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TABLA DE CONTENIDO

Reconocimientos ………………………………………………………

El proceso de interpretación bíblica: Una introducción ……………….

Capítulo 1 - La interpretación de la Biblia ……………………………

Capítulo 2 - Crítica textual …………………………………………….

Capítulo 3 - El texto en su trasfondo histórico ………………………..

Capítulo 4 - Exégesis sociológica ……………………………………..

Capítulo 5 - Análisis de las fuentes …………………………………….

Capítulo 6 - Análisis de las formas literarias ………………………….

Capítulo 7 - Análisis de las tradiciones ………………………………..

Capítulo 8 – Análisis de las redacciones ………………………………

Capítulo 9 – Análisis composicional ……………………………………

Capítulo 10 – Análisis canónico …………………………………………

Capítulo 11 – Análisis gramatical ……………………………………….

Capítulo 12 – Análisis literario …………………………………………..

Capítulo 13 – Análisis retórico …………………………………………..

Capítulo 14 – Análisis estructural ……………………………………….

Capítulo 15 – Análisis postestructural …………………………………..

Capítulo 16 – Análisis feminista …………………………………………

Capítulo 17 – Teoría de la recepción …………………………………….

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RECONOCIMIENTOS

Muchas personas han contribuido en mi formación como persona, como creyente y como

estudioso del Nuevo Testamento. No puedo olvidar el lugar medular de la Biblia y la teología en

mi hogar. Los diálogos de mis tíos Otoniel y Timoteo, la piedad de mi abuela, Antonia –mamá—

y la sensibilidad literaria de mi madre, Lydia. Estos y estas me enseñaron a amar la Biblia.. Ese

tiempo de mi niñez con la Biblia lo recuerdo como un tiempo en el paraíso. Quiero agradecer a

todas aquellas personas que me leyeron la Biblia de niño y de joven.. En los últimos años, mi

padre, Ediberto, me ha acompañado con su presencia y preguntas sobre el texto. Esto ha sido

muy significativo en mi vida. A quienes me enseñaron a amar la Biblia y a quienes me enseñaron

a leer la Biblia con ojos humanos y me facilitaron la entrada en la adultez, mi eterna gratitud.

Hay varias personas que quiero señalar por su efecto permanente en mi vida como pastor

y como investigador del Nuevo Testamento. Varias personas han sido instrumentales en mi

formación académica en el Seminario Evangélico. El Dr. Samuel Pagán ha sido mi colega y

facilitador en mi docencia. Su apoyo a mi desarrollo como miembro de la facultad y su énfasis

en la importancia de la investigación y la publicación de las mismas ha sido un gran incentivo en

la preparación de este, mi primer libro para publicación. Mi gratitud a su apoyo como facultativo

y su amistad son cosas que estimo con humildad y cariño.

Varios maestros me ayudaron a gestar mi pensamiento teológico y quiero agradecer a

Dios mi encuentro con ellos. Me refiero al Dr. Luis F. Mercado, el Dr. Jorge Luis Bardeguez, el

Dr. Juan Bek y al Dr. Wade Eaton, este último quien fue uno de mis primeros maestro en las

ciencias bíblicas. Agradezco a mis maestros en Union Theological Seminary y en Drew

University el adiestramiento que me dieron en las lenguas bíblicas y en la lectura de los textos

bíblicos. Me refiero a los profesores Raymond Brown, J. L. Martyn, Joel Marcus, Thomas

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Robinson, Lala K. Dey, Darrell Daughty y Thomas Strocker en cuyas aulas pude formarme

como estudiante graduado de Nuevo Testamento. El Dr. Justo González estuvo siempre cerca de

mí, instándome a escribir, a terminar mi doctorado, a dedicarme al servicio del pueblo hispano en

el aula. Me ayudó, además, buscando recursos para que yo pudiera estudiar y participar de una

serie de diálogos que me han enriquecido. A Justo mis más expresivas gracias.

Dedico esta obra especialmente a mi maestro en Nueva York, el Dr. Norman Karroll

Gottwald. En aquella ciudad fría y dura, Norman era un retorno al calor del trópico caribeño. Fue

mi maestro de métodos exegéticos, luego fui su asistente como estudiante graduado de Biblia

hebrea y del curso de Métodos Exegéticos. Tuve el honor de escribir mi disertación doctoral

bajo su dirección durante los años 1991- 1992. Norman fue un “Herr Professor Vater” conmigo.

Nunca olvidaré su amistad y ayuda sincera y dedicada. Gracias a su disciplina y paciencia pude

terminar mi disertación que, para un latino, es un proyecto muchas veces inacabado e inacabable.

Junto a todas estas personas, dedico esta obra a todos mis estudiantes en New York

Theological Seminary, Auburn Theological Seminary, Princeton y el Seminario Evangélico de

Puerto Rico. Desde luego que mis congregaciones disfrutaron y sufrieron mis ensayos con estos

métodos que aquí trato de explicar.

Mi esposa Vilma, la cual ha llevado a cabo un diálogo teológico conmigo desde hace

veinticinco años, y mis hijos, Jared, Patria, Ediberto y Moisés apoyaron mi tiempo en los

estudios graduados y en el aula escolar. A ellos vaya también mi gratitud. Quiero agradecer a la

Junta de Ministerios Globales de la Iglesia Metodista Unida todo su apoyo a mi docencia en el

Seminario Evangélico de Puerto Rico y, sobre todo, su apoyo a este proyecto de investigación y

sabática. Sin ese apoyo este trabajo habría sido muy difícil de lograr.

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Agradezco de forma particular a la Revda. Miriam Z. Rodríguez de Gutiérrez, quien ha

editado este manuscrito con gran cuidado y dedicación. La tarea de Miriam ha sido concienzuda,

y una señal de la gracia divina. Desde luego, yo soy responsable del contenido, pero los

señalamientos editoriales de la Revda. Rodríguez han sido iluminadores y al punto. Agradezco,

además, a mi colega, Dr. Eliseo Pérez, quien leyó este manuscrito y me hizo sugerencias muy

valiosas.

Sobre todo, esta obra la dedico a la gloria de Dios que me amó y envió a su Hijo y a su

Espíritu por mí. A todos ustedes, muchísimas gracias por colaborar con Dios y conmigo para que

yo recibiera ese medio de gracia que tanto he disfrutado, que es la educación teológica.

Cuarto domingo de Pascua del año 2002

Ediberto López, Ph. D.

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Introducción

EL PROCESO DE INTERPRETACIÓN BÍBLICA

Hermann Rorschach notó que en el juego «Klecksographie» cada persona veía cosas

distintas en las mismas imágenes gráficas. Según lo que veían en las imágenes construían

historias que tenían que ver con su trasfondo, su bagaje intelectual, sus experiencias vividas, etc.

Rorschach transfirió este juego a sus investigaciones sobre la personalidad y los disturbios de

personalidad. En un estudio con miles de personas descubrió que mirando imágenes abstractas él

podía discernir rasgos de personalidad y aun percepciones con gran distorsión. De aquí surgieron

las tarjetas de técnicas proyectivas con las que se diagnostica esquizofrenia, rasgos de

personalidad, hábitos y estilos. Rorschach descubrió la polivalencia de las imágenes y cómo el

lector o la lectora le proyectan significado a las imágenes. De esto es que se trata la

interpretación bíblica: de las posibilidades indefinidas de los textos bíblicos y de la capacidad

que tienen los lectores y las lectoras en su localización para hacer percepciones que agregan

significado a un texto.

Cuando hablamos de interpretación bíblica usamos algunos conceptos técnicos, o usamos

el término «exégesis» o el término «hermenéutica». Estos términos tienen sus similitudes y sus

diferencias, pero ambos se refieren a la interpretación que le hacemos a un texto. El concepto

exégesis tiene más peso desde el punto de vista de la interpretación que le hacemos a un texto

fijándonos en su horizonte histórico social y literario primario. Una lectura exegética de la Biblia

tiende a buscar detrás del texto y posiblemente el texto mismo. Detrás del texto están todas las

preguntas sobre su trasfondo histórico-social. En el texto incluimos todos los asuntos literarios y

estructurales. Pero el concepto hermenéutica tiene más la intención de buscar el delante del texto.

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Una lectura hermenéutica se orienta más a la interpretación potencial del texto bíblico para

nuestro contexto en nuestro horizonte y con nuestras preguntas. Este libro que ustedes están

comenzando a leer es esencialmente un libro de exégesis. Pero nos parece que es necesario

empezar por lo conocido. Empecemos por el horizonte del lector o la lectora para luego entrar

en el horizonte del texto, a veces tan remoto que nuestras opiniones son muy limitadas.

El horizonte del lector o la lectora nos lleva a la pregunta hermenéutica. En términos de

la hermenéutica bíblica debemos mencionar varios modelos hermenéuticos que han sido

planteados en el discurso reciente especialmente en la teología latinoamericana.

Juan Luis Segundo escribió en la década de los setenta un libro llamado Liberación de la

teología. En ese libro él entra en la pregunta hermenéutica. Segundo presenta un modelo en

forma de circuito al que le llama el círculo hermenéutico. Ese círculo es la relación entre el

lector o lectora en su contexto y el texto antiguo en diálogo con la persona que lee. Plantea

Segundo unos criterios teológicos significativos para una lectura hermenéutica donde el texto

hable con una voz nueva y significativa para nuestro contexto. Algunos de los criterios para el

círculo hermenéutico son:

(1) Sospecha teológica. Debemos sospechar de todo proceso teológico-pastoral desde el

punto de vista que está tratando de justificar teológicamente la ideología del régimen de

explotación económica. Hoy añadiríamos que «todos los poderes que están» tienen hachas que

amolar y están tratando de echarse el manto sagrado encima. Por lo tanto, en cualquier situación

donde haya algún excluido o marginado y haya situaciones de injusticia y opresión, debemos

levantar una bandera de sospecha en nuestra lectura e interpretación. Es posible que la lectura

oficial esté orientada a legitimar «el status quo».

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(2) El segundo criterio de Juan Luis Segundo es que la interpretación se hace de la

sociedad a la teología. Note que Segundo tiene claro que no es desde la Biblia que se comienza a

hacer teología. Eso es lo que creemos ingenuamente. Cuando miramos bien, lo que hemos hecho

es buscar textos bíblicos para justificar nuestras presuposiciones de fe o ideológicas. La teología

se hace desde la sociedad. Es en nuestra localización que miramos e interrogamos los símbolos

de fe y no desde los símbolos de fe hacia la sociedad.

(3) Un tercer detalle es lo que escuchamos de los textos cuando los interrogamos. A los

textos les hacemos nuestras preguntas y éstos nos han de contestar respuestas nuevas que

humanicen. Si el texto sólo nos dice recetas viejas a los nuevos problemas, no habremos

escuchado una palabra libertadora ante nuestra situación de opresión. El círculo hermenéutico se

habrá interrumpido por una respuesta anacrónica y sin utilidad para nuestras preguntas y nuestras

situaciones. Una lectura liberadora del texto nos ofrecerá respuestas humanizadoras ante las

preguntas que surjan de nuestra práctica social y personal.

Este último detalle del proceso hermenéutico lo explica José Severino Croatto.1 Plantea

un modelo de lector responsivo ante el texto. En este modelo se plantea la relativa autonomía del

texto frente a su trasfondo histórico y su autor en este horizonte de lectura distanciado por el

tiempo, los nuevos receptores en nuestra situación distante del texto inicial. Usando la teoría de

la comunicación, Croatto plantea que ahora que el texto es enviado nuevamente a un nuevo

receptor, el texto cobra nuevos e indefinidos significados. Es que en la nueva situación en que el

texto se envía al remitente nuevo, ha surgido una reserva de significado en el texto. Realmente lo

que sucede es que el lector o lectora no tiene un contexto común con el autor del texto antiguo y,

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Croato ha publicado dos libros completamente distintos sobre hermenéutica. El primero de estos fue en 1983 y el segundo en 1994. Este último
es mucho más ameno y fácil de leer. El primero era una interpretación de Gadamer y Ricoeur para América Latina. El segundo es una explicación
sencilla del primer libro, pero mucho más amena y cercana al lector o lectora de la Biblia.

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ante las ambigüedades del texto y las brechas normales de cualquier texto, el nuevo lector le

añade nuevos significados. El texto muestra su carácter polisémico, esto es, envía muchos

significados más allá de los que pretendía el autor original. Cada lector o lectora, en su

localización social y existencial, ve en las brechas del texto nuevas posibilidades para una

palabra de vida nueva para nuestro tiempo.

Estos dos modelos de interpretación bíblica nos remiten al diálogo entre el horizonte del

texto y nuestro horizonte como lectores. Cuando hablamos de hermenéutica, debemos delimitar

los marcos hermenéuticos y los factores hermenéuticos involucrados en este proceso.

Primeramente debemos señalar que el proceso hermenéutico está limitado a la localización en la

que ubica el ser humano que interpreta la escritura. Por más intención de objetividad, siempre

preguntamos cosas a la Biblia que nos interesan en nuestra situación. Es posible que el texto nos

diga algo que nos abra el apetito, pero siempre son nuestras inquietudes, nuestras preguntas,

nuestros problemas los que determinan qué preguntas les hacemos a los textos. Por lo tanto, toda

interpretación parte de unos preentendimientos muy nuestros que debemos hacer explícitos.

Hay una serie de niveles que delimitan nuestra lectura que debemos asumir en el proceso

hermenéutico. El texto lo interpretamos tanto en el ámbito individual como también como

miembros de una comunidad social. Esto implica que hay que tomar en serio distintos factores

que afectan las percepciones y desarrollo personal del sujeto que interpreta el texto. Algunos

factores que afectan al individuo en su interpretación de los textos bíblicos son: (1) edad, (2)

género (3) etapa de desarrollo humano, (4) ideología (5) confesión de fe religiosa, (6)

preparación cultural y académica, (7) recursos bibliográficos, (8) localización social, (9)

orientación sexual, (10) raza, (11) etnia, (12) otros.

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El desarrollo humano en que se encuentre el lector o lectora es un factor determinante en

las preguntas y respuestas que escuchamos del texto. No es lo mismo lo que un lector en la niñez

comprende y se imagina ante la lectura de una narrativa que lo que un joven que ha puesto todo

en discusión piensa sobre un texto. Lo mismo nos sucede con las etapas de la adultez. No se lee

el texto desde la misma óptica cuando estamos comenzando la adultez y buscamos resolver las

necesidades de intimidad, que lo que lee un envejecido en sus etapas cercanas a la muerte. Toda

hermenéutica pastoral que intente interpretar la Biblia tendrá que darle atención a las etapas en la

vida de las personas que componen los grupos en la comunidad de fe a los que se dirigirá el

texto. Esto es especialmente importante en nuestras escuelas bíblicas dominicales donde la

congregación se divide en varios grupos de edad y género. La interpretación del texto deberá

presuponer una descripción detallada del lector o lectora en su etapa de vida. Un buen manual de

desarrollo humano permitirá a los líderes de la educación cristiana en una iglesia o en una

denominación a ser pertinentes y acertados en su programación de diálogo con el texto, tomando

en serio las etapas del desarrollo humano. Si el educando no se toma en serio, nuestra lectura y

discusión del texto serán palabras al aire. Pero si la lectura presupone la etapa en la vida del

educando, entonces tendremos experiencias vitales y retantes de educación cristiana, liturgia,

predicación y vida devocional.

Los asuntos de género sexual se han convertido en un foco medular del proceso

hermenéutico. El foco se da en varios niveles. Por un lado una lectura desde la perspectiva de la

mujer en el texto bíblico encontrará que en muchas ocasiones el texto reproduce

sacralizadamente la voz del patriarcado como si fuera la voz de Dios. En estos casos el texto o

silencia la mujer, o legitima relaciones sociales opresivas (1 Cor 11.3; 14.34; 1 Tim 2.9ss). Estos

textos no hay manera de silenciarlos. Hablan contra la mujer. La única alternativa hermenéutica

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viable será señalar que en la misma Biblia hay otras voces a favor de la mujer o denunciar que

estos textos estaban prejuiciados contra la mujer debido al patriarcado.

La Biblia está llena de textos en donde la voz de las mujeres ha sido subordinada a la voz

de los hombres. Pero gracias a Dios, voces a favor de la mujer surgen con fuerza y nos ayudan en

una lectura mujerista de la Biblia. Un ejemplo de esto lo tenemos en las historias de Marta y

María en la Biblia. Lucas (Lc 10.38ss) nos presenta una historia donde María asume el papel de

discípulo asignado a los hombres en su construcción social. Su hermana Marta la reprende

porque ella debería colaborar en las tareas del hogar asignadas por la cultura a las mujeres. Jesús

por su parte alega que María ha tomado la mejor parte. Así que María se ha insubordinado

contra la cultura patriarcal y Jesús le ha legitimadión. En lenguaje evangélico diríamos, ¡Gloria

a Dios!

Lo fascinante del canon es que estas mujeres vuelven a aparecer de nuevo en el canon.

Nos referimos al relato de la resurrección de Lázaro. Allí estas mujeres dan largos discursos de

lamento sobre la muerte de Lázaro y la ausencia de Jesús. Si Lucas nos plantea que la mejor

parte muchas veces está en las funciones que les han sido prohibidas a las mujeres en las culturas

androcéntricas y patriarcales, Juan nos presenta a estas mujeres asumiendo la voz que ha sido lo

primero que se les ha quitado a ellas por el patriarcado. Pero el canon lo ha llevado más allá.

Lucas dio un discurso a favor de que las mujeres asuman funciones que les habían sido

prohibidas por el canon. Pero es Juan el que nos muestra una praxis de lo que es devolverle la

voz a las mujeres y a cualquier grupo de silenciados por «los poderes que están». Una lectura

aparentemente ingenua de estos dos pasajes bíblicos, estirando hermenéuticamente el texto, nos

deja ver lo que sucede con una mujer emancipada: recobra su total humanidad junto al varón.

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Como decía el rabino Akiba en el segundo siglo d. C., «se ha reconciliado la imagen masculina y

femenina de Dios».

Pero de esta discusión hemos desarrollado un criterio hermenéutico. Cuando la Biblia

tenga dos voces, ¿cuál escogemos? Todo el tiempo escogemos la que represente los derechos

humanos y la vida. La otra voz representa los límites de la palabra humana en la Biblia. Claro,

que esto implica que en la Biblia hay trigo y cizaña. Pero el lector o lectora puede hacer una

lectura con el criterio de la vida en la mano y desechar los textos que representan la muerte de las

mujeres, los esclavos, los niños, los ancianos, los homosexuales, los negros, los extranjeros y

todos los demás oprimidos por la Biblia o por nuestro horizonte hermenéutico.

Otro factor en nuestra lectura bíblica son nuestras presuposiciones y preentendimientos

producto de nuestra formación cultural o académica. De esto nos podemos aprovechar para que

una discusión sobre el texto sea multifacética y multidisciplinaria. En un salón de clases donde

tengo técnicos, abogadas, maestras, médicos, sicólogos, músicos, y personas de distintos acervos

culturales o académicos, una pregunta básica es qué ven en el texto estas personas desde la

perspectiva que ellos dominan día a día. Aprovechar esta multidisciplinariedad debe enriquecer

significativamente nuestras ventanas a través de los cuales miramos los textos bíblicos. Inclusive,

las experiencias vividas por la gente que les han formado y educado son grandes ventanas que

debemos aprovechar para releer el texto. Obviamente que tendremos el riesgo de una lectura

sesgada y que no toma en cuenta la distancia entre los lectores y el texto. Pero un lector o lectora

avisado puede discernir entre la paja y el grano en este tipo de discusión sobre un texto.

Otro factor que define cómo comprendemos la Biblia son nuestras presuposiciones

teológicas. En una ocasión tomé un curso con Raymond Brown donde discutíamos la carta de

Judas. El profesor Brown preguntó por qué esta identificación entre «Judas el hermano de

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Santiago» que aparece en la introducción del documento. Luego de una discusión larga en el

salón de clase, el profesor planteo que él creía que esto se debía a que Jesús, siendo el Mesías del

cristianismo pero habiendo muerto sin hijos, creó un problema de sucesión al poder que en una

sociedad de la antigüedad se resolvía nombrando al hermano del difunto al poder. Brown alegó

que en Hechos, Santiago era el líder de la iglesia. Santiago, desde luego, estaba en el liderato

porque era el hermano de Jesús. Así mismo alego que en Gálatas 2, Pablo hablaba de Santiago

como una de las columnas y que todo esto se debía a la muerte sin hijos de Jesús. Uno de sus

hermanos carnales le había sucedido en el liderato de la comunidad. A continuación alegó que

Judas se presenta como hermano de Santiago como una estrategia para que el texto tuviera

autoridad en la comunidad en el proceso canónico.

Brown era miembro de la Comisión Bíblica Pontificia en Estados Unidos, por lo cual le

pregunté si él creía que la virgen había tenido más hijos. Para mi sorpresa me respondió que si yo

quería oír la respuesta de un católico romano o la de un historiador y exégeta. El punto estaba

hecho, la lectura del texto es afectada por las presuposiciones confesionales y teológicas del

lector. Cada tradición de fe se convierte en un factor en nuestra lectura e interpretación de los

textos. Como muchos textos bíblicos son suficientemente ambiguos como para dejarnos tomar

una decisión de una parte u otra, nuestras premisas tradicionales vienen a llenar el hueco que

necesitamos como lectores en nuestra interpretación. Podemos ingenuamente alegar que nuestra

tradición ha hecho la mejor lectura de los textos. Pero realmente lo que ha sucedido es que en el

cierre de significado hemos adoptado los preentendimientos de nuestra tradición consciente o

inconscientemente.

En un país dividido por dos grandes bloques ideológicos y un tercer bloque pequeño pero

con gran fortaleza en sus argumentos, no nos queda más remedio que alegar que las perspectivas

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ideológicas desde las que nos acerquemos a la Biblia afectarán nuestra lectura. Lo importante no

es entrar en este momento en la validez de nuestras presuposiciones ideológicas, porque

estaríamos debatiendo otros cien años. Lo que debe estar claro es cuáles son nuestras

presuposiciones ideológicas con las que leemos el texto.

Cuando yo era maestro de escuela bíblica de la Iglesia Metodista de Puerto Nuevo, dos

hermanos de los dos grupos que se alternan el poder en Puerto Rico me preguntaron --«para

tentarme»-- si la discusión de San Pablo sobre la necesidad de judaizar o no judaizar no era

similar a la discusión sobre la asociación autónoma y con nuestra cultura separada o la

asimilación entre los sectores partidistas puertorriqueños. Me sorprendió la candidez y firmeza

de estos hermanos. Discutían con seriedad. Estaban trayendo la carta a los gálatas a nuestro

contexto y a la discusión de «status» de Puerto Rico con toda seriedad. Claro que esa era una

pregunta peligrosa y yo se las devolví planteándoles si lo que querían era saber cuáles eran mis

premisas sobre el «status» político de Puerto Rico. Cuando hice explícito el debate, todo el

mundo se sonrió e hizo mutis. Pero la lección estaba clara: los asuntos ideológicos nos afectan

consciente e inconscientemente. Lo ideal es que hagamos explícitos nuestros preentendimientos

ideológicos para que nuestros interlocutores puedan entender de dónde venimos en nuestra

interpretación bíblica.

Un factor relacionado con nuestra interpretación son los recursos bibliográficos

accesibles. Mi experiencia es que la biblioteca que poseen nuestras iglesias y los libros que leen

los pastores y pastoras y el personal docente de la escuela bíblica afecta significativamente en lo

que pueden ver en los textos. En mi última congregación tuve el privilegio de tener un maestro

de escuela bíblica que estaba en la última onda en las discusiones sobre el Nuevo Testamento.

Venía a la clase con el Anchor Bible Dictionary, con libros de Crossan y con una infinidad de

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otros recursos de calidad. La clase era fascinante. Pero me ha pasado lo mismo con una persona

que sigue leyendo libros del siglo 19 en el siglo 21 y desde mi localización me parece que la

clase no toma en serio las preguntas nuestras al texto. ¡Cuán importante es que las iglesias y el

personal eclesial estén renovando los recursos bibliográficos a través de quienes leen la Biblia!

Conforme a los recursos bibliográficos serán las posibilidades de extraer tesoros nuevos de los

tesoros antiguos que hay en la Biblia. Me parece que en estos tiempos que hablamos tanto de

calidad total, dicha calidad se traduce a la bibliografía que tenemos y leemos en nuestra pastoral

y en nuestras congregaciones. Una congregación que sigue discutiendo asuntos del primer o

segundo avivamiento en los Estados Unidos en el siglo 19, u otros asuntos dogmáticos de La

Reforma, o el escolasticismo como aportes fundamentales, desde luego que no ha tomado en

serio el tiempo en que le toca interpretar la Biblia en pleno siglo 21.

Otro factor que me parece que ha sido negado en nuestro país por demasiado tiempo es la

cuestión de personas excluidas por raza, orientación sexual o étnica en las lecturas del texto.

Nosotros y nosotras creemos que Puerto Rico ha superado los problemas raciales. Pero esto es en

apariencia. La mejor evidencia de cuán traumatizadas están las relaciones de raza podemos

mirarla en los chistes que hacen los puertorriqueños sobre los negros, los homosexuales y los

dominicanos. Nuestros prejuicios sobre asuntos raciales, de orientación sexual y en contra de

nuestros hermanos y hermanas caribeños negros afectan nocivamente nuestra lectura del texto.

Nocivamente, porque nos es fácil enfatizar en los textos contra estos grupos de excluidos sin

ninguna misericordia. Nocivamente, porque para algunos de estos grupos parece que no hay

voces a favor de ellos en la Biblia.

La Biblia en sí misma puede ser un texto de terror contra cualquier grupo de personas

excluidas. En 1986, en la efervescencia de la teología de la liberación fui invitado a una reunión

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de teólogos étnicos de la Iglesia Metodista Unida en los Estados Unidos. Me tocó hacer una

reflexión hermenéutica y bajé con los criterios de la sospecha y con el paradigma del éxodo

como modelo de una sociedad donde se acababa la opresión y comenzaba a vivir la liberación.

Un hermano nativo americano me respondió que con el mismo criterio de la sospecha para leer

un texto, había que leer el paradigma del éxodo. Los cananeos exterminados del texto en el

pasado habían sido las naciones indígenas en América en el siglo 16 --y hasta el presente--, los

cuales habían recibido grupos de oprimidos que ahora les quitaban su tierra, su vida, su futuro.

Estos conquistadores tenían textos que les legitimaban, Éxodo 3, Josué, etc. Esta discusión a mí

me enseñó que en nuestras lecturas del texto bíblico necesitamos otro filtro hermenéutico: la

justicia y los derechos humanos. Cualquier texto que convierta a alguien en un «no-persona»

debe ser revisado por los más importantes principios de justicia que el mismo texto bíblico nos

ha legado.

Textos con una voz xenofóbica encontramos en la historia deuteronomista, en Esdras,

Nehemías, etc. Es interesante que la historia de Rut nos presenta una voz disidente en el coro de

textos xenofóbicos. Rut es moabita. Ya Deuteronomio nos ha dicho que el moabita «no entrará

en la congregación de Jehová» (Dt 23.3). La estrategia irónica del autor de Rut para el lector o

lectora es que a la vez que en el texto hay historias de terror contra las mujeres extranjeras en

Esdras y Nehemías, Rut, sin embargo, es la abuela del rey David. Estas dos voces en el canon

obligan al lector o lectora a tomar una decisión ética sobre los excluidos. En este caso son los

excluidos son por razón de etnia. Pero siempre ha habido un discurso oficial para matar a los

judíos, a los homosexuales, a los negros, a los dominicanos y a los excluidos del grupo en el

poder.

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Constantemente se justifica la eliminación de la otra persona. Resuenan en mis oídos,

como un texto de terror que nunca leemos, las palabras finales de un salmo precioso, el Salmo

137, allí donde dice «Bienaventurado el que restrelle tus niños contra la peña». Es interesante

que estas palabras no son leídas en nuestras iglesias. ¿Cuál es el criterio para eliminarlas? A mí

me parece que estas palabras son inaceptables para la piedad evangélica. Pero no procedemos a

hacer un criterio hermenéutico coherente con este ejemplo del Salmo 137. Todo texto que atente

contra la humanidad de una persona excluida hay que pesarlo contra los principios de amor,

justicia y derechos humanos que nos ha legado la Biblia y el estado actual de la discusión socio-

política. La Biblia nos obliga a tener un canon dentro del canon. Un canon dentro del canon es

que dentro de todas estas voces que hacen el coro bíblico, a nosotros y nosotras en este

horizonte nos toca «examinarlo todo y retener lo bueno» (1 Tes 5. 21). Esto significa que así

como en nuestra piedad leemos el Salmo 137 y callamos ante el último texto porque es

inaceptable a nuestros valores, así mismo haremos con todo texto de terror que colabore con la

matanza de los excluidos. La Biblia tiene suficientes textos donde las personas excluidas son

recogidas por la gracia de Dios como para ayudarnos a tener corazones compasivos y principios

de misericordia en nuestra lectura que supriman el valor de los textos de terror. Esto significa

que la Biblia no es necesariamente la palabra de Dios. La Biblia, usada para marginar o para

legitimar la opresión, es letra que mata (2 Cor 3.6).

Lutero nos enseñó un criterio para poder encontrar la palabra de Dios en la Biblia, y este

es Cristo. Cualquier pasaje que muestre el evangelio vivificador de Cristo, es divina palabra. Sin

embargo, cualquier pasaje que margine, elimine a un ser humano o legitime la injusticia, es letra

que mata.

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A su vez, otros factores que afectan lo que el texto significa pueden incluir el contexto

familiar, el contexto comunitario y el contexto sociológico en el que cada intérprete esté

localizado. Los factores hermenéuticos pueden ser indefinidos. Pero estamos en la necesidad de

hacerlos explícitos.

La Biblia nos fascina y nos reta. En los próximos capítulos nos confrontaremos con la

historia de la interpretación bíblica en el cristianismo y el judaísmo y con las técnicas

desarrolladas por las ciencias bíblicas para interpretar los textos bíblicos. Nuestra necesidad de

encontrar la presencia de Dios y de construir una sociedad donde more la justicia, nos obliga a

leer la Biblia con sabiduría y entendimiento. Lo que queremos es que aquellas palabras del

himnólogo se hagan realidad una vez más:

¡Oh cantádmelas otra vez, bellas palabras de vida!

hallo en ellas mi gozo y luz, bellas palabras de vida.

Sí, de luz y vida, son sostén y guía.

¡Qué bellas son! ¡Qué bellas son, bellas palabras de vida!

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Referencias

Caballero Cuesta, José M.


1994 Hermenéutica y Biblia. Pamplona: Verbo Divino.

Croatto, S.
1983 Hermenéutica Biblica. Buenos Aires: Aurora.
1999 Hermenéutica Biblica. Buenos Aires: Lúmen.

González, J. L.
1996 Santa Biblia. The Bible through Hispanic eyes. Nashville: Abingdon Press.

Levoratti, A.
1997 Hermenéutica y teología. Buenos Aires: Lumen.

Pixley, J.V.
1986 Biblia y liberación de los oprimidos. Ensayos de teología bíblica

Ricoeur, P.
1976 Interpretation theory. Discourse and the surplus of meaning. Forth Worth: The
Texas Christian University Press.
1980 Essays of biblical interpretation. Filadelfia: Fortress Press.

Segovia, F. y Tolbert, M. A.
1995 Reading from this place. Social location and biblical interpretation in global
perspective. Minneapolis: Fortress Press.

Segundo, J. L.
1975 Liberación de la teología. Buenos Aires: Carlos Lohlé.

Silva Gotay, S.
1983 El pensamiento cristiano revolucionario en América Latina y el
Caribe. Madrid: Sígueme.

Tamez, Elsa
1987 La Biblia de los oprimidos. San José: DEI.
1991 Contra toda condena. San José: DEI.

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CAPÍTULO 1
LA INTERPRETACIÓN DE LA BIBLIA

La Iglesia, al igual que el judaísmo, ha fundamentado gran parte de su fe y

entendimiento en las Escrituras. El cristianismo primitivo aceptó el canon judío utilizado en el

mundo helénico --la Septuaginta [LXX]--, y luego aceptó la versión del judaísmo de las

Escrituras de Israel. Eventualmente el cristianismo produjo sus propias escrituras, además de las

escrituras del judaísmo helénico o tanaítico, el Nuevo Testamento. Ya en el segundo siglo el

autor de 2 Pedro menciona las cartas paulinas como escrituras. A mediados del segundo siglo,

Marción produjo una lista de libros autoritarios para la fe que sólo incluía 10 cartas paulinas y un

evangelio similar al evangelio de Lucas. Estos comienzos entre 2 Pedro y Marción nos legaron

una larga discusión de varios siglos sobre qué libros cristianos debían tener autoridad para la fe y

vida de la comunidad. Más o menos en el cuarto siglo se llegó a un consenso sobre los 27 libros

que conforman el Nuevo Testamento.

La discusión sobre las Escrituras de Israel que tenían valor canónico para los cristianos

siempre ha sido un elemento de conflicto en la Iglesia. La cita de 1 Enoc en la carta de Judas, y

las alusiones a la apocalíptica judía en nuestro libro de Apocalipsis muestra que para los

cristianos más primitivos el canon de las Escrituras sagradas entre los judíos era suficientemente

flexible como para incluir otros libros adicionales a la Ley y los Profetas y, desde luego, mucho

más allá de la última parte del canon judío, los Escritos. La versión de Jerónimo tradujo todos los

escritos de la LXX al latín común en la Vulgata. Pero el mismo Jerónimo prefirió traducir de los

textos hebreos siempre que pudo y al final de su vida le dio más importancia al canon judío que

al canon griego utilizado en las iglesias. Esta discusión volvió a tomar auge en la Reforma

Protestante cuando Lutero cuestionó los libros de la LXX que no eran parte del canon judío y les

19
restó autoridad. No obstante, los tradujo e incluyó en su versión de la Biblia.

Los «cánones» del cristianismo latino, del cristianismo protestante y del judaísmo tenían

formas, contenido y organización distintas. Con estas diferencias, ya presentaban mensajes

teológicos divergentes a sus lectores. Había una hermenéutica canónica implícita en las listas de

libros y en el orden de los libros. Así, el judaísmo acababa su canon en 2 Crónicas con la

destrucción del templo judío a manos de Nabuconodosor y la orden de los persas de reconstruir

el templo. De esta manera el orden del canon judío hacía varios puntos teológicos. Por un lado,

este era el judaísmo después de la destrucción del segundo templo. Por otra parte, los Escritos le

daban una visión al judaísmo de cómo vivir la fe ahora que el judaísmo no tenía templo. La

iglesia latina concluyó su canon de las Escrituras de Israel con 2 Macabeos. Nuevamente este

orden planteaba una comprensión distinta de la colección canónica. El antiguo testamento latino

comenzaba con la historia primordial y terminaba con la historia de los Macabeos, de manera

que el texto parecía ser un compendio de la historia de la salvación. El cristianismo protestante

terminaba su canon de las Escrituras de Israel rechazando los libros de la LXX que no estaban en

el canon judío y concluyendo con la literatura profética. El último libro era Malaquías. Con esto

se convertían las Escrituras de Israel en un libro de promesa que necesitaba el cumplimiento, que

sería el próximo testamento, el Nuevo Testamento.

¿Cómo se desarrolló el proceso de interpretación de los textos bíblicos por el cristianismo

primitivo hasta la Reforma Protestante? Señalamos el proceso de interpretación por varios

factores. Implícita e inconscientemente, las comunidades cristianas estaban cada vez más

alejadas del mundo bíblico. La distancia les obligaba a hacer comprensibles los textos bíblicos

distanciados lingüística, cultural e históricamente. Por otro lado, las Escrituras eran la norma

20
esencial para la fe, por lo tanto, se requería interpretar tanto las tradiciones de Israel como las

tradiciones canónicas cristianas.

Una lectura del Nuevo Testamento nos muestra rápidamente que las Escrituras Sagradas

de los primeros cristianos era la Ley y los Profetas. Para el primer siglo, el judaísmo tenía como

sus libros sagrados la Ley, compuesta por los cinco libros adjudicados a Moisés, y los Profetas.

Éstos últimos estaban divididos en dos colecciones, los profetas anteriores --Josué a 2 Reyes-- y

los profetas posteriores --Isaías al rollo de los doce. Los autores del Nuevo Testamento se

refieren constantemente a esta colección cuando hablan de las Escrituras, la Ley y los Profetas, o

cuando dicen «está escrito» (Mt 2.5; 5.17; 22.29; 22.40; Mc 10.3; Lc 16.16; Jn 1.17).

San Pablo es el escritor más antiguo del Nuevo Testamento. Sus cartas constantemente

hacen alusiones a la Ley y los Profetas. En Gálatas 4 se nos presenta una lectura del Génesis que

nos muestra una técnica que se había propagado en el helenismo y de la cual tenemos muchos

otros ejemplos en Filón de Alejandría y en Qumrán; me refiero a la lectura alegórica:


21
Decidme, los que queréis estar bajo la Ley: ¿no habéis oído la Ley?, 22pues está
escrito que Abraham tuvo dos hijos: uno de la esclava y el otro de la libre. 23Pero
el de la esclava nació según la carne; pero el de la libre, en virtud de la promesa.
24
Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene
del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; este es Agar, 25pues Agar es el
monte Sinaí, en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, ya que esta, junto con
sus hijos, está en esclavitud. 26Pero la Jerusalén de arriba, la cual es madre de
todos nosotros, es libre.

Otra forma en que San Pablo lee las Escrituras de Israel es en forma tipológica. Las

partes del pasado en el texto se conectan con la situación presente de la comunidad. Así en 1

Corintios 10 (RVR 1995), San Pablo plantea:


1
No quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres estuvieron todos bajo la
nube, y todos pasaron el mar; 2que todos, en unión con Moisés, fueron bautizados
en la nube y en el mar, 3todos comieron el mismo alimento espiritual 4y todos
bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de la roca espiritual que los

21
seguía. Esa roca era Cristo. 5Pero de la mayoría de ellos no se agradó Dios, por lo
cual quedaron tendidos en el desierto. 6Estas cosas sucedieron como ejemplos
para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. 7Ni
seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: «Se sentó el pueblo a
comer y a beber, y se levantó a jugar». 8Ni forniquemos, como algunos de ellos
fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil. 9Ni tentemos al Señor, como
también algunos de ellos lo tentaron, y perecieron por las serpientes. 10Ni
murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por mano del
destructor. 11Todas estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas
para amonestarnos a nosotros, que vivimos en estos tiempos finales. 12Así que el
que piensa estar firme, mire que no caiga. 1

El lector o lectora debe notar el énfasis en leer la Escritura como una guía ética para la

comunidad. Claro, que hay una serie de puntos geniales en la lectura de San Pablo. San Pablo

alega que ni el bautismo, ni la Santa Cena son garantías para la salvación. Pero lo interesante es

cómo San Pablo comparó a Israel en el desierto con la comunidad de fe y cómo hizo un

paralelismo con los sucesos sobre el agua en Meriba y el Maná con la Santa Cena y el Bautismo

cristiano: todo con un fin comunitario y ético.

El evangelio según Mateo, de un escritor del judeocristianismo primitivo de finales del

primer siglo que nos produjo una narrativa sobre Jesús y que lleva el nombre de uno de sus

discípulos, nos presenta otra vista de la forma de interpretar las escrituras para el

judeocristianismo. Esta narrativa tiene una alta estima de las tradiciones de Israel como escritura

sagrada para la comunidad similar al judaísmo. La comunidad detrás de Mateo es dominada

culturalmente por los judeocristianos. Para el evangelio de Mateo, la Ley y los Profetas tienen

valor en la vida diaria de la comunidad:

No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolir,


sino a cumplir… (Mt 5.17).

1
Una lectura tipológica similar a esta la encontramos en el comentario de Habacuc en Qumrán. Un ejemplo nos basta: «Mas el justo por la fe
vivirá» (Hab 2.4b). La interpretación de esto se refiere a todos los que practican la ley en la casa de Judá. Dios los salvará en el juicio a causa de
sus sufrimientos y de su fe en el Maestro de la Justicia». (IqpHab, Col VII.1; ennegrecido mío).

22
El resto de Mateo 5 no es otra cosa que un comentario sobre el significado de la Ley para

la comunidad de Mateo. Una lectura cuidadosa nos deja ver que la Ley era leída como guía para

la vida diaria de la comunidad mateana. La diferencia fue que la comunidad usó una clave para

interpretar la Ley y los Profetas, las enseñanzas de Jesús que recibieron de Q y de sus propios

materiales. Este tipo de lectura referida a las tradiciones de Israel se repite vez tras vez en Mateo

(Mt 19.4s).

Un detalle sobre la lectura interpretativa de las Escrituras de Israel en Mateo es cómo éste

relacionó la vida y ministerio de Jesús con el cumplimiento de las Escrituras: «Todo esto

aconteció para que se cumpliera lo que dijo el Señor por medio del profeta: 23 ‘Una virgen

concebirá y dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Emanuel’» (Mt 1.22ss). Este tipo de

alusión a las Escrituras de Israel se repite en varias ocasiones en Mateo (2.15; 2.17; 2.23; 4.14;

8.17; 12.17; 13.35; 21.4; 26.56; 27.9). Este otro discurso sobre el cumplimiento de las Escrituras

nos abre una pista para el discurso sobre cómo es que Jesús cumple la misma; su vida y

ministerio son un cumplimiento de las Escrituras. El Sermón del Monte es la segunda forma en

que la comunidad cumple con la Ley y los Profetas. Así que hay dos relecturas de las Escrituras

de Israel en las tradiciones de Mateo: una cristológica y otra ética.

Lucas también hace uso de las Escrituras de Israel. Lo interesante es que han sido puestas

en una clave, como palabras que se refieren a Jesús. Esto puede hacerse de dos formas, una cita

de la Escritura en forma de tipología o a través de un modelo de promesa-cumplimiento. En

forma de promesa-cumplimiento tenemos las enseñanzas del Cristo Vivo a los discípulos de

Emaús:

Y comenzando desde Moisés y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en
todas las Escrituras lo que de él decían (Lc 24.27, ennegrecido nuestro).

23
Los caminantes en la narrativa explican el diálogo sobre las escrituras de la siguiente manera: «Y

se decían el uno al otro: — ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el

camino y cuando nos abría las Escrituras?» (Lc 24.32). En el encuentro entre el Cristo Vivo y

los discípulos, se hace alusión a la explicación de la pasión y la resurrección como una clave para

releer las Escrituras de Israel: «Luego les dijo: —‘Estas son las palabras que os hablé estando

aún con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo que está escrito de mí en la Ley

de Moisés, en los Profetas y en los Salmos. Entonces les abrió el entendimiento para que

comprendieran las Escrituras» (Lc 24. 44ss). El lector o lectora debe notar que el canon de la

comunidad de Lucas va más allá de la Ley y los Profetas, ahora incluye los Salmos.

Otro autor donde vemos el uso de la Escritura de Israel como un referente para explicar la

fe cristiana es el autor de Hebreos. El uso de la Escritura que explica la alta cristología de la

comunidad judeocristiana se nota desde el primer capítulo:

¿A cuál de los ángeles dijo Dios jamás:


«Mi Hijo eres tú,
yo te he engendrado hoy»,
ni tampoco:
«Yo seré un padre para él,
y él será un hijo para mí?»
6
Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice:
«Adórenlo todos los ángeles de Dios».
7
Y ciertamente, hablando de los ángeles dice:
«El que hace a sus ángeles espíritus,
y a sus ministros llama de fuego».
8
Pero del Hijo dice:
«Tu trono, Dios, por los siglos de los siglos.
Cetro de equidad es el cetro de tu Reino». (Heb 1.5ss)

El lector o lectora debe notar que el autor de Hebreos ha interpretado los salmos

cristológicamente. Este Salmo 2, que originalmente se relacionaba con la monarquía israelita,

ahora sirve para la alta cristología del autor de Hebreos. Lo mismo hará el autor de Hebreos con

24
el Salmo 8, el cual originalmente era un poema sobre la imagen y semejanza de Dios en el ser

humano, pero que para el autor de Hebreos es una referencia a Cristo.

Un detalle final sobre el autor de Hebreos es su uso de las narrativas bíblicas como un

encomio para la vida de su comunidad; su comunidad que parece que está flaqueando en la fe

debido al hostigamiento social, posiblemente de parte del resto de la comunidad judía. En este

contexto de hostilidad social y cultural, la comunidad judeocristiana es invitada a ver en los

personajes de las Escrituras modelos de resistencia (Heb 11).

Fíjese el lector o lectora que las Escrituras de Israel han tenido una doble utilidad para estos

escritos del cristianismo primitivo. Por un lado le han servido para explicar quién es Jesús en la

comunidad, pero por otro lado han servido para dar dirección ética a la comunidad.

25
El Nuevo Testamento es testigo del tipo de lectura hermenéutica que los judaísmos le hacían

a sus tradiciones sagradas. Así como en Qumrán3 se interpretaba la escritura como un tipo de las

situaciones que pasaban en la comunidad, así mismo el cristianismo primitivo vio nuevos

significados en los textos antiguos. La palabra de Dios no estaba encadenada a su contexto

histórico y literario. Entre los judíos y los cristianos primitivos había una gran polisemia y

libertad interpretativa para la construcción de su identidad y para la humanización de sus

comunidades que nos reta a nosotros y nosotras a ser intérpretes de las Escrituras.

Del siglo 2 d. C. en adelante se dio toda una gran discusión sobre los significados del

texto. Un detalle que debemos incluir y que va más allá de este ensayo es que en el segundo siglo

tanto el judaísmo como el cristianismo primitivo están cerrando o comenzando a organizar su

canon de libros sagrados. El judaísmo cierra su Escritura con la inclusión de los Escritos y el

cristianismo primitivo comienza a organizar el Nuevo Testamento. Pero el cierre canónico

irónicamente significó una libertad hermenéutica extraordinaria. Así que el judaísmo tanaítico

comenzó a organizar la Misná --repetición--, que no era otra cosa que la interpretación de las

tradiciones bíblicas para la nueva situación de las comunidades judías. Las leyendas judías sobre

la interpretación del canon son valiosas para comprender la polisemia que siempre se le vio al

canon.

En el primer siglo Hillel y Samay eran dos maestros de la ley, los intérpretes de mayor

importancia del judaísmo. Sus interpretaciones en muchas ocasiones eran irreconciliables. Pero

de acuerdo con el Bath Kol (la voz silenciosa de Dios) «estas y esas otras son la palabra de

2 Un ejemplo de esto lo podemos ver en el «pesher» de Habacuc en los Manuscritos del Mar Muerto,
donde luego de citar un pasaje del libro de Habacuc dice: «Su interpretación se refiere a la Casa de
Absalón y a los miembros de su consejo, que se callaron cuando la reprensión del Maestro de la Justicia
y no le ayudaron contra el Hombre de Mentira, que rechazó la Ley en medio de toda su comunidad»
(IQpHab Col. V, 9-11).

26
Dios». Así que ni Hillel ni Samay podían negarse mutuamente a pesar de sus diferencias

teológicas, porque la tradición apuntaba a que ambos, en sus diferencias y conflictos,

representaban la palabra divina. La Misná está llena de referencias a las opiniones divergentes de

los grandes intérpretes de la Ley. Un ejemplo nos baste. En la discusión sobre los frutos de la

tierra en el año sabático se plantea que «En cuanto al campo bien cultivado, afirma la escuela de

Samay, que no pueden comerse sus frutos en el año séptimo. La escuela de Hillel, en cambio,

sostiene que sí pueden comerse» (Sheb. 4-2).

En el Talmud de Babilonia se narra que Moisés vio a Dios escribiendo adornos sobre las

palabras de la Ley. Ante esto, Moisés le preguntó a Dios por qué estos adornos, a lo que Dios le

respondió que Akiba interpretaría estos adornos. Moisés pidió conocer a Akiba y fue

transportado al segundo siglo d.C., al salón de Akiba, pero no entendió ni una de las palabras de

éste. Un estudiante de Akiba preguntó de dónde sacaba estas interpretaciones de la Ley y Akiba

le respondió que esto le había sido revelado a Moisés.

El Talmud de Babilonia plantea que hay 70 caras de la Tora, esto es, la Escritura es

infinita en sus posibilidades de interpretación. En el folclor judío se cuenta que cuatro grandes

maestros de la Tora fueron a un jardín. El primer maestro miró el jardín y murió. El segundo

enloqueció. El tercero comenzó a destruir el jardín. El cuarto, Akiba, entró al jardín y salió

intacto. El punto es que la Escritura es como el paraíso y, por lo tanto, no es para todos

interpretarla. Más aún, la interpretación del texto es una tarea peligrosa; tan peligrosa que puede

conducir a la muerte, a la violencia, a la locura, o a la vida. De la palabra «paraíso» en hebreo

(Pardes) la tradición judía alegó que había cuatro significados esenciales para cada letra de la

palabra pardes. La primera letra pe en hebreo da base a la explicación literal (peshat). Peshat es

el significado simple y básico del texto. La segunda consonante es la rosh de donde surge la

27
interpretación ramez. Esta interpretación es aquella que plantea que un texto alude a otro texto

de la Escritura. Por lo tanto, un texto será explicado con otro texto o con otros textos del texto

canónico. La tercera consonante es la daleth. De aquí proviene la interpretación como derash.

Este concepto está familiarizado con el concepto midrash. Una lectura en esta clave derash

interpreta el texto alegóricamente. Su propósito es esencialmente homilético. La última

consonante de la palabra pardes es la sin o shin; de aquí proviene la interpretación llamada sod.

Sod es la interpretación escatológica o mística esotérica. Esta interpretación es profundamente

imaginaria.

Tenemos un ejemplo de este tipo de interpretación con el Cantar de los Cantares. Para

muchos rabinos este libro era escandaloso, por lo tanto, querían sacarlo del canon. Alegaban que

su interpretación literal (peshat) era una historia de amor entre un hombre y una mujer, una

historia erótica de la antigüedad. Otros rabinos alegaban que había que interpretarlo

alegóricamente como un remez. Así se convertía en una alegoría de la relación entre Yahvé e

Israel. Pero Akiba alegaba que la interpretación superior era un sod, esto es, una interpretación

esotérica. Alegaba Akiba que la lectura del Cantar de los Cantares hacía referencia al aspecto

femenino y masculino de Dios. El libro hacía referencia a la imagen de varón y mujer de Dios en

Génesis 1. Así, cuando Israel leía el Cantar de los Cantares reestablecía el balance entre la

imagen masculina de Dios y la imagen femenina. Pero iba más lejos Akiba. Planteaba que

cuando en el Sabat los israelitas comenzaban leyendo el Cantar de los Cantares, integraban estas

dos fases de la imagen de Dios, la masculina y la femenina. En esa integración hombre-mujer


3
actualizado en el culto judío y en la sexualidad humana, se integraban los dos aspectos de Dios .

3
Para una introducción a una interpretación más detallada del texto en la tradición judía, vea a Strack y Stemberger (1992) y
Steinsaltz (1976). Para una traducción de la Misná al español, vea a Carlos del Valle (ed.) (1997).

28
Así como el judaísmo generó estos cuatro tipos de interpretación de las Escrituras de Israel,

así mismo el cristianismo también género sus propias y similares interpretaciones de la Escritura.

Para los padres y madres de la iglesia el Canon tenía cuatro tipos de interpretación: (1) literal, (2)

espiritual-alegórica, (3) tropológica o moral y (4) anagógica o escatológica-mística.

A principios del segundo siglo, en las cartas de San Ignacio a los de Filadelfia, se nos plantea

un fenómeno interno al problema de una religión que es heredera del judaísmo pero que se ha

separado del judaísmo: «Mas si alguno os viniere con interpretaciones sobre el judaísmo, no le

escuchéis» (Filadelfia IV.1). Un poco más abajo en esta misma carta, San Ignacio plantea que el

mensaje cristiano es superior al mensaje de las Escrituras de Israel, aunque amamos estas

tradiciones israelitas: «Alto, no obstante, tiene de más excelente el Evangelio, a saber: la venida

del Salvador, nuestro Señor Jesucristo, su pasión y su resurrección. Y es así que los profetas, a

los que amamos, a él anunciaron; mas el Evangelio es el acabamiento y perfección de la

incorrupción» (Filadelfia IX. 2).

En la epístola a los magnesios nuevamente se plantea esta relación difícil con el judaísmo. El

lector o lectora debe notar que se utiliza la Biblia hebrea para refutar el orden cultural judío:

«No os dejéis engañar por doctrinas extrañas ni por esos cuentos viejos que no sirven para nada.

Porque si hasta el presente vivimos a estilo de judíos, confesamos no haber recibido la gracia. En

efecto, los profetas divinísimos vivieron según Jesucristo» (Magnesios VIII.1-2). Nótese que

nuevamente se rechaza al judaísmo y se alega que los profetas vivieron como viven los

cristianos. Esta tensión entre las tradiciones de Israel y la cultura judía ya la había vivido San

Pablo. San Pablo también estimaba como Escritura la Ley y los Profetas, pero entendía que para

ser salvo no había que ser judío. En el segundo siglo este debate se está dando tanto con judíos

como con judeocristianos. Es en este contexto que las cartas de San Pablo comienzan a recibir

29
autoridad canónica. Tienen la utilidad de resolver el dilema cultural de judíos o paganos. Las

cartas plantean una tercera ruta, cristianos.

En el segundo siglo otros documentos abordan el asunto de cómo interpretar las Escrituras de

Israel. En la carta de Bernabé se aborda una interpretación audaz de un problema que en su

sentido literal prohibiría comer cerdo: «Y lo que Moisés dijo: No comerás cerdo ni águila, ni

gavilán ni cuervo, ni pez alguno que no tenga escamas, no es sino que tome tres símbolos e

inteligencia. Moisés habló en espíritu (pneumati). Ahora bien, el cerdo lo dijo por lo siguiente:

no te juntarás --dice-- con hombres tales que son semejantes a los cerdos; es decir, que cuando lo

pasan prósperamente, se olvidan del Señor, y cuando se ven necesitados, reconocen al Señor, al

modo que el cerdo, cuando come, no sabe de su señor; mas cuando tiene hambre gruñe y, una

vez que toma su comida, vuelve a callar» (EpBarnabás X.1ss). Note el lector o la lectora que se

ha hecho del sistema de pureza una alegoría ética y se le ha dado un nuevo significado al texto.

En 1 Clemente XIII se nos presenta algo que para nosotros los protestantes es novedoso, el

uso de los libros de la LXX de forma canónica. Así, este autor de principios del segundo siglo d.

C. plantea: «¿No leíste y sabes de aquellos viejos, en los días de Susana, que por ser asiduos en

el trato de mujeres se detenían a mirar la ajena hermosura y cayeron en el abismo de la

concupiscencia y no pudieron mantenerse en la mente casta y se arrojaron sobre la

bienaventurada Susana para violarla?» (1 Clem XIII.1). Esta es una cita a la leyenda de Susana en

el libro de Daniel en la LXX. Obviamente para los padres de la iglesia y aun en el canon del

Nuevo Testamento, los libros griegos de los judíos y algunos libros apocalípticos --como es el

caso de la cita de Judas-- eran parte del canon y se interpretaban para la pastoral de la iglesia.

Tertuliano comenta el Padre Nuestro desde una perspectiva hermenéutica a finales del

segundo siglo, comienzos del tercer siglo:

30
«No obstante, debemos entender ‘danos hoy nuestro pan cotidiano en sentido espiritual

Porque Cristo es nuestro pan. Cristo es la vida y la vida es pan. Yo soy, él dijo, el pan de la

vida’.» Note el lector o la lectora que los textos del Nuevo Testamento ya están circulando y

comienzan a interpretarse alegóricamente. Esto, desde luego, ya había comenzado dentro del

Nuevo Testamento mismo cuando Marcos interpretó la parábola del sembrador alegóricamente

(Mc 4.1ss). Una lectura a esta parábola en el Evangelio de Tomás nos muestra que originalmente

esta parábola no contenía la interpretación alegórica. Así que la lectura alegórica ya sirvió como

clave hermenéutica para darle un nuevo sentido a los textos de la Biblia hebrea y del Nuevo

Testamento en gestación.

A finales del segundo siglo y comienzos del tercero se organizaron dos centros de

interpretación bíblica en la iglesia. Por un lado estaba la Escuela de Alejandría con Clemente y

Orígenes, y por el otro estaba la escuela de Antioquía con Diodoro de Tarso y Teodoro de

Mopsuestia.

Clemente de Alejandría (180-215 d. C.) le dio énfasis a la explicación literal de la Escritura.

Pero Clemente alegó que la Escritura era la fuente de la filosofía helenística. Así que

implícitamente legó una clave hermenéutica a la Escritura: la filosofía helenista. Para Clemente,

Cristo era la fuente de la filosofía.

Orígenes fue un teólogo de la escuela de Alejandría, conocida ésta por sus lecturas alegóricas

de las Escrituras. En el Libro IV de la traducción latina de Rufino se nos da un ejemplo de esta

lectura alegórica en clave neoplatónica:

De lo que se podrá inferir, que las profecías que fueron entregadas para las
naciones individuales deben ser referidas más bien a las almas, y a sus diferentes
mansiones celestiales4.
4
El texto en inglés dice: «From which it will appear to follow, that those prophecies which are delivered to the individual nations
ought to be referred rather to the souls, and to their different heavenly mansions». La traducción al español es mía.

31
Orígenes estaba preocupado con las contradicciones que encontró en las

Escrituras. En Génesis 1 notó que la luz había sido hecha antes que el sol, la luna y las

estrellas. Para resolver este problema, Orígenes planteó que había que leer la escritura

alegóricamente 5.

La escuela de Antioquía se cuestionó las lecturas alegóricas de la Escritura. Diodoro de Tarso

(378 d. C.) alegó que el Salmo 2 no se refería a Cristo.

Ireneo de Lyon, en el tercer siglo, disputó con los heterodoxos de su tiempo. Uno de ellos era

Marción, quién rechazó la Biblia hebrea de su canon y sólo admitió las epístolas paulinas y una

copia trunca de Lucas. Ireneo le responde con las siguientes palabras: «Vano, también es el

esfuerzo de Marción y sus seguidores, cuando buscan excluir a Abraham de la herencia, al cual

el Espíritu, a través de muchos hombres, y ahora a través de Pablo, le dan testimonio de que ‘él

creyó a Dios y le fue reputado a él por justicia’»6 (Libro IV, 8.).

A finales del siglo 4 y principios del 5, un teólogo de África, San Agustín, produjo su obra.

San Agustín pensaba que el canon era homogéneo en su significado. «Nuestros autores, en

quienes no en vano se establece y resume el Canon de las letras sagradas, por ningún motivo

discrepan entre sí.» (La ciudad de Dios, XVIII, XLI). Algunos ejemplos de cómo San Agustín

interpretaba la Escritura los encontramos en sus obras. Con el resto del cristianismo leían la

Biblia hebrea desde la perspectiva hermenéutica de que era un libro de profecías concernientes a

Cristo:

5
Obviamente, la escuela de Alejandría había recibido su influencia de Filón de Alejandría y su lectura alegórica de la Biblia hebrea.
Filón era un judío del primer siglo, miembro de la élite, que asimiló los textos bíblicos a la filosofía platónica. Así, comentando sobre Génesis 1 y
2 plantea: «Hay dos clases de hombre; uno es el hombre celestial, el otro el terreno...» (Penna, 100).

6
Orígenes, Libro IV, 8. El texto es traducción mía del inglés donde se ha traducido de la siguiente manera: «Vain, too, is [the effort
of] Marcion and his followers when they [seek to] exclude Abraham from the inheritance, to whom the Spirit through many men, and now by
Paul, bears witness, that ‘he believed God, and it was imputed unto him for righteousness’».

32
El libro del Cantar de los Cantares, ¿qué es sino un espiritual deleite de las almas
en el desposorio del rey y reina de aquella ciudad, que es Cristo y su Iglesia? (La
ciudad de Dios, XVII, XIX, 15).

Note el lector o la lectora que se ha hecho una lectura alegórica del Cantar de los Cantares,

pero se ha usado una clave cristológica para interpretar el texto de la Biblia hebrea.

El mismo San Agustín en sus Confesiones planteó que para poder armonizar coherentemente

una lectura del texto se requería una lectura espiritual --léase alegórica-- del texto, de modo que

pudiera refutar las lecturas de los maniqueos: «...los enigmas de las Escrituras del Viejo

Testamento..., pues declarados en sentido espiritual, muchos de los lugares de aquellos libros,

comencé a reprender aquella mi desesperación... » (Confesiones, XIV, 24).

San Jerónimo (354-430 d. C.) fue un contemporáneo de San Agustín. El detalle más

importante de la vida de San Jerónimo fue que tradujo la Biblia al latín. Esta traducción la hizo

de las versiones griegas que poseía y de los manuscritos hebreos que consiguió en Belén. Entre

el 386 y hasta su muerte vivió en Belén. Antes de vivir en Palestina fue grandemente

influenciado por la lectura alegórica. En su carta a Dámaso podemos ver el peso hermenéutico

que tenía sobre Jerónimo la interpretación alegórica. Interpretando la parábola del hijo pródigo

plantea:

Podemos también interpretar de otro modo las algarrobas del hijo pródigo. La
comida de los démones son los poemas de los poetas, la sabiduría del siglo, la
pompa de las palabras retóricas (Carta a Dámaso, 136).

Otro ejemplo de una lectura alegórica lo encontramos en el comentario a San Marcos de San

Jerónimo. Comentando el milagro del ciego de Betzaida, da la siguiente interpretación:

Veréis, por lo tanto, que la interpretación del texto debe ser espiritual (alegórica).
El ciego es sacado de la casa de los judíos, de la aldea de los judíos, de la ley de
los judíos, de la letra de los judíos, de las tradiciones de los judíos. El que no
había podido ser sanado en la ley, es sanado en la gracia del Evangelio, y se le
dice: vuelve a tu casa, ...esto es a la Iglesia. ...Verás por lo tanto, que la casa de

33
Dios es la Iglesia. Por ello se le dice al ciego: ve a tu casa, es decir, a la casa de la
fe, es decir, a la Iglesia, y no vuelvas a la aldea de los judíos7.

En su vida en Palestina Jerónimo le dio cada vez más énfasis a la necesidad de una lectura

literal de la escritura. Así en una carta que le escribió a Pammaquio planteó el sentido literal del

texto hebreo y los problemas con la LXX y no trató de resolver el problema de la cita del

evangelio de Mateo:

Acusen de falsario al Apóstol, pues no concuerda ni con el texto hebreo ni con los
setenta intérpretes y, lo que es más grave, yerra en el nombre, pues puso Jeremías
por Zacarías. Pero Dios nos libre de decir eso del que fue compañero de Cristo y
no se preocupó tanto de andar a caza de palabras y sílabas cuanto de asentar el
sentido de la doctrina (Carta a Pammaquio, 494).

Obviamente, para Jerónimo el punto esencial era la ortodoxia y no los problemas entre la

LXX y el texto hebreo o los posibles errores de los evangelistas. Esto nos deja ver cuánto se

alejó de la lectura alegórica del texto. Una lectura alegórica habría resuelto todos estos

problemas y cualquier otro, pero él optó por aceptar el sentido literal del texto.

En la edad media se planteó que la escritura tenía cuatro sentidos: histórico, cristológico,

ético, místico. Pero la lectura alegórica dominó el medioevo. Gregorio Magno nos sirve como

una pista para ver cómo se interpretaba la escritura en los siglos 6 y 7 (540-604 d. C.). Sobre el

profeta Ezequiel, Gregorio alega que «Tres son los tiempos de la profecía, a saber: el pasado, el

presente y el futuro» (Homilía 1.) En una de las homilías sobre Ezequiel, Gregorio comienza

explicando el sentido literal del texto, pero luego entra en el sentido alegórico. El sentido

alegórico le da una libertad para explicar el texto desde su localización:

Es costumbre del lenguaje profético describir primero la persona, el tiempo, y el


lugar de la profecía, y comenzar después a narrar los misterios de ella; de suerte
que para mostrar más sólidamente la verdad, asienta primero el fundamento de la

7
Comentario al Evangelio de San Marcos, 8.22-26. El lector o lectora debe notar que en tiempos de San Jerónimo había una gran
pugna ideológica entre la sinagoga y la iglesia.

34
historia y después por los signos y alegorías saca los frutos del espíritu (Homilía
2).

Para uno tener una idea de lo que podía ser una lectura alegórica para Gregorio un sólo

ejemplo nos basta. Comentando la visión de la sala del trono en Ezequiel plantea: «¿Qué se

significa en la imagen de ámbar sino a Cristo Jesús, mediador entre Dios y los hombres?»

(Homilía 2). El lector o lectora debe notar que hay una clave cristológica en la lectura alegórica.

Pero en otras ocasiones la alegoría era en clave ética. Así en la visión de las alas en la visión de

Ezequiel plantea, «En este pasaje pueden entenderse las cuatro partes del mundo... También por

los cuatro lados podemos entender las cuatro principales virtudes de las que se originan las

demás, a saber: prudencia, fortaleza, justicia y templanza... » (Homilía 3).

La lectura alegórica con propósitos éticos (tropológicos), místicos o escatológicos

(anagógica) o cristológicos dominó la lectura bíblica desde el cuarto siglo en adelante. Es en el

siglo 13 que soplan nuevos vientos, dándole una nueva oportunidad a la lectura literal. Víctor de

París le dio un gran énfasis a la lectura literal de la Escritura. Víctor de París alegó que Isaías 53

no se refería a Cristo, sino a un profeta en el exilio en Babilonia. Tomás de Aquino trató de

reconciliar las lecturas alegóricas con las lecturas literales de la Escritura. Tomás de Aquino

planteó que Génesis 1 no podía ser un relato literal. Que los seis días de la creación eran más

bien seis etapas en la historia de la salvación de la humanidad. Joaquín de Fiore representó la

victoria de las lecturas espirituales de la Escritura. Fiore era un milenialista y le dio un sentido

apocalíptico al texto.

Un siglo antes de la Reforma, Wycliff alegó que la interpretación de la Escritura tenía que ser

coherente con la filosofía y la razón. De este modo, Wycliff echó de lado toda la interpretación

hermenéutica espiritual que la iglesia había arrojado sobre el texto bíblico desde los orígenes del

35
cristianismo. En el siglo 16 Faber Stapulensis abandonó los cuatro sentidos de las Escrituras

establecidos en el medioevo y mantuvo sólo el sentido literal y el sentido profético.

Lutero le puso una clave hermenéutica a la Biblia, Cristo. Así que lo que no diera testimonio

de Cristo era secundario y hasta podía ser quemado al fuego. Lo que le interesaba eran las

promesas de Dios que se realizaban en Cristo o la función de culpabilizar al ser humano para que

viniera a Cristo. Lutero no estaba tan interesado en los libros históricos de la Biblia hebrea, sino

en aquellos que tenían una relación de promesa-cumplimiento con Cristo. Para Lutero, la Ley

tenía una utilidad y era demostrar la desesperación total del ser humano frente a la justicia de

Dios. Por lo tanto, la ley conducía al ser humano irremediablemente a Cristo, donde podía

hallar perdón y salvación.

Calvino creía que la Biblia hebrea debía leerse literalmente. En una lectura de Génesis 1

planteó que el texto no era científico, sino una descripción popular para los ojos de los antiguos

israelitas. Planteó que el conocimiento científico había probado que algunos planetas eran más

grandes que la luna, aunque en Génesis 1 la luna es la segunda lámpara mayor.

Los círculos alrededor de Arminio en Holanda en el 1640 dieron paso a una lectura literal e

historicista de la Biblia. Lo que le interesaba era conocer las circunstancias del autor para

comprender el relato (Grotio). Un judío de nombre Spinoza (1634-1677) planteó que Moisés no

podía haber escrito el Pentateuco. Semler8, un luterano (1725-1791) se planteó que se podía

hacer una lectura pastoral del texto por un lado y una lectura crítica del mismo. La lectura

pastoral buscaba la salvación del ser humano. Pero la lectura crítica lo que buscaba era el

conocimiento racional. Con Semler, la modernidad hacía irrupción en la interpretación bíblica.

8
Semler fue uno de los más grandes eruditos bíblicos del siglo 18. Fue un lector que buscaba comprender el texto actual buscando su
trasfondo histórico. Semler es el padre de la teoría de la fragmentación de 2 Corintios. Planteó que 2 Corintios tenía que ser una antología de
fragmentos y que los capítulos 10–13 precedían los demás capítulos.

36
El paladín de la discusión hermenéutica para la modernidad fue Friederich Schleiermacher

(1768- 1834). Aunque nunca publicó una obra sobre hermenéutica, poseemos sus notas de clase

y las notas de algunos de sus estudiantes. Schleiermacher (Levorati 77-115) tomó el concepto

hermenéutica de la teología. El concepto provenía del griego hermeneuein que significa, entre

otras cosas, hablar, explicar, traducir o interpretar. Para este estudioso la hermenéutica era el

arte de comprender. El problema hermenéutico consistía en comprender histórica, literaria y

psicológicamente un discurso y su autor. Prentendía Schleiermacher codificar una teoría de la

interpretación coherente. Por esto, hoy día le reconocemos como el padre de la hermenéutica

moderna.

Una teoría coherente ayudaría al lector o lectora a evitar los malentendidos en la

comprensión de un texto. Schleiermacher había notado que los textos en su traducción e

interpretación estaban llenos de ambigüedades y problemas de indeterminación. Así que elaboró

una teoría que le permitiera comprender los textos. Para poder comprender los discursos

planteaba que había que comprender la dimensión social y la dimensión individual del discurso.

La dimensión social se podía accesar a través de un proceso comparativo de orden gramatical,

lingüístico e histórico, pero el objetivo principal de Schleiermacher era la comprensión

psicológica del autor. Esta comprensión él le llamaba adivinatoria; adivinatoria en el sentido del

«riesgo que afronta el intérprete cuando aborda un texto sabiendo de antemano que ninguna

interpretación podrá agotar su individualidad» (Levorati 86).

Para llevar a cabo esta comprensión, Schleiermacher planteaba que la persona que lee

necesita reconstruir y reproducir la actividad creativa del autor. Este proceso de

reconstrucción de la actividad creativa del autor dio paso a la teoría del círculo hermenéutico.

Un texto será comprendido en la medida en que el lector o lectora pueda identificarse,

37
introducirse, hacerse semejante a las intenciones y pensamientos del autor. Esta comprensión

tendría dos aspectos, el objetivo, el cual es para Schleiermacher la comprensión lingüística y

gramatical del texto, y el subjetivo, que es la comprensión de la vida interior y exterior del

autor. Esta interacción entre la comprensión objetiva y la comprensión subjetiva constituye

un tipo de espiral o círculo de comprensión hermenéutica. La comprensión histórica,

gramatical y lingüística en su relación con la comprensión subjetiva del autor era

conceptualizada como la relación entre el todo y las partes.

Para Schleiermacher no hay comprensión del discurso individual sin que se comprenda la

totalidad del lenguaje y la personalidad del autor. Este intento de comprender la subjetividad

del autor fue su límite. Se debía esto al contexto ideológico del romanticismo pietista que

sustentaba a éste. La comprensión objetiva requiere que el lector o lectora haga una

interpretación gramatical del discurso. Por esto el lector o lectora debe comprender la lengua

del autor y su público originario.

Un segundo proceso para la comprensión era la interpretación lingüística. El lector o la

lectora debe tomar en cuenta el contexto histórico, social y cultural del texto. Una tercera

fase de la comprensión es la interpretación desde el punto de vista artístico o técnico; este es

el aspecto psicologizante de la interpretación de Schleiermacher. La dialéctica entre estas

fases gramaticales y psicológicas conducirían a que el lector o lectora comprendiera y

recreara el pensamiento del autor del discurso.

Hoy día hemos descartado este aspecto de la comprensión de la subjetividad del autor. Lo

que nos interesa es comprender el texto que tenemos delante. El texto nos da información

limitada sobre el autor, por lo que hoy reconocemos que la imagen literaria que tenemos del

autor es lo que conocemos como autor implícito, esto es, la imagen que un autor nos muestra en

38
un texto. Obviamente, el texto es diferente al autor. Además, la distancia entre el autor inicial y

el lector o lectora de hoy obliga más bien a una reconstrucción hipotética de lo que el texto nos

deja conocer del autor. Hoy día reconocemos que lo único que tenemos es el texto y que nos es

imposible entrar en la psiquis de un autor distante. Levorati define bien el problema: «la esencial

aporía de una hermenéutica que subordina la comprensión del texto a la comprensión del sujeto

que se expresa en la obra. Si el verdadero objeto de la interpretación no es lo que el texto dice,

sino el sujeto que se expresa en él, el problema de la interpretación queda reducido al problema

psicológico del conocimiento del otro» (108).

Schleiermacher es típico de la comprensión del texto por la modernidad. La modernidad cree

poder viajar al pasado y comprender el significado del texto. Cree poder establecer un paradigma

seguro para comprender el texto sin aceptar que la distancia entre el texto y la persona que lee es

tal que el texto mantiene una indeterminación y ambigüedad.

El paso para aceptar la posibilidad de la autonomía del texto para tener siempre un potencial

infinito de significación comenzó con Hans-Georg Gadamer, no en las ciencias bíblicas, sino con

implicaciones para la hermenéutica bíblica.

Gadamer publicó su libro Verdad y método en 1960. Planteaba que la finalidad de la

hermenéutica no es entender lo que un autor original y sus primeros destinatarios

entendieron. La razón de esto es que el texto, una vez escrito, se desvincula de las

contingencias de su origen y adquiere autonomía, tanto del autor como de los receptores

originales. Separado del autor, es el lector o la lectora quien le dará un nuevo significado al

texto. Por lo tanto, ningún texto puede recibir una interpretación definitiva. Los textos son

leídos y reinterpretados por cada generación.

39
Otro aspecto del pensamiento de Gadamer es que no es posible cubrir la distancia entre el

texto y el lector a fin de comprender el acto creativo original (contra Schleiermacher). El

objetivo es lograr un acuerdo sobre lo que el texto significa. La comprensión es un diálogo

entre el horizonte del texto y el horizonte del lector o lectora donde, en ese diálogo,

progresivamente se funden los horizontes de ambos. Como tanto el horizonte del texto como

el del lector no están determinados definitivamente, cada uno puede iluminar al otro de

manera que el intérprete pueda llegar en este diálogo a «pensar lo no pensado» por el texto

(Levorati 110). Este diálogo puede enriquecer el texto del pasado, pues no está limitado a un

conocimiento objetivo del pasado presentado en el texto. En efecto, la distancia entre el

texto y la persona que lee es la que crea las condiciones para que la lectura pueda encontrar

respuestas imprevisibles en el texto. El intérprete ha de comprender el texto desde su propio

horizonte histórico-cultural. Pero esta comprensión del texto estará determinada por los

factores históricos del horizonte del lector o lectora.

En este libro concluiremos con las teorías del lector responsivo que son las que se

desarrollaron a partir del pensamiento de Gadamer. Estas avenidas de la posibilidad de

enriquecimiento de significado del texto por la aportación del lector o lectora será vital en la

interpretación del texto para la vida.

Nuestra lectura de la Biblia

Luego de toda esta introducción a la historia de la interpretación me parece que debemos

explicar en forma de resumen cómo leeremos el texto y cómo no lo leeremos. En nuestro

contexto, los métodos histórico-críticos que ha desarrollado la modernidad han afectado

principalmente la lectura académica del texto. Entre los académicos el efecto de las lecturas

histórico-críticas y literarias es notable. No obstante, a nivel de nuestras comunidades de fe, este

40
tipo de metodología es secundaria. Nuestras comunidades de fe leen el texto desde una

perspectiva confesional primariamente. En el texto, nuestras comunidades procuran un encuentro

con Dios que les ilumine la vida en este tiempo. En este sentido nuestras lecturas en las

comunidades de fe son relecturas desde la perspectiva de nuestras espiritualidades y desde

nuestros propios contextos.

Estas lecturas confesionales pasan por varias posibilidades hermenéuticas. Por un lado, los

sectores más recalcitrantes de nuestras comunidades quisieran evidenciar que la Escritura es

fundamento de la verdad científica. Esto nos ha llevado en muchas ocasiones a las aberraciones

del fundamentalismo. El fundamentalismo presupone que la Biblia es palabra de Dios e

interpreta este concepto en términos de la modernidad. Si es palabra de Dios tiene que ser cierto

histórica y científicamente. Cuando las ciencias de la modernidad cuestionan las interpretaciones

del fundamentalismo, éstos últimos plantean que el problema lo tiene la ciencia que todavía no

conoce suficiente. Plantean que eventualmente el conocimiento científico afirmará las

interpretaciones literales de la Biblia con nuevos descubrimientos e investigaciones. Claro, que

esto implica que en el presente hay dos teorías sobre la verdad científica, la planteada por el

consenso científico y la de los lectores fundamentalistas que identifican la verdad científica con

la Biblia. El problema con este tipo de acercamiento a la Biblia es la ingenuidad. La Biblia

aspira a señalar la verdad, pero no la verdad científica, sino la verdad en cuanto a la revelación

de Dios en su relación con la creación y el ser humano. Cuando reconocemos que la Biblia habla

de la verdad en lenguaje metafórico y poético, no necesitamos que los textos bíblicos sean

coherentes con las ciencias naturales. Así, podemos afirmar en nuestra fe que la historia de la

creación de Génesis 1—2 es un relato metafórico donde se afirma la fe en Dios como creador de

cuanto existe, pero no necesitamos que la creación coincida con el calendario de una semana

41
literal. De esta forma podemos reconocer la separación entre las ciencias naturales y el mundo

precientífico en que las Escrituras fueron escritas. La revelación no fue un intento de dar un

conocimiento científico, sino que el objetivo fue narrar las grandes verdades de la fe.

El fundamentalismo comete otro error igualmente peligroso, a saber: identificar

absolutamente la Biblia con la Palabra de Dios. Esto le da seguridad al lector o lectora, porque

tiene un instrumento «objetivo» de verdad. Pero con esto se puede situar la Escritura más allá de

la historia y el espacio. El fundamentalismo corre el riesgo de que al tratar de darle autoridad a

la Biblia, la convierta en una herramienta de seguridad sicológica sin relación con los tiempos y

la historia. Pero la Biblia nos llegó a nosotros y nosotras luego de que narrara acontecimientos

vitales en la historia del pueblo de Dios que fueron comprendidos como momentos sagrados para

ese pueblo. Por lo tanto, una lectura apropiada del texto presumirá que antes que estos textos

fueran verdad para nosotros y nosotras, fueron verdad de la presencia de Dios para Israel y para

los cristianos de los primeros siglos. Por esto, fe en la Biblia implica primero que nada que los

acontecimientos aquí narrados fueron encuentros con Dios para las audiencias que formaron los

cánones bíblicos. Por lo tanto, esta confesión de fe requiere conocer todo lo que podamos del

trasfondo histórico, sociológico, literario y espiritual de estos textos que para nosotros y nosotras

son sagrados.

Un segundo acercamiento confesional ingenuo en nuestro contexto es lo que conocemos

como el concordismo. El concordismo es un intento de hacer analogía entre los acontecimientos

narrados en la Biblia y nuestro contexto histórico-social. Pero las analogías utilizadas son

ingenuas y simplistas. El problema primario del concordismo es que este también «deshistoriza»

el texto bíblico. En este libro no asumiremos una perspectiva concordista porque nos parece que

la distancia entre el mundo bíblico y nuestro mundo requiere comprensión y respeto. El mundo

42
bíblico y el mundo nuestro tienen muchas distancias. Comenzando con que los idiomas del texto

bíblico son lenguas muertas, continuando por las diferencias históricas, sociales y culturales y

terminando por reconocer que necesitamos leer el texto bíblico no como una camisa de fuerza o

como un recetario o un menú, sino con creatividad y libertad. Nuestros tiempos con nuestros

problemas requieren una lectura donde la Biblia se pueda convertir en palabra viva de Dios para

nuestro tiempo y no en letra que mata (2 Cor 4. 4).

Aquí utilizaremos una tercera vía para nuestra lectura como creyentes. En este libro

explicaremos la interpretación del texto con una metáfora que nos ha donado Severino Croatto,

el texto tiene un detrás, un en, y un delante. Con el detrás del texto nos referimos a que es

necesario localizar histórica y socialmente el texto para poder comprender lo que el texto pudo

significar en su contexto inicial. Con el en del texto nos referimos a que el texto es un tejido

literario que requiere sensibilidad literaria para la comprensión adecuada. Con el delante del

texto nos referimos a la autonomía que gana el texto en un nuevo contexto, con nuevos lectores,

en nuevos contextos. La Biblia no está cautiva en el pasado, ni está presa de sus límites literarios,

sino que los lectores y las lectoras en nuestros nuevos contextos comprendemos nuevas

dimensiones del texto a través de los cuales el texto se convierte nuevamente en una palabra viva

de Dios para hoy.

Este libro repasará esencialmente los métodos desarrollados por la modernidad (detrás y en)

y los métodos desarrollados por la postmodernidad (el delantedel texto). Pero nuestro intento

más prístino es que, a través de una lectura con rigor histórico, literario y contextual, la Biblia se

convierta nuevamente en una palabra de Dios. Creemos que en la lectura de la Biblia la iglesia

intenta discernir la presencia de Dios hoy en nuestro contexto. La Biblia no agota la palabra de

Dios para nuestro contexto, pero nos ilumina para discernir la palabra de Dios en nuestro tiempo.

43
En este sentido, la Biblia se nos presenta como un paradigma. Donde quiera que encontremos los

grandes principios que se hallan en la Biblia, hallaremos la palabra de Dios escondida y revelada

en el mundo. Estos principios de amor, justicia, derechos humanos y paz van más allá de un

pasaje u otro. En efecto, estos principios los conocemos como el evangelio de Jesucristo que es

la medida y regla de la verdad. Este evangelio de Jesucristo, como principio, es lo que nos

permitirá separar el grano de la paja en nuestra lectura de la Biblia, de manera que podamos

encontrarnos con la presencia de Dios a través del texto. Pero a su vez, esta palabra de Dios que

confiesa este evangelio de Jesucristo, es lo que nos permitirá discernir la palabra de Dios en el

presente. En última instancia, es esa palabra de vida la que buscamos. Lo demás es letra que

mata (2 Cor 4. 4).

La primera parte de este libro está enfocada en los métodos histórico-críticos. Nos parece que

es necesario para un lector y una lectora capaz conocer todo lo posible sobre lo que Severino

Croatto ha llamado el detrás del texto. Otra parte significativa de este libro es un intento de

interpretar el texto literariamente o lo que Croatto nombra como en el texto. Nos parece que

conocer el tejido textual arroja luz para que cada lector y lectora comprenda mejor el texto.

Finalmente, nos parece que no podemos huir de toda la controversia postmoderna. Entre otras

cosas, estos capítulos harán un esbozo de lo que está delante del texto. Así que en este libro

abordaremos las lecturas estructurales, la deconstrucción, las lecturas de género y algunas pautas

para que el texto bíblico cumpla su cometido canónico: ser una palabra sagrada para la

comunidad de fe. Te invitamos a esta aventura de leer nuevamente el texto con la confianza de

que intentaremos comprender mejor el detrás, el en y el delante del texto. A esto nos movemos

ahora.

44
Referencias

Croatto, J. S.
1994 Hermenéutica bíblica. Buenos Aires: Lumen.
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1978 Obras de San Gregorio Magno. Traducción de Paulino Gallardo.
Madrid: BAC.
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45
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por D. N. Freedman. New York et. al. : Doubleday.
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1982 Antología del Talmud. Barcelona: Plaza & Janes, S.A.
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1974 Padres apostólicos. Madrid: BAC.
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Madrid: BAC.
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Madrid: BAC.
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Buenos Aires: Aurora.
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1992 Introduction to the Talmud and the Midrash. Traducido por
Marcus Bockmuehl. Minneapolis: Fortress Press.

46
Capítulo 2

Crítica textual

La crítica textual es el proceso literario a través del cual intentamos reconstruir

sistemáticamente el texto bíblico más antiguo posible. Este proceso surge ante la diversidad de

lecturas en los manuscritos del texto. Del Nuevo Testamento tenemos alrededor de 5,314

manuscritos (Mss.) con 200,000 lecturas variantes dentro del texto2. De estos 5,314 manuscritos,

94 son del segundo y tercer siglo. Son llamados papiros porque están escritos en hojas de ese

material. Doscientos setenta son manuscritos en pieles en letra mayúscula, lo que plantea que son

textos del tercer al octavo siglo. Dos mil cien son manuscritos en letra minúscula en pieles y, por

lo tanto, entre el siglo noveno hasta la importación del papel en occidente. Seiscientos cincuenta

manuscritos son en letra minúscula, antes de la invención de la imprenta y en papel.

Además, poseemos 2,170 citas del Nuevo Testamento en leccionarios. Los leccionarios

eran pedazos del texto bíblico utilizados en la liturgia de la iglesia antigua. De estos, 1,900 son

en letra minúscula y, por lo tanto, posteriores al siglo 9 d.C., y 270 son en letra mayúscula y, por

lo tanto, entre el siglo 3 y el siglo 8. Todos estos manuscritos han producido alrededor de

200,000 lecturas alternas en la tradición textual. La mayor parte de estas variantes no son

significativas. Pero no tenemos dos manuscritos iguales entre estos 5,314. Dada la proliferación

de lecturas variantes en los manuscritos, se requiere una metodología que le dé cierto control a la

reconstrucción hipotética del texto y para entender cómo el texto se interpretó, creció y se

desarrolló a través del tiempo. La crítica textual es una herramienta que necesitamos para hacer

2
Para tener una idea de la riqueza de esta tradición textual sólo hay que notar que de La Iliada tenemos 700 manuscritos; de Los anales de Tácito
sólo tenemos un manuscrito del siglo 9 d. C. Para una información detallada y reciente sobre la crítica textual del Nuevo Testamento, vea a Epp
(1992).

47
cualquier tipo de exégesis del texto, porque a través de la crítica textual trataremos de reconstruir

ese texto original hipotético.

Hasta anuestros días no nos ha llegado ni un original del texto bíblico. Lo que poseemos

son copias de copias de los manuscritos griegos, hebreos, arameos, cópticos, eslavos y latinos.

Estos textos tienen una larga historia de transmisión. Los manuscritos fueron copiados a mano

generación tras generación hasta la invención de la imprenta en el siglo 15. En ese proceso de

pasar los textos a mano, los textos fueron alterados intencional y accidentalmente.

Los cambios en las lecturas del texto se conocen como variantes. Como hemos planteado

arriba, estas variantes en la transmisión del texto fueron de tipo accidental o deliberadamente. El

objetivo de la crítica textual es reconstruir las lecturas más auténticas y conocer la historia del

desarrollo de estas variantes. Como estos manuscritos se convirtieron en los textos oficiales de

las comunidades de fe que los utilizaban, estas variantes llegaron a tener valor canónico para las

comunidades que vivieron su fe y su espiritualidad con estos textos.

Los textos más antiguos del Nuevo Testamento que poseemos son del siglo 2 y 3 d. C.

Estos textos son breves y en general en hojas de papiros. Los editores le llaman a estos textos P

con un número. Ya desde el tercer siglo en adelante el cristianismo primitivo comenzó a usar

códices. El códice era un texto parecido a nuestras libretas en hojas de piel fina. En los primeros

siglos el griego se escribía en letra mayúscula y sin signos de puntuación o separación entre

palabras. Estos manuscritos en letra mayúsculas se conocen como unciales. En el siglo noveno

se inventaron las letras minúsculas que permitía a los escribas escribir más en una sola hoja de

piel y, además, permitía escribir más rápido. La mayor parte de los manuscritos que tenemos son

minúsculas, esto es, textos del siglo 9 d. C. No obstante, tenemos una cantidad significativa de

unciales, esto es, manuscritos en letra mayúscula en piel de los siglos 4 en adelante. Estos

48
manuscritos, por su gran antigüedad, junto a los papiros que poseemos, tienen gran peso para

establecer el texto crítico y para hacer una arqueología de la relación entre los manuscritos que

poseemos. A través de este tipo de arqueología podemos rastrear la relación entre los

manuscritos y localizarlos en las familias de manuscritos.

Nuestros lectores y lectoras se dan cuenta de las lecturas variantes en los manuscritos del

Nuevo Testamento cuando leen la versión Reina Valera en contraste con una versión basada en

un texto crítico del Nuevo Testamento. Si leen con cuidado pueden darse cuenta que la otra

versión española es distinta más allá de sinónimos y frases que se deben al traductor.

Generalmente un problema textual produce una diferencia significativa entre las versiones. No

es meramente un problema de traducción. Nos referimos a que falta un versículo o la lectura es

completamente diferente, o la versión Reina Valera tiene una palabra, frase, versículo o aun un

pasaje que no está en la otra versión española. Cuando esto sucede, si nuestro lector o lectora

está consciente de los problemas textuales, busca en las notas de una versión de estudio.

Entonces puede que encuentre una nota que diga «este texto no aparece en la mayoría de los

manuscritos». ¿Cómo se resuelve el problema? Antes de entrar en la discusión sobre el

desarrollo de una metodología para resolver problemas textuales con criterios debemos repasar la

historia del texto griego del Nuevo Testamento.

En 1514 se produjo la primera versión impresa en griego del Nuevo Testamento: nos

referimos a la Políglota Complutense. Pero el primer texto griego, basado en varios manuscritos

griegos del Nuevo Testamento y la Vulgata latina, fue publicado por Erasmo de Rotterdam en

1516. Erasmo se basó en varios manuscritos griegos del siglo 12 que hoy no tendrían gran valor.

En el caso del libro de Apocalipsis, Erasmo tuvo que retraducir el texto de la Vulgata del latín al

griego porque sus manuscritos no incluían los últimos capítulos de Apocalipsis. Fue este el texto

49
que utilizó Roberto Stephanus en 1550. Stephanus, no obstante, le introdujo al texto griego la

división en versículos como leemos hoy el Nuevo Testamento e introdujo el aparato crítico al pie

de página donde ponía las lecturas variantes en los manuscritos que tenían3.

Entre 1565 a 1604, Teodoro Beza publicó nueve ediciones del texto griego del Nuevo

Testamento. De una lectura de estas versiones del texto griego nos enteramos que Beza tenía

manuscritos tan importantes como del códice Cleromontano y el códice Bezae. Beza utilizó los

textos del Nuevo Testamento en sirio y en árabe para sus anotaciones del texto griego. Pero

Beza no le introdujo cambios al texto griego que había recibido de Erasmo y Stephanus. Su

contribución fue divulgar el textus receptus.

En 1633 se publicó en Holanda la edición de Buenaventura y Abraham Elzevir de

Leiden, que llegó a conocerse como el textus receptus. Recibió este nombre debido a que en el

prólogo de la segunda edición los autores alegaban que los lectores habían recibido en esta

versión del texto griego «un texto, recibido ahora por todos, en el que no hemos introducido

ningún cambio ni ninguna corrupción» (Strecker y Schnelle 36, nota al calce 2).

La versión de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, la versión protestante de la

Biblia en español, está basada en esta tradición textual del textus receptus. En este sentido,

tenemos una versión que es un monumento histórico. Pero la grandeza de nuestra versión es

también su debilidad. El textus receptus fue construido antes de la avalancha de conocimientos

sobre los manuscritos antiguos del Nuevo Testamento encontrados luego del siglo 18. Por esta

razón, nuestra Reina Valera tiene limitaciones en cuanto a representar una versión española

basada en un texto griego que intente reconstruir el texto más antiguo y auténtico posible.

3
Para una lectura más detallada de todo este proceso de la historia de la crítica textual, vea a Metzger (1968).

50
El primer erudito en apartarse del textus receptus fue Edward Wells (1667-1727). A base

de los conocimientos de más de 100 manuscritos, Wells escribió el primer texto griego crítico del

Nuevo Testamento. Se apartó del textus receptus en 210 ocasiones.

Johann Albrecht Bengel (1687-1752) fue el padre de los orígenes de la crítica textual.

Escandalizado por las 30,000 variantes que encontró en los textos griegos publicados hasta su

tiempo, decidió investigar minuciosamente las lecturas variantes. En 1725 planteó varios

criterios que serían indispensables para la crítica textual. Bengel planteó que el texto griego más

auténtico debe ser adoptado por el peso de las lecturas variantes y no por la cantidad de

variantes. Con esto quería decir que era posible que un texto fuera alterado y pasado en mayor

cantidad de veces por la tradición textual y que, sin embargo, no representaba el texto más

parecido al texto hipotético auténtico. Bengel analizó los manuscritos y los dividió en dos

familias, los manuscritos asiáticos, originados en la iglesia de oriente alrededor de

Constantinopla, y los manuscritos africanos que eran atestiguados por el códice alejandrino y por

el texto latino antiguo.

Un segundo criterio que Bengel estableció fue que cuando había varias lecturas en los

manuscritos para un mismo pasaje, se debía seleccionar la lectura más difícil, porque la

tendencia de transmisión de los escribas de estos textos era generalmente de un texto difícil a un

texto simplificado. Bengel formuló la regla de que se debe preferir la lectura más difícil

(Metzger 1968, 112). Otra contribución de Bengel en la reconstrucción del texto preferible fue

su sistema de valor para la lecturas variantes. En el aparato textual del textus receptus puso un

sistema de clasificación de la variantes (a, b, g, d, e). La a designaba la lectura hipotética de

mayor autenticidad textual, la b señalaba una lectura mejor que la del textus receptus, la g

51
señalaba una lectura de similar valor a la del textus receptus, mientras que d y e representaban

lecturas en los manuscritos inferiores a las del textus receptus.

La próxima contribución a las ciencias de la reconstrucción del texto griego la hizo Jacob

Wettstein (1693-1754). Wettstein inventó el sistema de clasificar los manuscritos. A los

manuscritos previos al siglo 8 en letras mayúsculas los clasificó con letras mayúsculas romanas,

mientras que a los manuscritos en letra minúscula, que son posteriores al siglo 8, los clasificó

con numerales arábigos. Este sistema de clasificación se ha mantenido hasta nuestros días.

Johann Jakob Griesbach (1745-1812) fue el próximo erudito que hizo una gran

contribución a la teoría de la crítica textual. Planteó que los manuscritos se dividen en tres

familias: la familia alejandrina, la familia occidental y, como una síntesis de estas dos familias,

los manuscritos de Constantinopla. Griesbach desarrolló toda una serie de criterios para

reconstruir el texto. Planteó que la lectura más corta debe ser preferida a la más larga, porque los

escribas tienden a alargar los textos. Pero lo valioso de la teoría de Griesbach es que formuló

una serie de detalles para tomar esta decisión en la reconstrucción del texto. Por ejemplo, alegó

que la lectura más corta era preferible si era más difícil, más oscura, ambigua, elíptica,

hebraizante o un solecismo. Pero a su vez estableció criterios para seleccionar la lectura más

larga si lo omitido podía parecer ofensivo, oscuro, superfluo o paradójico a los oídos del escriba.

Karl Lachmann (1793-1851) fue el primer erudito en romper claramente con el textus

receptus. Lachmann trató de reconstruir el texto griego utilizado en Oriente a finales del cuarto

siglo a través de manuscritos en letra mayúscula. Eliminó el uso de minúsculas totalmente,

alegando que eran posteriores y que se podía trabajar con mayor rigurosidad con los manuscritos

en letra mayúscula. Lachmann sentó la pauta para la reconstrucción del texto griego del Nuevo

Testamento: es preferible trabajar con los manuscritos más antiguos posibles.

52
Lobegott Friedrich Constantin von Tishendorf (1815-1874) fue el próximo gran

contribuyente a la historia del texto griego del Nuevo Testamento y a la reconstrucción del texto

griego, al descubrir el manuscrito sinaítico en el monasterio de Santa Catarina en el Monte Sinaí

a mediados del siglo 19. En 1859 Tishendorf recibió en el Monasterio de Santa Catarina una

copia de un manuscrito que contenía la septuaginta (el Antiguo Testamento en griego, LXX) y

para su sorpresa contenía una versión completa del Nuevo Testamento. El códice incluía una

copia del Pastor de Hermas y la epístola de Barnabás. Tischendorf pudo transcribir el

manuscrito poco a poco. En dos meses Tishendorf y sus colaboradores copiaron 110,000 líneas

de estos códices. Tishendorf logró que los monjes de Santa Catarina le regalaran estos

manuscritos al Zar de Rusia, y en 1862 los manuscritos fueron publicados en la celebración del

milenio del imperio ruso.

Brooke Foss Westcott (1825-1901) y John Anthony Hort (1828- 1892) fueron los

próximos contribuyentes en la reconstrucción del texto griego y la producción de metodología de

crítica textual para reconstruir el texto del Nuevo Testamento. Plantearon que había una serie de

criterios que debían ayudar en la reconstrucción del texto. Una vez uno tiene dos o más variantes

de un pasaje, ¿cuál es la lectura que con mayor probabilidad el autor del texto escribió? Por otra

parte, se plantearon una segunda pregunta, ¿qué es lo más posible que los escribas hayan hecho

con el texto? Esto planteaba la necesidad de tener un conocimiento detallado del texto. Con este

conocimiento se podían contestar estas preguntas.

Westcott y Hort desarrollaron una teoría detallada de la relación de los manuscritos unos

con otros. Plantearon que la familia más reciente de manuscritos era la siria. Esta familia era

una mezcla de los textos del cuarto siglo. Los escribas que produjeron esta familia trataron de

producir un texto suave y lo más completo posible. Este tipo de manuscrito fue el que se

53
diseminó en el imperio bizantino. El texto alejandrino en las mayúsculas es el mejor

representante de este tipo. El textus receptus es una reproducción de este tipo de familia de

manuscritos. Por otro lado, este tipo de texto es el más lejano a los textos que se puedan

reconstruir críticamente.

La segunda clase de texto o familia es el texto occidental. El texto de occidente está

ampliamente diseminado y es muy antiguo. El códice Bezae para los Evangelios y Hechos y el

códice Claromontanus para las epístolas son ejemplos de este tipo de familia. Se distinguen

estos textos por su amor a parafrasear el texto griego. Palabras, cláusulas, oraciones son

cambiadas, omitidas, o insertadas con gran liberalidad. Pero la corrupción más peligrosa de este

texto es la armonización entre los textos. Este tipo de texto presentará los paralelos entre los

evangelios armonizados de manera que el lector o lectora no pueda percibir los conflictos y

diferencias entre los evangelios.

El tercer tipo de texto es la familia alejandrina. Se preservan estos textos en el códice

Efraimi, el códice Regius, las versiones cópticas y el códice 33. Se distingue este tipo de texto

por su cuidado en corregir las formas, sintaxis y otros detalles que intentan pulir el texto griego.

La cuarta familia, es el texto neutral. El texto neutral es más breve, no presenta el intento de

armonización y contiene las lecturas más difíciles. Está representado por el texto Sinaítico --el

que descubrió Tishendorf-- y el Vaticanus --un texto que publicó la Biblioteca del Vaticano en

1889-1890, pero que había sido mencionado previamente al 1475. Westcott y Hort creían que el

mejor texto posible era aquel basado en los manuscritos Sinaítico y Vaticanus.

La próxima contribución significativa a la crítica textual y la reconstrucción del texto

griego del Nuevo Testamento fue la de Eberhard Nestle (1851- 1913). Nestle produjo un texto

griego a base de los textos producidos por Tischendorf, Wescott y Hort y Weiss. El texto griego

54
de Nestle ya va por 27 ediciones. Esencialmente es un texto ecléctico, producto del consenso

académico de los eruditos sobre el texto griego del Nuevo Testamento.

Un comité dirigido por Bruce Metzger publicó en 1966 un texto griego con un aparato de

notas sobre los manuscritos y un segundo volumen sobre todos los problemas textuales

importantes, la decisión del comité y la razón para preferir esta lectura (Metzger, et. al. 1975).

Los manuscritos se han podido localizar en familias con mayores o menores tendencias a

la corrupción del texto. Si encontramos una variante en un manuscrito de una familia que tiende

a tener menores problemas de corrupción, tendemos a darle más peso a esta variante que si

procediera de manuscritos con alta incidencia de corrupción.

Como hemos mencionado, hoy día poseemos 5,314 manuscritos y al compararlos hemos

tenido que desarrollar métodos críticos para reconstruir el texto del Nuevo Testamento en sus

estadios más auténticos posibles. Las variantes en los manuscritos del Nuevo Testamento son de

cuatro tipos:

1) Añadidura: Un escriba le añadió una o más palabras al texto.

2) Omisión: Un escriba omitió una o más palabras al texto del cual estaba copiando.

3) Transposición: un escriba alteró el orden de las palabras del texto que estaba

copiando.

4) Substitución: Un escriba sustituyó una o más palabras del texto que estaba copiando.

Las causas de estas variantes pueden ser accidentales o deliberadas.

Las familias de los textos griegos del Nuevo Testamento se subdividen en los siguientes

varios tipos de textos. Los papiros son los manuscritos más antiguos que poseemos. El material

en que fueron producidos señala su antigüedad. Los manuscritos en papiro son generalmente

previos al siglo 3 d.C., cuando se comenzó a copiar en hojas de piel en forma de libros, llamados

55
códices. Los códices a su vez se dividen en dos grupos, las mayúsculas y las minúsculas. Las

mayúsculas son aquellos manuscritos escritos en letra mayúscula. Sabemos de su antigüedad

debido a que el griego antiguo se escribía en letra mayúscula hasta la invención de las letras

minúsculas en el siglo 9 d.C.

Las minúsculas incluyen todos los manuscritos producidos a partir de la invención de los

caracteres en letra minúscula desde el siglo 9 d. C. Otra fuente que poseemos para la

reconstrucción del texto son las citas del Nuevo Testamento en la patrística. Los padres y madres

de la Iglesia aludieron a las tradiciones del Nuevo Testamento en sus cartas, debates y

comentarios. Los textos citados por los padres nos han permitido presentar teorías coherentes de

los lugares en los cuales se producían las distintas familias de manuscritos.

Los especialistas modernos han clasificado los manuscritos en varias familias de textos.

Los textos del Nuevo Testamento griego han sido clasificados por el área geográfica donde los

hemos hallado y por las características que tipifican los manuscritos. Las familias principales de

la tradición textual del Nuevo Testamento están divididas en los textos relacionados con

Alejandría, los textos occidentales, los textos de Cesarea y los textos de Bizancio.

Los textos relacionados con la familia de Alejandría se refieren a aquellos textos hallados

en Alejandría, Egipto. Estos textos son considerados de mejor tipo por ser más cortos y austeros.

Los textos principales que son testigos de esta familia son el códice Vaticano (B), el códice

Sinaítico ( ℵ) de mediados del siglo 4 y los papiros Bodmer, P66 y P75 de finales del siglo 2 y

principios del 3.

El texto Occidental incluye aquellos textos usados corrientemente en Italia, en Francia y

en el norte de África. Marción, Tatiano, Ireneo, Tertuliano y Cipriano nos han transmitido textos

de este tipo de familia. También tenemos el Papiro 38 (P38) del año 300 d. C. El más importante

56
testigo del texto occidental es el códice Bezae (D) del siglo 5 ó 6. Este códice incluye los

Evangelios y Hechos. El códice Claromontano (D) del siglo 6 incluye las epístolas paulinas. El

texto occidental se caracteriza por su paráfrasis y editorialización del texto. En el caso del libro

de Hechos, el texto occidental es 10 por ciento más extenso que el texto alejandrino.

El texto de Cesarea posiblemente tuvo sus orígenes en Egipto. Este texto es un texto

ecléctico con una combinación de variantes entre la familia occidental y el alejandrino.

El texto bizantino se caracteriza porque los escribas que produjeron este texto trataron de

suavizar cualquier variante y armonizar las variantes divergentes en las familias textuales. El

texto bizantino fue el más popular en la tradición textual y, por lo tanto, el texto básico que se

usó en el siglo 16 para las traducciones del Nuevo Testamento. Cuando Erasmo de Rotterdam

publicó el famoso textus receptus utilizó esencialmente tres manuscritos relacionados con la

tradición bizantina y el texto de la Vulgata. Es pertinente plantear que para Erasmo el texto

canónico era el texto de la Vulgata en latín. Por esto, el texto producido por Erasmo contiene

todas las lecturas de la Vulgata. En el caso del libro de Apocalipsis, Erasmo sólo tenía un

manuscrito bizantino y la Vulgata, por lo tanto, retradujo al griego cualquier cosa que apareciera

en la Vulgata que no se hallara en su texto griego.

¿Cómo reconstruiremos el texto griego del Nuevo Testamento más fiel al texto original?

¿Qué criterios utilizaremos en la restauración del texto? Los criterios principales para decidir a

favor o en contra de una lectura variante en los manuscritos son de tipo interno al texto mismo y

de tipo externo y relacionado con la familia de los manuscritos y su antigüedad.

Los eruditos bíblicos han producido criterios que permitan tener la mayor objetividad

posible en la selección de las lecturas preferibles de cara a las variantes textuales. Algunos

57
criterios externos relacionados con los manuscritos y su interrelación que han sido desarrollados

por la crítica textual son:

1) Cuán antigua o tardía es la lectura variante. La importancia de la antigüedad de una

lectura variante parte de la premisa de que los textos más cercanos en tiempo al original pueden

ser testigos de mayor peso para el establecimiento del texto crítico. Por esto las lecturas de los

papiros y los textos de las mayúsculas tienen prioridad sobre las minúsculas. En efecto, cuando

se clasifican los manuscritos por familias, se comienzan las familias con los textos más antiguos

posibles y de ahí se establecen las relaciones de dependencia entre los manuscritos. El

descubrimiento de algún manuscrito del siglo 2 ó 3 d. C. ha creado la mayor expectativa entre

los críticos. Un ejemplo de esto en la Biblia hebrea son los manuscritos de Qumrán que datan del

período grecorromano y, por lo tanto, tienen hasta 1,000 años de mayor antigüedad a los

manuscritos más antiguos conocidos. La antigüedad de estos textos ha generado una gran pasión

entre los críticos, pues se ha intentado cotejar las variantes del texto contra los manuscritos de

mayor antigüedad. Lo mismo podemos decir del descubrimiento del manuscrito Sinaítico o la

publicación del Vaticanus. Estos manuscritos del siglo 4 y de un tipo más breve a los demás

manuscritos conocidos nos han abierto la puerta para reconstruir un texto más parecido al

original.

2) Qué distribución geográfica posee la lectura variante en los manuscritos más antiguos.

Se parte de la premisa de que si una lectura es atestiguada por varios manuscritos antiguos en los

centros principales de la producción de manuscritos, hay posibilidad de un consenso

independiente de lecturas. Este consenso entre manuscritos de distintas áreas del cristianismo de

los primeros siglos puede ser un factor de control en el establecimiento de la lectura preferible.

Por otro lado, si las lecturas en las distintas áreas son divergentes, esto nos puede ayudar a

58
reconstruir los inicios de las interpretaciones de los textos en los distintos centros del

cristianismo antiguo.

3) Determinación de la relación entre las variantes. Es posible que se pueda establecer

relación entre las lecturas variantes. Si una lectura es repetida por varios manuscritos, es posible

que este tipo de lección sea un elemento que distingue este tipo de familia de manuscritos. Esto

nos llevaría a conocer el texto normativo que se generó en un sector del cristianismo.

4) Determinación de la calidad y peso de una lectura variante. El punto es que la familia

de manuscritos con una tendencia más baja para las armonizaciones, glosas, y otras correcciones

ideológicas de los manuscritos debe ser preferida. Los manuscritos del Nuevo Testamento han

sido separados en varias familias textuales como hemos señalado. Los eruditos han podido

establecer la relación entre los manuscritos y trazar la dependencia de los manuscritos unos de

otros. Entendemos que los manuscritos que tienen las mismas tendencias están relacionados unos

con otros, y así los hemos agrupado en familias. Estas familias tienen ciertas tendencias que

pesamos a la hora de aceptar la posibilidad de una lectura de mayor o menor peso. Si una lectura

puede relacionarse con una familia, el conocimiento de la tendencia de esta familia puede

ayudarnos a comprender si nuestra lectura responde más a la familia textual con la que está

emparentada. Como hemos planteado anteriormente, hay familias de manuscritos que tienden a

armonizar, suavizar, cambiar lecturas. A este tipo de lectura le aplicaremos cierto tipo de

hermenéutica de la sospecha como representante de una interpretación, pero posiblemente

alterando el texto más antiguo reconstruible hipotéticamente.

En términos literarios, los eruditos textuales han desarrollado algunos criterios internos

para evaluar las lecturas variantes.

59
Kurt y Barbara Aland han establecido una una lista de doce criterios para seleccionar las

lecturas mejores entre las variantes textuales.

¾ 1. Sólo una lectura puede ser la original, aunque haya muchas variantes.

¾ 2. La variante que mejor satisfaga los requisitos internos y externos es la mejor.

¾ 3. La crítica tiene como fundamento la evidencia en los manuscritos primeramente y

luego los criterios internos literarios.

¾ 4. El criterio interno literario –el contexto del pasaje, el estilo y vocabulario, el ambiente

teológico del autor-- no puede ser el criterio único para establecer una lectura.

¾ 5. La autoridad primaria para seleccionar una lectura son los manuscritos mismos con las

versiones de los Padres como una evidencia secundaria y suplementaria.

¾ 6. Los manuscritos deben ser pesados y no contados. No es criterio la cantidad de veces

que una lectura aparezca en la tradición textual.

¾ 7. Sólo teóricamente puede sostenerse que una lectura original aparece una sola vez en la

tradición textual.

¾ 8. El criterio de la raíz de una tradición es muy importante, porque explica cómo ha sido

la génesis de una tradición textual, y por lo tanto, explica cuál manuscrito es el origen de

cuál.

¾ 9. Las variantes no deben tratarse separadamente del resto de la tradición textual.

¾ 10. La lectura más difícil debe ser preferida, pero esto no se debe llevar a cabo

mecánicamente.

¾ 11. La lectura más corta debe ser preferible, pero esto no se ha de llevar a cabo

mecánicamente.

60
¾ 12. No hay sustituto a la experiencia con los manuscritos para poder llegar a conclusiones

correctas sobre las lecturas preferibles.

Nuestros lectores y lectoras ya habrán cobrado conciencia de que ha habido una intención

de reconstruir el texto más antiguo posible con criterios. No podemos afirmar la total objetividad,

pero por lo menos el proceso no ha sido caprichoso ni confesional. Esto nos permite también

afirmar que las traducciones recientes al español de la Biblia de alguna manera están

relacionadas al texto griego reconstruido por los eruditos. Ya sea que se haya alejado del textus

receptus --Biblia de Jerusalén, Dios habla hoy, Biblia Latinoamericana, etc. -- o que se

mantenga el textus receptus con notas críticas planteando los problemas textuales --Reina Valera

95 de estudio--, los resultados de las ciencias bíblicas de la reconstrucción del texto se han

diseminado lo suficiente como para exigirle a los maestros, predicadores y al liderato de la

iglesia a asumir una lectura rigurosa del texto. Una lectura rigurosa requiere leer el texto con

conciencia del proceso de la crítica textual.

Ejemplos de problemas textuales en el Nuevo Testamento

Una ojeada al libro de Metzger (1975) nos muestra en las primeras 258 páginas los

problemas primarios sobre las variantes en los evangelios nada más. El problema textual

primario en los evangelios es la armonización entre las tradiciones que se contienen en estos.

Esta armonización no permite al lector ver las particularidades de cada evangelio, sus énfasis, su

teología. Los escribas que editaron los evangelios para que fueran homogéneos tenían un

entendimiento de la unidad teológica de la iglesia que eliminó la riqueza y aportación de cada

uno de los evangelistas a sus tradiciones. Una lectura del Padre Nuestro en la versión de Mateo

y Lucas en Reina Valera nos da un ejemplo de este problema de armonización.

Lucas 11 (RV60)

61
Padre nuestro que estás en los cielos, Padre nuestro que estás en los cielos,

santificado sea tu nombre. santificado sea tu nombre.

Venga tu reino. Venga tu reino.

Hágase tu voluntad, como en el Hágase tu voluntad, como en el cielo

cielo, así también en la tierra. así también en la tierra.

El pan nuestro de cada día, dánoslo El pan nuestro de cada día, dánoslo

hoy. hoy.

Y perdónanos nuestros pecados Y perdónanos nuestras deudas, como

porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben.

todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, más

Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal.también nosotros

líbranos del mal. perdonamos a nuestros deudores.

Mateo 6

Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal;

porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Una lectura de la versión de Lucas en otra versión de la Biblia nos muestra cómo el textus

receptus sobre el que se basa Reina Valera tiende a armonizar a Lucas con Mateo. Con esta

armonización el lector o lectora pierde la riqueza de las diferencias entre Mateo y Lucas. Estas

diferencias son la base misma sobre la cual podemos afirmar que los evangelistas eran teólogos

en su propia autoridad. Para notar esta armonización necesitamos ver la versión de Lucas en un

texto que se base en el texto crítico:

Lucas 11 (RV60) Lucas 11 (BJ)

62
Padre Padre,

nuestro que estás en los cielos,

santificado sea tu nombre. sea santificado tu Nombre,

Venga tu reino. venga tu Reino.

Hágase tu voluntad, como en el cielo,

así también en la tierra.

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Nuestro pan cotidiano dános(lo) cada

día,

Y perdónanos nuestros pecados porque y perdónanos nuestros pecados, pues

también nosotros perdonamos a todos los también nosotros mismos perdonamos a

que nos deben. todo el que nos debe.

Y no nos metas en tentación, Y no nos introduzcas en tentación.

mas líbranos del mal.

Nuestros lectores y lectoras notarán que hemos puesto en letras itálicas las partes del texto de

Reina Valera (1960) que representan al textus receptus. El texto de la Biblia de Jerusalén

representa una traducción del texto crítico. El valor del texto crítico es lo que nos permite ver las

particularidades de Lucas. La armonización en los textos que nos han llegado en RV 60 no nos

permite acercarnos a las diferencias entre Lucas y Mateo. En este caso, el problema es mayor,

porque estas diferencias en Mateo y Lucas tienen implicaciones aun más serias. Lucas parece

tener la versión más antigua del Padre Nuestro. Mateo ya apunta al trabajo editorial sobre esta

oración en el uso litúrgico de su comunidad.

63
Pero no debemos pensar que sólo la versión de Lucas ha sido editada en el texto de Reina

Valera debido a su dependencia con el textus receptus. También la versión del Padre Nuestro de

Mateo tiene estas palabras finales «porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria. Por todos los

siglos. Amén.» Estas palabras no se encuentran en el texto de la Biblia de Jerusalén porque han

sido eliminadas del texto crítico. Estas palabras no se encontraban en el manuscrito Alejandrino

(χ) ni en el Vaticanus (B), que son los textos de mejor calidad entre los manuscritos de la

antigüedad. Pero tampoco se encuentran en el códice occidental (D), ni en la mayor parte de los

textos de la Vulgata antigua. Esta glosa parece que fue añadida al Padre Nuestro en su uso

litúrgico. Ya en la Didajé, hay un testimonio del desarrollo de este final litúrgico. La Didajé, un

documento de finales del primer siglo, principios del segundo siglo, concluye el Padre Nuestro

con la siguiente fórmula litúrgica: «porque tuya es la fuerza y la gloria eternamente» (Didajé

8.2). Parece que este final litúrgico fue una adaptación de 1 Crónicas 29.11-13 a nuestra oración.

Otro ejemplo valioso de la tendencia del textus receptus de ser el más amplio lo tenemos

en el final largo de Marcos 16. 9-20. Este pasaje no se encuentra en los manuscritos Alejandrino,

Vaticanus, ni está en el códice latino antiguo Bobiensis, ni en los manuscritos del Sinaítico

Siriaco, ni en los dos manuscritos más antiguos de Georgia (897 y 913). Tampoco Clemente de

Alejandría ni Orígenes conocen este texto. Eusebio de Alejandría y Jerónimo alegan que este

pasaje estaba ausente en la mayor parte de los manuscritos que ellos conocían (Metzger 1975,

122ss.). Por otro lado, Ireneo y la Diatesaron conocen este fin largo para el evangelio de Marcos.

¿Cómo resolveremos el dilema de qué lectura es la auténtica del Marcos más antiguo?

Aquí es que el uso de los criterios literarios desarrollados por la crítica textual nos pueden ayudar

a dirimir con controles y objetividad este tipo de dilemas.

64
El primer criterio desarrollado por las ciencias de la crítica textual plantea que la lectura

más difícil ha de ser preferida. Cuando decimos más difícil nos referimos a lecturas donde los

escribas pudieran sentirse compelidos a enmendar el texto. Esto puede implicar el vocabulario

más difícil por un sinónimo más familiar o la forma gramatical menos refinada y menos elegante

o la forma menos suavizada sintácticamente. En este caso la lectura más difícil es la que

concluye en 16.8, pues el evangelio termina en un anticlímax.

El segundo criterio que afirma que la lectura más corta debe ser preferida apunta a que

Marcos 16.8 es la conclusión original de nuestro evangelio y que el final canónico que ahora

poseemos fue un intento posterior de darle un final positivo al evangelio. Como ya hemos

planteado, estos manuscritos son los de mayor autoridad para los especialistas bíblicos porque

son antiguos y no contienen una tendencia a alterar las tradiciones con adornos, armonizaciones,

ni otros elementos con los que el texto griego fue alterado en la tradición textual.

El tercer criterio interno desarrollado por las ciencias de la crítica textual plantea que la

lectura que es más coherente con el estilo literario y teológico del autor del documento debe ser

preferida. Este tipo de criterio requiere un análisis detallado del texto donde se encuentre el

problema textual, en este caso, el evangelio de Marcos. Si aplicamos este criterio a nuestro texto

problemático trataríamos de definir cuál es el entendimiento que Marcos tiene sobre su narrativa

y ver si nuestro relato es coherente con la tendencia de la narrativa. Otra alternativa sería mirar el

léxico en nuestro pasaje en cuestión y ver si es coherente con el léxico del resto de dicho texto.

El criterio de coherencia tiene que ver con detalles del léxico de Marcos 16.9-20 en

comparación con el resto del Evangelio de Marcos. Algunos detalles léxicos no encuentran eco

en el resto de Marcos. Marcos 16.9-20 nos informa que Jesús le había sacado siete demonios a

María Magdalena. Esta información nos es dada por primera vez en la narrativa, a pesar de que

65
María Magdalena había sido mencionada previamente en Marcos 15.47 y 16.1. En el verso 17

utiliza la palabra «señal» muy típica de las tradiciones joaninas, pero utilizada sólo una vez en

Marcos 8.11ss para referirse a las historias de milagros. Marcos utiliza otros sinónimos para

referirse a las historias de milagros, tales como dar autoridad (Mc 1.27; 3.15; 6.7) o poderes (Mc

6.2b, 5).

Otros detalles que aparecen por primera vez en Marcos son la alusión a hablar en nuevas

lenguas, el tomar serpientes en las manos que, aunque piquen a quien las tome, no le matarán y

la alusión a las bebidas venenosas. Esto parece más bien una alusión a las tradiciones del libro de

los Hechos (Hch 2.4ss; 28.3ss). El lenguaje «el Señor Jesús» en Marcos 16.19 es un lenguaje

cristológico distinto al de Marcos, pero muy parecido al lucano (Lc 1.43; 2.11; 7.13; Hch 2.36).

En efecto, Marcos 16.19 parece ser un resumen del relato de la ascensión de Hechos (Hch 1.9-

11; 2. 34). La conclusión de Marcos 16.9-20 es una solución narrativa al problema del

discipulado en Marcos. El redactor de Marcos 16.9-20 ya había retomado el tema del fracaso del

discipulado en Marcos 16.11, 13, pero en el verso 20 se le da una solución al conflicto con los

discípulos. Otros términos que no aparecen en el resto del evangelio de Marcos y que señalan la

naturaleza secundaria de nuestro pasaje son «el que no creyere», «tomarán... serpientes»,

«después de estas cosas», la forma griega de «yendo hacia» --poreuvomai-- y otros términos son

ajenos al léxico de Marcos.

Podemos afirmar que el cúmulo de la evidencia en los manuscritos y la patrística

confirman que Marcos concluyó en 16.8 y que luego, los lectores inmediatos, atestiguados por

Mateo y Lucas y los lectores en el siglo 2 d.C., decidieron editar a Marcos con este nuevo final.

Vielhauer resume el problema textual de Marcos 16.9-20 y otro final secundario en otras

versiones griegas de Marcos, conocido como el final corto de Marcos, con las siguientes

66
palabras: «Desde el punto de vista de la crítica textual la situación está clara; los finales largo y

corto son secundarios: fueron introducidos porque la frase citada se consideró insuficiente como

final del libro» (Vielhauer 366). Metzger plantea que «es obvio que la forma expandida del final

largo no tiene ningún reclamo de ser original» (Metzger 1975, 124, traducción mía).

Un cuarto criterio es aquel que plantea que la lectura más antigua tiene mayor posibilidad

de autenticidad. Un ejemplo de esto lo vemos en Marcos 16.8 y el final canónico de Marcos

16.9-20. Mateo y Lucas utilizaron a Marcos como la estructura básica de su narrativa. En efecto,

la historia de la resurrección sigue el patrón de Marcos 16.1-8 en ambos casos. Pero a ambos, es

decir, a Mateo y Lucas, no les gusta el final de Marcos. Por lo tanto, le añaden un final feliz.

Pero el final feliz no es coherente con Marcos 16.9-20. El Marcos que Mateo y Lucas tenían en

sus manos a finales del primer siglo no tenía este final que tiene el Marcos canónico.

Otros ejemplos similares a estos incluyen el relato de la mujer prendida en adulterio en

Juan 8, 1 Juan 5.7 --la «comma» juanina-- y pasajes tan queridos como Filipenses 4.13, que en

los mejores manuscritos dice «todo lo puedo en aquel que me fortalece», refiriéndose a Dios y no

a Cristo. Así también podríamos decir de las tildes incluidas dentro del pronombre relativo para

cambiar de aquel a Dios como en 1 Timoteo 3.16. Estos son ejemplos de cómo el texto fue

variado por error o intencionalmente. Cada predicador o predicadora y el personal docente de la

escuela bíblica enriquece su quehacer con tan sólo leer el pasaje bíblico en otra versión distinta a

Reina Valera y notar si hay algún problema textual. Podemos dar muchos más ejemplos de

problemas textuales y cómo ellos han sido resueltos por los críticos, pero debemos movernos a

otro paso para entender la escritura.

67
La crítica textual en nuestro contexto
El primer artículo que tenemos donde hay conciencia clara de los problemas sobre la

reconstrucción del texto griego del Nuevo Testamento y la historia de éste nos las plantea Aarón

Webber en enero de 1938. Plantea Webber allí la siguiente pregunta: «¿Por qué no estamos

satisfechos con las traducciones de la Biblia que datan del siglo 17? ¿Cuál es el idioma original

del Nuevo Testamento?» (enero 1938, 18). En octubre de ese mismo año Webber reseña un libro

de Alejandro Clifford titulado Nuestra Biblia. Plantea allí como una deficiencia del libro de

Clifford «la explicación... de qué es lo que hace que el fondo textual de una versión sea mejor o

peor que otra» (octubre 1938b, 18).

En octubre de 1938 Webber nos informa que la biblioteca del Seminario Evangélico de

Puerto Rico ha adquirido una copia del Manuscrito Alejandrino publicado por el Museo

Británico. En enero de 1939, Webber reseña una obra de crítica textual y nos deja ver su interés

en los trabajos sobre el texto griego del NT. Cita a Sir Frederick, autor de la obra The Text of the

Greek Bible, quien evalúa el resultado de la investigación textual del NT: «Los que aman la

Biblia se gozarán al saber que todos los descubrimientos de los cuales hemos visto tantos en los

últimos años tienden a confirmar la autenticidad e integridad general de nuestros textos, y a

establecerlos sobre una base más firme que nunca».

En 1941 Webber hace un repaso sobre un libro de crítica textual. Plantea allí que para

aquel entonces había alrededor de un cuarto de millón de lecturas alternas en el texto griego de

los manuscritos. Plantea también la metodología que usan los críticos para establecer el texto

preferido.

El mejor artículo de análisis textual del Nuevo Testamento lo escribe un profesor de la

Universidad de Chicago, Ernest Cadman Colwell y lo traduce Ángel M. Mergal, titulado,

68
«Llenando una laguna». En este artículo se repasa la historia de los manuscritos del Nuevo

Testamento desde el texto de Erasmo de Rotterdam (el textus receptus sobre el cual se basa la

Versión Reina Valera) hasta los descubrimientos de Tischendorf --el texto Sinaítico-- y el texto

Vaticanus. Se repasa la construcción de los textos críticos de Westcott y Hort en 1881 y los

descubrimientos de las Mayúsculas del tercer y cuarto siglo d.C. Se menciona hasta el fragmento

de Juan 18 fechado por los peritos como anterior al 150 d.C.

La preocupación por el texto bíblico continúa con Eugene W. Brice, profesor de Antiguo

Testamento a finales de la década del 50 y principios de la década del 60. En un artículo titulado

«El Antiguo Testamento: Dios en acción» plantea Brice la pertinencia de las investigaciones

sobre los manuscritos del Mar Muerto y el campo de los idiomas del Antiguo Medio Oriente

(1961, 4-6).

En septiembre de 1969, Luis Fidel Mercado escribe un artículo titulado «Eruditos

católicos y protestantes revisan traducción del Nuevo Testamento al español». Aunque el énfasis

de este ensayo no es la crítica textual per se, lo es la traducción de una versión católica con cariz

ecuménico del Nuevo Testamento. Nos plantea Mercado que el trabajo del equipo de traducción

es riguroso: «sólo les preocupa bregar con el texto griego en el contexto de la iglesia primitiva y

del mundo de aquella época» (sept. 1965, 5).

Samuel Pagán ha dedicado gran parte de su trabajo en las ciencias bíblicas a la traducción

de la Biblia y como corolario de esta tarea a la crítica textual. En su libro Palabra Viva, entorno

histórico, literario y teológico del Antiguo Testamento, entra en una discusión detallada para

lectores no especializados sobre la historia del texto bíblico y los problemas textuales en la

Biblia Hebrea. Plantea en esta obra: «Uno de los objetivos de la crítica textual es... identificar las

dificultades en el texto hebreo para, posteriormente, remover los errores que se han incorporado

69
en los manuscritos» (85-86). En esta sección del libro, Pagán describe la naturaleza de los

problemas textuales y las versiones críticas del texto hebreo publicadas desde el 1477.

En un ensayo que el autor de este libro escribió para la Asociación de Estudios

Teológicos Hispanos (AETH), repasó la metodología de la crítica textual y los criterios para

reconstruir el texto preferible dentro de las múltiples variantes que puedan tener los eruditos

bíblicos (22-25).

En el contexto latinoamericano un trabajo desde la perspectiva de la crítica textual es el

de Carlos M. Martini en 1982. Martini publicó un artículo introductorio relacionado con la

crítica textual. Es una introducción al códice Vaticano. Este artículo describe este códice, las

secciones y numeraciones del códice, y la historia e importancia de éste.

Preguntas de la crítica textual

Algunas preguntas básicas de la crítica textual son:

• ¿Qué lecturas variantes tenemos del pasaje que investigamos?

• ¿Cuáles son las variantes de mayor peso para la reconstrucción de una mejor lectura?

70
• ¿Cómo se estratifican cronológicamente estas variantes? ¿Cuál es más antigua?

¿Cuáles variantes proceden de papiros, unciales o minúsculas?

• ¿Qué lectura es preferible de estas variables? ¿Cuál es más corta? ¿Cuál es más

difícil? ¿Cuál es coherente con el estilo literario del resto de la obra donde está

localizada?

• ¿Qué información nos da la Biblia de estudio sobre problemas textuales en nuestro

pasaje?

• ¿Qué información nos dan los comentarios críticos y el libro de Metzger sobre las

variantes y la lectura preferible?

• ¿Podemos explicar las variantes? ¿Responden a una añadidura u omisión por parte de

los escribas? ¿Representan un cambio al texto debido a prejuicios teológicos del

escriba?

La pastoral y la crítica textual

¿Qué utilidad tiene conocer que nuestra Biblia contiene una historia de trasmisión donde

el texto ha sido editado por las próximas generaciones que lo copiaron y que, por lo tanto, nos

han legado un texto con variantes textuales? ¿Qué utilidad pastoral? ¿Cómo podríamos usar este

conocimiento pastoralmente?

Varias cosas queremos afirmar luego de esta breve introducción al análisis textual del

Nuevo Testamento. Primeramente, nos parece que toda esta gama de variantes en el Nuevo

Testamento (cerca de 200,000) nos obliga a asumir una posición humilde en nuestra lectura y

afirmaciones teológicas. El texto es un ejemplo de la fragilidad humana. Así que el texto mismo

en su historia textual no nos permite ningún tipo de bibliolatría. Posiciones sobre la inerrancia de

71
la Biblia quedan muy debilitadas y cuestionadas por la evidencia textual. Pero esto no nos debe

llevar a un cinismo metodológico.

El Nuevo Testamento es posiblemente el único libro de la antigüedad con tanta evidencia

textual para poder ser reconstruido con un alto nivel de certeza sobre cómo debía ser el texto

original. Los clásicos de la antigüedad nos han llegado con sólo unas cuantas versiones y muchas

veces en distintos idiomas. Sin embargo, del Nuevo Testamento tenemos 5,314 manuscritos.

Pero la fragmentación textual nos hace estar con las manos vacías en cuanto a nuestras

seguridades religiosas. La pluralidad de textos nos hace replantearnos el problema de la certeza

religiosa delante de Dios como un elemento adicional en el que no podemos tener falsas

seguridades. Una lectura de la Biblia donde ésta es el fundamento para la salvación queda

excluida. Sólo la fe en el Señor de la Biblia nos puede servir de garantía. El texto bíblico mismo

es testigo contra todo intento de sustituir a Jesucristo con el texto mismo. Esto lo decimos de cara

a la tentación de convertir el texto en un substituto de Jesucristo.

Un detalle adicional sobre la soberbia religiosa son las implicaciones que tiene el que

muchos pasajes utilizados para probar planteos teológicos no resisten el análisis textual. Este es

el caso con la «comma» joanina (1 Jn 5.7 en Reina Valera) o la confesión sobre la encarnación

en 1 Timoteo 3.16. Si el lector o la lectora basa su cristología trinitaria en estos pasajes, está en

problemas porque en ambos casos estamos frente a problemas textuales que o eliminan el pasaje

de 1 Juan 5.7 o cambian la palabra «Dios» a «aquel». Una mirada a las notas textuales sobre

estos pasajes en las Biblias de estudio nos dejan ver que no podemos seguir haciendo

afirmaciones teológicas basadas en textos que no representan la mejor solución textual. Esto

implica que una alta cristología tendrá que ser trabajada con más detalles y con mayor

72
investigación bíblica, ya que no nos será posible afirmar una fe trinitaria con pasajes que son

testigos de los problemas textuales.

Nos parece que el uso primario de la crítica textual es más apropiado en el estudio previo a la

confección de un sermón o una clase. En mi opinión, yo no usaría un elemento de crítica textual

como parte del contenido de un sermón porque, si tuviera que entrar en detalles, consumiría todo

el tiempo del sermón y no habría la posibilidad de dar explicaciones comprensibles para la

audiencia ni pertinentes al sermón. Sin embargo, me parece que el laicado de nuestras

congregaciones y los cuerpos pastorales sí pueden entrar en la discusión de los problemas

textuales en estudios bíblicos y conferencias. Allí hay la oportunidad para explicar el problema,

la metodología y las implicaciones de la ciencias bíblicas sobre los problemas textuales. El

último valor de la crítica textual reside en mostrarnos la fortaleza y debilidad del texto bíblico.

Por un lado, es el texto que mayores testigos tiene de todos los libros de la antigüedad. Por otro

lado, el testimonio es que el texto mismo tiene una gran fragilidad. Esto nos debe conducir a

una espiritualidad en la cual no caemos en teologías que rayan en la adoración a la Biblia. La

Biblia la amamos como escritura sagrada, pero el testimonio textual nos enseña el lado

encarnacional de la Biblia. La palabra de Dios se ha hecho parte de la palabra humana con todo

lo que esto implica. En la historia de la transmisión del texto, la iglesia nos ha dejado sus

huellas. Huellas que muestra la fe, espiritualidad de la misma, pero también las grandes pugnas

y conflictos que las variantes textuales muestran. El texto griego nos remite un texto que muchas

veces es ambiguo. No podemos hacer afirmaciones excluyentes a base de un texto que nos ha

mostrado su encarnacionalidad. Esto no significa que menospreciaremos la Biblia. Lo que

muestra es que amamos la Biblia, reconociendo la presencia de Dios entre los seres humanos

con todo lo que eso implica.

73
74
Referencias

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76
CAPÍTULO 3

EL TEXTO EN SU TRASFONDO HISTÓRICO

Severino Croatto nos ha planteado que una lectura adecuada de un texto debe cubrir tres

áreas, el detrás del texto, el texto y el delante del texto. El detrás del texto se refiere a toda la

información de trasfondo histórico social que puede arrojar luz sobre el significado de un texto.

Este detrás del texto es conocido también como análisis diacrónico del texto. Cuando hablamos

de análisis diacrónico de los textos bíblicos nos referimos esencialmente a todas aquellas

herramientas que nos permiten situar los textos bíblicos en su contexto histórico-social. El

concepto «diacrónico» proviene de dos palabras griegas, dia es una preposición que en este caso

significa a través, y cronos es un sustantivo que significa tiempo. Así que los métodos

diacrónicos son aquellas herramientas a través de las cuales reconstruimos el contexto histórico

del texto. El método esencial del análisis diacrónico es el análisis histórico crítico.

El análisis histórico plantea dos presuposiciones básicas sobre los textos bíblicos. Los

textos son históricos en una de dos dimensiones;

1. La historia del texto: el texto proviene de un contexto histórico específico.

Por lo tanto, para comprender el texto hay que situarlo en su contexto

histórico social.

2. La historia en el texto: el texto narra unos acontecimientos que necesitan

ser corroborados dentro del contexto histórico en que se ubican y dentro

de la historia de la comunidad que produjo el texto.

Necesitamos conocer el trasfondo histórico del texto para comprender el texto en su

trasfondo histórico. Si nos remontáramos al futuro de nuestro país, nuestros descendientes del

año 2500 necesitarán conocer todos los detalles que ellos puedan para comprender las cosas de

77
nuestro tiempo. En ese sentido una buena descripción del proceso político, la relación con otros

países, el desarrollo económico, los procesos de emigración e inmigración, el desarrollo

tecnológico, le permitirán hacer una construcción mental de nuestro tiempo. Algo que es tan

corriente para nosotros, puede que para ellos requiera mucha investigación de nuestra situación

pues el mundo del futuro no estará constreñido por nuestras situaciones. Esto mismo nos sucede

si tratamos de reconstruir la etapa de la conquista española. Necesitamos detalles en literatura

primaria, en el conocimiento arqueológico, información antropológica, información de los

teóricos sobre nuestro pasado para poder comprender cualquier suceso del pasado. Los

historiadores y otros investigadores del pasado nos describen ese mundo distante de nuestro

mundo. Esa descripción del pasado nos arroja los detalles y la información que nos permite

organizar y hacer un esquema mental de los sucesos del pasado. En la medida en que podamos

hacer un acopio de documentos de literatura primaria, información arqueológica e información

antropológica, podremos hacer esa reconstrucción que nos permitirá imaginarnos aquel mundo

desde nuestro lado del horizonte histórico.

Así mismo la historiografía y la antropología pueden ser tremendas herramientas para

entender el texto bíblico en su trasfondo. La historiografía tratará de reconstruir el trasfondo

histórico que presuponen los textos bíblicos a base de la literatura primaria y los conocimientos

que nos ha legado la arqueología. Cuando el texto bíblico nos menciona personajes del trasfondo

histórico del texto, tal como, "en los días de Herodes, rey...” (Lc 1.5), o "Pilatos le preguntaba"

(Mc 15.2), o "... que Arquelao reinaba en Judea...” (Mt 2.22), necesitamos suplir toda la

información de trasfondo posible, de modo que podamos situar el texto dentro del trasfondo

histórico. Es el mismo texto el que nos requiere conocer este trasfondo aludido. Los textos están

78
íntimamente ligados a su contexto histórico. Por lo tanto, un conocimiento del trasfondo

histórico nos abre una ventana para comprender el texto en su contexto histórico.

La antropología y la sociología también pueden ayudarnos a través de un proceso

descriptivo del mundo social de aquel mundo distante al nuestro. Modelos sociológicos pueden

arrojar luz sobre el trasfondo social donde se produjo el texto en la interpretación del texto en su

contexto histórico-social. Más adelante haremos una descripción de los análisis sociológicos y

antropológicos que nos ayudan a ampliar nuestra comprensión del trasfondo histórico-social del

texto. En este capítulo estamos abordando los asuntos historiográficos que pueden arrojar luz en

nuestra comprensión del texto.

Historia de la investigación historiográfica

La importancia de interpretar el texto en su contexto histórico siempre fue un factor

hermenéutico en la historia de la iglesia. Del segundo siglo al medioevo se desarrolló un tipo de

interpretación que dominó la exégesis bíblica, la lectura alegórica del texto4. La lectura alegórica

era una alternativa ante el problema de la distancia. Se le creaba a un texto distante una

alternativa para interpretarlo. Pero siempre hubo sectores de la iglesia que alegaron que el

significado más acertado del texto era el significado literal. La Escuela de Antioquía entendía

que la interpretación alegórica del texto era excesiva y que la interpretación correcta era la literal.

Teodoro de Mopsuestia (ca. 350- 428 d.C.), favorecía una lectura del texto en su trasfondo

histórico y literario y rechazaba como tendenciosa la lectura alegórica del texto. San Jerónimo

(347 al 420 d.C.) originalmente utilizó el método alegórico para explicar los textos bíblicos, pero

cuando San Jerónimo se mudó a Belén y comenzó a traducir los textos al latín migró al método

literal de análisis bíblico. El contexto geográfico e histórico de la Biblia le ayudaron a

4
En esta sección estoy siguiendo a Baird, xiii-154.

79
comprender que el mejor análisis para comprender el texto era el análisis literal. Santo Tomás de

Aquino (1225- 1274 d.C.) planteó que cualquier tipo de interpretación del texto tenía que estar

enraizada en el sentido literal del texto. De esta manera le dio viabilidad a las lecturas alegóricas,

analógicas, morales y proféticas de los textos pero bajo el control de la lectura literal del texto.

Los reformadores también cuestionaron el método alegórico de interpretación bíblica prefiriendo

la interpretación literal. Lutero era profesor de teología bíblica desde 1512 d. C. Alegaba Lutero

que muchos de los problemas teológicos de la iglesia de su tiempo se debían a las

interpretaciones alegóricas con que se leían los textos. Por esta razón alegaba que la Escritura

tenía un solo sentido, el sentido literal. Lutero tradujo la Biblia de los idiomas originales al

alemán. Calvino era un erudito de la literatura clásica y, por lo tanto, con su manejo del análisis

literario e histórico escribió comentarios para casi todos los libros de la Biblia. Matías Flacio

Ilírico (1520-1575 d.C.) publicó unas guías para la interpretación de la Biblia en clave

reformada. Alegaba Flacio Ilírico que las Escrituras se debían interpretar lingüísticamente,

gramaticalmente, históricamente y hermenéuticamente. La Reforma Protestante dio paso al

surgimiento de la conciencia histórica en el cristianismo de occidente.

Hugo Grotius (1583-1645 d.C.) utilizó el análisis gramatical e histórico para interpretar

los textos bíblicos. En su comentario a los textos de Apocalipsis, Grotius no aplicó el libro a su

contexto de conflicto con Roma o entre protestantes, sino que alegó que había que situar el

Apocalipsis y sus símbolos en los acontecimientos del primer siglo d. C. Así mismo se planteó

que Pablo no pudo escribir Hebreos porque el estilo y argumentos teológicos eran distintos a los

de Pablo en sus otras cartas. Grotius cuestionó el argumento tradicional sobre el autor de 2 Pedro

alegando que el estilo de 2 Pedro era completamente distinto al de 1 Pedro.

80
John Lightfoot (1602-1675 d.C.) prosiguió con el énfasis en la literatura primaria para

reconstruir el trasfondo de los textos bíblicos. Trajo a colación la importancia de las obras de

Filón de Alejandría, Josefo, el Talmud y las obras históricas grecorromanas para comprender el

contexto histórico que sirve de trasfondo al Nuevo Testamento. Lightfoot señaló la importancia

del conocimiento del trasfondo geográfico en la comprensión de los pasajes bíblicos.

Richard Simon (1638-1712 d.C.) era un monje francés que desde la perspectiva de la

iglesia católica romana retomó la conciencia histórica como un elemento vital en la

interpretación de la Biblia. Simón hizo una gran amistad con un erudito judío, Jona Salvador, con

el cual aprendió el Talmud. De sus conocimientos del Talmud infirió que los escritores del

Nuevo Testamento eran judíos a los cuales había que comprender dentro de la matriz cultural del

judaísmo. En 1678 publicó su obra magna, Histoire critique du Vieux Testament. En esta obra

alegó que no era posible que Moisés escribiera el Pentateuco y planteó los problemas de falta de

claridad en muchos de los textos del Antiguo Testamento. Alegaba Simon que los evangelios

eran anónimos porque el epígrafe con el nombre había sido añadido secundariamente.

En el judaísmo, Baruc Spinoza (1632-1677 d.C.) señaló que la Biblia había que estudiarla

a través de los instrumentos de la razón. Por lo tanto, una lectura adecuada implicaba

conocimiento lingüístico e investigación sobre el trasfondo histórico del texto. Utilizando esta

metodología, planteó Spinoza que el Pentateuco no podía haber sido escrito por Moisés y negó la

historicidad de los milagros.

El deísmo hizo las contribuciones básicas para el desarrollo del método histórico crítico.

El deísmo planteó que el camino para el conocimiento de Dios era la razón. La forma de adquirir

el conocimiento de la verdad no era a través de la revelación, sino a través de la razón. Los

81
deístas atacaron la interpretación confesional de la Biblia desde adentro de ella misma a través

de la metodología histórica.

Entre los deístas podemos mencionar a Juan Locke (1632- 1704 d.C.), quien escribió una

obra titulada «Paraphrase and notes». En esta obra desarrolló el método de interpretar la

Escritura con las otras escrituras similares. Con este método hizo un análisis de las epístolas

paulinas utilizando unos textos con otros del cuerpo paulino para tratar de explicar el significado

de las cartas paulinas.

Juan Tolland (1669-1722 d.C.) era otro autor deísta que alegó que había una

conspiración de los clérigos para ocultar el significado de las Escrituras. Alegó que las Escrituras

presuponían el uso de la razón. Dio como evidencia el consejo paulino de tener un «culto

racional» en Romanos 12.1 y el consejo en 1 Pedro 3.15 de dar razón de la fe. Para Tolland el

objetivo de la filosofía era hacer la experiencia religiosa --incluida la Biblia-- accesible a la

comprensión racional.

Tomás Woolston (1669-1733 d.C.) cuestionó las historias de milagro en la Biblia desde

la perspectiva de que no eran cónsonas con la naturaleza. Pero para confirmar su tesis de la

incoherencia de las historias de milagros hizo análisis histórico de las mismas. Lo importante de

Woolston fue el tipo de preguntas que le hizo a los textos. Aunque estas preguntas sean ofensivas

para la persona creyente, eran y son preguntas a las que hay que darle consideración seria. Por

ejemplo, Woolston planteó la pregunta de porqué un acontecimiento tan importante como la

resurrección de Lázaro fue sólo narrada por Juan y no en el resto de la tradición evangélica.

Woolston es el primer pensador de la modernidad en cuestionar a través de la razón las

tradiciones sobre la resurrección por encontrar los relatos incoherentes unos con otros. Woolston

fue puesto en prisión por cargos de blasfemia por este tipo de análisis. Para nosotros y nosotras,

82
su contribución fue que nos hizo contrastar los relatos unos con otros para ver si había un núcleo

histórico detrás de relatos dispares.

Otro deísta que hizo una contribución al desarrollo del método histórico-crítico fue

Tomás Morgan (murió en 1743 d.C.). Morgan le aplicó la razón a la tradición bíblica

radicalmente. Con esta premisa alegó que los libros de la Biblia se debían leer tomando en

consideración los personajes, circunstancias y la situación en el trasfondo histórico. Alegó que

las genealogías de Jesús en los evangelios no concordaban y que apuntaban contra el nacimiento

virginal. Alegó que el Apocalipsis había que leerlo con el trasfondo de la crisis de Nerón a

finales de la década del 60 d.C. En cuanto a la carta a los Hebreos, alegó que el estilo era no

paulino y, por lo tanto, no pudo haber sido escrita por Pablo. Más aún, señaló que Hebreos era

posterior a la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. porque asumía que el sistema sacrificial

judío había sido abolido. Note el lector o lectora el tipo de preguntas que se hacía este pensador.

Preguntas sobre el autor, la fecha, el trasfondo histórico, tratando de encontrar la evidencia sobre

las respuestas a estas preguntas dentro de los textos abordados.

Tomás Chubb (1697-1747 d.C.) fue el primer pensador en plantear que el evangelio más

antiguo era Marcos y que los otros evangelistas lo utilizaron como fuente común en la

composición de sus narrativas. Alegaba Chubb que el método histórico-racional debía utilizarse

para estudiar la vida de Jesús. Las discrepancias entre Mateo y Lucas demostraban que había que

abordar racionalmente estos relatos para hacer una reconstrucción de qué pasó y que fue una

construcción legendaria de los evangelistas y el cristianismo primitivo.

Johann August Ernesti (1707-1781 d.C.) añadió varias aportaciones al análisis histórico y

literario del Nuevo Testamento. Alegó que la forma para llegar al entendimiento literal del texto

era a través del análisis gramatical. Para interpretar el texto había que investigar el sentido literal

83
del texto a través del análisis gramatical en el contexto histórico donde se produjo el mismo.

Notamos que es una combinación de gramática y trasfondo histórico. Se han mezclado dos ejes

de interpretación, el análisis gramatical y el análisis del trasfondo histórico pero relacionados.

Para Ernesti esto implicaba que el intérprete tenía que manejar los idiomas bíblicos. Ernesti

planteó la importancia de la traducción del texto. Alegaba que el propósito de la traducción era

reproducir el significado original del texto sin disminución, adición o alteración. El otro planteo

que Ernesti trajo a colación fue la importancia de la literatura primaria del judaísmo y el

helenismo contemporáneo al Nuevo Testamento. Alegaba Ernesti que todo intérprete debía

estudiar las fuentes judías, los escritos rabínicos, Filón de Alejandría y a Josefo. Añadió que una

lectura apropiada del texto debía comprender las costumbres, ritos, prácticas sacrificiales, la

naturaleza de las sectas judías, las religiones helenísticas, la administración política de los

romanos. Son estos elementos y otros similares a estos los que darán una visión del trasfondo del

texto bíblico. Cada lector o lectora debe notar que esta lista de detalles del trasfondo histórico del

texto son un catálogo de estructuras sociales, acontecimientos y detalles culturales con los cuales

se construye en esencia la investigación historiográfica.

El pietismo alemán también tuvo sus exponentes que le dieron preponderancia a la

reconstrucción del trasfondo histórico del texto para poder comprender el texto. Augusto

Hermann Francke (1663-1727 d.C.) alegó que había que dominar los idiomas bíblicos y conocer

el trasfondo histórico de los textos para comprenderlos.

J. A. Bengel (1687-1752 d.C.) fue un gran contribuyente a los estudios de la crítica

textual. Pero añadió a este tipo de investigación la conciencia histórica. A pesar de que Bengel

era un pietista advirtió que «el expositor que anula el trasfondo histórico de la Escritura con el

84
objetivo de encontrar sólo las verdades espirituales donde quiera, trae muerte sobre toda correcta

interpretación» (Baird 75, traducción mía).

Juan Wesley representó la voz del pietismo en la Inglaterra del siglo 18. Para Wesley la

importancia de la Biblia consistía en su enseñanza para la salvación. Para Wesley la regla para

interpretar la Biblia era «el sentido literal de cada texto» (Baird 82, traducción mía). Wesley

escribió unas notas exegéticas sobre la Biblia llamadas Explanatory notes. De estas notas uno

puede inferir que Wesley presuponía el análisis textual que había aprendido del trabajo de

Bengel, utilizó un modelo de equivalencia dinámica en la traducción de los textos bíblicos al

inglés coloquial y se hizo las preguntas introductorias básicas sobre los textos bíblicos. Así que

cada libro traía una introducción sobre el autor, el contexto en que el libro fue escrito y otros

asuntos sobre el trasfondo histórico de nuestros textos. Así, Wesley nos da información sobre el

trasfondo geográfico de las cartas paulinas, información histórica sobre este trasfondo

geográfico. Wesley alegaba que la carta a los gálatas había sido escrito a los celtas de Galacia del

norte en contraposición con la lectura confesional y anticipó para la historia de la interpretación

bíblica que la carta a Filemón era una carta de manumición de un esclavo, Onésimo.

Los siglos 18 y 19 trajeron el refinamiento de la conciencia histórica y del método

histórico-crítico para las ciencias bíblicas. Johann Salomo Semler (1725--1791 d.C.) cuestionó

los criterios para canonizar los libros del Nuevo Testamento. Alegó que la revelación bíblica

funcionaba a través de una acomodación de Dios a la audiencia que recibió los relatos bíblicos.

Así que el lenguaje bíblico empleaba las metáforas, mitos y percepciones culturales de su

tiempo. Semler fue uno de los primeros eruditos en cuestionar la unidad de la carta a los romanos

y 2 Corintios. Alegó que ambas eran antologías de fragmentos paulinos. Semler tampoco aceptó

que Hebreos fuera un documento paulino. Alegó que 2 Pedro era un documento del segundo

85
siglo d.C. Note cada lector o lectora que ya en esta época comienza a deconstruir la

interpretación tradicional de las Escrituras. Los planteos de la patrística comienzan a ser

cuestionados. El que uno de los Padres alegara que este escrito tuvo como autor a fulano no es

considerado como un argumento suficiente. Hay la duda de que los planteos de los Padres y

Madres de la iglesia eran de naturaleza confesional. Pero también hay que notar que la

información que plantean los textos en sí mismos también es pasada por el crisol de la

corroboración y la coherencia. Así, 2 Pedro es atribuida al segundo siglo con lo que se niega la

paternidad literaria de la misma al apóstol Pedro y se plantea la posibilidad de la pseudoepigrafía

en los documentos canónicos. El argumento a favor o en contra deja de ser confesional para

requerir un argumento literario o histórico para plantear asuntos tales como el autor, la fecha, el

contexto histórico-social o cualquier otra pregunta histórica. La pregunta sobra la posibilidad de

corroborar la veracidad de lo que dice el texto se plantea claramente en el trabajo de Semler, que

va a ser el inicio de cuestionar la historicidad de los pasajes y textos bíblicos abiertamente. De

aquí en adelante habrá que probar con corroboraciones independientes lo que dicen los textos.

Johann David Michaelis (1717-1791 d.C.) es el que plantea explícitamente las preguntas

introductorias a los textos del Nuevo Testamento. Para Michaelis las preguntas medulares eran

¿quién es el autor?, ¿cuándo se escribió? y ¿dónde se escribió? Michaelis planteó explícitamente

que la evidencia obre estos asuntos medulares requerían de la evidencia externa, esto es, los

Padres y Madres de la Iglesia y de evidencia interna, esto es, análisis literario que ayude a

corroborar o cuestione la información que hemos recibido de la tradición de la Iglesia. No

obstante, Michaelis llegó a conclusiones tradicionales en casi todos los casos. Así alegó que la

autoría paulina de Hebreos no se podía descartar porque Hebreos era una traducción del hebreo

al griego. Las investigaciones subsiguientes han descartado esta posibilidad. Por esta razón uno

86
puede plantear que aunque Michaelis clarificó los procesos metodológicos, no los aplicó

coherentemente. Sólo en el caso de Apocalipsis de dio cuenta que este texto no era de familia

juanina por su estilo griego y sus diferencias teológicas, pero entonces llegó a las conclusiones

erradas. Para Michaelis el libro era una producción «espuria» introducida en el cuerpo de

literatura jouanina después de la muerte de San Juan. Michaelis no llegó a una conclusión más

sana, el Apocalipsis representa otra voz teológica en el canon dentro del coro de voces teológicas

que nos muestra el Nuevo Testamento.

Johann Jakob Griesbach (1745-1812 d.C.) hizo grandes aportaciones a la crítica textual

como ya hemos visto. Pero además hizo otras contribuciones a las ciencias del análisis histórico

del Nuevo Testamento. Griesbach advirtió que el Nuevo Testamento se debe explicar como

cualquier otro libro de la antigüedad. Por lo tanto, incluye en las preguntas medulares asuntos

tales como el tiempo, lugar, propósito del autor, el contexto en que se produjo el texto. Para

Griesbach una lectura adecuada tenía que clarificar asuntos históricos sobre los judíos, los

griegos y los romanos, haciendo uso de la geografía, arqueología, topografía y cronología. Otra

contribución que Griesbach hace es notar que algunos elementos en una narrativa tienen que ver

con el estilo y punto de vista de un autor. Con esto anticipa por doscientos años el análisis de la

historia de las redacciones. Claro está, este tipo de planteo fue periferal a su trabajo y por esto no

se le adjudica ser el gestor de esta metodología que habría de ponerse en boga luego de la década

de los 50 en el siglo 20. La otra aportación de Griesbach fue darle un lugar vital en su análisis al

problema sinóptico. El problema sinóptico consiste en formular una hipótesis de trabajo sobre la

interrelación literaria entre Mateo, Marcos y Lucas. Griesbach asumió la posición tradicional de

que Mateo había sido escrito por Mateo. Alegó que Lucas escribió su evangelio teniendo a

Mateo en la mano y que Marcos escribió su narrativa teniendo tanto a Mateo como a Lucas en

87
sus manos. Aunque la erudición posterior no aceptó la hipótesis de Griesbach, este puso sobre la

mesa este asunto como un problema medular. La erudición posterior llegó a una conclusión

distinta, pero uno se da cuenta que Griesbach planteó los problemas medulares. Mateo y Lucas

sólo están de acuerdo con Marcos en el orden narrativo. Los dichos están dispersos en lugares

distintos en ambas obras. Por lo tanto, es una mejor explicación plantear que Marcos era la obra

más antigua y que Mateo y Lucas usaron a Marcos. Pero esto tenía que esperar a otros

investigadores en el futuro.

Un último expositor sobre el desarrollo del método histórico para los estudios del Nuevo

Testamento fue Johann Gottfried Eichhorn (1752-1827 d.C.). Eichhorn es el investigador que

plantea una hipótesis sobre la historia de las fuentes y la historia de las tradiciones en los

evangelios sinópticos. Eichhorn plantea que el relato más antiguo sobre Jesús era oral. Era un

relato de los judeocristianos sobre Jesús. Luego aparecieron unas tradiciones como el Evangelio

de los Hebreos y las Memorias de los Apóstoles mencionados por los Padres del segundo siglo

d.C. Una tercera fase incluyó nuestros evangelios canónicos. Eichhorn señaló que en la tradición

sinóptica había materiales compartidos por los tres evangelios, por sólo dos y por uno sólo.

Alegó que el material más antiguo era aquel que era compartido por las tres versiones. Con esto

planteó un criterio literario para construir un depósito de los dichos y tradiciones más antiguos

sobre Jesús en el cristianismo primitivo. Adujo que los relatos que aparecían en uno sólo de los

evangelios representaba composiciones tardías que no representaban los estadios más primitivos

de la tradición. A pesar de este tipo de planteo, Eichhorn mantuvo la perspectiva tradicional

sobre los autores de los evangelios y, por lo tanto, no pudo sacar las conclusiones debidas a su

teoría sobre el evangelio primitivo hipotético y la historia de las tradiciones. Eichhorn no se dio

cuenta del problema entre los sinópticos y el evangelio juanino. Otra aportación de Eichhorn fue

88
cuestionar por primera vez la autoría paulina de las epístolas pastorales debido al estilo y

teología de las mismas. Eichhorn se dio cuenta de que había problemas con la autoría de

Santiago, 1 Pedro y no tuvo duda en plantear que 2 Pedro era un pseudoepígrafo que usó a Judas

como su fuente.

La otra contribución de Eichhorn a la historiografía también fue incipiente: el separar los

textos corroborables históricamente de los textos míticos. Alegó Eichhorn que los antiguos

explicaban la realidad a través de narrativas míticas. Señaló que había mitos para explicar los

orígenes de una ciudad, las obras de una gran persona o los orígenes de las cosas y el mundo.

Eichhorn aplicó este tipo de entendimiento a los relatos de la creación en Génesis 1--3 y a las

historias de milagro en el Nuevo Testamento.

Fuentes primarias y secundarias para el trasfondo histórico del texto

Las fuentes primarias más importantes para la reconstrucción del trasfondo histórico del

Nuevo Testamento son Las Antigüedades de los judíos y La guerra de los judíos de Flavio

Josefo. Las obras de Josefo han sido publicadas en español por Editorial CLIE. Lo único es que

esta versión española no sigue la numeración de la serie Loeb, por lo tanto, nos da la ventaja del

uso de una concordancia para Josefo. I , II y IV de Macabeos describen el conflicto entre los

judíos con Antíoco Epífano el IV. Cualquier Biblia que incluya los deuterocanónicos incluirá I y

II de Macabeos. IV de Macabeos se encuentra entre la excelente colección de Pseudoepígrafos

del Antiguo Testamento editada por Alejandro Diez Macho. Lagatio ad Gaium, de Filón de

Alejandría, describe el conflicto con Calígula en el año 40 d.C. Calígula ordenó que se pusiera

una imagen suya en el templo. Los manuscritos de Qumrán nos permiten abrir una ventana

literaria a un grupo dentro del judaísmo del período. Entre los textos de Qumrán me parece que

el más importante es Las reglas de la comunidad. La mejor versión de los textos de Qumrán en

89
español es la de Florentino García Martínez (1992). Para una historia desde la perspectiva

romana, dos obras primarias son imprescindibles, Los anales de la Roma imperial y Las historias

de Tácito. Las obras de Tácito cubren la historia imperial hasta los tiempos de Domiciano.

Suetonio nos deja abrir otra ventana sobre el trasfondo imperial con La vida de los doce césares.

Para literatura judía del período del segundo templo desde el período helenístico hasta el

período romano, Alejandro Diez Macho (1984) ha publicado en cinco volúmenes una antología

de las obras más importantes bajo la rúbrica de Apócrifos del Antiguo Testamento. Las mejores

obras del apocaliptismo se encuentran allí traducidas con una excelente introducción. Una

antología de literatura primaria del período del Nuevo Testamento ha sido publicada por Romano

Penna (1994) bajo el título, Ambiente histórico-cultural de los orígenes del cristianismo. Para

una traducción de La Misná judía hay una versión publicada por Carlos del Valle (1997).

En términos de literatura secundaria en español, el trabajo más enciclopédico es el de

Emil Schürer et. al. (1985), Historia del pueblo judío en tiempos de Jesús. Esta es una obra en

dos volúmenes. En el primer volumen se hace una descripción histórica del período y en la

segunda obra se presenta una descripción cultural y geográfica de los judaísmos del período. Esta

obra de Schürer es lectura obligatoria. Una obra similar pero mucho más breve, ha sido

publicada por Sígueme, la primera parte de la Introducción al Nuevo Testamento de Helmut

Köester(1988), titulada, Historia, cultura y religión de la época helenística. Para una perspectiva

histórica de un judío, un buen trabajo sobre este período es el de Johann Maier (1996), Entre los

dos testamentos, historia y religión en la época del segundo templo. Para una perspectiva de

descripción cultural-religiosa del período del Nuevo Testamento, todavía es útil la obra de

Jeremias, Jerusalén en tiempos de Jesús. Más sociológica me parece que es la obra de John E.

Stambaugh y David L. Balch (1993), El Nuevo Testamento en su entorno social.

90
La cantidad de obras en inglés es infinita. No obstante debemos mencionar la que nos

parece de mejor calidad. La obra de Sanders (1992), Judaism, practice & belief 63 BCE - 66 CE

es una mina de información y detalles desde la perspectiva de los grupos judíos del período.

Martin Hengel ha producido dos clásicos para el estudio del período. El primero es Judaism and

hellenism (1981) donde echa abajo la teoría de que el judaísmo estaba bifurcado en dos tipos de

judaísmos, el judaísmo palestinense y el judaísmo helenista. Plantea, a mi entender, un buen caso

sobre lo profunda que fue la helenización política e ideológica de todos los judaísmos del

período. La segunda obra clásica es The zealots. En esta obra hace un análisis detallado de todos

los movimientos de oposición política contra Roma. Un trabajo más breve sobre la época, pero al

grano, es el editado por John Hayes y Maxwell Miller(1977), Israelite & Judean history. Para

una descripción enjundiosa de las instituciones dentro del judaísmo en el período comprendido,

un clásico es la obra editada por Safrai y Stern (1987), The Jewish people in the first century.

Otra obra valiosa para la reconstrucción del período desde la óptica de un judío es el trabajo de

S.J. D. Cohen (1987) From the Maccabees to the Mishna. Dos antologías de literatura primaria

en inglés que valen la pena son la de C. K. Barrett (1989), The New Testament background

(segunda edición revisada) y la de Cartlide y Dungan (1994), Documents for the study of the

gospels.

Esta obra de Dungan y Cartlide aborda los paralelos literarios para los acontecimientos

principales en los evangelios y, por lo tanto, puede ser de gran utilidad en la historiografía que

aborda la historia en el texto. La obra de Barrett es más una búsqueda de los textos primarios

relacionados con la historia del texto. Una breve obra que hemos encontrado fascinante por su

descripción, sus imágenes y su síntesis de información historiográfica y arqueológica es el

trabajo de Peter Connolly (1988), Living in the times of Jesus of Nazareth. La serie Cahier tiene

91
una descripción breve del período por C. Saulnier (1985) titulada, Palestina en tiempos de Jesús

que también es muy práctica por su brevedad y claridad. La mejor descripción geográfica y

arqueológica breve para el período es el libro de Jerome Murphy O´Connor (1998), Holy land.

Una lectura del Nuevo Testamento nos obliga inmediatamente a darnos cuenta de que el

texto es hijo de su tiempo. El Nuevo Testamento es un producto esencialmente del

judeocristianismo o en diálogo con el judeocristianismo. Pero fue escrito en griego. Esto es así

debido al contexto histórico social en que se produjo el Nuevo Testamento. Para comprender el

Nuevo Testamento podríamos comenzar nuestra historia con el período colonial helénico y luego

llegar al período romano.

La historia del texto: ejemplo en el libro de Apocalipsis


Para que cada estudiante tenga una idea de la pertinencia del trasfondo histórico del texto

y la pertinencia sobre la historia en el texto vamos a dar varios ejemplos. El primer ejemplo que

queremos dar es con el libro de Apocalipsis. Las preguntas sobre la historia del texto son la

pregunta sobre el autor, la fecha en que el texto fue producido, la matriz sociológica, esto es, qué

estaba pasando en el contexto socio-histórico en que se escribió Apocalipsis.

Autor de Apocalipsis

Hay varias teorías sobre el autor del libro de Apocalipsis. Eusebio de Cesarea plantea que

el comentario sobre el autor de Apocalipsis más antiguo en la literatura patrística es el de Justino

Mártir (ca. 165 d. C.), quien alegaba que el Apocalipsis había sido escrito por el apóstol Juan5.

Orígenes es el primero en atribuir tanto el Apocalipsis como el evangelio de Juan al hijo de

Zebedeo. «Juan, el que se recostó sobre el pecho de Jesús... dejó un evangelio... también escribió

5
Eusebio plantea que de acuerdo con la información que él había recibido, Justino «también escribe que incluso hasta su propio
tiempo siguieron resplandeciendo los dones proféticos en la iglesia, y cita el Apocalipsis de Juan, aseverando que era obra del
apóstol.” (Eusebio, 4.18).

92
Apocalipsis... También nos ha dejado una epístola de muy pocas líneas, y quizá una segunda y

una tercera, aunque estas son discutidas...» (Eusebio, 6.25). Eusebio plantea, no obstante, que

no fue unánime este asunto sobre el autor entre los padres de la iglesia. En el tercer siglo,

Dionisio de Alejandría alegó que por razones de estilo y de contenido, el autor de Apocalipsis y

el autor de Juan no podían ser la misma persona.

El autor de Apocalipsis se identifica a sí mismo con el nombre de Juan (1.1,4, 9; 22.8),

pero nunca se identifica como Juan el hijo de Zebedeo. En efecto, cuando el autor de

Apocalipsis tiene visiones sobre los apóstoles habla de ellos en tercera persona plural, «ellos».

Uno esperaría que del autor ser parte de ese grupo tan significativo a finales del primer siglo

apelara a su relación con ellos con un pronombre en primera persona plural, «nosotros», pero no

lo hace (18.20; 21.14). Sin entrar en los méritos de si el apóstol Juan escribió el evangelio que

lleva su nombre, que sería un análisis histórico crítico también, una mirada a los textos del

Apocalipsis y del evangelio nos dejan ver tantas diferencias que nos hacen dudar que el mismo

autor esté detrás de ambas obras. El autor del evangelio de Juan se mantiene anónimo detrás de

esta imagen del discípulo amado (Juan 13.23; 19.26, 35; 20.1ss; 21.24), mientras que el autor de

Apocalipsis se identifica. El griego del evangelio de Juan es correcto e intachable, mientras que

el griego de Apocalipsis es de estilo hebreo. Un lector o lectora con un conocimiento

rudimentario del griego se da cuenta que el autor del evangelio de Juan domina la morfología y

la sintaxis helenística, mientras que el autor de Apocalipsis parece que está escribiendo en un

segundo idioma.

Lo mismo podemos decir de la teología del evangelio de Juan y la teología de

Apocalipsis, no es común a ambos. El autor del evangelio de Juan parte de una teología sobre la

narrativa del ministerio de Jesús. El autor de Apocalipsis narra una visión. El autor del evangelio

93
de Juan parte de una escatología realizada. Para el evangelio de Juan a la teología apocalíptica

inminente se le ha añadido una dimensión de presente que los especialistas le llaman escatología

realizada (Juan 5.25; 17.3). El autor de Apocalipsis es un apocaliptista que cree que los dones de

Dios están en el futuro inminente (1.1, 7; 3.11; 22.12). El Juan de Apocalipsis no plantea este

tipo de escatología realizada que vemos en el evangelio de Juan. Aun cuando usan el mismo

concepto, notamos que en griego, en muchos casos usan palabras distintas. Un ejemplo de esto es

el concepto de cordero de Dios en el evangelio de Juan (ho amnos) pero en el Apocalipsis ho

arníon. Parece una mejor explicación a los reclamos de algunos padres que el Apocalipsis fue

atribuido al Apóstol Juan debido a una necesidad canónica. Alegar que el autor era uno de los

apóstoles era un criterio de autoridad en la discusión sobre qué libro debe aceptarse en el canon o

no. Por lo tanto, nos parece que estamos frente a otro Juan distinto al apóstol y definitivamente

frente a otro Juan distinto al escritor del evangelio que lleva este nombre.

Del libro de Apocalipsis, sin embargo, podemos hacer una serie de inferencias sobre el

autor del mismo. Lo primero que nos parece que podemos evidenciar internamente es que el

autor de Apocalipsis es un judeocristiano. Ya el nombre que el autor utiliza para sí es un nombre

hebreo. Pero el uso de palabras hebreas en el texto implican que la persona es bicultural. Así el

autor nos habla de Abadón (9.11) y lo traduce y también habla del Armagedón (16.16) que

también es un término hebreo. Otro detalle que notamos en el texto es que el Antiguo

Testamento es constantemente aludido aunque no es citado directamente de la LXX. Esto hace

sentido en una persona que proviene de la cultura judía. El autor se incluye entre los profetas de

su contexto (19.10; 22.8ss), por lo que el género literario visionario cuadra dentro del profetismo

que hoy distinguimos como apocaliptismo. El autor plantea que el Imperio Romano es un poder

demoníaco (Apocalipsis 13; 18). Su posición contra Roma es más comprensible si Juan es un

94
judeocristiano que si fuera un gentil. No nos debemos olvidar que Roma destruyó a Jerusalén en

el año 70 d. C. En efecto, el autor le llama a Roma con el epíteto que le llamó el judaísmo a

Roma luego de la destrucción de Jerusalén, Babilonia. Babilonia, porque así como en la

antigüedad Babilonia había destruido el templo, así mismo en el año 70 d.C. Roma destruyó el

segundo templo. Este tipo de código cultural es más fácil de explicar si el autor de Apocalipsis es

un judeocristiano. El planteo sobre las siete iglesias y las descripciones de las ciudades y los

fenómenos que están ocurriendo en las siete iglesias nos hacen pensar que el autor es parte de las

comunidades de fe de esta área. Aunque este Juan no parece ser el apóstol Juan, ni el autor del

evangelio de Juan, si nos parece que su testimonio como profeta y sus sufrimientos de cara a la

hostilidad de las autoridades en Asia Menor, y posiblemente su muerte a mano de estas

autoridades le aseguraron un lugar en el canon. La posición del autor de Apocalipsis contra una

laxitud en relación a los alimentos sacrificados a los ídolos (22.14ss, 20ss) nos lo sitúa en una

posición más rigurosa que la de la escuela paulina (1 Co 8). Nuestro autor, sin embargo, se siente

alienado del judaísmo de la sinagoga a quien llama «sinagoga de Satanás» (2.9; 3.9). Para él, el

Israel de Dios son los judeocristianos (Ap 7; 14) junto a los gentiles que se han convertido.

Nuestro autor ve también con malos ojos la asociación de los creyentes con las riquezas de su

contexto (3. 17ss; 18.15ss). Nuestro autor es un vidente apocalíptico. De acuerdo con algunos

modelos sociológicos, una ideología apocalíptica requiere algún tipo de privación sea cultural,

política, económica, social o de alguna índole. Una lectura al libro de Apocalipsis nos deja ver

que el autor percibe la sociedad en que vive como una de índole demoníaca.

Fecha: cuándo se escribió Apocalipsis

Para fijar la fecha de composición de Apocalipsis tenemos dos tipos de evidencia: (1)

externa, (2) interna. En términos de la evidencia externa el testimonio más antiguo es el de

95
Ireneo quien alegó que el Apocalipsis fue escrito al final del reino de Domiciano, esto es, ca. 95

d.C. Esto mismo alega Victorino de Pettau (murió en el 303 d.C.) y Eusebio de Cesarea. Ambos

añaden que el autor de Apocalipsis había escrito este libro mientras fue aprisionado a la isla de

Patmos. En cuanto a Ireneo, plantea Collins que dado que él alegó que tanto el Evangelio de Juan

como el Apocalipsis provienen de la mano del apóstol Juan, esto limita la credibilidad sobre su

planteo de la fecha en que el Apocalipsis fue escrito.

El autor de Apocalipsis utiliza un esquema simbólico en Apocalipsis 17 que ha sido utilizado

para fechar la obra. Plantea que «las siete cabezas que viste son las siete colinas en que la mujer

está asentada y también son siete reyes, de los cuales cinco han caído, uno está y el séptimo no

ha venido todavía, pero cuando llegue durará poco tiempo» (17. 10, BLat.). Algunos

especialistas han tratado de relacionar esto con los emperadores romanos. Varios problemas hay

con la lista. Primero, no está claro por donde comenzar el período imperial. No se sabe si

comenzar con Antonio o con Julio Cesar. El otro problema que tienen los especialistas es el

problema del triunvirato luego de la muerte de Nerón. ¿Se incluyen Oto, Galba y Vitelio o no se

incluyen? Esto nos demuestra cuan frágil es nuestra capacidad de sincronizar un discurso

metafórico como Apocalipsis con los sucesos históricos de su contexto. Nuestra distancia ya no

nos permite responder estas preguntas con certeza.

El otro texto que se utiliza para fechar tempranamente a Apocalipsis es la referencia al

templo como si estuviese de pie en Apocalipsis 11. Pero nuevamente tenemos problemas.

Primero porque es un texto metafórico. No nos es fácil discernir si el templo es un símbolo del

templo celestial, de la comunidad, etc. Por el otro lado, los textos del judaísmo que se refieren al

templo después de la destrucción de éste en Josefo y en el período tanaítico hablan del templo

96
como si estuviese de pie. Para los judíos la destrucción del templo fue tan grande que no se

aceptó literariamente con facilidad.

En cuanto a la evidencia interna, la mejor evidencia para señalar la fecha es el uso del

nombre Babilonia para Roma en el Apocalipsis. Este nombre, Babilonia, nos da una pista más

segura (14.8; 16.19; 17.5; 18.2,10,21). El punto es que los judíos comenzaron a usar el nombre

de Babilonia para Roma después que Roma destruyó el templo de Jerusalén (4 Es 3--14; 2 Apoc

de Baruc y Oráculos Sibelino V). Si esto es correcto, el Apocalipsis tuvo que ser escrito después

del año 70 d. C. cuando Jerusalén fue destruida por los romanos.

Historia en el texto

Los textos bíblicos muestran una ventana histórica en un segundo sentido, en la historia que

presentan en sus relatos. Esta historia presentada en sus relatos se conoce como la historia en el

texto. Cuando nos encontramos un relato que plantea información historiográfica en su trasfondo

necesitamos situar esta información en diálogo con toda la información primaria que tengamos

que nos ayude a clarificar la historia en el texto. Estos procesos de clarificación pueden llevarnos

a ampliar la información dada en el texto o a cuestionar la historia en el texto como una

información teológico, ideológica, narrativa o simplemente incorrecta en su trasfondo histórico

de acuerdo con la información primaria independiente que poseemos. Vamos a utilizar como un

ejemplo de la historia en el texto algunos elementos de las historias de Jesús.

Para comenzar tomaremos una pregunta que puede sonar irreverente pero que me parece es la

pregunta básica del cristianismo, Jesús de Nazaret. ¿Existió Jesús de Nazaret o es un personaje

literario creado por una religión? Por dura que parezca esta pregunta, la historia en los evangelios

sinópticos, en Juan y en los evangelios apócrifos parten de la premisa de la existencia de Jesús.

97
¿Podemos corroborar a través de fuentes independientes al cristianismo primitivo la existencia de

Jesús de Nazaret como un personaje histórico?

Para responder a esta pregunta necesitamos clarificar que esencialmente esta es una pregunta

historiográfica y no de índole confesional. Desde luego que tiene implicaciones para las

afirmaciones confesionales. Pero si un islámico, un budista o una persona de la secularidad de

occidente hicieran esta pregunta, tendríamos que buscar evidencia primaria independiente para

responder. Así que esta primera pregunta nos demanda buscar evidencia primaria en la literatura

de la antigüedad judía y grecorromana para responder. El procedimiento presupone que el pasado

se reconstruye con evidencia primaria en las fuentes literarias y arqueológicas. En cuanto a

nuestra pregunta, tenemos evidencia sobre el conocimiento independiente de las fuentes

cristianas sobre Jesús. Romano Penna nos presenta dos versiones del texto de Josefo en Las

antigúedades de los judíos (Penna 307-308). El texto de Josefo ha sufrido interpolaciones a

mano de los escribas cristianos posteriores que podemos separar del texto primario

literariamente. Del texto de Josefo tenemos dos versiones, la versión griega y una versión árabe.

Las versiones de Josefo son conocidas como el Testimonium flavianum. Las versiones han sido

traducidas de la siguiente manera:

Texto griego Texto árabe

Por aquel tiempo existió un hombre Por aquel tiempo existió un hombre
sabio, llamado Jesús, si es lícito llamarlo
hombre; porque realizó grandes milagros y sabio que se llamaba Jesús. Su conducta era
fue maestro de aquellos hombres que
aceptan con placer la verdad. Atrajo a buena y era famoso por su virtud.
muchos judíos y muchos gentiles. Era el
Cristo. Delatado por los principales
responsables entre los nuestros, Pilatos [sic]
lo condenó a la crucifixión. Aquellos que Y muchos de entre los hebreos y de
antes lo habían amado no dejaron de
hacerlo, porque se les apareció al tercer día

98
de nuevo vivo; los profetas habían otras naciones se hicieron discípulos suyos.
anunciado éste y mil otros hechos
maravillosos acerca de él. Desde entonces
hasta la actualidad existe la agrupación de Pilato lo condenó a ser crucificado y a
los cristianos que de él toma nombre. morir. Pero los que se habían hecho
discípulos suyos no abandonaron su
discipulado. Ellos contaron que se les había
aparecido tres días después de su crucifixión
y que estaba vivo, quizá, por esto, era el
Mesías, del que los profetas contaron
maravillas.

He escrito en itálicas aquellas frases y palabras que obviamente son interpolaciones cristianas

al texto de Josefo6. Una vez uno le quita las interpolaciones al texto de Josefo, se queda con un

núcleo sobre Jesús de Nazaret como un sabio, un grupo de seguidores, la acusación de los

principales contra Jesús, el martirio a manos de Pilato y la continuación del grupo alrededor de

Jesús. Josefo nos presenta una evidencia no cristiana del primer siglo sobre la existencia de

Jesús. Podemos afirmar que en un análisis de las fuentes primarias, el personaje histórico de

Jesús puede ser corroborado por otras fuentes independientes a las fuentes cristianas.

En el segundo siglo tenemos otra fuente no cristiana que corrobora la existencia de Jesús.

Nos referimos a Tácito. En los Anales (15.44), Tácito trae a colación la matanza de los cristianos

en tiempos de Nerón:

...Aquel de quien tomaban nombre, Cristo, había sido ejecutado en el reinado de


Tiberio por el procurador Poncio Pilato... (Penna 328ss).

En el caso de Tácito, este ve a los cristianos con malos ojos. Le llama execrable superstición.

Por lo tanto, estamos ante un testimonio de un adversario. Nuevamente, la información primaria

6
Para una buena discusión sobre el Testimonium flavianum vea a Meier, 56-88.

99
nos confirma el conocimiento histórico de Jesús de Nazaret. Tácito le conoce por el nombre del

grupo –cristianos-- y de ahí que no le llame Jesús, sino Cristo. También conoce de la ejecución

de Jesús y el período histórico. Esta información corrobora la información general sobre la

muerte de Jesús en los evangelios.

Otra información independiente y adversarial sobre Jesús la encontramos en el Talmud de

Babilonia. Esta obra es muy tardía, pero la información puede ser muy antigua. En Sanedrín 43a

dice:

Fue transmitido: En la vigilia (del sabbat y) de la pascua se colgó a Jesús (han


nosri= el nazareno). Un heraldo durante cuarenta días fue gritando a tal efecto: El
(Jesu han-nosri) sale para ser lapidado, porque ha practicado la magia y ha
instigado y desviado a Israel... Pero no encontraron disculpa alguna a su favor, y
lo colgaron la vigilia de la pascua (Penna 312).

Lo importante de esta información independiente del judaísmo en Babilonia es que nos

informa que Jesús fue colgado en la vigilia de la pascua. También nos presenta los cargos: magia

y desviar a Israel. El cargo de magia es la forma derogatoria de un grupo en el poder con

obradores de milagros que han sido marginados. Si el obrador de milagro es parte del poder

entonces ya no es mago, sino profeta. Por lo tanto, del judaísmo tenemos esta otra corroboración

de la muerte de Jesús en la vigilia de la pascua. Se presenta su muerte como que fue colgado

(crucifixión) por el cargo de magia. Esta información corrobora elementos vitales en el Nuevo

Testamento. Jesús fue ejecutado en una fecha cercana a la pascua judía y era un obrador de

milagros.

De toda esta información en la literatura primaria podemos inferir que hay información para

corroborar la existencia de Jesús, la existencia de una comunidad o movimiento de adherentes a

Jesús, el entendimiento de que Jesús era un sabio y un taumaturgo y su ejecución.

100
Una historia en el texto que tiene muchos detalles históricos y muchos detalles teológicos

de las comunidades de los evangelistas son los relatos del nacimiento de Jesús. Los detalles más

antiguos sobre el nacimiento de Jesús los encontramos en las cartas de san Pablo.

Pablo desconoce los detalles del nacimiento de Jesús tal como han sido expuestos en la

tradición de Mateo y Lucas. Conoce que Jesús es un davida, pero desconoce inclusive los

detalles sobre el nacimiento especial de Jesús (Ro 1.3,4). También señala que Jesús nació de

mujer (Gá 4.4), pero no menciona los detalles, ni siquiera el nombre de la madre de Jesús.

Obviamente hay mucho de argumento de silencio. Además, san Pablo no afirma casi ningún

hecho del ministerio de Jesús. Solamente alude a la tradición de la última cena (1 Co 11) y las

apariciones del Cristo Vivo ( 1 Co 15). Pero para san Pablo los acontecimientos principales son

la crucifixión y la resurrección.

El evangelio más antiguo, Marcos, también desconoce los relatos del nacimiento de

Jesús. Marcos comienza su narrativa con el bautismo de Jesús. Marcos inclusive plantea una

posición ambigua sobre la descendencia de Jesús de David. Por un lado, Jesús es llamado hijo

de David (Mc 10.46ss); por otro lado, Jesús cuestiona como es que David llama al Mesías como

Señor y a su vez el Mesías es hijo de David (Mc 11. 35ss). Esta discusión tiene sentido si en la

comunidad de Marcos ni siquiera Jesús era un davida. Pero la información es ambigua. Marcos

está dividido contra sí mismo.

Mateo y Lucas nos presentan los relatos del nacimiento de Jesús. Los relatos tienen una serie

de cosas en común que hacen inferir que ambos tienen una tradición común –no necesariamente

escrita-- sobre los orígenes de Jesús. Brown plantea una serie de similitudes que él alega que son

previas al relato independiente de Mateo y Lucas. Algunos elementos en común son los padres,

María y José. En ambos José es un davida (Mt 1.16,20; Lc 1.27, 32; 2.4). En ambos hay una

101
anunciación angélica (Mt 1.20-23; Lc 1.30-35). En ambos, el niño es concebido milagrosamente

(Mt 1.20, 23, 25; Lc. 1.34). Ambos señalan la concepción a través del Espíritu Santo (Mt 1.

18,20; Lc 1.35). En ambos el ángel le pone nombre al niño (Mt 1.21; Lc 1,31). En ámbos el

ángel anuncia que el niño es salvífico (Mt 1.21; Lc 2.11). En ambos el nacimiento se relaciona

con el reinado de Herodes el Grande (Mt 2.1; Lc 1.5). En ambos el niño se cría en Nazaret (Mt 2.

23; Lc 2.39). Estos elementos en común de los relatos de Mateo y Lucas muestran que las

tradiciones sobre el nacimiento de Jesús son previas a Mateo y Lucas porque ambos,

independientemente el uno del otro, muestran estos elementos comunes.

Hay diferencias entre Mateo y Lucas que también requieren explicación. En Mateo, el ángel

se revela a José, mientras que en Lucas es a María. Las genealogías de Mateo y Lucas tienen

muchas diferencias y esencialmente son señalamientos teológicos sobre la identidad de Jesús.

Lucas desconoce el relato de la visita de los Magos y el genocidio de los niños inocentes. Mateo

no tiene paralelo en el relato de los pastores, ni en los relatos de Juan el Bautista, la visita de

María a Isabel, los relatos de la circuncisión, del nombramiento del niño, ni el de Ana la

profetiza ni de Simeón. Mateo tampoco tiene el relato del niño perdido en Jerusalén. Lucas no

menciona la estrella de Belén, los magos, ni el genocidio y huida a Egipto. Según Lucas, María

vive en Nazaret (Lc 1.26; 2.39). Mateo no conoce un desplazamiento de Galilea a Belén. Para

Mateo la familia sagrada vivía en Belén (Mt 2.1, 11). Lucas plantea que la familia sagrada volvió

tranquilamente a Nazaret sin conocer los detalles de la huida a Egipto y el genocidio (Lc 2.22,

39).

Estas diferencias nos plantean que ambos evangelistas han interpretado la tradición que han

recibido y que han construido un relato teológico alrededor del nacimiento de Jesús. Cada

evangelista enriqueció sus fuentes con su propia teología y sus destrezas narrativas.

102
Mateo y Lucas han hecho de la Biblia hebrea, especialmente de su traducción al griego –

LXX-- su lugar para describir el nacimiento de Jesús. Así que si en la LXX se plantea como una

traducción al griego el nacimiento virginal, ellos utilizan este relato para explicar el término Hijo

de Dios (Mt 1.23; Lc 1.26ss)7. Ambos señalan a la familia sagrada teniendo a Jesús en Belén,

pero de distinta manera. Para Mateo vivían allí (Mt 2.1, 11, 22, 23). Mateo plantea que fueron a

vivir a Galilea debido al temor de que Arquelao, el sucesor de Herodes, pudiera hacer daño al

niño.

Lucas y Mateo plantean ambos que Jesús nació en tiempos de Herodes el Grande (Lc 1.5; Mt

2.1, 16). Esta información nos permite fechar el nacimiento de Jesús en los últimos años del

reinado de Herodes el Grande, quien murió el año 4 a. C. El relato del asesinato de los niños

inocentes es un eco del asesinato de Herodes a sus propios hijos y otros miembros de su familia

en sus últimos años de gobierno. Así en el año 13 a. C. Herodes mandó a asesinar a sus hijos

Alejandro y Aristóbulo, quienes habían planeado envenenar a su padre (G.J. 183-191). Cinco

días antes de su propia muerte, estando gravemente enfermo, Herodes mandó a matar a otro de

sus hijos llamado Antipatro. Este también conspiró para asesinar a su padre (G.J. 192–196).

Estos sucesos son los que tienen un eco en la historia de los santos inocentes en Mateo (2.16ss).

Así hay un núcleo histórico detrás de la historia del asesinato de los inocentes, pero en la familia

de Herodes. Mateo ha recibido información de la violencia en la casa real de Herodes y la ha

trasladado a los acontecimientos del nacimiento de Jesús. La alusión al llanto de Raquel le ha

servido para construir un relato de la matanza de los inocentes. Como para Mateo la historia de

Jesús es un paralelo con la historia de Moisés, el intento de matar al niño real y su salvación es

7
Vermes es de la idea que el concepto hijo de la virgen no proviene de la LXX, sino que es una frase idiomática para una joven que se
casa antes de tener su primera menstruación y que sale encinta. En la literatura del judaísmo el hijo de esa mujer era conocido como hijo de la
virgen. Los relatos del nacimiento virginal fueron un discurso teológico de esta frase. Vea a Vermes, 213-222.

103
retomado de los relatos del nacimiento de Moisés en la Biblia hebrea (Exodo 1). La violencia

contra Jesús de parte de los poderes que están le sirve a Mateo para proyectar los sucesos de la

pasión en los relatos del nacimiento. La cruz se anticipa en estos relatos.

Lucas 2 nos plantea que Jesús nació en tiempos de Quirino y que la familia sagrada se tuvo

que ir a empadronar a Belén debido al censo que Quirino ordenó en la región. ¿Podemos

corroborar esta información de la historia en el texto en otras fuentes primarias? ¿Cuál es el

problema de esta información? Las fuentes primarias y secundarias están casi en total acuerdo

en que Lucas ha situado a Quirino anacrónicamente. Brown (1982), en su obra magistral sobre

los relatos del nacimiento del Mesías, señala que Quirino fue nombrado legado de Roma en Siria

en el año 6 d. C. Los exégetas conservadores han tratado de estirar el texto griego para que diga

«antes del tiempo» de Quirino, porque se dan cuenta del problema de anacronía. La información

en la literatura primaria y en las inscripciones arqueológicas sobre Quirino implica que Jesús

tendría unos diez años cuando éste fue nombrado gobernador –hegemón-- de Siria. Romano

Penna señala que «la dificultad aumenta si se tiene en cuenta que Quirino fue gobernador de

Siria justamente desde el año 6 (hasta el 12) d. C., mientras que en los años probables del

nacimiento de Jesús dicho cargo lo ocupaba C. Sencio Saturnino (9-6 a.C.) a quien sucedió P.

Quintilo Varo (6-4 a. C. )» (Penna 296-298). Koester nos plantea que la información de Lucas

«era una combinación completamente improbable, pues Nazaret de Galilea no pertenecía a la

jurisdicción directa de la administración romana» (Köester 1988, 471-472).

La información más contundente a este respecto la presenta Schürer, et. al. en la obra

Historia del pueblo judío en tiempos de Jesús. Estos autores le dedican 36 páginas al censo

de Quirino. Para hacer la historia corta, plantean entre otras cosas que «El evangelista Lucas

(2,1-5) habla de un censo evaluativo como el realizado por Quirino, pero parece situarlo diez

104
o doce años antes... la afirmación de Lucas resulta inverosímil». Schürer et. al. señalan que

la información que conocemos de Josefo lo único que indica es que sí hubo un censo por

Quirino en el año 6 o 7 d. C. Este censo provocó la primera revuelta judía contra Roma,

donde surge por primera vez el personaje de Judas el Galileo en la literatura primaria. Estos

autores plantean con claridad que «No hay más alternativa que reconocer que el evangelio

basó su afirmación en un dato histórico incierto. ...No hay trazas históricas de este censo

imperial» (Schürer 549). Schürer subraya el error de anacronismo de Lucas con cierto

sarcasmo: «quien crea que Lucas no pudo cometer tales “errores” debe tan sólo recordar

que... el Teudas que en el discurso de Gamaliel aparece situado cronológicamente antes de

Judas el Galileo (Hch 5.36ss), es sin duda el mismo Teudas que vivió cuarenta años más

tarde» (Schürer, 550)8.

Penna señala, sin embargo, que en una inscripción encontrada en Tívoli se presenta

información que hace más ambigua la discusión sobre Quirino como gobernador de Siria.

Algunos eruditos piensan que esta inscripción, cuyo inicio se ha perdido, se refería a Quirino.

En dicha inscripción se plantea que un desconocido para nosotros «obtuvo la provincia de

Asia en calidad de Procónsul, y como Legado Pro Pretor del divino Augusto obtuvo por

segunda vez Siria y Fenicia» (Penna 298). El problema de esta inscripción es que no tiene

sujeto. Los eruditos han tenido que extrapolar el sujeto y alegar que era Quirino. De esta

forma salvan a Quirino para el tiempo relacionado al nacimiento de Jesús. Brown señala que

«la tesis de que se refiere a Quirino es pura conjetura» (Brown 575). De todas maneras,

previo al año 9 d.C., que sería el segundo gobierno de Quirino, nuestras fuentes nos plantean

una sucesión clara de los gobiernos en Palestina. Herodes el grande reinó en toda Palestina

8 Para una evaluación sociológica de las implicaciones del censo de Quirino, independientemente de su historicidad, vea a Horsley 1989, 33-38.

105
desde el año 40 hasta el año 4 a. C. Tanto Lucas como Mateo nos plantean que Jesús nació en

tiempos de Herodes. Brown argumenta que no es posible explicar un proceso fiscal de

tributos del gobernador de Siria y Fenicia en Judea y Galilea porque allí había un rey

nombrado por el senado romano, Herodes el Grande (Brown 575).

Por lo tanto, la información de Quirino no cuadra históricamente con los demás detalles

del relato evangélico. Lo más probable es que Lucas se ha equivocado en señalar el nacimiento

de Jesús en tiempos de Quirino. De todas maneras, Quirino no gobernó en áreas bajo Herodes el

grande, que es cuando podemos situar el nacimiento de Jesús de Nazaret.

Otro elemento que me interesa preguntarme historiográficamente es si Jesús nació en

Belén. En Lc 2.4-11 y en Mateo 2.5 se plantea que Jesús nació en Belén de Judea. Mateo

plantea que la familia de Jesús vivía en Belén (2.11; 2.22). Lucas por su parte señala que la

familia de Jesús era de Nazaret de Galilea y que debido al censo de Quirino tuvieron que ir a

empadronarse a Belén. Como hemos visto arriba, el relato de Lucas está lleno de

incoherencias historiográficas. El resto de las tradiciones del Nuevo Testamento mencionan

como la patria de Jesús a Nazaret (Mc 6.1ss y paralelo y Jn 4.44). En efecto, la tradición

juanina tiene noticias del cuestionamiento del mesianismo de Jesús debido a que era de

Galilea de acuerdo con la información dada en la tradición juanina, pero el Mesías debía

nacer en Belén (Jn 7.42ss). Esto significa que la tradición juanina desconocía los relatos del

nacimiento de Jesús en Belén. Brown plantea que «el nacimiento en Belén cuenta con unas

pruebas mucho más débiles que la ascendencia davídica e incluso que la concepción

virginal...» (Brown 540).

106
De toda esta discusión podemos inferir que Jesús nació en tiempos de Herodes el Grande.

Podemos afirmar que José y María eran sus padres. Posiblemente Jesús era un davida pero

del grupo de la no-élite. También podemos afirmar que Jesús era de Nazaret.

Como parte de la teología de los evangelistas estos proyectaron hacia los orígenes de

Jesús el nacimiento en Belén (debido a la Escritura), la matanza de los santos inocentes (debido a

la matanza de niños en Egipto en Éxodo 1,2 y debido a la matanza de los hijos de Herodes por

parte de éste). El relato de la LXX sobre la virgen previo a los evangelistas Mateo y Lucas se

convirtió en una explicación del título Hijo de Dios. Lucas compara a Jesús con Juan el Bautista

como parte de su conflicto con los discípulos de Juan el Bautista (Hch 19.1ss). Los relatos de los

magos, los pastores, Simeón y Ana, la visita de María a Isabel y los himnos de Lucas –el

Magnificat, el himno de Zacarías y el Nun Dimitit, la genealogía-- son tradiciones teológicas de

los evangelistas para explicar quién era Jesús a la luz de la fe luego de la resurrección. Tienen su

contexto histórico en las comunidades de los evangelistas esencialmente.

El método histórico crítico nos ayuda a investigar los relatos de la Escritura para conocer su

trasfondo histórico. La historia en el texto es sujeto de la investigación historiográfica. En los

ejemplos que he utilizado sobre Jesús como personaje histórico y los relatos del nacimiento de

Jesús podemos concluir varias cosas. Primero, la existencia de Jesús es un hecho histórico

corroborable. Lo mismo podemos decir de Jesús como maestro de sabiduría, obrador de

milagros, líder de un grupo «sectario» y su ejecución por Poncio Pilato. En cuanto a los relatos

del nacimiento podemos concluir que Jesús nació en tiempos de Herodes el Grande, que tenía

una familia cuyos padres eran José y María, que eran de Nazaret. Posiblemente Jesús era un

davida de la no-élite. Otros detalles que podemos inferir es que los evangelistas tenían fuentes

previas a ellos donde había una descripción de los acontecimientos que incluía el nacimiento

107
milagroso de Jesús y otros detalles de impronta teológica. Los relatos del nacimiento de Jesús

tienen elementos corroborables históricamente y elementos incorroborables. Los asuntos de fe

sirven para explicar asuntos como la cristología, y la fe en Jesús, pero no pueden ser

corroborados por otras fuentes historiográficas. Algunos asuntos como el nacimiento en tiempos

de Herodes el Grande pueden ser corroborados por la historiografía. El asunto del censo de

Quirino no puede ser corroborado y lo más posible es que sea un error historiográfico de Lucas.

Si situamos la historia en el texto en el horizonte de la historia del texto, los planteos teológicos

sobre el nacimiento de Jesús responden al contexto pastoral e ideológico de cada evangelista.

Así, Mateo compara el nacimiento de Jesús con Moisés y, por lo tanto, Jesús tiene un nacimiento

especial –como el nacimiento de Moisés en Josefo–, es amenazado de muerte como el niño

Moisés. Es salvado milagrosamente, y viene de Egipto al desierto como Moisés e Israel en la

historia bíblica. Así que los relatos de la Biblia hebrea y los relatos extraordinarios sobre Moisés

en el judaísmo –tal como los conocemos en Josefo y en Filón-- sirven de parangón literario y

teológico para los relatos sobre el nacimiento de Jesús en Mateo.

Lucas, por su parte, contrasta a Jesús con Juan el Bautista posiblemente por los conflictos

con los discípulos de Juan el Bautista que todavía aparecen en Éfeso en Hechos 19. El tema de

los pobres y los ricos es introducido en el magnificat, en la ofrenda de la familia sagrada para la

purificación de María y en la revelación a los pastores. Estos son temas que Lucas va a

desarrollar en sus dos obras, pero especialmente en el Evangelio. Otro elemento que Lucas

propone en sus relatos es su cristología. Para Lucas Jesús es el Hijo de Dios desde el nacimiento.

Note que para Mateo solamente, Jesús es Emmanuel, Dios con nosotros, con lo que también se

concluye el evangelio de Mateo (Mt 28.16ss). Por esto en Mateo 19 el joven no le dice a Jesús,

«Maestro bueno», sino que pregunta sobre lo bueno, porque Mateo no está dispuesto a plantear

108
una cristología baja como Marcos (Mc 10). Finalmente las genealogías de ambos evangelistas es

de índole teológica. Para Mateo, Jesús es tres veces David (el juego con el número 14 en la

genealogía). Mateo incluye varias mujeres en la genealogía para anticipar el tema del

advenimiento de los gentiles a la Iglesia. Lucas, por su parte, presenta esta genealogía que llega

hasta Adán y que tiene 70 nombres como las 70 naciones del mundo para el judaísmo porque

Lucas quiere presentar una genealogía universalista, tal como hará en su segunda obra, donde

desarrollará la misión hasta los confines del mundo (Hch 1.8) 9.

De los evangelios al Jesús histórico

Una de las áreas en que la historiografía ha tenido más impacto para los estudios del

Nuevo Testamento ha sido en el análisis de los evangelios y la búsqueda del Jesús histórico

detrás de los relatos evangélicos. Fue con el surgimiento de la crítica de las fuentes y el

desarrollo de la crítica de las formas que se dio pie a la utilización historiográfica en los estudios

de los evangelios sinópticos. El desarrollo de la conciencia histórica y las teorías sobre las

relaciones entre los evangelios sinópticos entre sí y con el evangelio de Juan creó las bases para

una comprensión histórica de los evangelios. Se abandonaban las comprensiones de la tradición

de la iglesia por nuevas comprensiones basadas en un análisis literario e histórico de los

materiales en los evangelios.

El estudio de la relación de dependencia entre los evangelios sinópticos y el evangelio de

Juan, la prioridad de Marcos, la fuente común entre Mateo y Lucas adicional a Marcos y la

estratificación de los materiales de Marcos en las tradiciones recibidas y el trabajo redaccional

9
Yo he dependido esencialmente de la obra de Brown sobre los relatos del nacimiento de Jesús. Para una visión un tanto más secular y
sospechosa de la historicidad de estos relatos vea a Crossan, 1-28.

109
del autor final -- todo apuntó a un reentendimiento de las tradiciones sobre Jesús y a una nueva

comprensión del trasfondo histórico de los evangelios.

A continuación describiremos ese proceso de desarrollo en el análisis literario e histórico

de los evangelios que dio el fundamento para esta comprensión histórica de los evangelios y de

Jesús de Nazaret.

En el siglo 19, Karl August Hesse se dio cuenta de la tensión entre los evangelios

sinópticos y el evangelio de Juan. Hesse trató de explicar esta tensión y disimilaridad alegando

que Jesús tuvo dos estadios en su mesianismo, un estadio popular (sinópticos) y un estadio

superior que sólo se revela en Juan10. Obviamente, esta explicación no se sostuvo en las ciencias

bíblicas. Pero se aclaró la naturaleza del problema literario, teológico e histórico entre el

evangelio de Juan y los evangelios sinópticos. La solución que se le dio al problema ha sido

descartada posteriormente, pero planteó el problema. Juan y la tradición sinóptica plantean tantas

inconsistencias mutuas que la mejor explicación es que ha habido un proceso de interpretación

de las tradiciones acerca de Jesús que han llegado interpretadas desde distintas ópticas a Juan,

por un lado, y a los evangelios sinópticos, por el otro.

El Evangelio de Juan se convirtió en un lugar fecundo para la discusión sobre la historia

del cristianismo primitivo. Christian H. Weisse alegó que las diferencias entre Juan y Marcos

eran enormes. En Marcos, Jesús no habla esencialmente de su persona, pero el Jesús juanino

tiene un discurso que constantemente tiene un peso cristológico. Alegaba Weisse que Juan había

puesto la teología del evangelista en la boca de Jesús. En este mismo espíritu de los tiempos en el

siglo 19, Bruno Bauer se planteó que el Evangelio de Juan no era otra cosa que una obra de arte.

10
En esta sección estoy siguiendo a A. Schweizer.

110
Hoy día los investigadores no son tan severos con el evangelio juanino (Brown 373-378).

Pero está claro para los especialistas que tanto en Juan como en los evangelistas sinópticos ha

habido una serie de interpretaciones teológicas debido a los contextos sociales de cada

evangelista y a las tradiciones más antiguas acerca de Jesús. Hoy día estamos de acuerdo en que

cada evangelista nos ha legado una perspectiva de su entendimiento teológico sobre Jesús y el

cristianismo primitivo. Esta perspectiva ha sido una reelaboración de las tradiciones más

antiguas del cristianismo primitivo en cada evangelio.

Otro elemento que ha colaborado con el desarrollo del análisis historiográfico de los

cristianos originarios fue la teoría literaria de la prioridad de Marcos en el siglo 19. Christian H.

Weisse planteó la teoría de que Marcos era el evangelio más primitivo debido a que:

(1) Marcos es más sencillo que los evangelios de Lucas y Mateo;

(2) Mateo y Lucas tienen un plan común sólo cuando siguen a Marcos, pero cuando se apartan de

éste, no siguen un orden común;

(3) los acuerdos entre Mateo y Lucas son con Marcos,

(4) en aquellas partes que Mateo y Lucas tienen materiales que no están en Marcos, el acuerdo

sólo es en léxico, pero no en orden.

Lo que no se imaginaba Weisse era que esto iba a minar la posición tradicional sobre el

autor de Mateo, pues si Mateo necesitó una fuente como Marcos, fue sólo porque no eran un

testigo ocular de su narrativa. Por lo tanto, Mateo tenía que ser una obra anónima, posiblemente

del judeocristianismo a finales del primer siglo. En términos de una historia, tendríamos con esta

teoría una complicación mayor de la historia del cristianismo primitivo. Las tradiciones más

antiguas representarían a (1) Jesús, sus discípulos y los hechos alrededor de la vida de Jesús, (2)

enseguida estarían las tradiciones postpascuales, (3) luego vendría la etapa en que estas

111
tradiciones pasaran a nuevos discípulos de los discípulos y, finalmente (5) llegaríamos a Marcos.

Marcos, comparado paralelamente con Mateo y Lucas, nos daría un vistazo de los procesos a

través de los cuales las tradiciones crecieron y fueron enmendadas en virtud de las nuevas

situaciones sociales y pastorales de las comunidades de Mateo y Lucas. Claro, que este proceso

de comparación para ver a cada autor como un intérprete de las tradiciones recibidas tendría que

esperar a los trabajos de la historia de la tradición que discutiremos más adelante.

El reconocimiento de que Mateo y Lucas comparten una serie de materiales que no se

encuentran en Marcos pero que tienen un orden distinto en Mateo y Lucas, dio origen a la teoría

de la fuente Q11. Q es el nombre que los especialistas bíblicos le dieron a los materiales comunes

entre Mateo y Lucas que no están en Marcos. Los materiales comunes entre Mateo y Lucas son

tan similares y a su vez están organizados de manera tan diversa por cada uno de estos

evangelios que una de las explicaciones que se les ha dado es que Mateo y Lucas,

independientemente uno del otro, utilizaron una fuente común, esencialmente de dichos de Jesús.

Una comparación entre los materiales de Lucas 3.7-9 y 11.9-10 nos deja ver que el

paralelo entre Mateo y Lucas es tal que la mejor explicación es que Q era un documento escrito

en griego. En términos de que Q sea un documento y no varias fuentes, tenemos varias razones

para creer que tenemos una tradición escrita del cristianismo primitivo. Primeramente, una vez

uno le quita a Mateo su estructuración secundaria de los materiales, uno nota que los materiales

comunes entre Mateo y Lucas siguen un orden común. Esto significa que ambos, Mateo y Lucas,

posiblemente tenían un documento común que Mateo esencialmente organizó dentro de la

11
Brown, 118-119, tiene una lista de los materiales comunes entre Mateo y Lucas que componen a Q. Pixley y L. Vaage han
producido un texto en español de la fuente hipotética llamada Q. La proliferación de estudios sobre Q es enorme. La Sociedad de Literatura
Bíblica tiene una de sus secciones exclusivamente sobre Q. En el capítulo 5 (análisis de las fuentes) presentó los materiales de Q.

112
estructura de discurso/narrativa de su evangelio12. Lucas, por su parte, estructuró la tradición de

Q alrededor de la narrativa de Marcos y de sus propios materiales, los cuales intercaló con los

materiales de Q usando un viaje de Galilea a Jerusalén como recurso literario para intercalar los

dichos de Jesús encontrados en Q y en su fuente propia.

La aceptación de Q como una de las fuentes de Mateo y Lucas nos llevó a la teoría de las

dos fuentes. Algunos especialistas piensan que Q es el documento hipotético más antiguo del

cristianismo que nos da un legado de las enseñanzas de Jesús.

12
Betz plantea que Mateo y Lucas tenían dos versiones de Q a las que le llama Qmt y Qlc. Esto es posible. No obstante, a mí me parece
que las diferencias entre el uso de Q por Mateo y Lucas se pueden explicar como las redacciones que cada uno de estos evangelistas le añadieron
a Q.

113
Como vimos anteriormente, Q se escribió en griego. Gerd Theissen alega que por lo

menos el contexto socio-histórico de la narrativa de las tentaciones de Jesús es correlativo a la

crisis con Calígula a principio de la década de los 40 d.C. Si este es el caso, Q representa las

tradiciones acerca de Jesús a la misma vez que se está dando el ministerio de San Pablo. La

hipótesis sobre Q significa que los evangelios de Mateo y Lucas tienen un piso de tradiciones

adicionales a Marcos, que es Q.

En términos de la historia de las tradiciones, Q implica que parte de la tradición

evangélica tiene un piso adicional. Esto significa que podemos separar hipotéticamente los

relatos de Q y situarlos histórica y sociológicamente. La tradición tiene un nuevo nivel de

significado y un nuevo contexto vital, el de Q y su comunidad.

Julius Wellhausen (1844-1918) fue otro pionero del desarrollo de la historiografía bíblica.

Wellhausen era uno de los eruditos del Antiguo Testamento que propuso la teoría de las fuentes

del Pentatueco --J, E, P, D--. Wellhausen alegó que las tradiciones de los evangelios consistían

en pequeñas unidades e historias que fueron unidas unas a otras por editores que redactaron los

evangelios. A su vez planteó que estas unidades primitivas interactuaban con materiales

secundarios. Por lo tanto, se podían separar las capas de distintas tradiciones en los evangelios.

Wilhem Wrede (1859-1906) le dio mayor contenido a la posibilidad de separar las

distintas capas de tradiciones en los evangelios sinópticos, especialmente en lo que ya se

entendía como el evangelio más antiguo, Marcos. En 1901, Wrede escribió un libro titulado, El

secreto mesiánico en el evangelio de Marcos. En este libro, Wrede cuestionó la intención

histórica del Evangelio de Marcos, alegando que el secreto mesiánico es un recurso teológico

literario para explicar a Jesús como el mesías judío en la comunidad de Marcos a pesar del

silencio sobre la identidad mesiánica de Jesús en los relatos prepascuales. Este silencio se explica

114
con el secreto mesiánico. En Marcos, Jesús mismo prohibió la revelación de su identidad hasta

luego de la resurrección. Wrede cuestionó el orden cronológico del evangelio de Marcos,

alegando que éste une sus escenas con simples «después», «y», «entonces», e «inmediatamente».

Marcos poseía una serie de historias de Jesús que él editó en un orden creado artificial y

teológicamente. Esto implica que podemos deconstruir ese evangelio y separar las tradiciones

previas a Marcos del evangelio final. Esta separación en capas literarias a su vez implicaría un

nuevo contexto vital para las tradiciones que Marcos recibió de los cristianos previos a él.

Otro gran ímpetu para la historiografía lo dio el desarrollo de la historia de las formas,

que hemos cubierto en otro capítulo. Martin Dibelius y Rudolf Bultmann enriquecieron la

posibilidad al catalogar las perícopas en géneros literarios específicos. Estos géneros literarios

nos permitían separar el relato básico en las perícopas de crecimiento que habían recibido a

través del tiempo y que eran secundarias o redundantes al género literario. Los géneros literarios

fueron identificados con distintos contextos sociológicos, lo que nos permitió comprender estos

relatos identificados por su género en un trasfondo histórico-social – (vea capítulo 6 sobre las

formas literarias).

Un próximo paso en los estudios historiográficos del Nuevo Testamento fue el desarrollo

de los criterios literarios para determinar los dichos de Jesús de Nazaret. Desde el siglo 18 se

venía discutiendo la posibilidad de determinar los dichos de Jesús de la interpretación de los

evangelistas. En el siglo 20, fue Rudolf Bultmann quien dio inicio a un criterio de control para

determinar si un dicho de los evangelios representaba un dicho de Jesús. Bultmann desarrolló el

criterio de la disimilaridad como una de las maneras para establecer la probabilidad histórica de

que un dicho sea de Jesús. Este criterio consiste en afirmar que podemos estar seguros de que un

dicho proviene de Jesús si el mismo es disimilar, tanto al judaísmo contemporáneo a Jesús como

115
a la fe de la iglesia primitiva. Llegamos a un núcleo certero de dichos de Jesús cuando podemos

evidenciar que una tradición adscrita a Jesús difiere tanto de los cristianismos primitivos como

de los judaísmos contemporáneos a Jesús. El valor de este procedimiento consistió en darnos

criterios para poder separar los dichos de Jesús de Nazaret de los dichos que se le adjudican en la

tradición sinóptica con algún método coherente. Recientemente, Geza Vermes ha planteado que

con este criterio hay que tener cuidado, porque debe estar claro que un dicho de Jesús debe ser

coherente con el contexto histórico social del judaísmo contemporáneo a Jesús.

Joachim Jeremias dedicó gran parte de su vida a la investigación del estrato jesuístico de

la tradición. En su libro Las Parábolas de Jesús, alega que éstas han sufrido una evolución

literaria debido a los usos de que fueron objeto por la iglesia primitiva, así que si queremos ir al

estrato más antiguo posible, hay que quitarle los estadios (capas) secundarios a las mismas.

Alega Jeremias que las capas secundarias a las tradiciones de Jesús son las siguientes: (1) La

traducción de las parábolas al griego, (2) modificaciones culturales; uso del equivalente judío en

el mundo griego, (3) adornos literarios, (4) influencia del Antiguo Testamento y de materiales

populares, (5) el cambio de auditorio del nivel más antiguo al nivel de los evangelistas, (6) el uso

de las parábolas para la parénesis de la iglesia, (7) la influencia de la situación de la iglesia, como

por ejemplo, la demora de la parusía, la agenda de la iglesia misionera y las normas de dirección

de la comunidad (8) la alegorización de tradiciones de Jesús que ya no se entendían y que

requirieron una clave hermenéutica, (9) el marco redaccional en que los evangelistas editaron

los materiales que habían recibido de la tradición.

Algunos de estos elementos secundarios han sido cuestionados por los académicos

subsiguientes, tales como el famoso problema del retraso de la parusía. Pero esencialmente,

Jeremias lo que nos dio fue una lista de elementos secundarios en las tradiciones evangélicas que

116
podíamos separar de éstas para quedarnos con un núcleo de las tradiciones más antiguas y así

poder acercarnos a los dichos de Jesús. Para Jeremias, una vez se eliminan estos desarrollos

literarios secundarios, posiblemente se ha llegado al estadio más antiguo de dichas tradiciones

(Jeremias 1-142).

Norman Perrin, discípulo de Rudolf Bultmann y de Joachim Jeremias, añadió un criterio

adicional para determinar los dichos del Jesús histórico: el criterio de coherencia. Este criterio

plantea que tenemos razón para creer que procede del Jesús histórico cualquier dicho que sea

coherente con los dichos que ya hemos establecido a través del método de disimilaridad. No

quieren decir estos investigadores que tengamos los dichos exactos de Jesús, el ipsísima verba

Jesu, sino la estructura básica de los dichos de Jesús. Aunque este es un proceso empobrecedor

de las tradiciones del Nuevo Testamento, por otro lado pone sobre bases sólidas las tradiciones

acerca de Jesús. Para quienes amamos a Jesús, este tipo de trabajo es de lo más fascinante que

nos ha legado la historiografía. Este trabajo fundamenta la fe en Jesús como un personaje de la

historia. Un detalle adicional es que este tipo de metodología, al delimitar las tradiciones de

Jesús a una serie de criterios literarios e historiográficos, nos muestra cuán humildes tenemos

que ser en nuestras afirmaciones sobre la fe.

Recientemente, Breech ha planteado un método adicional para determinar la antigüedad

de una tradición del Jesús: los dichos embarazosos de Jesús (Breech 22-64). Este método es una

sofisticación del método de la disimilaridad. Consiste en plantear que un dicho representa las

enseñanzas de Jesús si es embarazoso para el cristianismo primitivo legar esta tradición, pero que

no ha quedado más recurso que legarla porque es un dicho de Jesús que muchos cristianos

primitivos conocían. Ejemplos de dichos embarazosos tenemos en el llamamiento al discipulado

contra las reglas de honor en cuanto a la familia. El dicho de dejar a los muertos enterrar a los

117
muertos y el de odiar a padre y madre son disimilares y embarazosos para el cristianismo

primitivo y a los judaísmos contemporáneos. Es coherente con las tradiciones de discipulado

profético en la Biblia hebrea y los judaísmos y a su vez es muy embarazoso para el cristianismo

primitivo.

Lo mismo podemos decir de las tradiciones del bautismo de Jesús. El cristianismo

primitivo nos legó esta tradición sobre el bautismo a regañadiente. Una mirada a los evangelios

nos muestra la gran dificultad con esta tradición. Mateo pone a Juan el Bautista a oponerse a

bautizar a Jesús y sólo por insistencia de Jesús lo bautiza (Mt 3). Lucas nos narra el bautismo de

Jesús después de narrar el encarcelamiento de Juan el Bautista (Lc 3.20,21). Juan alude a Juan el

Bautista. Lo pone a dar un discurso sobre quién es él –Juan-- y quién es Jesús, pero nunca nos

narra el bautismo mismo. Estos relatos muestran que el bautismo de Jesús fue muy problemático

para los cristianos primitivos. Nos los legaron porque no les quedó otro remedio.

Crossan nos ha dado los últimos trabajos de calidad sobre Jesús de Nazaret, los cristianos

en la década del 30 d.C., así como la comunidad de Q en varias de sus obras. Lo más importante

del trabajo de Crossan es su trabajo metodológico. Crossan entra en una discusión detallada de

toda la metodología histórico-sociológica y literaria que él utiliza. Alega Crossan que el criterio

más confiable para comprender las tradiciones de Jesús es el criterio de múltiple atestación. Este

criterio parte de la premisa que cualquier dicho de Jesús que esté reflejado independientemente

por las fuentes primarias independientes, a saber, Q y el Evangelio de Tomás13, y Marcos tiene

gran posibilidad estadística de ser un dicho auténtico de Jesús de Nazaret. Si un dicho o tradición

aparece en estas tres fuentes independientes, Crossan alega que entonces tendrá mayor

posibilidad de ser un dicho del nivel más antiguo sobre Jesús. En su último libro, Crossan

13
Vea traducción al español y notas del Evangelio de Tomás por Manuel Alcalá.

118
emprende la tarea de ir más allá del Jesús histórico a las comunidades en las décadas del 30 d. C.

Alega que los materiales del cristianismo más primitivo son aquellos que se encuentran en

común entre Q y el Evangelio de Tomás. De estos dichos comunes monta una descripción

teológica y social del cristianismo inmediatamente después de Jesús (Crossan 1999).

Los estudios más recientes alrededor del Jesús histórico lo que han hecho es tratar de

reconstruir el contexto económico (Oakmann), político (Horsley), cultural/religioso (Vermez) y,

agrario (Crossan) para interpretar las capas más antiguas de las tradiciones sinópticas. Estos

estudios sociológicos, y antropológicos nos han abierto nuevas ventanas para localizar histórica y

sociológicamente las tradiciones de Jesús y comprender éstas en su contexto social. De esta

manera, no sólo hemos podido deconstruir los textos en búsqueda de los intertextos que

componen parte del texto, sino que hemos podido localizar histórica y socialmente estos niveles

previos de la tradición.

La historia del texto y la historia en el texto enriquece y empobrece el texto. Enriquece el

texto en la medida en que podemos abundar en otra información primaria que amplíe la

información dada en el texto. Enriquece el texto en la medida en que nos ayuda a preguntarnos

cuál era la teología de la comunidad que requería este tipo de relato y cómo estos relatos se

relacionan con su contexto comunitario. Por otro lado, la historiografía puede empobrecer el

texto al restarle probabilidad histórica a algunos relatos. Este tipo de análisis muestra los «pies

de barro» de la Escritura. Esto es siempre valioso para la humildad del lector o lectora y por si

acaso caemos en el pecado de la idolatría del texto. De esa manera veremos que la palabra de

Dios nos ha sido legada a través de las palabras frágiles y muy humanas nuestras. Y eso es lo

hermoso, que a pesar de la fragilidad de la palabra bíblica y de la palabra humana, Dios todavía

pueda hablarnos. En efecto, Dios ha decidido revelarse en la carne, en los límites humanos, con

119
toda nuestra fragilidad. Si alguien quiere hallar al Señor, tiene que hallarlo en un empobrecido de

Galilea y en las palabras frágiles de los siervos y siervas de Dios.

En nuestro contexto
Hay una serie de trabajos en los que se articula una perspectiva histórico-crítica para

comprender la Biblia en Puerto Rico y Latinoamérica. En las publicaciones rudimentarias del

Seminario Evangélico de Puerto Rico desde la década del treinta se comenzó a producir literatura

donde las preguntas sobre el trasfondo histórico de la Biblia eran el objeto primario de la

investigación. El punto esencial de la conciencia histórica es relacionar los textos bíblicos con su

trasfondo histórico. Se presume que recontextualizar el texto en su trasfondo nos ayudará a

comprender el significado más antiguo del mismo. El texto presupone un diálogo con su

contexto histórico, social y cultural. Por lo tanto, la conciencia histórica intenta rescatar este

primer nivel de significado en el texto ante su contexto y audiencia original.

La cantidad de trabajos desde la perspectiva de la conciencia histórica es enorme.

Comienza con los maestros del Seminario desde prácticamente sus inicios y llega hasta el día de

hoy. Los pioneros en la producción literaria desde esta perspectiva, sin embargo, son los

profesores Coe Rushford Wellmann y Aaron F. Webber. Wellmann era profesor de Antiguo

Testamento del Departamento de Literatura Bíblica en el Seminario Evangélico. Fue nombrado

profesor del Seminario en 1930. Era de tradición metodista. Tenía un doctorado en educación del

Seminario Teológico de Drew. Antes de venir a nuestro Seminario había enseñado en el Instituto

Metodista Mexicano en Puebla, México. Wellmann también había sido Secretario Ejecutivo del

Comité de Educación Religiosa de la Conferencia Provisional de la Iglesia Metodista de Puerto

Rico. En el Seminario, Wellmann enseñaba el curso de Introducción general a la Biblia, Historia

120
y literatura bíblica hasta el séptimo siglo a. C., y los seminarios de estudios bíblicos en la Biblia

Hebrea (Antiguo Testamento).

En una reseña sobre el libro de Julio A. Veguer, Literatura del Antiguo Testamento,

Wellmann plantea el concepto de desarrollo de Dewey aplicado a la Biblia. Se pregunta

Wellmann, «¿En qué orden se desarrolló la literatura del Antiguo Testamento?» A continuación

se cuestiona el planteo tradicional y confesional sobre la autoridad y paternidad de Moisés sobre

la Ley: «El profesor Veguer acepta la Teoría Documentaría de Graf-Wellhausen ... » (octubre

1938, 16). Esto significa que tan temprano como en la década del treinta ya en los salones de

clase de nuestro Seminario se estaba enseñando la hipótesis documentaria sobre el Pentateuco.

En esta hipótesis se plantea que de Génesis a Números no tenemos una colección de Moisés, sino

una antología de tradiciones anónimas de Israel que se catalogan conforme a sus peculiaridades.

Así, las tradiciones que se refieren a la región de Judá y a Yahvé como la deidad, se nombran

con la J; las tradiciones que se refieren a Efraín --las tribus del norte-- y que llaman a Dios

Elohim, son catalogadas como las tradiciones elohistas y las tradiciones con preponderancia

sacerdotal son llamadas P.

Es interesante notar que Wellmann tenía cierta ambigüedad o contradicciones en sus

planteamientos. En otra reseña sobre la religión del Antiguo Testamento cita a un tal Leslie A.

Elmer con aprobación, diciendo; «En él, --Moisés--, el israelita más grande antes de Cristo, nos

encontramos con la personalidad más creativa en toda la historia del Antiguo Testamento»

(octubre 1938, 17). Obviamente, este planteo niega la hipótesis documentaria del Pentateuco.

Un ejemplo de la conciencia histórica que había en estos primeros misioneros en nuestro

Seminario nos la articula Wellmann en una reseña en 1941 donde dice: «En primer lugar se

propone contestar cuatro preguntas acerca de la Biblia: ¿De dónde vino la Biblia? ¿Cómo es que

121
los libros fueron escritos ?» (enero 1941, 18). Ya en aquel entonces comenzaba a relacionarse

con la historia de las formas. La historia de las formas era el método que clasificaba por géneros

literarios los textos bíblicos y trataba de inferir del género literario el contexto sociológico del

texto en sus formas preliterarias. En otro artículo en 1941, Wellmann plantea su reconocimiento

de estos nuevos desarrollos en las ciencias bíblicas al decir: «El reconocimiento del valor del

"Evangelio" como un nuevo tipo de literatura... ». Añade en este artículo conocimientos sobre la

relación literaria entre los evangelios y conocimiento sobre la prioridad de Marcos: «El escrito de

Mateo [está] basado en la obra de Marcos» (1941, 18-19).

El biblista de mayor profundidad e impacto en la década del treinta al cincuenta lo fue

Aaron Webber. Webber hizo un bachillerato en teología y una maestría en Sagrada Teología del

Seminario Bíblico de Nueva York --hoy el Seminario Teológico de Nueva York--. Luego hizo

estudios graduados en la Universidad de Chicago. Aaron Webber llegó a nuestro Seminario en

1931. Era ministro y misionero general de la Misión Bautista en Puerto Rico. En una lista de los

cursos del Seminario Evangélico de Puerto Rico en la revista El Boletín de 1941 se enumeran los

cursos que Webber enseñaba: (1) Griego, (2) Introducción a la Biblia, (3) Historia bíblica desde

el nacimiento de Cristo hasta la caída de Jerusalén y (4)varios seminarios en el desarrollo de las

ideas bíblicas (julio 1941, 19-20).

En El Boletín de enero de 1938, Webber se plantea las siguientes preguntas sobre el

trasfondo histórico del Nuevo Testamento: «¿Cuál fue la contribución de Éfeso a la historia

temprana del cristianismo? ¿Cuándo se coleccionaron y se publicaron las cartas paulinas? ¿Qué

valor hay en los descubrimientos recientes de manuscritos novotestamentarios? ... ¿Qué sabemos

de los escritos seudónimos en la antigüedad?» (1938, 18). En ese mismo artículo plantea la

pertinencia de la contextualización de los textos bíblicos en su trasfondo histórico social al

122
plantear: «... [la] información del fondo histórico... es una ayuda al entendimiento general del

Nuevo Testamento» (18). En El Boletín de abril de ese mismo año Webber reseña la obra de E. J.

Goodspeed con las siguientes palabras que nos indican cuan inmerso estaba en el método

histórico crítico: «La introducción es un tipo de estudio literario que se divide en 6 partes:

¿Quién? (autor), ¿a quién? (receptor), ¿cuándo? (fecha del escrito), ¿dónde? (lugar del escrito)

¿para qué? (propósito) y ¿qué? (contenido)» (17).

En julio de 1938 plantea Webber su entendimiento de la historia de las tradiciones

bíblicas como una de naturaleza evolutiva. Con esto anticipa lo que en la década del cuarenta se

convirtió en el centro de la discusión en las ciencias bíblicas sobre la historia de las tradiciones:

«No hay razón en nuestros días para que sigan engañando a la gente haciéndoles creer que el

monoteísmo ético de los judíos data de tiempos de Moisés o de fecha anterior... el monoteísmo

ético fue la culminación de un lento desarrollo... ». En ese mismo artículo cuestiona Webber la

historicidad del libro de Jonás y sugiere que el mismo es una alegoría. Quiero enfatizar que

Webber se proyecta como un creyente en todo esto. Por esto dice: «No se reduce a nada la Biblia

ni se pone en peligro la piedad al reconocer que el escritor del libro de Jonás nunca pensó en

escribir historia exacta. Más bien como una gran parábola histórica el libro exalta y aprecia... la

plenitud del amor de Dios... » (2 l).

En octubre de 1938, Webber reseña un libro de Laque y Laque, titulado An introduction

to the New Testament. En esta reseña muestra su conciencia histórica al señalar que en esta obra

«hubiera sido muy provechoso presentar la descripción del fondo griego, judaico y romano, antes

de la discusión acerca de los libros del Nuevo Testamento». En esa misma publicación de El

Boletín reseña a Alberto Schweitzer en su obra sobre el Jesús histórico. Plantea allí con una

123
sabiduría que es pertinente al día de hoy que «es tan anacrónico ajustar a Jesús al tipo moderno

de pensamiento... » (1938, 18-19).

En cuanto al acercamiento a Pablo como personaje histórico, Webber nuevamente está a

la vanguardia en su tiempo. Plantea la importancia de distinguir «con claridad y relieve las

fuentes primarias...». El libro de Hechos, y los trabajos de historiadores subsiguientes son de

clasificación secundaria. Se lamenta Webber de que este autor no haga «la más mínima

referencia a fecha alguna» (abril, 1940, 18). Obviamente Webber tenía una disciplina literaria e

histórico crítica de vanguardia en su momento como profesor del Seminario.

En julio de 1938 tenemos el primer artículo de erudición bíblica de un puertorriqueño en

El Boletín. Me refiero a Ángel M. Mergal. Mergal entra en un repaso de la obra de Manson et. al.

sobre el Jesús histórico. Plantea allí: «Los autores entran en casi todas las cuestiones que la

crítica ha levantado en torno de la figura de Jesús: historicidad del personaje, autenticidad de sus

palabras como las registran los evangelios, paternidad de los evangelios, legitimidad de su

contenido... » (22). En el mismo artículo repasa Mergal la hipótesis de la fuente común entre

Mateo y Lucas, Q, y los materiales únicos de Mateo y Lucas.

A mi juicio y con la información que dispongo, los próximos trabajos significativos en El

Boletín sobre el texto bíblico desde una perspectiva crítica los publican Jorge Pixley, Luis Fidel

Mercado, Ricardo Pietrantonio, Clemente Bobonis, y William Martin. Estos son los últimos

biblistas que escriben en la revista El Boletín hasta que fue cancelada por el Seminario

Evangélico en la década del sesenta.

Ricardo Pietrantonio escribe un artículo titulado «Jesús y los estudios contemporáneos

del Nuevo Testamento». En este artículo Pietrantonio hace un repaso de las investigaciones

relacionadas al Jesús histórico y el desarrollo de los métodos histórico críticos en el Nuevo

124
Testamento. Repasa la producción literaria europea desde el trabajo de Reimarus en el siglo

XVIII y hasta el surgimiento de la Nueva Hermenéutica en la década de los sesenta de parte de

los discípulos de Bultmann. Este trabajo sigue siendo un excelente resumen de la historia de la

investigación bíblica y neotestamentaria desde los surgimientos del racionalismo y hasta la

modernidad. Específicamente, este ensayo es un resumen de la historia de las fuentes, de las

formas, de las tradiciones, y de las redacciones aplicadas al problema del Jesús histórico (1968,

9-24).

Un detalle que queremos mencionar es que este artículo publicado por Pietrantonio, viene

a añadir información al debate sobre la resurrección que había en aquel entonces en el Seminario.

El artículo de Pietrantonio fue el primero de una serie que incluyó un artículo de Luis Fidel

Mercado y otro artículo de Jorge Pixley. El punto del debate era esencialmente sobre la

historicidad de la resurrección. Este debate sobre la resurrección produjo una crisis institucional

con implicaciones en las denominaciones auspiciadoras del Seminario y en los miembros de la

facultad.

Por un lado, el profesor Jorge Pixley había publicado un artículo en El Boletín donde

escribía: «En este análisis doy por sentado que la esperanza de una vida después de la muerte que

frecuentemente acompaña la piedad cristiana no es más que una fantasía infantil» (julio 1970,

13). Por otro lado, Luis Fidel Mercado había escrito otro artículo titulado «El concepto de la

resurrección en Rudolph Bultmann (la aureola de la cruz)» donde describía la teología de

Bultmann sobre la cruz y la resurrección, y donde cuestionaba el entendimiento de la cruz y la

resurrección de Bultmann. Bultmann alegaba que la resurrección era un acontecimiento mítico.

Por lo tanto, para comprender la resurrección había que demitologizarla. La demitologización era

el proceso hermenéutico a través del cual el lenguaje mitológico se podía interpretar en el

125
presente. La resurrección y los relatos de la resurrección «deben entenderse como un intento de

comunicarnos el significado de la cruz. La resurrección como tal simplemente no puede ser un

hecho visible en el plano de la historia... la resurrección es una manera de hablar acerca del

evento [sic] escatológico» (enero 1969, 9-10). Luis F. Mercado resume el entendimiento de

Bultmann sobre la fe en la resurrección como «tener fe en la eficacia salvadora de la cruz » (10).

Se pregunta Luis Fidel Mercado si se podía sostener la negación de la historicidad de la

resurrección conforme a la posición de Bultmann. Responde Mercado con las siguientes

palabras: «La afirmación de que la resurrección es una imposibilidad o que no puede concebirse,

es una aserción enteramente injustificada, basada en una idea de la naturaleza que pretende

determinar la totalidad de la naturaleza de un acontecimiento» (14-15). Contra la idea de que la

cruz es la que evoca y sirve de trasfondo para comprender la resurrección, plantea Mercado que

«la contestación de que la cruz... evoca el kerigma nos parece totalmente infundado... Nos parece

que es la resurrección la que cualifica a la cruz y no a la inversa. En otras palabras, la

resurrección no es meramente otro modo de hablar acerca de lo que los hombres [sic] deben de

hacer, sino más bien el acontecimiento escatológico que hace posible el kerigma» (17-18).

De estos tres artículos donde se escribió acerca de la resurrección es el ensayo de Luis

Fidel Mercado el que aborda explícitamente el tema de la resurrección desde una perspectiva

histórica. Pixley no escribió un artículo sobre este tema en la revista El Boletín. Obviamente lo

que está en el fondo de esta discusión más allá de la fe es la epistemología de la historia que

estos autores han sustentado en sus escritos y convicciones.

Otro trabajo sobre el trasfondo histórico, en este caso del Apocalipsis, pero insertado en

medio de los conflictos de la guerra de Vietnam y la lucha por los derechos civiles, fue el de

A.W. Martin en 1971, «Dos granos de incienso: el Apocalipsis y la desobediencia civil». Este

126
artículo describe el contexto histórico y político donde se escribió el libro de Apocalipsis y el

conflicto entre la iglesia y el imperio romano. El imperio le pedía a la iglesia que hiciera una

ofrenda de dos granos de incienso en el altar del emperador o de la ciudad de Roma. Con esto

afirmaban el señorío del César. Para la iglesia esto era cuestión de vida o muerte. Negarse a

reconocer con esta ofrenda el señorío del César podía implicar hostilidad, persecución y muerte.

«Juan escribe con el propósito de animar a los cristianos perseguidos para que sean fieles en el

momento específico de su propia historia cuando harán acto de presencia ante un tribunal

romano y tendrán el privilegio de decir, "Cristo es el Señor". Él les anima a fin de que cometan

un acto de desobediencia civil en contra del estado romano... » (3-4). Para Martíi, el Apocalipsis

nos ha presentado una voz bíblica de resistencia contra toda pretensión de un estado opresivo:

«cualquier gobierno puede convertirse en enemigo de Dios» (4). El Apocalipsis se convierte en

la legitimación de la desobediencia civil contra el servicio militar obligatorio y contra la

violencia racista en los Estados Unidos.

Samuel Pagán ha escrito de 13 libros y un sinnúmero de ensayos. Reseñaré dos libros de

Pagán, Apocalipsis: Visión y Misión, y Palabra Viva: entorno histórico, literario y teológico del

Antiguo Testamento. Este último es esencialmente una introducción a algunos asuntos del

Antiguo Testamento para laicos. Los primeros dos capítulos de este libro son una descripción del

trasfondo bíblico desde el período premonárquico y hasta el período helenístico. Pagán sigue el

orden del canon para describir el trasfondo histórico de las narrativas de la historia en el texto. Al

final de este libro, Pagán nos presenta un apéndice cronológico del Antiguo Testamento de

mucha utilidad para los lectores y lectoras de la Biblia. En la parte histórica del Antiguo

Testamento esta tabla es de mucha utilidad pues permite al lector o lectora localizar de un vistazo

el contexto histórico del profetismo en Judá y en Israel.

127
El otro libro que quiero reseñar de Pagán es su obra sobre el Apocalipsis, Apocalipsis:

Visión y Misión. En la primera parte de este libro, Pagán entra en una introducción esencialmente

sobre el trasfondo histórico del libro de Apocalipsis. Apocalipsis es un texto que debe ser

entendido como un diálogo con su contexto de opresión en las postrimerías del primer siglo en el

conflicto entre el Imperio Romano y el cristianismo representado por el texto: «El libro de

Apocalipsis se escribió para consolar y orientar creyentes que vivían bajo la soberanía

inmisericorde del Imperio Romano. El libro de Apocalipsis invita a los creyentes a resistir ante el

ataque despiadado del Imperio Romano. Además denuncia el peligro del poder totalitario de

Roma» (15).

Alfred Wade Eaton ha escrito quizás el trabajo de mayor importancia para los estudios

bíblicos que haya sido producido en el Seminario Evangélico en esta última etapa. El trabajo es

en cierta forma enciclopédico. Delata toda una vida de investigación historiográfica, literaria y

sociológica. Me refiero al Manual para el estudio de las Escrituras de Israel. Dentro de esta

sección sobre la conciencia histórica debo incluir los capítulos de esta obra sobre la historia de

Israel desde los orígenes y hasta la revuelta del Bar Koshba en el segundo siglo d.C.

Define Eaton la historiografía como «una reconstrucción y explicación o interpretación

del pasado... La historia es una construcción social compleja que se genera por una conjunción

entre los datos del pasado y los varios factores ideológicos que controlan la producción de la

reconstrucción histórica». Alega que los textos históricos de la Biblia y sus narrativas «son bien

tendenciosos ideológicamente. En unos casos son nada menos que propaganda». Plantea Eaton

que los historias de la antigüedad en las tradiciones bíblicas surgieron como respuesta a «la crisis

que resultó del colapso y la destrucción de las sociedades de Samaria y Jerusalén en los siglos

VIII y VII a. C.» (Cap. 5, 111). La obra de Eaton no está publicada desde una óptica confesional,

128
sino que es una obra académica y en diálogo con el estado actual del conocimiento

historiográfico. Hay un repaso de las fuentes primarias --arqueológicas y literarias-- y una

reconstrucción en forma de historia social del trasfondo del mundo bíblico. Al final de estos

capítulos sobre el trasfondo histórico de la Biblia, Eaton nos produce una tabla cronológica

crítica donde intercala el proceso histórico en el Antiguo Medio Oriente, Israel y Judá, y la

literatura bíblica, deuterocanónica, cristiano primitiva y de los judaísmos postbíblicos.

La producción de los biblistas latinoamericanos abordando el texto desde perspectivas

históricas es extensa y más allá de lo que yo me propongo trabajar en esta obra. Pero no

queremos pasar por alto la producción en la Revista Bíblica y Ribla. Una de las aportaciones

principales de los biblistas latinoamericanos ha sido leer desde el reverso de la historia. Jorge

Pixley ha escrito una breve historia social del Israel desde los orígenes hasta la destrucción del

segundo templo titulada Historia sagrada, historia popular: Historia de Israel desde los pobres

(1220 a. C. a 135 d. C.). Lo vital de este trabajo ya se plantea en el título: es una lectura de la

historia desde el reverso de la historia, desde los campesinos y otros marginados sociales en

sociedades tributarias precapitalistas y las luchas de éstos con los grupos de elite en la

antigüedad. Aunque es un trabajo breve, este trabajo es heurístico para los lectores y las lectoras

por su enfoque en la clave de los empobrecidos y su óptica sociológica.

Preguntas medulares del método histórico


El método histórico crítico esencial se refinó en los siglos 17 y 18. Luego se le han

añadido detalles y refinamiento y hemos recibido el legado de la erudición que ha leído los textos

con conciencia histórica. La importancia de este legado consiste en las preguntas que le formuló

al texto para clarificar el entendimiento del lector e intentar cruzar la distancia entre los textos de

129
la antigüedad y los lectores que leen los textos en este otro horizonte. A esas preguntas

medulares nos movemos ahora. Las preguntas medulares del análisis histórico son:

• ¿Quién escribió el texto?

• ¿A quién se le escribió el texto?

• ¿Dónde se escribió el texto?

• ¿Cuándo se escribió?

• ¿Qué estaba pasando en el contexto social e histórico del texto?

• ¿Cómo se refleja el trasfondo histórico-social en el texto?

• ¿Es corroborable históricamente este pasaje bíblico?

• ¿Cuáles son las fuentes en las que se basa nuestro documento?

• ¿Qué implicaciones tienen estas fuentes sobre historicidad e interpretación histórica

de nuestro texto?

Estas preguntas representan los principios medulares de la conciencia histórica. A todas estas

preguntas se les añadirá la pregunta sobre la evidencia para las respuestas que demos a cada una.

Si la evidencia que presentamos es la tradición de la iglesia en el proceso canónico (segundo al

cuarto siglo d.C.) habrá que analizar qué evidencia tenían los Padres de la iglesia para alegar que

fulano o mengano eran el autor de estos textos y si había alguna agenda teológica para darle

autoridad a un texto valioso para algún centro de poder en el cristianismo formativo. Si

descubrimos que la información que nos ha legado la tradición sobre el trasfondo de un texto está

limitada --léase viciada-- por algún conflicto de autoridad en el proceso canónico, debemos

levantar la bandera de la sospecha. Pero la mejor evidencia es la que un texto nos brinda

internamente. Así que la información que hayamos recibido de la tradición requerirá

corroboración interna en el documento. Si la información de la tradición de la iglesia no recibe


130
corroboración interna en el documento o la evidencia interna contradice las alegaciones de la

tradición, entonces debemos sospechar que la información de la tradición puede ser de corte

confesional. Así que todo planteo historiográfico sobre el trasfondo histórico-social de un texto

debe ser sopesado.

La terea pastoral y el análisis historiográfico

En una lectura pastoral, las preguntas sobre el trasfondo histórico del texto nos abren

ventanas para poder comprender el texto. Una lectura sin situar el texto en contexto histórico-

social es una lectura donde el lector o lectora se arriesga a introducir en el texto su propio

mundo sin los controles de la información primaria y secundaria de la historiografía. Esto no

significa que la historiografía no sea una lectura dominada por nuestras presuposiciones. Siempre

le hacemos a nuestras fuentes las preguntas que nos interesan. Pero el situar un texto en su

trasfondo histórico y en diálogo con la historiografía de nuestro tiempo nos establece unos

controles que impiden que la lectura sea arbitraria. Por lo menos entramos en los controles sobre

la interpretación de la comunidad global de intérpretes informados sobre el texto.

Otra perspectiva que la crítica histórica nos arroja al abordar un texto es la historia en el

texto. Cuando leemos una narrativa específica recibimos detalles sobre el mundo del texto.

Puede que un pasaje bíblico nos mencione un personaje histórico del pasado sobre el cual

poseemos información en la literatura primaria y en los datos arqueológicos. Puede ser que el

texto nos mencione un lugar geográfico. ¿Conocemos otra información que enriquezca nuestro

entendimiento sobre la historia que nos narra este pasaje bíblico? ¿Es esta narrativa corroborable

con otra información de las fuentes primarias? El texto en su narrativa sirve como una ventana

para narrar una situación. Esta narrativa nos ayuda a entender asuntos políticos, culturales,

sociales y religiosos reflejados por la historia en el texto. Todas estas ventanas son dimensiones

131
que a través de los estudios de la historiografía y la antropología pueden ayudarnos a mejorar

nuestro entendimiento de la historia en el texto. La historiografía nos abre el mundo detrás de

nuestros textos bíblicos. Sea a través de estudios de la dinámica social en sociedades antiguas

(antropología) como a través de modelos de sociedades modernas que tienen dinámicas sociales

comparables con la literatura bíblica, o sea a través de la historiografía o del conocimiento

arqueológico, tenemos información del pasado que nos puede ayudar a comprender la historia

narrada en el texto. La diferencia entre la historia del texto y la historia en el texto es que la

historia del texto es el trasfondo del texto, mientras que la historia en el texto evalúa cada

narrativa, aunque sea una narrativa ficticia pero en su trasfondo histórico-social. La historia del

texto se pregunta por el autor, la fecha, el contexto histórico, el contexto social del macrotexto,

por ejemplo, el evangelio de Mateo. Pero la historia en el texto se pregunta por las narrativas

bíblicas aunque sean ficticias en diálogo con su trasfondo histórico. Así que la historia en el texto

abordará historias como las parábolas que, aunque son ficciones narrativas, se iluminan en su

trasfondo histórico-social y a su vez arrojan nueva luz sobre ese mundo.

En el caso de las epístolas paulinas, cada pasaje nos obliga a tratar de reconstruir

imaginativamente el contexto social en que estos pasajes hacían sentido. Si hay incoherencia en

las cartas, como es el caso de 2 Corintios y Filipenses, uno trata de deconstruir el texto y situarlo

histórica y socialmente. Así, es posible que 2 Corintios 10–13 preceda cronológicamente el resto

de 2 Corintios. Una lectura historiográfica de este texto tratará de reconstruir el itinerario de la

relación entre Pablo y los corintios detalladamente. La historia en el texto se enfoca en el

microdiscurso dentro de un texto. Pero estos pasajes que investigamos también son manejables

histórica y socialmente. Así que cuando los evangelios nos narran sobre Herodes el Grande,

Quirino, Pilato, Herodes Antipas, Herodes Filipo u otros personajes, a la historia en el texto le

132
interesará saber todo lo que pueda de estos personajes. Pero también le interesará saber todo lo

que pueda de los nacimientos especiales en la literatura judía y helenística del tiempo del Nuevo

Testamento, las historias de milagro en el parangón literario y cualquier otro detalle que narre un

pasaje bíblico. Esta información sobre el trasfondo histórico de nuestra narrativa, nos puede

ayudar a ampliar nuestra visión sobre estas narrativas. Pero también nos puede ayudar a

comprender qué actitud asumiremos ante la narrativa.

Toda esta información sobre la historia del texto y la historia en el texto sirven en las

tareas pastorales para hacer correlaciones con nuestro propio contexto histórico-social. Ese

diálogo entre el trasfondo histórico del texto y nuestro propio trasfondo histórico hace que

nuestras congregaciones comprendan que Dios está inmerso en esta historia y que esta historia

tan humana es la historia de la salvación. Otro detalle valioso sobre la correlación entre nuestra

historia y el trasfondo bíblico es que aprendemos de las virtudes y errores del pasado. Este

aprendizaje nos previene de cometer errores innecesarios en el presente. El punto medular es sin

embargo el deleite del texto. Situar el texto en su trasfondo histórico, geográfico y social lo

comparo con un viaje turístico donde tomamos unas vacaciones en el quinto evangelio, el mundo

bíblico. Esa visita a ese mundo nos abre una nueva visión inimaginada de la Biblia. Les

invitamos a ese viaje donde podremos apreciar con más precisión las riquezas del texto bíblico.

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137
CAPÍTULO 4

EXÉGESIS SOCIOLÓGICA
Otro mecanismo para poder profundizar en el «detrás del texto» es la exégesis sociológica. La exégesis sociológica está
interesada en construir una descripción de las instituciones sociales en las que se generaron los textos bíblicos. El análisis
sociológico quiere situar los textos bíblicos dentro de su contexto sociológico. Se ha definido la exégesis sociológica como
«esa fase de la tarea exegética que analiza la dimensión social, cultural del texto y su contexto ambiental a través de la
utilización de perspectivas, teorías, modelos e investigación en las ciencias sociales» (Elliot 1993, 7).

La exégesis sociológica aborda los textos desde varias perspectivas.

Esencialmente se abordan los textos desde una perspectiva de una descripción

social o desde perspectivas de modelos de las ciencias sociales, la psicología y la

antropología. El propósito de una lectura sociológica del Nuevo Testamento es

mejorar nuestro entendimiento sobre la interrelación entre el texto y su trasfondo

sociológico. Para esto, el análisis sociológico intenta describir las estructuras

económicas, culturales, políticas, familiares, ambientales, psicosociales de la

antigüedad e interpretar el texto a través de modelos de las ciencias sociales.

Los textos del Nuevo Testamento son tanto un reflejo de su mundo social

como una respuesta a éste. Todo texto es un producto social. Por lo tanto, los

textos nos obligan a hacernos preguntas sociológicas sobre los mismos. La

distancia entre nuestro mundo social y el mundo del Nuevo Testamento nos hace

obligatorio tratar de informarnos sobre la organización social en la que se gestaron

los textos. Relacionar el texto con la sociedad en la que se produjo nos acerca a su

comprensión más cabal.

Una lectura sociocrítica

El Nuevo Testamento hace mención constante de detalles que requieren

interpretación sociológica para una comprensión más acertada. Asuntos como

griegos y judíos, mujeres y hombres, libres y esclavos, fariseos, escribas, un

138
denario, figuras políticas como Herodes el Grande, sacerdotes como Caifás, el

sistema de pureza en los bautismos, de copas e instrumentos de comer, detalles

sobre la «comensalidad» [costumbre de comer] de Jesús con los pecadores, la

naturaleza del conflicto con los samaritanos y la concepción de pureza del

judaísmo, presuponen un contexto sociológico y requieren una lectura sociológica.

El Nuevo Testamento se escribió dentro de un sistema cultural que le

imprimió significado a las relaciones sociales, familiares e interpersonales. Había

un sistema tributario nativo y extranjero que respondía a una política económica

dentro de una sociedad agraria. Era un mundo sin tecnología, donde la integridad

del grupo y sus valores tenían supremacía sobre los individuos. Estos elementos y

otros abordados por la crítica sociológica del Nuevo Testamento en relación con el

trasfondo social y cultural requieren un mínimo de comprensión, de manera que no

impongamos nuestra visión social y cultural sobre textos de otro mundo social. Por

esto necesitamos hacernos conscientes de la necesidad de abordar el texto desde

una perspectiva sociológica.

El análisis sociológico trabaja conjuntamente con el resto de la metodología

exegética para ayudar a ampliar el entendimiento del lector o la lectora. Hay una

serie de diferencias entre una metodología de lectura sociológica y el análisis

histórico.

139
Análisis sociológico
Análisis histórico • Está orientado a examinar
• Examina acontecimientos acontecimientos que tiene
singulares en el tiempo: regularidad y son
personajes históricos, como recurrentes en una
Herodes el Grande, Calígula, dinómica social.
Nerón, Domiciano o Poncio • Examina el sistema
Pilato, económico, el sistema
• Trabaja desde perspectiva de cultural, porque estos son
causa y efecto, asuntos que se comparten
• Examina los sucesos en el en una sociedad.
nivel temporal y la • Aborda la acción en
localización en el espacio, relación con el contexto
• Le interesa saber cuándo se social o los patrones de
localiza cada hecho, cuándo se acción relacionados con las
escribió el documento, dónde funciones sociales y el
se localiza una narrativa, status que una sociedad fija
dónde se escribió, a un tipo de acción,
• Aborda los asuntos de la • Está interesado en ir más
identidad personal, el origen, allá del tiempo y el
la cantidad, la biografía espacio, le interesa la
histórica y las características dimensión sociológica de
individuales de un sujeto, los hechos,
• Mira el medio ambiente y el • Está interesado en las redes
contexto buscando elementos de relaciones, en la
geográficos, económicos, localización económica,
sociales, políticos y culturales social y cultural,
específicos, • Le interesan los procesos
• Investiga al individuo, la ideológicos detrás de la
conducta independiente de los conducta o dichos de los
individuos, actores,
• Se enfoca sobre las normas y • Aborda los actores dentro
valores como elementos de su estructura social,
distintivos, • Le interesan las relaciones
• Enfoca la propiedad de los dentro de un marco social
fenómenos y objetos en sus de la ecología, geografía,
características únicas. economía, cultura, política
y sus interrelaciones
sistémicas,
• Investiga las
organizaciones, los grupos,
las facciones, las díadas,
• Investiga las dinámicas
sociales, los procesos, el
diseño cultural y social,
140
• Enfoca en los valores, interrelación, asuntos
objetivos, normas, comunes y típicos,
costumbres y leyes • Observa cómo un
compartidas en una fenómeno se relaciona con
sociedad, la totalidad de los
• Aborda cómo se componentes sociales.
internalizan los valores en
una sociedad,
• Enfoca en los patrones de

Elliot contrasta estos análisis de la siguiente manera: (Elliot 1993, 107-109):

El análisis histórico
Análisis sociológico
• Busca las fuentes y causas del poder,
• Aborda el conocimiento y la cultura • Está interesado en las
como tipos de conocimientos, fuentes, relaciones de poder,
uso control del conocimiento y la • Está enfocado en la
tecnología y cualquier conocimiento cultura común y el diseño
ordinario o extraordinario de cultural,
individuos o grupos, • Está interesado en los
• Estó interesado en las agencias e procesos y mecanismos
instituciones educativas, de socialización e
• Está interesado en las creencias inculturación,
específicas de individuos y grupos, • Está interesado en lel
• Percibe esencialmente la religión y la sistema de creencias
teología como fenómenos distintos a la sociales,
política y a los sistemas de parentesco, • Busca la relación entre
• Hace comparaciones dentro de una las creencias y el sistema
cultura y busca las similitudes y ideológico de una
diferencias específicas, sociedad,
• Mantiene los modelos teoréticos • Investiga la interrelación
implícitos y sin verificación, entre las creencias y la
• Tiene una perspectiva moderna, política y los sistemas de
• Mira el pasado desde nuestro parentesco,
punto de vista moderno • Hace comparaciones
transculturales y busca
patrones de similaridad,
• Hace explícitos los
modelos teoréricos
• Trata de reconstruir las
perspectivas culturales y
sociológicas del pasado
para que los textos se
141
puedan leer dentro de su cultural.
marco de referencia

Historia de la investigación

El análisis sociocrítico en Europa del siglo 19 en los estudios bíblicos

estuvo relacionado con el surgimiento de la clase media. Ésta quería afirmarse de

cara al estado y la iglesia. Para lograr ésto, salió del foco tradicional de la

historiografía y su investigación tradicional sobre los reyes y figuras de la élite y

comenzó a investigar las sociedades del pasado. German Gunkel desarrolló la

crítica de las formas, con su búsqueda del Sitz im Leben, esto es, el contexto

sociológico. Alegaba Gunkel que todo género literario tenía su contexto vital

específico. Por lo tanto, para comprender cada género había que situarlo

socialmente (Wilson 24). G. Heinrici interpretó el cristianismo primitivo como

una sociedad o una asociación voluntaria del mundo grecorromano tratando de

legitimar las iglesias populares en Alemania vis-à-vis la iglesia institucional. Este

era el mismo contexto del debate entre la iglesia carismática y la antigua iglesia

católica. La pequeña burguesía trataba de gestar su autonomía de los centros de

poder tradicional.

Otro elemento que trajo a colación la necesidad del análisis sociológico de

las escrituras fue el surgimiento del marxismo como ideología legitimadora de la

clase obrera en su pugna contra las condiciones económicas creadas por el

capitalismo del siglo 19. Engels y Kausky escribieron libros alegando que el

142
cristianismo primitivo era una organización de las clases bajas en lucha contra las

clases dominantes y que fue perseguido al igual que los obreros revolucionarios14.

Varias respuestas surgieron del cristianismo que nuevamente le dieron un impulso a

la lectura sociológica de los textos. El trabajo de Deismann planteó que el

cristianismo primitivo surgía de las clases bajas. Deismann encontró las óstracas

de Egipto donde localizó el griego popular del período del Nuevo Testamento.

Infirió que el Nuevo Testamento era producto de gente común de la antigüedad que

usaba como vehículo de comunicación la «lingua franca» de la antigüedad.

Karl Lamprecht añadió al ímpetu de la sociología su crítica contra el

modelo historicista alrededor de la historia política y las biografías. Alegaba

Lamprecht que la historiografía debía abordar asuntos tales como la economía,

asuntos sociales, y psicología social. Este tipo de planteo nos llevaba a la

necesidad de unas herramientas sociológicas de interpretación del cristianismo

primitivo en su mundo social.

La crítica de las formas le dio un nuevo vigor al análisis sociológico.

Dibelius y Bultmann hicieron toda una investigación alrededor del contexto vital de

las tradiciones sinópticas. El énfasis fue la búsqueda de la situación en vida de la

iglesia primitiva. El planteo de que los dichos de los evangelios tenían su contexto

vital en alguna tarea medular de la vida de la iglesia, convirtió a la crítica de la

forma en un análisis intraeclesial y, por lo tanto, debilitó el énfasis sociológico de

14
En la obra On the history of early Christianity, Engels plantea que «el cristianismo era originalmente un movimiento de la gente
oprimida: primero apareció como la religión de los esclavos o de los esclavos emancipados, o de la gente pobre privada de todos los derechos o
de gentes subyugada o dispersada por Roma». Marx y Engels, 316, traducción mía.

143
la historia de las formas. El análisis sociológico se limitó al contexto de la fe (la

iglesia) y no al contexto sociológico más amplio.

La escuela de Chicago en la década del 20 abordó el texto

sociológicamente. Estudios como los de Frederick Grant, The economic

background of the Gospels, y los trabajos de Shirley Jackson, Case Matthews y

Shailer Matthews, que abordaron asuntos sociológicos relacionados al cristianismo

primitivo y a Jesús como reformador social, han sido los pioneros de una lectura

sociológica sobre los textos.

En Latinoamérica, la teología de la liberación con su opción preferencial

por los pobres, las mujeres, los indígenas, las culturas africanas y las demás gentes

marginadas, sentó lo base para toda una lectura del texto desde la perspectiva de las

personas oprimidas. Esto generó toda una gama de lecturas desde la perspectiva de

la sociología del conflicto social y otras lecturas que querían reincorporar la voz de

los indígenas, los campesinos, la negritud, las mujeres y los marginados en las

villas miserias, etc. Algunos de estos autores serán reseñados en este capítulo.

En el campo del Nuevo Testamento, fue Gerd Theissen el que dio ímpetu a

esta ola reciente de estudios sociocríticos del texto. Las primeras dos obras de

Theissen en alemán han sido publicadas en un sólo volumen en español bajo la

rúbrica Estudios de sociología del cristianismo primitivo. Desdichadamente,

Editorial Sígueme eliminó el capítulo de la metodología que Theissen presentó en

su libro sobre Pablo como capítulo cinco. Fortress y Orbis han publicado este

capítulo bajo el título, The sociological interpretation of religious tradition: its

methodological problems as exemplified in early Christianity --cuya traducción

144
literal sería «La interpretación sociológica de tradiciones religiosas: sus problemas

metodológicos como son ejemplificados en el cristianismo primitivo».

Plantea Theissen que hay varios modelos para leer sociológicamente los

textos: el constructivo, el analítico y el comparativo. El primer modelo repasado es

lo que él llama método constructivo. El modelo constructivo se le puede aplicar a

todos los planteos del texto sobre grupos o individuos. Planteos sobre los

discípulos, tales como que eran pescadores que empleaban obreros (Mc 1.20) o que

tenían casas (Mt 8.14) o que eran propietarios de terrenos (Hch 4.36ss), nos dejan

saber información sobre la estratificación social del cristianismo primitivo, tanto

sobre lo que nos narran los textos como sobre las comunidades que nos legaron este

tipo de información en los evangelios. La importancia de esto consiste en que

aunque la información que nos dé un texto sea dudosa históricamente sobre lo que

se nos está narrando, por lo menos en el contexto sociológico final de nuestros

textos esta información era posible. Así que cuando Lucas nos narra que Manaem

era un miembro de la corte de Antipas (Hch 13.1) esto, aunque fuera un detalle

legendario que pudiéramos dudar de los primeros cristianos, es un detalle que es

aceptable y posible para las comunidades de Lucas-Hechos. El detalle importante

sobre esta información no es la historicidad de la información sobre Manaem, sino

la información sobre el cristianismo lucano y la membresía de clases sociales de la

antigüedad en el contexto lucano. El modelo analítico de los textos infiere de

cualquier expresión poética, ética, eclesiológica o histórica el substrato de la

realidad social de los mismos. No necesariamente la inferencia será directa y clara,

sino a veces por deducción. Así que cuando Lucas nos narra que en Antioquía fue

145
que los creyentes recibieron el nombre de cristianos (Hch 11.26), podemos inferir

que hasta este momento los cristianos eran vistos como judíos.

Theissen señala que los conflictos presentados en el texto nos pueden

ayudar a inferir los puntos de vista, actitudes, costumbres y otros detalles sociales

de los grupos involucrados en estos conflictos. Infiere Theissen del conflicto sobre

los alimentos sacrificados a los ídolos en 1 Corintios 8 que este conflicto era sólo

para aquellos miembros que podían participar de los banquetes con carne en el

mundo grecorromano. Por lo tanto, esto le parece a Theissen ser un asunto de la

elite. Sólo los miembros de la elite podían participar de los banquetes en los que se

comía carne sacrificada a los dioses de aquel mundo.

Otro lugar donde Theissen plantea que podemos inferir acontecimientos

sociales es en los textos que implican normas comunitarias. Discursos que hemos

catalogado como reglas de la comunidad, textos parenéticos, dichos de sabiduría y

los códigos de la familia grecorromana nos muestran el tipo de conducta social que

se esperaba en los textos. Debemos inferir que las prohibiciones pueden implicar

que algún tipo de conducta se está tratando de restringir porque está sucediendo.

Así, sabemos que la prohibición sobre la misión entre los samaritanos y los gentiles

(Mt 10.5-6) estaba tratando de detener una conducta que estaba sucediendo entre

sectores del cristianismo primitivo (Hch 8).

Theissen plantea que de los géneros literarios y otros elementos literarios

del texto podemos hacer varias inferencias. El griego hebraico del autor de

Apocalipsis nos permite inferir que éste era un judeocristiano. Pero no podemos

inferir que la mala calidad del griego fuera indicio de ser de una clase social de la

146
no-elite porque la afluencia de clase social no necesariamente va cogida de la mano

de la mejor formación lingüística. De los himnos del cristianismo primitivo

reflejados en el texto uno puede inferir los mitos colectivos a través de los cuales el

mundo era interpretado por aquellas comunidades de cristianos. Los símbolos en el

lenguaje, tales como «el cuerpo de Cristo» nos permiten tener un atisbo de la

cohesión de grupo que existía entre los cristianos primitivos que esbozaban su

autoentendimiento con este tipo de metáfora. Las parábolas de Jesús presuponen

todo un mundo social con sembradores, cosecha, viñedos, terratenientes,

prestamistas, esclavos, que requieren una descripción social para comprender estas

narrativas.

Un tercer aspecto es abordado por Theissen en este capítulo, los

procedimientos comparativos. Debido a que los detalles sociológicos en el Nuevo

Testamento son fragmentarios, Theissen plantea que necesitamos ampliar la base

de datos con otra literatura del período del Nuevo Testamento, información

arqueológica y otras investigaciones sociológicas y antropológicas que puedan

servir para ampliar nuestro entendimiento de algunos fenómenos mencionados en

los textos bíblicos. Ejemplo de este tipo de análisis sociológico y antropológico

son los modelos sobre el mileniarismo como un procedimiento comparativo entre el

apocaliptismo y la experiencia con el mileniarismo en la historia de la iglesia y en

los estudios antropológicos. Esto nos ampliará la base de datos para comprender el

fenómeno apocalíptico que se refleja en muchos textos en el Nuevo Testamento.

Theissen ha sido criticado fuertemente por seguir modelos funcionalistas

para hacer una relectura del texto. Pero me parece que la importancia de su

147
contribución fue clarificar que el texto completo era abordable sociológicamente.

El modelo funcionalista, sin embargo, no es esbozado en este capítulo, sino en las

secciones sobre los evangelios en su obra. Es en el capítulo titulado «La renuncia a

la violencia y el amor al prójimo» que Theissen asume un modelo funcionalista

implícitamente. Theissen plantea que las enseñanzas sobre la renuncia a la

violencia tenían su contexto sociológico en los conflictos con Pilato y con Calígula.

Señala Theissen que «la predicación de Jesús fue una alternativa a la resistencia

celote y a las fantasías esenias de una gran guerra futura. ...Jesús formuló el

mandamiento del amor al enemigo y de la renuncia a la violencia en un tiempo en

el que sus exigencias podían caer en un terreno fértil: las estrategias no violentas

ante los conflictos se habían mostrado eficaces ante los romanos» (Theissen, 144-

145).

Theissen ha sido criticado por Horsley y por Crossan alegando que la

lectura de estos dichos ha sido localizada en un lugar sociológico incorrecto debido

al modelo funcionalista utilizado por Theissen. No es en relación a la opresión

política de Roma ni de las clases dominantes en Palestina el contexto sociológico

de estos dichos. Estos dichos deben ser localizados más bien en las relaciones

sociales conflictivas entre los campesinos mismos. Jesús estaba planteando

mecanismos para resolver los conflictos dentro del entorno del campesinado

oprimido. El conflicto con las clases tributarias nativas, religiosas y extranjeras

148
requería una solidaridad radical entre los campesinos. Ante conflictos entre

oprimidos, la renuncia a la violencia y el amor a los enemigos era imprescindible15.

Un trabajo desde la óptica de los estudios de la antropología marxista de

sociedades agrarias para comprender los orígenes de Israel fue el de Norman K.

Gottwald, Las tribus de Yahvé (1979). Gottwald plantea que la explicación

sociológica para comprender los relatos de la conquista y la ocupación de la tierra

en los textos canónicos es una interpretación posterior a una historia de una

revolución social de campesinos contra los señores y sus ciudades en Palestina en

los años 1200 hasta los inicios de la monarquía. El tribalismo israelita fue un

intento de organizar la vida social de los campesinos bajo una organización

igualitaria de agricultores sin la explotación tributaria de las ciudades y sus señores.

El yahvismo fue la ideología de esa revolución tribal contra la sociedad

jerarquizada en las ciudades.

En la década de los 80 y los 90 hubo una gran proliferación de

investigaciones del texto bíblico desde la perspectiva sociológica. Si Theissen fue

un pionero en la lectura sociológica del Nuevo Testamento, debemos añadir los

trabajos desde la perspectiva de la antropología cultural de Malina (1981, 1987).

Malina ha utilizado el modelo de Mary Douglas para leer el Nuevo Testamento.

En el libro The New Testament world, insights from cultural anthropology,

Malina entra en una descripción cultural detallada. Se abordan elementos como los

valores de vergüenza y honor, el grupo y el individuo, la percepción sobre una

15
Horsley plantea que los dichos sobre la renuncia a la violencia y la venganza tienen como «foco claramente las relaciones locales
intracomunitarias sociales y económicas» (Horsley, 269, traducción mía).

149
producción limitada de bienes, el matrimonio y los lazos consanguíneos, y el

sistema de pureza. El valor del trabajo de Malina es que nos permite tener una

comprensión de los sistemas de valores culturales del mundo del Nuevo

Testamento, de manera que no hagamos una lectura del texto antiguo centrada en

nuestros valores culturales.

Fernando Belo en su libro Una lectura materialista del evangelio de

Marcos ha hecho otra contribución hacia una lectura sociológica y estructuralista

del texto. Belo utiliza la sociología marxista para interpretar el evangelio de

Marcos como metodología sociológica. La sociología marxista presupone un

modelo de conflicto social y la hegemonía de un grupo que controla el poder para

recibir los privilegios en una formación social. Belo plantea que en la tradición

bíblica hay dos sistemas corriendo paralelamente: un sistema de pureza que sirve

para legitimar religiosamente los poderes y privilegios de los grupos dominantes, y

un sistema de deber que formulan un contradiscurso desde la perspectiva de la

justicia social. De acuerdo con Belo, en Marcos se está reflejando literariamente el

conflicto entre la ideología del sistema de pureza versus el contradiscurso centrado

en las tradiciones del sistema de deber israelita. Jesús articula el discurso contra el

sistema de pureza y a favor del sistema de deber con visión sobre la justicia social.

Los opositores de Jesús articulan el discurso que legitima el orden social avalado

por el sistema de pureza ritual.

En esta misma clave del modelo de conflicto social pero con una gran

cantidad de detalles de la arqueología, la literatura primaria y la antropología

150
podemos situar los trabajos de Richard Horsley, John Dominic Crossan, Douglass

Oakmann y otros.

En la obra Bandits, prophets and messiahs: Popular movements in the times

of Jesus, Horsley y Hanson hacen una relectura de las fuentes primarias desde la

perspectiva del modelo de conflicto social. Desde esta perspectiva hacen una

investigación de la relación de poder y opresión de las clases gobernantes y

sacerdotales y el imperialismo helénico y romano y su relación de explotación del

campesinado en el período del judaísmo intertestamentario. Traen a colación los

estudios sobre el bandidaje social para releer la información sobre los bandidos y la

insurrección que culminó con la guerra entre los judíos y Roma en el año 66--70

d.C. Dentro de este mismo marco de conflicto abordan los movimientos proféticos,

los mesías populares, los sicarios y el movimiento celota.

Richard Horsley, en Jesus and the spiral of violence: Popular Jewish

eesistance in Roman Palestine, aborda desde la perspectiva del coloniaje el

contexto histórico social de las tradiciones acerca de Jesús. Luego de hacer una

descripción de la violencia institucional generada por los imperios de turno y las

clases colaboradoras con el coloniaje y la explotación, aborda la respuesta de

resistencia de los intelectuales, la masa popular, los grupos apocaliptistas.

Finalmente hace una investigación sobre los dichos y hechos conflictivos de Jesús,

incluyendo la muerte violenta en la cruz y el ataque al templo.

Otro texto que nos parece valioso repasar por hacer una descripción social

abarcadora del período del Nuevo Testamento es el libro de John E. Stambaugh y

David L. Balch El Nuevo Testamento en su entorno social. En esta obra medular,

151
Stambaugh y Balch hacen una descripción histórico-social del mundo

grecorromano y luego entran en una discusión detallada sobre los sistemas de

comunicación, la economía, la vida social en Palestina y la vida en una ciudad de la

antigüedad. En mi opinión, esta es una de las obras sucintas de mayor calidad para

que el lector o lectora del Nuevo Testamento pueda comprender el texto en su

contexto histórico-social.

En 1990, un erudito sueco, Bengt Holmberg, publicó un libro titulado

Sociology and the New Testament. El valor de este libro fue el uso de varios

modelos traídos de la sociología para dirimir asuntos exegéticos en el texto.

Haciendo uso de la historiografía social del imperio romano, se planteó la pregunta

sobre la estratificación social de los primeros cristianos. Utilizando la tipología de

iglesia y secta de Max Weber y Bryan R. Wilson et. al., abordó al cristianismo

primitivo como un fenómeno mileniarista. Finalmente abordó la correlación entre

el imaginario simbólico del cristianismo primitivo y las estructuras sociales

reflejadas en los evangelios, incluido el evangelio de Juan.

Bernard Brandon Scott en Hear then the parable: A commentary of the

parables of Jesus, ha hecho uso de modelos de antropología social y agraria junto a

un modelo literario para releer las parábolas de Jesús. Es un trabajo exquisito de

crítica literaria y antropología. Asuntos como la familia, las aldeas, la ciudad y el

extranjero en los estudios antropológicos se abordan para traer nuevas vistas a las

parábolas de Jesús. Lo mismo sucede con las relaciones entre amos y esclavos y

entre la casa y la finca. Los estudios del campo en la antropología sirven de clave

152
para abrir nuevas posibilidades de entendimiento a estos textos tan amados y tan

enigmáticos.

John Dominic Crossan es un escritor prolífico. En la década de los 70

produjo un libro sobre las parábolas de Jesús desde la perspectiva del

estructuralismo. En la década de los 80 produjo una serie de publicaciones donde

se notaba el desarrollo literario y sociológico que iba tomando su pensamiento. En

su obra magna hasta el momento, Jesús: vida de un campesino judío, utiliza un

modelo sociológico y antropológico para describir el trasfondo histórico social.

En la segunda parte de este libro entra en la discusión sobre los dichos y obras de

Jesús. Crossan le da un gran peso a los dichos sobre los empobrecidos desde la

perspectiva de lo que era un desamparado en la literatura primaria para comprender

los dichos sobre los pobres de Jesús. Abordando el concepto del reino de Dios

plantea: «Mi teoría es que, al interrelacionar los conceptos apocalípticos y

sapienciales, por una parte, y escribas y campesinos, por otra, nos vemos obligados

a situar a Jesús en la intersección de los conceptos sapiencial y campesino. El

Reino que describen sus parábolas, ese Reino aquí y de ahora, ese Reino de don

nadies y menesterosos, de granos de mostaza, cizañas, y fermentos, es precisamente

un Reino hecho realidad, y no simplemente proclamado» (Crossan 341). La obra

de Crossan es un paradigma para el lector o lectora que quiere tener un ejemplo de

cómo el análisis histórico crítico y los modelos de estudios de antropología del

campo y de la cultura pueden ser herramientas heurísticas para la comprensión del

texto.

153
La proliferación de libros con ensayos sobre la sociología y la lectura

bíblica es enorme. Varios libros de ensayos merecen nuestro comentario. El más

antiguo es editado por Norman K. Gottwald y titulado The Bible and liberation:

Political and social hermeneutics. El valor de este libro es que nos trae un popurrí

de las primeras lecturas sociológicas para distintas tradiciones en la Biblia cristiana,

esto es el Antiguo y Nuevo Testamento. Algunos de los especialistas que

colaboran en esta obra son Brueggueman, Elizabeth Schüssler Fiorenza, Luise

Schottroff, Robins Scroggs, Juan Luis Segundo y Gerd Theissen.

Un trabajo más específico sobre un texto bíblico es la obra editada por

David Balch, Social history of the Matthean community: Cross disciplinary

approaches. Varios especialistas, como Alan Segal, Anthony Saldarini, Robert

Gundry, David L. Balch, Antoinette Clarck Wire, Rodney Stark y otros, colaboran

en la obra. La descripción ecológica de lo que era una ciudad en la antigüedad por

Rodney Stark es magistral. Otro trabajo en esta obra que me parece de gran calidad

es el de Anthony Saldarini sobre el conflicto entre la sinagoga en el judaísmo

formativo y la comunidad de Mateo.

El trabajo editado por Jerome H. Neyrey, The social world of Luke-Acts:

Models for interpretation, es una obra de gran calidad sociológica para nuestros

lectores. Este trabajo es mucho más centrado en los modelos de antropología

cultural y psicología social. Malina y Neyrey escriben un capítulo sobre los valores

de honor y vergüenza en el mundo mediterráneo de la antigüedad y cómo se

reflejan en la obra de Lucas-Hechos. Ellos mismos escriben otro capítulo sobre la

personalidad dominada por los valores del grupo en sociedades agrarias

154
premodernas. Douglas E. Oakman escribe un análisis económico de las sociedades

agrarias avanzadas y cómo este modelo se refleja en Lucas-Hechos.

Malina y Rohrbaugh han publicado un comentario sociológico a los

evangelios sinópticos. La información es esencialmente antropología cultural o

comentarios sobre modelos de conflictos sociales y estudios del campo aplicados a

los textos evangélicos. Este trabajo ha sido publicado en español.

Hanson y Oakman han publicado un libro titulado Palestine in the times of

Jesus: Social structures and social conflicts. El libro hace una introducción al uso

de la sociología y la antropología para la lectura bíblica. Luego discute los

modelos sobre la familia y los lazos consanguíneos, las relaciones de poder y

patronazgo entre la elite y el campesinado, la política tributaria en la Palestina

romana, y el imaginario simbólico del templo, el sistema de pureza, y la metáfora

del reino de Dios en el mundo social de las tradiciones acerca de Jesús. El libro

incluye una hoja en la red de Internet de ambos autores sobre bibliografía, fotos y

otros recursos para la investigación a través de la informática16.

La sociología ha sido utilizada para analizar la literatura paulina. Theissen

fue el pionero en utilizar la descripción social para abordar asuntos sobre 1

Corintios17. Otros trabajos sobre Pablo y sus comunidades que han sido abordados

sociológicamente son el de Meeks y el de Margaret MacDonald. Meeks ha escrito

un libro sobre la descripción social del mundo citadino en que Pablo llevó a cabo su

16
La sigla para la red de Internet de Hanson y Oakman es www.stolaf.edu/people/kchanson/ptj/htlm

17
La traducción de Theissen al español incluye cuatro capítulos de la obra de Theissen sobre Pablo. En inglés ha sido publicada la
obra completa bajo la rúbrica The social setting of Pauline Christianity, publicado por Fortress Press.

155
misión y organizó sus comunidades18. Margaret MacDonald ha utilizado la

sociología del conocimiento de Luckmann y Peter Berger para abordar las cartas

paulinas y las deuteropaulinas.

La sociología del conocimiento intenta estudiar la relación entre el

pensamiento humano y el contexto social donde se da ese pensamiento. El

individuo y la sociedad se relacionan dialécticamente. La sociedad tiene un

universo simbólico que abarca toda la experiencia social, la cual es interiorizada en

el proceso de socialización del individuo. Pero el individuo a su vez puede, en su

exteriorización y objetivación de este universo simbólico, modificar la realidad y

crear un nuevo universo simbólico. Ese proceso a través del cual el universo

simbólico se constituye o se altera es la institucionalización.

MacDonald plantea que las cartas auténticas de Pablo representan el estadio

de institucionalización de las comunidades paulinas. Colosenses y Efesios

representan la etapa en que se están estabilizando las comunidades paulinas. Las

cartas pastorales representan el estadio de una institucionalización protectora de la

comunidad. El libro de MacDonald es un ejemplo de cómo asuntos que el método

histórico crítico notó, como las diferencias literarias entre estos documentos, ahora

son reforzados con la utilización de herramientas sociológicas que releen los textos

desde perspectivas ideológicas, culturales y de otra índole sociológica. Esta

relectura con estas nuevas herramientas amplía nuestra visión sobre el corpus

paulino y las comunidades detrás de estos textos.

18
W. Meeks, 1988, Los primeros cristianos urbanos. El mundo social del Apóstol Pablo. Salamanca: Sígueme.

156
Elsa Tamez ha escrito en español un libro fascinante sobre Pablo y sus

cartas desde la perspectiva del conflicto social en su tesis doctoral publicada

titulada, Contra toda condena, la justificación por la fe desde los excluidos. La

descripción de la condición de los empobrecidos en las ciudades a las que San

Pablo escribe es exquisita. Tamez trata de relacionar el mensaje paulino con los

conflictos de clase de privación económica bajo la rúbrica de la justicia de Dios.

Otros trabajos sobre las cartas pastorales desde la perspectiva sociológica los

encontramos en la disertación de David C. Verner, The household of God. The social

world of the Pastoral Epistles, y en el trabajo de David L. Balch, Let wives be submissive.

The domestic code in I Peter. Verner aborda los códigos de la familia en las cartas

pastorales y en el mundo helenístico y judío para comprender el contexto sociológico en

que estos códigos funcionaron. Alega que los códigos de la casa sirvieron para cuestionar

las enseñanzas de otro tipo de cristianismo más igualitario, donde las mujeres se habían

emancipado a través del ascetismo y donde se planteaba que había algún tipo de igualdad

entre los grupos y clases que estaban estratificados en la sociedad. Plantea que la tradición

sobre San Pablo y Tecla es un ejemplo de esa otra alternativa eclesial paulina en el

segundo siglo. Las pastorales sirvieron para acomodar el cristianismo a las organizaciones

patriarcales grecorromanas. En la pugna sobre la imagen de San Pablo en el segundo siglo,

las cartas pastorales eran más aceptables para «los poderes que están» que estas otras

imágenes igualitarias. Las pastorales asumieron y legitimaron como locus teológico el

orden social grecorromano (Verner 186).

Juan Bek ha publicado en la Revista Bíblica un trabajo sobre sociología en los

estudios paulinos relacionado a 1 Corintios, titulado «Pablo y el modelo carismático de la

157
iglesia en Corinto, ¿éxito o fracaso?» En este trabajo Bek repasa los trabajos de Gerd

Theissen, N. Elliot, R.F. Hock, E.A. Judge, A. J. Malherbe, W.A. Meeks, Murphy

O'Connor y Ben Witherinton entre otros. Estos trabajos señalados son trabajos en

sociología paulina. Siguiendo a Meeks, Bek plantea que el modelo eclesiológico de Pablo

en la comunidad de Corinto fue el de la casa. El valor de este modelo es que nos permite

describir cuántas personas podían reunirse en las comunidades paulinas, y el lugar donde

estas reuniones podían darse: «ya que por las exigencias de espacio, las casas de los

miembros más adinerados cualificaban mejor que las casas de los miembros más humildes

y menos pudientes para servir de lugar de reuniones de la comunidad cristiana, esto podía

ocasionar desviaciones y abusos» (7). Esto nos ayuda a comprender el diálogo que San

Pablo tiene con los miembros de la elite en Corinto y los conflictos de discrimen que había

en la Cena del Señor.

En este mismo ensayo, siguiendo los trabajos de Theissen, Meeks y Witherinton,

Bek entra en una discusión sobre los problemas de estratificación de clases en Corinto.

Plantea que la iglesia de Corinto reflejaba una muestra de la comunidad social de Corinto.

Al respecto nos dice Bek: «Este hecho es de gran significado. El peligro consiste en que las

diferencias de clase y status que existen en la ciudad, se proyecten también en la iglesia:

las ambiciones, el “social climbing”, y la movilidad social..., podrán amenazar la unidad

eclesial» (13).

Un punto adicional que presenta Bek es que el modelo de funcionamiento

carismático en Corinto es frenado en las epístolas pastorales porque fue un modelo

disfuncional de administración de la vida comunitaria. MacDonald argumenta en esta

misma línea, pero siguiendo la teoría de Webber, para plantear que de acuerdo con el

158
desarrollo de un grupo sectario, así pasará de la sociología sectaria a procesos de

consolidación y disminución del liderato carismático inicial.

David Balch ha abordado también los códigos de la casa, pero en 1 Pedro. Alega

Balch que la función social de los códigos de la casa en 1 Pedro era «reducir la tensión

sociopolítica entre la sociedad y las iglesias» (Balch 81, traducción mía). Señala Balch que

los códigos no eran debido a que los cristianos estuvieran violando las normas sociales

grecorromanas, sino que tenían como propósito calmar a los amos, maridos y autoridades

de que los cristianos no eran una amenaza para «los poderes que están» (Balch 108-109).

John H. Elliott publicó en 1981 un clásico en la aplicación de la sociología a la

lectura del Nuevo Testamento. Nos referimos al libro Un hogar para los que no tienen ni

patria ni hogar. Estudio crítico social de la carta primera de Pedro y de su situación y

estrategia. Plantea Elliott que más que conocer el contexto sociológico --la tarea de la

historia de las formas-- lo que se necesita es saber «cómo y porqué estas circunstancias

hicieron surgir la producción --literaria-- bajo consideración. Lo que se necesita es un

medio para conceptualizar y explicar la interrelación entre la literatura bíblica y su mundo

social, las condiciones bajo las cuales documentos específicos fueron producidos y

circulados, y las funciones sociorreligiosas que tales productos fueron diseñados para

servir» (Elliot 13, traducción mía). El valor heurístico de este trabajo de Elliott consiste en

que a través de la sociocrítica abre nuevas perspectivas para interpretar a 1 Pedro.

Alega Elliott que los peregrinos y advenedizos que se mencionan en 1 Pedro no son

figuras metafóricas, sino conceptos reales que describen la situación social de los

destinatarios. Los destinatarios eran inmigrantes marginados que ahora, además, eran

cristianos. Su situación de marginación es abordada a través del modelo de sectas de

159
Bryan Wilson. Plantea Eliott que la comunidad de 1 Pedro puede ser comprendida a través

de la tipología de secta conversionista de Wilson. Elliott les describe como una secta

mesiánica.

Una secta conversionista mesiánica mantiene una tensión con la sociedad. No se

retira de la sociedad, ni se asimila, sino que articula un conflicto ideológico en el que llama

a sus constituyentes a reafirmarse y a resistir. La tipología de sectas ayuda a comprender el

discurso de 1 Pedro. Las sectas surgen en conflictos. En sus estadios iniciales son un

grupo dentro de una entidad mayor. Poco a poco son marginados por el grupo mayoritario

debido a que asumen posiciones que cuestionan la identidad corporativa, el ejercicio del

poder y la conducta moral del grupo mayoritario. Finalmente son disociados del grupo

mayoritario.

La respuesta de la secta es un autoentendimiento como una comunidad elegida,

favorecida, con una revelación especial y observante de un código moral riguroso. La

secta demanda una alianza exclusiva. Es dentro de esta tipología que podemos leer a 1

Pedro con una visión más amplia de su contexto histórico social.

Un modelo político-económico para leer el Nuevo Testamento

¿Cómo eran las relaciones políticas y económicas en la antigüedad? Varios

trabajos abordan esta pregunta. La relación entre las ciudades, las aldeas y el mundo

agrario eran parte de un sistema de interrelación social. Un sistema urbano es una

concentración que incluye aldeas, pueblos y ciudades. En términos horizontales, las

ciudades y las aldeas asumen papeles diferenciados interrelacionados. En términos

verticales, la relación se caracteriza por un patrón de relaciones de clase social. Las

ciudades se apropian de la sobreproducción del campesinado. Las aldeas no tienen la

160
capacidad de proteger ni acumular la sobreproducción. Por lo tanto, las ciudades acumulan

lo que los campesinos producen sobre el mínimo de subsistencia. Las ciudades, por medios

burocráticos, militares, comerciales o fiduciarios se convierten en centros de control del

uso de la tierra y la materia prima. Esta relación entre los productores agrarios y los

acaparadores citadinos de la producción generará una estratificación entre estos grupos19.

En términos ecológicos y demográficos, las ciudades eran pequeñas. Entre el 5 y el

7 por ciento de la población vivía en las ciudades. La Roma del primer siglo tenía a lo más

200,000 habitantes. Jerusalén tenía como 40,000 habitantes. Jericó y Megido no tenían más

de 12 acres, Jerusalén en tiempos de Jesús tenía 46 acres.

En las ciudades de la antigüedad vivían dos grupos: la elite y los artesanos que no

pertenecían a la elite. La elite variaba entre 5 al 10 por ciento de la población de la ciudad.

No obstante, dominaba tanto el campo como la ciudad. Era el único grupo con dinero

disponible, por lo tanto, el único mercado de la antigüedad. Su control del sistema político

y económico era legitimado por la burocracia religiosa y formativa de la gran tradición de

la antigüedad. En la gran tradición se articulaban los valores culturales, religiosos y la

cosmovisión de la elite.

Los artesanos eran la mayoría de la población de la ciudad. Su función era servir a

las necesidades de la elite. Aunque la tasa de nacimientos era alta para todos los pobladores

de la ciudad, la tasa de supervivencia era muy baja para los que no eran miembros de la

elite. Por lo tanto, la población de la ciudad tenía que ser suplida con campesinos

desplazados que se convertían en asalariados diarios al borde de la marginación.

19
Gottwald 1992, ha presentado un trabajo de sociología de conflicto para describir la explotación del campesinado a manos de los grupos
tributarios locales y los grupos tributarios colonialistas desde una perspectiva de la antropología económica marxista. Pixley (1991) también ha escrito una
pequeña historia de Israel desde este tipo de modelo tributario.

161
La producción de los artesanos de la ciudad era en pequeña escala, en talleres en

sus casas o pequeños negocios. Pocos empleaban a otras personas más allá de los

miembros de su familia en la producción artesanal. La elite controlaba por medios políticos

y militares el proceso económico, lo que le permitía poner tributos a la producción agraria

de la cual derivaban sus privilegios.


En términos de la organización del espacio geográfico, en el área central de la ciudad se encontraba el palacio, el templo y las
residencias de la elite política y religiosa. Usualmente, el centro era rodeado por una muralla para regular la comunicación y para
proteger a la elite. Los mercados eran a lo largo del centro religioso de la ciudad. Entre las murallas internas y las murallas externas de la
ciudad vivía el artesanado. Éstos estaban agrupados por grupos étnicos o por grupos artesanales. Las calles no estaban pavimentadas.
Eran esencialmente zaguanes. No había sistema de alcantarillados para la no-elite, por lo cual las calles recogían aguas negras.
Espacios abiertos eran mínimos y se utilizaban para reuniones, ceremonias y anuncios públicos. Grupos de oficio, étnicos o familias
particulares se organizaban en gremios y controlaban espacios específicos en la ciudad. Las puertas en la muralla interior controlaban la
interacción entre los grupos y de noche se cerraban las puertas cortando toda interacción entre grupos. Este control de acceso
(territorialidad humana) era una forma de controlar áreas geográficas y servía de marcador para clasificar la gente y para legitimar el
poder.

Las relaciones entre clases era mínima. Los miembros de la elite urbana reducían al

mínimo sus contactos con grupos fuera de la elite y se limitaban a obtener servicios y

bienes necesarios de estos grupos. El sistema de honor castigaba a cualquier miembro de la

elite que socializara con miembros fuera de la elite.

Las comunicaciones eran esencialmente a través de juglares, cantantes, hacedores

de cuentos, actores, poetas, sacerdotes, magos y astrólogos. El medio de comunicación era

esencialmente la tradición oral. La elite era la única que poseía medios de comunicación

escrita, los cuales utilizaba como un medio de control social.

R. Stark (Stark, 189 ss.) hace un trabajo de descripción de la ciudad de Antioquía

de Siria en la antigüedad. Las ciudades grecorromanas eran pequeñas tanto en área como

en población. Esto nos permitir calcular con mayor precisión la densidad poblacional.

Aunque la población era pequeña, la densidad poblacional era muy alta. Stark alega que la

densidad poblacional de Antioquía era de 205 habitantes por milla cuadrada.

162
Esta situación de densidad poblacional generaba serios problemas sanitarios. Dada

la tecnología con que contaban aquellas sociedades, las ciudades grecorromanas eran

extremadamente sucias. Aunque los acueductos traían agua a las ciudades, ésta era de muy

mala calidad, contaminada y mal distribuida. En términos de los baños públicos, estos

eran, en general, un privilegio de las clases altas. Lo mismo sucedía con las letrinas

públicas. Así que en una ciudad grecorromana se dependía de potes y envases para suplirse

de agua y para las necesidades biológicas.

Podemos inferir que la situación de la mayor parte de las ciudades de la

antigüedad podría ser similar a la de Antioquía. Las calles eran estrechas (parecidas a los

zaguanes de las ciudades coloniales en el Caribe). No había edificios muy altos en la

antigüedad. La mayor parte de la población vivía en pequeños cuartos en estructuras de

pocos pisos llamadas «ínsulas». Las estructuras donde habitaba la gente eran parecidas a

«cubículos». Esto implica que en las ciudades grecorromanas la privacidad era muy

limitada, si alguna. El cuarto de domicilio promedio servía sólo para dormir y guardar

algunas posesiones.

Las habitaciones donde vivía la gente eran generalmente oscuras, húmedas, sucias

y hediondas. El olor a excremento, orín, sudor, excremento animal, letrinas abiertas, y

cadáveres era inimaginable. Por esto los antiguos le daban tanto valor al incienso. Ante

estas condiciones higiénicas, la cantidad de moscas, mosquitos y otros insectos era parte

del cuadro ecológico de una ciudad grecorromana. Esto a su vez se complicaba con las

enfermedades y las plagas. Periódicamente las enfermedades mataban entre el 20 y el 30

por ciento de la población.

163
Las expectativas de vida eran pocas. La mortandad infantil y las enfermedades

hacían que fuera necesario un alto nivel de fertilidad para prevenir que la población se

redujera. La salud de los sobrevivientes era muy mala. MacMullen describe la situación de

salud de la siguiente manera:

Ojos irritados, erupción en la piel, extremidades amputadas se mencionan


constantemente en las fuentes como parte de la situación urbana (Stark, 195,
traducción mía).

Otra forma de mantener la población era la entrada constante de extranjeros a las

ciudades grecorromanas. Esto implicaba la posibilidad de conflictos culturales dentro de la

sociedad. Si a esto se le suman los desastres naturales, tenemos un cuadro sombrío de

miseria y muerte.

Oakman (Oakman 151-180) presupone un modelo de conflicto social entre la

ruralía y el mundo urbano de la antigüedad. La teoría contraria es la teoría funcional donde

se abordan las sociedades como organismos con necesidades en las cuales las conductas

sociales colaboran en la funcionalidad de dicha sociedad. Un modelo funcional ve los

conflictos como procesos necesarios para buscar el balance u homoestasis social. El

modelo de conflicto plantea que las sociedades son el lugar donde se dirimen intereses y

grupos en competencia. Este modelo asume unas relaciones sociales donde la hostilidad,

amargura y opresión caracterizan las relaciones sociales. «Los poderes que están» son el

grupo que pudo imponer su hegemonía sobre los demás grupos.

Las sociedades de la antigüedad eran esencialmente agrarias. El factor de

producción esencial era la tierra. Por lo tanto, quien controlara la tierra controlaba el poder

y los privilegios de aquella sociedad. Por otro lado, dada la escasez del factor tecnológico,

164
la producción agraria tenía un bajo rendimiento. Las elites de las ciudades controlaban la

tierra a través de rentas y tributos y, por lo tanto, se estratificaban en dos clases, las elites

propietarias de la tierra y el poder y el campesinado productor.

La elite de la ciudad era como el 2 por ciento de la población y estaba constituida

por el grupo gobernante, el grupo sacerdotal, los funcionarios del grupo gobernante, los

soldados, los recolectores de tributos y los mercaderes. La no-elite estaba constituida del

campesinado (90 por ciento de la población) y los artesanos y desplazados en las ciudades

era el restante 8 por ciento.

El proceso económico estaba ligado a la agricultura. El intercambio era por trueque.

Las elites extraían parte de la producción agraria a través de impuestos y rentas, o a través

de la esclavitud. Las ciudades eran los centros de control de la producción agraria. Las

ciudades tenían una relación parasitaria con el campesinado. A través de impuestos y

rentas las ciudades se convertían en centros administrativos del proceso productivo.

La tasa de interés (hasta un 50 por ciento) y los impuestos nativos, sacerdotales y

extranjeros generaban un ciclo de endeudamiento y pérdida de los terrenos de los

campesinos a manos de la elite gobernante.

En este contexto, los campesinos tenían una visión de la producción como algo

limitado a la subsistencia. Las relaciones entre los campesinos se percibían a través de la

envidia. Si alguno de momento estaba mejor que los demás, era percibido como un ladrón

al cual se le negaba el honor. Los campesinos se rebelaban sólo si la subsistencia era

puesta en juego. Los asuntos esenciales en las rebeliones campesinas eran la abolición de

deudas y la redistribución de tierras (Neh 5; Mc 12).

165
Los medios de control de la elite eran varios. Por un lado, la relación de patrono-

cliente servía como relación entre desiguales. Un miembro de la elite ayudaba a un

campesino o un artesano en alguna necesidad. La persona que recibía este favor –cliente--

reciprocaba a su patrono con lealtad y servicios. Si el sistema de patrono-cliente no podía

controlar las relaciones sociales entre el campesinado y la elite, ésta podía imponer sus

relaciones de explotación a través de la violencia militar. Además, la elite contaba con la

religión, la cultura y la educación para legitimar sus privilegios. La religión podía legitimar

la superstición y la magia, los privilegios de la elite y el orden social a través de mitos. No

obstante, la religión también podía aliarse a la protesta social del campesinado, como

hemos visto en la tradición profética y en las tradiciones de Jesús.

En 1991, Pixley publicó una historia social de Israel desde sus orígenes y hasta la

destrucción del año 135 d. C. titulada Historia sagrada, historia popular: Historia de

Israel desde los pobres (1220 a. C. a 135 d. C.). El valor de esta obra es la clave

sociológica de análisis marxista a la historia de Israel. Pixley asume el análisis marxista de

sociedades precapitalistas de la antropología marxista junto a la clave teológica del éxodo.

Interpreta Pixley la historia de Israel a través de un modelo de producción y distribución

tributario como la base para los conflictos con la ideología igualitaria del éxodo. Este

período histórico se describe básicamente como que un rey con un grupo de funcionarios

administrativos, militares y religiosos, mantenía su poder y sus privilegios a costa de la

explotación tributaria del campesinado en las aldeas alrededor de una ciudad.

La función de la religión en este proceso era, por un lado echarle un dosel sagrado a

este regimen de explotación a nombre de la divinidad o, por el otro, denunciar a nombre de

lo sagrado la opresión e injusticia de esta construcción social. El texto bíblico es el testigo

166
de esta construcción social y los conflictos entre los que legitimaron este sistema y los que

soñaron con una sociedad igualitaria a nombre del Dios del éxodo.

En Latinoamérica ha habido una proliferación de trabajos desde la perspectiva

sociológica. Sandro Gallazzi, en un artículo titulado «Celebremos las justicias de Yavé»,

aplica los estudios de la relación conflictual campo-ciudad para releer el libro de Jueces.

Nota que una lectura superficial del texto parece legitimar una guerra de Israel contra los

cananeos, pero una lectura más detallada muestra que lo que se relata es una revolución

social de los campesinos contra los reyes y sus ciudades. De aquí surge la tradición de la

guerra santa. Afirma Gallazzi que «no es una guerra contra las poblaciones, no es una

guerra contra los pueblos de la tierra. Estos no serán exterminados; por el contrario, todos

los pueblos de la tierra sabrán cuan poderosa es la mano de Yahvé».

Como ya dijimos, la guerra santa es contra las ciudades y contra los reyes (20).

Para Gallazzi, esta es una lucha de campesinos que buscan construir una sociedad

igualitaria sin rey y sin ciudades. La tierra será distribuida entre los campesinos y sólo se

salvará una mujer explotada de la ciudad, Rahab la ramera. Gallazzi rastrea esta tradición

de lucha por una sociedad igualitaria y la encuentra en las tradiciones proféticas, en Jesús,

en la historia de Judith y en Apocalipsis. La voz de los opresores citadinos también se

articuló en las tradiciones de Esdras-Nehemías, en las tradiciones de Sión y en las

tradiciones religioso-políticos de los opositores de Jesús. .

Elsa Tamez tiene una larga lista de publicaciones hechas desde perspectivas

sociológicas para leer el Nuevo Testamento. El DEI ha publicado su tesis doctoral, Contra

toda condena: la justificación por la fe desde los excluidos. La parte que nos interesa de

esta obra, desde luego, es la exegética. En la descripción de las comunidades paulinas que

167
aparecen en el Nuevo Testamento, Tamez investiga diligentemente los aspectos de

opresión económica de los grupos marginados en las ciudades helenísticas. Esto incluye

una descripción de lo que era un artesano, que de acuerdo con el libro de Hechos era el

oficio de Pablo, y una descripción del contexto de clases en las sociedades grecorromanas.

En el prefacio a las cartas hace una descripción del modo de producción esclavista que era

el sistema social predominante para el imperio romano, el urbanismo y cómo se hacía la

explotación en aquella sociedad. Incluye una descripción de la situación de las mujeres en

los textos pertinentes. Plantea que para comprender el discurso sobre la justicia de Dios,

hay que situarlo en aquel contexto de poder, privilegio y explotación.

El autor de este libro ha utilizado modelos de la sociología en varios trabajos

escritos. Primeramente utilizó modelos de la sociología del conflicto, el trabajo sobre la

estratificación de clases de Gerard Lenski en sociedades agrarias y otros estudios de

sociedades agrarias para leer algunas parábolas, historias de milagros y dichos del Jesús

histórico en su disertación doctoral en la Universidad de Drew en 1992. Recientemente

Ribla (agosto 1996) publicó un trabajo sobre los estudios agrarios y las parábolas de Jesús

en el Evangelio de Tomás. Para Caribe publicó un ensayo sobre los estudios recientes de

sociología en la literatura del Nuevo Testamento.

La antropología cultural para leer el Nuevo Testamento

George Devereux ha hecho una distinción entre el significado del concepto

sociedad y el concepto cultura. «...La sociedad es... un grupo organizado de individuos.

La cultura..., es un grupo organizado de ideas, hábitos y respuestas emocionales

condicionadas, compartidas por los miembros de una sociedad» (Bohannan y Glazer 205 ).

Pero para que haya una sociedad es necesario que el agregado social comparta una cultura.

168
De otra manera no habría sociedad, sino un colectivo de personas sin posibilidad de

comunicación o comunidad. Por lo tanto, la cultura compuesta por las ideas, símbolos,

hábitos, actitudes, etc., es lo que permite que un colectivo sea una sociedad. Estas ideas,

símbolos, hábitos, rituales, etc., marcan en el espacio y el tiempo quién pertenece a un

grupo y quién está fuera. En la medida en que haya esos marcadores culturales, hay

posibilidad de significado en una sociedad y, en cierta forma, podemos decir que el mundo

le hace sentido a la sociedad. Si uno borrara las líneas de ideas, conductas, imaginario

simbólico, etc., entonces no habría comunidad entre los individuos y, por lo tanto, no

habría sociedad. La antropología cultural estudia estas ideas, valores y símbolos que

permiten que haya una sociedad.

Malina ha sido el pionero en los trabajos de antropología cultural aplicados a la

lectura del Nuevo Testamento. La antropología cultural está interesada en los estudios

comparativos de sociedades y culturas y busca formular teorías generales sobre cómo la

cultura cambia en respuesta a tales cosas como alteraciones en el medioambiente, aumento

poblacional, introducción de nuevas tecnologías. El objetivo es producir una teoría de la

cultura en asuntos sociales como las creencias, el sistema de parentesco, el ejercicio del

poder, los símbolos que reflejan el entendimiento del mundo que tiene una sociedad y otros

asuntos, como los valores primarios que definen la conducta en una sociedad (Rogerson

1992). De acuerdo con Malina una cultura es «un sistema organizado de símbolos por

medio del cual personas, cosas y acontecimientos reciben más bien un significado y valor

compartido específico y social» (Malina 1981, 9). Un grupo cultural es «un grupo de

personas que comparten tales juegos de significados y generalmente tienen sentimientos

fuertes sobre los significados compartidos dentro del grupo»(Malina 1984, 11). Argumenta
169
este autor que hay una serie de valores que son los que constituyen una cultura: (1)

percepción, (2) sentimientos, (3) acciones, (4) creencias, (5) cosas admiradas, (6) cosas por

las que se lucha en la vida.

Cuando leemos la Biblia, es necesario que nos demos cuenta del fenómeno de la

distancia cultural. No reconocer esa distancia nos podría hacer que interpretáramos

acontecimientos culturales dentro del texto bíblico a la luz de nuestra cultura y nuestro

contexto social e interpretativo. En la antropología a este proceso de leer textos de otra

cultura con conciencia de la distancia cultural se le conoce como «emic» y «etic». «Emic»

es la forma en que el texto distante, o si fuera en una investigación de campo, los nativos

perciben, narran y explican los fenómenos dentro de sus categorías, conocimiento popular,

experiencia en su localización histórica, social y cultural. «Etic», por otro lado, se refiere a

las perspectivas que trae el investigador. Una lectura «etic» del fenómeno asume un

modelo transcultural para comparar y explicar el discurso del texto antiguo y distante. Un

ejemplo de esto lo podríamos dar en los relatos de enfermedad en el Nuevo Testamento.

La descripción de un enfermo, desde nuestra perspectiva, nos traería a colación preguntas

sobre el diagnóstico médico, la patología física de acuerdo con los síntomas. Pero el

mundo bíblico, en su naturaleza precientífica y distante de nosotros --emic--, nos plantearía

una explicación sobre el pecado de la persona, o algún poder demoníaco que causa esta

situación en el enfermo.

Utilizando a Mary Douglas, Malina plantea que un modelo de antropología cultural

debe trabajar sobre dos ejes: grupo y enrejillado. El grupo se refiere al grado de presión

social sobre un individuo para que éste se conforme a las normas de la sociedad. El

enrejillado (grid en inglés) se refiere a la adherencia normal dada por los miembros de una

170
sociedad al sistema de símbolos prevaleciente que permite que una sociedad tenga orden y

comprenda sus experiencias.

El eje de los enrejillados sociales va desde donde hay un enrejillado alto y hasta un

bajo enjerillado social como los ejes. El enrejillado se refiere al ajuste entre los conceptos

sociales compartidos y la experiencia humana. Una sociedad de alto enrejillado es aquella

donde los individuos y los grupos mayoritariamente se ajustan a las normas sociales. Una

sociedad donde los individuos o los grupos dudan o pasan por alto los conceptos sociales

compartidos se considera una sociedad de bajo enrejillado.

En el libro Christian origins and cultural anthropology: Practical model for

biblical interpretation, Malina aborda el modelo de antropología de Douglas. Este modelo

presenta un catálogo de siete categorías sobre un eje de cuatro factores de cohesión social.

Estas siete categorías para describir una cultura son: (1) su entendimiento del sistema de

pureza, (2) los ritos a través de los cuales se identifican lugares sagrados en una cultura, (3)

la identidad personal, (4) el cuerpo como un símbolo cultural, (5) el pecado como una

violación de las reglas formales, (6) la cosmología y (7) el sufrimiento y la tragedia. Estas

siete categorías son organizadas dentro de cuatro factores sociales desde donde los valores

del grupo tienen poca importancia y hasta donde los valores del grupo tienen gran peso

como ejes polares.

El otro concepto que Douglas plantea es el de grupo fuerte o grupo débil. La

categoría de grupo se refiere al grado de presión social ejercido sobre el individuo o el

subgrupo para que se conforme a las demandas de la sociedad de manera que esté dentro

del colectivo que se autoentiende como «nosotros». Malina señala que el mundo bíblico

era un mundo donde los individuos se conformaban fuertemente a las expectativas

171
sociales. La personalidad de los antiguos la categoriza como diádica. Una personalidad

diádica depende del grupo para definir su identidad. En este tipo de sociedad, la familia, el

clan, el grupo étnico son los que definen al individuo. Una sociedad donde la personalidad

era una construcción social y donde se esperaba que las expectativas del grupo fueran

conformadas por éste, tenía un valor pivote: honor y vergüenza.

Un valor central de la antigüedad es el sistema de honor y vergüenza. El honor es

el reclamo al valor social y la aceptación pública de ese reclamo. La vergüenza es la

negación y repudio público del honor reclamado. Malina plantea que el honor puede

describirse como «la actitud y conducta apropiada socialmente donde las tres líneas del

poder, el status sexual y la religión intersecan» (Malina 29, traducción mía).

Hay dos tipos de honor. El primero es el honor adscrito: este es el honor que uno

ha recibido o heredado. Este honor no tiene que ver nada con lo que uno ha hecho. Es el

honor que tiene una persona por ser descendiente de una casa sacerdotal o por ser

descendiente de David. El segundo tipo de honor es el honor adquirido. Éste es el honor

que uno ha recibido por los logros propios en la sociedad. Si una persona ha sobresalido

en su sociedad por alguna acción valiosa, eso sería el honor adquirido. En una sociedad

donde los valores de honor y vergüenza son centrales, toda comunicación entre dos partes

es un tipo de reto que requiere respuesta. Cualquier comunicación es una acción positiva o

negativa contra el honor de una persona. El receptor de la comunicación percibe la acción

como una afirmación o cuestionamiento de su honor en la sociedad. Por lo tanto, el

receptor está obligado a responder. El público afirmará el honor o el deshonor del

receptor. Pero la respuesta será a su vez una vuelta al primer punto de la transacción de

honor y vergüenza, pero ahora para quien envió la comunicación original, que se ha

172
convertido en receptor. Este tipo de relación se conoce en la antropología como una

cultura agonística. El concepto agonista proviene del griego, donde significa competencia.

Este tipo de cultura se tipifica por una constante relación donde el honor de todo el mundo

está en competencia y, por lo tanto, amenazado. Los relatos de conflicto entre Jesús y sus

adversarios en Marcos 2 o en Lucas 7 y el relato de la mujer pecadora que llora a los pies

de Jesús son ejemplos de situaciones donde el honor de Jesús es cuestionado. Para Jesús

mantener su honor, tenía que ripostar convincentemente a sus antagonistas. Pero como en

este tipo de sociedad cualquier afirmación afirma el honor de una parte, pero a su vez

cuestiona el honor del opositor, esto coloca a las personas en conflicto en un espiral sin fin.

En una cultura agonística las cuestiones de honor y vergüenza se responden rápidamente y

con astucia. De otra manera se pierde el honor y se recibe una dosis de vergüenza.

En una sociedad de honor y vergüenza hay tres niveles de deshonra. El primer

nivel es aquel de una extrema o total deshonra. En estos casos no es posible restituir el

honor. Casos como asesinato, adulterio, secuestro, no hay manera de repararlos en una

sociedad de honor y vergüenza. Un segundo grado de deshonra incluye aquellas acciones

en las que el sujeto tiene la posibilidad de recuperar su honor. Conductas como el robo, la

seducción de una joven soltera y otras conductas similares tienen reparación posible en la

tradición bíblica. Un tercer grado de deshonra es la interacción regular y normal de una

sociedad. Esto incluye la necesidad de reciprocar a alguien que te ha hecho un regalo con

un regalo similar, permitir que tome en matrimonio uno de los hijos de una familia si se

permite que los hijos de la otra familia se casen con las hijas de la otra y otros sucesos

similares.

173
En las sociedades agrarias, el honor estaba segmentado por género y había un

estándar doble para el hombre y la mujer. El honor del hombre estaba simbolizado por

todo lo que subrayara su masculinidad, su coraje, su autoridad sobre su familia y su

disponibilidad para defender su reputación y negarse a someterse a la humillación. El

honor de la mujer era simbolizado por su castidad, su discreción, su timidez. Las mujeres

tenían que parar en seco cualquier avance hacia su espacio simbólico. Los hombres tenían

que dar a respetar el honor y pureza de las mujeres en su grupo (esposa, hija, hermana).

Pero a la vez, en el proceso de probar su hombría, podían tratar de penetrar el espacio

simbólico de otras mujeres. El espacio de los hombres era el exterior. Por lo tanto, podían

ser comerciantes, pastores, predicadores deambulantes, sin que su honor fuera seriamente

cuestionado. Las mujeres tenían un espacio para su honor, dentro de la casa. Todo lo

referente a la interioridad de la casa y la aldea era el espacio de las mujeres. Si una mujer

violaba los espacios de honor le creaba un problema de honor a su padre, su hermano y a

su marido. Así, un padre, un marido o un hermano serían avergonzados si una mujer

violaba el papel o los espacios apropiados a las mujeres. Es dentro de este tipo de ambiente

cultural que podemos leer asuntos como el velo de las mujeres en 1 Corintios 11.3ss y el

intento de someter a las mujeres al orden patriarcal (1 Cor 14.34ss; 1 Tim 2.11ss). En una

cultura agonística, el sistema de honor servía para sostener y legitimar el orden patriarcal.

Nancy Cardoso Pereira ha escrito un ensayo titulado «Comida, sexo y salud,

leyendo el Levítico en América Latina». La virtud de este trabajo es el uso de la

antropología cultural como herramienta de lectura de las tradiciones sacerdotales en el

libro de Levítico. Alega Cardoso que las tradiciones de santidad que poseemos en Levítico

en su etapa final son parte de la organización cultual sacerdotal en el período persa. Pero

174
estas tradiciones son mucho más antiguas y atestiguan una larga historia cultural de cómo

se abordaron, a través de la historia de Israel, los elementos que tenían que ver con la vida,

la enfermedad, la muerte, la procreación y la distribución. Cuando los lectores y las

lectoras reconstruyen el texto desde una perspectiva cultural descubren que la edición

sacerdotal final tuvo una función de control social y religioso, pero que las tradiciones

codificadas tenían una intención distinta en sus orígenes. Cardoso aborda este tipo de

tradiciones sobre los alimentos, la sexualidad, los fluidos del cuerpo y las enfermedades

desde una perspectiva de antropología cultural comparada. Varios ejemplos de un posible

significado previo en estas tradiciones nos presenta Cardoso.

Así, las tradiciones sobre el cuerpo de Dios en los cuales Moisés, el pueblo o un

grupo ven a Dios indica que la deidad tiene un cuerpo. Con esto se señala lo sagrado de la

experiencia corporal humana. Luego, los sacerdotes reprimieron estas tradiciones con otras

tradiciones que hacían a Dios como trascendente en su empeño de separar a Dios de la

experiencia humana y para validar la jerarquía que ese «Dios» sacerdotal legitimaba. Lo

mismo nos sucede con el código de pureza. Mirado desde una perspectiva antropológico,

originalmente apuntaba a situaciones vitales y a proteger la vida. Presentaba técnicas que

controlaban las situaciones de riesgo (139).

Plantea Cardoso que «la comida, la sexualidad, la salud son dinámicas de

reproducción de la vida social. Alrededor de estas dinámicas se originan procedimientos y

rituales que garantizan o restauran el orden/salud de todo el grupo» (140). Los tabúes le

daban significado a la comida, el sexo, y la enfermedad y funcionaban como sistema de

protección de un grupo. Los sacerdotes, sin embargo, usaron estos sistemas de vida para

excluir grupos, mujeres y para legitimar su poder sobre el culto. Los tabúes pasaron de ser

175
instrumentos de vida cultural a legitimar del poder cultual de los sacerdotes y la exclusión

de las mujeres, los demás israelitas y los extranjeros. Una lectura antropológica de estos

textos que tiene ojo crítico y puede trascender el intento de los sacerdotes en el período del

segundo templo se da cuenta que, en última instancia, estos tabúes apuntaban más bien a

celebrar y cuidar la vida humana (152) en las comunidades.

Guillermo Ramírez ha presentado y aprobado una tesis doctoral en la Universidad

de Emory titulada «The social location of the prophet Amos in light of a cultural

antropological model». En este trabajo utiliza el modelo de la antropología cultural de

Mary Douglas y Bruce Malina para abordar el contexto sociológico del profeta Amós.

Plantea Ramírez que el análisis de la crítica de las formas no nos permite inferir con

confiabilidad la matriz social. El análisis de las formas lo que puede plantear es la

estructura que nos ayuda a catalogar por género un texto. Inferir de la estructura el género

literario es, en el menor de los casos, osado. Por lo tanto, se necesita otro modelo que nos

ayude a reconstruir el contexto vital: la antropología cultural.

El modelo de la antropología cultural abordará el texto desde dos ejes: grupo y

enrejado cultural (gríd). La dimensión de grupo abordará las variables de jerarquía versus

igualitarismo en una sociedad, mientras que el cuadrante del enrejado cultural abordará las

variables de pureza, ritos, identidad personal, cuerpo, pecado, cosmología, sufrimiento y

desgracia (69-88). Ramírez le aplica este modelo a una serie de perícopas de Amós para

reconstruir el contexto social más ampliamente.

El valor de este modelo para el análisis bíblico es su amplitud. Por un lado está

abordando asuntos de clase y cohesión social; por otro lado está abordando el mundo

176
simbólico del ser humano. Ramírez ha utilizado una metodología heurística para analizar el

texto bíblico que puede ser trasladada a otros textos bíblicos adicionales a Amós.

El texto bíblico presenta este tipo de sistema de valores en todas las interacciones

que nos relata. Nosotros y nosotras tenemos otro sistema de valores distintos y, por lo

tanto, cuestionamos muchos relatos bíblicos o simplemente no apreciamos este tipo de

valor en nuestro contexto cultural. Esto implica que todas nuestras lecturas bíblicas, de

todas maneras, estratifican sobre el valor que tienen los relatos. Así, relatos que

presuponen los valores culturales y sociales de la antigüedad son echados a un lado debido

a nuestra localización social. Por esto, en general, hemos abandonado los textos

esclavistas, los textos patriarcales y otros textos sobre las relaciones de género, por la

distancia que tienen con nosotros y nosotras. Esencialmente lo que hacemos es explicar el

contexto cultural y sociológico de estos textos y luego los echamos a un lado como no

pertinentes a nuestro horizonte hermenéutico. Otra alternativa es la anacronía histórica y

cultural de quienes no reconocen la distancia entre el texto y nuestro horizonte

hermenéutico.

El mileniarismo para leer la apocalíptica en el Nuevo Testamento

Otro tipo de análisis sociológico valioso para la comprensión del Nuevo

Testamento son los estudios sobre los fenómenos mileniaristas. Las ciencias bíblicas han

recibido la influencia de este tipo de estudios como un traslapo para releer el texto con las

herramientas de la sociología y la antropología.

Gran parte del Nuevo Testamento tiene una ideología apocalíptica como trasfondo.

El evangelio de Marcos (Mc 13), las cartas paulinas, y el libro de Apocalipsis tienen un

entendimiento apocalíptico de la historia y la vida humana. El apocaliptismo ha sido

177
abordado por los sociólogos, tanto desde la perspectiva bíblica como en las religiones

asociadas al Islam, al judaísmo, los cristianismos y otros fenómenos religiosos de la

humanidad. Este tipo de análisis ha sido utilizado para releer las tradiciones apocalípticas

en la Biblia hebrea (Hanson), y para leer las tradiciones apocalípticas en el Nuevo

Testamento20.

En términos de la teoría sociológica, se han escrito varios trabajos que nos pueden

facilitar la comprensión del fenómeno mileniarista en sectores del pueblo hispano. En esta

sección vamos a repasar las teorías de Hobsbawn, Reyner, Manheim (a través de Hanson)

y McGuire.

De acuerdo con Eric Hobsbawn, la esencia del mileniarismo es la esperanza en un

cambio total y radical del mundo que ha de reflejarse en el mundo venidero. El mundo

venidero será uno que superará todas las deficiencias del mundo actual. Un movimiento

mileniarista tiene tres características típicas: (1) un profundo y total rechazo del mundo

malo actual y un anhelo apasionado por un mundo mejor; (2) una ideología apocalíptica.

En esta ideología hay una convicción de que el mundo actual va a tener un final y que será

rehecho totalmente; (3) vaguedad en cuanto a la forma en que esta nueva sociedad se va a

producir. Los seguidores de un movimiento mileniarista, aunque tienen una oposición

simbólica a la realidad, no hacen revoluciones. Ellos y ellas esperan que Dios haga el

milagro. La tarea de la comunidad mileniarista es prepararse para el fin inminente, estar

pendiente de las señales del fin, escuchar a los profetas apocalípticos y hacer una serie de

20
Jewett ha abordado a 1 Tesalonicenses desde una perspectiva mileniarista. Esto mismo ha sucedido con varios trabajos sobre el libro de
Apocalipsis por Adela Yarbro-Collins et. al.

178
rituales y llevar una vida de pureza que les permita entrar a la nueva era. Estos

movimientos florecen en períodos de dislocación social.

Steve Reyner entra en una evaluación de la teoría de la privación relativa como la

percepción necesaria para una respuesta apocalíptica en un grupo. Alega que esta teoría,

aunque necesaria, no es suficiente, pues ante una privación relativa la gente da distintas

respuestas que no necesariamente son apocalípticas. La teoría de la privación relativa

intenta explicar cómo el apocaliptismo sirve para compensar la falta de justicia económica,

cultural, política, étnica o cualquier otra privación percibida por personas o grupos en una

sociedad. Una posible respuesta de un sujeto que perciba que ha sido privado de algún bien

social al que tenía derecho puede ser una ideología apocalíptica. No debemos olvidar que

Robert K. Merton ya nos había planteado que las personas que sufren privaciones pueden

dar respuestas no conformistas, comenzando con conductas desviadas y llegando a

conductas revolucionarias de intentar cambiar las estructuras sociales.

Paul Hanson utiliza la teoría de Karl Manheim para analizar el fenómeno

mileniarista. Alega que el mileniarismo es una respuesta de un grupo que está sufriendo la

desintegración de las estructuras socio-religiosas que le daban vida y los mitos que

sostienen estas estructuras. El grupo tiene una percepción de que ha sido alienado. Esta

alienación puede ser la destrucción física de las estructuras institucionales o puede ser que

un individuo o un grupo se encuentre a sí mismo excluido del universo simbólico de la

sociedad dominante. Hanson alega que ante esta situación de alienación la comunidad

puede dar varias respuestas:

La opresión y la pérdida de la franquicia social pueden llevar a una de tres


respuestas: (1) la comunidad se puede retirar y establecer una nueva sociedad
basada en su universo utópico simbólico, (2) pueden ceder de cara a la oposición e

179
irse al subterráneo (underground), llegando a una subsociedad que expresa su
identidad en un subuniverso simbólico, (3) de cara a la persecución, puede escoger
por responder con violencia, convirtiéndose en una comunidad revolucionaria que
construye un contrauniverso simbólico (Hanson 28-34, traducción mía).

Hanson usa este modelo para releer toda la literatura del período colonial en el

canon de la Biblia hebrea.

McGuire (1992) ha hecho un análisis del estado actual de la investigación sobre

grupos mileniaristas. Alega McGuire que en las sociedades donde se da una respuesta

mileniarista se requieren situaciones de crisis social que generen una anomia. Cuando un

sistema de significado social no es capaz de absorber una situación de crisis, se crea una

situación individual o social de anomia. Una anomia es aquella situación de crisis donde el

individuo o el grupo no puede restaurar el sentido de orden y significado de la vida

personal o colectiva. Por lo tanto, se pierde la base del sistema de normas sociales. No hay

base para distinguir entre el bien y el mal. La anomia es una crisis en el sistema de valores

de la sociedad (Durkheim). Una respuesta a este tipo de situación puede ser dada por la

religión. Una de estas alternativas es el apocaliptismo. El apocaliptismo es una ideología

del fin inminente de esta época anómica y la instauración de un glorioso futuro que supera

la presente anomia.

Hay una serie de factores que pueden ser la base social para una posible respuesta

apocalíptica. En primer lugar, la privación: todas las formas en que un individuo puede ser

o sentirse en desventaja con otros individuos o grupos o con objetivos socio-personales

internalizados. Situaciones de status social, físicas, éticas, psicológicas o económicas

pueden ser la base para una situación de privación relativa. Una respuesta posible a la

privación relativa es la ideología apocalíptica.

180
Otro factor que puede generar una respuesta apocalíptica en una comunidad es una

situación de dislocación social. La ideología apocalíptica puede facilitar que un grupo

dislocado socialmente proteste ante cambios sociales y culturales, a la vez que ofrezca a

sus miembros una comunidad de apoyo ante la impersonalidad, soledad y confusión

experimentada en la sociedad. Otro factor que puede precipitar una respuesta apocalíptica

en un grupo o persona es una situación de cambio socioeconómico.

Este tipo de modelo ha sido utilizado para comprender el apocaliptismo de Pablo,

Revelación, Marcos, Hebreos, 1 Tesalonicenses y otros libros de la Biblia hebrea como

Daniel, Ezequiel, y la literatura intertestamentaria.

La sociología del conocimiento y el libro de Apocalipsis

Leonard Thomson ha utilizado el modelo de Peter Berger para releer

sociológicamente el libro de Apocalipsis. De acuerdo con Berger una sociedad en su

proceso de validación y legitimación produce un conocimiento público con el cual sus

miembros son socializados Este conocimiento público se da a través del lenguaje y las

instituciones. Asimismo, este conocimiento ayuda a darle forma a las percepciones de sus

miembros y las respuestas que éstos pueden dar a la sociedad. Este es un conocimiento

socializador a través del cual conocemos y entendemos la construcción social en la que

vivimos. Participar en la sociedad es compartir estos conocimientos impartidos por la

misma. Aprender el conocimiento público es ser socializado. La cultura, la organización

social, las instituciones económicas generan una ideología que valida la sociedad en un

«conocimiento público».

El imperio romano ofrecía a sus bases sociales una estructura de la realidad

coherente e integrada de sus instituciones religiosas, sociales, económicas, políticas y

181
estéticas. En conjunción con este conocimiento público había un conocimiento revelatorio

de los videntes en el imperio romano que servía de dosel sagrado para legitimar las

estructuras sociales. Este conocimiento revelatorio servía para legitimar las construcciones

sociales de la sociedad.

El libro de Apocalipsis sirve de «conocimiento revelado» para «deslegitimar» al imperio

romano como un poder demoníaco. El autor de Apocalipsis construye este conocimiento

revelatorio opuesto al imperio romano a través de una serie de construcciones literarias.

Primeramente, el autor desaparece como foco principal y Dios y su ángel se convierten en los

agentes principales de la revelación. El lenguaje positivo y negativo en las metáforas de

Apocalipsis funciona como deslegitimizador del imperio romano. El mensaje a las siete iglesias,

ligado al resto de la visión, relaciona integralmente con las comunidades a la visión apocalíptica

posterior. Plantea Thompson que el conocimiento que se imparte en Apocalipsis es un

conocimiento «desviado»; esto es, un conocimiento que se desvía del conocimiento dado y

aceptado en general por el orden social. «El conocimiento apocalíptico devalúa, más que apoya,

las estructuras cognitivas, identidades, funciones, y normas del orden de la sociedad» (Thompson

181, traducción mía).

El conocimiento apocalíptico rechaza el conocimiento público del orden grecorromano. El

libro de Apocalipsis espera la destrucción de Roma. Por esto el lenguaje del vidente cuestiona el

orden público de la sociedad grecorromana. El lenguaje del vidente es subversivo y a su vez ofrece

un orden alternativo. El autor de Apocalipsis ve el imperio romano como un poder opresor, que es

constantemente peligroso y de hostigamiento. Por lo tanto, su lenguaje es de oposición al

conocimiento público. El conocimiento público se percibe a través del conocimiento visionario

como una máscara para la opresión y la violencia. El conocimiento revelado percibe a Roma como

182
la mentira primordial. Sólo el conocimiento revelado puede llevar al verdadero conocimiento del

estado real del mundo y de la sociedad grecorromana.

En nuestro contexto
Ya hemos mencionado algunos trabajos de estudiosos latinoamericanos que encuadran

dentro de las claves de lectura que hemos discutido. En esta sección presentaré otros trabajos

hechos en Latinoamérica o por latinoamericanos que me parece que no debemos obviar. Incluiré

los primeros biblistas que trabajaron en Puerto Rico como un reconocimiento a su tarea y como un

intento de honrar a estos pioneros.

Los trabajos de Aaron Webber que mencionamos en el capítulo del método histórico eran

periferalmente sociológicos. Webber le hacía preguntas de descripción social y cultural a los

textos bíblicos, como ya vimos en algunos ejemplos, pero no enfatizaban en la descripción de

instituciones sociales, ni había conciencia del uso de los modelos sociológicos o antropológicos

para leer el texto bíblico.

De una forma similar podríamos evaluar otro análisis periferalmente sociológico de José

M. Lázaro, en ese momento bibliotecario de la Universidad de Puerto Rico. Este artículo es

titulado «El alma y el cuerpo en la Biblia». El mismo fue publicado en enero de 1966.

Esencialmente es un análisis gramatical de los conceptos alma, cuerpo, espíritu en la tradición

bíblica. El análisis de los conceptos en la historia de las tradiciones bíblicas ayudan a Lázaro a

definir una antropología bíblica. Lo sorprendente es que para un no especialista en el campo

bíblico nos presenta un trabajo de gran profundidad analítica y de un manejo excelente de la

bibliografía. La diferencia entre este trabajo de Lázaro y los trabajos de Webber en la década del

cuarenta es que Lázaro implícitamente está abordando el concepto del ser humano en la tradición

bíblica y no los acontecimientos políticos e históricos que sirven de trasfondo al texto bíblico.
183
Alega Lázaro que en la Biblia «se concibe al hombre como una unidad y que no existe oposición

radical en esta materia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento» (3). Luego de analizar los textos

del Nuevo Testamento, concluye Lázaro con la siguiente afirmación: «La fe cristiana debe, pues,

guardarse de confundir su esperanza con una inmortalidad del alma concebida de manera

platónica» (18).

En los trabajos de Jorge Pixley comienza a notarse la preponderancia del análisis

sociológico incipiente en ese autor. En octubre de 1964, Pixley escribe un trabajo titulado «El sexo

y la paternidad en el Antiguo Testamento». En ese trabajo hace una historia de las tradiciones de

las religiones cananeas como trasfondo para entender las tradiciones de la Biblia Hebrea sobre la

sexualidad y lo sagrado. Argumenta Pixley que el relato de la creación en Génesis 1 es una señal

de la imagen de Dios en el ser humano. En este orden plantea Pixley que el Cantar de los Cantares

«celebra el puro deleite del encuentro entre hombre y mujer... reconoce que el sexo no tiene que

ser divino para ser bueno, ni tiene que servir a la procreación para alcanzar su más alto y más

humano propósito» (8). Plantea, además, Pixley que la fertilidad de los campos y los vientres «era

necesario para el bienestar económico de una familia... no parece haberse discutido en Israel la

posibilidad de limitar el número de hijos en la familia... era una bendición tener muchos hijos para

ayudar en las faenas... » (6-7).

En una lectura que presupone la sociología marxista, Pixley interpreta la parábola de los

talentos en Mateo 25.14ss. Hace una descripción de clase de los personajes en la parábola,

describe las monedas que se utilizan en la narrativa, y entra en una descripción de las relaciones

sociales que hay en la parábola. De este análisis infiere que la parábola es «una historia típica de la

vida» (oct. 1968, 5). Plantea que el personaje principal es «un capitalista que no tiene escrúpulos

morales en tomar lo que no es suyo si las condiciones del mercado se lo permiten» (5). Por lo

184
tanto, la lectura que hacen los evangelistas (Mateo y Lucas) de este personaje como un símbolo de

Cristo y su parusía son secundarios. Plantea Pixley: «Creo que podemos descartar la idea de que la

lección tenga que ver con el carácter de Dios, pues el capitalista es un mal ejemplo para eso» (6).

Pixley opta por plantear que el punto de la parábola era el reino de Dios y que, por lo tanto, el

Reino requería aventurarse, así como el amo arriesgó sus bienes. La aventura de Jesús, desde

luego, fue asociarse con pecadores, prostitutas y no personas de cara al Reino de Dios. «Dios

quiere hijos que sean adultos, hombres libres, hombres [sic] que se le paren de frente y se atrevan

a echarle en cara sus fracasos... La vida cristiana no es una de servidumbre sino una [sic] de

aventura» (8).

Obviamente Pixley está haciendo una relectura en el texto con análisis de clase que refleja

una sociedad industrial, mientras que el texto se escribe en una sociedad agraria. Esto sólo

significa que necesitaba pasar del análisis marxista de la sociedad capitalista a la antropología

marxista de sociedades agrarias. Aparentemente Pixley comenzaba a hacer análisis de clase social

sobre los textos bíblicos. En 1991, Pixley publicó una obra de mucho más envergadura donde las

categorías de la antropología marxista eran mucho más claras y sin anacronismos.

El último trabajo que queremos reseñar de los años de Jorge Pixley en el Seminario es una

reflexión teológica titulada «El papel de la religión en el proceso revolucionario». Como el lector

o lectora se dará cuenta, Pixley está inmerso en todo el proceso del conflicto social y la revolución

social en Latinoamérica. Toma las metáforas del éxodo, la restauración del exilio y los mártires

cristianos para plantear éstas como paradigmas para la condición de opresión y necesidad de

liberación que sufría Latinoamérica: «Central en la fe de Israel era la confesión que fue Dios quien

les sacudió de su letargo en la esclavitud egipcia, y les envió a Moisés para conducirlos a la tierra

prometida donde vivirían en libertad». Estas metáforas teológicas implican que «Dios llama al

185
hombre a crear nuevas condiciones sociales que le permitan vivir más plenamente... hay

justificación cristiana para pensar en Dios como quien da consuelo al hombre bofeteado por las

injusticias de la vida, y también como quien llama al hombre a crear nuevas condiciones sociales»

(sept. 1970, 7-13).

Preguntas al texto desde la perspectiva socio-crítica

Elliott (1993) ha organizado toda una descripción de las preguntas vitales que la exégesis

sociológica le hará a un texto. Algunas de esas preguntas son las siguientes:

· ¿Dónde se localiza la narrativa? ¿En qué lugar geográfico?

· ¿Cuándo sucedió el suceso?

· ¿Qué información de la naturaleza ecológica, topográfica, climática, recursos naturales, oferta de

alimentos, flora y fauna conocemos?

· El lugar en que se da la acción, ¿es rural o urbano?

· ¿Qué conocemos sobre el proceso económico detrás del texto?

· ¿Cómo se administraba la tierra? ¿Cómo se producía? ¿Cómo se distribuía la producción?

· ¿Qué medios de producción había disponibles? ¿Qué tecnología tipificaba la producción?

· ¿Qué sistemas tributarios existían?

· ¿Qué tipo de relación existía entre los propietarios y los productores?

· ¿Cuál era la población y qué densidad poblacional había?

· ¿Cuál era el sistema social detrás del texto?

· ¿Qué tipo de organización social existía?

· ¿Cómo se definía la función y el status social?

· ¿Cómo estaban estratificadas las clases sociales?

· ¿Qué tipo de organizaciones privadas existían, i.e., la institución de la familia, y las aldeas locales?

186
· ¿Qué tipo de organizaciones públicas existían, i.e., la organización política, organización religiosa,

sistema cultural?

· ¿Cómo se organizaba la ciudad, el estado y las organizaciones civiles?

· ¿Qué movilidad social existía?

· ¿Cómo eran las relaciones entre grupos, incluyendo sistemas de patronazgo y clientela,

asociaciones, cultos cívicos y domésticos?

· ¿Cómo era la organización política, incluyendo el aparato legal y el aparato militar?

· ¿Cuáles eran los procesos para mantener el orden y el control?

· ¿Cómo se diseminaba el conocimiento?

· ¿Cómo se generaba el conocimiento oficial?

· ¿Cuáles eran las normas, creencias, valores, símbolos, que componían la cultura?

· ¿Qué relación tenía la cultura con mantener en el poder a las elites?

· ¿Qué valores había en competencia?

· ¿Cuáles eran los discursos de la elite y cuáles eran los discursos de la no elite?

· ¿Cómo se inculturaba? ¿Qué tipo de personalidad se estructuraba?

· ¿Cómo se utilizaba el imaginario mítico? ¿Quién se beneficiaba de éste?

· ¿Cómo se organizaban los grupos?

· ¿Cuáles eran los criterios para el liderato?

· ¿Cómo se manejaban los conflictos?

· ¿Cuáles eran los rituales del grupo?

· ¿Cómo se mantenía la cohesión grupal?

· ¿Cómo se manejaba la amenaza a la cohesión de grupo?

· ¿Qué desacuerdos internos había en el grupo? ¿Étnicos, sociales, culturales?

187
· ¿Cómo se manejaban los conflictos con personas o grupos fuera del grupo?

· ¿Cómo se marcaban los límites del grupo?

· ¿Qué tipo de interacción había con los de afuera del grupo?

· ¿Qué grado de tolerancia o intolerancia política había en el grupo?

· ¿Qué sistema de pureza había en el grupo?

· ¿En qué consiste la ideología del grupo? ¿Cuáles son sus creencias sobre Dios, el ser humano, el

cosmos, el tiempo y el espacio, la salvación, la comunidad, la adoración, etc.?

· ¿Cómo esas creencias forman un universo simbólico?

La tarea pastoral y el análisis sociocrítico

Como habrán notado nuestros lectores y nuestras lectoras, la exégesis sociológica es un

mundo en sí mismo. Para quienes amamos el Nuevo Testamento, la descripción social, los

modelos sociológicos y los modelos antropológicos nos han abierto grandes puertas para

comprender el texto. El texto es hijo de un mundo social y cultural. La exégesis en manos de una

persona que ha sido sensibilizada para conocer a través de la sociología le obliga a ir más allá del

conocimiento del trasfondo histórico. El análisis sociológico nos ayuda a acercarnos al mundo del

texto con algunas herramientas de análisis.

Para una persona en la pastoral, el análisis sociológico le puede ayudar a apreciar el texto,

sus particularidades y sus límites. Así no impondremos nuestros valores desde este otro lado del

horizonte sobre el texto que es del otro lado del horizonte. Un ejemplo de esto es comprender el

tipo de cultura en el que se produjo el texto y cómo todos estos textos de terror contra la mujer son

construcciones sociales del texto que muestran cuán enraizado está el texto en su tiempo. Esta es

la cara encarnacional del texto. Tratar de que el aspecto socio-cultural del texto sea normativo

para nuestros lectores y lectoras es en el menor de los casos, un anacronismo, y en el peor, un

188
intento de sacralizar el pasado que ya ha sido superado. Nosotros y nosotras tenemos que ser

personas en diálogo con nuestro tiempo, así como el texto es testigo del diálogo entre los

cristianos primitivos y sus circunstancias. Tratar de imponer las soluciones de los cristianos

primitivos no permitirá que el texto nos diga una nueva palabra de vida para nuestras preguntas

hoy. Pero comprender el texto nos puede ayudar a comprender la relación social del mismo y a

afirmarnos en nuestra responsabilidad social con nuestro tiempo. El texto en su trasfondo social

nos sorprenderá con valores como el amor, la justicia, la paz que hoy tienen que ser encarnados de

formas distintas a como el texto los encarnó, pero que siguen siendo metáforas de la soberanía de

Dios --léase reino--.

Para un sermón, estudio bíblico o cualquier otra tarea de la pastoral, el conocimiento

sociológico ayudará a abrir las ventanas del entendimiento a nuestras congregaciones. Puedo

recordar un sermón sobre las restricciones contra la mujer en la literatura paulina. Hice una

descripción social de lo que era el patriarcado, la ideología que lo sustentaba. Traje a colación

ejemplos del patriarcado en el judaísmo intertestamentario, la literatura rabínica y cómo estaba

cambiando el papel de las mujeres en el mundo grecorromano. Era esa la disyuntiva cultural y el

trasfondo sociológico y cultural al que se enfrentaban San Pablo y sus discípulos. Pero sin

comprender lo que allí sucedía, mis feligreses hubieran usado el texto para reprimir y

deshumanizar a las mujeres. Claro que una lectura cuidadosa de la literatura paulina mostraba

todo el conflicto entre el patriarcado y una visión más igualitaria de la relación de géneros en la

antigüedad. Pasajes en la literatura paulina donde había mujeres en el liderato comunitario (Rom

16.1ss; 1 Cor 11.3ss, Fil 4.3ss) mostraban dos voces en la ideología y en la práctica paulina. Así

que estas dos voces ideológicas nos facilitaban releer la voz que predominó en el proceso canónico

y optar por la voz que perdió en el proceso canónico, pero que en nuestra sociedad representa los

189
logros de una gran lucha por los derechos humanos de la mujer. Una vez podíamos hacer una

descripción cultural y sociológica de la situación, entonces podíamos superar los límites de los

textos paulinos y de sus discípulos. La exégesis sociológica nos había ayudado a hacernos las

preguntas pertinentes, buscar la información primaria desde los modelos pertinentes para abordar

el texto con nuevos ojos. Una visión socio-crítica del texto es una gran ventana en nuestra tarea

de comprender el texto en su contexto social, de manera que nosotros y nosotras en este horizonte

podamos también tener un diálogo que comprenda el horizonte social y cultural del texto y el de

nuestros lectores y nuestras lectoras en esta otra orilla.

190
Referencias
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194
CAPÍTULO 5

EL ANÁLISIS DE LAS FUENTES

Cuando hablamos de la crítica de las fuentes o el análisis de las fuentes literarias nos

referimos a aquella investigación que procura conocer la dependencia literaria de textos previos a

los textos actuales, así como la localización de estas fuentes que podemos separar en el texto

final en su propio contexto histórico-social. El análisis de las fuentes intenta determinar qué

fuentes escritas u orales han sido usadas en los textos finales que poseemos en el Nuevo

Testamento. Una vez la fuente es establecida como hipótesis de trabajo válida, la historia de las

fuentes intenta aplicar las preguntas históricas a las fuentes. Asuntos tales como el autor, la

fecha, el contexto socio-histórico de la fuente, el estilo y el propósito original de las fuentes son

abordados. Si se entiende que la fuente escrita se ha perdido en esos caminos de la historia, el

análisis de las fuentes tratará de reconstruir hipotéticamente esta fuente a base de los textos que

poseemos. El análisis de las fuentes nos permite comprender y aclarar la génesis de un texto

bíblico de manera que podamos acercarnos a éste con mayor entendimiento.

La historia de las fuentes nos ha abierto nuevas ventanas para acercarnos a la historia del

cristianismo primitivo. La reconstrucción de la fuente hipotética Q nos lanzó en una

investigación sobre la comunidad que produjo un florilegio de dichos de Jesús tan temprano

como en tiempos del apóstol Pablo. Crossan ha publicado su última obra sobre el cristianismo

primitivo en la década del 30 al 40 sobre una fuente hipotética reconstruida entre los dichos de Q

y el Evangelio de Tomás21. a historia de las fuentes es uno de los fundamentos para el estudio

sobre la intertextualidad en los estudios bíblicos.

21
J. D. Crossan, 1998. Es una obra excelente, enciclopédica y me parece que debe ser lectura obligatoria para todas aquellas personas
que están interesadas en conocer una de las voces de mayor impacto en la investigación sobre el Jesús histórico y ahora sobre el cristianismo
inmediatamente después de la pascua.

195
En los estudios de las Escrituras de Israel, el análisis de las fuentes nos legó la teoría

documentaria para el Pentateuco, y la división en varias etapas de las tradiciones proféticas,tales

como el libro de Isaías y otros libros de la tradición profética. En el Nuevo Testamento, el

análisis de las fuentes ha incidido más en los evangelios sinópticos, el evangelio de Juan, y en las

cartas a Efesios y Colosenses y las cartas a Judas y 2 Pedro.

Historia de la investigación
Los inicios del análisis de las fuentes surgen en los estudios sobre el Antiguo Testamento.

Julius Wellhausen argumentó que dentro del Pentateuco se podían estratificar cuatro fuentes

literarias principales. A estas fuentes las llamó J, E, D, P. J se trataba de materiales que usaban el

nombre sagrado, Yhvh, y se escribían desde una óptica geográfica en el área de Judá. E, por su

parte, era material que llamaba a Dios Elohim y narraba historias desde una localización

geográfica en Efraim. P era todo el material con preocupaciones sacerdotales con todo un

sistema de pureza que servía como base a los materiales de J y E. D eran los materiales del

Deuteronomio. Wellhausen comenzó anotando que la mayor parte del material legal en el

Pentateuco era de origen sacerdotal. A su vez notó que en las tradiciones preexílicas de Israel no

había ecos con estos materiales sobre los órdenes de pureza y material ritual. Por lo tanto, infirió

que este material era postexílico.

196
Ejemplo de las fuentes en Génesis 1--3

Una mirada a Génesis 1—3 nos deja ver inmediatamente la naturaleza fragmentaria

de esta literatura. Fácilmente podemos notar que es posible separar estos capítulos en por lo

menos dos relatos. En Gén 1—2.4ª se nos presenta un relato ordenado esquemáticamente.

Notemos el patrón:

„ Dijo Dios
„ Fue así

„ Vio Dios que era bueno

„ Día...

Una mirada más incisiva nos deja ver que el relato de los siete días se puede dividir en dos

estructuras paralelas de tres días y tres días en los mismos lugares:

Día 1: Creación de la luz Día 4: creación de las lumbreras


Día 2: creación del techo con sus aguas Día 3: creación de vida en el agua y en el
arriba y debajo cielo
Día 3: separación de las aguas y la tierra Día 6: creación de animales de la tierra y
del ser humano
Día 7: descanso divino y
establecimiento del
Sábado.

En Génesis 2—3 hay unas diferencias que se explican mejor si estamos ante una

fuente literaria distinta. Por un lado se acaba el esquema estereotipado de Génesis 1—2.4ª.

Por otro lado, Dios se llama Yhvh. Este Dios no es distante; no sólo escuchamos su voz y

vemos el resultado, sino que está cercano. Si el primer relato es estereotipado, este segundo

relato es concéntrico. La creación comienza con el varón y luego se introduce el resto de la

197
creación a quién este hombre nombra y finalmente a la mujer. En Génesis 1—2.4ª es un relato

de la soberanía del creador, mientras que en Génesis 2—3 es posible el conflicto y la

desobediencia contra Yhvh. La mejor explicación para estas diferencias es que estamos frente

a dos fuentes literarias distintas. Génesis 1—2.4ª es un relato sacerdotal donde se presenta la

cosmogonía de los sacerdotes y el establecimiento del tiempo sagrado desde la creación misma,

mientras que Génesis 2—3 es la cosmogonía yavista donde se introduce el tema de la

desobediencia y la gracia divina.

Teoría de Duhm

Bernard Duhm (1847–1928) aplicó el mismo tipo de metodología al libro de Isaías.

Notó que la mayor parte de los materiales de Is 1—39 eran pre-exílicos. En efecto, los materiales

comenzaban en el año en que murió el rey Uzías y terminaban con el relato de Exequias, esto es,

entre el año 740 al 700 aec. Por otro lado, Is 40—55 eran materiales que exigían un contexto

histórico finales del exilio en Babilonia. Se mencionaba a Ciro el persa y el trasfondo común era

la caída de Babilonia. Duhm argumentó que estos capítulos eran una fuente distinta a los

materiales en Is. 1—39. Is 56—66 también eran materiales distintos a los de Is 40—55 que

parecían proceder del período de la reconstrucción del segundo templo (515 aec).

El surgimiento de la teoría de la historia deuteronomista

Martin Noth (1943) planteo que la ideología del libro de Dt es coherente con todos los

materiales desde el libro de Josué hasta II de Reyes. Alegó que todos estos materiales tenían una

impronta ideológica común y les llamó la narrativa de la Escuela deuteronómica. Estos

materiales nos informaban hasta el exilio en Babilonia. Por lo tanto eran relatos que podían

situarse históricamente entre los siglos 7mo y 6to aec.

198
Evidencia para llegar a las fuentes
¿Cómo procedemos a encontrar fuentes literarias en los textos bíblicos? Hay una serie de

señales literarias que nos llevan a explicar un texto como una antología de materiales previos.

Una de las señales básicas son las inconsistencias dentro de un texto. Un ejemplo de esto lo

encontramos en Génesis 12.1. En este relato se nos dice que Abram fue llamado a partir de

Harán luego de la muerte de su padre Taré. En Génesis 11. 26 se nos informa que Abram nació

cuando Taré tenía 70 años. En Génesis 11.32 se nos dice que Taré murió de 205 años. De estas

cifras podemos inferir que Abram tenía 135 años cuando abandonó a Harán. Pero en Génesis

12.4 se nos informa que Abram tenía 75 años cuando se marchó de Harán.

El problema se resuelve si Génesis 12 es parte de una fuente distinta a Génesis 11. La

mayor parte de los eruditos bíblicos piensan que los materiales del libro de Génesis son en su

mayoría materiales sacerdotales (Génesis 11) editando materiales yavistas (Gn 12).

Otra forma de notar que en un texto tenemos varias fuentes es por el aparecimiento de

repeticiones y dobletes. Así en Génesis 6—9 tenemos dos relatos del diluvio. Obviamente,

Génesis nos presenta dos fuentes sobre el diluvio con las peculiaridades de cada una de las

fuentes.

El diluvio en J y P J P
Causas del diluvio Gn 6.5-8 Gn 6. 9-13
Orden de hacer el arca Gn 6.14-22
Noé entra al arca con Gn 7, 1-4, 7-10,17 Gn 7.11-16
animales
Diluvio Gn 7.17, 22-23; 8. 2 Gn 7.18-21; 8.1, 3-5
Termina el diluvio Gn 8. 6-13 Gn 8. 14-19
Culto posterior al diluvio Gn 8. 20-22
El nuevo orden después del Gn 9.1-17.
diluvio

199
Una lectura a estos materiales le permitirá al lector notar que la repetición de materiales

es un indicador de que tenemos dentro de un texto varias fuentes.

Un tercer criterio para notar que tenemos fuentes literarias diversas en un discurso son las

diferencias de estilo literario. Así en Génesis 1 un lector notará que hay un patrón repetitivo vez

tras ves. Dijo Dios, fue así, vio Dios, día ... , mientras que Génesis 2—3 es una narrativa.

Naturaleza del problema e historia de la investigación del problema sinóptico

Un lugar privilegiado del análisis de las fuentes ha sido el esclarecimiento de las

relaciones de interdependencia en los evangelios. El Nuevo Testamento tiene una serie de

pasajes que nos plantean la posibilidad de que haya algún tipo de dependencia literaria entre

estos textos. El mejor ejemplo de esto lo vemos en los evangelios sinópticos. Se le llaman

sinópticos -- del concepto griego sun opse-- porque se pueden mirar en conjunto y notar la

interrelación entre los mismos. Una mirada a los tres evangelios y a Juan nos hace sospechar que

hubo algún tipo de interdependencia literaria entre estos evangelios con fuentes previas a éstos o

entre ellos mismos. Otros textos del Nuevo Testamento que nos han planteado la posibilidad de

relaciones literarias y en los que hemos visto tanta similaridad son Efesios y Colosenses y Judas

y 2 Pedro.

Los textos que han ocupado la mayor atención de los especialistas han sido los evangelios

sinópticos --Mateo, Marcos y Lucas. Este asunto de las relaciones entre los evangelios y su

interdependencia ha generado una serie de explicaciones a través de la historia de la

investigación. Una cifra estadística basta para plantear el problema de interdependencia entre los

evangelios: Marcos posee 661 versículos, de los cuales 500 aparecen en Mateo, y 350 en Lucas.

Por otro lado, Mateo y Lucas poseen 235 versículos que comparten entre ambos y que no

aparecen en Marcos. Mateo tiene un total de 1068 versículos de los cuales sólo 333 son únicos en

200
Mateo. Lucas a su vez tiene 1,149 versículos de los cuales 564 son materiales únicos de Lucas.

Marcos contiene 11,078 palabras de las cuales 8,555 aparecen en Mateo y 6,737 en Lucas.

Estas estadísticas nos obligan a considerar cómo explicamos la relación de interdependencia

literaria entre los evangelios22.

San Agustín fue el primero en plantear algún tipo de explicación a las relaciones de

interdependencia entre los evangelios. Alegaba San Agustín que los evangelios sinópticos habían

surgido en el orden que aparecen en el canon y que Marcos era un extracto de Mateo y Lucas.

Esto cerró la discusión literaria sobre la dependencia literaria hasta el siglo 18.

En 1778, G. E. Lessing planteó que los tres evangelios procedían independientes unos de

otros de un evangelio hebreo que se remontaba hasta los apóstoles. En 1794, J.G. Eichorn en su

Introducción al NT advirtió detalladamente esta teoría, pero no pudo sostenerse en la historia de

la investigación debido a la naturaleza hipotética de la misma. Señalaba Eichorn que

originalmente había una fuente aramea que fue revisada en cuatro ocasiones y que llegaron a

nuestros evangelistas. Mateo recibió la revisión A, Lucas recibió la revisión B, y Marcos recibió

la revisión C. La teoría de interrelación literaria fue tan compleja que no fue adoptada por la

mayoría de los eruditos.

En 1817, Schliermacher propuso que detrás de Lucas había una serie de tradiciones

sueltas que éste ordenó en su narrativa. Esta teoría se basaba en las palabras de Lucas 1.1-4. Esta

teoría reconocía el nacimiento de los evangelios con una serie de fuentes independientes unas de

otras. El problema era que no le hacía justicia a las similaridades entre los evangelios en los

materiales comunes. De todas maneras, Schleiermacher legitimó con el texto mismo la búsqueda

de las fuentes a nuestros evangelios.

22
Estoy siguiendo el recuento histórico de Boismard, 679-680.

201
En 1798, un erudito británico de nombre H. Marsh planteó que detrás de los evangelios

sinópticos había dos fuentes. Una era el evangelio primitivo del que había elaborado Lessing su

teoría pero traducido al griego, y otra fuente sería una colección de dichos y parábolas de Jesús

en la tradición común de Mateo y Lucas, pero distinta a Marcos.

J.G. Herder retomó la hipótesis de un evangelio arameo escrito como base para nuestros

evangelios. Asimismo advirtió que en realidad la raíz de los evangelios era un evangelio oral en

arameo que en las misiones a las comunidades helenísticas había sido traducido y se fijó por

escrito en griego.

La primera hipótesis de interdependencia literaria entre nuestros evangelistas fue

producida por J.J. Griesbach en 1789. Griesbach analizó la historia de la pasión en Mateo y

Lucas y llegó a la conclusión de que Marcos era un resumen de ambas narrativas. Griesbach a su

vez alegó que Juan no tenía dependencia literaria alguna con los evangelios sinópticos. Esta

hipótesis fue retomada por F. C. Bauer y por F. Strauss. En nuestro tiempo esta teoría sigue

siendo esbozada por Farmer y por la escuela que presenta la hipótesis de los dos evangelios23.

23
Un buen artículo sobre la teoría de la prioridad de Mateo y Lucas resumidos en Marcos, se encuentra en Dungan, 1992.

202
La teoría de la prioridad de Marcos sobre Mateo y Lucas fue desarrollada por varios

especialistas en el siglo 18 y 19. En 1782, J. B. Koppe alegó que Marcos era el más antiguo de

los evangelios debido a que los documentos más detallados tienden a ser más tardíos. Este era

un argumento traído de la crítica textual. Si este era el caso, entonces Mateo y Lucas eran

posteriores a Marcos. K. Lachmann en 1835 advirtió que los materiales de la triple tradición

Mateo, Marcos y Lucas sólo concordaban cuando seguían el orden de Marcos. Lachmann notó

que tan pronto Mateo y Lucas se apartaban del orden de Marcos, ya no seguían ningún orden

común. Por lo tanto, Marcos debía ser la fuente de Mateo y Lucas a la cual éstos añadieron otros

materiales. Los materiales de la doble tradición entre Mateo y Lucas distintos a Marcos, se

explicaron como un evangelio que se utilizó en el evangelio de Mateo y que Papías había

atribuido a Mateo, pero en hebreo, y que Lucas conoció sólo a través del Mateo canónico que

estaba escrito en griego. Así que Lachmann en cierta manera planteó que Mateo también era la

fuente de Lucas, eliminando la necesidad de la teoría de una fuente perdida (Q).

En 1836, Credner señaló que detrás de nuestros sinópticos había un evangelio previo a

Marcos que sirvió como fuente a los tres evangelios, el llamado Ur-Marcos o Marcos primitivo.

El padre de la teoría de dos fuentes para Mateo y Lucas fue C. H. Weisse. Este alegó que

no era necesario un Ur-Marcos, sino que Marcos era la fuente común de Mateo y Lucas. Éstos

habían utilizado una fuente perdida de dichos de Jesús. Weisse alegaba que esta fuente de dichos

eran las sentencias comunes de Mateo y Lucas. La teoría de las dos fuentes entonces afirmaba

que Mateo y Lucas dependían literariamente de Marcos como el evangelio más antiguo, y de una

fuente de dichos perdida para nosotros y a la que llamó Quelle –que en alemán significa

literalmente, fuente.

203
En 1899, P. Wernle esbozó la teoría de que la fuente Q consistía de todos los materiales

comunes entre Mateo y Lucas que no estaban presentes en Marcos. Wernle le atribuyó a Q unos

208 versículos comunes entre Mateo y Lucas. Wernle alegó que la teoría de un Ur-Marcos era

innecesaria porque el Marcos canónico explicaba con facilidad los materiales de la triple

tradición común entre Mateo, Marcos y Lucas.

La hipótesis de trabajo de la prioridad de Marcos y la fuente Q

La teoría de la prioridad de Marcos y de una segunda fuente conocida como Q ha sido

aceptada por la mayoría de los especialistas. Como evidencia a favor de la prioridad de Marcos

podemos aducir los siguientes argumentos que son acumulativos. De los 128 pasajes que Mateo

toma de Marcos, sólo 12 no conservan el orden de Marcos. Lucas toma 96 pasajes de Marcos y

los edita con una gran cantidad de materiales de Q y propios. Casi la mitad de Lucas es material

único de éste. No obstante, donde Lucas y Mateo están de acuerdo con el orden de las narrativas,

lo están con Marcos. Mateo y Lucas corrigen, a su vez, el griego simple y popular de Marcos (Mt

16.24).

Lucas hizo una gran cantidad de cambios al texto de Marcos. Así traduce las palabras

arameas o las elimina (Lc 6.14; 8.54; 22. 42,46; 23. 33). Sólo tres pasajes y algunos dichos de

Jesús en el material de Marcos no aparecen ni en Mateo, ni en Lucas (Mc 3.21,22; 4.26-29; 7.

31-37; 8.22-26). Estos materiales posiblemente se omitieron por distintas razones. Posiblemente

se omitió la noticia de que los parientes de Jesús creyeran que Jesús no estaba en sus cabales

porque les parecía escandalosa.

Por otro lado, si fuéramos a asumir que Marcos es un resumen de Mateo y Lucas, como

plantearon San Agustín y Griesbach, tendríamos que contestarnos por qué Marcos omitió las

enseñanzas de Jesús, por qué omitió el Padrenuestro, por qué omitió las parábolas de Jesús.

204
Dado que Marcos plantea que las multitudes se asombraban de la enseñanza de Jesús (Mc 1.22)

uno esperaría que si Marcos tenía en la mano a Mateo y a Lucas no eliminara todos estos

ejemplos de enseñanza. Pero no es ese el caso. Marcos no contiene todas estas tradiciones sobre

los dichos de Jesús. Es más fácil explicar esto con la teoría de que Marcos desconocía estas

tradiciones que plantearse que las omitió sin nosotros saber porqué. Lo mismo nos sucede con

detalles de contenido entre Mateo, Marcos y Lucas. En la confesión de Cesarea de Filipo un

paralelo nos muestra que el relato más corto es el de Marcos

Mateo 16.16 Marcos 8.30 Lucas 9.20


Tú eres el Cristo, Tú eres el Cristo. Tú eres el Cristo de Dios.
el hijo del Dios viviente.

Es más fácil explicar que Mateo y Lucas muestran desarrollos teológicos más allá del texto de

Marcos que plantearse que Marcos resumió a ambos con el material común.

La fuente Q

Los materiales comunes entre Mateo y Lucas que esencialmente no se encuentran en

Marcos han sido explicados como parte de una fuente de dichos de Jesús llamada Q. En favor de

la existencia de Q tenemos varios argumentos. Mateo y Lucas comparten cerca de 4,000 palabras

que no se encuentran en Marcos. Muchas de estas palabras se comparten en forma ad verbatim,

esto es, palabra por palabra, como es el caso del discurso de Juan el Bautista en Lc 3.7-9 y

paralelo. Otros paralelos significativos los encontramos en la historia de las tentaciones de Jesús,

el Sermón del Monte/Llano, las instrucciones sobre la misión, etc. La coherencia en el contenido

es tal que podemos inferir, entre otras cosas, que la fuente Q era un texto escrito en griego koiné

de mediados del primer siglo en Palestina. Un segundo argumento es la duplicidad de una

tradición que aparece en Marcos y que Mateo y Lucas nos narran por segunda vez una historia

similar. Esa duplicidad de narrativas nos hace pensar que esa tradición estaba en Marcos y en Q

205
independientemente y que Mateo y Lucas las registraron dos veces por las fuentes que poseían.

Así, Lucas nos habla de dos historias de comisión de los discípulos porque tomó una tradición de

Mr 6.7ss y la otra de Q y con paralelo en Mateo 10. Mateo por su parte nos transmite la tradición

sobre la «señal de Jonás» en dos ocasiones: Mt 16.4 con paralelo a Marcos, y Mt 12.39 con

paralelo a Lucas. Podemos decir lo mismo de la tradición del divorcio en Mt 5.32 siguiendo a

Q (Lc) y Mt 19.9 siguiendo a Marcos 10.

Los materiales que componen a Q

Nos parece vital para cada lector o lectora del Nuevo Testamento hacer un acopio de los

materiales que forman la fuente hipotética Q. Como ya hemos dicho estos materiales son

aquellos que Mateo y Lucas comparten entre sí y que no están en Marcos. La mayor parte de los

especialistas son de la opinión que Lucas ha observado mejor el orden de Q que Mateo. Mateo

tiene una tendencia a agrupar los dichos en grandes discursos dentro de sus materiales. Por esto

cada lector o lectora notará que la fuente Q es enumerada siguiendo a Lucas. Otros detalles que

se deben notar es que los materiales de Q que tienen paralelos en Marcos sólo los podemos

reconocer con seguridad si hay materiales dobles en Mateo o Lucas. Esto implica que Mateo o

Lucas encontraron el dicho en Marcos y en Q y lo presentaron duplicado en respeto a sus

fuentes.

Los materiales que componen a Q son los siguientes:

La predicación de Juan el Bautista24

24
Estoy siguiendo a Kloppenborg 1988. Hay otras versiones por Havener y por Pixley y Vaage. Éstos últimos han publicado una
versión de Q en español en la Revista Ribla de 1996.

206
Q Mateo Lucas
1.Introducción No hay texto No hay texto No hay texto
2.La venida de Jn el Bautista (3.2-4) 3.1-6 3.1-4
3.Mensaje de arrepentimiento 3.7-9 (10-14) 3.7-10 3.7-14
4.Anuncio del que viene 3.16b-17 3.11-12 3.15-17
25
5. Bautismo de Jesús (3.21-22) 3.13-17 3.21-22

Las tentaciones de Jesús


6.Las tentaciones de Jesús 4.1-13 4.1-11 4.1-13

El sermón inicial de Jesús


7.Introducción 6.20a 5.1-2 6.12,17,20a
8.Bienaventuranzas y ayes 6.20b-23 (24-26) 5.3-12 6.20b-26
9.Sobre la venganza 6.27-33 (34-35b), 35c 5.38-47; 7.12 6.27-35
10.Sobre juzgar 6.36-37b 5.48; 7.1-2 6.36-38
11.Guías ciegos 6.39b-40 15.13-14;10.24-25 6.39-40
12.Sobre la hipocresía 6.41-42 7.3-5 6.41-42
13Los malos y los buenos 6.43-45 7.15-20; 12.33-35 6.43-45
14.Los constructores 6.46-49 7.21-27 6.46-49

Jesús, Juan y esta generación


15.El hijo del centurión 7.1-10 8.5-13 7.1-10
16.La pregunta de Juan 7.18-23 11.2-6 7.18-23
17.Eulogía de Jesús sobre Juan 7.24-28 11.7-11 7.24-28
18. El reino sufre violencia 16.16 11.12-15 16.16
19. Juan y los recaudadores de impuestos (7.29-30) 21.28-32 7.29-30
20. Los niños jugando 7.31-35 11.16-19 7.31-35

Discipulado y misión
21. Los tres seguidores de Jesús 9.57-62 8.18-22 9.57-62
22. El discurso misionero 10.2-12 9.36-38;10.1-16 10.2-12
23. Ayes a los pueblos galileos 10.13-15 11.20-24 10.13-15
24. La autoridad de los misioneros 10.16, 18-20 10.40 10.16-20
25. Acción de gracias por revelación 10.21-22 11.25-27 10.21-22
26. Bendición sobre los testigos oculares 10.23b-24 13.16-17 10.23-24

Sobre la oración
27. El Padrenuestro 11.2-4 6.7-13 11.2-4
28. Confianza en la oración 11.5-13 7.7-11 11.5-13

Controversias con esta generación


29. La acusación de Jesús como Beelzebub 11.14-23 12.22-30;9.32-34 11.14-23
30. El regreso del espíritu maligno 11.24-26 12.43-45 11.24-26
26
31 La verdadera bienaventuranza (11.27-28) No hay paralelo 11.27-28
32. La señal de Jonás 11.16, 29-32 12.38-42 11.16, 29-32
33. La lámpara y el ojo 11.33-36 5.14-16; 6.22-23 11.33-36
34. Ayes contra los fariseos 11.39b-44, 46-52 23.1-39; 13.34-35 11.37-54

Sobre la ansiedad
35. Lo escondido y lo revelado 12.1-3 10.26-27 12.1-3
36. Temor apropiado 12.4-7 10.28-31 12.4-7
37. Confesar a Jesús 12.8-9 10.32-33 12.8-9
38. Blasfemia contra el Espíritu Santo 12.10 12.31-32 12.10
39. Ayuda del Espíritu Santo 12.11-12 10.17-20,23 12.11-12
27
40. Posesiones insensatas (12.13-14,16-21) no hay paralelo 12.13-21

25
Kloppenborg plantea como dudosa esta unidad porque tiene un paralelo en Marcos y por definición se ha planteado que Q es igual a
los materiales comunes entre Mateo y Lucas preferiblemente. Es posible que Q tuviera lugares donde coincidiera con Marcos. Por esto
Kloppenborg lo pone como parte de los materiales, pero entre paréntesis.

26
Es dudoso que podamos atribuir este dicho a Q porque no tenemos manera de corroborar que elementos de Q, Mateo y Lucas
mantuvieron individualmente sin que el otro lo mantuviera a su vez. Una vez alegamos que la sección de Mateo o Lucas era una parte de Q que el
otro eliminó hemos roto con la hipótesis de trabajo básica, Q se compone de los materiales comunes entre Mateo y Lucas que no se encuentran en
Marcos o que tienen una aparición en dos ocasiones en Mateo o Lucas, una versión sigue a Marcos y la otra a Q.

207
41, Preocupaciones cotidianas 12.22.31 6.25-34 12.22.31
42. Tesoros celestiales 12.33-34 6.19-21 12.33-34

Dichos sobre el juicio venidero


28
43. Siervos vigilantes (12.35-38) No hay paralelo 12.35-38
44. El dueño de la casa y el ladrón 12.39-40 24.42-44 12.39-40
45. Los siervos fieles e infieles 12.42b-46 24.45-51 12.42-46
46. Fuego y división en la tierra 12. (49) 51-53 10.34-36 12.49-53
47. Señales de los tiempos 12.54-56 16.2-3 12.54-56
48. Ponerse de acuerdo con su acusador 12.57-59 5.25-26 12.57-59

Dos parábolas de crecimiento


49. La mostaza y la levadura 13.18-21 13.31-33 13.18-21

Los dos caminos


50. El camino estrecho y la puerta cerrada 13.24, (25),26-27 7.13-14, 22-23 13.22-27
51. Gentiles en el Reino 13.28-30 8.11-12; 20.16 13.20-30
52. Lamento sobre Jerusalén 13.34-35 23.37-39 13.31-35
53. Asno en el pozo (14.5) 12.11-12 14.1-6
54. Exaltación del humilde 14.11/18.14b 23.6-12 14.7-12; 18.14
55. El banquete 14.16-24 22.1-10 14.15-24
56. Siendo un discípulo 14.26-27;17.33 10.37-39 14.25-27; 17.33
57. Sal sin sabor 14.35-35 5.13 14.34-35

Dichos misceláneos
58. La oveja perdida 15.4-7 18.10, 12-14 15.1,2, 3-7
29
59. El didracma perdido (15.8-10) no hay paralelo 15.8-10
60. Dios y Mamó 16.13 6.24 16.13
61. El reino, la ley y el divorcio 16.16-18 11.12-13; 5.18 16.16-18
62. Sobre los escándalos 17.1b-2 18.6-7 17.1-2
63. Sobre el perdón 17.3b-4 18.15-7; 18.21-22 17.3-4
64. Sobre la fidelidad 17.6b 17.19-20 17.5-6

El discurso escatológico
30
65. La presencia del Reino (17.20b-21) no hay paralelo 17.20-21
66. La venida del Hijo del hombre 17.23-4,26-27 (28-29) 24.23-28, 37-42 17.22-37
67. Parábola de los talentos 19.12-13, 15b-26 25.14-30 19.11-27
68. Enjuiciando a Israel 22.28-30 19.27-29 22.24-30

Los materiales que sólo están en Mateo o Lucas

27
Como en la nota anterior este es otro caso donde es muy dudoso que este material provenga de Q, especialmente cuando podemos
leer la teología sobre las propiedades, las riquezas y los empobrecidos de Lucas en el texto.

28
Este es otro caso donde Kloppenborg ha introducido material dudoso en Q. El dicho que está sólo en Mateo es coherente con la
escatología mateana y dentro de un discurso más amplio de escatología. No tenemos manera de saber si Q tenía este material porque el punto de
corroboración estaría en Lucas, quien no contiene este material.

29
Aunque el dicho sobre el didracma perdido es coherente con las parábolas de la oveja perdida y del hijo perdido en Lucas 15, me
parece que no podemos apostar a que este dicho era parte de Q, ya que no podemos evidenciarlo por no aparecer en Mateo. Posiblemente Q tenía
otros dichos que Mateo y Lucas recogen separadamente, pero no podemos adjudicar dichos en uno sólo de los evangelios porque el criterio de
múltiple atestación es necesario.

30
Esta unidad del discurso escatológico aunque es coherente con el tema no es corroborable como parte de Q al no estar en Mateo
adicionalmente. Por otro lado, este discurso cuadra muy bien con la escatología lucana sobre la parusía. Por lo tanto nos parece que este dicho
debe ser adjudicado a los dichos que sólo son parte de Lucas y que pueden ayudarnos a reconstruir la teología lucana.

208
Mateo y Lucas presentan una serie de materiales que sólo se encuentran en uno de ellos.

Estos materiales pueden ser propios de las comunidades de fe de los evangelistas. Los materiales

que sólo están en Lucas son coherentes con un punto de vista y una teología, por lo cual pueden

ser creaciones de Lucas mismo o pueden ser una fuente que Lucas utilizó en su comunidad.

Mateo también muestra su cristología y otros puntos de vista teológicos, especialmente en estos

materiales que no tienen repetición en los demás evangelios sinópticos. Algunos de estos dichos

aparecen en el Evangelio de Tomás, por lo que podemos plantear que pueden ser previos a los

evangelistas si el Evangelio de Tomás es una fuente independiente de las tradiciones de Jesús.

Para cada estudiante del Nuevo Testamento, estos pasajes que sólo están en un evangelista son

una magnífica pista para inferir la teología del evangelista y los asuntos que eran pertinentes a la

comunidad sociológica de cada uno de ellos. Lo que Mateo y Lucas añadieron a Marcos y a Q es

importante porque refleja sus contribuciones a sus fuentes. A través de estas contribuciones a sus

fuentes, Mateo y Lucas pusieron claramente su impronta en las fuentes que recibieron y nos dan

una pista de cómo releyeron a Marcos y a Q. A continuación presentaremos una lista de los

pasajes que sólo aparecen en Mateo o Lucas.

Sólo Mateo

1. Narrativa de la infancia con genealogía 1--2


2. Dichos sobre el sábado 12.5-7, 11-12
3. Parábola sobre la cizaña en el trigo 13.24-30
4. Explicación de la parábola 13.36-43
5. Parábola del tesoro y la perla 13.44-46
6. Parábola de la red 13.47-50
7. Parábola del padre de familia 13.51-52
8. Pedro en el mar 14.28-31
9. El impuesto del templo 17.24-27
10. Los ángeles de los niños 18.10
11. Organización de la comunidad 18.15-20
12. Parábola del siervo misericordioso 18.23-35
13. Sobre los eunucos 19.10-12

209
14. Parábola de los trabajadores en la viña 20.1-16
15. Ciegos, cojos y niños en el templo 21. 14-16
16. Parábola de los dos hijos 21.28-32
17. Parábola de las diez doncellas 25.1-13
18. El juicio a las naciones 25.31-46
19. Palabras de Jesús en su arresto 26.52-53
20. El final de Judas 27.3-10
21. La mujer de Pilatos 27.19
22. Pilatos y el pueblo 27.24-25
23. Milagros en la muerte de Jesús 27.51-53
24. Los guardias en el sepulcro 27.62-66
25. El ángel que corrió la piedra 28. 2-3
26. Cristofanía a las mujeres 28.9-10
27. El engaño de los jerarcas 28.11-15
28. Cristofanía ante los discípulos 28.16-20

Sólo Lucas
1. La narrativa de la Navidad 1--2
2. La predicación de Juan el Bautista 3.10-14
3. La genealogía de Lucas 3.23-28
4. La pesca de Pedro 5.1-1131
5. La resurrección del hijo de la viuda 7. 11-17
6. La gran pecadora 7.36-5032
7. Las mujeres que seguían a Jesús 8.1-3
8. Rechazo de Jesús en Samaria 9.51-56
9. Palabras al regreso de los discípulos 10. 18-20
10. El buen samaritano 10.29-37
11. Marta y María 10.38-42
12. Parábola del amigo que pide 11.5-8

31
Este material aparece también en Juan 21. Es posible que haya llegado a ambos evangelios independientemente. Para Lucas es la
historia del llamamiento de Simón, mientras que en Juan es una cristofanía. El detalle en Lucas de que Simón es un pecador parece señalar que en
la tradición previa era una cristofanía que presuponía las negaciones de Simón.

32
Marcos (14.3ss) y Mateo (26.6ss) siguiendo a Marcos, tienen una historia similar de la unción de Jesús por una mujer. Tanto en
Lucas como en Marcos-Mateo, Jesús está en casa de un sujeto de nombre Simón. Pero las diferencias son grandes. En Marcos, Jesús está en casa
de Simón el leproso, mientras que el Simón de Lucas es un fariseo. En Marcos-Mateo esta narrativa comienza la historia de la pasión, mientras
que en Lucas el relato viene después de los dichos sobre Juan el Bautista y casi después del Sermón del Llano. En efecto, en Lucas, este relato
sirve para introducir a las mujeres que seguían a Jesús (8.1ss). En Lucas, esta acción de la mujer trae a colación un reto sobre el honor de Jesús
delante del fariseo. En Marcos-Mateo este relato sirve para un debate sobre el mal uso del valor del perfume que se podría haber utilizado en los
pobres, etc. En Lucas, el conflicto entre Jesús y el fariseo se desarrolla en el tema del perdón y la gratitud de los pecadores y su honor a Jesús
versus la falta de honor de la que Jesús ha sido objeto en casa de un piadoso.
Juan también tiene una versión de este relato (12.1ss). Pero en este caso el material ha sido ajustado a la narrativa juanina. Así que el
evento se localiza en el discurso después de la resurrección de Lázaro y en casa de éste. En típica formulación juanina, se nos dice que fue “seis
días después de la Pascua” en Betania y que María ungió a Jesús con un perfume de mucho valor. Al igual que Lucas, María ungió los pies de
Jesús y los secó con sus cabellos. Pero siguiendo la tradición sinóptica, se genera una polémica entre Jesús y los discípulos, articulada por Judas
Iscariote. Juan, al igual que Marcos, plantea que el perfume tenía un valor de trescientos denarios. Pero añade que Judas cuestionó el desperdicio
porque era ladrón. Este relato sirve de etiología juanina para explicar la maldad de Judas. Juan repite la tradición sinóptica sobre la unción para la
muerte y el dicho de que a los pobres los tendréis siempre con vosotros. El relato de Lucas contiene un núcleo de toda esta información, pero las
diferencias entre Lucas, Marcos-Mateo y Juan nos hacen pensar que el relato lucano es independiente de los demás sinópticos y del evangelio
juanino. En términos literarios esto es una escena típica.

210
13. Alabanza a la madre de Jesús 11. 27-28
14. El joven rico 12.13-21
15. Sobre la venida del Señor 12. 35-3733
16. Sobre el salario del siervo 12.47-48
17. Sentencia del fuego 12.49
18. Interpretar el tiempo 12.54-56
19. Llamada a la penitencia 13.1-9
20. Curación de una mujer en sábado 13.10-1734
21. La persecución de Herodes Antipas 13. 31-33
22. Curación del hidrópico 14. 1-635
23. Discurso del banquete 14.7-14
24. Sobre los deberes de los discípulos 14.28-33
25. La moneda perdida 15.8-10
26. El hijo pródigo 15.11-3236
27. Parábola del administrador infiel 16.1-12
28. La soberbia de los fariseos 16.14-15
29. Lázaro y el hombre rico 16.19-31
30. El salario del criado 17.7-10
31. La curación de los diez leprosos 17.11.19
32. Parábola del juez y la viuda 18.1-8
33. Parábola del fariseo y del publicano 18. 9-14
34. Zaqueo 19.2-10
35. Profecía sobre la destrucción de Jerusalén 19.39-44
36. Palabras de Jesús en la última cena 22.35-38
37. Jesús ante Herodes 23.6-16
38. Palabras en el camino hacia el Gólgota 23.27-31
39. El ladrón en la cruz 23.39-43
40. Los discípulos de Emaús 24.13-35
41. Cristofanía y ascensión 24. 36-53

Los materiales que sólo son de Lucas son una gran pista para construir una hipótesis

sobre la teología lucana y los problemas que el texto refleja sobre la comunidad lucana.

33
Mateo (25.1ss) tiene un relato similar pero en femenino. Las que velan y desvelan son las diez vírgenes. Es interesante como la
estructura profunda de este relato se mantuvo intacta mientras que la actuación (performance) fue alterada por la tradición.

34
Esta es una historia típica similar a las narrativas que tanto Marcos como Juan nos han legado sobre los milagros en sábado. En
Marcos (2.1-12; 3.1-6) y Juan (5.1ss) sin embargo son historias con personajes masculinos, pero en Lucas el repertorio ha cambiado el género del
personaje, ahora es una mujer. El lector notará cuanta flexibilidad tenían los cristianos primitivos con estas historias. Lo esencial era que la
estructura profunda, la historia de milagro y debate sobre la observancia sabática se mantuvo en todas las narrativas finales, pero los detalles eran
flexibles.

35
Esta es otra historia típica sobre las excepciones sobre lo que es lícito hacer o no hacer en sábado. Marcos tiene varias de estas
historias en el ciclo 2.1--3.6 donde las historias de milagro sirven de trasfondo a la discusión cultural sobre el sábado judío y judeocristiano.

36
Mateo (21.28-32) nos narra una historia similar a ésta, pero sin los detalles artísticos de Lucas y mucho más escueta. Si este planteo
es correcto, cada lector podrá notar cómo la imaginación de los narradores enriqueció o desmereció las estructuras básicas de las narrativas de
Jesús en la actuación de éstos.

211
Elementos de la teología lucana, tales como el asunto de los pobres, la corporalidad, los

samaritanos, las mujeres, salen a relucir varias veces en estos relatos. Cuando uno junta estos

pasajes con el resto del discurso lucano en Lucas-Hechos puede construir un discurso teológico

coherente. Obviamente, esto es harina de otro costal, pero el propósito de cernir las fuentes de

nuestros textos no es un fin en sí mismo, sino un medio para otras tareas exegéticas que

discutiremos más adelante.

De todo este análisis podemos plantear unas hipótesis de trabajo para explicar las

relaciones literarias entre los evangelistas. La teoría preferida por los especialistas es la teoría de

las dos fuentes.

Dos fuentes

Mc Q

Mt Lc

Esta teoría plantea que Marcos y Q son las fuentes primarias de Mateo y Lucas. Podemos

plantear una teoría un poco más compleja: la teoría de las cuatro fuentes. También podemos

construir una hipótesis un poco más compleja de cuatro fuentes:

SMt Mc Q SLc

Mt Lc

212
Esta teoría plantea que además de Marcos y Q, Mateo y Lucas tenían sus fuentes propias

de materiales que eran parte de sus comunidades y que aparecen en sus narrativas.

Se han presentado otras teorías para explicar la interdependencia sinóptica. Boismard

planteó originalmente la teoría de los múltiples niveles. Alegaba Boismard que las fuentes

primarias eran cuatro documentos escritos (A, B, C, y Q). Luego se escribió el Mc intermedio y

el Mateo intermedio. En un tercer estadio se escribe el Proto-Lucas. El Proto-Lucas asume a Q y

recibe el influjo del antecesor de Mateo (documento A). En el cuarto estadio algunos elementos

del Marcos intermedio se introducen en Mateo y Lucas, y al mismo tiempo Marcos recibe influjo

del Proto-Lucas y el Mateo intermedio. La ventaja de esta teoría es que es muy flexible para

explicar todos los problemas de interdependencia entre los evangelios. Por otro lado es tan

compleja que no permite una solución sencilla al problema sinóptico. El problema más serio de

este trabajo es que parte de la premisa de muchos imponderables que son conjeturas. Toda esta

idea de documentos hipotéticos múltiples debilita el argumento de Boismard. En trabajos más

recientes (1992) Boismard parece que ha abandonado su vieja teoría de múltiples fuentes por la

teoría de los dos evangelios como fuente, esto es, Mateo y Lucas como fuente de Marcos. Esta es

la próxima teoría que examinaremos.

Otra teoría para abordar el problema sinóptico es la teoría de W. R. Farmer. Farmer

planteó que Mateo y Lucas escribieron antes que Marcos. Farmer plantea que Q no existió.

Mateo escribió primero dependiendo de tradiciones orales; luego Lucas escribió su evangelio

teniendo a Mateo en la mano con otros materiales propios. Finalmente Marcos resumió a Mateo

y a Lucas. El problema con esta teoría es que no explica porqué Marcos eliminó el Sermón del

Monte (llano en Lucas), ni porqué se eliminó el material de las parábolas de Jesús en Lucas. Es

necesario presuponer que Marcos eliminó todos los materiales comunes entre Mateo y Lucas que

213
están en diverso orden en éstos o que tienen algún tipo de conflicto entre sí. Lo mismo nos

sucede con la eliminación de las narrativas de la Natividad y las narrativas de la resurrección que

son tan distantes entre Mateo y Lucas.

Michael D. Goulder plantea que Lucas tenía en su mano a Mateo cuando escribió su obra.

Lucas es una combinación de Marcos y Mateo. Por lo tanto, Q es una ficción de los especialistas.

El problema de esta teoría es que no le hace justicia a las diferencias que hay en los materiales

entre Mateo y Lucas que no son comunes a Marcos. Una mirada al Sermón del Monte/Llano nos

deja ver los grandes problemas que esta teoría no explica.

La última teoría que queremos plantear es la teoría de B. Reicke. Alega Reicke que las

concordancias entre los sinópticos se debe a que todos tienen dependencia de materiales

comunes en la tradición oral. El problema de esta teoría es que no toma en serio la gran cantidad

de acuerdos palabra por palabra entre los sinópticos. Es más fácil de explicar la similitud palabra

por palabra entre los evangelios si éstos, y especialmente los evangelios sinópticos, tenían algún

tipo de relación de interdependencia literaria. Generalmente las similitudes en tradiciones que

dependen de una tradición oral son más bien en la estructura del relato, pero los detalles literarios

son completamente independientes37.

La fuente de historias de milagros entre Juan y Marcos


Encontramos una serie de materiales comunes entre Marcos y Juan que sólo son

explicables si éstos tenían una fuente de historias de milagros comunes escritas:

Fiesta y vino Mc 2. 22 Jn 2.1-12

Enfermedad y pecado Mc 2.1-12 Jn 5.1-18


37
Crossan 1998, 47-89, trae a colación los casos de tradiciones orales que han sido investigadas en la poética y las narrativas bosnias y
presenta evidencia convincente de que no hay tal cosa como una repetición palabra por palabra como aparece en los sinópticos de los materiales
recitados por los poetas que dependen de la tradición oral dentro de una cultura. Así que una narrativa por el mismo autor en varias ocasiones
narrando la misma historia tenía consistentemente distintas líneas estróficas desde 154 líneas hasta 344 líneas.

214
Pan y pescado Mc 6.33-44 Jn 6.1-15

Caminata sobre las aguas Mc 6.45-52 Jn 6.16-21

Ciego sanado Mc 8.22-26 Jn 9.1-7

Estos materiales comunes nos plantean que Marcos y Juan contenían una tradición de

historias de milagro comunes que ambos ajustaron a sus necesidades pastorales. Esta otra fuente

común entre Marcos y Juan ha sido estudiada por R. Fortna, quien les ha llamado a estos

materiales juaninos «el libro de los signos». Este libro es una colección de historias de milagros

entendidas como signos que llegó a Juan en sus historias de milagros y llegó también a Marcos

independientemente. Por lo menos estas historias de milagros eran comunes a la fuente de los

signos.

Crossan (1992) también plantea que hay una fuente común entre Marcos y Juan.

Argumenta que el Evangelio Secreto de Marcos --un evangelio descubierto por Morton Smith--

es testigo más amplio de los materiales comunes entre esta fuente. Esta fuente incluye en sus

milagros una resurrección de entre los muertos igual a Juan 11. La teoría del Evangelio Secreto

de Marcos no ha ganado gran aceptación entre los especialistas.

Análisis de las fuentes en las cartas y el Apocalipsis

El análisis de las fuentes ha sido utilizado para abordar problemas de dependencia

literaria en las cartas a los colosenses y a los efesios y en las cartas de Judas y 2 Pedro. También

ha sido utilizado en el libro de Apocalipsis.

Las cartas de Pablo y sus discípulos, en este caso Colosenses y Efesios, han sido objeto

del análisis de fuentes. El problema medular en estas cartas es la presencia en Efesios de

alrededor de una tercera parte y la mitad de sus 155 versículos que tienen paralelos en

215
Colosenses, tanto en orden como en contenido. Una cuarta parte de las palabras que Efesios

contiene también están en Colosenses. Raymond Brown presenta esta lista de materiales

comunes en ambas cartas:

Colosenses Efesios
1. Redención y perdón 1.14,20 1.7
2. El Cristo cósmico 1.20 1.10
3. Intercesión por los lectores 1.3-4,9 1.15-17
4. Riquezas de la herencia gloriosa 1.27 1.18
5. Dominio de Cristo 1.16-18 1.21-22
6. Les dio vida 2.13 2.5
7. Trajo cerca a los extranjeros 1.21-22 2.12-13
8. Abolió los mandamientos 2.14 2.15
9. Pablo prisionero 1.24 3.1
10. Misterio divino revelado a Pablo 1.25-26 3.2-3
11. Pablo, ministro del evangelio
universal 1.23,24 3.7
12. Pablo hizo saber el misterio 1.27 3.8-9
13. Andar como es digno 1.10 4.1
14. Con toda humildad, mansedumbre
3.12-13 4.2
15. Cristo une a los miembros de la
iglesia 2.19 4.15-16
16. Quitarse la vieja naturaleza y
ponerse la nueva naturaleza 3.5-10,12 4.22-32
17. No haya inmoralidad entre ustedes 3.5-9 5.3-6
18. Andad sabiamente 4.5 5.15
19. Cantando himnos..., den gracias 3.16-17 5.19-20
20. Códigos de la casa 3.18--4.1 5.21--6.9
21. Pablo como prisionero exhorta a
la oración 4.2-3 6.18-20
22. Tíquico es enviado por Pablo 4.7-8 6.21-22.(Brown 628.)

Los especialistas no críticos alegan que esta similitud entre ambos documentos provienen

de que tienen un autor común. Pero el lenguaje común tiene distintos niveles de significado. Así,

la metáfora del cuerpo de Cristo en Colosenses se refiere al cosmos, mientras que en Efesios se

refiere a la Iglesia. Lo mismo sucede con el concepto misterio. En Colosenses se refiere a la

salvación escatológica, mientras que en Efesios se refiere a la incorporación de los gentiles a la

216
Iglesia (Vielhauer 225). La mayor parte de los especialistas bíblicos no-confesionales plantean

que estas diferencias en el sentido teológico del discurso sólo se explican si un texto utilizó al

otro como fuente pero con autores distintos dentro de la escuela paulina. La hipótesis de trabajo

más fuerte es que el autor de Efesios utilizó a Colosenses. «El autor de Ef ha utilizado Col muy

libremente, incluso respecto a la estructura de la carta; pero el objetivo de una y otra era

completamente distinto» (Vielhauer 225).

Lo mismo nos sucede en la relación entre Judas y 2 Pedro. Segunda Pedro contiene tanto

el lenguaje como el contenido de Judas, incluyendo prácticamente el orden del discurso. La

diferencia consiste en que el autor de 2 Pedro elimina las referencias a la literatura no-canónica

que Judas emplea. De los 25 versículos que tiene Judas, por lo menos 19 de ellos se repiten total

o en parte en 2 Pedro. En efecto, de las 460 palabras que hay en Judas, 111 se encuentran en 2

Pedro. Este uso común de lenguaje, ideas, frases y orden del discurso imposibilita que ambos

documentos tengan una fuente común. La mejor teoría es que 2 Pedro utilizó a Judas como

fuente. El autor de 2 Pedro hizo una relectura de Judas. Las referencias a Miguel y a Enoc

fueron eliminadas en 2 Pedro. En su lugar éste añadió otros ejemplos canónicos en sustitución de

los ejemplos de la literatura no canónica, tales como el ejemplo de Noé y Lot38. Este detalle de

limpiar las referencias no-canónicas de Judas pero reproduciendo el discurso teológico nos puede

ser una pista para fechar a 2 Pedro luego de que el judaísmo cerró su canon a principios del

segundo siglo. Pero esto es harina de otro costal.

El libro de Apocalipsis requiere más espacio del que le voy a dedicar en estas líneas. Una

lectura del mismo nos deja ver que el autor utilizó las Escrituras de Israel amplia y libremente.

Obviamente era una relectura cristiana de las tradiciones de Israel y el apocaliptismo, pero el

38
Estoy siguiendo a Elliot 282-287.

217
autor constantemente hace al lector o lectora volver atrás a Ezequiel, Daniel, Éxodo, etc.

Posiblemente el autor tiene fuentes cristianas que ha reutilizado, pero la homogeneidad de los

materiales es tal que no nos permite hablar de fuentes escritas sin tener evidencia. Obviamente el

autor tiene en su cultura las tradiciones de Israel, el apocaliptismo y el apocaliptismo

judeocristiano como parte de su DNA, lo que se refleja constantemente en su obra.

Preguntas de la historia de las fuentes

Algunas preguntas que la historia de las fuentes le hace a una lectura de un pasaje bíblico

en el Nuevo Testamento son:

· ¿Nota el lector o la lectora un duplicado en el relato o una ruptura abrupta?

· ¿Indica este duplicado o ruptura la presencia de materiales de fuentes diversas?

· ¿Hay alguna inconsistencia en el relato?

· ¿Hay alguna diferencia en el estilo literario entre pasajes contiguos?

· ¿Podremos separar estos materiales duplicados, o que tienen un estilo distinto, o que

interrumpen la secuencia narrativa en fuentes diversas?

· ¿Si podemos establecer distintas fuentes, hay algún indicador interno que nos ayude a

localizar histórica y socialmente estas fuentes?

La tarea pastoral y el análisis de las fuentes

Hace casi tres décadas que yo he estado relacionado pastoralmente con la Iglesia en su

carácter local. Uno de los retos que tiene una persona en la tarea pastoral es la predicación y la

educación cristiana. El análisis de las fuentes ha sido de gran valor para mí en mi tarea. Cada vez

que leo un pasaje me doy cuenta que estoy ante una obra de arquitectura, la cual puedo separar

en sus distintas etapas de construcción literaria. Una vez percibo esta dimensión multipisos del

texto bíblico se amplían las posibilidades de acercarme al texto bíblico. El texto final es receptor

218
de estos multipisos. Así que en el proceso canónico no sólo se le dio autoridad al texto final, sino

a su arqueología.

Cuando hago una lectura de un pasaje me detengo a interpretarlo en el nivel último en el

cual he recibido esta tradición. Además deconstruyo el texto en sus niveles potenciales previos y

entro en las preguntas sobre cuál era la teología y el contexto socio-histórico de la fuente Q, del

libro de los signos, de los materiales de la comunidad de Mateo o de la comunidad de Lucas que

fueron añadidos a Marcos y a Q. Esto me permite entrar en un diálogo con distintas tradiciones

del cristianismo primitivo y me permite ver una riqueza extraordinaria en los textos finales que

hemos recibido. Cuando una persona en la pastoral me dice que no sabe de qué predicar, yo me

pregunto si ha mirado ese potencial multipisos y multivalente de cada pasaje. Esto me lleva a un

paso más allá, desde luego, a la intertextualidad y a la historia de las tradiciones, la que

abordaremos más adelante. Lo que no dudo es que el texto bíblico en su fase final nos ha legado

un depósito de las tradiciones del cristianismo primitivo de un valor incalculable, que está

disponible para que en la tarea pastoral podamos sacar del baúl de tesoros que es la Biblia

nuevos tesoros para el pueblo de Dios en textos que podríamos creer están agotados.

La comparación literaria de los documentos nos ha permitido ver la genealogía que hay

entre ellos y de ahí pasar a observar el nuevo uso de las fuentes en los nuevos documentos. Esto

tiene una importancia vital para el lector o lectora, porque el canon al ser testigo de la

reutilización y reinterpretación de las fuentes obliga al lector o lectora a reinterpretar las fuentes

y tradiciones recibidas que ahora son los textos finales que leemos. Un lector o lectora que quiera

solamente afirmar lo que la Biblia dice tiene por obligación que imitar esta creatividad y

reinterpretación bíblica de viejas tradiciones en nuevas situaciones que ahora dicen cosas nuevas

en diálogo con la nueva situación. Afirmar que la verdad teológica no cambia es negar la Biblia

219
misma. El análisis de las fuentes nos deja ver un texto que tiene una larga historia y que ha sido

reinterpretado por cada generación dentro del texto final. Este texto nos invita a ese diálogo

donde nos atrevamos a estirar el texto para que aborde nuevas situaciones. Pero el texto viejo nos

ha dado ejemplos extensos de que en su propia historia de reutilización se atrevió a sacar cosas

nuevas de las palabras viejas. Quienes amamos la Biblia nos atrevemos a imitar el texto y en

nuestra situación leemos lo que el texto quiso decir, pero también nos atrevemos a leer lo que el

texto quiere decir ahora, lo que quizás sea completamente distinto a lo que dijo inicialmente

porque estamos en otras circunstancias.

220
Referencias

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221
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por Steven L. McKenzie y Stephen R. Haynes. Louisville:
Westminster/John Knox Press.

222
CAPÍTULO 6
ANÁLISIS DE LAS FORMAS LITERARIAS

El análisis de las formas literarias esencialmente se refiere a la catalogación de

estructuras literarias coherentes como géneros literarios. El concepto «forma» proviene del latín

donde literalmente significa una idea. De ahí que la idea central de una estructura literaria sea

clasificada con un nombre. El concepto «forma» plantea cómo se ordena y organiza una pieza

literaria39. El análisis de las formas literarias ha tenido todo un desarrollo en la historia de la

investigación de las tradiciones bíblicas. Originalmente se le llamó la historia de las formas por

los especialistas que originaron este tipo de investigación. En sus comienzos el análisis e

investigación de las formas literarias era un apéndice del método histórico crítico. Por esto se le

conocía como historia de las formas. La intención era ganar conocimiento del trasfondo

histórico a través de los géneros literarios clasificados y asociados con un contexto vital. Este

contexto vital es el famoso Sitz im Leben tan utilizado en los círculos académicos como un

término técnico, pero cuyo sentido en español es el contexto sociológico o literalmente, contexto

vital. El análisis de las formas posibilitó el desarollo de dos metodologías que abordaremos en

este libro separadamente, el análisis literario sobre la clasificación de estructuras literarias y el

análisis sociológico como herramienta de comprensión del trasfondo sociológico de los textos

que hemos abordado en el capítulo anterior.

El desarrollo del análisis de las formas

Plantea Theissen (1991) que el análisis de las formas relacionado a la búsqueda del

contexto vital de éstas en los estudios bíblicos estuvo relacionada con el surgimiento de la clase

media que quería afirmarse de cara al estado y la iglesia. La clase media comenzó a investigar no

39
Para una buena discusión sobre el concepto «forma» en la crítica literaria secular, vea a Abrams, 101-102.

223
sólo la historia de reyes y teólogos, sino también de las sociedades del pasado buscando los

personajes que se parecían a las clases medias europeas. Eran las preguntas de un grupo

emergente que trataba de ubicarse en el texto del pasado. Los asuntos rutinarios de la vida, como

el trabajo, el matrimonio, los sistemas de producción y distribución, los sistemas culturales, el

estudio del sujeto, el estilo de vida, los procesos políticos y otros asuntos que eran vitales para la

pequeña burguesía se convirtieron en el objeto de las investigaciones en los textos de la

antigüedad, incluyendo las tradiciones bíblicas.

Fue German Gunkel quien inició extensamente el análisis de los géneros literarios en las

ciencias bíblicas como una disciplina. Gunkel era un folclorista y se dio cuenta que las

narrativas del libro de Génesis eran parecidas a las sagas y las tradiciones folclóricas de los

pueblos alemanes. Gunkel se dio cuenta que a través de la comparación entre la literatura del

Antiguo Medio Oriente y la Biblia hebrea se podían discernir los patrones y las estructuras

básica de las tradiciones bíblicas en sus géneros literarios.

Gunkel entendía que el establecimiento de la estructura común de un género literario a

base del análisis comparativo de los textos nos llevaba a un estadio previo a nuestros textos, a la

etapa preliteraria de los textos. Esta etapa preliteraria nos conducía por dos vías heurísticas: por

un lado podíamos clasificar y nombrar la estructura literaria común; por otro lado teníamos una

reliquia hipotética del estadio preliterario. De ahí que Gunkel pudiera matar dos pájaros de un

solo tiro: la clasificación en géneros literarios y el contexto sociológico. Así que Gunkel

comenzó la clasificación por estructuras típicas de los géneros literarios. Pero a su vez comenzó

a investigar el trasfondo sociológico de estas clasificaciones genéricas.

Gunkel planteó que a través de estas estructuras literarias podíamos inferir tanto el tipo de

literatura que teníamos como la historia de la forma literaria. Esta historia de la forma Gunkel la

224
asoció con distintos contextos sociológicos, tales como la familia, la monarquía, la corte, los

cultos de Israel y otras esferas culturales. El análisis de las formas literarias nos conducían no

sólo a clasificar los pasajes y relatos bíblicos conforme a los patrones comunes en literatura

comparada, sino que también se podía reconstruir el contexto sociológico de las formas. De esta

forma, la crítica de las formas correlacionaba el género literario con su contexto social y cultural.

El argumento era que había una conexión entre la clasificación en géneros literarios y contexto

social. Como mencionames anteriormente, al contexto sociológico Gunkel le llamó el Sitz im

Leben, esto es, el contexto en vida del discurso. Este contexto vital lo que buscaba era hacer

inferencias sociales para describir el contexto sociológico de una tradición.

Esta avenida sociológica fue retomada por G. Heinrici con la pregunta sobre si el

cristianismo primitivo era una sociedad o una asociación voluntaria del mundo grecorromano. A

esto se le sumó la efervescencia del conflicto de clases sociales entre los obreros y la burguesía y

el surgimiento de la sociología. Uno de los contribuyentes a esta ampliación del análisis

sociológico a textos de la antigüedad fue el análisis marxista. Engels y Kausky escribieron libros

alegando que el cristianismo primitivo era una organización de las clases bajas en lucha contra

las clases dominantes y que al ser perseguido, al igual que los obreros revolucionarios,

respondieron con algunas de las tradiciones bíblicas que hemos recibido de la iglesia.

Engels escribió un comentario al libro de Apocalipsis. Señaló que el Apocalipsis era la

respuesta de los artesanos y otros oprimidos contra las clases dominantes que regían el imperio

romano y sus ciudades. Desde esta misma óptica de las clases subalternas, pero aparte del

análisis marxista, el trabajo de Adolfo Deismann planteó que el cristianismo primitivo surgía de

las clases bajas. Deismann fue el que descubrió las cartas en griego común. De estas cartas de

los artesanos y otros grupos subalternos de las ciudades infirió que el Nuevo Testamento había

225
sido escrito en el lenguaje común y corriente de la era grecorromana y, por lo tanto, el Nuevo

Testamento era una obra procedente de las clases subalternas. Hasta este momento los eruditos

no entendían la génesis del griego del Nuevo Testamento, pensando algunos que era un griego

esotérico, y otros pensando que era el griego híbrido de los judeocristianos. Pero Deismann se

dio cuenta que era el mismo griego que él leía en las cartas que había descubierto. Las cartas le

sirvieron de base para inferir que las comunidades que recibieron el Nuevo Testamento en

general eran de la no elite. El lector o lectora se dará cuenta que Deismann no hizo esta

inferencia a base del género literario, sino a base del griego que acababa de descubrir y que era

similar al Nuevo Testamento.

Es en este mismo contexto de discusión académica que Karl Lamprecht formuló su

crítica contra el modelo historicista alrededor de la historia política y las biografías. Alegaba

Lamprecht que la historiografía debía abordar otros asuntos, tales como la economía, asuntos

sociales, y sicología social. Esta crítica ampliaba la discusión que Gunkel había abierto a

detalles del contexto sociológico que habrían de recibir atención a través de las ciencias sociales,

la antropología y la sicología subsecuentes. Pero, ¿podía inferirse a través de una forma literaria

el contexto sociológico? ¿Hay algún detalle en las formas literarias que nos guíe al contexto

sociológico? Me parece que el entusiasmo historicista era infundado.

El análisis del contexto sociológico requería de otros métodos que no tenían relación

directa con el género literario. Los textos iban a enviar señales al lector o lectora que le harían

buscar información primaria, arqueológica, antropológica y sociológica que ampliaría el

entendimiento de los textos independientemente del género literario en que estos textos se

dieron. Con esto no queremos negar que muchos géneros literarios son producto de situaciones

típicas en la vida social. Pero la descripción sociológica tenía su propia razón de ser y su propio

226
camino en la historia de la investigación. Nos parece que las palabras de Martin J. Buss son

acertadas, «la crítica de las formas no estaba bien dotada para responder a preguntas históricas»

(Buss 73, traducción mía). Strecker y Schnelle son de la misma opinión: «...no se puede obtener

el Sitz im Leben sólo a partir del género...» (Strecker y Schnelle 127).

Lo mismo nos parece que debemos decir sobre esta búsqueda de los estadios preliterarios

a través del análisis de la forma. Lo más que podemos encontrar es un patrón, un paradigma

literario mínimo entre una serie de discursos similares. Pero el esquema que podamos inferir

como un patrón típico de un género literario sólo apunta a la naturaleza estereotipada de los

discursos. Hacer un traslapo e inferir que el patrón que tipifica un género literario nos muestra

una estructura oral preliteraria es un salto a lo desconocido desde una estructura típica. Me

parece que un género literario sólo nos plantea el esquema mínimo de un discurso y las distintas

opciones en los textos son las distintas actuaciones (performance) del género literario. Buss

resume este tipo de argumento alegando que «el intento de usar el método como una herramienta

para reconstruir formas tempranas ha sido ahora ampliamente abandonado» (Buss 64, traducción

mía).

En el Nuevo Testamento, la historia de la interpretación a través de la metodología de los

géneros literarios continuó con Martin Dibelius y Rudolf Bultmann. En 1919, Martin Dibelius

publicó el libro titulado La historia de las formas evangélicas. Para Dibelius, el contexto vital de

las tradiciones sinópticas era la misión de la iglesia primitiva y sus predicadores, tal como lo

podemos inferir del libro de Hechos y de las cartas paulinas. Fueron los predicadores del

cristianismo primitivo quienes en su tarea misionera necesitaron las tradiciones de Jesús y, por lo

tanto, reprodujeron y transmitieron las tradiciones de los evangelios. Esta transmisión obedeció

a la necesidad de difusión del mensaje de la iglesia primitiva. En palabras de Dibelius:

227
Lo que los llevó a dar forma concreta y a transmitir el material fue más bien la
actividad de propaganda a que se sentían obligados, es decir, la misión. ... Para
evangelizar entre judíos, paganos o medio-judíos era necesario presentar y hacer
uso adecuado de aquello que se sabía sobre Jesús. Así pues debemos suponer que
tanto en la predicación misionera como en la cultual se utilizaban elementos de la
tradición. ... La predicación es el lugar primario de toda la tradición sobre Jesús...
(Dibelius 26, 27).

Tanto la predicación misionera como los cultos y rituales del cristianismo primitivo

fueron el marco de la transmisión de las tradiciones de Jesús. Según Dibelius las comunidades de

la iglesia primitiva pronto empezaron a acuñar tradiciones útiles para la propaganda evangélica.

Dibelius clasificó los materiales sinópticos en varios géneros literarios. A las narrativas

que concluían con un dicho de Jesús les llamó paradigmas. A las historias de milagros, Dibelius

les llamó narraciones cortas. A las narrativas que relataban historias de los personajes santos,

como el nacimiento de Jesús o la transfiguración, les llamó leyendas. Dentro de las leyendas

incluyó las narrativas del llamamiento de los discípulos, la historia de Pedro caminando sobre el

agua, la narrativa del niño Jesús a los doce años, etc. Dibelius clasificó otras historias como

mitos --la narrativa del bautismo de Jesús, las tentaciones--, analogías, parénesis, y la historia de

la pasión. Para Dibelius, el mismo contexto kerygmático del cristianismo primitivo fue el

contexto vital de las historias sobre Jesús. Según Dibelius las historias acerca de Jesús se usaron

«como prueba del kerygma, como ejemplos» (Dibelius 35). El lector o lectora notará que

Dibelius perdió la óptica sociológica y le buscó un contexto eclesial a las tradiciones sinópticas.

Ya no era un Sitz im Leben sino un Sitz im Kirche --contexto eclesial--. Obviamente, las

tradiciones sinópticas necesitaban dos trabajos distintos: una clasificación por género y una

investigación sociológica.

Rudolf Bultmann en su libro Historia de la tradición sinóptica, trató el asunto de los

géneros literarios a la inversa que Dibelius. Para Bultmann, la clasificación de géneros literarios

228
planteaba la pregunta sobre el contexto sociológico/histórico donde surgieron estos géneros.

Bultmann planteaba que había una relación circular entre la forma literaria y su contexto vital

sociológico;

Las formas de la tradición literaria debían ser usadas para establecer las influencias que
operaban en la vida de la comunidad, y la vida de la comunidad debía ser usada para
transmitir las formas de una manera inteligible (Bultmann 5, traducción mía).

Bultmann abordó el asunto de los géneros literarios por el lado de la literatura comparada

de la antigüedad. Haciendo un acopio del cuerpo de literatura del Antiguo Testamento, del

período intertestamentario, la grecorromana, la del judaísmo formativo y la del gnosticismo y el

mandeísmo, Bultmann decidió clasificar los dichos de la tradición sinóptica conforme a los

patrones similares entre estos dichos y los dichos de estas otras tradiciones de intertextos.

En términos de la historia de las formas en los evangelios, Bultmann ha producido un

sistema de clasificación de las formas del material sinóptico que ha prevalecido en la academia.

Plantea Bultmann que los materiales sinópticos se pueden clasificar en dos géneros literarios

primarios: dichos y narrativas. Bultmann subclasificó los dichos de Jesús en apotegmas --

narrativas breves que terminan con un dicho--, y dichos independientes de Jesús. Los apotegmas

los dividió en diálogos polémicos y didácticos (vea Marcos 3.1-6), apotegmas biográficos –«un

suceso ficticio de la vida de Jesús... en los que se trata de su persona y del comportamiento ante

él» (Strecker y Schnelle 104). Los dichos independientes de Jesús los subclasificó en:

(1) Dichos de sabiduría: --estos dichos son aquellos parecidos a proverbios, refranes y

anécdotas de sabiduría en la tradición sinóptica tales como «médico, cúrate a ti mismo».

(2) Dichos apocalípticos: --aquí Bultmann incluye las bienaventuranzas y todos aquellos

dichos que poseían una ideología apocalíptica --vea Marcos 13.

229
(3) Reglas de la comunidad: --se refieren a todos aquellos dichos que regulan las

relaciones en el cristianismo primitivo --vea Mateo 18.15ss.

(4) Dichos «yo»: --los dichos «yo» se tipifican por poner alguna afirmación cristológica

en boca de Jesús, tales como los dichos sobre el hijo del hombre.

(5) Similitudes: --las similitudes incluyen para Bultmann las parábolas de Jesús, y las

historias ejemplares.

Bultmann clasificó las narrativas como (1) historias de milagros, (2) narrativas históricas,

y (3) leyendas. Incluyó en leyendas las narrativas de la infancia, las narrativas de la

transfiguración y las narrativas de la resurrección.

Vincent Taylor acuñó una nomenclatura para la clasificación de las tradiciones sinópticas

que se ha generalizado en Estados Unidos. Al paradigma de Dibelius y apotegma de Bultmann,

Taylor le llamó historia de pronunciamiento; para las narrativas (en inglés: tale) de Dibelius, él

les llamó historias de milagro. A las tradiciones vistas como leyendas o mitos por Bultmann y

por Dibelius respectivamente, Taylor les llamó historias (stories) acerca de Jesús. El lector o

lectora notará que para los sectores confesionales de la iglesia, la nomenclatura de Taylor era

más aceptable.

Una de la críticas que se le ha hecho al análisis de los géneros literarios ha sido la

perspectiva atomista de los investigadores originales. Las publicaciones más recientes han

abordado textos completos con la metodología del análisis del género literario. Hoy día, los

estudios relacionados con los géneros literarios incluyen los evangelios, las cartas, los

apocalipsis, y los documentos híbridos como macrotextos. Esto sin negar que dentro de estos

textos hay una gran cantidad de unidades que son clasificables en sus géneros literarios

particulares, como hemos visto anteriormente. A continuación revisaremos los macrogéneros

230
primarios del Nuevo Testamento: (1) las biografías de la antigüedad, (2) las cartas, (3) el

apocalipsis. Para una discusión de los géneros literarios dentro de los evangelios, las cartas y el

apocalipsis me parece que la mejor obra es la de Bailey y Vander Broek en las referencias.

Algunos de estos géneros, como las historias de milagros, las parábolas y los aforismos se

discutirán más adelante.

Los géneros literarios primarios en el Nuevo Testamento

Varios de los libros en la lista de referencias revisan prácticamente todos los géneros

literarios del Nuevo Testamento. No obstante, es vital que cada estudiante pueda reconocer los

géneros literarios más importantes del Nuevo Testamento. Nos referimos a los géneros literarios

de las obras como un todo dentro del canon del Nuevo Testamento, esto es, los evangelios, las

cartas y el Apocalipsis.

El género literario más importante para clasificar nuestros evangelios es el de biografía

de la antigüedad40. Una biografía de la antigüedad es la historia de un personaje notorio de la

antigüedad, sea un rey, un general, un filósofo o un profeta. Polibio plantea que una biografía

presenta «la formación y los ideales» (Hist. X. 24) del personaje narrado. Si las historias de la

antigüedad tenían como objeto los eventos significativos de hombres y mujeres importantes

dentro de un contexto político y social, las biografías tenían como objeto la esencia del personaje

notorio. A través de anécdotas, dichos y acontecimientos en la vida de este sujeto se trataba de

iluminar la esencia del individuo. Una biografía narra «el carácter y hazañas» (Hist. X. 24) del

personaje. De acuerdo con Plutarco, una biografía se refiere a «las empresas famosas» (Vita de

Alex. 1) del personaje. Las biografías podían incluir desde el nacimiento hasta la muerte o desde

40
Estoy siguiendo a Talbert, 745-749. Para ejemplos del parangón literario de estas biografías de la antigüedad, vea a Cartlide y
Dugan. Para una discusión detallada de las biografías de la antigüedad en español, vea a Romano Penna.

231
la adultez, o quizás un período importante de la vida del personaje notorio. Lo distintivo del

personaje se caracterizaba por sus dichos y hechos. Plutarco presenta una lista de recursos

literarios para narrar una biografía: «una anécdota, una frase, una broma» (Vita de Alex. 1).

Las biografías de la antigüedad no presentaban un desarrollo de la personalidad del sujeto

notorio. Las biografías intentaban afectar la conducta y opinión de los receptores del relato. Para

Polibio una biografía tiene el propósito de servir de modelo para la conducta de los receptores

del discurso: «tienen una utilidad más preclara: ...se puede emular e imitar [el personaje

biográfico]» (Hist. X. 24). Filón de Alejandría, en su biografía sobre Moisés, plantea que su

propósito era «narrar la vida de Moisés, ... y hacer que conozcan su historia aquellos que

merecen no ignorarla» (De Vita Mosis, I). Luciano plantea que el propósito de la biografía de

Daemonacte era «para que él permanezca en el recuerdo de los hombres cultos..., y para que los

jóvenes... que se entregan a la filosofía... puedan tomar también un modelo... e imitar a aquel

hombre...» (Daemon).

A veces una biografía podía ser narrada en clave mítica. La forma primaria de las

biografías era la narrativa en prosa de las anécdotas y dichos del personaje notorio. Las

biografías tenían variadas funciones sociales. Una biografía puede tener el propósito de servir de

propaganda de algún tipo usando la vida de un personaje. Puede darse el caso de que el personaje

sea un tipo de modelo para imitar. Otro elemento que puede aparecer en la biografía es defender

al personaje de ser mal entendido por sus seguidores o por extraños. Otras biografías tenían el

propósito de desacreditar al sujeto. Una función didáctica era mostrar dónde continuaba la

tradición de un maestro en la actualidad. Una biografía también podía servir para dar una clave

interpretativa de las enseñanzas del sujeto. También podía ser el caso de que la biografía

legitimara la enseñanza del personaje a través de la narración de su vida. Esta lista de funciones

232
literarias y sociológicas nos muestran cuán cercanos están nuestros evangelios a esta lista de

motivos.

Para el lector o la lectora, tener una idea del discurso completo de uno de los evangelios y

el libro de Hechos es una gran ventaja. Poder relacionar estos libros sagrados con la literatura de

su tiempo nos ayuda a mirar a los evangelios y tener las expectativas correctas. Ya no

buscaremos dentro de un género literario lo que este no nos puede dar. El género literario tiene el

interés de presentarnos a Jesús como un modelo para imitar, quiere evocar nuestra fe. Entender

esto, ayudará al lector o lectora a asumir y comprender la función del texto. Quienes leemos el

texto dentro de comunidades de fe podemos ver cómo a través de una estructura narrativa se

genera significado y se evoca la fe.

El segundo género literario que nos parece de importancia vital es el de la carta. Las

cartas son el género literario de mayor cantidad entre los libros del Nuevo Testamento. De 27

libros que componen el Nuevo Testamento, 21 son cartas o discursos parecidos a las cartas. De

estos 21 textos dentro de la epistolografía, 13 se le adjudican al apóstol San Pablo. Esto sin

incluir las cartas que aparecen tejidas dentro del libro de Hechos y posiblemente en Apocalipsis.

Las cartas son un género literario tan flexible que aun el libro de Apocalipsis usa el formato de

una carta para comunicar la revelación celestial a la comunidad. Los Padres de la Iglesia

continuaron el uso de las cartas debido a la flexibilidad y utilidad de este género literario. Una

carta permite que continúe un diálogo entre dos partes, aunque estén ausentes la una de la otra.

Cuando leemos las cartas del Nuevo Testamento, sus autores, aunque desaparecidos hace dos mil

años, se hacen presentes de nuevo en medio de las nuevas comunidades. La distancia y la

naturaleza del discurso de las cartas nos permite leer y releer las cartas con nuevas posibilidades

de significado.

233
En el mundo helenístico las cartas gozaron de gran estima. Hemos heredado una gran

cantidad de cartas reales o ficticias desde la época clásica. Se le atribuyen cartas a Isócrates,

Platón, Demóstenes, Epicuro, Dionisio de Halicarnaso, etc. En la tradición latina, se le atribuyen

cartas a Cicerón, Horacio, Séneca, y una que nos interesa porque hace referencia a los cristianos

primitivos, es la carta de Plinio el joven a Trajano. De Cicerón nada más se conocen 931 cartas.

El mundo judío nos ha legado una gran cantidad de cartas, entre las que podemos

mencionar las cartas de Elefantina en el siglo V a.C. en Egipto, las cartas de Bar Kochba41 Un

grupo de cartas en griego común y en clave popular son las cartas de Oxyrinco investigadas por

Deismann a principio del siglo 2042.

Dentro de la educación que se llevaba a cabo en el mundo helenístico, uno de los géneros

literarios que se enseñaba era el de las cartas. Tenemos varios manuales de retórica que incluyen

instrucciones sobre la construcción de una carta en este período. Una obra pseudoepigráfica del

tercer siglo a.C., atribuida a Demetrio de Falerum se titula De Elocutione. De acuerdo con esta

obra, las cartas han de ser de estilo sencillo. Las cartas son como una de las partes de un diálogo.

Para esta obra, las cartas debían ser comunicaciones reales entre individuos y no tratados

técnicos. También se recomendaba que las cartas fueran breves. Demetrio planteaba que había

21 tipos de cartas, las cuales ilustra en su obra.

41
Romano Penna, 278, nos presenta una de las cartas de Bar Kochba la cual dice: «De Simón ben Kosiba a Jesúa ben Galgula y a los
hombres del fuerte, paz. Pongo al cielo por testigo contra mí de que si maltratáis a los galileos que están con vosotros, sea quien sea, pondré
cepos en vuestros pies, como he hecho con ben Alflul...».

42
Para una introducción a la epistolografía con numerosos ejemplos en la cultura helenística, romana y judía, vea a R. Penna, 260-278.
Vielhauer, 73-85, tiene un artículo sobre las cartas del Nuevo Testamento en su trasfondo literario helenístico y judíos con una discusión
detallada de la estructura de las cartas del Nuevo Testamento. Otro artículo que vale la pena es el de Pardee, Dion y Stower, 282-293, donde se
discuten las cartas hebreas, persas, griegas, romanas, judías y cristiano primitivas. Brown, 409-421, ha escrito una buena introducción al género
literario de las cartas. Bailey y Vander Broek han hecho una descripción detallada del género literario de las cartas y la estructura común dentro
de este género. Bajo el título de Anatomy of the letters, C. Roetzel, 59-71, ha descrito también detalladamente las cartas paulinas. Aune, 158-182,
tiene un magnífico artículo sobre el género literario de cartas en la literatura de la antigüedad.

234
Adolfo Deissmann descubrió en Oxyrinco dos mil cartas en griego común sobre

situaciones comunes y corrientes de la vida. La mayor parte de las cartas eran sobre asuntos

familiares, cartas de peticiones, cartas de órdenes, cartas de recomendación. Las cartas de

Oxyrinco muestran una estructura trimembre similar a las cartas del Nuevo Testamento: (1)

introducción, (2) cuerpo, y (3) conclusión43.

Aune (158-182) señala que las cartas eran originalmente comunicaciones de tipo oral

enviadas por un mensajero y luego adquirieron el carácter literario de un sustituto para la

comunicación oral. Trae a colación que las cartas no sólo sirven como canal de comunicación,

sino que también tienen un poder retórico de persuasión.

Los antiguos catalogaban las cartas de acuerdo con su contenido. Sherwin-White ha

planteado que en la antigüedad habían ocho tipos de cartas:

(1) cartas sobre asuntos públicos,

(2) cartas sobre esquemas de un personaje,

(3) cartas de relaciones patrono-cliente,

(4) cartas de admonición,

(5) cartas sobre asuntos domésticos,

(6) cartas sobre asuntos literarios,

(7) cartas escénicas, y

(8) cartas de cortesía social (Aune 162).

Stanley Stowers ha catalogado las cartas de la antigüedad en seis tipos:

43
Romano Penna nos da ejemplos de todos estos tipos de cartas. Una de ellas, de la cual estoy quitando el griego, es P Oxy. II, 292 y
dice: Teón al ilustrísimo Tiranno, muchos saludos. Heráclides, de quien recibirás esta carta, es mi hermano. Por ello te suplico con todas mis
fuerzas que lo acojas bajo tu protección. He pedido también por escrito a tu hermano Hermias que te informase acerca de él. Me harías el mayor
favor, si llega a encontar [sic] tu aprobación. Ante todo ruego que goces de buena salud y que tengas los mayores éxitos, sin mal de ojo. Que te
vaya bien. [Dorso] Para Tiranno, administrador.

235
(1) cartas de amistad,

(2) cartas familiares,

(3) cartas de encomio o culpa,

(4) cartas exhortativas,

(5) cartas de recomendación o mediación, y

(6) cartas apologéticas (Aune 162).

Aune añade a esta lista varios tipos de cartas: (1) Cartas privadas: Este tipo de carta

mantenía la comunicación entre familiares y amigos, y servía para hacer peticiones, informar, dar

instrucciones, hacer contratos de negocios, etc. (2) Cartas oficiales: Estas son las cartas de los

oficiales del gobierno en la antigüedad. (3) Cartas literarias: Estas eran cartas que eran ejemplos

de arte literario. Incluía cartas reales, epístolas, cartas ficticias y cartas ensayos. (4) Cartas de

recomendación: Estas eran las cartas que mantenían el sistema de patrono-cliente entre las clases

sociales en el imperio romano. Eran cartas enviadas a un amigo en favor de otro amigo, (5)

Cartas ensayos: Eran ensayos sobre asuntos de la vida, como prefacios a libros, etc. (6) Cartas

filosóficas: Eran el medio que usaron los filósofos para enseñar la ética o cualquier otro asunto

filosófico en la antigüedad. (7) Cartas novelísticas: Cartas ficticias que usualmente eran

pseudoepígrafos que intentaban presentar anécdotas e historias de grandes personajes del pasado.

(8) Cartas imaginativas: Estas cartas tenían como propósito entretener al lector. Muchas de estas

cartas eran cartas de amor ficticias. (9) Cartas tejidas dentro de otros textos: en las historias,

biografías y otras narrativas de la antigüedad de vez en cuando se entretejían cartas dentro de la

narrativa.

Las cartas paulinas reflejan conocimiento de la tradición retórica en la confección de las

mismas. Éstas tienen una estructura estereotipada que sigue el patrón de las cartas helenísticas

236
pero con el lenguaje teológico del judaísmo. La introducción de las cartas paulinas tiene los

siguientes elementos básicos:

· Remitente

Se presenta el nombre de quien envía la carta y a veces una descripción de éste. En

algunas de las cartas paulinas, el apóstol incluye a otras personas que le acompañan en el

momento de escribir el documento (Gal 1.2; 1 Tes 1.1).

· Destinatario o destinatarios

Inmediatamente se describe al destinatario con su nombre o la comunidad a la que se

dirige la carta. Las cartas del Nuevo Testamento tienden a ser cartas a comunidades (2 Cor 1.1).

· Saludo

Las cartas paulinas substituyen el saludo helenístico con el saludo judío «paz». Pero el

libro de Santiago usa el saludo helenístico «chairen», a pesar de ser obviamente un documento

judeocristiano.

· Recuerdo

Algunas de las cartas del Nuevo Testamento siguen el patrón de traer a colación

recuerdos de la relación entre el remitente y los destinatarios, con la variación de recordar los

privilegios que la gracia le permite tener a los destinatarios.

· Proemio

Sólo en las cartas paulinas y en 1 Pedro aparece un proemio. Lo constituye una acción de

gracias a favor de la comunidad a la que se escribe. En estas acciones de gracias se introducen

motivos que se elaborarán en la carta. En algunas de estas acciones de gracia se usa la fórmula

judía de oración, «bendito sea Yhwh» (Dios) (2 Cor 1.3; Ef 1.3; 1 Pe 1.3). Aune (163-164)

presenta varios ejemplos de este tipo de proemio donde se hace una oración por los destinatarios.

237
· Cuerpo de la carta:

Luego de la introducción, las cartas paulinas tienen una transición hacia el cuerpo de la

carta. En las cartas paulinas el cuerpo de las cartas a menudo comienza con un detalle sobre la

relación entre el apóstol y la comunidad. Frases tales como «yo os ruego...», «no quiero que

piensen...», «les he escrito previamente» comienzan el cuerpo de las cartas. Se añade al cuerpo

una petición en la que se explica el trasfondo de la petición, la petición, y la acción esperada de

los destinatarios. En ocasiones San Pablo concluye el cuerpo con una nota sobre sus planes de

viaje misionero. Algunos especialistas han notado que las cartas paulinas tienen una primera

parte teológica-doctrinal donde se discuten teológicamente los asuntos bajo consideración y

luego San Pablo introduce una sección de parénesis; esto es, instrucciones éticas concomitantes a

la enseñanza teológica que ha planteado en la parte teológica.

· Conclusión

La conclusión de las cartas paulinas incluye generalmente varios elementos comunes: (1)

deseo de la paz; (2) saludos de los compañeros de Pablo y saludos a amistades en la comunidad;

(3) beso santo: en cuatro de las cartas paulinas (1 Tes, 1-2 Cor, Ro) y en 1 Pedro se incluye el

beso santo. Este beso indica que la comunidad de fe es una comunidad de reconciliación y

fraternidad; (4) mandato apostólico; (5) bendición. Las cartas paulinas terminan generalmente

con una fórmula básica que dice: «la gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con ustedes».

En algunas de las cartas paulinas, se dan instrucciones de que la carta sea leída oralmente.

El propósito de las cartas era dar instrucciones sobre asuntos y persuadir a la comunidad sobre

distintos puntos de vista. Aristóteles planteaba que había tres modos de argumentación en la

retórica. Estos métodos de argumentar y persuadir se han relacionado con las cartas como

artefactos orales en el cristianismo primitivo. Los discursos orales argumentaban judicialmente;

238
esto es, el tipo de argumentación que encontramos en las cortes. Hanz Dieter Betz plantea que la

carta a los gálatas utilizó tanto un formato como la retórica de la argumentación judicial.

Otro tipo de argumentación era la deliberativa. Esta era el tipo de retórica que se esperaba

en las asambleas públicas sobre lo que era conveniente en el futuro. El tercer método de

argumentación era el epideíctico, cuyo propósito era entretener o inspirar a la audiencia

afirmando las creencias y valores comunes entre el orador y la audiencia.

Brown plantea que no hay manera de estar seguro de que Pablo utilizara conscientemente

este tipo de formatos de retórica helenística. Señala además que quizás San Pablo utiliza más

bien las fórmulas judiciales de la Biblia hebrea y no la retórica helenística. Una ojeada a la obra

de Betz sobre Gálatas, sin embargo, deja la impresión de que San Pablo era un autor mucho más

adiestrado en la retórica de lo que hemos llegado a saber explícitamente a través del libro de

Hechos o de sus cartas44.

Una carta es un documento lleno de significado para los lectores inmediatos y futuros.

Contrario a un discurso oral, en una carta uno puede releer cuantas veces uno quiera todo el

contenido o partes. Así mismo nos sucede con las cartas en el Nuevo Testamento. Podemos

leerlas en distintas etapas en nuestra vida y siempre nos dirán una nueva palabra. Lo que San

Pablo les comunicó a sus congregaciones, ahora nos habla con una nueva fuerza. Cuando leemos

las cartas como un todo, algunas partes de las cartas pueden ponerse en tensión con otras partes y

así llamar la atención de los lectores y lectoras.

Un detalle adicional sobre el valor de la estructura que tipifica una carta es que quien

utiliza la carta puede darse cuenta de la relación entre el pasaje que discute y el discurso que se

encuentra en el resto de la carta. Lo que viene antes y después entra en diálogo con el pasaje.

44
Vea Betz en su comentario a los gálatas en la serie Hermeneia como un excelente ejemplo del uso de la retórica para releer el texto.

239
Puede que el pasaje entre en conflicto con lo que viene antes o después. Que el lector o lectora

pueda ver el pasaje dentro de las relaciones del discurso completo y a través de esa vista pueda

comprender, releer, «contraleer» el pasaje es una gran ayuda.

El tercer género literario que mayor fascinación ejerce sobre los lectores y las lectoras es

el apocalipsis. Los trabajos de Koch (1972) y Vielhauer (1991) siguen siendo una buena

descripción literaria de la literatura apocalíptica. John Collins define un apocalipsis como «un

género de literatura revelatoria con un marco narrativo en el cual una revelación es mediada por

un ser ultramundano a un receptor humano, mostrando una realidad trascendente que es tanto

temporal en tanto que percibe una salvación escatológica y espacial en tanto y en cuanto

involucra otro mundo sobrenatural» (J. Collins 4, traducción mía). David Hellholm ha refinado

esta definición añadiendo un elemento sociológico, «dirigido a un grupo en crisis con el

propósito de exhortación o consolación por medio de una autoría divina» (Hellholm 15-64,

traducción mía).

Klaus Koch alega que hay una serie de detalles que son comunes a la literatura

apocalíptica. Estos detalles son los constituyentes literarios de la literatura apocalíptica en

general. Menciona los siguientes elementos como aquellos comunes a la literatura apocalíptica:

(1) grandes ciclos narrativos; (2) estos ciclos narran secretos celestiales; (3) visiones, (4)

disturbios espirituales en el vidente; (5) discurso parenético vis-à-vis la visión; (6) autor se

esconde detrás de algún personaje prestigioso de la historia o protohistoria de Israel o el

cristianismo primitivo; (7) lenguaje metafórico-mítico; (8) reutilización de tradiciones bíblicas.

Vielhauer reconoce las siguientes características literarias en la literatura apocalíptica:

(1) Pseudonimia: El autor se esconde detrás de un personaje prestigioso del pasado. El

autor selló el libro en el pasado y ha sido conocido en estos tiempos escatológicos (Dan 12.9). En

240
el caso del Apocalipsis de Juan, nuestro autor no presume ser un apóstol. Se describe a sí mismo

como un profeta de las comunidades de Asia Menor. En el proceso canónico, el vidente fue

asociado con el apóstol Juan y entonces se convirtió en un pseudónimo debido al proceso

canónico.

(2) Descripción de visiones: Generalmente la revelación es en forma de visión.

Ocasionalmente la revelación es auditiva. La visión puede darse en un éxtasis o a través de un

sueño.

(3) Lenguaje figurado: Las imágenes de los apocalipsis son simbólicas de tipo mito-

poéticas. Las imágenes son en forma de animales, plantas, nubes, tormentas y tienen un referente

que es interpretado por una figura celestial.

(4) Desciframiento: Las imágenes son explicadas por figuras celestiales. La explicación

es generalmente de forma alegórica.

(5) Esquemas ordenadores: La literatura apocalíptica se estructura a través de esquemas

de números (siete, tres, cuatro, diez, doce, seis) que muestran el orden secreto del mundo.

(6) Vaticinius ex-eventus: Cuando el autor se esconde detrás de un personaje de la

antigüedad, procede a vaticinar la historia desde el pasado. De esta forma crea confianza en el

lector sobre las predicciones escatológicas. Si lo que ha narrado es tan coherente con la historia,

lo que predice debe ser igualmente valioso. La historia se ordena en ciclos donde el período

presente es el período final.

(7) Descripciones del más allá: el autor comunica a su audiencia visiones del mundo

futuro en forma metafórica (describe la utopía). Estas descripciones pueden ser del mundo

celestial. Así en 1 Enoc el vidente tiene visiones cosmológicas y describe el lugar donde Dios

241
guarda el sol, la luna y las estrellas, el lugar de los rayos, el seol y el paraíso. Este conocimiento

cosmológico le da autoridad al vidente con su audiencia.

(8) Visiones de la sala del trono: El objetivo de los viajes celestiales es la visita a la sala

del trono celestial. Esta audiencia autoriza al vidente a proclamar su visión. De esta manera se

legitima el mensaje y visión del vidente.

(9) Parénesis: En medio de todas las visiones sobre el fin inminente hay una dosis de

consejos morales y reglas de la vida comunitaria. Como el vidente conoce el fin de la historia,

desde este fin puede llamar a su comunidad a una ética comunitaria y personal.

(10) Liturgias: Las liturgias, plegarias y otros elementos cúlticos tienen distintas

funciones en los apocalipsis. Por un lado, sirven para ventilar los lamentos de la comunidad

apocalíptica; por el otro, sirven para proclamar la salvación presente en medio de toda la crisis

escatológica. Las liturgias también sirven para anticipar el futuro escatológico y sirven de base

para anunciar visiones adicionales.

(11) Dualismo: La historia está dividida polarmente en dos eras: la era presente

antagónica a Dios y su pueblo y la era futura bajo el señorío de Dios.

(12) Universalismo/grupo marginal: La literatura apocalíptica incluye todo el cosmos en

la situación escatológica. No obstante, la literatura se envía a grupos marginados socialmente que

no dominan los mitos y sistemas de valores de una sociedad. Ya la salvación no es al pueblo de

Dios en general, sino a aquellos que vivan bajo los valores del grupo apocalíptico.

(13) Pesimismo y esperanza: La literatura apocalíptica presupone que este eon está

dominado por las fuerzas del mal y, por lo tanto, no entiende que esta era tenga salvación. La

historia humana se caracteriza por la decadencia cada vez mayor de la humanidad (en la estatua

de Daniel 2 la historia es representada por un deterioro en los metales que representan las

242
distintas etapas históricas: oro, plata, bronce, hierro, tierra). La esperanza de la comunidad no

viene de fuerzas dentro de la historia, sino de la intervención de Dios en medio de la historia para

traer la nueva era.

(14) Determinismo y espera del fin cercano: La historia humana está bajo la soberanía de

Dios. Inminentemente vendrá el fin de esta era mala y comenzará el reino de Dios.

Yo le añadiría a estos detalles una descripción mitológica celestial de una guerra, que es

una proyección de un conflicto entre la comunidad de fe y los poderes históricos del mal. El

conflicto que la comunidad sufre en la historia es paralelo a un conflicto mayor entre Dios y las

fuerzas cósmicas del mal.

El tema del reino y los exorcismos de Jesús son explicables dentro de un marco

apocalíptico. Los exorcismos no son otra cosa que una anticipación de la guerra final entre Dios

y las fuerzas del mal. Aunque Jesús no nos legó ningún escrito, sus discípulos nos legaron parte

de sus enseñanzas que tienen su lugar en el apocaliptismo judío45.

Una lectura de las cartas de San Pablo nos deja ver que él era un descendiente de la

ideología apocalíptica. La premisa de la centralidad de la resurrección es un tópico que encuentra

su hogar en el apocaliptismo. Lo mismo podemos decir sobre la guerra que se da en la cruz y la

resurrección donde se vencen por anticipado los poderes cósmicos del mal y así se obra la

salvación. En este mismo eje podemos mencionar el tema de la parusía que es tan repetido por

San Pablo. La parusía es la venida final de Jesús como soberano para vindicar a los fieles y

destruir los poderes del mal y sus secuaces. Si San Pablo escribió 2 Tesalonicenses, el segundo

45
Algunos eruditos (Mack, Robinson, Kloppenborg) plantean que la tradición de los dichos de sabiduría en el Nuevo Testamento estratifica las
tradiciones de Jesús en un nivel sapiencial y otro nivel apocalíptico posterior. A mí me parece que ya en 1 Enoc habíamos visto esta mezcla de géneros
literarios sapienciales y apocalípticos y que no se había planteado la necesidad de una estratificación de las tradiciones en dos niveles separados. No veo
porque sea necesario plantear que una persona comparta dos tradiciones culturales complementariamente como la sabiduría y el apocaliptismo. Un buen
ejemplo de este tipo de pensamiento dicotomizado lo encontramos en Kloppenborg (1987).

243
capítulo de esta carta tiene un itinerario apocalíptico. En cuanto a los viajes celestiales de los

visionarios apocalípticos, San Pablo por lo menos menciona uno de estos viajes en 2 Corintios

12.

Hebreos y las epístolas católicas comparten elementos de la ideología del apocalíptismo

del cristianismo primitivo. Pero donde el apocaliptismo tiene su mejor exponente en el Nuevo

Testamento es en el libro del que ha tomado su nombre, Apocalipsis. El mismo narra una guerra

entre Dios y las fuerzas cósmicas e históricas del mal, con la inminente victoria de Dios y la

vindicación de los fieles. El apocaliptismo le sirvió al cristianismo primitivo para no comprar

ningún metarrelato político de la antigüedad. La sospecha que detrás de la retórica de la pax

romana lo que había era dominio, explotación y violencia, visto todo esto a través del lenguaje

metafórico de los mitos de la guerra celestial, nos legaron una sospecha continua sobre el poder y

una imaginación utópica a la cual debemos volver constantemente, especialmente cuando nos

empezamos a acomodar al status quo o cuando los poderes «tengan aspectos de cordero pero

hablen como dragón» (Ap 13.11).

Microgéneros

Un análisis de todos los subgéneros literarios dentro de estos macrogéneros que hemos

discutido nos lanzaría en la aventura de escribir un libro sobre géneros literarios únicamente.

Esto está más allá del propósito de esta obra, que es dar una vista introductoria a los pasos

esenciales utilizados en las ciencias bíblicas para leer y comprender la Biblia, en este caso, el

Nuevo Testamento. No obstante, hay algunos géneros literarios dentro de los evangelios y en las

cartas que son muy comunes y que aparecen en las lecciones para la predicación y la escuela

bíblica vez tras vez. En este libro describiremos las historias de milagro y las parábolas como

ejemplos de microgéneros dentro del discurso más extenso de nuestras narrativas.

244
Las historias de milagro

Un vistazo al evangelio de Marcos nos deja ver cuán importantes son para el primer

evangelista las historias de milagros. Los milagros son la ilustración básica de la autoridad que

tiene la enseñanza de Jesús. Marcos es muy parco en las tradiciones de Jesús como maestro. Así

que nos informa que Jesús fue a la sinagoga de Capernaum, y que comenzó a enseñar. Pero no

nos narra la enseñanza, sólo que «les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los

escribas» (Mc 1.22). Inmediatamente nos narra una historia de milagro. El lector o la lectora no

sabe lo que Jesús enseña, pero sabe que es un hacedor de milagros.

La primera mitad del evangelio de Marcos está llena de historias de milagros --alrededor

de 19 historias de milagros hasta la narrativa de la confesión de Pedro y tres historias de milagros

después de la confesión de Pedro, sin incluir la escena de la pasión--. Mateo y Lucas utilizan a

Marcos en sus narrativas y aunque tienen sus propios énfasis, también presentan a Jesús como un

hacedor de milagros. Juan también nos presenta siete milagros en la primera parte de su obra,

llamada por algunos especialistas el libro de los signos -- (1) el agua convertida en vino, (2) el

hijo del noble, (3) el paralítico en el estanque de Betesda, (4) la alimentación de los cinco mil,

(5) la caminata sobre al agua, (6) el ciego de nacimiento y (7) la resurrección de Lázaro. Esto sin

pasar por alto que el libro de Hechos está salpicado de historias de milagros también.

¿Qué es una historia de milagros? ¿En qué consiste el patrón básico? ¿Cuántos tipos de

historia de milagros hay? Estas son las preguntas medulares sobre este género literario tan ubicuo

en las narrativas del Nuevo Testamento. Una historia de milagro es una narrativa que contiene un

acontecimiento milagroso (Bailey y Vander Broek 137). Para Antoinette Clark Wire una historia

de milagros «narra una ruptura milagrosa en la lucha contra las restricciones opresivas sobre la

vida humana» (Bailey y Vander Broek 137). Una historia de milagros requiere que el suceso

245
narrado sea extraordinario y más allá de las capacidades humanas. Hay varios tipos de historias

de milagros. El Nuevo Testamento nos presenta historias de sanidad, exorcismos, historias de

provisión e historias de milagros sobre la naturaleza.

Los elementos básicos de una historia de milagro de sanidad son los siguientes:

(1) Se describe una situación más allá del control humano. Generalmente, el personaje es

identificado por su situación y apenas se nos da mayor información;

(2) Un taumaturgo se relaciona con la situación, a través de una palabra, un toque, o un

ritual con substancias;

(3) Un milagro cambia la situación;

(4) Se presenta la evidencia del milagro; y

(5) Los espectadores del milagro se asombran (Remus 859).

Como esto es una descripción básica del género, el lector o lectora debe esperar algunas

variaciones. Los géneros literarios tienen flexibilidad y quien lee debe asumir que cada

evangelista, en su discurso, le hizo las variaciones que quiso o que necesitó al género literario.

Encontramos ejemplos de este tipo de historias en Marcos 1.29ss, en Juan 5 y en Hechos 3.1ss.

Similar a este tipo es la historia de milagros de un exorcismo. El patrón básico sobre el

que corre este tipo de narrativas es el siguiente:

(1) Jesús se encuentra con una persona poseída;

(2) Una confrontación entre el poder del mal y Jesús es central a la narrativa;

(3) Se pueden describir los efectos dañinos del poder del mal sobre el personaje;

(4) Jesús expulsa el poder del mal con una palabra;

(5) Los testigos del exorcismo reaccionan con asombro y temor.

246
Ejemplos de este tipo de historias los hallamos en Mc 1.23-28; 5.1-20; 9.14-29. Es interesante

que la tradición juanina no incluye ningún exorcismo entre sus milagros. Quizás esto tenga que

ver con la baja ideología apocalíptica que hay en Juan. Los apocalipsis parten de la premisa de

una guerra entre Dios y las fuerzas del mal que son el substrato de un exorcismo. Marcos, por el

otro lado, tiene una ideología apocalíptica evidente que se subraya con sus historias de milagro y

es reenfatizada con el sentido de urgencia del tiempo y se repite en el discurso apocalíptico de

Jesús en Marcos 13.

Los evangelios nos presentan varias historias de milagros sobre las fuerzas de la

naturaleza (Marcos 4. 35ss; Juan 6. 16ss). El patrón literario en estas historias es el siguiente:

(1) Una tormenta amenaza la embarcación donde se encuentra Jesús y los discípulos;

(2) Los discípulos le piden auxilio a Jesús;

(3) Jesús da una orden a la naturaleza;

(4) La naturaleza se calma;

(5) Los discípulos se asombran y temen.

Otro tipo de historia de milagro son las historias de provisión. Las historias de provisión

incluyen las bodas de Caná (Jn 2.1ss), la multiplicación de los panes y los peces (Mc 6 .30ss) y la

pesca milagrosa (Lc 5. 1ss), entre otras narrativas. La estructura de estas narrativas es la

siguiente:

(1) Jesús percibe la necesidad;

(2) Jesús inicia la acción de proveer para la necesidad.

(3) A través de un acto o plabara de Jesús, se suple la necesidad humana.

Las parábolas

247
El concepto parabolé significa literalmente «arrojar a lo largo de». La idea es que una

parábola es una historia que tiene un referente al que se puede comparar por yuxtaposición. El

concepto parabolé proviene del concepto hebreo mashal. El concepto hebreo tiene una gran

variedad literaria. Puede significar un refrán o un dicho de sabiduría, proverbio o alegoría.

Los evangelios nos informan que Jesús usaba unas narrativas breves con sentido

metafórico, a las que los evangelistas llaman parábolas. Estas historias breves tenían un sentido

doble. Se decía una cosa por otra. En este sentido eran metáforas extendidas. C.H. Dodd ha

definido una parábola como «una metáfora o simil tomado de la naturaleza o de la vida común,

cautivando al oyente por su viveza o rareza, y dejando la mente con suficientes dudas sobre su

aplicación precisa...» (Bailey y Vander Broek 106, traducción mía).

Bernard Brandon Scott ha definido una parábola como «una narrativa ficticia breve

referida a un símbolo trascendente» (Scott 8). Crossan ha planteado que las parábolas se dividen

en varios tipos: (1) parábolas aforísticas, (2) parábolas extendidas, (3) parábolas narrativas

(Crossan 146-152).

Una parábola aforística es un dicho de sabiduría atribuido a una persona, en este caso a

Jesús. La estructura de los aforismos puede variar, pero esencialmente es un dicho que invita a

quien lo oye a aceptar como verdadero lo que Jesús dice. Una característica de los aforismos es

el uso del díptico, o una estructura en dos partes. Un ejemplo de una parábola en forma de

aforismo es:

Les dijo también una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro
ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? (Lc 6.39).

Hay estructuras en forma de paralelos sinónimos y paralelos antitéticos en la tradición aforística

atribuida a Jesús. Cuando las parábolas en forma de aforismo tienen una estructura paralela, las

248
dos partes del díptico se definen una a la otra. Si es un paralelo sinónimo, una parte amplía lo

que significa la otra. Si es un paralelo antitético una parte dice lo contrario a la primera parte.

Una parábola extendida es una historia mínima que tiene un comienzo, un medio y un fin,

pero no tiene un desarrollo de los personajes, ni uno podría imaginarse en la primera línea de la

parábola cómo va a desarrollarse la narrativa. Por lo tanto, la comprensión requiere que uno

escuche la parábola por completo. La historia del constructor insensato y el constructor sabio son

ejemplos de una parábola extendida. El lector o lectora notará que es un tipo de aforismo. Es una

historia con el propósito de dar una lección en la vida. No obstante, tiene personajes y una trama

más detallada. Notará el lector o lectora que estas historias, tal como nos han sido legadas en

Mateo y Lucas están relatadas en un formato de paralelo antitético.

Las parábolas narrativas son el tipo de parábolas que generalmente reconocemos como

parábolas. La parábola del sembrador es una de estas narrativas. Sigue un patrón trimembre. Esto

es, la historia se cuenta en una secuencia de tres hechos negativos y un hecho paradigmático.

Pero hay parábolas que se cuentan en un patrón bimembre --dos actos-- tal como la historia del

Hijo pródigo. En las parábolas narrativas sólo hay un mínimo de personajes.

Las parábolas se relacionaron con el Reino de Dios. Por lo tanto, estas historias breves

fueron formas de decir algo sobre Dios como soberano. Las parábolas se quedan abiertas a una

pluralidad de significados. Como el lenguaje utilizado es metafórico, las parábolas quieren

evocar el reino de Dios a través de imágenes polisémicas. Por lo tanto, las parábolas siempre

difieren su significado. Crossan afirma que hay varios tipos de literatura que se relacionan de

distinta manera con la realidad social. Alega Crossan que un mito trata de establecer una realidad

social a través de una narrativa, mientras que una narrativa irónica trata de cuestionar la realidad.

249
Las parábolas, sin embargo, están al otro lado de la realidad social; invitan a subvertir la

realidad.

Preguntas medulares

Las preguntas medulares que el análisis de las formas literarias le hace a los textos son

múltiples. Las preguntas básicas son:

· ¿Cuál es el género literario de este pasaje bíblico o este libro?

· ¿Cuáles son los elementos que nos ayudan a clasificar este pasaje o libro en tal o cual

género literario?

· ¿En qué consiste la descripción literaria? Como un género literario es esencialmente un

texto que tiene unos rasgos que lo tipifican, una lista de los elementos que se dan en este

tipo de texto es una gran ayuda para poder identificar el texto. La identificación del

género literario a su vez ayuda al lector o lectora a saber qué tipo de actitud debe asumir

ante el género en que está codificado el discurso. Por ejemplo, en la elocución de un

chiste, inmediatamente asumimos una actitud particular. Lo mismo podemos decir de la

tabla de posición de un deporte en el periódico: lo leemos con una actitud y unas

expectativas específicas. Las comunicaciones humanas, para funcionar, requieren una

serie de discursos estereotipados frente a los que asumimos una actitud y ante las cuales

damos un tipo de respuesta. Así, un saludo tiene un formato específico y requiere una

respuesta que también tiene su propia estructura estereotipada.

· ¿Cuál es la función retórica de este género? El uso del lenguaje estereotipado de un

género literario tiene un propósito. Hay una relación entre el lenguaje que tipifica un

género literario y el efecto sobre el lector o lectora. El género literario está formulado

para producir un efecto y una actitud sobre el receptor del discurso.

250
La tarea pastoral y el análisis de las formas

Varias cosas queremos decir sobre la utilidad de este tipo de análisis para la pastoral.

Cuando predicamos sobre una de estas historias de milagros y la podemos identificar, tenemos

un patrón básico de cómo se desarrollará la narrativa. Este patrón podría ser el esquema básico

para un sermón. Cada parte de la estructura literaria nos serviría para dar paso a las notas

exegéticas y salida del texto hacia los textos vivientes en la congregación. Esto en sí es el

esquema para un sermón o estudio bíblico. Esta parte en sí es la mitad de la tarea de la

predicación o un estudio bíblico. En la pastoral, podemos también escoger qué partes de la

estructura de un género literario queremos enfatizar y qué partes queremos obviar. Pero la

persona que coordina la enseñanza está manejando la situación organizadamente y sabe por

dónde entrarle al texto, cómo seguir el desarrollo de la narrativa a través de la estructura, y por

dónde salir. El género literario se podría convertir en el plano o paradigma a través del cual

leemos e interpretamos un pasaje.

Mi experiencia como pastor y maestro es que tan pronto pongo en un papel las partes

fundamentales de las que se compone un género literario, tengo un tipo de bosquejo delante que

me permite abordar los temas y estructuras profundas dentro del pasaje o me guía para rehacer la

historia narrativamente en mi propio relato. Esto es de mucho valor si reescribo la historia en mis

propias palabras. El género literario se convierte en el patrón entre el pasaje bíblico y nuestra

narrativa. Una mirada a la historia de la resurrección de Lázaro escrita por León Tolstoy nos deja

ver que detrás de la narrativa de Tolstoy, Juan 11 sirvió como paradigma para la nueva historia.

Entre los caribeños, Pedro Sandín en Los consejos del Tío Pedro ha hecho un uso paradigmático

de los intertextos bíblicos y sus estructuras profundas en el trasfondo de sus propios cuentos.

251
El propósito de cada tipo de lectura debe ser abrir nuevas puertas de utilidad para cada

lector o lectora. El análisis de las formas les facilita a las personas que ministran en la pastoral de

la iglesia local muchas herramientas valiosas. Un primer detalle es que puede haber una analogía

entre la estructura de un pasaje bíblico y el sermón. Cuando leemos un pasaje bíblico, si estamos

conscientes de que podemos clasificarlos por géneros literarios, también conoceremos que ese

género literario tiene unos elementos básicos que ayudan a tipificarlo. Una lectura del relato

como género literario nos ayudará a notar las partes del relato. Estas partes pueden ser puentes

entre el texto, el sermón o estudio bíblico y la congregación.

Generalmente yo segmento las partes del relato y de ahí escojo qué partes son vitales para

el mensaje. La conciencia de la forma literaria me da la ventaja de poder bosquejar

inmediatamente el pasaje bíblico. Del bosquejo al sermón lo que hay es un paso. Una vez hago el

bosquejo del pasaje en su estructura interna, puedo seguir el pasaje bíblico o seleccionar las

partes que me parecen importantes para la predicación.

La otra tarea es la de hacer los enlaces entre las partes de un relato y mi audiencia. Este es

el proceso hermenéutico en el cual junto el horizonte del texto con el horizonte de mi audiencia y

sus preguntas. El género literario me ha ayudado a estructurar el mensaje. Claro que el contenido

del pasaje y el contenido de la relectura hermenéutica serán el «detrás y delante» del pasaje y del

sermón. El detrás incluye toda la información histórica del pasaje y el delante incluirá todas las

posibilidades hermenéuticas que un texto puede contener en el encuentro con un nuevo lector o

nueva lectora en un nuevo contexto.

Otro elemento que hemos aprendido de la historia de las formas es la posibilidad de

recuperar la prehistoria oral del texto. Un pasaje bíblico podemos leerlo en el contexto literario o

podemos separarlo del contexto literario e interpretarlo en un marco historiográfico de su

252
prehistoria. Esto nos permitiría que el texto tenga tres horizontes: (1) el horizonte del pasaje en

su contexto literario, (2) el horizonte del pasaje en su contexto sociológico, (3) el contexto de la

audiencia que lo lee en este otro horizonte. Este tipo de conciencia de las posibilidades

interpretativas nos abre un mundo a quienes utilizamos el texto en la pastoral de la iglesia.

Podemos abordar un pasaje desde una diversidad de trasfondos, incluyendo el trasfondo histórico

social del género literario si nos es posible reconstruirlo.

Claro, en la pastoral lo más importante en una lectura es el diálogo entre el texto y los

nuevos lectores. Pero ésto debe estar hecho con un respeto y conocimiento de la integridad del

pasaje bíblico. Se puede interpretar el pasaje desde la perspectiva que uno necesite, pero siempre

se debe conocer el mundo del pasaje lo mejor que se pueda. El análisis de las formas nos ayuda a

conocer la estructura de cada pasaje, pues esta estructura es la que le tipificará en tal o cual

género. Pero a la vez nos abrirá la otra vertiente de la historia de dicho pasaje antes de estar en

este contexto literario actual. El contexto literario actual y el discurso completo en el que el

pasaje ha sido injertado nos dará mayores posibilidades de comprender el pasaje no sólo desde la

perspectiva del género literario, sino en términos de cómo este género literario se relaciona con

el resto del discurso en el cual está injertado. Es posible que el pasaje bíblico inclusive nos sirva

para hacer una relectura del discurso al notar que el pasaje en el discurso final ha sido entretejido

a contrapelo. En este caso, el pasaje nos dará paso a una deconstrucción del discurso. Un pasaje

bíblico nos abrirá una ventana para ver las inconsistencias, las contradicciones, las luchas de las

que el texto canónico es testigo.

253
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257
Capítulo 7
ANÁLISIS DE LAS TRADICIONES

El análisis de las tradiciones nos permite reconocer aquellas formaciones literarias que el autor de un texto

ha recibido de la tradición oral o escrita previa. Los textos que hemos recibido en la tradición bíblica son un

tejido de textos escritos y orales [intertextos] que pasaron de boca en boca, de generación en generación, hasta

la generación que cristalizó el texto. En el caso del Nuevo Testamento, podríamos decir que la historia de las

tradiciones en el Nuevo Testamento va más allá de las primeras generaciones de cristianos primitivos, porque

estos a su vez eran hijos de su cultura, la cual era heredera de intertextos, tanto en el judaísmo como en el

helenismo. Así que la historia de las tradiciones apunta a todos esos intertextos que encontramos en un texto

final.

Foucault señala, en relación a los textos y discursos, que «todo discurso manifestado se basa secretamente

sobre un ‘ya dicho’; y este ‘ya dicho’ no es meramente una frase que ya ha sido hablada, o un texto que ya ha

sido escrito, sino... un discurso incorpóreo, una voz tan silente como un suspiro...» (Foucault 25; traducción

mía). Con esta metáfora, Foucault plantea la naturaleza intertextual de todos los discursos. Levorati describe la

intertextualidad como «la absorción y transformación de otros textos..., [en los cuales]...resuenan ecos de otros

textos (citados, plagiados, cuestionados, o simplemente imitados)» (Levorati 112). Pero para nosotros y

nosotras que nos acercamos al texto bíblico, esto implica que el texto final es una cristalización de muchas

voces y discursos a través de las generaciones.

El concepto historia de las tradiciones tiene una dimensión literaria y una dimensión histórica. La
dimensión literaria busca estos ecos que resuenan en nuestros textos y que llamamos tradiciones. El concepto
tradición viene del latín, traditio. Traditio se refiere al proceso de transmitir información cultural de una
generación a otra. Esta información cultural aparece en nuestros textos constantemente. El texto nos invita a
tener un ojo abierto para reconocer esta dependencia literaria y cultural. Tradición también proviene de otro
concepto del latín, traditium. Traditium se refiere a los materiales transmitidos de una generación a otra o de un

258
grupo a otro. La historia de las tradiciones investiga este traspaso de materiales culturales (traditio) y el
contenido de este traspaso cultural (traditium) desde una perspectiva histórico-social y literaria.
Tener conciencia de que el texto incorpora todo un acervo literario y cultural previo nos abre una ventana

para tratar de discernir el texto final y escuchar las voces que componen la obra final. Que el texto final tenga

valor canónico implica que estas voces previas que subsisten en el tejido del texto tienen profundo significado

para el lector o lectora consciente del entramado textual.

Esto significa que los textos bíblicos y cualquier otro texto están relacionados con una cantidad indefinida

de textos orales y escritos que mantienen su eco en estos textos en su forma actual. El análisis de las tradiciones

intenta identificar estos ecos literarios y orales que se reflejan en los textos para luego situar cada uno de estos

intertextos en su propio contexto histórico-social. En cierta forma el análisis de las tradiciones se relaciona

directamente con el análisis de las fuentes. Pero el análisis de las tradiciones no sólo está interesado en las

fuentes escritas que le sirven al texto canónico como prefacio, sino también en la posibilidad de discernir

literariamente los textos escritos u orales detrás del texto final y su localización histórica y social.

Método de la historia de las tradiciones

Con las herramientas literarias adecuadas, es posible reconstruir los substratos de los textos que tenemos
delante y podemos reconstruir una historia de estas tradiciones intertextuales en varios niveles: (1) el nivel final,
que es el texto que tenemos delante en nuestra Biblia, (2) los distintos niveles en los substratos literarios. Los
textos reflejan múltiples otros textos. La historia de la tradición sirve como un tipo de arqueología literaria e
histórica de los textos finales.
La historia de las tradiciones en los estudios bíblicos ha enfocado su perspectiva esencialmente en: (1)
materiales narrativos, tales como: relatos, proverbios, leyes, poemas, enseñanzas, o en (2) temas, (3)
motivos, y (4) nociones
El notar que el texto final es un tejido de otros discursos previos nos obliga a proceder con una técnica
de investigación conducente a separar estos tejidos en sus capas distintas para luego ver si podemos localizarlos
en el tiempo y el espacio. Este segundo proceso es lo que conocemos como historia.

Metodología literaria
¿Cómo procedemos a llevar a cabo estas operaciones literarias para luego aplicarles el método histórico?
Necesitamos primeramente hacer una diferencia entre la historia de las fuentes y la historia de las tradiciones.

259
La historia de las fuentes estaba buscando intertextos también, pero estaba buscando narrativas, relatos amplios
literarios. Este es el caso de las fuentes del Pentateuco, la fuente Q, o el libro de los signos en la tradición
juanina. En contraste, la historia de las tradiciones está rastreando pequeños relatos, y su foco es más bien temas
o tópicos que relacionan genéticamente distintos discursos. La metáfora de la genética es apropiada, porque lo
que se está llevando a cabo es similar a la búsqueda del DNA celular, pero en nuestro caso es la herencia o
dependencia literaria y cultural.
Un segundo paso será determinar la naturaleza de la operación literaria. Si lo que nos interesa es un
concepto temático dentro de un relato, la operación literaria es sencilla. Notamos el concepto básico que nos
interesa y procedemos a rastrearlo en el resto de la tradición bíblica, en la literatura del antiguo oriente medio,
en la literatura intestamentaria, y en la literatura helenística. Este procedimiento nos llevará a mirar un concepto
o tema en toda esta literatura comparada y nos permitirá tener una idea del desarrollo de este tema o concepto a
través del tiempo y de la cultura. Si lo que nos interesa es más la arqueología de un tipo de discurso, como por
ejemplo un género literario específico, entonces procederemos a buscar en la literatura comparada relacionada
relatos que se parezcan en su estructura literaria. Pero esto esencialmente nos llevará a un análisis de la historia
de las tradiciones de una forma literaria.
Una mirada a los textos del Nuevo Testamento nos dejan ver inmediatamente que los textos reflejan las
voces del Antiguo Testamento, de los judaísmos contemporáneos al Nuevo Testamento, de la literatura helénica
y de distintas generaciones de cristianos y cristianas que pasaron estas tradiciones de unos a otros. Algunos
especialistas le llaman a ese período de transmisión de las tradiciones la primera, segunda y tercera generación.
Una lectura siguiendo una perspectiva de la historia de las tradiciones determinará un tema y lo rastreará a
través de todos los intertextos relacionados.
Historia de la investigación
El análisis de las tradiciones es heredero de los resultados de la escuela de la crítica de las fuentes, la
crítica de las formas y la historia de las religiones. Los trabajos primarios en este tipo de metodología se
hicieron en la Biblia hebrea. German Gunkel, en sus estudios sobre la literatura del Antiguo Medio Oriente,
planteó que había relación literaria entre los mitos de la literatura del Antiguo Medio Oriente y los relatos de la
creación y el diluvio en la Biblia (Gunkel). Gunkel alegó que las tradiciones bíblicas mostraban ecos de este
acerbo de tradiciones míticas y culturales del Antiguo Medio Oriente que todavía resuenan en las narrativas de
la creación y del diluvio en el libro de Génesis y en algunos salmos y en el libro de Job. En la literatura del
Antiguo Medio Oriente y sus cosmogonías y relatos de diluvios, Gunkel percibía parentesco literario con los

260
relatos que cristalizaron en Génesis y otros relatos similares en el canon de la Biblia hebrea. Gunkel planteó que
los textos en Génesis estaban emparentados con estos textos del Antiguo Medio Oriente. Este trabajo en
literatura comparada ayudó a Gunkel en su clasificación de los géneros literarios en el libro de Génesis. Note
cada lector o lectora que fue el tema de estos relatos lo que dio inicio a la historia de las tradiciones. Pero
también debemos notar que estos temas trabajados en literatura comparada de la antigüedad dieron a luz otro
método, la historia de las formas.
Pero además de poder clasificar el libro de Génesis en distintos géneros literarios, en esta lectura
comparada, Gunkel pudo clarificar las posibles relaciones entre la literatura bíblica y los intertextos de su
mundo social y cultural. Gunkel abrió paso a tratar de forjar una historia de cada etapa que pudiéramos
recuperar de entre los textos actuales.
Los trabajos más significativos de la historia de las tradiciones han sido los de Gerhard Von Rad y los de
Martin Noth en la Biblia hebrea. Von Rad argumentó que los materiales del Hexatéuco (Génesis a Josué) eran
la cristalización final de una serie de materiales que tenían una larga historia literaria y oral. Planteó que el
núcleo más antiguo de estos materiales se encontraba en las confesiones de Deuteronomio 26. 4-9; 6. 20-24 y
Josué 24. 2-13. Aunque esto ha sido discutido posteriormente y se ha alegado que el proceso es inverso, la obra
de Von Rad es un excelente modelo del paradigma de la historia de las tradiciones en los estudios del
hexatéuco. Martin Noth en su Historia del Pentateuco alegó que la tradición yavista podía deconstruirse en una
larga historia de las tradiciones desde una perspectiva literaria. Tanto Von Rad como Noth demostraron la
utilidad de la historia de las tradiciones para la historiografía (Noth) así como para la teología bíblica (Von
Rad).
La escuela escandinava se ha hecho famosa por su énfasis en la historia de las tradiciones.
Esencialmente postulan que los textos finales son un peldaño en la historia de transmisión de materiales
culturales de unos grupos a otros y el proceso de crecimiento y relectura de estos materiales por cada grupo que
recibe los materiales previos. Este proceso de cómo cada grupo nos presenta las tradiciones previas con sus
cambios y añadiduras es parte de ese proceso de atesorar por razones ideológicas –teológicas– las tradiciones
recibidas. En el proceso de sedimentar las tradiciones uno va notando los cambios en los materiales y
preguntándose a qué situación histórico-social responden estos cambios en las tradiciones.
La historia de las fuentes y la historia de las formas han sido fundamento básico para el estudio de la
historia de las tradiciones en los evangelios. Los trabajos de Wrede en relación a Marcos, la hipótesis de la
fuente Q, la teoría de la prioridad de Marcos, los estudios sobre las formas literarias de la tradición sinóptica y

261
los trabajos de tradición y redacción en los dichos de Jesús ha sido material básico para la historia de las
tradiciones en el Nuevo Testamento. Un detalle importante en el estudio de temas y de relación literaria ha sido
la comparación literaria de los temas y dichos sinópticos en la literatura de Qumrán, en las tradiciones de Nag
Hammadi y en la literatura helenística y del judaísmo intertestamental. Esta otra literatura nos ha permitido
tener una visión de conjunto en cómo se articularon los temas primarios que encontramos en las páginas del
Nuevo Testamento.
Debido a esta relación entre un tipo de arqueología literaria y los distintos trasfondos históricos que
requieren los intertextos para poder ser comprendidos, la crítica de las tradiciones ha sido también llamada
historia de las tradiciones. Historia de tradiciones, porque una vez tenemos la literatura relacionada con nuestros
textos, sea fuera del canon [extracanónico] o dentro [intracanónico], podemos aplicar la metodología
historiográfica a estos otros intertextos. Estos nos permite ver cómo una tradición común funcionó en distintas
etapas de la historia humana y la historia del pueblo de Dios.
Para el lector o lectora esto significa que puede conocer cómo una tradición fue releída a través del
tiempo. Aunque el análisis de las tradiciones está enfocado en el «detrás del texto», esto es, en su trasfondo,
puede ser una escuela para el lector avisado o lectora avisada sobre cómo el texto final recibió tradiciones
previas y las reelaboró. La tradición previa y su reelaboración nos muestra el potencial infinito hacia el futuro
que tiene una tradición. Así como los textos canónicos recibieron y releyeron tradiciones previas, ahora se
convierte ese proceso de uso y relectura de las tradiciones en paradigmas hermenéuticos sobre cómo podemos
construir el «adelante del texto» desde nuestra localización social.

Ejemplos de historia de las tradiciones


Los estudios paulinos también han tenido toda una proliferación de investigación sobre la
intertextualidad que podemos observar en las cartas de Pablo y sus discípulos. Las confesiones de fe, los himnos
del cristianismo primitivo prepaulino han sido separadas del contexto literario en las cartas y han sido
abordados literaria e históricamente. Estos pasajes y alusiones a tradiciones tanto del cristianismo primitivo
como de los judaísmos y de los helenismos nos han ayudado a comprender los insumos literarios y teológicos
de los que se alimentó la escuela paulina.
Lo mismo podremos decir de las voces de la literatura intertestamentaria en el Nuevo Testamento y
específicamente en la literatura paulina. Un pasaje que me parece que es muy leído en nuestras iglesias y poco
comprendido por el desconocimiento de los intertextos que alimentan a san Pablo es el relato sobre las mujeres
que oran y profetizan en 1 Corintios 11. San Pablo alude al relato de la creación del ser humano en Génesis 2 y
262
3 para explicar la subordinación patriarcal de las mujeres. Pero en medio de todo este análisis alega que las
mujeres deben cubrirse el rostro «por causa de los ángeles» ( 1 Cor 11.10). Para comprender este dicho paulino
hay que revisar el acerbo cultural de los judaísmos previos a san Pablo sobre este tema de las mujeres y los
ángeles. San Pablo es testigo de las tradiciones míticas del judaísmo intertestamentario sobre el matrimonio de
las mujeres con los ángeles en los relatos sobre el diluvio bíblico (Gen 6). Una lectura de algunas de estas
tradiciones en 1 Enoc nos bastará para comprender cuál es el temor paulino. De acuerdo con 1 Enoc 6ss se nos
plantea que:
En aquellos días, cuando se multiplicaron los hijos de los hombres, sucedió que les nacieron
hijas bellas y hermosas. Las vieron los ángeles, los hijos de los cielos, las desearon y se dijeron: -
-Ea, escojámonos de entre los humanos y engendremos hijos. ...Eran doscientos los que bajaron a
Ardis..., y tomaron mujeres; cada uno se escogió la suya y comenzaron a convivir y a unirse con
ellas... Quedaron encinta y engendraron enormes gigantes de tres mil codos de talla cada uno.
[Los gigantes] consumían todo el producto de los hombres, hasta que fue imposible a éstos
alimentarlos. Entonces los gigantes se volvieron contra ellos y se comían a los hombres.

Primera de Enoc es una antología de apocalipsis del judaísmo intertestamentario. Esta ideología apocalíptica

intenta explicar tanto la etiología del mal como la victoria inminente de Dios en el futuro. Unos capítulos más

adelante, 1 Enoc continúa su explicación de la unión de los ángeles y las mujeres:

Ahora, los gigantes nacidos de los espíritus y de la carne serán llamados malos
espíritus en la tierra y sobre ella tendrán su morada. Malos espíritus han salido de
su carne, porque de arriba fueron creados y de santos vigilantes fue su principio y
su primer fundamento. ... Los espíritus de los gigantes, los nefilim, oprimen,
corrompen, atacan, pelean, destrozan la tierra y traen pesar... (1 Enoc 15.8ss).

El lector o lectora puede notar que posiblemente san Pablo había recibido este tipo de tradición mítica
para justificar el patriarcado. Añadiendo, desde luego, los relatos de la Ley y los Profetas que él cita
explícitamente, el relato de 1 Enoc nos da cuentas de la tradición cultural que servía de trasfondo al
pensamiento paulino sobre la mujer. Estos ejemplos en 1 Enoc nos dan un gusto por el análisis de los textos
bíblicos que ve en ellos herederos de las tradiciones de su contexto social y cultural.
Un segundo ejemplo que daremos es el concepto de la justicia de Dios en las cartas paulinas. El tema
sobre el significado de la justicia de Dios en las cartas de San Pablo es un elemento vital en la teología paulina y
en la tradición cristiana. Para comprender el concepto justicia de Dios hay que localizar este concepto en las
tradiciones de Israel y del judaísmo contemporáneo a san Pablo. ¿A qué se refiere san Pablo cuando habla de

263
justificación en sus cartas? San Pablo recibe el concepto «justificación» de la Biblia hebrea. Allí es una
referencia a la salvación que Dios ha hecho de Israel a través del pacto. La observancia del pacto por parte de
Israel le permite recibir la justicia de Dios. La justicia de Dios es lo que conduce a los israelitas de Egipto a la
tierra (Ex. 15.13 LXX). En Exodo 34.7 (LXX) se vuelve a plantear que la misericordia perdonadora de Dios es
la justicia de Dios. En Deuteronomio 9.4ss se plantea que no es la justicia de Israel la que ha hecho que herede
la tierra, sino la lealtad de Yahvé a las promesas que hizo a los padres y madres de Israel.
En los Himnos de Qumrán (IQHoyadot) 46 se nos presenta una imagen similar de la justicia de Dios
versus la justicia humana. Así en el himno 8.30 y 31 se plantea que «no pertenece al ser humano la justicia. No
es propia del hijo de Adán la perfección (note el paralelismo entre justicia y perfección) del sendero. Son del
Dios altísimo todas las obras de justicia». El himno 14.23ss, hablando de la misericordia de Dios, argumenta:
«¿Quién saldrá justificado delante de ti, en el juicio? No hay nadie que pueda responder a tu enjuiciamiento...
Todos los hijos de la verdad serán admitidos a tu presencia por tu perdón, purificados de sus pecados por tu
bondad oceánica, por tus misericordias ilimitadas». En el himno 17.15ss se lee: «...nadie es justo de por sí. En
tu presencia nadie es inocente cuando tú lo examinas. ...en comparación contigo nadie vale nada». En el himno
21.18ss se nos dice: «Sé que es tuya la justicia y que en tu benignidad está la salvación, (en tu ira) la
destrucción...». Nuevamente en el himno 22.31 afirman los qumranitas lo siguiente: «purifícame en tu justicia,
pues espero en tu bondad, tengo confianza en tu benevolencia; con tus perdones me libraste de mis penas...,
pues me apoyo en tus misericordias». Note el lector o lectora que todas las palabras oscurecidas son sinónimos
del concepto justicia. El himno 23. 19 plantea que «nadie es completamente justo en tu presencia», y el 23.32b
lee: «Una criatura de arcilla, ¿cómo puede ser justa?» En IQH Col. V. 23 el himno plantea: «Sólo por tu bondad
el hombre es justificado, es [purificado] por la abundancia de tus misericordias. Lo adornas de tu esplendor...
Note el lector o lectora que el concepto justificación trabaja en correlación con los conceptos salvación y
esplendor. En el himno 28.14ss leeemos: «Tú creaste al justo... para que se encaminase por tus senderos. ... en
la muchedumbre de tus misericordias (dispusiste) darle salvación...» En el verso 25 del mismo almo dice: «Yo
sé que de ti viene toda justificación». En el himno 30. 11: «Sé bien que nadie es justo fuera de ti».
Obviamente, esta tradición de los himnos de Qumrán es un lugar teológico común con san Pablo en su
concepto de la justicia de Dios. Para san Pablo, la justicia de Dios es el poder salvífico divino que se ha
manifestado en la cruz y la resurrección. Este poder ha liberado al ser humano de los poderes del mal que han
esclavizado a la humanidad.

46 Estoy siguiendo el texto de Jiménez y Bonhomme. Hay una versión de mejor calidad por F. García Martínez.
264
Un tercer ejemplo nos parece que será suficiente para comprender la estrategia literaria para una
búsqueda de la historia de las tradiciones. Utilizaremos el relato del combate entre el dragón y la mujer en el
libro de Apocalipsis. Para nuestro propósito enfocaremos principalmente en la figura de la mujer de Apocalipsis
12 y en la historia de las tradiciones que alimenta este relato.
Tanto en el mundo del Antiguo Medio Oriente como en las tradiciones míticas helenísticas encontramos
paralelos para nuestra historia. Las tradiciones del Antiguo Medio Oriente se reflejan en los relatos poéticos de
la Bibla hebrea. En el Antiguo Medio Oriente había varios mitos sobre el combate entre las fuerzas del mal y las
fuerzas del bien. Gunkel planteó en el siglo 19 que el mito babilonio de la guerra entre Tiamat –el dragón—y
Damkina y su hijo. El mito del combate de Marduk era el relato literario detrás de estos relatos de un combate
entre una figura mítica y una mujer. Boussett, en 1906, señaló que había un mito similar en Egipto sobre una
guerra entre Isis-Osiris-Horus-Pitón. La tesis doctoral de Adela Yarbro Collins fue alrededor de este mito en la
literatura helenística y Apocalipsis 12. Yarbro Collins argumenta, citando a Higinius, una fuente primaria del
año 207 d.C., que nos informa los detalles del combate mítico en el mundo helénico:
Pitón, hijo de Terra, era un gran dragón [draco] que, antes del tiempo de Apolo, daba respuestas oraculares en el
Monte Parnaso. La muerte estaba destinada a llegar a él a través del hijo de Latona [Leto]. Al mismo tiempo Jove
[Zeus] se acostó con Latona, hija de Polus [Coeus]. Cuando Juno [Hera] se enteró de esto, ella decretó (?) que
Latona debía dar a luz en un lugar donde el sol no brillara. Cuando Pitón supo que Latona estaba preñada de
Jove, el la siguió para matarla. Pero por órdenes de Jove, el viento Aquilo [Boreas] se llevó a Latona y le condujo
hasta Neptuno [Poseidon]. Él la protegió, pero para no hacer vano el decreto de Juno, el la llevó a la isla de
Ortigia, y cubrió la isla con olas. Cuando Pitón no la encontró, volvió a Parnaso. Pero Neptuno levantó la isla de
Ortigia a un lugar más alto, fue llamada luego la isla de Delos. Allí Latona agarrada a un arbusto de oliva, dio a
luz a Apolo y a Diana [Artemis], a los cuales Vulcano [Hephaestus] les regaló arcos de guerra. Cuatro días
después que ellos nacieron, Apolo ejecutó venganza por causa de su madre. Pues él fue a Parnaso y asesinó a
Pitón con sus arcos... El puso los huesos de Pitón en una olla y los depositó en su templo, e instituyó los juegos
funerales en su honor... (traducción mía) (Aune, CDRom)47.

Apocalipsis 12.1b describe el portento: «la mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies y sobre
su cabeza una corona de doce estrellas». Esta mujer es una alusión a Eva en Génesis 3. Génesis 3.15 presenta
resumidamente este conflicto entre la mujer, su hijo y la serpiente: «Pondré enemistad entre ti y la mujer, y
entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú la herirás en el talón». El autor de
Apocalipsis está releyendo y reinterpretando a Génesis 3.15 desde su nuevo contexto. De cara al conflicto que
la comunidad de fe tiene con Roma, el autor de Apocalipsis ve el relato primigenio del conflicto entre la mujer,
su hijo y la serpiente.

47 Aune, David E., Word Biblical Commentary, Vol. 52b: Revelation 6-16, (Dallas, Texas: Word Books, Publisher) 1998.
265
Aune presenta una alusión mesiánica a esta imagen de una mujer dando a luz a un hijo salvífico en
Qumrán:
Yo estaba angustiado como una parturienta primeriza cuando le llegan los dolores del parto y un dolor
atormenta su útero para hacer comenzar el nacimiento en el horno de la preñada. Ya que los hijos llegan
de los bordes de la muerte, y la que está encinta del hombre está angustiada en sus dolores, porque de los
bordes de la muerte da a luz a un varón y surge de los dolores del Sheol, del horno de la preñada un
admirable consejero con su fuerza, y el hombre es librado del útero. En la que está encinta de él se
precipitan todas las convulsiones y los dolores desgarrantes en su nacimiento; el espanto se apodera de
las parturientas, y en su nacimiento vienen a una todos los dolores al horno de la preñada. Y la que está
preñada de la serpiente está con un dolor desgarrante; y los bordes de la fosa están con todas las obras
del espanto (1QH Col. XI, 7-12)48.
Esta mujer celestial recuerda las imágenes femeninas de las ciudades que eran cónyuges de Yahveh.
Especialmente nos acordamos de las imágenes de Sión como consorte de Yahveh. Ejemplos de esta imagen
femenina de Sión los hallamos en:

Is 37.22 La virgen hija de Sión te menosprecia, se burla de ti;


a tus espaldas mueve su cabeza la hija de Jerusalén.

Is 66.8 ¿Nacerá una nación de una sola vez? Pues en cuanto Sión estuvo de parto, dio a luz a sus
hijos. Yo que hago dar a luz, ¿no haré nacer?», dice Jehová. «Yo que hago engendrar,
¿impediré el nacimiento?» dice tu Dios.

Un lugar donde se mezcla el lenguaje de la señal con una mujer dando a luz es el relato de Is 7.11ss: «Pide
para ti una señal de parte de Jehová tu Dios, Por tanto, el Señor mismo os dará señal: La virgen concebirá y
dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.» Ahora bien, el cristianismo primitivo utilizó este relato
para narrar el nacimiento de Jesús (Mt 1; Lc 1—2). En el Apocalipsis se releen todas estas tradiciones desde una
óptica mítica para explicar el conflicto histórico entre el imperio y las iglesias de Asia Menor. Este ataque del
dragón a la mujer y su niñito es una metáfora para la hostilidad del imperio contra los cristianos de Asia Menor.
Esta relación de esta mujer con el nacimiento de Jesús ha sido utilizado en la tradición para releer esta
imagen desde una clave mariológica. En Latinoamérica, esta mujer cósmica se presenta especialmente en la
Virgen del Panecillo en Quito. Es una estatua de una mujer sobre la luna y el sol con las estrellas como corona

48 Estoy usando la versión de los Textos de Qumrán de Florentino García Martínez.


266
alrededor de su cabeza que reproduce esta imagen del libro de Apocalipsis, pero que es comprendida en la clave
mariológica del catolicismo popular.
La imagen de la luna, el sol y las estrellas nos recuerda el sueño de José en Génesis 37. 9: «Soñé que el
sol, la luna y once estrellas se inclinaban hacia mí». En el mito helénico esta vestidura de la mujer es similar al
mito de Isis (Talbert 48). Harrington alude a la reina del cielo en la mitología en Asia Menor. Las doce estrellas
se han explicado como doce imágenes zodiacales. Estas imágenes del zodiaco aparecen en
2 Enoc 21.6.
En Apocalipsis la imagen de la mujer es polisémica. Así que esta mujer que ahora es madre del Mesías,

luego se convierte en la novia del Mesías en las visiones de la boda celestial en Apocalipsis 19.7-8; 21.9-10.

El Apocalipsis tiene otras dos mujeres que contrasta con estas mujeres positivas, me refiero a Jezabel y a la

Gran Ramera

Apocalipsis 12.2 presenta a la mujer de parto. El relato de Génesis 3.15 y 16 presenta esta escena de Eva en

su preñez, sus dolores y el resultado, su hijo, que destruye la serpiente finalmente. Otra opción interpretativa

en la Biblia hebrea es una alusión a la restauración de Sión. Así en Is 66.8ss dice: “Pues en cuanto Sión

estuvo de parto, dio a luz a sus hijos”. Obviamente que el lenguaje mítico de esta mujer mítica en los relatos

del Antiguo Medio Oriente, la Biblia hebrea y el mundo helenístico han salido a relucir aquí.

La historia de las tradiciones en nuestro contexto


Los trabajos sobre la historia de las tradiciones en Puerto Rico han sido abundantes. Webber, profesor de

Biblia en el Seminario Evangélico en las décadas del 30 al 50 fue el pionero escribiendo de estos tópicos.

Aludiendo al debate sobre la resurrección y la ley del levirato en la Biblia Hebrea y la tradición sobre estos en

Mateo, escribe Webber: «Es indudable que el enigma presentado a Jesús tiene su origen en la preciosa historia

de Sara en el libro de Tobías» (ennegrecido del autor). En esta misma línea de pensamiento sobre la utilidad de

la literatura primaria del contexto histórico del Nuevo Testamento trae a colación las tradiciones sobre la

historia de Judit, el Eclesiástico, la Sabiduría de Salomón, etc. (abril 1939, 14).

267
En enero de 1940 escribe Webber un artículo titulado «Antigua creencia en los demonios». Este artículo es

una joya en términos de la historia de las tradiciones en la Biblia Hebrea y en la literatura primaria del judaísmo

intertestamentario en relación con la demonología del Nuevo Testamento. Trae a colación Webber su lectura del

relato del diluvio y el matrimonio de las hijas de los seres humanos y los hijos de Dios y la etiología de los

demonios en el judaísmo. Repasa este mito en 1 de Enoc, Tobías, en la literatura de los rabinos del tercer al

sexto siglo a.C., y en la literatura canónica de la Biblia Hebrea. Todo esto le sirve como contexto literario y

cultural para releer el Nuevo Testamento con entendimiento.

Jorge Pixley produjo un libro titulado Pluralismo de tradiciones en la religión bíblica que

esencialmente son una serie de ensayos exegéticos sobre varias tradiciones de la Biblia Hebrea tales como las

religiones tribales, la religión agraria, la mitología israelita y sus fuentes, la religión del estado, la religión de los

intelectuales y la religión profética. Lo valioso de este libro es que a cada uno de estos temas se le hace una

historia de las tradiciones con especial atención a la literatura del Antiguo Medio Oriente y los relatos bíblicos

como referente para interpretar estas tradiciones bíblicas. Por ejemplo, en el capítulo sobre las religiones

tribales, Pixley hace un estudio del tránsito del Dios de los padres a la religión de Yahveh. Rastrea los relatos

bíblicos que mencionan los dioses de los padres y la revelación de Yahvé, busca en los documentos de Mari y

en los nombres propios que contienen el nombre divino para anotar la información histórica que podemos

reconstruir a través de todas estas tradiciones. Pixley menciona que originalmente lo que el texto nos menciona

son los dioses de los padres de Israel. Estos dioses tenían tres características principales (1) la relación especial

entre este dios y su pueblo, (2) el dios como garantía de juramentos para alianzas entre tribus, (3) la promesa de

la tierra para el pueblo del Dios. Eventualmente las tribus entraron en una alianza bajo los auspicios de Yahveh,

pero hubo una continuidad entre los dioses de los patriarcas y Yahveh «pues veían en Yahweh una nueva

manifestación de su antiguo dios» (26). Pixley resume este proceso histórico: «La religión yahwista fue lo que

unió las varias tribus hebreas en una liga anfictiónica que fue el paso inicial en su marcha hacia su

268
establecimiento como una nación, que se completó bajo el liderazgo del rey David unos dos siglos más tarde»

(29).

Un detalle adicional que plantea es que el yahvismo por un lado era posiblemente una religión quenita

en el Sinaí, pero que también fue la religión de Moisés y el éxodo. Esta experiencia de Yahveh como el dios

libertador de los esclavos en Egipto fue el suceso medular que dio ímpetu al establecimiento del yahvismo en

las tribus.

El capítulo de los mitos de Israel pone en contraste las cosmogonías de Israel con las del Antiguo Medio

Oriente y las cananeas para establecer que Israel tomó y transformó este tipo de tradiciones míticas sobre la

creación, tales como la cosmogonía del Enuma Elis, el Atrasis. El Salmo 74 es testigo de este tipo de

cosmogonía en su tránsito de un relato mítico donde Yahveh destruye al monstruo marino Leviatán a Génesis 1

donde ya se ha eliminado la guerra entre deidades y lo que tenemos es la celebración de la creación por Dios.

En el libro de Apocalipsis, El tiempo está cerca, una lectura pastoral del Apocalisis de Samuel Pagán

hay una serie de capítulos sobre las historia de las tradiciones de las metáforas. Estos capítulos tratan de

relacionar los símbolos de Apocalipsis con el intertexto en la Biblia Hebrea y otra literatura apocalíptica del

judaísmo del segundo templo de modo que podamos leer estas metáforas en su trasfondo cultural. Discute

Pagán en estos capítulos conceptos como el Mesías, el día de Señor, el juicio de Dios, la guerra santa, la

segunda venida de Cristo, entre otros. En todos los casos la metodología preponderante es una historia de las

tradiciones detrás de estos conceptos temáticos en el libro de Apocalipsis.

En Latinoamérica y el mundo hispano la cantidad de literatura sobre la historia de las tradiciones en

distintos aspectos del texto bíblico es enciclopédica. Una revisión de la literatura en las revistas

latinoamericanas nos pueden dar una visión de la magnitud de la empresa exegética. Daré un solo ejemplo de

este tipo de procedimiento exegético en los trabajos de Alejandro Diez Macho sobre el Tárgum Neophyti.

Neophyti es una evidencia fabulosa de la historia de las tradiciones en el caso de relatos narrativos. El libro de

269
Génesis es interpretado para la comunidad judía que utiliza este Tárgum. Un aspecto que me parece valioso para

los cristianos es el uso del concepto Memrá de Yavé. Diez Macho plantea que la Memrá de Yahweh es el

equivalente de la voz de Dios en Génesis 1 y que es una forma de poner distancia entre Dios y el ser humano.

Dios se revela a través de su voz o palabra. El cristianismo primitivo tomó esta imagen del arsenal de

tradiciones sobre Dios en las tradiciones israelitas y judías como parte de su reflexión cristológica en el

concepto logos traducido como verbo o palabra de Dios en Juan 1.1; 1 Juan 1.1, y Apocalipsis 19.13. Si esto es

correcto, el lugar en la historia de las tradiciones para encontrar el referente principal para comprender el

concepto logos en la tradición juanina es la tradición targúmica del judaísmo palestinense contemporáneo a la

literatura juanina.

Preguntas medulares

Algunas de las preguntas medulares que nos hacemos utilizando como metodología la historia de las

tradiciones son:

· ¿Qué tradiciones previas de la literatura del Antiguo Medio Oriente o de la cultura helenista parece

hacer eco en nuestro texto?

· ¿Qué tradiciones dentro del texto bíblico están siendo trabajadas en nuestro pasaje?

· ¿Qué significaron estas tradiciones en sus contextos históricos previos?

· ¿Cómo incorpora estas tradiciones previas nuestro relato?

· ¿Qué nuevo significado ha adquirido la tradición en nuestro relato?

· ¿Se puede demostrar alguna dependencia literaria o temática entre las tradiciones?

· ¿Cuál era el contenido de la tradición más antigua posible?

· ¿Podemos establecer el contexto histórico social de esta tradición previa?

La tarea pastoral y el análisis de las tradiciones

270
En términos de la predicación, el análisis de las tradiciones le abre a cada persona que predica o enseña

en la escuela bíblica una serie de posibilidades de predicar o enseñar el texto en distintos niveles en la historia

de las tradiciones. Con esto queremos decir que el texto final ha manifestado su pluralidad interna. Por lo tanto,

quienes trabajamos en la pastoral no tenemos un texto rígido, sino con una gran flexibilidad. El texto final es

testigo de la utilización de los materiales que cada generación le legó a la próxima y cómo se reinterpretaron las

tradiciones en cada generación. La historia de las tradiciones se nos convierte en una ventana hermenéutica. Así

como San Pablo interpretó alegóricamente las narrativas de Sara y Agar, así mismo en mi situación pastoral

puedo hacer un uso creativo del texto de modo que me hable con una voz nueva y para la vida. Una perspectiva

sobre el texto como receptor de intertextos implica que éste ha cobrado una multiplicidad de referentes

históricos que le dan nuevas posibilidades de significado al texto. Esto significa que no se está abordando un

texto con una pequeña historia, sino con una multiplicidad de textos y de contextos históricos. Se puede

seleccionar el texto final o una de las fases en su historia de las tradiciones. El canon ha legitimado los

subtextos. Por lo tanto, se puede abordar el mensaje de Lucas como texto final, o se puede abordar el texto de Q

o puede ir más lejos al mensaje de Jesús en su entorno sociológico.

Un mismo pasaje bíblico tiene varios pisos. Cada vez que alguien dice que no sabe de qué va a predicar,

me imagino que la lectura ha sido limitada por no ver esta gran pluralidad en cada texto. La intertextualidad

como una herramienta es de gran valor para la tarea pastoral. El texto, en su historia de las tradiciones, nos

muestra la autonomía que cada generación tuvo para retomar y reinterpretar una tradición. Ese proceso de

recibir sus textos culturales de las generaciones previas, y al mismo tiempo considerar la autonomía que esas

tradiciones tuvieron frente a una nueva audiencia, se convierte en un paradigma. Puedo revisar los distintos

niveles de un texto en sus subtextos, como puedo imitar el proceso de reinterpretación de una tradición que el

texto final nos muestra. Igual me puedo voltear contra el texto final a base de los conflictos que este ha

suprimido de sus intertextos. Todo depende de mi situación pastoral y mis posibilidades hermenéuticas. El

271
texto leído desde una perspectiva de la historia de las tradiciones ya no tiene un sólo significado, sino una

multiplicidad de posibilidades. En la pastoral, podemos, lo mismo utilizar el texto final, que los intertextos que

podemos inferir en un pasaje.

272
Referencias

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1988 Word Biblical Commentary, Volume 52b: Revelation 6-16. Dallas: Word Books
Publisher.
Brown, Raymond E.
1997 An introduction to the New Testament. New York, et. al.:
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application. Louisville: Westminster/John Knox Press.
Diez Macho, Alejandro. Neophyti I. Targum palestinense Ms de la biblioteca
1968 vaticana. Tomo I Génesis. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones
Científicas.
Foucault, Michel
1972 The archaelogy of knowledge. Traducido por A. M. Sheridan
Smith. New York: Pantheon Books.
García Martínez, F.
1992 Textos de Qumrán. Madrid: Trotta.
Gunkel, Herman
1964 The legends of Genesis: The biblical saga and history. Traducido
por W. H. Carruth. New York: Schocken Books.
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1976 Los documentos de Qumrán. Madrid: Cristiandad.
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1997 «La hermenéutica de Schleiermacher». Pp 77-115. Vol 2 en Revista Bíblica.
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1999 El tiempo está cerca. Una lectura pastoral del Apocalipsis. Miami:
Editorial Caribe.
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1971 Pluralismo de tradiciones en la religión bíblica. Buenos Aires: Aurora.
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1972 Tradition history and the Old Testament. Philadelphia: Fortress Press.
Webber, A.
abril 1939 «The apocrypha: An American translation».Pág. 14-15 en El Boletín. San
Juan: Seminario Evangélico de Puerto Rico.
enero 1940 «Antigua creencia en los demonios». Pág. 3 -10 en El Boletín. San Juan:
Seminario Evangélico de Puerto Rico.

273
Capítulo 8

ANÁLISIS DE LAS REDACCIONES

Si la crítica de las formas y la crítica de las tradiciones estaban mirando la prehistoria del texto bíblico,

la crítica de las redacciones pone su foco en el texto final. Aquellos elementos que el análisis de las tradiciones

y el análisis de las formas habían señalado que eran secundarios a las formas previas al texto actual, son el foco

central de este método. Resulta que el trabajo editorial del último compilador de las tradiciones nos puede

ayudar a identificar los intereses de éste. Si por casualidad podemos identificar un patrón consistente en el

trabajo editorial del último compilador, podemos identificar los intereses del compilador precisamente a través

de observar cómo este ha editado los materiales que recibió de la tradición y cómo ha organizado los materiales

en su narrativa o discurso.

El método que utiliza este tipo de perspectiva ha sido llamado crítica de las redacciones por la mayor

parte de los especialistas. Le podríamos haber llamado en español análisis del trabajo editorial. Pero el

procedimiento sería el mismo. Este método considera los cambios que se le han hecho a las fuentes y a los

géneros literarios básicos y observa si hay un patrón en el discurso para poder inferir el punto de vista del

último redactor del texto. Así que miramos los cambios que se le han hecho a las fuentes previas, la localización

donde se encuentra un pasaje dentro de un discurso y la relación entre un pasaje y todo el discurso.

La crítica de las redacciones intenta determinar el punto de vista del texto final que poseemos.

Determinamos el punto final del texto de varias formas. Primeramente miramos los cambios que han sufrido las

fuentes que han sido insertadas y editadas en el discurso. Estos cambios son significativos por varias razones:

(1) nos ayudan a ver aquellos elementos que el autor final añadió a las tradiciones que recibió, (2) nos permiten

preguntarnos si estos cambios le añaden algún nuevo significado a las tradiciones y (3) si estos cambios en el

significado se relacionan de alguna manera con el trasfondo histórico social al que se envía el nuevo discurso.

274
Otro elemento que le interesa al análisis de la redacción final es el orden en que las tradiciones se

presentan en el nuevo discurso. El orden de un discurso tiene implicaciones para el punto de vista. Así que la

pregunta sobre dónde ha sido localizado este pasaje en el discurso es importante. El análisis de las redacciones,

por lo tanto, está pendiente de lo que precede a nuestro pasaje y lo que viene después. El arreglo del orden de

las tradiciones tiene implicaciones para el significado del texto. El orden en que se presentan los elementos del

discurso es el trabajo de un autor determinado. El detalle adicional de mirar un pasaje dentro de la totalidad del

discurso literario nos permite ver cómo un pasaje cobra significado en relación con el discurso completo en el

que se halla inmerso. Los compiladores bíblicos eran autores y teólogos por peso propio. Así que organizaban

los materiales recibidos con intencionalidad. La relación entre un pasaje y el resto de su contexto literario

amplía nuestra visión de manera que podamos entender el significado de un texto en su contexto literario.

El desarrollo de la historia de las redacciones en las ciencias bíblicas

En los estudios del Nuevo Testamento los trabajos más antiguos que tenemos donde se comenzó a

desarrollar el análisis de las redacciones se los debemos a Günther Bornkamm, Willi Marxen y Hans

Conzelmann. Bornkamm publicó un artículo de revista en 1948 donde aplicaba esta metodología sobre el relato

de la tormenta en el Mar de Galilea en Mateo 8.23-27 (McKnight 153-167). Bornkamm se dio cuenta que

Mateo había sacado esta narrativa del contexto literario en que se encontraba en Marcos y la había insertado

dentro de una serie de historias de milagros en Mateo 8, cuyo propósito era mostrar que Jesús es el Mesías.

Bornkamm plantea que en Mateo 5-7 se ha presentado al Mesías de la palabra, pero ahora en Mateo 8 se

presenta una nueva evidencia del mesianismo de Jesús, el Mesías de las obras milagrosas. Mateo ha

reorganizado los materiales que tomó de Marcos por razones teológicas.

En otro trabajo sobre la teología de Mateo en 1954, Bornkamm va más lejos y plantea que una lectura de

algunos de los elementos que Mateo le ha añadido a Marcos nos permite percibir el contexto vital de la

comunidad de Mateo. Alega que hay una composición clara en el discurso de Mateo. Ya Juan el Bautista está

275
alegando que los hijos e hijas de Abraham tienen que dar «frutos dignos de arrepentimiento» (Mt 3.8). Este

tópico de los frutos de arrepentimiento se repite en el Sermón del Monte, donde se plantea que los profetas

verdaderos y los profetas falsos se conocen por sus frutos (Mt 7.15ss). Pero el contexto de esta enseñanza sobre

los verdaderos profetas y los falsos profetas está relacionado con ciertos profetas en la comunidad que se

legitiman a través de sus poderes carismáticos (Mt 7.22ss). Mateo alega que el verdadero profeta no se legitima

por sus poderes carismáticos, sino por su obediencia a la la voluntad de Dios. Todo esto se puede clarificar aún

más cuando uno pone en contexto literario la enseñanza sobre la vigencia de la Ley (Mt 5.17ss).

Bornkamm plantea que si esto uno lo pega al conflicto sobre la validez de la Tora en el cristianismo

primitivo y la discusión entre los judaísmos después de la destrucción del templo, se puede inferir que Mateo es

la voz de un grupo de judeocristianos que se entiende como el verdadero judaísmo y que cuestiona a grupos

cristianos que eliminan o minimizan la vigencia de la Tora después de la destrucción del segundo templo. El

lector o lectora notará que Bornkamm ha comparado a Mateo con sus fuentes y ha mirado el orden del discurso.

Una vez tiene una construcción mental del discurso busca información primaria que le ayude a localizar

histórica y socialmente a Mateo. Esto lo ha encontrado en la discusión del judaísmo formativo contra el

judeocristianismo. Un ejemplo de esto lo tenemos en la Oración de las Dieciocho Peticiones, que ruega que los

seguidores del Nazareno sean destruidos.

Fue, sin embargo, Willi Marxen el que acuño el término historia de las redacciones para nuestra

metodología. Marxen hace uso consciente de esta metodología sobre el evangelio de Marcos. Plantea que para

usar la crítica de las redacciones sobre Marcos hay que «(1) separar la tradición de la redacción de manera que

la composición de Marcos se ilumine, (2) atender los puntos de vista de Mateo y Lucas para tomar una

perspectiva más clara de lo que es típicamente marcano» (McKnight 155). Con este procedimiento aborda el

marco geográfico marcano, los relatos sobre Juan el Bautista, el concepto evangelio y el pequeño apocalipsis

marcano --Marcos 13.

276
Para tener una idea de cómo procede Marxen en su análisis de Marcos daremos un ejemplo, el marco

geográfico de Marcos. Alega Marxen que el marco geográfico en el cual el ministerio de Jesús comienza en

Galilea y termina en Jerusalén es el resultado de la mano editorial de Marcos. Los relatos premarcanos podían

haber sido utilizados para tener un marco geográfico similar al de Juan --varios viajes entre Galilea y Jerusalén-,

pero Marcos construyó un marco geográfico que le da énfasis a Galilea. Marxen alega que la comunidad de

Marcos era una alrededor de Galilea o con un movimiento hacia Galilea. Marxen va tan lejos como para

plantear que la promesa de que los discípulos verían a Jesús en Galilea es una referencia a la parusía esperada

de acuerdo con su lectura en Galilea.

A mí me parece que Marxen hace una buena observación al plantear que el marco geográfico es una

construcción de Marcos. Hoy sabemos que luego del año 70 el judaísmo formativo se concentró en el área de

Galilea. Además, los estudios sociológicos nos han dado una pista: Galilea representa el área rural en tensión

con el enclave de explotación de la ruralía, Jerusalén y las grandes ciudades de Galilea, como Séforis, Tiberias y

la Decápolis. Me parece que el planteo de que la parusía era esperada en Galilea por la comunidad marcana es

una lectura muy sesgada de Marxen. Por lo menos, los evangelistas que leyeron a Marcos y lo editaron, no

entendieron estas referencias a la parusía, sino a la resurrección --Mateo 28.

Hans Conzelmann hizo un trabajo siguiendo esta metodología de la crítica de las redacciones pero

aplicada a Lucas. Conzelmann se concentró en la división del tiempo en la obra de Lucas-Hechos. Plantea éste

que Lucas divide el tiempo en tres etapas, (1) el tiempo de Israel que llega hasta Juan el Bautista, (2) el medio

del tiempo que es el tiempo del ministerio de Jesús, (3) el tiempo de la iglesia. Con este formato para organizar

sus materiales, Lucas aborda el problema del retraso de la parusía. Conzelmann compara algunos pasajes claves

con Marcos para dar evidencia de esta cronología teológica de Lucas.

El logro fundamental de la historia de las redacciones y el análisis composicional aplicado a los evangelios

puede ayudarnos a comprender que cada evangelio es testigo de un trabajo teológico de su autor y las

277
comunidades que estaban detrás de estos evangelios. No es sólo Pablo y la comunidad juanina quienes

producen una teología en el Nuevo Testamento. Si comparamos las fuentes y tradiciones intertextuales que los

evangelistas utilizaron y vemos cómo las editaron y en qué manera organizaron sus materiales, podremos

reconstruir la teología de los evangelistas en diálogo con su contexto vital.

Procedimientos esenciales del análisis redaccional y análisis composicional


Hay varios procesos medulares en la crítica de las redacciones y el análisis redaccional. En el caso de

que estemos trabajando con Mateo y Lucas, un primer procedimiento sería buscar y reconstruir en la medida de

lo posible, las fuentes intertextuales que hay detrás de nuestros evangelios. En este caso podríamos comparar

cómo Mateo y Lucas utilizaron a Lucas o a la fuente Q. Una vez uno puede reconstruir estas fuentes, el

próximo paso sería ver qué cambios le han hecho nuestros evangelistas a sus fuentes. Si uno encontrara un

patrón en este tipo de cambios en un evangelista particular valdría la pena ver si estos cambios editoriales se

pueden organizar bajo una explicación en términos del trasfondo histórico-social de este evangelio.

Otro procedimiento que uno debe observar es el orden en que los evangelistas han organizado estos

materiales que recibieron de sus fuentes intertextuales. Notar cómo el orden de los materiales afecta el

significado puede ser otra pista para comprender la teología de los evangelios.

En el caso de Mateo y Lucas, una comparación con Marcos y con Q nos puede arrojar luz sobre cómo

estos evangelistas utilizaron sus fuentes y cómo las editaron. En el caso de un análisis de Marcos, si tenemos

textos independientes de Marcos que reflejan la misma tradición, como es el caso de las parábolas en el

Evangelio de Tomás, podemos comparar el uso que Marcos le da a estas parábolas. Una mirada a los evangelios

en la totalidad de sus narrativas nos dejan ver que Mateo y Lucas le añadieron a Marcos una narrativa del

nacimiento, una genealogía y una narrativa sobre la resurrección que no se encontraba en Marcos. Por otro

lado, Q está organizada de manera distinta por Mateo y Lucas. En Mateo, Q ha caído dentro de los discursos de

este evangelista, mientras que en Lucas, se utiliza el recurso de un largo viaje de Galilea a Jerusalén para
278
introducirnos las enseñanzas de Jesús. Estas diferencias entre los evangelistas y cómo organizaron sus

materiales apuntan a una teología y a las formas literarias e ideológicas de estos evangelistas de abordar su

contexto vital.

Una mirada a los pasajes específicos nos muestra cómo Mateo y Lucas editaron los relatos que

recibieron de Marcos y de Q. Una persona que posea un paralelo sinóptico se dará cuenta inmediatamente de la

gran cantidad de cambios pequeños, cambios en el orden del discurso que Mateo y Lucas le han hecho a sus

fuentes. Estos cambios, cuando se pueden establecer como un patrón de cada una de estas obras, nos pueden

dar una pista sobre cómo estos evangelistas comprendían la vida y la fe.

Varios ejemplos de este proceso editorial podemos notarlos inmediatamente. Un ejemplo de cómo Lucas

cambió sus fuentes lo podemos notar en los relatos de Juan el Bautista y el bautismo de Jesús. Lucas plantea

que Juan el Bautista había sido encerrado en la cárcel por Herodes Antipas. Luego de esto es que narra el

bautismo de Jesús. Una lectura en Marcos nos deja ver que éste hace claro que Jesús fue bautizado por Juan el

Bautista (Mc 1.9). Lucas, sin embargo, ha cambiado la información del encarcelamiento de Juan el Bautista de

Marcos 6.17ss a la escena del bautismo. Jesús es bautizado junto a todo el pueblo, pero luego de que se nos

narra el encarcelamiento de Juan.

Uno se pregunta por qué este cambio sobre Marcos. Esto lleva a uno a darle seguimiento al tema sobre

Juan el Bautista en toda la obra de Lucas-Hechos para poder percibir la teología sobre Juan el Bautista de

Lucas. Una lectura de todo el discurso lucano le recuerda a uno que Juan el Bautista apareció en la estructura

de dípticos de la narrativa de la infancia de Jesús. Constantemente Jesús es presentado en contraste con Juan el

Bautista. Juan es hijo de una familia sacerdotal (Lc 1.5ss), pero Jesús es hijo del Altísimo (Lc 1.35). Juan

prepara el pueblo del Señor (Lc 1.17), pero Jesús es el Señor (Lc 1.43). Cuando Juan nace, su padre, Zacarías,

da un discurso --al que Lucas le llama profecía-- donde la primera parte lo que hace es hablar de otro niño,

Jesús. Cuando Zacarías habla de su hijo, alega que «irá delante de la presencia del Señor...» (Lc 1.76), pero

279
Lucas se encarga de informarle al lector o lectora que el Señor es Jesús (Lc 7.13). El relato sobre Juan el

Bautista continúa en Lucas 7.18ss. Lucas allí está usando a Q que también se encuentra en Mateo 11.2-19. Los

materiales comunes entre Mateo y Lucas nos permiten reconstruir a Q. Las diferencias entre Mateo y Lucas nos

permiten ver cómo estos evangelistas editan a Q. Lucas nos sitúa la narrativa luego de una serie de historias de

milagros, mientras que Mateo comienza su segunda sección después de un discurso --el discurso sobre la misión

de los discípulos-- con este diálogo. Mateo y Lucas han situado este relato en distintos lugares en sus narrativas

respectivas.

Como lo que nos interesa es saber cómo Lucas edita sus fuentes para reconstruir su teología, sólo

mencionaremos los detalles más importantes. A Lucas, al igual que a Mateo y a Marcos, le ha llegado esta

tradición sobre Elías como clave para interpretar la figura de Juan el Bautista. Lucas ha mencionado en el relato

de la infancia que Juan irá «con el Espíritu y el poder de Elías» (Lc 1.17). Lucas, sin embargo, omite la

descripción de cómo Juan estaba vestido (Mc 1.6), que es una referencia a 2 Reyes 1.8, donde se describe la

vestidura de Elías y por la cual el lector o lectora recuerda que la tradición profética había anunciado el retorno

de Elías (Mal 4.5-6). En efecto, en el relato de la infancia de Juan el Bautista se alude a este intertexto de

Malaquías al plantear que Juan hará «volver el corazón de los padres a los hijos...» (Lc 1.17). En Mateo se

señala que Juan es Elías que iba a venir (Mt 11.14). Lucas no nos da esa interpretación a pesar de que repite de

Q el intertexto de Malaquías: «Mira, yo envío mi mensajero por delante de ti...» (Lc 7.27, en SBE).

El lector o la lectora que compara a Lucas con Mateo y el uso que se le da a Q se pregunta nuevamente,

¿por qué Lucas constantemente disminuye la figura de Juan el Bautista? Por otro lado, uno nota que quien es

comparado con Elías y Eliseo en Lucas es Jesús mismo. Al igual que Elías y Eliseo, Jesús hace milagros entre

280
gentiles (Lc 4.25ss). Al igual que Elías y Eliseo, Jesús es un hacedor de milagros (Lc 7.1ss). Lucas y Mateo,

siguiendo a Q , subordinan a Juan el Bautista al más pequeño en el reino (Mt 11.11; Lc 7.28)49.

Conzelmann notó que Lucas 16.16 es una redacción de Q en la que Lucas ha situado a Juan el Bautista

como un personaje del pasado --de la Ley y los Profetas-- . En Mateo este dicho se refiere a que la Ley y los

Profetas anunciaron que Juan el Bautista era Elías, pero para Lucas «la Ley y los Profetas llegan hasta Juan...».

La próxima vez que Marcos menciona a Elías es en el relato de la pasión (Mc 15. 35). Mateo sigue a Marcos

en esta referencia a Elías, pero Lucas cambia, eliminando la referencia al Salmo 22 por el Salmo 31.6 y con este

cambio también se elimina la referencia a Elías.

El tópico sobre Juan el Bautista se vuelve a retomar en Hechos 19. Nuevamente se plantea un papel

subordinado para Juan el Bautista y, en este caso, Pablo bautiza nuevamente a los bautizados por Juan, pero

ahora «en el nombre de Jesús» y entonces reciben el Espíritu Santo. De un tiro se matan dos pájaros: (1) el

lector o lectora puede inferir que Lucas tiene una teología donde claramente Juan se subordina a Jesús y a sus

discípulos, (2) Pablo, al igual que los apóstoles de Jerusalén, es un personaje relacionado con la donación del

Espíritu Santo. Raymond Brown alega que posiblemente había un conflicto sobre una alta cristología para Juan

el Bautista entre sus discípulos a la que Lucas se vio obligado a responder con esta redacción a las tradiciones

sobre Juan el Bautista (Brown 292).

49
Es posible que este pasaje de Q ya sea una redacción de lo que Jesús pensaba de Juan el Bautista. Para Jesús, Juan era el personaje más grande en la
historia, esto es, «entre los nacidos de mujer, mayor que Juan no hay nadie». Para la comunidad postpascual de Q, esto no era aceptable y le añadieron «pero el más
pequeño en el reino de Dios es mayor que él» (Citas de SBE).

281
Estos procesos de comparar nuestros evangelios con sus fuentes y con los relatos deconstruidos en sus

géneros literarios básicos nos ayudan a percibir con más definición la teología de los evangelistas.

Preguntas medulares

· ¿Qué cambios aparecen en nuestro discurso de tradiciones que nuestro texto recoja como parte de su

intertexto?

· ¿Qué se le ha añadido al intertexto?

· ¿Qué se le ha quitado a la tradición recibida como fuente o intertexto?

· ¿Hay alguna razón ideológica para estos cambios literarios al intertexto?

· ¿Hay alguna situación en el contexto histórico social que nos abra una ventana para entender estos

cambios a los intertextos? Note que el análisis literario está en función de conocer la ideología del texto

en su contexto histórico social. Este no es un trabajo puramente literario, sino que establece una relación

entre al análisis literario y el análisis histórico-social.

· ¿Qué pasajes bíblicos parecen estar coordinados dentro de un texto?

· ¿Cómo son coordinados los pasajes?

· ¿Cómo afectan los relatos previos el significado del pasaje que tenemos delante?

· ¿Cómo se relaciona nuestro texto con los textos que vienen a continuación?

· ¿Qué puede inferirse del significado del discurso desde la perspectiva de la coordinación del discurso?

· ¿Cómo altera una unidad el significado de otra unidad literaria dentro de un discurso?

· ¿Puede inferirse el propósito de estos cambios redaccionales a base del discurso en el texto?

· ¿Cuál es el mensaje que el autor está tratando de dar a través de estos cambios que le ha hecho a las

tradiciones recibidas del intertexto y afirmadas en la estructura del discurso?

· ¿Cómo presenta este pasaje el punto de vista del autor?

282
· ¿Qué quiere decirle el texto a su comunidad con todo este proceso editorial de las redacciones y

organización del discurso?

Ejemplo del análisis redaccional de un intertexto

Marcos 10.46-52 nos presenta un buen ejemplo de historia de redacciones. Esta historia de milagros se

narra en los cuatro evangelios. Una lectura de las cuatro tradiciones nos permite notar cómo unos evangelistas

han dependido de otros y cómo cada evangelista ha editado esta tradición conforme a su propio estilo, teología

y contexto vital.

La tradición más antigua la tenemos en Marcos, que nos narra una historia de milagros que a su vez él ha

localizado en un lugar estratégico. Después de la narrativa de la ceguera teológica de los discípulos, Marcos nos

narra esta historia de un ciego que recibe la vista a través de un milagro. Parece que Marcos quiere informar al

lector o lectora que la única manera de ser un discípulo con una percepción correcta sobre Jesús es a través de

un milagro. Por otro lado, Bartimeo es un modelo de discípulo en medio de una historia de fracaso entre los

discípulos. Un detalle que debemos mencionar es que Marcos ha recibido esta tradición en una localización

geográfica, Jericó. Un ciego le dice a un hijo de David que tenga de él misericordia. Nos parece que esta

tradición está resonando contra la tradición de la Biblia Hebrea sobre la conquista de Jebús por el rey David (2

Sam 5.6-9). En aquel relato, los habitantes de la antigua Jebús se sienten tan seguros de la inexpugnabilidad de

su fortaleza en Sión que envían personas ciegas y con otras condiciones físicas para derrotar a David en su

empeño de conquistar la fortaleza. Esta guerra que David gana se convierte en una leyenda sobre la exclusión

que hizo David de estas personas con ciertas condiciones físicas que trataron de detenerle en la conquista.

Marcos contrasta a Jesús con David. Si en la leyenda David aborrecía a los ciegos, su hijo, el Mesías Jesús, es

uno que tiene compasión de esas personas y por lo tanto es un modelo superior a su padre David.

Una lectura de este relato en su contexto literario nos deja ver cómo Marcos ha contrastado a Bartimeo

con los discípulos. Santiago y Juan también le han hecho una petición a Jesús, le han pedido poder y honor en

283
el reino. Bartimeo, por otro lado, sólo le ha pedido lo más elemental para la vida, «que recobre la vista» (Mc

10.51). Los discípulos con su petición no saben lo que piden. Pero a Bartimeo se le responde a su petición.

Los discípulos quieren ser servidos, pero sólo Bartimeo ofrece a Jesús la oportunidad de servir y rescatar.

Si miramos este relato dentro del discurso total de Marcos, sabemos que el tema de la compasión ya

había sido planteado como una de las razones para la historias de milagros (6.34). Otro tema que se está

recogiendo en este pasaje es la falta de comprensión de los discípulos (4.13; 4.41; 6.52; 7.18; 8.17-21; 9.18,19;

9.32; 10.26). Toda esta sección de Marcos 8–10 ha sido la instrucción sobre el discipulado. Vez tras vez los

discípulos no han comprendido a Jesús y le han hecho planteamientos que muestran su incomprensión de la

verdadera naturaleza del discipulado. Este milagro final le deja saber al lector o lectora que el discipulado

auténtico necesita un milagro. Pero el milagro le da cierta esperanza al lector o lectora. Aunque los discípulos

parece que no ven y no comprenden, Jesús puede darles vista.

Si miramos los cambios editoriales que esta historia ha recibido en Mateo y Lucas y en Juan, veremos cómo la

teología de los evangelistas editó la narrativa.

Mateo convirtió la historia de un milagro en la historia de dos ciegos. Lo primero que queremos

plantear es que Mateo nos narra dos historias de milagros sobre dos ciegos (Mt 9.27ss; 20.29ss). La última

historia de milagro en Mateo 20 es previa a la entrada a Jerusalén y, por lo tanto, es la que más de cerca está

siguiendo a Marcos. En esta historia, Mateo cambia la localización de la escena de la entrada de Jericó a la

salida de Jericó. Como Mateo ha de introducir dos ciegos, elimina el nombre de Bartimeo. Mateo también

elimina la descripción sociológica de los personajes. Ya no nos indica que son mendigos. Nótese que en las

bienaventuranzas Mateo cambia los personajes de «pobres» a «pobres en espíritu». Mientras Marcos nos

plantea que Bartimeo se enteró que era Jesús el Nazareno el que pasaba por allí, Mateo elimina el título el

Nazareno. En Marcos, el clamor de Bartimeo decía: «Jesús, hijo de David». Pero Mateo cambia el nombre por

un título cristológico más alto, «Señor» (Mt 20.30). Marcos nos dice que son los «muchos» los que tratan de

284
callar a Bartimeo -- defiriendo el referente de los potenciales silenciadores--, pero Mateo se lo achaca a la

multitud. Posiblemente, con esta pequeña variación de Marcos, Mateo está exonerando a los discípulos de ser

personajes negativos en su narrativa. Mientras en Marcos el ciego le llama a Jesús «Rabunni», en Mateo los

ciegos le llaman kurie, esto es Señor. Mateo añade a Marcos que Jesús fue «movido a compasión», lo cual es

un tema de Mateo (Mt 9.36; 14.14; 15.32; 18.27;20.34; Mc 4; Lc 5). Mateo añade que Jesús «tocó sus ojos» , lo

cual es coherente con el milagro del leproso (Mt. 8. 3, 14) y el de la suegra de Pedro (Mt 8.15).

En Lucas 18.35-43 encontramos también este relato que, aunque está bien cerca de la entrada triunfal,

Lucas lo ha cambiado de lugar en la narrativa. En Lucas el relato se sitúa después de la tercera predicción de la

pasión. Pero como a Lucas le gusta narrar, lo presenta como un díptico con el relato de Zaqueo, que le sucede

literariamente. Con este relato añadido a Marcos, Lucas nos ha presentado dos personajes positivos que han

sabido responder al llamamiento de Jesús.

Lucas le hace varios cambios a la narrativa que ha recibido de Marcos. Introduce la narrativa con uno

de sus verbos preferidos, «sucedió». Lucas elimina el nombre del ciego. Además explica cómo es que el ciego

se entera de que Jesús está pasando por el camino, «y oyendo pasar a la multitud averiguaba qué era aquello».

El evangelista coloca el nombre de Jesús de manera que no haya dudas a quien se le dirige la petición. Por lo

tanto, la petición es a «Jesús, hijo de David», mientras que en Marcos era «hijo de David, Jesús». Lucas

elimina el diálogo entre los que le notifican al ciego que Jesús le llama y le animan (Mc 10.49b-50). Lucas

también comparte una cristología más alta que Marcos. El ciego le dice a Jesús, «Señor». Como es típico de

las historias de milagro de Lucas, se concluye la narrativa con la glorificación de Dios, tanto por el ciego como

por el pueblo.

Los más grandes cambios a esta narrativa se los hace Juan (Jn 9.1-34). Juan posiblemente no tenía a

Marcos ni a ninguno de los evangelios sinópticos en la mano. Pero tenía la historia que le llegó a él al igual que

a Marcos. Una comparación entre la larga historia juanina y Marcos arroja las siguientes diferencias: (1) Juan

285
localiza esta historia cerca del estanque de Siloam en Jerusalén, (2) añade que el ciego es de nacimiento, (3) usa

la narrativa para discutir la ética de la retribución deuteronomista, (4) une esta narrativa al tema de las tinieblas

y la ceguera de los judíos en Juan 8, (5) adorna la narrativa con el motivo del barro y la saliva y le añade el

motivo del lavatorio --relacionado al lavatorio de Naamán el leproso--, (6) el milagro se convierte en una

historia de conflicto entre Jesús y los fariseos, (7) el milagro se convierte en una escena para el desarrollo

cristológico juanino. El ciego no sólo puede ver literalmente, sino que va aumentando su visión sobre quién es

Jesús, (8) el milagro se convierte en una etiología de la expulsión de la comunidad juanina de la sinagoga.

La tarea pastoral y el análisis de las redacciones

La crítica de las redacciones y el análisis composicional capacitan a cada persona que lee la Biblia a ver

cómo cada texto es un discurso con todo un entendimiento de la fe y de la vida. Nuestro trabajo es discernir

cómo los cambios que recibe un intertexto a manos de un texto final reflejan el entendimiento teológico e

ideológico en un discurso. Cuando en la pastoral cobramos conciencia literaria del trabajo editorial que los

textos le han hecho a otros intertextos, de buenas a primeras tenemos acceso a textos multipisos. Podemos tanto

reflexionar sobre el sentido del texto final como de los intertextos que nuestro texto ha editado.

Un predicador o una predicadora que reflexiona sobre un pasaje en Mateo, tiene un texto con una

pluralidad de posibilidades homiléticas y hermenéuticas. Puede esa predicadora comparar los textos para notar

la teología del autor. O puede seguir dentro de todo el texto el tópico que le interese procurando hacer una

teología sobre el tema anotado. Lo otro que puede hacer es poner en diálogo el pasaje bíblico seleccionado con

los pasajes que le anteceden y le suceden. Esto alimentará la lectura del pasaje bíblico con el contexto literario.

Recuerdo un sermón en Lucas 10.25-37, la parábola del buen samaritano. Lo primero que noté es que en

Marcos este diálogo entre Jesús y el escriba era mucho más breve y no incluía esta historia. Así que anoté las

diferencias entre Lucas y Marcos para precisar las diferencias teológicas. Pero inmediatamente observé que el

relato en Lucas también estaba en diálogo con el resto de la obra lucana. Así que el escriba estaba tentando a

286
Jesús como previamente el diablo había tentado a Jesús (Lc 4.1ss). Con este detalle sobre la acción del escriba

me pareció que éste se había alineado con las fuerzas del mal en el discurso lucano. Lo otro que noté es que el

escriba preguntó sobre qué hacer para tener vida. Ahora bien, la vida había sido el tema del propósito de la obra

misionera en los relatos inmediatamente previos a nuestro relato. Los discípulos no debían alegrarse de su poder

milagroso, sino de que sus nombres fueran escritos en el libro de la vida (Lc 10.20). Pero observando la

respuesta del escriba sobre qué decía la ley, observé que el relato del buen samaritano es una descripción de

cómo amar al prójimo como a uno mismo, pero el relato de Marta y María eran una ilustración de cómo «amar

al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu». Así que el

relato inicial estaba ligado a los relatos previos y sucesivos. Siempre me ha sido de gran utilidad anotar la

relación entre un pasaje bíblico y su contexto literario y la relación de este pasaje con sus intertextos.

287
Un detalle adicional que debo mencionar es que en mi lectura de los paralelos sinópticos

y su trabajo editorial sobre las tradiciones orales o literarias, noté que los evangelistas no eran

fundamentalistas. Cada evangelista editó las tradiciones que recibió conforme a su necesidad

pastoral o conforme a su clave teológica. Las diferencias entre los cuatro evangelios no nos

permiten tener una iglesia uniforme. Tratar de imponer una uniformidad teológica, práctica,

litúrgica o sobre la experiencia religiosa es una forma de negar que Jesús nos ha llegado a través

de cuatro versiones distintas, contradictoras y, sin embargo, aceptadas como el evangelio por

toda la iglesia en sus múltiples expresiones.

La crítica de las redacciones me impone una tolerancia ética y bíblica de la diversidad

dentro de la iglesia. Me parece que reconocer las diferentes teologías de los evangelistas a través

de las diferencias que le han añadido a sus intertextos o a la forma en que han organizado sus

discursos nos envía a un mundo de fe y de tolerancia. Esto nada más es un gran logro del

evangelio en cuatro evangelios distintos. No reconocer esta diversidad evangélica sería tratar de

tapar el sol con la mano. Pero podría ser peor; podría ser un intento de imponer el poder a través

de un entendimiento unidimensional. El evangelio no es unidimensional, sino multidimensional

desde un principio. Gracias a Dios, el evangelio se resiste a ser una sola voz; es un coro donde la

polifonía se muestra en toda su belleza. Una iglesia y una teología que toma en serio la Biblia y

su pluralismo interno entonces afirmarán su catolicidad en su unidad. Pero la única forma de

afirmar la catolicidad de la iglesia –católico de los conceptos griegos kathos holos-- esto es,

conforme a la totalidad-- es afirmando que las perspectivas particulares son expresiones de la fe

auténtica.

288
Referencias

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Tannehill, R.
1996. Luke. Abingdon New Testament Comentaries. Nashville:
Abingdon.

290
CAPÍTULO 9
ANÁLISIS COMPOSICIONAL

Producto del análisis redaccional y de la conciencia literaria, recientemente ha habido un


desarrollo y refinamiento de los métodos exegéticos que conocemos como el análisis
composicional. En el análisis composicional miramos cómo un pasaje se relaciona con el resto
de la obra, o sea, una parte con el discurso completo. Esto nos permite ver cómo el círculo entre
una parte y la totalidad nos ayuda a inferir el significado de la parte dentro del discurso
completo. Esta relación dialéctica entre la parte y el todo tiene un potencial para ampliar la
comprensión del lector o lectora a un pasaje específico y nos permite aclarar el significado de un
pasaje dentro de un texto. Cada vez que analizamos un pasaje bíblico en diálogo con el resto de
la obra donde está localizado tenemos una visión más clara de las interconexiones literarias y
temáticas dentro del tejido de un texto.
Historia de la investigación

El análisis de las redacciones desembocó en el análisis composicional. Norman Perrin se


dio cuenta que una vez uno había hecho el trabajo literario de ver las implicaciones de los
cambios redaccionales teníamos que abordar los textos composicionalmente. Señaló que «si los
evangelistas eran autores, entonces ellos deben ser estudiados como otros autores son
estudiados» (Powell 1990, 3). Este tipo de señalamiento desembocó en una ampliación del
análisis redaccional en las obras de Talbert sobre Lucas, en las obras de Tannenhill sobre Lucas-
Hechos y en la generación posterior a los pioneros del método de la historia de las redacciones.
Talbert planteó en Reading Luke que el análisis exegético debía ahora estudiar cada pasaje en
relación con la obra total de los evangelistas. El foco era «comprender unidades de pensamiento
largas en su relación con el pensamiento lucano como una totalidad» (Talbert 2). Werner Kelber
hizo lo mismo con Marcos. En el caso de Marcos, el análisis composicional venía al auxilio del
análisis redaccional porque no tenemos una idea clara y evidente de las fuentes de Marcos.
Ahora podíamos poner en diálogo cada pasaje de Marcos con el resto de su obra para
comprender el texto de Marcos.

291
Procedimiento composicional

Cuando ampliamos el análisis redaccional utilizando el modelo composicional, miramos


un pasaje en su relación con todo el texto en el que se encuentra. ¿Cómo este pasaje se relaciona
con el resto del discurso? ¿Qué significado cobra un pasaje en diálogo con todo el discurso
completo en el que se halla insertado. El análisis composicional ha sido de gran utilidad en
documentos de los cuales desconocemos sus fuentes claramente. Marcos es un caso en que el
análisis composicional es una alternativa al análisis redaccional que podríamos aplicar con más
facilidad a Mateo y Lucas, pero con más dificultad a Marcos. Cuando el material marcano es
único, entonces no nos queda otro remedio que aplicarle un modelo composicional. Entonces
tenemos que poner un pasaje de Marcos a dialogar con su contexto literario inmediato y con todo
el contexto literario de su obra. En el caso de Marcos u otra de esas cartas de las que tenemos
sólo un documento del autor, como es el caso de Santiago o Hebreos, una alternativa para definir
la teología e ideología de la obra es aplicar un análisis composicional a los pasajes bíblicos en
estas obras. Lo que queremos es ver cómo un pasaje se relaciona con todo el discurso en el que
se encuentra insertado. Esto no significa que este método sólo sea útil para textos como los que
hemos descrito arriba. Cualquier obra en el texto bíblico es abordable a través del análisis
composicional. El punto básico es comparar la parte con el todo. En este caso tomaríamos alguna
palabra o concepto y la rastrearíamos en toda la obra para ver qué niveles de significación se
construyen en toda la obra alrededor de este concepto o tema. Un buen lugar para este tipo de
trabajo sería la doble obra de Lucas-Hechos que nos permitiría rastrear un concepto que nos
interesara a través de toda la obra.
Ejemplos de análisis composicional

Como hemos hecho tanto énfasis en Marcos, comenzaremos dando un ejemplo con éste.
El tema con el que comienza Marcos luego de la introducción de su obra es el reino de Dios (Mc
1.14, 15). En 1.14, Marcos alega que el reino se predica como una buena noticia salvífica. Este
es el primer nivel de significado. La buena nueva en la historia de las tradiciones era una
victoria militar o se podía referir al nacimiento del emperador romano. Pero ahora Marcos
plantea que la buena nueva verdadera es el reino que Jesús anuncia. En 1.15, Marcos presenta el
reino como un acontecimiento escatológico inminente que requiere el arrepentimiento y la

292
fidelidad de la audiencia. La audiencia debe creer en el evangelio como una respuesta adecuada
al reino inminente.
En 4.11 se expresa que las enseñanzas en parábolas revelan el secreto del reino de Dios
para los discípulos pero ofuscan el entendimiento a los de afuera. La explicación alegórica a la
parábola plantea que hay varios tipos de respuestas a la predicación de la comunidad de Marcos.
Como ya se ha relacionado el creer con el reino, la semilla que produce frutos a treinta, sesenta y
ciento es ejemplo de los que creen en el evangelio. Las otras semillas que se marchitan son
ejemplos de la ofuscación de los de afuera que se oponen a Jesús. La respuesta a la predicación
se convierte en una forma de participar en el reino de Dios. En 4. 26.30 se compara el reino con
dos parábolas, la de un sembrador y la de la semilla de mostaza. Con el reino de Dios sucede
como con estas dos historias. En la primera, cuando uno viene a ver el reino, ha irrumpido. En la
segunda historia, el reino es como la semilla de mostaza. La mayor parte de los comentaristas
afirman que esto es una metáfora para plantear la presencia pequeña y limitada del reino en el
mensaje de Jesús y en la comunidad de los creyentes. Pero otra opción es considerar al reino
como la semilla de mostaza. Por un lado es un condimento que sólo se siembra en tiestos, porque
si cae en un campo se convierte en una mala semilla que daña el terreno. En este caso, el reino
sería un problema para los poderes que están por ser de índole problemática.
En 9.1 Jesús anuncia que algunos de sus discípulos no morirán sin haber visto el reino de
Dios venido en poder. Inmediatamente después Marcos nos presenta la historia de la
transfiguración. Esta historia funciona como una anticipación escatológica del advenimiento del
reino de Dios.
En 10.14 Jesús plantea que el reino es de quienes son como niños. Esto no significa que el
reino es de pequeños graciosos y bondadosos como la modernidad ve a los niños. En la
antigüedad los niños eran una forma de existir como un no persona (Gal 4.1). Así que para
heredar el reino, Marcos plantea que el reino es herencia de las personas oprimidas,
empobrecidas, discriminadas y marginadas. El reino es de los tales. Así que la comunidad de
Marcos tiene que tener cuidado en no discriminar a quienes son como niños porque el reino
inminente es preferencialmente de quienes son como los niños. En 10.15 el Jesús marcano
plantea que la comunidad de Marcos tiene que recibir el reino de Dios como un niño. Así que la
comunidad de fe tiene que ser una comunidad con una opción preferencial por las personas

293
marginadas, porque así es como se recibe el reino. En ese mismo discurso se presenta a los ricos
como oposición a los niños,. El texto dice: «!Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los
que tienen riquezas! Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Jesús, respondiendo,
volvió a decirles:—Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios a los que confían en las
riquezas! Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de
Dios» (Mc 10. 23, 24, 25). Así que, por otro lado, el reino de Dios en el cual se podrá entrar o no
parece ser un camino difícil para los ricos. La metáfora del camello pasando por el ojo de la
aguja implica la imposibilidad de que los miembros de la elite entren en el reino de Dios. Aquí se
nos muestra el reino como una dimensión de juicio entre las personas marginadas y las personas
de la elite.
El tema del reino de Dios se vuelve a traer a colación en la entrada de Jesús a Jerusalén
(11,11). La multitud aclama «¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene!». Note que los
personajes asocian el reino que viene con la entrada de Jesús en Jerusalén. Este tema se
transformará en un tópico de ironía en la historia de la pasión. Mientras los opositores de Jesús le
destruyen en una cruz, irónicamente, el título confiesa quién es Jesús, el rey de los judíos (15.
26). Si algún lector o lectora quisiere encontrar el reino «de nuestro padre David que viene» ,
debe reconocer la cruz como uno de los lugares de ese reino.
En 12. 24 Jesús tiene el último debate con un maestro de la Ley. Ante la respuesta del
escriba sobre el primer mandamiento, Jesús le respondió que no estaba lejos del reino de Dios.
Así que en el amor al Señor como un primer orden de prioridad, y en el amor al prójimo como a
uno mismo, se está cerca del reino de Dios.
En 14. 25 se asocia la cena del nuevo pacto entre Jesús y sus discípulos como una cena
orientada a aquel día en que Jesús vuelva a participar del banquete en el reino. De esta manera, la
comunidad de Marcos podía celebrar la eucaristía no sólo como un recuerdo de la muerte de
Jesús, o como un memorial del nuevo pacto, sino también como un banquete con orientación
escatológica. En la mesa esperamos ansiosamente el reinado de Dios. Este tema del banquete y el
reino a su vez lanzan al lector o lectora para atrás a las historias de provisión en Marcos (6.30ss;
8.1ss) de manera que estas se convierten en señales del reino. El reino es donde se provee para
todas las necesidades humanas.

294
Otro ejemplo del análisis composicioanl lo podemos notar en el tema de los gentiles en
Mateo. El tema de los gentiles es crítico dentro del discurso. Mateo nos presenta el tema de los
gentiles ya desde los inicios del relato al incluir en la genealogía del Mesías a cuatro mujeres.
Estas cuatro mujeres son heroínas en las tradiciones de Israel, pero todas son gentiles venidas de
afuera.
El tema de los gentiles se retoma en la narrativa en el relato de los magos en Mateo 2.
Estos también son gentiles que, sin embargo, se convierten en un paradigma de obediencia a la
que Mateo aspira llamar a su comunidad. El tema se retoma en la cita de reflexión en Mateo
4.15. Galilea de los gentiles es un pueblo que ha visto gran luz. La gente excluida por la
xenofobia, está siendo incluida por Dios en el evangelio. Pero estos gentiles no han tenido una
entrada fácil. Jesús alega que no se le debe dar lo santo a los perros, ni se debe echar las perlas a
los puercos, lo que puede ser una alusión a los gentiles. El tema se recrudece en la violencia
exclusionista de Jesús cuando envía a sus discípulos en misión con la prohibición: «Por camino
de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos en entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de
la casa de Israel» (Mateo 10.5ss).
Vuelve el prejuicio xenofóbico a relucir esta vez de parte de Jesús y sus discípulos, en
Mateo 15.21ss. La mujer cananea es una «perrilla». En Marcos la mujer era sirofenicia, pero
ahora recibe el apelativo de los cananeos con toda la carga de significado contra los cananeos en
la Biblia Hebrea (Gn 9. 25; Jos 7. 9; Jue 1. 31-33). El lector o lectora recuerda todos los textos de
terror legitimando el genocidio contra los gentiles. Pero la xenofobia entra en crisis con esta
mujer [Mt 15.21ss], que alega que aun los niños son mejores con sus perros que lo que Jesús está
siendo con ella. Jesús se supone que sea como el Hijo de David, que era un obrador de milagros.
Jesús se supone que sea fiel a esta tradición de las historias de milagros, que son actos de
compasión para las personas más necesitadas, pero Jesús actúa bajo la estructura de la xenofobia
cultural. Los discípulos quieren despedir a la doblemente oprimida. Es mujer y gentil. Jesús se
excusa con que «sólo ha sido enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel» (Mat 15.24). La
mujer insiste en su urgencia. Jesús actúa con mayor desprecio étnico: «No es lícito dar a los
perros el pan de los hijos». Jesús habla desde la perspectiva de los opresores.
El lector o lectora, especialmente si ha sufrido algún tipo de discrimen, está a punto de
parar la lectura. Pero la mujer no se rinde, apela al principio de la misericordia y la justicia–su

295
perseverancia transforma a Jesús. Jesús se hace coherente con el principio de misericordia debido
a la palabra de la mujer. Persuadido por la mujer, Jesús afirma que se hará conforme a lo que
ella quiera. Ahora es la voluntad de la mujer la que se hará en la tierra. La voluntad de la
discriminada ha tomado la victoria y se ha convertido en una voluntad similar a la de Dios (Mat
6.9).
El lector o lectora de este pasaje tiene dos voces: la voz tradicional que se ha articulado
por Jesús contra los gentiles y la voz de las cuatro mujeres en la genealogía, los magos, el
centurión de Capernaún y la mujer cananea. ¿Cuál de estas voces determinará el discurso?
¿Ganará la voz del discrimen? ¿Ganará la voz de la xenofobia? ¿Ganará la voz de la opresión, la
muerte y la exclusión? En el discurso de Mateo cada parte sólo se puede comprender con el resto
de las partes del discurso. En efecto, en el resto del discurso Jesús emite la palabra de la mujer
cananea. Ya el reino no está comprometido con un grupo exclusivista, ahora el reino «será dado
a gente que produzca los frutos de él» (Mt 21.43). En el discurso apocalíptico hay naciones a la
derecha y a la izquierda listas para la salvación debido a su praxis con los más pequeños (Mt
25.31ss). El último discurso del evangelista Mateo pone en claro que la misión ya incluye a todas
las naciones, ya no hay xenofobia, «haced discípulos a todas las naciones» (Mat 28.19).
Este análisis composicional nos ha permitido rastrear la dinámica social que se ha dado
en la comunidad de Mateo. Originalmente era un grupo judeocristiano. Poco a poco, gentiles
fueron entrando con mucha dificultad a la comunidad judeocristiana. Dichos de Jesús y de la
tradición israelita se utilizaron para discriminar y hacer difícil el acceso de estos gentiles a la
comunidad. Pero la fe de éstos puso en jaque la ortodoxia. El texto final de Mateo apunta a la
victoria de la inclusión, la victoria de las personas excluidas que eventualmente convencieron a
la comunidad de que los hijos e hijas de Abraham y Sara eran más allá de los hijos naturales;
eran los que vivían en la fidelidad y obediencia de Dios en una praxis de justicia y compasión.
Por sus frutos en su práctica comunitaria vencieron la exclusión y vieron plasmarse en la
comunidad de Mateo la posibilidad de la inclusión.
Mateo se nos ha convertido en un testigo de una gran transición cultural. De una sociedad
cerrada y exclusivista a una sociedad que se toma el riesgo de abrirse a los gentiles y que nos
invita a meditar en cuáles son nuestras personas excluidas. Ojalá que el evangelio de Mateo en

296
esta dimensión de transición cultural sea paradigma nuestro en nuestras luchas por los derechos
humanos de todas las personas excluidas.
Otro ejemplo que podemos utilizar para rastrear un tema desde una perspectiva
composicional, es el caso de las mujeres en el evangelio de Lucas. Lucas 7 y 8 tienen una gran
cantidad de mujeres en la narrativa. Ya en 7.11ss se nos había presentado a una viuda; luego
apareció la mujer pecadora a los pies de Jesús. En 8.1-3 junto a los doce aparecen estas mujeres
que «servían a ellos de sus recursos». El tema de las mujeres en el ministerio de Jesús se va a
retomar al final de este capítulo en el relato de la mujer hemorroisa y de la niña de doce años. La
obra de Lucas tiene una gran cantidad de mujeres que éste toma de sus fuentes o que son
materiales especiales de su obra. Ya se habían mencionado previamente en su obra a Isabel,
María la madre de Jesús, Ana la profetisa, la suegra de Pedro, la viuda de Sarepta, la viuda de
Naím, la mujer pecadora. Luego de la niña de doce años se mencionará a Marta y María, la
mujer encorvada, la mujer con el didracma perdido, la viuda que protestó, la viuda que dio su
única monedita, las mujeres en el vía crucis, las mujeres en la cruz, las mujeres en el sepulcro.
En Hechos se mencionan a las mujeres y a María entre la primera comunidad, Safira, las viudas
de los helenistas, Dorcas, María la madre de Marcos y Rodas, Lydia la niña esclava, las mujeres
de la elite que creyeron, Dámaris, Prisca, las cuatro hijas de Felipe, la hermana de Pablo y
Berenice.
En el debate sobre la función de las mujeres entre la escuela paulina más reaccionaria (1
Tim 2. 10), Lucas plantea a muchas de estas mujeres como profetisas, discípulas, misioneras, y
patronas de la comunidad. Así que en cierta forma, Lucas representa una voz más a favor de la
mujer que la voz de la escuela paulina más patriarcal representada por las epístolas pastorales y
por Colosenses y Efesios.
Preguntas medulares

· ¿Plantean estos cambios algún concepto o tema que se habrá de repetir coherentemente
en el resto del discurso? Esto nuevamente nos daría una pista para un tema y un punto de
vista del discurso.
· ¿Cómo se relaciona este pasaje que estoy estudiando con el resto del discurso de esta
obra?

297
· ¿Qué elementos corren a través de todo el discurso de nuestra narrativa y aparecen en la
introducción o proemio del mismo? Note cada lector o lectora que generalmente las obras
literarias comienzan introduciendo los elementos básicos y primarios del diálogo entre el
autor y sus destinatarios. Por esto los proemios y las introducciones son de tanto valor
para determinar cuáles son los temas principales. Si encontramos en la introducción de
Juan o de Marcos o de una carta palabras y temas que continúan apareciendo vez tras vez
en el resto del discurso, el texto nos ha dado una indicación de un tema principal en el
discurso.
· ¿Hay algún tema o palabras clave que se repite en la conclusión de una narrativa o carta?
Lo mismo que decíamos para la introducción, lo repetimos ahora para la conclusión. Los
temas que le interesan a un autor se resuelven en las conclusiones de sus escritos. Por
esto uno debe mirar el comienzo de un texto y el final rápidamente. Estos dos lugares nos
pueden dar las ideas claves del texto y de ahí que podamos inferir los puntos teológicos
básicos de un discurso. Lo esencial es que esa frase, concepto o idea sea un tema que se
ha repetido varias veces en el resto del discurso. Entonces podemos con confianza anotar
que estamos ante un tema clave del discurso.

La tarea pastoral y el análisis composicional


Una herramienta de gran significación para una persona en la pastoral es el
manejo del análisis composicional. Con una concordancia y un texto bíblico, la persona
puede rastrear la teología de cada libro de la Biblia y respetar y apreciar el sentido de
cada una de estas obras. Ahora no sólo podremos tener una teología de Pablo o de Juan,
sino que también podremos a través del análisis composicional, seguir todos los temas de
cada libro de la Biblia que nos interese. Esto se convertirá en una herramienta
significativa en manos de una persona que quiera discutir un tema en un estudio bíblico o
quiera rastrear un tema de un pasaje bíblico a lo largo de un libro para un sermón.
Otra ventaja es que se podrá hacer un trabajo de teología comparada entre
distintos libros de la Biblia bajo un tema para uno poder ver la pluralidad de perspectivas
que hay en el texto bíblico y la riqueza que entrañan las páginas de la Biblia.
Un señalamiento final consiste en que una lectura composicional nos obliga a
cesar de atomizar textos bíblicos. Uno de los problemas de la pastoral es que sólo

298
predicamos pasajes bíblicos o discutimos trozos del texto bíblico. Esto nos lleva a varios
peligros. Primero, perdemos de perspectiva que el pasaje bíblico es parte de un tejido
literario en el que cobra significado. Segundo, podemos caer en la tentación de comenzar
a empatar pasajes bíblicos indiscriminadamente. El análisis composicional nos permitirá
leer los pasajes bíblicos en contexto literario. Así como el análisis histórico crítico nos
hizo conscientes de la necesidad de conocer el trasfondo del texto bíblico, el análisis
composicional nos hace conscientes de la necesidad de relacionar cada pasaje con la
totalidad de la obra en la que está insertado. Ahora podemos hablar de un pasaje bíblico
de Marcos, Juan o cualquier otro libro de la Biblia dentro de la obra completa en la que
está insertado. Así recuperamos la lectura del texto completo y no de fragmentos del
texto.
.

299
Referencias
Garland, D. E.
1995 Reading Matthew: A literary and theological commentary on the first gospel.
New York: Crossroad.
Kelber, Werner H.
1979 Mark’s story of Jesus. Philadelphia: Fortress Press.
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1989 Literary criticism and the gospels: The theoretical challenge. New
Haven: Yale University Press.
Strecker, G. y Schnelle, U.
1997 Introducción a la exégesis del Nuevo Testamento. Salamanca:
Sígueme.
Talbert, Charles,
1984, Reading Luke: A literary and theological
commentary on the third gospel. New York: Crossroads.
Tannehill, Robert.
1996. Luke. Abingdon New Testament commentaries. Nashville:
Abingdon.

300
CAPÍTULO 10
ANÁLISIS CANÓNICO

En los últimos veinte años se han desarrollado varias metodologías innovadoras de lectura

bíblica. Una de ellas es el análisis canónico. El análisis canónico es un desarrollo posterior a la

historia de las formas y al análisis redaccional. El texto bíblico ha sido leído por las comunidades

de fe que le han atesorado y canonizado como escritura sagrada. Por esto, las lecturas que buscan

situar al texto en su trasfondo histórico o literario no se han acercado al mismo desde la

perspectiva en que lo hicieron las comunidades de fe que formaron la Biblia. El judaísmo y el

cristianismo, tanto en su versión latina como en su versión protestante, organizaron sus escrituras

sagradas como normas para la fe y vida de sus comunidades. Este criterio canónico tiene

implicaciones para la interpretación bíblica. Una lectura desde la perspectiva canónica no está

tan interesada en asuntos de trasfondo histórico o literario, sino en la formación de la fe de las

comunidades alrededor del canon.

Ernesto Grassi ha señalado que los textos canónicos funcionan de manera similar a los

textos clásicos pero con un dato adicional: son fuentes con valor último para las comunidades

que le formaron. El canon bíblico del cristianismo y el judaísmo tiene un carácter revelatorio que

no está interesado en ser probado. Esta es una premisa de la comunidad que canonizó los textos.

Los textos canónicos tienen un valor absoluto o último para las comunidades alrededor de estos

textos. Las comunidades que aceptan dentro de su confesión los textos canónicos los leen aparte

de su trasfondo literario o histórico (Kennedy 6). Así, los Salmos, que posiblemente se

escribieron para el culto del templo, se leen aparte de su contexto histórico o literario de la

antigüedad. Lo mismo nos sucede con las tradiciones de la sabiduría.

301
Estas tradiciones eran parte de la sabiduría internacional del Antiguo Medio Oriente. Pero

el lector o lectora del canon lee los Proverbios con otros ojos. Lo que le interesa es la dirección

moral que estos pequeños aforismos le puedan dar a su vida. Una lectura canónica parte de la

premisa de que el texto funciona dentro de las comunidades de fe, y que éstas lo leen con ojos de

fe y no como historiadores, ni como críticos literarios. Por lo tanto, hacía falta tomar en cuenta el

texto como canon «per se».

El propósito primario del análisis canónico es determinar la función del texto bíblico en

su forma actual y la naturaleza de su autoridad. El canon nos ha provisto con el texto que

nuestras comunidades han considerado como una autoridad para nuestra fe, nuestra vida y para

nuestra salvación. Pero el canon ha situado a todos los textos bíblicos dentro de un contexto en la

Biblia.

Dos especialistas bíblicos han sido los pioneros de esta metodología, James Sanders y

Brevard Childs. El punto esencial del trabajo exegético-hermenéutico de Sanders es discernir

cómo las tradiciones antiguas fueron adaptadas en nuevos contextos. Para Childs el proceso

medular es establecer cómo se puede leer el texto como escritura sagrada. Childs está interesado

en la forma y función del texto canónico final que hemos recibido. No le interesan las tradiciones

subyacentes. Para Childs sólo el texto final muestra la historia completa de la revelación. El

análisis canónico «enfoca su atención en la forma final del texto mismo. No usa el texto para

buscar las meras fuentes..., ni para reconstruir una historia de un desarrollo religioso. Más bien,

trata la literatura en su propia integridad» (Childs 1979, 6, traducción mía). Childs plantea que

este texto final ya ha sido editado críticamente por la comunidad y modificado. No obstante, el

proceso a través del cual se estableció el texto final y las modificaciones que recibió la tradición

previa, puede servir como clave hermenéutica para nuestra propia actualización del texto (Soulen

302
37-38). Para Sanders y Childs, el texto final ya contiene toda una historia de las tradiciones que

ha sido incluida en el valor canónico del texto final. E

El análisis canónico es coherente con el estructuralismo y las nuevas críticas literarias en

su énfasis en que el texto bajo lectura e investigación es el texto final. Pero el análisis canónico

presupone que los textos fueron formados por comunidades de fe, de tal manera que el objeto de

la lectura no es meramente literario, sino teológico. «El acercamiento canónico está preocupado

por entender la naturaleza de la forma teológica del texto antes que de recuperar el original

literario o la unidad estética» (Childs 1979, 74, traducción mía). Childs plantea que no es el

propósito del análisis canónico buscar la estructura profunda de los textos, tarea que es uno de

los indicadores del análisis estructuralista. El análisis canónico tampoco está interesado en el

punto de vista teológico de un texto, que es la tarea del análisis redaccional. El trabajo medular

del análisis canónico es recuperar la función teológica del texto en su forma y lugar actual en

diálogo con el resto del texto canónico. El objeto del análisis canónico no es tan siquiera buscar

las capas de las tradiciones que la historia de las formas y la historia de las tradiciones abordan.

El análisis canónico reconoce el valor de todos estos procedimientos literarios e históricos, pero

tomar el canon en serio implica darle prioridad al texto final y no a su arqueología literaria e

histórica.

La crítica canónica presupone que los textos finales que poseemos en la Biblia fueron

generados, transmitidos, editados y preservados por comunidades para quienes estos textos eran

autoritativos. El proceso medular del análisis canónico está enfocado en la forma (shape) en que

estos textos funcionaron en esas comunidades, las cuales encontraron en éstos fuentes de

autoridad. El análisis canónico pone su mira en la relación que tiene un texto en diálogo con el

303
resto de los textos canónicos. Childs le llama a esto la forma (shape)50 que los textos tienen

dentro del contexto canónico. Esto implica que entre la colección de libros que es la Biblia se

establecen relaciones entre estos textos unos con otros que modifican cómo el lector o lectora

interpreta estos textos.

Un ejemplo de estas relaciones intracanónicas la podemos ver en las cartas de San Pablo.

Estas cartas aparecen en el canon luego de los evangelios y específicamente luego del libro de

Hechos. Esto ya nos dice que los padres y madres del proceso canónico nos legaron las cartas de

San Pablo con una interpretación e imagen de Pablo ya preestablecida en el libro de Hechos, que

sirve para ayudar al lector o lectora en su lectura de las cartas paulinas, pero a su vez es una

relectura de cómo fue interpretado San Pablo por la tercera generación. Lo irónico es que la

imagen canónica se convirtió en la base para interpretar a Pablo mismo. Lo mismo plantea

Childs de las cartas deuteropaulinas. Efesios, Colosenses, 1 y 2 de Timoteo y Tito son muy

posiblemente cartas de los discípulos de Pablo. Pero el proceso canónico nos legó una imagen de

Pablo que incluye las cartas de sus discípulos como seudónimos. Por lo tanto, el Pablo bíblico

está alejado del Pablo histórico por el constructo canónico. Desde esta misma perspectiva

podríamos decir que el arreglo canónico de las cartas paulinas después de los evangelios es en

cierta forma una manera de darle un nuevo significado a los evangelios. Las cartas añaden

nuevas dimensiones a la comprensión de Dios, del evangelio y del ser humano.

Pero los evangelios también se relacionan dialécticamente con las cartas. Los evangelios

«corrigen» a San Pablo. Así que en asuntos donde San Pablo es tan parco que hace casi mutis --

como los problemas de empobrecimiento, los problemas de opresión de género y los problemas

50
Note que le he puesto el concepto en inglés entre paréntesis para que sea claro que no es un tipo de análisis de género literario, sino
de la relación entre los distintos textos y cómo esta relación ya intenta generar significado.

304
de opresión política–se comentan por las narrativas de los evangelios y por las cartas que rodean

el corpus paulino, esto es, las cartas católicas y el Apocalipsis. Así que San Pablo y sus

discípulos nos dejarían con una impresión bastante opresiva de las relaciones de género (1 Cor

11. 2ss; 14.33ss; 1 Tim 2.9ss), aunque los evangelios crean una imagen distinta de Jesús en su

relación con las mujeres. Encontramos en los evangelios que Jesús es el hacedor de milagros

para con las mujeres (Mc 5.21ss); una mujer convence a Jesús con su palabra y razón de su

xenofobia (Mc 7.24ss); otra mujer opta abiertamente por el discipulado (Lc 10.38ss). Si el lector

o lectora tiene dudas sobre el papel de las mujeres, el evangelio que viene antes del corpus

paulino y Hechos, nos presenta a las mujeres articulando su palabra abiertamente (Jn 4. 11) y en

el caso de Juan 4, esta mujer no sólo hace preguntas, sino que predica a la comunidad

abiertamente. El orden canónico y sus diversas voces han puesto en crisis hermenéutica al lector

o lectora. O escoge la voz androcéntrica paulina o escoge la voz y praxis de Jesús. El canon ha

sido organizado para que el lector le dé preferencia a Jesús.

Lo mismo podríamos decir de la posición paulina sobre el estado. Pablo le llama diácono

de Dios al estado (Rom 13) y ordena que todo ser humano se sujete al estado. Esto no lo dice de

un estado utópico, sino del estado que irónicamente luego le quitará la vida a él. Los discípulos

de Pablo asumen posiciones igualmente dóciles y legitimadoras frente al estado (1 Tim 2.1ss).

Pero el canon nos rodea con otras voces. Por un lado, Marcos nos presenta un cuadro de la

posesión demoníaca de un gentil en Gadara por una legión. El lector o lectora se queda con la

entrelínea de que la invasión de Roma en Oriente es el poder demoníaco. Pero si uno tiene duda,

el autor de Apocalipsis plantea que el Imperio es idéntico al Dragón (Apoc 12. 13). De esta

manera el canon, en su dialéctica, obliga al lector o lectora a tomar decisiones éticas. El lector o

305
lectora no puede legitimar ninguna sociedad sin que una voz del canon le recuerde que está

echando el dosel sagrado al poder del mal.

Otro ejemplo como este son los textos de solidaridad con los oprimidos y marginados

sociales, tanto en la tradición sinóptica como en Santiago. Estos textos en cierta forma corrigen a

San Pablo, que a pesar de ser un misionero en las ciudades de la antigüedad con toda la historia

de horror económico que existía en la época, prácticamente no incorporó los problemas de

opresión de clase en su quehacer teológico. Aunque Pablo sólo protesta porque los pobres se

quedan mirando mientras los ricos se embriagan en la Cena del Señor (1 Cor 10), Lucas y

Santiago nos dejan oír otra voz sobre asuntos de justicia económica. El canon, en su diálogo

interno con respecto a diferentes asuntos medulares para nosotros los lectores y lectoras de hoy,

nos permite escuchar una palabra de Dios a favor de los derechos humanos en medio de otras

palabras de terror o de silencio dentro del mismo canon.

Sanders plantea que una lectura del canon con ojos receptivos le permitirá a la persona

que lee darse cuenta de que no es cuestión de que el mensaje sea bíblico. El mensaje de Ananías

en tiempos de Jeremías (Jer 28) era el mismo del segundo Isaías (Is 40--55) cincuenta años

después, pero el mensaje del primero fue una profecía falsa, mientras que el mensaje del segundo

fue una palabra profética auténtica. ¿En qué consistió la diferencia? En que Ananías le decía

palabras de gracia y salvación a una sociedad donde reinaba la opresión y la injusticia, mientras

que cincuenta años después, Isaías de Babilonia decía las mismas palabras de gracia y salvación

a una comunidad oprimida. Así que el canon nos obliga a mirar el contexto histórico como

criterio ético para nuestra lectura y relectura bíblica. El canon diferencia a los profetas

verdaderos de los profetas falsos a base del criterio de la palabra oportuna. Un profeta verdadero

306
sabe cuando una palabra de gracia es oportuna y cuando es tiempo de una palabra de juicio

(Sanders 1976, 405).

Otro detalle que el análisis canónico hace es que mira más allá de las fracturas que el

análisis de las fuentes y el análisis de las formas le legaron a los lectores de la modernidad. El

análisis de las fuentes y las formas lo que hacía era fragmentar los textos en géneros literarios o

en fuentes. Pero el análisis canónico no se enfoca en las aporías en el texto para tratar de disectar

el texto en fuentes o en géneros literarios. La mirada es más bien hacia cómo estos textos

aparentemente fragmentados producen un nuevo discurso. Callaway da el ejemplo del relato

sacerdotal de la creación y el relato yavista de la creación y la caída. Nota que ahora no tenemos

dos relatos distintos y contradictorios, sino que al estos dos relatos ser editados en sucesión uno

detrás del otro se ha creado un nuevo mensaje. Para el lector o lectora esto tiene implicaciones

inauditas. Por ejemplo, en Génesis 1 el ser humano es imagen y semejanza de Dios. En Génesis 3

parece que el pecado es la soberbia de querer ser igual a Dios. Pero al ser unidos ambos relatos

en el texto canónico, el pecado consiste en dudar que uno es lo que ya ha sido establecido. Así

que es la baja estima el pecado en el nuevo relato y no la soberbia de la tradición yahvista

(Callaway 121-134).

307
Este tipo de análisis lo podríamos usar para analizar las cartas paulinas que son

una antología de fragmentos como 2 Corintios y Filipenses. En ambos casos tenemos

cartas compuestas por el editor de fragmentos de cartas paulinas. Un análisis canónico

nos obliga a leer todos los fragmentos de 2 Corintios para ver cómo generan un nuevo

significado. Lo mismo podríamos hacer con el relato de la mujer adúltera en Juan 8, el

cual interrumpe la narrativa. Dicho pasaje es posterior al texto juanino. Pero en el proceso

canónico fue añadido a Juan y pasado a la tradición. Un ejemplo adicional que podríamos

mencionar rápidamente es el final canónico de Marcos (Mc 16.9-20). Aunque este final

fue añadido a Marcos en el segundo siglo, un análisis canónico no eliminaría este pasaje

como algo secundario, sino que examinaría cómo este pasaje le da un nuevo significado a

Marcos.

En el evangelio de Marcos los discípulos son constantemente figuras trágicas y

modelos negativos. En los primeros ocho capítulos de Marcos, Jesús hace todo tipo de

milagros delante de los discípulos, pero no hay ni una palabra de confesión de fe de ellos.

Ya en el capítulo 4, Jesús confronta a sus discípulos como gente que todavía no tienen fe

(Mr 4.40). Marcos nos repite una segunda historia de necesidad y provisión donde los

discípulos no saben cómo abordar la necesidad de la multitud a pesar de que han

participado en la primera multiplicación de los panes y los peces (Mr 8). Los discípulos

son tratados como los de afuera en Marcos 4.1-12. Tienen la mente cerrada, los ojos de

ellos no ven, y sus oídos no escuchan (Mr 8.17ss). Ya en Marcos 8, los discípulos

muestran por primera vez que no entienden a Jesús (Mr 8.21).

Luego de la primera profesión de fe correcta por parte de Simón, éste no puede

entender la primera predicción de la pasión, pues su cristología es triunfalista, y Jesús le

308
llama a éste «Satanás». El lector o lectora no se debe olvidar que Marcos hasta este

momento ha sido una guerra entre Jesús --y Dios-- contra las fuerzas del mal, pero ahora

Simón, el que ha recibido la revelación correcta sobre la identidad de Jesús, es llamado

Satanás. Se ha identificado al discípulo que habla como representante de los demás

discípulos con el nombre del poder del mal radical. Luego de la confesión de fe de

Simón, en tres ocasiones Jesús anuncia la historia de la pasión (Mr 8.31ss, 9.31ss; 10.

32ss). Ante este anuncio y la explicación del discipulado que se da en esta sección de

Marcos, los discípulos responden con su cristología triunfante y las implicaciones de una

cristología contraria a la de Jesús.

En Marcos 9, luego de la transfiguración, Jesús se encuentra con que sus

discípulos no han podido exorcizar al niño poseso (Mr 9. 14ss), a pesar de que

previamente en la narrativa se nos había informado que los discípulos habían recibido

autoridad sobre los malos espíritus (Mr 6.7). El padre del niño le informa a Jesús, sin

embargo, que sus discípulos no han podido sacar el espíritu impuro del niño. Por primera

vez en la narrativa, Jesús trata a los discípulos con el lenguaje que ha utilizado contra sus

adversarios: «¡Qué generación tan incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar con

ustedes? ¿Hasta cuando tendré que soportarlos?» (Mr 9.19 BLat). Comienza a mostrarse

la falta de entendimiento de los discípulos.

Luego de la tercera predicción de la pasión (Mr 10.32ss), los hijos de Zebedeo

hacen peticiones de poder y privilegio. Una mirada a la estructura narrativa le deja

entender al lector o lectora que los discípulos están ciegos. En efecto, Marcos introduce la

petición de Bartimeo luego de la petición de los hijos de Zebedeo. Los hijos de Zebedeo

no reciben lo que piden, pero Bartimeo recibe la sanidad que pide. Al lector y a la lectora

309
se les informa que sólo Bartimeo sigue a Jesús por el camino después de su sanidad. El

camino es el comienzo de la historia de la pasión. En la historia de la pasión, el

discipulado entra en crisis. Ante la unción de Betania, «algunos, muy enojados, se decían

entre sí: ¿A qué se debe este derroche de perfume?» (BLat.). Inmediatamente después,

Judas se fue para entregar a Jesús (Mr 14.10), todos los discípulos abandonan a Jesús (Mr

14.50), y Simón Pedro lo niega (Mr 14.66).

La última tragedia de los discípulos es el temor de la mujeres en Marcos 16.8.

Este análisis literario nos muestra que Marcos 16.8 es consistente con el estilo de Marcos.

Marcos 16.9-20 le da un final feliz al resto de la narrativa marcana. Siempre es posible

que el autor tratara de darle un final feliz a su historia trágica. Pero este análisis de

coherencia literaria, junto con los criterios literarios adjuntos, nos permiten concluir que

Marcos terminó su narrativa en 16.8. Sin embargo, el análisis canónico nos obliga a

releer todo el evangelio de Marcos a la luz de este nuevo relato con que el proceso

canónico nos legó el texto evangélico.

Otro ejemplo que podemos dar de cómo un texto replantea el significado de otro texto

es el caso del Salmo 8. En el Salmo 8 se reflexiona sobre la grandeza del ser humano.

Es una reflexión sobre Génesis 1. Pero el libro de Hebreos retoma este pasaje para

hablar de Cristo:

Al contrario, alguien testificó en cierto lugar, diciendo: ‘¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que lo

visites? Lo hiciste un poco menor que los ángeles, le coronaste de gloria y de honra y lo pusiste sobre las obras de tus manos.

Todo lo sujetaste bajo sus pies.’En cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no le sea sujeto, aunque todavía no vemos que

todas las cosas le sean sujetas. Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y

de honra a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios experimentara la muerte por todos (Heb 2.7ss).

310
Para el lector o lectora del canon cristiano, el híjo del hombre del Salmo 8 se ha convertido en una referencia a Cristo. Por

lo tanto, una lectura legítima de este salmo ha sido planteada por otro libro en el canon. Obviamente un libro del canon nos ha

presentado una clave hermenéutica para leer otro texto. Debemos afirmar que este tipo de lectura de promesa y cumplimiento, de

tipología, o de una lectura alegórica de las tradiciones de la Biblia Hebrea son consistentes en el Nuevo Testamento, y para la

comunidad canónica, le ha dado un nuevo significado al Antiguo Testamento.

El análisis canónico nos permite reevaluar nuestra criticidad textual que en

muchos casos nos ha llevado a decanonizar textos que habían sido admitidos en el canon

basado en criterios textuales. El análisis canónico no sólo nos ayudará a valorar los textos

secundarios que entraron al canon en el tiempo en que el texto estaba inestable, sino que

nos permitirá hacerle un nuevo sentido al texto que hemos recibido.

Preguntas medulares

El análisis canónico trae su arsenal de preguntas al texto bíblico. Estas preguntas

ayudan al lector o lectora a mirar el texto desde otro ángulo. Algunas de las preguntas

medulares del análisis canónico son las siguientes:

· ¿Cuáles son las implicaciones teológicas y pastorales del texto final que

poseemos?

· ¿Por qué el texto está en esta forma y cuál es la implicación de esta forma para el

lector o lectora?

· ¿Qué implicaciones tiene el orden en que han sido transmitidos los libros?

· ¿Cómo afecta el significado del canon el texto que estoy leyendo?

· ¿Cómo los demás textos del canon afectan el significado del texto que estoy

leyendo?

· ¿Qué nuevo significado tiene la forma en que tradiciones dispares han sido

reformuladas en un nuevo discurso?

311
La tarea pastoral y el análisis canónico

Todas las semanas en la tarea pastoral hay que interpretar algún texto bíblico. Sea

que uno siga el calendario litúrgico o sea que uno use cualquier lectura de la propia

selección, hay que abordar el texto en la comunidad de fe. El análisis canónico es un gran

recurso para aquellas personas que quieren dialogar con el texto final que leen nuestros

feligreses. Nuestros feligreses no tienen aparatos de crítica textual, ni posiblemente

posean grandes diccionarios bíblicos, ni concordancias, ni otros recursos técnicos. Pero

muchos de nuestros hermanos y hermanas viven leyendo la Biblia. Una pastoral que toma

la Biblia que la congregación usa tiene una ventaja en su tarea pastoral. Tiene terreno

común con la congregación.

Para quienes hemos estado en la pastoral, notamos que las congregaciones no

entienden o resienten los procesos de deconstrucción del texto --sea a través del análisis

de las formas, la crítica de las tradiciones o cualquier otra metodología--. Pero cuando en

la pastoral tomamos en serio la forma del canon, el orden de los libros y las voces en

pluralidad que nos presentan estos textos en esta forma en que están organizados,

podemos problematizar educativamente a nuestras congregaciones bajo la autoridad de la

Biblia. Así que cuando uno de nuestros feligreses se da cuenta de la importancia del

orden de los libros de la Biblia, ya ha pasado de una operación concreta de conocer los

libros a preguntarse por qué en este orden. ¿Por qué Mateo primero, Marcos después,

Lucas y finalmente Juan?

Este tipo de pregunta podría enriquecer la comprensión del texto canónico de

parte de nuestros feligreses. El hecho de que el Nuevo Testamento comience con una

narrativa de Jesús, ya le dice al lector o lectora que el evangelio tiene como foco un

312
personaje principal, Jesús. Pero el que sea Mateo y no Marcos, quien para la mayor parte

de los especialistas es el evangelio más antiguo, tiene alguna razón canónica e ideológica.

Cuando un pastor o una pastora ayudan a su congregación a notar que Mateo se puso en

primer lugar por la abundancia de materiales útiles para la vida diaria de un cristiano, ya

ese creyente está leyendo con nuevos ojos. Pero si a esto le añadimos una hermenéutica

de la sospecha, podríamos preguntarnos por qué en el canon no se puso primero a Lucas

o a Marcos.

Una lectura cuidadosa nos deja ver que Lucas y Marcos eran narrativas más

controversiales. Marcos tiene una imagen de Jesús en una guerra con las fuerzas del mal

que dentro de la narrativa sirve para aludir al imperio de su tiempo y los valores del orden

de pobreza judío. Lucas tiene un discurso sobre la opción preferencial por los pobres y la

redistribución de las riquezas. Mis lectores ya saben que este tipo de discurso siempre ha

sido controversial en la pastoral. Pero el genio del canon es que aunque le dan a este

discurso controversial un lugar más discreto, ahí está, diciéndonos por los siglos que no

podemos tener una linda religión de verano.

Por otro lado, Juan cierra esa colección de narrativas sobre Jesús. Una lectura

canónica se pregunta cuál es la función de esta narrativa como cierre del evangelio de

Jesús. El lector o lectora se da cuenta que esta narrativa comienza y termina con la más

alta cristología. Así que el lector o la lectora sale de una imagen taumatúrgica de Jesús

(Marcos) o una imagen del segundo Moisés (Mateo) o una imagen de Elías-Eliseo

(Lucas) y llega a la conclusión de que el Verbo era Dios (Juan). El canon ha ido

ampliando la visión cristológica de los lectores. Por otro lado, luego de toda la

radicalidad sobre el valor de los pobres para el reino, Juan nos introduce en una visión

313
más irénica de Jesús. Así que el libro que tiene la más alta cristología, despolariza al

lector o lectora de cualquier radicalización de clase o apocalíptica. Este tipo de invitación

a leer no sólo pedazos de textos, sino los textos en su forma actual y en diálogo unos con

otros, enriquece nuestras congregaciones. Otro elemento vital es que al ver los textos en

diálogo unos con otros y unos contra otros, nuestras congregaciones pueden liberarse de

una lectura opresiva del texto bíblico. Esto nada más sería un logro tremendo de

cualquier pastoral.

314
Referencias

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370- 393 en Hearing the New Testament. Editado por Joel
B. Green. Grand Rapids: Eerdmans Publishing Company.

315
Capítulo 11
ANÁLISIS GRAMATICAL

Hay un himno evangélico que dice: «Santa Biblia, para mí eres un tesoro aquí.

Tú contienes con verdad, la divina voluntad; tú me dices lo que soy, de quién vine y a

quién voy». Los evangélicos, cuando leen la Biblia, se sienten interpelados por Dios

mismo. Sucede como cuando una persona visita un museo. Ve una obra de arte, pero no

conoce quién es el autor, ni cuándo hizo esta obra. Sin embargo, la excelencia de la obra

toca su alma. La obra quizás en un momento quiso decir algún mensaje específico, pero

la belleza y genialidad de la obra es mayor que el contexto en la que se compuso. Por lo

tanto, la obra no está encadenada a un contexto histórico. La obra le habla a cada

generación de receptores nuevamente. Cada receptor o receptora que ve la obra, o

escucha la pieza musical, recibe un mensaje nuevo. Conocer el trasfondo de la obra no

agota su poder de evocación. Conocer el tiempo y el autor no ahoga la voz de la pieza de

arte. La obra de arte se ha convertido en un clásico. Cada generación es interpelada por la

obra, y a cada ser humano le habla un mensaje nuevo y distinto.

Así sucede con la Biblia. Mi abuelita no sabía del contexto histórico del texto,

pero en las páginas de la Biblia, Dios le hablaba un mensaje nuevo. La palabra de Dios

no estaba encadenada, si no que Mamá leía la Biblia y Dios le hablaba a su vida de una

manera nueva y poderosa. Cuando nos acercamos a la Biblia para escuchar el mensaje de

Dios independientemente de su contexto histórico estamos haciendo una lectura

sincrónica del texto.

Una lectura sincrónica del texto ya no está tratando de situar el texto en su

contexto, sino que está tratando de ver los elementos que tiene el texto que le dan
316
significado independientemente de su trasfondo histórico. La palabra sincrónica proviene

del griego. La preposición sun en este caso significa aparte de, más allá de. El sustantivo

cronos significa tiempo. Por lo tanto, una lectura sincrónica lee la Biblia

independientemente del contexto histórico. Se lee el texto más allá del contexto, o aparte

del contexto histórico. Una lectura sincrónica del texto da por sentado que éste debe ser

experimentado y percibido, no evaluado en función de su historia e historicidad. Hay

varias técnicas utilizadas para leer el texto sincrónicamente. En esta ocasión vamos a

repasar una de las técnicas anacrónicas: el análisis gramatical.

Análisis gramatical

El análisis gramatical intenta comprender el texto a través de su lenguaje y su

sintaxis. El texto antes que nada es literatura. La literatura, a su vez, es el lenguaje en

forma de ideas. Por lo tanto, para comprender el texto necesitamos entrar en los

conceptos del mismo. Estos conceptos reflejan el mundo conceptual del autor.

Ya hemos visto que desde que el texto se comenzó a traducir al griego, al latín o a

los otros idiomas, ha habido necesidad de abordar el asunto del significado de las

palabras y la gramática del texto. En el capítulo sobre el método histórico (Cap. 3)

notamos que los grandes eruditos que formularon el paradigma histórico de análisis

bíblico también se dieron cuenta que el texto estaba compuesto de palabras y reglas

gramaticales que necesitan ser analizadas para poder comprender el texto.

¿Cómo hacemos análisis gramatical? ¿Qué pasos llevamos a cabo para hacer este

tipo de análisis? Hay una serie de instrumentos que utilizamos en la crítica gramatical:

una concordancia, un diccionario bíblico, un léxico del griego bíblico, una gramática

317
griega del Nuevo Testamento, etc. Estas herramientas son vitales para poder analizar las

palabras del texto.

Varias obras, nos parece, vale la pena recomendar a nuestros lectores y lectoras.

Obras sencillas, pero que facilitan el trabajo a cada estudiante son la obra de Soulen,

Handbook of biblical criticism y la obra de Turner, Handbook for biblical studies. Estas

obras son un diccionario bíblico y teológico breve con la información básica, tanto sobre

la Biblia como sobre los términos técnicos de la exégesis bíblica.

El mejor diccionario bíblico que hay disponible en el mercado es en inglés. Nos

referimos al Anchor Bible Dictionary publicado en 1992 en seis volúmenes. El ABD

viene a sustituir otra obra que todavía tiene gran valor, que era el Interpreters’ Bible

Dictionary con el suplemento añadido posteriormente que puso al día la obra de la década

de los 70. En español no tenemos ningún trabajo de similar calidad.

El Nuevo Testamento se escribió en griego koiné51. Nosotros leemos traducciones

del griego en nuestras versiones del texto. Varios textos griegos del Nuevo Testamento

han sido publicados. El texto de Nestle-Aland de la edición número 27 es de bastante

fácil acceso. Francisco La Cueva ha publicado un interlineal del Nuevo Testamento que

debe ser de gran ayuda para el estudiante que maneja sólo la mecánica de la lectura

concreta de los textos sin poder traducir o entender las complejidades morfológicas y

sintácticas del texto. Un interlineal puede darle un gusto y abrir la ventana para buscar en

un buen diccionario greco-español o greco-inglés artículos más detallados sobre algún

concepto clave que el lector o lectora perciba en su traducción y que a través del

interlineal pueda accesar al idioma original. El único problema que yo le veo a los

51
Para descripción histórica del griego bíblico, vea a H. Köster, 146-160.

318
interlineales es que los estudiantes nunca aprenden bien el griego porque siempre tienen

esta muleta que les impide aprender griego. Pero si nuestros lectores y lectoras no van a

aprender más que la mecánica de la lectura, entonces un interlineal puede ser una gran

ayuda.

Recientemente se ha publicado La sinopsis bilingüe de los tres primeros

Evangelios con los paralelos del evangelio de Juan. Es un trabajo de gran calidad en

español con los textos en paralelo en español y griego. La traducción y el trabajo editorial

es de José Cervantes Gabarrón y fue publicado por Verbo Divino en 1999.

En términos de diccionarios del griego y el español o el inglés varias obras deben

ser consideradas para formar una buena biblioteca de recursos. El más sencillo pero más

práctico de los diccionarios del griego bíblico es el trabajo breve publicado por Elsa

Tamez e Irene Foulkes Diccionario conciso del griego-español. En ese trabajo breve se

encuentran todas las palabras principales del texto y un equivalente básico de dichas

palabras. Algunas palabras reciben más atención y ejemplos en el texto del Nuevo

Testamento. Lo valioso de este trabajo consiste en la concisión. Este diccionario tiene

sólo 200 páginas, pero este es su límite también. Si alguien quiere más información

necesita moverse a los trabajos más especializados como El diccionario exegético del

Nuevo Testamento, de Balz y Schneider, que ha sido publicado por Editorial Sígueme y

es una obra de gran calidad. Sígueme también ha publicado el Diccionario teológico del

Nuevo Testamento, que también es un clásico en español. Una obra similar en inglés,

pero de mayor intensidad es el Theological dictionary of the New Testament editado por

Kittel. La casa publicadora ha tirado una versión abreviada de esta obra en un volumen.

319
Un diccionario del griego clásico con bastante sencillez pero suficientemente detallado

para ser de gran ayuda es el Diccionario manual Voz griego-español.

La obra clásica de Bauer ha sido traducida al inglés por Arndt, Gingrich y Danker.

La ventaja de esta obra es que analiza el texto por niveles semánticos e incluye la

patrística. Nos referimos al Greek-English lexicon of the New Testament and other early

Christian writings. Este trabajo funciona bajo un modelo de lingüística histórica

comparativa. Este modelo esencialmente lo que hace es definir los conceptos del griego a

través de un análisis de «cómo las palabras de la misma familia se han utilizado en las

lenguas afines en tiempos y modos diferentes» (Johnstone 159)52. Esencialmente es un

modelo de estudio de etimología. Casi todos los trabajos de traducción en griego y hebreo

tradicionales siguen este modelo de lingüística para sus traducciones. Bauer da unos

pasos de análisis composicional en su léxico, pero no es consistente en hacer un análisis

sincrónico del lenguaje.

Otro trabajo valiosísimo porque toma en serio la teoría lingüística moderna para el

análisis de las palabras es el trabajo de Louw y Nida, Greek-English lexicon of the New

Testament based on semantic domains. Louw y Nida discuten cada término en relación

con el discurso donde está el texto de manera que el significado se relacione con el

discurso dentro del cual se encuentra la palabra, y no a base de la historia previa del

concepto. Esto se conoce en lingüística como el modelo de lingüística sincrónica. En este

modelo no se está buscando la historia etimológica de una palabra en los idiomas

relacionados, sino que las palabras se analizan por su contexto literario y «dentro de la

situación actual de la evolución del lenguaje como estructura global» (Johnstone 162). El

52 Para un trabajo similar en la Biblia hebrea donde se analice la historia de la lingüística y los recursos de
traducción del hebreo a los idiomas modernos vea a Johnstone 157-170.
320
valor de este modelo lingüístico es que busca el significado de las palabras no «en virtud

de su evolución a apartir de sus antecesoras... [sino que] nace de sus relaciones dentro

del sistema contemporáneo del lenguaje» (Johnstone 162). Desde luego que Johnstone no

se refiere a nuestro sistema contemporáneo, sino al sistema contemporáneo del texto.

Este es el verdadero valor de la obra de Nida: su enfoque en el idioma desde una

perspectiva sincrónica esencialmente.

Para una lista con el equivalente en inglés de las palabras más importantes del

texto con la cantidad de veces que cada palabra aparece en el libro en que se encuentra y

en el resto del Nuevo Testamento, cada estudiante debe referirse al trabajo de Sakae-

Kubo, A reader´s Greek-English lexicon of the New Testament and a beginner´s guide for

the translation of the New Testament Greek. El dato de la cantidad de veces que cada

palabra aparece en una obra no debe menospreciarse. Si una palabra aparece 30 veces en

Lucas y 36 veces en todo el Nuevo Testamento, es posible que sea un término clave en

Lucas.

Otro diccionario del griego que es un clásico es el diccionario de Liddel y Scott

del griego e inglés. Hay varias versiones de este diccionario, pero para un estudiante

avanzado es preferible comprar la obra completa. Varias gramáticas griegas se han

publicado en español. El trabajo de mayor detalle para el estudiante intermedio del griego

del Nuevo Testamento es la obra de Dana y Mantey, Gramática griega. El mejor trabajo

sobre la gramática del griego de la antigüedad en inglés es la de Smyth, Greek grammar.

Cualquier problema que deje perplejo al exégeta sobre la gramática, la sintaxis o la

morfología del texto griego hallará en esta obra una explicación. Lo único es que esta

obra requiere que el estudiante sea versado en el idioma griego de la antigüedad. Una

321
obra similar pero sobre el Nuevo Testamento, ha sido traducida al inglés por Robert

Funk. Nos referimos al clásico de Blass y Debrunner, A Greek grammar of the New

Testament and other early Christian literature.

Se han publicado una infinitud de gramáticas del griego koiné, tanto al español

como al inglés. James Hope Moulton y otros publicaron un trabajo un poco más complejo

que el de Dana y Mantey, pero más sencillo que el de Blass y Debrunner titulado

AgGrammar of New Testament Greek. Es una obra en varios volúmenes en los cuales se

discute con gran cantidad de detalles y ejemplos los accidentes de la gramática griega

relacionada con el Nuevo Testamento. Para cualquier estudiante que quiera hacer un

análisis enjundioso de un pasaje bíblico y quiera abundar en análisis del griego de este

pasaje, esta colección es imprescindible.

En español, Juan Mateos y otros han publicado varios volúmenes especializados

sobre aspectos del griego del Nuevo Testamento en una serie titulada Estudios del Nuevo

Testamento. El primer volumen se titula El aspecto verbal en el Nuevo Testamento y el

segundo volumen se titula, Cuestiones de gramática y léxico. Estos libros hacen

explicaciones morfológicas y sintácticas detalladas y aclaratorias para el estudiante del

texto griego y dan una gran cantidad de ejemplos en el Nuevo Testamento. Hay ejemplos

del estructuralismo aplicado al análisis gramatical que pueden ayudar a cada estudiante a

entender la vitalidad del análisis gramatical en relación con las estructuras concéntricas

(quiasmos) en un texto o en la búsqueda de la estructura profunda de un texto. Para

cualquier estudiante de gramática que busque un conocimiento de detalles sobre el griego

del Nuevo Testamento, los trabajos de Juan Mateos son una mina de información

gramatical y estructuralista.

322
Para aprender bien el idioma y dominar la conjugación verbal, me parece que el

mejor trabajo para acompañar a cada estudiante desde los niveles elementales hasta el

nivel intermedio es el trabajo de Stephen Paine, Beginning Greek. Hemos revisado

prácticamente todas las gramáticas inglesas y españolas que hay en el mercado. Algunas

son bien sencillas. Otras tienen distintos niveles de complejidad. El problema mayor que

les encuentro es que conducen a un conocimiento fragmentario y sin que el estudiante

pueda tener una idea de la estructura total del griego. Es vital que cada estudiante tenga

claro que son tres paradigmas de las declinaciones de los sustantivos, adjetivos y

artículos. Lo mismo podemos decir del verbo. Cada estudiante debe tener una visión

global del verbo griego y conocer que hay tres tipos de verbos primarios. De esta manera

cada estudiante tendrá una idea de cuánto domina de la morfología y la sintaxis. Paine le

enseña el verbo principal en una sola lección que toma entre cinco y ocho semanas, pero

al final cada estudiante es capaz de leer el texto. A la misma vez que Paine introduce la

morfología y la sintaxis se va trabajando sobre el texto del evangelio de Juan, lo que

aumenta el interés de cada estudiante.

De los demás manuales para aprender griego nuestro señalamiento crítico

principal es que dividen el verbo en tantos capítulos que finalmente los estudiantes se

abruman y tienen la impresión de que el verbo griego es infinito. Esto tiende a desalentar

a los y las estudiantes en muchas ocasiones.

Una excepción hay que hacer a los manuales de griego y español. Me refiero a la

Guía para el estudio del griego del Nuevo Testamento de Bruno Corsani y traducido por

Gabriel Pérez Rodríguez, publicado por las Sociedades Bíblicas en 1997. Es un manual

que preparará a los estudiantes para manejar avanzadamente el texto griego del Nuevo

323
Testamento. Las notas morfológicas y las observaciones sintácticas son de excelente

calidad. Los recuadros de las conjugaciones y las declinaciones son excelentes. Le

encuentro dos fallas principales. Primeramente, no usaron ningún texto o combinación de

textos bíblicos para los ejercicios. Lo que tienen es una lista de versículos bíblicos

aislados. Yo creo que esto puede dar una visión general del griego del Nuevo

Testamento, pero no es satisfactorio. Me parece que algunas lecturas de pasajes de Juan,

Lucas, Pablo, Hebreos y en la LXX sin interrupción le habrían dado la misma impresión

panorámica a cada estudiante y habría sido más interesante.

La segunda observación es que muchos de los detalles sintácticos o morfológicos

no hacen diferencia en los niveles del conocimiento. Esto implica que en las reglas sobre

los acentos se parte de la premisa de que se puede dar una explicación casi exhaustiva a

un estudiante que toca por primera vez una gramática griega. Esto para un estudiante

intermedio o avanzado puede ser de gran utilidad, pero puede desalentar al estudiante

nuevo que tiene que aprender los morfemas, los paradigmas y un sinnúmero de reglas

sobre cada detalle.

En español, Jorge G. Parker ha publicado el Léxico-Concordancia del Nuevo

Testamento en griego y español. La ventaja de esta obra para el estudiante que no maneja

los detalles del griego del Nuevo Testamento es que contiene cada palabra del texto, pero

da una lista de los pasajes en español con la palabra en negrillas. Otro valor que tiene

esta obra es que tiene un léxico greco-español en las primeras 91 páginas de la obra. En

cada entrada, se nos da la numeración de la inglesa de Strong, lo que permite al

estudiante que no maneja los idiomas bíblicos buscar en los diccionarios especializados

del griego bíblico.

324
Hugo Petter ha publicado una concordancia greco-española similar al trabajo de

Parker, titulada Concordancia greco-española del Nuevo Testamento. El trabajo de

Petter nos da otra información, tal como la cantidad de veces que la palabra aparece en el

Nuevo Testamento, una referencia cruzada a otras palabras relacionadas, y un índice de

las palabras españolas y las palabras griegas que son el referente del concepto en español

con la cantidad de veces que esta palabra griega fue traducida de esta o aquella manera en

español en la versión Reina Valera. Stenga y Tuggy han publicado otra concordancia

valiosa para los estudiantes de la Biblia titulada La concordancia analítica greco-

española del Nuevo Testamento. El valor de esta concordancia es que todas las palabras

del Nuevo Testamento son analizadas gramatical y morfológicamente en su referente

griego. Esto significa que la concordancia nos dará la forma básica de un verbo en

presente activo indicativo, nos dará la forma básica del diccionario y todas las demás

formas que aparecen en el Nuevo Testamento con sus pasajes y sus traducciones

consecuentes. Para un estudiante que pueda tener alguna duda sobre un verbo o palabra,

aquí encontrará la palabra básica y todas sus palabras derivadas. Otro detalle en esta

concordancia es que tiene un apéndice que incluye todas las variantes textuales más

importantes que hemos recibido a través de la crítica textual.

La concordancia de Redpath y Hatch es una obra exhaustiva sobre la LXX . Pero

para usar a Redpath y Hatch hay que poder dominar al menos la mecánica de la lectura

del griego. Para una concordancia griega del Nuevo Testamento la mejor obra me parece

que es la de Moulton y otros, A concordance of the Greek Testament. Esta obra sigue los

textos críticos de Tischendorf y Westcott y Hort y es exhaustiva.

325
Desde luego, no queremos dejar de nombrar las obras electrónicas que

comienzan a proliferar en el campo cibernético. Me parece que la edición de Logos de la

Sociedad Bíblica, Compu-Biblia, es de gran utilidad aunque referida principalmente al

texto español. Logos ha publicado una versión para estudiantes avanzados que incluye

una concordancia griega, hebrea, incluyendo la LXX. Contiene, además, los diccionarios

greco-ingleses y teológicos vitales. El CD incluye varias versiones de la Biblia en inglés,

español, griego, hebreo y la LXX. Además, incluye el comentario bíblico Harpers y los

léxicos griegos de Bauer, el TDNT y el de Nida. Logos vende también las obras de

Josefo y de Filón de Alejandría. Tiene otras cosas que pueden ser de interés, como los

comentarios de Calvino, Wesley, Lutero y otros comentarios y obras confesionales.

Recientemente Logos ha publicado el Anchor Bible dictionary y el Word biblical

commentary. Estas obras son imprescindibles para un estudiante serio del texto. Uno

espera que un estudiante serio del Nuevo Testamento pueda separar la paja del grano en

la lista de consulta de la serie Logos. La parte confesional es de valor confesional

estrictamente.

El método gramatical

¿Cómo procedemos a abordar los textos desde la perspectiva gramatical? Lo

primero que hacemos es buscar las palabras del texto. Al mirar el texto nos damos cuenta

de qué palabras son importantes para nosotros. Una vez tomamos cuenta de estas palabras

podemos buscar estos conceptos en una concordancia directamente, o podemos buscar

los conceptos griegos o hebreos que hay detrás del texto. La ventaja de buscar el

concepto en los idiomas originales es evitar confundirnos con las traducciones que

median entre el texto y nosotros. No nos olvidemos que varios conceptos griegos o

326
hebreos pudieron traducirse al mismo concepto en español o a varios conceptos en

español distintos. Por lo tanto, con la ayuda de un texto interlineal del Nuevo Testamento

en griego y español, o con la ayuda de un texto griego del Nuevo Testamento, o un texto

hebreo de las Escrituras de Israel, podemos comenzar a hacer nuestro análisis de las

palabras medulares en una oración.

Una vez se busca el concepto en los idiomas bíblicos o en una buena

concordancia, debemos tener unos cuidados. No podemos presuponer que un concepto

signifique lo mismo para todos los autores bíblicos. No se olviden que en nuestro país la

palabra «nación» significa tres cosas distintas. Para algunas personas puertorriqueñas

«nación» es Puerto Rico; para otras es Estados Unidos, mientras que para otras es Puerto

Rico y Estados Unidos, a la vez o a veces, dependiendo del estado de ánimo ideológico.

Por lo tanto, usted no puede presuponer que el concepto «pecado» sea lo mismo

para Pablo que para Lucas. Así, Lucas nos dice «perdona nuestros pecados» (Lc 11. 4),

mientras que Pablo habla de que «el pecado entró en el mundo» (Ro 5.12), «reinó» (Ro

5.21), paga un salario, la muerte (Ro 6.23), «éramos esclavos del pecado» (Ro 6.21).

Obviamente, para Pablo, el pecado es un poder demoníaco, mientras que para Lucas el

pecado es una falta en la conducta. Una misma palabra tiene dos niveles de significado en

la Biblia. Esto nos debe ayudar a reconocer que no debemos meter bajo un concepto

todas las acepciones que este concepto pueda tener en distintos autores y en distintos

contextos históricos, sociales y culturales. Es posible que para un autor bíblico en un

texto un concepto tenga un significado completamente distinto al mismo concepto en otro

libro de la Biblia, escrito en otro contexto cultural e histórico.

327
Cada estudiante de la Biblia debe tener esta precaución de no creer que puede

mezclar bajo un mismo concepto al libro de Génesis y al libro de Apocalipsis. Debe

haber la sospecha de que aunque es el mismo concepto puede tener distintos niveles de

significado. Lo mejor es ver con qué otras palabras se rodea nuestro concepto para poder

determinar en lo posible el significado del texto en su contexto literario y sus distintos

niveles de significado. Es posible que un concepto tenga similar nivel de significado en

varios textos distintos, pero el lector o lectora tiene la responsabilidad de probar que el

concepto significa lo mismo en los variados textos porque tienen un mundo literario

similar o porque tienen un mundo social similar.

Vamos a ver un ejemplo de un concepto que al parecer es inocuo, el concepto

agua para Juan. Este ejemplo nos mostrará la vitalidad teológica que tiene para un lector

o lectora del texto el manejo apropiado de una concordancia. Cada lector o lectora notará

que nos quedaremos esencialmente en el campo semántico de un texto. Hacemos esto

porque queremos ver los niveles de significado de un concepto dentro de un texto. Pero

esto nos llevará a comprender el peso teológico de un concepto vital dentro de un texto

bíblico. Es posible, sin embargo, que el rastreo de un concepto a través de distintos textos

bíblicos nos pueda iluminar para construir la historia de las tradiciones de un concepto en

la Biblia y en otra literatura primaria relacionada. De momento queremos mirar el

concepto agua en el evangelio de Juan porque nos mostrará un mundo teológico. Esto

nos servirá como un ejemplo del análisis composicional que ya hemos discutido

previamente.

El concepto en griego es hudor. El concepto agua aparece veintitres veces en el

evangelio de Juan y cuatro veces en las epístolas juaninas. En el resto de los evangelios y

328
en el libro de Hechos aparece treinta veces. En todo el resto del Nuevo Testamento este

concepto aparece cuarenta y tres veces. La cantidad ya le da un indicador al lector o

lectora de la importancia del término dentro del evangelio juanino. En términos

estadísticos, el concepto agua aparece un cincuenta y tres por ciento sólo en el evangelio

de Juan. En Mateo aparece el término seis veces, en Marcos cuatro veces, en el evangelio

de Lucas siete veces y en Hechos aparece siete veces. Aparece en los siguientes lugares

en el evangelio juanino:

Juan 1.26 Yo bautizo con agua...


Juan 1.31 ...vine bautizando con agua...
Juan 1.33 ...el que me envió a bautizar con agua...
Juan 2.6 Había allí seis tinajas... para agua...
Juan 2.7 Llenad de agua...
Juan 2.9 ...el agua hecha vino
Juan 3.5 ...el que no nace del agua y del Espíritu...
Juan 3.23 ...porque había allí muchas aguas.
Juan 4.7 ...a sacar agua.
Juan 4.10 ... y él te daría a beber agua viva.
Juan 4.11 ¿De dónde pues tienes el agua viva?
Juan 4.13 Cualquiera que beba de esta agua...
Juan 4.14 ...el que beba del agua que yo le daré..., sino
que el agua que yo le daré será una fuente
que salte para la vida eterna.
Juan 4.15 ...dame esa agua...
Juan 4.46 ...donde había convertido el agua en vino...
Juan 5.3-4 En estos versículos aparece tres veces pero
estos versículos son una interpolación
añadida al pasaje posteriormente. Tal como
hemos visto en el capítulo de la crítica
textual, no debemos incluir este verso en el
conteo estadístico, ni para el análisis. No
obstante, en este verso no hay ninguna
aportación distintiva a un nuevo nivel de
significado. Aquí el agua es un referente
literal al estanque de Betesda en el área de la
Ciudad de David en Jerusalén.
Juan 5.7 ...no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua.
Juan 7.38 Todo el que cree en mí, ...de su interior
brotarán ríos de agua viva. Esto lo dijo del

329
Espíritu que habían de recibir los que
creyeran el él, pues aún no había venido el
Espíritu Santo, porque Jesús no había sido
glorificado.
Juan 13.5 ...puso agua en una vasija...
Juan 19.34 ...le abrió el costado... y al instante salió sangre y agua.

Una lectura de todos estos pasajes nos deja ver que el concepto agua tiene varios

niveles de significado. El nivel más básico es el nivel literal. En este nivel se refiere al

agua literal que se usa para beber o para los rituales judíos. Pero ya al relacionar el agua

con el bautismo, y luego mencionar que hay que nacer del agua, uno infiere que el

concepto tiene una acepción metafórica. El agua es una metáfora que se refiere a un valor

más profundo y teológico. En Juan 3.5 se plantea el concepto agua en paralelo con el

Espíritu. El lector o lectora que está acostumbrado a esta figura del lenguaje poético se da

cuenta que el agua es una metáfora para el Espíritu de Dios.

Pero el autor de Juan no deja que esto se quede en el ámbito metafórico. La

metáfora cobra un valor explícito en el discurso de Jesús en Juan 7. 38 cuando dice:

«Todo el que cree en mí, ...de su interior brotarán ríos de agua viva. Esto lo dijo del

Espíritu que habían de recibir los que creyeran el él, pues aún no había venido el Espíritu

Santo, porque Jesús no había sido glorificado». En este caso, la lectora o el lector no se

queda en la ambigüedad metafórica. El agua es explícitamente una metáfora sobre el

Espíritu divino. Las historias de la pasión y la resurrección resolverán el tema del don

del Espíritu explícitamente.

Cuando Jesús muere, el autor nos dice que un soldado «...le abrió el costado... y

al instante salió sangre y agua» (Jn 19.34). Con esto el lector o lectora puede inferir que

el Espíritu es donado por el crucificado. La cruz es el lugar en que la comunidad

330
encontrará la donación del Espíritu. Esto se ratifica con otra imagen metafórica, la del

soplo. El Cristo Vivo soplará sobre los discípulos en la resurrección y les dirá «recibid el

Espíritu Santo» (Jn 20. 22). Así que la cruz y la resurrección son dos acontecimientos

que conducen al encuentro con Dios como Espíritu.

Este ejemplo del valor del uso de una concordancia nos ha mostrado el valor del

paradigma gramatical. Un pastor o pastora con una concordancia y haciendo buen uso de

ésta, tiene un gran instrumento teológico en sus manos. Tiene un instrumento para poder

rastrear la teología de un libro de la Biblia y para poder rastrear la historia de

interpretación de una tradición bíblica.

Un segundo nivel de la crítica gramatical es el análisis de la sintaxis. El concepto

sintaxis proviene del griego del concepto suntaxis. Este concepto significa literalmente la

ordenación, organización, asociación y se refiere a la construcción gramática. Max

Turner ha definido el concepto sintaxis como «la forma en que las palabras se combinan

en cláusulas y oraciones» (Turner 146, traducción mía). El análisis gramatical en su

vertiente sintáctica observa qué va con qué en una cláusula u oración del texto. El mejor

análisis sintáctico se llevará a cabo sobre el texto griego del Nuevo Testamento. Pero si el

estudiante no maneja este idioma primario del Nuevo Testamento siempre sería bueno

que volviéramos a las preguntas sobre los verbos principales, el sujeto, el predicado, las

frases preposicionales, y las cláusulas subordinadas que una traducción nos ofrece. Desde

luego, hacer esto sobre el texto griego o el hebreo nos ofrece mayores posibilidades. En

el caso de un estudiante que no maneja los idiomas bíblicos, sería bueno que cada lector o

lectora revisara las distintas traducciones de un pasaje y se pregunte qué criterios

gramaticales llevaron a los traductores a preferir esta traducción o esta otra opción.

331
En caso de que varias opciones le parezcan vitales a la lectora o el lector, entonces

no le queda más remedio que ir a un buen comentario que haga análisis gramatical

detallado. Varios comentarios se distinguen por su acercamiento gramatical. El más

antiguo que todavía se publica es el International critical commentary. Es esencialmente

un comentario gramatical sobre el texto. Pero recientemente han surgido otros

comentarios que son detallados en el análisis gramatical y que asumen nuevas corrientes

literarias de acercamiento al texto. El Word biblical commentary es un buen comentario

donde los elementos gramaticales y literarios se abordan explícitamente.

En español, Editorial Sígueme y Verbo Divino permanecen a la vanguardia de las

casa publicadoras que traen al mercado los mejores comentarios con análisis gramatical y

exegético de la Biblia. Recientemente varias casas publicadoras españolas y católicas han

lanzado al mercado una gran cantidad de buenos comentarios. Los libros de la

desaparecida Editorial Cristiandad siguen siendo clásicos en el análisis gramatical y

exegético. Entre los protestantes, Nueva Creación ha publicado el trabajo de Gordon Fee

sobre 1 Corintios que posiblemente sea el comentario más exhaustivo de esta carta hasta

el presente.

En inglés, la cantidad de publicaciones de calidad son infinitas. Lo que hay que

hacer es pedirle a Amazon (http:www:amazon.com) o a Barnes & Nobles (www:bn.com)

que le dé una lista de los libros publicados sobre cualquier libro del Nuevo Testamento y

recibirá por Internet una cantidad enorme de publicaciones. En Latinoamérica, Verbo

Divino tiene una página en el «web» a la que se le pueden ordenar libros de la mejor

calidad publicados por las casas españolas y algunas publicaciones latinoamericanas en

nuestro idioma. La dirección electrónica es www: verbodivino-ecu.org.

332
En términos del análisis gramatical en el griego me parece que la clave es

comenzar a analizar gramaticalmente cada palabra. El planteo fundamental de esta

metodología es tratar de encontrar el significado del texto dentro del contexto literario en

que se encuentra el concepto o frase que analizamos. Por eso las preguntas vitales son de

tipo sintácticas. Nos hacemos preguntas tales como: ¿Cuál es el verbo principal de la

oración? Esto lo sabemos porque generalmente el verbo primario se encuentra en el modo

indicativo. ¿Tiene nuestra oración verbos suplementarios? El griego, al igual que el

español, tiene cláusulas suplementarias. Generalmente estas cláusulas tienen verbos en

participio o infinitivo. Si nos encontramos con un verbo en participio, ¿qué tipo de

participio es este? Si es un participio suplementario, ¿qué opciones tenemos para traducir

esta oración? ¿Es nuestra cláusula una de las partes de una oración condicional? Cuando

un lector o lectora del texto griego se encuentra un verbo en subjuntivo u optativo y

algunas partículas, puede definir si tiene delante una oración condicional. Podemos

añadir que definir el sistema temporal de un verbo, el modo en que se encuentra en una

oración, puede aumentar la comprensión del lector o lectora.

Otras preguntas sobre la sintaxis nos remiten al sujeto de la oración y al

predicado. ¿Qué palabras son el sujeto de esta oración? Generalmente en griego el sujeto

se señala con el caso nominativo. Pero puede que una oración tenga un sujeto en

acusativo; en este caso lo más seguro es que haya un verbo en infinitivo rigiendo la

oración. ¿Cuáles son los modificadores del sujeto? ¿Hay algún artículo, algún adjetivo,

alguna frase preposicional del sujeto? ¿Cuáles son los modificadores del predicado? ¿Hay

algún complemento indirecto indicado por un dativo? ¿Hay algún complemento directo

indicado por una palabra en el caso acusativo? ¿Toma el verbo un complemento directo

333
en algún otro caso? ¿Cuáles son los adverbios? ¿Cuáles son las frases preposicionales

regidas por el verbo principal y los verbos suplementarios?

Poder contestar estas preguntas llevará al estudiante a conectar todas las partes de

la oración conforme a las reglas gramaticales de la oración. Se podrá montar una

estructura que no sea arbitraria, sino constatable de acuerdo con las reglas del griego.

Decimos esto porque hay una proliferación de estructuralismo en las publicaciones que es

en muchos casos totalmente arbitrario. Pero cuando el estructuralismo parte de la sintaxis

de una oración --un discurso-- entonces tenemos la evidencia gramatical para alegar que

el significado de este concepto o frase dentro de las relaciones gramaticales de la oración

puede ser tal o cual. La ventaja de esto es que hay un consenso gramatical sobre cómo el

griego bíblico trabaja en las gramáticas estándares de la academia.

A continuación presentaremos algunos ejemplos del valor de la crítica gramatical

en su vertiente sintáctica. Usaremos la crítica gramatical para esbozar parte del

desarrollo de la cristología en el Nuevo Testamento. El primer ejemplo estará relacionado

con la cristología paulina y el segundo con la cristología juanina.

La versión Reina Valera 95 traduce el pasaje de 2 Corintios 5. 19 con las palabras

«Dios estaba en Cristo». Este tipo de traducción ha llevado a algunos a plantear que esta

frase es un ejemplo de la alta cristología paulina. El punto es establecer una cristología

alta a través de la relación entre Dios y Cristo planteada en este pasaje. La traducción no

necesariamente implica esto, pero puede ser leída desde una clave de alta cristología y así

escuchar al texto afirmando en San Pablo una alta cristología. Pero, ¿es esto lo que dice el

texto griego literalmente o es posible que gramaticalmente deconstruyamos esta

interpretación con argumentos basados en la sintaxis? Lo primero que queremos decir es

334
que la frase preposicional «en Cristo» es una frase donde se presenta el instrumento a

través del cual un agente mediador de la acción de Dios confiere un don divino a un

receptor, en este caso la humanidad sujeta de la salvación de Dios a través de Cristo

Jesús. Así que podríamos traducir perfectamente ese «en Cristo» como «a través de

Cristo»53. Esto deconstruiría gramaticalmente el argumento a favor de la alta cristología.

El otro detalle gramatical que tenemos que plantearnos es la pregunta qué va con

qué en un enunciado griego --el análisis del discurso--. Obviamente la frase preposicional

modifica adverbialmente la oración y, por lo tanto, se relaciona directamente con los

verbos principales y suplementarios de la oración. El verbo principal de esta oración,

«estaba» (_n, imperfecto indicativo del verbo eimi en griego) tiene un verbo

suplementario que nos explica qué estaba haciendo. Dios estaba «reconciliando».

Gramaticalmente, es luego de esta segunda acción que clarifica la acción del verbo

principal que cabe la frase preposicional. Por lo tanto, una traducción que tome en serio

la frase dentro de su discurso gramatical planteará que la idea más específica de nuestro

pasaje sería, «Dios estaba reconciliando a través de Cristo al mundo...» En efecto, la

Biblia Latinoamericana presupone este tipo de análisis gramatical y traduce: «Pues en

Cristo, Dios reconciliaba al mundo con él...» (2 Co 5.19a).

Un segundo nivel en el análisis gramatical es mirar otros casos donde nuestro

autor está refiriéndose al tema que estamos abordando en nuestro análisis dentro de su

discurso más amplio. Presuponemos que los discursos de un autor tienen cierta

coherencia y que se repiten espontáneamente. Dentro del discurso más amplio de San

53
Vea artículo sobre las frases preposicionales «en Cristo» de J. Mateos, et. al., 39--51.

335
Pablo, ¿encontramos evidencia de una alta cristología de manera que pudiéramos decir

que Cristo era Dios basándonos en su discurso?

Tenemos varios pasajes donde San Pablo aborda el tema de la relación de Cristo

con la deidad. El primero que queremos plantear es Filipenses 2.5ss54. En este pasaje, que

muchos especialistas alegan que es un himno prepaulino, San Pablo alega que Cristo era

«en forma de Dios». Pero luego plantea que «Dios le dio un nombre sobre todo nombre».

Obviamente, la alta cristología no fue un producto de las postrimerías del Nuevo

Testamento. Ya en Filipos, en la década del 50, se conocía esta alta cristología. No

obstante, este pasaje es abordable no sólo desde una perspectiva de una alta cristología,

sino como una comparación de Cristo con Adán. Adán también era en forma de Dios en

las narrativas de Génesis (Gen 1.26 ss). El pecado de Adán fue exactamente el que quiso

aferrarse al ser igual a Dios (Gen 3.1ss). Pero Jesús hizo lo contrario: se humilló hasta el

colmo. A mí me parece que esta tipología de Adán y Cristo es completamente coherente

con el pensamiento paulino y que es la mejor explicación para este pasaje55. Por lo tanto,

no nos parece que haga falta una alta cristología para explicar a Filipenses 2.6.

Por otro lado, san Pablo tiene toda una serie de pasajes que implican una

cristología subordinista. Así en 1 Corintios 15.28 plantea que aún escatológicamente «el

Hijo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos».

Esto mismo nos plantea San Pablo cuando habla de las relaciones de jerarquía entre el

54
Para una discusión detallada de las múltiples teorías de interpretación de este pasaje, vea a Brown, 489-493. Pedro Ortíz
hace un buen resumen de la discusión sobre este himno en el Comentario Bíblico Internacional, 1540. Otra alternativa para esta
imagen de Cristo en la historia de las tradiciones que me parece posible es que el Cristianismo prepaulino haya interpretado al Cristo
Vivo desde una perspectiva de la sabiduría. Esta teoría es explicada por Brown y ha tenido gran aceptación entre los especialistas. Una
explicación sencilla de la cristología sapiencial se encuentra en Talbert, 68-71, en referencia al concepto del Logos que abordaremos
más abajo en este capítulo.

55
Vea Romanos 5 y 1 Corintios 15 para una visión panorámica de esta tipología Cristo-Adán en San Pablo.

336
hombre y la mujer y las compara con Dios y Cristo: «Quiero que sepáis que Cristo es la

cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios es la cabeza de Cristo»

(1 Co 11.3). Obviamente, San Pablo estaba todavía muy lejos de una alta cristología. Esto

implica que una exégesis que plantee que 2 Corintios 5.19 debe traducirse con clave de

alta cristología peca por no tomar en serio que el pensamiento de San Pablo era

básicamente coherente en cuanto a su imagen de Dios y de Cristo. Tendremos que

esperar a la cristología juanina, a la que nos movemos ahora, para tener los fundamentos

bíblicos para una alta cristología.

Un texto difícil para la exégesis bíblica ha sido Juan 1.1. Específicamente ha sido

sujeto de controversia teológica si la traducción correcta es «el verbo era Dios» o si

debemos traducir más bien «el verbo era un dios», o como Goodspeed planteaba en su

comentario, que la traducción preferible era «el verbo era divino». ¿Cómo el análisis

sintáctico nos ayudará a dirimir este asunto? En griego la frase final de este versículo dice

literalmente «y Dios era el Verbo». La lectora o el lector del texto griego nota

inmediatamente que el sustantivo Dios no tiene artículo definitivo. En griego no existe el

artículo indefinido que tenemos en español. Hay una partícula (tis) que se utiliza para

señalar un pronombre indefinido y se traduce como «alguno». Pero en nuestro caso no

dice que el verbo fuera algún (tis) Dios. ¿Por qué el concepto Dios no tiene artículo en

esta frase cuando este mismo concepto en la frase previa dice en griego ton theon, esto es,

el Dios? El concepto Dios en esta frase está relacionado con un verbo, «era» (en griego,

el imperfecto activo del verbo eimi). El concepto Dios está en el caso nominativo. El

nominativo indica dos funciones primarias en la oración griega. Puede indicar el sujeto de

la oración. En ese caso, generalmente tiene un artículo que lo modifica. Pero si un

337
sustantivo en nominativo modifica un verbo intransitivo, como eimi, entonces ese

sustantivo es un nominativo del predicado. De acuerdo con Smyth esta es la clave para

entender porqué esta frase final no contiene artículo definitivo.

Plantea Smyth que «un sustantivo en el predicado no tiene artículo, y así se

distingue del sujeto»56. Esto significa que el autor del evangelio de Juan cuando escribió

el prólogo manejó esta frase conforme a las reglas del griego. La frase «el verbo era

Dios» utiliza la palabra Dios en sentido nominativo, pero como el sustantivo está en el

predicado es un predicado nominal. Este último aparece en sentido nominativo y sin

artículo definitivo por razones gramaticales del griego. Otro detalle que nos arroja luz es

que en nuestra frase el verbo principal es el verbo eimi en imperfecto. Ahora bien, el

verbo eimi es un verbo intransitivo en griego. Esto implica adicionalmente que no toma

un complemento directo. Por eso el texto no dice «el verbo era el dios» en el caso

acusativo y con artículo, el verbo intransitivo no permite que tome un sustantivo con

artículo en el acusativo (ton theon).

No olvidemos que hemos planteado que un análisis de un texto debe mirar este

texto dentro de su mundo literario para poder ver si hay información suficiente en el

discurso que nos permita proponer una interpretación coherente. Esto es lo que hemos

aprendido del método composicional de análisis literario. Así que es cuestión de mirar la

parte en el todo para poder dirimir un asunto como éste. El proceso a seguir es que cada

persona que investiga debe asegurarse en el contexto literario del discurso juanino de

cómo se debe traducir el concepto en Juan 1.1. Por lo tanto, es menester examinar el uso

56
H. W. Smyth, 292, párrafo 1150, traducción mía. De acuerdo con Nigel Turner, 183, E. C. Colwell formuló la regla para
los sustantivos en el predicado. Un sustantivo en el predicado toma un artículo si sigue el verbo, pero de otro modo, usualmente el
artículo falta. En nuestro caso, el sustantivo Dios precede el verbo, por lo tanto, no puede tener un artículo.

338
del concepto Dios referido a Jesús en el evangelio de Juan desde una perspectiva

composicional. Esto es lo que haremos a continuación para dirimir este asunto de

interpretación bíblica.

En el evangelio de Juan se menciona el concepto Dios (gr. theos) en ochenta y dos

ocasiones. Veamos a continuación los pasajes que refieren este concepto a Jesús. En 1.18

hablando de Dios, no de Jesús, plantea que «a Dios» (gr. theon), sin artículo definitivo,

«nadie lo ha visto jamás». La próxima frase está sujeta a discusión. Algunos manuscritos

dicen «el Dios unigénito», otros dicen «el hijo unigénito». Nestle 27 prefiere la lectura

«Dios unigénito» por tener manuscritos más antiguos y lecturas más difíciles en los

manuscritos de mejor calidad textual. Como esta lectura es dudosa en términos textuales

nos parece que no debemos montar una conclusión sobre el texto a base de un texto en el

que hay problemas textuales.

En Juan 5.18 se trae a colación nuevamente el tema de Dios y de los planteos

cristológicos de Jesús en la tradición juanina. Para Juan, al Jesús llamar padre a Dios «se

hace igual a Dios». El pasaje no nos ayuda mucho, porque en todas las ocasiones cuando

se está hablando de Dios, se distingue de Jesús, aunque se plantea que la conducta y

dichos de Jesús le hacen igual a Dios (gr. íson heautón poión tón theón).

En Juan 10.33 se vuelve a traer a colación el problema de la cristología al

plantearnos que los judíos acusan a Jesús de «siendo hombre, te haces Dios».

Nuevamente se plantea un problema textual. En P66 aparece el referente con artículo, pero

los demás manuscritos omiten el artículo definitivo. Nestle anota el problema pero en su

texto prefiere el texto sin artículo. Nuevamente este pasaje no nos permite dar una

opinión sobre el estilo juanino porque los problemas textuales nos limitan. Una cosa sí

339
podemos decir, el texto juanino presenta una pugna entre la comunidad juanina y el

judaísmo formativo sobre la cristología de la comunidad. La comunidad tiene una

cristología cuestionable para los personajes judíos dentro de la narrativa y muy

posiblemente en la ruptura entre la comunidad juanina y la sinagoga este es uno de los

puntos de controversia.

Es en Juan 20.28 donde se resuelve el problema. Allí es que Tomás confiesa al

Cristo Vivo. La confesión es de «Señor mío y Dios mío». El texto griego, sin embargo,

en ambos casos usa el artículo definitivo para Señor y para Dios. Literalmente el texto

dice: «el Señor mío y el Dios mío» (gr. ho kurios mou kai ho theos mou). En el pasaje,

Jesús afirma que este tipo de confesión es tener fe: «porque me has visto has creído», por

lo que el lector o lectora sabe que Tomás no se ha equivocado por segunda vez, porque

no creyó primero y ahora porque tiene una falsa cristología. Su cristología es la fe

verdadera propuesta por el autor a la comunidad juanina. Se le informa al lector o lectora

que Jesús es llamado el Dios (gr. ho theos) en el texto griego sin ningún problema.

Este último pasaje le permite al lector o lectora notar que la comunidad juanina

hace una tesis en su narrativa con la que empieza su obra, el «Verbo era Dios» y con esa

misma tesis concluye la narrativa. Tomás confiesa el cántico original de la comunidad.

Pero para que no quede duda en los lectores de que se está hablando de una alta

cristología y no de que el verbo era un dios, el autor le fija un artículo definitivo al

sustantivo Dios, ahora que ha podido gramaticalmente. Obviamente, la cristología se ha

ido trabajando en la narrativa. Me parece que intencionalmente el autor juanino ha

trabajado una cristología en la que ha ido aclarando poco a poco, unas veces

explícitamente, pero otras veces volviendo a los estadios teológicos de una baja

340
cristología de la comunidad. Pero al final de la narrativa estamos en el estadio final de la

cristología que el autor llama fe y por la cual ha escrito a sus lectores.

Una lectura de la discusión cristológica en Juan nos muestra que la comunidad

juanina tuvo un desarrollo en su entendimiento de Jesús. Se presentan en el texto

tradiciones de una baja cristología (Jn 14. 28) y tradiciones del desarrollo del

entendimiento de la comunidad sobre la persona de Jesús, como hemos visto en la

discusión sobre el concepto Dios utilizado para referirse a Jesús. El prólogo y la

conclusión juanina que hemos discutido son parte de ese desarrollo. La cristología

juanina fluctuó entre una baja cristología y una muy alta cristología. Las dos voces

todavía resurgen en el texto. Pero el que la alta cristología se encuentre en la

introducción y la conclusión de la obra significa que la voz de la alta cristología fue la

que dominó en la discusión dentro de la comunidad.

La introducción de una obra y su conclusión son los lugares donde se hacen las

afirmaciones más importantes de un discurso. El centro es el desarrollo literario de las

afirmaciones de la introducción y la conclusión que sirve para resumir y resolver lo que

se ha planteado en el centro del discurso. Cuando uno le suma a estos elementos sobre el

concepto Dios en Juan otros conceptos cristológicos, como el juego de palabras con el

nombre de Dios en el Antiguo Testamento, «Yo soy», uno se da cuenta que los «yo soy»

juaninos son una forma de afirmar, con otra metáfora, la alta cristología.

Lo mismo podríamos decir de las historias de milagros. Juan enmarca las historias

de milagros dentro de lo que los especialistas llaman el libro de los signos. Las historias

de milagros son signos de la gloria (Jn 1.14; 2. 11). Este tema alude a la gloria de Dios

341
en las tradiciones del éxodo y el peregrinaje en el desierto. Así que las historias de

milagro juaninas funcionan como metáforas para la alta cristología de la comunidad.

Pero lo más impactante de esta alta cristología juanina es la afirmación de que el

Verbo, que era Dios, se hizo carne. Es la humanidad de Dios la que impacta al lector o

lectora. El autor juanino ha recuperado las imágenes humanas de Dios del libro de

Génesis (Gn 1.26; 3.8; 18. 1, 2, 5, 13,14). En ese ser humano, Jesús, la comunidad

juanina ha visto al mismo Dios que las narrativas bíblicas nos señalaban cuando usaban

imágenes humanas para hablar de Yahvé.

Desde luego, el autor ha tirado una línea de separación teológica entre la relación

comunidad cristiana y el judaísmo formativo, ya que esta cristología es vista por el

judaísmo como un diteísmo y una actitud idólatra frente a su monoteísmo visceral. Pero

también el autor juanino ha propuesto las bases para una cristología trinitaria que

requerirá varios siglos de reflexión y refinamiento del lenguaje en la historia de la

Iglesia57.

La tarea pastoral y el análisis gramatical

Si hay alguna herramienta exegética que sea de ayuda en la tarea pastoral, esta es

el análisis gramatical. En la pastoral tenemos que producir sermones, estudios bíblicos,

lecciones bíblicas, programas, etc. Las preguntas de nuestras congregaciones requieren

respuestas acertadas. El análisis gramatical nos ayuda a comprender la teología de cada

57 No he usado el modelo de Noam Chomsky en este capítulo. Este modelo trata de trasladar las palabras
y construcciones gramaticales de los idiomas de la Biblia a su equivalente dinámico en nuestra lengua. Un
ejemplo de este tipo de trabajo son las versiones populares de la Biblia. Desde luego que acercan a los
lectores al sentido del texto en nuestro idioma porque retransforman el texto en el idioma original a la
lengua receptora. No le quito su valor a este tipo de trabajo como un segundo nivel del trabajo gramatical y
lingüístico, pero me parece que impide que los lectores y las lectoras puedan identificar los problemas en el
texto inmediatamente, porque el traductor ya ha decidido de antemano el equivalente dinámico y funcional
del problema en el texto en su idioma original.
342
texto al rastrear el significado de las palabras dentro de un texto. De esta manera cada

palabra de un pasaje bíblico puede ser una puerta para rastrear el significado de estas

palabras dentro de un libro de la Biblia. Esto puede ayudar a quienes trabajamos en la

pastoral a entrar en diálogo con conceptos como este que vimos anteriormente, el agua en

el evangelio de Juan. Pero lo mismo podríamos hacer para cualquier concepto que nos

parezca vital en un pasaje bíblico. Podemos recordar las veces que preparando un sermón

nos hemos encontrado con una de estas palabras que abren un mundo de significado en

un texto.

En otro capítulo de este libro discutiremos otros métodos que abren otras ventanas

de entendimiento para el lector o lectora. Relacionando el análisis gramatical con otros

métodos --pues al fin y al cabo usamos todos los métodos a la vez y conforme los textos y

las interrogantes nuestras nos lleven a hacer preguntas a los textos-- otra avenida es ver la

teología bíblica sobre un concepto que encontramos en distintos textos de la Biblia. No

hay operación más liberadora para un creyente que notar que la Biblia es un coro de

voces. Esa imagen de que la Biblia lo único que tiene es un punto de vista se cuestiona

con el análisis de un concepto a través de los distintos libros de la Biblia.

En lugar de quitarle autoridad a la Biblia, la pluralidad de voces del texto bíblico

sobre un concepto apunta a la riqueza de la palabra de Dios. Esta es una palabra que tiene

un potencial indefinido; una palabra que no le da la misma medicina a todas las

enfermedades, sino que a cada situación humana le dirige una palabra fresca. Una

pastoral sensible no se escandaliza ante la pluriformidad de la revelación. Esa pluralidad

nos plantea la vitalidad de la pluralidad de opiniones en nuestro quehacer teológico y

pastoral. El análisis de los conceptos nos deja ver que las cartas de San Pablo y la carta a

343
Santiago tienen dos puntos de vista sobre la Torah. Pero, ¡qué bueno que la Biblia

presenta más de una opinión y con eso deslegitimiza toda nuestra rigidez y necesidad de

imponer un mundo monolítico!

Por otro lado, abrir un texto en sus detalles sintácticos nos deja ver cuán amplias

son las posibilidades de interpretación de un texto. Darnos cuenta que el texto no es un

reguerete de palabras, sino unas palabras organizadas en estructuras que dentro de un

discurso cobran su significado, nos pone unos límites a nuestra interpretación. Mirar

cada concepto, frase, o estructura dentro del discurso más amplio de un pasaje para ver

cómo éstos se interrelacionan con el resto del discurso le abren un mundo al lector o

lectora. El texto en su contexto literario produce significación. Cuando le ponemos a este

proceso del análisis del discurso la estructura gramatical como mecanismo de control, los

resultados de nuestra exégesis son constatables.

Mirar ese eje que es la oración, la frase, la palabra, el párrafo, un libro en sus

detalles, abre un mundo de posibilidades de significación. Ese mundo de significación

requiere un análisis detallado de cada palabra y frase y de éstas dentro del discurso más

amplio. Ese análisis detallado nunca lo terminaremos. Pero es nuestra responsabilidad

como maestros y maestras de la iglesia hacer todo el análisis gramatical pertinente a la

comprensión de un texto. Saber qué va con qué, en qué orden y porqué esta estructura

sintáctica nos ayuda a no forzar el texto a que diga lo que no dice, amplía el horizonte

hermenéutico. A su vez nos ayudará a ver más allá de una lectura superficial. Este mismo

marco estructural-gramatical nos permitirá razonablemente percibir dónde el lenguaje del

texto es explícitamente ambivalente y polisémico (que puede tener muchas opciones de

significado) en sí mismo. El mundo que se nos abre es infinito.

344
Una persona que lee su Biblia con una concordancia, un diccionario bíblico de

calidad y una gramática tiene suficientes herramientas para «trazar bien la palabra de

verdad». Un sermón, una lección bíblica o un estudio bíblico donde se ha hecho el

análisis gramatical pertinente, tiene una riqueza extraordinaria.

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348
Capítulo 12

ANÁLISIS LITERARIO

En los últimos treinta años ha habido una proliferación de trabajos que miran el texto

bíblico desde una perspectiva literaria. Las lecturas enfocando el trasfondo histórico del

texto le han parecido importantes a los especialistas, pero le ha faltado al análisis

histórico un elemento vital: el texto. La Biblia es escritura. Como escritura es

imprescindible una lectura que enfoque el texto como tal y no necesariamente tratar de

comprender el texto desde lo que está detrás de él, su trasfondo histórico-social. Las

nuevas críticas literarias han venido a llenar esas preguntas sobre el texto mismo.

Varios métodos han sido elaborados por los especialistas, tales como el

estructuralismo, la narratología y la retórica. En este capítulo vamos a abordar el texto

desde las perspectivas narrativas como herramientas útiles para abrir nuevas ventanas

para el disfrute y deleite del texto. Estas técnicas se han fijado en el texto en sí mismo

como lugar primario de la investigación e intentan ver cómo el texto ayuda al lector o

lectora a construir el significado. La palabra texto en su etimología puede servirnos de

ilustración. El concepto «textus» en latín significa tejido. El análisis narrativo va a

abordar el tejido mismo de nuestros relatos para comprender los mismos.

El análisis de las redacciones y la composición señaló la necesidad de examinar

los elementos literarios a través de los cuales un texto producía significado. El análisis

redaccional tomando en serio los pequeños o grandes cambios entre tradiciones

relacionadas y la ordenación de materiales, y el análisis composicional, notando cómo

cada elemento dentro del discurso completo generaba su propio significado, ya eran un

modelo de transición entre los métodos históricos y los métodos literarios. El análisis

349
redaccional y el análisis composicional crearon un apetito por un tipo de análisis del texto

mismo. Como respuesta a esa necesidad de enfocarnos en el texto mismo surgió toda esta

lectura enfocada con los mecanismos literarios a través de los cuales un texto produce

significado. El análisis narrativo nos abrió una nueva puerta para que la exégesis bíblica

se convirtiera en una crítica del texto como literatura.

Historia de la investigación

Norman Perrin planteó a principios de la década de los 70 que «tenemos que

introducir una completa y nueva categoría a nuestro estudio... la categoría de la crítica

literaria general. Si los evangelistas son autores, entonces deben ser estudiados como los

demás autores son estudiados» (citado por Powell 1990, 3). En 1977 un especialista

bíblico, David Rhoads, invitó a su colega en crítica literaria en el departamento de inglés

a releer el evangelio de Marcos desde una perspectiva literaria. Don Michie abordó a

Marcos desde la perspectiva de los cuentos cortos. La relectura fue iluminadora, tanto

para los estudiantes como para el maestro. En 1980, Rhoads presentó un ensayo a la

Sociedad de Literatura Bíblica sobre lo que él acuñó como crítica narrativa. En esa

presentación, Rhoads planteó que los focos principales de su relectura de Marcos eran la

trama, los conflictos, los personajes, el contexto literario, el narrador, el punto de vista,

los estándares de juicio, el autor implícito, el lector ideal, el estilo y las técnicas

narrativas.

En 1982, Rhoads y Michie publicaron una obra titulada Mark as story, donde se

abordaron los asuntos vitales de este tipo de lectura literaria del texto. Rhoads y Michie

leyeron a Marcos como un discurso completo y coherente en sí mismo. Con esto

continuaron el énfasis en el discurso completo del análisis composicional y abandonaron

350
el análisis fragmentario del texto que había distinguido a la exégesis que buscaba el

significado en los elementos detrás del texto, esto es, fuentes, formas, tradiciones, etc.

Alegaban Michie y Rhoads que el texto de Marcos tenía su propio universo. La narrativa

era un mundo en sí mismo. Pronto se le sumó a esta lectura de Marcos las obras de Alan

Culpepper sobre Juan, las de Kingsbury sobre Mateo, y las de Tannenhill sobre Lucas-

Hechos. No debemos pasar por alto el libro de Robert Alter, The art of biblical narrative

como una joya de análisis literario en la Biblia Hebrea. Con estas lecturas desde la

perspectiva de la narratología, estos investigadores abrieron una nueva ventana a los

estudios críticos de la Biblia desde una nueva óptica, el texto mismo.

Método literario

¿En qué consiste la crítica narratológica? A diferencia del análisis histórico

crítico, la crítica literaria está interesada en el texto final en sí mismo y no en el trasfondo

histórico-social del texto (Powell 7ss). Lo que la crítica literaria quiere hacer es

interpretar el texto final que poseemos en sí mismo. Un segundo elemento es el énfasis en

la coherencia del discurso final que poseemos. Los métodos histórico-críticos estaban

pendientes de las aporías en los textos para buscar las fuentes, o para separar los distintos

pasajes en sus géneros literarios. Pero a la crítica literaria no le interesa desmembrar el

texto. Los textos son vistos como un discurso coherente o incoherente, pero con el

propósito de ver la contribución de cada parte en relación con la narrativa total.

Un tercer elemento en la crítica literaria es la visión del texto como un fin en sí

mismo. El objetivo inmediato del lector o la lectora es comprender la narrativa. El texto

mismo requiere toda atención sistemática en la forma en que se narra y en la historia que

se narra. El texto no es un medio para una investigación sobre otro lugar y otro tiempo

351
histórico. Esto lo podría ser desde una perspectiva histórico-crítica, pero no desde una

perspectiva narrativa.

Un cuarto elemento es que la narratología está enfocada en la función poética del

texto. Lo importante es la interacción entre el texto y el lector58. La narratología parte de

la premisa de la autonomía del texto sobre su trasfondo histórico social. El texto es un

objeto suficiente como objeto de análisis. La narratología pondrá su foco en las figuras

del lenguaje, en los símbolos, en la interacción entre las palabras como medios para el

surgimiento del significado. Los temas que manifiestan tensión, ironía, y paradoja son

lugares en el tejido del texto que requieren atención detallada. La intriga de una narrativa,

los personajes, cómo se produce el punto de vista en una narrativa, el autor implícito, el

narrador, el lector o lectora implícito son elementos medulares en una lectura

narratológica. Otro elemento vital son las figuras del lenguaje o tropos.

Los personajes

Una lectura de Marcos nos deja ver inmediatamente los personajes. En el plano

terrenal está Jesús, Juan el Bautista, los discípulos de Jesús, la familia de Jesús, los

escribas, los fariseos, los sacerdotes, Pilato, Herodes Antipas y otros. En el plano celestial

está Dios, Satán y los espíritus impuros. Para uno discernir el punto de vista de la

narrativa de Marcos, el texto nos da una serie de pistas. El narrador comienza

diciéndonos quién es Jesús: Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios (Mc 1). Inmediatamente

nos presenta la narrativa de Juan el Bautista como medio para llegar a Jesús. Juan es

introducido con unas citas de las Escrituras.

58
La narratología bíblica es un desarrollo de la escuela del nuevo criticismo (New Criticism) en la crítica literaria secular.
El «new criticism» se oponía al interés de interpretar un texto con elementos fuera de él. Asuntos tales como detalles biográficos del
autor, el contexto social del texto y el trasfondo histórico se eliminaron como elementos básicos de la interpretación y se enfocó en la
consideración de los detalles del texto. Vea Abrams, 180-182.

352
Las Escrituras de Israel tienen autoridad para el narrador. Pueden ayudar a

plantear el punto de vista del narrador. Así que la Escritura afirma «Yo envío mi

mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti. Voz del que clama

en el desierto: ‘Preparad el camino del Señor’». Con esta información el lector o lectora

sabe que esta es una historia donde Dios está involucrado. Dios envía su mensajero. El

mensajero clama en el desierto «preparad el camino del Señor». Así que Dios envió a un

mensajero –Juan el Bautista-- para anticipar el ministerio de Jesús, quien es llamado aquí

Señor. Juan el Bautista añade información para forjar un punto de vista: «Viene tras mí

el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar, agachado, la correa de su

calzado. Yo a la verdad os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu

Santo». Si el narrador ha planteado quién es Juan a través de la cita de un texto de

autoridad, ahora Juan nos plantea una opinión sobre Jesús: Jesús es «más poderoso que

Juan mismo». Juan no es digno ni de servir como el esclavo más humilde de Jesús. El

bautismo de Jesús señala la superioridad de Jesús, «Él os bautizará con Espíritu Santo».

Así que se nos ha dicho en una introducción que Jesús es el Mesías, es el Hijo de

Dios, la Escritura lo anunciaba como «Señor» y Juan no podía ser ni siquiera el esclavo

de menor condición ante Jesús. Pero por si falta algo, Jesús bautizará con el Espíritu

Santo. En el bautismo de Jesús es Dios como personaje quien nos dice quién es Jesús:

«Tú eres mi Hijo amado, en ti tengo complacencia». Así que la realidad cósmica última,

Dios mismo, ha entrado como personaje en Marcos para ayudarnos a forjar un punto de

vista sobre Jesús-- todo esto en la introducción de Marcos. Luego en la narrativa los

discípulos, las autoridades, los espíritus impuros, todos opinan y ayudan a crear un punto

de vista.

353
La intriga en la trama

Para que haya un relato es necesario que haya una serie de conflictos y

oposiciones en la narrativa. Esos conflictos establecen la intriga narrativa. Los conflictos

son lugares medulares en la trama de un relato. En efecto, cuando resumimos la trama de

un relato lo que hacemos es describir brevemente los conflictos principales y secundarios

entre los personajes de la narrativa. Estos conflictos mantienen la atención del lector o

lectora, tanto en términos de la secuencia y desarrollo del conflicto como sobre la

naturaleza del conflicto. En Marcos hay un conflicto en dos pisos. Las historias de

exorcismos nos señalan que Jesús está dando una guerra contra Satán. Pero paralelamente

a esta guerra mítica-apocalíptica se da un conflicto en el espacio humano entre Jesús y los

poderes que están, religiosos y políticos. Dependiendo del punto de vista del lector o

lectora se puede alegar que Jesús inicia el conflicto al sanar en sábado (Mc 2), o violar las

leyes de pureza (Mc 7). Pero como en toda sociología del conflicto, puede que Jesús esté

articulando la defensa humana frente a instituciones políticas, religiosas y culturales de

opresión en su mundo narrativo.

En el mundo literario de Marcos, las autoridades religiosas prefieren que el

sistema de pureza tenga prioridad sobre el sistema de justicia. Por eso se oponen a que

Jesús sane en sábado. Para ellos el sábado es más importante que el ser humano. Jesús,

por otro lado, alega que el ser humano viene primero que cualquier precepto religioso

(Mc 2.28).

Lo mismo podemos decir de los posesos. Los posesos son personas a las que se

les ha quitado el derecho a ser humanos. Algunos de ellos están en la sinagoga (Mc

1.21ss; 1.39). Otros están en lugares de total impureza ritual (Mc 5.1ss). Pero Jesús es el

354
más poderoso (3.27) que ha venido a saquear la casa de Satán. Lo interesante es que

Marcos, en este proceso de hablar en lenguaje mítico, por lo menos en Marcos 5, nos deja

ver que el referente del lenguaje mitológico tiene un componente humano, el poseso se

llama Legión, esto es la invasión militar de Roma en oriente. Así que en el ámbito

simbólico Jesús echa una pelea con Legión y le devuelve la humanidad al poseído por

Roma/legión. Es posible que la ambigüedad del texto sea intencional para sugerir al

lector o lectora una interpretación entrelíneas.

En Marcos 7 nuevamente el conflicto será visto de acuerdo con el punto de vista

del lector o lectora. Si el lector o lectora está con el sistema de pureza, verá en Jesús un

subversivo que está causando problemas. Pero si el lector o lectora es una de las personas

excluidas, se dará cuenta que con ese sistema de las copas y las manos se comienza a

excluir a las mujeres, a los gentiles y, en nuestro caso, a las personas excluidas del mundo

literario de Marcos y los nuestros como lectores.

En el ataque al templo nuevamente el conflicto parece causado por Jesús, quien

parece un «buscabullas» o provocador en Marcos. Pero una lectura más cuidadosa nos

plantea cómo el templo se ha convertido en el dosel sagrado de la explotación económica

en el relato --vea la ofrenda de la viuda como un ejemplo--. Así que en el mundo literario

de Marcos, el templo es un recinto de explotación.

La crítica literaria ha desarrollado toda una serie de herramientas para reconocer

cómo se genera el sentido dentro de un discurso. Estas herramientas literarias notan

cómo dentro del tejido textual se hilvanan palabras y frases, que son medios para afectar

a los lectores y las lectoras y ayudar en la creación de significado. Estos medios literarios

para generar significado son las figuras del lenguaje o tropos.

355
Tropos

Hay una serie de técnicas literarias a través de las cuales los discursos

persuaden y generan reacciones de los receptores. En esta parte queremos dar

ejemplos específicos de que el análisis retórico nos sirve como una herramienta

exegética para la lectura de los textos bíblicos.

Paralelismo

Un tipo de elemento retórico que ya hemos mencionado, pero que ahora

queremos explicar, son los paralelismos. Un paralelismo es una figura común en las

secciones poéticas de la Biblia y aun en las secciones en prosa. Se puede definir

como la repetición del contenido semántico o gramatical similar o relacionado en

una segunda línea (Berlin 155-162). Los paralelismos más comunes son catalogados

como sinónimos, antitéticos y sintéticos. Un paralelismo sinónimo repite la misma

idea gramatical o semántica en la segunda línea con otras palabras. Un ejemplo de

un paralelismo sintético lo encontramos en Juan 13.16 donde dice: «El siervo no es

mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que lo envió». En la Biblia

Hebrea hay cantidad de paralelismos en las obras en verso. Un buen ejemplo de un

paralelo sinónimo en los Salmos lo hallamos en el Salmo 112.1:

Bienaventurado el hombre que teme a Jehová


y en sus mandamientos se deleita en gran manera.

Cada lector o lectora notará que la segunda línea explica más ampliamente qué es eso

de temer a Dios. De acuerdo con el paralelo sinónimo una persona temerosa de Dios se

deleita en gran manera en sus mandamientos.

356
Un segundo tipo es el paralelo antitético. En este tipo de paralelo la segunda

línea corresponde con la primera por su oposición de términos y sentimientos. Un

ejemplo de un paralelo antitético en el Nuevo Testamento lo hallamos en 1 Corintios

7.29ss:

Resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuvieran;
los que lloran, como si no lloraran;
los que se alegran, como si no se alegraran;
los que compran, como si no poseyeran,
y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutaran...
Cada lector o lectora debe notar que se contrastan los que tienen con los que no tienen
para dirimir la escatología paulina. En la Biblia Hebrea tenemos un sinnúmero de
ejemplos. Sólo daremos un ejemplo en el libro de Proverbios (10.11ss):

Manantial de vida es la boca del justo,

pero la boca de los malvados oculta violencia.

El odio despierta rencillas,

pero el amor cubre todas las faltas.

Note que en estos dos dichos de sabiduría se contrastan oposiciones.

Un paralelo sintético es aquel que la segunda línea completa lo planteado en la

primera línea. Un buen ejemplo de un paralelo sintético lo tenemos en Juan 1.1-5. La

primera línea plantea que el sujeto era desde el principio el logos, luego todo lo demás lo

que hace es completar esta proposición; así en la próxima línea, el logos estaba con Dios,

en la próxima línea, el logos era Dios, y finalmente, «todas las cosas fueron hechas por él

y ni siquiera una sola cosa fue hecha aparte de él» (Jn 1.1-2).

357
Estructura concéntrica o quiasmo

Una estructura concéntrica es aquella donde las partes del relato se corresponden

unos a otros alrededor de un centro o donde las partes del relato tienen una contraparte en

el mismo orden parecido a la letra X (chi de donde procede el término quiasmo) en

griego. La letra X muestra cómo la parte de arriba es similar a la parte de abajo del

carácter. Así mismo, en un relato, cuando se puede determinar que hay una estructura

concéntrica, se nota que el relato está ordenado en forma en que los materiales se

contraponen inversamente y en un mismo orden. Si la estructura concéntrica tiene un

centro, se entiende que este elemento es el de mayor importancia en el relato. Así en un

relato A B C B´A´ se infiere que el centro del relato está en C. Pero si la estructura

concéntrica no tiene un centro definido, entonces se infiere que los elementos en los

extremos son los de mayor prioridad. En este caso sería A, B, C , C´ B´A´. En este caso,

los elementos en A y A´ serían los de mayor importancia narrativa.

La cantidad de lecturas donde la estructura concéntrica se marca intencionalmente es

ilimitada (vea capítulo sobre análisis retórico [Cap. 13] para otros ejemplos en la Biblia

Hebrea). Charles Talbert ha sacado máximo provecho de este tipo de lectura bíblica en

sus trabajos. En su comentario a 1 Corintios plantea vez tras vez las estructuras

concéntricas en las que se estructuran los discursos dentro de las cartas paulinas. Un

ejemplo de esto lo podemos ver en su estructuración de 1 Corintios 12–14. Plantea que

estos tres capítulos están estructurados en un patrón concéntrico ABA:

A Los dones espirituales 12. 4-30


B La manifestación apropiada de los dones 12.31–14.1a
358
A´ Los dones espirituales 14.1b–40.
Alega Talbert que estas unidades dentro del discurso más amplio tienen sus propias

estructuras concéntricas. Así 1 Corintios 12.4-30 tiene su propia estructura concéntrica a

b a: (a) la variedad de los dones (v. 4–11), (b) la unidad del cuerpo (v. 12–27), (a´) la

variedad de dones (v. 28–30) (Talbert 81-82). Las lecturas literarias de los textos bíblicos

anotan este tipo de estructura con regularidad.

En Marcos 2.1--3.6 se nos presenta en forma de quiasmo una serie de conflictos

entre Jesús y las autoridades políticas y religiosas en Galilea. La primera escena

comienza con una historia de milagro en sábado, luego vienen tres debates alrededor de

lo que es lícito comer y sobre el ayuno. Para cerrar este grupo Marcos vuelve al tema de

una historia de milagro en la sinagoga donde los adversarios de Jesús mencionan la

eliminación de Jesús por primera vez en la narrativa. En el medio de la estructura

concéntrica, Jesús anuncia por primera vez que «el novio les será quitado y entonces los

discípulos ayunarán». Con esto se anticipa por primera vez, a través de esta estructura

concéntrica, la pasión de Jesús en Marcos. Una nota que cada lector o lectora debe tomar

es que las estructuras concéntricas pueden tener un centro definido A B C B A, como es

el caso que acabamos de mencionar. En este caso el punto esencial de la estructura

concéntrica está en el centro (C ) que es donde se plantea que «el esposo será quitado».

Si la estructura concéntrica no tiene un centro, sino que es A, B, C, C, B, A entonces el

punto esencial de la estructura estará en los bordes (A A´).

Antítesis

359
Otro ejemplo de figuras del lenguaje lo podemos observar en las antítesis. Una

antítesis es una afirmación contraria a una posición ya establecida. Una lista de antítesis

la encontramos en el Sermón del Monte (Mt 5.21ss).

Metonimia

Una metonimia es una figura del lenguaje en la cual una palabra es sustituida por

la cosa que intenta sugerir. El concepto griego (metonoma) significa literalmente un

cambio de nombre. La idea es que un término se ha aplicado a otro término por una

asociación recurrente en la experiencia común59. Un ejemplo de una metonimia en

nuestro idioma coloquial es nuestra referencia al dinero como plata. Decimos, esa

persona tiene plata. Lo que queremos decir es que esa persona tiene dinero. Así mismo en

Mateo se usa el concepto del Reino de los Cielos como una metonimia para referirnos a

Dios. Otro uso en forma de metonimia son los pasivos divinos. De esta manera el lector o

lectora sabe que se han referido a Dios, pero Dios ha estado implícito en el verbo en

pasivo. Un ejemplo de esto lo encontramos en Marcos constantemente. Marcos 2 plantea

que Jesús le dijo al paralítico, «tus pecados son perdonados». El verbo está en pasivo y

debía entenderse como «Dios te perdona tus pecados». Claro, este caso Marcos lo utiliza

con otro sentido: Jesús asume el papel de Dios y perdona los pecados. De esta manera, el

pasivo divino sirve como cristología implícita.

Aliteración

Una aliteración es la recurrencia del sonido de una consonante inicial. Notar

59
Vea Abrams, 98, bajo «Figurative language».

360
aliteraciones requiere leer el texto en griego o hebreo (si fuera la Biblia Hebrea). Un

ejemplo de aliteraciones lo tenemos en el Sermón del Monte en las bienaventuranzas en

el texto griego.

Makarioi hoi ptochoi ton pneumati, hoti autoi he estin he basileia ton
ouranon.

makarioi hoi penthounte, hoti autoi paraklethensontai.

makarioi hoi praei, hoti autoi; kleronomesousin ten gen.

makarioi hoi peinonte kai dipsonte te he dikaiosunen, hoti autoi


chortasthesontai.

El lector o lectora debe notar que la tercera palabra en cada verso comienza con

una pi (p) ennegrecida en el texto griego. Este tipo de sonido repetido creaba un efecto

retórico en los receptores del discurso. Obviamente, los traductores no pueden con

facilidad expresar en el texto este tipo de artificio retórico del texto.

Alusión

Otro tipo de tropo literario es la alusión. El concepto alusión proviene del latín

allusio y significa literalmente «jugar con». Hace referencia indirecta a otro texto bíblico.

En estos casos no se hace una identificación explícita al texto aludido como sería el caso

de las citas de reflexión en Mateo (Mt 1.22ss). Los relatos de la pasión están llenos de

alusiones. Así en Marcos 15.24 dice: «Cuando lo crucificaron, repartieron entre sí sus

vestidos, echando suertes sobre ellos para ver qué se llevaría cada uno». Esto es una

alusión al Salmo 22.18 que dice: «Repartieron entre sí mis vestidos y sobre mi ropa

echaron suertes». El Nuevo Testamento está lleno de alusiones a la Biblia Hebrea. El

361
libro de Apocalipsis no usa la técnica de citar la Biblia Hebrea, sino que consistentemente

alude al texto bíblico indirectamente. Así en Apocalipsis 1 se describe el cabello del

Cristo vivo como «blanco como la lana». Esto es una alusión a los cabellos de Dios en el

libro de Daniel (Dn 7.9) donde se dice que «y se sentó un Anciano de días. Su vestido era

blanco como la nieve; el pelo de su cabeza, como lana limpia».

Sinécdoque

Una sinécdoque es una figura del lenguaje en la cual una parte representa el todo.

Ejemplos de sinécdoque tenemos en las cartas de Pablo cuando él habla de «los de la

circuncisión» refiriéndose a los «observantes de la ley» (Gál 2.7-9). Otro uso de la

sinécdoque es hablar del todo refiriéndose a una parte. Un ejemplo de este tipo de

sinécdoque lo encontramos en Juan cuando escribe sobre «el mundo» y se refiere a la

humanidad (Jn 3.16).

Hipérbole

Las hipérboles son otro tipo de figura del lenguaje común en la Biblia. Una

hipérbole es una exageración extravagante de los hechos o posibilidades. Puede usarse

para crear un efecto irónico en un discurso. San Pablo usa una hipérbole para burlarse

del intento de los corintios de llegar a una sabiduría que les diera un status especial:

«estáis saciados, ya sois ricos, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinarais, para que nosotros

reináramos también juntamente con vosotros!, porque, según pienso, Dios nos ha puesto a

nosotros los apóstoles en el último lugar, como a sentenciados a muerte» (1 Co 4.8ss).

362
Lítotes

Lo contrario a una hipérbole es un lítotes. Un lítotes es un tipo de dicho que

disminuye el sentido literal del dicho («understatement» en inglés). Nuevamente es San

Pablo el que nos da un ejemplo de este tipo de figura del lenguaje en 2 Corintios: «Pienso

que en nada he sido inferior a aquellos ‘grandes apóstoles’, pues aunque sea tosco en la

palabra, no lo soy en el conocimiento; en todo y de todas maneras os lo hemos

demostrado» (2 Co 11.5ss). El lítote aparece ennegrecido en este caso para que el lector

o lectora note que realmente San Pablo está denigrando a estos otros misioneros que eran

reconocidos como apóstoles por los corintos y que San Pablo utiliza un aumentativo para

crear un efecto de disminución en el lector o lectora.

Anáfora

Otra figura del lenguaje es la anáfora. Una anáfora es el uso de la misma palabra

al principio de distintas cláusulas u oraciones. En Hebreos 11 la frase «por fe» es usada

en varias cláusulas consecutivas. Dice así: «Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente

sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios

testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella. Por la fe Enoc fue traspuesto

para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuera

traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios... Por la fe Noé, cuando fue

advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que

su casa se salvaría; y por esa fe condenó al mundo y fue hecho heredero de la justicia que

viene por la fe. Por la fe Abraham . . .» (Heb 11.4ss). Note que he ennegrecido la

anáfora que estoy dando como ejemplo para que el lector o lectora pueda tener una idea
363
del concepto. La repetición de esta frase «por la fe» crea un sentido de intensidad en el

receptor del discurso.

Epífora

Lo contrario a una anáfora es una epífora. Es una repetición de palabras o frases al

final de dos o más versos, estrofas u oraciones. En 1 Corintios 7.12ss se nos da un

ejemplo de epífora: «A los demás yo digo, no el Señor, que si algún hermano tiene una

mujer que no es creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y si una

mujer tiene marido que no es creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone».

Antífrasis
Una antífrasis es el uso de una palabra o frase cuando se quiere decir lo contrario.

El uso primario de la antífrasis es la ironía o el sarcasmo. En el discurso de un loco en 2

Corintios, San Pablo usa en varias ocasiones este tropo: «He sido un necio al gloriarme,

pero vosotros me obligasteis a ello. Yo debía ser alabado por vosotros, porque en nada he

sido menos que aquellos ‘grandes apóstoles’, aunque nada soy» (2 Co 12.11b).

Paranomasia

Paranomasia es un juego de palabras. En un sentido literal es la recurrencia de la

misma palabra o raíz de la palabra en una cercana proximidad. El problema de este tipo

de figuras es que se pueden observar generalmente en el texto en el idioma original. Un

ejemplo de paranomasia lo encontramos en Filipenses 3.2: «Guardaos de los perros,

guardaos de los malos obreros, guardaos de los que mutilan el cuerpo».


364
Palabras clave

Los discursos tienen una serie de palabras que son vitales en la interpretación del

mismo. Obviamente estas palabras hay que abordarlas desde la perspectiva del análisis

gramatical. Pero una mirada a la dimensión literaria nos arrojará luz sobre los niveles de

significación en el contexto literario de estas palabras. Un ejemplo lo encontramos en el

concepto «enseguida» en Marcos. En el texto griego el concepto es euthus y muchas

veces los traductores lo dejan sin traducir. La palabra temática se utiliza por primera vez

en Marcos 1.10. Reina Valera 95 la traduce como «luego», pero realmente es un término

temático que implica urgencia en Marcos. El bautismo de Jesús requiere prisa; es

«enseguida». El lector o lectora todavía no tiene suficientes pistas para comprender la

urgencia, hasta que el narrador use un término para describir la escatología, el reino es

engiken, inminente. Por esto las acciones de Jesús están relacionadas a este «enseguida».

El tiempo se ha acortado. Hay prisa. Por eso los discípulos dejan «al instante» (Mc 1.18)

sus redes y siguen a Jesús. Jesús mismo llama a otros de sus discípulos: «en seguida los

llamó» (Mc 1.20). En Mc 1.21 se continuará la acción de prisa. El texto en español

pierde esta urgencia al no traducir el «enseguida». Pero en griego dice «Y entraron en

Capernaum y enseguida, durante el sábado...»

Pero el personaje que se introduce también está bajo el tema de la urgencia.

Nuevamente el texto en español omite el sentido de urgencia, pero el texto griego es

claro, «enseguida había un hombre con espíritu impuro...» El concepto enseguida se

repite 44 veces en Marcos (Mt/7, Lc/1; Jn/3; Pablo/0, EC/0, Apoc/0). Obviamente es un

tema de Marcos. Para Marcos la acción y dichos de Jesús tienen que ver con la

365
inminencia del tiempo escatológico. Las acciones de Jesús señalan cuán urgente es el

sentido de inminencia escatológica.

Anticipaciones y retrospecciones

Otras técnicas literarias que podemos ver en los textos son las anticipaciones y las

retrospecciones. El evangelio de Marcos nos presenta buenos ejemplos de la vitalidad de

este tipo de técnica literaria en la generación del significado. Ya en Marcos 2, Jesús

anticipa que «el esposo les será quitado» (Mc 2.20). Inmediatamente después los

opositores de Jesús comienzan a conspirar para matar a Jesús (3.6). En tres lugares en la

sección de la instrucción sobre el discipulado, Jesús les anuncia su muerte y resurrección

(8.31; 9.31; 10.31). Cuando la pasión se narra, ya el lector o lectora sabía que Jesús había

anticipado este desenlace. Pero como había anunciado su resurrección, el lector o lectora

recibe la satisfacción de que todo ha sucedido como se había anticipado, por lo cual

recibe el placer de poder concluir la narrativa. No olvide el lector o lectora que en la

escena final de Marcos las mujeres no le dijeron nada a nadie porque tenían miedo (Mc

16.8). Así que las tres predicciones de la pasión y la resurrección sirven como

anticipación narrativa de la cruz, pero también de la resurrección.

En términos de las retrospecciones, sólo mencionaremos una como ejemplo. La

narrativa de la muerte de Juan el Bautista se narra como retrospección luego de la

narrativa de las historias de milagros de Jesús y sus discípulos. Herodes se entera de los

milagros y el narrador cuenta en retrospección cómo había sido asesinado Juan (Mc

6.17ss). Lo interesante es que esta es una historia en un banquete. Juan es asesinado en un

banquete de Herodes Antipas. Pero Marcos es tan excelente narrador, que

inmediatamente narra otro banquete, la multiplicación de los panes y los peces, como

366
«contrabanquete». La retrospección cuenta la muerte de Juan en un banquete, banquete

de muerte del mensajero (Mc 1.2ss). Pero Jesús celebra otro banquete, el banquete de

vida que anticipa la última cena de Jesús con sus discípulos (Mc 14. 22ss). Pero

interesantemente, este otro banquete final concluirá con el arresto y asesinato de Jesús.

Progresiones en dos o tres pasos

Queremos presentar varios ejemplos de progresiones de dos o tres pasos. Marcos

tiene cantidad de escenas en progresión de dos o tres pasos. Así en la escena de la tumba

vacía en el primer momento dice «muy temprano en la mañana», el segundo paso explica

cuán temprano en la mañana fue esta acción, «cuando el sol había salido» (Mc 16.2). Así

mismo tenemos dos escena en progresión en los relatos de la multiplicación de los panes

y los peces. En la primera ocasión, en territorio judío, los discípulos no sabían con qué

iban a alimentar la multitud. Pero cuando se repite la escena en territorio gentil, el lector

o lectora se da cuenta que los discípulos han desarrollado su falta de entendimiento hasta

el colmo. Para que este tema del conflicto entre los discípulos y Jesús no se quede en el

aire, Marcos nos presenta la escena del ciego en Betzaida, el cual es sanado en dos pasos.

Pero luego nos presenta la escena del ciego Bartimeo que es sanado inmediatamente. En

medio de estas dos historias de milagro se da toda la enseñanza sobre el discipulado en

Marcos en la cual la ceguera de los discípulos se hace evidente. Pero el lector o lectora

sabe que la visión de los discípulos está segura porque Jesús quiere que los ciegos vean.

Intercalaciones

La técnica de la intercalación consiste en usar una escena similar al principio y al

final de un discurso. Es un tipo de narración concéntrica. Pero el punto esencial es que la

367
narración que comienza y concluye el relato le da un significado especial al material

intercalado. Encontramos varios ejemplos de técnicas de intercalación en el evangelio de

Marcos. Un ejemplo de esto lo encontramos en los dos relatos de los ciegos en Marcos 8

y 10.46ss. En medio de estos dos relatos se nos presentan las instrucciones sobre el

discipulado en Marcos. El lector o lectora se queda con la impresión de que el ser

humano, para ser discípulo, tiene que ser iluminado con un milagro de sanidad

metafórico. De otra manera no puede comprender la revelación en Jesús. Otra alternativa

para considerar estas dos historias de milagro sobre ciegos es sugerirle a cada lector que

estos ciegos encarnan la situación teológica de los discípulos en Marcos. Los discípulos

no comprenden a Jesús, no comprenden el mensaje de la cruz, y tampoco pueden tomar

su cruz, porque el poder y los privilegios le han cegado.

La técnica se utiliza nuevamente en el relato del ataque al templo. Esta vez Jesús

maldice la higuera, luego ataca el templo y cuando regresa del ataque del templo los

discípulos encuentran la higuera seca (Mc 11.14ss). La maldición de la higuera y el relato

de la higuera seca le permite al lector o lectora inferir que el ataque al templo implica su

eliminación narrativa. La maldición de la higuera y su consecuente destrucción funciona

como un vaticinio de la suerte narrativa del templo. Este tema se trabajará nuevamente en

otra narrativa intercalada entre la historia de las dos mujeres, la que ofrendó todo su haber

al templo (Mc 12. 41ss), y la que ungió a Jesús con un perfume de gran valor (Mc14.1ss).

En medio de estas dos mujeres, se presenta el discurso sobre la destrucción del templo

(Mc 13).

Ironías

368
Otras figuras retóricas son las ironías, las preguntas retóricas y las alegorías. Un

ejemplo de ironía lo encontramos en la historia de la pasión. Los soldados se burlan de

Jesús diciéndole rey, pero aunque parece irónico, la realidad es que la persona que lee

sabe que lo que dicen en forma de burla es la verdad. Ya el narrador ha dicho que Jesús

es el hijo de Dios (Mc 1.11), los espíritus impuros han hecho notoria la identidad de Jesús

(1.25; 5.7). Bartimeo le ha llamado hijo de David (10.47). Jesús ha sido proclamado

como uno relacionado al «reino de nuestro padre David que viene» (11.10). En el juicio

Jesús ha confesado, ante la pregunta sobre el Mesías, «yo soy...» (Mc 14.62). Por lo

tanto, el texto le ha dado muchas señales al lector o lectora para que pueda darse cuenta

de que Jesús es el rey verdadero.

Alegoría

Una alegoría es una narrativa cuyo sentido se halla en la interpretación de un

segundo relato, pero que se refiere a los detalles de la primera narrativa (Abrams 5-8).

Encontramos una interpretación alegórica en la narrativa de la parábola del sembrador en

Marcos 4. En el relato, ante la falta de comprensión de la audiencia y de los discípulos,

Jesús les explica el significado de la parábola, convirtiendo la parábola en una alegoría.

Esta alegoría va a servir para introducir el tema del discipulado. En las próximas historias

los sujetos que reciben historias de milagros responden con gran fe en Jesús. Pero en su

patria se responde sin fe (Mc 6.1ss). Lo peor es que los discípulos manifestarán cada vez

con mayor fuerza que son como la semilla sembrada en los espinos, que creció y se secó.

La parábola se ha convertido en una alegoría del discipulado para Marcos.

Episodio en serie

369
Otra técnica literaria son los episodios en serie. Los episodios en serie son

narrativas donde un relato similar se narra en varias ocasiones y, por lo tanto, muestra la

importancia de este relato y cómo este relato narrado en varias ocasiones determina el

significado de los relatos alrededor de estos episodios en serie. Un ejemplo lo

encontramos en Marcos. En Marcos encontramos que Jesús anuncia su pasión y

resurrección en tres ocasiones (8.31; 9.31; 10.33-34).

La primera vez que Jesús anuncia su pasión es luego de que Simón Pedro ha

hecho la confesión del mesianismo sobre Jesús (Mc 8.28ss). Con esta predicción sobre la

pasión, Marcos ha subvertido el sentido del concepto Cristo. El Cristo que se está

confesando no es el imperial poderoso, sino el Cristo de la cruz. Pero a esta predicción de

la pasión le siguen las instrucciones sobre el discipulado. El discipulado verdadero

significa tomar la cruz como señal del seguimiento.

El segundo anuncio de la pasión viene inmediatamente después de la historia del

exorcismo del niño (Mc 9.17ss). El exorcismo es un acto de gran poder. El añadir la

predicción de la pasión luego de este exorcismo hace que el lector o lectora no se enfoque

en el poderoso obrador de milagros y pierda de vista la cruz como elemento central en la

narrativa de Marcos. Le sucede a la segunda predicción de la pasión, la disputa entre los

discípulos sobre quién es el mayor (Mc 9. 33ss). La disputa entre los discípulos por el

poder y el honor muestran cuán despistados están los discípulos del «evangelio crucis».

La última predicción de la pasión viene en el contexto literario del relato del joven rico y

la reacción de los discípulos sobre la imposibilidad de que los ricos entren en el reino de

Dios. La predicción de la pasión es todo lo contrario al poder y los privilegios. Por lo

tanto, Jesús se sitúa narrativamente en oposición a la situación del joven rico y de los

370
discípulos que no entienden cómo es posible la salvación sin la salvación de la elite. Le

sucede a la tercera predicción de la pasión la discusión entre los hijos de Zebedeo sobre

puestos de honor y poder en el reino. Mientras Jesús anuncia la cruz, los discípulos se

reparten posiciones en el Reino.

Lugares episódicos

Los lugares donde se narran los acontecimientos en los evangelios deben señalar

una importancia vital para el lector o lectora. Estos lugares, para los lectores iniciales,

prendían ciertas luces sobre la relación entre la trama y el lugar.

Un ejemplo de la importancia del lugar episódico y el contexto narrativo la vemos

en el episodio del ciego Bartimeo. Bartimeo está en Jericó. Jericó es la última ciudad

previa a Jerusalén. El lector o lectora avisada sabe que en los intertextos sobre Jerusalén,

los antiguos jebuseos mandaron a los ciegos a pelear contra David. La idea era que la

ciudad jebusea era tan inexpugnable que aun los ciegos podían derrotar a David y su

ejército. Pero a través del ingenio militar, David penetró la ciudad por las corrientes de

agua subterráneas. En 2 Samuel 5 se nos narra como leyenda la expulsión de los ciegos

de Jerusalén debido a este conflicto militar. En nuestra narrativa en Marcos, el lector o

lectora asocia a Bartimeo en Jericó como uno de esos ciegos echados de la ciudad de

Jerusalén en la periferia, esto es, en Jericó. Lo interesante es que el hijo de David, como

Bartimeo nombra a Jesús, es distinto a su Padre. Aquel echó a los ciegos de Jerusalén;

éste otro, sana a un ciego para que pueda entrar a Jerusalén con él.

Otro ejemplo de la importancia del lugar episódico es la pregunta en Cesarea de

Filipo sobre la identidad de Jesús. El lector o lectora avezado recordará que Cesarea de

Filipo era el lugar del panteón de los dioses helenísticos en el área. Allí, donde se

371
confesaban las deidades en el área de la Decápolis, se convierte en lugar de la confesión

correcta sobre quién es Jesús.

Lo mismo podríamos decir de la localización de Galilea y Jerusalén en la

narrativa de Marcos. Galilea es el lugar de los milagros y la enseñanza de Jesús. Jerusalén

es el lugar de la tragedia. Jesús les dice a los discípulos que va delante de ellos a Galilea

(Mc 14.28). El lector o lectora atento sabe que se puede encontrar con el Cristo Vivo si

comienza a leer la narrativa nuevamente. Porque al comenzar, vuelve a Galilea. Ya

Marxen se había dado cuenta de que estos lugares escénicos en Marcos eran

eminentemente teológicos.

Preguntas medulares

En la segunda edición del libro de Rhoads, Michie y Dewey se plantean algunas

preguntas medulares de un análisis literario de un texto que nos parecen vitales para el

lector aprovechado de la Biblia:

• ¿Cómo se experimenta la historia? (Rhoads et al, 1999).

• ¿Cuáles fueron sus impresiones iniciales ante el relato? ¿Le fue posible respetar

este relato sin imponerle la información que ha recibido de los intertextos?

• ¿Cuál es el punto de vista de los personajes?

• ¿Cómo cada uno de estos personajes valoran la realidad? Si estuviéramos leyendo

un evangelio que pone el tema del reino inmediatamente, como es el caso de

Marcos, ¿cómo valoran los personajes el reino de Dios dentro de la narrativa?

• ¿Qué patrones similares hay entre los distintos episodios?

• ¿Qué repeticiones de palabras, conceptos y temas entretejen la historia, de manera

que se vaya elaborando una interconexión en la narrativa?


372
• ¿Qué técnicas de anticipación o retrospección se utilizan en la narrativa?

• ¿Qué progresión en dos o tres pasos nota en la narrativa?

• ¿Qué escenas típicas encuentra en la narrativa? Una escena típica en una narrativa

es aquella en que un patrón similar se repite en varias escenas.

• ¿Qué episodios concéntricos encuentra en la narrativa?

• ¿Qué episodios en series se encuentran?

Otro tipo de figuras retóricas en una narrativa son las preguntas, las alegorías, las

citas de otros escritos, las profecías, y las ironías, las metáforas, etc.

• ¿Dónde se localiza la narrativa?

• ¿Cuáles son las características del lugar en la narrativa?

• ¿Hay alguna relación entre el contexto episódico y los conflictos narrados?

• ¿Cómo interactúan los personajes con el contexto episódico?

• ¿Hay alguna asociación entre el contexto episódico de la narrativa y los relatos

del intertexto bíblico?

• ¿Cómo esta asociación con el intertexto informa la experiencia del lugar

episódico?

• ¿Cuál es el papel del contexto episódico en el relato?

• ¿Qué conflictos hay en la narrativa? El lector o lectora debe escoger un conflicto

que aparezca en la narrativa y darle seguimiento a su desarrollo. ¿Qué inicia el

conflicto? ¿Quién lo inicia? ¿De qué se trata el conflicto? ¿Hay algún conflicto

interno de algún personaje? ¿Hay algún conflicto entre personajes? ¿Hay algún

conflicto con la naturaleza? ¿Hay algún conflicto con la sociedad o la cultura?

¿Hay algún conflicto con los poderes sobrenaturales? ¿Cómo escala el conflicto?
373
¿Cuáles son las tácticas de cada lado del conflicto? ¿Cómo se resuelve el conflicto

o cómo no se resuelve? ¿Cuáles son las consecuencias del conflicto? ¿Cómo se

relaciona este conflicto con los demás conflictos que corren a través del relato?

¿Cuál es el papel de este conflicto en el relato? El lector o lectora debe hacer una

evaluación del conflicto. ¿Cuáles son los valores y creencias de los partidos en

conflicto?

• ¿Quiénes son los personajes? ¿Qué dicen estos personajes que les caracteriza?

¿Qué hacen estos personajes que les caracteriza? ¿Qué dicen los demás personajes

en la narrativa de manera que el lector o lectora pueda ser iluminado con respecto

al desarrollo de este personaje? ¿Cuáles son las características que tipifican estos

personajes en el relato?

• ¿Cuáles son las motivaciones y objetivos de los personajes? ¿Cómo se relacionan

estos personajes con los demás? ¿Sufre algún cambio el personaje? ¿Qué factores

sobre los personajes predominan en el relato? ¿Qué introspecciones ganamos de

este conocimiento sobre los personajes? Todas estas preguntas sobre los

personajes nos ayudan a evaluarlos a través de sus acciones y dichos en la

narrativa.

Una lectura literaria del texto nos invita a mirar los detalles retóricos. La retórica

se refiere a las formas en que un autor, a través de su estilo y trama, intenta crear ciertos

efectos sobre el lector o lectora. Estos efectos surgen de la narrativa como un todo y por

las formas en que se relata la narrativa.

• ¿Cómo todas las dimensiones de una narrativa trabajan juntas para afectar al

lector o lectora? ¿Cómo fue que el relato afectó al lector o lectora? ¿Qué

374
sentimientos, pensamientos, emociones, y retos experimentó el lector o lectora del

relato según la historia se desarrolló? El propósito de una narrativa es generar

algún tipo de reacción en la persona que lee. Por lo tanto, las emociones,

sorpresas, convicciones, esperanzas o motivaciones que un relato genera son

importantes desde una perspectiva literaria.

Por otro lado un relato tiene una dimensión ética. El relato tiene el propósito de

generar una serie de convicciones y juicios de parte de quien lee. El lector o lectora,

desde su localización social (género, raza, clase social, educación formal e informal,

grupo étnico, religión, ocupación, etc.), entra en diálogo con el mundo de la narrativa.

Una lectura en una comunidad pluralista puede ayudarnos a escuchar distintas

perspectivas inimaginadas del mismo relato. La gente, desde sus distintas localizaciones

en la vida, nos puede ayudar a ver otras dimensiones del relato que no habíamos

escuchado debido a nuestros límites en nuestra localización personal. Es posible que el

lector o lectora simpatice con la lectura o antagonice con el relato. Lo vital es que quien

lee se pregunte por qué simpatiza o antagoniza con el relato. Puede que un relato cambie

la perspectiva o amplíe los horizontes del lector o lectora del mismo.

• ¿Qué figuras del lenguaje o tropos aparecen en el discurso y cuál es su efecto

sobre la persona que lee?

La tarea pastoral y el análisis literario

Partir de que el texto bíblico es literatura y que, por lo tanto, las reglas que aplican

al surgimiento de significado en la literatura profana aplican a nuestra lectura de la

Biblia, es un gran paso en nuestra comprensión del texto. Pero más allá de esta

375
conciencia literaria está el deleite del texto en la pastoral. Cuando en la pastoral las

personas involucradas en la formación teológica de la congregación manejan todas estas

preguntas medulares sobre cómo funciona un texto, la calidad de la predicación, la

educación cristiana y la reflexión teológica es mucho mejor. Lo mejor que puede pasar en

un sermón es que la persona que lo predica entienda las técnicas literarias a través de las

cuales el texto ayuda al lector o lectora a disfrutar o a comprender el relato.

Una mirada a los personajes de las narrativas bíblicas nos ayuda a utilizar estos

personajes como recursos para que la audiencia pueda ponerse los zapatos de los

personajes y sus tramas. El conocimiento de las técnicas de reiteración en un pasaje

bíblico pueden facilitar así como explicar esta técnica para que la audiencia entienda

cómo se enfatiza un elemento en el relato como en la práctica misma de utilizar anáforas

(repeticiones que vuelven a un tema principal y básico), metáforas (comparaciones de

una cosa con otra para que a través de lo comparado se puedan comprender elementos del

sujeto bajo discusión), etc. Cada maestro o maestra de escuela bíblica debe tener claras

todas estas preguntas literarias para explotar el significado del relato. El conocimiento de

estas preguntas es lo que hará que el texto fluya con vitalidad nuevamente.

En la predicación es un gran recurso conocer las estructuras concéntricas, las

escenas típicas, las progresiones en forma de dos o tres pasos, etc. Una lectura sagaz del

texto tomará los elementos vitales de estas estructuras concéntricas y las pondrá en

servicio de las preguntas de nuestra audiencia. Desde que la iglesia y la sinagoga nos

legaron estos textos, estamos remitidos a ser lectores avisados de todas las técnicas a

través de las que se generan efectos en la persona que lee.

376
Referencias

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Tannenhill, R.
1986, 1990 The narrative unity of Luke-Acts: A literary interpretation.
Philadelphia y Minneapolis: Fortress Press.

378
Capítulo 13

Análisis retórico

El análisis retórico es aquel tipo de acercamiento al texto a través del cual queremos exponer

los medios y artefactos literarios que utiliza el texto para persuadir a la persona que lee. Los

textos contienen figuras del lenguaje cuya intención es afectar el intelecto y las emociones

del lector o lectora de modo que se asuma el punto de vista del texto.

Los antecedentes del análisis retórico comienzan en el mundo helénico. Los maestros

más antiguos de retórica comenzaron en el siglo quinto a.C. Corax de Siracusa y su discípulo

Tisias abrieron una escuela de retórica en Atenas. Corax escribió un manual de oratoria forense

(judicial) con el propósito de que los ciudadanos pudieran defenderse en las cortes. Tisias fue

maestro de Georgias, Isócrates y Lysias. Georgias fue el que introdujo la retórica en Atenas en el

año 427 a. C. Georgias le dio gran énfasis a las figuras del lenguaje como medios de persuasión.

Georgias era de la opinión que los paralelismos poéticos, la rima y otras figuras poéticas

ayudaban a persuadir a la audiencia. Isócrates, por su parte, pensaba que las figuras poéticas y

otros tropos no eran tan vitales y le dio énfasis al contenido del discurso como elemento vital en

la persuasión. Isócrates fue el primero en abrir una escuela de retórica.

El propósito de una formación en retórica era adiestrar a los oradores en las técnicas de

persuasión más adecuadas para el uso judicial o en la asamblea de la polis. Por esto estudiaban

los principios de elocución, de lógica, de persuasión y las leyes tradicionales del mundo griego.

Se le atribuye a Georgias ser el pionero del uso intencional para afectar las emociones de la

audiencia. Los sofistas plantearon la importancia de buenas técnicas de oratoria

independientemente de la verdad o moral del discurso como un elemento vital en la oratoria.

Platón (428 -- 348 a. C.) plantea en el Fedro una discusión sobre el arte de la retórica y su

relación con la ética y con la verdad. El personaje de Platón que articula su opinión es Sócrates.

379
Sócrates plantea que la retórica es un arte (tecnites) cuyo propósito es persuadir. Para Platón «no

hay arte de hablar ni lo habrá jamás, si no está basado en la verdad» (Fedro 43). El problema que

Sócrates y Fedro encaran en su diálogo es la posibilidad de que en la corte o en la asamblea

alguien persuada con su técnica oratoria a los demás, independientemente de la verdad del

argumento. Sócrates afirma que «el arte de palabras que despliegue el ignorante de la verdad,

más cazador de opiniones, resultará al parecer ridícula y sin arte alguno» (Fedro 44).

El problema de la retórica sin ética es que el juego con palabras descamina a los oyentes.

De todas maneras, el lector o lectora se da cuenta que lo que se propone Platón es enlazar la

retórica y la ética. El punto está hecho: la retórica es el arte de usar el discurso para persuadir a

quienes escuchan o leen. Obviamente, Platón se dio cuenta que no siempre el contenido de un

discurso prevalecía; que a través de técnicas literarias, el discurso se convierte en un arma

poderosa.

Un detalle adicional que queremos plantear sobre la retórica en Platón es que su

personaje principal, Sócrates, articula sobre las técnicas que hacen que un discurso esté bien

organizado y sea persuasivo:

La primera es el proemio, o cómo se debe hablar al comienzo del discurso. ¿A


tales cosas llamas, –¿no es así?-- refinamientos del arte? . . . La segunda es la
narración con los testimonios en su favor; la tercera, indicios probatorios; la
cuarta, verosímiles conjeturas. Y creo que además que la prueba de creer habla de
otra prueba suplementaria. . . . . . me refiero a la refutación y a la refutación
suplementaria, que deben hacerse en acusaciones y defensas. ... En cuanto al final
de los discursos parece que todos opinan lo mismo, llámenlo unos resumen y
otros con otro nombre. ...La recapitulación: ¿detallado y final recordatorio de lo
que se ha dicho a los oyentes? (Fedro 50ss).

Como veremos más adelante, este tipo de organización discursiva ha sido traída a colación por

los críticos retóricos en el Nuevo Testamento como evidencia de que los autores del Nuevo

Testamento conocían la tradición retórica helenística y la utilizaban en sus procesos de

comunicación con sus audiencias.

380
En el mundo helenístico, otro trabajo dedicado a la reflexión sobre la retórica a

considerar es Retórica de Aristóteles. Para Aristóteles «los modos de persuasión son los únicos

constituyentes de la retórica» (Retórica 1354a, traducción mía). Define retórica como «la

facultad de observar los medios disponibles de persuasión en cualquier caso» (Retórica 1355b,

traducción mía). Plantea que hay tres medios de persuasión: (1) la razón lógica o el logos, (2) la

comprensión del carácter humano a lo que llama el ethós, y (3) la comprensión de las emociones

humanas o el pathós humano. Plantea Aristóteles que la retórica se subdivide en tres tipos

relacionados con la audiencia: (1) política o deliberativa, (2) forense o judicial, y (3) epideítica o

ceremonial.

La retórica en su función política-deliberativa tiene el propósito de que la

audiencia haga o no haga algo. Las acciones de la retórica política están en el futuro. El

orador político intenta explicar la posibilidad o peligro de una acción propuesta. El

discurso favorece o se opone a cosas que se harán en el futuro. Lo que se intenta

determinar en este tipo de discurso es qué es más útil hacer en el futuro. Por lo tanto, el

discurso debe clarificar asuntos sobre la bondad y la utilidad del curso a tomar. Define el

bien Aristóteles como «aquello que debe ser seleccionado por su valor mismo» (Retórica

1362a, traducción mía). Aristóteles describe el bien con una lista de cosas que

evidencian la presencia de éste: la felicidad, la justicia, el valor, la temperancia, la

magnanimidad, la salud, la belleza, el placer, la riqueza, etc.

La retórica en su función forense ataca o defiende a alguien o a algo. Los verbos

en este tipo de discurso se refieren al pasado. Por ejemplo, una persona acusa a otra en la

corte sobre cosas que sucedieron en el pasado. Las partes en un caso judicial intentan

establecer la justicia en este caso. Por eso traen a colación todos los asuntos pertinentes.

El discurso forense puede describir el mal como un mal hecho contrario a la ley. Plantea

381
Aristóteles que hay cinco medios de persuasión «no-técnicos» en los discursos forenses:

(1) la ley, (2) los testigos, (3) contratos, (4) torturas y (5) juramentos. Por la ley se refiere

a las leyes y principios detrás de un caso judicial. Por testigos se refiere a testigos en la

tradición literaria y oral y testigos recientes que han expresado opiniones valiosas sobre

situaciones similares. Los contratos se refieren a estipulaciones escritas que obligan a las

partes en un caso. Los juramentos en una sociedad de honor y vergüenza tienen mucho

peso. Cuando alguien se niega a jurar, Aristóteles creía que era por miedo al perjurio y las

consecuencias míticas de este perjurio.

La retórica ceremonial alaba o censura a alguien en el presente. Aquellos que

atacan o alaban a una persona intentan probar el honor o deshonor de ésta. El discurso

típico de esta forma de retórica es el encomio. Cicerón escribió sobre este tipo de

discurso en el siglo primero antes de la era común. A este tipo de discurso Cicerón le

llamaba panegírico. El discurso epideítico o panegírico tenía como contenido el arte de

alabar o culpar a alguien. Este tipo de retórica era utilizado especialmente en funerales.

Celebraban los valores de una comunidad a través de la vida de un individuo. Esto dio

paso a las biografías de la antigüedad que tuvieron su génesis en los panegíricos. Cicerón

dividía este tipo de discurso en varias partes: (1) ánimo: lo relacionado con las virtudes

de la persona, (2) cuerpo: en esta parte se hablaba de la salud, la belleza, la fuerza y la

sagacidad de la persona, (3) detalles externos: el honor público, la riqueza, la nobleza de

los antepasados, el patriotismo y el poder de la persona.

En términos del estilo que se ha de utilizar para la persuasión, Aristóteles

planteaba que el estilo de expresión era un elemento vital en la retórica. «Porque no es

suficiente saber qué uno debe decir, pero debemos decirlo de la manera apropiada, por lo

tanto, se requiere ayuda para producir la impresión correcta de un discurso.» (Retórica

382
1403a). Entra Aristóteles en una discusión de los artefactos literarios del discurso.

Plantea que un discurso debe ser en lenguaje corriente. El punto es que el asunto sea

comprendido claramente. Pero se da cuenta que la lengua tiene una serie de artefactos

que ayudan por su eficacia. Se refiere a las figuras literarias tales como la metáfora, el

símil, los epítetos, el ritmo, la aliteración, los paralelismos, las antítesis y otros tropos.

Plantea Aristóteles que este recurso literario contiene cinco tipos de líneas

argumentativas o topoi (literalmente, lugares): (1) la inventiva, (2) el arreglo de los

materiales o taxis, (3) el estilo, (4) la memoria y (5) la entrega del discurso. Varios

aspectos de la retórica traslucen a través de los textos bíblicos. Primeramente aparece la

inventiva para el discurso. La inventiva se refiere al proceso a través del cual uno escoge

el sujeto sobre el que disertará en un discurso. La inventiva requería escoger los

materiales con cuidado de manera que se pudiera hacer el punto en discusión. Un ejemplo

de este tipo de selección de los materiales lo encontramos en la selección de pasajes

bíblicos dentro de las narrativas. Varios ejemplos de esto los vemos en Marcos. Cuando

Jesús es cuestionado por la conducta de sus discípulos en cuanto al sábado, Jesús trae a

colación un texto bíblico (Mc 2. 23ss). Cuando lo vuelven a cuestionar por las reglas del

sistema de pureza y la conducta de sus discípulos, Marcos vuelve a buscar materiales que

tengan autoridad para persuadir a sus opositores y a su audiencia. Así que nuevamente se

apela a la Escritura como lugar retórico para dirimir el conflicto (Mc 7. 1-13). Esto se

vuelve a repetir en la sección de los debates entre Jesús y sus opositores en Marcos 12.

Nuevamente, Marcos trae a colación material de la Escritura para dirimir el asunto (Mc

12. 35ss).

Un segundo aspecto retórico de los textos es el arreglo de los materiales (taxis,

despositio). Este tipo de análisis busca ver cómo podemos presentar una estructura en

383
forma de bosquejo o esqueleto del pasaje bíblico. En la retórica los discursos tenían

varias estructuras típicas. Un discurso típico tenía los siguientes elementos:

1) Introducción (proemio o exordium)

2) Planteo del caso (diegesis o narratio)

3) Argumentos (pistis o confirmatio)

4) Conclusión (epílogo, conclusio)

Un tercer elemento retórico es el estilo (lexis, elocution). Bajo esta área del estilo

se consideraban asuntos como gramática, metáforas, rima, y las demás figuras del

lenguaje. El estilo de un discurso facilitaba la generación de emociones en la audiencia,

que era uno de los propósitos de la retórica.

Un ejemplo valioso del uso del estilo lo notamos en Hebreos 11. Este pasaje

literario es un discurso epideítico en forma de encomio. Para persuadir al receptor del

discurso se utilizan varios recursos. Primeramente se define el término fe. Otro recurso

que se utiliza son los ejemplos de personajes heroicos. Esencialmente es un catálogo de

personas virtuosas. Otro detalle es la constante repetición de la palabra fe en forma de

anáfora. La cantidad de aliteraciones en el texto griego son un elemento retórico que crea

un tipo de melodía para quien escucha el texto en el idioma original. Un detalle adicional

del estilo es la estructura de inclusión entre el principio del discurso en 11.1-2 y los

versos finales en 11. 39-40. Al final hemos vuelto a los padres con los que comenzó el

discurso.

La memorización y la entrega son asuntos que tienen que ver con la ejecución de

un discurso. Nos podemos imaginar estos elementos a base de nuestra experiencia con

este tipo de discursos en la predicación, en la corte, en la inauguración política o en la

corte y podemos inferir que los textos bíblicos funcionaron de la misma manera. Pero hay

384
un elemento de distancia retórica entre el texto y nosotros y esencialmente tiene que ver

con la ejecución en la antigüedad.

En términos de la estructura de un discurso o su arreglo, Aristóteles plantea que la

introducción de un discurso debe ser como la introducción de una pieza musical. La

introducción es una gema, de tal manera que la audiencia pueda ser cautivada por la

misma. Uno puede recordar la introducción de la quinta sinfonía de Beethoven y el

impacto que la misma causa antes de entrar en el cuerpo de la sinfonía. Pasando de este

ejemplo musical a los textos bíblicos, uno notará con cuánto cuidado se ha comenzado el

evangelio de Juan con este himno al Logos.

Así mismo nos sucede con el Evangelio de Mateo y toda esta genealogía que

impacta al lector o lectora inmediatamente. Una ojeada a las cartas paulinas nos dejará

ver que en la introducción el Apóstol plantea todos los problemas vitales del documento.

En la carta a los gálatas, la introducción elimina la oración de acción de gracias, por lo

cual el lector o lectora se da cuenta de la naturaleza conflictiva de la relación entre Pablo

y los gálatas. Una mirada a cualquiera de las introducciones de los libros bíblicos nos

dejará ver que esta sección fue trabajada con un cuidado sin igual. Plantea Aristóteles que

«la introducción de un discurso forense tiene el mismo valor de los prólogos en los

dramas y las introducciones en los poemas épicos. ... En un prólogo... un gusto (foretaste)

de los temas es dado, con la intención de informar al oyente de éste de antemano»

(Retórica 1415a).

El cuerpo del discurso debe incluir varios elementos. Primeramente se debe

eliminar cualquier tipo de prejuicio u objeción. De aquí pasamos a la narración. Para

Aristóteles, dependiendo del tipo de discurso, se habría de usar la narración. Si el

discurso era ceremonial, la narración podía ser intermitente. Si por otro lado el discurso

385
era político, la narración no era vital porque el propósito del discurso estaba en el futuro y

nadie puede narrar lo que no ha sucedido. Pero si el discurso era judicial, la narración

tenía importancia, especialmente si mostraba una naturaleza moral.

Luego de la narración se planteaba el argumento. El propósito del argumento era

demostrar las pruebas sobre el sujeto del discurso. En un discurso ceremonial, el

argumento debe girar alrededor de la bondad y corrección de lo que se ha hecho. Se

deben narrar fragmentos de los hechos y dichos del sujeto encomiado. En un discurso

político el argumento debe ser que la propuesta es posible o impracticable o injusta o no

hará bien. Como el propósito del discurso está en el futuro, se habla del pasado como

ejemplo para evitar o afirmar cierta conducta en el futuro. En un discurso forense –

judicial-- se habla de lo que es o no es ahora verdad. Se puede argumentar basado en la

ley. El próximo punto de un discurso es la respuesta al opositor. Esta sección es parte del

argumento. El objetivo es quebrantar los puntos del opositor. Un próximo paso en el

discurso es la interrogación. En esta sección se hacen las preguntas retóricas. El propósito

es poner al oponente a afirmar los puntos que se proponen.

La conclusión de un discurso la divide en cuatro partes: (1) disponer a la

audiencia a favor del orador y contra el opositor, (2) magnificar o minimizar los hechos,

(3) excitar las emociones de la audiencia, (4) refrescar la memoria de la audiencia.

Aristóteles escribió una segunda obra sobre retórica titulada Sobre la poética.

Plantea que la literatura es esencialmente una imitación de la vida. La imitación de la

vida plantea los sujetos buenos y malos que encontramos en la vida. De ahí que las

secciones de la tragedia y la comedia se llamen actos, porque imitan la conducta humana.

Plantea Aristóteles que en la tragedia se imita no a los seres humanos, sino a la vida:

«Porque la tragedia es imitación, no tanto de los hombres cuanto de los hechos y de la

386
vida, y de la ventura y desventura; y la felicidad consiste en acción, así como el fin es una

especie de acción y no calidad» (Poética III, 3). En una tragedia, plantea Aristóteles, es

importante que la acción que lleva a la caída trágica sea no por maldad del personaje,

«sino por yerro disculpable... no por delitos, sino por algún error grande de las personas»

(Poética III, 12).

El próximo trabajo significativo sobre la retórica en el período grecolatino fue el

de Cicerón (106 -43 a.C.). Su obra principal fue De inventione. En esta obra argumenta

que los deberes de un orador son instruir, deleitar y mover. Cada uno de estos deberes se

relaciona con un tipo de discurso apropiado. El estilo sencillo se utilizaba para instruir o

demostrar la evidencia. El estilo grandilocuente se utilizaba para mover las emociones

sublimes de la audiencia. Un estilo intermedio se utilizaba para deleitar a la audiencia.

Quintillano (35- 96 d.C.) escribió una obra sobre retórica contemporánea al

Nuevo Testamento. Aunque no podemos reclamar dependencia literaria, sí pudiésemos

señalar que este tipo de ideas sobre la persuasión y el arte de utilizar palabras con fines de

convicción era parte del contexto cultural en que se produjo el Nuevo Testamento.

Planteaba Quintillano que la retórica era la ciencia de hablar correctamente (bene dicendi

scientia) (Trible 7).

La crítica retórica y los estudios bíblicos

Filón de Alejandría señaló que Moisés aprendió las artes de la métrica, el ritmo y

la armonía de los egipcios (Trible 8ss). Josefo planteó similarmente que Moisés utilizó

estructuras métricas para componer un himno a Dios en Éxodo 15 y que también usó la

métrica para recitar el poema que se encuentra en Deuteronomio 32. Jerónimo (331-420

d.C.) tenía un manejo detallado de la retórica y el estilo. Había sido instruido en la

gramática y la retórica latina. San Agustín también era un consumado maestro de

387
retórica. En sus trabajos sobre el texto bíblico se concentró en la elocución como

elemento retórico preponderante. Alegaba que los tropos y las figuras del lenguaje

ampliaban la comprensión de las Escrituras. Alegó también que las cartas paulinas

contenían elementos deliberativos, judiciales y epideíticos.

En la edad media varias figuras abordaron los elementos retóricos del texto.

Casiodoro de Italia (c. 487- 580 d.C.) utilizó la retórica para leer los Salmos y el libro de

Job. Esto lo llevó a plantear que la retórica tenía sus inicios en el texto bíblico. El

Venerable Veda (673-735 d.C.) también señaló que la retórica tenía sus inicios en la

Biblia Hebrea. Clasificó los libros de la Biblia en sus estructuras poéticas e hizo un

catálogo de los tropos y figuras del lenguaje en los textos bíblicos.

En el renacimiento tanto Erasmo como Calvino, Bucero, Lutero y Zwinglio

utilizaron su adiestramiento e retórica para leer el texto. Sir Philip Sidney (1554-1586 d.

C.) planteó que la poesía bíblica tenía la intención de instruir y deleitar al lector.

En la modernidad, Thomas Hobbes (1588-1679 d. C. ) señaló la necesidad de

comprender la naturaleza de la retórica bíblica para interpretar apropiadamente el texto.

Bajo este tipo de presuposiciones negó la autoría mosaica de la Ley. En el siglo 18,

Robert Lowth estableció que la poesía bíblica contenía un tropo vital para su

comprensión: el paralelismo de miembros (parallelismus membrorum). Señaló que había

tres clases de paralelos en la poesía bíblica: (1) sinónimo, (2) antitético, (3) sintético.

En el siglo 19, Richard Moulton argumentó que en la Biblia había varias formas

fundamentales que tipificaban la literatura: (1) poesía lírica, (2) historia, (3) épica, (4)

retórica, (5) sabiduría y (6) profecía.

En el siglo 20, Eduard König produjo un análisis amplio de los tropos y figuras

del lenguaje de la Biblia. Eduard Sievers escribió varios volúmenes sobre la métrica y

388
rima bíblica y se la aplicó a los libros de Génesis a 1 Samuel. Umberto Cassuto escribió

dos volúmenes sobre las formas sintácticas, los elementos de estilo, la estructura de los

versos, el juego de palabras y los detalles gramaticales sobre Génesis 1–11. Los estudios

recientes sobre la retórica comenzaron con una conferencia de James Muilenburg a la

Sociedad de Literatura Bíblica en 1968. Muilenburg se cuestionó el énfasis en las

similaridades de la literatura comparada en el estudio de las formas literarias. Planteó que

había que fijarse más bien en las variaciones en las diferencias dentro de un género para

observar el mensaje distintivo de los discursos. Esto llevó a Muilenburg a fijarse en los

detalles de estilo en la prosa y la poesía de la Biblia hebrea. Planteaba Muilenburg que el

propósito de la crítica retórica era doble. Por un lado buscaba describir la estructura de un

pasaje, y por otro lado buscaba las figuras del lenguaje que daban forma y contenido a un

texto. Muilenburg le dio énfasis a los motivos repetitivos en un texto, a los inclusio, a la

métrica de los textos y a los quiasmos. De este tipo de análisis, Muilenburg planteó que

había una relación vital entre la forma y el contenido de un texto.

En la década de 1970, el análisis retórico abandonó su relación con la crítica de

las formas y se asimiló a otros estudios de crítica literaria. Phillis Trible unió la retórica a

las ideas del nuevo criticismo norteamericano. En el Nuevo Criticismo se plantea que el

foco debe ser dentro del texto mismo y no en relación a asuntos fuera del texto como los

asuntos del trasfondo histórico social del mismo.

En 1975, Jack R. Lundbom aplicó el método retórico a Jeremías. Planteó que los

recursos de los inclusios y los quiasmos eran vitales para comprender literariamente el

texto de Jeremías. Un inclusio era la repetición de un elemento literario similar al

principio y final de un discurso. Alegó que el dicho sobre la selección desde el vientre de

su madre de Jeremías 1.5 se retomaba en la conclusión de una sección del libro en

389
Jeremías 20. 14-18. Señaló también que había quiasmos tanto en pasajes del libro de

Jeremías como en unidades más extensas dentro del libro. Así planteó que 8.13-17 era un

quiasmo con la siguiente estructura concéntrica:


13
A «Los eliminaré del todo, dice Jehová. No quedarán uvas en la vid ni
higos en la higuera, y se caerá la hoja, y lo que les he dado pasará de
ellos».
14
B ¿Por qué permanecemos sentados? ¡Reuníos! ¡Entremos en las ciudades
fortificadas y perezcamos allí! Porque Jehová, nuestro Dios, nos ha
destinado a perecer, y nos ha dado a beber aguas envenenadas, porque
hemos pecado contra Jehová.

390
15
C Esperamos paz, y no hubo nada bueno; día de curación, y hubo turbación.
16
B´ Desde Dan se oyó el resoplar de sus caballos; al sonido de los relinchos de sus
corceles tembló toda la tierra. Vinieron y devoraron la tierra y todo lo que en ella
había, la ciudad y a los que moraban en ella.
17
A´ «Yo envío sobre vosotros serpientes, víboras contra las cuales no hay encantamiento, y
os morderán, dice Jehová.»
Planteaba Lundbom que la estructura concéntrica corría sobre esta frase no hay en itálicas.
En la década del 80, Toni Craven aplicó este mismo tipo de análisis al libro de Judith.

Planteó que Judith estaba regido por una estructura concéntrica:

A Asiria va en campaña militar contra sus enemigos (2.14–3.10)


B El líder israelita Joaquín ordena los preparativos para la guerra (4.1-15)
C. Aquior es expulsado del campamento asirio (5.1–6.11)
C´ Aquior es recibido en el campamento israelita (6.12-21)
B´ Holofornes ordena los preparativos para la guerra (7.1-5)
A´ Asiria hace campaña militar contra sus enemigos (7.6-32).
Este tipo de trabajo se ha llevado a cabo abundantemente en los estudios del Nuevo

Testamento. Tanto Elizabeth Schüssler Fiorenza , Adela Yarbro Collins y Charles Talbert han

planteado modelos de estructuras concéntricas para el Apocalipsis de Juan. Un ejemplo de este

tipo de trabajo sobre estructuras concéntricas podemos verlo en el trabajo de Elizabeth Schüsler

Fiorenza:

A 1.1-8
B 1.9–3.22
C 4.1–9.21; 11.15-19
D. 10.1–15.4
C´ 15.1, 5–19.10
B´ 19.11--22.9

391
A´ 22.10–22.2160
Un ejemplo temprano del análisis retórico en el mundo helenístico lo encontramos en el

trabajo de Von Soden. Éste alegaba que el autor de Hebreos utilizaba una estructura retórica en

su discurso. Plantea que Heb 1:1--4.13 es el proemio hecho para ganar la buena voluntad de la

audiencia; 4.14–6. 20 es el diegesis o planteo sobre el caso; 7.1–10.18 es la apodeixis o la

demostración del planteo y 10.39–13.21 es el epílogo.

En la década del 1980 varios especialistas del Nuevo Testamento trajeron a colación una

lectura retórica del texto. Kennedy fue más allá de la crítica literaria «a la Trible» para plantear

que una lectura retórica estaba interesada en las formas en que un texto persuade al lector o

lectora. Con este tipo de planteo, Kennedy volvió a relacionar el texto en sus detalles persuasivos

con su contexto histórico social.

Por esto Kennedy plantea que la tarea de la retórica tiene varios focos. Primero, debe

determinar la unidad retórica; segundo, debe definir la situación retórica que requiere este tipo de

discurso. Un tercer elemento es considerar cómo está arreglado el material, sus subdivisiones, los

efectos persuasivos de las partes del discurso, las estrategias retóricas para convencer, sea a

través del carácter del discursante (ethos), la razón (logos) o la emoción (pathos). Un cuarto

elemento son los recursos de estilo y su función retórica. Haciendo uso de este tipo de categorías

para comprender los discursos, Kennedy plantea que el Sermón del Monte es un ejemplo de un

discurso deliberativo. Es deliberativo porque las decisiones que tome la audiencia ante el

discurso tienen que ver con el futuro ( Mt 7.24ss).

60
Fiorenza, 175. Note el lector que la necesidad de demostrar que los libros tienen estructuras concéntricas en este caso se ha
convertido en una enfermedad. Fiorenza se da cuenta que el libro de Apocalipsis no cabe dentro de su estructura concéntrica, pero fuerza el texto
porque en este momento este era el tipo de análisis retórico en boga. El detalle de que 11.15-19 y 15.2-4 no quepan en la estructura demuestra que
la estructura ha sido superimpuesta sobre el texto.

392
El planteo básico del Sermón del Monte es que Jesús vino a cumplir la ley. La estructura

del discurso para Kennedy es (1) proemio, 5.1-16; (2) la propuesta, 5.17-20; (3) argumento sobre

la ley en forma de antítesis, 5.21-48, (4) argumento sobre la justicia, (6.1-18); (5) argumentos

variados, (6.19—7.20); (6) epílogo (7.21-25) (Kennedy 39-72).

Aune lee el evangelio de Marcos desde esta perspectiva retórica de la tragedia en la

literatura helenística. Su organización de los materiales corresponde a esta necesidad de que se

demuestre la virtud de Jesús y su muerte como un error de juicio. «La trama de Marcos incluía

los elementos formales de una tragedia griega: (1) introducción, ... (2) complicación, ... (3)

crisis, ... (4) acción que produce la caída, ... (5) catástrofe, ... (6) vindicación» (Aune 48-49,

traducción mía).

Via utiliza las categorías de tragedia y comedia de Aristóteles para reinterpretar

las parábolas de Jesús. Para Via la comedia y la tragedia son dos tipos de tramas de la

literatura occidental. En la comedia hay un movimiento a través de la trama del personaje

o personajes principales hacia el bienestar. El personaje principal es incluido dentro de la

sociedad. En la tragedia el personaje principal es destruido en una catástrofe. Para Via la

parábola del hijo pródigo es un tipo de comedia donde el hijo menor, luego de un traspie,

fue reconciliado física y socialmente. Esta parábola sirve como un ejemplo para imitar

(mimética).

La parábola de los labradores malvados, sin embargo, termina con la destrucción

vez tras vez de los enviados, incluido el hijo del propietario y termina con el anuncio de

la destrucción de los viñadores, por lo tanto, esta parábola es una tragedia. Para Via este

tipo de historias es de baja mimética o ejemplos negativos para no imitar. Cuando uno le

393
añade que Via asume una clave existencialista en su interpretación de las parábolas, uno

comprende cuánta utilidad ha tenido el análisis retórico para este autor.

El análisis retórico ha sido utilizado recientemente por Hanz Dieter Betz y

aplicado a la carta a los gálatas. Alega Dieter Betz que Gálatas es una carta apologética. La

estructura epistolar sólo se refleja en la introducción y conclusión de la carta, pero el resto de la

misma sigue el patrón de un discurso apologético. Alega Dieter Betz que Gal 1.6-11 es el

exordio del discurso, 1.12–2.14 es la narración, 2.15-21 es el planteo (propositio), 3.1–4.31 es la

prueba (probatio), 5.1–6.10 es la exhortación (exhortatio). El principio y el final son la

introducción epistolar y la conclusión. Plantea Betz que una carta apologética presupone una

situación real o ficticia en la corte con jurado, acusador y defensor. La carta sirve como una

apología propia de Pablo y de su mensaje61.

Betz le aplica este mismo tipo de análisis retórico a 2 Corintios 8-9. Para Betz, 8.1-5 son

el exordio o introducción del cuerpo de la carta, 8.6 es la narración de la situación, 7-8 es la

proposición, 9-15 es la prueba, 16-23 es la recomendación de los líderes, y el verso 24 es la

peroratio o conclusión de la carta. Betz plantea este mismo tipo de modelo retórico para 2

Corintios 9.

Ben Witherington III utiliza una estructura retórica para cuestionar la teoría de la

fragmentación de 2 Corintios62. Plantea Witherington que 2 Corintios es ejemplo de un discurso

judicial (forense) con la siguiente estructura: (1) prescrito epistolar, 1.1-2; (2) acción de gracias e

introducción (exordium), 1.3-7; (3) narración (narratio), 1.8-2.14; (4) planteo (propositio), 2.17;

61
Betz 1979, 14-26. Contra la teoría de Betz sobre Gálatas, vea a Martyn y Kennedy. Martyn alega que el evangelio no estaba en
discusión en una corte. Pablo no estaba planteando que la verdad del evangelio pudiera ser cuestionada por un jurado o una corte, pues ya era una
decisión celestial. Kennedy, por su parte, alega que Gálatas es un discurso deliberativo.

62
Para una discusión detallada de 2 Corintios y las teorías de la fragmentación literaria, vea a Betz 1985, 3-35.

394
(5) prueba (probatio) y refutación (refutatio), 3.1–13.4; (6) conclusión (peroratio), 13.5-10, (7)

conclusión epistolar, 13.11-13.

Preguntas medulares

Hay una serie de preguntas vitales que el análisis retórico le hace a los textos. A

continuación detallaremos algunas de estas preguntas:

• ¿Dónde se delimita el pasaje bíblico como unidad retórica?

• ¿Cuál es el propósito que el autor se propone a través de este discurso? ¿Persuadir,

instruir o entretener?

• ¿Cómo arregla los materiales en el discurso?

• ¿Qué elementos de estilos notamos dentro del discurso? ¿Qué figuras retóricas? ¿Qué

rimas, aliteraciones y asonancias? ¿Qué metáforas hay en el discurso? ¿Qué otras figuras

del lenguaje?

• ¿Qué reclamos de autoridad hay dentro del discurso?

• ¿Qué argumentos se utilizan a favor o en contra de una posición dada?

• ¿Cuáles son las razones para un tipo de acción?

• ¿Qué argumentos en contra se traen a colación y cómo se dirimen?

395
• ¿Qué ejemplos se traen como modelos de acción?

• ¿Qué apelaciones a la costumbre, a la ley o a principios hay en el argumento?

• ¿El discurso intenta influenciar acciones futuras, acciones pasadas o se orienta al

presente?

• ¿Qué situación socio-histórica requiere este tipo de discurso retórico?

La tarea pastoral y la crítica retórica

Lo primero que me parece vital para la pastoral es que tomar cuenta del análisis retórico

es hacer explícito nuestro propósito en la predicación e instrucción de nuestras congregaciones.

Un sermón siempre es una obra retórica. Busca persuadir, instruir y entretener. Generalmente

una de estas tres áreas dominan la predicación, pero esencialmente la tarea pastoral instruye y

persuade. Claro, que una vez uno está consciente de la función del discurso que uno está

llevando a cabo, entonces uno puede entrar en la disposición del material con mucho más

cuidado e intencionalidad.

Lo mismo nos sucede con el texto bíblico. Una lectura retórica está pendiente de la

función principal de un texto. ¿Está funcionando ese texto como ideología? ¿Intenta persuadir a

sus primeros lectores y a nosotros y nosotras sobre un entendimiento teológico, una práctica? O

¿mas bien nos instruye sobre el contenido y los símbolos de fe? ¿Cómo se organiza del discurso?

Tanto el estructuralismo como la narratología abordan los asuntos de la estructuración de un

texto. Pero la retórica parte de la premisa de que la disposición de un texto tiene una

funcionalidad persuasiva e instructiva. ¿Cuál es la estructuración de nuestro texto? ¿Cómo

396
funciona? Cuando un texto es una estructura concéntrica podemos notar cuál es el énfasis del

relato. En una estructura concéntrica si el relato tiene un centro, allí está el punto vital, pero si el

centro es difuso, entonces es en los bordes de la estructura concéntrica que hay que buscar lo

esencial.

Otros detalles retóricos vitales en la pastoral es notar la elocución del texto. La elocución

incluye detalles tales como las metáforas, los símiles, las aliteraciones y demás tropos de un

pasaje. Estas figuras del lenguaje colaboran con la generación del significado. Hacer explícitos

estos tropos es poder ver cómo el texto funciona generando respuestas del lector o la lectora. No

estar conscientes de las figuras del lenguaje es perder capacidad en nuestra lectura del texto. Un

detalle adicional que me parece es vital en este tipo de lectura retórica es la relación entre la

retórica y el contexto social. La pregunta es en qué situación se utilizó este discurso retórico. La

idea es poner los recursos del lenguaje en su contexto sociológico para poder relacionar contexto

y texto. De este modo no caemos en una lectura que busca el significado del texto fuera del texto

mismo, como el método histórico crítico, ni caemos en el solipsismo de un análisis literario

desencarnado socialmente.

Referencias

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Rhetorics. Editado por Robert Mynard Hutchins. Chicago: William
Benton Publishers.
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398
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Philadelphia: Fortress Press.
Witherington, Ben III

1995 Conflict & Community. A socio-rhetorical commentary of I and 2


Corinthians. Grand Rapids: Eerdsman Publishing
Company.

399
Capítulo 14

ANÁLISIS ESTRUCTURAL

El estructuralismo literario es aquel tipo de análisis que busca entender la producción de

significado en un discurso a través de las interrelaciones, combinaciones y coherencias dentro de

un sistema lingüístico en un momento dado. El análisis estructural parte de la premisa que un

discurso tiene significado porque todas las partes de ese discurso se relacionan unas con otras, de

manera que el mismo sea coherente. El estructuralismo intenta conocer cómo un discurso

produce significado. Se plantea que es en la combinación de los signos en donde se produce un

significado dado para los miembros de una cultura particular.

El propósito del análisis estructural es construir una gramática del discurso que nos

explique cómo funciona el texto, cómo genera significado. El estructuralismo no está interesado

en leer el texto en su contexto histórico, sino en términos de las interrelaciones y combinaciones

de signos que hay dentro del texto que permiten inferir la producción del significado. ¿Cómo está

organizado el discurso? ¿Qué va con qué? ¿Por qué esto va con esto otro? El punto es establecer

un modelo o paradigma de las relaciones de un conjunto dentro de un discurso. Se pretende

conocer cuáles son las estructuras de relaciones y combinaciones de signos dentro de un texto.

La tarea será la de encerrarse en el interior del texto mismo para buscar ahí las leyes

internas que regulan su significación (Charpentier 12). La idea es que el texto en sí mismo nos

ofrezca la posibilidad de interpretación y no algo fuera del mismo. Para Greimas, el análisis

estructural tenía el propósito de darle un tipo de objetividad a la exégesis. «...enuncia las reglas

del juego que deben en principio garantizar la presencia efectiva del texto y permitir no que el

lector se refleje en él, sino que lo vuelva a inventar» (Grupo Entrevernes 236).

400
Roland Barthes plantea que el estructuralismo lo que intenta es «reconstruir un objeto, de

modo que en esta reconstrucción se manifiesten las reglas de funcionamiento (las funciones) de

este objeto» (Barthes 257). Para Barthes la estructura es un simulacro del objeto donde se le ha

añadido al objeto la posibilidad de hacerlo inteligible. El objetivo de la tarea estructuralista es

hacer aparecer funciones que determinan las asociaciones dentro de un discurso. «El hombre

[sic] estructural debe descubrirles o fijarles reglas de asociación [al discurso]...» (Barthes 260).

De esta forma el estructuralismo permite que el lector o lectora conozca cómo funciona un

discurso y cómo éste cobra sentido. La estructura de un sistema lingüístico está compuesta de

combinaciones, contrastes y oposiciones. En las interrelaciones entre las palabras de un discurso

el lenguaje produce significado.

Historia de la investigación

El padre del estructuralismo en la lingüística fue Fernando de Saussurre63. Alegaba

Saussure que el lenguaje era una totalidad que podía ser comprendida a través de principios de

clasificación. El lenguaje es un sistema social. Como sistema, el lenguaje es una serie de signos

que expresan ideas. Saussure planteaba que las palabras, a las que llamó significantes, no tenían

un significado en sí mismas. El significado de las palabras en sí mismo era completamente

arbitrario. El sentido de las palabras era una construcción social que se podía inferir a base de

las diferencias entre varias palabras en un enunciado. Los significantes y sus referentes eran el

reverso y el anverso de un concepto mental socialmente construido. Así que no era en la

etimología que había que buscar el significado de una palabra –significante--, sino en el sistema

63
En esta sección he tratado de resumir la obra de Sausurre Curso general de lingüística. El profesor Juan Gelpí ha
publicado una selección de la obra de Saussure en español. En el libro de Alexander y Seidman, Culture and society,
contemporary debates, hay una selección de la obra de Saussure y una discusión de su obra. Robert Scholes (1974), ha
publicado una introducción al estructuralismo literario. K.M. Newton tiene una selección de crítica literaria, incluyendo a
Saussure. Abrams, 300-303, tiene un buen artículo de fondo sobre la crítica estructural.

401
lingüístico social implícito que había legado una sociedad al ser humano para clasificar sus

conceptos.

Un signo lingüístico tiene una duplicidad. Por un lado es un sonido acústico; por el otro

lado está socialmente asociado a un concepto mental. En el signo lingüístico se unen el

significante y el significado y producen el sentido del signo. El concepto acústico es totalmente

arbitrario. No hay relación directa entre el sonido y el significado. No tiene ninguna lógica

conocer que el animal sea llamado perro o «dog» o «kunairion». El signo lingüístico es

totalmente arbitrario.

Lo otro que ayudaba a generar significado eran las diferencias entre los signos

lingüísticos en una lista --un sintagma--. Las diferencias entre los significantes --palabras-- eran

parte de un sistema lingüístico que permitía la comunicación entre los miembros de la sociedad.

Pero el significante cobra su significado de acuerdo con el lugar en que se sitúa en un discurso en

relación con el resto del discurso y en relación con el significado que ha recibido de la

interacción social en un momento dado. La diferencia entre los signos lingüísticos es la que

permite que haya significado. El concepto «verde» tiene significado porque hay otros conceptos

diferentes como «rojo», «amarillo», que nos permiten comprender el significado del concepto

«verde».

Dentro de un discurso, un signo cobra su significado porque en una secuencia de palabras

es diferente de las demás, y del contraste y la contraposición es que se infiere el significado.

Aunque el signo es arbitrario como alocución acústica, tiene aspectos inmutables y aspectos

mutables. El significante no es libre para representar lo que quiera, sino que su significado ha

sido fijado por la comunidad social que lo utiliza.

402
El lenguaje es un sistema. No se puede decir la palabra que se quiera para comunicar,

sino que ya la sociedad ha legado al hablante un lenguaje con todo un sistema al que tiene que

someterse para poderse comunicar. El lenguaje es una construcción estructurada que el

individuo recibe como algo fijo. Este es el producto de fuerzas históricas y sociales que el

hablante recibe. Este es un sistema social como cualquier otro sistema de la sociedad. Para que

haya un lenguaje, se necesita de una multiplicidad de signos. Los signos de cualquier lenguaje

son infinitos.

El lenguaje es un sistema que puede comprenderse a través del análisis de los

mecanismos complejos internos del mismo. El mismo es una de las instituciones que más

difícilmente cambia en la interacción social. Sólo el tiempo hace que en la interacción social el

lenguaje sea polisémico y polivalente. Como los signos son arbitrarios, el significado está

abierto al devenir histórico y social. La evolución del significado es inevitable. No hay manera

de controlar el continuo desarrollo y evolución del significado a través del tiempo.

El próximo paso en el desarrollo de una teoría estructuralista para el análisis literario se

nos da en la teoría de Vladimir Propp. Propp hizo un análisis comparativo de los cuentos rusos y

estableció que aunque los personajes son distintos, sus acciones son similares. Así como

Sausurre había encontrado que el lenguaje era un sistema de interrelaciones, Propp encontró que

las narrativas corren sobre unas estructuras comunes que permiten la comprensión de las mismas.

Propp llamó a estas estructuras que le dan coherencia y significado a los cuentos, acciones y

funciones. Afirmó Propp que dentro de todos los cuentos hay treinta y una funciones que se

reparten en siete tipos de personajes. Con esta teoría literaria, Propp encontró un tipo de

estructura común alrededor de esas funciones comunes. En cierta manera este tipo de análisis

creaba un tipo de gramática del discurso de los cuentos de hadas en la literatura rusa. Esto nos

403
permite investigar otro tipo de literatura para construir una explicación de todo el discurso a

través de modelos que expliquen cómo se relacionan las partes del discurso para generar

significado. No obstante, Propp esencialmente reflexionó sobre la forma de los discursos y no le

dio peso al contenido de los discursos que analizó64.

Propp plantea que los personajes de una narrativa se involucran en siete papeles: (1) el

villano, (2) el proveedor, (3) el ayudador, (4) la princesa o persona buscada y su padre, (5) el

corresponsal, (6) el héroe, (7) el héroe falso. Para Propp un personaje puede jugar varios de

estos papeles en una narrativa. Con esta descripción, Propp planteó la interconexión entre los

papeles de los personajes y los elementos de la trama. Al hacer una lista de los papeles de los

personajes en los cuentos de hadas hizo claro que una narrativa tiene significado debido a la

oposición de varios de estos personajes. Sin esta oposición no hay narrativa. Todos los papeles

principales de la narrativa giran alrededor de esta oposición primordial entre el villano y el héroe.

Esta oposición se ha conocido dentro del estructuralismo como la oposición binaria. Con esto,

Propp señaló cómo funcionan los cuentos de hadas. Este tipo de análisis anticipó toda una

mirada a los discursos literarios como sistemas interrelacionados que requerían un modelo para

poder comprender cómo generaban significado. Esto dio paso a otros trabajos estructuralistas

posteriores.

Claude Levi-Strauss retomó el análisis estructural lingüístico de Sausurre y lo trasladó a

la antropología cultural. Utilizó el modelo estructural en el estudio de los mitos. Un mito es una

forma de lenguaje. Por lo tanto, el análisis estructural puede ser utilizado para interpretar los

mitos. Levi-Strauss señaló que en los mitos de los pueblos de América había una serie de

empalmes y desuniones que le daban sentido al mito. A estas desuniones y empalmes las llamó

64
Claude Levi-Strauss entra en una detallada discusión de la teoría literaria de Propp (pp. 113-141).

404
oposiciones binarias. Levi-Strauss tomó sólo algunas de las cláusulas de los mitos, aquellas

donde encuentra las oposiciones binarias. Levi-Strauss plantea que una mirada a las oposiciones

binarias dentro de un mito nos permitían percibir cierto tipo de orden y de lógica. Si se enfoca

en las oposiciones binarias, tales como: arriba-abajo, tierra-agua, casa en la montaña-casa en el

mar, crudo-cocido, muerte-vida, enfermedad-salud, etc., se podía inferir cómo funcionaba un

mito. El ser humano se confronta a un mundo de oposiciones (vida-muerte, salud-enfermedad,

masculino-femenino, etc.), por tanto, necesita explicar estas oposiciones de manera que la vida

en el mundo sea posible. El mito funcionaba esencialmente mediando o resolviendo oposiciones

estructurales evidentes en la naturaleza y en la cultura. Esto lo hace mediante sustituciones de

las oposiciones binarias más intolerables por unas más tolerables. Así la vida-muerte puede ser

mediada a través de la oposición entre la cosecha y la guerra.

Otra figura en el desarrollo del análisis estructural para la lectura de textos es Greimas.

Greimas plantea que es posible una sintaxis narrativa que le dé cierta objetividad al análisis

literario. Busca definir las unidades elementales de una narrativa y enmarcar las reglas que

gobiernan las combinaciones posibles. Tomando el concepto de oposición binaria de Levi-

Strauss, Greimas plantea que esto sirve como un elemento vital en el análisis estructural de las

narrativas65. Estas oposiciones se presentan a través del modelo «actancial». Las oposiciones se

convierten en «actantes» en una situación polémica que cuando se desarrolla temporalmente se

convierte en una historia (story) (Scholes 102-111). Un «actante» es un personaje semiótico que

no debemos confundir con los personajes narrativos. No es un ser psicológico, sino un partícipe

en la acción del relato. Por lo tanto, teóricamente un «actante» tanto puede ser un personaje

65
Realmente el padre de esta idea de las oposiciones binarias en la modernidad fue Hegel con su teoría de la dialéctica como
explicación del devenir histórico. Para Hegel, en la historia se desdoblaba el espíritu en un devenir de consensos, oposiciones y nuevos consensos
(i.e., tesis, antítesis y síntesis).

405
como un sentimiento. Cualquier cosa puede ocupar un papel actancial. Estos «actantes», si

reciben cualidades sociales o culturales, se convierten en papeles o funciones de una acción

ficticia. Pero si reciben cualidades individuales, se convierten en personajes. Un número

mínimo para una narrativa son dos «actantes» y las acciones básicas son desuniones y empalmes.

Una narrativa «es una sucesión de estados y transformaciones» (Andiñach 217).

Un relato tiene varios niveles. En el primer planto encontramos la estructura manifiesta

que es lo que la crítica literaria nos presenta como estructura literaria. Pero esta estructura

narrativa no agota la estructura del relato. Bajo la superficie de la estructura manifiesta

encontramos una estructura inmanente o más profunda. A un nivel más profundo se encuentra la

estructura narrativa. Aquí es donde se ubican los «actantes» y las funciones se ponen en marcha.

Los «actantes» a su vez pueden ser clasificados como sujeto u objetos. El propósito de esta

clasificación es mostrar las relaciones entre su sujeto o varios con el objeto o con varios objetos.

Cuando un sujeto posee un objeto decimos que está conjunto o en conjunción, pero si, por el

contrario, un sujeto no posee algún objeto, decimos que está en desunión.

Los sujetos pueden ser de estado u operador. Para que un sujeto sea operador se requiere

que posea tres modalidades que lo capaciten para ejercer una operación. Estas modalidades son

el querer, el saber y el poder hacer.

Un nivel más profundo es lo que llamamos nivel discursivo. En este nivel se ponen en

evidencia «las relaciones de sentido que hacen distinto a un texto de otro» (Andiñach 217). Para

comprender un relato tenemos que adentrarnos en los niveles narrativos y discursivos del mismo.

Andiñach plantea que en el nivel narrativo en un relato se presentan una serie de

sucesiones de estados y transformaciones. Es en estas sucesiones de estados y transformaciones

que los distintos «actantes» adquieren su propia identidad que conocemos por medio de las

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funciones e indicios. Las funciones se denotan con verbos de acción en los cuales los «actantes»

hacen y se expresan. «Los indicios tienen que ver con el ‘ser’ de los «actantes» y aluden a las

cualidades y modos que estos poseen» (Andiñach 218).

Un relato requiere un programa narrativo. Andiñach define un programa narrativo como

«la sucesión concatenada de estados y transformaciones operada en el relato según las relaciones

de sujeto y objeto los haya producido» (219). A su vez, un estado es una relación de conjunción

o desunión entre un sujeto y un objeto. Una transformación es «el paso de un estado a otro»

(219). Una transformación generalmente se indica a través de verbos de «hacer».

En el nivel discursivo los «actantes» se distinguen por su funación temática. En el nivel

discursivo un «actante» puede definirse como «odio» o «amor» o cualquier otro tema pertinente

al relato. Un tema es «la configuración discursiva, las posibles cosas por decir de un itinerario

figurativo» (220). Las configuraciones discursivas son el ámbito que se le asigna a un tema

dentro de todo lo que se puede decir en una sociedad sobre éste. Un relato sólo actualiza un

itinerario figurativo posible.

Como habíamos mencionado, para que haya un relato tiene que haber una oposición

binaria. Esta oposición binaria se va a actualizar a través del conflicto entre por lo menos dos

«isotopías». Una «isotopía» es un conjunto de datos que pertenecen juntos; es como un «plano

común» que hace posible la permanencia de un dicho (Entrevernes 148). Es dentro de este

conjunto que estos datos se hacen inteligibles. Andiñach plantea que los conceptos «compás»,

«regla» y «escuadra» son datos de la «isotopía» de los «efectos escolares». Es a partir de esta

pareja de contrarios que el lector o lectora estructural puede construir el cuadrado semiótico.

El cuadrado semiótico de Greimas «intenta dar cuenta de las relaciones temáticas que se

efectúan en un texto y del recorrido que necesariamente deberá actualizar para trasladarse de un

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estado a otro» (221). Ese cuadro tiene relaciones horizontales entre sus miembros, relaciones

verticales y relaciones cruzadas. Las relaciones horizontales son de contrariedad. En este caso

afirmar un término es negar el otro. Las relaciones cruzadas son contradictorias mutuamente. Las

relaciones verticales implican unas a las otras. Con este esquema