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LA NUEVA CIENCIA: SU DESAFÍO, LÓGICA Y MÉTODO

Autor: Leonardo Castillo Ramos


Agosto 2008

LA NUEVA CIENCIA: SU DESAFÍO, LÓGICA Y MÉTODO


Dr. Miguel Martínez Miguélez

Miguel Martínez Miguélez, español y también de nacionalidad venezolana es Licenciado


en Filosofía, Psicología y Educación, y cursó estudios en las Universidades de Turín, Roma,
Oxford, Munich y Central de Venezuela. Es Doctor en Pedagogía por la Universidad Pontificia
Salesiana de Roma con Especialización en Psicología Educativa. Dicta cursos en el Doctorado
de Ciencia Política en la Universidad Simón Bolívar y en el Doctorado de Ciencias Sociales de
la Universidad Central de Venezuela. Sus obras más recientes son: Comportamiento Humano:
Nuevos Métodos de Investigación; La Investigación Cualitativa Etnográfica en Educación; El
Paradigma Emergente: Hacia una Nueva Teoría de la Racionalidad Científica; La Psicología
Humanista: Un Nuevo Paradigma Psicológico; La Evaluación Cualitativa de Programas;
Ciencia y Arte en la Metodología Cualitativa y La Nueva Ciencia: Su Desafío, Lógica y
Método, de la cual se presentan los aspectos más resaltantes.
Según el autor de la obra, ésta tiene como objetivo fundamental señalar a los interesados
en el estudio de las ciencias humanas, el camino para salvar la brecha entre una postura
ideológica o racionalidad positivista y una racionalidad postpositivista, caracterizada por su
orientación y lógica dialéctica, sistémica, interdisciplinaria, constructivista, ecológica y
humanista; y que debe ser conducida con gran rigurosidad, sistematicidad y criticidad.
En este sentido, en el contenido de la obra contrasta la ciencia que se ha fundamentado en
los postulados del positivismo lógico con la que denomina como Nueva Ciencia, y utiliza como
título en esta producción, además confiesa que su escogencia no es casual, sino que tiene
antecedente en la obra de Juan Bautista Vico (Scienza Nuova) que aspiraba formar una sola
ciencia integrada del saber a través de la convergencia e interpretación de las ciencias humanas.
Para una mejor comprensión del planteamiento, el autor presenta una breve descripción
de las orientaciones del pensamiento que a su juicio se pueden clasificar como paradigmas
epistémicos y considera que el primero de ellos es el teológico, que fundamenta su eje central
en la religión, donde los conceptos de creación y finitud de un orden cósmico establecido por
Dios, de sabiduría y voluntad divina eran los dadores universales de significado, que aún son
considerados de esta manera por algunas personas en su convicción de fe, y que debido a la
condición de divino no permite contradecir esta palabra sagrada convertida en verdad absoluta,
por lo cual son conceptos irrefutables, es decir, no pueden ser considerados como verdaderos o
falsos. Sin embargo, en la actualidad la religión pasó a ser un asunto de opción personal; como
en el caso de quien escribe este ensayo, formado bajo los preceptos del catolicismo pero con el
pasar de los años ha asumido su propia visión de Dios, como aquella identidad que puede
ofrecer la oportunidad de la reflexión oportuna en los momentos de crisis existenciales.
El segundo de los paradigmas epistémicos es el filosófico, que según Martínez se explica
como la aceptación de las ideas por parte del hombre, en la medida en que concuerden con su
lógica y razonamiento, con sus argumentos de razón y no por dogmatismos. Posteriormente
presenta el paradigma científico-positivista, el cual sostiene que la realidad está totalmente
hecha, acabada y plenamente externa y objetiva; además que privilegia y propugna la
objetividad del conocimiento, el determinismo de los fenómenos, la experiencia sensible, la
cuantificación aleatoria de las medidas, la lógica formal y la verificación empírica. Esta última
es la tesis básica del precitado paradigma y considera que una proposición es significativa si y
sólo si puede ser verificada empíricamente, en caso contrario se convierte en una
seudoproposición carente de significado. Otra consideración relevante que expone el autor
respecto a este paradigma es el individualismo, en el sentido de la afirmación exclusiva del
individuo, del singular, del particular.
Ante estos planteamientos del positivismo surge el paradigma postpositivista como
respuesta, aunado debido a los cambios que en el pensamiento científico se originan a través de
la postura crítica de varios filósofos y gracias al nacimiento de nuevas teorías que permitirán
demostrar que el observador influye en el fenómeno y éste lo afecta a él. Son varios los autores
quienes contribuyeron y contribuyen a la fundamentación epistémica de este paradigma, entre
los principios o postulados se encuentran los de Kant “La mente humana es un participante
activo y formativo de lo que ella conoce”, tal como lo considera la teoría cuántica cuando a
través de ella se explica que el observador no sólo es necesario para observar los propiedades
de los fenómenos atómicos, sino también para provocar la aparición de estas propiedades.
Además, esta teoría nos fuerza a ver el Universo no como una colección de objetos
físicos, sino más bien, como una complicada red de relaciones entre las diversas partes de un
todo unificado. Por otra parte, Martínez plantea que nuestra mente siempre actúa dentro de un
marco teórico interpretativo, por lo cual se tiende en cada observación seleccionar aquella
realidad que posee un significado personal actual, producto de la formación previa, de las
expectativas teoréticas adquiridas y de los intereses, valores, creencias, ideales, necesidades y
temores asimilados. En este sentido, plantea el autor que realmente no conocemos hasta dónde
lo que se percibe es algo exterior o es producto de nosotros mismos y de nuestras expectativas
culturales y sugestiones aceptadas. Tal como se pudo observar en la película ¿Y tú que sabes? o
¿Quién carajo somos?, donde la realidad puede ser afectada por nuestra mente a través de los
pensamientos o la realidad afectar lo que podemos pensar; además como lo plantea uno de los
científicos entrevistados el cerebro no puede diferenciar entre la realidad externa o interna, lo
cual permite comprender que la interpretación del observador es crucial para describir la
realidad observada.
En este contexto, el autor expone que la observación y la interpretación son inseparables
y tal como lo plantea Popper “todo conocimiento –incluso las observaciones- está impregnado
de teoría”, es decir, no hay conocimiento sin un sujeto cognoscente y no hay percepción
humana inmaculada, por tanto, no existen hechos objetivos inviolables o que no sean
interpretados.
Ante este enfoque del paradigma postpositivista la actitud del investigador en las
ciencias humanas debe estar orientada a la comprensión de la realidad como un todo donde son
más importantes las relaciones entre las partes que las individualidades, por tanto, no se puede
hablar de hechos objetivos sino que se debe asumir una actitud crítica permanente, donde exista
una correspondencia con el método de investigación; lo cual coadyuvará a una búsqueda de
conocimiento acorde con la condición humana, obviando la cuantificación de sentimientos,
actitudes y emociones que hasta el momento a consecuencia de la universalización del método
científico para todas las ciencias se han desarrollado estudios bajo este modelo.
Además, es importante tomar en cuenta que las disciplinas representan sólo algunos
aspectos de sus referentes en el intento de representar la realidad, aunque esta representación es
hipotética, indirecta y parcial, debido a que el conocimiento humano es incierto, inexacto y
limitado. De ahí la importancia de asumir responsablemente la investigación y tomar en cuenta
la red de relaciones que conforman un fenómeno, tal el caso de la fenomenología que estudia
las realidades vivenciales de los actores involucrados, lo cual le permite describir la estructura
individual de cada uno de ellos y, a través de ellas construir la estructura general que representa
de alguna manera la realidad en estudio, bajo la óptica de los sujetos involucrados en la misma.
En este sentido, el dinamismo de las relaciones humanas, la concepción de la realidad del
investigador y de los investigados, además de las creencias, valores y cultura inciden
directamente en la construcción del conocimiento.

Leonardo Castillo Ramos