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CRITICÓN, 58, 1993, pp. 169-183.

La similitudo en la literatura española:


de la Edad Media al Renacimiento

por Manuel Ambrosio SÁNCHEZ


(Universidad de Salamanca)

Como el doliente que pildora amarga...


La Celestina, "El autor contra sf', estrofa 5

Para tratar de la similitudo, me ciño a los límites de este Coloquio, que son los de la literatura
didáctica, y aún me centro en algunas manifestaciones concretas del didactismo: la oratoria sagrada
y los tratados y diálogos humanistas de carácter moral.
En realidad, podría decirse que todos esos textos enuncian, muchas veces, los mismos
contenidos. Son los mismos contenidos encazados de formas distintas. Por eso no debe extrañarnos
que textos que tienen una presentación exterior o envoltura diferenciada, se valgan de
procedimientos idénticos. Uno de estos procedimientos es la similitudo, que se traduce
normalmente por "comparación", "símil" o "semejanza"1. El uso de cualquiera de estos tres
términos me parece problemático, porque "comparación" y "semejanza", además de su valor
retórico concreto, tienen otro sentido demasiado amplio. Quizá con "símil" el problema sea menor,
porque suele entenderse por tal "aquella comparación embellecedora en que el término gramatical de
relación (normalmente "como"...) está expreso'2. De cualquier forma, para evitar en lo posible
ambigüedades, creo que con la similitudo hay que proceder como con el exemplum, o sea,
restringir el uso del término latino (similitudo, exemplum) para aquellos casos en que hablamos de
un particular procedimiento retórico, con una tipología y un uso específicos, y emplear
"semejanza", "comparación" o "ejemplo" en el significado general que tienen en la lengua
corriente.

1
En la Primera parte de la Retórica (Alcalá, Iñiguez de Lequerica, 1589), de Juan de Guzmán, aparece una
interesante diferencia entre "comparación" y "símil", dependiendo de si el plano real y el de la imagen
pertenecen o no a la misma especie. Hablan Don Luis Gaytan y el Licenciado Femando de Boan: "DON
LUIS: Quiero examinar las palabras que habláis, por aver oído algunas vezes hazer différencia en lo que
agora mezcláis y hazéis todo uno. ¿Símil y comparación es una mesma cosa, o no? LICENCIADO: Bien
me parece vuestra curiosidad. La comparación es entre cosas de una mesma especie, como quando yo os
comparasse al gran Alexandre, y diría símil como quando dixesse que sois fuerte como un león..." (la cita
en f. 61r-v).
2
Cf. Fernando Lázaro Carreter, Diccionario de términos filológicos, Madrid, Gredos, 1987.

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¿Qué es una similitudo? Tanto los preceptistas de la Edad Media como los del Renacimiento se
refieren en sus tratados a la similitudo. De los de la Edad Media y dentro del campo de la
predicación ya me ocupé en otra ocasión3 y de los del Renacimiento, hablaremos enseguida. Pero
resulta difícil establecer una definición y más una tipología de la similitudo basándose
exclusivamente en cualquiera de ellos. Lo mejor, en mi opinión, es dar una definición desde
posiciones actuales y, luego, matizarla con lo que los preceptistas de un determinado campo
literario dicen en cada caso.
La similitudo es un medio probatorio y, al mismo tiempo, una figura del ornatus4. En toda
similitudo hay un término real o término de la res, que es el del discurso, y un término de la
imagen. El plano de la imagen se toma de la naturaleza o de la vida humana general (no fijada
históricamente, pues entonces entraríamos en el terreno del exemplum), por lo cual su radio de
acción es extraordinariamente amplio: abarca todo lo creado. El plano de la imagen se pone en
relación de paralelismo con el asunto con que se enfrenta el orador5.
Ahora bien, es equivocado pensar que una similitudo siempre se establece de igual a igual;
como Lausberg señala, entre el plano de la imagen y el de la res se pueden establecer tres grados de
relación: similar, desemejante y contrario. Dentro del similar, que es el más frecuente, a su vez,
podemos establecer dos modalidades: relación totalmente similar y desigual, con las variantes de
mayor a menor y de menor a mayor.
Cuatro son las finalidades de la similitudo, que comparte con el exemplum: estética o de adorno
del discurso; elucidatoria o explicativa, cuando la similitudo sirve para hacer más comprensible un
concepto; probatoria, cuando demuestra; y suasoria cuando proporciona verosimilitud6.
Es lo que se desprende de la Retórica Eclesiástica de Fray Luis de Granada, la preceptiva más
importante para predicadores del XVI (en la práctica, es de utilidad para un público más amplio).
Fray Luis se refiere a la similitudo varias veces a lo largo de su tratado: la similitudo es uno de los
modos posibles de llevar a cabo la amplificado1 y uno de los recursos de la descripción8. Pero

3
En "Necesidad de estudio de la similitudo en la literatura castellana medieval", comunicación presentada
al IV Congreso de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval (Lisboa, 1-5 de octubre de 1991); en
Actas en prensa. Y más por extenso en mi tesis La predicación castellana medieval: estudio y edición
crítica del ms. 1854 de la Biblioteca Universitaria de Salamanca (inédita), Universidad de Salamanca,
julio de 1992.
4
"Es constante que el ejemplo y símil o semejanza son lugares de argumentar, pero cuéntanse entre las
figuras por lo mismo que adornan mucho la oración y más cuando se aplican para dar lustro u ornato al
asunto", en palabras de Fray Luis de Granada: Los seis libro de la Retórica Eclesiástica o de la manera de
predicar, (Lisboa, 1576), en Obras de Fray Luis de Granada, t. III, Madrid, B.A.E, 1945; la cita en p.
592a.
5
Este documento de partida pudiera ser el Manual de retórica literaria (Fundamentos de una ciencia de la
literatura), de Heinrich Lausberg, Madrid, Gredos, (reimpr. 1983, 1984, 1980), 3 vols.; para la
similitudo, cf. esp. vol. 1, pp. 355-358 y vol. 2, pp. 252-257.
6
Cf. Cristóbal Cuevas, éd., Fray Luis de León, De los nombres de Cristo, Madrid, Cátedra, 1986, p. 80.
7
"Veo que la amplificación consta principalmente de cuatro géneros: incremento, comparación,
raciocinación y congerie... Pero así como esta amplificación [el primer modo] camina siempre a lo más
alto, así la que se hace por comparación toma el incremento de cosas menores... Así el que habla de este
modo se vale de ejemplos y símiles, en cuya comparación la cosa que quiere alzar de punto parezca la más
excelsa" (éd. cit., pp. 536-537).
8
"Sin embargo, [la descripción] se ayuda más que medianamente de comparaciones, semejantes,
desemejantes, imágenes, metáforas, alegorías, y de otras cualesquiera figuras que ilustran un asunto...
Mas para expresar bien todo esto no solo contribuyen el arte y el ingenio, sino también el haber visto
por tus ojos lo que deseas manifestar" (éd. cit., p. 539a).

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donde se ocupa más por extenso de la similitudo es al hablar de las figuras retóricas9. Define
brevemente la similitudo y luego, siguiendo la Retórica ad Herennium (IV, 45-48), dice que se usa
por cuatro causas o finalidades que se corresponden con otras tantas posibilidades formales (con
ejemplos para cada una de ellas):
El símil o semejanza es una oración que transfiere a una cosa algo semejante, tomado de otra desigual.
Y sirve, o para adorno, o para prueba, o para mayor claridad, o para poner la cosa delante de los ojos.
Y así como se toma por cuatro causas, así se dice de cuatro modos: por contrario, por negación, por
brevedad, por cotejo [per contrarium, per negationem, per brevitatem, per collationem, en el
original]. A cada una de las causas por que nos valemos de la semejanza, acomodaremos también su
propio modo de pronunciar.

Encontrar similitudines, añade, es fácil: basta con fijarse en todo lo existente. Ahora bien, quien
las use deberá moverse en un justo medio, rehuyendo las cosas demasiado bajas y groseras, tanto
como las excesivamente sutiles o complejas. Lo mismo que los ejemplos, las similitudines
pueden ser breves o extensas, dependiendo del mayor o menor desarrollo que tenga el plano de la
imagenio. Entre todas las figuras, la similitudo ocupa un lugar destacado porque se adapta a los tres
objetivos que debe cumplir el predicador: enseñar a los oyentes, deleitarlos y, por último,
inclinarlos a cumplir el bien 1J .
De los cuatro tipos de similitudines que señalaba Fray Luis de Granada, los más frecuentes son
la similitudo "per brevitatem", es decir, aquella en que el plano real y el plano de la imagen se
funden en una misma construcción gramatical y, sobre todo, la similitudo "per collationem", en la
cual los dos planos se desarrollan en construcciones distintas, relacionadas entre sí por medio de
nexos gramaticales ("como", "así como", "semejante a", "eso mesmo") o bien por la simple yux-
taposición.
La similitudo se fundamenta, desde un punto de vista filosófico, en el principio que enunciara
Alain de Lille del mundo como un libro o pintura del que, si se sabe leer, se extrae una enseñanza.
Pero puesto que voy a intentar demostrar la continuidad que existe entre la Edad Media y el
Renacimiento español en el uso de similitudines, voy a citar este principio por Santa Teresa de
Jesús en Las Moradas:

... Que en todas las [cosas] que crió tan gran Dios, tan sabio, debe haber hartos secretos, de que nos
podemos aprovechar, y ansí lo hacen los que lo entienden, aunque, creo, que en cada cosita que Dios
crió hay más de lo que se entiende, aunque sea una hormiguita.12

9
El de Granada le dedica un capítulo entero, el XII, pero véase, asimismo, el X, donde la empareja con el
ejemplo, éd. cit. pp 592-596.
10
"Porque alguna vez se notan con una sola palabra...; otras veces se explicafn] con más extensión y se
acomodafn] más claramente" (para estas noticias, cf. la Retórica Eclesiástica, éd. cit., pp. 593b-594b).
1!
"Porque, a la verdad, ¿qué efectos no causan los ejemplos, y en especialidad los símiles? ¿Qué hay que
dé mayor luz a las cosas obscuras que los símiles? ¿Qué dejamos de amplificar con ellos o de ponerlo
delante de los ojos? A más de eso, ¿cuan gran deleite no causa un símil traído a sazón?" (éd. cit., p.
596a).
12
He manejado la ed. de Vicente de la Fuente, en Escritos de Santa Teresa, vol. 1, (BAE, 53), Madrid:
Sucesores de Hernando, 1923, pp. 405-489. la cita en p. 448b. Para otra formulación de esta idea, véase
la de Vicente Ferrer, el más afamado de los predicadores españoles medievales, en su Sermo in festo
sane ti Patris Dominici; la tomo de Garganta-Forcada, Biografía y escritos de San Vicente Ferrer, Madrid,
BAC, 1956, pp. 372-373.

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El sermón parece ser el núcleo, lo mismo en la Edad Media que en el Renacimiento, a partir del
cual se irradian una serie de procedimientos a otras parcelas de la literatura. Uno de ellos es el uso
de la similitudo; otro puede ser el del exemplum. Ahora bien, yo no creo que ambos
procedimientos surjan con exclusividad en el mundo de la predicación, sino que son patrimonio
común del didactismo. Por lo tanto, no hay que decir que recursos de este tipo nacen en el campo
de la predicación, sino que (en todo caso) se difunden desde ahí a otros ámbitos13. En el curso de
esta comunicación veremos que este tipo de recursos son anteriores al Medievo, pues la similitudo,
por ejemplo, es muy frecuente en la Biblia o en la literatura grecolatina y aun me atrevería a decir
que anterior a esas épocas; que surge poco menos que por floración espontánea, cuando un
individuo pretende hacer llegar un mensaje a otro.
Si entendemos en esta perspectiva el asunto, no debe extrañarnos que ambos procedimientos
retóricos {similitudo, exemplum) pervivan en el Renacimiento, a pesar del cambio indudable que se
opera en ciertos campos de la actividad literaria, como el de la predicación. En concreto, hablando
de sermones, habría que invertir los términos. No se trata de que se pase de una predicación
temática, de corte escolástico a otra más sencillamente evangélica14 y de que pervivan ciertos
tropos, sino de que unos mismos tropos se recubrieron en la Edad Media y en el XVI de ropajes
distintos.
Ya hemos visto que, como señala Granada, inventar similitudines es muy fácil, pues de
cualquier cosa de lo creado se puede hacer una; por eso sería labor de Tántalo enumerar todas las
similitudines. Lo que se advierte, al estudiar los textos del Renacimiento es, de una parte, que
mantienen la preferencia que sentía la Edad Media por ciertos campos de la actividad humana para
extractar similitudines. Y de otra, la pervivencia de similitudines concretas (o por mejor decir, del
plano de la imagen) que ya en la Edad Media eran tópicas15. Las causas de este éxito hay que
buscarlas en la sencillez e inmediatez de unas decenas de similitudines, y en el hecho de que las
fuentes de donde proceden (la Biblia y los Padres, sobre todo) siguen vigentes.
¿No hay entonces ningún cambio apreciable en el uso de la similitudo entre el XVI y la Baja
Edad Media?
Hablando de una forma muy general, puede decirse que el XVI supone una continuidad en el uso
de las similitudines desde el punto de vista de los contenidos, y que la principal novedad radicaría
en la búsqueda de más variadas formas de expresión para la similitudo. Creo que los autores del
XVI han tomado conciencia de que el excesivo empleo de similitudines o el abuso del

13
Está el hecho fehaciente de que los componedores de tratados morales (Fray Luis de León, fray Luis de
Granada o Diego de Estella, entre otros muchos) son al mismo tiempo predicadores. Pero no creo que las
cosas sean tan simples. De acuerdo en que el sermón es un núcleo activo que difunde similitudines a otras
parcelas, pero también recibe influencias. Así, por ejemplo, el Tratado de la Vanidad del mundo de Estella
es una de las principales fuentes de que se sirve Juan Pérez de Moya para componer su libro de
Comparaciones que, a su vez, es usado por predicadores. Por todo eso, prefiero hablar de una atmófera
común, con un núcleo activo, e] de te oratoria sagrada (se ha dicho que el XVI es el Siglo de Oro de la
predicación en España), y otras manifestaciones literarias imbricadas con él: tratados y diálogos
morales, etc.
14
De los dos tipos de sermones que menciona Francisco Terrones del Caño en su Instrucción de
predicadores (de una sola materia o del comentario del Evangelio), ninguno corresponde al temático
medieval. "Otros sermones hay, que son ya casi todos generalmente, y los más provechosos, como
homilías en que se va apostilando el Evangelio diciendo una consideración sobre una cláusula y otra
sobre la siguiente, etc." (La Instrucción ha sido editada por Félix G. Olmedo, en la Col. "Clásicos
Castellanos", Madrid, Espasa Calpe, 1946; cf. pp. 99 y 49).
15
Cf. Cristóbal Cuevas, De los nombres de Cristo, éd. cit., pp. 80-81 y 84-85.

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procedimiento de expresión per collationem, que eran los males de que estaban atacados los
sermones medievales, engendran hastío en los receptores de los textos. Y que para evitarlo no queda
otro camino que la variación formal (ensayando las diferentes modalidades de engarce entre los dos
planos de la similitudo) y el cuidado del estilo. Los buenos autores del XVI han caído en la cuenta
de que la preocupación por la forma no está reñida con la eficacia didáctica (sino más bien al
contrario).
El gusto por la variedad es especialmente apreciable en el Diálogo humanista, que, a su vez, es
deudor de modelos clásicos. El diálogo, por su propia idiosincrasia, da más posibilidades para el
uso de similitudines que el monólogo de los predicadores. Veremos cómo Erasmo y tras él los
autores de diálogos del XVI intentan descargar el texto de la pesadez de las formas de unión de la
similitudo per collationem, la más habitual, en los autores de sermones medievales. No es que no
usen estas formas, las usan, pero alternándolas con otras: la yuxtaposición entre los dos planos; el
uso de lo que yo llamo similitudines implícitas, es decir, aquellas en que sólo se enuncia el plano
de la imagen y el interlocutor o el lector tienen que hacer el trabajo mental de ponerlo en relación
con el término real que se trata en el diálogo, o el recurso llano y directo a una similitudo breve.
Y empezando por la oratoria sagrada, como núcleo más activo de interés por las similitudines,
cuatro son los tratados sobre predicación que he estudiado: el ya mencionado de Fray Luis de
Granada y los de Fray Agustión Saludo, Terrones del Caño y Diego de Estella16. Todos estos
teóricos están de acuerdo a la hora de considerar la similitudo como un procedimiento que debe
usarse en los sermones.
Los Avisos para los predicadores del Santo Evangelio, de Fray Agustín Saludo, O.P.17, es un
ameno tratado que ejemplifica muy bien el rechazo de la predicación anterior de corte escolástico y
la defensa de otra sencilla y ajustada al comentario del Evangelio18. Hasta el punto de que Saludo
desconfía de las reglas y preceptos que se dan para construir sermones19.
Al final de su tratado, Salucio hace una auténtica declaración de principios, apoyada con una
similitudo que es más efectista de lo que prometían sus presupuestos: "De hombres de poco valor
es, en desafíos, usar de sutilezas desusadas: el buen soldado español con su capa y espada se halla
bastante para ofender y defenderse, sin más sacaliñas..." (éd. cit., p. 213)
En el tratado de Salucio no hay un capítulo dedicado explícitamente a la similitudo pero sí hay
alusiones interesantes:
Débense guardar los predicadores... de sutilezas y agudezas espinosas. Y, cuando no pudieren
excusarlas, deben allanarlas con ejemplos y comparaciones manuales y familiares...

16
Cf. Pío Sagüés Azcona, éd., Fray Diego de Estella (O.F.M.), Modo de predicar y Modus concionandi,
(Salamanca, 1576), Madrid, CSIC (Instituto Miguel de Cervantes), 1951, 2 vols.
17
Los Avisos han sido editados por Alvaro Huerga, Barcelona, Juan Flors, 1959.
18
"Porque bien predicar... no está en dar gusto, ni doctrina, ni en declarar alguna cosa oscura, ni en
probar ser verdad, ni en persuadirla, sino en aprovechar a la salud espiritual con la palabra divina y
doctrina del Evangelio" (éd. cit., pp. 129-130). "...Como mandaron que se hiciese los que en todo
pospusieron la verdad al artificio", p. 189. Para la exposición del Evangelio, véanse pp. 135-136.
19
"... Y como esto sea [el saber predicar bien], sin duda, don del cielo y prenda de la gracia y liberalidad
del Espíritu Santo, parece tiempo mal gastado el que se emplea en dar Teglas para conseguillo", p. 130.
"Y así como no siempre que el profeta quisiere podrá profetizar, así no siempre el predicador podrá
predicar bien, aunque quiera porque esto no es arte ni cae debajo de preceptos y reglas" (p. 131). Lo
que no significa, en modo alguno, que haya que descuidar el estudio: véanse las pp. 132-133 y 137 y ss.
sobre la conveniencia de la formación humanística del predicador.

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Pongo por caso, es el evangelio de la Resurrección. Lo primero es declarar la de Cristo, y en ella, la


esperanza de la nuestra, no sólo refiriendo una cosa de fe, sino persuadiendo su verdad con razones
eficaces, ejemplos y semejanzas, como lo hizo San Pablo por la comparación del grano que se
siembra... (Pp. 159 y 160)

Aunque no refiriéndose expresamente a la similitudo (sino a la explicación de las parábolas),


Salucio afirma la necesidad de conocer, mínimamente, los campos de referencia más habituales:
agricultura, navegación, viaje, oficios como carpintería o albañilería... (pp. 175-177), algo en lo
que también insistirá Fray Diego de Estella20.
De más empaque y mucho más cercana a las Artes Poéticas clásicas, es la Instrucción de
predicadores del obispo Francisco Terrones del Caño, citada más arriba. En el capítulo m trata "De
los tropos y figuras que puede usar el predicador" y, al hablar de la metáfora, se refiere a la
similitudo:

Pero en esto de las metáforas y comparaciones, adviértese que no se han de tomar muy lejos, de
manera que sea menester traerlas y aplicarlas con muchos presupuestos o discursos, sino de cosas que
luego se entiendan y apliquen, como lo enseña Tulio.... 'Facilius ad ea quae visa, quam ad illa quae
audita surtí, mentis oculi feruntur'. (Pp. 138-139)

En su tratado, Terrones recomienda limitarse al sentido literal, y si se hacen necesarios los


otros, aconseja remitirse a una interpretación autorizada. Es un punto importante, porque nos lleva
a la consideración de un uso especial de la similitudo en el siglo XVI: cuando se utiliza para
legitimar o suavizar una alegoría rerum que no está bien fundada. Lo que los preceptistas tratan de
evitar son los disparates a que se habían acostumbrado los predicadores de la Edad Media por su
abuso de la exégesis alegórica. Se puede comparar un suceso del Viejo Testamento con otro del
Nuevo, advierten, pero no considerar aquél como precedente o sustituto de éste21.
El carácter secundario (por ser un recurso explicativo y ornamental) de la similitudo respecto a
elementos fundamentales del discurso, como las citas bíblicas, queda de manifiesto cuando
Francisco Terrones dice que una similitudo no puede repetirse de idéntica forma dos veces, en tanto
que una autoridad lo permite cuantas veces sea necesario:

... Es cierto que [un lugar de la Escritura] se puede traer muchas veces y en diferentes sentidos; y aun
en el mismo sentido, como haya pasado algún tiempo, se puede traer el lugar otra vez; lo que no se
puede hacer de otras curiosidades, como fábulas, comparaciones, geroglíficos.

20 "Y pues es orador delante del pueblo, [es menester] que tenga retórica natural y adquisita, y que sepa
muchas cosas humanas, y de oficios y propiedades y de cosas de acá, para inventar comparaciones y no
decir impropiedades. Hablando de cosas de caza, o guerra, u oficios, o edificios, o navegación....",
(Modo de predicar, vol. 2, p. 12).
21
"... y a lo menos, considerando aquella diferencia de San Agustín De alegoría rerum y alegoría vocum,
se observe que las mismas cosas que pasaron en el Testamento Viejo, como la historia del vellocino de
Gedeón, la zarza que ardía y no se quemaba, ya que no se alegoricen conforme a los Santos, a lo menos,
háseles de dar tal sentido alegórico que cuadre bien sobre el texto de la historia, y por lo menos sirven de
comparaciones, como otros ejemplos. Como si dijésemos que la zarza era nuestra Señora, que con la
llama de ser madre conservó la verdura de su virginidad. Claro está que no es alegoría propia ni significó
eso al zarza, pero puédese traer como una comparación" (éd. cit., p. 60). Lo mismo condena fray Diego de
Estella, en su Modo de predicar: "Porque la Escritura, en especial la del Viejo Testamento, y
particularmente la historial, hase de tratar per modum similitudinis, y nótese bien esto, y destiérrese este
vocablo figura, y no parezca mal", (ed.cit., p. 42).

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Y sigue con una similitudo:

Porque, como con un virote se puede tirar un tiro y otro y otro; pero con un bodoque nada más que un
tiro, que, como es tierra, luego se deshace; así, como la Escritura es verdadero virote, para que tire el
predicador, con un mismo lugar se puede tirar muchas veces; pero con una curiosidad desas otras, que
es de poca sustancia, no se puede tirar sino una vez, que luego se deshace y pierde toda su gracia. (P.
62)

Y luego da dos avisos a los predicadores:

Que tampoco se han de traer demasiadas comparaciones, que es de predicadores mozos, y la flor y
hervor de la juventud se las ofrece. Bastarán siete u ocho comparaciones en un sermón, si son buenas
y vivas; que, si son frías, mejor es dexarlas. No se han de traer de materias tan subidas y
extraordinarias, que no se entiendan, como de aspectos de planetas, de labrar o apurar el oro en las
minas, si no fuese el predicador de tan claro entendimiento que lo diese a beber, ni tampoco se han de
traer de cosas viles y rateras que envilecen el sermón. (Pp. 87-88)22

De los cuatro preceptistas estudiados, el que da noticias más interesantes sobre la similitudo es,
sin lugar a dudas, Fray Diego de Estella. Su Modo de predicar es un tratado eminentemente
práctico: el capítulo XII explica los pasos que debe dar un predicador para inventar comparaciones
(y por ahí debería empezar a investigar quien se precupe por el tema). Si, a pesar de los consejos de
Estella, el predicador tiene problemas para inventarlas, siempre puede recurrir a repertorios y libros
varios donde encontrar las que necesitare (éd. cit., pp. 17 y 68). La similitudo, para Estella (como
lo era efectivamente), es un elemento fundamental de la digressio del sermón, junto con la
autoridad de la Escritura, el ejemplo del Viejo Testamento y la reprensión de los vicios23. Como
hoy en día y me temo que en cualquier época, también entonces debía de ser la similitudo un
recurso desprestigiado; por eso Estella, que las usó con mucha frecuencia en sus obras como ha
quedado apuntado, trata de enaltecerla:

Y [el predicador] no debe tener en poco las comparaciones, porque una de las más lindas gracias de
pulpito son [las] comparaciones, y el Evangelio está lleno de ellas, y los profetas, y Cristo Redentor
nuestro las usa mucho, por darse mejor a entender y declararse por ellas, [y] también porque quedase
más en la memoria de los oyentes su doctrina... (Ed. cit., p. 68)

Entre los autores de sermones, Fray Dionisio Vázquez suele ser considerado por la crítica algo
así como el "príncipe de la elocuencia" del siglo XVI. A la vista de los sermones publicados por
Félix G. Olmedo en la col. "Clásicos Castellanos" (Madrid, Espasa-Calpe, 1943) me resisto a creer
que lo sea. Si de algo son modelo estos sermones es de lo pretenciosa y altisonante que pudo llegar
a ser la oratoria sagrada en los albores de un siglo que, en materia de predicación, suele presentarse
como paradigma de contención y mesura. Pero estas observaciones quizá tengan poco que ver
ahora. Lo que quiero decir es que ese microtexto (si puede llamárselo así), que es la similitudo
resume los vicios y virtudes del macrotexto (sermón, diálogo o tratado...) en que está incluido. Y

22
Las mismas precauciones expresa Fray Diego de Estella en su Modo de Predicar. "Y debe notar que la
comparación que tomare sea muy semejante al propósito, y tenga semejanza discreta, y que se use, y no
sea disparate o comparación desbaratada" (éd. cit., vol. Il, p. 65). Y véase más arriba, para lo mismo,
fray Luis de Granada.
23
Véase el cap. IX ("De las Digresiones"), esp. pp. 52, 55 y 59 del vol. H.

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así, las similitudines de Dionisio Vázquez se pueden medir con el mismo rasero que sus sermones
(repito que, al menos, los editados hasta ahora), pues son un alarde de efectismo y demagogia24.
No es que el agustino use muchas similitudines; la usa, pero moderadamente. Lo que no es
moderada es la forma en que la emplea, pues siempre tiende hacia el exceso, en los conceptos y en
la retórica:
Mira qué tanto, que no es tan indecente el más sucio y el más hediondo establo para aposento de un
príncipe, quanto es el más illustre capitolio de Roma ni de todo el mundo para en que nuestro
Redemptor pose, sin comparación ninguna. Dicho creo que lo he (así es, así es), que es más honroso
aposento para el rey el más deshonrado establo que el más honrado palacio real para Cristo. Dicho lo
he. (Ed. cit., p. 63)

Otras veces cae en el exceso demagógico, por la vía de una llaneza que contrasta con el tono
subido de la sintaxis. Así, por ejemplo, en el Sermón de Pentecostés (éd. cit., p. 73 y ss.), la cita
bíblica "Caeli distillavemnt", da lugar a una similitudo extensa que funciona como armazón del
sermón, sobre la imagen de una "gotera" (!). O como cuando se refiere al fuego del infierno y lo
compara con el calor corporal y el de la cocina, para indicar que existen distintos tipos de fuegos
con diferentes aplicaciones: es ésta una idea de relativa sencillez, pero que él complica
innecesariamente, ejemplificándola con el caso concreto de un guiso de perdices y gallinas25.
Con llaneza y sin los excesos de fray Dionisio Vázquez se expresa en sus sermones, fray
Agustín Saludo, el preceptista a quien antes nos referíamos. En un sermón para el Segundo
domingo después de Pascua, Salucio trata de la vanidad y la fugacidad de la vida presente (un tema
muy del gusto de los moralistas del XVI) y lo ilustra con similitudines muy sencillas y muy
expresivas, tomadas de sí mismo, o de la vida cotidiana o de una hipotética realidad que pone ante
los ojos (como diría fray Luis de Granada) de su auditorio26.
Respecto a los tratados religiosos, está fuera de duda que obras como De los nombres de Cristo
o La Perfecta Casada tienen puntos de contacto con el sermón y que parte de estos recursos se
explican teniendo en cuenta el oficio de predicadores de sus autores. En concreto para De los
nombres, se podrá discutir si son una serie de sermones presentados en el marco formal del diálogo
humanista o si tan sólo Fray Luis usa sermones en puntos concretos: lo que está claro es la deuda
con la oratoria sagrada. De resultas de esta dependencia (en concreto con el sermón escriturario o

24
Cf. estos comentarios con lo que opina Antonio Cañizares Llovera en un artículo fundamental: "La
predicación española en el siglo XVI", RHCEE, 6 (Salamanca, 1977), pp. 189-266; Dionisio Vázquez en
p. 236.
25
"Pues como el fuego de la cocina queme y sea de otro arte, y mi calor natural de otro arte; y el fuego de
la cocina cueza una ave y no más, y no la vuelve otra cosa; que, si gallina le dais, gallina os vuelve; y si
perdiz, perdiz os vuelve, salvo que os la vuelve caliente, seca, cocida o asada; mas la misma cosa es la que
os da que la que le distes; y mi calor, de aquella gallina hace ojos grandes, y boca y manos grandes, y
cuerpo grande, y que haga brazos grandes..." (éd. cit., pp. 115-116).
26
"Si a mí, que estoy ahora romadizo, me preguntásedes si huelen unos guantes....". "¿Cómo puede ser
mucho lo que cabe en la vida, siendo la vida tan poca? No porque a un niño le parezca mucho los zapatos
pintados que vos le comprasteis, dejan ellos de ser tan chicos como su pie..." "Si viésemos caminar
juntos a una hormiga y a un elefante, veríamos que mientras arroja una mano acullá la gran bestia -con
que traspasa todo este espacio-, da setecientos pasos la hormiga que procura tener el camino con el
elefante. Así podemos imaginar la eternidad con el tiempo" (el sermón ha sido reproducido como
apéndice II a los Avisos para predicadores, por Alvaro Huerga, en la éd. cit.; los símiles, en pp. 238-
239).

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LA SMILTTUDO EN LA LITERATURA ESPAÑOLA 177

basado en la exposición y comentario del Evangelio del día), no debe extrañar el uso de recursos
como el de la similitude*21.
El movimiento que Cuevas señala en Fray Luis, de la necesidad de referirse a lo corpóreo para
entender y acercarse a lo espiritual (éd. cit., pp. 78 y ss.) puede entenderse como la formulación
pedagógica de aquel principio formulado en términos filosóficos por Alain de Lille y que haría
fortuna en la Edad Media y que pervive, como veíamos en Santa Teresa, en nuestro XVI. Pues
bien, este principio o la necesidad de referirse a lo real para alcanzar una realidad trascendente es el
presupuesto de la similitudo, el que, en último extremo, legitima su uso.
En la dedicatoria de La perfecta casada2*, Fray Luis de León escoge una similitudo tomada del
mundo de la pintura para explicarle a Doña María Várela Osorio las intenciones o propósito de la
obra: compara su labor de exégeta de un texto bíblico con la de aquellos que entienden de pintura y
enseñan a los legos cómo hay que mirar un cuadro:
Y así, conforme a lo que suelen hazer los que saben de pintura y muestran algunas imagines de
excellente labor a los que no entienden tanto del arte, que les señalan los lexos y lo que está pintado
como cercano, y les declaran las luzes y las sombras, y la fuerça del escorçado, y con la destreza de las
palabras hazen que lo que en la tabla parecía estar muerto, biva ya y casi bulla y se menee en los ojos
de los que lo miran, ni más ni menos, mi oficio en esto que escrivo, será presentar a vuestra merced
esta imagen que he dicho [se refiere al texto del último capítulo de los Proverbios], labrada por Dios,
y ponérsela delante la vista, y señalarle con las palabras, como con el dedo, quanto en mí fuere, sus
hermosas figuras, con todas sus perfectiones, y hazerle que vea claro lo que con grandísimo artificio
el saber y mano de Dios puso en ella encubierto. (Ed. cit., pp. 73-74)

Dejando aparte el interés que tiene la similitudo como interpretación de la pintura de la época29,
lo que pone de manifiesto es el papel destacado de este recurso (como lo era en Santa Teresa y otros
tratadistas) para acercar al lector mensajes que, de otra manera, no le eran asequibles. O dicho de
otra forma, y como apuntaba Mercedes Etreros 30 , buena parte de las similitudines que emplea Fray
Luis vienen determinadas por las necesidades de la exégesis bíblica31.
No es mi intención aquí hacer un inventario de todas las similitudines que emplea Fray Luis en
La perfecta casada. Baste decir que son muy numerosas y que tienen como cualidades la contención,
la mesura 32 , la búsqueda de la expresividad33, el cuidado del estilo y la conciencia de que lo lúdico
no está reñido con lo didáctico:

27
Cf. Cristóbal Cuevas, ed. cit;t p. 72 y ss.: "Fray Luis incluyó en diversos pasajes de su libro apuntes y
notas tomados en principio para sus sermones de pulpito" (p. 77).
28
He manejado el estudio y edición de Javier San José Lera, en Madrid, Espasa-Calpe (Colección
Austral), 1992.
29
La predilección de Fray Luis por el mundo del arte queda patente en un par de similitudines más; cf. La
perfecta casada, éd. cit., pp. 90 y 147. Para una similitudo referida a la escultura, véase p. 86; para otra de
la música ("y como se haze en la música con diversas cuerdas"), p. 94.
30
Quien se ha ocupado de las similitudines (aunque con cierta oscuridad terminológica) en la prosa de
Fray Luis, en su artículo "Las explanaciones bíblicas de Fray Luis de León. Sentido del uso retórico de la
analogía en la prosa castellana", en Revista de Literatura, XLLX, ne 98 (1987), pp. 437-451.
31
Véanse varios ejemplos en p. 88 de la Perfecta Casada, éd. cit.
32
"Como el vestido ciñe y rodea todo el cuerpo", éd. cit., p. 173; "como con el rostro la hermosura del
consiste en que se respondan entre sí las facciones", p. 176; "y como las medicinas cordiales", p. 184...
33
Además de las citadas, cf. la que compara al agricultor con el marido, en p. 103 o ésta otra: "...Como
los peces, en quanto están dentro del agua, discurren por ella y andan y buelan ligeros, mas si acaso los
sacan de allí, quedan sin se poder menear, p. 181...

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178 MANUEL AMBROSIO SÁNCHEZ Criticón, 58, 1993

¿Tendría vuestra merced por su cozinero y daríale su salario al que no supiese salar una olla, y tocase
bien un discante? Pues así no quiere Dios en su casa al que no haze el oficio en que le pone. (Ed. cit.,
p. 75)

Además de con las cualidades que hemos visto, Fray Luis intenta huir de la uniformidad que
engendra tedio con la variedad en los procedimientos para combinar el plano real con el de la
imagen: los peligros que acechan al caminante o viajero es un motivo tópico34; fray Luis evita el
demérito de una similitudo manida, fundiendo el término real de su exposición (la inconveniencia
de elegir esposa por su belleza) con el término de la imagen en una única construcción gramatical:
Así que, quien busca muger muy hermosa, camina con oro por tierra de salteadores, y con oro que no
se consiente encubrir en la boisa, sino que se haze él mismo afuera y se les pone a los ladrones
delante los ojos.... (Ed. cit., p. 197-198)35

Las Moradas de Santa Teresa de Jesús, y en general sus escritos dirigidos a monjas y novicias,
están llenas de similitudines. Santa Teresa utiliza la similitudo básicamente por dos razones:
primero, porque la necesita para explicar o dar a conocer su experiencia mística; segundo, porque de
todos los procedimientos retóricos posibles es quizá el más humilde. A través de la similitudo (y
ella lo dice expresamente varias veces) hace profesión de humildad consigo misma y con sus
hermanas de hábito.
De entrada, una similitudo le sirve para construir la armazón del libro: el alma como un castillo
con diferentes moradas. Y hay otras que tienen también una clara función estructural: como la
diferencia que va del desposorio al matrimonio humano-espiritual (y que corresponde a las primeras
seis moradas y a la última, respectivamente; por ejemplo, p. 483a); o como la del gusano de seda,
que aparece en el segundo capítulo de las Moradas quintas y se proyecta en los siguientes (p. 454b
y ss.). A estas similitudines que tienen categoría estructural se les suele aplicar una exégesis36. O
dicho de otra manera: la comparación deviene "figura" y a ella se le aplica la exégesis.
¿Cuál es la función de esta similitudo y de las otras, más particulares y concretas, que aparecen
en el libro? Ante todo, poner a la vista, como diría Fray Luis de Granada, términos que no están
bastante claros: "Es menester que vays advertidas a esta comparación; quizá será Dios servido pueda
por ella daros algo a entender..."37.
Santa Teresa usa las similitudines, pero con precauciones continuas: compara la morada interior
del alma a un brasero perfumado y luego matiza: "Mira, entendedme, que ni se siente calor ni se
huele olor, que más delicada cosa es que estas cosas, sino para dároslo a entender" (p. 449a;
asimismo 463b). •>
Pese a todo, la autora pone d e manifiesto la radical insuficiencia de la similitudo para dar cuenta
de la experiencia mística:

34
Véanse otros: el espejo como modelo, p. 7 3 ; el castillo en la frontera con los enemigos, 117; la visita
del rey a una ciudad, p . 120...
35
Como es frecuente en los predicadores castellanos de la Edad Media, Fray Luis se sirve algunas veces de
retahilas de similitudines: "Porque si comiençan a destemplarse [las mujeres], se destemplan sin término,
y son como un pozo sin suelo, que nada les basta, y como una carcoma, que de contino roe, y como una
llama encubierta, que se enciende sin sentir por la casa y por la hazienda, hasta que la consume" (éd. cit.,
p . 97; para otros casos, pp. 98 y 128).
36
Véase la del gusano de seda; por ejemplo, la exégesis moral: "Pues ea, hijas mías, priesa a hacer esta
labor y tejer este capuchillo", éd. cit., p. 455a.
3
? En la éd. cit., p . 435b y también 454b, 463a, 478b.

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LA SIMUJTUDO EN LA LITERATURA ESPAÑOLA 179

Deseando estoy acertar a poner una comparación, para si pudiese dar a entender algo de esto que voy
diciendo, y creo no la hay que cuadre, mas digamos ésta: entráis en un aposento de un rey u gran
señor... 38

La imposibilidad para expresar contenidos místicos con el lenguaje corriente trata de


compensarse, alguna vez, con una retahila de similitudines, como en este último caso (p. 483b),
sin conseguirlo: "Riéndome estoy de estas comparaciones, que no me contentan, mas no sé otras"
(p. 484b).
En cuanto a los diálogos, he centrado mi estudio en los Coloquios satíricos con un coloquio
pastoril de Antonio de Torquemada39, pues resumen las cualidades que se han señalado para este
género.
En cierto momento del Coloquio sobre el juego (un asunto muy del gusto de los predicadores40)
Antonio se dirige a Bernardo y le lanza más un discurso moral (propio de aquéllos) que una réplica;
propone que se tomen medidas contra los jugadores profesionales, porque su oficio es pernicioso
para la República y para ellos mismos:
Y los tahúres, por no andar siempre recatados y recelándose (como los que tienen enemigos y se
guardan de trayción), sería bien que se apartassen de este vicio del juego, porque es uno de los grandes
trabajos que se pueden tener; pero hazen como los beodos, que sabiendo que el vino les haze mal, lo
buscan y procuran, sin recelarse del daño que reciben en beberlo. (Ed. cit., ff. XVIv-XVIIr)

En los Coloquios de Torquemada las similitudines tienen, a veces, valor de auténticos


argumentos, lo mismo que la referencia a personajes como modelo o antimodelo. Así en el IV
coloquio, que trata de los desórdenes en el comer y en el beber, el Licenciado Velázquez replica a
S alazar (que ha empleado una retahila de ejemplos de conducta para probar la destemplanza de los
antiguos) con otra retahila, pero esta vez, de similitudines; concede que algunos cayeron en los
excesos, pero añade que fueron minoría y que, no por ésto, deja de ser cierto que los más ejercitaron
la templanza41.
En el Coloquio sobre los vestidos (el quinto), aparece un uso interesante de la similitudo; un
interlocutor hace una observación y otro, que está de acuerdo con él en este punto, aplica la
similitudo: Sarmiento se extraña del desordenado afán que tiene la gente por adquirir vestidos

38 En la éd. cit., p. 467a; y también, p. 452a; y 462b, p. 472a, 483a y b.


39
Mondoñedo, Agustín de Paz, 1553; han sido estudiados y editados por Lina Rodríguez Cacho, para su
tesis doctoral, Madrid: Universidad Autónoma, 1988. Cf. también su libro Pecados sociales y literatura
satírica en el siglo XVI: los Coloquios de Torquemada, Madrid, Universidad Autónoma, 1989.
40
Aunque Antonio había asegurado que iba a condenar el juego desde posiciones distintas a las de los
predicadores (en ff. VIIIv-IXr, de la éd. cit.), termina por exponer sus argumentos porque Bernardo lo
invita a hacerlo (véanse los ff. XXIVr y ss). No se trata sólo de una coincidencia en los argumentos,
también en los medios: la llamada a la autoridad de los Doctores, el uso de citas bíblicas de apoyo... No
es el único caso, en estos Coloquios, de proximidad a los presupuestos y formas de los predicadores: en
el de la honia, el VI, las sucesivas intervenciones de Antonio se conforman como el sermón de un
predicador en el pulpito (véanse los ejemplos bíblicos que cita, f. CXIIIv y ss).
41
"Porque no ay ciudad tan bien ordenada, donde no aya algunos delitos, ni campo de soldados tan bien
concertado que no aya en él algunos reboltosos, ni aun monesterio, si es de muchos frayles, que no esté
en él alguno desasosegado..."; y sigue más adelante: "...pero éstos, en comparación de los otros que
usavan de la templança, es como una estrella para todas las que ay en el cielo; y una golondrina (como
suelen dezir) no haze veTano, ni diez granos de neguilla en un muelo de trigo no son causa de que se haga
mal pan..." (cf. ff. XCVr-XCVIIv; la cita en f. XCVIIr-v).

CRITICÓN. Núm. 58 (1993). Manuel Ambrosio SÁNCHEZ. La similitud en la literatura espa ...
180 MANUEL AMBROSIO SÁNCHEZ Criticón, 58, 1993

lujosos cuanto son son más caros; y Herrera ilustra esa afirmación con una similitudo referida a los
borrachos, "que quando ay mayor carestía de vino les crece más el apetito del beber, y no tienen el
real quando lo ofrecen en la taberna, aunque no les quede otro ninguno..." (éd. cit., f. CIVv-CVr).
En fin, éste procedimiento como los otros que emplea Torquemada, son un intento por insertar de
forma natural la similitudo en la conversación, sin romper el ritmo del diálogo.
En ese mismo coloquio, Sarmiento condena la pompa de las mujeres españolas, en
comparación con la mesura en el vestir de las de otros países. Toda su intervención tiene un cierto
ritmo in crescendo, que se culmina con una similitudo tomada del bestiario y sabiamente elegida,
porque sirve para ridiculizar a las mujeres con una imagen cuando ya se han agotado los términos
reales: "Pero en nuestra España", dice, "la curiosidad de las mujeres es tan grande, sus
ymportunidades son tantas, sus desatinos en el vestir tan fuera de tino, que no ay quien las sufra.
Y, en fin, todas hazen como las monas, que todo lo que veen que hazen y traen sus vezinas quieren
que passe por ellas..." (éd. cit., f. CVIIIv-CIXr).
El interés de Antonio de Torquemada por jugar con las posibilidades de inclusión de las
similitudines en los coloquios queda patente en el que trata de la Honra (el VI, tercera parte).
Albanio emplea una retahila de similitudines de carácter probatorio, referidas al plomo, estaño, oro,
frutas, agua, vinos..., para demostrar que el paso del tiempo perfecciona las cosas y que, por tanto,
es el linaje el que proporciona la verdadera honra. Pues bien, Antonio, que defiende que ésta procede
de los propios méritos, rechaza los argumentos de Albanio, empleando sus mismas similitudines.
En mi opinión, este uso de la similitudo a dos bandas, como argumento dialéctico, es una novedad,
frente a lo que era general hasta ahora, el uso de la similitudo como argumento probatorio pero
siempre dentro un monólogo. La similitudo, en el nuevo contexto de los diálogos, puede
entenderse como una arma de doble filo, que se lanzan los interlocutores unos a otros (éd. cit., f.
CXXXVIv y ss.).
Otro uso de la similitudo en la misma línea: Antonio, que es un dialéctico experimentado,
pretende que Albanio reconozca la superioridad de la honra ganada por el propio esfuerzo, frente a
esa honra que se mantiene por la herencia de la sangre. Lo que hace es plantear una similitudo
como pregunta, a la que Albanio debe dar respuesta:

[ANTONIO]: ...Y para esto yo os ruego que me digáis: si vos tubiésedes en un huerto vuestro un
espino que diese muy hermosas flores, y después délias muy sabrosas mançanas, y un peral que diese
muy hermosas peras, ¿a quál dellos estimaríades en más y tendríades por árbol más preciado?
ALBANIO: Notorio es que, como a cosa nueva y que hazía más de lo que en sí era, tendríamos en
más el espino...
ANTONIO: Y después que de esse espino se ubiesen produzido tantos espinos que ya no se tuviese
por nuevo el averíos, ¿tendríades en tanto a uno dellos como tubistes al primero?
ALBANIO: Buena está de dar la respuesta que no.
ANTONIO: Pues lo mesmo es en los hombres, que quando es el primero el que comiença a dar la
nueva fruta de virtudes y hazañas, tenérnosle (y es razón que le estimemos) en más que a los sucesores.
Y así siempre el primero y que da principio al linage es digno de mayor honrra que los que del
proceden, aunque se ygualen en la virtud y fortaleza... (Ed. cit., ff. CXLv-CXLIr)

No termina ahí la cosa; más adelante, en ese mismo coloquio, Albanio intentará devolverle la
pelota a Antonio, planteando también una similitudo como pregunta, pero éste, aunque concede la

CRITICÓN. Núm. 58 (1993). Manuel Ambrosio SÁNCHEZ. La similitud en la literatura espa ...
LA SMIUTUDO EN LA LITERATURA ESPAÑOLA 181

respuesta que el otro espera42, se negará a darle a la similitude? el valor general (sobre el tema
concreto de la honra) que quiere el amigo.
Y no contento con eso, para acabar con los argumentos de su interlocutor, Antonio empleará
como pregunta una similitude» muy próxima a la de Albanio, a la que éste no tiene más remedio
que asentir43. En fin, vemos cómo la similitudo puede usarse como argumento dialéctico y cómo
la pericia de Antonio se impone claramente a las razones de Albanio44.
La riqueza y variedad en el uso de la similitudo que encontramos en autores como Torquemada,
se explica por la dependencia con dos formas literarias. Una, como ya hemos apuntado, es la
influencia paralela del sermón y la otra, es la dependencia vertical con los Coloquios de Erasmo45 y
más atrás de éste con los diálogos socráticos.
En efecto, creo que se debe ver en Erasmo el antecedente o modelo más inmediato del uso
variado de similitudines en los autores de Diálogos del XVI. Y así encontramos la similitudines
más frecuentes de los sermones, las que se establecen per collationem, que tienen un claro carácter
probatorio, pero tratadas siempre dentro de los cauces de la elegancia y la naturalidad formal. Y
junto a éstas similitudines, hay buen número de otras que se establecen per brevitatem (lo que
distancia a Erasmo de los sermones, donde, por lo general, escasean). Las similitudines per
brevitatem tienen una función más expresiva y decorativa que probatoria; y, hablando en general,
su rasgo más destacado, en Erasmo, es el humor: En el III coloquio, "que tracta del matrimonio",
María se burla del enamorado Pámphilo (el coloquio es una sátira divertida y demoledora de los
tópicos del amor cortés) y cuando éste dice que está más pálido que los muertos del cementerio,
María le responde: "... Paréceme questás amarillo como la grana o como la cereza, quando está bien
madura"; del amante de una mujer hermosa, Pámphilo dice que "tiene más gesto de ximio que de
hombre... dessollado e arrugado el cuero como de raposa vieja sarnosa"; la unión entre alma y
cuerpo es expresada así por Pámphilo "... dime, por tu fe, ¿tu ánima no está atada y presa dentro de
esse cuerpo como un papagayo dentro de una jaula?" 46 . En el Coloquio V, un Soldado y un
Cartujo se encuentran después de un par de años sin verse y cada uno arremete contra el aspecto del
otro; maravillándose del traje del soldado, el Cartujo dirá: "... Pareces mariposa o paxarico de siete
colores"; y de su aspecto: "Y aun sobre todo la cabeça tresquilada, la barva medio rapada, como
monte rezién roçado por debaxo y el bosque de encima muy espeso..." (p. 173b). Más adelante,
refiriéndose a su propia alma, el soldado comenta: "Creo que le traygo tan limpia como un
muladar" (p. 177b).

42
"ALBANIO: Dezidme: si un religioso reza sus horas canónicas con mucho cuydado y devoción, y un
seglar haze lo mesmo y en la misma ygualdad, ¿quál dellos merecerá mayor premio y será digno de mayor
gloria? ANTONIO: Paréceme que el religioso..." (cf. la éd. cit., ff. CXLVv-CXLVIr.).
43
[ANTONIO]: ...."Si un frayle ha que es frayle quarenta años y otro no ha más de uno que hizo
profession, ¿no estará éste obligado a los preceptos de la horden como el otro y no pecará ygualmente?
ALBANIO: Aunque en parte le relevaría no estar tan habituado a las observancias de la horden, pero si no
es pecando por yñorancia, eso no puede negarse. ANTONIO: Pues lo mesmo es en lo que tratamos" (ed.
cit., f. CXLVUIr).
44
Antonio, para remachar su victoria dialéctica, deja para el final del coloquio una cita de Salustio
("Quanto la vida de los antepasados fue más yllustre, tanto la pereza de los descendientes es más culpada"
(éd. cit., f. CLIr), que contradice las propias posiciones del romano contra Cicerón (f. CXXXVIr)
defendidas por Albanio.
4
^ Los Colloquios de Erasmo, traduzidos de latín en romance..., pueden leerse en la NBAE, tomo 21
{Orígenes de la novela, IV), Madrid, Bailly-Baillière, 1915, pp. 149-249.
16 Cf. la ed. cit., pp. 164a, 167b, 169b.

CRITICÓN. Núm. 58 (1993). Manuel Ambrosio SÁNCHEZ. La similitud en la literatura espa ...
182 MANUEL AMBROSIO SÁNCHEZ Criticón, 58, 1993

El uso dialéctico de la similitudo que hemos visto en Torquemada está ya en Erasmo. La


preferencia por la similitudo de este tipo aparece en aquellos coloquios que son una lucha de
ingenios, como en ese III entre Pámphilo y María. Pámphilo intenta convencerla de las ventajas de
perder la virginidad sobre mantenerla y argumenta:

PÁMPHILO: ... mas dime, si tú tuviesses un rico vergel, lleno de preciados árboles e muy
frutíferos, ¿dessearías que todo su fruto se passasse en flor, o que, caída ésta, los viesses cargados de
fruta madura e sazonada?
MARIA: ¡Cómo arguye a su propósito!
PÁMPHILO: A lo menos, respóndeme a esto: ¿quál es cosa más gentil de ver, una vid enterrada
siempre e podrida debaxo la tierra o una parra quando está muy bien compuesta sobre un olmo o vara,
cargada de razimos de uvas muy maduras e sabrosas?

Pero María es un interlocutor muy hábil y, a su vez, contrataca con el mismo procedimiento:

MARIA: Hablemos a vezes, no lo quieras tú dezir todo: ¿quál te paresce más linda cosa de ver, una
rosa fresca en su rosal o verla después cortada y marchita entre las manos?
PÁMPHILO: Yo por mejor tengo que una rosa se marchite entre las manos, que no que se
envejezca en el rosa], porque allí claro está que se ha de podrir; y desta manera pienso que el vino
quando está bueno se deve bever antes que se faga vinagre. (Ed. cit., 168b-169a)

En todos estos casos el término real, la pérdida de la virginidad, permanece implícito en el diálogo:
está en la mente de los dos interlocutores, y en la del lector, pero no expreso en el texto. Al no
incluirlo, Erasmo acomoda el texto verosímilmente a una competición de ingenios y, de paso, lo
libra de la pesadez de tener que repetirlo a cada momento.

Conclusiones
Con el siglo XVI no decae el uso de las similitudines, más bien al contrario. El interés
renovado por la similitudo es visible en una serie de hechos que conectan con lo que ocurría en la
Edad Media.
lfi La atención que dedican a este recurso los preceptistas.
2e La publicación de similitudinarios. No sólo se publican los de la Edad Media47, sino que
aparecen ediciones de otros nuevos48.

47
La Sumiría exemplis et rerum similitudinibus libris decem constans (ca. 1300), de Joannes Gorinus de
San Gemignano, se edita con frecuencia desde fines del XV; he manejado la edición de Venecia: Juan y
Gregorio de Gregoriis, 1499.
48
Propiamente del XVI, tengo noticia de las siguientes: Alardus Aemstelredanus (Alardo de Amsterdam),
Selectae Similitudines sive Collationes, tum ex Bibliis sacris, tum ex Veterum Orthodoxorum
Comentariis; he consultado la ed. de Colonia, 1539; Fray Diego Basalenque (1577-1651, agustino
mejicano), quien compuso un repertorio de similitudines (o de exempta o ambos?), según Cristóbal
Cuevas, en De los nombres, p. 81, aunque no da más datos; Dissimilium et adagiorum, 1569; atribuido a
San Juan Crisóstomo, BNM, 2/26333. Pudiera ser, según Cristóbal Cuevas (fie los nombres, ibidem) el
mismo a que se refiere Fray Luis de Granada en su Retórica Eclesiástica, p. 594b: "Hay cierto librito de
los similes de San Crisóstomo, y de otros lugares, que podra ayudar mas que medianamente al estudioso
predicador para la invención de los símiles"; Juan González de Criptana, Silva comparationum vel
similium per Alphabetum locorum communium Praedicatoribus utilissimi, ex Sanctis Patribus atque
Doctoribus, Valladolid, 1601 (cf. Antonio Cañizares Llovera, "La predicación española...", art. cit., pp.
189-266; breve noticia de González de Criptana en p. 224); el antes mencionado de Juan Pérez de Moya,

CRITICÓN. Núm. 58 (1993). Manuel Ambrosio SÁNCHEZ. La similitud en la literatura espa ...
LA SIMEJTUDO EN LA LITERATURA ESPAÑOLA 183

3 a El uso sostenido de las similitudines en varios frentes de la literatura didáctica: sermones,


tratados y diálogos morales, por citar sólo aquellos que conozco medianamente.
46 Los campos de interés cambian poco, aunque hayan cambiado las realidades.
59 Hablando del siglo XVI, uno estaría tentado de afirmar que lo que lo diferencia respecto de la
Edad Media, es una nueva sensibilidad formal por la similitudo. Podríamos sugerir que en el XVI
hay una mayor preocupación por embellecer formalmente la imagen que se emplea. Pero de
ninguna manera se puede generalizar hasta el punto de decir que en la Edad Media no hay más que
tedio y que en el siglo XVI todo es orégano. En una y otra época hay buenos y malos escritores,
escritores que usan con moderación y elegancia la similitudo y escritores que abusan de ella. Quizá
estos últimos sean los culpables de ese desprestigio o complejo de inferioridad que ha tenido la
similitudo respecto a otros procedimientos literarios, como la metáfora, la alegoría, el exemplum o
los epítetos.

Comparaciones o símiles para los vicios y virtudes muy util y necesario para predicadores y otras
personas curiosas, Alcalá de Henares, Juan Gracián, 1584.

CRITICÓN. Núm. 58 (1993). Manuel Ambrosio SÁNCHEZ. La similitud en la literatura espa ...
Francisco de Quevedo

Prosa festiva completa


Edición de Celsa Carmen García Valdés

CÁTEDRA

LETRAS HISPÁNICAS

índice

INTRODUCCIÓN 13
I. La sátira en Quevedo 13
II. Obras festivas 19
III. Estudio textual 22
ESTA EDICIÓN 130
BIBLIOGRAFÍA 133

PROSA FESTIVA COMPLETA 145

OBRAS DE ATRIBUCIÓN DUDOSA 509


Genealogía de los modorros 511
Alabanzas de la Moneda 525
Confesión de los moriscos 526
APÉNDICE 529
Cuento de cuentos 531
La culta latiniparla 543
ÍNDICE DE NOTAS 553

CRITICÓN. Núm. 58 (1993). Manuel Ambrosio SÁNCHEZ. La similitud en la literatura espa ...