ellas sostienen la ambición teórica que presenta Claude Raffestin

y

sus esfuerzos de formalización. No siempre me convencen los diagramas de dos ejes

en los que la dialéctica resulta casi elemental, y ciertas analogías entre lengua, religión y capital pueden sorprendernos, pero en todo ello hay motivos para el ejercicio de la

reflexión; se trata de temas que hay que re-examinar desde la raíz. La re-evaluación sigue las mismas categorías de la geografía política clásica: población, territorio, recursos. Pero aquí se transforman completamente. La población no es un conjunto de habitantes, ni tampoco de productores-consumidores, sino una sociedad con sus poderes, sus lenguas y sus creencias; el territorio se convierte en una red de relaciones; los recursos ya no son “naturales” sino “producidos”. Por doquier hay actores, estrategias, dominación. No para justificarlas, sino para ponerlas al desnudo. Con distanciamiento: Claude Raffestin no pretende proponer un Sistema del Mundo; se

le podría acusar de eclecticismo, yo le encuentro más bien, considerando el estado de la

naturaleza de la cuestión, una prudencia de buena ley y de calidad científica. Aunque eso no impide de ninguna manera la firmeza de sus posiciones: hay que leer más bien lo

que dice sobre los censos o las nuevas visiones globales de las redes territoriales, sobre

la centralización, o en otro registro, sobre la ley 101 de Quebec. 2

Me agrada que este libro pueda resaltar temas tan enormes como los recursos mundiales, las transferencias de tecnología, el papel de las religiones y el de las libertades y los controles totalitarios. Cuatro cuestiones en particular deberían llamar la atención en las discusiones de fondo: las nociones o tal vez habría que hablar ya de conceptos- de recurso, cultura, territorio y diferencia.

Los recursos no preexisten en las sociedades, no son “naturales”; sus propiedades son inventadaspor las sociedades y son variables en el tiempo, según los valores de uso y de cambio que cada sociedad les atribuye; cosas ocultas o casi, desde que se fundó la geografía, que parecen evidentes cuando se escribe claramente, pero que se olvidan en

la práctica. Claude Raffestin presenta un intento de formalización entre los actores y sus

estrategias, donde se ve que los poseedores de la tecnología están por lo común mejor posicionados que quienes poseen la materia inerte. Me parece que eso se podría complementar con el juego entre aquellos que poseen los medios para transferir recursos; no se trata de una simple cuestión técnica y me da la impresión de que tienen

(judíos, gitanos, eslavos, bolcheviques soviéticos) o cualquier otra persona que no perteneciese a la «raza aria» (NdT). 2 La ley del idioma francés (conocida como la ley101) fue una ley propuesta por Camille Laurin y adoptada por la AsambleaNacional de Québec el 26 de agosto de 1977durante el gobierno de René Lévesquele y en ella se definen los derechos lingüísticos de los ciudadanos de Québec. Con ella, el francés, el idioma de la mayoría, se convirtió en el idioma oficial del Estado de Quebec (NdT).

todavía más poder que todos los demás. ¿Las “grandes petroleras” no fundaron su tremendo poder en el control de la circulación, más que en el de la producción y esa misma operación no se está repitiendo en materia de transferencia de información en la época de la telemática? Eso abre otra discusión: ¿el conjunto información-tecnología debe ser considerado o no como recurso? Claude Raffestin evoca con razón las transferencias de tecnología y la querella de las tecnologías intermediarias, pobres recursos y recursos de pobres, sobre los cuales un Schumacher, pregona lo “small”, pero para otros, sugiere a los sub Estados que se conformen. Se trata, en este sentido, de los grandes riesgos de poder que la geografía no debe ignorar. Como tampoco debe descuidar, después de este libro, el inmenso mundo de la lengua, de la religión o de la raza, que generalmente ha abordado desde el aspecto menos importante, es decir, mediante la simple descripción de su distribución espacial. Claude Raffestin hace una propuesta diferente en dos capítulos que para mí son los más novedosos de la obra: analiza los efectos de poder que tienen la lengua, la religión y la etnicidad y de los cuales éstos son el vehículo. La lengua es un instrumento de dominación: de la ciudad sobre el campo (¿pero se trata de “la ciudad” o más precisamente de “la burguesía”?), de una nación sobre otras, de una etnia sobre otras, e incluso de especialistas se trate del científico o del comerciante haoussa- y, habría que agregar, de una clase sobre otras. Esta fecunda pista va más allá de la lengua, a pesar de que Claude Raffestin otorga a esa palabra un significado muy amplio, equivalente casi al de “cultura”: el fondo con la forma, el contenido con el continente. Se trata precisamente, del saber, de su elaboración, de su apropiación, de su acumulación y de su transmisión y, al mismo tiempo, de otra forma de dominación mediante la información, recurso y medio de producción, instrumento de poder. La religión es un conjunto de valores y se aprovecha de la asimetría, 3 al igual quela lengua; es también Iglesia y, en ese sentido, poder puro, inseparable del Estado en el ejercicio de la reproducción social; una legitima al otro, aportando ese consenso que facilita extraordinariamente la reproducción y la conducción del poder. En realidad, lo que hay que subrayar es todo el conjunto de la “cultura”: los valores formados por la praxis y que la guían; las representaciones y los mitos. En este sentido, un capítulo sobre la educación y la formación escolar como instrumentos de transmisión de la reserva social de información y como instrumento de reproducción social y en consecuencia, como instrumento de poder y de asimetría, complementaría de manera útil los capítulos sobre la lengua y la religión.

Una de las dimensiones de la cultura está en las representaciones y el sentido del territorio. Tema esencial para la geografía, pero tan ambiguo como la palabra espacio. No estoy seguro de que el punto de vista de Claude Raffestin, cuando define el espacio como un dato y el territorio como ese dato socializado, sea el más pertinente y rigurosamente sustentado. Pero también es cierto que hay que distinguir entre un concepto abstracto y geométrico -que a veces se denomina ampliamente-, la noción a veces un poco artificial de una naturaleza inmaculada, preexistente en la acción de la sociedad, sobre la cual ésta proyectaría sus estructuras acabadas, o que le serviría de encuadre externo concepción en la que veo muchos peligros y ningún interés y que Claude Raffestin evita utilizar-, algo que, por el contrario, juzga fundamental, y que es a la vez entorno y dimensión intrínseca de la sociedad, producto de su actividad y agente de su reproducción, y que bien podría llamarse espacio, aunque Claude Raffestin

3 dissymétrie en el original (NdT)

prefiere llamar territorio. Pero éste último término se aplica mejor a una cuarta categoría, que incluye la idea de apropiación del espacio: un espacio mío y para miactividad, donde por supuesto admito a otras personas pero no a cualquiera. Y todavía sería necesario inclusive distinguir entre lo que llamaría una territorialidad general, que Claude Raffestin extiende a los valores, a las creencias y a las culturas 4 y una territorialidad restringida, que se puede aplicar al espacio. Es esta noción acabada del territorio la que da origen a las asimetrías más dramáticas, a los poderes más encarnizados y más retrógrados. Lo cual implica diferenciación: afirmación, reconocimiento y negación del Otro, de los otros. Única noción, tal vez, gracias a la cual los humanos conservan algún parentesco animal. No subestimemos el territorio y desconfiemos de sus ideologías. Detrás de la etología 5 y la idea de raíces ¡se perfilan únicamente regresiones! ¿Y no es acaso significativo que se apele a lo histórico, a lo cambiante, a lo contingente cuando se trata del progreso, al mismo tiempo que se aferra uno a lo natural, a lo eterno en épocas de remordimientoo si se trata de conservar el dominio conquistado ya sea que se trate de las fronteras o las ideologías? La humanidad entera debería ser nuestro “territorio”.

Finalmente, la cuestión esencial podría ser la de la diferencia. Y ésta es una de las más complejas que existen, ya que en ella se mezclan diferencia y discriminación, respeto de la diferencia y justificación de la desigualdad, izquierdismo sentimental y extrema derecha poco novedosa. Claude Raffestin tiene sobre este tema páginas impactantes: la geografía no está mal situada para hablar de la diferencia, pero he aquí al menos un tema a debate: parece que admite que todo poder niega la diferencia y busca la uniformidad, la homogeneización, la isotropía. Es lo que se dice con frecuencia y es lo que han sostenido a su manera Stéphane Lupasco, Henri Lefebvre o Albert Jacquard. De manera parecida a la célebre historia del optimista y del pesimista soviéticos, que cuenta Alexandre Zinoviev (-“No puede ser peor”- “¡Claro que sí!”), me parece que este temor es… optimista, ya que la tendencia a la uniformización lleva a la máxima entropía y prometer la entropía del Poder es prometer su muerte. Pero esta tendencia es más bien propia de poderes brutos y brutales, poco lúcidos, si no es que ciegos, de burócratas limitados, de jefecitos imbéciles y de tecnócratas necesitados, que se ejercen en ciertos momentos y por poco tiempo. Sin embargo, el mismo Dupont-Lajoie no sabe que él existe sólo porque otros son diferentes y los puede despreciar y le son útiles como chivos expiatorios: no los soporta y, no obstante, no es nadie sin ellos. Pero el verdadero poder, consciente y duradero, que encuentra las vías de su propia reproducción, es aquél que juega con las diferencias y que llega a crearlas, si es necesario, para explotarlas. Que se trate de una fábrica (la increíble complejidad de los salarios), de clases, de lugares, de naciones, que sea organizando las migraciones o desplazando las inversiones, el Capital, que ha hecho de la división social del trabajo y de la división espacial del trabajo sus principios, sabe crear la diferencia y vive de ella incluso si su acción puede reducirlo localmente o si ciertas discriminaciones le incomodan (p.126), lo cual constituye la menor de sus contradicciones. De esta manera, crea la neguentropía 6 como su fuente de la juventud, sin la cual hace ya tiempo que

4 Incluso integrar a la mujer en el “territorio” del homo siciliens. Apoyemos aquí el homenaje que Claude Raffestin hace de paso a RenéeRochefort, cuya tesis pionera sobre el Trabajo en Sicilia (¡hace ya veinte años!) ha sido poco conocida.

5 Rama de la Psicología que se dedica al estudio científico del carácter y de los modos de comportamiento del hombre (NdT).

6 Neguentropía define la energía como una serie de causas y efectos armónicamente acomodadas en las que la suma total de los efectos armónicos dan como resultado un acople de mayor magnitud que el

habrían tenido razón los profetas que anuncian regularmente su desaparición inevitable y próxima. Después de todo, la aparente uniformidad de los mundos imaginados por Orwel o Zamiatine supone también diferencias sociales extremas ¿y funcionarían en los niveles tecnológicos y energéticos que describen, si no existiera, en algún lugar lejano, un pueblo de esclavos aún más esclavizado? La diferencia tiene frente a sí un gran camino por recorrer y tal vez no deberíamos perder de vista que ella es a veces, y en cierto sentido, excesiva: temo que ciertas ideologías “diferencialistas” no tienen otra función que hacérnoslo olvidar, precisamente porque el Poder -el verdadero- necesita crear o intensificar las diferencias, al mismo tiempo que esconde la agudización de otras, más esenciales. Lo cual por supuesto no impide de ninguna manera estar atento a toda la riqueza del “patrimonio” cultural y natural y a que no desaparezca una parcela; aunque aquí se trata de otra cosa, que es necesario ver en detalle. Claude Raffestin tiene razón junto con aquellos que ven aquí una utilidad futura, como la conservación del potencial genético. A pesar de que esta posición previsora, un poco funcionalista, sea superflua: el simple respeto del otro debería ser suficiente, pero con la condición de respetar también su voluntad eventual de ser menos diferente en lo referente al ingreso, al acceso a la información y a establecer relaciones más simétricas…Diferente pero de alguna manera igual. Es eso, según entiendo, lo que inspira Claude Raffestin a lo largo de esta geografía de las asimetrías, lo cual es, no tengamos miedo de las palabras, lo esencial del humanismo.

Julio 1980 Roger Brunet Director de investigación del CNRS

AdvertenciasPreliminares

Este texto es un intento por cristalizar algunos fragmentos de una reflexión iniciada hace años y aún sin terminar. ¿Jamás terminará? No es seguro, en la medida en que las reflexiones se alimentan de un tema inagotable, el poder. Juguete de la perversidad clasificatoria, ha sido necesario ratificar, después de muchas otras, las diversas categorías de la geografía con que durante un tiempo creímos ilustrar lo que se ha convenido en llamar, desde hace más de un siglo, la geografía política. Ilusión perfecta, ya que la geografía, como ciencia del hombre, no se entrega “por partes” sino de un solo golpe, completa y totalmente. Es el laberinto en el que uno se pierde y se desespera… a menos que una Ariana compasiva proponga un hilo frágil pero suficientemente “real” para darle sentido a la aventura. Es en el tema del poder donde creímos encontrar ese “hilo guía”. Sería pretencioso decir que gracias a él evitamos errar, pero sería ingrato no reconocer que el hilo nos permitió errar de manera coherente. Organizar la reflexión alrededor del poder no tiene nada de profundamente original desde que los politólogos sustituyeron ese concepto piloto por el del Estado, mismo que ha sido desde hace tiempo “el tema privilegiado de toda reflexión política” 1 Carente de originalidad, la geografía posee al menos cierta “novedad” en el contexto de su disciplina, aunque con frecuencia se rebela contra la introducción de nociones que no son objeto de una traducción espacial inmediata. Me siento satisfecho de que uno de nosotros, y de los que tiene más prestigio, como Paul Claval, haya tenido el ánimo de consagrar una de sus últimas obras al tema del poder. 2 Nosotros mismos en un breve ensayo, en el que el carácter transdisciplinario no fue concebido para ser ameno o despertar simpatía, colaboramos planteando algunos puntos de discusión. 3 ¿Pero tal vez ya todo esté dicho al confesar de manera imprudente que el poder no es “objeto de una traducción espacial inmediata”? ¿Esta afirmación tiene fundamento? Eso depende totalmente de la concepción epistemológica que se tenga de las ciencias del hombre y en consecuencia, de la geografía humana. Esta última no es la ciencia de los lugares o del espacio como quería Vidal de la Blanche. La geografía humana consiste en hacer explícito el conocimiento del conocimiento y de la práctica que los hombres tienen de esta realidad que se denomina “espacio”. En eso seguimos la concepción de nuestro amigo Luis Prieto, profesor de lingüística en la Universidad de Ginebra. 4 ¿Y entonces? Entonces el “paisaje” de nuestra reflexión se modifica medianamente. Conocer y practicar una realidad material supone y postula un sistema de relaciones al interior del cual circula el poder, ya que éste es consustancial a toda relación. El conocimiento y la práctica puestos en marcha por el trabajo implican una forma de poder a la cual no es posible escapar. Explicitar el conocimiento y la práctica que los hombres tienen de las cosas es, sin saberlo y sin quererlo, desnudar el poder que esos mismos hombres se atribuyen, o tratan de atribuirse, sobre los seres y las cosas. El poder no es ni una categoría espacial ni una categoría temporal, sino que está presente en cualquier “producción” que se apoya en el espacio y en el tiempo. El poder no se representa fácilmente; sin embargo, se le puede descifrar. Lo que nos falta es saber hacerlo, y en esa medida, podríamos al menos leerlo.

1 Georges BALANDIER. Anthropologie politique. P.U.F. Paris 1967, p.145.

2 Paul CLAVAL. Espace et pouvoir. P.U.F. Paris 1978

3 Claude RAFFESTIN, Mercedes BRESSO. Travail espace, pouvoir. L’Age d’Homme. Lausanne. 1979

4 Luis PRIETO. Pertinence et pratique. Editions de Minuit. Paris 1975.

Al escribir esto, me viene a la memoria un cuadro de Goya, que más allá de lo que representa, expresa con terrible precisión el complejo entramado que las relaciones de poder tejen en los espectáculos más triviales. Pienso en el cuadro “Don Manuel Osorio de Zúñiga” en el que aparece un niño y sus juguetes “vivientes”. El espacio del cuadro está marcado por el niño vestido de rojo, sujeto por excelencia, y por los animales puestos a sus pies, a la derecha, a la izquierda y frente a él. Pero el espacio también está marcado por las relaciones que mantienen los elementos de esta composición. La obra de Goya es fascinante como metáfora pictórica de un sistema de poder. El niño ciertamente, domina con su presencia, resaltada por el rojo, pero lo hace sobre todo debido a que las relaciones pasadas, presentes y futuras le conciernen. Sostiene un cordón que traba al pájaro que está frente a él impidiéndole cualquier movimiento potencial, según la libertad que el niño quiera concederle. A su derecha, tres gatos, cuyas cabezas se sitúan en lo alto de un triángulo imaginario, fijan su mirada en el pájaro, en el que descubren un desafío ofrecido a su violencia, violencia escondida, lista para saltar pero que la presencia del niño impide. La prueba de ello es la ausencia de temor manifiesta en el pájaro, quien procura sujetar una carta con su pico. Del lado izquierdo del niño hay una jaula con pájaros más pequeños, misma que expresa su carácter de prisión, en un plano secundario del espacio construido. Todos los animales son desafíos para el niño que los controla y con los que mantiene relaciones de poder. Sin embargo, basta con que el convenio que mantiene a los gatos quietos cese para que la escena se anime y se vuelva un drama. El niño también es el desafío de esos animales, ya que es alternativamente restricción y garantía y hace que pese sobre ellos la ambigüedad de su voluntad. Es la medida de la incertidumbre y la parte que corresponde al azar para ellos… y para él. Es por lo tanto la representación de un equilibrio entre una infinidad de desequilibrios posibles que podemos imaginar pero no verificar. Las relaciones de poder se inscriben en una cinemática compleja. Este libro se ha atado a esta cinemática del poder y su estructura exige algunos comentarios para facilitar su comprensión. Apoyándonos en la geografía política clásica tal y como ha sido trabajada desde Ratzel, hemos podido criticarla: criticar no es destruir, sino descubrir una identidad. La geografía política clásica es de hecho una geografía del Estado que había que rebasar proponiendo una problemática relacional en la cual la clave es el poder. En cualquier relación circula el poder, que no es poseído ni adquirido, sino pura y simplemente ejercido. ¿Ejercido por quién? Por actores surgidos de esta población analizada antes que el territorio. Prioridad que no se nos dejará de reprochar, pues rompe una tradición bien establecida en la geografía política. ¿Pero por qué la población en primer lugar? Porque es la fuente del poder, el fundamento mismo del poder, por su capacidad de innovación vinculada a su potencial de trabajo. Es por ella por la que pasan todas las relaciones. Como el niño de Goya, la población está marcada por el signo de la ambigüedad como actor y desafío al mismo tiempo. Es a través de ella que todo lo demás toma sentido y adquiere múltiples significaciones y es por ella que las cosas son coherentes, contradictorias y paradójicas. El territorio, tema de la tercera parte, no podría ser más que producto de los actores. Estos generan el territorio partiendo de esta primera realidad dada, que es el espacio. Hay, pues, un “juicio” del territorio en virtud del cual se manifiestan todo tipo de relaciones de poder que se traducen en tejidos, redes y centralizaciones cuya permanencia es variable, pero cuya esencia no cambia en cuanto a categorías imprescindibles. El territorio es también un producto “consumido”, o si se prefiere vivido por aquellos que, sin haber participado en su elaboración, lo utilizan como un medio. Es aquí donde todo el problema de la territorialidad irrumpe, permitiendo

verificar el carácter simétrico o asimétrico de las relaciones de poder. La territorialidad refleja seguramente el poder que se aboca a consumir mediante sus “productos”. En la cuarta y última parte, analizamos los recursos, no como materias a adquirir o a poseer, ya que no lo son, sino como pretextos que originan prácticas y estrategias. Un recurso no es una cosa, es una relación cuyo éxito provoca la aparición de las propiedades necesarias para la satisfacción de necesidades. Pero tampoco es una relación estable, ya que aparece y desaparece también. Todo recurso es un devenir, todo recurso es un desafío dinámico. Nuestro sesgo contrastará con algunas costumbres. No es sino la consecuencia de una conceptualización que busca ser coherente en la perspectiva de la problemática relacional. No hemos querido compilar informaciones o hechos, sino proponer un camino para escapar, precisamente, de la confusión de datos y anotaciones dispersas sin encuadre en un sistema de fundamentos. En ese sentido, nuestro ensayo es totalmente teórico. Algunas de nuestras hipótesis están por verificarse e invitan a la discusión. Nuestra reflexión, ya lo hemos dicho, no está terminada. En ese sentido, no hemos hecho un manual; se trataría eventualmente de un anti-manual, ya que plantea muchas preguntas y propone ejes de reflexión. Es, más allá del tiempo, un viejo sueño de estudiante que he tratado de realizar. Hubiera querido más libros que cuestionaran, en lugar de libros que respondieran, pues es mediante las preguntas, y no por las respuestas, que se mide el conocimiento. Escribir un libro es una operación solitaria, pero eso supone, no obstante, una red de amistades múltiples. Por eso quiero agradecer muy sinceramente a DanielleJolimay quien se encargó con su talento y su amabilidad habituales de transcribir el texto. Agradezco a Jacques Cocquio, quien supo dar a los croquis un estilo gráfico armónico al tipo de ensayo de esta obra. Agradezco a Antoine Baillo, Henri Bertrand y Jean- Bernard Racine, quienes leyeron el manuscrito y lo enriquecieron con sus señalamientos y sugerencias siempre pertinentes y documentadas. Finalmente, agradezco a Mercedes Bresso, quien no solamente leyó de manera crítica el manuscrito sino que no dejó de procurarnos su ayuda vigilante cuando enfrentábamos dificultades.

PRIMERA PARTE

DE UNA PROBLEMÁTICA A OTRA

CAPITULO I

CRITICA DE LA GEOGRAFIA POLITICA CLASICA

I. SURGIMIENTO DE LA GEOGRAFIA POLITICA.

Paradójicamente, las ciencias del hombre mientras más jóvenes son, más tentadas están a establecer su genealogía. Nadie espera una conferencia histórica al principio de una obra de física. Por el contrario, si es de sociología, de ciencia política o de geografía, no nos sorprenderán las referencias a una filiación. Los historiadores de las ciencias del hombre invierten con frecuencia considerables esfuerzos para retroceder en el pasado hacia los orígenes de sus disciplinas. Todos esos discursos históricos tuvieron durante mucho tiempo el objetivo de mostrar, antes que nada, la existencia de una continuidad, para fundamentarla identificación de “momentos” epistemológicos. La geografía política no escapó a esta tradición y se pueden apreciar, desde Herodoto hasta Ratzel, una multitud de ancestros como Platón, Aristóteles, Botero, Bodin, Vauban, Montesquieu, Turgot, etc., por mencionar sólo a algunos de los que, por una u otra razón, fueron llamados a dar testimonio de la antigüedad del proyecto político en la geografía. No se trata en absoluto de desacreditar este tipo de investigación erudita, indispensable para la comprensión de una génesis, pero nos parece más significativo, cuando menos en lo que toca a nuestro propósito, aclarar los “momentos fuertes” de la epistemología geográfica. No abriremos un debate para saber si una epistemología de la geografía es posible. Debate que, no obstante sería necesario, en la medida en que muchos epistemólogos, siguiendo a Piaget, no otorgan a la geografía un estatuto epistemológico. Es particularmente revelador que Piaget no tome en cuenta la geografía humana entre las ciencias “nomotéticas.1 Es todavía más sorprendente que la geografía, al igual que la economía o la demografía, por ejemplo, -con menos éxito tal vez-, busque establecer “leyes”. Como quiera que sea, postulamos que hay una posible epistemología de la geografía, dada su búsqueda de “leyes”, sean o no cuantitativas. Nos encontramos motivados por esta vía de la geografía política, fundada en toda su amplitud, por Ratzel en 1897. 2 En todo el proyecto ratzeliano subyace una concepción nomotética y es poco relevante, en el estado actual del análisis, saber si tuvo éxito o no. La obra de Ratzel es un “momento epistemológico”, ya sea que se trate de su “Anthropo geographie” o de su “Politische Geographie”. Ratzel se encuentra en un punto de convergencia entre una corriente de pensamiento naturalista y una de pensamiento sociológico, que el análisis minucioso de sus fuentes permite revelar, aunque sea difícil, ya que Ratzel, excepto por algunas notas y señalamientos, no proporciona sino pocas o nulas referencias. Sin embargo, siguiendo su obra, es relativamente fácil descubrir lo que retoma de las ciencias naturales, de la etnografía, de la sociología, pero sobre todo de la historia. Ratzel seguramente estuvo influenciado por historiadores como Curtius y Mommsen, por geógrafos como Ritter y Reclus, pero también por un hombre como Spencer, quien le hizo descubrir la ley del desarrollo, retomada más tarde por Darwin. Estuvo influenciado también por el rigor casi matemático de Clausewitz. El cuadro conceptual de Ratzel es vasto y tan naturalista como sociológico, pero sería erróneo reprocharle el haber “naturalizado” la geografía política, como se ha hecho en ocasiones. El mismo Ratzel tomó sus distancias y reconoció que la comparación del Estado con organismos altamente desarrollados no fructificó (“Der

1 Cf. Jean PIAGET. Epistémologie des sciences de l’homme. Gallimard, Paris, p.17.

2 Friederich RATZEL. Politische Geographie. München und Leipzig, 1897.

Vergleich des Staates mith ochentwickelten Organismen ist unfruchtbar”). 3 Al insistir sobre el Estado, la circulación y la guerra, Ratzel revela sus preocupaciones y sobre todo manifiesta una perspectiva socio-política que no quedará satisfecha con un simple distanciamiento de los métodos puramente biológicos. La segunda edición puede considerarse como la obra maestra que ha orientado e influenciado no solamente a la escuela alemana, sino que incluso, de manera diferenciada, ha tenido influencia en todas las demás escuelas de la geografía. No queremos decir que los autores que siguieron a Ratzel sean sus epígonos, sino que la obra ratzeliana, al poner las bases de la geografía política, trazó un cuadro en el que se puede trabajar incluso oponiéndosele, tal y como sucedió con la escuela francesa. Ratzel planteó una serie de conceptos, algunos de los cuales se difundieron mucho y otros no. Es indispensable dar un rápido vistazo al aporte ratzeliano para comprender cómo emergió la geografía política y de qué manera se desarrolló posteriormente. Ratzel partía de la idea de que existía una relación estrecha entre el suelo y el Estado. En el fondo, se trataba de una estrategia política de lo que se llamó determinismo y que tuvo sus encarnizados defensores y detractores. No es este el lugar para retomar esta vieja discusión cuyo interés no es sino histórico. Sin embargo, es interesante mostrar que esta relación entre suelo y Estado inauguraba una tendencia nomotética en la geografía, que el famoso probabilismo francés no supo reemplazar. No supo hacerlo en la medida en que los instrumentos que habría podido movilizar, en particular, la estadística probabilística, no fueron parte del arsenal metodológico de la geografía durante cuando menos medio siglo. El elemento fundador, formador del Estado fue, para Ratzel, el enraizamiento en el suelo de las comunidades que explotan los potenciales territoriales. El análisis ratzeliano se desarrolló sincrónica y diacrónicamente, de ahí la necesidad de valerse de los historiadores. En la evolución del estado, Ratzel percibió muy bien el rol y la influencia que podrían tener las representaciones geográficas, así como las ideas religiosas y nacionales. Pero es seguro que fue en los conceptos espaciales donde Ratzel concentró sus esfuerzos y en particular sobre la posición, que es uno de los conceptos más importantes de la geografía política. También las fronteras llamaron su atención, en tanto órganos periféricos del Estado. Por eso buscó distinguir la importancia de las zonas de contacto, tierra-mar por ejemplo, mares, montañas, planicies, sin olvidar la relevancia de los ríos y lagos. Sin embargo, no descuidó el estudio de la población y la circulación, entendidos como movimiento de los seres y de las cosas. Si consideramos de manera más precisa algunos de los conceptos utilizados por Ratzel, sorprende su modernidad. Es suficiente mencionar, para convencerse de ello, el crecimiento diferencial, el centro y la periferia, el interior y el exterior, la proximidad, entre otros. Los estudios contemporáneos sobre la alometría 4 han dado al concepto de crecimiento diferencial una base matemática, mientras que los economistas, aunque no sólo ellos, han adoptado los conceptos de centro y periferia. 5 Sin duda, esos conceptos fueron desviados de su sentido original que, para Ratzel, era espacial, pese a lo cual fueron útiles para expresar estrategias realizadas en el espacio. Muchas cosas, si no es que todas, están en la obra de Ratzel, pero fueron olvidadas… y redescubiertas, a veces sesenta años después. La perspectiva iniciada por Ratzel fue muy amplia y durante varias décadas el programa de la geografía política no se modificó en su esencia. Se puede afirmar inclusive que sólo nos conformamos con explotar la “mina

3 F. RATZEL. Politische Géographie oder die Geographie der Staaten, des Verkehres und des Krieges. München und Berlin, 2e edition, 1903, p.13. 4 Área de conocimiento de la zoología que estudia el cambio en las proporciones del cuerpo de un animal durante su crecimiento, según el desarrollo de uno de sus miembros y que puede ser lento o rápido (NdT).

5 Cf. Sobre este tema, Samir AMIN. L’accumulation à l’échelle mondiale. Editions Anthropos, Paris, 1970.

ratzeliana”. Lo que parece novedoso es aquello que Ratzel voluntaria o involuntariamente dejó en la sombra. En efecto, si se consideran sólo los marcos conceptuales, dejando de lado las transformaciones que sucedieron en el mundo desde el principio del siglo XX, así como los avances metodológicos de la geografía política debidos al uso del lenguaje lógico-matemático, se puede concluir que el pensamiento actual de la geografía política se produce, grosso modo, en los mismos moldes que los utilizados por Ratzel. Eso significa que se ha realizado, evidentemente, un enorme trabajo de reproducción, de actualización en los contenidos, y apenas modestos trabajos de creación, es decir, una mediocre actualización de las formas. Si Ratzel, vuelto a la vida, abriera los manuales de geografía política general, no se sentiría extrañado más que por el uso de ciertas fórmulas e índices, ya que encontraría las categorías analíticas utilizadas o forjadas por él mismo. Dichas categorías analíticas procedían directa o indirectamente de un solo y único concepto, el del Estado: “nadie ha visto al Estado. ¿Quién puede negar, no obstante, que sea una realidad? 6 ¡Ratzel nunca negó que fuera una realidad! Inclusive contribuyó ampliamente a afirmarla en el terreno de la geografía. Es incluso la misma realidad, ya que es representativa de lo político, lo que busca Ratzel. Pero ¿cuál es este Estado que privilegia Ratzel? Es el Estado moderno o el Estado nación. Dicho de otra manera, Ratzel convierte a la Geografía en una de sus “conformaciones históricas posibles a través de las cuales una colectividad afirma su unidad política y construye su destino.” 7 No tiene dudas sobre ello: “quien dice poder o autoridad no está diciendo sino Estado.8 Para Ratzel todo acontece como si el Estado fuera el único lugar de poder, como si todo el poder estuviera concentrado en él: “Hay que disipar la frecuente confusión entre Estado y poder. El poder nace muy temprano, a partir de la historia que contribuye a hacer.9 De esta manera Ratzel involucró a todos sus “herederos” en la vía de una geografía política que no considera más que al Estado o a los grupos de Estados. Veremos enseguida el significado propiamente geográfico de esta decisión, pero antes, es necesario preguntarse por qué Ratzel tomó esta decisión. El mismo Ratzel no aporta una explicación, pero podemos interrogar al contexto en que se desarrolló. La Alemania del siglo XIX estaba inmersa en el pensamiento hegeliano. No sabemos si Ratzel simpatizaba con la concepción hegeliana, pero lo que es seguro es que toda su geografía política muestra que “El Estado es la realidad en acto de la Idea moral objetiva”… en la costumbre, tiene su existencia inmediata; en la consciencia de sí, el saber y la actividad del individuo, su existencia mediata; mientras que éste tiene, por el contrario, la libertad sustancial de atarse al Estado como a su esencia, como objetivo y como producto de su actividad.” 10 No debe subestimarse el peso del “Zeitgeist” y Ratzel, cuando menos en su geografía política, hace eco del pensamiento del siglo XIX que racionaliza al Estado. Concede al estado su significado espacial y lo “teoriza” geográficamente. En este aspecto, no deja de ser influenciado por una larga tradición filosófica que encontró en Hegel a su representante más brillante: “en los primeros teóricos políticos de Europa Hobbes, Spinoza, Rousseau- el Estado-Nación no se distingue bien de la Ciudad-Estado, porque el pueblo, la nación, el Estado se confunden. Mientras que Hegel establece entre dichos términos un vínculo racional”. 11

6 Georges BURDEAU, L’Etat. Seuil, Paris 1970, p.13. Traducción nuestra (NdT).

7 Definición de J. Freund, citada por George BALANDIER en su Anthropologie politique, P.U.F. Paris 1967, p.145.

8 Henri LEFEBVRE. De l’Etat, 1, l’Etat dans le monde moderne. Union Generale d’Editions, Paris, 1976,

p.4.

9 Ibid. p.4.

10 HEGEL, Principes de la philosophie du droit. Gallimard. Paris, 1963, p.270.

11 LEFEBVRE, op.cit.p.7.

Desde el momento en que el Estado=lo político, siendo la categoría del poder estatal superior a todas las demás, el estado puede ser la única categoría de análisis. Hemos demostrado que decir que el Estado es la única fuente del poder es una confusión, pero es también un discurso metonímico. O bien el Estado detenta el poder y es único que puede detentarlo, o bien es el poder superior y hay que suponer poderes inferiores que pueden interferir con aquél. (La geografía política de Ratzel es una geografía del Estado y conlleva implícitamente una concepción totalitaria, la del Estado todopoderoso). Sin saberlo ni quererlo, Ratzel creó la geografía del “Estado totalitario”, donde el adjetivo significa aquello que abarca una totalidad, a diferencia del sentido político actual del término. Pero no hay que equivocarse, si Ratzel aún no conocía el Estado totalitario en el sentido contemporáneo, ya lo había imaginado y de hecho, en su geografía, lo hizo visible en su decoración espacial. Es verdad que el Estado no se ve, pero también es cierto que el Estado se muestra en una variedad importante de manifestaciones espaciales, de la capital a la frontera, pasando por las redes interiores jerarquizadas y las redes de circulación. El Estado puede leerse geográficamente y Ratzel aportó las categorías para descifrarlo: centro versus periferia, interior versus exterior, superior versus inferior, etc. La geopolítica, que es realmente una geografía del Estado totalitario (Italia, Alemania, URSS) no hizo sino abrevar del corpus de conceptos ratzelianos para encontrar los instrumentos de su elaboración. Sólo existe el poder del Estado. Es tan evidente que Ratzel no alude, en materia de conflicto, al choque entre dos o más poderes, más que a la guerra entre Estados. Las otras formas de conflicto, como las revoluciones, por ejemplo, que cuestionan al Estado en su interioridad, no tienen lugar en su sistema. La ideología subyacente es la del Estado triunfador, la del poder estatal. Todas las escuelas de geografía que hicieron geografía política después de la escuela alemana, como la francesa, la inglesa, la italiana y la americana, ratificaron estos principios filosóficos e ideológicos y, en ese sentido, nunca cuestionaron la ecuación Estado=poder. ¿Cuál es el significado geográfico del punto de vista del “conocimiento científico” de esta situación? En primer lugar, al no considerar más que al Estado, como es el caso de la geografía política general, no se dispone más que de un nivel analítico espacial, limitado por las fronteras. Ciertamente, existe también una jerarquía de niveles creados por el Estado para organizar, controlar y gestionar su territorio y la población, pero con el carácter cada vez más integrador y circundante del Estado dichos niveles aparecen más como relevos espaciales para difundir el poder estatal que como niveles articuladores del ejercicio de poderes inferiores. Dicho de otra manera, la escala es establecida por el Estado. Se trata de una geografía unidimensional que no es aceptable en la medida en que existen poderes múltiples que se manifiestan en las estrategias regionales o locales. En segundo lugar, el poder estatal es considerado un hecho evidente que no tiene necesidad de ser explicitado, ya que se expresa en las cristalizaciones espaciales que ponen de manifiesto su acción. Evidentemente se trata de inferir algo no identificado a partir de los signos que esta clase de geografía deja por aquí y por allá. Finalmente, hay una ruptura entre la dinámica que se puede constatar en ese poder estatal y las formas que se pueden observar en el terreno operativo de un territorio. Queremos decir que los diversos sistemas de flujo que contribuyen, en la génesis del poder estatal, a la elaboración de dichas formas, no están verdaderamente descritos o explicados. ¿Las cosas han cambiado desde Ratzel? ¿Estamos frente a una geografía política o estamos todavía frente a una geografía del Estado? Eso trataremos de ver.

II. ¿GEOGRAFÍA POLÍTICA O GEOGRAFÍA DEL ESTADO?

Una verdadera geografía no puede ser sino una geografía del o de los poderes. Según nosotros, la expresión de geografía del poder es mejor y a partir de ahora, no utilizaremos más que esa. Si se dice, siguiendo a Lefebvre, que no hay más poder que el político, eso significa, considerando lo anterior, que la política no se refugia completamente en el Estado. En efecto, si lo político logra su forma más completa en el Estado, eso no implica que no pueda caracterizar también a otras comunidades: “Estudiando de manera comparativa el poder en todas las colectividades, se pueden descubrir las diferencias entre el poder dentro del Estado y el poder en otras comunidades”. 1 Para una discusión acerca de lo político, remitimos a Balandier. 2 Aceptamos que hay poder político desde el momento en que una organización lucha contra la entropía que la amenaza con el desorden. Esta definición, inspirada en Balandier, nos permite descubrir que el poder político es congruente con toda forma de organización. Ahora bien, la geografía política, en el sentido estricto del término, debería tener en cuenta a las organizaciones que se desarrollan en un contexto espacio -temporal que éstas contribuyen a organizar… o a desorganizar. De forma general, la escuela alemana puso el acento en las tendencias expresadas por Ratzel y reveló ciertas dimensiones latentes en el autor. Independientemente de que se tome a Maull o Supan, no hay duda de que nos encontramos frente a una geografía del Estado y no frente a una geografía política que daría lugar a formas de poder político diferentes de las que se derivan directamente del Estado. Maull, muy sistemático, fue capaz de elaborar inclusive una morfología de los Estados, con lo cual puso en evidencia el proceso vital de creación estatal. Eso constituye una cadena “lógica” de inspiración biológica que recuerda, en ciertos aspectos, lo que Jones trató de hacer algunas décadas después con su Unified Field Theory. 3 Fiel al determinismo, Maull buscó la manera de formular leyes: la de la dependencia causal entre hombre y naturaleza; la ley de la variabilidad de las relaciones entre la naturaleza y el ser humano; la ley del desarrollo, y la ley de la unidad de los efectos geográficos. Se notará, de paso, que el determinismo de Maull no es absoluto, sino que lo relativiza mediante la ley de variabilidad de las relaciones entre el hombre y la naturaleza. Maull clausuró una época en la geografía alemana marcada sin duda por esfuerzos teóricos serios. Supan y Dix se encuentran en esta misma línea. El primero es cercano inclusive a la cuantificación, cuyos resultados merecerán la ironía de Ancel, 4 mientras que el segundo se sitúa en una perspectiva geopolítica. 5 Con la geopolítica, término atribuido a Rudolf Kjellen, se prepara la mundialización del Estado. La primera guerra mundial no es ajena a este control total por parte del Estado. Un hombre como JulienBenda, había presentido y analizado perfectamente lo que se tramaba: “La guerra política, al implicar la guerra de las culturas, es propiamente una invención de nuestro tiempo y le asegura un lugar insigne en la historia moral de la humanidad”. 6 Este señalamiento, escrito en 1927, prueba sobradamente que el Estado está tratando de ocupar todo lugar disponible.

1 Maurice DUVERGER. Introduction à la politique. Gallimard, Paris. 1964, p.16.

2 Georges BALANDIER. Anthropologie politique. P.U.F. Coll. S.U.P. Paris, 1967, p.28-59

3 Cf. Otto MAUL Politische Geographie, Berlin 1925 y S.B. JONES An Unified field theory of political geography: Annals of the Association of American geographers, vol.44, 1954.

4 Cf. Alexander SUPAN, Letlinien der allgemeinen politischen Geographie, Berlin und Leipzig 1922 et Jacques ANCEL, Géopolitique, Paris 1936, p.88.

5 Arthur DIX, Politische Geographie, Weltpolitisches Handbuch, München und Berlin 1922.

6 Julien BENDA, La trahison des clercs, J.J. Pauvert, Paris 1965, p.24.

Es evidente que con el advenimiento de la geopolítica se está frente a una ciencia del Estado concebido como un organismo geográfico en constante movimiento. Es el inicio del juego de suma cero de los Estados del siglo XX. En los años treinta, un grupo de autores, bajo la dirección de Kart Haushofer, elaboró el pensamiento geográfico del Estado nazi, útil para todo Estado totalitario. Desde entonces la geopolítica aparece como una especie de geografía aplicada al Estado. ¿Cómo sorprenderse entonces del desinterés de ciertas escuelas por la geografía política, si sabemos que inició con tan mala fama mala fama? Golpeada por esta indignidad, la geografía política permaneció estancada durante mucho tiempo. A pesar de ello, la que estaba en tela de juicio no era, desde nuestro punto de vista, una verdadera geografía política, sino una geografía del Estado. Después de haberse roto, la tradición alemana se reanudó y una de las últimas obras de Schwind tiene el mérito de presentarse como una “geografía del Estado”. 7 La escuela francesa se fundó, en gran medida, como reacción a la alemana. Además, es más discreta en sus manifestaciones. Sin duda también fue debido a que Vidal de la Blanche no elaboró sino artículos y notas dispersas en esta materia. Al relativizar la relación hombre-suelo, la corriente vidaliana generó una crisis en el pensamiento geográfico. La primera víctima de esta crisis fue tal vez Camille Vallaux, a quien se percibe molesto después de haber rechazado el determinismo: “Para que (la geografía política) sea legítima, basta con encontrar las huellas de los agentes naturales, siempre o al menos de vez en cuando, y de manera profunda, o al menos discernible, en el transcurso del desarrollo histórico y de la evolución de los Estados”. 8 ¿Es posible estar más incómodo científicamente hablando? Vallaux, de quien se han olvidado demasiado pronto sus aportes originales, concluirá su obra con la constatación de que es difícil descubrir relaciones de causalidad y de interpenetración entre el suelo y el Estado provistos de ese carácter de necesidad que no puede pasar desapercibido para ninguna ciencia. 9 Si la crisis iniciada por Vidal, que desembocó en lo que se ha llamado después el posibilismo, hubiera podido apoyarse en el concepto de probabilidad que postulaba implícitamente, la geografía habría conocido otro destino… No fue así. De hecho la escuela francesa, aun habiendo rechazado debidamente el determinismo, ha conservado de éste la idea de necesidad, que no es probabilística. 10 Hicieron falta los instrumentos de reconstrucción para actuar después de la crisis. Habría que hacer un libro sobre el determinismo residual de la escuela francesa, que se puede apreciar aún en la actualidad. Jean Brunhes, en su geografía de la historia, escapó en parte al restringido cuadro del Estado. Lo mismo Albert Demangeon y Emile Félix Gautier, entre otros, en sus obras sobre el fenómeno colonial. André Siegfried, en un contexto diferente y como consecuencia de una tradición inaugurada por Alexis de Tocqueville, ilustrará sobre todo el poder político, tal y como lo definimos, antes que el poder del Estado. Uno de los raros autores que intentaron teorizar la geografía política fue Jacques Ancel, a quien Gottman condena severa e injustamente: “no se puede calificar de doctrina un intento desafortunado por encontrar un término medio entre los métodos francés y alemán”. 11 Juicio aún más injusto, puesto que Ancel mismo estigmatizó los errores de la geografía alemana. Ancel elaboró un trabajo nada despreciable en materia de fronteras, que se inscribe totalmente en la tradición posibilista. 12 No cabe duda de que dichos trabajos han

7 Martin SCHWIND. Allgemeine Staatengeographie, Berlin, New York 1972.

8 Camille VALLAUX, Le sol et l’Etat. Paris, 1911 p.20.

9 Ibid., p.395.

10 Relativo al uso de la teoría de probabilidades, cálculo matemático, estadística (NdT).

11 Jean GOTTMANN, La politique des Etats et leur géographie. Paris 1952, p.56.

12 Jacques ANCEL, Géopolitique, Paris 1936 y Géographie des frontières, Paris 1938.

envejecido, pero eso no impidió que marcaran un momento en la geografía política francesa. Después de la Segunda Guerra Mundial, sólo Gottman realizó trabajos de geografía política que posiblemente marcaron más a los historiadores y a los politólogos que a los propios geógrafos. Gottman estuvo en la intersección de las influencias francesa y anglosajona, lo que permite encontrar en sus trabajos esta combinación de historia, ciencia política y geografía. Se hizo famoso por haber llamado la atención respecto a la iconografía y la circulación en la geografía política. De hecho, eso proviene en línea directa de Ratzel, a quien tuvo el mérito de redescubrir. Gottman se acercó a la geografía política: “No existe la política más que donde se ejerce la acción de los hombres que viven en sociedad” 13 , pero la idea del poder no se explicita sino a través del Estado. Los ingleses y los americanos manifestaron un especial interés por la geografía política. Los estadounidenses siguieron haciéndolo de manera activa. ¿Hay que señalar el efecto de la influencia y de la dominación que Inglaterra tuvo en el mundo alrededor del siglo XX y que los Estados Unidos ejercieron después? M.J. Mackinder trató desde 1904, de sistematizar en mapas a pequeña escala una visión neo histórica del poder o, más precisamente, de la potencia en el mundo. Hubo y hay todavía una innegable tentación planetaria en la explicación en geografía política. Se conoce la fórmula sintética de Mackinder: “quien posee el World Island (Europa, Asia, África), dirige el mundo”. Estas visiones que prefiguran la geopolítica, a pesar de su carácter pre-científico, -es decir, basadas en conceptos explícitos-, no fueron menos seductoras. En relación a eso, hay que mencionar también la predilección por el uso de explicaciones monistas como las de Huntington, quien buscó describir los movimientos políticos a partir de grandes pulsaciones climáticas. Indiscutiblemente, acentuó la importancia de la herencia… Por el contrario, hombres como Bowman tendrán una concepción más flexible, y hasta más justa. Bowman se guió por la siguiente opinión: “las cualidades y las reacciones mentales del hombre cambian poco”. 14 Comprende bien que, en esas condiciones, la filosofía de la historia subyacente implica la repetición de ciertos fenómenos importantes. Además, Bowman abrió la veta inagotable de los world political pattern… Whittlesey no dudará en comprometerse en esta vía, sacrificando incluso a la geopolítica y proclamando, por ejemplo, que es “natural para el estado italiano aspirar a la hegemonía mediterránea.” 15 Los Estados Unidos tuvieron algunos representantes en materia de geopolítica, como Spykman y Strausz-Hupé, quienes contribuyeron a desarrollar ciertos esquemas de política exterior para su país. Bogs y Hartshorne mostraron tendencias más humanistas, pero de todos modos inclinadas hacia el Estado. Ambos enriquecieron la geografía de las fronteras a través del ensayo e instrumentación de tipologías. Hartshorne es el autor de una teoría funcional en la que identifica, en relación al Estado, la “razón de ser” de éste y las fuerzas centrífugas y centrípetas que pueden respectivamente cuestionar su existencia o reforzar su cohesión. La geografía italiana, para cerrar este repaso general, no dejó de ilustrar al Estado como única fuente de poder político. Toschi se sacrificó en ello después de muchos otros. 16 Salvo raras excepciones, la geografía política del siglo XX fue en general una geografía del Estado; una geografía unidimensional que no quiso ver en lo político más que una expresión del Estado. En realidad, la política penetró en toda la sociedad y si el Estadoresultó triunfante, ello no significa que no sea el lugar de conflictos y de

13 Cf. páginas dedicadas a la geografía política por Gottman en la Enciclopedia de la Pléyade, Géographie générale, Paris 1966, p.1749-1765.

14 Isaiah BOWMAN. Le monde nouveau. Paris 1928, p.1.

15 Cf. Derwen WHITTLESEY. The Hearth and the State, New York 1939.

16 Humberto TOSCHI, Appunti di geografia politica, Roma 1958.

oposiciones, en una palabra, de relaciones de poder que, no por ser asimétricas, dejan de tener presencia y de ser reales. La geografía del Estado borró sus conflictos, mientras que éstos subsisten en todo nivel relacional donde se postula una geografía política multidimensional. Esta geografía del Estado fue un factor de orden, al privilegiar lo concebido por encima de lo vivido. Sólo el análisis relacional está en condiciones de rebasar esta dicotomía concebido-vivido. 17 La geografía del Estado fue construida a partir del lenguaje, de un sistema de signos, de un código que procede del Estado. ¿Cuáles son esos signos? ¿Cuál fue el lenguaje utilizado para describir geográficamente el hecho estatal?

17 Cf. LEFEBVRE, op.cit.

III. EL LENGUAJE DE LA GEOGRAFIA DEL ESTADO.

El estado del que tratamos es el Estado-nación, el mismo que la ruptura política de la Revolución Francesa hizo emerger. 1 Se trata pues, de un fenómeno reciente que no tiene más de dos siglos. Pero no todos los Estados son Estados nación, e inclusive si el Estado se considera la expresión política de la nación, el Estado se define en primer lugar como ser político. 2 Si hay un hecho sobre el cual los geógrafos tienen consenso, es sobre la definición del Estado: “El Estado existe cuando una población instalada en un territorio ejerce su propia soberanía.” 3 Se consideran tres aspectos para caracterizar al Estado: la población, el territorio y la autoridad. Toda la geografía del Estado deriva de esta triada. Consideremos primero el territorio. En relación a éste, existen dos tipos de códigos: los códigos sintácticos y los códigos semánticos. 4 El código sintáctico está formado por una serie de articulaciones como la dimensión, la forma y la posición, para considerar, por el momento, sólo algunas. Estas obedecen a la lógica estructural de una combinación que permite denotar la morfología general del territorio. Pero la observación empírica, que prevaleció mucho tiempo en la construcción teórica en geografía, muestra que el alcance de los códigos sintácticos nunca fue percibido ni mucho menos explotado en la geografía política clásica. Y sin embargo, si queremos determinar la acción política de los diferentes Estados en el transcurso de la historia, se tiene que admitir que las estrategias son señaladas por uno u otro de esos elementos sintácticos. Se trata de puntualizar una política que puede hacernos creer en la continuación de un sistema coherente. No fue sino hasta la Segunda Guerra Mundial, que Inglaterra puso en el centro de su estrategia general esta posición. Rusia, a partir de Pedro el Grande tuvo también esta preocupación. Mientras que otros Estados, como Brasil en el siglo XIX, siglo de disputas fronterizas, estuvieron fuertemente marcados por la preocupación de la dimensión. Pero paradójicamente, la geografía política clásica estuvo más inclinada a decir que el Estado, hablando territorialmente, era pequeño, compacto y marítimo o grande, extenso y peninsular, mientras que hubiera sido más significativo mostrar o intentar mostrar qué articulación se utilizaba en la estrategia territorial durante cierto periodo. El uso de códigos semánticos de tipo: territorio grande, marítimo y fragmentado es frecuente. Esos códigos semánticos tienen un carácter estático que no carece, ciertamente, de interés, pero que disimula la o las estrategias que provocaron ese resultado. La combinación de una estrategia no se da de golpe, sino que obedece a una secuencia. Finalmente, esos códigos semánticos son tipos de mensajes que “no establecen posibilidades generadoras, sino esquemas ya hechos; no formas abiertas que suscitan la palabra, sino formas esclerotizadas…” 5 . De esta manera, se puede describir, a partir del código sintáctico, un número importante de territorios, incluso los que no son observables. ¿Cuál es el interés? Ciertamente ninguno a nivel de la descripción, ya que sería difícil describir lo que no existe. El problema es otro. Las posibilidades generadoras del código sintáctico son perfectamente adecuadas para explicar la génesis de una estrategia territorial, sin necesidad de integrar simultáneamente varios objetivos. Una estrategia puede, por ejemplo, realizar

1 Ver, sobre ese problema, H.LEFEBVRE, De l’Etat, 3 Le monde de production étatique, Union Générale d’Editions, Paris 1977, p.50.

2 V. Norman J.G. POUNDS. Political Geography, MacGraw-Hill Book Company, New York 1972, p.12

3 Richard MUIR, Modern Political Geography MacMillan Press Ltd., London 1975, p.79

4 Sobre este problema de códigos, ver Humberto ECO La structure absente, Mercure de France, Paris 1972, p.292 y nuestro artículo, Peut-on parler de codes dans les sciences humaines et particulièrement en géographie?, L’Espace géographique, Nº 3 1973, p.183-188. Los códigos sintácticos constituyen las condiciones estructurales de la denotación mientras que los códigos semánticos combinan éstos para denotar las funciones.

5 ECO, op.cit.p.293.

primero una secuencia cuyo objetivo sea alcanzar una posición determinada y enseguida, en la segunda o la tercera secuencia, buscar la dimensión. En resumen, se hizo un mal uso de los códigos sintácticos, mientras que eran perfectamente explícitos y utilizables. En lugar de un uso y de una explotación, que los habría llevado a sus límites extremos a través del concepto de estrategia, se procedió a una transposición matemático-estática. Se esforzaron en cuantificar las formas, las dimensiones e igualmente las posiciones relativas. Se llegó a ello sin mucho esfuerzo aunque el problema de esta cuantificación se tomó, en la mayoría de los casos, bajo una perspectiva geométrica simple y no como un punto de vista sintético que integrase los desafíos habituales del poder, es decir, no solamente el territorio sino la población y sus recursos. 6 El solo hecho de que la cuantificación fuera posible debió centrar la atención en esos códigos sintácticos, ya que era la prueba de que se estaban abordando los elementos de la primera articulación. En realidad la cuantificación introdujo, en ese caso, precisiones… inútiles y superfluas desde el punto de vista de la problemática morfológica que imperó durante mucho tiempo. Es una ilusión pensar que el paso de lo cualitativo a lo cuantitativo provoca un salto positivo hacia el entendimiento, cuando la problemática es idéntica. El único beneficio es el de la coherencia. No es despreciable, al contrario, pero es insuficiente. Esos códigos sintácticos como co-extensiones de un saber-ver “geométrico”, poco significativos en sí mismos -aunque ahí reside su interés inicial, que pasó desapercibido-, habrían permitido señalar la teoría y la práctica de diferentes políticas territoriales, si hubieran sido utilizados de manera juiciosa en relación con la concepción estratégica propia de cada Estado. La percepción territorial del príncipe no es geográfica en el sentido concreto de “terreno”, sino que es geométrico, ¿cómo podría ser de otra manera? Ya que de lo que se trata es de poseer una imagen o un modelo a partir de la cual o del cual se elabora una acción: “Armado de su teoría, parecería que el estratega no tendría más que volverse al “terreno”, a los datos concretos de su cálculo producto de la observación pura. De ninguna manera; la forma teórica determina igualmente -a priori- las marcas esenciales que permiten organizar los movimientos en el terreno”. 7 El “estratega” no ve el terreno, inclusive no debe verlo de otra manera que conceptualizado; de lo contrario, no podría actuar. Es la distancia que toma lo que hace posible su acción y, a partir de ahí, esta distancia solo crea “el espacio”: “El espacio estratégico no es una realidad empírica…”. 8 Este es, de hecho, creado por el concepto de acción, que puede ser la guerra pero que también puede ser cualquier forma de organización, de distribución, de red o de fragmentación. El estratega no ve el terreno sino su representación. Por ello, los elementos del código sintáctico como la dimensión, la forma y la posición siguen siendo esenciales en el lenguaje del territorio, pero deben retomarse como elementos de expresión de una semiología connotativa. También pertenecen al lenguaje de la geografía política las “core áreas9 reveladoras de la problemática morfo-funcional. Una “core area” es la célula a partir de la cual el Estado se habría desarrollado, aunque no siempre existe. Muchos Estados no se construyeron a partir de esta célula primitiva. Como quiera, el concepto es útil y ha sido desarrollado en las tipologías que emergen de códigos semánticos que ponen el acento ya sea en el espacio,

6 Sobre este problema de la forma, ver Claude RAFFESTIN et Claude TRICOT, Réflexions sur les formes: Cahiers de géographie de Besançon, Nº12, 1975, p.33-45.

7 André GLUCKSMANN, Le discours de la guerre, Union Générale d’Editions, Paris, 1974, p.73.

8 GLUCKSMANN, op.cit. p.76.

9 Se trata de las zonas centrales y por ello más importantes de un territorio; “el corazón de la nación”, que resume en un espacio geográfico el patrimonio intangible como un lugar de ubicación desde el cual generar la identidad regional o nacional.

(“core area” central, periférica o excéntrica, externa) o en el tiempo, o en la dimensión de ambos. 10 Las capitales y las fronteras que son también producto de códigos semánticos, tal y como fueron concebidas, constituyen los articuladores del lenguaje de la geografía del Estado. Podría decirse que las capitales son puntos-claves, al igual que las “core areas” son regiones-clave. Pero al igual que las fronteras que dieron lugar a múltiples clasificaciones, ellas expresan conformaciones, productos de relaciones que no aparecen en la problemática morfo-funcional, sino como resultados que ocultan con frecuencia las relaciones de fuerza, es decir, las relaciones de poder, que las crearon. Por otro lado, ellas sólo le interesan al Estado cuando son susceptibles de un uso más amplio, es decir, cada vez que hay una relación de poder. Lo admitan o no, los negros norteamericanos poseen “core areas” en el Estado americano, son el corazón de muchas ciudades en las que surgen las acciones

Dicho de otra manera, todos esos signos, que

han servido para expresar las formas y las funciones del Estado, podrían ser retomados por una problemática relacional y extendidos a todas las relaciones de poder político en las que el Estado no está ausente, -nunca lo está, pero puede tener únicamente el rol de un referente. Los códigos revisados hasta ahora se inscriben en la perspectiva de señalar el poderío potencial del estado. Como hemos visto, los signos geométricos revelan las preocupaciones estratégicas cuyo objetivo es potencial. Sin embargo, esos signos, que constituyen un “discurso,” no son sino la imagen de dicho poder potencial. Imagen que se construye a partir de elementos cuya combinación forma grupos de indicios que estarán o no en correlación con las acciones efectivamente realizadas. En el fondo, la geografía no produce, en ese caso, más que índices, que tienen una probabilidad más o menos fuerte de corresponder a estrategias reales. En el análisis de la población, el lenguaje utilizado está compuesto también por signos específicos: cantidad, distribución, estructura, composición, por citar los más representativos. Se notará que son categorías coherentes en relación a las del territorio, en el sentido de que la población es concebida como un recurso. Esos signos sirven para identificar y para caracterizar a la población como factor potencial del poder. En la geografía del Estado, la población pierde significado propio: es concebida y no vivida. No tiene significado más que a través del proceso del Estado. Su significado se deriva de la finalidad del Estado. De hecho, se notará que los signos utilizados permiten sobre todo

políticas, reivindicaciones, revueltas, etc

definir y expresar un potencial, más que una identificación diferenciada. La cantidad expresa una idea cercana a la dimensión y por ello, correlacionada con el poder potencial. Además, de su combinación resulta una “cantidad pura” integrable en toda estrategia: la densidad. Podría creerse que la densidad expresa la distribución, pero no es ese el caso, incluso si cierta geografía nos ha acostumbrado a eso. Es cierto que la densidad expresa una distribución…¡pero siempre es la misma! Eso no tiene nada de original y esta constatación fue hecha por muchos autores: “Pero de nuevo, hay lo que podemos llamar el peligro de la media”. 11 Más extraña es la manera que propone Blij para salir de esta dificultad: “Podemos sugerir un modelo, el Estado que tiene solamente un ‘corazón’ goza de mayor grado de unidad que el Estado que posee varios, pese a que el resto de sus características sean similares.” 12 Sería más simple agregar un índice de concentración a

10 Sobre este tema, ver MUIR, op.cit., p.36-39.

11 Harm J. de BLIJ, Systematic Political Geography, sd Edition, John Wiley & Sons Inc. New-York 1973, p.43 “But again, there is what we might call the danger of the average” en el original (NdT).

12 Harm J. de BLIJ, op.cit. “We might suggest a model; the state that has only one ‘heart’, other things being equal, enjoys a greater degree of internal unity than a state that possesses several such foci”, en el original (NdT).

cada densidad, lo que daría una imagen más fiel de su distribución. 13 En ese caso, la cuantificación aumenta no solamente la coherencia sino que es útil y significativa. En cuanto a la estructura demográfica, ésta expresa una idea cercana a la de la posición. Es la medida exacta en la que la distribución por edad y sexo expresan una “posición” demográfica que denota la situación de este “recurso” que es la población. Al igual que el territorio, la estrategia del Estado connota la estructura demográfica a partir de sus finalidades. De manera caricaturesca, puede decirse que las pirámides con una base amplia “estrangulada” connotan estrategias con “futuro cerrado”. La generalización es menos excesiva de lo que podría pensarse. Francia por ejemplo, estos últimos años se inquieta, al menos en el caso de algunos medios gubernamentales, por la caída en la tasa de natalidad, que pone en tela de juicio la tasa de reproducción. 14 Esos temores se incrementan cuando se constata la disminución relativa de la proporción del grupo blanco en comparación con el grupo amarillo o negro. ¡Viejo temor, vieja historia, cierto, pero que parece tener siempre actualidad! La composición de la población, vista desde el punto de vista étnico, lingüístico o religioso, es abordada con frecuencia con categorías de homogeneidad versus heterogeneidad. La primera es percibida como una condición favorable para la supervivencia del Estado, mientras que la segunda es una condición más desfavorable para este propósito. Dicho de otra manera, la estrategia del Estado pretende la homogeneidad y por eso los índices de diferenciación son tan agudos. 15 Se trata de una “lectura estatal” en la que el Estado busca unificar, volver idénticos a todos por todos los medios. El Estado teme a las diferencias y, en consecuencia, no quiere ver más que un lado de las cosas. El lenguaje de la autoridad, de la soberanía no es menos revelador. Está primero el origen de esta autoridad: ¿procede de un consenso democrático o no? ¿Dicha autoridad está centralizada o no? ¿Es el origen de un Estado unitario o federal? Incluso si ciertas condiciones geográficas postulan una u otra cosa, es casi siempre en la evolución histórica donde se buscan las explicaciones. Y la razón de ello es simple: el carácter unitario de Francia y el carácter federal de Suiza se adquirieron y formaron en el transcurso de una evolución que duró siglos. Además, en este punto preciso, el sesgo histórico y el sesgo funcional de un Hartshorne convergen en el sentido de que el segundo necesita del primero para apreciar el grado de cohesión de cualquier Estado. Al terminar este rápido análisis del lenguaje usado, es conveniente precisar que no tenemos de ninguna manera la intención de aclarar todos los códigos de uso, sino solamente ciertos mecanismos de codificación de la geo estructura considerada desde la perspectiva política y, de manera más precisa, desde la perspectiva política del Estado. Nos pareció que el procedimiento descriptivo de la geografía política se ha orientado sobre todo hacia el Estado. Después de Ratzel, prácticamente todo el lenguaje fue forjado y organizado en función del Estado. Dicho de otra manera, hubo una inversión en la gestión. El Estado, incluso si es la más acabada y molesta de la formas políticas, no es la única. Si el lenguaje hubiera sido concebido para dar cuenta del poder político y de las relaciones que éste construye en el espacio y en el tiempo, el Estado habría tenido ciertamente un lugar privilegiado, pero no ocuparía todo el lugar. Esa es una de las razones por las cuales la “geografía política”, convertida en geografía del Estado, permaneció marginal y poco integrada en el corpus geográfico. En lugar de interesarse por cualquier organización dotada de poder político susceptible de inscribirse en el espacio, la geografía política no vio -y en consecuencia no hizo el análisis- más que una forma de organización, la del

13 Por ejemplo, supongamos tres países con la misma densidad D que podrían tener los índices 0,3 0,5 ó 0,8 respectivamente.

14 Cf. Sobre este tema, ver las declaraciones de Alfred SAUVY y Michel DEBRE.

15 Ver MUIR, op.cit. p.95.

Estado. Sin embargo, los signos usados pueden recuperarse para realizar un análisis multidimensional del poder. Trataremos de demostrarlo. Vimos que esta concepción unidimensional paradójica en el plano geográfico no lo era en el plano filosófico. En efecto, desde Hegel el Estado llenó el horizonte de la existencia política. Para escapar de esa paradoja, se necesita una problemática que trate de volver inteligibles no sólo las formas investidas de poder, sino las relaciones que determinan estas formas. A la problemática morfo-funcional es preciso, si no sustituir, cuando menos agregar una problemática relacional cuyos resultados, si los hay, serán connotativos de aquellos que emanan de la primera. Cuando decimos “agregar” podría creerse que se trata de una evolución lineal. No es así, ya que la problemática relacional habría precedido a la problemática morfo-funcional, lo que la situaría más arriba de ésta última. La geografía humana se constituyó, entre otros, sobre el principio de diferenciación espacial a partir del cual algunos tratan hoy de construir axiomas. La geografía política, concebida como la geografía de las relaciones de poder, podría fundarse en los principios de simetría y de asimetría en las relaciones entre organizaciones. Es hasta después que podría construirse una morfología política. La dificultad de dicha tarea reside en el hecho de que una problemática relacional es difícil de elaborar, por un lado y, por el otro, porque el poder es aun más difícil de identificar, suponiendo que pudiéramos hacerlo. ¡La tarea está destinada al fracaso antes de comenzarla! Sí, si no se tiene el ánimo de proponer, más que un modelo analítico, un esquema y no si se acepta correr el riego de hacerlo. Es ese riesgo el que vamos a tomar, por varias razones: primero, por el simple gusto de la aventura intelectual, es decir, por rehusar la reproducción, la repetición incansable; después, para tratar de demostrar que la relación, con frecuencia evocada en geografía, no ha sido explotada verdaderamente como concepto; finalmente, por aclarar ese rol del poder que se manifiesta en todas las acciones humanas.

CAPITULO II

ELEMENTOS PARA UNA PROBLEMÁTICA RELACIONAL

I.- ¿QUE ES UNA PROBLEMÁTICA?

La palabra “problemática” es polisémica y no están de más algunas explicaciones para precisar el sentido en el que la utilizaremos. Dicho término puede, en todo caso, tener tres significados:

a) Conjunto de problemas propios de un tema, por ejemplo la problemática urbana

concierne a los problemas específicos de la ciudad.

b) Manera de plantear un conjunto de problemas relativos a una pregunta particular.

c) Modo que consiste en determinar, previamente a cualquier análisis, el estatus de

inteligibilidad capaz de explicar un sistema.

Es evidente que la intersección entre estos tres conjuntos no está vacía. Hay un punto en común constituido por el conjunto de preguntas que se formulan siempre que se quiere obtener un “conocimiento científico”, a partir de conceptos explícitos, acerca de cualquier tema. Sin embargo, la nuestra es la tercera definición, ya que ésta implica un método, es decir, un proceso: el de la explicación de un cuerpo de conceptos lo más unívocos posible, sin los cuales no es posible lograr un saber libre de las ambigüedades del conocimiento que se puede tener de los hechos a primera vista. Eso no significa de ninguna manera que el investigador no esté marcado por una ideología, la suya, que lo penetra por todas partes y de la que no puede deshacerse, aunque lo intente repetidamente. Nuestra ideología será lo suficientemente identificable como para que no sea necesario explicitarla ahora. Si optamos por una problemática relacional, es porque pensamos que las relaciones son capaces de hacer inteligibles el poder político y sus manifestaciones espaciales. La existencia está tejida por relaciones, es un vasto complejo relacional con una problemática muy diferente de la llamada morfo-funcional. Ésta se reclama como geografía de un triángulo: querer-ver, saber-ver, poder-ver, mientras que aquélla se funda en el triángulo querer-existir, saber-existir, poder-existir. Eso corresponde a otras interrogantes y a otras inquietudes sociales, inscritas en un contexto ajeno al testimonio y más cercanas a la “participación crítica”. Se trata pues, de un proyecto diferente del instituido a finales del siglo XIX por la geografía política clásica. ¿”Proyecto diferente”? ¿La geografía política clásica se desarrolló como un proyecto? Podemos dudarlo, por la simple razón de que nunca se enunció la idea de proyecto, al contrario de la idea de objeto. Cualquier geografía política empezó con la definición de un objeto y se instituyó como innegable “totalitarismo” del objeto: “¡la geografía política es esto y no aquello!” Ese tipo de afirmación se opone a una investigación definida como proyecto. Nuestra investigación se inscribe en esta concepción de proyecto y no en la del objeto. Eso significa que postulamos “una” nueva descripción, cuya ambición es echar abajo las bases “de una” nueva explicación. El uso del artículo indefinido cobra total sentido al implicar que se trata de una descripción posible entre otras; es decir, de una manera de desplegar las cosas de forma eventualmente creadora de otra explicación. En cualquier caso, descripción y explicación dependen estrechamente del cuadro conceptual, determinado en su totalidad por el proyecto o proceso de inteligibilidad.

II.- IDENTIFICACION DE LA RELACION

Es Marx quien, una vez más, a través del análisis de la mercancía, mostró que “en ella hay un acto que implica una relación”. 1 Es sorprendente que la noción de cambio, que llamó la atención de todas las ciencias del hombre, no se haya atendido para la construcción de una teoría de la relación. A pesar de ello, el esbozo de una teoría semejante es posible: “Los ‘cambistas’ aportaron una realidad orgánica, sus cuerpos, sus manos, además de sus herramientas y sus productos. Se relacionaron entre sí. Ese contacto, que aporta información a cada una de las partes, las modifica. Se funden en él una energía orgánica y una energía informativa” 2 . Este acto inicial siempre es actual, ya que se repite indefinidamente y se reproduce en todas las manifestaciones de la vida cotidiana. Pero la relación no está presente solamente en el intercambio material; es también co-extensiva y co-fundadora de cualquier relación social. Aunque es verdad que el acto de intercambio material se distingue del no-intercambio -del don y del robo, por ejemplo- y del intercambio estrictamente mental, no por ello deja de entrar, al igual que el no-intercambio y el intercambio meramente mental, en esta categoría más general que es la relación. El intercambio material no es sino un caso particular, ciertamente importante pero no único, de la relación. Si la relación no ha sido teorizada verdaderamente es porque aparece como un concepto demasiado global, demasiado general. De hecho, no es tal si se quiereidentificar con precisión. La complejidad de las relaciones es lo que hace difícil el sesgo relacional, ya que, si por comodidad se describen primero las relaciones bilaterales, no hay que olvidar que se trata de una abstracción, en el sentido de que las relaciones son multilateralesla mayoría de las veces. Para simplificar tomemos, para empezar, una relación bilateral corriente -pero no simple-:

la del contrato laboral. De hecho el contrato laboral no es bilateral más que en apariencia, ya que si hay un vendedor de trabajo, el que ofrece, y un comprador de trabajo, el demandante, su relación hace que intervenga en todo caso la organización estatal presente en las reglas, las leyes, en una palabra, en los códigos que regulan la compra-venta del trabajo. Esta relación puede hacer intervenir también a la o las organizaciones sindicales presentes en los contratos colectivos e igualmente en el conjunto de reglas (figura 1).

1 Cf. Henri LEFEBVRE. De l’Etat,3, le monde de production étatique, Union Générale d’Editions, Paris 1977, p.9.

2 H. LEFEBVRE. op.cit. p. 19.

Figura 1

Figura 1 La organización estatal y la organización sindical son partes interesadas en la relación, en

La organización estatal y la organización sindical son partes interesadas en la relación, en

el

sentido de que ambas delimitan el ámbito socio-político de la misma. Según los países,

es

evidente que la organización sindical puede estar ausente. Podemos imaginar también

que la organización estatal esté ausente, como en el caso de un contrato laboral ilegal. El

terreno operativo de la relación, en ese caso, está delimitado no solamente por los actores inmediatos, los directamente interesados, sino también por las organizaciones que intervienen en una serie de disposiciones que hay que observar. Además, la relación tiene un contenido, un doble contenido: el tiempo de trabajo del que ofrece y el salario del demandante, que caracterizan el intercambio. Intercambio que es un proceso de comunicación, ya que antes de ser liberado materialmente, es objeto de una negociación con la ayuda de signos lingüísticos. Esta relación tiene una forma, determinada por los actores directos -oferente y demandante- y por una o varias de las organizaciones mencionadas antes. Es una relación que se inicia en un lugar determinado y para un lugar determinado, en un momento dado y por una duración determinada o indeterminada.

A partir de ese momento, se plantean varios problemas. Problemas que, si bien no son

irresolubles, no dejan de ser extremadamente difíciles de resolver. Lo que describimos anteriormente de manera sucinta no representa más que la cara funcional y no la cara “procesual” de la relación. ¿Qué quiere decir eso? Que la cara funcional informa solamente sobre el resultado de la relación, es decir, la venta de una cierta cantidad de trabajo a cierto precio y eso es todo. Lo que el análisis oculta es la manera en la que se hace el contrato: en qué condiciones es liberada una cierta cantidad de dinero o de bienes, si el salario es pagado en especie. Lo que está oculto, finalmente, es el poder o la capacidad de poder del oferente y la del demandante. Por el momento consideraremos el poder como una noción intuitivamente conocida. Volveremos ampliamente sobre ello en el capítulo siguiente. La incursión que haremos en el terreno económico no significa de ninguna manera que nuestra concepción sea económica, sino solamente que nuestra lógica lo es, desde el punto de vista metodológico. Nuestra concepción es tan poco económica que plantearemos como axioma que toda relación,de acuerdo a su contenido, es “política”, en el sentido de que concierne real o virtualmente a cada individuo que pertenezca a la colectividad o a una colectividad determinada. Dicho de otra manera, se presenta el problema fundamental de la repartición de las cosas entre los seres humanos. O todo el mundo recibe de manera equitativa la misma cantidad de bienes o servicios -y entonces se trata de una “eco-nomía” en el sentido

etimológico-, o bien se instaura un conjunto de criterios que determinan tanto la abundancia como la rareza -y en ese caso ya no se trata de economía, sino de una política cuyos fines no son la expresión de una necesidad endógena que implique la permanencia de una estructura, sino la expresión de una voluntad exógena que determina qué partes de la estructura deben mantenerse. Concibamos los diferentes modelos de relación a los que la economía ha consagrado su reflexión y que llama los mercados. La concurrencia perfecta, cuyas condiciones son bien conocidas, significa finalmente que cada oferente y cada demandante disponen del mismo poder. Ni los oferentes ni los vendedores tienen una capacidad de poder que les permita inclinar la relación en un sentido o en otro. Eso significa que ese tipo de mercado o de relación, considerando las condiciones diferenciales de la realidad espacio-temporal, es acrónico y acorológico 3 y tiene limitaciones ucrónicas 4 y utópicas. Ni el tiempo ni el espacio intervienen para modificar sus riesgos. ¿Por qué hablar de tiempo y espacio? Porque los hombres no pueden encontrar más que en el espacio y/o en el tiempo un punto de apoyo para aplicar el incentivo del poder y en consecuencia para modificar las situaciones realesen el sentido que ellos decidan. La concurrencia perfecta es una relación simétrica en la que los beneficios y los costos tienen una relación de equivalencia verdadera, es decir, una relación donde no hay violencia ni para una ni para la otra parte. Pero si el espacio y tiempo están diferenciados desde el punto de vista social, las posiciones respectivas no son idénticas y, en consecuencia, las capacidades de poder tampoco lo son. Por eso el valor de uso y valor de cambio no pueden ser equivalentes. Y es así debido a la violencia que uno le ha hecho al otro. La primera consecuencia que podemos desprender de lo anterior respecto de la relación es el rol que pueden desempeñar el espacio y el tiempo: “Los habitantes de un valle fértil viven en la abundancia de productos naturales; un manantial irriga sus tierras… Alguien se apodera del manantial y vende el agua a los usuarios; éstos redoblan sus esfuerzos para pagar la cuota… el propietario del manantial se convierte en el patrón del valle: rico y poderoso”. 5 Para este apologista ricardiano (Lefebvre dixit) es cómodo ilustrar ese poder apoyándose en el espacio y el tiempo. Hay “violencia” de un polo de la relación contra el otro. Pero vayamos un poco más lejos. La concurrencia perfecta o relación simétrica es muy rara; veamos casos más reales, primero desde el punto de vista del oferente y enseguida desde el punto de vista del demandante. Si el oferente es el único que ofrece su trabajo (producto de su calidad, rareza, etc.), evidentemente dispone de un monopolio frente a los demandantes. Se sabe que su posición sería diferente dependiendo de la elasticidad o no de la demanda, pero eso no nos preocupa. Lo que nos interesa es el poder del que dispone el oferente frente a la demanda; es decir, la capacidad que tiene para mantener una relación asimétrica y sacarle provecho, obligando al otro a aceptar sus condiciones. Puede ser que no sea el único en esta situación de oligopolio y que aún así disponga de un poder, tal vez menos considerable, pero ciertamente importante. Si vemos las cosas del lado de la demanda, tendremos un monopsone u oligopsone. 6 A esas situaciones corresponden capacidades específicas de poder que son manipuladas de tal manera que se puedan

3 Corología es el estudio de las causas de la distribución geográfica de las especies vivas (NdT).

4 La ucronía es un tema literario que pertenece a la ciencia ficción y se basa en el principio del cambio de la historia. Para un autor en historia alternativa, se puede tomar un punto de partida en una situación histórica y modificar el desenlace imaginando las diferentes consecuencias posibles. (NdT)

5 LEFEBVRE, op.cit.t.3, p.30.

6 En economía, un monopsone es un mercado en el que un solo comprador encuentra varios vendedores. En el caso del oligopsone, es una situación del mercado en el que la concurrencia es imperfecta en relación a la demanda, ya que hay una cantidad limitada de compradores. Sinónimos de monopolio y oligopolio, respectivamente. (NdT)

maximizar los beneficios, lo cual no necesariamente significa aplicar el precio más alto. Pero el problema está en otra parte. Lo que nos interesa mostrar en ese caso es que en las diferentes situaciones de monopolio, de oligopolio, de monopsone u oligopsone, uno o más polos mantienen relaciones asimétricas con el otro o los otros. La instauración de esta situación de dominación está condicionada por los fines “políticos” y no económicos, ya que no se trata de gestionar en función de la estructura global en la que se interviene, sino en función de una sub-estructura, de una organización que quiere crecer -y eventualmente desarrollarse- a costa de una destrucción de la estructura global, o de una parte de la estructura global con la cual dicha organización mantiene relaciones. En ese sentido, se puede estar de acuerdo con quienes pretenden que se trata sólo de poder político: “Sin embargo, en el transcurso de la historia, la relación abstracta entre valor de uso y valor de cambio tiende a ser real (y no solamente lógica) y conflictiva, es decir, dialéctica.” 7 La segunda consecuencia es la forma de la relación: es simétrica o asimétrica. Teóricamente, la simétrica, dada la existencia de una equivalencia real, impide el crecimiento de una organización o de una estructura en detrimento de otra, y también impide la destrucción de una organización o de una estructura por la acción de otra. La simetría es garantía de diferencia y de pluralismo. De manera también teórica, la asimetría, por equivalencia forzada, favorece en cambio el crecimiento de una estructura en detrimento de otra y, en todo caso, la destrucción de una estructura por parte de otra. Conviene señalar que la simetría implica el reconocimiento de las necesidades del Otro y, en consecuencia, el reconocimiento del valor de uso y de la utilidad, por parte del Otro, de disponer de dicho bien o servicio. La asimetría, por el contrario, implica una falta absoluta de reconocimiento de las necesidades del Otro, o, mejor dicho, sólo reconoce la existencia de dichas necesidades en la medida en que acepta el juego de equivalencias forzadas que se expresa en el valor de cambio. Dicho valor de cambio resume en esos casos situaciones diferenciales de poder: “El valor de cambio establece su predominio en el transcurso de una lucha encarnizada contra el valor de uso, después de haberlo constituido como tal y sin jamás separarse de él”. 8 Lefebvre se sitúa en el centro del problema cuando escribe: “Marx no vio la problemática entre esos dos momentos inherentes al conflicto uso-cambio.9 Conflicto que ocupa todo el horizonte de la historia. En ausencia de un cuerpo de hipótesis que violenta la realidad, no hay valor de cambio que no sea violencia. Es tan cierto que, para imponerse, el valor de cambio ha debido de pasar por la intermediación de una mercancía que no es tal: el dinero. Podemos sumergirnos en todas las mitologías que, a través de metáforas infinitas, hacen del dinero la causa de todos los males. Pero el dinero, invento precioso, no merece ni tanta denigración ni tantas loas. El dinero sólo es una matematización de la mercancía 10 : “La naturaleza se vuelve objeto de dominio en el sentido moderno desde el momento en que se presta a la matematización (Galileo, Descartes). El dominio de la sociedad, a su vez, encuentra su legitimidad en las matemáticas, incluso cuando aquélla proyecta rebasarlas en un lenguaje especulativo más riguroso. El gran estilo del dominio se antoja ‘matemático’ siempre”. 11 De hecho, el dominio social es muy anterior: se inicia con el dinero, que es la primera, aunque elemental, forma de matematización de las cosas. El dinero permite la creación de equivalencias imaginarias y es el origen de una aritmética creadora “de espacios

7 LEFEBVRE, op.cit.t.3, p.27.

8 LEFEBVRE, op.cit.t.3, p.28.

9 Ibid. p.30.

10 La matematización es el método que establece relaciones lógicas de manera exacta, reduciendo los fenómenos complejos a relaciones lineales, para reducirlos a regularidades que conformen relaciones causa-efecto (NdT).

11 André GLUCKSMANN, Les maîtres penseurs, Grasset, Paris, p.275.

abstractos” que realizan “la equivalencia de los no-equivalentes”. 12 No ha sido necesario entonces esperar a Galileo y Descartes para matematizar. En el momento en que hay moneda hay “matematización” de la sociedad. El ejemplo que tomamos, en principio podría hacernos creer que no hay sino intercambios materiales, aunque en realidad no sea así, pues el intercambio puede ser también verbal, es decir, lingüístico. El lenguaje es un producto del trabajo humano y es un producto que se cambia y que, en consecuencia, es objeto de relaciones. 13 Existe un “mercado lingüístico” en el que circulan palabras, expresiones y mensajes como mercancías. No hay ninguna razón para que los procesos relacionales se modifiquen cada vez que los contenidos cambian. La morfología relacional se mantiene a través de contenidos variables. Enseguida tendremos oportunidad de demostrarlo. Nos queda mencionar un último punto antes de abordar los elementos de la relación y concierne a la naturaleza de las relaciones que se anudan entre los polos relacionales: dicha naturaleza puede ser determinista o aleatoria. Las deterministas caracterizan sobre todo a los sistemas físicos. Son interesantes pero no les dedicaremos mucho tiempo, ya que las relaciones que nos importan son las aleatorias. Digamos que un proceso determinista se realiza de una sola manera. 14 Las relaciones caracterizadas por un proceso aleatorio tienen una fase de indeterminismo antes de su realización. Es apenas al momento de su realización que tendrá lugar uno solo entre los muchos casos posibles 15 : “Las relaciones son deterministas cuando dos sistemas están ligados entre sí, y son aleatorias cuando son independientes el uno del otro.” 16 Lo que nos lleva a afirmar que las relaciones aleatorias emanan de las probabilidades. En un conjunto E de casos simultáneos posibles, a cada caso se le atribuye una probabilidad. Incluso en los casos más simples, siempre hay una probabilidad. En el caso del oferente y el demandante, en la hipótesis en donde ambos están absolutamente solos frente a frente, cada uno tiene la mitad de las probabilidades de que la relación tenga lugar. La situación es evidentemente diferente en el caso del monopolio o del oligopolio, aunque el principio no cambia. Lo aleatorio implica entonces la autonomía, incluso si ésta se limita a una alternativa brutal, a una opción entre dos posibilidades. La autonomía, en ese caso, reside en la posibilidad de escoger, incluso si las opciones son limitadas. De lo anterior podemos concluir una tercera consecuencia: la idea de indeterminismo, de independencia, caracterizan a muchas relaciones. Las relaciones pueden tener lugar de una manera infinita. De hecho, tanto teórica como prácticamente el conjunto de casos posibles es con frecuencia finito, es decir cuantificable. De ese modo, en las relaciones políticas nunca hay relaciones deterministas; siempre son aleatorias, a pesar de las apariencias. Siempre hay un cierto grado de autonomía, incluso si ésta se inscribe en una situación trágica. Trágica en el sentido que el rechazo de la relación puede significar para una de las partes la muerte o la revuelta que puede conducir a la misma solución.

12 Ibid, p.21.

13 Sobre este punto, ver Ferruccio ROSSI-LANDI, Il linguagio come Lavoro e come mercato. Bompiani, Milano, 1973.

14 Cf. Pierre VENDRYES, Vers la théorie de l’homme. P.U.F. Paris, 1973, p.21 y ss.

15 Ibid.

16 Ibid., p.29.

III.- LOS ELEMENTOS CONSTITUTIVOS DE LA RELACION.

Vimos en el ejemplo del contrato laboral una serie de elementos constitutivos de una relación, pero nos falta ahora, bajo una forma más general, hacerlos explícitos. Los elementos constitutivos son: los actores; la política de los actores o el conjunto de sus intenciones, es decir, sus fines; la estrategia de los actores para lograr sus fines; los mediade la relación; los diferentes códigos utilizados, y los componentes espaciales y temporales de la relación. Aparentemente no hay lugar para el poder que, sin embargo, orienta nuestra reflexión. Pero sólo en apariencia, pues el poder está bien presente, es inmanente a todo el proceso relacional y será el tema del capítulo siguiente. En el fondo, se trata de elaborar un nuevo lenguaje que permita dar cuenta de las relaciones que se anudan a cada instante, pero que también se deshacen. En la geografía política clásica el actor privilegiado a nivel superior es el Estado. En realidad, hay todo una escala de actores entre el individuo y las formas más elaboradas de organización. Para no caer en el análisis micrológico, consideraremos a los grupos primarios, como el Estado, y a los grupos secundarios, que pueden ser las organizaciones de diversos tipos. Pero el Estado es una organización al igual que otras, sólo que lo reviste un peso enorme. Etzioni lo señaló bien: “Nuestra sociedad es una sociedad de la organización. Nacimos dentro de las organizaciones, fuimos educados por organizaciones y la mayoría de nosotros consagramos una gran parte de nuestra existencia a trabajar para organizaciones…” 17 . Es verdad que la organización más grande es el Estado, aunque no es la única: “Las organizaciones canalizan, atajan, controlan, en resumen, domestican a las fuerzas sociales.” 18 Esta observación es muy significativa, ya que expresa simultáneamente el juego de las organizaciones en el espacio y en el tiempo. “Canalizan”, es decir obligan a tomar líneas de acción determinadas, ya sea en el espacio concreto, geográfico, o en el espacio abstracto, social. También “contienen”, es decir, juegan sobre las exclusiones, para aislar y dirigir. “Controlan”, es decir, tienen todo o buscan tener todo bajo su mirada para realizar una especie de “espacio de visibilidad donde poder ver sin ser vistos”. 19 Crean una tecnología política que Foucault llama “panóptica”. Domesticar significa entonces rodear con una red, con una malla donde todas las partes pueden ser observadas. Pero ¿por qué? Porque “toda organización está amenazada, sea de disolución o de regresión, dada la concurrencia de otras organizaciones.” 20 El Estado divide el espacio en mallas más o menos estrechas por esta razón: debe encontrar la “malla” más adecuada para, tomando en cuenta sus medios, “ver” lo mejor posible. Abre ciertas vías de comunicación y traza determinadas fronteras por estas mismas razones. Lo mismo pasa con la empresa que recorta un mercado, que crea sucursales, que instituye una red de distribución: siempre se trata de canalizar, de contener y de controlar. “Las organizaciones codifican, cuadriculan, centralizan. Esta apropiación de la existencia en todas sus formas no sucede sin destrucción, sin desintegración. La organización no se implanta sino rompiendo las resistencias que impiden su expansión”. 21 Las numerosas referencias al espacio son evidentes: la organización se apoya en el espacio a través del tiempo pero, en esas condiciones, crea relaciones asimétricas sensibles. Por las razones ya mencionadas, las relaciones que mantienen dos organizaciones económicas, dos empresas, dos sistemas industriales, son económicas sólo por su contenido, pero de hecho

17 Citado en Yves STOURDZE, Organisation, anti-organisation, Repères-Mame, 1973, p.7.

18 STOURDZE, op.cit., p.7.

19 GLUCKSMANN, op.cit.p.21.

20 Marc GUILLAUME, Le capital et son double. P.U.F. Paris 1975, p.65.

21 STOURDZE, op.cit., p.8.

son profundamente políticas en tanto implican un choque o un conflicto entre dos poderes que establecen directa o indirectamente sobre toda o parte de la sociedad. Estos señalamientos nos permiten distinguir dos tipos de actores colectivos: aquellos que realizan un programa que Greimas llama sintagmáticos y aquellos que emanan de una clasificación, de una división, sin integración a un proceso programado y que el mismo autor llama paradigmáticos. 22 El actor sintagmático manifiesta de manera precisa la idea de proceso y de articulaciones sucesivas al interior del proceso. Y así todas las organizaciones, desde la familia hasta el Estado, pasando por los partidos, las Iglesias y las empresas, son actores sintagmáticos. El actor sintagmático combina todo tipo de elementos para “producir”, sensu lato, una o varias cosas. El Estado es un actor sintagmático por excelencia cuando emprende una reforma agraria, realiza el ordenamiento del territorio, construye una red de carreteras, etc. La empresa es un actor sintagmático cuando realiza un programa de producción. Es decir, el actor sintagmático articula diferentes momentos de la realización de su programa integrando capacidades múltiples y variadas. Estos actores sintagmáticos están constituidos por actores-individuos que se integran o son integrados en un proceso programado. Por eso, cuando se dice el jefe de…, el director de…, el secretario de…, dispone del poder de hacer tal o cual cosa, se trata de una mera metonimia. 23 Y se trata, en efecto, de discursos metonímicos ya que, como partes de un sistema, no representan más que elementos significativos de un actor sintagmático. Todos los actores sintagmáticos están comprometidos en un juego relacional complejo: sólo viven, sobreviven, se desarrollan, crecen, en virtud de las relaciones. Un actor paradigmático es producto de una división clasificatoria operada sobre la base de criterios que los individuos poseen en común. No están integrados a un proceso programado. La población de Italia, de Bélgica, etc., son actores paradigmáticos. Son una pluralidad de hombres y de mujeres que tienen en común estar fijos a su morada en una porción de tierra llamada Italia, Bélgica, etc. Dicho lo anterior, en circunstancias particulares, una o varias organizaciones pueden nacer en esta población y constituirse como actores sintagmáticos y, en consecuencia, solidarizarse con el mandatario original o no hacerlo (el Estado por ejemplo). En el transcurso de una revuelta, de un levantamiento, de una revolución, el actor colectivo parece inserto en una relación hiponímica con la población o la fracción de la población que representa. 24 El actor colectivo que carece de un programa qué desarrollar aparece entonces como un riesgo para los actores sintagmáticos. La población, como “colección de seres humanos” es un desafío, un recurso para el Estado, las empresas, las Iglesias, los partidos, etc. Es de ella de la que éstos buscan adueñarse, dominarla o, en todo caso, controlarla, de manera que se integre bajo formas diversas en los procesos. Ahí hay una ambivalencia respecto a la población, que implica al mismo tiempo la base de las organizaciones y el riesgo de esas mismas organizaciones en diferentes grados y bajo formas diversas. Las organizaciones tienen finalidades, objetivos que pueden ser simples o complejos. Simples, si se trata de alcanzar un objetivo dado o de “producir” una sola cosa; complejos, si existe la voluntad de alcanzar varios objetivos o de “producir” varias cosas. Los términos “simple” y “complejo” tienen aquí un valor cuantitativo. El Estado tiene un gran número de finalidades, al igual que ciertas empresas, pero muchas organizaciones sólo

22 A.J. GREIMAS, Sémiotique et sciences sociales. Seuil, Paris, p. 96-98.

23 Metonimia del jefe o del patrón, ya que “es la designación de una cosa por el nombre de aquel que la posee o usa o que es conocido por tenerlo bajo sus auspicios”, cf. Pierre FONTANIER, Les figures du discours, Flammarion, Paris, 1968, p.85.

24 Hiponimia es una figura retórica, en que un término específico implica a otro más amplio, como perro respecto a animal, por ejemplo. La figura inversa se llama hiperonimia. Mientras que los hipónimos pueden sustituirse por otros e incluso por el hiperónimo, éste es insustituible (NdT).

tienen un objetivo que tal vez no es tan simple de alcanzar. Un partido político que quiere reemplazar al partido gobernante tiene un solo objetivo, que puede ser complicado alcanzar. Una organización ecologista cuyo objetivo fuese asegurar un medio ambiente sano se ubicaría también en la primera categoría, incluso si la tarea es de una dificultad extrema. Las finalidades pueden ser más o menos identificables, aunque pueden estar ocultas, en cuyo caso sólo se muestran las finalidades secundarias, mientras las verdaderas finalidades permanecen disimuladas. La realización de esos objetivos supone una estrategia. El término, a pesar de sus innegables connotaciones militares, ha tenido un uso generalizado, en particular en la teoría de juegos, de donde se le ha tomado, en el sentido de “una descripción completa de la manera como se comportará en presencia de cada circunstancia posible”. 25 Definida militarmente, la estrategia es “el uso del reclutamiento para los fines de la guerra.” 26 Sin alterar de ninguna manera esta definición en su estructura, se puede decir que la estrategia describe la combinación de una serie de elementos que permiten alcanzar un objetivo. Esos elementos son los media, que veremos más adelante. La diferencia esencial entre el sentido militar y el sentido general en el que tomamos el concepto de estrategia es que, en el primer caso, se procura la destrucción o la reducción del adversario y de sus recursos, mientras que en el segundo caso se trata del control, pero en ocasiones también de la destrucción del adversario y sus recursos. La estrategia de los países productores de petróleo, desde hace algunos años, se inscribe en una política de valorización de un recurso que les permite desarrollarse, y como el petróleo no es un recurso renovable, el factor tiempo es muy importante. Sin importar lo que se piense, el fin ha sido convertir la relación con los consumidores en una menos asimétrica de lo que había sido en el pasado. Ha sido un intento por romper el intercambio desigual. Otro ejemplo: el partido radical en Italia adoptó la estrategia de los derechos civiles para hacer explotar el compromiso histórico que es la estrategia del partido comunista italiano. La estrategia es entonces el resultado de un plan, de un proyecto o de un programa que contiene, entre otras, las finalidades señaladas más arriba. Pero la estrategia supone poder recurrir a una serie de medios. Estos medios o media son usados para lograr el fin, es decir, para adquirir o controlar los riesgos. Si se pasa revista a una serie de relaciones, se puede constatar que los media son muy diversos: medios financieros, fuerzas militares, discursos, trabajo, productos, etc. Aparentemente, estos media son reacios a cualquier clasificación simple y por lo mismo, a la generalización. Es efectivamente un problema considerable, que no se resuelve satisfactoriamente a menos que se acepte, por comodidad de la exposición, una generalización que violenta la realidad. El problema consiste en saber si la generalización propuesta, a pesar de violentar la realidad, no es al mismo tiempo una simplificación útil. ¿Útil para qué? Para la construcción de modelos simples que den cuenta de una parte importante de la realidad descrita. Retomemos los media mencionados y preguntémonos acerca de lo que tienen en común: están constituidos por energía y por información. ¿Qué es la energía? Es “un potencial que permite desplazar y/o modificar la materia.” 27 ¿Qué es la información? “La información es la forma o el orden detectado en cualquier materia o energía.” 28 La materia puede igualmente asimilarse a la energía, que puede condensarse y puede ser o no liberada. Puede verse que aquí empieza una generalización importante: el carbón puede liberar energía, mientras que el fierro es energía condensada que no puede ser liberada. ¿Es una generalización excesiva? Cuando Laborit define la necesidad, asimila

25 Morton D. DAVIS, La théorie des jeux, A. Colin, Paris, 1973, p.23.

26 Carl von CLAUSEITZ, De la guerre, Paris 1965, p.237.

27 Jacques ATTALI, La parole et l’outil. P.U.F. Paris 1975, p.51-88.

28 Ibid.

implícitamente energía y materia, pues afirma que es la cantidad de energía e información necesaria para mantener una estructura. 29 Para satisfacer una necesidad, en el plano alimentario por ejemplo, primero hay que tener energía susceptible de ser liberada y energía condensada, es decir, materia. Intercambiar carbón o petróleo por fierro o trigo es intercambiar flujos de energía bajo formas diferentes. El problema es igual para el dinero, dada su naturaleza simbólica. La moneda permite “representar” tanto la energía como la información y permite también la adquisición de ambas. Sin embargo, dado su carácter y en vista de que emana de las leyes de la energía, se considera que se trata de una energía simbólica. ¿Cuáles son las leyes de la energía? Pueden resumirse en cuatro:

1.- La cantidad de energía disponible es limitada. 2.- La energía es aditiva y divisible. 3.- Existe una Ley de rendimiento máximo de los procesos. 4.- Cualquier actividad se traduce en un incremento de la entropía en el universo y, en consecuencia, en una degradación de la energía. 30

Estas leyes se aplican a la materia y las dos primeras pueden aplicarse igualmente a la moneda. Se aprecia que la finitud de la energía requiere de una gestión, aunque puede apreciarse también que por su naturaleza se le puede captar, controlar o concentrar. La información puede ser considerada desde dos puntos de vista: “Respecto de cualquier fenómeno, tenemos un conocimiento cualitativo, vinculado a su sentido y su valor, además de un conocimiento cuantitativo definido por su probabilidad”. 31 Es decir, la información semántica que tiene un sentido y un valor tiene también cierta magnitud, independiente de

ambos: “el anuncio de un suceso muy probable nos informa poco, incluso si éste tiene un gran valor cualitativo y lo inverso es verdad.” 32 El conocimiento cualitativo está vinculado al sentido y al valor, mientras que el conocimiento cuantitativo está definido por una probabilidad. Si supiéramos, por ejemplo, que los marcianos aterrizaron en Normandía, se trataría de una información considerable con poca probabilidad. En cambio, que el sol sale por el Este es una información nula, pues eso se sabe; en ese caso, la probabilidad equivale

a 1.

Por otro lado sabemos, por la teoría de la información, que ésta se puede medir a partir de la cantidad de energía necesaria para transmitir una unidad de información. Esta relación entre energía e información es importante, incluso si en nuestro proyecto no es cómodo usarla bajo su forma primitiva. Retendremos entonces la idea de que cualquier transmisión

de información implica un costo de energía, como la transmisión de la información desde la Rusia de Europa hacia la Rusia asiática en el siglo XVIII, proceso largo y costoso considerando la tecnología disponible. En la medida en que el control de un territorio

supone la transmisión de información, la relación con la energía es muy significativa. Este control real depende, entre otras cosas, de la energía disponible. Si la unificación regional

o nacional significa hacer prevalecer un conjunto de información en una región o en una

nación, es necesario plantearse el problema de la energía que se requiere para lograrlo. La información está formada de mensajes. Para transmitir un mensaje se necesita un instrumento o un conjunto de instrumentos: las señales 33 , que pueden ser lingüísticas o no lingüísticas. Aunque el lenguaje es muy importante, no es el único instrumento utilizado para transmitir información. De hecho podemos considerar que cualquier instrumento que

29 Por supuesto, esta asimilación a la escala donde queremos situarla es abusiva y no tiene significado real.

30 ATTALI, op.cit., p.61.

31 Le langage. Enciclopedia de la Pléiade, Gallimard, Paris 1968, p.147.

32 Le langage, op.cit.

33 Luis J. PRIETO, Messages et Signaux, P.U.F., Paris 1966, p.13.

sirva para ello es producto de la semiología, que se ocupa tanto de la lengua natural como de las lenguas formalizadas, de los códigos musicales, de los síntomas patológicos, etc. De esta forma, para nosotros una información podrá ser un precio, pero también un discurso político, un conocimiento científico o un sistema tecnológico. De manera simétrica a las de la energía, podemos señalar las “leyes” de la información: 34 1.- La información no está limitada. 2.- La información no es aditiva. 3.- La información organiza la eficacia. 4.- La información se degrada con el tiempo.

La tercera y cuarta ley requieren algunos comentarios. Es evidente que si la información organiza la eficacia, también puede utilizársele para organizar la ineficacia. 35 No es del todo cierto que la información se degrade con el tiempo, pues se ha visto un incremento en el valor de ciertas informaciones en una fase determinada. No hay que perder de vista ciertos descubrimientos científicos que, pasando desapercibidos al momento de su producción, han tenido posteriormente extraordinarias aplicaciones y, en consecuencia, un gran valor. Los actores que combinan, en función de sus propósitos, energía e información, según una o varias estrategias, no actúan fuera de un contexto social sensu lato, que implica un modo de producción, un modo de conocimiento, un modelo cultural, un modelo político, etc. Los actores se desenvuelven conforme a un conjunto coherente, donde los términos se usan en un sentido etimológico que necesita de códigos inmanentes a la acción misma. No es cómodo definir el término código, al que los actores han dado múltiples significados. 36 Sin embargo, cualquier relación, al ser comunicación “implica que cualquier enunciado performativo debe apoyarse en una competencia preexistente y cualquier acto de la palabra presupone una lengua”. 37 Cualquier acción, como tal, es comunicación y está codificada.

Marc Guillaume, entre muchos otros, ha hecho señalamientos muy interesantes en este sentido a propósito del código social, incluso si, a nuestro parecer, ha confundido “palabra” y “lengua”. Cuando se refiere al código social señala que: “…lo definiremos, en una primera aproximación, como el conjunto de asociaciones entre significantes (objetos, servicios, actos…) y significados sociales, asociaciones creadas o controladas por las

posible, desarrollarlas.” 38 Dichos “objetos”,

organizaciones para sustituirlas y, de ser

“servicios” o “actos” forman la palabra, pero no la lengua que los ha creado por combinación. Lo que hay que analizar es la lengua, el código utilizado para “producir”. El código social está formado por articulaciones económicas y políticas, de las cuales analizaremos algunos aspectos. El núcleo del código económico es el valor de cambio, base de cualquier economía de mercado: “El dinero permite pasar de un objeto a otro, al establecer la equivalencia.” 39 El dinero, signo frío, permitió la sustitución de una cosa por cualquier símbolo: “El signo monetario se apoderó del objeto, lo colonizó. El objeto no es más que ese signo. Es quien le otorga su consistencia: sin él, se desploma” 40 A través del dinero se infiltra lo

34 ATTALI, op.cit., p.80-85. 35 Sobre este tema, ver los admirables señalamientos de U. ECO, Trattato di semiótica generale, Bompiani, Milano 1975, p.17.

36 Cf. Claude RAFFESTIN, Peut-on parler de codes dans les sciences humaines et particulièrement en géographie: L’Espace géographique, Paris 1976, Nº 3, p.183-188.

37 Umberto ECO. La structure absente, Paris 1972, p.13.

38 GUILLAUME, op.cit. p.64.

39 STOURDZE, op.cit., p.12.

40 Ibid., p.13.

axiomático de los precios, que invade el terreno social mucho antes del siglo XIX, contrariamente a lo que piensa Guillaume. 41 Desde el renacimiento de la red urbana en Europa, es decir, a partir del siglo XI, lo axiomático de los precios tuvo un gran significado. Es así como se establece “la equivalencia supuesta o real a través de la cual el objeto producido se convierte en bien de intercambio: mercancía”. 42 De esa forma la equivalencia postula la no equivalencia y es por el valor de cambio que tiene lugar “la igualdad de lo desigual, la equivalencia de lo no equivalente”. 43 Los procesos de despojo y enriquecimiento son manifestaciones que se desprenden como producto de la manipulación de esos códigos en las relaciones. De igual forma, la abundancia postula la rareza, como la igualdad postula la desigualdad. Las organizaciones se aferran a esas articulaciones para combinarlas en su estrategia: “La organización trata a toda costa de que subsista el espectáculo de la rareza, ya que ésta crea el valor que forma la osamenta de la organización”. 44 Pero no hay que equivocarse: la organización también puede basarse en la abundancia. Las cosas deben ser fluidas, de manera que se pueda jugar de igual manera en el espacio y en el tiempo. ¿Qué pasó con el dinero, esta energía simbólica? El espacio concreto del valor de uso, espacio absoluto señalado con referencias existenciales, es sustituido por el espacio abstracto del valor de cambio. Se trata de un espacio relativo que está marcado sólo por los precios. Es un espacio cambiante, multidimensional, en el que los referentes existenciales no son sino posiciones. La articulación fundamental del código político está formada por la noción de repartición que genera otras, como concentración (no concentración) o jerarquía (no jerarquía). La idea de concentración empezó a invadir el terreno conceptual occidental en el siglo XVII, en particular a través de la obra de William Petty. 45 La noción de jerarquía es inherente a cualquier organización: Iglesia, Estado, empresa. Es decir, “la organización procede del fantasma piramidal”. 46 Es evidente que se podrían mencionar los elementos de los códigos culturales, por ejemplo, pero incluso éstos son atravesados por los códigos económico y político. Sin embargo, los actores no actúan más que en el espacio y en el tiempo y en ambos también hay estructuraciones a partir de los códigos disponibles. El espacio y el tiempo son soportes, es decir, condiciones, pero también son riesgos. Por eso Lefebvre tiene sobrada razón cuando dice que “el espacio es política”. 47 El espacio y el tiempo son en todo caso soportes, pero es raro que no sean también recursos y en consecuencia, que sean también factores de riesgo. El espacio es un soporte, pero también un recurso y un límite, según hemos dicho. Es un límite debido a que, cuando menos en lo que se refiere al planeta tierra, el espacio es finito. Noción banal, tal vez, pero cuya consideración no es tan vieja. En efecto, sus orígenes se remontan apenas a los inicios del siglo XIX y es lo que ciertos politólogos llaman la clausura del espacio. 48 Desde entonces no es necesario revisar los diferentes espacios cerrados: físico, económico, político, etc. Vivimos en un espacio marcado por lo finito y cuyas consecuencias son múltiples y requieren de un análisis específico en cada ocasión. La identificación del espacio ha sido hecha con frecuencia en términos de superficie, de

41 GUILLAUME, op.cit., p.66.

42 LEFEBVRE, op.cit.,t.3, p.21.

43 Ibid., p.24.

44 STOURDZE, op.cit., p.48.

45 Sobre este tema, ver Pierre DOCKES, L’espace dans la pensée économique du XVIe au XVIIIe siècle, Flammarion, Paris 1969.

46 STOURDZE, op.cit., p.47.

47 Henri LEFEBVRE, Le droit à la ville, suivi d’Espace et politique, Anthropos, Paris 1972, p.189.

48 Marcel MERLE, La clôture de l’espace et son impact sur le système international; Congrès A.I.S.P., Edimbourg 1976.

distancias, de propiedades, etc. Y en todo caso, una cosa es común en la mayoría de esos análisis: su carácter geométrico, en el sentido de que se entiende al espacio como un conjunto de elementos simples, combinables, manipulables. Esta práctica, heredada del pensamiento griego, obliga a construir representaciones que suponen otorgar atención a las escalas. Los actores intervienen en el espacio través de representaciones (mapas, croquis,

esquemas, etc.) concebidas a cierta escala. El propietario agrícola, el agente inmobiliario y

el militar, por ejemplo, no necesariamente trabajan con planos a la misma escala. 49 Primero

que nada, el espacio está dado antes de la intervención humana y sería un exceso decir que está dominado por tal o cual noción. 50 Por ejemplo, no tiene sentido hablar de una jerarquización a través del centro y la periferia antes de cualquier acción. No se puede hacer sino después de la proyección de los códigos utilizados en dicha función. El espacio tiene dos fases, una que es el plan de expresión, constituido por superficies, distancias y

propiedades, y otro que es el plan del contenido, formado por las superficies, las distancias

y las propiedades significativas para los actores. 51 De esta manera, hay una estrecha

relación entre el espacio real y un “espacio abstracto” simbólico vinculado a la acción de las organizaciones. 52 Se trata del espacio relacional “inventado” por los hombres y cuya permanencia se inscribe en una escala de tiempo diferente a la del espacio real “dado”. Es más incómodo analizar el tiempo. El tiempo “real”, el de los movimientos astronómicos es, ciertamente, un referente absoluto, pero el que nos interesa es relativo: es el tiempo social de la acción. Igual que sucede con el espacio, hay un tiempo “dado”, que es el movimiento de la tierra alrededor del sol y hay un tiempo “inventado”, que corresponde al tiempo de los actores que, incluso si se inscribe en el primero, no deja de ser distinto. No hay que olvidar por ejemplo, el “tiempo pritánico53 de las ciudades griegas, los diferentes calendarios religiosos, el recorte del calendario revolucionario en Francia. Todas esas acciones se inscriben en el tiempo absoluto, pero están acompasadas por los tiempos relativos, recortados según retículas particulares. No hay que perder de vista esta oposición entre tiempo cerrado y tiempo abierto. Uno es característico de una repetición, mientras que el otro se abre a lo aleatorio y no está determinado de ninguna manera. Se podrían multiplicar estos señalamientos sobre el tiempo, mismo que ha llamado la atención de filósofos, historiadores, psicólogos, etc., pero ese no es nuestro propósito. Hay que recordar que el tiempo, al igual que el espacio, es un recurso, y por ello, también tiene límites. En otras palabras, como noción relativa está integrado a toda una estrategia y es inclusive con frecuencia un elemento esencial. El tiempo puede compensar de manera

momentánea una carencia de energía o de información: “El tiempo en sí mismo está del lado del defensor”. 54 Como quiera que sea, el tiempo y el espacio deben ser considerados juntos en cualquier

análisis relacional. ¿Por qué? Porque ambos entran en la estrategia del actor y condicionan

la combinación de energía e información. Por ejemplo, existe una relación inversa entre la

duración necesaria y la energía indispensable para vencer una distancia, de igual forma que existe un vínculo estrecho entre la estructura del espacio y la energía necesaria para difundir en él la información.

49 Cf., entre otros, Y. LACOSTE, La géographie ça sert, d’abord, à faire la guerre, Maspero, Paris 1976.

50 Cf. el análisis de J.A. LAPONCE, Temps espace et politique; Congrès A.I.S.P., Edimbourg, 1976.

51 Claude RAFFESTIN, Réflexions sur l’analyse de l’espace en géographie humaine: Colloque sur les fondements théoriques de la recherche en géographie, G. Giapichelli, Torino 1975, p.100-111.

52 Cf. Yves DELAHAYE, La frontière et le texte, Payot, Paris 1977, p.36.

53 Calendario introducido en el siglo IV en Atenas por Clistene, utilizado específicamente para renovar los cargos de representación de las 10 tribus griegas ante el Consejo. Además de su carácter práctico, tiene un significado simbólico, ya que modificaba la articulación social del espacio público (NdT).

54 GLUCKSMANN, op.cit.

Al llegar al final de este análisis de los elementos que conforman la relación, es pertinente introducir lo que será el tema del capítulo siguiente, es decir, el poder. La relación cuyo desenlace es la satisfacción de las necesidades de cuando menos dos actores puedes ser, lo hemos visto, simétrica o asimétrica; es decir, el intercambio es equivalente o no equivalente. Si ningún propósito de crecimiento caracterizara a alguno de los polos, ello disminuiría el riesgo de una asimetría en la relación. Pero ese no es el caso. La voluntad de crecimiento no está necesariamente en el origen de la asimetría, pero participa de ella. La asimetría es producto del poder y éste es inherente a cualquier relación, que es el teatro y el lugar de la confrontación. El poder exige un análisis, y es a partir de éste que podremos comprender los procesos que determinan la forma de las relaciones: “cualquier poder se ejerce en un campo de comunicación; cualquier comunicación se manifiesta en un campo de poder.” 55

55 Pierre SCHAEFFER, Machines à communiquer,2. Pouvoir et communication, Seuil, Paris 1972, p.220.

CAPITULO III. EL PODER

I.- ¿QUÉ ES EL PODER?

Si hay una palabra profundamente rebelde a cualquier definición, esa es la palabra poder. “¿Por qué? Porque se representa mal, ya que consiste en actos, en decisiones. Está presente o no, actual en acto- o no”. 1 Pero no es posible limitarse a esta confesión de impotencia que nos confina a la constatación del fracaso. Hay que proceder mediante aproximaciones sucesivas. Comencemos por evidenciar la ambigüedad de la palabra poder, según se escriba con mayúscula o con minúscula. No es, pues, un nombre común ordinario, ya que se le puede atribuir o despojar de una carga expresiva específica, según las circunstancias. Con mayúscula, resume la historia de nuestra asimilación a un “conjunto de instituciones y de aparatos que garantizan la sujeción de los ciudadanos a un Estado dado”. 2 La palabra surgió finalmente. El Poder con mayúscula no postula “como datos iniciales, la soberanía del Estado, la forma de la ley o la unidad global de una dominación; éstas son más bien formas terminales.3 “¿Formas terminales?” La expresión tiene un valor importante, ya que da cuenta de una concepción unidimensional del poder que obscurece casi totalmente otra visión posible, incomparablemente más rica. El “Poder”, lejos de ser despreciable se vuelve más familiar, más identificable y, por si fuera poco, también más habitual cuando aparece cobijado en su dignidad de nombre propio. Sucede así en la medida en la que se confunden Estado y Poder. Pretender que el Poder es el Estado es ocultar el poder con minúscula, el que “nace prematuramente, desde la historia que contribuye a hacer” 4 El poder, nombre común, se esconde detrás del Poder, nombre propio. Se esconde tan bien que está presente en todo. Presente en cada relación, alrededor de cada acción: insidioso, se aprovecha de todas las fisuras sociales para infiltrarse hasta el corazón del hombre. Existe una ambigüedad entre el “Poder” y el “poder”, aunque el primero es más fácil de ubicar ya que se manifiesta a través de aparatos complejos que marcan el territorio, controlan a la población y dominan los recursos. Es el poder visible, masivo, identificable. Debido a ello, es peligroso e inquietante e inspira desconfianza debido a la amenaza misma que representa. Pero lo más peligroso es lo que no se ve o lo que no vemos, porque creemos que nos hemos deshecho de ello ubicándolo en un espacio vigilado. Sería muy simple que el Poder fuese el Minotauro encerrado en su laberinto, al que un Teseo podría ir a matar. El poder renace, cada vez de manera más terrible, en el reencuentro de Teseo con el Minotauro: el Poder es la muerte, ¡viva el poder! Desde aquí, el poder se asegura la perennidad ya que no es visible, es parte consustancial a cualquier relación: “Me parece que por poder hay que comprender, primero, la multiplicidad de las relaciones de fuerza inmanentes y propias del dominio en que se ejercen, y que son constitutivas de su organización.” 5 El poder es un componente en cualquier relación. Multidimensionalidad e inmanencia del poder por oposición a la unidimensionalidad y a la trascendencia: “El poder está en todos lados. No es que englobe todo, sino que procede de todos lados.” 6 Sería vano entonces buscar el poder “en la existencia primera de un punto central, en un lugar único de soberanía del cual irradiarían formas derivadas y descendientes; son los pedestales móviles de las relaciones de fuerzas los

1 LEFEBVRE, op.cit., p.31. 2 Michel FOUCAULT, Histoire de la sexualité, 1. La volonté de savoir, Gallimard, Paris 1976, p.121.Versión en español: Historia de la sexualidad 1. La voluntad de saber, Siglo XXI Ed., p. 112.

3 Ibid. (p. 111 en la ed. Siglo XXI en español).

4 LEFEBVRE, op.cit., p.4

5 FOUCAULT, op.cit., p.121-122 (p. 112 ed. Siglo XXI).

6 Ibid., p.122 (p. 113 ed. Siglo XXI).

que inducen sin cesar, por su desigualdad, estados de Poder, pero siempre locales e inestables.7 El poder se manifiesta, en el contexto de la relación, como proceso de intercambio o de comunicación, cuando se enfrentan o se confrontan los dos polos que se relacionan. Las fuerzas de las que disponen entonces los dos adversarios (el caso más simple) crean un campo, el campo del poder. Para entender esto podríamos utilizar la imagen de los fragmentos de limaduras que se orientan e identifican de acuerdo con las líneas de fuerza. 8 El campo de la relación es un campo de poder que organiza los elementos y las configuraciones. Para intentar acotar el poder, Foucault ha formulado una serie de enunciados que no definen el poder, pero que son más importantes que una definición ya que dan cuenta de la naturaleza del poder:

1. El poder no se adquiere, se ejerce a partir de innumerables puntos.

2. Las relaciones de poder no están en posición de exterioridad frente a otro tipo de relaciones (económicas, sociales, etc.) sino que son inmanentes a ellas.

3. El poder viene de abajo y no hay una oposición binaria y global entre dominador y dominados.

4. Las relaciones de poder son a la vez intencionales y no subjetivas.

5. Donde existe el poder hay resistencia y en virtud de ello, o en consecuencia, no está en posición de exterioridad respecto al poder. 9

Hay una innegable convergencia entre estos enunciados y nuestra problemática. Cualquier relación es el lugar de surgimiento del poder y eso crea la multidimensionalidad del poder. La intencionalidad indica la importancia de sus fines y la resistencia expresa el carácter asimétrico que caracteriza casi siempre a las relaciones. Todo ello al parecer es muy intuitivo; ciertamente, pero el poder, que emerge de estructuras profundas y no de estructuras superficiales; no permite fácilmente hacer de él una descripción inmediata, clara y encuadrada por un sistema de conceptos coherentes y unívocos. Sin embargo, la innegable contribución de los enunciados de Foucault ha demostrado que se puede hacer la economía de una nomenclatura del poder. Es inútil distinguir un poder político, económico, cultural, etc., ya que éste es co-extensivo a cualquier relación. Como toda relación es un lugar de poder, eso significa que el poder está vinculado de manera íntima a la manipulación de flujos que atraviesan y desenlazan la relación, es decir, la energía y la información. ¿Manipulación? Es decir, la formación acumulación, combinación y circulación de la energía y de la información implicadas, dada la existencia de un campo relacional, cualquiera que éste sea. La energía y la información se forman, se acumulan, se combinan y circulan. Una cosa es segura y es que la energía y la información están siempre presentes de manera simultánea en cualquier relación. El intercambio verbal, la relación oral, no es sólo informativa, ya que se requiere una cantidad de energía para que la comunicación se dé. El vínculo entre poder y saber es evidente, pero no hay información pura o energía pura: se trata siempre de una combinación de ambas. El espacio-tiempo relacional se organiza con la combinación de energía e información. Por lo anterior, puede uno preguntarse si aun es posible prescindir, en provecho de la palabra poder, de expresiones como “influencia” y “autoridad”. ¿La influencia y la autoridad no provienen de combinaciones posibles de energía e información? Cuando Robert Dahl aborda el tema del poder y de la influencia, sus explicaciones no dejan de ser sorprendentes: “Existe un acuerdo general sobre el hecho de que los términos de influencia designan las relaciones

7 FOUCAULT, op.cit., p.122 (p. 113 ed. Siglo XXI).

8 SCHAEFFER, op.cit., p.56.

9 FOUCAULT, op.cit.p.123-127 (pp.114-116 ed. Siglo XXI).

entre los seres humanos.” 10 Sólo se trata de una convención sobre la ideología, a propósito de la cual podríamos extendernos largamente. ¿La relación entre un latifundista y un minifundista en América Latina es de poder o de influencia? Se puede dudar acerca de la oportunidad de distinguir entre influencia y poder, primero que nada debido a los enunciados de Foucault y a la concepción sintetizada que Balandier decanta del análisis de numerosos autores: “se definirá al poder como resultado, para esta sociedad, de la necesidad de luchar contra la entropía que la amenaza con el desorden.” 11 Eso no significa que rechacemos el análisis de Dahl sino que, cuando escribe que el poder es un caso especial de influencia, deja entender, siguiendo a H.D. Lasswell, que es la amenaza de las sanciones lo que diferencia al poder de la influencia en general. 12 La influencia recurre más a la persuasión de lo que el poder recurre a la coerción, pero se trata, en este caso, de una diferencia en los medios. Etzioni ha analizado bien los tipos de poder y los medios empleados, y prescinde de la noción de influencia. 13 Para este autor, el poder coercitivo se basa en la aplicación de sanciones físicas; el poder “remunerador” está basado en el control de los recursos materiales, en el subsidio salarial o las gratificaciones, mientras que el poder normativo se basa en la manipulación de los recursos simbólicos. En otras palabras, podríamos decir que, en relación a los medios movilizados por el poder, éste se define por la combinación variable de energía e información. Ambos elementos siempre están presentes y se puede decir que hay poderes con un fuerte componente energético o, inversamente, que hay poderes con un fuerte componente informativo. Es posible dar una imagen de las posibles situaciones considerando que el poder, visto bajo el ángulo de los medios puestos en funcionamiento, se asimila a un vector compuesto por energía e información. A partir de ahí se pueden proponer las siguientes imágenes (Figura

2).

Figura 2

proponer las siguientes imágenes (Figura 2). Figura 2 En esta figura, el número 1 representaría un

En esta figura, el número 1 representaría un poder con un fuerte componente informativo mientras que 3 representaría un poder con un fuerte componente energético. En el caso de 2, se trata de una situación intermedia. Es evidente que sólo se trata de una imagen, en la medida en que es difícil medir la información. 14 No obstante, a pesar de la dificultad de

10 Robert DAHL, L’analyse politique contemporaine, Laffont, Paris 1973, p.52.

11 BALANDIER, op.cit., p. 43.

12 DAHL, op.cit. p.89 y 90.

13 Cf. A. Etzioni, A comparative Analysis of complex organizations, The Free Press Glencoe Inc. 1961.

14 Difícil solamente si se quiere medir la “significación”, ya que para el resto de la teoría, producto de los trabajos de Shannon, es satisfactorio.

cuantificarlas, es posible identificar situaciones precisas. La relación del feligrés con su iglesia, al menos en el periodo actual, se expresa en el vector 1, mientras que la relación del guardia con el prisionero se expresa en el vector 3. Para Foucault y Deleuze “cualquier punto de ejercicio de poder es al mismo tiempo un lugar de formación de saber”. Ese vínculo entre saber y poder ha sido comprobado por muchos autores. La energía puede transformarse en información y en saber. La información puede permitir la liberación de energía y de fuerza. El poder es también, en estas condiciones, un lugar de transmutación. ¿Cuál es la base del poder? Después de largas y minuciosas investigaciones, Lapierre concluye que no es “la necesidad natural, sino la capacidad que tienen los hombres de transformar con su trabajo a la vez la naturaleza que los rodea y sus propias relaciones sociales. Con la innovación técnica y económica, los hombres transforman su medio natural. Con la innovación social y cultural, transforman su medio social.” 15 El poder se enraizaría en el trabajo. El trabajo sería ese vector mínimo y original definido por dos dimensiones: la energía y la información. El trabajo es energía informativa. Asimilar el trabajo a la energía, como lo hacen algunos, específicamente Attali, es un error, según nosotros. No puede ser sino fuerza dirigida, orientada, canalizada por un saber. Si retomamos los enunciados de Foucault, constatamos que el trabajo, como poder original, se ejerce a partir de múltiples puntos. También es cierto que las relaciones de poder, incluso las que se derivan del trabajo, son inmanentes a otras relaciones: “la alienación del trabajo pudre a las otras relaciones sociales” (Marx). Todavía es admisible la idea de que el poder viene de abajo si está en el trabajo. Es verdad también que la relación de poder es intencional y no subjetiva, ya que la transformación por el trabajo no se concibe sin una intencionalidad, y que la no-subjetividad es evidente ya que el trabajo está inserto en una organización que rebasa y significa al sujeto simultáneamente. Por último, es admisible hablar de resistencia ahí donde hay poder: resistencia de la materia o resistencia del cuerpo social a la transformación. En el caso hipotético de que los hombres sólo pudieran disponer libremente de su fuerza de trabajo, las relaciones de poder tenderían a ser, casi sin excepción, simétricas. Pero esto no es así, toda vez que es posible apropiarse del trabajo. Y apropiárselo significa hacerlo estallar o, más exactamente, someterlo a una dicotomía y separar la energía de la información; es decir, apropiarse de una y otra. En el fondo, se trata de impedir al hombre de disponer de ambas simultáneamente y, en consecuencia, privarlo de su capacidad primitiva de transformación. Las organizaciones realizaron la primera fisión social al separar la energía y la información en el trabajo. Desde entonces, la energía liberada de esta manera se pudo combinar con otra información y con aquélla producto de una acumulación anterior, misma que pudo combinarse con otras energías. ¿Qué quiere decir eso? Que el trabajo no siguió siendo una entidad con dos caras, que éstas fueron “despegadas”, “desprendidas”. Notaremos entonces que dicho proceso tiene como objetivo el de permitir la manipulación de elementos más simples, más homogéneos. Enseguida, las organizaciones pueden controlar cómodamente los flujos de energía e información: repartirlos, distribuirlos, hacerlos circular, aplicarlos en puntos precisos para obtener tal o cual resultado. En una frase, se puede pretender que, a través de ese mecanismo, los hombres perdieron su capacidad original de transformación, misma que pasó a las organizaciones. La diferencia drástica entre trabajo manual y trabajo intelectual no es más que la expresión más visible, más corriente. La ruptura de la unidad trabajo se realizó por la alienación, es decir, por el hecho de que los productos del trabajo se convirtieron en output cristalizados de los cuales se apropió una organización específica, que proyecta sus juegos estructurales para obtener el

15 Jean William LAPIERRE, Essai sur le fondement du Pouvoirpolitique, Paris 1968, p.677.

equivalente forzoso. Realizar el equivalente del no-equivalente es apropiarse del trabajo bajo sus múltiples formas. Sin embargo, los hombres pueden tener el deseo de recuperar el control de su poder original. Pueden intentar reconstruir la unidad perdida del trabajo. Lo que significaría entrar a un universo conflictivo cuya naturaleza es estrictamente política. Perder y recuperar la capacidad de transformación es lo que permea a todas las relaciones humanas y se trata de un proceso dialéctico: “El patrón no roba algo, vampiriza a alguien, ‘extrae’ trabajo vivo” señalaba Marx, sin atreverse a romper con la imagen tranquila que presenta a las relaciones entre los hombres como si fueran relaciones entre cosas. Sin embargo, se trata de relaciones directas de hombre a hombre, las que se descubren en el “laboratorio secreto” de la explotación, entre mandos y soldados rasos.¿Qué es la “plusvalía” o el trabajo no remunerado del explotado sino el fruto de esta asimetría de poderes, que regula la duración y la intensidad del trabajo en detrimento del inferior?” 16 Es la posibilidad del poder y no el poder mismo la que se construye sobre la apropiación del trabajo, en tanto que energía informada. El poder no puede definirse a través de sus medios, pero se puede definir considerando la relación al interior de la cual surge. El poder utiliza esos medios para enfocarse en sus riesgos. ¿Qué arriesga el poder?

II.- LOS RIESGOS DEL PODER.

El poder busca controlar y dominar a los hombres y a las cosas. Podemos retomar aquí la triada usada en la geografía política: la población, el territorio y los recursos. Podrá entenderse fácilmente, considerando lo que hemos dicho respecto a la naturaleza del poder, por qué situamos a la población en primer lugar: ésta es el origen de todo poder y en ella residen las capacidades virtuales de transformación. Es, además, el elemento dinámico del que procede la acción. Es por eso que la veremos en el capítulo siguiente. El territorio no es menos importante, ya que es el escenario del poder y el lugar de todas las relaciones, pero sin la población no es sino una potencialidad, es decir, un dato estático para arreglar e integrar en una estrategia. Por último, los recursos determinan los posibles horizontes de la acción y condicionan los alcances de la misma. Una relación puede privilegiar a alguno de los componentes: la población, el territorio o los recursos. De hecho, éstos son siempre movilizados en grados diferentes de manera simultánea. El conflicto entre dos estados debido a la posesión de una región no es un conflicto por adquirir sólo un pedazo de territorio, sino también por su población y/o recursos. Con frecuencia el objetivo confesado inclusive oculta los verdaderos riesgos que un actor está dispuesto a jugar. De esa manera, los conflictos fronterizos entre Marruecos y Argelia no habrían tenido ese carácter agudo si la posesión del hierro de la zona en disputa no hubiera sido la verdadera apuesta. La defensa de los intereses norteamericanos en Cuba, antes de Fidel Castro, disimulaba un control total sobre el territorio y la población que se traducía en el control y el dominio sobre la isla entera. El apoyo otorgado por Alemania a la población de habla alemana del lado checoslovaco, cerca de Bohemia, durante el periodo de entreguerras, ocultaba su verdadero objetivo, que era la anexión pura y simple de ese territorio por parte de Alemania. Todo eso nos dice que rara vez el objetivo es simple. Casi siempre se trata de un objetivo complejo. Los ejemplos que escogimos son juegos de suma cero, en el sentido de que lo que unos pierden lo ganan los otros. Se trata de casos extremos y mucho más raros de lo que generalmente se cree. En la realidad, son mucho más frecuentes los juegos que no suman

16 André GLUCKSMANN, Les maîtres penseurs, Grasset, Paris 1977, p.259-260.

cero. Dos empresas que compiten entre sí por controlar un mercado no pierden ni ganan todo por completo, ya que llegarán a un acuerdo, que dependerá de los medios y de las estrategias de cada una de las empresas, para repartirse el mercado. Dicho de otra manera, en las situaciones que no suman cero los riegos son compartidos. 17 En la realidad, las relaciones son, con frecuencia, asimilables a los juegos que no suman cero. Cualquier organización se caracteriza por seres y cosas, ya sea que las posea, las controle o las domine. En consecuencia, en cualquier relación, la organización las pone total o parcialmente en juego. Si esto resulta evidente respecto a un Estado, lo mismo sucede con las demás organizaciones. La empresa controla no sólo todo el aparato de su producción, que comprende seres y cosas, sino que también controla, de manera más indirecta, seres y cosas a través de su o sus mercados. En el momento en el que entra en competencia con otras empresas, pone en la balanza todo o parte de lo que está dispuesta a arriesgar. Cada organización busca reforzar su posición corriendo riesgos suplementarios para pesar más que las otras en la competencia: “el poder (político) aparece, en consecuencia, como un producto de la competencia y como un medio de contenerla.” 18 La obtención de riesgos suplementarios no significa de ninguna manera “poseer” o “dominar” dichos recursos. Puede tratarse simplemente de ejercer un control que permita prever, tener acceso, neutralizar, etc. Ese es todo el problema cuando se trata de las posiciones relativas a dichos riesgos, es decir, a la posibilidad de integrarlos en tal o cual estrategia. Los riesgos también remiten a la energía y a la información. Esto no resulta evidente respecto a la población y los recursos, si se admiten los argumentos anteriores. El territorio es un reto particular: es a la vez recurso y límite, continente y contenido. El territorio es el espacio político por excelencia, el campo sobre el que se despliegan los riesgos. En cuanto a la energía y la información, éstas pueden convertirse en las dos fases complementarias de la medida de todas las cosas. Juegan, pues, un papel preponderante que no puede ni debe ser subestimado. Las organizaciones que combinan energía e información deben organizar circuitos para la circulación, la distribución, la difusión o, por el contrario, para la concentración, el acotamiento, el enrarecimiento de la energía y de la información. Hay entonces dos consecuencias fundamentales entre las que se establece un continuum: difusión y concentración se sitúan en los extremos del eje. “La historia” de cada organización se inscribe en los movimientos que se originan a lo largo de este eje y que caracterizan la acción. Por su acción, la organización que busca la simplicidad extrema, la expresión, jamás alcanzada, del poder absoluto, tiende a no interesarse más que por los signos de los riesgos. El ideal del poder es arriesgar sobre los signos y exclusivamente sobre ellos. Tal vez es eso lo que vuelve frágil al poder a fin de cuentas, en el sentido de que aumenta la distancia entre el reto real lo referencial- y el reto imaginario el signo. Este distanciamiento es en muchos aspectos fatal: el modelo no es la realidad y si el modelo difiere mucho de la misma, cualquier decisión puede ser peligrosa. Más allá de cierta distancia, llamémosla distancia crítica, la percepción es tan deforme que la imagen sobre la que se ejerce la reflexión es puramente imaginaria. La distancia entre la emisión y la recepción es tan grande que el mensaje que corresponde al momento t está completamente modificado en t+1, cuando se toma la decisión: las posiciones relativas a los riesgos se han modificado y las decisiones que se toman con base en ellos no tienen efecto o tienen un efecto catastrófico que acelera el proceso de desestructuración.

17 Cf. Morton D. DAVIS, op.cit.

18 BALANDIER, op.cit., p.43.

III.- EL CAMPO DEL PODER.

Intentaremos ahora proponer un modelo muy general, reagrupando los elementos ya señalados en la problemática. Para hacerlo, utilizaremos un esquema que le debe mucho al de la comunicación (Figura 3).

Figura 3

le debe mucho al de la comunicación (Figura 3). Figura 3 El intercambio o la comunicación

El intercambio o la comunicación que tiene lugar entre A y B, si la relación se concreta, puede traducirse en costos y/o beneficios para uno de ellos o para ambos. La relación puede ser simétrica o asimétrica. Los costos y/o los beneficios tienen, por supuesto, consecuencias en el cuadro de referencia respectivo de los actores, en la medida en que modifican a los elementos que contienen. La relación es, en cualquier caso, motivo de modificación. Consideremos dos sistemas de ejes, uno para A y otro para B (figura 4).

Figura 4

Figura 4 Al inicio, la relación A y B está en posición 0. La relación podría

Al inicio, la relación A y B está en posición 0. La relación podría beneficiar a ambos, traduciéndose en un beneficio equivalente o no (vector 1). La relación podría ser negativa para los dos, es decir, traducirse en costos (vector 2). También podría ser positiva para A, pero negativa para B (vector 3), o negativa para A y positiva para B (vector 4). La asimetría puede ser absoluta o relativa. Es absoluta cuando A registra un beneficio y B una pérdida, o viceversa. Es relativa cuando A registra una pérdida más grande que la de B, o viceversa. Las relaciones de tipo 2 son, evidentemente, peligrosas a largo plazo para ambos actores, mientras que las de los tipos 3 y 4 son peligrosas para uno u otro. Pero es evidente que la relación 1 también puede ser peligrosa si una de las partes invierte más de lo que retiraen el proceso. Así se plantea el problema de la existencia de los actores y de la estabilidad de sus estructuras. El intercambio desigual o la comunicación desigual determinan, a largo plazo, transformaciones destructivas para las estructuras. Es verdad que el riesgo no es bilateral sino multilateral y que, en consecuencia, intervienen en él fenómenos de compensación. Intentemos construir un gráfico de relaciones multilaterales. 19 (Figura 5)

19 Gráfico tomado de C.FLAMENT, Réseaux de communication et structure de groupe, Dunod. Paris 1965,

p.27.

Figura 5

Figura 5 Convención, que la flecha indica un costo para el actor donde ésta inicia y

Convención, que la flecha indica un costo para el actor donde ésta inicia y un beneficio para el actor al que llega la flecha. La primera aclaración que debemos hacer es que el gráfico no indica todas las relaciones posibles. El número de relaciones posibles es m (m-1) es decir 4 (4-1)=12. En este gráfico sólo se representan cuatro relaciones. Si las analizamos, constataremos que hay tres relaciones asimétricas absolutas: C-A, A-D, D-C y una relación simétrica o asimétrica relativa: A-B y B-A, respectivamente. Para medirlas, hay que asignar un valor a los arcos. Si se construye la matriz de costos y beneficios, se obtiene lo siguiente (Figura 6):

Figura 6

y beneficios, se obtiene lo siguiente (Figura 6): Figura 6 Desde un punto de vista únicamente

Desde un punto de vista únicamente estructural y suponiendo que los beneficios y los costos tengan los mismos valores, el sistema relacional está equilibrado, ya que para cada uno de los actores se equiparan los costos y los beneficios. Ahora tomemos a los mismos actores, manteniendo otro sistema de relaciones (Figura 7).

Figura 7

Figura 7 La matriz cambia (Figura 8) 49

La matriz cambia (Figura 8)

Figura 8

Figura 8 En ese caso, A asume un costo cubierto por un beneficio; B y D

En ese caso, A asume un costo cubierto por un beneficio; B y D obtienen un beneficio, pero C asume tres costos por un beneficio. Estamos, pues, ante un segundo caso, con una estructura relacional completamente diferente. Por supuesto, beneficios y costos se equilibran en el conjunto del sistema, pero si se considera a los actores de manera individual, se constatará que C está en una situación de desventaja, en la medida en que asume costos superiores a los beneficios que puede obtener. En consecuencia, su existencia se ve amenazada a largo plazo, si no hay un cambio en la situación. Las dos imágenes anteriores corresponden a campos de poder diferentes. Se debe admitir que hay una infinidad de campos de poder en un sistema social, ya que hay una cantidad considerable de relaciones posibles. De hecho, sólo algunas se concretan. En muchas situaciones los gráficos permiten aclarar la estructura de las relaciones, por un lado, y la del campo de poder, por otro. Los dos ejemplos que hemos proporcionado no tienen más objetivo que el de demostrar que el poder no es verdaderamente perceptible más que cuando hay un proceso relacional. Es en el fondo cuando la relación se revela que podemos precisar, haciendo un balance relacional, cuáles son las estructuras del poder. Por el momento, una manera simple, vale decir, rudimentaria, pero sin embargo útil, de comprender el poder de los actores, es hacer la relación entre los costos y los beneficios. Si la relación es igual a 1, hay un equilibrio; si es superior a 1, el actor es dominante, y si es inferior a l, el actor es dominado. En el primer caso, hay un equilibrio; en el segundo, tenemos al mismo nivel a B y a D, y en orden creciente de poder a A. En cuanto a C, el actor está dominado en sus relaciones. En los capítulos siguientes veremos las aplicaciones prácticas y las ilustraciones de ese modelo.

SEGUNDA PARTE

LA POBLACION Y EL PODER

CAPITULO I. ENUMERACION Y PODER

I.- LA REPRESENTACIÓN DE LA POBLACIÓN:

PRIMER DOMINIO DEL PODER.

Definida globalmente, la población es una colección de seres humanos. Es un conjunto finito en un momento determinado, es decir, es susceptible de “enumerarse”. La importancia de que la población puede ser contada es que se puede tener una imagen relativamente precisa de ella. Aunque esa imagen, es decir, dicho número, no es ni puede ser estable, pues se modifica constantemente. Sin embargo, el conteo censal de la población permite hacernos una representación numérica de ésta; representación que, aunque abstracta y resumida ciertamente, resulta satisfactoria para permitir una intervención eficaz. La enumeración permite conocer la dimensión de un recurso como la población (lo cual implica un costo también). Mediante esta medición, que es el censo, el Estado o cualquier otro tipo de organización busca, a través de la imagen del número, incrementar su información sobre el grupo y en consecuencia su dominio sobre él. Pero a esta influencia del poder se opone la resistencia al poder y es aquí donde tal vez reside el carácter ambivalente de la población. La población puede ser considerada y lo es, como un recurso, es decir, como un medio, pero también como un actor. Es incluso el fundamento y origen de todos los actores, de todas las organizaciones. Recurso sin duda, pero también límite en el juego relacional. En los pueblos antiguos, particularmente en Israel, el censo es un acto sagrado que no puede realizarse sino bajo ciertas condiciones. Es producto de la voluntad divina y pone en peligro a quienes se ven obligados a obedecerla. 1 La inscripción de nombres en una lista aparece como la usurpación de una prerrogativa divina. Es conocida la cólera del eterno después de que David obligó a Joab y los jefes del ejército a hacer el conteo del pueblo de Israel. 2 El censo es un saber y, por ello, un poder. El tema del censo fue una de las razones de la rebelión de los zelotes, nacionalistas religiosos judíos, en contra de Roma. 3 Debido a la información proporcionada por el censo, es evidente que, fuera de cualquier consideración religiosa, el Estado puede asentar mejor su sistema de impuestos y determinar quiénes están obligados a hacer el servicio militar. El impuesto y la conscripción, son apenas dos de las razones, pero hay muchas otras debido a las cuales es necesaria una imagen de la población. Con la aparición del Estado moderno, el conteo ha sido una preocupación importante. Antes de los censos modernos se han aplicado muchos métodos indirectos para contabilizar a la población. Se ha utilizado, en particular, la contabilidad de los hogares. A cada hogar se le aplicaba un coeficiente estimado de tal forma que se obtuviera un número. Así fue como Vauban lo hizo para su “Diezmo Real”. De manera general, se puede decir que “los censos, en el sentido moderno de la palabra, no inician sino hasta el siglo XVIII.” 4 En Europa, uno de los primeros censos nominativos fue el hecho en Suecia en 1749-1750. Conviene señalar que los primeros censos modernos coinciden con frecuencia con un reforzamiento del Estado o con la formación de un nuevo Estado. Inglaterra y Francia hicieron su primer censo en 1801. El régimen napoleónico no fue ajeno a

1 Información comunicada por R. Martin-Achard, profesor de la Facultad autónoma de teología protestante en la Universidad de Ginebra.

2 Cf. 2 Samuel 24: Antiguo Testamento.

3 M.HENGEL, Die Zeloten, Leiden 1961, p.132 y ss.

4 Michel HUBER, Méthodes d’élaboration des statistiques démographiques (Recensement, Etat civil, migrations), Paris, 1938, p.1.

esta decisión en Francia. Prusia hizo su primer censo en 1810, lo que coincide con el despertar del nacionalismo provocado por la hostilidad contra la Francia napoleónica. Rumania hizo su primer censo en 1859, es decir, un año después de la fusión de Moldavia y Valaquia. Por último, Italia hace su primer censo en 1861, el año de la Unidad. El común denominador de todos estos censos es la voluntad de conocer los recursos humanos con los que se cuenta. Es la voluntad de conocer la dimensión, para organizarse, resistir o combatir. Desde esta perspectiva, ¿qué es un censo? Es una información sobre una energía acumulada. Una energía que la organización estatal va a integrar a sus estrategias. Información de gran valor, no cabe duda, ya que para obtenerla hay que invertir con frecuencia elevados costos. Se puede adelantar, sin hacer de ello una ley, que cualquier transformación de energía en información significa que se le conceda a ésta última un elevado precio y en consecuencia una importancia primordial. De hecho, el censo no es solamente un conocimiento acerca de una energía acumulada, sino que atiende a la recaudación y a la conscripción, que le interesan al Estado, primordialmente. Para mantener esta información actualizada es necesario renovar la operación en forma periódica, de manera que se obtenga una imagen no muy alejada de la realidad. Una discordancia importante en este sentido impide cualquier acción, por coherente y continua que sea. Dicho de otra manera, se trata de una información que se degrada y en consecuencia hay que actualizarla constantemente. Otra ambigüedad de la población es que ésta no es indefinidamente un recurso; puedeconvertirse en un no-recurso, y Malthus es, si no el primero, uno de los primeros en haberlo señalado; incluso desarrolló esta teoría en su Ensayo sobre el principio de la población. 5 La demografía es un instrumento de poder que se constituyó a partir del siglo XVIII con el nombre de “Política aritmética”. ¿Qué dice la Enciclopedia, publicada entre 1751 y 1771? “Es la aplicación de cálculos aritméticos a los sujetos y a los usos de la política; así como a los ingresos públicos, al número de habitantes, a la dimensión y al valor de las tierras, a los impuestos, a las artes, al comercio, a las manufacturas; a todo eso que concierne al potencial, la fuerza, las riquezas, etc. de alguna nación o república.6 Es la “contabilidad” de hombres y cosas. Es el control por el número, la posesión por los signos. En la época contemporánea, el registro se ha perfeccionado y todos los Estados modernos poseen fichas individuales que forman enormes archivos electrónicos, con frecuencia almacenados, para mayor comodidad, en computadoras. Este instrumento de control es ambiguo, porque si es útil en muchos aspectos, la tentación de utilizarlo para intervenciones negativas es enorme. La organización que detenta este instrumento en general no puede resistir el deseo de explotarlo para consolidar o reforzar su posición. Pero el Estado no es el único en esta posición, ya que las empresas disponen de vastos listados nominativos para satisfacer sus necesidades de publicidad, al igual que las iglesias y los partidos, para sus necesidades de propaganda. Todo está inventariado, enlistados. El archivo demográfico es un instrumento temible en las manos de las organizaciones. Pero el inventario de las reservas no fue sino una etapa. Muy rápido se interesaron en las variaciones de esa reserva y fue necesario tomar en cuenta los flujos. Flujos naturales, como los que son producto de la natalidad y la mortalidad. Flujos espaciales, como los que se producen por las migraciones, ya sean de emigración o inmigración. De esta forma se pueden seguir las variaciones de las reservas a la vez en el tiempo y en el espacio. Las variaciones en el tiempo provocaron que se tomaran medidas que se concretaron o no en políticas demográficas. Las variaciones en el espacio determinaron políticas de localización, de transferencia, autoritarias o no. Durante mucho tiempo, las imágenes privilegiadas en materia de variación en el tiempo y en el espacio fueron la tasa de natalidad y la tasa de densidad, respectivamente. Imágenes rudimentarias pero que, no obstante, inspiraron decisiones con fuertes consecuencias. En

5 Essai sur le principe de population, en el original (NdT).

6 Encyclopédie ou dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers, 1751-1772.

relación a las tasas de natalidad, se sabe que las comparaciones casi no tuvieron sentido cuando las poblaciones comparadas no tenían la misma estructura de edad. En cuanto a la densidad, no era sino un modelo abstracto de la distribución, que planteaba una distribución uniforme, con frecuencia muy alejada de la realidad. Sólo un índice de concentración podría dar una imagen menos deformada de la distribución en el espacio. 7 Siendo la población la primera fuente de energía, resulta tentador tratar de incrementarla o desplazarla para lograr tal o cual objetivo. Todos los medios han sido utilizados en el transcurso de la historia: de la coerción pura y simple a la incitación moral, pasando por el juego de las remuneraciones, con la intención de modificar o de cambiar la distribución de esta reserva. Pero la imagen de la población no es solamente cuantitativa, sino también cualitativa; posee un conjunto de propiedades económicas, políticas, sociales, culturales, que permiten que los recursos sean calificados. La organización descubre así la homogeneidad o la heterogeneidad de la población. La primera implica estrategias diferentes de la segunda. La lengua, la religión y la etnia son percibidas de manera muy diferente; pueden ser recursos o restricciones, según sea el caso. Esos tres factores son el origen de las políticas que analizaremos más adelante. El censo da lugar a una relación con la población que puede calificarse verdaderamente de simétrica en la mayor parte de los países que disponen de una base legal y que ponen a disposición del público la información recabada. La energía invertida (energía simbólica o dinero) en un país como Suiza para tener una imagen de la población representa, grosso modo, de 4 a 5 francos suizos por habitante. 8 La operación, que se repite cada diez años, en Suiza, es perfectamente soportable desde el punto de vista financiero. La periodicidad, por el contrario, es de cinco años (en general) en Francia, en Japón y en Dinamarca de 10 ó20 años en Brasil, etc. Muchos países no realizan censos, sino sondeos y/o estimaciones estadísticas. Esos países no cuentan con aparatos estadísticos confiables y el dominio del poder es mucho más débil. 9 Las consecuencias prácticas de los censos son numerosas en lo que concierne la planificación, la previsión y el control: “El Plan, el Programa, la Contabilidad, son las palabras maestras de la organización.10 Es posible expresar el censo mediante un gráfico jerarquizado. El número de niveles varía de un país a otro, naturalmente. Aquí tomaremos un caso de cinco niveles: el nivel I representa al Estado; el nivel II, a una subdivisión (provincia, cantón, departamento) inmediatamente inferior a éste; el nivel III, a una subdivisión comunal; el nivel IV, a los agentes censistas, y el nivel V, a la población a empadronar. (Figura 9)

7 Cf. Claude TRICOT, Claude RAFFESTIN, Daniel BACHMANN, Un nouvel indice de concentration: l’Espace Géographique, Nº 4, Paris, 1974, p.303-310.

8 Es solo una estimación muy imperfecta que aporta solamente un orden de tamaño.

9 Aunque en ciertos casos, la ausencia de un aparato estadístico débil puede ser la fuente de un poder, ya que eso permite sobre estimar o subestimar una población, según las necesidades del momento o los objetivos que se persiguen. 10 STOURDZE, op.cit., p.7.

Figura 9

Figura 9 Las flechas de líneas completas representan los mensajes u órdenes transmitidos a los niveles

Las flechas de líneas completas representan los mensajes u órdenes transmitidos a los niveles inferiores, mientras que las flechas punteadas representan la información que la población aporta sobre sí misma. Si consideramos solamente el recorrido de las líneas completas, lo que se muestra es el momento del envío de mensajes como una arborescencia, es decir, un gráfico sin circuito, cuya raíz es el nivel I. El gráfico permanecería arborescente si no se estableciera un ascenso de la información. Es preciso detenerse un poco más en el significado de la arborescencia respecto al poder. La distribución, o si se prefiere, la comunicación de los mensajes a los niveles inferiores, que son también “órdenes”, puede naturalmente ser bloqueada por todo tipo de perturbaciones, lo que quiere decir que los mensajes emitidos en I podrían no llegar a II, III, IV y V. En otras palabras, pueden aparecer rupturas en diversos segmentos de las líneas, o en la cúspide de cada nivel, que no pueda o que no quiera transmitir las órdenes. Es decir, el sistema puede ser afectado, ya sea en sus líneas, o por los distintos actores de comunicación. Si ese es el caso, es difícil esperar la transmisión de la información hasta el nivel I. Si la ruptura en la transmisión es de origen “técnico”, es involuntaria y puede corregirse. Si por el contrario, la ruptura es voluntaria, su origen es político, y eso significa que hay un conflicto o una tensión entre dos o varios niveles. Hay una oposición entre los niveles superiores e inferiores, de ahí la resistencia en la transmisión. Si la ruptura es técnica, hay que buscar la causa. ¿Se trata de una distancia geográfica, socio-política, socio-económica o socio-cultural? Si se trata de una distancia socio-política, socio-económica o socio-cultural, los catálogos o sistemas de los cuales cada uno toma el código del mensaje (forma y contenido) no se interceptan o lo hacen muy parcialmente, la comunicación será difícil o imposible. Se pueden plantear entonces las siguientes relaciones (Figura 10).

Figura 10

Figura 10 En la situación 1 los catálogos se interceptan de manera parcial, por lo que

En la situación 1 los catálogos se interceptan de manera parcial, por lo que la comunicación será difícil y R no podrá decodificar más que una parte del mensaje de E. En la situación 2, los catálogos se interceptan ampliamente y la comunicación será fácil. La comunicación no tiene lugar en la situación 3. En el último caso, el catálogo de E rebasa el saber y la experiencia de R, pero, después de un ajuste, E se puede comunicar perfectamente con R. 11 Constatamos que la distancia es espacio-temporal o del orden de los códigos. Es evidente que llenar un formulario de censo a una población analfabeta puede tener inconvenientes. Utilizar un vocabulario técnico desconocido por el receptor puede provocar un bloqueo o un diálogo de sordos. Solamente en la situación 2 se puede evaluarla energía utilizada para transmitir el mensaje. Si la ruptura es política, las causas pueden ser extremadamente numerosas: se cuestiona la autoridad del nivel I porque es percibida como ilegítima o las intenciones y los objetivos de las órdenes transmitidas son percibidos como inaceptables, etc., etc. Aún así, sólo ciertas porciones del gráfico pueden verse afectadas por la ruptura política: la disidencia de una provincia, o de una o varias minorías, por cuestiones lingüísticas, religiosas o étnicas. Consideremos ahora el ascenso de la información. En principio, si los mensajes llegan hasta el nivel V, los problemas técnicos deberían ser débiles, a menos que haya un deterioro entre el momento t° de la emisión descendente y el momento t¹ de la respuesta. Entonces, el nivel V opondrá una fuerte resistencia y rechazará cualquier colaboración para proporcionar la información solicitada. Pero podemos imaginar también que los niveles IV, III y II se nieguen a transmitir la información hacia arriba ya que ésta podría perjudicarlos. Inclusive, podemos imaginar que los niveles IV, III y II, por interés propio, falsifiquen la información recibida y transmitan al nivel superior una información falsa. En ese caso y en relación a la energía, el costo unitario de la información tiende a ser infinito. 12 De esta manera, la relación que se establece por motivo de un censo entre las organizaciones situadas en diferentes niveles y la población deja ver estrategias y conflictos que son indicadores útiles acerca de la coherencia y la integración de las organizaciones de que se trate. La energía invertida puede generar una buena información, una información mediocre, una información falsa o ninguna información. En el primer caso, estamos frente a una relación simétrica, mientras

11 Cf. R. MUCCHIELLI, Communication et réseaux de communication, Librairies techniques, Paris, 1971, p.18-19.

12 Cf. sobre ese tema J. BIENFAIT, Le recensement de 1936 à Lyon ou 120 000 lyonnais fictifs: Grandes villes et petites villes, C.N.R.S., Paris, 1970, p.487-501.

que en todas las demás las relaciones sonasimétricas. Evidentemente, para valorar la energía invertida, el nivel I puede establecer sistemas de control y de coerción, pero eso lo obliga a asumir costos suplementarios. En el caso de la relación simétrica, el gráfico resumen sería el siguiente (Figura 11).

Figura 11

gráfico resumen sería el siguiente (Figura 11). Figura 11 Mientras que una relación asimétrica se puede

Mientras que una relación asimétrica se puede representar de la siguiente manera (Figura 12).

Figura 12

representar de la siguiente manera (Figura 12). Figura 12 La relación asimétrica tiende a degradar la

La relación asimétrica tiende a degradar la capacidad de acción de A, ya que gasta mucha energía sin que ello se traduzca en un incremento de su nivel de información. Las cúspides del gráfico representan actores sintagmáticos (actores que realizan un programa) cuyos objetivos son

congruentes si actúan juntos para aportar la información, pero que serán perfectamente divergentes si algunos se niegan a proporcionar la información requerida. Bajo ciertas circunstancias, podemos imaginar el corto circuito del sistema debido a una relación directa entre el nivel I y el nivel V. 13 Esta información no sólo es útil para la organización estatal que ve en el habitante un contribuyente y un soldado potenciales. También le interesa a la organización económica y a la empresa, que ven en el habitante un productor o un consumidor potencial. Sería fácil señalar aquí lo que cada organización ve en la utilidad abstracta que representa “el hombre estadístico” del censo. Este hombre estadístico es la unidad de conteo de cualquier poder integrado en cualquier cálculo estratégico, ya sea como soldado, contribuyente, productor, consumidor, elector, feligrés, simpatizante, etc. Toda relación de poder despersonaliza al ser humano: éste “no es” alguien, es algo que se “tiene”, que no se tiene, que se tendrá o que jamás se tendrá. Por eso, el censo es el balance de un recurso y el referente abstracto de las posibles relaciones de poder.

II.- LOS ACTORES Y SUS FINES

La imagen o representación de la población es necesaria para la acción de las organizaciones, que van a mantener múltiples relaciones con la colectividad, ya sea para reforzar o para disminuir o estabilizar los recursos humanos.” La expresión tiene es algo grosera, pero reconstruye, por desgracia, la concepción que ha prevalecido durante bastante tiempo en el transcurso de la historia entre muchos pueblos. ¿No es Platón quien ilustra esta concepción cuando establece límites a su República? Como filósofo que es, él aporta las razones y los medios de administrar a la población. Preconiza un número máximo, por no decir óptimo, que busca estabilizar. Frente a la población, pueden identificarse tres situaciones claras: mínima, óptima, máxima. Sabemos que en la Grecia antigua “los pensadores, preocupados por la organización y el destino de la ciudad, no podían ignorar los problemas de población, así fue como aparecieron las primeras doctrinas de población en el mundo occidental…” 14 ¿Por qué esta preocupación? Para hacer posible, dado el pequeño número estable, el desarrollo normal de las instituciones democráticas. En ese caso, la finalidad era mantener una población mínima; pero si la preocupación es la potencia, la meta puede ser alcanzar el máximo de población. Finalmente, si el objetivo es lograr el máximo de bienestar socio-económico, se buscará llegar al nivel óptimo de población. Los objetivos concebibles son múltiples, evidentemente. 15 Para alcanzar el máximo de población, se debe restringir a la población a aceptar el mínimo vital absoluto. Eso se logrará mediante la persuasión o la coacción. La población óptima sólo es un concepto cómodo. Se aspira a la población óptima, sin alcanzarla jamás. Considerando una serie de hipótesis, la población óptima es teóricamente aquella que permite la obtención del nivel de vida más elevado. (Figura 13)

13 Enviados especiales, missi dominici, comisarios del pueblo, etc.

14 M. REINHARD y A. ARMENGAUD, Histoire générale de la population mondiale, Montchrestien, Paris, 1961,

p.35.

15 Cf. Alfred SAUVY, Théorie générale de la population, P.U.F., Paris, 1963, p.51-52, vol.I.

Figura 13

Figura 13 Para alcanzar dichos objetivos el Estado deberá tener información muy específica respecto de la

Para alcanzar dichos objetivos el Estado deberá tener información muy específica respecto de la población, por un lado, y respecto al medio ambiente, por el otro. Conformémonos primero con considerar las relaciones con la población. La opción de una población máxima requiere de una distribución muy igualitaria de los recursos necesarios para la estricta satisfacción de las necesidades; en otras palabras de un vasto sistema de recaudación bajo los conceptos de comisiones o impuestos sobre la energía excedente, de la cual podrían disponer ciertos miembros de la colectividad. Pero eso supone que el Estado propicie la natalidad, incitándola de formas diversas, o que fomente la inmigración. Aunque ambos medios tienen por objetivo el incrementar “los recursos”, no tienen el mismo significado. Incrementar la natalidad no modifica la composición racial, étnica, lingüística ni, al parecer, religiosa de la población. Fomentar la inmigración plantea diferentes problemas en cuanto a esta composición. Se puede resumir la situación de las políticas “poblacionales” empleando vectores (Figura 14).

Figura 14

Se puede resumir la situación de las políticas “poblacionales” empleando vectores (Figura 14). Figura 14 60

El vector 1 indica una política demográfica basada esencialmente en la inmigración, mientras que el vector 3 indica una fuerte orientación hacia la natalidad. Los Estados Unidos y Australia en el siglo XIX y en parte del XX fueron representativos del vector 1, mientras que países como Italia y Alemania ilustran perfectamente el vector 3. Si fuera necesario dar un ejemplo del vector 2, podríamos referirnos a Suiza. La inmigración indica la voluntad de ahorrar tiempo o de valorizarlo, lo que sería equivalente. Pero la ganancia en tiempo se traduce en una modificación cualitativa de la población. Modificación que hay que ponderar, ya que va a originar problemas. Incrementar la natalidad obedece a la voluntad de no modificar sensiblemente la composición; de ahí la necesidad de organizar las estructuras a largo plazo; para ello, el Estado deberá generar políticas en materia de salud, educación, alojamiento y empleo. La inmigración es una solución relativamente rápida mientras que la natalidad es una solución a más largo plazo. Ambas implican estrategias diferentes. Valerse de una u otra modifica sensiblemente la estructura de edad. En el hipotético caso en el que ambas opciones tuvieran éxito (fomentar la natalidad y/o la inmigración) la pirámide demográfica se “modela”; es decir, aparece un nuevo sistema de relaciones. (Figura 15) Figura 15

un nuevo sistema de relaciones. (Figura 15) Figura 15 Las relaciones “verticales” o intergeneracionales se

Las relaciones “verticales” o intergeneracionales se transforman y en virtud de ello se cuestionan algunas jerarquías. Las relaciones “horizontales” o intersexuales son igualmente influenciadas y de ello se derivan algunos problemas. Estas últimas son particularmente importantes en el caso de la inmigración, que puede ser familiar pero que, con frecuencia es individual. El Estado, que pretende el poblamiento de una región o de una zona, probablemente escogerá la inmigración si quiere realizar su programa a corto plazo. La opción depende del tiempo disponible, de la dimensión del espacio y de los medios. Las empresas, para incrementar la oferta de mano de obra, prefieren valerse de la inmigración; se interesan sobre todo por una categorización de edad en la pirámide demográfica y carecen de una visión global. Es más raro que el Estado desee una población mínima, aunque se dan casos; por ejemplo, en varias regiones de Europa, después del periodo napoleónico. El fomento de la emigración es un posible medio. Se puede actuar sobre la natalidad, igualmente, favoreciendo los métodos anti- conceptivos. La esterilización en la India ha sido muy utilizada en los últimos años. Resulta difícil, en casos así, tomar en cuenta la violencia que se ejerce sobre los individuos. En los casos extremos, se puede citar a los genocidios. Pero si el genocidio es un medio para limitar a la población, su objetivo es en la mayoría de los casos diferente: se trata de eliminar a una etnia o raza, un grupo lingüístico o una minoría religiosa que representa un obstáculo para la política de homogeneización o de integración. Es la violencia utilizada como medio político.

La organización no sólo manipula la vida, sino también la muerte, con tal de asegurar su dominio sobre la población. Además, el poder descubrió en el siglo XX que, para alcanzar sus objetivos, era necesario algunas veces eliminar a la población a gran escala. La revolución industrial mató generaciones enteras para lograr sus fines, y aunque no se califica como genocidio, se trata de la muerte lenta de niños, hombres y de mujeres en las fábricas. Hay una geografía de la vida, así como hay una geografía de la muerte. 16 Pero el poder no tiene como único objetivo el de aumentar o disminuir los recursos, sino que se interesa también por repartir, por distribuirlos en el espacio. El Estado puede tener como objetivo la distribución equilibrada de la población en el territorio y puede remodelar el mapa de distribución de la población con medidas que fomenten la creación de nuevos ordenamientos e inversiones que creen empleos, por ejemplo. 17 Pero ciertamente son las empresas las que, juegan el rol principal en la distribución de la población, ya que tienen un interés primordial por disponer de mano de obra en donde tienen sus inversiones. Las empresas buscan la mayor movilidad geográfica para satisfacer sus necesidades de mano de obra. Respecto a la lengua, la religión o la etnia, sus objetivos son con frecuencia la búsqueda o conservación de la homogeneidad, por medios que no están exentos de violencia. Puede tratarse, de hecho, de la gestión o del control de la heterogeneidad. La explotación de esta heterogeneidad es muy frecuente, tanto por parte del Estado como por parte de las empresas y en las páginas siguientes nos referiremos a los problemas que de ahí surgen. Pese a todo, la población reacciona y resiste. Es un actor-objetivo que puede y hace fracasar las manipulaciones de las que es objeto. Oposición resistencia y rebelión son las palabras que subrayan las etapas de la reapropiación de un poder del cual la población está, casi siempre, desposeída por parte de las organizaciones. En términos gráficos, la resistencia se expresa por medio de arborescencias, es decir, de líneas sin circuito. Hay una caída de mensajes que no se recuperan por la raíz del gráfico, que permanecen sin respuesta. La rebelión es una ruptura de la comunicación, una negación de intercambio, un cuestionamiento de la relación.

III.- CONTROL Y GESTION DE LOS FLUJOS NATURALES.

Entendemos por flujos naturales los nacimientos, por un lado, y los decesos, por el otro. En las sociedades animales, la natalidad y la mortalidad constituyen fenómenos naturales que propician un equilibrio dinámico entre reserva viviente y reservas de energía, equilibrio que permite asegurar la subsistencia. Es evidente que el equilibrio tiene lugar a través de un incremento de la mortalidad y una caída de la fecundidad, cuando hay sobrepoblación, de una baja en la mortalidad y un incremento de la fecundidad cuando hay déficit poblacional. Las nociones de exceso y déficit poblacional corresponden pura y simplemente a la capacidad del medio. En una sociedad no humana los ajustes, muy complejos por demás, ocurren de manera espontánea, lo que no excluye, por supuesto, las relaciones de competencia y de poder entre los miembros del grupo. Sin embargo, no existen más condicionamientos, que el de la naturaleza biológica y el de la naturaleza social particular del grupo. 18 No sucede lo mismo con los grupos humanos, que buscan intervenir directamente en los flujos naturales para controlar y administrar las reservas. En otras palabras, los hombres pueden imaginar una política de la población. Evidentemente, incluso si no existe una política poblacional explícita en una colectividad, en una nación, la acción del Estado influye en ella de manera indirecta. La acción sobre el recurso es, en ese caso, un subproducto de los diversos

16 ¿Economistas y demógrafos no han sido llevados a concebir la noción de costo de un individuo?

17 Los intentos de “remodelación” en la distribución de la población en Gaspésie (Quebec) dieron lugar a una violencia considerable.

18 Cf. Serge MOSCOVICI, La société contre nature, U.G.E., Paris 1972, p.114 y ss.

sistemas políticos, económicos, sociales y culturales. Sin embargo, en la mayoría de Estados modernos hay una política poblacional. Si sólo se toman en cuenta la natalidad y la mortalidad, se pueden evidenciar dos grandes políticas: una natalista y otra contraceptiva o malthusiana. Las políticas natalistas explícitas son muy raras en la historia, lo cual no significa, como lo recuerda oportunamente Sauvy, que no hayan existido instituciones de este carácter. 19 Sabemos que el Emperador Augusto, por ejemplo, para “restaurar la familia e incrementar la población” promulgó ciertas leyes y un impuesto sobre las herencias, en particular.20 El afán natalista de Augusto se explica por el hecho de que las guerras civiles y el reclutamiento habían disminuido la población. Además, entre las clases ricas había cada vez menos niños y proliferaba el celibato. Augusto “actuará mediante la propaganda, los honores otorgados a los padres de familia, las donaciones excepcionales a las familias numerosas, las amonestaciones públicas a los recalcitrantes”. 21 Los solteros fueron declarados no elegibles para recibir herencias. 22 Más allá de dichas medidas, marcadas por el sello de su tiempo, lo que hay que recordar, según Ellul, es la concepción, que se extiende a lo largo del siglo I antes de J.C., de que “el matrimonio y la procreación no son asunto familiar y privado, sino asunto político y social.” 23 La idea del control y de la gestión de la población no es tan moderna como se pudiera pretender. Es el dominio del Estado sobre el individuo en tanto procreador. La relación sexual, necesaria para la reproducción, es “codificada” por el poder político: “la idea de matrimonio como deber político se afirmara durante todo el Imperio.” 24 Es interesante recordar que las medidas de Augusto se enfrentarán a una tenaz oposición todo el tiempo, ya que iban en contra de las opiniones y las costumbres. Valdría la pena agregar que su eficacia fue escasa. Ni la incitación, ni la coerción en materia de natalidad lograron grandes resultados, aunque hay que exceptuar algunas medidas, que comentaremos más adelante. Las políticas mercantilistas, como las de Colbert, entre otras, fueron natalistas, ya que su objetivo era proveer de una abundancia de hombres para el mercado de trabajo. En todos los Estados mercantilistas del siglo XVII, se tomaron medidas para aumentar la población activa. Pero la otra razón era que el número permitía mantener los salarios a un nivel bajo. 25 Es una prefiguración de la famosa ley de bronce de los salarios de Lasalle. Los mercantilistas trataron, sobre todo, de multiplicar la disponibilidad del tiempo de trabajo y les importaban poco, al parecer, las condiciones miserables en las que el pueblo se encontraba. Incluso en eso se establece una relación de poder con la población, aunque no se trata, como en el caso de Augusto, de una gestión impregnada de moralismo, sino de una completamente marcada por una voluntad productivista. En el siglo XVIII los déspotas ilustrados no estuvieron menos preocupados que sus predecesores por el número: Federico II escribía a Voltaire que “el número de hombres hace la riqueza de los Estados”. “Miro (a los hombres) como una manada de ciervos en el parque de un gran señor, cuya única función es la de poblar y llenar el vallado.” 26 Se ve que para Federico II la población no es más que un recurso humano que hay que preservar e incrementar. Por eso él también tomó medidas en dicho sentido, como la ley sobre las segundas nupcias de los viudos. 27 Más cerca de nosotros, durante el periodo de entre guerras, los regímenes autoritarios nazi y fascista desarrollaron políticas natalistas. La misma tendencia prevaleció en la URSS a partir de

19 Alfred SAUVY, op. cit., t.2, p. 376.

20 André ARMENGAUD, Démographie et sociétés, Paris 1966, p.181 y Gabriel ARDANT, Histoire de l’impôt, livre I, Fayard, Paris, 1971, p.125.

21 Jacques ELLUL, Histoire des institutions, P.U.F., Paris, 1953, p.436.

22 Ibid, p.437.

23 Idem.

24 Ibid, p.438.

25 Henri DENIS, Histoire de la pensée économique, P.U.F., Paris, 1966, p.96.

26 REINHARD y ARMENGAUD, op.cit., p.177.

27 Ibid.

1935. En Francia, una política de ese tipo permitió un repunte después de la segunda guerra mundial. De hecho, se actualizan las antiguas disposiciones: exenciones fiscales, institucionalización del “cociente familiar” que reduce el impuesto general sobre el ingreso en función del número de niños dependientes económicamente, reducciones en tarifas de trenes, subsidios, etc. Los estímulos para favorecer la natalidad van acompañados siempre de sanciones penales en caso de aborto. Las medidas de induccióntienen siempre como contraparte la represión. Exitosas o no, las políticas natalistas, tienen en común muchos aspectos que conviene señalar. El Estado, la organización suprema, controla al individuo como reproductor. Desde ese punto de vista es cosificado, se convierte en una “cosa” política y sus relaciones sexuales deben ser útiles y fecundas para el Estado. La relación de producción no es bilateral sino multilateral, ya que el Estado interviene mediante su sistema de códigos para volverla fecunda. El Estado interviene en la esfera más privada y más íntima de los ciudadanos. Mediante una política poblacional el Estado se erige verdaderamente en guardián del rebaño”. La fecundidad no es solamente un fenómeno bio-social, sino también un fenómeno político: la influencia que pesa sobre ella la convierte, a partir de ese instante, en un indicio de las tendencias totalitarias que se observan en el Estado. La relación de reproducción es triangular en cualquier política natalista. (Figura 16) La relación es simétrica si la pareja es fecunda, pero es asimétrica si es estéril (Figura 17). Se notará mejor la cosificación del ser humano si la política natalista le atribuye un valor al hombre. El Estado opera el intercambio del equivalente contra el no-equivalente. Es el código clásico del intercambio para realizar un crecimiento. Lo interesante, en este caso, es que el crecimiento se produce no sólo por B y B, sino también, indirectamente, mediante un tercero. Esta idea de transferencia (subsidio familiar o impuesto) es vieja; lo hemos visto en los ejemplos anteriores. 28 Resulta una especie de “mercantilización” de la vida, pero también de la muerte, como veremos enseguida.

Figura 16

también de la muerte, como veremos enseguida. Figura 16 2 8 Cf. SAUVY, op.cit., y REINHARD

28 Cf. SAUVY, op.cit., y REINHARD y ARMENAGUD, op.cit.

Figura 17

Figura 17 Si se analizan las consecuencias de una política natalista, en el caso hipotético -y

Si se analizan las consecuencias de una política natalista, en el caso hipotético -y por demás problemático-, de que tuviera éxito, se deben constatar cuando menos dos cosas: una dilatación del tiempo humano disponible y una contracción del espacio. Lo cual significa que las relaciones se han modificado al interior de un grupo instalado en un territorio. Dichas relaciones propician también modificaciones en las relaciones de fuerza, incluso si no suceden de inmediato. Es evidente que cualquier crecimiento demográfico tiene las mismas consecuencias, pero no cualquier crecimiento es deseado por el Estado que administra a la población. El crecimiento del tiempo humano disponible modifica, a la larga, las relaciones de trabajo, en el sentido de que el tiempo se aprecia menos que antes. Hay entonces una modificación profunda de las relaciones de fuerza entre el demandante de trabajo, la empresa y el oferente: los poderes del demandante y del oferente cambian en una proporción más o menos sensible.Pero este “crecimiento” del tiempo humano afecta también a todas las relaciones con el medio biológico y social. El espacio se contrae debido a este crecimiento, ya que disminuye la cantidad por individuo, pero sobre todo, es en ese momento que aparecen nuevos ordenamientos caracterizados por la concentración y la especialización. Una política natalista, desde el punto de vista espacial, no puede ser viable si no va acompañada de una política habitacional, entre otras cosas. Hasta ahora, hemos admitido que, a través de una política natalista, habría un crecimiento controlado y administrado; pero este crecimiento puede ser espontáneo, como sucede en la mayoría de los Estados del Tercer Mundo, sin ser de ninguna manera controlado ni administrado. La reserva escapa a todo dominio y los efectivos crecen dramáticamente, rebasando el límite de posibilidades de integración. Las tasas de natalidad se disparan, así como las de mortalidad. Hay un verdadero desperdicio de la vida humana, con muchos nacimientos, muchos decesos y esperanza de vida corta. Los intentos por detener el movimiento y estabilizarlo dan lugar a intervenciones a veces violentas, como en la India. En efecto, en ese país la campaña de esterilización que se realizó en la época de Indira Gandhi no estuvo exenta de graves críticas. En ese caso, a la inversa de las políticas natalistas, el Estado modificó a los individuos para volver infecundas las relaciones sexuales. En China, para limitar el número de nacimientos, se aplicó una nueva política: castigar a las parejas que tuvieran más de un hijo y beneficiar a las otras.

Figura 18

Figura 18 Se trata de cambiar la relación, lo cual no implica que la concepción fundamental

Se trata de cambiar la relación, lo cual no implica que la concepción fundamental haya cambiado, ya que el individuo sigue siendo cosificado. Es un “objeto” político al igual que en la política natalista. (Figura 18) Eso nos lleva a hablar de la política malthusianas. A lo largo de la historia, el poder ha ilustrado ciertas prácticas malthusianas. La contracepción, el aborto, el infanticidio han sido medios utilizados con frecuencia por numerosas sociedades. Por ejemplo, en la Grecia antigua, “los métodos preventivos no eran ignorados, el aborto estaba autorizado por las costumbres. Hipócrates los condenaba, pero enumeraba los métodos y al parecer, los utilizaba de vez en cuando.” 29 Se sabe que el abandono de los recién nacidos estaba autorizado y que había prácticas eugenésicas. Un caso interesante es el de Japón, donde entre 1721 y 1846 se dio una estabilidad notable. Una de las explicaciones es que el crecimiento en el sur y el oeste fue compensado con una disminución en el norte y el este. Sin embargo, no hay que olvidar las prácticas de la prevención de embarazos, el aborto y el infanticidio. Aborto y prevención eran prácticas más frecuentes en las clases nobles, mientras que entre los campesinos, se practicaba más el infanticidio. 30 Sin duda hay que ver aquí las consecuencias de la diferencia en la información disponible. Además, la limitación estaba asegurada por la edad avanzada en la que tenía lugar el matrimonio. Posteriormente, Japón conocería un crecimiento demográfico muy fuerte que lo obligará, en 1948, a promulgar una “ley de protección eugenésica” que, de hecho, disimula una verdadera política malthusiana. Se utilizaron todos los medios para la contracepción y la esterilización, incluso el aborto. La tasa de natalidad pasó de 34% antes de la ley, a 17,5% en 1957. Pero como la mortalidad bajó mucho, la población japonesa continúa creciendo. Se puede medir en qué medida ha sido difícil controlar y administrar una población. Una población puede ser estacionaria o declinante sin que haya intervención del Estado mediante una política malthusiana. Durante el periodo de entre guerras, los países democráticos vieron desplomarse su natalidad, mientras en los Estados totalitarios sucedía lo opuesto. Europa occidental asistió a una disminución en el crecimiento de la población y a su envejecimiento, a pesar de toda una serie de medidas favorables para la natalidad y la familia.

29 REINHARD y ARMENGAUD, op.cit., p.34.

30 REINHARD y ARMENGAUD, op.cit., p.210-211.

Natalidad y malthusianismo se inscriben en un campo de poder cuyos actores son el Estado y los individuos que pertenecen a una población dada: es decir, el Estado y la pareja. Actores sintagmáticos uno y otro, en este caso, que pueden tener estrategias convergentes o no (Figura

19).

Figura 19

tener estrategias convergentes o no (Figura 19). Figura 19 Hay cuatro situaciones posibles: en 1, las

Hay cuatro situaciones posibles: en 1, las estrategias del Estado y de la pareja convergen para realizar una política natalista. Se puede pensar que, gracias a la inducción del Estado, se generará una combinación con un fuerte componente informativo. En 4, la situación es idéntica pero en sentido inverso, ya que el objetivo es limitar la población. Por el contrario, en 2 y 3 los objetivos de los actores son diferentes y el Estado tendrá que utilizar muchos recursos, mediante un sistema de subsidios familiares y/o de impuestos, para lograr sus fines. Además, la acción sobre la cantidad, no hay que olvidarlo, corre el riego de variar, en el conjunto espacio-temporal de una sociedad dada, sobre todo entre los habitantes de las ciudades y el campo, cuyos códigos no son los mismos, salvo en sociedades muy industrializadas. La variación de la cantidad, ya se vio, no se debe solamente a la natalidad y a la mortalidad, cuyas tasas pueden enfrentar mutaciones, sino también a los flujos migratorios.

IV.- CONTROL Y GESTION DE LOS FLUJOS MIGRATORIOS

Si es difícil controlar la natalidad y la mortalidad, también lo es controlar la movilidad, aunque ello depende de los medios de los que disponen las organizaciones que se interesan en modificar el reparto y la distribución de los hombres en el espacio.

Se sabe que la movilidad que se traduce en migraciones ha dado lugar a una serie de clasificaciones más o menos sofisticadas según la cantidad y la combinación de criterios. 31 Para nuestros fines, no necesitamos una clasificación complementaria, incluso si se pudiera justificar. En efecto, importa menos analizar la causa que determina la movilidad -guerra o trabajo, por ejemplo-, que las relaciones de fuerza que la provocan. Se puede decir que la movilidad es autónoma cuando es producto de una opción deliberada y heterónoma cuando es producto de una coerción. Naturalmente, hay casos límite. ¿Es una movilidad autónoma el caso de quien tiene que escoger entre el desplazamiento o la muerte? La alternativa es brutal pero admitiremos que hay todavía una opción si ésta es producto de una decisión propia del migrante. Dicho de otra manera, el brasileño del Nordeste que emigra huyendo del hambre toma una decisión “autónoma”. Por el contrario, aquel que se desplaza forzado por cualquier autoridad no conoce sino una movilidad heterónoma, ya que la decisión le ha sido impuesta. Nos interesan ambos tipos de movilidad; el segundo caso es el más sencillo, aunque por fortuna no es el más frecuente, ya que implica un poder con un fuerte componente energético, es decir, un poder coercitivo. Incluso en el caso de la movilidad autónoma, las organizaciones adoptan estrategias variables para incrementar o para frenar el movimiento. Las políticas migratorias son muy importantes, ya que controlan y administran los flujos en el espacio. Estados Unidos nos brinda un buen ejemplo del fenómeno migratorio. En 1790, durante el primer censo, dicho país tenía 3, 929, 000 de habitantes. De 1800 a 1860, el crecimiento fue de 33% en promedio por cada década. Entre 1860 y 1870 creció sólo un 22,6%, debido a la Guerra Civil. Entre 1870 y 1900, fluctuó entre 20% y 30%. Es evidente que ese crecimiento no se debió únicamente a la inmigración, que para el siglo XIX representó, sin embargo, una cuarta parte del incremento poblacional en promedio. Hay que tener cuidado en no exagerar los problemas que se desprendieron de esos flujos, ya que para muchos inmigrantes hubo un verdadero deseo “de americanización”, que se tradujo en un aprendizaje apresurado del inglés por parte de muchos de los inmigrantes no anglófonos. Ciertamente, algunos grupos tuvieron dificultades para integrarse

y formaron núcleos más o menos aislados en ciertas regiones o en las ciudades. Fenómeno más o

menos espontáneo, la inmigración americana se nutrirá por esa humanidad perseguida o abandonada a su suerte, tanto en Europa como fuera de ella. ¿Tenía Estados Unidos una política de inmigración que le permitía controlar o administrar esos flujos? Se podría pensar que las medidas para controlar la migración fueron tardías y que las diferentes políticas aplicadas después de la primera guerra mundial fueron nuevas y comprensibles dada la amplitud del fenómeno. No es así, pues ya desde 1639, las colonias de Massachusetts, Virginia y Pensilvania tomaron decisiones malthusianas para prohibir la entrada

a su territorio a los criminales, a los inmigrantes pobres y a quienes no tuvieran buena salud. En

algunos casos, el factor religioso fue también un obstáculo. Durante la guerra de Independencia, el general Washington no aceptó en su guardia más que a los “nacidos en el país” 32 Thomas Jefferson favorecería medidas restrictivas en materia de inmigración. Medidas que, por disposición constitucional, fueron aprobadas por el Congreso, que tuvo mucha influencia en esa materia. En 1798, una norma obligaba a los capitanes de navío a identificar a los pasajeros extranjeros que transportaban a través del Atlántico. A partir de 1819, una legislación federal obligó a los inmigrantes aregistrarse, al momento de desembarcar. En esa época, los irlandeses, a pesar de la antigüedad de su presencia en las colonias, eran considerados como peligrosos debido

a la “pureza” del carácter inglés y protestante de la población en Estados Unidos. El anti-

catolicismo fue en ocasiones un elemento motor en la reacción contra los extranjeros. Hay que comprender el temor de los estadounidenses, ya que sus instituciones estaban aún en la infancia.

31 Cf. como introducción, Max SORRE, Les migrations des peuples, essai sur la mobilité géographique. Flammarion, Paris, 1955.

32 «Native born» en el original (NdeT)

Pero sería erróneo caer en la idea simplista de un “pobre inmigrante” como objeto de la hostilidad del “nativo”, ya que los inmigrantes tuvieron también su parte de responsabilidad, sobre todo cuando se diferenciaban de una manera muy ostensible a través de su lengua o sus costumbres. Fue durante el último cuarto del siglo XIX que se tomaron las primeras medidas y se decretaron las primeras leyes para restringir la inmigración. Aunque hay que decir, primero que nada, que 10 millones de inmigrantes entraron a los Estados Unidos antes de aplicar dichas medidas, mientras que entre 1880 y1920, llegaron 23,5 millones de personas más. Las medidas restrictivas fueron más cualitativas que cuantitativas. De hecho, renovaron la vieja tradición -ya mencionada- de prohibir el acceso a los presidiarios, alienados, tarados e indigentes. Dichas medidas afectaron evidentemente a todos los grupos étnicos y evidencian cierta concepción sanitaria de la población en lo que respecta a las preocupaciones eugenésicas. Sería injusto olvidar que ciertos países no dudaban en deshacerse de sus elementos más “desposeídos” y enviarlos con destino a los Estados Unidos. Las medidas restrictivas de carácter étnico afectaron primero a los chinos, pese a que las medidasadoptadas por el Congreso en 1875 tenían por objeto protegerlos de los abusos de los que eran víctimas, y no fue sino hasta 1882 cuando se promulgó la ley de exclusión contra los chinos. La política de inmigración de los Estados Unidos tomó entonces una verdadera orientación racial. En 1907, sobre la base de un acuerdo entre caballeros 33 firmado con Japón, se restringió la inmigración japonesa. Una Comisión encargada de estudiar la inmigración recomendó en 1913 restricciones tanto cuantitativas como cualitativas. Después del debate sobre la asimilación y sus límites de 1921, se instituyó la política de cuotas: la inmigración se limitó al 3% de los “nacidos en el extranjero” 34 de cada nacionalidad residente en los Estados Unidos en 1910. En 1924 empezó a funcionar una legislación que excluía a los japoneses. Este último ejemplo demuestra que la política extranjera se refleja en la política de inmigración. En efecto, es la época de las primeras inquietudes serias de los estadounidenses respecto de la amenaza japonesa en el Pacífico. En ese mismo año, los estadounidenses cambiaron el año de referencia de 1910 a 1890, además de disminuir la cuota de 3% a 2%. Durante la segunda guerra mundial, las necesidades de mano de obra permitieron relajar las disposiciones restrictivas y la supresión de algunas de ellas. La postguerra planteó el problema de las esposas y las novias extranjeras de los soldados estadounidenses. En 1952, el Mc Carran-Walter Act introduce preferencias por los extranjeros calificados y todas las razas pudieron acceder a la naturalización; sin embargo, se reforzaron algunos motivos de exclusión. Desde entonces se sucedieron una serie de medidas. Los principios de la política de inmigración estadounidense pueden resumirse en cuatro:

inmigración selectiva; unidad familiar (los niños quedan fuera de la cuota); asilo concedido a los refugiados y solidaridad occidental. Los fines de la política de inmigración estadounidense reflejan en gran parte las vicisitudes de la política exterior estadounidense, así como las necesidades socio-económicas interiores. Otro ejemplo interesante es la política de inmigración australiana, que si bien ha evolucionado mucho desde el siglo XIX, conserva una orientación: la de lograr la homogeneidad étnica o, más exactamente, el predominio blanco y anglosajón. La política de la “Australia Blanca” 35 se convirtió en una especie de ideología, que en este caso también fue un factor no despreciable de la política exterior. El temor a las razas de color, sobre todo a los asiáticos, pero también a los habitantes de las islas del Pacífico, empezó a mitad del siglo XIX. Fue en Victoria donde apareció la primera legislación en contra de los chinos: en 1855 la llegada de éstos se hacía en función del tonelaje de los navíos (1 chino por cada 10 toneladas). A eso se agregaba un impuesto de 10 £ por persona. Eso no impidió que en 1857 hubiera 30, 000 chinos

33 gentlemen’s agreementen el original (NdT).

34 Foreign born” en el original (NdT).

35 “White Australia” en el original (NdT).

en la colonia. Para1881 había ya 50, 000 en Australia y en la mayor parte de las colonias se establecieron medidas generales contra ellos. El éxodo japonés que comenzaría más tarde, se dispersó por la Restriction Act de 1901. Otra etnia atraída por las plantaciones de Queensland inquietó a los australianos: se trata de los kanaks o canaques, oriundos de la Melanesia. Entre 1847 y 1904 llegaron 57, 000 y las medidas de 1901 se complementaron con las de la Immigration Restriction Act de 1925. Pero el Estado no fue el único actor. Los sindicatos actuaron vigorosamente, ya que la mano de obra de color representaba para ellos una competencia que juzgaban inaceptable. La orientación de la política de inmigración fue racista desde 1903, actuando en contra de los asiáticos, de los africanos y de los habitantes de las islas del Pacífico. Desde 1964 la política de inmigración se relajó y los no europeos son admitidos temporalmente e incluso pueden recibir autorización para residir de manera permanente y también, más excepcionalmente, a naturalizarse. Después de esos dos ejemplos, se notará que el control y la gestión de los flujos migratorios no son fáciles cuando se trata de conservar ciertas proporciones juzgadas como deseables. Sucede que, si lasprohibiciones se relajan, se olvidan enseguida; la fecundidad diferencial de los grupos puede incrementarse más de lo que se desea en tal o cual etnia, tal o cual raza. Las políticas de inmigración no conciernen sólo al Estado, sino también a los múltiples grupos en su interior. Las estrategias hacen aparecer las complejas relaciones entre el Estado y los diversos grupos secundarios, ya que éstos pueden tener -y con frecuencia tienen- intereses contradictorios. En efecto, un partido político puede ser hostil a la inmigración, como sucedió en Estados Unidos y como sucede todavía en Suiza. Por el contrario, las empresas pueden favorecerla para disponer de una mano de obra abundante y barata. Los sindicatos, por el contrario, pueden tener una finalidad opuesta a la de las empresas. Eso desemboca en un sistema de poder muy complejo que se traduce en el nacimiento de antagonismos y oposiciones. Hemos ilustrado el problema de las migraciones internacionales, aunque es evidente que las migraciones internas pueden también ser objeto de controles y gestiones. Durante el fascismo, hubo un intento porcontrolar la migración interna. Suponemos que la dificultad es aún más fuerte en ese caso, ya que no existe ninguna frontera para permitir la intercepción. El régimen fascista trató de actuar sobre la distribución de la población; mediante las leyes de 1931 y buscó limitar el desplazamiento de los italianos al interior del reino. Podríamos retomar las expresiones de Luigi Einaudi quien, en 1951, siendo presidente de la República, decía que el régimen fascista hubiera podido titular esas leyes “Extensión de la institución del domicilio obligatorio” y “Restablecimiento de la servidumbre de la gleba.36 Este intento por fijar a la población, para impedir las migraciones internas, no tuvo éxito y Anna Treves lo mostró bien. La estrategia fascista, de inspiración campesina, buscó desalentar la urbanización y favorecer pequeños centros de población rurales. Había coherencia entre la política demográfica y la política económica, pero era frágil. A pesar de las sanciones previstas, las migraciones internas se dieron e incluso fueron muy notables durante el periodo fascista. 37 El control de los flujos migratorios sin traspasar la frontera se antoja extremadamente difícil. En los regímenes totalitarios, como los del Este, también existen controles para regular las migraciones internas. Los resultados son, sin duda, mejores, ya que toda la economía es dominada por el Estado, mientras que en los regímenes totalitarios donde existe o existía todavía la empresa capitalista, la discordancia entre voluntad del Estado e interés privado puede ser grande.

36 Sobre este tema, ver el excelente enfoque de Anna TREVES, Le Migrazioni interne nell’Italia fascista Einaudi, Torino, 1976, p. 5. En el original, “Estensione dell’istituto del domicilio coatto” (extension de l’institution du domicile obligé) y “Ristabilimento della servitú della gleba” (rétablissement de l’attachement à la glèbe), respectivamente (NdT).

37 Ibid.

En cuanto a las migraciones internas en los países capitalistas occidentales, en la actualidad son las inversiones de las empresas -en una palabra, sus estrategias-, lo que determina los movimientos. La población resiste al mismo tiempo tanto la prohibición de desplazarse, como la voluntad de las empresas que desean el desplazamiento de la mano de obra. Desde el final de la segunda guerra mundial, muchas regiones en declive, desde el punto de vista económico, fueron zonas de emigración reales o potenciales, fenómeno creciente y reforzado por las inversiones de las grandes empresas de tipo multinacional, que perciben a las regiones como los soportes temporales de sus actividades. Es verdad que de manera general el “factor trabajo” es menos móvil que el capital o la tecnología. Sin embargo, las multinacionales tienen un impacto sobre el trabajo y éste es sobre todo cuantitativo: “En 1970, las E.M. (empresas multinacionales) empleaban en promedio 12% de la mano de obra en ocho países, es decir, cerca de 2,4 millones de personas. Sobre bases comparables, se pueden calcular para esa fecha en cerca de tres millones los empleos totales de las E.M. estadounidenses en el mundo y en más de un millón s los empleos en las E.M. no estadounidenses.38 Los desplazamientos de una sucursal de una multinacional puede tener consecuencias graves para el equilibrio de los empleos en una región dada, del mismo modo que la decisión de una multinacional de participar en una empresa regional, puede provocar una reorganización que represente una pérdida neta de puestos de trabajo. Aunque algunos estudios muestran que los aportes de las empresas multinacionales se reflejan en una creación neta de empleos. 39 Si nos concentramos en el problema de la movilidad, hay que preguntarse si las E.M. no provocan importantes efectos indirectos en los desplazamientos de la mano de obra en los dos extremos de la cadena: por un lado, para la mano de obra muy calificada y por el otro, para la mano de obra poco calificada. Hay pues un proceso de desterritorialización de la mano de obra, que proviene del hecho de que las multinacionales no piensan, al elaborar sus estrategias, más que en un espacio-soporte, finalmente abstracto, y no en un espacio concreto caracterizado por un conjunto de propiedades y de datos que hay que conservar. Se puede pretender que las empresas que manipulan la información y la energía tienen sin duda un efecto considerable en los flujos de población. ¿Cuál es la relación que se establece entre las empresas y las poblaciones? De entrada, podríamos pensar que es enorme, ya que la acción de los actores es estructurante, pero de manera diferenciada. Además, las empresas no se sitúan en un largo plazo. Es decir, las ubicaciones son más o menos temporales en su perspectiva de crecimiento. La localización de una filial multinacional dura lo que una combinación favorable de factores de producción. De acuerdo a la experiencia, la duración de dicha combinación es cada vez más corta, lo que significa pura y simplemente que el espacio se lee de manera abstracta como un soporte caracterizado por propiedades. Si estas propiedades se modifican, la ubicación se torna menos interesante y corre el riesgo de ser abandonada en provecho de otra. Los ejemplos abundan: de 1955 a 1975 Ginebra acogió múltiples filiales de empresas multinacionales estadounidenses que, al término de algunos años, se desplazaron hacia el norte, generalmente hacia las ciudades de Benelux, Luxemburgo, Bruselas, Ámsterdam o Rotterdam. No es fácil aclarar las razones de esta estrategia, pero una cosa es indiscutible: dichos desplazamientos provocaron como consecuencia una inestabilidad de la base impositiva económica regional y una inestabilidad de los horizontes de empleo. Los códigos utilizados son la concentración de capitales, de energía simbólica y de información favorable, con adelantos tecnológicos en un lugar descifrado abstractamente como base que presenta una secuencia más o menos larga de propiedades favorables. No hay territorialización de la unidad de producción, sino solamente localización temporal para explotar los recursos. Es una forma de economía “nómada” que no se inscribe en las profundidades regionales. La población empleada por este tipo de economía, por

38 Gilles Y. BERTIN, Les sociétés multinationales, P.U.F., Paris, 1975, p.150.

39 Gilles Y. BERTIN op.cit., p. 152.

el contrario, está territorializada. Es decir, que está muy arraigada en las profundidades regionales, de manera tan fuerte que asume funciones menos importantes. Su estrategia difusa es obtener, en compensación de su trabajo, salarios elevados en puestos de trabajo estables. Hay pues una oposición entre los códigos: por un lado, inestabilidad y por el otro, estabilidad. La estrategia de la población se inscribe en un tiempo largo y no en el tiempo corto de las multinacionales. La relación de trabajo genera entonces un conflicto, ya que a cualquier relocalización corresponde una resistencia. Es evidente que entre una economía “nómada” y una población “territorializada”, es decir, poco favorable a la movilidad, se establece una relación de poder que se expresa, en todo caso, en las huelgas, las manifestaciones y la ocupación de fábricas. Es el enfrentamiento de una territorialidad abstracta e inestable, la de las multinacionales, con una territorialidad concreta y estable, la de la población. La relación es particularmente asimétrica para la población, que a cambio de un salario debe aceptar la movilidad y, con ella, romper con todo un entorno simbólico y perder incluso cualquier contacto con una información existencial. El poder es inmanente a la relación y aquél le es interior, en resumidas cuentas. El poder no reside en el carácter dominante de la empresa que manipula a los dominados; radica en las estrategias que combinan códigos diferentes y, más que eso, opuestos: territorialización versus desterritorialización, estabilidad versus inestabilidad, tiempo largo versus tiempo corto, espacio concreto versus espacio abstracto. El conflicto es entonces inevitable y sobre todo desigual, ya que la empresa manipula el reparto de flujos de energía simbólica y apenas ofrece información, además de atacar la resistencia que puede organizar la población activa: “En una sociedad que no está fuertemente cohesionada, los grupos más activos se enganchan a una estrategia de desestructuración y de reestructuración.40 Se notará que las estrategias del Estado o de la empresa para facilitar o, para restringir la movilidad de la población combinan energía e información. Sin embargo, se trata de combinaciones muy diferentes. El Estado puede utilizar una información general y su discurso no tiene un alcance mayor en la medida en que no puede personalizarse. Por ejemplo, incitar a los trabajadores que viven en A para ir a B, donde hay empleos y mejores remuneraciones que en otro lado es un discurso esencialmente indicativo, finalmente muy vago. Por el contrario, la empresa puede hacer un discurso más personalizado que el del Estado: ofrecemos en B empleos X, Y con salarios X’, Y’. Las señales -precio del trabajo- emitidas por la empresa son más motivadoras y determinantes que las emitidas por el Estado. La información personalizada tiene mayor probabilidad de provocar un efecto de movilidad o de no-movilidad que una información general, lo que implica que la información general debería estar combinada con mucha energía para ser eficaz, lo que no es frecuente. La resistencia a la estrategia del Estado es mucho más fuerte que la resistencia a la estrategia de la empresa. La motivación del Estado es, en promedio, menos efectiva que la de la empresa. Pero los hombres no son sólo un recurso como depositarios de una fuerza, de una energía, sino también como depositarios de información, misma que necesita de un código para ser almacenada y transmitida: el lenguaje.

40 François PERROUX. Unités actives et mathématiques nouvelles, Dunod, Paris, 1975, p.11.

CAPITULO II

LENGUA Y PODER

I.- LAS FUNCIONES DEL LENGUAJE

La lengua es, sin duda, uno de los medios de identidad más potentes de los que dispone una población. Por eso la lengua ocupa un lugar tan importante en la cultura y es considerado un recurso que puede originar múltiples conflictos. Es conveniente insertarla en el contexto de las relaciones de poder para comprender plenamente su significado. Nuestra intención no será, de ninguna manera, de carácter lingüístico incluso si, por razones evidentes, debemos de recurrir a los aportes de esta disciplina. Es habitual encontrar en la pluma de muchos autores que la lengua es un instrumento, pero “es ampliamente metafórico definirla de esta manera. Primero…, porque tiene muchos más usos de los que normalmente tiene un instrumento.” 1 Desde el momento en que se habla de un instrumento, se puede hablar también de función. 2 Las funciones del lenguaje son múltiples y diversas: de comunicación, de organización de la realidad y de transmisión. Como instrumento, admitiremos ese término, incluso si no es completamente satisfactorio, la lengua pertenece a la cultura (tomada aquí en su sentido antropológico) y puede definirse como: “el conjunto de cualquier información no hereditaria y los medios para su organización y conservación.” 3 En el sentido semiótico general, la cultura es una “lengua”. Una lengua natural pertenece a la cultura y es un instrumento que cumple funciones. Como tal, la lengua es un recurso y en consecuencia está en el centro de las relaciones, que están ipso facto marcadas por el poder. Si la lengua es un recurso, igual que cualquier otro, hay que analizarla en esta perspectiva. Sin embargo, es indispensable precisar mejor la noción de función, de tal manera que sea posible dar cuenta del lugar que ocupa el lenguaje en la reproducción social como sistema sémico. Henri Gobard hace un análisis tetraglósico, mismo que utilizaremos. 4 Ha podido “distinguir para un área cultural dada, cuatro tipos de lenguaje, cualquiera que sea la lengua utilizada”:

1. Un lenguaje vernáculo, local, hablado espontáneamente, más adecuado para comunicar que

para compartir…,

2. Un lenguaje vehicular, nacional y regional, aprendido por necesidad y destinado a las

comunicaciones a la escala de las ciudades.

3. Un lenguaje referencial, vinculado a las tradiciones culturales, orales o escritas, que asegura la

continuidad de los valores debido a una referencia sistemática con las obras del pasado.

4. Un lenguaje mítico, que funciona como último recurso, magia verbal mediante la que se

comprende lo incomprensible, como prueba irrefutable de lo sagrado… 5

Es evidente que una misma lengua puede poseer las cuatro funciones: L (f1; f2; f3; f4), pero también lo es que cuatro lenguas diferentes pueden ser portadoras cada una de estas funciones. A propósito, Gobard cita el ejemplo del bretón del siglo XVIII, que “podía hablar bretón (vernáculo), comunicarse en francés (vehicular), hacer sus estudios en latín (referencial), y tomar

1 Frédéric FRANÇOIS, Le langage et ses fonctions: Le Langage Encyclopédie de la Pléiade, Paris 1968, p.8.

2 Ver para este tema las convincentes páginas de Luis J. PRIETO, Messages et signaux, P.U.F., Paris 1972, p. 5-10.

3 J.M. LOTMAN, B.A. USPENSKIJ, Tipología della cultura, StudiBompiani, Milano 1975, p.28.

4 Henri GOBARD, L’aliénation linguistique, analyse tétraglossique, Paris, 1966.

5 Ibid., p.34.

el griego como lenguaje mítico. 6 De manera contraria, para el estadounidense del siglo XX, el inglés americano asume las cuatro funciones. ¿Eso quiere decir que ciertas lenguas son superiores a otras? George Steiner no duda en escribir: “No tenemos ningún estándar (o sólo el más conjetural) para afirmar que cualquier lengua humana es superior intrínsecamente a alguna otra, o que perdura porque coincide de forma más eficiente con las demandas de sensatez y de existencia física.7 De esta forma, en la medida en la que no hay fundamento teórico para afirmar la superioridad de una lengua sobre otras, uno se puede preguntar acerca de la expresión “la lengua es un recurso”. Pero por otro lado, también hay que reconocer que ciertas lenguas, como el inglés por ejemplo, abarcan espacios enormes y tienen un uso común, mientras que otras retroceden y tienen un uso más restringido y limitado a áreas relativamente pequeñas, como el italiano. No se trata, independientemente de cualquier consideración, de un problema lingüístico sino de un problema de poder, de relaciones de poder y de estructura de poder. La lengua asegura la mediación, en tanto que sistema sémico, entre los modos de producción y el consumo. El grupo dominante que impone su modo de producción impone también su idioma, ya que la lengua también es trabajo, e incluso trabajo humano puro. Las palabras y los mensajes no existen

en la naturaleza, ya que ambos son productos humanos: por eso se puede hablar de un trabajo

humano lingüístico. 8 Se trata de un trabajo que puede situarse en el mismo plano que el utilizado para la fabricación de objetos físicos. El lenguaje es trabajo humano y las lenguas son su objetivación necesaria. 9

II.- LA LENGUA COMO RECURSO.

La lengua constituye el capital constante de cualquier trabajo lingüístico posterior, es decir, de

cualquier expresión y de cualquier comunicación. 10 Pero ese capital constante permanece muerto si no se le agrega un capital variable formado por la fuerza de trabajo lingüístico realizado por

los hombres que hablan y escuchan esta lengua. 11 De este análisis podemos concluir, como lo hace Rossi-Landi, una ecuación que no es sino la célebre fórmula de Marx: c + v = C, en la cual

“c” es el capital constante, “v” el capital variable y C el capital lingüístico complejo. La lengua

es entonces producto y actividad a la vez: c + v dan cuenta de la actividad y C da cuenta del

producto. Es a través de ese capital complejo que se realiza la comunicación, definida como: “la producción y circulación de mensajes en el campo de una comunidad lingüística” 12 Se percibe que si el capital constante no es objeto de un trabajo aportado por los hombres, la lengua se vuelve una lengua muerta, porque no hay más producción ni circulación de mensajes. Recordemos que la actividad lingüística, al igual que cualquier otra actividad, no tiene lugar fuera del espacio ni del tiempo. Se trata sobre todo, de espacios producidos, de territorios, de

lugares en los que tienen lugar las relaciones y de los tiempos sociales, es decir, las duraciones y

los ritmos propios a éstas.

A las funciones mencionadas más arriba corresponden lugares y duraciones específicos.

Consideremos sólo la situación de la lengua en sus modalidades vernácula y vehicular. El espacio y el tiempo de los que podemos hablar y que le conciernen están definidos por el área y

6 Ibid. p. 38.

7 George STEINER, After Babel, Oxford University Press, New Cork and London 1975, p.54 “We have no standard or only the most conjectural) by which to assert that any human language is intrinsically superior to any other, that it survives because it meshes more efficiently than any other with the demands of sensibility and physical existence” en el original (NdT).

8 F. ROSSI-LANDI, Il linguaggio come lavoro e come mercato, Bompiani, 2ª Ed., Milano 1973, p. 62.

9 Ibid. p. 66.

10 Ibid. p. 80.

11 Ibid. p. 81.

12 Ibid., p. 81-82.

la duración relacionales. El o los lenguajes son un medio para mediatizar las relaciones políticas, económicas, sociales y/o culturales en un lugar determinado y por una duración específica. En otras palabras, cualquier mediación lingüística supone la existencia de una relación extra- lingüística en la cual circula el poder consustancial a cualquier relación. El lenguaje, como sistema sémico, no es el lugar del poder, pero lo manifiesta. Esto nos permite llegar a una primera conclusión: no hay conflictos lingüísticos en el sentido habitual del término, sino conflictos más profundos que nacen de la reproducción social pero que se expresan eventualmente bajo una forma lingüística, lo cual no impide que la lengua siga teniendo su carácter necesario y su rol en las relaciones. Considerando las dos primeras funciones del lenguaje, se puede construir la oposición comunión versus comunicación, que se puede equiparar a la de valor de uso versus valor de cambio. Sería erróneo pensar que en la práctica hay exclusión de uno en beneficio del otro; no se trata, en efecto, de una oposición de tipo binario presencia/ausencia, sino de una oposición de tipo probabilístico. Según los lugares y los momentos, las probabilidades de una y otra son más o menos fuertes: se trata siempre de una repartición diferencial (Figura 20).

Figura 20

de una repartición diferencial (Figura 20). Figura 20 La lengua ofrece simultáneamente la comunicación y la

La lengua ofrece simultáneamente la comunicación y la comunión. En 1, la comunicación será maximizada en relación a la comunión, mientras que en 2será a la inversa. Para comprender esta repartición, es necesario que intervenga otra pareja de oposiciones: interioridad/comunidad versus exterioridad/sociedad. La comunidad situada en la interioridad, puede o no tener relaciones con la sociedad situada en la exterioridad (Figura 21).

Figura 21

Figura 21 Si se observan las cosas desde un punto de vista macro histórico, se puede

Si se observan las cosas desde un punto de vista macro histórico, se puede admitir que en Europa occidental se ha pasado progresivamente de una etapa a otra, desde la alta Edad Media hasta el periodo contemporáneo. Hasta el siglo X, a juzgar por la información disponible, las relaciones campo-ciudad eran mediocres. Estas empezarán a intensificarse hasta los siglos XII y XIII, con lo que se puede llamar el renacimiento urbano. Desde entonces, las condiciones de una dominación urbana existen, incluso si hasta el siglo XV las relaciones políticas y económicas no son francamente asimétricas entre las ciudades y el campo. Enseguida se acentúa la asimetría, lo que implica un intercambio desigual. Desde el siglo XV, las ciudades se vuelven clara y francamente dominantes. La ciudad será el lugar de extracción de la plusvalía por el sistema del capital comercial expresado en la célebre fórmula de Marx: A M – A’. 13 Hoy conocemos bien el mecanismo de extracción de la plusvalía y las instituciones que lo permitían. En el campo eran tan conscientes de ello, que las rebeliones campesinas estallaron a intervalos más o menos regulares. Eso significa que el campo, de una existencia centrada en la interioridad, pasó a una más ligada a la exterioridad. De esta manera, de grado o por fuerza, el campo establece cada vez más relaciones con la ciudad. La ciudad conecta al campo a circuitos más amplios, relacionados con el fluido mundo del dinero, del capital. Al imponer el “lenguaje” del dinero, la ciudad impone también, y de manera simultánea, su lenguaje, el de una sociedad más amplia, más abierta, el de una sociedad diferente del lenguaje de la comunidad rural. A medida que las relaciones político- económicas con la ciudad crecen, el campo utiliza cada vez más el lenguaje de la ciudad. Al controlar las relaciones, la ciudad impone también su lenguaje, que se expresa en sus técnicas. Se puede decir, entonces, que la escisión de la lengua empieza por el campo, ya que el lenguaje de la ciudad ya no es el de la comunidad campesina, sino el de un lugar distinto. Para el campesino, el lenguaje de la ciudad es vehicular, el que se usa más allá de cierta distancia, más allá de cierto

13 Dinero contra mercancía y mercancía contra incremento de dinero por aumento de la plusvalía (D-M-D’)(“Argent contre marchandise et marchandise contre argent augmenté de la plus-value A-M-A’”)en el original (NdT).

radio. Es el lenguaje que no se usará todos los días, pero que se usará -o que se deberá comprender-, en los días en que el mercado se concentra en la ciudad. Esa escisión fue lenta, ya que, por ejemplo, el abad Gregorio hará un informe indicando las medidas a tomar para extirpar los dialectos e imponer el francés al conjunto del territorio nacional durante la Revolución francesa. Esta fisión lingüística ocurre primero por una contracción en el área y la duración de uso de la lengua local, que pierde su función vehicular en la interioridad, ya que hay que usar otro lenguaje, otra lengua, en las relaciones con el exterior. Eso significa que el capital constante ya no sirve en los intercambios entre interioridad y exterioridad; dicho de otra manera, no se le aplica la misma cantidad de trabajo, ya que se sustituye por otro lenguaje en ciertos lugares y por cierta duración. El modo local de hablar en el campo conserva su valor de uso, pero su valor de cambio disminuye. De manera inversa, es el lenguaje de la ciudad el que se convierte en vehicular y es sobre ese capital constante que se aplica la cantidad de trabajo sustraído. En otras palabras, a la plusvalía económica que genera la ciudad, se le agrega una plusvalía en trabajo lingüístico. Como se ha dicho, la relación lingüística está basada en otra relación. Se trata de una plusvalía en el sentido marxista del término, ya que remite a una cantidad de capital variable que es sustraída (∆ v). No se trata de una plusvalía directa, como la que se sustrae en la relación económica, sino de una plusvalía indirecta, de carácter sémico, que se manifiesta en el plano de la lengua, aquélla que se hace en las profundidades de la relación de producción. Así como la ciudad impone su modo de intercambio económico, también impone su modo de intercambio lingüístico, que constituye la superestructura de éste. Esta plusvalía lingüística, recuperada por la sociedad urbana, promueve la lengua de la ciudad en calidad de vehicular. La clase dominante se apropia y controla, con sus códigos, la producción, la circulación y la interpretación de los mensajes. 14 Al mismo tiempo que la ciudad controla la circulación de bienes, también controla la circulación de información. Ya sea que se tome el análisis en el plano político o económico, la estructura permanecerá igual. En esas condiciones, la comunidad situada al interior conoce una doble alienación: en el plano económico y en el plano lingüístico. Alienación que convierte al campo en dependiente económica y lingüísticamente. Se dan entonces el retroceso y la desestructuración del capital constante de la comunidad, cuya función vehicular se merma, se disuelve hasta desaparecer. Pero el mal va más lejos, ya que en el momento en el que la función vehicular es captada por la lengua de la ciudad, es posible sustituir progresivamente los modelos sociales y culturales del campo por los de la ciudad. En cualquier relación, el espacio y el tiempo vernáculos se reducen inevitablemente como la piel de zapa. Como hemos dicho, una lógica implacable modifica la lengua dominada a través desu contexto espacio-temporal. Por eso la ecología de lo vernáculo, o convertida en tal, se modifica profundamente. De hecho, los mapas lingüísticos de nuestros atlas son, en gran medida, imaginarios. ¿Qué significa, si no, el área de la francofonía? Poca cosa hoy, ya que será necesario tener en cuenta los espacios sociales e internos de los territorios donde se supone que se habla francés y las duraciones de su uso, además de las relaciones en las que se utiliza. Todavía está por crearse una verdadera cartografía lingüística que combine espacio y tiempo. Diremos incluso que nuestros mapas lingüísticos son ideológicos, en el sentido de que son “mentiras conscientes”. Aunque parezca lo contrario, no hay ningún juicio peyorativo en esta afirmación, ya que se trata de la consecuencia deducida de los análisis anteriores. Frente al inglés, “lengua de la ciudad”, muchas grandes lenguas nacionales juegan el papel de “lengua del campo”. Hay razón para sentirse atrapado por un complejo obsidional 15 emergente, tal y como se aprecia en el libro de Gobard y en muchos otros. Conforme señala, si nuestra interpretación es correcta, el inglés no está cuestionado como lengua, sino como la expresión de

14 Cf. ROSSI-LANDI, Ideología, op. cit., p. 56.

15 Perteneciente o relativo al asedio militar de un lugar (NdT).

relaciones asimétricas, es decir, de una desigualdad cuyo origen está en lo económico y lo político, pero también en lo social y lo cultural. El inglés para un anglófono puede satisfacer las cuatro funciones: la unidad deviene una formidable ventaja en el plano del potencial de penetración en las colectividades. Sería un drama que Einar Hangen pudiera tener razón cuando escribe: "Cuando llegue el momento rebasaremos las fronteras de la nación para alcanzar un gobierno mundial y con él encontraremos una lengua mundial.” 16 Cualquier pérdida de diversidad es una pérdida de futuro para las colectividades más o menos grandes. Cualquier pérdida de futuro nos acerca a la entropía, pero ¿ya empezó la entropía? Dos ejemplos pueden mostrar su progreso. Tomaremos los casos de la Suiza germánica y de Quebec. La Suiza germánica es un caso interesante por su complejidad. Es un caso de esquizoglosia, ya que la lengua vernácula está formada por dialectos (hay tantos dialectos como cantones germánicos). 17 Dichos dialectos son las lenguas de la vida cotidiana; se usan cotidianamente en

el seno de la familia, en la calle, en los lugares de trabajo, etc. El suizo-alemán (hay un abuso del

término, en lugar de usar el singular, pero es una generalización tolerable) es la lengua para la conversación, aunque exista una literatura viva abundante. El alemán, por el contrario, juega el

papel vehicular para la escritura en el espacio germánico y es también una referencia indiscutible para la cultura. Uno puede sorprenderse a veces en el extranjero, de la persistencia de dialectos germánicos, pero esto manifiesta la cohesión de la colectividad suizo-germánica. Es innegable que se trata de un medio poderoso de identidad étnica. Debemos, sin embargo, señalar que la esquizoglosia disimula, esconde una esquizocorología y una esquizocronía, ya que los dialectos

y el alemán se reparten los espacios y los tiempos de uso. Hay entonces dos tipos de capital

constante para un solo capital variable ((c + c’) + v). Eso quiere decir que ciertas relaciones no se

dan jamás en dialecto, como otras no se dan jamás en alemán. Eso podría representar un empobrecimiento en ambos casos, pero de hecho este empobrecimiento no concierne más que al dialecto, ya que el alemán es objeto de un potente trabajo por parte del vecino septentrional. Es imposible hacer previsiones en ese terreno, pero uno se puede preguntar si, a largo plazo, los efectos de esta esquizoglosia no corren el riesgo de ser negativos. 18 El problema de la Suiza germánica se complica todavía más por el hecho de que en esta región, donde se ubican Zúrich y Basilea, los centros de decisión económica, se usa una tercera lengua para las relaciones de negocios, que es el inglés. País exportador por excelencia, Suiza mantiene relaciones económicas con el mundo entero y, evidentemente, lo hace en inglés. Oficiosamente, si no es que de modo oficial, la lengua de las multinacionales suizas y las grandes empresas es el inglés. Hay incluso un desdoblamiento de la lengua vehicular: uno con un radio débil de influencia, el alemán, y el otro con un fuerte radio de influencia, el inglés. El espacio relacional germánico se encuentra cada vez más bloqueado por el inglés, que no es sólo la lengua vehicular privilegiada por las empresas, sino también por las altas escuelas y las universidades. Eso no significa que el inglés sea hablado en las empresas (aunque se puedan encontrar ejemplos) y/o en las universidades (ahí también existen ejemplos), sino que se usa cada vez más para la expresión escrita. Los científicos redactan cada vez más en inglés; algunos no lo hacen más que en este idioma. El inglés es pues

una plusvalía en la mayoría de las grandes relaciones económicas, políticas, sociales y culturales. Los espacios concretos y abstractos asediados por el inglés aumentan, al igual que la duración de su uso. Evidentemente, a través de esas relaciones se difunden los modelos político-económicos

y socio-culturales estadounidenses, sobre todo en inglés. Se trata de un movimiento que empezó

por la “cúspide” y que, por el momento, no impacta más que a lo que se ha convenido en llamar

16 Einar HANGEN, The Ecology of Language, Stanford, University Press. Stanford California 1972, p.264 “When the day is ripe, we will move beyond the nation, into world government, and with it we will find our way to a world language” en el original (NdT).

17 Esquizoglosia: multiplicación de lenguas en una comunidad que recurre a varios idiomas para comunicarse, según los lugares y los momentos (NdT).

18 Cf. sobre este tema ver Einar HANGEN, op. cit.

las élites. Lo cual no es menos peligroso, ya que en esas condiciones, el inglés se impone como lengua y estatus elevado. Así, progresivamente se realiza una alienación, o una auto-alienación tan efectiva que es difusa e incontrolable. Como lo dice Gobard “el lema de los monolingües comienza a aparecer claramente: ‘¡Una Universidad!’ (de anglo estadounidenses), ‘¡Una lengua! (la anglo-estadounidense)’, ‘¡Un jefe!’ (el anglo-estadounidense)”. 19 Esta auto-alienación revela perfectamente la finalidad productivista de una sociedad: es el crecimiento sin futuro. Crecimiento monstruoso cuya única referencia es la uniformidad en la cual se disuelven todas las diferencias. Es el triunfo de la comunicación sobre la comunión, que será pronto un problema para-lingüístico y que ya lo es para muchos. Lo vernáculo no subsistirá más que si se le reconoce, ahora y en el futuro, una función en la reconstitución de la fuerza de trabajo (¡psicológica!). ¿Se encuentra Quebec en una situación mejor?: Para empezar, el francés quebequense es una lengua vernácula igual que el francés de Francia devino vernáculo. Lo quieran o no los quebequenses, el inglés tiene una plusvalía sobre el francés a través de las relaciones económicas, políticas, sociales y culturales. Esta plusvalía es permanente, dado el desprendimiento de capital variable, es decir, del tiempo de trabajo lingüístico que se ejerce de manera constante sobre el inglés y no sobre el francés. Ciertamente, los quebequenses reaccionaron vigorosamente con la famosa Ley 101, iniciando un proceso de “afrancesamiento”. Pero como dijimos, el problema no es lingüístico. La prueba, en el caso de Quebec,está dada por las numerosas empresas que decidieron (con pretextos, evidentemente) desplazarse de Montreal a Toronto, declarando que no les era posible pasar de una lengua a la otra. De hecho, esas empresas comprendieron bien que el propósito quebequense no era solamente recuperar el uso del francés, sino recuperar simultáneamente la autonomía política, económica, social y cultural en la medida de lo posible. Desde entonces, su desplazamiento no puede interpretarse en términos lingüísticos sino en términos económicos y, simétricamente, la Ley 101 no es una ley sobre la lengua, sino una ley que anuncia un proyecto de sociedad, el de una sociedad descolonizada. Conservar la lengua, que forma parte de la reproducción social como sistema sémico, es marcar una voluntad de “reprogramarse” en nuevos términos frente a la clase dominante. Si el uso del francés o el del inglés no fuera sino el uso de un instrumento puro, como se trata de hacer creer generalmente, entonces la Ley 101 sería ridícula. Pero en realidad no es así, ya que mediante este complejo instrumento que es la lengua, uno se identifica, se organiza la realidad, se da una forma a la autonomía hacia la cual se tiende. Por eso la Ley 101 no es ridícula: es incluso fundamental en la medida en que proporciona una base a la voluntad de independencia que puede poseer y controlar sus medios de expresión. Los sistemas sémicos aseguran en la reproducción social la comunicación entre la infra-estructura y la super-estructura. Es evidente, en consecuencia, que la Ley 101 no tendrá plena significación a menos que Quebec logre controlar una parte importante, si no es que la totalidad del espacio económico. ¡Es suficiente decir que el problema lingüístico tiene una doble cara!

III.- LA LENGUA Y LAS RELACIONES DE PODER

La totalidad de los mensajes que se intercambian en una lengua dada constituye una comunidad lingüística. 20 Una comunidad lingüística puede entenderse como “un inmenso mercado en el cual la palabra, las expresiones y los mensajes circulan como mercancías.” 21 Inmediatamente se plantean los problemas relativos a la circulación de esas “mercancías” lingüísticas. Como los

19 GOBARD., op.cit. p. 242.

20 ROSSI-LANDI, op.cit., p.83.

21 Ibid., p.83 “immenso mercato, nel quale parole, espressioni e messagi circolano come merci”, en el original (NdT).

otros productos, esas palabras, expresiones y mensajes tienen no solamente un valor de uso, sino también un valor de cambio. En el mercado lingüístico, cada palabra, expresión o mensaje se presenta como valor de uso y valor de cambio. Valor de uso en el sentido de que es necesario que satisfaga una necesidad de comunicación. Valor de cambio en el sentido de que la palabra entra en relación con otras palabras en la lengua. 22 El problema del valor nos lleva al problema del intercambio, de la comunicación, en una palabra, de la relación. La relación de comunicación, como cualquier otra relación, puede ser perfectamente asimétrica: “Cuando el pobre sepa dominar las palabras… se romperá la tiranía del farmacéutico, del orador y del agricultor.” 23 Este señalamiento de don Milani no es para tomarse al pie de la letra, ya que posee un idealismo ingenuo. Sin embargo, expresa bien -en las relaciones interindividuales-, una parte importante de las relaciones de fuerza establecidas por el lenguaje que, no siendo el lugar en el que se dan éstas, si es su causa. El lenguaje es un instrumento de poder, al igual que cualquier otro, no porque pueda ser el objeto de una apropiación privada, sino porque puede ser manipulado con eficacia. ¿Pero qué significado puede tener esta eficiencia? La lengua es un modo de actuar, es un modo de acción sobre el Otro. 24 Cada lengua es un instrumento de acción social y en ese sentido ocupa un lugar particular en el campo del poder. Es posible, por tanto, una opresión lingüística, una opresión por medio de la lengua. Opresión que aparece cada vez que a un grupo se le impone una lengua diferente a su lengua materna. 25 En ese caso pueden considerarse dos modelos de opresión: uno interesado en la interioridad de una unidad nacional y el otro interesado en la exterioridad. El primero, muy conocido, es el que resalta el desmoronamiento de las situaciones dialectales o del habla regional en provecho de una lengua cuya característica “es la tendencia a estar fijo, normalizado, ‘estandarizado’, ‘consolidado’, a ser propuesto como modelo supra-local por la elección de formas escogidas en el campo de las variaciones dialectales del área lingüística.” 26 En otras palabras y para retomar la terminología de Rossi-Landi, existe una elaboración de capital constante estándar que termina por sustituir a los capitales que progresivamente se apagan. Al respecto, la revolución francesa de 1789 fue una formidable máquina para desmoronar los capitales constantes de diferentes regiones en provecho de un solo capital constante llamado “francés”. Podemos recordar, a propósito, la investigación realizada por el abad Gregorio, cura de Ember-Mesnilen agosto de 1790 y que culminó en su informe de Prairial año II: acerca de la necesidad y los medios de aniquilar los dialectos y universalizar el uso del francés. 27 Son los códigos de la homogeneización y de la jerarquización los que salen adelante. La estrategia era realizar un área donde predominara un único capital constante. Sólo podemos constatar los hechos, no tendría sentido emitir un juicio que necesariamente sería un juicio de valor. Sin embargo, se puede buscar una representación de lo que significaría la existencia de un área dada con dialectos diferentes sin necesidad de un medio común. (Figura 22)

22 Ibid., p. 91.

23 Lingua e Politica, A cura di R. Corsetti, Officina edizioni Roma 1976, p.11. Es una cita de don Lorenzo Milani. “Quando il povero saprà dominare la parole… la tirannia del farmacista del comiziante e del fattore sarà spezzata” en el original (NdT).

24 Gaetano BERRUTO, Monica BERRETTA, Lezioni di sociolingüística e lingüística applicata, Liguori Editori, Napoli 1977, p.93.

25 Lingua e politica, op.cit. p.8.

26 Roland BRETON. Géographie des langues, P.U.F., Paris 1976, p.6.

27 Michel de CERTEAU, La culture au pluriel, U.G.E., Paris 1974, p.61.

Figura 22

Figura 22 Sería como si el área estuviera compartimentada en tres secciones y de ello resultaría

Sería como si el área estuviera compartimentada en tres secciones y de ello resultaría que, si se hace la suma de las relaciones, se tendrían nueve contra 36, si se tuviera un capital constante único. El volumen de las relaciones no es un fin en sí mismo, o cuando menos no es el único fin de la comunicación, pero es preciso tenerlo en cuenta. Esta situación es menos teórica de lo que se podría pensar: sin el italiano, un sardo y un siciliano no podrían tener ninguna comunicación, a menos que el sardo aprendiera el siciliano, o viceversa. Se tiene entonces la siguiente situación:

hay una relación binaria reflexiva para un sardo y un siciliano al interior de sus respectivas comunidades y el uso de un capital constante-relevo para comunicarse entre ellos (Figura 23).

Figura 23

para comunicarse entre ellos (Figura 23). Figura 23 Hay una ampliación del área de acción gracias

Hay una ampliación del área de acción gracias al idioma común y hay una multiplicación de las relaciones posibles, aunque el problema presenta otro aspecto. La integración de las diferentes áreas dialectales mediante la promoción de una lengua única hace que se incrementen las posibilidades de control y de gestión de una organización central sobre las colectividades periféricas. A partir de ahí, es posible contemplar la creación de emisores centrales de información y controlar la información que circula. Saber todo, ver todo, he ahí el objetivo de cualquier organización, y la lengua única puede ayudar a conseguirlo. En todo caso, es una de las

condiciones para lograrlo. Además, si la distribución y la recolección de la información están centralizadas, se economizan los medios y la energía, aunque al mismo tiempo hay marginación

o eliminación de la información que no transita por los canales autorizados. El poder de la

organización crece en la medida en que hay una disminución de los modelos culturales disponibles, pero al mismo tiempo decrece el poder de las colectividades cuyos modelos desaparecen. Existe una relación de tensión constante entre la organización central que emite mensajes “oficiales” y las organizaciones periféricas que tratan de emitir mensajes específicos. Esta relación es asimétrica, ya que el modelo oficial busca desestructurar los modelos particulares que constituyen, desde la óptica de la organización central, una contra-cultura que se opone a la homogeneización de la ideología. Se instituye una jerarquía entre la organización central y las organizaciones periféricas: el campo del poder restringe progresivamente el espacio

de las organizaciones periféricas. Retomar el poder, es recuperar el espacio perdido, de ahí los movimientos regionalistas que tratan mediante esfuerzos, a veces desesperados, de recuperar el control y el uso de su lengua: “Es característico, en relación a esto, que dichos movimientos de minorías nazcan en las regiones que fueron explotadas por sociedades mayoritarias; por ejemplo,

el sur de Italia, Quebec y Occitania proveyeron a la Italia del norte, la Francia central o del norte,

al Quebec anglosajón, de hombres y riquezas que permitieron la instalación de poderes centrales.” 28 Con el descubrimiento de sus lenguas, esos movimientos se presentan primero de manera negativa, en el sentido de que no pueden plantearse sino oponiéndose. La reinserción en un circuito social de una lengua como instrumento, en el sentido pleno del término, no puede realizarse sin una autonomía en otros aspectos. La lengua no puede volver a “funcionar” sin que la periferia o las periferias recobren un significado frente al centro; de lo contrario “la reivindicación cultural aparece como un residuo y una compensación.” 29 El control del instrumento lingüístico no tiene significado sin el control de otros instrumentos. ¿Cómo logra el “centro” imponer “su lengua”? Al interior de una unidad territorial, puede disponer de la fuerza política y de los recursos económicos y/o representar a la mayoría de la población. Para acceder a esta fuerza y a sus recursos, una de las primeras condiciones es asimilar la lengua de aquellos que detentan los recursos. La alternativa no es, naturalmente, tan simple en todos los casos, aunque ciertos ejemplos respaldan esta tesis, simplista solamente en apariencia. ¿No es el caso de Quebec, donde los francófonos ganan menos en promedio en relación a los anglófonos por desempeñar funciones similares, o que no puedan acceder a tal o cual estatus profesional? Las mayorías lingüísticas o las minorías que hablan la “lengua oficial” se adueñan de las administraciones públicas o privadas controlando los puestos clave. Esta apropiación puede provocar conflictos que, a pesar de las apariencias, no son verdaderos conflictos lingüísticos, sino pura y simplemente conflictos políticos de color y con pretextos lingüísticos. El conflicto entre valones y flamencos no es un conflicto lingüístico, sino de intereses. Los verdaderos conflictos lingüísticos son extremos. Son aquellos en los que un grupo busca privar a otro del uso de su lengua. Son aquellos en los que se intenta sustituir una identidad lingüística por otra y en consecuencia, sustituir una cultura por otra. Es lo que se ha hecho con los dialectos o las lenguas llamadas “secundarias” en muchos países. En relación a eso, se podría retomar una idea intuitiva, pero no carente de interés, de Pierre Schaeffer, que consiste en

establecer la relación entre el poder y la comunicación: P.C. = constante. 30 Lo que significa que a

la ausencia de comunicación corresponde un poder infinito y viceversa. Es lo que Schaeffer dice

mediante un gráfico, cuyo interés reside sobre todo en la visualización de la idea. (Figura 24)

28 Michel de CERTEAU, op.cit. p.180.

29 Ibid., p.170.

30 Pierre SCHAEFFER, op.cit. p.256-257.

Figura 24

Figura 24 Se trata sólo de una visualización, ya que es imposible cuantificar seriamente esta relación.

Se trata sólo de una visualización, ya que es imposible cuantificar seriamente esta relación. Sin embargo, si se retoma el problema de las entidades territoriales caracterizadas por diversos capitales constantes lingüísticos, se descubre que, en ausencia de una centralización y de una jerarquización, la comunicación es mucho más diversificada y cuantitativamente más abundante. Es cualitativamente más rica ya que procede de modelos de análisis diferentes. En esas condiciones, el poder del centro no puede manifestarse y, como consecuencia, el poder de dicho centro sobre los otros es débil. Por el contrario, cuando la comunicación está condicionada por un solo capital constante ésta puede ser muy abundante cuantitativamente, pero muy mediocre cualitativamente. Es en este sentido que la constante de Schaeffer nos parece interesante. ¿No es el viejo problema de la Torre de Babel? Desde esta perspectiva, la “confusión” es fuente de riqueza pero también es un obstáculo para el poder centralizado. La transparencia de la unidad es una fuente de uniformidad pero también es favorable al poder centralizado. El problema no se plantea sólo al interior de un Estado, sino también en la relación dialéctica interioridad-exterioridad. Se trata, pues, de un problema generado por el fenómeno colonial que se tradujo en el plano estrictamente lingüístico en la extensión de las áreas lingüísticas indo- europeas: el portugués, el español, el inglés, el francés y el ruso, por citar sólo los ejemplos más significativos, se expandieron y se impusieron en áreas más o menos vastas, reduciendo las lenguas autóctonas a un rango inferior y limitando su uso a espacios concretos y abstractos cada vez más pequeños. Es el fenómeno de la lengua dominante impuesta por un grupo dominante. En los ejemplos citados, es el grupo de los colonizadores el que impuso progresivamente el uso de su lengua y con frecuencia también, si no es que siempre, su cultura. En ese caso, se crea un “centro” nuevo, con el cual la comunicación no puede realizarse sino utilizando una lengua específica. Se pueden imaginar los siguientes esquemas, que representan dos situaciones: una antes y la otra después de la introducción de una lengua dominante. El centro y la periferia no utilizan en sus relaciones reflexivas la misma lengua. Se notará que ese centro representa, durante el periodo colonial, al sistema institucionalizado de la potencia dominante. En otras palabras, no todo pasapor la lengua importada, pero lo esencial de las órdenes y de las exhortaciones sí se transmite a través de ella. Más sorprendente es la conservación de la lengua de los conquistadores después de la independencia, al menos en

algunos casos. El ejemplo del francés en África es muy ilustrativo: “Francofonía. La idea fue lanzada en 1964 por algunos jefes de Estado africanos (L. Senghor, H. Bourguiba). 31 De hecho, los países que se reivindican como francófonos tienen pocas cosas en común fuera de “la lengua de sus élites”. 32 La francofonía podría ser una especie de impostura, ya que no hay nada en común entre los quebequenses que defienden su lengua y el africano que sufre el francés: “En un caso lucha de liberación lingüística, en el otro, prolongación de una opresión lingüística.” 33 Según Calvet, el porcentaje de africanos del oeste que hablan francés es de entre el 5% y el 10%, lo que ubica al francés lejanamente detrás de las lenguas locales. 34 De hecho, la francofonía se refugia en los discursos oficiales y en la elaboración de leyes y decretos. El espacio de la francofonía es un espacio abstracto, en el sentido de que los flujos de comunicación codificados y decodificados en francés no interesan en la vida cotidiana inmediata, pero interesan a ciertas esferas de la vida pública. Esto se explica también por el hecho de que el francés domina sobre todo en el espacio escrito. No está ausente, por supuesto, de la oralidad, aunque ésta se desarrolla igualmente en las lenguas locales a nivel de los medios masivos de comunicación, especialmente en la radio. Que sea en la perspectiva de la interioridad o en la de la exterioridad, no hay diferencia fundamental a nivel de los mecanismos, y es lo que trataremos de demostrar. En todos los casos, la lengua es un instrumento de poder y el poder puede actualizarse en la lengua, ya que comunidades enteras pueden ser tributarias de una lengua dominante para poder acceder al campo cultural moderno. Es decir, una lengua A puede imponerse en ciertas relaciones entre B y C ó C y D. Para facilitar el análisis de ese problema, consideremos tres comunidades representadas por el “gráfico discreto” o “gráfico sin arco” (Figura 25).

Figura 25

discreto” o “gráfico sin arco” (Figura 25). Figura 25 Admitamos que esas tres comunidades están en

Admitamos que esas tres comunidades están en un mismo territorio y que dependen de una misma autoridad política. De ello se desprende que dichas colectividades deben mantener una serie de relaciones entre ellas, es decir, que se deben comunicar. Si para ello utilizan lenguas

31 Louis-Jean CALVET, Linguistique et colonialisme, petit traité de glottophagie, Payot, Paris 1974, p.216.

32 Ibid., p. 217.

33 Ibid., p. 218.

34 Ibid., p. 220.

diferentes, para a, b y c, a’, b’ y c’, tendremos un “gráfico unidad” a nivel de comunicación para cada una de ellas (Figura 26).

Figura 26

comunicación para cada una de ellas (Figura 26). Figura 26 Ese último gráfico representa lo que

Ese último gráfico representa lo que podría llamarse la comunicación intra-comunitaria y no la comunicación inter-comunitaria que se necesita para el funcionamiento de todo el sistema. La comunicación total no puede expresarse más que en un gráfico completo. (Figura 27)

Figura 27

más que en un gráfico completo. (Figura 27) Figura 27 Para que este gráfico surta efecto

Para que este gráfico surta efecto por completo, hay que cumplir ciertas condiciones que implican igual número de alternativas. La primera opción es el trilingüismo, es decir, a utiliza a’ en sus relaciones con b y c, pero es capaz de decodificar los mensajes de b y c codificados en b’ y c’, suponiendo que lo mismo sucede para los casos de b y c, en sus relaciones con a.

Evidentemente se trata de un caso ideal, que supone el uso de una infraestructura educativa para que a aprenda b’ y c’; que b aprendaa’ y c’, y que caprenda a’ y b’. Es una solución “ideal”, en la medida en que permite una comunicación completa sin violentar a ninguna de las comunidades lingüísticas, pero es una solución costosa y prácticamente irrealizable en los hechos. Hay una gran distancia entre la realidad y las ideas. Es el caso de Suiza, donde para las relaciones entre comunidades lingüísticas a nivel oficial, en Berna por ejemplo, cada quien debería comprender el alemán, el francés y el italiano, al mismo tiempo que cada quien se expresa en su lengua materna. Eso no sucede más que con un pequeño número de personas, es decir, una élite que ha adquirido el manejo de las tres lenguas. En realidad, es necesario crear una estructura de conmutación para pasar de una lengua a otra y asegurar la transmisión de mensajes. Se puede imaginar otro modelo más realista, que consiste en privilegiar, ya sea a’ o b’ o c’ para las necesidades de la comunicación inter-comunitaria. De nuevo aparece todo tipo de problemas:

¿habría que decidir con un criterio cuantitativo, es decir, privilegiar la lengua hablada por la mayoría, o usar un criterio cualitativo, es decir, dar preferencia a la lengua considerada como la mejor adaptada a cierto estado de comunicación? Se trata de una relación de poder entre los representados y el o los representantes, es decir, la organización central. Si formulamos la hipótesis que no hay ningún conflicto entre las colectividades, por un lado, y entre éstas y el poder central, por el otro, podemos admitir que el problema consiste en reducir el gasto de energía para comunicarse y, en consecuencia, de maximizar la información. Desde ahí se puede admitir que se privilegie una sola lengua, a’, b’ o c’, para las relaciones con la organización central y las relaciones inter-comunitarias, de manera que se eviten los procesos de doble codificación y decodificación necesarios para la traducción. Si es evidente que esta estrategia es deseable desde el punto de vista del poder central, que de este modo ratifica en los hechos y en la forma una jerarquización, sepone a las otras lenguas en una posición secundaria, ya que no podrán utilizarse más que en los intercambios intra- comunitarios, lo cual naturalmente tendrá efectos a largo plazo en el terreno social, cultural, político y económico. La lengua escogida verá crecer su espacio, mientras que el de las otras lenguas tenderá a reducirse. Es decir, poco a poco nos encaminamos a una situación de monolingüismo de hecho, si no de manera formal. En otras palabras, la comunidad favorecida por la elección de su propia lengua está destinada a asumir una posición de predominio en relación a las otras, cuando menos durante un periodo suficientemente largo. La ventaja en cantidad de información se paga con la marginalización de las otras lenguas, y las otras comunidades pueden desatar una resistencia que se traduzca en situaciones conflictivas. El sistema de las lenguas oficiales aumenta, sin duda alguna, el gasto en energía, pero ésta tiene el mérito de preservar la identidad lingüística de las otras comunidades y de evitar muchos conflictos. Por otro lado, esta estrategia integra el código del pluralismo, garante de la autonomía de las diferentes colectividades. En todo caso, vemos que son posibles dos modelos de relación. Uno que tiende a empobrecer el sistema en diversidad y que está representado por diferentes lenguas, pero que enriquece en información, y el otro que conserva la diversidad pero que consume más energía y recursos. En el primer modelo, el poder se traduce en una integración más grande y en amplias posibilidades de difusión de elementos culturales específicos. En el segundo modelo hay un equilibrio entre las comunidades, menos integración y menos difusión de elementos únicos. En el segundo modelo es posible la confrontación, contrariamente al primero, que impone sus propias normas. En el primer caso, se puede hablar de una relación asimétrica, mientras que en el segundo, se puede hablar de una relación simétrica. Es entonces un problema filosófico, ya que hay que saber cuál de los dos es mejor, en la hipótesis de que los recursos están disponibles para permitir aquel que es aparentemente el más costoso. Cualquier poder con un componente informacional buscará evidentemente hacer que triunfe la idea de una sola lengua de comunicación, ya que eso simplifica sus relaciones. Si se quiere saber, una sola lengua es mejor. Se pueden encontrar con facilidad ejemplos a partir de los medios masivos de

comunicación: radio o televisión. Hay que multiplicar a los emisores si se conservan varias lenguas, mientras que se requiere un solo emisor si no hay más que una lengua. Pero el problema concierne no sólo al Estado, sino también a las otras organizaciones. Por eso las empresas pueden imponer el uso de una sola lengua. Hay numerosos ejemplos de empresas no anglosajonas que definitivamente privilegiaron el inglés en sus relaciones. El imperialismo del inglés es un medio seguro de poder a muchos niveles. Las multinacionales han privilegiado desde hace mucho tiempo al inglés en sus relaciones con sus sucursales y entre ellas. Es una necesidad, pero también un medio de hacer pasar de esta manera todo un conjunto de informaciones que modelan y estructuran el espíritu y las colectividades. El imperialismo de la cultura anglosajona es en principio un imperialismo de la lengua inglesa, como en otro momento fue el caso del francés. Al respecto, haremos algunos señalamientos. Una lengua determina un modelo de representación del “universo”. 35 Es decir, privilegiar una lengua es imponer un modelo de representación único y por lo mismo, es homogeneizar el sistema de información. Hay que diferenciar bien entre información y comunicación. En otras palabras, hay que diferenciar entre contenido y proceso. Consideremos el contenido. Elaborar información homogénea, es decir, que obedezca a estructuraciones idénticas, significa tener un poder considerable, poder potencial primero, pero que puede ser actualizado enseguida. Los peligros de la manipulación se vuelven extremadamente grandes y el ideal es concebir modelos únicos con una fuerte capacidad de difusión y de penetración. En ello residen las inquietudes que se pueden tener frente a una sola lengua. Cualquier homogeneización en ese nivel permite la concentración y la centralización y en consecuencia, refuerza las posibilidades de control y de dominación. Cualquier pérdida de diversidad se traduce también en una pérdida de autonomía. Al respecto, y esa será nuestra conclusión, la lengua es ejemplar ya que provee un modelo de análisis para todas las demás propiedades cualitativas de la población. La resistencia a través de la lengua se encuentra planteada en los mismos términos en la religión y en la etnia o la raza. Cualquier intento por eliminar las diferencias tiene un fuerte contenido de poder opresor, que busca desplegarse mediante la construcción de un campo de acción en el espacio y en el tiempo. Cualquier poder que se instaura unifica, centraliza, concentra, homogeniza, desmorona, aplasta, para trabajar sólo con una masa isotrópica. El poder se nutre de la isotropía. La anisotropía opone resistencias. En cualquier política de integración y de unificación hay una voluntad por borrar las diferencias. ¿Por qué? Porque las resistencias se aferran a esas diferencias, que son también obstáculos para el despliegue de un poder total. El poder total y lasdiferencias son incompatibles. Sin embargo, las diferencias existen y suprimirlas no tiene ningún fundamento teórico, sino un fundamento meramente práctico. Es la “naturalización” del concepto de unidad.

35 Para este tema, ver Benjamín Lee WHORF, Linguistique et anthropologie, Gonthier, Paris, 1969.

CAPITULO III

RELIGION Y PODER

I.- LO SAGRADO Y LO PROFANO

Al igual que la lengua, la religión es un sistema sémico, cuya función es asegurar una mediación. No ahondaremos en la naturaleza y el contenido de esta mediación; sólo diremos que los hechos religiosos no escapan a la problemática relacional ni, en consecuencia, al poder. Sin embargo, la geografía de las religiones, al brindar puntos de observación dejó de lado, en general, las relaciones de poder, para concentrarse de manera excesiva en las expresiones espaciales del fenómeno religioso. 1 Sin duda, es posible encontrar en las diferentes geografías de las religiones preocupaciones relativas al poder, pero no son sino huellas que se deben rastrear por aquí y por allá. El fenómeno religioso no fue, al menos para los geógrafos, concebido en términos de relaciones de poder. En su esencia misma, el fenómeno religioso se caracteriza por las relaciones de poder. ¿Por qué? Porque “toda concepción religiosa del mundo implica la distinción entre lo sagrado y lo profano, opone al mundo en el que el fiel se dedica libremente a sus ocupaciones, y ejerce una actividad sin consecuencia para su salvación, otro ámbito en el que el temor y la esperanza le paralizan sucesivamente y en el que, como al borde del abismo, la menor distracción en el menor gesto puede perderlo irremisiblemente.” 2 Hay entonces, en el ámbito de lo sagrado, relaciones específicas, como las hay en el ámbito de lo profano. Relaciones propias de cada uno de esos mundos, relaciones también entre ambos mundos, mediatizadas por lo político, lo social, lo cultural y lo económico: “el hombre religioso es ante todo aquél para quien existen dos mundos complementarios…” 3 Esos dos mundos, el de lo sagrado y el de lo profano, se definen rigurosamente el uno por el otro. Se excluyen y se determinan. 4 Todas las sociedades desarrollaron, en consecuencia, esos dos mundos, por el hecho de que existen o existieron: el mundo profano determina al mundo sagrado y viceversa. ¿No dijo Bergson que “el Universo era una máquina que fabrica dioses”? Pero ¿qué relación hay entre la religión y lo sagrado? La primera es la administración del segundo.La vida religiosa “se presenta como la suma de las relaciones del hombre con lo sagrado. Las creencias las exponen y las aumentan. Los ritos son los medios que las garantizan prácticamente.” 5 La religión, como la lengua puede igualmente asemejarse a un instrumento cuyas funciones son múltiples y complejas. Instrumento de comunicación, pero también y tal vez esencialmente, instrumento de comunión que las organizaciones manipulan. Instrumento de comunicación de lo sagrado que puede definirse “como una propiedad estable o efímera a ciertas cosas (los instrumentos del culto), a ciertos seres (el rey, el sacerdote), a ciertos espacios (el templo, la iglesia, las altas esferas) a ciertos tiempos (el domingo, el día de Pascua, la Navidad, etc.)”. 6 Pero de la misma manera en que hay un trabajo profano, hay un trabajo sagrado y de la misma manera que hay un trabajo lingüístico, hay un trabajo religioso. Para retomar una fórmula de Rossi-Landi aplicada al lenguaje, la religión es un trabajo humano y las religiones son su objetivación

1 Para este tema se consultará a Pierre DEFFONTAINES, Géographie et religions, Gallimard, Paris, 1947. David E. SOPHER, Geography of Religions, Englewood Cliffs, N.J. 1967 y Religionsgeographie herausgegeben von MARTIN SSCWIND, Darmsstadt 1975.

2 Roger CAILLOIS. L’homme et le sacré. Gallimard, Coll. Idées, Paris 1963, p.17 (Ed. en español, El hombre y lo sagrado, FCE) (NdT)

3 Roger CAILLOIS, op.cit., p.18.

4 Ibid., p.18-19.

5 Ibid.

6 Ibid.

necesaria. 7 De esta forma, es perfectamente posible proceder a una transposición y el método analógico nos parece aquí totalmente legítimo. La religión puede asimilarse tambiéna un capital constante. Capital sobre el que se ejerce un “trabajo religioso” posterior. Pero, al igual que la lengua, ese capital constante es algo muerto si no se le agrega un capital variable, constituido por los fieles que forman la comunidad de adeptos de una religión. Así, la misma ecuación es posible: capital constante + capital variable = capital religioso complejo. La comunicación de lo sagrado se realiza medianteese capital complejo: es la producción y la circulación de mensajes en el ámbito de una comunidad religiosa. Es evidente que si el capital constante no es objeto de un trabajo proporcionado por la comunidad religiosa, la religión muere, ya que se agotan la producción y la circulación de lo sagrado. No es menos evidente que el capital constante cambia a través del tiempo: los cismas y las reformas son pruebas de ello. La historia de las religiones tiene muchos ejemplos de esas modificaciones y nuestro objetivo no es enumerarlas, sino identificar algunos de los mecanismos de estas modificaciones. Son numerosos los fenómenos de retroalimentación 8 en el capital constante y en el transcurso del tiempo suceden cambios en la religión. Sin embargo, hay que decir que ahí hay una diferencia fundamental respecto a la lengua, ya que cuando ésta evoluciona es más difícil concebir una modificación drástica y brusca, contrariamente a lo que ocurre en la religión. La reforma que dio lugar a las diversas iglesias protestantes en el siglo XVI es evidentemente un ejemplo de reestructuración de un capital constante religioso. Pero la modificación afecta igualmente al capital, ya que todo el trabajo disponible se comparte, se divide. Se puede expresar dicho fenómeno a través de un gráfico completo (Figura 28) mientras que, después del cisma, podemos encontrarnos frente a varias posibilidades, como las de la figura 29.

Figura 28

a varias posibilidades, como las de la figura 29. Figura 28 7 Para Rossi- Landi, “estudiar

7 Para Rossi-Landi, “estudiar una comunidad del habla significa estudiar la circulación de los signos lingüísticos como productos del trabajo humano, que satisfacen determinadas necesidades al tiempo que sugieren o imponen otras nuevas”. Cf. Duranti, Alessandro, Antropología lingüística, Akal, 2000.

8 Feed back en el original (NdT)

Figura 29

Figura 29 Dichas posibilidades no ocurren simultáneamente. En relación a las posibilidades simultáneas reales, se

Dichas posibilidades no ocurren simultáneamente. En relación a las posibilidades simultáneas reales, se pueden expresar con gráficos particulares G = (S, A), dondese define una división de S en d clases (no vacías) y se agrega x a y en un arco si y sólo si x y y pertenecen a la misma clase. La clase se define aquí por una confesión dada. Por ejemplo, se pueden tener las siguientes situaciones. 9 (Figura 30)

Figura 30

las siguientes situaciones. 9 (Figura 30) Figura 30 En otras palabras, las diferentes comunidades se adhieren

En otras palabras, las diferentes comunidades se adhieren o no a tal o cual confesión religiosa.

9 Tomado de Germain KREWERAS, Graphes, chaînes de Harkov et quelques applications économiques, Dalloz, Paris 1972, p.5.

Se ve inmediatamente que la cantidad de relaciones se modifica considerablemente. Si tomamos el ejemplo anterior, que comprende seis comunidades, la cantidad total antes del cisma era de 6 (6-1) + 6 = 36. Después del cisma disminuyen a 4 + 1 + 9 = 14. Todavía hay que señalar que esa cantidad de 14 no tiene sentido; sólo 4, 1 y 9 lo tienen. Si se admite que esas relaciones que caracterizan a las comunidades corresponden a espacios específicos, se tiene una forma de caracterizar y de distinguir las religiones a nivel cuantitativo. Inclusive si se trata de una religión con una cantidad importante de adeptos, pero estrechamente circunscritos a un lugar determinado. Por el contrario, se puede tratar de una gran cantidad de adeptos repartidos en diversos lugares. Es lo que se utiliza generalmente como criterio para diferenciar las religiones particulares, como el hinduismo y el sijismo, de las religiones universales, como el cristianismo o el islamismo. Se puede intentar formular esta expresión mediante la teoría de los grafos. Digamos que tenemos cuatro comunidades localizadas en lugares muy diferentes; por ejemplo, en distintos continentes (Figura 31).

Figura 31