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El salón de baile de los Miranda era un Versalles en miniatura. Las paredes eran dos largas filas de espejos ensamblados del techo hasta el piso: una galería de espejos destinados a reproducir, en una ronda de placeres perpetua, los pasos y vueltas elegantes de las parejas llegadas de Chihuahua, El Paso y las otras haciendas, a bailar el vals y las cuadrillas en el elegante parqué que el señor Miranda mando traer desde Francia.

) Mira, eres tú.
)
Mira, eres tú.

- Es su fiesta -le dijo el viejo-. No se meta usted.

1.- Resumen del texto.

2.- Comentario del texto: tema, comentario lingüístico-literario, tipo de texto.

Los hombres y mujeres de la tropa de Arroyo se miraban a sí mismos. Paralizados por sus propias imágenes, por el reflejo corpóreo de su ser, por la integridad de sus cuerpos. Giraron lentamente, como para cerciorarse de que esta no era una ilusión más. Fueron capturados por el laberinto de

espejos. El viejo se dio cuenta de que la señorita Harriet y él ni siquiera se habían fijado en los

espejos al entrar (

Uno de los soldados de Arroyo adelantó un brazo hacia el espejo.

-

Y el compañero señaló hacia el reflejo del otro.

- Soy yo.

- Somos nosotros.

Las palabras hicieron la ronda, somos nosotros, somos nosotros, y una guitarra se dejo oír, una voz se unió a otra, los de la caballería entraron también y volvió a haber fiesta y baile y broma en la hacienda de los Miranda, insensible a la presencia de los gringos, pero empezó una polka norteña junto con la aparición de un acordeón y las espuelas de los jinetes se arrastraron al bailar sobre el fino piso taraceado, rasgándolo y astillándolo. El viejo detuvo el impulso de Harriet.

Carlos Fuentes. Gringo Viejo

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