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Apuntes de Derecho penal I, 2008 Prof. M. Magdalena Ossandón W.

, Pontifica Universidad
Católica de Valparaíso

CLASIFICACIÓN DE LOS TIPOS

Los tipos penales admiten diversas clasificaciones que, en su mayoría, están


vinculadas con los diversos elementos que pueden integrar la descripción típica.

1. Según la naturaleza de la conducta: delitos de acción y delitos de


omisión

Los delitos de acción consisten en ejecutar una determinada conducta


prohibida por la ley. Los delitos de omisión, en cambio, en abstenerse de ejecutar
una conducta obligada.
A su vez, entre los delitos de omisión se distingue, por una parte, los delitos
de omisión propia (o de omisión simple o pura), son aquellos en que se sanciona
el mero hecho de no realizar una conducta, con independencia del resultado que
pueda producirse. Implican una infracción de una norma imperativa. Se trata de
omisiones expresa y directamente descritas en la ley. Es el caso, por ejemplo del
delito de omisión de socorro (art. 494 Nº 14 CP).
Por otra parte, los delitos de omisión impropia o delitos de comisión por
omisión consisten en omisiones en virtud de las cuales no se evita que se produzca
un resultado prohibido. Omisiones que se consideran equivalentes a la acción por
medio de la cual se comete el delito, siempre que exista un deber especial de actuar
(posición de garante). Constituyen delitos construidos a partir de los delitos
comisivos. Por ejemplo, el delito de homicidio cometido por la madre que deja que
su hijo pequeño muera de hambre.

2. Según la descripción de las conductas: delitos simples y delitos


compuestos

Esta distinción depende de si la descripción de la conducta típica se refiere a


una sola conducta —delito simple—, o bien a dos o más conductas —delitos
compuestos o de pluralidad de actos—. En estos últimos las acciones
mencionadas en el tipo pueden ser copulativas (o delito de hipótesis copulativas)
en el que deben concurrir todas para que el delito se configure, como por ejemplo,
en el delito de ejercicio ilegal de una profesión (art. 213); o alternativas (delito de
hipótesis alternativas) en que basta la concurrencia de una de ellas para que se
perfeccione el delito, es el caso de la figura de lesiones (art. 397).
Una modalidad especial de tipo compuesto es la figura conocida como delito
complejo. Se trata de un delito en que el legislador opta por agrupar, en una sola
descripción típica, conductas que consideradas aisladamente de todos modos serían
constitutivas de delito. En el fondo, son dos delitos reunidos en uno. Por ejemplo, la
figura de robo con homicidio del artículo 433 Nº 1.

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3. Según su aspecto temporal: delitos instantáneos, permanentes y


habituales

Esta clasificación depende de la duración de la conducta, pero no en un


sentido meramente natural, sino que según la forma en que la ley prevé que se
produzca la consumación del delito. Lo concluyente es que la actividad o el
resultado determinen la aparición de un estado antijurídico de cierta duración o no.
La regla general es que los tipos configuren delitos instantáneos, esto es,
delitos que se perfeccionan con una acción y, en su caso, un resultado, cuya entera
realización es inmediata. La conducta generalmente dura un instante de tiempo
prácticamente inapreciable o no se prolonga en el tiempo; pero aunque se extienda,
lo determinante es que el delito se consuma en el instante en que se afecta el bien
jurídico del modo exigido en el tipo. Por ejemplo, el homicidio, el hurto, el falso
testimonio. En este grupo existe una subcategoría denominada delitos
instantáneos de efectos permanentes, como el delito de bigamia (art. 382 CP).
Se trata de figuras que son, en esencia, instantáneas, porque están estructuradas
sobre la base de una acción que tiene este carácter —contraer matrimonio, en el
ejemplo de la bigamia— pero a consecuencia de la acción sobreviene un estado que
se prolonga en el tiempo.
Esta subcategoría no debe confundirse con lo que se conoce como delitos
permanentes, esto es, delitos en que se requiere una acción que se prolonga en el
tiempo, de modo que suponen el mantenimiento de una situación antijurídica de
cierta duración por la voluntad del autor. En ellos la consumación se extiende en el
tiempo, con la creación de un estado delictivo. Por ejemplo, el delito de secuestro
(art. 141).
Son delitos habituales aquellos que precisan la repetición de una
determinada conducta para entenderse consumados. En ellos existen varias
acciones, cada una de las cuales, particularmente considerada, no es constitutiva de
delito; es su repetición la que configura el delito. Por ejemplo, el encubrimiento del
art. 17 Nº 4.
Por último, los delitos continuados son aquellos integrados por actos que
constituirían otros tantos delitos separados de no existir un lazo jurídico que permite
tenerlos por un solo hecho. Es decir, varias acciones perfeccionan un solo delito, a
pesar de que cada una de ellas por separado satisface el mismo tipo.
Esta clasificación es esencial para determinar el momento en que se consuma
el delito, lo que importa para determinar la competencia de los tribunales, la
legislación aplicable y la prescripción. También tiene importancia práctica en el
ámbito de la autoría y participación, pues en los delitos permanentes, aun cuando
estén consumados, son posibles la coautoría y la complicidad mientras se continúe
ejecutando el delito.

4. Según el resultado: delitos de resultado y delitos de mera actividad

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Los delitos de resultado —también llamados delitos materiales— son


aquellos en que el tipo requiere que la conducta vaya seguida de la causación de un
resultado separable espacial y temporalmente de ella. Entre la acción (por ejemplo,
disparar la pistola) y el resultado (muerte de la víctima) existe una distancia de
tiempo y espacio. Ese resultado puede ser de lesión o puesta en peligro para el bien
jurídico. En estos casos, por “resultado” se entiende la modificación del mundo
exterior como consecuencia del movimiento corporal en que consiste la acción (o de
su omisión)1.
En los delitos de mera actividad —conocidos además como delitos
formales— ello no es necesario. El delito se configura por la sola ejecución de la
conducta, de modo que la consumación coincide con el último acto de la acción. No
se requiere la producción de un resultado separable de ella. Este es el caso del
allanamiento de morada (art. 144), el falso testimonio (art. 206 y ss.) o las acciones
sexuales (art. 360 y ss.).
El significado práctico de esta distinción radica, sobre todo y como ya hemos
estudiado, en la teoría de la causalidad, que únicamente desempeña su papel en los
delitos de resultado. Por otra parte, en los delitos de mera actividad es
conceptualmente imposible la existencia de un delito frustrado, mientras que la
tentativa es posible sólo en la medida en que la conducta del tipo sea fraccionable.

5. Según la clase de atentado contra el bien jurídico: delitos de lesión y


de peligro

Son delitos de lesión o daño aquellos que producen un efectivo


menoscabo, destrucción o detrimento del bien jurídico protegido. Por ejemplo, el
delito de homicidio, en que se produce una destrucción del bien jurídico vida.
En los delitos de peligro no se produce ese efectivo detrimento para el bien
jurídico sino que éste sólo es expuesto a un riesgo, es decir, existe la probabilidad
de una lesión. Con ellos se adelanta la intervención penal a momentos previos a la
lesión del bien jurídico. Por ejemplo, el delito de abandono de niños (art. 346 CP)
protege la vida y la salud del menor, pero no requiere que se dañen esos bienes; el
delito se configura con el mero abandono que se considera un hecho de peligro para
los bienes protegidos.
Entre estos últimos se distinguen supuestos de peligro concreto y de peligro
abstracto. En los delitos de peligro concreto se requiere que exista la proximidad
de una lesión en el caso concreto, es decir, que haya un bien jurídico concreto que
ha estado expuesto al riesgo. Esto implica, a su vez, la necesidad de que se
encuentre acreditada la efectividad del riesgo sufrido. Así sucede en el delito de
incendio (art. 475) cuando se sanciona la producción de un incendio en un lugar en
que actualmente hubiere personas. En los delitos de peligro abstracto basta con
la peligrosidad de la conducta, sin que se requiera acreditar que el bien jurídico ha

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No debe confundirse este sentido de la expresión con lo que se entiende como “resultado jurídico” del
delito, que alude a la lesión o puesta en peligro de un bien jurídico.

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experimentado un riesgo efectivo. Por ejemplo, la conducción en estado de


ebriedad, o la fabricación, expendio, posesión de llaves falsas, ganzúas u otros
instrumentos destinados normalmente al robo (art. 455).

6. Según la calidad del sujeto activo: delitos comunes y delitos


especiales

Los delitos comunes o delitos de sujeto indiferente constituyen la


inmensa mayoría de los delitos, que no contiene exigencias especiales en relación
con el sujeto activo, por lo que pueden ser cometidos por cualquiera. En estos casos,
el tipo utiliza fórmulas amplias como "el que..." o "quien...".
Delitos especiales son aquellos que formulan exigencias concretas en
relación con el sujeto activo, por lo que sólo pueden ser cometidos por quienes
poseen esas determinadas calidades (funcionarios, médicos, parientes, etc.). Dentro
de esta categoría se acostumbra a distinguir entre delitos especiales propios e
impropios. En los delitos especiales propios la calidad especial exigida por el tipo
es determinante de la ilicitud del hecho, por lo que en caso de faltar dicha calidad el
comportamiento de que se trata simplemente queda exento de castigo, como
sucede por ejemplo en el delito de prevaricación (art. 223 Nº 1). Los delitos
especiales impropios, en cambio, son aquellos en que la calidad especial exigida
por el tipo no es determinante de la ilicitud, sino que es un simple factor de
agravación o atenuación; en caso de faltar dicha calidad, el hecho de todos modos
será sancionado a un título diverso. Así, el delito de parricidio (art. 390).

7. Según el tipo subjetivo: delitos dolosos, delitos culposos y delitos


preterintencionales

Ya sabemos que el aspecto subjetivo de la conducta típica puede asumir dos


formas: dolo o culpa. Los delitos dolosos son aquellos en que la persona actúa con
conocimiento y voluntad de obtener un resultado o, al menos, aceptando que éste
sobrevenga como consecuencia de la actuación; en los delitos culposos, en
cambio, se produce una lesión o daño a un bien jurídico penalmente protegido por
realizar una conducta con infracción del cuidado debido. Lo normal es que las
conductas delictivas sean ejecutadas con dolo o con culpa.
Interesa ahora destacar un tercer grupo de delitos, conocido como delitos
preterintencionales. En ellos concurren ambos elementos: un individuo ejecuta
dolosamente una conducta, pero causa un resultado más grave que aquél que se
proponía ejecutar, existiendo culpa respecto de este resultado causado. El resultado
más grave va más allá de la intención del sujeto, y de ahí, precisamente, deriva el
nombre de esta figura.
En los delitos preterintencionales existe una progresión del mal en la misma
línea de lesión que el agente pretendía causar a la víctima, una intensificación del
daño a un mismo bien jurídico o a bienes jurídicos relacionados. De aquí que pueden
distinguirse cuatro casos concretos de delitos preterintencionales:

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a) Con la voluntad de causar lesiones, se causa culposamente la muerte de la


víctima,
b) Con la voluntad de causar un aborto, se causa culposamente la muerte de la
mujer embarazada,
c) Con la voluntad de causar lesiones a una mujer embarazada, se causa
culposamente un aborto; y
d) Con la voluntad de causar lesiones de cierta gravedad, se causan
culposamente lesiones más graves que aquellas que el sujeto se proponía
inferir a la víctima.
Los delitos preterintencionales no constituyen —en principio— excepciones al
“principio de culpabilidad”, porque en ellos la pena se funda en la ejecución dolosa
de una conducta y en la producción culposa de un resultado. En otras palabras, hay
por lo menos culpa respecto de la totalidad de los hechos que dan lugar al castigo.
En relación con esta clasificación conviene mencionar también la figura de los
delitos calificados por el resultado, esto es, aquellos tipos penales que, sobre la
base de una conducta dolosa o imprudente, establecen una sanción más grave para
el caso en que se produzca un resultado determinado. A diferencia de los delitos
preterintencionales, en los delitos calificados por el resultado la sanción más grave
se establece para todos los casos en que se produzca el resultado previsto en la ley,
aunque éste no haya sido querido ni previsto por el autor, y aun cuando no fuera
siquiera previsible (no existe ni dolo ni culpa). Por ello, son considerados una
infracción al “principio de culpabilidad”.

8. Según las exigencias del tipo subjetivo: delitos de tendencia y delitos


de intención

Los delitos de tendencia, denominados también delitos de tendencia


interna intensificada, son aquellos en que se exige la concurrencia de elementos
subjetivos para conferir a la acción típica un sentido subjetivo específico; para
caracterizar y distinguir una conducta de otras que, aunque objetivamente
idénticas, son jurídicamente irrelevantes. Tal es el caso del delito de hurto, que
requiere realizar la conducta con ánimo de señor y dueño (animus rem sibi habendi).
Los delitos de intención, también llamados de tendencia interna
trascendente, son aquellos en que la intención del autor debe ir dirigida a un
resultado que va más allá del tipo objetivo, aunque no se exige que lo consiga. Entre
ellos se distinguen los delitos de resultado cortado, en que el resultado adicional
debe concurrir con posterioridad sin una nueva intervención del agente, por
ejemplo, el abuso sexual impropio (art. 366 quater); y los delitos mutilados de
dos actos, que son aquellos en los que la acción típica se dirige a realizar otra
actividad posterior del mismo sujeto para conseguir el resultado, es decir, delitos en
que el sujeto tiene un objetivo por alcanzar que debiera tener lugar con una propia

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actuación suya, después de la realización de lo objetivamente exigido en el tipo,


pero que el sujeto no necesita realizar para consumar el delito. Es lo que ocurre, por
ejemplo, en el delito de falsificación de boletas para el transporte con el propósito
de utilizarlas (art. 185).

9. Según su relación con otros tipos: delitos calificados, delitos


privilegiados, delitos autónomos

Los tipos calificados y privilegiados se definen en relación con una figura


básica (por ejemplo, el homicidio simple, art. 391 Nº 2), respecto de la cual son
iguales en cuanto a la conducta y al bien jurídico protegido, pero contemplan alguna
circunstancia agravante o aminorante. Los delitos calificados son aquellos que
incluyen algún elemento calificante (homicidio calificado, art. 391 Nº 1); mientras
que los delitos privilegiados contienen algún elemento aminorante (homicidio en
riña, art. 392).
También hay que distinguir de las cualificaciones y tipos privilegiados los
denominados delitos autónomos o independientes, que contienen todos los
elementos de otro delito, pero no son casos agravados o atenuados de éste, sino
tipos autónomos con su propia clase de injusto. Por ejemplo, es autónomo en
relación con el hurto (art. 446) y las coacciones (art. 494 Nº 16) el delito de robo con
violencia o intimidación en las personas (art. 433), porque aunque contiene en su
seno los elementos de ambos tipos, sin embargo, mediante su combinación se
convierte en un nuevo tipo de injusto independiente.

10. Según la acción que confieren para su persecución: delitos de acción


pública, privada o mixta

Esta clasificación atiende a la forma como pueden iniciarse los procesos


judiciales destinados a juzgar los delitos. En este sentido, los delitos de acción
pública constituyen la regla general. En ellos la acción debe ser ejercida de oficio
por el ministerio público y puede serlo, en general, también por cualquier persona
capaz de parecer en juicio (arts. 53 y 111 CPP). Los delitos de acción privada, en
cambio, sólo pueden ser perseguidos por la víctima. Por ejemplo, calumnias e
injurias, la provocación a duelo, etc. (art. 54 CPP). Los delitos de acción mixta o,
más bien, delitos de acción pública previa instancia particular, son delitos en
que la acción no puede ser ejercida de oficio sin que, a lo menos, el ofendido
hubiere denunciado el hecho a la justicia, al ministerio público o a la policía. Tal es el
caso del delito de la violación de morada (art. 144), algunas lesiones de poca
gravedad, las amenazas, etc.

11. Según su gravedad: crímenes, simples delitos y faltas

Esta clasificación se realiza según lo dispuesto en el art. 21 CP que contiene


una escala de penas: unas de crímenes, otras de simples delitos y, finalmente,
penas de faltas. Por eso, es una clasificación artificial que no considera la gravedad
intrínseca de la infracción, sino que depende exclusivamente de la pena que tenga

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asignada el ilícito; no depende de un criterio cualitativo sino cuantitativo. Por lo


demás, el artículo 21 CP contiene una verdadera mezcla de penas, sin considerar
tampoco su naturaleza. Esta división de los delitos es aplicable tanto a los delitos
dolosos como a los culposos (art. 4º CP). En la actualidad, sin embargo, la tendencia
de otras legislaciones es la de eliminar las faltas del catálogo de delitos,
transformándolas en meros ilícitos administrativos.
La distinción entre crímenes y simples delitos tiene importancia en dos
aspectos:
a) Los plazos de prescripción son diferentes: diez o quince años para los crímenes,
cinco años para los simples delitos (arts. 94 y 97 CP).
b) Para determinar la pena de los cuasidelitos contra las personas (art. 490 CP).
Por otra parte, en relación con las faltas existen una serie de reglas
especiales, que las diferencian de los crímenes y simples delitos:
a) Sólo se castigan cuando han sido consumadas (art. 9º); es decir, respecto de
ellas no se sanciona ni la tentativa ni el delito frustrado.
b) No se sanciona el encubrimiento de una falta, porque el art. 17 hace referencia
únicamente a crímenes y simples delitos.
c) Los cómplices de una falta son castigados con una pena que no exceda de la
mitad de la que corresponde a los autores (art. 498). En cambio, a los cómplices
de crimen o simple delito se les impone la pena inmediatamente inferior en
grado a la que corresponde al autor (art. 50 y ss).
d) El comiso es una pena accesoria, de carácter obligatorio, en todos los crímenes y
simples delitos. Respecto de las faltas, en cambio, su aplicación es facultativa
(art. 31).
e) El plazo de prescripción de la acción penal y de la pena en el caso de las faltas es
de sólo seis meses (arts. 94 y 97) .
f) La comisión de una falta no interrumpe los plazos de prescripción (arts. 96 y 99).
g) Respecto de las faltas no se duplican los plazos de prescripción cuando el
responsable se ausenta del país (art. 100).
h) Nunca se castigan las faltas cometidas en el extranjero (art. 6º CP).
i) El conocimiento y fallo de las faltas se sujeta a un procedimiento especial,
diferente del ordinario: el procedimiento simplificado (art. 388 CPP).
j) La regla especial del art. 351 CPP para fijar la pena en caso de reiteración de
delitos sólo se aplica a crímenes o simples delitos de una misma especie, no a las
faltas.
Esta distinción no se aplica en los mismos términos cuando el hecho ha sido
cometido por un adolescente (mayor de 14 y menor de 18 años), pues en ese caso
hay que estar a las normas especiales contenidas en la Ley Nº 20.084.

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Ejercicios

1. Analiza los delitos de violación de morada (art. 144), violación


(art. 361) e incendio (art. 475) ¿Son tipo de resultado o de mera actividad? ¿son
delitos de lesión o de peligro?
2. Inventa un ejemplo de delito de peligro concreto y otro de delito
de peligro abstracto.
3. Analiza los delitos de secuestro (sólo la figura del art. 141 inc.
final), infanticidio (art. 394), aborto (la figura del art. 343 CP) e injurias (art.
416) y señala qué características reúnen de acuerdo con los diversos criterios
de clasificación estudiados.