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CAPITULO II

Civilizaciones de la MESOPOTAMIA

LAS CONDICIONES GEOGRÁFICAS DE UNA REGIÓN “ABIERTA”

Se llama Mesopotamia a la región del Cercano Oriente ubicado entre los ríos Eufrates y
Tigris (del griego, meso: “medio”, potomo: “río”, “entre ríos”). Por su suelo laborable, esta
zona favoreció el desarrollo de grandes civilizaciones de la antigüedad. El material de
aluvión que arrastraban los grandes ríos permitió un enorme rendimiento agrícola. Como el
Nilo para Egipto, los ríos Tigris y Eufrates fueron importantísimos, ya que también en la
Mesopotamia la tierra fértil que los rodeaba favoreció el desarrollo de la civilización. El Tigris
y el Eufrates crecen por el deshielo de los montes de Armenia entre mayo y septiembre, e
inundan grandes territorios. Esto implicó también aquí como en Egipto, la necesidad del
esfuerzo humano para dominar las crecidas.

La Mesopotamia asiática, con sus trascendentales ríos Tigris y Eufrates, fue el ámbito donde
se desarrollaron culturas urbanas que se encuentran entre las civilizaciones humanas más
antiguas. Allí se modelaron nuevas organizaciones de vida, que dejaron su impronta en las
sociedades futuras y nos brindaron, junto con Egipto, los primeros testimonios escritos de la
historia.

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La Mesopotamia, por ser una zona de fácil acceso desde África, Asia o Europa, se convirtió
en un lugar de paso de variados pueblos. Esto se debió a que es una región “abierta”:

Por el Oeste, los desiertos de Siria y Arabia, zona recorrida por pueblos seminómadas que
luego cruzaron el Eufrates. Por el Norte, los montes de Armenia. El Tigris y el Eufrates
forman una especie de “embudo” que invita a cualquier pueblo montañés a bajar.

Al Este, el Irán, meseta que siempre codició la riqueza de la Mesopotamia y de la que está
separada por los montes Zagros. Y al Sur, el golfo Pérsico. Estas condiciones geográficas
influyeron en la evolución histórica de la región. Mientras que Egipto disfrutó de aislamiento
y seguridad durante siglos, en la Mesopotamia se presentaron constantes variaciones,
incursiones de pueblos, sucediéndose una dominación tras otra. En su mayoría, estos
pueblos eran de origen semita, provenientes del desierto arábigo. En la Mesopotamia
podemos distinguir tres zonas con diferencias históricas y geográficas.

Al Sur, la Baja Mesopotamia (más tarde: Caldea), llanura con tierras fértiles gracias a los
inundaciones de los ríos. En la antigüedad esta zona fue habitada por pueblos diferentes: En
un principio, en lo zona Sur de la Baja Mesopotamia, se asentaron los sumerios o súmeros.

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Esta región tomó entonces el nombre de Súmer. Luego, en la zona media de la
Mesopotamia se instalaron los acadíos. Su territorio se llamó Akkad. Posteriormente
llegaron otros pueblos, como los amorreos y los caldeos. Y en el Norte, la Alta Mesopotamia
o Asiria, zona de montañas, con clima muy riguroso y poca vegetación. En esta región
vivieron los asirios.

Mesopotamia conocerá un ir y venir de imperios. La lista resulta larga, pero hay que
conocerla. Salpicaremos lego el tiempo con unos mapas que nos muestren la situación en lo
que se suele llamar la "Media Luna Fértil", la zona con forma de boomerang que comprende
los actuales Israel, Líbano, Siria, Irak y la parte occidental de Irán. (ver mapa)

1º. Sumerios Desde el año 2.900 hasta 2.340 a.C.

2º. Acadios Desde Sargon de Acad, en 2.340, y sus descendientes hasta 2.159.

3º. Babilonios Desde 1.894 hasta el advenimiento de la dinastía asiria en 747 a.C

4º. Asirios Desde 2.150 las primeras dinastías, con máxima extensión desde 747
hasta 609.

5º. Medos Desde Ciaxares, que derrota a los asirios, hasta 551 que se impone Ciro
el Grande, persa.

6º. Persas Desde Ciro el Grande en 558 hasta Darío III, derrotado por Alejandro
Magno en 334 AEC.

7º. Seleúcidas Los sucesores de Seleuco, general de Alejandro, hasta aprox. el año
100 AEC.

8º. Partos Suceden al poder seleúcida y serán enemigos irreconciliables de Roma.


Derrotan a Craso el año 53 AEC y son derrotados por Trajano el año 116.

SUMERIOS

Se considera a los sumerios como los iniciadores de la Historia al haber desarrollado la


escritura en el año 4000 a. C. Sin embargo, no fueron ellos los primeros pobladores de la
Baja Mesopotamia ya que anteriormente, tribus protoelamitas dedicadas al pastoreo y a la
actividad agrícola, vivían en la región desde algún tiempo antes.

Se desconoce el verdadero origen de los sumerios pero el culto a ciertas deidades marinas y
la fisonomía de su gente, morena, de piel oscura y contextura delgada, ha hecho suponer

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que habrían llegado a la región por mar, procedentes del litoral indio aunque para otros
especialistas su origen podría estar el Turquestán.

La lengua sumeria, aunque con ciertas similitudes al antiguo turanio, no se halla


emparentada con ninguna otra de raíz semítica, de las que se hablarían posteriormente en
la Mesopotamia.

Con los sumerios, la Mesopotamia estaba dividida en ciudades-estados, (también podríamos


llamarlas “ciudades-templos”); cada ciudad con su territorio circundante era un templo,
desde allí quien gobernaba se dirigía a la población. En esta etapa, la política y la religión
estaban íntimamente relacionadas. El gobernante era el príncipe-sacerdote. el “sumo
sacerdote” o “pateéis”, que representaba a la divinidad, aunque no era el dios, como en
Egipto, en donde el faraón era “el mismísimo Horus”.

El sacerdote administraba el gobierno de la ciudad, los ingresos del templo, conducía a los
soldados, vigilaba el mantenimiento de los canales y organizaba el culto. El templo
desempeñaba entonces un papel fundamental. Era el eje de la vida política, religiosa y
también económica

Después, con la expansión de las ciudades sumerias, la administración se hace más


completa y se produce un cambio en las atribuciones del patesi, quien se dedicará en
adelante exclusivamente al culto. Jefes militares convertidos en reyes desempeñarán el
resto de las funciones. Estos reyes mantendrán la división de la Mesopotamia en pequeños
Estados: cada ciudad, por ejemplo Ur o Eridu, era un Estado en sí misma, con sus propias
instituciones de gobierno, no dependía de un poder mayor regional ni imperial. Su único
lazo de unión con el resto de ciudades-estados sumerias era la cultura: la escritura, las
creencias y el lenguaje. Esto se mantiene hasta la unificación realizada por los acadios.

En síntesis: Hasta la formación de los grandes imperios semíticos (acadios y asirios), la


organización política de la Mesopotamia se basaba en “ciudades-estados”, que comprendían
un núcleo urbano y el área rural circundante, con un régimen económico y político
independiente.

La economía: la lucha por el agua

La agricultura era la base de la economía de la Mesopotamia; sólo era posible con lo ayuda
del riego artificial. Los sumerios, al asentarse en la región, construyeron una red de canales
con tanta perfección que aún sirven como modelos para las autoridades agronómicas de
Irak. Estos canales aumentaron la superficie de cultivo y posibilitaron el desarrollo de la

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civilización. Los habitantes de las ciudades que surgieron cuidaron los canales y se
disputaron las aguas fluviales, vitales para su economía.

Los productos de cultivo más importantes que obtuvieron fueron los cereales, como el trigo
y la cebada, y los frutos de la palmera (como los dátiles).

En tiempos de los sumerios, el templo era el núcleo de la vida económica, el centro de la


administración de tierras, del sistema de riego y del comercio. También era el centro de
reunión de los artesanos. Por lo tanto, el templo tenía una vida animada: allí se
almacenaban los granos, se rendían los tributos y reposaban las caravanas comerciales.
También allí se dedicaban al culto, la administración de justicia y la educación. Además, el
templo otorgaba préstamos a personas necesitadas.

La organización económica de la Mesopotamia, a semejanza de lo egipcia, era tributaria. Se


exigían impuestos diarios y excepcionales. Para evitar el fraude, las autoridades llevaban a
cabo un cálculo de las cosechas y las controlaban por medio de comisiones especiales,
integradas por funcionarios del templo, escribas y vecinos.

Posteriormente, los príncipes se independizaron del templo y erigieron su propio palacio; las
funciones económicas pasaron entonces a este último.

Lo Mesopotamia, al igual que Egipto, carecía de materias primas básicas como la madera, la
piedra y los metales. Esta carencia se solucionó por intermedio del comercio:

* La madera se importaba de Fenicia

* La piedra desde el Elam

* Los metales provenían de la meseta de Anatolia

Estas transacciones comerciales se hacían mediante el trueque, ya que los mesopotámicos


no conocían la moneda. Sí tenían elementos como medidas de valor; por ejemplo: lingotes
de metal sellados o cantidad de cereales.

La sociedad: libres y esclavos

Podemos conocer lo estructura social de la Mesopotamia gracias al Código de Hamurabi. La


primera distinción importante entre las personas era la división entre los hombres libres y
los esclavos. Los esclavos en la Mesopotamia, a diferencia de Egipto, eran muy numerosos,
generalmente llegaban a serlo los prisioneros de guerra.

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Entre los hombres libres existían varios grupos sociales:

Nobles El rey, los funcionarios importantes, los sacerdotes y, entre los asirios, los grandes
jefes militares, formaban la nobleza. Integraban un grupo privilegiado, con grandes
extensiones de tierra, y constituían el sector social más encumbrado.

Comerciantes Llegaron a ocupar un papel destacado en la sociedad, ya que se


enriquecieron gracias al Intercambio. Se encargaban del gran comercio y recorrían vastos
territorios.

Artesanos Trabajaban al servicio del rey o del templo y también en forma particular
Muchos de ellos vivían en las ciudades.

Agricultores Formaban el grupo social más numeroso, ya que el régimen económico de la


Mesopotamia era agrícola. En los primeros tiempos sólo trabajaban para el templo. Luego,
los reyes fueron otorgando donaciones y los campesinos pudieron trabajar parcelas propias;
surgió así la propiedad privada.

La familia era monogámica. El matrimonio sólo podía darse entre hombres y mujeres libres,
no con esclavos. Entre los asirios, el matrimonio se realizaba luego de un intercambio de
regalos; en caso de adulterio, el marido podía matar a la mujer, luego debía esperar cinco
años poro volver a casarse. El esclavo podía fundar una familia entre sus iguales, que no se
disolvía por venta.

El ámbito espiritual

Los sentimientos religiosos impregnaban toda la vida de los habitantes de la Mesopotamia


antigua. Adoraban a muchos dioses, representados como fenómenos naturales o con
característicos antropomórficas. Además de la devoción oficial, sostenida por los sacerdotes,
había un sentimiento muy profundo en el pueblo mismo que se vinculaba
fundamentalmente a la naturaleza, a la tierra. Existía una devoción sobre el “brotar, florecer
y desaparecer” anual que presentaba la naturaleza y que en el Súmer antiguo se vinculaba
con la vida y la muerte, con la creencia en el más allá. Por otro parte, se puede relacionar la
envergadura de estas creencias con la importancia que tenía la agricultura para la vida de
los pueblos sedentarios.

Las ideas sobre el renacer anual se manifestaban en forma de “nupcias sagradas” entre
lnanna (diosa madre de la tierra, de la fecundidad y del amor) y Dumuzi (el pastor divino,
protector de los rebaños y dios de la vegetación): la unión daba fecundidad y nueva vida “a
los fieles que participaban”. Esta creencia, y la celebración en primavera de las bodas

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divinas, fue fundamental en la religión del antiguo Súmer. Las celebraciones no eran
exclusivamente simbólicas, sino que en general las realizaban el sumo sacerdote, en
representación de Dumuzi, y la sacerdotisa principal, en representación de lnanna. Más
tarde, lshtar y Tammuz representaron la pareja sagrada para los semitas de la
Mesopotamia.

Entre los numerosos dioses mesopotámicos, además de los mencionados, cabe señalar:

• Enlil, señor del viento y la tempestad, conductor de destinos y señor de las tablas de la
suerte.

• Marduk, dios creador y bienhechor de Babilonia, que llegó a tener mucha importancia y se
convirtió en el dios de toda la Mesopotamia.

Los poemas sobre los héroes constituyeron un aspecto original de la religión mesopotámica.
Los héroes eran personajes semidívinos, especie de transición entre dioses y hombres. Es
famosa la epopeya de Gilgamesh, sabio que luchó por alcanzar la inmortalidad para todos
los hombres, sin éxito.

Una costumbre muy extendida en la Mesopotamia fue la adivinación. Esta práctica podía
realizarse en varías formas. “Predecían el futuro” mediante el examen de las vísceras de un
animal sacrificado: el hígado de un cordero o de un cabrío, por ejemplo, era considerado la
imagen del dios consultado. También realizaban presagios observando la forma de las nubes
y el movimiento de los astros. Se los considera los inventores del horóscopo: adivinación del
porvenir de las personas de acuerdo con la fecha de nacimiento y la posición de las estrellas
en el cielo.

Entre las variadas ceremonias rituales encontramos:

- procesiones (caminando, en embarcaciones o en carruajes) presididas parlas figuras de los


dioses;

- fiestas estacionales, ágapes (con numerosos comensales, bandas musicales para la


interpretación de los himnos religiosos y danzas);

- consulta a los oráculos.

Los mesopotámicos no tuvieron tumbas monumentales, o pesar de que el culto de los


muertos y la creencia en el más allá eran importantes entre sus principios religiosos. Sus
difuntos eran enterrados en los Jardines de las casas o debajo de las habitaciones, en donde
se les otorgaban ofrendas y sacrificios.

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A través del arte, los pueblos expresan sus pensamientos, costumbres y creencias. El
conocimiento de las expresiones artísticas nos ayuda a descubrir la esencia de cada cultura.
Según la leyenda, los sumerios recibieron de sus dioses las primeras artes. Sus
características generales son la majestuosidad y la religiosidad. La escultura y la pintura
estaban, al igual que en Egipto, sujetas a reglas establecidas. En la representación de los
animales, el artista tuvo mayor libertad de expresión.

Arquitectura: templos y palacios

La construcción de templos ocupó el papel principal. Un templo no era un solo edificio, sino
un conjunto de construcciones. Las dependencias dedicadas al culto estaban
cuidadosamente separadas de los locales destinados a los fines económicos. En la parte
superior del templo desarrollaron una construcción característica, el zígurat, especie de
torre escalonada con varios pisos de diferentes colores. Su función no está muy bien
definida; los mesopotámicos afirmaban que “albergaba al propio Dios”.

Los palacios también fueron construcciones importantes, símbolos del poder de los reyes.
Un conjunto de grandiosos edificios rodeados de fortificaciones integraban un palacio. Las
salas y las habitaciones se disponían en torno a un patio central. Como “guardia”, se
colocaban esculturas de animales en las puertas. Los palacios asirios eran gigantescos.
Sargón II definía el suyo como “un palacio sin rival”. Enfrente del palacio se abría una
enorme plaza, donde se reunía a la población para fechas importantes. De allí también
partían los ejércitos o la guerra. El material de construcción esencial en la Mesopotamia era
el ladrillo crudo, en ocasiones el ladrillo vidriado. Para compensar la pobreza constructiva,
recubrían las paredes con relieves y esculturas.

La escultura

La escultura en la Mesopotamia no tuvo la monumentalidad de la egipcia. Se trabajaron


sobre todo los relieves y las pequeños estatuitas. Los sumerios sobresalieron en el tallado
de piedras duras con las que formaban sellos. Fueron los creadores del “sello”. Estos
pequeños objetos contenían escenas de la vida cotidiana de la época: pastoreo, caza y
ofrendas. También son ejemplos de su creatividad los vasos de mármol, con relieves de
hombres y de animales.

Entre el 2800 y el 2500 a.C. los sumerios alcanzaron la Edad de Oro descollando por sus
obras de arquitectura (a ellos se debe la invención del arco y la bóveda), sus trabajos en
orfebrería, la elaboración de los metales y la ampliación de su red de canales. Por entonces,
comenzaron a aplicar para la construcción un método novedoso, desconocido en otras

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partes del mundo: el ladrillo cocido, con el que edificaron construcciones imponentes mucho
menos duraderas que las de Egipto, por estar aquellas edificadas en piedra.

Las ciencias y la escritura cuneiforme

Los conocimientos científicos de los mesopotámicos eran patrimonio de los sacerdotes. Lo


mayor parte de lo población no accedía o ellos.

La ciencia preferida en Babilonia era la astronomía, debido a la importancia que asignaban a


los astros en el destino de los hombres. Crearon un calendario dividido en 12 meses
lunares.

En matemática crearon un sistema de pesos y medidas sexagesimal, tenía como base el


número 60. Actualmente se conserva este sistema en la manera de medir la división de la
hora y de los minutos. Con el paso de los siglos, los sumerios desarrollaron complejos
sistemas de medición (volumen, masa, longitud, altura) así como también, la aritmética, la
geometría, la astronomía y el álgebra, que tienen su origen en el antiguo territorio de Irak.
Fueron ellos también, quienes efectuaron las primeras mediciones del tiempo. Además del
primer sistema matemático del mundo, y a modo de curiosidad, también fueron los
inventores de la primera rueda y con ella el primer torno alfarero y el primer carro, la
primera ciudad, el primer sistema de alcantarillado urbano, el primer barco, el primer
puerto de carga, el primer horno, la primera aleación metálica (fueron los primeros en
producir bronce), las primeras escuelas, el primer congreso bicameral, el primer historiador,
el primer almanaque del agricultor, las primeras cosmogonías y cosmologías, los primeros
proverbios y dichos, los primeros debates literarios, el primer "Noé", el primer catalogo de
biblioteca, el primer dinero (el "lingote pesado" siclo de plata), los primeros impuestos, la
primera ley y las primeras reformas sociales, la primera medicina (higiene, terapias, uso de
alcohol para la desinfección de heridas, etc.), y la primera búsqueda de paz y armonía
mundiales.

Pero el gran aporte cultural de la Mesopotamia fue la creación de la escritura cuneiforme,


una de las más antiguas de la historia de la humanidad. Su nombre proviene de la forma de
cuña” o prisma triangular que tienen sus caracteres. Estos se grababan con un punzón de
caña o hueso, sobre tablillas de arcilla blanda, que luego se ponían a secar al sol o se
cocinaban. Era un sistema de escritura complejo en el que se utilizaban diferentes tipos de
signos. La escritura cuneiforme fue desarrollada por los sumerios y luego utilizada por los
asirios y los babilonios. Es posible que de ella derivaran los primitivos alfabetos europeos.
Este tipo de escritura posibilitó además el desarrollo de la literatura en Mesopotamia. Sus

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temas eran variados: fábulas de animales que hablan, consejos de padres a hijos, cartas a
los dioses pidiendo favores, y poemas.

UN IMPERIO UNIDO

Los sumerios se enfrentaron entre sí con el intento de imponer la hegemonía de sus


ciudades-estado.

Alrededor del año 2700 a. C. vivió el que quizás sea el más famoso de todos los soberanos
sumerios, Gilgamesh, cuarto rey de Uruk, hijo de Lugalbanda y de la diosa Ninsun y padre
de Urlugal. Este rey, protagonista principal de una legendaria epopeya que lo tiene como
máximo héroe del remoto pasado mesopotámico, reconstruyó en Nippur el santuario de la
diosa Ninlil. Urlugal continuó la gran obra y gobernó su reino por espacio de treinta años.

Hacia el 2400 a. C. Eannatum, rey de Lagash, derrotó a los ejércitos unidos de Ur y Uruk,
conmemorando esas victorias con una serie de columnas de piedra o estelas con
inscripciones e imágenes. La más famosa es la Estela de los buitres, en la que destaca una
hilera de soldados con cascos y lanzas marchando sobre los cadáveres de los enemigos a
quienes devoran perros y buitres. El ejército vencido es el de la ciudad de Umma, que
provocó la guerra al remover las piedras que marcaban las fronteras de ambos reinos.
Lagash mantuvo su preeminencia durante algo más de un siglo y llegó a controlar un
territorio de 4.500 km2.

Alrededor del 2500 a. C. Urukagina, patesi de Lagash llevó a cabo una importante reforma
político-religiosa consistente en una separación de poderes que puso fin a la hegemonía del
clero aunque, para evitar una guerra civil, restituyó a este último todas las propiedades que
le había usurpado la familia real.

La poderosa ciudad fue arrasada en el 2473 a. C. por Lugalzagesi, patesi de Umma, que
destronó a Urukagina e impuso su dominio que posteriormente extendió a Ur, Uruk, Nippur,
Larsa, Babel y Kish. Con ello echó las bases de un poderoso reino que se extendió desde las
costas del Golfo Pérsico hasta las fronteras con Asiria, unificando al país por primera vez.

Legado de los SUMERIOS

Arquitectura: primeras construcciones de ladrillos

Vida política: Organización de las primeras ciudades-estados

Vida Económica: Adelantos en técnicas agrícolas y riego artificial.

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Ciencias: Creación de la escritura cuneiforme, desarrollo de la astrología, horóscopos,
semana de siete días, y sistema sexagesimal.

Vida Social: Leyes escritas

ELAMITAS

Reino de la antigua Asia, situado al norte del golfo Pérsico y al este del río Tigris,
actualmente corresponde aproximadamente a la provincia de Juzistán, en Irán. La capital de
Elam fue Susa, actualmente Shush. Otras ciudades importantes fueron Awan, Simash,
Madaktu y Dur-Untash, emplazamiento de la actual Tchoga-Zembil, también en Irán.
Durante distintos periodos de la historia elamita, sus regentes se denominaron reyes de
Ansan y Susan. Ansan ha sido identificada con la actual Tepe Mahjan al suroeste de Irán.

Emplazamiento de una de las primeras civilizaciones, Elam data del sexto (VI) milenio a.C.
Sus habitantes, conocidos como elamitas, hablaron una lengua aglutinante, no relacionada
con el sumerio, ni con el semítico ni con las lenguas indoeuropeas. Después del 3000 a. C.,
los elamitas, influidos por el sistema de escritura desarrollado por sus vecinos sumerios,
comenzaron a registrar su idioma en una caligrafía semipictográfica conocida como
protoelamita. Después del 2300 a.C., esta escritura fue sustituida por la cuneiforme de
sumerios y acadios.

Los primeros reyes que dominaron sobre Elam pertenecían a la dinastía de Awan, cuyo
fundador se llamaba Peli, y se componía de doce reyes. Esta ciudad de Awan ya había
ejercido el poder en Sumer, según la tradición sumeria, en una época protohistórica. Sin
embargo, con anterioridad Elam debía ser una región de peso, pues sus conflictos con
Sumer empiezan desde muy temprano, precisamente con Enmebaragesi, rey de la I dinastía
de Kish (ca. 2700 a. C.), del que se dice que venció a Elam. No volvemos a oír hablar de
Elam hasta la época de la I dinastía de Lagash, cuando Eannatum (ca. 2450 a. C.) tuvo que
luchar en su propio país, contra los elamitas, a los que consiguió expulsar y posteriormente
someter. Esta guerra debió tener importantes repercusiones, dado que este rey la menciona
insistentemente, lo que demuestra la enorme importancia de Elam ya en este momento tan
lejano en la historia. Nada se dice respecto a sus causas, aunque el imperialismo de
Eannatum dejó pocos territorios vecinos sin conquistar. La siguiente información proviene
del quinto año de reinado de Enanatum II (ca. 2370 a. C.), rey de la misma dinastía que
Eannatum, donde se menciona una incursión elamita en Lagash.

Estas son las pocas noticias de contenido histórico anteriores al imperio de Akad, si se
exceptúa una lacónica referencia del rey de Kish, Ennail, que dice haber vencido a Elam. En
cambio, las relaciones comerciales entre Elam y Lagash en este periodo reflejan un intenso

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intercambio de mercancías. Así, Lagash obtenía de Elam, por vía marítima, plantas
aromáticas, madera, vestidos y un raro frasco portador de un valioso líquido (vino), puesto
que se hace mención habitual de él. La vía terrestre se utilizaba en la obtención de objetos
de madera, carros con todos sus arreos, plata, ganado, lana y esclavos, especialmente
mujeres. Lagash compraba también productos elamitas en el mercado neutral de la ciudad
de Der, al norte, particularmente esencias, aceites, resinas, esclavos y animales, que eran
marcados en la misma ciudad, pagando todo ello con plata. A cambio, Elam importaba de
Lagash alimentos, como cebada, harina, sebo, trigo, dátiles y queso, así como ungüentos.

Un texto nos informa de una entrega de estaño por Lagash a Siku, gobernador de la ciudad
elamita de Urua, para la obtención de bronce, que se fabricaba en Elam debido al alto nivel
metalúrgico de los elamitas. Este envío de estaño, que Sumer importaba de Elam o por su
mediación, indica que esta ciudad de Ur, aunque elamita por su situación geográfica, debía
estar sometida a Lagash ya desde los tiempos de Eannatum, que menciona expresamente
su conquista. Otro texto, refiere el envío de ingredientes para la elaboración de cerveza a
un funcionario lagashita que se encontraba en Pashime, también en poder de Lagash, pues
Eannatum hace mención de su conquista. La tradición literaria sumeria que aborda las

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relaciones comerciales con Elam, confirma esta información. Del mismo modo las listas de
productos nos ofrecen otra serie de exportaciones elamitas a diversas ciudades de Sumer, e
incluso a culturas ajenas al entorno mesopotámico. De este modo, metales preciosos y
lapislázuli eran enviados a Nipur; y lana al país de Dilmun; asimismo Elam era renombrado
por ciertos géneros, como los carros, perros, higos, piedras preciosas y troncos, que
también exportaba, aunque no conocemos el lugar de destino. La riqueza del país de Elam
es celebrada por los sumerios, que hacen alusión a ella constantemente. Todo este acervo
de bienes, el alto nivel en el trabajo del metal y su situación geográfica, que los convertía
en intermediarios de los intercambios comerciales de Sumer con Marhasi, explica las
constantes guerras de los sumerios con los elamitas por razones económicas, en su deseo
de abaratar los productos lejanos, que pasaban por manos elamitas.

Es el imperio acadio el que nos ha dejado una constancia mayor de sus relaciones con Elam.
Baste decir que los componentes del imperio elamita se presentan como aliados de Elam, no
como regiones integradas en su imperio. La capital Anshan nunca fue conquistada por los
acadios. En ella se refugiaron los elamitas, que unidos a la gente de la costa intentaron
sacudirse el yugo acadio. De esta época data el texto elamita más antiguo que se conoce.
Consiste en un tratado, conservado fragmentariamente en lengua elamita, celebrado entre
Naramsin y un rey cuyo nombre se ha perdido, aunque pudiera tratarse de Helu, el rey de
Awan sucesor de Hishepratep. La muerte de Sarkalisarri marcó el fin de la época acadia,
durante la cual los elamitas sufrieron su fuerte influencia. Susa se convirtió en una capital
provincial, se construyeron en ella numerosos monumentos y fue asociada al circuito
comercial de la Baja Mesopotamia; los gobernadores elamitas son designados por el rey de
Akad, a quien le están sometidos; las actas oficiales están redactadas también en acadio,
idioma del imperio.

Puzurinsusinak, último rey de la dinastía de Awan, era hijo de Shimbishuk y originario de la


ciudad de Zaban, capital de Simurrum. La actividad de este rey, fue no sólo militar y
conquistadora, sino también constructora y organizativa, lo que hace de él la personalidad
política más relevante de la historia de Elam durante el III milenio. Comenzó como
gobernador de Susa. Más adelante pasaría a denominarse gobernador de Susa y virrey del
país de Elam, nomenclatura propia de los dirigentes servidores del rey de Akad, aunque ya
gozaba de cierta independencia, pues dirigió expediciones contra territorios teóricamente
sometidos a la autoridad de aquél. Se dedicó a una intensa actividad en Susa, en cuya
acrópolis se han encontrado gran cantidad de trofeos suyos y en la que construyó gran
cantidad de monumentos, entre ellos estatuas de la diosa Narundi.

De acuerdo con numerosos documentos económicos y administrativos, tenemos una idea


aproximada de la sociedad susiana de su época. En este sentido, la propiedad privada de las

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tierras parece ser que estaba muy extendida; aunque entre los poseedores figuraban los
templos, se menciona más a menudo al rey, a su familia, a los funcionarios del palacio y a
simples particulares. Para conmemorar la apertura del canal de Sidari, erigió una estatua
suya y dispuso todos los días un carnero por la mañana y otro por la tarde; además colocó
músicos a la puerta del templo de Insusinak mañana y tarde; dedicó 20 medidas de aceite
para embadurnar la puerta, 4 medidas de plata, un emblema de plata y oro, una gran
espada y un hacha de 4 lenguas. Se jactó también de reanudar las ofrendas de este dios y
de juzgar un juicio justo en su ciudad.

Tras la desaparición de Puzurinsusinak el dominio de Elam pasó a Simaski. Aunque esta


dinastía llegó a apoderarse de Anshan, no pudo alcanzar la Susiana, en manos de una
familia real elamita, al frente de la cual se encontraba el rey Hutrantemti. Su sobrino y
sucesor Indatuinsusinak nos informa que era hijo de Pepi y llevaba por título gobernador de
Susa y virrey del país de Elam, a imitación de Puzurinsusinak. Los trabajos de fortificación
que este soberano llevó a cabo en Susa sugieren una guerra con Simaski, que esta nación
acabaría por ganar, arrebatando Elam a la dinastía elamita de Susa. Estos reyes de Susa
pertenecían a la casa de Tanruhurater y controlaron Susa durante los reinados de los reyes
sumerios Urnammu y Shulgi, hasta que éste la conquistó hacia el final de su reinado,
suscitando la venganza de Kindatu, hijo precisamente de Tanruhurater, pues se aliaría con
Simaski y destruiría Ur. Finalmente se haría con el control completo de Elam. Su hazaña
destructora de Sumer le supondrá ser incluido en la lista de reyes de Simaski, así como ser
recordado por los soberanos medioelamitas en sus inscripciones.

La debilitación de Elam en esta época se hizo sentir también en las regiones del norte, que
se independizaron del poder elamita, lo cual permitió la consolidación del imperio de Ur III.
Las guerras de Shulgi con Elam fortalecieron a Simaski, única región de Elam no sometida a
los sumerios, pero los intentos ésta de ocupar la Susiana fueron infructuosos, pues el nuevo
rey sumerio Shusin lo impidió. Finalmente en el reinado del último rey Ibisin, los
simaskianos, aliados con las gentes de Subartu, saquearon Ur y se llevaron a su dios
Nanna. Ibisin fue hecho prisionero y llevado hasta Anshan.

Puede concluirse que las relaciones de Ur con Elam se llevaban en estrecho contacto, no
sólo a nivel comercial sino también político. Los motivos de los enfrentamientos militares
son desconocidos, pero podrían explicarse por el expansionismo de Simaski hacia occidente,
debido tal vez al incremento de su poderío o a problemas con los estados vecinos orientales.
En cualquier caso, Elam se muestra como una civilización de gran nivel, en continuo
crecimiento y expansión, detentadora de una gran riqueza material, pero sobre todo
independiente de Mesopotamia. La poderosa Simaski se convertirá en la protagonista de los
próximos sucesos. Bien asentada en Elam, dividirá el país en dos partes. A partir de ahora

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habrá un rey de Elam -Indatu I- y otro de Simaski -Kindatu-. La capital permanecerá en
Anshan, pero Susa adquirirá una importancia cada vez mayor.

Desde un primer periodo, Elam influyó en la política de su vecina Mesopotamia. Los elamitas
destruyeron la ciudad de Ur aproximadamente en el 2000 a.C. Posteriormente ejercieron
gran influencia en los soberanos de Babilonia. Sin embargo, después de la conquista en el
1595 a.C. de Babilonia a manos de los casitas, el país sufrió una decadencia política durante
350 años.

Elam experimentó una resurrección política con el reinado de Sutruk-Nahhunte I (hacia el


1160 a. C.), quien conquistó Babilonia, depuso a la dinastía casita, y fue sucedido por su
hijo en el trono. El rey Shilhak-In-Susinata (quien reinó hacia el 1140 a. C.), gran
administrador y mecenas del arte y del saber creó el primer Imperio Elamita. Durante su
reinado, sus fronteras se extendieron considerablemente, se restableció la utilización de la
literatura en idioma elamita, y se produjo un renacimiento arquitectónico y escultórico. Tras
su muerte, Elam fue conquistada por el rey babilonio Nabucodonosor (cuyo reinado
transcurrió entre 1125 y 1103 a. C. Alrededor del siglo VIII a. C. surgió un nuevo reino
elamita aunque estuvo sometido a continuos ataques por parte de Asiria. Hacia el 645 los
asirios, comandados por Assurbanipal, saquearon Susa anexionándola al país.
Posteriormente Media tomó Elam. Después Ciro II el Grande de Persia la incorporó a su
imperio.

El idioma oficial de Elam se utilizó para cuestiones administrativas hasta el siglo IV a.C.;
después sólo se usó como lengua vernácula hablada. De acuerdo con escritos árabes, el
idioma elamita continuó hablándose en lo que actualmente es Juzistán hasta el siglo X d.C

LOS AKKADIOS o ACADIOS

Los acadios eran semitas, Nómadas pueblos originarios de la Península Arábiga, que
comienzan a moverse hacia la región de la medialuna fértil Coincidiendo con el la
prosperidad de las primeras ciudades-estado mesopotámicas.

Presentes en el área del norte de la región, en la que se incluía la ciudad de Kish. Hacia el
2340 a. C. Sargón fundó la ciudad de Akkad en las proximidades de Kish, posiblemente al
norte. Aunque se especula que podría haber estado hacia la confluencia de los ríos Tigris y
Diyala, en las afueras del actual Bagdad.

Sargon se convirtió así en el primer Monarca histórico que conseguía unificar toda la cuenca
de Mesopotamia bajo un mismo mandato. Pese a que es probable que esta unidad fuese
más teórica que real, la figura de Sargón fue un referente constante para los Monarcas

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Sargon se lanzó a la conquista de las ciudades sumerias del sur. Las conquistas anteriores
de Lugalzagesi de Umma pudieron facilitar el camino del conquistador acadio, al encontrarse
ya vencida la independencia de las distintas ciudades sumerias. El primero de los objetivos
de Sargon fue Uruk, ciudad célebre por sus grandes murallas

La Dinastía de Sargón de Akkad fue la primera a lo largo de la historia que consiguió el


dominio sobre pueblos diversos culturalmente, con lo que se puede decir que constituyó el
primer imperio de la historia. Sus conquistas dejaron una impronta imborrable sobre las
generaciones posteriores, cuyas tradiciones le considerarían el mejor Monarca de la historia,
el arquetipo de rey longevo y de gobierno eficaz. Se elaboraron leyendas que le otorgaban
un linaje divino y las historias de sus conquistas circularon mucho más allá de las fronteras
de sus dominios.

En este sentido, el Imperio Antiguo egipcio no era un imperio, sino una cultura homogénea
que poblaba un territorio extenso. El gobierno de Sargón fue opresivo para los pueblos que
sojuzgó. Los gobernantes sumerios del sur fueron sustituidos por guerreros brutales, lo que
causó muchas revueltas que Sargón tuvo que sofocar. Por otra parte, Sargón instituyó el

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acadio como lengua oficial del imperio y debió de tomar medidas para fomentarlo pues, a
pesar del prestigio que tenía el sumerio, terminó desplazándolo.

Indudablemente, la entrada de los acadios conquistadores en las ciudades de Sumer debió


de generar una gran confusión, agravada por el hecho de que los recién llegados hablaban
una lengua que casi nadie entendía.

El Imperio acadio impuso un tipo de economía centralizada en el palacio, en la que un grupo


funcionarial controla la producción, la administra y recibe propiedades y prebendas. El rey o
soberano, con pleno derecho sobre sus gobernados, está a la cabeza de la escala social,
sostenido por su prestigio personal y su carácter de jefe militar, con 5.400 hombres a su
cargo.

Sociedad

Durante la etapa neosumeria, prosigue la divinización del soberano según la costumbre


acadia, mientras que el resto de la población se divide según un patrón económico y laboral.
La riqueza de un individuo y su trabajo son los elementos que determinan su posición en la
escala social. La sociedad se divide en libres, semilibres y esclavos.

Entre los primeros existían grandes diferencias. Había algunos grupos privilegiados, como
sacerdotes, militares o funcionarios; otros, por el contrario, a pesar de ser libres -esto es,
no pertenecer a ninguna otra persona o institución- tenían graves problemas de
subsistencia, siendo en ocasiones el objetivo de algunas medidas contra la pobreza dictadas
desde el poder.

En segundo lugar, los semilibres (mash-en-kak) aunque tenían libertad de derecho, su


precaria situación económica les obligaba a trabajar para el templo o el palacio, con lo que
veían restringida su libertad.

El último grupo, los esclavos (arad), estaba a su vez dividido en dos grupos: los geme, que
había adquirido tal condición por decisión de un juez, o porque sus servicios han sido
vendidos por ellos mismo o por sus padres; y los namra, es decir, prisioneros de guerra.
Entre ambos había grandes diferencias, pues los primeros estaban jurídicamente
reconocidos y trabajaban en labores domésticas o agrícolas. Los namra, por el contrario,
eran obligados a trabajar para el Estado en sus talleres o granjas, estando totalmente
privados de ningún derecho.

Sargón era de origen semita y nombró a su familia para cargos estratégicos. Sus hijos fue
nombrados "autoridades locales" y su hija Enkheduanna sacedortisa del dios de la luna de

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Ur. Enkheduanna es el primer escritor de nombre conocido, autora de una composición a
diosa Inanna.

Otras decisiones fueron: la creación de un gobierno central, la utilización de ordenes


escritas, la creación de un ejercito profesional de 5400 soldados, el acadio se convierte en
lengua oficial, Se comienza a fechar por el “nombre de los años” (años con nombre de una
batalla o suceso notable). Mantuvo a los ensi y lugal vencidos, y sólo puso gobernadores
nuevos en las ciudades conquistadas o nuevas.

Economía

Los reyes de Akkad, siguiendo la tradición comenzada por los gobernantes sumerios,
concentraron en sus manos toda la economía, dado el centralismo político del Imperio. Su
expansionismo guerrero tuvo como uno de sus fines principales el obtener botines de
guerra, así como asegurar para Mesopotamia el abastecimiento de materias primas de las
que carecía.

Los reyes acadios fueron los grandes propietarios de la tierra, que era incorporada ya
mediante conquista ya mediante compra. En este caso se conoce la adquisición de
Manishtushu de numerosos campos a cambio de 150 kg de plata y varios regalos.
Posteriormente las tierras eran entregadas a funcionarios y jefes militares.
Las ciudades tuvieron un régimen económico autárquico, complementado con la llegada de
productos y botines obtenidos mediante la guerra o el tributo. Cereal, madera, metales, sal,
pescado seco, carne o manufacturas eran los bienes que recibían las ciudades como tributo.

El Imperio de Akkad representó una superación del sistema sumerio de las ciudades-estado
vinculadas al culto de una divinidad o a un templo. Esta superación, conseguida a fuerza de
múltiples guerras y defendida con otras tantas, tendió a cierta aspiración del dominio
universal. Su mantenimiento no exigió sólo guerras, sino también un aparato administrativo
propio que se superpuso al mantenimiento del de las diferentes ciudad-estado. Este estado
de cosas no fue siempre grato ni aceptado, como demuestra el constante descontento de
las ciudades sumerias.

Un aspecto aparte es el de la organización del ejército. Frente a las viejas luchas entre
ciudades, que requerían sólo pequeñas unidades militares, la política del Imperio de Akkad
con su expansión territorial exigió la organización de grandes ejércitos y una mayor
influencia militar en la vida de la comunidad.

El Imperio de Akkad, a pesar de ser un fenómeno meteórico (2370-2190 a. C.), representó


una superación en la organización social mesopotámica en cuanto intento de superación del

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viejo particularismo de las ciudades en pro de una unidad política superior. No obstante su
carácter esporádico, representó un precedente que debía tener un notable peso en la
ulterior vida de la sociedad mesopotámica, singularmente en el mantenimiento en
realizaciones posteriores de cuanto había de carácter federal y de liga de ciudades en la
organización del Imperio de Akkad. Otra experiencia debía ser útil para otros intentos
futuros.

El Imperio de Akkad mantuvo sus roces con las autoridades religiosas. Casi continuamente
repiten los textos que la muerte de los soberanos fue debida al castigo divino tras la
profanación de un santuario. Ignoramos cuál fue en detalle la política de los soberanos de
Akkad en cuestiones religiosas, pero es difícil suponer que aceptaran integralmente el
complejo mundo religioso sumerio. Es posible, sin embargo, que estos conflictos se debieran
a razones materiales, consecuencia de la dialéctica entre una sociedad de propiedad agraria
vinculada a los templos, como era la sumeria, y una sociedad como la de Akkad, que se
basaba en la propiedad privada o familiar.

La religión:

Los acadios se caracterizaban por la deificación del monarca y su relación directa con la
divinidad. El monarca estaba unido a la diosa Ishtar, la cual era la divinidad femenina
protectora de Akkad. Por medio del matrimonio sagrado o “hierogamia” concedia el poder
real y la fuerza vivificadora, además de mágica al rey;

Sin embargo hay una intención de unificación religiosa por parte de los reyes, y esto ya fue
iniciado por Sargón I.

Respecto a la religión, el panteón divino parte de una primera pareja formada por Tiamat,
que es la forma femenina del agua salada y Apsu, el océano que rodea al mundo. Esta
pareja primaria dio origen a todos los seres, naciendo de ellos las deidades ahmu y Lahamu,
las cuales fueron dos serpientes monstruosas que muy pronto su papel religioso fue
borrado.

Después venía la segunda pareja formada por Anshar y Kishar, que eran los representantes
de la totalidad del cielo y la tierra. De ellos surge la triada suprema:

1) Anu, el cielo
2) Enlil, la atmósfera
3) Ea, (Enki) el agua

Estas tres deidades son las que gobiernan todo lo creado.

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También fue aceptada una segunda triada, que estaba formada por:1) Sin, el dios luna 2)
Asmas, hijo de Sin. Que es el dios sol. 3) Ishtar, hija de Sin. Y es el planeta Venus, que es
la versión semítica de la diosa sumeria Inanna. Hay que considerar el sincretismo de los
acadios, tomando dignidades sumerias y amoldándoles según ellos deseaban.

En la época acadia, el politeísmo sumerio y el semítico van evolucionando hacia una


sistematización mas elaborada y hacia una simplificación ya que unifican en algunas
divinidades el poder de dioses singulares. Esto es debido al “nacionalismo” al que tendían
políticamente. Se crea pues una especie de divinidad suprema, un dios supremo que tenía
mas valor que los demás: Marduk, hijo de Ea. Hammurabi, eleva a Murduk a dios supremo,
como dios de la sabiduría y protector de los hombres. Así, queda desplazado Anu.

Ciudad de Babilonia

Una de las ciudades más importantes de la antigüedad, cuya localización está hoy en día
marcada por una amplia zona de ruinas al este del río Eufrates, a 90 km al sur de Bagdad,
en Irak. Babilonia fue la capital del Imperio babilónico durante los milenios II y I a. C. En la
antigüedad, la ciudad se beneficiaba de su posición en la importante ruta comercial por vía
terrestre que conectaba el golfo Pérsico y el Mediterráneo.

Primera época Aunque el emplazamiento estuvo ya ocupado durante la prehistoria,


Babilonia se menciona por primera vez en documentos de finales del III milenio a. C. Hacia
el 2200 a. C. se conoce como emplazamiento de un templo, y durante el siglo XXI a. C.
estuvo sometida a la cercana ciudad de Ur. Babilonia se hizo una ciudad-estado
independiente hacia 1894 a. C., cuando el amorrita Sumu-Abum fundó allí una dinastía.
Esta dinastía alcanzó su apogeo con Hammurabi. En el 1595 a. C. la ciudad fue capturada
por los hititas, y poco después por los casitas (hacia 1590-1155 a. C.). Los casitas
transformaron la ciudad-estado de Babilonia en la capital de Babilonia, región al sur de
Mesopotamia. La ciudad era el centro administrativo de un gran reino. Después,
probablemente en el siglo XII a. C., se convirtió también en centro religioso del reino,
cuando su dios principal, Marduk, fue situado a la cabeza del panteón mesopotámico.

En el 1158, la dinastía casita cayó en manos de los elamitas del este, y Babilonia fue regida
por distintas y breves dinastías hasta finales del siglo VIII a. C. cuando cayó bajo la
influencia de Asiria. Senaquerib, desesperado por controlar las tribus locales, destruyó la
ciudad en el 689 a. C.; su sucesor, Esaradón (que reinó entre el 681 y el 669 a. C.), la
reconstruyó. En el 625 a. C., los caldeos, dirigidos por Nabopolasar, tomaron la ciudad.

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La ciudad neobabilonia y su decadencia

Nabopolasar (Rey Caldeo) fundó la dinastía neobabilonia, y su hijo Nabucodonosor II


extendió el reino hasta Palestina y Siria. La capital de Babilonia fue renovada con los nuevos
edificios del templo y del palacio, grandes murallas y puertas de fortificación y caminos
procesionales pavimentados; fue la mayor ciudad del mundo conocido, abarcando más de
1.000 hectáreas.

El Imperio Neobabilonio duró poco tiempo. En el 539 a. C., Ciro II el Grande capturó
Babilonia y la incorporó al recién fundado Imperio Persa. Con los persas, Babilonia funcionó
durante un corto periodo como residencia oficial del príncipe de la corona, hasta que una
revuelta local en el 482 llevó a Jerjes I a arrasar los templos y el zigurat, o torre del templo,
y a derribar la estatua del dios patrono Marduk.

Alejandro Magno capturó la ciudad en el 330 a. C. y proyectó reconstruirla como capital de


su gran imperio, pero murió antes de poder llevar a cabo sus planes. Después del 312 a. C.,
Babilonia fue utilizada temporalmente como capital de los Seléucidas, que se establecieron
como sucesores de Alejandro. Cuando la nueva capital, Seleucia del Tigris, se fundó a
comienzos del siglo III a. C., la mayor parte de la población de Babilonia se trasladó allí.

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Durante cierto tiempo los templos siguieron utilizándose, pero la ciudad perdió su
importancia y prácticamente había desaparecido antes del surgimiento del islam durante el
siglo VII d. C.

Topografía

La topografía de Babilonia se conoce mejor a partir de los niveles de ocupación de la


dinastía neobabilonica, excavados por Robert Koldewey y otros arqueólogos alemanes antes
de la I Guerra Mundial. En aquellas fechas, el Éufrates dividía la ciudad en dos partes
desiguales: el barrio antiguo, con la mayoría de los palacios y templos en la orilla este, y la
Ciudad Nueva en la orilla oeste. Cerca del centro de la ciudad, en lugar prominente, se
encontraba el Esagila, templo de Marduk; al norte estaba la torre-templo de Etemenanki (el
zigurat), edificio de siete plantas, popularmente relacionado con la Torre de Babel. En la
esquina noroeste de la ciudad antigua se encontró un entramado de palacios y
fortificaciones; los excavadores alemanes identificaron unas ruinas de esta zona con los
cimientos de los Jardines Colgantes, una de las Siete Maravillas del Mundo, que
Nabucodonosor II construyó para su esposa meda.

Cerca estaba la Puerta de Istar, con sus leones y dragones en ladrillo esmaltado. El principal
camino procesional pasaba a través de esta puerta; era la ruta seguida por los líderes
religiosos y políticos durante las ceremonias del festival del Año Nuevo. Otras nueve puertas
importantes atravesaban las grandes murallas de fortificación interna de la ciudad, a partir
de las cuáles surgían los caminos hacia los principales asentamientos de Babilonia.

Imperio Babilonio

Antiguo reino de Mesopotamia, conocido originalmente como Sumer y después como Sumer
y Akkad, entre los ríos Tigris y Éufrates, al sur de la actual Bagdad, Irak.

Civilización babilónica

La civilización babilónica, que duró desde el siglo XVIII hasta el VI a. C., era, como la
sumeria que la precedió, de carácter urbano, aunque se basaba en la agricultura más que
en la industria. El país estaba compuesto por unas doce ciudades, rodeadas de pueblos y
aldeas. A la cabeza de la estructura política estaba el rey, monarca absoluto que ejercía el
poder legislativo, judicial y ejecutivo. Por debajo de él había un grupo de gobernadores y
administradores selectos. Los alcaldes y los consejos de ancianos de la ciudad se ocupaban
de la administración local.

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Los babilonios modificaron y transformaron su herencia sumeria para adecuarla a su propia
cultura y carácter. El modo de vida resultante demostró ser tan eficaz que sufrió
relativamente pocos cambios durante aproximadamente 1.200 años. Influyó en sus países
vecinos, especialmente en el reino de Asiria, que adoptó la cultura babilonia prácticamente
por completo. Afortunadamente, se ha encontrado una colección importante de obras de
literatura babilonia gracias a las excavaciones. Una de las obras más importantes es la
magnífica colección de leyes (siglo XVIII a. C.) frecuentemente denominada Código de
Hammurabi, que, junto con otros documentos y cartas pertenecientes a distintos periodos,
proporcionan un amplio cuadro de la estructura social y de la organización económica.

Sociedad

La sociedad babilónica estaba compuesta por tres clases sociales representadas por el awilu,
persona libre de clase superior; el wardu, o esclavo; y el mushkenu, persona libre de clase
inferior, que se encontraba legalmente entre el awilu y el wardu. La mayoría de los esclavos
eran prisioneros de guerra, aunque algunos eran reclutados entre la población babilonia.

Por ejemplo, las personas libres podían ser hechas esclavos como castigo por algunos
delitos; los padres podían vender a sus hijos como esclavos en momentos de necesidad; o
un hombre incluso, podía someter a toda su familia a los deudores como pago de una
deuda, pero no durante más de tres años.

Los esclavos eran propiedad de su amo, como un bien mueble. Podían ser marcados y
azotados, y eran severamente castigados si intentaban escapar. Los esclavos tenían algunos
derechos legales y podían realizar negocios, prestar dinero y comprar su libertad. Si un
esclavo se casaba con una persona libre y tenían hijos, estos eran libres.

Vida familiar

La familia era la unidad básica de la sociedad babilonia. Los matrimonios eran dispuestos
por los padres y los esponsales se reconocían legalmente tan pronto como el novio
presentaba un regalo nupcial al padre de la novia; la ceremonia matrimonial normalmente
concluía con un contrato inscrito en una tablilla. Aunque el matrimonio se consideraba
principalmente un acuerdo práctico, hay pruebas que sugieren que no eran completamente
desconocidas las relaciones prematrimoniales clandestinas. La mujer babilonia tenía algunos
derechos civiles importantes. Podía tener propiedades, realizar negocios y actuar como
testigo en un juicio. Sin embargo, el marido podía divorciarse de ella por cuestiones
triviales, o, si no le había dado hijos, podía contraer matrimonio con otra mujer.

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Ciudades

El número de habitantes de una ciudad variaba probablemente entre 10.000 y 50.000. Las
calles de la ciudad eran estrechas, sinuosas e irregulares, flanqueadas por los muros altos y
sin ventanas de las casas. Las calles no estaban pavimentadas ni tenían alcantarillas. La
casa media era una estructura pequeña, de una planta y de ladrillos de barro, compuesta de
distintas habitaciones agrupadas alrededor de un patio. Por otra parte, la casa de un
próspero babilonio era, probablemente, una residencia de dos pisos de ladrillo con
aproximadamente una docena de habitaciones, con muros interiores y exteriores enlucidos
y enjalbegados. La planta inferior tenía una habitación de recibimiento, una cocina, un
cuarto de aseo, las habitaciones del servicio y, a veces, incluso una habitación privada para
el culto. Los muebles incluían mesas bajas, sillas con respaldo y camas con armazón de
madera. La vajilla doméstica estaba fabricada de arcilla, piedra, cobre y bronce, y los cestos
y las arcas de caña y madera.

Las casas frecuentemente se construían sobre un mausoleo donde se enterraban a los


miembros de la familia. Los babilonios creían que las almas de los muertos viajaban al
siguiente mundo, y que, al menos en cierto grado, la vida seguía allí como en la tierra. Por
esto, enterraban junto al muerto tarros, herramientas, armas y joyas.

Tecnología

Los babilonios heredaron los logros técnicos de los sumerios en riego y agricultura. El
mantenimiento del sistema de canales, diques, presas y depósitos construidos por sus
predecesores necesitaba de un considerable conocimiento y habilidad de ingeniería. La
preparación de mapas, informes y proyectos implicaban la utilización de instrumentos de
nivelación y jalones de medición.

Con fines matemáticos y aritméticos, utilizaban el sistema sexagesimal sumerio de


numeración, que se caracterizaba por un útil dispositivo denominado notación lugar-valor
que se parece al actual sistema decimal.

Continuaron utilizándose las medidas de longitud, área, capacidad y peso, normalizadas


anteriormente por los sumerios. La agricultura era una ocupación complicada y metódica
que necesitaba previsión, diligencia y destreza. Un documento escrito en sumerio
recientemente traducido, aunque utilizado como libro de texto en las escuelas babilonias,
resulta ser un verdadero almanaque del agricultor, y registra una serie de instrucciones y
direcciones para guiar las actividades de la granja, desde el riego de los campos hasta el
aventamiento de los cultivos cosechados.

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Los artesanos babilonios eran diestros en metalurgia, en los procesos de abatanado,
blanqueo y tinte, y en la preparación de pinturas, pigmentos, cosméticos y perfumes. En el
campo de la medicina, se conocía bien la cirugía y se practicaba frecuentemente, a juzgar
por el Código de Hammurabi, que dedica varios párrafos a la cirugía. También se desarrolló,
sin lugar a dudas, la farmacopea, aunque la única prueba importante de ello procede de una
tablilla sumeria escrita algunos siglos antes de Hammurabi.

Sistema legal y escritura

Ley y justicia eran conceptos fundamentales en el modo de vida babilonio. La justicia era
administrada por los tribunales, cada uno de los cuales tenía entre uno y cuatro jueces. Los
ancianos de una ciudad frecuentemente formaban un tribunal. Los jueces no podían revocar
sus decisiones por ninguna razón, aunque podían dirigirse apelaciones contra sus veredictos
ante el rey. Las pruebas consistían en afirmaciones de testigos o de documentos escritos.
Los juramentos, que desempeñaban un papel importante en la administración de justicia,
podían ser prometedores, declaratorios o exculpatorios. Los tribunales aplicaban castigos
que iban desde la pena de muerte al azote, la reducción del status social a la esclavitud y el
destierro. Las compensaciones por daños iban desde 3 a 30 veces el valor del objeto
perjudicado.

Para asegurar que sus instituciones legales, administrativas y económicas funcionaban


eficazmente, los babilonios utilizaban el sistema de escritura cuneiforme desarrollado por los
sumerios. Para formar a sus escribas, secretarios, archiveros y demás funcionarios
administrativos, adoptaron el sistema sumerio de educación formal, bajo el cual escuelas
seglares servían como centros culturales. El plan de estudios consistía principalmente en
copiar y memorizar ambos libros de textos y los diccionarios sumero-babilonios que
contenían largas listas de palabras y frases, incluidos los nombres de árboles, animales,
pájaros, insectos, países, ciudades, pueblos y minerales, así como una gran y diversa
colección de tablas matemáticas y problemas. En el estudio de la literatura, los alumnos
copiaban e imitaban distintos tipos de mitos, epopeyas, himnos, lamentaciones, proverbios
y ensayos en lengua sumeria y babilónica.

Historia

Largos periodos de la historia del antiguo Oriente Próximo no pueden datarse con exactitud.
La Relación de Reyes Sumerios ofrece una sucesión de gobernantes hasta el final de la
dinastía de Isin, hacia el 1790 a. C., pero no es fiable para las fechas anteriores a la dinastía
de Akkad, hacia el 2340 a. C. Se establece una cronología relativamente fiable para el
periodo que comienza con la dinastía de Akkad hasta el final de la I Dinastía de Babilonia,

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cerca del 1595 a. C. Sin embargo, este periodo es seguido por más de 700 años de
oscuridad, durante el cual las fechas son únicamente aproximadas. Se utilizan tres sistemas
cronológicos principales para el antiguo Oriente Próximo: alto, medio y bajo, dependiendo
de si la fecha asignada al primer año de reinado de Hammurabi de Babilonia es 1848, 1792
o 1728 a. C. Las fechas de este artículo siguen la denominada cronología media, y se data
el primer año de reinado de Hammurabi en el 1792 a. C.

Periodo Sumerio - Acadio

Hacia finales del siglo III a. C., el reino de Sumer y Akkad cubría una gran zona regida por
una dinastía sumeria conocida como la III Dinastía de Ur. El catalizador de su caída fue la
migración de un gran grupo de nómadas semíticos, los amurru, o amoritas bíblicos, desde
los desiertos árabes hasta el oeste. Tomaron una serie de ciudades importantes como Isin,
Larsa, Babilonia y Esnunna (actualmente Tell Asmar) donde establecieron nuevas dinastías.
Hacia el 2000 a. C. el último gobernador de la III Dinastía de Ur fue capturado por los
elamitas. El reino de Sumer y Akkad se desintegró y se inició la guerra civil. Al principio la
ciudad de Isin intentó controlar Sumer y Akkad, pero su autoridad fue retada por Larsa,
algo alejada hacia el sur, y las dos ciudades estuvieron constantemente en guerra. Hacia el
1790 a. C. el rey Rim-Sin (1823-1763 a. C.) de Larsa conquistó y ocupó Isin,
acontecimiento considerado tan importante que marcó el comienzo de una nueva, aunque
limitada, época de datación en los anales de los escribas.

Los amurru, o amorreos como son nombrados en la Biblia, fueron un pueblo semita que se
ubicó, hacia el tercer milenio a. C, en la zona al este de Siria, en el desierto sirio-arábigo,
con una forma de vida errante, movilizándose por medio de asnos. Su vida sedentaria
puede ubicarse aproximadamente en el año 2200 a. C, ubicándose en la Mesopotámica
asiática y en las tierras de Canaán.

Para entender la llegada de los amorreos a la Mesopotamia, y su relación con otros pueblos
que allí se asentaron antes y luego de ellos, haremos una breve introducción sobre la
historia de la Mesopotamia, desde el año 3500 a. C, cuando allí se establecieron los
sumerios.

Los sumerios emergieron al sur de la Mesopotamia, posiblemente desde el este, iniciando


un período conocido como época de Uruk, donde se originó la escritura cuneiforme.

Un segundo período sumerio se inicia en el año 2700 a. C., llamado protodinástico,


constituido por ciudades-estados, que rivalizaron entre sí por el poder, hasta que Uruk, al
final del período (2300 a. C), logró supremacía y agrupó a las demás ciudades sumerias.

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Fue en ese tiempo, cuando se produjo la invasión de los acadios, cuyo dominio perduró más
de doscientos años, hasta la llegada de los guptas, que dominaron la Mesopotamia hasta
aproximadamente el año 2000 a. C., época en que renace el poder de los sumerios, cuando
la ciudad de Ur, adquiere supremacía política, iniciándose la época conocida como tercer
dinastía de Ur, que duró hasta la invasión de los amorreos.

LOS AMORREOS

Pueblo de origen semita occidental, su actividad era pastoril y su vida seminómada, su


origen se halla en el III milenio en la franja sirio-palestina donde fueron dominantes hasta
la llegada de los arameos, una diversa zona de montes, pastos y estepa semiárida, les hizo
con el tiempo entrar en contacto con poblaciones sedentarias, como Ebla y más tarde con
otras pertenecientes a la órbita del Imperio configurado por la III dinastía de Ur, sobre
cuyas fronteras presionarían hasta lograr paulatinamente su infiltración progresiva.

Los amorreos, constituyeron un imperio con sede en la ciudad de Mari, actualmente El-Hariri
(Siria), ubicada en la margen derecha del Eufrates medio. Su incursión en la Mesopotamia,
no se realizó en forma violenta, y a pesar de ser un pueblo poco instruido, con costumbres
primitivas, fue bien aceptado. En ella se erigía un imponente palacio, llamado Zimri-Lim,
con trescientas habitaciones, donde se encontraron importantes documentos económicos,
religiosos y jurídicos, escritos en aproximadamente veinte mil tablillas cuneiformes. En ellas
se hace mención frecuente a los hebreos, a los que denomina habiru.

Los estados mediterráneos de Ugarit, Chipre, Biblos y Creta, mantuvieron relaciones


comerciales con la ciudad de Mari. En el año 1760 a C., Mari fue invadida por Hammurabi,
de Babilonia, que también era amorreo. Hammurabi, también dominó los pocos lugares que
conservaban los súmeros, al sur de la Mesopotamia, como Isin y Larsa, poniendo fin a la
historia de Sumer. La decadencia definitiva de los amorreos se produjo cuando fueron
dominados por el asirio Nabucodonosor, en el siglo VI a. C.

Durante la época de Ur III había dos grupos de amorreos diferenciados. Los primeros
llevaban ya sedentarizados desde hace mucho tiempo en parte del Líbano, Anti-Líbano y del
valle de Orontes (parte del Canaán) y se estaban expandiendo por el norte de Siria y
Palestina. A estos amorreos se refiere la Biblia al mencionarlos. Los segundos de mayor
importancia histórica, sobre todo para Mesopotamia, eran nómadas que recorrían el desierto
entre Palmira y Mari y flanqueaban el Éufrates para que su ganado pastase en la estepa
mesopotámica. Estos eran muy próximos a los sumerios y ya eran conocidos desde la época
Dinástico Arcaica por los sumerios o bien porque fueron emigraron a las ciudades

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mezclándose con la población o bien como nómadas beduinos, cuyas costumbres eran
consideradas groseras y toscas como se ve en una tablilla sumeria:

Los martu no conocen el grano... Los martu no conocen ni la casa, ni la ciudad, los zafios de
la alta estepa... Los martu que desentierran las trufas [trufas salvajes de montaña, poco
deliciosas]... no se inclinan para cultivar la tierra, comen carne cruda, no tienen casa
durante toda su vida, no se entierran tras su muerte... Los martu son un pueblo saqueador
con los instintos de las bestias salvajes. Chiera (1934)

Como se ha dicho algunos se establecieron entre los ríos Tigris y Éufrates, haciéndose
sedentarios y mezclándose con la población sumeria, como consecuencia subirían al poder
dinastías de origen amorrita en distintas ciudades del centro y sur de Mesopotamia. La más
importante en Babilonia, ya que el propio Hammurabi sería amorreo. A los inicios del
imperio paleobabilónico la población era pues una mezcla acadio-amorrita.

Los amorreos que se mantuvieron nómadas fueron contenidos fácilmente al principio pero
según el imperio de Ur III fue perdiendo su poder estos se fueron volviendo más peligrosos.

En el año 2028 a. C., Ibbi-Sin sucedió a Shu-Sin en el imperio de Ur, al poco tiempo el
imperio comenzó a fragmentarse y muchas ciudades se independizaron (Eshnuhna, Susa,
etc.). En el 2017 a. C. los martu consiguen penetrar en Súmer y comienzan a controlar los
caminos estallando el hambre. En el 2009 a. C. el reino se hallaba dividido en dos y
finalmente una coalición de amorritas, elamitas (liderados por el rey Simash), y los Su
(habitantes de los montes Zagros), derrotaron a Ibbi-sin, que fue ejecutado. Se produjo la
caída de Ur III y por lo tanto acabó la era sumeria. Los amorreos saquearon y destruyeron
Ur, que aunque sería reconstruida después no volvería a ser la misma.

Con la caída de Ur III y acabada la época de dominio sumerio, empieza una época en la que
los semitas obtendrían la mayor importancia a través de pueblos como los acadios o los
amorreos. Los elamitas apenas disfrutaron su conquista. Los mayores vencedores de la
caída de Ur fueron primero los acadios del reino de Isín y después los amorreos, que en un
siglo llenarían Mesopotamia de reinos, quedando lo que fue el imperio de Ur fragmentado en
numerosos reinos amorreos y acadios cuyas capitales serán ciudades que hasta ese
momento habían tenido poca importancia.

Los reinos amorreos

Tras la caída del reino de Ur y del esplendor sumerio se extiende un complejo periodo de
cuatro siglos (2004-1595 a. C.) hasta la toma de Babilonia por los hititas. Durante este
periodo los amorreos que se habían establecido en Mesopotamia alcanzarán su mayor

29
importancia a través de numerosos reinos, el más importante el de Babilonia, mientras que
los amorreos nómadas también tendrán su importancia en este periodo.

Baja Mesopotamia

Tras la caída de Ur (2004 a. C.), el reino de Isín mantendrá la paz durante un siglo
considerándose los sucesores de Ur, siguiendo sus mismos modelos y reforzarán sus
ciudades para protegerse de los martu nómadas cada vez más numerosos, que se
desplazaban continuamente a lo largo del río Tigris y el Éufrates y que finalmente poco
antes del 1900 a. C. se infiltrarán en pleno corazón de Babilonia aprovechándose de las
luchas entre Isín y Larsa, apoderándose de muchas ciudades como Ilip, Marad, Malgûm,
Mashkan-shapir o incluso Uruk.

Estos nuevos reinos creados por las tribus nómadas amorreas, se unían a los reinos
amorreos "civilizados" y reinos acadios estando cada vez la Baja Mesopotamia más
fragmentada. Tras este siglo de relativa paz bajo el reino de Isín emergerá el poderoso
reino de Larsa (que según unas tablillas fue fundada en el 2025 a. C. por un amorreo
llamado Naplânum) y seguirá una terrible guerra entre ambos por el dominio de Súmer y
Akad en la cual acabará imponiéndose Larsa, que se haría con la mitad de Mesopotamia.

Será durante estos dos siglos Isín-Larsa cuando se irán formando los distintos reinos
amorreos, como el de Babilonia, que se convertirá en el enemigo común de Larsa e Isín. En
1792 a. C., Hammurabi llegó a ser rey de Babilonia.

Utilizando la fuerza y la diplomacia en pocos años se convirtió en el dueño de toda


Mesopotamia, construyendo así el mayor reino amorreo que habrá en la historia, aunque
muy efímero.

Cultura

Los amorreos no introdujeron muchas novedades, se limitaron a asimilar la cultura


preexistente. Una de sus aportaciones sería la introducción del símil que presenta al rey
gobernante como pastor-guía de su pueblo.

Religión

Los amorreos apenas introdujeron nuevos dioses, pues la similitud de su idioma con el
acadio favoreció que sus dioses se identificaran con algunos de los ya existentes. Su
principal aportación religiosa fue su dios principal, Amurru, que tras la dinastía amorrea de
Babilonia pervivió como un dios secundario hasta que más adelante los babilonios lo

30
elevarán a dios nacional, bajo el nombre de Marduk. Parece que también veneraban al dios
lunar Sin.

Periodo de Hammurabi

Rim-Sin era incapaz de explotar su victoria, porque al mismo tiempo, en la hasta entonces
modesta ciudad de Babilonia, el gobernante Hammurabi empezaba a destacar. Como rey,
Hammurabi combinaba la astuta diplomacia con el liderazgo militar; derrotó a Rim-Sin, así
como a los reyes de Elam, Mari y Esnunna, y hacia el 1760 a. C. se convirtió en el
gobernante de un reino unificado que se extendía desde el golfo Pérsico hasta el río Habur.
Se considera que la historia de Babilonia se inicia con Hammurabi.

Administrador inusualmente activo y capaz, Hammurabi ofreció su atención personal a


detalles tales como la limpieza de canales de irrigación y la introducción de un mes más en
el calendario. Era un extraordinario legislador; el Código de Hammurabi es uno de los
documentos legales más importantes jamás descubierto. También era un inspirado líder
religioso; durante su reinado el dios de la ciudad babilónica Marduk se convirtió en el líder
reconocido en el panteón de las deidades.

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El código de Hammurabi

El Código de Hammurabi, datado hacia el año 1692 aC, y es uno de los primeros conjuntos
de leyes que se han encontrado y uno de los ejemplos mejor conservados de este tipo de
documento de la antigua Mesopotamia.

Se presenta como una gran estela de basalto de 2,25 metros de alto. En lo alto hay una
escultura que representa a Hammurabi de pie delante del dios del Sol de Mesopotamia,
Shamash. Debajo aparecen inscritos, en caracteres cuneiformes acadios, leyes que rigen la
vida cotidiana. Fue colocado en el templo de Sippar; igualmente se colocaron varios otros
ejemplares a lo largo y ancho del reino. El objeto de esta ley era homogeneizar
jurídicamente el reino de Hammurabi. De este modo, dando a todas las partes del reino una
cultura común, se podía controlar el todo con mayor facilidad.

Durante las diferentes invasiones de Babilonia, el código fue trasladado hacia el 1200 a. C.,
a la ciudad de Susa (en Elam), actualmente en el Jusistán (Irán). En esta ciudad fue
descubierto por la expedición que dirigió Jacques de Morgan, en diciembre de 1901. Fue
llevado a París, Francia, donde el padre Jean-Vincent Scheil tradujo el código íntegro al
francés. Posteriormente, el código se puso en exhibición en el Museo del Louvre, en París,
donde se encuentra hasta la fecha.

Contenido jurídico:

Las leyes del Código de Hammurabi, (numeradas del 1 al 282, aunque faltan los números
13, 66–99 y 110–111) están inscritas en babilonio antiguo y fijan diversas reglas de la vida
cotidiana. Norman particularmente:

* la jerarquización de la sociedad: existen tres grupos, los hombres libres, los "muskenu"
(quienes se especula podrían ser siervos o subalternos) y los esclavos.

* los precios: los honorarios de los médicos varían según se atienda a un hombre libre o a
un esclavo.

* los salarios: varían según la naturaleza de los trabajos realizados.

* la responsabilidad profesional: un arquitecto que haya construido una casa que se


desplome sobre sus ocupantes y les haya causado la muerte es condenado a la pena de
muerte.

* el funcionamiento judicial: la justicia la imparten los tribunales y se puede apelar al rey;


los fallos se deben plasmar por escrito.

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* las penas: aparece inscrita toda una escala de penas según los delitos y crímenes
cometidos. La base de esta escala es la Ley del Talión.

Se tratan también el robo, la actividad agrícola (o pecuaria), el daño a la propiedad, los


derechos de la mujer, los derechos en el matrimonio, los derechos de los menores, los
derechos de los esclavos, homicidio, muerte y lesiones. El castigo varía según el tipo de
delincuente y de víctima.

Idioma amorreo

El amorreo es una lengua semítico-occidental y que se conoce únicamente a través de


nombres propios no acadios transmitidos por escribas acadios durante la época de dominio
amorrita en Mesopotamia.

Se trata de un idioma de gran semejanza con las lenguas cananeas. Además de ser poco
conocida fue una lengua de escasa importancia ya que los amorritas con el tiempo usaron el
acadio, que en aquella época se parecía mucho a su idioma y era el idioma principal de
Mesopotamia.

Esto queda demostrado en unas tablillas encontradas en la ciudad de Mari fechadas entre el
1800 y el 1750 a. C., en las que los amorreos hablaban un dialecto del acadio y que
mostraban muchas formas y construcciones semitas del noroeste.

Referencias bíblicas

El Antiguo Testamento llama Canaán a la tierra de los amorritas, pero no se ha podido


establecer ninguna conexión étnica o lingüística entre esos amorritas de Canaán de la
segunda mitad del segundo milenio y los amorreos de Mesopotamia de la primera mitad del
segundo milenio.

LOS CASITAS y la II Dinastía de Isin

Durante los reinados de Hammurabi y de su hijo Samsu-Iluna (1750-1712 a. C.), quien le


sucedió, la civilización babilónica alcanzó el cenit de su desarrollo cultural y poder político.
Algunas de las ciudades más importantes de Babilonia comenzaron a buscar la
independencia, y, durante el reinado de Samsu-Iluna, los casitas invadieron por primera vez
el país. Aunque Samsu-Iluna tuvo éxito en expulsarles, durante los siglos siguientes se
infiltraron definitivamente en Babilonia. Samsu-Iluna también había tratado con el líder
rebelde, Iluma-Ilum, quien fundó una dinastía en el sur de Babilonia, en la frontera con el
golfo Pérsico, conocido comúnmente como el país del mar.

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Con los sucesores de Samsu-Iluna, Babilonia sufrió un grave deterioro en cuanto a su poder
y territorio. Cuando, hacia el 1595 a. C., un ejército hitita penetró por el sur hasta Babilonia
y llevaron prisioneros y riquezas babilonias hasta la alejada Anatolia, en el reino comenzó el
desorden. Durante un breve periodo, Babilonia cayó bajo el dominio de la dinastía del país
del mar. Finalmente, hacia mediados del siglo XVI a. C., el gobernante casita Agum (el 1570
a. C.) tomó Babilonia y extendió su territorio desde el río Eufrates a los montes Zagros.

Bajo dominio casita, Babilonia de nuevo se convirtió en un poder de considerable


importancia. Así, a comienzos del siglo XV a. C., era uno de los cuatro poderes principales
de Asia occidental, los otros tres eran los imperios: egipcio, mitanni e hitita.

Después de la recuperación de la independencia de Asiria respecto de la dominación de


mitanni a principios del siglo XIV a. C., sus gobernantes comenzaron a interferir en los
asuntos de Babilonia e intentaron controlarla políticamente. Finalmente, tuvieron éxito y
Babilonia estaba tan debilitada que cayó a manos de los elamitas, que la invadieron por el
este, depusieron al rey casita y la redujeron a un estado de vasallaje. En el sur y centro de
Babilonia surgió una revuelta y se fundó una nueva dinastía, conocida como II Dinastía de
Isin. Hacia finales del siglo XII a. C., Nabucodonosor I (1125-1103 a. C.), uno de los reyes
de Isin, derrotó a los elamitas y atacó Asiria. No mucho después, grandes grupos de

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nómadas arameos emigraron a Babilonia. Durante dos siglos aproximadamente, el país
estuvo en un estado de caos político.

Periodo caldeo

Una de las tribus que rodeaban Babilonia era el poderoso grupo conocido como los caldeos.
Se asentaron y dominaron el distrito a lo largo del golfo Pérsico. Desde el siglo IX al VI a.
C., los caldeos desempeñaron una parte importante en la conformación de la historia de
Asia; sus gobernantes ayudaron a destruir el Imperio Asirio y, al menos durante un breve
periodo, se establecieron en Babilonia, o, como se comenzó a conocer gradualmente,
Caldea, el poder dominante de Mesopotamia.

Uno de los principales reyes caldeos fue Merodak-Baladán II (el 722-710 a. C.), quien luchó
amarga y valerosamente, aunque sin éxito, contra cuatro poderosos monarcas asirios:
Tukulti-Apil-Esharra (Tiglat-Pilíser III) (745-727 a. C.), Salmanasar V (727-722 a. C.),
Sargón II (722-705 a. C.) y Senaquerib (705-681 a. C.), destructor de Babilonia. Los
sucesores de Senaquerib, Esaradón (681-699 a. C.) y Assurbanipal, mantuvieron el control
político a pesar de las numerosas rebeliones y deserciones. Sin embargo, en el 626, cuando
Asiria estaba sumida en desórdenes y amenazada por medas, escitas y cimerios, un caldeo
llamado Nabopolasar (626-605 a. C.) se autoproclamó rey de Babilonia. Aliándose con los
medas, ayudó a destruir el poderío asirio.

Aprovechándose de la débil posición de Asiria, Egipto comenzó a amenazar Palestina y Siria.


En el 605 a. C. Nabucodonosor II marchó contra los egipcios y los derrotó en Carchemish
(en la actual Siria). Nabucodonosor II, que reinó durante 43 años, extendió el control
político babilonio sobre la mayor parte de Mesopotamia. Entre los estudiosos bíblicos se le
conoce como el destructor de Jerusalén y como el rey que llevó a los judíos cautivos a
Babilonia. Para los arqueólogos e historiadores es conocido como gran constructor y
restaurador. Reconstruyó Babilonia, su capital, con un estilo lujoso y restauró muchos
templos en todo Babilonia.

La resurrección babilónica no duró mucho tiempo. Tras la muerte de Nabucodonosor en el


562 a. C., hubo una prolongada lucha por el poder entre los distintos partidos e individuos.
En el 556 a. C. Nabonides, uno de los gobernadores de Nabucodonosor, se convirtió en rey
de Babilonia (556-539 a. C.). Figura enigmática en cierto modo, se opuso a la influyente
clase sacerdotal de Babilonia. Nabonides dejó la ciudad de Babilonia bajo el control de su
hijo Baltasar y vivió durante cierto tiempo en la ciudad de Harran y después en el oasis de
Teima, en el desierto de Arabia. En el 539 a. C. los babilonios fueron derrotados por el rey
persa Ciro II el Grande, quien también había derrotado a Media. Nabonides fue capturado

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en Sippar (cerca de la actual Bagdad, Irak); los persas entraron en Babilonia sin encontrar
resistencia. Babilonia fue entonces anexionada a Persia y, de este modo, finalmente perdió
la independencia.

El legado babilónico

Más de 1.200 años pasaron desde el glorioso reinado de Hammurabi hasta la subyugación
de Babilonia por los persas. Durante este largo lapso de tiempo, la estructura social, la
organización económica, el arte y la arquitectura, la ciencia y la literatura, el sistema
judicial y las creencias religiosas babilónicas sufrieron una considerable modificación,
aunque, en general, únicamente en los detalles, no en la esencia. Basados prácticamente
por completo en la cultura de Sumer, los logros culturales de Babilonia dejaron una
profunda impresión en el mundo antiguo, y particularmente en hebreos y griegos. La
influencia babilónica es evidente en las obras de poetas griegos tales como Homero y
Hesíodo, en la geometría del matemático griego Euclides, en astronomía, en astrología, en
heráldica y en la Biblia.

Religión de Babilonia

Moral, creencias sobrenaturales y prácticas rituales de los antiguos babilonios. La


cosmogonía y la cosmología de la religión babilónica que incluye dioses, demonios, cultos y
sacerdotes, y enseñanzas éticas y morales, fue tomada casi por completo de los sumerios.
Sin embargo, los babilonios, cuya raza étnica predominante era la amorrea, sin duda
modificaron muchas de las creencias y prácticas inspiradas en los sumerios, de acuerdo a su
propia herencia cultural y disposición psicológica. Sólo para citar dos ejemplos destacados,
debido al gran éxito militar y la buena conducción política de los amorreos semitas, la
ciudad de Babilonia se transformó en el centro religioso y cultural de toda la zona,
otorgándole supremacía en el panteón babilónico al dios amorreo Marduk. Sin embargo, los
teólogos babilonios consideraron necesario justificar esta elevada posición súbitamente
adquirida por Marduk por medio de la ficción legal de que sus predecesores sumerios, los
dioses An y Enlil, le habían traspasado oficialmente sus poderes.

El panteón

Los babilonios tenían la concepción de un panteón formado por seres de forma humana,
pero con unos poderes y una inmortalidad sobrehumanos. Cada uno de ellos, a pesar de ser
invisible al ojo humano, regía sobre una parte específica del cosmos, aunque fuera pequeña,
y la manejaba de acuerdo con planes muy bien estudiados y leyes debidamente ordenadas.
Cada uno estaba a cargo de uno de los grandes reinos del cielo, la tierra, el mar y el aire; o
de uno de los mayores cuerpos astrales como el sol, la luna y los planetas; o dentro del

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dominio terrestre, de entidades naturales como ríos, montañas y planicies, y de entidades
sociales, como ciudades y países. Incluso las herramientas y otros instrumentos tales como
una piqueta, moldes de ladrillos y el arado, estaban a cargo de deidades especiales y
definidas. Finalmente, cada babilonio tenía un dios personal, algo parecido a un dios ángel
bueno, a quien se le rezaba y a través del que se podía lograr la salvación.

Al frente de esta multitud de reyes divinos, estaba Marduk, el dios tribal amorreo, quien
antes del gobierno de Hammurabi, en los siglos XVIII y XVII a. C., había tenido un papel
secundario y relativamente sin importancia en la vida religiosa de la zona. De acuerdo con
el poema de la mitología babilónica, conocido en la literatura universal con el nombre de
Enuma elish (“Cuando en la parte superior”, sus dos palabras iniciales), a Marduk se le
concedía el liderazgo del panteón y “el reinado sobre todo el universo” como premio por
haber vengado a los dioses al vencer a Tiamat, la desafiante y salvaje diosa del caos y a sus
monstruosos seguidores. Después de la victoria, Marduk rediseñó el cielo y la tierra, ordenó
y reguló los planetas y las estrellas, y creó la especie humana.

Dentro del grupo de dioses babilonios más importantes, además de Marduk, figuran Ea, el
dios de la sabiduría, de los hechizos y conjuros; Sin, el dios luna, cuyos templos principales
estaban en Ur y Harran, dos ciudades asociadas en la Biblia con el patriarca hebreo
Abraham; Samas, el dios sol y de la justicia, quien aparece representado en el Código de
Hammurabi; Istar, la ambiciosa, dinámica y cruel diosa del amor y de la guerra; Adad, el
dios de la tormenta, los vientos y las inundaciones; y Nabu, el hijo de Marduk, el escribano
y vocero de los dioses, cuyo culto llegó a rivalizar con el de su padre en cuanto a
popularidad. Además de los dioses del cielo, se hallaban los dioses de los mundos inferiores,
así como una gran variedad de demonios, diablos y monstruos, quienes estaban
amenazando constantemente a la humanidad y su bienestar. Había también unos pocos
espíritus angelicales bondadosos.

Ritos y culto

Cada una de las deidades principales tenía, en una o más ciudades de Babilonia, un gran
templo en el que era adorada como dios protector. Las ciudades más grandes también
contaban con muchos templos, unos suntuosos, otros humildes, dedicados a una u otra
deidad; Babilonia, por ejemplo, contaba con más de 50 templos en tiempos de Caldea
(siglos VIII al VI a. C.).

Los servicios que se celebraban en el templo, por regla general se realizaban en patios
abiertos, en los que había fuentes para la ablución y altares para los sacrificios. En la cella,
o parte más íntima del templo, se encontraba la estatua de la deidad sobre un pedestal

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erigido en el “santa santorum”, lugar especialmente sacrosanto del templo al que
únicamente tenían acceso el sumo sacerdote y algún otro privilegiado miembro del clero o
de la corte. En las instalaciones de los templos de las ciudades más grandes, por lo común
se alzaba un zigurat o torre de plataformas, coronado por un pequeño santuario. Este
santuario al parecer estaba reservado a las importantes ceremonias de matrimonio sagrado
que se celebraban coincidiendo con la festividad del año nuevo.

El mantenimiento de los más grandes templos babilónicos requería de grandes sumas de


dinero, fruto, en primer lugar, de regalos o de donaciones hechas por la corte y por la gente
con mayor fortuna. Con el correr de los siglos, algunos de los grandes templos babilónicos
acumularon tal cantidad de riquezas que se convirtieron en los dueños de enormes
propiedades y empresas, en las que empleaban gran número de siervos y esclavos. Sin
embargo, en un principio el templo era la sede del dios en cuyo honor estaba erigido, y en
él se atendían todas sus necesidades según antiguos ritos e impresionantes ceremonias,
celebradas por un numeroso clero institucionalizado. Con el paso del tiempo, en el templo
se congregaban sumos sacerdotes, sacerdotes que oficiaban en los sacrificios, músicos,
cantores, magos, adivinos, clarividentes, interpretadores de sueños, astrólogos, mujeres
devotas, así como hieródulas (cortesanas del templo).

Diariamente se ofrecían sacrificios de animales, así como ofrendas de verduras, libaciones


de agua, vino y cerveza, y quema de incienso. Tanto a lo largo del año como mensualmente
tenían lugar numerosos festejos, incluida una fiesta para celebrar el plenilunio. La fiesta
más señalada de todas era la celebración del año nuevo en el equinoccio de primavera; se
conocía con el nombre de fiesta Akitu, porque algunos de sus ritos más esotéricos se
realizaban en el Akitu, el santuario de Marduk enclavado en las afueras de Babilonia. Las
celebraciones duraban once días, e incluían ritos tales como los de purificación, sacrificio,
propiciación, penitencia y absolución, aunque también se daban procesiones muy alegres y
de mucho colorido. Culminaba con la ceremonia del matrimonio sagrado, la unión ritual del
rey (representando a Marduk) con una cortesana del templo (encarnando a la novia de
Marduk); la ceremonia se realizaba en el santuario que coronaba, el zigurat.

Creencias

Según los documentos de la época, las creencias éticas y morales de los babilonios hacían
hincapié en la bondad y la verdad, la ley y el orden, la justicia y la libertad, la sabiduría y el
aprendizaje, y el valor y la lealtad. La misericordia y la compasión iban fuertemente unidas,
y se les brindaba una especial compasión a las viudas, huérfanos, refugiados, a los pobres y
a los oprimidos. Los actos inmorales o poco éticos eran considerados como una ofensa hacia
los dioses y el orden divino, por lo que se creía que el castigo de los dioses era proporcional

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a la falta. Ninguno se consideraba sin pecado. Por eso, todos los sufrimientos eran
merecidos. El modo que tenían los babilonios para demostrar su insatisfacción por sus
condiciones de vida, no era la discusión o la protesta, sino la súplica y el duelo,
lamentándose y confesando ante su dios personal sus inevitables faltas y pecados a fin de
que éste actuara como mediador suyo en la asamblea de los grandes dioses.

Fue notoria la gran religiosidad de Babilonia. Sin embargo, de hecho existía el escepticismo
y acaso era mucho mayor de lo que indican las fuentes.

Por ejemplo, un extenso documento literario denominado Teodicea Babilónica, trata del
debate entre un escéptico y un creyente, debate en el que al final se hace necesario
concluir, de forma muy obvia y con un argumento un tanto insatisfactorio, que la voluntad
de los dioses es inescrutable. En otro escrito babilónico, que recoge un diálogo entre un
esclavo y su amo, el tono de la conversación suena también escéptico y cínico; la visión
relativista considera de antemano que todos los actos del individuo pueden ser justificados,
y por lo tanto, en esencia carecen de sentido, en particular porque la muerte hace que la
vida sea insignificante.

Los babilonios sentían un terror espantoso a la muerte y esto era fuente de desesperación.
En general creían que al morir, el espíritu incorpóreo descendía al oscuro inframundo y que
la existencia humana en la sepultura era, como mucho, un reflejo desdichado y tenebroso
de la vida terrenal. No existía la esperanza de una recompensa eterna para las personas
honradas y con méritos; todos estaban imparcialmente destinados al inframundo.
Considerando esto, no es de extrañar que la obra de la literatura babilónica más popular,
dramática y creativa, sea el Poema de Gilgamesh, obra que se centra en una angustiosa e
inútil búsqueda de la eternidad.

LOS ASIRIOS

Antiguo país de Asia, que se extendía hacia el sur desde aproximadamente la frontera norte
del actual Irak, abarcaba el valle del río Tigris y uno de sus afluentes más importantes, el
Zab, formando una zona con forma similar a un triángulo invertido. La parte occidental del
país era una estepa únicamente adecuada para una población nómada. Sin embargo, la
parte oriental era apropiada para la agricultura, con colinas boscosas y fértiles valles
bañados por pequeños ríos. Al este de Asiria se encuentran los montes Zagros; al norte, un
escalonamiento de terrazas conducen al macizo Armenio; al oeste se extiende la llanura de
Mesopotamia. Al sur se encontraba el país conocido primero como Sumer, después Sumer y
Acad, y más tarde Babilonia. Mesopotamia es el nombre que los antiguos griegos dieron a
toda la región en la que surgieron estos países, incluido Asiria. Las ciudades más

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importantes de Asiria, todas situadas en el territorio del actual Irak, eran Assur,
actualmente Sharqat; Nínive, de la cual los únicos vestigios que señalan en la actualidad su
localización son dos grandes tells, Quyunyik y Nabi Yunas; Calach, ahora Nimrud, y Dur
Sharrukin, actualmente Jursabad.

Primeros asentamientos

Desde comienzos de la época paleolítica la tierra que se conoció como Asiria ha estado
habitada. Este hecho ha sido confirmado por el descubrimiento de dos cráneos de personas
adultas neandertalenses en una cueva en el borde noreste de la región. Sin embargo, la
vida agrícola sedentaria no comenzó en esta zona hasta cerca del 6500 a.C. Aunque se
desconoce la composición étnica de las primeras comunidades agrícolas de Asiria, los
primeros habitantes pueden haber pertenecido a un pueblo conocido posteriormente como
subarios, quienes hablaban una lengua aglutinante en lugar de una flexional. Probablemente
en el III milenio a. C., nómadas semíticos conquistaron la región y convirtieron su lengua
flexional, muy próxima al babilonio, en el idioma dominante de la región. La escritura asiria
era una versión ligeramente modificada de la cuneiforme babilónica.

A comienzos del VII milenio a. C., los granjeros de Asiria cultivaban trigo y cebada y
poseían ganado vacuno, ovejas, cabras y cerdos. Construían sus casas de arcilla compacta
(algunas de ellas tenían cuatro habitaciones), utilizaban hornos redondos para cocer harina
molida y almacenaban grano en grandes tinajas recubiertas de betún. Este pueblo agrícola
tejía prendas con la ayuda de husos con poleas; fabricaba cuchillos de obsidiana y sílex,
piedra similar al pedernal, y utilizaba formones, objetos fabricados de piedra, azuelas y
azadones. Su cerámica era notable; en su mayoría realizada con arcilla hábilmente cocida y
pintada con atractivos motivos. La obsidiana y otras piedras duras fueron convertidas en
vasos, cuentas, amuletos y sellos. Modelaron en arcilla figuras femeninas para fines
religiosos. Los muertos, que solían ser enterrados en posición flexionada con las rodillas
dobladas hacia el pecho, eran sepultados entre las casas en lugar de en cementerios.

Cultura y costumbres

La cultura asiria se asemejaba a la babilónica en muchos aspectos. Exceptuando los anales


reales, por ejemplo, la literatura asiria era prácticamente idéntica a la babilónica, y los
reyes asirios más cultos, especialmente Assurbanipal, alardeaban de almacenar en sus
bibliotecas copias de documentos literarios babilónicos. La vida social o familiar, las
costumbres matrimoniales y las leyes de propiedad eran muy parecidas a las de Babilonia.
Las tres colecciones asirias de documentos de la corte y legales que se han encontrado son
muy similares a la legislación sumeria y babilónica; sin embargo, los castigos establecidos

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para los infractores de la legislación asiria eran habitualmente más brutales y bárbaros. Las
prácticas y creencias religiosas asirias eran prácticamente idénticas a las de Babilonia,
incluso, el dios nacional asirio, Assur, fue sustituido por el dios babilonio Marduk. La
principal contribución cultural de los asirios se desarrolló en el campo del arte y de la
arquitectura.

Asurbanipal, transmisor de la cultura mesopotámica: Además de expandirse hasta Egipto,


Elam y Asia Menor, Asurbanipal (representado en un banquete en una estela hallada en
Nínive) protegió las artes y las ciencias y reunió una biblioteca de miles de tablillas, en la
que se recogía todo el acervo cultural mesopotámico desde la época sumeria.

En el III milenio a. C., Asiria, como la mayor parte de Oriente Próximo, estuvo bajo la
influencia de la civilización sumeria en el sur. Un templo de este periodo, excavado en la
ciudad de Assur, contiene estatuas de estilo y apariencia similares a las encontradas en los
templos de Sumer. Hacia el 2300 a. C., Asiria formó parte del imperio de Sumer y Acad.
Tras el colapso de ese imperio hacia el 2000 a. C., los amoritas, pueblo semítico nómada del
desierto de Arabia, se infiltraron y conquistaron gran parte de Mesopotamia, incluida Asiria.
Hacia el 1850 a. C. mercaderes asirios colonizaron partes del área central de Anatolia (Asia
Menor), donde desarrollaron un floreciente comercio de cobre, plata, oro, estaño y
productos textiles.

Expansión y dependencia

Hacia el 1810 a. C. un rey asirio, Samsi-Adat I (el 1813-1780 a. C.), consiguió extender el
territorio asirio desde los montes Zagros hasta el mar Mediterráneo. Samsi-Adat I puede
haber sido el primer gobernante en establecer un imperio centralizado en el antiguo Oriente
Próximo. Dividió su reino en distritos al frente de los cuales colocó a administradores y
consejos especialmente nombrados, estableció un sistema de correos y realizó con
regularidad un censo de la población. Sin embargo, el primer imperio asirio no duró mucho
tiempo; el hijo de Samsi-Adat, Isme-Dagan I (1780-1760 a. C.), fue derrotado hacia el
1760 a. C. por el rey babilonio Hammurabi, y Asiria comenzó a formar parte del imperio
babilónico.

El imperio babilónico también fue efímero. Los casitas, pueblo no semítico, invadieron
Babilonia en el siglo XVI a. C. y se hicieron con el poder político. Otro pueblo no semítico de
las montañas, los hurritas, ocupó la mayor parte del norte de Mesopotamia, llegando incluso
a Palestina en el oeste. Poco después de los hurritas, y hasta cierto punto entremezclado
con éstos, llegó un pueblo indoeuropeo cuyo nombre se desconoce. Como resultado de

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estas migraciones, el siglo XVI a. C. se presenta sumido en la confusión en la historia
mesopotámica.

Hacia el 1500 a. C. Asiria se hizo dependiente de Mitanni, un reino de proporciones


imperiales que extendió su influencia por todo el norte de Mesopotamia. Asiria continuó bajo
su control hasta comienzos del siglo XIV, cuando el reino de Mitanni sufrió una grave
derrota a manos del naciente imperio de los hititas en el norte. Aprovechándose de la
posterior confusión, el rey asirio Assur-Uballit I (1364-1328 a. C.) liberó Asiria del reino de
Mitanni e incluso anexionó algunos de sus territorios.

Assur-Uballit I fue sucedido por una serie de gobernantes enérgicos, principalmente Adat-
Nirari I (1306-1274 a. C.), Salmanasar I (1274-1244 a. C.), y Tukulti-Ninurta I (1244-1207
a. C.). Tuvieron éxito al ampliar aún más las fronteras de Asiria y al mantener a raya a sus
fuertes vecinos: urarteos, hititas, babilonios y lullubis.

Surgimiento de un imperio en guerra

Hacia el 1200 a. C., una nueva ola de migraciones cambió profundamente la composición de
Asia occidental. Desde la península Balcánica, con toda probabilidad, llegó un conglomerado
de pueblos, conocidos como pueblos del mar, que acabaron con el imperio hitita en Anatolia
y se introdujeron en Siria y Palestina. Un pueblo indoeuropeo denominado mushki, que se
asentó al este de Anatolia, se convirtió en una amenaza constante para Asiria en el
noroeste.

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Al oeste de Asiria, un grupo semítico nómada, los arameos, también estaba en movimiento.
Asiria resistió ferozmente, y en su mayor parte con éxito, a las presiones y ataques de sus
nuevos vecinos. Durante su amarga lucha por la existencia, desarrolló una máquina militar
proverbial por su crueldad y que se convirtió en el azote y terror de todo Oriente Próximo.

Al principio, las campañas adoptaron la forma de escaramuzas a la búsqueda de botín y


tributo. Tukulti-Apil-Esharra (Tiglat-Pilíser) I (1115-1076 a. C.), por ejemplo, defendió las
fronteras asirias contra arameos y mushkis, y realizó incursiones por el norte, hasta el lago
Van, en Urartu (actualmente al noreste de Turquía), y por el oeste, hasta Palmira (Turquía).
En la mayoría de los casos, los pueblos amenazados huían al conocer que se aproximaban
sus ejércitos, y aquéllos que se quedaban eran masacrados o llevados a Asiria. Los pueblos
y ciudades eran saqueados y arrasados, pero no se hizo ningún intento de anexionar estos
territorios.

Gradualmente, este modelo de conquista varió, los gobernantes asirios comenzaron a


convertir Asiria en el centro de un nuevo imperio, incorporando las tierras conquistadas a
sus dominios, aunque probablemente sin seguir un plan consciente. Hacia finales del siglo X
a. C., por ejemplo, Adat-Nirari II anexionó el estado arameo cuyo centro era Nisibis, al este
del río Habur. Su hijo, Tukulti-Ninurta II, anexionó varios estados arameos alrededor de la
ciudad de Harran y el valle central del Éufrates, así como la región entre el gran río Zab y el
pequeño río Zab.

Extensión del dominio asirio

Assurnasirpal II, hijo de Tukulti-Ninurta II, gobernó desde el 884 al 859 a. C. y extendió el
dominio asirio al norte y al este. Sus terribles y brutales campañas devastaron las tierras de
las fronteras de su imperio, aunque fue suficientemente prudente para no atacar a los
vecinos fuertes, Urartu al norte, Babilonia al sur, y Aram al oeste. En una campaña llegó
hasta el mar Mediterráneo. A su regreso construyó la ciudad de Calach, a la que convirtió en
su capital, en lugar de Assur, la antigua capital. En las ruinas de Calach se han encontrado
numerosos monumentos con inscripciones de Assurnasirpal, convirtiéndole en uno de los
gobernantes mejor documentados del antiguo Oriente Próximo.

Salmanasar III (859-824 a. C.), hijo de Assurnasirpal, realizó 32 campañas durante los 35
años que duró su reinado. Muchas de estas campañas se dirigieron contra las tierras al
oeste del Éufrates, concretamente contra el poderoso reino de Aram. Aunque tuvo algunos
éxitos e incluso recibió un considerable tributo de los aliados de Aram, incluido Israel,
fracasó en conquistar el propio Aram. Dos de sus monumentos, actualmente en el Museo
Británico, son particularmente notables: el Obelisco Negro, en el que se representa a Jehú,

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rey de Israel, besando el pie de Salmanasar, y las placas de bronce batido conocidas como
las Puertas de Balawat.

Imperio mundial

A finales del gobierno de Salmanasar se inicia una revuelta en la corte asiria, a la que
siguen varios años de guerra civil. Asiria cae en la oscuridad y su poder se reduce. Sin
embargo, a mediados del siglo VIII a. C., la prosperidad resurge con la subida al trono de
Tukulti-Apil-Esharra (Tiglat-Pilíser) III (745-727 a. C.), quien comenzó vigorosamente a
convertir a Asiria en un imperio mundial. Empezó reafirmando la autoridad del trono y
reduciendo el poder de los nobles problemáticos de la corte. Fundó un ejército permanente,
compuesto principalmente por tropas extranjeras, y proyectó sus campañas con el objetivo
de anexionar el territorio enemigo. Los pueblos que conquistó fueron deportados y situados
dentro del dominio de Asiria para romper su conciencia y cohesión nacionales. Liberó a
Asiria de la presión de las tribus arameas que amenazaban el valle del Tigris central,
expulsó a los urarteos de Siria, anexionó los estados arameos de Arpad y Damasco, sojuzgó
las ciudades de Palestina y se convirtió en el gobernante de Babilonia.

Sargón II (722-705 a. C.), que siguió en el trono al inmediato sucesor de Tukulti-Apil,


Salmanasar V (727-722 a. C.), extendió la dominación asiria en todas direcciones, desde el
sur de Anatolia al golfo Pérsico. Al inicio de su reinado deportó a la población de Israel, que
Salmanasar V había conquistado poco antes de su muerte. Durante su reinado, Sargón
dirigió campañas contra Urartu y los medos, anexionó numerosos estados de Siria y el sur
de Anatolia, y derrotó a los arameos en el valle del Tigris central y a los caldeos en el valle
del Éufrates inferior. Para asegurar un control eficaz de su gran imperio, que se extendía
desde la frontera de Egipto hasta los montes Zagros y desde los montes Taurus al golfo
Pérsico, Sargón lo dividió en 70 provincias aproximadamente, cada una dirigida por un
gobernador que era responsable directo ante el rey. En su capital, Calach, creó una
organización administrativa central y delegó algo de su poder en su hijo Senaquerib (705-
681 a. C.). Al final de su reinado, Sargón construyó una nueva ciudad, Dur Sharrukin, al
norte de Nínive, erigió su palacio junto a la muralla de la ciudad y lo adornó con
impresionantes bajorrelieves. También creó en Nínive una biblioteca. El comercio y la
agricultura se fomentaron en todo el imperio.

Decadencia

Bajo Sargón II, el Imperio Asirio fue más fuerte y extenso de lo que había sido jamás. Los
pueblos estaban muy unidos en cuanto a lengua, religión y cultura. Parecía muy razonable
pensar que duraría siglos. Sin embargo, los sucesores de Sargón establecieron como

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objetivos principales la conquista de Egipto y Elam y la completa subyugación de Babilonia.
Para asegurar su victoria sobre estas lejanas tierras, los asirios retiraron algunas de sus
fuerzas de la regiones fronterizas del norte y del noreste. En estas regiones norteñas, los
medas y dos nuevos grupos de pueblos nómadas, cimerios y escitas, pudieron por tanto
fortalecerse.

Senaquerib mantuvo las tierras conquistadas por su padre e incluso amenazó la frontera
egipcia. Trasladó la capital de Dur Sharrukin a Nínive, donde construyó su palacio. Fue el
primer gobernante asirio que utilizó la marina, con la que en el 694 a. C. persiguió a los
rebeldes caldeos y les derrotó. En el 689 a. C., cuando Babilonia cooperaba con los caldeos
contra Asiria, Senaquerib lanzó una serie de fieros ataques contra ambos estados, que
culminaron en la captura y saqueo incluso de Babilonia, a pesar de su tradicional categoría
de ciudad sagrada.

El hijo de Senaquerib, Asaradón (681-669 a. C.), más predispuesto hacia Babilonia, ayudó a
reconstruirla. Su principal éxito militar consistió en cruzar hasta Egipto y tomar Menfis, su
capital. Su hijo, Assurbanipal, continuó controlando Egipto y penetrando al sur hasta Tebas.
También saqueó Susa (actualmente Shush, Irán), capital de los elamitas. Aparte de su fama
como conquistador, Assurbanipal destaca por la gran biblioteca que creó en su palacio de
Nínive.

Fin del imperio

A la muerte de Assurbanipal, en el 627 a. C. siguió una revolución en la corte. Sobre los


acontecimientos de Asiria después de esa fecha se sabe poco. Los medas tomaron la ciudad
de Assur en el 614 a. C., y, con ayuda babilonia, capturaron Nínive en el 612. El ejército
asirio, dirigido por el último rey asirio, Assur-Uballit II (612-609 a. C.), se replegó a Harran,
a cierta distancia al noroeste de la capital asiria. Esta derrota supuso el final del Imperio
Asirio.

A través de su historia, el poder de Asiria dependió prácticamente por completo de su


potencia militar. La fuerza principal del ejército estaba compuesta por infantería ligera y
pesada. Estaba equipada con picas, arcos y espadas cortas, aunque únicamente la infantería
pesada iba protegida con armadura. La caballería estaba equipada de modo similar y
montaba sin silla. Los carros pesados iban conducidos por tres hombres, y se utilizaban
torres de asedio y arietes para atacar y romper murallas y fortificaciones.

El rey era comandante en jefe del ejército y normalmente dirigía sus campañas. Aunque en
teoría era monarca absoluto, en realidad los nobles y cortesanos que le rodeaban, así como
los gobernadores que nombraba para administrar las tierras conquistadas, adoptaban

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frecuentemente decisiones en su nombre. Las ambiciones e intrigas de éstos fueron una
amenaza constante para la vida del gobernante asirio. Las revueltas y revoluciones de
palacio eran habituales, especialmente hacia el final de los reinados, cuando la elección de
un sucesor se convertía en un asunto crucial. Esta debilidad central en la organización y
administración del imperio asirio fue en gran medida responsable de su desintegración y
colapso.

LOS HITITAS

En hebreo, Hittim, antiguo pueblo de Asia Menor y Oriente Próximo, que habitó la tierra de
Hatti en la meseta central de lo que actualmente es Anatolia (Turquía), y algunas zonas del
norte de Siria. Los hititas, cuyo origen se desconoce, hablaban una de las lenguas
indoeuropeas. Invadieron la región, que comenzó a ser conocida como Hatti, hacia el 1900
a. C. e impusieron su idioma, cultura y dominio sobre los habitantes originales que hablaban
una lengua aglutinante que no pertenecía al tronco indoeuropeo.

La primera ciudad establecida por los hititas fue Nesa, cerca de la actual Kayseri, Turquía.
Poco después del 1800 a.C. conquistaron la ciudad de Hattusa, cerca de la moderna
Bogazköy. Sólo se tienen conocimientos de la historia hitita hasta el siglo XVII a. C. cuando
el líder Labarna (que reinó hacia 1680-1650 a. C.) o Tabarna, fundó el denominado Antiguo
Reino Hitita, convirtiendo a Hattusa en su capital. Labarna conquistó prácticamente toda la
Anatolia central y extendió sus dominios al mar Mediterráneo. Sus sucesores aumentaron
las conquistas hititas hacia el norte de Siria. Mursil I (que reinó hacia 1620-1590 a. C.)
conquistó lo que es actualmente Alepo, en Siria, y arrasó Babilonia hacia el 1595 a. C. Al
asesinato de Mursil siguió un periodo de luchas internas y debilidad externa que finalizó
durante el reinado del rey Telibinu (que reinó hacia 1525-1500 a. C.). Para asegurar la
estabilidad del reino, promulgó una estricta ley de sucesión y adoptó medidas contundentes
para suprimir la violencia. De los sucesores de Telibinu únicamente se conocen sus
nombres.

Nuevo Reino Hitita

El denominado Nuevo Reino Hitita fue fundado hacia el 1450 a. C. Uno de sus miembros
más importantes, el príncipe real Subbiluliuma (que reinó hacia 1380-1346 a. C.), usurpó el
trono durante un periodo de invasiones extranjeras. Después de liberar su país y derrotar a
su principal enemigo, el reino de Mitanni al norte de Mesopotamia, condujo sus ejércitos
más allá de Siria. Allí sus conquistas fueron sencillas por el debilitamiento del poder egipcio
durante el reinado del faraón Ajnatón, también denominado Amenhotep IV (o Amenofis IV).
De este modo, el reino Hitita bajo Subbiluliuma se convirtió en un gran imperio que rivalizó

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con el poder de Egipto, Babilonia y Asiria. Tras la muerte de Subbiluliuma, los hititas
consiguieron mantener la mayor parte de su imperio, aunque sólo mediante guerras
continuas. Durante los siglos XV y XIV a. C. sus posesiones se extendieron hacia el oeste,
hasta el mar Egeo, hacia el este hasta Armenia, hacia el sureste hasta Mesopotamia
superior, y hacia el sur hacia Siria hasta el actual Líbano.

Durante la segunda mitad del siglo XIV a. C., los hititas mantuvieron continuos conflictos
con Egipto. Estos dos grandes poderes lucharon para controlar Siria hasta la batalla de
Kadesh (Qades), en Siria, entre el rey hitita Muwatalli (que reinó hacia 1315-1296 a. C.) y
el faraón egipcio Ramsés II. Aunque Ramsés obtuvo una gran victoria, los hititas
continuaron manteniendo sus posesiones en Siria. El rey hitita Hatusili III (que reinó hacia
1289-1265 a. C.) firmó un tratado de paz con Ramsés años después y lo selló dándole a su
hija en matrimonio. Posteriormente, las relaciones entre hititas y egipcios siguieron siendo
amistosas, hasta que el Imperio Hitita cayó poco después del 1200 a. C. en manos de los
invasores denominados Pueblos del Mar.

Ciudades-estado hititas

A la caída del imperio siguieron la confusión y los conflictos. Posteriormente, una serie de
ciudades-estado hititas surgieron al sureste de Anatolia y norte de Siria, la más famosa de
ellas fue Karkemish. Estos estados estaban poblados por un grupo étnico mixto denominado
siro-hitita, compuesto principalmente de hititas, de pueblos del antiguo Imperio Hitita y de
los primeros habitantes de ambas zonas. Los gobernantes siro-hititas utilizaban el idioma
luvita escrito en jeroglíficos. Algunas de estas ciudades estado fueron conquistadas en el
siglo X a. C. por los arameos; el resto se convirtieron en provincias del Imperio Asirio bajo
Sargón II, hacia el 715 a. C. Incluso después de que los asirios conquistaran toda Siria, aún
la denominaban Hatti.

Primeros documentos y traducciones

Las primeras fuentes importantes sobre los hititas proceden de documentos egipcios,
principalmente los de la XIX Dinastía, y de pasajes de la Biblia. El primero de estos pasajes,
en los que a los hititas se les denomina "Hijos de Heth", probablemente se refieren al
periodo del Reino Hitita. Pasajes posteriores aluden a los siro-hititas.

En 1906, en unas excavaciones en Bogazköy, se descubrieron los archivos reales de los


hititas. Este descubrimiento suscita dudas acerca de muchas evidencias egipcias. Por
ejemplo, algunas contiendas militares se mencionan como victorias para los hititas,
mientras que en los documentos egipcios, las mismas contiendas se identifican como
derrotas hititas. El descubrimiento de los archivos fue particularmente importante porque

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permitió a los eruditos descifrar la lengua hitita, y además se revelaba información sobre
aspectos anteriormente desconocidos de la cultura, como su organización política,
legislación, religión y literatura.

La mayoría de los textos encontrados en los archivos estaban escritos en lengua hitita,
aunque los tratados y las cartas de Estado estaban escritas en acadio, idioma internacional
del periodo. Otros textos estaban escritos en lengua hurrita del sureste de Anatolia y norte
de Mesopotamia, idioma no relacionado con ningún tronco lingüístico conocido. Los hititas
utilizaron el sistema cuneiforme de escritura adoptado de los babilonios, aunque también
emplearon un sistema de jeroglíficos para inscribir un idioma muy relacionado con el hitita,
probablemente un dialecto luvita. Aunque los jeroglíficos se utilizaron durante el periodo del
imperio, la mayoría de las inscripciones pertenecen al periodo posterior a su caída. La
literatura de los hititas estaba muy desarrollada, según muestran los documentos históricos
y las narraciones.

Organización y éxitos

El rey hitita actuaba como sumo sacerdote, jefe militar y juez principal de la tierra. Durante
el Antiguo Reino era asesorado por el pankus, consejo asesor de nobles, que posteriormente
desapareció. El reino estaba administrado por gobernadores provinciales que actuaban
como sustitutos del rey. Los territorios situados fuera del reino, estaban frecuentemente
gobernados como reinos vasallos estableciendo tratados formales con sus gobernantes.

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Los éxitos más relevantes de la civilización hitita se encuentran en el campo de la legislación
y de la administración de justicia. Los códigos civiles de los hititas revelan una gran
influencia babilónica, aunque su administración de justicia es mucho más severa que la de
los babilonios. Los hititas rara vez recurrían a la pena de muerte o a la mutilación corporal,
características de otras civilizaciones del antiguo Oriente Próximo. Además, la justicia hitita
se basaba fundamentalmente en el principio de restitución en lugar del de retribución o
venganza. La pena por robo, por ejemplo, era la devolución del objeto robado y el pago de
una recompensa adicional; la restitución en especie fue gradualmente sustituida por el pago
en dinero.

La economía hitita se basaba en la agricultura. Los principales cultivos eran el trigo y la


cebada, y los animales fundamentales el ganado vacuno y las ovejas. Los hititas también
tenían reservas de minerales ricos, tales como el cobre, el plomo, la plata y el hierro. Sus
técnicas metalúrgicas eran avanzadas para su época; puede haber sido el primer pueblo en
trabajar el hierro.

Religión, arte y arquitectura

Los hititas veneraban a numerosas deidades locales. Una frase recurrente de los
documentos de Estado es una invocación a los "miles de dioses de Hatti", venerados en Asia
Menor antes y durante el periodo hitita. Los estudiosos han encontrado las influencias
sumeria, babilónica, asiria, hurrita, luvita y otras extranjeras en el panteón hitita.

El santuario rocoso de Yazilikaya, cerca de Bogazköy, contiene una importante serie de


relieves realizados en la roca. Los relieves representan dos largas procesiones de dioses y
diosas aproximándose entre sí. La mayoría de los dioses no han sido identificados, aunque
encabezando los dos lados de la procesión aparecen las deidades hititas más importantes:
el dios tormenta, o dios del tiempo, y la diosa del Sol. Las excavaciones en el santuario
mostraron un templo construido delante de una cámara; la otra cámara más pequeña
parece haber estado dedicada al culto de un rey difunto.

La mitología hitita, como su religión, suponen una combinación de elementos que reflejan la
diversidad de cultos dentro del reino. Son especialmente interesantes algunos poemas
épicos que contienen mitos, originalmente hurritas con motivos babilónicos. Estos mitos
tratan de las distintas y sucesivas generaciones de dioses que rigieron el universo y de un
monstruo que retó al gobierno del último rey de los dioses. Son similares a los mitos griegos
contenidos en la Teogonía (genealogía de los Dioses) del poeta griego Hesíodo y pueden
haber sido sus prototipos. No está claro el modo en que los mitos llegaron a Grecia, pero es
posible que se transmitieran durante el periodo Micénico griego (1400-1200 a. C.). Se sabe

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que los griegos micénicos viajaron al oeste de Anatolia y que comerciaron en la Siria hitita.
Los documentos hititas se refieren a los contactos entre los gobernantes hititas y los del
reino de Ahhiyawa, que algunos estudiosos han identificado con el país de los aqueos. Se
transmitieran o no elementos culturales hititas al extranjero, muchos subsistieron en
Anatolia hasta la llegada de los romanos a Asia Menor en el 190 a. C. Las deidades como la
Gran Madre y el dios tormenta (denominado Júpiter Doliqueno por los romanos) todavía
fueron veneradas en aquella época.

El arte y la arquitectura de los hititas fueron influidos prácticamente por todas las culturas
coetáneas del antiguo Oriente Próximo, y especialmente por Babilonia. Sin embargo, los
hititas alcanzaron cierta independencia de estilo que hace distinto su arte. Los materiales de
los edificios eran normalmente la piedra y el ladrillo, aunque también utilizaron columnas de
madera. Sus abundantes palacios, templos y fortificaciones se adornaron a menudo con
relieves estilizados e intrincados, tallados en muros, puertas y entradas.

LOS PERSAS

El Irán es una meseta de Asia, vecina a la Mesopotamia que fue testigo de importantes
sucesos históricos. Esta meseta, que ocupa dos millones de kilómetros cuadrados, limita:

Al Oeste: valles del Tigris y el Eufrates (de los que los separan los montes Zagros);
Al Este: valle del río Indo;
Al Norte: mar Caspio y el Turquestán;
Al Sur: golfo Pérsico y océano Índico.

El corazón de su territorio es una zona desértica, rodeada de altas montañas La tierras


fértiles, aptas para el cultivo y la ganadería, se encuentran en las laderas y los valles de
estas montañas. En la actualidad, la región está ocupada por los Estados del Irán,
Afganistán y Pakistán.

En la antigüedad, fue el sitio elegido por dos pueblos para instalarse y desarrollar su
civilización: los medos y los persas.

Estos pueblos pertenecían a la familia lingüística de los indoeuropeos o arios integrada


también por los hititas, los mitanios, los casitas. los jonios, los eolios y los aqueos entre
otros. Al comparar las características de sus lenguas, se supuso que formaban un pueblo
que alguna vez estuvo unido. No se puede precisar su lugar de origen: pudo haber sido el
Norte de Europa (en la región de la actual Polonia), el centro de Asia o las zonas cercanos a
los mares Negro y Caspio. El primer elemento que los hizo poderosos fue la domesticación

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del caballo, que constituía un nuevo e importante recurso bélico. Posteriormente, la
utilización del hierro y los carros de combate los convirtieron en temibles guerreros.

A medida que se fueron expandiendo, se asentaron en diferentes zonas y conformaron


distintos puertos. Los hititas, por ejemplo, se asentaron en Anatolia; Los jonios, los eolios y
los aqueos, en Grecia; los indos, en el valle de los ríos Indo y Ganges. A fines del segundo
milenio a. C. los medos y los persas llegaron a los valles fértiles de Los montes Zagros. Y en
la zona paralela a Asiria se asentaron los medos; y sobre el golfo Pérsico se instalaron los
persas.

Los Medos

Pueblo de pastores arios, al asentarse comenzaron a practicar la agricultura. Su


organización era inicialmente tribal es decir, estaban divididos en tribus que se unían, en
caso de guerra, contra un enemigo común.

En los siglos IX y VIII a. C. fueron sometidos a tributo por Los poderosos vecinos de la
Mesopotamia: los asirios, quienes también dominaron a los persas.

A fines del siglo VIII a. C. los medos organizaron un Estado y sometieron a los persas.
Permanecieron igualmente bajo dominio asirio, hasta que su rey Ciaxares se unió con el rey
Nabopolasar de Babilonia y untos planearon terminar con la dominación asiria. Esta
empresa tuvo éxito.

A su término, Ciaxares y el rey caldeo dividieron los territorios de los asirios; para Los
medos quedó la Alta Mesopotamia y el Irán occidental.

Su hegemonía terminó en el siglo VI a. C., cuando surgió un nuevo poder el de sus


hermanos los persas.

Los persas:

Este pueblo desarrollará una nueva política expansiva que lo convertirá en el dueño del
Cercano Oriente.

En un principio estaban divididos en 10 ó 12 tribus, cuyos jefes tenían el título de rey. Entre
ellos no había acuerdo para unificarse en una sola tribu, por lo que sufrieron la dominación

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meda. Según la tradición, Aquémenes, quien guió a los persas hacia el Sur, fundó la
dinastía de los Aqueménidas, a la cual pertenecerán los grandes reyes posteriores.

Pero fue Ciro quien logró unificar a las distintas tribus en que se dividían los persas, para
posteriormente derrotar a los medos y terminar con su supremacía. Ciro convirtió a la
ciudad de Susa en la capital del nuevo Estado en el 550 a C. y decidió comenzar una política
de conquistas por los territorios vecinos.

Después de imponerse a los medos, se dirigió contra el reino de Lidia. Este reino, ubicado
en las costas del Asia Menor, era famoso por su riqueza y por ser el centro vital de las
comunicaciones, dado que por allí pasaban las rutas del comercio con Grecia.

Ciro también incorporó las ciudades griegas del Asia Menor a sus dominios. Se dirigió luego
contra el Imperio Neobabilónico, que conquistó rápidamente; anexó así la Mesopotamia y
sus dependencias sirias a los dominios persas 1538 a C.). A su muerte, su hijo Cambises
continuó la tarea expansiva, dirigiéndose a Egipto y conquistándolo fácilmente (525 a C.).

Durante su ausencia, el mago Gaumata, representante de la casta sacerdotal, provocó una


revuelta y se apoderó del trono. Cambises intentó volver de Egipto, pero murió
sorpresivamente en el viaje. Darío, esposo de una hija de Ciro, organizó una rebelión de
nobles contra el usurpador del trono, el mago Gaumata, y lo derrotó. Se convirtió entonces
en el nuevo rey de los persas. Será el verdadero organizador del imperio, y con quien éste
llega a su mayor esplendor. Las fronteras alcanzaron entonces su máxima extensión:

Darío conquistó por el Este todos los territorios hasta el valle del río Indo, y por el Oeste,
Tracia y Macedonia. Posteriormente, intentó someter a las ciudades griegas, lo que provocó
la Primera Guerra Médica. Esta campaña fue el único fracaso de Darío 490 a. C. Diez años
después, su hilo Jerges 480 a. C. intentó nuevamente la conquista de Grecia, dando origen
a la Segunda Guerra Médica, pero fracasó al igual que su padre.

El Imperio Persa se sostuvo, de todas formas, 150 años más, hasta que en el 330 a C., fue
incorporada por Alejandro de Macedonia a su imperio. El objetivo primordial de la política
persa fue lograr la hegemonía universal: es decir, la conquista de todos los territorios
conocidos en la época. La superioridad de su ejército se debía a la táctica de asalto con
arqueros a caballo”. Estaba formado por 10.000 guerreros llamados los inmortales” porque
su número no se modificaba a pesar de las bajas, dado que éstas eran inmediatamente
repuestas para mantener la cantidad constante.

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Síntesis de las conquistas

Ciro: Media, Asia Menor (Lidia), Babilonia, Siria y Palestina. Irán hasta la India.
Cambises: Egipto y expediciones por los alrededores (Etiopía, Libia)
Darío: Territorio hasta el valle del Indo, Tracia y Macedonia (por el oeste)

Organización del Imperio Persa: la unidad en la diversidad

El gran imperio de los persas tenía una estructura bien organizada a diferencia de otros
imperios, como el asirio, que basaba su dominio solamente en el terror.

La organización era una necesidad apremiante para el imperio aqueménida. Manejaron con
gran habilidad el mosaico de países de diversas razas, religiones, lenguas, tradiciones y
economías, que formaban su Estado. Generalmente respetaban a la clase dirigente de cada
región, a la que sumaban un aparato administrativo persa controlado desde las grandes
capitales como Pasargada, Persépolis y Susa. Toleraron además las costumbres y
manifestaciones culturales de los pueblos sometidos. Su principal preocupación era el pago
regular del tributo. Dividieron en-ronces el imperio en veinte provincias o satrapías. Cada
una debía entregar anualmente una cantidad determinada de sus productos característicos:
metales, piedras preciosas cereales o ganado.

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Para facilitar las comunicaciones construyeron el gran camino real, que cruzaba todo el
Cercano Oriente desde Anatolia hasta el Irán. En su trozado se colocaron postas y relevos,
en razón de lo extenso de su recorrido.

Los persas eran los únicos eximidos del pago de tributos Desempeñaban los cargos de
mayor jerarquía, tanto en el nivel administrativo como en el militar.

En la cúspide del imperio se encontraba el monarca. El poder del rey era absoluto nada ni
nadie estaba capacitado para competir con su autoridad. Los persas tenían la idea de que el
rey recibía la autoridad de su dios (Ahura-Mazda) del que era el elegido. El monarca además
debía ser modelo de todos los guerreros: montar a caballo tirar del arco y ser el mejor en
los ejercicios físicos. Se lo llamaba gran Rey o Rey de Reyes.

La administración imperial estaba formada por varios funcionarios:

Sátrapas: Eran nobles persas que estaban al frente de una provincia o satrapía.
Representaban en el/a al rey y se consideraban unidos a él por un lazo de fidelidad en la
defensa y la administración de los bienes. Se ocupaban del cobro de tributos, del
mantenimiento de ejércitos permanentes y de moví/izar a la población para cooperar en las
obras públicas. Se los consideraba la máxima autoridad de justicia en los territorios a su
cargo.

Secretarios: Cumplían funciones de asesores reales del sátrapa. Los nombraba


directamente el rey. Entre sus responsabilidades se encontraba la de fiscalizar al
gobernador de la provincia.

Inspectores: Formaban un cuerpo de auditores que controlaban los intereses del


rey, vigilando a los sátrapas. Se los llamaba los ojos y oídos del rey porque le informaban
todo lo que pasaba en el imperio y sí se cumplían sus órdenes. Sí las circunstancias lo
exigían, podían destituir al sátrapa.

En síntesis: La política imperial seguida por los persas trató de conciliar la unidad en a
diversidad, respetando por un lado los regionalismos en cultura y costumbres, e imponiendo
por el otro una centralización en el pago de tributos y la prestación de servicios militares,
elementos decisivos para su supervivencia.

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Economía: el sostén del coloso

Como vimos, la organización económica del caloso “Imperio Persa” era tributaria. Todas ¡as
provincias estaban sujetas al pago de impuestos, ya sea en especie o en lingotes de metales
preciosos, de acuerdo con sus producciones. Egipto enviaba trigo; la región de Media,
ganado (ovejas, mulas); la satrapía del Indo, perros de caza y arenas auríferas. Otros
pueblos, aunque no integraban el imperio, también mandaban obsequios; por ejemplo,
Etiopía enviaba oro, maderas de ébano y colmillos de elefantes.

La unidad política y administrativa que impusieron facilitó los intercambios. Los mercados
tenían mayor seguridad y mejores sistemas de comunicación para su tarea. Esto implicó un
gran desarrollo del comercio, que se vio favorecido además por una nueva costumbre: la
utilización de la moneda. Concebida como una pieza metálica acuñada, fue útil para facilitar
los intercambios y como medida común para el precio de os objetos. Su invento es atribuido
a los lidios, que formaron un Estado en las costas del Asia Menor por donde pasaba un
importante tráfico comercial.

Los persas, al incorporar el reino lidio a su imperio, tomaron la costumbre monetaria y la


impusieron en todo su Estado. Es decir generalizaron el uso de la moneda en todo el
Cercano Oriente. De esta forma realizaron un gran aporte para el desarrollo comercial; las
dificultades que producía el trueque para el intercambio de mercaderías disminuyeron y las
transacciones cobraron mayor agilidad y rapidez. Darío I acuñó monedas de oro, los
dóricos. Posteriormente también se acuñaron monedas de plata.

La sociedad

La sociedad estaba dividida en diferentes jerarquías, de acuerdo con sus privilegios y


ocupaciones.

La clase superior estaba formada por los nobles. Dentro de ella eran muy importantes los
sacerdotes y los magos. Dirigían el culto y eran consejeros políticos de los reyes o de los
gobernadores de provincias. También podían administrar justicia, basándose en la ley del
talión. Entre los nobles, eran más importantes los que pertenecían a la familia aqueménida.
El rey estaba obligado a elegir esposa entre las mujeres de esa familia. La capa inferior de
la sociedad la formaban los comerciantes, los artesanos y los campesinos.

Para la decoración se utilizaban ladrillos esmaltados de variados colores, que combinados


conformaban frisos. Se representaban, en relieve, desfiles de soldados, figuras de animales

55
y escenas de pagos de tributos. En cuanto a la arquitectura funeraria, se concibieron
sepulturas y monumentos más sencillos que los egipcios. Algunos de ellos se crearon
mediante excavación de las laderas rocosas de las montañas. En su interior se hallaban sólo
un vestíbulo y una sala sin pinturas ni esculturas.

Aspecto religioso: “Así hablaba Zaratustra”

A diferencia de otros imperios, los persas fueron tolerantes con las religiones de los
dominados. En ningún lugar impusieron por la fuerza su religión o sus dioses. Esto no se
debe a su habilidad política, sino a su concepción religiosa. Esta se encuentra reunida en el
Avesro, libro sagrado que recoge las enseñanzas del predicador Zoroastro o Zaratustra.

Zoroastro fue el fundador de la religión llamada zoroastrismo o mazdeísmo. Según la


leyenda, éste recibió revelaciones del gran dios Ahura Mazda, dios supremo, inmaterial,
creador del universo.

Según Zoroastro, existían dos espíritus en pugna: el del bien, al servicio de Ahura Mazda, y
el del mal, que lo combate. El espíritu del bien, llamado Ormuz, representaba la vida, la
verdad, la justicia. Era el mundo del gran dios, con la luz y la felicidad. El espíritu del mal
representaba la muerte, la mentira. Era el mundo de las miedos, dirigido por Arimán.

El hombre también participa de esa lucha, de acuerdo con su buen o su mal


comportamiento. Si de acuerdo con el espíritu del bien, es premiado en a vida ultraterrena.
Esta religión con ciertas características monoteístas de un dios supremo fue aceptada
sobretodo por las capas dirigentes del imperio. Si bien la mayor parte de la población
mantuvo a Ahura - Mazda en un lugar superior, lo rodeaban de otras divinidades inferiores,
personificadas por las fuerzas naturales.

Como vemos, esta religión tuvo un marcado contenido moral: el hombre puede y debe
optar entre el bien o el mal. El hombre debe trabajar, colaborar con la comunidad, tener
muchos hijos fomentar una tranquila convivencia social y respetar las costumbres de los
otros. El culto era esencialmente el cumplimiento de esos deberes, complementados con la
veneración del fuego. Zoroastro condenaba las ofrendas y los sacrificios sangrientos,
aunque los magos los practicaban igualmente.

La religión mazdeísta se mantuvo como religión nacional hasta el siglo VII d.C., en el que
Irán fue conquistado por los musulmanes y éstos impusieron su religión, el Islam. En lo

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actualidad esta práctica religiosa se conserva en la zona de Bombay, en la India, gracias a
los mazdeístas que huyeron de la persecución musulmana.

Un arte para la monarquía

No podemos afirmar que existió un arte persa propiamente dicho. En realidad, la producción
artística fue una conjunción de elementos pertenecientes a las diferentes culturas
sometidas. Por ejemplo, de los egipcios tomaron la construcción de hipogeos; de la
Mesopotamia, la utilización del ladrillo, las figuras de toros alados y la costumbre de erigir
palacios sobre plataformas elevadas; de Grecia, la armonía y La esbeltez de ciertos
elementos constructivos.

Ejemplo del Arte Persa

En razón de las características de la religión aqueménida, no se construyeron templos


dedicados al culto de su dios, ni se lo materializaba en relieves o esculturas. Por este
motivo, el arte de los iranios estuvo dedicado exclusivamente a la monarquía.

Arquitectura: Los persas se dedicaron fundamentalmente a la construcción de palacios de


características monumentales. Los más importantes fueron los de Susa y Persépolis.

Entre los diversos locales que conformaban estas magníficas construcciones, el más
importante era la Sala de Audiencias. Allí se encontraba el trono del rey y era el lugar donde
éste se presentaba en público. Los muros de estos edificios eran de ladrillos, combinados
con elementos de piedra tallada (marcos de puertas y ventanas, columnas). Las columnas,
que sostenían las techumbres, eran de gran altura, de forma acanalada, y en su extremo
superior se encontraban los capiteles formados por dos cabezas de toros labradas en piedra,
donde se apoyaban las vigas.

Los persas utilizaron los bajorrelieves a la manera mesopotámica. Se dedicaban al rey


inscripciones monumentales, talladas en ¡as paredes de las montañas, donde se relataban
los éxitos militares. También se esculpían ¡as fachadas de ¡as tumbas dedicadas a los reyes,
asemejándolas a los frentes de los palacios

Su Legado

Política: La idea de un imperio universal, objetivo recreado por muchos pueblos en el curso
de la historia de la humanidad.

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Economía: Generalización del uso de la moneda en las transacciones comerciales.

Vida Intelectual: La idea de la lucha entre le bien y el mal y la libertad de la elección del
hombre para elegir entre ambos.

Ética: Tolerancia con los pueblos vencidos.

LOS FENICIOS

"Fenicia está situada en la parte occidental del Asia Anterior, junto al Mediterráneo,
comprendida entre las regiones de Siria, al norte, y Palestina, al sur. Su territorio
corresponde, aproximadamente, al país que hoy se llama república del Líbano, y es
incomparablemente menor que el de Mesopotamia o de Egipto."

Fenicia es una faja de tierra, de un ancho promedio de 40 km., que dispone de 200 km. de
costa, desde el monte Carmelo hasta el golfo de Alejandreta; a sus flancos se hallan el mar
Mediterráneo, hacia el poniente, y el desierto de Libia, hacia el oriente.

De norte a sur la atraviesan dos cadenas paralelas de montañas: el Líbano y el Anti Líbano,
en cuyas laderas crecían abundantes bosques de cedros, que proporcionaban a los fenicios
la madera necesaria para construir sus barcos y lanzarse a la conquista del mar.

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El macizo del Líbano desprende ramificaciones transversales de menor altura, que dividen al
país en pequeños valles fertilizados por los riachuelos que desde las alturas bajan
torrentósamente hacia el Mediterráneo. Si bien la costa es abrupta y poco hospitalaria, las
bocas de los valles y algunos islotes próximos al litoral permitieron el establecimiento de
buenos puertos, como Tiro, Sidón, Biblos y Arad.

Las reducidas tierras fértiles daban con facilidad vid, olivo y cereales, pero la producción
resultaba insuficiente para satisfacer las necesidades de la creciente población. Los fenicios
se vieron así en la necesidad de buscar en el mar nuevos medios de subsistencia,
dedicándose primero a la pesca y, más tarde, a la navegación.

Como Fenicia era tan abrupta, la navegación vinculó a las ciudades fenicias, que hallaron en
las aguas una ruta más fácil y rápida para comunicarse entre sí que la de los ásperos
senderos de los valles. La navegación costanera fue complementándose con la navegación
en mar abierto, y los fenicios cruzaron el Mediterráneo, en todas direcciones, comerciando
en todas sus riberas y transmitiendo a las poblaciones bárbaras de sus costas las industrias
y las ideas de los pueblos orientales.

Los fenicios se convirtieron así en los grandes navegantes de la antigüedad, y propagaron


por el Mediterráneo la civilización de los pueblos del Cercano Oriente.

ORIGEN, CULTURA Y EVOLUCIÓN DE FENICIA.

Diversos contingentes de semitas empezaron a establecerse en aquella pequeña región, en


época muy remota (posiblemente el milenio III a. C.) Pero estas tribus semíticas, cuya
unión formó el pueblo fenicio, sufrieron la poderosa influencia de los grandes estados
vecinos, Babilonia y Egipto, quienes sucesivamente asentaron su dominación en Fenicia.

Los babilonios, desde el tiempo de Hamurabi, convirtieron a Fenicia en un ala de su imperio.


Luego, los egipcios hicieron lo mismo, en tiempos de los faraones Thutmoses III y Ramsés
II. Pero más tarde, hacia el 1200 a. C., los fenicios lograron emanciparse de Egipto, y desde
entonces vivieron independientes por más de 400 años, hasta que los subyugaron los
asirios, pueblo conquistador y guerrero que dominó todo el Cercano Oriente.

La cultura fenicia, por esto, fue una fusión de la egipcia y babilónica. El interés histórico de
los fenicios no radica, pues, en la originalidad de su cultura, ni en su importancia política o
guerrera, dada la pequeñez territorial de Fenicia y su escasa intervención en las luchas de
los grandes imperios.

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El mérito de los fenicios consiste en el maravilloso impulso que dieron a la navegación
mediterránea, en el desarrollo comercial e industrial que alcanzaron sus ciudades y en el
talento que demostraron para adaptar a sus necesidades algunos elementos de las culturas
egipcia y babilónica, tales como la escritura, a la que simplificaron creando el primer
alfabeto.

Mientras vivieron independientes, los fenicios no tuvieron unidad política: se agruparon en


pequeñas ciudades, libres y soberanas, que luchaban, a veces, por la hegemonía.

Biblos tuvo mucha importancia económica en tiempos de la dominación egipcia. Luego la


sucedió Sidón, cuyos barcos acapararon el comercio del Mediterráneo oriental. Finalmente,
Tiro, a partir del 1100 a. C., se convirtió en la gran metrópoli económica del mundo antiguo.

Los fenicios tubieron un importante desarrollo de la estética a través del arte. Desarrollaron
importantemente la cerámica creando vasijas y recipientes con varios colores. Crearon
interesantes esculturas en representación, principalmente de divinidades y figuras
femeninas. Destacados también fueron sus mosaicos y su arte de la creación de joyas entre
las que se encuentran collares, pendientes, pectorales y otros objetos de metales preciosos.
Participaron en el desarrollo del arte de las máscaras, y, también, crearon recipientes que
cumplieron, a la vez, las funciones estética y utilitaria.

LA COLONIZACIÓN FENICIA.

"La carencia de metales, la estrechez del territorio y la proximidad al mar de la región


fenicia fueron los elementos que incitaron a los fenicios a dedicarse a la navegación y al
comercio marítimo."

Los tirios fueron los descubridores y navegantes del Mediterráneo occidental. Alejados del
Egeo por la fuerza creciente de los griegos, dirigieron sus navíos hacia las costas del oeste.
Recorrieron todo el litoral del África del norte, España, sur de Italia y las islas occidentales
(Sicilia, Malta, Córcega, Cerdeña y Baleares).

Los tirios no se contentaron con realizar un comercio de tránsito con estas tierras, como los
sidonios en el Egeo, sino que se establecieron en algunos parajes estratégicos, donde
fundaron factorías y ciudades. En el país de Tharsis, actual Andalucía, establecieron la
ciudad de Gades (Cádiz) y conquistaron los territorios circundantes, muy ricos en minerales,
especialmente en plata. En la costa de Africa, frente a la isla de Sicilia, en una posición

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maravillosamente estratégica, porque desde allí se dominan las rutas que comunican el
Mediterráneo oriental con el occidental, fundaron la ciudad de Cartago (814 a. C.).

Los marinos fenicios atravesaron también el estrecho de Gibraltar y exploraron las costas
africanas y europeas del océano Atlántico. Aunque no se poseen datos ciertos sobre sus
viajes oceánicos, parece que por el lado sur llegaron hasta las islas Canarias, y por el norte
alcanzaron las islas Casitérides (Sorlingas), próximas a la costa de Inglaterra, en las que
abundaba el estaño.

Todos estos viajes beneficiaron extraordinariamente a la ciudad de Tiro. De las numerosas


factorías mediterráneas afluían a sus puertos el oro, la plata, el estaño y el plomo, que
luego sus obreros transformaban en armas y objetos de lujo.

Pero este formidable desarrollo comercial e industrial de Tiro se paralizó como consecuencia
de las guerras que precedieron la formación del imperio asirio. En el siglo VII a. C., la rica
ciudad fenicia debió reconocer el poder de los asirios y pagarles tributos.

La importancia histórica del pequeño pueblo fenicio radica, precisamente, en haber


descubierto y colonizado ese mundo marítimo. Los fenicios no conquistaron ni se anexaron
tierras: se contentaron con crear bases y puntos de apoyo en las costas, respetando la
independencia de los nativos.

EL COMERCIO FENICIO.

El comercio marítimo fue la principal actividad de los fenicios, pues durante más de tres
siglos ejercieron un absoluto monopolio mercantil, en el mundo mediterráneo. Su negocio
consistía en trocar con los nativos de las regiones de occidente los productos de la industria
fenicia, estatuillas, peines, espejos de metal, telas y baratijas, por las riquezas naturales de
cada región.

Así los marinos de Tiro traían de España, plata, hierro, plomo y estaño; del norte de Europa,
ámbar; de Sicilia e Italia, cereales y lana; del África, marfil, oro y plumas de avestruz. De
todos esos puntos traían igualmente otra mercancía muy cotizada en Oriente: los esclavos.

Los gobernadores locales vendían sus prisioneros de guerra como esclavos a los fenicios,
pero a veces éstos conseguían la preciada mercadería humana sin pagarla: atraían a los
naturales del país exhibiendo en la playa hermosas armas, tejidos, joyas y perfumes y, si la
ocasión se presentaba, raptaban a los niños y mujeres.

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A la par del comercio marítimo, los fenicios realizaron también un activo intercambio por
tierra con los países del Asia occidental. Las caravanas fenicias, valiéndose de los camellos,
a los que se llamaba "naves del desierto", cruzaban las arenas como los barcos el mar, y
desde Arabia a Mesopotamia repartían por todo el Cercano Oriente los variados productos
de la industria fenicia.

LA INDUSTRIA DESARROLLADA POR LOS FENICIOS.

Además de comerciantes, los fenicios fueron grandes industriales. Explotaron tres


principales industrias: la de los metales, la del vidrio y la del teñido.

Los metales fueron trabajados con maestría, y los talleres de Tiro produjeron
abundantemente armas de bronce y de hierro, joyas de plata y de oro, vasos, adornos y
utensilios variados de bronce o de cobre. En la fabricación del vidrio superaron a los
egipcios, obteniendo vidrio transparente. Mientras se hallaba todavía en estado líquido, lo
mezclaban con óxidos metálicos, para lograr combinaciones de distintos colores.

Pero el desarrollo de la industria de los metales y del vidrio no logró engendrar un arte
fenicio original. Comerciantes antes que artistas, sólo se preocuparon de poder ofrecer a sus
clientes, a bajo precio, imitaciones de estatuitas, joyas, vasos y adornos de toda especie
usados en, Egipto y en Mesopotamia.

El teñido de los tejidos de lana fue, quizá, la industria más importante de Fenicia. Extraían
la materia colorante de un caracol marino, el múrex. Este animal segrega un líquido
amarillento que al contacto con el aire y la luz adquiere un color violáceo. Los fenicios lo
emplearon para teñir sus telas y adquirieron gran habilidad para realizar este trabajo.
Mediante procedimientos hoy desconocidos, consiguieron obtener distintos tonos de color:
rosa, lila y violeta sombrío. Éste fue el famoso color púrpura, empleado en las más ricas
telas, que se vendían a nobles y reyes.

EL PRINCIPAL APORTE FENICIO: DESARROLLO DE LA NAVEGACIÓN.

Los barcos fenicios eran de dos especies: de guerra, con la proa recta y terminada por un
espolón a ras de agua; y de comercio, con la proa y popa levantadas en curva. Ambos eran
manejados por una doble fila de remeros ubicados en puentes superpuestos, y ambos
tenían, además, un mástil central cruzado por una verga triangular, en la que se desplegaba
una vela de forma cuadrada. Los fenicios practicaban la navegación a vela, pero sólo

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recurrían a ella cuando el viento les era enteramente favorable, pues no sabían aprovechar,
como se hizo después, la fuerza del viento cualquiera que fuese la dirección en que éste
soplase.

Los fenicios ignoraban el uso de la brújula, y para orientarse observaban la posición de las
estrellas. Además, como sus naves eran de pequeño tonelaje, no se atrevían a navegar mar
adentro, y preferían seguir siempre la línea de la costa. Por lo general, sólo navegaban de
día; llegada la noche abrigaban sus naves en alguna bahía protectora. En caso necesario las
varaban en tierra, pero también empleaban pesadas piedras a modo de ancla. La provisión
de comestibles y de agua, imposible de transportar en gran cantidad en el reducido espacio
de sus barcos, la iban renovando en las distintas factorías de la costa, estratégicamente
dispuestas a no más de dos jornadas una de otra.

Eran muchas, pues, las dificultades que debían vencer los marinos fenicios. Sin embargo,
exploraron con sus barcos todas las costas del Mediterráneo y se internaron en las aguas
del Atlántico. Lo que significaba tal recorrido para aquella época se podrá apreciar
debidamente si se tiene en cuenta que un barco fenicio, con tiempo favorable, recorría 100
km por jornada y debía emplear, por lo tanto, más de un mes y medio para cruzar el
Mediterráneo desde Tiro hasta Gades.

LA INVENCIÓN DEL ALFABETO.

El alfabeto fenicio supone, ante todo, una adaptación del ugarítico al procedimiento egipcio
de escritura (tinta sobre soporte flexible, como papiro o piel). Esta fundamentación del
signario en la representación de las consonantes posibilitó la democratización de la
escritura, al reducir a una treintena la cantidad de signos precisa para poder escribir
cualquier cosa. La adición de vocales por los griegos completó tan largo proceso, al que no
es ajeno el ojo humano: éste no lee en un "continuum" perfecto, sino a pequeños saltos,
abarcando porciones completas y discontinuas de texto.

El llamado alfabeto fenicio -que tiene su origen en el de Ugarit- invirtió el sentido usual de
la escritura, procediendo de derecha a izquierda. Este modo de escribir pasó a las escrituras
árabe y hebrea, que lo mantienen.

La más antigua escritura fenicia fue la cuneiforme, adoptada como consecuencia del
predominio que Babilonia ejerció desde fines del milenio -III sobre toda la región de Siria.
Luego, cuando los faraones tebanos extendieron su dominación hasta el Éufrates, los
fenicios sustituyeron las tabletas de arcilla por el papiro, y adoptaron la escritura egipcia.

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Pero su espíritu práctico los impulsé a simplificar los caracteres jeroglíficos y a reducir su
número.

Los numerosos signos egipcios, de valor silábico, fueron reemplazados por 22 letras que
representaron sonidos elementales de la voz humana, con cuya combinación podía
escribirse cualquier palabra. Éste fue el primer alfabeto, cuyo uso se generalizó en Fenicia
durante la época de la supremacía de Tiro (probablemente hacia el 1000 a. C.). Sus
ventajas fueron inmensas, pues gracias a él se popularizó la escritura, que pudo aprenderse
con facilidad y utilizarse con rapidez.

El alfabeto fenicio fue asirhilado y mejorado luego por los griegos. Transmitido por éstos a
los pueblos occidentales, todavía se utiliza, con pequeñas modificaciones. Para facilitar la
enseñanza de las 22 letras que componían el alfabeto, los fenicios las agruparon en un
orden invariable y le dieron a cada una un nombre. A la primera (A) la llamaron Aleph
(Buey), porque esta palabra comenzaba con la letra A. A la segunda (B) la llamaron Beth
(casa), porque en esta palabra la letra B figuraba como inicial, y así sucesivamente. De
aleph y beth derivan los nombres de las primeras letras, griegas de las que derivó la
palabra alfabeto.

SINTESIS

Fenicia es una de las más importantes y representativas civilizaciones de la antigüedad.


Importante ya que su contribución al intercambio cultural del mediterráneo es decisiva; y
representativa porque no sólo colaboró con la evolución humana a través del desarrollo del
alfabeto y la navegación sino también hizo un importantísima aporte al conglomerar las
características y los avances de las culturas que se desarrollaron en su contemporaneidad.

Los fenicios se convirtieron en los grandes navegantes de la antigüedad, y propagaron por


el Mediterráneo la civilización de los pueblos del Cercano Oriente. Los marinos fenicios
atravesaron también el estrecho de Gibraltar y exploraron las costas africanas y europeas
del océano Atlántico. A la par del comercio marítimo, los fenicios realizaron también un
activo intercambio por tierra con los países del Asia occidental. Además de comerciantes, los
fenicios fueron grandes industriales. Su principal aporte en este aspecto fue el vidrio;
también construyeron barcos y evolucionaron en la navegación.

Los fenicios también desarrollaron variadas formas artísticas, uno de los primeros alfabetos
y la utilización de la moneda como medio de intercambio comercial.

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En síntesis, podemos afirmar que los fenicios hicieron variados aportes a la civilización
humana. Sus contribuciones se observan desde la religión y el arte hasta el desarrollo
económico, pasando por la industria, la navegación y las letras.

LOS HEBREOS (Israelitas)

Hacia mediados del milenio seguido a de C., en una época de incesantes movimientos de
pueblos, ciertos grupos semitas, originarlos del desierto arábigo, llegaron al Eufrates medio.
Cerca del 1350 a.C. avanzaron hacia el oeste en dirección a Palestina. En el siglo XII a C.
formaron reinos en zonas cercanas al mar Mediterráneo, Entre estos grupos semitas se
destacaron los fenicios y los hebreos. Aunque con características propias, ambos pueblos, al
ser vecinos de civilizaciones tan importantes como las de Mesopotamia y Egipto, recibieron
muchos elementos culturales de estas regiones.

Costumbres, artes, ideas, posaron de


un lugar a otro y de un pueblo al otro.
Sufrieron también el impacto de
circunstancias externas amenazantes,
pero lograron desarrollarse sin
excesivos sobresaltos ante de la
formación de los grandes imperios
asirio, neobabilonico y persa.

Los hebreos: “el pueblo de Yahvé” se


asentaron en la zona de palestina, al
sur de Fenicia. Esta zona está
delimitada:
al Oeste: por el mar Mediterráneo;
al Este: por el río Jordán y el mar
Muerto;
al Norte: parlas montañas del Líbano;
al Sur: por la península del Sinaí.

Es un territorio menos fértil que Egipto


y Mesopotamia, pero presenta llanuras
aptas para el pastoreo y el cultivo, por
lo que será codiciado por los vecinos
del desierto. También pondrán sus ojos

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allí poderosos reinos por estar en una posición estratégica, lugar o punto de contacto,
adonde llegaban caravanas de diferentes lugares. Esta región se llamo primitivamente el
país del Canaán debido a que sus primitivos pobladores fueron los cananeos pueblo también
de origen semita, que se asentó allí hacia el 3000 a.C. Posteriormente llegaron tribus de
origen ario, los filisteos quienes denominaron a la zona “Philístina”, nombre del cual derivó
la palabra Palestina y los hebreos, singular pueblo, que no formó un poderoso Estado o un
imperio, pero que sorteando avatares mantuvo su vigencia hasta la actualidad. Es el único
pueblo de la antigüedad que sobrevivió hasta hoy gracias a los lazos de unión que originó su
religión.

Evolución histórica y política

Antecedentes del pueblo hebreo. Los patriarcas: Los antiguos hebreos partieron
originariamente desde Arabia y llegaron a la Mesopotamia. Estaban organizados en
pequeños grupos familiares o “clanes”, dirigidos por el más anciano de sus miembros, al
que llamaban ‘patriarca’, quien además administraba justicia, dirigía los actos de guerra y
realizaba tareas de sacerdote.

Según la tradición, uno de estos patriarcas, Abraham, fue elegido por su dios, Yahvé o
Jehová, para sellar un “pacto de alianza”: Yahvé le ordenó dirigirse a Cannán, tierra que
prometió a él y a sus sucesores, si cumplían con sus designios.

Abraham entonces obedeció, se puso en marcho con su clan y se estableció en Palestina.


Con su nieto, Jacob Israel, los hebreos comenzaron a llamarse a sí mismos “hijos de Israel”
o israelitas” nombre que significa los que son fuertes con Dios”.

Muchos hebreos emigraron a Egipto cuando ese país estaba en poder de los hicsos. AL
provocar la dinastía XVIII tebana La expulsión de los hicsos de Egipto, se generó un clima
de fervor nacionalista. Cambió la situación de los hebreos asentados allí, fueron perseguidos
y tratados prácticamente como esclavos. Surgió entonces entre Los hebreos la figura de
Moisés, quien convenció a su pueblo para huir de Egipto y dirigirse hacia “la tierra
prometida”.

Se inició así el éxodo de los hebreos. Según la Biblia, Moisés recibió al cruzar la península
del Sinaí, en una revelación de Jehová, “las leyes” para el gobierno de la comunidad,
conocidas como el Decálogo o las Tablas de los Diez Mandamientos. Aquí la alianza de Dios
y Abraham se renovó: Yahvé protegería a los hebreos en su camino a la nueva patria y el
pueblo se comprometía a reconocerlo como único dios y cumplir con las “leyes”. El símbolo

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de este acuerdo era el Arco de la Alianza que contenía las Tablas. Al llegar a Palestina,
Moisés murió a la vista de “la tierra prometida”. Esta fue conquistada por Josué, su sucesor.
En el curso del siglo XII a C. los hebreos tuvieron algunos enfrentamientos con los
cananeos.

En cuanto a la organización política continuaron por mucho tiempo divididos en 12 tribus,


sin conformar un solo Estado. El vínculo primordial entre ellos era el religioso. En momentos
difíciles cuando eran atacados por enemigos, las tribus aceptaban eventualmente a un único
jefe, llamado juez. Este era casi siempre un caudillo que unía a varias tribus bajo su
autoridad durante el tiempo que durara el peligro. Entre ellos se destacaron Gedeon,
Sanson y Samuel.

Creación del Estado hebreo: Los reyes

Rey Salomón A fines del siglo Xl a. C estas uniones temporales frente al peligro se
transformaron en una unión permanente con la creación del reino de Israel. Los hebreos
organizaron un solo Estados nació la monarquía. Era una circunstancia propicia para ello. En
el plano internacional era una época de florecimiento de pequeños reinos independientes los
grandes imperios antiguos habían decaído y todavía no había surgido el temible poder de los
asirios. En el plano interno, era un buen momento para unirse y derrotar a los filisteos con
quienes se disputaban la zona. El primer rey de los hebreos fue Saúl. Su sucesor David
conquisto Jerusalén (antigua ciudad cananea/ y la convirtió en la capital del reino.
Posteriormente sometió a los filisteos y extendió los dominios de Israel hasta el mar Rolo.
Los hebreos consideraron a esta época como la más feliz. Su hilo y sucesor Salomón
alcanzo fama por darle prestigio e importancia al cumplimiento de la justicia. También
intensificó el comercio aprovechando que el territorio estaba ubicado en un cruce de rutas
comerciales. Fue una época prospero. Saloman, incluso, organizo una flota para comerciar
por el mar Rojo. Parte de las riquezas se aplicaron a la construcción del palacio y del templo
de Yahvé en Jerusalén.

El cisma. Los dos reinos

A la muerte de Salomón cerca de 926 a C. se desencadenó una fuerte rivalidad entre las 12
tribus que conformaban el pueblo hebreo lo que determino la división del reino en dos
estados diferentes:

a) Las diez tribus del Norte formaron el reino de Israel más vasto y más fuerte, con capital
en Samaria;

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b) Las dos tribus del Sur formaron el reino de Judá con capital en Jerusalén.

Como consecuencia de este cisma o esta división hubo una decadencia económica y
religiosa. Económica porque ya no tuvieron el monopolio de las rutas de la región, y
religiosa porque comenzaron a adorar, sobre todo en el reino del Norte, a otros dioses y
asimilaron también costumbres religiosas de otros pueblos como los cananeos. Como
reacción ante esta situación surgieron los profetas, en defensa de la doctrina de Jehová.
Según la Sagrada Escritura profeta es aquel que habla por Dios y como intérprete de Dios.

El exilio. La pérdida de la independencia política

La división y las luchas internas provocaron debilidad en los dos reinos justo en el momento
en que resurgían nuevamente poderosos imperios en el Cercano Oriente. Por lo tanto se
vieron imposibilitados de mantener su independencia En eL 722 a. C. los asirios invadieron
el reino de Israel y lo conquistaron, en el 587 a. C., Judá cayó en poder del imperio
neobabilónico de Nabucodonosor II, quien transportó a los israelitas cautivos a Babilonia.

El cautiverio en Babilonia señala la decadencia de la organización política de los hebreos.


Como contrapartida constituirá un periodo de elevación religiosa. Los judíos se mantendrán
unidos por sus tradiciones yahvistas. En esta época surgieron con nuevo vigor los profetas,
que reavivaron la fe de los israelitas. Entre ellos, Ezequiel y Daniel anunciaban que tras el
sufrimiento vendría la recompensa con la llegada del Mesías, el “Hijo de Dios” que los
libertaría.

El retorno a Palestina. La comunidad religiosa

Cuando Ciro el Grande rey de los persas conquistó el imperio neobabilonico en el 539 a. C.
autorizó a los hebreos retornar a Palestina. Si bien los persas les permitieron reorganizarse
como comunidad religiosa, de acuerdo con su política de respeto a las creencias de los
sometidos a su poder les prohibieron erigirse, en cambio como un Estado político
independiente. De esa forma sufrieron distintas dominaciones: de la persa pasaran a la
griega y luego a la romana.

La diáspora

En el año 70 d.C. los romanos destruyeron a Jerusalén y expulsaron a los israelitas, quienes
se disgregaron por todo el Mediterráneo. Comenzó así “la diáspora” es decir la dispersión de

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los judíos por el mundo. La historia de los hebreos en Palestina había terminado por el
momento, ella dejaría de ser su patria por mucho tiempo Pero la comunidad hebrea
sobrevivirá manteniendo intactas sus creencias y costumbres, gracias a su fe y a la alianza
con su Dios, Yahvé.

Economía:

Establecidos en Palestina, los hebreos se dedicaron a la agricultura y a la ganadería. Los


cultivos característicos fueron el olivo y la vid, aunque también obtuvieron legumbres como
habas. El pastoreo de ovejas, asnos, bueyes, cabras, caballos y camellos acompañaba la
actividad agrícola. También trabajaron la cerámica y confeccionaron numerosos tejidos de
lana y lino. Pero su más importante actividad económica fue el comercio: esto se debió a
que su lugar de asentamiento, Palestina, era una tierra puente; por ejemplo, un lugar de
tránsito de mercaderes entre Mesopotamia y Egipto.

Los hebreos: exportaban: aceite y vino; importaban: metales (cobre de Chipre, hierro de
Anatolia, oro de Arabia), marfil y especias.

La sociedad La sociedad israelita estaba íntimamente relacionada con su religión. El núcleo


de la sociedad hebrea era la familia. Esta era patriarcal. El padre representaba la máxima
autoridad. Existían también los esclavos, que se obtenían por compra o por ser prisioneros
de guerra; no se los trataba con crueldad

Letras y artes

La religión dominó todos los aspectos de la cultura hebrea. La prohibición de representar a


la divinidad desalentó la creatividad en escultura y pintura. Como contrapartida, la religión
estimuló el desarrollo de la literatura: el esfuerzo de generaciones para la redacción y la
transmisión de los textos, las creencias y tradiciones religiosas. El resultado fue la Biblia. La
palabra “Biblia” deriva del griego (Biblia libros, e indica el libro por excelencia. También se
denomino Sagradas Escrituras: “Sagradas” porque se creen inspiradas en Dios y contienen
la revelación de éste a los hombres, y “Escrituras” porque su origen es variado, de distintas
épocas y diferentes autores.

Estos escritos redactados por los hebreos constituyen el Antiguo Testamento o Biblia
hebrea. En ellos se habla de la historia, las costumbres, las creencias, los pensamientos
éticos y morales del pueblo israelita. Posteriormente, los cristianos le anexaron el Nuevo
Testamento, donde aparece la llegada de Cristo, su vida y los orígenes del cristianismo.

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El núcleo original de la Biblia fue el Pentateuco, conjunto de los cinco primeros libros del
Antiguo Testamento: el Génesis, el Éxodo, el Levítico, los Números y el Deuteronomio. El
Génesis relata la creación del mundo, los orígenes del pueblo hebreo con Abraham hasta el
establecimiento en Egipto. El resto de los libros se refieren, entre otros temas, a Moisés,
comentan la huida de Egipto, el peregrinar por el desierto y la llegada a la tierra prometida.
Los llamados Escritos Históricos de Josué, Jueces, Samuel, Reyes y Crónicas narran los
hechos históricos desde el asentamiento en Palestina, relatan la actuación de los jueces, la
formación del Estado, los momentos salientes de cada monarquía.

Los Escritos Proféticos comentan la división del reino en Israel y Judá, y su caída en manos
de opresores extranjeros. Contienen los presagios de los profetas que anuncian el castigo y
la resurrección de las ruinas.

Los Escritos Poéticos contienen salmos o himnos para ser cantados y plegarias.

Los Escritos Sapienciales reúnen consejos de sabiduría y preceptos de carácter moral. La


música también fue cultivada por los hebreos. Samuel fundó una escuela de músicos.
Durante los gobiernos de David y Salomón, este arte llegó a su esplendor considerándose
una profesión de gran prestigio.

La religión: un monoteísmo ético

La religión, razón misma de ser del pueblo hebreo, tuvo como característica principal el
monoteísmo. Israel tiene un solo dios: Yahvé o Jehová. Esta es la primera gran diferencia
con el resto de las religiones del Cercano Oriente, que eran politeístas. Su dios es justo,
sumamente bueno y clemente. No puede ser representado, es inmaterial. No toma por esto
características antropomórficas ni se identifica con las fuerzas de la naturaleza, como los
dioses de otras religiones de la antigüedad. El hombre queda con respecto a Jehová en una
posición inferior. Dios lo hizo a su imagen, inmortal, pero ha pecado, por ello ha sido
condenado al trabajo y a la muerte. Concepto inverso al de las religiones mesopotámicas,
donde el hombre nace mortal. El anuncio de la llegada de un Mesías en las épocas de crisis
es otra particularidad de la religión hebrea. Vislumbro un futuro feliz, en donde el bien y la
justicia reinen en la Tierra.

De esta forma, el mesianismo señala un punto de transición a la predicación cristiana. La


religión de los israelitas tuvo también un matiz moral o ético. Yahvé le exige a su pueblo el
cumplimiento de una moralidad. Dicto, en primer lugar, Las obligaciones del creyente para

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con su dios (“ser el único dios”, “no representarlo”), y luego, las obligaciones de los
hombres entre sí “no cometer asesinato ni adulterio” “honrar al padre y a la madre”,
etcétera).

Por último, debemos citar una característica primordial de la religión hebrea: el profundo
vínculo de Dios con la historia de su pueblo. En otras religiones, el accionar de los dioses se
realizaba fuera de los tiempos históricos. En la religión de los hebreos, Dios está presente
en la historia de su pueblo y les manifiesta o les revela a sus creyentes el modo correcto de
actuar. Se comunica con ellos a través de sus elegidos como Abraham y Moisés, por
intermedio de los cuales los guía” en el transcurso de la historia.

En síntesis: La religión hebrea, monoteísmo de contenido moral y profundo vínculo con la


historia de su pueblo,- fue la primera religión “sin fronteras”, lo que la convirtió en vínculo
permanente entre sus creyentes y en razón de ser para su supervivencia como pueblo.

Su Legado: La primera fe monoteísta, origen de las tres grandes religiones actuales:


cristianismo, judaísmo e islamismo. Su fe religiosa se encuentra en la Torah (la Ley) que no
es más que el Antiguo Testamento de los Cristianos o primera parte de la Biblia.-

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