Almas Gemelas

Este es un tema que desde muy antiguo ha encendido la imaginación humana, la idea de la "media naranja", de ese ser que es como uno mismo y que está en alguna parte. Muchos nacen con la impresión de que llegaron a este mundo con un compromiso previo de encontrarse aquí con otra alma muy amada, desde antes de nacer. Tienen esa impresión desde niños, aún desde antes de haber siquiera sabido que ese tema, el de las almas gemelas, es una materia que ocupa seriamente a un gran sector humano y desde los tiempos más remotos.

Ya desde Platón se habló de ellas. El psicoanalista discípulo de Freud, Jung, hizo abundantes aportes al respecto, y muchas líneas de estudios espirituales consideran el tema de una forma muy destacada.

Aquí se entregará un panorama general abordando el asunto desde una óptica espiritual.

El hecho de haber nacido con sólo la mitad de los atributos sexuales a disposición del ser humano debería llevarnos a reflexionar: ¿estamos incompletos? ¿No será esta carencia física un reflejo de otra carencia a nivel espiritual?

La mujer mira la vida desde cierta óptica, el hombre desde otra, ¿cómo puedo alcanzar una visión más total y completa, más abarcante, si estoy limitado por los condicionamientos que me impone mi sexo?

Desde el punto de vista del espiritualismo, es verdad que estamos incompletos.

En el Génesis, 1:26-27 se dice que Dios creó al hombre, "varón y hembra los creó". Eso

fue en el sexto día, y en el día séptimo reposó.

Pero más adelante, en Génesis 2:4 se dice que no había hombre que labrase la tierra, (???), entonces, sólo entonces se dice que Dios tomó un trozo de barro e hizo a Adán, y mucho más tarde hizo a Eva.

¿Adónde estaba entonces ese ser "varón y hembra" del día sexto? Estaba en otros planos, no en la tierra. Ese "varón y hembra" del día sexto es la llamada Mónada, el ser espiritual que tiene en sí las dos partes. Allí estabas tú más tu otra mitad, y el descenso a la tierra se hizo en forma separada.

Es por eso que muchos hombres y mujeres sienten la falta de esa otra mitad, y por eso albergan la esperanza de un maravilloso encuentro o reencuentro.

¿Por qué crea Dios un sistema de, primero desgarro, separación, y luego de muchísimo tiempo y perfeccionamiento el reencuentro?

Porque como es arriba es abajo. Porque también en el fondo de nuestras almas tenemos la sensación de haber sido arrancados de la Unidad con Dios, (caímos, fuimos expulsados del Paraíso) y de algún modo sabemos que todos los esfuerzos por perfeccionarnos, vida tras vida, están encaminados a volver a unirnos con el Todo, a regresar al Paraíso.

Dios no creó un doble desgarro entonces... ¿Por qué? ¿Para qué tanto sufrimiento y trabajo? ¿No bastaba con dejarnos siempre con Él y no separarnos jamás? ¿Y por qué tuvimos que ser separados de nuestra otra mitad? ¿Para qué tanto dolor si al final volveremos a estar donde siempre estuvimos y con quien siempre estuvimos?

Volveremos, sí, pero no seremos los mismos del principio, ahora habrá una gran diferencia.

¿Quién valora más la luz, aquel que siempre estuvo en la luz y no conoce otra cosa más que la luz?

¿O aquel que salió de la luz, descendió a las sombras, sufrió el dolor del desgarro, de la separación, de la incompletud, del pecado, pero al fin superó las sombras, encontró el camino de regreso y volvió al amor y a la luz?

¿Cómo se puede valorar lo que jamás se ha perdido?

Este es el mayor secreto de la existencia.

"¿¡Qué es el hombre, Señor", dice un Salmo, "que le has hecho mayor que los ángeles del Cielo?!"...

¡La Biblia dice que el hombre es superior a los ángeles del Cielo! Claro, porque estamos más avanzados que ellos. Ellos son como nosotros fuimos. Ellos todavía no salen del Reino, de la Gloria de Dios. Siempre han estado en la Luz y no conocen otra cosa, prácticamente no tienen libre albedrío, no pueden hacer otra cosa que bien y bien y bien, y allí no hay "gracia"...

En cambio poder escoger entre el mal y el bien, y decidirse por el bien, con la lucha que a veces ello implica, allí sí que hay mérito, porque no es tan fácil.

Es muy distinto un ángel que está en la Luz pero que no conoce las sombras, que otro que está en la Luz gracias a todo un tránsito de eones por las sombras, con todo un gran esfuerzo evolutivo que le permitió por fin volver de regreso a la Luz, pero entonces es mucho más que un ángel. Es como aquel que fue ciego y recupera la vista, ese la valora mucho más que nosotros, que jamás hemos conocido la ceguera, y por eso normalmente miramos sin "ver".

Así se puede estar en el Paraíso y junto al alma gemela casi sin darse cuenta.

¡Toda la evolución es sólo para llegar a Darse Cuenta!

No es igual ser parte de una Mónada que jamás se ha dividido que ser parte de otra que acaba de reencontrarse luego de eones de separación. Las dos mitades de la mónada fueron separadas, igual como el hombre fue expulsado del Paraíso.

Fueron lanzadas a descender a las sombras, a los bajos planos de existencia, evolucionando separadamente cada mitad, conociendo toda la degradación y todo el dolor que produce estar muy lejos de la Luz del Amor.

Y llegados al punto más bajo emprendieron el ascenso, evolucionando de vida en vida, siempre buscándose, siempre intuyéndose, sin olvidar jamás aquella presencia amada, porque el amor transciende eones y tiempos infinitos, porque el tiempo no es real, mientras que el amor es lo único real.

Y luego de una o muchas vidas dedicadas al servicio, el reencuentro, un reencuentro capaz de ejercer una influencia positiva inmensa en el mundo en donde ellos estén.

Algunos se encontraron muy jóvenes, sin tiempo para haber prestado un gran servicio, pero ¿y en sus vidas inmediatamente anteriores? Y el hecho de ser o no almas gemelas quedará demostrado como verdadero por los siguientes factores:

No se pueden traicionar ni dividir y no pueden dejar de servir.

Porque el encuentro de las dos mitades es producto de una gran elevación de la conciencia, y cualquier real elevación de conciencia lleva inmediatamente al servicio, a ayudar a los demás, y a cuantos más , mejor

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