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IXÊ JornadasÊ deÊ AcantoÊ sobreÊ PatrimonioÊ CulturalÊ deÊ CantabriaÊ VillaescusaÊ 2009

5. LAS fORTIfICACIONES DE LA GUERRA CIVIL y EL pRIMER fRANqUISMO EN CANTABRIA. UN pATRIMONIO EN pELIGRO

Grupo Arqueológico Attica

Rafael Bolado del Castillo, Alberto Gómez Castanedo, Enrique Gutiérrez Cuenca y José Ángel Hierro Gárate.

1.Ê InTrodUCCIî

n

Cuenca y José Ángel Hierro Gárate. 1.Ê InTrodUCCIî n Este trabajo trata acerca de las fortificaciones

Este trabajo trata acerca de las fortificaciones del siglo XX que se localizan en el territorio de la Comunidad Autónoma de Cantabria. Se trata, básicamente, de construcciones y trabajos de fortificación relacionados con dos períodos hist— ricosÊ concretosÊ muyÊ cercanosÊ enÊ elÊ tiempo:Ê la Guerra Civil Española (1936-1939) y el primer Franquismo (década de 1940).

Inmediatamente después del fin de la Guerra Civil y mientras en Europa tenía lugar la II Guerra Mundial, la España franquista, con estatus de “no beligerancia”, pero con indisimuladas simpatías hacia el Eje, llevó a cabo un importante esfuerzo de fortificación de las fronteras con Francia y Gibraltar, y de toda la costa, estas últimas en previsión de un eventual desembarco aliado. Estas construcciones, que se vieron complementadas conÊ elÊ acantonamientoÊ deÊ tropasÊ conÊ funcionesÊ deÊ vigilancia, tampoco fueron utilizadas en combate,

fortificación del territorio bajo su control, con la ya que la agresión externa nunca se produjo y

intenci— nÊ deÊ contenerÊ cualquierÊ ataqueÊ enemigo.Ê

elÊ desarrolloÊ deÊ losÊ acontecimientosÊ pol’ ticosÊ yÊ

El principal esfuerzo fortificador se realizó en la militares, en el marco de la Guerra Fría, las convirtió

zona Sur de los dominios del Consejo de Santander, en completamente innecesarias pocos años después. Palencia y Burgos, ya que era donde se localizaba el

principal frente de guerra desde el propio verano de 1936. El transcurso de las operaciones militares y la sucesión de conquistas y avances de los sublevados, especialmente la toma de Vizcaya en la primavera de 1937,motivaron la fortificación de otras zonas,como la cercana a Castro-Urdiales, la desembocadura del Pas o la “Línea del Asón”. Muchas de esas obras de

fortificación se utilizaron para intentar frenar la algunasÊ hanÊ desaparecidoÊ completamenteÊ yÊ otrasÊ

se encuentran en un estado de ruina muy avanzada que las hace prácticamente irrecuperables. Sin embargo, debido a su localización en zonas rurales y

adelante, nunca llegaron a participar en los combates. con una orografía bastante complicada, muchas aún

ofensiva nacionalista del 14 de agosto de ese mismo año y la “Batalla de Santander”, que la sucedió a continuación. Otras, por motivos que veremos más

La mayor parte de las fortificaciones fueron abandonadas al final de la Guerra Civil y ningunaÊ sigui— Ê enÊ usoÊ aÊ partirÊ deÊ laÊ dŽc adaÊ deÊ 1950.Ê Su destino hasta nuestros días fue el abandono, la destrucción,la reutilización o el olvido.En ese tiempo

(FIGUrAÊ 1) La Guerra Civil en Cantabria se desarrolla entre el inicio de la sublevación militar contra el gobierno del Frente Popular, el 18 de julio de 1936, y la toma de Tresviso por las tropas nacionalistas en el marco de la campaña deAsturias,el 17 de septiembre de 1937. Durante ese período de tiempo, las fuerzas republicanas llevaron a cabo diferentes planes de

FiguraÊ 1.Ê MapaÊ provisionalÊ conÊ laÊ localizaci— nÊ deÊ lasÊ estructurasÊ defensivasÊ deÊ laÊ GuerraÊ CivilÊ yÊ elÊ primerÊ FranquismoÊ enÊ Cantabria.Ê HaÊ sidoÊ realizadoÊ aÊ partirÊ deÊ losÊ datosÊ recogidosÊ enÊ variasÊ publicacionesÊ yÊ deÊ trabajosÊ deÊ campoÊ llevadosÊ aÊ caboÊ porÊ algunosÊ deÊ nosotros.

2.Ê HISTorIAÊ deÊ LASÊ InVeSTIGACIoneS

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se conservan en condiciones aceptables, aunque recientemente han comenzado a enfrentarse a un nuevo enemigo: la presión urbanística.

El olvido generalizado de este tipo de fortificaciones en España ha sido una constante hasta las últimas décadas, cuando desde diversos ámbitos han comenzado a ser tenidas en cuenta como la parte delÊ PatrimonioÊ Hist— ricoÊ queÊ son.Ê PorÊ elÊ contrario,Ê en el resto de Europa occidental, el tratamiento de los restos de fortificaciones de las dos Guerras MundialesÊ haÊ sidoÊ muyÊ diferenteÊ yaÊ desdeÊ haceÊ muchos años, destacando los trabajos llevados a cabo en las últimas décadas. Allí, algunas fortificaciones han sido objeto de excavaciones arqueológicas y de puestas en valor. Las trincheras del frente occidental de la Gran Guerra, las fortificaciones de la “Muralla Atlántica” alemana o el propio campo de prisioneros en el que tuvo lugar la fuga que inspiró el largometraje LaÊ GranÊ Evasi— n, son algunos ejemplos significativos, aunque hay muchos más. En los últimos años han tenido lugar numerosas iniciativas y actuaciones enÊ diferentesÊ puntosÊ deÊ laÊ geograf’ aÊ peninsular,Ê relacionadas con la documentación, protección y/o puesta en valor de restos materiales de la Guerra Civil Española. Desde excavaciones arqueológicas a trabajos de documentación en campo, pasando por la reconstrucción y musealización, todas ellas se enmarcan dentro de un proceso general de cambio de mentalidad respecto a aquellos. Ese cambio, aunque tardío, está sirviendo para valorar este tipo deÊ estructurasÊ yÊ escenariosÊ enÊ suÊ justaÊ medida,Ê exactamente igual a lo que viene siendo norma habitual enÊ todosÊ losÊ pa’ sesÊ desarrolladosÊ deÊ nuestroÊ entornoÊ geográfico y cultural. Publicaciones científicas como la deÊ laÊ actuaci— nÊ arqueol— gicaÊ desarrolladaÊ enÊ elÊ CerroÊ de La Gavia y en el yacimiento de Casas de Murcia (Madrid)Ê (Mor’ nÊ etÊ alii, 2005) constituyen los hitos principalesÊ deÊ unÊ procesoÊ queÊ podr’ amosÊ decirÊ queÊ ha llegado a su punto culminante -y de no retorno- con la publicación de un número monográfico de la revista ComplutumÊ dedicadoÊ aÊ laÊ arqueolog’ aÊ deÊ laÊ Guerra Civil Española (V.V.A.A., 2008).

En Cantabria, por su parte, la historia de la investigación de las estructuras militares de la Guerra Civil no es ni muy antigua, ni muy extensa.

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Sólo algunos autores han tocado el tema con más

oÊ menosÊ detenimiento,Ê aunqueÊ aœnÊ

trabajo por hacer para ponernos al nivel de otras regiones.Ê

quedaÊ muchoÊ

El primer autor en incluir un fortín de la Guerra Civil como resto arqueológico fue Javier Marcos Martínez,quien,en su libro sobre Montehano (Marcos, 1992), da a conocer la existencia de un “búnker” y una trinchera excavada en la roca muy cerca de la fortificación medieval que se levanta en la cima de esa eminencia, muy dominante sobre la desembocadura del Asón. Además, tras analizar algunos grafitos, consiguió localizar y entrevistar a uno de los miembros del batallón que levantó la fortificación.

FiguraÊ 2.Ê Localizaci— nÊ deÊ lasÊ estructurasÊ queÊ formanÊ elÊ conjuntoÊ deÊ LaÊ PicotaÊ sobreÊ ortofotograf’ aÊ (Fuente:Ê DigitalGlobeÊ 2010,Ê GeoEyeÊ 2010Ê yÊ Cnes/SpotÊ 2010).

deÊ LaÊ PicotaÊ sobreÊ ortofotograf’ aÊ (Fuente:Ê DigitalGlobeÊ 2010,Ê GeoEyeÊ 2010Ê yÊ Cnes/SpotÊ 2010).

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Años después Manuel García Alonso

(2001) publicó, como un apéndice introductorio

a las memorias de un soldado republicano en el

Frente Norte, un estudio sobre algunos restos de

fortificaciones en varias zonas del Sur de Cantabria:

Cervatos, El Escudo, Los Tornos, etc. Este autor ha seguido tratando el tema de las fortificaciones de la Guerra Civil en otros trabajos, como, por ejemplo, en la publicación de sus sondeos arqueológicos en

el campamento romano de campaña de El Cincho

(García Alonso, 2003).

En 2004, las asociaciones C.A.E.A.P. y “Mortera Verde” elaboraron un catálogo de las fortificaciones de la Sierra de Tolío o de La PicotaÊ (PiŽl agos)Ê paraÊ laÊ Consejer’ aÊ deÊ Cultura.Ê Ese trabajo inédito, muy detallado, sirvió de base paraÊ unÊ art’ culoÊ (MontesÊ etÊ alii, 2004) en el que las estructuras se dieron a conocer por primera vez de forma científica.

(FIGUrAÊ 2) Por su parte, el investigador Miguel Ángel Fraile López (2004) ha publicado la que, hasta la fecha, es la obra más completa sobre este tema de las conocidas hasta la fecha. Su libro, LaÊ GuerraÊ Civil.Ê Geograf’ aÊ yÊ Arqueolog’ aÊ delÊ FrenteÊ Norte,Ê esÊ una pequeña monografía centrada en los restos de las fortificaciones del frente Sur del territorio controlado por el Consejo Interprovincial y las de las tropas sublevadas que se les enfrentaban. Se trata, básicamente, de un catálogo muy detallado de las estructuras y de un pequeño análisis de su papel enÊ lasÊ operacionesÊ militaresÊ desarrolladasÊ enÊ esaÊ zona.

Ê OtroÊ autorÊ queÊ haÊ tratadoÊ elÊ temaÊ de las fortificaciones, desde un punto de vista completamente diferente a los demás, es Fernando Obregón Goyarrola. En su serie de monografías (Obregón, 2004; 2005; 2007a y 2007b) acerca de la Guerra Civil en diferentes zonas de Cantabria, en las que se sirve, principalmente, de la documentación oral,Ê haÊ recogidoÊ numerososÊ testimoniosÊ deÊ personasÊ queÊ participaronÊ enÊ laÊ construcci— nÊ de ese tipo de estructuras. Esos relatos son del máximo interés porque aportan información hasta

son del máximo interés porque aportan información hasta FiguraÊ 03.Ê Interior,Ê enÊ formaÊ deÊ galer’ aÊ

FiguraÊ 03.Ê Interior,Ê enÊ formaÊ deÊ galer’ aÊ yÊ conÊ variasÊ bocasÊ deÊ fuego,Ê delÊ fort’ nÊ deÊ S‡ mano.

ahoraÊ desconocidaÊ acercaÊ deÊ algunosÊ elementosÊ yaÊ conocidos y, además, nos indican la localización de otros cuya existencia no había trascendido.Además,

en alguno de sus libros también publica un plano

con la localización de algunas estructuras defensivas (Obregón, 2007b).

En el verano de 2007 uno de nosotros, José Ángel Hierro Gárate, presentó algunas fortificaciones y conjuntos inéditos o muy poco conocidosÊ hastaÊ laÊ fecha,Ê enÊ unÊ cicloÊ deÊ conferenciasÊ sobre el Patrimonio Fortificado en Cantabria organizado por la Asociación “Galvanes”.

3.Ê LASÊ ForTIFICACIoneSÊ

LasÊ estructurasÊ militaresÊ construidasÊ

durante la Guerra Civil en Cantabria responden

a varios tipos y pueden englobarse en las

siguientesÊ categor’ as:Ê fortines,Ê trincheras,Ê nidosÊ deÊ ametralladorasÊ yÊ otros.

Ê

(FIGUrAÊ 3) Ê LosÊ fortines,Ê porÊ loÊ general,Ê suelenÊ serÊ estructuras de hormigón, semiexcavadas en el suelo o en la roca, de planta rectangular alargada y varios metros de longitud. Presentan numerosas bocas deÊ fuegoÊ alineadas,Ê laÊ mayor’ aÊ paraÊ fusil,Ê aunqueÊ combinadas con algunas para ametralladora. A diferencia de los nidos de ametralladoras, diseñados paraÊ serÊ ocupadosÊ porÊ unaÊ o,Ê comoÊ mucho,Ê dosÊ

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FiguraÊ 04.Ê ImagenÊ deÊ unoÊ deÊ losÊ nidosÊ deÊ ametralladorasÊ delÊ conjuntoÊ deÊ laÊ SierraÊ

FiguraÊ 04.Ê ImagenÊ deÊ unoÊ deÊ losÊ nidosÊ deÊ ametralladorasÊ delÊ conjuntoÊ deÊ laÊ SierraÊ deÊTol’ oÊ oÊ deÊ LaÊ Picota.

personas, los fortines estaban pensados para albergar a un número más elevado de soldados. Encontramos los mejores ejemplos de fortines en la Línea del Asón y en el magnífico ejemplar de Sámano.

Las trincheras son los elementos más

numerososÊ yÊ seÊ repartenÊ porÊ todaÊ laÊ geograf’ aÊ cántabra. Se trata de largas zanjas excavadas en el suelo, generalmente en tierra, aunque también hay ejemplos excavados en terrenos pedregosos

e incluso en roca viva. Generalmente suelen tener

una planta sinuosa, en zig-zag, para evitar que, tanto los ametrallamientos desde uno de sus flancos -especialmente los aéreos- como la metralla de las explosiones, hiciesen estragos entre sus ocupantes. HayÊ algunosÊ ejemplosÊ rectil’ neos,Ê peroÊ sonÊ losÊ menos.Ê LasÊ trincherasÊ puedenÊ aparecerÊ deÊ formaÊ

individual o formando parte de complejos mucho más grandes, en los que también están presentes

otroÊ tipoÊ deÊ elementos,Ê comoÊ tœnel es,Ê refugiosÊ oÊ pozos de tirador.También, en ocasiones, los accesos

a estructuras como nidos o fortines se realizan a través de trincheras excavadas en el suelo.

Ê LosÊ nidosÊ deÊ ametralladoras,Ê porÊ suÊ parte,Ê pueden ser de dos tipos: muy similares a los “pozos de tirador” y formados por un agujero excavado en el suelo con un pequeño parapeto; o estructuras construidas más complejas.

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(FIGUrAÊ 4) Estos últimos, generalmente de mampostería y/o hormigón y con cubierta

abovedada,suelen tener planta más o menos circular

y presentar una o varias bocas de fuego abocinadas

en sus paramentos. Además, en algunos ejemplares puede observarse una “banqueta” de hormigón colocada al pie de la boca de fuego principal y que serviría para apoyar en ella las patas o las ruedas -dependiendo del modelo- de la ametralladora. Los ejemplos más numerosos de este tipo de construccionesÊ seÊ encuentranÊ elÊ conjuntoÊ deÊ “La Picota”, aunque los de la “Línea del Asón”, de varios tipos diferentes, presentan una mayor calidad constructiva y un mejor diseño.

Además de estos tres tipos principales, hay que considerar la existencia de otras construcciones, como los ya citados pozos de tirador, refugios y/o puestos de mando excavados en la roca o “blocaos”, aunque quizá estos últimos podrían considerarse como un tipo específico de fortín.

En este trabajo queremos destacar, a modo deÊ ejemplo,Ê algunosÊ conjuntosÊ queÊ nosÊ parecenÊ significativos, tanto por su ubicación como por la cantidadÊ yÊ calidadÊ deÊ lasÊ estructurasÊ queÊ losÊ conforman.

En primer lugar, es obligado hacer mención, necesariamente breve, pues la mayor parte ya ha sido publicada con detalle (Montes etÊ alii, 2004), a las estructuras de la Sierra de Tolío o de La Picota (Piélagos). Se trata de un conjunto o “línea de defensa”, formado por 23 nidos de ametralladoras

y varios centenares de metros de trincheras, que

pretendía hacer frente a un eventual ataque desde el Oeste, bien mediante un desembarco en la playa de Liencres, bien con un avance por tierra desde esaÊ direcci— n,Ê comoÊ realmenteÊ ocurri— Ê enÊ AgostoÊ deÊ 1937,Ê yÊ enÊ elÊ queÊ laÊ orograf’ aÊ yÊ lasÊ caracter’ sticasÊ del terreno jugaban un papel fundamental.

La propia configuración de la sierra en cuya zona de cumbres se sitúa, con forma de herradura

y dominando tanto la desembocadura del Pas como

las principales vías de comunicación -vía férrea y carretera- entre Santander y Torrelavega permite

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un magnífico control sobre el entorno circundante.

El elemento más característico de este conjunto lo

formanÊ losÊ nidosÊ deÊ ametralladoras,Ê deÊ unÊ tipoÊ muyÊ simple: de pequeño tamaño, planta tendente a las formas circulares, con pasillos de acceso fortificados enÊ algunosÊ casos,Ê conÊ paredesÊ deÊ mamposter’ aÊ yÊ cubierta de madera y hormigón, y con una boca de fuego para ametralladora y dos o tres para fusil. En alguno de ellos se han conservado varios grafitos, entre los que destaca, por su extensión y contenido

el de Espinales II-A. Su transcripción es la siguiente:

SegundaÊ RepublicaÊ 1937Ê /Ê CNTÊ FAIÊ /Ê UGT/Ê VIBANÊ TODOSÊ LOSÊ /Ê CONPA„ EROSÊ /Ê MUERANÊ TODOSÊ /Ê LOSÊ FACISTASÊ /Ê MUERAÊ FRANCOÊ /Ê yÊ /Ê ARANDAÊ yÊ ELÊ /Ê PEINAOVEJASÊ DEÊ /Ê MOLAÊ /Ê ELÊ IJOPUTAÊ DEÊ QEIPOÊ /Ê DEÊ LLANOÊ 1937”. Este conjunto ha sido declarado recientemente,Ê yÊ despuŽs Ê deÊ unÊ largoÊ procesoÊ

judicial,Ê BienÊ deÊ InterŽs Ê CulturalÊ conÊ laÊ Categor’ aÊ deÊ Zona Arqueológica por el Gobierno de Cantabria, convirtiendo sus estructuras en las únicas que, hasta

la fecha, gozan de protección legal como parte del

Patrimonio Cultural de Cantabria.

legal como parte del Patrimonio Cultural de Cantabria. FiguraÊ 05.Ê Inscripci— nÊ enÊ elÊ interiorÊ delÊ

FiguraÊ 05.Ê Inscripci— nÊ enÊ elÊ interiorÊ delÊ nidoÊ deÊ ametralladorasÊ deÊ EspinalesÊ IIA.

La que hemos denominado “Línea del Asón” se localiza en la zona de la desembocadura de ese río, entre las localidades de Carasa y Argoños. En realidad no se trata de una defensa completa, sino de parte del sector más septentrional de una formidable línea construida sólo parcialmente en 1937 y que se extendería entre Santoña y el Valle de Mena. Esa línea, a la que estaba previsto -antes de su defección- que se replegasen, entre otros, los batallones vascos del EuzkoÊ GudarosteaÊ que defendían la zona oriental de Cantabria (Salas y Salas, 1986: 254), tampoco llegó a utilizarse en combate. Concretamente, las estructuras que tenemos localizadas entre las dos localidades mencionadas más arriba estarían integradas en el Sector 1º, que se extendía por la orilla izquierda del río, entre Santoña y Angustina (Aguirre, 1977:

226-229). En este caso, la principal característica

(FIGUrAÊ 5)

Ê OtroÊ conjuntoÊ importanteÊ esÊ elÊ queÊ seÊ extiende entre el puerto de Pozazal y San Miguel de Los Carabeos (Campoo de Enmedio-Valdeprado del Río). En este caso nos encontramos ante un dispositivo

defensivo de unos 2,5 km de longitud y que se desarrolla (FIGUrAÊ 6)

de forma continua por la línea de cumbres de Hito Alto, El Cueto y El Lindaguero. Este conjunto, citado por Manuel García Alonso (2001) y publicado con más detalle por Miguel Ángel Fraile López (2004), se caracteriza porque todas las estructuras que lo forman están excavadas en el sustrato rocoso: trincheras, pasos subterráneos y pozos de tirador, configurando una obra defensiva imponente. Estas fortificaciones,

destinadas a controlar el paso por el puerto de Pozazal

y con un impresionante control visual del entorno,

formaban parte de la segunda línea de defensa prevista por los mandos militares republicanos en previsión de una ofensiva desde el Sur. Apenas llegaron a ser utilizadas, ya que la velocidad de la progresión de las Brigadas Navarras en la ofensiva de Agosto de 1937 provocó el desmoronamiento casi instantáneo de este sectorÊ delÊ frenteÊ yÊ laÊ retiradaÊ apresuradaÊ deÊ lasÊ tropasÊ republicanas que lo guarnecían.

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conservan al menos otro nido de ametralladoras y trincheras,Ê aunqueÊ noÊ formar’ anÊ parteÊ deÊ

conservan al menos otro nido de ametralladoras y trincheras,Ê aunqueÊ noÊ formar’ anÊ parteÊ deÊ laÊ mismaÊ l’ neaÊ deÊ defensaÊ deÊ laÊ queÊ estamosÊ tratandoÊ enÊ esteÊ punto.

(FIGUrAÊ 7)

Ê Finalmente,Ê queremosÊ mencionarÊ brevemente el conjunto de trincheras, pozos de tirador y refugios excavados en la roca del cordal montañoso de Anguía-Ilso Betayo (Castro-Urdiales). Por toda esa zona de cumbres -Anguía, Ilso de Angu’ a,Ê Pajares,Ê AltoÊ deÊ Maya,Ê Ventoso,Ê LaÊ Parada,Ê Las Losas e Ilso Betayo- se localizan cientos de metros de trincheras en zig-zag, a lo largo de unos 7 km de desarrollo lineal prácticamente continuo. En este caso no hay estructuras construidas, pero la cantidad de obras excavadas confiere a este conjunto un carácter digno de consideración.

Ê TodoÊ estoÊ porÊ loÊ queÊ respectaÊ aÊ lasÊ fortificaciones de la Guerra Civil. En cuanto a las de la década de 1940, hay que precisar que todas se localizan en la costa, en previsión de un desembarco comoÊ yaÊ seÊ coment— Ê enÊ laÊ introducci— n.Ê

(FIGUrAÊ 8) Su ubicación parece haber sido cuidadosamenteÊ estudiadaÊ y,Ê aÊ faltaÊ deÊ unaÊ imagenÊ completa que vaya más allá de las evidencias dispersasÊ queÊ manejamos,Ê pareceÊ responderÊ aÊ unÊ plan de defensa. Sirva como ejemplo que gran parte

reside en la existencia de numerosas estructuras construidas -fortines y nidos de ametralladoras- y en la casi total ausencia de trincheras, salvo para

conectar algunas de las estructuras entre sí. Éstas, de los puertos o rías susceptibles de servir como que forman varios “conjuntos” menores dispuestos puntos de atraque de embarcaciones -Arenillas,

Castro-Urdiales, etc.- cuentan con nidos de ametralladoras desde los que podían ser vigilados y, en caso de necesidad, batidos fácilmente. Por otraÊ parte,Ê lasÊ casamatasÊ deÊ artiller’ aÊ queÊ conten’ anÊ baterías de costa, están situadas en puntos desde los que existe un magnífico campo de visión, como Cabo Mayor en Santander o Los Pinares en Noja. Estos dos, aunque no los únicos -hemos localizado otras estructuras de diferentes tipos en la zona de Ajo y tenemos noticias de la existencia de otras en el Cabo Quintres o en Monte (Santander), por citar algunas- son los principales ejemplos

a varios tipos constructivos diferentes, comparten

unaÊ caracter’ sticaÊ comœn: Ê suÊ estrechaÊ relaci— nÊ conÊ vías de comunicación como la línea férrea o alguna carretera, junto a las que se sitúan y cuyo trazado

baten con facilidad. Varios kilómetros río arriba, de este tipo de elementos defensivos. En el caso en la zona de Peregita y Santa Cruz (Rasines) se de Cabo Mayor, el conjunto está formado por

distantesÊ unosÊ deÊ otros,Ê presentanÊ unÊ estadoÊ deÊ conservación bastante bueno en la mayor parte de los casos. Conocemos la localización de nidos de ametralladoras y/o fortines de hormigón en Carasa (Pico Carrasco), Adal-Treto (Primosto y Peña Blanca), Cicero (Vivero), Escalante (Monte Hano) y Argoños (El Gromo). Todos ellos, que responden

a lo largo de varios kilómetros de terreno y muy

FiguraÊ 06.ÊTrincheraÊ excavadaÊ enÊ laÊ rocaÊ enÊ elÊ conjuntoÊ deÊ Pozazal-LosÊ Carabeos.

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unaÊ casamataÊ deÊ artiller’ aÊ yÊ dosÊ plataformas,Ê queÊ parecen haber albergado piezas antiaéreas, que la flanquean.Además, una trinchera que recorre parte de la cima acantilada sobre la que se sitúan y dos grandes estancias excavadas en la roca, posibles santabárbaras o refugios, lo completan. Estas dos últimas se encuentran en el más completo abandono y han servido como lugar de habitación de indigentes y/o basurero desde hace décadas.

En el de Noja únicamente se conservan la casamata -sin duda el mejor ejemplo que existe en Cantabria de este tipo de construcción- y elpolvorín/refugio subterráneo anexo, que, como en elÊ casoÊ santanderino,Ê seÊ encuentraÊ completamenteÊ abandonado y lleno de basura.

4Ê ConCLUSIî

n

Ê AunqueÊ consideramosÊ queÊ laÊ declaraci— nÊ de BIC con la categoría de Zona Arqueológica para el conjunto de fortificaciones de la Guerra Civil de la Sierra de Tolío ha supuesto un enorme paso adelante,creemos que aún queda mucho trabajo por hacer. La mayor parte de las estructuras defensivas de la Guerra Civil y el primer Franquismo que se localizan en Cantabria carecen, hoy por hoy, de cualquierÊ tipoÊ deÊ protecci— nÊ frenteÊ aÊ lasÊ numerosasÊ agresiones a las que están expuestas. Por tanto, desde el Grupo Arqueológico ATTICA realizamos estaÊ propuesta,Ê consistenteÊ enÊ dosÊ medidasÊ yÊ queÊ también haremos llegar a las autoridades con competenciasÊ enÊ laÊ materia:

a las autoridades con competenciasÊ enÊ laÊ materia: FiguraÊ 07.Ê Fort’ nÊ yÊ nidoÊ deÊ ametralladorasÊ

FiguraÊ 07.Ê Fort’ nÊ yÊ nidoÊ deÊ ametralladorasÊ deÊ Primosto,Ê enÊ laÊ L’ neaÊ delÊ As— n.

deÊ Primosto,Ê enÊ laÊ L’ neaÊ delÊ As— n. FiguraÊ 08.Ê VistaÊ lateralÊ deÊ laÊ casamataÊ

FiguraÊ 08.Ê VistaÊ lateralÊ deÊ laÊ casamataÊ deÊ artiller’ aÊ deÊ costaÊ deÊ LosÊ PinaresÊ (Noja).

- En segundo lugar, la adopción de medidas de protección física, conservación y puesta en valor de los conjuntos y elementos aislados más significativos, continuando por el camino abierto conÊ elÊ casoÊ deÊ LaÊ Picota.

- Por una parte, la realización de un inventario general de todas estas obras de fortificación, que recoja su ubicación precisa, sus características principales y su estado de conservación; y que garantice su protección jurídica. Este catálogo, como ocurre con los ya existentes

de Fortificaciones Históricas y de Ingenios una conversación reciente, Roberto Ontañón

En relación con el primer punto, en

Hidráulicos, deberá ser de obligada consulta -arqueólogo del Servicio de Patrimonio- nos ha

confirmado la intención de este órgano de incluir, en un futuro no muy lejano, este tipo de fortificaciones en el Inventario General del Patrimonio Cultural de Cantabria.

paraÊ laÊ redacci— nÊ deÊ losÊ PlanesÊ GeneralesÊ deÊ Ordenación Urbana o las Normas Subsidiarias deÊ losÊ diferentesÊ municipiosÊ deÊ laÊ ComunidadÊ Aut— noma.Ê

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