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Serge Raynaud de la Ferrière

Los Propósitos Psicológicos Tomo XXXI

Los Templarios

Serge Raynaud de la Ferrière

Propósito Psicológico XXXI

INTRODUCCIÓN

Reedición del libreto XXXI de la serie de Propósitos Psicológicos del mismo autor, Trascrito bajo su directa supervisión *

En

el

libreto

XXX

de

los

Propósitos

Psicológicos,

están

citados

los

TEMPLARIOS como un ejemplo de movimiento cristiano, que fue impregnado

de las virtudes del esoterismo del Islam.

Comprendamos bien esto, ya que el hecho de que haya existido una influencia musulmana sobre la célebre Caballería Cristiana, es justamente una de las piezas maestras de la acusación. Ahora bien, las VIRTUDES del esoterismo del Islam (la enseñanza sufí en particular), no son incompatibles con la verdadera comprehensión crística, pues ellas reúnen conjuntamente la Gran Tradición Iniciática con sus Principios Universales y Eternos.

Hemos expuesto ya, en un artículo consagrado a los Templarios, como el Rey de Francia Felipe el Hermoso, ayudado por su compañero de infancia Bertrand de Got, a quien él hizo nombrar Papa bajo el nombre de Clemente V, juraron la pérdida de la Orden de los Templarios.

Se trata

sobre todo de un rencor del Rey de Francia, que no habiendo

podido pagar las enormes deudas que él había contraído con la Orden del Templo, prefirió hacer condenar y así hacer desaparecer a sus acreedores, antes que reintegrar los préstamos, y sobre todo para no deber ningún reconocimiento a sus benefactores. A la muerte de Bonifacio VIII, el 11 de octubre de 1303, el Rey se apoderó de la elección del nuevo Papa y escogió entre los prelados, al más ambicioso sabiendo que en esta forma el nuevo Papa

*

N. de E.: Epígrafe agregado por el traductor Dr. David Ferriz Olivares al editar la traducción de Meyerbeer de este Propósito, en el Libro Negro de la Francmasonería.

Los Templarios

no podría rehusarle nada. Fue así como colocó sobre el trono de la Santa Sede, a su amigo el Obispo de Burdeos. Por otra parte Clemente V estaba celoso del gran prestigio de los “Fratres Militiae Templi”, así como de la importancia de su movimiento (9000 comandancias organizadas en toda Europa) y, sobre todo, de su rica independencia que escapaba a su autoridad.

Fue entonces que tuvo ocasión, a partir del 14 de septiembre de 1307, la orden de arresto, así como las aprehensiones, las largas torturas, y, en fin, las confesiones arrancadas por la fuerza a los dignatarios de la Orden.

Se inculpó primeramente a los Templarios de sodomía obligatoria, la cual se afirmaba que era notificada a cada nuevo miembro, en la ceremonia de recepción, pidiéndole besar a aquel que lo acogía. Admitamos que si la cosa hubiera sido probada, se trataba solamente de lo que llamamos hoy día: el abrazo. Por otra parte, las tres copias de la regla del Templo, que se conservan aún, señalan la sodomía como una falta capital, que debe ser severamente castigada. (Un manuscrito del siglo XII, conservado en la Biblioteca Nacional de París, ofrece el testimonio de las reglas de los Templarios).

Siguieron otras acusaciones, todas tan falsas como la anterior. Por ejemplo, ese hipotético culto a un ídolo (“barbudo” según unos, “bicéfalo” según otros), el famoso Baphomet, acerca del cual se ha intentado dar tantas explicaciones sin lograrlo. (Se trataría del nombre de Mahoma, pronunciado por ciertos caballeros, y que habría dado nacimiento a la leyenda de que los templarios adoraban la imagen de un cierto Baphomet!).

En

fin,

se pretendía

que los templarios se alejaban

de

la

católica…

llegándose a decir que renegaban del Cristo! Felizmente, numerosos monumentos permanecen en apoyo de la tesis contraria. Bastaría la torre fortificada de la comandancia de la orden de los templarios en Clarisaye (en la Droma), la cual está coronada con una enorme estatua de la Virgen. Agreguemos la invocación del comienzo del acto de elección de un caballero templario: “Ad Majorem Dei Gloriam – Ad religionis Christianae Templique D.N.J.C. Militiae, Sanctae Catalinae salutem et maximam ilustrationem…”

Sea como sea, la orden del templo, habiendo existido solamente durante dos siglos, vino a continuar alimentando con su moral universal, la Llama Esotérica. Si en su manifestación visible ella se apagó el día del suplicio del Venerable Gran Maestro Jacques de Molay, ha quedado viviente a través de los elementos Iniciáticos que han sabido preservar la Joya de la Santa Verdad.

* * *

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Propósito Psicológico XXXI

LOS TEMPLARIOS

QUISQUE STRUCTUR QUI DOBITIS ET IDONEITATE QUAE REQUIRUNTUR *

Ante todo, debemos hacer una pequeña aclaración con respecto a la fecha de ejecución del último Gran Maestro de los Templarios: Jacques de Molay. Hemos insistido acerca del hecho de que en realidad se trataba del año 1313, y no del 1314, como está señalado generalmente. (Ver los detalles dados en nuestro capítulo sobre este tema, en “Los Centros Iniciáticos”, Mensaje II, de la serie “Los Grandes Mensajes”).

La explicación hacía resaltar que, en efecto, el comienzo del año caía en semana santa, es decir, que ese nuevo año de aquella época, correspondería al 7 de abril de 1314. Ahora bien, el Venerable de Molay, compareció en el atrio de Nuestra Señora de París, para escuchar la sentencia lanzada contra la orden, el 18 de marzo, fecha que “caería” aún en el año de 1313, si dichas fechas estuvieran relacionadas con nuestros calendario actual.

Pero para comodidad de las narraciones históricas, generalmente se hace corresponder las fechas, según el uso actual, comenzando el año el 1 de enero; así pues el mes de marzo ya no es el último del año como antiguamente 1 , sino el tercer mes en el año, y por ese hecho se trata más bien del año 1313 (contado a la manera de la época), así como sería el 1314 si nos referimos a las correspondencias actuales.

Pero, hagamos ahora una relación de la época, para ver en qué ambiente se desenvolvía y cuáles eran las razones de la fundación de la orden del templo.

No se debe creer que las expediciones hacia Palestina, sostenidas por el

*

N.T.: “Aquello que estructura lo dado y lo cual requiere la idoneidad”

1

El verdadero año, basado “científicamente” en el movimiento astronómico debe comenzar el 21 de marzo, equinoccio de primavera. El punto vernal sobre la eclíptica está marcado por el cero grado del signo del Carnero (punto de partida de la eclíptica).

Los Templarios

Papa Urbano II, estaban realizadas con la idea de peregrinajes. Desde el siglo IV, numerosos peregrinos se dirigían al descubrimiento de los lugares sagrados. Se trataba sobre todo de empresas escatológicas y políticas a la vez.

Ante todo se aproximaba el año 1.000, que se temía fuese el final del mundo: esa superstición reaparece con la proximidad del año 2.000 2 . Por otro lado, las sociedades cristianas estaban en controversias en cuanto a su unidad, a los derechos y a los poderes del Vaticano, puestos de nuevo a la orden del día, lo cual suscitó la larga lucha partidista, de los güelfos y los gibelinos. El Papa Nicolás II intervino especialmente contra los privilegios concedidos a los príncipes alemanes, y una treintena de años más tarde, el papa francés Urbano II reanudó la lucha por la independencia del Vaticano, levantándose contra los gibelinos.

Así pues, tanto psicológicamente, como institucionalmente, la cristiandad experimentaba una grave crisis. Los simples creyentes demostraban una mala conciencia, al no hacer nada contra los demonios, contra el anticristo que iba a

aparecer en el centro del mundo, es decir, en Jerusalem. Lanzando su llamado para la cruzada, el Papa daba a la vez una razón para creer y esperar. Urbano II, según Foucher de Chartres declaró: “Yo digo a los presentes: yo ordeno a los ausentes: el Cristo manda. A todos aquellos que partían para allá, sea por tierra o sea por mar, sea luchando contra los paganos, a los que vienen a perder la vida, un perdón inmediato de sus pecados les será concedido: yo lo acuerdo ”

para los que van a partir

De esta manera ir a combatir a los sarracenos,

... ofrecía una seguridad pontificia de ser un medio de salvación.

En fin, después de muchos deberes y decepciones, los más activos terminaron tomando a Jerusalem por asalto en julio de 1099. Godofredo de Bouillon, elegido rey del pequeño territorio conquistado, rehusó la corona y perduró hasta el último año de su vida, como Abogado del Santo Sepulcro. A su muerte, su hermano le sucedió y él sí ostentó la nueva corona.

Las costumbres cristianas, fijaron la semana santa al comienzo del año astronómico, pero debido a que la semana santa es fecha variable, fue adoptado también como principio de año el 1° de abril, y finalmente más tarde, el 1 de enero. Es por ello que subsiste la costumbre de hacer “farsas” el 1° de abril, ya que el año nuevo ha dado siempre lugar a entregas de regalos. Así mismo sucedía cuando el 1° de abril era el comienzo del año, y también cuando se cambió por el 1° de enero (fecha en la cual se hacían entonces los presentes). Quedaron las que se llaman aún hoy “falsas ofrendas” del día del “pescado de abril”, es decir, de hacer “bromas” en ese día, en memoria de los que creían aún que el 1° de abril era el día del año nuevo, y es así como se simula algo con el fin de “atrapar” a los crédulos.

  • 2 Ese “fin del mundo” es en realidad “el fin de un mundo” es decir el final de un ciclo, la marca de una nueva época, como el siglo, el milenio, o aun una Era.

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Sin embargo, el primer impulso heroico había desaparecido. Ya no se trataba de mesianismo, sino de salvación individual, de peregrinajes que proteger, de estados que establecer o defender. Para aquellos —en su mayoría simples— que permanecieron en las tierras del cercano Oriente, resultaba importante organizar su implantación.

Como muy bien lo escribe uno de ellos, Foucher de Chartres: “Nosotros que éramos occidentales, nos hemos convertido en orientales; el que era romano o franco, se ha convertido en galileo o en habitante de Palestina; el que vivía en Reims o en Chartres, se ve como ciudadano de Tiro o de Antioquía. Ya hemos olvidado el lugar de nuestro nacimiento, y resulta desconocido para varios de nosotros. Hay quien de nosotros, posee ya en este país casas y servidores, que le pertenecen por derecho hereditario; hay quien se ha esposado con una mujer que no es su compatriota, con una siria o una armenia, o inclusive una sarracena. Unos cultivan sus viñas, otros sus campos. Hablando diversas lenguas todos han llegado ya a entenderse… El extranjero es ahora indígena, y el peregrino se ha convertido en habitante. Aquellos que eran pobres en su país, aquí Dios los ha hecho ricos; aquellos que no tenían escudos, poseen aquí un número infinito de bizantinos; aquellos que no tenían más que una alquería, Dios les ha dado aquí un pueblo. ¿Por qué ha de regresar a Occidente, aquel que encuentra el Oriente tan favorable?”

Sin embargo, algunos veían la colonización en Palestina bajo un aspecto mucho más desinteresado. Ese era el caso de Hugo de Payns, caballero champañés, activo y animoso, quien fundó con algunos otros caballeros amigos, una Orden que tomó el nombre del Templo, cuando Baudoin en su calidad de rey de Jerusalem, le asignó una estancia en las inmediaciones de un convento de canónigos regulares, sobre el antiguo sitio del Templo de Salomón.

La primera misión de la Orden y su primera razón de ser, fue la de asegurar la vigilancia de las rutas próximas a los lugares santos, protegiendo a los peregrinos contra los bandidos, velando en las cisternas. Misión sencilla para la cual había que inscribirse seriamente, ligándose con un voto solemne, para combatir dentro de la obediencia, la castidad y la pobreza, a los enemigos de Dios.

En 1118, la pequeña comunidad fue formada oficialmente y los caballeros franceses fueron animados por el Patriarca, quien recibió sus primeros juramentos. Durante su viaje a Francia para reclutar nuevos miembros, Hugo de Payns asistió al concilio de Troyes para hacer conocer la nueva orden, y ahí en 1128, fue fijada la regla de la Orden del Templo, regla de inspiración benedictina. Durante esa misión, H. de Payns no atrajo muchos caballeros, pero conquistó a San Bernardo, que habría de convertirse en el propagador de los templarios.

Los Templarios

San Bernardo, fiel a la teoría agustina de las dos espadas - la temporal y la espiritual -, quiso verla empleada por el Vaticano y sus adherentes. El apoyo de San Bernardo y del Vaticano, contribuyó a la gloria de los templarios. Una nueva cruzada fue organizada, siempre con las mismas razones: asegurar las bases de la cristiandad, tanto en Oriente como en Occidente, reforzar el Vaticano, insuflar un espíritu más desinteresado, menos animado de la voluntad de poder personal. Para San Bernardo, la cruzada fue ante todo una penitencia, un medio de salvación individual y ya no una obra mesiánica.

En la segunda cruzada, fueron hechas donaciones importantes de tierras y bienes a los templarios; el Papa instituyó su traje: el manto blanco con la cruz roja sobre el corazón. También les otorgó importantes privilegios: el derecho a percibir los diezmos, los impuestos locales, la independencia con respecto al clero secular del lugar, la posibilidad de establecer iglesias con capellanes elegidos directamente por Roma. Paralelamente, el Templo se convirtió en una oficina de cambios. En efecto, gracias a su implantación internacional, los que partían hacia Tierra Santa, en lugar de incurrir en los riesgos de transportar dinero, hacían en Europa un depósito en una de las casas de la Orden, y cobraban la suma equivalente en Palestina a la presentación de un recibo. Interviniendo con mucha circunspección y precaución, la Orden salvaguardó y fructificó sus fondos tomando sólidas garantías. Así el rey Juan sin Tierra, tuvo que depositar, para asegurar un empréstito, una cantidad igual en oro; en 1240, el Emperador Baudoin III de Constantinopla, empeñó la “Verdadera Cruz” igualmente por la misma razón. La Orden del Templo, parece haber sido empujada sobre esa vía, mucho más por la confianza que inspiraron su disciplina estricta y su probidad, que por cálculo especulativo. Le ocurrió a veces ayudar a los reyes de Francia, de Inglaterra y de Jerusalem, otorgando una fianza a sus empréstitos ante las grandes bancas ordinarias.

Y después, como lo señaló Julio Piquet, la confianza en los banqueros se encontraba seriamente afectada al final del siglo XIII, por una serie de sonoros cracks, de los cuales el más importante fue el de los banqueros italianos Bonsignari, tanto así que en Venecia, la profesión de banquero fue reglamentada de una manera bastante estricta. Por otra parte, la Orden tenía sobre sus competidores laicos, la gran ventaja de constituir un poder independiente, no sometido a las autoridades locales y gozando de la protección de Roma, sin tener que aceptar su tutela”.

Sin embargo, si bien esa función bancaria enriquecía mucho a la orden, ninguno de sus miembros pareció haberla aprovechado. La regla del Templo señalaba por otra parte, que si se descubría dinero en los efectos de un hermano muerto, su cuerpo sería privado de todo servicio fúnebre, de toda plegaria, y puesto en tierra profana como se hacía anteriormente con los esclavos. El Gran Maestro mismo, no debía ser tratado de otra manera si se

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descubría que él había dispuesto personalmente de sumas no recuperables, sin informar al capítulo. El carácter caballeresco, semi-laico, semi-eclesiástico, constituyó la fuerza del Templo, liberándolo de las más gruesas obligaciones y confiriéndole una excepcional libertad.

Recordemos que la monarquía de Jerusalem era la más republicana y la más democrática de su tiempo. No existían los siervos; los campesinos eran libres. Se respetaban igualmente las creencias y las razas, para el ejercicio de la justicia. Las Salas de lo Criminal de la Corte Burguesa especificaban, que en caso de proceso, el judío debía prestar juramento sobre la Torah, el sarraceno sobre el Corán, el samaritano sobre los cinco libros de Moisés: el Pentateuco, mientras que el armenio, el monofisita sirio, el griego, el nestoriano, el copta jacobino, el abisinio y todos los franceses, lo harían sobre el Evangelio. En resumen, cada comunidad se encontraba respetada. En los edificios religiosos se aplicaba a menudo el simultaneum, es decir, el uso por religiones diferentes.

A la cabeza de los Templarios, los tres personajes decisivos de la Orden en el Oriente, eran el Mariscal, que disponía de las armas y de los caballos, el Senescal, que secundaba al jefe supremo: el Maestro.

Como lo subrayaba ya Henri Curzon, el Gran Maestro era un soberano muy poderoso, pero no absoluto. En efecto, la regla dice que él debe tener en la mano el bastón y la verga, es decir, el cetro y la espada, el poder moral y el poder político. Pero, en verdad, si podía disponer de una parte de los recursos financieros, igualmente debía en la mayoría de los asuntos importantes (ceder una tierra, asumir la responsabilidad de un castillo, decidir un ataque o un armisticio), encontrarse en la obligación de conquistar su capítulo o su Consejo, y someterse a la opinión de la mayoría. En resumen, el Maestro no carecía de medios militares y materiales, pero nada señalaba su autoridad o su carácter espiritual. El aparecía ante todo como un “dux bellorum”, a la manera del legendario Rey Arturo.

Los

Maestros,

parecían

por

otra

parte

más

bien

desinteresados

y

desligados del mundo; la preocupación religiosa de la obra a emprender, primaba sobre el apetito de gloria. Así lo indicaba su gonfalón (estandarte) en su divisa: Non nobis, Domine! Non nobis, sed nomini tuo da gloriam! - No es para nosotros Señor! No es para nosotros sino para la gloria de tu Nombre!

* * *

Los Templarios

Veamos ahora cómo los templarios, al margen de sus acciones oficiales, recibieron una influencia musulmana y comenzaron a tener más ampliamente una corriente de pensamiento esotérico.

Desde mediados del siglo XII, habían sido establecidas buenas relaciones con ciertos musulmanes. El Rey Balduino II había contraído una alianza con los de Damasco. El Sultán le había enviado como embajador al joven Usama ibn Munqidh, quien evocó en sus memorias sus relaciones con los templarios en Jerusalem:

“Entre los Francos, aquellos que están desde hace largo tiempo establecidos entre nosotros, y que han frecuentado la sociedad de los musulmanes, son muy superiores a los que han venido a unírseles más recientemente”. Cuenta además esta anécdota: “Yo vi a uno de los Templarios reunirse con el Emir Mohy Ad-Din cuando él estaba en el Domo de la Roca. “Quieres, le preguntó el Templario, ver a Dios (Allah) niño?”. “Sí, por supuesto”, respondió Mohy Ad-Din. El Templario nos precedió hasta mostramos la imagen de María con el Mesías en su regazo. “He aquí, dijo el Templario, a Dios Niño”. Pueda Allah elevarse por encima de lo que dicen los impíos”.

El gesto del Templario se comprende doblemente. Primero, porque tanto la Virgen Santa tiene su lugar en el Qorán, así como el Cristo, que se encuentra mencionado allí con el título de profeta. Segundo, porque la Orden del Templo estaba establecida —como su regla lo recuerda— “en honor de Nuestra Señora”; la mitad de las plegarias invocadas cotidianamente eran consagradas a la Santa Virgen y debían ser recitadas de pie. ¿Por qué? Porque, dice la regla, “Nuestra Señora fue el comienzo de nuestra religión, y en ella y en honor de Ella, estará, si Dios quiere, el final de nuestra religión, cuando Dios quiera que eso sea”.

Esta

frase

curiosa

parece

indicar

que,

para

ellos,

la

Santa

Virgen

simbolizaba la unión entre la voluntad divina y la tierra, determinando tanto la vida individual como la vida religiosa.

Es preciso citar aquí, la relación de los Templarios con la secta ismaelita de los Assacís, la más legendaria (de la cual se ha hecho una broma pesada

llamándola, de los “asesinos”

),

y que en su origen era más bien la secta de los

.. Hashshashin. (Assacís o Asassis es probablemente una transcripción del plural del árabe Assas = guardián). Su célebre fundador, el Anciano de la Montaña, el cheik Djebal Hassan Sabah, se distinguía porque sin moverse de las alturas de su castillo de Almout, dirigía todas las acciones de aquella Caballería de Oriente.

Si bien nada indica una unión estrecha entre los templarios y las sectas islámicas, no deja de ser cierto, que los caballeros establecidos en aquel ambiente, seguramente no debieron permanecer ignorantes de los ritos y del

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pensamiento religioso local, y de los cuales ellos podían inclusive sufrir la influencia. Ya que, como también lo señala Alberto Ollivier (en “Los Templarios”, Ed. Seuil, Paris 1958): “Contrariamente a lo que se cree, o se ha escrito a menudo, el final del siglo XII, como el XIII, lejos de estar animado por una creencia católica sin enfrentamiento y sin conciencia, conocía, si no un cuestionamiento, por lo menos perspectivas diferentes”. Es muy típico ese manuscrito anónimo del final del siglo XII, que se estima proviene de España, en el cual el autor, visiblemente cristiano, cita dentro del número de los “legisladores justos, muy sabios e iluminados de Dios, a Moisés, Mahoma y al Cristo, este último más fuerte y más elocuente que los otros dos”.

Se siente nítidamente una tendencia a universalizar las creencias, el movimiento de una Gran Fraternidad estaba ya en las ideas; nada tenía de sorprendente entonces, que los templarios se sintieran invadidos por este pensamiento.

Innegablemente, a las corrientes del pensamiento neoplatónico, aristotélico, mazdeo, coránico, gnóstico y maniqueísta, no les faltaba vigor. En todas, la primera preocupación era la de la esencia, es decir, de la metafísica, así como la nota dominante era de un deísmo puro, es decir más allá de las encarnaciones.

A. Ollivier agrega, que puede decirse por ello, que los templarios, influenciados por el tiempo y los lugares, adoptaban en forma secreta el simple deísmo, es decir el maniqueísmo, como muchos lo han descrito, principalmente en el siglo XIX). Sin embargo, ningún documento permite afirmarlo. Sería normal que los caballeros hubieran podido ser influenciados a través del tiempo, e inclinados a nuevos sentimientos, pero jamás fue hallada ninguna prueba que indicara que ellos hubieran perdido la línea recta de conducta que originalmente trazaron y no se ha podido mostrar ni una sola pieza o documento que lo indique; no obstante, como se trata de una tradición esotérica, nada tiene de sorprendente que entonces la transmisión se haya hecho por el método oral, o sea de labio a oído, de Maestro a discípulo.

* * *

Cuando

se

trata

de

recibir

a

un

nuevo

hermano,

el

Maestro

o

su

representante, reúne al Capítulo para someter a su aprobación el nombre del

Los Templarios

postulante y recoger la opinión de la mayoría. Cuando ésta se ha pronunciado afirmativamente, el Maestro plantea nuevamente su pregunta: “Hermosos señores hermanos, vosotros veis que la mayoría se ha puesto de acuerdo para hacer de este un hermano. Si hubiese entre vosotros alguien que conociese de él algo que le impida ser hermano, según la regla, que lo diga, ya que sería mejor que lo dijera antes y no después de que él haya venido ante vosotros”.

Si nadie se opone, se va a buscar al postulante para conducirlo a una cámara, donde dos caballeros “de los más antiguos de la casa” van a someterlo a una primera prueba. Ante todo, ellos le plantean la pregunta tradicional:

“Hermano, ¿tú pides la entrada a nuestra compañía?”

Después de su respuesta, ellos le muestran “las grandes durezas de la casa y los mandamientos de caridad que existen”. Si él no está descorazonado, ellos se aseguran por medio de un nuevo cuestionario, de que él no tenga “esposa o novia”, ni deudas que no pueda pagar, que no esté ligado a otra Orden por algún “voto o promesa”, que tenga buena salud y, en fin, que no sea “siervo de nadie”.

Habiendo recibido las seguridades necesarias, los antiguos de la Orden regresan para informar al Capítulo. Entonces, el Maestro, por tercera vez, pregunta si alguien tiene alguna objeción que hacer. En seguida, él se vuelve hacia los hombres íntegros:

“Queréis que se le haga ir a Dios?” “Hacedlo ir a Dios”, deben responder los introductores.

Tras de lo cual ellos regresan a la cámara del candidato, al que preguntan:

“Sois de buena voluntad?” Después lo conducen al Capítulo, tras de haberle enseñado cómo “portarse”. Ahí el postulante arrodillado, con las manos juntas ante el que preside, debe declarar: “Señor, he venido delante de Dios y delante de vosotros y delante de Nuestra Señora, y os pido y os requiero por Dios y por Nuestra Señora, acogerme en vuestra compañía y darme parte de los beneficios de la casa, como todo aquel que para siempre quiere ser siervo y esclavo de la casa”.

Y el Maestro del Capítulo replica:

“Hermoso hermano, vos requerís muchas cosas, ya que de nuestra Orden no veis sino la corteza que está fuera. La corteza es, que vos nos veis tener hermosos caballos, hermosos arreos, beber bien y comer bien, tener hermosos vestidos, y os parece que os encontraréis a vuestro gusto. Pero no sabéis los duros mandamientos que existen por dentro: ya que es cosa dura que vos no seáis dueño de vos mismo, que os hagáis siervo de otro. Ya que será con gran pena, que haréis aquello que queráis: ya que si queréis estar en la tierra más

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acá del mar, se os mandará más allá; o si queréis estar en Acra se os mandará a la tierra de Trípoli o Antioquía, o de Armenia, o se os mandará aun a Sicilia, o a Francia, o a Inglaterra, o a varios otros lugares donde tenemos casas y posesiones. Y si queréis dormir, se os hará velar, y si queréis velar se os mandará a reposar”.

Después de la respuesta afirmativa del candidato, el Maestro le repite que él no debe entrar en la Orden para buscar ventajas y notoriedad, sino para desligarse del pecado de este mundo, servir a Nuestro Señor, ser pobre y hacer penitencia en este siglo, a fin de salvar su alma. En fin, el Maestro somete al nuevo hermano a las últimas promesas.

“Ten presente hermoso hermano, ten presente y escuchad bien lo que te vamos a decir: ¿prometéis vos a Dios y a Nuestra Dama, que en adelante todos los días de vuestra vida, seréis obediente al Maestro del Templo y a no importa qué Comendador que estará más arriba de vos?”

—Sí, Señor, si place a Dios.

“Prometéis además

a Dios

y a

la Señora

Santa María, que en adelante

todos los días de vuestra vida viviréis sin bienes propios?”

—Sí, Señor, si place a Dios.

Otras promesas están aún por hacer, en lo concerniente a los buenos usos y a las buenas costumbres de la Orden: no abandonar la Orden, no suplantar en la propiedad de sus bienes a ningún cristiano que hubiese sido privado con razón o sin ella, de sus bienes, etc.

Y el Maestro termina: “Y vos también, admitidme en todos los beneficios que vos habéis hecho o que haréis. Y así, nosotros os prometemos pan y agua, y la pobre ropa de la casa y mucha pena en el trabajo…”

El Comendador coloca el manto sobre el que acaba de ser promovido a Templario, el hermano capellán dice el salmo Ecce quam bonum y la oración del Espíritu Santo, mientras que todos los hermanos recitan el Pater Noster. Finalmente el Maestro hace levantarse al nuevo Templario, lo abraza y declara:

“Hermoso hermano, el Señor ha satisfecho vuestro deseo y os ha puesto en tan bella compañía, como es la de la Caballería del Templo, por lo cual vos debéis hacer un gran esfuerzo, para guardaros de no hacer jamás aquello por lo cual os acaecería perderla, de lo cual Dios os guarde. También os diremos las cosas que acordemos tocantes al hábito y a la exclusión de la Orden”.

La vida cotidiana del templario se encontraba caracterizada por numerosas obligaciones. Ante todo, en las comidas: debían abstenerse de comer carne tres días por semana y observar dos cuaresmas en el año, la primera desde el lunes

Los Templarios

antes del día de las Cenizas hasta la Semana Santa, la segunda desde la fiesta de San Martín hasta la Navidad (a menudo, muchos de los templarios eran enteramente vegetarianos).

En cuanto a las plegarias, las comenzaban dos horas antes del día. Los templarios recitaban 26 plegarias: 13 para Nuestra Señora y 13 para la jornada, después 30 plegarias para los muertos y 30 para los vivos. Al despuntar el alba, el templario asistía a la misa. Varias veces durante el día, debía hacer 14 plegarias (7 para Nuestra Señora y 7 para la jornada).

La regla contenía por supuesto un código penal: estaba absolutamente prohibido alejarse del campamento, beber vino, jugar, herir, matar, perder un esclavo, o a una bestia. Nueve casos implicaban la exclusión de la Orden: el uso de la simonía en el acceso a la orden, la revelación de las cosas dichas o hechas en el capítulo, el asesinato de un cristiano, el robo, la traición por huída delante de los sarracenos, la herejía, la mentira, la sodomía, la evasión de una casa del Templo. Para los asuntos más graves (un homicidio por ejemplo), la pena podía consistir en prisión perpetua en alguno de los castillos fortificados.

Como se ve, no se trataba de una caballería de placer y de aventura. Lejos de ser puramente decorativo, el carácter religioso de la Orden se traducía en obligaciones numerosas y en disciplina severa. Pero A. Ollivier hace notar que de todo ello nada dejaba entrever su esoterismo.

* * *

¿Es preciso buscar una luz por el lado de las novelas de la Mesa Redonda y del Graal? Ya se ha señalado que en su etapa inicial, la novela expresaba una concepción del hombre en la búsqueda de su propio destino, a través de la aventura de la vida, principalmente en Chretien de Troyes, quien escribió a finales del siglo XII. Generalmente se considera que la palabra Graal y su significación se debieron a él, quien se inspiró en las leyendas célticas.

En 1102, es decir, mucho tiempo antes de Chretien de Troyes, tomaron Cesárea algunos cruzados franceses y genoveses, los cuales se dividieron el botín. Los genoveses recibieron, por su parte, un vaso que se hizo célebre y fue llamado el Santo Graal.

Pero el único novelista que presentó sus caballeros como “Templarios”, fue el poeta bávaro Wolfram von Eschenbach, quien escribió a comienzos del siglo

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XIII y declaró tener la historia de “Kyot der Provenzal”, la cual encontró en

Toledo en un viejo manuscrito. “Un pagano llamado Flegetanis, había adquirido un alto renombre por su Saber. Este gran conocedor pertenecía a la línea de

Salomón

Fue

quien escribió

la

historia del

Graal

El pagano Flegetanis,

... examinando las constelaciones descubrió profundos misterios, de los cuales no habla sino temblando. Decía él, que había un objeto que se llamaba Graal. Había leído claramente ese nombre en las estrellas. Un grupo de ángeles lo había traído a tierra, pero él se había elevado más allá de los astros…”

...

Sin embargo, sería necesario hacer notar que el término Flegetanis es una torpe trascripción de Falak-Thani, expresión árabe que designa el segundo cielo, el de Mercurio-Hermes, el cual está situado bajo la invocación del “mensajero de los dioses” con S. Aissa, es decir Jesús. Este segundo cielo es aquel donde por excelencia, se ligan el Islam y la Cristiandad; él impera en la vida y en el conocimiento espiritual. Ahora bien, toda esta óptica de astrología sagrada, se encuentra confirmada por el pasaje citado arriba.

En Eschenbach, el “Graal” ya no es una Copa, sino una piedra sagrada, una “Piedra Filosofal” venida del cielo. El ermitaño que revela el misterio a Parzival le dice: “Valientes Caballeros tienen su residencia en el castillo de Montsalvage donde se guarda el Graal. Son Templarios, quienes van a menudo a cabalgar lejos, en busca de aventuras. Cualquiera que sea el resultado de sus combates, gloria o humillación, ellos lo aceptan con un corazón sereno, en expiación de sus pecados. En este castillo reside un grupo de fieros guerreros ... Todo aquello de lo cual ellos se nutren, les viene de una piedra preciosa que en su esencia es toda pureza. Se le llama “lapsit exillis” (¿sería preciso leer lapis exillis la piedra exigua o más bien lapis elixir: la piedra filosofal?). Es por virtud de esta piedra, que el fénix se consume y se convierte en ceniza; pero de las cenizas renace la vida: Es gracias a esa piedra que el fénix cumple su cambio

de plumaje, para aparecer en seguida tan hermoso como siempre

Esta piedra

... da al hombre tal vigor, que sus huesos y su carne encuentran de inmediato su juventud. Esta piedra lleva también el nombre de Graal”.

En fin, que haya habido en efecto un esoterismo cristiano, comparable a los esoterismos hebraico, islámico y otros, no es refutable y la leyenda del Graal no es la prueba menor. En cuanto a la verdadera naturaleza de esa enseñanza, la confrontación de los principales datos, dados por el contexto general del ciclo, permite concluir sin equívoco: se trata en efecto de una doctrina definida (simbolizada por un libro en Robert de Borón y expuesta en el Gran San- Graal, a través de un Maestro, por Chretien de Troyes y Wolfram von Eschenbach), recibida por tradición, y altamente secreta (el gran Secreto que se llama el Graal, dice Robert).

Esta doctrina concierne a un misterio presente sobre la tierra con la

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plenitud de su virtud celeste, la cual no es accesible sino por la vía de la calificación y en peligro de muerte. Noción capital, unánimemente afirmada por las diferentes versiones, de las cuales ella es el fundamento común. En ese misterio, cuyo soporte y signo es un objeto muy santo (la Copa que ha contenido la Sangre de Cristo o la Piedra descendida del Cielo), la esencia misma de la

Revelación se comunica “abiertamente”. Él es Verbo (las “santísimas palabras”), Luz (él es visto y él aclara) y Vida (es ofrecido a los elegidos en la Cena primordial, arquetipo paradisíaco de la comunión eucarística). Él puede ser

presentido a partir de un cierto grado de avance en la Vía (en la

Queste

Búsqueda-, él se muestra a los Caballeros de la Mesa Redonda. Tanto en Chretien como en Wolfram, el Graal se deja ver de Parzival durante su primera estadía en el Castillo del Graal, etc…) y ciertos medios técnicos, permiten acercársele por ejemplo la oración secreta de Chretien de Troyes, o la invocación de aquellos nombres del Señor que son temidos.

Y se agrega que la Búsqueda es por definición una vía activa de acceso a lo Divino, y que esta Vía está reservada a los únicos Caballeros de la Mesa Redonda, institución central de la caballería terrestre, cuyo carácter iniciático no podría ser refutado. Aun los mismos Iniciados de la Mesa Redonda, no entraban sino por elección, y por encima de su propia iniciativa. Ese sendero no tenía, en fin, nada de azaroso ni de individual, sino que conducirá al héroe elegido a través de las pruebas predestinadas, típicas y sobrenaturales hasta el grado supremo y a la vez sacerdotal y real de la Caballería Celeste.

Se juzgará quizás que hay pruebas más numerosas que las que se necesitan, pero la enseñanza del Graal es evidentemente un magisterio esotérico. Según Pierre Ponsoye (en “El Islam y el Graal”) es precisamente esta cualidad la que lo hace legítimamente diferente de la Iglesia, sin contradecirlo por ello, ni jamás discutir su ortodoxia. Es esa cualidad, por otra parte, la que rinde cuenta de la universalidad del Graal y de las fuentes no cristianas del origen de su leyenda.

Hoy se sabe que el cristianismo y el islamismo, no tuvieron solamente intercambios y contactos superficiales, sino una verdadera conjunción espiritual en la que la intelectualidad islámica jugó, durante siglos, el papel de inspiradora y de guía.

“La primera ilusión por disipar, ha escrito Etienne Gilson, es la que nos representa el pensamiento cristiano y el pensamiento musulmán, como dos mundos de los cuales se podría conocer uno e ignorar el otro” (Archivos de historia doctrinal del Medioevo, II, 1927). Esta indicación no expresa todo su sentido, si uno no la relaciona con la siguiente, hecha por el mismo autor: “Es un hecho de considerable importancia para la historia de la filosofía medieval en Occidente, que su evolución se haya retardado alrededor de un siglo, con relación a la correspondiente evolución de las filosofías árabe y judía”.

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El R. Padre M. D. Chenu, constata por su lado que “las síntesis de un Alberto el Grande, de un Tomás de Aquino, de un Scot, implican una referencia substancial, histórica y doctrinal, a las obras de Al Kindi, de Alfarabi, de Avicena, de Algazel, de Averroes”.

Este aporte intelectual estaba muy lejos de limitarse por otra parte a lo escolástico, pero fuera de los raros eruditos como Fauriel, fue preciso esperar a nuestra época para que algunos historiadores imparciales comenzaran a reconocer su profundidad y extensión. Ver por ejemplo Joseph Calmette (en Historia de España): “Habría podido parecer a priori, que la oposición de las religiones levantaría un obstáculo insuperable a la influencia recíproca de las culturas. Pero ni más ni menos que en Siria, el obstáculo tampoco operó sobre

el suelo ibérico. El fenómeno que uno constata, es el de una acción mutua,

continua, penetrante, de las civilizaciones que están en contacto

...

Acción

mutua, diríamos nosotros, en la cual el elemento musulmán fue mucho más

eficiente

Es el Islam el que aportó los elementos activos, y es el mundo

... cristiano el que asimiló la influencia”.

Esos “elementos activos” han interesado varios órdenes del conocimiento, desde la teología mística, en el sentido mencionado anteriormente (Miguel Asin Palacios ha puesto en evidencia principalmente la irradiación en profundidad en las escuelas Sufíes en España, así como de obras como las de Al-Ghazzali, Ibn Masarra, Muhyi-d-Dîn Ibn ArabÎ), las ciencias, (medicina, astrología venida de Caldea, geometría transmitida de los griegos, álgebra —Al-Gebria— transmitida por los hindúes, etc.) y las artes. De manera que, como dice M. Rodinson, “la ciencia occidental de esa época es una ciencia toda ella árabe” (Revista de historia de las Religiones, 1951).

En árabe, fueron transmitidos por España, Sicilia y Egipto, en el siglo XIII, los tratados fundamentales de Ptolomeo (la óptica) y de Euclides (los elementos de geometría), que estimularon tantas especulaciones acerca de la naturaleza del mundo físico en Chartres y en Oxford; resultaban ante todo líneas, ángulos y figuras que “valent in toto universo”.

La obra de Villard de Honnecourt (s. XIII) ilustra íntegramente’ en el plano artístico, acerca de estas huellas, y de las respuestas a la civilización islámica, de la cual el desarrollo de los templarios constituye en un orden del todo diferente, otro ejemplo memorable.

A través de las cofradías de los constructores y de la orden del Templo, se encuentra el plano verdadero donde se efectúa esa conjunción espiritual de que hemos hablado, es decir, el único en el cual ella fue orgánicamente posible: el plano esotérico. Las cofradías de los constructores —como la Orden del Templo — eran organizaciones Iniciáticas en las cuales los medios y los fines, no eran

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de una estética religiosa cualquiera, sino de un arte sagrado en el pleno sentido metafísico de la palabra. Al constatarse huellas de influencia islámica, queda excluido que ésta haya actuado por vías profanas y, además, que haya sido a través del plano de una profunda división intelectual.

Hay un hecho que por sí solo bastaría para testimoniar dicha conjunción: es la transmisión por la vía islámica y la incorporación al esoterismo cristiano, de la tradición hermética con su método operativo principal: la alquimia. La simple

lectura de las obras de los alquimistas musulmanes y cristianos, si bien no permite evidentemente penetrar el secreto de su magisterio, basta para constatar que es el mismo en ambos casos, y que existe entre ellos una continuidad de tradición, y una identidad de doctrina y método que ignoran enteramente las diferencias exteriores de los dogmas. Esta continuidad y esta identidad se afirman, además, en la terminología técnica (alquimia, elixir,

alkahest, lambic, aludel, etc

que son palabras simplemente transcritas del

... árabe), sin hablar del testimonio de los alquimistas cristianos, que no tenían ninguna dificultad en reconocer la autoridad de los maestros musulmanes, como en el caso de Roger Bacon quien llamaba a Geber Abou Moussa Jaafar el Sufí (primer autor conocido de obras alquímicas), el “Maestro de los maestros”.

En resumen, por sorprendente que esa conjunción pueda parecer a priori, no es preciso comprenderla con un sincretismo vulgar, pues no es en verdad diferente de la que ya unía al esoterismo islámico al esoterismo judío, fundado sobre la Torah y la Qabbalah. No es más que la manifestación normal, aunque necesariamente escondida, del misterio de unidad que liga metafísica y escatológicamente todas las revelaciones auténticas y especialmente el judaísmo, el cristianismo y el islamismo, herederos comunes de la gran tradición abrahámica.

Copa profética de los celtas, Vaso * colmado de la Sangre Divina, o piedra de revelación descendida en el cielo oriental, el Graal es el signo de ese misterio, transmitido en secreto desde el fondo de las edades y portador de esta misma luz primordial, de esta “Luce intellectual piena d’Amore” como Dante consideraba el Paraíso y que en un momento elegido, el Occidente se asombró de ver brillar en su propio corazón.

La leyenda del Graal, la más prestigiosa quizás, que se haya jamás ofrecido al pensamiento orante, ha aparecido al final del siglo XII de una manera imprevista, reivindicando al mismo tiempo una larga y secreta tradición. Tres novelas forman la primera y más bella floración en muchos aspectos. Ellas son:

Perceval li Gallois o Conte del Graal, de Chretien de Troyes, la Estoire dou Graal (Historia del Graal) de Robert de Boron, y el Perzival de Wolfram von

*

En el original francés solo consta la palabra Vaisseau (nave).

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Eschenbach.

Una de estas tres novelas, la de Chretien, ha permanecido inconclusa, y calla sobre los orígenes del Graal. La otra, la de Robert, pone en escena con el nombre de Graal, el vaso que sirvió para instituir la Cena y donde José de Arimatea recogió la sangre de Cristo. En cuanto a Wolfram, hemos visto lo que él relata sobre Kyot, el maestro muy conocido a quien encontró en España (Toledo) a través de manuscritos abandonados. El tema de esa aventura esta citado en escritura árabe.

Hemos visto también que el nombre de Flegetanis podría ser en realidad el título de un libro árabe: Falak-Thâni, que trata de una enseñanza tradicional secreta, ya que dicha palabra en verdad, también designa un libro Y A LA VEZ un hombre, o con más exactitud la organización de la cual el libro o tal hombre era el intérprete. Se podrá observar, además, que habiendo hecho alusión a un manuscrito, Wolfram habla de Flegetanis como de un hombre viviente, y relata sus palabras como una enseñanza oral. Lo importante no es pues saber si se trata de un libro o de un hombre, sino más bien saber si Flegetanis es auténticamente la transcripción del árabe Falak-Thâni, que se traduce por segunda esfera o segundo cielo planetario. En todo caso la cuestión está admitida hoy por la mayoría de los comentadores.

Una de las más altas categorías Iniciáticas del Islam está constituida por los Abdâl (solitarios), en singular Badal. “Los Abdâl, dice lbn ´Arabî, son siete, nunca más ni menos. Para ellos, Allah vela sobre los siete climas terrestres. En cada clima hay un Badal que lo gobierna”. Cada uno de los climas corresponde respectivamente a uno de los siete cielos planetarios y el Badal que lo gobierna es el representante sobre la tierra del Polo (Qutb) del cielo correspondiente. La segunda esfera planetaria es el cielo de Mercurio. El polo (Qutb) de dicho cielo, del cual es Seyidnâ Aissa (Jesús) su representante sobre la tierra (el sexto clima), tiene en el marco del Islam una función más particularmente crística y en afinidad especial con el cristianismo.

En lo que se refiere al anonimato de este Maestro, velado bajo el pseudónimo de Kyot, no puede sorprender que los ignorantes sólo vean en la leyenda del Graal una ficción de invención individual. En realidad, se percibe que no era necesario que Kyot escribiera para ser invocado como una autoridad (lo contrario sería más verdadero quizás), ni tampoco que esa autoridad fuese en realidad la de un hombre como tal, por grande que él hubiera sido, sino la de una tradición verídica.

Los contactos tomados por Kyot en España con los musulmanes son tanto más plausibles, puesto que existen ejemplos célebres (Gerbert de Aurillac, quien bajo el nombre de Silvestre II debía ser el Papa del Milenio, Raymond Lulle,

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Brunetto Latini, etc.). K. Bartsch, uno de los más sagaces documentadores del Parzival, vio el origen inmediato de la leyenda, dado que fue llevada del Oriente por los árabes. Algunas versiones señalan por otra parte, que la raza elegida de la cual desciende Titurel, ancestro de Parzival, es originaria de Asia. Se ha dicho que el abuelo de Titurel estuvo en Europa en tiempos de Vespasiano, después de haber sido convertido al cristianismo y de haberse establecido al noroeste de España, donde sometió diversos reinos con la ayuda de los provenzales. No es indiferente hacer notar, por otra parte, que debido a las marchas en Portugal y en España, así como en el Languedoc, estos fueron los primeros países de Europa donde se instalaron los Templarios. 3

Wolfram era caballero y muy probablemente estaba afiliado a la Orden del Templo, la cual él identifica abiertamente con la Orden del Graal. En fin, Kyot debía tener con ella relaciones muy estrechas, puesto que no representa simplemente la autoridad espiritual del Templo.

Friedrich von Schlegel declaró hace tiempo: “Se puede admitir que estos

poemas (de la Mesa Redonda), no solamente expresaban el ideal propio de un caballero religioso, sino que contenían también un gran número de ideas simbólicas y de tradiciones particulares pertenecientes a algunas de esas

órdenes, sobre todo a la de los Templarios

De todos los poetas alemanes de

... esa época, el más hábil fue Wolfram von Eschenbach. Entre las historias de la Tabla Redonda, él escogió particularmente las que he señalado anteriormente acerca de las alegorías de la caballería religiosa. Ellas no deben ser consideradas como un capricho del autor o como un juego de su imaginación, sino que parecen por el contrario relacionarse con las tradiciones simbólicas de los Templarios”.

La identificación de la Orden del Graal con la del Templo, en el Parzival, no deja en efecto ninguna duda. Trévrizent dice a Parzival: “Valerosos caballeros tienen su morada en Montsalvage, donde se guarda el Graal. Son los Templarios, que van a menudo a cabalgar a lo lejos en busca de aventura ... Ellos viven en relación con una Piedra: su esencia es toda pureza”.

Ahora bien, además de su función principal de asegurar la conservación y la guarda del Graal sobre la tierra, los Caballeros de Montsalvage tenían la de propiciar el reino efectivo de Dios sobre las naciones, dándoles reyes elegidos por Él: “Sucede a veces que un reino se encuentra sin amo, y si el pueblo de ese reino está sometido a Dios, y si desea un rey escogido en el grupo del Graal, se realiza ese deseo. Es preciso que el pueblo respete al rey así

  • 3 Desde 1128 reciben la plaza de Soure en Portugal; en 1130 la de Grañena en el condado de Barcelona. La primera Casa, cercana a los Pirineos fue fundada en 1136 en los estados del condado de Foix. Y fue solamente después de la Asamblea general de 1147 cuando se expandieron en el resto de Europa.

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escogido, ya que él está protegido por la bendición de Dios. Es en secreto que Dios hace surgir a sus elegidos”.

Este esquema de una organización teocrática de la Cristiandad, a través de un escogido grupo iniciático que reúne el doble poder: el sacerdotal y el real, no es otro que el del Santo Imperio que los herederos de la Orden del Templo encontraron en su sucesión. Se tenía ahí, el doble aspecto, ascendente y descendente, de una misión misteriosa, de la cual tomaremos el sentido de quien hizo dar a la Orden su constitución, del que fijó su regla y no cesó de ser su protector y su inspirador, al mismo tiempo que la más alta autoridad espiritual y árbitro de la cristiandad de su tiempo: San Bernardo, quien designa la Orden bajo el nombre de militia Dei, y a sus miembros bajo el de Ministros de Cristo (minister Christi). En tales labios, no se trataba de fórmulas vanas. Para él, como para Dante más tarde, se trataba evidentemente de una milicia santa, de la armada privada de Dios (privée mesnie de Dieu), que realizaba, por una especie de paradoja espiritual, que la situaba aparte y por encima de los hombres, la síntesis de las grandes antinomias de la acción y de la contemplación en una vocación única, y al mismo tiempo un doble renunciamiento, que es el de los elegidos apocalípticos: “A aquel que ha hecho

de nosotros, reyes y sacerdotes para Dios su

Padre. .

.“ (Apoc. I, 6).

Para San Bernardo, la residencia real de la militia Dei no era de este mundo, sino que era el Templo de la Jerusalem espiritual: “Es verdaderamente

el Templo de Jerusalem, en el cual ellos habitan también, y sin embargo es evidente que en otro sentido no se trata de aquel mismo Templo de Jerusalem, y que en relación con la construcción del Templo antiguo y muy venerado de

Salomón, el suyo no es inferior en relación con la gloria

La belleza del primero

... estaba hecha de cosas corruptibles; la del segundo era la belleza de la Gracia, del culto piadoso de los que la habitan y la de la más regular de sus moradas (ordinatissima conversatio). 4 Se reconoce ahí, tanto el templo del Graal como el templo del Espíritu Santo de los rosacruces.

Jules Michelet dice a propósito de esto, con penetración y sin dudar del alcance de su observación: “Este nombre del Templo era sagrado no solamente para los cristianos. Expresaba para ellos el del Santo Sepulcro y, a su vez, recordaba a judíos y musulmanes, el templo de Salomón. La idea del templo, más alta y más general aún que aquella de la iglesia, se elevaba, en cierta manera, por encima de toda religión. La iglesia envejecía, el Templo no. Contemporáneo de todas las edades, era como un símbolo de la perpetuidad religiosa”.

4

Se aproxima esta expresión del Templo, la ordinatissima conversatio, a la de la logia francmasónica: “Los muy esclarecidos y los muy regulares”.

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Todo el simbolismo de la Orden evoca, además, la doble noción del centro espiritual, fuente de los dos poderes y de la meditación temporal-espiritual: el famoso Beaucéant (o Baucent), el cual era mitad negro y mitad blanco, colores cuyo profundo simbolismo hemos explicado varias veces (en particular en nuestra obra “Libro Negro de la Francmasonería”). El manto blanco, signo de investidura, de atribución de estado y de función, era un privilegio exclusivo que la Orden tenía que defender a veces. “Y a nadie, dice la Regla, le es otorgado el tener blancos mantos, salvo a los mencionados Caballeros de Cristo. Aquellos que han abandonado la vida tenebrosa, reconozcan estar reconciliados con su Creador, por el ejemplo de las vestiduras blancas”.

Las vestiduras blancas los designaba, expresamente en su siglo, como los “separados de la masa de perdición”, según las palabras de Inocencio III, y alineados desde este mundo entre aquellas “gentes vestidas de blanco”, que están “delante del Trono de Dios y le sirven día y noche en su Templo”, y sobre quienes “Aquel que se sienta sobre el Trono establecerá su Presencia (Shekinah)” (Apocalípsis VII, 13 -16). No solamente como reconciliados, sino como reconciliadores.

La cruz de ocho puntas, con la cual estaba cargado el manto, agregaba a la significación central de la cruz el simbolismo mediador del número ocho, y unía al blanco del conocimiento, el rojo del Santo-Amor invocado en su grito de guerra.

El doble aspecto de convivencia central y de mediación sacerdotal aparece también en la selección del salmo de la investidura, el salmo 133 del salterio romano: Ecce quam bonum et quam jucundum habitare fratres in unum ...

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Propósito Psicológico XXXI

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* * *

Los Templarios

Uno de los rasgos más sorprendentes de la virtud de la Santa Milicia y de la disponibilidad espiritual de la Edad Media, es la situación privilegiada, inviolable y soberana, que los papas, los príncipes y los pueblos habían, espontáneamente, acordado asegurarle dentro del orden cristiano. Corno lo señala muy perspicazmente A. Ollivier, tal acuerdo no habría podido hacerse y mantenerse durante más de dos siglos, en contra de derechos e intereses civiles y religiosos, tan diversos como poderosos. La evidencia mostraba aquí con fuerza apremiante, que la Orden del Templo no había solamente pretendido ser, sino que HABÍA SIDO, a los ojos de todos, la “armada privada de Dios”.

Tras de su fundación en la oscuridad y la pobreza, diez años después, en 1128, un concilio se reunía especialmente para precisar su constitución y fijar su regla, así como confirmar a sus miembros “el hábito que ellos mismos habían tomado”. Desde 1129, San Bernardo respondió a través de su autorización en De Laudea, el requerimiento de aquel a quien él llamaba carissimus meux Hugo, Hugo de Payns, el primer Gran Maestro, haciéndole comprender claramente la naturaleza real de su combate, y que la guerra corporal no era sino ocasional y simplemente un símbolo. Desde 1139, en la bula Omne datum optimum, Inocencio II afirmaba: “Caballeros del Templo: es Dios, El mismo, quien os ha constituido en los defensores de la Iglesia y en los asaltantes de los enemigos de Cristo”, y fijó definitivamente sus estatutos y prerrogativas, a las cuales sus sucesores agregaron siempre privilegios que jamás se llegaron a suprimir.

Les fueron acordados los más grandes y magníficos privilegios, dice Michelet. Ante todo, no podían ser juzgados sino por el papa, pero un juez situado siempre tan lejos y tan encumbrado, no llegaba jamás a ser reclamado, por lo cual los templarios quedaban como los propios jueces en sus causas. Precisemos que el recurso ante el papa, no tenía lugar sino por causas exteriores. Los hermanos no dependían sino del Gran Maestro. En cuanto a éste, la Orden era soberana y se tenía por superior a los príncipes. Nadie, laico o eclesiástico, podía pretender el homenaje del Gran Maestro. Sus establecimientos eran inviolables, poseían el derecho de asilo, estaban libres de todo impuesto, y bajo la protección directa de la Santa Sede. Nadie podía inhibir ni excomulgar a un templario.

“El Gran Maestro no era confirmado por la Sede Apostólica, escribe Marion Melville, pero su elección, por sí misma, le aseguraba el pleno derecho de ejercicio”. Su autoridad era absoluta y sus órdenes estaban consideradas como sagradas y provenientes directamente de Dios. La Regla era, así mismo, objeto

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de un respeto que, dice el mismo autor, “semejaba singularmente el respeto del Islam por el Corán”.

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La situación extraordinaria del Templo, en el sentido real de la palabra, no era a su vez más extraordinaria que la sanción a la soberanía espiritual de la Orden, y un sinnúmero de grandes personajes la reconocieron así, por el hecho de haberse afiliado. Tal parece ser el caso del mismo Inocencio III, según una de sus bulas. También lo fue seguramente el emperador Enrique VII de Luxemburgo.

En cuanto a Felipe el Hermoso, se presentó como candidato, pero no fue aceptado.

Los Templarios

Numerosos fueron los que hicieron profesión de consagrarse al Templo en aquel final de siglo, con el propósito de tomar parte en aquel otro mundo de los “beneficios” de la Casa.

He ahí algunos rasgos que hacen suponer el lugar que la Orden del Templo tenía en la jerarquía real de la cristiandad. René Guénon dice respecto a esto, que la Orden era “por su doble carácter religioso y guerrero, una especie de lazo entre lo espiritual y lo temporal, aun cuando este doble carácter no debe ser interpretado como el signo de una relación más directa con la fuente común de los dos poderes” *

.

El

lamentado

René

Guénon

cita

aún

(“Autoridad

espiritual

y

Poder

temporal”, pág. 82), que es precisamente la destrucción de la Orden del Templo, la que marca el “punto de ruptura del mundo occidental con su propia tradición”.

Si los acontecimientos de 1307 a 1314 tienen tal aspecto de atentado, es por su mismo sacrilegio, adelanta Pierre Ponsoye. Clemente V no se equivocó, cuando no osó condenar esa Orden, cuyo último Gran Maestro (Jacques de Molay), al precio de su vida, había demostrado que era “santa y pura”. Solamente osó abolirla “per viam provisionis et ordinationis apostolicae”, sin tomar el riesgo de habérselas con el concilio. La iniquidad testimonió así su propio fondo, al ampararse en el “misterio de Justicia”, que ella no había podido alcanzar sino mediante un crimen, y por que el occidente había cesado de ser digno.

Aún se discute sobre la culpabilidad o la no culpabilidad de la Orden. Es probable que en razón del número de sus adherentes y de la multiplicidad de sus actividades secundarias, y quizás, sobre todo por los cambios de hecho y de mentalidad ocurridos en ese siglo, se necesitaba a la vez una reforma y una readaptación. Pero esa es otra cuestión. Nos contentaremos con citar la constatación de H. de Curzon: “La Regla, es verdad, no prueba más que una cosa, y es que la Orden del Templo estuvo regida hasta su último día por leyes irreprochables, verdaderamente monásticas y hasta muy severas”. Y en fin, mencionaremos aquella expresión (en “El final de la Edad Media”) de Henri Pirenne, Agustin Renaudet, Edouard Perroy y Marcel Handelsman: “Los escritores galos, para glorificar a Felipe el Hermoso, y los escritores de la Iglesia para disculpar a Clemente V, han obscurecido durante largo tiempo la historia de ese período. La inocencia de los templarios está comprobada hoy día”.

* N.E.: En la traducción del Propósito Psicológico XXXI, esta frase está presentada con el sentido contrario. En el facsímil francés está escrito: «…[ si même ce double caractère ne doit pas être interprété comme le signe d´une relation plus directe avec la source commune des deux pouvoirs. ]», lo que se traduce como lo presentado aquí.

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Propósito Psicológico XXXI

* * *

El papel del Templo en Europa, no se concibe sino como una extensión y una terminación de su papel oriental de guardián de la Tierra Santa. Se debe recordar también que ambas poblaciones, cristiana y musulmana, de Asia, vivían en el mejor entendimiento. Por su parte las de España y Sicilia conservaban estrechas relaciones, de lo cual se encuentran las huellas en la creación de una moneda común (semejante al dinar, que llevaba a la vez divisas latinas y coránica), así como en las alianzas, en los matrimonios, en los tratados comerciales, en los permisos de caza, que se concedían recíprocamente los jefes de los dos campos, etc. Ahora bien, aunque los Templarios jugaron precisamente un papel importante en ese acuerdo, no es necesario decir que las relaciones del Templo con el Islam eran ante todo de orden Iniciático. “En los países del Oriente, dice a propósito de esto Armando Bedarride 5 , los templarios armaban caballeros católicos griegos, hostiles al papado y, cosa más extraordinaria aún, a musulmanes pertenecientes a ciertas sectas esotéricas, provenientes de una iniciación análoga a la suya”. Tal fue el caso de Saladino mismo, a quien, según la Orden de Caballería, poema del comienzo del siglo XIII, la ordenación le fue dada por Hugo de Tabaria en 1187. Tal fue también el caso de su hermano Malik al-Adîl, a quien Ricardo Corazón de León armó caballero en 1192.

Entre las órdenes musulmanas con las cuales el Templo contrajo esos lazos de fraternidad espiritual, la historia ha guardado sobre todo el recuerdo de la orden de los Assacís. Era una rama ismaelita del Shi’ismo de la India, muy cerrada y fuertemente jerarquizada, que se llamaba en Oriente la orden de los Batinyiah (los “internos” o “esotéricos”). Fundada una cincuentena de años antes de la del Templo, se había establecido en Persia en 1090, extendiéndose rápidamente en Irak y en Siria. Se han señalado en varias ocasiones las sorprendentes semejanzas de las dos órdenes: ambas eran a la vez Iniciáticas y militares, ambas llevaban el título de “guardianes de la Tierra Santa” (Assas,

  • 5 El Libro de Instrucción del Caballero Kadosh, de Bedarride (Glotón, París, pág. 15).

Los Templarios

guardián;

su

plural

Assasís)

y

el

Jihâd

de

los

Assasís

tenía

la

misma

significación que la guerra santa del Templo, aunque los métodos diferían.

Las funciones militares del Templo no eran más que el aspecto exterior y el símbolo de la verdadera guerra santa, cuyo fin era la Paz en todos sus órdenes y sobre todo en lo espiritual. Es en esta perspectiva que hay que colocarse, si se quiere juzgar exactamente su actitud con respecto al Islam, cuya ambigüedad aparente no es otra que la de un lazo que debe mantenerse hasta en el seno de la guerra. Las dos órdenes jugaban, cerca de los poderes constituidos, el mismo papel de vigilancia y de consejo. Su jerarquía, doble en los dos casos (exterior y secreta), presentaba caracteres comunes y sus colores emblemáticos, blanco y rojo, eran los mismos.

La historia y la doctrina de esta orden, ha sido desfigurada por las “novelas de los historiadores anti-ismaelitas”, como dice Henry Corbin 6 . Es preciso notar que la escatología ismaeliana del Imâm invisible, hipóstasis permanente del Verbo, es substancialmente idéntica a la del Imperio Universal en el esoterismo medieval de tradición templaria, y sucede lo mismo con la noción del Templo espiritual, como testimonia ese pasaje del Bîwân de Nasir-e Khosrav que cita H. Corbin: “La significación aparente (exotérica-zâhir) de la plegaria, es adorar a Dios adoptando ciertas posturas del cuerpo, orientando el cuerpo hacia la qibla de los cuerpos, la cual es la Ka’ba, el Templo de Dios Muy-Alto asentado en la Meca. La exégesis espiritual del sentido esotérico (ta’wil-e bâtin) de la plegaria, es adorar a Dios con el alma pensante, orientándose para la búsqueda del Libro y de la religión positiva, hacia la qibla de los espíritus, la cual es el Templo de Dios, ese Templo en donde está encerrada la Gnosis divina, quiero decir el Imâm en Verdad - sobre él sea la Salvación” Se ha notado por otra parte la asimilación, en ese mismo texto, de la “Busca del Imâm” y la “Busca de la Plegaria” de la Ka’ba celeste, en uno de los cuales se ha basado autorizadamente Henry Corbin para concluir: “Creo que se puede decir que la ‘Busca del Imám’ representaba para un ismaelita, lo que la “Busca del Graal’ representaba para nuestros caballeros místicos y nuestros menestrales”.

La orden de los Assasís, a pesar de sus características especiales, no era por otro lado un hecho aislado en el Islam en aquella época; varias instituciones de caballería existían entre los musulmanes de Oriente y de España, mucho antes de la aparición de la Caballería en Europa 7 . Hammer hace mención de la Futuwwat, institución de caballería, y del Fatâh, que es el grado de caballero, concedido no por los príncipes sino por los Sheiks (maestros espirituales, jefes

  • 6 Estudio preliminar acerca del Libro que reúne las dos Sabidurías de Nâsir-e Khosrav.

  • 7 En este marco estrecho, no nos es posible dar ni siquiera una ojeada al estudio de Hammer Purstall, Intitulado “Sobre la Caballería de los Árabes, anterior a la de Europa, y sobre la influencia de la primera sobre la segunda”.

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de organizaciones iniciáticas). “El califa de Bagdad, Nassir lî dîni-Llâh cuyo reino abraza el período de 1180 hasta 1225 de la era cristiana, fue también Iniciado. La historia de Abdul Feda y las tablillas cronológicas de Hadj Khalfa, hacen dos menciones del acto de Futuwwat.

“El califa Nassir fue investido de las vestiduras de la Caballería por el cheik Abdul-l-Djebbar”. Esta ceremonia fue acompañada de un brindis bebido en la copa de la caballería (ka’ su-l-futuwwat).

Este

pasaje

es

extremadamente

importante

para

la

historia

de

la

Caballería, y da al mismo tiempo la explicación más natural del Graal, ese vaso maravilloso confiado a la guardia de los templarios, al cual éstos no han dejado de ligar un sentido gnóstico, como lo prueban las inscripciones árabes de algunos vasos ...

Todo esto no implica que uno deba seguir a Hammer, cuando él hace derivar el Graal de la copa de la caballería. Su verdadera relación no es la de una derivación sino la de una analogía: la copa se liga en efecto, en este caso al simbolismo de los brebajes Iniciáticos, mientras que los aportes del Graal, complejos por sí mismos y por sus orígenes, que se remontan auténticamente a la Tradición primordial, conciernen directamente al simbolismo de los Centros Espirituales. Y es por ello que su verdadera correspondencia islámica, es la piedra negra de la Ka’ba.

A ese respecto existe una nota muy interesante que es revelada por Michel Valsan en la obra póstuma de René Guénon (Apercepciones sobre el esoterismo cristiano). Estos brebajes designan simbólicamente las cuatro ciencías, que son, según Mohyi D-din Ibn ‘Arabí: la ciencia de los estados espirituales (ilmu-l-ahwâl) a la cual corresponde el Vino; la ciencia absoluta (al- ilmu-l-mutlaq) a la cual corresponde el Agua; la ciencia de las leyes reveladas (ilum-ch-charây´i) representadas por la Leche, y la ciencia de las normas sapienciales (ilmu-n-nawâmîs) representada por la Miel. Estas cuatro substancias, señala Michel Vâlsan, pertenecen a las cuatro clases de arroyos paradisíacos (según el Corán, XLVII-16). Se trata ahí pues, de algo más que de un simple “brindis”, como lo ha querido explicar Hammer.

“Después de la destrucción de la orden del Templo, dice René Guénon, los Iniciados al esoterismo cristiano se reagruparon en común acuerdo con los Iniciados al esoterismo islámico, para mantener en la medida de lo posible el lazo que había sido aparentemente roto por esa destrucción”. Este lazo fue roto de nuevo en el siglo XVII, época en la cual los últimos rosacruces se retiraron a Oriente.

René Guénon hace notar a ese respecto en el mismo pasaje: “Sería completamente inútil tratar de determinar ‘geográficamente’ el lugar de retiro de

Los Templarios

los rosacruces; de todas las aseveraciones que se encuentran a ese respecto, la más verdadera es seguramente aquella según la cual ellos se retiraron al reino del Sacerdote Juan, no siendo esto más que una representación del Centro Espiritual Supremo, donde en efecto han sido conservadas en estado latente, hasta el final del ciclo actual, todas las formas tradicionales que por una u otra razón han cesado de manifestarse al exterior”.

Es esa noción del Centro Supremo, la que da a todos estos hechos su verdadero alcance y rige el conjunto del simbolismo del Parzival Es ahí donde se encuentra la verdadera Tierra Santa del esoterismo medieval, cristiano, judaico o islámico.

Es la Tierra Celeste, que la enseñanza de los Hermanos de la Pureza (Ikhwanu-s-Safá), ofrece como otro ejemplo, con el símbolo de la Ciudad Espiritual. Esta orden, de línea shi’ita como la de los Assacís, profesaba abiertamente como aquéllos, la universalidad tradicional y, digámoslo de paso, sentaba plaza en las ciencias cosmológicas, en particular en la Alquimia (de al- kîmya, la tierra negra; sustancia mediadora de las transmutaciones, llamada también Ilm- al-Hadjar, Ciencia de la Piedra, siendo ésta el Medio de la Obra, al- Iksîr, Iksîru-l-falâsifa, del cual el Occidente ha derivado la palabra “elixir”).

Se encuentra aún la mención del Centro Supremo entre los grandes Maestros del sufismo, con términos como Pleroma Supremo o Asamblea Sublime. Esta Asamblea (situada en una región sutil, cuyas designaciones recuerdan aquellas que las tradiciones del Asia Central llaman de la Agartha, el reino escondido del rey del mundo), está presidida por el Ser Mahometano primordial, cuya naturaleza y atributos, tomando en cuenta las particularidades de los formulismos islámicos, corresponden bastante claramente a los que R.

Guénon ha indicado para la personificación del Manú primordial, y al cual la

doctrina cristiana

presenta bajo la figura del misterioso Melki-Tsedeq “quien no

, tiene padre, ni madre, sin genealogía, y cuya vida no tiene ni comienzo ni fin, pero que está hecho semejante al Hijo de Dios”, y quien “permanece (sacerdote) dispuesto a perpetuidad”. (Ver en la Biblia la Epístola de Pablo a los Hebreos VII, 1 a 3).

..

Hay menos lugar a sorprenderse de una participación común consciente del Cristianismo y del Islam, en el Misterio profético permanente designado por la escritura bajo la figura de Melki-Tsedeq, que es precisamente quien invistió y bendijo a Abraham en el nombre de Dios Altísimo. Melki-Tsedeq, sintetiza las tres tradiciones monoteístas de las cuales él es la raíz. La escritura dice que él permanece a perpetuidad y su Orden con él. Es porque ellos son miembros de esa Orden y co-partícipes de aquello que Isaías llamaba: la sustancia de los misterios, y la cual han podido ver en el Islam y en el Cristianismo, uno al dar y el otro al recibir esta asistencia secreta, que ha permitido al Graal, es decir, a esa misma sustancia guardada en el corazón de toda tradición auténtica e

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intacta, reflorecer abiertamente en Occidente en un momento determinado. La orden del Graal no fue sino una expresión de la Orden misma de Malki-Tsedeq o rey del mundo. La única mención del sacerdote Juan en el Parzival basta para demostrarlo, y se sabe que según Titurel, es cerca del Sacerdote Juan que el Graal encontró un refugio, que en realidad solo describió una repatriación.

Según el Cheikh al-Akbar (Futûhât, cap. 73), el Polo islámico y sus Imames, no son sino los representantes de ciertos profetas vivientes, que constituyen la Jerarquía fundamental y perpetua de la Tradición en nuestro mundo. Esta correspondencia está indicada de acuerdo a una configuración especial de la Jerarquía superior islámica, en la cual el Polo de los Imames es contado según el cuaternario de los Awtâd, los Pilares, funciones sobre las cuales reposa el Islam, y cuyas posiciones simbólicas corresponden a los cuatro puntos cardinales. Estos Awtâd son los vicarios de los cuatro profetas que la Tradición islámica general reconoce como los que no han sido alcanzados por la muerte corporal: Idrîs (Henoch), Ilyâs (Elías), Aissa (Jesús) y Khidr. Los tres primeros son propiamente los rasul, legisladores, pero que no tienen ya la misión de formular ninguna ley nueva, por el hecho de que el ciclo legislador está cerrado con la revelación mahometana. El cuarto vicario Khidr, alrededor del cual existen comúnmente divergencias en cuanto a saber si es un profeta o un Santo, pues corresponde, según el Cheikh al-Akbar, a una función de Profecía general que, por definición normal, no implica atributo legislador.

Estos seres, o más bien estas funciones, son los Pilares de la Tradición Pura, que es evidentemente la Tradición primordial y universal con la cual el Islam se identifica en su esencia. Es preciso agregar que en esas funciones primordiales que están designadas así por profetas que no han aparecido sino en el curso del ciclo humano actual, no hay (ahí, en el Cheikh al-Akbar), sino una manera de apoyar con hechos reconocidos por la Tradición islámica en general, la afirmación de la existencia de un Centro Supremo, fuera de la forma particular del Islam y por encima del centro espiritual islámico.

Estas indicaciones son adecuadas para terminar de enfocar el papel

providencial

del

Islam

con

respecto

del

Cristianismo,

en

su verdadera

perspectiva.

Si fuesen necesarias otras pruebas de ese papel, recordaríamos los viajes a través de tierra islámica (Siria, Arabia, Marruecos) atribuidos a Christian Rosenkreutz, el legendario “fundador” de los rosa- cruces, herederos espirituales del Templarismo, viajes en los cuales René Guénon veía precisamente la confirmación de un acuerdo de los dos esoterismos, cristiano e islámico, en perspectiva de un restablecimiento de las organizaciones Iniciáticas de Occidente, después de la destrucción de la Orden del Templo, y de “mantener en la medida de lo posible el lazo aparentemente roto por esta

Los Templarios

destrucción

...

El agregó aún: “Esta colaboración debió continuarse más

adelante

Iremos inclusive más lejos: los mismos personajes, hayan venido del

... cristianismo o del islamismo, y hayan vivido en Oriente o en Occidente (y las alusiones constantes a sus viajes además de todo el simbolismo dan a pensar que ese debió ser el caso de muchos de ellos), han podido igualmente ser a la vez rosacruces y sufíes (o Mutasawwifûn de los grados superiores). El estado espiritual que ellos habían alcanzado, implicaba que estaban más allá de las diferencias que existen entre las formas exteriores y que no afectan en nada la unidad esencial y fundamental de la doctrina tradicional.

* * *

Hay otras huellas de influencia directa del ESOTERISMO 8 islámico sobre los Templarios. Es inútil citar las inscripciones árabes que figuran en ciertos objetos rituales cuya autenticidad es dudosa. Un índice más enigmático es la mención de una invocación del nombre de Alá (Allâh), en las declaraciones de la investigación de Carcasona, a propósito del pretendido ídolo al que se hizo famoso bajo el nombre de Baphomet. Un dignatario, el preceptor de Aquitania, hizo alusión en esa ocasión a “un amigo de Dios que hablaba de Dios cuando él quería y que era el protector de la Orden”.

¿Quién podía ser ese Protector a quien estaba reconocido tan alto grado espiritual? El título mismo implica una función superior a la de la más alta autoridad de la Orden, y rebasa el marco de esta. Aquí no se puede dejar de encontrar resonancia con lo que F. Ossendowski relata del Rey del Mundo, de acuerdo a los lamas tibetanos: “que puede hablar a Dios como yo os hablo” (en “Bestias, Hombres y Dioses”, Plon, París 1953, pág. 242).

Es preciso hablar pues de este Baphomet. No podemos menos que copiar las líneas de Alberto Ollivier (“Los Templarios”, París, 1958, pág. 73).

“Desde la aprehensión de los Templarios, el inquisidor Guillaume de París,

  • 8 Hablamos de una Influencia en lo que concierne a los principios filosóficos, a una enseñanza similar en su esoterismo, a una tendencia a cooperar para el establecimiento de una gran familia humana, pero jamás porque haya tratado de un poder político que los templarios hubieran intentado establecer bajo las directivas del Islam.

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dio la orden a sus agentes de interrogar a los prisioneros acerca de “un ídolo que tiene la forma de una cabeza de hombre con una gran barba”. Y en los interrogatorios, se le llamó “Baphomet”.

Las declaraciones de los acusados están lejos de ser concordantes. Para unos, resultó ser una figura de madera; para otros, de plata o de cobre; algunos la vieron femenina, otros, masculina, lampiña o barbuda, demoníaca; para otros cuantos, tenía el aspecto de un gato, para algunos el de un puerco, con un solo rostro, o bien con dos o tres.

Sin embargo, es sorprendente que durante la aprehensión de todos los Templarios en una misma noche, no se hubiera podido encontrar una sola cabeza (una estatua, un ídolo), que correspondiera a las declaraciones hechas. Cuando la comisión convocó a Guillaume Pidoye, administrador-guardián de los bienes del Templo, para que él mostrara todas las figuras de metal o de madera que habían sido capturadas, el detentador de las reliquias no encontró sino una sola qué mostrar: se trataba de un obra maestra en plata dorada, muy hermosa, con rostro de mujer. En su interior reposaban dos huesos del cráneo, envueltos en un lienzo de lino blanco y rojo, que tenían cosida una cédula en la que se leía “caput LVIII”. Se vio en ellos los huesos de una mujer bastante pequeña y algunos declararon que provenían de una de las Once mil Vírgenes ...

Como conclusión se puede pensar —dice aún ese mismo autor-que, por medio de la tortura, se había obligado a algunos acusados a hablar de reliquias como si se tratara de ídolos diabólicos.

Queda por mencionar el nombre de “Baphomet”, cuya significación ha suscitado muchas tesis.

He aquí algunas:

A principios del siglo XIX, el célebre tratadista de asuntos árabes, Sylvestre de Sacy, sostuvo que se trataba de una alteración del nombre de Mahomet, y encontró que en un glosario del siglo XVIII la palabra “Bahomerid” sirve para significar mezquita. A lo cual algunos se oponen indicando que eso era poco probable, pues los musulmanes rechazan categóricamente la idolatría.

Más tarde el orientalista alemán Hammer-Purgstall, sostuvo primeramente que la palabra Baphomet venía de la palabra árabe “Bahumid”, que significa ternero, y que se trataba entonces del culto al becerro de oro 9 . Pero los

  • 9 La historia de la adoración del Becerro por el pueblo de Israel, no parece tampoco encajar aquí. Ante todo: el Becerro es “Ijl”, una figuración del Toro (Thawr), el cual es con el Hombre, el León y el Águila, uno de los cuatro “animales portadores del Trono y que en realidad son ángeles (Mla’ikah). Se comprende de inmediato que se trata de los cuatro signos fijos del Zodiaco: Toro (Ternero), León, Águila (Escorpión) y Aguador (el Hombre).

Los Templarios

arabistas no han encontrado la palabra “Bahumid” en sus diccionarios. Por otra parte, Hammer-Purgstall cambió rápidamente la tesis, y afirmó que la palabra tenía un origen gnóstico, al agrupar dos vocablos griegos, Baphé=bautismo y Myeo * =iniciación y que ello evocaba una recepción por el fuego.

Después, otros investigadores del siglo XIX, pretendieron demostrar que una figura hermafrodita, que cubría ciertos cofrecillos que acababan de ser descubiertos, representaba a Baphomet. Muy débil ya desde su comienzo, esta tesis fue completamente demolida por los que, como M. Probst-Biraben, han sabido probar que se trataba solamente de cofres con medicinas árabes 10 .

Más tarde, Víctor-Emile Michelet aseguró que se trataba de una fórmula abreviada de TEMpIi Omnium Hominum Pacis ABas, que era preciso leer cabalísticamente, de derecha a izquierda, manteniendo solamente ciertas letras.

Con la misma visión, John Charpentier, partiendo del principio de que San Juan Bautista era el patrón de los Templarios, sugirió para obtener la palabra Baphomet, reunir los términos Baptiste-Mahoma, “tachando —después de la tercera letra— un número igual a la cifra sagrada siete”.

Es curioso que en todas las tesis sostenidas, nadie haya pensado en aproximar el origen del nombre Baphomet a Bapho, el puerto de Chipre donde los Templarios fueron a instalarse, y más aún cuanto que en la Antigüedad, Bapho (BAfo) tenía un templo famoso consagrado a Astarté, la cual era a la vez Venus y la Luna, virgen y madre, y se le adoraba bajo la forma de una piedra negra (en analogía con la Ka’ba de la Meca). Ahora bien, hemos visto que los Templarios consagraban la mitad de sus plegarias a la Virgen Santa. En resumen, no es imposible que la Orden hubiera traído de Chipre alguna cabeza u osamentas, que por otro lado podían haber sido tanto cristianas como paganas, y que los jueces hubieran querido relacionar eso al culto de Astarté ...

*

N.E.: En el facsímil francés consta el término Météos=iniciación, pero las letras griegas μυέω se leen Myeo, lo que se traduce como “instruir sin palabras, iniciar”. Esta línea no consta en la Ed. Diana.

10 Proviene de la decoración de la cubierta del cofre árabe de Essarois, donde se creyó ver la representación de “Baphomet”, la figura representada tan a menudo en las obras de ocultismo, y que sirve de ilustración a casi todos los artículos que fueron escritos sobre los Templarios. Es ese personaje, mitad hombre, mitad mujer, teniendo dos astas, sobre cada una de las cuales se puede ver el Sol de un lado, y la luna del otro; en la parte baja de la figura, una cabeza de muerto está enmarcada por la estrella de los Pitagóricos (de 5 puntas) y por la estrella de los Magos (de siete puntas).

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En fin, todo ello es principalmente cuestión de explotación de la palabra, y no una significación de su verdadero sentido. Mas ¡ay! en gran parte sobre eso fue basado el proceso.

* * *

Desde la muerte de Thibaud Gaudin en 1295, Jacques de Molay era el Gran Maestro del Templo. En el mismo momento en que él fue promovido, el Rey de Francia, Felipe el Hermoso, entró en conflicto con el Papa Bonifacio VIII. Se trataba de las relaciones del poder espiritual y del poder temporal. Felipe el Hermoso impuso un subsidio con motivo de la guerra contra el rey de Inglaterra, y obligó a los clérigos a participar. Por su parte el Papa en 1296, por el decreto Clericis laicos, prohibió formalmente a todas las naciones poderosas, recurrir a tal fiscalización, y por su parte al clero pagarla sin la autorización de la Santa Sede.

Felipe el Hermoso respondió de inmediato prohibiendo formalmente la transferencia de moneda, fuera de Francia. Molesto por las dificultades que semejante autarquía financiera suscitaría, Bonifacio VIII anuló su decreto, algunos meses más tarde.

A principios del año de 1303, un nuevo consejero del rey se encargó de las relaciones con el papado. Tal fue Guillermo de Nogaret, antiguo profesor de Derecho en Montpellier, y más tarde juez en Nimes. El se perfiló desde el primer instante como un ambicioso, de violento temperamento. Tomando en sus manos la causa del rey en una asamblea, tenida en el Louvre el 12 de marzo de 1303, acusó al Papa principalmente de simonismo, y pidió al rey provocar la reunión de un concilio para juzgar al soberano pontífice. Después de haber regresado a la carga, en el mes de junio, para alertar la opinión pública, partió hacia Anagni en septiembre, con hombres de confianza para arrestar al Papa y conducirlo a Francia. Su operación falló. Pero Bonifacio VIII moriría algunos días más tarde (el 14 de septiembre). Ya agotado, Bonifacio VIII, al ver a Nogaret lo trató de “Patarino, hijo de Patarino”, es decir, de cátaro, de herético languedociano.

El término cátaro, debe tomarse en cuenta porque explica, en este caso, la pasión antipapista de Nogaret y, además, para establecer una hipótesis sobre la

aprehensión de los Templarios.

Los Templarios

El 22 de octubre un nuevo Papa fue elegido: Benito XI. Hostigado por los hombres de Nogaret, obligado a abandonar Roma y a refugiarse en Peruggia, se esforzó, sin embargo, en arreglar las relaciones entre Francia y el Papado. No obstante, el Papa conservó la ventaja, pues no solamente pudo rehusar recibir a Nogaret, sino que publicó una bula, denunciando su complot contra Bonifacio VIII, calificándolo como un “crimen monstruoso”, y le asignó comparecer con sus cómplices en Peruggia.

La situación era bastante inquietante para Nogaret, e indirectamente para el rey de Francia. Ambos fueron salvados providencialmente el 7 de julio, con la muerte súbita de Benito XI, que se dice sucumbió por haber comido demasiados higos frescos ...

Para elegir un sucesor, el cónclave empleó

cerca

de

un

año.

El

rey de

Francia tenía la palabra para opinar, y finalmente el compromiso se hizo en favor de un francés, amigo de la infancia de Felipe el Hermoso. Se trataba de Bertrand de Got, arzobispo de Burdeos, quien se convirtió en Papa bajo el nombre de Clemente V.

Durante diez años de lucha entre el Vaticano y los dirigentes franceses, las relaciones entre Felipe el Hermoso y la Orden del Templo fueron excelentes. Pero, al pedir ser admitido como miembro honorario de la milicia del Templo, el rey no abrigaba ciertamente ningún motivo de idealismo, sino deseaba encontrar ahí una gran fuerza muy ventajosa, tanto para sus choques con el Vaticano, como para sus dificultades financieras.

En julio de 1303, todos los recaudadores recibieron la orden de enviar sus fondos disponibles al Templo. Durante cuatro años la Orden del Templo, en relación con los agentes del rey, iba a administrar las finanzas del Estado.

El papa, en razón de su nacionalidad francesa y por habitar en dicho país, pudo finalizar la lucha con Roma. El rey podía constreñirlo e intentar ejercer sobre él una influencia, presentándose siempre como un gran defensor de la cristiandad. Por tanto, la situación de la Orden del Templo debió dejarlo pensativo: él no tenía nada que esperar y sí mucho que temer. Si él se beneficiaba con los haberes de los Templarios, no por ello poseía sus fondos ni sus propiedades. Había sido excelente contarlos como aliados durante las diferencias con el papado, pero en adelante este sostén resultaba inútil.

Y es en lo que todos los historiadores están de acuerdo, para llegar a las conclusiones siguientes: ¿Qué iban a hacer los Templarios? ¿Para salvaguardar su independencia se abstendrían de restablecer sus estrechos lazos con el Vaticano? ¿En consecuencia, acaso no convenía a sus enemigos sacar partido del hecho de que la Orden quedaba desvinculada de su razón de ser, de sus

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bases en el Cercano Oriente, para aprovechar absorber sus tierras y sus bienes? Semejante requisa alimentaría un poco las arcas del Estado, tan desposeídas. Pero después, bajo el ángulo de la controversia “poder espiritual- poder temporal”, la Orden del Templo, situándose entre los dos, podría según su deseo, pesar sobre uno u otro lado de la balanza.

Mientras la Orden permaneciera libre, convenía tomar precauciones contra ella. ¿Acaso no era más sagaz aprovechar la coyuntura, de la mala salud del Papa, y el descrédito que había caído sobre los Templarios desde la derrota de Acra 11 , para apoderarse de las riquezas de la Orden y quitarle toda oportunidad como partido, como Estado dentro del Estado?

He ahí el género de cuestiones que Felipe el Hermoso, Nogaret y otros, debieron plantearse. La supresión de la Orden se situaba para ellos con una perspectiva de estatismo. Faltaba encontrar un buen pretexto.

Al lado de la mala difusión, que circulaba acerca de los Templarios, una denuncia personal fue hecha, a principios de 1305, ante el Duque de Aragón y más tarde ante el rey de Francia, por un personaje poco recomendable, un condenado por el derecho común, un florentino, Noffo Dei, quien en la prisión de Agen había recogido la confesión de un templario apóstata de mala vida. Se percibe bien que las declaraciones que hizo ese vagabundo, no tenían otra meta que la de ver su pena anulada. Jaime de Aragón no tomó en cuenta esa denuncia, pero Felipe el Hermoso acordó abrir una “encuesta”, que por otra parte se convirtió en una aprehensión directa para encubrir a templarios excluidos de la Orden anteriormente por mala conducta. Además forzó también a otros a ser espías.

Al maquiavelismo se agregaba un sentimiento: Felipe el Hermoso temía particularmente lo que se producía en el sur de Francia, debido a las informaciones que provenían de Agen. Por ello después de haber suprimido la

11 Es preciso notar que los templarios guardaban relaciones con los musulmanes hasta el punto de que Guillermo de Beaujeu tuvo la Información del Emir Salah que le permitió hacer saber a los señores de Acre, que el Sultán iba a venir a asediarlo. Pero no fue creído. Poco después del 5 de abril, el sitio comenzó y duró hasta el 18 de mayo. El Gran Maestro Guillermo de Beaujeu, después de haber combatido valientemente, fue muerto, y la ciudad conquistada después de una verdadera carnicería. Algunos templarios fueron salvados en dos navíos de la Orden con numerosos civiles, que fueron transportados a Chipre, mientras que muchos otros quedaron para batirse hasta la muerte. Al mismo tiempo, los templarios de la guarnición de Sayete, se constituyeron en capítulo general para elegir como Maestro a su capellán Thibaud Gaudin. Inmediatamente que fue nombrado, éste partió para buscar socorro en Chipre. No encontrándolo, permaneció en la isla, lo cual le valió ser acusado de cobardía. Sin embargo, poco después, todas las guarniciones se le reunieron y el reino de las cruzadas dejó de existir. No pudo reprochársele a la Orden haberse ablandado, envilecido y corrompido. Contra toda esperanza, sus caballeros habían resistido hasta el último minuto.

Los Templarios

Inquisición, la restableció en 1304.

En Lyon

el 15 de noviembre

de

1305, con ocasión de la coronación de

Clemente V, en la iglesia de San Justo, Felipe el Hermoso tuvo una larga

conversación con el nuevo Papa.

Durante la ceremonia, o más bien en el desfile por las calles, ocurrió un trágico accidente. Un muro sobre el cual estaban numerosos espectadores, al derrumbarse había matado a una docena de personas del cortejo, entre quienes estaba el Duque de Bretaña. El Papa cayó de su caballo, y vio rodar por tierra su tiara, que perdió una piedra preciosa. Clemente V fue muy afectado moralmente; muchas personas interpretaron esto como un mal augurio para su reinado.

En la conversación con el rey de Francia, se abordaron muchos problemas, principalmente el problema de los Templarios, así como el envío de una nueva

cruzada a Palestina

Pero sobre ello no se tomó ninguna decisión. Por su parte

... Felipe el Hermoso obtuvo el nombramiento de nueve cardenales franceses, dividiéndose con el Papa la elección en favor de parientes o amigos. Georges Lizerand ha escrito: “En lugar de Cardenales hombres de estado, se tuvo cardenales hombres de negocios y favorables al rey”.

A comienzos de 1306 una tercera devaluación trajo indudablemente una subida de los precios; el populacho de París, indignado, se dirigió hacia la Torre del Templo, donde el rey y los suyos habían buscado refugio. No pudiendo penetrar, la masa sitió el Templo, interceptando la llegada de los alimentos que se llevaban allí. Cuando Felipe el Hermoso pudo recuperar la libertad, hizo colgar en las puertas de la ciudad a veintiocho de los manifestantes. No era esa la primera vez que el rey de Francia iba a residir en el Templo, tanto para instruirse sobre las riquezas de los templarios, como para intentar penetrar en algunos de sus misterios.

El mismo año el rey desposeía, torturaba y expulsaba a los judíos del reino; otro procedimiento para adquirir bienes.

En fin, Felipe el Hermoso no había arreglado todavía todas las cuestiones pendientes con Roma, principalmente el caso Nogaret. En la primavera de 1307, varias conversaciones tuvieron lugar en Poitiers con el Papa. Este hizo una proposición que el rey rechazó inmediatamente. Clemente V se retiró durante varias semanas. Bruscamente, el 24 de agosto, escribió al rey diciéndole que había cambiado de opinión, porque después de haber consultado a los cardenales y ver que el mismo Jacques de Molay, el Gran Maestro del Templo, deseaba una investigación, él como Papa iba a llevarla a cabo personalmente. En efecto, comenzó rápidamente sus búsquedas, pero no debió encontrar gran cosa, ya que un mes más tarde, el 26 de septiembre, escribió al rey para pedirle informaciones sobre los templarios.

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Semejante encuesta inquietó a Felipe el Hermoso y a Nogaret, ya que todo sería llevado a proceso, si el Papa concluía sus investigaciones en favor de los templarios.

Sin embargo, el momento parecía oportuno, todos los dignatarios del Templo estaban residiendo en Francia. Pero tratándose de una investigación religiosa, era preciso que la decisión del rey estuviese cobijada por una autoridad eclesiástica como la de la Inquisición. El inquisidor principal de Francia era Guillaume Humbert, de París, confesor del rey, y más bien devoto de su persona; el apoyo no parecía pues difícil de obtener.

Queriendo abrigarse bajo la Inquisición, Felipe el Hermoso, no obstante, no quería dejarle la instrucción del asunto; quería ante todo hacer “trabajar”, es decir, torturar a los acusados, pero en este caso mediante comisarios laicos enviados a los arrendamientos y a las senescalías. Las instrucciones especificaban muy nítidamente que los comisarios civiles, después de haber detenido a los templarios, dirigirían ellos mismos los primeros interrogatorios, y después —solamente— llamarían a los comisarios del inquisidor. Nogaret esperaba de los religiosos la ratificación, pero no la conducción del asunto.

Se comprende fácilmente

por qué

no

se

trataba

de

interrogar a los

prisioneros, sino de obligar al mayor número de ellos, por medio de la tortura, a

reconocer los “artículos de error” indicados a los comisarios.

La instrucción dice muy claramente, que los comisarios “examinarán la verdad con cuidado, por medio de la tortura si es necesario”. Además, los jueces disponían de un argumento de peso para incitar a los prisioneros a respetar lo que se les dictaba: “Les prometerán el perdón si confesaran la verdad y volvieran a la fe de la Santa Iglesia; de otra manera serían condenados a muerte”.

Para

llevar a efecto

su

plan

en todas

partes

y

a

la misma

hora, fue

realizada la gran redada durante la madrugada del viernes 13 de octubre, sin ninguna resistencia.

Según cierta leyenda, Jacques de Molay estaba lejos de sorprenderse, porque conocía la fecha de la aprehensión y había hecho sacar los documentos importantes de la Orden en tres carretas cubiertas de paja, el 12 en la noche.

Para explicar el extraño desarrollo, Regina Pernoud ha formulado una curiosa hipótesis. Con base en el hecho de que Nogaret había sido tratado de “patarin” por el Papa, ella se pregunta si todos los antiguos cátaros que se encontraban en el Templo, no habrían establecido en connivencia con Nogaret la aprehensión de los templarios, con el fin de salvarse personalmente y dar así un golpe al Vaticano!

Los Templarios

Al mismo tiempo que hacía interrogar con instrumentos de tortura a todos los templarios de Francia, Felipe el Hermoso dirigía cartas a todos los soberanos de Europa, para denunciar ante ellos la Orden.

Los acusadores exhibían públicamente a Jacques de Molay, porque después de haber sido “trabajado” durante una decena de días con torturas, el Gran Maestro había pasado el día anterior “confesando” lo que se le pedía. Antes de él, otro gran dignatario de la Orden, Geoffroy de Charnay, el 21 de octubre había “confesado” igualmente una multitud de cosas, como si hubieran estado en relación con la herejía dualista, la cual al declarar SU aversión a la Cruz, por considerar que el crucificado no fue sino un ladrón que tomó el lugar del Cristo, y que el Cristo mismo no fue más que una apariencia, ya que Dios no podía encarnarse en este mundo dedicado al mal.

En efecto, se obligó sobre todo a los templarios a “confesar” la supuesta obligación de escupir sobre la cruz durante la recepción en la Orden, así como la sodomía obligatoria, y en fin la adoración a este ídolo (el Bafomet).

Ahora bien, los textos de los estatutos (reglas) de la Orden descubiertos y publicados últimamente son los que hablan de ello, pues los primeros no estipulan nada semejante. Se puede pensar muy bien, que si realmente los acusadores hubieran encontrado tales prescripciones o la menor huella de semejantes prácticas, las habrían citado y dado como prueba en apoyo, lo cual no fue hecho jamás por los investigadores. Hacia fin de año, de los ciento treinta y ocho templarios arrestados en París, todos, salvo cuatro, se habían “confesado” culpables.

A pesar de todo, Clemente V poco convencido del crimen de herejía, quería de todos modos sustraer a Felipe el Hermoso, la instrucción del proceso, para llevarlo a cabo él mismo. Pero no podía mostrar a priori un aire favorable hacia los inculpados. Ordenó pues la aprehensión general de los miembros de la Orden y envió al rey de Francia sus dos cardenales Etienne y Beranger. Felipe aceptó remitir sus prisioneros al Papa.

La noticia provocó un verdadero choque psicológico entre los templarios:

no estaba todo perdido para ellos.

Jacques de Molay hizo una tablilla que firmó invitando a todos los prisioneros a revocar sus confesiones. Y dio él mismo el ejemplo, anulando sus declaraciones hechas bajo el efecto de las torturas. El lo hizo delante de una gran multitud, mostrando su cuerpo destrozado por las atrocidades de sus verdugos. Otro dignatario, Hugues de Pairaud, delante de dos cardenales que lo invitaron a cenar, mostró algo semejante.

Decidido

a

revisar

enteramente

el

primer

proceso,

el

Papa

anuló

a

principios de 1308, los poderes de los inquisidores.

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Propósito Psicológico XXXI

El círculo del rey, extremadamente inquieto por esa perspectiva, decidió

organizar lo

opiniones.

que

se llama hoy,

una campaña

de

prensa a

fin

de exaltar las

Felipe el Hermoso empleó numerosos medios para hacer presión sobre el Papa, y a fin de cuentas hizo azotar a setenta y dos “templarios”, entre los cuales no había ningún dignatario de la Orden, sino que todos eran antiguos templarios excluidos de la Orden, que estaban al servicio de Felipe para espiar y rendir cuenta de lo que pasaba en el templo, y por supuesto aceptaron confesar todo lo que el rey deseaba. Por haber rechazado condenarlos inmediata y personalmente como se lo pedía Felipe, el Papa se encontraba esta vez en mala posición.

En

fin,

los prisioneros tuvieron

que ser devueltos

al

rey,

por razones

desconocidas (quizás la falta de lugar y de hombres para custodiarlos).

Las declaraciones de los templarios se han conservado como evocaciones de mártires. El hermano Bernard du Gué no titubeó al decir: “He sido tan torturado, tan interrogado y tantas veces puesto al fuego, que las carnes de mis talones han sido todas quemadas, hasta el punto de que los huesos se me cayeron poco después”.

No sin entereza, el 24 de abril de 1310, los representantes de la defensa volvieron a la carga, publicando una bula que habían redactado para decir que los templarios fueron “conducidos como manada al matadero”.

Aquellos jueces de ocasión, los comisarios, experimentaban en el fondo de sí mismos cargo de conciencia, pero el totalitario Felipe el Hermoso vencía siempre sobre su moral. Y los comisarios reanudaban sus interrogatorios.

Uno de los testimonios más estremecedores que se conserva, es el del hermano Aymeri de Villiers-le-Duc quien lo había pronunciado pálido y aterrorizado, durante el proceso verbal. Elevando la mano hacia el altar, juró que todos los crímenes imputados a la Orden eran falsos. Y pidió que la muerte lo abatiera de inmediato si él mentía: “Que mi cuerpo y mi alma sean aquí mismo sumergidos en el infierno”.

Ahora bien, él era de los que primeramente habían hecho confesiones, y así lo recordó:

“Sí, he confesado algunos de esos errores, yo lo reconozco, pero fue bajo

el efecto de los tormentos que me habían hecho sufrir G. de Marcilly y Hugues de la Celle, caballeros del rey, durante su interrogatorio. Yo había visto el día anterior llevar en carreta cincuenta y cuatro de mis hermanos para ser

quemados vivos, por no haber confesado esos crímenes

Ah! si, yo iba a ser

... quemado y tuve demasiado miedo a la muerte, no lo soporté, ni aún ahora lo

Los Templarios

soportaría! Yo cedería

Yo confesaría bajo juramento, delante de vos y delante

... de no importa quién, todos los crímenes que se le imputan a la Orden; yo confesaría que he matado a Dios, si me lo preguntasen. Ah! os ruego, os suplico no revelar nada de todo esto a las gentes del rey. Tengo demasiado miedo que si ellos llegasen a saberlo, me hagan padecer los mismos suplicios que a mis hermanos…”

La voluntad de ser franco y valiente, se acompañaba de un gran miedo a la muerte. Los mismos sentimientos expresados por Aymeri, se encontraban más o menos presentes en muchos otros de los templarios. Si la muerte aterrorizaba tanto en aquel mundo teóricamente caballeresco y cristiano donde ella debería importar menos, era porque con la Iglesia debilitada, los ideales católicos puestos en cuestión, dejaban una perspectiva confusa, cegada por los fuegos de la Inquisición, que daban un sabor a antesala del infierno. El Templo, que había comenzado a la luz de la sonrisa de la Santa Virgen, finalizaba delante de las muecas de los demonios ...

Clemente V conservaba quizás esa misma opinión en el fondo, pero deprimido por su estado de salud, cercado por el Estado de Felipe el Hermoso, debió estimar imposible poner de nuevo en causa el proceso. Como siempre, el Papa intentaba transigir. Dio a conocer al Concilio de Viena (en el Delfinado francés) su bula Vox clamantis, que no proclamaba la condenación del Templo, sino su extinción: “Nosotros abolimos la susodicha Orden del Templo con todas sus instituciones, no sin amargura e íntimo dolor; no en virtud de una sentencia judiciaria, sino por medio de decisión u ordenanza apostólica”.

En fin, el tribunal que bajo la dependencia directa del Papa debía juzgar a los dignatarios del Templo pronunció su fallo, como se sabe, el 19 de marzo de

1314.

La protesta de Jacques de Molay, y de Geoffroy de Charnay, llevó a Felipe el Hermoso a condenarlos a la hoguera. Ellos murieron conforme su petición, con el rostro vuelto hacia Nuestra Señora (Catedral de París).

Pero, Nogaret, el Papa y Felipe el Hermoso, no sobrevivieron por mucho tiempo al proceso. Se sabe que el Venerable Gran Maestro, desde lo alto de su hoguera, hizo una profecía que se cumplió. Ellos debían comparecer delante del tribunal celeste, casi un año después del martirio del último Gran Maestro de la Orden del Templo. Dante colocó a Clemente V en el 8vo. círculo de su infierno, entre los simoníacos, es decir, con los traficantes de las cosas espirituales, como un “pastor sin ley, encargado de las más feas obras”.

Mucho se tuvo que escribir sobre los Templarios a partir del siglo XVIII para intentar penetrar los misterios de la Orden, así como para indicar la continuación de su historia. Se ha dicho inclusive que los templarios contribuyeron a la fundación de la Compañía de Jesús, y según algunos, se encontraron también

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Propósito Psicológico XXXI

en el origen del establecimiento de la francmasonería.

En 1828, el abad Grégoire, antiguo diputado de la Constituyente y de la Convención, en su “Historia de las sectas religiosas”, testimonió la conservación de la Orden al dar el nombre de los Grandes Maestros de la Orden hasta Jacques de Molay. Entre ellos fueron mencionados:

Bertrand du Guesclin, Henry de Montmorency, Charles de Valois, Philippe d ´Orleans, el Príncipe Conti, el Príncipe de Condé, etc.

Por otro lado, bajo el imperio francés en 1808, se desarrolló un suntuoso servicio fúnebre para celebrar el aniversario de la muerte

Los Templarios

Los Templarios de Jacques de Molay en la iglesia de Saint Paul-Saint Louis de París, oficiandowww.sergeraynauddelaferriere.net 43 " id="pdf-obj-42-4" src="pdf-obj-42-4.jpg">

de Jacques de Molay en la iglesia de Saint Paul-Saint Louis de París, oficiando el abad Clouet quien, llevando el hábito de primado de la Orden, pronunció un vibrante elogio del Gran Maestro. Bajo la Restauración en 1824, la

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misma ceremonia tuvo lugar en Saint Germain l´Auxerrois.

Por último, Raymond Oursel acaba de publicar una minuciosa traducción de los interrogatorios del proceso, y declara en una nota saber que “la Orden del Templo ha sobrevivido a sí misma hasta nuestros días como una especie de sociedad secreta”.

* * *

Para terminar, tomaremos las líneas de Pierre Ponsoye (en “El Islam y el Graal”, pág. 181).

La enseñanza del Graal, ni planteaba abiertamente el problema de las

relaciones del Papado y del Imperio, ni tenía por qué hacerlo en el plano

Iniciático

que

le

era propio; como

fatalidad del siglo.

tal, ese problema

no

existía

sino

por

la

En cuanto a la dualidad misma de las dos grandes funciones exotéricas, dicha enseñanza tiene razones complejas, cuyo estudio se saldría del marco de este trabajo y se acoge ante todo las modalidades particulares de la manifestación crística y de la extensión del cristianismo a la gentilidad. Sea como sea, esa dualidad implicaba por sí misma un principio común, impuesto metafísicamente por su unidad esencial, e impuesto tradicionalmente por la pertenencia del cristianismo a la Orden de Malki-Tsedeq.

Debía llegar un momento, por lo tanto, en que la fatalidad impondría a los herederos del Templo tomar una posición en esta perspectiva, tan abiertamente como lo permitía la naturaleza profunda de la doctrina y el secreto Iniciático. Este momento está marcado en el linde del siglo XIV, por los dos síntomas mayores del mal del cual la cristiandad debía morir, por supuesto no como Iglesia, sino como “Ciudad” humana y divina: la desaparición de la Orden del Templo y el conflicto más grave que jamás ocurrió entre el Papado y el Imperio, de apariencia tanto más irremediable, puesto que, desde hacía largo tiempo, no se trataba solamente de atribuciones sino de principios.

Del hecho

de asumir esa

posición, la obra de Dante

es el testigo más

audaz, el más completo y, para nosotros, el más precioso. Su obra “De Monarchia” en particular, publicada con ocasión del

Los Templarios

desembarco de Enrique VII en Italia, expone, apenas velada bajo su forma escolástica, una doctrina que está muy lejos de ser puramente abstracta y teórica, como podría creerse a través de una lectura un poco superficial. Entre los pasajes donde el autor deja ver lo más claramente posible su profundo pensamiento, citaremos aquel donde refuta el argumento según el cual, en el caso del Papa y del Emperador, siendo hombres, y puesto que todos los hombres son ordenados conforme a un solo hombre, el cual constituye su medida y su arquetipo, el Emperador está subordinado necesariamente al Papa, ya que éste a su vez, no puede estar subordinado a otro hombre. He aquí lo que dice Dante: “En tanto que ellos son seres relativos (el pontificado y el poder imperial son relaciones y no formas substanciales como la humanidad), deben ser ordenados uno al otro, si uno está subordinado al otro, o si pertenecen a una misma especie de relación, o si están ordenados a un tercer ser como a su arquetipo. Ahora bien, en este caso no se puede sostener que uno esté subordinado al otro, o que uno fuese atribuido al otro, lo cual sería falso en efecto. Nosotros no decimos que el Emperador es el Papa ni viceversa. No se puede sostener tampoco que ellos pertenezcan a la misma especie, ya que la esencia del Papado no es la del Imperio. Ellos están ordenados, pues, a un ser en el cual encuentran su unidad.

Para comprender esta última aseveración, recordemos que la relación se comporta frente a la relación como lo relativo frente a lo relativo. El Papado y el Imperio, al ser relaciones de preeminencia, deben estar ordenados a la relación de preeminencia de la cual ellos proceden; por tanto, el Papa y el Emperador al ser relativos, deben ser ordenados a un ser en el cual se encuentra, sin características particulares, la relación misma de preeminencia. Así, es evidente que el Papa y el Emperador, en tanto que hombres, están ordenados a un ser único, en tanto que Papa y en tanto que Emperador, están ordenados a otro ser”.

La conclusión ostensible es que el Emperador no puede ser ordenado al Papa. Pero hay otra que sin ser explotada no es menos explícita: si el Emperador y el Papa están ordenados, en tanto que hombres por una parte, y como Papa y Emperador por otra a dos seres distintos, ellos en cambio no lo están inmediatamente a Dios, o dicho de otra manera, en la fuente de sus funciones existe solamente esa “sustancia inferior a Dios”, en quien “se encuentra sin características particulares la relación misma de preeminencia”.

Dante no era hombre que hacía ostentación

de palabras ni perseguía

quimeras, y se puede pensar más bien que en ese año de 1311, en el cual el

destino parecía aún en suspenso, era difícil y sin duda inútil decir más.

Sin embargo, no habríamos citado ese curioso pasaje, si cualquiera que hubiera sido la grandeza intelectual de su autor, él no expresara sino una tesis personal. Pero hoy se sabe que no fue así. Como Wolfram en una época, pero

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Propósito Psicológico XXXI

con una autoridad propia a la cual la del caballero Wolfram no puede ser comparada, Dante hablaba en nombre de las organizaciones Iniciáticas herederas de la Orden del Templo, y en particular de la Fede Santa de la cual él era, sin duda, uno de los jefes. Entre la serena reserva del primero, y la ardiente apología del segundo, los acontecimientos sobrevenidos desde 1307 establecen toda la diferencia.

De Wolfram a Dante, la filiación doctrinal no tiene que ser demostrada. En cuanto a lo que concierne a la constatación de huellas de influencia islámica, he aquí lo que dice B. Landry en su edición francesa de “De Monarchia: “Un filósofo impregnado tanto de averroísmo como de cristianismo, tal aparece Dante en su obra “De Monarchia. Por otro lado, ¿acaso no amó él siempre y en todos aspectos a los árabes? Recordemos que Dante no quiso colocar en su Infierno a aquel que los agustinianos llamaban el Maldito, sino que él lo llama el Autor del Gran Comentario; recordemos también que Siger de Brabant, el averroísta parisino que Santo Tomás combatía con tanta fuerza, se sienta en el Paraíso con su ilustre adversario. En fin, no olvidemos que Dante había leído y meditado la literatura árabe, conocía los viajes que Mahoma había hecho en el otro mundo, y ellos demuestran que los círculos del Infierno dantesco son muy semejantes a los del Infierno musulmán.

En verdad, Dante estaba impregnado del pensamiento árabe (sería más exacto decir islámico), no solamente por el averroísmo sino también y sobre todo, por el esoterismo sufí, y en particular por la enseñanza de Ibn Masâra y de Ibn Arabí. Los trabajos de Miguel Asín Palacios han demostrado la influencia indiscutible de obras como los Futûhât el-Mekkyiah, y el Kitâb el-Isrâ, sobre la Divina Comedia, la Vita Nuova y el Convite.

La palabra “impregnado” es justa en cuanto que hace sobrentender un aspecto intelectual situado en las fuentes mismas del pensamiento, y cuyo indiscutible esoterismo en las obras de Alighieri, basta para excluir todo carácter exterior o “profano”.

La doctrina del imperio universal en Dante, también encuentra efectivamente en Aristóteles, a través de los doctores musulmanes, alguien que responde y una caución. Pero cuando él dice a propósito del Emperador, que “sólo Dios escoge, sólo Dios inviste, ya que sólo Dios no tiene superior” o también que “la autoridad temporal del monarca desciende sobre él de la Fuente Universal”, no se trataba solamente de la transposición en un orden social “ideal” de una filosofía del orden cósmico: se trataba de una realidad venerable, viviente y amenazada, que era importante defender, a la vez, de los que pretendían negarla, como de los que la desviaban con un interés de partido y al mismo tiempo promover, en unión y en equilibrio con la autoridad espiritual, sobre las bases de autenticidad y de regularidad, que solamente podía proveer

la Sabiduría tradicional universal.

Los Templarios

En obras de exposición directa, tales como “De Monarchia” o el “Convite”, destinadas a una amplia difusión, y que debieron contar con la vigilancia del Santo Oficio (se sabe que “De Monarchia” habría sido quemada en 1327 bajo la orden del Cardenal Du Puget, legado del Papa), no puede esperarse encontrar expresadas sino las relaciones de fondo con la doctrina del Califato, tal como Ibn’ Arabî lo expone notablemente en el capítulo 73 de su Futûhât. Pero las nociones capitales se encuentran: en la universalidad del imperio y en la investidura divina directa. La última al menos, no debe nada a Aristóteles, y se le buscaría vanamente, por otra parte, fuentes patrísticas, sin hablar de la doctrina de la Iglesia, que, con los agustinos apuntaba a establecer la primacía absoluta de la Sede pontifical.

Se notará que Dante, posiblemente por los motivos indicados arriba, deja subsistir completa la ambigüedad entre los aspectos esotéricos y exotéricos del Imperio como del Papado. Esta ambigüedad se encuentra en la noción y en la palabra de Khalifah, a través de la cual el Sheikh el-Akbar comprende la autoridad exterior islámica como Polo Supremo.

Se ve quizás una coincidencia análoga, en lo que concierne al Imperio, en la persona del Gran Enrique, al cual Dante coloca en el más alto grado del Paraíso, es decir en la Ciencia Iniciática. Pero es difícil decir si esta coincidencia fue efectiva o solamente simbólica, pues Enrique VII como Emperador y como Iniciado, pudo haber sido exclusivamente el representante de la autoridad invisible, que por ejemplo el rosacrucismo había de designar más tarde con el nombre de Imperator. Si Dante guarda de ese personaje una reserva comprensible, no duda en entregar bajo una forma esa verdad enigmática, con índices significativos bajo el aspecto profundo de la tradición imperial, y su finalidad espiritual y escatológica.

Queremos

hablar

de

los

misteriosos

Veltro

(Inferno

1,

100-111)

y

“cinquecento diece e cinque, messo di Dio” (Purgatorio, XXXIII, 43-44) del heredero del Águila Imperial, en quien está anunciada una misión restauradora, a la vez temporal y espiritual, y de un carácter nítidamente apocalíptico. Sin prejuicios de aplicaciones más restringidas que las que Dante podía haber tenido además en cuenta, se trataba ahí sin ninguna duda de la transfiguración del Imperio en el sacrum Imperium verdadero y universal, esperado al final de los tiempos. Ahora bien, ese “enviado de Dios” tiene una correspondencia precisa en la escatología islámica con la persona del Mahdî (el Guía de Dios), Precursor de la Segunda Venida.

Dante agrega aún: “La bondad desbordante de esta Fuente, una y simple en ella misma, se vertía en una multitud de riachuelos”. Si se hubiera tratado solamente de afirmar la distinción de origen del “arroyo” imperial en relación con

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Propósito Psicológico XXXI

el “arroyo” apostólico, ¿hubiera hablado él de una “multitud”? Y aún entonces la doctrina sería clara, ya que al ser afirmada por dos, basta para plantear el principio. Y podría él, por otra parte, proclamar la universalidad del imperio sin reconocer esta unidad tradicional esencial de la cual ella no es más que un corolario? La enseñanza de Wolfram y la de Dante pueden aclararse la una a la otra a ese respecto. Pero si se quisieren buscar referencias exegéticas explícitas de ambos, no es en la Biblia donde se encontrarían, sino en el Corán, en textos como aquel que resume en unas cuantas palabras toda esta secuencia doctrinal, y que es como el supremo mensaje del Islam a las Gentes (Gentiles) del Libro, es decir, a los cristianos y a los judíos y que dice:

Di: Oh Gentes

del Libro

Eleváos hasta una Palabra igualmente válida

... para nosotros y para vosotros: que nada adhiramos a Dios, que no Le asociemos nada, que no tomemos a algunos de nosotros como ‘señores’, fuera de Dios”. (Qorán, III-57).

En esta Palabra dada como punto de encuentro de la Torah, del Evangelio y del Qorán, el texto sagrado define la Vía del monoteísmo puro o de la Unidad absoluta, que es la de Abraham (Qorán, XIII-29), y que en el sentido místico e Iniciático es la de la Identidad suprema, afirmada abierta y esotéricamente por todas las doctrinas tradicionales. Ella se sitúa como un nivel sintético de la Madre del Libro, prototipo eterno de todos los Libros revelados, que está “cerca de Allah” (Qorán, XIII-39). En las perspectivas judaica y cristiana respectivamente, ella es recibida bajo el aspecto principal de la Torah y del Verbo.

Ahora bien, para el Islam, “el Mesías, Jesús, hijo de María, es el Enviado de Dios y es Su palabra la que El ha proyectado en María” (Qorán, IV-169), como también la confirmación de la Torah (Qorán, V-50). Pero, en la visión islámica, ella se manifiesta además como síntesis final y totalizante de los Verbos proféticos anteriores, aquel en quien Allah la ha “proyectado” como tal. Seyidnâ Mohammed es el Sello de la Profecía Universal y es por ello que según el Hadith, ha podido decir: “Yo he recibido las Sumas Palabras y he sido suscitado para realizar las Virtudes más nobles”. Es a esta característica específica de totalización profética, que el Islam debió y debe su calificación sobrenatural para transmitir a las Gentes del Libro (los judíos y los cristianos), un mensaje semejante, y para trabajar con ellos para su realización.

Si se toma con ese propósito la terminología de Ibn Arabí en sus Fuçûç el- Hikam, se observará que la Palabra igualmente valedera, responde exactamente a la piedra preciosa crística, descendida del cielo con los moldes

de la realeza divina y bajo el aspecto especial de la síntesis universal, que es el

de la Segunda Venida,

la cual marcará

el

cierre del ciclo humano

actual,

mientras que la síntesis mahometana señalaba el cierre de la profecía

Los Templarios

legislativa. Es precisamente la piedra de la cual Flegetanis había leído el nombre en las estrellas, y que Kyot, por vía oral, había reconocido de inmediato. Como Trevrizent le decía a Parzival, “ella no ha cesado de ser pura”.

Septiembre 1958

* * *

Fin del No. XXXI de la Serie de los “Propósitos Psicológicos”, anexado al Libro Negro de la Francmasonería, por instrucciones del Muy Venerable Gran Maestre Dr. Serge Raynaud de la Ferrière.

Serge Raynaud de la Ferrière

Los Propósitos Psicológicos Tomo XXXII

El Santo Graal

ENSENANZA PERIÓDICA SOBRE LA CIENCIA DEL PENSAMIENTO, DEL ALMA Y DEL ESPIRITU.

Serge Raynaud de la Ferrière

Propósito Psicológico XXXII

EL SANTO GRAAL

El enigma del Graal - escribe Pierre Ponsoye 1 - es de aquellos que no cesarán jamás de despertar el interés profundo del hombre que medita, porque su “lugar” está más allá de todos los problemas secundarios del Espíritu, en la retirada muy interior de este misterio de intelección que, para todos los grandes espirituales, es una memoria, la memoria espontánea de las cosas divinas. Es en el corazón de esta memoria, de esta información esencial de Dios que su secreto quiere ser buscado.

Sería pues un error el querer situar “geográficamente” y en el tiempo esta Leyenda prestigiosa que ha sabido animar dinámicamente a más de un gran místico.

La palabra Graal es originaria del Mediodía de Francia, el diccionario de Littré, la da como proveniente del viejo francés graalz, forma particular del provenzal grazal; en antiguo catalán gradalis, gradalus: especie de vaso.

Su historia apareció hacia el final del siglo XII con tres novelas que se han convertido en célebres el “Li Contes del Graal”(Perceval li Gallois) de Chrétien de Troyes, “La Historia del Graal” de Robert de Boron y el “Parzival”, de Wolfram von Eschenbach.

A pesar

de ello,

parece más

bien

que

se trata

de una larga y secreta

tradición, como la han revindicado por otra parte todos aquellos que han hecho

mención de esta historia legendaria, basada en un magisterio esotérico.

Por otra parte, la doctrina podía

existir bajo otros términos y la palabra

Graal, ha venido a calificarla mucho tiempo después.

La “verdad del Graal” es la visio Dei, no la visión de Dios por el hombre, sino la visión de Dios por Él mismo en el hombre, su encuentro con Él mismo en el hombre, en el corazón del Instante eterno y del “divino Silencio”, donde “el Espíritu sondea todo, aun lo profundo de Dios” (según la primera Epístola a los Corintios, cap. II, vers.10).

Albert Pauphilet había percibido este carácter esencialmente intelectual de la “Búsqueda” donde veía el acceso al “secreto de la Vida universal”. En su hermoso estudio sobre la Búsqueda del Santo-Graal, la Señora Myrrha Lot- Borodine amplía y supera esta exégesis mostrando que el “Santo Vaso” es una

  • 1 El Islam y el Graal (Ed. Denoel, París, 1958).

El Santo Graal

realidad divina, en el pleno sentido de la palabra y designa una viviente y permanente Presencia. A través de la historia de Galaad, la eminente medievalista, discierne en filigrana la doctrina de la imago Dei, retomada y desarrollada en Occidente por Guillaume de Saint-Thierry y una parte de la escuela cisterciense a partir de los Padres griegos de los siglos III y IV. La noción central sobre la cual reposa esta doctrina “no es otra cosa que el conocimiento directo de Dios y de su Verbo” como dice E. Vansteenberghe (en “Sobre La Docta Ignorancia”). Ella es la base de la teología mística del pseudo- Dionisio y sus sucesores y notablemente de la concepción de la Filiación divina en Eckhart y Nicolás de Cusa 2 .

Su fundamento metafísico es el Intelecto trascendente. En cuanto a la teología “mística”, Maurice de Gandillac la define bastante bien al decir que se trata del sentido primitivo de lo “indecible” (instruir sin palabras, iniciar) que se

puede designar como “un saber que viene de Dios” y concluye justamente: “Es

porque (esta teología) se presenta menos

como una discusión sistemática a la

... manera de las Summas medievales o de los Manuales modernos, que como una “iniciación”, una “revelación”.

Lo hemos

visto

ya

(en el Propósito Psicológico precedente) que es

indiscutible que hay un esoterismo cristiano, comparable a los esoterismos hebraico, islámico u otros y que la leyenda del Graal no es la prueba menor.

La enseñanza del Santo Graal es de pura tradición iniciática. En cuanto a la verdadera naturaleza de esta enseñanza, la confrontación de los principales datos otorgados por el contexto general del ciclo permite concluir sin equívoco que esta doctrina concierne a un Misterio presente sobre la tierra con la plenitud de su virtud celeste, al que sólo se accede por vía de calificación y en peligro de muerte.

Noción capital -hace notar P. Ponsoye-, unánimemente afirmada por las diferentes versiones de las cuales ella es el fundamento común. En este Misterio, cuyo soporte y signo es un Objeto muy santo (la Copa que contuvo la Sangre del Cristo, o la Piedra descendida del Cielo), la esencia misma de la revelación se comunica “apertement”. El es VERBO (las “santísimas palabras”), LUZ (es visto y aclara) y VIDA (ofrecida a los elegidos en una Cena primordial, arquetipo paradisíaco de la comunión eucarística). El está guardado en un Centro escondido, accesible solamente a raros elegidos (para Chrétien de Troyes es el Castillo del Graal; en Robert es la residencia desconocida de los descendientes de Bron; en Wolfram, es Montsalvage).

  • 2 “He hablado también de una luz que hay en el alma, luz que es increada e increable

...

Y esta

luz recibe a Dios inmediatamente, sin velo, desnudo, como El es en El-mismo: El la recibe en la operación de la traída al mundo de Dios (Obras del Maestro Eckhart, Ed. Gallimard, París,

1942).

Serge Raynaud de la Ferrière

Propósito Psicológico XXXII

Esta noción de una enseñanza secreta transmitida por vía oral y puesta secundariamente por escrito bajo forma legendaria es la única que rinde cuenta de los hechos. El empleo de la palabra “retirada” (retrahere) no hace más que confirmar la explicación de la contradicción aparente de la misma manera que la expresión “ningún hombre que fue mortal”. Esta puede aparecer al lector no advertido como una especie de pleonasmo, mientras que ella se refiere, de manera tácita pero cierta, a hombres (los “grandes clérigos”) que escaparían a esa condición. Ahora bien, precisamente, los iniciados al esoterismo cristiano eran llamados los “vivientes” por oposición a los mortales o profanos.

En fin, el Santo-Graal es celebrado en una liturgia especial (el “servicio de1 Graal”) a la que se ha atribuido (erróneamente quizás) un carácter “mágico” mientras que en todas las obras su eficiencia milagrosa está claramente relacionada con la Presencia divina en sí misma (simbolizada en Wolfram por ejemplo por la Hostia que desciende del Cielo sobre la Piedra cada Viernes Santo). Esta liturgia está asegurada por una comunidad santa de carácter sacerdotal -sin que se trate de todos modos de un clero- que permanece desconocida del mundo, así como su depósito sagrado, cuya vía de transmisión es distinta desde los orígenes de la sucesión apostólica (en Robert y sus continuadores, revelación personal del Cristo a José de Arimatea; en Wolfram y Albrecht, investidura celeste de Titurel y de su linaje).

Pero, hablando del carácter mágico, debemos estudiar ese sentido en la situación filosófica. Para eso regresaremos sobre una cuestión ya estudiada precedentemente (en nuestro Propósito Psicológico XXVIII), a saber “la plegaria creadora”.

“La noción de la imaginación, intermediaria mágica entre el pensamiento y

el ser, encarnación del pensamiento en la imagen y presencia de la imagen en el ser, es una concepción de la más alta importancia que juega un papel de primer plano en la filosofía del Renacimiento y que se encuentra también en el Romanticismo”. Esta observación tomada de uno de nuestros mejores intérpretes de las doctrinas de Boehme y Paracelso 3 , nos da una buena

introducción

en

lo

que

concierne

ante

todo

a

la

cuestión de la imaginación creadora. Retengamos por una parte la noción de la imaginación como producción mágica de una imagen, el tipo mismo de la acción mágica, y de toda acción como tal, pero por excelencia de toda acción creadora; y por otra parte la noción de la imagen como de un cuerpo (un cuerpo mágico, un cuerpo mental) en el cual se encarnan el pensamiento y la voluntad del alma. La imaginación como poder mágico creador que, dando nacimiento al mundo

  • 3 Se trata de Alexandre Koyré, autor de Místicos, Espirituales, Alquimistas del siglo XVI alemán (1955). El había escrito ya La Filosofía de Jacobo Boehme (1929).

El Santo Graal

sensible, produce el Espíritu en formas y en colores, el mundo como Magia divina “imaginada” por la divinidad, es esa antigua doctrina, tipificada en la yuxtaposición de las palabras Imago-Magia, que un Novalis encontraría a través de Fichte. Pero, aquí es necesaria una puesta en guardia: esta Imaginatio no debe ser confundida sobretodo con la fantasía. Como ya lo observaba Paracelso, a diferencia de la imaginatio, la fantasía es un juego del pensamiento, sin fundamento en la naturaleza, ella no es más que la piedra angular de los locos”. 4

Estudiando la teosofía de los Sufíes y la enseñanza de los teósofos del Renacimiento o de la escuela de Jacob Boehme, uno encuentra correspondencias bastante sorprendentes para motivar estudios comparativos

sobre la situación respectiva del esoterismo en el Islam y en el Cristianismo. En una y otra parte encontramos la idea de que la divinidad posee el poder de imaginar y que es imaginándolo que Dios ha creado el Universo; que ese universo él lo ha sacado de su propio seno, de las virtualidades y poderes

eternos de su propio ser;

que

existe entre el universo del espíritu puro y el

mundo sensible un mundo intermediario que es el mundo de las Ideas-

Imágenes (mundo de la “sensibilidad suprasensible”, del cuerpo mágico sutil,

“mundo donde se materializan los

espíritus y donde

se espiritualizan los

cuerpos”, se dirá en el sufismo); que ese mundo es aquel sobre el cual tiene poder, propiamente, la Imaginación; que ella produce efectos tan reales que pueden, imaginando, “modelar” al sujeto y que la Imaginación “vacía” al hombre en la forma (el cuerpo mental) imaginada por él. De una manera general nos

damos cuenta de esto: el grado de realidad acordado así a la Imagen y la

creatividad reconocida a la Imaginación, creación completamente ajena a la idea

son correlativos de una noción de

teológica

oficial,

aquella

de

la

creación ex nihilo tan bien aceptada en nuestras costumbres que tendemos a hacer de ella la única idea auténtica de creación.

Sea como sea, la idea inicial de la teosofía mística de Ibn’Arabî y de aquellas que le están relacionadas, es que la Creación es esencialmente una teofanía (tajallî). Como tal, es un acto del poder imaginativo divino: la Imaginación divina creadora es esencialmente Imaginación teofánica. La imaginación activa entre los gnósticos es, a su vez, igualmente una Imaginación teofánica; los seres que ella “crea” subsisten con una existencia independiente, sui generis, en el mundo intermedio que les es propio. El Dios que ella “crea”, lejos de ser lo irreal de nuestra fantasía, es también una teofanía, ya que la Imaginación activa del ser humano no es más que el órgano de la Imaginación teofánica absoluta, como lo hace notar Henry Corbin. La Plegaria es una

  • 4 “Die Fantasey ist nicht Imaginatio, sondern ein eckstein der Narr…”. Paracelsus, Ein ander Erklärung der Gesammten Astronomey. (Ed. K. Sudhof. X, p. 475).

Serge Raynaud de la Ferrière

Propósito Psicológico XXXII

teofanía por excelencia; a ese título ella es “creadora” pero, precisamente el Dios al que ella ora, porque ella lo ha “creado”, es el Dios que se revela a ella en esa Creación y esa Creación, en el instante, es una de entre las teofanías cuyo Sujeto real es la divinidad revelándose a sí misma.

*

*

*

El Santo Graal

...

Hubo

tres centros principales donde fue particularmente intenso el culto

del Graal, si se puede hablar así: el centro de Irlanda y de Inglaterra (Somerset y

Glamorgan); el centro de la Francia occidental (Anjou, Poitou, Bretaña); el centro franco-español (al norte y al mediodía de los Pirineos Orientales). Así lo dice L. Charbonneau-Lassay particularmente enterado de las tradiciones.

Pero aquello que hace la verdadera singularidad del Parzival es, por una parte, la atribución a los templarios de la custodia del Graal y por otra, aquello que Jean Frappier llama su “lado árabe y oriental”. En efecto, los vestidos de las vírgenes del Graal, el manto de Repanse de Joye, el tejido de achmardi (transcripción del árabe azzamradi) sobre el cual ella lleva el Objeto muy santo, el substituto en seda de la Mesa Redonda son todos de paño precioso de “paganía”, y ese origen forma parte integrante de su simbolismo. La prueba de calidad o de virtud de las armas, los caballos, los metales, las piedras, todos ellos cargados de significación simbólica, se apoya constantemente en su procedencia árabe. Los astrónomos más célebres son árabes, los planetas cuyo curso delimita el reino futuro de Parzival son designados por su nombre árabe. Çundrie, mensajera de1 Graal, conoce el árabe y se dice al servicio de Secundilla, reina “pagana” de las Indias. No solamente Arturo admite que “paganos” (Ekuba,

reina de Janfuse; Feirefiz) tomen

asiento

a

la

Mesa Redonda,

lugar

reservado por excelencia, sino que además Feirefiz es aceptado inclusive en Monsalvage y en la intimidad del Graal sin que su cualidad de musulmán represente problema alguno.

Gahmuret, aunque cristiano y permaneciéndolo, se pondrá al servicio de la autoridad islámica suprema para realizar su vocación espiritual: porque aquélla,

aun

ejerciéndose normalmente en el marco y por medio del Islam, se situaba,

por su grado y por cierto aspecto de su función, más allá de la distinción de las formas tradicionales.

En nombre de esa autoridad, combate victoriosamente en Marruecos, en Persia, en Siria, en Arabia. Libera el reino moro de Zazamanc, pone fin a todo un sistema de conflictos donde están implicados notablemente los príncipes cristianos y se casa con la reina Belacane, “negra como la noche”, con quien engendró a Feirefiz, el caballero negro y blanco. Después, abandonando en secreto a Belacane y el Oriente, fue a Gales adonde llevó igualmente la paz casándose con Herzeloida, “clara como la luz del sol”, hermana del rey “méhaigné” * del Graal y de quien nacerá Parzival.

*

Francés antiguo: tullido,lisiado.

Serge Raynaud de la Ferrière

Propósito Psicológico XXXII

La tarea del “héroe puro” habría sido de pacificación del Oriente y el Occidente, pero sobre todo de preparación de una obra más alta simbolizada por la simiente echada en cada una de las dos regiones tradicionales rivales en la persona de dos medio hermanos, de un principio de restauración y de reconciliación aparentemente doble, pero que se hará reconocer como uno en el último acto de la Aventura, trayendo de inmediato el desenlace: después de su primer fracaso en el Castillo del Graal, condenado a errar por cinco años, Parzival desaparece del poema durante más de 6.000 versos. Aparte de una o dos apariciones furtivas y puramente ocasionales, él no regresará a escena más que para encontrar, sin reconocerlo, a su hermano Feirefiz. Es entonces que tiene lugar un combate “terrible y prodigioso” en el que ellos no pueden vencerse y donde por otra parte Feirefiz parece ganar en sabiduría y generosidad.

Wolfram, por otra parte, se empeña en no dejar ningún equívoco sobre su verdadero pensamiento en cuanto al lazo que une a los dos héroes y en cuanto a la significación de su combate y de sus consecuencias: “Estos dos, dice, no hacen más que uno. Mi hermano y yo no somos más que un ser único”. Un poco más lejos, no solamente los une, sino que no los distingue en una invocación a Dios: “Ya que yo os lo digo, esos dos no hacen más que uno”, es por ello que “ese voto (Dios viene en socorro del hijo de Gahmuret) yo lo formulo para ambos, tanto para el “pagano como para el cristiano”. Se conoce lo que sigue: inmediatamente después del combate, Cundrie va a anunciar al campamento de Arturo que la Piedra ha designado a Parzival como rey del Graal. Parzival, que tiene el derecho a llevar sólo un compañero a Montsalvage, escoge a su hermano entre todos los caballeros presentes incluidos los iniciados de la Mesa Redonda. Es solamente en el interior de Montsalvage, en el Centro mismo, que Feirefiz se someterá al bautismo a fin de casarse con Repanse de Joie, lo cual le permitirá ver con sus ojos la Piedra Santa. Doce días después, entra en su Reino de la India, cerca del Paraíso terrestre, donde Repanse de Joie, traerá al mundo un hijo que será llamado el Preste Juan. Más tarde, según el Titurel de Albrecht, continuador de Wolfram, Parzival con los Templarios de Montsalvage, dejará Europa, cada vez más entregada al pecado, para unirse a Feirefiz en la India y obtendrá de Dios que Montsalvage y el Graal sean transportados. Se trata ahí pues, sin discusión posible, de una reabsorción del Centro del Graal en el Centro Espiritual designado bajo el nombre de “Reino del Preste Juan”, como lo confirma por otro lado el hecho de que Parzival asume desde entonces el título y la función del Preste Juan.

Uno no podría equivocarse sobre el sentido de ese combate: los dos héroes intemporales son los tipos que ejemplifican la esencia de las caballerías cristiana y árabe. Ahora bien, el simbolismo caballeresco exige que la victoria

El Santo Graal

vaya hacia aquel que gana en verdad y en virtud. Si ellos no pueden vencerse ¿no es porque las fuerzas que los inspiran son iguales? Y si el fruto de su combate es la unidad, ¿no es acaso porque ellas son las mismas?

Pero, no hace falta decir que esta batalla de arquetipos no tiene 1ugar sobre el plano terrestre. Se trata en realidad de una pura operación espiritual en la cual Parzival saldrá acrecentado y que responde exactamente, bajo los dos aspectos micro y macrocósmico, a esa conjunción que los alquimistas definen como la “reunión de las naturalezas repugnantes y contrarias en unidad perfecta”.

Recordemos aún (aquello que está dicho más arriba) ese “voto” que está formulado “para ambos, para el pagano como para el cristiano”. Y he aquí aquello que dice Hortulano en su comentario sobre la Tabla de Esmeralda: “En seguida él (Hermes Trismegisto, Padre de los Filósofos) toca la operación de la

Piedra, diciendo, Que aquello que está en lo bajo es como aquello que está en lo alto. El dice eso porque la Piedra está dividida por el Magisterio en dos partes principales, a saber: la parte superior que sube a lo alto y la parte inferior que permanece en lo bajo, fija y clara. Y sin embargo, esas dos partes son acordes en sus virtudes”. La parte no fija o volátil de la Piedra debe separar la Parte fija y elevarla, de manera que “toda la Piedra, por la virtud del Espíritu, sea llevada a lo alto, sublimándola y haciéndola sutil”. Después la Piedra volátil debe ser de nuevo fijada. “Y así ella recibe la fuerza de las cosas superiores sublimándolas y de las inferiores descendiendo, es decir que aquello que es corporal será hecho espiritual en la Sublimación y lo espiritual será hecho corporal en el Descendimiento o cuando la materia desciende”. (Biblioteca de los Filósofos químicos, París 1741.)

En todo caso, como lo hace notar aún P. Ponsoye, la aparición de Fierefiz al final de la Aventura, cuya acción viene a “cristalizar” y santificar los resultados de la Búsqueda y permite que éstos traigan el fruto esperado, tiene algo del papel “paraclético” reconocido al Islam en relación con las dos tradiciones que le anteceden (cristiana y judaica). Siendo este fruto el acceso de Parzival a la última meta para plantear la cuestión liberadora, la toma de conciencia efectiva de la unidad esencial del Cristianismo y del Islam (e implícitamente al menos, del Judaísmo) se encuentra aquí establecida, de la manera más clara posible, como condición de la restauración de la soberanía del Graal, es decir de la realización de ese “misterio imperial” del cual el Medioevo esperó durante siglos, y finalmente en vano, la salvación de Occidente.

Esta conclusión sorprenderá quizás. He aquí, no obstante, una prueba que parece tanto más decisiva cuanto que el autor mismo la ha tejido muy concientemente sobre la trama de su narración: el valor simbólico del combate proviene de que realiza un binario prototípico que encuentra en su propio equilibrio la revelación de su unidad. Esto responde a una noción metafísica

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Propósito Psicológico XXXII

simple pero fundamental, a saber que el equilibrio de una pareja cualquiera es signo suficiente de la unidad que trasciende la distinción de sus términos. Tratándose de dos realidades y funciones espirituales, esta unidad es la del Principio mismo y el “lugar” real de su manifestación es ese punto en el centro y más allá del espacio y el tiempo que las diferentes tradiciones designan bajo los nombres de “Centro del Mundo”, “País de la Paz”, “Invariable Medio”. Ese “lugar” es también aquel del Graal que se encuentra desde entonces virtualmente conquistado por los dos compañeros del combate prodigioso, a partir de ese momento indisociables.

Pero, por otra parte, este binario forma explícitamente parte de un ternario, es decir de otro sistema de equilibrio: aquel de ese “mismo ser en tres personas” del cual habla Feirefiz y que se presenta bajo la forma de un triángulo con la punta hacia arriba, del cual Gahmuret padre o principio inmediato de los dos otros, ocupa la cima. Esa figura es aquella del triángulo iniciático que es, en el simbolismo universal, uno de los signos del Polo. Los símbolos cristianos y masónicos inscriben en su centro el tetragrama o el Iod hebraico, el Nombre divino por excelencia, como signo de la Presencia divina (en hebreo Shekinah corresponde al Mesías, como Emmanuel o “Dios en nosotros”). El Iod (décima letra del alfabeto hebraico) es alfabéticamente el origen de las letras y jeroglíficamente el principio de todas las cosas. Su sede al centro del triángulo es el punto donde el Eje del Mundo, vector de la “Voluntad del Cielo”, alcanza el plano de existencia considerado y se manifiesta. Es pues la apertura central al manifestado y al Principio. Es por ello que se le llama también el “Ojo que todo lo ve”.

El triángulo derecho es un símbolo del Principio en analogía directa. En analogía inversa, o por reflejo en el manifestado, estando su punta hacia abajo, da una figura que es muy generalmente, el esquema geométrico del Corazón y de la Copa. El Iod se inscribe en él igualmente, sea como “germen de inmortalidad”, sea como abertura al Principio. En ese último caso, es el “Ojo del Corazón” que ve a Dios directamente, o aun la Herida divina en el Corazón, que la simbólica medieval ha acercado a aquella del Corazón del Cristo producida por la lanza de Longino, por donde brotarían el Agua y la Sangre, Fuente de Vida cuyo brote recoge José de Arimatea en el Santo Vaso.

Este simbolismo se enlaza directamente con aquel del Graal según las dos direcciones conceptuales definidas respectivamente por la Copa y por la Piedra; la primera más especialmente crística por la Herida, representada en la iconografía medieval, en asociación con el Vaso, como tema aislado de contemplación; la segunda, por las relaciones íntimas entre el Iod y el lapsît exillis. Siendo el Iod a la vez “descendido del Cielo” (como presente en el manifestado), “germen de inmortalidad” y “Ojo que todo lo ve” (el cual es,

El Santo Graal

según su localización, sea el “ojo frontal” o “tercer ojo” correspondiente a la esmeralda caída de la frente de Lucifer, sea el “Ojo del Corazón”).

Hay de esa manera, muchas otras correspondencias simbólicas y la primera en esos datos es aquella del mismo Montsalvage, la Montaña de la Salvación donde dice Wolfram que se encuentran “esplendores que no tienen

igual sobre la tierra”. Es ahí donde el Graal reside, bajo la custodia de caballeros “tan puros como los ángeles”. Los profanos no tienen acceso: “Quien se

empeña en buscarlo no lo descubre desgraciadamente jamás

Es preciso

... llegar sin haber formado el designio”. Y “ nadie puede realizar la Búsqueda del

Graal sin estar en tal estima cerca del Cielo que es designado desde Arriba para ser admitido en su cercanía”.

Montsalvage es el Lugar central, el medium mundi, la “Montaña Polar” de la cual hablan las tradiciones. Es notablemente el equivalente de la Tula hiperbórea, del Avalon céltico, del Meru hindú, del Alborj mazdeo, de la Mshunia Kushta mandea, del Luz hebraico, del Olimpo griego, de la “Montaña de Piedras Preciosas” mencionada en la estela nestoriana de Si-ngan-fu, al sur de la cual se encuentra el Reino de T’sin o Siria primordial, el País de la Paz. En el Islam es la montaña Qâf, que es la “Montaña de los Santos”, la “Montaña Blanca” situada en la “Isla Verde” que no se puede alcanzar “ni por tierra ni por mar”.

Para el Cristianismo como para el Judaísmo, el medium mundi estaba identificado con la Colina de Sión. Pero, en el mismo Judaísmo, ésta no era más que una localización secundaria, y algunos textos hebraicos guardan la huella de una tradición primitiva que concierne a la situación polar del Árbol de la Vida y de la Montaña Santa.

Existe aún el caso del Fénix, mencionado por Trévrizant a propósito del lapsît exillis: “Es, dice él, por la virtud de esa Piedra que el Fénix se consume y se convierte en ceniza; pero, de esas cenizas renace la vida; es gracias a esa Piedra que el Fénix cumple su muda para reaparecer en seguida en todo su esplendor, más bello que nunca”.

El Fénix (del griego, Rojo) es un símbolo solar y cíclico muy antiguo, que jamás se encuentra sino es en conexión con el simbolismo del Centro del

Mundo. Es así que en las leyendas árabes , se dice que él no se posa jamás

sobre la tierra a no ser en la cima de la montaña Qaf.

Según Herodoto (II, 73)

su patria es Arabia. Es de allí que cada quinientos años, poco después de su nacimiento, vuela hacia Heliópolis (la “Ciudad del Sol”), donde él entierra los

restos de su padre (del cual él ha nacido) en el Templo del Sol. Para Tácito igualmente (Ann., XIV, 28), aquél es originario de Arabia; aquí los despojos paternales no son enterrados sino quemados sobre el altar del Sol. Otras narraciones lo hacen residir en Siria, en la India, en Etiopía, pero en este caso

se trata

en

realidad

de localizaciones secundarias de la verdadera “Siria”

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Propósito Psicológico XXXII

primitiva, la Tierra primordial del Sol de la cual habla Josefo y donde se encuentra la primera Heliópolis.

Se pueden notar fácilmente las relaciones características entre el lapsît exillis y la Roca de esmeralda (sakhrah) del país de Qâf, relaciones que, por otra parte, serían demasiado extensas para detallarlas al presente. Pero, además, uno encuentra en la cosmología metafísica islámica un simbolismo cuya similitud de ordenación y las correspondencias de detalles con el de Wolfram son tales, que no se podrían ver como simples coincidencias. Sin querer desarrollar esa doctrina muy compleja, es preciso aclarar de todas maneras, según Ibn’Arabî, que la jerarquía de los grados de la Existencia universal comprende, en serie descendente:

el Intelecto Primero (el’-Aql al-Awwal) el Alma Universal (an-Nafs al-Kulliyya) la Naturaleza Universal (at-Tabî’at el-Kullyiah) la Materia Primordial o Hylé (el-Hayûlâ o el-Habâ) el Cuerpo Universal (al-Jism el-Kull).

Se trata aquí por supuesto de principios cosmológicos y no de estados de manifestación. El Intelecto Primero, llamado aun ar-Rûh (el Espíritu) es la primera existenciación de la Esencia divina, el Principio inmediato de la manifestación y en consecuencia el Mediador Universal, al cual se identifica esotéricamente el Profeta. Es por su descenso iluminador sobre la materia Primordial que se han producido y ordenado los otros principios o grados cosmológicos y el Alma Universal es su primera manifestación, su receptáculo y su soporte. La presencia de la Materia Primordial al interior de esa jerarquía se explica por su relación causal directa con respecto al Cuerpo Universal. Pero, en realidad, como lo precisa por otro lado el Sheik al-Akbar, en tanto que principio plástico universal, o polo substancial de toda la manifestación -de la cual la Naturaleza Universal es la determinación en relación con el cosmos- ella está fuera de la sucesión de los grados cosmológicos. Es en conformidad con ese último punto de vista que los Rasâil Ikh-wan eç-Cafa (Enciclopedia de los Hermanos de la Pureza) definen el cuaternario fundamental de la manifestación considerando el Ser puro (en tanto que Creador, El-Bâri), la Hylé Primordial y, entre ellos, como segundo y tercer términos, el Intelecto Primero y el Alma Universal. Sea como sea cada uno de esos términos o grados está representado, de una manera muy general, por símbolos: Pájaros, Piedras, Colores, que son respectivamente:

para el Intelecto Primero, el Aguila, la Perla Blanca

El Santo Graal

para el Alma Universal, la Paloma, la Esmeralda Verde para la Materia Primordial, el Fénix, el Jacinto Rojo para el Cuerpo Universal, el Cuervo, el Azabache Negro.

En fin, en el Hermetismo islámico, según una aceptación simbólica el Fénix es una representación del “Azufre Rojo” o del ser que ha llegado al término de la OBRA, es decir a la realización en si mismo del “Hombre Universal”. Según esa línea de interpretación, sería preciso ver en la mención del Pájaro Sagrado por Trévrizent, una de las marcas de pertenencia del magisterio del Graal a la Orden de los “Grandes Misterios”. Esto nos lleva a examinar los datos de la lapsît exillis en sí misma. Se sabe que la designación del Graal bajo esa forma no tiene referencia céltica ni cristiana; ella constituye además un hecho aislado en el corpus legendario del Graal sobre el cual la crítica no ha terminado de preguntarse. Las afinidades que ella presenta con la “Piedra Negra” de la Ka’ba son tanto más notables. El enigma planteado por su mismo nombre permanece entero. Entre todas las hipótesis que han sido avanzadas la más probable parece ser aquella que lo ha considerado una contracción de lapsis lapsus ex coelis.

La Piedra del Graal ha sido traída a la tierra por ángeles y ella será llevada más tarde a las Indias donde se situaba entonces el Paraíso Terrestre. Ella es el principio eucarístico del cual se nutren exclusivamente los elegidos. Cura a los enfermos, conserva la juventud, preserva de la muerte. Atrae a un gran número de hombres, pero ninguno la descubre, solo los predestinados. Ella misma designa por una inscripción milagrosa, a los miembros de la comunidad santa y a los reyes del Graal.

La Piedra de la Ka’ba ha sido traída del cielo por Jibrâ’îl (el Angel Gabriel). Ella es según un hadith, la mano derecha de Dios sobre la tierra. Regresará al Paraíso el Día del Juicio. Tiene un poder de curación, disminuido sin embargo por el contacto de los pecadores. Es el “imán” de los hombres. Ella ve y habla, y testimoniará en el ultimo Día. Esotéricamente es ella quien nombra los Imames 5 .

Hay pues semejanza, tanto en el origen, la naturaleza y el destino, como en las virtudes preservadoras y oraculares. La única diferencia desde el punto de vista cualitativo, concierne a la virtud eucarística que especifica naturalmente el símbolo cristiano. Hay otra de todas maneras y muy importante desde el punto de vista funcional: mientras que el Graal es puramente esotérico, la Piedra Negra asume además el aspecto y el papel correspondientes sobre el plano

5

El Mesianismo en la heterodoxia musulmana (París,1903, pág.9), E.

Blochet, señala que

existe sobre la Ka’ba una escalera doble que sube hacia el cielo, semejante a la escala de

Bethel.

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Propósito Psicológico XXXII

exotérico. Su relación es pues real pero indirecta, siendo más bien el homólogo del lapsît exillis la piedra de la Ka’ba celeste, arquetipo de la Piedra Negra. Esta es también objeto de un peregrinaje iniciático o de una Búsqueda y es con ella que las escuelas esotéricas ismaelianas identifican al Imám. Las correspondencias no terminan ahí. Así la Piedra de la Ka’ba es llamada comúnmente la “Piedra del Angulo”. Pero no se trata solamente de su situación en el edificio sagrado: en su Peregrinaje a la Meca, Gaudefroy Demombynes indica en efecto que “cuando Abraham construyó la casa de Allah, desaparecida en el momento del Diluvio, él encontró fácilmente todas las piedras que le fueron necesarias, salvo una que él pidió en vano a Ismael: la piedra que completará el edificio y que será el punto esencial. Esa Piedra se la ha dado el mismo Allah, por intermedio de Jibrâ’îl, para hacer el “Angulo” de la Casa. Ella no ha sido siempre negra: según un hadîth relatado por Tha’labi, cuando Allah hizo descender a Adán al lugar de la Ka’ba, envió igualmente la Piedra negra, que (en ese momento) brillaba como una Perla blanca”.

El Angulo en cuestión es en realidad el “Angulo de los ángulos” designación que en un edificio abovedado es aplicada a la llave de la bóveda, la cual corresponde igualmente al principio del edificio, en relación con el cual éste está ordenado. Ese simbolismo es rigurosamente paralelo a aquel de la Piedra Angular de las Escrituras que es también la Llave de bóveda (keystone en la Franc-Masonería inglesa) o el Jefe, la terminación del edificio (capstone). Ahora bien, como lo ha mostrado René Guenón, el lapsit exillis se identifica simbólicamente con la Piedra Angular, descendida del Cielo como él. La hostia que desciende sobre él, cada Viernes Santo subraya su relación inmediata con el “Pan descendido del Cielo” como también con la “Mano derecha de Dios”.

Pierre Ponsoye, precisa por otra parte, que la palabra rukn (Angulo) toma igualmente la significación de “fundamento”. Es en ese sentido que se aplica en general a los diferentes cuaternarios y Rukn al-arkân (el Angulo de los ángulos) es una de las designaciones del Profeta, representa así, también el quinto, principio * y reducción transcendente de los cuatro: así en el dominio cosmológico, él es el Ether (el-athîr) o Quintaesencia. En la terminología alquímica él designa la Piedra Filosofal jefe de la terminación de la “operación secreta del Arte”. La coherencia de todo ese simbolismo con aquel del lapsît exillis aparecerá claramente si se recuerda que los Hermetistas cristianos han

* NT: En el original francés no consta esta puntuación (coma), lo cual cambia el sentido del texto. Ver “El Islam y el Graal” de Pierre Ponsoye, Ed. Olañeta 1984 pág. 65. Tomamos esta rectificación porque es coherente con el pensamiento de SRF, lo que se puede comprobar a lo largo de su obra. Por ejemplo: la estrella de cinco puntas presente en Meudon, donde una de las puntas, la que corresponde al menhir, tiene preeminencia sobre las otras cuatro.

El Santo Graal

designado a menudo a Cristo tanto la verdadera Piedra Filosofal como la verdadera Piedra del Angulo.

El emblema del Santo-Graal es una Copa sobre la cual reposa su atributo fundamental: la Lanza. Algunos han visto naturalmente el símbolo sexual, en una figura representando al elemento femenino (la copa) y la otra, el elemento masculino (la lanza). Esta figuración del yoni y del lingam, no se debe excluir, pero es preciso buscar aun otras analogías con el fin de poder transponer como siempre sobre los diferentes planos.

En un simbolismo tradicional muy general, la lanza es una representación del Eje del Mundo, análogo a la Montaña, al Árbol del Mundo o aun al “Pilar Axial” del simbolismo arquitectural (revisar también nuestro Propósito Psicológico No.1 en relación con el “Djed” egipcio).

Pero, fuera de la significación axial muy general de la Lanza, existe un simbolismo más específicamente árabe, en conexión con el del Parzival. Se encuentra en la Ciencia de las Letras, ciencia tradicional sin equivalente en occidente, fundada sobre la noción de la lengua árabe, lengua sagrada y lengua de revelación, salida pues directamente de la Fuente divina del Verbo como medio eficaz de una hermenéutica espiritual aplicada al Qorân. Según esa ciencia, el mundo ha sido creado no por la primera letra, alif (formada por un trazo vertical rectilíneo), sino por la segunda, (formada por un punto coronado por una curva de concavidad superior). En este papel primordial en el cual es a la vez el “medio” y el “lugar” de la Creación, la , dice René Guenón, “representa a Er-Rûh, el “Espíritu”, que es preciso comprender como el Espíritu Total de la Existencia universal 6 ...

6

La Fâtiha (Apertura del Qorân) comienza efectivamente su primera frase por la letra “bâ”:

Bismi Allahi er-Rahmani er-Rahim (En el nombre de Dios el Clemente, el Misericordioso).

La Biblia abre también su primer versículo por esa misma letra (“Beth” en el texto original en hebreo): “Baereschit bara Elohim eth ha-schamaim v’eth ha-aretz” (que se ha traducido tan mal por “Al comienzo Dios creó los cielos y la tierra”).

Es pues así la segunda letra de los Alfabetos Sagrados la que viene a dar testimonio de la “Creación”, ya que si UNO no es un número, geométricamente el DOS no puede ser figurado, ya que sería el diámetro de un círculo cuya circunferencia no se encontraría en ninguna parte; es decir una recta en cualquier dirección y de largura indefinida dividiendo el “plano en dos zonas” (Revisar nuestras definiciones y detalles en nuestro Propósito Psicológico No. III).

Serge Raynaud de la Ferrière

Propósito Psicológico XXXII

Lanza

Lanza

Lanza

Copa

Alif

Alif

Alif

Bâ

Este es producido por el mandamiento divino y, desde que él es producido , es en cierta manera el instrumento por el cual ese “mandamiento” operará todas las cosas, que serán así “ordenadas” con relación a él; antes de él no había pues más que el-amr, afirmación del Ser puro y primera formulación de la Voluntad Suprema, como antes de la dualidad no hay más que la Unidad o antes que el no hay más que el alif. Ahora bien, el alif es la letra polar cuya forma es aquella del “eje” siguiendo el cual se cumple el orden divino; y la punta superior del alif que es el “secreto de los secretos” se refleja en la punta del en tanto que ese punto es el centro de la “circunferencia primera” que delimita y envuelve el dominio de la Existencia universal ” ...

Se percibe de inmediato la correspondencia entre el lapsît exillis y el punto del : su papel de instrumento del mandamiento divino aparece espontáneamente; su carácter principal está subrayado por Wolfram mismo, diciendo que esta “cosa perfecta a la cual no faltaba nada” era “conjuntamente

El Santo Graal

raíz y floración”,

de

la misma

manera

que

su

situación

de

centro de

la

Circunferencia primera cuando él precisa que “todo aquello que los planetas encierran en su curso, todo aquello que iluminan sus rayos, son los límites del reino (del Graal)”. Asimismo aparece la relación de la Lanza y del alif : el hierro se identifica esencialmente con el Graal como la punta del alif se identifica con el punto del y es por su carácter trascendente que su herida debe escapar a todos los remedios del dominio cósmico, no puede ser aliviada más que por ella misma y no es curada más que por el nuevo “polo” quien se ha identificado a si mismo al eje, Parzival, quien, como ella, según la etimología de Wolfram, es “pasa a través” * .

En fin, tales acercamientos, hasta en el detalle, con una doctrina islámica constituida y precisa no pueden ser fortuitos. La primera “creación” del punto del es la curva de concavidad superior constitutiva de esta misma letra, ahora bien, esta curva es considerada como un equivalente esquemático de la Copa. Esta concordancia representa, la única referencia doctrinal donde puede constatarse una coherencia perfecta de los simbolismos de la Lanza y de la Copa.

Queda al presente un punto sobre el cual es preciso regresar: la cuestión del bautismo de Feirefiz y he aquí lo que dice P. Ponsoye en el cuarto capítulo de su libro sobre “El Graal”.

Se constata que el bautismo cristiano no basta por sí mismo, para abrir el acceso del Graal; que por el contrario Feirefiz es siempre “pagano”, es decir, musulmán, cuando franquea la puerta de Montsalvage y es admitido en la proximidad del Graal, lo cual demuestra dos cosas, a saber: que él ha llegado como Parzival, al grado espiritual necesario, el estado primordial; por otra parte, que el Islam está considerado implícita- mente como una vía de acceso posible al castillo del Graal. Montsalvage está al centro y, por lo tanto, más allá de las tradiciones particulares, a falta de lo cual Feirefiz no habría podido penetrar en ella sin ser bautizado. Hay pues una diferencia radical entre el bautismo ordinario (cristiano) y aquel que él recibe (iniciación) * .

Para comprender aquello de lo cual se trata aquí, citaremos las siguientes

líneas de René Guenón:

“Aquellos que han pasado más allá de la forma son,

por ello mismo, liberados de las limitaciones por

las cuales el hombre caído,

echado de ese “estado primordial” al cual ellos son reintegrados, está ligado a

* N. E.: en francés antiguo “perce a val” *

N.E.: El original francés presenta un error en la construcción de la frase:”Il n´y a donc une difference”, debiendo ser “Il n´y a donc pas une difference”, lo cual cambia el sentido de la frase a la forma en que ha sido traducido aquí, que concuerda con el inicio del párrafo.

Serge Raynaud de la Ferrière

Propósito Psicológico XXXII

una individualidad particular tanto como a una forma determinada puesto que todas las formas y todas las individualidades del dominio humano tienen su principio inmediato en el punto mismo donde ellos están colocados. Aquel que

ha llegado a ese punto, es el que ha alcanzado por un conocimiento directo y profundo (y no teórico o verbal) el fondo de todas las doctrinas tradicionales, que ha encontrado, colocándose en el punto central del cual ellas son emanadas, la verdad que se esconde bajo la diversidad y la multiplicidad de las formas exteriores. La diferencia, en efecto, no está sino en la forma y la

apariencia, el fondo esencial es en todas partes y siempre el mismo

y ...

porque,como lo dicen los iniciados musulmanes, “la doctrina de la Unidad es Unica” (At-Tawhîdu wâhid).

En otro lado, el mismo autor evoca el caso “de los hombres que, llegados a un alto grado de desarrollo espiritual, pueden adoptar exteriormente tal o cual forma tradicional siguiendo las circunstancias y por razones de las cuales ellos

son los únicos jueces

...

7 . Están, por el estado espiritual que han alcanzado,

más allá de todas las formas, de manera que para ellos no se trata ahí más que de apariencias exteriores que no podrían de ninguna manera afectar o modificar

su realidad íntima; ellos no solo han comprendido

sino que han realizado

... plenamente, en su mismo principio, la unidad fundamental de todas las

tradiciones”.

Estas citas harán sin duda comprender cómo Feirefiz, aunque “pagano” y no habiendo llevado a cabo la Búsqueda ha podido entrar de lleno a Montsalvage y hacen percibir igualmente que aquí la significación de su bautismo no se trata de un rito de conversión sino de investidura y eso explica por otra parte las condiciones en las cuales él ha sido recibido, que tendrían sin ello, en una circunstancia tan solemne, algo de frívolo y chocante. Feirefiz, en efecto, no se hacía bautizar para ver el Graal a descubierto como se esperaría, sino porque tal es la condición puesta a la unión que él desea con Repanse de Joye. Por esta unión con la Virgen portadora del Graal, él contrae un lazo sagrado con el poder virginal del Verbo (o su Shakti, para emplear la terminología hindú) tal como él se manifiesta en la forma específica del Graal cristiano.

La calidad real de Feirefiz y su función están sugeridas por otra parte por

7 El escritor francés René Guenón es autor de numerosas obras sobre filosofías orientales, muy versado en esoterismo, ha tratado sobre todo de la simbología y de las materias iniciáticas. Miembro de varias Ordenes Masónicas y Rosacrucianas, él se entregó finalmente

al Sufismo

abrazando aun abiertamente (al menos “exteriormente”) la fe musulmana. Murió

... en el Cairo hace algunos años, lamentado tanto por el Islam como por la Cristianidad (El rey del Mundo, Apercepciones sobre la Iniciación y sobre todo sus trabajos en Estudios Tradicionales han hecho conocer su erudición tanto como su sabiduría).

El Santo Graal

su tinte particular, negro y blanco, que lo ha hecho un ser único en el mundo. Para comprender aquello de lo que se trata, nos referiremos aún a R. Guénon:

“En el sentido más inmediato la yuxtaposición del blanco y del negro representa naturalmente la luz y las tinieblas, el día y la noche y, a continuación, todos los pares de opuestos y de complementarios (es apenas necesario recordar, que aquello que es oposición a un cierto plano se convierte en complementario a otro nivel, de manera que el mismo simbolismo es aplicable igualmente a uno y otro); se tiene pues a ese respecto un exacto equivalente del simbolismo extremo-oriental del Yin-Yang”. Por otro lado, él señala que en su sentido superior, el color negro simboliza esencialmente el estado principial * de la no- manifestación y que es así que es preciso comprender principalmente el nombre de Krishna por oposición a aquel de Arjuna que significa “blanco” uno y otro representan respectivamente el no-manifestado y el manifestado, el inmortal y el mortal, el “si” y el “yo”, “Paramatma y Jivatma” (de la teología de la India).

Una de las pruebas incomparables de la alta intelectualidad de las novelas del Graal es la conjunción perfecta de los dos temas sobre los cuales ella reposa. Sobre el tema primitivo de Arturo 8 y de la Mesa Redonda, aquel del Graal, ignorado hasta ahora (u ocultado) ha venido a imponerse en efecto, no en tanto que una continuación sino como una nueva revelación. El historiador Henri Martín escribe: “Los primeros introductores de las tradiciones bárdicas y del ciclo de Arturo en Francia (Geoffroy de Monmouth, Wace, el autor, quien quiera que sea de la Vida de Merlín, en versos latinos, el autor o los autores de los fragmentos del Tristán en verso francés y aun Chretien de Troyes en el Caballero del León y el Caballero de la Carreta) no habían dicho una palabra de la leyenda del Graal. Ella pareció haber llegado entre los clérigos y los trovadores de la corte de Enrique II, algunos años después de la redacción del Brut por Wace ...

Cuando hacia 1180, el Graal apareció por primera vez con la obra de Chretien de Troyes la gran leyenda artúrica estaba ya muy expandida en el mundo occidental desde hacía muchos años, durante los cuales, bastándose aparentemente a si misma, ella había traído, gracias a los trovadores y troveros,

una contribución mayor al desarrollo de la Caballería. Ella no había hecho, en eso, más que alinearse en la función de los Cantares de Gesta del ciclo de Carlomagno o las novelas antiguas (Roman de Alejandro, Roman de Tebas, de

Eneas, de Troya, etc

)

ella había traspuesto el objeto sobre un plano más

*

N.E.: neologismo que se encuentra en los textos de Guénon en el sentido de Mundo de los Principios

8

Arturo, ilustre rey de los Bretones del siglo VI ha pasado rápidamente de la historia a la leyenda. Llevado al cielo, él reside en la constelación que lleva su nombre (El Carro de Arturo, la Osa Mayor).

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Propósito Psicológico XXXII

estrictamente

legendario,

es

decir

más

intelectualmente

legible

y

más

directamente

iniciático.

Esto

sería,

segun

Ponsoye,

el

motivo

real

del

advenimiento

triunfal

de

la

“materia

de

Bretaña”

y

requiere

ciertas

observaciones.

Contrariamente a lo que se creía en general, la tradición céltica, no había desaparecido durante la evangelización de la Galia y de la Bretaña insular. Se encuentran huellas de su actividad no solamente durante la renovación céltico- cristiana del siglo XI que se ha llamado el Neo-Druidismo, sino hasta el XIV e inclusive el siglo XV.

Los países célticos son los únicos donde el Cristianismo ha sido acogido espontáneamente y más o menos sin efusión de sangre y éste le debió a esta síntesis doctrinal, donde no es exagerado ver una especie de milagro intelectual, con una tradición en forma de Sabiduría o Conocimiento análogo en muchos respectos al Hinduismo, el conservar su impregnación esotérica primitiva, mucho más que el Cristianismo de jurisdicción romana, del cual era independiente. Es esta síntesis que explica en particular que Armórica haya sido evangelizada no por misioneros de Roma, sino por el Cristianismo céltico, como haciendo parte del dominio tradicional’ es decir, espiritual, de la Bretaña sagrada. Durante muchos siglos las dos tradiciones subsistieron lado a lado, el cristianismo tomando poco a poco a su cargo la comunidad general de los pueblos bretones, mientras que el Druidismo propiamente dicho se retiraba en un orden de actividad cada vez más escondida, de forma principalmente eremítica. “Al lado de la enseñanza pública del clero (cristiano), dice aun Henri Martin, los Bardos tenían una enseñanza secreta, inconciliable, no con la metafísica cristiana, sino con una gran parte de las doctrinas acreditadas por la

Iglesia, sobre todo desde San Agustín. Ellos han conservado algo de los símbolos y de los ritos de la iniciación del Druidismo. Es ahí (en el santuario doctrinal céltico) que reposan esos Arcanos que, transmitidos durante siglos por la tradición oral serán, gracias a una feliz transgresión de las máximas antiguas, confiadas a la escritura al momento en que los ritos bárdicos estarían al punto

de desaparecer

Es ahí (en el Libro de los Arcanos, Cyfrinac’h) que el

... pensamiento céltico, antes de despojarse de sus formas particulares y perecederas ha depositado aquello que contenía de inmortal, su gran sistema de los destinos del alma y de la personalidad divina y humana, reavivada por una llama de amor divino iluminada con la antorcha del Cristo.

Los Druídas, en su gran mayoría se habían aliado a la nueva religión, formando notablemente esos misteriosos monjes Kuldeos sobre los cuales la historia permanece casi muda, pero de quienes es cierto, al menos, que contribuyeron a asegurar al Cristianismo la herencia sagrada del Celtismo expirante. Que esta herencia haya participado en las “infancias” del Graal, es

El Santo Graal

aquello que muestran, no solamente la presencia de los elementos célticos puros en la estructura de la leyenda, sino también la existencia anterior, entre los bretones, de una tradición original de la copa salutífera conteniendo el “agua de la resurrección”. Esta Copa figura desde hacía decenas de siglos en el Zodíaco de piedra del templo estelar de Glastonbury, y se encuentra en los poemas bárdicos. Taliesin, principalmente, el gran bardo del siglo VI, decía que ella “inspira el genio poético, da la sabiduría, descubre a sus adoradores la ciencia del porvenir, los misterios del mundo”.

“Sus bordes, dice aun Taliesin, están adornados con hileras de perlas y diamantes” lo cual, al precio del cambio de sus virtudes proféticas en virtudes eucarísticas, permite ver en ella el prototipo del Vaso descrito por Chretien de Troyes, el cual, como se sabe, no recibió, más que, en los continuadores de éste, su especificación crística exclusiva.

Como conciliar estos hechos con el antecedente cristiano propiamente dicho y el antecedente oriental? Es preciso aclarar ante todo que, como lo dice Henri Hubert (Los Celtas, Ed. Renaissance du Livre, París, 1932) “los Celtas no son una raza, sino un grupo de pueblos, más exactamente hablando un grupo de sociedades” cuyo fundamento y lazo sería el sacerdote druídico “institución pancéltica, cimiento de la sociedad céltica”. Propiamente hablando, más bien que una casta los Druidas formaban un orden fuertemente jerarquizado y distribuido en tres clases: los Druidas propiamente dichos (cuyo nombre parece derivar de las dos raíces dhru, fuerza y vid, videncia, conocimiento), los Files o Filid y los Bardos; esta orden, agrega Henri Hubert “constituye una cofradía (sodaliciis adstricti consortiis) donde debía haber una iniciación, una preparación, unos grados de los cuales encontraremos la huella entre los Filid y que se superpone sobre las tribus y los estados”.

Habiéndose siempre rehusado los Druídas a fijar su enseñanza por escrito, lo poco que se conoce reposa sobre las famosas Triades bárdicas y los raros datos transmitidos por los autores antiguos. Se puede distinguir de todas maneras bases metafísicas rigurosas y una forma de sabiduría profética y “mística” que le ha hecho a veces acercarse al profetismo judío pero que lo enlaza sobre todo al Hinduismo. Se discierne en efecto una doctrina de la transmigración, una doctrina de la realización ascendente y descendente, una doctrina de los ciclos cósmicos, así como una antropología y una cosmología que, por más de un trazo recuerdan aquellas del Vedanta de los Hindúes.

“Al Oriente del área de expansión de los Indo-Europeos, dice aún Henri Hubert, encontramos sociedades de sacerdotes comparables en todo por su

crédito y su poder a los Druídas: son los Magos iranios y los Brahmanes de la

India. Los Druídas no parecían diferir de estos últimos sino

porque ellos no

constituían una casta cerrada

No se trata solamente de sacerdocios

... comparables, sino de sacerdocios idénticos. Todas estas identidades, prueban

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Propósito Psicológico XXXII

que las instituciones a las cuales aún los textos de época tardía hacen alusión son de una gran antigüedad y que las sociedades indo-europeas primitivas eran ya sociedades de un tipo elevado: tenían jefes, sacerdotes, un derecho formal”.

Jean Naudou (Protohistoria, en “Historia Universal”, t.1) precisa por su lado: “La religión y la sociedad indoeuropea estaban jerarquizados y comprendían tres niveles: un nivel sacerdotal y soberano con dos aspectos, uno violento y mágico, otro benévolo y jurídico; un nivel guerrero; un nivel popular y productor”. En cuanto a los dos aspectos del sacerdocio, diremos más bien que son, el uno de rigor y el otro de misericordia a imagen de la Divinidad (como los dos lados del Árbol sefirótico) y se ha podido comprender por aquello que precede que se trata más bien aquí de teurgia que de “magia”. Se notará por otra parte que la autoridad sacerdotal era al mismo tiempo soberana, dicho de otra manera que se trataba de esos Sacerdotes-Reyes de los cuales los Vedas decían que estaban “más allá de las castas” (ativarnâshramî): otro índice de primordialidad.

En fin, se puede concluir que los Druidas, los Brahmanes, los Magos, los Kaldeos, han poseído y transmitido, más allá del tiempo, del espacio y de las diferentes expresiones sagradas: una herencia espiritual UNICA. Esta noción que parece aún desconocida hoy día para muchos, no es extraña al pensamiento griego llamado clásico, ya que ella no afirmaba nada diferente cuando con Platón y Aristóteles, veía en los pueblos “bárbaros” 9 los venerables iniciadores de la Filosofía, es decir de la Sophia divina, de la Sabiduría transcendente, y de los Misterios. Ahí donde los modernos quieren ver una “fábula”, reconociendo al mismo tiempo bastante contradictoriamente los fundamentos esotéricos de esta Filosofía, hubo en realidad una tradición constante que se encuentra aún afirmada en los primeros siglos de Nuestra Era. Así, el pitagórico Numenius de Apamea en su tratado Sobre el Bien: “Para tratar del problema de Dios, no se deberá apoyar sobre los testimonios de Platón, sino ir más atrás y ligar sus afirmaciones a las informaciones de Pitágoras, qué digo, recurrir a los pueblos de buen renombre, confiriendo sus iniciaciones, sus dogmas, sus ceremonias cultuales que ellos cumplen en pleno acuerdo con los principios de Platón, todo aquello que los Brahmanes, los Judíos, los Magos y los Egipcios han establecido. Y Diógenes Laerce, en el preámbulo a sus Vidas de los Filósofos : “Algunos quieren que la Filosofía haya comenzado con los Bárbaros: hubo en efecto los Magos entre los Persas, los Kaldeos entre los Babilonios o Asirios, los Gimnosofistas (Brahmanes) en la

9 Es útil recordar que el nombre de “Bárbaros” era antiguamente aquel que calificaba justamente a los Sabios, los Iniciados, los Magos, en una palabra los hombres llegados al más alto grado de civilización. Nuestra Época materialista le ha dado una significación contraria y totalmente ilógica.

El Santo Graal

India, los Druidas entre los Celtas y los Gálatas”. Inclusive los apologistas cristianos de los primeros siglos, Tertuliano, Arnobe, San Jerónimo, San Agustín, que no lo admiten aún como una verdad notoria y no se prestan a discusiones. Se observará por otro lado que a pesar de la multiplicidad de las fuentes y de las formas de expresión, todos estos autores hablan de la “Filosofía” como de una realidad consistente y única. Este único hecho, si se quisiera meditar, bastaría por sí solo para arruinar la tesis de la “fábula”.

En la perspectiva así abierta, aquello que Abraham llevaba con él al salir de Kaldea, no era esencialmente diferente de aquello que los Druidas debían confiar más tarde al Cristianismo céltico antes de desaparecer y que se identificaba por otro lado con el corazón del mensaje cristiano: el secreto de la Tradición pura, que Melki-Tsedeq debía confirmarle en nombre del Dios Muy Alto. Y la persistencia entre los dos legatarios directos del testamento

abrahámico, el Judaismo y el Islam, de elementos simbólicos o doctrinales tales como el brebaje de inmortalidad, el empleo ritual de las piedras brutas o de los betylos, la noción de la Montaña sagrada y de la Región Suprema, aquella de

los ciclos cósmicos

son otros tantos indicios de esa herencia tradicional

.. inmemorial. Pero el Islam, abierto por vocación sobrenatural a todas las formas de revelación auténticas, proféticas o sapienciales, ha jugado además un papel especial de integración con respecto no solamente del Mazdeísmo y del Hermetismo kaldeo-egipcio, sino aun de la corriente pitagórica y platónica que, contrariamente a aquello que había tenido lugar en Europa, se había mantenido en el medio árabo-persa con una continuidad que le había permitido conservar vivos sus fundamentos esotéricos.

,

Ese aspecto esotérico del Platonismo y del Neo-Platonismo está puesto particularmente en evidencia en los escritos ismaelianos y aquellos de los Ikhwân as-Safa. Algunos maestros musulmanes veían en Platón al Polo de su época y Abdul Karîm al-Jilî sitúa simbólicamente su estación póstuma sobre el Demâwend, punto culminante del Alborj-Qâf, residencia del Sîmorgh místico.

Recordemos a este propósito las afinidades relevadas por diversos eruditos, tales como Strzygowski, H. Gluck, F. Kampers, F. von Suhtschek, entre el simbolismo del Graal y ciertos antecedentes tradicionales orientales (Irán e India en particular). La existencia de estas afinidades no autoriza a hablar de “préstamos” y la naturaleza misma del simbolismo tradicional debe hacer excluir, por ejemplo, la idea del Parzival como traducción o imitación de un hipotético Parzivalnamah. No se trata aquí, de literatura sino de simbolismo sagrado y el intercambio es visible en los símbolos porque él apunta ante todo a las realidades simbolizadas. Ese cambio no ha podido hacerse evidentemente con tradiciones extinguidas; él implica las vías y los medios de una espiritualidad viviente, aquellos mismos que por vocación y por situación el Islam era el único que estaba en posibilidad de ofrecer.

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Así, puede decirse que, por su capacidad providencial de acogida y de síntesis de todos los modos de la Profecía universal, el Islam es el que podría entre todos discernir el nombre del Graal escrito en las estrellas.

Ya que el Graal en su figuración macrocósmica más general, representa el depósito espiritual y doctrinal de la Tradición primordial. Tal es el sentido de la leyenda que le hace redescubrir por Set en el Paraíso terrestre. Si no es pues inexacto atribuir a los Celtas su conservación hasta la época de Cristo, como lo hacen algunos, ello significa que los Celtas cuentan entre los que detentan regularmente de la Tradición primordial, pero no es que ellos fuesen los únicos, lo cual sería por otra parte evidentemente inexacto. Es pues perfectamente legítimo desde el punto de vista tradicional el admitir conjuntamente la validez de las tres genealogías distintas que se dejan discernir en su leyenda: céltica, cristiana y oriental de filiación islámica.

*

*

*

El Santo Graal

“Tan santa

cosa

es

el

Graal” que

uno

problema; mucho menos las significaciones.

no podría pretender agotar el

La “leyenda soberana” no es una invención del poeta, tampoco es la expresión novelada de una cierta teoría de la Gracia. Ella es la resurgencia, en tierra occidental cristiana de una corriente tradicional inmemorial tocante al misterio esencial de toda Revelación. Misterio del Conocimiento de Dios según Dios, “participación de la Naturaleza divina” (Segunda Epístola de Pedro, I-4), que es en sí Vida Eterna (Juan, XVII-3), consumación de la Unidad (Juan, XVII- 23): el Misterio de la Teosis o del Tahwîd metafísico. Si en esa “Fuente de enseñanza” un momento descubierta, las aguas aparentemente diversas del Celtismo, el Cristianismo, el Judaismo y el Islam han podido unirse sin corromperse, es que ellas eran intelectual y espiritualmente puras y venían de la misma Fuente Única.

En todo caso si el Magisterio del Graal era único en el origen, su enseñanza parece haber comportado desde temprano, dos corrientes distintas:

una corriente de apariencia específicamente cristiana (expresión en modo caballeresco de la tradición esotérica propia del Cristianismo enriquecido por el aporte céltico) y una corriente que guarda la marca de su inspiración oriental y de su filiación islámica y Templaria, idéntica en el fondo de la doctrina, pero comportando además abiertamente algunas de sus consecuencias inmediatas, tales como la universalidad del Graal y la unidad esencial de las tradiciones, que implican no solamente el profundizamiento esotérico del contenido de los dogmas, sino su transposición metafísica y tiende por ello a la ruptura, por trascendencia, de los limites intelectuales ocasionados por el hecho mismo de su definición, por ahí igualmente al derribamiento, por los escogidos, de las barreras religiosas y a la apertura o más bien a la reapertura del “espacio” espiritual cristiano a las influencias y a la asistencia providenciales del Centro supremo, condición de la reintegración de la Cristiandad, por su propia realización al Orden tradicional universal que sus propias Escrituras le designan como una realidad y una Norma perpetuas en la persona y la función de Melki- Tsedeq. Los medios necesarios y posibles de esta obra eran, por una parte, una unión verdadera, institucionalmente garantizada entre las autoridades espirituales de las tradiciones respectivas, por otra parte la solución del problema de los dos poderes, temporal y espiritual, cuya existencia amenazaba cada vez más aquella del Cristianismo y debía contribuir tan largamente a su ruina, solución que reposaba únicamente sobre la posibilidad de integrarlos de manera real y eficaz en su principio común, el Cristo, clavis David sceptrumque domus Israel. Esta doble posibilidad se ofrecía entonces a la conciencia de los elegidos responsables del mundo cristiano en esa hipóstasis misteriosa, llamada Graal, de la realidad crística bajo los dos aspectos sacerdotal y real y en su

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Orden.

La primera de estas corrientes parece no ser mantenida, después del siglo XIII más que en las organizaciones cada vez más restringidas y cerradas. La segunda, donde se reconocen el dibujo y la obra interrumpida de los Templarios le sobrevive a través del Alto Gibelinismo y el Rosicrucianismo, pero no debía subsistir después de la muerte de los últimos Rosa-Cruces, más que en los vestigios recogidos por la Franc-Masonería.

En

efecto,

LIBERACIÓN.

todo se resume en un único punto de búsqueda: la

Roger Godel 10 ha sabido definir muy bien esta “Experiencia Liberadora”: de él tomaremos pues las líneas siguientes.

Que el pensamiento racional sea impotente para abordar las orillas de la más alta región, los metafísicos tales como Sócrates, Platón, o Plethon lo sabían por experiencia; en cuanto al punto de llegar a la última etapa de la peregrinación, habían debido abandonar su equipo intelectual.

Toda rebusca * experimental orientada hacia la retaguardia metafísica sería destinada a un fracaso certero si un principio epistemológico (principio superior de inteligibilidad) no le sirviera de piloto 11 . Los filósofos helenos lo designan por el nombre de Noesis, Episteme, Noûs, Aletheia; India y China lo reconocían también, desde tiempo inmemorial, bajo diversas apelaciones: Vidya, Jnana * , Tao.

Más adelante, este autor dice aún:

Un firme anclaje previo en el zócalo de lo real se impone al hombre de ciencia si él quiere emprender bajo felices auspicios, la exploración venturosa de su propia estructura hasta la última profundidad. Es deseable que una amarra indestructible, guiando su progresión en el descenso a los abismos, le asegure una estabilidad a prueba de corrientes de deriva. Ya que es ante todo en un mundo de fluidez, de formas inciertas que él debe pasar; más allá del territorio donde se elevan aún las fugitivas construcciones mentales que le son familiares, ningún indicio sensible aparece. Un universo sin dimensiones de espacio ni de tiempo se deja descubrir, paisaje de figuras significativas que sólo una

10 Autor de “Ensayos sobre la experiencia liberadora” (París, 1956). * NE: se mantiene el neologismo de la edición original 11 Platón aplica la feliz expresión de “piloto del alma”al principio de inteligibilidad que designa bajo el nombre de “Noûs”. * NE: En el facsímile francés el término es Jana, en el contexto, corresponde a Jnana

conciencia despierta puede descifrar.

El Santo Graal

Ningún pionero de esta expedición podría proceder solo con la ayuda de los únicos recursos de los cuales dispone la investigación mental más allá de las fronteras extremas de la psiquis; y desde los primeros pasos, él corre el riesgo de perderse por defecto de epistemología. Terminar el itinerario exige que sea despertado el conocimiento -a la vez transcendente e inmanente- de lo intemporal.

Y R. Godel concluye:

La mayor realización, es alcanzar, tras la bruma cuya confusión el Sabio disipa, 12 la aclaración de por qué todas las operaciones mentales adquieren un sentido.

Este principio -impersonal tanto como la luz- no es de ninguna manera una función del hombre, ni un estado estático o dinámico. Es la conciencia misma en su fuente. Alrededor de ella y por referencia al poder epistemológico del cual ella es el centro, el pensamiento ordena el juego de sus formas. Un oyente abierto a la enseñanza del Sabio no detiene su atención en el sentido restringido de las palabras entendidas; él reconoce en las frases, en las imágenes, en los diagramas 13 solamente un valor de señales. Más allá de las palabras, se descubre a él una realidad de evidencia interior.

En fin, como dice Platón “Así, desde siempre, la verdad existe en nosotros”.

Declaración tan simple, pero cuyo sentido profundo se nos escapa siempre. Así, Sócrates parecía en plena contradicción consigo mismo, cuando él declaraba por una parte que el pensamiento del hombre es impotente para asir la verdad y que por otro lado, ninguna lengua podría expresarla, mientras que, por otra parte, él inducía a sus auditorios a consagrar su vida, toda su vida, a esta única rebusca. Es que Sócrates hacía su camino a través de un dédalo de paradojas. Era un hombre desconcertante. El no temía contradecirse. Pero, bajo el choque de los términos contradictorios brotaba la claridad de una razón que transcendía a uno y otro.

12 Godel emplea aquí la misma significación que sería dada en la terminología hindú, con respecto al Gurú: el Maestro, el Instructor, el Guía. Gurú es etimológicamente el “disipador de las tinieblas”. Este Iniciador a quien la práctica de todas las virtudes le es familiar, despeja los obstáculos de la Vía, ayudando así a sus discípulos a ver más claro.

13 Es comprender el espíritu de la letra y no el sentido literal. Es aún el método de enseñanza por la simbología, los Arcanos, los mandalas, etc.

Asimismo el cuadro de un Pintor, una composición musical, debería despertar un influjo supra- consciencial (ver nuestra obra “La Misión de los Artistas », Libro VI de la serie de los Grandes Mensajes).

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El tenía el poder, como todos los Maestros, de despertar en sus oyentes el conocimiento de su verdadera naturaleza. Su estrategia y su arte convergían sobre esa única meta: incitar al hombre a recordarse.

El Sabio despeja la vía a sus alumnos, transforma para ellos los obstáculos en trampolines de cercanía y en auxiliares de su progreso. Es señalándoles sin cesar, en el curso de su itinerario, la dirección de la meta a alcanzar que él los polariza eficazmente sobre su término. En cuanto a incluir en una fórmula o en una palabra la realidad de la cual conviene exhumar el recuerdo, él se niega absolutamente. Como lo dice Menón con respecto a Sócrates “si el nos dispensara esa concesión, yo cesaría en seguida de creer en la Sabiduría de su enseñanza, él habría hecho la obra de un constructor de sistemas: una vana construcción de teórico. El Sabio, como un sol, hace madurar en nosotros el fruto de la Sabiduría, pero este mismo epíteto traiciona la verdad. El “conocimiento” que él evoca es, por naturaleza, irreductiblemente extraño a toda categoría mental; escapa a las aprehensiones del intelecto, ninguna formulación puede representarlo”.

La dialéctica del metafísico abunda en declaraciones negativas, cuando hace alusión a la “cosa”; la literatura india está de acuerdo con Sócrates y repite hasta la saciedad “neti, neti”: no es eso, no es eso!

En su obra sobre “Un compañero de Sócrates”, Roger Godel, hace tener a sus intérpretes el diálogo siguiente:

“-Vuestros ojos están muy abiertos: les hacéis recorrer la extensión de un vasto horizonte. En vuestro campo de conciencia desaparecen las nubes del cielo azul ¿Qué percibís aún?

-La imagen de una montaña, la rivera próxima con los árboles sobre las orillas ...

-Ha entrado enteramente el paisaje en vos? -Nada importante ha sido olvidado.

-Excepto vos mismo! En el momento de concluir la inspección, hemos olvidado introducir en vuestro campo de conciencia a vuestro cuerpo. Reparemos rápidamente el olvido, la imagen de esta silueta faltaría en la visión de conjunto. Porqué haberla cortado?

-Porque ella tiene su lugar en el centro de todos los radios visuales. Hacia mi cuerpo, -más particularmente sobre mis ojos- converge el universo entero; al menos aquel que me es conocido o conocible.

-Cada

uno

de

nosotros

se

atribuye

este

privilegio

singular.

En

consecuencia el mundo debería tener millares de centros.

Vos seríais

El Santo Graal

uno de ellos. Pero este lugar central lo situaríais en la superficie de vuestro cuerpo o se lo debe buscar más profundamente?

-El está en la retina, o más bien en el cerebro, entre el lóbulo occipital y

los núcleos grises de la base

...

en la trama del diencéfalo.

-Os pido reconocer el punto central donde vienen a perderse en vos todos los rayos luminosos. Es a vuestra propia experiencia que yo me dirijo, no a teorías fisiológicas. Os pido examinar de nuevo el contenido de vuestro campo de visión, desde los objetos lejanos hasta los más próximos. Para terminar, encontraréis incluido vuestro propio cuerpo en primer plano. Retiraos entonces detrás de su imagen.

-Expresaré simplemente aquello que constato. Este centro de observación debe estar escondido a una profundidad muy grande de mi ser -más allá de todos los sentidos- puesto que la forma de mi cuerpo mezclada a las sensaciones y juicios que a él se refieren, aparecen a un testigo establecido en ese puesto. El está necesariamente en retirada y a una distancia inconmensurable de todas las cosas interiores o exteriores al cuerpo 14 . Sería el centro mismo de integración de la individualidad, el punto donde él permanece en su unidad indivisible?

-Desde que se os aparece en esta perspectiva, en qué se convierte vuestro cuerpo con relación al paisaje?

-Una necesidad lógica le impone el tomar lugar en el universo del cual forma parte integrante. Mi cuerpo esta hecho de la misma estopa que el marco que lo circunda. El ha buscado en el cosmos todos los elementos físicos y químicos de los cuales se compone. Su lugar esta en el mundo exterior.

-El

“mundo exterior”, ese universo de objetos que resueltamente hemos

desaprobado y desterrado de nuestra presencia, retoma ahora su lugar

14 Godel entiende por la expresión “distancia inconmensurable” evocar algo distinto de una medida espacial: el quiere situar al observador fuera de las categorías del tiempo y el espacio. Su declaración se reúne a aquella del gran fisiólogo Sherrington en un estudio que ese sabio consagra al principio del yo. Escribe: “El yo que se encuentra al centro en un mundo de cosas, existente sin contornos, ni formas, ni dimensiones, invisible, intangible, desprovisto de atributos sensibles, durable de una durabilidad indefinida, cuando uno lo compara con las cosas. Posición sin magnitud. De ese yo, somos mucho más inmediatamente conscientes que del mundo espacial alrededor de nosotros, ya que él es

nuestra experiencia directa. El es el sí (the Self). Y por tanto él no ha sido visto jamás, ni

sentido y aunque el posea el lenguaje, no ha sido jamás oído

...

invisible,

intangible, no

perceptible, permanece inaccesible a los sentidos, aunque él mismo es conocido por sí mismo

directamente

...

dado

Cambridge, 1946).

de primera mano e inexpugnable.” (Ch. Sherrington, Man on his nature,

Serge Raynaud de la Ferrière

Propósito Psicológico XXXII

delante de nosotros

y

se

ha

acrecentado

mucho mientras que

descendemos en profundidad hasta ese puesto de observación en la interioridad. Su masa ha absorbido vuestro cuerpo y todos vuestros pensamientos ... -El pensamiento de un hombre puede hacer parte del mundo objetivo?

-Observad el juego de vuestra actividad mental cuando ella nace y toma forma delante de nosotros. Ella hace brotar su curva, la desarrolla, establece o rompe las relaciones entre un tema y otro bajo la mirada de vuestro espíritu de discriminación. El contenido os es ofrecido para ser retocado, corregido y transmitido al órgano de expresión: la palabra. La elaboración y el desarrollo de ese extraño fenómeno se han cumplido a distancia del nivel donde permanecía -en vela- el observador. Y éste, establecido sobre esa alta y última instancia, posee el poder de desdoblar el curso de los pensamientos.

-Si yo lo percibo a partir de ese hogar distante, el encaminamiento de mi propia reflexión me aparece objetivo.

-Esos meandros hacen surgir formas cambiantes y una duración. Vos mismo, sin ligadura con esas cosas sutiles, permanecéis inmutable.

-Mi pensamiento no ha salido de mí? El me liga; si yo me abstengo de reivindicarlo como mío, por el contrario él me reivindica a mí, su fuente de emisión y me empeña en su impermanencia.

-La permanencia se afirma en vosotros. Vuestros pensamientos, vuestras actitudes pueden contradecirse, su antagonismo se ejerce sobre un campo limitado. Más arriba las contradicciones están resueltas. Un mismo observador -pura vigilancia- tiene bajo su mirada los términos irreductibles uno al otro. Percibiría su conflicto si él mismo no permaneciese constante, fuera de alcance, siempre idéntico a si? Su naturaleza impersonal le sustrae a todo empeño.

-Yo estoy de acuerdo interrogándome sobre este punto.

Existe, en

lo

más íntimo

del ser,

un estado

de pura vigilancia.

Su naturaleza es

indescriptible porque ella rechaza el testimonio de los sentidos y de la razón. El pensamiento, más sutil se reabsorbe en este eje de todas las referencias. Es por ello que reina un silencio absoluto. Se puede solamente hacer alusión a ello por las figuras y los símbolos, o en términos negativos.

-“Mi querido amigo, vos habláis como un hombre a quien esas cosas son familiares. El recuerdo comienza a gestar en vos. Sócrates se regocijaría al escuchar despertarse la lejana anamnesis” (evocación

socrática del recuerdo de la eternidad).

El Santo Graal

Nada hay de sorprendente pues en que sea a Sócrates a quien se le haya atribuido la célebre inscripción en el frontón del templo de Delfos “Conócete a ti mismo” ...

Octubre 1958

(Continúa en la próxima publicación.)

Serge Raynaud de la Ferrière

Los Propósitos Psicológicos Tomo XXXIII

Místicos Y Humanistas

ENSENANZA PERIÓDICA SOBRE LA CIENCIA DEL PENSAMIENTO, DEL ALMA Y DEL ESPIRITU.

Serge Raynaud de la Ferrière

Propósito Psicológico XXXIII

MÍSTICOS Y HUMANISTAS

La primera comunidad europea nació el día de Navidad del año de gracia 800. Ese día, Carlomagno rey de los Francos, amo ya de una gran parte del continente europeo, asistía a la misa celebrada por el Soberano Pontífice en la Basílica San Pedro de Roma. Estaba arrodillado cerca del Altar Mayor, sumergido en la plegaria, cuando el Papa, avanzando hacia él, colocó sobre su frente la corona de los Césares.

Hasta entonces la enseñanza no había sido dada más que por y PARA la Iglesia. Pero el imperio carolingio, por su poderosa organización emprendió la realización de una reforma total de la antigua enseñanza clerical. En resumen, ese fue el punto de partida de las escuelas “públicas” abiertas a TODOS los alumnos.

Después de la muerte del Gran Emperador, otro poder, exclusivamente espiritual, iba a retomar la obra educativa esbozada antaño por el “Patrón de los escolares”, esa fue la tarea designada a la Universidad de París del medioevo.

A esta Universidad parisiense iba a ser conferida la misión de ejercer una especie de arbitraje a través de toda Europa, gracias a la brillantez de su enseñanza universalmente buscada.

Ese Studium parisiense representará una luz espiritual cuyo campo de radiación no sería específicamente parisino, ni siquiera francés, sino ecuménico. En la Universidad de París se encontrarán las “naciones” y los dos más grandes doctores y maestros de París fueron extranjeros: un Alemán (Albertus) y un Italiano (Santo Tomás de Aquino). Así se afirmaba desde los orígenes el carácter fundamental que, a través de todas las vicisitudes ha sobrevivido en la enseñanza universitaria francesa, a saber, el principio de la Universalidad de la Verdad, ciertamente objeto de discusión, como lo hace notar Juan Eduardo Spenlé 1 , pero colocado por encima de todas las diversidades de origen, de lengua y de raza.

Esta Universidad medieval no poseía nada, lo cual no excluía los medios de subsistencia acordados a título de socorro a algunos de sus miembros agrupados en corporaciones. Estos medios destinados a la ayuda de los escolares pobres, fueron los gérmenes de los cuales salieron los “Colegios”.

1 En “Los Grandes Maestros del Humanismo Europeo” (Edición Correa, París, 1952).

Místicos y Humanistas

Uno de los primeros y el más célebre de todos, fue

la Sorbona.

Fundada en

1257 por el maestro teólogo Robert de Sorbon, capellán y confesor del rey San Luis.

Es

en

uno de estos

“colegios”

que fue

a refugiarse en 1496, un joven

clérigo llamado Erasmo de Rotterdam, para preparar su bachillerato y en lo

posible su doctorado en teología.

¿Habría

podido creerse al

ver

a

este

estudiante taciturno, adelgazado por los ayunos quien a fuerza de ingeniosidad

había logrado evadirse de su convento, que sería un día el maestro unánimemente venerado por todas las Universidades de Europa, que debía

llevar en la historia el título por todos reconocido y respetado de Humanismo?

Padre del

Había nacido de un adulterio (en Rotterdam en 1469). Circunstancia agravante, su padre era un sacerdote, lo que agregaba a la mancha de un nacimiento ilegítimo la maldición de una especie de sacrilegio, -ex illicito et, ut timet, incesto damnato que coitu genitus,- en estos términos brutales la Santa Sede formulará más tarde una especie de absolución retrospectiva acordada por Roma, para este retoño ilegítimo nacido en condiciones tan indeseables. Huérfano a los 15 años, fue recogido en una escuela capitular, más tarde transferido a un convento, donde se orientó hacia las órdenes monásticas, no

porque haya obedecido a una imperiosa vocación religiosa

El claustro

... representaba para él un refugio donde podría dedicarse en silencio a las cosas del pensamiento. Logró rápidamente hacerse destacar por sus superiores en calidad de secretario de su obispo, lo cual le permitió ligarse con personalidades bien conectadas y fue gracias a esas protecciones que logró hacerse inscribir en la Universidad de París. Más tarde, fue repetidor para jóvenes ingleses y alemanes de paso por París, fueron años de molestia, vecina de la miseria. El tenía ya treinta años cuando una estancia en Inglaterra, particularmente en la Universidad de Oxford iba a señalar una vuelta decisiva en su carrera, así como en su círculo de amigos.

Fue durante el invierno de 1499, que Erasmo dijo adiós definitivamente a la enseñanza escolástica y que se le reveló por primera vez en su radiante esplendor, el humanismo antiguo. Al mismo tiempo que las fuentes primitivas de un cristianismo renovado, se descubrían al joven humanista los esplendores de un mundo antiguo resucitado.

El Humanismo suscitó desde el inicio, un vasto movimiento colectivo que, bajo el nombre de Renacimiento, expuso a la luz del día una sabia exhumación de las obras de la antigüedad greco-romana, generalmente condenadas por la Iglesia y escondidas en los conventos. Partiendo de Italia en los siglos XV y XVI, gracias a la invención de la imprenta, ese movimiento ha ganado toda la alta intelectualidad europea y finalmente ha tomado cuerpo en la personalidad más representativa por su genio de búsqueda y por la extensión de sus altas

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relaciones en los mundos más variados: a saber, Erasmo de Rotterdam, el bien llamado “Padre del Humanismo”.

Durante el curso de una noche de insomnio, él tuvo un extraño sueño, que contó a sus huéspedes con el único fin de divertirlos. Intituló esta extraña visión: “Encomium mariae”, lo cual quiere decir “Elogio de la Locura”.

Bajo esta aparente burla en

boca de un autor tan reputado como sabio y

estudioso, se comprende que se oculta una segunda intención inexpresada.

Sus primeros escritos: los Adagios, los Coloquios, el Antibárbaros, el Enchirion militis christiani, estaban ya en manos de todos y todas las Universidades solicitaban sus consejos. Protegido por los más altos prelados y por el mismo Papa, alcanzó a los cincuenta años, parece ser, el punto culminante de su gloriosa carrera.

Desiderius Erasmo había publicado una Traducción latina del Nuevo Testamento donde ponía al desnudo los errores contenidos en el texto de la Vulgata (el único autorizado por la Iglesia romana). Pero, con mucha habilidad supo eludir el conflicto, dedicando devotamente esta traducción a Su Santidad el Papa León X quien aceptó el respetuoso homenaje. De golpe, el autor se encontraba al abrigo de todos aquellos que habrían podido tasar de herejía esta audaz depuración. Pero había riesgo de que el conflicto renaciera en otro terreno y con otro personaje que se colocaba también en el papel de crítico, dedicado a esa misma tarea depuradora: Martín Lutero.

Dos años antes de su instalación en Basilea (Suiza), Erasmo había recibido, en abril de 1519, una carta redactada en términos muy admirativos, que le dirigía un monje de la Orden de los Agustinos, maestro en teología en la Universidad de Wittenberg que firmaba Martín Lutero. Pero, cuántos contrastes entre ese sabio, replegado sobre sí mismo en su gabinete silencioso y su antípoda, el combativo Martín Lutero, hijo y nieto de campesinos, dotado de una superabundante vitalidad, gran comelón y buen vividor que se felicitaba por haber roto el celibato y haberse casado con una monja evadida como él del convento.

Es a continuación de un pequeño incidente con uno de sus antiguos alumnos llamado Ulrich von Hutten, que Erasmo tomó una posición más nítida. El debate fue llevado ante la opinión de sus contemporáneos y sometido así al juicio de la posteridad. Con esa meta, lanzó al mundo en 1524, un panfleto intitulado: De libero arbitrio, donde declaraba abiertamente la guerra a Lutero; éste era el abogado del “todo o nada” y de ahí la predestinación integral. Se es o esclavo del Pecado o esclavo de Dios, a ese dilema llegaría su famoso tratado De servo arbitrio, donde él tomaba lo completamente opuesto al “libre-arbitrio” erasmiano.

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Cansado de las discusiones y ataques de los cuales había sido objeto en Basilea, Erasmo se decidió por una nueva residencia más calmada, Friburgo, capital del Condado de Brisgau, posesión de la Casa de Austria y donde la Reforma no había penetrado. Casi sin fuerzas, tuvo justo la energía necesaria para prepararse a partir en el mes de agosto de 1535 y hacerse transportar a Basilea en una litera. Los protestantes dominaban en esa ciudad donde ya no había ni iglesia ni culto católico. No iban a sorprenderse los otros de verlo regresar a una ciudad pasada enteramente a la Reforma?. Pero aunque sus sufrimientos se habían convertido en intolerables él no perdió la conciencia un

solo instante durante esta larga y dolorosa agonía. Murió rodeado de sus amigos en la noche del 21 al 22 julio de 1536. Aunque el culto católico había sido desterrado de la Catedral, fue ahí donde lo inhumaron. Los estudiantes llevaron el ataúd sobre sus espaldas y fue enterrado en la nave principal de la catedral, cerca de los peldaños por donde se accede al Coro. Extraña ironía de

la suerte

Poco tiempo antes de su muerte, había recibido una carta del nuevo

... Papa ofreciéndole el sombrero de cardenal, acompañado de las más ricas prebendas. Esta vez él responde orgullosamente con un rechazo categórico a esta distinción. “Convendría a un hombre moribundo tomar sobre él cargas que ha rehusado toda su vida?”. El mismo Renacimiento, del cual había sido el apóstol, reconocido y respetado universalmente, no marcaba por el contrario una evasión necesaria fuera de esta tiranía exclusiva ejercida hasta ahora por el clero y la teología de la Edad Media? El nombre de Erasmo de Rotterdam estaba indisolublemente ligado a esta grande y saludable emancipación.

Después de esta primera etapa liberadora, surgirá en Francia, una segunda etapa marcada por un acrecentamiento del pensamiento filosófico. Ese será “el siglo de Voltaire”.

Voltaire marca un acontecimiento de primera importancia en la historia del humanismo europeo. Sin embargo, es preciso decirlo, si él ha ejercido en los dominios más variados de la literatura, no ha podido hacerse valer en ninguno. Es Diderot -el más lúcido de sus colaboradores- quien decía: “Este hombre, no es sino el segundo en todos los géneros”. Fréron, su adversario, tenía a su respecto un juicio idéntico: “Yo no creo que sea posible tener más talento que el señor Voltaire. El es tal vez el primero que, a fuerza de talento, ha podido pasar por genio”.

Preocupado por la poesía, tanto como por los placeres, rimó unos versos desvergonzados que le valieron una primera estancia en la prisión de la Bastilla. Un hombre de letras, pensaba, no puede conquistar la gloria más que por una tragedia. Voltaire hizo representar entonces Edipo en el Teatro Francés en 1718. Para consagrar su reputación, emprendió de inmediato una epopeya, La Henriada. Cuando ésta aparece en 1773, Voltaire es consagrado gran hombre. El aprovecha para deslizarse en la Corte, donde gusta a la Reina y va

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emparejado con los más grandes Señores. Pero, el Caballero de Rohan, a quien había empujado en los bancos del teatro, lo hace bastonear públicamente, después, como Voltaire gritaba un poco fuerte, es encerrado en la Bastilla. El prisionero no puede salir sino prometiendo cruzar a Inglaterra. Ese fue el acontecimiento “providencial” que iba a abrirle todo un nuevo mundo.

Más que por el aspecto político, económico y burgués, es por el lado filosófico y religioso que la vida inglesa retuvo la atención del visitante francés. Ahí tomó nítidamente conciencia de aquello que podría llamarse el motivo central y obsesivo de toda la polémica volteriana, a saber, la guerra declarada a todas las formas y manifestaciones del fanatismo religioso.

Entre las manifestaciones de esta libre expansión de la vida religiosa en Inglaterra, hay una que produjo sobre su pensamiento una impresión particularmente profunda, a saber, la secta de los Cuáqueros (Quakers). Considerándose un retoño directo de la primitiva comunidad cristiana, esa secta no solamente vivía aparte de todo dogma enseñado oficialmente, de toda jerarquía u organización clerical, sino que inclusive rechazaba reconocer cierto número de instituciones políticas o jurídicas que estimaba contrarias al espíritu del Evangelio, tales como el recurso a los tribunales, la prestación de juramento, el servicio en el ejército. Pero aquello que atraía más aún la simpatía de Voltaire por esta secta era su anti-dogmatismo -en términos más modernos su anticlericalismo- que remplazaba el culto por un llamado continuo a la libre inspiración individual. Desgraciadamente su error, a sus ojos, era el de querer a todo precio permanecer como una “secta” cerrada, aparte de la sociedad en la cual ella vivía, y el rechazar su adhesión a las nuevas luces traídas por la filosofía.

Ya que la filosofía-Voltaire estaba cada vez más convencido- es también el privilegio si no de una secta, al menos de una ínfima minoría. “Dividid el género humano en veinte partes”, declaraba, “hay diecinueve compuestas de aquellos que trabajan con sus manos y que no sabrán jamás que existe en el mundo un filósofo llamado Locke. ¿Cuántos hombres que lean se encontrarán en la parte número veinte? Y entre esos mismos hay veinte que leen novelas contra uno que estudia la filosofía. El número de aquellos que piensan es infinitamente pequeño y, a esos, no les vendrá jamás la idea de turbar el mundo”.

El siglo de Voltaire será pues “el siglo de la filosofía”. Pero ¿de qué filosofía se trata? Voltaire quiere ante todo despejar los resultados positivos recogidos durante esos años de observación pasados al otro lado de la Mancha. Aquello que sorprende aquí aún, es la ventaja tomada por los filósofos y los sabios ingleses sobre sus colegas franceses. Aquello que él reprocha a los últimos -y sobre todo a Descartes- es esta filosofía puramente geométrica que se contenta con “aclarar” el pensamiento a la luz del razonamiento sin llegar jamás a un

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sistema verdaderamente explicativo y constructivo del mundo. Se ha encontrado un hombre en Inglaterra, Newton, que desvela de pronto horizontes aún inexplorados, a continuación de una iluminación resplandeciente. Un día él se paseaba en su jardín, cuando vio de repente caer un fruto de un árbol y esta caída le despertó de inmediato la idea de una “gravitación universal” por la cual debían explicarse los movimientos de los astros.

Aquello que Voltaire trata ante todo de poner a la luz es la admirable atención con la cual el público inglés ha seguido y acogido ese descubrimiento que golpeaba frontalmente las viejas concepciones bíblicas sobre la antigüedad del mundo.

A este respecto, Juan Eduardo Spenlé, escribe (“Voltaire y el Siglo de las Luces”): “Y esto nos trae al problema central del pensamiento filosófico de Voltaire. Si todas estas exploraciones, descubrimientos y explicaciones nuevas de la ciencia están reservadas a una ínfima “élite” y permanecerán siempre como misterios impenetrables a la inmensa mayoría de los hombres, cual será el dominio propio de la filosofía? Queda confinada al interior de un cenáculo de iniciados, los únicos que comprenderán el lenguaje? O bien, no será llevada a crearse medios de difusión -incluso de vulgarización- que bajo una forma más o menos simplificada y arreglada, la harán accesible a un gran público? Frente a este poder del oscurantismo sistemático que representa el fanatismo religioso, tan poderosamente explotado por la Iglesia, no convendría organizar una propaganda en sentido inverso que, por lo menos, paralizaría esa fuerza enemiga, armada de tan temibles amenazas o de tan falaces promesas? He ahí el problema que, más y más, orientará en adelante la actividad del filósofo”.

En 1760, Voltaire se instaló en Ferney, el Voltaire de los últimos años fue llamado “el Rey Voltaire”. Acantonado con su Corte, renovada sin cesar, está en perpetuas conversaciones con sus vecinos inmediatos de la República de Ginebra, a quienes escandalizó por sus aires de gran señor y por las representaciones teatrales organizadas con gran estruendo, a las puertas mismas de la austera y pudibunda ciudad de Calvino.

Como para burlarse de sus vecinos, ha asociado a su persona un jesuita: el Padre Adán, lo cual no le impide mantener correspondencia con Federico II, notorio Franc-Masón. Cuán elocuente en su simplicidad es esa última carta dirigida por el rey filósofo al Rey de Prusia, poco tiempo antes de la muerte del gran Federico:

“Es cierto, pues, Señor, que al final los hombres se aclaran y que aquellos que se creen pagados para cegarlos, no son siempre dueños de reventarles los ojos. Gracias sean rendidas a Vuestra Majestad. Vos habéis vencido los prejuicios como a vuestros otros enemigos. Sois vencedor de la superstición y sostén de la libertad germánica. Vivid más largo tiempo que yo, para afirmar los

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imperios que habéis fundado. Pueda Federico el Grande ser Federico-Inmortal” (París, 1º de abril de 1778).

Cuando apareció el primer volumen de la Enciclopedia, en junio de 1754, Voltaire se encontraba en Berlín y no parece haber prestado gran atención a la invitación un poco ceremoniosa que le enviaban los dos directores, Diderot y d’Alembert.

“Diderot ha guardado siempre con respecto a Voltaire un prejuicio desfavorable”, escribe Raynaud Naves en su monografía tan escrupulosamente documentada sobre Voltaire y la Enciclopedia, “el prejuicio del hombre de oficio contra el aficionado, el prejuicio del trabajador contra el inquieto toca-a-todo. Y por su lado Voltaire, considerará siempre a la Enciclopedia como una compilación aburrida, con la actitud desdeñosa del hombre de gusto que quiere interesarse en el trabajo de los obreros, pero que sabe colocarlos en su puesto en la jerarquía literaria. Por otro lado, él mismo había concebido el proyecto de un diccionario filosófico más ligero que debía constituir una especie de manual portátil del hombre honesto”.

Voltaire había adquirido desde hace largo tiempo la convicción de que la inmensa mayoría de los hombres es refractaria a toda independencia de juicio. Él era en el fondo un aristócrata del pensamiento. Así lo ha juzgado más tarde otro representante de la aristocracia intelectual, Federico Nietzsche, quien le ha dedicado su primera gran obra de crítica y análisis moral, titulada Humano, demasiado humano. Por una maravillosa coincidencia, esta publicación aparecía en el mismo momento de la celebración del centenario de Voltaire, del gran apóstol de la libertad de pensamiento. “Voltaire”, señala a este propósito Nietzsche, “se encontraba en las antípodas de los revolucionarios franceses. El era un gran señor del espíritu, tanto como yo. ‘Aplastad al infame’, he ahí su palabra de orden. Y ésa es también la mía. Sin duda el estado de naturaleza es horrible. El hombre es una bestia de presa. Pero nuestra civilización es una continua victoria lograda sobre esta bestia primitiva”.

*

*

*

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Es Nietzsche quien ha planteado la pregunta, “Goethe es alemán?”. Pregunta muy extraña a primera vista, pero se trataba, para ese gran demoledor de valores en curso, de someter a una escrupulosa crítica el “culto de Goethe” que había tomado en la Alemania guillermina proporciones de una verdadera religión nacional, con sus teólogos, sus dogmas, sus archivos, sus congresos y su vasta cofradía de “especialistas en goethéismo”. Toda Alemania parecía admirarse a sí misma en su poeta. Tocar a Goethe era tocar lo más sagrado que había en un patriota alemán, herir su amor propio en sus susceptibilidades nacionales más sombrías, en el orgullo de su “cultura”. A fin de cuentas, nosotros somos el “pueblo de Goethe” declaraba el filisteo pretendidamente “cultivado” enorgulleciéndose.

Esta idolatría pedantesca daba náusea al gran demoledor de ídolos que representaba el autor de “Así hablaba Zarathustra”. No es que se propusiera ciertamente derrumbar la admiración que la persona y la obra de Goethe podían reivindicar legítimamente. Echar del Templo a la plebe de parásitos arrogantes e instaurar un nuevo culto, más personal, más verídico, reservado a una “élite” de conocedores, he ahí el pensamiento en el cual se inspiraba. “Goethe”, decía él, “dejaba tan atrás a los alemanes, que no debe ser considerado como uno de ellos. El representa una fanfarria que ellos lanzan de tiempo en tiempo más allá de las fronteras”.

Goethe

es

el

hombre universal, como

lo

ha

dicho

uno

de los grandes

poetas franceses: Paúl Valery, él puede ser colocado no importa en qué tiempo, no importa en medio de qué pueblo, y no parece pertenecer más que por accidente a la raza de la cual forma parte.

Esta “universalidad” no representa en Goethe un milagro directamente caído del cielo. Ella fué más bien el fruto lentamente madurado de una larga y perseverante experiencia humana. Para convencerse basta releer las páginas de su Autobiagrafía (en Dichtung und Wahrheit) donde evoca la historia de su infancia en la vieja e imperial ciudad alemana de Frankfurt am Main. El joven Wolfgang Goethe absorbe, revuelto, todo el repertorio francés, Corneille, Racine, Moliere, hasta Destouches, Marivaux, Diderot, Rousseau.

“No podéis figuraros”, declaraba más tarde a su fiel confidente Eckermann, “el ascendiente irresistible que ejercían sobre mí, en el tiempo de mi juventud, Voltaire y sus grandes contemporáneos franceses y hasta qué punto sus personalidades dominaban desde lo alto toda la intelectualidad de esa época. Yo no he puesto suficientemente en claro en mi Autobiografía, la influencia que esos hombres han ejercido sobre mi juventud ni he dicho cuántos esfuerzos me ha costado liberarme de su poder y aprender a volar con mis propias alas”.

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Esta liberación se produjo en abril de 1770, cuando el joven estudiante de Leipzig se hizo matricular en la Escuela de Derecho de Estrasburgo, con la segunda intención de obtener un puesto en la administración francesa. Es en este año de 1770 que parece en efecto haberse producido ese “primer despertar de la juventud” -Jugendbewegung, como se dirá más tarde- donde se afirma el conflicto entre la nueva generación intelectual alemana y la civilización francesa encarnada en Voltaire. Esta civilización francesa había impuesto, aun en las Cortes alemanas, su lengua, su literatura, sus modas, su vida de sociedad. El francés era la lengua oficial de la diplomacia. Se concibe el sentimiento de indignación que debían sentir esos jóvenes a quienes no se ofrecían más carreras que las de profesor o pastor.

El corto período de germanismo agresivo que también Goethe había atravesado no fue más que una crisis pasajera a la cual parece hacer alusión en las últimas partes de su novela “Werther”. Se ha pensado que el pesimismo de Werther tenía al menos en parte su fuente en esta rebelión de la juventud alemana sublevada contra la civilización “a la francesa”. Nada más cuestionable, Werther tuvo éxito mundial. Toda una generación europea fue alcanzada por el contagio wertheriano. Se sabe que el general Bonaparte profesaba la más grande admiración por esa novela que llevaba consigo en Egipto. El menos tocado por la crisis, fue quizás el mismo Goethe.

“Esta época wertheriana”, dijo más tarde a Eckermann, “es menos una época particular de la historia que una edad de la vida humana, la edad en que todo individuo, nacido con el sentimiento natural de la libertad se ve obligado a adoptar las formas de un mundo más antiguo. Las trabas que ese mundo pone a su dicha, a su actividad, los rechazos que le impone a sus deseos, son males que no pertenecen a una época particular de la historia, sino que alcanzan a cada individuo; y debería lamentarse aquel que, al menos una vez en la vida, no hubiera atravesado un período, en el cual Werther le pareciera escrito particularmente para él”.

Fue en Italia, en Roma, que Goethe tomó conciencia de aquello que su alma de europeo sin patria, desgarrada entre mil solicitaciones contradictorias, llevaba aún en ella de irresoluto e inacabado. Fue allí, ante el espectáculo de la Ciudad Eterna, que se sintió poco a poco calmado, regenerado, acorde con una duración estable y secular.

Esa nueva experiencia fundamental, la documentó en una obra que no podía ser terminada más que bajo el cielo de Italia, su Ifigenia en Taúride.

“He ahí un hombre!”, exclamó Napoleón viendo entrar en su habitación en Erfurt, a ese Goethe que le había sido representado como el más grande poeta de Alemania. A su vez, e1 poeta había recibido el mismo choque, al

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encontrarse frente a frente con el Emperador de los franceses, amo de Europa. Sí, Napoleón era un hombre, lo cual quiere decir que él tenía el privilegio de existir en carne y hueso, como personalidad viviente, llevando en su cerebro una imagen de Europa que no era una pura utopía.

Napoleón fue para Goethe el único hombre en el mundo de la política por quien se haya entusiasmado. Así lo confirma J. E. Spenlé. Aun vencido y proscrito, el prisionero de Santa Helena continuaba representando a sus ojos una personalidad providencial comparable a aquella que él mismo había realizado en el orden cultural. Este acercamiento fue señalado por primera vez por Nietzsche. “Dos grandes tentativas”, escribía él, “han sido hechas para traspasar el siglo XVIII. La primera tomó cuerpo en Napoleón que ha resucitado las virtudes del soldado en el hombre, y la guerra de gran estilo, la lucha por el poder concibiendo a Europa como unidad política; y la segunda tentativa, pertenece a Goethe soñando en una cultura europea que reuniría todo aquello que el hombre había realizado en ese dominio”.

Sería preciso analizar el volumen notablemente documentado de Ferdinando Baldensperger, titulado Goethe en Francia para hacerse una idea del lugar ocupado en toda nuestra vida artística y literaria por el Maestro de Weimar durante todo el siglo XIX. Fue ante todo el entusiasmo por Werther lo que desencadenó en Francia una epidemia de melancolía wertheriana. Más tarde, el descubrimiento de ese mundo fantástico poblado de apariciones maravillosas donde se desarrollaba el Fausto de Goethe fascinó a una segunda generación romántica, compuesta principalmente por pintores, como Delacroix y músicos como Berlioz, autor de la Condenación de Fausto. Una tercera generación más bien filosófica e histórica, aquella de los Quinet, de los Renan, de los Taine, dedicó un culto más bien ideológico a la Alemania de las grandes ideas religiosas y morales, concentradas en Goethe.

Goethe no ha cesado de elevarse y de crecer. Es preciso reconocer en el hecho de su irresistible engrandecimiento, una necesidad profunda de su naturaleza y de ese prodigioso instinto organizador que trabajaba por manifestarse en su persona. Soportaba todo esto sin envanecerse: “Qué soy yo mismo?”, declaraba. “Qué he hecho?”. “Mis obras están nutridas por millares de individuos diversos, por ignorantes y por sabios, por gentes de espíritu y por tontos; todos ellos han venido a ofrecerme sus pensamientos, sus facultades, sus maneras de ser; yo he recogido a menudo la siega que otros habían sembrado. Mi obra es la de un ser colectivo que lleva el nombre de Goethe.

*

*

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Nietzsche no niega esta manera de ver de Goethe, pero su personalidad se impone quizás más fuertemente.

“Todos los presbiterios de los ancestros eclesiásticos de Nietzsche”, escribe M. Bernouilli, “si se los juntara, formarían ellos solos un lindo villorio”. El mismo Nietzsche ha hablado siempre con orgullo de esta imponente línea espiritual cuya herencia ha recogido. Pero, ante todo, la vocación de educador respondía en él a una predestinación que llevaba en la sangre. Ya en el joven escolar se notaba la vocación de presentarse como “pastorcillo” (era ese el apodo que le daban sus camaradas de clase). Esta precoz vocación tomó súbitamente una nueva orientación el día en el cual el hijo del pastor se matriculó en la Universidad de Bonn. Titubeó entre la teología y la filología. Pero tuvo la buena fortuna de encontrar como maestro, a una personalidad de primer plano, el gran helenista Ritschl, el filólogo que liberó al joven pastor de sus ancestros.

Ritschl representaba el tipo modernizado del humanista a la manera de Erasmo. Pero Nietzsche va a orientarse rápidamente hacia aquello que puede llamarse la oposición del “Super-hombre” al humanismo de Bacon. Piensa que no hay ninguna virtud en el antiguo régimen, y eso lo rebela. Quiere una rápida transformación, un remedio radical y enseñar que es sólo por la violencia que el reino de los Cielos puede obtenerse. El “Bien” le importa poco, es lo “Grande” lo que le inspira. El “Super-Hombre” de Nietzsche se ve muy bien representado por una estatua de Zeus en mármol blanco, de tamaño olímpico.

Se plantea la pregunta:

¿qué interés

viviente puede presentar aún la

enseñanza dada según métodos en desuso, a las generaciones futuras? Que se escuche el reproche pronunciado por el joven maestro contra esa “cultura clásica” de la cual él mismo representa uno de los especimenes más escogidos, y la amarga retrospectiva que él hace en esa ocasión sobre su propia juventud sacrificada.

“Y ahora, volviendo sobre la vida, reconocer que hay algo irreparable, a saber, el desperdicio de nuestra juventud, cuando nuestros educadores no han sabido emplear esos años fervientes y ávidos de saber para llevarnos hacia realidades, sino que los han usado en aquello que se llama la “educación clásica”; el desperdicio de nuestra juventud, cuando se nos ha inculcado, con tanta torpeza como barbarie, un saber imperfecto concerniente a griegos y romanos, así como su lengua, actuando en contra del principio superior de toda educación, a saber que no es preciso dar un alimento sino a aquel que tiene hambre de ese alimento. ‘Instrucción apropiada para cultivar el espíritu’, se decía. ¿No habríamos podido nosotros señalar con el dedo a los mejores

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profesores de nuestro liceo y decir riendo “Dónde está pues esta instrucción apropiada para cultivar el espíritu? Y si ella falta en esos hombres como podrían enseñárnosla?”

Esta polémica emprendida contra la “cultura clásica” de su tiempo no era más que el prólogo de otra aún mucho más penetrante que Nietzsche iba a emprender contra ese fetichismo al cual ha dado el nombre de “historicismo” o

de “enfermedad histórica”.

Es decir esta hipertrofia de la memoria, del

almacenamiento del pasado, de la erudición rebuscada y amasada como un fin en si misma y que trae el riesgo de paralizar toda actividad renovadora y creadora.

Saber hacer productivo aquello que se ha asimilado: he ahí el secreto de la verdadera cultura.

Y el gran filósofo de nacimiento eslavo-teutón, de cultura helénica concluye

con estas palabras: “Celebrar el porvenir y no el pasado; inventar el mito del

porvenir, he ahí lo que importa

Cómo consentiría yo vivir si no viese

... anticipadamente el porvenir? Pensamiento fundamental: es preciso tomar por norma el porvenir y no buscar detrás de sí las reglas de nuestra acción. La grandeza heroica, he ahí la única meta a la que aspiran los precursores.”

Comprendamos bien que no se trata aquí de una doctrina toda consumada, de un sistema educativo preconcebido, sino de una personalidad, de una voluntad que ha vivido el problema que medita a veces en las condiciones más desfavorables. La enfermedad es también una educadora que proyecta a veces sobre la vida las luces más reveladoras. Ved a Pascal, ese Pascal por quien Nietzsche siente una simpatía particular y de quien decía “Pascal, yo no lo leo, yo lo amo”. No hay error más pernicioso para la historia de las ideas religiosas o morales que el de haber descuidado el plantear ese problema previo de los valores en tanto que ellos expresan síntomas de vida ascendente o de vida descendente. Partiendo de este criterio estrictamente biológico, Nietzsche distingue tres “tipos”, o tres razas morales en la humanidad.

Es de J. E. Spenlé (en Nietzsche Educador y Profeta) de quien tomaremos aún las definiciones de estas “categorías”.

El tipo decadente. Las religiones y las filosofías pesimistas expresan la actitud fundamental de este tipo cuyos juicios de valor se inspiran en un resentimiento más o menos claramente afirmado con respecto al mundo y a la vida. Esta moral del resentimiento ha encontrado en el judaísmo ante todo y después en el cristianismo, su suprema perfección y sus supremos refinamientos. El sacerdote mismo es un enfermo, pero un enfermo que sabe dominarse y que trae un alivio a la manada, en el sentido de que él cambia la dirección del resentimiento y lo conduce, por la confesión del pecado, a volverse

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contra sí mismo y neutraliza así sus efectos más destructivos. Al mismo tiempo trae al enfermo el mensaje del amor divino el cual, atándose de preferencia a los desheredados, opera en su favor un cambio total de las jerarquías naturales de la vida y de la sociedad.

El tipo gregario difiere ostensiblemente del precedente. No es pesimista. Al contrario, es espontáneamente optimista. Quiere la dicha y cree en el progreso.

Su instinto de conservación busca ante todo “la seguridad en la manada”. La civilización debe tender a apartar de la vida todo aquello que la hace difícil, peligrosa, aventurera o problemática y sobre todo a nivelar los privilegios, a borrar todas las desigualdades chocantes. Parece ser que la inclinación natural de la humanidad en tanto que manada, multitud o masa, sea la de valorar ese estado social estable, esa mentalidad pacífica e igualitaria, esta mediocridad consolidada.

En fin, el tipo aristocrático. Es solitario, tiende a aislarse del común, a distinguirse, a “elevarse”. Sus virtudes proceden de un incremento de la actividad creadora, de poder o de una voluntad dominante y conquistadora. Sus juicios de valor expresan una voluntad de poder, dispuesta a aceptar los riesgos, los peligros, los sacrificios, para conocer las alegrías triunfantes de la creación, de la conquista o del mando.

Sobre esta clasificación totalmente psicológica, histórica y moral, se han injertado en Nietzsche, ciertas teorías tomadas del Conde de Gobineau, cuyo libro sobre la Desigualdad de las razas humanas, parece haber sido, al menos durante cierto tiempo, si es preciso creer el testimonio de la hermana de Nietzsche, uno de los libros de cabecera del profesor de Basilea. Es posiblemente de Gobineau que Nietzsche ha tomado la idea de que toda civilización reposa sobre la cohabitación de dos razas: una raza de señores, primitivamente aristocrática, guerrera, de conquistadores invasores, de “fieras rubias” venidas del exterior y una raza sedentaria, pacífica, laboriosa, manada humana reducida a la esclavitud, o al menos domesticada por amos conquistadores. Únicamente esa oposición entre una raza de amos y una multitud inferior, entre una “élite” y una “manada humana”, pudo desarrollar en las civilizaciones primitivas el discernimiento entre aquello que es “superior” y aquello que es “inferior”, el respeto de las jerarquías las distancias y los rangos, cosas sin las cuales, a la larga, una civilización no puede mantenerse.

Este aristocratismo de la “raza” en el cual Gobineau, gentilhombre normando, buscaba comprender sus ambiciones políticas desencantadas glorificando a sus ancestros, lo ha adoptado Nietzsche, pero transpuesto en un aristocratismo de la “cultura”. Es ante todo a una renovación de los métodos de educación que él quiso

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aplicar estos principios. Es importante establecer aquí previamente una separación radical entre aquello que se llama comúnmente la “instrucción” y aquello que de modo exclusivo amerita el nombre de “educación”.

La instruccción se refiere a la simple transmisión de una enseñanza dada a la juventud por el maestro. “Por qué lazo”, se pregunta Nietzsche, “el estudiante está ligado a la enseñanza que recibe en la Universidad?”. Y responde: “por la oreja”. El profesor enseña y un cierto número de orejas escuchan. Sucede también que el profesor dicte su curso y al menos la mitad de orejas y manos se ponen a garrapatear notas. He ahí cómo funciona desde tiempo inmemorial el aparato escolar. El único modo de selección es el examen, es decir un interrogatorio al cual el candidato trae una respuesta, oral o escrita, generalmente extraída de las compilaciones y notas tomadas bajo dictado. Toda la edad juvenil se pasa en preparar exámenes que se refieren a una infinidad de materias, salvo a la única cosa esencial, aquella que permitiría prever si el examinado es capaz de “querer” y si está a la altura de “prometer”. El estudiante termina sus estudios sin haber experimentado jamás la menor curiosidad a propósito de este problema esencial que se refiere sin embargo al valor profundo de la “personalidad”.

La educación pretende al contrario, cultivar, es decir “formar” al ser viviente. Es esencialmente un “adiestramiento”, que se traduce por actitudes de respeto, hábitos de compostura, delicadezas de tacto. Es una “selección” que trabaja para formar grupos escogidos y crear sobre todo un culto de los valores superiores, mediante lo cual una ´ buena sociedad` se diferencia de un medio ambiente vulgar. Esos valores superiores están fuera de discusión y caerían infaliblemente en descrédito si aparecieran como el resultado de un cálculo o de un razonamiento. Sócrates “el razonador” — he ahí el tipo de filósofo plebeyo, en una época en la cual la aristocracia, en la cité * ateniense, cayó en decadencia.

“Se trata pues ante todo”, leemos

en “Más allá del Bien y del Mal” 2 “de

instituir modas audaces, acompañadas de grandes riesgos. Aquello que planea sin cesar delante de mis ojos, es la visión de esos jefes del porvenir y del ambiente que sería preciso crear para apresurar su llegada así como los métodos y las pruebas que convendría instituir para obligarlos a rendir plenamente. En fin, se trataría de operar una total inversión de los valores a fin de que surjan de semejante entrenamiento con un carácter pasado por la forja, dispuestos a aceptar todas las responsabilidades. La disciplina que formaría semejantes jefes, el temor de que ellos no puedan responder a este llamado,

* N.E.: “Cité ateniense”: literalmente, ciudad ateniense. 2 Compuesto en Niza (Francia) en 1886.

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he ahí, amigos míos, mis sombrías y graves preocupaciones.”

Una de las grandes desilusiones de Nietzsche había sido ver la “cultura” alemana caer en la “política” o peor aun someterse a ella. Y es por ello que invariablemente fiel a su educación helénica y a la “Imagen del Hombre” que aquella había despertado en él, huyó de Alemania, obedeciendo al llamado mediterráneo y encontró en el mediodía, bajo un nuevo cielo, una patria nueva, una nueva salud y sobre todo, una nueva “Imagen del Hombre” encarnada en un tipo del porvenir que finalmente bautizó con el nombre de buen Europeo.

Este buen Europeo o este tipo de Europeo del mañana<