Sie sind auf Seite 1von 21

TEMA 2. Comportamiento y salud Subtema: Estrés y afrontamiento Fuente: Morris, Charles G. / Maisto, Albert A. (2001), Psicología, Décima Edición, Prentice Hall, México, Pp. 475-497

ESTRÉS Y PSICOLOGÍA DE LA SALUD

Temario Fuentes de estrés Cambio Nimiedades Presión Frustración Conflicto Estrés autoimpuesto Estrés y las diferencias individuales Cómo afrontar el estrés Afrontamiento directo Afrontamiento defensivo Diferencias socioeconómicas y sexuales al afrontar el estrés Cómo afecta el estrés a la salud El estrés y la cardiopatía El estrés y el sistema inmunológico El apoyo social y la salud Fuentes de estrés extremo Trastorno de estrés postraumático La persona bien ajustada

REFLEXIONE

1. Verdadero o falso: el estrés siempre es una respuesta a los eventos negativos de la vida.

2. Verdadero o falso: los eventos estresantes casi siempre se refieren a cambios de la vida.

3. ¿Qué tipos de factores influyen para que consideremos estresante una situación?

4. ¿Qué se entiende por “mecanismos de defensa”?,

5. ¿Cuáles son algunos de los tipos más comunes?

6. ¿Generalmente soportan mejor el estrés los hombres que las mujeres?

7. ¿Cómo puede el estrés ocasionar una enfermedad física?

8. ¿Qué es el estrés postraumático?,

9. ¿Qué clase de acontecimientos tienden a desencadenarlo?

En 1979, un grupo de militares iraníes irrumpió en la embajada estadounidense en Teherán y capturo a más de 580 rehenes. Durante 444 días, los rehenes vivieron temiendo por su vida y soportando las humillaciones del cautiverio. Para no sentirse tanto como prisioneros sino alguien como el control de su vida, un rehén guardaba parte de la comida que le traían los secuestradores y luego la ofrecían a nuevos cautivos que los visitaban en la celda. En un diario que llevaba un prisionero se mencionan otras

estrategias de afrontamiento de algunos prisioneros: “Al trabajar en un cuadro, Dick camina tres millas diarias en el interior de su celda, mientras que Jerry se acuesta en su cama a leer”. Cuando en unas vías de ferrocarril de Florida Eric de Wilde, un huérfano, hallo una bolsa con joyas que tenían un valor de 350 mil dólares, pensó que se había hecho realidad un cuento de hadas. Pero empezó a sufrir el acoso de los reporteros y las exigencias y amenazas de sus compañeros de escuela y de otras personas. “La vida es muy difícil para el joven; de repente le han sucedido muchas cosas”, declaro el abogado a quien Eric se vio obligado a contratar. Pero cuando llego a Nueva York para vender las joyas en una subasta pública, se condujo con tal dignidad que pudo mantener su intimidad y su aplomo. Cuando Janet García tuvo su primer hijo a la edad de 34 años, sintió un gozo especial porque había temido que nunca se embarazaría. Pero pronto se dio cuenta que era agotador atender al bebe y cumplir sus otras responsabilidades. A Michael, su marido le molestaba que siempre estuviera cansada y que el hubiera dejado de ser lo mas importante para ella. Con el propósito de aliviar la situación, Janet y Michael emplearon sus ahorros para conseguir ayuda domestica y Michael participo mas en el cuidado del bebe. Con esas medidas se aligero un poco la carga de Janet, quien contó así con más tiempo y energía para el resto de sus obligaciones y para convivir con Michael. Las tres historias anteriores quizá parezcan muy distintas, pero tiene barias cosas en común. Primero, todas incluyen cierto grado de estrés, es decir, los protagonistas enfrentaron nuevas e importantes exigencias en su ambiente que les produjeron un estado de tensión o amenaza. Segundo, las personas bajo estrés tuvieron que encontrar medios para afrontar esos eventos. Finalmente en las tres situaciones los protagonistas se ajustaron (adaptaron) con la eficacia que cabía esperar en tales situaciones. La gente debe adaptarse a una vida que no es perfecta en absoluto, una vida en que ocurren acontecimientos negativos y en que hasta los placeres se acompañan de complicaciones. Hemos de adaptarnos al estrés no solo aquel que se obtiene de la crisis

o de los golpes inesperados de fortuna, sino también al que imponen las exigencias ordinarias. Todo ajuste es un intento -exitoso o no- de conciliar nuestros deseos con los

requerimientos ambientales, de comparar nuevas necesidades nuestras necesidades con las posibilidades y de afrontar lo mejor posible dentro de los límites de nuestra situación.

El estudiante que no consigue un papel protagónico en una obra de teatro escolar puede

abandonar la producción en un arranque de cólera, aceptar un papel secundario, convertirse en crítico de teatro para el periódico del colegio o unirse a un grupo de debate. Toda respuesta es un ajuste al fracaso, aunque, a la larga algunas respuestas serán menos constructivas que otras. La manera en que superamos el estrés, tanto intenso como leve, influye de modo decisivo en nuestra salud y en la calidad de nuestra vida. Como veremos en este capítulo

y en el siguiente dedicado a los trastornos psicológicos, el estrés interviene en la salud

física y psicológica, de hecho algunos expertos en medicina creen que todos los problemas físicos, desde el resfriado hasta la úlcera y el cáncer tienen un componente psicológico y otro físico. Por tal razón, el estrés y sus efectos en nuestra vida constituye un aspecto clave de psicología de la salud, una especialidad de la psicología (tabla 1-1,

p.3) que estudia la relación de los factores psicológicos con la salud y la enfermedad física. Los especialistas tratan de entender la relación existente entre ambas: ¿por qué algunos controlan el estrés lo suficientemente bien para mantenerse sanos?, ¿Por qué otros se enferman?, ¿Influyen los rasgos de la personalidad en la recuperación tras una enfermedad seria?, ¿Cómo podemos promover conductas saludables? Para contestar

estas preguntas se estudia la interacción de los factores biológicos, psicológicos y sociales, enfoque que adoptaremos en el presente capitulo.

Fuentes de Estrés.

El estrés re refiere a cualquier exigencia ambiental que origina un estado de tensión o amenaza y que requiere un cambio o adaptación. Muchas situaciones nos impulsan a modificar la conducta de alguna manera: frenamos el automóvil cuando el semáforo se pone en rojo; cambiamos los canales de la televisión para no ver un programa aburrido y encontrar otros más interesantes; entramos en la casa cuando comienza a llover. En condiciones normales, estas situaciones no causan estrés, pues no se acompañan de tensión ni amenaza. Imaginemos ahora que cuando la luz cambió a roja, nos apresuramos a asistir a una cita muy importante, o que la persona con quien miraba la televisión no quiere en lo absoluto cambiar de canal, o que estamos a punto de iniciar una fiesta al aire libre cuando empieza a llover. Todas estas situaciones pueden causarnos estrés. Algunos eventos, como las guerras y los desastres naturales, son intrínsecamente estresantes, porque el peligro es real. Pero incluso en estas situaciones, el momento de la máxima tensión no necesariamente coincide con aquél en que el peligro es más inminente. Sentimos más estrés cuando prevemos el peligro. Los paracaidistas, por ejemplo dicen sentir el máximo temor cuando se acerca el momento de saltar. Se calma una vez que se forma en la línea y no hay marcha atrás. El miedo disminuye cuando llega la parte más peligrosa del salto: la caída libre y la espera que se abra el paracaídas (Epstein, 1962). Por supuesto, el estrés no se limita a situaciones de vida muerte, ni siquiera a Tensas. Hasta las cosas buenas pueden ocasionarlo, pues nos exigen cambios o adaptarnos a fin de atender nuestras necesidades (Morris, 1900, p.72). Una boda es estresante y emocionante a la vez: casi siempre es un acontecimiento muy difícil de organizar y marcar un cambio profundo en muchas relaciones. Es gratificante ser promovido, pero nos obliga a relacionarnos en forma distinta con otros, a aprender habilidades, quizá vestirnos de diferente manera o trabajar más horas. Más adelante examinaremos con mayor detenimiento algunos factores causantes de estrés.

Cambio.

Todos los eventos estresantes a que hemos aludido hasta ahora involucran un cambio. El ser humano muestra una gran preferencia por el orden, la continuidad y lo prescindible de su vida. Por eso percibe como estresante cualquier hecho, bueno o malo, que conlleve un cambio. Por la misma razón, el grado de cambio que requieren diversas situaciones indican cuan estresante es. Por eso algunos cuestionarios miden el estrés de la vida de un individuo calculando los “cambios de vida” que ha experimentado durante determinado periodo. Por ejemplo, la escala de Evaluación de Evaluación de Reajuste Social (EERS), ideada por T.H.Holmes y R. H. Rahe (1967, contiene decenas de eventos a los que se les asigna un valor según la cantidad de cambios que supongan (tabla 12-19) la evaluación de los eventos tiene poco que ver con los hechos que sean convenientes o no. Por ejemplo, “cambio de las responsabilidades de trabajo “consta de 29 unidades de cambio de vida sin importar si provienen de una promoción a un puesto más interesante y satisfactorio o de la asignación de un mayor volumen de trabajo en un puesto aburrido. En la EERS simplemente se suman las puntuaciones de todos los eventos que las personas han experimentado durante cierto periodo para determinar el estrés que ha sufrido. En términos generales, se considera una puntuación normal de 150 o menos; de 150 a 190 indica estrés moderado; de 200 a 2999 indica una crisis moderada; y de 300 o

más indica una crisis importante. En opinión de Holmes y Rahe, la probabilidad de que alguien experimente una “enfermedad causada por el estrés” aumenta en forma notable con puntuación por encima de 300. Esta escala es atractiva a primera vista, pero ha recibido críticas. Los estudios a menudo no confirman la relación entre la puntuación de una persona y su salud (vea a Krantz, Grunberg y Baum, 19859). En efecto hay muchos individuos con altas calificaciones en esta escala no sufren enfermedades inducidas por el estrés. Otra crítica se refiere al hecho de que la escala no tiene en cuenta varias situaciones de la vida. Por ejemplo, el embarazo puede producir una respuesta de estrés muy diferente según si se planeo o ocurrió por accidente en una adolescente soltera (Oltmanns y Emery, 1998). No obstante, la escala sigue siendo de uso común y, con algunas modificaciones, párese tener algunas aplicaciones transculturales (Yahiro, Inowe y Nozawa, 1993).

Nimiedades.

La EERS se concentra en la clave de estrés que surge de eventos mucho muy importantes que ocurren una vez en la vida. Pero como han señalado otros psicólogos (Lazarus y otros,1985; Ruffin,1993; Whisman y Kwon,1993), gran parte de estrés se debe a “nimiedades”, pequeños malestares, enojo y frustraciones. Algunos problemas en apariencia menores, como quedar atrapado en un congestionamiento de transito, extraviar las llaves del automóvil enfrascarse en una discusión de poca importancia puede causar un estrés tan intenso como los eventos trascendentes incluidos en la escala de Holmes-Rahe. Lanzaus piensa que este tipo de hechos son importantes porque desencadenan las nimiedades que terminan abrumándonos con tensión. La gente que ha sufrido recientemente un evento traumático importante tiene la mayor seguridad de verse agobiada con estas molestias menores que quienes no han experimentado un trauma reciente (Pillow, Satura y Sandler, 1996).”Los grandes eventos dramáticos no son el factor decisivo”, observa Lazarus,”sino lo que ocurre día tras día, ya sea que deba o no ser trascendente” (1981,p.62). En una palabra, eventos importantes y las nimiedades causan estrés por que provocan presión, frustración, conflicto y ansiedad. A continuación veremos como estas experiencias emocionales intensifican la sensación global del estrés.

Presión.

Sobreviene la presión cuando nos vemos obligados a apresurarnos, a intensificar o cambiar la dirección de nuestra conducta, o cuando nos obligamos a mejorar nuestro rendimiento (Morris, 1990). La presión puede provenir del interior, como sucede cuando nos proponemos alcanzar criterios de excelencia. Este tipo de presión puede ser constructiva o destructiva. Por ejemplo, puede impulsarnos a aprender a tocar un instrumento musical, lo cual nos procura gran placer, o erosionara nuestra autoestima si establecemos criterios importantes de conseguir. También las exigencias externas causan presión, competimos por calificaciones, por la popularidad, por compañeros sexuales y cónyuges, por empleos. Además, nos sentimos presionados a corresponder a las expectativas de nuestra familia y de amigos íntimos.

Frustración.

También la frustración favorece al estrés. Ocurre cuando a una persona se le impide lograr una meta porque algo o alguien se le pone en su camino. Considere el caso de un estudiante que no es admitido por su desempeño deficiente en su examen de admisión en la universidad donde estudio su padre, o de una mujer que no recibe el asenso que merece en el trabajo por razones sexista. Estas personas deberán alcanzar a sus metas por inalcanzables, o tendrán que modificarlas o incluso encontrar la manera de superar los obstáculos que los bloquean. El estudiante del primer ejemplo se halla ante un problema complejo. Su primera reacción será de enojo: consigo mismo por no haber obtenido mejores calificaciones, por su padre por presionarlo para solicitar el ingreso a una universidad tan exigente, con el del comité de admisión por no haber tomado en cuenta el resfriado que sufrió el día que presento los exámenes. Quizá no pueda expresar su enojo de manera directa; quizá ni siquiera se de cuenta o admita cual desilusionado esta. No obstante, necesita otra manera de alcanzar su mata o en cambiarla solicitando su inscripción en otra universidad con normas de ingreso menor rigurosa. La mujer a quien se le rechazo el asenso se encontrara ante una tarea más difícil a un. Podría protestar por la decisión de la compañía, iniciando a una apelación prolongada y tal vez más frustrante; una segunda opción consistiría en buscar empleo en otra compañía que será o no tan sexista; una tercera opción sería en crear su propia empresa. Morris (1990) identifica cinco causas de frustración en la vida de los estadounidenses. Los retrasos son molestos porque la cultura de esta sociedad aprecia mucho el valor del tiempo. La falta de recursos causa frustración a los que no pueden comprar un automóvil nuevo ni tomarse las vacaciones espléndidas que los medios masivos presentan como todo un derecho ciudadano. Las perdidas, entre ellas el final de un amorío o una amistad muy estimada, provocan frustración porque nos hacen sentir desvalidos, sin importancia o inútiles. En esta sociedad tan competitiva, el fracaso provoca una frustración intensa, con el concomitante sentimiento de culpa. La gente imagina que, de haber obrado de manera diferente, podría haber tenido éxito, hace que se sienta responsable por el dolor propio o ajeno. También la discriminación causa frustración: resulta inmensamente frustrante que a alguien se le nieguen oportunidades o el reconocimiento por el simple hecho de su sexo, edad, religión o color de piel.

Conflicto.

De todos los problemas de la vida, el conflicto es quizá el más común, un estudiante descubre que los dos cursos obligatorios que quería tomar en este semestre se imparten en el mismo horario y en los mismos días. Coincidimos con las ideas políticas de un candidato, pero preferimos la personalidad de su oponente. Un niño no quiere ir a cenar con su tía; pero tampoco quiere escuchar las quejas de su padre si decide quedarse en casa. El conflicto surge cuando nos hallamos entre dos o más exigencias, oportunidades, necesidades o metas importantes. Nunca podremos resolverlo por completo. Es preciso renunciar a uno de nuestros objetivos, modificarlo, posponer la ejecución de alguno de ellos o resignarlos a no alcanzarlos todos. Sin importar lo que hagamos, necesariamente sentiremos un poco de frustración que aumenta el carácter estresante de los conflictos. En la década de los treinta, Kurt Lewin, definió dos tendencias opuestas del conflicto: aproximación y evitación. Cuando algo nos atrae, queremos acercarnos a ello; cuando algo nos atemoriza, tratamos de evitarlo. Lewin (1935) mostró cómo varias combinaciones de las dos tendencias producen tres tipos básicos de conflicto:

aproximación/aproximación, evitación/evitación y aproximación/evitación.

El conflicto de aproximación/aproximación se da cundo una persona se siente atraída al mismo tiempo por dos metas deseables. Por ejemplo, si un estudiante ha sido aceptado en dos universidades de igual prestigio sin desventajas importantes, enfrentara un conflicto de aproximación/aproximación, en el cual la persona se encuentra entre dos posibilidades indeseables o amenazadoras, experimentara un conflicto aproximación / aproximación al tener que escoger entre dos opciones deseables. Lo contrario de este dilema es el conflicto de evitación/evitación, en el cual la persona se encuentra ante dos posibilidades indeseables o amenazadoras, ninguna de las cuales tiene atributos positivos. En tales casos, la gente, tiende a escapar de la situación. Si el escape es imposible, el método de afrontamiento dependerá de cuan amenazadora resulten las alternativas. Muchas veces vacilamos entre cual de las dos amenazas escoger, como le sucede al corredor de béisbol que queda atrapado entre la primera y la segunda base. Empieza a correr hacia la segunda, se percata de que lo pondrán fuera y regresara a la primera, pero ve que lo atraparan si trata de regresar. En situaciones sin salida como esta, algunas veces la gente opta por esperar que el conflicto se resuelva por sí mismo. En el conflicto de aproximación/evitación, el sujeto siente atracción y aversión por la misma meta. Este es el tipo más frecuente de conflicto y a menudo el más difícil de resolver. De acuerdo con Lewin, cuanto más nos acercamos a una meta de aspectos positivos y negativos, más se intensifican los deseos de alejarse y acercarse; pero la tendencia a alejarse aumentara con más rapidez que la tendencia a aproximarse. En consecuencia, nos acercamos a la meta hasta alcanzar un punto donde la tendencia de acercarse sea igual a la de alejarse. Ante el miedo de aproximarnos más, nos detenemos y vacilamos sin decir nada, hasta que cambie la situación. En la vida real, a menudo nos hallamos ante dos o más metas, ninguna de las cuales es ideal pero ambas con suficientes características para atraernos. La existencia de metas múltiples de este tipo solo viene a agravar el conflicto de elegir entre varias metas.

Estrés autoimpuesto.

A veces nos creamos problemas muy ajenos a los estímulos estresantes del ambiente. Albert Ellis ha propuesto que muchos individuos llevan consigo varias creencias irracionales de autoderrota que intensifican de manera innecesaria el estrés normal de la vida (Ellis y Harper, 1975). Por ejemplo, algunos piensan: “necesito ser amado o tener la aprobación de todos por todo lo que hago; para ellos cualquier señal de desaprobación se convierte en causa de gran estrés. Otros piensan “debo ser competente, eficiente y tener éxito en todo lo que hago”; para ellos, la menor señal de fracaso o insuficiencia es prueba de su falta de valía. Y otro más piensa: “es desastroso si no todo resulta como a mí me gustaría”; cuando las cosas no marchan a la perfección, se sienten molestos, miserables y tristes. Como veremos en el siguiente capítulo, Aarón Beck (1984) cree que muchos casos de depresión se deben a pensamientos negativos como los anteriores.

El estrés y las diferencias individuales.

¿Por qué a algunos les es fácil afrontar las situaciones de gran estrés y otros les resulta difícil hacerlo, aun tratándose de problemas menores?. Las respuestas parecen radicar en las diferencias individuales que rigen la percepción y la reacción ante sucesos que pueden causar estrés. Un obstáculo que parece pequeño a una persona puede parecerle formidable a otra. Un paciente que va a ser operado quizá sienta menos ansiedad que alguien que

visita al médico para un examen físico de rutina. Al empleado al que despiden de su trabajo y el soldado que queda atrapado de tras de las líneas enemigas pueden experimentar la misma amenaza. En una palabra, estrés depende en parte de cómo se presente la situación. Varios factores determinan que una situación nos parezca o no estresante (Kesseler,Price y Wortman, 1985). Los individuos seguros de sí mismos que se consideran capaces de sortear cualquier dificultad sentirán menos estrés ante un problema en particular que los que no tienen confianza en sí mismo. Por ejemplo, si un estudiante suele obtener buenas calificaciones en los exámenes, tendera a estar más tranquilo en la víspera de una prueba importante que los que tienden a recibir calificaciones bajas. Quienes en el pasado se han adaptado bien al cambio de empleo considerar menos estresante un nuevo cambio a aquellos a los que les resulte muy difícil adaptarse al empleo anterior o que nunca han tenido que hacerlo. Suzanne Cobaza descubrió un rasgo que llamo fortaleza de las personas que toleraban el estrés excepcionalmente bien o que parecía aprovecharlo (1979). Sentían que tenían el control de su vida, estaban muy comprometidas con su trabajo y sus valores personales, y consideraban las exigencias difíciles del ambiente más como un desafío que como una intimidación. Este estudio indica que la respuesta ante el estrés depende en parte de que uno piense tener control sobre los eventos o de que se sienta importante entre ellos. Recuerde lo que dijimos en el capítulo 5 sobre el desamparo aprendido:

cuando la gente permanece durante mucho tiempo en situaciones que parecen sin salida, terminan mostrándose desvalidas y apáticas (Peterson,Maier y Seligman, 1993). En tales casos, aun cuando la situación cambie no lograran reconocer que ahora ya pueden resolverla con eficacia. Permanecen pasivas a pesar de las oportunidades de mejorar la situación. La conducta ante el estrés refleja, además, las diferencias individuales. Así, en los desastres naturales, algunos se movilizan de inmediato para salvarse. Otros se desmoronan. Y otros experimentan gran depresión, pero casi enseguida superan la compostura y la capacidad para responder. Y hay quienes se niegan a admitir que haya peligro.

¿CÓMO AFRONTAR EL ESTRÉS?

El estrés requiere un ajuste sin importar su causa. Los psicólogos distinguen dos tipos generales de ajuste: afrontamiento directo y afrontamiento defensivo. El afrontamiento directo es cualquier acción que emprendemos para modificar una situación incómoda. Por ejemplo, cuando se frustran nuestras necesidades o deseos tratamos de eliminar los obstáculos que se interponen entre nosotros y la meta o desistimos. Y cuando nos sentimos amenazados, intentamos suprimir la causa atacándola o escapando de ella (en aplicación de la psicología se explica la manera de afrontar el estrés en la universidad).El afrontamiento defensivo consigna la forma en que las personas se convencen en que en realidad no están amenazadas o de que en verdad no quieren algo que no pueden conseguir. Esta forma de auto engaño caracteriza a los conflictos internos, con frecuencia inconscientes. Cuando un problema resulta amenazador que nos resulta imposible traerlo a la superficie de la conciencia y encararlo de manera directa nuestra única opción puede ser adoptar una estrategia defensiva.

Afrontamiento directo.

Si nos sentimos amenazados, frustrados o en conflicto, contamos con tres alternativas de afrontamiento directo: confrontación, negociación o retirada. Podemos encarar de manera directa un problema, intensificar nuestros esfuerzos para conseguir lo que queremos (confrontación). Podemos renunciar a una parte de lo que queremos y, quizá, persuadir a otros para que haga lo mismo (negociación). O admitir la derrota y dejar de luchar (retirada). Pongamos el caso de una mujer que lleva años en un puesto sin recibir asenso alguno. Se entera de que se debe a que se ha manifestado en forma abierta su falta de disposición para trasladarse en forma temporal de las oficinas centrales de la compañía a una sucursal situada en otra parte del país, para adquirir más experiencia. Su negativa a trasladarse se pone entre ella y su meta de progresar en su carrera. Dispone de algunas opciones.

Confrontación.

Se da el nombre de confrontación al hecho de encarar sin rodeos una situación estresante, reconocer que existe un problema cuya solución es preciso encontrar, atacarlos sin rodeos e intentar alcanzar la meta sin vacilaciones, el “estilo de

confrontación” (Morris, 1990) se caracteriza por intensos esfuerzos tendientes o enfrentar el estrés y conseguir los objetivos. Quizá se requieren habilidades de aprendizaje, obtener ayuda de otros o simplemente poner mayor empeño. O tal vez haya que poner medidas

La mujer que hemos venido describiendo podría

decirse que, si anhela progresar en la compañía, habrá de aceptar una resignación. También podría intentar cambiar las circunstancias en varias formas. Podría refutar la posición de que el trabajo en la sucursal le dará el tiempo que necesita a juicio de su supervisión. Podría tratar de persuadirlo de que ya está preparada para realizar un mejor trabajo en las oficinas centrales. O proponerle la política corporativa de promover más mujeres a puestos de alto nivel. A veces la confrontación incluye expresiones de enojo. Este puede ser efectivo, sobre todo cuando nos ha tratado de mantener injusta y los expresamos con mesura y sin explotar. En cierta ocasión, una revista de circulación nacional publicó un ejemplo interesante y bien manejado de enojo controlado ante un pequeño y fastidioso problema. Un conductor llegó al cruce y tuvo que detenerse ante una frágil anciana que atravesaba la calle. El conductor del automóvil que estaba detrás toco el claxon con impaciencia; entonces él apagó el motor, saco la llave, se dirigió hacia el otro automóvil y se la entrego al conductor: “Toma la llave”, le dijo, ”arróyala tu. Yo no puedo. Me recuerda a mi abuela.”

para cambiar uno mismo o la

Negociación.

Uno de los medios más comunes y eficaces de afrontar en forma directa el conflicto o la frustración de la negociación. A menudo nos damos cuenta que no es posible tener todo cuanto deseamos y que tampoco podemos esperar a que los otros hagan lo que nos gustaría. En tales casos, podemos decidir conformarnos con menos que buscábamos al principio. La mujer a quien le negaron un ascenso en el trabajo quizá acepte un puesto menos codiciado que no requiera de experiencia en la sucursal, o quizá le permitan trabajan en ésta menos tiempo.

Retirada.

En algunas circunstancias, el medio más eficaz de afrontar el estrés consiste en retirarse. Si alguien se encuentra en un parque de diversiones y le causa ansiedad el solo hecho de observar la montaña rusa, quizá opte por ir a otro juego menos peligroso o incluso abandonar el parque. La mujer cuyo ascenso requiere un campo temporal de domicilio podría renunciar y buscar empleo en otra empresa. A menudo menospreciamos la retirada por considerar una forma de evadir los problemas. Pero a veces es una respuesta positiva y realista, como cuando nos damos cuenta que nuestro adversario es más poderoso que nosotros, que no podemos cambiar, modificar la situación, ni llegar a un compromiso y que cualquier forma de agresión llegaría hacer autodestructiva. Pocos sienten pánico en situaciones que parece no haber esperanza, por ejemplo los desastres submarinos y los de las minas. Simplemente desisten convencidos de cómo están nada pueden hacer para salvarse. Si una situación no tiene remedio, la resignación puede ser la forma más adecuada para encararla. Quizá el peligro más grande de retirarnos es que nos acostumbremos a evadir todas las situaciones similares. Aquel al que la causa intensa ansiedad ver la montaña rusa quizá se niegue a volver a un parque de diversiones. La mujer que no quiere trasladarse a una sucursal de la compañía quizá renuncie sin siquiera buscar otro empleo. En tales casos, retirarse se convierte en una forma inadaptada de evitación. Más aún cuando pasan más por alto la solución eficaz. Toda forma de retirada resulta un arma de doble filo. Puede ser un método eficaz de afrontamiento pero entraña riesgos. Lo mismo podemos decir del afrontamiento defensivo.

Afrontamiento defensivo.

Hasta ahora nos hemos concentrado en el estrés que nace de causas reconocibles, pero a veces no es posible identificar o encarar directamente la fuente del mismo. Por ejemplo, retornamos a un estacionamiento y descubrimos que alguien golpeo nuestro automóvil nuevo y se alejo de allí. O un viaje que llevamos meses planeando se atrasa por una huelga en la línea aérea. Algunos problemas son demasiado grandes que es imposible afrontarlos de manera directa. Como cuando nos enteramos que alguien que apreciamos mucho sufre una enfermedad grave. O de que, al cabo de cuatro años de arduo trabajo, fue rechazado en la escuela de medicina y debe abandonar el plan para convertirse en medico. En tales casos, muchos adoptan en forma automática mecanismos en defensa, los cuales son estrategias para engañarse a si mismo respecto a las causas de una situación estresante a fin de atenuar la presión, la frustración, el conflicto y la ansiedad. La característica de autoengaño en tales ajustes impulsó a Freud a concluir que son enteramente inconscientes. Le interesaban en especula las distorsiones de la memoria, la conducta y los sentimientos irracionales. No todos los psicólogos aceptan su interpretación de que el afrontamiento defensivo siempre se debe a conflictos inconscientes. A menudo estamos consientes de que eliminamos algo de la memoria y que nos engañamos a nosotros mismos en alguna otra forma. Por ejemplo, algunas veces nos hemos enojado con alguien a sabiendas de que en realidad estamos molestos con otra persona. Sin importar si los mecanismos de defensa operan consciente o inconscientemente, nos ofrecen un medio para enfrentar el estrés un medio para enfrentar el estrés que, de lo contrario, nos ofrecen un medio para enfrentar el estrés que, de lo contrario, nos resultaría insoportable. En las siguientes secciones los explicaremos por separado.

Negación.

La negación consiste en negarse a admitir una realidad dolorosa o amenazadora. Aunque es una respuesta positiva en algunos casos, es evidente que en otro no lo es. Si un alumno niega la necesidad de estudiar y pasa varias noches a la semana en el cine, quizá repruebe sus exámenes. De manera similar, se engañan a sí mismos las personas que consumen drogas si insisten en que tan solo están experimentando.

Represión.

El mecanismo más común con que se bloquean los sentimientos y recuerdos dolorosos es la represión. Los soldados que sufren un colapso en el campo de batalla bloquean a menudo la memoria de la experiencia que lo provocaron (Grinker y Spiegel, 1945). La represión puede indicar que está luchando contra los impulsos (la agresión, por ejemplo) que provocan con los valores consientes. Por ejemplo, en la escuela nos engañaron que la violencia y la agresión son incorrectas. Este conflicto entre nuestros sentimientos y nuestros valores puede ocasionar estrés, y una manera de afrontarlo en forma defensiva consiste en reprimir nuestros sentimientos, bloqueando por completo la conciencia de la ira y la hostilidad latentes. La negación y la represión son los mecanismos fundamentales de defensa. En la negación, bloqueamos todo aquello que no podemos encarar; en la represión, bloqueamos los impulsos o sentimientos inaceptables. Estas estrategias psicológicas son la base de otros mecanismos de afrontamiento que exponemos a continuación.

Proyección.

Si no es posible negar ni reprimir por completo un problema, lo distorsionamos para manejarlo con mayor facilidad. Un ejemplo de ello es la proyección, es decir, atribuirle a otros nuestros motivos ideas o sentimientos reprimidos. Les atribuimos los sentimientos que no queremos reconocer como propios, situando la causa de nuestro conflicto en el exterior. Un ejecutivo que se siente culpable por la forma en que llego al poder proyectara sobre sus colegas su ambición despiadada. Creerá que se limita a realizar su trabajo, mientras sus colegas son muy ambiciosos y están hambrientos de poder.

Identificación.

Lo contrario a la proyección es la identificación. Mediante la proyección nos liberamos de las características inconvenientes que hemos reprimido atribuyéndolas a otros. Mediante la identificación asumimos las características de otros para compartir a manera de vicario sus triunfos y no sentirnos apocados. Es decir, las acciones de la persona admirada sustituyen a las nuestras. Un padre con ambiciones profesionales no cumplidas compartirá el éxito de su hijo o de su hija. Cuando estos suben a un asenso, lo sentirá como una victoria personal. A menudo la identificación se emplea como defensa cuando alguien se siente terriblemente desvalido. Por ejemplo, cuando lo toman como rehén o está preso. Algunos presos poco a poco se identifican con los guardias para poder manejar un estrés insoportable e ineludible.

Regresión.

Los que sufren estrés severo a veces retroceden a una conducta infantil por medio del proceso de regresión. ¿A qué se debe esto? En opinión de algunos psicólogos, se debe

que el adulto no soporta sentirse importante, en cambio el niño, se siente desvalido y dependiente todos los días, por lo cual volverse más infantil hace más tolerable la dependencia o el desamparo. Aunque la regresión es inmadura e inconveniente, a veces se utiliza como estrategia manipuladora. Los adultos que lloran o hacen berrinche cuando sus argumentos fracasan esperan que quienes los rodean muestren empatía, como lo hacían sus padres cuando ellos eran niños.

Intelectualización.

La intelectualización es una forma sutil de negación en que nos desligamos de lo que sentimos hacia un problema, analizando en forma intelectual y reflexionando sobre él como si atañera a otros quizá estén intelectualizando una actividad muy penosa los padres que desean discutir con el profesos los problemas de sus hijos, pero que terminan hablando le filosofía educativa. Párese estar abordando el problema, pero de hecho no lo hace porque se desvinculan de sus emociones.

Formación reactiva.

La formación reactiva es un tipo de negación en que expresamos con excesiva intensidad ideas y emociones que son lo contrario de lo que experimentamos. La exageración es la clave de este comportamiento: si alguien demasiado elogia a un rival, es probable que este ocultando los celos que le causa su éxito. la formación reactiva es, además, una forma de convencerse de que nuestros motivos son puros. El hombre con sentimientos ambivalentes respecto a la paternidad dedicara mucho tiempo a sus hijos con el propósito de demostrarse a sí mismo que es un buen padre.

Desplazamiento.

Consiste en reorientar las emociones y los motivos reprimidos de su objeto original hacia objetos substitutos. La mujer que siempre quiso ser madre se sentirá incompleta cuando se entere de que no podrá tener familia. Entonces puede encariñarse mucho con una mascota, con un sobrino o sobrina. En otro ejemplo de desplazamiento, un empleado se debe sonreír al jefe y aceptar todo cuando le diga, quizá les grite a sus familiares sin motivo alguno.

Sublimación.

La sublimación se refiere a la transformación de los motivos o sentimientos reprimidos en formas más aceptables por la sociedad. La agresividad por ejemplo, podría encausarse hacia la competitividad en los negocios o en los deportes. Un fuerte y constante deseo de recibir atención podría transformarse en interés por la actuación o por la política. Freud que la sublimación no sólo es necesaria sino también conveniente. Podemos percibir las pulsiones sexuales y agresivas en forma más aceptable desde el punto de vista social, que sin duda son mejores por que al menos satisfacen de modo parcial las funciones intuitivas con relativamente poca ansiedad y culpa. Más aun, la sociedad se beneficia con la energía y el esfuerzo de estas personas canalizan hacia el arte, la literatura, la ciencia, y otras actividades útiles para la sociedad. ¿Significa el afrontamiento defensivo que una persona es inmadura, inestable o que se halla al borde de un colapso? De ninguna manera. En algunos casos de estrés

prolongado y severo, no solo aumenta la capacidad global de adaptación y de ajuste, sino que hasta se torna indispensable para la supervivencia. Y aun en casos menos extremos, nos servimos de los mecanismos de defensa para superar los problemas y el estrés de la vida diaria. Como señalan Coleman y otros (1987), las defensas son “esenciales para atenuar el fracaso, aliviar la tensión y la ansiedad, reparar el daño emocional y conservar nuestros sentimientos de adecuación y autoestima” (p.190). Un mecanismo de defensa solo puede considerarse inadaptado cuando interfiere con la capacidad de funcionar o crear más problemas de los que resuelve.

 

TABLA SINÓPTICA MECANISMOS DE DEFENSA

Negación

Negarse a admitir una realidad dolorosa o amenazadora:

Raymundo, cuyos padres con frecuencia pierden el control y lo golpean, niega que esto suceda alguna vez.

Represión

Excluir de la conciencia los pensamientos indeseables: Elisa, cuya abuela murió de cáncer mamario, tiene un riesgo mayor al promedio a sufrir la misma enfermedad; pero sistemáticamente olvida palparse los senos.

Proyección

Atribuir a otros nuestros motivos, sentimientos o deseos reprimidos: injustamente no se a tenido en cuenta a María en un ascenso inmediato; ella niega sentirse enojada pero está segura que su supervisor está molesto con ella.

Identificación

Adoptar las características de otra persona para no sentirse incompetente: Antonio, inseguro de su atractivo personal, imita la ropa las poses de un profesor muy popular.

Regresión

Volver a la conducta y las defensas de la niñez: Roberto hace berrinche, enojado porque ha sido rechazado su plan para reorganizar la división.

Intelectualización

Reflexionar de modo abstracto sobre los problemas estresantes para desligarse de ellos: después de enterarse de que no la invitaron a la fiesta de disfraces de un compañero, Elena discute con frialdad la forma en que se crean las pandillas y como contribuyen a regular y controlar la vida social.

Formación

Expresión de ideas y emociones exageradas y contrarias a las creencias o sentimientos reprimidos: en el trabajo, miguel reclama que nunca se aprovechara un empleo rival, aunque su conducta manifiesta lo contrario.

reactiva

Desplazamiento

Dirigir los motivos reprimidos del objeto original hacia un objeto sustituto: enojado con la orden de su profesor de que describa su trabajo del semestre, pero temeroso de confrontarlo, Arturo llega a casa y grita a sus padres por indicarle lo que debe hacer.

Sublimación

Reencausar los motivos y sentimientos reprimidos hacia expresiones más aceptables desde el punto de vista social:

Guillermo, a quien sus padres nunca le prestaron atención, contiende por un cargo público importante.

Diferencias socioeconómicas y sexuales al afrontar el estrés.

Las personas difieren la forma en que manejan los eventos estresantes. En particular, los factores económicos y sociales influyen no solo en la intensidad del estrés que la gente sufre, sino también en su capacidad para superarlo. Con frecuencia, el estrés afecta más a los pobres que los que tienen una posición más acomodada (Adler y otros, 1994; Cohen y Williamson, 1998). Viven en viviendas muy pobres y en barrios de alta criminalidad y

violencia. Están más propensos a quedarse desempleados durante mucho tiempo; han de superar mayores obstáculos para atender necesidades básicas como alimentar a sus hijos, conservarse en buena salud, obtener atención médica de alta calidad y conseguir una casa. Más aun, algunos datos indican que los miembros de los grupos de bajos ingresos manejan con menos eficacias el estrés; de ahí que este tipo de eventos tengan un impacto más duro en su vida emocional (Kessler, 1979) Willis y Langer, 1980). Los psicólogos ofrecen varias explicaciones de las estadísticas anteriores. Tal vez estos individuos tengan menos medios para afrontar los problemas y el estrés (Pearlin y Shooter, 1978) tienden a contar con menos personas a quienes recurrir con menos recursos comunitarios a quienes les ayuden en momentos difíciles (Liem y Liem, 1978), además tienden a creer más que el resto de la población que los factores externos son la causa de lo que les ocurre y que tienen poco control sobre su vida (consulte la exposición sobre el locus del control en el capítulo 11, personalidad). Por último, se sabe que suelen tener poca autoestima y que dudan de su capacidad para dominar las situaciones difíciles. Todos estos factores contribuyen a explicar porque el estrés a menudo afecta más a las clases socioeconómicas más bajas. También se han estudiado las diferencias sexuales en relación con el estrés y el afrontamiento. Un estudio de las víctimas del huracán Andrew revelo que si bien las mujeres mencionaban sentir más estrés que los varones, ambos sexos se veían afectados de igual manera cuando el estrés se media con técnicas fisiológicas (Adler,1993 b). En otro estudio de 300 parejas en que los dos cónyuges trabajaban sufrían el mismo estrés por la situación matrimonial, los empleos y el desempeño de los hijos. No obstante las mujeres sufrían mayor estrés cuando surgían problemas en relación a largo plazo, sobre todo porque estaban más comprometidas con sus relaciones personales que los varones (Barnett,1993;Gore y Colten, 1991).

COMO AFECTA EL ESTRÉS A LA SALUD

El psicólogo canadiense Hans Selye (1907-1982) afirma que ante el estrés físico y psicológico reaccionamos en tres etapas las que en conjunto designo como síndrome de adaptación general (Selye, 1956,1976). Las tres etapas son reacción de alarma, resistencia y agotamiento. La primera etapa, reacción de alarma. Es la respuesta inicial ante el estrés, comienza cuando el cuerpo se da cuenta de que debe rechazar el peligro físico o psicológico. Las emociones alcanzan gran intensidad. Aumenta la actividad del sistema nervioso simpático y las glándulas suprarrenales segregan hormonas. Nos volvemos más sensibles y alertas, se acelera la respiración y el latido cardiaco, los músculos se ponen tensos. Estas y otras reacciones fisiológicas nos ayudan a movilizar los recursos de afrontamiento para recobrar el auto control. En la etapa de alarma, podríamos servirnos de la estrategia directa o defensiva de afrontamiento. Si ninguna de las dos atenúa el estrés, entramos en la segunda etapa de adaptación. En la segunda etapa, resistencia aparecen sistemas físicos y otras señales de tensión mientras luchamos contra la creciente desorganización psicológica. Utilizamos en forma más decisiva técnicas directas y defensivas de afrontamiento. Si el estrés disminuye regresamos al estado normal; pero si es extremo o prolongado, la desesperación puede hacer que recurramos a técnicas inadecuadas y la apliquemos con rigidez, a pesar de la evidencia de que no está dando resultado. Cuando esto ocurre agotamos aun más nuestros recursos físicos y psicológicos; las señales de deterioro en ambas áreas se vuelven aun más palpables.

En la tercera etapa, agotamiento, nos valemos de mecanismos cada vez más ineficaces en un intento desesperado por controlar el estrés. Algunas pierden contacto con la realidad y dan señales de trastorno emotivo o de enfermedad mental. Otros dan señales de “agotamiento”: incapacidad para concentrarse, irritabilidad, aplazamiento y la cínica idea de que nada vale la pena (Maslach y Leiter, 1997). Pueden presentarse problemas físicos como problemas cutáneos y digestivos. Algunas víctimas recurren al alcohol o las drogas para superar el agotamiento provocado por el estrés. Si este dura mucho tiempo, el sujeto puede sufrir daños físicos o psicológicos irreparable e incluso la muerte. Una de las consecuencias más sorprendentes de la teoría de Selye es la posibilidad de que el estrés psicológico prolongado cause la muerte, o por lo menos,

empeore algunas enfermedades. Esta idea a provocado controversias, pero los estudios resientes corroboran la hipótesis de que los factores psicológicos son el origen de algunos padecimientos graves, como la cardiopatía y las enfermedades del sistema inmunológico. ¿En qué forma el estrés psicológico origina enfermedades físicas? Hay por lo menos dos posibilidades. Primero, cuando sobreviene el estrés, el corazón, los pulmones,

el sistema nervioso y otros sistemas fisiológicos se ven obligados a trabajar en forma más

extenuante. La exposición prolongada a las alteraciones biológicas profundas que acompañan a la alarma y a la movilización daña al organismo. Segundo, el estrés ejerce un potente efecto negativo sobre el sistema inmunológico, de modo que si dura mucho destruye la capacidad del organismo para defenderse contra la enfermedad.

El estrés y la cardiopatía.

El estrés es uno de los principales factores de la cardiopatía coronaria, principal causa de muerte e incapacidad en Estados Unidos (McGinnis,1994). La herencia influye en el en el riesgo de sufrirla, pero incluso en los gemelos idénticos la frecuencia está ligada hacia las actividades hacia el trabajo, a los problemas familiares al tiempo libre disponible (Kringlen,

1982).

El estrés predispone e la cardiopatía coronaria. El flujo sanguíneo hacia el corazón disminuye de manera drástica (estado conocido como isquemia del miocardio) inmediatamente después de que las personas presentan síntomas de cardiopatía sufren un episodio de estrés (Gullete y otros, 1997) por lo regular, el estrés y el aislamiento social son predictores importantes de mortandad entre los que han sufrido un ataque cardiaco por cualquier causa (Roberman y otros, 1994). La personalidad constituye a la predisposición a la cardiopatía. Los psicólogos llevan años estudiando a quienes muestran el patrón conductual tipo A, es decir a las personas que responden a los eventos con impaciencia, hostilidad, competitividad, urgencia y esfuerzo constante (Friedman y Rosenman, 1959). Este patrón conductual lo descubrieron en la década de los cincuenta los cardiólogos Meyer Friedman y Ray Rosenman, quienes elaboraron una entrevista estructurada para distinguir a este tipo de personas y también a las más tranquilas: tipo B la entrevista no solo evalúa la explicación de los sujetos sobre sus logros y esfuerzos, sino que, a demás, trata de provocarlos, porque Friedman y Rosenman estaban convencidos de que la conducta tipo A se manifiesta en situaciones estresantes. Varios estudios han demostrado que la entrevista estructurada de Friedman y Rosenman no solo logra identificar muy bien a las personas con conducta tipo A, sino que

a demás predice la cardiopatía coronaria (Booth-Kewley y Fridman, 1987; Miller y otros,

1991). Por ejemplo un estudio revelo que al estar evaluando a las personas tipo A, cuando se le sometía a hostigamiento y a critica o cuando participaban en video juegos, su frecuencia cardiaca y su presión arterial era mucho más alta que en los sujetos tipo B

colocados en las mismas circunstancias (Lyness,1993). También se sabe que una alta frecuencia cardiaca y presión arterial predisponen a la cardiopatía coronaria.

El estrés y el sistema inmunológico.

Muchos sufren resfriados o influenza tras periodos de gran tensión en su vida; de ahí que desde hace mucho los científicos sospechen que el estrés influye en el funcionamiento del sistema inmunológico. Recuerde que en este sistema inciden las hormonas y las señales provenientes del cerebro. Por tanto, los sistemas nerviosos y endocrino participan en las interacciones entre el estrés y el sistema inmunológico, endocrino y nervioso (Ader y Cohen,1993; Maier, Watkins y Fleshner,1994). ¿Qué tipo de cambio causa en el sistema inmunológico y como afecta a la salud? El sistema inmunológico defiende al organismo en contra de sustancias invasoras, o antígenos: bacterias, virus y otros microbios. Lo hacen sobre todo con la ayuda de los linfocitos, un tipo de leucocitos. El estrés puede deteriorar la salud en la medida de que altere el sistema inmunológico (Cohen y Herbert, 1996). De hecho, el estrés que se observa en los exámenes escolares y en la depresión tal vez intervenga en la supresión del funcionamiento del sistema inmunológico (O´Leary, 1990). De hecho el estrés que se observa en los exámenes escolares y en la depresión tal vez intervenga en la supresión del funcionamiento del sistema inmunológico (O´Leary, 1990; Oltmanns y Emery, 1998). El estrés crónico, por ejemplo atender a un paciente anciano o vivir en la pobreza, también debilita las defensas del organismo. El aumento del estrés nos hace más vulnerables a las infecciones de las vías respiratorias altas, como el resfriado común (Cohen, 1996). El estrés prolongado puede incluir acrecentar la vulnerabilidad al cáncer. El estrés no lo causa pero por lo visto debilita tanto el sistema inmunológico que a las células cancerosas les resulta más fácil establecerse y propagarse por el cuerpo. La investigación con animales a demostrado la existencia del nexo entre el estrés y el cáncer. En un estudio se utilizaron ratones que, como se sabe, son vulnerables al cáncer. Un grupo fue mantenido durante un tiempo de 400 días en condiciones de asentamiento donde escuchaban el ruido de producido por personas y otros animales. Al fin del periodo, 92% de los ratones habían contraído cáncer. En cambio esta enfermedad sólo se registro en 7% del grupo de ratones mantenidos en condiciones tranquilas y de poco estrés. En otro experimento, se diagnostico el cáncer antes y la muerte ocurrió más rápido con los ratones sometidas a las descargas eléctricas frecuentes en condiciones donde era imposible escapar (supuestamente una situación estresante) que aquellos a los que se les permitió afrontar el estrés escapando de las descargas (Anderson,1983). Los estudios con seres humanos también muestran un nexo entre el estrés y la frecuencia del cáncer. Por ejemplo, mencionaban en general varios hechos estresantes ocurridos el año anterior del diagnostico (O´Leany, 1990) también tendían a mostrar fatiga y a sentirse desvalidos (vea el cuadro controversia). Es interesante que estas personas dijeron sentir menos malestar y tendían menos a expresar emociones negativas, como el enojo, que otras personas que experimentaban el mismo número de eventos estresantes. Lo anterior significa que reprimir las emociones negativas puede causar mayor estrés (y ser más nocivo para la salud) que expresarlo). Es obvio que los tratamientos de cáncer provocan estrés. La quimioterapia y la radiación puede suprimir la función inmunológica, de manera que el paciente deprimido por el diagnostico debe soportar un doble golpe a su sistema inmunológico. Algunos estudios indican que con las técnicas de relajamiento se mejora el funcionamiento del sistema inmunológico y las tasas de supervivencia en esta población (Andersen y otros,

1994).

INFORMACIÓN DE APOYO LOS BENEFICIOS DE LA TERAPIA EN GRUPO DE LAS PACIENTES CON CÁNCER MAMARIO

INFORMACIÓN DE APOYO LOS BENEFICIOS DE LA TERAPIA EN GRUPO DE LAS PACIENTES CON CÁNCER MAMARIO
Al recibir el diagnostico de cáncer mamario en etapa avanzada, es natural que las mujeres

Al recibir el diagnostico de cáncer mamario en etapa avanzada, es natural que las mujeres sientan gran depresión e intenso estrés. A su vez el estrés y la depresión las hacen poco cooperativas en los tratamientos médicos de vital importancia (Andersen, Kiecolt-Glaser, y Glaser, 1994). Hoy muchos médicos recomiendan a sus pacientes asistir a sesiones de terapia de grupo, que contribuyen a atenuar esos dos síntomas (Kissane y otros, 1997; Spiegel, 1995).

Es interesante señalar que la terapia de grupo no se limita tan solo a ayudar

Es interesante señalar que la terapia de grupo no se limita tan solo a ayudar a las mujeres o afrontar el estrés, sino que incluso aumenta la tasa de supervivencia (Spiegel y Moore, 1997). En un estudio de 86 mujeres con cáncer en etapa avanzada, las que recibieron terapia intensiva de grupo sobrevivieron en promedio un año y medio más que las que no lo recibieron. ¿Pero se debió este resultado a una mayor aceptación de los servicios médicos por parte de las primeras? Un estudio de seguimiento excluyo tal posibilidad (Kogon y otros, 19979). “Sin importar la razón”, a juicio de psiquiatra David Spiegel, “no es tan solo que hayan utilizado los servicios médicos en forma diferente.

Debió ser otra cosa (NPR, 1997).

que ocurrió a raíz de la terapia y que les permitió vivir más tiempo”

Como el estrés afecta a los sistemas inmunológicos y endócrino, los estudios posteriores (Van de

Como el estrés afecta a los sistemas inmunológicos y endócrino, los estudios posteriores (Van de Pompe y otros, 1997), ya comenzaron a analizar el efecto que la intervención psicosocial tiene en ellos. De acuerdo con el Dr. Robert Carlson, colega del Dr. Spiegel:

“sabemos que el sistema inmunológico incide el problema en que las enfermas afrontan el cáncer.

“sabemos que el sistema inmunológico incide el problema en que las enfermas afrontan el cáncer. Y una de las cosas que pretendemos averiguar [en la investigación actual] es si las respuestas inmunológicas son distintas en las mujeres que participan en un grupo de intervención psicosocial y en las que no lo hacen” (NPR, 1997)

El apoyo social y la salud.

Una sólida red de amigos y una familia que ofrezca apoyo social contribuyen a mantener una buena salud (Uchino, Cacioppo y Keicolt-Glaser, 1996). La investigación resiente revela que los que asisten a servicios religiosos periódicamente gozan de mejor salud y presentan índices mucho más bajos de depresión que el resto de las personas (Koenig, 1997). En efecto, en una revisión de la bibliografía sobre el tema se llego a la relación positiva entre apoyo social y salud corresponde a la relación negativa que guarda con la salud los factores de riesgo plenamente comprobados, como la inactividad física, el tabaquismo y la presión arterial alta (House, Landis y Umberson,1988). Todavía se ignora la relación exacta entre la existencia de un fuerte sistema de apoyo social y la salud. Los amigos y parientes sin duda ofrecen fortaleza y aliento en situaciones de estrés (Williams y otros, 1992). A menudo reevaluamos los problemas cuando los discutimos en un ambiente sensible y de apoyo, descubriendo entonces formas nuevas de afrontar y atenuar el estrés. Pese a ello, algunos investigadores afirman que el apoyo social puede afectar directamente la respuesta al estrés y la salud al producir cambios fisiológicos en el funcionamiento endocrino, cardiaco e inmunológico (Uchino y otros, 1996). Por ejemplo, en un estudio que comparo la relación entre el estilo de interacción y el estado del sistema inmunológico, se comprobó que, en comparación a las parejas de recién casados que mostraban un estilo positivo de intelección las que

exhibían hostilidad y negativismo presentaban mayor supresión del sistema inmunológico (Kiecolt-Glaser y otros, 1993). En otro estudio se demostró que los adultos mayores que acostumbran asistir a servicios religiosos tienen un sistema inmunológico más sano que aquellos que no realizan ese tipo de actividades (Koening y otros, 1997). Con todo, muchos investigadores muestran ascetismo ante el efecto del apoyo social, pues afirman que la asociación entre estrés y la salud es resultado de otros factores conexos. Señalan que es posible que los individuos con un gran apoyo realicen conductas más sanas, como una dieta más saludable y mas ejercicio físico, lo cual explicaría el mejoramiento de su salud.

FUENTES DE ESTRÉS EXTREMO

El estrés extremo proviene de varias fuentes, desde el empleo hasta el combate de una guerra, de un desastre natural violento hasta la violación. Enseguida vamos a examinar con brevedad algunos grandes estresores, el efecto que tienen en el ser humano y los mecanismos de afrontamiento con que los encaramos.

1. Desempleo.

Es una de las causas principales del estrés. Cuando aumentan las tasas de desempleo, lo mismo sucede con las mismas administraciones de los hospitales psiquiátricos, con la mortalidad infantil, con la muerte por cardiopatía, con las enfermedades relacionadas con el alcohol y con los suicidios (Brenner, 1973,1979; Rayman y Bluestone, 1982). “Simplemente todo se desmorono”, confesó un trabajador después de que él y su esposa perdieran el empleo. En general, las personas reaccionan al estrés provocado por el desempleo en varias etapas (Powell y Driscoll, 1973) Primero pasan por un estado de relajación y alivio, en el cual se toman unas vacaciones, seguras de que encontrarán otro trabajo. La segunda etapa, caracterizada por un optimismo continuo, en una época de búsqueda afanosa de empleo. La tercera etapa es un periodo de vacilación y de duda, el desempleado se vuelve mal humorado, se deteriora la relación con la familia y con los amigos y casi ni se toma la molestia de buscar trabajo. En la cuarta etapa, caracterizada por un periodo de malestar y de cinismo, las personas simplemente desisten. Los efectos anteriores no son universales, pero si comunes. Más aun, hay indicios de que el desempleo más que crear nuevos problemas psicológicos hace que se manifiesten los que están ocultos. Dos estudios han demostrado que la mortalidad se acrecienta y que los síntomas psiquiátricos empeoran no solo durante los periodos, sino también en los lapsos breves y rápidos de recuperación económica (Brenner, 1979, Eyer, 1977). Este hallazgo viene a respaldar la observación de que el cambio, bueno o malo causa estrés.

2. Divorcio y separación.

Como señalan Coleman y sus colegas (1988), “el deterioro o terminación de una relación intima es uno de los estresores más potentes y una de las causas más fuertes por las que la gente busca la psiquiatría” (p.155). Tras una separación, ambas partes piensan haber fracasado en una de las cosas más importantes de la vida. A menudo subsisten fuertes vínculos emotivos que siguen uniendo a la pareja. Si un cónyuge quiere disolver el matrimonio, se sentirá triste por terminarlo y por lastimar a una persona que había

amado; por su parte, el cónyuge rechazado vacilara entre el enojo, la humillación y la autorrecriminación por su parte en el fracaso. Aun cuando la decisión de separarse haya sido mutua, la vida puede volverse turbulenta y terrible a causa de sentimientos

ambivalentes de amor y odio. Para amortiguar el impacto del divorcio, las personas emplean métodos de afrontamiento defensivo, en especial la negación y la proyección.

3. Duelo.

Tras la muerte de un ser querido, usualmente se experimenta una fuete sensación de pérdida y de sufrimiento que se conoce como duelo. En general, superamos esta experiencia sin sufrir un daño psicológico permanente, pero sin antes pasar por un largo periodo que Freud llamó “proceso de duelo”. En la descripción de Janis y sus colegas (1969), el duelo normal empieza con largos meses de profundo dolor que se caracteriza por la ira, desesperación, sufrimiento y anhelos, depresión y apatía. En esta parte los sobrevivientes tienden a adoptar de defensa entre la realidad ineludible y un extremo doloroso. Casi siempre la negación, el desplazamiento y otros mecanismos de defensa les permite reunir suficiente fuerza para los esfuerzos más directos que necesitara aprender después, por ejemplo en el caso de la muerte del cónyuge, vender las propiedades y mudarse a otra casa.

4. Catástrofes.

Entre las catástrofes figuran las inundaciones, los terremotos, las tormentas violentas, los incendios y los accidentes aéreos. Las reacciones psicológicas frente a estos acontecimientos tienen mucho en común. Al principio en la etapa de choque, ”la victima esta aturdida, desconcertada y apática”, algunas beses hasta en un “estado de estupor, desorientación y amnesia por el evento traumático”. Después de la etapa sugestionable, se muestra pasiva y muy dispuesta a hacer lo que le ordenen los rescatistas. En la tercera fase, fase de recuperación, recobra el equilibrio emocional, pero a menudo persiste la ansiedad y sientes de la necesidad de relatar tus experiencias una y otra vez (Morris, 1990). Según algunos investigadores, en las etapas posteriores los sobrevivientes pueden sentir una culpa irracional porque ellos viven, mientras que otros han muerto.

5.- Combate y otros ataques personales amenazadores. Las experiencias bélicas a menudo causan a los soldados un estrés intenso e incapacitante. En los sobrevivientes de accidentes serios y de crímenes violentos como la violación y el atraco de ocasiones se observa por mucho tiempo reacciones similares: accesos de ira por comentarios inofensivos, trastornos del sueño, irritación por ruidos fuertes y repentinos, confusión psicológica, llanto incontrolable y mirada fija al vació.

Trastornos de estrés postraumático.

En casos extremos, algunos eventos muy estresantes pueden ocasionar un trastorno psicológico conocido como trastorno de estrés postraumático. Son comunes las terribles pesadillas que la victima vuelve a vivir el hecho tal y como ocurrió. Lo mismo sucede con las escenas retrospectivas, en las cuales la victima revive el hecho traumático. A menudo se aleja de la vida social, del empleo y de sus obligaciones familiares. Este tipo de trastornos puede aparecer inmediatamente después de un acontecimiento traumático o un poco más tarde. En ocasiones transcurren meses o años en que la victima parece haber recobrado de la experiencia; luego, sin previo aviso aparecen los síntomas para desaparecer y desaparecer luego una y otra vez; algunos lo

sufren por años (Kessler y otros, 1995). Los síntomas se intensifican con la explosión a eventos que recuerden el trauma original (Moyers,1996). Los veteranos de guerra aparecen especialmente vulnerables al trastorno del estrés postraumático. Más de una tercera parte de los soldados que participaron en combates violentos en Vietnam mostraron señales de un trastorno serio. Muchos veteranos de la segunda guerra mundial, hoy ya ancianos, todavía siguen teniendo pesadillas en que despiertan temblando y sudando. Los recuerdos del combate siguen atormentándolos tras más de medio siglo (Gelman, 1994). Pero no todos los que han sufrido eventos muy estresantes como el combate violento ni el abuso sexual en la niñez se ven afectados por este trastorno. Las características individuales incluyendo sexo, personalidad, antecedentes familiares de trastorno mental, abuso de sustancias entre los parientes y hasta una enfermedad neurológica preexistentes parecen predisponer a algunos más que otros (Curle y Williams,1996; Friedman, Schnurr y McDonagh-coyle,1994; Gurvits y otros, (1997). Por ejemplo, la vulnerabilidad de los veteranos de la guerra de Vietnam se relacionaban con las características con la personalidad que existía antes de su experiencia militar (Schnurr, Rosenberg y Friedman, 1993). La recuperación del estrés postraumático guarda estrecha relación con el apoyo emocional que reciban los sobrevivientes de la familia, de los amigos y de la comunidad.

LA PERSONA BIEN AJUSTADA

El ajuste (la adaptación) en psicología se refiere a todo esfuerzo encaminado a afrontar el estrés, pero los psicólogos no coinciden con lo que constituye un buen ajuste. Algunos piensan que es la capacidad para vivir conforme a las normas sociales. Todos tenemos deseos hostiles y egoístas, todos tenemos sueños imposibles. Según esta definición, los que aprenden a controlar sus impulsos prohibidos y a armonizar sus metas con la sociedad están bien ajustados (adaptados). En la medida en que ataca los valores en su comunidad, podríamos considerar bien ajustada a una mujer que cría en un pueblo pequeño, asiste a la universidad estatal, imparte clases durante un año o dos y luego llega una vida familiar tranquila. Otros psicólogos rechazan este punto de vista tan conformista. Barrón (1963) afirma que “la negativa a ajustarse es a menudo las características de un carácter sano”. La sociedad no siempre tiene razón, si aceptamos sus normas en forma ciega, estamos renunciando al derecho de hacer juicios independientes. De acuerdo con Barrón, la persona bien ajustada disfruta los problemas y las antigüedades de la vida; no se evade por medio de una conformidad irreflexiva. Acepta los retos y está dispuesta a soportar el dolor y la confusión que la acarrearan. Barrón sostuvo que la flexibilidad, espontaneidad y la creatividad son las señales de un ajuste sano y no el mero hecho de encajar. Otros psicólogos aseguran que la persona bien ajustada ha aprendido a conciliar la conformidad y la inconformidad, el autocontrol y la espontaneidad, a adaptarse con flexibilidad al cambio de situaciones. A veces se deja llevar por el momento, pero se controla en situaciones donde obrar por impulsos sería contrario a sus intereses o a su buen juicio. Puede cambiar cuando se lo exija la sociedad, pero también sabe esforzarse por cambiar la sociedad cuando así le conviene. Conoce sus cualidades y admite sus debilidades; en esta evaluación realista se basa una visión de la vida que está en armonía con su yo interno. No cree que deba negar sus valores para alcanzar el éxito. Su seguridad le permite encarar los conflictos y amenazas sin excesiva ansiedad y, quizá lo más importante puede arriesgar sus sentimientos y autoestima en relaciones intimas.

Podemos evaluar el ajuste aplicando criterios específicos, como los siguientes (Morris,1990), para juzgar una acción:

1. ¿La acción satisface de manera realista las exigencias de la situación o se limita a

posponer la solución del problema? Varias formas de escape a la realidad –drogas, alcohol y hasta las interminables fantasías que despiertan los libros, las películas y la

televisión- nos permiten olvidarnos del sufrimiento, pero abordan las causas de nuestros problemas. Un excesivo uso del escape nunca logra ajustarse satisfactorio a una situación estresante.

2. ¿La acción satisface las necesidades del individuo? A menudo tratamos de atenuar las

presiones externas eludiendo nuestras necesidades personales. Una actriz que empieza su carrera puede decidir abandonar sus metas profesionales para apoyar al cónyuge, a fin de que sigan las suyas. A corto plazo aminora la presión externa, pero quizá se sienta frustrada y decepcionada por el resto de su vida. Una solución que crea esta clase de conflicto interno no constituye un ajuste adecuado.

3. ¿La acción es compatible con el bienestar de los otros? Algunos satisfacen sus

necesidades en forma que perjudican a otros. Un ejecutivo joven que utiliza a la gente de manera despiadada y manipula a sus compañeros de trabajo tal vez progrese con tales acciones. Pero aun cuando alcance la vicepresidencia de la empresa, al final se encontrara sin amigos y con el constante temor de que su superior lo trate como él trata a sus subordinados, con el tiempo la situación puede resultarle en extremo frustrante y estresante. Un buen ajuste tiene en cuenta las necesidades individuales y el bienestar de los demás. Según Abraham Maslow, cuyas ideas humanistas de la personalidad y jerarquía de las necesidades expusimos en los capítulos 9 y 11, los que están bien ajustados tratan de “autorrealizarse”. Es decir, viven en una forma que favorece su crecimiento y realización, sin importar lo que opinen los demás. Estos individuos, dice Maslow, perciben a las personas en forma realista y pueden aceptar la certidumbre y la ambigüedad (1954). Aunque a menudo observan un comportamiento formal, no razonan en estos términos; más bien son creativos y espontáneos. Se fijan metas y se esfuerzan, a menudo, por su cuenta para alcanzarlas. Los individuos autorrealizados tienden a realizar relaciones estrechas con unas cuantas personas y en general son indiferentes a características como el sexo, la clase social, raza, el color y la religión en su trato con los demás. Maslow notó, además, que los individuos con un sentido del humor abierto y ecuánime no son mordaces ni hostiles y tienen mayores probabilidades de adaptarse al estrés y de conseguir grandes logros que la mayoría de la gente. Se cuenta con muchos criterios para juzgar si alguien está bien ajustado. Aquel que se juzga bien ajustado conforme a uno de ellos quizá sea juzgado de

manera diferente por otros.