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DICIEMBRE DE 2011

EL LIBRO

QUE NADIE PUDO DESTRUIR

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TIRADA MEDIA 39.913.000 PUBLICADA EN 83 IDIOMAS

EL LIBRO

QUE NADIE PUDO DESTRUIR

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Un libro extraordinario e invencible

La Biblia bajo ataque

Intentan evitar que la Palabra de Dios llegue a las masas

El punto de vista b ıblico ´ ¿Le importan a Dios los animales?

El origen precristiano

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del arbol de Navidad

El tsunami de Jap on de 2011

Los sobrevivientes cuentan sus historias

Una mente inquisitiva

que la historia inmortaliz o

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La Versi on del Rey Jacobo

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¿Por qu e es tan popular?

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Los j ovenes preguntan

¿Qu e hace que una fiesta

sea realmente divertida?

Observando el mundo ´

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Indice tem atico

de ¡Despertad! de 2011

Actividades para la familia

Una “mezcla de profundidad y sencillez”

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la familia Una “mezcla de profundidad y sencillez” ´ 1513 a.e.c. –c. 98 e.c. La Biblia
la familia Una “mezcla de profundidad y sencillez” ´ 1513 a.e.c. –c. 98 e.c. La Biblia
la familia Una “mezcla de profundidad y sencillez” ´ 1513 a.e.c. –c. 98 e.c. La Biblia

1513 a.e.c. –c. 98 e.c.

La Biblia es escrita en hebreo, arameo y griego

100

Adopta la forma

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de c odice,

m as port atil

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405

Traducida al lat ın ´

por Jer onimo

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y griego 100 Adopta la forma ´ de c odice, m as port atil ´ ´

UN LIBRO EXTRAORDINARIO E INVENCIBLE

“Este libro ha suscitado m as hostilidad que ning un otro; sin embargo, ha sobrevivido

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a todos los ataques que el poder, el talento o la elocuencia han lanzado contra el.”

¿P OR qu e merece la Biblia su atenci on?

ner el mensaje de Dios para la humanidad (2 Ti-

moteo 3:16). En caso de que tal afirmaci on sea cierta, usted tiene mucho que perder si no la lee.

En segundo lugar, porque es uno de los li-

bros m as antiguos que existen y es, con diferen-

cia, el m as traducido y distribuido. No solo se

ha convertido en el n umero uno en ventas de

todos los tiempos, sino que encabeza las listas

de exitos a no tras a no.

Sus afirmaciones, su antig uedad y su difu-

si on son a un m as admirables si se toman en

cuenta los m ultiples intentos que se han hecho

a lo largo de la historia para suprimirlo. “Este

libro ha suscitado m as hostilidad que ning un

otro; sin embargo, ha sobrevivido a todos los

ataques que el poder, el talento o la elocuencia

han lanzado contra el”, escribi o el te ologo del

siglo XIX Albert Barnes.

Barnes se nala que la gente muestra un inte-

r es natural por todo lo que ha aguantado re-

petidos embates, como un ej ercito, una anti-

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En primer lugar, porque asegura conte-

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gua fortificaci on o una gran roca. “Pero ning un

ercito sobrevivi o jam as a tantas batallas

ej ´

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como la Biblia —a nade—; ninguna fortificaci on

ha soportado tantos asedios y se ha mantenido

tan firme en medio de los truenos de la guerra

y los estragos del tiempo; y ninguna roca ha

sido barrida por tantas corrientes y ha perma-

necido inconmovible.”

Muchos escritos antiguos se han perdido,

han sido destruidos o simplemente han ca ıdo

en el olvido; en cambio, la Biblia ha resistido

los m as fieros ataques. Mientras unos han lu-

chado, a riesgo de su propia vida, para ponerla

al alcance de las masas, otros se la han arre-

batado de las manos a lectores avidos de co-

nocimiento y han quemado en p ublico tanto

las biblias como a sus due nos.

¿Por qu e ha despertado este libro tanto amor

y

nes intentaron destruirlo? M as importante

a un: ¿por qu e ha resultado invencible? ¿Y por

qu e es su mensaje de valor para usted? Las si-

guientes p aginas contestar an a estas preguntas.

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tanto odio? ¿Qu e batallas ha ganado? ¿Qui e-

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L INEA

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DE TIEMPO DE LA PUBLICACI ON DE LA BIBLIA

1380

Traducida del

lat ın ´ al ingl es

por Wycliffe

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1455

Gutenberg impri- me la primera Biblia

1569

Traducida

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al espa nol por Casiodoro de Reina

1938

Impresa

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en m as de 1.000 idiomas

2011

Circula en m as de 2.500 idiomas

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˜ al espa nol por Casiodoro de Reina 1938 Impresa ´ en m as de 1.000

LA BIBLIA BAJO ATAQUE

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L A COLECCI ON de textos que conocemos

como la Biblia, o las Santas Escrituras, se

escribi o en un per ıodo de m as de mil seiscien-

tos a nos. La primera parte fue redactada por

Mois es; la ultima fue escrita alrededor de cien

a nos despu es del nacimiento de Jesucristo por

uno de sus ap ostoles. Los intentos de silenciar las Escrituras tie- nen una larga historia, desde mucho antes de nuestra era, pasando por la Edad Media, has-

ta el presente. Uno de tales episodios data de

los tiempos del profeta Jerem ıas, quien vivi o seis siglos antes del nacimiento de Jesucristo.

Ataque contra un mensaje impopular

Dios mand o a Jerem ıas que escribiera en un

rollo un mensaje en el que condenaba la con-

ducta de los habitantes de la antigua Jud a y les

advert ıa que su ciudad capital, Jerusal en, ser ıa

destruida si no se volv ıan de su mal camino. Ba-

ruc, el secretario de Jerem ıas, entr o en el tem-

plo de Jerusal en y ley o del rollo en voz alta a o ı-

dos del pueblo. Despu es lo ley o en presencia de

los pr ıncipes de Jud a, quienes llevaron el rollo

al rey Jehoiaquim. Disgustado por el mensaje

que oy o, el monarca rasg o el rollo en pedazos y

lo arroj o al fuego (Jerem ıas 36:1-23).

Enseguida, Dios orden o a Jerem ıas: “Vuelve

a tomar para ti un rollo, otro, y escribe en el

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todas las primeras palabras que resultaron es-

tar en el primer rollo, que Jehoiaquim el rey de

Jud a quem o” (Jerem ıas 36:28). Diecisiete a nos

m as tarde, tal y como lo hab ıa anunciado Dios

por medio de su profeta, Jerusal en fue destrui-

da, un buen n umero de sus dignatarios fueron

muertos y sus habitantes fueron llevados al exi-

lio en Babilonia. Tanto el mensaje de aquel ro-

llo como el relato del ataque de que fue objeto

subsisten en el libro b ıblico de Jerem ıas.

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Prosigue la quema de las Escrituras

Jehoiaquim no fue el unico personaje de

tiempos precristianos que trat o de quemar la

Palabra de Dios. Tras la fragmentaci on del Im-

perio griego, Israel cay o bajo el dominio sel eu-

cida. Uno de los reyes de esta dinast ıa, Ant ıo-

co Ep ıfanes (que gobern o desde 175 hasta 164

antes de nuestra era), vio en la cultura grie-

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ESTA REVISTA SE PUBLICA con el fin de instruir a toda la familia.

Muestra c omo hacer frente a los problemas de nuestro tiempo, presenta

noticias de actualidad, habla acerca de las gentes de otros lugares,

´

analiza temas de religi on y ciencia. Pero va m as all a. Sondea el

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trasfondo de los acontecimientos actuales e indica cu al es su verdadero

significado, aunque siempre mantiene una postura neutral en lo que

´

respecta a la pol ıtica ´ y no favorece a unas razas sobre otras. M as

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importante a un: esta revista fomenta confianza en la promesa del Creador

de establecer un nuevo mundo pac ıfico ´ y seguro que pronto reemplazar a

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al sistema de cosas actual caracterizado por la maldad y la rebeli on.

4 ¡Despertad! Diciembre de 2011

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´

Esta publicaci on se distribuye como parte de una obra mundial de

educaci on b ıblica ´

se han tomado

de la versi on en lenguaje moderno Traducci on del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras (con referencias).

Awake! (ISSN 0005-237X) is published monthly by Watchtower Bi-

ble and Tract Society of New York, Inc.; M. H. Larson, President;

G. F. Simonis, Secretary-Treasurer; 25 Columbia Heights, Brooklyn, NY

11201-2483, and by Watch Tower Bible and Tract Society of Canada,

PO Box 4100, Georgetown, ON L7G 4Y4. Periodicals Postage Paid at

Brooklyn, N.Y., and at additional mailing offices. POSTMASTER:

Send address changes to Awake!, 1000 Red Mills Road, Wallkill,

NY 12589-3299. 2011 Watch Tower Bible and Tract Society

of Pennsylvania. Todos los derechos reservados. Printed in Canada.

December 2011

que se sostiene con donativos. ´ Prohibida su venta.

A menos que se indique lo contrario, las citas b ıblicas

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Vol. 92, No. 12 Monthly SPANISH

ga, o helen ıstica, un veh ıculo de uni on de su

imperio; por este motivo trat o de imponer la

religi on, las costumbres y los usos griegos a los

jud ıos.

Alrededor del a no 168, el rey saque o el tem-

plo de Jehov a y levant o sobre el altar origi-

nal uno dedicado al dios griego Zeus. Adem as,

prohibi o a los jud ıos observar el s abado y cir-

cuncidar a sus hijos, so pena de muerte.

Un elemento de aquella persecuci on religio-

sa fue el deseo de Ant ıoco de eliminar por

completo los rollos de la Ley. Sin embargo,

aunque su campa na se extendi o por los confi-

nes de Israel, no consigui o destruir todas las

copias de las Escrituras Hebreas. Es probable que algunos rollos se mantuvieran cuidadosa-

mente ocultos y se libraran de las llamas; y es

sabido que las colonias de jud ıos que resid ıan

fuera de Palestina conservaron copias de las Santas Escrituras.

El edicto de Diocleciano

Otro destacado gobernante que se empe n ˜ o ´

en destruir las Escrituras fue el emperador ro-

mano Diocleciano. En el a no 303 de nuestra

era promulg o una serie de edictos cada vez

m as severos contra los cristianos, provocan-

do lo que algunos historiadores denominan

“la Gran Persecuci on”. El primer edicto orde-

n o el derribo de los lugares de reuni on de los

cristianos y la quema de las Escrituras. Harry Y. Gamble, profesor de Estudios Religiosos de la Universidad de Virginia (Estados Unidos),

escribi o: “Diocleciano dio por descontado que

toda comunidad cristiana, dondequiera que se

hallara, pose ıa una colecci on de libros, y sa-

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b ıa que estos eran indispensables para su exis-

tencia”. El historiador eclesi astico Eusebio de

Cesarea (Palestina), que vivi o en aquel enton-

ces, escribi o: “Con nuestros propios ojos he-

mos visto las casas de oraci on, desde la cum-

bre a los cimientos, enteramente arrasadas, y

las divinas y sagradas Escrituras entregadas al

fuego en medio de las plazas p ublicas”.

Tres meses despu es del primer edicto de

Diocleciano, el gobernador de Cirta (ciudad

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del norte de Africa conocida hoy como Cons-

tantina) orden o a los cristianos que entrega-

ran todos sus “escritos de la ley” y sus “copias

de las escrituras”. Existen testimonios sobre cristianos que prefirieron la tortura y la muer-

te antes que entregar sus biblias para que las destruyeran.

El objetivo de los ataques

Las acciones de Jehoiaquim, Ant ıoco y Dio-

cleciano coincidieron en un mismo objetivo:

borrar todo rastro de la Palabra de Dios, s ı,

aniquilarla por completo. No obstante, la Bi-

blia sobrevivi o a todos los intentos de des-

truirla. Aunque los emperadores romanos que

sucedieron a Diocleciano empezaron a decla-

rarse cristianos, los ataques contra la Biblia

continuaron. ¿Por qu e raz on?

Pues bien, las autoridades civiles, y m as

adelante tambi en las eclesi asticas, afirmaban

que las quemas no ten ıan como objeto des-

truir la Biblia, sino m as bien evitar que cayera

en manos de la gente com un. Pero ¿por qu e

querr ıa hacer algo as ı la jerarqu ıa de la Iglesia?

¿Y hasta qu e extremos llegaron con tal de im-

pedir su lectura? Veamos.

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Idiomas: afrik aans, alban es, alem an, am arico, arabe, arme-

nio, bislama, b ulgaro, cebuano, checo, chichewa, chino simplifica-

chitonga, ci-

bemba, cingal es, coreano, croata, dan es, eslovaco, esloveno,

espa nol, estonio, ew e, finland es, fiyiano, franc es, georgiano,

griego, gujarati, hebreo, hiligaynon, hindi, holand es, h ungaro,

igbo, ilocano, indonesio, ingl es, island es, italiano, japon es,

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do, chino tradicional (grabaci on solo en mandar ın),

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kannada, kiniaruanda, kirgu ıs, ´ kirundi, let on, lingala, lituano, macedo-

nio, malay alam, malgache, malt es, myanmar, noruego, panjab ı, ´

polaco, portugu es, rarotongu es, rumano, ruso, samoano, sepedi, serbio, sesoto, shona, silozi, suajili, sueco, tagalo, tai, ta-

mil, tok pisin, tongano, tsonga, tsuana, turco, ucraniano, urdu, viet-

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namita, xhosa, yoruba, zul u

Tambi en disponible en CD.

Tambi en disponible en CD-ROM (formato MP3).

Tambi en disponible en grabaci on de audio en www.jw.org.

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¿Desea obtener m as informaci on o recibir en su

ıblicas ´ gratuitas? Escriba a Testigos de

´

´

hogar clases b

Jehov a a una de las direcciones indicadas abajo. Encontrar a la

lista completa de direcciones en www.watchtower.org/address.

Argentina: Casilla 83 (Suc. 27B), C1427WAB Cdad. Aut. de Buenos Aires.

Canad a: PO Box 4100, Georgetown, ON L7G 4Y4. Chile: Casilla 267, Puente Alto.

Colombia: Apartado 85058, Bogot a. Dominicana, Rep.: Apartado 1742, San-

to Domingo. Ecuador: Casilla 09-01-1334, Guayaquil. Estados Unidos: 25 Co-

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lumbia Heights, Brooklyn, NY 11201-2483. M exico: Apartado Postal 895, 06002

M exico, D.F. Per u: Apartado 18 -1055, Lima 18. Puerto Rico: PO Box 3980,

Guaynabo, PR 00970. Venezuela: Apartado 20.364, Caracas, DC 1020A.

¡Despertad! Diciembre de 2011 5

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INTENTAN EVITAR QUE LA PALABRA DE DIOS LLEGUE A LAS MASAS

C ONFORME fue pasando el tiempo, se

emprendi o la traducci on de la Biblia a

los idiomas que se usaban corrientemente.

Pocas personas pod ıan leerla en el hebreo y el

griego en que fue escrita. De hecho, la mayo-

r ıa de nosotros tendr ıa dificultad para com- prender la Palabra de Dios si solo se divulga-

ra en las formas antiguas de dichas lenguas.

Casi trescientos a nos antes de que Jes us viviera en la Tierra, se comenzaron a tradu-

cir las Escrituras Hebreas al griego. Esa tra-

ducci on lleg o a conocerse con el nombre de

Septuaginta o Versi on de los Setenta. Siete si-

glos m as tarde, Jer onimo realiz o su c elebre

versi on de las Escrituras Hebreas y Griegas al

lat ın, la lengua com un del Imperio romano.

Su obra se conoce como la Vulgata.

Con los a nos, el lat ın fue perdiendo su im-

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portancia como lengua hablada, hasta el pun-

to de que solo lo conoc ıa la gente bien educa-

da. La Iglesia Cat olica se opuso a los intentos

por trasladar la Biblia a otras lenguas, argu-

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El clero limit o gravemente el acceso

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de la gente com un a la Biblia,

lo que le confiri o poder

sobre las masas

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mentando que los unicos idiomas adecuados

eran el hebreo, el griego y el lat ın.

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Las divisiones de la ´ Iglesia

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y la traducci on b ıblica

En el siglo IX, dos misioneros de Tesal oni-

ca llamados Metodio y Cirilo, actuando en re-

presentaci on de la Iglesia oriental bizantina,

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Esta idea parece haber nacido de los escritos del obispo

espa nol Isidoro de Sevilla (560-636), quien sostuvo: “Tres son las lenguas sagradas: la hebrea, la griega y la latina, que de una

manera especial destacan en todo el mundo. En esas tres len-

guas escribi o Pilatos sobre la cruz del Se nor la causa de su

muerte”. T engase en cuenta que ese r otulo se coloc o en estos

tres idiomas por decisi on de los romanos paganos, no por or-

den divina.

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L INEA

DE TIEMPO DE ATAQUES CONTRA LA BIBLIA

c. 636 e.c.

1079

1199

Isidoro de Sevilla sostiene que el hebreo, el griego y

el lat ın ´ son len- guas “sagradas” y,

por lo tanto, las

unicas ´ adecuadas para la Santa Bi- blia.

El papa Gregorio VII deniega rotunda-

mente la petici on de Vratislao de realizar los oficios religiosos en eslavo, argumen-

tando que los “esp ı- ´

ritus vulgares” no deben tener ac- ceso a las Escritu-

ras.

´

El papa Inocen- cio III califica de

hereje a cualquie- ra que ose traducir la Biblia y hablar de ella. A menudo, quienes desaca- tan la orden papal son torturados y muertos.

Papa Gregorio VII: Scala/White Images/Art Resource, NY; papa Inocencio III: Scala/Art Resource, NY; Concilio de Trento:

Scala/White Images/Art Resource, NY; papa Pablo IV: The Print Collector, Great Britain/HIP/Art Resource, NY

fomentaron el uso de la lengua eslava en la li- turgia. Su finalidad era que los pueblos esla-

vos del este de Europa, que no entend ıan grie-

go ni lat ın, aprendieran de Dios en su propia

lengua.

No obstante, ambos misioneros tuvieron

que hacer frente a la feroz oposici on del cle-

ro alem an, que intentaba imponer el lat ın como barrera defensiva contra el creciente in-

flujo del cristianismo bizantino. Obviamen-

te, para la Iglesia pesaba m as el poder que la

instrucci on religiosa de la gente. Las tensio-

nes cada vez mayores entre las ramas oriental y occidental de la cristiandad desembocaron

en 1054 en la separaci on entre el catolicismo

romano y la ortodoxia oriental.

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La lucha contra la traducci on de la Biblia

Finalmente, el catolicismo elev o el lat ın a

la categor ıa de lengua santa. Por esta raz on,

cuando Vratislao, duque de Bohemia, le pidi o

permiso en 1079 al papa Gregorio VII para

realizar los oficios religiosos en eslavo, este le

respondi o: “Nos es imposible acceder a vues-

tra demanda”. ¿Por qu e?

“Dios ha querido que la sagrada Escritura

fuese oscura en muchos lugares —prosigui o

el Papa— para que, siendo sobrado sencilla y

clara, no suministrase motivo de error a esp ı-

ritus vulgares presuntuosos.”

El clero limit o gravemente el acceso de la

gente com un a la Biblia y se asegur o de que

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1546

1559

El Concilio de Tren- to decreta que solo se pueden im- primir versiones de la Biblia si cuen- tan con la aproba-

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ci on de la Iglesia.

as ı se quedaran las cosas. Esta situaci on le

confiri o poder sobre las masas. No quer ıa

que el vulgo incursionara en dominios que consideraba suyos.

En 1199, el papa Inocencio III calific o de

“herejes” a quienes osaron traducir la Biblia

al franc es y discutirla entre ellos, y les aplic o

estas palabras de Jes us: “No den lo santo a

los perros, ni tiren sus perlas delante de los

cerdos” (Mateo 7:6). ¿Qu e pretend ıa el Papa

con este argumento? “Que ning un simple e indocto presuma tocar a la sublimidad de la

Sagrada Escritura ni predicarla a otros”, es-

cribi o. A menudo, los que contraven ıan su de-

creto eran entregados a los inquisidores, quie-

nes los torturaban para que confesaran. Los

que se negaban a retractarse eran quemados

vivos.

Durante la larga batalla en torno al dere-

cho de poseer y leer la Biblia se cit o con fre-

cuencia esta ep ıstola papal como apoyo para

prohibir el empleo y la traducci on de las Sa-

gradas Escrituras. Poco despu es de promul-

gado el decreto de Inocencio, comenz o la

quema de biblias en lenguas vern aculas y, en

ocasiones, tambi en de algunos de sus due-

nos. ˜ En siglos subsiguientes, los obispos y go-

bernantes de la Europa cat olica procuraron

por todos los medios hacer cumplir la prohi-

bici on papal.

La jerarqu ıa cat olica sab ıa perfectamen-

te que gran parte de sus ense nanzas no se

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El papa Pablo IV proh ıbe ´ poseer bi-

blias en lenguas ver-

´

n aculas. Estas son

confiscadas y luego

quemadas, muchas

veces junto con sus

˜

due nos.

Tomada de Book of Martyrs, de Foxe

´
´

fundaban en la Biblia, sino en la tradici on

eclesi astica. Esta fue, sin duda, una de las ra-

zones de su renuencia a dejar que los fieles

tuvieran acceso a ella. Si estos la le ıan, se

dar ıan cuenta de la incompatibilidad que ha-

b ıa entre las doctrinas de la Iglesia y las Es-

crituras.

Efectos de la Reforma

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La llegada del protestantismo cambi o el

panorama religioso de Europa. Los intentos

de Mart ın Lutero de reformar la Iglesia Cat o-

lica y su posterior ruptura con ella en 1521

se debieron esencialmente a la comprensi on

que ten ıa de la Biblia. Tras el rompimiento,

Lutero utiliz o su talento como traductor para

hacerla accesible al p ublico.

La Biblia alemana de Lutero tuvo una am-

plia difusi on. Este hecho no le pas o inadver-

tido a la Iglesia, que juzg o conveniente publi-

car como contrapartida una traducci on que

tuviera su aprobaci on. Y pronto aparecieron

dos. Pero menos de veinticinco a nos despu es,

en 1546, el Concilio de Trento determin o que

nadie, aparte de la Iglesia Cat olica, pod ıa im-

primir libros religiosos, incluidas las traduc- ciones de la Biblia.

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Quienes osaban poseer o distribuir la Biblia y eran descubiertos, mor ıan ´ quemados en la hoguera o eran condenados a cadena perpetua

El concilio decret o: “Que en adelante la Sa-

grada Escritura [ se imprima de la manera

m

mir o hacer imprimir cualesquiera libros sobre materias sagradas sin el nombre del autor, ni venderlos en lo futuro ni tampoco retenerlos consigo, si primero no hubieren sido examina- dos y aprobados por el [obispo diocesano]”.

En 1559, el papa Pablo IV promulg o el pri-

mer ındice de libros prohibidos por la Iglesia

Cat olica, el cual condenaba la posesi on de bi-

blias en alem an, espa nol, franc es, holand es,

˜

ingl es e italiano, as ı como algunas en lat ın.

Cualquiera que quisiera leer la Biblia deb ıa

obtener permiso escrito de los obispos o ¨ los ˜

inquisidores, una perspectiva nada halag na

para quien deseara mantenerse a salvo de las

sospechas de herej ıa.

Los que se atrev ıan a po- seer una Biblia o a distribuir-

la en su propio idioma se acarreaban la ira de la Igle-

sia. Muchos fueron arresta- dos, quemados en la hoguera,

asados en varas, condenados

a cadena perpetua o senten-

ciados a las galeras. Las bi-

blias confiscadas se quema- ban. De hecho, los sacerdotes

siguieron confiscando y que-

mando biblias hasta bien en-

trado el siglo XX.

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as correcta posible, y a nadie sea l ıcito impri-

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ue

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impri- ´ ´ ´ ´ ´ ´ ´ ´ ´ ´ ´ ´ ´ ue ´

Lo anterior no quiere decir

que el protestantismo haya

sido un verdadero amigo y de-

fensor de la Biblia. En los si-

glos XVIII y XIX, varios te olo-

gos protestantes promovieron

´

ciertos m etodos de estudio que llegaron a ser

conocidos como la alta cr ıtica. Con el tiem-

po, mucha gente acept o ense nanzas que esta-

ban influidas por la teor ıa darwinista, seg un

la cual la vida apareci o por azar y evolucion o

sin la intervenci on de un Creador.

Los te ologos, y buena parte del clero, ense-

naron ˜ que la Biblia se basa principalmente

en mitos y leyendas. Por eso, no es extra no

o ır decir tanto a cl erigos protestantes como a

muchos de sus feligreses que la Biblia no es

un libro hist orico.

Tal vez, usted mismo haya observado acti-

tudes cr ıticas hacia la autenticidad de la Bi-

blia, y a lo mejor le sorprenda enterarse de los intentos realizados en siglos pasados para destruirla. Pero la Biblia ha salido vencedora de todos los ataques enemigos.

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La raz on de su supervivencia

Es cierto que muchas personas han amado la Biblia y han estado dispuestas a defenderla

con su vida; sin embargo, la clave de su super-

vivencia reside en una fuerza mucho m as po-

derosa que el amor humano. Esa fuerza es el

esp ıritu santo, mediante el cual Dios inspir o

´

´

´

a los hombres que participaron en su escritu-

ra (Isa ıas 40:8; 1 Pedro 1:25).

Leer y aplicar las ense nanzas b ıblicas me-

jorar a nuestra vida y la de nuestra familia, in-

cluso nuestra salud. Es la voluntad de Dios

que su Palabra perdure y que sea vertida al

mayor n umero posible de idiomas para dar a

los seres humanos la oportunidad de amar-

lo, servirle y gozar en el futuro de bendicio-

nes eternas. Y eso es lo que todos queremos, ¿no es verdad?

´

Jes us dijo en oraci on a su Padre: “Tu pa-

labra es la verdad” (Juan 17:17). Las Escri-

turas —las mismas que Jes us ley o y ense o—

son el medio por el cual Dios responde a las preguntas que las personas sinceras se plan- tean.

Por eso, lo invitamos cordialmente a apren-

der m as acerca del mensaje de Dios para la

humanidad contenido en la Biblia. Los testi-

gos de Jehov a, editores de la revista que tie-

ne en sus manos, tendremos mucho gusto en

ayudarlo.

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n

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Comun ıquese con nosotros, sin compromiso, escribiendo

a la direcci on que corresponda de las que aparecen en la p agi-

na 5 de esta revista o visitando el sitio www.watchtower.org/s.

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LAS RESPUESTAS DE LA BIBLIA

El Creador quiere que hallemos respuestas a estas preguntas fundamentales:

˘ ¿Por qu e estamos aqu ı? ´

´

´

˘ ¿Por qu e hay tanto sufri-

miento?

´

˘ ¿D onde est an los muertos?

´

´

˘ ¿Hacia d onde va la huma-

nidad?

La Biblia contesta estos in-

´

terrogantes y, adem as, da

´

consejos pr acticos para en- contrar la verdadera felicidad.

EL PUNTO DE VISTA

´

B IBLICO

L AVIDA animal corre peligro. Muchos cien-

t ıficos creen que las especies se est an ex-

tinguiendo a un ritmo muy acelerado, una de

las tr agicas consecuencias de la invasi on hu-

mana. A este sombr ıo panorama se suman

la producci on industrial de alimentos, los de-

portes crueles y el insensible abandono de mascotas. Algunos opinan que este es el precio inevi-

table que hay que pagar por el progreso. Pero

¿es eso lo que Dios quer ıa? ¿Ha abandonado

el a los animales para que sufran a manos del

hombre? ¿C omo sabemos que le importan?

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Inter es evidente desde el principio

Tras crear los peces, las aves y los anima-

les terrestres, Dios se manifest o muy com-

placido: “Lleg o a ver que [todo] era bue-

no”, afirma la Biblia (G enesis 1:21, 25).

Tales criaturas, desde la m as peque na has-

ta la m as grande, eran objeto de su inter es

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´

y amor. El no solo las hizo “instintivamen-

te sabias”, sino que les dio lo necesario para que medraran en su ambiente. Como bien dijo un escritor: “Todos [los animales] te si-

guen esperando para que les des su alimen- to a su tiempo. Lo que les das, ellos lo reco- gen. Abres tu mano se satisfacen con cosas buenas” (Proverbios 30:24; Salmo 104:24, 25, 27, 28). Dios someti o los animales, que carecen de

raz on y espiritualidad, al dominio del primer

hombre (2 Pedro 2:12; Judas 19). Ad an, por

su parte, fue hecho “a la imagen de Dios”,

con capacidad para reflejar la personalidad

de su Creador, por lo que constitu ıa una for-

ma de vida superior (G enesis 1:27; Salmo 83:18). Pero esta superioridad no les daba a

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´

¿Le importan a Dios los animales?

los humanos licencia para ejercer autoridad

sobre los animales a su antojo.

Por ejemplo, si Ad an empez o a ponerles

nombre a los animales, fue porque Jehov a le

concedi o ese privilegio; adem as, el lo ayud o

tray endole los animales para ver c omo los lla-

mar ıa (G enesis 2:19). Solo siguiendo la gu ıa

divina podr ıa el hombre cumplir la misi on de

cuidar de los animales.

¡Claro que le importan!

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Lamentablemente, Ad an se rebel o contra

su Creador con consecuencias devastadoras

para la familia humana y todas las dem as for-

mas de vida en la Tierra. Aun as ı, Dios dej o

claro c omo hab ıa de tratarse a los animales.

Aunque despu es permiti o que el hombre los

utilizara con fines alimenticios y otros fines

pr acticos, nunca aprob o el trato despiadado.

La Biblia dice: “El justo est a cuidando del

alma de su animal dom estico, pero las mise- ricordias de los inicuos son crueles” (Prover- bios 12:10).

Dios dio a la naci on de Israel leyes que se

ocupaban del bienestar de los animales. El es-

tablecimiento del s abado como d ıa semanal

de descanso tambi en los beneficiaba a ellos

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porque pod ıan reposar ( Exodo 23:12). Es sig-

nificativo que aun cuando no estaba permiti-

´

do realizar ning un trabajo ese d ıa sagrado, s ı

hab ıa que socorrer a cualquier animal que es-

tuviera en apuros (Lucas 14:5). Dios tambi en

indic o que no se deb ıa impedir que un buey

comiera mientras trillaba el grano, y a las bes-

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´

tias de carga no se las deb ıa sobrecargar ( Exo-

do 23:5; Deuteronomio 25:4). Asimismo, es- taba prohibido atar al yugo un buey y un

´

asno para evitar que uno de los dos se lastimara (Deute- ronomio 22:10). La Biblia
asno para evitar que uno de
los dos se lastimara (Deute-
ronomio 22:10). La Biblia en-
Para proteger la flora
y la fauna debe darse
˜
un cambio en el modo
se
na, pues, que hay que tratar
de pensar de la
a
los animales con considera-
´
´
humanidad
ci
on, respeto y compasi on.
Mucha gente solo vela por
sus intereses y es indiferen-
˜
te al da no que pueda causar
a
los animales, pero Dios se
compadece de ellos. Cuando
´
la gente de N ınive se arrepin-
´
´
La Voz de Galicia/Fot ografo: ´
V ıctor ´
Mejuto
ti
o y se libr o del castigo divi-
´
no, el profeta Jon as no reac-
´
cion o de manera compasiva.
´
Jehov a, por su parte, le dijo:
´
´
“¿No deber ıa yo sentir l astima
´
por N ınive la gran ciudad, en
´
la cual existen m as de ciento
´
veinte mil hombres que de ning un modo sa-
La Biblia describe con estas palabras la
´
´
ben la diferencia entre su mano derecha y su
transformaci on que tendr a lugar: “El lobo
´
´
´
izquierda, adem as de muchos animales dom es-
realmente morar a por un tiempo con el cor-
´
´
ticos?” (Jon as 4:11). En efecto, el Creador se
´
apiad o hasta de los animales.
dero, y el leopardo mismo se echar a con el
cabrito, y el becerro y el leoncillo crinado y
´
el animal bien alimentado todos juntos; y un
Su futuro est a asegurado
´
´
simple muchachito ser a gu ıa sobre ellos. Y la
Queda claro que Dios no es insensible al
´
´
vaca y la osa mismas pacer an; sus cr ıas se
trato que se da a los animales. Su amado Hijo,
´
´
´
´
´
echar an juntas. Y hasta el le on comer a paja
Jes us, dijo que ni un gorri on cae a tierra sin el
˜
justamente como el toro. Y el ni no de pecho
conocimiento de su Padre (Mateo 10:29). Por
el contrario, los humanos no comprenden
plenamente el efecto de sus actos en el me-
dioambiente, aunque tengan las mejores in-
´
ciertamente jugar a sobre el agujero de la co-
bra; y sobre la abertura para la luz de una cu-
´
lebra venenosa realmente pondr a su propia
˜
´
mano un ni no destetado”. ¡Qu e perspecti-
tenciones. Para que haya un sistema de admi-
´
va tan gloriosa se ofrece ante nuestros ojos!
nistraci on que proteja la fauna y la flora, tiene
´
(Isa ıas 11:6-8.)
que darse primero un cambio en el modo de
pensar de la humanidad.
Felizmente, la Biblia habla del tiempo en

que bajo el Reino de Dios, “la tierra cierta-

mente estar a llena del conocimiento de Jeho-

v a” (Isa ıas 11:9). As ı, las personas obedientes

contar an con la preparaci on necesaria para

administrar bien la Tierra. La influencia del

Creador garantizar a la convivencia armonio-

sa entre el hombre y las bestias, restaurando

las condiciones que exist ıan originalmente.

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¿SE LO HA PREGUNTADO?

´

˘ ¿Le importa a Dios el trato que se d e

a los animales? (Proverbios 12:10; Mateo 10:29.)

´

˘ ¿Podr an el hombre y los animales

convivir en completa armon ıa? ´

(Isa ıas ´ 11:6-9.)

El origen precristiano

del arbol de Navidad

´

E N MUCHAS partes del mundo, el siempre

verde arbol de Navidad es uno de los s ım-

´

´

bolos m as caracter ısticos de las fiestas y el co-

mercio navide nos. Su origen, profundamente

religioso, se remonta a epocas muy lejanas de la

historia.

´

´

´

˜

Prueba de ello se encuentra en la provincia

de Bohusl an (en la costa occidental de Sue-

cia) y en la cercana provincia de Østfold (No-

ruega). All ı, repartidos en unos cinco mil si-

tios, se han hallado m as de setenta y cinco

mil grabados rupestres, algunos de los cuales

representan arboles siempre verdes. Seg un los

¨

´

´

´

´

Estos grabados dan a entender

´

que el culto al arbol siempre verde

empez o antes del nacimiento

de Cristo

´

arque ologos, muchos de los grabados datan de

entre los a nos 1800 y 500 antes de nuestra era.

Este excepcional conjunto de grabados en

roca nos da una idea sobre las creencias de pue- blos que vivieron mucho antes del nacimiento

de Jes us de Nazaret. Por ejemplo, hay inves-

tigadores que opinan que antiguamente en los

territorios que hoy conforman Suecia y Norue-

ga se consideraban s ımbolos sagrados los arbo-

les siempre verdes, como el abeto.

¿Por qu e har ıan grabados de abetos los habi-

´

˜

´

´

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´

´

Algunos de los sitios de Bohusl an han sido declarados Pa-

¨

trimonio de la Humanidad por la UNESCO.

tantes de estas lejanas costas del norte? Algu-

nos especialistas dicen que se debi o en parte a

la extra neza que estos arboles causaban en la

gente en tiempos precristianos, cuando se reali-

zaron los dibujos. Es comprensible que un arbol

que no pierde su verde follaje, que se mantiene

“vivo” cuando los dem as parecen morir en el

fr ıo, encerrara un cierto misterio.

Los arboles han sido desde siempre s ımbo-

los de vida, supervivencia e inmortalidad en mu-

chas culturas alrededor del mundo. Esto tam-

bi en ayuda a explicar por qu e los grabados de

Bohusl an y Østfold conten ıan figuras de arbo-

les muy parecidos al abeto siglos antes de que

este se hiciera com un en el sur de estos pa ıses

n ordicos. El libro Rock Carvings in the Borderlands

(Grabados rupestres en las regiones fronteri-

zas), editado en colaboraci on con el Consejo

del Patrimonio Nacional Sueco, dice: “Los gra-

bados de arboles son un indicativo de que ya en

la Edad del Bronce, la regi on sur de Escandi-

navia formaba parte de un contexto religioso y

cultural mucho m as amplio que abarcaba toda

Europa y grandes partes de Asia. La religi on y

la cosmolog ıa fueron adaptadas por los pueblos

que viv ıan de la agricultura y la cr ıa de anima-

les. Estos adoraban mayormente a los mismos

dioses que los dem as, aunque con nombres dis-

tintos”.

El folleto titulado The Rock Carving Tour (De

gira por los grabados rupestres), editado por

el Museo Bohusl ans, comenta a este prop osi-

to: “Los grabadores no se propon ıan reproducir

´

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Grabados rupestres

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de arboles en

1) Torsbo, 2) Backa y

¨

3) L okeberg (Suecia)

im agenes de la vida cotidiana; m as bien, sus fi-

guras eran, a nuestro entender, una forma de

invocar a los dioses”. Y a nade: “Sus creencias giraban en torno al eterno ciclo de la vida, la fer-

tilidad, la muerte y el renacimiento”.

Al describir una singular colecci on de arte pic-

togr afico, creado mucho antes de que el arte de la escritura penetrara en el norte de Europa, Na-

tionalencyklopedin (la enciclopedia nacional sue-

ca) dice: “La marcada presencia de im agenes con

gran carga sexual demuestra la importancia que

ten ıa el culto a la fertilidad en la religi on de los

pueblos n ordicos durante la Edad del Bronce”.

Es obvio que las costumbres relacionadas con

los arboles de hoja perenne se difundieron has-

ta convertirse en parte de la vida en muchos lu- gares. La Encyclopædia Britannica dice respec-

to al arbol de Navidad: “El culto a los arboles

era com un entre los europeos paganos y sobre-

vivi o a la conversi on de estos al cristianismo”.

Lo hizo bajo la forma de diversos ritos y costum-

bres, como la de “colocar un arbol de Navidad a la entrada o en el interior de la casa durante la

fiesta invernal”.

El arbol siempre verde cobr o mayor populari-

dad a partir de 1841, cuando la familia real de

Gran Breta na utiliz o un abeto decorado en sus

celebraciones navide nas. Hoy, el arbol de Navi-

dad es reconocido en todo el mundo, y la de- manda de incontables millones de ejemplares

—naturales o artificiales— parece no tener fin. Entretanto, los grabados escandinavos son testi- gos mudos, literalmente tallados en piedra, del

origen no cristiano del arbol de Navidad.

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1 2 3 / Gentileza de Stiftelsen f or ¨ dokumentation av Bohusl ans ¨
1
2
3
/ Gentileza de Stiftelsen f or ¨ dokumentation av Bohusl ans ¨ h allristningar ¨

´

EL TSUNAMI DE JAP ON DE 2011

Los sobrevivientes cuentan sus historias

Ent erese de primera mano de lo que tuvieron

que afrontar los sobrevivientes del terremoto

´

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y el tsunami de Jap on.

, JIJI PRESS/AFP/Getty Images

E L VIERNES 11 de marzo de 2011, a las

2.46 de la tarde, ocurri o en Jap on el cuar-

to mayor terremoto que se haya registrado en

el mundo. La violenta sacudida desencaden o

´

un tsunami gigante, as ı como poderosas r epli-

cas que mantuvieron aterrada a la poblaci on

de la zona por semanas. Aunque unas 20.000

personas murieron o est an desaparecidas, mi-

les lograron sobrevivir. Estas son algunas de sus historias. Tadayuki y su esposa, Harumi, se encon- traban en casa, en la ciudad de Ishinomaki

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14 ¡Despertad! Diciembre de 2011

(prefectura de Miyagi), cuando escucharon

un estruendo y todo empez o a sacudirse sin

control. “Salimos disparados y nos quedamos

fr ıos al ver enormes fisuras en el suelo”, re-

cuerda Tadayuki. “La casa se

tambaleaba violentamente.

Sal ıa polvo y m as polvo de las

paredes; parec ıa humo.”

El sismo tuvo su epicentro

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a 129 kil ometros (80 millas)

de la costa de Miyagi, y el tsu-

nami dej o devastada una fran-

´

´

Harumi y

Tadayuki

ja de 670 kil ometros (420 millas) a lo largo de

la costa pac ıfica de Jap on. En algunos sitios,

las olas alcanzaron 15 metros (45 pies) de al- tura. Barrieron a su paso con rompeolas y di-

ques, y penetraron 40 kil ometros (25 millas)

tierra adentro.

Los sistemas de electricidad, gas y agua po- table quedaron completamente destruidos.

Unas 160.000 casas, f abricas y tiendas sufrie-

ron da nos o fueron arrasadas. Lleg o a ha-

ber hasta 440.000 damnificados viviendo en 2.500 refugios temporales, como escuelas y

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centros comunales, y muchos otros fueron

acogidos por familiares y amigos. Hubo dece-

nas de miles de muertos y heridos, y a un que-

dan por localizar miles de cuerpos.

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P erdida y dolor

El tsunami provoc o much ısimas m as muer-

tes que el terremoto. Yoichi, de Rikuzenta-

kata (prefectura de Iwate), se imagin o ense-

guida que al temblor lo seguir ıa un tsunami,

de

cercano y fue a auxiliar a sus vecinos. Como

no dejaba de preocuparse por sus padres, de-

cidi o regresar a verlos con su esposa, Tatsuko;

pero en ese momento se enteraron de que la

ola ven ıa en camino.

Se dirigieron a toda prisa a otro refugio, pero al llegar encontraron la entrada bloquea-

da por escombros. Entonces, vieron venir el

enorme edificio negro del aserradero arrastra-

do a toda velocidad por el agua. “¡Corre!”, gri-

t o Tatsuko.

Lograron llegar a una escuela ubicada en

terreno elevado y desde all ı contemplaron al

tsunami engullir el entero vecindario. Oyeron

a alguien gritar: “¡Mi casa! ¡Se la est a llevando

el agua!”. Casi tres cuartas partes de la ciudad quedaron en ruinas. En cuanto a los padres de

Yoichi, la corriente los barri o; el cuerpo de la

madre fue encontrado, pero el del padre no.

Toru estaba trabajando en una f abrica

no lejos de la costa de Ishinomaki cuando

ocurri o el temblor. En cuanto se detuvo la sa-

cudida inicial, corri o a su auto para tratar de

huir y les grit o a los dem as que hicieran lo

mismo, pues supuso que ven ıa en camino un

tsunami.

“Me dirig ı a casa, que est a en una zona

modo que llev o a sus padres a un refugio

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alta —comenta Toru—, pero

qued e atrapado en el tr afico.

O ı en la radio que el tsuna-

mi

dad vecina, as ı que abr ı la ven-

tanilla para poder escapar del auto en caso de ser necesa- rio. De pronto, vi venir a toda

ya hab ıa llegado a una ciu-

´

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Yoichi y

Tatsuko

Soma (Fukushima) Rikuzentakata (Iwate) Kamaishi Rikuzentakata Ishinomaki Minamisanriku Soma Planta nuclear de
Soma (Fukushima)
Rikuzentakata (Iwate)
Kamaishi
Rikuzentakata
Ishinomaki Minamisanriku
Soma
Planta nuclear
de Fukushima
TOKIO
Ebina
Ishinomaki (Miyagi)
Sucursal de los
´
testigos de Jehov a
Kamaishi (Iwate)
Minamisanriku (Miyagi)
JAP O ´ N

velocidad una pared de agua negra de m as de dos metros (seis pies) de altura. Los autos que

estaban delante se me vinieron encima y la ola

nos arrastr o a todos tierra adentro.

”A duras penas sal ı por la ventanilla, pero

me llev o la corriente de agua gra-

sienta y maloliente. Fui a dar a un

taller mec anico, donde alcanc e a

sujetarme de unas escaleras. Sub ı al

segundo piso y con gran esfuerzo pude rescatar a tres personas. Los pocos que sobrevivimos a la inun-

daci on, a la helada noche y a la nie-

ve no logramos salvar a otros que

nos ped ıan auxilio.”

Cinco d ıas antes del terremoto,

Midori, de la ciudad de Kamaishi (en Iwate),

hab ıa pasado un rato muy agradable en casa

de sus abuelos. Acababa de graduarse de la es-

cuela intermedia y quer ıa mostrarle su diplo-

ma al abuelo, que llevaba tiempo incapacita-

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Toru

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do. El lo ley o y felicit o a su nieta.

Cuando ocurri o el sismo, Midori y su ma-

dre, Yuko, les dijeron a los abuelos que se-

guramente habr ıa un tsunami y que ten ıan

que buscar refugio, a lo que el

abuelo contest o: “No, no voy

a irme. Nunca ha llegado un tsunami tan adentro”. De to-

dos modos, trataron de sacar- lo pero no pudieron levantar-

lo, as ı que fueron por ayuda.

Lamentablemente, el tsunami

ya hab ıa tocado tierra y estaba

´

Yuko

y Midori

barriendo una casa tras otra. Desde una colina, un hombre

las llam o: “¡R apido, suban ac a!”. Midori gri-

t o desesperada: “¡Abuelo! ¡Abuela!”, pero sus

gritos se perdieron en el aire. D ıas despu es en-

contraron el cuerpo de su abuelo, pero el de

su abuela nunca apareci o.

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Llega la ayuda

El gobierno japon es despach o enseguida

brigadas de bomberos y polic ıas, as ı como

miembros de las Fuerzas de Autodefensa.

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El veh ıculo que iba conduciendo Toru

No tardaron en arribar m as de ciento treinta

mil efectivos de todo el pa ıs para participar en

las labores de rescate y asistencia. Despu es lle-

g o la ayuda de gobiernos extranjeros y organis-

mos internacionales. Pronto hab ıa en la zona

decenas de equipos de rescate y personal m e-

dico volcados en rastrear sobrevivientes, tra-

tar a los heridos y remover escombros.

Varias organizaciones comenzaron a aten-

der las necesidades de sus miembros, entre

ellas la de los testigos de Jehov a. El viernes

por la tarde, momentos despu es de la cat astro-

fe, los Testigos ya estaban buscando a sus her-

manos en la fe para ver en qu e condici on se

hallaban. El problema era que en muchos lu-

gares los caminos hab ıan quedado intransita-

´

bles y no hab ıa servicio el ec-

trico ni tel efonos. Adem as, la

zona siniestrada era enorme,

lo cual hizo muy dif ıcil locali-

zarlos a todos.

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Takayuki, anciano de la

congregaci on de Soma (pre-

fectura de Fukushima), solo

encontr o a unas cuantas fa-

milias aquella espantosa tar-

de. “Decid ı continuar al d ıa

siguiente —relata el—. Tan pronto amaneci o,

reanud e la b usqueda en auto y luego a pie;

no par e hasta el anochecer. Fui a veinte si- tios, incluidos varios refugios, para tratar de

´

´

Takayuki

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´

Foto de DigitalGlobe a trav es ´ de Getty Images )

´

encontrar a m as miembros de

la congregaci on. Cuando los

hallaba, les le ıa de la Biblia y

oraba con ellos.” Shunji explica lo que se hizo en Ishinomaki: “Nos di-

vidimos en equipos para bus- car a nuestros hermanos. Cuando llegamos a

Shunji

´

´

la zona del desastre, nos quedamos sin pala-

bras. Hab ıa autom oviles colgando de los pos-

tes de luz, casas apiladas unas encima de las

otras y montones de escombros m as altos que

las casas. Vimos una persona muerta sobre

´

´

´

el techo de un auto; al parecer no resisti o el

fr ıo nocturno. Vimos otro auto colgando boca

abajo entre los techos de dos casas; ten ıa un

cad aver dentro”.

Shunji sinti o un gran alivio al encontrar a

varios hermanos en los refugios. “Cuando los vi —dijo—, me di cuenta de lo mucho que los quiero.”

´

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´

´

´

“Sab ıamos ´

´

que vendr ıan,

´

¡pero no tan r apido!”

Dos j ovenes Testigos llamadas Yui y Mizu-

ki, del pueblo de Minamisanriku (prefectu-

´

Y ENCIMA, UN DESASTRE NUCLEAR

La planta nuclear de Fu-

kushima Daiichi acapar o titu-

lares de la prensa internacio-

´

˜

nal debido al da no que el

tsunami ocasion o a sus reacto-

res. Las emisiones radioacti-

vas se esparcieron sobre Jap on y otros pa ıses. ´ Miles de perso-

nas fueron evacuadas debido

´

´

al riesgo de que la radiaci on al-

canzara niveles letales. “Nosotros viv ıamos ´

la planta”, dice una joven lla- mada Megumi. “Un d ıa ´ des-

´

cerca de

´

pu es del terremoto se nos in-

form o sobre el problema de la

planta y recibimos instruccio- nes de evacuar.” Su hermana,

Natsumi, recuerda: “Hab ıa ´ mu-

´

chos helic opteros sobrevolan-

do, las sirenas no paraban de

sonar y los altavoces repet ıan ´

´

´

una y otra vez que abandon a- ramos la ciudad”. En las sema- nas siguientes, tuvieron que mudarse a nueve sitios. Poste- riormente, a las dos se les per-

miti o regresar a su hogar solo

por dos horas para recoger al-

gunas pertenencias.

´

´

Chikako, de m as de sesenta

a nos, viv ıa ´ en el pueblo de Na-

˜

mie (Fukushima). “Despu es del terremoto —menciona—, me dirig ı ´ a un refugio de las cerca-

n ıas. ´ Mis dos hijos y yo pasa- mos la noche en vela, pues ha-

´

b ıa ´ fuertes r eplicas. A las siete

´

de la ´ ma nana nos dijeron que

ten ıamos

a un refugio de otra ciudad.

”Las carreteras estaban con- gestionadas, as ı ´ que llegamos

a eso de las tres de la tarde.

All ı ´ nos enteramos de la ex-

˜

que huir sin demora

plosi on en la planta nuclear.

Como cre ıamos ´ que pronto vol- ver ıamos ´ a casa, no hab ıamos ´ sacado nada.” Sus hijos y ella fueron de un lugar a otro hasta

que encontraron un aparta-

mento lejos de su pueblo.

´

ra de Miyagi), eran vecinas.

Cuando pas o el terremoto,

salieron corriendo de sus ca- sas, se encontraron en la calle y huyeron a un lugar alto. Me-

nos de diez minutos despu es,

observaron c omo desapare-

´

c ıan sus casas y el pueblo en-

tero arrastrados por una su-

cesi on de olas. Yui y Mizuki encontraron unas amigas Testigos en un

refugio y oraron con ellas.

A la ma nana siguiente, unos

hermanos de su congrega-

ci on y de congregaciones ve-

cinas cruzaron una monta na para llevarles

comida y provisiones. Yui y Mizuki exclama-

ron: “Sab ıamos que vendr ıan, ¡pero no tan

r

Hideharu, anciano de la congregaci on de

Tome que visit o ese refugio, relata: “Pas e la

noche tratando de localizar a los hermanos de

la costa. A las cuatro de la madrugada me in-

formaron que hab ıa varios refugiados en una

escuela, as ı que a las siete nos juntamos unos

diez para preparar bolas de arroz, y tres de no-

sotros fuimos en auto a llev arselas. Los cami-

nos estaban imposibles, pero despu es de mu-

cho batallar, llegamos a la escuela. Incluso

quienes hab ıan perdido sus hogares nos ayu-

daron a consolar a los dem as”.

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Mizuki y Yui

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Hideharu

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apido!”.

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Se cubren las necesidades espirituales

Semana tras semana, los testigos de Jehov a

se re unen para estudiar juntos la Biblia. Mu-

chos lo hacen los viernes por la noche, como

los miembros de la congregaci on de Rikuzen-

takata; sin embargo, el Sal on del Reino —su lu-

gar de culto— fue barrido por el tsunami. Aun

as ı, uno de ellos sugiri o: “Busquemos la mane-

ra de reunirnos”. Escogieron una casa no muy

da nada y corrieron la voz.

Como no hab ıa electricidad, utilizaron un

generador para tener luz. Hubo diecis eis pre-

sentes. “Lloramos de alegr ıa”, recuerda Ya-

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suyuki, un joven que perdi o su apartamen-

to debido al tsunami. “Fue el mejor refugio

que hubi eramos podido pedir.” Hideko agre-

g o: “Durante la reuni on se sintieron fuertes r e-

plicas, pero mientras estuvimos juntos olvid e

mis temores y angustias”.

La congregaci on no ha dejado de celebrar

ni una reuni on desde entonces. El domingo,

dos d ıas despu es del desastre, se present o el

discurso “Una hermandad mundial rescatada de la calamidad”.

Se organizan las labores de socorro

De inmediato, diversas entidades del go- bierno pusieron en marcha las labores de so-

corro, y eso mismo hizo la sucursal de los tes-

tigos de Jehov a de Jap on, ubicada en Ebina

(cerca de Tokio). Un d ıa despu es del terremo-

to, el s abado, ya se ten ıa dividida en tres sec-

tores la vasta zona del desastre, y el lunes lle-

garon representantes de la sucursal.

Las labores de socorro prosiguieron duran- te las semanas y meses siguientes. Se repar- tieron toneladas y toneladas de suministros

enviados por otros Testigos. En cierto mo-

mento lleg o a haber tres centros de socorro y

veinti un almacenes y centros de distribuci on.

Durante los primeros dos meses, cientos de

voluntarios entregaron m as de doscientas

cincuenta toneladas de comida, ropa y otros

art ıculos b asicos. Muchos Testigos han com-

partido sus provisiones con los vecinos.

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Equipos de socorro en acci on

LECCIONES PARA TODOS

Yoichi, vecino de Rikuzentakata a quien mencionamos anterior-

mente, perdi o casi todos sus bienes. “Puedo dar fe de que lo material

no ofrece ninguna seguridad”, comenta. Los siervos de Dios de todas partes opinan lo mismo, sobre todo quienes han podido constatar

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en carne propia las palabras de Jes us, quien explic o que las posesio-

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nes son de muy poco valor comparadas con la bendici on y el favor de

Dios (Mateo 6:19, 20, 33, 34).

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Otra lecci on que aprendemos es la importancia de prestar aten-

ci on a las advertencias. Eso puede ser la diferencia entre la vida y la

muerte, como lo demuestra el hecho de que muchos de los que hu- yeron sin titubear a zonas elevadas lograron sobrevivir.

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Sal on del Reino de Rikuzentakata

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despu es del tsunami

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Tres meses despu es

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Sal on del Reino reconstruido

Las congregaciones de Rikuzentakata y la

vecina Ofunato est an utilizando su reci en re-

construido Sal on del Reino para brindar con-

suelo espiritual a la gente y ayudarla a afrontar los retos que quedan por delante: reconstruir sus vidas y superar el devastador trauma cau-

sado por el terremoto y el tsunami. De los m as

de catorce mil Testigos que viven en la zona,

doce fallecieron y dos siguen desaparecidos.

Una familia dijo: “Lo unico que nos lleva-

mos cada uno fue una bolsa. Sin embargo,

nuestros hermanos en la fe han cubierto todas nuestras necesidades”. Y eso mismo comen-

tan muchos otros Testigos que fueron v ıctimas

de esta terrible tragedia. Qu e bueno es saber

que los siervos de Jehov a, el unico Dios ver-

dadero, forman parte de la hermandad mun-

dial que predijeron hace siglos Jes us y sus

ap ostoles. Y no hay tsunami ni desastre na-

tural capaz de destruir este hermoso v ınculo fraternal (Juan 13:34, 35; Hebreos 10:24, 25; 1 Pedro 5:9).

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El1. ´ otro.elenseisydibujounenalascuatrotieneangel

El2. ´ enespadaunaydibujounentenazassostieneangel IsademanolatocabrasaLa3.otro.el ´ ydibujounenıas

B.6.31.500.5.B.4.otro.elenbocala

31Y30AGINAS

PLASDESOLUCIONES

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Nicaragua

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OC EANO ATL ANTICO

Una mente inquisitiva

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que la historia inmortaliz o

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SUDAM ERICA

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˘ ¿C omo le gustar ıa ´ que lo recordaran? ¿Qu e

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dir a la gente cuando piense en usted? Hay quie-

nes tratan de ´ sobresalir en los campos de la

ciencia, la pol ıtica,

sesionados con la idea de dejar un legado para

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los deportes o las artes, ob-

la posteridad. Pero ¿qu e le parecer ıa ´ ser recor-

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dado por las preguntas que formul o en vida?

Hace quinientos a nos, en Centroam erica,

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un hombre plante o varias preguntas que lo po- nen a uno a pensar. Se trata del cacique Nica-

rao, cuyo nombre al parecer dio origen a la pala-

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bra Nicaragua. Su nombre lleg o a denominar su

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tribu, el gran lago de la regi on, y la tierra misma

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en que vivi o.

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La tribu de Nicarao habit o la franja localizada

entre el oc eano Pac ıfico

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y el lago de Nicaragua.

Poco despu es de que Col on descubriera el Nue-

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vo Mundo, los espa noles se dispusieron a explo-

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rar esta regi on. El capit an Gil Gonz alez D avila y

sus tropas partieron rumbo al norte desde la ac-

tual Costa Rica y llegaron a la tierra de Nicarao en 1523. ´

el nerviosismo de los expediciona-

rios al adentrarse en aquellos terrenos descono-

cidos. Sin duda debieron sentir alivio al conocer al jefe Nicarao y su gente, quienes los recibieron con la generosidad que caracteriza hasta el d ıa ´

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Imag ınese

de hoy a los nicarag uenses. Entre otros regalos,

les dieron una gran cantidad de oro. Nicarao deseaba hallar la respuesta a al-

gunas preguntas que llevaba mucho tiempo ha-

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ci endose y a otras que le surgieron a ra ız ´ de la

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visita de los espa noles. Seg un los cronistas, le

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pregunt o al capit an Gonz alez:

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¿Ha escuchado hablar de un gran diluvio que

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acab o con la humanidad y los animales? ¿Volve-

r a Dios a inundar la Tierra? ¿Qu e sucede des-

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pu es de la muerte? ¿C omo se mueven el Sol, la

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Luna y las estrellas? ¿C omo se mantienen colga-

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dos en el cielo? ¿A qu e distancia se encuentran?

¿Cu ando dejar an de brillar? ¿De d onde viene el

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viento? ¿Qu e produce el calor y el fr ıo, la luz y la

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oscuridad? ¿Por qu e no duran lo mismo los d ıas

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del a no?

Como se puede ver, Nicarao estaba ansioso

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por conocer m as sobre el mundo natural. Sus

preguntas tambi en reflejan a buen grado sus creencias religiosas y muestran que ten ıa ´ intere-

ses y preocupaciones similares a los de muchas

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personas de nuestro d ıa. ´ Adem as, el hecho de

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que el y su pueblo tuvieran conocimiento de una

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gran inundaci on nos recuerda lo que la Biblia

menciona sobre el Diluvio (G enesis 7:17-19).

Aunque el espiritismo y los sacrificios hu-

manos formaban parte central de la cultura a la que pertenec ıa, ´ a Nicarao le preocupaba mucho la manera de conducirse de su pueblo. Algunas de sus preguntas dan prueba de una conciencia

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en funcionamiento. Como dijo el ap ostol Pa-

blo: “Su conciencia da testimonio con ellos y, en-

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tre sus propios pensamientos, est an siendo acu-

sados o hasta excusados” (Romanos 2:14, 15). Actualmente se erige una estatua en

honor del cacique Nicarao cerca del lugar don-

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de se cree que se encontr o por primera vez con

los exploradores espa noles. Su esp ıritu ´ inquisiti-

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vo, que lo llev o a reflexionar seriamente sobre la

vida y el mundo que lo rodeaba, es un buen

ejemplo para nosotros (Romanos 1:20).

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Art Resource, NY )

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La Versi on del Rey Jacobo

¿Por qu e es tan popular?

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1611

E STE a no, Inglaterra celebr o con m ultiples

del Rey Jacobo (King James Version), conocida

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tambi en como la Versi on Autorizada. Se prepa-

raron documentales especiales de radio y tele-

visi on, as ı como congresos, conferencias y se-

minarios.

El pr ıncipe Carlos presidi o los actos en ho- menaje a este tesoro nacional que lleva el nom-

bre del rey Jacobo I de Inglaterra. Ahora bien,

¿c omo gan o la Versi on del Rey Jacobo —publi-

cada en mayo de 1611— un lugar preferente en

el coraz on de las personas de habla inglesa?

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actos el cuarto centenario de la Versi on

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La traducci on cobra ımpetu ´

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Para mediados del siglo XVI empez o a surgir

en Europa el deseo de conocer las doctrinas

b ıblicas. Menos de dos siglos antes, en 1382,

John Wycliffe hab ıa despertado el apetito del

p ublico anglosaj on con su traducci on de la Bi-

blia a partir del lat ın. Y sus seguidores —los lo-

lardos— hicieron circular por toda la naci on

durante los siguientes doscientos a nos pasajes

de las Escrituras copiados a mano.

El Nuevo Testamento del biblista William

Tyndale, traducido del griego al ingl es y publi-

cado en 1525, marc o otro hito hist orico. Va-

rios a nos despu es, en 1535, Miles Coverdale

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produjo su Biblia completa en ingl es. Un a no

antes, Enrique VIII hab ıa roto relaciones con

Roma y hab ıa dado un paso estrat egico: con

objeto de fortalecer su posici on como cabe-

za de la Iglesia de Inglaterra, hab ıa autorizado

una traducci on de la Biblia al ingl es, que se

imprimi o en 1539 y se conoci o como la Gran

Biblia. Consist ıa en un voluminoso tomo con

gruesas letras g oticas.

Los puritanos y otros exiliados protestantes

de toda Europa se establecieron en Ginebra

(Suiza). En esta ciudad apareci o en 1560 la Bi-

blia de Ginebra, la primera en ingl es con un

tipo de letra f acil de leer y divisiones en cap ı-

tulos y vers ıculos. Fue importada a Inglaterra

y pronto alcanz o gran popularidad. En 1576 se

imprimi o tambi en all ı. Aunque sus mapas y

notas marginales ayudaban a clarificar el tex-

to, estas ultimas irritaron a algunos lectores

porque criticaban al papado.

Se satisface una exigencia

La falta de aceptaci on general de la Gran Bi-

blia y las notas pol emicas de la Biblia de Gine-

bra condujeron a la decisi on de publicar una

Biblia revisada. Se eligi o como modelo el tex-

to de la Gran Biblia y se encarg o la misi on a los

obispos de la Iglesia de Inglaterra. El resultado

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LA AMERICAN STANDARD VERSION

En 1901 apareci o la Ameri-

can Standard Version, basada

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en el texto de la Versi on del

Rey Jacobo. En su prefacio dice: “No somos insensibles a

la belleza y el vigor de estilo

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de la Versi on Autorizada [del

rey Jacobo], que tantas ala-

banzas le han merecido”. Con

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todo, esta versi on introdujo

un cambio sorprendente.

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El prefacio explica: “Tras un

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riguroso an alisis, los revisores

llegaron a la convicci on un-

anime ´ de que una supersti-

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ci on jud ıa, ´ seg un la cual el

Nombre Divino era demasia-

do sagrado para pronunciar- lo, ya no debe dominar en las versiones inglesas del Antiguo Testamento ni en

ninguna otra, como no lo hace, afortunadamente, en numerosas versiones hechas

por misioneros contem-

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por aneos”.

No es que el nombre de

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Dios, Jehov a, no aparezca en

absoluto en la Versi on del Rey

Jacobo, pues se halla en cua-

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tro pasajes, a saber, Exodo 6:3, Salmo 83:18 e Isa ıas ´ 12:2 y 26:4. Pero la American Standard Version de 1901 lo restablece en unos siete mil pasajes.

1901

fue la Biblia de los Obispos