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Antecedentes, vida y obra del último Inca del Tahuantinsuyo, Atahualpa. Por Renata Tavara, todos los derechos reservados.

El inca Guayna Cápac fue el gobernante que anexó mayor cantidad de territorios al Imperio. Es considerado “expansionista” no sólo por el desarrollo de sus dominios- desde la región de Quito por el Norte, hasta el noroeste de la actual Argentina y parte norte de Chile por el Sur- sino también por su personalidad justiciera y castigadora.

Una de esas estrategias que aplicó para dominar fue impartir el terror. Si bien ese tipo de trato no trajo un beneficio relativamente durable, consideramos que en aquel mo mento fue el más adecuado. Esta afirmación se basa en el caso del reino de Quito. El principio de reciprocidad no estaba presente allí, tanto así que, cuando Tupac Inca Yupanqui el padre de Guayna Cápac- intentó ponerlo en vigencia, lamentablemente no pudo lograr su objetivo, porque aquella región norteña no concebía su conquista sin el uso de la fuerza.

Las sublevaciones fueron frecuentes en otras partes del Imperio, concentrándose en las zonas de Huancavelica y Pastos. Estas eran justificables al existir una gran extensión por gobernar; además teniendo en cuenta la petición del Inca que obligatoriamente cada curaca le debía proporcionar una cantidad de hombres para la llamada “mita guerrera”. Esta última idea fue también uno de los factores que generaron conflicto en el interior del Tahuantinsuyo.

Pronto las epidemias, traídas en los primeros viajes de los españoles, al igual que las expediciones para controlar a los revoltosos que no adoptaron los lazos de reciprocidad, ocasionaron una considerable baja en la tasa de crecimiento del Imperio.

Ahora bien, la vinculación existente entre Atahualpa y Guayna Cápac además de ser una relación hijo-padre, fue más allá. Hay diversos aspectos en la personalidad de Atahualpa que podrían identificarse como influencia directa de la figura de su padre: la imposición de la fuerza, la formulación de estrategias de guerra en las expediciones y, como no, su espíritu castigador.

Esta influencia se comprende dado que los dos compartieron mucho tiempo, Atahualpa, según registra los documentos revisados, se dedicó a acompañar a su padre en sus campañas hacia el Collao para ir en contra de los sublevados. Eso y un aprecio especial lo convirtió en el hijo predilecto del Inca, más no por esa razón, el sucesor de la borla imperial.

Atahualpa no era el único hijo que tuvo Guayna Cápac. Según el cronista Felipe Guamán Poma de Ayala en su “Nueva Corónica y Buen Gobierno”, El número aproximado es de quinientos entre hijos e hijas, que fueron concebidos por las dos coyas y por sus concubinas. La primera coya mama Cusirímay o Chuquillanto enfermó y murió, entonces Guayna Cápac tuvo el deber de casarse con su hermana Chiui Chispo Rontocay. Entre los cientos de hijos figuran: Manco Inca, Illescas Inca, Paullo Topa, Titu Atauchi, Inquil

Topa, Guanca Auqui, Quizo Yupanqui, Huáscar Inca, Atahualpa Inca, entre otros.

Debido a la existencia de innumerables hijos se produjeron conflictos. Guayna Cápac tenía pensado heredar todo el Imperio a Ninan Cuyochi, hijo de su primera esposa Chuquillanto, éste lo acompañó al igual que Atahualpa en sus expediciones en busca de calmar a los sublevados del Imperio. Su madre murió muy poco después de contraer nupcias debido a una extraña enfermedad.

Sin embargo, Guayna Cápac murió, según escribieron los cronistas, de viruela, antes del nombramiento de su hijo frente a todos los sacerdotes. Más aún, el desconcierto se apoderó de los demás hijos del Inca y de los habitantes cuando el heredero también murió repentinamente.

Versión muy distinta es la que presenta la tardía crónica del Inca Garcilaso de la Vega en sus “Comentarios reales de los incas”. Según ésta, el Sapa Inca antes de morir hizo un llamado a todos sus hijos y generales principales en Tumebamba para comunicarles que dejaba el Imperio a Huáscar, hijo de una concubina llamada Raua Ocllo, y a Atahualpa, hijo de Tuta Palla, quien era hija del gobernador del reino de Quito, éste último fue retirado de su puesto ante la conquista Inca.

El Inca Garcilaso de la Vega dice que por tener vínculos de sangre y ser privilegiado, Guayna Cápac le delegó a Atahualpa en dicha reunión toda la zona norte hasta el límite con Jauja; desde ese lugar empezarían los dominios de Huáscar. No menciona éste cronista a su primera coya ni a su hijo Ninan Cuyochi.

Cuestiono seriamente la existencia de ese último momento que relata el Inca Garcilaso. Cabe decir que es sospechosamente minucioso, pues introdujo en su obra diálogos extensos, es de suponer que para no perder en el lector el interés, sin embargo, al hacerlo se pierde objetividad en el hecho mismo. Del mismo modo, el que otros cronistas no coincidan con él lo hacen poco confiable. Otra versión parecida es la presentada por Pedro Cieza de León en su crónica “El Señorío de los Incas” , en la cual no se concibe ninguna repartición y concentró la sucesión imperial solamente en Huáscar.

La rivalidad entre los dos hermanos no nacería allí, pues según el Inca Garcilaso de la Vega los dos habrían cogobernado de manera pacífica, cada uno concentrándose en sus comarcas por un período corto de tiempo (meses). Las panacas a las cuales cada uno de los dos pertenecía les habrían designado hasta dónde llegaba el límite de sus jurisdicciones. ¿Quiénes más podrían haber estado en poder de decidir quién gobernaba

o no el Tahuantinsuyo, si el Inca había muerto al igual que su heredero?

A pesar de eso, habría preferencias de mantener los privilegios entre las panacas.

Dependía del sucesor imperial el continuar o dar fin a los lujos y funciones administrativas

adquiridas. Si entraba Huáscar al poder, toda su panaca saldría beneficiada, en cambio si entraba Atahualpa su respectivo grupo de colaboradores se convertirían en los hombres

más poderosos del Imperio.

Más que una discusión entre los dos personajes, Huáscar y Atahualpa, las disputas estaban oscurecidas por un trasfondo de luchas entre panacas. Agrego a esta razón la inusual renuncia de Huáscar a su origen Hanan Cusco para proclamar la instalación de los Hurin Cusco en el poder. Así los de Hanan apoyaron a Atahualpa incondicionalmente al ver que sus habilidades en la guerra y su inteligencia los podrían regresar a su estado anterior, vigente durante el gobierno del Inca Pachacuti.

Esa tensión entre grupos que deseaban tratos preferenciales, motivó en gran parte que se dieran conflictos entre los dos hermanos de padre. La información obtenida de las crónicas de autores como Santa Cruz Pachacuti y Garcilaso de la Vega no coincide en cómo comenzaron las fricciones.

Mientras el primero afirma que Huáscar fue el que envió un mensajero a Quito para reclamar el territorio que su hermano tenía en poder; el segundo, dice lo contrario, fue Atahualpa el que mandó un mensajero a su hermano pidiéndole el título de gobernador de las provincias anexas a Quito.

La región de Quito era una zona imprescindible para Huáscar pues constituía el control del extremo norte en cuanto a fronteras. Su peligro aún no eran los españoles. Y es que Huáscar se encontraba en el Cusco y en las crónicas no se comenta ningún indicio de haberse enterado de las expediciones de los españoles por la Costa. Más bien se acentuó el temor de que los poblados que se ubicaban fuera del Imperio podrían confabularse e ir contra su mandato.

Ahora bien, Atahualpa sí estaba enterado de la llegada de los españoles y viceversa. Los Tallanes, según menciona Pedro Pizarro en su crónica “Relación del descubrimiento y conquista de los reinos del Perú”, les contaron a los conquistadores la estadía de Atahualpa en Cajamarca. Además los atemorizaron, con historias sobre sus hazañas manifestadas en guerra contra Huáscar y que por tradición oral se habían voceado por todos los pueblos. El cronista Francisco de Jérez rectifica este hecho indicando que el intérprete “Martinillo” se comunicó con gente de una fortaleza, la cual le informó de la estadía del Inca acompañado con hombres de guerra por esos rumbos.

Por su parte, Atahualpa fue informado de la existencia extranjera por mensaje de unos tributarios, éstos se encontraban cumpliendo su deber en el valle de Collique , y es por los pobladores de la zona que les comentaron de los “barbudos” . Los tributarios se acercaron cautelosamente a la tropa de españoles los cuales había salido de San Miguel de Tangarará a pie y a caballo. Eran sólo ciento setenta según el número aproximado que consigna el cronista de Jérez. Sin embargo, el también cronista Pedro Pizarro extiende esa cantidad a doscientos.

Dicha cantidad es la que fue enviada por mensaje al Inca que se encontraba en

Cajamarca, adicionalmente a detalles como las raras bestias de carga que traían consigo los españoles, sus trajes extravagantes y sus barbas prolongadas.

Atahualpa demostró una gran labor diplomática en un comienzo, se aseguró de mantener

buenas relaciones, y envió mensajes de bienvenida y obsequios. Los españoles en compensación le enviaron vasos de cristal, camisas de seda, cuentos, etc. Mientras que

el Inca volvía a ofrecer ovejas, tejidos e incluso mujeres.

A pesar de todo, en algún instante esa pasividad terminaría. Diego de Trujillo, quien fue

testigo presencial de la conquista del Tahuantinsuyo comenta un obsequio un tanto fuera de lo común, que destapó las amenazas que los tallanes ya les habría sobre advertido. Varios patos habían sido desollados y rellenados de lana. Éstos llegaron a manos de los españoles por un mensajero, el cual les dio a entender que dejen de tomar lo que no les pertenecía de los pueblos por donde pasaban o en caso contrario sufrirían físicamente el mismo destino que dichos animales.

Huáscar por lo pronto se encontraba preso como resultado de una emboscada en “Utcubamba” por parte de los generales de guerra Chalcuchima y Quizquiz. Las afrentas en Tumebamba, Mollohampato y Bombón no le favorecieron, su ejército bastante débil fue aprovechado por Atahualpa, en cada afrenta morían de doce mil a veinte mil hombres de los dos bandos.

Paralelamente a que los españoles y Atahualpa se enviaban obsequios, los capitanes Quizquiz y Challcuchima estaban esperando en el Cusco por las órdenes del Inca, quien se encontraba concentrado con sus planes para descubrir las intenciones de los recién llegados. Según el cronista Santa Cruz Pachacuti maltrataron el cuerpo de su preso, le incrustaron un pedazo de madera por la espalda y los brazos, le hacían beber orines, le insultaban, etc.

La situación se puso más complicada cuando llegó a la zona llamada Los Baños, cercana

a Cajamarca, Hernando de Soto junto a veinte hombres en caballos animales que

desconocían los indígenas- con la intención de hablar con el Inca de una vez por todas.

Atahualpa los hizo esperar mucho tiempo, tanto que Pizarro que se encontraba a la entrada de Cajas- creyó que estaban ya muertos. Por consiguiente, le delegó a su hermano, Hernando, acompañado de gente de a pie y a caballo, averiguar personalmente qué había pasado con Soto y los demás.

Hernando Pizarro al llegar se dio con una gran sorpresa. El Inca los había hecho esperar

y hasta ese entonces no habían hablado con él. Muy molesto del mal trato lanzó gritos

con el fin de que por fin Atahualpa salga de sus aposentos. Lo que ellos ignoraban era que el Inca se encontraba reunido con los capitanes de los “mitimaes” para decidir qué hacer con los españoles. La decisión tomada fue: Dejarlos llegar hasta la plaza de Cajamarca para luego atarlos y torturarlos.

Ya decidido todo, Atahualpa, según palabras del cronista Francisco de Jérez, salió del cuarto en donde se encontraba, para reunirse con Hernando de Soto, Hernando Pizarro y el intérprete. El Inca acordó encontrarse con ellos al día siguiente en la plaza de Cajamarca, al parecer para investirlos según lo había acordado con los capitanes mitimaes.

Sin embargo, Francisco Pizarro no optó a última hora por el “método Hernán Cortés” – rodear al señor o líder exigiéndole retirar sus tropas- esta vez eran muchos los que acompañaban a Atahualpa diez mil según Pedro Pizarro-y no los podría manejar tan fácilmente. Así que todos los españoles se escondieron dentro de las fortalezas ubicadas frente a la plaza. Con el sonido de la trompeta y disparos saldrían todos de sus escondites para atacar a los indígenas.

Pero antes de atacar tomaron una precaución. El Padre Fray Vicente de Valverde, Hernando de Aldana y Martinillo fueron enviados para conversar con Atahualpa. Esencialmente a exigir su sujeción al mandato de la iglesia católica y de la corona española. Éste respondió con un requerimiento también: Que devuelvan todo lo que habían tomado y se vayan definitivamente o los matarían.

Pedro de Candia se encontraba en espera, a él le habían delegado dar la señal de ataque. Francisco Pizarro al ver que Fray Vicente no daba ninguna señal de haber aceptado le dio la señal a Pedro de Candia y los de la infantería española con el sonido de la trompeta salieron a aprehender a los diez mil indígenas que acompañaban a Atahualpa, según el número que Pedro Pizarro escribió en su crónica.

Mientras los indios huían, aquellos que llevaban en andas a Atahualpa trataban de protegerlo, cuando mataban a uno que cargaba al Inca era automáticamente reemplazado por otro. La captura de su Inca era inevitable, “el Gobernador” comenzaba a entrar en desesperación, pues tampoco podía distinguir si era el que estaba cargado Atahualpa o era el señor de Chincha, quien también se encontraba en andas. Francisco Pizarro junto a otros españoles montados en caballos a la fuerza bajaron a los dos de sus andas. Al señor de Chincha lo mataron al enterarse que no era Atahualpa, y al Inca lo trasladaron hacia el lugar donde los españoles se habían asentado el día anterior para descansar. Allí lo colocaron en un cuarto totalmente cerrado. Atahualpa estaba en aprietos, aún no sabía qué hacer con su hermano -tomado preso por sus capitanes en el Cusco- ni qué hacer para liberarse de los españoles.

El Inca tenía la idea que con oro y plata podría comprar su libertad, concibo que asumiera ello por la sorpresa que causó en los españoles los vasos en los que Atahualpa les dio de tomar chicha a Hernando Pizarro y Hernando de Soto el día anterior. Francisco Pizarro aceptó la propuesta y recurrió a un escribano para que certifique lo que se les fue ofrecido.

Al cabo de unos días, hasta que el mensajero de Atahualpa llegase al Cusco para

informar a Quizquiz y Challcuchima, el recaudo de todo el oro y la plata y lo mandasen a Cajamarca, el Inca pidió reunirse con Francisco Pizarro. Según Pedro Pizarro, el Gobernador-como le llama a Francisco Pizarro- pidió que dejaran a Huáscar vivo. Pero los planes de Atahualpa para con su medio hermano no eran los mismos.

En dicha reunión con Francisco Pizarro Atahualpa finge estar acongojado por la supuesta muerte de su hermano, la cual inventó claramente. Según lo que le contó Atahualpa, sus capitanes mataron a Huáscar antes de que sus mensajeros le den aviso. Por tanto Pizarro no atentó contra él. Sin saberlo envió así el Inca a uno de sus servidores a escondidas a que se reúna con Quizquiz y Challcuchima y por fin le den muerte a Huáscar. Ellos cumplieron con su mandato, después de torturarlo y no resistir, arrojaron su cuerpo al río cercano a la zona del Salcantay (Cusco). De este hecho Francisco Pizarro luego se enteró por vías que no están muy claras.

A los pocos días, Atahualpa fue retirado del cuarto en el cual había permanecido preso

por varios días y lo trasladaron a la plaza de Cajamarca. Allí lo bautizaron por consejo de

Fray Vicente de Valverde, pues de otra manera lo quemarían vivo según las medidas

tomadas en España. (DIAPOSITIVA 19)Luego lo mataron con el garrote y lo enterraron en

la Iglesia que construyeron los españoles en Cajamarca. Sin embargo, dicha construcción

debió tomar muchos años y asumo según un dibujo e inscripciones hechas por Guamán Poma de Ayala que fue embalsamado y guardado en algún lugar hasta darle santa sepultura.

Misteriosamente su cuerpo desapareció. Por tradición oral se continúa creyendo que los miembros de su panaca secretamente llevaron su cuerpo hacia un lugar de la sierra cajamarquina en donde lo enterraron en una montaña. Aún no se han encontrado sus restos, por tanto sigue siendo motivo de polémica.

Finalmente, otro motivo de discusión sobre el personaje ha sido su lugar de origen. Historiadores peruanos y ecuatorianos no se ponen de acuerdo. Y es que aquellos que sostienen que nació en Quito tienen como base sólo a un cronista, Juan de Velasco, quien recién en 1789 terminó de escribir su crónica.

Ello demuestra su lejanía al hecho y por tanto es cuestionable su hipótesis. En particular, en base a varios cronistas como Pedro Cieza de León, Agustín de Zárate, Juan de Santa Cruz Pachacuti, me permito sustentar que nació en territorio cusqueño junto con sus demás hermanos, eso sí tenía ascendencia quiteña, pero no nació allí. Incluso fue miembro de la panaca real del Inca Pachacuti.

De esta manera, se ha podido comprobar las diversas versiones en cuanto al origen del personaje tratado basado en las crónicas de Pedro Cieza de León, Francisco de Jerez, Garcilaso de la Vega, Juan de Santa Cruz Pachacuti, entre otros. Así mismo, otro de mis objetivos ha sido esclarecer la controversia en cuanto a las opciones que nos presentan los cronistas Garcilaso de la Vega, Cieza de León y Juan de Santa Cruz Pachacuti

respecto a la repartición del Imperio Incaico a la muerte de Guayna Cápac. Sobre este tema Santa Cruz de Pachacuti plantea como una problemática social el conflicto entre las panacas del Imperio ante el fallecimiento repentino del sucesor Ninan Cuyochi, el cual no es mencionado en los otros dos cronistas. Y finalmente, fue otro propósito, incluir parte de la biografía del último Inca, analizando a su vez sus decisiones en guerra, estrategias de dominio, la influencia castigadora y justiciera de su padre, la actitud tomada hacia Huáscar, entre otros aspectos personales.