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FILOSOFIA pertenecientesa sus diferentes colecciones series (Grupo Jon BusrER TaN Hacking ‘Tuxopor Vienwee Guonce SaNER Pierne GRiMat, Jon Exsren E. BALMER, G. DELEUZE Jost Manta BeNevt0 GREGORIO KaMINsKY PIDEGGER Dien ALbo Rovartt GEORGES BALANOIER ANNAN ARENDT jencias Sociales”) Juicos satoménicos La domestcacién de azar Topica y flosfta det derecho Emel castillo de Rerba Azul Los extrasios de la libertad Tuereasytornillos. Una introduceidn a los conceptas ‘sieos de las cienciar sociales Mickel Poucaut, safe Apocalipss de ia modernidad Spinoza: a pottica de las pasiones Iniroducciém a ta meafiicw ‘Como a tus tenue Eldesorden Hombres en tempos de oxcuridad dhe 5D, EN EL CASTILLO DE BARBA AZUL . Aproximacién a un nuevo concepto de cultura p George Steiner ger disa En primer lugar debemos hacer el inventario mils preciso posible de lo irreparable. Psicolégica~ mente, ésta no es tarea facil. El renacimiento econdmico y fisico de buena parte ée Buropa ha sido prodigioso. Muchas ciudades son mas hermo~ sas y populosas de lo que fueron antes de la devastacion, En el palsaje actual lasmarcas deja- das por la Primera Guerra Mundial, las mesetas. quebradas, los campos despanzurraitos, son mas profundas que los rastros dejados por la guerra de 1940-45. Hoy puede uno viajar a través de la Buropa Occidental y hasta por la Union Sovietica y no encontrar un iugar preciso donde situar los hechos dela Segunda Guerra Mundial olosrecuer- dos que uno tenia de los monticulos de ceniza de 1945, Es como si hubiera prevaleeldo un violento nstinto de borrarlo todo y de renovarlo todo, una especie de amnesia creativa. Era indecente sobre vivir, para no hablar de prosperar de nuevo, te- niendo presente el grafico e inmediato pasado. Fre- cuentemente, en realidad, fue la totalidad de la 83 destruccién lo que hizo posible instalar plantas industriales enteramente modernas. El milagro econémico alemain es irénicamente proporcionado alas dimensiones de las ruinas del Reich. Sin em bargo, el paisaje mecanizado, a menudo antisépti- co, de la Europa contemporanea puede ser iluso rio, Las fachadas de las nuevas casas, los espacios econémicamente dindmicos que se extienden de- ds de ellas exhiben un curioso vacio. El caso ti= pico es el de los centros urbanos restaurados. Con grandes trabajos y costs se han reconstruido ciudades viejas, cludades enteras, pledra por ple- dra, tiesto de geranio por testo de geranio. Foto- graficamente no hay manera de distingulr, pues la patina de los remates de las casas es aun mas rica que antes. Pero alli inconfundiblemente se siente que falta algo. Si va uno por las calles de Dresde 0 de Varsovia, si se detiene en una de las exquisita- mente recompuestas plazas de Verona lo sentira sin falta. La perfeccién de lo renovado tlene una profundidad bamizada. Es como si la luz de las cornisas no se hublera restaurado, como st el aire fuera inapropiado y llevara consigo atin cierta car- gadelanterior fuego. Esta impresin no tiene nada de mistico, es casi penosamente literal. Puede darse que la coherencia de un anuguo edificio esté ‘en armonia con el Uempo, que la perspectiva de tuna calle, de una linea de tejados que vivieror naturalmente en el pasado pueda reproducirse, pero no es posible recrearla (aun cuando sea idealmente indistinguible del original, una repro- ducetén no es la forma vital). Hermosa como es la 84 Ciudad Vieja de Varsovia da la impresion de un montaje eseénico; cuando camina uno por sus calles no se slenten las resonanclas activas de lo vivo. Bs la Imagen de esos frentes de casas precl- samente restaurados, de esos juegos de luces y sombras, lo que tengo presente cuando trato de distingule entre lo que es irrecuperable —aunque todavia podria recuperarse—y lo que tlene en si el pulso y la presion de la vida. Debo dejar a un lado el aspecto genético, y esta omision podria ser gravemente dafosa. Es eviden- te que nuestro estado actual refleja formidables pérdidas no s6lo en los medios humanos —los in- dividuos que ahora estarfan sintiendo y pensando con nosotros—, sino también de futuras potencia- dads. Cieitos futuros vitales han quedado elim!- nados para siempre de la gama de posibllidades. , Pero, como ya dije antes, “la biosoviologia” y la genética histérica son todavia demasiado rudi- mentarlas, demasiado amplias en sus esquemas conceptuales, para permitimos una estimacion, responsable y vertficable de lo que fue el deterioro fisiologico de la eivilizacion occidental. Lo que deseo considerar ahoraes ladestruccién deformas Internas, Ele um tion Laprimera de llas implicala situacion local de Ja clvilizacion elevada. La cultura occidental se desarrollo sobre el supuesto, a menudo no examt- nado, de que su propio legado era en efecto “lo mejor que se haya dicho y pensado’. Salida de fuentes judeohelénicas, en una geografia singular ‘mente templada para el hombre creativo, dentro de 85 tuna matriz racial que s¢ sentia preeminente, la historia occidental desarroll6 la privilegiada fuerza de su ser. Vistas desde esas alturas superiores, las historias, las vidas sociales, las ereaciones artist case intelectuales de otras razasy paises asumian unaire disminuido, ocastonal. ¥ lo cierto es que no se las ignoraba. En difererentes épocas, la cultura islimica y las eulturas del Lejano Oriente impre- sionaronla sensibilidad europea. La chinoiseriedel siglo Xvmr, el interés mostrado por ciertos pensado- res vietorianos y la tradicion Idealista alemana por ‘la luz procedente del Oriente” son momentos caracteristicos. Pero en ningiin caso existia un sentimlento de genuina paridad, para no decir de inferioridad. El mito del noble salvaje habia inte~ Florizado un vigeraso dogma Jerarquico. La sensi- © dilidad occidental podia detenerse con nostalgica admiracién a considerar virtudes oceanicas y hasta ver en tales virtudes un reproche a sus proplas deficiencias, precisamente porque la pri- maeia occidental no se ponia serlamente en tela de Juteto. ‘Tanto esa nostalgia exética comola autocritiea se basaban en un estable y firme punto de apoyo. Y esa estabilidad no fue serlamente minada hasta las décadas de 1920,y de 1930, La atraecion carismaitica que elercieron “formas barbaras" en la Imaginaclén plastica y musteal, como en el caso de! Jazz o del arte fawve, de la danza, del nuevo teatro ‘de mascaras, se debid a varias complejas tensi nes, Pero ese fendmeno no puede disociarse de la catistrofe de la guerra mundial y det stbite vacio 86 producido en los valores cldsicos. Las mascaras africanas con sus muecas del arte poscubista son préstamos tomados de la desesperacion y para expresar desesperacién. Pero ni siquiera esas explosivas insinuaciones procedentes de afuera negaban la herenela occidental. Esta continuaba siendo la piedra de toque del orden y del continuo oder intelectual, que en realidad hizo al hombre europeo y anglosajén en gran medida amo det globo. Hoy, después de s6lo una generactén de crisis, este cuadro parece anticuado. Traficantesy seudo- {l6sofos han familiarizado al Occidente con la idea de que los hombres blancos difundieron una lepra en la superficie de la tlerra, que su civilizacién es: una monstruosa impostura o, en el mejor de los casos, un cruel y audaz distraz de Ia explotacion, econémica y militar, Se nos dice en tonos de histeria punitiva, ya que nuestra cultura estd condenada a muerte —éste es el modelo spengle- riano del apocalipsis racional—, ya que sélo puede resucitar por obra de una violenta transfusion de esas energias, de esos modos de sentir, propios de los pueblos del “tercer mundo”. Ellostienen verda- dera “alma’, ellos poseen la belleza de la negrura y del eros. Este neoprimitivismo (0 masoquismo penitencial) fiene sus raices en el centro de la crisis ‘occidental y es menester comprenderlo tanto psi- coldgica como soctologicamente. Lugo volveré a ocuparme de esta cuestion. Lo que hay que afirmar ahora es evidente: no puede haber ningin retorno natural a la perdida situacion central del Oceiden- 87 te, Para la mayoria de tos seres pensantes tiertamente sobre todo para fos jovenes, la de la cultura occidental eoncebida como evidente- mente superior, como encarnando east Ia suma total de la fuerza intelectual y moral eso bien wn absurdo teaido racialmente © bien una pieza de snuseo. Espectalmente en los Estados Unidos —y {os Estados Unidos son hoy los principales yenera- dores y depdsitos de medios culturales— el sexturo centro de una geografia clisica se ha quebrantado iteparablemente. En qué medida se justifican ese sentido de pérdida y el consiguiente sentimiento de culpabi- Iidad? Contrariamente a las fantasias del siglo xix, con sus fabulas apocaliptieas sobre invasiones tscitas, 1a barbarie procedié del corazén mismo feuropeo. Aunque en formas parédicas y en tltima instancia negadoras, la bestialidad politica recogio Ciertas convenciones, cierto lenguale yc Valores exteriores de in cultura elevada ‘ims, la infeccién fre, en numerosos casos. re proca, Minada por el ennut y la estétiea de la iolencla, una buena proporetén de la clase inte- lectual ¥ de las instituciones de Ia evilizacion europea —en el campo de las letras, de las acade- mias, de ls ejecutantes de artes— acogié la inh Ianidad con vartados gros dle bewverid. Neda jimpidi6 en el cereano mundo de Dachau que en Nunich se desarrollara el gran ciclo de invierno de a misica de camara de Beethoven. Ningura tela esapareci6 de Ins paredes de los museos cuando 88 2 aquellos hombres sangulnarios pasaban reveren- temente frente a ellas con gluias y catalogos en la 3 igualmente clerto que —en una medida en que todavia deben estimar los historiadores econd- micos y soclales— muchos de los Iujos superfluos, de los lugares de placer y de las Jerarquias impli- citas en la cultura oceldental dependian del so- metimiento de otras razas y continentes. Esa clrcunstancla no se ha eliminado por obra de los indudables elementos de intercambio creativo y de. eneficiosas importaciones que suponia el colo- nialismo, Relaciones de fuerza especifieas ya me- ‘nuda indefendibles con el resto det mundo presta~ ron energia al predominio cultural det Occidente. Pero para que esa acusacion sea vista en todo su alcance es menester también intemalizaria: den- tro de la propia clvilizacién europea clisica nume- rosas realizaciones representativasde ella —litera~ rias, artisticas, flloséficas— son Inseparables del ambiente de absolutismo, de extrema injusticia social y hasta de cruda violencia, ambiente en el cual florecieron. Para argumentar sertamente, la cuestion dela “culpabilidad de a clullizacién” debe incluir no s6lo el colonialismo y las rapacidades imperiales sino también la verdacera naturaleza de las relactones que hay entre, las producciones: cl gran arte ¥ del pensamiento, por un lado. ¥ rregimenes de orden violento y represivo, por el otro. En suma, tratase de un argumentoque comprende no sélo el gobierno del hombre blanco en Aftica © en la india sino también la corte de los Medict, el 89 Versalles deRaciney el actual geniode la lteratura rusa. (zEn qué sentido fue el stalinismo la condi: cién necesaria de un Mandelstam, de un Paster nak, de un Solzhenitsyn?) Pero por acusador que sea el argumento y cualquiera que sea la histeria penitencial con que se lo formule, el hecho del dominio occidental durante dos milenios y medio es en gran medida _ clerto. A pesar de Joseph Needham, cuya reorien- taclon del mapa clentifico y cultural en favor dela China y posiblemente de ia India se cuenta entre las mas fascinantes ¢ imaginativas aventuras inte- lectuales del Occidente moderno, los centros ma- niflestos de la fuerza filoséfica, clentifica y pottica siempre estuvieron situados en la cuenca del Me- diterraneo, en el norte de Europa, y en una matriz geografica y social anglosajona. Las causas de esta hhegemonia son evidentemente multiples y muy probablemente estén demasiado complejamente interrelacionadas para que un solo intelecto o una teoria de la historia sea capaz de analizarlas. Di- chas causas pueden extenderse desde considera- clones de clima y nutricién (los altos niveles de proteinas accesibles a las comunidades oceidenta- Jes), hasta esas minimas reparticiones de herencia genética y de accidente sobre cuyo papel determl- nante en la historia sabemos tan poco, Pero conti- nua stendo una perogruliada —o deberia serlo decir que el mundo de Platén no es el de los chamanes, que Ia fisica de Galileo y de Newton articulé una importante porcidn de la realidad con el espiritu humano, que las composiciones de 90 Mozart van mas alla de los tambores y cimbalos Javaneses que conmueven profundamente con recuerdos de otros suerios. Y también es cierto que Ja postura misma de autoacusacion, de remordi- miento en que se encuentran hoy muchas de las personas de educacion y sensibilidad aceldentales € asimismo un fendmeno especificamente cultu- ral. 2Qué otras razas se han mostrado penitentes, con aquellos a quienes esclavizaron? .Qué otras civilizactones han acusado moralmen:# el brillo de su propio pasado? El reflejo de escrutarse a si mismoen nombre de valores éticos absolutos es un, acto caracteristicamente occidental, posvoltairia- Nuestra actual incapacidad de formular abter- tamente estos puntos evidentes, nuestra incapacl- dad de coexistir con ellos como no sea dentro de una malla de culpabilidad y de impalsos maso- quistas, plantea graves problemas. Tratando de aplacar a las furias del presente, rebajamos el pasado. Maricillamos ese legado eminente que nuestra historia, nuestros lenguajes cecidentales, ‘su caparazén 0, si se quiere, la carga que pes sobre nuestras pleles nos invitan a participar de él, cualesquiera que sean nuestras limitaciones per” sonales. Ademas as excusas y evasiores, las austo- negaciones y las arbitrarias reestructuraciones de Jos recuerdos histéricos que nuestra sensacién de culpabilidad nos impone son generalmente espu- Flas. El némero de seres humanos dotades con suficiente empatia para penetrar genuinamente en, otros grupos étnicos, para comprender sus cosmo- 91 visiones, las reglas de conclencia de una cultura de color o del “tercer mundo", es inevitablemente muy pequefio. Casi todo gurdi y publicista occidental que proclama el nuevo ecumenismo penitencial, {que profesa ser el hermano, bajo otra plel, cel alma vengativa que se despierta en Asia o en Africa esta viviendo una mentira retoriea. Esas personas se encuentran, en el sentido mas agudo, en fausse situation. En virtud de las falsas lealtades que ella cexige, esta situacién continaa deteriorando nues- tras reservas emocionales ¢ intelectuales. Si he- mos de comprender desde el punto de vista social y politico en qué cometié errores el pasado, debe- ‘mos reconocer no sélo la incomparable ereatividad humana de ese pasado, sino también los perma- nentes, aunque problematicos, lazos que nos unen ad ‘Sin embargo, en el momentoactual, semejante legato es ilusorio. Segiin creo, ese seguro centro esahora irrecuperable. Romen'est plus dans Rome [Roma no esta ya en Romal. Anema ed p. ‘También se ha perdido, diria yo —o alo menos esta decisivamente daniado—, eam del prom 250, el supuesto, dinmtco en su evidencia, de surva de la historia oceidentalera una curva ascendente, Sin duda, siempre hubo cuestiona- mientos a este supuesto, Antes senalé una especie {Az movittento milco que tba en sentido contrarto al de las aguas del reloj, sefialé indicios amplia- mente sustentados, en parte teol6gicos, en parte bucélicos yromanticos, de un paraiso perdidoy de ‘una edad de oro. Pero nt siqiiera en su Torma Ti 92, See ie es See eee anon ea entinien genral rials baa see en Sar oremeaatee tua ain ce ee cn acca Nee uteesares tear teenies “etemo retorno” de toda la historia coma tao [fe ar te stg cameo eo See ae poe ele Src Gar iscmatne mans ae aerine) tae ewan fc pia ts parse que taco Scnetetnee onmess 50s y perspectivas, el hombre civilzada estaba en aspera lume dead eta cs BRE pics inteain soles encerrado en el mito. (Solo la poesia y las bellas ee ee eae rrtantanune fuion ae ett ome ene tenancies Ceeeeeecress inoialety eramcne meupsuca uae or aed eel ce ses eas pancbuies aris nscale: apes aes eee eee oe Sei nee seme ye eee ee eee Gy inces oes a ay ee fe een elope eta pasty ass Sesecicunee® giana nestles tases Gomes en ees 93, A nosotros nos ha quedado muy esa anidmdiea presuncion (pues eso eral, consepta ierkegaardians de posiblidad foal, de una e iructura de en tod int hallegadoaser ‘Para nosalros un Tuga comin. Hemos vuelto a ‘adoptar una politica de tortura y de rehenes. La violencia publica y privada corroe los fundamentos mismos de la sociedad, los mina, al producir sti clda marca como ocurre con las aguas oscuras de Venecla. Nuestro nivel de comprensién se ha visto enormementeFebalado. Cuando salleron candes- tnamente de Polonia los primeros informes sobre Jos campos de muerte, la gente en general no ereyS en ellos: semejantes cosas no podian ocurrir en la Europa civilizada de mitad del siglo xx. Hoy es dificil Imaginar una bestlalidad, una demencia de opresion o de repentina devastacién en la que no creamos, que no coloquemosen el orden natural de os hechos. Moral y psteolégleamente es un hecho terrible el de nuestra incapacidad de asombro. Inevitablemente e! nuevo realismo eonspira con Io que es, o deberia ser, por lo menos aceptable en realidad. Ademas_no tendemos a concebir el actual uml Ezxirenisma como UH women (aneD desi CRS come te sae Ee Gledai datas, esto ex lecisivo, Lmeselo pessunismus —y no es un accidente la cla de que-ét idioma sea el ‘UevO Tealismo estoico. Yaa experimentams | historia como ung curva ascendente. Hay dema- on slados puntos fundamentales en los que nuestras vidas estén mas amenazadas, mas dispuestas a aceptar la arbitraria servidumbre y el arbitrario exterminio de lo que estuvieron aquellos hombres. y mujeres civilizados de Occidente en cualquier ‘momento a partir defines del sigloxv1. Sobriamen- tenuestro prondstico debe ser el quehace Edgaren Y puedo estar peor aun: lo peor 1p dura tanto que podamos decir “Esto es lo peor” Pero al mismo tiempo nuestro movimiento ‘material hacia adelante es inmenso y evidente. Los “millagros" de la técnica, de la medicina, del saber cientifico son precisamente eso, “rallagros”. Mu- chos mas seres humanos que artes tienen la probabilidad de vivir hasta la madurez, de engen- drar hijos normales, de subir por la escala social, desde a condicién milenaria de lamera subsisten~ cia. Pasar por alto una verdad tan evidente y humana es incurrir en pecado de esnobismo. “Imagine usted un mundo sin cloraformo”, apre- mlaba C. S. Lewis. Pero tratase tamblén de una verdad que hace ‘escarnio de nosotros y lo hace de dos maneras, ambas alejadas del mejoramiento racionalista de ta llustracion y de los victortanos. nora sabemos (cosa que no Sabian ni Adam Smith nt Macaulay) que-el progreso material implica una dialéctica de efiuicio-o-dafio-concomitante, que_eLprogreso destruye imeparables equilihrins entre la sociedad 95 ylanaturaleza, Los avances técnicos. espléndidos ‘i stmismos, rabajan arruinando primarios sis. temas vivos y arruinando ecologias. Nuestro sen- tide del movimiento historico ya no es lineal, sino que es tun movimiento en espiral. Podemos ahora otcebir una Utopia leenocraeae higénica que funelona ain Ween de pesiblidades humans ‘anSpy segundo eaearnio.de aquella verdad Uené que Ver ton la-disparidad. Yano aceptamos la A gyeccton tinnioteran eV movdlo cision de capi (ange beneftess] de que ql progreso mecesana- ape Jas sociedades desarrolladas coexisten con lo que avece se la ordemtea muerte por inantcioa una gran parte dela Uerra. En efecto, Tas mejoras en cuanto a las probabilidades y duraciin de la vida individual, aleanzadas por las técnicas medi- éas, han alimentado ef cielo de Ta superpoblacion ya re. A menudo los suministros y los ‘edioede dsiibuctan necesarios para acalar el frambre yla pobreza son accesibes, pero 8¢ Opo- mena su realzacon ls inerelas de a codelao de Ta poltea, En demasiados casos la nueva teeno: craclaesnosolamentedestructorade otrosvalores Snterlores tino cruelmente impotente fuera dela provechesa aplleacin local, Be suerte que 108 hallamos en una posicién_ambivatente ¢ trontc respecto del dogma del-progreso y respecto del (eauisico Dlonestar gue tantos de nosotros Teal iehte govarias en el Occldente tecnoldgico. Tata ambivalencia tiene sin embargo sus vir- 96 tudes. Yala doctrina de la perfectbilidad, tal como la concebian Rousseau y Godwin, tenia sus com- placenciasmusculares, No podemos separar cierto sentido de aspera fibra y hasta ce fatuidad de buena parte del optimismo propio det siglo xix. El habernos habituado actualmente ala pesadilla es no sélo una salvaguardia —es como la lengua que pasamos sobre una muela que nos duele para cal- mar el dolor— sino tamblén una adhesién al “prin cipio de realidad". Para emplear la terminologia freudiana, hemos légado a la edad adulta, pero inamos Tendo que pagarun pec por ello Heros perdido um impulso caracteristica. una capacidad metafisiea y técnica de “sofar hacia adelante” (de Ninguna Sensibilidad anterior a la nuestra, segun ‘G00, uni cladjetivo “sucio" ala palabra “esperan- ‘ar comohilze Anouilh en fahielada rasecontenida nv Antigone: “le sale espot” Eldaio Suiridocs dficll deestimar. En puntos vitafes nuestro desencanto es una traicion del pa- Sado. Bien podria ser que el programa mesianico de liberactén soctal fuera clego desde el comienzo, que la visién de Marx de “una modificada y nueva base de producctén surgida del proceso histérico” fuera no sélo ingenua sino que con:uviera en silos iéemenes de la fatura trania, Bier: podria ser que tsa Imagen sentida de las elenclas entendidas co Imo servidoras y iberadoras de a sociedad y del es- piritu —una imagen tan vivida en Wordsworth, en ‘Auguste Comte fuera desde el principio ireflexi- 97 va y suscepuble de engendrar tlustones. Pero la nobleza de estos errores es incuestionable ast como la funcién de engendrar energias de tales errores. Buena parte de lo mas verdadero de nues- tra cultura estuvo animada por una utopia ontol6- lea. Implica modestia y realismo hacer a un lado el suerio milenarto, pero es mendaz negar la ventu- ra de quienes lo sofiaron u olvidar que nuestra actual clara visiOn procede directamente de un catastrafico fracaso de las posibilidades humanas. ‘Ademas no es seguro que pueda uno dear un modelo de cultura, un programa heuristico para reallzar nuevos avances, sin un nucleo ut6pico. La cuestion “hacia qué fin dirigir el esfuerzo, hacia qué fin dirigir el trabajo" se remonta rapidamente aun oscuro esquema instintual o blen a un apriort de esperanza anclado menos en la fenomenologia, en as lineas reales de la historia, que en un sueno de ascenso: Dans Vombre mmense du Caucase, ‘Depuls des sicles, en rPvart, Condutt par tes hwinmnes dexiase, Le genre humain marche en avant: marche sur la tere: passe. {va dans ta nut, dans Pespace, Dans Ff dans te bomé, ‘Dans Vazur, dans Tonde tree Lelibérateur enchant (Gn la tnmensa sombra det Caucaso, Desde siglos atris, como sonando, 98 CCondueldo por los hombres de éxtasis, EElgenero humane mareha hacla ade ante: ‘Marcha por la terra: pasa, Va en medio dela noche, en medio del espacio, través de lo infinity a través de regones Lmitadas, ‘A través del azul de los celos, através de los mares lurtades, Ala luz de Prometeo, El iberador encadenado.) ‘Aqui estan todos los indlcadores de la vision. cereadora de energia: los lideres extaticos, la mar- cha hacia adelante de la humantdad como en un. ‘sueno, el simbolo prometeico de la rebelién dadora de vida, simbolo instrumental para Marx como lo fuera para Shelley. ,Como hemos de volver a en= contrar seguridad nosotros que ya no comparti- ‘mos la conflanza de Victor Hugo, para quien la his- toria asi y todo no es, 0 lo es sélo difusa e trénica- mente, una marche en avant? Una-ceica pesos tade la hasta la oo gn see de "utopia, Yano disponemos de aquellos “clelos com- pensadores" que dieron a las sociologias estaticas Scireulares del pensamiento medieval y del prerre- nacimiento su desequilibrio dinamico leno de as- piraclén. 2Cémo suseribie un modelo lineal, con un Explicito Yector de progreso como el que alireabay falvanizaba nuestras sensibilidades desde por 10 menos el sigloxvi? Nada, salvola realidad, nos ha tenseada y preparado para la estasis Ja reste sian. 99 a ‘Toda esta cuestién de una operante teor ta cultura Yen ausencla dean dogma-o-de ui Sate aepaaees Sean oe SEES ee oe “mat claes aged aus enreties BEBE cumnis anna le cxacin Gain tee profetia en el inferno: ‘Perd comprender puol che tutta morta Paznostra conoscenza da quel puto, ‘he de futuro fla cus la port. inferno 10. (Puedes pues comprender que cosa muerta sea todo nuestro conoeimiento desde el momento enue se clerra la puerta del futuro) “Se clerra ta puerta del futuro” —es devi, renunclar al axiomta ontoldgico del proceso histo- eo y “todo nuestro conccimientor es cosa iuerta, ‘Thothessen / Tomer Wendin EL erceraxdoma al que ya no podemos apelar sin_iuna_exirema reseiva 8 el que relaciona. el ‘numantsmo-—como programa educative, como un ieterene Teal conta conducta socal a [a cuestion debe formularse muy cuidadosamen- te, La Weologia de Ta educacion fiberal, de un Fumanismo elasteamente basado-en el esquema de cultura del siglo xx, corresponde alas expecta- cones de la Mustracién, Esa ideologia se da en muchos niveles, por ejemplo, la reforma univers 100 tara, las revisiones de los programas de estudio escolares, la expansién de la base educacional, la, instruccién de los adultos, la inculcacién de la excelencia por obra de periddicos y libros de bajo precio, Estas expectaciones, lockelanas, jefferso- hlanas st se quiere, se desarroliaron difusas y evidentes por si mismas 0 evidentes por si mismas, por ser difusas (la universalidad implica vague- dad), Pero au principio central era claro: habia uh pra =a toy. e- FEL dogina Secular del progreso moral y-poliico era precisa ‘Tele coor Us Uanslevencis las entegoras dela Instruceién publica y de a escuela —el ceo. Ta aquellos cementos mamicas cela llustracion, det qcimisnta humane enderetado-a la perlec cig lea que otora fue teologiony wascendental- Hoe Seo Pee oe que la escuela era el templo y el foro moral de la persona libre marca la secularzacon de un con: Etato otopico, en tluma instanciaelgioso, entre Inealidad del hombre y sus potencialtdades. La locura y la erueidad humanas eran expre- ston directa de tgnorancia. de_esa_injusticia en virtud de la cualla gran herencia ce las reallzacio- nies flos6fieas. artisticas, cientifieas se fransiitis Ginicamente a una easta privilegieda. Tanto para Voltaire como para Matthew Amoid —y puede decirse que entre ambos se definen las generacio- nes de promesas culturales— hay una evidente 101 congrueneia entre el cultivndelespiritn deLindivi- aida. Aunque expusieron Sus ideas en dlferentes idiomas y aportaron die rentes elementos asusllogismo, Voltaire y Arnold consideraban como definiuvamente establetd el > enucialTema de que a za, (a raiz de lo “humano* est expreTenent aimbos terminos y Ta eUimalogia tos liga estree mente, Todo esto eS para Nosotros terreno familiar. *ero la proposicion necesita ser alinada. Aun- que conceptos de “edueacion", de “erlanza”, de Cultura” y de meloramtento soclal ode perfecibl- lidad humana estaban intimamente mezclados ya menudo eran intereamblables, eontinuaba stendo examinada la precisa estructura de las relactones entre ellos, de los elementos instrumentales que conducian de unoal otro, Eneontramasunabuena cr trepit mejor esctiela_y mejor sociedad, Particularmente en las doctrinas progres norteamericanas an Pero también encontramos, en un plano superior de debate, una continua conciencia de lacomple- Jidad deta cuestion. Los Ensayos sobre una educa- con Sa doe or F, W. Farrar en 1867, dos afios antes de la publicacién de Cultura y anarquia de Amold y tres aitos antes de la Ley de Educacién, constituyen un ejemplo representative de como se revalué desde aclentro, por asi decirlo, el axioma general del mejoramtento por obra det humanismo. Lo que le preacupaba a Farrar, a 102 Henry Sidgwick y a sus colegas era precisamente Jas limitaciones del canon clisico. Se lanzaron a reexaminar el concepto ortodoxo de educacion clasicay examinaron st ésta era aproplada para las necesidades de una comunidad cada vez mas teenologica y socialmente diverstficada. En el mas incisivo de esos ensayos, Sidgwick es partidario de extender el concepto de cultura necesaria para que incluya las letras modernas y cierto conocimtento de las cteneias. Yano se puede considerar que la literatura griega y latina abar- quen todos los conocimientos esenciales, nl siqule- ra en una forma idealizada y paradigmatica: 1a pretension_de esas literaturas “de dar la mejor ensenanzaen filosofia mental, eleay politica" esta desaparecienda_rapidamente, La ciencia fisica “esta ahora tan ligada con todos losintereses de la, humanidad” que es indispensable certa familiari- dad con ella para comprender “la actual fase del progreso de la humanidad” y participar en ella. En. Suma, las técnicas y el contenido sustancial de la transmisién cultural eran vigorosamente debatl- dos en el momento culninante del optimismo del siglo XIX. Lo que no se debatia era la obligatoria inferencia de que tal transmisi6n, st era correcta- mente llevada a cabo, levaria necssariamente a tuna condicién del hombre mas estable, mas hhumanamente reeponsable, “Una educacisn ibe ral’, eseribia Sidgwick convencido de estar enun- clando cosas obvias, “tiene por objeto impartir la cultura suprema, hacer que los jovenes gjerzan de todo mas pleno, vigoroso y armonioso (de confor~ 103 midad con el mejor ideal accesible) sus facultades activas, cognitivas y estéticas. Formulada en st plenilad-extendida gradualmente de acuerdo con los diferentes grados de capacidad innata a secto- res cada vez mayores dela sociedad y del globo,esa_ clon. aseguraria_un_perm: jora- |- Donde Morecia Ix calfurala Barbarle era, por definicion, una pesadi- la del “Hoy sabemos que esto no es asi. Sabemos que la excelencia formalyTa extension numérica di educacion notiene porque estaren correlacToncon ‘ina mayor eslablidadsocialy unamayor racion. fidad~polltea, Las vides demosteabies del Gymnasium o det lyeée no son garantias de e6in0 habré de votar a comunidad en el siguiente plebis- ito, Ahora nos damos cuenta de que extremos de histerta colectiva y de salvajismo pueden eoexistic con una conservacién paralela y, es mas, con el desarrollo ulterior de las instituciones, burocra- clas y c6digos profesionales de una cultura supe- rior. En otras palabras, las bibliotecas, los museos, Jos teatros, las universidides, Tos centzos de inves: tigacion por obra de los cuales se transmilten Tas humanidades y las cienclas pueden prosperar en [ag proximidades de los campos de concenteacion. SRE open ic oS OTE clertamente sufeir por el impacto de la violencia y dolrégimen quelas odea, Pero sufren sorprenden temente poco. La sensibilidad (particularmente la de los artistas efecutantes), Ia inteligencia, et empeno de aprender continiian desarrollincose 104 en unazona neutral. También sabemos—y aquise trata de un conocimiento enteramente documen: tado aunque en modo alguno inco:porado en una Psicologia racional— que las cualidades evidentes de la respuesta letrada, del sentimtento estético pueden coexistir conla conducta barbara, politica- ‘mente sédica, en un mismo individuo. Hombres tales como Hans Frank, que administraban la “soluci6n final” en la Europa Oriental, eran pro- fundos conocedores de las bellas artes y en algu nos casos ejecutantes de Bach y Mozart. Conoce- ‘mos a gente de la burocracia de los torturadores y de las camaras de gas que cultivaban el conoci- miento de Goethe, que sentian amor por Rilke; y aqui no tiene peso la facil excusa de decir: “Esos hombres no entendian los poemas que lefan o la rmiisica que conocian y parecian tocar tan bien". Seneillamente no hay prueba alguna de que esos hombres sean mas obtusos que cualquier otro y menos sensibles al genio humano, a las energias ‘morales de la gran literatura y del arte. Una de las principales obras que tenemos sobre Blosalia det Jefiguaje y sobre la inte de Holderlin fue compuesta casi ala distancia de Un tiro de bala de un campo de muesje. La pluma a6: Cuanslo cito este material, me encuentro con la siguiente objectén: “De que se asombra usted? Por qué esperaba usted otra cosz? Uno siempre deberia haber sabido que Ja cultura y la accion humanas, que las humanidades y el impulso poli- 105 tico no estan en una correlacién necesaria osu tiente"_ Esta objecton parece convincente, pero en realidad es Inapropiada si se tlene en cuenta la normidad del caso, La eomprensién que ahora fenemosdelasrelaciones negatvas 0, por foment cultura y socledad es algo nudvo y moraimente descontenante A los hombres de TnSUaeion y amuchos de Tos del siglo xixesta comprenstn les habla pareeid una morbosa fantasia y son pre- tisamente las premoniciones de Kierkegaard y Nietszche sobre esta cuestion lo que los coloea et tina sttuacion aparte). Nuestroactual conocimien- to de una transferencta negativa que va desde Ia civlizacton a la conducta fen el tadividuo y en Ia Sociedad) va contra la fe, contra los supuestos eperantes en que estaba fundada el progreso deTR educaelon. de Ta allabetizacton- general 7A Ta fusion de las ates: Lo que anora Sabemos hace bela dela vision dea historia penetrada y vielta mnaleable por la Inteigencia y los sentimientos tcducados, una vision dela historia comin a Jeff Son ya Mare asi como to era aAmold y a los Felocmadores de 1867, I fae dectr que uno “Geberiat haberlo sabido, Sila tlustracion ye siglo x hubieran eomprendlio que no podia presumir- Se un vehieulo que fuera desde la civilancion a la eivlidad, desde 21 Humanismo a To humano, se habrian seeado los manantiales de la esperana y no habria sido postble buena parte de ia inmensa Iberacion delos espiritus y dela sociedad durante cuatro generaciones Sin dua aquellos hombres 106 habrian tenido menos confianza. Quizd conflar en oes aoa oe Sea lee nee que scales snieniaon en ‘Reaso la incapacidad de Ta razon y dela voluntad politica para impedir las matanzas de 1915-17 deberia haber sido una advertencia final sobre la fragilidad yla candicién-alslada delaestaicturadi laculturs, 2 Sfero aqui nuestra comprensién fy ésta esté extrafiamente ausente en las Notas de Eliot escri- tas en 1948) se da despues de oeuridos los he- chos, Bla misma ea —y date constiuve el punto palnclpal—"parte-denitestea tesoleclon. En no menor medida que nuestra competencia técnica para construire inierno sobre la terra, nuestro ‘omocimentg det Taso de Laceduenctin. de Ta fradicion humanista, para aportar “dulzura™ y “fualashonies coun ase cinimeselaage 2. res eS. u se perdis. Ahora nos vemos obligadosa volvera un anterior pesimismo pascaliano, a un modelo de historia cuya logica deriva de un postulado de pe- cado original. Hoy podemos admitir féciimente el punto de vista de De Maistre de que la barbarie de la politica moderna, de que et retomo del hombre ilustrado y teenoldgicamente inventivo al asesina- toes un resultado necesario de la escatologia de la, Caida, Pero en nuestro retorno aestos paradigmas anteriores, mas realistas", hay un elemento espu- rio y, por lo tanto, psicolégicamente corrosivo. A. diferencia de Paseal y de De Maistre, muy pocos de nosotros sustentamos en realidad un concepto 107 dogmatico, explicitamente religioso, de los desas- tres personales y sociales del hombre. Para la mayoria de nosotros, la logica del pecado original y Ia imagen de la historia como un proceso de purgatorio son, en el mejor de los casos, una me- tafora, Nuestra visiin pesimista, a diferencia dela de un verdadero Jansenista, no dispone de un principio de causalidad ni de una esperanza en tuna remision trascendente. Estamos atrapados en el medio de estos extremos. No podemos hacernos, ‘eco del famoso saludo de Carduect al futuro: Salute, 0 gent umane affateatet Tuto trapassa, enullo pud mort {Not troppo adiammo e soferimo. Amate Rondo bello santo &Tacoent: (Salud, oh humanidad fatigada! ‘Todo pasa y nada puede more Demasiado hemos odiade y sutrtdo, Ahora amat! El mundo es hermoso y santo es el fuluro) Pero nosotros no podemos tampoco responder con plena y honesta aquiescencia al diagnéstico pascaliano de las crueldades y absurdos de la condicién histérica como consecuencias naturales de una primaria falta teologica. Esta inestabllidad de un terreno esencial y las evasiones psicologicas que dicla inestabtlidad implica caracterzan a buena parte de nuestra actual postura, Realista y al propio tlempo psico- logicamente hueco, nuestro nuevo pesimismo estoico o trénico es'uni factor detenminante de la 108 sein {ereraciones que van desde Voltaire a Amold ta usencia de ese conocimiento no era inocencia sino que antes bien formaba parte de un programa que fomentaba la eivilzactén. Podemos agrupar estos hechos “irreparable: en un rolulo general. La pérdida de la situacion central, geografica y soclologica, el abandono del axioma del_progreso hist6rico o las extremadas: retvas congue lomivamos, nuestasensacton de “Tacaso odelas graves deiciénclas del conocilen- tarydet humattiomo respecto dela accion social: (oddos estos hechos sigaitican eT inde una estric- tara de valores erarquieay aceptada. Esas divisio- TEE coVTeD DInarOk Gu orfanicaban la percep- ‘cin social y que representaban la dominacion del ciaigo cultural sobre el codigo natural se Ta? borrado alfora oson-diveclamente zechazados. Se Gata-de cortes enlre Ta clvlizacion occidental y todaslas demas, entre los instruides ylos incultos, centre los estratos superiores e Inferiores de la sociedad, entre la autoridad de la edad y la depen- dencia délos jovenes, entre los sexos. Estos cortes eran no sélo diacriticos —que definian laidentidad de las dos unidades en relaeién consigo mismas y entre ci sino que eran expresamente horlzanta- ies. La linea divisoria separaba lo superior de 10 Inferior, 1o mayor de lo menor, la elviizacion del primitivismo atrasado, la instruccién de la igno- Fanci, el privilegio social de la sudordinacién, 1a 109 madurez de edad de la inmadurez, los hombres de Jas mujeres, y en gada caso estaba Implicita una distincién de superioridad. Fs el colapso, mas 0 menos completo, més omenos consciente, de estos gradientes de valor Jerarquizados y definitorios (zy puede haber valores sin Jerarquia?) lo que consti- tuye ahora el hecho principal de nuestra situacion intelectual y social. Las “cartes” horlzontales del orden clisico se han hecho verticales y a menudo indistintos. ‘Me imagino que nunca un estadista blanco volver a escribir como lo hizo Palmerston en 1863 en ocasin de una acelin punitiva que debia verificarse en remotos lugares: “Me inclino a pen sar que nuestras relaciones con el Japén estin pasando por las habituales e inevitables fases del twato de las naciones fuertes y elvilizadas con naciones mas débilesy menos clvilizadas” (hasta la capitalizacion se expresa en vor alta). Un antropo- Jogia ubicua,relativista, no evaluativa,en su ests ie de los diferentes terns ¥ cultura, penetra ahora nuestra imaten-de nosotros mismos y de os femas, "Contraculturas” y conjuntos individual zados de referencias ad hoc estan reemplazando “lserifnaciones establecidas entre instruceién y * analfabetismo. La linea que separaba la educacion ya idnorancia Ya no es ferarqutca con evidencia, Buena parte de S tentales de la Socledad se produce ahoraemuna Zona intermedia de -eclecticismo personal. El alterado tono de las relaciones entre grupos de edad es hoy lugar comin que penetra asi todos los aspectos de las 110 costumbres sociales. ¥ lo mismo ocurre, mas re- cientemente, con la fision de los modos sexuales {tadicionales, Las tipologias delaliteracion de las de la nueva homosexualidad, politica y jos Unidos) y del “unisex” indican un profundo oe eee ae ‘mente establecidas. “Vagamente denegados" (se- {in la elocuente frase de Milton), hombres ymu- Jere estn actuando.nastlnen ua ereno neuro fe TndistineiOn sino que tntercamblan papeles en cuanto ala veslimenta, en cuanto al pslclogie, ‘ocante alas fanciones econdimleasy-eriicascue aiites estabaitclaramente diferenciadas, —Nuevamiente aqui se insinga un esquema ge- eral, Una comin falta de formas o la busca de nuevas formas no ha hecho sino minar las lineas clasteas de edad, de las divisiones sexuales, de las estructurasde clasey delos gradientesjerarquicos de espiritu y poder. Nos encontramos cogidos en tun movimiento browniano en toco nivel vital, ‘molecular, de la individuaeién y dela sociedad. ¥ sime ces lieito levar la analogta tin poco mas lejos, dirfa que las membranas a través de las cuales se fitran las energias sociales se han hecho ahora permeables y no selectivas. ‘Se ha afirmado abundamente que el indice de cambio social que estamos experimentando no tiene precedentes, que las melamarfosis y las. hibridactones a través de las lineas del tempo, de la Sexualidad, deTas razas, Se producemanora mas ipldamente que lo que se produjeron alguna vez m1 Antes. {Ese indice y esa universalidad de cambio Feflejan transtormaciones organteas veriicables? sta es tna cuestion muy difiell de plantear con precision, para no hablar de darle una respuesta, Experimentamos buena parte de a realidad, agi damente fltrada y preeiaborada, a través de la soclologia diagndstica de los medios de comunic cin soctal. Ninguna sociedad anterior se refl|6.a Simisma con semejante y profusa fascinacion, En Ja actualidad, modelos y mitologias de hecho, a menuido muy astutos y aparentemente generaies se offecen en intervalos asombrosamente breves Esta rapidez y “metaprofundidad" de explicacion puede oscurecer la distincion entre lo que es una tuestion de moda, de colorido superficial, y To que ocurre en los niveies internos de un sistema psico- Togico 0 social. Lo que sabemos sobre la escala temporal evolutiva hace en alto grado improbable que se estén produciendo cambios psicolisiologi- cos a un ritmo dramatico observable, Considere- mos un ejemplo: se estan establectendo grandes correlaetones entre la revolucién producida en las costumbres sexuales yuna supuesta reduceion de Jaedad en que aparece la menstruacién. Pareceria que esta fenomenologia es susceptible de una in- dagacion estadistica exacta, Pero en realidad abundan las dudas materiales y metodologicas, gue culturas o comunidades se ven afectadas y uantos casos dentro de ellas podrian constituir luna masa critica? zNos encontramos aqui frente a sintomas primarios 0 secundarios, frente a un cambio isiologico oa un cambio dentro del contex: 12 to de la conclencia y de 1a aceptacion social? Admitiendo el hecho, ges legitima esa correlacién estan actuando aqui mecanismos paralelos pero esencialmente disociados? En este punto cabe ser escépticos. Y sin embargo deberia haber también clerta largueza y vulnerabilidad de la tmaginact6n, Es concebible, para expresarlo modestamente, que ‘cambios producidos en esquemas de nutricién, de control de 1a temperatura, de répldos viajes a tuavés de zonas y climas diferentes, que la prolon- * gacion del promedio de vida y la ingestién de sustanclas terapéuticas y,narcétlcas estén deter- minando una genuina modifieacién de la persona- lidad y, marginalmente, acaso ¢el fisleo. Esos cambios podrian definirse como “mutaciones in- termedias*, algo entre lo organico y lo que esta de ‘moda, en el sentido mas fuerte de esta expresién. No poseemos un vocabulario exact para designar metamorfosis psicosociales de segundo orden 0 metamorfosis sociofisol6gicas. Ello no obstante, me parece que estas metamorfosis constituyen la, variante mas importante de toda la poscultura. Buena dosts de todo esto es terreno comin. ‘También lo es el punto de vista, expresado la pri- mera vez por Benda (que atin continiia stendo et ins agudo de los enieos de Ta cuttural-ae que! desmoronamlento-de Tas Jerarquias”clasieas se daria desde adentfo. Cas decisivas brechas abier- tas en Tas Tineas del orden serian la obra de zapadores que excavaron tneles desde el interior dela comunidad. La conetencia del privilegio, dela 113 madurez de edad, de los derechos de mandarin se ha vuelto contra si misma. La pregunta que se formula menos frecuente- mente es la de saber si vale la pena reantmar clertos elementos centrales de los valores de la Jerarquia clasica. Hay una defensa concebible del concepto de cullufa contra los dos principales 1 aquesqueaora se dirgen alla? specialmente slaceplamos la proposieibn cen fal de Eliot deaue dese r Ber En segundo Tie frlenciahummanay/de desarrollo inetecta, jn luna un precio demasiado elevad ee erando Ta destgualdad social y esprit; tconsiderando el desequilibrio ontoldgico —-que es mis profando queelecondmico—entre las prvi: fladas realizaciones intelectuales y artisticasy él Excluido mundo de a pobreza y del subdesarralo gPuede haberse debido a un aecidente el echo de Guebuena parte de ia ostentosa cilizacion —dela ‘Atenas de Pericles, la Florencia de los Medic, la Inglaterra del siglo xs el Veroallea del grand site la Viena de Mozart estuviera esteechamente Gortelacionada eon el absolutisme politico, con in FHgido sistema de eastasy con la presencia cireun- dante de un populacho somelide? Bl gran arte, 1a na :niistea la poesia, lactencia de Bacon y de Laplace florecen en modos mas 0 menos totalitarios de gobierno social. ;Puede ser fortuita esta elreuns- tancia? gIfasta qué punto son vitaes las afinida~ des entré las relaciones de poder ylas humantda- des clasicas (relaciones iniciadas ea el proceso de la enseftanza)? .No es la nocién misma de cultura sindnimo de elitismo? ,Cuantas de sus principales energias se alimentan de una violzncia que esta ‘isciplinada y contenida por dentro pero que es ‘ceremontalmente visible en una sociedad tradiclo- nal o represiva? De ahi la eritica de Pisarev (de la ‘que posteriormente se hizo ccf el artey de las letras consideradas como Tastrumentos de casta y de régimen absolutista tva- hab et cevademanfsm por asmasas Opin dasdeTacomuntdad? 7Oueutlidadtavola cultura cuando Tego Ta barbarie? 2Qué poema inmortal “qerUVO RUN Teoma alguna vez el terrorisn politico, aunque algunos de ellos le celebraron? de manera mas escrmadora’aquelos para quie- nes un gran poema, un pensamiento floséfico, un. teorema son en definitiva el supremo valor: yaa, ayudan acaso a los que arrojan napalm mirando pacla bla pate y-AdSptareo-Une postion de parte y adoptando una posicion de “ulsleza objetiva” o de relalivisiiu [storteo? ~~ Alo largo de este ensayo he tralado de sugerir que n cues: | Ta fragilidad de la cultura. Fodemos elabo- rar toda clase de puntos de vista post facto sobre la 5 194 falta de correlacion entre la instruceién y la politl- ca, entre la herencia de Welmar y la realidad de Buchenwald situado a pocos kilémetros de alli. Pero el diagnéstico después de ocurridos los acon~ tecimientos es, en el mejor de los casos, una com- prensién superficial y paretal. Por lo que soy eapaz de ver queda atin sin explicar mucho del horroroso enigma. Podemos dar una respuesta ala cuestién de st ‘una cull te- ial. No es dificil formuatar una apologia de Ta civilizacion firmemente basada yssin hipocresias, en un modelo de historia conce- bida como privilegio, como orden jerdrquico. Puede uno decir simplemente que las realizaciones del arte, de la Imaginacién especulativa, de la ma- tematicay deTas clencias empiricas fueron, son y mension abrumadora la creacton iS pcos hombres dotados. En la perspectiva dela evolucin de las especies | cin cada vez mas completa de las potencialidades de la corteza cerebral —y la suma de la historia puede ser precisamente eso— resulta vital preser- var el tipo de sistema politico en el que se reconoz~ can los dones superiores y se acepten las presiones, bajo las cuales ellas florecen. La existencia de un Platén, de un Karl Friedrich Gauss, de un Mozart, pueden hacer sarprendentemente mucho para redimir la del hombre. La inmensa mayoria de las, Diografias humanas son un grisaceo relato que se desarrolla entre espasmos domésticos y el alvido. Para una sensibilidad verdaderamente cultivada 116 negar esto, con pretexto de devocion liberal, es no solo mendaz sino que raya en la ingratitud. Una uultura “viva” es aquella que se alimenta continua- mente de las grandes ¢ tndlopensables obras del pasado, dela ver daiesy Delleas seansacis cata {raulidn, Contra estas cosas no uenlaTRaSpere™ za social ni el sufrimlento personal que tan a me- hudo generaron ohicieron posible una sinfonta, un mente hatiesta Ta oct dena cultura elevada considerara el incendio de una gran biblioteca, la desaparicién de Galois a los veintiin aftos 0 Ia desaparicién de una importante partitura pérd\- das paradéjicamente, pero no poreso menos dect- didamente, fuera de proporcion con muertes co- ines, aun cuando éstas se produgcan en gran Esaes una posicién coherenteque puede estar de acuerdo con realidades biolégicas profunda- ‘mente insertas. Por razones perfectamente obvias, sin embargo, es una posicin que hoy pocos esta~ rian dispuestos a exponer publicamente 0 con conviccion. Esa posicion se opone drasticamente a Jas dudas sobre la cultura que, segin vimos, estan Justificadas, Esta demasiado crasamente fuera de tono con los ideales generales de respeto humano y de preocupacién social. Hay aljo histriénico y poleoldgicamente sospechoso hasta en la simple formulacién de un canon elitista. Pero es importante comprender precisamente por qué ello ¢s asi. Empleando los sérminos que he Indicado y haciendo con completahonestidad una ur |! defensa contempordnea de la cultura concebida Soyuo_un “esto ae vida", esa defensa preseniar’ 0. No resulta plau- ‘Sbie-en definitivn hacer un alegato en favor del orden y Tos valores elisicos apoyandose en una base puramente Tamanente secular. Al hacer Iin- capié sobre este punto Bliot esta justificado y sus Notas con miras a definir la cultura continian siendo validas, Pero si el nticleo de una teoria de la cultura es “religioso”, este término no deberia (o- marse como lo hace principalmente Eliot, en un particular sentido sectario, Aunque solo sea por stt Implicacion en alto grado ambigua en el holocaus to, el cristianismo no puede servir como foco de una redefiniclén de la cultura, y 1a nostalgia que slente Eliot por la diseiplina cristiana es ahora el mis vulnerable aspecto de su argumentacion. Yo entlendo lo “religioso” en un sentido particular y mas antiguo. Lo que es central en una verdader culturaes clertaco: faciones¢i a Ta muert Elimpulso dela voluntad que engendra arte y pensamiento desinteresado, la respuesta que es 10 ‘unico que puede asegurar su transmisién a otros. seres humanos, al futuro, sus raices en una geplraciin 2 io trascendensia ep una apse ascender. El esciiior o el_pensador utiliza t palabras del poema, las Abfas de la argumenia- lon, los personajes del drama paraque perdure su > propia vida, para superar el muisterio dela presen- cla_qutonoma_y_clestat_presente. ET escultor entrega ala piedra vitalidades contra el tiempo, 8 vitalidades que pronto se escaparan de su mano viva, Elartey elespirita se diigen a aquellos que todavia no han pasado inadvertidos « los vivos. No hay nada natural, nada evidente por si snismo enesta apuesta contra la mortlidad, {ua as comunes promesas de vida. Er la gran syria de los casos —y el que apuesta a la trascen encia lo sabe de antemano—el interto fracasara Yy nada sobrevivird, Puede haber una eancerosa mania en la mera idea de productr gran arte 0 Pensamientos filos6ficos, actos, por definicion, {que no tienen utilidad ni recompensa inmediata Flaubert bramaba como un hombre atormentado ante el pensamiento de que Emma Bovary —s Grlatura, su invento de ordenadas silabas— no estuviera viva y real mucho después después de haber sufrido €l una penosa muerte. Hay una serena enormidad, mas incisiva por sa deliberado co en aliteratura, en a afirmacion de Pope segan Ja cual “para seguir_a la. pocsi ddeberia hhacerselo debe alidarse de paate-y madre y paqarse a-ella solamente. Podemos sustituir la palabra “poesia” de esa oraciOn por matematica misica,pintura_astrofisiea o¢ astfision cualguroua disc lin {y cinco afios pero haber compuesto el Don Giovan: né_saber, como sabia Galois durante Ta aluima nodhe de sus velntitin anos de-existencla, que las paginas que estaba escribiendo alterarian las for- 119 mas futuras del algebra y del espacio. Quizst se trate de un demente engreimiento, empleando este término en su sentido estilistico, pero un engrei- miento que es la fuente trascendente de la cultura clasica, Asi lo oimos proclamar al final de la Tercera Oda Pitica de Pindaro: ‘Quiero manifesta Iadivinidad que esta activa en mt lespietu ¥ aplicar los medlos que son mis, Pero stun dios me diera exuerancta y su fuerza, tendia yo la esperanza de conquistar para siempre nmensa glorla que ereceria a través de 1s siglo. Pues st Néstor y Sarpedonte de Lila son e#lebres lentre los hombres, sabemos que fue la vor de cantores inspirados Ja que nos transmit sus nombres. {os poetas ustees inmortallzan la virtud con sus leantos, pero son pocos aquellos a quienes les es dado lo (grat. Notese Ja modulacién que pasa de Ia acci6n poética a la verdad aristocrtica “pero son pocos aquellos a quienes les es dado lograrlo”. ¥ esto no. es accidental. El tropo de la inmortalidad persiste en la cultura occidental, es central en ella, desde Pindaro a la época de la visién de Mallarmé de Le Livre, “tenté a son insu par quiconque a éerit”, Esta obsesién esta una vez mas memorablemente cis tallzada en la frase de Eluard “le dur désir de durer*. Sin ese “duro deseo de durar” puede haber i20 amor humano y justicla, misericordia y esertipu- los, pero, epuede haber una verdadera cultura? Puede 1a eivilizacién tal como la conocemos ser Confirmada por una eoncepeién inmanente de la realidad personal y social? ,Puede una cultura set ‘ital sin una logiea de relacién entre ia “divinidad que esta activa en mi espiritu" y Ia sed de una “gloria que ereceria a través de los siglos"? Y es precisamente esa logica, con su inferencia de per- durabilidad en virtud de la ereacion artistica e intelectual, lo que yo considero “religoso”. Esta logica y sit idioma estan ahora deteriora- dos. La idea, axlomatica en el arte y en el pensa: miento clasicos, de sacrificar Ta vida presente, la humanidad presente ala posibilidadmarginal de an Tuluro Werario 9 de_un_renombte universal, excita Jos nervios modems. Hoy en dia para los fowenes, cLeadigede=gloria® del acto intelectual y Geallvo es sumamente sospechoso. Muchos ven eh dltan sBlo uh pathos Tomadnlico una perpetua™ dn disfrazada de idotos elitistas. Hayen la actua- ida, partic c algunas necias teorias de moda sobre revoluciones (alales de la conciencia. Pero muta- Ciones de las estructuras interns Ro ocurren con Semejanté ritmo. Sin embargo, en esta CueSTION capital del equivoco entre potest —Taereacion dal Stlstas del ponsndor= y-uctie_porden dlscer nirse profundos cambios de perspectiva, Psicologi- eamente, Way” unr-abisnio-de-arios-Tuz entre la sensibilidad de la época de mi propia formacién escolar de cunto formal francés, con su evidente 121 acento puesto enel prestigio del genio yla compu ston de la supervivenia ereativa, y la actitud de mals actuales alunos. gAcaso pone é3t0s Tas plazas dela ciudad nombres de matematicos? Tas causas de este eamblo son muiiples, Pue- den comprender elementos tan diferentes como ta estandarizacon de la muerte en dos guerras mune diales a “cultura dea bombay el surgimientode tin nuevo colectivismo.Anallzaresascorrienteses- ta fuera del aleance de este ensayo, pero los sin tomas se advierten elaramente.Inluyen la Kleolo- fin del “happening-yartefactos autodestractores, on su enfasis puesto en la inmedatez. en la trre- petbiidad yel medio efimero dela obra, Lamastea Bleatora eg un ease lamativo dela dismii (i_autoridad creativa_en favor del_espor ‘shadow-play colaborativo. (Werner Ifenze ha de- Starade que hay explotacion-p arenas We poder fibitaris en teToncion misma del composror) Cada vez hay mds textos literarios y obras de arte que se offeven como obras colectvas 1/0 anai- thas, La potticadelexiasisy delsentimientogrupal \dera_conio_vanldad afeaiea wn solo “gran sombre" en el proceso de a ereaci@n EY auditorio Jeo es un-ece del talento del artista, alguien que Tesponde asu singular empresa y que a transmit ts un creador colective arrastrado por tin impulso de partvipacton que parece el movnniento de uma hheda libre, Basta de presunciones de permanen tiaren una oewore elasiea, basta de maestros, Seria absurdo tratar de jucgar los méritos de a nueva “nivelacion”,y uso esta palabra porque 122 hay oscuros pero sustanciales precedentes en los suefos milenarios del siglo XVI que weian.a todos 0 artistas ¢ iguales cantores del Sélo digo que st esta revaluacién de los de “perdurabilidad’, de macstta indi. ( ual contract Uempo, es tan tadieal yde tan Visto vice como ahora parece, elnvieleo eT concepio™ iiisnpde cultura esiardaucbrantago.Stlaapucs- tala uascendencia ya no parece digna de hacerse Y'si nos estamos moviendo en una utepia de lo in- mediato, la estructura de valores de muestra elvi- lizacion se alterara (después de por lo menos tres mllentos) de maneras east imprevisibies. Haablando con la serena ayudeza de la edad y dela obra realizada, Robert Graves aliem6 recten: temente que “Nada ude deena adestuscion general de nuestras anti placeres" Tal vez esta sea una eliminccion excest- va y en lugar de “destruccién” podriamos decir Inejor "transmutacién’, “cambio”. Ello no obstan- te, es cast Seguro que él antiguo vocabulario esté agotado y que las formas de la cultura cldstca no puredan reconstruirse en ninguna escala general 123