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Clasicos Marymar El principe Utovie EI Nogro det Narciso El dieslo de Ana Frank Ast hablaba Zaratustra El anticristo Hiporiéa, Bartleby ef escriblente En preparacién: Kyra Kiratina Saschka Yeguley Maquiavelo Tomas Moro Joseph Conrad ‘Ana Frank F. Nietzsche F, Nietescho: F. Hélderlin H. Maluilio Panait Istrat L. Andreiev Friedrich Holderlin HIPERION EL EREMITA EN GRECIA Nota_preliminar: PAUL ZECH i Epilogo HECTOR RAURICH ae Ediciones Marymar Titulo de ta obra cn eb original: Hy PERION Oder der remit in Griechentand Tradluccidn del alemin por ALICIA MOLINA ¥ VEDIy ¥ RODRIGO RUDNA 808.3 Halderlin, Friedrich, 1770-1843 Hiperién — El eremita en Grecia. Traduccién, Alicia Molina y Vedia y Rodrigo Rudna # °° Buenos Aites, Marymar, 1976. 243 p. 18,Sem. (Col. Clisicos Marymar) IL. Rudna, IL. Molina y Vedia, Alicia ML Titulo La reproduccién total v parcial de este libro en form iéntica 0 moditicada, cscrita a nxiquiva par cl sistema mudtigraph, -mimedgrato, impress. ete. fio. autorizada or tos cditores sola “dewehunreservaden Chslquier © by Marymar Ediciones, S.A, Chile 1432 - Buenos Aires Queda hecho el depésito que estadlece ts Ley 11.729 Empreso en Argentina Printed iw degentina [-— > NOTA PRELIMINAR {Qué son los dioses y su esplritu yo no los hago conocer? Empépocizs Cuando Hélderlin se encontré con Hegsl en la famosa universidad de Titbingen, que hatia dedo @ los alemanes durante dos siglos una ilusire suce- sign de hombres de grandeza espiritual, y se adhirié @ aque! “Club de los amigos de Kant” donde se lefa, analizaba y discutia las obras filossficas, cldsicas modernas, se encontraba, una vez mds, an un estado que él solia designar con la palabra “disonarcia”, En el circuio de sus amigos anteriores, a los cuales pertenectan especialmente Ludwig Neuffer y Franz Magenau, y que salieron de la universidad én 1789, se habla ocupado casi exclusivamente de la Eteratura alemana, poniendo en ef centro de sus refleviones o Klopstock, Goethe y los poctas dei “Goettunger Haine bund” (Liga det Bosque de Goettingen). Akora, en cambio, como consecusncia de la unién con Hegel, se enconiré en otra esfera: en la de la Antigiiedad. Hegel le animé @ estudiar a Platén y Esquile, a Ho- mero y Herdclito, y a ocuparse més intimamente de Kant. Ahora Hegel, encantado del enorme entusiasmo de Holderlin por el estudio, observa en él, a treuds de conversaciones de todas lax noches, que se prolongan Aasta el amanecer, un testimonio viviente de lo tras- 19 NOTA PRELIMINAR cendental. Para entenderlo bien: Hegel, el futuro fundador de la filosofia absoluta, se muestra en su poesta Bleusis a Hélderlin en ta drbita de su amigo serdjico. Los “risterios” filoséficos que se tejen en- tre estas dos almas fundamentalmente diferentes pron lo se refuerzan y extionden considerablemente, gra~ cias al joven pero asombrosamente sogae Priede Withelm Schelling, quien se agrega, come tercara de Jos amigos, en ef afio 1790. Sabemos, por cartat y notas de los tres jévenes, eémo, influidos por la obra de Kant La religién Aentre de fos-limites de ta razén, se alejaban de ta “Ateologia ortodoxa, para inclinarse’ més intensivamen- Moa la filosofia, con la eoluntad claramente formada de dedicarse con todas sus fuersa: a la formacisn » al mejoramiento del género humeno. Etvhecko de que el prusion mas oriental, Kant haya visto en ta Revolactin Francesa el cambio dei estado mecdnico al estado orgénico, acepidadolo como una nueva finalided, favorecié les inguietudes con gue los corazones y los cerebro de aston tres jeven aprendieron y recogieron los acontecimisutos incudi tos que fe desartolilaian més alld del Rin. Yn parece hoy casi natural que se formaran una idea propia de los sucesos que jeriurbatan o todo al mundo civilieade, que le convirtierrm en ideal abso- tuto y que trateran cle realizar este ideal tarsbléa en Aleniania, De Schelling, por cierto, hemos aprendide cudn raipidamente. abandoné este ideal; pero no pudo Nevar ¢ Holderlin consigo, ounque lo procurd rape tidas veces, Entonces 12 inclind, apoyéndolo on sus teon rlas, hacia ese movimiento, gue mds tarde se desen- mutearé como ia reaccién més negra, que domind esclauizé a Alemienia durante muchos dscenici 9 que Finalmente condujo a la ragedia de 1842. Tampoco Hegel, que finalmente se ale3é, a forma NOTA PRELIMINAR a verdaderamente turbulenta, de la idea pura de ta Revolucién Francesa, logré que Hélderlin renegara de “los ideales jurados hasta la muerte”. Ciertamente Hélderlin se apartd de ellos durante algunos meses, por acontecimientos particulares, y se ocups de nuevo de ta filosofia de Leibniz, que unia, en el concepto de la armonia, bajo el nombre de “amar”, ta jerarquia neoplaténica de las cosas, desde Io terrestre hasta ta divinidad, Inspirado en esto, aunque no conmovido hasta las profundidades de su conocimiento, Hélderlin ya en aquella época provectaba una novela, sin haber encontrado, sin em- bargo, la figura de Higerién como protagonista, En verso se elevaba primero hasta las lejanias etéreas de le Venus Urania, 9 todos los ideales concebidos en este estado de dnimo coneurren a formar la idea, iguaimente indeterminada, de un “genio de Grecia”. Este desencadenamiento de su espiritu tenia que tees sus consecuencias. Primeramente en su vida pri- vada, Sin ningiin motivo exterior rompid sus rela. iones con Luita Nest, aunque le dijo: “Hasta mas old de la tumba duraré mi amor indisoluble”. Volvia ef “tiempo de tas disonancias”, del cual se salvd leyendo por tres veces Les bandidos de Schi- ler; esto le recordé “los identes de la tbertad, sélo transitoriamente dejados de lado”. Finalmente, ef aliento revolucionario det Don Carlos alizé el fuego lento para convertirlo en una Uama ardiente. De ma- wera que fus solamente Hélderlin el que permanecié fiel al ideal de sw jucentud, hasta el ctimplimiento de ta misién impueste por el sentido trdgico de la aida, Cuando todavia luchaba con la comprensién de los scontecimientos que se sucedian en Francia y que nmovian Aasta las dltimas floras, ya babi 0 fa cabeza de Robespierre, El gran viaje de Termidor, seguramente no previsto, influys sim dude on Ia idea 12 NOTA PRELIMINAR de Hilderlin de que la lucha por los derechos det hombre no podia estar terminada por el hecho de que al movimiento revelucionario hubiese entrado en las ofas del orden burgués, trayendo a Napolein al imperialismo, Los jévenes idealistas alemanes hablan sojiado con la eliminacién de la discordia alemana, interior y exterior, por medio de le prosecucién de la revolucién. Napolesn impidis el cumplimiento de es tas esperanzas. Nos parece necesario tener en cuenta tite hecho, primero para comprender mejor lo que movié a Hélderlin a proyectar y formar el Hiperion, Y también para comprender lo que sucede hoy en Europa, Aqui debe separarse causa y efecto, para descifrar lo “bueno” y lo “malo” en todas sus con- secuencias. Ast, bajo la influencia de la idea de que ta gran Revolucion Francesa no se desarrollé en sus efector ulteriores. (especialmente en Europa) en las format que habian esperado los jévenes intelectuales de Alen mania, nacié en Hélderlin el proyecto del Hipericn. En al afio 1792 se habla por primera vez de que Hélderlin esta trabajando con un Hiperién, “que me parece que promete mucho. Ex un seiior que ama la libertad, un verdadero griego, leno de firmes prin- cipios que me gusta especialmente oir...” (Asi dice’ una carta de Magenau, el amigo de Tiibingen, a Statudlin, ebogede y editor del Musenalmanach, “Al- manaque de las Musas”, de Stuttgart). Este mismo Stacudlin era también quien habia di- rigido a Hélderlin con énfasis hacia Rousseau, des puds de haber visitado, segiin la costumbre de aquel tiempo, la tumba de Rousseau y de haber jurado alll vivir en las teorias de este hombre, “el mar grande de Occidente”, y “sacrificar la vide y la fortuna” para el desarrolio de esas ideas. EL auxiliar de la universidad de Tiibingen, Phi- Hp Conz, quien en aquel tiempo también era es NOTA PRELIMINAR 13 mado como poeta, ensefié a Hélderlin que lo esencial del ideal de Rousseau,:la sencillez y la armonia, ya habjan sido una realidad en la juventud de la hu- manidad, puesto que los atenionses vivfan en él como en una especie de culto divino Después de los proyectos siempre renovades de su novela Hiperidn, en los aftos 1792-1794, Hélderlin sc decidié a empezar a eicribirla, Al principio destinaba {a obra para el “placer estético”, con lo que queria decir que el Hiperién “debe ocupar ef sentido del gusto por medio de un conjunte de ideas y-sensacio. nes mds bien que la razén por medio de un desarrollo psicologico regular”. Esta formulacion demuestra bien claro cudn fuertemente inftuia atin la estdtica de Kane en el ejercicio de su arte. Parece que los “principios firmes” de que Magenau hablaba se reficren espe- cialmente a la concepcién heroica del pocta, obtenida eu el estudio de los antiguos, y que habia desarrollado en las conversaciones con los amigos, y también ew sus poemas “Al genio de la audavia” y “Al destino”, Por'lo demés, estos poemar fueron los que le ayuda. ron a encontrar el camino hacia Schiller y a ganarlo baa si, Hextado por la “benevolencia inesperada” di Schiller, continué ta labor, temporariamenie inte- trumpida en el “ensayo”, hasta terminar aquei “Fray. mente” que Schiller publicd en Thalia del atu 170%, ¥ que lamé Ia atencién de fos entendidos. El contenido de este fragmento puede reducirse a una breve [érmula material de la siguiente manera: “Hiperién, enemizo declarado de toda cosa interme- dia entre “alzo” y “nada”, busca con toda energia, y con la fuerza de conocimientos recién adguirides, fa satisfaccin de sus ansias en la fraternizacién con les hombres. Aunque pone todo su esfucszo para pe- netrar, con los sentidos despiertos y sin prejuticias, hasta las regioncs en las que aun lo cotidiano ie pare. n NOTA PRELIMINAR ce al principio extrafio, se decepeiona sin embargo y sionte que la pobreza de las citcunstancias sélo podrd ser remediada por un cambio completo de los hom bres y de su ambiente, Como los obstéculos mas in- ereibles so oponen a al (agul encontramos ya las pri- meras alusiones al fin problematico de ta Revolucién Francesa), abandona la escena en una desolacién atormentadora, De un letargo improductive, Jo despierta ef amor a una donceila itamada Melite (el modelo para ta posterior Didtima). Sin embargo, Melits no tiene, para sus impetuosas pretensiones, Ia comprensién que él, desconociendo su cardeter, bus- taba en ella. Bila quiere silo la felicidad de wn amor que promete duracién, no al azar jortuite de un abra~ zo en el enajenamiento. “7Bs precito que ambos nos exarniuemos primero!” Con esta contestacién, gue infldma mds atin sus demandas, le induce a viajar fara ast aprender a juzgar claramente, En este di Werro medio forzado, no se siente muy hien, y aua- que vuelve un poco mds tranquilo, no a sa interior. Desde este penoso estaite intermedi ede en otro extremo: vuelve a le filosofia con un celo enfermizo y nervioso, para buscar en ella to “Gnico vivo”, que na encontraba en los hombre: 0s. Pero como era un “hijo innaro de fe nacuraieza”, y buscaba y encontraba en ella revelactones, volu a epasionarte de manera tan fuerte que se entregd a ella con todos sus sentides “Parecta que desde af interior del bosque se lemasen, desde lax profundt dades de la tierra y del mar me gritaien: “gPor qué no me quieres @ mi?’ En verdad, el problema que trataba de resolver Héldertin no puede solucionarse sin mds ni mds con el motive de ta unided saluadora “hombre y natu taleza”, La vieja interrogacién, aunque encubierta por un velo, existe y continta torturande sus pense mientos. El fragmento. termina con la “miscntropia NOTA PRELIMINAR 15 sublime” dz Kant: se puede perder el gusto por el movimiento del hombre actual, pero wunca Ia fe on al hombre mismo. Sin embatgo, apenas habla aparecido en Thalia y habia sido considerado por Ia exttica profesional co- mo “prueba muy prometedora de talento”, cuando Hélderlin decidié, después de una frolongada ms ditacién, sacar el Hiperién de le jorma de fragmento para reconstruirlo en una forma nueva. Pare esto ‘ligié el estilo epistolar. En aquel tiempo estaba toda- va en la drbita del cvangelio de 1a naturaleza de Rousseau, y solamente en los pertodes de depresién recordé fos acontecimientos de Francia y ta idea de liberara los alemanes de le esclavitud. El nuevo Hi- perién comienza donde termind el “fragmento”. Hiperién aparece ahora como un eremita en las colinas del istmo de Corinto, Allé le conmueve pri- meramente la idea: “EL hombre es un dios cuando sueia, pero un mendigo cuando piensa”. Esto equi- vale ye casi a un abandono de las especulaciones de Fichie, lo cual, sin embargo, na significa ain al aban- dono de Kant y Schiller, Primeramente Auyd del orden de las leyes cldsicas hacia Ia embriaguez dio. nisiaca, le cual reconoce como inico valor la belteca, pero fa esperanza de reuliews & fade bajo las ruinas de Atenas. En este momento critica encuentrs al viejo Ade mas, quien quiere hacer de él un renovador del mundo. Pero otra vez son los hombres los que le interesan més, y a los cuales é quiere atociarse, para vivir como elles deben vivir, sin poder mirar, sin embargo, esta vide como un estado de felicidad. No puede jaltarle un nueco desengaiio, porque los medios que wa Hiperién no son adecuades al fin. Conmo- vido hasta lo Rondo de su ser, pues parece conven- eido de la incurabilidad det mundo, sin duder tedavia de sf mismo, trate de reemplacar estw pérdida de su 16 NOTA PRELIMINAR Jin primitive por la posesin de una bella olma hus mana solitaria, Encuentra a cite hombre en la per- sona de Alabanda, En Alabanda arde la llama de la libertad. Esta lama también enciende a Hiperidn. Ambos sienten que se complementan bien uno a otro en sus ansias » fervores, No se necesita gran arte de persuasién para. convencer a este joven de que pla- near no es nada, y obrar, en cambio, lo es todo, ""/Li- berarés, conmigo la patria!” Con estas palabra de Alabanda se sella la “alianza” de vida o muerte. Esta parte de la novela aparecié primeramente tomo libro independiente; sin embargo, esto no sig- nificaba que estaba pensada como terminacién de ia obra. Hélderlin declard, ya en el prélogo: “La solt- ciin de las disonancias dentro de un cardcter dado no es materia de razonamiento ni de vano placer... Latnento que por ahora no puedan todos formarse ain un concepto del plan. Péro el segundo tomo se- ‘guird tan pronto como sea posible...” Al dar esta promesa, Hélderlin no sabia atin, con seguridad, hacia dénde cambiaria el cardcter de Hi- perién. El cambio se produjo. Pero Hiélderlin mismo era el menos contento con este cambio, al menos con el resultado, Pues ya estaba con un pie en la drbite del problema de Empédocles, que estaba impregnado de otro aire, Est re decir que al mismo tiem po se hubiera alejado de las ideas de la Revolucién Francesa. Solamente le parecia —llevado mds alld de las teorlas de Fichte por su penetracién interior, siempre en la drbila de Kanl— una necesidad ur gente buscar una platajorma mds elevada para sus nuevas valoraciones, La definiciin de destino le ocu- pa constantemente, ¢, influido por Hegel, arriesga el salto desde el punto de vista critico hacia #t dogma absoluto, Durante mucho tiempo Hélderlin ha sido llamado un panteista (aun Dilthey le lama asi) y 50 le con NOTA PRELIMINAR W sideraba completamente dependiente del pensamien- to de Schelling. Esto no se comprende hoy, pues, sin duda, el pantelsmo es la petrificacidn, en la idea, de la vena poética. Y en las odas de Hilderlin, por ejemplo, la mitelogta griega ya no es sdlo medio de expresibn, como todavia en Sckiller-y después en los dos Schlegel, sino que se ha vuelto nueva experiencia vital, 1 Cuando Hélderlin publicaba sus primeres versos, Jena no era todavia ta “metrdpolis del romantitismo alemdn”, y la ingeniosa “Egeria” del momento cra aiin una joven viuda que se debatia contra el desting dz un matrimonio malogrado: la seffora Carolina Boehmer. Sdlo mds tarde se convirtié en Carolina Schlegel-Schelling, nombre con que entré ei ta his- toria de la literatura alemana. : Hilderlin se revelé a tos apdstoles del romanticis- mo alemdn sdlo con el fragmento del Hiperidn. Es mérito indudable de los dos Schlegel el haber con- templado y aceptado al joven porta como pertene- ciente a ellos solamente y haber comprendido. ente- ramente su importancia para ta literatura, En aquel tiempo escribié Friedrich von Schlegel en el “Ateneo” palabras que valen arin hoy: “Hat- derlin es uno de los diamantes mds nobles en [a coro~ na-del romanticismo alemdn”. Goethe, al leer esta frase, sacudié malhumorado la cabeza y repitié su Juicio anterior sobre las primeras poesias de Hlder- lin: "Si ef mundo encuentra placer en que cerebros confuses se aniden allt donde hasta ahora tenian su lugar la claridad y la mesura, nosotros no queremos ser cémplices de la desgracia, Nada posee ste joven que pueda con ef tiempo convertine en 'alento, y sélo muestra la erupcién impetuosa de un dnimo sin 18 NOTA PRELIMINAR firmesa y de un espivitu ol que le falta dignidad y disciptina. Cuando aparecié la primera parte def Hinetién ‘1797, en la editorial dv Cotte, en Stuttgart), que exolté fuertemente las dnimos de fa juveniud Iiera- ria alemana, Goethe se conformé con un juicio rads suaue, pero siempre condicionade: “Hay que tratar de guiar a Hélderlin hacia eaminos més moderados; si esto se consigue, entonces tal ver se pueda esperar de él olgo perfecto”. ‘Sin hacernes culpables aqul de la menor exag ciéa, nos permitimes afirmar gue el Hipert ser consideredo, por sus fundamentos y mm amp! (mds alld de sw materia propia), por sus valores & y estéticas, como 1a obra revolucionaria més pu rofunda de los alemanes nr condensé en la in- Se sabe que la materic que terpretacién de Hildertin del en [a segunda parte deb sucesos de contra fa tivanfa de los surcos en el af pstas buchos, ta intsveencidn dew —Rusia—-, concretade en la aparici Finperirt, juuge on fe.pel ipstiortontisime. Sin ember go, ne 1 ef ventide de Lo unten: yue se hicheron fos revolucionarier griego:, de una ayuda de porte de Rusia. Pensatan, heciendo abstraccism de la Rusia absobutivia, en la ereceidn ds une propia “Repibliea Nacional La accién del Hipesion de Hélderlin se des muchas partes de la historia, Sus parsonaiz- op indefenso: ante [a intervencion de un tererrs, ® vocada por ies revolucionarios, Conjsen sie sultado de la batalla finaly... en ef da sigui NOTA PRELIMINAR 19 Ahora bien, cuando, después de ta dustruccién de la armada turca por la armada imperial rusa, Hél- derlin-Hiperién hace la declaracién: “Asi un ve neno envenena al olro...”, ¢pucde pretenderse atin zon rasén que este Hilderlin sea un raméntico reac. elonerio? Exe reprocke (que le hizo en 1892 un eritico de literatura del partido socialisia) no suede hacerse a Haldertin, Ni siguiera se justificarta con respecto al joven Hegel, quien reconocid la corcepcién genial del Hiperién con palabras entusiastas y ponsideré al impetu revolucionario de la obra como apto pare la manifestacin de una nueva idea del estado. (No da una “nueva religién”, como Dilthey concluys vocadaments). No ex del todo improbable que justa- mente el Hipetién haya inspirade al joven Hegel la frase siguiente: “Puede haber un pueblo libre séto cuando la razin hays recobrado su realidad como espiritu moral que pueda tener la avdacia de tomar su forma pura en iu propia tierra 9 con su propia majestad...” Completamente errénea me parece la opinidn de Friedrich Gundolf (per lo demés tan comprensivo intérprete de la possta de Héldertin) sobre el june damento ético del poeta al decidirse a la creacién del Hiperién, Gundolf cree on ta necesidad de establecer que [a influencta de la Revolucién Francesa sobre lderlin debe considerarse no como “vivencia ori- ginaria” (Urerlebnis), sino como adguisicién educa: Hea (Bildungserlebnis); comprueban eso todas les partes de la novela que describen el movimiento re- volucicnario de las griegos; estas partes son, en cual- quier respecto, las mas débiles de la novela, porque les falta una relacién intima con les, acontecimizn- tos. Contra esto podemos (jy debemos!) argumentar que cu cada aspecto de ta novela ta figura dominante 20 NOTA PRELINI de Hiperién representa a Hélderlin mismo. fl se ha pintado tan exactamente que, cada vez que la accién sobrepasd sus propias experiencias, paré el trabajo, debiendo dejar pasar largos intervalos para concen- trarse y-encontrarse de nuevo. También Norbert von Hellingrath, el meritorio editor de la primera edicién completa y critica de las obras de Hélderlin, considera, como centro de le intuicién arlistica y de la elaboracién formal, las “tensiones animicas” que sacan sus impulsos y fuerzas de las profundidades inmensas de ta “mistica difica”. Con otras palabras: de una esfera de valores que busca el sentido del mundo, no en el pensar, sino en el “intuir”, en el presentir y adivinor del doble Yo en el ser humano. Norbert von Hellingrath demuestra esta opinién (que no podemos compartir de ninguna manera) con el comportamiento de Hiperién en aguella hora en que Didtima, amada y al mismo tiempo arrestrada ala desgracia por dl, contrae una grave enfermedad mental (como consecuencia de la belleza de su alnia) y muere, y cuando él entonces, enterado de la mu te, toma la decision de volver a Alemania para vivir en adelante en [a naturaleza, que le salvar de todo desvio de lo humano. En su conciencia, por cierto, resuena la pérdida de Didtima durante mucho iem- po, y la siente como peng amarga. Este anonadamien- to causado por la amargura explica también le 12 nuncia a Alernania, dspera, pero sin embargo escrita con la sangre de;,su corazén, que irrité a Hegel de tal manera que arrojé un florero antiguo contra la pared y permanecié despierto toda la noche para es- cribir a Hdlderlin una violenta carta de protesta, que, sin embargo, abandond por la mafiana, tragindose su ira. Que el propio Hélderlin no estaba contento con ef desenlace del Hiperién, pero que tampoco se atrevid NOTA PRELIMINAR 2 a escribir una tercera parte, lo demuestra la reaper tura del problema de Hiperién en otra figura, @ sa- ber en La muerte de Empédocles. En esta tragedia, el “héroe”, al precipitarse en el crdter del Etna, se arro- ja, “sin ser llamado”, al corazdn de la naturaleza, 0 no vale para Hiperidn, sino parz la mis. ima, la frase: “El que sufrié ta muerte como , se restablece sélo entre los dioses”. Didtina muere Ia muerte de amor de las mujeres metafisicamente Hernas, y de la misma manera murieron también la Mignon de Goethe y la Liana de Jean Paul. Hilderlin no extrajo la tltima consecuencia, es- pécialmente en el sentido ético, de hacer morir al ami- go Alabanda, y a la amada Distima, no en libertad, sino como victimas forzadar de Hiperién, quien, por su parte, deberla haber procedido como Werther; ademds se lo prohibid Ia situacién fijada al prin- cipio de la novela. ‘Ahora queremos extraer del Hiperién des de tas sentencias mas importantes que los contemporéneos de Hélderlin han reprobado ¢ interpretado mal, y que después fueron la causa inmediaia del malentendido ltimo mds grave, no solamente sobre el “liperién, sino ademas sobre la misién poética y la persona de Hélderlin 1) “jLa guerra justa anima a cualquier alma!” Esta es la contestacién de Hiperién a la adver- tencia de Diétima: ";Conquistards, y olvidaras para qué has conguistade!” Obtendrds, si es mucho, por Ia fuerza un estado libre, y después dirs: “¢Pare rue edifiqué?” ¥ al final precuntards, canscdo de la vida: “Ahora, cdénde estdis, ideales de ta jusentud?” 2) “En verdad, era un proyecto exiraorcinario el de construir mi Eliseo por medio de una banda de ladrones...” Esta segunda jrase ta dice Hiperién después de fa ocupacién de Misitra (Esparia) por ios revo. i | i 22 NOTA PRELIMINAR tucionarios, seguida de actos de violencia contra sus habitantes, una sucesién de caqueot, asesinatos & incendios. Un ecpectdculo terrible, del cual Hipe~ 188n se aparta indignado y Heno de asco. Piensa en fas palabras bellas y clevadas que habia pronunciado poco antes de marchar hacia Misistra, para vencer fas dudas que Diétima tenia con reshecto al éxito de la empresa: “Wendrén tus hombres, pnaturalesa? Un pueblo rejuvenecido te rejuvenecerd también a fi; quedards como su novia, y la antigua unién de los espiritus se renovard contige. No habré sino una belleca, y la humanidad y la naturaleze se unirén en una divinidad que lo abrazaré todo”, Pues bien, ef hecho de que Hilderlin-Hiperién debla conuencerse de que no ss puede establecer un estado nuevo con hombres nuevos por medio do ina “banda de ladrones*, ha servido para que un bidgrajo de ta nueva escuela alemana sacara la conclusién, con una visible alusién contra la repiie blica alemana de Weimar, que “Héldertin, en prin- cipio, no queria ningiin retorne de los tumultos de la Revolucién Francesa, ninguna Grecia nueva, sine al restablecimiento de la conducta nérdiconheroica en Alemania, conducta que estaba degradada a pasct de Goethe y Schiller, Sdlo habla fracasado porque no habia Uegado atin el tiempo para a...” Si fuera verdad esta tosis, entonces quedaria jus- Hfieada, hoy mds que en aquel tiempo, la frase de Holderlin: “En verdad, era un proyecto extraordi- nario ef de construir mi Eliseo por medio de una banda de ladrones”. E igualmente ettaria justificado el tiltimo capitulo de a novela. Me parece que el colmo de la interbretacién ine lencionalmente maligna del contenido espiritwal del Hiperién Aa sido alcanzado’ por Ludwig Klages. En su libro Del Eros césmico, $2 encuentran algunas sentencias que tratan de explicar el fenémeno del NOTA PRELIMINAR 23 hombre trdgico, que Hélderlin representa, en la for- ma mds pura, en su Hiperin: “Le misiin poética de Hilderlin era trdgica porque presupeso en sus contempordneos algo qué, por su estructura prin colégica, no podian poser; por eso debia también terminar on forma trégica su vida... De manera que del resplandor entre dos obscuridades surge la obra poética de Hélderlin como un simbolo de to eterno... En mi opinién, esta interpretacién de la misién de Holdertin tiene sus ratces sbio en to filoséfico-especu- Iativo. La mencién del caos del “Apeirén” de Ana. ximandro como oscuridad primera (come segunda oreuridad se entiende el miedo de perder todos los valores de la vida en el no-valor infinito, es decir, fa muerte) es también una mera especulaciin que se deduce de las pelabras de Hélderlin: “;Ah, si hu- Siera una bandera, unas Termépilas donde pudiera vacrificar honrosamente todo el amor solitario que Ko me sitve ya para nada!” También Heidegger elude voluntariamente ese ca- rdcter sevolucionario del poeta Hélderlin, gue para nosotros es el rasgo esencial, y considera ta evoca- cién de Grecia (como unidad de espiritu, cultura y naturaleza) “el simbola eterno de la lucha de Hél- derlin contra la confusién de walores a que el mundo ha Hegado por la gran Revolucién Francesa”... Se ve ast una vez més hasta dénde puede Wever ia uni- formacién del individuo en un estado totelitario. IV Una participacién decisiva en ta formacién det Hiperién corresponde @ algunas personas gre no de» hemos dejar de mencionar aqui, en putte por ra. toner histdrico-literarizs con respecto a ia vida de 24 NOTA PRELIMINAR Hélderlin mismo, y en parte porque las estaciones de lo pottico que estas personas pasaron en fnsima amistad con Hélderlin son. de importancia para el andlisis de las diferentes redacciones del Hiperién. En este sentido hay que nombrar primero al ami- g0 de estudios de Titbingen, Ludwig Neufjer. A é le comunicd Hélderlin, en varias cartas, las dificul- tades interiores y exteriores que se le oponfan en la composicién del “Fragmento” y cudn intensamente estaba luchando para dar forma artistica a la ma- teria, Asi Hilderlin le escribid en agosto del aio 1793 la siguiente frase significativa: “Si mi Hipe- Hién completo no es tres veces mejor que el “Frag- mento”, lo arrojaré al fuego sin vacilar...” ¥ el 10 de octubre de 1794 le hizo saber: “La mayor parte de, las horas de Jas mafanas se me pasaron en este vérano con mi novela... Casi he terminado el pri- mer libro. Apenas si queda und sola linea de mi priv mer ensayo. El gran paso de la juventud al hombre maduro, del afecto a la razén, del reino de la fanta- sia al de la verdad’y la libertad, me parece que me rece una elaboracién tan lenta...”* Cuando Héldertin escribid esta carta, ya estaba como institutor en la casa de Carlota Kalb en Wal- thershausen. El nombre de este Carlota Kalb y su papel dentre de Is literctura clemana estd Uzado @ los nombres de Schiller y Jean Paul, con los cuales es- taba en relacion de intima amistad. Por la interven- cin de Schiller, ef pobre graduado en- teologia y candidato a pastor Hélderlin obtuvo al puesto de institutor, encargado de la educacién del tinico hijo de Carlota, Para el joven Hélderlin era un caso di= ficil, pues el nifio padecia de graves perturbaciones mentales, y él consiguid, si no la curacién (para eso su estancia en Walthershausen fue demasiado corta), por lo menos una mejoria temporaria. “Pero —eseri. be Hélderlin a su madre el 16 de enero de 1795—~ NOTA PRELIMINAR 3 la obstinacidn del nifio alcanz6 ‘un grado que casi me privd de mi propia salud, de toda serenidad, y también de la actividad de mis fuerzas intelectua- es...” De ta madre de este nifo dice Rahel Varnhagen en sus Memorias que fue la mujer més modema de su tiempo. La amplitud espiritual, filosdfica y pui- colégica de esta extraordinaria mujer se hace espe. clalmente visible en su relacién con el joven Hol. derlin, @ menudo atormentado por el abatiniento y la tristeza. Ella tuvo una influencia importante so- bre la formacién de la primera parte del Hiperién, pues ef poeta le comunicé su trabajo linea por linea, aceptando sus consejos amistosamente, Carlota Kalb envid también el manuscrito a su amigo Schiller, y le indujo a enviar la obra, “que sin duda alguna én- contrard tu admiracién, pues se mucve enteramente en las esferas de tu espiritu”, al editor Cotta, Toda- ula en ef afio 1801 estaba én correspondencia con Holderlin, y también le visits en la Torre de Tite Bingen, esta mujer, ton gravemente maltratada por {a vida y casi cizga, visitd al poeta, que ya estaba en- vuelto én la niebla mental y no se acordaba de ella. Cuando Hilderlin eva alumno de Fichte en Jena, 4¢ le junté un joven diplomédtico, que mds tard: per. tenecié @ la corte de Hombure, llamado Isaaz von Sinclair. Este joven noble, especialmente atrcido por sus versos, tomé efica interés en la precaria situa. cidn material de Holderlin, sin ofender su extrema sensibilidad. Von Sinclair introdujo a Hélderlin en la casa del banquero de Frankfurt Jakob Friedrich Gontard, y se to recomendd como institutor. Vere. mos en seguida qué cambio decisive significé este hogar para el Hiperién y para el mismo Hélderlin, De cualguier modo, fue el mismo von Sinclair el que, despuds de la répida renuncia al puesto de ins titutor —renuncia mds forzada que voluntaria—, lo 26 NOTA PRELIMINAR Hevd consigo @ Homburg para que se restableciera, sin preocupaciones, de lot penasos acontecimientor de Frankfurt. Y si ahora decimos que fue especial mente Susetie Gontard la que tuvo la participacion mds decision an la terminaciéa de ta segunda parte del Hiperién, es cari decir demasiado poco. La amis: tad Intima con esta mujer tan cillta y sensible dio al poeta la fuerza para desarvollarse enteramente. A ella tenemos que agradecer las maravillosas Odas de Frankfurt, yue constituyen la cumbre de la ode dlemana. Cémo Hélderlin vio y sintié a esta mujer, se encuentra exprecado, aparte del Hiperién, ya en “jSer sagrado! He turbado a menudo tu durea serentdad divina, y de lor dolores mds sooretos y profundos de has aprendide mucho de mi...” Susette, la “graciosa musa dle su eorazén y Diétima, en ta novela lo amante de Hi Fon sia 1 tan sélide ¢ intima como tat sez se encontrard sda en ‘a vida y en la poesia de Dante Bectriz, En cierto modo puede también pen: Wagner y Matilde Werendonck, de enya at Gi6 ef Tristén, Susette Contard, quo jo 'tecié a la edad de 24 ator «causa de une injecién y stucco on srrespondencia peligrosa con Hélderiin haste ef tltimo ake de stu oe da, ingresé en Ta titeratura como Didtime. De las castas de Hélderlin g su Distima conoce- mos solamente tres borradores, En cambio, las cartas de Diétina a Héldestin, que originariamente se crssan perdidas, estén conservadas en su totalidad. Una 20 rienta lejana del poeta las publicé a principios te este siglo. Destruyeron en ta forma mas mequivoca et sine nimero de leyenda que se hablan formade en ef NOTA PRELIMINAR ar curso de los afios sobre las relaciones de lor dos amantes, No es ninguna exageracién afirmar gue aquella #2. peracién forzada (e injustificada) haya arrastrade @ ambos hacia las mds graves perturbacione:. v Cudn alto et mismo Hélderlin estimaba el Hipe- Hn, declardndolo como su “devocionario”, aun en les dias de la "prisién celeste”, cuando ya la enfer medad lo consumia y desde el expejo te miraba con tna musca el seftor Scardanelli. ..1, fo sabemos por et primer arttculo biogrdfico que se publicé, todavia en vida del poeta, de Wilhelm Waiblinger, La vida, Ja poesia y la demencia de Hélderlin, 1830, “Puede vcuparse durante dias enteros de su Hiperisn. Cien veces, al wisitarle, lz ofa ya desde afuera declamario en voz alta. Su dufasis era grande y ei Hiperiin es. aha slempre abierto, muchas veces me lo les. Cuan- do terminaba un pasaje, empezaba a exclarar, can una gesticulacién uehemente: “74h, hermoso, her mox0, Majestad!” Los ojos enor de légrimas con une emocién gue durd horas enteras, tomé nota de ja teiripresién del Hiperion, que aparecié en 1822 Cuando el poeta enferme, poco antes de ser inter= nado en la clinica de Autenrieth en Tiibingen, leys a! elogio extraordinario gue Joseph Goerres hizo del Hipetién en Aurora (1805), dijo @ Isaac von Sine clair: “No deseubras a este noble amigo con ninguna palabra, que ef rugido de las olas estigias no quiere * HSlderlin mismo, tn su cafermedad, se did’ el nombre ge “Scardanclli”, presenténdose asi también a sus. visitas suando Ja obscusidad purpares que envolvia su expicitu Je daba unas pocas horas claras. 28 NOTA PRELIMINAR cesar en mis oldos. jQue contintie pensando en el Hiperién, y no en el autor!” Pocos ‘anos mas tarde Joseph Goerres conocié la situacién del poeta, a quien dedicé estas lineas: “;Po- bre Hiperién, pobre poela! No tenias ningiin amor gue te salvara de los poderes teriibles; el pufto te aplasté... Un dguila bate convulsivamente sus elas heridas; los chicos malos de Ia calle 1a persiguen y la cazan; pero quien conozca su tiempo y tenga un alma en el pecho, la seguird doloridamente con los ojos cuando pasa aleteando, siempre ansiosa de lle- gar al sol”. No hay sino ef solitario y sus visiones sofiadas, “Co- mo hombre era imposible entre los hombres...”, asf dijo Nietzsche de Herdclito. Pero con mds razén hu- biera podido decirlo del pocta Halderlin, tan similar delespiritu. Pues su nostalgia de los griegos, nacida en un pais de los sueitos “donde el cielo se abre sin nubes y la luz pura y blanca corre con pies dgiles”; su Sensibilidad de la naturaleza, exaltada hasta la iden- lificacién mistica, més alld de lo empirico, hacia la sustancia creadora, hacia imdgenes y més imagenes surgidas de las olas de las eternas transformaciones..., todas estas tensiones, formadas de amargura y dolor, siempre en inguietud, siempre en emocion, este des- tino de éxtasis y lagrimas, son, una vez mas y siempre, Heréclito. Ninguno de sus contempordneos pudo compren- der sobre qué vida flotaba su espiritu antes de que le acosaran les oscuridades y turbaciones del "sefior Scardanelli”. CRoNotocia DE LOS HECHOS MAS IMPORTANTES DE La vipa pe Horpeauin 1770: EL 20 de marzo nacié Johana Christian Friedrich Hélderlin ea Lauffen, sobre el Neckar, hijo del NOTA PRELIMINAR 29 maestro del claustro Heinrich’ Friedrich Héléertin y de Johanna Christiane Heyn. + Fallecimiento éel. padre + Nuevo casamionto de 1a madre con el conscjero de camara Gock, alealde de Nirtingen. 1786: Halderlin entra en el "Seminario Superior” en Maul- brena. 1768; El bachiller Holdertin entra en Ja universidad de Tibingen. Estudia teologia, filosofia clésiew e his- tora. 1791; Amistad de Hélderlin con Hegel y Schelling en la universidad de Tubingen. 1793: Examen final ante e} consistorio eclesidstico de Stutt- art. Conoee a Schiller en Lucwigsburg. 1794: Obtiene, con intervenciéa de Schiller, un presto de institutor en Ja casa de Carlota von Kalb en Wal- tershausen 1795: Se waslada a Jena. Estudia en Ia universidad tem- poralmente escucha Tas clases de Fichte; hace amiss tad con Tsaae von Sinclair. 1796: Entra en la casa Gentard, en Frankiurt, como ins- titutor. Ama apasionadamente & la sefiora de Ia ca sa, Surette Gontard (Diétima). 1797; Encuentro con Goethe en Frankfurt. + Héldertin sale de Tx casa Gontard en Frankfurt y s tadlada a Homburg, proteside por Sinctair. 1802: En ensro Hélderlin viaja a través de Suiza y Mega a Burdeos, Alli toma el puesto de instittor en la cata del cdntul Meyer. El 22 de junio muere Disti- ma (Susette Gontard). Hélderlin regresa enferme mentalmente. Restablecido, viaja a Ulm y Regens- burg en compaiia de von Sinclair 1804; Nuevos ataques de demencia y exaltacién de nimo en Homburg. 1806: Por consejo de Schelling, Sinclair teva al enfermo 20 107: rant 1823 1843: NOTA PRELIMINAR 2 Tibingca al sanatorio de Autenrieth (para en- formes mentalea). A consecaencia de Ja declaractin de una consulta de médicos acerca de la incurabilidad de Héldetlin, ei puesto al cuidado del carpintero Zimmer, em Tabingea. 1822: Mejoramiente aparente en la enfermedad de Holderlin. Se oeupa de mésica y temporariamente de aus recuerdos y poesias a Diétims 7930; Wilhelm Walblinger, Bettina von Arnim y August Withelma Seblegel visitan al enfermo Hal- derlin. EL7 de junio fallesis Haldesti pletaments apagado. coon el expfrit come Binurocnavia Dz Las oaras DE Hocopazi 1792/98: Himmos a tor Sdeates de le humanidad. En eb 1828: 1846: 1897 Musenalmanach de Staeudtin, Tabingen iperién (Fragmento). Ea Thalia, publiceda por Schiller + Miperisn o cf ereosita en Grecia (parte 1). Stutt. gant 1900: La musrte de Empédoctes (cuatto versiones). Hiberién o eb eremita en Geocin parte 13). Stutte gar, Las tregedias de Séfectes. (Edipa Rey y Antigona.} Frankfurt del Main, Las canciones triunfates pltices y olbmpicas de Plax doro (en teaduecién libre), Hiberidn 0 al eremita an Grecia, 2 edicién. Stutt- art, Paema: livieos, publieados por Ludwig Uhland y Gustav Schwab, Obras completas, publicadas por Christoph Theodor Schwab, Stuttgart Poctlas completar, pubticadas por B. Litemaen. 1910: NOTA PRELIMINAR 31 Cartes ercogidas. Jena. 1918/25: Obras completas, Primera edicién erftica © his. 1821: Las 1830: 1048: 1870 1890: 1892: 1907: 1910) 1919; 19202 1925 tories. Tomos I-VI. Publicedas por Norbert von ‘Hellingrath. Be Lar cartas de Diésima e Halderlin, pudticadas por Vittor, Leipsig. OpRAS mis ImPoRTANTES Sonne HBLDERLIN Waiblinger, Wihelm: La vide, poesla 9 demencia de Haiderlin, Stuttgart. Jong, Alexander: Hétderlin wus obras, Leipaig. Haym, Rudolph: La esevels romdntica en Ale mania. Be Liumann, Berthold: Hétdarlin (biografia). Leipz Dikthey, Wilhelm: La vide y le poesia, Breslau. Zinkernagel, Friedrich: La historia del “Hipesién"” de Héldertin, Hamburgo, Zeck, Paul: Estudios sobre iélderlin. Efberfeld. Grolinann, Adolf ven: El “Hiperibn” de H3lderlia. Munich, Trommmler, Bs Hélderin enfermo. Munich, Zweig, Stefan: Le tucha contra «! Demonio. Leipzig: Pan. Zines PREFACIO Non coerceri maximo, contineri minimo, divinum est. Mr cusraria dar a los alemanes la seguridad de que este libro seré de su agrado. Pero temo que algunos Jo iean como se lee un compendio, atribu- yendo demasiada importancia al fabule docet, y que les otros lo tomen demasiado a la ligera, de suerte que ni unos ni otros Jo comprendan. Quien se contenta con aspirar el perfume de una flor no la conoce, y quien la corta solamente para estudiarla, tampoco Ia conoce. Ni la sola reflexién, ni el placer solo pueden resolver las disonancias de cierto género. Los lugares que fueron escenario de lo que va a leerse mo presentan en ef nada muy nuevo, y 3 este especto confieso que una vez tuve la ingenuidad de pensar en variazlos en el libro; pero no tardé en convencerme de que eran los Gnicos que: convenian al cardcter elegiaco de Hiperién, y no puedo evitar un sentimiento de vergiieriza a'la idea de que el posible juicio del piiblico hubiese estado a punto de inspirarme una ductilidad tan extremada. Lamente que, por el instante, no sea posible a todos mis lectores pronunciarse sobre mi intencién; pero este primer volumen seri seguido de un se gundo muy en breve. LIBRO PRIMERO HIPERION A BELARMINO Ex asapo suelo de mi patria es de nuevo para mf un motivo de alegria y de tristeza, Me encuentro ahora otra vez, todas las mafianss, en las alturas del istmo de Corinto, y mi pensa- miento, como uaa abeja entre las flores, vuela a do de aqui para allé entre los mares que, 3 derecha ¢ izguierda, mantienen Ja freseura al pie de mis montafias soleadas. 10 de exton dos golfos sobre todo habria rego: cijade mi corazén, de haber vivido en sus orillas un tuillar de afios antes. Alli, entre fos, explendores salvajes del Helicén Parnaso, donde fos primeros destellos de la auro- ‘a juegan alrededor de clen curmbres nevadas, y la Gcliciosa jianura de Sicione avanzaba, con Ja aluves de un dios vencedor, el magnifico golfo resplande- ciente hacia la més, alegre de las ciudades, ta joven, into, esparciendo a los pies de su favorita las ri- quezas de todos les paises. Pero, ga qué pensar en tales cosas? Tos aullides del chacal, que deja ofr su grito kigubre entre Jas ruinas de’ los monumentos Antiques, me arrancan bruscamente de mi ensuefo, iFeliz el hombre gue encuentra su alegria y su nerza en ta prosperidad de su patria! A mi, cuando wien me recuerda ia mia, parece como si me hun. se en cl barro de un pentano, © viere cerrarse core mi ta tapa de un féretro; y si me can el nom- 36 FRIEDRICH HOLDERLIN bre de griego, tengo la impresién de un collar de Perro que me apretase la garganta, ‘Mira, mi querido Belarmino, cuando por acaso una palabra se me escapaba y, en un momento de ira, me subla una ligrima a los ojos, en seguida venian hacia mi algunos de esos buenos apéstoles que entre vosotros, los alemanes, surgen como fantasmas a vuestro lado cuando menos lo. pensiis, satisfechos de encontrar a algim infortunado de alma melan- célica a quien ofrecer sus maxima, y creian conso- larme diciéndome: “Obra, pues, en lugar de que- jarte”” jPluguiera al cielo que no lo hubiese hecho nun- cal jCudntas més esperanzas tendria ahora! jOlvida, olvida que hay hombres, ch mi pobre corazén desgraciado, atormentado y mil veeos repe- do! ¥ vuelve al lugar de donde vienes, al seno de la Naturaleza inmutablemente serena y hermosa HIPERION A BELARMINO No poseo una sola cosa de la que pueda decir: esto es mio. Los seres que me son queridos estén lejos de mi o muerto, y ya vor algiina me habla de ellos. ‘Mis trabajos aqui en la tierra han terminado. 1Los emprendi leno de ardor, costironme mtchos sudo- res de sangre, y no he enriquecido el mundo con un solo chavo. Desconocido y solitario, vuelve y vago como en un vasto comenterio por mi patria, donde tal vez me espera el puiial del cazador para quien los griegos somos, como la caza de los bosques, un motivo de alegria. Pero ti, oh Sol, brillas todavia en el ciclo! FY ti, Tierra, atin continiias verdeviendo! Los rios todavia h HIPERION a7 hacen correr sus aguas hacia el mat, y los arboles, frondosos atin se estremecen a la brisa del mediodia, Los cantos voluptuosos de la primavera mecen mis sombrios pensamientos. La vida, que todo lo reanima en ¢] universo, nutre y sacia hasta 1s embriagucz mi pobre alma hambrienta. jOh feliz Naturaleza! No sé lo que siento cuando elevo mis miradas hacia tus bellezas, pero nada me deleita tanto, joh la mas amada de las bienamadas!, como las lagrimas que vierto al contemolart. Mi ser entero calla y escucha cuando el dulce aliento del céfiro me acaricia el pecho. Mis miradas, perdidas a lo lejos en el azur del cielo, van del éter fa las profundidades de la mar sagrada, y me parece como si un espiritu familiar me acogiese en sus bra- zos, como si el dolor del aislamiento se confundiera con la vida de la Divinidad. Formar un solo ser con todo lo que vive, sno es vivir como los dioses y poser el cielo en la tierra? Ser una sola cosa con tado lo aue vive, volver. por un olvido de si mismo. al Todo de la Naturaleza, es alcanzar el més alto grado de pensamiento v de gczo, es estar en la cumbre saerada de la montafia, en el reposo eterno, donde la hora ultima del dia vierde su calor abrumador y el trueno no hace ofr va su vo7, nde lat aquae ardorosas del mar ondulan como los trigales bajo la brisa. Formar una sola cosa con todo lo que vive, significa que la virtud abandona su armadura de rigores y la inteligencia humana su cetro, y todos los vensa- mientos se borran en presencia de este universo eter- namente uno, como frente a Urania se desvanecen las leyes que ponen trabas al genio del artista: sig- nifica que el Destino inexorable abdica su’ soberania, y la Muerte rompe el pacto que la lizaba 2 todos los, seres, y la union indiscluble y la juventud eterna embellecen el mundo. | | | 38 FRIEDRICH HOLDERLIN A menudo me elevo hasta esa cumbre, Belarmino, Pero un instante de reflexién basta a derribarme, Pienso, y me encuentro, como antes, solo, con today Jas tribulaciones del ser mortal; y ese asilo que mi alma creia haber hallado: el universo eternamente uno, desaparece y I Naturaleza no me abre sus brazos, y permanezco ante ella como un extraio, sin comprenderia, (Dios mio! ;Ojalé no hubiera frecuentado jamés vuestras escuelas! La ciencia que segui por las mil revueltas de sus Taberintos, que fui lo bastante loco para esperar con mai juvenil ilusién que confirmara mis alegrias més puras, ha hecho mi desgracia, Asi fue como en medio de vosotros me volvi razo- neble, y aprendi cabalmente a diferenciarme de lo que'me rodea, 2 tal punta que me encuentro aislado medio de Jas belictas del mundo, proscrito del Jardin de fn Naturaleza en el que habia crecido y prosperado; y he aquf que ahora me seco al sol de mediodia, Si, no cabe duda: el hombre es us dios cuando se entrega & sus suefios, y un pobre ser cuando se pone a rellexionar; ya poco que el entusiasmo decrezca, helo abi en Ia actitud del hijo prédigo que su padre de i ites gue 2 almas caritativas le dieron de pasada, HIPERION A BELARMINO Te agradezco que me pidieras que te hable de mi, trayendo asi a mi memoria el tiempo pasado. Ello me volvid a Grecia, donde deseaba vivir en Tos lugares que vieron los juegos. de mi infanci Como el trabajador que se entrega al sueio repa- rador, ini alma atormentada gusta a menudo de abis- marse en las reminiscencias de un pasade inocente. HIPERION 39 iOh dulce quietud de la infancia! ;Quietud ce- lestial! j Cudntas veces me detengo ante ti, en muda contemplacién, Neno del deseo de volver a encon- trarte con el pensamicnto, Pero, jay!, sélo hemos conservado nociones exactas de le que, malo antes, se ha tornado bueno ahora; de nuestra infancia, de nuestra inocencia, no sabemos ya nada. Cuando yo era todavia un nifito juicioso, que ignoraba todo lo que nos rodea, gno era acaso algo més de lo que soy ahora, después de taatas tribula. clones, meditaciones y [uches interiores? Si, no cabe duda, mientras no se ha vestido con la piel de camaleén del hombre, el nifio es el mis feliz de los seres, Es por entero 41 mismo, y en ello estd su encanto, La coercién de las reglas y las leyes de Destino no lo han deformado. Sélo en e! nifio reside la libertad. En él reina también la paz; atin no entré ea con. flicto consigo mismo, Colmado de riquezas, conoce su coraaén ¢ ignora las miserias de la existencia. Como no sabe qué es la Muerte, es la inmortalidad. Desgraciadamente, es un estado al que los hombres no sabrian acomodarse. Es preciso que lo que leva en sf de divino se humanice, que aprenda por si no gue los he: con una ficstin Por aso, antes que la Naturaleza Io aleje de su paraiso, los hombres lo arrancan de é mediante la lisonja 0 la violencia, y lo evan a campos malditos donde, como ellos, habré de consumirse trabajando con el sudor de su frente. Lo que no impide que el momento en que el des- pertar se produce sea también deleitoso, al menos cuando no se nos despierta inoportunamente. jOh dias sagrados aquéllos en que, por ver pri mera, suestra alma emprende el vuelo, cuando en el impetu agi y ardiente de les afios mozos nos serti- mos entre los esplendores de la Naturaleca como la 40 FRIEDRICH HOLDERLIN florecilla que se abre a los rayos del sol naciente, tendiendo sus pétalos hacia el ciclo infinito! iCuantas veces vagué por estas montafias y estas riberas! ;Cuantas veces me detuve, con el corazén palpitante de emocién, sobre las cumbres de Tina, desde donde seguia con la vista los halcones, las gar. as y los audaces esquifes, de aspecto tan alegre, per- diéndose en el horizonte! Alla, me decfa, all irds ti también; y sentia la sensacién del que, sofocado por el ardor del sol, se sumerge en un baiio refrescante o se humedece Ia frente con un agua espumante Luego, regresaba a casa suspirando y pensaba: *;Si hubiesen’ transcurrido siquiera mis aiios de apren- dizaje!” ; Pobre inocente! Estos afios todavia no Mevan tra- zas de concluir, ;Y pensar que el hombre, cuando Joven,.se:imagina siempre tan préximo a si objeto! Tal es la més bella de las ilusiones que nos da Ia Naturaleza, para sostener nuestra alma en sus desfa- Necimientos, A menudo, cuando. estaba tendido entre las flores, calentindome a Ios rayos tibios del sol pri. maveral, con la mirada perdida en el azul del ciclo gue envolvia la tierra, o cuando me sentaba en la montafia, a la sombra de los olmos o los sauces después de un refrescante aguacero, y las tamas se hallaban ain estremecidas nor su contacto con el cielo, y sobre el bosque empavado por la lluvia pasa- ban nubes doradas, o cuando el astro de la tarde, simbolo de paz, ascendia en el horizonte con sus compajieros siempre jévenes, los otros héroes celestes, simbolos de la vida jperpetiia, que vela moverse sin esfuerzo a través del espacio etéreo, con una eterna regularidad, y la paz del universo me rodeaba rego- Gijando mi corazén hasta el punto de hacerle pres. tar oido atento a todos los ruidos sin saber exacta- mente lo que me sucedia... entonces, sublan a mis labios estas palabras: “Padre nuestro del cielo, zme HIPERION 4 amas?" Y ofa su respuesta en mi alma feliz y serenada, (Oh td, a quien se alzaba mi voz como si estu- Vieras encima de las estrellas, Ta, a quien yo llamaba Creador del Cielo y de la’ Tierra, idolo amigo de is afios, mozas: T& no me guardards rencot por- que te haya olvidado!. ¢Por qué este mundo no es lo bastante pobre para obligarnos a buscar a algiin otro fuera de él? Si esta magnifica Naturaleza tiene realmente un padye, 2no Jo tendra también el corazén del nifio? ¢No es El el fondo de su ser? Pero, gacaso lo poses yo? ¢Lo conozco, acaso? A veces me parece verlo; pero entonces un nuevo terror se apodera de mf, como si viera mi propio Tostro, coma si Jo sintiera a £1, al Espiritu del Mundo; y despierto, y veo tan sélo ‘mis manos, asidas una 2 otra, HIPERION A BELARMINO ¢Sabes hasta qué punto se amaron Platén y Estela? Bues bien, asi amé yo y fui amado, ; Ah, qué feliz mortal era entonces! Seguramente, es muy agradable ver que seres igua- les se reiinen; pero hay algo divino en el acto un gran hombre elevando a otros seres mas peque- fios hasta él. Una palabra amable del corazén de un homb-e va- liente, una sonrisa bajo la cual se disimula cl devo- rante esplendor del espiritu, es a la vez poco y mu- cho; lo mismo que una de esas palabras magicas, inofensivas en apariencia, que en sus modestas sila- bas ocultan la vida y Ia muerte: como una fuente espiritual que brota de las profundidades de la mon- taa, cuyas aguas de una limpidez criétalina nos comunican Ia.fuerza misteriosa tierra. Por el contrario, ;con qué odio miro a todos esos 2 FRIEDRICH HOLDERLIN birbaros que se figuran cuerdos porque ya no tienen corazén, a esos seres brutales qué, so pretexto de dis. Ciplinar la razin, destruyen de mil modos fo que Puede tener de bello la fuventud! jBondad divinal ¢No se diria que son como el buho que quisiera ahuyentar a Jos aguiluchos de su nido para ensefiarles el camino hacia el sol? Perdéname, espiritu de mi Adams, de haber pen- sado en esas gentes en presencia tuys. Pero tal es al fruto de neestra experiencia: no podemoe represen: tamos lo perfecto, sin ver en seguida Ja deformitied contraria, iAb, si s6lo ti estuvieras pretente siempre en mi Pensamfento, infortunado semidids, #6, y todo lo que Hene tu nobleza y tu grandeza!... ‘Aquél a quien gayuelves en tu calma y en tu fuerza, atleta y com- baliente, aquél a quien haces el don ce tu amor y de a sabiduria, jhuya o sea lo que ti fuiste! A tut lado, no cabria ni bajeza ni debilidad. iGuantas veces no te senti a sai lado, siera largo tiempo que estabas lejos de mit Pé ilmminabas con > claridad, reconfortandome a tal Punto que mi corszén helado recobraba su fatido, como esas fuentes secas que se reaniman cuando ef Gielo Jas toca, En esos momentos, habria queride ir a esconder mi felicidad hasta on le- cetsellas, pata resguardaria Je la mancilla de cuanto me :odeaba, ‘Yo habia crecide como una planta de vid sin tutor, Suyos sarinientos se extienden por el suelo al aan TG sabes cuantas nobles cualidades se pierden on nosotros por no haber sido utilizadas, Yo errsba a ia ventura como un alma en pena; me aplicaba » todo Y todo me absorbia; pero esto no duré mucha, y mis fuerzas, torpemente dispersadas, se agotaron en es. fuerzos vanos, Todo me daba la conciencia de mi nada, de mi incapacidad para hallar mi camino. En ese estado me encontré Adamas. HIPERION 8 Durante largo tiempo habiase aplicado con arte ¥ Paciencia a su cometido ef mundo que lamamos civilizado; pero éste era y siguié siendo de piedra y de madera; en el mejor dé los casos tomaba Ia noble forma humana exterformente; pero esto no era fo que necesitabs mi Adamas; Jo que é! buscaba era hombres, y por desgracia su arte era insuficiente para procurérselos. En atros tiempos habian existide tos que su pobre erte era ya incapaz de darle, y de sobre se daba él cuenta de ello. El sabia también donde hablan existiso, Y queria ir allf e interrogar su genio bajo lor escombros, entreteniendo can su compafia, los ocios de su soledad, Y asi fue a Grecis, donde yo fo encontré Me parece verlo todavia, cuando vino hacia m{ cca su aire pensative y sontionte; todavia cigo su saludo y sus preguntas, “Como ura for cvya suavidad aplaca el tumutto @e los senticos y devuelve fa serenidad al alma ex gouitase. ante ii : Y yo mbmo gno era como un eco de w silen- cieso entusissmo? ¢No resonaban en mi las melodias de todo si er? Tal era él, tal yo mismo; y semejante una divinidad a mis ojos i Qué iepotencia sobrecoge el celo de los hombres més fervientes en presencia de un entusianno iw compartide! Este no se contenta con ser superficie, no se apo. dera de rosotros tan pronto aqui, tan pronto allé, se burla cel tiempo y de los medics, no hay para él ni ley, ni coercidn, ni razén; nos aferra en un ins. tante, no importa dénde, en la cumbre de las mon- tafias Jo mismo que en el fondo de los valles, y, antes gue sintsmos su presencia, ante que nos ‘hayamos dado cuenta de lo que nos pasa, he aqui que ha transformado ya para nosotros todas [as cosas en, belleza y en felicidad, i iFeliz aquel que desde los primeros aio: de su “4 FRIEDRICH HOLDERLIN Juventud encuentra un corazén noble en su camino! {Qué hermosos, qué inolvidables dias, calmacios de las alegrias de la’amistad y de las mis dulces aten: nes! Tan pronto Adamas me iniciaba en el mundo de Jos héroes de Plutarco, tan pronto me hacia pene- trar en las regiones maravillosas habitadas por los dioses de Grecia; a veces regulaba y calmaba, con una moderacién caleulada, el ardor impulsive de mis afios mozos; a veces también escalibamos juntos Ia cuesta de la montafia durante el dia, para cortar flores en Ja maleza, en el bosque, y recoger el musgo salvaje de las rocas, o bien, cuando era de noche, para contemplar sobre nuestra cabeza los astros sagrados, y en la medida de nuestra int tratar de comprenderlos, {Qué sentimiento de bienestar exquisito siente el alma que encuentra en si los elementos de su fuerza, que toma conciencia de si misma, y se apega mis estrechamente a lo que ama, mientras, poco a poco, nuestro espiritu se arma para la lucha! Yo sentia como triplicado su ascendiente sobre mf, cuando, semejantes a los mane: del vasado, escald- bamos, altives y gozosos, pero también irritados y tristes, las faldas del Athos, y pasando de alli a la otra vertiente nos embarcibamos pare el Helespents, Rodas, y las gargantas del Ténaro, a través de Ia multitud de islas apacibles. Mas tarde, cuando fa nostalgia nos impulsé hacia la costa para penetrar en el interior del pais, nos internamos hasta el cora- z6n drido del viejo Peloponeso y las riberas solita- rias del Eurotas. (Ab, esos valles muertos de Elida, de Nemea y de Olimpia!... Cuando, apoyados en uns columna del templo de Jiipiter, en ef que ya nadie piensa, rodeados de lau- eles, de rosas y pervincas, contemulibamos el Jecho salvaje del rio, la primavera renaciente y el sol eter. NHIPERION 6 namente joven nos recordaban que alli también habia habido, en otros tiempos, hombres, hoy desapareci- dos, cuya noble naturaleza no habia dejado mis rastro que los fragmentos visibles de un templo, © una visién de muerte grabada en la memoria, En- tonces, yo me sentaba junto a él, tristemente, y me distrafa en quitar el musgo del pedestal de un semi- diés, o retiraba de las ruinas el hombro de mirmol Ge Un hétoe, o libraba un arquitrabe de las zarzas y maleza que’ medio lo sepultaban, Entretantc, mi buen Adamas dibujaba cl paisaje, cuya vista recon fortante era como el consuelo de un amigo en aque- Ila ruinas a las que servia de marco: las lomes cu- biertas de trigo, de olivares, los rebafios de cabras, agarradas a las rocas de la montafia; el bosque de olmos que se precipitaba de fa cima al valle, la !agar~ tija que jugeba a nuestros pies y las moscas que, en Ia calma del mediodia, nos envolvian con su zumbido, jAh, mi querido Belarmino! ;Cémo me gustarfz con- tarte: todas estas cosas tan exactamente como lo hhubiera hecho el mismo Néstor! Pero yo atravieso el pasado como un espigador atraviesa un campo des- pués de la siega cosechada por su propietario, reco- giendo tan sélo las briznas de vaja. Te dirfa cimo un dia en que, estando a su lado sobre las alturas de Delos, subi con él las antiguas gradas de mirmol que conducen a la muralla de granite del Cintho, fue uno de los dias mas tristes de mi vida. Alli habi- taba antes cl dios Sol, al pie de esas rocas celestes en que, como una nube de oro, toda la Grecia con- gregada lo rodeaba con su esplendor. Como Aquiles en la Estigia, los jévenes se sumergian en el gozo y cl entusiasmo y resurgian invencibles como dioses, En los bosques y en los templos sus almas. desperta- ban, cada una resonando al contacto de Ia otra, con- servando preciosamente en si los acordes delicicsos. Mas zpara qué hablar de todo eso? ;Como si atin 46 FRIEDRICH HOLDERLIN Pudiéramos formarnos alguna idea de aquellos tiem. pos! jAy!, bajo el peso de la maldiciin que nos abruma ni siquiera nos es permitido seguir un belle suefio. El presente, como el cietzo que supla aullanda, Pasa sobre los brotes apenas retofiados de nuestra alma, y Tos seca a medida que se van abrienda, ;¥ sin embargo, qué dia radiante el que me vié sobre al Cintho! No se habla disipade «! crepisculo de ia mafiana y ya estébamos en In cumbre, Entonces, se ‘os aparecié en su eterna juventud el viejo dior Sel, contento y sereno; como siempre, el inmortal Titin escalé ef cielo, con Jos millares de alegrios gue recela, y envié su sonrisa 2 su pais desolado; a aquellos templos, a aquellas columnas que el Desting ‘habia derribado a sus pies, como esos pétzlos secon de fas rots’ que el nifio arranca despreocupadamente del arbusto al pasar y esparce por el suelo “jS€ como E1!, exclamé Adamas, tomando mi mano y tendiéndola hacia el dios; y oa este instante me parecié como si la brisa de fa mafiana nos levane tase en sus alas Hevandonos en pos del sagrado astro, que se fanzaba hicia ei cenit, cordial, grande y mara. villoso, Henando al mundo y'a nosottes con su fuerza Todo mi ser interior se entristece y se regocija todavia con cada una de jas palabras que me decia entonces Adamas, y cuando, algunas veces, siento Jo que ai mismo debié sentir ‘antes, apenas si lego a comprender ini miseria, {Qué puede realmente per- der el hombre cuando se encuentra asi en su propio mundo? Todo esta en nosotros. 2Se oreocapa el hewn bre entonces del cabello que cae de su cabera? ;Por qué lucha para esclavizarse, cuando podria ser un dios? “Ti ests destinado a la soledad, amigo mio”, me decia también Adamas por aquella época; “serds como la grulla abandonada por sus compaieras en la HIPERION a7 mala estacién, mientras van a buscar Ie. primavera en _pafses lejanos”. ‘Yeo, mi pobre amigo, e To que hace que hasta en el seo de la opulencia seamos pobres, porque nos es imposible vivir solos, porque el amor persiste en nosotros mientras somos de este mundo. ;Devuélveme a mi Adamas y ven con los que me pertenecen, para que este viejo mundo, con las bellezas que contiene, se renueve én nosoiros, y nos juntemos y unamos en los brazos de nuestra divinidad, la Naturaleza! De ese modo, no conoceré la miseria, ae Pero, te lo suplico: que nadie diga que e! Destina nos separa, Somos nosattos, zlo oyes?, nosotros los que gustamos in verdadero placer Ianedndonos a las tinieblas de Io desconocido, afrontando: da frialdad de Jos extratios de otro mundo, Si fuese posible, hasta dejariamos las regiones que alumbra el sol, para pre- cipitarnos més all4 de los limites a que legan tos eametas. ;Ahi, no hay patria capaz de retener al hombre que Hleva en si el salvaje deseo de las pere- grinaciones, JLo mismo gue los rayos del sol secan las plantas terrestres que hiecferon crecer, el honibre ani- quila las tiernas flores que su corazén hizo nacer: los goces del parentesco y del amor. : Diriase casi que Je guardo rencor a mi buen Ada- ‘mas por haberme dejado; pero no, no se lo guardo. aNo me dijo, ademds, que volveria? Se dice gue en el fondo del Asia yace ovulto un Pueblo de rara perfeccién, A él sin duda se dejé evar por su esperanza. Yo lp acompané hesta Nios, Fueron nos dias de amargura. Seguramente que yo habia aprendido a soportar el dolor, pero, para una tal separacién, no encontré fuerzas en mi. i Cada instante que nes acercaba a la hora dltima, mostraba mis hasta qué punto mi ser se hallaba inti- mamente unido al suyo. Mi alma se esforzaba en A 48 FRIEDRICH HOLDERLIN retenerlo como el moribundo retiene Ia vida que siente escaparscle. Pasamos todavia algunos dias junto a Ja tumba de Homero, y Nios fue ya para mi la més sagrada de Jas islas, Al fin, nos arrancamos de Jos brazos uno del otro, A fuerza de luchar, mi corazén se habia cansado, y en el instante supremo me senti un poco més tran- quilo, Me habia hineado de rodillas ante él y por Sltima vez lo estreché en mis brazos. “Dame tu ben- dicién, joh Padre!”, le dije a media voz, levantando los ojos hacia él. Tuvo entonces una gran sontisa, su frente se ilumin6 al resplandor de las estrellas de la mafiana y sus miradas atravesaron los espacios ce- lestes. “\Protegedio”, exclamé, “joh vosotros, Espi- ritus de un tiempo mejor! ; Elevadlo a vuestra inmor- talidad, y vosotras, bienhechoras Potencias del cielo y de la tierra, no le abandonéis!” Después, afiadié con. voz més tranquila: “Hay un Dios en nosotros, que guia al Destino como guia las corrientes de agua, y del que todas las cosas forman parte, jQue él te ‘acompaie!” Asi nos despedimos. Adiés, mi querido Belarmino, MIPERION A BELARMINO gAdénde podrfa huir de mi mismo sino a los ree cuerdos de mis aiios mozos? A ellos vuelvo, como un alma que busca en vano el reposo en las orillas del Aqueronte, en las regiones desiertas de mi existencia. Todo envejece y todo se rejuvenece de nuevo. ¢Por qué, entonces, estamos nosotres_excluidos del ciclo generoso de Ja natura- leza? 20 tendriamos acaso también el nuestro? De buena gana lo creeria, si no hubiera en nosotros sta monstruosa ambicién que, como en el gigante Ei HIPERION 49 del Etna, eleva su vos iracunda desde los mis pro- fundos abismos de nuestro ser. Y sin embargo, zquién no preferiria sentir en si algo como un aceite hirviente antes que confesase que ha nacido para el litigo 0 el yugo? ¢Cudl es més, noble: un fogoso corcel de guerra, o un jamelgo de orejas colgantes? ; Mi querido amigo, hubo un tiempo en que mi corazén se calentaba a los rayos de 1a esperanza, en que el gozo de la inmortalidad hacia latir todas mis arterias, y mi espiritu se detenia en mi) proyectos, a cual mas hermoso, como las miradas en las floses de un vergel, en que, feliz como los peces del Océano, me sumergia cada ver més hondo en el espacio sin limites de mi porvenir, oe jOh feliz Naturaleza! ; Qué intrepidez no animaba al adolescente, cuando saité de la cuna que ti le habias preparado! ; Qué gozo al ceflirse por ver pri- mera su armadura! Su arco estaba tenso, sus flechas se estremecian en el carcaj, los sublimes genios de Ia antigiiedad, los inmortales, guiaban sus pasos, y entre ellos Adamas, Adondequiera que fuese, dondequiera que estuviese, esas sombras sublimes me escoltaban, las grandes acciones de todos los tiempos se confun- dian en mi espiritu como otras tantas llamas, y lo mismo que se ve, en una tempestad ardientemente deseada, amentonarsc las nubes en el cielo formando sigantescos cuadros, asi los centenares de victorias de Jas Olimpfadas se transformaban a mis ojos en una continua victoria. zCémo resistir, cémo no sentirse derribado por el formidable esplendor de la antigiiedad, semejante a los arboles j6venes del bosque al paso del huracan, cuando ese esplendor se apodera de vosotros como s¢ apoderé de mi, y os falta, como a mi, el elemento en el que poder, mediante la lucha, cobrar conciencia de vuestra fuerza y vuestro valor? 50. FRIEDRICH HOLDERLIN Pero lo que me hizo inclinar la frente, como Ta tempestad doblega el débil junco, fué la’ grandeza de Jos antiguos; ella fug la que empaiié la ter lozane de mi rostro, y jcudntas veces no me encontré en al suelo, bafiado en lagrimas, lejos de todas las roiradas, como un pino eaido al borde deb arroyo que ocults en las ondas su copa marchita! ;¥ de qué buena gana habrfa pagado con toda mi sangre un solo minuto de Ja vide de un gran hombre! Pero za qué todo ello, si nadie queria de mi? {No es coxa lamentable verse anonadado hasta ese punto?.., Que aquel a quien esto parezca incom. prensible se abstenga de preguntar; que dé gracias @ la naturaleza por kaberlo creado como cred tay mariposas, para la alegria, y que pase sin deci pala. ‘tra, mientras viva, del dolor y Is. tristeza! F¥o amaba a mis hémes como la mosca 2] sal; bus caba su peligrosa vecinda de nuevo adonde estaban. ‘Como el ciervo ensangrentada se arrefa a yo me pretipitaba a menude ex «t to-belilng gow, para refroscer en mi pecho brarme de los magwificos suefios de gloria y de gra deza que en 4 se entrechocaban. Pi emibarg Y cuando, « medianoche, mi coracén abrasado me impulsabe - heiar al jardiz, bajo ics drboles empa pados de rocio, ye} murmullo de la fuente por los prados, la brisa acarielasora y la tue de la iuna ccuaaban mis sentides, y pasaban sobre ini cals Yibres y apacibles, las nubes plateadas, y la yor io Henie de las olas resonaba 2 lo lejos, jde qué modo todas esas grandes sombras jugaban entances lelicio- samente con mi corazén y con jot fantaamas de mi amor! “[Adiés, seres maravillosos!", me decia a menudo, cuando por encima de mi la dulce melodia que acom- HIPERION 51 pafia a los primeros rayos del sol comenzaba a dejarse oir, “jadiés, Muertos magaificos! ;Que no pueda yo seguiros! | Que no pueda sacudir de mi fo que me dio mi tiemoo, y ‘partir también para el libre seino de las sombrast” Pero, remachado a mi cadena, peno y muero, reci- biendo con una alegria amarga la misera copa que tienden a mis labios, SEPLAION 4 BELARMING Desde la partida de Ademas, mi ida se ha vuelto demasiado pequefia para mi, Hacla ya tiempo que me hastiaba Tina y queria ver el mundo, “Ve primero a Esmirna”, me dijo mi padre, “apren- de allt les ciencias nduticas y militares, Jas lenguas Ge Tos pueblos cultos, estudie sus constituciones, sus usos y costom! 2 todo y elige Jo mejor de wl. Después pededs continuar tu viaje e it adonde quieras.” Nada inds delicioso que exot primetos dias en que uno se evade de su propia juventud. Me parecla como simi nacimiento datase verdaderamente de mi par- tida de Tina, Bi soi que briliaba sobre mi cabeas via nuevo, y yo gozaba de la campifia, del mar y del aire como si fuera por primera vex, La actividad desbordante que desplegaba entonces en Esinima para instrairme, y mis répides progre- 205, contribuyeron no poco a develver la tranquilidad 4 mi alma, Recuerdo también muchos placenteros atardeceres de esa época, ;Cudntas veces fui, bajo los dxbolas siompre verdes que bordean el Meles, al Jugar donde acid mi Homero, a coger flores, que er recuerdo suyo arrojaba a las ondas sagradas del rio! En [a proximidad de la gruta me abandonaba a mis ensuefios apacibles, “Alli era, dicen, donde el 52 FRIEDRICH HOLDERLIN viejo Homero canté su Hiada.” Yo lo encontraba, y ‘en su presencia, cada una de mis palabras expiraba en mis labios. Abria su divino poema, y era como si hasta aquel dia me hubiese sido desconocido, a tal punto despertaba en mi impresiones nuevas y vivas, ‘También gusto de recordar mis paseos por los alre- dedores de Esmirna, Es un pafs maravilloso, y cien veces he lamentado no tener alas para volar una ver siquiera cada afio al Asia Menor. ‘Dejando la lanura de Sardes, llegué a la cima de la montaiia por las murallas escarpadas del Tmolo, Habla pasado la noche al pie, en una cabafia hos. pitalaria, entre mirtos y matas aromosas de espliego, en un lugar donde los cisnes jugaban a mi lado sobre las ondas doradas del Pactolo, y donde aparccia, como un timido fantasma a los claros rayos de la luna, un viejo templo de Cibeles. Cinco deliciosas columnitas Toraban sobre las ruinas, y a sus pies yacian los restos de un pértico majestuoso. ‘Ahora mi sendero serpeaba hacia la cima a través de millares de setos florecidos. Sobre la abrupta per diente se inclinaban drboles de flores estremecidas, gue dejaban caer sobre mi cabeza sus dulces copos. Hacia mediodia llegué a la cima del monte. ¥ alli permaneci en pie, mirando jubilosamente ante mi y aspitundo cou deleite of aire pure del cielo. {Qué horas encantadas las que pasé alli! Semejante a un mar, el pais de donde yo Hegaba se extendia a mis pies, joven, feliz, lleno de vida; la variedad de los colores con que Ta primavera sal- daba el despertar de mi alma era infinita como el cielo; y como el sol recobrindose a si mismo en los mil reflejos de luz que la tierra le devolvia, mi esph ritu se reconocia en Ta plenitud de vida que to rodeaba y lo invadia de uno y otro lado, A mi it quicrda, el rio, como un gigante, se precipitaha con rugides’ de alegria hacia los bosques, desde lo alto HIPERION 33 de las rocas marméreas suspendidas sobre mi cabeza, en las que el aguila jugaba con sus polluclos, y donde Jas cumbres nevadas brillaban en el éter azulado; a mi derecha, nubes tempestuosas se congregaban sobre los bosques de Sipila; yo no sentia la tempestad que las arrastraba, sélo sentia una suave brisa en mis cabellos; pero ofa el retumbar del trueno, como se percibe la voz del porvenir, y vela Ja llama de los relampagos como la luz lejana de una deidad cuya presencia se adivina. Volviéndome hacia el sur, con- tinué mi ruta. Ante mi se abria toda esa comarca paradisiaca regada por el Caistro que tescribe alli sus meandros como si no pudiera decidirse a dejar todas las riquezas y gracias que lo rodean. Como el céfiro, espiritu encantado iba y venia de una belleza a otra, de Ia aldehuela desconocida, ocul:a alli lejos en el valle, hasta el fondo de los’ montss de Messogis cuya cadena de cumbres se esfuma a Io lejos, Volvi a Esmirna como un hombre ebrio después de un festin. Mi corazén estaba demasiado Ileno de goze para no dar algo de su exceso a las cosas per:- cederas. Me sentia demasiado contento de haber recogide en mi la belleza de la Naturaleza para no Henar con ella las lagunas de la vida humana. Mi pobre ciudad de Esmimna revistié Jos colores de mi cntusiasmo y tomé a mis ojos el aspecto de una novia. La urbanidad de los ciudadanos me atrajo. Lo absurdo de sus costumbres me divertia como la travesura de un nifio, y como yo estaba por natu leza por encima de todas las formas en uso y todas las costumbres, me divertia adoptindolas y dejindo- las alternativamente como disfraces de carnaval Pero lo que principalmente contvibufa a dar un atractivo particular a mis insignificantes relaciones con la sociedad eran los rostros acogedores y las fi nomias agradables que la compasiva naturaleza ba ia SN 54 FRIEDRICH HOLDERLIN cuidado de sembrar como estrellas en las tinieblas que ‘nos envuelven. iQué alegrfa sentla mi corazén! ;¥ con qué fe ingenua yo descifraha los amables jeroglificos! Pero me sucedié casi lo mismo que en ia primavera con los abedules. Habla ofdo alabar la savia de esos Arbo. les, y me imaginaha’ que sus tromcos graciles produ. cirian una bebida deliciosa, jAh!, fo que faltaba era Ja fuerza del espfritu, ;Qué desolador por consi- guiente cuanto vela y fal’! A veces tenfa a impresién, al frecuentar a ague- las _gentes cultivadas, de que la natursleza humana habla tomado los miltiples aspectos del reino animal, Aqui, como en todas partes, fueron Jos horahres tos que més me chocaron por su degradacién y su co- rrupefén, ‘Hay animales que aiillan cuando oyen musica, Las gentes bien educadas que he conocido refen cuando se hacia referencia ante elias a las bellezas del espi- tite o Jas cualidades del corszdn. Los lobes huyen cuando s¢ enciende fuego; lo misine que estas gente, cuando advertiay en alguien una chispa dé razdn, 18 alelaban ripidamente como ladrenes. Si por _acaso yo. hablaba con entusiesmo de la antigua Grecia, me decfan bostezands que en ks tiempos presentes Ja vida es también bastante sopor- table, y no faltaba quien afiadia, con aire importante, que el buen gusto tampoco habia desaparecido pot entero de este pais. Y, on efecto, al instante tuve la prueba de ello: pues uno empezd a soltar una ristra de bromas cuar- teleras, y otro, hinchando los carrillos, @ pronunciar sentencias presumidas. Un. tercero, adeptando aires de gran seiior que nada tiene ya que aprender, afirmé con un gran gesto, poniendo al cielo por testigo, que siempre ha valido mas un toma que dos te daré, Pero en cuanto se le hablé de la muerte, junté ps0 HIPERION 35 facto lai manos, y poco a poco, en el curso de la conversacién, vino a hablar del clero, haciende notar : lo peligroso que era que los sacerdotes de hoy hubie- ran peidide casi toda su influencia. Los wnicés con que a veces me gustabs conversar eran esos charlatanes que son como la crénica viva Ge las ciudades y paises extranjeros, o come esas cajas de vistas en las que puede verse, indistintamente, potentados x caballo, campanarios 'y mercados, A la larga, acabé por cansarme tanta prodigalidad, aburrido de pedir peras al olmo y buscar flores en el ventisquero. Desde entonces, preferi vivir apartado, EI suave espiritu de mi juventud habia desaparecido casi por completo de mi alma, El incurable mal que aque- jaba al siglo se me habia hecho visible por jas ‘tantas cosas que refiero o que paso por alto, y la esperanza que habia acariciado de hallar un mundo info en ova alma, y de poder un dia abrazar a mi semejante en la persona de un ser amable, no Hegaba nunca a realizarse. éY qué seria la vida sin la esperanza, amigo milo? Una chispa que salta del carbén y se extingue, una rifaga que pasa en la mala estacién y cuyos aullidos poco a poco se apaciguan: he aki lo que seriamos. La misma golondrina va a buscar un pais mas hospitalario en ei invierno; durante el caler del dia, Jos tismos animales salvajes buscan una fuente. zQuign dice al nifie que su madre no le rehusard al pecho? Lo que, sin embargo, no le impide bus- carlo, Ningin ser viviria si esta esperanza le faltara, Mi corazén entonces guardé sus tesoros, solamente a fin de darlos, en tempos mejores, al ser Unico, sagra- do y fiel que mi alma sedienta no dejaria de hallar, llegado el momento, ;Con qué felicidad me apegaba a él, cuanco, en A 56 FRIEDRICH HOLDERLIN Jas horas del deseo, venia a juguetear dulcemente, como un rayo de juna, en torno de mi frente apa- Ciguada! Yo te conocia ya; desde hacia tiempo sen- tia caer tus miradas sobre mi desde lo alto de las nubes como las de un genio benéfico, antes de que, Surgiendo de las revueltas ondas de este mundo, te me aparecieras en todo el tranquilo resplandor de tu belleza. Pero, entonces, el corazén cesé para siempre de Iuchar y de inflamarse. ‘Como el litio que se balancea dulcemente en la calma del aire, todo mi ser se mecia en su elemento, tn los suefios deleitosos en que la veia. HIPERION A DELARMINO A partir de ese momento me senti hastiado de Es. mira, y ademés, poco a poco,. mi corezén habia cedide a su cansancio, A veces, sin embargo, se apo- deraba de mi un stibito deseo de recorrer el mundo, de partir para una guerra, cualquiera que fuese, 0 de ira ver a mi querido Adamas, a fin de consumir ‘mi melancolfa en Ia ama de su alma; pero las cosas ‘no pasaban de ahi, y parecia como si de alli en adelante nada hubiese de alegrar jamés mi insigni- fivanie y triste existencia, ‘Terminaba el verano, Yo ya sentia la tristeza de los dias de Iluvia, ofa los silbidos del viento y el rugir de los torrentes. La naturaleza, que como una fuente espumante habla penetrado en todas las plan- tas y en todos los arboles, aparecia ya a mai espfritu, ensombrecido y_ languideciente, tacituma y reple- gada sobre si misma, como yo lo estaba : De esta vida que se iba, queria yo evarme ain lo que pudiera, Todo lo que alld en Ia campifia habia amado queria ponerlo en seguridad en el fondo ce mi mismo, seguro de que al aflo siguiente ya no HIPERION 37 taria bajo aquellos drboles ni al pie de aquellas montafias. De ahf que, a caballo o a pie, me pusicra a recorrer toda la regién como si antes jams lo hu- biera hecho. Pero lo que mis que todo me impulsaba era el misterioso deseo de ver aun ser humano que, desde hacia algiin tiempo, me encontraba cada vez que pasaba bajo los Arboles, ante la puerta de la ciudad Aquel soberbio extranjero marchaba como un jo- ven Titén entre el rebafio de enanos, que gozaban con medrosa alegria de su belleza, midiendo con Ia vista su talla y su Zuerza y deleitindose con ef brillo del color bronceado de su cabeza de romano, como se mira un fruto prohibido; y era un instante de- licioso aquél en que las miradas de ese hombre, para las cuales el espacio azul del ciclo parecia estrecho, buscaban, sin traslucir la menor altaneria, un ob- jeto deseado, hasta que, al encontrar ris ojos, nos mirabamos y nes ruborizdbamos en el cor en que pasdbames el uno junto al otro. Un dia que me habia adentrado muy lejos en el bosque de Mimas, regresé al anochocer con bastante retardo, Habla echado pie a tierra y Ilevaba de la brida a mi animal por un sendero abrupto y desierto, cubierto de piedras y raices de Arboles, Trataba de abrirme paso a través de los matorrales para bajar de nuevo al valle, que se abria ante mi como una enorme caverna, cuando me vi de pronto asaltado por dos bandoleros, Me costé, al principio, cierto trabajo defenderme de los sablazos que me lan zaban, pero como otra empresa los habia ya can- sado, consegui con bastante facilidad desembara- zarme de ellos. Entonces, volvi a montar tranguila. mente a caballo y continué mi camino, Al pie de la montaiia, entre Jos bosques y en me- dio de rocas hacinadas, se presenté a mis ojos una instante 58 FRIEDRICH HOLDERLIN Pequciia pradera. La luna acababa de clovarse Por Gneima de los Arboles escures, y au claridad phen Yer @ poca distancia unos caballos echades Y unos hombres tendidos en la hierba junto» elles, “eQuitnes sois?”, tes grité, “iEs Hiperién!™, exclamé una vox clare, con tong de agradable sorpresa. FTA me coneses”, contin ta misma von, "yo soy el que encuentras todos Jos dias baja los Arboles, a lx puerta de Ia ciudad” Mi caballo se dirigié a él como rostro estaba todo ifuminado por la hana efecto, y eché pie a tera “Buenas noches, sefior", me y dlavando en mi su’ mirada a strech’ la mano ex a significado sent i el fondo de mi alma, nares el fin dem Este momenso que los do: gue ve ha vestor en fuge por #f; que y se habla viso at doxde r-saha, “Des @acadamente, ests aventura me cuesis um xmigo", & adadié, movtrandame con el dedo su canslle muerte Yo ensregué ef mio a su sirviente, y continuamos 4 ple meso camino, “Aprovechémones de lo que sucede”, dije, sien tras, cogidos del brazo, saliamos del ‘bosque, “va que hemos cavilado tanto tiempo, pasande indife Tentes el uno junto al otro hasta que un mathechor nos ha acereado”, “Pero. permite que te diga”, replies Alabanels, “que la falta fue taya Principalmente; eres mas {rio HIPERION 59 aie Yo, Hoy, he sido yo el que te he seguido a caballo”, ji Amigo mio!, exclamé, “teanguilizate, ya verés ‘ig puedo quererte tanto como ti me quieres” Pos suntimos cada vez mds atraidos mutuae mente, mir al rumor de las aguas vivas de una fnente, bajo Arboles frutales y junto a praderas emoain’ madas, Resolvimos pasar all Ja noche. Durante large rato Permanecimes sentados juntos, con las ventanae uboo oftunde silencio que ‘nos enveleia tenia algo vestre, Tievra y mar callaban dehiciosamen- te, le mismo que los arboles que nos cobijaban, Ape- ero céfiro Hegaba desde leios a nuestro cuartd, seariciands delicadamente Ia tama de nues- tra bujfa; de una misica lejana, solamente los ones fuertes Hegaban a nosotros, ‘mientras nubes tem. Pestuosas Mlotaban en tos espacios infinitos, y de tiem. be en tetepo resonaba en el silencio de la’noche un sugido lejeto, come el resoptide ruidosa de un Sante sicrrentado por una pesadilla tremenda, Bra naturai que nuestras almas se unieran tanto més strechamente, después de haber penmaneeide Serradas ura a Ja otra contra Buestra voluntad. Nuestro encuentro ra como el de dos torrentes que saltando desde la Montafia rechazan contra sus ori- fas la Jas piedras, les maderos podrides y la ud scactica de objeto: que demoran su curso, Ente abritse paso cl uno hacia el otro hasta jlegay al punto en que, penetrindase con fuersa semejaate, forman un slo ‘majestueso que se encamina hee si inmenso mar, El aranendo al destino y a a barbatie de los Pombres, expuisado del techo patemo por los sues, 60. FRIEDRICH MOLDERLIN condenado a Hevar una vida errante entre extran. jeros, agriado y hosco desde su primera infancia, aun. que con un corazén desbordante de amor, que no ansiaba’ sino romper su ruda corteza pata derra. marse en cl de un amigo; y yo, ya tan completamente aislado de todo, y con mi alma entera extrafia y so- litaria en medio de fos hombres; yo, en quien las mils profundas melodias del corazén van siempre acom. Pafiadas del ruido grotesco de los cascabeles mun- danos; yo, antipatico a todas los ciegos y paraliticos, y sin embargo, ciego y paralitico yo mismo; profun. damente hastiado de cuanto recuerda a los sabios, a los sofistas y a los ingenios brillantes, y a pesar de todo, tan leno de esperanza, tan henchido de la es- peranza de una vida mas hermosa Dos jévenes como nosotros ¢no debian, en un im- pulso de entusiasmo, caer en brazos uno de otro? jOh v4, mi amigo y compaficro de lucha, mi que- rido Alabandal, ;dénde estas? Tentado me siento de creer que te has ido a descansar en las tierras desco- nocidas, y que has vuelto a ser lo que eras antes, cuando ambos éramos nifios. A veces, cuando una tormenta pasa sobre mi ca- beza y distribuye sus divinas fucrzas entre los bosques y los campos cultivados, o las olas del mar juegan entre si, 0 una bandada de Aguilas se remonta j vuela en torno de la cima de la montaiia que voy escalando, mi corazén palpita como si mi amigo estuviera cerca; y él continda viviendo en mi, mis visible, mas pre- sente, mas él mismo, y tal como era antes, el més ardiente, cl més severo, el mas despiadado de los acusadores cuando tenfa que enumerar Jos crimenes del siglo, ; Cémo, entonces, se exaltaba mi espiritu al contacto de sus pensamicntos profundos, y con qué facilidad me venian a los labios las duras palabras de una justicia inflexible! Nuestros pensamientos, como otros tantos mensajeros de la Nemesis, recorrian ia HIPERION a tierra y la limpiaban de todas las huellas de maldi- cién que atin se advertian en ella, Nada, ni el pasado mismo, dejamos de lamarlo ante nuestro tribunal, y ni Ja misma altiva Roma, en su impetuosa prosperidad, era capaz de asustamnos Como esas tempestades promisorias de Iuvia, que pasan incesantes a través de los bosques, por encima Ge las montafias, nuestras almas se sentian irresis tiblemente levantadas por proyectos colosales, No es que, por falta de caricter, nos hubiésemos creado un mundo imaginario, y como des mozos total- mente desprovistos de experiencia hubiéramos pen- sado que no ibamos a tropezar con resistencia al- guna. Alabanda era sobrado razonable y valiente para ello. Pero a menudo el entusiasmo poco com plicado se muestra a la vez belicoso y prudente. Y¥ he aqui, en efecto, lo que sucedid un dia. Habiamos ido juntos al campo, y familiarment: sentados uno al lado del otro, nuestros brazos enla- zados, en Ja semioscuridad de los laureles siempre verdes, tenfamos nuestros ojos fijos en el pasaje en que Platén nos habla de modo tan sublime de la vejez y del rejuvenecimiento, De vez en cuando nuestros ojos descansaban en el paisaje callado y desnudo, donde las luces del mas bello cielo jugaban con las nubes y los rayos de sol en torno de los arboles ya sumidos en su. suefio otofial, A continuacién hablamos de muchas cosas rela- tivas a la Grecia de hoy, ambos con el corazén san- grante, pues el suelo profanado de ese pais era Ja patria de Alabanda, Este se hallaba en verdad mas profundamente con- movido que de costumbre. “Cuando miro un nifio”, exclamé, “y pienso’ que Uegaré el dia en que lleve un yugo ignominioso y funesto, en que sera desgraciado, como nosotros, y SS a 62 FRIEDRICH HOLDERLIN buseard hombres, como nosotros, pata conacer Ip verdadero y lo bello, y vivird estériimente, como noe otros, porque se hallari igualmente solo, y... +Poro Ro! Arrancad a vuestros hijos de su cnna y arrojad. Jos al rio, para sustraerlos al Menos a yuestra ver. giienza”, “Pero, Alabanda”, le dij ramente cambiars", “2Géome ba de cambiar?" pregunté. “Les héroes hhan perdido su renombre y los sabios sus discipules Cuando las grandes acciones no son comprentide, Pes “una macién noble, son s6lo estocadas al aie, y las grandes palabras, cuando no encuentran eco et Sorazones grandes, son comparables a las holas seca que ccrujen en el polvo y las inmundicias del ca. mina, gQué més puedo decirte?” "Yo tomaré una pala”, le diie, “y echaré las ine ‘mundicias a tn foro. Un’ pueblo en el que la gram, deza y el espirity no engendran ya ni grandes ai espiritu nada tiene de comin con las otra naciener donde bay todavia hombres: ha ebcicada tures tue derechos; y no es més que una absurda farsa, una supersticién, pretender todavia honrar cadéverce on voluntad, como si un corazén de romano latiera en su pacho. sLejos de nosotros esas gentes! Bs press que el drbol padrido no permanezca mas ‘empo, donde est. Roba el aire y Ja Juz a las plantar (6. venes que meduran para un mundo nuevo", A estas palabras, Alabanda volé hacia mi, me abrazé y sus besos me llegaron al fondo del alma “;Oh hermano mio”, exclamé, “oh mi querido ca. marada! ;Ahora me sfento lo bastante fuerte para derribar_montafias!” “He abi al fin un canto que comprende”, guid con una voz que conmovié mi alma ct grito de guerra; ‘no hay més que decir, Hiperién, has hablado magnificamente, ;Cémo? jHabria el “eso camblard, segue HIPERION 63 dios de obedecer a una lombriz? EI dios que est’ en nosotros, ante el cual se abre el camino del in- finito, ztendrfa que detenerse hasta que el gusano se aparte de cu camino? No! jNo! {No se os pregunta, si queréis, lacayos y bérbares! ;De sobrasabemos que no queréis! ; Yano se trata de haceros mejores, puesto que toda tentativa seria vana! Se trata sdlo de que no sedis un cbstéculo en Ja marcha trunfal de la humanidad. “JAB, encended una antorcha para pegar fue- ji reparad le azae 7 todas las cepas iniitiles!” entonces, “es mejor apartarios suavemente del camino”, Alabanda guardé silencio unos instantes, Tengo confianza en el porvenir”, prosiguid, to- maindome las manos con impetuosidad. “Gradas a Dies, mi fin no se pareceré en nada al del comin de Jos mortales, Ser feliz significa, en boca de los la- ayos, dejarse vivir, jSer feliz! Pero, cuando me habléis de ser feliz, me parece tener la boca lena de agua tibia y de papilla, jAb, qué estipicas y marchitas son todas esas cosas a las que sacrificdis vuestros Jaureles y yuestra inmortalidad!” “1Ob luz sagrada, cuyos efectos se hacen sentir perpetiamente en tu imperio sin Himites, que flotas en Jo alto sobre nosotros, por tus rayos comunicas tu alma a la mfa y haces que tu felicidad sea la mia" “iLos hijos del Sol se nutren de sus acciones; viven de la victoria; se alfentan mutuamente con su propio espiritu, y'en su fuerza esté su alegria!" El espirity de este hombre se apodera de uro, a veces a tal punto, que casi le da a uno vergiienza tl deiasse Mevar ‘por € como una pluma par el viento. “jCielo y Tierral™, exelamé. “";Qué alegria! Es- f0s son otros tiempos, y esta vor no es la de mi siglo ot FRIEDRICH HOLDERLIN puetil, y este suelo no es tampoco aquél en que el hombre jadea bajo el Mtigo de su guardian, ; 8), crepéisculo, “Ah! {Mi Hiperién!”, me grité una vos, Me pree cipité en cu direceién: “; Diétimal ;Distima mia” No pude decir mds, me falté ol alleate, peril 2) co imiento, Deevanécere, desvanécete, vida moctal, misera: ble empresa en que el espiritu solitario se vasa of tiempo cansiderande y contanda los custro que el hombre habia dejado. Del cielo abierto se derra- maba une luz mds clara, mientras a través de las Tamas de Jos arboles sonrela el divino, el buen Sel, gue no puede nombrarse sin un sentimiento de gozo y de gratitud, el cual, a menudo, con una sola mi- rada me ha curado del més profundo pesar, y he [i bertado mi alma de sus desalientos y sus inquie- tudes, Fuimos a ver una vez mas, Diétima y yo, todos nuestros queridos senderos: y en todas partes estaba cl recuerdo de los instantes felices que no: volvian 8 Ia memoria el Sempo Mé FRIEDRICH HOLDERLIN Nuestros pensamiento'se trasladaron al Gltimo mes de mayo. Antes, pensdbamos, la tierra nunca se has bia mostrado a nosctivs con’ ese aspecto; habia sido como transformada: una nube platcada de Arboles en flor, una gozosa llama de donde brotaba la vida, que todo lo putificaba “| Ah!”, exclamé Diétima, “jeémo entonces res piraban el gozo y la esperanza, cémo todo en la na. turaleza crecia sin pausa y sin pena, con la bienhas dada tranquilidad del nifio que juega sin pensar en nada!” “En ¢s0”, exelainé, “es en Jo que reconozco el ai de Ia naturaleza; en ese fuego que arde en silenci en esa lentitud en medio de su omnipotente prisa “Y esa lentitud es precisamente la que gusta tanto a los felices”, afiadié: Didtis e acuerdas?, una vez, los dos estébamos en el puente después de una violenta tempestad, y las aguas enrojecidas del t rrente hulan bajo nuestros pies con la rapidez de la flecha; pero, al lado, el bosque continuaba con su verdor en calma y apenas si las claras hojas de ias hayas se estremecian. Nosotros sentiamos un senti- miento de verdadero bienestar viendo que ese verdor reconfortante no hufa como el torrente, y que la pri mavera, en su hermésura, nos dejaba mudos, como aves domesticadas, sin embargo, ella también se ha ido de nuestfas montanas,” Estas palabras" nos hicieron sonreir, a pesar de nuestro deseo. dé"Llorar. ¥ era que nuestra felicidad iba también a inse del mismo medo, y Io presentiamos ya. Oh Belarmino!, ¢quién puede decirse seguro de. si mismo,.cuando hasta lo bello esta condenado a pa- sar, cuando hasta la divinidad tiene que humillarse y compartir Ia triste suerte de morir con todo lo que es mortal? na HIPERION 145 HIPERISN Me habia demorado en compaiiia de esta eriatara deliciosa delante de su casa hasta que el astro de a noche brillé en la serenidad del ocaso; en seguida habia entrado en casa de los Notara, con la cabsea Hlena de pensamientos y el alma desbordante de sac- fos heroicos, como siempre al salir de sus brazos Habia Hegado una carta de Alaband. “La gente estd agitada, Hiperién”, “Rusia ha declarado la guerra a la Subli una flota esta en camino 21 Archipiélago. ..; los grie- os teconquistarén su libertad si se sublevan para yechazar al Sultan hasta el Bufrates. Los griegos cumpliran su deber, los griegos seran libres, y siento un indecible gozo al pensamiento de que voy a poder acer algo. Antes de que las cosas llegaran a este Punto, apenas si vivia, "Si ti no has cambiado, ven. Me encontrards on la ciudad de Coron. Toma fa ruta.de Misitra. Habito al pie de Ja colina, en la casa’ blanca que~eité tocando con el bosque, "Me he separado de las gentes que conociste en mi casa de Esmirna, La finura de tu instinto, que te tuo alejado de ellos, te aconsejé bien “Ardo en deseos de tenerte a mi lado al comenzay esta nueva existencia, Hasta ahora el mundo ha sido demasiado ingrato contigo, y has tenido razén en Ro mostrarte a él tal como eres, Antes que ser servil preferiste no hacer nada, y la ociosided te hizo trisie Y sofiador, "No querias meterte en un pantano. Pues bien ven y nos bafiaremes en plena mar. “Billo sera, sin duda, mi querido y ‘nico ami Para bien de ambos,” En esos términos me escribia. En el primer j 146 FRIEDRICH HOLDERLIN fante, ime senti muy conmovido; fa vergiienza me Guemabs ta cara; Ja sangre me Hervia en las venos Some si brotara de una fuente ardiente; mo podia sstarme quieto un segundo, a tal punto suftia, Pere me recobré, y a la idea de que Alabanda se me habia nido y sie superaba, tomé en adelante mas 2 pecho la obra futur Me he vuelto demasiado ociosa, pensé, propendo demasiado a Ia paz, soy demasiado demasiado Perezora. Alabanda ve a te lejos, como buen pilots Que es; Alabanda es activo y busca su presa ey he Olas agitadas. Y ti, vas a quedarte con los brass cruzados? :O a contentarte con bellas frases, y om Giante f6rmulas de ensalmo tratarés de heclivar «| Taundo? Pero tus palabras serin come copos de nix ve, sin efecto alguno; ne harin mas que oscursec: el espacio, y Jas frmulas no convencerin soe los que ya esti convencides: lox te escucharan. Bien esta mos mento onortunio; pero a casa ef momento pars dar prucbse ce dulsura: SNe, Hai inerédu 8 af siguiera nse dulce en ef mo. con Ia cobs ft mirto, s No quieva que oaidad en que he vid el aceite en que penetra Ia Pa. No me det 2 conside. rar euands e preciso obrar; no andaré vagando, en busca de novedades, cuando Alabanda esté recogien. do sus isureles, balde. En adetante, mi suefio cert SUPERION A RELARSCINO. Didtima, después de haber leido Ja carta de Ala. banda, palidecié, de modo tal que me conmovié haste el fondo del alma, Pero, en seguida, con sive a la vea serlo y desenvuelto, se puso a disuadirme ce mi HIPERION uy Proyecto, y cambiamos muchas palabras en pro y en. contra del mismo. "jOh vosotros los violentos!™, ex- elamé, ‘siempre pronto para las cosas peores, nu olvideis Ia Némesis.” “El que ha sufrido las cosas peotes, sabe también acomodarse a lo peor.” “Aun cuando th te acomo- daras a ello”, me dijo, “no es para eso para lo que has. nacido.” “Lo que me parece”, repuse, “es haber. tardado ya demasiado. Asi, quezria cangar el Atlas ami espal- da para expiar las faltas de mai juventud. Pero gposeo por entero mi facultad de discernimienic? ¢Encon- ‘earé en nif te suficieute constancia? Oh Diétima, no Insistas, te lo ruegol Es justamente lo que me hace falta adquitir aqui.” “jPuro capricho y vanidad!”, exclamé Diétima; “altimamente eras més modesto, cuande dectas que necesitabas ver el munde para formarte.” “| Mi encantadors sofista!”, dije a mi vex; “antes, se frataba de cosa muy distinta. En cuanto a servi se guia a mi nacién hacia el Olimpo dz Io divina- mente belle, alli de cuyas fuentes eternamente jéve- nes mana Jo verdadero con cuanto encierra de bue- ho, os una misién a Ja que atin no me siento Hamado. Pero tener una espada, es cosa que sé, y por el ins. tante es lo Unica que se necesita, Nuestra nueva liga de los espfritus no podria vivir en esta atmdsfera; Ja teocracia sagrada de lo bello sélo puede existir en un Estado libre; éste necesita un lugar al sol, y ese Iugar vamos seguramente a conquistirselo,” “Conquistaris", dijo entonces Distima, “y olvida- rés el fin con que habrés conguistado, $i todo sale conforme a tu deseo, "endris tu Estado libre y luego te dirs: ¢para quién, y para qué he trabajado? ;Ah!, toda esa vida espléndida Hamada a florecer aqui, se consumiré por entero aun en ti mismo, En esta sak vaje lucha vas a ser lacerado, alma mia, envejecerd Mg FRIEDRICH HOLDERLIN tu inteligencia y finalmente, desengafiado y desespe- rado, te preguntards: gdénde estdis ya, vetotros, que fuisteis los ideales de mi juventud?” 7 “Es cruel en ti, Diétima”, repliqué, “desgarrarme asi el corazén, y Tetenerme ‘por mi propio miedo a Ia muerte y por lo que més me hace amar la vida; pero eso no ser, no, jnunca! La esclavitud mata: pero una guerra justa vivifica todas las almas. Echan- do el oro al fuego es como se le da el color del sol. Sélo rompiendo sus trabas goza el hombre plena- mente de su juventud. Sélo puede, avanzando re- sueltamente y aplastando la serpiente, salvarse este siglo vil y rampante que envenena en su germen todo lo que hay de bello en la naturaleza. ¢Y¥ enve- jeceré realmente, Diétima, si devuelvo la libertad ‘a Grecia? gEnvejecer? gDecaer, volverse un hombre como Jos otros? ¢Entonces, el joven ateniense, men- sajero de la victoria de Maratén, debié hacer bien triste figura, sentirse bien vaclo’ y desgraciado al franquear Ia cima del Pentélico y ver ante sf las Wanuras del Atica?” “;Oh amor mio!”, exclamé Diétima, “termina, te Jo suplico; no te diré una palabra més. j Puedes partir, debes partir, orgulloso! ;Ah!, cuando te veo asi, ya no me siento con el menor poder, con el m: nor derecho sobre ti.” Y se eché a llorar amargamente, mientras manecia ante ella en la actitud de un criminal. “; Per- déname, celestial criatura!”, exclamé, cayendo de rodillas ante ella; “jperdéname; pero es preciso que asi sea! No soy yo el que decide; ni siquiera el que piensa. Una fuerza, dentro de mi, me empuja, y no sé si es mi propia voluntad la que dicta mi resolu- cién.” “Tu alma entera es quien te lo manda”, me res- pondié ella. “No obedecerle conduce a menudo a la ruina} ceder, seria sin duda lo mismo. Lo mejor es HIPERION 449 que partas; hay mis grandeza en hacerlo. Obra, ti; yo tendré fuerzas para soportarlo.” A BELARMINO A partir de ese momento Distima cambié de una manera. asombrosa. Yo habia comprobado con placer que, desde que nos amébamos, su vida, hasta entonces silencioia y reservada, se exhalaba en miradas y en palabras be- nignas, y en su calma, siempre en armonia con su espiritu, vibraba a menudo para mi un ardiente en- tusiasmo. Pero jqué pronto se nos vuelve extraiia un alma cuando, apenas abierta, se ve obligada, desde la primera mafiana de su carrera, a elevarse hasta el cenit! Ya casi, por asi decirlo, no se reconocia a Ja pobre criatura, a tal punto habla en ella de su- blimidad y de suftimiento jAh, cudntas veces no me hube de prosternar ante esta divina criatura desolada, imaginéndome, en mi dolor por ella, que mis légsimas acabarian por disolver mi alma, cuando, por el contrario, cada vez me levantaba con un nuevo sentimiento de ad- miracién y henchido de nuevas ¢ irresistibles fuerzas! De su pecho oprimide, una llama habia subido a su frada; pera y sus penas ya no haba el espacio en su corazén; de ahi que sus pen- Samientos fueran tan sublimes como audaces. Lo que chora reinaba en ella era una grandeza nueva, un poder que dominaba todo lo que era capaz de sentir. Era un ser superior; ya no era una simple mortal {Oh Distima mia, si entonees hubiera podido sos- pechar lo que habia de llegar mds tarde! 150 FRIEDRIGH HOLDERLIN HUPERION A BELARMINO Estos nuevos proyectos encantaban también al pra. dente Notara, que me prometié un fuerte contin, gente de partidaries, esperando que pronto se pudie, 2 ocupar el istma de Corinto y desde alli dooinary Grecia, de la que venia a ser Ia Haye. Pero la suerte decidié otra cosa y redujo = nada tocos sus esfuerzos aun antes de haber podido dar su resultado, Me aconsejS que no fuera a Ting, que descen. iera directaments al Peloponeto, a sex posible sig gi despertar Ie atoncién de nadie. De camino, pensabs "| podtia escribir a mi padre; ef anciano,’ pensaba, “otorgaré mis ficiimente su perdén a un hecho eon’ sumado que su consentimiento x un acto proyestadn A ti juicio, no era obrar bien, pero ; qué seatimien tos no habriamos saerificado cuando trataba de lograr un fin tan noble como el que nes propontarnoe! “Dado”, prosiguié Notara, “de que en a) case presente puedas contar con ia ayuda de ta padres asl, voy 2 darte 10 que necesitas para vivir y chrar durante algiin tempo. Me lo devolveris algin dia, si puedes; si no, digamos desde ahora que io mio e tarohién Jn tayo, No te dé, pues, vergiienza acentar este dinero”, afiadié sonriende; “los corceles mines de Febo no viven dei aire, segéin nos cuentan ios poetas.”” RUPERION A BELARMINO Pronto legé el dia de los adioses Toda la mafiana habla permanecido arviba, en e jardin de Notara, al aire fresco del invierne, bajo los Cipreses y los cedros, que todavia conservaban todo su verdor. Me sentia muy tranquilo. Encontraba en mai juventad las fuerzas que necesitaba para resist: HIPERION 151 a Ja prueba y al dolor que presentia me llevaria como el viento a ia nube. La madre de Distima habla rogado a Notara, a nuestros otros amigos y a mf, que consintigramos en Pasar este iiltimo dia en su casa. Aquellas buenas Sentes se habian alegrado por Distima y por mi, pues ho les haba escapada lo que nuestro amor tenia de grande. Asi, todos ellos se disponian, ea la hora de >huestra separacién, a asistimnos y darnos su bendicién, Bajé; y encontré a mi querida Didtima en ia) coci. na. Le parecta que aquel dia era para ella corto un deber sagrado atender a los quehaceres de la caia, Lo habia arreglado y embellecido todo, sin permitic que nadie Ia ayudara, Todas las flores que quedaban en el jardin las habia cortado, y en esa epoca ya avanzada del afio, hasta habla encontrado rosas y tacimos de uva frescos, Como conoriera mi paso cuando subla, vino dul- ente hacia mi, con las mejillas todavia empur paradas por la llama de hogar y sus ojos graves, que parccfan agrandados, brillantes de Mgrimas, Advir- endo en seguida mi intensa emocién, me dijo: “Entra, amor mio; mi madre esté ahi; yo vuelvo en seguida.” Entré. La noble dana, que estaba sentada, me fendié su hermosa mano, “jh, hijo mio!”, exclamd. “Realmente, deberia enojarme; zno me has quitado scaso a mi hija? Y con tus discursos, ¢no hat ahu. yentado de mi la razén? Has hecho lo que has que ido, y he aqui que ahora te vas; pero, jperdonadlo, Potencias celestiales!, si no tiene razdn en obrar como lo hace; y si la tiene, no vaciléis en darle vuestra ayuda!” Yo iba a responder cuando, justamente en se instante, enteé Notara con todos huestvos amigus, ¥, tras ellos, Didtima. Guardamos silencio un segundo, Rendimos home- naje al amor entristecido que todos sentiamos, te- 152 FRIEDRICH HOLDERLIN miendo dejamos evar demasiado lejos por nuestras palabras 0 por pensamientos demasiado orgullosos, Al fin, después de haber cambiady unas palabras con Didtima, ésta me rogé que le hablara de Agis y Cleo. menes, pues a menudo yo habia hecho alusién con entusiasmo a estos dos héroes, y dicho que, como Prometeo, también ellos eran ‘semidioses, y que en su lucha ‘por los destinos de Esparta hablan dado pruebas de mas heroismo que cualquiera de los héroes de las leyendas mas maravillosas, “El genio de esos hombres”, dije, “marca el crepusculo de la historia de Jos griegos, de Ja que Teseo y Homero fueron la aurora”. Conté Ia historia, y cuando hube concluido, todos nos sentimos reconfortados de cuerpo y de espiritu “jFeliz aquel”, exclamé uno de nuestros amigos, “cuya vida puede alternar entre Jos placeres del co. razon y la alegria de los combates!” “jSi!", dijo otro, “el secreto de la eterna juventud gfo consiste acaso en no gastar sus fuerzas mis de Jo conveniente y conservarse entero para el placer y el trabajo?” “jAh!”, dijo Didtima mirandome, “jeémo me gustaria acompajiarte!”” “Amor mio”, le respondi, “es preferible que te quedes, La sacerdotisa no debe alejarse de su tem Ta mantienes aqui la lama sagrada, mantiene: lo bello en Ja paz y el silencio a fin de que a mi regre- so vuelva a encontrarlo.” “Tienes razén, mi querido Hiperién, es preferi- ble”, dijo ella con voz que la emocién hacia vaci- ante; y oculté sus bellos ojos de azur en su pafiuelo, Para no mostrar sus lagrimas y su turbacién, jAh Belarmino!, viéndola enrojecer asi por causa mia cref que mi pecho iba a estallar. “j Amigos!”, exclamé, “os dejo este angel, conservadmelo, Ya nada cxistitia a mis ojos, si no supiera que esté segu- lo, HIPERION 153 ta aqui. ;Dios del cielo, ni me atrevo a preguntarme de qué seria capaz si ella me faltara!”” “| Calmate, Hiperién!, dijo Notara, interrumpién- dome. “¢Calmarme?", dije. jOh buenas gentes! Encon- trdis natural inquietaros por vuestros frutales en flor ¥ vuestros sembrados; no vacilariais en rogar por vuestras vifias, zy no tendria yo derecho, en el mo- mento de la separacién, a impetrar del cielo por lo Gnico. que un alma, adora?” “Si, mi querido amigo, si”, respondié Notarz, con- movido; “y no te separarés de ella sin haberle dicho Jo que deseas. Y jpor los dioses testigos de vuestros puros amores!, estad seguros de mi bendicién” “Me haces recordar”, le dije, “que es esta buena y querida madre la que debe bendecirnos, y servir- nos contigo de testigo... | Ven, Didtima! Tu madre consagrara nuestra unién hasta que a linda parro- quia que esperamos tener pronto nos case.” Puse una rodilla en tierra. Toda sonrojada, mi- randonos con sus grandes ojos, pero con una sonrisa de fiesta en los labios, Diétima se puso tambiét de rodillas a mi lado. “Desde hace mucho tiempo”, exclamé, “nuestra vida, joh Naturaleza!, se confunde con la tuya; y lo mismo que para ti y para los dioses, el amor es quien en nuestro mundo mantiene la divina juventu “Hemos paseado por tus bosques”, prosiguié Dié- tima, “y hemos sido como ti; hemos descansedo al horde de tus fuentes y hemos sido como tii; hemos ido alld, al otro lado de la montaia, con tus hijos, las estrellas, lo mismo que ti.” “Cuando estébamos aiin Jejos el uno del otro", dije yo a mi vez, “cuando nuestro éxtasis naciente era todavia débil como el susurro de un arpa, cuando nos encontrames, cuando el suefio nos abandend, y fen nosotros se despertaron todos los sonidos para los 154 FRIEDRICH HOLDERLIN grandes acordes de Ia vida, joh divina Naturalezal, Gramos entonces y siempre semejantes a ti, y en, mt momento de la separacién, cuando el gozo expira, Jo somos todavia; somos como té, Uenos de sufrimien- tos, pero buenos, sin embargo; y por eso es precica que una boca pura atestigiie que nuestro amor es sagrado y etemo, como wi.” “Yo lo atestiguo”, pronuncié la mad “Lo atestiguamos’, dijeron también los otros A partir de ese instante toda palabra fue ya super. fl “Yo me sentia el corazén més 3 tenia Ja impresién de que el mo. mento propicio para hacer mis adioses habla llegado, “Mis querides amigos”, dije, “la bora de parti hha sonado.” A estas palabras parecié como si lo vide se retirase de todos Jos rostros. Semejante a una esta. tua de mérmol, Diétima estaba claramente su mano menuc jo todo aislado, presa del vé cio, y mi ser Heao que apoyarse fuerte que nunca pie, ¥ YO sen. la mia Sélo los dices de ante restan ofdos a mis palabras!... ; Diétima!... ; Guar. das silencio, no vest... jAh, feliz ti, que no ves!™ “iVete, amigo mio, vete, suspiré ella, “; puesto ue es absolutamente necesario; vete, mi bienamado!” “iOh sonido delicioso de tu boca encantadora!", exclamé, permaneciendo en Ia actitud de un suplic cante ante mi tiena diosa, “sonido delicioso!, jre- suena una vez més en mis ofdes, y vosotros, ojos queridos, ceteneos una vez més en mi!” “iNo hables asi, amigo mio!”, dijo ella, “Dime, te {o HSB Palabras més serias, palabras que me den valor. HIPERION 155 Quise contenerme; pero tenia la impresi6n de es- tar sofiando, “[Desgraciado de mil”, dije, “éstos no son adioses con esperanza de regreso.” “;Quieres matarla?”, grité de pronto Notara “{Mirala: ella est ena de serenidad, y t6, en cam- bio, fuera de ti!" La miré, y de mis ojos brotaron Kégrimas ardientes, Adiés, Diétima", le dije, “adiés, cielo de mi amor!... jSeamos valientes, mis querides amigos, mi querida madre! Yo fui para ti alegria y dolor. jAdiés, adiés!” Sali tambaledndome. Solamente Distima me sigui Habia caido la tarde y en el cielo subfan las estrellas Nos habfamos detenido, silenciosos, al pie de la casa. En. nosotros, y alrededor de nosotros, algo de la ctemnidad, Ticma como el a a me ene volvia con todo su ser. “;Mi loco q me surré misteriosamente 21 ofdo, con la sonrisa en sus “qué es, después de todo, labios de un ser inmorta Ja separacién?” o también me siento otro ahora”, Ie dije, “y me pregunto qué es lo que es un sueiic, si mi pena espandié ella, “y las dos son buenas.” “Alma perfecta”, exclamé, “hablaré como ti. En. el firmamento es donde nos reconoceremos. Que en- tre td y yo, él sea nuestro simbolo, mientras nues- tos labios estén condenades al silencio.” “Asi sea”, dijo ella, con voz lenta, y un acento que jamés le habia oido... tse fue el ltimo son de su vor que llegé a mi ide. Su querida silueta desapa- recié en la sombra del crepisculo, y no sé si fue relmente ella la que percibi cuando me volvi por Gl- tima vez y aparecié a mis ojos, por espacio de un segundo, una forma imprecisa y fugitiva que se des- vanecié rapidamente en Ia noche, 156 FRIEDRICH HOLDERLIN HIPERION A BELARMINO ¢¥or qué reavivar mis sultimientos refiriéndotelos t y renovar en mf las emociones de mi juventud? gNo basta haber recorrido una vez el circulo de las cosas mortales? ¢Por qué no me. permanezco en la sere- nidad que mi alma habia coneluido por recobrar? La razén, mi querido Belarmino, es que cada alen- tar nuestro’ tiene su valor para huestro corazn, y | cada una de las metamorfosis de la naturaleza con- tribuye también a su belleza. Cuando nuestra alma | ha pasado por todas las pruebas de la vida, y hy sconcluido por hallar una paz sagrada en el aisla- yniento, no es,acaso como el arbol deshojado, como | una cabeza privada de sus rizos? jAh Belarmino, amigo mfo!. he descansado un momento; he vivido, como lun nifio, a la sombra apacible de las colinas de Salamina, olvidando el destino y la ambicién de los hombres. Desde esa época muchas cosas han cam- biado de aspecto a mis ojos, y la paz que ha logrado. mi alma es tal que puedo, sin temor a turbarla, po- sar_mis miradas en cualquier dolor humano. ;Ah!, amigo rifo, el espiritu es lo que acaba por reconci- liamos con todas las cosas, Ti tal vez no lo creas, por lo menos si soy yo quien te lo dice. Pero creo que habids advertido. por la simpie iecrura de mis cartas hasta qué punto, de dia en dia, mi alma se ha ido apaciguando. En adelante, te lo repctiré tantas y tan- tas veces, que no tendras més remedio que acabar por. creerlo, Te envio las cartas que Diétima y yo nos hemos escrito luego de mi partida de Calauria, Son lo més intimo y precioso que puedo confiarte, y la expresion mas genuina de esos dias de mi vida. No te llevardn, casi, el menor eco del estruendo de la guerra; pero te hablarin largamente de mi existencia, que, en el eI HIPERION 187 4 ia las hasta fondo, es lo que deseas. Verés también en ellas has qué punto fal querido, Seguramente, no soy yo quien jamés habria podido decirtelo; slo Diétima es eapaz. IPERION A DISTIMA Me siento libre al fin de las mortales angustias de la separacign, oh Diétima mia. Mi expiitu sale: de tila fortalecido como después de un suefio reparador. Te escribo estas lineas desde lo alto de uno de los picachos de la montaiia de Epidauro. Tu isla, Dig: tina, bella alo lejos con un dé resplandot alla abajo el estadio en que debo vencer 0 i Peloponeso! ;Oh vosotres, fuentes del Burotas eet Alfeo! En vuestras riberas se decidira Ja suerte, Del fondo de los borques espartanos, como un dguila, con gran rumor ce alas, se lanzard el antiguo genio de Ta comarca para conducir nuestro ejército a Ia vie~ worpero mi alma arde en deseos de realizar grandes acciones, y desborda de amor hacia ti, Distims, Be cruto con mis ojos los vals de Grecia, como si fuse un poderoto mage que no fuiers més gue SHar: wantacs, ciudades de los dioses! ae reas cecGurda, debe habitar en mi, pues shore apenas me hace suftir nuestra separacién, Como las sombras de los muertos a ofillas del Leteo, mi alma Vive ahora con Ja tuya en el cielo libre, y el destino ha cesado de regir nuestros amores, (8 FRIEDRIGH HOLDERLIN HIPERION A pidtiMa Banco, delante de Ia casa, Faante ie dite venla de lejos, y ci chapoteo i « q jos, y ef le la in tata rape gate dermamaba sus aguas timgidee 2 Ja taza bajo las acacias en flort : (Ahora me siento de nuevo felis. Viajo a teavds de esta comarca, como a través del bosque de Zasinet Pervenis, aunque de ta maiiana a In acces Gymine bajo la béveda azulada del eiely Créeme, Diddiona, el hombre que atraviewe in foie coors ¥ puede todavia soportar un yugo sin volverse un Pel " totalmente desprovis 26n ¢Habré dormaido demasiado tempo este genio? 20 oem raaltida tos tempos sin que uno las advivtseg forapttanscurre el vio de los Inflemos, tara y si lencioto, en su triste ocioaidad’? ee, emhares on todas partes estén preparados. Todas Jas poblaciones unvecinos arden en un fuego vengador y, como une gran nube tempestuoss, (ePeran en silencio que el huracdn Jas arvastre, ; Dig. Sma, déjame hacerles sentir of soplo de Dies, déjame No temas. No son tan salvajes como we ence Conozeo pleco que no se engatia munca es el que one toda su aima en lo que hace. No necesita jugar al soir wes son nadie, puesto que no tiene a quien conor, HIPERION saa HUFERIGN. A DIGTIMA Maiiana estaré con Alabanda. Siento un verda- Gero places en preguntar el camino de Coron y Je pregunto con mis frecuencia de lo necesari Quisiera tener Jas alas del sol para volar hasta él, pero me complazco en retardar e] momento, y me hago ts pregunta: geémo estard? iHombre admirable! Por qué nacerla yo _més tarde que ti? ¢Por qué no tuvimos ambos la misma cna? Me es imposible soportar la diferencia que existe entre nosotros. ;Por qué vivia yo en ‘Tina somo un joven pastor ocioso y me contentaba con sofiar en fos que se le asemsjaban, mientras 4 em pleaba ya su actividad en medir sus fuereas con las de Ja naturaleza, y en luchar contra el mar, contra el aite y contra tode Ios elementos? ;Nada, pues, me impulsaba a buscar los placeres de la accién? Pero yo lo aleanzaré, me daré prisa j Por los dio- ses!, que estoy ahora mas que maduro para la tarea Mi alma se rebelarla contra sf misma, si ye no me Ubrara pronto por medio de una vida activa. iDoncella sublime! :Céro pade existir en tu pre- sencia? ¢¥ cémo pudiste querer a un ser ocioso como yo? wmPERION A DISTIMA iOh mi querida Diétima! jLo he vuelto a en- contrart 1 Qué ligero me siento el corazén, y qué ‘lexibles los mésculos! Y el porvenir, el porvenir, que me atrae como un agua profunda y transparente, nos invita a refrescar bafidndonos nuestra sangre arderosa, Pe: basta de charla, Alabanda y yo somos més que nun- ¢4 todo el uno para el otro, Nos sentimos ms libres 160 FRIEDRICH HOLDERLIN en nuestras relaciones de amistad, sin que por ello Ia plenitud y Ja intensidad de nuestra vida Tesultes disminuidas, 1Ab, qué raz6n tenfan los antiguos tiranos para oponerse a amistades como la nuestra! En ellas se cobran las fuerzas de un semidiés, y no se toler la menor depravacién en torno. Cuando entré en su aposento atardecia. Acababa de dejar su trabajo, y sentado en un rincén alum: brado por. tos rayos de la luna, junto a la ventana, seguia el curso de sus pensamientos. Como yo estaby en Ia penumbra, no me reconocié y me miré con aire indiferente. Los dioses sabran vor quién me tomé. “zQué”, exclamé, “cémo va 050?” “Regular”, Je respondi. Pero en vano traté de disimular. Mi vos traslucia demasiado visiblemente le alegria que me undaba... Entonces, saltando de su asiento, diio: “gEs posible? ¢Eres td?” “; Pues claro que soy yo!" exclamé arrojindome en sus brazos. “Ahora”, dijo Alabanda, “joh!, ahora, Hiperién, todo va a tomar un aspecto nuevo”. “Asi lo creo”, le dije, estrechando alegremente su mano. “zMe conoces, pues, todavia?”, prosiguié Ala- banda, al cabo de un instante, “ztienes siempre la misma fe que antes en Alabanda? Querido y gene- Toso amigo, {ti sabes que nunca he sido tan ‘feliz como cuando sentia tu amor irradiar sobre mi?” “zCémo2”, exclamé, “es Alabanda el que ha- bla? Poco orgulio pones en tus palabras, amigo mio, Pero es un signo de los tiempos que las naturalezas de héroe tengan ahora que mendigar los honores y que el corazn humano, tan enamorado de la vida, se dedique, como un huérfano, a recoger unas, particulas de amor", ‘Amigo mio!”, exclamé él; “como ves, empiezo a envejecer, Esta existencia relajadora que se lleva lun poco en todas partes, y ademas la historia de es0s HIPERION 161 ancianos a cuya casa quise levarte, en Esmima, para formarte...” {Qué amargura”, dije, “ver que el dios de la Muerte, ese dios sin nombre que se llama el Destino, haya también osado atacarlos a ellos!” Trajeron una luz y de nuevo nos miramos en si Tencio con la més tierna atencién. Desde el dia en gue el espiritu habia germinado en nuestras alma, el exterior de mi amigo se habia sensiblemente mo: dificado. Como el sol del mediodia en un cielo pé- lido, sus grandes ojos amantes brillaban en su ros:r0 ajado con el més vivo resplandor al contemplarme, “;Amigo mio!”, me grité Alabanda en tono aris. toso, al advertir que yo lo observaba, “cesa de len- zarme esas miradas melancélicas, Ya ‘sé que he cn- vejecido bastante. jAh, mi querido Hiperién, cémo ardo en deseos de realizar algo grande, verdadero! Y contigo es con quien espero llevar a cabo este. deseo. Me llevas casi toda la cabeza, eres mis dgil, mis fuerte que antes, y no sabes cémo me alegra todo ello. Yo parezco una regién desecada, y ti eres la bienhechora tempestad... Qué suerte que hayas venido!” “i Vamos, calla!”, le dije, “extravias mis sentidos, cuando precisamente Jo mejor que podriamos hacer es no hablar de nosctros antes de haber demostrado que somos capaces de obrar”, “| Exactamente!”, dijo Alabanda con alegria, “sélo cuando resuena el cuerno de caza los cazadores se animan”, “ZY comenzara pronto?”, pregunté, “La cosa marcha”, dijo ‘Alabanda, “la cosa mar- cha y puedo asegurarte, mi querido Hiperién, que ser seria. | Ah, puedan las llamas del incendio su- bir hasta Ja cima de la torre, consumir la bandera, ¥ enfurecerse alrededor de sus muros hasta que es. tallen y se vengan abajo! Pero, sobre todo, no te 166 FRIEDRICH HOLDERLIN y entreabria tos labios como los pétalos de una flor, y su tristeza se fundia en una sonrisa, ;Oh vosotzos, Jos rayos divinos con que me ilumina su mirad: cémo resplanuectais! Brotabais de esa fuente embriae gadora en que, 2 la sombra de las pestaiias que In abtigan, relampaguea y tembla la vida imperecedera: 1Dioses inmortales! Qué hermoso era cuando su mirada se posaba en mi! jCémo se erguia ante de mi, mi joven héroe, tan gallardo, tan ligero, que parecia un palmo mgs alto! Los brazos caidos, en ‘una actitud modesta, como si sio hubicra sabido ‘qué hacer. Y jqué transporte en su mirada la cuando me ‘buseaba can sus ojos, como si de pronto yo hubiera desaparecido, como si hubiera fevantado el cuelo hhacia los cielos! ;¥ con qué dulzors, con qué cor dialidad me sonrela, tonrojéndore al ver que yo doritinbaba’ alli; Bres t@, eres th realmente?” me preguataba él, mientras un relampago brillaba a trae ‘vés de los htimedes ojos de mi Apolo. 2¥ por qué se me acercaba asi, e neracién, con tan amorosa superstt bajaba su cabeza ensortijada? ePor qué exe favorite de “ timide y tan triste? Su genio era demasiado afortu- nado para estar solo, y et mundo era demasiado po- bre para recibirlo. jAh, qué hermoso cuadro ea mexcla de grandeza y de dolor! Pero ahora todo ha cambiado: iss penas se han desvanccido; tiene una misién que cumplir. El enfermo est cuzado, Tenia el corazén henchido de tristeza cuando me puse a eseribirte, elegido de mi corazén, { tengo lleno de alegria. Asi, hablando de ti cidad volvié 2 mi.” jOjali'sea siempre asi! HIPERION 167 HIPERION 4 pxSrata A pesar de todo, y antes de que emoiece el za- farrancho de combate, hemos celebrado tu fiesta, joh Vida esplendorosa! Fue un dia maravilloso, La dulce brisa primaveral que soplaba del oriente y los rayos del sol hacian subir tu nombre a nuestros Ja- bios, como haclan abrisse fas flores en las ramas de los arboles, y todos los deliciosos secretos del amor se excapaban de mi corazén como el aliento de mi boca, Nunca nuestro amigo habia sido testigo de-un amor como el nuestro, y nada mds encantador que ver Ta atencién con que este hombre tan altive escu- chaba mis palabras, y Ia avider con que aus ojos y su espfritu trataban de representarse tu iinagen y tu “i8f, seguramentel, acabé por exclamar, “sin le la pena de batirse por un paft que,’ como nuestra Grecia, da a luz tan nobles eriaturas” “Es verdad, mi queride Alabanda”, dije: “vamos alegremente al combate, una llama divina nos impulsa a las grandes acciones cuando nuestro espirity se siente recenfortado vor Ia visién de semejantes se- res; entonces el objetivo hacia el cual marchemos no tiene mada de mezquino; no tenemot que preocupar- nes de esto © aquello; podemes ocunarnos del ex- terior de las cosas sin tratar de penetrar ex su ese piritu, y bebemos el vino simplemente porque la copa es bella, Y no nos detendremos, Alabanda, hasta que la felicidad del Genio no sea un secreto para nadie, y el brillo de nuestro triunfo se refleie en todos Jos ojos, ¥ de todos los desvarios y todos los sufrimientos suria, mds resplandeciente que nunca, el espititu hue mano, tan largo tiempo ausente, para saludar con un canto de victoria el suelo de la patria recon. quistada, 16 FRIEDRICH HOLDERLIN dos y estrecharos como se oprime una dulce presa iOh Diétima! ;Oh Alabanda! Nobles criaturas, tan grandes en vuestra serenidad! {Con qué ardor tendré que cumplir mi tarea, sino quiero verme obligado a huir ante mi propia felicidad, es decir, ante vosotros dos! Acabo de recibir tu carta, amada mfa, justamente cuando escribla estas Tineas. {No te desconsueles, mi tierna amiga, no te des- consueles! Consérvate libre de todo pesar para nues- tras futuras fiestas patristicas, joh Diétima!, para el dia en que festejaremos juntos la naturaleza; con- sérvate para la divina fiesta del dios del Amor, gNo ves ya Grecia? {No ves cémo los astros inmortales, contentos de esta nueva vecindad, sonrien sobre nucstras ciudades y nuestros bosques, y cémo nuestro antiguo mar, al aspecto del pueblo que pasea por su ribera, recuerda a Jos atenienses de antafio, y como a sus antiguos fo- voritos nos trae presagios de felicidad sobre sus ondas alegres? NN jAlma fuerte y admirable! ;Ti, que ya eres tan hermosa, cémo serds cuando vivas bajo tu verdadero Gielo y florezeas en una gloria de éxtasis! DIGTINA A HIPERION Desde que te fuiste, mi queride Hiperién, he vi- vide casi siempre encerrada, Pero hoy he salido de nuevo. En el aire suave de este mes de febrero he zecobra- do un poco de vida, y te la envio. Esta fres~ra de Ja atmésfera que se entibia me ha hecho bien, y una vez mds he sentido. la nueva embriaguez de la na- tureleza y de las plantas, siempre las mismas en su pureza en esta época del afio en que todo esti de HIPERION 65 duelo y donde, llegado e} momento, iodo renaceré a la alegria, jOh mi Hiperién! ;Por qué, pues, los caminos de nuestra vida no soa apacibles también? Invierno, primavera, verano y otofio, son nombres sagrados, pero no los cbservamos, ;No es un verdadero pe- cado'tener el alma Ilena de tristeza on la primavera? Por qué, entonces estamos tristes? No te enojes, Hiperién, Los hijos de esta tiena no viven sino por el sol, y yo sélo vivo por ti. Si tengo otras alegrias, gqué de extraiio que tenga también otras penas? gDeberé, sin embargo, esiar por eso triste? j Querido y noble corazén! gCémo podria yo mar- chitarme cuando td estis tan resplandecieate? ¢Co- mo mi corazén podria flaquear cuando toda las fi- bras del tuyo se hallan animadas por el deseo de vencer? En otro tiempo, si yo hubiera ofdo decir que un joven griego se habia levantado para arren- car al pueblo de su ignominia y devolverlo a su ma- dre, la antigua Belleza de que nacié, ;qué asombro habria sacudido mi alma de nifia, y con qué ardor habria deseado tener el retrato de un ser tan que- rido! Y ahora, que est ahi, y que es mio, gverteré lagrimas? jSeria una locural ;Como si fuera posible alguna duda, como si él, el héroe mozo, no fuera realmente mio! ;Oh vosotras, Sombras de los tiem pos felices que pasamos juntos! ;Oh vosotros, mis queridos recuerdos! Paréceme en verdad que fue ayer equella mara villosa velada en que conoci al extranjero que habia de ser mi dios. £1, como un Genio desolado, brillaba en Ia sombra del bosque donde la nifia inocente que yo era pasaba su juventud sofiando... Vino en la brisa de mayo, en esta maravillosa brisa de Jonia que lo hacia atin mas hermoso a mis ojos, Todavia esioy viendo cémo levantaba ella los bucles de sus cabellos, 170 FRIEDRICH HOLDERLIN Conternplar en todo su esplendor el cio, la tierra y el mar? Después, hasta mediodfa, tos instruyo en el ma. nejo de las armas y les hago hacer marchas y ejer, cicios. El buen humor los vuelve déciles, y hace ce mi un buen jefe. Tan pronto quedan en pie, apse, tados unos contra otros, com via macedé. nia, agitande sélo los ‘brazos; mn pronto parton como Mechas, juegan en grunt pequefies ensayande los golpes més audaces, en los que te agilidad y la fuerza alteman segin las situaciones, donde ead, uno es su propio jefe; iuego, se tedinen de nueva en un punto donde estén seguros... Pero siempre, en el curso de esos siercicios militares, sea en ig marcha, sea en el reposo, tienen, como yo, prese al espititu Te visiin de aquellos que sirven ‘al. y del campo en que esta HIPERION wy de nuestros caballos y su leve rumor acompatia nues- as pelabras, miramos a lo lejos, hacia Esparta y el Pals que serdn el premio de nuestros combates, Guando estamos de regreso y ambos gentidos, 2 ba dulce frescura de la noche, la copa aromiticn y la Srugal comida ante nosotros alumbradas per la Iona, en Ja calma sonriente que reina entre novotros, nos sube a Ia memoria como una nube, del suela sa. grado que pisamos, el recuerdo de los antiguos, FQué felicidad, en un momento semsiante, estrechar ona mano amiga! Alabanda me habla entonces de muchos conocides @ quienes atormenta el mal del tigio, de las nuevas y extrafias vias que Ia vida se abre desde que ino recto s¢ halla obstruido; y mis pen. mmientos se detie onces en mi buen Adamas, a de la necesidad de viajar, del irresistible desec cls ir hasta ef fondo del Asia,” ‘Tado ello, imi viejo Scvigo, no san sino paliatives, y yo. quisiera poder mle: ivuelvel, constraye tu mundo con nosotros, Mis tarde, coande es jo en el basque, y ex an v da cosas del porvenit « pees nuestro mundo es también el tuyo, Sacamos muesira ¥ el twyo también, Diétima querida, ya que en ainos del destino. nies realidad no es mas que una copia de lo que eres tro adversario que nos convene: ie { tisma. (Ah, no poder realizar también nosotros empujames a gue atague alli donde estamos ine) preparedo: para recil sino, lo observamios, fingimos temerie, y lo dejarnos awanuar hesta que al faismo se catrega 2 nuestros goloes. 4 veces tam bigm Je ganarnos en velocidad, sembranda el pénics en sus fais. Esto constituye para mi una panacea: une obta que tenga tu cerenidad elises! IPERION A pidtIMA Por tres veces hemos salido con ventaja en tas Art i ice cnet pero los doctores més exnerimentados no tenen en escaramuzas et que los combatientes s¢ entremen mayor estinia este remedio de todos los males sisbai como los relampages de una volente cen Cuando cae ls tarde, jcon qué alegris me doy at Rested. Todo ha sido asolade come por las llamas Placer de recorrer, en compafia de Alabanda, sor: iavaino 3 nucstr0, y nos hollamas ahora a! ple de tando nuestros briosas corceles, las colinas enro’e-'~ das por los fulgores del sol! Desde las cima: dur nos detenemos, mientras la brisa juega con Jas ct fos maros de Ja fortaleza de Misitra, to que resta 's antigua Esparta. Ye he planade cebre une una, delante de fa colina, la bandera que arrebate 172 FRIEDRICH HOLDERLIN de una trinchera albanese, En mi alegria, mi gorro turco al Eurotas, reemplazindole’ por el casco griego, iAh, cémo me gustaria verte ahora, oh mi ado. rad, verte y tomar tus manos para oprimitlas co tra mi corazén, que pronto no podri tal vex resistir 4 Ja alegvfa! (1, pronto; pues dentro de una seman guedara libre acaso nuestro viejo, noble y queda Peloponeso! Entonces, mi bienamada, entonces, tt seris la gue me ensefie la piedad; ta, la que has de enseing a mi corazén cémo debe’ orar. Pero, gno harla ne jor en callarme? Pues cqué hice realmente ‘hac aqui? Y aun cuando hubiera hecho algo de que s. liera la pena Rablar, ghabria de olvidar por ello wade to mucho que queda por hacer? Pero jes culpa mia si mi pensamiento se adelanta de ese modo al tier: po? ;Cudnto més me gustaria que fucse justamenre lo contrario, que el tiempo y los hechos precedicran @ mis pensamientos, y que la victoria alada volara delante de la esperanza! Mi amigo Alabanda esta radiante como una dese posada. El porvenit me sonrie en cada una do sue miradas, y es lo que todavia calma un poco mi impaciencia, TDideional arrojé lesputs i esta feliz pense peetiva por la mas bella de las épocas de la antigua Grecia, y la més insignificante de nuestras victorias me es més querida que Maratén, las Termépilas y Platea. zNo tengo razén? La vida, zno es mas pre ciosa para el convaleciente que para el que goza de ella sin haber conocide nunca la enfermedad? Apreciamos la juventud cuando sentimos que nos escapa. Y sélo cuando Ja recobramos después de haberla creido perdida, colma realmente de placer nuestra alma, He plantado mi tienda a on las del Eurotas, y 4 i i 1 HIPERION 173 si, mediada la noche, despierto por azar, e viejo dios del sio me advierte con el tumor de sus endas que huyen delante de mi, y sonriendo cojo las flores de su ribera y las esparzo sobre sus aguas dicieado: lévalas, como simbolos de Ia vida antigua que pron to ha de renacer en tus orillas, DISTIMA A HIPERION Mi quetido Hiperién, he recibido las cartas que me has excrito de camino. Le que me dices me im presiona sobremanera, y a pesar de mi amor a ti, con frecuencia me estremece el pensamiento de que el joven tan tierno que vertia lagrimas a mis pies se haya metamorfoseado en un ser tan temible, No desaprenderds por ello el amor? Como quiera que sea, continia siempre tu mar- cha hacia adelante. Yo 'te seguiré. Hasta creo que, si te fuera posible odiarme, comprenderia muy bien ese sentimiento y me esforzaria por odiarte igual- mente, Asi, nuestras dos almas permanecerian sem. Pre al mismo diapasén, y lo que te digo aqui, Hi- perién mio, no es una exageracién dictada por la vanidad, Yo misma me be vuelto muy ¢: era, Me falta Ja facultad de ver e] mundo con ojos, serenos y hallar placer en todo lo que vive. Sélo la inmensidad del cielo estrellado atrac todavia mis miradas, En cambio, mis pensamientes se fijan con mids ahinco an en los grandes espiritus del mundo antiguo, yen la manera como éste finalizé su exis tencia sobre la tierra. Las mujeres mas cétebres de Esparta, sobre todo, han ganado. mi corazén. Ello no me hace olvidar a los nuovos ¢ intrépidos comba- Sientes para los que ha sonado la hora. Con frecuen- ia cl ruido de sus victorias sube hastz mi a través a de ta que 14 FRIEDRICH HOLDERLIN del Peloponeso, y resuena cada vez més claramente; @ menudo Jos veo invadiendo como una marejada Jos bosques de Epidauro; veo en le distancia sue are mas brillando al sal, que como un heraldo lus acom, poha, y a ti, joh mi Hiperiénl, pasando rapide, mente por Calauria para saludar los bosques len, slosos de nuestros amores, para verme a mi de nuevo y volar de nuevo a tu tarea; y no voyas a creme que temo ef resultado. Amigo mio ten queridal, a ven ces me siento casi invadida por esta idea; pero lay Grandes cosas en que pienso en seguide som para mt como fa Nama que detiene a la helada. 1Adiés, amigo mio! Acaba tu abre, como el ex piritu te ordena, y haz que Ia guerra toque pronto a su fin. Hazlo por amor a la paz, a esta hermosa ¥ nueva paz de oro, gracias a la cual, coma t4 decias, las leyes de Ia naturaleza quedarin un dia inscriptas en nuestro oédigo; y la vida misma y la divina Naturaleza, que no podrian inscribirse on bro alguno, estén en el corazén de comunidad, Adiés|. ROERIGN A oroTIMA fiabrias hecho bien en caimar mi ardor, mi que. rida Didtima; babrias debide cconsejarme que no ebrase con precipitacién, sine que arrancase més bien poco a poco ia victoria al Destino, como a un deudor recalcitrante el pago de su deuda. ; Mi ado- radal, Ja inaccién es pare mi le peor de las cosse Mi sangre se congela en mils venss, 2 tal punta we consume el permanecer agui, scicse en lugar de se. guir adelante, el verme obligado de continuo a aven tar entemente, Nuestros scidados querréan janzare al asalto; pero ello no harie sino exaltar hasta ia embringuez los espiritus ya tan agitedos, y jadids todas mis esperanzas el dia en gue ios melos ins. HIPERION 175 tintos empiecen a fermentar y destruyan Ia disci- Plina y el amor! No puedo decirte nada con precisién, pero creo ur sblo algunos dias nos separen de la rendicién de Misitra; sin embargo, yo querria que estuviésemos més adelantados. En medio de este campo tengo la impresién de hallarme en una atmésfera de tem- pestad. Tasco el freno y mis hombres me inquietan, Reina entre ellos un ardor bélico que se me antoja excesivo, Pero sin duda es una tonterfa el dar tanta im: Portancia s mi humor. La vieja cludad lacedemonia bien vale que se sientan algunas inquictudes antes de poseeria. PERIGN A DISTEMA Todo ha conchuide, Diétima, Nuestros hombres se ban entregado al saques, y han asesiviado 2 nuestros hermanos ‘sin distincién, a los griegos de Misitra, gue eran inocentes; les que han escepado vagan sin abrigo, y su rostro aterrado clama verganza al elo y a la tierra contra los birbaros a la cabeza de los cuales iba yo, i¥a puedo ir a bablorles shore de be buena susal No cabe duda que ganaré facilmente sus corazones, Pero, también, jqué equivocaciin la milal ;Acaso no conocia de sobra a mis gentes? No era un pro- yecto descabellado quérer crear un Eliseo con el apoyo de una banda de forajidos? No, por ia sagrade Nemesis! No tengo sino fo que merezco, y debo sogortarlo, y lo soportaré, hasta ue el dolor me prive de todo mi conocimiento. {Orees que me dejo Hevar por Ja exaltacién? He secibido una honorable herida de manos de uno de mils fleles, ens] momento en que traté de oponerme 6 FRIEDRICH HOLDERLIN a la matanzs, Sime dejara llevar por la célera arrancatia mi venda, y mi sangre podria correr sobrg, Ja tierra cstremecida a que pertenece iTierra finebre, terra desolada, que yo queria cubrir de bosques sagrados, que yo queria omar eos todas. las flores de la vida griega! ;Ab, mi quesde Distima, qué hermoso habria sido! ¢Dirés que me falta coraje? ; Amor mfo!, son demasiades desgracias juntas. Por todas partes bandas de locos furiosos invaden el pals; el furor del pillaje se propaga por toda ia Morea como una epidemia y el que no echa mano a la espada es sacado de su casa y degollado sin piedad. A eso Iaman combatir por la libertad. Otros, igualmente salvajes, pagados por el sultin, se con, ducen como los primeros, En este momento me Hega Ia noticia de que este infame ejército acaba de ser dispersado. Estos co. bardes se encontraron en Tripolisa con una tropa albanesa, inferior en mimero a la mitad; pero como no habia nada que robar, todos estos miserables ce dieron a Ja fuga; los rusos que hicieron | campaiia con nosotros, cuarenta valientes, fueron los nicos que resistieron y se hicieron matar hasta el ditimo. Heme de nuevo solo con Alabanda, como al prin. cipio. Desde que este fiel amigo me vio caer ‘san- grando en Misitra, lo ha olvidado todo: sus espe: Tanzas, su ardor belicoso, su propia desesperacién, Transportado de una célera terrible, se precipité como un dios vengador en medio de los saqueadores y me sacé de la tormenta con mil precauciones, los ojos baiados en lagrimas. Después no me ha dejado un instante en la choza donde estoy tendido, No podria decirte la alegria que siento, pues si él hue bicra seguido al grueso del ejército, yaceria ahora en el polvo de los campos de Tripolisa. Qué seré de nosotros? Lo igncro. E! Destino me HIPERION 7 sumerge otra vez en la incertidumbre, y debo con- fesar que lo he merecido. Y lo mas cruel es gue mi vergiien2a me impide aparecer ante ti, ;quién sabe por cuanto tiempo! iDesgraciado de mi! ;¥o, que te prometia una Grecia nueva, sélo tengo lamentaciones que ofre- certe! ;Trata de hallar consuelo en ti misma! HIPERION A DIOTINA Con gran trabajo encuentro palabras con que 2 cribirte, Se siente gusto en hablar, se charla a Ia manera de Jos pajaros, cuando la gente lo incita a uno, como cuando sopla la brisa de mayo; pero, entre cl mediodfa y el anochecer pueden sobrevenir mu- chas cosas, y después de todo, qué se habré perdido con no hablar? Créeme y dilo, como yo lo digo, desde el fondo del alma: el lenguaie es cosa superflua, Lo que te- nemos de mejor queda intacto en el fondo de nos- otros, como fa perla en el fondo del mar... Pero lo que queria escribirte —pues, al fin y al cabo, cada cuadro necesita su marco y cada hombre un offcio—, es que tengo la intencién de servir, por algin tiem. Po, en la Hota rusa; pues, por lo que a los griegos se refiere, nada tengo ya que ver con ellos. jOh amada mia: qué oscuro se ha vuelto todo alrededor de mi! 6 FRIEDRICH AOLDERLIN mtrenidy a ordre, Largo tiempo he vacilada, largo tiempo he he chado; pero no hay més remedion é que es necesaric, y porque fo x6 tengo gue Heverio a cabo. {No te equivoquer sobre ef sentidg de mis palabras! |No te apres» mmaldecirme! No tengo més remedin, Dug, i, que aconse. jarte que me abaadones, [Querida y deliciose criatara! Ya no puedo ser nada para ti, La fuente de mi alma se he secado, y ais ojos te han vuelto indiferentes = tele se que pire “Mis labios estin secar: de tri peck ya no brota ef duice halite del amor, Un solo aia ka sido suiiciente pa foda mi juventud; ke Horsdo #1, las os tas todas las Merimas de vais ojos, Sf Eurotas, de cuya: ondas seo duestra inremediahle ‘esptieeza al pie a ABE a! tenn gee? tud... sDaberis ye foto una times.” Yacng soy abe £oMO Ao sea el hombre més Jemorate cle! rn ai Jeaye: mas nabre, Estoy deserrade, Guana a. 2 indies come iltimo av Joe rebeldie "yan Yorn Nenity més ds un griego de Morea, bablende te Deestras havsas, tas concard a sue “hijot come se cuenta una historia de dandidos. ray todavia una cosa, Dictime, que mo in he Sicho hasta boy, y es que'mi padve’me ha vente solemnemente, me he expalsade, sin esperanza ae Fens Gel tecbo bajo el cual ‘eanscurio mi joe wonteds no quiere volver a verme, nin aite fob Ri en otro alguno, come él dice. Tal fue wv eyguesta a Ja carta cn que ie anunciaba el comicase de et de Lavadern: Ferpoco tiene muchs at que esperar gue yn, PE7P, Pees, sin preactiparmne: comservarlo para ini aptiz Merecido una suerte mejor. sy ha dulce, tau sereno, que me lastitna ef alma. gs Mutuamente. No ries desis driamos decimos? Y sin ‘embargo, fi os Servicios menucios gue uno al otrot Savin une, 2 Y Basta en nuestro infortunio ti reais ta sontisa de resigneciae 1 Corazén vaien pues 32.0 Sospeche fo qué hase cn este momento; Baes: st lo supiera, se opened Es precio que le Saree @ Distima, me he ordenado, y que le digas uent » BL gue piso. rigs, se eleva por encima de los admirable que tengamos que empezar ad eda para apreciar Ia libeect 10° FRIEDRIGH HOLDERLIN fiel, y he abi una cosa que quiero a toda costa evitarte. AS; por ti y por mf, por los dos, vale més que nos separemos. ;Adiés, pues, mi querida y dulce afin ga, adiés! Desearia poder afiadir: ve lejos, muy le. jos, a algtin lugar donde se perciban, como el raids de una fuente borboteante, los estremecimientos de Ja vida, Desearia poder indicarte un pals mas libre, tun pais en que los hombres comulguen en un mismo sentimiento de belleza fisica y moral, y decirte: jre- figiate alli! Pero, joh cielos!, si eso fuera posible, yo no seria el desgraciado que soy y no tendria razén alguna para separarme de ti... ;Separarme de ti? jAh!, zs acaso todavia lo que hago? ;Y yo que me crefa tan sereno, tan juicioso! Me siento ahora como atacado de vértigo y mi corazén se agita tan febrilmente en mi pecho como el de un enfermo im- paciente en su lecho. ;Desgraciado, desgraciado de mi! Destruyo mi diltima alegria; pero es preciso, y todas las protestas de la naturaleza de nada po- drian servirme, Mi amor a ti me lo impone como un deber; por lo dems, ¢no estaba ya condenado, desde que naci, a no tener ni patria ni hogar? ;Oh Tierra, y vosotras, Estrellas del cielo!, zes cierto que munca sabré dénde reposar mi cabeza? iAh, cémo querrfa volver a apoyarme una vez siquiera contra tu peche, volver a ver, no importa dénde, tus ojos de azur! | Encontrarme una vez més en ellos! jApreter mis labios contra los tuyos, oh mi bienamada, oh Diétima, mil veces adorada, y beber en ellos tu vida tan dulce, tan Ilena de un encanto sagrado!.., Pero no me escuches, te lo suplico, no me escuches, Si me escucharas, me haria a m{ mismo el efecto de un seductor. Afortunadamente, me cono- ces, y me comprendes, Tét sabes qué profundo testi monio de estimacién me daris no compadeciéndome ni prestindome olds. a HIPERION 181 Yo ya no puedo, no debo,.. ;Cémo un sacerdote podria continuar viviendo cuando su dios ya no exis te? {Ob genio de mi pueblo! ;Oh alma de Grecia!, no tengo ya mds remedio que ir a buscarte al reino de los muertos. No me queda otro recurso. wupeRiON A Di6TIMa Lango tiempo he esperado, te Io confieso, y ardien- temente deseado, una palabra de adids dictada por tu corazén; pero guardas silencio, Y este silencio es también el lenguaje de tu alma admirable, Didtima Pero ésa no es una razén para que finalicen nuestres santos acordes, gverdad, Diétima? Aunque la dulce luz lunar de nuestro amor deba desaparecer, los as- tros que estén en las més altas regiones de su cielo no dejaran de brillar por ello. }Oh, sil, es la Glkina de mis alegrias ahora saber que somos inseparables, aun cuando nada de ti Hegue hasta mi, y la sombra de los dulees dias de nuestra juventud haya huico para siempre. ‘Mis miradas se pierden en el mar que tifien de rojo los rayos del sol poniente; tiendo los brazos aa Iejana comarca en que ti vives y mi alma se siente confortada una vez aun por todas las alegrias del amor y de la juventu iOh Tierra; que fuiste mi cuna!: todas las vo- luptuosidades y todos los dolores no estén contenidos en el adiés que te damos? iOh vosotras, islas amadas de Jonia, oh ti, mi Calauria, y ta también, Tina, por lejos que esiéis de mi, siempre estdis presentes en mi memoria: mi per. samiento vuela hacia vosotras al mismo tiempo que la brisa sobre las olas ligeras; y vosotras, que apenas, entreveo, alld, en la lejania, costas de Teas y de Efeso, donde iba con Alabanda en los dias de las grandes 182 FRIEDRICH HOLDERLIN esperanzas, vosotras me pertenecéis de nuevo, como antes, y desearia desembarcar en vuestro suelo, besare Jo, reanimarle al contacto de mi pecho, y balbucie » ee tierra silenciosa mis mas ticenas palabras de adiés, an. te de emprender el vuelo hacia el cielo Ubrel iLéstima, en verdad, que los hombres se entiendan ahora tan mal entre ellos! A no eer asi, de buena gana permanccerfa en este buen planeta. Pere yo pug. do prescindir de este globo terrestie, y Exto €s todavia més que todo lo que 4 puede dar, Soportemos, pues, muestra serviduinbre, hijo mio, a la luz det sol”, decis Ia madre de Pollxena a oe «2 hijo, y su amor aia vide no podia traducinve en pala. {bras mis hermosas, Pero Ia luz del sol, que justamente rue desaconseja la servidumbre, no telera que yo viva ‘a miserable tierva, y sus rayos sagrados me atraen ja ini pats, como senderor que @ él condujerea, Desde hace tiempo he teaida presente en #! ecpi que toda otra cosa, la tino, Cadntas veces hurta nie te tretare de copse de nies tonces, podria tener miedo a bus No mae he Hbrado mil veces de mis trabas en imagina- cin? ¢Por qué vaeilaria en hacerlo ea ia realidad? Estamos acaso atados como viles esclavos al suelo gue labrames? {Somos como esas aves domesticadar Que no pueden salir del gallinero porque en él les dan de comer? Hf No. Nosotros somes como Jos aguiluchos que sw gaake echa del sido pass que oprendan a busctr por { mismos su presa en las altas regiones del cielo, : Marana eae flota Vibrar4 batalla y la lucha seré dura, Para mi esta batalla seré como un bafio purifieador que me lavaré de toda macula. ¥ este voto ss AHERN dees esau HIPERION 183 que hago quedaré sin duda fécilmente satisfecho. La campaiia que he emprendido me habré, pues, en fin fis cuentas, scevide para algo, ¥ probado que e tra bsjo que uno se toma entre los hombres jamis se pierde. 10h mi alma querida!, desearia decirte que pen- gatas en mf cuando vengas a mi tumba, Pero es pro- bable que me tires a las clas, y no me desagrada pens sar que mis restos se sumergirin alli donde todas las fuontes y todos los ros que amé se rednen, de donde se elevan las nubes tempestuosas que llevan la free. cura a la montaiia y al valle que me eran tan que. Fidos. Y nosotros, oh Distima, Diétima mia, gouindo nes volveremos 2 ver? No es posible, y a este pensami: tebele, que nos perdamos para siempre el une pata al otro. Yo vagaré, si es preciso, aillares de akc de RO aso a otro, tomaré todas las formas, todos los nguajes de la vida, sSlo por volverte a ver de poutze que tode lo que se asemeja reuniine, wo todo mi ger se ermpre pa Alma magnanima! misma en este adiés. {Déjame partir! Abraza a tu madre por mi, Saluda a Notara y a nuestros otros amigos. Saluda también a los rboles a cuya sor a encontrarte a ti bra te en- contré por ver primera, y a los alegres arsoyor por cuys rilla camindbamos, y a los hermosos jarcines de Angele, y pueda tu pensamiento, joh amor mic!, encontrar allf mi sombra, ; Adios! | 1 1 LIBRO CUARTO HIPERIGN A BELARMING Acano ps tener un dulce suefio recopiando para ti la correspondencia cambiada en otro tiempo. Ahora e5 a ti a quien escribo, mi querido Belarmino, para seguir haciéndote penetrar hasta el fondo de mi co- raz6n hecho trizas por los sufrimientos. Y mds tarde ‘i, el Ultimo de los seres que he querido, te remon- tarés conmigo a aquellos lugares en que la aurora nos alumbrard con una luz nueva. La batalla de que hablaba a Diétima comenzé. Las naves turcas se habian refugiado en el estrecho qt separa la isla de Quios de Ia costa de Asia y se esc: Ionaban a lo largo det continente hasta Tscherma. El buque almirante, en el cual me hallaba, salié de la fila y comenzé la lucha, atacando al primero de los barcos turcos, En seguida el combate de estos dos ad- versarios animados de un igual y feroz deseo de vei ganza tomé un cardcter de los mds serios y pronto s2 convirtié en una Jucha espantosa. Los dos buques, cu- yas arboladuras se habfan enredado, se engancharon pronto uno a otro y el combate se hizo cada vez mis duro, ‘Yo me sentia como impregnado de una intensa fuer- za vital, y sentia en todos los miembros una agrada- ble y calida sensacién. Pareciame como si todas las facultades de mi espiritu se desvanecieran dulcemen- te una tras otra. Entonces, con el alma lena de us humer sombrio y devorador, y pensando que lo mejor 388 0 FRIEDRICH BOLDERLIN que podia hacer era ofrecer mi ganganta al sable de Jos bérbaros, me lancé a la pelea, Jos ‘ojos hiimedos de célera, esperando encontrar una muerte segura, Llegué bastenic cerca de mis enemigos; y de feces os rusor que combatian a mi lade, al cabo de unos instenter no queds en pie ninguno. Quedé soley, altivamente, ofrect mi vide a aquallas bérbaros come se artoja una imosns a un mond: 20 tk tos maron, Me minaron como a uno de exo4 seres a los que no se ox tocar, St habria dicho que #! Destinn map respetsba en mi desesperacién, Al fis, sin embargo, uno de ellos, viendo mu vida amenazada, se revolvi6 contra mf y ex. A partie de \ exe instante no recordé ya nada hasta Parcs, donde habla sido transportade y donde recobré sl sonacie miento, ‘Mas tarde supe, por el onlenanza gu: Yevado, que tes dos barcos qne inicianas hatian volade momentos deen me flevaron en une embevoast Fuago al navio mirco; pero ef popes bs genchado al 0: cmign, fis lamas. Sin duda recuerdas ef resultado de la copantose thatalla, Ast es, exclamé, sl saber Ia destruccién de toda Ja flota tures por foe Huos, asl es come un mal es castigade por oto wal; asi es como los cranes se exterminas. elles misrnes. fe slios, ei también peesa de las YOPERIGN A BELARMING Seis dias después de la batalla estaba todavia su mengido en un suefio de muefte, La poca vida que me quedaba se hallaba entrecortada de dolores, come las tinieblas por el resplandor de los relampagos. La primera persona que reconoci fue Alahanda. Como 2 HIPERION 187 supe después, no habla dejado un instante -nf cabe- cera, Casi solo, habla Henado fas funciones de enfer- mero, ocupandose, con una abnegacién y delicadeza de la que 20 se le hubjera erefdo capaz, de mil de- talles en los que munca habla pensado, y un dia le habia ofdo exclamar, artodillado junto a mi-cama: “\Yuelve a Ia vida, amigo mio, vuelve a la vida para que yo también vival” iQué hermoso despertaz, Belartaino, cuande mis ‘ojos se reabricron 2 [a uz, y vi 2 ra amigo llorando de alegria ante mil Yo le tendi la mano y él, tan arrogante, Ia besd con todo ef impetu del amor, “; Vivel”, exclamd, “;qué buena eres, oh Nataraleza, que curas todos los na les! j TW Io has salvado, tli na abandonas, pues, a los dos desgraciados sin patria que el destine condend a vagar! ; Hiperién!, nunca podré olvidar ei momento e8 que 18 savio emperé a arder, y fuego cuando las Hawias, ierumpiendo por todas partes, com el estmaen- do de un tueno, famzaron 3 toda la tripulacién por los aires, y sobve todo el instante en que adverti que, zacre Ios pocos hombres que se habian salvade, no estaba Hiperién. Me sentia enloquecido, y 2 espam x0 tumulto de fs hatalla no me devoivié Ia calina. Felizmente, pronto of hablar de ti, y en cuanto aca- bamos con el enemigo volé en tu busca”. i Gémo velé entonces por mi! ;Cémo supo mane tenerme cautivo en el circula encantado de sus aten- ciones! | ¥ cémo supo ensefiarme, sin decir una par abra, sélo por el ascendiente de su cardcter sereno y ponderado, a comprender y a juzgar virimente y sin envidia fa evolucién del mundo nuevo hacia la libertad! ib vosotres, hijos dei Sol, oh vorotros que sus- pitdis por [a libertad: qué no’ pertiisteis al perder a Alabanda! En vano he buscado, en vano he dirigido rals stiplicas a ta vida desde que él ha desaparecido: ‘mi herida, me habia sentado por pri 188 = FRIEDRICH HOLDERLIN jamés he encontrado un alma de romano como ja suya. Cardcter despreocupado, espiritu profunde, vr leroso, noble. ¢Dénde hallar un hombre digno de eco nombre, si éste no lo era? Cuando él se mostrabe amisteso y bueno, era como si el creptisculo de Ie tarde iluminara el roble majestuoso cuyo fol h ij llaje em. Papa adn la Huvia de Ia dltima tormenta. HIPERION A BELARMINO En un hermoso dia de otofo, a medias curado de mera. vez junto Ja la ventana. Volvfa a la vida con pensamientos un poco mas tranquilos y mi alma se mostraba més aten. ta a ella. El cielo me acariciaba con su céfiro mas dul. ce, y el sol nos enviaba sus raycs jubilantes como una deliciosa Ihuvia de flores. Habla en la atmésfera de esta estacién un efluvio de grandeza, de silencio y de ternura; se sentia Ia calma de la obra cumplida y Ja ebriedad de la madurez en el leve rumor de s Tamas que me envolvian como esa nueva juventud que los antiguos esperaban encontrar en su Etisec. Hacia tiempo que, con el alma libre de toda preocu: pacidn, no gozaba de esta vida sencilla del mundo, ¥ con una alegria sin mezcla nuestras miradas dir gfanse de nuevo hacia esta exquisita naturaleza, in- mutable en su belleza, Como una vietima expiatoria, yo vertia lagrimas ante ella, y sentia, estremecién- dome, que mi corazén desalentado se transformaba en un corazén nuevo. “jOh vosotras, plantas sagradas!", exclamé, “ze qué nos sirven todos nuestros deseos y todos nuestros Pensamicntos si ya os tenemos a vesotras? ; Luchamas con todas nuestras fuerzas de pobres mortales por edi- ficar algo bello y vosotras crecéis a nuestro lado sin eocuparos de nada! zNo es cierto, Alaba HIPERION 189 hombres han sido ‘creados para luchar contra el sufti- miento; tudu lo demas se cumple sin su ayuda, Peso, sin embargo..., no puedo olvidar que yo mismo as- piraba 2 mucho més que eso”. : “Mi querido amigo”, exclamé Alabanda, “egntén- tate por el momento con existir, y no recortiences a turbar la calma de tu vida con nuevos cuidados”, “Si”, dije, “voy a descansar. Proyectos, créditos, re- conocimientos de deudas, etc... Todo ello lo olvi- daré. ” Quiero conservarme puro como conviene a un ar 2, quiero amarte, vida inocente, vida del bosque y de la fuente. ;¥ t6, oh Luz solar, quiero honrarte, ciarme de ti, azur resplandeciente que das un alma a las estrellas, y que aqui énvuelves también estos Arboles con tu aliento y penetras hasta el fondo de nuestros pechos! ; Hombres tercos! jCuando pienso que, como un mendigo, he bajado la frente, mientras Jos dioses silenciosos de Ia naturaleza me miraban, ro- deados de todas sus riquezas!... ¢Sonries, Alaban- Ga? ;Cudntas veces ya, en les primercs tiempos, has sonreido de la misma manera, cuando tu amigo, en Ia exuberancia de su juventud, charlaba en tu pre- sencia, mientras ti, semejante a un silencioso piar del templo, permanecias en pie, sobre los escombros Gel mundo, seguramente suftiendo de sentirte de ee modo envuelto por los sarmientos de esta planta sal- vaje que se aferraba a ti y que era mi amor!... Ahora, todo ello cae como una venda de mis ojos, y ante mf reviven todavia los dias Iuminosos de’ 2n- iaio” “TARM, exclamé, “qué seriedad ponemos en nues- tra vida y qué alegria!” “Escucha”, dije, “cuando ibamos a cazar al bos- que, 0 a baflarnos en las clas del, mar, cuando can- tébamos y bebiamos alli donde, por un efecto de la de los laureles, el sol y ef vino, los ojos y los 190 FRIEDRICH HOLDERLIN Jablos, nos panecfan més brillantes..., no habia exis tencia comparable a aquélla, y el etpirite que os animaba entonces iluminaba nuestra felicidad nueva come cf sul alumbra el cielo”, “Esa es también la causa de que no podamos se: paramos”, dijo Alabanda, “VARI, Te dije entonces, “tengo que confesién amuy penesa, amigo mio, que yo Guise dejarte? ;Si, dejarte, buscando voluntarismens Ja muerte! No era es0 carecer de coranin? Y mt Do. bre Distima, a le que escribi que no se ocupars mds ge mi, y ala que, por segunda vez atin, la vispera de ia batalla...” \ “UY tl le has escrito, exch certe matar en la batalla? :Oh Hi blemente, ella tadavia ao hs + Aprestirate a-escribirle que est: “; Querido Alabanda!, le ¢ Vou a escribirle sin perder uy Ja carta por mi srviente. me queda. a Calauris' “En cuanto a Jn otra carta, afiadié, “eT crees? ¢Me perdonard?”, exelamé, spor tado de alegria, “;Oh, qué esperanaas renacen en mi! Podré todavia ser feliz con ella, con ese Angel...” “Lo serds, amiga mio", dijo Alabanda; “te que fio el més bello tiempo de tu vida, El joven oun héroe y el hombre maduro un dios, si le es dado llegar hasta Ja madurez” Sus palabras proyectaban sobre mi alme usa ma ravillosa claridad, Las copas de los arboles se estremecfan dulcemente, las estrellas se eseapaban del seno de las tinieblas y ou catia svsnenamt: HIPERTON 191 brillaban como flores sobre Ia terra oscura, y una primavera celestial me iluminaba con la mis pura de las alegrias. HIPERION A SELARMINO Instantes después de haber resuelto escribir a Dis- tima, Alabanda entré contentisime al cuarta, "; Una carta, Hiveriéa!, me grité. Todo estremedide, me ptecipité hacia él into tiempo”, exeribia Diétima, “he vivide recibir de ti el menor signo de vida! Me nablabas en tu iiltima carta de las fatales jomadas de Misitra, y contesté en seguida; pero, por lo visto, ea carta no legado. Paco después me escribiste todavia vias Hneas profimdamente tistes para decinne que ‘fas el propdsito de servir en Ja Hota musa, Te con Yesté, pero esta earta tampoco ha debide Hegarte. Eoparé entonces en vano desde mayo haste el fin de este verano y hace s6lo unos dias me ha llegado aquéll a en que me dices que debo renunciar a ti, tiome amigo. ” Has confiade en mf; has comprendida que yn tenia bastante corazén para no sentirme ofendida con semejante carta. Esto es para mi una viva ale- grin, en medio de fa afliccién que siento, ” j Sublime y desgraciado Espiritu! Te he compren- ido perfectamente. Sf, es muy natural que, habién- dose desvanecido tus votos més intimes, ya ‘no quie~ his amar nunca, 7No rechazarias acaso los manjates si estuvievas a punto de merir de sed? " Hice bien en darme cuenta pronto de que no podia ser todo para ti, 7Me era dado acaso librarte de fas trabas de la mortalidad? ;Podia yo alimeatar fa Hams que arde en tu pecho, sara Is que ainguna fuente mana ni vid alguna crece? ;Podia yo ofre- ! 192 FRIEDRICH HOLDERLIN certe en una copa todas las alegrias del mundo? PEs tu voluntad. Es una necesidad que we soe one a tl ¥ Ro puedes obrar de otro modo, La ia Potencia sin limites de tus contempordneos te hairs sostado la vida, "EI que como ti ha sido humillado hasta et fondo del alma no podria hallar reposo en uns soft alegria de este mundo. Fel mee como tit ha sentido la insivider de la pada no puede aleanzar la serenidad del alina sin’ mediante la elevacién del espiritu; y el gue como . ti sufrié la muerte no vuelve a encontrarse a sf mis. mo sino en compafiia de los dioses jlFelices los que no te comprendan! Pues cual Quieta que te comprenda tiehe que compartir vy grandeza y tu desesperacién, "Yo te encontzé tal como eres, Una curio dad, 's primera de mi vida, me impulsé hacia el ten mirable que eres, La delicadeza de tu lesa de nuestro amor dulcificaron tu eardcte, ners i#), Hombre maligno!, solamente para hhacerte mAs indemable, A mi me duleificaron, me consolaton 5 me hicieron olvidar que, en el fondo, ti estabas dees Perade, y que yo tampoco me hallaba lejos de es, tarlo desde que habia leido en tu corasdn, 2En Atenas, en medio de las nuinas del Olim: piGn, me senti atormentada por ese sentimionto, No habla dicho también, en una de esas horas en que as cosas no se ven tan negras, que esa tristeza de uventud no debia ser ni tan profunda ni tan irre, mediable, Es tan raro que un hombre que da sus primeros patos en Ia vida sienta asi, de golpe, tan dnstanténea y profundamente, y en fo mé delice te de su ser, todo el destino de su época, y que este HIPERION 193 sentimfento permanezca intacto en él, porque el que Jo siente no es Jo bastante brutal para expulsarlo Ri lo bastante débil para lorar por él! Y esto, joh mi tierno amigo!, es tan raro, que cuesta conside- rarlo natural "En las ruinas de Atenas, tan apacibles, me sen- ti impresionada por ef sesgo que las cosas habian tomado; sobre todo al comprobar que, ahora, son los Muertos Ios que reinan sobre Ia tierra, mientras los tos hombres-dioses, estin debajo; y ello lo vi claramente escrito, palabra por palabra, en. tu rostro. Desde entonces, Hiverién, te di la razén para ffempre; y al mismo tiempo me’ parecste més gran- as. Mc pareciste un ser dotado de un poderio miste- pisos de usa importancia enorme, aunque mal de- finida todavia; en suma, eras a mis ojos el timico hombre joven capaz de realizar todas las esperanzas | a quien el Destino habla en voz tan alta, fe también ef derecho de hablar més fuerte que lquiera al Destino, me decia a mi misma, Cuanto impenctrables son las causas de su suirimiento, aids nes escapan las de su poder. Era de ti, y de U solo, de quien esperaba Ja salud de todos. Te vi par- tir. Te he visto a la obra. ;Ah, los efectos de esa metamorfosis! Creado por ti, el bosquecillo de Aca- demo reverdecié por encima de los escolares ate: fos, y como en los antiguos tiempos, les arces del Uiso oyeron los disloges sagrades. eee TEI genio de nuestros jévenes adquirié répida- mente en tu escuela la seriedad de los antiguos; y Sus juegos efimeros se convirtieron pronto en juegos inmortales; pues él se avergonzaba de ellos y tomaba @s08 vuelos de mariposa por pasatiempos de prisio- nero no, a quien habria bastado montar un corcel, thors Jefe de eiército; otro, acostumbrado a con: femtarse con cualquier cosa, y al que una cancién 19$ FRIEDRICH HOLDERLIN igera habrfa hecho feliz, se ha convertido ahora fn un artista; pues ta.es habfas revelado, luchanas ante ellos, Ia fuerza de los héroes y lo fuera det snundo; ti les habias dado a resolver el enigmn te fs cosatetny ¥ asi fue como esa juventad aprendic a setitir en i lo grande y @ comprender los juegos del alma y de fa Naturaleza, olvidando tas frivoli. dades. jHiperién ‘Hiperén! “Ne biclste neatg de tai, que no era todavia mds que vse = Como sin duda oourrié con otras. “Los hombres, unidos por un mismo vinculo de sociabilidad, no se separaban ya tan facilmente; no fo musa? o Nagaban ya, confundidos amos com ottos, como eran ge arena que ef huracdn avienta en ef desierin; ta javentud y Ia vejez ya no se burlaban una de je Gira, Ia hespitatidad no faltaba va al forsstero, los hijor de una misma patria no se alslaban once de tres, y los amantes ya no echaban 4 perder «! ware de sus amores, Todos venfan a tus fuent. : teraleent, pare apagar allf xu sed: de as alegeias que bratan de cur ore! sas y templen of empiri) y ke liones 3s serenidad ol aime nes de lor fstecha ee tos mortales; fie. protegian todas lee Hiperién, bablas abierto Jor ojos a tue grieges, para que pudieran ver te que vive, y hoblan dene 4p el ardor que dormitshs en ellos, come duce en I madera ef fuego, para que dntieran el entusiasino serena y constants de la naturaleza y de sus hijos peros. 7 "Ya los hombres no velan Ja belleza del mundo con los mismas ojos con que ciertos profanos ven Ia poesia del artiste cusndo alaban les palabras v ne consideran sino el lado titi. Eras, poh Naturaless', el mas seductor de los sjemplos para jos griegos, y todo lo que era humanidad, inflamaca por jn fete adit ei at HIPERION 185 cidad de esos dioses eternamente jévenes, tomaba, como antaiio, el aspecto de una fiesta; y para acom- pafiar a los héroes mozos al lugar de sus proezas, alli estaba, mds bella atin que una miisica guerrera, Ja luz de Apolo. * Pero, jsilencio!, jsilencio, oh mi alma! Tat fuc mi suefio més hermoso, el primero y el tiltime, Eres demasiado altivo para ocuparte por mds tiempo de esta raza culpable, y haces bien. TG los evabas a la libertad, y elios no pensaban sino en [a rapiiia, Los Hevaste, vietoriosos, 2 su antigua ciudad de Lasede. monia, y esos monstruos st dedicaron a saquearla en semuidas y, por si no bastara, fuiste maldecido por tu padee, y no hay comarca agreste ni cavemna en que estés Ya seguro en esta tlerra de Grecia, que venerebas al iguai de una casa sagrada, y a la que guisiste ons que a ti mismo. “Oh mi querido Hiperién! Yo no soy ya fa mu ‘alta dulce y timida de antes, desde que 2 todas acién me Hleva tan lejos, gue as si mils miradus pueden todavia distinguie fa Serra, «mi comeén ofendido se estzemece sin tregua. "Tienes vazén; vamos a separamos. Yo 10 quiero hjos teompoco; pues habria de erlarlos para un mun- do de esclavos, Estarian condenados a perecer ante mis ojos, como pobres plantas en una tierra seca. “TAdiés, mi querido y tlerne amigo! Ve a otro pafs, al que creas mejor y al que puedas hacer el don de ts alma, Debe haber todavia en este mundo un higar de eleccién, un altar en el que puedas sa- crificar a nuestros dioses y emplear tu ardor juvenil Seria una gran Mistima que todas esas fuerzas vivas se clesvanecieran como un susho, Pero, de cualquier smariera que concluyas, netornar’s a esos dioses, a la vida sagrada, a Ia vida libre, a Ie eterna juventud de ta Nararaleza de que saliste; y si ése es tu deseo, iambign es el mio,” c estar cosas, La ind $96 FRIEDRICH HOLDERLIN As me escribia: Distima, Esta’ lectura i remavido hasta sl fondo del alma, lenindone seis vte de epantu y de elegria; pero traté de recobrart sae para hallar los términos de mi respuesta, Le escribi: “yConsientes, Didtima? 2Apruebas mi venuneiaciém y ‘has podide comprender el mative! iOh alma mia fiell, y ghes podido resignarie? Hasta has podide, dechado de pacioncia, “encon: sen ef sombrio dédalo de mis vagares, y to rae saesificado voluntariamente, preclpitiadove per + en las tinieblas, 08, bifa predilecta de la New fexa, hecha para la felicidad, comintiendo ea rebajarte hasta mf y santificar m duelo compartién: solo? ;Oh mi amada y espléndida heroinal, jqué conona, celés para tu frente? Pero basta ya de tristeza, amor mis, Pues me has gvide en mis tinieblas, ven, y sea yo el que te oie ahora hacia tu fz, Volvamos, joh corazén tnio ‘acia Is dulce belleza. Y 8, joh Neturaleza deh tove!, muéstrame una vex més ta calma, y haz que al especticulo de la paz que reina en’ ti, mi loca petolancia. se adormezca para siempre en tu sena aVerdad, alma fel, que no es demosiade tarde para que valvames? ¢Que me acogerds, que me que- teas todavia como antes? 7Que la felicidad de los sins pasados no estd perdide min para nosotco:? "Yo, desgraciadamente para mi, he evade las tocas al extreme. Me he comportado de un mods ingrato hacia nuestra madre, Ja tierta; mi sangie, y todos los dones que me hizo, los arrojé como se aaroja una propina « un eriada; y, jayl, todavia mil veces mas ingratamente me he portade contigo, santa doncella que me acogiste en tu asilo de paz, a mi, infortunads, timida y desamparado, cuya alma es. pantosamente oprimida ya slo conservaba leves ras- wes de fuventud, esas briznas de hierbe que st ven coil y all en ws camino mup frecuentads. ;No HIPERION 97 fuiste th acaso_qui¢n me volvié a la ¥ida? No ful yo tu bien? Cémo entonces pude yo...? (Oh, es pero que no lo sabes todavid, que la fatal carts que te escrib{ antes de Ja batalla no Hegé atin a tus manos! Si, yo queria moriz, Diétima, y creia cum- plir un acto sagrado muriendo, Pero | gcémo lo gue separa dos covazones amantes podria ser sagrado? aGéme Jo que destruye la felicidad de nuestra exis. teneia podria eerlo? ;Oh Distima, wi, lo mAs belle que existe en el mundo: mi alma. se asemeja ahora inis a la tuyas por fin he aprendido a respetar, # cansetvar le que hay de realmente bueno y sincero cn esta terra, jOh{ aunque me fuese dado Heger alld arriba, a las cesplandecientes islas del cielo, no encontraria en elas més de lo que encuentro et Dididma, ” Esetichame ahora, mi bienamada, ” Seguir en Grecia me es ya imposible, ti lo sa bes, Avsu partida, mi padre me ha enviado del di nero que Te sebraba lo necesario para que podamea refugiaenet en un valle de los Alpes o de los Pi- rineos y comprar alli una casita con e} texreno preciso para vivir cn un simple biencstar. Si quieres, iré a buscarte en seguida a ti y 2 tu madge, darema: un beso de adiés la sibera do Calauria, secaremes mutuamente nuestras Mgrimas, ¥ por ef istmo llegaremos répidamente at mar Adri tico, donde un barce, en el que estaremos seguro, nos llevard mis lejos. > Oh, ven! El secreto de nuestro corazén repo- sara en él valle mis oculto de la montaiia como la piedra preciosa en el fondo de la mina, En el sero Ge los bosques que escafan el cielo nos sentiremos al abrigo, como bajo las columnas del templo mis profunds, al que Iss impfos no osan acerearses nos semaremos al borde de la fuente, cuyas aguas tim. fides nos develverin ia imagen: de muestra mands, =a 198 FRIEDRICH HOLDERLIN Gel cielo, de nuestra casa, de nuestro iardin y de Rosotrs. Con frecuencia, nos pasearemos en uns noche serena a Ia sombra de nuestros drholes jean tales, estuchando a Dios, ese Dios que yace en non ‘otros, mientras las plantas satiendo poco a poco de su sueiio del mediodia erguiran sus tallos, y'la vide silenciosa se reanimari en un baie de recto. Le brisa nocturia las envelverd y penetrard, y encima de nosotros centelleardn lag estrellas, floves de In pra. dera celeste, y hacia el poniente ef astro de Ia no. she, bortindese en Jas aubes, imitaré timidamente, vome por amor, el ocaso dei dios de la Inv “Y¥ cuando, por Ia mafiana, nuestro valle parezea ‘el lecho de un rio, se Henar& de una edlida claidad y las olas de luz correrin silenciocas a través de nuestros Siboles, envolviendo nuestra casa} embe, Hleclenda nuestens kabitacionee (creacién iuya}, y 2h te moverds en el resplandor de eve brillante so) véndome, toh amor micl, con m encanto y Lena, las hendicienes dat siclo ysra el maisnea: ontonces, es esta dad watirs!, el ars bajo de Ja terra covintard bajo nuestros oles, | misme que se vuelve a encender af fuego del seer, ficio, « ineraos a wuastrs tarea cotidians para. pagar jambitn wuestio Gibuto a Is Minas yue ube hacia el cielo... gNo dirs, enforces: hewos vuelto 2 ene contrar Ia felicidad, hencs aqui de nueve, como {os antiguos sacerdotes de le Naturales, santos y go zee02, que Hevaban ya ta devocién en si avismos, ane tes de que el primer temple existiern? * gEs esto suficiente? ;Decide ahora mi suerte, oh ti, Ia més querida de las mmjeres, decide pron fo! Se me antojs cas! una felicidad’ estar todavia medio invilido después de ia dltims batalla y no estar todavia libre del servicio; a uo ser por ello, no podria quedarme aqui, no podria resisir al deseo de partir, de ir s preguntarte yo mismo, cosa que sy oe HIPERION baie sin duda no estaria bien, pues seria casi hacerte violencia... ”;Ah Diétimal, cudntos pensamientos inquietan- fos, cudntos pensainiemtos locos me asaltan, me tur ban el slma, y a pesar de todo... no puedo ima ginarme que esta esperanza deba guedar también reducida a la nada. : "eTe habrés elevado tanto que la felicidad de este mundo no pueda Hegar ya hasta ti? gla Hama devoradora del espfritu, encendida por tu dolor, hax bbré contumide todo Io! que habia en ti de mortal? * Yo lo sé por experiencia: todo el que se enoja ficilmente con el mundo, se reconciia con igual facilidad. Pero a ti, con't ingenua y dulce cal- ma, a 4, antes tan feliz en tu arrogante wmisién, Didtima ‘mia, gquién te reconelliard si el destino hace que te rebeles? E ° yAngel de mi vidal No hay en mi fuera al guna capaz de cunarte? {De todas las voces que oh corisin exhale, ne hay ninguna que te haga recor dar esta vida terrestre a la que te gustaba, sin em- ‘barge, descender en tu vuelo, para vivir en ella mas fargo tempo? ;Ob, vuelve, vuelve, te lo sue Pliga, quédate todavia en este cteptsculo! “ste pals de tas sombras e¢ seguramente el Ine gt que Conviene al amor; pues sélo agul el recto silencioso de la dulce melancelia cae del cielo de tus ojos. : “Y dime: ano plensas ya en nuestros das de an tafio tan hermosos? ;En aquellos dias inefables, stern pre ilencs de una divina melodia? ¢No te llega su recuerdo de todos fos bosquecilios de Calauria para acariciarte? ” 2Sabes, Diétima, que muchas cosas han naufra~ gado en mi y que ya apenas me quedan espe ranzas? p "Tu retrato, imagen del cielo, he podide salvaslo ; | : i ' 200 ««~ FRIEDRICH HOLDERLIN del incendio, como se salva un dios doméstico, Nues. tra vida, la nuestra, estd siempre intacta en mi, :Der beria acaso irme lejos de aqui para enterrarla tame bién? zDeberfa, sin tregua ni teooso, vagar «Ig ventura de un ‘pais en otro? gHabria’ aprendido amar simplemente para eso? » No. Thi fuiste la primera; jsf Ia titimal Ta eres mi bien, y lo serds siempre.” HIPERION A DELARMINO Sentado con Alabanda en una colina, nos cas Jentabamos a los dulees rayos del sol, En’ torno de nosotros el viento jugaba con las hojas secas que cubrian el suelo, Todo estaba en silencio, Sélo de cuando en cuando, la caida de un Arbol abatido por el hacha del lefiador herla nuestros ofdos, y a nuex tro lado un effmero arroyo, formado por las iiltimas luyias, murmuraba corriendo hacia el mar. Estaba casi libre de toda preocupacién, pues tenla la esperanza de ver ya pronto a mi querida Diétima y de vivir en adelante con ella en la paz y en la felicidad, Alabanda habia disipado todas mis dudas, a tal punto creia seguro el éxito de mi carta, Ef también estaba alegre, pero de una manera muy distinta, El porvenir no le afectaba ya, aunque yo no lo sabia. Sus alegrias hablan concluido. Vela aho- a, pese a todos sus derechos sobre el mundo y st temperamento de conquistador, initil, inactivo y s0- litario, y se abandonaba a su suerte como si hubiera perdido @ un juego que para él no hubiese sido mas que un pasatiempo, En este momento un mensajero vino hacia nos- otros. Nos traia la licencia del servicio militar que os dos habjames pedido al comandante de la flota rusa, estimando que ya no podiamos hacer en HIPERION 201 nada itil, Podia, pues, ya dejar Paros cuando me pareciera. Me encontraba también lo suficientemente restablecido para sovortar las fatigas del viaje, Nu queria esperar la respuesta de Ditima, sino iz a verla sin demora; era como si la mano de un dios invisible me empujara hacia Calauria. Al saber mi decisién, Alabanda cambié de color y dejé caer so- bre mi una mirada henchida de tristeza. “zEs pues tan facil”, exclamé, “para mi amigo Hiperién, dejar a su amigo Alabanda?” “;Dejarte?”, dije. "zQué quiere decir eso?” “|Oh sofiadores!”, dijo, “gno ves que es forzos0 que nos separemos?” “Cémo podria verlo?, repliqué. “Nada me has dicho de ello, y si tus palabras o tus actos hubieran podido hacerme pensar en un adiés, lo habria toma. do por un arranque de mal humor, por una efusién del corazdn...” Ab, exclamé; “conozco exe divino juego del amor que se crea a si mismo sus penas, para darse en seguida la satisfaccién de vencerlas. En verdad, asi querria que fuese por mi parte; pero, escucha, se trata de un asunto serio.” “,Serio?”, dije, "yPor qué?” “{Mi querido Hiperién!”, me respondid, con voz dulce, “porque no querria ser un obsticulo a tu felix cidad futura; porque yo acabaria temiendo ia ve. cindad de Diétima, Créeme, amigo, es siempre peli- groso vivir junto a dos seres que se aman, y un corazén desceupado como esta el mio ahora resistria dificilmente Ia prueba.” “| Vamos, mi querido Alabanda!”, le dije sonrien- do. "gCémo puedes desconocerte hasta tal punto? Tu corazén no tiene la blandura de la cera, y tw alma fuerte no es de las que se abandonan facilnen- te, Por primera vez en tu vida te veo mathumorado, Has desempefiado a maravilla jas funciones de en- } } | #0200 FRIEDRIGH HOLDERLIN fermero mio; pero se ve que no estabas hecho para ello... La inaccién te he vuelto hurafio...” “Ti Yo has dicho", replied, “asi es exactamente, W tut vida, al fad de Ja tuya, gserd por eso més activa? jTodavia si fuera otra! Pero con Didtima! éPodvia ser de otra manera? ;Podria yo datie wala. mente ia mitad de mi alma? J ella que es tan abe sokstamente, tan sinceramente una, y eaya vide, coe mo la de un dios, no admitisia divisién alguna? * Créeme, Hiperidn, seria delarse tentar como un nnifio imaginarse que se podsia ver una criatura 29, snejante gm amarla, {Me mires coro si no me cona. cinras? ;Verdad es que tampoce-yo me reeonorce \ desde que en estos Gltimos Gempes ez otupa mis pensamientes!” “Oh Alatanda, ener qué no porré 4 exclamé, dat Allo; “en tates de avons hacer. Bat soi senbe de esr del rele} “{Mi grande ¥ yo Hegar a veto” "3 dia, “ye ', dijs, “ya mee Je amigo!’, exams, “dent hallahs ya not encontranioy eo Eataiena. ; 4h, sil, todo era distinto de wwande ve no ers ins gue un gramete mol alimentade, cuyo egpirin: © cnvos miembros fortificaba y hacia més flexibles « trabaie penoto v arriesgada; cuando, después de ome ase) de tempested, quedaba suspendida a} tope deb pale wayor, expuesto al aire vive de alta mar, hajo el pabellén que flotaba al viento, y seeula cen Ja vista 4 vuelo de las aves marinas tobre ef abiamo cente Heante; cuande, ea piena batalla, awsiro barcos, como monstruos irritados, hendian las olas a la m2. nera de un jabali que hora la tera eon ss hocies, ¥ ye, con ojo alerta, estaba al lado ce mi capitin.. 7 HIPERION 203, iEntonces, sf, me sentia vivir, vivia realmente! ¥ mu- cho tiempo después, cuando el joven tiniors de ‘ros- tro serin me encentré on Ia playa de Ecmima, y mi alma medio helada empes 2 derretirse bajo sus miradas y aprendié a amar y a venerar lo gue ¢s, demasiado grande para ser dominado por la fuersa: cuando comencé otra vida con €i, y germinaron en mi nuevas y may puras fuerzas para gozar del munde y pata entrar en lucha con él, entonces, si, comencé 2 esperar de nueva... ;Ah! todo lo que era mi esperanza, y toda Jo que posela, forj6 la cadena que me até at Te atraje a mf, intenté treerte a Ta fuerea hacka mi propio destin; te perdi, volvi a en- contrarte, nuestia amistad ema tode mi universa, tod To que tenfa algin valor 2 mis ojos, toda cai gloria, Ahora ha terminado, terminade para siempre, y mi existencia va no dene objeto.” “a latego ers verdad?”, Te respond! suspirando, “Tan verdad cemo 1 so} que nos alumbra”, dijo; “pao 2s gué hablar de ello? Todo estd ya arre- glad” “iCéme, Alabanda?”, fe pregunté. “Voy 2 decirtelo", dijo; “hay algo de le que aun ta te bohlé. V ademée,.., nos hard bien a los dos sonversar juntos del pasado. “Un dla vagaba yo dn saber qué hacer por los touelles del puerto de Tvieste, Unos afios antes, el corsatio en el que servia naufragé, y a dur penas, con dos © tres ‘compafieros, pude ganar la costa de Sevilla, Mi capitén se habia ahogedo, y yo no habla sslvado con mi vida otra cosa que la ropa puesta, toda mojada, Me desnudé y me estiré al sol mien. tens mis efectos se secaban sobre un cerco. Mis tar- Gs, siguiendo | caming, fais la ciudad; pero, antes de Hagar a fas puerias, noté una alegre muchedum. Eve en los jerdines; entré en ellos y canté una can- son griega jocosa. Por aquel entonces, no sabia 20¢ FRIEDRICH HOLDERLIN nada triste, Al mismo tiempo de hacerlo, me sentia enrojecer de vergiienza y de dolor, al verme ast obli- gado a cxhibir mi infortunio, Yo cra entonces un muchacho de dieciocho afios, hosco y orgulloso, que detestaba mortalmente llamar la atencién de la gente Perdonadme, dije, cuando terminé mi cancién; aca bo de eseapar de un naufragio y no puedo hacer hoy nada mejor que cantar algo. Mal que bien, ha- bia pronunciado estas palabras en espafiol. Un hom- bre de muy buen semblante, se acercé entonces a mi, me dio algin dinero, y me dijo sonriendo, en nuestra Jengua: “Toma, cémprate con esto una muela de Lafilar, aprende a afilar cuchillos y te ganaris la vida recorriendo el continente”. El consejo era bueno. "Sefior”, le respond, “ast lo haré.” Las otras perso- nas presentes me colmaron de regalos. Parti al fin, @ hice lo que el hombre me habia aconsejado, Y asi fue como recorri durante slgin tiempo Espaiia y Francia. A menudo te he contado con placer todo lo que me sucedié durante ese tiempo; y cémo, al contacto de una servidumbre cuyos aspectos variaban hasta el infinito, se acrecent8 mi amor a la libertad, y cémo, en una miseria a veces muy dura, habla en- contrado con frecuencia el valor necesario para vivir y formado mi juicio, "Bjercia mi oficio con amor, viajando de un lado a otro, sin pensar en nada malo; pero al fin hicieron que le tomara repugnancia, "Como yo no me resignaba a tener modales lo bas tante vulgares, se imaginaron que este oficio era sdlo una mdscara de la que me valia para entregarme ccultamente a précticas peligrosas, y en efecto, por dos veces me tuvieron preso. Fue lo que me decidié a renunciar a él, y con el poco dinero que habia ganado emprendi el camino de mi patria, de la que en otro tiempo me habia, evadido. Estaba ya en HIPERION 205 Trieste y me preparaba a bajar a la Dalmacia, cuan+ do, a consecuencia de las fatigas de este duro viaje, ful atacado por una enfermedad que acahé con todas mis pequefias economias, Triste, y no del todo cu~ rado, me fui al puerto de Trieste, cuando de pronto me encontré cara a cara con el hombre que en la costa de Sevilla se habia intercsado por mi, Al verme, sintié una alegria singular, diciéndome que muchas veces habia sofiado conmigo, y“me pregunté qué habia sido de mf en aquel intervalo. Le conté todo. "Veo", exclamé entonces, que no ha sido intl para ti el colocarte por algin tiempo en la escuela del destino, Alli has aprendido a suftir; ahora sélo Gepende de ti el poner en préctica Io que te ha ensefiado.” "Su discurso, el tono de su vor, Ia presién de su mano, la expresin de su rostro, su mirada, todo en 1 sacudié mi imaginacién, que se habia vuelto mis inflamable que nunca después ‘de la enfermedad, como si hubiera sido una manifestacién del poder divino, ¥ me conformé a sus palabras. "Este hombre, Hiperién, era uno de los que viste en Esmirna conmigo, Desde la noche siguiente, me condujo a una gran reunién, Un estremecimiento me sacudié; cuando, apcnas entrado en Ia sala, mi compafiero me presenté a unos hombres de aspecto adusto, diciéndome: “Esta es la Liga de Némesis”. Transportado de entusiasmo al pensar en el campo de accién que se abria ante mi, me dediqué en cuer- po y alma al servicio de aquellos hombres, Poco des- pués los miembros de la liga se dispersaron, para encontrarse de nuevo al cabo de algunos afios en otro lugar, y cada uno partié a cumplir la misién que le habia sido encomendada. Yo fui agregado a los que, unos afios mas tarde, hablas de ver conmigo en Esmirna, "La coercién en que vivia era a menudo para mi 208 FRIEDRICH HOLDERLIN lin suplicio; ademés, Jos grandes efectos de la Liga no se manifestaban muy claramente a mis ojos, y mi celo no ensontraba en ella sino un meaguino’ aly mento, Pero eso no habsia bastado para apartenne, Pus necesario que mi pasi6n por ti al fin me ded, HIPERION 207 perién!”, me dijo, “he legado al término ce mi carrera, y silo me queda ahora el salir dignamente de ella. No insistas. No me disminuyas, y ten fe en in's palabras, S¢, Io mismo que ti, que ain podria crearme una existencia, y después del banquete de diera, Te Jo he dicho muchas veces: cuando me de. jaste, tuve la impresién de que me faltaha el sin yal sol. Desgraciadamente, no tenia ofra coma que ciegir: ronunciar a ti, o abandenar la Liga, TA tac bes cual fue mi elsecin, "Pero todos fos actos humangs acaban por tener sa castigo; solamente los dioses ¥ los nifios escapan a la Némesis, "Yo habla dado la preferencia al derechn diving el corazéa. Por amor 2 ti fos periura. En el fondo, ano ema justo? E! mis noble de toe deseos, j no dete govar de la Bberiad mayor? Mi corarén me tom tn palabra: Te di la fibertad que & me padin, y aun we puedes ver, necesita, “pHlas rendido alguna vex homensie al genio? } te no admite que singin obstd erase: quads detenerte, y romps ivviacablemente fos lazox que i retienen ala vid: "Por zak amigo romp sais compromises, y traich nati mi amistad por el aimor. For ei amor de Die tina, Hiperién, siento gue se engatiania y que ello concluisia con le rowerte de Digtia y mi suicidin, puesto que no padriatnss estay unidos. Pero eso n0 debe ocurrie; ai deba ser eastigado por le que hice quiero cuands menos poder elegir mai castigo y mis Jueces. Aquélios hacia los eusles fai culpable ien- Gran Ja separacién a que tienen derecho.” “sHablas, tal vez, de tus compafieros de la Liga”, exclamé, “jOh, mi querido Alsbanda, no haga? ta! cosa!” “2Qué otra cosa que Ja vida podrian guitarme? me replic6, apretindome dulcemente la mang. "jHi- esta vida, continuar jugando con las migajas del festia, pero eso no seria digno ni de mf ni de ti, amigo mio. {Tengo adn algo que alfadir? Mis pac iabras, Hiperién, Zno serlan también las tuyas? Me falta aire, aive fresco, Mi alma se ahoga en a pro- pla envoltura, necesita otra nueva, Pronto tendremos al Invierno, y esos dias puras en que Ja tierra en sembra no es sino el reflejo de la claridad det cielo; fa serd la buena extacién, pues entonces es cuando Jas folas de uz tienen un resplandor que las hace ain més hospltalarias. Mis palabras te sorprenden, ami- go malo; pero todea los que estin a punto de sepa rare hablan un poco como gentes ebrias, y s¢ sien- sen inclinades a dar una clerts solemnidad a aus actos. Cuando Jas hojas del Arbol comienzan a s¢- sere, no denen todas el color de la aurora?” “;Alma generosa!", Je dije, “zdebo apiadarme de tu suerte?” ‘Yo sontia en su grandeza hasta qué punto era prow fundo su sufrimiento, Yo en mi vida habla sope: tado nada semejante. Y 2 pesar de eso, joh Belar- mino!, senti la mas grande de las satisfacciones, por tener delante y poder estrechar en mis brazos a un hhéroc semejante. “Pues bien, sil”, exclamé, “muere, muere; tu corazén es bastante grande, y tu vida tan madura como los racimos de uva en un dia de otofio, Parte, ser perfecto; si no hubiera una Diétima en el tuundo, yo te seguiria.” “Ah, exclamé Alabanda. “;Al fin vuelve a en- contsarte? Eres ti el que habla ast? jCémo se a: ina toda, eémo todo toms un sentido profundo y lega al corazén, cuando es mi Hiperién quien habla!” 208 «=« FRIEDRICH HOLDERLIN “;Me alabas’, le dife, “por arrancarme, por gunda vez, una palabra imprudente, y obtener de mi el permiso de correr a la muerte?” “Ni te alabo ni te doy las gracias”, replies Ala. banda con aire grave; “tengo derecho de hacer lo que ti quisieras impedir, y no hay en ello nada Geshonroso, Sabe apreciarlo.” Habia en su mirada una lama que me clavé en al sitio, como si una orden divina hubiera legado a mis ofdos, y me habria dado vergiienza pronunciar una sola palabra para disuadirlo, Pero me repetia a mf mismo: ellos no haran eso, no pueden hacerlo, Serfa una locura suprimir ast una vida tan hermo- sa, como si se sacrificara una victima a los dioses, y este pensamiento me devolvid un poco la calma. To- davia tuve la suerte de poder escucharlo la noche siguiente, después. que cada uno terminé sus prepa- ratives de partida y cuando antes del alba salimos para estar juntos una: vez. més, “zSabes", me dijo entre otras cosas, “por qué nun. ca me ha preocupado la muerte? Es porque siento en m{ una vida que ningin dios ha creado ni mortal alguno ha engendrado. Creo que lo que somos, lo somos por nosotros mismos, y que si nos apegamor tan intimamente al gran Todo, es porque queremos.” “Es la primera ver que te oigo decir es0”, le con- testé, Pero él prosiguié: “zQué serla, pues, este mundo sino una armonia de seres libres?... zY si, por 2 propia iniciativa y por una accién comin, los vivien- tes no contribuyeran desde el principio a la gran sinfonia de la vida? 2No seria como un gran cuerpo rigido y frie, 0 un ‘triste conjunto de seres al que faltara un com razon?” “En tal caso”, respondi, “est& completamente fue- za de duda que, sin libertad, nada puede vivir.” i | I | | | | | | HIPERION 209 “Naturalmente”, dijo, “ninguna: brizna de hierba, ni aun la mas pequefia, creceria si no tuviers su propio germen. Y esto es sobre toda verdadero con respecto a imi, Siendo libre en el sentido mas elevado de la palabra, sintiéndome sin comienzo, y creo que puedo agregar, también sin fin, nada podria ser des- truido en mi, Si he salido de manes de un alfacero, que rompa su obra si le place. Ello no impide que Jo que vive alli dentro, no pudo haber sido engen- drado; es, por su origen, de naturaleza divins, es decir, esté por encima de toda potencia, de todo arte, y por lo tanto es inviolable, luego eterno. "Cada individuo Hleva en si sus misterios, mi buen Hiperién, quiero decir, sus pensamientos secretos. Y sos son los mios, desde que pienso. "Lo que vive es indestructible, lo que vive per- manece libré, aun bajo el aspecto de su mas pro- funda servidumbre, lo que vive es siempre uno, aun- que lo separes en dos; es invulnerable, aunque lo quicbres hasta ia médula: su ser se escapard siempre de tus manos, victorioso. Pero ya la brisa de la mafiana se agita; Ta gente etd despierta en nuestros barcos, Ahora, mi querido Hiverién, la més dura de las pruebas ha pasado. He podido rechazar de mi todo sentimiento de debili- dad y pronunciar contra mi corazén una sontencie de muerte; nuestra separacién, oh ti, mi amigo més querido, més queride que la vida misma. No me zbru- mes ahora, ahérrame los adioses; acabemos pronto. ‘Ven... Un estremecimiento me atravesd todos fos miem- bros al oirle hablar asi. “;¥o te conjuro, Alabanda”, le grité, prosternado a sus pies, “en nombre de la amistad! ¢Es necesario, es realmente necesario, que eso ocurra? Ti me has sorprendido, me har aturdido, me has envuelto en 210 FRIEDRICH HOLDERLIN tu vértigo, Hermano mio, ni siquiera me denste la suficiente raxén para preguntarte adénde vas “No puedo decirte el lugar. mi tierno amigo", res- pondié, “pero tal vez nos volvamos a ver tudavla.” “Volver a vamnos?”, dije, “;Me enciqueces de pronto con una esperanza! | Quitn sabe si voy a en- riquecerme ya a fal punto en cree! todo, en mf, acabar& por ser fe!” “Amigo mio”, me dijo, “cuando ts sirven, es mejor callar, Terminersos mos a perder fos Ultimos instantes.” Hablamos legado cerca del puerso. "Un muego win" su barco. “Saluda ‘a T sed felices, almas fhermosas “10h Alebenda, mi amigo querid: “zpor qué no podré partie en iu “Tu misiéa ex mas alta’ ; “eimelela. Perte. neces a fa dh ex adelante dad implica palabras ne imente; echa- ma de mi parte. ” 05, spondi, onces brascarwente de vi, barco para abreviar nusiras adios, Es al efecto de un rayo a! que siguis’an tas tnieblas; per. en ete anonadar’ mo, toda mi sima xe ret fiel que partie », como movido por un reroste, mis des brazos se tenilieron hacia él, "j Piedad! ; dal, jAlabandat”, le grité; pero silo me Hegd desde el navio ef eco Migubre de la palabra “odiés” te de nl fener al para HIPERION Qu RIPERIGN 4 aELARNINO El azar quiso que el esquife que debia transpor- fame a Calauria permaneciese todavia anclado hasta la noche, después de la partida de Alabands, Me quedé en la ribera, con los ojos fijes en el mar, fatigado por el dolor dé los adioses, delando pasar las horas una tras otra, Mi espiritu ‘recapitulaba las Golorosas jomadas de mi juventud expicante, y como ua paloma extraviada se remontaba por enti Rorveniz, Quise darme animes, y tomé mi laéd, tanto Wempo en ocio, para cantarme 2 mi mismo una de aquellas canciones que habia compuesto en tiempos més felices, con letra de mi amigo Adarna iMarchéis en la luz ¥ el suela’os es dulee, genies dichosos! La brisa etérea Os acaricia apenas, Como les dedos det artista tozan Jas sagradas cuerdas. Los dioses carecen de destino, Como respira un nie donuide, Oculta en el seno De un pidico céliz, Su alma Eternamente florece, Y sus miradas serenas Desbordan De claridad etema, No nos es dado a nosotros Reposar jamés Pasar..., sufrir.,. 22 FRIEDRICH HOLDERLIN De una hora ciega A la otra... Como el agua que cae De roca en roca, Dia tras dia, al abismo ignorado, Eso canté pulsando Jas cuerdas. Habla ya termi- nado cuando un barco entré en el puerto, y a bordo de él reconoct a mi sirviente, que me trafa una carta de Didtima, “Estas todavia en este mundo?”, me escribia. “Ves todavia Ia luz det dia? Yo crela, amigo mio, hallarte en otra parte. Recibf més pronto de lo que td después deseaste la carta que me escribiste antes de fa batalla de Tscherma, y por eso he vivido una semana en la creencia de que deliberadamente habias, buscado la muerte, hasta que tu sirviente Hegé con Ia buena nueva de tu salvamento, Ademas, también ha- bia sabido, pocot dias después de la batalla, que el barce en que estabas habia volado con su tripulacién. ” Pero, joh la mas dulce de las voces!, te ofa atin, ain Ja voz del ser amado acariciaba mis ofdos, como ci soplo de mayo, y tu alegria y tu esperanza, esa vi- sidn encantadora de nuestra felicidad venidera, una vez mas me Henaron por un momento de ilusiones. lo sofiador, spor qué tendré que’ des- pertarte? ¢Por qué no puedo decirte: ven, y convierte en tealidad los bellos dias que me prometes? Pero ya es demasiado tarde para ello, Hiperién, es dema- siado tarde. La que amabas esté ya marchita; desde que te ausentaste, una Hama misteriosa me ha consu- mido poco a poco, y casi no queda ya nada de mi. No te disgustes. Todo en Ia naturaleza se purifica y en todas partes las flores de la vida se despojan de su tosca envoltura. "Mi Hiperién amado, t& no pensabas, seguramen- te, oir este afio mi canto del cisne”. HIPERION 213 contrvacién -omenz6 esto. Primero, se pro- A idad mental que me espantaba, yuna intensidad de vida interior, compatada-con la cual la de la tierra me hacia el efecto de parila en la aurora del dia... eQué te habria gustado ir a Delfos, elevar un templo al dios del entusiasmo al pie de las rocas del viejo Parnaso y, nueva Pitonisa, inflamar con mis ordculos los pueblos cafdos en Ta epatia. {Quién sabe! Las palabras de la doncella habriaa, tal vez. abierto los ojos a todos los desgraciados, y serenado Ias frentés contrafdas, ta po- deroso era en mf el espiritu de vida, Pero fa fatiga de mi ser iba creciendo de continuo, y un peso anguitioso me abrumaba cada vez mds. ; Ah, cuantas veces en mi silenciosa glorieta no habré tlorado sobre las ro- sas de mi juventud! Ellas se marchitaban cada dia mas, y pronto solamente las l4grimas devolviaa un poco de color a las mejillas de tu amiga. Tedos rues- ‘tros antiguos Arboles estaban todavia alli, y la antigua glorieta Alli. también estaba en otro tiempo tu Distima, tu nifia, Hiperién, ante tus ojos Menes de felicidad, como una medio de los capullos de mayo; y sus confidentes, las plantas, le hacian un leve signo amistoso; pero ella s6lo podia’ mostrarles su tristeza. De ninguna me ol- vidaba al pasar frente a elas; dije adids a cada tes tigo de los juegos de mi infancia: a los bosques, a las fuentes y a las colinas que acaricia el viento. ”)Aht, Hiperién, con frecuencia, a costa de una pesada pero dulce fatiga, he subido, cuando mis fuer- zas me lo permitian, hasta Ja altura en gut ibitabas, en casa de Notara, y he conversado de ti con ni Ht 214 FRIEDRICH HOLDERLIN rnigo, con el aire més alegre que podia, pata que no se le ocurrieta escribirte acerca de mf; pero, poves instantes después, cuando no podia contener ‘ya wi tristeza, me eeapaba, tratandy de que nos dieme Guenta, al jardin, ponia los codes sobre el parapeto que dominaba las rocas, desde el cual habia miedo un dia hacia abajo, a la Iejanfa, a la naturaleza que abria ante nuestros ojos, y donde tus macos me ten a mis gestos en aquellos amor. | Ab, cémo habria querido e: sobrante de mi alma, como el vino de! saci cio, en ef bismo de la vida! Pero me sentia tambalear, ¥ co taba al viento mi pena; como una timida avecila, Janzaba en tomo mio miradas eppantadas, ovando ape. nas posarlas en esta hermosa tierra que iba a dejar.” vieron, mientras tu mirada observaba cada uno de rimeros estremec cel fonces derramzar el NUAGION que amabas, No te preguntes of: trates de explicarte esta muerte. El poder sondar ef mister de este destino, veria seducido a maldecirse a todo Io que le rodes, En realidad, a nadie en el cm defa echdrsele Ia. responsebilidad, ” eDeberia decirte que ol pesar suftido a causa ties lo que me ha matado? Pero. no, no seria verdad. Ese pesar me fue, por el comtrario, beneficioso; pues fue lo que dié una razén y un atractive a esta moe te de la que ya llevaba el germen, Desde ese momento, ude decirme: mueres por el que amas. ” 2O bien todos los entusiasmos nacidos de nues. fro amor habrien madurado demasiado mi alma, qui ahora, como un joven presuntuoso, no consigue ‘ya mnantenerse en los limites de su modesta morada? Di- HIPERION 25 Melo, habla: ¢fue tal ver Ia exuberancia de mi co- razén Jo que me hizo Tomper con esta vida? zAcaso xe habria vuelto demasiado orgullosa para concern Peco ts larga Dermanencia en este mediocre pranenns Feo ¥8 gue td le ensefaste a voles, spor qué ‘tam Hiép no le enseiias 2 mi alma a volvet inet as Ta gag malste la ema que arde en el azul del cielo: ;por sos ees Po la sostienes para mi? Essuchame, amor ‘mio: en nombre de tu alma tan hermosa, ne te reproches nunca mi muerte, « _Estaba acaso en tu poder retenerme cuando tu Gestino te mostraba el mismo camino que a miy ¥ si me hubieras dicho, como un predicador, cuardo tu poble corazén sostenfa el mas heroico de los come bates: “Aprende a contentarte, vida mia, y adéptate 3 ty éPcea”, ino habrias sido el més vanidoso de los vanidosos>" CONTINUACION °y a decirte con toda sinceridad lo que creo, Tu ave en tal, tu espiritu ha pasado a mi: pero pe seguramente na me habefa periudicader ge te destino sélo lo que ha sido fatal a mi nueva cxizess au, Per i nf alma se habla vuelto demasiado pose. Fosa’ Dor ti se habria de nuevo apaciquado. Ti arre- pasaste mi vida a esta tierra y ti habtias tenide eee bién el oder de reten gue aprisionar mi alma en tus brazos como en un cireulo magico. ;Ah!, Hiper H idgica ae tx postin, Buenos Aires, Marymar Ediciones 5. A., 1976 Yambos Finalmente optb, per el modo epistoler y por una Prose Pottice y ritmada.' Es evidente que buscese Wat forma nueva como lo atestigua la abra de sus flees ios se dusidez, toda ella eserite en versu libre sin ona’ oh Fie aéular, proxima del versiculo y transubstanclcien moderna de la forma postica y religiosa oriental areaien Forma adecuada como ninguna a la nueva soon que Yslumbrabay queria contribuir a crear. Por eso ue Gonsidero que aya que elegir entre ios epitetos Ineone épico. Es una forma u ta vez Uriea y épica y en on 8 mi entender la originalidad de su hallazgo, le forton tuo y tlene y la mayor ain que le aguards ‘mi demonio me lleva esta tarde por donde no debe Hiperién de Wolderlin ha suftido tres reds sucesivas, Hélderlin compuso primero un fragmen 1792 y 1793 y to pui eside que Peso otra vex es fo entre en Ia revista de Schiller en Rembre de 1794, razbn por la cual se lo conoce con el nombre de “Fragmento Talia" La redacel del invierno de 179495. Le iltima, en fin, rias del 95, En 1797 se publicé el primer libros ebertante, hacia Iz mitad del tiempo (1797-1798) 20) Holderlia vivig con Hegel en Frankfort. Es seguro pues ove Hegel _conocid el Fragmento y ta redaccian dfiniea del 97.8 Hiperion es un joven griego contemporineo que ha nacido bajo la dominacion turca y que suefia con resteura 1s srandeza de la Grecia antigua (; Byron” )° Esti animads como los jovenes de Tubinga, por un ideal revolucionary Racional y universal. Los griegos eran libres e independiew. ton cra une religion de mur u ie belleza y et * yéase A Haan Historia de lt ttersura slemana modern, Pies 80 787-88 y Della Volpen Meg nensses medtta pis. 90. 2 Compirese con Lukacs, Goette et son bpogue, pb. 20%: 20 s posble aflimar son certeza que Raurics cont ee gee Suen css pasaje, pues # diferencis Be Ulsew genes nae nonhay all nngund anotacion seen sen abet iMormasion aparece disper en Dla Vatpe, on el ies. 88.193. é + Wid pigs, 103-108, Hasson. eit peu 99-31 arte, Nuestra época en cambio es fea. En vez del entusiasmo los hombres modernos tienen la industriosicad. Su ale gria misma es triste y denuncia el alma tibia de los esclavos. Su Estado sbio tiene por fin protegerios materizlmente. No Conocen las bellezas del alma ni del corazon; estin muertos, Hiperion departe sobre este tema con sus amigos cuando les llega Ja noticia de la revolucion griega. Hiperion y sus amigos se incorporsn a la revolucion. Se creen fautores de ung nueva era, La vida no seré mis un miserable negocio, sera una era heroica y armoniosa, la edad del entusias fecundo y de las alegrias divinas, la Grecia clisica ren: Sin embargo, a través de Ia anarqufa moderna ide espirituslizado, y por eso lo que antes, en aquella épaca is ents gl sentido de la serena melodie de i vida, el sentido de lo ampeg old BAR, y kasia me pareoié impos queen Hempos me hubi Ss Tasgos a Schiller). forme prisionero se asemeia a tes Ro se puede negar que hay une Naturatece SOU2E ismes que “aunque en fecha oye Naturaleza— espera de ésta ung ayuda ZY por qué no podriamos y deberiamos encontrer en todo lo que ea clie'es nuestro espiritu un Espiritu amigo? ;No see nde Aezse, Gstrts do este Espirit: que vuelve sus armas conta nosotros, un maestro detrés del esrnde? Liamalo con at nombre a ese Espiritu, @1 es siempre el. mismo Ne Sursen ante nuestros sentidos apariencias tales en las ‘qe Sos hace visible 1o Divino, simbolo de lo que hay ‘on Rosotras de sagrado? Lo Bello posee un sentido cede fecteto, Trate de comprender su sonrisa porque asf st te revelaré Jo sacto y lo etermo!? En lo minime i manifiesta lo inmenso. As{ el modelo de toda armonta <¢ revela en los movimientos serenos del corazéa 0 en rostro de un nitio... Yo sé que somos nos es animamos el mundo cuando las belias Naturaleza nos hacen presente la divinidad, Esa necesidea suprema de nuestro espfritu, que nos impulsa « atibur a la Naturaleza una afinidad con io eterno que vive « Rosotros y a creer en un esp! es el Amor", HElderlin opone al saténico subjetivisme fichteano si teoria contemplativa estética del Todo y su teorla del Amor activo. Pero esta pasivided contemplativa estétice Se comeiliada por él con la exigencia de la accion, ex desir, con Is exigencia moral, precisamente mediante