Sie sind auf Seite 1von 11

1

ITER-UCAB Teología Literatura Joánica PERÓN Juan Pablo

MÉNDEZ Carlos

Caracas, 21 de junio de 2013

ESTUDIO DE LA TERCERA CARTA DE JUAN

1. Elementos preliminares

Nos encontramos en la Tercera Carta de Juan. Se trata del escrito más breve que

contiene el Nuevo Testamento. Entre las generalidades podemos mencionar algunos detalles

que tienen que ver con la forma y con el contexto en la cual se escribe, además de esto con los

detalles de la presentación.

Como el documento que posee menos extensión dentro del Nuevo Testamento,

encontramos que esta carta corresponde a lo que, quizás en la actualidad, conocemos como

una misiva. Contiene un total de 220 palabras, es una verdadera carta. Su carácter

escriturístico es de tipo personal, incluso al inicio de la misma aparece el nombre del

destinatario y del autor. En este sentido, se puede mencionar explícitamente que el destinatario

de la carta lleva por nombre Gayo y que el autor se identifica con el nombre del “El

Presbítero” 1 . Es muy abundante la información que se puede tener sobre los presbíteros, lo que

podemos señalar es que esta expresión subraya al anciano, el que tiene sabiduría.

Uno de los primeros detalles que debemos tener presente es el autor de dicha carta.

Ciertamente éste se ha presentado con el nombre de Presbítero. Parece que tiene realce la

misma por ser de este autor, del cual se deprenden algunas tradiciones. Sin embargo, esta carta

no tuvo fácil su entrada en la lista canónica de los libros inspirados. Parecía extraño que, si el

autor era el mismo autor del evangelio de Juan, como parecía desprenderse de su estilo y de su

vocabulario, se autodenominara “el presbítero”. Parecería una contradicción entender que se

1 Cfr. TUÑÍ J. ALEGRE X., Escritos joánicos y cartas católicas, Verbo Divino, Navarra España, 1995, 195.

2

hace llamar el presbítero cuando en los demás escritos su denominación está señalada desde otra perspectiva. Sin embargo, la época crítica identifica al autor de la tercera carta de Juan con el autor de la segunda. De modo que algunos, como se señalará más adelante en lo expresado por W. Barclay 2 , ambas contienen un mensaje que puede resonar al unísono. Ciertamente los estudios críticos colocan muchas interrogantes sobre el autor de dicha carta, en cualquier caso, resulta muy difícil identificar al presbítero. Es verdad que hay una tradición ligada a la Iglesia de Éfeso sobre la existencia de un Presbítero, de nombre Juan. Pero no podemos identificar que este sea el autor de las dos cartas referidas 3 . Ya que se ha mencionado que las cartas tienen una cierta afinidad, no solamente por la temática sino también por los detalles que esta incluye sobre la forma en que se ha escrito y sobre las circunstancias, que son afines entre sí, podemos decir que en ambas cartas hay una probabilidad de que su autor sea el mismo. Ciertamente, grande es la probabilidad de que quien escribió la tercera carta de Juan sea el que escribió la segunda. Lo cual quiere decir que la tercera carta tiene una relación directa con la primera. En este sentido, pertenece al mismo grupo o comunidad y probablemente están en la misma época. Ahora bien, otro aspecto que llama profundamente la atención es la perspectiva de las circunstancias en las que se desarrolla dicha carta. Tales circunstancias las conocemos a partir de los datos que se proporcionan en el mismo escrito. En primer lugar, se puede conocer que los grupos de las comunidades de Juan estaban en diversos lugares; más que probablemente, en ciudades, puesto que el cristianismo fue un fenómeno fundamentalmente urbano. Más aun, la distancia entre los mismos centros urbanos debe ser reconocida como considerable. En esto se hace referencia en los detalles de los viajes de los misioneros. En segundo lugar, aprendemos que hay personas que tienen autoridad en la situación en la que se encuentran. Por ejemplo, el mismo presbítero tiene autoridad para reprender a quien considera que no ha actuado bien en cuanto a la hospitalidad. Parece que el modelo que se sigue es el de una

2 BARCLAY W., El nuevo testamento comentado, I, II, III Juan y Judas, La Aurora, Buenos Aires Argentina, 1974, 145-

168.

3 Cfr. TUÑÍ J. ALEGRE X., Escritos joánicos y cartas católicas, Verbo Divino, Navarra España, 1995, 196

3

iglesia doméstica, donde se encuentran algunos cabeza de familia que la organizan y animan. En tercer lugar, es llamativo los nombres de los personajes que aparecen en la carta: Diotrefes, Gayo, Demetrio. Son nombres identificados como comunes pertenecientes al entorno grecorromano. En este sentido, puede pensarse que se trata de cristianos que han alcanzado un papel preponderante en la comunidad. Es un dato de cierta importancia, que puede indicar que algunos cristianos de la tradición joánica no sólo se extendieron por regiones relativamente amplias, sino que además pudieron tener los primeros años miembros no judíos 4 . Sin embargo este aspecto puede quedar como parte de una profundización para otro campo. Sobre el lugar y la fecha podemos hacer algunas menciones. Acerca del lugar, poco se puede decir. El círculo geográfico sobre el que se trata está ligado a ciudades relativamente cercanas. Hay varios candidatos, según nos dice Tuñí y Alegre, pero la tradición efesina continúa siendo la más probable. Se trata de una región con un centro importante (Éfeso), y con ciudades de una cierta relevancia en los alrededores. Por otro lado, sobre la fecha no resulta fácil fijar. La hipótesis se encuentra en que si la tercera de Juan es contemporánea con la segunda, resulta que la segunda fue escrita en un tiempo cercano a la primera, debemos hablar entonces de finales del siglo I y comienzos del II. Es decir, cuando el evangelio de Juan ya había adquirido, fundamentalmente la forma en que ha llegado a nosotros. Quizás afirmar más exactitud sobre estas fechas es caer en elucubraciones. 5

2. División de la carta

Debemos tener en cuenta que la carta, por seguir el modelo de carta, se resume en único capítulo. En consecuencia, debemos tener claro que la división se hace a partir del mensaje que nos proporcionan estas cortas líneas. Hay diferencias entre los autores, por lo tanto señalo algunos detalles que pueden ser importantes a la hora de cotejar las posturas. En el caso de Thüsing W., la división que contiene la carta es sencilla. Comienza con un conciso saludo inicial (v. 1) y de igual modo concluye con una despedida somera, sencilla,

4 Ibidem 196-197.

5 Ibidem 197, 206-207.

4

sin mayores detalles (v. 13-15). Luego la parte del cuerpo de la carta contiene tres partes. Primero, el elogio a Gayo y petición de apoyo en favor de los misioneros (v. 2-8); el conflicto con Diotrefes (v. 9-10); y la recomendación de Demetrio (v. 11-12) 6 . Este mismo esquema es presentado por Schnackenburg R., quien en su introducción sobre la tercera carta, nos deja ver la total identidad con lo expresado anteriormente 7 . Desde otra perspectiva, específicamente la aparición de los personajes y del tema que se trata, aparece otra división en lo propuesto por Barclay W. Explica e identifica las diferentes partes de la carta en el orden siguiente: la carta está dirigida a una persona de nombre Gayo (v. 3-5); misioneros importantes han llegado y Gayo les ha brindado hospitalidad (v. 6-8); en la Iglesia hay otro hombre, llamado Diotrefes quien desea tener el primer lugar (v. 9); Diotrefes no quiere saber nada de los predicadores (v. 10); se introduce en el relato a Demetrio (v. 12) 8 . Esta presentación contiene detalles sobre el proceder de los hechos expresados en la carta. Además, se convierte en referencia sobre las personas y el modo como el presbítero hace referencia a cada uno de ellos. Dentro de la división, podemos rescatar aun el elemento del orden de las ideas que aparecen. En este sentido, Thüsing refiere al elemento de las ideas, del cual se puede rescatar el elemento de contenido de la carta. Nos dice el autor, respecto a las ideas, que toda la carta gira en torno a la acogida (hospitalidad) o no acogida de los “hermanos ” forasteros, es decir, de misioneros itinerantes que, evidentemente, han sido enviados por el “anciano” (presbítero), y por cuya actividad y posibilidad de trabajo está él muy interesado. En la primera parte se alaba a Gayo por la cordialidad, respeto y atención, se le suplica además que proporcione lo necesario para su ulterior actividad. En la segunda parte, vemos que la actividad de estos misioneros constituye

6 THÜSING W., Las cartas de san Juan, Herder, Barcelona España, 1978, 224.

7 SCHNACKENBURG R., Cartas de San Juan. Versión, introducción y comentario, Herder, Barcelona España, 1980, 341.

8 BARCLAY W., El nuevo testamento comentado, I, II, III Juan y Judas, La Aurora, Buenos Aires Argentina, 1974, 145-

146.

5

el verdadero punto de conflicto entre el “anciano” y Diotrefes. Y Demetrio, a quien se recomienda en la tercera parte, es uno de los predicadores itinerantes, quizás el dirigente. 9

3. Teología y otros aspectos en la tercera carta de Juan

Para hacer una descripción de algunos elementos teológicos, debemos poner en primer lugar la presentación de lo que acontece en la carta. No nos encontramos con una carta de contenido doctrinal, sino una carta que cambia en su perspectiva. Quizás es una carta más al estilo de saludo y recomendaciones de tipo práctico que una carta que expresa en su totalidad la manera de comprender objetivamente lo de Dios. En este sentido, Barclay sugiere que las cartas de Juan son severas; son cartas de advertencia y reprensión, y con todo ello ponen el énfasis en el amor. Aunque tiene que reprochar, jamás el fastidio y la irritación tiñen las palabras de Juan, esto nos es otra cosa que comprender que en sus palabras siempre se respira el amor 10 . Sin querer desviar el tema con el comentario anterior, es necesario que veamos un aspecto más. En el caso de Shcnackenburg, define algunos elementos importantes del entorno de la carta, a partir de los cuales se pueden obtener algunos detalles teológicos. La tercera carta de Juan, al estar dirigida a una persona particular, a un cristiano acreditado por la fe y el amor, deja al margen las exhortaciones al amor fraterno y a la resistencia contra los herejes. Con esto afirma, decididamente, Schnackenburg que el interés supremo de la carta no está en el terreno teológico, sino en el de la vida comunitaria, a sus acontecimientos jubilosos y tristes, al soplo del Espíritu de Dios y a las insuficiencias y tensiones humanas, esta carta nos brinda el deseado complemento de las otras dos cartas joánicas, en las que es sobre todo el teólogo el padre quien habla a las comunidades 11 . Todas estas precisiones hechas, llevan a que entendamos que el objetivo final de la esta carta no nos lleva a una comprensión teológica explícita. Sin embargo, creo que se

9 Cfr. THÜSING W., Las cartas de san Juan, Herder, Barcelona España, 1978, 224. 10 BARCLAY W., El nuevo testamento comentado, I, II, III Juan y Judas, La Aurora, Buenos Aires Argentina, 1974, 162. 11 Cfr. SCHNACKENBURG R., Cartas de San Juan. Versión, introducción y comentario, Herder, Barcelona España, 1980,

341.

6

pudiera aportar algunos elementos teológicos, entresacados de forma arriesgada en lo propuesto por Tüsing y Barclay, quienes coinciden en algunos elementos importantes que nos pueden estar señalando un camino de teología narrativa 12 en la perspectiva del análisis del texto.

A continuación se señalan los aspectos que se pueden estudiar desde el punto de vista

teológico:

a. El gozo del Maestro (v. 1-4)

En los primeros versículos de la carta (v. 1-4), nos encontramos con la característica original de la redacción de las cartas de aquellos tiempos. Ciertamente el estilo está marcado

por la fraternidad y por la relación de conocimiento real entre el que escribe y la comunidad. Juan escribe a un amigo. En sus páginas aparecen tres personajes sobre los que hará referencia. Sin embargo, vemos que luego de hacer un saludo parco, sencillo, entra en una relación de expresión de sus sentimientos hacia el amigo.

El versículo 2 nos muestra el comprensivo cuidado de un pastor bueno y consagrado.

Juan está preocupado tanto por la salud física como espiritual de Gayo. En este sentido no obvia que el hombre está constituido inseparablemente por dos dimensiones que no se contraponen sino que deben ser cuidadas por igual. Luego en el versículo 4, juan habla de la mayor alegría que puede tener un maestro. ¿En qué consiste esta alegría? Consiste en ver a sus discípulos andar en la verdad. La verdad no es algo que debe asimilarse simplemente con el intelecto; es el conocimiento que colma la mente del hombre, y la caridad que adorna su vida. La verdad es aquello que hace que uno piense y actúe como piensa y actúa Dios 13 . Este caminar en la verdad debe comprenderse desde la perspectiva del comentario de la segunda carta de Juan. Así, por ejemplo, la

12 En este aspecto, señalo que hay la posibilidad de una teología narrativa en los comentarios que aportan los autores. No trato de especificar que ellos han escrito con la finalidad de descubrirnos el modelo de teología narrativa en su presentación, sino

que al modo como proponen algunas ideas, se descubre de fondo, una comprensión teológica respecto de la relación que debe existir en la comunidad a la que se dirige la tercera carta de Juan. Por lo tanto, esta construcción, ayudada por las ideas de los autores referidos, es personal. 13 Cfr. BARCLAY W., El nuevo testamento comentado, I, II, III Juan y Judas, La Aurora, Buenos Aires Argentina, 1974,

162.

7

comprensión de la verdad debe estar referida a la aletheia, y ésta, como se refiere en la primera carta, es objetivamente la agape 14 . En este sentido, el elogio que hace Juan a Gayo consiste en que este se encuentra caminando en la perspectiva de Dios. Así, el camino señalado por Jesús puede señalarse como eje fundamental. Caminar con Jesús, caminar hacia Jesús, caminar en el Espíritu que nos mueve a actuar al modo como Jesús actuó. En ello se puede resumir el sentido pleno de la expresión de Juan 14, 6: Yo soy el camino, la verdad y la vida…

b. La hospitalidad cristiana (v. 5-8)

Se puede decir que este es el propósito de la carta. Sin embargo, al hablar de la hospitalidad rescatamos el hecho cultural. En el mundo antiguo, la hospitalidad constituía un deber sagrado. Así, el mundo antiguo refiere a la hermandad de los huéspedes, por lo cual las familias del país daban hospitalidad en diferentes lugares. En este sentido, cabe aducir a que los paganos consideraban la hospitalidad como algo realmente obligatorio. En este sentido, era

de esperarse que los cristianos lo asumieran como un deber, incluso más en serio que todos los demás.

Hay una dimensión que debe recordarse en la presentación que hace Pedro: Sed hospitalarios unos con otros sin murmurar (1Pe 4,9). Así mismo en la Carta a los Hebreos hay una referencia a la hospitalidad, lo mismo que en las cartas de Pablo donde se invita a practicar la hospitalidad. Además, en el día del Señor, el obispo debía ser la persona dispuesta a la hospitalidad, por tanto e la persona que atiende a los huérfanos y a las viudas. En la Iglesia primita, el hogar cristiano era, como debe ser siempre, el lugar de puertas abiertas y amorosa bienvenida. No hay más nombre ministerio que acoger a un forastero en el hogar cristiano. Así, los cristianos debemos estar dispuestos a recibir a todo el que se acerque a nosotros sin importar raza, color, tendencia social, etc. 15 .

14 Cfr. THÜSING W., Las cartas de san Juan, Herder, Barcelona España, 1978, 213, 226. 15 Cfr. BARCLAY W., El nuevo testamento comentado, I, II, III Juan y Judas, La Aurora, Buenos Aires Argentina, 1974,

164

8

Este comportamiento que se alaba en Gayo, no es sólo un caso específico de “caminar hacia la verdad”, sino de cómo se debe comprender el “caminar hacia la verdad”. Como consecuencia es entender que es caminar en el ámbito de la realidad de Dios, que se revela. Esto es algo que en el sentido joánico no puede concebirse sin la cooperación en este proceso de la revelación, es decir, sin ser colaboradores en la verdad. Precisamente este punto se endereza también, según lo entiende nuestro autor, el caminar individual ético en el amor. Es un caminar, que, incluso sin directa finalidad misionera, está al servicio de la misión encargada a los discípulos de Jesús 16 .

c. Los aventureros cristianos (v. 5-8)

Gayo ha hecho cosas ya en favor de los predicadores enviados por el presbítero. Pero el presbítero quiere de él un compromiso más duradero, tal vez más intenso: debe proveer a los hermanos para su viaje ulterior. Las razones que se dan son: los hermanos por el Nombre. El Nombre como la aletheia, en este caso, se hace nominal y puede anunciarse y ganar para su causa. Sin recibir nada de los gentiles, En esta perspectiva, la Iglesia necesita de aquellos que quieran salir a difundir la verdad; pero también necesita de aquellos que, aunque deben permanecer en sus casas, sean aliados de la verdad. En consecuencia, la obligación de recibir a este grupo, nace, evidentemente, de que uno no puede ser cristiano, sin convertirse en colaborador de la verdad. Así, el tema de la verdad y la obligación no son consecuencia de la imposición, sino que nacen como acción correspondiente con la opción asumida en convicción por cada cristiano.

d. La apelación del amor (v. 9-15)

En esta sección entran en juego los personajes Diotrefes y Demetrio. En primer lugar, la perspectiva que se tiene de Diofretes es que es un dirigente de la

comunidad en la que se encuentra también Gayo. Pero se describe como un hombre

16 Cfr. THÜSING W., Las cartas de san Juan, Herder, Barcelona España, 1978, 213, 226.

9

ambicioso. El presbítero tiene consciencia de estar sobre él, y por esto le pedirá cuentas. Este se vuelve verdadero punto de conflicto. Inmediatamente, en el versículo 11 aparece una aclaratoria. Este constituye una transición, tanto lo malo como lo bueno no queda aquí en el sentido abstracto, sino que tiene una concreción misionera o, si queremos, de una cierta política eclesiástica 17 . En este sentido, hace referencia clara a un modo de actuar preciso, es decir, el que se deja mover por la acción de Dios actúa de manera concreta en favor del bien, siempre del bien. Mientras que el que actúa por su propio criterio hace referencia a la desviación o mal. Esto es lo que sugiere cuando hace referencia a ser o no de Dios. Así, ser de Dios es actuar según el modo de obrar de Dios, en cambio, apartarse de Dios es colocarse en la distancia destruyendo la comunión, esto es ir en contra del amor. Estos elementos están directamente relacionados con el tema del testimonio que aparece en el versículo 12. En este versículo se hace referencia a cómo se da testimonio del buen proceder de Demetrio. Quizás la actividad de este misionero está relacionada con la buena actuación y la predicación incansable, además del buen ejemplo. Este testimonio, nos sugiere Thüsing W. no es un testimonio de poder humano, de buenas referencias por una personalidad agradable y agraciada, sino que es el testimonio que viene de la verdad, es decir, a partir de la referencia a Jesús que actúa por medio del Espíritu Santo y que está junto a Dios.

e. Conclusión de la carta

En los versículos 13 al 15 aparece lo que llamamos conclusión de la carta. Esta conclusión tiene un gran parecido a la conclusión que aparece en la segunda carta de Juan. Es una conclusión que sugiere que habrá mucho que conversar, pero no lo hará a través del medio escrito sino en forma personal. A esto hace referencia Schnakenburg R. con un lenguaje sencillo: … el escritor de la misiva no tiene pelos en la lengua al enjuiciar a las personas, sin

17 Cfr. THÜSING W., Las cartas de san Juan, Herder, Barcelona España, 1978, 229.

10

duda que no se trata de ningún gusto de secretear. <<Con tinta y papel>> es, pues, un formalismo 18 . Ciertamente esta conclusión no se circunscribe a un mero formalismo, en las líneas se deja ver la cercanía y el calor personal, el deseo de encuentro y amistad de personas a persona, según se ve en los inicios de la carta. También hay que decir que la forma en que se despide no desdice del tono serio y del objeto de predicación de la verdad, sino que hace que el mensaje sea realmente humano. A dichos saludos finales se coloca el tema de la paz. Este deseo de paz está asociado a todo el movimiento cristiano. Quizás en las cartas formales se termina con una despedida muy formal. Pero, la despedida que aparece en la carta sugiere la relación cercana que puede expresar el encuentro entre el discípulo y el maestro. Por tanto, esta conclusión nos permite ver la cercanía y estrecha relación entre el autor y el personaje Gayo.

f. Algunos temas a considerar

Entre otros temas, podemos encontrarnos algunos detalles que sirven de meditación en el entorno de esta breve carta. En primer lugar se encuentra el tema de la comunidad (koinonia), del cual podemos comprender dos aspectos: el cómo participar y cómo animar a la comunidad. En este sentido, la comunión entre los hermanos es un hecho fundamental porque está directamente relacionada con la comunión con Jesús y con Dios. En segundo lugar, el tema de la verdad es un tema explícito. La comunidad está llamada a ser parte de la expresión de la verdad, colaboradores de la verdad. Esta verdad puede entenderse como la meta de Dios, la vida en Dios, la manifestación salvadora que Dios hace de sí mismo. En tercer lugar, para ser colaboradores de la verdad, hemos de convertirnos en hermanos servidores de los otros. Hay que hacer que pase a segundo plano nuestra persona y su ambición, hay que ponerse al servicio de los otros y ayudarles en su labor. No podemos

18 SCHNACKENBURG R., Cartas de San Juan. Versión, introducción y comentario, Herder, Barcelona España, 1980, 351.

11

creer que ayudar a los otros es inútil, sino que en el servir a los que están a nuestro lado trabajando encontramos la obra en la que el amor de Dios se está comunicando. Por último, el obrar bien es una observación concreta. El Dios amor definido en la primera carta de Juan, encuentra eco en estas últimas sugerencias de la tercera carta. Hacer el bien es una imperiosa actuación que proviene de sentir que Dios nos ama y que le correspondemos. En este sentido, se puede afirmar lo que sugiere Tüsing W.: Ningún esfuerzo teórico puede conducirnos, sólo por sí mismo, al conocimiento de Dios (y, por tanto, a la comunión con Dios). Sino que únicamente podrá conducirnos a ello el obrar bien como acción de seguir donando el amor, del que hemos llegado a ser <<colaboradores> 19 >. Así, la tercera carta de Juan, de parecer una carta con una cantidad de especificaciones para el buen funcionamiento de una comunidad, de la forma de atender a los que son misioneros, de expresar una llamada de atención a uno que organiza la comunidad y de dar sugerencias para el buen vivir desde Dios, se convierte en una obra en la que Dios está manifestando la llamada a constituir una verdadera comunidad centrada en el amor, el servicio y la comunidad.

19 THÜSING W., Las cartas de san Juan, Herder, Barcelona España, 1978, 232.