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TRABAJAR Y COMPARTIR

CUESTIONARIO

J. A. Pagola (Revista Frontera nº 51) Se ha hecho del movimiento de Jesús una religión en la que sólo una minoría se siente de verdad con responsabilidad eclesial. De manera inconsciente se ha ido anulando la responsabilidad de los laicos y laicas: no se les necesita para pensar, proyectar o decidir sobre el seguimiento fiel de la Iglesia de hoy a Jesucristo. El pueblo cristiano lo siente así: la Iglesia es un asunto de los obispos, curas y religiosas; ellos son los que se han de ocupar de eso. Esta pasividad, cultivada desde siempre entre el pueblo es, tal vez, el principal obstáculo para promover la transformación que necesita hoy la Iglesia de Jesús. Se trata, más en concreto, de caminar en los próximos años hacia un nivel nuevo de existencia cristiana, pasar a una nueva fase del cristianismo, más inspirada y motivada por Jesús, mejor estructurada para el servicio al proyecto del reino de Dios. Se nos llama a "dejar atrás" una Iglesia poco fiel al evangelio y acoger al Espíritu de Jesús para edificar otra Iglesia con criterios y actividades más propias de él. No importa nuestro lugar, nuestro cargo o responsabilidad en el interior de la Iglesia. A todos se nos invita a colaborar en esta tarea difícil, pero atractiva, de pasar en la historia del cristianismo a una fase nueva, más fiel a Jesucristo. Todos podemos contribuir a que en la Iglesia del futuro se le sienta y se le viva a Jesús de manera nueva. Podemos hacer que la Iglesia sea más de Jesús. Con nuestra manera de seguir a Jesús po- demos dar a la Iglesia un rostro más parecido al suyo. Podemos hacer que se sienta más cercana, pequeña y vulnerable junto a los indefensos y olvidados, como se sentía Jesús. Que se sienta "amiga de pecadores" e indeseables, necesitados de acogida y perdón, como se sentía él.

QUÉ NOS AYUDARÍA A AVANZAR EN NUESTRA IGLESIA LOCAL

(tomado del documento “Seréis mis testigos”)

Priorizar la promoción de un laicado adulto y comprometido, dentro de la pastoral diocesana. Profundizar, entre todos, el sentido de la formación que hoy necesitan los laicos, a la luz de la Guía-marco aprobada por la Conferencia Episcopal Española. Promover procesos formativos que han de ser abiertos, graduales, proposititos, que parten de la vida, con contenidos básicos, respaldando, por parte de la diócesis, a los movimientos apostó- licos y asociaciones que tienen planes de formación adecuados a la Guía-marco, que ayudan a los laicos a ser evangelizadores en medio del mundo desde sus carismas. Fomentar la formación sociopolítica de la fe como una dimensión de la identidad cristiana.

www.iglesiavivaburgos.blogspot.com

  • 1. ¿Qué experiencias de iglesia apuntan en la dirección de un ma-

yor protagonismo laical? Coméntalas.

  • 2. ¿Qué dos o tres mensajes subrayarías como más importantes

de entre las valoraciones que se aportan? Trata de explicarlo.

  • 3. ¿Qué nos podría ayudar a seguir avanzando en hacer de nues-

tra iglesia de Burgos una iglesia más laical?

  • 4. Y a nivel personal, toda esta reflexión, ¿qué supone en tu vida,

qué te obliga a dejar, a cambiar, a transformar? ¿Cuál es tu utopía respecto de una Iglesia laical?

IGLESIA LAICAL

TRABAJAR Y COMPARTIR CUESTIONARIO J. A. Pagola (Revista Frontera nº 51) Se ha hecho del movimiento

INTRODUCCIÓN

FICHA3

Tras los encuentros mantenidos por el Foro Iglesia Viva, en torno a la renovación de la Iglesia e Iglesia en misión al servicio del Reino, seguimos trabajando las grandes intuiciones conciliares. En esta ocasión, y tras la ponencia de Juan José Tamayo:“La utopía de una Iglesia laical”, presentamos esta Tercera Ficha, donde pretendemos seguir ahondando en el futuro esperanzador que supone avanzar hacia una Iglesia con protagonismo verdaderamente laical. Os recordamos los objetivos que el Foro pretende conseguir: ser punto de en- cuentro, lugar de reflexión y espacio para compartir experiencias, alumbrados siempre por el espíritu del Concilio, más aun en este 2012 año que celebramos su 50 aniversa- rio.

Os agradecemos vuestro trabajo y reflexión. Recordamos también la dirección del blog: www.iglesiavivaburgos.blogspot.com para así tener también un lugar donde compartir impresiones.

PARTIENDO DE LA REALIDAD

QUÉ OBSERVAMOS EN NUESTRA IGLESIA LOCAL

(tomado del documento “Seréis mis testigos”)

Se valora a los laicos que colaboran en la vida interna de la Iglesia, pero continúan las reticencias hacia los cristianos comprometidos en el mundo.

Sigue en mantillas todo lo relacionado con la corresponsabilidad en la vida de la Igle- sia; y cuando existen órganos de corresponsabilidad (p. e. los Consejos Pastorales); a menudo, su funcionamiento es formal y sin verdaderos cauces de participación. La formación de laicos es tema recurrente pero sin apostar decididamente por ella. Se entiende la formación preferentemente como formación intelectual y seguimos sin ofrecer una formación integral, que una fe y vida, y que haga posible un laicado adul- to y comprometido. Parece que se prefiere laicos que sigan las consignas de los pastores y bien prepara- dos para confrontación con “los otros”, especialmente en la calle, ahondando así ese ”abismo” que separa a la Iglesia de la sociedad y que en la práctica hace casi imposi- ble proponer la fe desde la cercanía, el reconocimiento de la acción de Dios en los otros, la presencia en las organizaciones … Por el contrario, parece que no se quiere laicos adultos, capaces de organizarse y to- mar decisiones, con un verdadero acompañamiento por parte del ministerio pastoral pero sin paternalismos ni tutelas. Laicos que asuman con madurez su responsabilidad de evangelizar especialmente en los campos del trabajo, la politica, la economía, la cultura…

Cómo valorar a nuestra Iglesia con un mayor protagonismo laical a

la luz del evangelio.

El término laico no aparece en el evangelio, ni en los escritos de los primeros cristianos. No obstante, hay intuiciones básicas en el evangelio que nos hablan de la igualdad, dignidad y fraternidad que han de reinar en la comunidad de los seguidores de Jesús.

Cómo valorar a nuestra Iglesia con un mayor protagonismo laical a la luz del evangelio. El

Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntaba: «¿De qué discutíais por el camino?» Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor. Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: «Si uno quie- re ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos.» Y tomando un

niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo: «El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado.» (Mc 9, 33 – 37)

La comunidad de Jesús vive otra lógica alternativa de la que impera en nuestra sociedad. Si quiere ser fermento de un mundo nuevo ha de comenzar por los últimos. No es posible la fra- ternidad que el Padre quiere cuando hay hijos suyos en las cunetas de la vida. Por eso, el pri- mero para él es el hijo que sabe acoger a su hermano último y servirlo.

Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o

griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Y si dijere la oreja:

Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuer- po, como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Ahora bien, son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo. Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios; Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros singulares suyos (1Cor. 12, 13 – 27) Lo primero que se nos dice es que las categorías discriminatorias, judío/griego, esclavo/ libre, hombre/mujer, clero/laico, ya no existen en la comunidad cristiana, pues han sido nega- das por Jesús. Todos somos iguales en dignidad por nuestro bautismo. En segundo lugar, se nos dice que todos y todas sin excepción son protagonistas en la cons- trucción del Reino, tarea de toda la comunidad cristiana. Pablo, al utilizar la imagen del cuer- po y aplicarla a la comunidad cristiana, desmantela cualquier estructura de dominio que mar- gine a los miembros más débiles, restándoles protagonismo.

OTRAS VALORACIONES

Concilio Vaticano II

“A los Apóstoles y a sus sucesores les confirió Cristo el encargo de enseñar, de santificar y de regir en su mismo nombre y autoridad, mas también los laicos hechos partícipes del minis- terio sacerdotal, profético y real de Cristo, cumplen su cometido en la misión de todo el pue- blo de Dios en la Iglesia y en el mundo” (Sobre el apostolado de los laicos, AA 2) “Los laicos ejercen un apostolado múltiple, tanto en la Iglesia como en el mundo. En am- bos órdenes se abren varios campos de actividad apostólica, de los que queremos recordar aquí los principales, que son: las comunidades de la Iglesia, la familia, la juventud, el ámbito social, el orden nacional e internacional. Como en nuestros tiempos participan las mujeres cada vez más activamente en toda la vida social, es de sumo interés su mayor participación también en los campos del apostolado de la Iglesia.”(Sobre el apostolado de la Iglesia, AA 9)

“Acostúmbrense los laicos a trabajar en la parroquia íntimamente unidos a sus sacerdotes; a

presentar a la comunidad de la Iglesia los problemas propios y los del mundo, los asuntos que se refieren a la salvación de los hombres, para examinarlos y solucionarlos por medio de una discu- sión racional; y a ayudar según sus fuerzas a toda empresa apostólica y misionera de su familia eclesiástica. Cultiven sin cesar el sentido de diócesis, de la que la parroquia es como un célula, siempre prontos a aplicar también sus esfuerzos en las obras diocesanas a la invitación de su Pas- tor. Más aún, para responder a las necesidades de las ciudades y de los sectores rurales, no limiten su cooperación dentro de los límites de la parroquia o de la diócesis, procuren más bien extenderla a campos interparroquiales, interdiocesanos, nacionales o internacionales, sobre todo porque, au- mentando cada vez más la emigración de los pueblos, en el incremento de las relaciones mutuas y la facilidad de las comunicaciones, no permiten que esté encerrada en sí misma ninguna parte de la sociedad. por tanto, vivan preocupados por las necesidades del pueblo de Dios, disperso en toda la tierra. Hagan sobre todo labor misionera, prestando auxilios materiales e incluso personales. puesto que es obligación honrosa de los cristianos devolver a Dios parte de los bienes que de El

reciben”

(Sobre el Apostolado de los laicos, AA 10)

Cristianos laicos, Iglesia en el mundo.

(Conferencia Episcopal Española)

Los laicos son Iglesia. Los laicos no solo perte- necen a la Iglesia sino que son la Iglesia. Por el bautismo los laicos son hechos hijos de Dios, miembros de Cristo y de su cuerpo que es la Iglesia; son consagrados como templos del Espí- ritu y participan de la misma misión de Jesucris- to. A su modo participan de las tres funciones de Cristo: enseñar, santificar y gobernar, lo que subraya su condición eclesial, su pertenencia a la Iglesia. Por eso, la "entera Iglesia", y cada una de nuestras Iglesias particulares, no está plena- mente constituida si, junto a los obispos, sacer- dotes y religiosos, no existe un laicado adulto y corresponsable. La corresponsabilidad es, sin duda, una de las exigencias y expresiones más significativas de la comunión (n. 24) “La nueva evangelización se hará sobre todo por los laicos, o no se hará” (n. 148).

Juan José Tamayo.

(Balance del Concilio Vaticano II, en Religión digital)

En el caso del cristianismo, la Indignación es la reacción justificada frente a la negación de la igual dignidad de todos los cristianos por parte de quienes se consideran dotados de una digni- dad superior por el orden sacerdotal o episcopal, frente al establecimiento de jerarquías que no tienen base alguna en Jesús de Nazaret y frente a la tendencia de determinados sectores a conside- rar la Iglesia como su finca privada, en la que solo admiten a quienes acatan sus normas y de la que expulsan a quienes se muestran críticos. La Indignación está más justificada todavía en el caso de las mujeres cristianas, a quienes se les niega su dignidad humana y cristiana, al ser teni- das como objetos en manos de los eclesiásticos varones y "vientres reproductores" y no ser reco- nocidas como sujetos morales, eclesiales, sacra- mentales, teológicos.

Equipo de Redacción de la revista Iglesia Viva (marzo 2011)

Cómo valorar a nuestra Iglesia con un mayor protagonismo laical a la luz del evangelio. El

La renovación de las comunidades cristianas es urgente. La prioridad del pueblo de Dios, que debe ocupar el lugar teológico que merece, debe también llegar a prácticas significativas de parti- cipación. La Iglesia se debe construir a partir de un proceso “sinodal”, de “caminar juntos” en el cual se valore la diversidad. Reconstruir el concepto y la realidad de la sinodalidad solo se consi- gue practicándolo. El poder en la Iglesia no debe ejercerse sin reparto, a fin de que la obediencia sea dada a Dios mismo y no se detenga en la persona de los jefes, y a fin igualmente de que la autoridad no impida la libre creatividad inspirada por el Espíritu a los miembros del cuerpo de Cristo para el creci- miento de ese cuerpo. Tampoco debe ejercerse sin el necesario control que el ejercicio de todo poder exige y que debe ser llevado a cabo por instancias eclesiales distintas a las que han tomado las decisiones.