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LOé TUNDAMINIOó DT

LAó CIENCIAé DEL }IOMDPT

fundarentcs

y tranofonnaciones (ll)

Introducci,cn y

oeleccón de text¡¡s

I'f8*l de Asúa

JD. bernal, flJ. Dljksterhulq.

Tó. Kuhn, L. Inudan,

é. éhaprn, é. échaffer,

D. Inlcur

CenLro fidilor de América tatina

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Dlrccclón: Ricardo Figueira

secrstarf¡ do.rcd.caÍón: oscer T¡onctlso

Diagramacióri:

Coordin¡ción

Rlcardo Perpyra; Adriana Máriínez

y producclón: Marta Carrera,

AriElO. Villalba

Traducciones: Miguel de Asúa, María lnés Crespo,

Allonso María Hernández RodrÍguez, Javier Paysás,

.Pablo Ubierna.

t

@1993 Centro Editor de América l-aüna S.A.

Tucumán 1736. Buenos Aires

Hecho el depósito

en Carybe.'Udaondo 2'646, Lanús Oeste, Érov de Bd As

Encuadernado

en Haiey. Av

Mosconr 640, Lomas del Mirador,

Prov. de Bs As.

Distribuidores en la Reoública Aroentina.

de lev. Libro de edición aroentiña lmoreso

Capital: Distribuidora Cancellaro S.R.L., Viirey del Pinb 2639 5P "A", Cap. Fed ; lnterior: Dipu S.R L., Azara225, Capital. lmpreso en diciembre de 1993.

ISBN:950-25-2147-1-

JOHN D. BERNAL

los últimos t[einta años, debido en gran parte a.,lá

inlluencia del pensamiento rñarxista, se ha abierto paso la

idea de qu€ no sólo los medios empleados por los científi- cos natuiales sino incluso las mismas ideas directrices de su enloque teórico eslán condicionados por los aconteci,

mientos y las presiones de la sociedad. Esta idea ha

engonthdo violenta oposición y también ha sido apoyada

enérgicamente; pero, a la luz de la discusión, se ha supera-

do la idea primitiva de un impacto directo de la ciencia

sobre la socledad. Mi propósito es destacar una vez más

en qué medida el progreso de la ciencia natural puede ayu- dar a determinar el de la sociedad misma, y estó no sólo sn

los cambios económicos suscitados por la aplicación de los descubrimientos cienlíficos, sino también a consecuencia del electo que produce en la estructura general del pensa-

miento el impacto de nuevas teorías cientÍficas.

En seguida advelí, sin embargo, que tal cosa suponía mucho más que la simple elaboración de un catálogo de invenciones e hipólesis ilustrado por ejemplos de sus efec-

tos en los cambios económicos y políticos. Esto ya se había hecho con frecuencia anleriorments. Si había que

esperar algo nuevo y significativo nada era más adecuado que volver a examinar enteramente las relaciones recípro- cas ds ciencia y sociedad. Afirmar los efectos de la ciencia en la sociedad o.de la sociedad en la ciencia sería iguat-

mqnte unilateral.

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ii

Tampoco hubiera srdo suficiente limilar la investigación

a las épocas recientes Esto habría bastado si nos limitára-

mos a buscar los efectos de los cambios malerialesr'#t.,el

modo de vida a que dio lugar la Revolución lndustrial y qüe

han proseguido aceleradamente desde enlonces. Pero si

139

,;,,:'ii eielos, y de ahi pasar a los antiguos, ein cuyas teorfas esas

controversias careosn de sentído.

ill,,' li'.,',

x.,"

'

Por lo tanto, se trataba de inlentar esbozar toda la h¡sto-

r" "ién"ii aesde los orfgenes

mismos áe la soc¡eoáo

Esto suponla un estudio paralelo de tda la histo-

ri" aé

'

humana.

,rl,:

,r. i

i,t. :)

ria social y económica en relación con la historia de la cien-

cia, larea qus eslá luela del alcance de un solo individuo, incluso aunque haya dedicado toda su vida a los estudios histórbos. Para un cientflíco atareado y desconocedor de las técnicas de la investigacién histórica sEría presuntuoso intentar un serio análisis1 gran escala de ess aspecto de la historia y pressnlarlo en público. Sin embargo, parecía

existir alguna excusa para hacer un primer intento de esbo- zo de la maleria si servía para estimular, pese sus errorgs y omisionEs, a otras personas menos atarsadas y mejor cua- lificadas para presontar un cuadro más autorizado. Por olra

parte, existía una ventaja compensatoria en la posición de

un éientílico en ejercicio que ha vivido lo suficienle para haber seguido o incluso participado en los movimientos

científicos de períodos críticos, tanto de la ciencia como del

cambio social. En realbad he sido excepcionalmente alor- tunado al disponer de experiencia de primera mano sobre

la realización y organización del trabajo científico y al

observar cómo éste se necesita y emplea con fines prácti- cos, tanto en la paz como en la guena.(

)

La ciencia es, por un lado una técnica ordenada; por

otro,una mitología racionalizada. Puesto que se inició

como un aspeclo dilícilmenle discernible del secreto del artssano y del saber del sacerdote, que permanecieron

eeparados durante la mayor parle de la hisloria conocida,

la ciencia tardó mucho en alcanzar una exislencia inde-

pendiente en la sociedad. lncluso cuando llegó a encon- trar sus propios seguidores específicos en la medicina, la

: astrologfa y la alquimia, éstos formaron durantli'mucho tiempo un pequeño grupo parasitario de los prlhcipes,

sacerdoles y mereaderes. Sólo en los últimos ,lres siglos

ha llegado la ciencia a establecerse tradicionalmente

como una prolesión aulónoma, con su educación especifi-

ca, su lileraturq,y sus asociaciones. Ahora, en nu€stra

'140

gerieralde la cierrcia en todds hs

lolmgs del pensamierrto I

y la aaiüdd práclica, ufli€ndo nuovamenle alcientffbo, al' trabajador y al administrador.

El'progieso de la ciencia no ha sido uniforme en el

tiempo y en el espacio. Los perfodos de rápido progroso se han alternado con largos períodos de estancarttienlo o

incluso de decadencia. En el lranscurso del tíempo los

contros de la acliüdad cientffica se han desplazado conli- nuam€nle, siguiendo por lo común la dirección de la migra- ción de los centros de la aclividad comercial e industrial.

Babilonia, Egiplo y la lndia han sido focos de la ciencia

antfiua. Grecia llegó a convertirse en el heredero cornún,

elaborando por primera vez las bases racionales de la

ciencia lal como las conocsmos nosotros. Ese movimiedo hacia delantE del pensamiento humano llegó a su fin antes de la decadsncia linal de las ciudades-estado cláeicas. En Roma había escaso lugar para la ciencia y ninguno en los reinos bárbaros de la Europa occidental. La herencia de

Grecia volvió hacia el este, de donde habfa venido. En

Persia, Siria, la lndia, e incluso la lelana China, la ciencia recibió nueva vida uniéndose en una brillante sfntesis bajo la bandera del lslam. Esta es la fuente de la ciencia y lae técnicas de la Europa medieval. Experimentaron entoncos un desarrollo que, aunque lento al principio, dio lugar a la gran erupción de actividad creadora que tuvo como consE- cuencia la ciencia moderna.

lninterrumpidas y activas tradiciones nos unen con la

ciencia revolucionaria del Renacimiento pese a que en su

desarrollo podemos advertir cuatro grandes perfodos de

progreso. El primero, qu€ tuvo su centro en ltalia, produjo la renovación de la mecánica, la anatomía y la astronomía con Leonardo, Vesalio y Copérnico, derribando la auloridad de los antiguos en sus doctrinas cenlrales sobre el hombre

y el mundo. El segundo, que se exlendió por los Pafses

Bajos, Francia e lnglaterra, se inició con Baeon, Galileo y Descartes y finalizó con Newlon, conslruyendo un nuevo

modelo mecánico y matemático del universo. Tras un intEr.

valo, la tercera transformrción, cenlrada en la Gran Breta- ña induslrial y en el París revolucionario, abrió para la cien- cia regiones de experiencia, como la de la electricidad, que no hablan sido consideradas por los griegos. Fue entonces

ffi¡i,ffl'ü1,i ri.tll.rllililiinirr\ütrlti{iiii"ilri,i

ii$',{iifir

:l óuuiio' ta oiencia piuo ay;¡;, tuái¿ ,ü*r,¡;¡ilri

gña, Ja maquinaria y la química,

a transformar la prducción

;;1' ,y el,transporte. El cuarto perlodo, el más imporlante de

todos por su amplitud y sus efectos, si no por iu intrfnseco

valor intelectual, es la revolución cienlífica de nuestra

épo-

ca. Asistimos a los comienzos de una ciencia universal,

transformadora de lo viejo y que crea nuevas industrias, irnpregnando todos los aspectos de la vida humana. Es también ahora, duranle esle período de transición, cuando errcontramos a la ciencia implicada directamente en el vio-

lento y terrible drama de las guerras y la revolución social. Está claro que a cada uno de estos grandes períodos de

ta ciencia corresponde uñ período de cambio económico y social. La ciencia griega refleja el ascenso y la decadencia de la sociedad esclavista y dominada por'el dinero de la

Edad del Hierro. El largo intervalo de la Edad Media señala

El desarrollo y la inestabilidad de la economía feudal, con su escaso empleo de la cienciá. Esta no pudo progresar

!¡asta que las ligaduras del orden feudal fueron rotas por la burguesía. El capitalismo y la ciencia moderna nacieron del

nismo movimienlo. Las fases de la evolución de la ciencia modsrna acusan las sucesivas crisis de la economía capi- talista" Los dos primeros períodos coinciden con sus prime-

ras luchas y sus primeros éxitos en su establecimienlo

como sislema económico dominante en Holanda e lnglate- rra. El tercero se anunció en el sistema fabril y parecíá pre- decir el lriunfo de un capitalismo progresivo aliado de la

ciencia. Finalmente, el último perfodo corresponde a un

capitalismo ya desarrollado e hiperlrofiado, y a la nueva for-

rna del socialismo que lucha visiblemente por sustituirlo y recoger las nusvasfuerzas de la ciencia para utilizarlas en

su propio sentido.

Escribir sobre eslo, sin embargo, es solamente

empe-

zar a lormular el problema. Las igualdades elementales entre progreso social y progreso cienlífico llevan a una

afecta, en concreto, una trans-

es lo que dio a la cien-

"''cia de la antQua Atenas, de lailorencia dól Renacimiento,

cuestión importante:

¿como

foimación social a la ciencia?

¿Qué

o de Birmigham y Glasgow

peculiar y nuevo? Y, diversamente,

conquistas de los científicos de esos tiempos y lugares

pudieron las

siglo XVlll, su carácter

del

¿cómo

afectar a la induslria, al cornercio, a la política

gión de sus contemporáneos? ¿Hasta qué punto sus efec-

y a reli-

los fuoron permanenles y en gue medida pasajeros? Tales bon tEs cuástiones que tie examinado y trátadó de respoil;'.

dEr en €ste l¡bro.

Al hacerb he ¡nlentado tener en cuenta, en la medida de

lo posible, todos los factores rslevantes. He procuraiJo

delerminar y describir las posibilidades y limitaciones técni:' cas db cada período y elgrado del incentivo econémico

para delerminar con seguridad los progresos realizados

Pero los progresos no los consiguen fuerzas impersonales sino hombres y mujeres vivos. Su vida y su modo de vivir , sus motivos, sus relaciones con los movimientos políticos de la época deben lambién ser considerados. También era,

necesario apreciar en sus trabajo y escrilos qué les estimu- laba y qué les frenaba en las ideas de las antiguas tradicio-

nes y en las vivas discusiones de su época. Podemos

adwrtir cómo las positivas fuerzas del progreso aparecen al iniciarse cada avance crílico y cómo se reafirman, cuan- do éste se cierra, las luezas regresivas de la pedantería y El oscuranlismo. Las circunstancias, sin embargo, son dife-

rgntes en cada caso y exigen consideración separada.

Serfa absurdo esperar encontrar explicaciones simples para las lases crílicas del desarrollo de la ciencia. Pese a todo, la simple determinación de las relaciones entre los factores sociales, tácnicos y cientílicos puede ser suficiente para preparar un estudio posterior y conducir 3 uná com- prensión más amplia, aunque sea inconsci.ente. rnuy bien que mi imagen delpasado está influida por mi conoci- miento del presente y por mis ideas sobre el futuro camino de la ciencia. En verdad, en la cienciá, seguramente más

qua en cualguier otro campo de la actividad humana, el

progreso es posible sin conocimiento alguno de la hisioria, y de hecho así ha sucsdido con frecuencia. Pero como el ctnocimiento af ecta necesariamente la f utura orientación

de la ciencia deben conocerse las lecbiones del pasado

para que el progreso sea más rápido y seguro.

Este libro representá un primer intento de ordenar algu'- nas de lae lecciones del pasado. No es, ni quiere ssr, una historia más de la ciencia, aunque por sus propias necesi- dades ha sido necesario exponer nuevamente buena pano

de esa historia y, lodavía más, hacEr relerencia a ella.

lnleila delerminar la influencia de la ciencia En los restan- tes aspectos de la historia., direcla o indirectamente, por sus eleclos en los camb¡os económicos o por su inlluencia

E. J. DIJKSTERHUIfI

Hacia la mitad del sislo XVll coexistían cualró dilerentes cdrrientes de pensam-iento r€specto de la sstructura dé la

matsria, parcialmente

(1) La doclina

mezcladas enlre sf:

peripatética de los cuaÍo elementos, en la

cual, no obslante, el originalmente esencial rasgo de la

homogeneidad de los minima naturalia habla comenzado a perder terreno frenle a la concepción de que las partfculas más pequeñas de un compuesto químioo eran agregados

de partlculas existenles en forma independiente. (2) La doctrina de los lres principia o tria prima (sal, azu- fre, mercurio), originada en Paracelso y mencionada como la doctrina Espagirita.

(3) La doctrina Carlesiana de que la maleria es idéntica en exlensión, pero existe en lres grados de linura.

(4) La teoría Demócrho-Epicrlrea de los átornos reloma- da por Gassendi.

Que en la segunda mitad del siglo XVll esia diversidad emergiera gradualmente hacia una concepción unificada, se debe principalmente al trabajo, sn parle crítico, en par- te conciliatorio, del cientílico naturalista de origen inglés

Robert Boyle. En realidad, esle úllimo atacó las dos pti-

meras concspciones ariba mencionadae demostrando éñ forma experimental lo insostenible de la idea de que lodás las substancias están constituídas por los cualro elemen- tos o los tres principia, y combinó las úhimas dos en una

' Capítulo de la obra The Mechanizatian ol the World Piclure. Pythagoras to Newton, trad. al inglés por C. Dikshoorn (Prince- ton N.J.: Princeton University Press, 1986) 1ra ed. en holandó¡ De Mechanisierungvan het Wereldbeeld (Amstsrdam, 1959), pp.

433-444.

-'Traducción de Javier Paysás.

teorla c-orpuscular, eimilar en varios áspgctosr a:fá de

Gassendi.

La primera parte de esta tatea fue llevada a cabo en el

ttabajo _más conocido de Boyle, The Sceptical Chymist

(1661; 2da.ed.1680), que puede sor considerado cbmo el

a Mientras tanto no habÍa aún demanda de un desarrollo positivo de la química como ciencia independiente, a ser estudiada sistemáticamente, y se requirió todavía un buen trscho antes de que tal desarrollo pudiera tener lugan un

siglo después, a través'de la obra de Lavoisier y Dallon.

Hablar de The Sceplical Chymist como el primer manual moderno de química, como a veces se hace, eg sólo posi-

ble si uno no ha leído nunca la obra o le da excesiva irnpor-

tancia a la definición de los elemenlos químicos dada en la segunda edición del libro. Esta definición estableces que el autor entiende como elementos a cuerpos simples los cua- les, no estando constituídos por otros cuerpos u otro cuer-

po, son los ingredientes de los cuales todos aquellos cuer-

pos perlectamente mezclados (compuestos químicos)

están compuestos y En los cuales ellos pueden ser, en últi- ma instancia, descompuestos. En contrasle con Lavoisier, quién iba a requerir nada más que la imposibilidad práctica

de la descomposición con los medios químicos disponibles, Boyle demandó entonces la imposibilidad esencialdElaná-

lisis. Por lo tanto, se enoontró a mismo obligado a agrs- gar, a la vez, que no se animaba aún a dar por cierto que los elementos existieran realmente, y por lo tanto era inca:

paz también de describirlos o numerarlos.

comíenzo de una nueva era en la historia de la química en

cuanto a que pone fin a un período

anliguo. El lílulo des-

cribe perfectament€ el contenido: es eiclusivamente de

carácter escéplico y crít¡co. El autor sólo desea

en el campo ile la experimentación, lo insostenible de las

moslrar,

teoiías

Arislotélica y Espagirila, mientras que de sus pro-

corpusculares no publicó más gue'sus

ptan

pias concepciones

principios y sólo bajo ta forma db posibilidades. Et

refleja su personalidad, que estuvo signada, especialdren.

le al

¡e sr evililsil¿u

comienzo de su carréra a clenltltcar

str su saf ft'f

cienlífica,

pof una gran pre-

por

una gran

caución en aceptar o proclamar afirmacionss

mgnte obligatorias ("Me he encontrado con

opiniones

rsgaDa goyle3

fósaba

Boyles y,

y, por olra parte,

por otra

dogmáiica-

muy pocas

con las cuales puedo asenlir plenamenie;, con-

siempre agregaba que las

poco mLnos

bue

gue lala

opiniones de otros lo satisfacían un

suya propia) y por un pronunciado deseo de reconcíliar puntos de vista divergentes. Asl, en el resúmen de la con. versación en cueslión¿ se establece que el olador Carnaa-

des (que era el portavoz de Boyle)

razona.blemente,.

había argumentado,

descómposición

que los productos de

obtenidos por calenlamiento de un cuerpo compuesto no son ni tan simples, ni tres en número, ni los portadores de

ciertas cualidades (todas estas

tesis son Espagirilas).

por otro láOo-, Boyl'e

Psro a la vez ha¡¡que agregar qus,

eslaba ciertamente abierto a admitir que minerales consistían probablemenl€ d

todos los cuerpos tr€s compon€nte:

uno similar a la sal, uno similar al azulre y uno iimilar al

mercurio

animal

animal podfan ser separados

cras, qu€

y.que casi todos los cuerpos de órigen vegetal y

podfan

ser separados oor fueoo

por fuego en

sal,

sal,

en cinco sutstan-

subslan-

¡ aceite, flema y

que podrían

qu€ podrían

podr¡an ilamars€

llamarse

llamarse sal. alcohol.

alcohol,

cias,

cias,

agua; que, además, estas substancias, si bien no sErfan

pimples, podrían ser consideradas como elementos ds los cuerpos compuestos; y que en particular podrla conside-

algunos compues-

rarse que las propiedades curalivas de

los"rós¡dirían en alguno de estos elementos.

Que las crfticas de Boyle lueran

otro lado- ate-

nuadas o negadas por él mismo, no aheró el hecho de que

-por

El esceplicismo metódico desplegado por Boyle en el The Sceplical Chymist no le impidió revelarse a si mismo, en escritos posleriores, @mo un convencido adherente de

lo que él llamaba la filosofía corpuscular o mecanicista

cuyos.principios básicos --{ue habían sido sólo delineados

en su prirnera obra- lueron formulados en forma exlensa y resuelta en la obra publicada en 1666, The Origin of Forms

and Qualities According to the Corpuscular Philosophy,6 así como en muchos otros lrabajos posteriores.

Como en el caso de Gassendi, ésta era en realidad la doctrina de los antiguos atomislas, modificada de tal modo

de haber sido privada de su carácter ateo y mat€rialisla. En

la creación, Dios dividió la materia universal €n un gran

número de partículas pequeñas de diferentes niedidas y

146

If'f;,\{;T,rli:'j1'ill ,.-tLr i1,,i,ji:i;i1ri : ",' ¡,¡ ;t r:;: i i

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. tarüqttgs,t{ai:abló.unas

:rr .li. l'}',ti;ilril}L:;{,"i'':'

de oÍaÉ,,pffiiénüoüs*, ;ool.

Altiempo que el elernento del

ñerftq do d¡stintas manef88.

ez8r hebfa sido así eliminado de la oúnasis dat munr{a

i;,.".i::,:, Boyle,tarnbién esrableció tJñ oposi"ul i odrián""lól

.

',

1,. ,i

parr la genaración del universo maler¡al la materii ási

$uesla en

gue Dios.guió sus movimientos para que el mundo

y en particular.los ingeniosamente compuestós cuerpos

las crialurae vivientes,

eslo la materia procedió

oden impuesto sobre ella, al cual llamamos las

nalurale¿a, lo cual sin embargo no pudo sucedeí sin

movimiento no fue abandonada a sf misma, sino

"ntáro,

fueran formadoi por ella. Luigo de

a comportarse be acuerdo cin el

leyes de la

quá

tuviera

Pqg.

lugar, nuevamsnte, ld consiante colaboración be

N"

obslante, desde el punto de vísta ffsioo, todos los

nalurales se deben al movimiento de las partí-

materia -dividirJa en partfculas_ y ef

principios exillcativos de'los

tenomenos

gulas pequeñas. La

movimiento son los únicos

cuales la ciencia está autoriiada á hacer'uso. En relación

con el Érimero es

llamada corpuscular y en relaoión con el

segundo, mecanicista.

Una vez eliminado el lado objelable del atomismo, Boyl6

conc¡enóia

?

una ciencia puramente mecanicista, en la cual no

tugar para concepciones animislas o linalistas. por

Gassendi, Boyle es un atomista

término relacionado con la

ss halla listo para dedicar su atbnción, con una

glqry,

naDra

consiguienle, al igual que

práclico. No obstant€, evitó todo

palabra álomo, como así tampoco le gustaba que le llama_

ran Epícúreo, debkJo a las asocíacíonds con cial de vEr el mundo implícitas en ese vocablo.

un'modo espe-

^ Un rasgo esencial de la teoría de

Boyle es gu€, como

$ennerl, él imaginó desde el principio

gue serían combinados en nódulos; las'llainadas concre.

ciones primarias, las cuales por supuesto, podlan

B€ nuevamenle en sus constituyentes ya sea en tebría o

separar-

fequenos átomos

por acción divina (en la opinión d-e amboi, el átomo

qond¡á en muy raras

tias forman los elementos

es tam_

bién divisible) pero a los cuales la naturaleza sólo descom-

oc¡siones. Estas concreciones prima-

de los cuales se origínán los

1Oé

cu€rpos compuestos. Estos

plemente postulados en forma teórica

demostrado-que Boyle nunca logró señilar ni

difieren en forma cualitaiiva unó de otro. No obstante, dé

siquiera unoj

necno, ya se ha

elementos, que aquf-son sim-

148

causadas pof el tarnaño, forma; estado de movimiento-,¡

situación y ordenación de sus átomos constitutivos, de los

cuales surge un cierto patrón para elconjunto, al cual Boyle llamaba la textura de la concreción primaria.

Los compuestos pueden entonces ser formados a pafik

de diferentes elemenlos, mienlras fuera posible que lae

concreciones primarias de los elementos subsistieran sin cambio, una junlo a la otra, como así también que ellas se

interpenetraran y deetruyeran sntre sf, dando origen de

este modo a nuovas concreciones primarias. La forma en h

cual las concreciones primarias se combinan en la mistion,

el compuesto, es llamada la mirfura. La textura y la mixtura luntas son también denominadas estructura.

Como con toda explicación atomisla, por supuesto, que-

dari más cuestiones por resolver que resueltas, Para

comenzar, no se ha eslablecido si las concrecionas printa- rias consisten o no sn átomos idénticos, es decir, si

zando conceptos de la química moderna- tienen que

-utili-

ser

vistas como moléculas formadas por dos o más átomos

idénticos o como átomos conteniendo sub-átomos de dife- rente tipo ordenados en una eslructura particular. El aCento

colocado en la cuestión de la posición y la distribución

parece sugerir que la segunda de las opciones es la correc-

ta. Tampoco podemos saber qué agente aglutinants man- tiene los componenles de una concreción primaria tan fir- memente unidos que sólo se los puede s€parar de nuevo

en sus componenles en casos excepcionales. El antiguo

enigma de la mistio, la diferencia entre sus propiedades y las de los contituyentes, naluralmenlé también queda sin

resolver; de hecho, mixtura es simplemenle un nombre

para ello. Boyle hizo ver claramente los grandes avances de la concepción mecanicista:7 los principios explicativos empleados son lales que pueden ser imaginados y por lo

tanto manejados sin riesgo de error. Fueron reducidos a un

pequeño número de dos

dos son los principios más

que pueden ser concebidos; con su ayuda sería posible explicar los fenómenos más diversos. Es importante tenor presente que todo esto es un pro- Erama para la interpretación de la naturaleza más que la

y movimiento- y sstos

-materia

primarios y físicamenle simples

i jt':, I

i;,'

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i lt!1,

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, En la obra On the Origin of Forms and Qualitiss la sim- plicidad de la filosof ía natural mecanicisla contrasta con el poco salisfáctorio hábito de la filosofía escolástica de pre- suponer para cada propiedad de un cuerpo, una cualidad inherente separada como una cosa real en ese cuerpo y existiendo incluso independientemsnle de la materia, atri-

buyendp, por ejemplo, el efecto deslumbrante de la nieve a

su blancura, definiendo esta blancura como la causa por la

cual la nieve es llamada blanca, y explicando su efecto

deslumbrante diciendo que es su naluraleza la que produce este electo.s

Con esla crílica del empleo de las 6sí llamadas cualida- des reales, Boyle cornbinó un ataque sobre el concepto de

lorma, corrienle en la filosofía escolástica en su tiempo. Si cuerpos parliculares son clasificados juntos corno una

especie debido a que poseen los mismos raslos particula-

res --for eiemplo, los cuerpos pesados, fundibles y malea-

bles son considerados como la especie metal del género minEraF el conjunto de estos rasgos en cuestión puede

ser llamado la forma de esas especies y puede distinguirse

de otras especies por su forma. Pero debido a que todas las cualidades y otros accidentes dependen de esa forma, los peripatéticos procedieron a considerarla con una exis-

lencia independiente, una substancia, siendo concebida

como una especiede espíritu, el cual, cuando se une con

una cierta cant¡dad de.materia, crea un cuerpo natural a

partir de ésta y actúa en ella por medio de las cualidades.g

Esta concepción es comparada por Boyle con la de la tegría corpuscular: todas las propiedades de una substan-

cia resullan de la estructura de partículas en combinación.

El estaba dispuesto, en obsequio a la brevedad, a manle-

iii ner sl nombre de forma para esto, en tanto se luviera en

mente que no significaba, por medio de éste, ninguna subs-

lancia real que existiera de lorma independiente de la

materia, sino sólo la maleria propia de un cuerpo natural. Eela materia debe ser considerada como el modo especial de ser denotado por la palabra "eslructura". La forma pue-

Í

i'.i

,¡,'',,

,,1,

150

de ór;oe'eitE menera úo'f{ñ{da comCI uri só!9do egpoófrui

o denominativo de la rnateria, como su

cial o,

modificacón esen''

para decirlo muy brevement€,

como la rnarca imprc' '¡

'

:,:

en ella.

sa

diferencia de opiniór ' '

respecto del grado'de ':

Parece existir aqui una prolunda entre los historiadoies de la ciencia

relación enlre el concepto de forma de Boyle

y.el concep-'

primera es

a'

to de Ar¡stóteles de fórma sub¡lancial'

veces

6",t0 peó

reprssentada

también

ría'qu'e

contraite

como unt

La'

modilicación de.la segun' .'

"

como su ¡ntftesis absoluta.tt Parece-

entr un minimum nalurals

esta controversia pudiera rápidamente. ser zanjada

punló de vista, destacando el. irrecon'

en el sentHo

" t"uor del segundo

ciliable

escolástico y una concreción primaria o la

partícula más i

pequeña dé un compuesto

min¡mum naturale,

áiémento",

oue en una

no

no

en el sentido de Boyle: un

obstante compuesto por los cuatro

contiene parles dilerenciadas, mientrag'

concreción primaria los átomos constituyentes

es decir,

están'presentes en una conliguración'palicular,

á"ián b"rt¡"rlármente dilerenóiados, y lo mismo se aplica

a Lás loncreciones

primarias presentes en la partlcula

Ahora si, como se ha

más pequeña de un compuesto'

pensáOo'a vecs, los conbeptos.

minirrt naturale están

ser

formi ¿J Boyle haya éalido del

unas leves

de lorma substanc¡al y

indisolublemente unidos,ra debe

verdaderamente imposible asumir que el conceilo de

de Aristóteles con sólo

a

modificaciones.

No obstante, debemos tener

constituye

presen!9.qu9 la tEorÍa de una posible elaboración. de

los minima naiuralia

la doclrina general hilemórfica' pero de ningún modo es

una consecúencia necesaria de ella: que la forma subslan'

cial constituya

ésta tambiéñ

oeoueñas. No obstante, esto invalida el rechazo aparente-

inente inevitable de la primera de las dos concepciones

delineadas más arriba, en lanlo ésta sea lormulada en el

la unidad de una substancia no implica gue deba ser homogénea on sus parlículas máü

sentido de que el concepto

siderado no como una

larización del concepto

0e hecho, el

ds estructura de Boyle sea con'

modificación sino como una parlicu- de forma de Aristóteles.

conbepto de lorrna de ser presente en Aris'

claramente delinido;es un

tóteles no eslá, de nin!ún modo,

concepto comparativamente

vacío, que puede ser llenado '

151

lorma al prinaipío organhador ds un elsrnó,nto o

estructura por la cual el agregado odehado

de concreciones primarias difiere de la olec- cfu5n desordenada de esas partfculas, cada una considera- da en sf misma. Esto, sin duda, no está de acuerdo con la intenc]ón del propio Aristóteles, pero da testimonio de la visbilidad y la indispensabilidad de su concepto de lorma, of que pudo seguir manlsniéndose firme a pesar del cam- b-io de concepción tan prolundo que se dio en la transición

de la ciencia peripalélica a la natural mecanicista.

,,i, a

l'il

i,,t':

i:

),

argumentar quizás, contra esle razonamien-

lq que en un capítulo separado de su obra On the Origins

Form and Qualities, que lleva eltítulo de An Examen of

ol

Se puede

the Origin and Doctrine of Substantial Forms as it is want to be taught by the Peripaleticks,ts Boyle ataca muy enfá- licamente la doctrina de las formas substanciales y repu- dia este concspto como perfectamenle superfluo e incluso inconcebible, Sin embargo, se debe tener €n cuenta que su oposición estaba dirigida al conceplo de lorma entendi-

do como subslancia inmatErial, la cual, de una manera

algo parecida a como se uno el espírilu de un hombre con

gu cuerpo, moldearla una substancia material transfor-

r¡ándola en un cuerpo natural. Boyle se opuso, de este modo, a la familiar malinterpretación del hrlemorfismo aris-

totél¡co que es.comunmente denominada la hipostatiza-

ción (o "substantificación") de la lorma de serr4 y que con- g¡sts sn considerar a la forma substancial como una forma

que es una substan¡;ia, en lugar de considerarla como

uno de los dos elementos que pueden ser distinguidos en una substancia por el entendimiento; luego señala que él sólo ataca "la opinión general de nuestros modernos aris- totélicos" y que varios comentaristas tienen un diferente y más correcto punto de vista de la doctrina de su maestro.

Es evidEnte que es precisamente la hipostatización (o

lsubstantificación") de la lorma lo que es inaceptable para él: es posible hablar sobre la estructura de una configura- ción de álomos, pero no el asumir que existe esta estruc- tura como una cosa independiente además de los átomos. Se ha sostenido en ocasíones que Boyle también ataca la concepción pura de la doclrina de la forma, pero esto no se halla corroborado en el texto: a lo largo de toda la obra

152

El hecho de que comparlarnos el primero de los puntoÉ

de vista arriba mencionados r€spscto de la simililud dEl

coriceplo de estructura de Boyle y el conceplo aristotélho

ds lorma, no implica de ningún modo adher€ncia a la asg-, verack5n con la cual óste es a veces relaeionado, de quó

los corpúsculos de los cuales Boyle habla tiertdn, vírtual'

mente, el carácler de los minima naturalia. Esto no €s apli- " cable a los úhimos ladrillos construct¡vos de la materia, lo6 mismos átomos, debido a que estos son inlrínsecamcnte invariables, y aunque las mncreciones primarias son tam', bién verdaderamenle llamadas minima naluralia, dilieren de los minima aristotélicos por la heterogeneidad de su composición. Es posible que el concepto de concreción pri-

maria haya surgido, vfa Sennsrt, de la leoría eecolástica de

minima. Aunque quízás sea más probable que haya surgi- do de la práctica de la química. De cualquier modo, elcon.

cepto de minimum nalurale en Boyle ha perdido ya sus ras-

gos esenciales. Tampoco hay nada sn sus razonamientoe que sugiera que ál estaba enterado de una anlítesis sntts diferentes teorías de minima naturalia y deseara dar razón

de su preferencia.

Boyle, por su crítica a las antiguas teorías de la maleria,

inauguró una nueva era en la historia de la qufmica, pero

esto no ahera el hecho de gus en oiros respeclos continua-