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Theda Skocpol, La imaginación histórica de la sociología

LA IMAGINACIÓN HISTÓRICA DE LA SOCIOLOGÍA

THEDA SKOCPOL

Toda ciencia social -o mejor dicho, todo estudio social reconocido- requiere una dimensión histórica en su concepción y el uso intensivo del material histórico. Charless Wright Mills 1

Básicamente, la sociología siempre ha sido una empresa con orientación y base históricas. Como han señalado una y otra vez algunos comentaristas inteligentes, todas las ciencias sociales modernas, y en particular la sociología, en principio representaron un esfuerzo para explicar las causas y los efectos sin precedente de la comercialización e industrialización capitalista de Europa. ) Cuál fue la causa del dinamismo especial de Europa en comparación con otras civilizaciones, o ciertas partes de Europa en comparación con otras? ) Cómo se vieron afectadas las desigualdades sociales, los conflictos políticos, los valores morales y las vidas humanas por los cambios inéditos en la vida económica? ) Se desmoronarían las sociedades capitalistas industriales o generarían nuevas formas de solidaridad y satisfacción para sus integrantes? ) Cómo se desarrollarían los cambios en el resto del mundo bajo el impacto de la expansión europea? Las obras más importantes de aquéllos que serían considerados los fundadores de la sociología moderna, especialmente las obras de Karl Marx, Alexis de Tocqueville, Émile Durkheim y Max Weber, trataron de dilucidar tales cuestiones. 2 En mayor o menor grado, todos elaboraron conceptos y explicaciones que se aplicarían en análisis verdaderamente históricos de las estructuras sociales y el cambio social.

Los verdaderos estudios sociológicos históricos poseen todas o algunas de las siguientes características: básicamente, hacen preguntas sobre estructuras y procesos sociales que se consideran ubicados concretamente en tiempo y espacio. En segundo lugar, abordan los procesos a través del tiempo, y toman seriamente las secuencias temporales para dar cuenta de los resultados. En tercer lugar, la mayor parte de los análisis históricos se ocupa de la interacción de acciones significativas y contextos estructurales, a fin de comprender el desenvolvimiento de resultados intencionales y no intencionales en las vidas individuales y las transformaciones sociales. Por último, los estudios sociológicos históricos hacen resaltar las características particulares y variables de tipo específicos de estructuras sociales y patrones de cambio. Junto con los procesos y contextos temporales, las

1 Charles Wnght Mills, The Sociological Imagination, New York, Oxford University Press, 1959, p. 145. [Hay edición en castellano: La imaginación sociológica, México, Fondo de Cultura Económica, 1ª ed., 1961.]

2 Véanse los debates en Anthony Giddens, Capitalism and Modem Social Theory, Cambndge, U. K., and New York, Cambridge University Press, 1971. [Hay edición en castellano: El capitalismo y la moderna teoría social, Editonal Labor, Barcelona, 1992); Philip Abrams, Historical Sociology (Ithaca, N. Y.: Cornell University Press, t982) capítulos 1-4; Robert Nisbet, The Sociological Tradition, New York, Basic Books, 1966; Gianfranco Poggi, Images of Society :Essays on the Sociological Theories of Tocqueville, Marx and Durikheim, Stanford, Califomia, Stanford University Press, 1972; Neil J. Smelser and R. Stephen Wamer, Sociological Theory: Historical and Formal, Morristown, N. Y., General Learning Press, 1976, p. 1.

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diferencias sociales y culturales son intrínsecamente de interés para los sociólogos con orientación histórica. Ellos no consideran el pasado del mundo como un relato de evolución unificada o como un conjunto de secuencias uniformes. Por el contrario, se considera que los grupos u organizaciones han elegido, o tropezado con diversos caminos en el pasado. A su vez las "elecciones" anteriores limitan y abren posibilidades alternativas para más cambios, conduciendo hacia un fin no premeditado.

Por cierto, algunos fundadores de la sociología se dedicaron más detenidamente que otros a

explicar las secuencias particulares de eventos históricos. Y ciertos fundadores, o sus seguidores, se inclinaron más rápidamente que otros al diseño de generalizaciones transhistóricas y esquemas teológicos. Así, hablando en forma estricta, Tocqueville y Weber -y Marx en sus ensayos sobre eventos presentes- fueron más "históricos" en los aspectos que he mencionado, que Durkheim o Marx en sus escritos más filosóficos. Sin embargo, cada uno de los fundadores estaba tan abocado a

la tarea de comprender los cambios y contrastes claves de su propia época que fue un analista social

con orientación histórica de acuerdo por lo menos con uno de los criterios básicos antes mencionados. 3 Ninguno de los fundadores se dejó llevar jamás por una filosofía de la evolución universal, por la conceptualización formal, o por la abstracción teórica en sí misma. Cada uno se dedicó una y otra vez a situar y explicar las estructuras sociales y los procesos de cambio europeos modernos.

El eclipse parcial de la sociología histórica A pesar de tener sus raíces en los trabajos de los fundadores, en el momento en que la sociología se institucionalizó completamente como una disciplina académica en los Estados Unidos

de Norteamérica, después de la Segunda Guerra Mundial, su orientación y sensibilidades históricas se eclipsaron parcialmente. Ciertos importantes estudiosos tales como Robert Bellah, Reinhard Bendix

y Seymour Martin Lipset continuaron haciendo trabajo histórico según la tradición directa de los

fundadores, 4 pero los paradigmas teóricos y empíricos más prestigiosos rompieron con la tradición. C. Wrigt Mills se quejaba del antihistoricismo de la "gran teoría" y del "empirismo distraído" en The Sociological Imagination, su apasionado desacuerdo con las tendencias del establishment en la sociología

3 Durkheim es el fundador que más a menudo se considera como ahistónco, pero véase Robert Bellah, Durltheim and History", American Sociological Review, 24 (4) (1959): 447-461. Para profundizar las discusiones sobre los otros fundadores como analistas con orientación histórica, véase especialmente Melvin Richter" “Comparahve Politcal Analysis in Montesquieu and de Tocqueville", Comparative Politics, 1 (1969): 129-60; Neil Smelser, “AIexis De Tosqueville as Comparative Anales”, en Comparative Methods in Sociology, ed. Ivan Vallier, Berkeley, University of California Press, 1971, pp. 19-48; R. Stephen Warner, “The Methodology of Marx s Comparative Analysis of Modes of Production", en Comparative Methods, ed. 1. Vallier, pp. 49-Z4; Leonard Krieger, “The Uses of Marx for History' Political Science Quarterly, 75 (1960): 355-378; E. J. Hobsbawm, "Karl Marx's Contribution to Historiography”, en Ideology in Social Science: Readings in Critical Social Theory, ed. Robin Blackbum, New York, Vintage Books, 1973), pp. 265-283. [Hay una edición en castellano: Eric Hobsbawm, “La contribución de KarlMarx a la historiografía", en Diógenes, Año XVI, N64, (revista trimestral publicada bajo los auspicios del Consejo Internacional de Filosofía y Ciencias Humanas y la UNESCO), Buenos Aires, Editorial Sudamericana, octubre-diciembre 1968, pp. 37-55; reproducida en Ideología y ciencias sociales, Barcelona, Gngalbo, 1977, y en Enc J. Hobsbawm, Marxismo e historia social, Puebla, Instituto de Ciencias de la Universidad Autónoma de Puebla, 1983, pp. 81-100]; Reinhard Bendix, Max Weber: An Intellectual Portrait, Garden City, N. Y., Doubleday Anchor, 1960, Gunther Roth, bMax Weber's Comparative Approach and Historical Typology", en Comparative Methods, ed. I. Vallier, pp. 75-96; y David Zaret, “From Weber to Parsons and Schutz: The Eclipse of History in Modem Social Theory", American Journal of Sociology, 85 (5) (1980), pp.

1180-1201.

4 Véase Robert N. Bellah, Tokugawa Religion: The values of Pre Industrial Japan, Boston, Beacon Press, 1970 (orig. 1957); Reinhard Bendix, Work and Authority in Industry, Berkeley, University of California Press, 1974 (orig. 1956); Seymour Martin Lipset, Agrarian Socialism, Berkeley, University of California Press, 1950.

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norteamericana de los años 1950. 5 Aunque Mills señaló que las investigaciones cualitativas de los problemas sociales podían descartar los contextos temporales y estructurales por igual, el antihistoricismo empiricista fue ejemplificado principalmente en la explicación de Mills, por medio de estudios cuantitativos de patrones sociales específicos, en los que las realidades de los EE. UU. del momento, se estudiaban en forma ingenua fuera de contexto, como modelos para toda la vida social humana. En el extremo opuesto, aunque complementario, de la práctica sociológica de su tiempo, para Mills el epítome supremo del antihistoricismo de la gran teoría se encontraba en The Social System de Talcott Parsons, publicado en 1951. 6 Ese prestigioso trabajo formulaba una red de categorías abstractas a través de la cual todos los aspectos de la vida social, sin tener en cuenta los tiempos y lugares, se podían clasificar y supuestamente, explicar en los mismos términos teóricos universales.

The Social System construía un edificio teórico totalmente dedicado a explicar los equilibrios, con referencia solo pasajera a fenómenos de cambio social. Sin embargo, Parsons mismo era un teórico demasiado importante, y el estructural funcionalismo demasiado ambicioso como visión del mundo y aproximación académica como para no ocuparse en forma más directa de las cuestiones de la transformación social.

Ciertas teorías evolucionistas del "desarrollo" o la "modernización" proliferaron a fines de los 1950 y en los 1960, todas ellas considerando la "diferenciación social" como la clave maestra para la clasificación y el ordenamiento de todos los tipos de sociedades y para explicar las transformaciones de los órdenes sociales tradicionales en los órdenes modernos. 7 Dada la hegemonía de los Estados Unidos en el orden internacional que diseñó después de la Segunda Guerra Mundial, y dada la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, quizá no fue sorprendente que estas teorías de cambio social como modernización diseñaran líneas standard de cambio por las que todas las naciones normalmente en desarrollo transitarían más tarde o más temprano. A su tiempo, supuestamente llegarían a parecerse a lo que se conceptualizarla alegremente como la sociedad de los Estados Unidos en la década de 1950 y comienzos de la década de 1960: un país expandiéndose económicamente, innovador, altamente educado y orientado a los logros, pluralistas políticamente, y pragmáticamente sin ideología.

Entretanto, en la Unión Soviética las lecturas stalinistas de la gran teoría marxista ya habían establecido una imagen refleja distorsionada de este esquema evolucionista. En la versión soviética de la modernización, el progreso económico conducía inevitablemente a todas las naciones a través de etapas determinadas. 8 Cada etapa era un modo de producción con su propio nivel tecnológico

5 Mills, Sociological Imagination, caps. 2 y 3.

6 Talcott Parsons, The Social System, Glencoe, III, Free Press, 1951. [Hay edición en castellano: El sistema social, Madrid, Revista de Occidente, 1966.]

7 Para encontrarse ejemplos más importantes, véase Neil J. Smelser, aMechanisms of Change and Adjustment to Change", en Industrialization and Society, ed. Bert F. Hosalis y Wiibert E. Moore, La Haya, Mouton, 1963, pp. 32-54; Marion J. Levy, Jr., Modernization and the structure of societies, Princeton, N. J.:

Princenton University Press, 1966; Talcott Parsons, “Evolutionary Universals", American Sociological Review, 29 (1964), W 339-357; Talcott Parsons, Societies: Evolutionary and comparative Perspectives, Englewood Cliffs, N. J., Prenbce Hall 1966; Kari W. Deutsch, “Social Mobilization and Political Development", American Political Science Review, 55, (1961), pp. 493-514; Gabriel A. Almond, “A Developmental Approach to Political Systems", World Politics, 16 (1965): 183-214; y Gabriel A. Almond y G. Bingham Poweil, Jr., Comparative Politics: A Developmental Approach, Boston, Little, Brown, 1966.

8 Una afirmación ortodoxa de la teoría de “modemización” soviética aparece en Joseph Stalin, Dialectical and Historical Materialism, New York: International Publishers, 1940; reimpreso en The Essential Stalin:

Major Theoretical Writings 1905-52, ed. Bruce Franklin, Garden City, N. Y., Doubleday Anchor, 1972. [Hay

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característico y patrones asociados de dominación y conflicto de clases. Las naciones pasarían por sucesivas etapas hacia un orden socialista" sin clases y al final, llegarían a una utopía “comunista" sin conflictos.

Este no es el lugar para discutir en detalle el cómo y el por qué. Sin embargo, entre 1950 y 1980, las formas implícitas de ver el mundo contenidas tanto en la versión estática como en la desarrollista del estructural funcionalismo perdieron significado debido a las reverberaciones de los conflictos políticos dentro de los Estados Unidos y a través del mundo. También perdieron el atractivo que una vez tuvieron para la mayoría de los intelectuales occidentales las lecturas económico-deterministas y evolucionistas lineales del marxismo. Mientras tanto, sin embargo, diferentes versiones de las ideas marxistas, que destacaban la conciencia de clase, el proceso histórico y los roles de diversas estructuras culturales y políticas, comenzaron a resultar atractivas para los jóvenes estudiosos que buscaban formas de criticar las ortodoxias científico-sociales. No solamente Antonio Gramsci, el teórico marxista occidental con orientación histórica, ganó enormemente en popularidad y notoriedad; los mismos escritos de Marx fueron reexaminados selectivamente para sondear sus recursos a fin de analizar cuestiones relacionadas con la conciencia y la lucha política. 9

Durante ese mismo período, las ideas de Alexis de Tocqueville y (especialmente) las de Max Weber también han despertado un renovado interés en los analistas del cambio social y las estructuras sociales comparadas. En realidad se ha vuelto a los trabajos o las lecturas individuales de los sociólogos clásicos que pudieran ser más útiles para reintroducir la preocupación por la variedad sociocultural, el proceso temporal, los hechos concretos, y la dialéctica de acciones significativas y determinadas estructuralmente en las investigaciones y las explicaciones macrosociológicas. Con este fin, se consideran especialmente importantes las ideas metodológicas y los trabajos históricos de Max Weber, por lo que resulta poco sorprendente que el pequeño clan de sociólogos que en 1982 y 1983 lanzó una nueva sección de la Asociación Norteamericana de Sociología, dedicada a fomentar la Sociología Comparada e Histórica, destinara sus primeros esfuerzos a la reconsideración de los temas del corpus académico de Weber.

Hacer resurgir los clásicos, ) es b esencia de la cuestión? Si las reconsideraciones de Weber fueran la esencia del creciente interés en la teorización y la investigación con orientación histórica en la sociología contemporánea, se ( podría considerar este interés simplemente como un resurgimiento intelectual. El renovado interés por los escritos históricos de Weber estarla acompañado -y fomentaría- una des-parsonización de nuestra comprensión de las ideas de Weber, esencialmente el tipo de proyecto al que han dedicado esfuerzos significativos Anthony Giddens y Randall Collins. 10 Podríamos hablar de una era de interpretación histórica weberiana que toma la posta de la explicación macrosociológica de Durkheim y Parsons, por un lado, y se la arranca de las manos a diversos neomarxistas, por el otro. Y eso es todo.

ediciones en castellano.] Para leer sobre un precursor anterior, véase Nikolai Bukharin, Historical Materialism, Ann Arbor, University of Michigan Press, 1969 (orig. 1921).

9 Perry Anderson, en Considerations on Westem Marxism, London, New Left Books, 1976, analiza el desarrollo de las teorías marxistas occidentales en el siglo veinte. [Hay edición en español: Consideraciones sobre el marxismo occidental, México, Siglo Veintiuno Editores, 1979.l Para leer uno de los textos marxistas occidentales más populares, véase Antonio Gramsci Selections from the Prison Notebooks, trd. Quentin Hoare y Geoffrey N. Smith, New York: International Publishers, 1971. Sobre el renacimiento de las ideas marxistas entre los sociólogos jóvenes, véase a Michael Burawoy, “Introduction: The Resurgence of Marxism in American Sociology", en Marxist Inquiries: Studies of Labor, Class, and States, anexo al vol. 88 de la American Sociological Rewiew, ed. Michael Burawoy y Theda Skopol, Chicago, University of Chicago Press, 1982, pp. 1 -30.

10 Véase Giddens, Capitalism and Modem Social Theory; Randail Collins, “Neber's Last Theory of Capitalism: A Systematization”, in American Sociological Review, 45 (6) (1980), pp. 925-942; y Randall Collins, Conflict Sociology: Toward and Explanatory Science, New York, Academic Press, 1975.

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Existen hábiles comentaristas que defienden esta forma de comprender de qué se trata este creciente Interés en el trabajo histórico de la sociología. 11 Otros contestarán a esta identificación de la sociología histórica con el legado de Weber, construyendo sociologías históricas durkhenianas o marxistas como alternativas o suplementos. 12 Desde mi punto de vista, se entiende mejor la sociología histórica como una tradición continuada, siempre renovada, de la investigación dedicada a comprender la naturaleza y los efectos de estructuras a gran escala y de procesos de cambio fundamentales. Los deseos apremiantes de contestar las preguntas de base histórica constituyen la fuerza motora, no los paradigmas teóricos clásicos. Sin duda, siempre ha habido y siempre habrá sociólogos que no formulan preguntas macroscópicas, ancladas en la historia ni buscan contestarlas. Aunque nadie puede darse el lujo de ignorar los contextos estructurales e históricos, no todos los sociólogos necesitan investigar directamente temas tales como los orígenes y el desarrollo del capitalismo y las naciones Estado, la expansión de las ideologías y las religiones, las causas y consecuencias de las revoluciones, y la relación de las transformaciones económicas y geopolíticas en curso con el destino de las comunidades, grupos y tipos de organizaciones. Más aún, ciertamente ha habido momentos en los que muchos estudiosos interesados en cuestiones macroscópicas han probado modos antihistóricos de tratarlas. Uno de tales momentos fue la breva credibilidad de que gozó el estructural funcionalismo parsoniano como una teoría totalizadora de la sociedad.

Pero las realidades de la vida social moderna están tan profundamente enraizadas en los conflictos y los cambios constantes en las comunidades, regiones, naciones y el mundo en su totalidad, que los sociólogos nunca dejarán de elaborar -ni ahora ni en el futuro- nuevas teorías e interpretaciones que destaquen la variedad de estructuras sociales, las restricciones de la época y las posibilidades alternativas de cambio, las intersecciones de contextos estructurales y experiencias de grupo, y los eventos y acciones que se desenvuelven en el tiempo. En efecto, en sociología los análisis con orientación histórica resultan ser especialmente atractivos en períodos tales como el nuestro, en los que para el mundo en general -para los líderes y los vencedores en las fases anteriores de desarrollo económico y conflicto geopolítico, así como también para las naciones periféricas y recientemente industrializadas- existen incertidumbre obvias sobre la continuidad futura de las tendencias y relaciones existentes. Los análisis históricos concebidos en términos amplios, ofrecen la posibilidad de comprender de qué manera los patrones pasados y las trayectorias alternativas pueden resultar relevantes o no para las elecciones del presente. De esta forma, una sociología histórica de excelencia en realidad puede responder mas significativamente a las preocupaciones de la vida real que los estudios empiristas de enfoque estrecho que se precian de su "relevancia en cuanto a las políticas". 13

11 Véase especialmente Charles Ragin y David Zaret, “Theory and Method in Comparative Research:

Two Strategies", Social Forces, 61 (3) pp. 731-754. Yo analizo la posición de Ragin y Zaret en el último capitulo de este volumen. [Se refiere a “Emerging Agendas and Recurrent Strategies in Historical Sociology", capítulo 11 de Vision and Method in Historical Sociological. Se reproduce, traducido al castellano, en esta compilación.]

12 En efecto, Robert Bellah y los que trabajan con él están buscando actualmente un tipo de sociología histórica durikheiniana y la obra de Jeffrey Alexander, Theoreticai Logic in Sociology, 4 vols., Berkeley, University of Caiifomia Prees, 1982-1984, puede sentar las bases para llegar a otra versión de esta clase de empresa. Las sociologías históricas marxistas han sido defendidas convincentemente por Eric J. Hobsbawm, entre otros, en “From Social History to the History of Society", Historical Studies Today, Daedalus, 100 (1971), pp. 20-45. [Hay edición en castelanol: “De la historia social a la historia de la sociedad", en Eco de la Cultura de Occidente, Tomo XLIV/6, Nº 240, Bogotá, octubre 1981, pp. 583-614, y en Hobsbawm, Marxismo e historia social, op. cit, pp. 21- 44]; y Gareth Stedman Jones, “From Historical Sociology to Theoretical History", British Joumal of Sociology, 27 (3) (1976), pp. 295-304. Algunos pueden considerar a Charles Tilly y sus colaboradores como estudiosos que practican un cierto tipo de sociología histórica marxista.

13 Por ejemplo, la sociología histórica de las relaciones industriales del siglo diecinueve hasta el presente, de Charles Sabel, brinda un sentido vivido de las posibilidades de políticas alternativas de la

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Agendas de investigación en sociología histórica Las preguntas y respuestas clásicas de Weber, Marx, Tocqueville, Durkheim, y otros, naturalmente perduran en la empresa actual de la sociología histórica. Ello ocurre en parte porque las respuestas de los fundadores a las importantes preguntas que formularon sobre su propio tiempo pasado no siempre fueron correctas o completas. Ello sucede aún más porque las ideas de los fundadores continúan sirviendo, con justicia, como hitos fecundos para gran parte de la teorización

sociológica. Sin embargo, una señal de la vitalidad permanente de la sociología histórica durante todo

el

siglo veinte, y hasta el presente, es que los sociólogos siempre están formulando nuevas preguntas

e

ideas más allá de la letra, y hasta del espíritu de los fundadores con una visión y voluntad

comparables a las de éstos para comprender las estructuras y transformaciones sociales desde la perspectiva de su propio tiempo y lugar.

Los nueve estudiosos cuya trayectoria y proyectos más importantes constituyen el centro de los capítulos de este libro, trabajan en un terreno que comparten con los fundadores. La mayoría de las obras más importantes de los estudiosos que aquí se analizan, desde Feudal Society y French Rural History, de Marc Bloch, hasta Social Origins. of Dictatorship and Democracy, de Barrington Moore, y desde The Great Transformation, de Karl Polanyi, hasta The Modern World-System, de Immanuel Wallerstein, continúan explorando los antecedentes, naturaleza y consecuencias de las revoluciones capitalista y democrática originales de Europa 14 . Sin embargo, los problemas específicos que abordan a menudo

se diferencian de aquéllos de los fundadores y, por cierto, se ofrecen nuevas respuestas.

La industrialización inglesa, la Revolución Francesa, y la burocratización alemana fueron, se podría decir, los hechos y procesos que preocuparon a los fundadores. La preocupación básica que compartían fue la de conceptualizar las características distintivas y la dinámica del industrialismo capitalista y la democracia en contraste con otros órdenes de la vida social. Entre los estudiosos que analizamos aquí, Reinhard Bendix, Perry Anderson, E. P. Thompson, y Charles Tilly y extraen tanto sus preguntas como sus respuestas casi por completo de esta agenda clásica. Bendix y Anderson parten de los argumentos de Weber sobre la burocratización y las transformaciones de los regímenes políticos. Thompson reelabora las ideas marxistas esenciales sobre la industrialización y la formación de la clase obrera en Inglaterra. Tilly sondea las tensiones entre las explicaciones que ofrecen Durkheim y Marx para las formas cambiantes del conflicto de grupo que acompañaron las revoluciones europeas, la construcción del estado, y el desarrollo capitalista. Aún así, cada uno de estos sociólogos históricos contemporáneos ofrece nuevas combinaciones, o contrapuntos, a los argumentos clásicos. Y cada uno de ellos despliega sus propios métodos distintivos para mediar entre las teorías y los hechos históricos.

Aparte de estos cuatro, los estudiosos del siglo veinte abren nuevos derroteros con sus

actualidad para las democracias capitalistas avanzadas, incluyendo a los Estados Unidos de Norteamérica. Véase Charles Sabel, Work and Politics: The Division of Labour in Industry, Cambridge (U. K.) and New York, University of California Press, 1982, y Michael Piore and Charles Sabel, The Second Industrial Divide, New York, Basic Books, de próxima publicación.

14 Las citas completas de los libros que menciono aparecen en las notas y bibliografías de los capítulos que tratan de cada autor respectivo. [Nota del compilador: Skocpol se refiere a los trabajos incluidos en Vision and Method in Histoncal Sociology, a saber: Daniel Chirot, “The Social and Historical Ladscape of Marc Bloch"; Fred Lock and Margaret R. Somers, “Beyond the Economist Fallacy: The Holistic Social Science of Karl Polanyi"; Gary G. Hamilton, “Configurations in History: The Historical Sociology of S. N. Eisenstadt"; Dietrich Rueschemeyer, “Theoretical Generalization and Historical Particularity in the Comparative Sociology of Reinhard Bendix"; “Destines Pathways: The Historical Sociology of Perry Anderson"; Ellen Kay Trimberger, “E. P. Thompsom: Understanding the Process of History"; Lynn Hunt, “Charles Tilly's Collective Action"; Charles Ragin and Daniel Chirot, “The World System of Immanuell Wallertein. Sociology and Politics as History"; Dennis Smith, 2Discovering Facts and Values: The Historical Sociology of Barrington Moore"].

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preguntas así como sus argumentos y formas de llegar a ellos. The Great Transformation, de Karl Polanyi, trata no sólo del establecimiento de la sociedad de mercado capitalista en Inglaterra, sino también de las crisis nacional e internacional del orden que determina el mercado desde comienzos hasta mediados del siglo veinte. La agenda histórica de Marc Bloch centra su análisis fundamentalmente en los patrones feudales europeos y franceses considerándolos merecedores de explicación por propio derecho. En tres formas diferentes, S. N. Eisenstadt, Immanuel Wallerstein y Barrington Moore Jr., buscan encuadrar y explicar en los mismos términos conceptuales, grandes muestrarios de historia occidental y no occidental. El libro más importante de Eisenstadt, The Political Systems of Empires, analiza el surgimiento y los destinos a largo plazo de los imperios burocráticos históricos a través de la historia del mundo. Wallerstein explora los orígenes, estructura, historia y futura desaparición prevista de la economía capitalista mundial. Moore investiga los patrones y el significado moral de los caminos alternativos que han recorrido los estados agrarios para llegar al mundo moderno. Estos grandes temas han empujado a Eisenstadt, Wallerstein y Moore mucho más allá de las estrategias de Marx y (aun) de Weber, quienes usan el mundo no occidental en especial para dar validez, por contraste, a ciertos argumentos sobre el dinamismo especial del Oeste. Los capítulos siguientes tratan en profundidad los problemas particulares que exploran los nueve estudiosos, porque sus argumentos y métodos ciertamente no pueden ser comprendidos si se los separa de las preguntas que formulan y las razones individuales que las motivaron. Por ello, los autores abordan sus temas en diferentes 10rmas, no sólo porque escriben desde sus puntos de vista individuales, sino fundamentalmente porque cada sociólogo importante está (o estaba) dedicado al análisis de un conjunto distintivo de problemas, que forman su propia agenda especial de investigación a lo largo de su vida. * Aún así, algunos temas importantes comunes emergen, indicándonos ciertas cualidades especiales que comparten estos estudiosos y los desafíos teóricos y metodológicos similares que todos ellos tuvieron que enfrentar en su investigación y sus trabajos.

Perspectivas claves para pensar en grande En el siglo veinte, las ciencias sociales occidentales se han desarrollado en universidades y asociaciones profesionales. Tanto la investigación como la docencia se han institucionalizado, en un abanico de disciplinas especializadas y, a menudo, en compartimientos muy estrechos y técnicos dentro de dichas disciplinas académicas. Aún así, ciertas obras muy importantes no especializadas de cada uno de r; nueve hombres que aquí examinamos han sido aplaudidas en los mundos institucionales de la ciencia social académica. Las asociaciones profesionales han otorgado sus premios más sobresalientes a los libros de Bendix, Eisenstadt, Anderson, Wallerstein y Moore, y las bibliografías para graduados y estudiantes, una y otra vez han dado un lugar de privilegio a Feudal Society, de Bloch, The Great Tranformation, de Polanyi, The Political Systems of Empires, de Eisenstadt, Work and Authority in Industry, de Bendix, Lineages of the Absolutist State, de Anderson, The Making of the Enghish Working Class, de Thompson, The Vendeé y muchos artículos teóricos y cuantitativos de Tilly, The Modem World-System, de Wallerstein, y Social Origins of Dictatorship and Democracy, de Moore.

Es más, muchos de estos estudios han buscado y obtenido una gran influencia institucional dentro de los ámbitos académicos: Bloch contribuyó a fundar la escuela francesa de los Annales, de prestigio internacional, y obtuvo el más codiciado reconocimiento en la vida académica francesa, una cátedra en París. Eisenstadt comanda el mundo germano en la Universidad Hebrea, ha sido profesor visitante en las universidades más prestigiosas del mundo occidental, y participa en toda conferencia internacional importante que se pueda relacionar con sus increíblemente amplios intereses. Bendix,

*

Una vez más, Skocpol se refiere a los autores considerados en su libro Vision and Method in Historical Sociology: Marc Bioch (cap. 2), Karl Polanyi (cap. 3), S. N. Eisenstadt (cap. 4), Reinhard Bendix (cap. 5), Perry Anderson (cap. 6), Edward P. Thompson (cap. 7), Immanuell Wallerstein (cap. 9) y Barrington Moore (cap. 10). (Nota del compilador.)

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profesor en la Universidad de California, Berkeley, es respetado por conocidos sociólogos, científicos, políticos e historiadores por igual, y obtuvo suficiente renombre profesional como para ser elegido presidente de la Asociación Sociológica Norteamericana.

A lo largo de los años, Tilly ha obtenido importantes fondos para investigación; construyó un prestigioso centro de investigación en la Universidad de Michigan, y se desempeña como árbitro profesional en tres o cuatro disciplinas. Wallerstein goza de un amplio prestigio internacional comparable al de Eisenstadt, y ha logrado insertar su perspectiva de un sistema mundial en un centro y revista de investigación en la Universidad Estatal de New York en Binghamton, en conferencias anuales en sedes rotativas de universidades de Estados Unidos, y en una sección de la Asociación Sociológica Norteamericana que controla varias sesiones de cada reunión-anual.

A pesar de estas evidencias de logros profesionales y académicos de importancia, cada uno de nuestros nueve estudiosos ha sido, en cierto sentido, marginal o contrario a las formas académicas ortodoxas de hacer las cosas. Su marginalidad u oposición ha estado íntimamente relacionada, como causa y efecto, con su habilidad para formular preguntas más grandes que las que la mayoría de los científicos sociales haya sonado jamás formular. A su vez, estas grandes preguntas, los han llevado a obtener diversas combinaciones de teoría general, análisis histórico totalizador o comparativo, y sensibilidad para los detalles contextuales y los procesos temporales que hacen que sus logros académicos sean tan fascinantes.

La conexión entre la marginalidad genuinamente opositora contra las líneas académicas establecidas y el hecho de formular grandes preguntas y diseñar formas no ortodoxas para buscar las respuestas es sumamente obvia -y por cierto, bien destacada en los capítulos siguientes [de Vision and Method…]- para aquellos académicos que también han pertenecido a la izquierda política. Karl Polanyi lo era; y Perry Anderson E. P. Thompson e Immanuel Wallerstein son socialistas comprometidos de una clase u otra, aunque, curiosamente, ninguno de estos cuatro ha estado asociado en forma permanente a un partido comunista o socialista establecido. Polanyi, de acuerdo con lo expresado por Block y Somers, escribió The Great Transformation, "el libro que reunió todos los temas de una vida" para este socialista humanista, como una "intervención política consciente (…) para influir en la forma del mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial". 15 Y Polanyi completó su obra maestra antes de volcarse a un nicho académico más especializado en antropología económica. Anderson no ha perseguido una carrera académica tradicional en ningún sentido. Como destaca Fulbrook, y yo también, ha formulado sus preguntas y respuestas "totalizadoras" en sociología histórica en estrecha conjunción con su esfuerzo por reorientar la vida intelectual socialista revolucionaria en Gran Bretaña a través de la New Left Review. En forma similar, como analiza Kay Trimberger, E. P. Thompson no se convirtió en historiador estudiando en una universidad. Ha concebido todos sus proyectos académicos más importantes no en el curso de una carrera profesional regular, sino a través de su labor en la educación de trabajadores adultos y en el Grupo de Historiadores Comunistas de 1946 a 1956, y su posterior participación en la Nueva Izquierda Británica después de su ruptura con el Partido Comunista, y culminando, ahora, con su retorno a la cruzada por el desarme nuclear. En general, esta trayectoria lo ha dejado en libertad para dedicarse, con fuerza polémica y desprejuiciada, a temas intensamente sentidos y políticamente relevantes desafiando las convenciones académicas de pocas miras. The Making of the English Working Class refleja esta libertad tanto por su gran diseño como por sus detallados argumentos.

En la posición contraria a Polanyi, Anderson y Thompson, Immanuel Wallerstein ha seguido una carrera académica; por ello, su situación constituye quizá la historia de marginalidad más reveladora entre los izquierdistas. La intención de Wallerstein de conceptualizar y estudiar el sistema de capitalismo del mundo moderno ha sido fundamentalmente política, según sostienen Ragin y

15 No veo necesidad de realizar una nota formal para esta cita del capítulo sobre Polanyi, de Block y Somers, no para otras citas de los capítulos siguientes.

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Chirot. Cuentan la fascinante historia del progresivo alejamiento de Wallerstein de la teoría de la modernización y el empirismo hacia el enfoque más holístico e histórico englobado en la perspectiva del sistema mundial. Para su tesis doctoral y sus primeros libros, Wallerstein estudió las primeras esperanzas y los sufrimientos posteriores de las naciones africanas descolonizadas; de allí en adelante, vivió algunas de las batalla más intensas de la rebelión estudiantil norteamericana de la década del sesenta. Simultáneamente, se trasladó del rol de graduado leal de Columbia a la incómoda posición de joven profesor asociado que (desde el punto de vista del establishment de Columbia) simpatizaba en demasía con los estudiantes de la Nueva Izquierda. De esta manera, al llegar a una coyuntura intelectual con su visión del sistema mundial, lanzó sus proyectos históricos más importantes, y "se impuso la tarea de convertirse en el vocero académico y promotor de la visión de la historia del mundo que subyace detrás de las ideologías revolucionarias del Tercer Mundo"; su vida universitaria en Columbia se volvió "cada vez más incómoda" y renunció a su cargo allí. Desde 1975, la relación quizá inevitable entre el gran pensamiento políticamente izquierdista de Wallerstein y su marginalidad con respecto a los centros más ortodoxos de la vida académica y profesional ha sido adecuadamente expresada por su edificio imperial semiperiférico a través del Braudel Center en Binghamton y a través de la Sección de Economía Política del Sistema Mundial de la Asociación Sociológica Norteamericana.

En cierta forma, el tema de cómo se gana distancia de las ortodoxias académicas se torna más interesante cuando pasamos de esos estudiosos que han combinado explícitamente sus estudios académicos con la izquierda política, a aquéllos cuyos compromisos extraacadémicos, aunque a menudo importantes (recuérdese el trabajo de Bloch en la Resistencia) han aparecido bajo formas más aceptables para sus respectivos establishments académicos nacionales. La participación en el gobierno o en actividades militares durante emergencias nacionales legítimas, o el periodismo intelectual y las conferencias sobre temas de interés actual para públicos educados son, después de todo, formas completamente respetables de compromiso político académico. Sin duda, conducen a cierta amplitud de la visión académica, pero no nos brindan una visión suficiente de los puntos estratégicos críticos y especiales alcanzados por Bloch, Eisenstadt, Bendix, Tilly y Moore. Me parece que diversos factores entraron en juego para cada uno de estos estudiosos.

Las carreras de Marc Bloch y Charles Tilly revelan los factores concomitantes especiales de un pensamiento inusual para estos dos estudiosos que más tarde, se convirtieron en formadores muy exitosos de las agendas de investigación colectiva en los centros académicos establecidos. Bloch finalmente "arribo" a una cátedra en París, donde había cursado su carrera universitaria originalmente. Pero sus ideas tan poco ortodoxas sobre los métodos de la historiografía, y su sentido inusualmente cosmopolita y transnacional de la amplitud de visión necesaria para el estudio de la Europa medieval germinaron mientras este hombre, proveniente de una familia judía con raíces en Alsacia, era profesor en la Universidad de Estrasburgo, una universidad alsaciana bastante periférica dentro del sistema francés, como antes lo había sido en el sistema alemán. Además, Bloch tomó (en forma selectiva y cautelosa, como demuestra Chirot) ideas sociológicas para ampliar su agenda de preguntas y explicaciones históricas.

Décadas más tarde, en los Estados Unidos, como argumenta diestramente Lynn Hunt, Charles Tilly diseñaría una agenda para su sociología histórica, inusualmente profunda y temporalmente amplia, usando simultáneamente métodos de archivo para hacer historia francesa y técnicas de esta- dísticas cuantitativas para probar hipótesis sociológicas y desarrollar una teoría innovadora sobre la violencia política colectiva. Además, aunque la base de investigación eventual de Tilly se encontraba en una importante universidad norteamericana y dentro de un departamento de sociología de primer nivel, su mezcla de historia francesa con sociología cuantitativa lo relegó a un departamento de menor importancia para su primer trabajo, después de haber hecho trabajos de graduado en Harvard durante la época de Talcott Parsons, no con Parsons sino con George Homans y Barrington Moore.

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(Más tarde, Harvard trajo nuevamente a Tilly como profesor sin nombramiento definitivo pero luego, para su posterior disgusto, no pudo retenerlo como profesor de cargo permanente.) Tilly ha sido el más cercano a lo que se considera un académico puro entre todos los estudiosos que se analizan en este libro. Sin embargo, su intento, desde el comienzo mismo de su carrera intelectual, de combinar temas y métodos fundamentales para más de una disciplina lo ha mantenido en los limites disciplinarios tanto de la sociología como de la historia, aun cuando simultáneamente le permitió colocarse él y sus estudiantes en algunas de las intersecciones más innovadoras dentro de las ciencias sociales norteamericanas de las últimas dos décadas.

Hamilton y Rueschemeyer nos dicen muy poco sobre las biografías y carreras de Eisenstadt y Bendix, y prefieren concentrarse en las posiciones intelectuales críticas que estos hombres sostuvieron frente al estructural funcionalismo, el paradigma que dominó la macrosociologia nortea- mericana durante su generación intelectual. Tanto Eisenstadt como Bendix en verdad se han convertido en profesores establecidos, sin embargo, tomaron conceptos de Weber y estudios históricos comparativos para criticar a Talcott Parsons. Al buscar las raíces de sus posiciones críticas, no creo que debamos ignorar el hecho de que ambos provienen de un ambiente judío europeo. Como los otros centroeuropeos, Polanyi, Eisenstadt y Bendix eran emigrados de lo que constituía, antes de la Segunda Guerra Mundial, la arena más civilizada de la alta cultura occidental. Ambos también recibieron educaciones superiores de estilo europeo muy cosmopolita y de amplio espectro. Por lo tanto, Eisenstadt y Bendix llevaron su propia visión de las ideas y la historia europea a los debates sociológicos internacionales. Además, el cargo universitario permanente más importante de Eisenstadt está en Israel, esa notablie cuna de intelectuales que son al mismo tiempo extremadamente cosmopolitas y afines con las ortodoxias occidentales y profundamente conscientes de que toda la historia del mundo se desarrolla en las grandes naciones centrales.

Finalmente, Barrington Moore nunca fue un emigrado internacional pero se convirtió, en cierta forma, en otra clase de emigrado. Sobre la base de una confianza en si mismo que nace de un entorno privilegiado, de una segura asociación con universidades de la elite, y una educación basada en los clásicos, incluyendo el griego y el latín, Moore se convirtió en un emigrado interno alejado de las distracciones que plantea forjarse una carrera dentro del ámbito académico norteamericano, dejando de lado deliberadamente la influencia profesional que pudo haber tenido si hubiera deseado obtener puestos departamentales, construir su propio centro de investigaciones, promover las carreras de sus alumnos, y diseñar las agendas de revistas y asociaciones profesionales. Aunque enseñó en Harvard y tenía su base permanente en el Centro de Investigaciones Rusas de esa universidad hasta su reciente retiro, Moore renunció al Departamento de Relaciones Sociales hace muchos arios, y de allí en adelante, estuvo afiliado en forma sólo nominal al Departamento de Gobierno. El único compromiso permanente de Moore con la pedagogía universitaria en Harvard fue en el Programa de Estudios Sociales, un programa de méritos interdisciplinarios de elite dedicado (como el curso en el que enseñaron muchos de los fundadores del programa "Ciencias Sociales 2" en la Facultad de la Universidad de Chicago) a la enseñanza de los clásicos de la moderna teoría social:

Marx, Weber, Durkheim y Freud. Aparte de esto, Moore siempre ha insistido en defender ferozmente su vida privada.

La agenda académica de Moore, según muestra Dennis Smith, ha sido notable por su amplitud y por la búsqueda permanente de intereses intelectuales y morales compatibles. Escribió sus libros en profunda soledad -por ejemplo, en un yate alejado de las costas de Maine- contando sólo con la crítica de Elizabeth Moore y de unos pocos amigos o asociados. Considerándose a si mismo como un artesano intelectual en una era de investigación burocratizada, Moore ha trabajado solo o en grupos pequeños únicamente de estudiantes o graduados cuidadosamente elegidos. Les ha trasmitido, no una teoría o método, sino sus propias normas exigentes del oficio académico y su criterio de que la búsqueda resuelta y decidida de respuestas a grandes preguntas significativas para la

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humanidad es lo único que realmente importa en la vida de la mente.

Críticas históricas al funcionalismo, el economicismo y el evolucionismo El hecho de pensar en grande y la aproximación histórica al análisis social no necesariamente deber ir juntos, por supuesto. Durante las décadas en las que nuestros nueve estudiosos han trabajado, los grandes paradigmas del estructural funcionalismo parsoniano, la economía liberal, y el marxismo económico-determinista, junto con sus aplicaciones a problemas de desarrollo por medio de teorías de modernización y evolucionismo marxista, han dominado gran parte del discurso académico sobre las estructuras sociales y el cambio socioeconómico. Una y otra vez, en los capítulos siguientes, vemos cómo todos los grandes estudiosos que aquí analizamos han dado forma a sus argumentos total o parcialmente en respuesta crítica a las generalizaciones abstractas ofrecidas por los que proponen una o más de estas perspectivas. Para muchos de estos estudiosos, la forma misma de sus estudios históricos parece haber sido determinada en forma significativa por el diálogo que mantenía con las grandes teorías existentes. Para otros, ha sido primordial el interés por los problemas históricos, y sus diálogos críticos con las teorías generales han sido más matizados.

Los capítulos sobre Eisenstadt, Bendix, Anderson y Thompson brindan una comprensión fascinante sobre los caminos paralelos con los que estos estudiosos han intentado introducir la variedad histórica y la particularidad en las grandes teorías. Eisenstadt y Bendix se orientan hacia el estructural funcionalismo, mientras Anderson y Thompson están abocados a la crítica del economicismo y el evolucionismo marxista. Lo que yo encuentro especialmente interesante no son las similitudes dentro de estos pares sino los paralelismos entre Eisenstadt y Anderson por un lado y entre Bendix y Thompson por otro.

Eisenstadt y Anderson son críticos amistosos del estruct ural funcionalismo y del marxismo

respectivamente. Cada uno está decidido a usar la perspectiva teórica básica para explicar estructuras

a gran escala y desarrollos a largo plazo, y cada uno de ellos está igualmente abocado a usar la

variedad del registro histórico mundial para criticar lecturas excesivamente generales de la teoría. No es casual que Eisenstadt elija conceptualizar y explicar "los imperios burocráticos históricos", que difícilmente encajan en un marco de modernización que opone sociedades tradicionales a sociedades modernas. En forma similar, Anderson aborda "el Estado absolutista", que ha sido una fuente de controversia para los marxistas, incapaces de decidir si -~ eran feudales o capitalistas.

Ambos estudiosos proceden a conceptualizar los períodos históricos y los regímenes políticos que les interesa, 0- como lo que Gary Hamilton denomina apropiadamente "configuraciones en la historia". Estos son constructos sistemáticos definidos por Eisenstadt en términos de "niveles de diferenciación" y "modos de integración societal", y en definidos por Anderson como "modos de producción" y patrones de "la dominación de clase y la lucha de clases". Habiendo efectuado este trabajo conceptual, es posible explicar aspectos de la historia del mundo en términos de estructuras y dinámicas postulados por el funcionalismo y la teoría marxista. Eisenstadt da cuenta de un tipo importante de régimen sociopolítico, el imperio burocrático. Anderson explica la trayectoria central y dinámica de la historia de Europa occidental en contraste con otras historias. Ni Eisenstadt ni Anderson, sin embargo, declaran que toda la historia del mundo se pueda incluir dentro de un solo esquema de etapas societales o de una sola lógica rectora del cambio.

En gran parte porque ambos son desusadamente sensibles a los significados subjetivos y a la variedad cultural en historia, Reinhard Bendix y E. P. Thompson son más escépticos que Eisenstadt

y Anderson en lo que respecta a la utilidad del estructural funcionalismo y las teorías marxistas para explicar patrones históricos. Sin embargo, yo diría que Bendix y Thompson siguen orientados hacia las respectivas grandes teorías tanto como ellos. Avanzan confrontando los casos históricos individuales con los conceptos teóricos, más que encontrando nuevas formas inteligentes de hacer que el estructural funcionalismo básico y los conceptos y propuestas marxistas funcionen para explicar los tipos societales y el cambio a largo plazo.

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El trabajo de Bendix ha estado dedicado cada vez más, como demuestra Dietrich Rueschemeyer, simplemente al contraste descriptivo de casos históricos entre sí. Según opina Bendix, las teorías estructural-funcionalistas y de modernización generalizan en demasía los patrones de estructura y cambio aplicando conceptos (a menudo versiones abstractas de los conceptos de Weber) que son etnocéntricos y que inevitablemente no pueden captar la particularidad completa de la historia de un país, aun dentro de occidente. Por ello, Bendix propone que se truequen las ideas teóricas en tipos ideales, en forma óptima, en pares opuestos de "concepciones contrastantes" tales como "autoridad contractual" versus "lealtad" personal. Luego, estos conceptos se pueden usar como hitos para logar una caracterización precisa de las instancias históricas. De esta manera, Bendix evita la hipergeneralización -y en efecto, le resta entidad a la explicación como tal- y está a favor del uso de las ideas teóricas solamente como dispositivos sensibilizadores para las discusiones históricas caso por caso.

En forma notablemente análoga, E. P. Thompson utiliza las ideas teóricas como hitos en su

estudio The Making of the English Working Class. Introduce nociones económico-deterministas de clase,

o argumentos estrechamente economicistas sobre la forma en que los obreros se vieron supues-

tamente afectados por la industrialización, con el fin de dramatizar su fracaso para captar las dimensiones culturales, políticas y subjetivas de los eventos a través de los cuales la clase obrera inglesa fue formada y se formó a sí misma. Thompson no trata de desplazar las viejas teorías generales reemplazándolas con una nueva teoría más rigurosa, porque considera que hasta sus propios conceptos teóricos preferidos son dispositivos "elásticos" para iluminar las particularidades

de cada instancia histórica. "Ellos no imponen una regla, pero apresuran y facilitan la interrogación a

la evidencia, aunque a menudo se descubra que cada caso se aparta de la regla, en éste o en aquel

aspecto particular". 16

Del mismo modo, la discusión de Kay Trimberger sobre los argumentos "dialécticos” de Thompson me hace recordar la preferencia de Bendix por usar concepciones contrastantes para sensibilizarse hacia combinaciones de tendencias opuestas en circunstancias particulares. De esta manera, Eisenstadt y Anderson, por un lado, y Bendix y Thompson, por otro, han reaccionado en forma diferente ante el desafío de hacer que las grandes teorías existentes y la variedad histórica confluyan y se relacionen entre si. Sin embargo, téngase en cuenta que estos cuatro estudiosos han permanecido tan estrechamente vinculados con la gran teoría en sus respectivos diálogos, que los argumentos que han desarrollado sobre problemas históricos han resultado o bien especificaciones y reformulaciones del estructural funcionalismo y las ideas marxistas o afirmaciones de que la complejidad, particularidad y significado subjetivo de las instancias históricas no se pueden encuadrar adecuadamente en las grandes teorías en cuestión. Ninguno de estos estudiosos, diría yo, ha usado la confrontación de las teorías existentes y la historia para generar un nuevo conjunto de generalizacio- nes explicativas.

Immanuel Wallerstein y Charles Tilly también han estado abocados estrechamente a los diálogos críticos con las grandes teorías como los cuatro pensadores que acabamos de analizar. Sin embargo, estos sociólogos históricos han usado indudablemente la confrontación de teoría e historia para generar nuevos argumentos teóricos.

Wallerstein ha empleado críticas históricas sobre las teorias de modernización y el evolucionismo marxista casi con el único propósito de diseñar un nuevo gran paradigma para desplazar los antiguos paradigmas desacreditados. Este es el cuadro que aparece en la minuciosa discusión de Ragin y Chirot sobre la sociología histórica de Wallerstein aplicada al sistema capitalista mundial. Wallerstein, decidido a desplazar las teorías generalizadoras que conceptualizan el cambio social como una serie de etapas que atraviesa una nación, y sin embargo, sin la intención de rendirse

16 E. P. Thompsom, “The Poverty of Theory”, en The Poverty of Theory and Other Essays, London, Merlin Press, 1978, p. 237. [Hay edición en castellano: Miseria de la teoría, Barcelona, Editorial Critica, 1981].

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ante la historia ideográfica pura o el periodismo, postuló el sistema capitalista mundial como una sola totalidad. Esta totalidad se debe entender simultáneamente a través de la teorización de su estructura

y dinámica y la búsqueda de la historia del sistema como un todo desde su nacimiento en la primera

etapa de los tiempos modernos, hasta el presente. Según opina Wallerstein, las diversas historias de las regiones, naciones, clases y pueblos también deben ser exploradas a fondo en todos sus aspectos concretos y su variedad, pero no usando los métodos de análisis causal entre naciones asociadas en su mente con la teoría de la modernización. En lugar de ello, las investigaciones y comparaciones de estas historias sirven, como declaran Ragin y Chirot, "para ilustrar características generales del sistema mundial" como un todo. Para Wallerstein, las antinomias entre la generalización teórica y el análisis histórico se pueden superar de una vez por todas por medio de la perspectiva del sistema mundial.

Se puede comprender el hilo conductor de la sociología histórica de Charles Tilly durante las dos últimas décadas como una discusión con Durkheim y sus sucesores intelectuales modernos, los

estructural-funcionalistas y los teorizadores de la "privación relativa". El debate gira en torno de la conexión entre procesos a largo plazo tales como la comercialización, industrialización, urbanización

y el nacimiento de los Estados nacionales y las formas cambiantes y objetivos de la acción colectiva,

incluyendo las acciones violentas. En otras palabras, como Wallerstein, Tilly ha estado disputando la sabiduría sociológica tipo de su tiempo. Pero ciertamente ha encarado esta tarea en una forma diferente. En lugar de postular un gran paradigma teórico nuevo y de hacer reinterpretaciones históricas en términos de sus dictados conceptuales como declara Lynn Hunt, Tilly ha reunido bases de datos cuantitativos para largos períodos de tiempo histórico especialmente el tiempo histórico francés. Luego, ha bombardeado las bases de datos con hipótesis causales alternativas, algunas deducidas adrede de las premisas de modernización y premisas durkheinianas, otras desarrolladas del modelo de la "movilización política" para explicar la acción colectiva diseñada por Tilly mismo (en parte, sobre la base de las premisas marxistas).

Especialmente durante los últimos años, Tilly ha emprendido algo más que una gran batalla teórica -una batalla de etiquetas y conceptos, por lo menos- con las teorías de modernización. Ha comenzado a insistir en el hecho de que no existe un cambio social en general, ya sea para las nacio- nes o para los sistemas mundiales. Por el contrario, existen procesos de época tales como los procesos de formación de los Estados y la acumulación capitalista que han reformado el mundo moderno durante los últimos cientos de años. L2 tarea del sociólogo histórico es analizar las relaciones que existen entre estos procesos trascendentales y sondear sus consecuencias en las formas de acción grupal.' 17 Sin embargo, hasta ahora, el mismo Tilly sólo ha intentado esta form2 para una historia nacional. En realidad, no ha generalizado sobre las estructuras o tendencias macroscópicas por medio de análisis comparativos-históricos de la misma forma en que empleó la comparación intranacional de grupos, regiones, y períodos de tiempo para llevar a generalizaciones sobre las causas de la acción colectiva.

Si volvemos a analizar a los seis estudiosos que acabamos de investigar, es sorprendente ver qué profundamente se ha visto impregnado el trabajo histórico de todos ellos por sus discusiones con los estructural-funcionalistas y los teorizadores de la modernización, o con los marxistas económico-deterministas y evolucionistas. En diversas formas, todos estos sociólogos históricos han sido guiados por la teoría. Ello resulta quizá más evidente en el caso de Eisenstadt, Anderson y Wallerstein. Pero yo pienso que esto se aplica también a los demás, aun cuando los modos que ellos eligen respectivamente para debatir las grandes teorías existentes estimularon a Tilly para realizar análisis t de los datos cuantitativos y condujeron a Bendix y Thompson a renunciar al objetivo

17 Véase especialmente Charles Elily, Big Structures, Large Processes, Huge Comparisons, New York, The Russell Sage Foundation, de próxima publicación. [Publicado en 1984; hay edición en castellano: Grandes estructuras, procesos amplios, comparaciones enormes, Madrid, Alianza Editorial, 1991].

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mismo de la generalización explicativa en favor de las caracterizaciones e interpretaciones significativas de historias individuales. Anderson, Bendix, Eisenstadt, Thompson, Tilly y Wallerstein por igual han seguido sus estudios históricos en estrecha aunque crítica relación con los paradigmas macroteóricos dominantes de la sociología contemporánea.

Desarrollo de explicaciones para los patrones históricos Los diálogos críticos con las grandes teorias no históricas también son importantes en el trabajo de Karl Polanyi, Marc Bloch y Barrignton Moore Jr. Sin embargo, cada uno de estos tres pensadores practica principalmente el análisis social histórico en una forma que yo denominaría de orientación por problemas. El objetivo fundamental no es volver a diseñar o revelar la inaplicabilidad de una perspectiva teórica existente, ni generar un paradigma alternativo para desplazar tal perspectiva. Más bien, el objetivo primordial es hacer que los patrones históricos tengan sentido, usando en el proceso cualquier recurso teórico que parezca útil y válido.

Biock y Somers explican que gran parte de los estudios académicos de Karl Polanyi estuvieron dedicados a la crítica de las hipergeneralizaciones de la economía liberal o el determinismo económico de ciertos marxistas y a desarrollar, en su reemplazo, conceptos que permitieran realizar un análisis de las instituciones económicas que varían históricamente dentro de los contextos societales completos en los que funcionaron. Sin embargo, en The Great Transformation, el trabajo que Block y Somers consideran la mayor contribución de Polanyi a la sociología histórica, el objetivo de la explicación era un proceso histórico mundial específico, el nacimiento y la crisis eventual de la "sociedad de mercado" capitalista del siglo diecinueve, centralizada en Gran Bretaña. Como Wallerstein, aunque en una escala diferente, Polanyi enfrentó el desafío de explicar un solo caso, una sola totalidad de estructura y proceso. Block y Somers nos informan que Polanyi empleó una "metáfora de mal desarrollo orgánico" para poder conceptualizar el nacimiento y posterior desarrollo hacia la crisis de la sociedad de mercado. Sin embargo, señalan, Polanyi constantemente iba y venía de la metáfora a argumentos causales concretos, relativos a secuencias particulares de eventos históricos en Gran Bretaña y en la escena internacional. Porque sabía (según lo expresado por Block y Somers) que "la metáfora sólo puede funcionar como un heurístico, no se la puede usar para conducir el argumento", según parece ser el caso demasiado frecuente, en el modelo de sistema mundial de Wallerstein. Se puede entender fácilmente este contraste entre Wallerstein y Polanyi, sin embargo, cuando comprendemos que la meta de Wallerstein es desarrollar un paradigma abarcador para desplazar la teoría de la modernización, en tanto que la meta de Polanyi en The Great Transformation era darle un sentido unificado a un conjunto concreto de instituciones y eventos.

Marc Bloch y Barrington Moore, el primero y el último de los estudiosos que se analizan en los capítulos de este volumen, me parecen bastante similares a Polanyi, y especialmente parecidos entre sí, en cuanto al espíritu y los métodos de su trabajo histórico. Ambos son eclécticos y tienen un buen conocimiento teórico: Chirot señala que Bloch conocía y tomó las ideas sociológicas de la escuela de Dukheim, así como las ideas marxianas sobre clases. Smith nos habla del deseo de Moore de tomar prestadas las ideas del estructural funcionalismo y del evolucionismo, así como también (más notoriamente) de Marx y Weber. Como todos los otros estudiosos, además, Bloch y Moore critican las teorías excesivamente abstractas y las ideas deterministas monocausales. A pesar de ello, ninguno pierde demasiado tiempo discutiendo o tratando de desplazar esas teorías. En lugar de ello, ambos están más dedicados a dilucidar muchas realidades históricas importantes; la mayoría de las veces, simplemente ignoran por completo las ideas inútiles, no importa cuánto estén de moda. Bloch y Moore, para poder formular buenas preguntas a la historia, así como para logar buenas respuestas para explorar con diversos tipos de evidencia, aceptan la ayuda de cualquier proposición teórica que pueden tomar prestada o diseñar ellos mismos en el curso de sus investigaciones históricas. Ambos emplean los análisis históricos comparativos como una de sus técnicas primordiales para examinar las hipótesis y explorar los patrones de causalidad histórica.

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Chirot escribe que el interés de Bloch "era decirnos qué había pasado y explicarnos por qué". Como historiador, su interés residía en comprender la sociedad medieval europea como una totalidad significativa, encontrando los límites temporales y espaciales dentro de los cuales han prevalecido patrones regulares y relativamente duraderos de la vida económica, social, política y cultural. Desde el punto de vista de Bloch, la tarea de las teorías era "sólo servir de ayuda al historiador para buscar una evidencia mejor sobre el pasado", incluyendo evidencia de fuentes que usualmente no toman los historiadores. Las comparaciones entre patrones regionales y nacionales podrían ser útiles para rechazar las explicaciones generales falsas y obtener una noción precisa de las secuencias causales específicas de los casos dados, así como para elaborar generalizaciones causales válidas que podrían aplicarse a más de una instancia.

Como sociólogo más que historiador por disciplina, Barrington Moore naturalmente se interesa más que Boch en usar la evidencia histórica para desarrollar argumentos generales. Busca generalizaciones, por ejemplo, sobre "rutas" alternativas para los estados agrarios hacia el mundo moderno y sobre las reacciones humanas ante situaciones sociables injustas. Pero aún cuando plantea un tema bastante abstracto para su investigación, Tal como el segundo que acabamos de mencionar, Moore siempre se mueve rápidamente hacia instancias históricas concretas. Como Bloch, extrae su sentido de las conexiones causales particulares y generales de exploraciones de historias de casos y de comparaciones de aspectos relevantes de casos parecidos y diferentes. En Social Origins of Dictatorship and Democracy, señala Dennis Smith, "la discusión de Moore de cada caso nacional está salpicada de referencias cruzadas detalladas y sutiles, a otras sociedades. Trae a colación estas referencias no como simple adorno sino como material esencial para construir un argumento delante de los ojos del lectort. Cuando Moore enfrenta un caso particularmente difícil desde el punto de vista de su propio argumento general emergente, le dedica más tiempo -por ejemplo, el caso de la India en Social Origins, en lugar de pasarlo por alto o ignorarlo, como hacen otros analistas. Tanto Bloch como Moore están más interesados que Bendix o Thompson en el uso o desarrollo de generalizaciones explicativas; aún así, los posibles beneficios teóricos de su tipo de enfoque pueden parecer mucho más modestos y restringidos que los logrados, por ejemplo, por Wallerstein o Eisenstadt. Esta apariencia puede ser engañosa. Daniel Chirot argumenta que Marc Bloch pudo sugerir "una regla general importante de cambio social" por medio de su estudio comparativo de lo que puede parecer un problema histórico muy arcano: variaciones intra-europeas de creencia sobre "el toque real", la capacidad atribuida a los reyes de curar enfermedades. Aunque el argumento de Bloch "no lo ha lanzado a una construcción teórica rutilante es", declara Chirot, "el estudio más escrupuloso de un caso sobre la rutinización del carisma". Chirot destaca que los resultados de este estudio pasibles de generalizaciones pueden "permitir que quienes estudian otros períodos y tiempos hagan preguntas interesantes y sugieran res- puestas tentativas". Esto es lo que, seguramente, debería lograr cualquier buena teoría macrosociológica. Hasta puede ser que resulte el único objetivo razonable al que puede aspirar.

En la evaluación final, los sociólogos históricos con orientación por problemas como Marc Bloch y Barrington Moore, pueden decirnos aún más sobre las estructuras sociales y el cambio social que los sociólogos históricos que reelaboran o argumentan con paradigmas teóricos abarcadores. Eso es lo que opino sobre una de las más importantes lecciones que se deben aprender de la comparación de los logros de los pensadores que se analizan en este libro. sin embargo, al leer los capítulos siguientes cada lector tendrá muchas oportunidades de descubrir por sí mismo la mejor manera de combinar la teorización fecunda y el análisis histórico convincente. Cualesquiera sean las diversas evaluaciones que uno pueda hacer sobre sus logros y limitaciones, cada uno de los extraordinarios estudiosos que estamos a punto de analizar, ha enfrentado este desafío sin titubear. Además, cada uno de ellos lo ha hecho con notable éxito. Juntos han enriquecido la perdurable tradición de la investigación sociológica basada en "una concepción de alcance histórico y el uso pleno de los materiales históricos".

Theda Skocpol, La imaginación histórica de la sociología

Theda Skocpol, ASociology =s Historical Imagination @, en Theda Skospol (ed.), Vision and Method in Sociological History, Cambridge University Press, Cambridge, New York, reprinted 1991 [1 st . ed. 1984], pp. 1-21. Traducción de Moira Mackinnon y Celina H. Suárez. Versión en castellano en Waldo Ansaldi, compilador, Historia /Sociología / Sociología Histórica, Los Fundamentos de las Ciencias del Hombre 134, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1994, pp. 117-146.