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Para pensar la vida de comunidad…….pág 02 Paulo atrapado………………….………pág 16

RENACER: MAYO 2004 Nº 79 AÑO XXIV

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PARA PENSAR LA VIDA EN COMUNIDAD 1
Contexto histórico de los procesos de cambio que ha sufrido la Vida Religiosa actual
A quienes hemos asistido a la inauguración del siglo XXI la mirada retrospectiva hacia el último concilio ecuménico nos sigue llenando el alma de gratitud, tanto por su apertura y aggiornamento como por la presencia silenciosa y fecunda del Espíritu. A ello se debió que el mundo dejase de ser aquella realidad hostil y amenazante para transformarse en interlocutor válido y, más todavía, en lugar teológico. Pero la renovación no sólo fue de cara a los nuevos tiempos, sino también hacia el corazón mismo de la Iglesia. No podíamos actuar distinto con el mismo ropaje, era necesario nacer de nuevo. La Liturgia y el Derecho, la Jerarquía y los Laicos, la Vida Religiosa y la Teología: todo fue objeto de discernimiento. Había que extraer lo esencial y contarlo en parábolas que tuviesen en cuenta una sociedad cambiante, llena de esperanza, efervescente y renovada. Pero bien sabemos que un acto de tal envergadura tiene sus costos y consecuencias: el catolicismo y la vida religiosa perdieron aquel peso y privilegio que por siglos caracterizó su presencia social, Pero más preocupante aún fue el extravío de identidad que afectó a los religiosos y al clero. Una vez que la Iglesia se hubo reconciliado con el mundo, las Órdenes y Congregaciones religio1.* Cf. Sagrada Congregación para los religiosos e institutos seculares, Elementos esenciales de la doctrina de la iglesia sobre la vida religiosa e institutos de vida apostólica. Ciudad del Vaticano, 31 de mayo de 1983. * Una nueva relación con los seglares; en: www.multiumedios.org * Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, La vida fraterna en comunidad. Roma, 02 de febrero de 1994. *Botella C., La teoría pulsional en el psicoanálisis contemporáneo; en: vww.apa.org *Colombo E., Sexualidad y erotismo. Teorías sexuales infantiles: teoría, fanatsma y fantasía inconsciente; en www.aperturas.org/2colombo.html *Freud, totem y tabú...; en www.monografias.com *La obediencia evangélica en la Vida Consagrada; en: L'osservatore Romano, 7 de diciembre de 1994. *Di Ianni A-, Vida religiosa y modernidad; en: www.feyrazon.org/Dilannivida.htm *Algunas tensiones psicológicas a las que suele estar sometido el pastor; en www.CristiaNet.org/psicopastoral-2003

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sas no tuvieron más dragones que vencer. ¿Qué hacer ahora? ¿Qué significaba ser religioso o sacerdote en una sociedad pluralista, en la que los laicos comenzaban a adquirir un protagonismo jamás antes visto? ¿Qué sentido podía tener una vida en comunidad en medio de voces que apelaban rabiosamente por la autonomía, el individuo, su libertad, dignidad e iniciativa? Muchos no encontraron respuesta. Y el problema sigue siendo un tema pendiente en la vida eclesial, sobre todo porque entre sus causas hay algunas que proceden del mundo a quien la Iglesia se propuso servir: el escepticismo y materialismo reinantes configuraron en una nueva forma de cultura (post-modemidad -ya hay quienes prefieren hablar de hiper-modemidad) que terminó instalándose en el corazón de la vida religiosa y clerical. Hoy debatimos un ateísmo que está dentro de nuestros corazones (Walter Kasper) y que hunde sus raíces en la Ilustración. En nuestro siglo la Ilustración ha alcanzado una centralidad sin precedentes, se ha masificado debido a los nuevos canales de comunicación. Los fenómenos socio-culturales que hemos venido observando desde la década de los '60 no son más que el fruto de las corrientes intelectuales modernas. La Ilustración en cuanto proceso cultural conoce dos momentos: el de la duda cartesiana, que concluye en una certeza (cogito ergo sum); y el de la recuperación de la conciencia, que concluye en la sospecha. Mientras que Descartes y Kant encuentran en la conciencia subjetiva el fundamento del ser, los filósofos de la sospecha (Marx, Freud y Nietzsche) concluyen que ella no es más que engendradora de ilusiones y máscaras. Y el fenómeno religioso fue pensado como uno de sus estadios más fecundos en materia de ocultación de la verdad, un opio para engañar a las mentes débiles. La conciencia disfraza de sentimiento religioso las auténticas búsquedas antropológicas: gratificación sexual, riqueza y poder. Ahora entendemos por qué para muchos contemporáneos el gran pecado fue la hipocresía, y la gran virtud la sinceridad. Hipocresía era no asumirse tal y como somos. El llamado era a salir de los escondites. Esto significó dejar de lado la preocupación por la calificación moral de estilos de vida que parecían tomarse buenos por el solo hecho de desenvolverse "sub-sole". Otro fenómeno derivado de la sospecha fue (y es) el interés por lo significativo en desmedro de la verdad. Nos convertiMAYO 2004
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mos a una religión de sentimiento y confort y renunciamos a la tarea espinosa de buscar la verdad. Esta ha sido, a la larga, una de las causas de las crisis vocacionales: si sospechamos de la capacidad de la conciencia para alcanzar la verdad es lógico que rehuyamos de los compromisos "para siempre". Nadie está dispuesto a entregarse sin más a un cúmulo de supuestos, por muy interesante que ellos sean. La Ilustración logró tocar los quicios de la vida religiosa. La autoridad y la tradición fueron puestas en sospecha y su lugar fue ocupado por la razón, el libre pensamiento y la fraternidad humana. Los ideales de la Revolución francesa llegaron a ser los ideales de los religiosos: libertad, fraternidad e igualdad. Parecía ser ideales confirmados por el Vaticano n, y a ellos se echó mano en un intento desesperado por reformar los conventos. Por primera vez en la historia de la Iglesia adquiere incuestionable peso la expresión "Yo quiero esto" como fundamento moral válido para una acción. Tal énfasis en la libertad individual vino de la mano con la preocupación por la auto-realización. Y, obviamente, no cabía hablar de autorealización si no eran los mismos religiosos los que decidían respecto de sus tipos de vida y ministerios. Se señaló hasta el cansancio que los superiores debían ser personas comprensivas y atentas a las necesidades de los miembros de su comunidad, así como que la obediencia era un "acompañamiento". Por su parte, la fraternidad fue entendida como intimidad. Así, algunos llegaron a la vida religiosa con la idea de satisfacer carencias afectivas, o bien salieron de ella a la espera de que la Iglesia cambiase su parecer sobre la castidad. Esta idea de vida fraterna no comulgaba con la vinculación de un voto contrario a requerimientos íntimos. Los límites entre autorealización, entrega, vida fraterna y autenticidad se desdibujaron absolutamente. Quienes continuaron en la vida religiosa intentaron un camino intermedio entre votos y vida más fraterna: compartir. Todo debía ser "compartido" y conversado. Un Provincial ya no podía decir ¡No! en términos inequívocos. El resultado de estas experiencias fue, sin duda, un "corazón dividido". Resultado que marcó una época no superada del todo: nos distrajimos, no supimos entregarnos a cabalidad, nos descarriamos, no fuimos felices. Algunos entendieron la vida ya no como vocación, sino como pasatiempo. Su corazón terminó centrándose

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en otros tesoros, lejos de Cristo, en proyectos personales, incursiones afectivas y nuevas formas de religiosidad que terminaron en el vacío. Dejó de existir una -visión común-. Los proyectos de misión se recargaron de declaraciones de compromiso celebrados en infinidad de liturgias. Pero faltando una visión común es imposible que una misión cunda. Terminamos intentando una vida comunitaria sin pisarnos los callos, donde todos somos hermanos, iguales, sin superiores, sin obediencia, sin tareas en común, libres. Y hoy estamos en una situación polarizada: liberales contra conservadores. El problema no está en la libertad, igualdad o fraternidad, sino en cómo ellas son entendidas y vividas por los religiosos. La tendencia es hacia el fundamentalismo, cosa nada novedosa en la historia cuando se agitan las aguas. Pero más allá de esto, el fundamentalismo reinante nos sugiere algo interesante: existe una búsqueda de trascendencia que no hemos sabido encauzar. Una auténtica reforma de la vida religiosa no pasa por la asunción a-crítica de los ideales galos de revolución, tampoco por la huida de un mundo secularizado ni el refugio en estructuras ultramontanas, sino por el diálogo tranquilo y, ante todo, evangélico, entre esos ideales y la experiencia de Dios; experiencia que hoy más que nunca debe alejarse de la superstición y la fascinación del poder para abrirse a un auténtico misticismo y sacramentalidad de la vida moderna. Sólo en la trascendencia redescubrimos la inmanencia. Necesitamos decir con el salmista "En tu luz vemos la luz".

Problemas actuales y tensiones psicológicas que afectan la vida en común
La Sagrada Escritura y la experiencia eclesial de siglos, nos dan cuenta del diálogo fructuoso que se da en el encuentro de las libertades divina y humana. Es en el encuentro con el Resucitado cuando nos sabemos cerca y lejos, salvados y condenados a la vez. Es la tensión clásica del "ya pero todavía no" que marca no sólo nuestro andar como religiosos, sino la marcha de toda la comunidad. Es la experiencia del peregrinaje incierto, de la fe en el que conduce y de la asunción de las propias fuerzas. La teología nos ha enseñado que "la gracia asume la naturaleza" y que sólo es redimido aquello que es asumido. En otras palabras, para

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poder redimir nuestras personas y nuestras comunidades, para que ellas gocen de buena salud y de la alegría-esperanza de la Resurrección, para que reciban la fuerza del Espíritu que inspira a los profetas, consuela a los abatidos, fortalece a los débiles y santifica a los pecadores, es preciso que asumamos nuestras muertes, que nos atrevamos a mirar con honestidad y serenidad nuestras enfermedades. No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor enfermo que el se piensa sano. La tentación aquí es dedicarse a mirar las mugres en ojos ajenos y pretender ser el médico que sanará esos ojos infectados. También nos asalta la tentación a lanzar la primera piedra, a culpar a los demás de los problemas de todos. La mirada sobre la propia persona y sobre la de los demás miembros de una comunidad debe ser hecha con suma humildad y aprecio a los hermanos; con los sentimientos de Cristo, pero no creyéndonos Cristo. Dicho esto, partamos viendo algunas tensiones psicológicas a las que estamos sometidos hoy. a. El síndrome de Listra. El capítulo 14 del libro de los Hechos de los Apóstoles da cuenta de las fantasías que sienten algunos creyentes con relación a la personalidad de sus guías espirituales. Como en Listra muchos creyentes tienen, en la actualidad, la tendencia a endiosar a sus pastores. Hoy como ayer se suele reaccionar con agresividad cuando el pastor no se deja endiosar. Para algunos creyentes el pastor no tiene espacio para ser humano. Si no es Dios, entonces es Satanás y merece ser lapidado. Lamentablemente, muchos siervos de Dios son muy frágiles ante el halago y frecuentemente se prestan como "perchas" para que los feligreses cuelguen en ellos el ropaje de sus fantasías. La explicación psicológica de este fenómeno es que dichos feligreses producen una identificación proyectiva con el pastor. Ellos padecen la ilusión de que él es un ser humano perfecto, casi divino. Ven en él lo que ellos desearían ser, lo idealizan. Pareciera que lo anterior está en contradicción con la afirmación siguiente: No existen más tensiones psicológicas en el pastor que las que él mismo genera. Las tensiones pastorales parten del mismo pastor, aunque pueden ser alimentadas por los fieles. Ciertamente, hoy no se apedrea en lo real a un pastor por no dejarse endiosar, pero hay formas imaginarias y simbólicas de hacerlo. Es posible lastimar la vida espiritual y la salud mental sin dañar el cuerpo. Pero nadie puede lastimar a un cristiano
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si éste no se deja seducir por sus propios deseos de grandeza y de poder. Las influencias del mundo externo sobre el pastor no ejercerían influencia alguna sobre él si en su mundo interno no estuviera el deseo de ser endiosado. La salud espiritual y mental de Pablo y de Bernabé se expresó en la afirmación de su humanidad: "Varones, ¿por qué hacéis estas cosas? Nosotros también somos hombres como vosotros, y os anunciamos el evangelio para que os volváis de estas cosas vanas a un Dios vivo". b. La transferencia. No es más que un síntoma de lo anterior y consiste básicamente en el tipo de acercamiento a una persona con sentimiento de atracción o rechazo. El sujeto amado u odiado nos recuerda a alguien que en el pasado fue significativo. Según se trata de amor u odio la transferencia será positiva o negativa. Además, el pastor ha de saber que este mecanismo no sólo se comprueba en un sentido, sino que es recíproco; en otras palabras, la comunidad podrá amar u odiar al pastor. Pero también conviene saber que la transferencia positiva puede ser bien utilizada: el pastor puede ser un polo positivo de aglutinamiento para la gloria de Dios, si es fiel al Señor y resiste a la tentación de caer en la idolatría, es decir, a actuar como si fuese un ser superior, un semidiós. Importa mucho, también, que tengamos claro que la transferencia se manifiesta hacia la función y no hacia el funcionario. Es con el pastor y no con el fulano de tal. El pastor debe ubicarse como persona y no como personaje, debe tener bien claro que si él fuese sólo un miembro másde la comunidad la transferencia se produciría, pero no con él, sino con la persona reconocida como pastor. Si el pastor se deja usar como "percha" donde los fieles cuelguen el ropaje de sus fantasías, así le irá a él y la comunidad a su cargo. El es un siervo de Dios, pero también es un ser humano. No hay que equivocarse, ser un siervo de Dios no significa ser un dios. c. Tensiones derivadas de la incapacidad para manejar la transferencia negativa. La agresividad es una fuerza natural en el ser humano, que debe ser controlada y orientada hacia lo creativo y hacia el bien. De no ser así, se dirigirá hacia la destrucción y la muerte. A algunos les cuesta pensar que Dios puso esa fuerza en el ser humano. Sin embargo, también la puso en los animales para su autodefensa, así como el instinto de conservación de la vida. Como los animales no sufren la represión, en ellos la agresividad aparece en su forma original, sin el desgaste de la cultura. La agresividad, más o menos atenuada, existe en todos los pastores y en todos los fieles, y puede ser bien o mal usada. La agresividad provee las energías, pero hay que saber qué hacer con ellas.
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En el caso de los feligreses agresivos, que los hay, el pastor también debe tener en cuenta que la agresión se dirige hacia la función y no hacia el funcionario. Es decir, se agrede a su investidura pastoral y no a su persona. No debemos olvidar que estamos en presencia de un proceso inconsciente que se actualiza en el aquí y el ahora, sin que nos demos cuenta. Sin embargo hay muchos pastores que se sienten agredidos y perseguidos cuando nadie los agrede ni los persigue. Pero cuando la agresión existe realmente, teniendo en cuenta la transferencia, el pastor no debe tomar la tensión como un problema personal. Según la Palabra de Dios hay que manejar la crisis a nivel de comunidad de fe, en tal caso, habría que aplicar las pautas que nos ofrece el Señor en San Mateo 18, 15-20. Por otro lado, los feligreses tienen el derecho a opinar diferentemente del pastor, quien como ser humano que es, puede equivocarse como cualquiera. Además, el disenso en el contexto del Pueblo de Dios puede ser más constructivo que destructivo, todo depende de la humildad del pastor, más bien, de lo que dice Gálatas 5, 22-23. d. Actitudes derivadas de la tensión vida-muerte en el sujeto. Como ya se ha insinuado de alguna forma, en cada uno de nosotros existe una tensión permanente entre dos fuerzas o tendencias: la de la vida y la de la muerte. De su buena conjugación dependerá en gran parte nuestra relación con los miembros de la comunidad y la estabilidad en las opciones de vida. La primera nos lleva a comunicamos, a amar (Freud le llamó Eros); mientras que las segunda, a rehuir la relación, al aislamiento y la capacidad de dañar (Freud la llamó Thanatos). La relación pierde vitalidad y se fractura en la medida en que causo daño al otro. Y si pierde la relación pierde también la vida de la comunidad. Lo importante es aceptar esta dualidad de fuerzas que hay en cada uno. Por lo general, la capacidad de dañar nos avergüenza, entonces la dejamos indefinida, descansamos irresponsablemente en Dios. Y mientras más indefinida es más daño causo, porque no soy consciente de la cantidad ni del modo cómo daño. Por lo mismo, no corrijo. Si, por el contrario, aceptamos la dualidad de fuerzas adquirimos una visión más objetiva de sí y del otro, abriéndose caminos de crecimiento en las interrelaciones. En otras palabras, ver lo malo en uno ayuda a ver lo bueno y lo frustrante en el otro. Y la aceptación de eso frustrante en el otro ayudará

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a la estabilidad de una buena relación comunitaria. Ahora bien, según aceptemos o no la dualidad se configuran cuatro actitudes frente al otro: 1. Persecutoria: el sujeto ve en sí sólo su capacidad de amar, en tanto que la capacidad de dañar se le hace intolerable y termina proyectándola en los demás, a los cuales ve como seres peligrosos: se siente víctima de los otros y perseguido por ellos. De este modo, la relación se toma casi imposible: vivo culpando al otro de lo malo que sucede. 2. Depresiva: el sujeto empieza integrarse, a conocerse más y acepta su negatividad; entonces se siente deficiente y dañino, y por tanto se deprime. Y si esto se acentúa en depresión neurótica, el sujeto ve sólo sus aspectos negativos y no tiene fe en su capacidad de amar. La visión de los otros y del mundo es escindida: hay personas buenas, pero lo son porque no las he contagiado con mi maldad; debo, pues, huir de ellas para no dañarlas. Y hay también personas malas, porque yo las he hecho malas, es culpa mía; entonces también me alejo. 3. Maníaca-eufórica: todo es bueno, armonía y paz. No hay razón para complicamos la existencia. El sujeto niega el daño, o la capacidad de dañar, en sí y en los demás. Todo es bueno, lindo y fácil. Bajar el perfil a los problemas es una actitud defensiva, no queremos ver ni comprometemos con los problemas reales. Es quizá este el sujeto que más daña por su falta de conciencia e implicancia en la vida real de la comunidad. 4. Madura: es el resultado de la actitud objetiva en la que el sujeto sabe que es capaz de amar y dañar. Acepta el daño como una pobreza, y esto lo deprime, pero no se queda allí sino que confía en su fuerza de amar, esto es, se dispone a reparar el daño. La capacidad de reparación es lo que permite la madurez y estabilidad en las opciones y compromisos asumidos. No existe la relación sin daño ni mancha, por eso importa mucho cultivar la capacidad de reparar entendida como posibilidad de re-crear las relaciones comunitarias. Ahora bien, tan importante como saber reparar es saber recibir las reparaciones que se me ofrecen. Y así como el daño se produce con pequeñas cosas, las reparaciones tampoco requieren de una excesiva solemnidad. Cuando no somos capaces de reparar viene la ruptura. Y lo único que evita la ruptura es el amor decisión: opción por seguir al Señor tomando la cruz de cada día, por amar (y no sólo soportar) al otro, incluso a quien te hace daño. Estamos hablando de la voluntad (querer) de compartir todo y formar una unidad humana en la cual
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nos comprometemos, nos jugamos y asumimos el riesgo de vivir en comunidad con otro ser humano. El amor sentimiento, por el contrario, es una emoción, una vibración profunda de todo un ser ante el otro que perdura en el tiempo y cuya característica principal es la de un fenómeno ondulatorio: con altibajos. El amor sentimiento colorea las relaciones, pero es el amor decisión el que las mantiene y les da fuerza de crecimiento.

¿Cómo reaccionar ante semejantes tensiones y caminar hacia el fortalecimiento de nuestra vida en común?
No existe una respuesta válida para todos los casos particulares, no hay recetas mágicas. El camino es largo y trabajoso, pero al mismo tiempo es liberación. Cada uno deberá ir buscando senderos, pistas y luces en el Evangelio, en la experiencias eclesial, en el contexto sociocultural en que vive teniendo siempre en el trasfondo la configuración psicológica y las características personales de los miembros de la comunidad. Por muy convertidos que estemos, nuestra estructura psíquica nos acompañará hasta la tumba. Sin desconocer lo que hemos dicho arriba, bien vale tener en cuenta algunas pautas generales que pueden ayudamos en nuestra ubicación frente a las tensiones psicológicas a las que estamos expuestos. 1.- "No existen más tensiones psicológicas en el religioso (o pastor) que las que él mismo genera". Esta afirmación teórica tiene sus raíces en la realidad de que cada uno, al convertirse, conserva sus características individuales distintivas, es decir, su estructura psíquica. En el caso de pastor (párroco o superior, rector o profesor), este a veces logra dejar su impronta en la comunidad, la cual tendrá una personalidad a imagen y semejanza del pastor, y no a imagen y semejanza del hombre nuevo según el modelo de Jesucristo. Cada pastor debe preguntarse quién es su modelo personal, si Jesucristo o sí mismo. A veces es un poco de cada uno. Por eso se generan las tensiones psicológicas. Claro que algunos dirigentes laicos suelen presentar tensiones, pero éstas afectarán al pastor en tanto la problemática inconsciente de esos laicos coincida con la del propio pastor. Cuando esto ocurre, el pastor se obnubila y actúa como si se hubiera olvidado de que él es pastor. Lo cual no quiere decir que carezca de salud espiritual, su carencia está en lo psicológico.

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2.- Cada religioso conserva sus características individuales distintivas, es decir, su estructura psíquica. Por eso no es aconsejable que un religioso esté de por vida al frente de una misma comunidad o función dentro de ella, aunque esto puede resultar bueno excepcionalmente. En la mayoría de los casos es aconsejable el cambio pastoral para que la comunidad se enriquezca con la variedad de aportes pastorales, y para que el religioso no esté sometido a la tentación de creerse "el dueño de la quintita". Encarar las tensiones psicológicas con una actitud sana y con espíritu cristiano implica reconocer nuestra pequenez, y que la obra en que estamos involucrados en más grande que nosotros. 3.- El religioso que realmente desee encarar sanamente y con espíritu cristiano sus tensiones psicológicas debe reconocerse como un ser escindido entre dos sistemas: lo consciente y lo inconsciente. De lo inconsciente proceden los mecanismos de defensa que siempre escapan a nuestra percepción consciente. 4.- Uno de los mecanismos de defensa más comunes entre los religiosos es la proyección. Se proyecta hacia afuera la culpa. Son los otros los culpables, nosotros siempre tenemos la verdad y la virtud. ¿Quién no conoce a pastores que son incapaces de mantener sus comunidades unidas? ¿Quien no conoce comunidades que son como las abejas porque de vez en cuando se les escapa un enjambre? ¿Por qué algunos pastores logran mantener unidas sus comunidades mientras que otros, a donde quiera que van, se producen divisiones? ¿Dónde está el Espíritu Santo del cual procede la unidad de la Iglesia según Efesios 4, 3? ¿Dónde está el concepto de pecado? El pastor que quiera encarar sanamente y con espíritu cristiano sus tensiones psicológicas debe reconocerse pecador, debe admitir que dentro de sí mismo tiene un enemigo; debe admitir que lo peor de su vida está acumulado en su inconsciente. No es fácil alcanzar la conversión de lo inconsciente. Reconocerlo me permite ser sincero y humilde delante del Señor y de su pueblo. Es muy fácil afirmar que todos los hombres son pecadores y llamarlos al arrepentimiento. Pero cuando uno se cree una persona muy importante porque es un religioso y/o sacerdote, resulta difícil confesar: "Yo soy un pecador y me arrepiento de mis pecados".

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5.- El religioso que desee encarar sus tensiones psicológicas sanamente y con espíritu cristiano debe tener en cuenta el síndrome de Listra. Debe reconocer la existencia de la transferencia positiva y de la negativa, así como las tensiones entre eros y manatos, además de ser capaz de encarar adecuadamente estas relaciones humanas. 6.- El religioso que desee encarar sus tensiones psicológicas sanamente y con espíritu cristiano debe cuidarse de las tentaciones del poder. Tanto de las tentaciones de disponer del poder que le ofrece la transferencia positiva de sus fieles, como de su propio deseo de ser algo más que un ser humano. 7.- Finalmente, cada religioso debe someterse semanalmente a un test que resulta infalible. Se trata del test del fruto del Espíritu Santo que aparece en Gálatas 5. Cada semana todo cristiano debe hacer una evaluación de lo que él permite que el Espíritu Santo haga en su vida. El test del fruto del Espíritu Santo consiste sólo en dos preguntas: 1.- ¿Tengo amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio? (Recordemos que la Biblia habla del fruto, en singular, y no de los frutos del Espíritu). 2.- ¿Tengo todos y cada una de las expresiones del fruto del Espíritu? No es necesario hacer más preguntas.

Entrevista con la historia.
El año 1998, entre el 18 y 20 de febrero, nuestra Provincia dedicó tiempo, energías y neuronas a pensar la vida en comunidad (Cf. RENACER 70 (1998) 2-13). A continuación transcribo lo medular de ese trabajo, las síntesis sobre las propuestas y las conclusiones grupales. Resulta interesante descubrir viejas y nuevas problemáticas, y preguntamos hasta dónde fuimos capaces de tomamos en serio lo que aquella vez nos sugirió el Espíritu. 1. Elementos interpeladores a la vida comunitaria. 1.1. "Fuga fratris". Parece no haber lugar a dudas que nuestro actual modo de vivir en comunidad asiste, más que a la "fuga mundi", a la "fuga de los hermanos", realidad que no podemos dejar de lamentar. Más aún, constatamos la paulatina y permanente inserción del religioso en el mundo y la cultura actual, lo cual, siendo positivo, nos ha llevado, sin embargo, a perder de vista el
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1.2.

horizonte del ser en favor del hacer y del tener. Incluso la "alegría de vivir juntos" resulta cada vez más extraña, o bien, bastante pobre si se la compara con la "alegría de vivir con los otros". Es por ello que urge rescatar o propiciar instancias concretas de mutuo acercamiento, sobre todo si consideramos que el mundo creerá (cf. Jn 17) en la medida en que vivamos comunitariamente, pues la vida común acontece como "sacramento del amor de Dios". Relación individuo-comunidad. Aunque la comunidad supone al individuo, ésta va más allá de la simple adición de riquezas o pobrezas particulares, pues se encuentra siempre potenciada por la acción del Espíritu, la cual es, a su vez, un elemento de permanente tensión hacia el crecimiento en la caridad. Por tanto, siempre nos topamos con el "cuánto más" de la Gracia que supera toda expectativa humana. Por otro lado, siendo realistas, en nuestras comunidades tiene bastante peso lo que podríamos llamar "pecado original de la nueva ley": restar donación a la comunidad. Prototipo de este pecado es la avaricia de Ananías y Safira a la cual alude el Libro de los Hechos. De su lectura se desprende que la koinonía tiene a la base la total transparencia del individuo. El trabajo de la caridad (cf. 1 Tes 1,3). La comunidad es una realidad en permanente construcción. De aquí la importancia de rescatar aquello que Pablo alaba en los Tesalonicenses: el empeño que ponen por vivir la caridad cristiana. Tal empeño, supone, entre otras cosas, aprender a no subrayar los defectos de los hermanos, más aún, a gozar con los logros de todos y cada uno; aprender, también, a vivir la amistad al interior y exterior de la comunidad sin particularismos egoístas. Existen, además, muchísimos recursos humanos y espirituales para "construir comunidad", a los cuales debemos prestar la debida atención, incluso con "espíritu profesional" para llegar a ser verdaderos "expertos en comunidad" - como lo señalase Paulo VI-.

1.3.

2. Síntesis del trabajo grupal. Pautas generales de acción. 2.1. Respecto de la disyuntiva "crecimiento comunitario-individuo"
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Constatamos que, en ocasiones, el apostolado suele transformarse en instancia de automarginación de la comunidad. Vuelve a aparecer el "fantasma" del "consumidor de la comunidad". La pregunta es cómo integrar apostolado y vida comunitaria, acción y oración. A modo de propuesta se sugiere lo siguiente: a) en la programación comunitaria privilegiar algunos "puntos firmes", es decir, acuerdos comunitarios tocantes a la praxis que no estén sujetos a modificaciones individuales (ej: reunión comunitaria, revisión de vida, etc.), propiciar canales de información y comunicación individuo-comunidad. A partir de estos dos puntos surge la pregunta por la prioridad en caso de existir conflicto entre proyecto comunitario y acción personal. Pensamos que, obviamente, prima lo comunitario: las necesidades individuales quedan supeditadas al conjunto; potenciar la integración humana y la simpatía entre los cohermanos, lo cual sólo se logra a través del compromiso de todos y cada uno. Pero, además, existen ciertos canales que merecen especial atención, tales como: obligamos a la estimación mutua, ampliar y calificar los capítulos como medios de integración global, aprovechar los momentos de intercambio informal; mirar con sano humor nuestro desempeño, lo cual le resta tensión y lo hace menos absorbente;

b)

c)

d)

e) cultivar actitudes comunitarias y virtudes zaccarianas, de modo particular lo tocante a urbanidad y cortesía, paciencia y compasión comprensiva, saber escuchar siempre, callar debidamente y hablar oportunamente. Esto último debe ser leído a la luz de la función, rol y característica de la autoridad en nuestras comunidades 2.2. Respecto de la función, rol y características de la autoridad. Pensamos que conviene rescatar los siguientes principios: a) el superior es "memoria comunitaria", es decir, tiene la función de recordar los compromisos a la vez que distribuir los compromisos;
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b) aunque resulta una tarea ingrata, el superior no debe olvidar la intervención oportuna en materias esenciales; c) información oportuna de nuestras acciones o movimientos, es decir, renunciar a la política de los hechos consumados. Estos principios son insostenibles si no está detrás el sentido de pertenencia a la comunidad. 2.3. Esbozo para una espiritualidad comunitaria. a) Presencia de Dios. Entendemos la presencia divina en términos bíblicos, es decir, fidelidad de Dios a las promesas y compromiso eficaz con la historia que ha iniciado en San Antonio María Zaccaría. Mirar al pasado y descubrir allí la huella de la Gracia nos anima a seguir caminando con entusiasmo por las sendas de nuestro carisma. Esto mismo hace urgente que busquemos de tender lazos con la Tradición y el bagaje de los "antepasados", pues en sus obras y vidas ha cristalizado la permanente encarnación de Dios y la respuesta generosa de quienes han sabido descubrir lo esencial en la vida: aquello que no se ve. b) Oración profunda. No se trata tanto de empeños personales, sino de dejarse amar por Dios; tampoco de multiplicar acciones o formas novedosas de oración, sino del cultivar el "espíritu de oración", esto es, una actitud que nos mantenga en continua y permanente conexión con Dios a nivel del corazón en cuanto centro personal. c) Sentir que pertenecemos a la Iglesia. La conciencia de pertenecer a la Iglesia pasa por la conversión a la acción vivificante del Espíritu, es decir, por el convencimiento en la fe de que es este Espíritu el que nos anima y unifica más allá de nuestras fuerzas, grandezas o miserias. Un fruto positivo de la acción del Espíritu ha sido, en los últimos tiempos, la incorporación de los laicos en nuestra vida. También a él debemos nuestro fuerte sentido de Provincia. d) Revisión de vida y corrección fraterna. El trabajo en equipo hace necesaria la corrección en la caridad, pues solamente podemos crecer en la medida en que somos capaces de reconocer nuestras humanas limitaciones a fin de mejorar aquello perfectible.
p. Humberto Palma, Bta

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Con frecuencia la Escritura describe la existencia de quien ha dado respuesta al llamado de Dios con los ingredientes de la seducción, como si Dios hubiese embrujado al destinatario de su llamado que –finalmente- no encuentra otro modo de realizar su existencia sino haciéndose medio del mandato de Dios. Jeremías es el portavoz más explícito de esta seducción: «Me has seducido, Yavé, y me dejé seducir por ti. Me tomaste a la fuerza y saliste ganando» (Jer 20,7). Es que el servicio divino es más que una función; es más bien un compromiso vital en el cual todos los elementos de la vida de una persona experimentan un cambio radical. San Pablo lo describe como una sustitución de persona: «ahora no vivo yo, es Cristo quien vive en mí» (Gal 2,20), descripción fiel de ese encontrón que le hace cambiar decididamente rumbo en su vida, camino a Damasco como se relata en el capítulo 9 de Hechos de los Apóstoles y se reitera en los capítulos 22 y 26. Paulo está llamado a hacerse seguidor de Jesús y su ministro con los tonos del carisma de Antonio María Zaccaria en tiempos particularmente exigentes y rigurosos donde la corrección y claridad de la doctrina deben ir acompañadas de una apasionada capacidad de entrega personal, algo que reproduzca el ideal de religioso que trazó San Antonio María en los inicios de nuestra familia religiosa: «¿Eres discípulo de Cristo? Toma la Cruz, mortifica el cuerpo con hambre y fatigas, sé vigilante en la oración, gasta tu tiempo en ayudar el prójimo, clávate a la santa Obediencia y jamás te separes de ella». Es cierto también que los tiempos de los discípulos o el entorno en que uno realiza su misión difícilmente es favorable a la virtud y perfección. El que acepta el llamado del Señor vive permanentemente contra corriente y con la ineludible tarea de operar una reforma en el mundo y en la misma Iglesia, ambos tentados por la mediocridad. Hermas lo percibe desde los albores de la Iglesia y percibe desde esa descripción su llamado a rejuvenecer la Comunidad; Hermas ese mirador humano hasta primitivo que sabe desentrañar lo divino. Así Paulo: atrapado por Dios en un mundo que clama por reforma y no teme pedírtela. Paulo Talep, de toda la vida retoño y colaborador de la Capilla San Antonio María en esa porción del límite Santiago Puente Alto que desde que paulatinamente
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RENACER: PADRES BARNABITAS-PROVINCIA CHILENA deja de ser campo para volverse ciudad es feudo Barnabita: lo que allí hay de vida eclesial ha ido surgiendo como producto de Los Quillayes y de los Padres que han estado allí que hasta singularmente le han ido dando una fisonomía, ha sido ordenado sacerdote el 22 de noviembre del año 2003 de manos de Mons. Arteaga, auxiliar del Arzobispo de Santiago.

Ahora se desempeña en la Comunidad se San Vicente: en el Colegio y en la Parroquia de Pencahue, los dos amores indisolubles de esta Comunidad. Al mismo Paulo pedimos que nos cuente algo de sus impresiones y de su historial. ¿Qué evento, persona o circunstancia han sido determinantes en el fraguarse de tu Vocación? Con el correr del tiempo me he dado cuenta que Dios me llamó por diferentes personas o circunstancias pero nombrarlas cada una es imposible porque este fraguarse de me vocación ha sido a lo largo de la vida. Puedo decir que hoy mi vocación se la debo a tres momentos. El primero, sin duda, han sido mis padres que con su ejemplo de fe y compromiso cristiano han dado la base de todo mi compromiso a Dios y a nuestra orden. Otro momento significativo coincide con la preparación a la confirmación e inicio de mi trabajo pastoral en la comunidad de la Capilla San Antonio María Zaccaria, el contacto con los seminaristas de ese tiempo, grupo misionero, la catequesis, la pastoral juvenil y el contacto con la gente. Tomando lo anterior, otro momento, coincide con una etapa en la vida en que me cuestioné todos mis proyectos de vida que no tenía relación con la vida sacerdotal; me dispuse a conocer más sobre la vida religiosa y la posibilidad de pertenecer a ella. Un juicio sobre tu inserción en la vida y actividad de la Comunidad que es tu primer destino. Recordando que la llegada a esta comunidad se venía anunciando desde hace bastante tiempo y por distintas razones se fue postergando. Siempre toda nueva experiencia es un desafío, se produce un quiebre en la vida de la persona porque se tienen que dejar cosas que nos gustan, gente con la cual uno está acostumbrado a trabajar y te conoce, mas todavía en mi caso que me conocen desde pequeño, para enfrentarse a una nueva experiencia siempre necesaria.
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RENACER: BARNABITAS-PROVINCIA CHILENA Emitir un juicio conPADRES tan poco tiempo de estar inserto en esta comunidad de San Vicente resulta difícil ser objetivo cuando todavía se están conociendo cosas pero tampoco puedo quedar indiferente a lo que me ha sucedido en este período.

Partiendo por los sentimientos que de alguna manera influyen en la predisposición que se puede tener para enfrentar una experiencia nueva puedo decir que me he sentido acogido por los otros co-hermanos, que soy miembro y partícipe de la comunidad. Pero no es sólo sentimientos porque es aquí donde he tenido que poner en práctica tantas enseñanzas dadas por el Padre Lorenzo y que en ese momento no tenían sentido. Algo que te parece puedes decir a los que están en proceso de formación aún: acentuaciones o compromisos que deberían cultivar. Considero que lo mas importante durante el proceso de formación es vivir las etapas de formación en la que uno se encuentra, lo mejor posible, a pesar de las contrariedades que se presentan por tener todo el proceso de formación en la misma casa, depende de uno experimentar, en el quehacer diario, lo favorable y desfavorable del proceso en el que se encuentra pero sin dejar de lado a los otros que también están en un proceso de formación. En el seminario siempre se insiste en la preparación para cuando estemos en las distintas comunidades, pero no sólo, debe ser una preparación intelectual, sino que, también en otros aspectos de la vida, porque es “en las otras comunidades” donde se debe poner en práctica el respeto, el compromiso, la fidelidad, la cohesión, el amor a los co-hermanos y la comunidad adquiridos en nuestra casa de formación. Es cierto que la vida de comunidad no es igual que en el seminario porque recordemos que ya insertos en una comunidad no somos formando. No olvidemos que nuestra vocación la estamos madurando en los Barnabitas con una espiritualidad y una vida de comunidad que nos hace ser diferentes de otras congregaciones. Es cierto que nuestras constituciones nos muestran una forma de vivir la vida común pero no olvidemos que somos nosotros, en este tiempo, los que hacemos la vida de comunidad y no depende del otro que tiene más o menos tiempo junto a nosotros, que sea mejor, sino de cada uno. Un mensaje a la juventud de hoy que quisiera hacerse «seducir» por Dios

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RENACER: BARNABITAS-PROVINCIA Para los que sienten PADRES el llamado de Dios. Dejarse CHILENA seducir por Dios tiene sus sacrificios, toda experiencia humana tiene sus costos, no te niegues a sentirte llamado por Dios porque es Él mismo el que te hará descubrir si tu vocación es para la vida religiosa-sacerdotal o debes seguir otro camino.

Para quienes piensan la vida religiosa Barnabita. Invitarlos a seguir este camino de seducción que puede tener aspectos que atraen y otros que hacen cuestionar el querer seguir este camino. Pero frente a estas adversidades si te sientes Barnabita y llamado por Dios debemos seguir adelante porque es el camino que se debe tomar. Una apreciación del campo pastoral en el que estás empeñado: El Colegio El Salvador y La Parroquia de Pencahue El campo pastoral donde me desarrollare durante este año es un área que conociendo que existía, donde había trabajado en algunas ocasiones no deja de ser nuevo e interesante de asumir como trabajo pastoral. La actividad pastoral en el colegio es un proceso que se debe ir haciendo con los alumnos en la medida que se van interesando en este aspecto de la vida del colegio. Considero que hay que re-encantar a los alumnos para que ellos sientan que es parte de su vida como estudiantes del Colegio El Salvador. La experiencia pastoral que poseo tiene que ver con el trabajo parroquial. Sin duda el trabajo en la parroquia de Pencahue es distinto al que acostumbraba en la Santiago. La labor que se puede desarrollar en las distintas comunidades o capillas puede llegar a ser provechoso tanto para las misma comunidad como para uno que participa de sus vida comunitaria. El tiempo que llevo en este nuevo trabajo pastoral, puedo decir, tanto el colegio como la parroquia de Pencahue son dos instancias que se pueden trabajar bien y con la ayuda de quienes participan hacer grandes cosas.
P, Giulio Pireddu, Bta

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RENACER: PADRES BARNABITAS-PROVINCIA CHILENA INTENCIONES DE ORACION de la Famiglia Zaccariana Centenario de la canonización de San Alejandro Sauli (1904-2004)

ENERO Por los PP. Barnabitas y HHnas. Angélicas, comprometidos en el Apostolado Parroquial para que, arraigados en su carisma y plenamente insertados en la pastoral de la Iglesia local, se entreguen generosamente a la edificación de la Comunidad Cristiana. FEBRERO Para que los 'Oratorios y los Centros juveniles" confiados a nosotros, por medio de una renovada y calificada acción catequética y educativa, formen a hombres y mujeres capaces de vivir coherentemente su fe.. MARZO Para que en los "Pensionados y otras estructuras de acogida" se proporcione con sencillez, pero sin titubeos, una clara propuesta de vida cristiana. ABRIL Para que los religiosos y religiosas, que se dedican a los pobres, ancianos, enfermos, marginados y niños abandonados, dejen transparentar en si mismos la imagen del Buen Pastor que cuida de los más pequeños entre sus hermanos. MAYO Por los cohermanos y cohermanas, comprometidos en los estudios y en el mundo de la comunicación, para que con su servicio contribuyan eficazmente al proceso de la inculturación. JUNIO Para que en nuestras casas de formación se eduquen religiosos y religiosas, humana y cristianamente maduros, penetrados por el carisma de la Congregación, dispuestos a gastarse sin reservas para el bien de la Iglesia y de la humanidad. JULIO Para que nuestros Santuarios e Iglesias sean para los fieles lugar de encuentro con Dios, de escucha de su palabra, de reconciliación con Él y de crecimiento humano y espiritual. AGOSTO Para que en nuestras casas de Espiritualidad, sacerdotes, religiosos y laicos puedan hallar un ambiente favorable a la renovación interior y al redescubrimiento de la propia vocación. SEPTIEMBRE Para que nuestras Escuelas, en la transmisión del saber y en la formación de la personalidad de los alumnos, sean instrumentos eficaces de evangelización OCTUBRE Por los cohermanos y cohermanas en las Misiones, para que, animados por el espíritu del Apóstol Pablo, trabajen incansablemente por la difusión del reino de Cristo. NOVIEMBRE Por los Religiosos ancianos y enfermos para que, asistidos y rodeados por el calor humano de los cohermanos, se dispongan serena y gozosamente al encuentro definitivo con el Señor. DICIEMBRE Por los Laicos de San Pablo para que, animados por el carisma zaccariano sean testigos fervientes y valientes del Evangelio en sus ambientes de vida y trabajo.

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