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PRÓLOGO DE LA CUARTA EDICIÓN

La nueva edición ha procurado tomar en cuenta la extensa bibliografía


aparecidá desde 1966 sobre los temas aquí tratados, en la medida en
que el marco preexistente de la obra lo permitía. En efecto, el
concepto básico de esta podía ser mantenido sin reservas en la forma
que se le había dado ya en 1939, cuando fue presentada como trabajo
de habilitación a la Universidad de Berlín, donde no fue aceptado por
razones políticas, a pesar del apoyo de C. A. EMGE y E.
KOALRAUSCH, y que es la forma que tuvo después, en 1950, cuando
lo aceptó la
Universidad de Heidelberg, con apoyo de K. ENGISCH.

También las necesidades didácticas podían y tenían que tomarse en


cuenta en un trabajo como este, que ha de introducir en la temática
también a aquellos que no están adiestrados en el campo de la lógica
moderna. Esto explica que los símbolos lógicos empleados no
experimentarán cambios con respecto a la edición anterior, y que la
demostración de los procesos de prueba se apoyen, ahora como
antes, en los axiomas y reglas operacionales del cálculo de
proposiciones y del cálculo de predicados de primer grado expuestos
en la tercera edición de los Elementos de la lógica teórica de D.
HILBERT y W. ACKERMANN. Como se le aseguró al autor, esto ha
favorecido la comprensión de la obra.

En este lugar queremos citar el sugerente trabajo de H. J. KOCH y H.


RÜSSMANN, Juristische Begründungslehre, publicado en Miinchen en
1982. Lamentablemente, como apareció poco antes de terminarse la
impresión de esta obra, no lo hemos podido tomar en cuenta con
mayor amplitud.

Por consejos valiosos y sugerencias agradezco al director de la


Sección JÜRGEN BELOW, de Berlín; al doctor HANs ENGELHARDT,
juez del Tribunal Su-premo Federal; al profesor Dr. en derecho y Dr.
en Ciencias Naturales HER-BERT FIEDLER, de Bonn; al profesor Dr.
en Ciencias Naturales PAUL SCHMITZ, de Köln; y al profesor Dr. en
derecho WILHELM STEINMÜLLER; así como, por el importante apoyo
que me han dado para la corrección y la confección de los registros y
por la ayuda en la organización de los trabajos para la nueva edición,
agradezco a mi equipo de colaboradores, la Sra. RUTH SIUDA, el
abogado BURKHART MEICHSNER y al estudiante de derecho
NOREIFRT MULLER. Pero la nueva edición no puede aparecer antes
de que incluya en mi agradecimiento también a la Editorial, que tuvo a
cargo con tanta eficacia la publicación de mi trabajo desde hace más
de tres decenios.
Köln, enero de 1982
PRÓLOGO DE LA PRIMERA EDICIÓN

Puede muy bien decirse que entre las Ciencias del Espíritu la
Jurisprudencia tiene un merito especial, el de preocuparse por
estructurar teoría y praxis en un contacto particularmente estrecho con
la Lógica. Es curioso, sin embargo, que a esta conexión solo
raramente se le hayan dedicado investigaciones más exactas. A lo
cual se agrega el hecho de que, en la Ciencia Jurídica alemana, la
mayoría de los trabajos más importantes sobre ese problemática
parten de la perspectiva de la Lógica clásica, y se limitan a aludir,
cuanto más, al intenso desarrollo de la investigación Lógica moderna.

Ante esta situación, el presente trabajo intenta dar un primer paso con
vistas a sacar provecho de la Lógica moderna para la Jurisprudencia.
Es de suyo comprensible que los recursos lógicos empleados con tal
objeto parezcan muy elementales a un especialista en el campo de la
nueva lógica. Esta limitación, sin embargo, hizo posible abordar el
tema de tal manera que la exposición resulta accesible también al no
especializado. No se presupone conocimiento alguno de la teoría
lógica. De ahí que haya sido necesario proporcionar al mismo tiempo
una introducción a los conceptos básicos y a los elementos de las
principales técnicas de la Lógica moderna. En esa medida, las
presentes investigaciones, sobre todo en sus partes I y II, pueden
resultar de interés aún para los no juristas.

No haría falta subrayar que con los solos medios del análisis lógico es
imposible tener éxito cuando se trata del contenido, a menudo muy
complejo, de los problemas jurídicos. Queda un amplio campo para la
intuición. El procedimiento lógicamente correcto es condición
necesaria, y por eso imprescindible del conocimiento jurídico, mas no
una condición también suficiente.

Pero del hecho de que la observancia de las reglas lógicas representa


un supuesto imprescindible del conocimiento jurídico se sigue que el
instrumento lógico que se emplee no estará nunca suficientemente
aguzado, y que es indispensable por lo menos tratar de establecer
contacto con la parte elemental de las teorías lógicas modernas.

Por las indicaciones de gran valor que he recibido, quedo cordialmente


agradecido a los profesores BRITZELMAIER, de München; EMGE, de
Mainz; y ENGISCH, de Heidelberg.

Heidelberg, diciembre 1950


ÍNDICE GENERAL

Prólogo a la cuarta edición


Prólogo a la primera edición
Lista de abreviaturas más utilizadas
I. INTRODUCCION

1. Concepto de lógica jurídica


2. Crítica contra la crítica, usual en la ciencia del derecho, sobre la
importancia de la lógica jurídica
3. La teoría lógica que sirve de base a las siguientes investigaciones, y
el método axiomático
II. PARTE GENERAL
TEORÍAS FUNDAMENTALES DE LA LÓGICA PURA,
EXPLICADAS CON EJEMPLOS DE LA LÓGICA JURÍDICA

4. Teoría lógica elemental (cálculo de proposiciones)


5. Teorías fundamentales del cálculo de predicados, y la forma básica
del razonamiento jurídico
6. Teorías fundamentales del cálculo de clases
7. Teorías fundamentales del cálculo de relaciones
8. Teorías fundamentales de la teoría de la definición
III PARTE ESPECIAL

ARGUMENTOS ESPECIALES DE LA LÓGICA JURÍDICA

9. El razonamiento por analogía (argumentum a simile)


10. El razonamiento a contrario (argumentum e contrario)
11. Los razonamientos por analogía y a contrario en relación mutua
12. El argumentum a fortiori* (argumentum a maiore ad minus,
argumentum a minore ad maius)
13. El argumentum ad absurdum
14. Argumentos interpretativos

IV. LÓGICA, CIENCIA DEL DERECHO Y FILOSOFIA JURÏDICA

15. La violación de las leyes del pensamiento en el derecho


16. Máquinas electrónicas para la elaboración de datos en el derecho
17. Axiomatización y cuasiaxiomatización del derecho
18. Teleología y observaciones sobre la lógica deóntica
19. Apéndice
I. INTRODUCCIÓN

1. Conceptos de lógica jurídica.

1. Como en adelante hemos de tratar sobre la lógica jurídica y algunos


de sus problemas, debemos indicar ante todo qué se entiende por
lógica en el contexto de estas investigaciones. Tanto en la filosofía
como en las ciencias particulares, la expresión 'lógica' se emplea en
numerosos sentidos, a menudo muy divergentes entre sí. La
terminología es incluso tan cambiante que una definición rigurosa que
siga unida al uso lingüístico corriente se enfrenta con dificultades nada
pequeñas, porque, como es sabido, se habla de lógica material,
formal, trascenden-tal, regional, pura, aplicada, teórica, práctica,
hermenéutica, real, natu-ral, clásica y moderna, para citar solamente
algunos de los numerosos vocablos que se relacionan con aquella
expresión (1).

Pero en el contexto de los análisis que aquí se han de llevar a cabo, el


problema de una definición adecuada se simplifica. En efecto, mientras
que los puntos de vista sobre lo que ha de entenderse, por ejemplo,
bajo lógica material o trascendental divergen ampliamente, sucede lo
contrario, cum grano salis, con el concepto de lógica formal. Si se
sigue la terminología adecuada e inequívoca de SCHOLZ, y se par-te,
como concepto superior, de una teoría de la ciencia, entendida como
la doctrina sobre el instrumento que permite lograr el saber científico
en su sentido más amplio, se puede entonces llamar lógica formal a
aquella parte de esa teoría en que se formulan las reglas de
razonamiento necesarias para la construcción de cualquier ciencia, y
que proporciona al mismo tiempo todo lo que es necesario para
formular con exactitud esas reglas (2). Es apropiado calificar a esa
teoría como formal, puesto que ella indica cómo, a partir de
proposiciones que están dadas de antemano, se pueden extraer otras
que no lo están, sin que para esto sea necesario tomar en cuenta el
significado material de las proposiciones. Ella es, pues, la teoría de la
consecuencia lógica (3) y, como tal, brinda un sistema de reglas que
nos permite distinguir entre argumentaciones válidas y no válidas (4).

1. Sobre esto, cfr. las indicaciones de SCH01.Z, Geschichte, págs. 1-21.


2. Scholz, Geschichte, pág. 15. De manera similar, también BOCHENSKI, Formale
Logik, págs. 3-5.
3 Bochenski-Menne, Logistik, § 0.0.
4 STEGMULLER, I, pág. 82.
Lo cual se puede expresar también de la siguiente manera: la teoría de
la ciencia es la teoría sobre la técnica para el logro del conocimiento
científico. Y la lógica formal, entonces, es aquella parte de la teoría de
la ciencia que proporciona la técnica de la prueba científica. A esa
parte se la puede denominar formal, porque la técnica de la prueba
que allí se trata se expone de tal manera que resulta aplicable a todo
contenido posible. En sí misma, la técnica de la prueba no está, pues,
ligada a ningún contenido. Queda por decidir a qué ámbito de objetos
se la aplica. En virtud de su carácter formal, ella resulta un instrumento
adecuado para todas las ciencias.

Por lógica no formal se ha de entender, según esto, el restante ámbito


de la teoría de la ciencia. A ella pertenece, en consecuencia, todo lo
que forma parte de la teoría de la ciencia, pero que no pertenece a la
lógica formal (5). En el presente contexto no hace falta una definición
más detallada de la lógica no formal, ya que las siguientes
investigaciones se limitarán a problemas lógico-formales.

No nos limitamos a la lógica formal por razones de simplificación. Por


el contrario, dando incluso un paso más, hay que establecer que con la
expresión lógica nunca se indica más que la lógica formal. Ya KANT
observó, en el prólogo a la segunda edición de la Crítica de la razón
pura: "No se acrecientan las ciencias, sino que se las desfigura,
cuando se entremezclan sus fronteras; pues bien, la frontera de la
lógica se define con toda exactitud por el hecho de que ella es una
ciencia que no hace otra cosa que exponer con detalle y demostrar
con rigor las reglas formales de todo pensamiento". Este uso
lingüístico parece generalizarse, aunque KANT mismo no se haya
atenido a él en forma consecuente. Así, por ejemplo, SCHOLZ limita
expresamente su exposición de la historia de la lógica a la lógica
formal, y por eso señala que, tomado estrictamente, el de la lógica
formal es un concepto que puede inducir a error, porque exige, como
su concepto opuesto, el de la lógica no formal, recargándose así a la
lógica con tareas que en realidad hay que asignar a otras disciplinas
filosóficas (6). En este orden de ideas, CARNAP puede con razón
sentar la tesis de que una lógica especial del sentido [eine besondere
Sínnlogik] resulta superflua, y que la expresión lógica no-formal es una
contradictio in adjecto (7). Además, el hecho de que también
BRUGGER en su Vocabulario filosófi-co designe a la lógica formal
como la lógica propiamente dicha, y proponga elegir otras
denominaciones para aquello que hasta ahora se ha llamado lógica
material (no-formal), representa una clara prueba de que el uso
lingüístico se desarrolla en este sentido (8).

5 Scholtz, Geschichte, pág. 16.


6 Scholtz, Geschichte, pág. 5.
7 CARNAP, Log. Syntax, pág. 201
8 BRUGGER, Phil. W., artículo “Logik". Cfr. también BURKANIP, Logik, pág. 36.
Téngase presente, pues, que en las investigaciones que aquí se han
de llevar a cabo, siempre que se mencione la lógica sin más, deberá
entenderse que se está hablando de lo que más arriba se ha definido
como lógica formal.

2. La importancia fundamental de la lógica se evidencia en el hecho de


que la observancia de sus reglas es una condición necesaria para toda
ciencia. Esto quiere decir que no hay por principio empresa científica
alguna cuando no se siguen, por lo menos, dichas reglas. Pero con
esto no se dice que la observancia de las reglas de la lógica sea
también condición suficiente para una ciencia. Por más acabado
dominio que se tenga del instrumento lógico, siempre quedará, desde
luego, la posibilidad de que se lo aplique a un contenido inadecuado.

Pero, de todos modos, no puede haber discusión alguna con sentido


cuando no hay sujeción a las normas de la lógica y, donde ya no se
puede discutir más -donde solo es posible el intercambio de estados
de ánimo, emociones y sentimientos- ya no es posible allí hablar más
de ciencia, puesto que no se puede seguir preguntando por la prue-ba
de la corrección o falsedad de las tesis. En tal caso, para emplear una
expresión de SPRANGER, ya no se seguirá más "la idea de la
comprensión mediante razones, mediante (9). Representaría una
contradíctio in adjecto hablar de una ciencia no-lógica, como así
también hablar de una teoría no-lógica, si lo que se pretende con esto
no es caracterizar una ciencia o teoría que se mueve en un campo
diferen-te de la lógica misma -en el campo, por ejemplo, de la física, la
historia, etc.-, sino una ciencia o teoría que sería independiente de las
leyes lógicas.

3. Se sigue de lo dicho que, naturalmente, la lógica tiene también


mucha importancia para la ciencia del derecho, a menos que quiera
renunciarse en su campo a la posibilidad de la discusión, a la
exposición de fundamentos y demostraciones, y al desarrollo de
teorías. De manera que al reproche de "logicismo", que a veces se
alza contra muchas direcciones de la jurisprudencia, no se lo puede
entender en el sentido de que la lógica carece de papel alguno en la
ciencia del derecho, porque esto significaría autorizarla para
establecer sin trabas afirmaciones contradictorias entre sí (para
mencionar, por vía de ejemplo, solo uno de los principios lógicos, el de
contradicción). Con todo, sería admisible el reproche -y es así como se
lo debería entender en general- de que determinada dirección de la
jurisprudencia tiene la culpa de acentuar indebidamente el aspecto
lógico frente a otros aspectos que son igualmente esenciales. Pero, de
todos modos, no se podrá negar seriamente la importancia decisiva
que posee la lógica también para la ciencia del derecho.

9 Cfr. EDUARD SPRANGER, Der Sinn der Voraussetzungslosigkeit in den Geistes-


wissenschaften, Berlin, 1929, pág. 19.
Por otro lado, sin embargo, el hecho de que las presentes
investigaciones se refieren a la lógica jurídica no ha de interpretarse
como una defensa de la idea según la cual puede hablarse de una
peculiar lógica autónoma de la jurisprudencia [ eine besondere
autonome Logik der Jurísprudenz ], en el sentido de que dicha lógica
sería fundamentalmente distinta de las de otras ramas científicas, y en
el sentido de que ella se gobernaría por leyes propias.

Ese modo de ver las cosas se explica, quizás, por el hecho de que en
la filosofía actual hay, efectivamente, trabajos de los cuales parece
poder extraerse la idea de que para cada disciplina tiene que haber
una lógica especial. LASK, por ejemplo, habla de una "lógica de la
filosofía", Böhm de una "lógica de la estética", MANNHEIM de una
"lógica del concepto concreto", PICHLER de una "lógica del alma", etc.
(10).

Bastan las reflexiones siguientes, de un nivel muy general, para


demostrar que la hipótesis de lógicas especiales regidas por leyes
propias resulta insostenible:

Establezcamos, por ejemplo, que por proposición [Aussage] se ha de


entender un producto lingüístico (11) que es o verdadero o falso. Que
una proposición es verdadera, significa que el hecho que la
proposición afirma es verdadero, o -como puede también decirse, más
brevemente, con FREGE (12)- que la proposición señala lo verdadero,
o -en el lenguaje de la moderna ontología, donde se subraya lo
intuitivo- que la proposición "capta" el objeto por ella afirmado y lo
representa adecuadamente (13). En este orden de ideas, que una
proposición es falsa significa que es falso el hecho afirmado, y,
correlativamente, significa que la proposición señala lo falso, que ella
no capta el objeto y que por eso lo representa de manera inadecuada.
El término "proposición" no designa pues el acto fáctico de hablar,
pensar o representarse, sino, como dice CARNAP (14), el contenido
intemporal.

10 EMIL LASK, Die Logik der Philosophie und die Kategoríenlehre, Ubingen, 1911;
FRANZ J. BOHM, Die Logik der Ásthetik, Ubingen, 1930; ERNST MANNHEIM, Zur
Logik des konkreten Begriffs, München, 1930; HANS PICHI-ER, Die Logik der Secle,
Erfurt, 1927; A. KRAUS, Die Gesetze des mensefflichen Herzens, wissenschaftlich
dar- gestellt als die formale Logik des reinen Gefühls, 1876.
11 Sobre la diferencia entre la concepción lingüística y la no-lingüística de las
proposiciones, cfr. SCHOLZ, Metaphysik, pág. 20.
Ahora bien, si con la letra p se designa una proposición cualquiera,
que es verdadera o falsa, para toda proposición pensable p será
entonces válido que p y non-p no pueden ser al mismo tiempo
verdaderas; dicho de otro modo: que la proposición "p y non-p son
válidas" será siempre falsa, cualquiera sea la proposición con la cual
se reemplace a p. Esto vale con total prescindencia del contenido que
pueda tener la respectiva proposición, es decir que posee validez para
todos los campos de la ciencia -lo que nada tiene de sorprendente, ya
que se trata de una manera de formular el ya mencionado principio de
contradicción (15). La misma validez general tiene también otros
principios, como por ejemplo el de la doble negaciónl6, el de la
reductío ad absurdum (17), etc. (18). Pero si se admite que los
principios lógicos generales tienen validez también en los campos
particulares, ya con esto mismo se está negando que puedan existir
"lógicas especiales" autónomas, pues las aplicaciones que se hagan
en los casos particulares no podrán estar en contradicción con los
principios generales, antes bien, tendrán que ser inferibles a partir de
estos mediante las correspondientes sustitucio-nes, que son
características para cada campo especial.

12 GOTTLOB FREGE, "Über Sinn und Bedeutung---, en Zeitschrift für Philosophie


und philosophische Kritik 100, 25-50 (1892), Y SCH01.Z, IOC. cit., págs. 24-26.
13 Entre otros, cfr. NICOLM HARTMANN, Grundzüge ciner Metaphysik der
Erkenntnis, 3° ed., Berlin, 1941, entre otros lugares en págs. 65, 77, 315 y 400.
14 CARNAP, Logistik, pág. 3. Sobre el concepto de proposición, cfr. también
HILBERT-ACKERMANN, Logik, pág. 3, y SCHOU, Logik, págs. 1 y 7.
15 Cfr. WHITEHEAD-RUSSELL, P.M. * 3.24, Y CARNAP, Logistik, L 5.15; ídem,
Logik, L 8-1, e.
16 WHITEHEAD-RUSSELL, P.M. 4.13, y CARNAP, Logistik, L 5.16; idem, Logik, L
8-6,b.
17 WHITEHEAD-RUSSELL, P.M. 2.01, y CARNAP, Logistik, L 5.13.
18 En este contexto se puede prescindir de los problemas de la llamada “lógica
intuicionista" y sistemas afines.
Sobre esto, cfr. por ejemplo HILBERT-ACKERMANN, Logik, § 10; P. LORENZEN,
Einführung in die operative Logik und Mathematik, 2° ed., Berlin, Heidelberg, New
York, 1969; ídem, Formale Logik, 4° ed., Berlin, 1970; NILIPPS, Rechtfiche Regelung
und formale Logik, ARSP, 1964. pág. 317.
Por lo demás, señala SCHOLZ con acierto, los autores antes cita-dos,
que parecen partir de la posibilidad de una lógica especial, ni siquiera
han intentado una interpretación del término lógica que ellos emplean
(19).

Cuando a veces se dice que en un ámbito científico tienen validez


leyes distintas de las que valen en otro, con esto solo puede querer
decirse que los teoremas inferidos de las premisas (axiomas) de una
ciencia, con ayuda de las leyes lógicas que valen por igual para todas
las ciencias, son diferentes de los teoremas que se infieren de las
premisas de otra ciencia. De manera que la diferencia no resulta de
que se haya aplicado una lógica distinta, sino de haberse partido de
premisas dife-rentes. Y, precisamente, la diferencia de las premisas da
lugar a la distinción entre las ciencias particulares. Por lo tanto, cuando
se habla de lógica jurídica no se designa con esto una lógica donde
tendrían validez leyes especiales, sino la lógica en la medida en que
resulta especí-ficamente aplicada en la ciencia del derecho.

Como la ciencia del derecho ha de partir de determinadas premisas


especiales, se comprende que la lógica aplicable no es toda la lógica,
con la totalidad de sus principios, sino solo una parte, que, por
ejemplo, es esencialmente más elemental que la parte de la lógica
necesaria para construir la matemática (20). Pero si en la
jurisprudencia se aplica solo una parte de la lógica, tiene entonces
sentido denominar lógica jurídica a la teoría sobre ese sector y su
aplicación a los datos jurídicos.

4. El concepto de lógica jurídica antes perfilado, todavía muy ge-neral,


no es aún, con todo, el concepto sobre el cual se apoyan las
siguientes investigaciones. De acuerdo con el uso lingüístico corriente,
la expresión "lógica jurídica" se aplicará aquí con un sentido más
estricto.

a) Como se desprende de lo dicho hasta ahora, la lógica en sí ha de


ser esencial para todas las ramas de la praxis e investigación cien-
tífico-jurídica, ya que, de lo contrario, no se podría hablar de ciencia
del derecho. Como prueba de esta gran importancia de la lógica en la
jurisprudencia, entresaquemos de la profusa problemática respectiva
lo siguiente:

19 SCHOLZ, Geschichte, pág. 21.


20 Cfr. por ejemplo HILBERT y BERNAYS, Grundlagen der Mathematik, t. 1, Ber-lin,
1934; tomo 2, Berlin, 1939.
aa) Es evidente que la lógica desempeña un papel decisivo en la parte
sistemática de la jurisprudencia, ya que el propio concepto de sistema
es un específico término lógico. Solo la lógica permite establecer
cuándo se da en general un auténtico sistema, y qué sentido tiene el
hecho de que un dominio del conocimiento se sistematice.
bb) Pero también la investigación histórico-genética necesita los
instrumentos de la lógica (21). También en la historia del derecho se
prue-ba, se infiere, y se extraen conclusiones. Además, también la
historia supone un aparato conceptual más o menos preciso, el único
medio con el cual se puede seleccionar y ordenar el material fáctico.
Así, una investigación sobre el desarrollo histórico del concepto de
pro-piedad solo puede llevarse a cabo cuando el concepto de
propiedad está dado de antemano, en forma más o menos precisa, ya
que solo entonces se está en condiciones de poder examinar si una
institución jurídica dada cae bajo el concepto de propiedad, y si, en
consecuencia, resulta relevante para el respectivo análisis histórico.

cc) Es también un interrogante de índole lógica preguntar por los


fundamentos suprapositívos de las leyes que existen de hecho -dadas
hic et nunc- o preguntar, como también puede hacérselo utilizando las
expresiones que se han hecho usuales desde KANT, por los supues-
tos apriorísticos, -es decir, independientes de la experiencia- de los
ordenamientos jurídicos empíricos positivos. El carácter lógico de tales
interrogantes se desprende ya del hecho de que, en tales casos,
estamos ante supuestos a partir de los cuales han de inferirse
determinadas consecuencias (22).

b) Pese a la extensa utilización de la lógica en la jurisprudencia, en


modo alguno es corriente hablar de lógica jurídica en todos los casos.
Como ya se ha dicho, con esa expresión solo se designa un reducido
sector del campo de aplicación de la lógica, y generalmente se habla
de lógica jurídica solo en el marco de las teorías sobre la aplicación del
derecho. Solo en este caso suelen tratarse sus problemas. Aquí se
entiende por aplicación del derecho [Rechtsfindung] la aplica-ción de
normas legales dadas (incluidas las reglas del derecho consuetu-
dinario reconocido), cuya autoridad se presupone, a los hechos sujetos
a decisión (los casos jurídicos). Se trata, pues, de la ínferencia de las
pautas a aplicar en determinado caso singular, a partir de las directivas
genéricas contenidas en las determinaciones legales (incluido el
derecho consuetudinario reconocido). Así, pues, en la aplicación del
derecho se trata de inferencias conclusivas (23), y la tarea de la lógica
jurídica ha de consistir precisamente en el análisis lógico de esas
inferencias (24). Si se sigue este uso lingüístico, puede entonces
establecerse que la lógica jurídica es la teoría de las reglas lógico-
formales que llegan a emplearse en la aplicación del derecho. Solo por
razones de claridad se menciona en esta definición el carácter formal.
Estrictamente podría ser eliminado, de acuerdo con lo que se explicó
anteriormente sobre el concepto de la lógica formal.
En el sentido en que aquí se la entiende, la lógica jurídica es, en
consecuencia, dentro de la teoría lógica general, la parte especial que
se caracteriza por el hecho de ser empleada en la aplicación del
derecho. Si a la lógica general se la denomina lógica pura o teórica,
puede entonces hablarse de la lógica jurídica como un caso de la
lógica práctica.

A primera vista puede parecer que la anterior definición acota en forma


relativamente estrecha el campo de trabajo de la lógica jurídica. Bien
miradas las cosas, se puede notar que con esa definición se plantea,
sin embargo, un número importante de problemas lógicos, y que el
campo de aplicación así delimitado asume gran importancia, sobre
todo desde el punto de vista práctico. En la fundamentación de
cualquier sentencia judicial se utilizan las reglas de la lógica jurídica.
Siempre se argumenta, es decir, se derivan consecuencias. Pero las
leyes lógicas tomadas en cuenta en tales casos han sido utilizadas
hasta ahora en forma inconsciente o, por lo menos, no reflexiva.
Recién con ENGISCH (25), en la jurisprudencia alemana, el lado
lógico de la aplicación del derecho ha vuelto a desplazarse al campo
del interés científico. Hacía falta un impulso de esa índole porque
paradojalmente, precisa-mente entre los juristas, no es raro notar un
singular recelo, revestido de superioridad frente a la lógica. Esta
actitud resulta objetable, y no en último término, por el hecho de que -
como bien lo ha subra-yado may (26) - para la correcta aplicación de
las leyes lógicas en cues-tiones jurídicas también se requiere una
franqueza a todo trance, frente a posibles consecuencias que no se
desean.

21 Cfr. también BOCHEÑSKI sobre los "métodos reductivos", en BOCHEÑSKI,


Denkmethoden, cap. v.
22 Cfr. las investigaciones que C. A. EMGE ha dedicado a estos problemas, en
Rechtsphilosophie, págs. 18 y ss., 80, passim; Geschichte, págs. 62, 63, passim;
Einführung, págs. 21, 313 y 323; Das Apriori und die Rcchtswissenschaft, ARSP,
XXI, págs. 519 y ss. (1927/28).
23 Suele hablarse aquí de subsunción. Como se verá más adelante, esta expresión
resulta demasiado estrecha. Por lo cual, en su lugar, conviene hablar de
derivaciones e inferencias. Por otro lado, va demasiado lejos H. KELSEN (Recht und
Logik, "Forum", año 12, Wien, 1965, págs. 421 y ss., 495 y ss.) cuando deniega
totalmente a los fenómenos de la aplicación del derecho el carácter de derivación
lógica. En la medida en que se formulan lingüísticamente las directivas generales del
derecho, su medida en que se formulan lingüísticamente las directivas generales del
derecho, su aplicación al caso individual contiene necesariamente conexiones
inferenciales lógicas.
24 Sobre esto, cfr. la tesis doctoral de D. HORN, Studien zur Rolle der Logik bei der
Anwendung des Gesetzes, Berlin, 1962.
25 Cfr. ENGISCH, Logische Studien. También E. FECHNER ha subrayado
especialmente la importancia de la lógicajurídica. Cfr. Überdie Notwendigkeit der
RechtsphiIo- sophie im juristischen Unterricht, Deutsche Rechts-Zeitschrift, 1947,
pág. 389. Cfr. además E. Bulygin, Der Begriff der Wírksamkeit, ARSP, Beiheft, núm.
41, págs. 39 y ss. (1965).
26 JEROME HALL, Living law of democratic society, Indianapolis, 1949, pág. 53.
c) Hay que reconocer, desde luego, que la anterior definición del
concepto de lógica jurídica no permite una delimitación inequívoca del
ámbito a investigar. Pero resulta práctico mantener el vínculo con el
uso lingüístico, en la forma como se ha indicado. Si se quisiera
delimitar dicho ámbito con exactitud, debería definírselo de la siguien-
te manera: la lógica jurídica es la teoría de las formas de razonamiento
mencionadas en los §§ 9-14 de estas investigaciones (argumenta a
simile, e contrarío, a maiore ad minus ' etc.).

d) La determinación de lo que debe entenderse por lógica jurídica en


estas investigaciones coincide ampliamente con lo que se quiere dar a
entender corrientemente con esa palabra, y esto es lo que parece
suceder no solo en la bibliografía alemana sino también en la
extranjera, como lo muestran por ejemplo las definiciones de la logica
del diritto en Bobbio (27) y de la logique judiciaire en FABREGUETTES
(28). A veces, sin embargo, se encuentra un uso lingüístico donde el
término "lógica jurí-dica" se toma en un sentido más amplio -como, por
ejemplo, en DOHNA (29), EHRLICH (30), EMGE (31) Y SAUER (32).
Pero en las presentes investi-gaciones conviene conformarse con la
definición anterior, que es más estricta. Por lo cual tampoco una
"lógica trascendental del derecho" en el sentido de G. HUSSERL33
cae dentro del ámbito de la lógica jurídi-ca, en el sentido en que aquí
se la entiende.

e) En la bibliografía propiamente científico-jurídica -es decir,


prescindiendo de la filosofía del derecho- se menciona casi siempre

27 N. BOBBIO, Vanalogia nella logica del diritto, Torino, 1938.


28 FABREGUETTES, Logique judiciaire; KALINOWSKI, Logique juridique, pág. 158.
29 ALEXANDER GRAF zu DOHNA, Kernprobleme der Rechtsphilosophie, ARSP,
XXXIII, págs. 65 y ss.
30 E. EHRLICH, Die juristische Logik, Archiv für die civilistische Praxis, 115 (1917).
31 Rechtsphilosophie, pág. 82.
32 WILHELM SAUER, Juristische Eleínentarichre, Base¡, 1944, págs. 9 y 11 y ss.
33 G. HUSSERL, Recht und Zeit, Frankfurt a. Main, 1955, págs. 87 y ss.
el campo de la lógica jurídica, en las partes generales de cada
sistema; pero es raro que se la someta a un tratamiento más detallado.
Y no sucede algo muy diferente incluso en la misma bibliografía
jusfilosófica, abstracción hecha de escasas excepciones. Por lo
común, se trata la lógica jurídica en forma muy somera (34). Se suelen
mencionar solo las formas más corrientes de razonamiento de acuerdo
con la terminología de la lógica clásica -analogía, argumentum e
contrario, etc.- explicándolas brevemente por medio de ejemplos (35).
Si se prescinde de la ya mencionada investigación de ENGISCH, la
estructura lógica, en sí misma, no es objeto de investigación.

Quizás esto se debe a que a menudo, también fuera de la


jurisprudencia, e incluso, y no en último término, también en el campo
de la filosofía, se cree que en general son menos los errores en la
forma que en la materia, pues se supone que la lógica está dada, sin
más, al científico, sobre todo a aquel que está dotado de "sano sentido
jurídico". Respecto de lo cual llamamos la atención sobre el hecho de
que, como lo ha señalado sobre todo CARNAP, numerosos proble-
mas de contenido se pueden reconducir a formulaciones inexactas y
de esta manera se los puede desenmascarar como seudoproblemas
(36). Y nada menos que LEMNIZ tomó ya clara posición contra la tesis
de que no es fácil errar en la forma, como lo demuestran algunas
apasionadas observaciones que figuran en una carta dirigida en 1696
a GABRIEL WAGNER (37).

Frente a la naturaleza necesariamente formal y abstracta de la lógica


también se recurre, y no sin satisfacción, a la "vida". Pero si la lógica
fuera en realidad algo "contrario a la vida" no se comprende-ría por
qué en las controversias científicas, como así también en las
cotidianas, el empleo de una lógica defectuosa es el mayor reproche
que se puede dirigir al interlocutor. En todos los casos en los cuales la
discusión emplea todavía armas espirituales, lo correcto es, en
general, apelar por lo menos a una instancia objetiva. La lógica es
precisa-mente ese Forum que se acepta como dotado de
vinculatoriedad absoluta.

34 Cfr. por ejemplo. B. F. SOMLó, Juristische GrundIchre, 2' ed., Leipzig, 1927, págs.
370 y SS., 0 STAMMLER, Rechtsphílosophie, §§ 130, 131 y 139-141.
35 Destaquemos, en la ciencia del derecho, los siguientes ejemplos:
ENNECCERUS- NIPPERDEY, Lehrbuch, §§ 48 1, 58 11, y LEHMANN-HUBNER,
Alig. Tefl, págs. 64, 126.
36 Log. Syntax, págs. 225 y ss. Sobre la cuestión del error en las deducciones, cfr.
también las acertadas indicaciones de MORRIS R. COHEN, Einicitende Betrachtun-
gen zur Logik, trad. del inglés (Norteamérica) por H. Nowotny, Wien, 1948, págs.
12-13.
37 Citado en SCHOLZ, Geschichte, págs. 49-50.
Fácilmente se ilustra esto en la esfera del derecho con la pregunta de
quién querría aceptar una sentencia judicial llena de contradicciones y
que choca contra las leyes de la lógica. Por ejemplo, en su época, el
Tribunal Supremo para la zona británica de ocupación en Alemania
reconoció acertadamente que una infracción de la lógica ha de verse
siempre como una violación del derecho material susceptible de abrir
el recurso de revisión, sea que esa inobservancia se produzca en las
mismas inferencias, sea que ella consista en suponer como ciertos,
he-chos que se contradicen entre si (38). Por esa sentencia se echa
de ver, pues, cómo el análisis lógico puede llegar a tener importancia
decisiva también para la praxis jurídica. Apenas se puede pedir una
mayor "aproximación a la vida".
§ 2. Crítica contra la crítica, usual en la ciencia del derecho, sobre la
importancia de la lógica jurídica

A veces se ha defendido la paradójica idea de que la aplicación del


derecho sería posible sin recurrir a la lógica. Cuando se trata de
opiniones de esta índole -aquí vienen al caso, sobre todo, la Escuela
del Derecho Libre y la Jurisprudencia de Intereses- no se puede esta-
blecer con claridad si se está hablando de la lógica en general o de la
lógica jurídica en especial (39). Por eso debemos examinar
brevemente los argumentos "antilógicos" considerando esas dos
posibles interpretaciones.

38 Cfr. Ncue Juristische Wochenschrift 5, 190 (1949), sentencia del 19.10.1948;


análogamente la Corte Suprema Federal alemana en BGHSt, t. 6, pág. 72; sobre
esta cuestión cfr. sobre todo EB, SCHMIDT, StPO, explicaciones 20 y 21 sobre el §
337, y explicaciones 19 y 20 sobre el § 261. Anticipémonos a señalar que en el caso
de tomarse como verdaderos, hechos que se contradicen entre sí, se trata de un
caso típico de infracción al principio de no contradicción de los axiomas. Ya que
establecer, como punto de partida de las inferencias, que ciertos hechos son
verdaderos no es desde el punto de vista lógico otra cosa que establecer axiomas no
lógicos (premisas no-formales). Cfr. lo que decimos en el § 3, núm. 2 sobre las
reglas de la demostración por el método axiomático, así como también el § 15.
39 Cfr. por ejemplo G. Rümelin, Werturteile und Willensentscheidungell im Zivilrecht,
1895. V. también, por ejemplo, sin claridad, H. ISAY, Rechtsnorm und Entschei-
dung, Berlin, 1929, pág. 15 1: "Ni mediante el solo razonamiento por analogía, ni
mediante el solo razonamiento e contrario pueden lograrse con seguridad normas
utilizables".
1. El punto de vista más extremo en ese sentido lo enseñó la Escuela
del Derecho Libre, que aunque produjo sensación a comienzos del
siglo, con posterioridad solo fue discutida en contadas ocasiones, y
que contó como representantes principales a KANTOROWICZ, (al
principio bajo el seudónimo GNAEUS FLAVIUS), FUCHS, RUMPF,
STAMPE, EHRLICH y otros (40). Por cierto que, según esta escuela,
el juez debe decidir, ante todo, de acuerdo con el texto claro de la ley.
"El juez puede y debe prescindir del texto, en primer lugar, cuando la
ley no parezca ofrecerle una decisión libre de dudas; en segundo
lugar, cuando no resulte verosímil, según su convicción libre y
concienzudamente formada, que el poder estatal existente en el
momento de resolver hubiera decidido tal como lo exige la ley. En
ambos casos, el juez debe resolver de la manera como, según su
convicción, el actual poder del Estado hubiera decidido si el caso
concreto se hubiera encontrado pendiente de resolución ante él. Si no
puede formarse convicción al respecto, el juez debe decidir de acuerdo
con el derecho libre. Finalmente, en casos desesperados,
enmarañados, y que son dudosos solo desde el punto de vista
cuantitativo, como la indemnización por daño moral, el juez puede -y
debe-- decidir a su arbitrio. Pero si se trata de un proceso civil las
partes han de quedar siempre en libertad de poder desligar al juez, de
común acuerdo, de la obligación de observar una norma jurídica
cualquiera" (41).

2. Cuando se trata de establecer si en realidad dicha concepción


prescinde de la lógica -dejamos de- lado por el momento la lógica
jurídica-, tal como posteriormente lo ha vuelto a decir por ejemplo
LEDIG, que en forma expresa subraya que la interpretación lógico-
formal de la ley no tiene carácter decisivo (42), hay que notar, por lo
pronto, que en el primero de los casos mencionados por
KANTOROWICZ, ya un enfoque somero evidencia que la lógica
resulta ineliminable. La única diferencia con la concepción corriente
estriba en el hecho de que, cuando el juez subroga al poder estatal las
premisas de donde se han de derivar las consecuencias no consisten
ya más en enunciados de una ley sino en enunciados que, a su turno,
han de inferirse de principios políticos dados. Por supuesto, las
conclusiones que de ahí se extraigan han de ajustarse a la lógica. No
se puede decir, pues, que la lógica sea prescindible para un juez que
ha de subrogar al poder estatal.

40 Vid. indicaciones bibliográficas en ALFRED MANIGK, 'Tormalismus und


Freirechtsschule-, en H. d. R., t. ii, págs. 474 y ss.; cfr. asimismo la mayoría de los
manuales de derecho civil y la introducción de los grandes comentarios al Código
Civil. Para la crítica del fundamento filosófico-jurídico de esa dirección, cfr. EMGE,
Über das Grunddogina des rechtsphilosophischen Relativismus, Berlin, Leipzig,
1916.
41 GNAEUS ELAVIUS (KANTOROWICZ), citado en MANIGK, IOC. Cit.
42 GERHARD LEDIG, “Der Begriff als Instrument der RechtspfIege”, en Kant--
Studien, t. XXXII, pág. 323.
3. Lo mismo resulta aplicable al otro caso, el del juez que no logra
formarse convicción sobre cómo habría de actuar presumiblemente el
poder estatal. Pues, cuando se dice que en tal caso el juez debe
decidir de acuerdo con el "derecho libre", en modo alguno se quiere
decir con esto que el juez podría resolver, por ejemplo, al azar. Esa
doctrina dice, en cambio, que el juez ha de inferir normas jurídicas a
partir de principios teleológicos cualesquiera, a menudo establecidos
de manera ingenua. En ningún caso puede proceder "ilógicamente" y
en forma contradictoria.
4. Según esto, parecería que a lo sumo solo pueden plantearse
dificultades en el último caso a que se refiere el movimiento del
derecho libre, aquel caso donde, en determinadas hipótesis, la
decisión queda librada completamente al arbitrio. Este postulado, si se
lo toma literalmente, exige en realidad dejar de lado la lógica, ya que la
arbitrariedad representa lo opuesto a la legalidad. Pero cuando se lo
analiza con mayor atención resulta evidente que no es eso lo que se
quiere decir. La teoría piensa que no se trata de una operación
sencilla, sino de una decisión que hay que tomar de acuerdo con
principios, ya que, desde luego, tampoco en este caso se admitirá que
quien decide pueda dictar fallos contradictorios. Él-ha de proceder en
forma "meditada". Pero si se toman decisiones conforme a principios,
resulta entonces aplicable lo que ya se ha dicho, con respecto a otros
casos, sobre la imprescindibilidad de la lógica (43). Así, pues, el
carácter indispensable de la lógica no resulta en manera alguna
menoscabado por las teorías de la Escuela del Derecho Libre. Lo que
se produce es solamente un desplazamiento de las premisas que se
han de adoptar como punto de partida.
5. Ahora bien, de estas reflexiones se sigue, sin más, que ellas son
también aplicables a la llamada Jurisprudencia de Intereses, otra
dirección que hemos de tratar someramente. Los representantes de
esta teoría -HECK, M. RÜMELIN, MÜLLER-ERZBACH,
WÜSTENDÓRFER, STOLT, EGGER, entre otros (44)- exigen que la
aplicación del derecho tome en cuenta la situación de los intereses.
Por ejemplo, el "interés en la estabilidad y continuidad" debe ser
balanceado con el "interés en el progreso". No hace falta aquí entrar
en el detalle de esa teoría, ya que resulta evidente, sin más, que
también en este caso la lógica juega un rol domi-nante. Porque,
también aquí, hay que proceder "sistemáticamente". El "balanceo" de
los intereses contrapuestos no debe realizarse de manera sentimental,
sino que debe ser inferido de las legalidades que resultan de la
relación de los diferentes intereses entre sí. Por lo tanto, también en
este caso se trata de auténticas inferencias y, con ello, de operaciones
lógicas.
43 Sobre esto, cfr. también las observaciones generales sobre el papel de la lógica
en la función jurisdiccional -aunque las mismas no se refieren a la Escuela del
Derecho Libre- formuladas por B. J. CARDOZO en Lebendiges Recht (The Growth of
the Law), München, 1949, pág. 38.
44 Cfr. las exactas indicaciones bibliográficas en ENGISCH, Jurist. Denken, págs.
343 y ss., nota 247.
6. Si se tiene en cuenta que ambas teorías quieren aparecer como
ciencia, no costará mucho entender que tratemos de determinar la
importancia que, también para la Escuela del Derecho Libre y la Ju-
risprudencia de Intereses, alcanza la lógica general. Lo que se estable-
ció en el § 1 sobre la relación entre la lógica y la ciencia es aplica-ble
también, desde luego, a este caso. Pero tampoco ofrece dificulta-des
constatar la importancia que, para esas dos teorías, asume la lógi-ca
jurídica, en el sentido ya indicado de esta expresión. Tanto en la
Escuela del Derecho Libre como en la Jurisprudencia de Intereses
existe la preocupación por una metodología de la aplicación del
derecho. Lo peculiar consiste solo en la circunstancia de que los
presupues-tos -las premisas- de donde se infieren las directivas para
el ca-so concreto son diferentes. Pero esto no altera en nada el hecho
de que la inferencia debe llevarse a cabo ateniéndose a los principios
de la lógica. Como, pues, dichas teorías tratan sobre el empleo de
determina-das reglas lógicas en la aplicación del derecho, la lógica
jurídica resulta entonces importante también para los defensores de
ambas escuelas, porque, de acuerdo con lo dicho en el § 1, debe
entenderse la lógica jurídica como la lógica formal que se utiliza en el
campo de la aplicación del derecho.

7. La Escuela del Derecho Libre y la Jurisprudencia de Intereses se


dirigieron ante todo contra la así llamada Jurisprudencia del Concep-
to, que entendieron como una concepción caracterizada por la "sobre-
valoración de las controversias constructivo-conceptuales". Ahora
bien, el hecho de que más arriba hemos tratado de constatar la
importancia que la lógica jurídica tiene, también para los dos
adversarios de esa Jurisprudencia del Concepto, no quiere decir que
consideremos esta última como el punto de vista correcto (45). La
alternativa entre Jurisprudencia de Intereses o Jurisprudencia del
Concepto, tal como se la formula a menudo, no es exacta. Por
supuesto, también la Jurispruden-cia de Intereses trabaja con
"conceptos" y "construcciones", de manera que también en ella se
pueden plantear -y se han planteado- “controversias constructivo-
conceptuales". Su eventual "sobrevaloración" es un problema de
índole psicológica que, por eso, carece de interés desde el punto de
vista sistemático. El objetivo por el cual lucharon la Escuela del
Derecho Libre y la Jurisprudencia de Intereses fue precisamente, en lo
fundamental, menos sistemático que psicológico, ya que se trataba
más bien de la lucha contra determinado tipo de jurista. De todos
modos, no se puede negar a esas dos escuelas un mérito sistemático,
en cuanto que llamaron la atención sobre el hecho de que el campo de
los datos jurídico-positivos es más amplio de lo que a primera vista
suele suponerse; es decir, con respecto a los proble-mas de la lógica
jurídica, sobre el hecho de que, cuando se infieren consecuencias a
partir del derecho válido debe tomarse en cuenta, como punto de
partida, al lado de las premisas jurídicas que constan en las
determinaciones legales, un material más extenso. Empero, el
hallazgo de este material no es tarea de la lógica jurídica, ya que las
operacio-nes de esta solo comienzan una vez que están dadas las
premisas.

45 Sobre la relación entre la Lógica y la Jurisprudencia del Concepto, cfr. H.


BARTHOLOMEYCZIK, Gesetzesauslegung, págs. 37 y 62.
§ 3. La teoría lógica que sirve de base a las
siguientes investigaciones, y el método axiomático.

1. Si hubiera sucedido realmente lo que pensaba KANT cuando dijo,


según su frase muy citada, que desde ARISTÓTELES la lógica "no ha
podido hacer ningún progreso y, en consecuencia, según to-dos los
indicios, parece estar ya cerrada y perfecta” (46), sería en ese caso
superfluo dar aquí mayores indicaciones sobre la lógica que sirve de
base a las presentes investigaciones. No es raro que entre juristas se
piense que, por ese motivo, es posible pasar rápidamente por sobre el
campo de la lógica jurídica.

No está demás subrayar que esa actitud resulta incorrecta por lo


menos en cuanto se refiere a investigaciones científico-jurídicas o jusfi-
losóficas. Excepto en la investigación lógica propiamente dicha y en
las ciencias matemáticas, no se tiene todavía suficiente conciencia del
hecho de que la lógica se ha desarrollado desde la segunda mitad del
siglo anterior en tal forma que, desde hace tiempo, frente a la lógica
clásica y tradicional, como la que KANT tenía a la vista en el pasaje
citado, puede y debe contraponerse una lógica moderna. De manera
que hoy ya no es más posible, en las investigaciones lógicas, tomar
como punto de partida simplemente "la" lógica.

46 Kritik der reinen Vernunft, prólogo a la 2a ed., 1787.

Pero aunque la teoría lógica moderna constituyera en la actualidad un


patrimonio científico común, ya tan difundido que una confrontación
especial entre los puntos de vista moderno y clásico resultara
innecesaria, ni siquiera en ese caso se podría presuponer "la" lógica
sin más. Y no porque la lógica moderna no hubiera alcanzado todavía
cierta etapa firme en su desarrollo. Si se toma en cuenta el estado
actual de la investigación, puede decirse, sin lugar a dudas, que dicha
etapa se ha logrado; de lo contrario, tampoco se podrían encarar
desde el punto de vista de la teoría moderna problemas de lógica
aplicada, que es lo que aquí hemos de hacer. El motivo de por qué los
trabajos de lógica pura o aplicada que utilizan los medios de la teoría
moderna no pueden partir, simplemente, de "la" lógica, ha de buscarse
más bien en el hecho de que, precisamente, son los resultados de la
investigación lógica contemporánea los que han mostrado la
necesidad de precisar con exactitud cuál es el sistema lógico que sirve
de base en cada caso, ya que determinadas razones de principio
justifican la posibilidad de construir sistemas lógicos formulados de
manera muy diferente.

Pero antes de que la investigación entre a considerar más de cerca


este punto, hay que explicar por lo pronto qué es lo que se entiende
por lógica clásica y por lógica moderna. Una vez aclarada esta
cuestión, solo entonces ha de examinarse cómo hay que proceder en
la lógica moderna para establecer con mayor exactitud el punto de
partida,

2. La diferencia entre lógica clásica y moderna se puede indicar, por lo


pronto, de una manera simple, con la definición siguiente: lógica'
clásica es la teoría lógica expuesta, entre otros, en los manuales de
DREWS, DROBISCH, ERDMANN, HÓFLER, VON KRIES, SIGWART,
WUNDT Y ZIEHEN, en, lo cual podemos prescindir de las diferencias
que existen entre ellos, ya que las mismas se pueden considerar
inesenciales desde el punto de vista aquí enfocado, que es el de la
diferencia con respecto a la dirección moderna. En cambio, lógica
moderna es aquella teoría lógica que aparece, entre otras, en las
obras de ACKERMANN, BECKER, BEHMANN, BOCHEMKI,
CARNAP, FREGE, HILBERT, LMIS, QUINE, RUSSELL, SCHOLZ,
TARSKI Y WHITEHEAD. Como se comprende, para dar carácter
sinóptico a ambos esquemas tuvimos que dejar de lado numerosos
autores (47).

47 Cfr. las referencias bibliográficas citadas en el núm. 4 de este parágrafo.

Una definición estricta de la lógica clásica -que, de vez en cuando, por


variar, recibirá también los nombres de lógica tradicional o
convencional- solo es posible si se la pone en contraposición con la
lógica moderna, ya que esta presenta un carácter más unitario que
aquella. Según esto, la lógica clásica se puede definir como aquella
lógica que no es moderna (48). Y lógica moderna es la lógica
calculatoria. Se han acuñado diferentes nombres para designarla, y,
entre otros, se emplea el de logística, o también el de lógica simbólica,
designaciones que resultan tan superfluas como lo serían, para la
matemática y física modernas, expresiones como matematística y
fisisística, o matemática y física simbólicas (49). Casi no haría falta
caracterizar con un nombre especial para cada etapa el nuevo estado
de una ciencia. Esto puede también inducir al error de creer que no
hay continuidad histórica alguna en el proceso que lleva desde la
respectiva teoría tradicional hasta la moderna, error en el cual, por
cierto, sería muy fácil incurrir cuando se trata de la lógica moderna,
donde la lógica clásica apenas ya se reconoce, como consecuencia
del desenvolvimiento especialmente rápido e importante producido
durante el último siglo.

Si se tiene en cuenta el progresivo aislamiento de las ciencias


particulares, fenómeno típico de la época actual, que lleva a menudo a
desarrollar cada ciencia en forma separada y sin contacto con las
demás, quizás no sea superfluo en el contexto de estas
investigaciones explicar con algo más de detalle qué se ha de
entender por lógica calculatoria:

a) En la Lógica de Port Royal (50), PASCAL describe los rasgos


fundamentales de lo que él llama "el método perfecto", que, si fuera
realizable, permitiría demostrar en forma acabada las verdades. Solo
dos requisitos deben cumplirse: Primero, no emplear ninguna
expresión cuyo signifi-cado no se haya indicado de antemano en forma
inequívoca, y, segundo, no establecer ninguna proposición que no se
haya demostrado antes a partir de verdades conocidas. Según esto, el
método perfecto se efecti-vizaría cuando se definieran todos los
conceptos que aparecen y se demostraran todas las afirmaciones que
se hacen. Pero este método ideal, que debiera aplicarse en todos los
campos científicos, no puede, sin embargo, realizarse. La definición de
un concepto cualquiera tendría lugar con ayuda de otro concepto que,
por su parte, tendría a su turno que ser definido, y así sucesivamente.
Lo mismo sucede con la demostra-ción de las afirmaciones. En cada
caso, para demostrar una proposición, hay que retroceder a otras que,
a su vez, han de demostrarse. Cuando se procede de esa manera, y
se intenta definir todos los conceptos y demostrar todas las
proposiciones se emprenden dos caminos cuyos términos jamás
podrán alcanzarse. Es evidente que con ese método se enfrentan dos
regresos al infinito. Pero, según PASCAL, la idea de que es imposible
definir todo concepto y demostrar toda afirmación no nos autoriza a
concluir que nada se debe definir ni demostrar. Antes bien, por lo
menos los conceptos definibles, que no pueden entenderse por sí
mismos, deben ser definidos por medio de otros conceptos que sean
por sí mismos comprensibles. Y las verdades que no son evidentes
por sí mismas se han de demostrar por medio de las que sean por sí
evidentes.

48 En forma parecida lo hace SCHOLZ, en SCHOLZ Y SCHWEITZER, Definition,


pág. 6. Un tanto modificada: SCHOLZ,---Dieklassische und die moderne Logik-, en
BI.f.dt.Phil. X, fasc. 3 (1936). Cfr. también BOCHEÑSKI, Formale Logik, págs. 311 y
ss.
49 Ya BURKAMP, Logik, pág. iv, se refiere también, acertadamente, a esto.
50 La Logique ou Vart de penser, llamada “La Lógica de Port-Royal”, editada por A.
ARNAULD y P. NICOLE, 1662. En ella se encuentran los tratados de B. PASCAL,
Sur Vesprit de la géometrie y De l'art de persuader. Cfr. asinfismo W. DUBISLAV,
Definition, págs. 21-22.
Es suficiente aludir aquí al hecho de que tiene dudoso valor recurrir a
conceptos que se comprenden por sí mismos y a verdades que son
por sí evidentes -recurrir, pues, al fenómeno extralógico de la
evidencia-. Tampoco se puede en este contexto entrar a considerar
con mayor amplitud el hecho de que el carácter inevitable de los dos
mencionados regresos al infinito y la necesidad allí implicada de que
en la prueba se utilice el procedimiento axiomático, que hemos de
tratar en seguida, debieran dirigir la atención sobre la necesidad
metódica de un escepticis-mo por principio.

b) Resulta singular que en la historia de las ciencias, especialmente en


la de la misma lógica, a partir de la doble idea, por una parte sobre la
inatacabilidad de aquel método perfecto, por otra parte sobre la
necesidad de un compromiso entre ese ideal inalcanzable y las
posibili-dades reales, se haya tardado tanto en desarrollar el método
que finalmente la teoría lógica moderna ha presentado como método
axiomático. Esto es tanto más sorprendente cuanto que no solo el
matemático o el científico de las ciencias naturales exactas trata de
proceder según la máxima de dejar sin definir la menor cantidad
posible de conceptos y sin demostrar la menor cantidad posible de
proposiciones, sino que también por ejemplo el jurista, precisamente,
trata de proceder lo más posible según esa norma de trabajo. El hecho
de que, en definitiva, el impulso decisivo para la formación del método
axiomático se originara en la matemática, dependió sin duda, por una
parte, de que las relaciones lógicas podían captarse con máxima
claridad precisamente en ese campo, y ellas tenían por eso que
impulsar firmemente hacia la axiomática, y por otra parte dependió
también de que simultáneamen-te con la construcción cada vez más
refinada de las teorías matemáticas se hizo visible, más y más, la
insuficiencia de la lógica clásica para lograr el dominio de los
problemas lógicos que así se planteaban (5l).

Ahora bien, dicho brevemente, el método axiomático consiste en la


ordenación de las proposiciones y conceptos de un campo cualquiera
del siguiente modo:

aa) Se establecen sin demostración ciertas proposiciones -los


axiomas-. Todas las otras proposiciones se demuestran, como teore-
mas, en un proceso paso a paso -las demostraciones en cadena-- a
partir de los axiomas y por aplicación de determinadas reglas de
prueba.

bb) Se establecen sin definir ciertos conceptos -los conceptos


fundamentales-. Todos los otros conceptos se definen como conceptos
derivados en un proceso paso a paso -las definiciones en cadena- -a
partir de los conceptos fundamentales y por aplicación de
determinadas reglas de definición.
cc) Cuando el método axiomático se aplica a la lógica misma, los
axiomas y conceptos fundamentales que aparecen son, natural-mente,
axiomas y conceptos fundamentales lógicos. Cuando el método
axiomático se aplica a otra rama de la ciencia, hay que distinguir en
cada caso dos diferentes grupos de axiomas y conceptos
fundamentales: Primero, aquellos que no son de índole puramente
lógica, y además, segundo, los axiomas y conceptos fundamentales
lógicos. Los primeros caracterizan la respectiva rama científica y los
últimos indican el sistema lógico empleado en cada caso. Estos dos
grupos tienen que aparecer en toda teoría construida
axiomáticamente, salvo cuando se trata de la teoría lógica misma,
caso este en el cual solo el segundo grupo es necesario. El hecho de
que todas las ramas de la ciencia se propongan desenvolverse de
acuerdo con las leyes lógicas explica que en todos los campos
científicos los axiomas y conceptos fundamentales lógicos se
presenten siempre junto con los axiomas y conceptos fundamentales
que especifican cada disciplina. Siempre se co-presupone, pues, la
validez de los axiomas y conceptos fundamentales lógicos. Según
esto, si, por ejemplo, se aplica el método axiomático a la ciencia del
derecho, habrá que exponer los axiomas y conceptos fundamentales
jurídicos, y agregar los axiomas y conceptos fundamentales lógicos
empleados (52).

51 Sobre el método axiomático cfr. D. HILBERT, Axiornatisches Denken, Math. Ann.


78,405 ss. (1918); H. WEYL, 'Thilosophie der Mathematik und Naturw¡ssens-
chaften", en Handbuch der PhiIosophie, editado por BÄUMLER y SCHRóTER, Secc.
II A, München y Berlin, 1926; A. FRAENKEL, Einleitung in die Mengenlehre, 3' ed.,
Berlin, 1928; R. CARNAP, Eigenfliche und uncigentliche Begriffe, Symposion 1,
págs. 355 y ss. (1927); ídem, Logistik, págs. 70-72; ídem, Logik, núm. 42 (pags.
172-178); A. TARSKI, Einführung in die mathernatische Logik, 4' ed., Góttingen,
1971, págs. 126 y ss.; BOCHEÑSKI-MENNU, Logistik, § 7.
52 Cfr. HILBERT-ACKERMANN, Logik, pág. 86.
En lugar de la expresión axioma se pueden utilizar también las
designaciones sinónimas de postulado, principio, supuesto
fundamental y premisa básica. Del mismo modo, en lugar de teorema
se puede decir también tesis, inferir o fundamentar en lugar de
demostrar, y regla operacional en lugar de regla de demostración.

Los principios fundamentales de ese procedimiento resultan fami-liares


al jurista sistemático. Todo manual científico-jurídico que en lugar de
hacer uso del método casuístico trata de desarrollar un sistema,
procede en forma axiomática, por lo menos de manera aproximada. Se
establecen al principio los conceptos jurídicos básicos y los principios
jurídicos más fundamentales. A partir de estos, utilizando los axiomas
y conceptos fundamentales de índole lógica tácitamente presupues-
tos, y empleando definiciones y demostraciones en cadena de manera
que se evite lo más posible incurrir en lagunas, se obtienen los
conceptos y principios jurídicos derivados.

c) Ahora bien, si se intenta proceder de manera axiomática dentro de


un campo científico cualesquiera, aparecerán de inmediato graves
dificultades con el empleo de los lenguajes naturales, cuando haya
que formular de la manera más objetiva posible relaciones lógicas que
tienen una estructura más complicada. Esto se evidencia sobre todo al
inferir proposiciones cualesquiera a partir de otras. Para superar esta
dificultad se ha utilizado, ya desde hace tiempo, un recurso auxiliar de
economía de pensamiento consistente en el empleo de una adecuada
abreviatura simbólica para estructurar con más claridad las relaciones
entre concep-tos y proposiciones.

Cuando se renuncia al empleo de una simbólica, pero se trata de


aplicar a los lenguaÍes naturales los principios del método axiomático
más arriba mencionados -como, por ejemplo, lo hace con frecuencia el
jurista que trabaja en forma sistemática- puede decirse que se proce-
de entonces de manera cuasi-axiomática. En este caso, empero, ya el
desarrollo de un lenguaje técnico representa el primer paso hacia una
simbólica exacta propiamente dicha (53). BOCHENSKI (54), por
ejemplo, subraya, con razón, que todo lenguaje representa en el fondo
un sistema axiomático, aunque no siempre construido con precisión.
Cuestión aparte es la de que, como lo hace ENGISH (55), ya no se
quiera seguir llamando axiomático a un procedimiento que es
solamente cuasi-axiomático.

53 Cf'r. H. SCIJOU, Was ist Philosophie?, ARSII, XXXIII, 41, núm. 23 (1939/40).
54 Denkmefthoden, pág. 93.
Es sabido que el desarrollo de la matemática, desde sus comienzos
hasta su nivel actual, no hubiera sido en modo alguno pensable si no
hubiera sido por el perfeccionamiento experimentado por las primitivas
formas de la simbólica hasta llegar a la forma que presenta
modernamente el exacto lenguaje matemático artificial. Esa tan exitosa
artimaña, si así se puede decir, de la economía del pensamiento,
consiste en poder operar lógicamente (contar, calcular) mediante los
símbolos sin que sea necesario pensar continuamente en el contenido
de estos. Basta con que se intente por una sola vez expresar cualquier
fórmula matemática, que no tiene por qué ser especialmente
complicada, sin emplear la simbólica, con los solos medios del
lenguaje natural, para poder darse cuenta en seguida del gran alivio
que proporciona una abreviatura simbólica.

Es natural que se trate de ensayar ese método también en el campo


no matemático. Que en tal caso sea ante todo la lógica la disciplina a
la cual se intenta dar una forma exacta mediante una simbólica
adecuada, es un hecho que se explica ya por la sola circunstancia de
que es la lógica, por su naturaleza, la que puede por lo menos
asemejarse en precisión a la matemática. Ya que la matemática es
exacta porque ella es en cierto modo, "completamente lógica". De
manera que en realidad la ciencia de la lógica debiera incluso
aventajar a la matemática desde el punto de vista del rigor y la
precisión de sus teorías, ya que ella representa la piedra de toque con
la cual se mide la corrección de las demostraciones matemáticas.

Es mérito de LEIBNIZ. (56) haber señalado la necesidad de calculizar


las reglas del razonamiento lógico, es decir, formularlas de tal manera
que para su empleo ya no haga falta pensar en el significado material
de las expresiones a las cuales se aplican. Fue el primero en postular
el calculus ratiocinator. Pero al mismo tiempo, LEIBNIZ vio que la
formulación de las reglas del razonamiento exigida para poder crear un
calculus ratiocinator solo es alcanzable con una adecuada simbólica.
Por eso postuló también la construcción de un adecuado lenguaje
técnico del pensar, la characterística uníversalis, como él la llamó.

55 Sinn und Tragweite juristischer Systernatik, Studium Generale, 10, págs. 176-177
(1957).
56 Cfr. sobre esto SCHOLZ, Geschíchte, págs. 48-55. ídem, Die Philosophie im
Zeita(ter der mathesís uníversalís., Descar.,es, A7sc,97, Lelbpl~, págs. 100 y ss.
COUTURAT, La logique de Leffiniz d'aprés des documents inédits, Paris, 1901; F.
ENRIQUES, Per la storia della logica, trad. alemana de L. Bieberbach, Leipzig,
Berlin, 1927, pág. 75. ídem, Probleme der Wissenschaft, trad. alemana de K.
Grelling, Leipzig, Berlin, 1910, t. i, pág. 161; BOCHENSKI, Formale Logik, págs. 320
y ss.
LEIBNiz no consiguió construir una simbólica de esa índole. Ella existe
hoy como resultado de la investigación lógica moderna, que se inició a
mediados del siglo XIX.

d) De aquí en adelante precisaremos lo que se ha de entender por


lógica calculatoria o, como se suele también decir, por cálculo lógico.

aa) Cuando se expone una ciencia cualquiera de acuerdo con los


principios del método axiomático (cfr. supra b), con ayuda de una
simbólica acorde con las exigencias leibnizianas, que no contiene ya
ningún elemento de un lenguaje natural, se obtiene entonces un
cálculo de la respectiva disciplina científica.

bb) Cuando se axiomatiza la lógica por medio de una simbólica


adecuada del tipo mencionado, se obtiene entonces, por consiguiente,
una lógica calculatoria, un Cálculo lógico (57).

El primer sistema general de lógica calculatoria se expone en los "Prin-


cipia Mathematica" elaborados por B. RUSSELL y A. N.
WHITEHEAD58. Esta obra cierra, y al mismo tiempo lleva a su más
alto nivel, la primera fase de desarrollo de la lógica moderna, iniciada a
mediados del siglo xix, y que se vincula con los nombres de A. DE
MORGAN (1806-1876), B. BOOLE (1815-1864), W. S. JEVONS
(1835-1882), C. S. PEIRCE (1839-1914), E. SCHRÓDER (1841-1902),
G. FREGE (1848-1925) y G. PEANO (1858-1932). Como se sabe, los
importantes impulsos dados por LEMNIZ, que todavía hoy son
esenciales (59), no tuvieron repercursión real y cayeron entretanto casi
completamente en el olvido.

57 Sobre la teoría general del cálculo cfr. por ej. KARL SCHROTER, Ein afigerneiner
Kalküibegriff, Leipzig, 1941; BOCHEÑSKI-NIENNE, Logistik, § 28; P. LORENZEN,
Forma-le Logik, § 6. Asimismo para el problema de la interpretación: H. SCHOLZ,
"Zur Erhellung des Verstehens", en Festschrift für E. Spranger, Leipzig, 1942, y W.
BRITZEL-MAYR, Interpretation von KaIküIen, Synthese, VII, 1 (1949).
58 2. edic., Cambridge, 1925-1927, reimpresión 1950; las introducciones del tomo I
fueron traducidas por H. Mokre bajo el título Einführung in die mathematische Logik,
München, 1932.
59 Significativamente, la extensa bibliografía de la lógica moderna de CHURCH CO-
mienza con la indicación de las respectivas investigaciones de LEMNIZ. Cfr. A.
CHURCH, A Bibliography of Symbolic Logic, The Journal of Symbofic Logic, I, págs.
121 y ss. Los cálculos modernos han adoptado ciertos principios de LEMNIZ, como
por ejem-plo el---praeclarum theorema", contenido en los Principia Matheni tica como
fórmula * 3.47. Los puntos de vista sobre PEIRCE, la mayor parte de la veces
desacertados, que se sostuvieron en la bibliografía alemana, pudieron entretanto ser
corregidos. Cfr. .1. V. KEMPSKI, Charles S. Peirce und der Pragmatismus, Stuttgart,
Kóln, 1952.
e) La lógica moderna se llama también lógica matemática60. Pero esto
no quiere decir que la lógica se matematice en el sentido de excluir su
aplicabilidad al campo de las ciencias del espíritu. Pese al empleo de
una simbólica matemática, la lógica moderna no es más que una
formulación precisa y completa de la lógica formal en el sentido de la
tradición6l . Así, por ejemplo, bajo los símbolos lógico-proposi-cionales
de la disyunción ("o") y de la implicación ("si-entonces") aparecen las
conocidas relaciones lógicas entre proposiciones.

Con el empleo de la simbólica se vinculan objeciones que se pueden


oír a menudo. Se dice que ella matematiza el pensamiento. A lo cual
hay que responder que ya tiempo antes del desarrollo de la lógica
calcu-latoria se había reconocido, dentro de la lógica formal, la
necesidad y posibilidad de una exposición simbólica. Como ejemplo,
puede recor-darse la teoría clásica del silogismo. En este caso, ya
desde muy tempra-no se intentó precisar la estructura lógica de los
razonamientos exponiéndolos en forma simbólica. Así, por ejemplo,
cuando se expresó el modus barbara con la fórmula (62).

Uno de los motivos que trajeron como consecuencia al estancamiento


de la lógica clásica es el hecho de que no se lograra encontrar una
simbólica adecuada.

Pero la objeción de que el cálculo moderno violenta la lógica cuando la


matematiza, se refuta de la manera más clara con la observación de
que, en realidad, sucede lo contrario: Es posible -bajo determinadas
condiciones que aquí no pueden explicarse con más detalle- constituir
la matemática en una parte de la lógica (63). Serían, entonces, los
matemáticos los que con mayor "derecho" podrían quejarse de una
"logifi-cación" de su disciplina.

60 Sobre la relación entre matemática y lógica moderna, cfr. H. FIEMER, Maternatik


und moderne Logik, ARSP, XLVII, 553 (1961).
61 Cfr. K. GODEL, "Russell's Mathematical Logic- en The Phylosophy of Ber-trand
Russell (ed. por P. A. Schilpp), 3' edic., New York, 1951, pág. 125.
62 Esta expresión tradicional, con la mencionada fórmula, significa: M a P
"Todos los M son P-, S a M = "Todos los S son M", S a P = "Todos los S son P". El
trazo horizontal indica que aquello que está debajo de él se sigue de aquello que
está arriba del mismo. Cfr. BURKAMP, Logik, pág. 127, y DREWS, Logik, pág. 356.
63 WHITEHEAD-RUSSELL, P.M., cuyo título se deriva de ese hecho. R. CARNAP,
Log. Aufbau, págs. 148-150, con referencias bibliográficas. Asimismo: R. CARNAP,
Logis-tik, pág. 2. Idem, Die Mathematik als Zweig der Logík, BI.f.dt.Phil., 4, 298-3 10.
BEH-MANN, Mathematik und Logik, Leipzig, Berlin, 1927.
A veces surgen objeciones por el hecho de que han sido sobre todo
matemáticos quienes construyeron la nueva lógica. No hace falta decir
que este argumento no tiene peso lógico alguno. Pero, como tal, el
hecho histórico con el que se argumenta -en sí totalmente verdadero--
muestra el fracaso experimentado por la lógica tradicional
precisamente en aquel campo científico particular donde, desde el
punto de vista lógico, se procede con la máxima corrección. Si la
problemática lógica en su totalidad hubiera sido abarcada por la lógica
clásica, y esta la hubiera resuelto en forma satisfactoria, es seguro que
los matemáticos no hubieran sentido de manera especial la necesidad
de su ampliación.

f) La insuficiencia de la lógica clásica se evidencia muy claramente


cuando se comparan sus resultados con los de la lógica calculatoria.
Pero una exposición comparativa de esta índole supondría el
conocimiento de la lógica moderna, y, por lo demás, saldría del marco
de estas investigaciones. En su lugar, mencionemos solo dos
ejemplos, que demuestran con evidencia cuán insuficiente resulta la
lógica clásica. En efecto, se puede indicar razonamientos que, aunque
son corrientes en el pensamiento material *, no se dejan captar con los
medios de la lógica clásica. No se ajustan a la teoría tradicional del
razonamiento, y, fuera de la lógica calculatoria, no se consigue dar
ninguna prueba lógico-formal concluyente sobre su admisibilidad. Dos
inferencias de esa clase son, por ejemplo, las siguientes:

aa) "Circulus est figura; ergo quicurnque circulum describit, is figuram


describit” (64).

bb) "Si hay un efecto, hay una causa” (65).

El intento de encuadrar estas argumentaciones relativamente


elementales dentro de la teoría clásica del silogismo, pone en
evidencia, a simple vista, la insuficiencia de la lógica clásica.

3. Ahora bien, como las investigaciones siguientes han de partir de la


perspectiva de la lógica moderna, que hemos caracterizado más arriba
en forma general, es necesario establecer antes que nada otra
precisión más -en cierto modo interna- porque -a esto ya se aludió más
arriba- no basta señalar que el punto de partida es la perspectiva
tradicional o la moderna, sino también, cuando uno se decide por la
teoría lógica moderna, como es aquí el caso, hay que indicar cuál de
los diferentes cálculos lógicos posibles dentro de ella es el que se
quiere aplicar.

N. del T.: En el original: inhafflichen Denken, pensamiento que se refiere a


contenidos, a diferencia de "pensamiento formal---.
64 Cfr. H. SCHOLZ, Geschichte, págs. 42 y 60; WHITEHEAD-RuSSELL, P.M. * 37.2.
65 HILBERT-ACKERMANN, Logik, pág. 56.
De lo ya dicho sobre el método axiomático y la calculización se
desprende que estamos ante una elección de esa índole, ya que hay
dos maneras de llegar a cálculos lógicos diferentes: Una, como conse-
cuencia de la distinta elección de los axiomas, otra, como
consecuencia de la distinta elección de los conceptos fundamentales.
La forma del cálculo lógico a considerar depende, pues, de cuáles
axiomas y concep-tos fundamentales se establezcan. Esto se habrá de
explicar con detalle en los parágrafos que siguen. Aquí resulta
suficiente indicar, desde ya, que la exposición ha de servirse ante todo
del cálculo lógico desarro-llado por HILBERT-ACKERMANN en los
Grundzügen der theoretischen Logík (3° edic.). Además, se recurrirá a
veces al cálculo expuesto en el Abriß der Logistik por CARNAP,
completado por la Einführung in die symbolische Logik (2 a edic.,
Wien, 1960) del mismo autor. Como ambos cálculos -sin duda, el
segundo en mayor medida que el primero-toman su punto de partida
en el cálculo fundamental de los Principia Mathematica (2° edic.) de
WHITEHEAD-RUSSELL-, a veces, para completarlos, se apelará
también a este último.

4. Además de las obras que acaban de citarse, pueden servir, para


completar y profundizar las respectivas explicaciones, las siguientes
referencias a exposiciones introductorias y sistemáticas de la lógica
moderna, debiendo tenerse en cuenta que la parte sobre fundamentos
de las obras de lógica matemática mencionadas seguidamente son
importantes también para los problemas lógicos generales, no
matemáticos.

K. AMUKIEW1(7, Abr der Logik, Berlin (Ost), 1958.


G. ASSER, Einführung in die mathematische Logik, Teil 1, Zürich, Frankfurt/M. 1965.
1. M. BOCHENSKI y A. MENNL, Grundiss der Logistik, 4° edic., Paderborn, 1973 (5'
edic., 1981, en programación).
R. CARNAP, Logische Syntax der Sprache, 2' edic., Wien, New York, 1968.
G. HASENJAEGER, Eínführung in die Grundbegriffe und Probleme der modernen
Logik, Freiburg, München, 1962.
H. HERMES, FinfÚln---ung in die mathematische Logik, 3° edic. Gart, 1972.
G. KI-AUS, Moderne Logik, 4 edic., Berlin (Ost), 57,5,t',",j,
F. VON KUTSCHERA, Elementare Logik, Wien, New York
P. LORENZEN, Einführung in die operatíve Logik und Mathematik, Berlin, Góttingen,
Heidelberg, 1955.
ídem, Formale Logik, 4' edic., Berlin, 1970.
A. MENNE, Einführung in die Logik, Berlin/München, 1966.
W. V. QUINE, Grundzüge der Logik, 2' edic., Frankfurt, 1969.
B. RUSSELL, Eínführung in die mathematísche Logik (Einleitung von Principia
mathematica, 11 und P), trad. de H. Mokre, München, 1932.
H. SCHOLZ y G. HASENJAEGER, Grundzüge der mathematischen Lo-gik, Berlin,
Góttingen, Heidelberg, 1961.
H. SEIFFERT, Einführung in die Logík, München, 1973.
A. TARSKI, Einführung in die mathematische Logik, 4' ed., Gó-ttingen, 1971.
Representan concepciones diferentes:
B. BARONVONFREYTAG-LORINGHOFF, Logik, 3' ed., Stuttgart, 1961.
G. JACOBY, Die Ansprüche der Logisflker auf die Logik und ¡hre
Geschichtsschrcibung, Stuagart, 1962.