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Juan Antonio Nicolas Maria José Frapolli (Editores) TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX edi0s vu JUAN ANTONIO NICOLAS MARIA JOSE FRAPOLLI (Editores) TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX Traduccion de textos inéditos por N. SMILG, J. RODRIGUEZ, _ M. J. FRAPOLLI y J. A. NICOLAS Impresién de cubierta Grificas Molina Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra esta protegido por la Ley, que establece penas de prisién y/o multas, ademas de las correspondientes indemnizaciones por daiios y perjuicios para quienes reprodujeren, plagiaren, distribuyeren 0 comunicaren piblicamente, en todo 0 en parte, una obra litera- tia, artistica o cientifica, o su transformacidn, interpretacién 0 ejecucién artistica fijada en cualquier tipo de soporte o comuni- cada a través de cualquier medio, sin la preceptiva autorizacién. © EDITORIAL TECNOS, 8.A., 1997 Juan Ignacio Luca de Tena, 15 - 28027 Madrid ISBN; 84-309-3072-8 Depésito Legal: M- 3632 997 Printed in Spain. Impreso en Espafia por Rigorma. Poligono Alparrache, 28600 Navalcarnero (Madrid) NDICE PRESENTACION: TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX Pag. I. TEOR{AS PRAGMATICAS DE LA VERDAD ...... W. JaMESs Concepcion dé la verdad segiin el pragmatismo (1906) .. I, ELLAeURIA, La realidad histérica como objeto de la filosofia (1981) .S. HAdck, El interés: por la verdad: qué significa, por qué importa (1995) IL TEORIAS DE LA CORRESPONDENCIA 0.0.00. q A) TEORIAS SEMANTICAS + A. FARSKI, La concepcidn semdntica de ta verdad y los fimda- mentos de la seméntica (1944) seovetntntisteststnsiiiesiee S. Kripke, Esbozo de una teoria de la verdad (1975) D. DAVIDSON, Estructura y contenido de ta verdad (1990) B) TEORIAS NO SEMANTICAS....... R. CarNar, Observaciones sobre la induccién y la verdad (1946) J. LyAustin, Ferdad (1950) . an «AL SCHAFF, ¢Oué entendemos por averdad? (1971) . II. TEORIAS PRO-ORACIONALES o...esseeesssceee EP. Ramsey, La naturaleza de la verdad (1927) +P. FE Strawsgon, lerdad (1950) C.J. W. WanuiaMs, La teoria pro-oracional de la verdad (1992) IV, TEORIAS FENOMENOLOGICAS .. E, Husgeri, EV ideal de la adecuacion. Evidencia y verdad (1901) J. ORTEGA. Y Gasset, 24 gué Hamamos verdad? (1915) +P. RicoEYR, Verdad vy mentira (1951) “ X. Zupiri, La realidad en la inteleccién sentiente; la ve lad | real (1980). Vv, TEORIAS HERME! M. Heibeccer, De la esencia de la verdad (1943) K. Jaspers, De fa verdad (1947)... —- H. G. Gapamer, {Qué es la verdad? (1957) +M. Foueaunr, Verdad y poder (1977) san. « |. Simon, Lenguaje y verdad (1987) 7 FUTICAS DE LA VERDAD o...cececssee 63 65 65 109 14s 207 207 225 243 263 265 281 309 RIG 397 399 419 431 4454 461 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX Vi. TEORIAS COHERENCIALES C. HemprL, La teoria de la verdad de los positivistas logicos (1935) »N. Rescuer, Ferdad como coherencia ideal W985)... teres L. B. PuntEL, Problemas y tareas de una teoria explicativo-defini- cional de a verdad (1987) VIL. TEORIAS INTERSUBJETIVISTAS DE LA VERDAD K. Lorenz, Ef concepto dialégico de verdad (1972) wasccrsseee . J HABERMAS, Teorias de la verdad (1973)... os feces K. O. Api, ¢Husserl, Tarski o Peirce? Por una teoria semidtico-tras- cendental de la verdad como consenso (1995) "BIBLIOGRAFIA iNDICES AUTORES ences sciststreeneensaesen MATERIAS vente se NOMBRES .ssessee sotntnpsnsestetneseseotneaees 479 481 495 509 527 $29 $43 597 617 619 623 625 PRESENTACION TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX EI final de siglo es un momento oportuno para hacer balance de cuanto ha ocurrido a lo largo del mismo. Dos tareas han atravesado toda la filosofia de la Ultima centuria. La primera puede sintetizarse en el lema husserliano «a las cosas mismas». Husserl planted la necesidad de «recuperar la realidad» en cuanto objeto e instancia prioritaria de la reflexién filosdfica. Tras los idealismos, que culminan con Hegel, se percibe a comienzos de siglo la urgencia de volverse hacia lo real, en las diversas caras bajo las que ello se presenta. El programa marcado por Husserl se ha de- sarrollado a lo largo de todo el siglo xx, bien bajo la orientacion fenomenolégica, bien bajo la éptica de la transformacién de la feno- menologia que ha sido la hermenéutica. Asi, tenemos intentos mas 0 menos explicitos de ejecutar este programa, que van desde los exis- tencialismos y los personalismos, que pretenden «mostrar» la reali- dad humana al desnudo, hasta el marxismo, que se esfuerza en poner de manifiesto el caracter determinante de la realidad social, 0 la noo- logia de Zubiri, que parte del hecho de que «en la re: idad estamos ya», o los pragmatismos, que ponen la eficacia en la praxis como criterio Wtimo de evaluacién del pensamiento y de la accién, o el ra- cio-vitalismo de Ortega, que encuentra la realidad Ultima en la «vida», como categoria que unifica todo mundo individual. La segunda tarea que ha desarrollado masivamente la filosofia del siglo xx ha consistido en desentrafiar el profundo significado que el Jenguaje tiene en la configuracién de la propia reflexion filosdfica y de sus productos (concepcién del mundo, autocomprensién hu- mana, reconstruccién de la historia, determinacién del saber, etc.). Siguiendo el impulso dado, entre otros, por Wittgenstein, el analisis del lenguaje se ha convertido en uno de los ejes de la filosofia en nuestro siglo. El lugar preeminente del fendmeno lingilistico ha adoptado diferentes figuras y objetivos: desde la busqueda de un len- guaje ideal como yehiculo de la ciencia unificada (Neopositivismo, 19] 10 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX Racionalismo Critico), hasta el andlisis del lenguaje corriente, que entiende la actividad lingiiistica como una de las actividades huma- nas guiadas por reglas (Filosofias del lenguaje ordinario, Pragmatica universal del lenguaje), pasando por la comprensién de la actividad filoséfica como interpretacién de textos (ciertas Hermenéuticas), o como desentrafiamiento de los presupuestos, tanto l6gicos como on- tolégicos, del uso del lenguaje en la accién comunicativa (Pragma- tica trascendental del lenguaje), etc. Esta doble orientacién ha tenido su reflejo en el tema de la ver- dad. Durante el siglo xx se ha desarrollado una amplisima reflexion sobre esta cuestion. Las aportaciones han sido tan variadas como la corrientes filoséficas que han ido cobrando vigencia sucesiva 0 si- multaneamente. Bien es verdad que no todas las propuestas acerca de la verdad han tenido el mismo grado de elaboracién ni la misma influencia. Algunas de cllas ni siquiera han constituido propiamente una ¢eoria de la verdad en sentido estricto. El tema de la verdad constituye el foco en el que confluyen la mayor parte de los elementos integrantes de la Filosofia del conoci- miento. Todo saber tedrico esta orientado a la consecucién de cono- cimientos verdaderos. La Filosofia del conocimiento pretende deter- minar los elementos que constituyen el conocimiento, la relacién entre ellos y su alcance, las posibilidades de fundamentacion del co- nocimiento, comenzando por una justificacién de su misma posibili- dad, etc. cualquier caso, la verdad es un tema central de la refle- xin gnoseoldgica y, con ello, de toda filosofia El tratamiento del tema de la verdad se inicia en nuestra tradi- cién probablemente a la vez que la reflexidn racional. Los comien- zos de la Filosofia occidental pueden interpretarse en esta clave. Las primeras preguntas de los pensadores milesios fueron acerca de qué son verdaderamente las cosas (cl mundo, lo real), cual es la verdad de lo que se nos presenta, dado que no es lo que en principio parece. Se abre, pues, la Filosofia con una cuestién ontoldgica y gnoseolé- gica simultineamente, aunque es el aspecto ontoldgico el determi- nante de esta reflexion en los primeros siglos de su desarrollo, En este tramo inicial de la Filosofia se configura una concepcidn de la verdad cuya influencia ha aleanzado, cuando menos, desde Parméni- des hasta Heidegger. Todas las épocas se han ocupado de manera significativa del tema de la verdad, en conexién con el contexto cultural y filoséfico de cada momento, La concepcidn de la verdad se ha ido decantando en un sentido, en el que el surgimiento del modelo galileano-newto- PRESENTACION at niano de ciencia ha tenido una incidencia muy significativa. Tal vez por ser el modo de conocimiento mas potente creado en nuestra tra- dicién, ha configurado un determinado tipo de concepeidn de la ver- dad, predominante en muchos ambitos filoséficos, cientificos y practicos de nuestras sociedades actuales. En el complejo panorama que presenta el siglo xx en sus refle- xiones sobre la verdad, es posible detectar, segtin se ha sefialado en diversos contextos, al menos tres raices que nuestra tradicion ha ido incorporando histéricamente a la concepcidn de la verdad. Por eso, si examinamos nuestra experiencia respecto a lo que consideramos verdadero, podemos encontrar: primero, que Hamamos verdadero a aquello que esta realmente presente, al contraponerlo.a lo imaginario o ilusorio. Surge aqui la raiz griega de la experiencia de la verdad (aletheia), como lo que esta patente. Es la dimension que conecta lo verdadero con lo que es, con lo real. En segundo lugar, también consideramos algo como verdadero cuando es fiable, cuando se puede confiar en ello, Es la dimension que la verdad tiene de autenticidad. Lista puede entenderse de dos modos: o bien, como confianza en las cosas, o bien como confianza en las personas. En cuanto se confia en la autenticidad de las cosas, se enlaza con la raiz latina (veritas), que viene a expresar justamente aquello que es digno de crédito, lo que merece confianza, y por tanto, resulta firme y seguro, es auténtico. Pero la confianza puede entenderse también referida a personas. Aquel en quien se puede confiar muestra un rasgo de verdad, en cuanto autenticidad. La con- fianza adquiere el matiz de fidelidad, y ello a su vez genera también seguridad, firmeza. Alguien en quien se puede confiar es alguien fir- memente fiel a sus amigos, a su tarea como intelectual, a sus creen- cias, a sus compromisos, etc. Esta es la dimensién de la verdad puesta de manifiesto en la tradicién hebrea (emunah). Por ultimo, se habla de verdad cuando algo coincide con lo que las cosas son. Aqui «verdadero» tiene también un sentido de segur dad, de firmeza, pero surgida metodolégicamente del ajuste con la realidad de las cosas. Se trata pues de una representacion adecuada, de un decir correctamente lo que es. En cierto modo se produce una «juridificacién» o «metodologizacién» de la comprensién de la yer- dad. He aqui la dimension de la adecuaci6n, correccion, correspon- dencia (orthotes, adecuatio), presente en la mayor parte de las con- cepciones de la verdad. Cada una de estas dimensiones ha sido puesta en cuestidn por al- guna concepcion de la verdad. Pero a su vez, todas ellas siguen la- 12 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX tentes, de un modo u otro, en la experiencia, tanto individual como colectiva y tanto sincrénica como histérica de las sociedades arraiga- das en nuestra tradicion. Algunas influyentes propuestas del panorama filos6fico actual han partido de la tesis de que el lugar propio (y en ocasiones exclu- sivo) de la verdad es el lenguaje. Pero no todas las corrientes filoso- ficas han compartido esta tesis, al no considera >| lenguaje como el Ambito prioritario o exclusivo en el que tiene lugar la verdad. Plantea- mientos como los existencialismos, algunas fenomenologias, el perso- nalismo, ciertos pragmatismos, etc., anteponen otras instancias (la vida, la historia, la experiencia del conocimiento intepersonal, lo s real, etc.) al nivel lingiiistico de la comprensién de la verdad. Una teo- tia de Ia verdad habria de contar, pues, tanto con una dimensidn se- mantica, como con una dimension pragmatica en su desc ipcion del hecho de la verdad, En el limite, hay incluso concepciones de la ver- dad que explicitamente se oponen al logicismo presente en la tesis que liga verdad y lenguaje. Tal puede ser el caso de Nietzsche, pa quien el lenguaje, entendido argumentativamente, supone precisa- mente una distorsién de la verdad. La alternativa es Ja corporalidad, como hilo conductor para el descubrimiento de la verdad. Esto im- plica una «ldgica de los sentidos», mas bien que una légica de la ra- zon. II La importancia de la reflexion sobre la verdad se desprende de sus implicaciones para la Filosofia del conocimiento, la Metafisica, la Ontologia, 1a Filosofia del lenguaje, la Filosofia de la Logica, la Filosofia de Ja Ciencia, la Etica y la Filosofia Politica. De ahi que to- das las grandes corrientes que en la actualidad abordan los proble- mas cientificos y sociales del conocimiento, desde la perspectiva de la reflexion tedrico-practica, hayan encontrado un polo de confluen- cia en la elaboracién y discusién de teorias de la verdad. Cuando la reflexién sobre el hecho problemitico de la verdad se istematiza, se constituye una Teoria de la verdad. Los elementos que componen tal teoria sistematica son muy diversos: concepto de verdad, criterios de verdad, tipos de verdad, lugar de la teor' de la verdad en el conjunto de la filosofia del conocimiento, clasificacién de las teorias de la verdad, fuentes del conocimiento verdadero, nive- les de la verdad, etc. Cada uno de estos capitulos ha dado lugar a su vez. a multiples problemas, discusiones, y alternativas. Asi, p.c., se ha PRESENTACION 13 distinguido entre teorias definicionales 0 teorias criteriolégicas de la verdad, se ha considerado a la verdad desde la perspectiva tedrica y desde la perspectiva tedrico-practica, se han desarrollado teorias 16- gico-semanticas y pragmaticas de la verdad al hilo de las dimensio- nes del lenguaje, se han elaborado miltiples clasificaciones de las teorias de la verdad, se han considerado como criterios de verdad desde la evidencia hasta la praxis historica, etc. En ninguna de estas discusiones podemos detenernos aqui. No todos los filésofos que han reflexionado sobre la verdad se han ocupado de todos y cada uno de los aspectos que constituyen una teoria de la verdad. Han sido muy pocos los que han desarro- lado sistematica, coherente e innovadoramente tal teorfa. Esto puede decirse tanto del siglo xx como de etapas anteriores de la reflexion filoséfica. En la obra Teortas de fa verdad en el siglo XX se han recogido las aportaciones, sean puntuales sean sistematicas, de los filsofos que desde diversas perspectivas han escrito sobre el tema en ese periodo. Los criterios formales utilizados para seleccionar los textos han sido dos: pluralidad y relevancia. En unos casos ha primado uno, y en ocasiones el otro. Naturalmente, los textos seleccionados resultan ineludibles en unos casos, y mas discutibles en otros. Hemos querido que estuvieran tanto los textos «clasicos» sobre el tema en el siglo xx, como las mas recientes aportaciones. Se ha atendido a la mayor parte de las corrientes filos6ficas en cuyo seno se ha reflexionado sobre la verdad, aunque algunas hayan tenido bastante mas influen- cia que otras. Aqui se revela también una dimensién de esta obra, que hemos querido mantener conscientemente: se trata de presentar un pano- rama que recupere aportaciones perdidas o semi-olvidadas, con Ja in- tencion de ampliar lo mas posible los horizontes de los problemas y de las propuestas de solucion. Existe el peligro de reducir lo que his- toricamente se ha dado a lo que en un contexto u otro se destaca como relevante con vistas a un cierto objetivo. Trabajos de recopila- cion como los de G. Pitcher (1964), G. Skirbekk (1977), o L. B. Pun- tel (1987), pueden producir este efecto indeseado. Sin duda las apor- taciones ahi resaltadas han sido y siguen siendo decisivas, tanto en amplitud y diversidad como en intensidad, dinamismo y profundi- dad. Su parcialidad responde de modo coherente a los fines marca- dos, puesto que no han pretendido dibujar un panorama completo. Pero nuestro trabajo pretende ir mas alld, y salvar dicho peligro. Conviene ampliar al maximo el escenario de las discusiones, por tres 14 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX razones. En primer lugar, por una cuestién de justicia histérica; uno de los objetivos es aproximarse (conscientes de que toda eleccién su- pone siempre exclusiones) a todo lo que realmente ha sucedido en el Ultimo siglo, fundamentalmente en las tradiciones anglosajona, ale- mana, francesa ¢ hispano-latinoamericana. En segundo lugar, para evitar que poco a poco la perspectiva se vaya cerrando y los debates yayan cayendo en disputas intraescolasticas que acaban siendo poco productivas. En tercer lugar, porque reunir y reeditar estos textos ha de contribuir a proponer puntos de vista alternativos, quizé poco ex- plorados, o a sugerir nuevas lineas de investigacién El conjunto obtenido creemos que presenta un panorama sufi- cientemente amplio y ajustado de lo que ha sido este aspecto capital de la reflexién filos6fica. No es probable que hayan quedado fuera en su totalidad planteamientos relevantes. El resultado se presenta clasificado en siete grupos distintos de Teorias de la verdad. Se tr: de una clasificacién convencional y suficientemente acreditada en los estudios al respecto, aunque ello no la convierte en indiscutible. 3sta decisidn esté en consonancia con el caracter de la pr cuyo objetivo no es la d las distintas teorias de la verdad, y la consiguiente elucidacién de los critcrios pertinentes para la misma, sino el de ofrecer reunidos y or- denados una serie de textos relevantes, algunos de ellos inéditos en tcllano, otros ya inaccesibles, y en conjunto, dispersos. Siendo asi, se han seleccionado finalmente veintisicte ensayos de diferentes autores y de diferentes planteamientos. Han habido limita- ciones que han influido en el resultado final, derivadas principal- mente de que ni el espacio ni el tiempo disponibles son infinitos. No es posible explicar en este contexto la posicién de cada uno de los autores seleccionados, Por ello, nos limitamos aqui a’ enumerar los autores, junto con algunos otros de planteamientos cercanos, pero que finalmente han quedado excluidos. Las diversas teorias se han agrupado segtin el rasgo mas caracteristico que las constituye. Dado gue ninguna teoria consta de un solo aspecto, hay ciertas teorias que segtin la caracteristica que se subraye de ellas, podrian ser in- cluidas en un grupo u otro, Asimismo, hay teorias que teniendo as- pectos comunes han quedado encuadradas en grupos diferentes. También ocurre que entre las teorias agrupadas en torno a una tesis basica existen divergencias muy notables. La aclaraci6n sistematica de estas dificultades requeriria un espacio no disponible en este contexto, 6. PRESENTACION 15 Teorias pragmaticas de la verdad: — Teoria pragmatico-funcionalista: W. James. Teoria pragmatico-semidtica: Ch. S. Peirce. — Teoria ético-pragmatica: S. Haack. — Teoria hermenéutico-relativista: R. Rorty. — Teoria histérico-practica: I. Ellacu Teorias de la correspondencia: a) Teorias semanticas: — Teoria l6gico-semantica: A. Tarski. Teoria semAntico-formal: E. Tugendhat. — Teoria semantico-fundamental: P. Hinst. Teoria semantica del realismo interno: H. Putnam. — Teoria semantico-naturalista: W. v. O. Quine. — Teoria semantico-esencialista: S. Kripke. — Verdad como primitivo semantico: D. Davidson. b) Teorias no semanticas: Teoria de las condiciones de la correlacién: J. L. Austin. — Teorfas logico-empiricas: B. Russell y L. Wittgens- tein, R. Carnap. - Teorias dialéctico-materialist M. Horkheimer Teorias pro-oracionales: . — FP. Ramsey, P. F, Strawson, D. Grover, C. J. F. Williams. Teorias fenomenologicas: a) Teoria evidencial: E. Husserl, F. Brentano. b) Teoria perspectivista: J. Ortega y Gasset. c) Teoria metaforica: P. Ricoeur. d) Teoria de la verdad real: X. Zubiri Teorias hermenéuticas de la verda a) Teoria hermenéutico-ontolégica: M. Heidegger. b) Teoria existencialista: K. Jaspers. _ c) Teoria lingitistico-historica: H.-G. Gadamer. d) Teoria hermenéutico-practica: M. Foucault. e) Teoria hermenéutico-lingiiistica: J. Simon. Teorias coherenciales: a) Teoria logico-empirica: O. Neurath y C. Hempel. b) Teoria criteriolégica: N. Rescher. c) Teoria coherencial-sistematica: L. B. Puntel Teorias intersubjetivistas: a) Teoria consensual: K. O. Apel y J. Habermas. b) Teoria dialégica: K. Lorenz, P. Lorenzen-W. Kamlah. K. Marx, A. Schaff, 16 THORIAS DE LA VERDAD £1] L SIGLO XX Los textos de los autores mas representativos de cada una de estas corrientes 0 tendencias se han seleccionado del siguiente modo: 1) Teorias pragmdticas de la verdad. Desarrolladas principal- mente en la segunda mitad del siglo xix y principios del siglo xx Los autores mds aos del pragmatismo «clasico» ameri- cano son J. Stuart Mill, James y Ch. S. Peirce. En la actualidad son representantes del pr: eatin R. Rorty y S. Haack, aunque en- tre ellos haya discrepancias muy considerables. También representan posturas pragmaticas en cuanto a la concepcién de la verdad K. O. Apel y J. Habermas, en la medida en que se centran en el uso del lenguaje en el hecho de la accién comunicativa. Pero hemos prefe- tido destacar de estos planteamientos su rasgo de intersubjetividad en cuanto constitutivo de la racionalidad. Por ello han constituido un grupo especifico, Se ha incluido en este apartado a I. Ellacuria, cuyo planteamiento difiere considerablemente de los anteriores, pero considera la praxis histérica como el auténtico criterio de ver- dad. Se han seleccionado los ensayos Concepcion de la verdad gun el pragmatismo, de W. James (1906), «La realidad histérica como objeto de la filosofia», de I. Ellacuria (1981), y «La preocu- pacion por la verdad: qué significa, por qué importa», de S. Haack (1995). 2) Teorias de la correspondencia. Son sin duda las que mayor fuerza y vigencia histérica han tenido. Tan es asi, que la concepcién prototipica de la correspondencia se ha conyertido en la referencia respecto a la cual se definen otras concepciones alternativas de la verdad, sean pragmiaticas, coherentistas o hermenéuticas. La amplia y dilatada discusién de las teorfas de la correspondencia ha dado lu- gar a gran multitud de variantes. Las desarrolladas durante nuestro siglo se han clasificado, para simplificar, en dos tipos 4) Teorias seménticas de la verdad. Representa toda una linea de desarrollo de reflexién sobre el tema. Su mds neto representante es A. Tarski. Posteriormente otros autores han desarrollado sus teo- rias ateniéndose a Ja idea basica de la propuesta tarskiana. Tal es el caso de la teoria semantico-formal de E. Tugendhat, la teoria seman- tico-fundamental de P. Hinst, la teoria semantica del realismo interno de H. Putnam, la teoria semantico-esencialista de $, Kripke y la teo- ria semantico-naturalista de W. v. O. Quine. Se han seleccionado los trabajos siguientes: «La concepcién semantica de la verdad y los PRESENTACION 17 fundamentos de la semantica» de A. Tarski (1944); «Esbozo de una icorfa de la verdad» de S. Kripke (1975); y «Estructura y contenido de la verdad» de D. Davidson (1990). b) Teorias no seménticas de la verdad. Dentro del plantea- miento de la correspontlencia, pero no en el marco de las teorias se- manticas, se puede incluir la propuesta de J. Austin, Se ha seleccio- nado su trabajo «Verdad» (1950), a propdsito del cual sostiene una fuerte polémica con P. F. Strawson. Hay también otras concepciones que siendo teorias de la corres- pondencia, no son teorfas semanticas. Asi, encontramos varios gru- pos: — Teorias logico-empiricas. Se elaboran en el seno del Ato- mismo Légico y el Neopositivismo. Sus representantes mas signifi- cativos son B. Russell, el «primer» Wittgenstein (Tractatus) y R. Carnap. Se ha seleccionado «Observaciones sobre la induccion y la verdad» (1946) de R. Carnap. — Teorias dialéctico-materialistas. Aunque su fundador fue C. Marx, muerto a las puertas del siglo xx, su influjo en nuestro siglo ha sido muy relevante. Ademas de los marxistas ortodoxos, se han desarrollado otras «escuelas» dentro de esta tradicién, que han te- nido un caracter critico. Es de resaltar la Escuela de Frankfurt, la Es: cucla de Budapest, y junto a ellas, otros autores no inscritos en di- chos cireulos, como pueden ser E. Bloch, A. Schaff o J.-P. Sartre. Se ha seleccionado el ensayo de A. Schaff, ;Qué entendemos por ver- dad? (1971). 3) Teorias pro-oracionales. En sentido estricto sdlo son teorias pro-oracionales las de D. Grover y C. J. W. Williams. Proceden en parte de las propuestas de F. P. Ramsey, cuya concepcidn de la ver- dad ha dado lugar también a las llamadas teorias de la redundancia. Hablando con precision, solamente la de A. J. Ayer podria ser deno- minada asi. Tanto la teoria de F, P. Ramsey como la de P. F. Strawson se pueden clasificar, con mas precision, como teorias pro-oraciona- les. Se han seleccionado los trabajos «La naturaleza de la verdad» de F. P. Ramsey (1927/publicado por primera vez en 1991); «Verdad» de P. FE, Strawson (1950) y «La teoria pro-oracional de la verdad» de C.J. W. Williams (1992). 4) Teorias fenomenologicas de la verdad. El gran fundador del movimiento fenomenolégico es E. Husserl. Su mas significativo antecedente y punto de referencia critica fue F. Brentano. Posterior- 18 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX mente la Fenomenologia ha seguido desarrollandose en diversos cam- pos (ética, antropologia, metafisica del conocimiento, etc.). Las con- cepciones fenomenoldgicas de la verdad son tan variadas como el mismo movimiento fenomenoldgico. La mayor parte de ellas estin emparentadas con el movimiento hermenéutico, tan cercano en algu- nos puntos, pero tan distante en otros. Un caso representativo de esta vecindad filos6fica es el de P. Ricoeur. Entre nosotros encontramos las significativas aportaciones en esta linea que representan J. Ortega y X. Zubiri. Se han seleccionado algunos pasajes de las /avestigaciones lo- icas de E. Husserl (1901); «A qué llamamos verdad?» de Ortega y Gasset (1915); «Verdad y mentira» de P. Ricoeur (1951); y «La reali- dad en la inteleccién sentiente: la verdad real» de X. Zubiri (1980). 5) Teorias hermenéuticas de la verdad. El creador fue M. Hei- degger a partir de su critica a la Fenomenologia, y con el importante antecedente de F. Nietzsche. El escrito «Verdad y mentira en sentido extramoral» es pionero en esta linea. El movimiento hermenéutico se ha desarrollado también en lineas muy diversas. Al menos habria que distinguir dos tendencias: hermenéutica no normativa, mas ligada al intento de superacién de la modernidad, y hermenéutica normativa, que intenta aprovechar el impulso critico-ilustrado, pero transfor- mado segtin diversas instancias. Aunque individualmente no todos los casos son claramente clasificables en una u otra direccion, pue- den disti ativamente H.-G. Gadamer, K. Jaspers, M. Foucault, J. Simon, G. Vattimo, R. Rorty, J. Derrida, por un lado; por otro, H. Habermas, K. O. Apel, W. Becker, O. F. Bollnow, etc. Se han seleccionado los trabajos de M. Heidegger, De la esencia de fa ver- dad (1943); «De la verdad» de K. Jaspers (1947); «{Qué es la ver- dad?» de H.-G. Gadamer (1957); «Verdad y poder» de M. Foucault (1977); y «Lenguaje y verdad» de J. Simon (1987). Las obras relati- vas a la Hermenéutica critica se han recogido en el apartado 7, dedi- cado a las Teorias intersubjetivistas de la verdad. 6) Teorias coherentistas de la verdad. Aunque la raiz ultima de todo este planteamiento se encuentra de G. W. F. Hegel, en nuestro siglo se ha desarrollado esta teoria en varias direcciones. Por un lado, Ilegaron a una version de ella, desde el positivismo légico, O. Neurath y C. Hempel. Por otro lado, desde posiciones mas cercanas a la Logica del hegelianismo, aunque también muy transformada, se hallan los planteamientos de N. Rescher y de L, B. Puntel. Se han se- leccionado «La teoria de la verdad de los positivistas logicos» de C. b 9 PRESENTACION 19 Hempel (1935); «Verdad como coherencia ideal» de N. Rescher (1985); y «Problemas y tareas de una teoria explicativo-definicional de la verdad» de L. B. Puntel (1987). 7) Teortas intersubjetivistas de la verdad. Se enmarcan en la (ransformacién dialégica de la racionalidad. Se han desarrollado por un lado la teorfa consensual de la verdad, representada principal- mente por K, O. Apel y J. Habermas; por otro lado la teoria dialdgic de la verdad, representada por la llamada Escuela de Erlangen: K. Lorenz, P. Lorenzen, W. Kamlah, Se han seleccionado de J. Haber- mas, «Teo de la verdad» (1973); «gl lusserl, Tarski 0 Peirce’? Para tna teoria semidtico-trascendental de la verdad como consenso» de K. O, Apel (1995); y «El concepto dialégico de verdad» de K. Lo- renz (1972). Wl El conjunto de la obra Teorias de la verdad en el siglo AX esta di- vidido en cuatro apartado: presentacion, textos seleccionados, bi- bliografia e indices. En la seccién Textos seleccionados, se han reco- pilado veintisiete ensayos, publicados como articulos 0 bien como capitulos de libros. De ellos, trece han sido traducidos por primera vey, a nuestro idioma, Otros tres son ahora mismo Imac sibles por ser ediciones ya agotadas 0 ilocalizables. El resto (once) estan dis- persos en ediciones varias Reunir todo este conjunto facilita el ac- ceso a una problematica filos6ficamente capital. . / Cada uno de los textos cuenta con una ficha inicial en Ja que ° recogen los datos bibliograficos mas relevantes del texto en cuestion: edicién original, reediciones posteriores del texto original, edicién castellana, si la hay, otras ediciones en castellano, cuando es el caso, nombre del traductor (si el original no es ce stellano), otros ensayos del autor sobre el mismo tema, algunos titulos de bibliografia com- plementaria y, a veces, Se afaden algunas observaciones, cuando se considera necesario aclarar alguna circunstancia bibliografica. Siem- pre que ha existido una versi6n castellana del texto, hemos apt ove- chado el trabajo ya realizado, Estos datos resultan Utiles para orien- tarse en la comprensién del texto y de la obra del autor, y facilitan la ampliacién de los conocimientos en caso de estar interesado en allo. Por eso nos parecid conveniente reunir todos esos datos, que suelen figurar dispersos 0 no figurar. 20 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX La Bibliografia la hemos reducido al maximo. Carece de sentido incluir una bibliografia que, por un lado, no podria ser exhaustiva, y por otro, tendria tales dimensiones que engrosaria considerablemente el libro, y no resultaria util, por no diseriminar el valor de los traba- Jos. Como se dice en la nota que encabeza la Bibliogratia, los edito- Tes ponemos a disposicién de quienes estén interesados un ampli- simo listado bibliografico sobre el tema, que cuenta ya con mas de seiscientos titulos. Siendo asi, hemos recogido en la Bibliografia so- lamente aquellos titulos que contienen recopilaciones, ensayos pano- ramicos, ntimeros monograficos, actas de reuniones dedicadas al tema, etc. Como primer nivel de orientacion, junto con la bibliogra- fia complementaria especifica que figura en la ficha de cada uno de los textos recopilados, puede ser suficiente, Finalmente, los /ndices, En una obra de la pluralidad y enverga- dura de la presente, conviene potenciar este aspecto. Por ello se han realizado tres indices: un Indice de autores, en el que figura una bre- visima nota biografica sobre los autores de cada uno de textos selec- cionados, junto con los titulos de sus obr: principales y la fecha de publicacion original. En algunos casos los autores y su produccién filoséfica son ampliamente conocidos, pero en otros casos no es asi. Se ha realizado también un indice de nombres, que puede facilitar la localizacion precisa de los diversos filésofos tratados en los textos seleccionados. Y, por Ultimo, un indice de materias, Util para la orientacién en los temas y problematicas tratados en diver- sos lugare: Un trabajo como el presente requiere especialmente un apartado de agradecimientos. Han sido muchas las personas que han interve- nido de un modo u otro en su elaboracién. En primer lugar, quere- mos agradecer especialmente la colaboracién a todas las editoriales que han dado el permiso para reproducir o traducir los textos cuyos, derechos poseen. Todas figuran en el lugar correspondiente, en la f cha que precede a cada texto, bien en el epigrafe de «Edicién origi- nal», bien en el de «Edicién castellanay cuando la hay. Sin dichos permisos, no hubiera sido posible este trabajo. También hay que dar las gracias a los autores que, en tres casos, nos han proporcionado textos atin inéditos en cualquier idioma, y en otros siete casos, han autorizado personalmente la reproduccién Tgualmente queremos agradecer a nuestros compafieros del Departa- mento de Filosofia de la Universidad de Granada, que han respon- dido amablemente ante nuestros requerimientos. También es de des- tacar en este contexto la ayuda econémica prestada por el Ministerio PRESENTACION . 2 de Educacion, a través de su Direccién General de Ciencia y Tecno- : (DGICYT/PS 95-0238), que ha facilitado la ejecucion de seradacer, finalmente, a la Editorial Tecnos el haber acep- (rabajo. Ay ial Tect lado acoger la presente obra entre sus publicaciones. vio uiil e ine- Js nuestro deseo ofrecer un instrumento de trabajo uti ein a ahora en nuestro idioma, que facilite y estimule la in- en uno de los capitulos mas signi- xistente has en nuestro vestigacion y discusién filos6fica ficativos de nuestra tradicién intelectual. LOS EDITORE [. TEOR{AS PRAGMATICAS DE LA VERDAD WILLIAM JAMES CONCEPCION DE LA VERDAD SEGUN EL PRAGMATISMO (1906) EDICION ORIGINAL: «Pragmatism’s Conception of Truth», en Pragmatism, Lowell Ins- titute Boston, nov.-dic. 1906. ¢ Columbia Uni ity, Nueva York, enero 1907 + Longmans Green & Co., Nueva York-Londres-Toronto, 1949, pp. 197-236. EDICION CASTELLANA! «Coneepeién de la verdad segin el pragmatismo», en Pragma- tismo. Un nuevo nombre para algunos antiguos modos de pen- sar, Aguilar Argentina, 1975, pp. 165-194. + Ediciones Orbis, Barcelona, 1984, pp. 127-149. Reproducimos el texto de esta edicién con autorizacién expresa de la empresa editora, Trapuccion: L. Rodriguez Aranda. OTROS ENSAYOS DEL AUTOR SOBRE EL MISMO TEMA? The Meaning of truth, Londres, 1909 (edicion castellana, El signi- ficado de la verdad, Aguilar, Buenos Aires, 1." edicién, 1957). BIBLIOGRAFLA COMPLEMENTARIA: _ Y, Ben-Menahem, «Pragmatism and Revisionism: Jame’s concep- tion of truth» Int. Journal Phil. Studies, 3/2 (1995), pp. 270-289. — D, Olin (ed.), William James: Pragmatism in Focus, Routledge, Nueva York, 1992. __ M. White, «Pragmatism and the revolt against Formalism: revi- sing some doctrines of Willliam James», en Transaction of the Chailes S. Peirce Society, 26/1 (1990), pp. 1-17. (25] 26 TEORIAS DE LA VERDAD EI EL SIGLO XX Se cuenta que, cuando Clerk-Maxwell era nifio, tenia la mania de pedir que se lo explicasen todo, y si alguien evitaba hacerlo mediante una vaga explicacion del fenémeno, lo interrumpia con impaciencia diciendo: «Si, pero lo que yo necesito que me digas es el porqué de ello». Si su pregunta hubiera versado sobre la verdad, sélo un prag- matista podria haberle respondido adecuadamente. Creo que nues- tros pragmatistas contemporaneos, especialmente Schiller y Dewey, han dado la Unica explicacién atendible sobre el asunto. Es una cues tién delicada, con muchos repliegues sutiles y dificil de tratar en la forma esquematica que es propia de una conferencia publica. Pero el punto de vista de la verdad de Schiller-Dewey ha sido atacado tan fe- rozmente por los filésofos racionalistas, y tan abominablemente mal interpretado, que debe hacerse aqui, si ha de hacerse en algun sitio, una exposicién clara y sencilla Espero que la concepcién pragmatista de la verdad recorrera las etapas clasicas del curso de toda teoria. Como ustedes saben, en pri- mer lugar toda teoria nueva es atacada por absurda; luego se la ad- mite como cierta, aunque innecesaria e insignificante, y finalmente se la considera tan importante que son precisamente sus adversarios quienes pretenden haberla descubierto, Nuestra doctrina de la verdad se encuentra actualmente en el primero de estos tres estadios, con sintomas de haber entrado en ciertos sectores del segundo. Deseo que esta conferencia la conduzca, a ojos de muchos de ustedes, mas alld del estado correspondiente al primer estadio. La verdad, como dicen los diccionarios, es una propiedad de al- gunas de nuestras idea: ignifica adecuacion con la realidad, asi como la falsedad significa inadecuacién con ella. Tanto el pragma- tismo como el intelectualismo aceptan esta definicién, y discuten sdlo cuando surge la cuestion de qué ha de entenderse por los térmi- nos «adecuacion» y «realidad», cuando se juzga a la realidad como algo con lo que hayan de estar de acuerdo nuestras ideas. Al responder a estas cuestiones, los pragmatistas son analiticos y concienzudos, y los intelectualistas son ligeros ¢ irreflexivos, la no- cién mas popular es que una idea verdadera debe copiar su realidad. Como otros puntos de vista populares, éste sigue la analogia de la experiencia mas corriente. Nuestras ideas verdaderas de las cosas sensibles reproducen a éstas, sin duda alguna. Cierren ustedes los ojos y piensen en ese reloj de pared y tendran una verdadera imagen o reproduccion de su esfera, Pero su idea acerca de como «anda» —a menos de que ustedes sean relojeros—- no tlega a ser una reproduc- cin, aunque pase por tal, pues de ningiin modo se enfrenta con la TEORIAS PRAGMATICAS DE LA VERDAD 27 realidad, Aun cuando nos atuviéramos solo a la palabra «andar, ésta tiene su utilidad; y cuando se habla de la funcién del reloj de «mar- car la hora» o de la «clasticidad» de su cuerda, es dificil ver exacta- mente de qué son copias sus ideas. Adviértese que aqui existe un problema. Donde nues Ct pueden reproducir definitivamente a su objeto, que significa la ade- cuacién con este objeto? Algunos idealistas parecen decir que son yerdaderas cuando son lo que Dios entiende que debemos pensar SO- bre este objeto. Otros mantienen integramente la concepeion de la reproduccién y hablan como si nuestras ideas poscyeran la verdad en la medida en que se aproximan a ser copias del eterno modo de pen- sar de lo Absoluto. . Estas concepciones, como veran, invitan a una discusién pragma- lista. Pero la gran suposicién de los intelectualistas es que la verdad significa esencialmente una relacién estatica inerte, Cuando ustedes aleanzan la idea verdadera de algo, llegan al término de la cuestion. Hstén en posesién, conocen, han cumplido ustedes un destino del pensar. Estan donde deberian estar mentalmente: fan obedecido su imperativo categorico y no es necesario Ir mas alld de esta culmina- cién de su destino racional. Epistemolégicamente se encuentran us- icdes en un estado de equilibrio. : El pragmatismo, por otra parte, hace ‘Su pregunta usual, «Admi- lida como cierta una idea o creencia —dice—, {qué diferencia con- a se deducira de ello para la vida real de un individuo? {Como se realizara la verdad? {Qué experiencias seran diferentes de las que se obtendrian si estas creencias fueran falsds ? En resumen, cual es, en \érminos de experiencia, el valor efectivo de la verdad? ». | En el momento en que el pragmatismo pregunta esta cuestion comprende la respuesta: /deas verdaderas son fas que podemos asi- milar, hacer vélidas, corroborar, y verificar; ideas falsas, son las que no. a es la diferencia practica que supone para nosotros tener ideas verdaderas; éste es, por lo tanto, el significado de la verdad, pues ello es todo lo que es conocido de la verdad. Esta es la tesis que tengo que defender. La verdad de una idea no es una propiedad estancada inherente a ella. La verdad acontece a una idea. Llega a ser cierta, se hace cierta por los acontecimientos. Su verdad es, en efecto, un proceso, un suceso, a saber: el proceso de ve- ificarse, su verificacién. Su validez es el proceso de su valid-acion, Pero gcual es el significado pragmatico de las palabras verifica- cién y validacién? Insistimos otra vez en que significan determina- das consecuencias practicas de la idea verificada y validada. Es difi- ideas no cret ri “8 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX cil hallar una fi Form ia cote se aue caracterice estas consecuencias mejor que la ula corriente de la adecuacién, siendo exactamente estas conse- cuencias lo que tenemos en la mente cuando decimos que nuestt as ideas concuerdan con la realidad. Nos guian, mediante los actos 5 las demas ideas que suscitan, a otros sectores de la experiencia con los que sentimos —estando este sentimiento entre nuestras po! ibilida- des ~ que concuerdan las ideas originales, las conexiones y transi- ciones Hlegan @ nosotros punto por punto de modo progresivo armo- nloso y satisfactorio. Esta funcién de orientacién agradable es la ue denominamos verificacién de una idea, Esta explicacion cs en un principio vaga, y parece completamente trivial pero ofrece ‘resulta - dos de los que me ocuparé a continuacion , “ _ Empezaré por recordarles el hecho de que la posesién de pensa- mientos verdaderos significa en todas partes la posesién de uno: inestimables instrumentos de accién, y que nuestro deber para alean. zar la verdad, lejos de ser un mandamiento vacuo del cielo 0 una 4 i- Tueta» impuesta a si mismo por nuestro intelecto. puede ex, dlice re Por excelentes razones practicas, , pass La importancia para la vida humana de poseer creencias verda- deras acerca de hechos, es algo demasiado evidente. Vivimos en un mundo de realidades que pueden ser infinitamente utiles o infinita- mente perjudiciales. Las ideas que nos dicen cuales de éstas pueden ¢sperarse, se consideran como las ideas verdaderas en toda esta es- fera primaria de verificacién y la busqueda de tales ideas constituye un deber primario humano. La posesién de la verdad, lejos de ser aqui un fin en si mismo, es solamente un medio preliminar hacia otras satisfacciones vitales. Si me hallo perdido en un bos ue hambriento, y encuentro una senda de ganado, sera de la mayor in portancia que piense que existe un lugar con seres humanos al final del sendero, pues si lo hago asi y sigo el sendero, salvaré ini vida El pensamiento verdadero, en este caso, es ttil, porque la casa. ue es su objeto, es util. El valor practico de las ideas verdaderas se deriva pues, primariamente de la importancia practica de sus objetos para nosotros. Sus objetos no son, sin duda alguna, importantes en todo momento. otra ocasién puede no tener utilidad alguna la casa para mi, y entonces mi idea de ella, aunque verificable, sera practica- mente inadecuada y convendra que permanezca latente Pero uesto que casi todo objeto puede algin dia llegar a ser temporalmente im- povante, es evidente la ventaja de poseer una reserva general de ver- sostben de ideas que seran verdaderas en situaciones meramente TEORIAS PRAGMATICAS DE LA VERDAD 29 Almacenamos tales verdades en nuestra memoria y con el so- brante Llenamos nuestros libros de consulta, y cuando una de estas ideas extra se hace practicamente adecuada para uno de nuestros ca- sos de necesidad, del frigorifico donde estaba, pasa a actuar en el nuestra creencia en ella se convierte en activa. Se puede de- verdadera mundo y cir de ella que «es util porque es verdadera» o que «es porque es titil». Ambas frases significan exactamente lo mismo, ber: que se trata de una idea que se cumple y que puede verifice «Verdadera» es el nombre para la idea que inicia el proceso de veri- ficacidn: «itil» es el calificativo de su completa funcién en la expe- rienc ; ideas verdaderas nunca se habrian singularizado como tales, nunca habrian adquirido nombre de clase, ni mucho menos un hombre que sugiere un valor, a menos que hubieran sido Utiles desde un principio en este sentido. | De esta circunstancia el pragmatismo obtiene su nocion general de Ja verdad como algo esencialmente ligado con el modo en el que un momento de nuestra experiencia puede conducirnos hacia otros momentos a los que vale la pena de ser conducidos. Primariamente, y en el plano del sentido comin, la verdad de un estado de espiritu significa esta funcién de conducir a lo que vale la pena. Cuando un momento de nuestra experiencia, de cualquier clase que sea, nos ins pira un pensamiento que es verdadero, esto quiere decir que mas pronto o mas tarde nos sumiremos de nuevo, mediante la guia de tal experiencia, en los hechos particulares, estableciendo asi ventajosas conexiones con ellos. Esta es una explicacién bastante vaga, pero es conveniente retenerla porque es esencial. . Entretanto, nuestra experiencia se halla acribillada de regularida- des. Una particula de ella puede ponernos sobre aviso para alcanzar pronto otra y puede «proponerse» 0 ser «s gnificativa de» ese objeto mas remoto. El advenimiento del objeto es la verificacién del signi- ficado. La verdad, en estos casos, no significando sino la verifica- cién eventual, es manifiestamente incompatible con la desobediencia por nuestra parte. ;Ay de aquel cuyas creencias no se ajustan al, or- den que siguen las realidades en su experiencia! No le conduciran a parte alguna o le haran establecer falsas conexiones, Por «realidades» u «objetos» entendemos aqui cosas del sentido comin, sensiblemente presentes, o bien relaciones des entido comin tales como fechas, lugares, distancias, géneros, actividades. Si- euiendo nuestra imagen mental de una casa a lo largo de una senda d obtenemos la verificacion de ganado, legamos ahora a ver la cas plena de la imagen. Tales orientaciones simple y plenamente verifi- 30 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX cadas son, sin duda alguna, los originales y arquetipos en el proces de la verdad. La experiencia ofrece, indudablemente. otras, formas del Proceso de la verdad, pero todas son concebibles como verifica- concn maramente aprehendidas, multiplicadas o sustituidas un: Consideren, por ejemplo, aquel objeto de la pared. Ustedes. como yo, consideran que es un reloj, aunque ninguno de usted ha visto la maquina escondida que le da la condicién de tal. Admitam s que nuestra nocién pasa por cierta sin intentar verificarla, Si las ver- dades significan esencialmente un proceso de verificacion :n0 de beriamos considerar las verdades que no se verifican como aborti, vas? No, pues constituyen el nimero abrumador de verdades c 1 arreglo a las que vivimos. Se aceptan tanto las veri ficaciones dir _ tas como las indirectas. Donde la evidencia circunstancial basta, ‘no hecesitamos testimonio ocular. De la misma forma que asumimos aqui que el Japon existe, sin haber estado nunca en él, porque todo lo que conocemos nos induce a aceptar esta creencia, y nada a recha. zarla, de igual forma asumimos que aquello es un ‘eloj Lo use os como un reloj, al regular la duracién de esta conferenci: por a La verifi acion de esta suposicién significa aqui que no nos tonduce a negacién o contradiccion. La «verificabilidad» de las ruedas, la pe. y el péndulo, vale tanto como la verificacion misma. Por un 0. ceso de verdad que se verifique, existe un millén en nuest as vid 5 en estado de formacién. Nos orientan hacia la verificacién di ccia: nos conducen hacia los alrededores de los objetos con que se onfien. tan; y entonces, si todo se desenvuelve armoniosamente, estamos tan seguros de que la verificacién es posible que la omitimos quedando corrientemente justificada por todo cuanto sucede. : La verdad descansa, en efecto, en su mayor parte sobre su si tema de crédito. Nuestros pensamientos y creencias «pasan» en tanto que no haya nadie que los ponga a prueba, del mismo modo que be 2 un billete de banco en tanto que nadie lo rehtise. Pero todo sto apunta a una verificacién directa en alguna parte inla que la estru . tura de la verdad se derrumba como un sistema financier que va. rece de respaldo econdémico. Ustedes aceptan mi verificacién te una cosa, yo la de otra de ustedes. Comerciamos uno con las verdades del otro, pero las creencias concretamente verificadas por al; x en son los pilares de toda la superestructura. * “ue Otra gran razén —ademés de la economia de tiempo— para re- nunciar a una verificacién completa en los asuntos usuales de la vida, es que todas las cosas existen en géneros y no s ngularmente. ‘TEORIAS PRAGMATICAS DE LA VERDAD 31 Nuestro mundo, de una vez para siempre, hubo de mostrar tal pecu- liavidad. Asi, una vez verificadas directamente nuestr: ide: bre cl cjemplar de un género nos consideramos libres de aplicarlos a otros ejemplares sin verificacion. Una mente que habitualmente dis- cierne el género de una cosa que estd ante ella y acttia inmedia- tamente por la ley del género sin detenerse a verificarla, sera una mente «exacta» en el noventa y nueve por ciento de los casos, pro- bado asi por su conducta que se acomoda a todo lo que encuentra y no sufre refutacion. Los procesos que se verifican indirectamente o solo potencial- mente, pueden, pues, ser tan verdaderos como los procesos plena- mente verificados. Acthan como actua jan los procesos verdaderos. Nos proporcionan las mismas ventajas y solicitan nuestro reconoci miento por las mismas razones. Todo esto en el plano del sentido co- iin de los hechos, que es lo tinico que ahora estamos con iderando. Pero no son los hechos los tinicos articulos de nuestro comercio. Las relaciones entre ideas puramente mentales forman otra esfera donde se obtienen creencias verdaderas y falsas, y aqui las creencias son absolutas o incondicionadas. Cuando son verdaderas llevan el hombre de definiciones o de principios. E definicion o principio 2, que 2 y | sumen 3, eteétera; que lo blanco difiera que de lo negro; que cuando las causas comiencen a actuar, los efectos comiencen también. Tales proposiciones se sostie- nen de todos los «unos» posibles, de todos los «blancos» concebi- bles, y de los «grises» y de Jas «causas». Los objetos aqui son obje- tos mentales. Sus relaciones son perceptivamente obvias a la primera mirada y no es necesaria una verificacion sensorial. Ademas, lo que una vez es verdadero lo es siempre de aquellos mismos objetos men- tales. La verdad aqui posee un cardcter «eterno». Si se halla una cosa concreta en cualquier parte que es «una» 0 «blanca» 0 «gris» 0 un «efecto», entonces los principios indicados se aplicaran eternamente a ellas. Se trata sdlo de cerciorarse del genero y después aplicar la ley de su género al objeto particular. Se tendra la certeza de haber al- canzado la verdad solo con poder nombrar el género adecuadamente, pues las relaciones mentales se aplicaran a todo lo relativo a aquel género sin excepcion. Si entonces, no obstante, se falla en alcanzar la verdad concretamente, podria decirse que se habian clasificado inadecuadamente los objetos reales. En este reino de las relaciones mentales, la verdad es ademas una cuestion de orientacion. Nosotros relacionamos unas ideas abstractas con otras, formando al fin grandes sistemas de verdad logica y mate- que | y | sumen menos de lo gri 32 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX matica bajo cuyos respectivos términos los hechos sensibles de la ex- periencia se ordenan eventualmente entre si, de forma que nuestras verdades eternas se aplican también a las realidade © maridaje entre hecho y teoria es ilimitadamente fecundo. Lo que decimos aqui es ya verdad antes de su verificacién especial si hemos incluido nuestros objetos rectamente. Nuestra armazon ideal libremente cons- truida para toda clase de objetos posibles es determinada por la pro- pia estructura de nuestro pensar. Y asi como no podemos jugar con las experiencias sensibles, mucho menos podemos hacerlo con las relaciones abstractas. Nos obligan y debemos tratarlas en forma con- secuente, nos gusten o no los resultados. Las reglas de la suma se aplican tan rigurosamente a nuestras deudas como a nuestros habe- res. La centésima cifra decimal de «, razén de la circunferencia al didmetro, se halla idealmente predeterminada, aunque nadie la haya computado. Si necesitaramos esa cifa cuando nos ocupamos de un circulo, la necesitariamos tal como es, segtin las reglas usuales, pues es el mismo género de verdad el que esas reglas calculan en todas partes Nuestro espiritu esta asi firmemente encajado entre las limitacio- nes coercitivas del orden sensible y las del orden ideal. Nues' ideas deben conformarse a la realidad, sean tales realidades concre- tas o abstractas, hechos o principios, so pena de inconsistencia y frustracién ilimitadas. Hasta ahora los intelectualistas no tienen por qué protestar, Sola mente pueden decir que hemos tocado la superficie de la cuestidn. Las realidades significan, pues, 0 hechos concretos o géneros ctos de cosas y relaciones intuitivamente percibidas entre ellos. Ademas significan, en tercer término, como cosas que nuestras nue- vas ideas no deben dejar de tener en cuenta, todo el cuerpo de verda- des que ya poseemos. Pero, gqué significa ahora «adecuacién» con estas triples realidades, utilizando de nuevo la definicién corriente? Aqui es donde empiezan a separarse el pragmatismo y el intelec- tualismo. Primariamente, sin duda, «adecuar» significe «copiar, aunque vemos que la palabra «reloj» hace el mismo papel que la re- presentacion mental de su mecanismo y que de muchas realidades nuestras ideas pueden ser solamente simbolos y no copias. «Tiempo pasado», «fuerza», «espontaneidad», ,c6mo podra nuestra mente co- piar tales realidades? En su mas amplio sentido, «adecuar» con una realidad, sdlo puede significar ser guiado ya directamente hacia ella o bien a sus alrededores, o ser colocado en tal active contacto con ella que se la as TEORIAS PRAGMATICAS DE LA VERDAD 33 maneje, a ella o a algo relacionado con ella, mejor que si no estuvié- ramos conformes con ella, Mejor, ya sea en sentido intelectual o practico. Y a menudo adecuacién significara exclusivamente el he- cho negativo de que nada contradictorio del sector de esa realidad habra de interferir el camino por el que nuestras ideas nos conduz- can. Copiar una realidad es, indudablemente, un modo muy impor- tante de estar de acuerdo con ella, pero esta lejos de ser esencial. Lo csencial es el proceso de ser conducido. Cualquier idea que nos ayude a fratar, practica o intelectualmente, Ja realidad 0 sus conexio- nes, que no complique nuestro progreso con fracasos, que se adecue, de hecho, y adapte nuestra vida al marco de la realidad, estara de acuerdo suficientemente como para satisfacer la exigencia. Manten- dra la verdad de aquella realidad. ; Asi, pues, los nombres son tan verdaderos 0 falsos como lo son los cuadros mentales que son. Suscitan procesos de verificacion y conducen a resultados practicos totalmente equivalentes. : Todo pensamiento humano es discursive; cambiamos ideas; pres- tamos y pedimos prestadas verificaciones, obteniéndolas unos de otros por medio de intercambio social. Todas las verdades Ilegan a ser asi construcciones verbales que se almacenan y se hallan disponi- bles para todos. De aqui que debamos hablar consistentemente de igual forma que debemos pensar consistentemente: pues tanto en el lenguaje como en el pensamiento tratamos con géneros. Los nom- bres son arbitrarios, pero una vez entendidos se deben mantener, No debemos lamar Abel a «Cain» o Cain a «Abel», pues si lo hacemos asi nos desligariamos de todo el libro del Génesis y de todas sus conexiones con el Universo del lenguaje y los hechos hasta la actua- lidad. Nos apartariamos de cualquier verdad que pudiera contener ese entero sistema de lenguaje y hechos. . La abrumadora mayoria de nuestras ideas verdaderas no admite un careo directo con la realidad: por ejemplo, las histéricas, tales como las de Cain y Abel. La corriente del tiempo sélo puede ser re- montada verbalmente, o verificada de modo indirecto por las prolon- gaciones presentes 0 efectos de lo que albergaba el pasado. Si no obstante concuerdan con estas palabras y efectos podremos conocer que nuestras ideas del pasado son verdaderas. Tan cierto como que hubo un tiempo pasado, fueron verdad Julio César y los monstruos antediluvianos cada uno en su propia fecha y circunstancias. El mismo tiempo pasado existid, lo garantiza su coherencia con todo lo presente. Tan cierto como el presente es, lo fue el pasado. . La adecuacién, asi, pasa a ser esencialmente cuestion de orienta- 34 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX cidn, orientacién que es Util, pues se ejerce en dominios que contie- nen objetos importantes. Las ideas verdaderas nos conducen a regio- nes verbales y conceptuales utiles a la vez que nos relacionan direc- tamente con términos sensibles titiles. Nos Hevan a la congruencia, a la estabilidad y al fluyente intercambio humano. Nos alejan de la ex- centricidad y del aislamiento, del pensar estéril e infructuoso. El li- bre flujo del proceso de direccién, su libertad general de choque y contradiccion pasa por su verificacién indirecta; pero todos los cami- nos van a Roma y al final y eventualmente todos los procesos ciertos deben conducir a experiencias sensibles directamente verificables en alguna parte, que han copiado las ideas de algun individuo. Tal es el amplio y holgado camino que el pragmatista sigue para interpretar la palabra adecuacién. La trata de un modo enteramente practico. Le permite abarcar cualquier proceso de conduccién de una idea presente a un término futuro, a condicién de que se desenvuelva prosperamente. Solamente asi puede decirse que las ideas cientifi- cas, yendo como lo hacen mas alla del sentido comun, se adecuan a sus realidades. Es, como ya he dicho, como si la realidad estuviera hecha de éter, atomos o electrones, pero no lo debemos pensar tan literalmente. El término «energia» no ha pretendido nunca represen- tar nada «objetivo». Es solamente un medio de medir la superficie de los fendmenos, con el fin de registrar sus cambios en una formula sencilla. Pero en la eleccién de estas formulas de fabricacién humana no podemos ser caprichosos impunemente, como no lo somos en el plano practico del sentido comin. Debemos hallar una teoria que ac- tie, y esto significa algo extremadamente dificil, pues nuestra teoria debe mediar entre todas las verdades previas y determinadas expe- riencias nuevas. Debe perturbar lo menos posible al sentido comin y a las creencias previas, y debe conducir a algun término sensible que pueda verificarse exactamente. «Actuar» significa estas dos cosas y la ligadura es tan estrecha que casi no deja lugar a ninguna hipdtesis. Nuestras teorias estan cercadas y controladas como ninguna otra cosa lo esté, Sin embargo, algunas veces las formulas tedricas alter- nativas son igualmente compatibles con todas las verdades que cono- cemos, y entonces elegimos entre ellas por razones subjetivas. Es gemos el género de teoria del cual somos ya partidarios; seguimos la «elegancia» o la «economia». Clerk-Maxwell dice en alguna parte que seria un «precario gusto cientifico» elegir la més complicada de dos concepciones igualmente demostradas, y creo que estaran uste- des de acuerdo con él. La verdad en la ciencia es lo que nos da la TEORIAS PRAGMATICAS DE LA VERDAD 35 maxima suma posible de satisfacciones, incluso de agrado, pero la cvongruencia con la verdad previa y con el hecho nuevo es siempre el requisito mas imperioso. Les he conducido por un desierto arenoso. Pero ahora, si se me permite una expresion tan vulgar, empezaremos a paladear la leche del coco. Aqui nuestros criticos racionalistas descargardn sus bate- tias sobre nosotros y para contestarles saldremos de esta aridez a la vision total de una importante alternativa filoséfica. Nuestra interpretacion de la verdad es una interpretacién de ver- dades, en plural, de procesos de conduccién realizados in rebus, con esta Gnica cualidad en comin, la de que pagan. Pagan conduciéndo- hos en o hacia alguna parte de un sistema que penetra en numerosos puntos de lo percibido por los sentidos, que podemos copiar o no mentalmente, pero con los que en cualquier caso nos hallamos en una clase de relacién vagamente designada como verificacién. La verdad para nosotros es simplemente un nombre colectivo para los procesos de verificacién, igual que la salud, la riqueza, la fuerza, et- cétera, son nombres para otros procesos conectados con la vida, y también proseguidos porque su prosecuci6n retribuye. La verdad se hace lo mismo que se hacen la salud, la riqueza y la fuerza en el curso de la experiencia, En este punto el racionalismo se levanta instantaneamente en ar- mas contra nosotros. Imagino que un racionalista nos hablaria como sigue: ° «La verdad —dira— no se hace, se obtiene absolutamente, siendo una relacién tinica que no depende de ningun proceso, sino que marcha a la cabeza de la experiencia indicando su realidad en todo momento. Nuestra creencia de que aquello que hay en la pared cs un reloj es ya verdadera, aunque nadie en toda la historia del mundo lo verificara. La simple cualidad de estar en esa relacién tras- cendente es lo que hace verdadero cualquier pensamiento que la po- sea, independientemente de su verificacién. Vosotros, los pragmatis- las, tergiversdis la cuestién —dira—, haciendo que la existencia de la verdad resida en los procesos de verificacién. Estos procesos son meramente signos de su existencia, nuestros imperfectos medios de comprobar después el hecho del cual nuestras ideas poseian ya la maravillosa cualidad. La cualidad misma es intemporal, como todas las esencias y naturalezas. Los pensamientos participan de ellas di- rectamente, como participan de la falsedad o de la incongruencia. No puede ser analizada con arreglo a las consecuencias pragmiati- cas.» 36 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX Toda la plausibilidad de esta argumentacién racionalista se debe al hecho a que hemos prestado ya tanta atencién. En nuestro mundo, abundante como es en cosas de géneros similares y asociadas simi- larmente, una verificaci6n sirve para otras de su género, y una de las grandes utilidades de conocer las cosas es no tanto conducirnos a ellas como a sus asociados, especialmente a lo que los hombres di- cen de ellas. La cualidad de la verdad, obtenida ante rem, significa pragmaticamente el hecho de que en un mundo tal, innumerables ideas actiian mejor por su verificacién indirecta 0 posible que por la directa y real. Asi, pues, verdad ante rem significa solamente verifi- cabilidad; pues no es sino un ardid racionalista tratar el nombre de una realidad concreta fenoménica como una entidad independiente y previa, colocandola tras la realidad como su explicacién. He aqui un epigrama de Lessing que el profesor Mach cita: Sagt Hdnschen Schlau zu Vetter Fritz, «Wie kommt es, Vetter Fritzen, Das grad’ die Reichsten in der Welt, Das meiste Geld besitzen?»'. Hanschen Schlau considera aqui el principio riqueza como algo distinto de los hechos denotados por la circunstancia de ser rico el hombre. Anterior a ellos, los hechos llegan a ser solamente una espe- cie de coincidencia secundaria con la naturaleza esencial del hombre rico. En el caso de la «riqueza», a nadie se le oculta la falacia. Sabe- mos que la riqueza no es sino un nombre para el proceso concreto que se efectiia en la vida de determinados hombres y no una excelen- cia natural que se encuentra en los sefiores Rockefeller y Carnegie, y no en el resto de los mortale: Como la riqueza, también la salud vive in rebus. Es un nombre para determinados procesos, como la digestion, la circulacién, el suefio, etcétera, que se desenvuelven felizmente, aunque en este caso nos inclinamos mas a imaginarlo como un principio y a decir que el hombre digiere y duerme bien porque él est sano. Respecto de la «fuerza», creo que somos todavia mas racionalis- tas, y nos inclinamos decididamente a tratarla como una excelencia ' Juanito el Astuto dice a su primo Fritz: gCémo te explicas que los mas ricos en el mundo tengan la mayor cantidad de dinero? (N. del. T) TEORIAS PRAGMATICAS DE LA VERDAD 37 preexistente en el hombre y que explica las hazafias herctileas de sus inisculos. En cuanto a la «verdad», la mayoria de las personas se excede, vonsiderando la explicacién racionalista como evidente por si inisma. Pero lo cierto es que todas estas palabras son semejantes. La verdad existe ante rem ni mas ni menos que las otras cosas. Los escolasticos, siguiendo a Arist6teles, usaron mucho la distin- cin entre habito y acto. La salud in act significa, entre otras cosas, dormir y digerir bien. Pero un hombre saludable no necesita estar siempre durmiendo y digiriendo, como el hombre rico no necesita evlar siempre manejando dinero o el hombre fuerte levantando pesas. lules cualidades caen en estado de «hdbitos» entre sus tiempos de ojercicio; e igualmente la verdad llega a ser un habito de ciertas de iuestras ideas y creencias en los intervalos de reposo de sus activida- iles de verificacion. Tales actividades constituyen la raiz de toda la cuestion y la condicién de la existencia de cualquier habito en los in- icrvalos Lo verdadero, dicho brevemente, lo el expediente de nuestro modo de pensar, de igual forma que lo justo es sdlo el expediente del modo de conducirnos. Expediente en casi todos los ordenes y en ge- neral, por supuesto, pues lo que responde satisfactoriamente a la ex- periencia en perspectiva no respondera de modo necesario a todas las ulteriores experiencias tan satisfactoriamente. La experiencia, como xubemos, tiene modos de salirse y de hacernos corregir nuestras ac- (uales formulas. Lo «absolutamente» verdadero, es decir, lo que ninguna expe- tiencia ulterior alteraré nunca, es ese punto ideal hacia el que nos imaginamos que convergerdn algun dia todas nuestras verdades tem- porales. Equivale al hombre perfectamente sabio y a la experiencia ubsolutamente completa; y si estos ideales se realizan algun dia, se iealizaran conjuntamente. Entretanto, tendremos que vivir hoy con urreglo a la verdad que podamos obtener hoy y estar dispuestos a Ila- muarla falsedad mafiana. La astronomia ptolomeica, el espacio euclidiano, la légica aristo- (clica, la metafisica escolastica fueron expedientes durante siglos, pero la experiencia humana se ha salido de aquellos limites y ahora consideramos que estas cosas son sélo relativamente verdaderas o ciertas dentro de aquellos limites de experiencia. «Absolutamente», ‘on falsas, pues sabemos que aquellos limites eran casuales y po- drian haber sido trascendidos por tedricos de aquel tiempo lo mismo que lo han sido por tedricos del presente. 38 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX Cuando nuevas experiencias nos conduzcan a juicios retrospecti- vos, podremos decir, usando el pretérito indefinido, que lo que estos juicios expresan fue cierto, aun cuando ningtin pensador pasado lo formulara. Vivimos hacia adelante, dice un pensador danés, pero comprendemos hacia atras. El presente proyecta una luz retrospec- tiva sobre los procesos previos del mundo. Pueden éstos haber sido procesos verdaderos para los que participaron en ellos. No lo son para quien conoce las ulteriores revelaciones de la historia. Esta nocién reguladora de una verdad potencial mejor, se estable- cera mas tarde, posiblemente se establecera algiin dia, con caracter absoluto y con poderes de legislacion retroactiva, y volvera su rostro, como todas las nociones pragmatistas, hacia los hechos concretos y hacia el futuro. Como todas las verdades a medias, la verdad abso- luta tendra que hacerse, y ha de ser hecha como una relacion inci- dental al desarrollo de una masa de experiencias de verificacién a las que contribuyen con su cuota las ideas semiverdaderas. Ya he insistido en el hecho de que la verdad esta hecha en gran parte de otras verdades previas. Las creencias de los hombres en cual- quier tiempo constituyen una experiencia findada. Pues las creencias son, en si mismas, partes de la suma total de la experiencia del mundo y Ilegan a ser, por lo tanto, la materia sobre la que se asientan o fundan para las operaciones del dia siguiente. En cuanto la realidad significa realidad experimentable, tanto ella como las verdades que el hombre obtiene acerca de ella estan continuamente en proceso de mutacién, mutacién acaso hacia una meta definitiva, pero mutacién al fin y al cabo. Los matematicos pueden resolver problemas con dos variables. En la teoria newtoniana, por ejemplo, la aceleracion varia con la d tancia, pero la distancia también varia con la aceleracién, En el reino de los procesos de la verdad, los hechos se dan independientemente y determinan provisionalmente a nuestras creencias. Pero estas creen- cias nos hacen actuar y, tan pronto como lo hacen, descubren u origi- nan nuevos hechos que, consiguicntemente, vuelven a determinar las creencias. Asi, todo el ovillo de la verdad, a medida que se desenro- Ila, es el producto de una doble influencia. Las verdades emergen de los hechos, pero vuelven a sumirse en ellos de nuevo y los aumen- tan: esos hechos, otra vez, crean o revelan una nueva verdad —la pa- labra es indiferente— y asi indefinidamente. Los hechos mismos, mientras tanto, no son verdaderos. Son, simplemente. La verdad es la funci6n de las creencias que comienzan y acaban entre ellos. Se trata de un caso semejante al crecimiento de una bola de TEORIAS PRAGMATICAS DE LA VERDAD 39 hieve, que se debe, por una parte, a la acummulacion de la nieve, y, de otra, a los sucesivos empujones de los muchachos, codeterminan- dose estos factores entre si incesantemente Hallamonos ahora ante el punto decisivo de la diferencia que oxiste entre ser racionalista y ser pragmatista. La experiencia esta en mutacion, y en igual estado hallanse nuestras indagaciones psicold- picas de la verdad; el racionalismo nos lo concedera, pero no que la realidad o la verdad misma es mutable. La realidad permanece com- pleta y ya hecha desde la eternidad, insiste el racionalismo, y la ade- cuacion de nuestras ideas con ella es aquella nica e inanalizable vir- \ud que existe en ella y de la que nos ha hablado. Como aquella excelencia intrinseca, su verdad nada tiene que ver con nuestras ex- periencias. No afiade nada al contenido de la experiencia. Es indife- rente a la realidad misma; es superveniente, inerte, estatica, una refle- xion meramente. No existe, se mantiene u obtiene, pertenece a otra dimensién distinta a la de los hechos 0 a la de las relaciones de he- chos, pertenece, en resumen, a la dimension epistemoldgica, y he aqui que con esta palabra altisonante el racionalismo cierra la discusion. Asi, tal como el pragmatismo mira hacia el futuro, el raciona- lismo se orienta de nuevo a una eternidad pasada. Fiel a su invete- rado hdbito, el racionalismo se vuelve a los «principios» y estima que, una vez que una abstraccién ha sido nombrada, poseemos una solucién de oraculo. La extraordinaria fecundidad de consecuencias para la vida de a radical diferencia de perspectiva apareceré claramente en mis Ultimas conferencias. Deseo, entretanto, acabar ésta demostrando que la sublimidad del racionalismo no lo salva de la inanidad. Cuando se pide a los racionalistas que, en lugar de acusar al prag- matismo de profanar la nocién de verdad, la definan diciendo exacta- mente lo que e/los entienden por tal, se obtienen estas respuestas: 1, «La verdad es un sistema de proposiciones que ofrecen la pretensién incondicional de ser reconocidas como validas»’*. : 2. «Verdad es el nombre que damos a todos aquellos juicios que nos hallamos en la obligacién de llevar a cabo por una especie de deber imperativo»*. 2 A.B, Taylor: Philosophical Review, XIV, p. 298. ° TL Rickert: Der Gegenstand der Erkenntnis, cap. sobre Die Urtheilnothwen- digkeit 40 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX La primera cosa que nos sorprende en tales definiciones es su enorme trivialidad. Son absolutamente ciertas, por supuesto, pero absolutamente insignificantes hasta que se las considera pragmatica- mente. {Qué significa aqui «pretensién» y qué se quiere decir con la palabra «deber? Es perfectamente correcto hablar de pretensiones por parte de la realidad, con la que ha de existir adecuacién, y de obligaciones por nuestra parte con respecto a la adecuacién, enten- diendo las palabras «pretension» y «deber» como nombres resumi- dos para las razones concretas del porqué pensar con arreglo a nor- mas verdaderas es conveniente para los mortales. Sentimos las pretensiones y las obligaciones, y las sentimos precisamente por las razones enunciadas. Pero los racionalistas que hablan de pretension y obligacién dicen expresamente que éstas nada tienen que ver con nuestros intereses practicos 0 razones personales, Nuestras tazones para la adecuacién son hechos psicolégicos, dicen, relativos a cada pensador y a los acci- dentes de su vida. Son meramente su evidencia, no parte de Ja vida de la verdad misma. Esta vida se lleva a cabo en una dimensién pura- mente légica o epistemolégica, distinta de la psicologia, y sus preten- siones anteceden y exceden a toda motivacion personal. Aunque ni el hombre ni Dios Ilegaran a conocer la verdad, habria que definir la pa- labra como lo que «debe» ser comprobado y reconocido. Nunca hubo mas excelente ejemplo de una idea abstraida de los hechos concretos de la experiencia y usada luego para oponerse y negar a aquello de que fue abstraida. En la filosofia y en la vida corriente abundan ejemplos andlogos. «La falacia sentimentalista» consiste en derramar lagrimas ante la justicia en abstracto, la generosidad, la belleza, etcétera, etcétera, y no conocer estas cualidades cuando se las encuentra en la calle, por- que las circunstancias las hacen vulgares. Leo en la biografia de un eminente racionalista editada privadamente: «Era extrafio que con tal admiraci6n por la belleza en abstracto, mi hermano no sintiera entu- siasmo por la arquitectura bella, los buenos cuadros 0 las flores». Y en casi la ultima obra filoséfica que he leido encuentro pasajes como los siguientes: «La justicia es ideal, tnicamente ideal. La razén con- cibe que debe existir, pero la experiencia demuestra que no puede... La verdad que debiera existir, no puede ser... La razén esta defor- mada por la experiencia. Tan pronto como la razén entra en contacto con la experiencia, ésta se vuelve contra aquélla». La falacia racionalista es aqui exactamente andloga a la senti- mentalista, Ambas extraen una cualidad de los cenagosos hechos de TEORIAS PRAGMATICAS DE LA VERDAD Al lu experiencia y la encuentran tan pura cuando la han extraido que la comparan con todos y cada uno de sus cenagosos ejemplos, como si fuera de una naturaleza opuesta y mas elevada. Tal es sve naturaleza. lis la naturaleza de las verdades que han de ser validadas, verifica- «lus, Nuestra obligacion de buscar la verdad es parte de nuestra obli- gacion general de hacer Jo que vale la pena. La retribuci6n que apor- tan las ideas verdaderas es la unica raz6n para seguirlas. Idénticas tazones existen con respecto a la riqueza y a la salud. . La verdad no formula otra clase de pretensiones ni impone otra clase de deberes que los que formulan e imponen la riqueza y la sa- lud, Todas estas pretensiones son condicionales; los beneficios con- cretos que ganamos se reducen a lo que llamamos la prosecucion de un deber. En el caso de la verdad, las creencias falsas acttian a la larga tan perniciosamente como beneficiosamente actian las creen- cias verdaderas. Hablando abstractamente, la cualidad «verdadera» puede decirse que es absolutamente valiosa y la cualidad «falsa» ab- solutamente condenable: se puede llamar a la una buena y a la otra mala, de modo incondicional. Imperativamente, debemos pensar lo verdadero y rechazar lo falso. : Pero si tratamos literalmente toda esta abstraccién, y la opone- mos a su suelo materno de la experiencia, considérese cuan absurda es la posicién en que nos habremos colocado. : No podemos, pues, dar un paso adelante en nuestro pensamiento real. gCudndo reconoceré esta verdad y cuando aquélla? El conoci- miento gsera en alta voz o silencioso? Si a veces es tuidoso ya veces silencioso, gcOmo sera ahora? {Cuando una verdad se incorporarA cn el casillero de nuestra enciclopedia; y cuando saldra al combate? ,Debo estar repitiendo constantemente la verdad «dos vec dos ha- cen cuatro» a causa de su eterna pretension al reconocimiento? 40 sera algunas veces inadecuado? ,Debe mi pensamiento preocuparse noche y dia con mis pecados y faltas porque los tengo realmente 0 puedo ocultarlos e ignorarlos para ser un miembro social decoroso y no una masa mérbida de melancolia y disculpas? , Es completamente evidente que nuestra obligacion de reconocer la verdad, lejos de ser incondicional, es sumamente condicionada. La Verdad, en singular y con maytscula, exige abstractamente ser reco- nocida, pero las verdades concretas en plural, necesitan ser reconoci- das s6lo cuando su reconocimiento es conveniente. Debe preferirse siempre una verdad a una falsedad cuando se relacionan ambas con una situacion dada, pero cuando no ocurre asi la verdad no consti- tuye mas deber que la mentira. Si se me pregunta qué hora es, y con- 42 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX testo diciendo que vivo en el nimero 95 de «Irving Street», mi res- puesta es, sin duda alguna, verdadera, pero no se comprendera por qué tengo que darla. Lo mismo seria dar una direccién equivocada. Admitiendo que existen condiciones que limitan la aplicacién del imperativo abstracto, /a consideracién pragmatista de la verdad se nos impone en toda st plenitud. Se comprende que nuestro deber de conformarnos con la realidad esté fundado en una trama perfecta de conveniencias concret: Cuando Berkeley explicé lo que la gente entiende por materia, la gente penso que él negaba la existencia de la materia. Cuando Schi- ller y Dewey explican ahora lo que la gente entiende por verdad, se les acusa de negar sw existencia. Los criticos dicen que los pragma- tistas destruyen todas las reglas objetivas y que sitian Ia estupidez y la sabiduria en un mismo plano. Una formula favorita para describir las doctrinas de Schiller y las mias consiste en decir que nosotros creemos que al considerar como verdad cualquier cosa que nos agrade Ilenamos todos los requisitos pragmatistas. Dejo a la consideracién de ustedes el juzgar si esto es o no una insolente calumnia. Atenido el pragmatista mds que ningun otro, a todo el cuerpo de verdades fundamentales acumuladas desde el pa- sado y a las coacciones que el mundo de los sentidos ejerce sobre él, équién tan bien como él siente la presién inmensa del control obje- tivo bajo el cual nuestras mentes realizan sus operaciones? Si alguien imagina que esta ley es laxa, dejadle que se abstenga de su mand: miento un solo dia, dice Emerson. Mucho menos he oido hablar re- cientemente del uso de la imaginacion en la ciencia. Es tiempo de re- comendar el empleo de un poco de imaginacién en filosofia. La mala gana de nuestros criticos para no leer sino el mas necio de to- dos los significados posibles en nuestros argumentos, hace tan poco honor a su imaginacién, que apenas descubro algo parecido en la fi- losofia contemporanea. Schiller dice que la verdad es aquello que «acttia». Por lo tanto, se le reprocha que limita la verificacion al mas bajo utilitarismo material. Dewey dice que la verdad es lo que pro- porciona «satisfaccién». Se le reprocha que subordina la verdad a lo agradable. Nuestros criticos necesitan, ciertamente, mas imaginacion de las realidades. He tratado honestamente de forzar mi propia imaginacién y de leer cl mejor significado posible en la concepcion racionalista, pero confieso que ello me desconcierta. La nocién de una realidad que nos exige adecuarnos a ella, y por ninguna otra razon sino sim- plemente porque su propdésito es «incondicionado» o «trascendente», ‘TEORIAS PRAGMATICAS DE LA VERDAD 43 es algo en lo que yo no veo ni pies ni cabeza. Pruebo a imaginarme a ini mismo como la unica realidad en el mundo, y luego qué mas «pretenderia» si se me permitiera. De admitirse la posibilidad de mi pretension de que de Ja nada surgiera un espiritu y me coprara, indu- dablemente puedo imaginar lo que significaria la copia, pero no puedo hacer conjeturas sobre el motivo. No puedo explicarme qué | bien me haria ser copiado, o qué bien le haria a aquel espiritu co- piarme si las consecuencias ulteriores se excluyen expresamente y en principio como motivos de la pretension —como lo son por nuestras autoridades racionalistas—. Cuando los admiradores del irlandés del cuento lo Ilevaron al lugar del banquete en una silla de manos sin asiento, él dijo: «En verdad, si no fuera por el honor que supone, po- dria haber venido a pie». Asi me sucede en este caso: si no fuera por el honor que supone, podria muy bien haber prescindido de la copia. Copiar es un modo genuino de conocer lo que por alguna extrafia razon nuestros trascendentalistas contemporaneos se disputan por re- pudiar—, pero cuando vamos més alla del acto de copiar y recurri- mos a las formas innominadas de adecuacion que se han negado ex- presamente ser copias, orientaciones 0 acomodaciones, ° cualquier otro proceso pragmaticamente definible, el qué de la «adecuacién» reclamada se hace tan ininteligible como el porqué de ella. No) se puede imaginar para ella ni motivo ni contenido. Es una abstraccién absolutamente carente de significado’. , Indudablemente, en este campo de la verdad son los pragmatis- 4s génuinos defensores de la raciona- tas, y no los racionalistas, los lidad del Universo. No olvido que el profesor Rickert renuncié hace ya algiin tiempo a toda nocién de verdad, como fundada en su adecuacién con la realidad. Realidad, segun él, es cuanto se adecua con la verdad, y la verdad esta fundada Gnicamente en nuestro deber fundamental. Esta evasion fantastica, junto con la candida confesion de fr de Joa chim en su libro The Nature of Truth, me parece indicar la bancarrota del racionalismo en este asunto. Rickert se ocupa de parte de la posicion D agmatista con la denomina- cidn de fo que él llama «relativismus». No puedo discutir aqui este texto, Baste deci que su argumentacién en aquel capitulo es tan endeble, que no parece corresponder al talento de su autor IGNACIO ELLACURIA LA REALIDAD HISTORICA COMO OBJETO DE LA FILOSOFIA (1981) 46 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX La «realidad hi: | «objeto ultimo» de la filosofia, en- tendida como metafisica intramun ana, no solo por su cardcter en- globante y totalizador sino en cuanto manifestac suprema de la realidad. Evidentemente, esta grave afirmacién no puede ser el inicio de la filosofia, sino que tan sdlo puede sostenerse como resultado de toda una labor filoséfica. No es un capricho ni un a priori dogmatico. Ha sido labor de la historia de la filosofia misma, que paulatinamente ha ido descubriendo y mostrando dénde y en qué forma se da la reali- dad por antonomasia, donde se da la mayor densidad de lo real. Los que sostenian que la persona humana como realidad metafisica cra el summum de realidad; los que defendian que lo era la existencia hu- mana o la vida humana, los que defendian que era la historia..., todos ellos se acercaban a la definicién del objeto de la filosofia como rea- lidad histérica. Aqui no vamos a hacer un desarrollo integral de esta tesis, Bas- tara indicar qué se quiere decir con ella y en qué se fundamenta ese decir. L) Por «realidad historica» no se entiende lo que pasa en la his- toria, ni siquiera la serie ordenada y explicada del discurrir histérico. Por consiguiente, no se dice que la filosofia haya de ser lo que ha so- lido entenderse por filosofia de la historia. Precisamente para evitar este equivoco no se habla de historia, sino de realidad histérica. éQué se entiende, entonces, por realidad histori Ya hemos sostenido en las tesis anteriores que la realidad intra- mundana constituye una totalidad dindmica, estructural y dialéctica. Esa tinica totalidad es el objeto de la filosofia. Lo que ocurre es que esa totalidad ha ido haciéndose de modo que hay un incremento cualitativo de realidad, pero de tal forma que la realidad superior, el «ands» de realidad, no se da separada de todos los momentos ante- tiores del proceso real, del proceso de realidad, sino que al contrario se da un «mas» dindmico de realidad desde, en y por la realidad in- ferior, de modo que ésta se hace presente de muchos modos y siem- pre necesariamente en la realidad superior. A este ultimo estadio de la realidad, en el que se hacen presentes todos los demas, es al que Hamamos realidad hist6rica: en él la realidad es mds realidad, por- que se halla toda la realidad anterior, pero en esa modalidad que ve- nimos !lamando historica. Es la realidad entera asumida en el reino social de la libertad; es la realidad mostrando sus mas ricas virtuali- dades y posibilidades, atm en estado dinamico de desarrollo, pero TEORIAS PRAGMATICAS DE LA VERDAD 47 ya alcanzando el nivel cualitativo metafisico desde el que a ale dad va a seguir dando de si, pero ya desde el mismo subsuel ° ‘ ‘ realidad histérica, y sin dejar ya de ser intramundanamente realidat se efecto, la realidad historica, ante todo, engloba todo otro tipo de realidad: no hay realidad hist6rica sin realidad puramente mate- rial, sin realidad bioldgica, sin realidad personal y sin realidad so- cial; en segundo lugar, toda otra forma de realidad donde da ne le si y donde reciber su para qué factico —no necesariamente inal is: tico— es una realidad histérica; en tercer lugar, esa forma de reali- dad que es la realidad historica es donde la realidad es «mas» y donde es «mas suya», donde también es «mas abierta», 1 Por eso se habla estrictamente de «realidad histor ca», Con el lo no se alude lo que pasa en la historia y, menos atin, se elude la conse deracién de qué es lo que pasa ultimamente en la historia después le, que van pasando en ella tantas cosas. Pero la metafisica afiente, ae quiere hablar asi, a la historia de la realidad, a lo que pasa a la n a - dad misma cuando entra con el hombre y la sociedad a eso que Ila mamos historia. Y esto tanto en el salto cualitativo de la evorucion natural al proceso histérico como en el desarrollo creador, ya demo de la historia, de nuevos modos de la realidad histérica. Es decir, atiende a la realidad historica en tanto que realidad, aunque sabien lo que no se puede hablar de realidad al margen de las cosas reales. " Asi por «realidad historica» se entiende la totalidad e la ree dad tal como se da unitariamente en su forma cualitativa mas a ta Y esa forma especifica de realidad que es Ja historia, donde se nos ge no solo la forma mas alta de realidad, sino el campo abierto de is maximas posibilidades de lo real. No la historia simplemente, sino a. realidad histérica, lo cual significa que se toma lo historico como Ambito histérico m4s que como contenidos histéricos y que en ese Ambito la pregunta es por su realidad, por lo que la realidad da de si y se muestra en él. 2) Podria discutirse si ese summum de realidad no ‘s mis bien la persona o la vida humana o la existencia, etc. Desde nego ia de aceptarse que una consideracién de la realidad historica, ane fa ; : o hiciese perder su especificidad a la persona humana, a ay a, a existencia, etc, dejaria de ser el objeto pleno de la filosofia, poral < entonces ese objeto quedaria disminuido, simplemente porque ene no entraria formal y especificamente una forma de realidad, que en algiin sentido es la maxima manifestacion de la realidad. Y éste es un 48 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX peligro real porque propiamente la historia tiende a convertirse con facilidad en historia social, en historia estructural, donde el quehacer originario de las personas puede quedar desdibujado y disminuido. Pero no es un peligro en el que ha de caerse necesariamente. Y, por otra parte, la consideracién puramente personal, incluso interperso- nal y comunitaria, no explica el poder creador de la historia, cuando es en ese poder creador y renovador, en ese novum histérico, donde la realidad va dando efectivamente de si. Por otro lado, slo de la to- talidad historica, que es el modo concreto en el que se realiza la per- sona humana, en el que vive el ser humana, se ven adecuadamente lo que son esa persona y esa vida. Puestos en la realidad historica, ésta exige, por su explicacién ultima, el estudio de la persona, de la vida, de la materia, etc., mientras que la reciproca no es cierta: un estudio de la persona y de la vida humana, al margen de la historia, es un es- tudio abstracto e irreal, y lo mismo cabe decir de la materia o de cualquier forma de realidad, aunque por distintas razones. Por dificil que sea su realizacién, la filosofia que tiene por objeto la realidad historica no pretende menoscabar ese especifico summum de realidad que es la persona. Y, aunque las relaciones entre historia y persona sean mutua pero no univocas, parecen mas englobantes las de la historia. Asi tenemos que personas egregias no han podido dar todo de si por cuanto han vivido en momentos histéricos que no lo posibilitaban. Por otro lado, es distinta la apertura y la creatividad in- novadora de la persona que la apertura y la creatividad de la historia. En definitiva, la realidad histérica incluye mas facilmente la realidad personal que ésta a aquélla. 3) %Cémo justificar metafisicamente esta opcion de la realidad histérica como objeto de la filosofia? La justificacién seria que la fi- losofia debiera estudiar la totalidad de la realidad en su unidad mas englobante y manifestativa y que la realidad histérica es una unidad mas englobante y manifestativa de la realidad. La pretensién filos6fica de tratar acerca de todas las cosas en cuanto todas ellas forman una unidad es una pretensién clasica y continuada. Hoy dia estd un tanto desfasada tal pretensién. Pero no hay duda de su fuerza entre los mayores y mejores fildsofos. Esa unidad de todas las cosas se ha buscado por distintos caminos: por el camino de la construccién mental, por el camino de los conceptos objetivos, por el camino de la realidad misma. Cuando se buscaba un concepto generalisimo que abarcara todas las cosas y que fuese lo ultimo de todas ellas, se corria el peligro de igualarlas y vaciarlas, A 4 ‘PEORIAS PRAGMATICAS DE LA VERDAD 9 i e esde los walesquiera fueran los recursos que * seguian Pe a oe sgpone Tntent Ogi S fi é . Lo que asi s Se s a los empefios dialécticos. intentos analdgicos a los € ann a: 4 real de todas las cosas reales, q es otra cosa: hay una unidad s reale cs i a a cida, sino una w semejanza o cosa pare Ly meramente una unidad de s u Sn sy fisice inamica rque todas las cosas vienen unas de dad fisica y dinamica, porq' nas de nas A almente mutuamente presentes, de un modo u otro estan rea u : ate Se se ivi idad, si c mas de realidad. En seg) Ss ay individualidad, si como for . ; caso, se i i s origenes, que ya s analizar esta unidad no desde sus origen! no son HPO at lo originante de multiples igi revertido sobre lo origina s lo originado ha rever' : i 1 tilti e tra lo que hasta ahora al i itima, que muestra lo ql é formas sino desde su etapa U 5 > nae Esta a reali , cAmosla 0 no como es en jad. menos es la realidad. Conoz S > como es on Tealidac. Te clapa Ultima no es un concepto ni es una idea o ideals es algo q' nos esta dado y que, mientras se hace, “ nos aaa dad histo: sce injustificado prof i Por todo ello, no parece injusu! oer Tea te rica como objeto de la filosofia, si es que para la {iosofia ses ue ueriendo el que busque decir lo que es ja realidad ultimamente y idad c todo. uc es la realidad como un . i ve ate " Por otro lado, la realidad historica, dindmica y nar considerada, tiene un caracter de praxis, gne junto a os ree Cr a realidad y también a la verdas lleva a la verdad de la real 1 er nerprete i 2 encia de Vico entre 6 realide es tanto Ja equivalencia cién de la realidad. No tence de tee edad de Ta fc ino entre el verum y el faciendum. La ve ‘ rum y el factum sino en " Sn ed, Sin i e cho; eso es sdlo una parte de realidad no es lo ya hecho; °s ee ea en se nos volvemos a lo que esta haciéndose y a lo que wt bor pacer nos escapa la verdad de la realidad. Hay que hacer ia ver’ we ae i aria oner en ejecucion, realizar | ya s no supone primariamente pot Me ee abe. ino hacer aquella realidad que en juego de praxis y sora rue Que la realidad y la verdad han de hacers muestra como verdadera. ver verse y descubrirse, y que han de hacerse y descubrirse en la complejida a i a la colectiva y sucesiva de la historia, de la humanidad, es indicar que realidad histérica puede ser el objeto de la filosofia. 6 salidad abierta e inno- 4) La realidad histérica es, ademas, la realidad oer ia. Si iva a ransc sia. Si hay una apertua viva a la yadora por antonomasia. una va a ra ese istori tafisica intramundana no Pp 2s Ja de la historia. La me undana no pub ne sobre si misma, precisamente porque la bistovia ss oo war a reali ; { mis inamica y abierta, y lo ha sido has @ realidad es en si misma dinamica y ab sido hasta ME i istoria esta abierta a lo que no es sal la historia y desde la histori bis ) que nO € esaria ¥ exclusivamente intramundano. Se dira que est na ie i sde 2 2 si es ina persona puede des s la persona. Y asi es. Pero ningu 1 " sde si ma cuenta de toda la apertura de la realidad. Hay una experiencia di 50 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX realidad, hay una praxis real y, consecuentemente, hay una apertura que no pueden ser agotadas por una sola persona ‘ni por la suma de todas las personas separadamente consideradas, La realidad hi érica no se reduce a ser la suma de personas; es como realidad una reali- dad unitaria sui juris, que es creadora en las personas, pero si- bilita esa creacidn de las personas. 7 Pere ae os . Por este camino no queda Dios excluido del objeto de Ia filoso- fia, cuando ese objeto se entiende como realidad histérica. Dios no puede aparecer inicialmente en el discurrir filosofico simplemente porque su presencia no cabe junto a otras realidades intramundan S Es un intento en el fondo empobrecedor de Dios y del resto de la realidad el abarcarlos en un mismo tratamiento filos6fico. EI objeto de la Filosofia debe ser primariamente la realidad intramundang lo cual no significa necesariamente que Dios haya de ser tan sdlo ob- jeto de fe, sin embargo, ha de aceptarse el fondo de la critica kan. tiana, cuando saca a Dios, como realidad, de la Razon Pura, para t - encontrarlo en la Razon Practica, Lo que sucede es que la realidad invramundana ultimamente considerada no queda cerrada sobre N sma ni en lo que tie alide si i misma | etidod ene a realidad personal ni tampoco en lo que : EI analisis de la realidad personal muestra ciertamente su aper- tura; puede mostrar incluso su religacién (Zubiri). Pero ni ia inmon sidad de Dios, ni su novedad, incluso ni su misterio se hacen real- mente patentes mas que en la totalidad de la experiencia histérica, Hay una experiencia personal de Dios, pero la realidad mas plena de Dios solo se ha hecho presente y sélo puede hacerse presente en una realidad historica. Si no podemos Ilegar a saber lo que es la humani dad y, en definitiva, el hombre, mas que cuando el hombre acabe de ser histéricamente todo lo que es capaz de dar de si, seria oresun, tuoso pensar que podemos saber algo menos adecuadamente te Dios mas que en el aprovechamiento de todo el hacer y el ex erimental histéricos de la humanidad acerca de Dios. Todas las cxperiencias personales y todos los saberes caben en Ia historia; mas atin, la cons- tituyen, Pero la plenitud de la realidad esta mas alld de cualg tier ex- periencia personal y de cualquier saber individual. Hay que reasumir todas las praxis y todos los saberes personales tanto para mostrar 1 indole concreeta de la apertura de la realidad humana y, cons 7 cuentemente, los trazos fundamentales de la pregunta y de la res, puesta por lo mas ultimo y total de la realidad. No debe olvidar : que las grandes religiones muestran siempre un Dios del pueblo, de un pueblo que marcha por la historia; lo cual, como es sabido, no ex. TEORIAS PRAGMATICAS DE LA VERDAD 51 cluye la singularidad del revelador de Dios. Puede haber un Dios de lw naturaleza, puede haber un Dios de la persona y de la subjetividad; pero hay, y sobre todo, un Dios de la historia, que no excluye, como ya indicamos, ni a la naturaleza material ni a la realidad personal. Hay quienes objetan que Dios es un invento del hombre y hay quienes hacen de lo religioso un fenémeno puramente histérico, para unos necesario y para otros alienante. Es una opinion que apunta a algo verdadero. Dios aparece después de la persona y en el curso de la historia. No es objeto de una filosofia intramundana, aunque la historia puede descubrir en la intramundanidad no sélo una transcen- dencia formal, sino una realidad transmundana y transhistérica, pero cuya transcendencia real es del mundo y de la historia. 5) Incluso, si no se aceptara que la realidad historica es la reali- dad por antonomasia y, consecuentemente, el objeto adecuado de la lilosofia, habria que reconocer que es el lugar ma: adecuado de reve- lacién de la realidad. El despliegue de la realidad no sdlo alcanza en la historia su momento ultimo, sino que el discurrir histérico va des- velando y revelando la verdad de la realidad. Una realidad que, por muchos capitulos, es un escandalo a la razén ahistorica, que estima- tia como irreales muchas de las estructuras y muchos de los sucesos histéricos. La identificacién del ser con lo bueno y lo verdadero, pero de suerte que sdlo es lo que nos parece bueno y verdadero a una razon que se ha constituido en medida de todas las cosas, choca con la realidad historica del mal y del error. Lo cual trae consigo necesa- riamente la aparicién de la dialéctica en el plano tedrico y de la pra- xis revolucionaria en el plano de la accién. La historia era sacada an- tes del Ambito de la ciencia y de la metafisica porque su aparente contingencialidad no casaba con la aparente y superficial permanen- cia y universalidad de la realidad. Aqui se propone retrotraerla al nu- cleo mismo de la ciencia y de la metafisica, porque si se la toma en toda su realidad concreta y no solo en lo que tiene de diferenciativo, es el gran criterio de verdad, de revelacion, de lo que es la realidad. Porque de revelacion se trata y no meramente de desvelacion, pues la realidad misma se realiza y no meramente se despliega ose desvela y la praxis hist;orica fuerza la realidad para que se transforme y se manifieste. Todo eso es lo que quiere decir cuando se afirma que la realidad histérica es el objeto de la filosofia. Como repercuta esta nueva con- cepcidn del objeto en la estructuracion misma de las categorias filo- s6ficas no es tema que aqui pueda ensayarse. Evidentemente, su re- 52 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX pereusion ha de ser grande en las categorias fundamentales, en el metodo ¥ aun en la particién de tratados, aunque propiamente no ore aber tratados cuando se afirma la unidad de todo lo real y re verse esa unidad no de abajo hac’ i i e riba, sino de arriba hacie abajo. Y es que la unidad i q Tugat real ; a y la totalidad son las que dan su 1 y su sentido a las partes. Tam ' ey : . poco queremos entrar en por qué cémo desde este objeto primari i re propia émo | primario de la filosofia, cabe s f ste objeto f 5 por su propia nome formas de filosofar y de filosofia especificas en distin tas etapas y situaciones historicas, sin que est idad, raitinie comple toricas, sin qi sto rompa la unidad, , pero unitaria del objeto y del acercami cuado a ese objeto. Es basta ne el ee cammicnta . Es inte claro desde el propio planteami que un objeto tal como el de la reali isibioe extendido como 7 alidad histérica, entendi a 0 no el de lidac . ido como aut se ha dicho, deja abiertas posibilidades reales para teorias y practicas distintas, ya que la unidad de la realidad histéri monolitica. nee ara Se ha dicho que intramundamente no ha habido «una» historia. Prop amente tal hasta tiempos recientes, Hoy es cada vez mas «una», aungue esta unidad sea estrictamente dialéctica y enormemente dolo- ' sa pare a mayor parte de la humanidad. Aunque se habla de distin- wes mun los (un Primer Mundo, un Tercer Mundo, ete.), el mundo stérico es uno, aunque contradictorio. Quiza so i nd: i Uistorico es uno 2 . Quizd sélo lograda la unidad pirico y de Ja historia constatable he mundo empiric de la a stata aya Ilegado la hora de hacer de esa unica historia el objeto de diferentes filosofias SUSAN HAACK BL INTERES POR LA VERDAD: QUE SIGNIFICA, POR QUE IMPORTA’ (1995) EpICION ORIGINAL: Inédito. _— Titulo original: «Concern for Truth: What it Means, ‘Why it Mat- ters» (1995). EDICION CASTELLANA: Inédito. Reproducimos el texto =-traducido— con autorizacion expresa de la autora. TRapuccion: M, J; Frapolli. OTROS ENSAYOS DEL AUTOR SOBRE EL MISMO TEMA: _ ihe pragmatist theory of truth», British Journal for the Philo+ sophy of Science, 27 (1910). ide it true what they say about Tarski?», Philosophy, 51 (1976). iwo fallibilists in search of the truth, Proceedings of the Aristo- elian Society, Supp. 51.1977). . «Analyeity and Jogical truth», Theoria, 43 (1977). = philosophy of Logies, Cambridge University Press, 1978 (ed. & cast. Filosofia de las logicas, Catedra, Madrid, 2.°ed., 1991). de mis siguientes trabajos anteriores: Evidence and Inquiry: Tomo lo que sigue kwell, Oxford, 1993, especialmente el Jowards Reconstruction in Bpistemology, Blacl capitulo 8; «The First Rule of Reason», ppresentado en un congreso sobre «Now Topies inthe Philosophy of C. S. Peirce», Toronto, 10.92, apareceré en un volumen editado por Jaqueline Brunning and Paul Forster, Toronto University Press; «The Ethics of itiet Reconsidered, aparecerd en Lewis Hahn, ed., The Philosophy of R. M. Chis- holm, Open Court; «Preposterisme and Its Consequencss presentado en un congreso me eientific Innovation, Philosophy and Public Policy», Bowling Green, OH, “195, apareceté en Social Philosophy and Policy ¥ Ellen Frankel Paul ef al., eds, Scientific Innovation, Philosophy and Public Policy, C bridge University Pre ‘rate articulo se prepard para la publicacién con la ayuda de una beca NBH #FT- 40534-95, Me gustaria dar las gracias a Paul Gross por sus iitiles comentarios a un bo- rrador y a Mark Migotti por proporcionarme Ia cita de Nietzsche de la nota 4. (53 54 TEORIAS DE LA VERDAD E SIGLO XX — Evidence and- Inquiry. Towards ‘reco ion i 4 is -reconstruction in Epistemolog: Blackwell, Oxford, 1993 (ed. cast.: Evidencia e Investigacién: ‘He. es cig una reconstrsicciort en Epistemologia, Tecnos, Madrid, 1997). ¢ ue a Kncileser Epistemologies of Metaphor and istemology»,. en. J. Hinti et > Metaphor, Kluwer, Dordrecht (en penal ( Mpreetes BIBLIOGRAFIA COMPLEMENTARIA: oR. Rorty, Ci z i K Re ty, Consequences-of Pragmatism, Harverster Press, Sussex, —— Ch. 8. Peirce, Leaciones s : i i Gh fie Leong. anne Pragmatismo, Aguilat, Buenos Ai- ~R, Almeder, «Peircean Fallibili ions: of: MS: Peirce Society, 18 (1981), pp. 87-65. FEELS SHE CS C. S. Peirce escribié, hace un siglo o asi, que «para razonar bien [...] es absolutamente necesario poseer [...] virtudes tales como lah nestidad intelectual y la sinceridad y un auténtico amor a la verd: ‘, y que «(el genuino razonar consiste] en dirigir realmente el are he. cia la verdad con resolucién en el ojo, con energia en el brazon, qT Lewis observé, hace cuarenta afios 0 asi, que «presumimos ‘de pa rte de aquellos que siguen cualquier vocacién cientifica [queria decir intelectual”), [ ..] una suerte de voto tacito de no subordinar nunca el motivo de busqueda objetiva de la verdad a ninguna preferencia 0 inclinacién subjetivas O a ninguna conveniencia o consideracie n oportunista» *. Estos filésofos tuvieron alguna intuiciéi d | we exige la vida de la mente. meee ee con Ahora, sin embargo, esta de moda sugerir que estas intuiciones 01 realidad ilusiones. Stephen Stich profesa una desilusién ticada, al escribir que «una vez que tenemos una visién clara del asunto, la mayoria de nosotros no encontrara ningtin valor [. ] ent ner creencias verdaderas». Richard Rorty se refiere a aquellos de no. sotros que estamos dispuestos a describirnos a nosotros mismos C. S. Peirce, Collected Papers, & res, shorne, Paul Weiss y Ai : pers, eds les Hay Burks, Harvard University Press, Cambridge, MA, 1931-38, 2.82 yl 35 C, 1 ewis. . 58, 2. 35; vis, The Ground and Nature of the Right, C i The Grou of the Right, Columbia University Press, Nueva York, NY, TEORIAS PRAGMATICAS DE LA VERDAD 55 vomo buscando la verdad como «anticuados pedantes encantadores», juctindose de que é/ «no hace demasiado uso de nociones como ‘verdad objetiva’», puesto que, después de todo, Hamar a un enun- ciado verdadero «no es mas que darle una palmada retorica en la es- pulda». Fane Heal concluye con evidente satisfaccion que «no hay hinguna diosa, Verdad, de la que los académicos y los investigadores pucdan considerarse a si mismos como sacerdotes 0 devotos»’. Es {ilosofos revelan un fracaso sorprendente en, 0 quizd un rechazo a, captar lo que es la integridad intelectual, o por qué es importante. Sin embargo, como reza el dicho, aquellos que sdlo conocen su lado de un caso conocen muy poco de él; asi quiza es saludable estar obligado a articular, como yo haré aqui, lo que significa el interés por la verdad, por qué importa y lo que esta mal en la manera de pensar de los que lo denigran. £1 primer paso es sefialar que el concepto de verdad esta interna- mente relacionado con los conceptos de creencia, evidencia ¢ investi- pacién, Creer que p es aceptar p como verdadero. La evidencia de que pes la evidencia de que p es verdadero, una indicacién de la verdad de p. E investigar si p es investigar si p es verdadero; s usted no esta in- icntando obtener la verdad, usted no esta en realidad investigando. Por supuesto, tanto la pseudo-creencia como la pseudo-investiga- cién son lugares comunes. La pseudo-creencia incluye aquellos esta- dos psicolégicos familiares de lealtad obstinada a una proposicion de Ja que uno sospecha a medias que es falsa, y la atadura sentimental a una proposicion a la que uno no le ha dedicado ningtin pensamiento en absoluto, Samuel Butler lo dijo mejor de lo que yo puedo [ha- cerlo] cuando, tras describir la repentina concienciacién por parte de lirnest Pontifex de que «a pocos les importa un comino la verdad, 0 licnen alguna confianza en que es mas correcto o mejor creer lo que es verdadero que lo que no es verdadero», reflexiona «sin embargo, son solo esos pocos los que puede decirse que creen algo en abso- luto; el resto son simplemente no creyentes disftazados»”. * Stephen Stich, The Fragmentation of Reason, Bradford Books, MIT Press, Cam- bridge, MA y Londres, 1990, p. 101; Richard Rorty, Essays on Heidegger and Others, Cambridge University Press, Cambridge, 1991, p. 86 (trad. cast.: Ensayos sobre Hei, ‘leeger otros pensadores contempordneos, Paidés, Barcelona, 1993; Trotsky and the Wild Orchids», Common Knowledge, 1.3, 1992, p. 141, y Consequences of Prag- inatigin, Harvester Press, Hassocks, Sussex, 1982, p. XVII; Jane Heal, «The Disinte- ted Search for Truth», Proceedings of the Aristotelian Society, 88, 1987-8, p. 108 Samuel Butler, The Way of All Flesh (1903), Signet Books, The New American 56 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX Y la pseudo-investigacién esté tan lejos de ser inusual que, cuando el gobierno o nuestra universidad instituye una Investigacion Oficial sobre esto o aquello, algunos de nosotros nos ponemos en guardia. Peirce identifica un tipo de pseudo-investigacién cuando es- cribe acerca del «razonamiento fingido» intenta, no Negar a la ver- dad de alguna cuestién, sino argumentar a favor de la verdad de al- guna proposicién respecto de la cual nuestro compromiso ya esta a prueba de evidencia y de z ‘gumento. Tiene en la mente a los tedlo- gos que inventan elaborados andamios metafisicos para proposicio- hes teologicas que ninguna evidencia o argumento les induciria a abandonar; pero su argumento se aplica de igual modo a la «investi- gacidn» propicia y al «trabajo académico» guiado por motivaciones politicas de nuestros tiempos. Y ademas hay lo que he Iegado a con- siderar como razonamiento de Pega: no intenta llegar a la verdad de alguna cuestién, sino argumentar a favor de la verdad de alguna pro- posicién respecto de la cual el nico compromiso de uno es la con- viccion de que defendiéndola avanzara uno mismo; también un fend- meno familiar cuando, como en algunas dreas de la vida académica contemporanea, una defensa inteligente de una idea llamativamente falsa o impresionantemente oscura es una buena ruta hacia la reputa- cion y el dinero, Pero necesitamos ir mas alla de la tautologia de que los investiga- dores fingidos y los investigadores de pega no estan en realidad in- vestigando para ver lo que, sustantivamente, est4 mal en los razona- mientos fingido y de pega. Los investigadores de pega y los que fingen no tienen como objetivo encontrar la verdad sino argumentar a favor de alguna proposicion identific da previamente a la investi- gacion. Asif tienen razones para evitar el examen cuidadoso de cual- quier evidencia que pudiera impugnar la proposicién a favor de la cual pretenden argumentar, para minimizar u ofuscar la importancia © pertinencia de tal evidencia, para hacer esfuerzos sobrehumanos para disolverla mediante una explicaci6n, El investigador genuino, a cambio, quiere llegar a la verdad de la cuestion que le concierne, Library of World Classics, Nueva York, NY, 1960, p. 259. Véase también Friedrich Nietzsche, The Gay Science {(1882), tradueido por Walter Kaufinann, Vintage, Nueva York, NY, 1974, p. 76: «Quiero decir que fa gran mayoria no juzea despreciable creer sto @ aquello y vivir de acuerdo con eso sin haber considerado previamente los argu: nentos titimos y més ciertos en pro y en contra y sin siquiera molestarse en indagar a posteriori tales argumentos», trad. cast, Ch. Crego y G, Groot, F. Nietzsche, La Gaya Ciencia, Akal, Madrid, 1988, § 2, p. 61]. A E 7 TEORIAS PRAGMATICAS DE LA VERDAD 5 junto si la verdad se ajusta a lo que creia al principio de Be inves ier iin como si no, y tanto si es probable que su reconoctn a ope verdad lo Hleve a obtener un plaza fija, o lo haga rico, am 0 0 Po jiular, como si no. Tiene motivos, por tanto, para esse af vale ol valor de la evidencia o de los argumentos comp cia © imp arcial ienle, para reconocer, ante si mismo tanto como fee. oe + le (1) evidencia 0 sus argumentos parecen mas inestal es, y Se eroon Ia widn del problema o de la solucion [parece] mas vaga, Para icon Ie ovidencia incluso hasta conclusiones impopulares 0 one usiones (jue socavan sus anteriores convicciones mas profun amen sosten lis, y para aceptar el que otro haya encontrado la verdad q scando. . / . ie ono es negar que los razonadores fingidos y de pega pudieran loparse con la verdad, y que, cuando lo hacen, podtian hoontrar ira og a Zongustone fay ser engaados por evidencia eran llegar a conclusiones falsz 2 s : a inoriontadora, El compromiso con una causa y el deseo oe roe con pueden motivar un esfuerzo er rnin a resolver eee yencia que ayudaré a un investiga ont esol er as esas yudara a un razonador fingido o de pega a suprimir encia ik Muvorable de manera mas efectiva, oa aie donee ca eon fs i sionantemente oscuras. Un invest ado ino, en waste, no suprimind evidencia desfavorable, ni dis razard su fracas con afectada oscuridad; asi, incluso cuando fracasa, no ol los esfuerzos de otros. o a : El amor a la verdad del investigador genuino, como esto revela, ie . =s antiouos © ho es como el amor de un coleccionista por los muebles antigo ‘° \ ti ecci i es como el amor a s ticos que colecciona, ni es or | ys ne che ccionista de proposiciones ver- rs igi No es un coleccionista de prop: tna persona religiosa. C : se eees serena de i 2 n ideal intelectual. Es una pi L daderas, ni es un adorador de u 2 ife- integridad intelectual, No es, como el razonador de pega, incite rente a la verdad de las proposiciones a favor de las ave aus an “ . ee : + . eal a al inves fingido, inamoviblemente leal a al No es, como el investigador fingido, ) ala alguna sicid i i tar como sea la evidencia. rOpos: mprometido sin import i n proposicion, co i ‘ a Ta evidencia, En ier cuestid stigue, trata de enco: cualquier cuestién que inves > ad de esta puestion independientemente del color del que esta verdad p fiera ser. ots | El argumento hasta aqui nos ha llevado mas alla de la tantologla ° : een aa . ala de que la investigacion genuina esta dirigida hacia la verdad I ast ve ri ion s i la falta de integridad inte! afirmacién sustantiva de que € d inte! a paz, a largo plazo y como un todo, de impedir la investigacion. Pero 58 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX por que, se preguntaréy deberiamos preocuparnos por esto? Despues| , en algunas circunstancias uno i i 7 ; 4 t s podria estar mejor sin ii i - ar s uno podr 2JOr sin investi-' gar, 0 mejor yeniendio una creencia injustificada que una bien funda ada en la evidencia, 0 mejor teni i : . | endo una creencia false mentada en Ia ev ia, 0 1 | falsa que we adetas y algunas verdades son aburridas, triviales, poco fin antes, algunas cuestiones no merec ‘ 20 de i i. rove erecen el esfuerzo de investi- largo nina oa intelectual es instrumentalmente valiosa, porque, a a azo y como un todo, hace ave i ion : a p , hace avanzar la investiga le tigacion que tiene éxii i iosa, Comparados xito es instrumentalmente vali i 7 s nte valiosa, C con otros animales, no somos especi oe ‘ ales, os especialmente habiles o fi tro forte es una capa r tanto para antici J Suna cidad para resolver co: i ‘ had ape t sas, por tanto para antici- Par y evita el peligro. Admitamoslo, esto no es en absoluto una ben- we pose mez la apache que, como Hobbes lo dijo, permite a es, a diferencia de las bestias, cot : los. S, ? , comprometerse en el raci cinio, también permite a | i “hestias, Is los hombres, a diferencia de la i «multiplicar una no-verd: t , sa asia ior a lad por otra»*. Pero ;quié i ‘ n . ,quién podria dudar de que nuestra capacidad para r: is no. a ara razonar es de v: I aos los fnawten? valor instrumental para no- Y la integridad i a an megridad intelectual es moralmente valiosa. Esto se sugiere ya pc a forma en que questeo vocabulario para la valoracién episté- caracter se solapa con nuestro v i . ni s ‘ocabulario para la valora cién moral del caracter: e. fn emer. ‘i u :€g., «responsable», «negligent rio», «valiente» y, por supues , Fs an busn hombre > I, esto, «honesto». Y «E: ro . . Es un buen hombre pero intelectualmente desh i mtico 0 onesto» tiene, para mis oidos, el auténti sonido del oximoron. P 's oldos, el auténtico Asi v mis come 5 we e8 par excellence la virtud del soldado del s , podria uno decir sobresimplifice i 1 ‘ando un poco, |. gridad intelectual es la del ii a oucion es s la academico. (La sobresimplificacié id , | . C “0. simplificacién es aue la integridad intelectual misma exige un tipo de valor, la firmeza a ne se necesita para abandonar convicciones de mucho tiempo frente acy dencia en contrario, o para resistir consignas de moda.) Yo diria, s scamente que Lewis, que es indec 1 1 ‘ 5 es completamente indece: 2 quien denigra la importanci: i ibili vestige, ui a o niega la posibilidad de la investi a 4 'S a im - clon honesta el ganarse la vida como académico. vee pecial cblanein por qué a aquellos de nosotros que tenemos una es- igacion a encargarnos de la investigacién se nos exige mo- * Thomas Hobbes, Human Nature ( set 7 s i 1650), en Woodbridg: 4 se lections, Charles Scribners Sons, Nueva York chicago Boston 1936, eral a TEORIAS PRAGMATICAS DE LA VERDAD 59 rlmente integridad intelectual; pero la explicacién de por qué es ioralmente importante para todos nosotros tiene que ser més obli- out, El creer de mas (cl creer mas alla de lo que la evidencia le auto- riya a uno) no siempre tiene consecuencias, ni es siempre algo de lo ue es responsable el que cree. Pero a veces es ambas cosas; y enton- iucy eg moralmente culpable. Pensemos en el sorprendente caso de W. K,. Clifford del duefio de un barco que abe que su barco esta viejo y (loteriorado, pero no lo revisa y, consiguiendo engajfiarse a si mismo pura creer que el barco esta en condiciones de navegar, le permite Clifford correctamente dice, averdaderamente cul- pable» de las muertes de los pasajeros y la tripulacién cuando el harco se hunde®, El mismo argumento se aplica, mutatis mutandis, al ereer de menos (el no creer cuando la evidencia de uno autoriza la ereencia). La deshonestidad intelectual, un habito de la temeraria 0 jryeflexiva formacién de creencia auto-engafiosa, le pone a uno ante go cronico del creer de mas 0 de menos moralmente culpable. gqué ha ido mal en el pensamiento de aquellos que de- dad? Desafortunadamente, no la misma s tres escritores que cité al co- partir; es, como el rie Por tanto, higran el interés por la ver cosa en cada caso, ni siquiera con los inienzo de este articulo. Stich comienza ignorando la conexion interna de los conceptos de creencia y verdad, y construyendo equivocadamente la creencia como [si no fuera] nada mas que «un estado del cerebro aplicado | mapped] mediante una funcién-interpretacién sobre una proposi- cidn», 0, como le gusta decir para hacer la idea vivida, una ora- cién inscrita en una caja dentro dela cabeza de uno, etiquetada «Creencias». Esto lo conduce a la idea equivocada de que la ver- dad seria una propiedad que seria deseable que la tuviera una cre- encia solo si la verdad es 0 intrinsecamente o instrumentalmente valiosa. Entonces construye la confusién a partir de dos non sequi- jus manifiestos: que, puesto que la verdad es solo una dentro de im rango completo de propiedades semanticas que pudiera tener una oracién en la cabeza de uno, ja verdad no es intrinsecamente yaliosa; y que, puesto que uno podria a veces estar mejor con una creencia falsa que con una yerdadera, la verdad no es tampoco ins- {rumentalmente valiosa. Con Heal uno se encuentra o1 on un tipo diferente de direccién nics of Belief and Other © W.K. Clifford, «Phe Ethics of Belief» (1877), en The Essays, Watts and C Londres, 1947, 70-96 60 TEORIAS TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX equivocada. Ella apunta, correctamente. it cautvoce lla a 1 ente, que no toda proposicid eed net tien arent ae como valor la 2 ser util al servicio de proye me io gue uy ime come puenos: correctamente nave ne | un inves ere saber es la respuesta a I ién ae Fenn ate incluso su conclusién hee no haw ninguna ciosa onda fen cua los académicos puedan considerarse a si cauivocatae Se¥0 os o suficientemente verdadera; lo que hay de siuitvoeado en ste asun 0 no es que sea falso, sino que sugiere que debe noaro. Fs vores Por la verdad como algo que importa, uno caine wo ia r instrumental de la integridad intelectual no quiere que sea un ia merezca ser conocida; su valor moral no re- buenos; y valorar la intorsidad wiclee bal no e8 coma ey sos de Heal sugiere, un tipo de superticion no esr como Ia conclusién com a sugi ‘ via intelectual de os ee Sugiere cuando nos dice que ve la histo- ia verdad par we eel ente como un intento «de sustituir un amor a vented ve amr a Dios»’. Rorty esta de parte de los que sos- verdad ge nme cia ue no hay una tinica verdad sino muchas pero conparibi s er ica que descripciones del mundo diferentes fies que pan Puc en ser verdaderas a la vez, es trivial; si signi- Be cs escripc a °s le | mundo diferentes ¢ incompatibles podrian mente, Rorty la ha confundido con ls deeton Sade que been declaraciones-de-verdad incompatibies fe que hay muchas verdad concerts Conexion con una falacia ubicua. Lo que pasa por incompantea no esa menudo tal cosa, y declaraciones-de-verdad toncia pa mes ido estan presionadas por intereses en compe- nes-de-verdad incompatibles puoiaa Ser endadenee va me. m ad incompa 2 verdaderas a la vez, ron men verdadera slo sea hacer un tipo de vento voen oee wpe de mano a su favor. Esta ultima inferencia equi- rece te comme erencia de la premisa verdadera de que lo que falsa de gue da nietiva No es a menudo tal cosa, a la conclusion Ban oe que la de la evidencia objetiva es sélo una trola ideol6- 5 caso especial de lo que he decidido apodar la falacia del ” Richard Rorty, Conting Cambridge, oa sme tron y and Solidarity, Cambridge University Press, elon, 1991, padh, 7 Mite ast, Contingencia, lromia y Solidaridad, Paidds, Bar. TEORIAS PRAGMATICAS DE LA VERDAD 61 «pasa por» *, Rorty transmuta esta falacia en una poco profunda con- cepcién errénea que identifica «verdadero» y «‘verdadero”», lo ver- dadero con lo que pasa por verdadero. «Verdadero» es una palabra que aplicamos a enunciados acerca de los que estamos de acuerdo, simplemente porque, si estamos de acuerdo que p, estamos de ucuerdo que p es verdadero. Pero podriamos estar de acuerdo en que p cuando p no es verdadero. Asi «verdadero» no es una palabra que verdaderamente se aplique a todos los enunciados acerca de los que estamos de acuerdo 0 solo a ellos; y tampoco, por supuesto, el llamar aun enunciado «verdadero» significa que es un enunciado acerca del cual estamos de acuerdo. He aqui de nuevo a Peirce, describiendo lo que pasa si la pseu- doinvestigacién se convierte en lugar comin: «el hombre pierde sus concepciones de la verdad y de la razon [...] [y llega] a considerar el razonamiento en gran medida como decorativo. E| resultado [...] es por supuesto, un deterioro rapido del vigor intelectual»’, Es la autén- tica debacle teniendo lugar delante de nuestros ojos. El razonamiento fingido en la forma de «investigacion», comprado y pagado por gen- ies interesadas en que las cosas fueran de esta manera mejor que de esta otra, 0 motivado por conviccién politica, y el razonamiento de pega en forma de «academicismo», mejor caracterizado como medio dc auto-promocién, son demasiado frecuentes. Consciente de esto, la confianza de la gente en lo que pasa por verdadero declina, y con cllo su buena disposicién a usar las palabras «verdad», «evidencia», «objetividad», «investigacion», sin la precaucién de las comillas. Y como esas comillas se hacen ubicuas, la confianza de la gente en los conceptos de verdad, evidencia, investigacién, desfallece; y uno co- mienza a oir, de Rorty, Stich, Heal y cia., que el interés por la verdad es s6lo un tipo de supersticion —que, afiadiria yo, a su vez alienta la idea de que no hay, después de todo, nada malo en el razonamiento fingido o de pega [...] y asi sucesivamente—. Uno piensa en Primo Levi en el tema del Fascismo y la quimica: «la quimica y la fisica de la que nos alimentabamos, ademas de ser alimentos vitales en si mismos, eran el antidoto contra el Fascismo © Un término que introduje en «Knowledge and Propaganda: Reflections of an Old Feminist», Partisan Review, otofio 1993, también reimpreso en Our Country, Our Culture, Edith Kurzweil y William Phillips (eds.), Partisan Review Press, Boston, MA, 1995, 57-66. ° Collected Papers, \.57-9. 62 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX [...], porque eran claros y distintos y verificables en cada paso, y no un tejido de mentiras y vacuidad, como la radio y los periddicos» , Yo lo pondria de manera mas prosaica, pero quiza un poco mas pre- cisa: el antidoto contra la pseudo-investigacién y contra la pérdida de confianza en la importancia de la integridad intelectual que engen- dra, es la investigacién auténtica y el respeto que engendra por las demandas de evidencia y argumento. La investigacién auténtica de cualquier tipo, diria yo: cientifica, histérica, textual, forense, [...], in- cluso filos6fica. (Pero hay una razén para poner «cientifica» el pri- mero en [a lista, la misma razén que Hevé a Lewis a escribir «voca- cién cientifica», con el significado de «vocacién intelectual», y que llevé a Peirce a veces a describir el interés por la verdad de los inves- tigadores genuinos como «la actitud cientifica» "': no que todos los cientificos o sdlo ellos tengan la actitud cientifica, sino que ésta es la actitud que hace posible la ciencia.) No es el interés por la verdad, sino la idea de que tal interés es supersticién, la que es supersticiosa. _ " Primo Levi, The Periodic Table, (1975), traducido del italiano por Raymond Ro- senthal, Schocken Books, Nueva York, NY, 1984, p. 42. Debo esta referencia a Cora Diamond, «Truth: Defenders, Debunkers, Despisers», en Commitment in Reflection, ed, Leona Toker, Garland, Nueva York, NY, 1994, 195-221, a cuyo trabajo dirijo a los lectores para una discusién iluminadora de Rorty y Heal " ¥ otra raz6n también: que, en la investigacién cientifica, la presién («cireum- pressure») de los hechos, de la evidencia, es relativamente directa (aunque no, creo, tan directa como la cita de Levi sugiere). Mereceria la pena recordar, en este contexto, que Peirce, un cientifico en activo tanto como el mas grande de los filésofos america. nos, tenia formacién de quimico. Il, TEORIAS DE LA CORRESPONDENCIA A. TEORIAS SEMANTICAS ALFRED TARSKI LA CONCEPCION SEMANTICA DE LA VERDAD Y LOS FUNDAMENTOS DE LA SEMANTICA (1944) EDICION ORIGINAL: «The Semantic Conception of Truth and the Foundations of Seman- tics», Philosophy and Phenomenological Research, IV (1944), pp. 341-375. H. Feigl, W. Sellars (eds.), Readings in Philosophical Analysis, Nueva York, 1949, pp. 52-84, EDICION CASTELLANA - «La concepcién sémantica de la verdad y los fundamentos de la semanticay en M. Bunge (ed.), Antologia semdntica, Nueva Vi- sidn, Buenos Aires, 1960, pp. 111-157. Reimpresidn de la anterior, L. Valdés (ed.), La bisqueda del signi- ficado, Tecnos, Madrid, 1991, pp. 275-312. Reproducimos el texto ‘de esta edicion con autorizacién expresa de la empresa editora. Trapuccion: E. Colombo. OTROS. ENSAYOS DEL AUTOR SOBRE EL MISMO TEMA: — «Der Wahrheitsbegriff in den. formalisierten Sprachen», Studia Philosophica, vol..1, 1935, pp. 261-415 [reimpreso: en-Berka-Krei- ser (eds.) Logik-Texte. Kommentierte Auswahl zur Geschichte der modernen Logik, Berlin, 1971, pp: 447-559; también en Logic, Se- mantics, Methamathematies, Oxford, 1956}. — «Truth and Proof», Scientific American, 6/220 (1969), pp: 63-77 {editado también en L'Age de la Science 3.(1970), pp: 91-99]. [65] 66 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX —--On Undecidable Statements in Enlar; yste gic and de ib 2 s ‘ged System of Logic and Concept of hy, The Jouri mn ri 939. ‘ >» The Journal of Symbolic. Logic, TV (1939), BIBLIOGRAFLA COMPLEMENTARIA! ~~ H. Field, «Tarski’s TI f The ~ Dp bane ity a pas . 3 heory of Truth», The Journal of Philosophy, ~+-J, Etchemendy, «Tarski on Truth and logic: gical ¢ con, The Journal of symbolic Logic, 52 (1987), pesl-73. ee Te - M. Garcia Carpintero, «What is a Tarskian Defini Truth? Philosophical Studies, 82/2 (1996), pp. Tag, ion of Trash», Este trabajo consta de dos partes: la primera es de carécter expo- sitivo, y la segunda es mas bien polémica. " 1 la primera parte me propongo resumir de manera no formal los Principales resultados de mis investigaciones concernientes a la definicién de la verdad y al problema, mds general, de los funda- mentos de la seméantica. Estos resultados estén incorporados en una obra publicada hace varios afios'. Aunque mis investigaciones con- ciernen a conceptos de los que se ha ocupado la filosofia clasica, se las conoce comparativamente poco en los circulos filosd: icos a causa de su cardcter estrictamente técnico. Por esta razon espero que se me excusara por retomar el asunto’. Desde que aparecié mi obra, mis investigaciones han suscitado s objeciones de valor desigual; algunas de ellas fueron publica- das y otras fueron formuladas en discusiones publicas y privadas en vari Compérese Tarski (2) (véase la bibliografia al final de este trabajo). Esta obra puede consultarse para encontrar una presentacién més delallada y formal del asunto que trata esta memoria, y en particular de los t6picos incluidos en las secciones oy 4 13. También contiene referencias a mis primeras publicaciones sobre los problemas seménticos {una comunicacién en polaco, 1930; el articulo Tarski (1) en francés, 1931; una comunicacién en aleman, 1932: y un libro en pol: 1933]. La arte enn ” sitiva del presente trabajo se relaciona con Tarski (3), Mis investigaciones eobre le ne, cidn de verdad y sobre la semiintica tedriea han sido resetiadas o discutidas por Lott. tater 1), Jos (1), Kokoszynska (Dy (2), Kotarbinski (2), Scholz (1), Weinberg (1) * Puede esperarse que aumente cl interés por la semantica tedrica, de resultas de | reciente publicacién de la importante obra de Carnap (2). , “ee TEORIAS DE LA CORRESPONDENCIA 67 (jue he tomado parte*, En la segunda parte de este trabajo expondré nis opiniones acerca de estas objeciones. Espero que las observacio- vies que formularé al respecto no sean consideradas de caracter pu inente polémico, sino que se encuentren en ellas algunas contribu- clones constructivas al asunto {in la segunda parte de este trabajo hago amplio uso de materiales yentilmente puestos a mi disposicién por la Dra. Marja Kokoszynska (Universidad de Lwow). He contraido una deuda de gratitud con los profesores Ernest Nagel (Universidad de Columbia) David Rynin (Universidad de California), quienes me han ayudado a preparar el iexto final y me han hecho varias observaciones criticas. i, EXPOSICION |. El problema principal: una definicién satisfactoria de la verdad. Nuestro discurso tendra como centro la nocién* de verdad. \'{ problema principal es el de dar una definicion satisfactoria de esta nocidn, es decir, una definicién que sea materialmente adecuada y {ormalmente correcta. Pero semejante formulacién del problema no puede, por su generalidad, considerarse inequivoca; requiere, pues, algunos comentarios adicionales. Con el fin de evitar toda ambigiiedad, debemos comenzar por es- pecificar las condiciones en que la definicién de verdad sera consi- derada adecuada desde el punto de vista material. La definicion de- seada no se propone especificar el significado de una palabra {amiliar que se usa para denotar una nocién nueva; por el contrai io, se propone asir el significado real de una nocidn vieja. Por consi- racterizar esta nocién con la suficiente precision puiente, debemos on particular, a las discusiones piiblicas durante el | Congreso na- s Inter- * Esto se aplic: cional para la Unidad de la Ciencia (Paris, 1935) y la Conferencia de Congr nacionales para la Unidad de la Ciencia (Paris, 1937); cfr., por ejemplo, Neurath (1) y Gonseth (1). Las palabras «nocién» y «concepto» se usan en este trabajo con toda la vague- dad y ambigtiedad con que figuran en la literatura filoséfica, De modo que unas veces se refieren simplemente a un término. A veces no tiene importancia determinar cud interpretaciones se tiene en cuenta y en ciertos casos tal vez ninguna de ellas T de esta se aplica adecuadamente. Si bien en principio comparto la tendencia a evitar estos minos en toda discusi6n exacta, no he considerado necesario hacerlo asi en esta pre- sentacién informal 68 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX para que cualquiera pueda determinar si la definicién desempefia real- mente su tarea, En segundo lugar, debemos determinar de qué depende la correc- cién formal de la definicién. Por esto, debemos especificar las pala~ bras 0 conceptos que deseamos usar al definir la nocién de verdad; y también debemos dar las reglas formales a que debiera someterse la definicién. Hablando con mayor generalidad, debemos describir la estructura formal del lenguaje en que se dard la definicién, El tratamiento de estos puntos Ocupara una considerable porcién de la primera parte de este trabajo. 2. La extensién del término «verdadero» Comenzaremos por hacer algunas observaciones acerea de la exten n del concepto de verdad que aqui consideramos. El predicado «verdadero» se usa con referencia a fendmenos psi- coldgicos, tales como juicios 0 creencias. otras veces en relacién con Ciertos objetos fisicos —a saber, expresiones lingiiisticas y, especifi- camente oraciones [sentences]— y a veces con ciertos entes ideales Hamados «proposiciones». Por «oracién» entenderemos aqui lo que en gramatica se Hama usualmente «oracién enunciativa»; en lo que respecta al término «proposicién», su significado es, notoriamente, tema de largas disputas de varios filésofos y ldgicos, y parece que nunca se lo ha tornado bastante claro e inequivoco. Por diversas ta- Zones, lo mas conveniente parece aplicar el término «verdadero» a las oraciones; es lo que haremos'. Por consiguiente, siempre debemos relacionar la nocién de ver- dad, asi como la de oracién con un lenguaje especifico; pues es ob- vio que la misma expresién que es una oracién verdadera en un len- guaje puede ser falsa o carente de significado en otro. Desde luego, el hecho de que en este lugar nos interese primaria- mente la nocién de verdad de las oraciones no excluye la posibilidad de extender subsiguientemente esta nocidn a otras clases de objetos. 3. El significado del término «verdadero», El problema del sig- nificado (0 intensién) del concepto de verdad plantea dificultades mucho mis graves, * Para nuestros fines es més conveniente entender por «expresiones», «frases», » no inscripciones individuales, sino clases de inseripeiones de forma similar (por consiguiente, no cosas fisicas individuales, sino clases de tales cosas). ‘ TEORIAS DE LA CORRESPONDENCIA 69 1a palabra «verdad», como otras palabras del lenguaje cotidiano, jyrlamente no es inequivoca. Y no me parece que los fi owetes liv iratado este concepto hayan ayudado a disminuir su ambigiedad. sy discusiones de filésofos encontramos muchas concep- Vine ai debemos indicar cual Wones diferentes de la verdad y de la sede ituird la base ‘a discusion. ile cllas constituira la base de nuest ; co Quisiéramos que nuestra definicin hiciese justicia alas Intute fies vinculadas con la concepcion aristotélica clasica de Me en af vi Sat id as c idas palabras de \iituiciones que encuentran su expresién en las conocidas palabra: ln Metafisica de Aristételes: 2 no es os, es falso, Decir de lo que es que no es, o de lo que no es que es, es falso, es, eno es que mientras que decir de lo que es que es, 0 de lo que no es ¢ os, es verdadero. Si quisiéramos adaptarnos a la terminologia plosifice moderna \uiza podriamos expresar esta concepcién mediante la familiar hvala . . can aay sorvespon- Lu verdad de una oracion consiste en su acuerdo (0 correspo dencia) con la realidad. i res} > ara desig- (Se ha sugerido el término «teoria de la cort espondencia» par sa hur una teoria de la verdad que se base en esta Ultima formulacién. En cambio, si decidimos extender el uso popular del término i 3 6 ién a ion «lesigna» aplicandolo no sélo a nombres, sino también a orac y si acordamos hablar de los designados [designata] de las oraciones como de «estados de cosas», posiblemente podriamos usar, para los inismos fines, la oracion siguiente: . . ; © cosas Una oracién es verdadera si designa un estado de cosa. existente®. Sin embargo, todas estas formulaciones pueden conducir a diver- os equivocos, pues ninguna de ellas es suficientemente precisa y (1), Gamma, 7, 27, s otras, véase Aristotel , sti « Para la formulacién aristotél ; a nn , woes «los formulaciones son muy comunes en la literatura, pero no sé a quiéne: epe la verdad p. ¢j., en Puede encontrarse un tratamiento critico de varias coneepcones de a verdad Pgh 1) (en polaco solamente por ahora), pp. 123 ss., y Russell (1), pp Kotarbins| 70 TEORIAS DE LA VERDAD EN FL SIGLO XX clara (aunque esto se aplica mucho menos a Ja formulacién aristoté- lica original que a cualquiera de las otras); en todo caso, ninguna de ellas puede considerarse una definicién satisfactoria de la verdad, De nosotros depende que busquemos una expresién mas precisa de nuestras intuiciones. 4. Un eriterio de adecuacién material de la definicién’, Empe- cemos con un ejemplo concreto. Consideremos la oracién «la nieve es blanca». Nos preguntamos en qué condiciones esta oracidn es ver dadera o falsa. Parece claro que, si nos basamos sobre la concepcién clasica de la verdad, diremos que la oracién es verdadera si la nieve es blanca, y falsa si la nieve no es blanca. Por consiguiente, si la de- finicién de verdad ha de conformarse a nuestra concepcidn, debe im- plicar la siguiente equivalencia: La oracién «la nieve es blanca» es verdadera si, y sdlo si, la nieve es blanca. Obsérvese que la oracién «la nieve es blanca» figura entre comi- las en el primer miembro de esta equivalencia, y sin comillas en el segundo miembro. En el segundo miembro tenemos la oracién misma, y en el primero el nombre de la oracién. Empleando la termi- nologia logica medieval, también podriamos decir que en el segundo miembro las palabras «la nieve es blanca» figuran en suppositio for- matlis y en el primero en suppositio materialis. Apenas hace falta ex- plicar por qué debemos poner el nombre de la oracién, y no la ora- cién misma, en el primer miembro de la equivalencia. En primer lugar, desde el punto de vista de la gramatica de nuestro lenguaje, una expresién de la forma «X es verdadera» no se convertira en una oraci6n significativa si en ella reemplazamos «X» por una oracién o por cualquier otra cosa que no sea un nombre, ya que el sujeto de ” Bn lo que respecta a la mayoria de las observaciones contenidas en Las secciones 4 y 8, reconozco mi deuda con S. Lesniewski, quien las desarrollé en sus clases inédi- tas en la Universidad de Varsovia (en 1910 y afios posteriores). Sin embargo, Le niewski no anticipé la posibilidad de un desarrotlo riguroso de la teorfa de la verdad, y menos atin de una definicién de esta nocién; por consiguiente, si bien sefiald equiva- leneias de la forma (V) como premisas de la antinomia del mentiroso, no las concibid como condiciones suficientes para un uso adecuado (0 definicisn) de la nocién de verdad. Tampoco se le deben las observaciones de la seccién 8 respecto de la presen- cia de una premisa empirica en la antinomia del mentiroso, y la posibilidad de elimi- nar dicha premisa TEORIAS DE LA CORRESPONDENCIA 71 una oracién sdlo puede ser un nombre o una expresion que funcione como nombre. En segundo lugar, las convenciones fundamentales que regulan el uso de cualquier lenguaje requieren que, toda vez que hos pronunciemos acerca de un objeto, sea el nombre del objeto el que se emplee y no el objeto mismo. Por consiguiente, si deseamos decir algo acerca de una oracién —por ejemplo, que es verdadera debemos usar el nombre de esa oracién y no la oracién misma *. Puede agregarse que el poner una oracién entre comillas no es, de ningiin modo, la tinica manera de formar su nombre. Por ejemplo, suponiendo el orden usual de las letras de nuestro alfabeto, podemos usar la siguiente expresién como nombre (descripcién) de la oracién «la nieve es blanca». La oracion constituida por cuatro palabras, la primera de las cuales consiste en las letras 13.4 y 1." la segunda en las letras 16.6 10. 25." y 6.8 la tercera en las letras 6." y 22. y la cuarta en las letras 2.% 13.4 1.9 16.4 3.4y 1.“ del alfabeto castellano. Generalicemos ahora el procedimiento que acabamos de aplicar. Consideremos una oracién arbitraria; la reemplazaremos por la letra «p». Formemos el nombre de esta oracién y reemplacémoslo por otra letra, por ejemplo, «X». Nos preguntamos cual es la relacion logica que existe entre las dos oraciones «X es verdadera» y «p». lista claro que, desde el punto de vista de nuestra concepcidn basica de la verdad, estas oraciones son equivalentes. En otras palabras, vale la siguiente equivalencia: (V) X es verdadera si, y sélo si, p. Llamaremos «equivalencia de la forma (V)» a toda equivalencia de esta clase (en la que «p» sea reemplazada por cualquier oracién del lenguaje a que se refiere la palabra «verdadero», y «X» sea reem- plazada por un nombre de esta oracién). Por fin podemos formular de manera precisa las condiciones en que consideraremos el uso y la definicién del término «verdadero», como adecuado desde el punto de vista material: deseamos usar el (érmino «verdadero» de manera tal que puedan enunciarse todas las * En relacién con diversos problemas légicos y metodolégicos envueltos en este trabajo, el lector puede consultar Tarski (6) 72 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX equivalencias de la forma (V), y amaremos «adecuada» a una defi- nicion de la verdad si de ella se siguen todas estas equivalencias. Debemos subrayar que ni la expresién (V) misma (que no es una oracién sino sdlo un esquema de oracidn), ni caso particular alguno de la forma (V) pueden considerarse como una definicion de la ver- dad. Sdélo podemos decir que toda equivalencia de la forma (V), ob- tenida reemplazando «p» por una oracion particular, y «X» por un nombre de esta oracién, puede considerarse una definicion parcial de la verdad, que explica en qué consiste la verdad de esta oracién indi- vidual. La definicion general debe ser, en cierto sentido, una conjun- cién légica de todas estas definiciones parciales. (La ultima observacion exige algunos comentarios. Un lenguaje puede admitir la construccion de infinitas oraciones; por lo tanto, el numero de definiciones parciales de la verdad referentes a oraciones de dicho lenguaje también sera infinito. De modo que, para darle a nuestra observacién un sentido preciso, tendriamos que explicar qué se entiende por «conjuncién légica» de infinitas oraciones; pero esto nos Ievaria muy lejos en Ja consideracion de problemas técnicos de la l6gica moderna.) La verdad como concepto semantico. Propongo el nombre de «concepcién semantica de la verdad» para designar la concepcién de la verdad que se acaba de exponer. La semantica es una disciplina que —para decirlo sin gran preci- sién— se ocupa de ciertas relaciones entre las expresiones de un lenguaje y los objetos (o «estados de cosas») a que se «refieren» esas expresiones. Como ejemplos tipicos de conceptos semanticos mencionemos los de designacion, satisfaccion y definicion, tal como figuran en los ejemplos siguientes: La expresién «el padre de este pais» designa (denota) a George W hington; la nieve satisface la funcién proporcional [sentential] (la condicién) «x es blanca»; la ecuacién «2.x=1» define (determina univocamente) el numero 1/2. Mientras que las palabras «designa», «satisface» y «define» ex- presan relaciones (entre ciertas expresiones y los objetos a que se arefieren» estas expresiones), la palabra «verdadero» posee una na- turaleza légica diferente: expresa una propiedad (0 denota una clase) de ciertas expresiones, a saber, de oraciones. Sin embargo, se ve fa- cilmente que todas las formulaciones que se dieron anteriormente (cfr. las secciones 3 y 4) y que tenian por finalidad explicar el signi- ficado de esta palabra, no se referian a las oraciones mismas sino a TEORIAS DE LA CORRESPONDENCIA 73 objetos «acerca de los que hablan» estas oraciones, 0 posiblemente a «estados de cosas» descritas por ellas. Mas adn, resulta que la ma- tera mas simple y natural de obtener una definicion exacta de ver dad es la que acarrea el uso de otras nociones seménticas, p. ¢}.. la nocion de satisfaccion. Por estas razones incluimos el concepto de verdad que aqui tratamos entre los conceptos semanticos, y el pro- blema de definir la verdad resulta estar estrechamente relacionado con el problema més general de echar los fundamentos de la seman- lica teorica. a. ; la com- Acaso valga la pena decir que la seméntica, tal como se la con cibe en este trabajo (y en trabajos anteriores del autor), es una disci- plina sobria y modesta que no tiene pretensiones de ser una panacea universal para curar todos los males y las enfermedades de la huma- nidad, sean imaginarios 9 reales. No se encontrara en la semantica remedio alguno para la caries dental, el delirio de grandeza o los conflictos de clase. Tampoco es la semantica un artificio para esta- blecer que todos, con excepcidn del que habla y sus amigos, dicen disparates. ; a Desde la antigiiedad hasta nuestros dias, los conceptos semanti- cos han desempefiado un importante papel en las discusiones de los filésofos, logicos y fildlogos. Sin embargo, estos conceptos se han tratado durante mucho tiempo con cierta sospecha. Desde el punto de vista histérico, esta sospecha esta completamente justificada. Pues, aunque el significado de los conceptos semanticos, tal como se los usa en el lenguaje cotidiano, parece bastante claro e inteligible, todas las tentativas de caracterizar este significado de manera gene- ral y exacta han fracasado. Y, lo que es peor, varios argumentos que explicaban estos conceptos, y que por lo demas parecian correctos y tar basados sobre premisas aparentemente obvias, conducian con frecuencia a paradojas y antinomias. Baste mencionar aqui Ja antino- mia del mentiroso, la antinomia de la definibilidad (mediante un na- mero finito de palabras) de Richard, y la antinomia de los términos heterélogos, de Grelling y Nelson’. , _ Creo que el método esbozado en este trabajo ayuda a superar es- tas dificultades y asegura la posibilidad de lograr un uso coherente de los conceptos semanticos. > La antinomia del mentiroso (atribuida a Eubulides o Epiménides) se trata en las secciones 7 y 8. Pata la antinomia de 1a definibilidad (debida a J. Richard) véase, p. ej. Hilbert-Bemays (1), vol. 2, pp. 263 ss.; para la antinomia de Tos tGrminos hete- rologos, véase Grelling-Nelson (1), p- 307. 74 PEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX 6. Lenguajes con una estructura especificada. A causa de la posible aparicién de antinomias, el problema de especificar la es- tructura formal y el vocabulario de un lenguaje en que hayan de darse definiciones de conceptos seménticos se’ hace especialmente agudo. Nos ocuparemos ahora de este problema. Hay ciertas condiciones generales en las cuales se considera exactamente especificada la estructura de un lenguaje. Para especifi- car la estructura de un lenguaje debemos, por ejemplo, caracterizar inequivocamente la clase de palabras o expresiones que hayan de considerarse significativas [meaningfidl]. En particular, debemos in- dicar todas las palabras que hayamos decidido usar sin definirlas, y que se llaman «términos indefinidos (0 primitivos)»; y debemos dar las llamadas reglas de definicién para introducir términos definidos o nuevos. Mas atin, debemos establecer criterios para distinguir, den- tro de la clase de expresiones, aquellas que lamaremos «oraciones» [sentences]. Por tltimo, debemos formular las condiciones en que puede afirmarse una oracion del lenguaje. En particular, debemos in- dicar todos los axiomas (u oraciones primi esto es, oraciones que hayamos decidido afirmar sin prueba; y debemos dar las llama- das reglas de inferencia (o reglas de prueba) mediante las cuales po- demos deducir nuevas oraciones afirmadas a partir de otras oracio- nes afirmadas previamente. Los axiomas, asi como las oraciones que se deducen de ellos mediante las reglas de inferencia, se denominan «teoremas» u «oraciones comprobables». Si, al especificar la estructura de un lenguaje, nos referimos ¢ clusivamente a la forma de las expresiones que comprenden, se dira que el lenguaje esta formalizado. En tal lenguaje, los teoremas son las Unicas oraciones que pueden afirmarse. En la actualidad, los Gnicos lenguajes que poseen una estructura especificada son los lenguajes formalizados de los diversos sistemas de légica deductiva, posiblemente enriquecidos mediante ciertos tér- minos no ldgicos. Sin embargo, el campo de aplicacién de estos len- guajes es bastante amplio; tedricamente podemos desarrollar en ellos varias ramas de la ciencia, por ejemplo, la matemiatica y la fisica teé- rica. (En cambio, podemos imaginar Ja construccién de lenguajes que tienen una estructura exactamente especificada sin estar formaliza- dos. En un lenguaje de este tipo la afirmabilidad [assertability] de las oraciones, por ejemplo, puede no depender siempre de su forma sino de otros factores, de indole no lingitistica. Seria interesante e importante construir realmente un lenguaje de este tipo, y mas TEORIAS DE LA CORRESPONDENCIA 75 particularmente un lenguaje que resultara suficiente para el desarro- Hlo de una amplia rama de la ciencia empi pues esto justificaria la esperanza de que los lenguajes de estructura especif ieada tein rin por reemplazar el lenguaje cotidiano en el discurso cientifico ) El problema de la definicién de la verdad adquiere un signifi- cado preciso y puede resolverse en forma rigurosa solamente para aquellos lenguajes cuya estructura se ha especificado exac tamente. Para otros lenguajes -—por ejemplo, para todos los lenguajes natura- les 0 «hablados»— el significado del problema es mas 0 menos vago, y su solucién sélo puede tener un caracter aproximado. Crosse modo, la aproximacion consiste en reemplazar un Jenguaje natural (0 un trozo del mismo en que estemos interesados) por otro cuya es- se especifica exactamente, y que difiere del lenguaje dado ‘a posible» tructuré «tan poco como 7. La antinomia del mentiroso, Para descubrir algunas de las condiciones mas especificas que deben satisfacer los lenguajes en que (0 para los cuales) haya de darse la definicion de la verdad: &s aconsejable comenzar con el tratamiento de la antinomia que implica directamente 1a nocién de verdad, a saber, la antinomia del menti- roso, . in . | ; Para obtener esta antinomia en una forma clara", consideremos la oracion siguiente: la ovacion impresa en la pagina 75, lineas 23-24, de este trabajo, vdadera. no es Para abreviar reemplazaremos la oracién que acabamos de enun- ciar por la letra «s» . 4 De acuerdo con nuestra convencién concerniente al uso ade- cuado del término «verdadero», afirmamos la siguiente equivalencia de la forma (V): (1) «sy es verdadera si, y sélo Si, la oracién impresa en la pa- gina 75, lineas 23-24, de este trabajo, no es verdadera. Por otra parte, teniendo presente el significado del simbolo «s», establecemos empiricamente el siguiente hecho: Debida al profesor J, Lukasiewicz, (Universidad de Varsovia) 76 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX (2) «s» es idéntica a la oracidn impresa en la pagina 75, lineas 23-24 de este trabajo. ‘ Ahora bien, por una ley familiar de la teori i \hore oF a a a teoria de la identidad (ley de Leibniz), se sigue de (2) que en (1) podemos reemplazar la Sone sion «la oracién impresa en la pagina 72, lineas 34-35, de este tra- bajo» por el simbolo «s>. Obtenemos asi lo que sigue: , : (3) «s» es verdadera si, y sélo si, «s» no es verdadera. De esta manera, hemos Ilegado a una contradiccion evidente Ami juicio a erréneo y peligroso, desde el punto de vista del progreso cientifico, despreciar la importancia de esta y otras antino- mias, tratandolas como bromas 0 sofistiquerias. Es un hecho que es- tamos en presencia de un absurdo, que nos hemos visto obligados a afirmar una oracion falsa [puesto que (3), como equivalencia entre dos oraciones contradictorias, es necesariamente falsa]. Si tomamos en serio nuestro trabajo no podemos tolerar este hecho Debemos descubrir su causa, es decir, debemos analizar las premi 1s sobre las que se basa la antinomia; luego debemos rechazar por lo menos una de esas premisas, y debemos investigar las consecuencias que esto tiene para el dominio integro de nuestra investigacion. : Debemos insistir en que las antinomias han desempefiado un pa- pel prominente en el establecimiento de los fundamentos de las mo- dernas ciencias deductivas. Y, asi como las antinomias de la teorfa de las clases —y en particular la antinomia de Russell (de la clase de todas las clases que no son miembros de si mismas)- fueron el punto de partida de las tentativas exitosas por formalizar coherente- mente (3 Wegica y la matematic , por su parte la antinomia del menti- y otras antinomia anticas de i a id ON ot en as semanticas dan origen a la construccién de la he s. La incoherencia [inconsistency] de los lenguajes semantica- men. fe cerrados, Analizando las suposiciones que conducen a la anti- nomia del mentiroso, observamos las siguientes: (1) Hemos supuesto, implicitamente, que el lenguaje en que se construye la antinomia contiene, ademas de sus expresiones los nom- bres de estas expresiones, asi como términos semadnticos tales como cl kérmino «verdadero» referido a oraciones de este lenguaje; también hemos supuesto que todas las oraciones que determinan el uso ade- TEORIAS DE LA CORRESPONDENCIA 17 cuado de este término pueden afirmarse en el lenguaje. Un Jenguaje que goza de estas propiedades se jlamaré «semanticamente cerrado». (IT) Hemos supuesto que en este Jenguaje valen las leyes ordi- narias de la logica. ([il) Hemos supuesto que podemos formular y afirmar en premisa empirica, tal como el enunciado (2) nuestro lenguaje una que figuraba en nuestro argumento. Resulta que la suposicion (III) no es esencial, pues 8 posible re- construir la antinomia del mentiroso sin su ayuda". En cambio, se demuestra que las supo: jciones (1) y (I) son esenciales. Puesto que todo lenguaje que sat face ambas suposiciones es incoherente [in- consistent], debemos rechazar al menos una de ellas. Seria superfluo subrayar en este punto las consecuencias del r chazo de la suposicion (IL), esto es, del cambio de nuestra légica (su- e esto fuera posible) aunque solo fuera en sus partes mas onsideraremos solamente la poniende qu clementales y fundamentales. Por esto ¢! ibilidad de rechazar la suposicion (I). Decidiremos no usar len- po: alguno que sca semanticamente cerrado en el sentido dado guaje anteriurmente. Esta restriccion seria, desde luego, inaceptable para quienes —por razones que no son claras para mi— creen que hay un solo lenguaje agenuino» (0, al menos, que todos Jos lenguajes «genuinos» son mu- tuamente traducibles). Sin embargo, esta restriccion no afecta a las necesidades 0 a los intereses de la ciencia de una manera esencial. Los lenguajes (sea los formalizados 0 —lo que ccurre con mayor frecuencia— los trozos del lenguaje cotidiano) que se usan en el di curso cientifico no tienen por qué ser semanticamente cerrados. Esto 1 sto puede hacerse, a grandes rasgos, de 13 siguiente manera. Sea S un enun- ciado cualquiera que comience con las palabras {odo enunciadon. Correlacionamos con § un nuevo enunciado S’ sometiendo a S a Jas siguientes modificaciones: reem- plazamos en S Ja primera palabra, « Todon, por «bys y después de Ja segunda palabra, re nanciadon, insertamos toda la frase S entre comillas. Convengamos en Hamar auto) aplicabley o «no (auto) aplicable» al cnunciado §, segiin que el enunciado co- rrelacionado 8” sea verdadero o falso. Consideremos ahora el enunciado siguiente Todo enunciado es no aplicable. aba de formularse debe ser a la vez tuye una contradiceidn, Puede no ser la antinomia no envuelve una PI is ffeil comprobar que el enuunciado que 2c aplicable y no aplicable, por consiguienté, consti todo claro en qué sentido esta formulacion de ! sisa empirica; pero-no me detendré mas en este punto, 78 TEORIAS DE LA VERDAD EN EL SIGLO XX es obvio en el caso en que los fendmenos lingitisticos y, en particu- lar, las nociones semanticas, no intervienen de manera alguna en el asunto de una ciencia; pues en tal caso el lenguaje de esta ciencia no necesita ser provisto de términos semanticos. Sin embargo, veremos en la proxima seccién como puede prescindirse de lenguajes sema ticamente cerrados incluso en aquellas discusiones cientificas que acarrean esencialmente nociones semanticas. Se presenta el problema de la posicién que ocupa el lenguaje co- tidiano a este respecto. A primera vista pareceria que este lenguaje satisficiera las suposiciones (I) y (II), y que por ello es incoherente. Pero en realidad el caso no es tan simple. Nuestro lenguaje cotidiano no es, ciertamente, un lenguaje que posea una estructura exacta- mente especificada. No sabemos con precision cuales expresiones son oraciones, y sabemos atin menos cuales oraciones pueden to- marse como afirmables. De manera que el problema de la coherencia carece de sentido exacto respecto de este lenguaje. En el mejor de los casos sélo podemos arriesgarnos a conjeturar que un lenguaje cuya estructura ha sido especificada exactamente, y que se parece a nuestro lenguaje cotidiano tanto como sea posible, es incoherente. 9. Lenguaje-objeto y metalenguaje. Puesto que hemos acor- dado no emplear lenguajes semanticamente cerrados, debemos usar dos lenguajes diferentes al tratar el problema de la definicién de la verdad y, en general, todos los problemas semanticos. El primero de estos lenguajes es el lenguaje acerca del que «se habla», y que es el tema de toda la discusién; la definicién de la verdad que estamos buscando se aplica a las oraciones de este lenguaje. El segundo es el lenguaje en que «hablamos acerca del» primer lenguaje, y en cuyos términos deseamos, en particular, construir la definicion de verdad para el primer lenguaje. Denominaremos /enguaje-objeto al primer lenguaje y metalenguaje al segundo. Obsérvese que estos términos, «lenguaje-objeto» y «metalen- guaje», sdlo tienen un sentido relativo, Por ejemplo, si nos interesa la nocion de verdad aplicada a oraciones, este ultimo se convierte auto- maticamente en el lenguaje objeto de nuestra discusién; y para defi- nir la verdad para este lenguaje, debemos ir a un nuevo metalen- guaje, a un metalenguaje, por asi decir, de un nivel superior. De esta manera Ilegamos a toda una jerarquia de lenguajes. EI vocabulario del metalenguaje esta determinado, en gran parte, por las condiciones enunciadas anteriormente, en las que se conside- rara materialmente adecuada una definicion de la verdad. Recorde- TEORIAS DE LA CORRESPONDENCIA. 79 mos que esta definicion debe implicar todas las equivalencias de la forma (V): (V) Xes verdadera si, y slo si, p. La definicién misma, y todas las equivalencias implicadas por ella, han de formularse en el metalenguaje. cambio, el simbolo «p» que figura en (V) representa una oracién arbitraria de nuestro lenguaje-objeto. Por consiguiente, toda oracién que figure en el len- guaje-objeto también debe figurar en el metalenguaje; en otras pala- bras, el metalenguaje debe contener el lenguaje-objeto como parte de él. Esto es al menos necesario para probar que la definicién es ade- cuada aun cuando la definicion misma pucde formularse a veces en un metalenguaje menos amplio que no satisface esta condicion. [La condicién en cuestidn puede modificarse un tanto, pues basta suponer que el lenguaje-objeto puede traducirse al metalenguaje; esto requiere cierto cambio de la interpretacién del simbolo «p» en (V). En todo lo que sigue ignoraremos la posibilidad de esta modifi- cacion. | Mas aun, el simbolo «X» que figura en (V) representa el nombre de la oracién reptesentada por xp». Vemos, pues, que el metalen- guaje debe tener la riqueza suficiente para dar la posibilidad de construir un nombre para cada una de las frases del lenguaje objeto. Ademas, el metalenguaje debe contener, obviamente, términos de caracter légico general, tal como.la expresién «si y solo si» ”. Es deseable que el metalenguaje no contenga términos indefini- dos, a excepcién de los involucrados explicita o implicitamente en las observaciones precedentes (es decir, términos del lenguaje-ob- jeto), de los términos referentes a la forma de las expresiones del lenguaje objeto, de los términos que se usan para construir nombres de € expresiones, y de los términos légicos. En particular, desea- mos que los términos seménticos (referentes al lenguaje-objeto) se introduzcan en el metalenguaje sélo por definicién. Pues, si se satis- > Los términos «légica», y «légico» se usan en este trabajo en un sentido amplio, que se ha torriado casi tradicional en las tiltimas décadas; la Idgica comprende —se- gin se supone aqui— toda la teoria de las clases y relaciones (esto es, la teoria mate- matica de los conjuntos), Por muchas y diferentes razones, me inclino personalmente a usar e] término «légicay en un estudio mucho més estrecho, a saber. de manera que slo se aplique a lo que a veces se llama la «légica elemental», es decir, al calculo proposicional y al calculo (restringido) de predicados.