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DE

SEXO NO SE HABLA

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... DE SEXO NO SE HABLA ... Por Leonor Martorell Me cuesta empezar a escribir, me

Por Leonor Martorell

Me cuesta empezar a escribir, me noto con cierto pudor, vergüenza, alguna traba antigua me debe estar afectando, quizás esa de que “de sexo no se habla”. Precisamente, experimento en mí algo de lo que quería escribir, que en nuestra sociedad actual se habla poco de la sexualidad, es un tema tabú, sucio, muy íntimo, escondido, ...

No hemos sido educados en la sexualidad, nuestros primeros aprendizajes los tomamos de la

información de las revistas, películas, rumores, etc

los cuales, generalmente, enfatizaban modelos

, de personajes con una extremada fogosidad o un gran romanticismo. Partiendo de esa base poco real, fuimos aumentando los conocimientos del tema a partir de nuestras propias experiencias (a veces experimentos) e influenciados por la impresión y feed-back de nuestro/a pareja sexual. Esta forma de aprendizaje, puede acabar convirtiendo la sexualidad, en un “cajón de sastre” en el que, sin ser muy conscientes de ello, metemos necesidades encubiertas: afecto, compañía, evasión, reconocimiento, rabia, placer de conquistar ...

...

La sexualidad en un ser adulto cumple dos funciones básicas, contacto con los demás y procreación de la especie, siendo el contacto la que habitualmente utilizamos más, ya que, obviamente, cada vez que tenemos relaciones sexuales no es para tener hijos.

Desde ese finalidad, nuestra primera referencia comienza en el contacto con la madre, desarrollándose progresivamente con la maduración física y personal hasta convertirse, además en un elemento para la procreación.

Por tanto, desde este enfoque la sexualidad hay que distinguirla o, al menos ampliarla, de la genitalidad, ya que para procrear sí son imprescindibles los genitales pero para tener contacto con el otro no. Sin embargo, generalmente, cada vez que se hace referencia a la sexualidad se relaciona directamente y, a veces casi exclusivamente, con los genitales. No se pone en duda la importancia de los órganos genitales en la sexualidad pero, limitar la sexualidad exclusivamente a ellos sería una reducción demasiado simplista.

En realidad todo nuestro cuerpo es erógeno sensual, siendo las zonas erógenas por excelencia además de la zona de la pelvis (que incluye el área de los genitales), la cara (y orejas) y la zona del pecho (incluyendo la espalda alta).

Si que es cierto que la zona de la pelvis, (Centro Lumbo Sacro en Yoga y Sistema de Centros de Energía), constituye el “distribuidor” y “coordinador” de la energía del cuerpo. Es el centro energético del placer, nos conecta con nuestra energía sexual que, siempre y cuando permitamos que la energía fluya desde ahí al resto del cuerpo, nos hará sentir alegres, placenteros, sensuales, con deseos de vivir y de conectar con los demás. Desde ahí, nuestro placer entendido como la capacidad que tenemos de gozar a través de la sensibilidad de nuestro cuerpo es autónomo, no depende del otro.

Por otro lado, podemos estar en contacto con nuestra energía sexual de forma continuada en el día a día. Esto ocurre cuando nos apasionamos y disfrutamos con lo que hacemos, nos entregamos a nuestro trabajo, cuando estamos excitados-energetizados por la vida. Por el contrario, en caso de que la energía no circule fluidamente y quede estancada o bloqueada, se nos puede producir una

coraza muscular que dificulte mover libremente la pelvis y, en definitiva provoque rigidez y una dificultad de sentir el placer, e incluso puede generar agresión.

Precisamente, uno de los primeros bloqueos de esta zona suele venir provocado por el condicionamiento educacional impuesto durante la etapa de control de los esfínteres. Generalmente, cuando aún no existe suficiente control ni sensibilidad de los músculos de la pelvis, se comienza a enseñar al niño a regular sus necesidades, por lo que bloquea, indiscriminadamente, todos estos músculos. Esa no diferenciación provoca que, de adulto, toda esta zona quede rígida, sin el nivel de sensibilidad ni movilidad adecuado para favorecer la fluidez de la energía.

Más adelante este bloqueo se puede incrementar con las represiones sexuales que desde niños nos imponen nuestros padres (quienes a su vez también fueron víctimas de la educación y la cultura), precisamente Reich la denominaba “pelvis trabada”.

Tras haber hecho referencias a la sexualidad como procreación, como contacto y como energía, desde el punto de vista fisiológico en la sexualidad ocurren básicamente dos procesos entrelazados.

Por un lado, la química de la atracción sexual se produce cuando algunas hormonas se vierten al flujo sanguíneo. Principalmente, hay dos: la oxitocina, que es un hormona que, entre otras cosas, produce sensación de mucho placer y despierta el deseo de abrazarse lo que a su vez mantiene el flujo de la misma, y la fenilatilamina que produce una sensación de euforia, de jovialidad y energetización, en última instancia provoca la sensación de “estar enamorado”. Esta última puede provocar lo que llamaríamos “cierta adicción” al enamoramiento.

Esas mismas sustancias provocan, entre otros mecanismos, el segundo proceso: una mayor concentración de sangre en las zonas mencionadas anteriormente: pelvis (especialmente los

genitales), cara (lóbulos de las orejas, labios, nariz, mejillas,

)

y pecho (pezones principalmente).

... Precisamente la estimulación directa de estas zonas hace que aumente la cantidad de sangre y, por

tanto, la sensación placentera en un circuito continuo.

Por último añadir, que la profundización y renovación del vínculo entre dos personas requiere contacto íntimo a todos los niveles. Sin embargo, este contacto tras la euforia y atracción inicial, a veces nos hace conectar con partes conflictivas (ej. competitividad, desconfianza, miedo a la

entrega,

...

)

que es necesario hacer frente para poder mantener el flujo de la energía sexual a largo

plazo. Por tanto, para favorecer una sexualidad cada vez más sana y libre es necesario aprender cada vez más a dejarnos y entregarnos sin interferencias, tanto a nivel físico como psíquico.

Por tanto, el trabajo con la sexualidad consiste en aprender cada vez más a dejarnos y entregarnos a la sexualidad sin interferencias, tanto a nivel físico ( intentar recuperar el movimiento libre de la pelvis) como psíquico (poniendo conciencia de las emociones que se viven en cada momento de ese cajón de sastre, para poder separar lo que esta contaminando) . Con el fin de conseguir una sexualidad cada vez más sana y libre.

La profundización y renovación del vinculo entre dos personas requiere contacto intimo a

todos los

niveles. .

El contacto intimo empieza a contactar con las partes más conflictivas. Puestas

de lado en el momento de la euforia, y atracción inicial. Pero para mantener el flujo a larga plazo, hay

que hacer frente a aspectos de nuestro carácter que estas esperando a afirmarse .Pero nuestra personalidad, o identidad social, que es nuestro sistema de defensa del mundo exterior, se convertirán

en una barrera entre la identidad sexual y el mundo exterior, empezaran a surgir los temas no resueltos , aspectos de nuestro carácter que están esperando para reafirmarse .: las cosas que tenemos miedo a mostrar o a comunicar, los aspectos de nuestra identidad sexual que no coinciden con las normas culturales o con las creencias familiares. (venganza, celos , competitividad, desconfianzas,

deseos de dominar o de ser dominado, odio inconsciente al sexo opuesto

...

).

Muchas de estas emociones se encuentran presentes en nosotros, debido al conflicto entre nuestra identidad sexual y social. Y cuando estas emociones son ocultadas para mantener la relación, puede empezar a producirse disfunciones sexuales y la incapacidad de seguir sintiendo un elevado nivel de atracción, que nos haría mas difícil controlar la expresión. La otro persona también esta atrapada en una coraza igual que nosotros. El trabajo en la sexualidad es aprender cada vez a dejarnos y entregarnos a la sexualidad sin interferencias , tanto a nivel físico como psíquico. Y poder recuperar las proyecciones y quedarse con las percepciones.

Desde este punto de vista podríamos hablar de la sexualidad como una emoción más, ya que sigue patrones de activación similares. Así, la sexualidad puede tomar energía de otras emociones, o sea, se puede sentir como excitación sexual la sensación física de miedo o de rabia, o dicho de otra forma el miedo o la rabia pueden producir excitación sexual. Ello es debido a que los patrones físicos de estas emociones son similares (la activación y energetización que se siente con la rabia es muy similar a la que se siente con la sexualidad). Estos mismos solapamientos se producen a nivel psíquico e inconsciente debido a factores culturales y educacionales.

El conflicto surge cuando no somos conscientes de cual es la emoción originaria de la excitación sexual y, por tanto, no podemos separar dichas sensaciones, por lo que es posible que si el origen de la excitación sexual es la rabia, lo que se obtenga es un “rabiorgasmo” o si es el miedo un “miedorgasmo”, en lugar de que, aun siendo el origen de la excitación la rabia o el miedo, en un momento dado podamos desapegarnos de esas emociones y dejarnos entrar plenamente en la sexualidad.

Esta situación del solapamiento de las emociones que por un lado y debido a nuestro carácter y a nuestras experiencias nos limita la sensación plena de la sexualidad por otro, adecuadamente manejadas, nos da una riqueza inmensa a la propia sexualidad, ya que nos permite utilizar la energía de cualquier tipo de emoción para transformarla en sexualidad, por lo que la fuente generadora de excitación sexual es inmensa.

Por tanto, el trabajo con la sexualidad básicamente consiste por un lado en tomar consciencia de las emociones que se viven en cada momento y especialmente cuales son las que “utilizo” principalmente para la sexualidad, y por otro lado, en aprender cada vez más a dejarnos y entregarnos a la sexualidad sin interferencias, tanto a nivel físico como psíquico.

De hecho, que existen patrones emocionales comunes a diferentes emociones, se pueden producir solapamientos que confundan entre sí la emoción del momento. Por ejemplo que entendamos activación sexual cuando en realidad estemos sintiendo rabia o miedo. En este aspecto es interesante el informe Kinsey de sexualidad que indicaba que muchas erecciones en el hombre eran provocadas por miedo o rabia, por lo que hablaríamos de rabiorgasmos o miedorgasmos.

Por otro lado, Las emociones tienen unos patrones físicos que se manifiestan en unos cambios producidos en el cuerpo; por ejemplo el miedo implica que una serie de hormonas y sustancias son vertidas al fluido sanguíneo (adrenalina entre otras que provocan la sensación de alerta), también hay un incremento de la frecuencia cardíaca, la sangre se colapsa en las extremidades para atacar o huir, etc. En el caso de la sexualidad, una emoción más, igualmente se producen cambios físicos:

hormonas en la sangre que producen activación, la sangre se colapsa en la cara, el pecho y la pelvis, etc.