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BIBLIOTECA DE PSIC¡OLOGÍA

100

PAUL WATZLAWICK, JANET BEA YIN BAVELAS y DON D. JACKSON

TEORÍA

DE

LA

COMUNICACIÓN

HUMANA

Por PAUL

WATZLAWICK,

JANET BEAVIN BAVELAS

y DON D. JACKSON

TEORÍA DE Li-\

COlViUNI•CACIÓN

HLH\/lANA

'Jnteracciones,

patologías y

paradojas

BARCELONA

EDITORIAL HERDER

1991

BARCELONA

EDITORIAL HERDER

1991

Introducción

/

Este libro trata sobre los efectos pragmáticos (en la conducta)

de Ja comunicación humana y, en particular, sobre los

trastornos de la conducta. En una época en que ni siquiera .

se han formalizado los códigos gramaticales y sintácticos de

fa comunicación verbal y en que se contempla con creciente

escepticismo la posibilidad de adscribir a la semántica de la

comunicación humana, un encuadre preciso, todo intento de

sistematizar su pragmática quizá parezca una prueba de ig-

norancia o presunción. Si en el estado actual del conocimien-

to no existe siquiera una explicación adecuada para la adqui-

sición del lenguaje natural, ¿cuánto más remota es entonces

la esperanza de establecer las relaciones formales entre la

comunicación y la conducta?

Por otro lado, resulta evidente que la comu_~J~él~éiri ('!~_una

~.:?

._

..c:l.~Jª_yida

ndjció.~~i7_:¡f_g~1_q~gi!"

..

h11mana y el orden social.

___

También es obvio que desde el comienzo de su éx.istencia, un

ser humano participa en el complejo proceso de adquirir las

reglas de la comunicación, ignorando casi por completo en

qué consiste ese conjUt1to de reglas, ese calculus de la co-

municación hu ..

rnana.

Este libro no se propone ir mucho más allá de ese conoci-

miento mínimo. No pretende ser otra cosa que un intento de

construir un modelo_y una presentación de algunos hechos

que parecen sustentar ese modelo. La pragmática de la co-

municación huma Tl.a

..

es una ciencia muy joven, apenas capaz

de leer y escribir su propio nombre, y que está muy lejos de

haber desarro11ado un lenguaje propio coherente. Su integra-

ción con muchos otros campos del esfuerzo científico es una

esperanza para el futuro. Sin embargo, y confiando en que tal

integración se logrará en el futuro, este libro está dirigido a

todos los estudiosos de aquellos campos donde se enfrentan

problemas de interacción sistémica en el más amplio sentido

del término.

Podría argumentarse que su contenido no tiene en cuenta es-

tudios importantes directamente relacionados con el tema. La

escasez de referencias e:x-plícitas a la comunicación no verbal

podría ser una de tales críticas, y otra sería la falta de re-

ferencia a la semántica general. Pero este libro no puede

/3r-

í

lser más que una introducción a la pragmática de la comu-

lnicación humana (un campo que hasta ahora ha sido objeto

de muy escasa atención) y, por lo tanto, no puede señalar to-

das las afinidades existentes con otros campos de investiga-

ción sin conveytirse en una

enciclopedia, en el mal sentido

de la palabra/ Por idéntica razón, fue necesario, limitar las

referencias

a otras numerosas obras sobre la teona de la co-

municación humana sobre todo aquéllas que se limitan a es-

tudiar la comunicación como un fenómeno unidireccional

(del que habla al que escucha)

y po llegan a 9onsiderar ~.

!_nteracción.

/ C-Y ,'·: - :

~

comunicación como un proceso d:f

..

Las implicancias interdisciplinarias "<leí~ reflejan en la

forma de la presentación. Los ejemplos y las analogías fuer~n

tomados de una amplia gama de temas, aunque entre ellos

predominan los com·espondientes al campo de la psiconato-

logía. Debe quedar especialmente aclarado que cuando se

recurrió a las matemáticas en busca de

las

anal.Qgí_~-~.J 9lQ

..

__~§.

utilizó como un le!:!_gY.QÍ~_}1 adecuado para expre-

..

9tablemente

sar refaciones complejas y que su uso no significa que en-

tendemos que nuestros datos pueden ya ser cuantificados. Del

mismo modo, el empleo bastante frecuente de ejemplos toma-

dos de la literatura puede parecer científicamente objetable a

muchos lectores, pues sin duda el intento de demostrar algo

mediante los productos de la imaginación artística parece un

método poco convincente. Sin embargo, estas citas tomadas

d{3 la literatura tienen como fin ilustrar v aclarar determinados

conceptos teóricos, presentándolos en ~n lenguaje más fácil-

mente comprensible; su empleo no significa que ellas puedan

demostrar nada por mismas. En síntesis, tales ejemplos y

analogías constituyen modelos de definición y no modelos

predictivos (afirmativos).

En diversos pasajes de este libro fue necesario incluir defini-

ciones de conceptos básicos correspondientes a una variedad

de otros campos que son prescindibles para cualquier experto

en ese campo particular. Así, para prevenirlo, pero también

para facilitar la comprensión al lector corriente, se ofrece un

breve esquema de los capítulos y sus secciones.

El

capítulo 1 intenta

establecer el marco de

referencia.

In-

troduce nociones básicas tales como la d~ función

(S.

1.2) 1

,

infon!.J

... ..

9)o~_y r~!:r.9g1fmentacigp §

__

(S.

1.3 )°"y-redüri.<lancia. (s.

1.4), y postula la existencia de un código todavía no formali-

zado, un calculus (S. 1.5) de la comunicación humana, cuyas

1. La subdivisión decimal de los capítulos no se utilizó para confundir

o impresionar al lector, sino para indicar claramente la estructura de la

organización

de

un

capítulo y

facilitar

las

referencias cruzadas dentro

del libro.

18

reglas se observan en la comunicaci6n exitosa pero se violan

cuando la comunicación está perturbada.

El capítulo 2 define algunos de los axiomas de este cálculo

hipotético,

mientras

que

en

el

capítulo

3

se

examinan

las

patologías potenciales que dichos axiomas implican.

En

el

capítulo 4 esta teoría

de la comunicación se extiende

modelo de

a! nive! ~rg_aniiativC:l~o-~tüial: ba~~do en Ün

..

·fas_r_efa_qiol!_t?~ b.u111.a11as. como sistema; así, la mayor parte del

capítulo está dedicado- al examen y la aplicaci~n de los prin-

cipios de los Sistemas Generales.

·------- --

EíCaPítulo lJsóio----o&ece- ejéiñplos del material relativo a

los sistemas, destinados a dar vida y especificidad a esta teo-

ría que a fin de cuentas, se ocupa de los efectos inmediatos

que los seres humanos ejercen entre sí.

·

El capítulo 6 se refiere a los efectos de la paradoja en la

conducta. Ello requiere una definición del concepto

(S.

6.1,

6.2 y 6.3), que el lector familiarizado con la literatura sobre

antinomias, y en particular con la paradoja de Russell, puede

omitir. La Sección 4.6 introduce el concepto, menos conocido,

de paradoja pragmática, en particular la teoría del Doble

Vínculo y su contribución a la comprensión de la comunica~

ci6n esquizofrénica.

El

capítulo 7 está dedicado a

los

efectos terapéuticos de

la

paradoja.

Exceptuando las consideraciones teóricas en S. 7.1

y

7.2,

este capítulo fue

especialmente escrito con vistas a la

aplicación clínica de las pautas paradójicas de comunicación.

.EL E:pfl(Jgo,. en el que se hace

referencia a la comunicación

del hombre con la realidad en el sentido más amplio, no pre-

tende proveer más que -~I1-ª visión panorámica. En él se pos-

tula que un cierto orden, análogo a la estructura de niveles

de los !_iE_os Lógi~os, impregna la concepci6n humana de la

existencia -y-determina la cognoséllillidad final del universo.

~: médid_:i que una serie de - expertos, desde psiquiatras y

b1ologos hasta ingenieros en electricidad,, revisaban crítica-

mente el manuscrito, se hizo evidente que cualquiera de ellos

podía entender que una sección determinada era muy elemental

mientras que otros opinaban que era demasiado especializada

Del mismo modo, podría considerarse que la inclusión de

?ef~ci'ones -tanto en el

texto

C'.Omo

en

las notas

a1

pie-

rmplica una actitud ofensivamente condescendiente hacia una

persona para qµien el término forma parte de su lenguaje

profesional cotidiano, mientras que para el lector común la

falta de definiciones a menudo parecía implicar alcro así co-

mo "Si usted no sabe qué significa, no vamos a to~arnos la

molestia de decírselo". Por 1o tanto, se decidió incluir al final

del libro u~-~?E_~e~s_ólsi ilg_uel!os términos que·

f!~_J?1:1~~~.~ -~ncontrarse en los diccionarios comunes y que- no.

-----·-

-

-

-

jJ'?-

19

están definidos en el texto.

(En

el índice se

indica la

ción

de

las

definiciones ofrecidas en el texto, con los nume-

ras correspondientes a las páginas en ne¡?;ri~a) · Los autores desean expresar su agradecumento a las nume-

rosas personas

que leyeron todo

el man;iscrito

o

J?arte de

él

y proporcionaron ayuda, aliento y conseJO, en particular Paul

S. Achilles, Ph. D., John H. Wealdand, M. A., Carlos E.

Sluzki, M. D., A. Russell Lee,

M.

D., Richard Fisch, M.

D.,

y Arthur Bodin, Ph.

D., todos ellos colegas en el Mental

Re-

search Institute· Albert E. Scheflen, M. D., Eastern Pennsyl- vania Psychiatrlc Institute y la Temple Universíty School of

Medicine· Karl H. Pribram, M. D., Ralph I. Jacobs, M. D.,

v William' C. Dement, M. D., de la Stanford University School

'of Medicine; Henry Longley, B. S. E. E., Proj~~t Engineer,

Western Dei;elopment Laboratories (Philco); Noel P. Thomp- son, M. D., M.S. E. E., Jefe de la División de Electrónica Mé-

dica

Palo Alto Medical Research Foundation; John P. Spie-

gel, 'M. D., Center of Research in Personality, Harvard Uni-

versity. La responsabilidad por las posiciones adoptadas Y los errores que puedan haberse cometido corre por cuenta exclu-

siva de los autores. Este trabajo se realizó con la ayuda del National Institute of

Mental Health (Subsidio MH 07459-01), la Robert C. vY_hee-

ler Foundation, el James McKeen Cattell Fund, y la Natumal

Association for

U ental H ealth, cuya ayuda reconocemos con

gratitud.

Palo Alto, marzo de 1966.

1

Marco de referencia

Hasta el momento, la

historia no presenta un ejem-

plo de una cultura que rinda a otra, extinta hace ya mucho, tanta reverencia y sumisi6n en cuestiones

científicas como

el

de

la nuestra

con respecto

a

la

Cultura Clásica. Debió transcurrir mucho tiempo til1~ tes de que reuniéramos el". coraie necesario para se-

guir nuestras propias ideas. Pero, aunque el deseo de emular a los Clásicos estuvo constantemente pre-

sente, cada uno de los pasos dadors en ese intento en realidad nos apartó cada vez más del ideal ima- ginado. La historia del conocimiento occidental es, por lo tanto, la historia de la emancipaci6n progre- siva con respecto al pensamiento Clásico, una eman- cipaci6n nunca deseada sino impuesta en las pro-

1.1

fundidades del inconsciente.

decadencia de Occidente.)

( Oswald

Spengler:

La

Consideremos las siguientes situaciones distintas:

El número de zorros que habitan en cierta área situada al norte del Canadá exhibe una notable periodicidad en cuanto a su aumento y disminución. En un ciclo de cuatro años alcanza un punto máximo, disminuye casi hasta la extinción y, por último, comienza a aumentar otra vez. Si el biólogo limitara su atención a los zorros, estos ciclos no serían comprensibles, pues nada hay en la naturaleza del zorro -o de ninguna otra especie- que fü'}Jlique tales cambios. Sin embargo, cuando se piensa que los zorros se alimentan casi exclusivamente de co- nejos salvajes, y que éstos casi no tienen otro enemigo natural, esa 1·elación entre las dos especies proporciona una explica- ción satisfactoria para un fenómeno que, de otra manera, se- ría misterioso. Así puede entenderse que los conejos exhiban un ciclo idéntic.o, en el cual el aumento y la disminución es- tan invertidos: cuanto mayor es el nó.mero de zorros más son

./f()-

los conejos muertos por aquéllos, de modo que, eventualmen- te, el alimento se hace muy escaso para los zorros. Su número disminuye, dando así a los conejos sobrevivientes una opor- tunidad para multiplicarse en ausencia virtual de sus enemi- gos, los zorros. La renovada abundancia de conejos favorece la supervivencia y el aumento del número de zorros, etcétera. Un hombre se desmaya y es trasladado al hospital. El médico que lo examina observa pérdida de conciencia, presión arte- ra! sumamente baja y, en general, un cuadro clínico de al- coholismo agudo, o de una intoxicación por drogas. Sin em-" bargo, los análisis no revelan huella alguna de tales sustan- cias: El estado tlel paciente sigue siendo inexplicable hasta que aquél recupera el conocimiento y revela que es un in- geniero de minas y acaba de volver, luego de h·abajar durante

dos años en una .mina de cobre ubicada a una altura de cua-

tro

mil quinientos metros en los Andes.! Ahora resulta evi-

dente que el estado del paciente no constituye una enferme- dad en el sentido habitual de deficiencia orgánica o tisular, sino un problema de adaptación de un organismo clínica- mente sano a un medio drásticamente modificado. Si la aten- ción médica se limitara exclusivamente al paciente, y si sólo se tuviera en cuenta la ecología del medio habitual en que

vive

el

médico,

el estado del paciente seguiría siendo in-

comprensible.

En el parque de una casa de r::,ampo, a la vista de los tran- seúntes que pasan por la vereda, un hombre barbudo se arras- tra, agazapado siguiendo recorridos que semejan un ocho, ob~. servando constantemente por sobre su hombro y graznando sin cesar. Así describe el etólogo Konrad Lorenz la conducta que debió adoptar durante uno de sus experimentos de Im- printing con patitos, luego de haber reemplazado a la mad_re

de

aquéllos.

"Yo

me

felicitaba",

escribe este autor, "por ia

obediencia y exactitud con que mis patitos me seguían, cuan-

do de pronto levanté la vista y vi sobre la cerca del parque una fila de rostros tremendamente 1?á1idos: un gmpo de tu- ristas me contemµlaba horrorizado desde la cerca". Los patitos resultaban invisibles debido a las altas hierbas y lo que los turistas veían era una conducta totalmente inexplicable v, de

hecho, loca.

( 96,

p. 43).

·

Estos ejemplos aparentemente dispares tienen un denominador

  • 1 común: un fenómei:io P~!111anece inexplicable en tanto el mar- .\" \gen_ de_o~servac:4,~p. no es s_pficiénteménk anip1io como p'ara

·.\ ii@EJ.reJ

..

9.0.n.textQ

__e.n

el que dicho .fenómeno tiene lugar. La

imposibilidad de comprender las complejidades de las rela- ciones que existen entre un hecho y el contexto en que aquél

tiene lugar, entre un organismo y su medio, o enfrenta al ob-

servador con algo "misterioso" o lo lleva a

atribuir

a

su

objeto de. estudio ciertas propiedades que quizás el objeto no

posea.

En comparación con la ampla aceptación que este he-

+- cho tiene en biología, las ciencia parecen ba-

~A.e.Ja.Gond"JJc.ta

._

sarse todavía en una viSiói1ñiQñádica

..d.eüQ."éllViduo

y

del mé-

todo, qonsagrado por el tiempo, que consiste en aislar varia-

bles. Ello resulta particularmente evidente cuando el objeto

de estudio es la conducta perturbada.

Si

a una persona que

~xhibe una conducta alterada. ( psicopatológica) se la estudia en aislamiento, entonces la investigación debe ocuparse de la naturaleza de su estado y, en un sentido más amplio, de la

naturaleza de la mente humana.

Si los límites

de

la investi-

gación se am¡;ilían con el propósito de incluir los efectos

de

esa conducta sobre los demás, las reacciones de estos últimos

frente a

aquéllas y

el .contexto en que todo

ello tiene lµgar,

entonces el foco se desplaza desde la mónada artificialmente aislada ~~a la relación entre las partes de un sistema más

ª1!1P!io,. ~~-º~~~'Jrvador. de la

conducta humana, entonces, .pasa

_d.f:Lun_es.tuiliº-dedgºtivo.de la mente· a:l estüafo-·de'las mani-

fostacioqes observables

d~-larefáción.-· ---

--------...

~---·---

El v'ehi_@l;;dª~f.ª-~;_ mgnfti~ac_ion~~~(:!~. ,lll,_ qg_rn_!±T}icación.

¡

Quisiéramos sugerir que el estudio de la comunicaéióii-Iíuma ;l\ .. na puede subdividirse en las tres áreas, _ajg!ácti~ª' semántica y; \

pragmática, establecidas por Morris (106) y seguidas por Car-\ 1

nap ( 33, p. 9), para el estudio de la semiótica (la teoría ge- n~ral de_ los signos y los lenguajes). Así, aplicadas al marco de -¡a comunicación humana, la primera de estas tres áreas:' abarca los probl~mas relativos a transmitir información y, por'; -- _.

_

ende, const'tuye -eTcampO-füridanieñfat del teórico de·

ia·in"'

formación, cuyo interés se refiere- a' lo-s problemas" de cadí~ ficación, ca:l21es. capacidad, ruido, redundancia y otras pro- piedades estadísticas del lenguaje. Tales problemas son de ín- dole esencialmente ,ti;Jtáctica, y a ese teórico no Je interesa el significado de los símbolos-mensaje. El significado constituye· la preocupación central de Ja se- m~!!fíCá-:-Sr b'ie'n és posible- transm1Hr-ser1es-de ·simbo1os -con corrección sintáctica, carecerían de sentido a menos que el emisor y el receptor se hubieran puesto de acuerdo de antema- no con respecto a su significado. En éal sentido, toda infor-

.

mación compartida presupgp~ _u~~SQI!Y5!~ción s~m.ªIJ,ti<;,ª-'. Por

-ultiiño-:·Ia comurliéación afecta a la conducta v éste es un

aspecto pragmático. si bien -es·p~~¡;f;;--;¡;;tuai=-un~-;~pa­

ración conceptual-clara entre est~s tres áreas, ellas son, -no

~bstante, interdep_~ndientes.:. Como señala George ( 55, p. 41)

en muchos sentidos es válido

afirmar que la sintáctica

e~ ló-

gica matemática, que la semántica es filosofía o filosofía de la

.;

ji¡/-

. \

.

,

~

''

ciencia y que la pragmática es psico!o~ía, J?,ero estos campos

no son en realidad completamente distintos .

,

.

.

Este libro se referirá a las tres áreas, pero se ocupara en_J?ar-

ticular de la_pra.gmá_tka

._

esto

es,

_de 1~.7.?cf:l1~~?ªj

~QL~fo~!Qs_

ción sobre Ja conducta. En tal :Sentido, deb~ a~l,ararse. es e e

; tcomienzo que estos dos términos, com!:1.~~c1on Y conddICtf~

¡/se usan_ virtual!ll~nte como

sinónimos, pues., los

datos ..

e

. ·.

! pragmática no

son sólo palabras, , (en func1?1!- de

sus ?°~1-

\ gufaciühes y significados)

que

estan al

serv1c~o de la

smtac

tica

y

la semántica, sino tambié~ sus, concomitai;t~s no

j bales

y

el lenguaje

personales

! conductas

corpo1.il.

Mas aun, agre~an~mos a

los

co~Ronent~s c"?mui:1cac1on:les

ver-

!as

11;-

.1i herentes al contexto en que la comumcac1ón tiene Iu

0

ar. As1,

Udesde esta perspectiva de la pragmática, to~a .cm;1?;ict~,. Y no

.sólo el habla, es comunicación. y toda con;umcac1on. mcluso

los indicios comunicacionales de contextos impersonales, afec-

·tan a la conducta.

Además no sólo nos interesa, -como sucede con la prap:má-

tica en 'general-, el efecto de una comunicación sob.re el re-

ceptor, sino también, -por considerarlo como algo i~sepa:a­

blemente iigado,- el efecto que la reacci6n del receptor t:r

ne sobre el emisor. Así preferiríamos ocuparn?s menos e

Ias relaciones

·

emisor-signo

·

·

o rece pt o r·signo y.

mas. de

la rela-

______

_

qión .em.isor-receptú!! _qf.!_~ se establece por medio de la co-

__

municación.

1

f

6

d

Puesto que este enfoque comunicacional de os en menos e

ia conducta humana, -tanto normal como anormal,- .!'~ b~dsa

en las manifestaciones observables de relací6n en el sen.ti

más ampÍio, está. conceptualmente más cerca-de las _ma~e~~,1-

tic3.s cue de la psicología tradicional; pues las maf~m~ticas

constituyen la disciplina que se ocupa de manera m~s mme-

diata de

las relaciones entre entidades y no ~~ su naturaleza.

Por otro lado. la ps'icología ha mostrado trad1c1onalmente una

marcada tendencia a ia concepción monádica del hombre y.

en consecuencia, a una cosificación de algo q?e -cad~ , vez se

manifiesta más como pautas 1 de relación e mteracc10n.

l

Hemos

elegido

las

con

él,

structuralisme)

. mienzo:

en este 'libro,

totalidades

 

expresiones

" patron'

'"

y

''

t

pau a

"

como

el· mei·or

.

.

~uiva1ente posible del término inglés "pattem" qu~ e~,. en reahd~d,. in-

aclarado desde

o "paut~" se '.ltíl~an para reff~se a

traducible. Así, se hace difícil transmi?r su ~!eno s1gn~1cado se4nti:,o,

(y,

ve:z:

en re ac!On

mayor

( cf.,

~l co-

aunque en francés, por ejemplo, el termino strucmre

goza

de

una

aceptación

Conviene dejar

esto

cada

las obras de Levv-Strauss).

"patrón"..

que siguen su~··propias ·leyes y no 3on sm~plement~ -ª. "urna

<leoarfes-individt1ales: También se hs podrb. Jamar g~t<plt: " siempÍe

que- se atribuya a este término el sigillficado

0rig1~ial, d~nam1co, que .e

diera \Vertheimer y no se las entendiera como configurac10nes puramen.e

estáticas. [N. del A.]

24

La afinidad de nuestra hipótesis con las matemátcas se se-

ñalará toda vez que ello resulte posible. Esto no debe detener

al lector que no posee conocimientos especiales en ese cam-

po, pues no encontrará aquí fórmulas u oh·os simbolismos

específicos. Si bien existe la posibilidad de que algún día la

conducta humana encuentre su expresión adecuada en el sim·

bolismo matemático, no es por cierto nuestra intención in-

tentar esa cuantificación. Antes bien, nos referiremos al vasto

trabajo realizado en algunas ramas de las matemáticas siem-

pre y cuando esos resultados parezcan ofrecer un lenguaje

útil para describir los fenómenos de la comunicación humana.

1.

2.

N oció'!}

__

<!:?_:f'l!-nc_ió_E:__

y_ relación

El principal motivo por el que debe recurrirse a las matemá-

ticas en busca de una analogía o de un principio explicativo

es la utilidad del concepto matemático de funci6n. Para ex-

plicarlo, se hace necesario realizar una breve incursión en la

teoría de. los números.

Los filósofos de la ciencia parecen estar de acuerdo en que

el paso más significativo en el desarrollo del pensamiento

matemático moderno fue el surgimiento gradual de un nuevo

concepto del número desde Descartes hasta nuestros días. Pa-

ra los matemáticos griegos, los números eran magnitudes con-

cretas, reales, perceptibles, entendidas como propiedades de

objetos igualmente reales.

Así, 1a geometría

se

ocupaba

medir y la aritmética, de contar.

de

En su lúcido capítulo "Sobre el significado de los rn'imeros"

(146), Oswald Spengler muestra no sólo que la noción de cero

como número resultaba impensable, sino también que ias mag-

nitudes negativas no tenían un lugar propio en la realidad del

mundo

clásico:

"Las magnitudes negativas carecen de exis-

x ( -3)

= + 6 no es algo perceptible

tencia. La expresión ( -2)

ni una representación de magnitud" (p. 66). La idea de que

los números constituían la expresión de magnitudes siguió

predominando durante dos mil años. El cambio decisivo tuvo

lugar en 1591, cuando Vieta introdujo las letras como nota-

ción en lugar de los números. De este modo, la idea de los

números como magnitudes discretas quedó relegada a un lu-

gar secundario, y nació el poderoso concepto de variable; con-

cepto que al matemático griego clásico habría considerado tan

irreal como una alucinación. pues, en contraste con un nú-

mero que significa una magnitud perceptible, las ~ables no

.!J~nen significado propio, sino que sólo rnsulta:ilsignificativas

tn su relación mutua. Con la introducción de variables se Jo-

gi'iS- una nueva dimensión de información

y

así

se

formó

la

..

/<í~-

nueva matemática. La relación entre variables j expresadas por lo común, aunque no necesa~iamente, c?mo una ecuación) constituyen el concepto de función. Para citar a Spengler una vez más, las funciones

...

no son· de ninguna manera números en el sentido clásico, sino signos

~~~~tal!

...

E~~~!.1exié!l:JlUe

carece de

todos los ~~Kg.~ tí]?!:?~.~

la magnitud,. forma y significado. ú~c_!l,una infinidad de posiciones Pe:?.:

__

sÍbÍes de -~á°ct;~ar, l"in. conjunto unificaao que~a!J:í;iil.i~r:ii-~~í~?Ist:en­

ci-;¡· ~-o;;~··{iii";~éra'."T'O<l~-1a."'-ecuaei6J;,-··á:;;ñciüe-escritaeii.ñiiésüa des-

ai~~t;;~~ci~ -~ot¡ción como una pluralidad de términos, es, en realidad,

un única número, pues x,

son

+ y =,

(p. 77).

y,

z no son números en mayor medida en que lo

Así, por ejemplo, al establecer una relación específica entre

y, la ecuación x2 una curva. 2

x e

= 4ax encierra todas las propiedades de

Este importante cambio en el pensamiento matemático ha si- do resumido por Suzanne Langer de la siguiente manera:

Detrás de estos símbolos se encuentran las abstracciones más au<laces, más puras y más frías que la humanidad creara jamás. Ninguna de las especulaciones escolásticas sobre las esencias y los. atributos se acercó a nada similar a la abstracción del álgebra. No obstante, esos ·mismos científicos que se enorgullecían de su conocimiento fáctico concreto, que proclamaban rechazar toda prueba excepto las empíricas, jamás vaci- laron en aceptar las demostraciones y los cálculos, las entidades incor- póreas, a veces reconocidamente "ficticias", de los matemáticos. El cer.o y el infinito, las raíces cuadradas de los números negativos, las longi- tudes inconmensurables y las cuartas dimensiones, encontraron una bien- venida sin reservas en el laboratorio, cuando el· lego reflexivo corriente, que todavía podía aceptar como un acto de fe una sustancia anímica invisible, dudaba de su respetabilidad lógica ...

¡ EI secreto radica en el hecho de que un matemático

mar nada acerr.a de la existencia, la realidad

 

no pretende afir-

o la eficacia

de

las

cosas.

 

'

)

Sus

'entidades'

--

-no

son

 

los

 

tienen signi:l

.1 Le interesa la posibilidad de simbolizar cosas y de simbolizar las rela-

r--··--------~-. ··- - ------·-·

-

-

---·-·------··

t. cienes

¡----------

que

pueden

___________

establecerse -- entre

..

_____________

ellas.

--.:'.datos", sino conceptos. Es por eso que los "números imaginarios" y

IOS"de~imaleS-íñfíñitos" son tolerados por científicos para quienes

fic!l~~ en términos de relaciones,

agentes y los poderes invisibles y los "principios" constituyen ana-

tema.

L~construcciones. matemáticªs, son sólo símbolos;

no

d~--~~bstañcia-( 91, pp. iS-19, hs J

últimas bastardillas

son nuestras) .

Existe un paralelismo sugestivo entre el surgimiepto _d,el .con- y el despertar ·de -la psicología

al

CE)P_!<L.!!!_atemátj~_o

concepl:O-..de

__Q~_fonQ.ión

relación. Durante lárgo tiempo -en cierto sen-

fído-:-aesae-71;rislótefes·.:

se concebía la mente como una serie

.... ·de propiedades o características de las que el individuo es- taba dotado en mayor o menor grado, tal como contaba con un cuerpo esbelto o robusto, con cabello pelirrojo o rubio, etc. El final del siglo pasado fue testigo del comienzo de la era experimental en psicología que trajo consigo la introducción ·de un vocabulario mucho más refinado aunque no esencial- mente distinto en un aspecto: seguía estan<lo constituido por conceptos singulares y no muy relacionados. Tales conceptos eran los de las funciones psíquicas, lo cual fue desafortunado,

porque no están relacionados con el concepto matemático de función y quienes los utilizaban no se proponían referirse a él. Como sabemos, las sensaciones, percepciones, apercepcio- nes, la atención, la memoria y varios otros conceptos se defi- nían como tales funciones. v se realizó v todavía se realiza. un enorme trabajo para estudiarlas en 'ai:;lamiento artífical. ;~Pero Ashby, por ejemplo, ha demostrado que el supuesto de

i ;Jn memoria está directamente relacionado con la posibilidad . ide observar un sistema dado. Señala que, para un observador que está en posesión ele toda la información necesaria. cual- quier referencia al pasado y, por ende, a la existencia de una

:2 Un reciente articulo

..

de

J.

David Stern (149)

ilustra hasta 9-ué pu~to

memoria en el sistema, es innecesaria. Dicho observador pue-

     

estado

actual.

puede ser engañoso el significado de los números c?m?. magmtudt;s, m-

cluso cuando están primariamente destinados a significar magmtudes

de

explicar

la

conducta

del

sistema

Ofrece el siguiente ejemplo práctico:

por

su

concretas, por ejemplo, en economía. Refiriéi;dose a la deuda nacion~l,

 

este

autor señala que exaininada en forma aislada y,

por

ende, en _ter-

· ..

supongamos que

estoy en

la

casa

de

ur.

amigo

y, cuando

un

auto

minas de magnitud absoluta, la deuda nacional de los Estados Umdos

ha sufrido un escalofriante aumento desde 257 billones en 1947 a 304 billones en 1962. Sin embargo, si se la ubica en su contexto apropiado,

es decir

en relación

con

el

ingreso

neto,

per capita, se hace evidente

pasa por

la

calle, el

perro de

mi amigo

corre hacia un

rincón de

b

habitación y comienza a temblar. Para mí, esa conducta es inexplicable Y su causa me resulta desconocida. Entonces mi amigo dice: "Hace

una dis~inución del 151 % a 80 % durante ese período. Los legos Y los

políticos tienen particular tendencia a

caer en

este

tipo de

falacia

ecc:-

nómica aunque hace ya mucho que los teóricos de la economía sólo uti-

seis meses lo atropelló un referencia

por una

a

un

auto".

hecho

Ahora

ocurrido

la conducta queda explicada

seis

meses

antes.

Si decirnos

lizan sÍstemas de variables econóinicas y no

unidades

aisladas

o

ab-

que el perro manifiesta "memoria" nos referimos prácticamente al mismo

solutas.

_h~!i(J;,:esto ·es;-que su conducta puede explicarse no mediante um

re-

ferencia

a

su

estado actual, sino a

su estado hace

seis

meses., Si no

se

Úene

cuidado,

s~ llega

a

afirmar que

el perro "tiene" memoria, ,Y luego

se piensa

en

el perro

como teniendo ~lguna ,cosa, como_ ,podna

tener

un mechón

de pelo

negro.

Y uno podna

sentrr la tentac10n de

empe-

zar

a

buscar

esa

cosa

e incluso

llegar

a

descubrir

que

dicha "cosa"

 

.

posee algunas propiedades muy curiosas. Evidentemente, la "memoria" no es algo objetivo que

un sistema

 

see-cnio,. sino un concepto que el observador invoca para ltemir.la bre:ha

que existe cuando uxiá parte_ qeL~istema es inobservable: Cuanto men~r

es el número de variables observables,

en

mayor medida se verá

obli-

gado el observador a

considerar los hechos del p~sado "como ~i ,?esem·

peñaran un papel en la conducta del sistema.

As1

la

memoria

en _el

cerebro es s6lo parcialmente objetiva, por lo cual no resulta _ext:rano

que a veces se haya pensado que sus propiedades so~ ins61i::as o inc!1.1so -parad6]iéas. Obviameñte, es necesario volver a exammar cmdadosamente

  • efteina- desde sus primeros principios.

( 5,

p.

117) ·

Según nuestra interpretación,

est~ pas.aje -~n modo. ~lg~n?

niega los notables avances de la mveshgac10n neurof1Slolog7-

ca sobre la .acumulación de información en el cerebro. Ev:·

dentemente el estado del animal es distinto desde el acci-

dente· deb; haber alaún cambio molecular, algún circuito re-

cient~mente establecido, en síntesis "algo" que el perro "tie-

ne'' ahora. Pero Ashby se opone claramente a esa construc-

ción hipotética y a su cosificación. ~atesan (17) ofrece otra

analogía, la del desarrollo de una partida de a¡edrez. En cual-

misrno
misrno

;relatiyo que

sólQ Q!!.~~---_perci~irse

__

___

f!~__

:i:e~aci~i:i--con un ..

punto de_ref~r,encia. Lq que solemos dejar de lado· es queese -

(princip_o rige virtualmente para todas las percepcio-

nes )'.', por--10 tanto, para la experiencia que el homore tiene

-

·de-la realidad. Las investigaciones sobre los sentidos y- el ce- -

rebrg_han demostrado acabadamente

que sólo sepueclen pei;-

Cihli- relaciones y pautas de relaciones, y que-·elfas- C-oiistitu-

yen·-Iá.-eseiic!?,~jkJª~!Jiei:i~P:4i~~-Así, .cuando mediañte algún

recurso ingenioso se impide el movimiento ocular de modo

que las mismas áreas de la retina continúen percibiendo la

misma imagen, ya no resulta posible tener una percepción

visual clara. Del mismo modo, un sonido constante e invaria-

ble es difícil de percibir e incluso puede volverse inaudible.

Y si se desea explorar la dureza y la textura de una superficie,

el sujeto no sólo colocará el dedo sobre ella, sino que lo

moverá hacia uno y otro lado, pues si el índice permaneciera

inmóvil no se podría obtener ninguna información útil; salvo,

quizás, una sensación de temperatura que a su vez se debe-

ría también a la diferencia relativa entre la temperatura del

objeto

y

la

del

dedo.

Sería fácil

dar más

ejemplos de este tipo y todos señalarían

el hecho

de

que,

de una manera u

oti·a, en toda percepción

hay un proceso de cambio, movimiento o exploráción (132,

p. -i73J~-Eñ'--otros términos, se est13,blece una relación, se la

p9~e a p_~eba _en un rango tan- amplio como

las circunstan-

éias·IO permiten y se llega a una abstracción que, según sos-

quier momento dado, el estado ael juego puede _entenders~

funemos, es. idéntica af concepto matemático de función. Asi,

la esencia de nuestras percepciones no son "cosas" sino fun-

sólo

a

partir de

la configuración actual d~ las

pie:~s sobre, el

tablero

(siendo el ajedrez un juego con mforma~101:1 comp1e-

ta.), sin ninefT> registro o "recuerdo" d_e los ;::10V1Illlentos an-

ciones-,,;.-es-ras, como

Vimos, no constituyen magnitudes aisla-

una infini-

-das-·siil; -''sig_!i:<Js. que representan una conexión

teriores. Aun c-uando se tome esta configuracwn, como la me-

moria

del

juego, se trata de una interpretacion puramente

presente, observable, del término.

dad de posiciones posibles de carácter similar

" Y si esto

es.cierto, entonces ya no debe sorprendernos que incluso. la

,

.

Cuando el vocabulario de la psicologia expenmental se ex-

tendió a los contextos interpersonales, el lenguaje de la psi-

cología siguió siendo monád~~º· c.onceptos. 'tales . como lide~

razgo, dependencia, extrovers10n e mtrovers1on, enanza Y 1:1u-

chos otros se convirtieron en el objeto de detallados estudios.

Desde lue'ao el peliaro consiste

en que todos· esos

términos

percepción que el hombre tiene de sí mismo sea, en esencia,

ün_?

cipa,

percepción de funciones,

de relaciones en las que parti-

p'or mucho que después pueda cos~ic_ai:: esa percepción.

Cabe destacar, dicho sea de paso, que-la ya -vasta literatura

acerca de deprivación sensorial corrobora todos estos hechos,

desde los trastornos sensoriales hasta los problemas de la au-

..

tcipercepción.

"'

'

asuman una pseudorrealidad propia si se

o

l

l

os. ~)lens~ . Y ~~. os

.

repite durante bastante tiempo, y la construcc1on te~nca lide-

razgo" se convierte por fin en Lidera:~o, una cantl~ad, roen-

'-~

surable en la mente humana, concebma como un renomeno

! en

; no

aislamíento. Una

se reconoce que

vez que se produce

esta

cosificación, . ~a ·,

el término

no

es

lT'ás q,1-;-e una

expres10n

,

; que sintetiza

una forma particular de relac10n en curso.

Todos los niños aprenden en la escuela que -el_ movimiento es-:

;~

:!::_

.";-;

~

  • 1.3. InÍormación y retroalimentación

Freud terminó con muchas de las cosificaciones de la psicolo-

gía-tradicional cuando introdujo su teoría psicodinámica de

la

_.

s:onducta

·-- -

humana. No es necesario destacar aquí sus lo-

.;<¡<¡ _

29

gros, pero hay un aspecto de ellos que encierra particular im-

portancia para nuestro. tema.

La teoría psicoanalítica está basada en un modelo conceptual

acorde con la epistemologfa prevaleciente en la época de su

formulación. Postula que la conducta es, básicamente, el re-

sultado de una interacción hipotética de fuerzas intrapsíqui-

cas ,que obedecen a las leyes de conservación y transforma-

ción de la energía imperantes, en el campo de la física donde,

para citar a Norbert Wiener cuando describe esa época, "El

materialismo aparentemente había ordenado su propia gra-

mática, y dicha gramática estaba dominada por el concepto

de energía" (166, p. 199). En líneas generales, el psicoanáli-

sis clásico siguió siendo eri esencia una teoría sobre los pro-

cesos intrapsíquicos, de modo que incluso cuando la inter-

ación

con las fuerzas externast era evidente, se la consideraba

secundaria, como sucede con el concepto de "beneficio secun-

dariol3. En general, la interdependencia entre el individuo y

su medio siguió siendo objeto de muy poca atención dentro

del campo psicoanalítico, y es precisamente aquí donde el

concepto de intercambio de información, esto es, de comuni-

cación, se hace indispensable. Hay una diferencia básica en-

tre el modelo psicodinárnico (psicoanalítico) por un lado, y _

cualquier conce-ptualización de la interacción enh·e el orga-

nismo y el medio. por el otro; ·y dicha diferencia m1;.de vol-

verse más clara a la luz de. la siguiente analogía (12)/Si el pie

de un caminante choca contra una piedra. la enen;ía se trans- '

fiere del pie a la piedra; esta última resultará desplazada· y

se detendrá en una posición que e"itá totalmente determinada

por factores tales corno la cantidad de energía transferida, la

forma y el peso de la piedra y la naturaleza.< de 1a superficie

sohrn la eme rueda. Si, por otro lano, el homhrn !.!nTnP.::i. <t nn

rierro1 en lugar de una piedra. aoué1 puede saltar y morderlo.

En

ta1

caso,

la relación

entre el

puntapié y el mordisco es

 

de índole muy distinta. Resulta evidente que el perro obtiene

la energía de su propio metabo1i~mo y no del puntapié, la

~ energía

para

su

reacciónJ Por

ende~ lo

que

se

transfiere ya

·' ·

no es energía, sino más bien información.

E11 otrq<; nqfahra~

i;i1 puntapié es _una conducta que comunica atgo·--al·perro, y el

perro-ieac_ciona a esa comunicación con otro acto de conduc-

ta-comunicación. Esta es básicamente la diferencia entre la -~.

psicodiw~rnica freudiana y la teoría de la comunicación como

principios explicativos de ]a conducta humana. Como se ve.

~l

.

pertenecen a distintos órdenes de complejidad; el primero no '"

~~

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

3.

Desde luego, los llamados "neo-freudianos" atribuyen gran importan-

cia a la interacción individuo-medio.

i~'j

S

tf

f1.

puede ampliarse y convertirse en el segundo y éste no puede

tampoco derivarse del primero: se encuentran en una rela-

ción de discontinuidad conceptual.

Este pasaje conceptual de energía a información resulta esen-

cial para el desarrollo casi vertiginoso en la filosofía de la

c~enc.ia desde el final

de la Segunda Guerra Mundial; y ha

e¡erc1do Ul_l efecto particular sobre nuestro conocimento del

hombre. La idea de que la información acerca de un efecto.

a saber, el hecho de que, si la retroalimentación al efector

es adecuada, asegura de tal manera la estabilidad de este v

su adaptación al cambio ambiental, no sólo abrió el camin~

hacia la construcción de máquinas de un orden superior. (esto

es con control de errores y dirigida a objetivos prefijados) y

Hevó a postular- !a cibernética, como una nueva epistemología,

sino que también' ofreció una visión totalmente nueva del

funcionamiento de los complejos sistemas interactuantes aue

encontramos en biología, psicología, sociología, economía y

otros campos. Si bien, al menos por el momento, la sicrnifica-

ción de la cibernética no puede evaluarse ni siquiera ~n for-

ma provisoria, los principios fundamentales inherentes a ella

son sorprendentemente simples y se examinarán aquí en for-

ma breve.

J!:J!_tanto la ciencia. se OC1:1PÓ del estqdio de relaciones linea-

J_es, unidjreccionales y progresivas, de tipo causa-efecto, una

serie-·ae fen6inenos muy importantes permaneció fuera de1

ipmens9 foratório. conqi:¡is\ado por el conocimiento científico

d_llrante los í1ltimos cuatro siglos. Quizá sea una simplifica-

ción exagerada, pero útil: decir aue esos fenómenos tienen

como denominador común los con~eptos relacionados de cre-

q_imierito

y_cambio. Para incluir estos fenómenos en una vi-

són unificada del mundo, la ciencia ha tenido que recurrrir

desde

la época

de

los

antiguos griegos.,

a conceptos diversa-

mente definidos pero siempre nebulosos y difíciles de mane-

jar, basados en la noción de que existe un propósito en el

curso de los hechos y que el resultado

eventual determina

"de alguna manera" los pasos que llevan a él; o bien, dichos

fenómenos estaban caracterizados por alguna forma de "-vita-

lismo" y, por ende, quedaban excluídos de la ciencia. Así,

hace aproximadamente 2.500 años el escenario estaba ya pre-

parado para una de las grandes controversias epistemológicas

que ha continuado hasta nuestros días: la lucha entre el de-

terminismo y la teleología. Para volver al estudio del hombre,

el psicoanálisis pertenece claramente a la escuela determi-

nista mientras que, por ejemplo, la psicología analítica de

J~ parte en grado considerable del supu-esto de una "ente-

lequfa"--iiimanente en él liombre.

El advenimiento de la. cibernética puso fin a_~odo esto de-

mostrando que los dos pni'fcipios podían· úmrse dentro de un

marco más amplio, criterio_ que

..

se hiz.o posible. gracias al

·descubrimiento de

la rétroali¡nentaci6n. ·Una cadena en la

que- el lieého a afoct~ al hecho b, y b- afecta luego a e y e a

su vez trae consigo a d, etc., tendría las propiedades de un

sistema lineal

determinista.

Sin embargo,_ sLd lleva nueva-

mente a

a

el

sistema es circuTary · fllnciona de modo total-

' mente

disÍinto.

Exhibe una

conducta

que

es

esencialmente

análoga a la de los fenómenos que han desafiado al análisis

en términos de un determinismo lineal

 

r:--:,

Se sabe q1:1e

r.~t_roalimentación puede ser_ pos~tiv~ _o '.!l_El_gca~y_8:;

la segunda-. se mencionará cop .:mayor _frecuencia e!l este hbro, _

puesto que~-~~r~?b:irfaa la _hoi:ieost8:s!~-~~o C.ºE:s.t~~t~) ppr _ ,

lo cual desempeña_ un p_ªpel importante en

13L1llan-

teniiñ.iento de la''estabili¡:lad de las relacion!':ls· Por otro lado,

iefroalim.enta<?Íón-áio~tiV.~Dll?.Vª

C8:~bio, esto es, ªJ·ª pér-

 

dida de estabilidad o'de equilibrio. En ambos casos, par_te de

fa. sanaa;·-cre. ün.· sistema welve a. introducirse_ en.:

e

l.

sistema

  • como- infürmá.Cíori · acerca··a-e· diéha··¡;a.JiOá: La. diferencia c_on-

si~fi:ü::J,1-~éflje; én-eT

_i;egativa, esa

iÍlformación se útiliza para· dis_minuir la desvmc1on de la sa-

lida con respecto _a

establecida.

-de

ahí que

útIBce ·eladjetivo ~'.!lflgati:'{_a"--:'. mientras que,

en. ~l caso, de· la

rerroafünentaei6n ,':positiva, ) la misma inforn1ac10n actua co-

mo - üna medida para afrmenfar la desviaci6n .de la sa}ida Y

resulta así positiva en relación con la tende!!_~ia ya existente

hacia la imrlovilidad o la desorganización.

Si bien el concepto de homeostasis en fas relaciones humanas

será objeto de un examen más dehTI<>do en la S.4.4, conviene

aclarar ahora que seria prematuro e inexacto llegar simplemen-

te a 1a conclusión de que la retroa Hmentación negativa es de-

de estabilidad. Puesto que las manifestaciones de vida se dis-

tinguen cl~ramente tanto por la estabilidad como por el cambio,

los m~carusrnos de retroalimentación positiva o negativa que ne-

cesanamente poseen presentan formas específicas de interde-

pendencia o complementariedad. Pribram ( 117) demostró hace

poco que el logro de estabilidad da lugar a nuevas sensibilida-

des Y que nuevos mecanismos aparecen para hacerles frente.

Así, la estabilidad no es un punto final estéril incluso en un

medio relativamente constant~ sino más bien, para utilizar la

conocida frase de Claude Bernard: "la estabilidad del medio

interno es la condici6n para la existencia de vida libre".

Con buen criterio, se ha hablado de la retroalimentación como

<JeLs_f?C[~_tq

__

de Ja

._

acfíviaacCnatiiral.-tos

sistemas con retroali-

11.!~n!1:J.ción .1?:º ~~l? ,se distinguen por un grado cuantitativamente

mas i:_l~<? sino que también son cualitativamente

cl.<:l.C:()mplejidad,

.._

qfs~!~~~ todo ·10 que pueda incluirse en el campo de la me-

estudio exige nuevos m,a:r;cos conceptuales; su

lógica y su epistemología son discontinuas con respe-cto a cier-

tos principios tradicionales del análisis científico, tal corno el

de "aislar una sola variable" o el criterio de Laplace de que el

conocimiento completo de todos los hechos en un momento

dado permite predecir todos los estados futuros. Los sistemas

.se fillt9J!QgµJan -los sistemas con retroalime;-ta¿¡¿;~=--~e:·

 

propia en la que los conceptos de coi:ifF'

guracion e información son tan esenciales como los de materia

y_ energíajo

fuei::on_a,

comienzos de este ~iglo. La utilización de

estos sistemas en tareas de investigación se ve enormemente

dificultada, al menos por el momento, por el hecho de que no

existe un lenguaje científico suficientemente refinado como para

constituirse en el vehículo necesario para su explicación, y se

ha sugerido, como lo hizo por ejemplo Wieser ( 167, p. 33),

que los sistemas mismos constituyen su propia explicación más

seable y la positiva, desorganizante

..

Sostel:!_1ªL?:?_s_ ~ásicar_i:ente

simple.

que los sistemas interpersonales -gruposde ae~cofldeiaos, pa-

1:ejas-mátrhnojifales, familias;· relaciones psicófer.l:1:Péüt:ic~s o. in-

.:,-

cluso internacionales, etc.- pueden entenderse como circmt_os

:

1. 4.

Red1mdancia

deretroiliD:ieiifaCióri, ya que la conducta de cac!:i persona af ec- -~.'

faiad.ecacTá üña-de las otras y. es, a su vez, afectada por .éstas.

..

La entrada a tal sistema· puede -amplificarse y transformarse

.

No debe entenderse que el énfasis que ponemos en la discon-

así en cambio o bien verse contrarrestada para mantener la _es- :¡.

tabilidad, según que los mecanismos de retroalimentación sean

positivos o negativos. Los estudios _sobre famili:as que incluyen

a. un miembro esquizofrénico de.jan muy pocas dudas acerca de. ,J

aue. la existencia deL paci.ente es esencial para la estabilidad. ~

d~l sistema familiar, y ese sistema reaccionará rápida y eficaz·

tinuidad entre la teoría de los sistemas y las teorías tradicio-

nales monádicas o lineales constituve una manif estacíón de

d~sesperanza. Si se destacan las difÍcultades conceptuales, es

solo con el fin de señalar que es necesario encontrar nuei;as vías

de enroque, por la simple raz6n de que los marcos de refe-

rencia tradicionales resultan evidentemente inadecuados. En

mente frente a cualquier intento, interno o externo, de alterar ~

esta búsqueda comprobamos que en otros campos se han hecho

su organización. Evidentemente, se trata de un tipo indeseable ~

~

~

i

1""

progresos que encierran relevancia inmediata para el estudio

./i/t·-

33

de la comunícac10n humana, y tales isomorfismo constituyen

el principal terna de este capítulo. Excelente ejemplo de ello

es el horneostato de Ashby ( 4, pp. 93 y sig.) y, por lo tanto, lo

mencionaremos por lo menos brevemente. El aparato consiste en

cuatro subsistemas autorreguladores idénticos totalmente inter-

conectados de modo tal que una perturbación provocada en

cualquiera de ellos afecta a los demás y, a su vez, se ve afectado

por la reacción de éstos. Ello significa que ning1.'in subsistema

puede

alcanzar su propio equilibrio aislado de l?s. oti;os, y

Ashby ha podido demostrar una serie de caractensticas. muy

notables de "conducta" en esta máquina. Aunque el circuito

del homeostato es muy simple si se lo compara con el cere-

bro humano o incluso con otros artefactos hechos por el hom-

bre, es capaz de 390.625 combinaciones ~e valores de, ~ará­

metro o, para expresarlo en términos mas antropomorf1cos,

cuenta con ese número de actitudes adaptativas posibles fren-

te a cualquier cambio en su medio interno o externo. El

homeostato a,lcanza su estabilidad por medio de una búsque-

da al azar de sus combinaciones, que continúa hasta que se

alcanza la configuración interna apropiada. Se trata de algo

idéntico a la conducta de tipo ensayo y error de muchos or-

ganismos bajo tensión. En el caso del homeostato, el tiempo

necesario para tal búsqueda puede variar de segundo~ a horas.

Resulta fácil comprender que, para los organismos vivos, este

lapso sería casi invariablemente excesivo y constituiría un .serio

obstáculo para la supervivencia. Ashby lleva este pensamiento

hasta su extremo lógico cuando afirma:

Si fuéramos como homeostatos, y esperáramos que un determinado cam-

po nos diera, de golpe, toda nuestra adaptación de adulto, aguardaría-

mos indefinidamente.

Pero el niño no espera indefinidamente; por el

contrario, la probabilidad de que desarrolle una adaptación adulta com-

pleta en el curso de veinte años se acerca. a la unidad

( 4,

p.

136).

A continuación demuestra· que en los sistemas naturales se

logra cierta conservación de la adaptación. Ello significa que

las adaotaciones anteriores no quedan destruidas cuando se en-

cuentr;n otras nuevas y que la búsqueda no necesariamente

tiene que iniciarse desde el comienzo como si nunca antes

se hubiera alcanzado una solución.

La relación entre todo esto y la pragmática de la comuni-

cación humana resultará más clara luego de las siguientes con-

sideraciones. En el homeostato, cualquiera de las 390.625 con-

figuraciones internas tiene en cualquier momento dado una

probabilidad igual de ser provocada por la interacción de los

cuatro subsistemas. Así, el surgimiento de una configuración

34

dada no ejerce el menor efecto sobre el de la configuración

o secuencia de configuraciones siguientes. Se dice que una ca-

dena de hechos cuyos elementos tienen en todo momento igual

probabilidad de producirse se comporta al azar. No permite

sacar conclusiones ni hacer predicciones con respecto a su se-

cuencia futura, lo cual equivale a decir que no transmite in-

formación. Sin embargo, si se confiere a un sistema como el

homeostato la capacidad para acumular adaptaciones previas

para su uso futuro, la probabilidad inherente a las secuencias

de configuraciones internas sufre un cambio drástico, en el

sentido de que ciertos agrupamientos de configuraciones se

vuelven repetitivas y, por ende, más probables que otras.

Cabe señalar a esta altura que no es necesario atribuir sig-

nificado alguno a tales agrupamientos; su existencia consti-

tuye su mejor explicación. Una cadena del tipo descrito es· uno

dR Jos conceptos más básicos en la teoría de

la información

y recibe el nombre de ~-º-~·QfJJÍ;;tko. Así, el proceso

estocástico se refiere a 1?-s

J~Y~?-.1_filí_~rnn~i_¡1__

fa_fr~cue.ncia de .._

símbolos o hechos, sea ·ia.--secuencia tan simple como los re-

sultados de

extraer bolitas bíailcas-y negras Je uña c.a1a:· o

fan cornple)acomo-ias--estructüras-específica:s-de1os-ereméI1"-

tüs tonales y orquestales utilizados por algún compo:.itor, el

uso idiosincrásico de elementos lingüísticos en el estilo de un

autor o la configuración, tan importante desde el punto de

vista diagnóstico, que presenta un trazado electroencefalográ-

fico. De acuerdo con la tem:ía .deJa info.r_mación, los proce-

sos esfócásticos muestran. ;edundancia o constricción, dos tér-

minos qüe pueden ser"Üsados indistintamente con el concepto

de configuración que se ha empleado libremente en los párra-

fos anteriores. A riesgo de ser demasiado r.edunda.c.i.~es. seña-

laremos una vez más que estas configuraciones no tienen. ní

necesitan tener, nincrún significado explicativo o simbólico.

Desde -luego, ello n; excluye la posibilidad

de que puedan

estar correlacionados con otros sucesos como, por ejemplo, en

el caso del electroencefalograma y algunas dolencias.

•. ·'La redundancia ha sido amuliamente estudiada en dos de las

' · tres áreas humanas de la ~comunícacion, la sintáctica y la

semántica; merece mencionarse al respecto la obra pionera de

Shannon, Carnap y Bar-Hillel. Una de las conclusiones que

pueden extraerse de esos estudios es la de que cada uno de

nosotros posee vastos conocimientos acerca de la legitimidad

y la probabilidad estadística inherentes tanto a la sintáctica

como a la semántica de las comunicaciones humanas. Desde

el punto de vista psicológico, ese conocimiento resulta parti-

cularmente interesante por el hecho de hallarse casi por

./<ífl-

35

c' e

completo fuera ·t t

quizás un

exper o

babilidades

de las

la

en

· · n

percatacio

inforn1ación,

4 Nadie

humana.

d

'

establecer

excepto

l

as

pro-

pud

e

jerárquicos de las

"'cuendas o los or

enes

Sv

n

un lenguaje dado, p

esar

de lo

error de

cual

i111-

letras y las. palab~~~;os percibir y

corre~:Us u;ar a un tarta-

todos nosotros p

erar

prenta, agr~"'

labra

que falta

·

qu

una

d

sus frases antes

y .e.

hacerlo. Pero

d

s

. º....

e

el logre

d

p

n idioma so_'[l

mudo terminan o

n

conocer u

saber al

t

...

~-persona puede

As1

,

,

una

fluidez y no _posee ,

r

idioma v

.

.

o acerca

·

s de conoc1m1en o

.

tiJ?.OS rnl}-Y distinto

atema con correCC1?1; y

sintaxis, esto e~,

Si ese indiv1-

vtiÍizar su lengua ro irnientos de grarnatica by bl

.

1,

;in embargo, co~~ que sigue cuando la loª h:ga mediante el

acerca de

l~s reo

o idioma -salvo

qu~ '

len ua materna-

duo aprendiera otr, ·co con que aprend10 su_

. rno método ernpm

rn1s

d

,

ue

también ten -na q

d

r

apren e

1os idiomas.:>

.

fcro acerca de

,

o constric?ion

__ná

revfSfón de

ernlícitamente a º

"J:'

Pasando abo;~ a la! fa comunicación humar:~ ~ublicado muy

roblemas de r_edundanc:1a

en la pragmat1ca

tra

que hasta ahora

se_

e refiere a }a prag-

fa literatura m~es a sobre todo en l?,qu;s ello entendemos

i.

--t

poco acerca d~ t~m ~nos de

interaccion.

or cen limitarse so-

mática corno , enolos estudios existentes parela

que la rnayona 1e t

bre todo

a los

1

e ec o

ente

en

tener igua m

.

s

de la persona A sobre

enta que

todo lo

que

cu

.

. ,

-

d

en :mis

ers

11?. senala

1

.o

4.

J

extraconsc1ente, o .

.

.

.

conscíente

E t

y

no

asp

.

.

.

s a

"'

de

'

b

e

~

ersona B, ·sin

j hace influye

entre

lo

.

in·

los

no

fe.

per-

. 6 n 1a dist1nc1on un~ oca.si.

.

1

y

.

d

por eieroplo.

l

,

1a us1co . cgm d de

.

e~e ccnteni

o

ue la fenomenc og.m

conciencia, q -

Í n:nan en conciencia,

sta manera, no

d

e

c::nfundirse con

.

io ewa-

·ficativos trau~ o

nómenos s1,,ni vuelve consciente. e_e

Esto último es en,-p;:Ul~nciencia.

cibido q11e se

l

"'.,

inconsciente. nunca po

lo

que

es cren,i1n=-" . ..

º

algo

6

)

de

ente

con!'c1ente, o Y

qu~

demos tomar

pte!la

r

una ba,e

. ~rtraconsciente

5

0 .

(78 bis,_ págti:a~ l~s causas ~e?e:mo~:r;~:: conexion~s ~ipnif1~:t:tili­

...

Al inves ·dades fenomeno1og1c::i.s,

unidad de inve~t1gac1on.~ecanismos

para

para

las

lo

uni h

que

amos tomado

coro~ .

a~ tales cÓroo disp3_;1c1one

s extraconsc1entes

.

y

1

r

ectiva

:z;amos concepto

on<c;entes.

( 78

bis

'-

pácr.

l

:;·a

4o 1) ·

de

n-asciende

pe spd

e

la-

re

~fn'ª~mb;go', l\ ~'~f~~:a;? ~;\déntico t;\ c~:~d~ ~~c~ntrarse en

Jaspers no

l universo

,a

el mun·

maná.di ca:

iones:

e

do como

as1,1 e

"El e.eme

1

a go

nto extra consciente so ~ ~'"')

("'8

.

bis, pag.

"'º 1

..

·n \Vbrn:f ha

sena -

._.. " ·amaneo ;, ·

lado

.

otra

vez este

'i

d una Lin"uistics

.

.,

:

5

..

1'1 erran 1ingüista Ben1am\

-'-'

º

r ejemplo,

en

e.

cauítulo "Scíence an ,'

.

dido bace mucno

l

a~e la capacidad

Lcmoc1-

rra~~i~~isf~s cie¿~~~~~s ~: f1~:1e:enn~ con~~;?o~Óe~e~;~~:e~= oslus o:~

l ablar 1:

ingm

1

"'stico un

1

sabre

'

de fondo

d

P

ey

ara jugar y es

1

sto

e

es,

.a est

co uct•.1-'.l Sl>ten,

..

.

»~·-· ,-,

'· -

· ·"

1

·.aHcos, tu. cimiento

..

e

·

···11

b1

ar.

para miento . nos

1

e1,

,,

su proceso

oeb.

y

de 1en la a mecamca . . . .

-

requ1ere .,,

"'''

.a

l billar no cGndv_•:-

q""' .....

-

acumn

mesa cono

de

nome la capac1da ..

alguno sobre las

(165, pág. 213).

sobre la acción siguiente de A, y que ambos sufren la influen-

cia del contexto

en que dicha interacción tiene lugar y, a su

vez, influyen sobre éÍ. ·

No resulta demasiado difícil comprender que la redundancia

:gragmátk.a 5

es esencialmente similar a la redundancia sintac-

tica y semántica. También aquí contamos con un monto elevado

de conocimientos que nos permiten evaluar, modificar y prede-

cir la conducta. De hecho, en esta área somos particularmente

sensibles a las incongruencias: la conducta que está fuera de

contexto o que

mues~a__

_!!eo de comportam1e~!Q __

~lg_~!l.-~!J:!?_

al azar o de fiiJ.ta~ restriccióg_~s

impres_igg_a__

ªe inmediatg__

como mucho más inadecuada que los errores meramente sin-

tacticos o

--preciSa:rñeñte en· esta áréa ··aonde menos percibimos aquellas

seiñariffcos-eu··1acóiiiü.I.\~§f~~i?Il.::I ~§l.!!~~moargó;-es-

1

reglas que se siguen en la comunicación eficaz y se violan

en la comunicación perturbada. La comunicación nos afecta

de contínuo; como ya se señaló, incluso nuestra autoconcien-

cia depende de la comunicación. Hora lo ha demostrado cla-

ramente: ''Para comprenderse a sí mismo, el hombre necesita +

que otro lo comprenda. Para que otro lo comprenda, necesi-

ta comprender al otro" (65, p. 237). Pero, si la comprensión

lingüística se basa en las reglas de la gramática la sintáctica,

1a semántica, etc., ¿cuáles son, entonces, las reglas para el

tipo de comprensi6n al que se refiere Hora? Una vez más se

tiene la impresión de que las conocemos sin saberlo. Estamos

en comunicación cor1stante y,

__

sin embargo, somos casi pór com-

u!eto:--.foeai)ices- de comunicarnos acerca de la co111tJ.11iJJ11&ián. -r

Éste problema constitufrá un tema importante de este libro.

La búsqueda de configuraciones constituye la base de toda

· investigaeión científica. Cuando hay configuraciones hay sig-

nificación, una máxima epistemológica que tambien--resulta

válida para el estudio de la mteraccíün-humana. Este estudio

sería relativamente fácil si consistiera tan sólo en interrogar

a quienes participan en la interacción y averiguar así,

a

tra-

vés de ellos, qué configuraciones siguen habitualmente, o, en

otras palabras, que reglas de conducta han establecido entre

ellos. Una aplicación habitual de esta idea es la técnica del

cuestionario pero, cuando se descubre que las aseveraciones

no siempre pueden tomarse por su valor aparente, y mucho

menos en los casos de psicopatología -esto es, que las per-

sonas pueden decir algo y significar otra cosa- y, como aca-

bamos de ver, hay interrogantes cuyas respuestas pueden estar

por completo fuera de nuestra percepción, entonces la nece-

sidad de un enfoque distinto se hace evidente. En términos

generales, las propias reglas de conducta e interacción pue-

den exhibir los mismos grados de conscíenciación que Freud

L

postuló para los lapsus Unguae y los actos fallidos:

1) pue-

den estar claratnente denlT<l del crunPº de la conciencia de

una persona, en cuyo caso la técnica del cuestionario y otras

técnicas simples del tipo pregunta-respuesta pueden utilizarse;

2) una persona puede no tener conciencia de ellas pero ser

<apaz de recon0<:erlas cuando alguien se las seña)a; o 3) pue-

den estar tan lejos de la conciencia que aunque se las defina

correctatnente y

se

los

señale la persona no puede verlas.

Bateson ha refinado esta analogía con los niveles de concien-

cia y planteado el problema en términos de nuestro marco

conceptual actual:

.

.

.

a medida que ascendernos en la escala de órdenes de aprendizaje,

llegamos a regiones de configuración más y más abstractas, que están

cada vez menos sometidas a la inspección consciente. Cuanto más abs-

tractas, cuando más generales y formales son las premisas a partir de las

cuales organizamos nuestras configuraciones, más profundamente se

hunden éstas en los niveles neurológicos o psicológicos y :menos acce-

sibles El hábito resultan de la al dependencia control consciente. es mucho menos pasible de percepción - para

el individuo que el hecho de haber recibido ayuda en una ocasión ae-

terminada. Puede aceptar esto último, pero tornar conciencia de la con-

figuración del siguiente nivel de complejidad, esto es, del hecho de que,

luego de haber pedido ay1lda, suele morder la roano que lo alimenta,

puede resultarle excesivamente difícil. (16).

Afortunadamente, nuestra comprensión de la interacción hu-

mana se ve favorecida por el hecho de que el cuadro es

dis- ·

tinto para un observador externo. Este se parece a alguien que

no comprende ni las reglas ni el objetivo del ajedrez y obser-

va el desarrollo de una partida. Supongamos que la no-cons-

ciencia de los "jugadores" en la vida real esté representada

en este tnodelo conceptu,¡ por el supuesto simplificado de

que el observador no habla ni comprende el lenguaje de los

jugadores y es, por lo tanto, incapaz de pedir explicaciones.

Pronto se hace evidente para el observador que la conducta

de los jugadores exhibe diversos grados de repetición, de re-

dundancia, a partir de lo cual puede sacar conclusiones pro-

"

. visorias. Por ejemplo, notará que, casi invariablemente, a cada

· movimiento de un jugador le sigue un movimiento

del otro.

As[, a partir de esta conducta resultará Eácil deducir que los

jugadores siguen una rngla de alternación en los movimien-

tos. Las reglas que gobiernan los movimientos

de

cada una

de las piezas no pueden deducirse con tanta facilidad, debido

en parte a la complejidad de los movimientos y,

en parte,

a

las frecuenciaS sumamente distintas con que se mueve cada

una de las piezas Por . subyacentes a lo. ~1e:nplo, es más fácil d d .
una de las piezas Por
.
subyacentes a lo.
~1e:nplo, es
más fácil
d
d
.
pondientes a un ~ U:ºv.1m1entos
de
los
alfiles e ucrr las reglas
el enroque
ue
º';"!'ento tan insólito
que las corres-
durante
u
'
q
qmza
no
se produ
y poco frecuente como
na part' d
zca
en
·
,
emoque implica
da particular. Obsérvese ru:ig;in momento

el mismo jugado os movimientos consecutiv ª"nusmo, que el

m alternación' de rj por ¡~ ~ual parece invaf·~efectuados Pº'

cm. mucho ma

os

movumentos. Sin emb

ar

la

regla de

en

la

teoría

yor de

la alternación de

~r°.o' la redundan-

cia menor d~u:i:~nstruye el observa:Orº~~~~~¡os prevalece

no

encuentre

s

1

.CJ:ue,

y

aunque la

a

ar

a redundan-

donm· ms hipóte~·uc¡on. aquél no debe ~ecente. conttadicción

se desprende

"' o<muladas hasta ese m

esanamente aban-

vador prnbab~':::· luego de ver una serie d;'ent~. De lo dicho

un alto grado d;n;e ~'.t:"á en coi.diciones ~~";das, el obser-

el final

del

'ue

p ec;s10n, las reglas

del

a.

or:nular, con

llegar

a

ese l r~i ~ ¡aque

mate- Debe self rez. mc!Uyendo

:O~rsle que. podría

a pos1biiídad

de solicitar informa ?, aunque no contase

·Signif"

ac1on.

e'.

ica esto

que

1

b

~~n:~;,,!~~fó~r:~ Pief:r~:::dd~c;• q~:"~~·i~~~ l.•. conducta

ouerer hacerlo

·

'

as piezas

v

d

po

1

dp ~Ja de

na at1·1·b

redundancias 6

·

mr

·

un signific d

D

es

dtif1cado una

e

lueg

d

o,

e

:;"ª elabo,;.d: ;:.' reg;as del juego. De heih~ cada ,una de

1

real"

ca del

"

itologia acerca

.

1

del

·

y

' podna crear

su

s'g

1 n

if

1c:aoo

,

h s relatos

a hech

cr

, o ..

acer-

p

ero

mas profund "

o

origen dél

'u

.

mnecesario p

o

.

,

1uego

o , me uyendo imaginativo

se

.

todo esto es

J ego, como en realidad

.

1

ar~ e

estudio del

y ta e::\.-plicación

el ajedrez

1

que

1

mitol~g1a tendría la

con

'

1

i_ueeo en s1 mismo.

illlsma relación con

a astrolocrm

"'

a astronomía. 1

6. Tales pautas com

personal

de

(en una

l

un extenso estud;1e de entrevistas osicoter: ~au.tas, en el

se J;l e¡os, .

y

pautas dentro

d

nivel inter-

muestra

no

sólo

qu~º por

parte

de

S.cheflen (l~~uticas) han

sido objeto

d~

º'-

~m,~u lncr•!bl•m'"t~~: P'?'" ~l<tm, •ino to~bS? ob" pion"'

o.

~ rnci•nt• "P"lm•:;]"º'f""

Y ..

Uncturndo

,o ~x;ste ninguna

re la

e ectuado por Bavei

>en qn•

2

'°º d,

::t''".' wa~. '°"'º q~;ºd.b'"'~'; .'º"' h"h':: S f! ~·mu""·' qu•

,

soore la

formac·,

. ,

d

o

ia part,c1par en una

.

.

· . a ~;IJhcac1on: se

~ns y granulada ace~ºc~ de col nceptos" y se le

a

;.ar

de su·et

e

a

cual

deb'a

"f

-

experimen-

0

ta

·

..~;est;galcion

ego

a

misma

:;''~''l. ' un¿ ,:' l,< f~J¡, ~"\'""""'.;ª"' ~:~:¿ oon~pt"'"· , "~;'

d~:~a sobre

·a

i, eas

ciento

pensado" se

ría

"'" '1 •~• u l

del

sujeto

..¡

e

la

tarjeta era o e~~ o tde cada diez vecesª apero

"n,

Y al

otro

o que afirmaba sobr

l

,

e

1

..

con

e,

concurrente-

lo

qn•

cad

Las a

por

~~ ou•

cinco

de

~ d1¡0

m

anl11v1eron , ecompensado" en un nivel

con una frecuen

.

d

a taneta

luna ~recuencia del

l

era corr

oc

hecto.

enta

. s1mp e, mientras

l°'' oo,mpl•i•~· rutil" Y ab~~ '

m

s

mmrrnos

detalles

su

•ólo cimon•nta poo ;:::,~ ¿n1•to

t

o

..

,~rom-

d usas acerca de la tarjeta

e

composición.

¿sarrollo teo-

Cua~d~mjn o en cuenta

os

dos

su jetos

-1~9-

39

l

ra lógica del razonamiento matemático. El mérito de la distinción radi-

r nuestro ex:amen ca en que implica una codificación cuidadosa de los diversos signos a redon
r nuestro ex:amen
ca en que implica una codificación cuidadosa de los diversos signos
a redon
d
ea
·
'
bu-
que intervienen en el desarrollo de un cálculo formal,
libre de supues-
.
i
al vez sirva par
l
comunicac1on
Un ejemplo fina . te en la pragmática de
ª<tramación de com-
tos
ocultos
y
de
asociaciones
de
signiffcado
irrelevantes.
Además, re-
de la redundanc~~á sepa
el lector,
l~ pr~; relativamente
ve~
quiere definiciones exactas de las operaciones y reglas lógicas de la
mana. Con10 q:1
e
en ordenar un
nume 1 ·
tales
reglas
guian
construcción y la deducción matemáticas, muchas de las cuales los ma-
putadoras
co~s1st pecíficas (el program:i, ' "º de operaciones
temáticos habían aplicado sin tener conciencia explícita de
qué
era
lo
queño de
reg ªJ e! hacia un elevado nuf1e~puesto sucede si,
que utilizaban. (108, p. 32; las bastardillas son nuestras).
;L las computa orflexibles. Precis.amente. ,~ humana en busca
Cuando dejamos de utilizar la comunicación para comunicar-
pautadas
y n;n:r se observa la interacc1o;ción <3.e un--sistern~
nos,yJi~usamos para comunicar algo acerca de la comuni- +
como se sugir~o, A
artir
de la
observ
ostu1ar reglas _s~1b­
~ión,, cosa-qiú~-es-·irievitable cuando invéstigamos -sobre la
de r~l1~iancf~~ci0ñ;miento, se trata ~~ pprogrnn1a''' sigmen-
comunicación, _ utilizamos .conceptualizaciones que no son
particular en
.
amiento, esto es,
vacentes a su
ful n~1oncon la coniuutadora.
parl~ _d~Ja_eomuncación, sino que se refieren a ella. Siguien-
;
a o"'m
~
do nuestra an
do la analogía con las metamatemáticas, hablamos aquí de
º
metaco:rm.!!!!9_aG!Q11
..
Comparada con las metamatemáticas, la
epto de cálculo
IñVéSligación sobre la metacomunicación presenta dos desven-
-- ~º-mi~ón Y ei conc
1 5 ----Metaeo
,
.
tajas significativas. La primera consiste en que, en el caso <le
obser-
.
.
-----
. nuestro bipotet1~0
d
la comunicación humana, no hay por el momento nada com-
.
alcanzados por
,
.
de' fenomeno
,e
parable al sistema formal de un cálculo. Como demostrare-
Los conocim1:1tºla red-µr_idancia pragmatica sug~stiva analog;a
mos más adelante, esta dificultad no excluye la utilidad del
vador al estu
i~r
--.edrez", revelan una
álculo, segun
concepto. La segunda dificultad está estrechamente relaciona-
onducta "partida
de
a)
't'co
de
cálculos. Un
c
-1 empleo de
c
to matema 1
basa
en e
da con la primera: mientras que los matemáticos poseen dos
con el concep
"
n
método que se
cidas y
gene-
4)
es
u
. 'n
son cono
lenguajes (números y símbolos algebraicos para expresar las
Boole
(31
' P·
'
s
de
combinac10 .
tación congruen-
matemáticas, y el lenguaje natural para referirse a las meta-
símbolos, cuyas left~dos admiten una interp:zn formal es con-
matemáticas) , nosotros estamos básicamente limitados al len-
rales, y
cuyos resu erido que tal representa~1ambién se han be-
guaje natural como vehículo tanto para la comunicación corno
te". Ya
hemos sug
. ación humana, pero
1 discurso acerca
para la metacomunicación. Este problema surgirá una y otra
cebible en 1a comuroc:_ de las dificu}t~des de luctar de utilizar
vez en el curso de nuestras consideraciones.
cho evide;ites al%1n:~do los matematicos, :m;utar, hacen de
¿Cuál es, entonces, la utilidad de la noción de un cálculo de
de este calculo.
u
n instrumento para
d'
~ -eomo sucede,