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NOTAS Y DISCUSIONES

Rousseau político

EDUARDO BELLO

Universidad de Murcia

Podría tener razón o no J.J. Rousscau

al afirmar que «tout tient a la poli ti-

que». Lo cierto es que el problema po- lítico, tras la rememoración de la Re- volución francesa y, sobre todo, el re- sonar de la revolución democrática en

representativa del pensamiento político del autor, en 1962; el aniversario de su muerte en 1978; y el de la Revolución francesa, en 1989. Estos acontecimien- tos histórico-teóricos han dado origen

a tal producción -ediciones críticas,

los paises del Este, contribuye hoy día

actas de coloquios, monografías, artícu-

reafirmar la primacía de la razón

práctica, que Kant formuló inspirado sin duda en Rousseau, Ahora bien, ¿qué quiere decir que todo radica o se anuda en la política? No es mi propó-

a

los y números especiales de revistas- que resulta difícil establecer un criterio teórico de racionalización del cuantio- so material. Como perspectivas de ac- ceso a su estudio, nos guiaremos por

sito contestar a la pregunta en estas

los

siguientes criterios: en primer lu-

gar,

nos

ocuparemos

en

reseñar las

páginas, proponiendo una interpreta- ción más entre muchas, sino hacerme

eco de las múltiples lecturas que de la filosofía política de Rousseau se han hecho en los treinta últimos años

(1960-1990).

Es obvio que tal delimitación tempo- ral es arbitraria. Con todo, no carece de justificación. Ante la imposibilidad de presentar aquí un nuevo repertorio bibliográfico.! y dada la necesidad de adoptar algún criterio que permita ra- cionalizar la selección de un abundan-

aportaciones más relevantes en el pe- riodo delimitado; en segundo lugar, y

siguiendo un criterio teórico en senti- do amplio, nos proponemos: 1) descri- bir la recepción española en estos últí- mos años; 2) esbozar las interpretacio- nes ideológica y teóricamente más sig- nificativas; 3) finalmente, indicar los problemas que mayor debate o contro- versia ha suscitado la filosofía política de Rousseau, así como aquéllos que si- guen teniendo mayor importancia en

te material, he creído conveniente

la

actualidad.

 

adoptar corno criterio cronológico el periodo más reciente de los estudios sobre Rousseau, a propósito de tres conmemoraciones muy significativas,

1

De las tres efemérides indicadas, no

al

menos dos de ellas, desde el punto

cabe duda de que el bicentenario de

de vista que nos ocupa: el 200 aniver-

El Contrato social tiene particular rele-

sario de El Contrato social, la obra más

vancía. Aunque 1962 no significa el

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descubrimiento del Rousseau político' -Kant, Fichte, Hegel, Burke, Marx; E. Faguet, C.E. Vaughan, R. Derathé, entre otros, ya lo habían tomado en se- rio-, sí contribuye decisivamente a su consolidación como un clásico. Decisi-

va ha sido la edición critica actualiza-

da de los textos originales del autor; decisivas, las investigaciones suscitadas por ellos, por los nuevos tiempos y por

el nuevo acontecer. El volumen lIT de las Oeuvres com- pletes (Pléíade) de Rousseau lleva por

subtítulo: Du contrat social. Écrits po-

litiques. 2 El .primer sentimiento que experimenta un investigador al abrir este tomo-comenta M. Launay- es un sentimiento de gratitud. Más que los dos anteriores, «éste era espera-

do como una necesidad por todo el que

quena estudiar las ideas políticas del siglo XVIII con un instrumento de tra- bajo seguro y comodo-.é ¿Dónde en- contrar, fuera de las bibliotecas, una buena edición de las polémicas que siguen a los Discursos, de las dos ver- siones de El Contrato social, de las Let- tres écrites de la Montagne y de los Es-

critos sobre la paz? ¿Cómo reunir los múltiples fragmentos políticos de Rousseau, publicados anteriormente con imprecisiones y de forma esporá- dica? Prologados y anotados por espe-

cialistas como J. Starobinski, J. Fabre

o R. Derathé, los escritos políticos

constituyen una herramienta indispen- sable no sólo para investigar el pensa- miento político de Rousseau, sino tam- bién para comprender el desarrollo de éste desde la época moderna hasta nuestros días. Otra instrumento de tra- bajo de primer orden, complemento indispensable de las Oeuvres completes,

es la edición criti- ca de la Correspon- dance complete de J.J. Rousseau, esta- blecida y anotada por R.A: Leigh, pro- fesor del Trinity Collegede Cambrid- ge." De indudable interés teórico es la

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selección de cartas hecha por H. Gou- hiel', editadas con el título Lettres phi- losophiques.i Entre otras, son célebres las dirigidas a Malesherbes (1762), en las que relata la iluminación de Vincennes que le hace ver «todas las contradic- ciones del sistema social", a Dom Des- champs (1761), a Mirabeau (1767), al señor de Saint Germain (1770). Según Starobinski, «deben ser leídas en pie de igualdad con los Discursos 1 el Con- trato o las Confesiones». De entre las investigaciones suscita- das por el bicentenario del Contrato. merecen especial atención las Actas de las Jornadas de estudio de Dijon y las del Coloquio de París. Las primeras, que han sido publicadas como Études sur le «Contrat social»,6 reúnen 32 co- laboraciones ordenadas según tres blo- ques temáticos: las raíces del pensa- miento político de Rousseau, aspectos de su pensamiento político en El Con- trato social, el Contrato y el pensamien- to político europeo desde 1762 a nues- tros días. Si el árbol gigante no carece de raí- ces profundas, a la teoría política de Rousseau no es difícil descubrírselas en los pensadores modernos, sobre todo, porque él mismo confronta explí- citamente con ellos su propio pensa- miento. Así, Hobbes y Locke, Morelly y el abate de Saint Pierre constituyen al- gunos de los escasos nombres de la se- rie «raíces»; serie que aumenta consi- derablemente si extendemos la mirada a las monografías y artículos de revis- tas que tratan no sólo de teoría políti- ca, sino también .dc filosofía del dere- cho: Maquiavelo, Grocío, Pufendorf, Mcntesquieu, Diderot, Voltaire,· Vico no agotan los nombres de fuentes o raíces. Asimismo la antigüedad roma- na ha sido objeto de una comunica- ción; pero sólo constituye un apunte de lo que desarrollará más tarde D. Le- duc-Fayette en J.J. Rousseau et le my-

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sabido que el

Ciudadano de Ginebra evoca figuras míticas como Sócrates, Catón, Licurgo, o ciudades míticas como Esparta y Ro- ma. ¿Significa esta visión mítica de la antigüedad que Rousseau vive de es- paldas a su tiempo, como se afirma con notable ligereza, con actitud regre- siva? La Ciudad como espacio ideal de la República, entendida ésta como conquista incesante de la libertad y la igualdad, no constituye la manifesta- ción de una actitud anacrónica, sino más bien anticipadora, nos dice Le- duc-Fayette. 0, como sostiene P. Casi- ni. la referencia a la antigüedad mítica tiene una estructura bipolar: la imagen del pasado no es sino la base de un proyecto de futuro, esto es, el proyecto de la república perfecta, aunque tal fu- turo sea utópico.é Tampoco el rastreo de fuentes ago- ta la originalidad de Rousseau. Así lo subrayan los diferentes estudios sobre los problemas de la filosofía política en

El Contrato social: la relación entre el Discurso sobre la desigualdad y el Con-

trato (J. Starobínski), entre el estado

de naturaleza y la libertad; el sentido de la igualdad y de la desigualdad (R. Polín), lo social y lo político (P. Bur- guelín), la posición del problema de la política en Rousseau (S. Cotta): la Ciu-

dad, el hombre, el ciudadano, la liber- tad y sus garantías; el papel del legisla- dar, la palabra y la noción de gobier- no; la religión civil, en fin, son algunos de los aspectos estudiados. ¿Proble- mas? S. Cotta no ha dudado en hablar de «totalitarismo democrático» ,9 si bien casi todos los participantes han admitido, con C. Eisenmann, que la

sociedad de El Contrato social no es la

del Estado totalitario. sino la de la Ciu- dad democrática. 10 Ahora bien, tan

the

de

l'antiquité.! Es

cuestiones ex-,

puestas, han sido las silenciadas, por' ejemplo, la voluntad general, la sobera-

significativas como las

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nía popular, el concepto de pueblo, el papel de la ley, la relación entre ética y política, el proyecto de paz, etc. Algu- no de estos problemas ha sido el obje- to de los estudios presentados en el Col1oque Intemational de Philosophie Politique (23-24 junio 1962) y publica-

dos con el título Rousseau et la philo- sophie politique.!! El Coloquio ha he-

cho posible precisar aspectos del Rous- seau político y confrontar interpreta- ciones ya conocidas como la tesis de la vía totalitaria (L.G. Grocker) refutada por la tesis de un Rousseau constítu- cionalista (E.F. Friedrich) basándose en la definición de República corno un «Estado regido por leyes» (CS, Il, 6). De la tercera parte -la influencia del Contrato- cabe destacar, por una parte, los estudios que investigan la in- fluencia en escritores políticos. por ejemplo, sobre Kant y Fichte (G. VIa- chos) o sobre Marx (DelIa Volpe); por otra, la influencia sobre acontecimien- tos histórico-políticos, tales como las revoluciones de 1762 a 1789 (J. Gode- chot) o la Revolución francesa (A. So- boul): finalmente, la acogida hecha al Contrato en Suiza (c. Guyot) Y su in- fluencia en la cultura social. Corno en los casos anteriores, tales estudios sólo constituyen una breve lista de la serie; así, por ejemplo, B. Bazcko extiende la influencia a Hegel, a Marx y a Freud, y A. Sánchez Vázquez, a Feuerbach, En- gels y Kíerkegaard, con especial refe- rencia al acontecer de la independencia en México. 12 Entre las monografías de este mo- mento histórico, cabe destacar las de

O. Vossler, l. Fetscher, B. Baczko, R.D.

Masters, Vossler (1963), profesor de historia en Francfort, no escribe sin embargo un libro de historia. Centran- do su análisis en El Contrato social (pp. 208-336), sostiene que los proble- mas políticos no constituyen el núcleo de las preocupaciones de Rousseau,

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sino sólo un aspecto de un sistema de pensamiento más amplio, en el que la idea de libertad ---euya evolución en la

obra de Rousseau estudia- tiene la prí- macía. 13 El libro de Fetscher (1960) es, probablemente, «la mejor obra escrita en lengua alemana sobre el pensa- miento político de Rousseau», según M. Launay, Aunque el subtítulo remite

a la tesis de Vossler -Para una histo-

ria del concepto democrático de liber-

tad-:-, cabe observar al menos dos dife- rencias notables: una, que Fetscher es- cribe desde la perspectiva de la filoso- fía política, ya que en 1963 ocupa la cátedra de ciencias políticas en Franc- fort; la segunda, consecuencia de la anterior, es que presenta el estudio de la relación entre democracia y libertad mediante un análisis de los conceptos

y problemas fundamentales del pensa-

miento político de Rousseau: conside- ra Fetschcr -tesis polémica- que el concepto central no es el de «contrato social» sino el de «voluntadgeneral-.J" La monografía de Baczko (1964), pu- blicada inicialmente en polaco, pone de relieve el componente social de Rousseau político. No sólo la «aliena- ción social» constituye uno de los cua- tro capítulos de la obra, sino que la dialéctica individuo (soledadj/comuní- dad es el núcleo en tomo al cual se ar-

ticula el análisis de los demás proble- mas, tanto de las antinomias de la so- ledad, como de las aporías de la Ciu- dad; de ahí que «Libertad y utopía» sea el último problema planteado por el profesor de la Facultad de Letras de Ginebra.P Entre las exposiciones más completas de la filosofía política de Rousseau, la de Masters ha de ser si- tuada en primera fila. Metodológica- mente, toma en serio la sugerencia de Jean-Jacques en Dialogues, según la cual hay que comprender el sistema en su desarrollo lógico y unitario. Así, pues, Masters adopta como punto de

vista los «principios» expuestos en el Emilio, y desde ellos analiza todos los textos y los problemas de la teoría po- lítica del ginebrino. De su investiga- ción, bien documentada, podemos sub- rayar tres aspectos: no atribuye a Rousseau la paternidad de la «demo- cracia totalitaria», corno Talmon y Cracker; considera que no se puede aceptar la hipótesis del «pacto injus- to»; y el planteamiento del siguiente problema: ¿hemos de hablar de ruptu- ra del iusnaturalismo --como sostie- nen L. Strauss y U. Cerroni- O de fi- nes éticos -vinculados al derecho na- tural- de la Ciudad justa?16 De las tres efemérides evocadas al comienzo, la de 1978 -bicentenario de la muerte de J.J. Rousseau- va a quedar marcada por el giro social de la investigación de su filosofía política. La fuerza teórica y práctica de la iz- quierda en los años sesenta, que cul- mina en la explosión contestataria y reivindicativa de un cambio de valores -institucionales, políticos, cultura- les- ha forzado el giro en todo inves- tigador sensible al acontecer de Mayo del 68. ¿Acaso Rousseau no es un pre- decesor de Marx en la critica de la so- ciedad? G. Delia Volpe, L. Collettí, B. Baczko, J.L. Lecercle, entre otros, se- rán leídos y traducidos por quienes buscan, frente al Rousseau romántico o totalitario, la nueva imagen de Rous- seau teórico de la sccíedad.l? Algunos trabajos, además de los mencionados, representan el espejo fiel del momento. Si I.N. Shklar estudia la teoría social de Rousscau y M. Bcrman lo presenta como precursor de las teo- rías sociales desarrolladas por H. Mar- cuse y R.D. Laíng, J. Charvet plantea lo que denomina «el problema social» de Rousseau: ¿ha descrito Rousseau de modo convincente -se pregunta- la transformación del hombre natural en hombre civil?18 Otros, sin dejar de ser

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representativos de la época, la traspa- san por la profundidad del plantea- miento de los problemas. Me refiero, sobre todo, a un libro de J. Starobins- ki y a dos monografías más, una de carácter colectivo, otra de J.G. Mer- quior. J.J. Rousseau. In. transparencia y el obstáculo no es un libro de filosofía política; es mucho más. Está en la bao se, inspirándolas, de muchas de las obras reseñadas. Está en sintonía, aus- cultándolo, con el propio tiempo ya in- dicado. ¿Cómo remover el obstáculo, el mal que, a diferencia de la Teodicea de Leibniz, Rousseau adscribe a la so- ciedad? En el capítulo I1, «La crítica de la sociedad», leemos: «cuando En- gels estudie el Discurso sobre el origen de la desigualdad hará hincapié en el momento final del texto de Rousseau:

los hombres sojuzgados, sometidos a la violencia brutal del déspota, recu- rren él su vez a la violencia para libe- rarse y para hacer caer al tirano».19 Obviamente, frente a la vía revolucio- naria, en el Emilio se propone la vía pedagógica. ¿Se resuelve de este modo el problema social? Un conjunto de estudios presentados en el Colloquium celebrado en Cam- bridge en 1978,20 aborda de nuevo el problema bajo el epígrafe: «Política y sociología». Además de los estudios comparativos -Rousseau y Kant, Rousseau y Hume, Rousseau y Marx-, son significativos al respecto los pre- sentados por B. Baczko (el,a ciudad y sus lenguajes») y R. Derathé («El lugar y la importancia de la noción de igual- dad en la doctrina política de J.J.

Rousseau»).

Insistiendo en el problema socio-po- lítico, Merquior abre un aspecto nuevo en esta línea de investigación. La nove- dad consiste ahora, por una parte, en comparar a Rousseau no con Marx, . sino con Weber y, por otra, en plan- tear el estudio comparativo desde la

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perspectiva de la teoría de la legitimi- dad. La teoría de la legitimidad del po- der (Rousseau) y la teoría de la legiti- midad de la creencia (Weber) han de contribuir, según Merquior, no sólo a la dilucidación del concepto de «legiti- midad», sino también a buscar una sa-

lida al problema polítíco-social.é!

En estrecha relación con dicha línea de investigación, se ha estudiado a 10 largo de estos años la influencia de Rousseau en la Revolución francesa. De tal modo que el bicentenario de 1989 -aunque aún es prematuro afir- marlo- podría ser considerado, no tanto como lID punto de partida, en el estudio de dicha proyección, sino más bien como un punto de inflexión. En tal inflexión confluyen dos o tres con- diciones de nuestro tiempo. En primer lugar, ciertas lecturas de la Revolución francesa han estado condicionadas por la Revolución de Octubre;22 perspecti- va que podría ser modificada o, al me- nos matizada, a partir de la revolución democrática en los países del Este. En segundo lugar, en el marco de estas coordenadas, el papel que juega la aportación de la teoría de Rousseau tendría que ser revisado, para que sal- ga a luz su transparencia frente a las críticas de uno y otro signo. Finalmen- te, tal revisión podrá hacerse más efec- tiva a partir de los textos de los orado- res en las sesiones de la Asamblea Constituyente, que se editan en la ac- tualidad, sobre todo en Gallimard. Es cierto que «los 29 meses de la Asamblea Constituyente -observan F. Furet y R. Halévi-> son como un epílogo memorable a más de un siglo de interrogantes políticos y filosóficos sobre la sociedad moderna»; pero tal vez sea problemático afirmar a conti- nuación que «se trata de un epílogo en el que intervienen condiciones no anti- cipadas ni previstas por ninguno de los pensadores ilustrados,>.23 Pues, sobre

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el papel que respectivamente han de- sempeñado «la inteligencia» y las cir- cunstancias ha escrito de forma siste- mática D. Mornet. 24 En un estudio re- ciente, R. Bamy concluye que «si bien es evidente que el pensamiento de la Ilustración desempeña un papel capi- tal, está claro que ese papel no es ex-

c1usivo».25

Observamos, pues. que los distintos bicentenarios sobre la obra y vida de Rousseau han contribuido -al progra- mar el estudio de su influencia-s- a in- vestigar el papel capital de la Ilustra- ción en la Revolucíón.I'' Refiriéndonos en particular a la influencia de Rous- seau, podríamos mencionar, a título de ejemplo, los trabajos de A. Soboul so- bre el jacobinismo o sobre el concepto de soberanía popular y democracia di- recta entre las clases populares.é? Pero es necesario detenerse un momento ante tres importantes estudios: el libro bien documentado de McDonald, el ex- celente artículo de L. Sozzi, y el bri- llante ensayo de Starobinski. El prime- ro recurre a documentos, libros, dis- cursos, panfletos, periódicos -aunque limita su investigación al periodo 1789-1791-, si bien concluye que la interpretación conservadora es la que mejor ha respetado las tesis fundamen- taIes del pensamiento político de Rous- scau. Por su parte, L. Sozzi aporta las pruebas de un uso «reaccionario» de Rousseau más allá de 1792, es decir, de los monárquicos. de los aduladores de Bonaparte y de los defensores del cristianismo. lean Starobinski, a quien debemos la reseña de estos dos traba- jos, puntualiza en su ensayo, 1789, los

emblemas de: la razón, que «la prédica

de Rousseau no ha "causado" la Revo- lución francesa, sino que ha incitado a los hombres de 1789 a comprender su situación como una crisis revoluciona- ria. El verbo de Rousseau -como el de los filósofos- sin haber determina-

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do el acontecimiento, ha suscitado el sentimiento que daba al acontecimien- to su sentido majestuoso: ha desarro-

llado los conceptos que la reflexión y la

poner a prue-

ba»,28

acción política iban a

¿Probarán lo contrario las nuevas in- vestigaciones suscitadas por el bicente- nario de 1989?

II

Además del punto de vista cronológico, seguido hasta aquí, señalábamos al co- mienzo algunos criterios teóricos que nos permitieran una mínima racionali- zación del abundanre t--ya desbordan- te- material, tales como la recepción en España del Rousseau político, las interpretaciones marcadas por el signo ideológico, así como los problemas de la filosofía política de Rousseau que mayor interés tienen para nuestra so- ciedad. El desarrollo breve de este es- quema se lleva a cabo básicamente desde la doble perspectiva, temporal y teórica, que hemos seguido hasta aho- ra, es decir, ateniéndonos a las investi- gaciones del pensamiento político de Rousseau en las tres últimas décadas. 1. Por lo que respecta a la recepción del Rousseau político en España, la evolución de la sociedad ha impuesto su «tempus». Sin lugar a dudas, la transición y la Constitución de 1978 han sido más determinantes a la hora de interesarse por el fundador de la democracia moderna, que el bicente- nario de la muerte de éste celebrado ese mismo año. Así, pues, resulta fácil

observar la Presencia de Rousseaué? en

las librerías y bibliotecas españolas bajo una triple perspectiva: a través de traducciones de monografías extranje- ras -la tarea más rápida ante una ne- .cesidad inmediata y ante la carencia de un humus cultural en la época ante- rior, donde echara raíces la semilla de

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este tipo de investigación-i-, por medio de ediciones de los textos originales y, paralelamente, de los primeros estudios sobre aspectos del Rousseau político. Entre las obras traducidas, algunas son elocuentemente significativas no sólo por el autor, sino por la tesis que expresa el título en un momento clave de transformación de nuestra socie- dad: L. Colletti, Ideología y sociedad (1975), J. Moreau, Rousseau y la Fun- damentación de la democracia (1978); un poco más tarde se traduce la ya ci- tada de J. Starobinski, J.J. Rousseau. La transparencia y el obstáculo (t 983); Y unos años antes, la de G. Delia Vol- pe. Rousseau y Marx (1969).30 Sin pre- tender ser exhaustivos es preciso aña- dir que la serie de traducciones se ha ido enriqueciendo con algunas aporta- ciones más, como las de R, Grimsley (1977), B. Groethuysen (1985) y G. Sartori (1988). De indudable interés to- das ellas, tienen en común que no es- tudian solamente el problema político en Rousseau. Sartori, en Teoría de la democracia, sólo le dedica unas pági- nas del volumen Il, en el que estudia los «problemas clásicos»; Grimsley ofrece una excelente exposición de sín- tesis del pensamiento de Rousseau; mientras Groethuysen orienta más la síntesis hacia el Rousseau político y su influencia en la Revolución Irancesa.é! Pese a que la tarea de la traducción resulta insuficiente, cuando se trata de leer a un pensador, dicha tarea se ha ampliado en este caso a la edición en castellano de los textos de Rousseau. Si la mediación de la monografía es un instrumento indispensable, aunque no suficiente, la lectura directa de un au- tor es la condición sine qua non para su comprensión. La lectura. en el idio- ma original. se dirá; cierto. Pero la lec- tura en el propio idioma también cons- tituye una herramienta valiosa en la tarea investigadora.

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Pues bien, a falta de una edición de las obras completas de Rousseau en castellano, algunas editoriales están realizando un gran esfuerzo en la edi- ción de las obras fundamentales del Ciudadano de Ginebra. Desde la pers- pectiva de la filosofía política, cabe re- señar las siguientes. Además de los Es- critos de combate (Alfaguara, 1979) y Del Contrato social. Discursos (Alianza, 1980),32 Editorial Tecnos nos ofrece dos novedades importantes: una, la edición por primera vez en castellano, del Discurso sobre la Economía política (1985) y del Proyecto de Constitución para Cárcega (y) Consideraciones sobre el gobierno de Polonia (1988), además de los Discursos (1987) y El Contrato social (1988); la otra consiste en la aportación metodológica de estas edi- ciones, a saber, la presentación del tex- to original anotado y precedido de un estudio preliminar, que facilita la com- prensión del texto, así como de una se- lección bibliográfica para información del investigador o del lector. 33 Tam- bién es novedad la edición de Escritos sobre la paz y la guerra (1982); y no po- demos olvidar las diferentes ediciones del Emilio, IlO sólo porque el Libro IV contiene una importante síntesis de teoría social.l" El resultado de la investigación, pu- blicada luego en monografías y otros estudios, creo que no ha hecho sino comenzar; si bien ha comenzado con buen pie, a juzgar por los libros de M.J. Villaverde y de J.L. Hemández. En el primero, Rousseau y el pensa- miento de las Luces, la autora nos pre- senta un Rousseau conservador en tres tiempos: 1) enmarcado en la corriente tradicionalista y conservadora del siglo XVlIl, 2) empeñado en la crítica de la propiedad privada como crítica antica- . pitalista y en el mito del ígualitarismo agrario, 3) defendiendo un modelo po- lítico anacrónico. Si alguna moderní-

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dad hay en Jean-Jacques, afirma la au- tora, «es esencialmente fruto del fraca- so de su sistema» (p. 258); Y «en el te- rreno político. el aspecto más innova- dor de su doctrina, el concepto de so- beranía popular, se fundamenta. como ha señalado Derathé, en los teóricos del Derecho natural» (p. 259). Tesis polémica, sin duda alguna -pero bien documcntada-, para quienes opina- mos que Rousseau es, con Kant. el pensador ilustrado más lúcido, el pre- decesor de Marx al pretender erradicar los males sociales trabajando sobre los conceptos de «propiedad», «igualdad», «hombre», «Estado», es decir, sobre la dimensión moral y antropológica de la economía y de la política; el fundador (utópico), en fin, de la democracia mo- dema. 35 En La ley del corazón, J. Ló- pez Hernández escribe: «El objetivo principal de este estudio era. en princi- pio. la comprensión de la teoría políti- ca de Jean-Jacques como elemento configurador de la conciencia política contemporánea». (p. 16). Ahora bien, dado que en Rousseau, lo político, lo social y lo antropológico son interde- pendientes. la monografía -escrita con estilo ágil y bien documentada- se ha centrado en el análisis de los tres niveles indicados, sin haber agotado el estudio de las diferentes dimensiones de lo político. Su tesis puede resumirse así: no podemos hablar del ciudadano, si no nos preguntamos antes acerca de lo que es el hombre: sin una base an- tropológica es muy difícil construir la legítima sociedad política. 36 Además de otras monografías. como las de Caballero Harriet, Ginzo y Dal- maso,37 son valiosos los trabajos publi- cados en el número especial de la Re- vista de Estudios políticos (8, 1979):

J. Fetscher, «La filosofía moral y políti- ca en Rousseau»: M.e. Iglesias, «El Pa- raíso perdido en las Cartas persas y en los discursos rousseaunianos»; D. Ne-

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gro Pavón, «Rousseau y los orígenes de la política de consenso»; J.M. Ripal- da, «Hegel y Rousseau». Problemas de interés publicados en la misma revista o en otras publicaciones son: la inter- pretación kantiana del contrato social, los límites de la democracia directa, la división de poderes y la filosofía de la historia. entre otros.j 8 Cabe afirmar. pues. que la investiga- ción sobre la filosofía política de Rous- seau en España, aunque acaba de em- pezar, no puede haber comenzado con mejor pie, apoyando teóricamente el actual Estado democrático de Derecho. 2. En la primera página de El Con- trato social nos advierte Rousseau que «si fuese un príncipe o un legislador no perdería el tiempo diciendo lo que hay que hacer». Pero corno no es ni una cosa ni otra, ha dedicado discur- sos, cartas, ensayos y tratados a decir «lo que hay que hacen, para encontrar «una forma de administración legíti- ma». Ahora bien, es frecuente que los diferentes lectores de esos textos no es- tén de acuerdo a la hora de precisar lo que ha dicho acerca de lo que hay que hacer. No están de acuerdo, sobre todo, porque cada cual confronta lo que ha dicho con su propia ideología; cada uno busca en la teoría del Ciudadano de Ginebra un aval o un oponente de su propia opción política; cada cual se propone encontrar en el discurso rous- seauniano un argumento para sus pro- pias representaciones (ideas, concep- tos, a veces mitos) de lo que debe ser la sociedad y la política. De ahí las múltiples interpretaciones. De ahí el conflicto entre las diferentes lecturas. De ahí el aspecto proteico de alguna que otra exégesis. Cabe observar, entre otras, las siguientes interpretaciones del Rousseau político: la conservadora, . la liberal y la marxista, sin entrar en la posibilidad de la neutralmente acadé- mica. Aun así, hay que tener en cuenta

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que, como en la vida real, la uniformi- dad de las formas puras es infrecuente. Pues bien, para la interpretación con- servadora, Rousseau o bien es el des- tructor del orden social, o bien el que proporciona la teoría de la manipula- ción a los regímenes totalitarios del si- glo xx. Los primeros -J. de Maístre, De Bonald, Chateaubriand, por ejem- plo-i-, consideran que el «orden social» que hay que preservar es el garantiza- do por la monarquía absoluta, cuyo poder es de origen divino, es decir, el sistema que aleja al pueblo de toda participación en el poder, esto es, la sociedad del Ancien Régime; por ello la noción de contrato social, que abre a tal participación, no es sino un sofis- ma, una máquina de destruccíón'" que

hay que aniquilar a cualquier precio. No en vano el conde De Maistre cons- tituye una de las fuentes de inspiración del tradicionalismo religioso y político. En esta línea hay que situar el segundo tipo de argumentos que esgrimen Tal- mon y Cracker. Este último, en Rous- seau's «Social coniract», An interpretive Essay (1968), atribuye a Rousseau la paternidad del totalitarismo, basándo- se en la figura del legislador de la Ciu- dad y en el papel del preceptor de Emilio, cuya acción formadora somete a los hombres al «yugo» de la razón y les impone el orden que elegirán libre-

mente

40 Según Starobinski, a esta

lectura «maxírnalísta» del Rousseau político -que acentúa con pesadez los elementos autoritarios represivos, por ejemplo la voluntad general desvincu- lada de su raíz consensual- se contra- pone una interpretación «mínima», se- gún la cual no hay sociedad sin un mí- nimo acuerdo general de los indivi- duos, para alejarse del reino de la vio-

lencia y entrar en el del derecho que emana de la norma consensuada. La interpretación liberal, apoyada en la crítica que del contrato social han

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hecho B. Constant y Tocquevílle.f! ve en la teoría de Rousseau un obstáculo

a la líbertad individual, a la defensa de

los intereses privados y, en fin, al dere-

cho inalienable a la propiedad, que ya formuló Locke. De ahí que la crítica li- beral unas veces se une a la conserva-

dora para atribuir a Rousscau la pater- nidad de la «democracia totalitaria» (LiJ. Halle), y otras prefiere verle como un anacrónico que vive de espaldas a su tiempo (M.J. Villaverde) o, lo que es más frecuente, se le compara con otro teórico de mayor solera liberal. como Locke y Kant, pero también con Hob- bes, Hegel o Burke, por ejemplo.t- Pero no es infrecuente que la lectura liberal haga del pensador de la libertad y del teórico de la democracia uno de los suyos, contribuyendo al mismo tiempo

a refutar la acusación de predecesor de

los totalitarismos del siglo xx, En efec-

to, Chapman (Rousseau, totalitarian or liberal?) no sólo rechaza tal acusación sino que muestra una cierta aproxi- mación -a pesar de notables dife- rencias- entre el pensamiento político de Rousseau y el liberalismo clásico, apoyándose para ello en los conceptos de voluntad general (Rousseau) y de Estado deliberativo (Líndsay) y en la noción clave de autonomía indivi- dual. 43 Finalmente, si según Pasqualuccí Rousseau nos lleva más directamente a Marx que a Kant, no es difícil com-

prender que la interpretación marxista

se haya interesado, a pesar de las va- riaciones de ésta, en el sentido de la filosofía política de Rousseau. Desde luego, es superficial plantearse si es el fundador del comunismo moderno (Ja- net) o si su comunismo es pura apa- riencía (Kautsky), Tal controversia'[" no hace sino ocultar el verdadero pro- .blema, a cuya solución contribuye la teo- . ría sociopolítica de Rousseau. A dicho ocultamiento han cooperado trabajos

147

NOTAS Y DISCUSIONES

como los de Althusser, el cual -po- niéndose la lupa del Círculo epistemo-

lógico- no ve en El Contrato

sino deslizamientos, rupturas y contra- dicciones'P y A. Illuminati, para quien Rousseau no es sino el fundador de los valores burgueses.fv Entre las investigaciones que han descubierto, en cambio, el verdadero problema, yendo al fondo de la cues- tión, hay que situar en lugar preferente las de DelIa Volpe, Colletti, Baczko y Lecercle. Para el autor de Rousseau y Marx es superficial considerar a Rous- seau como filósofo utópico de los «pe- queños Estados», pues «Ia esencia fe- cunda del mensaje rousseauniano so-

bre la libertad (igualitaria) debe verse en la instancia universal (democrática) del "mérito" personal, o sea, en la exi- gencia del reconocimiento (social) de todo individuo humano-.f" No otro es

el mensaje que también ha comprendi-

do Colletti, para quien Rousseau no sólo es el critico de la desigualdad so- cial, sino sobre todo el teórico que,

mediante el concepto de soberanía po- pular, ha establecido las bases progra- máticas de la revolución permanente'f

o transformación incesante, en versión

actualizada. El reconocimiento (social) de todo individuo, la crítica de la so- ciedad desigual no son sino dos aspec- tos del mismo problema, a saber, el problema que se plantean sin cesar las sociedades modernas: el problema de las relaciones entre el individuo y la comunidad, tal como 10 evidencian las monografías de Baczko y Lecercle.t? No cabe duda de que el conflicto de las interpretaciones responde a supues- tos cuya complejidad excede el mero trabajo académico. No cabe duda de que la complejidad no s610 radica en el texto, sino también en el lector, que no es un intelectual sin raíces sociales. No cabe duda de que tanto en el texto como en el lector resuenan, de un

social

148

modo u otro, una vida, una época, toda una orquestación, en fin, de pro- blemas sociales. 3. Sería lamentable que, en las dife- rentes interpretaciones, se nos acuitara precisamente aquello mismo que de- seamos saber: el problema fundamental que plantea Rousseau. so La virtualidad de la lectura conservadora consiste en que nos permite ver el blanco contra el cual disparan una y otra vez: los con- ceptos de contrato social. voluntad ge- neral y soberanía popular, entre otros. y si hoy sabemos que la aportación li- beral constituye «una conquista histó-

la lu-

rica irreversibles P! en cuanto a

cha por las libertades y por el Estado de Derecho se refiere, no hay que olvi- dar que Rousseau ha contribuido a tal conquista, no menos que Locke, Mon- tesquieu, Pufendorf o Kant. Tal vez por ello, un marxista como Lecercle ti-

tula su ensayo: J.J. Rousseau, la moder-

nidad de un clásico. Si bien no puede

tomarse a un clásico al pie de la letra, se le reconoce porque los nuevos he- chos no caen nunca fuera de su com- petencia. En efecto, cuando Bobbio plantea el problema actual de la crisis de la de- mocracia, recurre para su tratamiento a la lección de los clásicos. Rousseau no s610 vio las dificultades de la demo- cracia ideal -sólo posible sí fuéramos dioses- y las de la participación direc- ta, sino que criticó duramente la de- mocracia representativa.V ¿Acaso por haber planteado correctamente el pro- blema,le reconoce Della Volpe el título de «padre de la democracia moderna»? L. Col1etti añade algo más. Conside- ra, basándose en Gierke, que Rousseau ha resuelto el problema de la distin- ción entre soberano y gobierno, formu- lando además el principio de la prima- . cía de la soberanía popular, clave de la revolución permanente o, en lenguaje de hoy, transformación incesante, De

ISEGORIA! 2 (1990)

NOTAS Y DISCUSIONES

ahí su tesis según la cual la teoría «po- lítica» revolucionaria, tal como se ha venido desarrollando desde Rousseau, está ya prefigurada y contenida en El Contrato social; o lo que es igual, para ser más explícitos, que, por cuanto concierne a la teoría «política» en sen- tido estricto, Marx y Lenin no han añadido nada a Rousseau, salvo el análisis (ciertamente muy importante)

de las «bases económícas-.P

¿Renace, por ello, la noción de con- trato social, pese a que las críticas de historicistas, conservadores y positivis- tas se habían erigido en brazo ejecutor de la aniquilación de una noción que De Maistre calificaba de (máquina de destrucción»? Según Bobbio el nuevo interés por el contractualismo tiene una doble motivación: una circunstan- cial; la otra, vinculada a un problema actual. La circunstancia ha sido el éxi- to del libro de Rawls, el cual parte pre- cisamente de «la conocida teoría del contrato social tal como se encuentra, digamos, en Locke, Rousseau y Kant» como supuesto de su teoría de la justi- cia. 54 El nuevo problema que hay que resolver, a nivel internacional según Bobbio, ya no es el del orden, sino el de la justicia. De ahí que «la propues- ta de un nuevo pacto social global, y no parcial», constituya hoy una necesi- dad, a condición de «que sea introdu- cida en el pacto alguna cláusula que ase- gure una distribución equitativa de la

riqueza» ,55

.

La cláusula no es sino la expresión del principio ético de una mayor igual- dad, principio insistentemente postula- do por la exigencia de lo que se ha lla- mado «giro social». Con relación al de- recho inviolable a la propiedad enun- ciado por Locke, Rousseau formuló en los siguientes términos el giro social:

« en cuanto a la riqueza -;-puntualiza aclarando su concepto de igualdad-

ISEGORiAf2 (1990)

que ningún ciudadano sea suficiente- mente opulento como para comprar a otro, ni ninguno tan pobre como para ser obligado a venderse» (CS, II, 11). La ética de la igualdad se constituye, así, en el supuesto indispensable al de- recho a la libertad, esto es, de la auto- nomía individual (la libertad definida como obediencia a la ley que todos se han prescrito), No otro es lo que Bob- bio llama el «argumento ético» de la mejor forma de gobierno, histórica- mente buscada.56 Cabe señalar, finalmente, que si el objetivo básico del Estado de Derecho consiste en la garantía de los derechos fundamentales de la persona humana, el argumento ético se constituye hoy en el criterio último de la legitimidad del Estado (democrático) de Dere- cho. 57 Una contribución al debate so- bre el concepto y los criterios de legiti- midad es, sin duda, el libro de J.G.

Merquior, Rousseau and Weber, nvo Studies in the Theory of Legitimacy,58

El autor contrapone dos perspectivas de un mismo problema: la teoría de la legitimidad del poder (power) y la teo- ría de la legitimidad de la creencia (be- lief). Pero tal contraposición de entra- da no conduce a un distanciamiento de la posición de Weber respecto de la de Rousseau, sino a lo contrario: «La sociología histórica de Weber -con- cluye Merquior- constituye, por lo tanto, el sistema más accesible a la comprensión de la relevancia actual de la teoría de la legitimidad de Rousseau

(p. 207).})

Todo un programa en cuya investi- gación aun estamos implicados si se prefiere -con Rousseau y Bobbio- el gobierno de las leyes al gobierno de los hombres, siempre que hayamos descu- bierto la legitimidad de las normas y hayamos optado por la mejor' forma de gobierno.

149

NOTASY DISCUSIONES

NOTAS

1. El mejor repertorio bibliográfico sobre 1.J.

Rousseau se encuentra en Armales Jean-Jacques Rousseau, 1904-1990, 40 vols, Cf. también R. Trousson: Rousseaú et sa [ortune liuéraire. París. Nízet, 1977; «Quince années d'études rousseauis-

tes», Dix-hultleme siécle, 9 (1977). 343-386. J. Ló- pez Hernández: «Breve historia de la fortuna lite- raría y (le la crítica de J.J. Rousseau, Siglos XVIll y

XIX», Pensamiento, 162 (1985), 179-200; «

XX», Pensamiento, 164 (1985),431-452. Cf. la nue-

Siglo

va revista;

Reíms, Éd. A. I'Écart, 1987.

2. J.J. Rousseau: Oeuvres completes, éd. de B.

Gagnebin et M. Rayrnond, París, Gallimard

(Pléiade), 1964, vol. III.

Rousseau, 1,

Études

Jean-Iacques

3. M. Launay: «Bibliographie», Annales J.J.

Rousseau, t. XXXVI, 1963-1965, p. 406. Cf. The polítical Writings ofJean-Jacques Rousseau, ed. by

C.E. Vaughan, Oxford, B. Blackwel], 1962 (Ist ed.

1915).

Rousseau: Correspondence complete, éd.

de R.A. Leigh, Geneve, Institut et Musée Voltai-

re, t. 1 et Il, 1965; a partir del t. XXV, Oxford, The Voltaire Foundation at the Taylor Institution, t. XUX (1989).

5. J.J. Rousseau: Lenres philosophiques, éd. de

4. J.J.

H. Gouhier, París. J. Vrin, 1974. 6. Études sur le "Contrat social" de J.J. Rous- seau, Actes des Journées d'Étude organisées a Di- jon pour la comrnémoratíon du 200e anniversaire

du «Contrat social», París, Societé Les Belles Let- tres, 1964.

7. París, J. Vrín, 1974. Cf. A. BIUIlO: La forma-

zione del pensiero político de Rousseau. La critica

del giusnaruralísmo neí «Discours», Catania, Bon- nano, 1965. Como tal crítica no supera el nivel

alcanzado por R. Derathé: J.J. Rousseau er la phi-

losophie politique de son temps, París. J. 1970 (2e éd, mise au jour).

8. P. Casiní: «L'antichitá e la ricerca della pa-

Colo-

quio di Roma, 5-6 mayo 1978, Florencia, Institu-

to delJa Enciclopedia Italiana e Universíté de Ge-

neve, 1979,87-96. 9. Asume, matizándola, la tesis de J.L. Talmon:

The Rise oftotalitarian Democmcy, Londres, Saco ker and Warburg, 1952, 10. Sobre esta tesis véase: J. Dehaussy: «Rous- seau théoricien de la démocratíe», Les Cahiers de la Répuolique, 50 (1962), 919-931; M. Imboden:

tria ideale», Rousseau selon Jean-Jacques,

Vrín,

Rousseau und die Demokratie. Tubingen, Morh, 1963; 1. FelScher: ROU5seaus polítische Philoso- prlie. Zur Geschichte des demokratíschen Freí- heittsbegriffs, Berlín, Neuwied am R. und Lu- chterhand, 1960 (2.' ed., 1968); J.L.L. Aranguren:

«La vía democrática de Rousseau., en Ética y po-

litica, Madrid, Guadarrarna, 1968 (2." cd.) 137- 148; J. Moreau: Rousseau y la [undamentacion de

la democracia (trad. de Juan del Agua), Madrid, Espasa-Calpe, 1977. 11. Arma/es de Philosophie Politique, 5, París, P.U.F., 1965. 12, A. Sánchez Vázquezt «La filosofia de Rous- seau y su influencia en México», en Presencia de Rousseau. A los 250 afms de su nacimiento y a los dos siglos de la aparición del Emilio y El Con- trato social, México UNAM, 1962. A la doble con- memoración está también dedicado: ¡.J. Rous- seau et son oeuvre, Problémes et recherches, Collo- que de París (16-20 octubre, 1962), París, C. Klincksieck, 1964, que estudia El Contrato social y otras tres obras, De carácter global es la recopi- lación de textos; Presencia de Rousseau, Buenos Aires, Nueva Visión, 1972, con estudios tan im- portantes como los de Lévi-Strauss, Derrida, Blanchot, Althusser.

13. O. Vossler: Rousseau Freitslehre, Gottingen,

vandenhoeck y Ruprecht, 1963.

14. J. Fetscher: Rousseaus poiitische Philoso-

phie. Zur Geschichte des demokratischen Preiheits- begriffs, Berlín, Neuwied arn R. un Luchterhand, 1960 (2." ed., 1968) (trad. ít., Feltrinelli, 1972 y 1977); la 2. a ed. incluye el Apéndice III (<<El esta-

do de naturaleza y la imagen del hombre en Hob- bes, Pufendorf, Cumberland y Rousseau») y la reelaboración del cap. 5 (<<Rousseau y la Revolu-

ción francesa-).

15. B. Baczko: Rousseau: samanosi: i wspolno-

ta, Varsovia, 1964 (tr. Ir.: Rousseau: solitude et

communauté, París, La Haya, Mouton, 1974); el autor presentó también una comunicación al Co- loquio de Ginebra (1962) con el titulo: «Rousseau et I'alienation social», Annales J.J. Rousseau, t. XXXV (1959-1962). 223-237.

16. R. D. Masters: The poliiica! Philosophy of

Princeton, Princeton University Press,

1968; «La science polítíque chez Rousseau», Criti- que, 21 (1965), 965-973. Cf, A. Cobban: Rousseau and the modern. State, new and rev. ed., Londres,

Rousseau

G. AlIen and Unwin, 1968.

.

17. G. Delia Volpe: Rousseau e Marx, Roma, cd. Ríunití, 1964 (tr. esp. Barcelona, Martínez Roca, 1969). L. Colletti: «Rousseau critico della "societa civile?», en su obra Ideologia e societil., Bari, Laterza, 1969 (tr. esp. en Barcelona, Fonta- nella, 1975). B. Baczko: Rousseau: solitude et communauté París, La Haya, Mouton, 1974. J,L. Lecerde: JJ. Rousseau, modernité d'un classique, París, Larousse, 1973; Du Contra! social, 6d. de J.L. Lecel·c1e. París, Éd. sociales, 1971.

18. J.N. ShkJar: Mall and Citi~ns. A Study Df

Rousseau's social Theory, Cambridge, Cambridge

150

18EGORíA/2 (1990)

NOTAS Y DISCUSIONES

Uníversíty Press, 1969. M. Berman: The Politics of Authenticity. Radical Individualism. and the emer-

gence of modem Society, Nueva York, Arheneum,

1970. J. Charvet: The social Problem. in the Philo- sophy of Rousseau, Cambridge, Cambridge Uní- versity Press, 1974.

19. Madrid, Tauros, 1983, p. 42: J.J. Rousseau.

La transparence et l'obstacle. Suivi de Sept essais sur Rousseau, París, Gallimard, 1971 (l." OO.,

1957); los siete ensayos están incorporados en la edicíón en castellano.

20. Rousseau ofter 200 years, ed. by R.A, Leígh,

Cambridge, Cambridge University Press, 1982.

21. J.O.

Merquíor: Rousseaú and Weber.

Two

Studies in the Theory of Legitimacy, Londres, Bos-

ton, Routledge y Keagan P., 1980.

22. Cfr. el excelente ensayo de J.L. Rodríguez

García: La mirada de Saturno. (Pensar la Revolu-

ción 1789-1850), Madrid, Ed. Revolución, 1990.

Haléví: Introducción a Ora·

teurs de la Revolution [rancaise. I. Les Constituan- tes, éd. de F. Furet et R. Haléví, Gallimard (Pléía-

de), 1989, p. XCIV.

24. D. Mornet: Origines Intellectuelles de la Ré·

volution [rancaise, París, 1933.

25. R. Barny: «La Revolución y la Ilustración»,

23. F. Furet et

R

en M. J. Villaverde (cornp.), .41cance y legado de la

Revolución francesa, Madrid, Ed, Pablo Iglesias, 1989, p. 69. Cfr. del mismo autor: Prelude idéolo-

gique a la Révolution [rancaise: le rousseaurzísme

avant 1789, París. Universíté de Besancon, 1985. 26. Dix-huitiéme siécle, 21 (1989), dedicado a

la influencia de Montesquleu en la Revolución francesa. B. Groetheysen iPhilasophie de la Révo- lution fran~aise, Gallimard, ]956; rémpr, 1982) estudia, además de la influencia de Montesquieu, las de Voltaire y Rousseau.

27. A. Soboul: «Ll, Rousseau et le Jacobínis-

me», Études sur le «Contrat social», cit. en Nota 6;

Los sans-culottes. Movimiento popular y gobierno

Madrid,

Alianza, 1987 (París, 1964); La Revolución france-

sa: principios ideológicos y protagonistas colectivos

(trad. de P. Bordonaba), Barcelona, Crítica, 1987 (París, 1982).

28. J. Starobinski: «Rousseau y la Revolución

revolucionario

(trad.

de

M.

Ruípércz),

francesa», en 1789, los emblemas de la razón, Ma- drid, Tauros, 1988. pp. 149-150 (Instituto Edito· dale Italiano, Milán. 1973; Flammarion, París

1979). Cfr. J. McDonald: Rousseau and the [renclt

Revolution, 1762-1791, Londres, Atlone Press, 1965 (1. Fetschcr revisa el cap. 5 sobre Rousseau y la Revolución francesa inspirándose en este li- bro). L. Sozzi: «Interprétatíons de Rousseau pen-

and

dant

XVIIlrh Century, t. LXIV, 1968, 187-223.

la

Révolution»,

Studies

on

v'oltaire

29. Nueva Visión, Buenos Aires, 1972. Véase

nota 11.

30. El libro de Colletti contiene el importante

ISEGORIA 12 (1990)

ensayo: «Rousseau, crítico de la "sociedad civil"»

pp. 207-277, además de «Mandevílle, Rousseau y

Smilh», pp, 279-309. El de Moreau (París, P.U.F.,

1973) es un estudio global del pensamienzo de Rousseau, en el que dedica los clnco últimos ca- pítulos al problema político. Sobre el excelente

estudio de Starobinski, ver nota 18. Acerca del li- bro de Delia Volpe (Roma, Editori Riuniri, 1964), ver notas 17 y 47.

31. G. Sartori: Teoria de la democracia (trad. de

S. Sánchez González), Madrid, Alianza, 1988, 2 vols. (Chatharn Haouse Publishers, 1987).

R. Grinsley: La filosofía de Rousseau (trad. de J.

Rubio), Madrid, Alianza, 1977 (Oxford Uníversity

1973), G. Broethuysen: J.J. Rousseau (trad.

de A. Garzón del Camino), México, FCE, 1985

(París. Gallimard, 1949).

32. La edición de Alianza contiene prólogo y

notas de M. Armiño, Escritos de combate no tra- duce una obra concreta de Rousseau: bajo este título se designa los dos Discursos y las respccti- vas controversias. el Contrato y la Carta a C. de Beaurnont; la trad. y notas es de S. Masó y la

introducción de G. Benrekassa.

33. J.J. Rousseau: Disc. Econ. pd., ed. de E. Can-

Press,

dela. Proyecto y Consideraciones, ed. de A. Her- mosa Andújar. Disc. orig. desig., ed. de A, Pintor

Ramos. El Contrato social, ed. de M.J. Villaverde. De la última obra se han hecho 13 ediciones en castellano en las tres últimas décadas.

34. J.J. Rousseau; Escritos sobre la paz y la gue-

rra, (pról, de A. Truyol y Serra), Centro de Estu-

dios Constitucionales. 1982; Emilio o De la Edu- cación (pról, de M.C. Iglesias), Madrid, Edaf,

1985.

35. M.J. Víllaverde: Rousseau y el pensamiento

de las Luces. Madrid. Tecnos, 1987; Rausseau. El

conservadurismo de un mito, Madrid, Universidad

Complutense, 1986.

36. J. López Hernández: La ley del coraz6n (Un

estudio sobre J.J. Rousseau) , Murcia, Publicacio- nes Universidad de Murcia, 1989; .EI problema del derecho natural en J.J. Rousseau», Anuario de Pilosofta del Derecho, Madrid (1987), 539-562; «J.J. Rousseau, el fracaso de la razón política»,

Anales de Filosofia, vol. 1 (1983),157-167.

37. F.l. Caballero Harriet: Naturaleza y Derecho

en J.J. Rousseau, Bilbao, Universidad del País Vasco, 1986. A. Ginzo: La Ilustración francesa.

Entre Voltaire y Rousseau, Madrid, Cincel. 1985.

G. Dalmaso: La política de lo imaginario: Rous-

seau-Sade, Madrid, Encuentro. 1983.

38. E. Bello; «Lectura kantiana del Contrato

social», en Kant después de Kant, ed. de J. Mu- guerza y R. Rodríguez Ararnayo, Madrid, Tecnos, 1989, 153-173. J. Rubio Carracedo: .El influjo de

Rousseau en la filosofía práctica de Kant», en Es-

de

E. Guisán, Barcelona, Amhropos 1988, 29-74.

plendor y

míseria de la ética kantiana, ed.

151

-,---------,-----"-------------------,------,------------------------------,-------,-------"

NOTAS Y DISCUSIONES

A. Hermosa Andújar:

«El camino de Rousseau,

De la democracia directa a la democracia repre- sentatíva», Rev. de Estudios polúicos, SO (1986),

101-141. M. Bonachela:

«Comentarios sobre el

principio de la separación de poderes en J.J. Rousscau», Rev. Estudios políticos, 28 (1982), 75-

123.

39. J. de Maistre (1796): Considérations sur la

¡.¡nd der

Geschichte,

Tübingen,

M.

Miemeyer,

1965. D. Cameron: The social Thought of Rous-

seau

Toronto, Weidenfeld

and Burke: a comparative Study, Londres,

1973, K, Martín:

and

N.,

Frenen liberal Thought in cheeighteenth Century: a Study of political Ideas [rom Bayle to Condorcet,

ed, by J,P, Mayer, Nueva York, Harper and Row, 1963 (tst 1929).

France,

éd.

de J.L. Darcel, Ginebra, 1980 (trad.

43. J.W. Chapman: Rousseau, totalitarian or ti-

casto en Tecnos, 1990, con pról, de A. Truyol y

beralr, Nueva

York, Columbia University Press,

Serta). Chateaubriand, Essai sur les révolutions

1956.

 

(1797).

 

44.

CL G. Buglé: «Rousseau et le socialisrne»,

 

40.

L.G. Crocker (Cleveland, Press of Case W.

Rev. de u«. et Mor., 3 (1912), 341.

 

Reserve University, 1968) ha publicado, además,

 

45.

L. Althusser; "Su, le "Contrat social" (Les

una biografía

Uean-Jacques Rousseau,

Nueva

Décalagea)», L'impense de J.J. Rousseau, Cahiers pour l'Analyse, 8, París, Le Graphe (1967). A. Levi-

York, Macmillan, 1968-1973,2 vols.) y diferentes

artículos sobre la misma tesis (.Rousseau et la

ne

(11le Polines of Autonomy, cit.

en nota 42) divul-

voie du totalitarisme», en La philosophie politique

ga en lengua inglesa los análisis de Althusser,

de J.J. Rousseau, París, P.U.F., 1965): se inspira

 

46.

A. Illuminatí: j,j. Rousseau e la [ondazione

en

J.L. Talmon: The rise of totalitarian Democracy,

dei valori borghesi, Milán, II Saggíatore. 1977; Jean-Jacques Rousseau, Florencia, La Nuova Ita-

Nueva York, Praeger, 1960 ( lst ed., Boston,

1952),

 

lia, 1975. Dentro de esta línea descalificadora, A. Domenech sólo subraya lo que califica de «repu- blicanismo "absolutista" de Rousseau» (De la éti- ca a la poluica. Barcelona, Crítica, 1989, p, 265).

 

41.

B. Constant: «De la libertad de Jos antiguos

comparada con la libertad de los modernos» en

Del espíritu de conquista, Madrid, Tecnos, 1988, 63-93; Oeuvres, éd. de A. Roulin, París, Galli-

 

47.

G. Della Volpe: Rousseau y Marx, Barcelo-

mard, 1957; S. Goyard-Fabre: «L'idéc de souvc-

na, Martínez Roca, 1969, p. 15.

 

raineté du peuplc ct le "libcralisme pur" de B.

 

48,

L. Colletti: «Rousseau, crítico de la "socie-

Constant», Rev. de Me: et Mor., 81 (1976), 289- 327. A. de Tocqueville: El Antiguo régimen y la Revolucián, Madrid, Alianza, 1982,2 vols.: La de- mocracia en Amirica, Madrid, Alianza. 1980, 2 vals.

dad

cívíl"», en

Ideología. y sociedad, Barcelona.

Fontanella, 1975, pp. 263-264.

 
 

49.

B. Baczko: Rousseau: solitude et commu-

llamé, París, La Haya, Mouton, 1974 (1.' ed. Var-

sovia. 1964), J.1. Lecercle: J.J. Rousseau, moder- nité d'un classique, París, Larousse, 1973. p. 244.

 

42.

L.J.

Halle:

The

ideological Imagination,

Ideological Corülict in our Time and its Roots in

 

50.

Cf. E. Cassirer: «Das Problem J.J. Rous-

Hobbes, Rousseau and

Marx, Londres, Chatto and

seau», Archiv [ür Geschichte der Philosophie, XLI (l932), 177-213 y 479-513. 51. E. Díaz: Estado de Derecho y sociedad de-

mocrática, Madrid, Taurus, 1981 (8.' ed.). p. 29. 52, N, Bobbio: «La crisis de la democracia y la

Windus, 1972 (piensa Halle que Rousseau poten- cia el totalitarismo que viene de Hobbes y llega hasta el marxismo, contrario al ideal liberal). 11.1.1. VilIaverde: v. nota 34. E. Cassirer: Rousseau, Kant, Goethe. Two Essays, Princeton. Princeton

lección de los clásicos». Crisis de la democracia,

University Press, 1970 (Ist ed. 1945). P. Pasqua- lucci tRousseau e Kant, Milán, A. Gíuífre, 1974- 1976. 2 vols.) critica la intepretación neokantiana,

Barcelona,

Ariel,

1985,

pp.

5-25; «Democracia

representativa y democracia directa», El futuro de la democracia, México, FCE, 1986, pp. 32-50. Cfr.

sosteniendo que Rousseau es el primer eslabón

José M. González: «Límites y aporías de la demo- cracia representativa en N. Bobbios , en Tronas de la democracia, ed, de 1.M. González y F. Que-

sada, Barcelona. Anthropos, 1988, pp. 38-55.

de la cadena que lleva a Hegel y a Marx. A. Lcvi- ne (111e Politics of Autonomy, A kantian Reading o( Rousseau's «Social Contraer», Amherst, Uníver- sity of Mass. Press, 1976), en lugar de hacer un

 

53.

1. Colletti: Ideologia y sociedad, cit., p. 266.

estudio de la relación Rousseau/Kant, se limita a

54.

J. Rawls: A Theory of Justice, Oxford, Ox-

divulgar los análisis althusserianos de El Contrato

social; sólo se ocupa de Kant al final del libro, para concluir didendo que Rousseau p,efigura a Kant, que es la tesis de Cassirer. P.C. Mayer-

ford University Press, 1972, p. 11 (trad. de M.D. González), México, FCE, 1978, p. 28. Cfr. A. Levi- ne: .Beyond Justice: Rousseau againts Rawlso,

Joumal of Chúlese Philosophy, 4 (1977), 123-142;

Tasch: Autonomie und AutoritilL Rousse.au in den

véase ellihro de A. Levine sobre Rousseau en no- tas 42 y 45.

Spuren von Hobl;tes?, Berlín, Luchterhand, 1968.

H.

Schmidt: SeinserkenntnL~ I:md Staatsdenken.

 

55.

N. Bobbio: "Contrato}' c-ontraetualismo en

Der Subfekts - und Erkennisbergrif( van Hobbes, Locke ¡Utd Rousseau als Grundlage des Rechtes

el debate actual», en El futuro de la democracia,

México, FCE, 1986, pp. 114-118, Como variantes

152

 

ISEGORiAl2 (Hl90)

NOTAS Y DISCUSIONES

del debate, véase F. Vallespín Oña: Nuevas temías

del contrato social: J. Rawls, R. Nozick v J. Bucha-

Goyard-Fabre:

nan,

Madrid,

Alianza,

1985;

S.

L'interminable querelle du

contrat social,

Ottawa,

flexión pan! una ética en democracia: discurso

democracia, cít.,

pp. 79-107; J. Muguerza: «Ética y comunicación. (Una discusión del pensamiento ético-político de

ético y

utopía » , en Teorías de la

Éditions de I'Université d'Ottawa, 1983.

 

Jürgen Hahcrmas)», ibid., pp. 108·171; J. Mu-

56.

N. Bobbio: Estado, gobierno, sociedad (trad.

guerza et al., El fundamento de los derechos hu-

de 1. Sánchez García). Barcelona, Plaza y Janés,

manos, Madrid, Debate, 1989.

1987,

p.

163. Cfr.

J.M.

González y F. Quesada

58. Londres, Boston, Routledge and Kegan

(coords.):

Teorias

de

la

democracia,

Barcelona,

Paul, 19RO. Cfr. M.E. Perkins: «Liberty and the

galité" 0, Actes du lIle Congrés

International sur le

Anthropos, 1988, 57. E. Díaz: Estado de Derecho y sociedad de-

Concepl of Legítimacy in the "Díscours sur l'íné-

mocrática, Madrid, Taurus, 1981 (8" ed.), pp. 38- 39; De la maldad estatal)' la soberanía popular, Madrid. Debate, 1984, pp. 56·57; A. Maestre: «Re-

«Siécle des Lumiéres», Nancy, 1971 (ed, Banbury,

1972).

Obediencia al Derecho: revisión de una polémica

JUAN RAMÓN DE PÁRAMo

Universidad Complutense

Desde la publicación en 1979 del ar- tículo del profesor González Vicén so- bre la obediencia al Derecho se ha sus- citado una discusión sobre su conteni- do en la que han venido participando algunos miembros del gremio institu- cionalizado «Filosofía del Derecho, moral y política», unidos, esta vez sí, por un debate ético común (Gonzálcz Vicén 1979, 1985 Y 1989; Atíenza, 1983; Díaz, 1984, 1985 Y 1988; Mu- guerza, 1986, 1987 Y 1989; Fernández,

1987 y 1989; Cortina, 1987 y 1989; Guisán, 1988). Si bien parte de los ar- gumentos en discusión han versado so- bre los rasgos descriptivos del Derecho -el Derecho como institución social que disciplina y organiza la fuerza en una comunidad-, el problema de fon- do ha consistido en analizar la vincula- toriedad jurídíca, es decir, los diversos

tipos de razones -si es que existen- que ofrecen las normas jurídicas para justificar acciones o decisiones. En particular, si las normas jurídicas ofrc-

cen razones morales para justificar su obediencia; si existe una obligación moral de obedecer al Derecho. A veces este problema no se ha enunciado del mismo modo en la discusión, lo que ha producido respuestas diferentes. González Vicén (1979) partía en su argumentación de la crítica de una versión del positivismo legal -que, por cierto, no creo ni dominante ni re- levante en la versión actual del positi- vismo jurídíco- que sostiene que todo Derecho producido correctamente y revestido de validez formal obliga con independencia de su contenido. La vin- culatoriedad jurídica significa aquí obligatoriedad del Derecho tan sólo por razón de su validez formal. A par- tir de la exposición crítica de esta tesis, González Vicén examinaba con deteni- miento algunas respuestas históricas a tal cuestión; la teoría del derecho del : más fuerte, del reconocimiento, del íusnaturalisrno y de la seguridad jurí- dica; se ponía de manifiesto sus con-

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