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CONFERENCIAS

Neurodesarrollo
El Cerebro a lo largo de la Vida

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Msc. Johnny Cartín Quesada ©

Introducción

Cuando se habla de neurociencias en el ámbito de la educación se hace
necesario discutir acerca de la naturaleza de ambas disciplinas tratando de
esclarecer los puntos de contacto entre ambas y evitando las zonas de
conflicto con el fin de construir una relación transdisciplinaria fluida que
beneficie a ambos ámbitos del conocimiento.

Existen muchas razones para incluir la neurociencia dentro del proceso de
formación profesional de los educadores, es evidente que el cerebro y su
funcionamiento están a la base de los procesos formativos humanos y no
resulta ni ético, ni deseable que la formación de los profesionales
encargados de dirigir y facilitar la adquisición generación de nuevo
conocimiento se desarrolle al margen de estos descubrimientos.

El desarrollo exponencial acerca del conocimiento del cerebro al que
hemos asistido en los últimos 30 años y la relevancia que ese conocimiento
tiene en todos los procesos de enseñanza y aprendizaje1 hace indispensable
que los contenidos neurocientíficos sean incorporados y elaborados al seno
de las teorías y modelos educativos.

Se podrían señalar múltiples razones para tender puentes de contacto entre
la neurociencia y la educación, esta demás señalar que los hallazgos de la
neurociencia tienen implicaciones para la teoría y la práctica educativa y
que estos ofrecen explicaciones con fuerte base empírica que permiten
profundizar en el conocimiento acerca de las condiciones bajo las cuales el
aprendizaje / y la enseñanza pueden ser más y mejor comprendidos.

Sin embargo existe una tendencia peligrosa -la bien llamada “neuro moda”-
la cual únicamente realiza cuestionamientos en un sentido: es decir,
preguntando ¿Cómo las neurociencia benefician a la educación?

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Entendemos ambos procesos como independientes y autónomos no como un flujo continuo, ya que tanto
filogenética como ontogenéticamente son procesos separados.
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Sin embargo existe un flujo contrario que es igual de importante y es
preguntarse ¿cuáles son los posibles beneficios que recibe la neurociencia
de la cooperación transdisciplinaria con las disciplinas educativas?

Si bien es cierto este artículo no pretende agotar un tema tan extenso si
deseamos indicar algunos puntos de contacto entre ambas disciplinas
utilizando el tema del nuero desarrollo como un eje articulador y 2
problemizador, a la vez exploramos posibles líneas de desarrollo en ambas
disciplinas.

Puntos de contacto

Son muchísimas las áreas de desarrollo de la neurociencia que se podría
establecer como puntos de partida para establecer una relación entre esta
y una disciplina tan basta como la educación y sus aplicaciones
tecnológicas asociadas.

A la luz del estado actual de desarrollo de ambas disciplinas se podría partir
de lo obvio y decir que ambas en buena medida tienen por objeto de
estudio y materia prima de su trabajo las capacidades cognoscitivas
humanas, sin embargo eso no ha estado tan claro históricamente ni en la
neurociencia ni en la educación. No es nuestro objetivo establecer un
estado del arte del camino recorrido entre ambas disciplinas al respecto,
más bien optaremos por establecer esta obviedad como propuesta de
arranque sin atender a como se desarrollo históricamente esta situación.

Por el contrario estableceremos como punto de partida en nuestra discusión
las existencias de al menos 6 dogmas de la neurociencia clásica que tienen
implicaciones fundamentales en la educación y 9 ejes temáticos los cuales
podrían sentar las bases de un lenguaje común entre ambas disciplinas

Los dogmas caen

La neurociencia, como todas las demás ramas de la ciencia, está llena de
ideas dogmáticas sobre su objeto de estudio. Una serie de principios que
han sido considerados como fundamentales para nuestra comprensión de
la función cerebral hoy por hoy han sido puestos en entredicho
replanteando por completo lo que sabíamos al respecto.

Pero el cerebro humano es un órgano desconcertante en cuanto a su
complejidad - es a menudo considerado como el objeto más complejo del
universo conocido – y por supuesto no renuncia a sus secretos fácilmente.

Así que no es sorprendente que en los últimos años, los neurocientíficos
hayan hecho un buen número de descubrimientos que revolucionan
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muchos de nuestros dogmas sobre el cerebro, y nos obligan a reconsiderar
lo que pensábamos que sabíamos acerca de cómo funciona.

Estos descubrimientos han replanteado 6 ideas fundamentales:

1. El cerebro humano adulto no es plástico: a este respecto la labor pionera
llevada a cabo por Michael Merzenich y sus colegas de fines de la
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década de los 70 y principios de los 80 puso de manifiesto que este no es
cierto. Ahora sabemos que el cerebro es capaz de reorganizarse
ampliamente, más allá aun de lo que hubiésemos considerado posible,
particularmente en respuesta a la experiencia y las lesiones. El
aprendizaje es considerado hoy como el resultado directo de la
modificación de las conexiones sinápticas en el cerebro; reorganización
“del cableado del cerebro” por así decirlo, y esto ocurre siempre que nos
exponemos a nuevas experiencias o después de severas lesiones.

2. El cerebro humano adulto no puede regenerarse: La opinión de que el
cerebro adulto no puede generar nuevas células nerviosas ha sido un
dogma central de la neurociencia. Pero ahora sabemos que el cerebro
humano adulto contiene pequeñas poblaciones de células madre
neurales, que son capaces de dividirse a fin de generar nuevas neuronas
durante la edad adulta.

3. Los neurotransmisores son liberados sólo en las hendiduras sinápticas:
Según la opinión convencional, las neuronas reciben aportaciones de
otras células nerviosas a través del proceso sináptico, es decir cuando el
potencial de acción llega a la terminal sináptica provoca la liberación
de neurotransmisores, que se difunden para obtener una respuesta en la
membrana postsináptica. Sin embargo, varios estudios publicados
publicado el año pasado demuestran que los neurotransmisores también
pueden ser liberados de los axones en la sustancia blanca del cuerpo
calloso.

4. Las neuronas son los elementos funcionales del sistema nervioso. En el
siglo XIX, el descubrimiento de la neurona –fue un gran salto adelante- y
fue seguido rápidamente por la toma de conciencia de que el sistema
nervioso contiene otro tipo de células: las células gliales. Las cuales
fueron relegadas a un papel secundario como meras células de apoyo.
Sin embargo, en los últimos años, este punto de vista ha comenzado a
cambiar; hoy se sabe que regulan la comunicación entre las neuronas y
controlar el flujo de sangre a través de los vasos capilares en el cerebro.
También pueden comunicarse con las neuronas y pueden generar
potenciales de acción. En lugar de ser meras células de apoyo, la
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neuroglia ha demostrado ser uno de los principales actores en la función
cerebral.

5. Las neuronas se comportan como interruptores binarios: En otras
palabras, una célula nerviosa está encendida o apagada, genera un
potencial de acción o no lo hace en una respuesta de "todo o nada". Es
decir, se necesita una cantidad mínima de estimulación antes de que 4
una neurona produzca un impulso nervioso. Sin embargo desde hace
tiempo se sabe que las células del sistema nervioso de los invertebrados
producen potenciales en los cuales la cantidad de neurotransmisor
liberada es proporcional a la intensidad del estímulo.

6. Las neuronas se comunican entre sí sólo por la propagación de
potenciales de acción: aunque esta es la forma estándar de
comunicación entre neuronas hoy sabemos que algunas células en el
sistema nervioso pueden transmitir señales por la propagación de una
cascada de mensajeros secundarios. Estas cascadas de señalización
bioquímica puede viajar a lo largo de las fibras nerviosas, y puede
obtener la liberación de neurotransmisores de las terminales nerviosas, en
ausencia de actividad eléctrica.

Estos replanteamientos de las ideas centrales del funcionamiento del cerebro
poseen impactos profundo en la relación de esta disciplina con la educación,
temas como la neuroplasticidad, el aprendizaje, la estimulación, la memoria, el
lenguaje, la emoción, la resolución de problemas, la “inteligencia” y la
estimulación, se nos presentan como temas comunes para el desarrollo de un
lenguaje común.

Una contribución muy importante que es producto de esta ruptura de las ideas
dominantes es el concepto de plasticidad o neuroplasticidad, que implica que
el cerebro se organiza y reorganiza durante todo el desarrollo. Por un lado, esto
significa que no es posible pensar en el cerebro a lo largo del ciclo vital como
un órgano terminado acabado y desarrollado. Por otra parte, también significa
que hay oportunidades para intervenir modificando las condiciones de
desarrollo a través de educación y entrenamiento, no importa en qué etapa
de mi vida me encuentre.

Este concepto a su vez replantea el clásico debate sobre la manera en que los
niños crecen y desarrollan sus personalidades y pone en tela de juicio el psuedo
debate entre “naturaleza vs crianza” que antepone la "Naturaleza, herencia o
genética" refiriéndose a la idea de que los niños nacen de la manera que son, y
que lo que nosotros hacemos tiene muy poca influencia sobre lo que van a ser,
con la ideas de "Crianza, entorno o estimulación" que se refiere a la idea de
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que el ambiente en que se que desenvuelve el niño y la manera en que lo
crían son el factor fundamental en su desarrollo.

Hoy sabemos que la resultante final en el desarrollo de cualquier sistema
nervioso es la acción combinada de múltiples factores algunos genéticos otros
ambientales, continuar polarizando esta discusión solo retrasa en desarrollo de
las teorías en educación. Es por el contrario mucho más importante introducir 5
en la discusión conceptos como:

1. Puntos críticos en el desarrollo del cerebro: aquí nos referimos a la
idea de que existen ciertos procesos de desarrollo cerebral que
contando con una amplia base genética son sensibles a
estimulación/configuración por medios factores ambientales dentro
de espacios o ventanas temporales muy claramente definidos.
2. Diferencias entre la maduración cronológicas y cognitiva del cerebro:
hace mucho sabemos que los cerebros funcionan de manera distinta
según la edad pero esa información no ha permeado los ámbitos
educativos.
3. Diferencias funcionales, hormonales y estructurales por género: hoy
por hoy es más necesario que nunca evidenciar que existen
diferencias estructurales y funcionales que son sensibles a
condiciones de género que hacen que nos desarrollemos, percíbanos
y razonemos de formas divergentes, durante mucho tiempo-más por
razones ideológicas que científicas- la masiva evidencia con la que
contamos de que esto es así se ha ignorado con serias repercusiones
en la educación de todos.(Este será el tópico de un articulo
separado)

Puntos críticos en el desarrollo del cerebro

Es importante incorporar la noción de puntos críticos en el desarrollo, como ya
dijimos la evidencia en este sentido es abrumadora- nuestro cerebro cambia a
lo largo de toda nuestra vida- y existen momentos en los cuales estamos
predefinidos genéticamente para recibir estimulación ambiental oportuna, a fin
de que configures ciertas habilidades de manera adecuada, estos procesos
deben de ser conocidos por el educador, y no solo conocidos, sino respetados
y potenciados por los procesos de educación formal a fin de no interferir y más
bien potenciar el desarrollo cognitivo, utilizando para esto sólida información
científica empíricamente fundamentada.

Conceptos como la apoptosis o muerte neuronal programada son parte de los
procesos normales en nuestro desarrollo cognitivo, los seres humanos nacemos
con casi todas las neuronas que su cerebro llegará a tener. Sin embargo al
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principio de nuestro desarrollo y siguiendo el diseño genético, el cerebro
produce más neuronas y más conexiones de las que necesitará. Sin embargo,
solamente conserva aquéllas que usa. Inmediatamente después de nacer el
cerebro alcanza el máximo de velocidad de crecimiento, de modo que a los
catorce meses de edad llega ya a pesar 900 gramos, lo que representa el 80%
del peso definitivo. Durante este período está creciendo a razón de 2
miligramos por minuto y su actividad metabólica es muy intensa. 6

Al momento del nacimiento por un proceso denominado darwinismo neuronal
y en el proceso de apoptosis más intenso casi el 95% de todas las conexiones
sinápticas son “podadas” afín de ofrecer a bebe conexiones “fuertes”, estas
conexiones se afianzan por intensos procesos competitivos entre las neuronas

Estos procesos de desarrollo se de conexiones y sus respectivas “podas” se
repite a lo largo de toda la niñez y adolescencia con menos intensidad.
Durante la infancia el crecimiento es muy rápido durante los primeros tres años
de vida, para luego disminuir dramáticamente en los 8 años siguientes.
Aproximadamente a los dos años de edad el cerebro tiene el doble de sinapsis
y utiliza el doble de energía corporal que el cerebro de un adulto. Ahora el
cerebro empieza a sintonizarse de manera fina, reforzando las conexiones que
usa y eliminando aquéllas que no usa. La "conexión" empieza a ser
permanente.

En este momento es cuando se empieza a hablar y a comprender el lenguaje.
Durante la primera infancia, las neuronas en las regiones del lenguaje del
cerebro se conectan entre sí en una gran maraña de interconexiones. Después
de esta actividad, aproximadamente a los 6 años de edad, el aprendizaje de
nuevos idiomas es más difícil. Los adultos aún pueden aprender otros idiomas,
pero la mayor parte de ellos nunca llegará a dominarlos tan bien como los
niños.

Maduración cronológica y cognitiva

Este proceso continua de manera continua durante la pubertad y
adolescencia, este periodo se caracterizada por cambios importantes en todos
los ámbitos -el carácter, el comportamiento, junto a incrementos de la
actividad hormonal, que condiciona la aparición de los caracteres sexuales
secundarios y una aceleración en la velocidad de crecimiento-. Ahora
sabemos que el cerebro no es una excepción.

Mediante la utilización de nuevas técnicas para medir la función del cerebro,
están permitiendo conocer mejor su proceso de desarrollo, comprobando que
esta demora más de lo que se pensaba, y que aun en la adolescencia no se
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ha completado. Ello plantea problemas cuando se trata de juzgar el
comportamiento del adolescente en relación al adulto y tiene serias
implicancias en los procesos de educación formal.

Jay Giedd y colaboradores del National Institute of Mental en Bethesda,
Maryland, muestra que antes de la pubertad se produce un repunte del
crecimiento de la materia gris, pero que luego es seguido por una disminución, 7
a un ritmo de 1% al año, durante todo el período de adolescencia. En la misma
medida, se incrementa el volumen de la materia blanca. Se piensa que el
proceso es la traducción de la interconexión neuronal, que van siendo
estimulados por la experiencia.

Ahora sabemos que la velocidad de crecimiento disminuye en la
adolescencia, pero continúa hasta los 17 años, cuando ya alcanza una taza
estable de desarrollo que se estabiliza hasta un periodo que va desde los 21 a
25 años según sea el caso.

Existen múltiples evidencias de cambios en la corteza orbito frontal, el cuerpo
calloso, el estriatum ventral derecho, la glándula pineal, cerebelo, es decir en
prácticamente todo el cerebro. Todo es parte de un cambio progresivo que
tiene por objetivo una maduración por etapas de ciertas capacidades
cognitivas según se crece.

Nitin Gogtay y sus colaboradores del mismo NIMH, han realizado un estudio de
seguimiento individuos, desde los 4 a los 21 años. Observan que desde la parte
posterior del cerebro, se va produciendo un cambio de materia gris a materia
blanca, que termina por cubrir hasta el lóbulo frontal, que sería el último que
termina su maduración. "Analizando las imágenes, observamos como una ola
de cambios del cerebro, que se mueve desde atrás hacia el frente, como el
incendio de un bosque” señalan los investigadores.

Esto marca serias diferencias de funcionamiento si se le compara con el
cerebro de un adulto, los cerebros adultos se comportan se comportan de un
modo diferente y esto tiene importantes consecuencias en la práctica
docente.

El cerebro adolecentes es distinto del adulto no porque posea una estructura
cerebral diferente, sino porque usan las mismas estructuras en diferente forma.
Un lóbulo frontal totalmente desarrollado, coordina impulsos que le vienen de
diferentes partes del cerebro", En la medida que el cerebro adolescente
madura, se reorganiza para integrar información que está recibiendo de
diferentes regiones.
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Beatriz Luna, de la Universidad de Pittsburg, usando IRM que ilumina los distintos
sitios del cerebro que se activan, ha encontrado que el cerebro del
adolescente se conecta sólo con regiones locales, mientras que el cerebro del
adulto lo hace con zonas distantes y más distribuidas.

Todos estos resultados apoyan otras evidencias que confirman que los
adolescentes no controlan los impulsos como los adultos. En un trabajo en la 8
revista "Child Development", se muestra que voluntarios de 14 años desarrollan
las tareas tan bien como los adultos, pero ellos activan los impulsos
principalmente sólo en la corteza pre frontal del lóbulo frontal, mientras que los
adultos, desarrollan respuestas más complejas. Es decir, los adolescentes para
lograr sus objetivos, usan mecanismos cerebrales diferentes a los del adulto.

Factores ambientales poseen también influencias profundas en el desarrollo del
aparato cognitivo, los adolecentes demuestran según las últimas evidencias ser
mucho más sensibles al trauma psicológico y el estrés crónico. Trabajos como
los de Susan Andersen, de la Escuela de Medicina de la Universidad de
Harvard, y sus colegas, hallaron que los sujetos expuestos al estrés durante la
adolescencia, tenían en la adultez concentraciones menores de nuero
transmisores clave en el hipocampo, una región cerebral importante para el
aprendizaje y la memoria. Por otra parte sus cerebros pueden ser más
susceptibles a cambios permanentes derivados del estrés, en comparación con
niños más pequeños.

Por otra parte otros estudios realizados en del NIMH y la UCLA EUA, demuestran
que muchos de los rasgos de personalidad depende en gran medida de los
estímulos recibidos en la adolescencia, entre los 12 y los 18 años, y los
comportamientos que incluyen a la rebeldía en ese periodo están influidos por
esos cambios.

Al parecer esos comportamientos típicos de la adolescencia no están sólo
influidos por los cambios hormonales, sino que el intercambio de estímulos con
el medio ambiente es fundamental para la conformación del perfil psicológico
de allí en adelante y la construcción de estructuras y funciones estaría influida
por esos estímulos y tendrían consecuencias permanentes.

Otro punto donde parece haber diferencias centrales entre el comportamiento
adulto y el adolecente está dada por el manejo emocional y la evaluación de
las consecuencias, trabajos como los de Jay Giedd, y John Baird de (NIH) de
Estados Unidos afirman que los adolescentes tienen 4 veces más probabilidades
que los conductores de más edad de verse involucrados en un choque y 3
veces más posibilidades de morir en un accidente de auto. Por otra parte los
adolescentes responden mal al tipo de pensamiento que requiere mirar el
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futuro para visualizar el resultado de sus acciones, una característica que
evalúa la capacidad de toma de riesgos. En los trabajos de Baird los
adolescentes tenían dificultades para generar hipótesis de que les podía
suceder, ya que no habían tenido acceso a las muchas experiencias que ya
han tenido los

En ese mismo sentido un estudio de los (NIH) de E.E.U.U sugiere que la región del 9
cerebro que inhibe el comportamiento riesgoso no se desarrolla
completamente hasta los 25 años. "Pensábamos que los niveles más altos de
madurez física y cerebral se alcanzaban a los 18 años, tal vez antes, de modo
que esto nos sorprendió", dijo Jay Giedd, un psiquiatra pediátrico que lideró el
estudio. Eso hace que la adolescencia sea "un tiempo peligroso, cuando
debería ser el mejor".

En conclusión la mayoría de los investigadores están de acuerdo que el
cerebro del adolescente no ha alcanzado la madurez y que sus respuestas son
diferentes a las del adulto, especialmente en lo que concierne al lóbulo frontal.

¿Pero entonces que pasa una vez que llegamos a la adultez?

Como ya dijimos durante muchos años –incluso en el ámbito de la
neurociencia- la idea dominante fue que el cerebro del adulto era un órgano
terminado, una alcanzada la adultez nuestra capacidad cognitiva alcanzaba
su esplendor y su tope y era realmente poco lo que podríamos hacer al
respecto. Al parecer todo se trataba de seguir viviendo y evitar el deterioro.
Todos escuchamos que una vez una neurona se pierde es imposible
recuperarla y la adultez era una suerte de campo minado para no perder más
neuronas de la cuenta

Aquí aparece de nuevo el concepto de plasticidad, a partir de las
investigaciones de los últimos 20 años, está bien establecido que el cerebro
puede adaptarse él mismo a cualquier circunstancia, lo que despliega
posibilidades sin precedente en el área de la educación y del desarrollo de
terapias para una gran variedad de condiciones neurológicas.

Trabajos como los de Santiago Canals proporcionan la primera evidencia de
que las modificaciones locales en pequeño número pueden ocasionar
cambios globales en la conectividad del cerebro. Modificaciones que son
susceptibles de ser introducidas por medio de nuevas experiencias de
aprendizaje.

El doctor Marx Baxter y sus colegas investigadores de la Universidad de
Auckland, en Nueva Zelanda, y de la Academia Sahlgrenska, en Suecia,
demostraron la existencia de células madre en ciertas zonas del cerebro,
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justamente debajo de cavidades llenas de líquido encéfalo raquídeo,
denominadas ventrículos "este estudio es importante porque revela un grupo
de neuronas en el cerebro humano adulto que continuamente se están
regenerando."

Si el cerebro se regenera y reorganiza a lo largo de toda la vida esto posee
serias implicaciones en el ámbito de la docencia, hoy sabemos que los taxistas 10
de Londres, los atletas olímpicos, los músicos profesionales generan cambios
estructurales y funcionales impresionantes por medio del entrenamiento y el
aprendizaje, pero lo que es interesante es que esto es cierto para todos
nosotros.

En su libro seminal de 1949, La organización del comportamiento, el
neuropsicólogo canadiense Donald Hebb postuló un mecanismo por el que la
experiencia puede convertirse en aprendizaje, afectando a las conexiones
entre células nerviosas del cerebro. Este mecanismo se ha convertido desde
entonces en el más intensamente estudiado por la neurociencia moderna, y en
general se cree que constituye la base celular del aprendizaje y la memoria,
aunque aún es preciso probarlo de forma inequívoca.

El reforzamiento persistente de una conexión entre dos células nerviosas que
sigue a la estimulación simultánea de ambas células es tal vez el primero y más
importante aporte de la neurociencia a la educación, la evidencia en este
sentido es abrumadora, el cerebro mantiene sus condiciones cognitivas en
mejor estado cuando es utilizado de manera activa en actividades que exijan
un mínimo de esfuerzo mental.

La vida es aprendizaje cuando una función deja de ser utilizada con
frecuencia, lo que normalmente ocurre es que esa capacidad se atrofia o al
volver a ser usada es deficiente. Nuestro cerebro posee la capacidad de
trabajar excelentemente y elevar sus índices de efectividad de respuesta ante
una situación o tarea que es constantemente llevada a cabo.

Entonces el ejercicio cognitivo e intelectual permanente se convierte en la
clave del mantenimiento y desarrollo de la capacidad cognitiva para que
todas sus capacidades se mantengan en un buen estado.

Mantener la exigencias cognitivas a lo largo de la adultez conlleva al aumento
de la circulación sanguínea, lo que procura una mayor desintoxicación en la
sangre, eleva la capacidad de oxigenación del cerebro y una mejor marcha
de las redes neuronales.