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UNIVERSIDAD NACIONAL DEL LITORAL

FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS

2do. Congreso Regional de Historia e Historiografía


Santa Fe, 3 y 4 de mayo de 2007

TESIS "PROCESOS ÉTNICOS Y PODER POLITICO. RECUPERACIÓN Y


COMPRENSIÓN DE LA ETNICIDAD EN UNA SOCIEDAD EXTINGUIDA: LA
MESOPOTAMIA DEL III MILENIO A.C.
Autora: Cristina Di Bennardis

Tema, motivaciones, precisión del objeto de estudio


La tesis defendida en setiembre de 2006 en la Facultad de Humanidades y Artes
de la UNR, tuvo una motivación inicial, por un lado en el presente: la reactualización de
antiguas identidades y los reclamos de reconocimiento étnico que florecieron ante el
denominado proceso de globalización, que instalaron nuevos interrogantes y problemas.
Los cambios políticos y económicos concomitantes, como el derrumbe de la URSS, las
migraciones de los países pobres hacia los ricos, o la minimización del estado en
determinados modelos económicos en vigencia, pusieron de relieve el carácter histórico
-por ende no imperecedero- del estado-nación, a la vez que se afirmaba la universalidad
témporo-espacial del fenómeno de la etnicidad. Analizar los fenómenos socio-identitarios
anteriores al estado-nación, mejoraría nuestras posibilidades de comprender los
mecanismos que intervienen en los procesos de cohesión e identificación socio-política.
Esta tesis es, en cierto modo, una búsqueda de respuestas generada en esa motivación.
También constituyó una motivación y ayudó a precisar el objeto de estudio la
constatación de la omisión de la discusión de la problemática étnica en Mesopotamia
durante casi medio siglo, a pesar de que los estudios filológicos y los análisis de fuentes
habían identificado grupos lingüísticos diversos, de los que aquí se seleccionaron como
eje de análisis los sumerios (lengua aglutinante) y acadios (semita), cuyo predominio
abarca prácticamente un milenio (el III milenio a.C.). Una amplia bibliografía establecía el
predominio demográfico sumerio en el sur de Mesopotamia, hasta la ciudad de Kish, en la
Mesopotamia media, y desde allí hacia el norte los acadios, hasta confundirse con otros
grupos de las "tierras altas".
El recorrido historiográfico permitió detectar que en el comienzo de los estudios
sobre Mesopotamia, el desciframiento de sus lenguas fue acompasado del prejuicio
antisemita que fue ganando terreno desde fines del siglo XIX hasta desembocar en la
Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. A su vez dicho prejuicio fue de la mano de la
confusión entre lengua y raza, con lo cual la estigmatización de la "raza semítica" se puso
en marcha. Al mismo tiempo el concepto de etnia quedaba contaminando con el de raza.
La reacción desde el campo democrático no se hizo esperar y Th. Jacobsen
(1939), asentó en primer lugar como dato inconmovible la inexistencia de conflictos
étnicos (que asimilaba a conflictos raciales), a la vez que, en la búsqueda de
antecedentes que reforzaran su rechazo a los regímenes autoritarios, rescataba de textos
míticos la existencia de una "democracia primitiva" (1943). Trazaba, sin embargo, con su
firme posición contraria a reconocer conflictos étnicos, un camino para recuperar las
relaciones interétnicas en lo que ha sido un pilar de la propuesta de esta tesis: la
permeabilidad de la frontera étnica (F. Barth, 1976 [1969]), es decir, la experiencia de una
flexibilidad y versatilidad, que estableció un modelo relacional que sólo el estudio de los
procesos etnoidentitarios puede hacer comprensible (R. Cardoso de Oliveira 1977, 1992;
H. Vázquez 2002); y que por su misma cualidad de proceso no inhabilita su contraparte: la
contrastración y fricción interétnica (R. Cardoso de Oliveira, cit.supra).
La prolongada renuencia de los orientalistas en general y de los asiriólogos en
particular a incorporar encuadres teóricos comprensivos, atrincherados las más de las
veces en la erudición de la filología y en actitudes neopositivistas, y la ausencia de una
práctica historiográfica y autocrítica en la disciplina, condujo fatalmente a un retraso en la
revisión de las posiciones sobre los estudios étnicos, a pesar de la intensa renovación de
las ciencias sociales en su conjunto, de la antropología en particular; nuevas posiciones
que harán eco en los estudios sobre Mesopotamia, donde se detectó tres momentos
paradigmáticos: la intervención de Ignace Gelb reinstalando el tema de las relaciones
entre sumerios y acadios como grupos etnolingüísticos (1960), la de Norman Yoffee (1979
y 1980, la segunda en colaboración con Kathreen Kamp), encuadrada dentro del
desarrollo de la etnoarqueología, y el ciclo de una década entre las Rencontre
Assyriologique Internationale de 1991 y 2001, centrada la primera en la "circulación de
bienes, de personas y de ideas", y la posterior dedicada a "la etnicidad en la antigua
Mesopotamia".

Enfoque teórico que orientó la investigación. Métodos, fuentes.


La propuesta fue basar la indagación en un mirada pluridisciplinar -anclada
fundamentalmente en la historia y la antropología- con un enfoque social. También se
partió de una concepción de las ciencias sociales que da prioridad a los procesos por
sobre el acontecimiento. Ambos planteos inducen a observar el presente para formular los
interrogantes que guíen la indagación del pasado. Asu vez, para abordar la posibilidad de
recuperar posibilidades étnicas extinguidas, la propuesta de adoptar un enfoque
pluridisciplinar fue operativo a la hora de implementar la confluencia entre la teoría y los
datos empíricos.
En primer lugar, los conceptos deudores de las nuevas posiciones de la
antropología en relación a los estudios étnicos fueron herramientas adecuadas para
encarar esta dimensión en términos de procesos (habida cuenta, de que toda herramienta
es provisoria).
El campo de las teorías del discurso posibilitó una lectura inquisitiva de las
fuentes, desembarazada de la búsqueda de la "verdad" como única evidencia, para entrar
de lleno en la riqueza de los tonos, de las omisiones, de lo implícito y lo sugerido, y
permitió una utilización flexible de las fuentes textuales, sin encasillamientos entre las
"verdaderamente históricas" y las "literarias", cotejadas con el contexto histórico y las
informaciones e interpretaciones arqueológicas. Las fuentes "literarias", con su carga
emocional brindaron pistas acerca de la mirada sobre "el otro", imposibles de hallar en el
campo de los registros administrativos e inscripciones reales. Desde esta posición, resultó
un concepto clave el utilizado por Jeda Jason de "etnopoesía" (1967, 1969, 1979), que
sintetiza esa cualidad de las fuentes: expresar las mentalidades, la visión del mundo, los
complejos connotativos en general.
El campo de la sociología histórica aportó interrogantes y experiencias que
contrastadas con el recorte témporo-espacial seleccionado, expandieron los caminos de
la indagación y de la interpretación.
Todas estas disciplinas, a su vez, demostraron estar permeadas entre sí y por
otras ciencias sociales, como la geografía, la teoría política y el gran campo integrador de
la historia social.
Concretamente, se considera hubiera sido imposible siquiera intentar
reconstruir las relaciones interétnicas, las identidades étnicas y los procesos étnicos, sin
una mirada pluridisciplinar sagaz, atenta al conjunto de las fuentes, sobre la base de un
cotejo permanente entre las clasificadas habitualmente como "históricas" y las "literarias",
cargada de múltiples interrogantes.
Adoptando esta perspectiva, es significativo, desde un punto de vista metodológico,
el definitivo alejamiento de la perspectiva positivista que creía hacer ciencia por el solo
descubrimiento y relato fiel del documento, o por la descripción y clasificación de razas y
especies; se trata de reconocer, apoyando el ya citado planteo de Kamp y Yoffee, que la
ciencia social es una construcción que depende tanto de fuentes, datos y testimonios, ya sea
de archivo o de trabajo de campo, cuanto de herramientas teóricas y conceptuales que
permitan lecturas nuevas, o más ajustadas a la realidad que se ha tomado como universo de
análisis. Se seleccionó para la investigación un amplio corpus de fuentes éditas (que ya
incluyen por tanto el trabajo crítico), que incluyó inscripciones reales, documentos
administrativos, cartas, tratados, compilaciones legales y las denominadas "fuentes
literarias". Se contó para esto con el aparato erudito puesto a disposición por la Universidad
de Oxford en la web, con la transliteración y traducción de fuentes, con su correspondiente
referencia a los autores de dicha tarea, así como a las variantes interpretativas. Se tuvo a
disposición gramáticas y diccionarios sumerios y acadios y la consulta con el asiriólogo
Jorge Silva Castillo, así como a los colegas miembros de la listade discusión ANE.

Periodización
Se optó, por un lado, por una análisis en la larga (larguísima) duración,
explorando, como ya he señalado, distintos períodos que ritman el III milenio,
caracterizados por el predominio de la convivencia de las lenguas sumeria y acadia,
desde luego, en interacción con otras. Para ello el presente estudio exploró distintos
períodos: Protodinásticos II-III (ca.2750-2340 a.C.), Sargónida (ca.2340-2200 a.C.), III
Dinastía de Ur (ca.2200-2000 a.C.), siguiendo la cronología media -periodización ritmada
por los estratos de fuentes dependientes de los registros estatales preservados-, donde, a
pesar de lo aleatorio de su conservación y descubrimiento, y de lo sesgado de su
información, es posible obtener indicios sobre la génesis y el desarrollo de procesos de
interacción socioculturales y políticos entre distintos pueblos. Estos, identificables en las
tablillas descifradas, base de este análisis, son recuperables también en ciertos casos, en
los testimonios epigráficos y arqueológicos, tal como postula la etnoarqueología.
Esta periodización en la larga duración se basa en el análisis de la existencia de
un único modo de producción a lo largo de todo el milenio y rebasándolo (Liverani, 1995
[1991]). La periodización mantuvo las inflexiones temporales ya establecidas, dado que en
cualquier caso se depende de los estratos de fuentes y los registros arqueológicos
disponibles. Pero se invirtió la mirada, saliendo del enfoque tradicional que sigue la
secuencia y ruptura de dinastías. En el caso de esta tesis, atravesar la periodización
permitió establecer los ritmos secuenciales de los procesos etno-identitarios, eludiendo el
aislamiento del problema, para analizarlo en su encadenamiento con los procesos
estructurales: proceso de urbanización, surgimiento del estado en su forma de ciudad
estado, procesos expansivos que conducen al estado regional, rupturas, crisis y
reorganizaciones. Para efectivizar este planteo, se debe partir, del reconocimiento de la
especificidad de las sociedades antiguas. Tanto entre los historiadores marxistas como los
de la “Escuela de Columbia”- (los grandes protagonistas del debate), se llegó a un
consenso en cuanto a la necesidad de respetar esa especificidad, aunque la misma fuera
analizada por unos y otros de modo variable. Alentados desde distintas posiciones
teóricas, investigadores de la talla de Igor Diakonoff (1975, 82) de un lado, o Leo
Oppenheim (1964, tomando ideas de Polany, 1956) del otro, coincidieron en que las
relaciones económicas, sociales, políticas y las ideologías o el mundo simbólico poseen
en estas sociedades una urdimbre que sólo es posible separar a efectos analíticos, pero
que se expresan en concreto en un rol importante de las relaciones de parentesco en
todas las dimensiones sociales; en diferentes formas de acceso a la tierra que ignoran el
concepto de propiedad privada moderno; en relaciones sociales en las cuales el concepto
de clase con sus connotaciones económicas aparece velado por condicionamientos como
la dependencia o no, de sectores palatinos; convivencia de organizaciones políticas
diversas como tribus, comunidades rurales y estados; legitimidad política vinculada al
mundo divino y a las genealogías; omnipresencia de la religiosidad.
Esa especificidad no excluye las posibilidades heurísticas de comprensión de las
sociedades antiguas. El planteo metodológico se basa en el reconocimiento de que
existen analogías de experiencias sobre las que se han desarrollado las historias
humanas unidas por las opciones y límites que provee la pertenencia a una única especie:
Homo sapiens, raíz compartida que tiende el puente de la comprensión analítica de las
sociedades humanas universalmente y hace posible partir de las experiencias actuales
para intentar atisbar las experiencias del pasado. Esta postura implica una intensa
consciencia de la necesidad de evitar el anacronismo, pero también un reconocimiento de
las posibilidades heurísticas de las ciencias sociales en su indagación del pasado, que
admiten, como ya se ha señalado, un uso prudente pero fértil del método comparativo, no
sólo en sentido espacial sino temporal (Knapp, Murphy). A la vez, poner en todo momento
en práctica el ejercicio de hacer consciente el edificio metodológico del cual se parte y la
capacidad de explicitarlo como exigencia de la tarea intelectual.
De la propuesta metodológica surge, en primer lugar, la necesidad de tomar
posición respecto de los conceptos operativos a utilizar. En términos generales se opta
por un enfoque relacional y situacional, para encarar la dimensión étnica en término de
procesos.

Resultados de la investigación
En el plano de los resultados de la investigación, centrado en la exploración de los
ritmos del III milenio a.C., de la exploración historiográfica, surgió, en primer lugar, la
necesidad de vincular dos aspectos primarios: el espacio socialmente organizado y las
identidades etnolingüísticas interactuantes en el área -reconocidas en las fuentes por sus
etnónimos- de las cuales las más significativas son la sumeria y acadia, que hegemonizan
las relaciones interétnicas hasta el fin del III milenio, aunque, como ya se ha mencionado
en contacto con otros grupos.
Así, el siguiente capítulo, Construcción social del espacio: intersección temporal,
distribución e interacción de grupos etnonlingüísticos, se buscó profundizar la indagación
del vínculo entre espacio, identidad étnica y poder político.
A partir de este posicionamiento la indagación explora la relación entre grupos
humanos y ambiente, haciendo un breve recuento desde los primeros asentamientos
humanos en la región, los resultados de la intensa actividad arqueológica en el área, que
permite situar el desarrollo humano desde el paleolítico hasta el neolítico, para llegar a los
condicionantes del surgimiento de la hidroagricultura, el fenómeno de la urbanización en
un contexto de extenso espacio rural, la especialización entre agricultura y pastoreo, en
los ritmos secuenciales que las fuentes permiten reconstruir.
A partir de estas indagaciones, se diferenciaron relaciones interétnicas de distinta
densidad conectiva, expresadas conceptualmente en lo que se denominó "región étnica"
(Díaz Polanco, 1984) (el ámbito de interacción donde se protagoniza, en primer término,
la permeabilidad de la frontera étnica entre sumerios y acadios) y "macro-área
Mesopotamia" (Manzanilla, 1986) (donde se pone al descubierto la relación entre
características del espacio y los grupos étnicos que los habitan, sumerios, acadios,
guteos, amorreos, subareos, que admiten de modo diferenciado relaciones permeables o
constrastivas, sistemáticas o episódicas).
El Capítulo IV, Procesos de formación, transformación y representación de las
identidades, centrado en los Períodos Protodinástico II-III, comenzó a poner a prueba, con
el criterio flexible ya señalado el análisis de fuentes, lo que permitió visualizar las
fluctuaciones de la "frontera étnica permeable" entre sumerios y acadios, sus distintas
regiones de influencia predominante y los cambios sobrevenidos por la emergencia de la
estatalidad en su carácter particular de "ciudades-estado". Se evaluó que este proceso
condujo a la difuminación de las identidades étnicas a favor de una "identidad urbana" con
gran capacidad de cohesión, a partir de su estrecha vinculación con aspectos ecológicos,
estructurales (la integración de ciudad, aldea y zonas rurales, conectadas en la actividad
productiva), la organización política y el mundo simbólico basado en el dios patrono de la
ciudad principal.
En el capítulo V, El estado: de deconstructor a constructor de identidades.
Desenvolvimiento de los procesos étnicos, centrado en el período sargónida, se analizó lo
que se visualizó como la construcción del país interior (Kalam y Uri) a partir de la
imposición política de los reyes sargónidas, y una periferia (kur) imaginada como caótica
y destinada a ser explotada como proveedora de bienes exóticos y suntuarios. Para llevar
a cabo este análisis se realizó un recorrido conceptual sobre el tema centro-periferia y sus
posibilidades de adecuación a una sociedad como la que está bajo estudio
En síntesis, se evaluó la relación centro-periferia como una forma de organización
social del espacio, que expresa, en el marco de complejas relaciones entre sociedad y
ambiente, el proceso de expansión del poder.
A partir de allí se re realiza un análisis diferenciado, uno haciendo eje en las
modalidades de dimensión étnica de las relaciones centro-periferia, a la vez que el otro
enfocaba la mirada hacia el país interior. Aquí se planteó que en el ámbito de lo político,
la tradicional permeabilidad étnica parece haber estado asentada en el respeto a los
localismos y a las respectivas áreas de predominio etnolingüístico, cuyas bases estaban
condicionadas por el peso mayoritario de cada una de las etnias: en la Mesopotamia sur
los sumerios y en la media los acadios. El quebrantamiento de este pacto implícito
condujo a su opuesto: a la contrastación étnica y al esfuerzo de los monarcas acadios por
reconstruir la unidad sobre la base de una integración, en parte forzada. Esto llevó a
acuñar el concepto de "configuración etno-política", sumando este término a la discusión
de su equivalencia con las actuales de nación o país.
El Capítulo VI: nuevas inflexiones en el proceso etno-identitario, está centrado en
la indagación del período que va desde la caída de la monarquía acadia, hasta la caída de
la III dinastía de Ur, que cierra el milenio. Se parte de la aparente contradicción entre la
semitización de la Mesopotamia y las consecuencias de la dominación de los montañeses
guti, con el vigoroso resurgimiento (aunque por última vez) de la identidad étnica sumeria.
Pero esta situación se la consideró como una reacción de la élite, por cuanto la fusión
súmero-acadia ya estaba consumada, así como la mezcla con otros grupos humanos
consecuencia de la movilidad poblacional generada por las guerras del período anterior.
A partir de haber analizado antes la diferencia entre lo que se nominó "élite" y
"población rasa", se interpretó que "el sector dominante de las ciudades sumerias se
reconstruye una identidad étnica sumeria, lo cual es una forma de reinstalar un estado de
cosas anterior al dominio acadio". Y si bien la lengua sumeria está prácticamente
extinguida como lengua hablada y los sumerios como población se han fusionado con los
acadios y otros grupos humanos, la identidad étnica esta viva y particularmente ligada a
un estilo de organización sociopolítica sustentada en el dominio de una realeza sacra y
urbana.
Sin embargo, en el último punto del capítulo, Últimas alternativas de la identidad
etnolingüística sumeria. Súmero-acadios y mar.tu, se pone en evidencia que la serie de
transformaciones operadas en los márgenes de la llanura aluvial, en particular la caída de
la ciudad de Ebla, había brindado la oportunidad a la población semita occidental
(amorrea), los denominados mar.tu por los sumerios, para acentuar la presión sobre las
ciudades sumerias, en las cuales, sin embargo, según fuentes que se analizan, había
parcialidades amorreas asentadas siguiendo el mismo patrón relacional de la
permeabilidad étnica. Al mismo tiempo, esa permeabilidad estaría basada en un equilibrio
político que, cuando distintas circunstancias conducen a su ruptura, transforma la
permeabilidad en fricción y contrastación étnica.
Las evidencias condujeron a proponer que "fue en realidad la intensificación de la
presión ejercida por distintos grupos de esa misma etnia, hacia finales del tercer milenio,
lo que provocó una tendencia a su apreciación negativa y a intentar impedir su ingreso en
los territorios de dominio sumerio, acción por otra parte inútil, como lo demuestra la
historia posterior". Desde el punto de vista étnico, el dato crucial del fin del milenio es la
amorreización de la Mesopotamia, que conducirá a la formación de la Babilonia clásica
En las consideraciones finales se evalúan las posibilidades y límites de una
investigación pluridisciplinar, con eje histórico-antropológico para comprender los
procesos etno-identitarios en base a los residuos de las sociedades letradas extinguidas,
que desplegaron sus desarrollos a lo largo del III milenio a.C. en el valle aluvional de la
cuenca del Eufrates-Tigris y sus zonas de contacto. A pesar de no ser el presente un
trabajo asiriológico se ha hecho un esfuerzo no sólo de lectura sino de comprensión de
las fuentes textuales
El balance del proceso intelectual realizado durante los distintos períodos
investigativos sugiere que el mismo permitió integrar críticamente información específica y
dispersa, la cual, desde un uso cuidadoso de las analogías pasado-presente, posibilitó
realizar nuevas preguntas al corpus bibliográfico y documental, cuyas respuestas
conforman un cuerpo explicativo, aunque abierto a nuevos interrogantes.