Sie sind auf Seite 1von 243

Patrucco

SOCIEDAD COLONIAL

CARACTERÍSTICAS GENERALES

Al arribar los españoles a los territorios andinos chos años la organización social resultante fue in-
y tomar posesión de los nuevos espacios conquista- creíblemente caótica y desordenada, tanto para los
VIRREINATO

dos, crearon una sociedad distinta a la recientemen- ojos de los peninsulares, como para los vencidos.
te derrotada estructura incaica, pero también al En poco tiempo, gentes pertenecientes a los más ba-
mundo que primaba en la península. Durante mu- jos estratos hispanos se ubicaron a la cabeza de los
grupos de elite, mientras los nobles españoles y los
descendientes incaicos se veían desplazados por es-
tos simples villanos. Este caos inicial, que tratare-
mos de exponer en las siguientes páginas, ocupó la
atención de los tratadistas, teólogos y juristas preo-
cupados en buscar propuestas para “el gobierno del
Perú”. Pero como ha venido sucediendo desde la
conquista hasta nuestros días, el ideal jurídico y la
intención de los legisladores caminaron por un la-
do, en tanto la realidad discurrió en otra perspecti-
va y por rumbos a veces inusitados.
Organizar esta anómica situación social y racial
significó para los colonizadores españoles aplicar
un conjunto de ideas jurídico-teológicas referentes
a la sociedad, cristalizadas en el concepto de Cuer-
po de República. En 1648, el destacado jurista lime-
ño Juan de Solórzano y Pereyra reconstruía la con-
cepción que dio nacimiento a la arquitectura estatal
y social de la colonia: “Porque según la doctrina de
Platón, Aristóteles, Plutarco y los que siguen, de to-
dos estos oficios hace la República un cuerpo com-
puesto de muchos hombres, como de muchos
miembros que se ayudan y sobrellevan unos a
otros…”. Tal cosmología social surgía de la visión
de la sociedad como un organismo con cabeza, bra-
La prédica cristiana jugó un rol esencial en la transformación
de los valores y principios de la sociedad andina.
zos y extremidades, con jerarquías y ocupaciones
Púlpito de la iglesia de San Blas en el Cuzco, atribuido a diferenciadas. Es conocido que Aristóteles en su Po-
Juan Tomás Tuyru Tupac, siglo XVII. lítica asumió posiciones organicistas parecidas a las

424
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

de su maestro Platón. La piedad, orden, además


República, o res publica, de someterse a la cris-
constituía sinónimo de tianización. La idea de
Estado, así como de co- la República de Indios
munidad social y políti- resultaba una solución
ca organizada y sirvió jurídica para integrar
como cimiento para separadamente a la po-
construir la noción de blación nativa dentro
Cuerpo Político. del estado monárquico
Más tarde San Pa- español, y al menos en
blo, preocupado en edi- teoría brindar protec-
ficar la Iglesia, asimiló ción a sus integrantes.
el legado aristotélico y De esta manera la po-
creó el concepto de blación aborigen, paga-
Cuerpo Místico, como na e ignorante de la cul-
expresión de la dimen- tura occidental, tendría
sión ultraterrena y ma- tutela especial. Las dos
terial de la ética y políti- repúblicas casi autóno-
ca cristianas. La antigua mas se sustentarían mu-
metáfora clásica del tuamente y formarían

VIRREINATO
Cuerpo Político, unida al un cuerpo místico im-
pensamiento cristiano perial “como un reloj
del Cuerpo Místico, da- cuyas piezas funcionan
ría origen a la idea de armónicamente”. De es-
Cuerpo de República, que El escrupuloso planeamiento urbano de las ciudades hispano- ta manera, la pertenen-
americanas fue parte importante de la “buena policia”
tanta importancia ten- preconizada por las autoridades coloniales. cia al cuerpo imperial de
dría en la noción medie- los Habsburgo asegura-
val de la política. Estos ría el éxito de la Repú-
postulados estuvieron blica Universal, de cuyo
muy arraigados en la tradición política española que recto progreso dependía la salvación del mundo
llegó al Perú junto con los conquistadores, y ya en (Sánchez-Concha 1992a: 60 y ss.; 1992b).
épocas tan tempranas como la de Lope García de Sin embargo la sociedad hispanoperuana, dividi-
Castro, se hallaban bastante difundidos y no son da utópicamente en dos repúblicas paralelas y com-
pocos los documentos que los mencionan. plementarias, estaría fuertemente enlazada bajo el
Al tener que escogerse una forma de gobierno criterio de la división estamental, organización je-
para la población del Perú, se consideró lógico crear rárquica establecida de acuerdo a las diferentes rela-
una República de Indios, dado que eran nuevos en ciones hereditarias que se desarrollaban con la tie-
la fe. Esta forma organizativa, diferente a la ya exis- rra o las actividades productivas. Aunque a primera
tente República de Españoles, era necesaria ya que vista una estructura de este tipo pareciera ser muy
los nativos vivían sumidos en el paganismo. No co- rígida, la movilidad social –tanto vertical como ho-
nocer a Cristo los convertía en seres miserables, por rizontal– era muy común y mucho más extendida
lo que debían ser convenientemente adoctrinados de lo que muchos estudiosos han estado dispuestos
en el cristianismo. La República de Indios tendría la a reconocer, y que sólo a través de la moderna his-
misión de educar a los habitantes andinos en los toriografía hemos comenzado a entender adecuada-
usos cristianos y las maneras occidentales, es decir mente. En las siguientes páginas intentaremos in-
a vivir en “buena policia” y a ser “buenos repúbli- troducir al lector en esta compleja dinámica de la
cos”. La expresión física de la organización de esta sociedad, donde los colores y las ordenaciones re-
República serían las reducciones, poblados organi- sultan tan engañosos como el juego de las palabras
zados a la manera occidental donde podrían ser vi- y las clasificaciones (Sánchez-Concha 1992a: 60 y
gilados y aprenderían las nociones de familia, pro- ss.; 1992b; Mörner 1978: 21).

425
Patrucco

I
LA REPÚBLICA DE INDIOS

LA DESESTRUCTURACIÓN DE LA Manco Inca, que se atrincheró en el peligroso foco


CONQUISTA Y LAS ALIANZAS POST alternativo de Vilcabamba. El violento clima de la
INCAICAS conquista que amenazaba con no dejar piedra sobre
piedra determinó que algunos nobles incas intenta-
La conquista del Tahuantinsuyo tuvo visos es- ran oficiar de mediadores entre las huestes españo-
pectaculares y sumamente azarosos, tras las rápidas las y el hasta entonces infinito y desconocido mun-
acciones ejecutadas por las escasas huestes españo- do andino. Personajes como Paullu Inca, por ejem-
las adentradas en el desconocido territorio andino. plo, plantearon una forma de asociación nueva en-
Numerosas etnias y millones de personas verían tre la elite incaica y los conquistadores y llegaron a
con sorpresa el derrumbe del poderoso estado inca, reclamar encomiendas, sustentando su pedido en la
y el inicio de enormes cambios que revolucionarían posición y preeminencia que tenían en medio de los
totalmente sus vidas. Durante los primeros y des- restos todavía humeantes del Tahuantisuyo. Otro
concertantes años, años de guerras de conquistas y tanto sucedió con los curacas, quienes también de-
VIRREINATO

de guerras civiles, años de desorganización e im- bieron optar entre la lucha o la alianza.
provisación, de desgobierno y desconocimiento, los
pobladores andinos fueron los personajes de un
drama cuyo libreto sólo era conocido por los pro-
tagonistas venidos de España.
Como se ha visto en secciones previas, la con-
quista significó un desastre cosmogónico o pacha-
cuti para los indígenas, quienes intentaron com-
prender la pérdida de su civilización como parte de
una alteración cósmica que míticamente ocurría ca-
da medio milenio. El pachacuti se traducía en enor-
mes cataclismos, pestes, muertes, trabajos forzosos,
desarraigo; en fin, en todos los males que la con-
quista originó.
Los españoles aprovecharon la desorientación de
los indígenas para imponer su presencia militar e
implantar con premura formas de organización eco-
nómica como los repartos de indios o encomiendas.
La población indígena se encontró entonces adscri-
ta a grandes jurisdicciones –unas quinientas en to-
do el país–, dirigidas desde la ciudad por un enco-
mendero y gobernadas efectivamente por los ma-
yordomos y aparceros que vivían entre los indios. A
nivel político, los conquistadores emprendieron el
restablecimiento de un gobierno inca, con un sobe-
rano que debía ser una marioneta dirigida por fé-
rreos hilos. El proyecto fracasó repetidas veces, fue-
ra por la prematura muerte de los incas cautivos, o
por las constantes insurrecciones que estallaron ba-
jo su mando. Fue especialmente furibunda y multi- Casa europea sobre cimientos incaicos en Ollantaytambo,
tudinaria la rebelión del último de ellos, llamado Cuzco.

426
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

Algunos de estos lazos de cooperación entre in-


dios e invasores surgieron incluso antes del episo-
dio de Cajamarca, cuando aquellos esperaban que
los viracochas recién arribados desde el oeste les
ayudaran a librarse de la “tiranía” de los incas. In-
cluso ciertos grupos incaicos, panacas y familias
opuestas a Atahuallpa (el ”Atabálipa” de las cróni-
cas), se plegaron a los españoles y los secundaron
en sus acciones. Durante un cuarto de siglo el mun-
do andino siguió funcionando en base a esas alian-
zas, muchas de las cuales son expresadas literal-
mente en las probanzas que numerosos curacas e
indios nobles presentaron a la Corona, años más
tarde, buscando el reconocimiento oficial. Aunque
dichas probanzas deben ser leídas muy cuidadosa-
mente, pues encierran la visión y los intereses par-
ticulares de sus suscriptores, no debe negarse la
existencia de estas relaciones, notablemente fortale-
cidas por los parentescos establecidos entre algunas
etnias y los españoles importantes. Baste mencionar

VIRREINATO
el caso de los curacazgos de Huaraz y su fidelidad a
los Pizarro, tras la unión conyugal concertada entre
el marqués gobernador y doña Inés Huaylas.
Los lazos de reciprocidad y redistribución con
los españoles fueron también elementos fundamen-
tales para la supervivencia del antiguo sistema eco-
nómico andino. Los encomenderos entendieron
que la mejor forma de captar los tributos de sus en-
comiendas era entrando en el juego de la reciproci- Detalle del lienzo “Nuestra Señora de Pomata”, Cuzco, siglo
dad y la redistribución, y respetaron antiguas for- XVIII.
mas de trato andinas, como el ritual de desplaza-
miento de los curacas en literas y hasta recibieron
yanaconas de los señores principales. Los aboríge- los curacas empezaron a atentar contra el sistema, y
nes por su parte aceptaron algunas de las nuevas re- las alianzas se tambalearon. Los favores pedidos a
glas del juego y esperaron a cambio de su colabora- los curacas se hacían cada vez más difíciles de cum-
ción las respectivas recompensas. Accedieron a los plir, y algunos focos de resistencia activa pusieron
símbolos hispánicos del vestir, establecieron lazos en entredicho hacia 1560 la hegemonía regional de
amicales y colaboraron con los encomenderos, los españoles. Movimientos como el Taqui Onkoy,
aceptando incluso al poderoso dios vencedor de los el Moro Onkoy y levantamientos como el de Yana-
cristianos y a sus dioses menores o santos, integrán- huara, alarmaron a los españoles. Era el momento
dolos a sus creencias politeístas como una forma de replantear el gobierno y reformular el tipo de re-
más de afirmar los vínculos de estas alianzas. De laciones que se estaban plasmando en torno a la po-
otro lado los tributos siguieron siendo pagados con blación y el territorio. Algunos funcionarios, como
días de trabajo a los españoles, y así los indígenas Juan de Matienzo, consideraban que los encomen-
produjeron objetos necesarios para los occidentales, deros eran la clave de la sociedad y pensaban en
incorporando muchas veces técnicas importadas. consecuencia que se debía reorganizar el país en
Pero como es lógico suponer una alianza exige función de este grupo, cuya prosperidad generaría
una contraprestación y pronto los curacas entendie- estabilidad social, desarrollo y progreso moral. El
ron que era poco probable que sus aliados cumplie- llamado a realizar esta crucial transformación del
ran. Especialmente gravosas resultaron para el ayllu virreinato sería Toledo, pero teniendo al Estado co-
las exageradas exacciones de mano de obra im- mo centro de la vida social (Pease 1992 a: 288; 312
puestas por los españoles y su nuevo dios. Entonces y ss.; Stern 1982: 59-96).

427
Patrucco

EL NUEVO ORDEN: LAS REFORMAS tienzo, el cual preveía una cuadrícula ortogonal y
TOLEDANAS Y EL ESTABLECIMIENTO una plaza central. Alrededor de ella se situaban los
DE LAS DOS REPÚBLICAS principales locales, la iglesia y la casa del cura, la se-
de de la autoridad étnica y curacal, lugares para la
La llegada de Francisco de Toledo en 1569 seña- justicia, edificios para albergar viajantes, y en las
ló un significativo cambio en la conducción y orga- manzanas adyacentes pequeñas viviendas unifami-
nización del virreinato peruano. Acompañado de liares con puerta a la calle. Fuera del trazado urba-
un grupo de sagaces asesores, clérigos, juristas y no se situaban las tierras de cultivo individuales y
funcionarios, el nuevo virrey emprendió la funda- los pastizales comunales. Por razonable, justo y ci-
mental tarea de hacerse una idea del país, mediante vilizado que pareciera a los asesores toledanos el es-
una exhaustiva Visita General a todos los confines tablecimiento de poblados de esta naturaleza, las
del territorio, que le demandaría cinco años com- reducciones desorganizaron la vida andina y la cul-
pletar. Tras el vasto recorrido, creó un extenso cor- tura indígena, consumando el derrumbe del
pus legislativo que reflejaba un conocimiento cabal Tahuantinsuyo.
de la realidad y un plan de audaces transformacio- Las reducciones –origen de las actuales comuni-
nes que harían gobernable el virreino. Fue obra de dades indígenas– debilitaron las antiguas pertenen-
Toledo la aplicación masiva de instituciones funda- cias étnicas andinas heredadas del Intermedio Tar-
mentales como la mita, el tributo indígena, las re- dío, a la vez que incentivaron el surgimiento de una
ducciones, luego de las cuales las sociedades andi- identidad panandina, que no había existido en el in-
nas jamás volvieron a ser las mismas. Durante su cario. El traslado de los indios dispersos generó un
VIRREINATO

gestión, que se prolongó hasta 1581, cristalizaría el alejamiento de los individuos de sus tierras de ori-
esquema escolástico y utópico de las dos Repúbli- gen, del lugar del surgimiento de su grupo o pacari-
cas, la de Indios y la de Españoles, para separar a la na, y de sus lugares sagrados o huacas. Las pobla-
sociedad indígena y protegerla de las intrusiones de ciones debieron aceptar tierras nuevas, generalmen-
los españoles. De otro lado, le cupo dar fin al go- te mal irrigadas y de menor calidad, al tiempo que
bierno alternativo de los rebeldes de Vilcabamba, abandonaban las antiguas. Estas tierras ancestrales
con la ejecución del primer Tupac Amaru (1572), lí- con el paso de los años serían subastadas o legaliza-
der de la resistencia neoinca al régimen español das por medio de las composiciones. Otro gran pro-
(Stern 1982: 128-132). blema originado por las reducciones fue la pérdida
de la complementaridad ecológica que caracterizó a
Las reducciones los antiguos ayllus, ya que estos últimos ocupaban
Una de las primeras decisiones de Toledo fue
generalizar la agrupación de los indígenas en las
denominadas reducciones de indios, poblados levan-
Tucuirico
tados siguiendo la tradición española. No era una
novedad, pues se trataba de un proyecto largamen-
te incubado, que se comenzó a aplicar en las cerca- Casa
del Cárcel Del padre
nías de Lima en 1557, durante el gobierno del mar- Corregidor

qués de Cañete y posteriormente en el Cuzco du-


rante el corregimiento de Polo de Ondegardo. Pero Casa de
españoles
Toledo deseaba implantar esta modalidad urbana a
lo largo y ancho de todo el territorio del virreina- PLAZA Iglesia

pasaxeros
to, y de hecho lo consiguió. Según el pensamiento
jurídico-teológico de la época, sólo de este modo
los indios podrían vivir en orden y “buena policia”, Casa
siguiendo la antigua noción de la civitas. A su vez, del
Consexo
Casa
esta forma de organización concentraba a los in- de
Hospital
dios dispersos de los ayllus en poblaciones donde Corral

era mucho más fácil controlarlos, vigilarlos, edu-


carlos y evangelizarlos.
La idea central contemplaba erigir pequeños Modelo de reducciones indígenas sugerido por el licenciado
pueblos según el trazo realizado por Juan de Ma- Juan de Matienzo en su Gobierno del Perú, en 1567.

428
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

tierras en distintas altitudes de la cordillera y en di- tras las pretensiones de los encomenderos, se les
versas partes de los valles, para obtener alimentos fue reemplazando en la recolección del tributo y se
de diferente procedencia y evitar el riesgo de malas comisionó a los corregidores en la tarea de recabar
cosechas. También las reducciones socavaron las las rentas. Esta decisión evitó muchos de los abusos
alianzas comunales y las formas de trabajo grupal, cometidos por los encomenderos, pero simultánea-
afectando sobremanera el mando de los curacas so- mente disminuyó enormemente su poder y las po-
bre sus dispersas poblaciones y derrumbando el po- sibilidades de organizar empresas económicas en
der de los hatun curacas o señores macroétnicos, base a la explotación de la mano de obra indígena.
que vieron reducida su influencia a la de un simple El nexo entre los indios y el corregidor estuvo cons-
curaca subordinado. tituido por el curaca, quien recogía de mano en ma-
La noción andina de parentesco inició un lento no el tributo, al que estaban obligados todos los va-
repliegue y se impuso el criterio occidental de la fa- rones comprendidos entre los 18 y los 50 años ex-
milia nuclear. Los conceptos de incesto, monoga- ceptuando a los propios curacas, sus hijos, los ayu-
mia y matrimonio occidental comenzaron a ser im- dantes del cura y los alcaldes de indios o varayoc.
puestos bajo la vigilante mirada de las autoridades La figura del tributo occidental en moneda o en
locales. Supuestamente el cura podía vigilar mejor especie constituyó una pesada carga para los indios
la conducta de los habitantes en pequeñas casas del común, ya que ellos estaban acostumbrados a la
unifamiliares con puerta a la calle, que en las anti- entrega de fuerza de trabajo, y porque tributar en
guas moradas rodeando las canchas o patios inter- productos sujetos al riesgo de las malas cosechas
nos. Surgió asimismo el criterio de domicilio, ponía en peligro la subsistencia de la comunidad.

VIRREINATO
opuesto al de residencia, lugar de vivienda que se En muchas ocasiones los indígenas recurrieron a las
convirtió en unidad censal y tributaria (Pease “revisitas” para disminuir la carga impositiva, debi-
1992a:197-201; Ossio 1992:169-172). do a que los pagos se hacían imposibles de cumplir
como consecuencia del despoblamiento, el empo-
Censos y tributos brecimiento de las tierras y la fuga de tributarios.
Durante la formidable visita de Toledo se efectuó En algunas circunstancias, las comunidades coludi-
un conteo de la población, mientras los funciona- das con los funcionarios españoles escondieron la
rios encargados iban estableciendo las tasas y esti- real fuerza contributiva y laboral de la comunidad.
mando la cantidad de tributarios por cada región. Los dineros del rey o de los encomenderos, tras la
Recordemos que durante las primeras épocas los in- subestimación del número de tributarios, cayeron
dios estaban organizados en unas quinientas enco- en manos de terceros. Con la anuencia de los fun-
miendas y debían pagar unos cuatro pesos ensaya- cionarios reales, muchos indios no censados pasa-
dos, que al reunirse con los tributos de toda la co- ron a convertirse en trabajadores al servicio de pe-
munidad sumaban un monto considerable, del cual queños empresarios regionales, cuando no de los
debían descontarse los gastos del clérigo, la Iglesia, grandes y lejanos mineros de Potosí y Huancaveli-
los funcionarios, los curacas y la caja comunitaria. ca. Cabe aclarar por último que el tributo colonial
El resto pasaba al patrimonio del encomendero y en el Perú se circunscribió a los indios, a diferencia
ésa era la renta de su encomienda. Si el también de- de España donde afectó a todos los villanos, y que
nominado repartimiento de indios estaba vacante, el fue de tal importancia en la recaudación hacendaria
monto obtenido podía servir para subvencionar a que subsistió hasta mediados del siglo XIX, ya en
dos o más rentistas designados por el gobierno –por plena República (Stern 1982: 133-136; Ossio 1992:
lo general conquistadores distinguidos que aún no 169-172).
tenían asignada una encomienda– o en su defecto
iba a engrosar las arcas reales. La mita
Con la paulatina desaparición y declive econó- Otro de los objetivos que se propuso Toledo fue
mico de las encomiendas la mayoría de los tributos disponer de una reserva de fuerza de trabajo con-
pasaron a ser recabados directamente por la Coro- fiable y permanente. Para ello adaptó la mita pre-
na. La visita general de Toledo dio como resultado hispánica y la convirtió en un eficiente pero poco
la contabilización de 695 encomiendas con 325 899 versátil sistema de trabajos forzosos. En tiempos
indios tributarios, los cuales debían pagar un tribu- precolombinos se había establecido que los habi-
to ascendente a 1 506 290 pesos. Luego de los gran- tantes de los ayllus debían servir por turnos al es-
des problemas que la Corona tuvo que enfrentar tado inca, realizando actividades de todo género,

429
Patrucco

jadores forzados. También en los hacinados e insa-


lubres obrajes la salud de los mitayos se quebrantó.
El sistema de explotación del trabajo fue haciéndo-
se más inhumano, ya que la producción colonial só-
lo parecía competitiva en la medida en que no se
abonaran los salarios en dinero. Para evitar la fuga
de circulante de la región, se trataba de endeudar a
los trabajadores con la venta de alimentos, alcohol,
medicinas u objetos inservibles. Los indios de cir-
cunscripciones más lejanas o con menores vínculos
de reciprocidad estaban más expuestos a estos siste-
mas de endeudamiento, por lo que su estancia en las
minas se prolongaba meses enteros. Tras un penoso
viaje de regreso y bastante más tarde de lo planeado,
Acuarela llegaban a sus comunidades donde los esperaban las
del siglo deudas contraídas durante su ausencia, y que no
XVIII en podían ser saldadas porque no habían participado
la que se en la cosecha. Para escapar de tales sufrimientos los
representa
posibles mitayos fugaban de sus parcialidades, pro-
tejiendo a
un indio
vocando el descenso demográfico del ayllu. Los
VIRREINATO

del norte cambios establecidos por Toledo aceleraron la des-


peruano. composición del mundo indígena, pareciendo que
“todo lo que se ordena en su bien se tuerce en su
ruina”. No en vano Matienzo señalaba: “Yo deseo to-
desde trabajar en yacimientos mineros y en obras do el bien a los indios y a los españoles y querría que
públicas, hasta conseguir plumas de papagayo, pir- todos se aprovechasen con el menor daño que se pu-
car o levantar muros, juntar piojos –según palabras diese de los indios y aun con ningún daño de ellos.
de Atahuallpa– y sembrar coca. De esta manera se Por su tierra nos da tantas riquezas, es justo que no
podía satisfacer la siempre creciente necesidad de se lo paguemos con ingratitud… …comparemos lo
energía humana. Toledo aplicaría el mismo princi- que los españoles reciben y lo que dan los indios,
pio para contar con la mano de obra que las diver- para ver quién debe a quién: dámosles doctrina, en-
sas empresas coloniales requerían y dispuso que señámosles a vivir como hombres, y ellos nos dan
una séptima parte de la población de una reduc- plata, oro, o cosas que lo valen…”. El licenciado
ción o comunidad debía trabajar por períodos de- concluía su razonamiento explicando cómo, según
terminados –generalmente de tres meses– en mi- la doctrina escolástica, los metales no podían valer
nas, obrajes, haciendas y ciudades. Terminado el más que la urbanidad, debido a lo cual los indios sa-
plazo los mitayos eran reemplazados sucesivamen- lían beneficiados. Sin embargo, Matienzo pensaba
te por otros grupos de trabajadores, hasta cumplir que la mita no le exigía al indígena más de lo pedi-
los siete relevos, reiniciándose nuevamente el ciclo. do durante el Tahuantinsuyo.
Se estipulaba además que los empresarios subven- Unos años más tarde Solórzano y Pereyra no se
cionaran los gastos del viaje y remuneraran esta preocuparía tanto del valor de los bienes intercam-
fuerza laboral proporcionada por la Corona. En la biados entre occidentales y andinos, y siguiendo
práctica los empresarios interpretaron de manera más bien los escritos aristotélicos, justificaría la mi-
sui generis las disposiciones toledanas, extendiendo ta en razón de las diferencias raciales impuestas
los plazos, encargando a los mitayos tareas imposi- desde la creación. Así escribiría en su Política india-
bles de cumplir para que se vieran obligados a pe- na con extrema frialdad: “los indios que por su es-
dir ayuda a sus parientes, por lo general hijos y tado y naturaleza son más aptos que los españoles
mujeres. De este modo no sólo se obtenía un mita- para ejercer por sus personas los servicios que tra-
yo sino toda una familia de mitayos. tamos (la mita) sean obligados y compelidos a ocu-
Muchas enfermedades laborales generadas por el parse de ellos… Pues a quien la naturaleza dio cuer-
trabajo en las minas de mercurio o en las heladas pos más robustos o vigorosos para el trabajo, y me-
punas potosinas acabaron con la vida de estos traba- nor entendimiento o capacidad, infundiéndoles

430
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

más del estaño que del oro por esta vía, son los que Los cálculos demográficos
se han de emplear como los otros a quien se le dio ¿Cuántas personas habitaban América a la llega-
mayor en governarlos, y en las demás funciones y da de los españoles? Esta simple pregunta ha gene-
utilidades de la vida civil…”. rado largos y contradictorios debates entre los en-
A mediados del siglo XVII, la mita no cumplía ya tendidos en la materia, que se agruparon en dos
la función económica que le dio origen, debido al bandos extremos. De un lado están los bajistas co-
descenso poblacional y al efecto de innumerables mo Rosemblat, quien opinaba a mediados del pre-
“revisitas” y otras medidas que fueron sustrayendo sente siglo que entre 1492 y 1650 América pasó de
a la población involucrada en este sistema. Según estar habitada por 13,3 millones de aborígenes a só-
Stern, la mita “perdería su credibilidad como im- lo 10 millones. Es decir hubo una disminución de
portante fuente de mano de obra”, encontrándose sólo 3,3 millones de personas. Otro investigador co-
con frecuencia otras formas de disponer de fuerza mo Kroeber señaló una cifra de 8,4 millones como
de trabajo. Gracias a la sorprendente adaptación y población total americana.
aculturación de la población andina, los integrantes De una opinión diferente serían los alcistas,
de las reducciones pudieron sobrevivir y en algunos quienes hablan de cifras altísimas. Demógrafos co-
casos excepcionales vivir bien, a pesar de la perma- mo Dobyns calculaban en unos cien millones la po-
nente erosión de sus recursos y del enorme maltra- blación americana, indicando que para mediados
to a sus integrantes. Mal que bien, la mita y el tribu- del siglo XVII sólo habitaban el territorio unos 4,5
to establecieron contactos y oficiaron de vías de in- millones de indígenas. Sapper y Spinden calcularon
tegración para la disímil población de indígenas y unos niveles más moderados, situados alrededor de

VIRREINATO
españoles (Pease: 1992a: 289 y ss.; Stern 1982: 200 los 40 millones. La disparidad entre los resultados
y ss.).

LA POBLACIÓN ANDINA Y LA
EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA
DESPUÉS DE LA CONQUISTA

La radical disminución de la población aborigen


en América se inició no bien los conquistadores pi-
saron el nuevo continente. Sin embargo algunos es-
pecialistas del caso peruano sostienen que el descen-
so poblacional habría empezado aun antes de la lle-
gada de los invasores hispánicos. La conmoción de
los primeros momentos de la conquista se reflejó
claramente en la curva demográfica. Las Leyes Nue-
vas de 1542 intentaron poner freno a los maltratos y
abusos contra los indios, siguiendo la prédica de
Bartolomé de las Casas, pero los resultados no fue-
ron muy alentadores. Tanto en los momentos de paz
como durante las guerras civiles que se sucedieron
en los años siguientes, las bajas indígenas fueron
considerables, y de hecho la muerte cotidiana ahon-
daba en la población andina la idea del caos o pacha-
cuti. Las autoridades tuvieron una clara conciencia
del fenómeno que se desarrollaba ante sus ojos, y
hasta los encomenderos se quejaban del desvaneci-
miento de sus rentas. Pero sólo después del ordena-
miento administrativo introducido por Toledo se
pudo percibir la verdadera dimensión de la heca-
tombe producida. La población del Tahuantinsuyo Progresivamente en los Andes fueron incorporándose nuevas
formas de reclutamiento de la mano de obra indígena. La
había disminuido dramáticamente, y los censos to- imagen muestra el maltrato a una mujer andina que se
ledanos lo demostraban irrefutablemente. encuentra hilando.

431
Patrucco

propuestos acerca de la población total americana dios como carne de cañón, secuestros y esclaviza-
llevó a un intento de realizar estudios regionales ción, robo de alimentos y abusos sexuales. Muchas
donde se pudiesen reducir los márgenes de error. de estas acciones militares constituían parte de la
Al igual que en el resto del continente, en el Pe- tradición bélica de la época. Otras razones esgrimi-
rú se empezó a trabajar en mediciones demográficas das por la “tesis homicídica” fueron de orden eco-
y Noble David Cook publicó una primera estima- nómico, relacionadas con la búsqueda incesante de
ción que abarcaba los cambios ocurridos desde lucro y la abusiva explotación de los indios median-
1570 (es decir desde la época de Toledo) hasta te las mitas, servicios personales, y toda una larga
1620. En este estudio se comprobaba cómo la po- serie de trabajos forzosos en favor de los españoles.
blación habría variado de 1 260 530 a 598 033 indí- Hoy la tesis homicídica considerada como único
genas, y los tributarios habrían pasado de 260 000 a factor del colapso demográfico se encuentra en
136 000. Continuando con sus indagaciones, Cook franco retroceso, ya que los modernos estudios
llegó a establecer que de 1530 a 1630 se habría pa- acerca del “desastre poblacional” coinciden en seña-
sado en toda el área del Tahuantinsuyo de unos 9 lar que hecatombe de tal magnitud no pudo haber
millones a sólo 600 mil habitantes (Mörner 1978: sido ocasionada por una sola causa, sino más bien
24, 41-42; Sánchez Albornoz 1977: 61-86; Pease por una “concurrencia de factores”. Unidas a la te-
1992a: 212-220). sis homicídica debemos también reparar en otras
importantes explicaciones que nos hablan del “des-
Las causas del desastre gano vital”, de las feroces consecuencias del rea-
Ya en los primeros años de la conquista se evi- condicionamiento económico y social, y del “im-
VIRREINATO

denciaba una disminución realmente pavorosa de la pacto de las epidemias”.


población. Desde épocas muy tempranas, fray Bar- Según algunos investigadores, tras la conquista
tolomé de las Casas había denunciado la hecatombe los hombres del Ande sufrieron una profunda de-
demográfica en varias obras escritas en la línea de presión suscitada por la destrucción de su modo de
su Brevísima relación de la destrucción de las Indias. vida y sus creencias. La trágica experiencia del en-
Sus alegatos en defensa de los indios dieron pie a la cuentro con Occidente generó un “desgano vital”,
“leyenda negra española”, hábilmente difundida una falta de apego a la vida, que se tradujo en suici-
por las potencias extranjeras enemigas de Carlos V, dios, filicidios y una marcada disminución de la ta-
y eran reimpresos cada vez que se desataba una sa de natalidad ocasionada por una suerte de esteri-
guerra contra el gigantesco imperio germano-espa- lidad voluntaria. Por ejemplo se sabe que en Huá-
ñol. Paradójicamente, la obra lascasiana tuvo una nuco el promedio de integrantes por familia bajó de
enorme difusión al interior de España y generó en- 6 a 2,5 individuos.
cendidas polémicas en todos los niveles, y la misma La tesis del reacondicionamiento económico y
Corona no reparó en utilizar las argumentos del do- social sugiere que la crisis demográfica fue desatada
minico para enfrentar, controlar y disminuir el po- por dramáticos cambios en las formas de vida andi-
der de los encomenderos en los dominios de ultra- nas. La mayoría de muertes sería consecuencia de la
mar. De este modo la llamada “tesis homicídica” del ruptura de patrones de reciprocidad y redistribu-
despoblamiento de América tuvo general acepta- ción, de la desaparición de elementos de organiza-
ción y fomentaría movimientos de conciencia como ción étnica, así como de la pérdida de tierras, el
el período de la “Restitución”, durante el cual los cambio de cultivos y la aparición de nuevas enfer-
viejos y enriquecidos conquistadores y encomende- medades de animales y plantas. Todo ello implicó
ros devolvieron a los indios parte de lo expoliado, o una disminución de los recursos alimenticios y una
testaron legando enormes cantidades de dinero y aguda desnutrición que afectó sobre todo a la des-
bienes a la Iglesia, para que ésta ayudara a los indios cendencia del hombre andino, quien empieza a sen-
en su nombre, a cambio de la salvación de sus arre- tirse solo, “huaccha, comedor de papas”, es decir
pentidas almas. pobre, abandonado a su suerte, indefenso ante la
La “tesis homicídica” proponía que la población ruptura de sus lazos sociales anteriores y desprovis-
americana disminuyó drásticamente debido a los to de los recursos proporcionados por la comple-
maltratos que los españoles propinaban a los indios. mentaridad ecológica.
Se argüía en primer lugar motivos militares: matan- Finalmente debemos mencionar la tesis epidé-
zas sistemáticas, luchas desiguales en batallas, ac- mica considerada como la más importante entre las
ciones punitivas, utilización de contingentes de in- cuatro enumeradas. Recuérdense las devastadoras

432
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

pestes que redujeron las poblaciones europeas a ter- lor de cabeza y accidente de calentura muy recio, y
cios y mitades en sucesivas oleadas de muerte, du- luego se pasaba el dolor de cabeza al oído izquier-
rante los siglos XII y XIII. Análogamente, los euro- do, y agravaba tanto el mal que no duraban los en-
peos en América trasmitieron una enorme cantidad fermos sino dos o tres días”.
de enfermedades, que diezmaron a poblaciones ca- Otro factor causante de enfermedades fue el
rentes de defensas orgánicas y con un sistema inmu- traslado indiscriminado de poblaciones a pisos eco-
nológico no preparado para enfrentar tales males. lógicos diferentes, lo que llevó a comentar a algunas
Muchas de estas epidemias se convirtieron en enfer- autoridades, que: “Los indios que en tiempo de ve-
medades endémicas o recurrentes, que reaparecían rano bajan a esta ciudad de Lima, por la contrarie-
cada cierto número de años afectando nuevamente dad del temple deteniéndose algo los más mueren,
a la población que se empezaba a recuperar. Se cree cosa que he notado sucede en ellos y no con los es-
que el primer mal transmisible de procedencia eu- pañoles y otras naciones que vienen de temples más
ropea en llegar al Tahuantinsuyo fue la viruela, que fríos”. El mal al que se refiere el párrafo anterior es
arribó aun antes que los conquistadores. Dicho mal sin duda el paludismo, mal de las regiones yungas,
habría causado la muerte de Huayna Capac y de su que afectó hasta bien entrado este siglo a los pobla-
sucesor, Ninan Coyuchi. Luego de esta primera apa- dores de las alturas cuando bajaban a la costa. Algo
rición, la viruela rebrotaría en el país en los años similar sucedía con los indios trasladados hacia las
1558 y 1559, avanzando desde el Cuzco con rum- zonas de ceja de selva donde empezaron a trabajar
bo a Quito, ensañándose con los indígenas y matan- en las rentables plantaciones de coca, que abaste-
do en Lima a una quinta parte de la población. La cían zonas mineras como Potosí y Huancavelica.

VIRREINATO
maligna peste regresaría periódicamente en 1585, Mención aparte merece la sífilis, sobre cuyo origen
1589, 1597, 1606, 1619, 1632, 1680, 1749, 1756 y se ha discutido mucho pues se diagnosticó por vez
1814. Otras enfermedades que también hicieron su primera en el sitio de Nápoles en 1495. No se sabe
aparición prontamente fueron el tifus, la influenza, a ciencia cierta si provino de América o si realmen-
la peste bubónica, la rubéola, el sarampión y te se escondía bajo antiguas e imprecisas des-
la escarlatina. Más adelante la población cripciones medievales. El hecho cierto
africana trajo sus propios males co- es que fue una enfermedad infecciosa
mo la malaria, el tracoma y la fie- de notable difusión tanto en Euro-
bre amarilla, así como algunos pa como en América durante es-
tipos de disentería. Cieza rela- te periodo, y considerada como
ta el desarrollo de una de es- “castigo divino” (Mörner
tas epidemias, probable- 1978: 24, 41-42; Sánchez Al-
mente de influenza: “En bornoz 1977: 61-86; Pease
tiempo del visorrey Blasco 1992 a: 212-220).
Núñez Vela andaba en-
vuelto en las alteraciones La recomposición de
causadas por Gonzalo la población
Pizarro y sus consortes, El dramático derrumbe
vino una general pesti- demográfico de este rei-
lencia por todo el reino no tiene algunas analo-
del Perú, la cual comen- gías con el ocurrido en
zó más adelante del Cuz- Egipto con la invasión
co y cundió por toda la musulmana tras la hégira,
sierra, donde murieron donde la población nativa
gentes sin cuento. La en- pasó de 30 millones a poco
fermedad era que daba do- más de 2 millones. Sin em-
bargo la población en el Perú
La aparición en América de se estabilizó en los años finales
enfermedades provenientes de Europa del siglo XVII, y ya en el siglo
y África provocó una sensible XVIII y aunque muy tardíamente,
disminución de la población nativa. Esta
acuarela del siglo XVIII presenta a un comenzó a recomponerse. La dismi-
indígena víctima de la viruela. nución poblacional que causó honda

433
Patrucco

preocupación, tanto por con- sideró que no actuar contra


sideraciones éticas como eco- la mita hubiera condenado
nómicas, tuvo sin embargo su alma. También Guaman
sus bemoles, porque los cen- Poma de Ayala, indio acultu-
sos y tasas de las reducciones rado, propuso a la Corona
ocultaban información. En “reducir” a los españoles y
realidad, la fuga de los tribu- no a los indios, es decir ais-
tarios y la lenta conversión lar dentro de las ciudades a
de los indios en mestizos pa- los hispánicos y dejar que
ra ser eliminados de las im- los indios vivieran dispersos
posiciones toledanas, desna- en el campo sujetos a sus cu-
turalizaron el enfoque censal. racas, quienes dependerían
Los habitantes andinos directamente de la Corona, a
dejan de ser originarios y se la que entregarían pingües
vuelven forasteros, abando- tributos y para quien ten-
nan su condición de indios y drían bien gobernado el rei-
se convierten en mestizos. no. Otros interesados en el
Esta recomposición de la po- bienestar y la salud de los in-
blación durante el siglo XVIII dios fueron los religiosos,
se puede apreciar claramente entre los que destacaron los
VIRREINATO

en los recuentos de la época. hermanos de hábito del do-


Según Cook, en 1751 había minico De las Casas. Algu-
612 529 andinos, de los cua- nos juristas como el licen-
les 2 080 eran curacas, 88 ciado Falcón presentaron
160 tributarios, 54 920 foras- Portada de Dispvtationem de Indiarvm Iure obras como su Representa-
(Madrid, 1629) de Juan de Solórzano y Pereyra.
teros, 34 486 reservados, 143 ción… sobre los daños y mo-
180 muchachos y 189 729 lestias que se hacen a los in-
mujeres. Sin embargo 120 años antes se consigna- dios, y otros autores como José de Acosta realizaron
ban 601 552 indígenas, lo cual nos indica que la po- propuestas de diferente índole en obras como el De
blación aumentó en dicho lapso en unos 12 mil in- Procuranda Indorum Salute, en donde plantea la mi-
dividuos. Contradictoriamente la cantidad de tribu- noría de edad de los aborígenes y su condición de
tarios ha bajado, pues en el año 1620 había 136 miserables.
235, es decir unos 40 mil más que en 1751. Induda- El ya citado Juan de Solórzano, en su Dispvtatio-
blemente se estaba enmascarando un gran número nem de Indiarvm Iure, describe la realidad del virrei-
de tributarios para protegerlos. Además, el universo nato y sugiere respetar a los pobladores aborígenes.
poblacional podría ser mucho más grande si consi- También algunos indios nobles plantearon propues-
deramos el fenómeno del mestizaje. tas para solucionar los problemas que afectaban a
En otros recuentos regionales vemos cómo en el sus connaturales. Es el caso del curaca norteño Vi-
Cuzco se pasa de unos 126 mil habitantes a finales cente Mora Chimo Capac y del descendiente del in-
del siglo XVII, a unos 206 mil en 1786, y para 1798 ca Tupac Yupanqui, fray Calixto de San José Tupac
aparecen unos “misteriosos” 315 mil habitantes. Inca. Pero a la larga, pocas fueron las medidas efec-
Aunque desconfiemos de la veracidad de la tercera tivas que se tomaron para recomponer la población.
cifra, es indudable que el crecimiento se aceleró en Quizá debamos reconocer en primer lugar los es-
esa época, inclusive antes de 1786, pero no fue es- fuerzos de los propios pobladores andinos para res-
crutado por múltiples motivos. Resultados semejan- tablecer el equilibrio demográfico durante el siglo
tes podríamos encontrar en Arequipa, donde se XVIII.
cuentan 13 983 habitantes indios en 1751 y luego Aun cuando los estimados de los censos pobla-
hacia 1792 se constata la existencia de 66 609 pobla- cionales y los tributos bajaran y bajaran, había un
dores andinos, 17 797 de los cuales eran mestizos. sector en constante aumento, grupo decididamente
Propuestas y medidas para solucionar la crisis compuesto por los mestizos. El mestizaje –como se
demográfica fueron dadas por gente como el conde verá en la sección pertinente– era una realidad in-
de Lemos, quien gobernó entre 1667 y 1672 y con- contrastable incluso en las “aisladas” reducciones

434
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

indias, donde los funcionarios españoles rodeados mantener el decoro y la dignidad de un descendien-
de ayudantes mestizos y esclavos se encargaban de te incaico.
cumplir con la drástica separación entre las dos re- Pero durante el siglo XVIII la prestancia y au-
públicas. Simultáneamente los perseguidos por la toestima del grupo noble indígena pareció revivir, y
justicia y gentes sin oficio de diferentes razas se re- para ciertas familias que supieron manejar adecua-
fugiaban en estas tierras indígenas, generando una damente el discurso del “nacionalismo inca”, llevar
constante mezcla de sangres. Los indios veían el la “sangre de los soberanos incas en las venas” se
mestizaje con buenos ojos, puesto que sustraía a sus convirtió en un signo de distinción. Incluso linajes
hijos de la mita y del tributo, además de lograrse un mestizos y criollos cuzqueños alimentaron estos
ascenso en la escala racial. Es sabido que un mesti- simbolismos para recuperar la importancia debida.
zo tenía mayor facilidad que un indio para acultu- Los propios españoles no fueron ajenos a estos
rarse y hacerse pasar por criollo. El mimetismo so- mecanismos del nacionalismo inca durante las gue-
cial como arma de integración se desarrolló desde rras de la independencia, cuando intentaron plegar
los estratos más bajos de la población, lo que a su a los grupos indígenas al partido realista. Hacia
vez promovió este tipo de relaciones interraciales. 1820 se restablecieron las preminencias de los in-
Como consecuencia el grupo mestizo creció tanto dios nobles y curacas en ceremonias públicas co-
que las autoridades españolas decidieron que se les mo la procesión del Corpus Christi, abolidas cua-
gravara con el tributo y la mita, como a cualquier tro décadas antes tras el levantamiento de Tupac
indio. El virrey Melchor de Navarra y Rocaful, du- Amaru II.
que de la Palata, ordenó que fueran incluidos jun- En los tiempos coloniales la figura del indio no-

VIRREINATO
to con los indios forasteros en los censos regionales ble se fue asociando cada vez más a la función del
(Sánchez Albornoz 1977: 80 y ss.; Pease 1992 a: 214 curaca. Los documentos tardíos no hacían ya mayor
y ss.). diferencia entre ambos niveles, como lo señala la si-
guiente comunicación oficial: “como descendientes
LOS INDÍGENAS de los indios principales se llaman caciques, (ellos)
y a sus descendientes se les deben todas las preemi-
Los indios nobles y los curacas nencias y honores, así en lo eclesiástico como en lo
Los indios nobles según la reinterpretación cató- secular, que se acostumbran conferir a los nobles
lica de los postulados aristotélicos, debían ocupar hijosdalgos de Castilla, y pueden participar de cua-
un lugar destacado dentro de la República de In- lesquiera comunidades que por estatuto pidan no-
dios, y de hecho los miembros de la elite incaica y bleza, pues es constante que estos en su gentilismo
algunos señores macroétnicos fueron distinguidos eran nobles y a quienes sus inferiores reconocían
desde los primeros días de la conquista. Sin embar- vasallaje y tributaban…”. Como es lógico suponer
go la insurrección de Vilcabamba los situó en duro regulaciones reales de este tipo favorecieron la apa-
trance y muchos aristócratas indígenas fueron juz- rición de muchas probanzas y litigios de descenden-
gados y vigilados. Por la fuerza inexorable de los cia regia, muchos de los cuales se basaban en infor-
hechos, los descendientes de algunos soberanos si- mes falsos y erróneas categorizaciones surgidas en
guieron habitando el Cuzco, luego de demostrar su medio del caos de la conquista. Estas probanzas y
pertenencia a las panacas reales, aunque su po-
sición social y económica se fue deteriorando
rápidamente. Un siglo más tarde era difícil ras-
trearlos como sucesores de los incas y se en-
contraban paupérrimos, aunque algunos se
vincularon a las nuevas formas de dirección de
la República de Indios, accediendo a los cargos
curacales. Solamente oficiando de caciques
podían detentar los recursos necesarios para

Detalle de la procesión del Corpus Christi en el Cuzco


donde puede apreciarse el desfile de señores indígenas.
Este lienzo del siglo XVIII, de autor anónimo, se
conserva en el Museo del Arzobispado del Cuzco.

435
Patrucco

solicitudes pedían los más diversos títulos, merce- se reproducían asimétricamente vínculos de reci-
des, rentas, encomiendas, privilegios y honores que procidad y redistribución. Apoyados en los “justos
pueda imaginarse, y solamente muy pocas fueron títulos de la conquista”, hubo el intento de evitar
satisfechas. Algunos personajes como Paullu Inca las tiranías de los gobernantes andinos, pero a pe-
por ejemplo, alcanzaron sus objetivos por la trans- sar de estas limitaciones los curacas siguieron te-
parencia de su antiguo linaje, y otros como Marti- niendo mucho poder e inclusive muchos jefes étni-
nillo de Poechos, quien más tarde se convirtió en cos se adhirieron a los planteamientos lascasianos,
don Martín Pizarro, lograron el reconocimiento de nombrando representantes para ofrecer a la Corona
sus demandas por su lealtad y aculturación. Pero exorbitantes cantidades de dinero a cambio de la
aun a los más prestigiosos indios nobles les fueron abolición de la perpetuidad de las encomiendas.
vedados algunos privilegios y ocupaciones, como Desde las primeras épocas aparecieron curacas en-
las profesiones más distinguidas y casi sin excep- riquecidos que se amoldaron a los nuevos tiempos
ción las encomiendas y demás dignidades semejan- y supieron extraer ventaja de su papel de interme-
tes. Martinillo de Poechos –al decir de Lockhart– es diarios entre los indios y las autoridades hispanas.
un interesante ejemplo de la ambigua situación de Fue por ejemplo frecuente que los curacas se apo-
los indios distinguidos, ya que ostentaba las máxi- deraran de bienes incaicos –que teóricamente de-
mas prerrogativas a las que un español aspiraba, bían pasar directamente a la Corona– y los funcio-
como compartir bienes y relaciones con los podero- narios toledanos los censaron como propietarios
sos Pizarro, pero cuando la ocasión lo amerita- de miles de camélidos o de extensas tierras. Otros
ba, podía ser considerado como un indio más, y obtuvieron suculentos beneficios mediante tempra-
VIRREINATO

en consecuencia ser tratado como tal. nas alianzas con los españoles, como por ejemplo
Desde la época de Toledo, los visitadores infor- los curacas de Jauja, que lucharon judicialmente
maron de la explotación que los curacas ejercían durante muchos años para ver cumplirse las pro-
sobre los indios de sus parcialidades, haciéndolos mesas de los primeros conquistadores.
trabajar sin pago. El desconocimiento que tenían Aun cuando los ayllus del siglo XVII se fueron
estos informantes de la tradición andina les impe- empobreciendo notablemente, centenares de cura-
día descubrir si tras estos trabajos no remunerados cas ingresaron con éxito a la economía colonial a
través de la lenta apropiación de las tierras co-
munales, las que fueron pasando a formar par-
te de su peculio personal. La usada fórmula:
“tierras pertenecientes a mis antepasados desde
muy antiguo” sirvió para denominar las tierras
apropiables del ayllu o de la familia extendida, y
empezó a connotar exactamente lo que las leyes
castellanas entendían como tal. Inicialmente fue
una medida de protección para evitar que las
parcelas comunales fueran pasto de la voracidad
de los españoles, que aprovechaban las reasigna-
ciones de tierras vacantes. Después se convirtió
en un verdadero subterfugio para expandir las
tierras administradas por los curacas de una ma-
nera muy occidental. La recaudación de los tri-
butos también constituyó otra fuente de riqueza
e influencia para los jefes étnicos, quienes libra-
ron de tal carga a sus parientes más cercanos y
se la redoblaron a los demás indios del común,
sucediendo lo mismo con la mita. Otra forma de
lucro caciquil residió en la venta de mano de
obra indígena a los empresarios españoles que
carecían del derecho a mitayos.
Unión de la descendencia imperial incaica con las casas de los
Loyola y los Borja. En el extremo inferior derecho se aprecia a los Pero las posibilidades de enriquecimiento y
contrayentes don Juan de Borja y doña Lorenza Ñusta de Loyola. abuso de los curacas tenían como límite el nivel

436
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

de redistribución que debía mantenerse al interior para la construcción de una iglesia, 9 mil cabezas de
de la comunidad y al que no podían sustraerse. Pa- ganado y una larguísima documentación sobre el
ra seguir siendo aceptado como cacique, éste tenía manejo de sus propiedades de tierras y los fondos
que prestar ayuda y solidaridad a los indios de sus comunales.
reducciones, lo cual significaba un alto costo en me- La Corona consideró como una necesidad la oc-
tálico, so pena de enfrentarse con la comunidad, cidentalización de los hijos de los curacas, especial-
perdiendo en este último caso la disponibilidad de mente de aquellos que heredarían la tiana o silla cu-
fuerza de trabajo y una serie de otros privilegios en racal. Con tal fin se fundaron los centros de ense-
los que basaba su prosperidad. Así, los curacas de ñanza de indios nobles, como el de San Francisco
importancia intermedia y menor pudieron mante- de Borja en el Cuzco o el colegio Del Príncipe en Li-
ner los vínculos de reciprocidad, pero no sucedió lo ma, siguiendo el mandato de las leyes de Indias:
mismo con los grandes señores macroétnicos que se “deberán ser llevados (allí) los hijos de los caciques
vieron absolutamente imposibilitados de ejercitar de pequeña edad y encargados a personas religiosas
una redistribución en gran escala, por lo que a la y diligentes que les enseñen y doctrinen en cristian-
larga desaparecieron como tales. dad, buenas costumbres, pulicia y lengua castellana
Dentro del ayllu comenzaron a diferenciarse y se les asigne renta competente a su crianza y edu-
grupos pobres y ricos, convirtiéndose los segundos cación”. Allí aprendían bajo la atenta vigilancia de
en acreedores de los primeros. Y pronto las relacio- los preceptores jesuitas a leer, escribir y a realizar
nes se volvieron tensas, siendo frecuente que los in- las operaciones aritméticas básicas. Estudiaban asi-
dios prestamistas pidieran penas de cárcel para los mismo doctrina cristiana, fundamentos de ética y

VIRREINATO
indios deudores, o amenazaran con “venderlos” co- derecho natural, pintura y música, pero se trataba
mo yanaconas a un español hasta que pagaran la de que la aculturación no fuese tan radical, para que
deuda redimida por el nuevo patrón. Los movi- luego pudieran acostumbrarse a vivir nuevamente
mientos nativistas de principios del siglo XVII fue- en sus comunidades de origen. Un maestro jesuita
ron insurgencias de índole mesiánica que permitie- afirmaba de sus alumnos: “acuden a este colegio los
ron que los indios no sólo se vengaran de los espa- hijos de muchos pueblos y provincias y se crían y
ñoles rurales y de los sacerdotes, sino de los curacas enseñan en la verdadera fe del Evangelio y ellos van
indígenas que no habían sabido mantener el equili- a sus pueblos fundados en esta verdad y entrando
brio adecuado entre su prosperidad de raigambre después a gobernarlos tiene en cada uno la iglesia
occidental y sus lealtades étnicas. Una legión de cu- un esforzado soldado contra el demonio y destruc-
racas rápidamente aculturados iniciaría, tímida- ción de la idolatría, enseñando estos niños a sus
mente primero y agresivamente después, su inser- mismos padres y parientes convenciéndoles con ra-
ción en el intrincado mundo financiero colonial, zones y verdades que van fundados, como os han
utilizando la reciprocidad y la redistribución como reducido y confirmado muchas veces…”.
ventajas comparativas para ingresar en el mundo de Esta privilegiada situación de los curacas se vio
los negocios. seriamente comprometida tras la rebelión de Tupac
Un caso digno de citarse es el de Diego Caqui, Amaru, pues sus genealogías fueron desconocidas,
cacique de Tacna enriquecido a partir de sus sem- sus preeminencias abolidas y los símbolos de su
bríos de vid, maíz, trigo, quinua y ají –producto es- posición prohibidos. Los alcances obtenidos tras el
te último con el que pagaba a sus operarios–, y de “resurgimiento incaico” se derrumbaron de la no-
una vasta producción de vinos que eran transporta- che a la mañana. No en vano añoraría el noble Jus-
dos en sus propios navíos a Panamá o en caravanas to Sahuaraura: “ya no hay trajes de incas, ñustas,
de arrieros hasta Potosí. Otro ejemplo es el de Die- bustos, escofietas que suelen usar los nobles incas,
go Chambilla, curaca de Pomata, con grandes pro- vestidos de uniforme o de golilla; ya no llevan las
piedades inmuebles en Potosí, negocios en su cura- insignias de los incas ni el plumaje” (Pease 1992a:
cazgo y una complicada red de apoderados con los 294; Busto 1981: 43-46; Stern 1982: 252-266; 270 y
cuales manejaba sus empresas y prebendas, que in- ss.; Pease 1992b: 149-165; Lockhart 1982: 266 y ss.;
cluían la capitanía provincial de la mita. Finalmen- Ossio 1992: 163-165).
te, para no hacer muy largo este listado, podríamos
mencionar al afortunado curaca Gabriel Fernández Los indios enriquecidos
Guarachi, quien al morir dejó la astronómica suma En la imprevisible sociedad colonial no todos los
de 40 mil pesos de deudas, 20 mil pesos destinados indios adinerados tenían que ser necesariamente

437
Patrucco

curacas o nobles. A veces los parientes Retrato del sacerdote Justo Sahuaraura, autor
de los curacas, los indios huidos, los de Recuerdos de la monarquía peruana
mitayos que se habían apropiado (París, 1850), autocalificado como
de metales preciosos en las mi- descendiente de los incas.
nas, o los nativos que por al-
gún motivo azaroso se habían
aculturado aceleradamente
(sin haber pasado necesa-
riamente por los colegios en cabalgaduras de ricas
de caciques), podían de- monturas, con pistoletes
sempeñarse adecuada- y espadas al cinto e in-
mente al interior de la clusive algunos inicia-
República de Españoles ban ricas colecciones de
y extraer enormes bene- armas antiguas. Sus ca-
ficios de ello. Incluso sas por lo general pre-
dentro del ayllu habían sentaban muebles de
logrado acumular un ca- costosa factura o al me-
pital, librándose de pagos nos denotaban usos y
y de los onerosos servicios costumbres muy occi-
de la mita, el tributo, el ser- dentales, cambiaban su
VIRREINATO

vicio personal y otras con- dieta, aprendían a leer y es-


tribuciones forzosas. Debido cribir o al menos a firmar. La
a su mejor posición económi- cúspide de este proceso era
ca, podían conseguir que los in- entablar amistad con los espa-
dios empobrecidos los reemplaza- ñoles adinerados y moverse en di-
ran en las tareas más duras estipula- cho círculo social, por lo que nació
das por la legislación indiana. En ocasio- un extraño grupo de “exitosos peninsu-
nes las parcelas individuales se volvieron obje- lares de piel india”. En algunos casos se pro-
to de comercio y los propietarios endeudados debie- ducían entronques matrimoniales entre familias de
ron cederlas a sus acreedores, por lo general indíge- la elite española y estos aculturados, siempre y
nas que vivían del acaparamiento de tierras. A veces cuando descendieran de linajes incaicos. Los espa-
estos nativos enriquecidos obligaron a algunos mi- ñoles provincianos, sobre todo los de rango inter-
tayos a traspasar sus escasas propiedades como pa- medio, no eran tan exigentes y podían llegar a igno-
go de préstamos, y no fue raro que los naturales en- rar las prosapias indígenas de menor valía, si las
deudados laboraran grandes temporadas para el uniones representaban beneficios por los abundan-
prestamista, también indio. tes bienes y tierras de los futuros consuegros. Aun-
Conforme avanzaba el siglo XVII, los indios con que parte de esta aculturación se debió a los cole-
éxito intentaban alejarse de las maneras andinas de gios de caciques, muchos indígenas que ni siquiera
concebir la propiedad, la reciprocidad y los vínculos habían pasado por sus aulas resultaron más hispáni-
tradicionales. Los grandes productores artesanales, cos que los propios discípulos de los jesuitas.
los comerciantes de mediana y gran escala, los pro- Otra forma interesante de aculturación fue la re-
ductores cocaleros o de otros productos de gran de- ligiosa. Muchos naturales vieron en el cristianismo
manda, imitaban a los españoles y buscaban rique- uno de los caminos directos a la hispanización y se
za líquida, bienes contantes y sonantes. Si conserva- volvieron muy creyentes y devotos pero, aun cuan-
ban algunos de los antiguos sistemas de reciproci- do practicaran un cristianismo ortodoxo, entendían
dad andina era en favor de sus “modernas” empre- al dios de los españoles como uno más de su exten-
sas, y sólo para mantener su pertenencia al grupo. so panteón. Sin embargo al dios occidental le ren-
De hecho, muchos de estos empresarios indios dían especial reverencia y sobre todo hacían mucha
afrontaron juicios tan graves como los que se ini- gala de ella. La asimilación de estos indígenas ricos
ciaron contra los españoles. al sector empresarial español, promovió una alianza
Los indios ricos se jactaban de hablar buen cas- de intereses para la mejor expoliación de los secto-
tellano, vestían a la manera de Castilla, se paseaban res deprimidos (Stern 1982: 243 y ss.; 270-278).

438
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

Los indios forasteros y yanaconas cielo”, y los empresarios españoles, tanto los bene-
Los indios del común, especialmente los más ficiados por las ineficientes mitas como los privados
empobrecidos, observaban con tristeza y desespe- de ellas, competían por disponer de mayor cantidad
ranza lo poco que el destino les deparaba. Cuando de mano de obra. De esta manera empezaron a dar-
llegaban a la edad adulta, etapa en que tenían que se una serie de “contratos de trabajo”. La fuerza de
pensar en casarse, formar una familia y empezar a trabajo se intercambiaba por dinero o productos pa-
cumplir con las imposiciones estatales como la mi- ra la subsistencia y el patrón debía asegurar el bie-
ta, el tributo y los repartos mercantiles, resolvían en nestar del contratado. En algunos casos se llegaba a
muchos casos desarraigarse, huir de la comunidad señalar la obligación de enseñar un oficio al traba-
con rumbo desconocido, lejos del hogar y la fami- jador. Lógicamente había rubros y sectores que re-
lia, sin el abrigo de la reciprocidad y los lazos de sultaban más rentables que otros. Los artesanos po-
protección del ayllu. Tres cuartas partes de los in- dían contar con una ganancia promedio de 40 a 60
dios forasteros habían escapado aún solteros, pues pesos al año, mientras los arrieros tenían la posi-
la situación se tornaba mucho más angustiante bilidad de obtener entre 80 y 130 pesos, con la
cuando se tenía mujer e hijos. Las posibilidades de atribución adicional de poder transportar mercan-
encontrar mejores horizontes eran muy variables y cías propias. Sin embargo en el campo los ingresos
así mientras algunos se alquilaban como yanaconas resultaban sumamente magros.
en las zonas cocaleras tropicales, otros se abrían ca- Si bien la relación de yanaconaje no era de nin-
mino en las inhóspitas y desconocidas ciudades. Pe- gún modo placentera, pues las exigencias eran muy
ro también existía la alternativa de integrarse a una duras por parte del patrón, se requería en cierta me-

VIRREINATO
nueva comunidad indígena, donde como forastero dida del consentimiento del indio para renovar ca-
se evadían determinadas imposiciones, aunque es- da cierto tiempo la “contratación”. El intento de en-
taban obligados a repartir sus excedentes con sus deudarlos para alargar más los plazos de servicio te-
“anfitriones”, o a hacer contratos de servicio o ya- nía sus problemas para el empleador, pues los yana-
naconaje con algún hacendado u obrajero cercano. conas se informaban de las mejores condiciones de
Temporal o definitivamente, terminaban ganándose trabajo y dejaban de ir donde el contratante más
la vida como empleados a sueldo, mingas mineros, abusivo. Un remedio final frente a los malos patro-
aprendices de artesanos o jornaleros. Los yanaconas nes podía ser la huida, dejando impagas las deudas
que trabajaban en las haciendas y otros lugares fue- que los ataban. Dice Stern: “para el siglo XVII mu-
ron una minoría durante el siglo XVI, pero en la si- chos producto-
guiente centuria resultaron cada vez más numero- res habían lle-
sos. Al respecto, el duque de la Palata decía: “de gado a depen-
muchos años a esta parte se ha reconocido la gran- der de la volun-
de despoblación a que han llegado todos los pue- tad de los in-
blos de estas dilatadas provincias del Perú y los gra- dios de trabajar
ves inconvenientes que se van continuando de no para los coloni-
aplicarse el remedio a tan universal ruina, pues no zadores”. No
puede conservarse el reino con sólo las principales en vano un tes-
ciudades si todo el resto de sus miembros se enfla- tigo de la época
quece y despuebla como se va sucediendo… lo que señalaba que
se da por… la facilidad con la que los naturales se “prometen
mudan a sus domicilios retirándose a las ciudades y montes de oro
escondiéndose a donde nunca les alcance la noticia para atraer a los
de sus caciques y gobernadores…”. La disminución indios a con-
de los indios de las reducciones, tras las fugas de sus vertirse en ya-
moradores y el incremento de la población mestiza, naconas”. Tam-
llevó al virrey antes citado a incluir a los hijos de bién en los cen-
blancos e indias y a los forasteros en los censos de
poblaciones, asegurando así su condición de mita- Melchor de
yos y tributarios. La medida no llegó a dar el resul- Navarra y
tado esperado porque se iba abriendo un amplio Rocafull, duque de
mercado de trabajo para estos indios “caídos del la Palata.

439
Patrucco

tes debieron buscar remedio a su situación personal


en todos los resquicios que la nueva sociedad les
proponía. Desde las primeras épocas los indios de-
bían bajar a las ciudades para entregar los tributos
del repartimiento y luego permanecían unas sema-
nas en la urbe trabajando para los encomenderos o
éstos los alquilaban a otros españoles que necesita-
ran de esa fuerza de trabajo adicional. Más adelante
el curaca directamente realizaría ese contrato con el
interesado. Además del personal de servicio que ha-
bitaba temporalmente en casa del amo, los españo-
les tenían tres tipos de indios a su disposición: sus
sirvientes permanentes, los migrantes individuales
en busca de trabajo o yanaconaje, y los tributarios
organizados, alojados en extensas barracas adecua-
das para tal fin. En zonas como el Cuzco se exten-
día una zona intermedia entre la casa del encomen-
dero y la barraca de los tributarios. Estos últimos se
alojaban en casas de propiedad ancestral que se ubi-
caban en los barrios de la ciudad reservados para
VIRREINATO

indios.
Muchos de los indios empezaron a gustar de la
forma de vida de las ciudades y, tentados por los
atractivos de los centros de trabajo y de comercio,
En el estremo derecho de este lienzo se puede apreciar a una empezaron a huir hacia ellas. Aun ciudades tan in-
mujer mestiza del Perú colonial, donante de la obra pictórica
que hoy se conserva en la iglesia de San Pedro, en Lima.
hóspitas como Potosí recibían indios forasteros que
se integraban a los sistemas comerciales allí existen-
tes, para escapar del controlismo de las reduccio-
tros mineros los indios mingas que eran pagados nes. Las calles de la metrópoli minera, que llegaría
comenzaron a suplir la aguda escasez de trabajado- a albergar más de 160 mil habitantes –cifra especta-
res que fomentaba la deficiente mita del siglo XVII. cular para la época–, se veían llenas de indios con
El propio Guaman Poma atestiguaba: “y así como ropas nuevas y dineros en los bolsillos. Los estable-
ven estos indios ausentes (establecidos en las ciuda- cidos en la urbe del Cerro Rico habían encontrado
des) se salen otros idos de sus pue-
blos y no hay quien pague el tribu-
to ni hay quien sirva en las dichas
minas… …y están lleno de indios
la rancherías de la dicha ciudad (de
Lima) y no hay remedio y hacen
ofensa al servicio de Dios nuestro
Señor y de su Magestad y no multi-
plican los dichos indios en este rei-
no” (Stern 1982: 232-236; 243-
250).

Los indios urbanos


La arquitectura de la sociedad
andina se desplomó y sus integran-

Una vista de la ciudad de Potosí en un


grabado del siglo XVII de la obra de
Olfert Dapper.

440
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

formas de vida apetecibles para cualquier indio de cipales que son los tributarios y que en su gentili-
comunidad, ya que las posibilidades de ascenso y dad reconocieron vasallaje… y descendientes de
movilidad social eran mucho mayores. Los indios ellos y en quienes concurre la puridad de sangre co-
afincados en las ciudades sufrían una repentina am- mo descendiente de la gentilidad, sin mezcla de in-
nesia que les impedía reconocer su antigua condi- fección u otra secta reprobada, a éstos también se
ción. Como lo refería Guaman Poma “de indio mi- les debe contribuir con todas las prerrogativas, dig-
tayo se hacía cacique principal y se llamaban don y nidades y honras que gozan en España los limpios
sus mugeres doña”. Los naturales daban un espec- de sangre que llaman el estado general…”.
táculo bastante particular a las nuevas ciudades es- Decía un dominico: “agora están los indios po-
pañolas como “la dicha ciudad de los Reyes de Li- bres y particularmente subjetos a los curacas que en
ma… atestada de indios ausentes y cimarrones he- ningún otro tiempo, y son ellos más vejados y vio-
chos yanaconas oficiales siendo mitayos indios ba- lentados y esto se ve claro, pues la mitad del año
jos y tributarios se ponían cuello y se vestían como gastan en servir a sus curacas, y la causa es no ha-
español y se ponía espada y otros cetros, alquilaba ber justicia y los pobres no atreverse a pedilla por
por no pagar tributo ni servir en las minas, ves aquí temor de no salir con ello y no tener favor, y como
el mundo al revés…”. Todo ello, según el cronista, no hay justicia sobre los curacas ni quien les vaya a
servía de mal ejemplo a los demás indios que deja- la mano, hacen lo que quieren, porque los corregi-
ban sus tierras y se dirigían a las urbes a imitar di- dores, como ellos no pueden robar y ser aprovecha-
cho estilo de vida. dos con el favor y ayuda de los curacas, hanse he-
Las mujeres andinas que se destinaban al servi- cho con ellos y así roba el corregidor por una parte

VIRREINATO
cio del hogar, muchas veces se convertían en queri- y el curaca por otra, y así son los indios más vejados
das o amantes de los españoles, hasta que llegara la que nunca; e para el remedio desto don Francisco
esperada mujer del patrón desde la lejana Metrópo- de Toledo dio tasas y salarios y quedáronse con lo
li, o mientras el panorama de un provechoso matri- uno y con lo otro”.
monio no se le presentara al amo. En las primeras Al cabo de pocos años los datos de las visitas y
épocas también existieron formas de poligamia en- los censos primigenios ya no correspondían a la rea-
tre los conquistadores que se rodearon de numero- lidad, pues los antiguos ayllus y reducciones empe-
sas mujeres que podían satisfacer sus más mínimos zaban a quedarse despoblados por el desastre de-
deseos. La sirvienta indígena hablaba bien el caste- mográfico, pero también por el cambio cualitativo
llano, aunque seguía vistiendo según los usos ver- de la población. Muchos de sus habitantes ya no
naculares. Cuando el patrón resolvía dejarla por al- eran indios sino mestizos y en consecuencia no se
gún motivo, arreglaba muchas veces un matrimonio les contabilizaba en los padrones. Obviamente tam-
con un mulato o un indio de su servicio o le dejaba poco se consignaba a los huidos. Frente a la presión
alguna pequeña propiedad, una casita, un lote o le ejercida por los curacas, encomenderos y funciona-
regalaba un esclavo o una pequeña renta, para no rios, los indios tenían la posibilidad de pedir a la
dejarla desamparada. La amante indígena abando- Corona una ”revisita”, que podía comprobar la exis-
nada era un espectáculo desgarrador que pocos es- tencia de casas abandonadas y confirmar la muerte
pañoles querían propiciar y el mismo Guaman Po- y la fuga de tributarios. Cabía entonces que se apro-
ma criticaba la ligereza frente a la sexualidad de bara una reducción de los tributos que esa comuni-
muchas de estas indias radicadas en las ciudades. dad debía entregar. Inicialmente se trató de un me-
En su Nueva corónica y buen gobierno escribió: “muy canismo de las comunidades para enfrentarse a los
muchas indias putas cargadas de mesticillos y de encomenderos, pero después se desarrolló un inte-
mulatos todos con faldellines y botines y escofetas, resante sistema de connivencias entre funcionarios
son casadas, andan con españoles y negros y así y grupos étnicos. Muchas veces las “revisitas” pro-
otros no quieren casarse con indio ni quiere salir de vocaban la desconfianza de las autoridades jerárqui-
la dicha ciudad por no dejar la putería… y no hay cas mayores y se repetían al poco tiempo con fun-
remedio” (Ossio 1992: 147; Lockhart 1982: 262- cionarios diferentes o presuntamente más probos,
280). obteniéndose cifras diametralmente distintas. Por
ello durante esta época abundaron las acusaciones
Los indios del común contra muchos corregidores que escondían mitayos
Un documento de 1697 afirmaba de los indios para dedicarlos a otras actividades. Estas ilegales ac-
comunes: “descendientes de los indios menos prin- ciones contaban con la complicidad de los grupos

441
Patrucco

regionales, interesados en usufructuar la fuerza de camélidos que en vez de ser rematados en el lugar,
trabajo de esos indios, antes que en mandarlos a le- eran llevados a Potosí por sus ayudantes, obtenien-
janos lugares de donde seguramente no regresarían. do así pingües ganancias que no iban ciertamente a
Aprovechando al máximo los poderes casi autárqui- engrosar las arcas reales. Con todas estas cartas que
cos que ejercían en las localidades, los corregidores ocultar, el corregidor debía actuar astutamente para
así como algunos curas de indios, intentaban ha- medrar de todos los grupos de interés que se vincu-
cerse de una pequeña fortuna durante su mandato. laban con él. Pero la codicia podía crearle al repre-
Y con tal fin cultivaban con esmero sus relaciones sentante estatal un ejército de enemigos e intermi-
con las elites locales, las que a su vez estaban inte- nables procesos judiciales. Los investigadores han
resadas en aliarse con las autoridades de turno para señalado que los corregidores enfrentados con gru-
emprender aventuras comerciales, manufactureras, pos españoles tenían una mayor dificultad para re-
mineras y agrícolas. coger el tributo entre los indios, que aquellos que se
La colaboración del corregidor que oficiaba co- acogían a relaciones más armónicas. Los indios de
mo intermediario entre la comunidad y los empre- las comunidades empezaron a sopesar las fuerzas a
sarios españoles era entonces fundamental. El co- las que se enfrentaban y aprendieron a defenderse
rregidor duplicaba los tributos que cobraba a los in- de las excesivas demandas de los funcionarios y
dios, jugaba con los turnos de las mitas y repartía grupos españoles.
objetos a los indios, algunos útiles como mulas y ar- Desde tempranas épocas la elite incaica aprendió
tefactos de labranza, otros innecesarios y no desea- a luchar judicialmente para probar sus ascendencias
dos como peinetas y medias de seda, pero que ser- y preeminencias, y con la experiencia obtenida en
VIRREINATO

vían para endeudarlos. El corregidor también aten- estas lides defendieron los derechos de las etnias
taba contra la Corona escondiendo parte de la tribu- que representaban. Al cabo de algunos años el nú-
tación o cobrando otras veces el tributo en ovinos y mero de litigios de los habitantes andinos era de tal
magnitud que sus causas inundaban los juzgados y
audiencias. Muchos juicios estaban perdidos de an-
temano, pero los lentos procesos agotaron a los de-
mandados. En otros casos, ante las perspectivas de
un largo juicio, los usurpadores del derecho de la
comunidad preferían simplemente llegar a una tran-
sacción. Otras veces la táctica utilizada por las co-
munidades era aliarse con los enemigos de su ene-
migo, tal vez un hacendado poderoso pero sin ma-
no de obra enfrentado con el corregidor, o un mine-
ro dispuesto a enemistarse con el usurpador de las
tierras indígenas. Las brechas dejadas por los gru-
pos españoles eran lo suficientemente amplias co-
mo para ser detectadas por los habitantes andinos y
de hecho fueron utilizadas a su favor. Este fenóme-
no se agudizaría durante el siglo XVII, en la medida
en que se acentuó el proceso de aculturación de los
indígenas y la consiguiente resistencia por un lado,
y del mayor interés de solucionar pragmáticamente
la carencia de fuerza de trabajo. Pero ello no debe
llevarnos a olvidar el drama colectivo que significó
la conquista. En medio del desastre debemos resal-
tar la figura de los pobladores andinos que supieron
dar respuestas y entrar activa y valientemente en el
juego que habían impuesto los conquistadores, ima-
gen muy lejana por cierto de los estereotipos del in-
dio indolente y apocado que “gemía silente bajo su
Corregidor español y escribano en una ilustración de la yugo”(Pease 1992a: 214 y ss.; Pease 1992b: 151;
Nueva corónica de Felipe Guaman Poma de Ayala. Stern 1982: 154-206).

442
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

Resistencia y aculturación indígena bexaciones, y molestias que padecen los reynos del
La resistencia andina empezaría desde los prime- Perú”, y el descendiente del inca Tupac Yupanqui,
ros momentos de la llegada de los españoles. Mu- fray Calixto de San José Tupac Inca, autor de un do-
chas veces la aculturación de algunos grupos fue cumento presentado en 1748, titulado “Representa-
una forma de resistencia, al tiempo que la resisten- ción verdadera y Exclamación rendida y lamentable
cia de otros adquiría las características de una mar- que toda la nación indiana hace a la magestad del
cada aculturación. Los primeros momentos del en- Señor Rey de las Españas y Emperador de las Indias
frentamiento con el invasor se resumen en la tenaz don Fernando VI, pidiendo las atienda y remedie
oposición realizada por Manco Inca y sus sucesores sacándolos del afrentoso vituperio y oprobio en que
desde Vilcabamba. Sin embargo los modernos in- están más de doscientos años”. Estos manifiestos
vestigadores encuentran datos que confirman que pusieron de relieve la serie de injusticias que afec-
desde los días primigenios de la conquista se siguie- taban a los integrantes de la República de Indios, si-
ron procesos sumarios contra los curacas que cons- guiendo el primero de ellos planteamientos típica-
piraban contra el régimen, en episodios semejantes mente lascasianos, en tanto la “Representación…”
al de los trece curacas condenados al garrote y la resultaba mucho más amplia y versada, pues reco-
hoguera durante la prisión de Atahuallpa. Según mendaba no sólo el cumplimiento de la preeminen-
Franklin Pease, el gobierno escenográfico de los in- cia debida a los nobles descendientes de los indios
cas entronizados por los españoles no parece haber principales, sino otra serie de demandas como la
sido muy provechoso porque no cumplía con los posibilidad de viajar libremente a la Metrópoli, edu-
elementos rituales andinos que acompañaban a la carse, acceder a las órdenes y profesiones más pres-

VIRREINATO
designación de un nuevo inca, a saber, enfrenta- tigiosas, la exoneración de impuestos y alcabalas
mientos rituales, cogobierno, correinado, confirma- debido a que los indios ya estaban gravados por el
ción solar y una serie de sutiles ceremonias. Conju- tributo, la abolición de los servicios personales y
raba también contra su desempeño el grave proble- mitas, y que se les considerara como mayores de
ma de las banderías y grupos de influencia, tanto a edad, permitiéndoles hacer uso de todas las prerro-
nivel de las intrigantes e irreconciliables panacas, gativas de vivir como cualquier español. Con tan
como entre los curacas opositores e interesados en avanzadas propuestas viajó fray Calixto a España a
jalar agua para sus propios molinos. presentar su petitorio al rey, pero de regreso fue vis-
A la muerte de “Atabálipa” o Atahuallpa se to como un peligro potencial aduciéndose una reu-
abrió inmediatamente un nuevo cuadro de alianzas nión con los curacas de la sierra de Lima para justi-
e indisposiciones dentro de la política andina. Con ficar su deportación.
el tiempo muchos curacas encontraron aliados in- Un documento que nunca llegó a manos del rey
cluso en algunos sectores españoles, como los reli- fue la Nueva corónica y buen gobierno, obra por cier-
giosos. Se sabe por ejemplo que los dominicos y al- to bastante anterior a las dos previamente mencio-
gunos letrados que seguían la prédica lascasiana, nadas, salida de la pluma de Felipe Guaman Poma
organizaron una efectiva campaña contra los abu- de Ayala, un indio aculturado que murió en 1615.
sos del sistema imperante y los vicios de su funcio- La historia de este valiosísimo manuscrito es apa-
namiento. No resulta pues extraño encontrar a los sionante por los avatares que sorteó hasta 1908, año
curacas reunidos en Mama, Huarochirí, otorgándo- en que finalmente fue encontrado en la biblioteca
les poderes a juristas como Santillán, o a los de Juli de Copenhague. En la actualidad la obra es objeto
y Arequipa nombrando con similar cometido a fray predilecto de estudio de los etnohistoriadores, no
Bartolomé de las Casas y a fray Domingo de Santo sólo por sus célebres dibujos y la visión tan genui-
Tomás. namente andino-española de su discurso, sino por-
En esta línea se desarrolló toda una veta de resis- que proponía una lectura diferente de la conquista
tencia jurídica indígena que motivó la proliferación y delineaba alternativas novedosísimas para el futu-
de causas judiciales. A ello se sumó la abundancia ro. Indignado por el caos generado por los españo-
de memoriales y escritos dirigidos al rey desde sec- les en los Andes, señalaba que ningún derecho asis-
tores particulares, religiosos y administrativos, los tía a los peninsulares, ni aun el de la cristianización,
que tuvieron diverso destino. Indios nobles hicie- pues los indios ya habían tenido el conocimiento
ron gala de su vocación y capacidad legalista, desta- del creador bajo el nombre de Viracocha. Además
cando personajes como el cacique norteño Vicente los españoles eran muy malos cristianos y consti-
Mora Chimo Capac, por su “Manifiesto y agravios, tuían el anti-ejemplo de lo que debía enseñarse, más

443
Patrucco

El mesianismo
Otra forma de la resistencia ofrecida por los po-
bladores andinos sería el mesianismo, concepción
extendida entre los indios tras la muerte de Ata-
huallpa y los sucesos posteriores. Los antropólogos
señalan como causas de este fenómeno el profundo
sentimiento de crisis sentido por los naturales de
los Andes, la añoranza de un principio mediador y
unificador y la necesidad de una imagen de orden.
Esto se tradujo en el sueño del regreso del inca, de
un Inkarrí, es decir un inca con muchos componen-
tes occidentales, pero cuya función sería la de sub-
vertir el orden, volver al pasado y poner lo inferior
en lo alto y viceversa. De esta manera se pensaba re-
dimir a los pobladores andinos de su intolerable si-
tuación y crear un mundo de paz y orden donde los
invasores europeos ocuparan la posición más baja e
incómoda. Guaman Poma en su cuadro de edades
comparativas de Occidente y los Andes, señala que
la última de ellas, la que correspondería según los
VIRREINATO

tratadistas medievales a la llegada del Espíritu San-


to y el Juicio Final, coincidirá con el regreso del in-
ca, del cual se hace portavoz.
Luego de la derrota de la resistencia militar in-
caica, los episodios cuzqueños de Manco Inca y la
gesta vilcabambina, una de las primeras manifesta-
ciones mesiánicas fue la del Taqui Onkoy, la cual
denotó una temprana extinción de la religión ofi-
Portada de la Nueva corónica de Guaman Poma de Ayala, cial solar de los incas, pues se acudió a las huacas
siglo XVII. locales.
El Taqui Onkoy constituyó un movimiento me-
siánico de singular importancia, porque al decir de
preocupados como estaban de adueñarse del oro y muchos estudiosos, anuncia el fin de las alianzas es-
la plata del país. tablecidas entre los señores étnicos y la población
Guaman Poma consideraba que el rey de España andina por un lado, y los conquistadores por el
como Monarca del Universo podía ordenar este otro. Dicho movimiento obtuvo hacia 1564 miles de
caos, y a él le presenta su propuesta. Siguiendo las adeptos en las áreas cercanas a Huancavelica y Cuz-
categorías andinas del Hanan y Urin, los españoles co, y sus seguidores pensaban que estaban a punto
reunidos en un grupo y los indios en el otro se or- de entrar en una nueva edad de salud y abundancia,
ganizarían en dos grupos separados y diferentes, pe- la época de las huacas vengadoras. Al movimiento
ro complementarios. La propuesta de nuestro autor se le conoció también como la “enfermedad del bai-
consistía simplemente en “reducir” a los peninsula- le” pues sus seguidores eran poseídos por las hua-
res en las ciudades, lugar natural de la República de cas, algo raro hasta ese entonces, pues en tiempos
Españoles y dejar el espacio rural a los indios, don- anteriores las huacas se relacionaban con objetos
de gobernarían los curacas, con mejor tino y razón inanimados. Los sacerdotes afirmaban: “no se me-
que los conquistadores, no destruyendo a la pobla- tían (las huacas) ya en las piedras, ni en las nubes
ción andina e incrementando enormemente las ga- ni en las fuentes para hablar, sino que se incorpora-
nancias reales. Si bien la mirada de Guaman Poma ban en los indios y los hacían hablar y que tuviesen
es contestataria frente al orden colonial, no propo- las casas barridas y aderezadas para si alguna de las
ne la ruptura del sistema en el cual el autor se en- huacas quisiese posar en ella. Y así fue que hubo
cuentra inmerso (Pease 1992a: 304-316; Ossio muchos indios que temblaban y se revolcaban por
1992: 149-177). el suelo, y otros tiraban de pedradas como endemo-

444
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

Detalle que muestra a Diego Sayri Tupac y Felipe Tupac


Amaru. Esta imagen procede del lienzo que ilustra la unión de
la descendencia imperial incaica con la casa de los Loyola y
los Borja. El lienzo está datado en el Cuzco, en 1718, y su
autor es anónimo.

niados, haciendo virajes, y luego reposaban y llega-


ban a él con temor y decían que qué había y sentía
y respondía que la huaca fulana se le había entrado
en el cuerpo”.
La revuelta del Taqui Onkoy también conside-
raba represalias contra algunos indígenas, tanto ha-
tun runas como curacas que supuestamente habían
colaborado con los dioses cristianos, independien-
temente de su fidelidad hacia sus deidades ancestra-
les. A los culpables se les exigía la reforma y la co-
laboración con los taquiongos, que preconizaban la
venida de grandes pestes para los españoles y sus
secuaces, así como el derrumbe del dios invasor. Es
curioso encontrar en todo este fenómeno de regre-

VIRREINATO
so a las antiguas divinidades muchos elementos
cristianos como las plagas bíblicas, la idea de pose-
sión diabólica y la figura misma del líder llamado
Juan Chocne, quien se hacía acompañar por dos
mujeres llamadas Santa María y Santa María Magda-
lena. Cristóbal de Albornoz se encargó de perseguir
esta idolatría en un proceso que demoró más de tres
años y culminó con el juicio de más de 8 mil indios,
no todos los cuales se arrepintieron.
Recientemente se han puesto en duda algunas el período comprendido entre el final del siglo XVII
líneas interpretativas de este movimiento y los es- y casi toda la siguiente centuria, el mesianismo de-
pecialistas intentan reordenar la información obte- sembocaría en la revalorización de la figura de los
nida. En épocas ligeramente posteriores aparecie- incas y la formación de un “nacionalismo neoinca”,
ron otros movimientos tales como el Moro Onkoy, un movimiento que competía con el proyecto crio-
que se veía asociado a una epidemia de la cual sólo llo en sus dos vertientes, tanto la costeña ilustrada,
se salvarían los reconvertidos a la religiosidad andi- como la serrana más mestiza y andina.
na, y el Yanahuara, otro movimiento surgido en El sentimiento mesiánico se va presentando ca-
aquella localidad arequipeña que estaba relaciona- da vez con más fuerza y en sublevaciones como las
do con los rebrotes de la viruela y el sarampión, de Juan Santos Atahuallpa, en Tarma y la selva cen-
enfermedades que según el predicador de la here- tral –a mediados del siglo XVIII–, adquiere una
jía, sólo podrían curarse volviendo al culto de las composición pluriétnica, con un proyecto político
antiguas huacas locales. de largo alcance. La revuelta termina apagándose
Pero luego del Taqui Onkoy, del Moro Onkoy y tras muchos años de represalias en la región, pero la
del Yanahuara, durante todo el siglo XVII seguirían población piensa que el desaparecido líder no ha
estallando una serie de convulsiones sociales simi- muerto y vive escondido en el mítico reino del Gran
lares, que irían reforzando la idea del regreso inmi- Paititi esperando el momento para regresar o que se
nente del inca. Aunque la razón inmediata de los le- ha elevado a los cielos. Profecías como aquella atri-
vantamientos locales estaba relacionada con los ex- buida a Santa Rosa de que el Perú en 1750 volvería
cesos que en materia de repartos, mitas y tributos a manos de sus legítimos dueños, contribuían a exa-
cometían las autoridades locales, el transfondo que cerbar este sentimiento. Los curacas aprovechaban
los inspiraba era la mítica noción del regreso del esta situación llevando algunas prendas incaicas en
inca y la consecuente reordenación del mundo. En su vestir diario, probando su genealogía en largos

445
Patrucco

procesos, pintando retratos de sus antepasados y Revueltas como la de Huarochirí en 1750 contarían
presentándose en los grandes eventos –como la pro- con la participación de una elite de mestizos y crio-
cesión del Corpus Christi del Cuzco– totalmente llos, al igual que la ocurrida en el Cuzco en 1780,
ataviados como incas. Los indios del común queda- en la que ocuparían lugares protagónicos el criollo
ban muy impresionados por tal comportamiento y Lorenzo Farfán de los Godos y el indio Bernardo
las autoridades españolas se mostraban recelosas de Pumayauli Tambohuacso. Este movimiento cohe-
la importancia que iba tomando este nacionalismo sionó gran cantidad de poblaciones, razas, grupos
inca. Para la época de Tupac Amaru II y y los Tupac urbanos y rurales, y estuvo vinculado con el proyec-
Catari, el sentimiento había llegado a su máxima to criollo limeño, pues no casualmente Tambohuac-
expresión y la situación parecía propicia para iniciar so fue defendido por José Baquíjano y Carrillo du-
la toma del poder. rante el proceso que se le abrió. Algunos estudiosos
Pero hubo también otros grupos criollos intere- han planteado la hipótesis de que este movimiento
sados en capitalizar la influencia nacionalista. Un neoinca impuso a los criollos la necesidad de con-
caso interesante es el de los Esquivel en el Cuzco, ducir un levantamiento independiente, para no ser
quienes planteaban la desobediencia a los españoles desplazados del gobierno del país por un posible
y el acatamiento de la autoridad de los grupos de triunfo de las masas indígenas (Pease 1992a:312-
poder criollos y mestizos fuertemente andinizados. 329; Ossio 1992: 177 y ss.; Stern 1982: 93 y ss.).
VIRREINATO

II
LA REPÚBLICA DE ESPAÑOLES

LOS PENINSULARES los andaluces y extremeños sellaría la personalidad


de las sociedades coloniales, estableciéndose fortísi-
La inmigración mos vínculos entre Sevilla y Lima no sólo en el cam-
La política de migración al nuevo continente fue po comercial, sino también en el área de las costum-
claramente establecida desde el primer momento y bres, la forma de hablar, el trazo citadino, y un con-
la entidad encargada de administrarla fue la Casa de junto de pequeñas y casi imperceptibles actitudes.
Contratación de Sevilla, que debía llevar la contabi- Durante el siglo XVI, tras la leyenda de las rique-
lidad y registro de los viajeros a Indias. Pero ni pa- zas incalculables que poseía nuestro territorio con
saron al nuevo continente todos los inscritos en el “ríos de leche y árboles de morcilla, y mucho, mu-
libro de permisos, ni se inscribieron en dicha lista cho oro”, el Perú fue el polo de mayor atracción pa-
todos los que arribaron a América. La cifra de inmi- ra los viajeros peninsulares pues el 36% de los in-
grantes subió de 1 587 viajeros por año para la pri- migrantes a Indias se afincaba en estas tierras. Du-
mera mitad del siglo XVI, a 3 930 viajeros anuales rante la primera mitad del mil quinientos, una am-
para la segunda mitad y 3 865 para los primeros 50 plia mayoría eran andaluces (38%), luego gente de
años del XVII. Céspedes del Castillo estima que la Castilla (26,7%), de Extremadura (14,7%), de León
migración no debió superar los 200 000 individuos (7,6%), y finalmente de Asturias y Galicia (0,85%).
durante el siglo XVI. De este universo habría que A partir de 1550 fue aumentando la proporción de
señalar que un tercio eran andaluces, 28% extreme- gente de Extremadura y Castilla la Vieja, en detri-
ños y de Castilla la Nueva, y un 39% de León y Cas- mento de los andaluces. Sin embargo la anterior
tilla la Vieja. El porcentaje restante correspondería a preponderancia sevillana podría ponerse en entredi-
españoles del norte, judíos y extranjeros como lusi- cho, en la medida en que los considerados como ta-
tanos, genoveses, alemanes, griegos y flamencos les no siempre lo eran, puesto que Sevilla se había
que fueron rápidamente asimilados. La primacía de convertido en una urbe cosmopolita con habitantes

446
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

Capilla de Santa Ana en la catedral de Lima, donde yacen los


restos de Nicolás de Ribera el Viejo, conquistador, fundador y
primer alcalde de Lima en 1535, y los de su esposa, doña
Elvira Dávalos Solier.

venidos de todas las regiones de España, y en mu-


chos casos sólo eran residentes temporales que es-
peraban hacerse a la mar. El interés por migrar ha-
cia el Perú disminuiría enormemente con el cambio
de siglo, volviéndose un punto de mayor interés el
virreinato de Nueva España.
El difícil paso a Indias disuadía a muchos pasa-
jeros, pues eran notables las penurias que se sufrían
durante el trayecto, desde los mareos, catarros y di-
senterías, hasta pestes de a bordo, escorbuto y ma-
les generados por la defectuosa alimentación que
conforme se alargaba la travesía se descomponía, se
llenaba de alimañas y se reducía a una nauseabunda
“miga mezclada con gorgojos y mojada en orines de
rata”. A esto se sumaban los peligros del viaje mis-

VIRREINATO
mo como las tempestades, los naufragios y, en caso
de ganar la costa, la eventualidad de encontrarse
con indios antropófagos. No en vano los viajeros
que llegaban a buen puerto peregrinaban a los tem-
plos o vestían los hábitos según lo prometido en los
momentos de angustia de la travesía.
Pero aun así, muchos seguían llegando a Sevilla
en busca de los medios para cruzar el océano, atraí-
dos por las enormes posibilidades que presentaban
estas tierras, llamados por hermanos, tíos o primos cristiano más próximo. En teoría los judíos conver-
para echar a andar lucrativas empresas, o simple- sos de 1492 sólo podrían pasar a América a partir de
mente animados por los exagerados relatos de los 1692, algo que como veremos se incumplió de muy
veteranos que regresaban a casa. Desde los inicios diversos modos.
del descubrimiento de América se había trazado También eran considerados peligrosos para la
una política de migraciones, que establecía quiénes débil fe de los americanos todos aquellos persegui-
podían realizar la travesía y quiénes estaban absolu- dos y sentenciados por el Santo Oficio, aun cuando
tamente prohibidos de hacerlo. Esta política podía se hubiesen arrepentido y conseguido el perdón y la
endurecerse o ablandarse según se tuviera necesi- reinclusión en el seno de la Iglesia. Los gitanos tam-
dad o no de colonizadores en una región determina- bién fueron impedidos de pasar al nuevo territorio
da. La Casa de Contratación que otorgaba los per- en la medida en que sus errantes costumbres eran
misos evitaba en principio el paso de protestantes, inconvenientes según los criterios eclesiásticos, pe-
judíos, moros, por ser poblaciones que podrían in- ro no siempre se cumplieron las disposiciones ofi-
fluir de manera sumamente negativa sobre los in- ciales. Se sabe que en Lima hubo un grupo grande
dios americanos, absolutamente neófitos en asuntos de ellos a quienes durante mucho tiempo la Au-
de religión cristiana. Tampoco los cristianos nue- diencia intentó deportar sin mayor éxito. Cuando
vos, es decir los árabes y judíos recién convertidos en el siglo XVIII se pretendió enviar grandes pobla-
podrían pasar al Nuevo Mundo, y los españoles só- ciones de gitanos peninsulares a América, los
lo luego de superar la prueba de limpieza de sangre, miembros del Consejo de Indias protestaron enérgi-
según la cual sólo se consideraba como cristiano camente porque no era política de la Corona depor-
viejo a aquel que en cuatro generaciones no tuviera tar minorías ni presidiarios a sus posesiones ultra-
sangre “impura”, o en su defecto que estuviera ale- marinas. Tampoco se quiso enviar revoltosos, vaga-
jado en más de doscientos años de su antepasado no bundos y gente sin oficio bajo el convencimiento de

447
Patrucco

alemanes que ya constituían una verdadera minoría.


Estos grupos optaron por una rápida hispanización
para integrarse al cuerpo social.
La inmigración de personas originarias de po-
tencias antagónicas de España fue insignificante y
tuvo un papel muy poco representativo en la vida y
cultura de las regiones que los acogieron. Las barre-
ras en estos casos eran sumamente rígidas y sólo se
justificaba la presencia de estos ciudadanos en casos
de necesidad extrema. Aun bajo el gobierno de los
borbones, a los franceses no les fue permitido el in-
greso en cantidades relevantes. Un caso interesante
resulta el de los piratas y marinos ingleses captura-
dos por las flotas virreinales, que luego de un perío-
do de prisión y tras ser convertidos y bautizados se-
gún el catolicismo, pudieron rondar en los sectores
más bajos de la sociedad. Una antigua y difundida
tradición popular asevera que muchos de estos an-
gloparlantes tomaron el apellido de Pichilingue, de-
formación de la frase “speak in English”, es decir
VIRREINATO

una de las primeras que solían pronunciar.


Los requisitos necesarios para obtener la nacio-
nalización eran muy exigentes, tanto así que en la
época de Carlos V era imprescindible poseer bienes
raíces y residencia fija en la Península y veinte años
de matrimonio con alguna natural del país. Bajo los
soberanos siguientes la política se endurecería aún
Una pareja de nobles españoles a comienzos del siglo XVII. más. Si bien la legislación de inmigración era muy
clara, la realidad podía ser bastante diferente, y era
que esto sólo haría más difícil el gobierno de estos común que los extranjeros o los impedidos de in-
reinos. gresar por otros motivos se enrolaran en la marine-
La Corona tuvo serios reparos en permitir el pa- ría, sobornaran a una autoridad, o compraran a al-
so de extranjeros al nuevo continente, aunque de- gún personaje el “permiso de séquito”, pasando a
bemos señalar que los criterios de nacionalidad América como sus sirvientes. Las mismas autorida-
eran bastante relativos en una época en la que el des flexibilizaron los permisos de inmigración de
imperio español integraba una serie de reinos como los españoles que en épocas de restricción no hu-
Sicilia, Milán, Alemania, Flandes, Portugal, o colo- bieran sido elegibles, sobre todo cuando se ponía en
nias de Grecia. Los portugueses y los italianos se marcha una nueva colonización o se necesitaba gen-
agenciaron sin mayor dificultad los permisos de in- te en algún punto específico de las colonias.
migración, pues se les consideraba más españoles Una gran preocupación de la Casa de Contrata-
que a los propios vascos o catalanes. Los portugue- ción fue la inmigración de las mujeres, casi total-
ses no sólo entraron como marineros a las socieda- mente ausentes en la primera época de la conquis-
des hispanoamericanas, sino principalmente como ta. La Corona bregó duramente para reunirlas con
comerciantes, e inclusive arribaron nobles y perso- sus maridos en Indias, o con potenciales esposos,
nas de alta dignidad provenientes de los mejores li- pero más tarde algunas audiencias como la de Lima
najes lusitanos. Fueron además el único grupo de pidieron a la Casa de Contratación una severidad
clérigos foráneos permitidos en los virreinatos ame- mayor por la gran cantidad de mujeres de “poca
ricanos. Luego de los portugueses, los italianos eran moral y vida licenciosa que se ven en esta plaza”.
los más numerosos, y los griegos eran vistos casi co- Las políticas de inmigración siguieron (como se po-
mo italianos, por los vínculos que las tierras heléni- drá ver más adelante) un curso bastante errático,
cas tenían con las ciudades comerciales del Adriáti- pero hacia finales del XVII se sentía temor en Espa-
co. En el siguiente lugar aparecían los flamencos y ña por la despoblación de algunas regiones metro-

448
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

politanas y se intentó frenar el viaje a las co- butos indígenas, según las tasas estableci-
lonias, aunque con pocos resultados. das, a cambio de velar por la protec-
Por mucho tiempo la inmigra- ción y bienestar espiritual de los
ción de los habitantes del norte naturales. En el Perú se esta-
de la Península fue escasa. Sin blecieron unas quinientas
embargo durante el siglo encomiendas, las cuales
XVIII, la figura cambió radi- eran muy grandes en
calmente, cuando aumentó comparación con las
el volumen de inmigrantes otorgadas en Panamá o
de los montes cantábricos y en Chile. Aunque pa-
de las zonas aledañas. La rezca contradictorio,
población de la Península cuanto mayor era el nú-
que pasó de 8 millones en el mero de indios y mayor
siglo XVII a 11 millones en el el grado de civilización
siglo XVIII se concentraba en manifestada, la enco-
el norte, mientras la población mienda podía ser más ex-
del sur se había estancado. La re- tensa.
gión cantábrica (país vasco, de un La encomienda o “reparti-
lado y montañas de Santander y miento de indios”, que tuvo
Asturias del otro) carecía de una una inicial aplicación en Cen-

VIRREINATO
red adecuada de ciudades que arti- troamérica, fue conferida por
culara el comercio y la economía, y primera vez en el Perú en 1532.
en cambio había muchos pueblos Antes de dirigirse a Cajamarca,
aislados dedicados a la agricultura Pizarro dejó convertidos en
y el pastoreo. Asimismo, la po- encomenderos a un grupo
blación de hidalgos era muy de cansados y enfermos
numerosa entre ellos y tenía hombres de la hueste.
el permiso para trabajar Como en el Consejo
manualmente sin perder Detalle de un mixturero colonial de la colección del Museo de Indias se seguía
tal condición social, pero Pedro de Osma. debatiendo la conve-
ante una amenazante pau- niencia de la implan-
perización muchos de ellos se vieron obligados a sa- tación de estos “repartos de indios”, que podían dar
lir en la búsqueda de nuevas posibilidades. Esta pie a sueños principescos como los de Cortés en
gente venida del norte actuaba con cierta superiori- México, el conquistador del Perú llamó “deposita-
dad frente a los sureños, tanto por la idea de sentir- rios” a los encomenderos, “depósitos” a las enco-
se directores de la reconquista, como por el criterio miendas y “depositados” a los indios. Tal artimaña
de la limpieza de su sangre, de origen visigótico e buscaba ganar tiempo y presionar al referido Conse-
incorrupta de cualquier contacto racial con moros y jo para que ratificara luego la existencia legal de es-
judíos. De este modo pasaron a América para dedi- ta merced, como efectivamente sucedió. Lamenta-
carse al comercio directo y muchos progresaron rá- blemente el temprano honor recibido en Piura por
pidamente por su gran empuje (Céspedes del Casti- los primeros encomenderos, que sólo lograron ma-
llo 1983:181-182; Konetzke 1971:51-62; Busto gras tierras, los privó luego de los privilegios y ri-
1973: 74 y ss.; Lockhart 1982:148-173). quezas que obtuvieron los autores de la victoria so-
bre el inca Atahuallpa. Cada uno de los 170 capto-
LOS ENCOMENDEROS res del monarca nativo tuvo derecho, además del
botín en metales preciosos, a erigirse en encomen-
La encomienda fue una real merced, otorgada a dero de indios en las zonas más ricas e importantes
los conquistadores como recompensa por los va- del antiguo Tahuantinsuyo. Muchos de ellos se vol-
lientes servicios prestados a la Corona en el descu- vieron grandes encomenderos de Lima y Cuzco,
brimiento y toma de posesión de las enormes exten- ocupando puestos en los cabildos, y llegaron a ob-
siones del Nuevo Mundo. Por tal motivo los enco- tener tanto prestigio que sólo les faltó ser nobles,
menderos estaban permitidos de disfrutar de los tri- aun cuando muchos provenían de las filas más ba-

449
Patrucco

paisanos de Trujillo de Extremadura, los cuales a


pesar de sufrir grandes represalias de parte de la Co-
rona, siguieron teniendo mucha importancia aun
después de 1560.
En tiempos posteriores a la insurrección de
Manco Inca (1536-1537), la encomienda sólo se
concedió a gente muy bien relacionada e importan-
te, especialmente a los nobles que empezaron a lle-
gar al Perú, a los grandes capitanes o a los miem-
bros de los séquitos de altos funcionarios como los
virreyes. Una forma de conseguir la asignación de
uno de estos repartimientos era promover revueltas.
Por ilógico que parezca, volver al bando de la Coro-
na después de una rebelión se premiaba muchas ve-
ces con una encomienda, y si ya se la poseía quizá
podía accederse a una más grande. Cuando el pri-
mer marqués de Cañete empezó a reservar las enco-
miendas únicamente para los nobles que llegaban al
país, el prestigio y esplendor de los encomenderos
llegó a su cumbre. Para poder detener los pedidos
VIRREINATO

de las siempre inalcanzables encomiendas, se contó


con algunas vacantes, cuya renta era repartida entre
dos o tres conquistadores, logrando de esta forma
entretenerlos momentáneamente.
La preeminencia social en el Perú de mediados
del siglo dieciséis se basaba en la combinación de
varios factores: la antigüedad en el territorio, la
Lorenzo Fernández de Heredia, encomendero de los indios
buena cuna y la educación, aunado todo ello a la
quillacas, uros y acanaques. Ilustración basada en un conducta seguida en las guerras civiles y las relacio-
retrato de 1587. nes con los virreyes. Pero la antigüedad nunca dejó
de ser la principal de todas estas consideraciones.
jas de la sociedad hispánica. Los que estuvieron pre- Los miembros de la administración colonial y sus
sentes en la fundación española del Cuzco también descendientes o parientes cercanos estuvieron en
accedieron a semejante privilegio, oportunidad que principio impedidos de tener indios encomenda-
por cierto no se volvería a presentar nunca más, dos, pero existen evidencias de numerosas excep-
pues a partir de este momento los repartimientos de ciones a la norma, las que a veces fueron patrocina-
indios serían cada vez más escasos y ambicionados. das por la misma Corona. Es el caso de algunos vi-
Algunos participantes de estos momentos iniciales rreyes y muchos oidores.
desecharon la oportunidad de transformarse en en- La encomienda obligaba a su poseedor a satisfa-
comenderos y sintiéndose ricos con lo que ya po- cer una serie de exigencias de la Corona. Era preci-
seían y cansados de tantas aventuras, decidieron re- so mantener gente en casa para defender el territo-
gresar a España a comprar una buena casa y cargo rio, así como tener armas y caballos para servir a los
en el cabildo y llevar una opulenta vejez. Otros, co- mismos fines. El encomendero debía asimismo resi-
mo los comerciantes, no las pidieron porque veían dir en la ciudad más cercana a la localidad de los in-
en la encomienda un obstáculo para sus empresas. dios asignados. La encomienda solventaba no sólo
Los conquistadores de las tempranas horas lleva- las necesidades y dispendios de su titular, sino tam-
ron sobre sí el orgullo y el beneficio de la “antigüe- bién los de un nutrido grupo de allegados, parien-
dad”, criterio de precedencia que llegó a ser tan va- tes, amigos y paisanos, huéspedes, dependientes y
lioso que inclusive ocultaba las jerarquías sociales servidores, que vivían literalmente a expensas del
de la Península. Entre los primeros encomenderos repartimiento. Por lo tanto resultaba de vital impor-
se armaron “banderías” o grupos regionales, como tancia asegurar el mantenimiento de esa encomien-
el conformado por Pizarro entre sus familiares y da en manos del mismo grupo. Privar a un conquis-

450
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

tador de su repartimiento significaba dejar sin sus- sía y la sodomía, es decir pecados contra el rey,
tento a todos sus relacionados, así como cambiar el contra Dios o la naturaleza. Para poderla trasmitir
equilibrio de fuerzas entre los distintos grupos de a los herederos se necesitaba de hijos legítimos y
conquistadores. Toda esta multitud de subalternos, puros, pero no fueron pocos los mestizos que la al-
mayormente gente desplazada que encontraba el canzaron. Si la heredera era la esposa, debía casarse
apoyo y la generosidad del encomendero, se aloja- pronto y los allegados del desaparecido esposo in-
ba en la mansión de su protector. La “casa poblada” tentaban unirla con alguien del mismo grupo para
constituía así un elemento capital en el prestigio del no perder la encomienda. Algunas viudas lograron
encomendero, que de este modo intentaba emular a lo largo de cuatro matrimonios validar su calidad
el boato y tren de vida de los grandes nobles espa- de dueñas de la encomienda, de los negocios y de
ñoles. Acompañándose de un gran séquito, donde los bienes del primer esposo, situación favorecida
destacaba un gran número de sirvientes indígenas y por el alto riesgo de muerte que corría la población
esclavos negros, consumaban el sueño de una vida masculina y la relativa tranquilidad de la que goza-
cortesana, con refinamientos como ropa lujosa y ban las mujeres.
muebles finos, inmuebles de alquiler, campos de Generalmente una encomienda con una renta
cultivo y grandes rebaños. El nuevo estatus los lle- menor de mil pesos anuales era considerada mala y
vaba a que se convirtieran en los principales clien- pobre. Cuando aportaba entre 3 mil y 5 mil podía
tes de los comerciantes, y a que se hicieran de car- ser catalogada como medianamente buena. Por en-
gos en los cabildos. Los artesanos y comerciantes cima de los 5 mil pesos se estaba ante una preciada
consideraron durante el siglo XVI que la vida hubie- prebenda. Encomiendas excepcionales eran por

VIRREINATO
se sido prácticamente imposible sin el nivel de con- ejemplo las del Alto Perú, de las que se podía obte-
sumo de estos opulentos señores, para los cuales ner entre 15 mil y 50 mil pesos al año y por ello los
importaban productos, fabricaban armas, cons- conquistadores eran capaces de iniciar las aventuras
truían casas y ejecutaban labores que a la larga di- más delirantes y atrevidas a fin de hacerlas suyas.
namizaban la economía de las ciudades. Los allega- Pero más allá de los ingresos legítimos que las enco-
dos actuaban como mayordomos, administradores, miendas proveían, era común medrar del tributo in-
empleados y en una serie de otras posiciones que dígena que le correspondía a la Corona, y en deter-
estipulaban la jerarquía social y el buen manejo de minados casos una tercera o cuarta parte del monto
todas sus empresas. obtenido por los encomenderos procedía del mal
El principal asistente del encomendero era el uso de la cantidad aportada por los naturales.
mayordomo, quien debía vivir entre los indios, re- Además, estos enriquecidos señores tenían la
caudar los tributos y supervisar muchas de las acti- posibilidad de dedicarse a otras actividades econó-
vidades que una mano de obra casi gratuita propor- micas denominadas granjerías, como cultivar en las
cionaba. Estos administradores estaban muy bien inmediaciones de sus encomiendas, o dentro de sus
remunerados, aunque su trabajo les impedía acce- linderos, productos muy rentables como la coca y la
der a cargos de más prestigio o a la ansiada enco- caña de azúcar, trabajadas claro está con la mano de
mienda propia. Por debajo de este personaje esta- obra de los indios. También eran comunes como ne-
ban los estancieros, quienes por sueldos muy mo- gocios adicionales la crianza del ganado, la minería,
destos conducían pequeñas chacras entre los indios, la compra de bienes raíces y los préstamos con inte-
pero la rusticidad de su oficio les ganaba el despre- rés, la inversión comercial y artesanal, los obrajes, la
cio de los demás españoles. Sin embargo cuando se construcción de molinos, trapiches e ingenios, el
dedicaban al cultivo de la coca podían comercializar arrieraje, actividades que fueron muy dinámicas po-
su producción, y acumular cierto dinero para luego co antes del seiscientos peruano. El monopolio de
independizarse. la fuerza de trabajo indígena hacía casi imposible
La encomienda tenía pautas muy rígidas para que alguien diferente del encomendero del lugar –o
pasar de mano en mano y trasmitirse de generación sin su consentimiento– pudiera emprender cual-
en generación. En algunos casos fue vendida a altí- quiera de estas tareas. Cuando a fines del siglo XVI
simos precios por gente deseosa de volver a Espa- el corregidor empezó a desplazar al mayordomo
ña, bajo la apariencia de una cesión gratuita ante la tanto en el cobro de los tributos del titular de la en-
prohibición de enajenarla a título oneroso. Sólo se comienda, como en el manejo directo de los indios,
perdía la encomienda por muerte o por graves fal- los encomenderos perdieron mucha de su fuerza y
tas como pueden haber sido la alevosía, la aposta- vieron esfumarse rápidamente su poder.

451
Patrucco

El decaimiento económico de las encomiendas


sería cada vez más evidente debido al colapso de-
mográfico de la población andina. Grandes dificul-
tades se abatieron sobre sus poseedores y fue difícil
mantener una forma de vida que ellos mismos se
habían autoimpuesto. A partir de ese momento los
encomenderos se dividirían en dos sectores clara-
mente definidos: los que supieron amoldarse a los
nuevos tiempos y buscaron nuevas formas de éxi-
to económico, y aquellos que imposibilitados de
cambiar no tomaron las previsiones necesarias y si-
guieron su curso inexorable hacia la debacle econó-
mica y la oscuridad social. Más temprano que tarde
la ilusión de la perpetuidad de la encomienda se ale-
jó del horizonte cuando la Corona decretó que no
se podría conservar más de dos generaciones o dos
vidas en concesión. Los detractores de la legislación
real se vieron imposibilitados de seguir con la cam-
paña por falta de recursos, circunstancia que se
agudizaba con la muerte repentina de los beneficia-
VIRREINATO

rios, cuyos deudos quedaban en la inopia. Para evi-


tar tan lastimosa imagen, las autoridades dieron una
serie de normas que impedían el encarcelamiento
de los beneméritos por deudas, hecho que denota la
magnitud de estas situaciones de pobreza extrema,
que ponían en entredicho la propia percepción de
los encomenderos como grupo aristocrático.
Los encomenderos progresivamente vieron erosionado su Pero no todos ellos tuvieron un final tan desas-
poder por la aparición de nuevas y rentables actividades troso. De hecho, muchos utilizaron la encomienda
económicas y por las políticas del Estado español. como un medio para poder acceder a una serie de
otras actividades empresariales en la agricultura, la
Los reclamos del obispo de Chiapas, Bartolomé minería y el comercio, y teniendo muy clara con-
de las Casas, sensibilizaron a los encomenderos, ciencia de ello continuaron realizando alianzas y
quienes en algunos casos durante el período llama- concertando intereses con otros sectores privilegia-
do de la “Restitución”, testaron en favor de conven- dos a través de uniones matrimoniales, solicitando
tos o de comunidades de indios, tratando de repa- mercedes a la Corona y prórrogas en el disfrute de
rar de esta manera los abusos que habían cometido, sus repartimientos de indios. Porque aun cuando
en la esperanza de recibir el perdón para sus almas. una encomienda podía dar una renta muy pequeña,
Testaba así un encomendero: Yo les tengo (a los in- otorgaba prestigio y alcurnia que muchos supieron
dios de su repartimiento) “como si fuesen mis hijos, capitalizar adecuadamente, incrementando sus in-
que me han ayudado a tener que comer, y como di- gresos y vinculándose por distintos medios con gru-
go, yo los relevo de tributos y de todo lo demás que pos de menor linaje y antigüedad en el país, pero
puedo y si Dios me da vida, les tengo que dejar li- con mejor posición económica o influencia en el
bres de tributo cuando yo muera, que el que los lle- gobierno. Pero indudablemente aquellos que pudie-
vare no los maltrate por los tributos. Paréceme que ron darse cuanta de esta realidad en la que estaban
dirán allá que eso que doy a los indios que fuera inmersos fueron pocos, y muchos otros siguieron
mejor darlo a mis parientes. A estos hijos debo que envanecidos en su papel de beneméritos hasta que
me han servido treinta y tantos años, y es deudora la bancarrota final los hizo desaparecer socialmente.
de vida y si no la diese irme es al infierno. Y a mis Esta situación se haría sentir en los cabildos, que
parientes estoy obligado a hacer lo que pudiese por muchas veces obligaron a los encomenderos a dejar
ellos, pero si no lo hiciese no me iría al infierno por algunos cargos en favor de los demás pobladores de
ello”. las ciudades. No es casual que en 1650, cuando un

452
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

gran terremoto destruyó el Cuzco, la política re- lo que muchas veces estas grandes riquezas sólo sir-
constructiva propiciada por la Corona no hiciera vieron para regresar a la sociedad española, donde
ningún distingo entre los encomenderos y el resto oficiaban de cabeza del cuerpo social. Lockhart con-
de la población (Puente Brunke 1992: 243-300; sidera que la conciencia de preeminencia de este
Lockhart 1982: 40-47). grupo era tan fuerte que estos personajes carentes
de encomienda eran vistos como sujetos altamente
LOS NOBLES peligrosos por los desmanes y revueltas que podían
organizar para obtenerla, debido al prestigio del que
Los miembros del grupo conquistador que parti- gozaban entre grandes grupos de españoles. Un ca-
cipó en los sucesos de Cajamarca y Cuzco pertene- mino más pacífico para obtener el ansiado reparti-
cían principalmente al sector de villanos e hidalgos, miento de indios era el del matrimonio con la hija
es decir a los grupos bajo y medio de la sociedad es- de algún encomendero, quien deseoso de relacionar
pañola. Recordemos que los hidalgos eran nume- su familia con un vástago de noble familia peninsu-
rosísimos y conformaban una tercera parte de los lar no vacilaba en dotar a su hija espléndidamente.
habitantes de la España del renacimiento. Pero la nobleza no se detenía bruscamente en
Los nobles, contrariamente a lo que se piensa, aquellos que detentaban el título de “don”, pues
llegaron relativamente rápido al territorio que se es- también había parientes y allegados que intentaban
taba conquistando. Si bien no estuvieron presentes hacerse acreedores de semejantes derechos. Duran-
los grandes duques y condes de la alta nobleza, hu- te el virreinato una serie de personas pertenecientes
bo una buena cantidad de gente que tenía derecho al entorno de la nobleza carecía de títulos pero

VIRREINATO
al uso del tratamiento de “don”. Estar en la posibi- contaba con mucho poder. Los familiares de los al-
lidad de anteponer la palabra “don” al nombre, sig- tos funcionarios de la administración central, y es-
nificaba en aquellos años pertenecer indudablemen- pecialmente del Consejo de Indias, estaban cerca-
te a estas casas nobles y prácticamente todos los que namente entrelazados con la nobleza, llegando en
utilizaron tal nominativo eran hijos, nietos o sobri- muchos casos a constituir casi un mismo estamento
nos de algún señor feudal. Debemos añadir que los a través de las políticas matrimoniales. Las relacio-
conquistadores exitosos fueron muy reticentes a nes con este grupo constituían también una ventaja
apropiarse de títulos de manera indebida, aunque muy importante para la obtención de altos cargos y
sus descendientes perdieron muchos de estos escrú- mercedes en la colonia. Un nivel menor de nobleza
pulos y originaron hacia fines del siglo XVI un con- era la pertenencia a las diversas órdenes de caballe-
tinuo deterioro de tales símbolos de prestigio. ría como las de Alcántara, Calatrava, Montesa, y es-
Los primeros nobles vinieron acompañando a la pecialmente la más reconocida y prestigiosa de San-
expedición de Alvarado, siendo en muchos casos tiago. Todo este grupo en continuo crecimiento al-
prestigiosos personajes salidos de las cortes del du- canzaría un medio adecuado de desenvolvimiento
que de Medina-Sidonia o del conde de Feria, y fue- al crearse una verdadera corte virreinal en el Perú
ron desplazando a los demás conquistadores en la (Lockhart 1982: 48-66).
obtención de encomiendas y altos cargos, ejercien-
do capitanías o la representación del gobernador y LA BUROCRACIA
la corte real. La nobleza obraría como criterio cen-
tral de estratificación social, aunque la antigüedad A partir de las Leyes Nuevas promulgadas en
en la posesión de la tierra aportaba algunas ventajas. 1542, la burocracia conformó un grupo creciente,
Hacia 1550 las figuras más prestigiadas del Nuevo cada vez con más prestancia y poder. Para los secto-
Mundo combinaban la antigüedad con la buena cu- res medios urbanos, el funcionariado colonial ofi-
na y educación. ciaba de meta de ascenso social, especialmente en la
Los nobles buscaban como los demás hombres capital y en las ciudades más importantes, donde se
que habitaban el Perú de esa época, encarnar el empezó a reclutar, con el fin de ocupar puestos, a
ideal señorial, es decir poseer “casa poblada”, gana- los inmigrados de Europa e inicialmente a un grupo
dos y tierras, sirvientes esclavos y dependientes, bastante pequeño de titulados en las flamantes uni-
formar parte del cabildo y vestir ropa fina. Pero a di- versidades de las Indias. Conforme decaía el poder
ferencia de los demás niveles de la sociedad, prefe- de los encomenderos y la Corona triunfaba en su in-
rían conseguir estas preeminencias en la propia Pe- tento de evitar el fortalecimiento de los grupos au-
nínsula, cerca de la corte en Valladolid o Sevilla, por tónomos en Indias, la administración iba adquirien-

453
Patrucco
VIRREINATO

Interior de la casa limeña de Jerónimo de Aliaga, principal escribano durante la expedición pizarrista, quien estuviera en
Cajamarca durante la captura del inca Atahualpa.

do una influencia social cada vez más fuerte. La Co- de mercedes y privilegios. El resultado de esta polí-
rona, que pretendía controlar todos los aspectos de tica determinó que los sectores principales de la so-
la vida colonial, iba creando más y más cargos ocu- ciedad dirigieran sus esfuerzos y esperanzas hacia la
pados por los paniaguados y validos de los virreyes. captura de posiciones resaltantes en la administra-
Éstos distribuían muchos de esos puestos como ción. Esta burocracia distribuía a su vez cargos me-
prebendas, logrando el objetivo de establecer a los nores y otorgaba recompensas, premios y castigos,
advenedizos en los nuevos territorios. según fuera el caso. La reglamentación fue especial-
A finales del siglo XVI disminuyó notablemente mente estricta y las normas que debían seguir estos
el número de los recursos presentados por los par- funcionarios bastante extensa. Sin embargo las pe-
ticulares pidiendo que se les asignara encomiendas nas eran tan severas que, de cumplirse, los virreyes
o cargos como “Gentiles Hombres de Lanzas y Ar- y oidores hubieran sido vistos como sujetos absolu-
cabuces”. En cambio se pide cada vez con mayor tamente asociales y desligados del mundo que de-
frecuencia el otorgamiento de funciones públicas, bían gobernar.
que no sólo abarcaban la administración del Estado Limitaciones a los matrimonios entre los miem-
sino también la dirección de ciertas actividades ex- bros de la burocracia (o sus hijos y parientes) con la
tractivas como la minería, “expropiada” en favor de gente de la región, prohibiciones de alternar y esta-
la Corona. La monarquía había triunfado en su co- blecer alianzas y empresas con sus vecinos y gober-
metido de convertirse en la única fuerza otorgadora nados fueron habitualmente desatendidas y aun ex-

454
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

presamente contraria- día mantener atendi-


das por estos funcio- dos los diversos inte-
narios, cuyas actitu- reses en pugna. En-
des –en más de un ca- tonces actuará como
so– rayaron en la ve- intermediario –y sabrá
nalidad y la corrupte- sacar partido de ello–
la, en el nepotismo y en los conflictos de es-
en el tráfico de in- tas diversas comuni-
fluencias. Su acerca- dades, en alianzas y
miento a los grupos oposiciones siempre
de poder criollos, sus cambiantes. Este juego
negocios e inclusive sutil de influencias e
la inversión en tran- intereses restó lógica-
sacciones indebidas mente eficiencia a la
de fondos reales que burocracia real, ya
Calesa de un oidor de la Real Audiencia de Lima.
debían mantenerse in- que el mismo fenóme-
tocados, incrementa- no se repetía de mane-
ron las arcas personales de estos funcionarios, ago- ra bastante similar en los cargos inferiores (Pease
biadas por el retraso y la depreciación de los suel- 1992a: 270-271; Céspedes del Castillo 1983: 108,
dos oficiales. Esta práctica –que se vio acompañada 211, 250-252).

VIRREINATO
por la venta de cargos– hizo pensar a la gente que
los puestos públicos, lejos de ser un servicio a la LOS PROFESIONALES
Corona y al Estado, eran un botín o una cantera ina-
gotable de recursos. Después de comprar el cargo se Los profesionales se dividían en tres grupos cla-
podía recobrar lo invertido, vendiendo a su vez nue- ramente diferenciados: los hombres de Iglesia, los
vas posiciones en la escalera burocrática, con gran graduados en Leyes y Medicina y los escribanos y
utilidad y ganancia. Los antiguos y probos funcio- secretarios. El clero tanto regular como secular y los
narios de carrera empezaron así a perder sus idea- “letrados” o abogados y los “físicos” o médicos, ade-
les al ver que un buen grupo de los administradores más de pasar fácilmente de una profesión a otra, se
recién llegados terminaban boyantes su período de diferenciaban de escribanos y secretarios por sus es-
tres o cinco años en el servicio estatal. tudios universitarios, ya que éstos habían aprendi-
Entre 1620 y 1750 no hubo cambios de relieve do su profesión en medio del trabajo cotidiano. Sin
en el sistema administrativo indiano, salvo el au- embargo los curas, letrados y escribanos que eran
mento constante del número de funcionarios. Pero mayoritariamente andaluces o extremeños, se en-
en la medida en que el poder criollo se fue afianzan- contraban profundamente unidos por su formulis-
do, las altas autoridades empezaron a percibir que mo y legalismo.
sus decisiones gubernativas se iban convirtiendo en Los eclesiásticos seculares y los frailes o regula-
meras funciones de intermediación. Si en el siglo res participaron en la conquista desde los primeros
XVI el virrey hacía cumplir las órdenes del rey, sal- momentos y fueron contratados por los encomen-
vo que considerara imprudente su aplicación, en la deros para adoctrinar a los indios, incorporándolos
siguiente centuria frecuentemente encontró inapli- a su séquito y otorgándoles inclusive una parte del
cables las leyes, porque la Metrópoli no entendía tributo de la encomienda. Sin embargo esta gente
adecuadamente la situación colonial. El virrey era tan bien preparada difícilmente se acostumbraba a
cada vez menos obedecido y los cientos de funcio- una tarea tan laboriosa y sacrificada, sabiendo que
narios que habían adquirido los oficios vendidos, habían realizado estudios superiores que les permi-
retardaban, adecuaban, desoían, malinterpretaban e tían ocupar cargos más importantes en las sociedad.
incumplían sus decretos de acuerdo a la convenien- Las tareas evangelizadoras se consideraron habi-
cia de los grupos de interés, por lo cual el represen- tualmente como un momento transitorio en la vida
tante del rey se veía en la necesidad de adecuar las de los religiosos. Los sacerdotes seculares o “abates”
leyes no sólo respondiendo a la conveniencia de la tenían mucho mayor libertad y podían ocuparse de
Corona, sino a los designios y presiones del poder diversos asuntos e inclusive procurarse su sustento
local. Sólo con mucho esfuerzo un virrey sagaz po- diario. Se sabe que muchos se dedicaron a variados

455
Patrucco

negocios e hicieron grandes fortunas ganando fama prohibiciones que buscaban evitar la proliferación
de mercachifles, pero debido al creciente despresti- de juicios. Sin embargo pudieron burlar estas dispo-
gio que esta actividad generaba aprendieron a ser siciones señalando que desempeñarían ocupaciones
más discretos. Al igual que los frailes, terminaron diferentes, por lo que pronto abundaron. Mientras
atendiendo su manutención gracias a posesiones que el trabajo litigante en los tribunales era propio
comunales de tierras, bienes raíces y encomiendas. de los abogados de menor jerarquía profesional y
También fue común que ubicaran a sus familias en social, los más poderosos alternaban con encomen-
sectores pudientes de la sociedad, trayendo herma- deros y otros prominentes personajes en los corre-
nas y otros parientes para casarlos con prominentes gimientos de españoles y tenían como meta alcan-
personajes locales o sus respectivos allegados. Ob- zar la dignidad de oidores.
tener un curato representaba para un eclesiástico al- La jerarquía social de los médicos era algo me-
go tan ansiado e inalcanzable como una encomien- nor, pero algunos llegaron a obtener muy altas po-
da para los laicos, por lo que tuvieron que confor- siciones. Sus posibilidades de trabajo se ampliaron
marse con parroquias o con canonjías, luego de de- notablemente con la fundación de numerosos hos-
sempeñarse como miembros del séquito de algún pitales a lo largo del país y la aureola de neutralidad
obispo. Los frailes estaban sujetos a un mayor con- que cultivaban, incluso durante las guerras civiles.
trol, aunque en algunas órdenes la disciplina, obe- Con el establecimiento de la universidad, estas ca-
diencia y austeridad se irían descomponiendo en los rreras adquirieron las características de un seguro
siglos siguientes, tras las pugnas conventuales entre de vida que los padres les legaban a los hijos segun-
criollos y peninsulares. La falta de verdadera voca- dones y era considerado como un privilegio seme-
VIRREINATO

ción en algunos y la relajación moral de la que die- jante a ingresar a un convento. La universidad y sus
ron testimonio viajeros como Antonio de Ulloa y graduados se acriollaron rápidamente y de sus can-
Jorge Juan –en sus Noticias secretas de América en el teras salieron los más conspicuos miembros del
siglo XVIII–, son prueba elocuente de ello. Al bando de los españoles americanos.
interior de los conventos los hermanos Los escribanos tenían una posición
legos realizaban las tareas más senci- subordinada, aunque ganaron mucho
llas y humildes, mientras los frailes prestigio, respeto y honorabilidad
ordenados cumplían con las di- por el dominio de la lengua escrita,
versas misiones asignadas por en un mundo donde ésta tenía
sus superiores y eran frecuen- mucha importancia y no mu-
temente trasladados según la chos la dominaban. En conse-
necesidad de la orden. Algu- cuencia, sus funciones eran
nos llegarían a ocupar los vitales para el legalista y bu-
altos cargos directivos del rocrático mundo español.
clero secular en las dióce- Surgidos de grupos bastante
sis y arzobispados. bajos y educados mediante
Tanto la carrera legal el sistema de aprendices, era
dividida en derecho civil y profesión muchas veces he-
canónico, como la médica, reditaria. Lograban con el
obligaban a los estudiantes tiempo asumir labores de go-
a pasar por varios grados y bierno, como secretarios de
títulos como el bachillerato, las máximas autoridades y ofi-
la licenciatura y el doctorado, ciales de cargos intermedios.
que otorgaban un gran presti- Así mismo representaban a cier-
gio y formaban parte integrante tos grupos específicos y hasta los
e inamovible del nombre de las cabildos los nombraron como sus
personas. Los abogados litigantes, procuradores ante las distintos nive-
algunos de los cuales ostenta- les administrativos, estable-
ban el ansiado doctorado en ciendo notarías que rendían
Tomás de Avendaño (1587-1674), profesor de
Utroque Jure o en ambos dere- Derecho en la Universidad de San Marcos de
importantes dividendos
chos, no podían pasar al Pe- Lima y abogado reconocido en la primera (Lockhart 1982: 66 y ss.; 84-
rú por una serie de tempranas mitad del siglo XVII. 100).

456
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

LOS HACENDADOS

Los hacendados tuvieron un origen


variado. Generalmente cuando se fun-
daba una ciudad, se repartían las tie-
rras aledañas para diferentes usos: las
áreas comunales servían de ejido y de-
hesa, los montes se utilizaban como
matadero, pastizales y lugar de acopio
de la leña, las tierras de indios –inicial-
mente respetadas– pasaban a las re-
ducciones y los baldíos, diferenciados
en peonías y caballerías, se asignaron
proporcionalmente entre los conquis-
Plano de la casa-hacienda de Piccho en el Cuzco, siglo XVIII.
tadores de infantería y el doble para
los de a caballo. Estas tierras surgidas
de los baldíos se convertirían con el correr de los del virreinato, que aspiraban a tener lo que ni ellos
años en chácaras y predios campestres sometidos a ni sus familias habían poseído en la Península, y a
un sistema de propiedad intermedia y trabajados la búsqueda de un ideal de vida rentista con ciertos
con el concurso de los indios de los repartimientos matices aristocráticos. Finalmente este grupo pudo

VIRREINATO
cercanos. afianzarse mediante el sistema de patronaje y clien-
Al agotarse las tierras perimetrales de las ciuda- tela, según el cual la bonanza o las carencias de las
des, los cabildos pidieron una ampliación de su zo- haciendas afectaban los diversos niveles del cuerpo
na de influencia, pasando a ocupar tierras vacantes, social. La alta estimación social que terminó ro-
pertenecientes a la Corona y campos de los indios. deando a los hacendados supo ser capitalizada por
De este modo se asignaron muchas tierras a los nue- medio de dotes y alianzas matrimoniales con los
vos pobladores, especialmente si tenían vínculos cuantiosos capitales producidos por la minería y el
con las autoridades ediles o metropolitanas, y de comercio (Céspedes del Castillo 1983: 210).
hecho muchos allegados y miembros del séquito de
los altos funcionarios se apropiaron de grandes ex- LOS MERCADERES Y COMERCIANTES
tensiones, que les sirvieron como capital inicial pa-
ra realizar los matrimonios con miembros del grupo En los primeros años del asentamiento español
criollo más encumbrado, lo que los engarzaría en la en el Perú, prácticamente toda la población se dedi-
floreciente sociedad colonial. Otra vía para conse- caba a la venta de diversos bienes, los que reporta-
guir estas tierras fue el pago de su valor a la real ha- ban grandes utilidades. Sin embargo, había gente
cienda o la compra de la “licencia de composición” especializada y dedicada a tiempo completo a tal ac-
de las tierras injustamente expropiadas a los indios tividad y las oportunidades abiertas en los nuevos
por parte de mineros, mercaderes y encomenderos. territorios permitieron a los mercaderes llegar a for-
De esta manera muchas pequeñas y medianas mar sólidas fortunas. Pero el dinero no siempre les
propiedades empezaron a crecer y a transformarse brindaba el acceso a las altas esferas y a la catego-
en latifundios, y la no muy honorable ocupación de ría de encomenderos, y su profesión los situaba en-
hacendado comenzó a ganar un indudable estatus a tre los hidalgos y los artesanos. Pertenecientes gene-
pesar del bajo rendimiento de la propiedad agraria, ralmente a familias españolas de mercaderes, co-
cuya renta no sobrepasaba el 6% anual. El escaso merciaban con “telas”, como en aquellos tiempos se
número de antiguos encomenderos y beneméritos llamaba a sus embarques de vino, aceite, conservas,
en el grupo terrateniente y la gran cantidad de indi- naipes, libros, hierro, herraduras, herramientas, al-
viduos pertenecientes a grupos “nuevos y advenedi- fombras, arcones, esclavos y ganado. Estos hijos de
zos” restaron prestigio en los primeros momentos Mercurio extrajeron mucho oro del Perú, llegando a
al grupo de los hacendados. Pero posteriormente desdeñar encomiendas en las épocas de los episo-
hubo un cambio de percepción, debido a profundos dios heroicos de Cajamarca y el Cuzco, porque
motivos psicológicos, derivados de la antigua ex- ello les hubiera impedido continuar con sus lu-
tracción campesina de muchos de los pobladores crativas actividades.

457
Patrucco

Los mercaderes de mediados del siglo XVI co- los “tratantes” o comerciantes que compraban en la
menzaron a ser más formales y especializados que capital y vendían en el interior del territorio merca-
los de momentos iniciales de la conquista y funda- derías denominadas “misceláneas” y “bagatelas”.
ron compañías o asociaciones, tal como se venía ha- Todos ellos pululaban en el amplio espacio mercan-
ciendo en la Península desde las épocas medievales. til peruano, espacio tan amplio que no pudo ser
Las más grandes de estas empresas tenían un socio monopolizado por ninguno de los grandes empresa-
principal e inversionista avecindado en Sevilla, rios, ni siquiera inicialmente por los poderosísimos
mientras que los secundarios hacían de agentes en Pizarro. Aun cuando eran migrantes, muchos echa-
Panamá y Lima, y les vendían a otros que compra- ron raíces en el Perú, y cuando las circunstancias
ban en Panamá para mercadear en Lima o en Lima los forzaban a dejar el país se mantenían fuertemen-
para comerciar en las zonas interiores del territorio. te unidos con los parientes cercanos, a los que en-
Para extender y afirmar el negocio, las compañías comendaban el mantenimiento de sus intereses co-
más importantes adquirieron los medios de trans- merciales en el país.
porte necesarios, es decir las naves y las recuas de En el mundo comercial de la época, Sevilla no
mulas con las cuales trasladaban la mercadería. Co- podía desligarse de Lima, y las generaciones sucesi-
mo consecuencia de la inseguridad reinante, guar- vas de un mismo grupo comercial mantuvieron
daban ellos mismos sus caudales, actuando indirec- contactos con el país durante muchos años. En el
tamente como bancos. Evitaban trasladar efectivo, siglo XVI el mecanismo normal de relación comer-
prefiriendo endosar obligaciones a otros mercade- cial entre ambas ciudades funcionaba en base al hi-
res, repitiéndose varias veces este proceso sobre una jo joven de un mercader sevillano, que pasaba al Pe-
VIRREINATO

misma deuda. Tampoco les interesaba congelar los rú a ayudar a un tío mercader. Luego, al morir el pa-
capitales en bienes raíces, a no ser que fuera indis- dre, el tío lo reemplazaba en Sevilla y el sobrino to-
pensable para mayores créditos. Menos aún vincu- maba el cargo del tío en Lima, al tiempo que llama-
laban sus bienes con mayorazgos, prefiriendo hacer ba a otro sobrino o pariente joven a trabajar con él.
circular los capitales con la mayor fluidez posible. El comerciante afincado en Los Reyes sabía que de-
Para aumentar la confiabilidad de los socios meno- bía preparar al sobrino para que al morir el tío radi-
res y agentes gustaban de casarlos con sus hijas cado en Sevilla, pudiera hacerse cargo de la plaza li-
creando mayores vínculos y guardando la dote a meña dejando a buen recaudo sus intereses. Y así el
manera de garantía. La imagen social de los merca- proceso se repetía una y otra vez. Pero en el siglo
deres empezó siendo mala, por los prejuicios me- XVII, debido al estancamiento peninsular y a las
dievales en contra del comercio, el préstamo con in- grandes posibilidades que brindaba América, todos
terés y la usura, los judíos y el contacto con el “vil prefirieron quedarse en Lima, iniciando el proceso
metal”. Pero al pasar el tiempo, el lujo y el poder de de acriollamiento. Estos comerciantes utilizaban el
los grandes comerciantes incidieron en un cambio matrimonio como un medio para el ascenso social,
de apreciación. En 1613 se fundó el Tribunal del casando a sus hijas con gobernantes o nuevos espa-
Consulado, lo que les ayudó a ganar definitivamen- ñoles. En otros casos entroncaban con alguna anti-
te el respeto social, convirtiéndose esta institución gua familia criolla de abolengo, lo que les abría una
en un útil instrumento de presión económica. serie de relaciones en el ámbito colonial.
Los mercaderes En el siglo XVIII la
seiscientistas podían categoría de comer-
ser profesionales con ciante sólo definía a
grandes vinculaciones aquel que vendía la
con las casas de Sevi- mercadería sin añadir-
lla. Luego se ubicaban le valor alguno. Dichos
los empresarios que no comerciantes podían
eran propiamente mer- ser de diversas clases:
caderes sino goberna- cajoneros, tenderos,
dores y legistas, y al fi- buhoneros (minoris-
nal de la escala del co- tas), e importadores en
mercio estaban los gran escala. Eran con-
mercaderes desvincu- siderados como verda-
lados y de poca monta, Un grabado del siglo XVII que muestra a la ciudad de Sevilla. deros mercaderes

458
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

aquellos que se arriesgaban a la navegación y po- local, al minero y al hacendado. El corregidor tam-
seían tienda. En la misma centuria conformaron un bién entraba en el juego comercial, vendiendo com-
patriciado, que antes de oponerse a la nobleza ter- pulsivamente bagatelas a los indios mediante el “re-
minó interrelacionándose con ella. En el mundo parto mercantil”, en contraprestación por los adeu-
hispanoperuano tardío se podría dividir su activi- dos contraídos y las ayudas recibidas para obtener
dad en tres rubros: los almaceneros –aquellos que el cargo. Por otro lado los comerciantes afincados
compraban las mercaderías a las flotas de ultra- en Lima desarticularon lentamente el monopolio de
mar–, los comerciantes capitalinos con tiendas y los las grandes casas mercantiles de la Península, al in-
que vendían la mercadería en las provincias. vertir en España y entrar en contacto directo con los
En Lima, la gran mayoría de los comerciantes comerciantes extranjeros, evitando la intervención
dieciochescos era de origen vasco o montañés, de los intermediarios de Sevilla (Mazzeo 1994: 66 y
mientras que sólo siete de los veintiocho cargos de ss.; Céspedes del Castillo 1983: 208 y ss.; Lockhart
priores y cónsules del Tribunal del Consulado eran 1982: 100-124).
ocupados por criollos. Generalmente se designaba a
uno de los miembros menores de la familia para LOS MINEROS
continuar el negocio mientras los demás hijos se
convertían en propietarios y rentistas o seguían una La minería estuvo inicialmente en manos de los
carrera profesional, eclesiástica o militar, tratando omnipresentes encomenderos, aun cuando éstos
de conseguir el ascenso y encumbramiento familiar. debieron recurrir a un grupo de ingeniosos perso-
Este proceso puede visualizarse luego de un recorri- najes más o menos tecnificados denominados “bus-

VIRREINATO
do que comenzaba con el abuelo vendiendo tras un cones” o “cateadores”, aficionados que tan pronto
mostrador y terminaba con un nieto con título de hacían de huaqueros como de exploradores de yaci-
nobleza comprado a la Corona, o al menos pertene- mientos mineros. Luego llegaron mineros más ins-
ciente a una orden militar. Desde épocas muy tem- truidos y preparados, expertos en fundición, ensayo
pranas se dedicaban a dar préstamos, guardar dine- y herrería, dedicados principalmente a dirigir la ex-
ro, actuar como mayordomos de cofradías, ofician- tracción, la construcción de los hornos de fundición
do como verdaderos bancos, lo que no los libró en y el “marcado” del metal. Dichos individuos eran
casos extremos de estrepitosas quiebras. Mediante casi siempre flamencos o griegos y no dejaron de
estos recursos controlaban a los comerciantes me- ser, mientras se mantuvieron en su profesión, per-
nores e inclusive a los artesanos que depen- sonajes oscuros dentro de la sociedad hispa-
dían enormemente de estas inyeccio- noperuana. Los buscones señalaban la
nes monetarias para ampliar sus presencia del filón y como recom-
negocios y realizar las compras pensa se les permitía quedarse
de mercaderías. con la veta principal. El cabil-
La red de vinculaciones do repartía el resto del yaci-
y la diversificación de ac- miento entre los encomen-
tividades era muy grande deros y los demás veci-
y sus relaciones podían nos, hasta donde alcan-
llegar a atravesar enor- zara. Los encomenderos
mes distancias, ramifi- ponían la mina en ma-
cándose tanto hacia los nos de sus parientes o
sectores más deprimi- allegados o contrataban
dos y explotados del un minero, considerán-
interior del ámbito an- dolo de manera seme-
dino, como hacia los jante a un mayordomo y
fluctuantes mercados aprovechaban los recur-
metropolitanos e interna-
cionales. Generalmente el
La plata fue profusamente
gran mercader vendía al co-
utilizada en el arte colonial tanto
merciante itinerante y corre- para usos religiosos como profanos; en
dor, quien transfería los produc- la imagen se aprecia una máscara hecha
tos al arriero y de allí al comerciante con este metal.

459
Patrucco

La villa de Huancavelica
en el siglo XIX; los
yacimientos mineros de
esta ciudad eran los
principales abastecedores
del mercurio (azogue)
utilizado en el Perú
colonial.

sos e indios de la encomienda para la extracción. sonreía a la empresa, el mercader podía crecer
VIRREINATO

Pero los altos costos y la necesidad de un mayor enormemente mientras que el minero intentaba
dominio técnico obligaban en muchas ocasiones a trasladarse a actividades más seguras, especialmen-
asociarse y formar compañías entre mineros (que te la agricultura o el comercio, sentándose la norma
ponían el trabajo y la experiencia), mercaderes (que de que el minero rico dejaba la actividad, menosca-
aportaban capitales y esclavos negros) y encomen- bando el prestigio de la profesión.
deros (que daban provisiones y mano de obra indí- El Estado incentivó la minería con leyes favora-
gena). A la larga el minero asumía la dirección de bles, con estancos de la sal y el azogue, estipulando
la compañía, pero distaba mucho de ser el principal muy bajos precios para la mano de obra, los produc-
beneficiado, lo que redundó en su baja estima- tos agroindustriales y controlando las tarifas. Pero
ción social. las medidas beneficiaban más a los mercaderes y so-
La actividad minera dependía de los grandes ca- cios capitalistas que a los mineros. Sin embargo hu-
pitales que generalmente sólo podían ser suminis- bo algunos ricos mineros que llegaron a ejercer un
trados por los mercaderes, quienes volvían a dispo- poder muy importante en todos los niveles de la so-
ner de toda su liquidez una vez concluidas las fe- ciedad, pudiendo inclusive entrar en componendas
rias comerciales, que se realizaban a la lle- con los miembros de la Audiencia, como
gada de los galeones. Los capitales que sucedió con los hermanos Salcedo, due-
quedaban inactivos hasta el siguien- ños de las muy ricas minas de Laica-
te año eran prestados a los mine- cota, de quienes se decía “que no ha-
ros en dinero y provisiones. Es- bía quien no les debiese favor algu-
tos últimos trabajaban las mi- no” (Lockhart 1982: 40 y ss.; Cés-
nas con este capital mercantil pedes del Castillo 1983: 207-208).
y extraían enormes cantida-
des de plata, devolviéndolo LOS ARTESANOS
luego con enormes ganancias
para la temporada de las ferias Si bien el comercio modeló mu-
comerciales. Los riesgos eran chos de los aspectos de la nueva for-
asumidos por el minero pues si ma de vida de la población peruana,
no producía lo previsto se arrui- otras muchas necesidades tuvieron
naba, mientras que para el merca- que ser satisfechas en el lugar. Una le-
der era sólo un mal año. Si el éxito gión de pequeños productores se esta-
bleció en los diversos puntos del territo-
Canastilla de plata, Ayacucho, siglo XVIII. rio, demandando materias primas que se

460
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

Puerta del tabernáculo con armazón de madera y cubierta en


plata, Cuzco, 1749. El gremio de los plateros en el Cuzco se
agrupaba bajo la advocación de San Blas.

pecialización existente en España. Muchos en estas


tierras ocupaban la categoría de maestros cuando
no hubieran pasado de aprendices en su tierra natal.
Los artesanos provenían de diversas zonas de Es-
paña, y el primer paso para establecerse en Lima o
en las demás ciudades del virreinato consistía en
entrar en un taller ya establecido como ayudante o
trabajar para un encomendero durante las primeras
décadas del establecimiento español, aunque más
tarde fuera común que se laborara para un minero o
un hacendado. Luego de hacer algunos ahorros el
artesano podía abrir su propia tienda-taller, agru-
pándose de acuerdo al oficio en las distintas zonas
de la ciudad, por lo que algunas calles tomaron el
nombre de los artesanos o los gremios que las ocu-
paban: espaderos, petateros, plumeros… Si el nego-
cio prosperaba se tenía la alternativa de comprar es-

VIRREINATO
clavos entrenados o por entrenar y obtener ganan-
cias adicionales vendiéndolos como fuerza de traba-
jo tecnificada. El sistema gremial de
ayudantes y aprendices también prospe-
ró en la colonia y pronto muchachos
criollos entraron a prepararse en las
ramas de mayores perspectivas co-
mo la platería, la cirugía y la farma-
traían de España y que sólo encontraban copea, mientras que mestizos e in-
su acabado final tras la intervención dígenas se ocuparon de otras me-
de los artesanos. Se considera nos valoradas.
que una cuarta parte de la po- También se establecie-
blación española se dedi- ron compañías y asocia-
caba al menos parcialmente a ciones para manejar
esta actividad durante el si- grandes empresas y ha-
glo XVI y una décima parte cer compras de insumos
lo hacía permanentemente. al por mayor. A los arte-
Rápidamente se desarrolló sanos sin éxito los ame-
una amplia gama de oficios nazaba una vida errante
comenzando por los nume- o el regreso a España.
rosos sastres, zapateros, No sucedió lo mismo
herreros, constructores, con los que conocieron
barberos, boticarios, la prosperidad, quienes
pasteleros, músicos, ar- compraron propieda-
tilleros, cereros y así des inmuebles para
hasta llegar a un solitario su uso y para alquiler
encuadernador. La gran y también tierras y es-
cantidad de trabajo y la
escasez de personas dies- Retablo de Jesús Nazareno
tras en el oficio, los lle- en la basílica de Nuestra
vó a perder la fuerte es- Señora de la Merced, Lima.

461
Patrucco

clavos, especulando paderos, escopeteros y


con diversos bienes, y herradores (quienes al
haciendo alarde de un mismo tiempo eran ve-
envidiable tren de vida, terinarios). Otra dedica-
con ropas lujosas y ca- ción muy numerosa era
sas llenas de aprendices la sastrería, arquetipo
y dependientes. Inten- de la artesanía, que se
taban imitar así el mo- subdividía a su vez en
delo de la época, el de sastres, calceteros y se-
los envidiados enco- deros. Los carpinteros
menderos. Aunque en constructores alcanza-
el Perú no pudieron al- ron gran refinamiento
canzar dignidades edi- levantando las espléndi-
les ni encomiendas das construcciones eri-
mientras se identifica- gidas por los encomen-
ran como artesanos y deros, y dieron a lo lar-
trabajadores manuales go del periodo virreinal
–tareas impropias de notables muestras de su
un hidalgo–, su nivel arte en altares, balcones
de vida contrastaba y portones. Sus herma-
VIRREINATO

enormemente con la nos de oficio, los car-


pobre existencia de pinteros de muebles,
aquellos de la misma Detalle del púlpito de la iglesia de San Blas, en el Cuzco.
inicialmente distaron
profesión en la Penín- mucho de la destreza de
sula, donde se veían enormemente constreñidos por los calificados ebanistas, pero luego la gran deman-
las normas sociales y prohibiciones que pesaban in- da de muebles originaría una escuela de refinados
cluso sobre la forma de vestir. artistas de la madera. Esta última era traída en bar-
Entre los oficios más prestigiosos ejercidos en co desde los bosques centroamericanos.
estos reinos destacaban los boticarios, que abrieron Oficios pobres eran los de panadero y molinero,
locales o “boticas” en cada ciudad y ganaron mucha siendo la industria del pan hereditaria y de pesada
clientela en los recién fundados hospitales, para los carga para los dedicados al oficio, quienes ante la
cuales importaron y fabricaron las más diversas y falta de operarios debieron recurrir a esclavos casti-
extrañas medicinas, algunas mediante las fórmulas gados, para que trabajaran encadenados a los hor-
clásicas siguiendo una observación cuidadosa de la nos. En la temprana colonia los transportistas dedi-
naturaleza y otras originadas por la simple super- cábanse sólo a la conducción de las recuas de mulas
chería. Igualmente los cirujanos eran bien conside- de los mercaderes, pero con el paso de los años se
rados y si no eran barberos podían alcanzar un convertiría en una floreciente actividad, no exenta
prestigio casi equiparable al de los médicos. Final- de grandes sacrificios y en la que el dueño debía in-
mente los plateros –que trabajaban también el oro– tervenir directamente si quería asegurar buenos re-
se subdividían en joyeros, ensayadores, fundidores, sultados. Las caravanas de mulas recorrieron con
daban fe de la pureza de los metales preciosos y mercadería y pasajeros los difíciles caminos que
eran muy buscados para trabajar en las minas. cruzaban de lado a lado el continente.
Luego venían los oficios menos dignos, que po- No faltaron músicos sacros y de cámara, quienes
dían brindar fortuna y bienestar antes que honora- aparte de educar en su arte a los indios compusie-
bilidad y prestigio social. Practicarlos equivalía a re- ron obras de estilo europeo, pero con interesantes
nunciar a la hidalguía y a algunos cargos honorífi- influencias nativas; ni tampoco fueron pocos los
cos, así como afirmar un origen humilde. Dentro de profesores de baile y los constructores de instru-
estos oficios se encontraban los herreros, oficio pro- mentos, a los que se debió la rápida expansión de la
tegido por las dos caras de Jano, pues se les reque- danza y los ritmos occidentales, incluso entre algu-
ría tanto para las distintas labores productivas en nos sectores de las poblaciones indígenas.
los tiempos de paz, como para los ajetreos de la gue- En el extremo más bajo del artesanado se situa-
rra. En este gremio se agrupaban los cerrajeros, es- ban las actividades relacionadas con la agricultura,

462
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

prácticas despreciadas por la mayoría de los españo- mentaba en épocas de escasez y carestía, llevando
les. Los únicos y escasos representantes del campe- una existencia que emulaba a los rinconetes y cor-
sinado peninsular en el Perú fueron los hortelanos, tadillos de la picaresca española, entre cárceles y
aunque esta ocupación generalmente era desempe- hambres, delitos y engaños, motines y peleas.
ñada por negros e indígenas. Los españoles que tra- El crecimiento de este grupo resultaba verdade-
bajaron en el campo lo hicieron más bien como su- ramente alarmante en ciertas épocas, como se pue-
pervisores y se hacían llamar labradores. Dentro de de deducir de las inexactas y prejuiciosas afirmacio-
este grupo los que mayores ganancias obtuvieron nes del virrey marqués de Cañete, quien antes de
fueron los dedicados al cultivo de la coca que alcan- llegar al país afirmaba que de 8 mil habitantes del
zaba un alto valor de reventa. La agricultura fue una Perú de 1555, 7 mil eran ociosos y vagabundos.
ocupación destinada a gente que estaba dispuesta a Lockhart reduce esta considerable cifra a una canti-
vivir de los recursos que la tierra proveía, sin dete- dad fluctuante entre los 2 mil y 4 mil vagabundos,
nerse en consideraciones como la valoración social que esporádicamente eran acogidos por los enco-
de su trabajo. No hay que olvidar que el campesino menderos, quienes podían reunir a 20 o 30 en sus
peninsular en el Perú era sinónimo de rústico y pa- casas y someterlos a una situación cercana a la de
lurdo, pero como el resto de los artesanos radicados los criados. Se supone que la mayoría de esta gente
en el territorio hispanoperuano, constituyó un sec- desplazada venía de Extremadura, y aunque no eran
tor que ayudó sobremanera a extender los usos oc- necesariamente burdos e ignorantes, la situación los
cidentales entre las poblaciones aborígenes y africa- obligaba a una existencia picaresca y desordenada.
nas, a las que educaron y adiestraron (Lockhart Los animaba la idea de permanecer en la colonia

VIRREINATO
1982: 35-47; 125 y ss.). hasta conseguir una encomienda aunque por la li-
mitación de éstas, rápidamente se desengañaron,
LOS NIVELES BAJOS Y LOS tratando en cambio de convencer al encomendero
DESARRAIGADOS hospitalario a levantarse en armas o causar un tu-
multo, con la esperanza de salir beneficiados del
No debemos considerar a todos los peninsulares caos y el desorden.
como pertenecientes a los altos grupos de la colo- Aficionados al juego de cartas y dados, la prosti-
nia. Una gran masa de españoles ocupaba los nive- tución y los timos, su presencia era temida por las
les más bajos de la sociedad, tales como los artesa- autoridades. Cuando huían de la justicia se refugia-
nos a sueldo que realizaban ocupaciones viles, los ban en los conventos o en las reducciones de indios.
burócratas de la más baja categoría como los porte- Vivir escondidos entre los aborígenes resultaba de-
ros, los comerciantes paupérrimos a quienes se de- sesperante para los españoles, y ante cualquier le-
nominaba buhoneros, los cocheros y los sirvientes vantamiento o desorden político reaparecían en el
de último nivel. Las poblaciones de este tipo dejan escenario urbano para tratar de capitalizar algún be-
para la historia poca documentación y precisar su neficio. Una de sus metas era Potosí por la atracción
número es generalmente tarea muy difícil. Aunque de las riquezas de esa región. Durante el siglo XVI,
vivían mejor que en la Península, por las mayores la región del Collao se volvió extremadamente peli-
oportunidades de trabajo y la gran circulación de grosa por la abundancia de estos sujetos, que a más
dinero, así como por la disminución de los prejui- de asolar los pueblos de indios, asaltaban las cara-
cios, ello no los exoneraba de muchos sacrificios y vanas de viajeros e interrumpían las comunicacio-
arduos esfuerzos para mantener a su familia y brin- nes. La respuesta a tan insoluble problema fue la in-
darles un mejor futuro a sus hijos. Estos desvelos vención de empresas descubridoras, denominadas
podían tener disímiles resultados, desde la pérdida entradas, que intentaban anexar nuevos territorios a
de los dineros, reservas y bienes por una mala cose- la colonia, pero que generalmente terminaban en
cha, hasta el casual éxito de algún miembro de la grandes desastres, pese a lo cual servían para dis-
familia, que los ayudaba a remontar un par de esca- traer y alejar a esta gente por un tiempo. Otra po-
lones en la más o menos rígida sociedad colonial. sibilidad era ayudarlos a que regresaran a España,
Sin embargo no eran ellos los últimos en la estruc- donde con una módica suma obtenida en el Perú
tura social, pues por debajo suyo deambulaban los donde la plata valía muy poco, podían pasar digna-
forasteros que se debatían en la miseria, gente sin mente en su patria los años de la vejez. Otros aven-
lugar, vagabundos que erraban solitariamente o en tureros más realistas olvidaron el sueño de la enco-
grupos por diversas regiones y cuyo número au- mienda y pidieron tierras al cabildo para convertir-

463
Patrucco

se en pequeños terratenientes, que usufructuando a y en 1540 ya se contabilizaban tres españolas por


veces indebidamente de la mano de obra indígena, cada diez varones. A esta cifra se sumarían las
pudieron hacerse de pequeñas fortunas en la tarea mestizas totalmente aculturadas que tuvieron la
de aprovisionar zonas como Potosí. Estos últimos suerte de poder casarse e integrarse al grupo penin-
se convertirían en notables hacendados durante el sular. En 1555 había aproximadamente mil muje-
siglo XVII (Céspedes del Castillo 1983: 192, 297; res españolas en el Perú. Hacia 1619 las mujeres
Lockhart 1982: 175 y ss.). españolas y mestizas estaban en relación de 4 a 6
con respecto a los hombres de procedencia hispáni-
LAS ESPAÑOLAS ca y para finales del siglo XVII, sin contar las que
vivían en beaterios o en conventos, las mujeres
Las mujeres españolas fueron pocas en los pri- blancas llegaban a 8 017, contra 7 031 varones del
meros momentos de la conquista. Se sabe que Jua- mismo estamento. Se presume que el 95% de las
na Hernández era reputada como la primera mujer mujeres de este grupo no conventual tenía el ma-
española en llegar al país y en efecto acompañó a trimonio como su mayor aspiración.
las huestes desde la isla de la Puná. Pero tampoco El interés de la Corona por alentar el matrimo-
fue la única, pues siguiendo a los conquistadores se nio era muy grande, puesto que religiosa y social-
encontraba un heterogéneo séquito de prostitutas, mente la familia constituía el núcleo de la vida es-
acompañantas y rabonas, compuesto por moriscas pañola. Por otro lado los clamores de los sacerdotes
y mulatas, libres o esclavas, que se hallaban total- frente al desorden y promiscuidad entre los coloni-
mente hispanizadas, y también indias centroameri- zadores no cesaban, puesto que antiguas formas es-
VIRREINATO

canas que cumplieron funciones bastante semejan- pañolas de relación como la barraganía y la poliga-
tes entre la ruda tropa. Si bien en los inicios la pro- mia mahometana habían conseguido un fuerte
porción entre los géneros era de diez hombres por arraigo entre los nuevos habitantes del Perú. Ade-
cada mujer, luego que los conquistadores trajeron más de empujar a las mujeres hacia estos nacientes
a sus esposas de la Península, por sugerencia de la reinos, los funcionarios españoles investigaban si
Corona, la relación comenzó a subir rápidamente, los inmigrantes eran casados, solteros o viudos, con
el interés de reunirlos con sus mujeres, casarlos, o
volverlos a casar y sobre todo eliminar la sospecha
de bigamia. La Corona amenazaría con deportar a
todos aquellos que no regularizaran su situación,
aunque una vez más el dinero de la “composición”
o el pago que todo lo solucionaba, podía también
ahorrar esta preocupación. También era posible
postergar el viaje para buscar a la ansiada esposa en
España, a cambio de presentar algunos fiadores.
Esta política se mantendría durante todo el vi-
rreinato, y sería frecuentemente incumplida. Pero
sin duda muchas mujeres pasaron al Perú, entre
otros motivos, por los grandes prospectos que se
presentaban y por la notable abundancia de muje-
res casaderas que se constataba en el sur de Espa-
ña, región en donde la escasez de esposos obligaba
a muchas solteras a realizar trabajos pesados, reser-
vados a los hombres en otras regiones. Sin embargo
la política de apoyo a la inmigración femenina em-
pezaría a cambiar en la época de Felipe II, debido a
la insistencia de las autoridades peruanas que aler-
taban sobre el alto número de mujeres de malas
profesiones que se agrupaban en ciudades como Li-
ma y Potosí.
Escena del siglo XVIII en la que se aprecia a damas Las troupés de mujeres inmigrantes tenían una
españolas en una calesa. composición desigual en muchos aspectos, pero re-

464
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

En los comienzos de la colonización española fue escasa la


presencia de mujeres europeas. Conforme se fue consolidando
la sociedad hispanoperuana, numerosas mujeres llegaron al
Perú, ya sea acompañando a sus maridos o para consumar
matrimonios concertados por sus parientes en la península.
En la vista, altar mayor de la catedral de Lima.

sumidamente se podría decir que las integraban


doncellas, jóvenes y solteras que guardaban el pre-
ciado don de la virginidad y buscaban un matrimo-
nio lo más conveniente posible; las dueñas o casa-
das, muchas de las cuales llegaron al Perú a reen-
contrarse con sus maridos o por arreglos previos a
formalizar un compromiso; las doloridas o viudas
que muchas veces buscaban salir de su honrosa pe-
ro triste condición encontrando otro marido; las
mancebas o amigas, concubinas con las que se rela-
cionaba un soldado en espera de mejores tiempos
para tomar esposa; y las busconas, rameras que bus-
caban hacer la América a su manera. Finalmente un

VIRREINATO
grupo diferente podían ser las esposas de Cristo,
monjas y beatas que dejaban el mundo y sus tenta-
ciones en busca de la paz espiritual.
La procedencia social de las recién llegadas era
muy diferente, pues se podía encontrar desde hijas
de nobles hasta hermanas de marineros, es decir fé- tuvieran derecho a usar ese título, y aquellos solte-
minas pertenecientes a todo el espectro de la socie- ros que por el temor de ser despojados de las enco-
dad peninsular, que incluía a algunas portuguesas, miendas habían tomado como esposa a una mujer
prácticamente las únicas mujeres extranjeras en el de baja condición, se quejaban amargamente de su
Perú. Igualmente disímil era su educación, ya que suerte. Aun cuando entre las mujeres las exigencias
era posible hallar desde analfabetas absolutas a mu- para aparentar una mejor estirpe radicaban princi-
jeres refinadas, que poseían el arte de la escritura, palmente en el vestir y las formas de hablar y tratar
gustaban de la lectura de los clásicos, y tocaban ins- en sociedad, el derecho al uso del título de “doña”
trumentos musicales de salón, aunque este refina- seguía pesando. Los encomenderos que no se casa-
miento no dejaba de ser escaso. ban estaban incapacitados de trasmitir su enco-
Según Lockhart, había una clara diferencia entre mienda y menos de formar el ansiado mayorazgo,
las que utilizaban el título de doña y las que no po- con el cual se trataba de proteger al linaje. Por eso
dían acceder a él. Como recordará el lector, dicha hacia 1563 sólo quedaban 32 encomenderos solte-
forma de tratamiento connotaba nobleza o al me- ros de casi medio millar, y según parece la importa-
nos hidalguía e inicialmente su uso era muy restrin- ción de jóvenes casaderas de buenas familias fue un
gido. Utilizado este apelativo desde los 20 años, era suculento negocio para algunas personas. Entre la
prácticamente inconcebible que lo usaran hijas de escasa correspondencia privada que ha llegado a
gente pobre, pero en el Perú no fue tan extraño que nuestros tiempos, figuran cartas de jóvenes esposas
lo adoptaran las hijas o nietas de los encomenderos de encomenderos que animan a sus amigas y rela-
y otros grupos ascendentes, siempre y cuando hu- cionadas en la Península, a tomar como esposo a
bieran nacido ya en el período de la prosperidad fa- uno de esos achacosos, cojos y tuertos soldados de
miliar. Las esposas de los primeros encomenderos la conquista, a cambio de una holgada situación
al casarse no fueron doñas, pero las parientas que económica. Garcilaso refiere cómo viendo las don-
trajeron a vivir a su casa en las épocas de opulen- cellas casaderas a los prospectos matrimoniales, ex-
cia, pudieron muchas veces usar el tratamiento. clamaron: “…¿con estos viejos podridos nos había-
A una década de la conquista, los encomenderos mos de casar? Cásese quien quisiere, que yo por
sólo deseaban casarse con mujeres principales que cierto, no pienso casar ninguno de ellos. Dolos al

465
Patrucco

Diablo; parece que escaparon del infierno, según es- rios lograron para sus parientas este tipo de matri-
tán estropeados: unos cojos y otros mancos, otros monios, y algunos “empresarios de la oportunidad”
sin orejas, otros con un ojo, otros con media cara, y –como ya se ha dicho– supieron establecer un flore-
el mejor librado la tiene cruzada una y dos veces…. ciente negocio importando encumbradas doncellas
Y luego otra contestó: No nos hemos de casar con casaderas.
ellos por su gentileza sino por heredar a los indios En realidad, los matrimonios eran alianzas estra-
que tienen, que según están viejos y cansados, se tégicas y no relaciones románticas, pues el fin bus-
han de morir presto, y entonces podemos escoger el cado era el establecimiento de un linaje y todas las
mozo que quisiéramos, en lugar del viejo, como acciones se tomaban en pro de ese objetivo. Los ma-
suele trocar una caldera vieja y rota por otra sana y trimonios iniciales se caracterizaban por reunir a un
nueva”. conquistador de bajo origen pero rápidamente enri-
La mujer en cualquiera de los grupos sociales quecido, con una mujer de nivel social más alto,
resultaba mucho más dependiente de la familia que aunque pobre. Debido a la diferencia de orígenes, o
el hombre, pues en realidad su situación podía me- se simulaba una dote ficticia, o casándose “a la ma-
jorar poco, pero sí empeorar mucho por su propia nera de las Indias” la dote era entregada anómala-
actuación en relación al cuidado de su honra, la mente por el marido. Cuando en los años siguientes
cual podría calificarse como su máximo tesoro. La se trató de casar a las hijas y hermanas de los con-
mujer solamente tenía la alternativa de cambiar de quistadores, éstos aportaron dotes desmesuradas,
condición a través del matrimonio, que comúnmen- superiores a las entregadas en España por las fami-
te era arreglado por los familiares sin su interven- lias más nobles.
VIRREINATO

ción directa. Algunos autores consideran esta polí- La dote –que a veces era equiparada con las arras
tica matrimonial como el origen de las numerosísi- o cantidad ofrecida por el padre del novio– era un
mas relaciones extramatrimoniales que la Inquisi- capital de gran importancia para las mujeres. A las
ción se encargaba de perseguir y castigar, estable- solteras les brindaba la posibilidad de contraer ma-
ciendo castigos pecuniarios para los varones y para trimonio y es sabido que en esa época una manera
las mujeres penas infamantes además de fuertes de realizar caridad era dotando a niñas huérfanas y
multas. Los solteros realizaban la búsqueda de una pobres, es decir habilitándolas para el casamiento.
esposa entre la parentela de los conocidos, de los Una vez consumado éste, las mujeres disponían de
otros encomenderos y de las autoridades civiles y recursos propios dentro de la sociedad conyugal,
eclesiásticas. que constituían un capital inembargable en caso de
El matrimonio de las altas clases peruanas fue la quiebra del marido; por ello muchas veces la do-
uno de los primeros elementos que dejaría de verse te era inflada, lo cual además de aparentar mayor
influenciado por el regionalismo peninsular, pero sí fortuna por motivos de prestigio social servía para
afectado por el nuevo orden. De tal forma estos al- proteger el capital familiar de las arriesgadas manio-
tos grupos se vieron rápidamente interrelacionados. bras comerciales del esposo. Si la mujer se separa-
Debido a que las mujeres de los encomenderos eran ba del marido, la cantidad estipulada en la dote le
muy influyentes en el país y podían manejar indi- debía ser devuelta. Las mujeres solían invertir estos
rectamente las posesiones de sus maridos, muchas capitales en esclavos que compraban, alquilaban o
personas que no habían podido alcanzar la ansiada revendían con el máximo beneficio posible, en pro-
encomienda, trataban al menos de ascender en la piedades inmuebles dedicadas al alquiler, en la
escala social relacionando matrimonialmente a una compraventa de mercaderías diversas y en présta-
hija o hermana con un prominente conquistador. La mos a corto plazo, demostrando algunas gran habi-
presión por las encomiendas era tan grande que lidad para estas actividades. Aun cuando la mujer
cuando una de estas mujeres enviudaba era obliga- en teoría tenía poco campo de acción, en la prácti-
da a casarse lo más pronto posible con algún miem- ca podía tener una gran libertad, manifestada en su
bro del séquito de su antiguo esposo. Las mujeres desplazamiento físico a grandes distancias de su en-
de los encomenderos representaron un verdadero torno hogareño y embozada en el mantón. Además
papel de continuidad en los convulsos primeros se le permitía testar, iniciar procesos, demandas ci-
años de la colonia y pudieron, entre las guerras y la viles, divorcios y nulidad de matrimonios, o em-
viudez, gobernar las dilatadas posesiones de sus prender acciones comerciales. Lo que verdadera-
maridos aun bajo el mando de los nuevos e impues- mente les estaba vedado era la actuación política y
tos esposos. De hecho muchos clérigos y funciona- pública.

466
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

No podemos decir que las mujeres de los artesa- pecialmente a los paraísos de vagabundos y busca-
nos y de los estratos sociales bajos tuvieran las mis- fortunas, como podían ser la capital del virreinato y
mas oportunidades que las esposas de los enco- la ya legendaria ciudad minera de Potosí, donde
menderos y de la elite que los remplazó, pero tam- enormes riquezas circulaban rápidamente de mano
poco les eran ajenas algunas dignidades. A diferen- en mano. La Inquisición velaba también por la mo-
cia de las mujeres modestas de España, éstas pudie- ral pública, recibiendo las denuncias de terceros e
ron disponer de gran cantidad de sirvientes, usar iniciando los procesos contra las personas encon-
ropas lujosas y joyas que no les eran prohibidas co- tradas en falta, las mujeres de moral licenciosa, los
mo en la Península, al igual que ciertas formas de adúlteros, los amancebados, los pervertidos y los
comportamiento. Y a la larga podían verse relacio- homosexuales o la gente que expresaba opiniones
nadas con las grandes señoras a las cuales servían o demasiado libres, aun cuando no las pusiera en
tomaban como madrinas de matrimonio, y a las que práctica. Mancebas y rabonas se relacionaban con
procuraban imitar en todo lo posible. españoles que buscaban mujeres de su misma cul-
Las mujeres solteras, es decir las doncellas, de- tura e idioma, aunque muchas no eran prostitutas
bían optar entre dos caminos honorables: el de un profesionales y encajaban más bien en la categoría
buen matrimonio que requería muy importante do- de aventureras, que estaban a la caza de hombres
te y que podía incluso realizarse con la venia de la que pudieran mantenerlas y que eventualmente les
Iglesia a edades tan tempranas como los doce años ofrecieran matrimonio. Muchos españoles que ve-
–”o desde que la presencia de la malicia lo permitie- nían en busca de riqueza preferían entablar una re-
ra”–, o la vida conventual. El cenobio exigía una su- lación de este tipo, hasta que llegara el día de casar-

VIRREINATO
ma mucho menor para recibirlas y brindarles una se con una mujer de buena posición. Al momento
existencia segura. Las mujeres solas, tanto las don- de la separación el amante enriquecido, habitual-
cellas mayores o “doncellucas”, como las viudas y mente montaba un negocio para ella o la dotaba.
las separadas, tenían pocas oportunidades de ocu- En otros casos la espera se hacía larga y culminaba
par un lugar en la sociedad. La separación del mari- con el matrimonio de los amantes. La prostitución
do podía darse mediante un procedimiento ante el era el refugio a los matrimonios fracasados, o la sa-
fuero eclesiástico, invocando las múltiples causales lida airada ante los difíciles trámites del divorcio
de la anulación de matrimonio estipuladas por el eclesiástico.
código canónico, entre las que se encontraban los Diferente era el caso de las mujeres dedicadas a
impedimentos por consanguinidad, la falta de vo- la vida de oración, quienes podían ser monjas, bea-
luntad, la bigamia del cónyuge, y otras más. tas, o residentas seglares. En Lima inicialmente só-
Todas estas mujeres solas podían vivir con sus lo hubo casas-beaterios, donde se recogían mujeres
padres como hijas de familia, acompañar a un her- que vivían un retiro piadoso sin formular votos,
mano soltero o viudo haciendo las veces de dueña aunque utilizaban el hábito de alguna orden, mien-
de casa o de ama de llaves, ayudar a una hermana tras otras beatas en cambio preferían vivir de mane-
casada a criar a los hijos y llevar la casa, o entrar al ra independiente. En la década del cincuenta al se-
convento. Las mujeres solas o las viudas con hijos senta surgieron en Lima los primeros conventos que
pero sin recursos ni relaciones importantes, se veían acogían de manera más ordenada las nacientes vo-
obligadas a trabajar en las pocas ocupaciones reser- caciones. En los conventos vivían además las mu-
vadas para su género, oficiando como comadronas, jeres solas refugiadas y un numeroso séquito de
curanderas, panaderas, pasteleras, modistas, costu- criadas y esclavas, población que muchas veces
reras, bordadoras, y patronas de casa de huéspedes, quebraba la moral del grupo.
o prestamistas y conductoras de pequeños negocios, Como se puede reflejar en las siguientes cifras
llegando algunas a juntar pequeñas fortunas, aun- correspondientes a fechas cercanas al año 1700, Li-
que no demasiadas dignidades. Muchas veces nece- ma contaba con 210 mujeres en beaterios y 3 865
sitaban mantener un hombre que las protegiera, mujeres en conventos. En los monasterios destaca-
aun cuando no les ayudara en sus actividades. ban el de la Encarnación con una población de 827
La mancebía y la prostitución eran otras posibi- mujeres, de las cuales 434 eran criadas; el de Santa
lidades que se presentaban si se carecía de oficio y Clara con 632 mujeres, de las cuales 278 eran servi-
beneficio en el país. Llegaron a ser tantas en la épo- doras; o el de la Concepción con 1 041 monjas y
ca de Felipe II que la Audiencia de Lima intentó evi- 561 sirvientas. A diferencia de los conventos mas-
tar la migración de mujeres solas hacia el Perú, es- culinos donde los partidos de peninsulares y crio-

467
Patrucco

llos generaban gran- esta manera cumplía


des enfrentamientos, dos misiones incluso
en los de mujeres esto antagónicas: servir
no sucedía, en la me- como lugar de castigo
dida en que eran com- y encierro o como
puestos especialmente claustro de liberación.
por hijas de criollos. Asimismo, el burdel
En ocasiones se pro- servía de escape a al-
dujeron graves discre- gunas mujeres de mo-
pancias entre obispos ral disoluta, pero era
peninsulares y con- también la condena
ventos de monjas crio- de aquellas que no en-
llas, pleitos en los cua- contraban un sitio en
les la sociedad criolla la sociedad colonial.
tomaba la defensa de Ambos espacios fue-
sus hijas y hermanas, ron el destino al que
ocasionando grandes se acogía la gran can-
tumultos como el ocu- tidad de mujeres que
rrido en Arequipa, tras no accedieron al de-
el intento de reforma seado matrimonio.
VIRREINATO

del obispo Chávez de Los más modernos


la Rosa. estudios nos permiten
En los claustros cuestionar la prejui-
podían encontrarse ciosa visión que se te-
mujeres de todas las nía de los conventos
clases sociales, que ha- Monja mercedaria y agustina en una acuarela del siglo XIX. como entidades aisla-
bitaban desde míseras das de la sociedad.
celdas sin comodidad aparente, hasta lujosas habi- Así como la ciudad entera intervenía en la vida de
taciones con jardín y cocina propios y celdas para los conventos, éstos intervenían en “el siglo”, es de-
las servidoras de las monjas de alcurnia. Muchas cir en el mundo exterior, de manera muy marcada.
mujeres de espíritu superior eligieron esta vía según Uno de los campos de esta injerencia monjil en
la cual “una mujer rica podía el permitirse vivir por asuntos mundanos era el económico. Las monjas
sí y para sí”, desarrollando una cultivada vida inte- aportaban al entrar una dote fijada en algunos luga-
rior e intelectual, a la manera de la célebre poeta res en 3 312 pesos, cantidad que debía ayudarlas a
mexicana sor Juana Inés de la Cruz. El convento de sobrevivir por el resto de sus vidas. Como el présta-
mo con interés estaba prohibido por la Iglesia, se
hacía una venta figurada de dinero denominada
“censo al quitar”, que resultaba siendo un préstamo
al 5% de interés anual, garantizado por una propie-
dad rural o urbana. A diferencia de lo acostumbra-
do en nuestros días, no había preocupación por re-
cuperar el capital principal, y la figura podía seguir
funcionando durante muchos años, incluso siglos,
pues el verdadero afán que animaba al convento era
el recibir la utilidad descrita sin tener que ocuparse
de trabajar el dinero. Las familias criollas que envia-
ban a sus hijas a los conventos, aparte de solucionar
los problemas del casorio y la colocación de sus des-
cendientes mujeres en la sociedad, deseaban que
llegaran a las más altas dignidades dentro del mo-
nasterio al que eran admitidas. Simplemente el in-
Monasterio de Santa Catalina, en Arequipa. greso de una o más hijas significaba establecer una

468
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

relación con la institución, y lo otorgado en dote tizas aculturadas de la colonia. El resultado final fue
podía ser rápidamente recuperado e incluso con que sólo las bien dotadas, hermosas o con padres
creces. De esta forma el convento sirvió de dinami- influyentes pudieron casarse, siendo el resto despla-
zador de la economía regional. zado por la avalancha de mujeres peninsulares.
Un problema mayor surgiría a finales del siglo Aunque la Iglesia señalaba la necesidad del con-
XVII en Trujillo y mediados del XVIII en el Cuzco, sentimiento y voluntad de los novios para contraer
cuando las propiedades agrarias dadas en garantía matrimonio, éste generalmente se realizaba a espal-
dejaron de producir lo suficiente para pagar los in- das y contra los deseos de los contrayentes. Los
tereses y comenzaron a ser rematadas o cambiaron arreglos previos entre los futuros suegros contrade-
de manos. La propiedad empezó a variar con mucha cían el ideal romántico tantas veces expresado en la
facilidad, pues no había que hacer desembolso algu- literatura. El resultado distaba mucho del matrimo-
no por una hacienda gravada al 80, 90 o 100% de su nio por afinidad, pero es cierto que muchas veces se
valor, sino sólo comprometerse a realizar el pago de encontraban en el camino fuertes y verdaderos lazos
los intereses. Salvo que se hicieran muchos malaba- de amor conyugal. La mentalidad de la época veía el
res rara vez era posible solucionar esta situación y matrimonio como una alianza familiar tendiente a
finalmente la propiedad caía en manos de las reli- asegurar el mejor éxito posible para la descenden-
giosas, creando el grave inconveniente de tener que cia, el apellido y el linaje. En una relación de este ti-
administrarlas ellas mismas, algo realmente difícil po la esposa no podía escapar a un papel de extre-
para las monjas de clausura. Ello fomentó que los ma importancia en la conducción del hogar, como
conventos adquirieran fama de avarientos, acapara- directora de la educación de los hijos y como super-

VIRREINATO
dores de tierras y generadores de la pobreza de las visora y administradora de la casa, la servidumbre y
familias de las monjas. Para solucionar este proble- el marido, si bien externamente daba la imagen de
ma se permitió en años posteriores redimir los cen- extrema sumisión frente a él. Características de este
sos, pagando una pequeña fracción de lo que había tipo de familia serían la búsqueda de muchos hijos
sido el préstamo inicial (Céspedes del Castillo y una tardía mayoría de edad e independencia de los
1983: 134, 193 y ss.; Lockhart 1982: 192 y ss.; Man-
narelli 1993: 40 y ss., 70 y ss., 80 y ss.; Riego 1993:
48, 90 y ss.; Burns 1991: 67 y ss.; Busto 1984: 331
y ss.; Konetzke 1971: 55-56).

FAMILIA Y LINAJE

Los conquistadores implantaron un modelo que


seguía las pautas de la familia europea mediterrá-
nea, que paulatinamente se fue difundiendo en el
territorio con el paso de los años. En tanto la Igle-
sia cumplió un papel vigilante desde el púlpito y el
confesionario, y mediante la Inquisición castigó los
desvíos que se presentaron al calor de los viejos re-
cuerdos de la barraganía medieval y de la poligamia
árabe, alertando sobre la facilidad del contacto con
las mujeres aborígenes, el séquito de criadas y las
numerosas esclavas, ante la inicial lejanía de las es-
posas. Al restablecerse lentamente el equilibrio en-
tre el número de inmigrantes de ambos sexos, la
reorganización de la familia y su difusión fueron
mucho más fáciles, aunque de hecho quedó el pre-
cedente y la tentación de la libertad sexual anterior.
La llegada de esposas con hijas y amigas casaderas y
su séquito de parientas solteras y viudas, de servi-
doras y otras posibles candidatas a nuevos matri- Un hijo es escarmentado por su padre, según un lienzo del
monios, originó una feroz competencia con las mes- siglo XVIII (colección Barbosa-Stern).

469
Patrucco

frente a hermanas viudas, divorciadas y solteras,


madres, parientes, relacionados y sirvientes, com-
partiendo su fortuna con hermanos más pobres, si-
tuando y casando a sus sobrinos. Hacia el final de
sus días se designaba un hijo del hermano o allega-
do para dejarle bienes y negocios al morir. La pre-
sión social era tan fuerte que incluso el desplazado,
el individuo aislado, debía buscar una familia adop-
tiva a falta de una propia e instalarse en un hogar ya
formado, como residente, aprendiz o empleado, so
pena de vivir como “vago” o “vagamundo”, en los
linderos de la ley y la sociedad.
Rodeando a la familia estaban los amigos, gente
Carta en la que cercana en quien se podía confiar en caso de nece-
se funda el sidad, reclutada en la primera época de la conquis-
mayorazgo de los ta entre los paisanos, personas del mismo origen re-
Delgadillo gional, conocidos de varias generaciones con los
Sotomayor, siglo
XVII. que se establecían mayores lazos de unión. Estas re-
laciones daban lugar a banderías o grupos de alia-
dos políticos, a quienes se acogía en la casa, se pro-
VIRREINATO

mismos, hacia los 25 años, fieles al ideal de estable- porcionaba trabajo y se les asignaba cargos de con-
cer un mayorazgo que ayudase a perpetuar el ho- fianza, “prefiriéndose la lealtad y la confianza, a la
nor y la dignidad familiar. eficacia y el talento”, extendiéndose estas prácticas
Los parientes ocupaban un lugar muy importan- de marcado nepotismo. Con el tiempo, las antiguas
te en la vida familiar, tanto si eran pobres, siendo amistades surgidas en los pueblos de origen deja-
acogidos y ayudados al tiempo que ocupaban una rían lugar a las formadas en los nuevos territorios.
posición de dependencia equiparable a la de los Estas relaciones se veían reforzadas por el principio
criados, como si eran ricos, invirtiéndose la figura y de la hospitalidad, tan añorada por el huésped co-
volviéndose ellos los personajes acosados en la es- mo por el anfitrión, quien demostraba un tren de
pera de una merced o posiciones expectantes para vida señorial; y por el compadrazgo o lazo espiritual
algún dependiente. De este modo las familias ex- que cumplió muy adecuadamente la función de
tendían sus relaciones tanto horizontal como verti- acercamiento familiar entre amigos o entre patrones
calmente, entrelazando clases superiores e inferio- y dependientes, y en el que participaron con mucho
res, pero siempre se veían afectadas por el vaivén de entusiasmo los pobladores andinos, como modo de
las alianzas y la suerte de los tiempos, pudiendo ser ampliar el radio de su reciprocidad. También gre-
arrastradas hacia cualquiera de los dos extremos del mios y cofradías constituían un espacio cercano de
cuerpo social. Por lo tanto era raro encontrar una relaciones, sirviendo como sociedades de defensa
familia poderosa que no tuviera parientes pobres y mutua, de ayuda y de protección frente a intereses
en desgracia, situación que se veía agudizada por el comunes. Semejante papel familiar desempeñaban
mayorazgo. Esta institución impulsaba a los hijos los monasterios, mientras que las iglesias y capillas
mayores hacia el éxito, pero exponía a los segundo- funcionaban como puntos de contacto social (Cés-
nes a los más disímiles destinos. De esta forma es fá- pedes del Castillo 1983:188 y ss.).
cil suponer que al producirse conflictos intrafami-
liares, la inestabilidad se propagara en todos los LOS CRIOLLOS
grupos sociales.
Los sirvientes, criados y empleados formaban El término criollo designaba al hijo de españoles
parte de la familia y a su modo contribuían al avan- nacido en América y comenzó a usarse en el Perú
ce y desarrollo de ésta, tomando verdadero partido a partir de 1567, pero ya desde años atrás era fre-
por sus patrones, quienes los protegían y atendían cuente escuchar fórmulas como “hijos del reino”,
hasta sus últimos días. La persona aislada de un es- “hijos de la tierra” y “beneméritos” para singulari-
pacio familiar no tenía cabida en esta sociedad, pues zarlos. Tales términos sin embargo estaban cargados
aun los solteros funcionaban como jefes del hogar de un sentido despectivo. El apelativo criollo no era

470
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

precisamente honroso, pues había servido para re- como tales, cuando el grupo criollo manifestó una
ferirse a los negros “criollos”, los mestizos y los mu- identidad distinta y hasta antagónica frente a lo es-
latos, ahondando los prejuicios sociales contra estos pañol, excepcionalmente reclutó a personajes que
grupos nacidos en el país. No en vano decía Garci- no eran descendientes puros de españoles, sino más
laso: “a los hijos de español y española nacidos allá, bien mestizos prominentes. Lo opuesto sucedería
dicen criollo o criolla. Es nombre que lo inventaron con ciertos sujetos americanos, que en casos espe-
los negros y así lo muestra la obra. Quiere decir en- ciales prefirieron adherirse al bando peninsular.
tre ellos negro nacido en Indias; inventáronlo para Ambos grupos, españoles y criollos, tuvieron gran-
diferenciar los que van de acá nacidos de Guinea de des lazos sociales, ya que se relacionaron y casaron
los que nacen allá porque se tienen por más honra- entre sí sin mayores dificultades, estableciendo
dos y de más calidad por haber nacido en la patria alianzas y configurando lealtades. Ello ha llevado a
que no son sus hijos porque nacieron en la ajena, y reforzar la idea de que el criollismo constituía prefe-
los padres se ofenden si les llaman criollos. Los es- rentemente una comunidad de intereses, un partido,
pañoles, por su semejanza, han introducido este una posición sentimental , antes que un grupo dife-
nombre en su lenguaje para nombrar a los nacidos renciado del resto por consideraciones raciales, cul-
allá…” (Lavallée 1993: 15-18). turales y sociales.
La Corona inicialmente no tuvo una política de-
Surgimiento de la identidad criolla finida frente a los criollos. Aunque la lucha contra
Si bien el primer criollo nacido en las tierras del los primeros encomenderos afectó gravemente a los
Perú fue Hernando de Torres, hijo del encomendero primeros criollos, no estaba dirigida contra ellos es-

VIRREINATO
Sebastián de Torres y de Francisca Jiménez, no se pecíficamente. Desde el levantamiento de los Alma-
puede afirmar que con él nacía el criollismo. Éste se gro y los Pizarro, las autoridades españolas temieron
incubó con el tiempo, tras el surgimiento de nuevas la alianza de los criollos con las castas y las “gentes
lealtades hacia el territorio conquistado, que paula- del país”, pero no imaginaron los problemas que
tinamente hicieron olvidar la tierra de origen de los surgirían con el tiempo. En 1561, la criollización de
nuevos pobladores de América. Aquel co- los hijos de españoles nacidos en Nápoles
lono que arribaba a las costas del Nue- hacía sospechar al conde de Nieva del
vo Mundo soñando con hacer la peligro que suponía el amor a la
América para retornar enrique- nueva patria y alertó a la Corona,
cido a la Metrópoli, difícil- señalando que: “aunque sean
mente podría tomar partido descendientes de españo-
por las reivindicaciones les… …el amor que por na-
más adelante conocidas cimiento y naturaleza de
como criollistas. Otro se- nacer en la tierra adquiere
ría el caso de aquel que es muy grande, tanto y
pronto olvidaba su lu- acaso mayor que a los
gar de origen, se enca- padres y a la tierra de
riñaba con este suelo y donde descienden…”, y
formaba familia, sobre que pronto se sentirían
todo si conquistaba tan originarios como
cierta posición que no los mismos indios.
estaba en disposición Una primera respues-
de abandonar en nom- ta al inminente “peligro
bre de la nostalgia. Es ló- nacionalista” fue estimu-
gico suponer que sin ser
americano, fácilmente Retrato de autor anónimo (siglo
enarbolara derechos y XVII) de Santa Rosa de Lima, en
preeminencias frente a aque- quien los criollos encontraron un
símbolo de sus aspiraciones
llos que sólo estaban de paso nacionalistas, pues representaba un
por el territorio. Pero así como ejemplo de las virtudes morales que el
muchos criollos o criollistas no ne- Nuevo Mundo podía producir.
cesitaron ser americanos para actuar

471
Patrucco

lar una serie de prejuicios contra los españoles de llos. Pero la situación llegó a límites insostenibles
América, a los que se atacó con los mismos repro- hacia 1542 al saberse de las Leyes Nuevas, que res-
ches utilizados para desprestigiar a los indios y las tringían en gran medida los derechos de los enco-
castas. Se les acusaba de ser débiles y enfermizos menderos en nombre de la supuesta defensa de los
por el insalubre clima americano, de deformarse y indios. Levantamientos como el de Gonzalo Piza-
afearse por la temperatura, de estar sumidos en una rro y otros posteriores, utilizaron la “injusticia” de
aguda decadencia moral y de degenerarse por tomar estas normas como excusa para canalizar la frustra-
leche de las nodrizas indias o negras, pronosticán- ción y la ira que sentían hacia la Corona. Lo tardío
dose inclusive su completa indianización y barbari- de las limitaciones impuestas a los conquistadores
zación de interrumpirse la inmigración española a y la incapacidad de la lejana administración desem-
América. Algunos criollos como Juan Meléndez se bocaron en la formación de sentimientos criollistas
indignaban de que los españoles no discriminaran y banderías que llegaron a poner en entredicho los
entre un “criollo puro” y un indio, “y quieren con- derechos del soberano sobre estas tierras, a las cua-
fundir los orígenes de ambos llamándolos a ambos les los guerreros de la conquista se sentían indiso-
yndios”. lublemente ligados, por haberlas obtenido con su
La identidad criolla se hizo más fuerte cuando valor y sacrificio personales (Pease 1992a: 281,
la Corona, que sólo había participado en la empre- 297; Lavallée 1993: 20 y ss.; Céspedes del Castillo
sa conquistadora de una manera muy distante, em- 1983: 285).
pezó a limitar sus aspiraciones. Luego vendrían los
funcionarios y sus validos pretendiendo apoderarse Encomienda y criollismo
VIRREINATO

de los mayores beneficios, aumentando aún más el Surgieron así muy fuertes tensiones entre aque-
resentimiento de los “despojados y burlados” crio- llos individuos vinculados por su éxito a bienes in-
móviles (como tierras, indios, encomiendas, propie-
dades, familia extendida y allegados y dependien-
tes) y los grupos recién llegados en busca de fortu-
na y en algunos casos sólo transeúntes de estas tie-
rras, que vagaban miserablemente en busca de la
ansiada oportunidad que los sacara de la pobreza y
el anonimato. La Corona supo dividir para reinar,
oponer estos partidos y azuzar rivalidades alentan-
do la promesa de redistribuir las encomiendas. A la
larga fueron estos sutiles mecanismos los que ase-
guraron el dominio de la Corona sobre el territorio.
Sólo a un puñado de los conquistadores se les con-
cedió una encomienda, generándose una fuerte de-
sazón, incluso entre los hijos segundones de los en-
comenderos, por cuanto se les privaba de la heren-
cia por las leyes del mayorazgo. Lope García de Cas-
tro se mostraba preocupado por la “favorable acogi-
da que ciertos españoles descontentos encontraban
entre los hijos de los que conquistaron la tierra”, y
por cómo los desposeídos de las encomiendas se
veían rodeados de “gentes mal yntencionadas”.
Finalmente se estableció que una encomienda
sólo estuviera dos generaciones, dos vidas, en ma-
nos de una misma familia. Es decir no llegó a ser
perpetua como pedían estos conquistadores, ni úni-
camente vitalicia como recomendaban los burócra-
tas reales. Las baterías de los criollos apuntaban a la
defensa de la perpetuidad y su discurso enfatizaba
Un encomendero solicita una criada en un dibujo de la falta de reconocimiento oficial a los descendien-
Guaman Poma de Ayala. tes de aquellos valerosos conquistadores del territo-

472
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

rio y la pobreza e inseguridad en que se debatían: más meritorios conquistadores se encontraban en


“con este bien y merced (la perpetuidad) también se la mayor miseria”.
cumple con la obligación que aquel Reyno pone a Ante estas pobres perspectivas, algunos descen-
Vuestra Magestad en razón de remunerar los gran- dientes de encomenderos partirían a la colonización
diosos servicios de los conquistadores y demás be- de hipotéticas tierras situadas al sur y al este del
neméritos que a costa de su mucha sangre que de- continente, esperando repetir la hazaña de sus ante-
rramaron y a costa de sus caudales y haziendas y de pasados, aunque difícilmente lo consiguieron. Todo
intolerables trabajos y fatigas y vida y muerte que ello daría pie a la reivindicación criolla peruana,
pasaron descubriendo aquel reyno y otros circum- que pretendía convertir a los residentes de larga da-
vezinos y le hallaron y apaziguaron ellos mismos, ta en estos territorios en los únicos beneficiados por
obra la más heroyca que ay y más digna de eterna las rentas y oportunidades brindadas por su país,
memoria … … sin consentir que sus descendientes idea ciertamente opuesta a la de los peninsulares
vivan (como hoy en día viven muchos) en suma po- (Lavallée 1993: 26 y ss.).
breza sin tener cosa ni palmo de tierra cuyos padres
dieron tanto a Castilla…”. Los voceros de los enco- La nobleza criolla
menderos, a cambio de recibir en perpetuidad las La sociedad hispanoperuana tuvo la particulari-
encomiendas, se ofrecían a asegurar la paz, pero co- dad de no ver establecidos definitivamente en sus
mentarios de este tipo disgustaban a las autorida- linderos a un sector noble. Los pocos conquistado-
des, pues insinuaban una velada amenaza de insu- res ennoblecidos y sus descendientes, casi sin ex-
rrección o disturbios y hasta una hipotética alianza cepción, fueron llamados a la Metrópoli. En los

VIRREINATO
entre los criollos “siempre inclinados a las rebelio- años siguientes sólo se afincarían, y de manera tem-
nes y los levantamientos” y los mestizos. Los conse- poral, funcionarios pertenecientes a ramas menores
jeros del rey se opusieron a esta perpetuidad seña- de las familias nobles, durante el ejercicio de sus
lando que: “…no se acordaran los encomenderos cargos. Por otro lado los encomenderos, que hubie-
que tiene rey ni estarían obedientes a los virreyes y ran sido los naturalmente llamados a llenar este va-
audiencias y justicias reales… …y la pretensión de cío nobiliario, fueron expresamente impedidos por
que Vuestra magestad a de hazer merced a sus hijos
que han de dejar pobres, los haze estar rreprimidos
y quietos…”.
Los encomenderos y sus descendientes ante el
temor de verse privados de tan preciada prebenda,
que en resumidas cuentas los convertía en miem-
bros de la naciente aristocracia colonial, no duda-
ron en recurrir a todas las instancias y argumenta-
ciones. A finales del siglo XVI, perdidas ya las espe-
ranzas de obtener la perpetuidad, muchos “bene-
méritos y nietos de encomenderos” empezaron a
pedir la reasignación de una encomienda, en vir-
tud de los servicios prestados a la Corona por sus
antepasados. Los virreyes y los altos funcionarios
encargados de proponer y repartir las encomiendas
vacas, utilizaron muchas veces su poder para con-
cederlas a gente de su entorno, lo que generó aira-
das protestas de los criollos, quienes se considera-
ban con mayor derecho para recibirlas. Las protes-
tas se sucederían una tras otra, no sólo frente al
otorgamiento de encomiendas, sino de cualquier
otra merced. como las plazas de “gentileshombres
lanceros y arcabuceros”. Estos cargos honoríficos
creados para los beneméritos fueron injustamente
Vista de un dormitorio de la casa Aliaga, en Lima. Los
asignados por los virreyes a sus amistades y favori- descendientes de Jerónimo de Aliaga prontamente ocuparon
tos, incluso “a un niño de siete años mientras los posiciones de honor y reconocimiento en la Lima colonial.

473
Patrucco

la Corona. De este modo la carencia aristocrática cia criolla aspiraban a ser caballeros de hábito y te-
perduraría hasta el siglo XVII, cuando apareció casi ner cargos militares, o pertenecer a la guardia del vi-
espontáneamente una “nobleza de Indias”. Los per- rrey, o en su defecto adquirir títulos de “familiar del
sonajes llamados a conformar este nuevo pero pres- Santo Oficio”, o ser miembros importantes en las
tigioso sector serían algunos descendientes de con- cofradías o benefactores de conventos, y “los mil
quistadores secundarios, familias enriquecidas por honores y privilegios vacíos que alimentaban la va-
diversos medios, encomenderos que supieron ade- nidad propia y el respeto ajeno”. De esta manera se
cuarse a los tiempos y consolidar su antigua rique- conformaron los niveles menores de la nobleza in-
za, y personas llegadas tardíamente que ascendieron diana, a la cual todos admiraban y aspiraban. La
en la escala estamental con gran velocidad. El co- existencia de una jerarquía social ayudó a formar un
mún denominador de este grupo eran sus grandes espíritu de cuerpo y sirvió para ejercer presión y lo-
patrimonios ligados a tierras, inmuebles, industrias grar objetivos comunes, consolidándola a las aristo-
incipientes, joyas y ahorros en metálico. Muchos de cracias locales. Los criollos más exitosos de este
estos potentados habían incrementado sus bienes a grupo adquirían nuevos títulos y accedían al grupo
través del acaparamiento de tierras por medios no superior, que de este modo se veía continuamente
muy santos, regularizando su tenencia mediante el reforzado y renovado (Céspedes del Castillo 1983:
pago de un impuesto de “composición de tierras”. 287-293).
El poder político ayudaba y supervigilaba el proce-
so y muchas veces esta “sana” influencia era la dote La criollización de la sociedad
o las arras, mediante las cuales los allegados del vi- Este proceso de criollización afectó no sólo a los
VIRREINATO

rrey contribuían a ventajosos matrimonios. hacendados, sino también a los mercaderes, quie-
Luego de obtener fortuna y prestigio los siguien- nes iban prefiriendo las activas plazas comerciales
tes escalones resultaron mucho más fáciles de subir. americanas a los decaídos espacios mercantiles de
Los mayorazgos fomentaron la “perpetuidad de los la Península. Sucesivamente se fueron asentando
linajes y los apellidos” y volvieron indivisible el pa- en las colonias en vez de regresar a España, luego
trimonio evitando su disolución y fragmentación. de lograr cierta fortuna y dejar el negocio de ultra-
El prestigio de estas familias de terratenientes sirvió mar a algún pariente. De esta manera se integraron
de acicate para la celebración de pomposos matri- rápidamente al grupo criollo, que los aceptó y aco-
monios con miembros de los sectores mineros y co- gió. Algo semejante ocurrió después con los mine-
merciales. Dotes cuantiosas generaron una enorme ros, que aportaron sus enormes capitales a la pu-
transferencia de capital hacia los mayorazgos, que jante economía criolla. El proceso de criollización
aumentaron su fortaleza económica, posibilitando de la sociedad afectó a todos los niveles y hubiera
un lujoso tren de vida. Nuevas y convenientes alian- sido total de no existir una corriente migratoria in
zas matrimoniales con sectores más dinámicos crescendo desde la Metrópoli. Lo normal era que los
aunque inferiores, alimentaron la riqueza y esplen- inmigrantes se establecieran y pronto el vínculo
dor de esta aristocracia, ya que el monto de la dote con el terruño se fuera desvaneciendo, al tiempo
se incrementaba en función de la distancia social de que surgían nuevas solidaridades con los grupos
la pareja. Durante la primera mitad del siglo XVII, americanos.
algunos de estos mayorazgos recibieron los prime- El origen andaluz y extremeño de la primera in-
ros títulos de Castilla otorgados a los americanos, migración homogenizó la vida indiana y generalizó
aportándoles un enorme prestigio que supieron ad- formas tradicionales y culturales originadas al sur
ministrar matrimonialmente. de Castilla, que se vio representada así por el len-
La sociedad criolla contaba después de un siglo guaje, la vida cotidiana, las costumbres, etc. Los es-
con una nobleza propia, la cual se convirtió en el ar- pañoles procedentes de otras zonas debieron asimi-
quetipo de la sociedad colonial. La presión por los lar los usos de las primeras corrientes, que se acrio-
títulos fue enorme y la empobrecida Corona realizó llaron aceleradamente; pero tiempo después, cuan-
un pingüe negocio, primero con los hacendados y do se incrementaron los migrantes de otras regiones
luego con los mineros y comerciantes. La conforma- de España, a quienes se denominaba chapetones, se
ción de este estamento “representa el primer gran hicieron evidentes los roces con los descendientes
triunfo de los criollos… y el verdadero catalizador andaluzo-extremeños. Incluso miembros de la se-
de su conciencia de grupo”. Los integrantes de los gunda o la tercera generación americana de estas
mayorazgos de los niveles inferiores de la aristocra- agrupaciones se consideraban todavía chapetones y

474
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

mantenían sus lealtades Las disputas por la


como tales. Sin embargo, conducción de las órdenes
religiosas constituyen una
como bien ha expresado muestra de la afirmación
Céspedes del Castillo: “el de identidad de los criollos,
grado de criollización… quienes exigían para sí
posiciones de
no se mide en número de preeminencia, como ésta,
individuos, sino también alegando su condición de
americanos y conocedores
en función de la riqueza, de las realidades del Nuevo
prestigio, poder y con- Mundo. Frontis de la
ciencia de grupo. Estos iglesia de San Agustín.
factores no cuantificables
crecieron así mismo con
rapidez a partir del siglo
XVIII”. bramiento de algunos
Para comprender ade- criollos como oidores,
cuadamente este proceso llegando éstos a cubrir
de formación de una con- un quinto de las va-
ciencia americana, debe- cantes. A partir de
mos prestar atención a 1687, la grave falencia
los logros obtenidos por económica de la Coro-

VIRREINATO
los criollos en las altas es- na generalizó la venta
feras del poder. Los me- de las judicaturas su-
canismos para cargos periores. Cuando to-
preeminentes pueden dos los puestos vacos
apreciarse en lo que fue la fueron ocupados, se
decisiva batalla por la au- vendió entonces el de-
diencia. Los cargos de oi- recho a ocuparlos
dor brindaban mucha ca- cuando nuevamente
tegoría y poder, tanto a estuvieran libres, con-
nivel político como económico, y la presión para la formándose el grupo de los “supernumerarios”. Y
obtención de ellos era enorme. La Corona señaló la cuando a su vez estas filas de la cola se hubieron
imposibilidad de ser oidor en la tierra natal, además agotado, se vendieron derechos sobre la ya lejanísi-
de la casi obligatoria necesidad de estudiar en la ma pero inevitable vacancia, dándose origen a los
Metrópoli. Por tales motivos hubo inicialmente po- derechos de los “futurarios”. De las ventas realiza-
cos oidores criollos, dado que el tiempo de prepara- das entre 1687 y 1750, el 90 por ciento de los car-
ción era largo, y además se requería un alejamiento gos fueron a parar a manos de los criollos, y una
del lugar de origen, algo generalmente rechazado cuarta parte de las jefaturas de las audiencias estu-
por los criollos. Las protestas criollas frente a estas vieron encabezadas por españoles nativos de la pro-
disposiciones fueron largas e intensas, enarbolándo- pia jurisdicción de estos tribunales. Si bien esta po-
se múltiples argumentos, como la semejante capaci- lítica se interrumpió en 1750, las ventas realizadas
dad entre los españoles de América y los peninsula- siguieron surtiendo efecto hasta 1780.
res, el mejor conocimiento de realidades, costum- Hasta finales del siglo XVII, de 256 oidores hu-
bres y jurisprudencia locales, la menor tendencia a bo sólo 20 criollos, de los cuales 11 eran limeños y
la corrupción al estar rodeados por sus familias y 31 españoles casados con mujeres de familia criolla,
depender de sus riquezas y no de magros sueldos, el y en consecuencia presumiblemente pro criollos.
amor por la tierra y el deseo de mejor gobernarla, y Pero a partir del siglo XVIII las cifras se invierten
el ahorro de los cuantiosos gastos de transporte e dramáticamente. Los criollos en la audiencia llegan
instalación. casi al 50 por ciento, siendo peruanos un tercio. Se
Los criollos se vieron favorecidos gracias al poco puede entonces contar a 73 americanos en tal insti-
interés que manifestaban los funcionarios españoles tución, afianzándose entre 1747 y 1774 el predomi-
por pasar a las Indias, debido a los costos y moles- nio criollo en la audiencia, hasta llegar a ser casi ab-
tias que tal empresa significaba. Ello obligó al nom- soluto. Si añadimos a estos triunfos otros avances

475
Patrucco

José Baquíjano y Carrillo de Córdoba (1753-1817),


intelectual criollo, oidor de la Audiencia de Lima y
reconocida figura de las postrimerías del siglo XVIII y
comienzos del siglo XIX.

segundones de estirpes importantes que busca-


ban un futuro en estos cargos y que estaban dis-
puestos a utilizar todos los recursos y la fuerza
que su familia les pudiera proporcionar. Al arri-
bar a las ansiadas y expectantes posiciones se
repetiría el mismo esquema, pues ayudarían al
ascenso de los siguientes criollos que postula-
ban a la plaza y frenarían a los demás postulan-
tes, ya sea españoles o mestizos, en sus preten-
siones profesionales. El ciclo se repetiría aun en
los niveles más bajos, donde los criollos abun-
daban, utilizando las mismas estrategias y sien-
do manipulados políticamente por los niveles
altos (Céspedes del Castillo 1983: 285-302;
Pease 1992a: 297-280).
VIRREINATO

El criollismo mestizo
La rivalidad entre criollos y mestizos se vería
disminuida en algunas zonas específicas. Los
primeros aceptaron dentro de sus grupos de in-
fluencia a integrantes cobrizos, sobre todo en
las ciudades surandinas, y tal proceso tuvo una
enorme importancia en regiones como el Cuz-
co, donde sus representantes más conspicuos
mostraron una inusitada adhesión a los plan-
teamientos de los Comentarios reales, y a las
obtenidos por los criollos dentro del organigrama reinterpretaciones mesiánicas que propiciaba la
colonial, se hace comprensible el control obtenido obra del Inca Garcilaso. En oposición al grupo crio-
por estos grupos en el gobierno de “su” tierra. llo costeño, esta elite criollo-mestiza –en la que des-
Eventualmente, la imagen de desorden y desgobier- tacaban connotados personajes de la familia de los
no que la colonia ofrecía al visitante extranjero po- marqueses de Valle Umbroso– esbozó una nueva
día ser expresión del manejo autónomo de estas eli-
tes criollas, más interesadas en su propio desarrollo
que en el funcionamiento de la gastada idea de la
“monarquía universal”.
En los niveles intermedios de la administración,
el clero y la sociedad, las reivindicaciones criollas se
volvían sumamente agresivas. La falta de oportuni-
dades y el exceso de graduados y titulados en las
universidades convertían la “oposición” para los
distintos oficios y curatos en verdaderas batallas
campales entre estos grupos. Los métodos de discri-
minación racial que ejercieron los peninsulares con-
tra los criollos se reprodujeron en cascada cuando
estos últimos pretendieron sacar del camino a los
mestizos. Definitivamente pesaba mucho la influen-
cia de los aspirantes criollos, generalmente vástagos Azulejos de la sacristía de la iglesia de San Pedro, Lima.

476
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

visión del gobierno del país. Según ellos los “guam- de la marginación que sufrían en su propia tierra.
bos” o chapetones no debían ser obedecidos por los Los encomenderos y la sociedad civil apoyaban es-
indios, pues los aborígenes naturalmente estaban tas manifestaciones de los curas nativos y pronto el
relacionados con el núcleo criollo-mestizo o apus, cabildo eclesiástico de Lima llegó a declarar que los
que se consideraba descendiente de los incas. La curatos debían otorgarse solamente a los “benemé-
nobleza indígena, bastante amestizada, pudo desen- ritos”, es decir a aquellos religiosos hijos y nietos de
volverse con gran autonomía y de este modo la fi- los conquistadores. Esta recompensa eclesiástica
gura del inca recobró mucho de su antiguo esplen- concordaba con la búsqueda de la perpetuidad de
dor. La alianza criollo-mestiza comenzó a intervenir las encomiendas y otros candentes temas contem-
en los asuntos regionales y logró imponer nombra- poráneos.
mientos de corregidores y funcionarios religiosos, La vida religiosa tuvo mucha importancia en
tanto así que el cabildo eclesiástico del Cuzco pro- América. Las huestes frailunas en las ciudades pe-
hibió en 1733 el otorgamiento de cargos locales a ruanas podían fácilmente compararse con las exis-
gente que no fuera oriunda de la diócesis. Intelec- tentes en las grandes ciudades europeas, y no falta-
tuales como Diego de Esquivel y Navia llegarían a ban tampoco pequeños conventos en los pueblos y
criticar la actuación de algunos corregidores, casi urbes secundarias, que la población defendió reite-
siempre foráneos, por los abusos cometidos contra radas veces ante el deseo real de clausurarlos. La vi-
los indios, explicando así la sublevación de Juan da monacal estaba profundamente arraigada en la
Santos Atahuallpa (Pease 1992a: 283). mentalidad de la época y todos la vislumbraban co-
mo un posible destino. Los ricos enviaban allí a las

VIRREINATO
El criollismo conventual hijas que no podían casar, en un intento de que
Desde el siglo XVI, la Iglesia se convirtió en un
importante lugar de confrontación entre estas
“dos naciones”, denominación que sirvió para di-
ferenciar a los bandos opuestos de criollos y pe-
ninsulares. Estas luchas en su interior dieron ori-
gen al protocriollismo, pues ya en estas tempranas
épocas los frailes criollos encontraron serios pro-
blemas para dejarse oír cuando denunciaban in-
justicias en el reparto de doctrinas y se quejaban

Convento e iglesia de San Francisco de Lima


en un apunte del siglo XVII.

Sacristía de la iglesia de San Pedro, Lima.

477
Patrucco

mantuvieran su estatus, y los pobres y los grupos denominada la “alternativa”, mecanismo según el
medios intentaban ascender socialmente enviando a cual se sucedían cada tres años en los diversos car-
uno de sus miembros a un convento importante, de gos un criollo y un peninsular. Entre los francisca-
modo que casi toda la población se hallaba repre- nos se utilizó la “ternativa” que consistía en alter-
sentada en la vida monástica. nar en los diversos cargos a un criollo y a dos penin-
Cada tres años, a la hora de elegirse a las autori- sulares, uno de los cuales debería haber profesado
dades, los capítulos conventuales se convirtieron en sus votos en América y el otro en España.
un lugar privilegiado para dirimir las confrontacio- La Corona intercedió ante la Santa Sede para
nes entre españoles y americanos. Cuando los crio- controlar la creciente injerencia criolla en las órde-
llos fueron jóvenes e inexpertos no constituyeron nes, siendo frecuente que sólo una minoría de los
mayor problema para los peninsulares. Pero luego nacidos en el Perú accediera a la “alternativa”, o
los hispanos empezaron a discriminarlos porque que unos cuantos peninsulares en un convento ma-
vieron disminuir su poder frente al número abru- yoritariamente criollo se mantuviesen más tiempo
mador de criollos que tomaba los hábitos. Algunos del previsto en los cargos de importancia. Algunas
de los cientos de capítulos celebrados en América medidas del Regio Patronato provocaron verdade-
resultaron especialmente tormentosos y se convir- ras revueltas populares y ciertas órdenes se perca-
tieron en una especie de foro permanente de polé- taron del problema que podría presentárseles y exi-
mica. Este tipo de enfrentamientos entre lugareños gieron discretamente a los lugareños un mayor nú-
y extranjeros se había dado ya en los conventos eu- mero de requisitos. Simultáneamente promovieron
ropeos, por lo que se aplicó una antigua solución el envío de misioneros españoles, a veces de dudo-
VIRREINATO

sa calidad, para intentar equili-


brar la balanza, pero la cantidad
de las vocaciones americanas fue
increíble y difícilmente se pudie-
ron evitar las acusaciones y los
enfrentamientos. Más espectacu-
lar aún fue el predominio criollo
en el clero secular, donde debido
a su preparación y dominio de
las lenguas vernáculas pudieron
obtener un rápido ascenso, lle-
gando a ocupar las dignidades
episcopales dentro y fuera del
propio virreinato. Esta presencia
no dejó de causar enfrentamien-
tos entre obispos y cabildos ecle-
siásticos, entre curas y autorida-
des episcopales (Lavallée 1993:
160-171; Céspedes del Castillo
1983: 299-300).

Las aspiraciones criollas se expresaron


en diversos ámbitos de la vida colonial,
como en el religioso. El criollismo
conventual fue una corriente muy
poderosa y encontró eco en las
principales órdenes religiosas: jesuitas,
dominicos y franciscanos. En la imagen,
la catedral de Huancavelica.

478
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

III
LAS CASTAS

El cruce de los tres grupos raciales más impor-


tantes: el español, el indígena y el africano, gestaría
en América un sinnúmero de variedades raciales,
cuyo resultado inicial dio origen a los mestizos, los
mulatos y los zambos o chinos, productos del cruce
de sangre española e india, española y negra, y ne-
gra e india respectivamente. La categoría conocida
como “castas de mezcla” fue un verdadero cajón de
sastre donde la normativa española encasilló a to-
dos los nuevos tipos raciales que no habían sido
imaginados al inicio, o que siendo prohibidos de
antemano, no pudieron ser evitados. La mezcla de

VIRREINATO
estos grupos configuraría a la larga un complejo
árbol clasificatorio que podría ilustrarse de la forma
siguiente:

Español e indio Mestizo


Español y mestizo Cuarterón de mestizo
Español y cuarterón de mestizo Quinterón
Español y quinterón Español o quinterón de mestizo

Español y negro Mulato


Español y mulato Cuarterón de mulato
Español y cuarterón de mulato Quinterón de mulato
Español y quinterón de mulato “Gente blanca”
Esclavo afroperuano en una acuarela del siglo XVIII.
Mestizo e indio Cholo
Mulato e indio Chino público y cotidiano se reducían a mulato, chino,
Español y chino Cuarterón de chino coyote (mestizo oscuro) y cholo (castizo o mestizo
Negro e indio Zambo de indio claro). De otro lado, los libros parroquiales no exi-
Negro y mulato Zambo gían mayores especificaciones, ya que se dividían en
secciones de españoles, indios y castas.
Esta enrevesada categorización podía complicar- Como Mörner ha señalado, estas catalogaciones
se aún más. Para llegar a una mayor especificidad se fueron concebidas inicialmente como denominacio-
acuñaron denominaciones como no-te-entiendo, ten- nes raciales, pero pronto se convirtieron en indica-
te-en-el-aire, jíbaro, tresalbo, jorocho, prieto, lunarejo, dores sociales. Al confundirse la raza y la estratifi-
rayado, dando pie a una “morbosa genealogía ra- cación racial se distorsionó la correspondencia en-
cial”. Según los estudiosos esta catalogación res- tre las características étnicas y el estatus social. De
pondía a la inventiva y preocupación de algunos in- este modo se podía observar incongruencias en los
telectuales, antes que al propio sentimiento del grupos que debían ocupar posiciones intermedias,
hombre común, pues las denominaciones de uso pues resultaban ubicados en el nivel más bajo y vi-

479
Patrucco

ceversa. El siguiente listado nos permite comprobar que los españoles, y hasta algunos clérigos, estable-
cómo el orden expresado por la condición legal se cieran barraganías y lazos poligámicos con las abo-
veía tergiversado por la realidad: rígenes. Es necesario señalar que no fueron muchos
los españoles andinizados, aunque existen eviden-
cias de náufragos y prisioneros que desarrollaron un
gran apego por las familias de sus mujeres y nunca
Condición legal Status social
las abandonaron. Algo similar ocurrió con los mes-
Españoles Españoles peninsulares tizos chilenos que se confundieron entre los arauca-
nos, pero todos estos casos fueron singulares.
Indios Criollos El mestizaje se hizo particularmente patente
Mestizos después del desastre demográfico. Konetzke susten-
Mestizos
ta la hipótesis de que una mayor semejanza racial al
Mulatos, zambos, negros
Negros libres mulatos libres
grupo indígena permitía una mejor adaptación físi-
y zambos ca en las zonas tropicales e insalubres, mientras que
Esclavos los sujetos parecidos al tipo español tenían mejores
Esclavos
Indios (del común) esperanzas de supervivencia en las áreas templadas.
Esto habría llevado al emblanquecimiento de ciertas
regiones. En Chile, Paraguay, Río de la Plata y el Al-
La Corona intentó permanentemente que estas to Perú (Santa Cruz de la Sierra), los mestizos eran
diferencias en el papel se vieran claramente repre- tan blancos que se creían blancos puros. Sin embar-
VIRREINATO

sentadas en la vestimenta, la vivienda, el trabajo y go, aun cuando el parecido al grupo hispano ayuda-
la forma de actuar de la gente. Sin embargo los in- ba al ascenso social, el etnocentrismo hispano repa-
dividuos pertenecientes a estos grupos trataron por raba más en elementos etnorreligiosos que en las
todos los medios de cambiar de segmento social, se- características raciales. Criterios como la legitimi-
gún las conveniencias de momento. A la larga, la dad de la filiación y la conversión de las madres in-
verdadera importancia de la miscegenación (o mez- dias jugaron un papel de enorme importancia en la
cla racial) estaría dada por su íntima relación con aceptación posterior del mestizo.
dos procesos sociales como son la “aculturación” o Los primeros mestizos que encontramos en te-
mezcla de elementos culturales, y la asimilación o rritorio peruano procedían de otras partes de Amé-
absorción de un individuo o pueblo por otra cultu- rica –como Almagro el Mozo que había nacido en
ra. “En América Latina el mestizaje se convirtió en Panamá– y llegaron acompañando a la expedición
un importante vehículo de aculturación, y con mu- conquistadora, siendo oficialmente considerados en
cha frecuencia coincidieron el cruzamiento racial y la categoría de españoles, por provenir de zonas an-
la fusión cultural” (Mörner 1978: 18-65). teriormente incorporadas al imperio. De la misma
manera, los mestizos nacidos en el Perú que lucha-
LOS MESTIZOS ron en la conquista de Chile, alcanzaron allá la ple-
nitud de sus derechos por ser oriundos de zonas
Durante el proceso de conquista, el mestizaje se “antiguamente conquistadas”. Antes de la aparición
vio rápidamente impulsado por la falta de mujeres de los primeros mestizos peruanos, surgiría un gru-
españolas. Raptos, abusos y violaciones fueron rea- po de indios rápidamente asimilados, afectados por
lidades cotidianas, pues las mujeres indias eran una suerte de acelerado “mestizaje cultural”, que
consideradas parte del botín o la justa recompensa serían de enorme importancia en el inicio del pro-
a los trabajos de la conquista. En muchos casos las ceso de aculturación del siglo XVI. Un indígena co-
nativas fueron “regaladas” por los caciques y régu- mo Martín de Poechos parecía conducirse como
los locales a los españoles, a manera de esposas o mestizo y oficiaría de importante nexo entre ambas
esclavas, creyendo facilitar así una política de alian- civilizaciones. Este proceso de rápida inserción en
zas regionales como en los tiempos precolombinos. el mundo occidental se seguiría manifestando y
De hecho, algunas de estas parejas formaron verda- años más tarde un personaje de la talla teológica de
deras familias, pero tales relaciones por lo general Juan de Santa Cruz Pachacuti, podría ser definido
no duraron mucho. La Iglesia vio con preocupación como “indio por nacimiento pero mestizo por su
las consecuencias futuras de tal mestizaje entre in- forma de creer”, pues fue un gran representante de
dias y conquistadores, tratando de evitar además la aculturación en el ámbito religioso.

480
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

El primer grupo mestizo propiamente peruano terio de legitimidad tuvo enorme importancia, lle-
se gestaría en el encuentro inicial de la conquista. gando a equipararse a los mestizos de relaciones lí-
Repitiendo la costumbre ejercida a lo largo del con- citas con los vástagos de los españoles nacidos den-
tinente, los españoles tomaron mujeres entre las na- tro del matrimonio. En consecuencia, muchos mes-
turales y formalizaron barraganías. Muchas de ellas tizos legítimos recibieron encomiendas, corregi-
lo hicieron de buen grado, “por las ventajas que les mientos y mercedes reales, aunque para integrarse a
ofrecía el vivir con los conquistadores”, y los espo- la temprana sociedad hispanoperuana fue funda-
sos supieron aprovechar las ventajas que suponían mental el acceso a la educación, pues de lo contra-
las reglas de parentesco andino. Garcilaso refería rio estaban condenados a ser reabsorbidos por los
cómo “viendo los indios alguna india parida de es- estratos indígenas. Por ello los padres se preocupa-
pañol, toda la parentela se juntaba a respetar y ser- ron de la instrucción de sus hijos según las normas
vir al español como a su ídolo, porque había empa- españolas, e incluso los mandaron a vivir con pa-
rentado con ellos, y así fueron estos tales de mucho rientes en la lejana España. Muchos niños mestizos
socorro en la conquista de las indias”. de pocos recursos encontraron colocación en pues-
Sin embargo, pocos fueron los hijos de tales tos de servicio o de aprendices de artesanos, en ac-
uniones que pudieron crecer junto a la figura pater- tividades que les permitieron llevar una vida digna.
na, por lo frágil y transitorio del vínculo conyugal. Pero casi sin excepciones, los más pobres e ilegíti-
En algunos casos los huérfanos de madre india y pa- mos no lograron oficio ni beneficio, convirtiéndose
dre blanco, fueron criados por tutores y mujeres es- en un fuerte motivo de preocupación para las auto-
pañolas, que fungían de madres sustitutas. En otros ridades y en su nombre se enarboló el menosprecio,

VIRREINATO
el mestizo, a pesar de saberse hijo de español, se asi- que afectaría años más tarde a todos ellos.
milaba rápidamente al grupo indígena. Desde épocas tempranas el Estado dispuso la
Pero la suerte de estas uniones extramatrimonia- creación de colegios de niñas mestizas, para así con-
les cambió abruptamente cuando la Corona obligó vertirlas en jóvenes casaderas. Una vez reconocidos
a los conquistadores a regresar con sus familias a
España o traer de la Península a sus mujeres. Aun-
que algunos españoles convalidaron relaciones pre-
vias pagando una licencia denominada “composi-
ción”, muchos otros tuvieron que cumplir con los
mandatos reales, abandonando a sus concubinas in-
dígenas. Solamente cuando se trataba de hijas de
caciques y “régulos” o señores étnicos, y de los vie-
jos encomenderos, la Corona promovió el matri-
monio mixto, pues como decía Gutiérrez de Santa
Clara, “se casaron con sus mancebas que eran in-
dias principales”. Con el tiempo estas uniones se-
rían mejor vistas jurídica y socialmente y dejarían
de considerarse como menoscabo y mancha de san-
gre, pero la mayoría de los españoles optaría por ca-
sarse con españolas, lo que parecía asegurar la
crianza de los hijos y el establecimiento de un ho-
gar según las costumbres hispanas.
La vida de los primeros mestizos peruanos tu-
vo un cambio de 180 grados al destruirse las rela-
ciones entre los conquistadores, sus mujeres indíge-
nas y el “entorno” familiar. Desde entonces la per-
tenencia del mestizo al grupo español dependería
de factores como la buena posición del padre, y la
suerte e ingenio del hijo. Si bien el ser mestizo re-
sultaba una verdadera disminución, muchos, inclu-
so los ilegítimos, fueron bien aceptados si descen- Sacerdote, indios y mestizo libando licor en un dibujo de
dían de un padre prominente. Paralelamente, el cri- Guaman Poma de Ayala.

481
Patrucco

los mestizos como frutos de la unión de dos repú- sastre demográfico y del rediseño del espacio andi-
blicas, se asumió que el matrimonio con estas mu- no debido a las reducciones. Pero aparecieron con
chachas no impedía ni social, ni jurídicamente la frecuencia rencillas y enfrentamientos, por lo que
limpieza de sangre, y que algunas eran un estupen- fueron frecuentes los asaltos a comunidades y los
do partido, sobre todo si el padre era importante o abusos hacia los productores de coca. Además de
la dote jugosa. En niveles inferiores podían aspirar convertirse en el azote de los atribulados indios,
a casarse con algún español al servicio del padre o otros mestizos irían más allá en sus protestas. En
quizá con alguien proveniente de un rango ligera- 1556, aliados con españoles descontentos, nobles
mente menor. Pero al pasar los años, las mestizas indígenas e incluso con los rebeldes de Vilcabamba,
aptas para el matrimonio sobrepasaron ampliamen- intentaron levantarse en las principales ciudades.
te el número de los españoles dispuestos a despo- Mayores implicancias tendría el motín de Quito en-
sarlas. En esa época la carencia de dote presagiaba cabezado por Miguel de Benalcázar, hijo mestizo del
la soltería, por lo cual –como ya se ha dicho– el do- conquistador del mismo nombre, que protestaba
tar huérfanas o muchachas pobres se convirtió en por la postergación, el despojo de sus herencias, la
una de las formas predilectas de hacer caridad. Las falta de república que los amparase y el despotismo
que no tuvieron esa suerte pasaron sus vidas como de los españoles “que no les daba ocasión de vivir
sirvientas, abandonadas, o dedicadas a oficios poco honestamente pues siempre les llamaban viciosos y
honorables. holgazanes”. Luego de asesinar a las autoridades,
El gobierno español empezó a tener una gran intentaron establecer una monarquía que privilegia-
desconfianza de los mestizos por la habilidad que ra a los mestizos y les diera las encomiendas, enro-
VIRREINATO

tenían para cambiar de grupo según conviniese, y lando en su hueste a vagabundos y mulatos que
por su bilingüismo y biculturalidad que los podía eran “diestros tiradores”. La carencia de prepara-
llevar a tomar el partido de la cultura nativa. A ni- ción militar hizo fracasar el proyecto y determinó la
vel del lenguaje, las palabras mestizo e ilegítimo ejecución de su promotor.
fueron cercanamente asociadas y ello no fue casual, Es revelador que en el teatro de Lope de Vega
pues el conde de Nieva intentó prohibir los matri- apareciera la palabra indiano como sinónimo de
monios mixtos para evitar la multiplicación de esta mestizo y fugitivo de la justicia. Ello nos lleva a
gente de “mala inclinación”. Se les negó la posibili- pensar que los prejuicios se fueron ahondando con
dad de ejercer cargos públicos, se les privó de here- el tiempo, lo que no impidió que los mestizos supie-
dar encomiendas y cargos relacionados con el ma- ran sacar partido de sus virtudes y defectos, apren-
nejo de indios (como protector de indios y cacique) diendo a utilizar su indefinición, la astucia, el disi-
y más adelante se les cortó el acceso a la carrera de mulo y el dinero para aparentar una situación dis-
armas. Además se establecieron discriminaciones tinta y conseguir posiciones expectantes, imposi-
entre los hijos urbanos y legítimos, y los rurales e bles de alcanzar de acuerdo a la rigurosa estratifica-
ilegítimos. Si bien Toledo los excluyó de la mita, el ción social y a las leyes. Muchos llevaron vidas dig-
creciente mestizaje fue visto con preocupación por nas de personajes de la novela picaresca española,
las autoridades porque significaba una liberación cambiando de grupo social “con sólo variar su gra-
de los penosos gravámenes para las familias andi- do de limpieza personal, vestido, porte y lenguaje,
nas, por lo que a fines del siglo XVI todos los mes- acento y conducta”, fungiendo de mestizos si se tra-
tizos fueron empadronados, señalándose que ya no taba de tributos, de españoles al buscar empleo, o
estaban exonerados del tributo. Como decía Lope de indios frente a la Inquisición. Lo reducido de su
García de Castro, estas medidas debieron ser intro- número en los censos es un indicador de las dificul-
ducidas con cautela y “otorgando ciertas prebendas tades para rastrear su presencia en cualquiera de las
para evitar el desorden de los Reynos”. Asimismo la dos repúblicas. A la larga serían los miembros de es-
Iglesia impuso severas pruebas y observaciones a te grupo, junto con las castas, los que repoblarían
los mestizos que se presentaban a su llamado, aun- los Andes. El término indio denominará finalmente
que no los excluyó por completo. a un grupo de personas pertenecientes al sector so-
El descontento de los mestizos por esta ambiva- cial más “pobre, marginado, analfabeto, una especie
lencia y postergación se manifestó de diversas ma- de subproletariado rural y no un grupo de proce-
neras. Los vagabundos de origen mestizo y de otras dencia rural incontaminado”.
castas buscaron afincarse en las tierras que los in- Desde mediados del siglo XVII, la escasez de
dios habían abandonado como consecuencia del de- puestos y la abundancia de personas aptas para ocu-

482
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

parlos motivó el conocido enfrentamiento entre los mestizos en las reducciones, exceptuando sólo a los
criollos y los peninsulares. Los mestizos indirecta- adecuadamente casados y a los zambos “legítimos
mente terminaron incluidos en la disputa, pues los herederos de propiedades de poco o ningún interés
exclusivistas criollos azuzaron el prejuicio de ilegi- para nadie más, imposibles de vender, expulsarlos
timidad y el sentimiento racista para eliminarlos de significaría confiscarles su propiedad…”. Otros sin
concurso. A pesar de todo, el mestizaje iría ganan- embargo veían a los zambos “como la gente más vil
do terreno durante el siglo siguiente, como lo sugie- de esta región” y la Corona pronto les impuso mi-
ren la inviabilidad de los criterios clasificatorios y el tas, tributos y obligaciones de mestizos, que difícil-
incremento de los matrimonios mixtos. Si la discri- mente compensaban la libertad heredada de la ma-
minación racial había sido difícil de ejercer en los dre india.
primeros tiempos, mucho menos fácil fue posterior- La población hispana masculina demostró gran
mente, cuando los mestizos hicieron gala de su ha- preferencia por sus esclavas, multiplicando el grupo
bilidad para ocultarla. Durante el siglo XVIII, los de los mulatos. Algunos críticos de la época señala-
viajeros e informantes secretos Antonio de Ulloa y ban que este apego encontraba su origen en las
Jorge Juan propusieron a la Corona reclutar a los amas negras de leche que proporcionaban el pecho
“ociosos e inútiles” mestizos para enviarlos a Espa- a los bebés españoles. Si la “contaminación” india
ña a recibir formación militar (Céspedes del Casti- de la sangre española desaparecía en tres generacio-
llo 1983: 184-296; Mörner 1978: 7, 34-39, 45 y ss., nes, esta mezcla con sangre negra se presentaba has-
71; Pease 1992a: 284 y ss.; López Martínez 1965; ta en los tataranietos y llevaba consigo el perma-
Konetzke 1971: 79-82; Lockhart 1982: 210 y ss.; nente peligro del “saltapatrás” o la aparición atávica

VIRREINATO
Busto 1965: 84; Pease 1965: 126). de los caracteres raciales africanos en una genera-
ción ulterior. Habitualmente el mulato era más des-
LAS OTRAS CASTAS preciado que el mestizo –en palabras de Solórzano–
“por tenerse esta mezcla por más fea y extraordina-
Los cruces raciales no se dieron únicamente en-
tre españoles e indias, pues a pesar de los deseos de
la Corona también los negros entraron en el compli-
cado panorama racial americano, integrando la cla-
sificación de las llamadas “castas de mezcla”. Las
autoridades españolas habían ordenado que un ter-
cio de la población africana traída a América fuera
de sexo femenino, para evitar el temido contacto
entre negros e indios, posible vía de una contamina-
ción musulmana de los habitantes del Nuevo Mun-
do y de la reunión de los peores caracteres de am-
bas razas. Aunque la población andina distó de ser
convertida al islamismo, no se pudo evitar el inter-
cambio sexual entre negros e indios, y el surgimien-
to de los zambos o chinos. La cercanía de grupos
flotantes en el ámbito urbano propiciaba tales unio-
nes, mientras en el medio rural la presencia de ma-
yordomos y asistentes de corregidores de raza negra
y mulata, estimulaba los contactos interraciales. De-
bido a la desproporción entre los sexos, los esclavos
debieron realizar grandes esfuerzos para conseguir
pareja, por lo que rápidamente ganaron la reputa-
ción de lujuriosos. En estos menesteres muchas ve-
ces contaron con la ayuda de las indias, que veían
en los africanos a los ayudantes y protegidos de los
españoles, gente con más poder a la postre que los
disminuidos indios. Toledo y sus sucesores quisie- San Martín de Porras, ilustre mulato del siglo XVII. En la
ron evitar la intromisión de vagabundos, negros y escena aparece levitando en una ilustración del Perú colonial.

483
Patrucco

ria”, ya que “lo más ordinario es que nacen del adul- manumisión era un largo proceso que consumía
terio, o de otros ilícitos y punibles ayuntamientos”. una buena parte de la vida. La liberación por com-
Los pocos matrimonios estre españoles y negras pra comenzaba cuando el dueño fijaba un precio
fueron muy estigmatizados, además de padecer la que debía ser mantenido incluso por los siguientes
oposición de la Corona, deseosa de evitar que las es- propietarios. El paso siguiente era reunir el dinero,
clavas obtuvieran su libertad y que ésta se extendie- a veces con la ayuda del amo y de personas genero-
ra a sus hijos mulatos. sas dispuestas a realizar una obra de caridad cristia-
Muchos padres manumitieron a sus hijos ilegíti- na. Las manumisiones ocurrieron generalmente en
mos, los reconocieron y ejercieron su tutela, y así la ciudad, pues los esclavos en el medio rural difí-
los ayudaron a subir muy ligeramente en la escala cilmente podían reunir el dinero necesario debido a
socioeconómica. Si carecía de ese apoyo, el destino la escasez de circulante, y aun cuando lo lograban
del hijo no era muy promisorio, pues su situación su existencia libre no se diferenciaba mucho de la
era equiparable a la de “gentes sin valor e infames anterior.
castigados por el Santo Oficio”. La educación les fue La población negra libre aumentaría con el paso
restringida y las universidades y colegios reales les de los años. En 1586 se registraban en Lima unos
cerraron sus puertas. Incluso una institución tan mil libertos, pero hacia 1660 su número bordeaba
democrática como el colegio de San Pablo de los je- los tres mil individuos. Como hombres libres, eran
suitas se vio obligada a excluirlos, cortándoles el ca- llamados “negros horros”, y podían ser vistos indis-
mino para las profesiones. La prejuiciosa idea de la tintamente como una “banda de revoltosos que pro-
ilegitimidad impidió que accedieran a cargos públi- tegen esclavos fugitivos, encubren robos y fomen-
VIRREINATO

cos, aunque a partir del siglo XVII la Corona empe- tan la inquietud”, o como una “clase diligente y útil
zó a vender algunos cargos burocráticos menores a que aprovecha cualquier oportunidad y ayuda a
morenos libres adinerados. Igualmente la entrada a construir este país”. Pese a todo, la situación de los
la Iglesia les estuvo vedada aun para desempeñar las llamados “pardos libres” era poco envidiable, tanto
ocupaciones inferiores, siendo el caso del futuro por lo humilde de su condición, como por ser ob-
santo Martín de Porras una excepción debida a su jeto de innumerables prejuicios que no afectaban ni
educación y al ilustre linaje de su padre, ya que los a los propios esclavos, ni a los indios, debiendo
mulatos estaban afectados por obligaciones comu- cumplir como los españoles con el servicio de mili-
nes al resto de castas, y en la mayoría de los casos cias, estar bajo la supervisión del Santo Oficio y pa-
compartieron el modo de vida de los negros libertos gar el tributo estipulado para los naturales. La posi-
(Konetzke 1971: 83; Mörner 1978: 40-46; Bowser ción de inferioridad de los libertos no les impidió
1977: 347-384). conseguir conquistas grupales, como la eliminación
del tributo, tras un siglo de protestas y tenaz opo-
LOS NEGROS LIBRES sición. El impuesto fue considerado “de poca sus-
tancia pero motivo de mucho escándalo” y por tal
Cuando se habla de las castas generalmente se razón se eximió “a las mujeres de color y a los
olvida mencionar al grupo compuesto por la pobla- hombres que hubieran servido o sirvieran en ese
ción africana liberada, que adquirió su manumisión momento en la milicia”. Otras imposiciones anexas
en el país, aunque se tiene noticia de la llegada de al tributo, como la obligación de vivir y emplearse
un cierto número de negros libertos. Como puede solamente con españoles, se irían incumpliendo
deducirse, los esclavos al ser liberados no podían paulatinamente hasta convertirse en letra muerta.
encontrar sitio en las repúblicas de españoles o de Se trataba de alejarlos de la vagancia y la prostitu-
indios, teniendo como único reducto el grupo de las ción y atender a los huérfanos y a los enfermos, ob-
castas. Bowser considera que la manumisión se da- jetivos que tambien quedaron sin realizar.
ba de tres maneras claramente determinadas: por la Eventualmente, la ciudad obligaba a los libertos,
voluntad del amo generalmente expresada por tes- a los que insidiosamente se continuaba llamando
tamento; por la compra del esclavo con dinero ga- “esclavos”, a barrer las calles y patrullar la ciudad, a
nado por él, por su familia o prestado por terceros; reparar diques y erigir fortificaciones y a cuidar en-
y la generada indirectamente por la mezcla racial, ya fermos durante las epidemias. Las leyes también
que los padres blancos podían comprar la libertad podían regular asuntos hoy considerados menudos
de sus hijos mulatos, y los hijos de esclavos habidos y sin importancia, como el lujo y la apariencia de las
en vientre libre nacían libres. Frecuentemente la personas, prohibiendo a las libertas el uso de sedas,

484
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

perlas, adornos de plata y oro, sandalias con campa- nas de las islas caribeñas, como justa retribución a
nillas y el usar alfombras o cojines en la iglesia, y los enormes gastos que la empresa descubridora ha-
camas con dosel en las casas. La idea que movía es- bía demandado de los Reyes Católicos. Este comer-
tos reglamentos frecuentemente incumplidos era cio de aborígenes, practicado durante casi una déca-
supuestamente prevenir la prostitución y castigar da, sería finalmente prohibido por los monarcas.
los signos exteriores de riqueza que tan antigua pro- Contrariamente a lo sugerido por intereses econó-
fesión podía proporcionar. La Iglesia, que tantos micos y comerciales, la Corona declararía en el año
afanes tenía en la cristianización de los libertos, 1500 la libertad de los indios, que en lo sucesivo se-
prohibió sin embargo que usaran ataúdes y fueran rían considerados súbditos de su majestad. Desde
enterrados en los templos. entonces la relación con los nativos fue semejante a
La anhelada libertad por ellos imaginada fue la establecida por los españoles de la Reconquista
muchas veces sólo una ficción, pero se ingeniaron con los infieles musulmanes. Si aceptaban ser tribu-
para “ser aceptados con semejantes desventajas y tarios de los señores cristianos se les permitía vivir
convertir las obligaciones en beneficios”. Cuando con cierta autonomía en sus barrios y proseguir con
trabajaban como operarios realizaban ocupaciones sus costumbres, pero si eran vencidos ofreciendo
similares a las de un esclavo por un sueldo que resistencia, se les vendía como esclavos.
fluctuaba entre los 50 y los 150 pesos, monto seme- La decisión de considerar súbditos a los indios
jante al que recibía un español no calificado por el estaba en cierto modo condicionada por la “entre-
trabajo. Encontraron posibilidades de un mayor ga” pontificia de los infieles americanos y sus terri-
desarrollo en los oficios y artes manuales y pronto torios a los monarcas españoles, para que éstos

VIRREINATO
se hallaron adscritos a ciertas labores como la edi- procuraran su evangelización y salvación. El nuevo
ficación de muros de adobe y la carpintería burda, o estatus de vasallos libres impedía la esclavitud de
contaron con pequeños comercios y servicios como
panaderías, hosterías, pulperías. En estas ocupacio-
nes formaron a veces pequeñas fortunas, que tras-
mitían a sus hijos y gastaban en donativos píos y en
lujosos entierros o simplemente en satisfacer nece-
sidades cotidianas de cualquier español, como casa,
esposa, y tierras, ropa fina y esclavos.
Inicialmente los negros libres conformaron gru-
pos totalmente cerrados, comunidades tan estre-
chas como la vasca o minorías extranjeras, causan-
do inquietud en algunas autoridades. Muchos de
ellos percibieron sin embargo que su ascenso social
no se daría por esta vía, sino integrándose al resto
de la sociedad, emblanqueciendo su piel y sus ma-
neras, estableciendo relaciones con gentes de otros
estratos y perdiendo en parte su identidad y su co-
hesión racial (Bowser 1977: 347-390; Lockhart
1982: 196-251).

LOS ESCLAVOS

Los esclavos indios


Los grandes descubrimientos revitalizaron la es-
clavitud, sistema de explotación que estaba desapa-
reciendo de la Europa que salía de la Edad Media, y
las dimensiones que alcanzó a partir de 1492 pue-
den ser equiparables a los grandes sistemas esclavis-
La discusión sobre la naturaleza de los indios americanos
tas de la antigüedad. Cristóbal Colón, a falta de las acaparó el debate teológico y jurídico español en la primera
ansiadas especias y las playas de arenas de oro que mitad del siglo XVI. Grupo de indios peruanos en dibujo de
quería encontrar, no desdeñó la venta de los indíge- Guaman Poma.

485
Patrucco

los aborígenes, y en lo sucesivo sólo podrían ser La dureza de la conquista de Chile ocasionó que en
comerciados si eran aprehendidos –como sus pre- 1610 se declarara esclava a toda la población arau-
decesores los moros– en guerra justa. A partir de cana, situación que se mantuvo hasta finales de ese
ese momento los conquistadores entendieron como siglo. En el Perú casi no se efectuó trata de indíge-
guerra justa todo enfrentamiento con los indígenas, nas, aunque en los registros notariales de Moquegua
por lo que la Corona luego de arduas deliberacio- del siglo XVII se registra un abultado comercio de
nes impuso la obligación de ejecutar el requeri- esclavos indígenas, que luego de determinado plazo
miento, que era una fórmula jurídica en la que se “se convertían en yanaconas, en una suerte de andi-
resumía buena parte de los principios cristianos, se nización de la esclavitud originada en la guerra”.
señalaba la labor evangelizadora de los reyes espa- Los esclavos indígenas vivían entremezclados con
ñoles y su sumisión a Roma y se instaba al régulo los negros y compartían muchas de sus actividades
aborigen a convertirse. Todo esto expresado en un y modos de vida. A diferencia de éstos eludieron el
complicado y técnico lenguaje jurídico, difícil de trabajo agrícola, el arrieraje y las brigadas de varia
comprender aun para los propios castellanos, e ocupación, y constituían un grupo preferentemente
ininteligible sin duda para los americanos. El en- de artesanos, mientras las esclavas indias eran gene-
frentamiento generado luego de la lectura de este ralmente concubinas.
formulismo era considerado guerra justa. Pese a to- Aun cuando alcanzaron precios menores que los
do, este procedimiento, que debía ser llevado a ac- negros, los esclavos indios eran muy útiles por su
tas por un notario y supervisado por los sacerdotes rápida aculturación y su dominio eficiente del cas-
de la expedición, fue un sincero intento de salva- tellano. Al igual que los negros se escapaban y a los
VIRREINATO

guardar la integridad de los pueblos conquistados huidos se les llamaba “indios horros”, teniendo de
desde la óptica de la escolástica y de la antropolo- hecho mucha facilidad para ocultarse en los pue-
gía etnocéntrica del siglo XVI. blos de indios. Mientras las poblaciones negras
Durante un tiempo los únicos esclavos indígenas compraban su libertad con el dinero reunido por el
que se podían encontrar en el Perú eran los arriba- largo y paciente trabajo de toda una vida, los indios
dos junto con los conquistadores desde Centroamé- eran manumitidos gracias a donaciones o por tener
rica, concretamente de Nicaragua y Nueva España. parentesco con su propietario. Sin embargo los in-
Pero una temprana real cédula de 1533 permitió a dígenas que recibieron su libertad podrían ser con-
los españoles “tratar, comprar y vender” a los aborí- tados con los dedos de la mano en comparación con
genes previamente considerados esclavos en la so- los negros, y en las primeras épocas no se conoce de
ciedad andina. La ley se interpretó como una licen- ningún caso de esclavo indio que la comprara. En
cia para comercializar a los yanaconas o yanas que resumen podría decirse que el núcleo de indígenas
se hallaban en poder de los curacas. Sin embargo, la esclavizados sólo constituyó un factor transitorio en
política seguida por la Corona procuraba prohibir la sociedad colonial.
este comercio de “piezas de carey” –como llamaban En el Perú se registró el comercio esporádico de
los tratantes a la mercancía indígena–, por lo que esclavos asiáticos o “piezas de marfil”, vendidos a
Carlos V suprimió esta facultad de los conquistado- altos precios por su rareza. Venidos al continente
res reiteradas veces hasta la aparición de las Leyes por la vía del galeón de las Filipinas, eran luego
Nuevas, cuando fue definitivamente abolida. Curio- transportados al Perú desde Acapulco. Las enormes
samente los más interesados en evitar la esclaviza- dificultades que rodeaban el comercio con Oriente
ción de los indios rebeldes fueron los encomende- y la prohibición real de 1597 evitaron una mayor in-
ros, que no querían ver disminuir el número de sus migración asiática durante la colonia. Igualmente
tributarios. Lockhart refiere que cuando se intentó exóticos fueron los esclavos indonesios denomina-
esclavizar a un grupo de indios rebeldes del centro dos “piezas de caoba”, que en pequeño número arri-
del Perú, los encomenderos protestaron de tal mo- baron al Perú durante el siglo XVII (Céspedes del
do que los indios fueron devueltos a sus respectivas Castillo 1983: 183; Pease 1992a: 296; Konetzke
encomiendas. 1971: 153-159; Lockhart 1982: 258-261).
La mayoría de los esclavos indígenas se recluta-
ba en las inciertas zonas de frontera, ya que la rebel- Los esclavos negros
día de los indios obligaba a tomar este tipo de ven- Los primeros esclavos negros que pasaron a
ganzas y represalias, tal como sucedió con los cari- América lo hicieron en compañía de sus amos, ha-
bes que eran antropófagos, los pijaos, o los chanes. bitualmente personas distinguidas que no podían

486
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

prescindir de tales servicios. De este modo muchos cado se convertirían en detractores de la esclavitud,
esclavos combatieron al lado de sus propietarios y y en nombre de la humanidad de estos seres que el
llegaron a destacar en las guerras de conquista. Ini- destino había puesto “en una situación contraria a
cialmente la política real frente a la inmigración ne- las leyes de la naturaleza”, planteaban que los ne-
gra fue restrictiva, ya que se imponía una tasa de gros eran también acreedores de “una serie de dere-
dos ducados por “pieza de ébano” importada y sólo chos inalienables”. Pero las necesidades económicas
tenían cabida en el nuevo continente los esclavos llevaron finalmente a la justificación de la trata ne-
cristianos y residentes en España. Pero pocos años grera. Así Solórzano podía decir “se venden en el
más tarde, se prohibió el paso de estos negros his- África a sus tratantes por su voluntad o tienen jus-
panizados, admitiéndose únicamente “mercancía tas guerras entre sí, en que los cautivan unos a otros,
humana” procedente del África. En aquellos prime- y a estos cautivos los venden después los portugue-
ros años del descubrimiento, la abundancia de po- ses, que nos los traen” (Konetzke 1971: 67-78; Bow-
blación indígena no hacía presagiar la suerte que ser 1977: 281; Céspedes del Castillo 1983: 143).
correría la trata de negros. La agresiva defensa del
indio realizada treinta años más tarde por los padres El esclavo en el Perú
jerónimos y por Bartolomé de las Casas, limitaría la Los primeros esclavos negros presentes en el Pe-
disposición de mano de obra indígena, teniendo la rú lucharon junto con sus dueños en la conquista
Corona que enfrentar las presiones de los colonos de los nuevos territorios, alcanzando muchas veces
que clamaban por la importación de esclavos, para posiciones de importancia, lo que les permitió ac-
aliviar la situación de las grandes plantaciones cari- ceder a una serie de privilegios como poseer a su

VIRREINATO
beñas. Las condiciones económicas que se gestaban vez otros esclavos. En los años sucesivos, la llegada
en América tropical bajo el régimen del monoculti- de población de origen africano se iría incrementan-
vo, “revitalizaron el papel de la esclavitud en la ci- do de manera rápida, e incluso se pensó que sería
vilización occidental y ocasionó... la inmigración
transoceánica forzada de mayor magnitud que re-
gistra la historia”.
Luego de algunos ensayos, Carlos V empezó a
otorgar licencias entre sus validos, para introducir
esclavos en América. La dificultad de efectivizar ta-
les derechos obligaba a los favorecidos a vender la
concesión a algunos comerciantes, los que realiza-
ron efectivamente el tráfico. Si bien los colonos re-
clamaron insistentemente la capacidad de la impor-
tación directa, la Corona se negó sistemáticamente,
porque la dación de los permisos de trata constituía
una forma práctica de recompensar servicios, in-
centivar empresas arriesgadas, pagar deudas y dotar
de gastos de representación a los altos funcionarios,
sin recurrir a las exhaustas cajas reales. El comercio
de esclavos llegó a superar el millón de ducados
anuales, pero el reducido número de licencias con-
cedidas generaba el encarecimiento de la mercade-
ría y un enorme contrabando. Al comenzar el siglo
XVII se inauguró una nueva modalidad de venta de-
nominada asientos, contratos monopólicos en ma-
nos de “consignatarios” que pagaban derechos de-
terminados a la Corona. El sistema no funcionó
adecuadamente y los asentistas fueron defenestra-
dos continuamente, recayendo los derechos de este
monopolio en manos de portugueses y holandeses.
Grandes personajes como el arzobispo de Méxi- Marcas de esclavos, tal como aparecen en los documentos
co Alonso de Montúfar o el teólogo Tomás de Mer- notariales de Lima. Tomado de Bowser 1977.

487
Patrucco

una adecuada solución a la Fachada de la casa de Pilatos


falta de brazos en las mi- en Lima, que data del siglo
XVII. En 1635, su propietario
nas. Sin embargo, el mismo Manuel Bautista Pérez, junto
Francisco Pizarro sugirió al con un numeroso e influyente
Consejo de Indias no in- grupo de comerciantes de
origen portugués, fueron
centivar la esclavitud y los encausados por el Santo Oficio
mineros apoyaron tal pare- acusados de judaizantes y de
cer, aduciendo la incapaci- preparar una vasta
conspiración.
dad del negro para aclima-
tarse a las alturas, idea que
por otra parte la realidad se
encargaría de desmentir. La
posición adoptada por los
mineros no era ni lejana-
mente principista. Sencilla-
mente no estaban interesa- las de ultramar, a pesar de
dos en invertir en esclavos, la oposición de Felipe II,
porque aprovechaban la ca- que por entonces ocupaba
si gratuita mano de obra in- también el trono lusitano.
dígena; pero cuando ésta Dicho monarca intentó fre-
nar el desplazamiento del
VIRREINATO

no fue suficiente, llevaron a


Potosí a innumerables esclavos negros que trabaja- oro indiano de España a Portugal y el enriqueci-
ron en los socavones y en tareas anexas. También el miento de los mercaderes lisboetas, que llegaron a
esclavo negro sustituyó al indio en otras labores, establecer grandes casas comerciales en América.
compartiendo con yanaconas y peones libres el tra- Uno de ellos, conocido como Manuel Bautista Pé-
bajo en los campos de la costa, región donde residió rez, era considerado “el hombre más rico del Perú”,
principalmente. con una fortuna cercana al millón de pesos y múlti-
La escasez de esclavos puestos a la venta en toda ples propiedades, entre ellas la “Casa de Pilatos”,
Hispanoamérica, que tantos dolores de cabeza pro- contigua a la plaza de San Francisco de Lima. Tras
dujo a los dueños de las plantaciones caribeñas, no un sonado y polémico proceso, la Inquisición lo
pareció afectar a los comerciantes limeños porque condenó a la hoguera, porque en el referido domi-
poderoso caballero era el metal argentífero extraído cilio presuntamente se flagelaba una estatua de
de las minas de este virreinato. Bowser reconstruye Cristo. La mentalidad popular, impulsada por la en-
la ascendente curva del crecimiento de los esclavos, vidia, consideraba que estos mercaderes portugue-
señalando que en Lima residían 4 mil de ellos en ses eran judaizantes y que convertían a la fe de
1586, y que en el período 1594-1611 se importaron Abraham a los esclavos que traían. Puede suponer-
entre 600 y 800 personas cada año. En 1613 su nú- se que estas ideas calumniosas tenían el aval de la
mero superaría los 10 mil individuos. Entre 1615 a Corona, preocupada como estaba de poner fin a la
1619 entrarían casi 1 200 africanos anualmente. En rápida prosperidad de estos comerciantes de escla-
1640 se podía calcular sólo en la capital unos 20 mil vos. Con la separación de España de Portugal, los
esclavos y en todo el virreinato unos 30 mil, dos ter- tratantes lusitanos verían derrumbarse sus negocios
cios de los cuales vivían en ciudades. En 1604 los en las tierras hispanoamericanas (Bowser 1977: 54-
esclavos censados en la urbe trujillana eran 1 703, 87; Pease 1992a: 297; Quiroz 1993: 312).
cifra similar a la población española (1 021) y a los
indios (1 094). En la misma ciudad había en 1753 Participación económica
una cantidad de 3 065 negros y mulatos. Ambas A pesar de la visión estereotipada de la esclavi-
ciudades contaban con la mayor población africana tud, que empaña su comprensión, los pobladores
del reino si exceptuamos Potosí, mientras los valles negros durante la colonia se dedicaron a una am-
más poblados eran los dedicados al cultivo de la ca- plia gama de actividades. En el campo no sólo se
ña y la vid que se ubicaban al sur de Lima. ocuparon como braceros, sino desempeñaron innu-
Los portugueses jugaron un papel muy impor- merables oficios, ya que el régimen de autosubsis-
tante en el tráfico de esclavos a las colonias españo- tencia de las haciendas así lo exigía. En las ciuda-

488
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

des en cambio, la tenencia de esclavos no estaba di- La resistencia. Los cimarrones


rectamente asociada con labores productivas, sino y los palenques. La Santa Hermandad
más bien con el estatus de su poseedor. Tenerlos en A pesar de la fama de rebeldía e insubordinación
casa era signo de un buen tren de vida, siendo co- de la población negra, la lectura del pasado nos en-
mún que un personaje más o menos importante seña que la realidad fue bastante diferente y puede
contara con una treintena de sirvientes negros en- resistirse a fáciles generalizaciones. En ocasiones
tre cocineros, lavanderos, doncellas, amas de cría, los funcionarios reales tuvieron que admitir la acti-
peones, jardineros y miembros del séquito perso- va colaboración y la notable fidelidad de los escla-
nal de los patrones. Pero también trabajaron como vos, a pesar del temor de que éstos colaboraran con
vendedores ambulantes, preparadores de alimentos los piratas durante las invasiones extranjeras. Ade-
y servidores en los conventos. Practicaron asimis- más, debemos reconocer que la captura y vigilancia
mo oficios manuales, siendo artesanos de diverso de los cimarrones, ejercida por una entidad tan ine-
tipo, constructores civiles, transportistas, sastres, ficiente y anémica de recursos como la Santa Her-
curtidores, y hasta artistas. Con el tiempo llegaron mandad, nunca escapó del control de las autorida-
a tener importancia en los gremios y protagoniza- des. No por ello el miedo hacia un levantamiento en
ron enfrentamientos con los herreros españoles. masa de los esclavos fue menor, quizá porque las ac-
Los precios de los esclavos tecnificados eran más ciones de los grupos de huidos siempre resultaban
altos, pues se consideraba que se autocancelaban peligrosas. Los motivos para fugar eran de diferente
en un plazo aproximado de dos años o en todo ca- índole, generalmente reacciones impulsivas ante los
so podían ser enviados a trabajar para sostener a su abusos de sus amos, pero frecuentemente también

VIRREINATO
amo, lo que no fue inusual en esos tiempos. Las ga- abandonaban a sus propietarios siguiendo los desig-
nancias de los negros especializados les permitían nios del corazón, o en busca de los parientes perdi-
obtener un nivel de independencia insospechado dos. Estas desobediencias los ponían en verdaderos
en relación con otros esclavos, e incluso algunos aprietos, pero a la larga se reintegraban a sus vidas
dueños declinaron de una parte de sus ganancias normales.
para otorgarles la manumisión. Muy diferente era el caso del esclavo cimarrón,
En el amplio universo virreinal, la situación ma- es decir de aquel que escapaba y se unía a bandas
terial y moral del esclavo podía ser francamente armadas que terminaban acampando en la periferia
contrastante. Algunos se encontraban sumidos en de las ciudades, dedicándose a diversas actividades
el hambre mientras otros paladeaban el hartazgo, para sobrevivir, sobre todo al bandidaje y al asalto
pasaban de la desnudez al lujo de las libreas pala- de viajeros. Algunos de estos refugios se convirtie-
ciegas, del maltrato al mimo y los halagos. Cuando ron en aldeas, denominadas palenques, en las que se
la relación con los dueños era estrecha y amistosa, revivió parte de la cultura de sus ancestros africa-
adquirían una posición de privilegio e incluso po- nos, y su erradicación costó en alguna oportunidad
dían obtener la manumisión, en tanto amos menos enormes esfuerzos militares al gobierno español.
generosos enviaban a sus esclavas a conseguir dine- Instituciones como el cabildo de Lima dictaron
ro mediante la prostitución. El matrimonio de los drásticas medidas para la vigilancia de la población
esclavos era muy deseado y estaba protegido por el negra, prohibiéndoles manejar armas, dejar la ciu-
Estado y la Iglesia, y hasta se hacían arreglos entre dad, transitar luego del toque de queda e ingresar a
propietarios para reunir a la pareja bajo un mismo los pueblos de indios. Cualquier incumplimiento de
techo. Con el paso del tiempo y pese a la oposición estas normas era castigado con azotes, la castración
de los más recalcitrantes “negreros”, irían ganando o la muerte, dependiendo de la gravedad y la reinci-
una serie de derechos tácitos, que ayudarían a so- dencia en las faltas. Pero como los amos se hacían
portar una vida “caracterizada más que por la difi- responsables de los desmanes y delitos que cometie-
cultad y el sufrimiento, por la monotonía y la indi- ran durante su fuga, era común vender al esclavo
ferencia”. En esta política antidiscriminatoria des- huido lo antes posible. También se dictaron orde-
tacó la Compañía de Jesús, que bautizó y evangeli- nanzas para obligar a los dueños a vigilarlos más fé-
zó a buena parte de la población negra, veló por rreamente, pero no tuvieron el resultado esperado,
sus congojas y cuidó de los enfermos y de los an- pues muchas veces ellos mismos eran los generado-
cianos abandonados en instituciones como el hos- res de los excesos de sus esclavos, llevando en su sé-
pital adyacente al colegio de San Pablo (Konetzke quito a negros armados, o enviándolos a recorrer la
1972: 296; Bowser 1977: 172-197, 296-333). ciudad en busca de trabajo. Sin embargo, en el Perú

489
Patrucco

no se tiene un gran histo- Un amo español reprende a sus


rial de sublevaciones de esclavos.
esclavos, salvo la que de-
beló Gonzalo Pizarro en
medio de las guerras ci-
viles. Entonces debió ha- políticas premeditadas, lo
cer un alto en sus com- cierto es que en el medio
bates contra las fuerzas andino fueron los propios
de la Corona y enviar a inmigrantes africanos quie-
más de cien de sus hom- nes contrariaron las leyes e
bres en expedición puni- imitaron las peores conduc-
tiva contra el palenque tas de sus patrones blancos.
de Huaura. Allí fueron Era común que los esclavos
vencidos unos doscien- de los encomenderos y co-
tos cimarrones que ame- rregidores se envalentona-
nazaban con derrocar a ran y violaran muchachas,
los españoles, aprove- tomaran concubinas, fo-
chando el vacío de poder. mentaran la prostitución y
Luego de este inicial en- despojaran de sus bienes a
cuentro, no volvería a re- los habitantes de las reduc-
ciones, sin recibir castigo al-
VIRREINATO

petirse otro choque fron-


tal entre grupos de escla- guno, ganándose así el odio
vos y el Estado, pero sub- y el temor de los indígenas.
sistirían siempre las peli- Un testigo de estos acon-
grosas bandas de delin- tecimientos, como Guaman
cuentes camineros, que Poma, los calificaría de “tai-
obstaculizaban en algunas regiones la comunica- mados y holgazanes”, en contraposición con los in-
ción y el comercio. dios laboriosos, y los veía como “bachilleres y re-
La Santa Hermandad se constituyó para perse- voltosos, mentirosos, ladrones, robadores y saltea-
guir a los esclavos huidos o cimarrones. Conforma- dores, jugadores, borrachos, tabaqueros y trampo-
da por un alcalde y varios cuadrilleros, contaba pa- sos”. Sus juicios serían motivados parcialmente por
ra su financiación con el monto de un impuesto de un profundo racismo, nacido de la competencia la-
dos pesos que cobraba la ciudad por el arribo de ca- boral que significaba la presencia de estos esclavos
da esclavo. Éste era frecuentemente evadido y a la foráneos en las ciudades. Pero según lo ha señala-
larga una aguda falencia económica afectó a la San- do Franklin Pease, la mentalidad andina se opuso a
ta Hermandad, lo que se sumó a las interferencias todo lo que tuviera el más leve matiz hispano. Para
ejercidas por los grandes propietarios de esclavos. los indios, tan españoles eran los turcos o los afri-
La institución fue subastada al final del virreinato y canos como los propios peninsulares y contra todos
comprada por particulares (Bowser 1977: 242-272). dirigieron su animadversión. Como contrapartida
los esclavos repitieron los mismos adjetivos y el
La actitud de los indios mismo desprecio que habían escuchado y presenti-
A pesar de compartir una posición de dependen- do en boca de los españoles, reproduciéndose hasta
cia y sojuzgamiento frente a los españoles, los in- el infinito el círculo vicioso de estas disputas inte-
dios y los negros nunca manifestaron buenas rela- rraciales. Sin embargo, algunos estudios últimos de-
ciones. Los pobladores andinos percibieron siempre muestran que tangencialmente, en barrios indíge-
que los esclavos africanos estaban sometidos a la fé- nas de las ciudades, existía la posibilidad de que
rula de sus amos y actuaban como sumisos aliados personas negras no fueran vistas como enemigas y
de los españoles. Esta primera impresión fue hábil- llegaran a formar lazos de conveniencia e incluso fa-
mente explotada por los hispanos, quienes supieron miliares. Por otro lado, la compra de esclavos por
enfrentar a ambos grupos étnicos, encargando a curacas e indios enriquecidos era fenómeno fre-
unos la represión de los otros, y fomentando el an- cuente no sólo en las zonas urbanas, sino también
tagonismo y la mutua rivalidad. Pero más allá de en las áreas rurales (Pease 1992a: 298-299).

490
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

ASPECTOS ECONÓMICOS
COLONIALES

PANORAMA ECONÓMICO

VIRREINATO
La llegada de los españoles al Perú significó una mentos de su arribo a los Andes las tradiciones eco-
ruptura de los patrones económicos que se habían nómicas castellanas en relación a la moneda, el co-
generado en el mundo andino. A diferencia del sis- mercio, el control fiscal y el tributo monetario, o en
tema europeo que sólo a partir de 1532 se iría su defecto en especie. También trajeron la noción
asentando en el país, en los Andes existía una eco- visigótica de la propiedad, el concepto medieval del
nomía que prescindía del mercado, la moneda y el crédito y toda una larga serie de usos, costumbres y
tributo pecuniario, y que más bien estaba regida prejuicios, que pronto fueron encontrando eco en
por la reciprocidad y la redistribución, las cuales las nuevas tierras, en la misma medida en que la his-
eran reguladas por los vínculos de parentesco que panización del territorio iba siendo más profunda.
se patentizaban en el ayllu y por la organización Luego de descubrirse los riquísimos yacimientos
centralizada del Estado, al que todos debían tribu- americanos se organizó un tipo de explotación del
tar en trabajo o en especie, siguiendo innume- suelo donde primaban las actividades prima-
rables normas y ritos. Estas institucio- rias de tipo extractivo, especialmente de
nes andinas resultaron muchas veces minerales como la plata. Ello signifi-
incomprensibles para los españo- có un gran cambio frente a la an-
les, quienes las reinterpretaron tigua economía andina, que se
según su impronta cultural, había basado en la agricultura.
aunque con el pasar de los En torno a la minería fueron
años algunos encomenderos organizadas todas las demás
supieron hacer uso de esos actividades productivas y la
mecanismos, sobre todo explotación agropecuaria se
cuando se trataba de rela- dirigió a satisfacer las nece-
cionarse con la población sidades de las grandes ciu-
andina. A pesar de ello, las dades y los centros mineros
pautas de la economía andina como Potosí.
iniciarían a partir de aquel La Corona redefinió toda la
momento un largo e inexorable política macroeconómica –ma-
camino hacia su extinción, que nejada desde la Metrópoli–, enfa-
aún hoy no ha concluido. tizando la producción metalífera y
Los conquistadores impu- puso en un segundo plano la
sieron desde los primeros mo- Moneda macuquina de cuatro reales del siglo XVI. producción mercantil local.

491
Patrucco

Las colonias de esta manera se integraron a la eco- este sistema comercial por cerca de doscientos años.
nomía mundial como productoras de materias pri- Según los criterios intervencionistas, la Metrópo-
mas, valorizadas en el mercado internacional. Para- li controlaba de manera muy estricta el curso eco-
lelamente abundaron las prohibiciones a ciertas in- nómico de las colonias, poniendo especial énfasis
dustrias americanas que podían competir con acti- en la limitación de ciertas industrias y manufactu-
vidades similares que se desarrollaban en la Penín- ras que pudieran afectar sus exportaciones, llegan-
sula. Sin embargo dichos impedimentos difícilmen- do al punto de prohibir o restringir muy seriamen-
te podían ser respetados, dadas las deficiencias del te los contactos comerciales bilaterales entre los rei-
sistema de importaciones que hacían imposible el nos de América.
abastecimiento de bienes de consumo para la pobla- Finalmente se siguió una política mercantilista,
ción americana. Muchas de estas prohibiciones re- dando una gran preponderancia al comercio, a las
sultaron letra muerta y fueron incumplidas a cam- actividades extractivas y al acarreo de metales pre-
bio de un impuesto compensatorio, como el que se ciosos. La acumulación basada en la minería era
aplicó al vino o a la ropa, simplemente por mencio- considerada como un elemento fundamental de la
nar dos rubros muy conocidos. Un tercer sector riqueza y el poderío de una nación. El Estado se
económico fue el de los servicios, que creció pro- convirtió en la fuente principal de enriquecimiento
porcionalmente al aumento de la demanda de la so- de las elites, ahogando la iniciativa privada y sobre-
ciedad virreinal (Pease 1992a: 229 y ss.; Romero dimensionando el control burocrático sobre la tota-
1949). lidad de la vida económica. A la larga, el voraz aun-
que inefectivo sistema fiscal implantado por la Co-
CARACTERÍSTICAS DE LA
VIRREINATO

rona promovería la ulterior decadencia española.


ECONOMÍA COLONIAL
LA MONEDA
Los estudiosos del tema generalmente han califi-
cado la política económica de la Metrópoli como ex- Como acertadamente ha explicado Franklin
clusivista debido al régimen monopólico que se im- Pease, la moneda generó un impresionante impacto
puso, según el cual América sólo podía comerciar en la economía andina. Aunque durante muchos
con Castilla a través del puerto de Sevilla –lo que años fue sólo un elemento referencial ante su esca-
creó una elite comercial en esta ciudad–, así como sez e inexistencia, así como por las dificultades de
en los puntos comerciales americanos a donde lle- conversión cuando se trataba de pagos en especie,
gaba el enorme flujo de mercaderías destinado al in- introdujo una noción de equivalencia universal que
terior del continente. Lima se vería privilegiada por rompió el criterio de reciprocidad y redistribución.
Los primeros funcionarios se
vieron compelidos a calcular los
tributos en cantidades de pro-
ductos, transcurriendo 30 años
hasta que Toledo elaboró las ta-
sas, señalando claramente la
equivalencia monetaria. Con to-
do, debemos recordar que aun la
tributación en especies era una
novedad impuesta por los espa-
ñoles, pues en el Tahuantinsuyo
la tributación era aportada ex-
clusivamente en horas de trabajo
entregadas a la autoridad bajo fi-
nes determinados. También las

Aries (San José y la Virgen en busca de


posada) por Diego Quispe Tito, de la
serie del Zodíaco. Catedral del Cuzco,
siglo XVII.

492
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

encomiendas expresarían su rendi- de trabajo, o laborar en actividades


miento en pesos, aunque en reali- que les proporcionaran el ansiado
dad su renta era recogida en es- circulante. Muchos autores con-
pecie. Sin embargo se prefería sideran que este último resul-
ciertos productos de alto va- tado no fue una consecuen-
lor que pudieran tener una cia inesperada, sino un claro
fácil convertibilidad, como propósito de las emergentes
la coca, los tejidos, los au- burguesías urbanas, afana-
quénidos y, en el período das en ampliar los merca-
del auge de los minerales, dos rurales mediante la
los bastimentos y pertre- ruptura del régimen de au-
chos que pudieran servir pa- tosubsistencia.
ra comercializar en los empo- El tesoro de Cajamarca,
rios mineros. que tanto alimentó la fantasía
Aun cuando la moneda mis- de los europeos, enriqueció de
ma no hizo una aparición total en la noche a la mañana a los con-
los Andes, su fantasma o es- quistadores. Las relaciones
píritu se encontraba por do- “Rincón” de cuatro reales del siglo XVI, Potosí. El o crónicas detallan las im-
quier. El patrón de conver- nombre proviene del ensayador cuya marca aparecía en presionantes cantidades
sión tendría una influencia el anverso de la moneda. de metales preciosos en-

VIRREINATO
decisiva en la vida de los tregados al rey como quin-
aborígenes, pues ayudó a quebrar lentamente anti- to real, que fueron fundidos y llevados a España to-
guas costumbres como la reciprocidad y la redistri- mando como patrón de medida y contabilidad los
bución, la forma de entrega de energía humana, las “marcos” para la plata y los “pesos” para el oro. Des-
pautas de parentesco y otras. Con el tiempo, nue- de entonces y durante muchos años se seguiría
vas formas de trabajo como la mita a la manera oc- usando este sistema referencial para marcar los te-
cidental y el trabajo asalariado, ayudarían a profun- jos. Las barras debían estar selladas para indicar que
dizar estos cambios. habían cumplido con el pago del impuesto a la Co-
El engranaje que movió la economía colonial rona, pero se considera que sólo un sexto de la pla-
durante los primeros años fue la enorme disponibi- ta circulante en el período virreinal fue amonedada,
lidad de fuerza laboral. Los encomenderos, algunos lo cual fue causa de su aguda escasez. Ante tal even-
de los cuales contaban con un ejército de mano de tualidad, se usaban fichas y medios de compra a
obra de hasta 5 mil indios, se involucraron así en plazos o a cuenta de futuros cobros, dejando por
cuanta asociación comercial o productiva surgía en ejemplo en la panadería una pieza de plata, que al-
la naciente sociedad. Cuando los encomenderos canzaba para comprar durante todo un año el pan
perdieron poder frente a la Corona y sus corregido- que se iba recogiendo diariamente. Para realizar las
res, muchas de sus antiguas atribuciones y faculta- conversiones entre diversos productos y entre el oro
des se esfumaron, pero conservaron en sus manos el y la plata se utilizaba el maravedí, moneda imagina-
muy importante privilegio de los repartos mercanti- ria a la manera de la guinea inglesa, que servía co-
les, por los cuales se podía compeler a los indios a mo medio de cambio. La aparición de la moneda fue
comprar mercaderías de muy desigual calidad, a generando precios que las autoridades, especial-
precios muy altos y pagados generalmente en dine- mente las municipales, intentaban controlar y esta-
ro contante y sonante. Si el objetivo de la Corona bilizar con diversos resultados. En los medios rura-
había sido que los indios obtuviesen bienes útiles y les en cambio la formación de precios brilló por su
baratos para su subsistencia, y que el corregidor pa- ausencia, precisamente por la carencia monetaria.
gase sus gastos de traslado e instalación, el medio De acuerdo a Emilio Romero, la primera mone-
utilizado generó un empeoramiento de la condición da hecha en el Perú, una pieza de acuñación basta
de miseria de los pobladores andinos. Los comer- y primitiva que llevaba la inscripción Karolus Quin-
ciantes de Sevilla y de Lima encontraron un subter- tus Indiarum R, tuvo una circulación bastante limi-
fugio para deshacerse de su mercadería estancada y tada durante la época de Vaca de Castro. En 1565 el
se obligó a los nativos a incorporarse al sistema mo- Consejo de Indias aceptó fundar una casa de mone-
netario, surgiendo la necesidad de vender su fuerza da en Lima, pero sólo para fabricar piezas de plata,

493
Patrucco

ya que el oro debía atesorarse en las Moneda macuquina de ocho reales, acuñada
arcas reales. Dicha cédula señala- en la ceca de Potosí en 1685.
ba: “…y el cuño para los rea-
les… …ha de ser de la una eran un verdadero rompeca-
parte castillos y leones, con bezas, incluso para la gente
la granada, y de la otra par- especializada. Dentro de
te las dos columnas, y en las monedas de plata cir-
la parte de las columnas culó en primer lugar el pe-
entre ellas un rótulo que so corriente, tambien co-
diga plus ultra, que es ai nocido como macuquina
diuisa del Emperador nos (360 maravedíes), pero
señor y padre de gloriosa luego Toledo lo reemplazó
memoria… …y el letrero por el peso ensayado (450
de la dicha moneda diga an- maravedíes). El peso sellado
si: Philipus Secundus Hispa- más común podía ser de ocho
niarum et Indiarum Rex, y pon- reales, pero había de nueve rea-
gase en la parte donde hubiere la les (396 maravedíes), once reales,
diuisa de las colunas una P (latina) doce y medio reales (425 marave-
para que se conozca que se hizo en el Pe- díes), y trece y medio reales (450 marave-
rú…”. La ceca de Lima trabajó del 1557 a 1588, díes), llamado también este último peso fuerte, doble
VIRREINATO

aunque a partir de 1573 la producción de moneda o peso clásico.


disminuyó grandemente, ya que Toledo envió la mi- Las monedas en oro eran el doblón de a dos es-
tad de los instrumentos de acuñación a la ciudad de cudos, el doblón de cuatro escudos, el doblón de
La Plata en Charcas, y luego a Potosí. La Casa de ocho escudos, el doblón de a ciento y los escudillos,
Moneda de Lima reabrió brevemente sus puertas durillos o dobladillas (medios escudos). Las piezas
entre 1659 y 1660, y sólo comenzó a funcionar es- de cobre eran el cuartillo (8,5 maravedíes), el cuar-
tablemente a partir de 1684. to (4 maravedíes) y el ochavo (2 maravedíes). De to-
Las transacciones monetarias en el Perú fueron das las monedas que circularon en América hispáni-
extremadamente complicadas, porque habitual- ca, el peso de ocho reales fue el de mayor difusión,
mente se combinaban los valores de diferentes pe- siendo utilizado inclusive en las posesiones ingle-
sos y medidas de monedas, cuyas equivalencias sas, francesas, holandesas y hasta en China, me-
diante el expeditivo resellado que les daba curso le-
gal en esos lugares (Pease 1992a: 230 y ss.; Stern
1982; Romero 1949: 195 y ss.; Salazar Bondy 1964:
4 y ss.).

SECTORES PRODUCTIVOS

Minería
Los tesoros incaicos satisficieron momentánea-
mente la sed de metales preciosos que tenían los es-
pañoles, pero al agotarse los grandes y fáciles boti-
nes, los buscones fueron descubriendo ricas vetas y
minas de muy alta ley, que pasaron a engrosar el pa-
trimonio de los ya opulentos encomenderos. Estos
últimos personajes, a través del control de los cabil-
dos, supieron repartirse entre ellos las zonas de ma-
yor posibilidad minera. Tempranamente el oro tuvo
una mayor presencia que la plata, pero a partir de
1540, se iría volviendo cada vez más escaso, hasta
Sahumador del siglo XVIII utilizado en ceremonias religiosas.
Esta pieza ha sido trabajada en filigrana de plata; en el torso convertirse, a principios del siglo XVII, solamente
del toro se puede apreciar una tapa articulada con perillas. en el 1% de la producción mineral peruana.

494
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

El hallazgo del Cerro Rico de Potosí en 1545 su rentabilidad, cuando tuvieron la suerte de ubicar
cambiaría la historia económica virreinal y mun- las minas de mercurio de Huancavelica. Este espec-
dial. No en vano este complejo minero situado en tacular descubrimiento revolucionó la minería pe-
un frío páramo, por encima de los cuatro mil metros ruana y fue llamado sin equivocación “el mayor ma-
sobre el nivel del mar, llegó a proporcionar a finales trimonio del mundo”, pues la existencia de los ya-
del siglo XVI el 80% de la plata peruana y el 50% cimientos de Huancavelica permitía utilizar los be-
de todo el material argentífero producido en el or- neficios del método de la amalgamación en Potosí,
be. Un asiento minero con este potencial permitió el el que fue implantado por Pedro Fernández de Ve-
desarrollo de una ciudad como Potosí, que en pocos lazco en 1572, siguiendo órdenes del virrey Toledo.
años llegó a albergar a 160 mil habitantes, la mitad Hacia 1575, Huancavelica ya producía 6 mil quinta-
de los cuales eran españoles y criollos. En su mejor les de mercurio y para 1675 llegaría a los 20 mil. La
momento, unos seis mil hombres de color entre li- Corona expropió estas minas y obtuvo grandes ga-
bres y esclavos se destinaban a trabajos diversos y al nancias de la venta del azogue a los mineros de la
servicio de los mineros. El resto de sus habitantes plata, pues les vendía a 85 pesos el quintal, cuando
estaba conformado por una abrumadora población la extracción le costaba tan sólo 46. Durante mu-
indígena flotante, que se distribuía entre una mayo- chos años los mineros se quejaron de los precios al-
ría que cumplía con su turno de la terrible mita, un tos del material de amalgamación, que les recortaba
buen número de “indios de plata” o “faltriquera” sus márgenes de beneficio.
que libraban de las penurias del trabajo forzado a El hallazgo del mercurio y las innovaciones de
un privilegiado grupo de indios pudientes, y un sec- Toledo (un molino hidráulico de minerales, una re-

VIRREINATO
tor más tecnificado de indígenas residentes o “in- presa que llegaría a tener 32 esclusas escalonadas)
dios mingas”, que se alquilaba regularmente por un permitieron un crecimiento impresionante de la
sueldo fijo. producción de plata. Si en el quinquenio de 1545
El auge de Potosí fue importante desde sus pri- Potosí produjo tres millones de pesos ensayados, y
meros años, pero la etapa de mayor esplendor no en el siguiente subió a nueve millones, con la in-
llegaría sino hasta mediados de la década de 1570, troducción de la amalgamación y las demás inno-
cuando se introdujo el método de la amalgama. vaciones se pudo llegar a extraer la cifra récord de
Hasta ese momento el mineral de plata era procesa- treinta y dos millones de pesos entre 1586 y 1590.
do en las guairas o pequeños hornillos cilíndricos Al analizar las cifras anuales de producción (que
de piedra o barro que se ponían con leña, carbón y por cierto son menores a la extracción real, pues
mineral de plata en las cumbres heladas de los ce- los montos legalmente declarados para los efectos
rros de la región. Allí los fortísimos vientos eleva- del quinto real ocultan las enormes cantidades de
ban la temperatura de la combustión, permitiendo plata contrabandeada), veremos que las cantidades
que el argentum se fundiera segregándose de los van subiendo hasta 1589, cuando se llega a los 7
otros elementos del mineral. Sin embargo se trata- 467 837 pesos. En la primera mitad del siglo XVII
ba de un método poco eficiente, y el descubrimien- el promedio se mantiene en los 4,5 millones anua-
to de la técnica de la amalgama vendría a revolu- les y en la segunda mitad del siglo se inicia una es-
cionar el procedimiento. Para lograr la amalgama- trepitosa caída de la producción, que terminará con
ción se utilizaba el azogue, o mercurio, que rápida- unos escuetos 1,9 millones registrados en el año
mente generaba con la plata un producto químico 1700.
–la amalgama– que se separaba de los otros compo- La minería de plata siguió decreciendo en los
nentes del mineral y de los rastros de otros meta- años posteriores y a ello contribuyó la crisis de
les. Como el punto de ebullición del mercurio era Huancavelica. La gran mina se veía afectada ahora
relativamente bajo, bastaba calentar la amalgama por las corruptelas de la administración, la falta de
para obtener una cantidad de plata mayor y de una modernas técnicas extractivas, la inundación y el
altísima pureza. derrumbe de sus galerías. La decadencia se puede
El único problema residía en que la mina de azo- evidenciar en el aumento de sus costos productivos,
gue más cercana era la de Almadén, en España, y los que se elevaron a 111 pesos por quintal mientras el
costos del transporte se elevaban considerablemen- precio de venta a los mineros seguía siendo de 85.
te. La minería argentífera mexicana se vio condena- En los años siguientes Potosí tuvo que importar
da a depender del mercurio español, y los mineros azogue de la China, y la impresionante ciudad mi-
peruanos parecían perder las esperanzas de elevar nera, la otrora ciudad más densamente poblada de

495
Patrucco

remos la increíble productividad de los yacimientos


de Castrovirreyna, que permitió que todas las calles
de la ciudad del mismo nombre fueran adoquinadas
con tejos de plata para celebrar el arribo de la espo-
sa del virrey conde de Lemos, Ana de Borja y Doria,
para asistir como madrina al bautizo del hijo de un
rico minero. Todas estas minas reprodujeron en ma-
yor o menor escala el fenómeno de dinamización
económica que ocurría alrededor de Potosí.
Pero en el siglo XVIII la producción y la produc-
tividad habían descendido tanto que la explotación
argentífera peruana pasó a un segundo lugar en re-
lación a la de México. Inundaciones, agotamiento
de filones, disminución de la ley de las vetas y de-
rrumbes causaron un declive general de la minería.
Curiosamente, algunos expertos recomendaron que
se cerraran y obturaran las minas y se las dejara
“descansar para que de esta forma se regenerara en
ellas el mineral”. A finales del siglo XVIII se trajo al
barón de Nordenflicht para tecnificar la producción
VIRREINATO

e introducir el novedoso método de la amalgama-


ción en toneles. En años posteriores y siguiendo los
inventos de Treventick, se utilizaron bombas de
achique accionadas por vapor para desaguar gale-
rías, por largos años inoperantes. Pero la reconver-
sión tecnológica y productiva efectuada en los últi-
mos años del virreinato fue drásticamente inte-
Pelícano eucarístico, pieza de plata del siglo XVIII.
rrumpida, ya que el ejército realista destruyó en su
retirada todas estas fuentes de riqueza, para dificul-
Sudamérica, languidecía en el siglo XVIII con ape- tar la consolidación de la independencia nacional.
nas 30 mil habitantes. Se calcula que una quinta parte de la plata ex-
Sin embargo, antes de que el milagro potosino traída de estas minas se quedaba en América y for-
acabara, la minería mercantilizó las áreas circun- maba parte del capital circulante en moneda acuña-
dantes que se dedicaron a proveer de alimentos, da y lingotes. Pero de este porcentaje una buena
vestido y todo género de necesidades a una pobla- parte se destinaba a joyería, vajillas y artefactos
ción con alto poder de consumo. Las rutas de abas- suntuarios, utilizados en la vida cotidiana al tiempo
tecimiento de Potosí se convirtieron en zonas muy que servían de reservas familiares para las malas
dinámicas y los productores y comerciantes que tu- épocas y como garantía crediticia para expandir
vieron la suerte de poder entrar en este circuito ob- otros negocios. Algunos bancos hacían préstamos
tuvieron enormes ganancias. De este modo se am- para que los mineros cubrieran sus gastos de opera-
plió el espacio económico virreinal y se potenciaron ción o para capital de trabajo, y luego recibían la
los obrajes, las haciendas y otras industrias regiona- plata en pago, la cual era vendida a la casa de mo-
les. Hasta los más pobres indígenas disponían de neda a altos precios.
ciertas cantidades de plata no amonedada para gas- La plata que salía del país tomaba un rumbo
tar en una gélida puna donde el mineral de argen- bastante diferente. Una cantidad cercana al 80 por
tum era lo único que abundaba. ciento de la plata producida en el país era enviada a
Pero Potosí no fue la única región minera. No España en una larga, fatigosa y complicada trave-
debemos olvidar otras minas que llegaron a ser sía, en la que los caudales peruanos debían reunir-
muy importantes como las de Laicacota en Puno, se con las riquezas aportadas por otros virreinatos,
cuyos dueños fueron los famosos e insurrectos her- y partir juntos en una numerosa flota rumbo a los
manos Salcedo, las de Caylloma y Cerro de Pasco. puertos metropolitanos. La plata era una de las po-
Por no hacer más extenso este recuento menciona- cas producciones coloniales (representaba entre el

496
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

86 y el 95% del valor de las exportaciones) que po- que en proteger la agricultura que aseguraba la au-
día afrontar el terrible costo de estos viajes. Duran- tosuficiencia colonial. Sin embargo, la agricultura
te el siglo XVI la llegada de estos embarques de fue una actividad generalizada y proporcionaba un
plata y otras riquezas de América produjeron en la conveniente estatus social a los hacendados, presti-
Península tal revolución de los precios que en po- gio del que no gozaban los mineros.
cos años se cuadruplicaron. Estos cambios no se El establecimiento de la agricultura europea en
debían exclusivamente a la impactante llegada de el Perú va de la mano con la distribución de las tie-
los metales preciosos, aun cuando fueron su princi- rras luego de la conquista. En este proceso inicial-
pal generador. mente tuvieron gran importancia los encomende-
La riqueza desembarcada en España circulaba ros, que si bien no fueron propietarios sino simples
rápidamente dentro de la Península y pronto salía posesionarios de las tierras, utilizaron a los indios
con destino a otros países europeos como Inglaterra para cultivarlas o exigieron el tributo en productos
y Flandes, que supieron fortalecerse con aquella in- agrícolas, producción que además del consumo do-
yección de capitales, orientadolos a actividades méstico llegaba también a los mercados urbanos.
eminentemente productivas y no solamente especu- Durante mucho tiempo, nadie que no tuviera enco-
lativas. Otro tanto de la plata americana salía rum- mienda o el favor del encomendero podía explotar
bo a Oriente, en donde los mercaderes europeos las tierras dentro de los límites del repartimiento,
compraban objetos lujosos con un metal que toda- pues no podría contar con el acceso a la mano de
vía seguía siendo muy cotizado en los lejanos mer- obra necesaria. Pero con la llegada de los corregido-
cados asiáticos. Cuando las ingentes cantidades de

VIRREINATO
metales preciosos de América comenzaron a esca-
sear, España pudo comprobar cuán poco de aquella
riqueza había tenido un uso racional y qué arruina-
da se hallaba su economía.
La abundancia de la plata peruana no debe lle-
varnos a olvidar otras explotaciones mineras como
el mercurio, el estaño y el plomo. Tampoco debe-
mos restarle importancia al cobre, que era muy uti-
lizado en la fabricación de objetos caseros, aunque
sólo se explotaban las vetas muy ricas, con más de
50% de ley. También la sal ocupó un papel impor-
tante, tanto como materia prima para la explotación
minera (recordemos que Potosí consumía anual-
mente 300 mil quintales de sal para la amalgama-
ción) como para el consumo humano, dando lugar
a muchísimos intercambios con las comunidades
carentes de este importante producto (Assadourian
1982: 206-220, 278-293; Pease 1992a: 237-241;
Céspedes del Castillo 1983: 127-132; Konetzke
1971: 280 y ss.).

Agricultura y agroindustria
Pese al carácter eminentemente agrícola de las
antiguas sociedades andinas, la agricultura virreinal
no llegó nunca a tener la importancia de la minería.
Ésta fue una realidad constatada y lamentada por
muchos escritores coloniales, como Bravo de Lagu-
nas, quien pedía en su obra Voto consultivo, de 1755,
que se diese una mayor atención y un mejor trato a
la actividad agrícola. Lamentablemente la Corona se
veía más ocupada en promover y subvencionar la Pedro José Bravo de Lagunas y Castilla (1704-1762),
minería (de la cual dependía económicamente), autor del Voto consultivo.

497
Patrucco

res los hacendados pudieron independizarse de los no de obra, algunas veces bajo régimen salarial y ge-
encomenderos y retuvieron un gran prestigio social neralmente sometida a relaciones semiserviles y de
por convertirse en verdaderos señores de tierras y coloniaje interno. Muchas de estas tierras se vieron
hombres. La hacienda entonces no deriva de la en- afectadas por mayorazgos, capellanías, censos, regí-
comienda, aunque muchos de los que recibieron es- menes de manos muertas y fundaciones pías, que de
ta merced, contrariando disposiciones reales sobre una o de otra forma congelaban la propiedad en ma-
tierras, se apoderaron de ellas de diversos modos. nos de sus dueños, fuesen personas naturales o ins-
Cuando los conquistadores fundaban una ciu- tituciones como la Iglesia, favoreciendo su acumu-
dad se repartían las tierras adyacentes. Por un lado lación en pocas manos. Muchas de las ganancias de
se encontraban las tierras comunes como el ejido la minería y el comercio pasaron en el siglo XVII al
(matadero), la dehesa (pastos) y los montes (leña). sector agrícola, entronizando a los hacendados co-
Las tierras de los indios eran respetadas y el resto de mo “señores de tierras y comarcas”, ante la deca-
las tierras disponibles alrededor de la nueva ciudad dencia de los encomenderos. Sólo así se explica el
pasaban a distribuirse en peonías o chacras simples rango de las inversiones producidas en un rubro en
para los soldados de a pie, y en caballerías o chacras el cual la rentabilidad no llegaba al 6% en el mejor
dobles para los hombres de a caballo. De este modo de los casos, incluso eliminando el riesgo de las ma-
se fueron estableciendo las primeras fincas rurales las cosechas.
en los alrededores de las ciudades, que generalmen- Los españoles no apreciaron los logros andinos
te se trabajaban con indios de las encomiendas que en técnicas agrícolas y alimentarias y pronto inten-
acudían en ciertas épocas a las urbes para entregar taron que el tributo fuera pagado en cultivos occi-
VIRREINATO

su tributo y realizar servicios personales para su dentales. Sin embargo en las zonas más alejadas se
encomendero o para quien éste designara. Estas siguió cultivando alimentos de origen andino y al-
propiedades tenían un tamaño pequeño o interme- gunos de ellos (como el chuño, la cañiwa, la qui-
dio, pero cuando Toledo amplió a todo el territorio nua, la papa, el ají, el algodón, la cabuya, el ma-
el sistema de las reducciones, se movilizó a las po- guey y el molle) entraron en la economía española.
blaciones indígenas de sus antiguas tierras a regio- Otros se procesaban y servían para pagar tributos
nes nuevas, quedando muchas tierras desocupadas en base a sogas o sandalias de maguey. Dentro de
como baldíos y propiedades vacantes. A partir de este sistema entraron también el pescado seco y la
ese momento los cabildos dieron concesiones sobre muy importante y siempre presente coca. Las mu-
estas áreas, amparándose en el permiso regio de jeres españolas de las primeras familias de enco-
1573. También la Corona otorgaba derechos y en- menderos se preciaban de haber sido las introduc-
tregaba tierras mediante las composiciones o licen- toras de tal grano o tal fruta en el país, y de ciudad
cias, a partir de las cuales se formalizaba la propie- en ciudad y de familia y familia se repetían y dupli-
dad de tierras no muy claramente adquiridas. caban estas historias.
El desastre demográfico seguiría reduciendo a Según lo expresado por Macera, la costa perua-
las poblaciones indígenas, por lo que década tras na se dividió en cuatro sectores agrícolas: Piura,
década disminuían las tierras cultivadas y más las ubicada al norte, concentraba sus esfuerzos en el al-
tierras sin uso, las que podían ser rematadas, adju- godón y la ganadería variada, desde Lambayeque
dicadas, compuestas, conseguidas por estafa, o afec- hasta Chincha se cultivaba caña de azúcar, el sur
tadas a cuenta de pagos por deudas diversas. En es- chico era reconocido por sus viñedos y algodonales,
tos procesos, en los que se necesitaba contar con in- mientras que en el extremo meridional primaban
fluencias, participaron no sólo españoles (muchos los sarmientos y olivares. Subiendo por la cordille-
de los cuales eran los protegidos y validos de los vi- ra, en la región quechua se prefería el cultivo de
rreyes y oidores), sino también muchos indios, es- panllevar y la ganadería, en tanto en los valles más
pecialmente curacas, que de este modo convirtieron bajos crecía la caña de azúcar. En la zona yunga
en propiedad privada protegida por las leyes espa- oriental o ceja de selva se cultivaban los cocales. Si
ñolas, las tierras que otrora pertenecieran a su etnia bien los pobladores andinos siguieron sembrando
o comunidad. sus productos tradicionales, dentro de un régimen
De otro lado, los matrimonios y las alianzas fu- de autosubsistencia, los curacas destinaban una
sionaron propiedades en regiones colindantes, dan- parte de sus parcelas a productos europeos para pa-
do origen a enormes latifundios, donde más impor- gar el tributo. Los corregidores comercializaban es-
tante que la extensión territorial era el acceso a ma- tos tributos en especie en zonas mineras como Po-

498
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

tosí donde alcanzaban precios significativamente La caña de azúcar, en cambio, fue aumentando
más altos, obteniendo ganancias extraordinarias sin lentamente sus áreas de siembra en las haciendas
que la Corona percibiera estos delitos. que habían abandonado el cultivo del trigo, y nu-
Assadourian ha señalado que un elemento de su- merosos esclavos entraron en el régimen de los mo-
ma importancia para el mantenimiento de la pobla- nocultivos agroindustriales. Tan pronto la encon-
ción de origen europeo fue el trigo, pues el maíz era tramos sembrada en Quito, Arequipa y Cuzco, co-
considerado alimento de indios y negros. Ambos mo en las zonas andinas centrales, y en las lejanas
cultivos estaban regulados por la posibilidad de ser tierras del Paraguay y la Argentina, además de las
comercializados en la cercanía o contar con trans- áreas aledañas a Lima. Esta abundancia azucarera
porte barato hacia la zona de consumo. En conse- suscitada por la alta oferta bajó a la postre los pre-
cuencia, las áreas productivas que rodeaban los nú- cios del producto y aunque se intentó producir
cleos urbanos se dedicaban a los granos y cereales, aguardientes, melazas y otros productos derivados,
salvo que la vía marítima permitiera acortar las dis- los precios no lograron elevarse.
tancias, como fue el caso de Lima, abastecida desde En Lima se difundió el gusto por las golosinas,
los otros valles del litoral, pues hacia 1630 su des- la repostería y los dulces de olla, lujos y dispendios
pensa local sólo cubría la mitad de las 240 mil fane- del dulce producto que inicialmente había escasea-
gas de trigo y 25 mil de maíz que la ciudad necesi- do y luego sobraba. La caña era procesada en trapi-
taba. Las cerca de 150 mil fanegadas restantes ve- ches de cilindro vertical con calderas de cobre, y el
nían por mar desde los demás valles costeños. Por azúcar cristalizada era convertida en panes o tongos
su emplazamiento, Potosí, que en 1603 necesitaba que se enfriaban en moldes de arcilla. Estas agroin-

VIRREINATO
de 50 mil fanegas de maíz y 90 mil de trigo, depen- dustrias se localizaron en la costa y las más peque-
día de las grandes zonas adyacentes para conseguir ñas necesitaban del trabajo de al menos seis opera-
sus alimentos. En el siglo XVIII la decadencia de rios y unos veinte esclavos para funcionar. Instala-
estas minas hundiría a los productores agrarios de ciones de este tipo costaban unos 15 mil ducados de
las inmediaciones en una economía de autosubsis- oro, y el establecimiento de una empresa de esta en-
tencia. Pero en Lima la demanda de trigo foráneo vergadura podía demandar una inversión de casi 50
subiría enormemente luego del terremoto de 1687, mil ducados, a veces con el apoyo crediticio de la
ya que las haciendas se hallaban paralizadas debido Corona. En otras haciendas cuya capacidad instala-
a grandes epidemias y a la destrucción de los siste- da no era totalmente utilizada, se alquilaban los tra-
mas de regadío. piches a terceros. La tecnología peruana de la indus-

Restos de una hacienda


colonial en la que se
procesaba caña de
azúcar.

499
Patrucco

tria del azúcar fue considerada la mejor de la época mercado muy importante era Lima donde anual-
y muchos de estos trapiches se exportaron a Brasil mente se consumían unas 200 mil botijas de vino.
durante el siglo XVII. La chicha y los aguardientes de caña y de uva eran
Los vinos, al decir de Assadourian, constituye- las bebidas alcohólicas más consumidas en los nive-
ron la mayor industria colonial peruana, y encon- les populares, destacando entre ellos el pisco y la
traron en la árida costa una zona adecuada para ob- nazca. Los productores de vino chilenos tuvieron
tener su materia prima. Los vinicultores frenaron en un mercado circunscrito a las ciudades cercanas a
parte la acelerada expansión del azúcar sobre las tie- sus campos.
rras del trigo. El trabajoso mantenimiento de la vid El aceite de oliva fue otro producto que rápida-
y el riego por acequias obligaron a la compra de mente se comenzó a elaborar en tierras peruleras,
muchísimos esclavos africanos para cuidar los sar- haciendo innecesaria su importación desde la Me-
mientos y procesar el mosto. El vino se vendía en trópoli. Pero la demanda en estos territorios fue me-
botijones de arcilla, lo que permitía solventar una nor debido a la masiva utilización de manteca de
industria subsidiaria de la vitivinícola. Ica y Pisco cerdo, especialmente en el campo y en zonas donde
producían un promedio de 350 mil botijas al año y predominaba la economía de autosubsistencia. Ade-
representaban un 70% de la producción peruana. El más, el crecimiento de los olivos demoraba, y de he-
30% restante procedía de Arequipa y Nazca. Com- cho la gente prefería comer las aceitunas que usar-
petían con la producción peruana las provincias de las en la preparación de aceite. Zonas como Ilo, Mo-
Cuyo (Mendoza) y Chile. quegua, Locumba, Chala y Arica pronto vieron ex-
A fines del siglo XVI los vinos españoles ya ha- tenderse grandes olivares, que abastecían ciudades
VIRREINATO

bían sido totalmente desplazados del mercado y al- como Lima, donde se consumía unas 8 mil botijas
gunos consideraban superior el vino peruano al de de aceite, y Potosí que demandaba unas 3 mil boti-
la Península, sirviendo de poco las prohibiciones jas de aceite de oliva, frente a unas 25 mil botijas de
reales de Felipe II y Felipe III en favor del monopo- manteca de cerdo.
lio español. Las autoridades se conformaron con co- Los productores agrícolas no sólo estimaban las
brar un impuesto del 2% al valor de la vendimia. plantaciones de productos europeos, ya que algunas
Junto con el azogue, el vino podía viajar por mar especies locales eran de suma importancia econó-
hasta Arica y de allí en recuas hasta Potosí, o por vía mica. El caso más relevante fue sin duda el de la co-
transandina atravesando Huamanga y Cuzco, la ca, cuyo valor económico hizo que los propios en-
cual llegó a conocerse como la ruta del vino. Otro comenderos se disputaran las posesiones donde se
tributaba en este producto, de-
bido al alto precio de reventa
de la hoja. De hecho, muchas
zonas yungas orientales e in-
clusive los valles interandinos
fueron dedicados a plantacio-
nes de coca, de especial impor-
tancia para los productores mi-
neros y para la gente interesa-
da en sobreutilizar la mano de
obra indígena. Como señala
Assadourian, una encomienda
de medianas proporciones de-
dicada a la producción de co-
ca, podía llegar a producir la
astronómica renta de cien mil
pesos. La coca de las estriba-

Capricornio (parábola del


sembrador) por Diego Quispe Tito,
de la serie del Zodíaco. Catedral del
Cuzco, siglo XVII.

500
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

ciones amazónicas de los Andes y la variedad truji- de la sociedad. No sucedía lo mismo en los grupos
llensis, propia de la vertiente occidental, se adapta- bajos pues su consumo carecía de tradición prehis-
ría a numerosos pisos ecológicos, desde Quito has- pánica, al contrario del aprecio del que gozaba en
ta La Plata. La importancia de este cultivo justificó México.
la implantación de una mita cocalera, mientras El algodón perdió parte de la importancia que
otros productores se tuvieron que resignar con al- había tenido en tiempos precolombinos, ante la
quilar indios para cosechar sus parcelas. De otro la- arremetida de los productos de lana. Muchas cepas
do los aparceros españoles solamente se pudieron se perdieron, así como parte de la tecnología nativa
independizar de los mayordomos de la encomienda desarrollada para su tintura y el hilado. Las áreas
y alcanzar una situación más prestigiosa, si estaban donde se mantuvieron estos cultivos fueron Huánu-
dedicados a la producción cocalera. co, Lambayeque, Trujillo y Jaén. Cajamarca y Cha-
Otro cultivo importante fue el del ají, que tam- chapoyas también lo producían, pero lo dedicaban a
bién tuvo una cierta relevancia y que alcanzó espe- la confección de lonas para las velas de los navíos.
cial desarrollo en las zonas aledañas a Arequipa. La Tuvo impacto relativo en la economía local la pro-
papa siguió siendo de enorme consumo entre los ducción de tintes en base al añil y la cochinilla, que
naturales, pero así como en la época incaica “el que alcanzaban altísimos precios por su utilidad en la
sólo come papas” era considerado huaccha o pobre producción obrajera.
porque carecía de vínculos de reciprocidad, en el vi- La extracción maderera tuvo mucha importancia
rreinato siguió teniendo una presencia considerable pues era esencial para la construcción civil y naval,
en la dieta popular, pero poco prestigio social. además de ser usada como combustible, lo que

VIRREINATO
El tabaco entraría muy lentamente al consumo atentó notablemente contra los bosques naturales.
europeo, pues fumar se consideraba un uso bárba- Sin embargo, la deforestación del espacio andino
ro y propio de indios y esclavos. Con el tiempo ad- había comenzado desde épocas prehispánicas, tanto
quiriría la categoría de hierba medicinal, recomen- así que los arqueólogos atribuyen a la producción
dada para las más diversas dolencias, especialmen- alfarera la desertificación de ciertas áreas de la cos-
te las bronquiales y asmáticas. Finalmente el tabaco ta. Pero este fenómeno se aceleró con la conquista,
se transformaría en un objeto de lujo, símbolo de como lo comprueban las primeras ordenanzas de
alta posición social y su producción llegaría en el ciudades como Lima, que incluyen tajantes directi-
siglo XVIII a la enorme cantidad de 800 mil mazos vas para no cortar los árboles de las cercanías de la
al año, destacando las zonas productoras de Zaña y urbe. Con el paso de los años, los leñadores debie-
Jaén. El producto terminó difundiéndose entre las ron alejarse varias millas a la redonda por la desapa-
diversas clases sociales, destacando entre las altas rición de las zonas boscosas. Ciudades como Potosí
los puros y cigarros, el rapé y hasta las pequeñas que necesitaban de ingentes cantidades de madera
motillas utilizadas por las damas para la limpieza tanto para los usos domésticos y para el trabajo de
de los dientes. Un personaje singular era el puchero extracción de la plata, abrieron un mercado de ex-
o vendedor ambulante de cigarros y tabacos, quien plotación maderera en zonas bajas y semitropicales
recogía los extremos cortados de los puros, confec- bastante distantes, que se iban alejando más y más
cionando con ellos cigarrillos para el uso popular. año tras año. Al principio los centros madereros se
El tabaco en el Perú sirvió principalmente para el hallaban a 5 leguas del centro minero, pero más tar-
consumo interno, pues los campos centroamerica- de los cargamentos lígneos debieron recorrer hasta
nos abastecían la gran demanda de este producto 30 leguas.
en Europa. Para la construcción naval ganaron gran predi-
El caso de la yerba mate, planta de la familia de camento las maderas procedentes de los bosques de
las ilicáceas, revolucionaría la economía paraguaya Guayaquil. El puerto del mismo nombre se convir-
y como rito social se generalizaría tanto como el tió a su vez en el astillero que abastecía de naves al
chocolate mexicano. Aunque Paraguay no fue el virreinato del Perú. Las grandes casonas de Lima,
único productor, los jesuitas de las misiones tuvie- así como las iglesias y conventos, utilizaban en su
ron un relevante papel en el desarrollo del cultivo, estructura y acabados finas maderas como el cedro
que llegó en el siglo XVIII a las 300 mil arrobas de Nicaragua, que ayudó a consolidar algunas ru-
anuales. El cacao por su lado tendría un importan- tas comerciales (Céspedes del Castillo 1983: 139,
te centro de producción en Guayaquil, aunque en 210 y ss.; Assadourian 1982: 146-178, 199; Pease
el Perú su utilización se restringió a las capas altas 1992a: 256-262; Konetzke 1971: 286-296).

501
Patrucco

La ganadería caballos. Estos últimos como se recordará tuvieron


Al llegar los españoles al Perú encontraron un papel militar muy importante en la época de la
enormes rebaños de “ganados de la tierra” o camé- conquista, ya que los pobladores andinos los creye-
lidos americanos. Llamas, alpacas y en menor me- ron unidos a sus jinetes, devoradores de metales, es
dida vicuñas y guanacos habían sido domesticados decir seres casi míticos. Al iniciarse la ofensiva de
por la población nativa desde épocas pretéritas, y Manco Inca, las cabezas seccionadas de los equinos
muchos habitantes altoandinos se dedicaban a la eran exhibidas en el Cuzco como señal de victoria
ganadería como ocupación especial. Entre las et- sobre los viracochas. En tiempos de paz los caba-
nias de las zonas más bajas se comisionaba a gru- llos, asnos y mulas alcanzaron un notable desempe-
pos de jóvenes para que cuidaran de rebaños en zo- ño como animales de carga, silla y tiro, y durante
nas más altas y adecuadas y no verse privados de buen tiempo fueron altamente cotizados en el toda-
esta importante fuente de materias primas, recur- vía reducido mercado local.
sos alimentarios y transporte de carga. Dichos ani- Durante un tiempo los curacas del altiplano tu-
males, en particular la llama y la alpaca, fueron so- vieron un importante monopolio del transporte en
metidos a un proceso de perfeccionamiento genéti- llamas, al modo prehispánico: “es gente rica de ga-
co por selección artificial. Una llama preparada pa- nado de la tierra y grandes mercaderes y tratantes.
ra dar lana proporcionaba muchísimo más fibra Parecen judíos con sus tratos y conversaciones”, tie-
que una domesticada para servir de transporte, la nen el control absoluto “porque poseen las punas y
cual a su vez podía cargar un mayor peso que la los pastos y crían en ellos gran suma de ganados de
específicamente criada para brindar carne o lana. Castilla y de la tierra, son los indios más ricos del Pi-
VIRREINATO

Además, algunos ejemplares estaban destinados a rú…”. Pero las mulas pronto empezarían a invadir
los sacrificios rituales y se caracterizaban por ser el territorio y a competir con las llamas de carga. A
absolutamente blancos. Tras el caos de la conquis- partir del siglo XVII, Córdoba se convierte en pro-
ta, algunos curacas se apropiaron de los rebaños veedora de las mulas que necesitaba el tráfico co-
del sol y del inca, para evitar que cayeran en manos mercial. La mula ofreció en los abruptos caminos
de la Corona. De esta manera, las subespecies se andinos una mayor capacidad de carga y mucha se-
mezclaron y se perdieron los avances genéticos, guridad por el tanteo de su pisada. Y además gene-
volviéndose a una variedad única y sin mayores di- ró pingües ganancias a los arrieros, dueños de las
ferencias. Durante largo tiempo los camélidos ame- enormes recuas que posibilitaban el comercio inte-
ricanos sirvieron también como medio de pago de rregional. A diferencia de los primeros tiempos, el
los tributos, y muchos corregidores trasladaban los arriero deja de ser empleado del mercader y se con-
hatos y tropillas hasta zonas donde alcanzaban un vierte en transportista, empresario y vendedor.
mayor precio, adueñándose del excedente. Arrieros y ganaderos son retratados en su “borrasco-
La política oficial so hablar” por Conco-
fue sin embargo intro- lorcorvo, en su célebre
ducir las especies de Lazarillo de ciegos ca-
Castilla, lo cual varió minantes. Esta intere-
los patrones alimenti- sante narración permi-
cios de la población te al lector imaginar el
andina, que anterior- mundo de los caminos
mente sólo había re- y los trajinantes que
currido a la carne co- cruzaban el continente
mo complemento die- del Pacífico al Atlánti-
tético bastante esporá- co, distribuyendo la
dico, generalmente mercadería por la in-
como charqui, carne trincada red caminera
salada o seca. Entre de Sudamérica.
las especies importa- La adaptación de las
das debemos mencio- especies europeas en
nar el ganado vacuno, territorios americanos
las ovejas, cabras, cer- fue tan sorprendente
dos, asnos, mulas y Un hato de llamas en Apurímac. que el ganado vacuno

502
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

y caballar abandonado por los primeros expedicio- suponiendo que un gallo cantaba a la muerte de
narios en la región del Río de la Plata hacia 1541, se Atahuallpa, le denominaron guallpa.
reprodujo de manera silvestre en las grandes pam- La pesca, al decir de Assadourian, constituyó
pas. Se calcula que para 1585 unas 80 mil cabezas una actividad artesanal restringida a la periferia de
de ganado cimarrón recorrían la región, convirtién- los centros poblados, y en manos de grupos indíge-
dose en una amenaza para los cultivos. Cualquier nas de pescadores, aunque eventualmente algunos
vecino podía capturar y domar los caballos o matar comerciantes españoles supieron lucrar con este ne-
a las vacas para comerlas o aprovechar su cuero. La gocio y amasar grandes fortunas (Assadourian
abundancia de reses hizo bajar su precio a sumas ín- 1982: 179-181; Pease 1992a: 260-262; Konetzke
fimas y en las ciudades se utilizaba únicamente lo 1971: 296-300).
más selecto de su carne, dejando el resto para los
perros y los animales carroñeros. Ciudades como Industria obrajera
Lima consumían carnes de bovinos procedentes de La tradición textil andina era antiquísima a la
tierras tan lejanas como Quito, y se afirma que los llegada de los españoles, aunque debemos recono-
habitantes de localidades como Charcas comían cer que sufrió algún cambio y se tecnificó de mane-
carne procedente de estancias situadas a casi 600 le- ra especial. No en vano los textiles precolombinos
guas. Buenos Aires se convirtió en un emporio de tenían al igual que la coca y el mullu (conchas utili-
ganado vacuno y Chile obtuvo un gran desarrollo zadas como ofrendas rituales), un alto valor simbó-
en ganadería de ovinos. Las grandes distancias hi- lico en la cosmovisión andina. Al llegar los españo-
cieron de la salazón de la carne un medio impor- les encontraron que el inca manifestaba su genero-

VIRREINATO
tante de conservación. sidad –una forma de reciprocidad– con la entrega
Otro animal traído de Castilla, de gran impor- ritual de “ropa de fino cumpi”, tejidos de gran cali-
tancia en la dieta española, fue el cerdo. Este animal dad que llevaban implícito el prestigio del recono-
tan estigmatizado por musulmanes y judíos, tuvo cimiento oficial. El Estado inca tenía una gran can-
mucha aceptación entre la población indígena, tan- tidad de personal dedicado a la fabricación de teji-
to por su carne como por la manteca que reempla- dos y los españoles se sintieron impresionados al
zaba al aceite de oliva. Su gran utilidad práctica per- encontrar depósitos repletos hasta el techo de va-
mitía que las casas y aun las galerías de las minas se liosos ropajes.
iluminaran con pequeñas lamparillas que aprove- La industria más importante durante el período
chaban la combustión del sebo de cerdo y de lobo colonial fue indudablemente la manufactura obraje-
marino. Este medio de alumbrado era considerable- ra de tejidos y textiles, que alcanzó una enorme pro-
mente más barato que la cera de abeja y originó una ducción y difusión a lo largo y ancho del espacio pe-
serie de industrias conexas como la de mechas, que ruano. Desde los primeros momentos de la colonia
necesitaba de algodón para la fabricación del pabi- se manifestó una especialización productiva en los
lo. También el jabón era producido en base a la gra- obrajes, chorrillos o talleres de los empresarios tex-
sa de estos animales. Sólo en el siglo XVIII, la caza tiles. En los talleres fundados a mediados del XVI,
de ballenas desplazaría algunos de estos productos. comienza a señalarse una división del trabajo y la
La ganadería proporcionaría además materia pri- organización sistemática de los procesos de fabrica-
ma para la industria del vestido, tanto en los rubros ción a cargo de maestros españoles, quienes buscan
de lanas como en los de cueros. Las zonas ganade- rapidez y eficiencia. Métodos colectivos, herramien-
ras cercanas a Córdoba abastecían a las famosas cur- tas occidentales y trabajo con sueldo prefijado o por
tiembres de esa ciudad y llegarían a formar una mita, serán las innovaciones aportadas por los obra-
“cultura del cuero”, elaborándose con este material jeros. La materia prima utilizada en la costa era el
desde vasos y platos hasta naipes. Pero básicamente algodón, y la lana de llamas y alpacas se trabajaba
el cuero servía para la talabartería y los artefactos de en la sierra. Las vestimentas confeccionadas con es-
arrieraje, para los odres, baúles y los recipientes de tas fibras eran destinadas a los pobres, mientras que
acarreo. algunos obrajes fabricaban todavía prendas de cum-
Mención aparte merecen las aves de corral, des- bi chaquira, de tan alto valor que muy poca gente es-
conocidas antes de la conquista por los pobladores taba en capacidad de comprarlos.
andinos, pues sólo disponían de especies silvestres Los encomenderos y luego los corregidores reci-
como el pato, la gallareta, etc. Las gallináceas do- bieron tributo trabajado en forma de vestidos, que
mésticas impresionaron tanto a los indígenas que podían ser intercambiados por metálico en las zonas

503
Patrucco

Obraje era un término que servía para designar


simultáneamente el trabajo de los indígenas y los
locales donde éstos desempeñaban sus labores. Por
lo general se ubicaban en grandes establecimientos
cuyo instrumento característico era un batán de re-
gulares dimensiones, es decir una prensa compues-
ta por mazos movidos por ejes, que a su vez arras-
traban rodillos para golpear, desengrasar y enfurtir
los paños. Los llamados obrajes enteros contaban
con más de una docena de telares. Si no excedían
los doce telares se les denominaba medios-obrajes y
pagaban la mitad de las alcabalas. Algunas comuni-
dades tenían también pequeños talleres mecaniza-
dos que les permitían cancelar sus tributos. Los
obrajes más chicos que carecían de batán eran co-
nocidos como chorrillos, por la canaleta que servía
para limpiar las lanas.
Durante el siglo XVI, los obrajes fueron general-
mente propiedad de los encomenderos, pero a la
vuelta de aquella centuria, empresarios desligados
VIRREINATO

de las encomiendas se apoderaron de dichos centros


de producción. La mita demostró su incapacidad
para abastecer de mano de obra a los obrajes y pron-
to sus dueños empezaron a utilizar el sistema de
contratación colectiva y operarios asalariados. El
trabajo al interior de estas industrias era extenuan-
te, con jornadas extremadamente largas y con cor-
En los Andes existía una larga y notable tradición textil, tos permisos para que los indios asistieran al sem-
la misma que fue reutilizada durante el periodo virreinal brío y la cosecha de sus parcelas. Entre los trabaja-
para atender las demandas de los señores locales
y del Estado colonial. dores se podía encontrar niños y ancianos, además
de hombres y mujeres en la plenitud de sus faculta-
des. El régimen era semiforzoso, utilizándose tam-
mineras y comerciales, ya que eran fácilmente bién estos centros de labores como lugares de casti-
transportables y había poco riesgo de que se arrui- go para determinados delitos. Ello llevó a que los
naran. Pero pronto se vio que esta producción fami- obrajes fueran odiados, y no pocos terminaron que-
liar resultaba insuficiente y que la Metrópoli no po- mados durante las asonadas y protestas que cada
día solventar las necesidades americanas de textiles, cierto tiempo se repetían en los Andes, contra los
salvo la demanda de géneros de lujo, destinados a abusos de corregidores y empresarios.
los altos niveles sociales. En tal circunstancia, se Entrado el siglo XVIII los obrajes se hallaban
prohibió la fabricación de textiles nacionales de al- muy debilitados por las guerras comerciales entre
to costo. Pero ya desde 1560, y con la anuencia de los distintos productores, el proteccionismo de la
las cortes de Castilla, se incentivó la instalación de Corona y por las barreras que aislaban a los diferen-
los obrajes. Este apoyo no sería permanente y más tes mercados interregionales. Su rentabilidad bajó
de una vez se limitó esta actividad, llegando inclu- debido a la supervivencia de la artesanía textil en las
so a decretarse su eliminación, situación que sola- comunidades y a los excesivos costos del trabajo an-
mente pudo ser revertida por las presiones de sus te la escasez de mitayos. Más tarde los productos
propietarios y el pago de una compensación espe- europeos inundaron el mercado interno, ocasionan-
cial a la Corona. También se intentó asfixiar la pro- do el colapso de una de las pocas industrias que se
ducción familiar de ropa para convertir en compra- había enraizado en el territorio. Los teóricos de la
dores a los indios, y se organizó la mita obrajera, pa- época seguían considerando a los obrajes como la
ra empezar a mover las pesadas ruedas de esta na- mejor manera de extender el mercado interior y ge-
ciente industria. nerar fuentes de trabajo regionales. Un documento

504
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

de la época señalaba: “…fundar obrajes era una ne- tístico de pintores, tallistas, doradores y artífices. En
cesidad imprescindible, siempre que se quisiera ase- estos grupos calificados el Estado impedía el ingre-
gurar la existencia y crecimiento de la América Co- so de gente proveniente de estratos bajos como los
lonial… …pues las empresas industriales creaban indios, los negros o los miembros de las diversas
nuevas posibilidades de trabajo y con ello hacían castas. También se exigía el certificado de “limpieza
crecer el consumo de los productos agrarios… (Sil- de sangre”, prueba genealógica en la que se demos-
va Santisteban 1964: 31 y ss.; Assadourian 1982: traba la ausencia de “antepasados moros, judíos o
191-199; Moreyra 1980: 274-276; Pease 1992a: de gentes de malas sangres…”. Cuanto mayor era el
262-263; Konetzke 1971: 304). prestigio de un gremio, más fuertes se hacían los re-
quisitos, en tanto las ocupaciones que demandaban
LOS GREMIOS mayor esfuerzo físico y menores disposiciones de
talento no eran tan estrictas en el reclutamiento de
Pese a que la población de las ciudades de corte los agremiados. De esta manera no existía control
occidental mostró un exagerado interés por los car- racial en actividades como la carpintería, la cons-
gos administrativos y rentistas, y por la posesión de trucción y la curtiembre, oficios desempeñados por
extensas tierras y el comercio, el sector artesanal los grupos más bajos del ordenamiento colonial.
–no siempre adecuadamente estimado– tuvo una El gremio se constituía en un efectivo medio de
importante presencia en el mundo hispanoperua- proteger a los miembros de un oficio de la intromi-
no. Y no podía ser de otro modo, porque la vida ur- sión de gentes advenedizas o sin capacitación, que
bana obligaba a proveerse de manufacturas indis- pudieran ejercer una competencia desleal. A veces

VIRREINATO
pensables para la vida cotidiana, aunque su pro- surgían problemas entre gremios dedicados a activi-
ducción no fuera acompañada de una alta valora- dades muy cercanas, como los herreros, los calde-
ción social. Los artesanos reros y los espaderos, que eran
empezaron formando talleres, capaces de invadir el área aje-
donde se entrenaba a algunos na. Algo similar ocurría entre
españoles y mestizos, al tiem- los gorreros y sederos, o entre
po que se utilizaba el trabajo los plateros y los artífices. Dis-
de indios y esclavos negros pa- tinto era el caso de algunos gre-
ra las labores menos especiali- mios que pretendían apoderar-
zadas. Los problemas comunes se de productores menores y
que vinculaban a los hombres utilizarlos como auxiliares, co-
dedicados a un mismo oficio mo acontecía por ejemplo entre
llevaron a la fundación de gre- los zapateros y los zurradores.
mios a la usanza de España, La estructura gremial gene-
con el fin de que los agremia- raba una pirámide en cuya
dos pudieran defender sus in- cumbre se encontraban los
tereses corporativos y conver- maestros, artesanos sumamente
tirse en interlocutores de los calificados y dueños del taller,
gobernantes, mientras autori- quienes tenían contratados a
dades como los cabildantes po- un grupo de oficiales, bajo cu-
dían vigilar la calidad de las ya supervisión se desempeña-
mercancías y la honorabilidad ban los aprendices. Los oficia-
de los productores. les eran artesanos diestros en el
La Corona y en general las oficio pero sin taller y en la ba-
clases más acomodadas, tenían se estaban los aprendices, quie-
un particular rasero para juzgar nes debían ser hijos legítimos,
la jerarquía social de las diver-
sas actividades artesanales. En
Gremios, como los plateros, estuvieron
la cima se ubicaban los maes- estrechamente vinculados al arte
tros del “noble arte de la plate- religioso colonial en la producción de
ría” y otras finas actividades, piezas dedicadas al culto. En la
apreciándose el desempeño ar- imagen una custodia del siglo XVIII.

505
Patrucco

Cáncer (el hombre que edifica el


nuevo granero) por Diego Quispe
Tito, de la serie del Zodíaco.
Catedral del Cuzco, siglo XVII.

Altar mayor de la iglesia de


Andahuaylillas, Cuzco.
VIRREINATO

hábiles, alfabetos, diestros en


números, y de edades y razas
determinadas según cada ofi-
cio. Es lógico pensar que los
hijos o parientes de los maes-
tros eran más rápidamente
promovidos o llegaban a me-
jores puestos que los demás
ingresantes, y que al mismo
tiempo pocos indios y negros
arribaron a escalones promi-
nentes dentro de los gremios.
Sin embargo, la institución
corporativa garantizaba un
mínimo de seguridades para
sus dueños, para lo cual se im-
pidió la proliferación de talle-
res. Además, se prohibió ex-
presamente que fueran dirigidos por compañías, es participación de los segundos, y sólo la interven-
decir que tuvieran más de un dueño, ante el temor ción de la Corona y el cabildo pudo zanjar dichos
de que gente extraña al gremio se hiciera propieta- conflictos. Sin embargo estas situaciones fueron ex-
ria de los talleres y los desnaturalizara. cepcionales y la calma y tranquilidad precapitalis-
El cabildo vigilaba la producción de los gremios tas imperaban entre los innumerables gremios que
a través de ordenanzas, evitaba la comercialización agrupaban a silleros, sombrereros, cereros, pasama-
de manufacturas defectuosas e impedía el ingreso neros, tintoreros, gorreros, sederos, espaderos, he-
al circuito mercantil de toda producción ajena al rreros, tiradores de oro, aprensadores de seda, za-
gremio respectivo, la cual era quemada o regalada a pateros, zurradores, petateros, plateros, alfareros,
los hospicios. En ocasiones se desataron guerras no veleros, bordadores, orilleros, cerrajeros, municio-
declaradas entre los gremios y los comerciantes, so- neros, peleteros, confiteros, taberneros, menude-
bre todo cuando los primeros monopolizaban la ros, pasteleros, etc. (Quiroz 1983: iii y ss.; Konetz-
venta de sus propios productos, impidiendo la libre ke 1971: 304).

506
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

EL COMERCIO va”, resguardado por la Armada de Haberías, perte-


neciente a la Armada de la Real Guardia de la Carre-
La actividad comercial tendría una enorme im- ra de Indias. La flota de naves iba precedida por una
portancia en la América hispanizada, pues a partir nave artillada denominada capitana, y posterior-
de la conquista nuestra economía comenzaría a mi- mente se añadió una segunda para que cerrara el
rar permanentemente hacia afuera, haciendo olvi- convoy, barco que recibió el nombre de nao almi-
dar la naturaleza casi autárquica de la sociedad pre- ranta. Las embarcaciones debían partir juntas en
colombina, donde era desconocida la esfera de la mayo hacia Nueva España y en agosto hacia la Me-
circulación mercantil. De este modo, en el campo y trópoli, realizándose en períodos distintos las ferias
fundamentalmente en la ciudad, una gran mayoría de Portobelo y Nombre de Dios. En Portobelo po-
de la población practicaba al menos parcialmente dían reunirse mercaderías hasta por cuarenta millo-
alguna actividad mercantil, no sólo como una ocu- nes de pesos durante el mes que duraba la feria, por
pación más de su diario vivir, sino como elemento lo que pronto el istmo de Panamá se volvió lugar
importantísimo para procurarse el diario sustento. predilecto de asalto para los piratas y corsarios.
Mal que bien, la filosofía de los conquistadores y El viaje de ida y vuelta a América duraba unos
también la de la Corona era mercantilista, y estaba nueve meses y debía realizarse con la precisión
sustentada en la expansión del capital comercial adecuada para que coincidiera con la Armadilla del
europeo. Mar del Sur, que traía las mercaderías del Perú y la
Como lo ha señalado F. Pease, luego del reparto Caja del Rey, es decir los dineros pertenecientes a
de Cajamarca, una treintena de barcos servía a los la Corona, todo lo cual debía arribar a Panamá a

VIRREINATO
intereses comerciales de Hernando Pizarro, y pron- mediados de marzo. El viaje de Panamá a Lima so-
to las flotas de Hernán Cortés entraron a tallar en el lía ser muy largo por la “calma chicha de los vien-
naciente mercado peruano, intentando captar parte tos” y los efectos de la corriente de Humboldt que
de las abundantes riquezas locales. La importación corre de sur a norte, desembarcando los pasajeros y
de los diversos artículos de ultramar permitía a los la mercadería más valiosa en Paita, para concluir el
españoles mantener muchas de las costumbres y recorrido por tierra. Las naves con la carga más pe-
gustos peninsulares en los nuevos y distantes terri- sada seguían camino hacia el Callao, extendiéndose
torios. En los inventarios de estas naves de carga se ese trayecto hasta tres meses. Ya en Lima las cargas
encuentran tan pronto herramientas y armas, como eran distribuidas con enormes recargos al resto de
artículos de moda en la Península; artefactos de cul- Sudamérica.
tura material, así como ganados y plantas foráneas. El sistema de armadas entró en decadencia en el
En los años siguientes el estado monárquico in- siglo XVIII, arrastrando en su caída a la feria de Por-
tentó tener una implacable presencia en todas las tobelo, puesto que el movimiento comercial se vio
esferas de la vida social y económica de las colonias, afectado por las crecientes tensiones entre España e
implantando un monopolio en el comercio de la re- Inglaterra que llevarían a estos imperios a un esta-
gión, a través de la Casa de Contratación de Sevilla. do de guerra latente. En 1737, corsarios como el al-
Esta cosmopolita ciudad oficiaba de puerta de en- mirante Vernon y el vicealmirante Anson obstruye-
trada y salida para los pasajeros y el comercio con ron el avance de las naves que llegaban o partían al
América. La Corona pudo de esta manera recoger istmo, las que debieron reunirse en otros puertos.
jugosos dividendos mediante las casas comerciales Desde 1708, los franceses habían empezado a enviar
allí asentadas, aunque nunca se llegó a establecer naves comerciales por el cabo de Hornos, lo que lle-
Compañías de Indias del tipo de las existentes en vó a un descenso considerable de los precios de la
Inglaterra, Holanda y Francia. En la práctica el mo- mercadería que desembarcaba en los puertos cerca-
nopolio era ineludible, aunque algunos rubros co- nos. Las autoridades bonaerenses se hicieron de la
mo el tráfico de esclavos escapaban a la jurisdicción vista gorda e incluso permitieron el atraque de na-
del gobierno. Esta última actividad estuvo domina- ves en el Río de la Plata a partir de 1748, a pesar de
da por los portugueses, los que ni aun cuando pasa- los reclamos de los comerciantes limeños que per-
ron a ser súbditos del rey de España dejaron en es- dían dicho mercado y el de zonas como el Alto Pe-
tas tierras sus cuantiosos capitales. rú. Por otro lado, luego del tratado de Utrecht de
El tráfico comercial funcionó en base al sistema 1713, se concedió a Inglaterra el navío de permiso,
de flotas, pues desde 1521 la Casa de Contratación por el cual la monarquía británica obtenía el privi-
había impuesto la obligación del viaje “en conser- legio de introducir anualmente una nave de 650 to-

507
Patrucco

neladas de mercaderías. Se sabe que el primero de portantes como las marítimas. Inicialmente los es-
ellos, el “Real Jorge”, llegó cargado con 975 tonela- pañoles utilizaron los antiguos caminos incaicos,
das. Años más tarde, para evitar estos abusos, se pa- pero al consolidarse la conquista y el control del es-
só al sistema de navío de registro, que era un meca- pacio andino, hubo necesidad de construir nuevos
nismo semejante al anterior, con la salvedad de que senderos, sin las empinadas escalinatas que acos-
la mercadería debía ser previamente inventariada tumbraban levantar los quechuas y waris, y sortean-
antes de llegar a América. Como las naves inglesas do la cordillera por el fondo de los valles y no por
llegaban a puerto antes que las naves de la armada, las gélidas cumbres y punas, aun cuando estas rutas
éstas encontraban una buena parte de los mercados estuvieran expuestas a los temidos huaicos en la
ya saturados. época de lluvias. Las nuevas vías debían ser pensa-
Es lógico pensar que el excesivo controlismo de das no sólo para llamas y peatones, sino tambien
la Corona desembocara en un creciente contraban- permitir el paso de las cabalgaduras hispánicas y de
do. Los viajeros secretos Antonio de Ulloa y Jorge los nuevos medios rodantes. Pronto se iría afianzan-
Juan nos refieren, que: “Tal era la libertad con que do una complicada red caminera que uniría puer-
se comerciaba en el Perú, en toda suerte de géneros tos, ciudades, centros productivos y minas, en tan-
prohibidos, que parecía haberse borrado la idea de to los asentamientos nativos se alejaban de aquellas
que era un trato ilícito, ni que estaba sujeto a casti- rutas que sólo les traían saqueos, extorsiones, levas
gos; al contrario, este negocio se hacía como una y abusos. Ante estos problemas, los indios se trasla-
cosa establecida y los jueces que lo disimulaban re- darían a las zonas altas de los Andes –por encima de
cibían una gran suma de dinero, como si fueran los 3 500 metros–, hasta que en la época del virrey
VIRREINATO

emolumentos anexos a su empleo…”. El contraban- Toledo se generalizaron las reducciones y se les vol-
do llegaba de los países europeos y de las otras co- vió a reunir en poblados a la vera de los caminos.
lonias, como la ropa de México, e incluso de Filipi- El transporte de los minerales cobró tanta im-
nas y China, que proveían de telas, porcelanas y portancia que pronto se inauguró la vía de la plata,
hasta muebles, y todos los intentos de abolirlo fue- partiendo de Potosí rumbo a Arequipa, y de allí a Is-
ron como tapar el sol con un dedo. Virreyes como lay, donde los cargamentos se embarcaban al Callao
el príncipe de Santo Buono organizaron un servicio como paradero intermedio, ya que el destino final
de vigilancia de puertos, llamado era España. Más adelante, como
el Resguardo, e instituyeron la consecuencia de los nuevos pro-
costumbre de repartir lo decomi- cedimientos técnicos de extrac-
sado entre el denunciante, los ción de la plata, Potosí se conec-
miembros de la cámara y la auto- tó con el mar a través del puer-
ridad, pero todo fue en vano. to de Arica. El mercurio o azo-
Los funcionarios, fueran corregi- gue de Huancavelica salía en
dores u oficiales reales, cobraban bolsas de cuero y bajaba a lomo
8 pesos por costal de contraban- de mula hasta la costa, echándo-
do introducido en el territorio, se a la mar en Tambo de Mora
pago que eufemísticamente pasó (Chincha), rumbo a Arica. Allí
a denominarse “precio del olvi- el pesado líquido era desembar-
do”. Finalmente con las refor- cado y conducido en grandes
mas borbónicas se dispuso el li- caravanas de arrieros hasta las
bre comercio, habilitándose 13 serranías de Potosí.
puertos en la Península y 22 en También existieron recorridos
América. Con esto se haría muy específicos como la ruta del vi-
notoria la decadencia de Lima, no, o trayectos de contrabandis-
una plaza que había tenido se-
gún Juan y Ulloa, “10 casas co-
merciales con más de 600,000 Carmine Nicolás Caracciolo, príncipe
de Santo Buono, organizador del
escudos de capital y muchas Resguardo o servicio de vigilancia de
otras con 300,000 piastras…”. puertos, que buscaba frenar el
Para el comercio americano, creciente contrabando proveniente de
las vías terrestres fueron tan im- Europa y de otras colonias.

508
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

tas que traficaban con plata y azogue, al margen del expresara sus intereses corporativos. Tales necesi-
control de la Corona. Otros caminos importantes dades llevaron a la creación del “Consulado de la
cruzaban el continente siguiendo la vía de Tucu- Universidad de Mercaderes de la Ciudad de los Re-
mán, Córdoba y Buenos Aires. Paralelamente, una yes, Reinos y Prouincias del Perú, Tierra Firme y
multitud de rutas secundarias dinamizó la econo- Chile”. El Tribunal del Consulado de Lima se fundó
mía de los territorios que atravesaban, sobre todo en 1613, recibió su confirmación regia en 1618 y
en áreas adyacentes a los yacimientos mineros, ya funcionó hasta 1886, siendo razón para su estable-
que éstos necesitaban ser continuamente aprovisio- cimiento la “gran cantidad de pleytos e debates, du-
nados de alimentos, instrumentos, ropa y otros en- das e diferencias en resultas de quentas de compa-
seres. Muchos de estos caminos vadeaban quebra- ñías, consignaciones e faltamentos e seguros rries-
das y acortaban las orillas de los ríos a través de gos auerias daños quiebras y otras contrataciones
complicadas y audaces estructuras de fibra de ma- semejantes concernientes al dicho comercio”.
guey, tal como se estilaba en los tiempos prehispá- Sólo personajes de máxima solvencia y prestigio
nicos. El viajero George Ephraim Squier que visitó podían acceder a los principales puestos dirigentes
el país en la segunda mitad del siglo pasado, toda- del Tribunal y ocupar los cargos de prior, cónsul o
vía llegó a ver en pie el célebre puente de San Luis diputado. Únicamente estaban en condición de ins-
Rey, tendido sobre el cañón del Apurímac. En otros cribirse los grandes importadores o “cargadores”,
pasos importantes serían levantados sólidos puen- los mercaderes formalmente establecidos en las ca-
tes de piedra y otros de cal y canto, que subsisten lles circundantes a la plaza, y los dueños de naves
hasta hoy (Romero 1949: 168 y ss.; Pease 1992a: que residían en la ciudad. Oficiaba como defensoría

VIRREINATO
246 y ss.). grupal de los comerciantes y como instancia de pre-
sión sobre las autoridades. Velaba también por una
INSTITUCIONES ECONÓMICAS. CASA correcta organización del tráfico comercial, aseso-
DE CONTRATACIÓN. TRIBUNAL DEL rando al gobierno en su materia específica, y super-
CONSULADO. BANCOS vigilando a los banqueros. Actuaba sindicando las
quiebras y como ente recaudador de algunos im-
La Casa de Contratación de Sevilla fue fundada puestos especiales, tales como las averías (costo de
en 1503 con la misión de organizar y controlar el la protección de la escuadra), los almojarifazgos
transporte entre España y América, vigilando a los (derechos de aduana) y las alcabalas (impuesto ge-
pasajeros que cruzaban el ancho mar, y ejerciendo neral a las actividades lucrativas). Además colabora-
las funciones de aduana y registro. La Casa se encar- ba en la preparación de la Armadilla del Mar del
gaba también de recaudar los derechos que le co- Sur, almacenaba mercaderias, señalaba precios de
rrespondían a la Corona, y oficiaba de tribunal pri- determinados artículos, aseguraba el abastecimien-
vativo de comerciantes, para no dilatar excesiva- to del interior de virreino, servía de aduana, de tri-
mente los litigios entre mercaderes y transportistas bunal y de academia náutica. Finalmente, cumplía
marítimos. Posteriormente funcionó como univer- labores bancarias pues brindaba créditos de bajo in-
sidad de mareantes, que no era otra cosa que un terés (Lohmann 1993:108 y ss.).
centro de capacitación de marinos y marineros. Asi-
mismo se ocupaba de realizar investigaciones geo- FISCALIDAD. TRIBUNAL MAYOR DE
gráficas que permitieran elaborar mejores mapas y CUENTAS. CAJAS REALES
hojas de ruta más confiables para los navegantes y
con ese fin el cosmógrafo mayor de Indias se halla- Los tributos coloniales afectaban todo el abanico
ba entre sus directivos. En sus tiempos de apogeo de las actividades coloniales, y si bien algunos como
llegó a contar con 110 empleados y, ya bajo los Bor- el quinto real o el tributo indígena proporcionaban
bones, fue trasladada a Cádiz en 1707, localidad úl- mucho dinero a las arcas de la Corona, otros resul-
tima que vio su disolución 83 años después. taban bastante difíciles de cobrar, imposibles de de-
El enorme tráfico comercial que se centralizaba finir y costosos de recaudar. Por ello en muchos ca-
en Lima como capital de uno de los dos virreinatos sos se optó por subastar su recojo entre agentes in-
de América exigió una estructura administrativa teresados, quienes de esta manera pagaron al fisco
que lo regulara, permitiendo agilizar los complica- una cifra menor pero segura, a cambio de ejecutar
dos trámites y resolver los diferendos con celeridad. con posterioridad la potestad de cobrarlos en su in-
Los comerciantes además requerían de un foro que tegridad. La lista de tributos es sumamente larga y

509
Patrucco

da. La creación de mayorazgos y los señoreajes de


ciertas tierras imponían ciertas erogaciones que
también iban a dar a las arcas reales.
Mineros, que se aplicaban a los metales y piedras
preciosas, así como a las perlas y los tesoros encon-
trados; se conocían con el nombre de quinto real.
Cuando se trataba de riquezas saqueadas a las hua-
cas le correspondía a la Corona la mitad de todo lo
extraído. El quinto real fue rebajado desde 1735 del
20% al 10%, pero luego se le añadió el antiguo im-
puesto de Cobos con lo que sumaba aproximada-
mente un 11,5%. El oro en cambio, pagaba un im-
puesto que sólo alcanzaba el 3%. También se grava-
ba la venta y el alquiler de minas, y las concesiones
sin explotar. El impuesto de apertura era de 60 va-
ras si era un yacimiento de plata y de 50 varas si se
trataba de una mina aurífera.
Comerciales, que gravaban las ventas de cual-
quier mercadería. En este grupo destacaba la alcaba-
la, que pasó del 2 al 4% y luego al 7% con el virrey
VIRREINATO

Abascal; el almojarifazgo o arancel de aduanas; los


comisos; el impuesto de pulperías a los negocios me-
nores y chinganas; y finalmente la avería, que repre-
sentaba un 5% al valor de los bienes y metales trans-
portables, y se destinaba a costear la preparación de
la Armadilla del Mar del Sur y otras protecciones de
navíos.
Un mandón indígena le sustrae un carnero a un indio Agrícolas, como los denominados diezmos y no-
tributario. venos, que afectaban la producción agrícola y ser-
vían para el sostenimiento de la Iglesia, las viñas o
nos limitamos a dar un somero cuadro de los prin- impuesto del 2% al vino a cambio de la protección
cipales de ellos: de los mercados. Era común también el pago por
Personales, cobrados en razón del vasallaje a la composiciones y ventas de tierras, que permitían ac-
Corona. Teóricamente estaban obligados a cumplir ceder a las tierras vacantes y los despojos, legaliza-
con este pago todos los villanos del imperio espa- dos mediante contribuciones a la Corona.
ñol, pero las gentes de este origen que pasaron al Eclesiásticos, que eran erogaciones eventuales de
Nuevo Mundo dejaron de cancelarlo, y sólo afectó la Iglesia si mantenía vacos algunos obispados, y la
a los indios y las castas. El tributo pagado por los mesada que gravaba los sueldos de los sacerdotes.
indios de las comunidades generó importantes in- Por su parte la Iglesia cobraba los bonos de la Santa
gresos para la Corona, que fueron decreciendo de- Cruzada, las cruzadas, los castigos de las condenacio-
bido al desastre demográfico. Los negros libertos y nes, las bulas de indulto por comer carne y laticinios
los miembros de las castas manifestaron una per- los viernes, cuaresmas, etc. También había multas y
manente oposición a estos pagos, que permutaban pagos por dispensa a los impedimentos matrimo-
por el ingreso a las milicias y otros servicios por el niales, las excomuniones, etc., y el producto de
estilo. diezmos y los novenos.
De honores y cargos, rubro que definía los dere- Municipales, entre los que destacaba la sisa por
chos a pagar por ventas y revalidaciones de cargos, cabeza de ganado sacrificado y el mojonazgo por bo-
oficios y diversos títulos. También se pagaban me- tija de aguardiente y por el maíz.
dias anatas por el desempeño y ejercicio profesio- Estancos, o monopolios estatales establecidos so-
nal, la tercia encomienda por el usufructo de este ti- bre el mercurio, la sal, el hielo o nieve, y los naipes.
po de posesiones, pasando los tributos vacos a la Ante esta diversidad tributaria y los problemas
Corona si se trataba de una encomienda no asigna- que generaba su recolección, la crisis en las arcas

510
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

reales no se hizo esperar. Las reformas borbónicas yas, Piura, Saña, Huánuco, Pasco, Jauja, Huancave-
del siglo XVIII propusieron la derogación de mu- lica, Castrovirreyna, Cuzco, Arequipa, Caylloma,
chos de estos impuestos menores y el incremento Arica, Carabaya y Carangas) y las economías de las
de los impuestos mayores como la alcabala. Sin em- audiencias subordinadas de Panamá, Quito y Char-
bargo la población afectada no tardó en pronunciar- cas, además de la pretorial de Chile.
se, desatándose toda una serie de disturbios y rebe- Las Cajas Reales eran las dependencias encarga-
liones antifiscales. das de recibir y resguardar los dineros del erario, y
El Tribunal Mayor de Cuentas, establecido en recibían tal denominación porque los dineros reales
1605, supervigilaba el buen funcionamiento de la se guardaban en cajas fuertes barreteadas con hie-
hacienda pública, la recaudación de ingresos y la rro, que necesitaban tres llaves para abrirse y que
administración de la liquidez monetaria. También por lo general estaban en manos del contador, el te-
evaluaba la caja fiscal en lo que se refiere a gastos, sorero y el veedor. Teóricamente estos funcionarios
pagos y comisiones y emitía las órdenes de fundi- sólo debían pagar cuentas pendientes si existía una
ción de los metales preciosos. Ejercía estas respon- orden real y jamás podían brindar adelantos sobre
sabilidades desde la capital del virreinato, asumien- sueldos. En algunos lugares menores estas llaves se
do labores que antes habían sido desempeñadas delegaban a otros funcionarios, pero también exis-
por el virrey y otros tres funcionarios reales: el tían cajas similares a cargo de los tenedores de los
veedor, el contador y el tesorero. El Tribunal Ma- bienes de difuntos, los guardadores de censos y los
yor de Cuentas, en palabras de la época, debía “to- tesoreros de comunidades (Lohmann 1993: 98-101;
mar y fenecer todas las cuentas que por cualquier Romero 1949: 235-237; Quiroz 1993: 281).

VIRREINATO
causa, tocaren y pertenecieren a nuestra real ha-
cienda, así los tesoreros como los recaudadores, ad-
ministradores, fieles y cogedores de nuestras rentas
reales, derechos, tasas, quintos azogues y otros
cualesquiera efectos que nos pertenezcan o nos
puedan pertenecer…”.
Para cumplir con estas condiciones los contado-
res tenían amplias atribuciones para cobrar las deu-
das y apremiar a los deudores morosos. La misma
escrupulosidad se revertía contra ellos a la hora de
los juicios de residencia, pues era frecuente –según
lo anotan algunos historiadores– que malversaran
fondos reales, prestándolos o haciendolos girar co-
mercialmente en el plazo que ellos los tenían bajo
su administración. Pero aun sin malas artes era co-
mún que faltara dinero pues “la contabilidad (era)
farragosa, en números romanos y en guarismos
arábigos, unas cantidades computadas en pesos de
ocho reales, en ducados, en marcos de plata, o en
pesos ensayados”. A esto se sumaba la indolencia
de algunos funcionarios que no cumplían con las
tres horas de trabajo por la mañana y las dos horas
vespertinas que frecuentemente resultaban cortas
por las innumerables festividades, los viajes, las en-
fermedades y las licencias. El retraso en el trabajo
de contaduría no alteraba sin embargo la paz buro-
crática. Los problemas recién surgían cuando por
algún motivo no se podía reembolsar a tiempo los
capitales de la Corona y se descubría un forado en
las arcas.
Bajo la jurisdicción del Tribunal se encontraban
Restos de un campanario de una hacienda colonial.
todas las Cajas Reales del Perú (Trujillo, Chachapo-

511
Patrucco

LAS AR TES VIRREINALES:


PINTURA, ESCULTURA Y ARQUITECTURA

I
PINTURA COLONIAL PERUANA
VIRREINATO

LA PINTURA EN LIMA do tuvieron gran impacto entre los artistas que vi-
vían en la capital más importante de Sudamérica,
Lima como centro económico y administrativo influyendo notablemente en sus obras y en sus me-
de España en ultramar, adquirió un papel protagó- dios expresivos. Pero con frecuencia lo que en Lima
nico en el proceso de asimilación del arte occiden- constituyó imitación pasajera, paulatinamente fue
tal, y bajo sus puentes y calles se dio uno de los pro- arraigándose en las ciudades del interior de manera
cesos más interesantes de integración entre la he- más sosegada y auténtica. De la mano de jóvenes
rencia estética nativa y la tradición europea. Los discípulos y atentos maestros, Cuzco y Quito vieron
nuevos estilos y corrientes venidos del Viejo Mun- florecer sus célebres escuelas pictóricas que asimila-
ban las novedades con mayor paciencia,
alterando las composiciones regionales
sin grandes rupturas.

La pintura temprana de la colonia


En medio de la turbulencia que sig-
nificó la conquista del Perú, no faltaron
los ratos libres para el esparcimiento de
los recién llegados, muchos de los cua-
les tenían algunas aptitudes artísticas.
Se tiene noticia por ejemplo de la pri-
mera pintura realizada en el Perú, que
fue un retrato de Atahuallpa cautivo, es-
bozado en Cajamarca por Diego de Mo-
ra hacia 1534. Sin embargo, una década
después la pintura ya no era una afición
excepcional. El surgimiento de las ciu-
dades, la construcción de los nuevos
templos y la atracción que la pintura
Piscis (la vocación de los apóstoles) por Diego Quispe Tito, de la serie del ejercía como elemento de decoración y
Zodíaco. Catedral del Cuzco, siglo XVII. evangelización, aunados a la pujante ri-

512
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

queza de estos reinos, promovieron la atención de que va tomando el gusto pictórico. A finales del si-
los artistas europeos. glo y ya bastante maduro, el propio Rincón firmará
Aunque no fueron raras las creaciones traídas contratos de pintura “a la romana”, referencia que
desde Flandes e Italia, una gran cantidad de las pri- sirve para evidenciar la influencia italiana en su pin-
meras pinturas que arribaron al naciente virreino tura, bastante distante del arte hispano-flamenco
procedía de los imagineros andaluces. Ellos comen- que había aprendido en el taller de Fernández Lobo.
zaron a enviar sus obras al Perú para satisfacer los También lograrán cierta notoriedad una serie de
caprichos de los enriquecidos encomenderos y de- personajes mestizos e indios como Francisco Xuá-
corar las naves vacías de las flamantes iglesias y rex de Huarochirí –quien trabaja en el hospital de
conventos. El gusto imperante por entonces no era San Andrés–, Juan Amai, Martín Pedro y Domingo
nada exigente, pues los conquistadores no consti- Antón de Saña. Su actividad será prueba elocuente
tuían un público especialmente cultivado. Antes de la presencia de un nuevo sector de creadores en
bien, aspiraban a deleitarse con obras similares a las el panorama de las artes. Todos ellos anteceden a los
que habían visto en sus pueblos de origen: cuadros pintores romanistas y pintaron sus obras en lienzo,
provincianos y arcaicos, que no ocultaban un estilo tabla y al fresco, cubriendo las paredes de los tem-
gótico de raigambre hispano-flamenca. Los escasos plos primitivos. Las pinturas religiosas por entonces
restos de lienzos y tablas pintadas de aquella época tenían un sesgo ejemplarizador y eran utilizadas en
así parecen confirmarlo. Por lo común son obras la catequización de los creyentes, siguiendo una
inspiradas en temas relacionados con devociones metodología muy difundida siglos atrás en la evan-
sevillanas. Entre otras, destacan la imagen de Nues- gelización de ciertas zonas europeas. Obras como El

VIRREINATO
tra Señora de la Antigua, copia realizada en 1545 de alma camino del cielo en la iglesia de Andahuaylillas,
una obra sienesa del siglo XV, que se instaló en la Cuzco, nos permiten visualizar el papel que cum-
catedral junto a una Virgen con el Niño, que por ser plía esta pintura entre los naturales (Bernales 1989:
la primera pintura del templo era llamada “la Sola”. 38-40; Estabridis 1989: 113; Tord 1981: 202-208;
También se ha logrado identificar una reproducción Wuffarden 1994: 590-592).
de la cuatrocentista Virgen del Rocamador, e imita-
ciones del medieval Cristo de Burgos. Obviamente, La escuela italiana. El arte “a la romana”
estas obras constituyeron una mínima parte de la Los cánones estéticos que rigieron el temprano
cuantiosa producción enviada a Lima, rastreada a arte colonial se vieron profundamente afectados por
partir de los contratos existentes en Sevilla. la llegada, en el último cuarto del siglo XVI, de una
Lima era una plaza artística muy importante, y serie de maestros italianos. Ellos introdujeron en Li-
algunos pintores andaluces se afincaron en Lima a ma la pintura “a la romana”, cuyo impacto estilísti-
mediados del milquinientos. A Juan de Illescas, lla- co perdurará en las obras virreinales hasta bastante
mado el granadino, se le encomendó las pinturas entrado el siglo XVII. El arte italianista que se ex-
del primer templo de San Agustín y las iglesias de tendió en Lima, contrariamente a lo que muchos ar-
Huánuco, y formó un taller en el que trabajaron guyen, no respondía en forma fiel a las grandes lí-
también sus hijos. Uno de ellos, Juan de Illescas, “el neas directrices del manierismo, corriente ésta que
Mozo”, llegó a pintar varias obras para la catedral buscaba romper el lenguaje de los geniales maestros
de Lima (1578). Illescas padre adorna obras efíme- del Alto Renacimiento. Los estudiosos del arte han
ras para la Semana Santa (1582), pero también do- creído ver en este “romanismo” una reacción frente
ra altares y estofa esculturas, y tempranamente con- al propio manierismo.
voca a ayudantes indígenas como el indio de Man- A diferencia de la maniera, caracterizada por su
siche, Martín Gómez Vinsuf. rebuscamiento y elitismo, por el afán de deformar el
Por esta misma época encontramos en actividad espacio y contorsionar las formas humanas, de sor-
a los pintores Melchor de Sanabria –que pintó las prender utilizando los recursos del apartamiento de
tablas del hospital de naturales de Santa Ana–, Mi- la naturaleza y transcribir una visión del mundo al-
guel Luis de Ramales, Francisco García y Jordán tamente intelectualizada recurriendo a las percep-
Fernández Lobo, quien pone taller y acoge discípu- ciones interiores, la contramaniera intentaba expre-
los indígenas como Juan Rincón. En realidad, cerca sar a través de un lenguaje comprensible y compo-
a esta generación de pintores europeos va a surgir siciones claras, la religiosidad de la Reforma católi-
un grupo de aprendices locales, quienes adecuarán ca. Sin embargo esta opción estética tenía dificulta-
sus conocimientos y técnicas de acuerdo al rumbo des para abandonar completamente el léxico manie-

513
Coronación de la Virgen, por Bernardo Bitti. Sacristía
de la iglesia de San Pedro de Lima, circa 1580.

Virgen de la Purificación o de
la Candelaria por Bernardo
Bitti. Antesacristía de la
iglesia de San Pedro de
Lima, siglo XVI.

que se manifestó
en las obras que
dejó en sus lar-
gos recorridos
misionales. Li-
ma, Cuzco, Are-
rista. Los antimanieristas por su parte, prefirieron quipa, Huaman-
adscribirse al naturalismo, al descriptivismo, a un ga, Puno, Chu-
lenguaje de corte popular inspirado en las imágenes quisaca, Potosí y
VIRREINATO

piadosas, y retornar a las formas del Renacimiento La Paz conocie-


tardío. Parecía importante por entonces, extender el ron de su predica-
mensaje contrarreformista entre el público común. ción y de la divul-
Contramaniera y antimaniera, alimentadas por las gación de sus cono-
ideas que se incubaron en el concilio de Trento, es- cimientos pictóricos.
tarían llamadas a jugar un papel importantísimo en Bitti vivió durante al-
la temprana evangelización del Perú. Y si bien na- gunos años en Lima don-
cieron para un registro y un público europeo, cum- de trabajó en la decoración de
plieron un importante rol en estas tierras: atraer y la nueva iglesia de la Compañía, que hoy conoce-
retener en la fe católica a los habitantes andinos. mos como San Pedro. Allí en colaboración con el
La escuela italiana se arraigaría en el Perú a par- hermano Pedro de Vargas, realizó el retablo princi-
tir de 1575, sobre todo con el arribo de Bernardo pal, los laterales y algunos menores para las capi-
Bitti. Este artista fue llamado por su orden, la Com- llas, obras que no resistieron la violencia de los te-
pañía de Jesús, para apoyar la evangelización a tra- rremotos limeños. Se cree que su pintura La corona-
vés de nuevos mensajes iconográficos. No en vano ción de la Virgen (c. 1580. Sacristía de la iglesia de
don Diego de Bracamonte tramitaría su venida, ar- San Pedro) estuvo destinada al retablo mayor del
guyendo “lo mucho que pueden para con los indios templo mencionado. Esta obra, que posiblemente
las cosas exteriores de suerte que cobran estima de sea la primera que pintó en el Perú, presenta un ex-
las espirituales, conforme ven las señales externas, traño equilibrio. Observamos a la Virgen soportada
y el mucho provecho que sacarían de ver imágenes por los ángeles, en los momentos de su entroniza-
que representan con majestad y hermosura lo que ción por Dios Padre. Algunos estudiosos aseguran
significaban, porque la gente de aquella nación se que dicha obra preludia la producción posterior del
va mucho tras estas cosas”. artista, pues encontramos en ella su inclinación por
Bitti nació en Camerino de la Marca de Ancona los temas marianos, un dibujo suelto y armonioso,
en 1548 y pronto adquiriría fama y prestigio. “El el alargamiento de las figuras, la caída artificial de
mejor pintor del siglo XVI en Sudamérica” se uni- las telas y una coloración donde destacan los ocres,
ría a los jesuitas a los 20 años, y antes de pasar a rosas y azules. Por aquella misma época pintó para
América habría conocido y estudiado a importantes la misma iglesia la Virgen de la Candelaria, donde
artistas en Roma y Sevilla. Imbuido de las ideas de una hermosa madonna contorsionada en serpentina-
la Contrarreforma intentó expresar ese espíritu si- to sostiene al niño desnudo, y cuatro ángeles portan
guiendo los lineamientos de la contramaniera, lo velas encendidas. También pertenece a este período

514
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

el retrato del rector de la Universidad las más notables madonnas que el artis-
de San Marcos, don Gerónimo Ló- ta pintara. En posteriores y episódi-
pez Guarnido, que es un temprano cos regresos a Lima, luego de sus
exponente del retratismo perua- largos periplos por el sur perua-
no (Museo de Arte de la no, pintará la Virgen de la O (c.
UNMSM). 1600, iglesia de San Pedro), la
En 1586, Bitti inició un Virgen de la Rosa (convento de
prolongado viaje por el Alto los Descalzos) y la Virgen con
Perú en donde realizó a lo el Niño (1592, Museo de Os-
largo de varios años una ma). En esta última creación,
abundante producción artís- la Virgen muestra un escote
tica que alterna la pintura, el rafaelesco y demuestra una
relieve, la escultura y la reta- gran ternura hacia el niño Je-
blería. Al mismo tiempo crea sús, lo cual la emparenta cerca-
escuela entre sus ayudantes, di- namente con la ya mencionada
fundiendo en la región el estilo Virgen del Pajarito. Tanto en una
“a la romana”. El importante cen- como en otra se adivina ya el influ-
tro misional de Juli, a cargo de los jo de Mateo Pérez de Alesio y de sus
jesuitas, es una verdadera cantera de la premisas estilísticas. Bernardo Bitti
pintura del Bitti, ya que en sus Retrato de Gerónimo López Guarnido continuó pintando hasta su

VIRREINATO
múltiples iglesias se pueden (1525-1596), rector de la Universidad de muerte ocurrida en el convento
apreciar obras como la Asunción, San Marcos, por Bernardo Bitti, siglo XVI. jesuita de Lima, en 1610.
la Coronación de la Virgen, una Hacia 1588 arribaría a la
Santa Catalina, una Santa Bárbara, un Bautismo de Ciudad de los Reyes Mateo Pérez de Alesio, artista
Cristo y la Sagrada Familia de la Pera. En esta últi- italiano de origen hispano, que introdujo los postu-
ma, de esmerada factura, se puede observar “una de lados estéticos de la antimaniera con tal éxito, que
sus virgenes más logradas así como un hermoso ni-
ño de pie, desnudo y con las piernas regordetas gra-
ciosamente cruzadas. San José mira al espectador
con el rostro ladeado tres cuartos en una actitud
manierista”. También de su autoría es el San Juan
Bautista y el cordero místico, donde el personaje
principal señala un resplandeciente cordero suspen-
dido en un cielo recortado por la vegetación y algu-
nas construcciones desperdigadas. En este caso el
fondo cobra una importancia inusitada dentro de la
obra. No faltarán en la región otras realizaciones es-
cultóricas trabajadas en maguey, debidas al mismo
artista italiano, tales como las decoraciones de los
retablos de San Pedro de Acora y Challapampa.
Igualmente notables son las obras que dejó en el
Cuzco, ciudad en la que permaneció entre 1583 y
1585, para retornar hacia 1596 y prolongar en ella
su estadía unos dos años. Entre sus pinturas en la
capital incaica destacan una Inmaculada (convento
de la Merced del Cuzco) y la Virgen del Pajarito (ca-
tedral del Cuzco), obra emotiva en donde María
sostiene un niño regordete, algo que ya denota la
tardía influencia de la antimaniera en Bitti. Por
aquellos años el maestro debió visitar la ciudad de
Arequipa, pues en el retablo mayor de la iglesia de Virgen con el Niño por Bernardo Bitti, Museo
la Compañía figura una Virgen con el Niño, una de Pedro de Osma.

515
Patrucco

llegó a influenciar al mismo Bernardo Bitti. Alesio go tiene la visión de una batalla, Cristo con la cruz
había nacido presuntamente en 1547 en la provin- hostigado por los demonios, Hombre cayendo del caba-
cia de Lecce en Puglia, se había formado en Roma llo y Santo Domingo con soldados y ángeles.
bajo importantes maestros como los hermanos En años posteriores, Pérez de Alesio realizó im-
Zuccaro y antes de cumplir los 30 años era ya portantes obras en la catedral limeña, como una ré-
miembro de la Academia de San Lucas (c. 1572). plica de su San Cristóbal de Sevilla, un San Pedro y
Está comprobado además que pintó en la Capilla un San Pablo y una serie de la Vida de Cristo. En la
Sixtina un fresco sobre La disputa del cuerpo de iglesia de San Agustín pintó el arco toral, en donde
Moisés (c. 1574), en Malta unas batallas en el Salón el fundador de la orden agustina derramaba luz so-
de los Embajadores del Palacio de la Valetta (c. bre las plumas de ocho doctores de la Iglesia. La-
1578), y varios frescos y lienzos en importantes mentablemente los sismos han borrado toda huella
construcciones como las villas de Este y Mondra- de estas obras que hacían evidente la “pureza del ar-
gone (c. 1575), el oratorio del Gonfalone (c. 1576), te y primor del pincel” del autor. Son en realidad
y los templos San Eligio de Roma y Santa Catalina muy pocas las pinturas de Alesio, de autoría certifi-
de la Rotta (c. 1583). Al recalar en Sevilla (1583) cada, que se han salvado. Otras que le han sido atri-
sacó a relucir su amplia experiencia creadora y has- buidas generan fuertes controversias y arduas dis-
ta se declaró discípulo de Miguel Ángel, lo que a la cusiones. Es el caso de la capilla del capitán Villegas
postre resultó una falsedad. Pero dicha capacidad (cercana a la sacristía de la iglesia de La Merced), en
para propagandizar su talento daría los frutos espe- la que se pueden apreciar la cúpula, las pechinas y
rados. Al poco tiempo consiguió importantes en- los arcos pintados con ángeles y escenas del Géne-
VIRREINATO

cargos como el monumental San Cristóbal de la sis, realizados con la técnica y la sensibilidad pro-
catedral sevillana (1584). En la misma ciudad co-
noció al ítalo-hispano Pedro Pablo Morón, quien lo
seguirá al Perú como su principal ayudante. En
América el maestro pensaba concretar sus sueños
de fama y prosperidad.
Al llegar a la Ciudad de los Reyes sus dotes artís-
ticas eran bastante renombradas. Rápidamente fue
aceptado por los círculos más selectos de la corte li-
meña, y pintó un cuadro del virrey García Hurtado
de Mendoza, honor que le permitió autoproclamar-
se el “pintor de cámara de su Señoría”. Por aquella
época (1591) también ejecutaría el retrato de doña
Mayor Bravo de Saravia, dama de aristocrático lina-
je. En 1592 la familia Aliaga le encomendó la deco-
ración de su capilla en Santo Domingo, y hasta
1600 continuó trabajando en el mismo templo por
encargo de la propia orden dominica. De esta mane-
ra decoró con frescos la capilla mayor, la nave prin-
cipal y las bóvedas laterales. Estas últimas fueron
adornadas con unos arcángeles arcabuceros que po-
drían constituir el origen de este tradicional tema
en la pintura virreinal peruana. Lamentablemente
sólo sobreviven algunas referencias bibliográficas
de estas pinturas al fresco, pues las obras desapare-
cieron durante el terremoto de 1687. Felizmente no
sucedió lo mismo con los lienzos que dedicó a la vi-
da del fundador de la orden de Santo Domingo, se-
rie que se ubica en el claustro mayor. De las 36
obras que circundan el recinto se le atribuyen a Ale-
sio, Santo Domingo en su cuna, La Virgen entregando San Agustín, iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes,
el rosario a un santo, Santo Domingo vestido de cléri- Huánuco. Atribuido a Mateo Pérez de Alesio, 1594.

516
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

pias de un maestro educado en Italia. Algunos críti-


cos asumen que es imposible que estas pinturas co-
rrespondan a Alesio, pues el artista habría muerto
doce años antes de que la capilla pasara a manos de
los Villegas (1628). Sin embargo no se debe excluir
la posibilidad de que hubiera sido pintada antes de
tener propietario a la vista. De cualquier modo, es
una obra que nos permite hacernos una idea del es-
plendor del arte mural de la colonia temprana. Tam-
bién se encuentra en entredicho la autoría de otras
obras como la Virgen de la leche (Colección Velar-
de), pintada sobre plancha de cobre, o los frescos de
la Vida de San Francisco del convento del mismo
nombre. Asimismo en la iglesia de la Merced de
Huánuco se ha descubierto un San Agustín y una Ve-
rónica, que podrían responder a su pincel.
La obra de Alesio concitó mucho interés en su
momento, y atrajo a una gran cantidad de aprendi-
ces que se enrolaron en su taller. El ya nombrado
Pedro Pablo Morón presenta unos matices rafaeles-

VIRREINATO
cos más intensos que los de su maestro. Está com-
probado además que colaboró en algunos de los
cuadros de la vida de Santo Domingo y pintó los es-
cudos de los escaños del ayuntamiento en la cate-
dral. Realizó asimismo un San Pedro y un San Pablo
para el retablo mayor de la iglesia de San Sebastián,
y posteriormente puso un taller junto con su colega
y condiscípulo Domingo Gil. Muchos autores seña-
lan que con el aporte del último de los nombrados San Buenaventura por Angelino Medoro. Convento de San
se inicia la americanización del arte romanesco. Francisco, Lima, 1603.
También Francisco García pasó por el mismo taller
y dejó una larga serie de obras como un San Pedro y Descalzos de Lima una Nuestra Señora de los Ánge-
un San Pablo en la capilla de la Inquisición, el reta- les destinada al altar mayor, iniciando así una larga
blo de Nuestra Señora de los Pardos de Santo Domin- relación laboral con dicha congregación, que lo lle-
go (1608) y un Cristo amarrado a la columna varía a pintar después el Milagro de San Antonio
(1617). Otro esmerado alumno de Gil fue Pedro Be- (1601), un académico y cuidado San Diego (1601),
dón de Quito, que trabajó en los escaños de la cate- y el Cristo Crucificado con San Francisco y Santo Do-
dral. Pero el más destacado de todos ellos sería mingo (1618). No concluiría allí el vínculo estable-
Francisco Bejarano, fraile agustino que exornó su cido con los franciscanos, pues pintaría para el con-
convento y pintó la Vida de la Virgen en doce lien- vento de San Francisco el Grande un magnífico San
zos, así como ángeles, virtudes y algunas pinturas Buenaventura (1603), signado por el naturalismo y
profanas, además de grabados y un retrato del virrey una trabajada textura de las superficies, lo que ha
conde de Chinchón. llevado a algunos críticos a considerarla como su
Con el cambio de siglo llegó a Lima Angelino máxima obra. En la anteportería de la misma casa
Medoro, el tercero de los grandes pintores italianos. monástica es posible ubicar el tríptico de la Pasión,
Pese a nacer en Roma en 1547, Medoro no recibió que comprende un Cristo en la Cruz con San Juan y
una educación tan exigente como Pérez de Alesio. la Virgen y una Entrada de Cristo en Jerusalem, am-
Su formación se realizó más bien en talleres provin- bos muy maltratados por el tiempo. En el interior
cianos, finalizándola en Sevilla, ciudad que lo alber- de las puertas se encuentran los pasos de la Pasión.
gó en 1586. Al año siguiente pasó a América dejan- En el muro testero del refectorio del convento de
do obras importantes en Tunja, Bogotá, Cali y Qui- La Merced, Medoro pintó a los miembros importan-
to. En el año 1600 pintó para el convento de los tes de la orden, santos, santas, la Santísima Trinidad

517
Patrucco

y la Virgen María. También realizó para los mismos cuentra en el convento de Santa Teresita– e ilustró
mercedarios un retablo procesional en el que desta- numerosas acuarelas. Asimismo Alonso Carrión
ca una hermosa Virgen. Pero quizá su Santa Rosa di- pintará una Virgen para la capilla de las Ánimas de
funta sea su cuadro más famoso. En 1617 compuso la catedral (1622). Por su parte, Pedro Reynalte de
esta obra de pequeño formato, en base a unos boce- Coello, hijo y discípulo del pintor de cámara de Fe-
tos que tomara de su cadáver, y al parecer no fue la lipe II, se estableció también en la capital, precedi-
única vez que insistió en el tema, pues se le atribu- do por la fama de su progenitor. Se le otorgó el títu-
yen dos cuadros más sobre su vida. Actualmente el lo de “Obrero mayor de la catedral de Lima”, se le
pequeño lienzo se conserva en el santuario dedica- encargaron muchas pinturas oficiales e inclusive
do a la santa. Por esta misma época pintó también pasaron por sus pinceles y telas algunos de los virre-
el Jesús de la Humildad y la Paciencia (Colección yes. Retrató a San Francisco Solano difunto y reali-
Moreyra), una devoción típicamente sevillana, don- zó las miniaturas de los libros corales de la catedral.
de realiza un interesante juego de luces y sombras Sin embargo, su estilo anticuado y cortesano le hizo
del Cristo desnudo, que realzan la postración del perder el favor del público y murió en la miseria en
Redentor. 1637.
Por encargo de los agustinos, Medoro trabajó en Bernardo Bitti, Pérez de Alesio y Angelino Medo-
el altar principal de la iglesia de San Ildefonso, com- ro implantaron en el Perú el estilo romano, y sus
poniendo la Imposición de la casulla a San Ildefonso. discípulos continuaron ese camino y lo extendie-
En 1618, luego de las grandes celebraciones que la ron. Empero, no fueron éstos los únicos extranjeros
ciudad de Lima organizó en honor del dogma de la que impusieron la contramaniera y la antimaniera.
VIRREINATO

Inmaculada Concepción, la misma orden le enco- Ya bien asentado el seiscientos una serie de artistas
mendó para la iglesia de San Agustín una Virgen In- italianos como Antonio Dovela, Juan Bautista Pla-
maculada. La madre de Cristo aparece rodeada por neta, Imperiale Planeta, Gerónimo Piñoleta, y los
ángeles que portan los atributos de las letanías lau- innominados Coberti y Romano, apoyaron la ex-
retanas, convirtiéndose en un importante modelo pansión de las formas “romanescas”. Debe resaltar-
que los artistas virreinales copiaron frecuentemen- se la enorme cantidad de frescos que acometieron,
te. El taller de Medoro atrajo a estudiantes de luga- embelleciendo los templos, conventos, edificios y
res alejados, como lo comprueba la presencia del in- casas solariegas, obras que reforzaron la fama de Li-
dio cuzqueño Pedro de Loayza, quien firmaba con- ma. Lamentablemente nada o casi nada se conserva,
trato de aprendizaje en 1604. Medoro también ayu- pues las sucesivas refacciones y modificaciones se
dó a difundir “la manera italiana” por todo el país. encargaron de destruir lo poco que dejaron en pie
Fue así como uno de sus principales seguidores, los terremotos de 1630, 1687 y 1746.
Luis de Riaño, viajó a la Ciudad Imperial donde di- Esta segunda hornada de italianos fue también
vulgaría los cánones estéticos aprendidos en el ta- muy prolífica. Alguno de ellos, según los entendi-
ller de su maestro, al tiempo que provocará una dos, debió ser el autor de la antes mencionada capi-
criollización del contramanierismo. lla del capitán Villegas. Tres frescos de la Vida de San
Pese a la influencia que tuvo y a su vocación Francisco en el convento de San Francisco el Gran-
“popular”, los especialistas consideran que la mayor de, descubiertos en 1974 bajo los grandes lienzos
parte de la producción limeña de Medoro es de ba- que adornaban el claustro mayor, habrían sido pin-
ja calidad y muy dispareja. Su personal estilo anti- tados por integrantes de esta generación artística.
manierista está lejos de alcanzar la artificiosa deli- Es el caso del Nacimiento de San Francisco, la Visión
cadeza del manierismo o la osada volumetría natu- de San Francisco en el carro de fuego y un San Fran-
ralista del barroco inicial. Sin embargo, dejó una cisco y el loco. El resto parece proceder del pincel de
profunda huella entre los muchos pintores que si- Leonardo Jaramillo, tal como lo señala Francisco
guieron sus pautas, y modeló el gusto plebeyo tras Stastny.
una retórica simple, descriptiva, incluso elemental. Del clérigo y pintor Juan Bautista Planeta se sa-
Al regresar a Sevilla en 1624, ciudad en donde mue- be que realizó algunos lienzos para el convento de
re en 1633, deja tras de sí una estela que marcará la Concepción, en 1625. El encargo contemplaba
profundamente la pintura virreinal. cuatro telas sobre la Vida de San José y siete episo-
Por aquella época “romanista” se encontraban dios de vidas de santos. Una década más tarde fina-
en Lima artistas como Diego de Ocaña, quien en liza un retrato de Santo Toribio de Mogrovejo, que
1599 pintó la Virgen de Guadalupe –que hoy se en- supuestamente sería un obsequio para el Pontífice.

518
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

Dovela por su lado, pinta La re-


velación de la orden (sacristía del
convento de La Merced) y dora
retablos y estofa imágenes en un
taller en el que figuraban apren-
dices indígenas. De los demás
sólo se conocen sus nombres (e
incluso sólo el apellido) a través
de referencias documentales. Es-
tos artistas y los discípulos deja-
dos por Bitti, Alesio y Medoro,
se mantendrían dentro de la es-
cuela romanesca, pero lenta-
mente serán seducidos por los
colores, composiciones y temas
barrocos, que insurgirán a me-
diados del siglo XVII.
La actividad pictórica entre
los indígenas estaba muy exten-
dida en la Lima del seiscientos. Sagitario (parábola de los invitados a la boda), por Diego Quispe Tito, de la serie del

VIRREINATO
Los talleres de los grandes maes- Zodíaco. Catedral del Cuzco, siglo XVII.
tros o de sus discípulos comen-
zaron a ser lugares de congrega-
ción de jóvenes indios y mestizos con vocación ar- rante el siglo XVIII, cuando el cansancio por las for-
tística. Luego se independizaban y hasta fundaban mas ampulosas y solemnes del barroco posibilitó,
taller propio, tal como aconteció con Agustín Cer- como reacción, la búsqueda de la delicadeza y el in-
bantes, indio de Quito que poseía un obrador en el timismo.
Cercado en el año 1603, teniendo como aprendiz al La influencia flamenca creó cierto gusto por el
indígena jaujino Santiago Marca. También destacó realismo y el claroscuro. Este último se insinuó al
el quiteño Andrés Rodríguez, que fue seguidor de principio como el énfasis en los juegos de luces, pa-
Dovela. Por su parte Marcos Silva se convirtió en ra generar efectos dramáticos. Los artistas transfor-
maestro y tomó como discípulo al natural Francis- man dentro de lo posible estampas e imágenes ma-
co Guerra. Muchos indios artistas fueron oriundos nieristas, las iluminan y articulan según los concep-
del Cuzco y luego retornaron a su tierra natal ayu- tos naturalistas. Prima el tema religioso y el retrato,
dando a difundir las nuevas técnicas. Los pintores aunque se observa en menor medida cierta produc-
andinos de Lima se agruparon en gremio o cofradía ción alegórica, mitológica y profana. Habitualmente
propios, y sus viviendas y talleres se ubicaron en un pintada sobre lienzo o al fresco, la pintura limeña
sector del Cercado (Wuffarden 1994: 592-600; Esta- del primer tercio del XVII tendrá según J. Bernales
bridis 1989: 113-145, Gisbert y Mesa 1982: 84; Ballesteros: “un naturalismo suave sin estridencias,
Stastny 1969: 15 y ss.; Tord 1971: 210-229, 256; armonía de colores y alguna indecisión de perfiles;
Bernales 1989: 40 y ss.; Chichizola 1983). celajes e interiores de tendencias de tonalidades ro-
jizas, figuras de movimientos sencillos, de acciones
El despertar del barroco tratadas con decoro y realzadas por vestiduras he-
En la tercera década del siglo XVII, el italianis- chas con pliegues amplios y elegantes; la luz suele
mo en la pintura empezó a ceder frente al paulatino destacar los objetos principales y los fondos son tra-
avance del naturalismo en la pintura española. Los tados sin muchas complicaciones”.
nuevos aires empezaban a imponerse de la mano de Luego de este período naturalista, comienza a
los artistas que cruzaban el Atlántico, a través de los vislumbrarse el barroco limeño, período y estilo po-
grabados y muy especialmente tras los envíos de co estudiados, caracterizados por una incidencia
obras últimas y novedosas. La pintura “a la romana” colorista y un interés por temas teológicos y hagio-
se replegó para mantenerse latente en las zonas in- gráficos de primera importancia. Se estila por en-
ternas del territorio, hasta reaparecer con fuerza du- tonces la copia de las estampas importadas de Flan-

519
Patrucco

de Flandes. El “padre del tenebrismo peruano”, co-


mo se le ha denominado a Diego de la Puente, in-
troducirá en el lenguaje artístico local el uso de una
amplia gama de tonalidades oscuras. Sin embargo
no todas sus creaciones poseen esta característica,
pues en algunas se aprecian coloridos brillantes al-
ternados con grises, sepias y negros.
Al igual que Bitti realizó largos recorridos por el
territorio del virreinato, exornando con numerosas
pinturas los templos de la Compañía en Lima, Tru-
jillo, Cuzco, Juli y Charcas, a pesar de lo cual es di-
fícil identificar su producción. En un cuadro que se
le atribuye, el Martirio de San Ignacio de Antioquía,
muestra una predilección por el claroscuro y una
composición parcelada en dos niveles, algo que se
hizo común en el naturalismo español. También en
la iglesia de San Pedro vemos un Cristo y una Virgen
María con similares características. Pintó además,
un San Miguel en el templo de la Inmaculada y una
Última Cena en el refectorio de San Francisco el
VIRREINATO

Grande, obra que tuvo notable éxito y se reprodujo


para los conventos franciscanos del Cuzco y Santia-
go de Chile. En dicha obra se puede apreciar a Cris-
to y los apóstoles sentados en una mesa redonda en
la que se distinguen una vajilla de época y viandas
Inmaculada de autor anónimo. Tercera Orden Franciscana
Seglar, Lima, siglo XVII. criollas. La escena se desarrolla en un ambiente pro-
pio del tenebrismo y siguiendo moldes italianos y
tradiciones del realismo flamenco. De esta manera
des, y en especial de los modelos de Pedro Pablo La Última Cena, se convierte en síntesis de la tran-
Rubens. Se añade a ello un alejamiento de las for- sición entre la escuela naturalista y la barroca.
mas simples, a cambio del seguimiento de compli- La transición del italianismo al barroco se puede
cados prototipos inspirados en la naturaleza, a dife- apreciar también en un artista criollo. La pintura de
rencia de la expresión clásica que opta por modelos Antonio Mermejo, posible discípulo de Bitti y naci-
ideales. En realidad, es muy difícil definir el barro- do en Lima en 1588, se caracteriza por su admira-
co limeño, por cuanto se aleja del purismo, defi- ble dibujo y su amplia gama cromática, y por sus te-
niéndose sobre todo por oposición al léxico ya gas- mas que demuestran un sólido conocimiento de las
tado del italianismo y a las corrientes naturalistas ideas humanísticas. Si bien tiene algunas obras de
que dieron vida al realismo prebarroco en España. influencia italiana como su María Magdalena
Un ejemplo del tránsito del romanismo al barro- (1626), en otros trabajos como San José y el Niño
co es la actividad desarrollada por el jesuita Diego desarrolla un elaborado estilo de filiación flamenca.
de la Puente, pintor flamenco nacido en Malinas ha- En los retratos del catedrático limeño Juan de la
cia 1586, a quien le cabría el honor de cumplir la Reinaga Salazar y de Tomás de Avendaño se puede
función que desempeñara Bernardo Bitti dentro de apreciar una cierta atracción por el realismo que an-
la Compañía de Jesús. En 1620 habría llegado al Pe- tecede al barroco en el arte propio de la Ciudad de
rú luego de seguir estudios en Flandes y Roma, lo los Reyes. Mermejo representará la aspiración de un
que le permitió estar al tanto de las corrientes artís- sector cultivado, muy interesado en las novedades y
ticas imperantes en Europa, y conocer posiblemen- cambios estilísticos ocurridos en Europa, que el
te la pintura de Rubens o al menos sus obras prime- grueso público tardará en apreciar.
ras. Sin embargo pronto se adaptará al gusto reinan- Entre los españoles residentes en Lima podemos
te en el Perú, todavía impregnado de la impronta de citar al clérigo sevillano Leonardo Jaramillo que re-
Bitti y de Medoro, intentando un estilo intermedio, corrió distintos puntos de nuestra geografía como
teñido por la influencia de los últimos romanistas Trujillo (1619), donde refacciona el templo de San

520
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

Agustín luego de un devastador terremoto, y Caja-


marca (1635), lugar en donde dejó diversos trabajos
y formó discípulos. Al año siguiente se muda a Li-
ma en donde realizará un San Bernardo y una María
Magdalena para la capilla de la Inquisición, y su
obra más importante: La imposición de la casulla de
San Ildefonso (capilla de Nuestra Señora de los Án-
geles de Lima). Se trata de un gran lienzo, signado
por su correcto trazo y la buena composición, que
se estructura a partir de los ademanes de los ánge-
les, los cuales –tal vez para satisfacer el gusto del
público– nos recuerdan el estilo italiano de Alesio.
Sin embargo, no sucede lo mismo con el propio San
Ildefonso, trabajado en estilo naturalista. Stastny
considera que una buena parte de los murales del
claustro mayor del convento de San Francisco el
Grande, encontrados en 1974, le pertenecen. Aduce
que el tratamiento de las vestimentas y el naturalis-
mo de los personajes se acercan al San Ildefonso de
Leonardo Jaramillo, que contó entre sus alumnos a

VIRREINATO
los artistas Miguel de Vargas, Tomás Ortiz y Juan de
Sotomayor.
Otros artistas transicionales fueron Joseph de la
Parra, quien en 1645 realizó un fresco para el cabil-
do, y años más tarde el retrato del capitán Sebas-
tián Fernández de Velazco (1660) y el de su majes-
tad Carlos II (1668), destinado también a la alcal-
Arcángel Rafael por Bartolomé Román. Iglesia de San Pedro,
día de la ciudad. Pedro Gerardo en cambio prefiere siglo XVII.
acometer una larga serie de doce lienzos sobre la
vida de Sansón en 1643, obra que tiene tanta acogi- afirmaron su espíritu de cuerpo e intentaron agre-
da que debe copiarla al año siguiente. Tambien miarse en 1649, para evitar la competencia desleal
Juan García es un asiduo pintor, al que se le encar- de oficiales inescrupulosos –por lo general inde-
gan 23 telas para la iglesia de Copacabana y un San pendientes– que vendían su producción a carpinte-
Pedro y San Pablo para la capilla de San Pedro de la ros y ensambladores, con la intención de que éstos
Inquisición. También se firman muchos contratos inundaran el mercado con obras de mediocre cali-
de obras de diversa temática para ser utilizadas en dad. La copia de estampas, que estuvo bastante ge-
expresiones de arte efímero, destinadas a festivida- neralizada, dirigía la asimilación de los nuevos esti-
des profanas y religiosas de la época. Dichas mani- los, sobre todo de la expresión naturalista, aunque
festaciones, que por su naturaleza no han podido el gusto común permanecía fiel a los cánones del
llegar hasta nosotros, poseían valor artístico y reci- italianismo y tenía dificultades para asimilar la es-
bieron genuina admiración entre sus contemporá- tética del barroco de Flandes. Sin embargo, los ta-
neos, quienes elogiaban su realismo y atinada fac- lleres más formales estaban atentos a las novedades
tura. Por otra parte era frecuente que se encargaran e incubaban el germen de lo que será el particular
copias de obras europeas, lo que permitía hacer barroco limeño.
más asequibles las últimas novedades estilísticas y Pese a su generalizada sumisión, la mujer no fue
educar el gusto del público. ajena al arte pictórico. Un testamento de 1667 nos
Al llegar a la mitad del siglo XVII, encontramos revela la existencia de la pintora Juana Valera, espo-
una actividad artística muy extendida en la capital sa de Joseph de Mujica, que entre otras obras, reali-
del virreinato, por la proliferación de talleres que si zó doce telas representando a los infantes de Lara,
bien no alcanzaron los excepcionales volúmenes de una docena de alegorías de las tribus de Israel, el
la producción cuzqueña, tuvieron amplia demanda mismo número de ángeles, y veinticuatro bodego-
para sus productos. Los artistas allí congregados nes que resultan bastante peculiares dentro de la

521
Patrucco

producción local. Su obra debió tener influencia de frescos de la Vida de San Francisco de Asís, que ro-
Zurbarán y según ha argumentado Wuffarden, no deaban el claustro mayor de ese convento –descu-
sería extraño que fuera autora de las Doce tribus de biertos recién en 1974–, y reemplazarlos por 36
Israel del convento de la Buena Muerte (Estabridis lienzos que cubrirían las enormes galerías que dan
1989: 150 y ss.; Bernales 1989: 40-56; Wuffarden sobre el patio. La extensa obra se ve influida por el
1994: 600-607, Tord 1971: 220-233). naturalismo flamenco y español, predominando los
claroscuros acompañados de colores cálidos. Los
La madurez del barroco limeño personajes de elegantes posturas parecen tomados,
En 1671 un encargo de grandes proporciones al igual que los escenarios, de grabados y estampas
reunió a cuatro artistas radicados en Lima, “después “romanistas”, pero los artífices los transforman bajo
de haberlos escogido por los mejores”. Los pintores reglas barrocas, siguiendo criterios didácticos. Los
seleccionados fueron Francisco Escobar –quien diri- escorzos alcanzan maestría y los paisajes y decora-
gió la obra–, Pedro Fernández de Noriega, Diego de dos arquitectónicos realzan el conjunto.
Aguilera y el esclavo Andrés de Liévana. Se trataba Las escenas correspondientes a la juventud de
de renovar los deteriorados o al menos “anticuados” San Francisco fueron asignadas a Escobar. El segun-
do recodo y la recta siguiente se en-
tregaron a Diego de Aguilera. El ter-
cer frente se le otorgó al pardo Liéva-
na, quien destaca por su panel de La
cortesana tentando a San Francisco,
VIRREINATO

donde ejecuta una fiel caracterología


de los tipos humanos. Finalmente a
Noriega se le ofreció la cuarta gale-
ría, dedicada a la muerte del seráfico
padre. Los cuadros pertenecientes a
Escobar alcanzan los mayores nive-
les de calidad debido a sus delicados
encuadres y la calculada posición de
los personajes. Destacan sobremane-
ra el Nacimiento de San Francisco y
La profecía del abad Joaquín. En este
último encontramos un grupo de án-
geles semidesnudos antes de su caí-
da, y como nota curiosa se asegura
que el autor pintó su autorretrato en
la parte inferior de la obra. También
son dignos de mención La visión de
las armas, uno de los más interesan-
tes retratos ecuestres del período vi-
rreinal, mientras que en El encuentro
con el leproso y La renuncia de los bie-
nes, el artista reinterpreta la icono-
grafía franciscana, mostrando al san-
to como un apuesto doncel, al estilo
de las estampas flamencas. Pero no
serían éstas las únicas obras limeñas
de Escobar, pues años antes (1649)
había esbozado un gran cuadro para

Arcángel Uriel de autor anónimo. Museo de


Arqueología, Antropología e Historia del
Perú, siglo XVIII.

522
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

la cofradía de las Ánimas de la catedral, series de Lemos (palacio de Gobierno), y de Juana de Valdez
santos, y posteriormente (1662) diez grandes lien- y Llano, obras éstas de tres anónimos pintores que
zos para el retablo de San Juan de Dios en el hospi- son una pequeña muestra de un amplio universo de
tal de San Diego. artistas que participaban en el dinámico y rentable
No menos importante en el ámbito artístico li- mercado pictórico limeño. Todos ellos asumieron la
meño es la figura de Diego de Aguilera, criollo na- restauración y redecoración de los templos y monu-
tural de Saña, que al decir de algunos especialistas mentos de la ciudad, destruidos por el terremoto de
era el más importante de los cuatro convocados a la 1687.
realización de la obra. De su producción previa pue- Al finalizar la centuria del 1600, la conciencia
den resaltarse los grandes lienzos para el claustro criolla que valora su tierra y su urbe encuentra par-
principal de Santo Domingo (1661), los frescos de ticular deleite en la representación de paisajes cita-
las bóvedas y muros de la capilla de la cofradía del dinos, en concordancia con las exaltadas descrip-
Rosario de los Pardos, ubicada en el mismo conven- ciones que los españoles americanos incluían en sus
to (1666), y en 1669 la nave del templo de Santa Ca- poemas y opúsculos. Fruto de esta preferencia es un
talina con una docena de paños con los apóstoles y cuadro de la colección de los duques de la Almudia
dieciséis de los patriarcas, todos de tamaño natural. de Sevilla (1680), en el que se aprecia la plaza Ma-
Otra serie pictórica importante de este período yor de Lima, las edificaciones de época, el movi-
barroco, pero de una orientación fundamentalmen- miento comercial y el ambiente local que la caracte-
te distinta, será la dedicada a Santo Tomás de Aqui- rizaba. El mismo año, el afamado Cristóbal Daza
no en el salón general del convento de Santo Do- pintó un biombo en el que se apreciaba la plaza de

VIRREINATO
mingo. Su desconocido autor nos revela un estilo Armas, otorgándole gran importancia a la arquitec-
anacrónico con poco conocimiento de la perspecti- tura, las fiestas que se celebraban en ella y muchos
va y el volumen, pero que presenta un inusual inte- detalles anecdóticos. De este período son tambien
rés por los elementos anecdóticos, el lujo de las ves- dos lienzos apaisados del monasterio de la Soledad,
timentas, los decorados y los mobiliarios, que nos que reviven escenas de la procesión del Viernes San-
remiten a los grabados flamencos. El barroco lime- to, realzando la arquitectura que rodeaba la plaza y
ño ya se va asomando en su colorido vibrante y sus la etiqueta barroca que regulaba el desplazamiento
matices rojizos. de los estamentos de la sociedad durante dicha fes-
Dentro de los gustos artísticos de la época, la tividad religiosa. Estos cuadros de altísimo valor
obra de Cristóbal Daza gozó de un favor sin prece- histórico y sociológico nos permiten contar con una
dentes. Al decir de sus contemporáneos “por él mi- imagen de la vida cotidiana virreinal, sus autorida-
ra sin envidia el Perú a los Herrera y los Murillos”. des civiles y religiosas, los caballeros de órdenes,
Concitaban admiración una Huida de Egipto prepa- los cofrades, los religiosos y sacerdotes, las andas y
rada para la capilla de los condes de Santa Ana de las imágenes y el fervor de la multitud. Algunos es-
las Torres en la catedral, y una Inmaculada Concep- tudiosos atribuyen estas dos obras a Gerónimo To-
ción para la cofradía de Santa Ana, terminada en rres Ahumada.
1684. Se cree que pintó asimismo el retrato del vi- Mención aparte merece la iconografía angélica
rrey marqués de Castelfuerte, un biombo paisajista en la pintura colonial peruana, dadas su vastedad y
y algunos cuadros de tema bíblico y mitológico co- recurrencia. Aunque los ángeles constituyen una
mo el David y la Andrómeda, que se declaraban en- temática de raigambre medieval, su interés fue rea-
tre los bienes del oidor Bravo de Lagunas. Otro pin- vivado por motivos teológicos y convertido en ob-
tor del momento fue Joseph de Orsera, quien en jeto de devoción durante el cinquecento. Luego, a
1670 realizó dieciocho lienzos para la bóveda de la través de las diferentes versiones y contraversiones
capilla mayor del monasterio de Santa Clara, seis del manierismo, terminó ejerciendo una profunda
santos de tamaño natural (1662) y diez bodegones influencia sobre la conciencia artística andina, des-
para un particular. de las épocas tempranas de la colonización. Los án-
Entre otras interesantes obras del período pue- geles que Alesio pintó en la bóveda principal de
den citarse El juicio del alma, realizada para el con- Santo Domingo de Lima tendrían, según Mesa y
vento de Nuestra Señora de los Ángeles y firmada Gisbert, un carácter precursor de la amplia difu-
en 1678 por Nicolás de Oliva “el Mudo”, una Santa sión posterior de estos motivos. Otro eslabón im-
Casilda ricamente ataviada a la manera sevillana portante de esta cadena iconográfica fue la serie de
(Tercera Orden) y los retratos del virrey conde de ángeles de la iglesia de San Pedro de Lima (c.

523
Patrucco

1635). Estas siete pinturas representando a Miguel, No fueron pocos los pintores españoles que en-
Gabriel, Rafael, Sactiel, el ángel de la guarda, Bara- viaron obras al Perú. Una relación sucinta de ellas
quel y un querubín, han sido atribuidas al pintor no puede dejar de mencionar al castellano Vicente
madrileño Bartolomé Román, por las similitudes Carducho y su Juicio Final (1627), que se encuentra
que guardan con otros personajes angélicos exhibi- en la catedral; a Alonso Cano de Granada, autor de
dos en los conventos de las Descalzas y de la En- varios Cristos crucificados; al asturiano Juan Carre-
carnación de Madrid. Posiblemente estas obras, ño de Miranda, autor del San Sebastián (capilla de
donde “los gratos colores y soltura en el dibujo y los Obispos de Nuestra Señora de los Ángeles); al
modelado revelan a un pintor de buen oficio, sobre catalán Francisco de Ribalta, autor del San José del
todo en el tratamiento de las anatomías que se tras- monasterio de la Encarnación; al valenciano José de
lucen bajo las vaporosas vestiduras, grebas y cotur- Ribera, de gran predicamento en los círculos artísti-
nos”, tienen un referente en los grabados realizados cos de Huamanga; al sevillano Bernabé de Ayala,
por el flamenco Peter de Jode (Estabridis 1989: con su Virgen de los Reyes (1622) y la Virgen del So-
163; Bernales 1989: 44-56; Wuffarden 1994: 602- to (convento de Nuestra Señora de los Ángeles).
607; Tord 1971: 227-233). Tampoco debemos olvidar al pintor, teórico artísti-
co y suegro de Velázquez, Francisco Pacheco, quien
La influencia foránea envió algunos de los lienzos de la vida de Santo Do-
El influjo hispánico sería determinante en la mingo para el claustro mayor de dicho convento en
pintura virreinal, aun cuando la temprana llegada
de un grupo de excepcionales artistas de formación
VIRREINATO

italiana permitiera al mundo hispanoperuano gozar


de una producción de calidad semejante a la de las
grandes capitales europeas. Pero la iconografía y la
sensibilidad previas, las formas de vida y el ambien-
te colonial obligaron a estos autores a considerar en
parte algunos criterios del arte hispánico. La pre-
sencia española se hará más notoria durante el siglo
diecisiete cuando la pintura barroca española, espe-
cialmente la sevillana, llegó a su máximo esplendor.
Extensas series y colecciones traídas por particula-
res para un uso doméstico, institucional o religioso,
afirmaron su vigencia. Y siguiendo las preferencias
del público floreció un activo comercio artístico, ba-
jo el rubro de “bagatelas” y géneros, recibiendo los
capitanes de barco una comisión por estas ventas.
Grandes traficantes de arte como Miguel Güedes
llegaron a comerciar cifras realmente sorprenden-
tes. La relación comercial establecida entre Sevilla y
el Perú, regida por estrictas leyes y reglamentos,
rindió pingües dividendos a los artistas y comer-
ciantes hispalenses, hasta que a mediados del siglo
XVII, América comenzó a emanciparse artística-
mente, pasando a depender de sus propios y pujan-
tes talleres. Los artistas sevillanos se enfrentaron a
la ruina cuando en el siglo XVIII se trasladó a Cádiz
la Casa de Contratación, y el comercio con las In-
dias huyó hacia otros puertos abiertos a lo largo y
ancho de la costa peninsular.

San Jerónimo por Francisco de Zurbarán. Convento de la


Buena Muerte, Lima, siglo XVII.

524
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

Lima. Tampoco al mulato Juan de Pareja, quien fue-


ra servidor del autor de “las Meninas” y pintara un
Descendimiento de la Cruz, y al archiconocido Do-
ménico Theotocopoulos, “el Greco”, a quien se le
atribuían dos cuadros en el Perú. Uno constituía el
orgullo de la pinacoteca del obispo cuzqueño Ma-
nuel de Mollinedo, y el otro era un lienzo sobre el
tema de La adoración de los pastores, que se ubicaba
en el hospital de San Andrés de Lima.
Francisco de Zurbarán ocupó también un papel
muy importante en el desarrollo de la estética vi-
rreinal. Su estilo llegó a alcanzar gran respetabili-
dad entre los artistas de Indias, y sus envíos a Lima
realizados durante la época de su mayor fama, des-
lumbraron a los conocedores y amantes del arte. Su
talento, según señala Bernales Ballesteros: “no de-
bió pasar desapercibido; su manera de resaltar las
figuras, que lo dominan todo pese a la sencillez y
sobriedad que poseen, probablemente fueron en-
tendidas como un aproximarse por el mundo de las

VIRREINATO
realidades tangibles hacia lo trascendente, pues no
descuida lo accesorio y el paisaje, dado que son
motivos complementarios que ambientan a sus
personajes”. Zurbarán practica un realismo con-
templativo, donde incluso lo común y cotidiano
adquiere un tono místico, razón que lo convirtió
en el pintor preferido de la religiosa sociedad lime-
ña del siglo XVII.
Entre 1637 y 1647 se trajeron varias remesas de
obras suyas destinadas a iglesias, conventos y domi-
cilios particulares, de las cuales algunas se encuen-
tran perdidas. Es el caso del lote de 1647, enviado
al monasterio de la Encarnación, consistente en Profeta Elías por Francisco de Zurbarán. Convento de la
Buena Muerte, Lima, siglo XVII.
diez cuadros de la vida de la Virgen y veinticuatro
Santas Vírgenes; y la muy sugerente serie de 1649
cuya temática gira en torno de los Doce Césares a ca- XVIII, y por la abundante importación de obras de
ballo. Se conservan en cambio, la serie del Aposto- sus epígonos sevillanos.
lado del convento de San Francisco el Grande de Con un estilo colorista y nostálgico propio del
1638, y un Cristo crucificado que vino con ellos, barroco tardío sevillano, el hispalense Bartolomé
siendo ésta la colección de mayor valor pictórico Esteban Murillo ejerció también una notable in-
perteneciente a su producción. Se pueden apreciar fluencia en Lima, hasta bien entrado el siglo XVIII.
también los trece cuadros de los fundadores de ór- En tiempos pasados se presumía la existencia en el
denes que llegaron al convento de la Buena Muerte país de una gran cantidad de cuadros suyos, dado
(1639); y la serie de los Arcángeles del monasterio el singular influjo que tuvo en nuestros pintores.
de la Concepción (1647). Se supone además que un Sin embargo los estudios e investigaciones actuales,
San Guillermo de Aquitania y más de un Cristo ago- como los de Jorge Bernales Ballesteros, parecen
nizante pueden pertenecer a su pincel. Aun cuando confirmar que casi todos son pertenecientes a sus
la cantidad de “zurbaranes” es bastante grande y imitadores y copistas. Luego de realizar un detalla-
justifican la determinante influencia que tuvieron do reconocimiento, se han encontrado dos obras
en el gusto de la época, debemos remarcar que este pertenecientes a la esfera del pintor. Destaca en pri-
efecto se vio multiplicado por las copias locales, li- mer lugar el San José y el Niño en la capilla de ejer-
meñas y cuzqueñas, que se realizaron hasta el siglo cicios del convento de los Descalzos, el cual es

525
Patrucco

considerado una reproducción de taller del original se convirtió en un gran mercado de exportación de
en poder del Ermitage de Leningrado. La copia es obras de arte, de tablas como la aún existente de la
única “tanto por la exactitud de los detalles y her- Virgen y el Niño (col. particular), donde se aprecia
moso colorido, como por la delicadeza de los be- en todo su apogeo el renacentismo flamenco, abun-
llos rasgos del Niño, reproduciendo con absoluta dante en paisajes con ríos y montañas, elementos
fidelidad a las creaciones del maestro, lo que no éstos que cautivarán a los pintores cuzqueños de la
siempre se consigue en copias”. Por otro lado en la centuria siguiente. Otros testimonios interesantes
colección Poli se encuentra un excepcional bargue- son la Virgen con el Niño en tela (col. Orihuela del
ño de 1657, con veintiún cobres pintados y firma- Cuzco), del círculo de los Metsys; La presentación de
dos por el maestro. Jesús al pueblo (col. particular Lima), obra primitiva
Distinta fue la situación en el pasado. Así, en el del cinquecento flamenco; o la pequeña madera po-
convento de la Buena Muerte debieron existir hasta licromada en la que se representa el Cristo muerto,
el siglo XIX una Inmaculada Concepción y una Sa- conservada en el convento de Nuestra Señora de los
grada Familia de Murillo, que lamentablemente sa- Ángeles.
lieron del país. Un San Antonio, un San José, un San Conviene tener presente que la influencia fla-
Felipe y un San Juan Bautista de la renombrada pi- menca y alemana tuvo un definitivo impacto no só-
nacoteca de los Ortiz de Zevallos dieron lugar a mu- lo en las nuevas tierras, sino también en la Metró-
chas conjeturas. También se menciona un célebre y poli. Alemanes como Durero y los Kubler, por citar
original Niño Jesús dormido que tuvo muchos admi- sólo algunos, gozaban de gran aprecio entre los ar-
radores locales y sirvió de modelo para multiples re- tistas españoles. Flamencos y por extensión alema-
VIRREINATO

producciones. nes, ejercieron de esta manera un influjo muy gran-


Singular importancia en la evolución pictórica de en la formación estética de los americanos, lo
limeña alcanzaron los envíos de Juan de Valdez cual se hizo patente a través de variados caminos: el
Leal, el último de los grandes maestros sevillanos. arribo de algunos artistas de la región como Diego
Se asume que la serie de la Vida de San Ignacio de de la Puente; las remesas de obras de pintores, tan-
Loyola en la iglesia de San Pedro de Lima, es pro- to arcaicos como nuevos tras el eco de su fama eu-
pia de su pincel. Se trata de ocho lienzos colocados ropea, y la difusión de las muy populares estampas.
sobre los arcos de las naves laterales, que habrían si- Particularmente interesante resulta el fenómeno
do realizados hacia 1668. A diferencia de sus lien- de la masiva divulgación de los grabados e impresos
zos conservados en la capital hispalense, este “pin- de Amberes, el principal centro editorial de la épo-
tor de barrocos temperamentos, visible en sus com- ca. Amparadas por la política imperial de los Habs-
posiciones dinámicas y de cálido colorido”, presen- burgo, se establecieron prósperas imprentas como
ta en los cuadros limeños un gran interés por los es- la de Hieronimus Cock –que “vendía a los cuatro
cenarios y la perspectiva, que no se detecta en su vientos”–, el “Lirio Blanco” de Philipus Galle y la
obra europea, lo que permite suponer que contó muy famosa y productiva casa editorial de “Plantin
con un discípulo de gran talento. En su tiempo, el y Moretus”. Todas ellas extendieron por el mundo
sevillano despertó gran interés y sus trabajos fueron la iconografía relacionada con pasajes bíblicos y
copiados con frecuencia, como lo manifiesta La vi- evangélicos, una serie de episodios hagiográficos,
sión de San Ignacio de Cristo con la cruz a cuestas motivos teológicos y resucitadas leyendas medieva-
(iglesia de la Inmaculada) y otras composiciones les, de acuerdo a la exigente ortodoxia de los postu-
realizadas en el Cuzco. En cambio, no parecen per- lados tridentinos.
tenecer a su pincel las Cabezas degolladas de santos La producción de los grabadores flamencos atra-
que en otro tiempo le fueran atribuidas. vesó tres períodos importantes. A fines del siglo XVI
La presencia flamenca en nuestra pintura tam- se ve una clara influencia italianista y tridentina. A
bién fue notoria desde los primeros momentos de la partir del segundo tercio del siglo XVII aparece el
colonización peruana. Bástenos recordar los mode- genio de Rubens y los artistas gráficos se someten a
los gótico-flamencos que sedujeron a los conquista- la estética de su escuela. Pero a comienzos del sete-
dores y que fueron muy demandados al principio de cientos, el barroco tardío que impregna las estam-
la colonia. Por lo general la confección de estas pas y grabados cae en la reiteración y el amanera-
obras de arte se encargaba a los artistas locales, o en miento. Entonces su vigencia comienza a declinar,
su defecto las tablas se adquirían a través de allega- seguramente como efecto de una saturación con-
dos o familiares de ultramar. No en vano Amberes ceptual y visual. Sin embargo, la antes citada edito-

526
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

rial “Plantin y Moretus” seguirá enviando sus pro- Grabado


ductos a Lima, aún en 1844. Una difusión de tal al- aparecido en el
cance precisaba de un ejército de grabadores, dies- Hvmanae
tros en el dibujo sobre planchas de metal, que la im- Salutis
Monvmenta.
prenta se encargó de reproducir hasta el hartazgo y
repartir por el mundo. Los evangelizadores y misio-
neros contaban con legajos de dichas imágenes in-
cluso en alejados parajes de la India, la China y el
Japón o la América, todavía ignota.
Estas estampas y grabados fueron una fuente de
inspiración para los artífices europeos y sobre todo
para los talleristas virreinales, deseosos de mante-
nerse fieles a la ortodoxia y de estar informados de
las novedades metropolitanas. La imaginación de
Alesio se nutrió de ellos y está documentado que
antes de partir de Sevilla rumbo al Perú, compró
un libro con dibujos de Durero y otro de grabados
de diversos autores. Algunos dueños de taller, co-
mo el neogranadino Baltazar de Figueroa, tenían
“seis libros de santos con estampas para las pintu-

VIRREINATO
ras”, además de 1 800 grabados y un libro de dibu-
yeron de manera decisiva en los artistas de Lima y
jos de arquitectura. Estos materiales gráficos influ-
el Cuzco, generando desde sencillas y descaradas
copias, hasta creaciones formidables. En muchos
casos el artista abordaba la temática y desarrollaba
las posturas o la composición general de las estam-
pas, pero agregaba los contrastes, los colores, la at-
mósfera, profundizando el tratamiento psicológico
y aportando un sinnúmero de innovaciones, que
hacían de la “reproducción” una creación original.
Este proceso, común a los artistas europeos, se
emuló por doquier, tanto en los talleres andinos del
Cuzco como en las casas de artistas hindúes o japo-
neses, que trataban de representar a su modo la
iconografía cristiana.
Pero las estampas no fueron la única fuente de
inspiración. La llegada de obras de los grandes
maestros flamencos jugó también un importante
papel en la difusión de nuevos cánones estéticos. La
pintura flamenca gozaba de gran prestigio, más allá
de consideraciones estilísticas, por la variedad y di-
versidad de su temática, que recreaba no sólo el
mundo religioso sino también el profano. No fueron
extraños cuadros y lienzos en los que se sucedían
escenas de cacería y montería, actividades de la vi-
da cotidiana o la representación de idílicos paisajes
y animadas escenas mitológicas, históricas y alegó-

Portada de Hvmanae Salutis Monvmenta, impreso en los


talleres de Christopher Plantin, en Amberes, en 1575. En 1589,
al fallecer Plantin, fue sucedido por su hija Martina, casada con
Jan Moretus, iniciando una brillante etapa editorial de la
imprenta Plantin-Moretus.

527
Patrucco

ricas –tampoco faltaron bodegones y naturalezas su estilo pintó para el monasterio de la Concepción
muertas– que dejaron una profunda huella en el doce lienzos de la vida de la Virgen y otra docena de
gusto de los artistas cuzqueños. escenas referidas a historias del Antiguo Testamen-
Durante el siglo XVII la pintura de Rubens fue to, de gran colorido y un interés particular por los
fundamental y paradigmática porque modificó la detalles anecdóticos (Wuffarden 1994: 603 y ss.;
manera de pintar de su época, llevando a sus con- Bernales 1989: 35, 62-74, 78, 84-102; Tord 1971:
temporáneos “a dejar el claroscurismo de origen ve- 202, 233-237; Gisbert y Mesa 1982: 84, 111-112;
neciano o ‘caravaggista’ para insertarse en una pin- Stastny 1967: 35 y ss.).
tura vitalista, pletórica de color y movimiento, con
sensualidad y vibrante naturalismo, caracteres to- El siglo dieciocho
dos de la más rancia estirpe barroca”. Los limeños Pese a que el siglo XVIII comienza con buenos
no fueron indiferentes a los cambios que introdujo augurios, la actividad pictórica en la capital entrará
Rubens y hasta tuvieron la suerte de admirar un au- en una etapa de declive y aletargamiento. En 1702,
téntico lienzo del maestro. La célebre Huida a Egip- el virrey conde de la Monclova encarga a Gregorio
to fue donada por el virrey conde de Lemos a la ciu- Sánchez los frescos de su gabinete en el palacio de
dad de Los Reyes y se exhibía en la iglesia de los De- Gobierno con los escudos reales de todos los sobe-
samparados. ranos españoles y de los gobernantes del Perú has-
El propio Rubens entendió que tenía que difun- ta su mandato. Pero ello no basta para dinamizar el
dir su propuesta recurriendo también a las estam- ambiente pictórico de la capital, que ve paulatina-
pas. Para cumplir tal cometido escogió a un grupo mente cómo la escuela cuzqueña va copando todos
VIRREINATO

de grabadores de línea dulce, que pudieran repro- los mercados de arte del virreino. Las nuevas edifi-
ducir sus obras, respetando los efectos peculiares de caciones públicas van siendo engalanadas con telas
su estilo. De este modo, cuadros como los de la Pa- importadas del Cuzco y algo semejante sucede en
sión de la Tercera Orden de los Descalzos, y los de los domicilios particulares. El viajero francés Ama-
la capilla de la penitenciaría de San Pedro, parecen deo Frezier se sorprende de la cantidad de telas cuz-
estar inspirados en sus grabados. En otros casos los queñas en las casas de Lima y expresa –con poca
integrantes de su taller trataban de emular al maes- sensibilidad– que abundan “una cantidad de malos
tro, realizando copias y haciendo en ocasiones cua- cuadros hechos por los indios del Cuzco”.
dros de gran calidad. Ésta debe ser la procedencia Los dominicos no se sustraen a la nueva tenden-
de los lienzos existentes en el Cuzco y en Juli que cia y en 1730 encargan a los talleres cuzqueños la
se atribuyeron al pincel de famoso pintor. En el vida de Santo Tomás de Aquino destinada a su sala
Centro Misional de Juli destaca una serie dedicada capitular. Así mismo, el claustro de San Agustín re-
a la Pasión y unas alegorías de las Virtudes. En la pi- cibe una serie de 38 cuadros de la vida del fundador
nacoteca de los Ortiz de Zevallos varias obras se re- de la orden, pintados por el cuzqueño Marcos Zapa-
putaban como provenientes del genio de Flandes, ta. A esto se suma la activa presencia de una elite in-
aunque es probable, al igual que en los casos ante- dígena que intenta demostrar su entronque con la
riores, que se tratara de copias de taller. sangre de los antiguos dignatarios cuzqueños, como
El virreinato contó también con varias obras de forma de hacer valer sus privilegios y preminencias.
Van Dyck, el mejor discípulo de Rubens, destacan- Cuentan para ello con el apoyo de ciertas órdenes
do el cuadro de La visión de San Agustín (col. parti- religiosas que estimulan el despliegue iconográfico
cular), copia del existente en Amberes y hecha por de linajes incaicos, matrimonios de coyas y con-
el propio autor. En el convento de la Merced del quistadores, y demás temas relacionados con este
Cuzco se encuentra una copia de La Sagrada Fami- despertar del nacionalismo inca. Pero dicha afirma-
lia, y en el convento de San Francisco una variante ción en el plano del arte se verá bruscamente inte-
de La Piedad. Existen también réplicas, de diferente rrumpida por el debelamiento de la revuelta de Tu-
factura, de la Coronación de espinas y del Cristo ago- pac Amaru, luego del cual se procederá a confiscar,
nizante, esta última de particular éxito en su época esconder o destruir toda representación que aliente
pues siendo el original de Rubens, fue copiada des- el reavivamiento del pasado y la memoria indígena.
pués por Van Dyck, convirtiéndose a su vez en un Mientras se extiende la influencia de la pintura
modelo muy solicitado por los artistas locales que cuzqueña en la capital, el arte limeño se ve amena-
lo reprodujeron en gran número de telas. Simón de zado por los estereotipos y la falta de imaginación,
Vos también salió del taller de Rubens y siguiendo de los que sólo se salvan algunas pocas obras como

528
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

el Robo de la Santa Eucaristía de la catedral y La


procesión del desagravio en la iglesia de Santa Libe-
rata, lugar en donde fue recuperada y por lo cual se
construyó el templo. Estos dos cuadros muestran
una severa tendencia documentalista y describen
paisajes urbanos del período. Otra veta importante
será la nueva retratística inspirada en la moda del
portrait francés. Los personajes de la época serán
representados en grandes formatos y luciendo lujo-
sos ropajes según la moda imperante en los am-
bientes cortesanos. Destacan dentro de esta co-
rriente Miguel Adame, Lorenzo Ferrer y Ventura
Azabache.
El marasmo de los artistas limeños comienza a
disiparse sólo a mediados del siglo XVIII, cuando el En 1711 fue robado un copón con cien hostias consagradas de
oidor Pedro Bravo de Lagunas y Castilla, dueño de la parroquia del Sagrario, causando gran alboroto en la ciudad.
una vasta pinacoteca europea, inicia un importante Su posterior hallazgo, en el lugar donde actualmente se erige la
iglesia de Santa Liberata en el Rímac, fue motivo de algarabía
mecenazgo entre los artistas de la capital. El portrait popular. Para conmemorar este hecho el virrey obispo Diego
rococó se generaliza y perfecciona, dejándonos en la Ladrón de Guevara mandó pintar el lienzo La procesión del
desagravio.
obra de Cristóbal Lozano, Cristóbal de Aguilar, Joa-

VIRREINATO
quín Bermejo y Julián Jayo, una gran galería de las
principales autoridades y personajes de la aristocra- Como se recordará, las primeras pinturas traídas
cia criolla. También coinciden en el período algu- por los españoles fueron pequeñas tablillas o lien-
nos pintores religiosos de inspiración como Fran- zos de anticuada y provinciana factura, que retrata-
cisco Martínez y Joaquín de Urreta. Hacia mediados ban sus devociones particulares. En casos excepcio-
de centuria la actividad pictórica se enrumbará ha- nales arribaron a estas tierras obras de calidad, por
cia el academicismo, para posteriormente, ya a las lo general de origen flamenco, como la notable ta-
puertas del siglo XIX, arribar al neoclasicismo. La- bla de la Virgen con el Niño, perteneciente al círculo
mentablemente los límites cronológicos del presen- de Quintín de Metsys (el célebre retratista de Eras-
te texto nos impiden examinar los desarrollos al- mo de Rotterdam), o la tabla de la colección Bercke-
canzados en este período (Wuffarden 1994: 608; meyer signada por un enigmático “Loayza Pintor”.
Tord 1971: 238; Bernales 1989: 103 y ss.). Pronto la pintura acompañó la vida de las pobla-
ciones andinas. Garcilaso de la Vega cuenta que in-
LA PINTURA EN EL CUZCO mediatamente después de la rebelión de Manco In-
ca se procedió a pintar la imagen del apóstol Santia-
A la llegada de los españoles, la pintura nativa go, por su intercesión durante el sitio de la ciudad:
estaba lejos de constituir un arte con la fisonomía y “pintaron al señor Santiago encima de un caballo
la tradición que ostentó en Occidente. Sin embargo blanco con su adarga embarazada y la espada en la
se tienen noticias de ciertas decoraciones pintadas mano, y la espada culebreada; tenía muchos indios
sobre rocas camino al Collao, referidas por Garcila- derribados a sus pies, muertos y heridos. Los indios
so cuando pasó por allí; de algunos murales en las viendo la pintura decían: un Viracocha como éste era
huacas y templos, y de las hermosísimas pictogra- el que nos destruía en esta plaza...”.
fías de los keros o vasos ceremoniales. Por ello el Muchos documentos pertenecientes al período
arribo de las formas artísticas europeas y sus depu- de cierta calma que se abrió tras estos episodios nos
radas técnicas tuvo un decisivo impacto en las men- permiten conocer a un nutrido grupo de creadores,
talidades andinas, lo que fue aprovechado para aco- donantes y compradores redactando contratos en
meter la evangelización de los naturales. Ya en el los que se estipulan las condiciones y características
mismo concilio de Trento (1545-1563) se recomen- de las pinturas. Las referencias documentales seña-
dó: “enseñar por medio de las historias de los mis- lan que en 1545 establecieron trato Juan Gutiérrez
terios de nuestra Redención contenidas en pinturas de Loyola, Juan de Fuentes y Francisco de Torres
y otras representaciones (para que) la gente se ins- para realizar el altar principal de la iglesia mayor de
truya y se forme en los artículos de la fe”. la ciudad del Cuzco.

529
Patrucco

blación y exigió el trazado de aldeas y pueblos


alrededor de plazas e iglesias cristianas. Los
flamantes templos, que se multiplicaron por
doquier, fueron decorados con murales que
apoyaron la evangelización, y el sometimien-
to indígena a las reglas de “policia y buen go-
bierno”. Las paredes de las largas naves de es-
tas iglesias poseen artesonados al modo mu-
déjar, y se adornaban con telas pintadas que
pendían sin bastidores, a las que se denomi-
naron colgaduras. Los muros también servían
de soporte a instructivos murales donde se
narraban episodios como La batalla de Clavijo
–en la que Ramiro I de Castilla venció al Is-
lam–, o series doctrinales como El alma cami-
no del cielo. En 1572, durante su larga visita a
Escorpio (parábola de los leñadores estériles) por Diego Quispe Tito, los pueblos del Perú, Toledo encargó a los
de la serie del Zodíaco. Catedral del Cuzco, siglo XVII. pintores indios del Cuzco la realización de
una serie de obras que refirieran la genealo-
Tiempo después Pedro Cáceres firmó varios gía de los incas, la captura de Atahuallpa y también
VIRREINATO

acuerdos para una serie de obras para las órdenes vistas paisajísticas de la ciudad. Ellas serían obse-
religiosas de la antigua urbe imperial. Hacia 1565 ya quiadas al soberano español, aunque se presume
se pueden encontrar obras importantes estética- que muchas incrementaron la pinacoteca personal
mente hablando, como la Conversión de San Ginés del virrey. Las obras recibidas por Felipe II tuvieron
en el convento de San Francisco, de marcado arcaís- un triste final, porque resultaron siniestradas en el
mo pero coherente con la decoración y la vestimen- siglo XVIII, durante los incendios ocurridos en el
ta de la época de Felipe II; La misa de San Gregorio Alcázar de Madrid y en el palacio del Buen Retiro.
(Museo Histórico del Cuzco) y la Virgen de la Mer- En 1583, con el arribo de Bernardo Bitti, empe-
ced en la iglesia de San Cristóbal. En esta última, sin zaría una nueva era pictórica en el Cuzco. Su pri-
firma a la vista, “la imagen central está acompañada mer trabajo en la ciudad fue la decoración de la pri-
de sacerdotes dominicos que la contemplan desde mitiva iglesia de la Compañía que ejecutó pronta-
unas tribunas. A los costados penden exvotos y ya- mente. Durante sus dos estancias (1583-1585 y
cen arrodillados dos ángeles, de perfil. En la parte 1596-1598) realizó una inmensa labor con la cola-
inferior se aprecian unos donantes al lado de San- boración del hermano Pedro de Vargas, gran parte
tiago el mayor, San Roque y otros personajes”. de la cual desapareció con el catastrófico sismo de
A estas precoces manifestaciones cuzqueñas se 1650. La principal obra que acometió fue el retablo
sumaría otro pintor anónimo, conocido como el mayor de la iglesia de los jesuitas, que debió tener
“Maestro de la Almudena”, y en el que muchos han tres cuerpos y tres calles, con perfiles arquitectóni-
querido ver a Pedro Santángel de Florencia. El des- cos renacentistas y tablas y esculturas de medio bul-
conocido autor pintó para el retablo de la Virgen de to entre columnas policromadas, a juzgar por el que
la Almudena tres interesantes tablas: La adoración realizó en la misión de Juli, de características simi-
de los Reyes, La adoración de los pastores y Los despo- lares. De su producción en la iglesia de la Compa-
sorios de la Virgen. Bajo los preceptos de un rena- ñía se conservan cinco de las tablas realizadas por el
centismo cinquecentista resaltan las maneras pro- maestro, dedicadas a San Sebastián, Santiago, San
vincianas que se exteriorizan por ingenuas perspec- Ignacio de Antioquía, Santa Margarita y San Gregorio
tivas y figuras de poca individualización. Sin embar- Magno, esgrafiadas, estofadas y realizadas en ma-
go, la aparición del “romanismo”, introducido en la guey de acuerdo a técnicas indígenas, ante la caren-
región por Bernardo Bitti, cambiará drásticamente cia de maderas finas. También se sabe que pintó al
el panorama pictórico cuzqueño. fresco el Juicio Final, la Gloria y el Infierno, sobre los
La actuación del virrey Toledo, durante cuyo go- muros de la nave principal y el altar mayor, que se
bierno se organizaron numerosas “reducciones” de echaron a perder por el mismo terremoto. Además,
indios, modificó el patrón de asentamiento de la po- a su pincel se debería el retrato de Jerónimo Ruiz

530
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

del Portillo, que instauró la Compañía de Jesús en


la ciudad, y algunos óleos como la Inmaculada, y la
Asunción, ubicados en el templo de la Merced. Algu-
nos autores le atribuyen La Virgen del Halcón, que
formaba parte del altar de la Santísima Trinidad de la
catedral. Sin embargo su maniera rafaelesca posible-
mente pertenezca a alguno de sus continuadores,
como Pedro de Vargas o José Avitavili.
El sur andino no tuvo la suerte de recibir la visi-
ta de los otros dos grandes pintores “romanistas”
que arribaron a Lima, Alesio y Medoro, pero sus
obras y sus características estilísticas llegaron tem-
pranamente de la mano de sus discípulos, impac-
tando a algunos artistas locales, quienes pronto em-
pezaron a pintar copias de La Virgen de la Leche, o
la célebre Inmaculada Concepción. Artistas como Pe-
dro de Loayza y Luis de Riaño fueron también acti-
vos difusores de la nueva estética en el Cuzco. A fi-
nales del siglo XVI encontramos muy activos a algu-
nos artistas como Juan Ponce y el mestizo Pedro

VIRREINATO
Santángel de Florencia, ambos sin obra identificada.
De otro lado tenemos una larga serie de interesantes
pinturas, con cierto influjo manierista y hasta el
momento sin autor conocido, tales como Los despo-
Fresco de la iglesia de Andahuaylillas, Cuzco.
sorios de la Virgen y San José con el Niño de la Reco-
leta, El taller de Nazareth y un Cristo crucificado con
Santo Domingo y San Francisco, ambos en el con- fluyen caracteres italianistas e influencias románi-
vento de San Francisco. Con estas características cas, bizantinas, mudéjares y renacentistas, tanto en
ubicamos también una nada descollante Natividad las decoraciones como en las figuras. También po-
de la Virgen en el convento de Santa Catalina, y una demos rastrear importantes realizaciones en las edi-
larga serie de obras repartidas en los pueblos aleda- ficaciones sacras de Oropesa, Husac y Urcos (Gis-
ños, como una Adoración de los Reyes en Puquiara, bert y Mesa 1982: 162; Wuffarden 1994: 613 y ss.;
y un Santo Tomás en oración en Maras. Tord 1989: 167-170; 1972: 250 y ss.; Bernales 1989:
La influencia manierista sí ha dejado una huella 38-40; Macera 1975: 68 y ss.; 1994: 22 y ss.).
más vívida en los murales que algunas iglesias ale-
jadas han podido conservar, a pesar de los terremo- La pintura cuzqueña durante la primera
tos y las remodelaciones. Varias se remontan al siglo mitad del siglo XVII
XVI como el fresco de la Virgen Inmaculada de la El movimiento “italianizante” del Cuzco supo
iglesia de San Jerónimo, en donde vemos a la Reina distanciarse rápidamente de los moldes patrocina-
de los Apóstoles rodeada por las letanías lauretanas, dos por Bitti, Alesio y Medoro, y aunque conservó
o la no menos interesante viga mudéjar del presbi- una buena parte de su léxico romanista, expresado
terio de la iglesia de Checacupe en la que se presen- en las iconografías y en los modelos, introdujo un
ta el rostro de la Madre de Cristo realizado según acervo regional. Una singular perspectiva que de-
“una factura medieval, con evocaciones románicas y nota cierto primitivismo y la subsistencia de anti-
bizantinas. Esta Virgen de Checacupe, pintura edi- guas influencias la dotan de un halo de ingenuidad.
ficacional sobre madera quizá sea la pintura más an- Ello le permitió a la pintura cuzqueña componer
tigua del Cuzco”. Las pinturas de las techumbres y un vocabulario diferenciado y de gran personali-
las vigas del presbiterio de la iglesia de Andahuayli- dad. El camino propio de los cuzqueños puede ex-
llas son también magníficas obras de esta temprana plicarse por las diferencias que se daban entre los
fase, que sabe integrar con armonía la tradición mu- núcleos europeos de producción y dirección artísti-
déjar. Es también quinientista el gran mural del ar- ca, y las realidades culturales andinas. Los indíge-
co triunfal de la iglesia de Chinchero en el que con- nas y mestizos al pretender imitar el arte occidental

531
Patrucco

superaron el simple deseo de copiar y llegaron a es- mejor y más suelta que la primera, en donde vemos
tablecer un verdadero proceso de creación en el ac- a la Virgen rodeada de ángeles que portan los atri-
to duplicativo. butos de las letanías. También aparecen Duns Sco-
Gregorio Gamarra es uno de los pintores que to, San Francisco y un niño que es el presunto do-
abre el siglo XVII y que ejemplifica bastante bien el nante de la obra. Es interesante visualizar los ánge-
particular proceso pictórico que se gestó en la anti- les que rodean a ambas Inmaculadas, y los niños
gua capital de los incas. Llegado al Cuzco en 1607, que contrastan por su naturalidad con los típicos
traba rápidamente relación con los franciscanos pa- angelillos que acompañan a la madonna, avizorán-
ra los cuales realiza una serie de trabajos, cumplien- dose un asomo del realismo que presagiará al ba-
do un rol artístico comparable al que desempeñara rroco temprano. Además le pertenece una Santa Ca-
Bitti entre los jesuitas. En la Recoleta Franciscana talina de Alejandría vestida con lujo cortesano, de
encontramos varias obras suyas, como La aparición muchos brocados y dorados, de encarnación muy
de San Francisco al Papa Nicolás V, La Inmaculada luminosa y rodeada de sus símbolos, la palma, la
Concepción con San Buenaventura y San Diego de Al- rueda y la espada. Los rastros de Riaño se pierden
calá y una Visión de la Cruz, siguiendo un grabado en 1667, cuando el pintor ya bordeaba los 70 años.
flamenco de Martín de Vos. Como pintor se conver- Otro artista de vena romanista que siguió a Bitti
tirá en émulo del Bitti en una Sagrada Familia con fue Lázaro Pardo del Lago, quien continuó pintan-
San Juanito (col. privada La Paz), aunque profundi- do según los moldes italianos hasta finales del siglo
ce excesivamente la línea, recortando la figura sobre XVII. Sus figuras alargadas contienen una fuerte do-
el fondo. En algunas ocasiones Gamarra es coloris- sis italianizante aunque anuncian en parte el natu-
VIRREINATO

ta, especialmente en la Aparición..., pero a veces su ralismo prebarroco, como se puede ver en la Asun-
manejo cromático adquiere connotaciones verdade- ción, donde usa como modelo un grabado de Paul
ramente espectrales. Los críticos Mesa y Gisbert le Pontius inspirado en Rubens. Sin embargo el pro-
atribuyen también los poco usuales retratos funera- ducto final no es fielmente barroco y se asemeja
rios que representan a doña Lucía, a doña Isabel y a más al arte italianista, debido a la linealidad de la
doña Andrea de Padilla. composición y los angelillos romanizantes. Pero en
Otro importante pintor del período es Francisco él ya están presentes las líneas del realismo que
Padilla, que a semejanza de Gamarra utiliza los refi- anuncian el curso posterior de la pintura cuzqueña.
namientos coloristas y el lenguaje gestual de las fi- En Los mártires de Japón (Recoleta Franciscana) y
guras del Bitti, consiguiendo sin embargo un efecto en La predicación de San Ignacio en la iglesia de la
estereotipado y una inadecuada perspectiva. No Compañía podemos apreciar nuevamente este indi-
obstante, Padilla fue un pintor muy conocido en su cativo interés por el realismo. Sus obras tienen no-
momento. Entre los muchos encargos que tuvo, po- table calidad, ágil colorido y pueden considerarse
demos enumerar una Crucifixión (1622, museo de como conjuntos muy logrados. Luego del terremo-
Santa Catalina), y un Entierro de Cristo (1645, con- to de 1650, Pardo del Lago redoblará su labor y edi-
vento de la Merced) que el artista retomó de otro ficará el nuevo retablo principal del convento de
pintor, y logró culminar. En Padilla podemos perci- Santa Catalina (1659) y el de la capilla de la Santí-
bir el “italianismo”, manifestado por el alargamien- sima Trinidad de la Merced. En ellos se revela como
to de las figuras, pero al mismo tiempo constatamos un fino escultor, encarando osados trabajos de esta-
una cierta ingenuidad y carencia de materialidad en tuaria de bulto. Al lado de esta generación cuzque-
el trazo de las figuras, lo que se vuelve notorio por ña no debemos dejar de mencionar algunas nota-
el empleo de los contrastes de colores y pliegues, a bles pinturas anónimas de este período, como los
la manera de Bitti. retratos de doña Usenda de Bazán y su esposo Fran-
Luis de Riaño continúa la saga de los italianistas cisco de Vargas Carbajal, quienes se encuentran re-
en la pintura cuzqueña. En el convento de la Reco- presentados en importantes cuadros del convento
leta traza una Inmaculada y en la iglesia de Anda- de los mercedarios, de los cuales fueron generosos
huaylillas desarrolla una buena parte de su produc- donantes y amigos.
ción (c. 1630), cifrada en obras como el Bautismo de Debemos mencionar asimismo a algunos dibu-
Cristo, San Miguel luchando contra el demonio y al- jantes como Guaman Poma de Ayala. El autor de
gunos cuadros donde expone la vida de San Pedro y Nueva corónica y buen gobierno ha sido relacionado
San Pablo. Hacia 1638 pinta para el convento de por Gisbert y Mesa con una Virgen de Guadalupe (c.
Santa Catalina una nueva versión de la Inmaculada, 1565, iglesia de San Cristóbal) que le pertenecería,

532
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

debido a que “los pintados al óleo”, o


personajes que se na- los “cuatro guarda-
rran al pie de la ima- meciles de la historia
gen: caballeros, da- de París”. A esta so-
mas, niños y peregri- mera muestra debe-
nos repiten los tipos mos sumar la in-
creados por el genial fluencia de Diego de
artista”. Pero volvien- la Puente, quien in-
do al libro Nueva co- trodujo en la capital
rónica, éste llama la de los incas el barro-
atención porque se co de Flandes.
encuentra ilustrado Diego de la Puente,
por casi cuatrocien- el jesuita que vendría
tos dibujos de gran a reemplazar a Bitti
valor testimonial, en la decoración de
histórico y antropo- los templos que la
lógico. En ellos se re- Compañía iba levan-
presentan costum- tando y remodelando
bres, paisajes, perso- en el país, ha sido de-
najes y escenas reli- nominado por algún

VIRREINATO
giosas interpretadas sector de la crítica co-
por la imaginativa mo el precursor de la
mente de este cronis- pintura con “luz de
ta ladino, precursor bodega”. La ilumina-
de la escuela mestiza ción, proveniente de
cuzqueña. Otros di- la parte alta de la tela,
bujantes del período incide sobre algunas
son Juan Santa Cruz Vista de un retablo de la iglesia de Andahuaylillas, Cuzco.
partes de los persona-
Pachacuti Yamqui, jes o los objetos, de-
quien en su Relación jando el resto sumido
de antigüedades deste reyno del Perú (1613) incluye en la oscuridad. Su actividad a lo largo del país fue
una serie de interesantes dibujos, y fray Martín de incansable. En Trujillo se conservan sus frescos de
Murúa, que en su Historia general del Perú añade 37 los cuatro evangelistas pintados en las pechinas de
láminas en donde representa a los incas y las collas la iglesia de la Compañía, único resto temprano en
(Gisbert y Mesa 1982: 70 y ss.; Tord 1971: 256 y ss.; esta difícil técnica. Hacia 1644 realizaría en Ayacu-
Wuffarden 1994: 618 y ss.). cho una Muerte de San Francisco Javier, un San Juan
Bautista en el desierto, y una original imagen que re-
La influencia extranjera en la pintura presenta un Corazón de Jesús vestido de jesuita. Lue-
cuzqueña go arribará al Cuzco para reparar los daños provo-
La pintura cuzqueña fue también jalonada por la cados en los templos jesuíticos por el violentísimo
influencia extranjera, a través de las ya menciona- sismo de 1650. En esta ciudad se convertirá en
das estampas flamencas. Durante el siglo XVII ellas mentor intelectual de la exaltación barroca, corrien-
trasladaron mucho del sensual barroquismo de Ru- te a la que él como pintor de transición, no se ads-
bens, pero similar papel cumplieron otros objetos cribió nunca totalmente.
iconográficos como los tapices y los muebles pinta- En la ciudad imperial haría una copia de la Últi-
dos. Tampoco puede descartarse la importación de ma Cena del refectorio de San Francisco de Lima,
obras directamente desde los Países Bajos, pues los para sus homólogos cuzqueños. El cuadro posee
listados e inventarios cuzqueños describen “biejos también un gran formato (5 x 2,5 m) pero con la va-
cuadros flamencos de las sybilas”, “tres lienzos de riante de usar una mesa rectangular. Demostrando
los doce pares”, “onze lienzos de Troya y otros de un gran dominio del escorzo, pintaría un San Mi-
montería”, “doce láminas de bronce con sus marcos guel volando en el templo de la Compañía, un San
de ébano con la creación del mundo”, “doce países Gabriel, y una Transfiguración de Cristo, obra esta

533
Patrucco

última que podría ser una copia del desaparecido mente tanto a los seguidores de la escuela sevillana,
cuadro de Bitti para el retablo mayor de la referida conformada por Murillo, Valdés Leal y Zurbarán,
iglesia, y que el terremoto arruinó. como a los adscritos a la madrileña, que continua-
Una hipótesis esgrimida por Gisbert y Mesa sos- ban las maneras de Román, Cavarozzi, Caxés, Coe-
tiene que tanto esta última creación, como la famo- llo, Herrera y Barnuevo. El Niño Jesús dormido, Las
sa Virgen del Pajarito serían obras de Bitti respetuo- lágrimas de San Pedro o la Piedad según el modelo
samente repintadas por De la Puente. Ello les pro- de Luis de Morales, fueron copiadas en algunos ca-
porcionaría esa mezcla de “acentuado carácter fla- sos hasta el cansancio. Esta influencia española se
menco” y flagrante romanismo. Diego de la Puente vio robustecida tras la llegada a la ciudad de una pi-
también dejaría huella importante en la misión de nacoteca privada de inusual calidad. Manuel de Mo-
Juli, donde se cuentan obras como una Anunciación llinedo y Angulo, prelado de refinado gusto, a quien
de cierta semejanza con la famosa obra de Rem- se debió la reconstrucción del Cuzco después del
brandt, una Familia de la Virgen, una Presentación en sismo de 1650 y la renovación del lenguaje artístico
el templo, una Magdalena, un San Juan Bautista, dos de la época, la traía consigo. En su vasta colección
Apóstoles y una Adoración de los reyes magos. En es- de pinturas, además de creaciones barrocas flamen-
ta última pintura se evidencian las estrategias se- cas, se mostraban obras de pintores como el Greco,
mióticas de los jesuitas, pues vestiría a uno de los Caxes, Ribera, Carreño de Miranda y un largo etcé-
soberanos orientales y a su séquito con atuendo in- tera, las que inspiraron notablemente la plástica lo-
caico y características andinas. cal (Gisbert y Mesa 1982: 99;113-118; Wuffarden
El Cuzco tampoco fue ajeno a la influencia espa- 1994: 619 y ss.).
VIRREINATO

ñola, pues los propios cuzqueños distinguían clara-


El terremoto que alumbró el barroco
cuzqueño
En el segundo tercio del siglo XVII se afianzó
una serie de cambios estilísticos que confluyeron en
el barroco. Inicialmente se fue afinando y profundi-
zando un naturalismo, pero después de la intrusión
de los modelos rubensianos se llegó a un cierto do-
minio del léxico barroco. Sin embargo habría de es-
perarse hasta el terrible terremoto de 1650, para
que este nuevo lenguaje tuviera la oportunidad de
destruir los antiguos moldes estéticos y arraigarse
fuertemente en el arte cuzqueño. El terremoto que
duró “por tiempo casi de un cuarto de hora”, fue
extremadamente violento como nos lo cuenta Es-
quivel y Navia: “...fue tan horrible que echó por tie-
rra los mejores edificios de aquella nobilísima ciu-
dad, sus casas, los conventos y las iglesias suntuo-
samente fabricadas... Toda la provincia quedó
arruinada con la más indecible pérdida y desolación
que se haya oído...”.
Tras la destrucción de la ciudad entera, se nece-
sitaba de una energía y voluntad equiparables a la
fuerza del sismo, para reconstruirla. Tan magna y ti-
tánica labor necesitó de un personaje de la talla del
obispo Manuel de Mollinedo y Angulo, quien llegó
a ocupar la sede episcopal de la antigua ciudad im-
perial entre 1673 y 1699. Durante los 26 años de su

Manuel de Mollinedo y Angulo, obispo del Cuzco entre 1673 y


1699. Durante su gestión alentó la reconstrucción de la ciudad
y contribuyó decisivamente al cultivo de las artes y las letras.

534
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

gobierno transformó la derruida ciudad en una


opulenta urbe barroca. Más de treinta grandes edifi-
cios fueron levantados bajo su advocación, dirigien-
do no sólo las fábricas arquitectónicas, la escultura
y la pintura, sino vigilando también los más menu-
dos detalles concernientes al mobiliario y la decora-
ción. Sin temor a equivocarnos podemos afirmar
que el Cuzco que ha llegado a nuestros días es el
Cuzco de Mollinedo.
El empuje arrollador del mecenas madrileño
arrasó también con obras antiguas. Ante el impulso
del barroco perecieron creaciones consideradas an-
ticuadas, de mal gusto y fuera de tono. No es difícil
encontrar referencias de Mollinedo ordenando “ras-
par feos hiesos”, en alusión a altares y portadas re-
nacentistas; “tapar desmañados frescos”, sin lugar a
dudas una referencia a trabajos manieristas; y “qui-
tar indecentes colgaduras”, erradicando así las telas
pintadas y sin marcos que cubrían las paredes de
muchas de las iglesias de las reducciones de indios.

VIRREINATO
Dentro de la vertiente más europeizante de la
escuela cuzqueña destacará a mediados de siglo
XVII el pintor Juan Espinoza de los Monteros. Su
pintura conjuga el estilo flamenco y cierta tenden- Inmaculada Concepción, por Juan Espinoza de los
cia naturalista, aunque no es ajeno en sus primeras Monteros. Museo Pedro de Osma, siglo XVII.
obras a la dulcificación manierista. En sus lienzos
tempranos como La predicación de San Ignacio en el lienzos sobre la vida de la fundadora de la orden, re-
templo de la Compañía, y su Cristo ante el Sanedrín curriendo también a la representación de otras san-
(convento de Santo Domingo), vemos paralela- tas, vírgenes y mujeres dedicadas a la vida religiosa.
mente un cierto alargamiento de la figura. En 1655 En esta serie, que consta de 28 lienzos, emplea una
los franciscanos le encargan realizar una obra mo- sugestiva ornamentación floral y utiliza como fon-
numental de casi diez metros de lado. El Epílogo de dos paisajes de origen flamenco. Ello le confiere
la Orden de nuestro Seráfico Padre San Francisco una fuerte dosis de idealismo, que trasmitirá a los
contiene ochocientas figuras de los más célebres pintores cuzqueños del siglo XVIII. En Arequipa es
personajes de la orden, dispuestas de tal manera posible encontrar obras de Espinoza de los Monte-
que resaltan la figura del fundador, quien se mues- ros en la Recoleta Franciscana, en especial una Vir-
tra iluminado por un resplandor tenebrista. El cua- gen con el Niño y los santos patronos, donde aparece
dro marcó época y fue imitado por otras órdenes. el retrato del fundador del convento, don Fulgencio
En el mismo convento se guardaba también La Maldonado, en primer plano. El mismo personaje
fuente de la Gracia, alegoría de proporciones simi- aparece junto con otro benefactor en la parte baja
lares a la obra anterior, que fue inspirada por un de una notable Crucifixión. La obra de este artista se
grabado flamenco y realizada bajo las técnicas del verá continuada por su hijo y discípulo José Espino-
fresco. Es resaltable la figura de la Virgen que cuida za de los Monteros, quien pinta a santos fundadores
un hermoso jardín, regado por la sangre de Cristo, de órdenes. En sus trabajos realizados en 1682 para
y defendido por los frailes franciscanos del ataque el templo de Santa Teresa del Cuzco incluye paisa-
de los herejes y paganos. jes idealizados, surcados por aves coloridas y retra-
Dentro de su producción tardía podemos apre- tos impersonales. La serie de Santo Domingo, ubi-
ciar los trabajos realizados en el monasterio de San- cada en el convento del mismo nombre, muestra
ta Catalina del Cuzco (1669), en los que vira hacia una ambientación de época, que coincide con el rei-
un estilo heredero de la concepción de Murillo, tor- nado de Carlos II.
nándose más cálido y variado en la utilización de la En el grupo de artistas criollos y españoles con
paleta. Siguiendo grabados de J. Swelinck compone residencia cuzqueña, es preciso mencionar a Loren-

535
Patrucco

zo Sánchez Medina, siglo, sus hijos Leonor


autor de La Virgen del y Diego Rivera, conti-
Rosario entre los santos nuarán su obra.
dominicos (1670), des- Gerónimo de Mála-
tinada a la iglesia de ga estuvo muy activo
Santa Catalina, o al afa- durante los últimos
mado Martín de Loay- treinta años del siglo
za, pintor de inspira- XVII, encargándose en
ción tenebrista que si- 1676 junto con Lázaro
gue los modelos im- de la Borda y Bernabé
plantados por las es- Nolasco, de los lienzos
cuelas flamenca y espa- dedicados a San Pedro
ñola. Su más notable Nolasco en la Merced.
obra es el retablo de Otros artistas criollos
San Pedro Nolasco del período de la re-
(1663) de la iglesia de construcción del Cuz-
la Merced, donde se co fueron Luis de
ubican sus célebres Oviedo y Marcos Pon-
composiciones La con- ce de León. Pero para
versión de San Pablo y entonces una verdade-
VIRREINATO

San Eustaquio, pinturas ra legión de artistas se


en las que el dramatis- había trasladado a la
mo de los movimientos ciudad imperial y al-
es acentuado por los gunos se pusieron a
efectos lumínicos del disposición de Molli-
claroscuro. En La ado- nedo, quien multiplica
ración de los pastores de La Virgen entrega el rosario a Santo Domingo, atribuida a Juan sus contratos y encar-
Espinoza de los Monteros. Monasterio de Santa Catalina, Cuzco,
la Recoleta reinterpreta siglo XVII. gos. El pintor y dora-
una imagen ejecutada dor Juan Calderón se
originariamente por los Bassano. establece en la ciudad hacia 1655 decorando la ca-
Otro notable pintor es sin duda el criollo Marcos pilla de los Remedios para los franciscanos (1657) y
Rivera, quien no oculta sus inclinaciones por el ar- el altar de la Soledad para los mercedarios (1660).
te de Zurbarán, y pinta algunas obras que son co- Con estos últimos, Calderón asume el compromiso
pias del gran maestro español. Nos referimos en de dorar los retablos y completar las pinturas faltan-
particular al San Juan Evangelista (1661), y a un tes, realizando un notable cuadro tenebrista. El so-
Cristo Crucificado, instalado en la parroquia de San bresaliente Cristo recogiendo sus vestiduras vuelve
Pedro. En ocasiones no vacila en utilizar modelos sobre un tema común de la escuela sevillana, pero
flamencos, pero sin abandonar las técnicas y carac- logra un excepcional resultado. Otro artista migran-
terísticas de su alter ego. Así en 1666 pinta para la te es Francisco Serrano que en 1663 pinta en Tinta
Merced el San Pedro Nolasco llevado por los ángeles, doce enormes lienzos sobre la Vida de la Virgen, imi-
y en el pueblo de Tinta una serie sobre la vida de tando los grabados flamencos.
San Juan Bautista, donde perfecciona su manejo del En el medio artístico cuzqueño se desempeña-
claroscuro. De mayor cromatismo será la serie dedi- ron algunas mujeres con relativo éxito. Josefa Pérez
cada a la Vida de Cristo en 1669. De Marcos Rivera de la Hermosa, viuda de Juan de Yanco, es pintora,
ha señalado M. de Soria: “Es ejemplo típico de la doradora y dueña de un taller, privilegio al que só-
pintura cuzqueña destinada a las clases cultas de lo muy pocos artistas podían acceder, y firma en
abolengo europeo y ejecutada por pintores euro- 1677 un contrato con la cofradía de la Santa Rosa,
peos, criollos o mestizos españolizados. Hasta el he- donde por 700 pesos “se obligaba a dorar el retablo
cho de que el lienzo esté firmado es típico de esta que está puesto en su capilla poniendo todo el oro
clase de pintores que en su mayoría copian e imitan que necesitase”. Su profesionalización le permite re-
secamente sin variación la pintura europea”. A su nunciar a las leyes especiales que protegían a las
muerte, ocurrida algunos años antes del cambio de mujeres que trabajaban. Sin embargo, no quedan

536
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

Libra (la higuera estéril) por Diego Quispe


Tito, de la serie del Zodíaco.
Cuzco, siglo XVII.

restos del retablo que ella y sus ayu-


dantes cubrieran con pan de oro, ni
de las demás piezas que debió reali-
zar y para las que requería una in-
fraestructura muy bien montada, y
un ganado prestigio como para con-
tratar con los miembros de tan pu-
diente cofradía.
No muy diferente es el caso de
otra artista criolla. Leonor de Rivera
tiene el oficio de “maestra y profeso-
ra en la pintura y en el pincel”, pues
desde muy joven aprendió el oficio
de su padre, el afamado Marcos Ri-
vera. Al enviudar en 1680 y quedar
distanciada de su familia por dispu-

VIRREINATO
tas monetarias, encuentra en el ma-
gisterio una forma de ganarse la vida, recibiendo con ocasión de la construcción y decoración de los
alumnos y formando en su casa una suerte de taller. arcos para la fiesta del Corpus Christi, estalló un
Al firmar contrato de aprendizaje con el padre de grave conflicto de intereses entre los pintores indios
uno de sus pupilos se comprometía a “enseñar a di- y mestizos por un lado, y los españoles por el otro.
bujar con dimensiones, colorido y sin ocultación al- La disputa llegó hasta el mismo cabildo, que debió
guna...”, cristianizar a su discípulo, curarlo y casti- discernir en torno al derecho que asistía a cada gru-
garlo “tantas veces como tenga faltas ... y ser traído po. Los documentos que han llegado hasta noso-
y darle azotes que no pasen de una docena... o po- tros, llenos de mutuas recriminaciones, señalan que
nerle grillos para que escarmiente”. Aunque su ras- finalmente las autoridades decidieron que ambos
tro se pierde, sabemos que ejerció la enseñanza has- grupos se alternaran anualmente en la fabricación
ta su muerte, pero lamentablemente no se ha podi- de estas grandes decoraciones desmontables. Algu-
do identificar ninguna obra de su pincel. Podemos nos estudiosos como Mesa y Gisbert, sostienen que
inferir que debía gozar de cierto predicamento artís- esta documentación podría considerarse en rigor,
tico entre sus contemporáneos, cuando no eran po- como la partida de nacimiento de la Escuela Cuz-
cos los alumnos que se le confiaban (Wuffarden queña, pues a partir de aquel momento el grupo es-
1994:619-622; Gisbert y Mesa 1982: 89-92, 116 y pañol y el andino se escindieron artísticamente y
ss., 131 y ss.; Patrucco 1996: 2; Tord 1971: 266). optaron por caminos diferentes.
Nosotros consideramos más bien que el célebre
Los pintores indígenas documento municipal de 1688 expide el certificado
Durante el siglo XVII, los españoles dueños de de mayoría de edad de la Escuela Cuzqueña, porque
talleres subcontrataban a los indios que adquirían ya entonces el movimiento había alcanzado su ma-
destreza y mostraban aptitudes para la pintura. Con durez, tras el paulatino desarrollo de pequeñas ca-
el tiempo, la mayoría de los pintores indígenas que racterísticas propias y locales, que fueron tomando
habían ocupado puestos de aprendices y oficiales cuerpo e hicieron eclosión en aquel momento. Las
abandonaron a sus antiguos maestros y fundaron páginas siguientes nos advierten de cuán importan-
obradores donde dieron rienda suelta a su creativi- te es la pintura de artífices indígenas, de la fina sen-
dad, afirmándose en motivos propios y maneras sin- sibilidad y extrema delicadeza que se fue labrando
gulares de mirar y pintar. Las preferencias locales y sedimentando desde los días iniciales de la con-
rápidamente se dirigieron hacia ellos, pues interpre- quista, hasta encauzarse definitivamente en medio
taban los sentimientos y los gustos estéticos de las del curso del arte occidental. Su legado será invalo-
mayorías citadinas y rurales de la región. En 1688, rable, no sólo como grupo corporativo de pintores,

537
Patrucco

sino como artistas individuales que llegaron a las de la fauna local, la cual es representada con gran
grandes cimas del arte virreinal. despliegue imaginativo.
Diego Quispe Tito, el más connotado de los ar- En las doce telas de la Vida de San Juan Bautista,
tistas andinos, nació probablemente hacia 1611 en que constituirían el primer ciclo del artista, adverti-
el barrio de San Sebastián de la ciudad del Cuzco, mos la influencia de las láminas de Cornelius y Fe-
lugar de residencia de los indios nobles, estamento lipe Galle diseñadas por Jean Stadanus, al tiempo
al que posiblemente perteneció pues en algunos que notamos la preferencia de Quispe Tito por los
cuadros solía firmar añadiendo la palabra “inga”. Su formatos apaisados, las decoraciones y los lujos de
carrera artística se desarrolla entre 1627 –año en las vestimentas, así como una voluntad monumen-
que pinta una Inmaculada Concepción (col. privada talista, que lleva la pequeña composición grabada a
en Lima)– y 1681, fecha en que termina su Serie del enormes proporciones. Tales características se van
Zodiaco. A lo largo de este lapso va perfilando un es- perfeccionando en las otras tres series ubicadas en
tilo personal que integra algunos de los cánones ita- la misma iglesia, tales como las cuatro pinturas de
lianistas, manifestados en los suaves movimientos y la Pasión de Jesucristo, las cuatro telas que represen-
lánguidos gestos de sus personajes, y los combina tan a Los Doctores de la Iglesia o las dos dedicadas al
con elementos flamencos, creando un ambiente Martirio de San Sebastián.
ideal que conjuga la atmósfera andina y la europea. Algunas de las obras de Quispe Tito fueron re-
En 1631 realiza una Visión de la Cruz (convento de queridas en lejanos lugares del virreinato. En Poto-
Santo Domingo), inspirada en la estampa de Sade- sí encontramos obras como Jesús entre los doctores y
ler diseñada por Martín de Vos. En la iglesia de San Los desposorios de la Virgen (1667, Casa de la Mone-
VIRREINATO

Sebastián de su ciudad natal encontramos un grupo da de Potosí). En el Museo de Arte de Lima halla-
de 22 cuadros realizados entre 1634 y 1663, que pa- mos El retorno de Egipto (1680), una de sus máxi-
recen responder a cuatro distintos ciclos pictóricos, mas creaciones, inspirada en un cuadro de Rubens,
a lo largo de los cuales su estilo va alcanzando ma- grabado por Lucas Vorsterman. En él se plasma fe-
durez. Pero en todos ellos, su peculiar pincelada y hacientemente el fenómeno de la reinterpretación
rico cromatismo están al servicio de una composi- creativa de los modelos flamencos. Al decir de
ción equilibrada y reflexiva que tiene como eje el Stastny: “la diferencia con el modelo empleado no
escenario natural y su predilección por el exotismo podría ser mayor. En la pintura de Quispe predomi-
na la atmósfera tranquila,
idílica, de un amplio pai-
saje lacustre. A la izquier-
da sobre el agua nadan si-
lenciosos dos cisnes. En
el lado opuesto árboles y
arbustos se inclinan sobre
el río y reflejan su follaje
en la superficie clara. En
la distancia de una pers-
pectiva lejana se ve la si-
lueta de una ciudad baña-
da en una luz rosada. La
Sagrada Familia surge mi-
núscula bajo una gran
palmera ornamental y
apenas agrega con sus
gestos y actitudes reposa-
das, casi soñadoras, una
nota de paz... Cuán dife-
rente es la composición
de P.P. Rubens, usada co-
Leo (parábola del buen pastor) por Diego Quispe Tito, de la serie del Zodíaco. mo fuente de inspiración
Cuzco, siglo XVII. por el pintor indio. En el

538
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

grabado rubensiano todo se concentra en las figuras franciscanos en 1661. La obra más antigua que se
humanas. Es la expresión del nuevo humanismo ba- conserva es un San Laureano mártir (1662, iglesia
rroco. Se exalta la belleza y la juventud radiante del de la Merced), donde aparece el donante Pedro de
niño Jesús; la calma meditativa de la Virgen; y el vi- Alarcón, quien es representado con suma habilidad.
gor reposado de San José, quien conduce con dili- Dicha misma maestría se demostraría años más tar-
gente preocupación al grupo. La palmera y el paisa- de, cuando realice los tardíos y espléndidos retratos
je son apenas un marco a la acción psicológica y di- del obispo Mollinedo, del rey Carlos II y de su es-
námica de los personajes en escena…”. posa María Luisa de Borbón, en el coro de la cate-
Es también muy logrado el cuadro Las Postrime- dral cuzqueña. Hacia 1667 los franciscanos le en-
rías, que se ubica en el convento de San Francisco cargaron pintar la serie de la Vida de San Francisco
del Cuzco (1675), donde se aproxima al detallismo para el convento de su orden, y se dice que el con-
del Bosco cuando representa los castigos del infier- de de Lemos demostró gran admiración por ella.
no con insistente minuciosidad. Por último debe- El estilo de Basilio Santa Cruz, en la opinión de
mos mencionar su última y renombrada serie del Luis Enrique Tord, “evidencia el gusto por los colo-
Zodiaco. Dicha saga pictórica debió adaptarse al gus- res cálidos, los mantos y túnicas en movimiento, el
to barroco y cosmopolita del obispo Mollinedo, per- cuidado en el dibujo, cierto recargo en la composi-
mitiendo que Quispe Tito hiciera gala de una gran ción y una disciplina y corrección europeas”.
versatilidad y asumiera el desafío de amoldarse a los Dichas características heredadas de la escuela
patrones más europeizantes del arte de su tiempo, rubensiana, unidas al uso de luces diagonales, a los
logrando al final del camino una creación de prime- magníficos rompimientos de gloria, y a su gusto por

VIRREINATO
ra línea. La serie del Zodiaco, que se basó en una co- las alegorías le valieron el aprecio del obispo Molli-
lección de estampas de H. Bol, grabada por Adrian nedo, quien lo comisionó para los trabajos más im-
Collaert en 1585, lleva el explicativo título de Em- portantes de la catedral y otros templos cuzqueños.
blemata evangélica de los doce signos celestes acomo- En la iglesia del obispado pintaría 14 enormes lien-
dados según los meses del año. Cristo dio a los hombres zos ubicados en los vastos espacios del crucero y el
los astros para que por ellos puedan distinguir la evo- transepto, en los que se plantea el programa icono-
lución del tiempo iniciado con Dios y para que ellos gráfico del barroco, destacando las alegorías euca-
puedan revocar el culto ydolátrico y por medio de esas rísticas y los santos de la Reforma Católica. Entre
creaturas llegar al culto de un solo criador, y que pon- estas obras vemos La imposición de la casulla de San
gan los ojos en el reino místico de los cielos. Ildefonso, La aparición de la Virgen a San Felipe Neri
La originalidad de su planteamiento se ha pres- y una Santa María Magdalena. También insurge un
tado a todo género de conjeturas. Algunos piensan San Isidro Labrador, patrono de Madrid, que fue rea-
que fueron dieciséis los lienzos de la serie, corres- lizado por encargo especial del prelado, quien con-
pondiendo una tela a cada signo y cuatro a las esta- fesaba su devoción por dicho santo. Además se pue-
ciones. Otros arguyen que fueron doce, aunque en den apreciar una Virgen de la Almudena con los retra-
la actualidad sólo se conservan nueve. De estas tos de Carlos II y la reina Margarita y una Virgen de
creaciones de Quispe Tito, donde los signos zodia- Belén con el retrato del obispo Mollinedo, situadas en
cales se relacionan con pasajes bíblicos, perduran la zona del coro del templo episcopal. Basilio Santa
hasta nuestros días Aries (San José y la Virgen en Cruz ocupa de esta manera un papel de primerísi-
busca de posada), Cáncer (el hombre que edifica el ma importancia en el resurgimiento del Cuzco ba-
nuevo granero), Leo (parábola del buen pastor), Li- rroco, porque de la mano del pintor “el barroquis-
bra (la higuera estéril), Escorpio (parábola de los le- mo cuzqueño en su vertiente ortodoxa alcanza el
ñadores estériles), Sagitario (parábola de los invita- punto más alto y prestigioso”.
dos a la boda), Capricornio (parábola del sembra- Basilio Santa Cruz se vio rodeado de un círculo
dor), Acuario (huida a Egipto de la Sagrada Fami- de discípulos indios entre los que destacan Juan Za-
lia), y Piscis (la vocación de los Apóstoles). pata Inca y Antonio Sinchi Roca, e incluso de algu-
La otra gran figura de la pintura cuzqueña fue nos criollos como los pintores Gerónimo Málaga,
Basilio Santa Cruz Pumacallao, cuya actividad se Lázaro de la Borda, Pedro y Bernardo Nolasco, que
desarrolló entre 1661 y 1699, dentro de los linea- ya hemos abordado. Juan Zapata firma algunos de
mientos del más refinado barroco. Su primera obra los 54 lienzos que se le encargan para el convento
documentada, hoy inexorablemente perdida, son franciscano de Santiago de Chile, y aunque la cali-
doce ángeles y doce vírgenes encargados por los dad es dispar, el influjo de su maestro brilla en al-

539
Patrucco

gunos de ellos. Antonio Sinchi Roca asume el com- vierten en uno de los artistas más importantes del
promiso de pintar la serie de los Evangelistas, la de arte virreinal. En 1738 pinta para la Merced un
los Doctores de la Iglesia, y la de los Profetas en la ca- enorme cuadro donde se representan los santos,
tedral de la ciudad inca, pero tampoco llega a tener santas, místicos y otros beatíficos personajes de la
la maestría de Basilio Santa Cruz. Francisco Chi- orden. En la catedral del Cuzco realiza otras dos ex-
huantito por el contrario, como seguidor de Quispe cepcionales obras: La Circuncisión y Jesús entre los
Tito, sí presenta un estilo personal y sugerente de doctores. Además se puede admirar un logrado Ecce
contrastantes colores y fantasiosas escenografías. Homo que se conserva en Huamanga. Pacheco pin-
Entre su vasta y poco conocida producción destaca tó también una serie de cuadros sobre la vida de San
la Virgen de Montserrat (1693, iglesia de Chinche- Agustín, destinados al convento cuzqueño, pero
ro), de gran valor documental por la reproducción que fueron trasladados a la casa agustiniana de Li-
del paisaje de la localidad de Chinchero y una bella ma. Las 38 telas presentan una desigual factura, sor-
composición de la Virgen rodeada de ángeles prendiendo algunas de ellas por el paisajismo urba-
(Stastny 1967: 37-38; 1965: 21 y ss.; Wuffarden no del Cuzco, con acertados fondos que reflejan la
1994: 624 y ss.; Tord 1971: 261 y ss.; 1989: 178- vida cotidiana. La serie, inspirada en grabados de
198; Gisbert y Mesa 1982: 87, 140 y ss.). Bolswert, es expresión al mismo tiempo del triunfo
de la pintura cuzqueña en la capital y del momento
La pintura cuzqueña del siglo XVIII culminante de la creatividad del artista.
La pintura cuzqueña llega en el siglo XVIII a su Excepcionalmente prolífico es el artista Marcos
período de máximo esplendor. A partir de sus pro- Zapata (posiblemente Sapanca), de quien se guar-
VIRREINATO

pias características mestizas, que responden a una dan en la catedral del Cuzco 50 cuadros de las Leta-
semiótica andina, la escuela se va distanciando del nías Lauretanas (inspiradas en la serie de 59 imáge-
arte metropolitano. Aunque ya no primen los artis- nes de la Elegía Mariana de Tomás Scheffler), que
tas individuales, como Quispe Tito y Basilio Santa son sólo una muestra de más de 200 lienzos que se
Cruz, la escuela logra obras de alto nivel y su in- conservan en las iglesias de la región. También en el
fluencia llega a zonas muy alejadas del continente, templo mayor del Cuzco se pueden apreciar com-
conquistando la plaza de Lima y otras ciudades im- posiciones de Zapata referidas a santos (San Pedro,
portantes. El Cuzco se convierte en el gran centro San Pablo, San Felipe, Santiago, San Juan Nepomuce-
exportador de arte, principalmente de iconografía no), una Madonna, así como un buen número de
religiosa, y los talleres indígenas, atiborrados de en- pinturas alegóricas y mitológicas. Para los jesuitas
cargos, crecen de manera desmesurada, formando repite otra serie de las Letanías (1762) y se le atri-
asociaciones y opacando a los gremios españoles. buyen algunas obras en Lima. No ha faltado quien
Las escalas de producción son cada vez más gran- opine que sea el autor del cuadro del matrimonio de
des, como lo demuestran los contratos por los cua- García de Loyola y doña Teresa de Idiáquez, del que
les Mauricio García y Pedro Nolasco se comprome- líneas abajo hablaremos.
ten, en 1754, a entregar en un plazo de siete meses, Este pintor indígena, que trabaja activamente
nada menos que 435 lienzos, especificándose que entre 1740 y 1773, posee un estilo donde priman las
“todos los referidos han de ser apaisados con bue- tonalidades azules y rojas y un cierto convenciona-
nos adornos de curiosidad y algunos de ellos broca- lismo en la gestualidad de sus personajes, por lo ge-
teados en oro fino...”. Lógicamente estas obras no neral dulcificadas madonnas rodeadas de angelillos.
poseían una calidad uniforme. Dentro de la produc- Su presencia dejó una notable legión de discípulos
ción cuzqueña se podían distinguir claramente las como Ignacio Chacón, Antonio Vilca e Isidro Fran-
pinturas finas con abundante sobredorado, broca- cisco Moncada. Este último pinta en varias iglesias
teado y el gusto por las aureolas y trajes recamados de Ayaviri y Azángaro lienzos de la Anunciación o la
en oro, de aquellas más sencillas de fabricación se- Circuncisión, en los que recurre a los antiguos mol-
riada con tonos azulados y rojizos y una factura me- des flamencos, pero asumiendo bajo su particular
nos esmerada. vision la estética romanista de Bitti.
En la década del cuarenta del siglo XVIII apare- La pintura cuzqueña en este nuevo siglo da pre-
cen las primeras obras de Basilio Pacheco, uno de ferencia a ciertas temáticas, vinculadas a la Sagrada
los más descollantes artistas cuzqueños de todos los Familia, el reverenciado Señor de los Temblores y
tiempos. Su dominio de la volumetría, la pintura en otros motivos religiosos circunscritos a pequeñas
gran formato y el paisajismo arquitectónico lo con- parcelas del lienzo, siendo el resto decorado con

540
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

fantasiosos paisajes de muestra el entronque


estilo andino-flamenco. que posibilitó el matri-
Es común también re- monio de Martín de Lo-
tratar imágenes en me- yola con doña Teresa de
dio de andas y altares, Idiáquez.
rodeadas de cirios, flo- Pertenecen también a
res y suntuosos trajes, esta época una gran
que adquieren forma cantidad de expresiones
triangular cuando se de muralismo andino,
trata de las veneradas como las que se en-
“mamachas”. cuentran en el conven-
Una veta particular- to de Santa Catalina del
mente interesante de la Cuzco, de fuertes tona-
pintura cuzqueña son lidades pero trazo vaci-
las genealogías indíge- lante. Son muy intere-
nas y mestizas que in- santes asimismo los
terpretan los deseos e muros pintados por el
intereses de un grupo padre Francisco Sala-
social emergente que manca, quien exorna
comienza a adquirir íntegramente su celda

VIRREINATO
gran fuerza en el perío- del convento de La
do. Nos referimos a un Merced con temas teo-
sector de la elite indíge- lógicos y tradicionales.
na y mestiza que refuer- Sus murales “ingenuos”
za su status social apo- de pincel autodidacta
yándose en el complejo combinan escenas reli-
fenómeno ideológico giosas con flores, gru-
del nacionalismo inca, tescos y aves de gran
que va siendo teñido colorido. Se trata de un
por el mesianismo an- renacimiento del arte
dino. Demostrar picto- Nuestra Señora de Pomata, de autor anónimo, siglo XVIII, mural que, en los días
gráficamente el parentes- Cuzco (colección del Museo Pedro de Osma). inmediatos a la con-
co directo con los anti- quista y a lo largo del si-
guos señores cuzqueños glo XVII, cubrió de be-
parece ser una forma de legitimación no sólo ante llas composiciones las iglesias citadinas de las Na-
los españoles, sino ante las masas plebeyas. Imitan- zarenas, San Antonio, San Bernardo, Santo Domin-
do a los reyes de Castilla que se hacen retratar co- go; y los templos rurales de San Jerónimo, Anda-
mo sucesores de los incas de la capaccuna, los cura- huaylillas, Canincunca, Urcos, Quiquijana, Ocon-
cas e indios enriquecidos hacen lo propio enarbo- gate, Colquepata, Pitumarca, Huasac, Chinchero,
lando en los lienzos insignias y símbolos incaicos, o Cay Cay, Yanaoca, Zurite, y Tinta, en uno de cuyos
demostrando sus genealogías en composiciones his- muros se encuentra la única imagen iconográfica de
toriadas. Las órdenes religiosas, atentas al curso de José Gabriel Condorcanqui, el futuro Tupac Amaru
los acontecimientos sociales y políticos, entran en II. En algunas de estas iglesias y santuarios de in-
este juego semiótico, buscando legitimarse ante la dios resaltarán los frescos de Tadeo Escalante. Este
elite indígena. No debe sorprendernos que la propia creador se convierte es uno de los más connotados
Compañía de Jesús encargara un cuadro tratando de exponentes del muralismo andino y el influjo de su
mostrar el parentesco entre las familias de sus fun- arte puede rastrearse aún a comienzos del siglo XIX
dadores y el más rancio linaje incaico. La anónima (Wuffarden 1994: 627-628, Tord 1981: 268-272;
y célebre pintura, reproducida incansablemente, Gisbert y Mesa 1982: 160 y ss., 174 y ss.).

541
Patrucco

II
LA ESCULTURA VIRREINAL

El arte escultórico occidental hizo su presencia con el gótico y el mudéjar. El segundo tercio sería
en América poco después de la llegada de los con- propiamente el renacimiento español, etapa en que
quistadores, suscitándose un creativo encuentro en- alcanza grandiosidad aquella mezcla “más perfecta
tre las concepciones y metodologías europeas, y los entre el gótico y lo itálico bajo el signo de la religio-
aportes y las técnicas andinas. Sin embargo no po- sidad hispana”. El último tercio estaría caracteriza-
demos hablar en rigor de una única tradición hispá- do por la aparición del manierismo.
nica, pues desde el primer momento se superponían Si bien el arte escultórico precolombino había
–y no habíanse deslindado todavía– las tendencias dado brillantes muestras de maestría y perfección,
estilísticas de matriz occidental. Bernales Balleste- las técnicas y las opciones estilísticas diferían osten-
ros ha tratado de ordenar esta multiplicidad en la siblemente. Pero el arte avanza también a partir de
producción artística del siglo XVI, señalando que el las fusiones y el mestizaje, y relativamente pronto la
primer tercio del cinquecento español estaría signa- antigua tradición indígena se amalgamó con los
do por las nuevas ideas renacentistas, que se funden procedimientos occidentales, generando interesan-
VIRREINATO

tes mixturas, donde no se perdía ni la sensibilidad


andina, ni la función social que el arte cumplía pa-
ra los españoles.
La escultura es un arte sumamente complejo y
supone una creciente especialización y dotes cada
vez más exigentes. Por ejemplo el procedimiento
más común para realizar una imagen de bulto con-
templaba inicialmente la ejecución de una serie de
bocetos. Habitualmente se elegían las maderas más
nobles y fáciles de desbastar (cedro, caoba o pino),
pero ante la carencia de éstas y aprovechando la tra-
dición indígena, se recurrió al tronco del maguey.
Más tarde el artífice se abocaba a la paciente labor
del tallado de secciones de la imagen, con delicados
o incisivos golpes de los formones o gurbias. Estas
diferentes partes luego se ensamblaban con espigas
de madera o con clavos y grapas. Una vez unidas las
piezas eran sometidas al proceso de aparejo, por el
cual se las recubría con una capa de yeso y cola, que-
dando listas para el pulido, el dorado y el pintado.
El proceso de plastecer consistía en enyesar la
imagen, para después recubrirla con una arcilla de-
nominada bol en las partes que irían vestidas, y con
yeso y albayalde en las zonas que quedarían al des-
nudo. Realizadas estas labores, la pieza recibía una
mano de pan de oro o de pan de plata y luego se es-
tofaba, es decir se pintaba sobre la superficie dora-
da. Esta pintura era luego picada, grabada o esgra-
fiada, lo que se conseguía rayando la capa aplicada
de color, para hacer sobresalir el pan de oro subya-
Retablo del Cristo de la Contrición, iglesia de San Pedro, Lima. cente. Por lo general se plasmaban motivos geomé-

542
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

tricos o naturalistas, que imitaban el brocado de las ejecutó el retablo catedralicio de La Visitación, hoy
telas. Las partes descubiertas recibían las carnacio- perdido. Los sevillanos Cristóbal de Ojeda y Juan de
nes, o capas de pintura más delgada y sonrosada, en Navajeda se establecieron en la Ciudad de los Reyes
acabado brillante o mate, según la época. Muchas desde 1555, obteniendo una serie de contratas para
de estas tareas estaban a cargo de un especialista, elaborar retablos. Éstos se convierten en elementos
aunque algunos maestros preferían encarar todas imprescindibles para amoblar las capillas de los
las etapas de la obra, apoyándose solamente en sus templos. Como ha mencionado Bernales: “la estruc-
ayudantes. tura jerarquizada del altar como sus contenidos de
Dentro del proceso evangelizador la estatuaria representación sacra se ajustaban perfectamente a
ocupó un papel de primera importancia. Si bien la las funciones didácticas que requería el proceso de
escultura no podía competir con la función didácti- adoctrinamiento masivo. En él se conjugaban las
ca de la pintura, estaba llamada a suscitar senti- principales manifestaciones del arte –pintura, escul-
mientos más piadosos y meditativos en el ánimo de tura y arquitectura– configurando programas icono-
los fieles. Debido a ello, las órdenes religiosas traje- gráficos de fácil lectura para los fieles que asistían
ron rápidamente las primeras imágenes que adorna- al oficio religioso”.
ron sus templos. Sin embargo, poco es lo que ha lle- El retablo comprendía un basamento, pedestal o
gado hasta nosotros de las obras realizadas entre sotabanco, encima del cual continuaba el banco, o
1535 y 1580. En muchos casos sólo tenemos acce- largo pedestal corrido pintado y ornado por imáge-
so a algunos documentos notariales y cartas de em- nes que soporta el cuerpo superior. Sobre ellos se
barque, que nos informan de la temprana y gran im- ubicaban las calles o cuerpos, según se les apreciara

VIRREINATO
portación de obras que van desde esculturas de pie- de manera vertical u horizontal. La calle principal
dra y madera, hasta retablos y portadas. lleva en su primer cuerpo el sagrario, en el segundo
Entre las obras remitidas desde la Península por el templete, donde se exponía el Santísimo Sacra-
aquellos años destaca el Cristo de la Conquista en la mento, y en el tercero la imagen del santo titular del
iglesia de la Merced de Lima, donde se puede obser- retablo. Las calles laterales que podían ser dos o
var “una imagen de Cristo expirante en la Cruz ... cuatro, definían el espacio para las tablas o telas po-
que tiene la particularidad de tener los pies cruza- licromadas, y las imágenes secundarias. El ático co-
dos y con cuatro clavos”. También se refieren las cé- ronaba todo el conjunto. Los retablos que seguían
lebres composiciones que enviara desde Sevilla el los modelos que antecedieron al manierismo, con-
escultor Roque Balduque, entre las que destaca La tenían esculturas de candelabro, es decir sólo con
Virgen de la Asunción (c. 1562), imagen titular de la rostros, manos y pies tallados, y el resto de armazón
catedral. Dicha talla hoy ha sido bautizada como la cubierta por tela encolada. Completaban estos alta-
Virgen de la Evangelización, y es de tamaño natural res una serie de colgaduras de tela, ángeles y relie-
y expresión hierática, pues responde a las tenden- ves de acusado cromatismo.
cias flamencas de su autor. En la iglesia de Santo Como se puede entender, tan gigantesca fábrica
Domingo se conserva La Virgen del Rosario (c. proveía de trabajo a numerosos artistas. Sobresalían
1561) del mismo Balduque, que posee todavía gran el ensamblador, quien construía la estructura; el en-
parte de su estofado original, mientras en el coro al- tallador que realizaba los relieves y las imágenes de
to de San Francisco se halla un “Crucificado con un espalda plana que se colocaban en las hornacinas; el
efecto dramático de herencia gótica”, perteneciente encarnador y el estofador que daban color a las pie-
presumiblemente al círculo del artista. zas componentes; el dorador que recubría de pan de
Estos nuevos territorios también seducirán a al- oro de 23 kilates las estructuras; y los pintores que
gunos artistas, que los encuentran propicios para esbozaban las telas necesarias. Si bien en Lima no
establecerse y ejercer su oficio. No fue extraño que quedan rastros de estos retablos iniciales, en la zo-
artífices castellanos y andaluces abrieran obradores na del Alto Perú todavía es posible apreciar bellos
en la capital, y se hicieran cargo de los numerosos exponentes mantenidos en las iglesias de las reduc-
pedidos de retablos y esculturas, provenientes de ciones indias.
los conventos y cofradías. El español Alonso Gómez La incesante actividad artística que promovió el
(1558) realizó en estas tierras una tabla del retablo nacimiento de las ciudades permitió que los artistas
mayor de la catedral, dedicada al tema de La adora- emigrados abrieran talleres, rodéandose de ayudan-
ción de los pastores, que tenía una composición bas- tes lugareños. Todos ellos contribuyeron a exten-
tante esquemática. Por su parte Diego Rodríguez der la escultura –entendida de una manera occi-

543
Patrucco

dental– entre los artistas indígenas. Sin embargo es- antimanieristas, se afianza en el campo de la escul-
tos tempranos aprendices andinos no fueron recep- tura limeña entre los años 1580 y 1620. Como es ló-
tores pasivos, y más bien aportaron sus técnicas lo- gico pensar, estas fechas se adelantan y retrasan en
cales –como el uso del maguey– e hicieron gala de las diversas regiones del virreino, de acuerdo a su
una sensibilidad muy propia. La estética escultórica cercanía o alejamiento de los centros de producción
mestiza se aproxima al expresionismo en la ideali- artística.
zación de los rostros y las manos, e insiste en una Los talleres indígenas serán particularmente fie-
policromía muy viva y una marcada frontalidad en les a estos lineamientos “romanistas” y tardarán en
el diseño. evolucionar hacia el realismo, aunque manifestaron
De esta época inicial data uno de los más intere- simultáneamente tendencias propias. Según ha co-
santes monumentos fúnebres del país. Se trata de la mentado Bernales, “sus esquemas compositivos
escultura yacente de Per Álvarez de Holguín, quien suelen partir del manierismo pero sin la afectada
muriera en la “rota de Chupas”, durante las guerras elegancia de las imágenes genuinamente manieris-
civiles que enfrentaron a los conquistadores, en los tas, pues prefirieron desde fechas tempranas ani-
años aurorales del virreino. La escultura en piedra mar las representaciones con leves efectos expresi-
fue encontrada bajo una capilla de la Merced de vos e intensas policromías, sobre todo en los temas
Huamanga y representa al guerrero con armadura pasionarios y de santos mártires, los que años des-
completa, sosteniendo un mandoble que empuña pués con el clima del barroco se acentuarán con
con las dos manos. Subsiste el tratamiento gótico de efectos trágicos muy propios de la escultura mesti-
la escultura sepulcral, pero denota cierto esquema- za e indígena”.
VIRREINATO

tismo e ingenuidad, que nos hacen recordar las fi- Al igual que las estilísticas precedentes, el ma-
guras de soldados reproducidas por Guaman Poma nierismo llegó a estas tierras gracias a los artistas
de Ayala en los dibujos de su crónica. emigrados, la remisión de obras peninsulares y los
En el Cuzco la actividad escultórica sería tam- libros con grabados que difundían las creaciones de
bién muy importante durante estos años. Una de las moda en Europa. Estos envíos, que terminaron
más notables imágenes es el muy reverenciado Se- siendo extremadamente numerosos y variados, con-
ñor de los Temblores, de tamaño natural (c. 1560). templaban desde pequeños crucifijos, hasta retablos
Pese a que la mitología popular cree que la imagen y portadas desarmadas. Igualmente diversos eran
fue regalada a la ciudad por el emperador Carlos V, los materiales empleados en su creación, como por
se trata de una obra local. Ello queda fácilmente de- ejemplo finas maderas, terracota, plomo, piedra,
mostrado si revisamos su estructura, que es de ma- pasta y marfil. Los protocolos notariales serán mu-
guey entrelazado y encolado, cubierta a su vez por dos testigos de este floreciente comercio entre
tela encolada. Esta técnica absolutamente indígena Sevilla (de donde partían cualesquie-
era imposible de ser imitada en la Metrópoli. ra que fuese su procedencia
Otras antiguas imágenes son la Virgen de la original) y Lima. De esta
Concepción realizada en piedra (c. 1560), similar manera la capital del virrei-
a otra del mismo año hecha en madera, y una nato pudo contar con obras
serie de Crucificados y Madonnas que se eje- de Juan Bautista Vázquez, se-
cutaron en la localidad. Ellas expresan el guidor del legado de Miguel
gusto de los conquistadores, detenidos en Ángel y de la estética del Be-
cánones estéticos de principios de la centu- rruguete. En la iglesia de San-
ria, por lo cual ostentan un aire arcaico. (Ber- to Domingo se encuentra el
nales 1991: 8 y ss.; Estabridis 1991:138- retablo de la Virgen del Rosa-
140; Wuffarden 1994: 554-584; Bernales rio (c. 1582), en el que se
1987: 293-300). puede observar el Crucifica-
do que la prominente familia
EL MANIERISMO Agüero encargara al maes-
tro. Posiblemente los relie-
El manierismo al que muchos prefieren
denominar “romanismo” o “arte a la italia- La Virgen con el Niño, por Juan
na”, por las diferencias estilísticas que fue- Bautista Vásquez, siglo XVI
ron surgiendo con los contramanieras y los (colección Instituto Riva-Agüero).

544
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

ves de La Anunciación, La Visitación y Los Ángeles


pertenezcan a la misma mano. Otro envío de Váz-
quez es la Virgen con el Niño del Instituto Riva-
Agüero, conocida como “la Rectora”, imagen seden-
te de tamaño natural, que todavía exhibe buena par-
te de su policromía original y debió ser parte de al-
gún retablo que los terremotos destruyeron. La in-
fluencia del maestro español fue grande y se exten-
dió entre los artistas regionales.
Otro escultor importante fue Gaspar del Águila
al que se le debe la Virgen del Consuelo de Arequipa
y la Virgen con el Niño de la Merced de Ayacucho.
Anónimos resultan en cambio el Cristo de la Con-
quista y la Virgen de la Merced, ambas en el referido
templo mercedario, la Virgen de los Remedios en la
iglesia de los jesuitas, el Cristo Milagroso de Santo
Domingo, y la Virgen de la Candelaria de la capita-
lina iglesia de Copacabana.
Estas imágenes, y muchas otras más que desapa-
recieron, ayudaron a difundir las maneras italianas

VIRREINATO
entre la población y los artistas locales. Pero tanto o
más impacto tuvo la llegada de una serie de artistas
de raigambre “romana” o manierista. Conviene re-
cordar a Bernardo Bitti, Gómez Hernández Galván,
Andrés de Hernández, Martín de Oviedo, José Pas-
torelo y otros, cuyos nombres desfilan incansable-
mente en los documentos notariales, aceptando rea-
lizar esculturas, relieves, retablos, sillerías, dorados, Talla en madera del Cristo de la Contrición por Martín de
policromados y ensamblajes. Oviedo, siglo XVII. Iglesia de San Pedro, Lima.
Bernardo Bitti, el célebre pintor introductor de la
contramaniera en el Perú, llevó las novedades del ar-
te contrarreformista al Alto Perú. Durante el dilata- gelista, que al decir de Bernales “es una de las es-
do viaje por esas comarcas exornó templos de la culturas exentas más manieristas de la época y des-
Compañía con pinturas y esculturas. Bitti desarro- taca por su elocuente delicadeza, aspecto juvenil y
lló una importantísima vena escultórica, que ha movimiento inestable”. Todas estas creaciones de
permanecido ignorada hasta poco tiempo atrás. Só- Bitti están confeccionadas con fibra de maguey y
lo a partir de la semejanza que se establece entre el tela encolada.
gran relieve de la Asunción de la Virgen (c. 1584) del Pero sin duda serán los paneles del perdido reta-
templo del mismo nombre en Juli, con el cuadro de blo mayor de la Compañía del Cuzco una de las me-
idéntico tema que pintó en San Pedro de Lima, se jores obras del artista jesuita. Ubicados felizmente
ha podido descubrir al mismo autor en ambos. El en una hacienda cercana a la capital de los incas, se
relieve en cuestión “es quizás de las obras más be- pueden apreciar fragmentos de la obra como los re-
llas de la escultura manierista peruana, tanto por el lieves de San Sebastián, Santiago Apóstol, San Ignacio
canon alargado y afectada elegancia en el contrapos- de Antioquía, Santa Marta y San Gregorio Papa. Rea-
to, como por las caprichosas actitudes de los ange- lizados por Bitti y policromados por el hermano je-
lillos que rodean a la figura de la Virgen”. suita Pedro de Vargas, estas “composiciones de las
También basándose en esta primera y certera re- figuras de los santos, de rebuscados esquemas y
lación, se le ha atribuido la autoría del retablo de posturas que llenan los espacios de las estrechas ta-
San Pedro de Acora (c. 1587), con el relieve de la blas, demuestran que Bitti es más pintor que escul-
Anunciación. En Challapampa se encuentra el relie- tor, pero con calidades evidentes que es justo reco-
ve de la Virgen rodeada de ángeles, y en San Juan de nocer dentro de los aspectos angustiosos que mues-
Acora se encuentra la escultura de San Juan Evan- tran la más clara estirpe manierista”.

545
Patrucco

Un testigo de la época diría de aquel retablo: “a de Copacabana (1634); y Luis de Riaño, el discípu-
juicio de todos los entalladores y pintores y buenos lo de Medoro que trabajara en Huaro y Urcos. La
oficiales de todo el reino es la obra más grande y composición de los retablos adquiere por esta épo-
más hermosa que hay en todo él, en bultos, imáge- ca un estilo más clásico, por el cual las columnas
nes, vista, autoridad, pincel y proporción”. También con decoraciones en el tercio inferior del fuste for-
en el Cuzco Bitti realizará el niño Jesús de la cofra- man parte del único cuerpo de la estructura. Sus su-
día de Santa Ana, que aparece en las fiestas del Cor- perficies adquieren una coloración muy trabajada y
pus Christi. Pedro de Vargas también realizó obra presentan esgrafiados de armoniosa decoración na-
individual como la Virgen de Copacabana de la igle- turalista, además de los típicos grutescos que se
sia de Chinchaypujio. Otro importante introductor pueden ver en las provincianas iglesias indias de
del manierismo como Angelino Medoro no descui- Chinchero, Huaro, Cai-Cai, Oropesa y Huasac.
dará las artes del esculpido y realizará un Crucifica- Tras el cambio de siglo, los artistas nativos van
do que se conserva hoy en Yotala (Bolivia). definiendo un estilo propio, que fluctúa entre el “ar-
Gómez Hernández Galván, posible seguidor de te a la romana” y las pautas estilísticas sevillanas. El
Bitti, trabajará en 1580 en el hoy perdido retablo más notable de todos estos escultores será Francis-
mayor de la segunda catedral limeña. Al regresar del co Titu Yupanqui Inga, que sigue los modelos de
Alto Perú donde posiblemente refuerce su admira- Roque Balduque, y realiza la Virgen de Copacabana,
ción por Bitti, se le asignará la primera sillería de la la imagen más venerada del Alto Perú. Basado en el
catedral, de la cual nos ha llegado un profeta en re- modelo de una Virgen de la Misericordia, esta ima-
lieve, que se le ha atribuido tanto a él como a Álva- gen expresa “algo arcaizante, aunque de gran majes-
VIRREINATO

ro Bautista Guevara. Son de Hernández Galván tam- tuosidad y fuerza expresiva”. Antes de morir en
bién cuatro tallados que representan a San Felipe, 1608 realiza varias copias de su creación para dis-
San Miguel, San Martín y San Juan Bautista. tintas localidades. En Copacabana surgirá una es-
Pedro Santángel de Florencia pertenece a la pri- cuela indígena entre cuyos integrantes destacará la
mera y precoz generación de mestizos dedicados al figura de Sebastián Acostopa Inca, quien en 1618
arte. Además de su arte pictórica se dedicará a la es- acomete el retablo de la iglesia de Copacabana, don-
cultura, como lo evidencian la Asunción, Santiago y de demuestra gran arte y oficio especialmente en las
Santa Bárbara, encargo del cura de Levitaca (1589). esculturas exentas del Nacimiento de Cristo, La Vir-
Su maestría le valió que otras comunidades cerca- gen, dos Virtudes, cuatro Doctores y seis Sibilas. Tal
nas le pidieran además un San Juan Bautista y un sería su renombre que desde Sevilla se le hicieron
San Bartolomé. otros encargos (Chichizola 1983: 23 y ss.; Wuffar-
El sevillano Pedro Martín de Oviedo se establece den 1994: 559-582; Bernales 1987: 299-305).
en Lima entre 1600 y 1620, época en la que se tras-
lada a Potosí. En 1601 realiza el altar de Nuestra Se- EL REALISMO
ñora de la Piedad en la iglesia de la Virgen de la Mer-
ced de Lima, del cual quedan algunos relieves reu- Durante las dos primeras décadas del siglo XVII
tilizados posteriormente en el retablo de Cristo del se manifiesta un cambio de gusto de la población vi-
Auxilio, que luce iconografías de La oración en el rreinal, ya que empieza a cansarse de los modelos “a
huerto, Jesús atado en la columna, Ecce Homo y Jesús la romana”, prefiriendo las piezas escultóricas sevi-
con la Cruz a cuestas. También a su diestra mano se llanas marcadas por su fuerte naturalismo. Esta ac-
debe el Cristo de la Contrición de la iglesia de los je- titud de la población se ve secundada por el fuerte
suitas en Lima. Recurriendo una vez más a los jui- tráfico de obras de arte hispalenses, que llegan al vi-
cios de Bernales Ballesteros, se puede afirmar que rreinato extendiendo los nuevos gustos. Uno de los
esta última es “una obra de estupendo modelado más solicitados artistas será Martínez Montañés
con desnudo de fuerte musculatura, pies con cuatro (1568-1649), quien aparecerá como uno de los má-
clavos y en general, más acorde con las maneras fi- ximos exponentes del realismo sevillano.
nales del manierismo que las del posterior realismo Sus remesas de obras tendrán una impactante in-
que se impuso en la ciudad”. fluencia sobre la naciente escuela limeña. Su estilo,
Artistas sin paradero fijo serán los transhuman- que interpreta de una manera muy personal el ma-
tes Gerónimo Pérez de Villarreal y Juan Toledano, nierismo, está “basado en la mesura, la armonía de
quienes hicieron un altar para San Agustín en 1623; las proporciones en los cuerpos y suaves movimien-
Pedro de Mesa, quien trabaja decorando la iglesia tos llenos de elegancia, pero sin acentuar los efectos

546
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

dramáticos”. Sus envíos serán incesantes: una Vir- dos pecuniarios de este comercio con Lima, trasla-
gen del Rosario para Chucuito, diez sagrarios envia- dando su producción hacia la capital virreinal.
dos al Cuzco (1592), ocho Vírgenes del Rosario Algunos maestros juzgan más conveniente pasar
(1590) en ruta hacia Chile, dos Niños Jesús pedidos a Indias para desarrollar su producción. Es el caso
por el virrey Velasco (1592), el Cristo del Auxilio de de Martín de Oviedo y el de Alonso de Mesa y Juan
la Merced (1602), los retablos de San Juan Bautista Martínez de Arrona. Mesa realiza una Virgen de la
(1622), San Juan Evangelista (1625) y un Crucifica- Merced (1603) en Trujillo, la escultura orante de
do para el monasterio de la Concepción, traslada- Bartolomé Lobo Guerrero (1622) y cumple con in-
dos actualmente a la catedral. Además se añaden numerables contratos en Lima, entre los que desta-
una Santa Apolonia (1625) de bulto entero para la ca el armado de un altar en San Agustín, del cual di-
catedral, la Virgen Inmaculada de Oruro (c. 1640), ce Calancha: “lo cuajan ángeles y virtudes da vuel-
La Virgen con el Niño en la iglesia de San Camilo, el ta por la cumbre con ser altísima y es tanto lo cres-
San Jerónimo de la iglesia de San Pedro de Juli, y los po y lo galano, que son lo dorado y estofas hace la
Santos Jesuitas de San Pedro de Lima. La omnipre- pieza más preciosa que tiene aqueste reino... el vi-
sencia de sus obras anunció un nuevo canon estéti- rrey principe de Esquilache decía que ningún reta-
co, que trasunta una actitud calmada, una cuidado- blo había en toda España que le igualase ni hiciese
sa armonía cromática y un elegante dorado de los competencia”. Por su lado el vasco Martínez de
estofados. Arrona realiza la cajonería de la sacristía de la cate-
La popularidad del artista le impediría satisfacer dral (1608), con las figuras de los apóstoles casi de
todos los pedidos, por lo que debe recurrir a su dis- tamaño natural, y el primer cuerpo de la portada de

VIRREINATO
cípulo Juan de Mesa para abastecer la demanda. A la catedral.
Mesa le pertenecen el Crucificado de la capilla de la Estos discípulos y seguidores de Montañés reite-
Virgen de la O de San Pedro que tiene formato na- ran en Lima su estilo, pero con una libertad bastan-
tural, o el enviado a la iglesia de Santa Catalina de te mayor pues no han sido formados en la estética
Lima. Otros artistas sevillanos como Francisco de manierista. De este modo sus resultados son cada
Ocampo, Juan de Remesal, Alonso Cano y Felipe de
Rivas también comprueban los magníficos resulta-

Túmulo
diseñado para
la ceremonia
de honras
fúnebres por el
fallecimiento
de María
Bárbara de
Portugal, siglo
Cajonería de la sacristía de la catedral de Lima por Juan
Martínez de Arrona, siglo XVII. XVIII.

547
Patrucco

Sillería coral de la catedral de Lima, considerada una de las


más destacadas muestras de la escultura virreinal. A la
derecha, detalle de la sillería.
VIRREINATO

gada de virreyes, eran motivo para congregar a los


artífices. La ciudad se engalanaba con arcos, tú-
mulos, altares esquineros, fachadas falsas para las
casas, iluminaciones, despliegues pirotécnicos,
etc. Como es de suponer estas obras realizadas en
vez más lejanos del arte italianista que profesaba el materiales perecibles, como cartones y telas enco-
maestro. Estos artistas, junto con las obras enviadas ladas, no han llegado hasta nuestros días pero con-
en este período, tuvieron gran predicamento sobre sumían una buena parte del tiempo de los cultores
los artistas locales, que delinearon en base a sus pe- del arte, pues se les contrataba para erigir estos mo-
culiaridades la llamada escuela limeña, que se em- numentos ocasionales. En ellos practicaban las nue-
parentaba con la sevillana. Este predominio se ex- vas expresiones y proponían incluso osadas alterna-
tiende entre 1620 y 1670. Desde Lima se extendería tivas. Particularmente notables resultan en este pe-
a otros núcleos urbanos, como la costeña ciudad de ríodo el túmulo levantado para las reales exequias
Trujillo y en menor medida hacia el interior del de Felipe III por Luis Ortiz de Vargas, y las arquerías
país. triunfales del ingreso del marqués de Guadalcázar,
El “arte efímero” estará asociado muy de cerca todas ellas rodeadas con figuras alegóricas.
con la escultura, aunque tambien tendrá cercana re- Una obra que señalará un hito dentro de la es-
lación con la arquitectura y la pintura. La edifica- cultura del período será la sillería coral de la cate-
ción de monumentos ad hoc para ciertas celebracio- dral de Lima, para la cual compitieron los más im-
nes, ya felices como los triunfos de la monarquía y portantes artistas afincados en la capital. Ganó la
los nacimientos, bodas y entronizaciones reales, ya adjudicación Pedro Noguera pero se vio obligado a
desgraciados como la muerte de monarcas, reinas, trabajar con Martín Alonso de Mesa y Luis Ortiz de
príncipes, arzobispos, o eminentemente religiosos Vargas. Mesa que era el mayor, ejecuta entre 1624 y
como las procesiones o las fiestas en honor de los 1626, año en que muere, una serie de relieves de de-
nuevos santos, o simplemente políticas como la lle- sigual factura. Posteriormente Noguera termina y

548
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

firma la sillería, que es considerada una de las cum- da-retablo de San Francisco, a la cual habría inspi-
bres de la escultura virreinal. Noguera realiza asi- rado. En 1666, el trujillano Francisco de Flores le-
mismo la pila de la plaza de Armas que fue fundida vanta la escultura de Felipe IV para su túmulo fune-
por Antonio de Rivas. Poblada de seres mitológicos rario, y la primera representación escultórica de
y coronada por un ángel ausente hasta 1997 –cuan- Santa Rosa de Lima. Francisco Martínez realiza un
do dicha figura es repuesta en el marco de un pro- crucificado para la cofradía mercedaria de Agua
grama de recuperación urbana–, constituye una de Santa y, cerrando el período, llega a la capital envia-
las pocas obras en bronce de la época. Noguera, da por el Papa, la muy notable escultura en mármol
junto con Luis de Espíndola, tallará poco antes de de Santa Rosa difunta del seguidor de Bernini, Mel-
su muerte (1655) la sillería de los agustinos, obra chor Caffa. Lamentablemente tan singular obra no
que refuerza su fama como mejor escultor del vi- tuvo mayor repercusión en su tiempo.
rreinato. Luis de Espíndola pasará luego a Trujillo, La ciudad del Cuzco alberga otra escuela escul-
donde dejará obras como una Asunción, un San Pe- tórica de renombre. Importantes artistas que transi-
dro y un San Pablo. tan hacia Potosí viven temporadas en la antigua ca-
Por esta misma época, un seguidor de Noguera pital y legan a los artistas locales sus capacidades y
ejecuta la escultura funeraria que representaría a conocimientos. Los imagineros andinos sabrán
Pedro Bravo de Ribero o al conde de Salvatierra (c. adecuar esas técnicas para desarrollar sus temáticas
1650) para la sala De Profundis de San Francisco, y gustos mestizos. A partir del primer tercio de si-
así como la cajonería de la sacristía del mismo tem- glo se cultivará el tallado en maguey, que comienza
plo. A su vez, Francisco Lobo realiza los ángeles de a adquirir un fuerte realismo. Luis de Riaño, aun-

VIRREINATO
la portada catedralicia, y Ascencio de Salas exorna que seguidor de Medoro, evoluciona hacia el natu-
el altar de la Inmaculada Concepción de la misma ralismo, y lo mismo sucede con Juan Rodríguez Sa-
iglesia limeña (c. 1669). Dicho altar exhibe colum- manez, quien en 1613 realiza cinco esculturas para
nas de fuste estriado y tercio inferior melcochado, Santo Domingo. Martín de Torres realiza (c. 1657)
que parece guardar bastante similitud con la porta- la escultura de la Santísima Trinidad para el retablo
catedralicio. El indio Julián realiza una Virgen de la
Estatua orante de Pedro
Candelaria para la parroquia de San Martín de Po-
Bravo de Ribero, de autor tosí. Simón de Herrera y Pedro de Oquendo tallan
anónimo (siglo XVIII), que una serie de figuras para la capilla sepulcral de San
se conserva en el convento Francisco; y el desconocido autor denominado
de San Francisco de Lima. “Anónimo de San Francisco” realiza las imágenes
Esta talla es también de bulto de Santo Domingo, San Buenaventura, San
conocida como del Juan Bautista y San Juan Evangelista.
conde de El artista indígena Melchor Guamán Mayta deja
Salvatierra, virrey
del Perú.
en la Compañía dos interesantes obras de 1655, un

Tránsito
de Santa
Rosa por
Melchor
Caffa,
1669.
Iglesia de
Santo
Domingo,
Lima.

549
Patrucco

San Jerónimo y un San Francisco, que lindan con lo también la que se esculpió en honor del virrey-ar-
expresionista. Por su parte, Martín de Torres traba- zobispo don Melchor de Liñán y Cisneros (1682)
ja una serie de retablos que definirán un peculiar es- de la iglesia del Sagrario, y la de Diego Morcillo
tilo. En ellos se aprecia la utilización de columnas Rubio de Auñón (1724), emprendida por Baltazar
corintias, cuyo fuste situado en el tercio inferior se Menéndez.
halla rodeado de escamas. Ello caracterizará el El escultor de más renombre de fines del siglo
claustro mayor de la Merced del Cuzco (Wuffarden XVII será Tomás Tuyru Tupac, quien además de
1994: 562-578; Bernales 1987:311-313; Gisbert y obras arquitectónicas realiza las figuras de la Virgen
Mesa 1991; Estabridis 1991). de la Almudena (1686), de San Juan de Dios, y en
1697 el retablo mayor de la parroquia de Santa Ana.
EL BARROCO En ellas se percibe la lejana influencia de Montañés.
De otro lado, Melchor Guamán Mayta llega a un
Hacia 1670 culmina la vigencia del naturalismo, realismo extremo colocando en sus esculturas de
iniciándose una centuria de pleno apogeo del barro- maguey y tela encolada, mascarillas de pasta en las
co. El audaz “churrigueresco” o “barroco salomóni- que se insertan cabello y dientes humanos, palada-
co” tendrá gran predicamento hasta el terremoto de res de espejo y ojos de vidrio coloreado. La tradi-
1746, pero la reconstrucción de la ciudad de Lima ción le atribuye un San Cristóbal, un San Sebastián,
marcará la entrada del barroco decadente o rococó, una escultura de San Pedro Nolasco y un San Agus-
con su fino trabajo de rocaille. El declive económi- tín, ubicadas en el templo de la Merced.
co del virreinato se evidenciará por la disminución Algunos especialistas consideran que la intro-
VIRREINATO

del tráfico comercial con Sevilla y la poco frecuente ducción de las columnas salomónicas en el arte pe-
llegada de obras de arte desde la Península. Los ta- ruano se debe al vasco Diego de Aguirre, que habi-
lleres locales se van emancipando del gusto ibérico tó en Lima entre 1665 y 1718. Un proyecto para le-
y realizan sus creaciones según un estilo propio. Se- vantar sobre el altar mayor de la catedral un balda-
gún Bernales Ballesteros será la época del esplendor quino semejante al de Bernini en Roma, también le
de los retablos y del mobiliario litúrgico. Sin embar- pertenecería, aunque la idea cayó en el olvido. Sin
go la escultura decae ante la pérdida de realismo, en embargo, Aguirre utilizó las nuevas columnas en al-
aras de buscar un efectismo que realce el movimien- gunos proyectos menores y pronto contó con una
to. Los rostros se vuelven estereotipados, impasibles serie de seguidores en la ciudad, que las utilizaron
e inexpresivos. La belleza del retablo parece despla- en la portada de San Agustín y en la decoración in-
zar la calidad de sus adornos estatuarios. Sin embar- terior del templo de la Compañía. Esta iglesia posee
go, la escultura seguirá conservando todo su poder ocho retablos con columnas salomónicas doradas,
expresivo en zonas específicas. Así lo demuestran varios de los cuales se atribuyen al mismo Aguirre.
las magníficas escuelas barroco-mestizas que surgen Entre los imitadores destacó el mestizo José de Cas-
en Arequipa y Puno. tilla, natural de Conchucos, quien entre 1708 y
Sin embargo, no debe dejar de mencionarse a 1737 trabaja en todo el amoblamiento litúrgico de
una serie de importantes artistas, como el ensam- la iglesia de Jesús María. Particularmente interesan-
blador de retablos y escultor fray Cristóbal Caballe- te es el altar mayor de este templo, que tiene tres ca-
ro, quien profesa una gran admiración por los gra- lles y dos niveles, además de retablos laterales y un
bados flamencos y los libros de arquitectura. Caba- púlpito, todos provenientes de la misma época y au-
llero fue el encargado de levantar, en 1666, el mo- toría. Tal decoración nos proporciona una idea ca-
numento dedicado a la coronación de Carlos II que bal de lo que debió ser el interior de los templos de
se ubicaba en la catedral. Curiosamente, sus mis- este período, antes de que el neoclasicismo arrasa-
mos diseños fueron utilizados años más tarde por rá con los estilos previos, de la mano del construc-
sus continuadores para erigir el túmulo funerario tor Matías Maestro.
del mismo rey, en 1701. Otra obra importante de fi- Durante el siglo XVIII, el escultor más importan-
nes del siglo XVII es la sillería coral de San Francis- te es sin lugar a dudas Baltasar Gavilán. Sin embar-
co, una de cuyas partes fue realizada por Juan Del- go, su figura tiene más visos de responder a una in-
gadillo. En esta época se difunde la escultura fune- vención literaria, que a una historia verosímil. La le-
raria, tomándose el modelo de la que conmemora yenda popular, de la que Ricardo Palma se hizo eco
la muerte del conde de Salvatierra, donde el difun- en una de sus “tradiciones”, señala que Gavilán fue
to aparece en gesto orante. En esta línea se ubican un reo refugiado en el convento de San Francisco y

550
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

VIRREINATO
Sillería del coro de la catedral del Cuzco, atribuida a
Giménez de Villarreal, fines del siglo XVII.

naba el campanario de Santo Domingo. La imagen


Cristo de la Columna, atribuido a Baltazar Gavilán, siglo cayó en 1835 debido a las vibraciones de un fuerte
XVII. Iglesia de San Agustín, Lima. temblor, siendo reemplazada por una copia en
madera.
que se dedicó a esculpir nacimientos y dolorosas, En la sierra sur, la llegada del obispo Mollinedo
hasta que salido de la clausura en 1738, pudo reali- a la diócesis cuzqueña (1675-1699) afianzará la pre-
zar la monumental escultura ecuestre de Felipe V. sencia del barroco en la escultura de la región. Tras
Esta magnífica obra de madera policromada que re- el terremoto de 1650 encontrará un amplio campo
posaba sobre el arco de entrada del puente de Pie- para ejecutar sus propuestas barroquizantes al tiem-
dra, fue gravemente estropeada por el terremoto de po que se convertirá en un mecenas de incompara-
1746, hasta perderse en el recuerdo. Se le atribuyen ble munificencia. Su estadía en el Cuzco significó
también a Gavilán un busto del marqués de Casa un período de gran reactivación artística. Como
Concha para el templo de San Agustín (hoy perdi- obras destacables de esta etapa debemos mencionar
da), el sepulcro del conde de Santa Ana de las To- las sillerías corales, entre ellas la sillería catedralicia
rres en la catedral, un Cristo de la Columna y un de 1676, de fuerte semejanza con la fachada de San
Crucifijo en San Francisco. Pero sin duda la más Sebastián. Más tarde, en los primeros años del siglo
impresionante de sus obras es la macabra figura de XVIII, se realiza el coro de la Merced signado por las
la muerte, de gran efecto dramático, en la que se ve recargadas columnas salomónicas y figuras muy ex-
un esqueleto disparando una flecha con el arco ten- presivas. Pero la escultura también se integra a la vi-
sado. Los redactores del Mercurio Peruano también da cotidiana y doméstica surgiendo de este modo la
fueron seducidos por el arte de Gavilán, a quien de- costumbre de erigir altarcitos navideños o naci-
nominaron como “el gran Baltasar”. mientos. Entre los artistas que se dedican a esta ac-
Cerrando el período debemos referir las intere- tividad, destaca en el Cuzco y desde 1792 Julián
santes esculturas de la iglesia de Santa Catalina y la Olave, cabeza de una larga genealogía de imagineros
obra de Fernando Daza. Este maestro platero fun- que llegan a nuestros días (Wuffarden 1994: 566-
dió la imagen del ángel de la fama (1774) que coro- 580; Bernales 1987: 315-319).

551
Patrucco

III
LA ARQUITECTURA COLONIAL PERUANA

La fundación de cientos de ciudades en los An- acceso al mar permitía establecer un puente natural
des fue uno de los hechos más trascendentales de la para defender y controlar todo el comercio ultrama-
historia colonial. La congregación de la población rino. Empero no son pocas las personas que consi-
en centros urbanos constituyó el camino más segu- deran que un emplazamiento de la capital en la zo-
ro para implantar la cultura de occidente en las an- na cordillerana, hubiera posibilitado una fisonomía
tiguas tierras del Tahuantinsuyo. Pero ello supuso de país distinta, quizás un “Perú serrano”.
alterar cruel y paulatinamente los criterios preco- En forma paralela a la capital, florecieron tam-
lombinos en torno al espacio, la circulación vial, la bién una serie de ciudades intermedias, que inicial-
posesión de la tierra, la apropiación y manejo de los mente sirvieron como centros de localización de los
recursos naturales y la utilización de la mano de encomenderos. Desde ellas, este grupo de potenta-
obra. dos ejerció sus privilegios fiscales y sociales sobre
Los fundadores de ciudades reprodujeron viejos las zonas circunvecinas, haciendo valer su prestigio,
VIRREINATO

esquemas urbanísticos pero también actuaron crea- su riqueza y su poder. Algunas de estas urbes, como
tivamente –interpretando la nueva realidad– y modi- Huamanga, cercenaron parte de las prerrogativas de
ficaron normas y costumbres al trazar calzadas, igle- la capital. Recién a mediados del siglo XVII, la ciu-
sias, solares y plazas. La etnohistoria y las modernas dad provinciana se emancipó de la suerte de sus en-
formas de investigación nos permiten apreciar con comenderos y en algunos casos debió competir con
claridad cómo se desarrollaron dichos cambios, y nuevos centros urbanos, que supieron sacar partido
entender el impacto en las mentalidades andinas de de su riqueza agropecuaria, sus minas o las transita-
las nuevas formas de ocupación del espacio. Es ne- das rutas comerciales. Dentro de este universo urba-
cesario insistir en que la ciudad era una noción y no, el Cuzco resultó un caso excepcional pues en-
una experiencia del todo desconocida para los habi- carnó, luego de su refundación española, la antigua
tantes del Tahuantinsuyo, aunque las culturas tar- idea de la civitas y conservó la altísima dignidad de
días como Wari, Chimú y los propios incas levanta- ser la capital imperial incaica. Esta doble condición
ron grandes centros administrativo-ceremoniales. La sería aprovechada una y mil veces por el mesianis-
urbe, unida a las ideas jurídico-filosóficas y las cos- mo andino y jugaría un papel fundamental en el
tumbres que introducía, transformaría radicalmente surgimiento del nacionalismo neoinca del siglo
la vida de los pobladores del naciente Perú. XVIII.
La organización del reino del Perú y su defensa Los aislados caseríos de los hatun runas o indios
ante las rebeliones indias y las nuevas aventuras de del común, acostumbrados a la dispersión en sus
conquista –como las que venía urdiendo Pedro de unidades agrícolas, tenían un planteamiento radi-
Alvarado– plantearon la necesidad de contar con calmente distinto de la noción urbana europea. Los
una ciudad principal. Ella actuaría como centro de juristas y políticos al servicio de la Corona conside-
la actividad económica, política y militar. Francisco raron que sólo mediante el traslado de los indios a
Pizarro pensó inicialmente en Jauja, y luego en San- poblados de tipo occidental, se podría lograr la cris-
gallán, pero finalmente escogió el valle del Rímac. tianización y control económico y político de los
Se sabe que el conquistador también entrevió la po- habitantes andinos. La idea de hacerles vivir en
sibilidad cuzqueña, y años más tarde intentó el tras- “buena policia, o en orden y buen gobierno” llevó
lado del gobierno a Saña, en el actual departamento a los legisladores a reducir a los indios en aldeas. La
de Lambayeque. Sin embargo la elección de Lima “reducción de indios”, lejos de beneficiar a los na-
como capital fue por muchos motivos la solución turales como lo habían previsto los ideólogos y ase-
idónea, porque respondía a requerimientos geopolí- sores del rey Felipe II, desestructuró por completo
ticos y económicos. Lima, opacada a nivel demográ- la organización social y espacial, y la ecología andi-
fico sólo por la Villa Rica de Potosí, era el centro del na.
continente por explorar y conquistar, y su rápido

552
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

Imagen idealizada de la ciudad del Cuzco publicada en


la obra de Olfert Dapper, De Nieuwe en Onbekende
(El nuevo y desconocido mundo), Amsterdam, 1671.

Portada de casa del siglo XIX, en Ichupampa, Colca,


Arequipa.

ARQUITECTURA PÚBLICA

Dentro del urbanismo hispanoamericano la


plaza pública ocupa un lugar preponderante.

VIRREINATO
Tan es así que las ordenanzas sobre fundación
de ciudades especificaban que “por la plaza ma-
yor se ha de comenzar la población”. No en va-
no es el centro material y simbólico de la ciu-
dad, alrededor del cual se sitúan los principales
edificios de la vida cívica. Este “patio de patios”,
abierto y cerrado simultáneamente, está rodea-
do por el poder político (palacio virreinal), el
religioso (catedral, palacio episcopal o arzobis-
pal, o simplemente la casa cural), la autoridad
vecinal (ayuntamiento), las residencias de los
notables y los portales donde se establecen los
comerciantes.
En este espacio monumental, a veces el úni-
co de la ciudad, se reúnen los vecinos para vivir
las festividades o conmemoraciones, a veces luc-
tuosas como en Semana Santa o en los funerales
reales. En él se desenvuelven las expresiones de y esclavos alternan en este espacio común. La plaza,
“arte efímero” como la pirotecnia, los arcos triunfa- nunca ausente en las poblaciones americanas, pue-
les, y se procede a organizar las corridas de toros, de en algunos casos como Lima, Cuzco o Cajamar-
los torneos y los juegos de anillos. Es frecuente que ca yuxtaponerse a grandes espacios ceremoniales de
en su cuadrícula comiencen y finalicen los desfiles origen prehispánico. En Cuzco, la enorme plaza in-
del poder y las grandes procesiones, siendo también caica que presentaba dos sectores llamados Aucay-
el escenario de los ajusticiamientos en la picota y de pata y Cusipata –separados por el río Huatanay– es
los autos de fe. dividida mediante la creación de una manzana in-
Los vecinos se reunen en el rollo en el que se termedia. La sección menor, llamada plaza del Re-
ajusticia a los delincuentes, o en la pileta para char- gocijo, alberga la sede del cabildo y el ccatu o mer-
lar, realizan sus negocios en los portales, compran cado; y se reserva la otra parte, la plaza de Armas,
sus vituallas entre bultos y toldos, escuchan los para las funciones principales.
bandos y acuden al arma. Mendigos, clérigos, da- La plaza habitualmente rodeada de portales se
mas, vendedores ambulantes, caballeros, indígenas prolonga en cierta forma por las calles adyacentes

553
Patrucco

–que carecen de ellos– y termina en el indefinido tienen diversas características. Algunas institucio-
limbo del patio principal de las casas solariegas, tras nes educativas ocupan casonas que van siendo mo-
el portón y la reja cancela. Esta noción del espacio dificadas paulatinamente, otras se instalan en loca-
mixto será rudamente combatida con la llegada del les conventuales pues están bajo la supervisión de
reglamentismo iluminista, que intentó imponer lí- órdenes religiosas, apareciendo el espacio del claus-
mites muy precisos entre el ámbito de lo público y tro como elemento ideal para la reunión estudiantil.
el espacio de lo privado. Sin embargo dicha tenden- En ocasiones los locales son especialmente cons-
cia fracasa porque las rutinas y la vida cotidiana son truidos para albergar a los alumnos. Así encontra-
difíciles de transformar por decreto. mos edificios exprofesamente pensados para dar te-
Las calles llenas de bultos, empedradas en el me- cho al colegio indígena de San Francisco de Borja y
jor de los casos, y sin aceras, cortadas por acequias al colegio de la Transfiguración en el Cuzco, o el
y sin sistemas efectivos de limpieza, toman sus claustro circular del colegio de Santo Tomás en Li-
nombres de los gremios y negocios, órdenes religio- ma, de los dominicos. San Marcos, en cambio, fun-
sas, cofradías, edificios asistenciales y personajes ciona durante mucho tiempo en el convento de
que las ocupan, o simplemente de hechos anecdóti- Santo Domingo.
cos que en ellas acaecieron. Garcilaso describiría es- Se levantan hospitales en casi todas las ciudades
tos espacios a su paso por Lima: “Trazaron hermo- virreinales y generalmente se encarga su adminis-
samente con una plaza muy grande, si no es tacha tración a órdenes religiosas especializadas, como los
que lo sea tan grande, y las calles muy anchas y muy bethlemitas o los hermanos de San Juan de Dios. Si-
derechas, que en cualquiera de las encrucijadas se guiendo los planteamientos de Alberti y Filarete, los
VIRREINATO

ven las cuatro partes del campo. Tiene un río que centros sanitarios tienen planta en forma de cruz,
pasa al norte de la ciudad, del cual sacan muchas pero no son raros los diseñados en forma de T, o al-
acequias de agua que riegan los campos y pasan por rededor de un claustro; en tanto que las enfermerías
todas las casas de la ciudad…”. Menos benévolo se- militares están adosadas a las fortificaciones. En
ría el juicio de Humboldt, quien señala hacia el fi- 1538 se construye en Lima el primer hospital, lla-
nal del período colonial, que “la inmundicia de las mado de San Andrés, destinado exclusivamente a
calles adornadas con perros y burros muertos y la enfermos españoles. La edificación tiene forma de
desigualdad del piso impiden correr en coche”. cruz latina con capilla en el crucero y la iglesia en el
En la plaza no falta el ayuntamiento como cen- brazo más largo. El hospital de indios de Santa Ana
tro del poder comunal o vecinal, con su caracterís- (1554) tiene dos alas cruzadas, una para hombres y
tico portal donde se reúnen los tramitadores y su otra para mujeres. El de San Bartolomé atiende a los
balcón o loggia por donde aparece el concejo de re- miembros de las castas negras y posee tres enferme-
gidores en pleno. En sus instalaciones se distingue rías en cruz rodeando una capilla central. Luego se
la sala capitular, el juzgado, el archivo, la sala de la levantan el nosocomio de Los Reyes para españoles,
guardia, el calabozo y la capilla. El palacio del virrey y el del Espíritu Santo para los marineros. En estos
o en su defecto las casas de gobierno al interior del locales tras la enfermería se suceden las salas de ci-
territorio, representan el poder político y la autori- rugía, la botica, los despachos, las lavanderías y ro-
dad real. Son también residencia del gobernante, perías, las cocinas y servicios, vinculándose estos
gobernación, audiencia o tribunal, casa de moneda, ambientes por una circulación exterior a través de
arsenal y caja real. El palacio gubernativo de Lima claustros peristilos, es decir patios rodeados de co-
conservó durante mucho tiempo el perfil que le es- lumnas. Todos estas edificaciones deben ubicarse en
tampara Pizarro, aunque posteriormente se le aña- los extramuros de la ciudad, para evitar que los
dieron bellas loggias con arcos de medio punto, una vientos y las aguas servidas contaminen a la pobla-
portada con elementos manieristas, y los cajones o ción sana.
tienduchos de la fachada. A su vez el palacio archie- Entre los hospitales del resto del Perú destaca es-
piscopal, episcopal o la casa cural representan el po- pecialmente por su buena conservación el de la Al-
der religioso, y ofician como sede del fuero divino y mudena del Cuzco, ampliado por el obispo Molline-
de la omnipresente justicia canónica. do a mediados del siglo XVII. También es brillante
Los locales de enseñanza y los hospitales se ubi- ejemplo de arquitectura hospitalaria el de Belén en
can en un área no muy bien delimitada, a medio ca- Cajamarca (1750), con dos plantas en T, una para
mino entre el espacio público y el religioso. Los edi- hombres y otra para mujeres. Similar disposición
ficios dedicados a albergar universidades y colegios debían tener los lazaretos que se levantan en algu-

554
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

nas ciudades. En 1562 se construye en Li-


ma el leprosorio de San Diego.
Tiempo más tarde surgen los primeros
edificios públicos dedicados al diverti-
miento, el espectáculo o la fiesta. La lidia
de toros deja de ser una diversión calleje-
ra cuando se inaugura la plaza del Hacho
o Acho en 1768. Se edifican también coli-
seos de gallos, y sobre todo corrales de co-
medias como el construido en Ayacucho a
mediados del siglo XVII o el teatro planea-
do por Pablo de Olavide luego del terre-
moto limeño de 1746. En la capital exis-
ten además casas del juego de pelota y ha-
cia finales del período colonial proliferan
los “cafés”, que son la contraparte de las
populares “chinganas” y “chicherías”.
Otra forma de estimular el esparcimiento
y embellecer las ciudades son las “alame- Durante su gestión al frente de la alcaldía de Lima (1766), Agustín
Hipólito Landaburu y Ribera obtuvo del virrey Amat la autorización para
das”. Los Descalzos es erigida en el siglo construir una plaza para las corridas de toros.

VIRREINATO
XVII y mejorada por el virrey Amat, quien
en 1776 la continúa con el célebre paseo
de Aguas, que nos recuerda las cascadas de Narbo- teriores al levantamiento de Tupac Amaru se reali-
na. También Ayacucho contó con una alameda des- zan fortificaciones internas en la zona de Sicuani,
de 1806. Cuzco.
Debemos referirnos también a las edificaciones Singular importancia militar, psicológica y urba-
militares. El Callao es fortificado con una muralla nística tendrán las murallas de Lima, diseñadas por
que se levanta a partir de 1696, pero el maremoto de el padre Coninck y levantadas entre 1684 y 1687.
1746 la destruye. Al año siguiente el virrey conde En Trujillo se termina una obra similar en 1688, la
de Superunda inicia la construcción de la Fortaleza cual es concebida por José Formento. De ambas
del Real Felipe, fuerte militar en forma de pentágo- murallas, construidas con adobe y contrafuertes de
no, proyectado por Luis
Giodin y José Amich. La
fortificación se completa
con una serie de edificacio-
nes menores, denominadas
con grandilocuencia “los
castillos de Callao”. La ame-
naza de una guerra generali-
zada contra Inglaterra obli-
ga al virrey Amat a extender
la red defensiva del territo-
rio con diversas edificacio-
nes militares en Guayaquil,
Santiago, Valparaíso, Valdi-
via, Chiloé y la isla de Juan
Fernández. En tiempos pos-

El Paseo de Aguas en una


estampa del álbum de la
expedición de Alejandro
Malaspina, siglo XVIII.

555
Patrucco

ladrillo, subsisten pocos restos, pues se demolieron quienes se enrolan y visten el hábito de las cofradías
en el siglo pasado para permitir la expansión del y hermandades, o son reclutados por las “reglas” de
casco urbano. En Trujillo aún se puede apreciar un las órdenes terciarias, un puente entre la vida reli-
lienzo completo y en Lima únicamente uno de los giosa y la profana.
baluartes (Bonet Correa 1986: 69-84; Bernales Los conventos y monasterios se convierten en
1987: 238, 250; Gutiérrez 1983: 93, 265-276; Gar- verdaderas ciudadelas, urbes dentro de la urbe. Se
cía Bryce 1971: 75-77; Maquet-Makedonski y Nú- expanden y densifican paulatinamente, y llegan a
ñez-Carvallo 1994: 60 y ss.). ocupar varias manzanas contiguas, protegidas por
altos muros. Muchos de ellos siguen arquitectónica-
ARQUITECTURA RELIGIOSA mente la tradición medieval. La iglesia es el centro
espiritual del conjunto. Alrededor del claustro ma-
La arquitectura religiosa en cierta medida se fun- yor que se extiende paralelo a la nave de la iglesia,
de con la arquitectura civil, ante el decisivo papel se ubican las grandes habitaciones de uso común
que cumple la religiosidad en la vida colonial. Los como el refectorio, la sala capitular, la biblioteca, el
sencillos oratorios domésticos dan paso a las capi- scriptorium y las escaleras principales, si el conven-
llas privadas, a las iglesias dependientes de beate- to tiene dos pisos. En los muros que delimitan las
rios, hospitales, haciendas, colegios y universida- galerías se pintan frescos o se exponen grandes lien-
des. Se multiplican también los templos parroquia- zos que representan los hechos principales de la or-
les entregados al clero secular, tanto en las ciudades den o escenas religiosas que llaman a la contempla-
como en las reducciones. En estas últimas se en- ción. Las habitaciones más privadas, como las cel-
VIRREINATO

cuentran unidas a una modesta casa cural, como das o los dormitorios comunes, circundan claustros
reverso de la magnificencia del palacio episcopal o menores. Sobre un último patio se edifican los ser-
archiepiscopal. Cerca a la plaza se levantan con to- vicios generales que dan vida a estos grandes com-
do su esplendor las iglesias pertenecientes al clero plejos habitacionales: cocina, panadería y despen-
regular, que casi siempre forman una unidad espa- sas, lavandería, enfermería y los baños o letrinas.
cial con el convento o monasterio. Incluso los de Finalmente se hallan las huertas, las caballerizas,
clausura se abren al “siglo” y sus tentaciones, pues los gallineros y depósitos.
mantienen estrechos lazos con la población. El es- Generalmente el templo de los conventos se en-
píritu conventual seduce a los habitantes de la urbe, cuentra en una de las aristas de la manzana, para fa-
cilitar el acceso por varias calles. Por delante se ex-
tiende un atrio con muro o verja perimetral, que
puede servir de camposanto o plazuela donde se de-
sarrollan los pasos procesionales. En los conventos
femeninos de clausura es común que la entrada a la
iglesia sea lateral, lo cual permite colocar el coro a
los pies de la nave y al costado del presbiterio. En
ocasiones, los monjes habitan en casas retiradas o
“recoletas”, que se levantan en la periferia de las
ciudades. Cerca de la actual plaza Francia de Lima
se asienta la Magdalena de los dominicos, los agus-
tinos tienen un convento campestre cerca de la Por-
tada de Guía, el convento de Los Descalzos alberga
a los franciscanos que quieren paz y meditación.
Los frailes de la Buena Muerte acuden a su casa de
descanso en la Magdalena Vieja, y algunas monjas
habitan en el cenobio recoleto de Santa Catalina.
Los templos son el eje de la arquitectura religio-
sa. Hacia ellos se dirige la creación pictórica y escul-
tórica, la cual adquiere un propósito ejemplarizador
y devocional. Como totalidad en sí misma, la iglesia
El convento de Santo Domingo de Lima en un grabado del es un cosmos protegido por la aureola de lo sagra-
siglo XVII. do, y de esta manera su espacio, demarcado por el

556
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

atrio, es “tierra santa”. Su suelo sirve para enterrar das manieristas, como es el caso del seiscientista
a los difuntos, y brinda “asilo” a los perseguidos. pórtico lateral de San Agustín de Lima, realizado
Los tañidos de sus campanas protegen a la feligresía por José de la Sida. Aunque generalmente estas de-
de los embates del maligno y sus muros se elevan coraciones ya no existen, podemos tener una ima-
como bastiones que defienden al Corpus Christi. La gen de ellas revisando los acabados de algunas igle-
mentalidad de la época, impregnada de antiguas sias mexicanas y recurriendo a las descripciones de
concepciones medievales, sigue considerando a las los contratistas de la época. Bernales refiere que las
iglesias como “fortalezas de Dios”. iglesias limeñas debieron tener “en la parte superior
La mayoría de las iglesias que se fundan durante de sus muros de ladrillo, simples listeles con círcu-
el siglo XVI se erigen con sencillos diseños y mo- los o discos y remates en formas de almenas. Más
destas plantas, porque no son muchos los recursos. frecuentes debieron ser los alfices flanqueados por
Con el paso de los años, su estructura se va am- los vanos y figuras de barro cocido en las enjutas y
pliando y remodelando hasta alcanzar las dimensio- frisos de las portadas…”.
nes monumentales que adquieren después. Pero los De todo ello al menos sobreviven algunos zóca-
mayores cambios se perciben en su decoración y los de azulejos moriscos y los grandes pilares ocha-
mobiliario, como altares, púlpitos y confesionarios, vados. José García Bryce asume que si se quiere te-
que derrochan pan de oro, finas pinturas y excelen- ner una cabal idea de estas construcciones quinien-
tes acabados. De aquellos primeros edificios poco se tistas, es preciso acudir a la iglesia monástica de
salvó y si no fuera por las referencias que algunos Santa Clara de Ayacucho. Ella presenta “una nave
cronistas tardíos y conventuales nos han legado, na- de techo plano, arco triunfal moldurado y rebajado

VIRREINATO
da se sabría de ellos. Las construcciones primige- a la manera isabelina y alfarje mudéjar en el presbi-
nias responden a una arquitectura gótico-mudéjar terio”. También es representativa de este período la
de alargadas naves, de donde se desprenden capillas iglesia de San Jerónimo en el Cuzco, “con muros de
laterales, con cubierta de par y nudillo, o por arte- adobe y arco toral delante del presbiterio con techo
són de madera. Cuando se trata de templos de tres de par y nudillo y fachada de piedra entre renacen-
naves, se alzan gruesos pilares ochavados de in- tista y plateresca”.
fluencia mudéjar y arcos de medio punto que sopor- Los claustros limeños de la época siguen mode-
tan la techumbre de madera. Entretanto, las naves los mudéjares, pero tienen la planta cuadrada como
laterales son más bajas y presentan bóvedas que re- los renacentistas. Sus pilares son ochavados y los ar-
fuerzan el techo central. El presbiterio se cubre con cos de medio punto. Almenas y alfices sobre las ga-
una bóveda de nervadura o de crucería. lerías altas y azulejos, retablos procesionales y te-
Cobo al referirse a la primitiva iglesia de San chumbres planas con diseños de Serlio en la prime-
Agustín de Lima, decía que “las naves y capillas de ra planta, como en San Francisco de Lima. Las ven-
los lados son bóvedas y la nave de en medio está cu- tanas se cubren con celosías y los techos mudéjares
bierta curiosamente de madera con lazos y arteso- llevan de tres a cinco paños.
nados muy curiosos...”. Al describir Santo Domingo Al arribarse al siglo XVII, la arquitectura religio-
expresaba que las capillas laterales “son bóvedas cu- sa se vuelve más unificada y formal. Aparecen las
riosamente labradas, y la de en medio de madera y iglesias con forma de cruz latina, con cubiertas de
lazería curiosa; la capilla mayor es de bóveda...”. A bóveda con arcos fajones sobre la nave central, y
Cobo le asombra el trabajo de los constructores, cúpula sobre el crucero a la manera renacentista.
porque las bóvedas si bien repiten modelos góticos, Las naves menores tienen capillas laterales de plan-
emplean el arco semicircular y no el ojival que ca- ta cuadrada, conectadas por los vanos de los arcos.
racterizaba al estilo. Esta ruptura estilística se vol- Generalmente las iglesias peruanas de los siglos
vió común en Lima y subsiste en los templos del XVII y XVIII no cuentan con planta barroca, pero
Cuzco y en las ruinas de Saña. la portada y la decoración interna sí responden a
Las portadas y retablos se ven influidos en algu- este estilo abigarrado y denso. De acuerdo a García
nos casos por el estilo renacentista, como se puede Bryce, la arquitectura de 1630 a 1650 adopta un
ver en el frontis de las iglesias puneñas de la Inma- barroco moderado, entre 1650 y 1750 se impone el
culada y San Juan de Juli. Pero no es extraño detec- churrigueresco, de 1750 a 1790 el rococó, y de
tar la influencia del plateresco, como sucede en las 1790 en adelante el neoclásico. Cabe advertir que
portadas laterales de la Merced de Lima y San Fran- estas fechas se verán modificadas por las corrientes
cisco de Ayacucho. Tampoco es raro ubicar porta- regionales.

557
Patrucco

En la sierra las construcciones de prestancia se atrio está elevado catorce escalones por encima de
levantan de cal y canto, con exteriores de piedra la- la plaza.
brada y los techos de piedra o ladrillo. Las fábricas Además de la plaza principal, Lima contaba con
más pobres conservan el adobe en los muros y la cu- un segundo espacio público. La plaza de la Inquisi-
bierta de par y nudillo. En la costa, debido a la com- ción, al decir del arquitecto García Bryce, se con-
binación de los terremotos y el clima seco, se utili- virtió “en el centro intelectual de Lima donde ade-
za en cambio la mezcla de ladrillo, madera y quin- más del Santo Oficio se establecieron el colegio
cha revestida de yeso, combinada con piedra en los agustino de San Ildefonso, el dominicano de Santo
zócalos y trabajadas portadas en los edificios más Tomás, el Colegio Real de San Felipe y desde 1577
importantes. Todo se emparejaba con estuco y se la Universidad”.
pintaba con cal coloreada imitando la apariencia del El trazado original de Lima contemplaba una
ladrillo o la piedra (García Bryce 1971:24-35; 1986: cuadrícula de 13 manzanas de largo por 7 manzanas
97; Bernales 1987: 236). de ancho. Tiempo después la ciudad se extendió al
otro lado del río, para dar morada a los habitantes
Lima de las clases más pobres, constituyéndose el arrabal
La ciudad de Lima fue fundada sobre el antiguo de San Lázaro. En 1568 se reduce a los indios de la
centro administrativo-ceremonial de los caciques ciudad en Santiago del Cercado, a media legua de la
Taulichusco y Taurichumbi. Los principales edifi- plaza de Armas en dirección este. Las áreas interme-
cios españoles se emplazaron sobre las huacas loca- dias que se van poblando lentamente no guardan
les. Así, el cabildo quedó ubicado sobre un peque- necesariamente el trazo ortogonal que caracteriza al
VIRREINATO

ño adoratorio denominado “huaca del cabildo”, el casco urbano inicial. La paulatina urbanización de
palacio de Pizarro se asentó sobre parte de la resi- estas chácaras y estancias da nacimiento a callejo-
dencia de Taulichusco, mientras el otro sector le co- nes y rancherías sobre los antiguos caminos rurales
rrespondió al conquistador Jerónimo de Aliaga. La y los linderos de acequia.
catedral por su parte, se levantó sobre un adorato- Desde el inicio, el cabildo reguló la edificación y
rio llamado “huaca de Puma Inti”, por lo que su la vida citadina creando normas y emitiendo orde-
nanzas que permitieran un desarrollo armónico y
estético de la urbe. De otro lado se organizó a los
alarifes y en 1549 se nombró al cantero Jerónimo
Delgado como maestro mayor de la ciudad.
Dentro de este proceso de consolidación y embe-
llecimiento de la urbe ocupa un papel de suma im-
portancia la edificación de la catedral. La primera
fábrica se levantó entre 1535 y 1538, teniendo Piza-
rro mucho interés en su realización. Ubicada de
modo lateral a la plaza, esta pequeña capilla adorna-
da durante un buen tiempo por una sola imagen de
la Virgen denominada “la Sola”, fue derruida para
dar paso a una segunda edificación, erigida entre
1549 y 1551. Casi tan pobre como la primera, la
obra no satisfizo los gustos del arzobispo Loayza,
quien encargó a Alonso Beltrán (1564) el diseño de
un edificio a la altura de tan importante sede virrei-
nal. El proyecto pecaba de ambicioso y estaba inspi-
rado en la catedral de Sevilla. Debido a que la inver-
sión requerida salía de las posibilidades de la arqui-
diócesis, el virrey Martín Enríquez encargó en 1582
un nuevo diseño al arquitecto extremeño Francisco
Becerra, que venía de trabajar con éxito en México
y Quito. Becerra también edificó la sacristía, la cual
se ha conservado a través del tiempo de manera mu-
Fachada de la casona de Osambela, Lima. cho más fiel a su diseño original.

558
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

Basílica de Nuestra Señora de la Merced, Lima,


muestra del barroco salomónico.

Su plan comprendía una construcción de


tipo Hallenkirche o iglesia salón. Los arran-
ques de las bóvedas de las tres naves nacían
a la misma altura y a los lados de las naves
menores se abrían las capillas laterales. El
muro trasero era plano y las bóvedas de aris-
ta (góticas) se apoyaban sobre pilares de
planta cruciforme. El plano de perfiles regu-
lares y limpios expresaba un purismo rena-
centista. El coro se ubicaba en la parte media
de la nave central, aunque en el siglo pasado
se trasladó a la zona del presbiterio. Su dise-
ño fue imitado más tarde por la catedral del
Cuzco, aunque la limeña es más esbelta que
la cuzqueña porque en su fachada “su masa
se atenúa por estar dividido el frente por contra- nas por pilastras. El frontis se concluyó en 1645,
fuertes, por presentar una estructura más plana y con una cornisa a manera de frontón partido, de no-
formas más menudas en las portadas, y por la divi- table repercusión en obras posteriores de la arqui-

VIRREINATO
sión en recuadros de las bases de las torres, cuyos tectura virreinal.
campanarios neoclásicos son mucho más elevados Los principales conventos toman su forma defi-
que en el Cuzco”. nitiva en los comienzos del siglo XVII. En algunos
Doblado el siglo XVII (1604), se inaugura la par- casos se adicionan segundas plantas que incluyen
te del crucero y el ábside de la nueva catedral, y se arcos más pequeños con ojos de buey como en San
destruye el anterior templo para alargar las naves. Agustín, o con doble número de arcos como ocurre
Pero un lustro más tarde todas las techumbres de en San Pedro. En cambio, los claustros menores
piedra se desploman tras el terremoto de 1609. Só- presentan una simetría exacta entre los arcos infe-
lo se conservan hasta nuestros días la bóveda de riores y superiores, aunque los de la segunda plan-
arista de la sacristía y la portada manierista de este ta suelen ser trilobulados, adquiriendo de esta ma-
recinto. Una junta de “peritos en el arte de la edifi- nera un cierto sabor mudéjar. Los monasterios son
cación” recomendó entonces el uso de unas bóve- menos regulares, las monjas prefieren modelos me-
das vaídas de ladrillo en las naves –más achatadas nos ordenados, construyendo como en el célebre
que las de medio punto–, con nervaduras góticas. cenobio arequipeño de Santa Catalina, una multi-
Esta mixtura tecnológica se extendió a otros tem- tud de pequeñas casitas separadas por calles, que
plos y perduró en la catedral hasta el terremoto de forman una diminuta urbe dentro del recinto amu-
1746, cuando las bóvedas debieron sustituirse por rallado. Generalmente las más acomodadas “espo-
otras exactamente iguales, pero de madera y yeso. sas de Cristo” dejan sus hogares sin perder su esta-
Martínez de Arrona prosiguió la obra de Becerra tus social, siendo acompañadas por sirvientas y es-
en una segunda fase de la edificación, dejándola lis- clavas, por lo que se forman pequeñas unidades do-
ta en 1622 para su posterior consagración (1624). mésticas con cámara, recámara y zona de servicio.
Este especialista también diseñó la portada frontal Sólo en épocas más tardías los monasterios constru-
de la catedral en 1632, pero sólo logró edificar el yen claustros periféricos, en los que se agrupan las
primer nivel. Se trata de una portada de dos cuerpos salas de estudio, el refectorio, la sala capitular y
donde se intercalan columnas corintias y nichos pa- otros espacios comunes.
ra esculturas a la manera de las calles de los reta- En el siglo XVII, época del esplendor limeño, las
blos. Nacen de este modo las “portadas-retablo” que iglesias conventuales comienzan a ser modificadas y
después se generalizarán en las iglesias provincia- adoptan una planta basilical. La iglesia de La Mer-
nas. A la muerte de Arrona en 1635, Pedro Nogue- ced de Lima es reconstruida después de 1628 por
ra se hizo cargo del segundo cuerpo de la portada, Pedro Galeano, adquiriendo la forma de cruz latina,
variando el diseño precedente al sustituir las colum- con cúpula en el crucero. La nueva estructura con-

559
Patrucco

Iglesia de San Francisco, Lima.

tuye “la más renacentista de las igle-


sias limeñas”, aunque sus sobrias
portadas señalan la transición del
manierismo al barroco. Después del
terremoto de 1746 sus bóvedas de
crucería serán reemplazadas por bó-
vedas de cañon seguido, confeccio-
nadas en madera.
La iglesia de San Francisco fue ree-
dificada entre 1657 y 1674, con los
planos del portugués Constantino
Vasconcellos, aunque posteriormen-
te asumió la obra el limeño Manuel
de Escobar. El nuevo edificio señala
la cumbre de la arquitectura limeña
del seiscientos. Si bien la iglesia si-
gue los pasos inaugurados por La
Merced en cuanto a la planta basili-
VIRREINATO

cal, se distinguirá por algunas nove-


dades estéticas y técnicas. La nave
principal presenta bóveda de cañón
con arcos fajones, técnica que Esco-
templa capillas cuadradas cubiertas con copulines, y bar había implantado en Lima al levantar la iglesia
una nave central con bóvedas vaídas de nervadura, de San Juan de Dios en 1669. Se incluyen unos lu-
cambiadas posteriormente por bóvedas de cañón de netos de quincha en el techo que dan lugar a las
madera. En los pies de la nave se alza el coro alto. ventanas. La gran fachada-retablo es anterior a La
Particularmente hermosa es la portada-retablo Merced y a la de San Agustín, en las cuales dejaría
de 1704, atribuida a Cristóbal Caballero y profusa- su sello, y traslada al exterior la magnificencia inter-
mente decorada con columnas salomónicas y hor- na del templo. Asimismo la portada guarda mucha
nacinas en los intercolumnios. Esta portada está di- semejanza con el altar de la Inmaculada Concep-
vidida en dos plantas y contiene un juego de fron- ción, que presenta las mismas columnas corintias y
tones escalonados que termina en un frontón parti- semejante trabajo de melcochado en el tercio infe-
do. Llama también la atención la combinación de rior de los fustes.
piedras de distintas tonalidades, que van desde el Enmarcada por dos campanarios gemelos de ba-
gris claro hasta el rojo. La Merced tiene además la se almohadillada, la fachada de San Francisco con-
única portada capitalina con influencia mestiza. sigue un efecto de verticalidad diferente al de otras
Durante el furor neoclásico fue “adaptada” al nuevo portadas-retablo. El frontón curvo y partido que co-
canon, borrándose la apariencia de la piedra con rona la fachada imita el modelo de la catedral. El ex-
quincha y estuco, pero a mediados del presente si- terior de la iglesia posee además la singularidad de
glo se le devolvió su antigua prestancia. La iglesia tener una amplia explanada delantera donde se si-
de la Merced es sin lugar a dudas, el más bello ejem- túan el atrio y la plazoleta, brindando una sensación
plo del barroco salomónico en Lima. de amplitud, de la que carecen la mayoría de los
La iglesia San Pedro, perteneciente a la Compa- templos capitalinos. Completando el conjunto a
ñía de Jesús, y llamada originalmente Colegio Máxi- uno de los lados del atrio se ubican la portería del
mo de San Pablo, sufre su tercera reconstrucción convento y las iglesias de la Soledad y del Milagro.
entre 1624 y 1636, siendo consagrada dos años más También Santo Domingo adquiere planta basili-
tarde. Tiene como lejano modelo el Gesú de Roma, cal y tras el terremoto de 1687 cambia sus techos
que oficia como la iglesia más importante de la con- mudéjares por bóvedas vaídas de nervadura, reali-
gregación de los hijos de Loyola. San Pedro consti- zadas en madera. El dominico fray Diego Maroto,

560
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

notable arquitecto de la época, esbozará el campa- barroca. También los agustinos erigieron un claus-
nario del templo, realizando además otros trabajos, tro menor, al tiempo que implementaron un intere-
como la antigua portada de la iglesia de la Concep- sante conjunto de época en su recargada sala capi-
ción. También le pertenece el singular claustro cir- tular (1730), recinto decorado por tallas, ménsulas
cular del colegio dominico de Santo Tomás (1669), y veneras.
probablemente inspirado en el palacio granadino de Casi todas las magníficas construcciones lime-
Carlos V. ñas desaparecieron o fueron arruinadas por el catas-
El templo de San Agustín seguirá fiel a su estilo trófico terremoto de 1746, que alcanzó los 8,4 gra-
gótico-mudejar hasta las postrimerías del seiscien- dos en la escala de Richter, según estudios compa-
tos. Iniciada su construcción en 1549, se terminó en rativos. El Callao sufrió al mismo tiempo un des-
1637 siguiendo el modelo de su antigua planta. Sin tructivo maremoto, que prácticamente borró del
embargo, entre 1681 y 1697 fue modernizada, de- mapa sus construcciones. La ciudad completamen-
moliéndose la zona de crucero. Durante la siguien- te en ruinas tardaría en cerrar sus heridas pese a la
te centuria (1720) se le agregará la churrigueresca y dedicación y las iniciativas de algunos gobernantes
monócroma fachada, que ha sido atribuida a Diego como el conde de Superunda. Pero nunca retorna-
de Aguirre, quien ejecuta el altar mayor del templo ría a su antigua opulencia porque la introducción de
imitado por la portada. En esta última se elevan las reformas borbónicas provocó un proceso de em-
unas llamativas columnas salomónicas con racimos pobrecimiento de la capital, que se reflejó en la ca-
y vides, ornamentación pétrea que simula el trabajo lidad de sus edificaciones. Sin embargo, el espíritu
de la madera. La portada, con tres calles y tres altos constructivo no amainará, planeándose paseos y

VIRREINATO
cuerpos culminados en elevada ventana coral, tiene alamedas, y algunos templos como los Huérfanos y
en cada nivel arcos cortados que recuerdan el inspi- las Nazarenas. Hacia 1790, con la irreflexiva impo-
rador frontón partido de la catedral. En los interco- sición del estilo neoclásico, se transformarán los
lumnios se ubican nichos que albergan numerosas templos, destacando el presbítero Matías Maestro
esculturas, destacando en la zona central la del doc- como remodelador de la urbe (García Bryce 1971:
tor de la Iglesia San Agustín de Hipona. La fachada, 30-31, 62-68; Wuffarden 1994: 524-530; Gutiérrez
que lleva a su máxima expresión la idea de portada- 1983: 153 y ss.; Bernales 1989: 105; San Cristóbal
retablo, es a juicio de muchos estudiosos la más 1988: 43,111-151,301-330; Velarde 1978:197 y ss.;
connotada de las realizadas en la capital. Bayón 1974: 101 y ss.; Maquet-Maquedonski y Nú-
Mas no todas las iglesias pudieron solventar el ñez-Carvallo 1994: 86).
derroche de sucesivas ampliaciones y remodelacio-
nes. Las iglesias secundarias, en especial los monas- Cuzco
terios de Santa Catalina, la Recoleta y las Descalzas La ciudad del Cuzco asentada sobre la antigua
de San José, conservan su antiguo planeamiento capital imperial de los incas, sufrió algunas trans-
hasta nuestros días. Por las mismas razones econó- formaciones iniciales para permitir el paso de cabal-
micas o por consideraciones estéticas no prosperó gaduras, para lo cual se desplazaron algunos muros.
la costumbre de las portadas-retablo fuera de los ca- Posteriormente, durante el sitio al que la sometió
sos nombrados. Se prefirieron las tradicionales por- Manco Inca (1536-1537), fue asolada por incendios
tadas de estuco, tal como se puede apreciar en la sa- y ataques militares. Como consecuencia, muchos
cristía barroca de San Francisco (1622) realizada edificios incaicos fueron desmantelados. Poco des-
por Lucas Meléndez, y en las fachadas traseras de la pués, las edificaciones a la española se levantaron
catedral, llamadas de Santa Apolonia y San Cristó- con piedras extraídas de los viejos muros, o sobre
bal (1732), planeadas por el mulato Santiago Rosa- los cimientos de antiguas paredes. Esta superposi-
les; en la de Jesús María (de 1721, destacando este ción arquitectónica, ideada en nombre de la practi-
templo por conservar su retablería barroca comple- cidad y el ahorro, pasó a simbolizar la conquista y
ta) y en la bella iglesia de las Trinitarias (1722). En el dominio de un nuevo Dios.
este período se levantarán algunos claustros meno- No resulta casual que se aprovechara la estructu-
res como el patio de los Doctores en la Merced ra del Coricancha, o templo del sol, para levantar
(1730), donde se encuentran los bustos en estuco Santo Domingo, donde se utilizó el famoso muro
de los doctores de la orden, o las galerías francisca- curvo del santuario prehispánico para elevar el áb-
nas de San Buenaventura y San Francisco Solano (c. side. También es revelador que el monasterio de
1732), que están unidas por una escalera de factura Santa Catalina se emplazara sobre el antiguo Aclla-

561
Patrucco

Una vista de la iglesia de Santo Domingo, edificada


sobre los restos del Coricancha, en el Cuzco.

puso en 1598. Este proyecto sigue con tanta


fidelidad las pautas de la catedral de Lima, que
se piensa que el mismo Becerra que dirigió las
obras en la capital debió encargarse del trazo
de la del Cuzco. En 1605 Bartolomé Román
continúa la obra y luego Miguel Gutiérrez
Sancio toma la posta. Concluido su pétreo cas-
co en 1644, sorteó con éxito el terremoto de
1650 y tras algunas reparaciones fue finalmen-
te consagrada en 1669.
A diferencia de su similar de Lima, la cate-
dral cuzqueña tiene la solidez de la piedra. Sus
bóvedas, de ladrillo y no de madera, son ner-
vadas. El coro se encuentra a los pies de la na-
ve central, que es más ancha y horizontal que
huasi, o residencia de las “vírgenes del sol”. Un nue- la de Lima, y está compuesta por ocho tramos en vez
vo Dios reemplazaba a todos los demás y la sumisión de nueve. Su decoración interior es gótico-renacen-
VIRREINATO

política, económica y social de los nativos se expre- tista, pero su gran portada-retablo, esculpida entre
saba arquitectónicamente por doquier, en cada pa- 1651 y 1657, se afirma en el peculiar barroco cuz-
red, casa o edificio público. queño. Se presume que el autor de la obra fue Fran-
Los vestigios quinientistas en la arquitectura de la cisco Domínguez de Chávez y Arellano, quien repi-
urbe cuzqueña son raros. Las más antiguas eviden- tió algunos elementos de la catedral de Lima, entre
cias las encontramos en la parroquia de Santiago, o ellos el frontón quebrado.
el templo de Santa Ana que data de 1622 y que pre- El terremoto de 1650 cambiaría la faz del Cuzco.
senta nave sin crucero, presbiterio de bóveda con El terrible seísmo que duró más de “dos credos” des-
nervaduras y una portada manierista. De la misma truyó por completo la ciudad, como lo puede testi-
época son los claustros de San Francisco, Santo Do- moniar Diego de Esquivel y Navia en sus Noticias
mingo y las galerías de la Compañía, todos ellos con cronológicas de la gran ciudad del Cuzco: “arruinóse
arquerías llanas de medio punto, sostenidas por co- casi todas las casas de la ciudad y las más de ellas po-
lumnas pétreas de fuste monolítico. co más que hasta los cimientos y las que no cayeron
Diferente es el caso de las iglesias rurales, erigidas quedaron de manera abiertas y rajadas que en ningu-
en tiempo de Toledo para las “reducciones de in- na se podía habitar con seguridad... ... la iglesia cate-
dios”. Una sucesión de iglesias como las de Urcos, dral antigua quedó abierta de manera que los seño-
Oropesa, Huasac, Huaro, San Jerónimo, Cai-Cai y res prebendados no teniéndose por seguros en ella
Andahuaylillas conservan casi intactas sus ca-
racterísticas quinientistas, con muchísimas re-
miniscencias arcaizantes. Habitualmente cons-
tan de una sola nave con arco triunfal entre el
cuerpo y el presbiterio, y cubiertas de par y nu-
dillo o artesonados mudéjares. Hacia el exterior
presentan capillas y explanadas para predicar a
grandes multitudes.
Especial interés reviste la ejecución de la
iglesia catedral del Cuzco. La primera construc-
ción, terminada en 1563 bajo los designios de
Juan Miguel de Veramendi, fue reemplazada
por un templo mayor, cuya primera piedra se

Iglesia de Andahuaylillas, Cuzco.

562
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

Iglesia de la Compañía de Jesús, Cuzco, obra maestra del


barroco colonial.

para celebrar los divinos oficios erigieron en la


plaza sitio... ...lo mismo hicieron las religiones
que siguieron los ciudadanos, viviendo en las pla-
zas y huertas y chozas de lienzos y toldos... ... el
convento de Santo Domingo cayó todo él sin que-
dar iglesia, celda, claustros ni otra alguna ofici-
na... ...el de San Francisco padeció grandes ruinas
porque cayéronse la iglesia, coro y campanario re-
cién fabricado de cantería... ...en el convento del
glorioso San Agustín padeció la misma calami-
dad... ...cayó toda la iglesia de la Compañía de Je-
sús…”.
Las obras de reparación empezaron casi de in-
mediato, pero el impulso reconstructivo se redo-
bló en 1673, con la llegada al Cuzco del obispo
don Manuel de Mollinedo y Angulo. El cultísimo
prelado madrileño se trasladó a la antigua capital

VIRREINATO
de los incas llevando una espléndida pinacoteca,
con obras de los mejores pintores del momento.
Hizo despliegue de un refinado gusto por la esté-
tica barroca y nadie pudo contener su avasallador
deseo de arrasar con todo rastro arcaizante en la
ciudad que se levantaba de las ruinas. Bajo su go-
bierno (1673-1699) se erigieron no menos de me-
dio centenar de iglesias desde su primera piedra,
se reconstruyó el Cuzco que ha llegado hasta no- tre pilastras, siendo coronadas por copulines octo-
sotros y siguiendo las pautas del barroco se irradió gonales y unos pináculos.
el estilo hacia el altiplano, como lo demuestran los Las iglesias de la Merced (1675) y San Francisco
bellos templos de Ayaviri, Lampa y Asillo. De este (1652) son muy semejantes en su estructura. Las
modo, tras el terremoto de 1650 surgirá una ciudad dos presentan planta de cruz latina y tres naves pa-
homogénea de gran fuerza expresiva, con templos ralelas separadas por arquerías con pilastras tosca-
en donde los recios muros de piedra harán resaltar nas y bóvedas de crucería. La portada de la Merced
aún más las portadas barrocas, y casas que mostra- es “la más delicada del manierismo cuzqueño”.
rán una armonía estilística con el conjunto. Seme- Las iglesias de monjas de nave única son de me-
jante sensación de grandiosidad se manifestará al nor envergadura. Asombran por su armonía la de
interior de las iglesias, pues los llanos y pulidos mu- Santa Clara (1622), dejada casi intacta por el terre-
ros de piedra evidenciarán de manera impactante la moto y con portada renacentista, y la de Santa Ca-
exuberante talla dorada de los retablos barrocos. talina con dos ingresos laterales y coro frente al al-
La iglesia cuzqueña de la Compañía de Jesús se tar mayor. Esta última posee una fachada gemela a
revela como la obra maestra del barroco colonial. la iglesia de Santa Teresa, denotando en sus trazos
Levantada entre 1651 y 1668, tiene una única nave barrocos algunos elementos del manierismo tardío.
con planta de cruz latina y capillas laterales. El cru- Internamente Santa Teresa tiene un coro perpendi-
cero está techado con una cúpula sobre tambor cular al presbiterio y entrada por los pies de la nave
mientras el resto se cubre con bóvedas de crucería central.
nervadas. El exterior del templo causa un efecto de Durante el “período Mollinedo” se termina de
elevación y no descuida la unidad con el interior. La edificar la iglesia de San Sebastián (1678), levanta-
portada se integra con los campanarios por la gran da en adobe pero con una hermosa portada-retablo
cornisa trilobulada que da unidad al edificio. Las to- diseñada por Manuel de Sahuaraura, que se consti-
rres son de dos tramos y presentan ojos de buey en- tuye en un hito del barroco. También a esta etapa

563
Patrucco

corresponde San Pedro (1699), que sigue los planos iglesias de Jesús María (1735), el Triunfo (1732) y
de Juan Tomás Tuyru Tupac y tiene una gran correc- el campanario dominico (1731), de bellas pilastras
ción académica. La iglesia que pertenecía al hospi- salomónicas (García Bryce 1971: 35-40; Wuffarden
tal de naturales nos recuerda el templo de la Com- 1994: 537-540; Bernales 1987: 247, 274-275; Velar-
pañía, por las capillas en nicho, la cúpula sobre de 1978: 131 y ss.; Bayón 1974: 67 y ss.).
tambor y los campanarios.
La iglesia de Belén (1698) fue patrocinada por Trujillo
don Manuel de Mollinedo y su sobrino Andrés, y La ciudad de Trujillo fue fundada en 1535, sólo
pese a su sencillez despliega brillantes líneas y pre- dos meses después que Lima. El trazo de Miguel de
senta una sutil armonía. De dimensiones más bien Estete tendrá una planimetría muy regular, con la
pequeñas, tiene sólo una nave y carece de crucero, plaza en el centro, materializándose así la idea de la
además de poseer una cornisa continua que alberga ciudad renacentista. Pero después toda el área urba-
un relieve de los Reyes Magos, y una portada trape- na se rodea de murallas edificadas según los manda-
zoidal de influencia incaica. También por entonces tos del duque de la Palata (1687). La localización
se alzan los muros del claustro de la Merced (c. costera la llevará a tener similitudes arquitectónicas
1663), con dos grandes escaleras que reflejan un con la capital del virreinato, pues el clima y la pari-
medio camino entre el manierismo y el barroco. dad de los recursos constructivos así lo imponen.
También encontramos columnas de piedra que imi- Los terremotos destruyeron repetidas veces la ciu-
tan una talla de madera con decoración de escamas dad, siendo especialmente devastadores los ocurrri-
y diamantes, y pilares almohadillados. No menos dos en 1619, 1636, 1687 y 1759, que borraron de la
VIRREINATO

importante es la portería del Colegio Mayor de la memoria los edificios de los siglos XVI y XVII.
Compañía –colindante con la iglesia–, cuya cúpula La ciudad fue elevada a sede episcopal en 1616,
nervada apoyada sobre cuatro pilares se constituye por lo cual un sencillo templo mayor asumió la ca-
en “uno de los más perfectos espacios de planta tegoría catedralicia. El sismo de 1619 echó por tie-
central del Perú”. Al llegar el siglo XVIII, la arqui- rra dicha edificación y el de 1636 volvió a desplo-
tectura eclesiástica del Cuzco está casi concluida, y mar el templo recién reconstruido. La tercera cons-
sólo quedarán por hacer las pequeñas y céntricas trucción de la catedral, planificada por fray Diego
Maroto en 1643,
sólo se terminó en
1666. Tres años
más tarde se le
añaden cúpulas
sobre el presbite-
rio y la cripta ma-
yor, bajo el diseño
de Nicolás de Ro-
jas. La iglesia con
planta procesional
de tres naves, cruz
latina y coro sobre
la nave central, su-
frió daños meno-
res durante el te-
rremoto de 1759,
luego del cual fue
sometida a una
restauración, do-
tándola de las vo-
luminosas torres

Catedral de Trujillo,
La Libertad.

564
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

de la actualidad. Su aspecto es
sobrio y sus líneas simples. Sólo
sobresalen los pilares, los arcos
fajones y las bóvedas de arista de
ladrillo. Y todas las superficies
están enlucidas y encaladas.
La iglesia de la Compañía
(1640) presenta una interesante
variante de la planta basilical,
contando con tan sólo capillas
laterales en los dos tramos veci-
nos al presbiterio. De esta mane-
ra se simula una inexistente cruz
latina. Su hermosa portada de
Alonso de las Nieves tiene dos
cuerpos separados por colum-
nas jónicas y corintias. Ello con-
trasta con el aspecto macizo y
arcaico del resto de la construc-
ción, por lo que muchos consi-

VIRREINATO
deran que es “uno de los mejo-
res ejemplos de la transición del
manierismo al barroco”. Iglesia de Santo Domingo, Trujillo, La Libertad.
Santo Domingo fue arruina-
da en 1619 antes de ser conclui-
da, por lo que debió ser reedificada en 1641 y refac- mantiene fiel a su función original, siendo una pe-
cionada en 1759. Su planta basilical, de cruz latina, queña ciudadela amurallada en donde el tiempo se
se halla cubierta por bóvedas vaídas de ladrillo. La ha detenido. Rodeando la ciudad se encuentran los
extrema anchura de su edificación brinda la sensa- templos rurales de Huamán y Mansiche de princi-
ción de horizontalidad y solidez. Sus volúmenes ex- pios del siglo XVIII. Las techumbres de ambos son
ternos son sencillos y sólo destaca su clásica y so- ensambles de madera, bajo el sistema de par y nudi-
bria portada y un alargado campanario. La Merced llo. El segundo de los recintos presenta una portada
se singulariza en cambio por las pechinas pintadas clasicista, mientras el primer templo llama la aten-
con la vida de San Pedro Nolasco y por su cúpula ción por su elaborada portada barroca en estuco po-
central, hoy en día de madera. En San Francisco licromado, con esbeltas columnas, doble frontón
conviene destacar la torre octogonal, mientras en quebrado y sirenas tocando charango. Otra varie-
San Agustín sorprende su larga bóveda de cañón dad de barroco mestizo es la que adorna la sobria y
apoyada sobre muros de adobe, que han sido perfo- maciza iglesia de Huanchaco, desde cuyo promon-
rados con arcos para permitir la comunicación con torio y alta torre se pueden otear largas distancias
las naves laterales. (García Bryce 1971:58-60; Wuffarden 1994: 555-
En el siglo XVIII se construyen los templos de 556; Velarde 1978: 324 y ss.).
Belén, Santa Ana, Santa Rosa, Santa Teresa y San Lo-
renzo, que tienen sobrias líneas. Esta sencillez ex- Huamanga
presiva marca la arquitectura de una ciudad asolada Fundada por Pizarro en 1539 como importante
por los terremotos, y más bien corresponderá al mo- sede de encomenderos, Huamanga alcanzó durante
biliario litúrgico que engalane las construcciones, el siglo XVII un altísimo rango debido a su condi-
conservándose magníficos retablos de diversos pe- ción de ciudad comercial, pues era obligado itinera-
ríodos, y muy notable escultura. rio de los arrieros que se dirigían al Cuzco. Dicha
Muchos conventos trujillanos han sido reutiliza- pujanza la convierte rápidamente en obispado,
dos con fines civiles, pudiéndose observar todavía creándose su universidad en 1677 y albergando una
las arquerías de medio punto con pilares cuadrados. regular población que se reclina y ora en sus 33
Sin embargo el monasterio del Carmen (1724) se iglesias. Convendrá anotar que sus templos nunca

565
Patrucco

tuvieron las magnas proporciones de las construc- te luce una fisonomía absolutamente diferente. Pre-
ciones cuzqueñas. Sus piedras de origen volcánico y senta planta procesional de cruz latina, coro sobre
de tonalidad grisácea confieren una cierta pátina la nave central y naves laterales de menor altura, lo
melancólica a sus edificaciones, en especial a sus que rompe la idea de la planta salón. El obispo Cris-
patios. Sus sobrias fachadas mantienen un fuerte ca- tóbal de Castilla y Zamora finalmente la terminó en
rácter renacentista y los campanarios adquieren sin- 1672, lo que ha llevado a considerarlo el “Molline-
gular fisonomía, con sus cupulines semiesféricos y do huamanguino”.
puntiagudos pináculos, que se ven reproducidos en La Compañía de Huamanga se edifica entre 1614
las iglesitas artesanales de Quinua. Interiormente y 1693, presentando una disposición bastante dife-
los templos presentan una sola nave, a excepción de rente al Gesú de Roma, modelo que habitualmente
la catedral y San Francisco, con interesantes traba- siguen las iglesias jesuíticas. El templo de una sola
jos de molduras y cornisas. nave, cubierta con bóveda de cañón y capillas late-
La iglesia que mejor conserva sus características rales, adquiere un aspecto arcaico. La fachada rena-
originales es la de Santa Clara, donde se aprecia cla- centista soporta un frontón partido sobre la porta-
ramente una planta gótico-isabelina, con arco triun- da. Las torres dieciochescas están decoradas con hi-
fal entre el presbiterio –de techo mudéjar– y la na- leras de flores y relieves geométricos, y coronadas
ve cubierta con una estructura de par y nudillo. de capiteles bulbosos de raigambre rococó.
Destaca además una bella portada renacentista. La Santo Domingo (1715) se eleva sobre una plan-
catedral planeada por el jesuita Martín de Aizpitar- ta de cruz latina, de amplia nave y brazos apenas in-
sinuados. Exteriomente presenta
VIRREINATO

una galería de tres arcos en el se-


gundo cuerpo de la portada y una
alta espadaña de tres ojos. Ello nos
recuerda las capillas abiertas del
Alto Perú. La iglesia de San Fran-
cisco va precedida por una porta-
da del siglo XVI y su planta, modi-
ficada en 1723, insinúa con sus
naves de disposición transversa, la
idea de la Hallenkirche o iglesia sa-
lón. El monasterio de Santa Teresa
(1703) en cambio, sugiere una
fuerte influencia manierista. San
Francisco de Paula, de una nave y
cúpula en el crucero, la Buena
Muerte, Santa Ana y San Juan de
Dios son levantadas durante el si-
glo XVIII y presentan por el con-
trario una simplicidad antibarroca
en sus fachadas (García Bryce
1971: 48-51; Wuffarden 1994:
550; Velarde 1978: 286 y ss.).

Arequipa
La fundación española de Are-
quipa se remonta a 1540. A partir
de entonces, sin prisa pero sin
pausa, se irá gestando un extenso
y activo circuito comercial que
tiene como centro esta ciudad,

Iglesia de Santo Domingo, Ayacucho.

566
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

abarcando desde el Alto Perú hasta las zonas coste-


ras entre Camaná y Tarapacá. Tal espacio geográfi-
co proveyó la riqueza que quedó retratada en las
casonas solariegas y en los macizos edificios reli-
giosos de piedra sillar. Los insistentes terremotos
de 1600, 1601 y 1687 produjeron una peculiar ar-
quitectura que no apelaba a las estructuras flexibles
y livianas, sino a voluminosas masas reforzadas por
recios contrafuertes, realizados con el abundante y
dúctil tufo volcánico. El sillar, mezclado con hor-
migón y luego tallado y pintado a la cal, sería utili-
zado tanto en los muros de cimentación como en
las bóvedas de las edificaciones, haciendo innece-
sarios la escasa madera y el ladrillo.
La ciudad resurge de sus sucesivas ruinas, pero a
fines del seiscientos ya está definido un particular
estilo barroco-mestizo, que ha llegado hasta noso-
tros. El “brutalismo” estructural es contrapesado
por la delicadeza de la ornamentación de herencia
plateresca, que exorna portadas y ventanas. Este ti-

VIRREINATO
po de decoración que se inicia en los trabajos de la
iglesia de Santo Domingo y adquiere madurez con Iglesia de la Compañía, Arequipa.
la regia portada de la Compañía, se extiende por
igual en la construcción civil como en la religiosa.
Las iglesias conventuales tienen frecuentemente En la Merced arequipeña (1657) también inter-
planta de cruz latina, capillas interconectadas, so- viene el genio de Aldana. Dicho templo tiene pro-
brios campanarios y cúpulas macizas y apaisadas, porciones menores que la Compañía y es cubierto
sostenidas por recios contrafuertes escalonados y por una bóveda de cañón que termina en cúpula so-
machones coronados por pináculos. Dentro de estas bre el ábside. Santo Domingo (1680) en cambio
edificaciones la más antigua es San Francisco, dise- presenta mayores proporciones y su portada lateral
ñada por Gaspar Báez. Esta iglesia de finales del si- mestiza podría ser la más antigua de la región. Su
glo XVII posee un muro testero curvo y capillas portada principal comprende “un solo arco de me-
agregadas posteriormente. La fachada y la portada diopunto flanqueado por claras pilastras compues-
evocan el léxico renacentista. tas de espigados cuerpos superpuestos que se alzan
También el templo de la Compañía de Jesús de para alcanzar la elevada cornisa; ésta se abre, se
fines del siglo XVII, cuyo diseño correspondió al quiebra y limita el tímpano del frontón con una gra-
maestro Juan de Aldana, es clásico ejemplo de una ciosa curva envolvente y rebajada”.
concepción espacial renacentista. Las columnas de Los conventos son habitualmente de una planta
orden jónico sostienen la bóveda de cañón y rema- y sus corredores cubiertos con bóvedas de cañón se-
tan en una cúpula que ampara el presbiterio. El ex- guido, o de arista, circundan un espacio central, y
terior muestra una portada lateral atribuida a Simón están apoyados en recias columnas de base cuadra-
de Barrientos (1645), que representa a Santiago Ma- da. La decoración se reduce a simples molduras, im-
tamoros y varias sirenas que lo circundan. La exqui- postas y cornisas, aunque se encuentra una excep-
sita portada principal de 1698 es una obra maestra ción en el claustro jesuita (c. 1738), donde los lados
de estilo barroco-mestizo. Bajo un amplio frontón de las columnas se prestan para una exuberante or-
trilobulado se desarrolla una portada-retablo, con namentación naturalista, atribuida a Lorenzo Panti-
columnas corintias pareadas, cuyo fuste presenta en goso. Los monasterios de Santa Teresa y Santa Cata-
el tercio inferior el trabajo de “melcochado”. Estas lina conservan aún hoy su fisonomía virreinal, ejer-
columnas sostienen los dos cuerpos de la portada, ciendo este último una especial atracción para el vi-
que permiten ubicar centralmente una ventana co- sitante contemporáneo, porque ejemplifica lo que
ral y pináculos. La ornamentación desarrolla planos fueron otras ciudadelas religiosas de la colonia. Co-
y nutridos motivos naturalistas. mo bien lo ha expresado José García Bryce: ”se agre-

567
Patrucco

da Concepción de Yanque, entre cuyas dos


gruesas torres se enmarca un impresionante
tapiz de piedra de la fachada principal, con la-
brado planiforme de follajería e imágenes de
santos. No menos interesante resulta Santiago
de Coporaque con su fachada de tres niveles
coronada por una larga tribuna abierta al atrio
de cinco vanos. Destaca en un costado una ca-
pilla lateral con notable portada renacentista.
El templo de Santa Ana de Maca posee una
hermosa portada y tribuna exterior además
del característico arco cubierto, que es la pro-
yección de la bóveda de cañón sobre la parte
saliente de las torres. La Purísima Concepción
de Lari posee también arco cubierto y sus pro-
porciones son mayores que las de las iglesias
vecinas. Cuenta asimismo con planta de cruz
Galería de los confesionarios adornados con pinturas al óleo en los latina y macizos volúmenes en sus torres (Ve-
netos de los arcos, Monasterio de Santa Catalina, Arequipa. larde 1978: 236-264; Patrucco et al. 1995:
108-111; Tord 1983; García Bryce 1971: 45-
VIRREINATO

47; Wuffarden 1994: 542-544).


ga al conjunto del monasterio propiamente dicho,
una zona que bien podría llamarse urbana, ya que, Puno
a manera de un burgo medieval, está formada por La región del Collao irrigada por el lago Titicaca
angostas calles y plazas pequeñas que se fueron era la antesala del mítico Potosí y poseía un enor-
creando por las religiosas de fortuna que construían me potencial agropecuario y minero, como es evi-
para sí pequeñas viviendas con cámara, recámara, denciado por las notables fortunas personales de
patiecito y una habitación para la criada o esclava. los curacas lupacas. La zona estuvo originalmente
Encerrado dentro de los altos muros del monasterio entregada a la actividad misional de los dominicos,
este conjunto forma, en el sentido literal de la pala- pero en 1576 los jesuitas tomaron a su cargo la la-
bra, una verdadera ciudad dentro de otra ciudad”. bor pastoral. Se inicia de este modo un período de
En el área suburbana de la ciudad del Misti se expansión de la fe, levantándose simultáneamente
encuentran las iglesias de San Miguel de Cayma más de dieciséis iglesias, siete de las cuales se ha-
(1746) de tres naves y cúpula, con portada precio- llaban concluidas al llegar la nueva centuria. La es-
sista; San Juan Bautista de Yanahuara, de fachada tética de este primer momento es especialmente
unitaria y cúpula central; y la del Espíritu Santo de anacrónica, pues en la arquitectura se reproducen
Chihuata, donde además del trabajo de su portada, modelos gótico-mudéjares de ascendiente peninsu-
destaca la decoración de su cúpula barroca exorna- lar, entremezclados con ideas del orden renacentis-
da con innumerables ángeles. ta. Su estructura recurre al adobe, la piedra y la
Distinto es el caso del incomunicado valle del madera y techos con el sistema de par y nudillo.
Colca, dependiente también de la diócesis de Are- Las portadas de las iglesias más antiguas siguen las
quipa, donde se multiplicaron las reducciones de pautas del cinquecento. A contrapelo del paso del
indios y las iglesias rurales. En una suerte de mese- tiempo, todavía es posible contemplar casi sin va-
ta por donde se abisma uno de los más profundos riaciones los templos como San Juan de Juli, San
cañones del mundo, y sacudida por una constante Pedro de Acora y la Inmaculada de Paucarcolla, to-
actividad sísmica y volcánica, se esparcen catorce dos ellos del siglo XVI.
pueblos que compiten por poseer las más notables Bajo la gestión del obispo Mollinedo se consoli-
y hermosas iglesias. Estancado en un ille tempore vi- dará un segundo gran momento de la arquitectura
rreinal, ya que careció durante siglos de vinculación puneña. Entre 1675 y 1699 se construyeron once
con el mundo moderno, el Colca ha mantenido sus templos en la región, que no ocultan la influencia
templos en condiciones estilísticamente puras. Re- del barroco cuzqueño, como puede constatarse en
salta dentro del conjunto la iglesia de la Inmacula- las iglesias de Lampa, Asillo y Ayaviri. Son iglesias

568
El Perœ virreinal: Sociedad, econom a y arte

La catedral de Puno,
concluida en 1747,
alberga tres imágenes
reputadas como
milagrosas: la Virgen de
los Remedios, el Señor
del Quinario y el Señor
de la Agonía.

construidas en grani-
to, con planta de
cruz latina, bóveda
de piedra y cúpula
sobre el crucero. Las
capillas se hacen con
arcos sobre los mu-
ros laterales. El ter-
cer momento impor-
tante se desarrolla a
lo largo del siglo
XVIII donde el estilo

VIRREINATO
más mestizo que ba-
rroco llega a su ma-
durez. La arquitectu-
ra puneña en esta
etapa tiene fuertes
vinculaciones con la practicada en Arequipa, por la Otro ejemplo interesante es la catedral de Puno
notable decoración planimétrica y la exornación de (1757), en la que se reúnen la influencia cuzqueña,
tapiz. Nuevas formas se superponen a los viejos que se manifiesta en sus torres barrocas, y la arequi-
templos, introduciéndose el nartex, crucero, presbi- peña que se expresa en su portada mestiza, firmada
terio y torres. por Simón de Asto. La portada-retablo contiene co-
La doctrina de Juli –un campo experimental de lumnas salomónicas, imágenes de bulto y decora-
las misiones jesuitas que posteriormente se implan- ción planimétrica en el fondo, de donde surgen
taron en el Paraguay– estaba dividida en cuatro par- abundantes figuras en relieve. Repitiendo la fachada
cialidades, siguiendo las nociones espaciales de la de la catedral limeña, los frontones partidos separan
cuatripartición andina, y poseía lógicamente cuatro los dos grandes cuerpos. Fuera de los límites crono-
hermosos templos: San Juan, Santa Cruz, la Asun- lógicos de nuestro trabajo, los templos de San Pedro
ción y San Pedro. A la iglesia de San Juan se le aña- de Zepita, San Pedro de Juli y la Asunción, San Pe-
de una portada lateral muy trabajada, y también un dro de Acora y Santiago de Pupuja sufren el embate
crucero, capilla mayor y baptisterio. Algo semejan- de algunos elementos neoclásicos tardíos (Velarde
te sucederá con la Casa de Dios de Santa Cruz, que 1978: 268-283; Wuffarden 1994:546-568; García
adoptó nueva planta y un sotacoro con anchas co- Bryce 1971: 43).
lumnas salomónicas pareadas.
Dentro de este período cabe resaltar la construc- Huancavelica
ción del templo de Santiago de Pomata (1726), “pa- La ciudad de Huancavelica fue fundada en 1572
radigma de la escuela arquitectónic