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LOS TRES CRUCIFICADOS

Lucas 23:39-46

Enfoque principal: Mostrar que ante el sacrificio de Jesús por cada uno de nosotros
sólo existen tres posiciones: la de la indiferencia la del arrepentimiento y la entrega.

INTRODUCCIÓN

Al cruzar Jesús la puerta del atrio del tribunal de Pilato, la cruz que había sido preparada
para Barrabás fue puesta sobre sus hombros magullados y ensangrentados. Dos
compañeros de Barrabás iban a sufrir la muerte al mismo tiempo que Jesús, y se
pusieron también cruces sobre ellos.

Cuando llegaron al lugar de la ejecución, los presos fueron atados a los instrumentos de
tortura. Los dos ladrones se debatieron en las manos de aquellos que los ponían sobre la
cruz; pero Jesús no ofreció resistencia. En esa tarde allí en el calvario se realizaron tres
crucifixiones y cada crucificado murió en condiciones diferentes. Las cuales vamos a
analizar a continuación

EL PRIMER CRUCIFICADO: MUERE EN EL PECADO

(Lucas 23:39)
Lucas 23:39 dice: “Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba,
diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros.”

Aquí encontramos al primer crucificado, éste no experimenta el arrepentimiento por sus


pecados ni aún viendo morir a Jesús. Quiere que Jesús lo libere, desea experimentar la
salvación, la liberación de la condenación por sus pecados.

Pero no está dispuesto a entregar su vida a Jesús a través del arrepentimiento. Quiere
que Jesús lo baje del madero para seguir robando, para continuar con su vida de pecado.
Este ladrón decidió morir en el pecado, decidió morir en su vida de deshonestidad y
violencia.

Es como aquel hombre que cuando el doctor le informa que va a morir porque su
pulmón está totalmente invadido por el cáncer debido a que fumaba demasiado, mira al
doctor y exclama, por favor doctor, sálveme, cámbieme de pulmón para poder seguir
fumando.

¿No estaremos nosotros en la misma condición que este ladrón?, cuantas veces
clamamos que Jesús nos libere de la condenación por nuestros pecados, sin embargo no
queremos abandonar nuestra vida pecaminosa.

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EL SEGUNDO CRUCIFICADO: MUERE AL PECADO

(Lucas 23:40-42)
Este es el que reprende a su compañero tal como lo expresa Lucas 23:40-42:
“Respondiendo el otro, le reprendió diciendo: ¿ni aún temes tú a Dios estando en la
misma condenación?” Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos
lo que merecieron nuestros hechos; más este ningún mal hizo.

Y dijo a Jesús: acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.


Este hombre había sido extraviado por las malas compañías, había visto y oído a Jesús y
se había convencido por su enseñanza, pero había sido desviado de él por los sacerdotes
y príncipes. Procurando ahogar su convicción, se había hundido más y más en el
pecado, hasta que fue arrestado, juzgado como criminal y condenado a morir en la cruz.
Y ahora, así como se hallaba, todo manchado por el pecado, se veía a punto de terminar
la historia de su vida.

Al ser condenado por su crimen, este ladrón se había llenado de desesperación; pero
ahora brotaban en su mente pensamientos extraños, impregnados de ternura. Recordaba
todo lo que había oído decir acerca de Jesús, cómo había sanado a los enfermos y
perdonado el pecado.

Había visto y leído el título puesto sobre la cabeza del Salvador. Había oído a los
transeúntes repetirlo, algunos con labios temblorosos y afligidos, otros con escarnio y
burla. El Espíritu Santo iluminó su mente y poco a poco se fue eslabonando la cadena
de la evidencia. En Jesús, magullado, escarnecido y colgado de la cruz, vio al Cordero
de Dios, que quita el pecado del mundo. La esperanza se mezcló con la angustia en su
voz, mientras que su alma desamparada se aferraba de un Salvador moribundo. "Señor,
acuérdate de mí --exclamó,-- cuando vengas en tu reino."
Este ladrón murió a su vida de pecado, dejó guiarse al arrepentimiento, reconoció su
situación pecaminosa y se refugió en Jesús como su salvador. ¿Cómo reaccionaremos
nosotros? ¿Permitiremos que el Espíritu santo nos guíe al arrepentimiento? ¿Moriremos
a nuestra vieja vida de pecado?

EL TERCER CRUCIFICADO: MUERE POR EL PECADO

(Lucas 23:43-46)

Lucas 23:43-46 expresa: “Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás
conmigo en el paraíso. Cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la
tierra hasta la hora novena. Y el sol se oscureció, la tierra tembló y el velo del templo
se rasgó por la mitad. Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos
encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró”.

Los ladrones crucificados con Jesús estaban "uno a cada lado, y Jesús en medio." Así se
había dispuesto por indicación de los sacerdotes y príncipes. La posición de Cristo
entre los ladrones debía indicar que era el mayor criminal de los tres. Sin embargo,
Jesús era el único de los tres crucificados que no merecía morir.

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El Señor de gloria estaba muriendo en rescate por la familia humana. Al entregar su
preciosa vida, Cristo no fue sostenido por un gozo triunfante. Todo era oscuro era
fúnebre. No era el temor de la muerte lo que le agobiaba. No era el dolor ni la
vergüenza de la cruz lo que le causaba agonía inefable. Cristo era el príncipe de los
dolientes.
Pero su sufrimiento provenía del sentimiento de la malignidad del pecado, del
conocimiento de que por la familiaridad con el mal, el hombre se había vuelto ciego a
su enormidad del pecado. Cristo vio cuán terrible es el dominio del pecado sobre el
corazón humano, y cuán pocos estarían dispuestos a desligarse de su poder. Sabía que
sin la ayuda de Dios la humanidad tendría que perecer, y vio a las multitudes perecer
teniendo a su alcance ayuda abundante.

Sobre Cristo como substituto y garante nuestro fue puesta la iniquidad de todos
nosotros. Fue contado por trasgresor, a fin de que pudiese redimirnos de la condenación
de la ley. La culpabilidad de cada descendiente de Adán abrumó su corazón. La ira de
Dios contra el pecado, la terrible manifestación de su desagrado por causa de la
iniquidad, llenó de consternación el su alma.
De repente, la oscuridad se apartó de la cruz, y en tonos claros, como de trompeta, que
parecían repercutir por toda la creación, Jesús exclamó: "Padre, en tus manos
encomiendo mi espíritu." Una luz circuyó la cruz y el rostro del Salvador brilló con una
gloria como la del sol. Inclinó entonces la cabeza sobre el pecho y murió.

CONCLUSIÓN

Resumen: En esa oscura tarde allá en el calvario, tres crucificados murieron en


condiciones diferentes, el primer ladrón murió en su pecado, el segundo murió a su vida
pecaminosa y Jesús sin merecerlo, murió por cada uno de nosotros los pecadores.

Ilustración: Cada semana un hombre iba al cementerio, se paraba frente a una tumba y
lloraba desconsoladamente. Pensando consolarlo, cierto día se le acercó el guardián del
cementerio y le dijo: lo siento mucho señor ¿debe ser su madre o su esposa quien
falleció, verdad? El hombre levantó la cabeza lentamente, no, no es, replicó. Entonces
debe ser su hijo o hija ¿no es así? Tampoco, contestó aquel hombre. Dígame señor, ¿si
no es un familiar suyo, porque viene todas las semanas a llorar frente a su tumba?

Llamado: Jesús murió por ti y por cada uno de nosotros, ¿cómo no le vamos a estar
agradecidos?, frente a su muerte sólo existen dos posiciones: la del ladrón que decidió
morir en su pecado, o la de su compañero que permitió que el Espíritu Santo lo guíe al
arrepentimiento y que aceptó a Jesús como su salvador personal ¿en cuál de ellas estás
tú?

Pastor José Antonio Valverde