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Jesús Calvete Calvete

CÓMO SE ESCRIBE UN CUENTO

Jesús Calvete Calvete C ÓMO SE ESCRIBE UN C UENTO Bucaramanga 2007

Bucaramanga

2007

PRIMERA EDICIÓN Diciembre de 2007

DIAGRAMACIÓN - IMPRESIÓN - ENCUADERNACIÓN (Sic) Editorial Ltda. Proyecto Cultural de Sistemas y Computadores S.A. Centro Empresarial Chicamocha Of. 222 Sur Tel: (97) 6343558 - Fax (97) 6455869 E-mail: Siceditorial@syc.com.co Página web: www.syc.com/sic Bucaramanga - Colombia

ISBN:

Prohibida la reproducción parcial o total de esta obra, por cualquier medio, sin autorización escrita del autor.

Impreso en Colombia

Nota del Editor:

La corrección de la edición ha sido responsabilidad del autor.

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ÍNDICE

Presentación

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Como escribí mi primer cuento

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¿Cómo iniciar a escribir un cuento?

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¿Cómo lo hice?

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Pasos para hacer de mi idea un cuento

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Buscando mi personaje principal

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Mi encuentro con ella

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Dedicatoria

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Objetivos de La Obra

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Andamiaje

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Estructura Del

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Marcela, La Gota Viajera

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Conteste por favor

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Gallinazos de Colores

43

Actividad

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Alma de Gigante

51

Preguntas

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El trompo de san alimpio

59

Laguna mágica

67

Lagrimas de oro

77

Actividad

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PRESENTACIÓN

Aunque cada escritor puede manifestar la manera de producir una obra literaria a pesar de los caprichos o las excentricidades de otros, aun dando por descontado que la creación obedece a impulsos y fuerzas no necesariamente ordenadas y evidentes,

es necesario ir a las tertulias literarias de los maestros escritores como dijera García Márquez «las tuercas y los tornillos sobre la mesa « y descubrir como escriben ciertos autores. ¿ como

son los procesos y estrategias que siguen?, como son la manera de componer de quienes ejercemos el oficio de cambiar en palabras, nuestras vidas.

COMO ESCRIBÍ MI PRIMER CUENTO

Quiero compartir mis experiencias como escritor de cuentos. Esta inquietud que en un comienzo no era más que un pasatiempo, al transcurrir de los años se fue convirtiendo en pasión. Llegué a darme cuenta que escribiendo podía expresar lo que sentía muy adentro y decirle a la gente lo buena o mala que era, sin temor a equivocarme ni a sentir miedo.

Cuando uno escribe, lo hace con el corazón en la mano, se descarga de las cosas que no le gustan, a la vez navega por aquellos sueños locos que se nos ocurren y que en la vida real son imposibles de realizar. Cuando las escribes se siente descanso y paz interior.

¿Cómo es que me hice escritor? ¿Cómo es que nació Marcela,

mi primer amor, la musa que me flechó desde el primer

momento que la delineé con mi pluma y que se quedó prendida

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a mi piel, a mi corazón y se convirtió en mi obsesión y motivo de vida?

Siempre he sido un defensor acérrimo de la naturaleza, fauna, flora y el medio ambiente. Como asesor cultural y constante viajero tuve la oportunidad de viajar por el olvidado río Magdalena, desde el macizo hasta Bocas de Ceniza donde nace ese hermoso encuentro con el mar. En uno de los viajes me di cuenta de su lamentable estado. Confirmé que los hombres que viven en sus riveras, lo tienen en total abandono a sabiendas que es el río más importante del país.

Empecé a observar, impotente, como botaban las basuras al río, animales muertos, deshechos, sin importarles el grave daño que le causaban. Ha pasado mucho tiempo y no entiendo como se atreven cantarle, cuando no lo quieren, ni lo respetan. No he podido comprender por qué lo maltratan, si todos los que viven en caseríos, pueblos, y ciudades que están situados a lo largo del río dependen de él, puesto que de sus profundidades sacan el sustento. El río es medio de vida, para alimentarse y vender los productos que les brinda. De allí extraen el agua para sus necesidades. El Magdalena es la vida de medio país. Nos beneficia a los colombianos con sus productos y derivados. Es por esto que sentí nostalgia al pensar que existan personas tan ignorantes e insensatas que lo maltraten. ¿Qué será del futuro de las nuevas generaciones?

Lo que veía cada día en mi recorrido viajero a lo largo de su ribera me invitó a reflexionar sobre el peligro que avecinaba si nadie llamaba la atención sobre lo descuidado que lo teníamos. De esa manera el río Magdalena me entregó aquella musa que me inspiró a escribir un cuento.

Sé que les va a gustar este recorrido donde los llevo por el nacimiento de una idea, la búsqueda del personaje, mi

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encuentro con él, el desarrollo del argumento, la trama, hasta llegar al final.

Escribí mi primer cuento basado en ese análisis que yo mismo realicé a partir de las lecturas que había hecho de cuentos clásicos y de aquellos que encontraba en libros o periódicos. Que iba yo a pensar que mi primer cuento me llevaría a ganar el premio, Ciudad de Barrancabermeja 1995. Mi escrito titulado MARCELA LA GOTA VIAJERA, cuenta todas las dificultades que tuvo que pasar una gota de agua en su recorrido por el río Magdalena. Al final creo que más aventuras y decepciones tuve que pasar yo como principiante de escritor que la misma gota de agua. Fue una tarea muy difícil por los comentarios de mis amigos que me decían que ese era un enredo que no tenía ni pies ni cabeza. Fui objeto de muchas burlas de diferentes personas. Nadie tenía fe en mí. Incluso mis familiares quienes aún dudan que yo haya escrito esta magistral obra artística y literaria.

Quiero ser un ejemplo de la persistencia de las futuras generaciones de escritores que tienen sus talentos escondidos. Creo que he cumplido con todo lo que debe hacer un hombre, útil valioso y necesario en servicio a Dios, la Sociedad y la Patria. Tener un hijo, sembrar un árbol, y escribir un libro.

¿CÓMO INICIAR A ESCRIBIR UN CUENTO?

Nunca lo había hecho. ¿Cómo escribirlo? Comprendí que lo primero era saber que deseaba contar en él. Después crear el personaje principal. Crear la trama, con los personajes secundarios. El inicio del cuento debe ser de mucho interés para que el lector quede atrapado hasta el final. En mi caso personal, creo que todo cuento debe llevar un mensaje o enseñanza que sirva de reflexión a quien lo lee.

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¿CÓMO LO HICE?

Les contaré la historia de cómo llegué a convertir mis ideas en cuento y que presento en este manual. «Como se escribe un cuento» y que hoy presta gran ayuda tanto a profesores y estudiantes, como a todas las personas que ejercen el apasionante arte de escribir.

PASOS PARA HACER DE MI IDEA UN CUENTO:

Quería que la gente tomara conciencia de lo importante que es el precioso líquido, el agua. Me di a la tarea de buscar el personaje principal. Deseaba que él contara o narrara lo que yo quería. Fue así que inicié esta difícil y grata tarea.

BUSCANDO MI PERSONAJE PRINCIPAL.

Busqué varios personajes. Un pajarito, una luciérnaga, una abeja y un duende. A todos analicé y estudié sus posibles e imposibles virtudes. Ninguno llenaba las expectativas. Estaba atrapado como un genio dentro de una botella. No tenía salida alguna. Tenía la trama hecha pero no el personaje adecuado. Escudriñaba mi mente y mi vista se detenía en cada posible personaje, más con desaliento encontraba que ninguno lograría sobrevivir a mi historia, debía contarla y hacerla creíble.

MI ENCUENTRO CON ELLA

Un día caminaba por la ciudad. Un fuerte aguacero había dejado ese inigualable aroma a humedad y el olor de la naturaleza que bendecía la caricia de la lluvia, me animaron e invitaron a pasearme por el parque. Sequé con el pañuelo una banca y me acomodé muy tranquilo a observar y recibir la frescura que había dejado el agua y que me animaba a la

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meditación. De un momento a otro me di cuenta que de un arbusto caía una gota de agua que salpicaba en el piso de tierra y al instante se filtraba. Así era gota tras gota. Se resumía en la tierra. En ese momento me llegó la idea que una gota de agua, podía viajar por el río, por la tierra, por el aire. Por todas partes. Era un hecho, la naturaleza me entregaba el personaje que podría contar mi historia y salir de cada aventura. ¡Tenía el personaje principal! Una gota de agua sería la protagonista de esta historia.

Me faltaba darle un nombre que estuviera de acuerdo con la misión que iba a desempeñar. Por mi cabeza desfilaron nombres y nombres. Después de tenerlos escritos en mi cuaderno empecé, a estudiarlos en un libro llamado «Nombrario» donde encontré el significado de cada uno de ellos. Ninguno estaba acorde a la aventura que le esperaba.

De nuevo me sentía perdido, confundido en mis sueños y en mis ideas. Una tarde, escuché el nombre de Marcela. Busqué su significado en mi libro: «Marcela», tierra y mar. Me dije «Marcela…» Será su nombre y será una permanente viajera.

Pasaron tres años. En los ratos libres escribía, borraba y corregía. Cada día que pasaba Marcela se metía más en mi vida. Esa gota de agua se convirtió en mi compañera en los momentos de soledad. Era una obsesión. No podía dejar de escribir el viaje de Marcela, pasara lo que pasara. Mostraba mi cuento como mi más valioso tesoro, como a mi primer hijo, la obra de mi vida. La mayoría sonreía. Algunos me miraban y se guardaban sus impresiones. En los rostros de aquellos a quien yo presentaba a Marcela, podía ver rechazo y burla. Nadie entendía ni amaba a Marcela tanto como yo.

En mi oficio de vendedor de libros, Marcela siempre iba conmigo a todas partes, caminaba con Marcela a mi lado, pegada a mí. Era mi compañera infaltable.

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Una de esas tardes ella y yo leímos en un periódico de publicación nacional. Me llamó la atención una convocatoria que hacía la Alcaldía de Barrancabermeja, invitando al décimo concurso nacional de cuento. Como cosa del destino las bases y requisitos del concurso eran las mismas en las que me había basado para realizar mi escrito. Sin pensarlo dos veces decidí enviar a Marcela a su segundo viaje por la tierra. Ella, aceptó gustosa. A Marcela le encanta viajar. Es una aventurera. Además acepta todo lo que tengo para ella. Envié mi cuento por correo certificado. Quería que llegara con seguridad.

Corrían los finales de abril. Mi deseo era que todos leyeran

mi escrito, que todos supieran que Marcela era la causa de mi

vida y que era inigualable. No me importaba si ganaba o perdía, solo quería participar en tan magno evento y presentar a mi Marcela.

Una parte de mí, en la figura de una gota de agua, llegó a

Barranca. La otra seguía mostrándole a todo el que se cruzaba

en mi camino a mi «Marcela la gota viajera». En todas las

ocasiones fui rechazado, siendo objeto de burla. No encontré una sola persona a quien le pareciera importante. Todo ese

trajinar de idas y venidas buscando quien apoyara con su lectura

mi escrito.

Recuerdo que un obispo me desinfló tanto que estuve a punto de botar la toalla. Un día cualquiera visité al obispo. Le entregué

en una carpeta muy bien presentada a Marcela. Después de

algunos días fui a visitarlo para que me diera su concepto. La respuesta fue muy sencilla.

— Leí detenidamente, las primeras dos hojas y no le veo nada

interesante. Como escritor no le veo futuro. Es mejor que se dedique a otras actividades, eso de escribir no es para todo el mundo. Me devolvió la carpeta con una sonrisa burlona.

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Las palabras del religioso dieron vueltas por mi cabeza durante varios días. Me llegaban mil preguntas, ¿Estoy equivocado? ¿Me dedicaba a otras actividades y me olvidaba de ser escritor? ¿Por qué nadie amaba a Marcela? Estaba desmoralizado. El obispo era un hombre preparado que no tenía necesidad de mentir.

Esa tarde no sentí deseos de hacer nada. No salí a vender mi mercancía, no quería comer, no sentía sed, quería enterrarme en vida, no era posible que mi encantadora gotita de agua, fuera rechazada por todos. Me encerré con mis sueños de escritor envueltos en nubes negras.

Miraba el calendario, estaba pendiente de mi correspondencia, del teléfono. De pronto Marcela sin mí, allí en Barranca, hubiera corrido mejor suerte. Pasaban los días y… nada. Ni cartas, ni llamadas… Nada. «El que espera, desespera». Cuánta razón tiene quien escribió esta frase.

Pasadas unas horas, me levanté de la cama, tomé la carpeta donde Marcela descansaba y me decidí a quemarla. Me detuve y pensé, «Nada gano con quemarla» La dejaría para que me sirviera como lección de la vida. Me senté en la cama, abrí el cofre donde guardaba mi tesoro y empecé a leer en voz baja. No quería que nadie escuchara. Evitaría la burla que a todos les producía mi bella dama. Mientras más leía mas me agradaba. No comprendía como ese alto religioso, me decía que ese escrito no tenía sentido. Me dije, él es una persona humana como cualquiera y puede equivocarse… Este es un cuento maravilloso. En medio de mis delirios, se me vino a la mente la señora del salón de belleza que pregonaba leer mucho y entender. Al día siguiente fui hacerme el corte de pelo con el interés de entregarle mi cuento. Seguro ella lo recibiría con agrado. Dejé en sus manos la misma carpeta que me había devuelto el prelado. Tres días después regresé a la peluquería.

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Antes que saludara me dijo en tono grotesco, «El pendejo que escribió ese enredo, sabe más de maternidad de gallinas que de escribir. Lo que hice fue perder el tiempo leyendo esas bobadas». Ella nunca supo que yo era el autor. Tuve que cambiar de peluquera, jamás regresé a ese lugar.

Esa noche volví y leí el cuento aunque ya me lo sabía de memoria. Cada vez que lo leía me parecía mejor. Pensé en que la peluquera también se había equivocado como el obispo. Los días fueron pasando. No quería desistir. Leía y leía la obra. Había cogido el hábito de leerla para darme moral. La ilusión era poder encontrar quien lo publicara. Quería que la gente lo leyera. Con el pasar de los días me hice amigo de un funcionario, que tenía que ver con el medio ambiente y le conté de Marcela. Se mostró muy interesado. Me dijo que se lo llevara a la oficina que quedaba en el segundo piso de la alcaldía. Eso fue un jueves. Cuando recibió la carpeta me dijo que volviera el lunes por la tarde para cuadrar el formato como se iba a imprimir. Me sentía más contento que nunca. Había encontrado una persona que entendía lo que había escrito. Había conseguido lo que anhelaba. Publicar el cuento para que la gente lo leyera. ¡Qué días tan largos! El reloj marcaba las dos y diez de la tarde, ansioso me encontraba frente a la oficina del funcionario. Llegó pasadas las tres. Como la mayoría de los funcionarios que siempre llegan tarde. No me importaba el tiempo que había estado esperando.

— Buenas tardes doctor.

— Buenas tardes Calvete. ¿Qué se le ofrece? En ese momento sentí como un baldado de agua fría.

— ¿Leyó el cuento?

— Sí. Lo he leído dos veces. Dígame una cosa Calvete que le gusta a usted que le digan verdades o mentiras.

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— Dígame la verdad.

— Mire mi estimado amigo. Usted puede tener habilidades

para muchas cosas

Me quedé mudo… Recordé las palabras del obispo… De la peluquera… De mis amigos… Escuchaba la voz del «doctor» lejana, fría, vacía…

— Pensaba imprimir unos ejemplares… El escrito suyo, es un enredo que no se entiende. No puedo arriesgarme. Puede peligrar mi puesto.

Mientras hablaba me devolvía la carpeta de la misma manera que lo habían hecho otras personas. Salí con la carpeta debajo del brazo, mientras me daba ánimo pensando: «Este funcionario también se equivocó».

Había transcurrido más de diez meses de haber terminado de escribir mi obra magistral. Ese mismo tiempo llevaba mostrándola a todos los que pensaba que entendían o conocían de literatura. Les había mostrado o hablado de mi obra. Nadie me había dado el visto bueno. Algunos amigos de confianza, llegaron a manifestar que se me había corrido la teja, que me estaba enloqueciendo.

Una vez fuera de la alcaldía, el recuerdo de cada rechazo, de cada comentario negativo rondaba por mi mente. Mi perseverancia no permitía hacerle caso a la gente. Era una pasión contra viento y marea. Con la carpeta debajo del brazo me dirigí al lugar donde vivía. Estaba preocupado por la falta de dinero. Las ventas en esa época no eran muy buenas. Cuando llegué a la esquina donde debía cruzar, me detuve un momento para leer los titulares que tenían los periódicos que estaban colgados en una caseta. Miré un titular que decía:

«Vendedor gana premio internacional de literatura». En otro se leía en primera página «Un hombre del anonimato gana

De escritor no tiene nada…

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