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CUATRO GRANDES PASAJES CRISTOLOGICOS


Parte 1: EL PROLOGO DEL EVANGELIO DE JUAN

Juan 1:1-18
1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era
Dios.
2 Este era en el principio con Dios.
3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido
hecho, fue hecho.
4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron
contra ella.
6 Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.
7 Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de
que todos creyesen por él.
8 No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.
9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este
mundo.
10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le
conoció.
11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.
12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les
dio potestad de ser hechos hijos de Dios;
13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni
de voluntad de varón, sino de Dios.
14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su
gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de
verdad.
15 Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía:
El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que
yo.
16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.
17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad
vinieron por medio de Jesucristo.
18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del
Padre, él le ha dado a conocer.

Con respecto a Jesucristo, la Biblia afirma su plena deidad y su perfecta humanidad en una sola
persona. Este fenómeno es difícil de comprender y de explicar. Pero para hacer justicia a los
datos bíblicos es preciso seguir y sostener tres hilos importantes de doctrina acerca de Cristo:

1. La realidad de sus dos naturalezas


2. La integridad de sus dos naturalezas; y
3. La unión de estas dos naturalezas en una misma persona, pero sin mezcla.

Existen cuatro pasajes en cuatro libros del nuevo testamento conocidos


como los cuatro grandes pasajes cristológicos, estos cuatro libros son: 1) el
evangelio de Juan 2) La epístola a los filipenses 3) la epístola a los
colosenses y 3) la epístola a los hebreos y los cuatro grandes pasajes
cristológicos son en su orden:

1) Jn 1:1-18
2) Fil 2:6-11
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Juan
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3) Col 1:15-23; 2:9-10


4) Heb 1:1-4

Spiros Zodhiates, plantea en su libro “Cristo era Dios” la extraordinaria


pregunta de Mt 22:42: "¿Qué pensáis del Cristo?". Esta sencilla
pregunta que Jesús hiciera a los fariseos, en su tiempo, nos plantea a
todos, hoy en día, un gran dilema. Si Jesús no fue todo lo que él afirmó
ser, entonces estaba desequilibrado mentalmente o fue el más grande
embustero que jamás haya existido. Debemos, ya sea aceptarlo como
Dios hecho manifiesto en la carne, o rechazarlo como aquel que afirmó
ser lo que no era, y realizar lo que sólo Dios podía hacer. Estos temas
sobre los cuatro grandes pasajes Cristológicos, tienen el propósito de
ayudarle a usted a tomar esta importante decisión. Usted tiene el
deber consigo mismo de examinar la evidencia y decidir por si mismo.

La franqueza intelectual le exige a usted estudiar la historia, o los


antecedentes, cuidadosamente y sin predisposición.

Una de las secciones más importantes de esa historia es Juan 1:1-18, esta
porción de las Escrituras, conocidas como el prólogo del evangelio de Juan,
las estaremos estudiando todos los lunes en esta Escuela Bíblica. Si esta
sección se entiende, la historia del resto del Nuevo Testamento, en cuanto a
la preexistencia del niño de Belén, su vida, muerte, resurrección, ascensión,
y su ministerio después de la ascensión será comprendida más claramente.

Leon Morris en sus estudios Bíblicos afirma que: Los primeros dieciocho
versículos del capítulo 1 del evangelio de Juan, son conocidos como el
prólogo a todo el Evangelio. Aunque Morgan sugiere que no deberíamos
entender el término "prólogo" solo en el sentido de "prefacio". «Es mucho
más que un prefacio. En estos dieciocho versículos encontramos una
explicación de todo lo que va a ocurrir a partir del versículo diecinueve, y
hasta el versículo treinta y nueve del capítulo veinte. Todo el contenido del
Evangelio quiere probar la veracidad de lo declarado en los primeros
dieciocho versículos ( ... ) Es un resumen, una recapitulación: todo aparece
ya en esos primeros dieciocho versículos». Del mismo modo, Godet también
define esta sección como "el resumen de los testimonios que Jesús dio de sí
mismo durante su ministerio ( ... ) Constituye la expresión más rica y, a la
vez más natural, de la consciencia que Jesús tenia sobre su propia
identidad". R. H. Lightfoot es rotundo cuando afirma: "Estos versículos son la
clave para entender este evangelio y dejar clara la forma en que el
evangelista quiere que su audiencia se acerque a esta presentación de la
obra y la persona del Señor".

Algunos comentaristas creen que, originalmente, este era un texto inde-


pendiente, elaborado quizá por otra persona, no por el evangelista Juan.
Brown, por ejemplo, lo describe como "un himno cristiano temprano, que
probablemente nació en los círculos del apóstol Juan, y que fue adaptado
para servir de introducción al evangelio de la vida y obra de ese Verbo
encarnado".

Algunos estudiosos afirman que no tiene ninguna conexión con el Evangelio,


pero que fue adaptado para hacer la función de introducción. Pero lo más
seguro es que este pasaje se compusiera teniendo todo el Evangelio en
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mente, porque está perfectamente ligado con los que vienen a


continuación. Estos versículos nos presentan conceptos e ideas que se irán
desarrollando más adelante: la excelencia de Cristo, que es el Verbo de
Dios, la eterna lucha entre la luz y las tinieblas, y el testimonio de Juan el
Bautista, el mayor de los hijos de Israel. Pero el tema principal de estos
versículos es la Encarnación, junto con un resultado sorprendente: aquellos
que deberían dar la bienvenida al Verbo y alegrarse por su venida, le
rechazan.

El uso del término Logos, Verbo o Palabra, es de particular interés e


importancia. Es un término que se le aplica a Cristo solo en estos versículos
(de hecho, aparece muy pocas veces en la Biblia: Ap. 19:13 es el único otro
lugar del Nuevo Testamento donde aparece de forma clara, y no habla solo
de "el Verbo", sino del "Verbo de Dios"). Pero, aunque el término no se usa
en ningún otro lugar del Evangelio, la idea de que Cristo tiene con el Padre
la relación que denota este término está totalmente presente. Como afirma
RF. Scott: «se extiende por todo el Evangelio y nos da la clave que debemos
usar para interpretar su enseñanza». Este evangelio es un evangelio de la
Palabra, del Verbo. El prólogo es el discurso de apertura. Marcos empieza
con el mensaje del Evangelio, y Mateo y Lucas con el relato del nacimiento;
pero Juan se remonta en el tiempo para hablarnos del propósito eterno de
Dios.

Algunos autores creen que el prólogo es poesía. Por ejemplo, Schonfield,


sostiene que "el prólogo es un himno en el que el autor intercala breves
comentarios. Es un himno antifonal, en el que las líneas alternas se recitan
como una respuesta" (Schonfield, p. 451, nota al pie 1). Esto es tan solo una
teoría y, aunque Schonfield podría estar en lo cierto, no hay ninguna
evidencia que respalde su afirmación

Ciertamente, es fácil presentar el texto como si fuese poesía. Por ejemplo,


Bernard lo hace en griego, y Rieu también lleva a la práctica esta teoría en
su traducción al inglés. Vemos que es cierto que encontramos en estos
dieciocho versículos algunas características de la poesía. Sin embargo,
como apunta Barrett acertadamente, los que ven esta introducción como
poesía no se ponen de acuerdo en la organización de los versos ni en
determinar qué partes son prosa interpolada. Además, los métodos que
usan, aplicados en cualquier otra sección del Evangelio, podrían conseguir
que cualquier pasaje fuese poesía. Lo mejor es ver este prólogo como un
tipo de prosa elevada. Es el producto de un esfuerzo de meditación (como
muchas otras partes del Evangelio), lo que le otorga al pasaje un aire
profundo y reflexivo. Pero eso no quiere decir que sea poesía.

Con respecto a estos 18 versículos del capítulo 1 del evangelio de Juan


conocidos como el prólogo, el comentario Bíblico Siglo 21, afirma que:

Este Evangelio, a diferencia de los otros, no comienza con el Jesús histórico.


Al contrario, el lector es presentado de inmediato al Verbo (gr. logos) que no
es identificado con Jesús hasta el fin del prólogo. Es de gran importancia
considerar el significado del Verbo como clave para entender todo el
Evangelio. El término era ampliamente usado en la literatura griega y
muchos eruditos han supuesto que su significado para Juan puede ser
entendido sólo de acuerdo con ese trasfondo. El término logos, verbo, era
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usado entre los filósofos estoicos para describir el principio de la razón


divina que hizo crecer la creación natural. Esta idea fue mucho más
desarrollada en los escritos de Filón de Alejandría, que la usó como para
hablar del instrumento por medio del cual fue creado el mundo.

Aunque puede parecer que hay ciertos paralelos con el uso del apóstol Juan
del término, también hay diferencias cruciales. Filón nunca pensó en el
Verbo como una persona, ni sostuvo su preexistencia con relación al mundo.
Pero la diferencia más notable y significativa entre Filón y Juan es que el
primero negaba la encarnación del Verbo, mientras que Juan mantenía
específicamente que el Verbo se había hecho carne. Algunos estudiosos han
encontrado paralelos entre el uso de Juan y la literatura sincretista filosófica
en los primeros siglos de la era cristiana conocida como Hermetica, pero el
pensamiento esencial es totalmente distinto. El pensamiento griego puede
haber suplido alguna de la terminología usada por Juan, pero las ideas
básicas deben ser buscadas en otro lugar.

Se podría decir mucho más sobre la similitud del pensamiento entre el uso
de Juan y el de ciertas ideas del Antiguo Testamento. El pensamiento judío
contribuyó con una mayor proporción para la idea del Verbo. En la literatura
de sabiduría encontramos un énfasis en la actividad creadora de Dios por
medio de su palabra de sabiduría (compárese Prov. 8). Estrechamente
ligado con ello está la práctica rabínica de atribuir a la Torah (la ley) alguna
acción en la creación. El descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto ha
llevado a una apreciación más cercana de la contribución del pensamiento
judío para la comprensión del Evangelio de Juan.

Sin embargo, el prólogo debe ser considerado en base a sus méritos


propios. Es esencialmente cristiano, destinado a preparar el camino para el
registro de las actividades de una persona única. El Evangelio mismo debe
proveer la clave para la comprensión del prólogo y no viceversa. Un
cuidadoso análisis del Evangelio mostrará la medida en que el prólogo es
integral con los temas recurrentes del Evangelio.

Examinemos ahora versículo a versículo, siguiendo la exégesis de la


colección teológica contemporánea, en los estudios Bíblicos de León Morris:

EL VERBO Y DIOS (1:1-2)


1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era
Dios.
2 Este era en el principio con Dios.

La traducción literal del texto original dice:


1 En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo
era Dios.
2 Él estaba en el principio con Dios.

Las primeras palabras de Juan, "En el principio", son probablemente una


referencia consciente a las primeras palabras de la Biblia. El primer libro de
la Biblia hebrea se llama "En el principio" (utilizando las palabras
introductorias); por tanto, la expresión era bien conocida.

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Juan está escribiendo sobre un nuevo principio, una nueva creación, y usa
unas palabras que nos recuerdan a la primera creación. Acto seguido
empieza a usar otras palabras que también son importantes en Génesis 1,
como "vida" (v. 4), "luz" (v. 4), y "tinieblas" (v. 5). Génesis 1 describe la
primera creación de Dios; el tema del Evangelio de Juan es la nueva
creación de Dios. Como la primera creación, la segunda creación no es
llevada a cabo por un ser subordinado, sino a través del Logos, la Palabra de
Dios.

Knox traduce "Al principio de los tiempos", pero la expresión del apóstol
Juan, es más concisa, más exhaustiva y más soberbia. Podemos observar su
fuerza si analizamos la expresión levemente distinta de 1 Jn. 1:1: “Lo que
era desde el principio” Aquí se apunta más bien a lo que ha ocurrido a partir
del principio, "desde el principio", mientras que nuestro pasaje nos dice que
en el principio "el Verbo ya existía" (según la traducción de Barclay). Barth
afirma que "este Verbo o Palabra no era una palabra creada por los
humanos, que simplemente dice algo sobre Dios. La Palabra es pronunciada
en el mismo lugar donde Dios está, es decir, en el principio de todo lo que
existe"

Vemos aquí la continuidad con la primera creación. La Palabra o el Verbo ya


existía "en el principio", lo que significa que existía antes que ninguna otra
cosa. Pero probablemente significa mucho más. El término que se ha
traducido por "principio", también quiere decir "origen" o "causa". El doctor
Temple sugiere que esta expresión combina los dos significados: "en el
principio de la Historia" y "el origen o causa del Universo".

Juan es experto en usar palabras con más de un sentido. Si solo lo hiciera de


forma ocasional pensaríamos que en este caso se trata de una coincidencia,
e intentaríamos otro significado. Pero ocurre tantas veces durante todo el
Evangelio, que se cree que el autor lo hacía de forma deliberada. Juan usa
este recurso para extraer el significado completo de las expresiones que
usa.

Así que es muy probable que en este caso tuviera en mente los dos
significados, y que quisiera que sus lectores también interpretaran ambos
sentidos. Es muy característico de Juan empezar su evangelio con una
expresión que puede ser entendida de dos formas diferentes. Y ambas son
importantes. Nunca ha habido un tiempo en el que el Verbo no existiese. No
hay nada que no dependa de Él para existir. El verbo "existía", o también
traducido como "era" en otras versiones, siempre se ha entendido como la
existencia eterna del Verbo: "el Verbo existía continuamente".

Knox destaca la fuerza continuada traduciendo lo siguiente: "El Verbo


moraba de forma continua con Dios». Westcott subraya que, mientras que
el comienzo del libro de Génesis nos remite al principio y a lo que a partir de
ese momento empieza a ocurrir, "el apóstol Juan nos lleva más allá del
principio y medita sobre lo que ya "existía" cuando el tiempo - entendido
como una entidad finita comenzó su curso». Calvino no le da importancia al
tiempo verbal y busca «razones de más peso [ ... ] que el evangelista usa
para adentramos en el santuario eterno de Dios y enseñarnos que el Verbo
estaba escondido allí, antes de revelarse en forma humana para venir al
mundo"
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No deberíamos concluir del tiempo verbal más de lo que éste denota, pero
vemos que no habla de un estado acabado, ni de un comienzo de
existencia. Se adecua perfectamente a un ser eterno e inmutable.

Así, Juan afirma que el Verbo existía antes de la Creación, lo que deja bien
claro que el Verbo no fue creado. Es de vital importancia comprender esta
idea. Otros, sobre todo algunos de entre los judíos, que hacen hincapié en el
Dios único que es la fuente de todas las cosas, veían al Verbo como un ser
de una dignidad excelente, pero como un ser creado y subordinado. Para
Juan, es fundamental que el Verbo no se encuentre dentro del grupo de
cosas creadas. "En el principio" (teniendo en cuenta todos los sentidos que
estas palabras engloban) el Verbo "existía". «Él está por encima de todas las
cosas, por encima del tiempo; es inmutable como la eternidad» (Guthrie).

Examinemos más detalladamente el concepto de:

EL LOGOS (EL VERBO)

Los griegos usaban el término Logos con frecuencia. Los significados de esta
palabra podían ser dos: el pensamiento de una persona, o la expresión del
pensamiento de una persona, es decir, un discurso.

El Logos, como término filosófico, estaba basado en el uso anterior de la


palabra, por lo que significaba algo así como el alma del Mundo, el alma del
Universo. Era un principio omnipresente, el principio racional del Universo,
una fuerza creadora. Por un lado, todas las cosas provenían del Logos; por
otro, de él provenía la sabiduría de todas las personas.

El concepto es tan antiguo como el filósofo Griego Heráclito (siglo VI aC.)


Este filósofo declaraba que el Logos «siempre ha existido y siempre
existirá», y que «todas las cosas ocurren gracias al Logos). Para él, la
realidad última era a veces el Fuego, a veces Dios, a veces el Logos. «En
Heráclito los tres conceptos, Logos, Fuego y Dios son fundamentalmente lo
mismo. Visto como el Logos, Dios es la Sabiduría omnipresente que
gobierna todas las cosas». Debemos tener cuidado y tener en cuenta que
para el filósofo Griego Heráclito 'Dios' no significa lo mismo que para
nosotros. Para él, "Dios es el día y la noche, el invierno y el verano, la guerra
y la paz, la saciedad y el hambre. Pero cambia, igual que el fuego que,
cuando se mezcla con diferentes tipos de incienso, recibe el nombre de los
olores de los inciensos".

Para la mayoría de los filósofos griegos el Logos no era como algo personal,
así que no lo entendían de la forma que nosotros lo entendemos, como Dios.
Para ellos era tan solo una fuerza o un principio. Pero, eso sí, el principio
supremo del Universo. La fuerza que originaba, moldeaba y dirigía todas las
cosas. Hoy en día, todavía estos conceptos paganos se usan en algunos
grupos religiosos.

Cuando Juan usó el término Logos, usó un término que los griegos pudieran
conocer. Es verdad que la mayoría de la gente no sabría exactamente el
significado filosófico, pero sí sabía discernir que se trataba de algo
importante. Al oír ese término, la gente que hablaba griego pensaba en
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algún elemento grande y supremo del Universo. Pero, aunque seguro que
Juan era consciente de esta asociación de ideas, su enseñanza esencial no
deriva de un trasfondo griego.

En su evangelio, lo más importante, es que Juan, aún usando el concepto de


Logos, rompe con una de las ideas griegas fundamentales. Para los griegos,
los dioses no tenían nada que ver con lo que ocurría en el mundo:
observaban a los humanos con sus luchas, problemas, alegrías y miedos con
una serenidad desprovista de sentimientos. Y este es el patrón de conducta
en todos los panteones de los dioses paganos, lo vemos en la santería, en la
macumba, en el vudú, en las religiones asirias, caldeas, egipcias. En todos
ellos vemos dioses, adulteros, y mentirosos y engañadores e irritables.

Pero el concepto del apóstol Juan del Logos es totalmente diferente. El Dios
que nos muestra no se desentiende de lo que ocurre en el mundo, sino que
se preocupa e implica de una forma amorosa y justa. El Logos transmite la
idea de que Dios se acerca a nosotros, toma la naturaleza humana, participa
de las luchas de esta vida y sufre para, finalmente, triunfar sobre la agonía y
ganar nuestra salvación.

Pero para entender bien este evangelio en general, y también el uso de este
término griego, es más importante aún analizar el trasfondo judío. Las
palabras introductorias "En el principio", nos recuerdan a Génesis 1:1,
mientras que el concepto de "el Verbo" está estrechamente relacionado con
la repetida frase "Entonces dijo Dios" del primer capítulo de la Biblia. El
Verbo es la palabra creadora de Dios (v. 3). Así que, indiscutiblemente,
estamos ante un trasfondo hebreo.

Una característica de la enseñanza antiguo testamentaria en el primer siglo


es el uso de conceptos como "el Verbo" y "Sabiduría".

Aunque no hay nada en el Antiguo Testamento que atente contra el


monoteísmo judío, se centraban más en los pasajes que dan a estas
entidades una existencia independiente. Así, en el Antiguo Testamento el
Verbo o la Palabra del Señor es un agente activo que cumple la voluntad
divina. «Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos» dice el (Sal.
33:6).

Cuando Dios habla, algo ocurre. Su palabra es una acción divina. Cuando
Dios revela algo, normalmente se describe diciendo que la palabra del Señor
"vino" a un profeta. En la misma línea, un profeta le atribuirá mayor o
menor independencia a la existencia de la Palabra, como cuando Isaías
recoge las siguientes palabras de Dios: «así será mi palabra que sale de mi
boca, no volverá a mí vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el
propósito para el cual la envié» (Is. 55:11). En el Salmo 29 vemos "la voz"
del Señor descrita en los mismos términos.

Encontramos también semi-personificaciones de la Sabiduría o de la Ley. Por


ejemplo, se habla de la Sabiduría como si fuera una figura divina: «El Señor
me poseyó al principio de su camino, antes de sus obras de tiempos
pasados; Desde la eternidad fui establecida, desde el principio, desde los
orígenes de la tierra ( ... ) Cuando estableció los cielos, allí estaba yo ( ... )
Yo estaba entonces junto a Él, como arquitecto. y era su delicia de día en
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día, regocijándome en todo tiempo en su presencia, regocijándome en el


mundo, en su tierra, y teniendo mis delicias con los hijos de los hombres»
(Pr. 8:22-31).

Podemos ver también que a veces "la ley" y "la palabra o el verbo"
significan lo mismo o se usan indistintamente (Is. 2:3; Mi. 4:2).
Isa 2:3 Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al
monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus
caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la
ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová
Mic 4:2 Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al
monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en
sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la
ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová

En estos pasajes, "la Sabiduría", "la Ley" o "la Palabra" son, en un sentido,
elementos divinos, aunque no son Dios mismo.

Aún hay otro uso que deberíamos tener en cuenta: el uso que se hace en los
Targumes. Cuando el hebreo dejó de ser una lengua hablada, en las
sinagogas aún se seguía leyendo las Escrituras en hebreo. Para que hubiera
alguna autoridad sobre las debilidades de la carne, se permitieron unas
traducciones libres de las Escrituras, llamadas Targum. Al principio, los
Targumes eran orales, pero finalmente se pusieron por escrito.

Los escritores de estos Targumes intentaban explicar el sentido del texto, en


vez de limitarse a traducirlos mecánicamente. Todo esto ocurrió en una
época en la que, por reverencia y por miedo a incumplir el tercer
mandamiento, los judíos habían dejado de pronunciar el nombre de Dios.
Cuando se encontraban con este nombre en el original, los lectores y los
traductores lo sustituían por otras expresiones más reverentes, como "el
Santo" o "el Nombre". A veces también usaban "el Verbo (Memra)".

Algunos teólogos dejan bien claro que Memra se usa como nombre de Dios.
No se trata de un intermediario, en los tárgumes siempre aparece en
genitivo: "la Memra del Señor" o alguna estructura parecida, y nunca "la
Memra" por sí sola, como hace Juan con "el Verbo". E. M. Sidebottom lo
explica de la siguiente manera: "Memra no es un principio intermediario, ni
la Palabra creadora de los Salmos, es el nombre de Dios mismo, con el
matiz, quizá, de que se trata de un Dios que se revela, que se da a
conocer".

Por ejemplo, cuando nuestra Biblia dice "Entonces Moisés sacó al pueblo del
campamento para ir al encuentro de Dios" en (Éx. 19:17), en el Targum
aparece "para ir al encuentro de la Palabra de Dios", cambio que sucede con
bastante frecuencia.

Barclay dice que solo en el Targum de Jonatán se usa esta expresión 320
veces. A menudo, se dice que este uso judío no es relevante porque no está
apuntando a otro ser, sino a Dios mismo; y solo se trata de una forma
reverente de dirigirse al mismo Dios. Pero esa no es la cuestión.

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La cuestión es que la gente que conocía los Targumes, conocía el concepto


de "el verbo" como una referencia a Dios. El uso que Juan hace de "el verbo"
o "la Palabra" no es el mismo que el de los Targumes, pero está claro que
mucha gente asociaría las dos ideas de forma inmediata.

Podemos resumir esta parte de nuestro análisis usando las palabras de


William Temple. Según él, el Logos «tanto para los judíos como para los
gentiles, representa el poder dirigente del Universo, y lo representa como la
misma expresión de Dios. Los judíos recordarán que "los cielos fueron
hechos por la Palabra de Dios"; los griegos pensarán en el principio racional
que se expresa en las diferentes leyes de la naturaleza. Ambos estarán de
acuerdo con que este Logos es el principio de todas las cosas». Juan usó un
término que, aunque con diferentes matices de significado, se usaba con
normalidad en ambas culturas.

Ese es, pues, el trasfondo del pensamiento de Juan. Pero no se trata solo de
su pensamiento. Juan presenta un concepto mucho más profundo y rico que
los de cualquiera de sus predecesores. Para él, el Verbo no es un principio,
sino un Ser vivo y la fuente de la vida; no es una personificación, sino una
Persona, una Persona divina. El Verbo es nada menos que Dios. Juan lo dejó
bien claro, aunque es importante ver que eso no era más que la culminación
de una tendencia inherente al cristianismo desde sus inicios.

El "verbo" o "palabra" se usa para definir el evangelio cristiano en pasajes


como Marcos 2:2 (donde se usa para referirse a la predicación de Jesús: “y
les predicaba la palabra”).

Allan D. Galloway cree que el Logos se refiere a la obra de Cristo, y no a su


Persona. Es decir, es un término que recoge el significado de la salvación
universal en Cristo. Él, el Verbo, no es un salvador cualquiera, sino que es la
única esperanza para toda la raza humana. El Verbo y el Evangelio están
íntimamente relacionados.

Cuando Lucas habla de los que fueron «testigos oculares y ministros de la


palabra» (Lc. 1:2), es fácil entender que cuando usa el término "palabra" se
está refiriendo a mucho más que la simple enseñanza. Tiene en mente la
relación íntima que hay entre Cristo y el Evangelio, lo que está muy cerca
de decir que Jesús es "el Verbo". Tampoco hace apenas distinción entre
predicar la palabra (Hechos 8:4 “Pero los que fueron esparcidos iban por todas
partes anunciando el evangelio”) y predicar a Jesús (Hechos 11:20 “anunciando
el evangelio del Señor Jesús”).

En varias ocasiones Pablo habla de predicar a Cristo (1 Co. 1:23; 2 Co. 4:5;
Gá. 3:1).

El apóstol Pablo, define "la palabra de Dios" como "el misterio", y éste,
como "Cristo en vosotros"
(Col. 1 :25-27).
25
de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para
con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, 26el
misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha
sido manifestado a sus santos, 27a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la

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Juan
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gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros,


la esperanza de gloria

Aunque el paso de llamar "el Verbo" a Cristo no es algo explícito (aunque cf.
1 Jn. 1:1; Ap. 19:13), está claro que sí existe el camino que lleva a tal
interpretación.

Ocurre lo mismo en el reino de las ideas, ya que en algunos pasajes, aunque


la terminología es diferente, Pablo adjudica a Cristo cualidades y actividades
iguales a las que se le adjudican a la Sabiduría tanto en el Antiguo
Testamento como en otros lugares (ver Fil. 2:5s.; Col. 1:15s.). 1 Co 1:24
“Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios”

La conclusión parece lógica: aunque Juan usa un término que era bien
conocido y podía ser entendido por gente de trasfondos diferentes, su
pensamiento es fundamentalmente cristiano.

Cuando habla de Jesús como el Logos lo que hace es colocar la piedra


angular de un edificio que se construye a lo largo de todo el Nuevo
Testamento.

Después del prólogo, Juan no vuelve a usar el término Logos para referirse a
Jesús, pero no deberíamos pasar por alto el hincapié que hace en "la(s)
palabra(s) de Jesús o de Dios".

El apóstol Juan deja claro que las palabras de Jesús son las palabras de Dios
(3:34; 14:10, 24; 17:8, 14), lo que hace que sea importante creerlas
(5:47).

El evangelio de Juan enseña que no querer obedecer la palabra o palabras


de Jesús trae juicio (12:47-48). Aquellos que se niegan a escuchar
pertenecen al diablo (8:47; cf. 44).
El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque
no sois de Dios (Jn 8;44)

En el evangelio de Juan, es importante 'guardar' la palabra de Jesús (14:23;


15:20; 17:6). Así que estamos ante un término con mucho significado. El
uso de Logos en la introducción de este evangelio no es una mera
casualidad o una expresión cualquiera. Se trata de un concepto que nos
lleva a la comprensión correcta del Evangelio

Ciertamente, obedecer la "palabra" de Jesús es lo mismo que ser su


discípulo (8:31).
Jn 8:31 “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis
discípulos”

Las palabras de Jesús traen vida (5:24; 6:68; 8:51);


Jn 5:24 “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió,
tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”

De hecho, las Palabras de Jesús son vida (6:63).

Escuela Bíblica de la Iglesia Evangélica Central


Cuatro grandes pasajes Cristológicos. Parte 1: El Prólogo del evangelio de
Juan
Cuatro Grandes Pasajes Cristológicos Página 11 de 11

Jn 6:63 “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que
yo os he hablado son espíritu y son vida”

Traen pureza (15:3) y poder a la oración (15:7).


Jn 15:7 “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo
que queréis, y os será hecho”

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