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INDICE N° 1226 A N° 1250 CULTURAL CIENCIAS, ARTES Y LETRAS Año XXV ● N°
INDICE N° 1226 A N° 1250
INDICE N° 1226 A N° 1250

CULTURAL

CIENCIAS, ARTES Y LETRAS

Año XXV N° 1255 Montevideo, viernes 10 de enero de 2014

Con la socióloga C laudia Hilb

La revisión del pasado reciente

Fernando García

(desde Buenos Aires)

D ICE COSAS fuertes sobre la izquierda radical a la que perteneció en los años 70. Por ejemplo, que no es razo-

nable que pueda haber un solo relato sobre un pasado tan complejo, que hay que reflexionar sobre la responsabili-

dad de la izquierda setentista en el ad- venimiento del horror en la Argentina, analizar a fondo el último acto de esa guerrilla el asalto a La Tablada (1989)y cuestionar la admiración que se tuvo y se tiene de la revolución cubana. Claudia Hilb, a su vez, compara el proceso de verdad y justicia respecto

a los violadores de derechos huma-

nos dado en Sudáfrica con el de Ar- gentina. La Comisión de Verdad y Reconciliación sudafricana planteó la posibilidad de una amnistía o reduc- ción de penas a los violadores de de- rechos humanos si contaban la ver- dad toda la verdad—. En los he-

chos, 7.116 perpetradores solicitaron

la amnistía, fueron acordadas 1.312 y

rechazadas 5.143. Fueron escuchadas las versiones de 2.548 perpetradores en audiencias públicas en 267 sitios diferentes, y con gran cobertura me- diática. En Argentina, sin embargo,

luego del caso Scilingo y los juicios

a los responsables de la dictadura, ya no se habló. Hay justicia, pero se paga un precio en verdad, en saber, por ejemplo, más sobre los desapare-

en verdad, en saber, por ejemplo, más sobre los desapare- cidos o el robo de bebés

cidos o el robo de bebés. Se obturó la posibilidad de construir una memoria sanadora. Todo esto está en el libro Usos del pasado: qué hacemos hoy con los se- tenta de la socióloga Claudia Hilb (Si-

glo XXI Editores). Sus razonamientos han despertado reacciones airadas que se viralizan exponencialmente en las redes sociales. Su página de Facebook, cuenta Hilb, devino soporte de ataques a los que aprendió a relativizar. A esta

altura ya puede tomar distancia y son- reír al contarlo.

PREJUICIOS Y AUTOCRÍTICA. —¿Qué es lo que más le achacan? —Es difícil decirlo porque los co-

EN

ESTE

NÚMERO

Heber Raviolo 5 I Pink Floyd 7 I Juan Introini 6 I Jerry Lewis 8

Alejandro Zambra 4 I Constance Wilde 6 I Índice del Cultural I

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mentarios de Facebook son en general muy banales y poco reflexivos… Co- sas del tipo que yo defiendo a los mi- litares y viene de gente que ni siquiera me ha leído. En general es puro pre- juicio: responder con clisés en lugar de que esto te genere alguna interro- gante. Por otro lado he tenido reaccio- nes muy interesantes y muy estimu- lantes de gente que no conozco, que me ha escrito y que me dice cosas muy emotivas. Familiares de desapa- recidos, por ejemplo. —Cuando dice “prejuicio” se re- fiere a cualquier tipo de autocrítica hacia el modo que impulsó la iz- quierda en los setenta para tomar el poder… —Yo creo que está orientado a no poder repensar los lugares comunes del pensamiento setentista. A mí la pa- labra autocrítica no me gusta mucho porque es un poco interna al discurso de la izquierda revolucionaria. Yo creo que es importante hacer una revisión muy profunda de los pilares básicos de ese pensamiento: el mesianismo; la idea de que la historia tiene un sentido y de que se va a realizar; la idea de que hay una vanguardia que puede de- cidir por los demás; una naturaleza hu- mana que se puede cambiar por lo que sea. Esto hace al núcleo de la ideolo- gía revolucionaria del siglo XX que exige mucho más que una autocrítica, exige un cambio de paradigma. Yo lo que trato de interrogar es una manera de actuar en política, una manera de pensar el modo en que uno puede ope- rar en lo social. —En el libro se ve todo el tiempo forzada a aclarar que usted coincidía con los ideales de justicia e igualdad como para dejar claro que su mirada no es de derecha. Ahora, ¿usted cree que esos ideales se podían llevar a cabo sin romper estructuras? A mí me importan dos cosas. Por un lado, no tener un discurso que aparezca como meramente provoca- dor. Yo no desconozco ni reniego de ciertos ideales que nos alimentaron. Nosotros queríamos un mundo más justo e igualitario, eso es verdad. Ahora, la manera en que lo imaginá- bamos tenía una serie de presupues- tos y consecuencias con los que yo, a la luz de la experiencia, desacuerdo radicalmente. La experiencia nuestra pero también la del socialismo en el siglo XX. En Cuba, en la Unión So- viética, en China y en donde sea. Pero si reivindico el mote de “iz- quierda” es porque ahí hay algo que todavía me importa. Una cierta tradi- ción de una experiencia política que se sitúa en contra de las injusticias, en una igualdad de condiciones…

10 enero 2014

injusticias, en una igualdad de condiciones… 10 enero 2014 Jorge Rafael Videla y Emilio Eduardo Massera,

Jorge Rafael Videla y Emilio Eduardo Massera, luego condenados en los juicios a las Jun- tas militares en Argentina

—Alguien diciendo lo mismo que usted podría llamarse a sí mismo “li- beral” también… —¡Por supuesto! Pero quizás si si- guiéramos hablando con esa persona,

en un segundo nivel ya aparecerían los desacuerdos. Nadie va a decir que está

a favor de la desigualdad pero quizás

unos pensemos que las circunstancias de igualdad deban ser generadas y los otros no.

IDEALIZACIÓN DE CUBA. —¿Era posible la patria socialista en el Río de la Plata? ¿Qué era la Patria Socialista? La

Revolución Cubana existió y ese era el gran modelo de la izquierda revolucio- naria latinoamericana. Ahora cuando yo miro dónde terminó la revolución cubana me pregunto: ¿era esto lo que queríamos? Si era eso, no. Hace falta

ir para atrás y ver qué era ese mundo

que imaginábamos. —¿Quién era usted en ese momen- to? —Yo tenía entre 18 y 20 años y es-

taba en las organizaciones de superfi- cie de las FAR y del PRT. —En esa época ya se había visto a donde conducía la experiencia de la Unión Soviética. ¿Por qué algunos te- nían confianza en replicarla? —El modelo de esa izquierda lati- noamericana eran Cuba y Vietnam y no la Unión Soviética pero es verdad que no había de ningún modo un dis- curso de crítica coherente hacia la URSS y había una idealización de Cuba cuando, a mitad de los 70, la suerte de la revolución ya estaba ju- gada varios años antes. Si uno se pone a mirar lo que fue el proceso de concentración de poder cubano todo

se jugó en los años 60, y ya para 1970 hay que cerrar mucho los ojos para

decir “este es el modelo con el que soñamos”. —¿Cuándo empezó usted a replan- tearse las cosas? Cuando vino el asalto del ERP (brazo armado del PRT) a Monte Chingolo yo ya sospeché que algo no se estaba haciendo bien. Estaban ha- ciendo un ataque a un cuartel cuando las instituciones estaban débiles. Algo me ponía muy incómoda. Luego dejo de militar antes del golpe con la sen- sación de que todo se venía abajo. Me quedé unos meses más pero mis pa- dres me presionan muchísimo para que me vaya y ahí sí: entre marzo y diciembre hay una cantidad de ami- gos míos que desaparecen. Acepté el auxilio de mis padres y me fui a París con 21 años recién cumplidos. Con un espíritu muy anti-golpe, anti-militar y todo eso pero con algo en la cabeza que me hacía ruido. Por una necesi- dad vital ahí me junté con otros exi- liados, en especial con unos brasile- ños más grandes que yo, entre ellos Marco Aurelio García, hoy mano de- recha de Lula. En ese marco es que puedo pensar más. Empiezo a ver cómo era la vida en los países del Este. Leo con frenesí las historias de los disidentes y así se me empiezan a organizar mejor las palabras para lo que yo estaba pensando.

JUSTICIA Y VERDAD. —Volvamos al libro. Usted afirma que detrás del ataque guerrillero al cuartel de La Tablada hay un secreto:

un intento de manipulación de la ver- dad de parte de los guerrilleros de ha- cer creer que se venía un golpe Cara- pintada, cuando ellos mismos sabían que no era verdad. ¿Ese secreto es comparable a los secretos que Videla se llevó a la tumba?

(Hace un largo silencio) La res- puesta empieza diciendo que no. Ne- cesito establecer distinciones más que similitudes. Para empezar, no creo que Videla haya tenido reparos éticos para

guardar ese silencio. Si uno lee el libro de Ceferino Reato con ese extenso re- portaje a Videla, el tipo admite lo más inadmisible. Pero el tema de la Argen- tina hoy es que si lo decís, y además en voz alta, te van a meter preso por delitos de lesa humanidad. Obviamen-

te tenés un muy buen motivo para no

decirlo y para decirte a vos mismo que

no lo decís por eso. —Pero usted cree que había que condenarlos. —Yo nunca digo que no hubiera que condenarlos. Y no creo que hu- biera escrito esto mismo en el año 85. Esto es algo que me surge durante la reapertura de los juicios, en los años 2004, 2005, donde ahí vos decís “A ver, han pasado veinte años, los mili- tares ya no son un factor de riesgo. ¿Qué es lo más importante para la sa- lud pública de la comunidad políti- ca?” Y ahí mi respuesta es diferente de la respuesta que se dio, o por lo menos introduzco un punto de interro- gación. A ver: ¿Por qué no pensar si

no sería importante salir de la clausu-

ra del discurso y de la condena de

todo aquel que participó como autor

de esos crímenes? Porque también es

discutible que todo aquel involucrado sea juzgado en el contexto de crimen

de lesa humanidad…

—Pero hablamos de desaparicio- nes, torturas, robo de criaturas… Lo que sucede en los juicios hoy en Argentina es que ante cualquier sospecha de haber tenido connivencia

con esos crímenes se cae bajo esa fi- gura. Así, sin distinción de responsabi- lidades, se impide que nadie hable. —Entiendo que la repercusión de su libro tiene en parte que ver con que muchos han caracterizado al decenio Kirchner por un uso extorsivo de los derechos humanos. ¿Usted lo ve así? —Yo no diría eso pero sí que obvia- mente se hizo una utilización política del tema, lo cual no es ni bueno ni malo sino que forma parte de la lógica

de las cosas. Pero sí hubo una apropia-

ción del tema que causó la clausura de

cualquier discusión posible y provocó

que el análisis de los derechos huma- nos pasara a ser parte del eje K o anti-

K y eso me causa una gran molestia.

Quiero escapar a la trampa de que si uno pretende hacer una revisión de los 70 es porque está en contra de la polí- tica de derechos humanos de este go- bierno, y eso no es así. —No hay posibilidad de matices… Y yo quiero introducir matices en

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todo porque nada debería quedar con- gelado e impensado bajo la forma de clisés que luego les heredamos a las sucesivas generaciones. Cuando yo veo la exaltación del 60/70 por parte de chicos que hoy tienen 25 años… A mí me corre frío por la espalda… Como si no hubiéramos podido apren- der nada del desastre que vino des- pués. Porque eso llevó al desastre.

LUCHAR CONTRA LA DEM OCRACIA. —Siendo joven resulta difícil no te- ner cierto deslumbramiento con otros jóvenes que a los 18 años se propo- nían cambiar el mundo. La foto del Che Guevara sigue funcionando para muchos. Yo trato de pensar eso en el pri- mer artículo del libro donde analizo cómo se amalgama esa pasión por la acción, esa fascinación por el grupo que uno tiene en ese tipo de situación, con la idea de que uno tiene herra- mientas para cambiar al mundo desde arriba y, lo peor, que está autorizado a

al mundo desde arriba y, lo peor, que está autorizado a Detención del general chileno Augusto

Detención del general chileno Augusto Pinochet en Londres, 1998

—Usted escribió que la violencia

ron a Pinochet a pedido de un juez es- pañol, por qué de otro país no podrían hacerlo con jefes del IRA (Ejército Re- publicano Irlandés). ¿Pinochet y el IRA le parecen lo mismo? —El problema es si aceptamos que un juez de cualquier país en función de su legislación nacional pueda deci- dir qué es un crimen de genocidio y actuar sobre la política de ese otro país. Cuando Garzón se las agarra con el tipo que nosotros coincidimos en que es un monstruo, aplaudimos. Pero qué pasa si viene un juez de Inglaterra y dice lo de Mandela y De Clerk en Sudáfrica es ilegítimo, pues los dos tienen las manos manchadas de san- gre. Entonces: o convalidamos el prin- cipio y ese le puede tocar a los mons- truos o a los amigos, o discutimos el principio. Yo elijo discutir el principio.

ELCASO URUGUAYO. —¿Cómo caracterizaría el acceso al poder de un tupamaro como el pre- sidente Mujica? —El caso uruguayo para mí es fascinante. Lo digo porque a partir de la Ley de Caducidad entran a jugar principios distintos. El del “demos” en los plebiscitos y referéndums, el principio de la legitimidad parlamen- taria, las disensiones, con Mujica di- ciendo a los legisladores de su parti- do que voten por una ley con la que él no está de acuerdo… Es todo de una riqueza política extraordinaria y en Argentina no se dio. Hay una dife- rencia de estilo que tiene que ver con dos culturas políticas muy distintas. Tengo la impresión de que la cultura

vero como el de España no sea vio- lencia? —Cuando yo hablo de violencia política hablo del ejercicio con medios de la coacción física… —Cuando alguien se suicida por- que no puede pagar su hipoteca como hemos visto en España, ¿cómo se lla- ma? Yo no tengo ninguna duda de

que hay situaciones violentas en la política uruguaya se instala sobre una

región de certezas parciales con prin- cipios de diálogo firmes. —El ex presidente Sanguinetti dijo que la diferencia con el caso argentino era que en Uruguay “los militares conservaban mucho más poder”. Eso llevó a tener la im- presión de que Ar- gentina resolvió el tema derechos huma- nos de forma modéli- ca. Pero en su libro ya no es así. —El Juicio a las Juntas es un gran mo- mento de la historia política argentina. Pero las cristalizacio- nes posteriores tien- den a crear un discur- so que insiste en la universalización del castigo cuando había otras cosas interesan- tes para poner en jue- go. Mi mirada crítica tiene

violencia. No es lo mismo hacerle un atentado a Hitler bajo el nazismo que atacar el cuartel de sanidad en la democracia argentina de 1973, con Perón elegido

hacerlo. Es cierto que entre los 18 y 20 política no existe porque la violencia

años hay un gran entusiasmo por las situaciones colectivas donde la idea de cambiar un mundo con el que no se

está de acuerdo es muy poderosa. Lo pensar que un ajuste económico se-

que yo digo es que los que pasamos por ahí tenemos una responsabilidad. Porque aquello que era propio de una edad se amalgamó con la violencia, con la idea de que teníamos derecho a ejercerla y que teníamos derecho a ha- cer con el mundo social lo que debía hacerse. Me molesta mucho la exalta- ción romántico-heroica de esa época. —¿Por ejemplo? —Una cosa que me sorprendió mu- chísimo de los chicos que estuvieron en La Tablada y que tenían entonces veinte años es que ellos hablaban de los muertos del PRT como que habían luchado contra la dictadura. Y la mayo-

ría fueron presos en ataques contra go- biernos democráticos entre el 73 y el

76. La imagen romantizada es que eran

héroes que pelearon contra la dictadura

y por eso se comieron la cárcel hasta el

84. Esa es una cristalización de la me-

moria contraria a los hechos fácticos y que niega que el ERP atacó cuarteles apenas asumido Perón, que había sido

elegido masivamente. Esa no fue una política el ejercicio de la

acción de luchadores contra la dictadu- ra sino que había una idea de la violen- cia política legítima que no se corres- ponde con esa imagen. A ver: todo lo que hacíamos, justamente, era luchar contra la democracia.

es en esencia antipolítica. ¿No sería necesario adecuar la definición de violencia en estos casos? ¿Cómo no

vida social. Situaciones insoportables de injusticia. Permítame diferenciar- las de aquellas situaciones de violen- cia política a través de las armas para lograr un resultado completo. Hago esas distinciones porque, si no, no se puede pensar y tenemos una bolsa con un montón de malos y otra con todos los buenos, y nada es así. El mío no es un discurso pacifista ni anti-pacifista, es un dis- curso respecto de qué con- secuencias tiene para la

un dis- curso respecto de qué con- secuencias tiene para la —¿La democracia no era un

—¿La democracia no era un valor por el 60% de los votantes.

—Esto es contradictorio con su análisis sobre el juez

para la izquierda revolucionaria? —Para nada. Entonces hay una cris-

talización heroica que olvida cómo se Baltasar Garzón donde us-

entendía el mundo en esa época.

ted señala que si extradita-

más que ver con los debates que se obturan que con los hechos concretos

que se realizan. Y este proceso difi- culta muchísimo que se conozca la verdad. —¿Usted pide menos justicia y más verdad? —Claro, pero no es una cuestión matematizable sino de salud política.

Mi barrera es el “Nunca Más”. Por de-

bajo de eso, de los horrores que se na- rran en ese testimonio, no discuto con nadie. Ese es mi límite. —¿Comparte esa idea de que debe- ría haber un monumento común para los muertos por la represión y los de la guerrilla? La verdad es que no me interesa ese tema en este momento. Porque es una discusión a la que nadie está dis- puesto. Ni los familiares de las vícti- mas ni las de los victimarios. Es tan revulsivo para ambas partes que cierra todo de nuevo. Obtura. —¿Tiene que haber o no una re- conciliación? —Depende ahí de lo que uno en-

tienda por reconciliación. Yo no le ten-

go miedo a la palabra, pero sí a que un

asesino se abrace a los familiares de la víctima. Si reconciliación es crear una escena donde se escuchen los diferen-

tes discursos, ahí sí. Pero lo otro es es-

pectáculo nomás. —Así como usted cree que a mu- chos represores se les deberían haber ofrecido mejores condiciones para ha- blar, ¿quedan secretos valiosos del lado de la guerrilla? Cuando yo pienso en eso me re- fiero a los represores. Pienso en los cuatrocientos y pico de chicos que todavía no se encontraron. Los que saben dónde están los cuerpos y los archivos donde está el destino de los desaparecidos y asesinados. Por eso creo que no todos deben ser juzgados por crímenes de lesa humanidad. Lo que han hecho las Fuerzas Armadas es lo que yo llamo el mal radical. Las fuerzas insurgentes, a su vez, come- tieron crímenes pero no fueron el mal radical. Y esta es una barrera que no tiene por qué caer porque nos ponga-

mos a pensar en el mal, así con mi- núscula, del lado insurgente. Sudáfri-

ca no igualó los crímenes del apar-

theid y los de quienes lucharon con-

tra el propio apartheid, pero pudie-

ron llegar a algo más cercano a la verdad. —¿Con esa ecuación de justicia y verdad sudafricana se puede construir memoria histórica? ¿O se hace lo que se puede? Yo creo que se hace lo que se

puede pero que, a veces, se puede ha-

cer mucho.

10 enero 2014

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Sobre Alejandro Z ambra

De manzanas y naranjas

EL ESCRITOR, novelista y poeta chi- leno Alejandro Zambra recibió en La Haya el Premio Prins Claus por su aporte a la cultura. Es conocido en Uruguay por sus novelas Bonsai (2006), La vida privada de los árboles (2007) y Formas de volver a casa (2001), todos publicados por Anagra- ma, y por la colección de críticas No Leer (2012, Alpha Decay). Este último libro es la principal referencia de Nooteboom en el laudatio hecho públi- co durante la entrega de esta edición de los premios Prins Claus, elogio que se reproduce a continuación en tra- ducción de László Erdélyi.

Cees Nooteboom

I NOCENCIA DELIBERADA; esta

contradicción inherente parece un

rótulo ambiguo para el trabajo de

Alejandro Zambra, pero asumiré el

riesgo. Un autor que publica una colec- ción de ensayos sobre escritores y sobre la escritura, con el título irónico No Leer, debería soportarlo. Un hombre que, mientras escribe, abandona su libro en forma reiterada, dejando atrás a sus lectores, está jugando un juego de apa- riencia y realidad que podrá parecer na- tural e inocente, cuando en los hechos no lo es, porque incluso esas ausencias temporales son parte de una estructura que le permite volver a su propia narra- ción, donde sus lectores lo están espe- rando.

LIVIANA MELANCOLÍA. Sus libros, los tres que he leído, están interconectados por un clima y una atmósfera de una forma que no siempre es posible señalar. Cada libro tiene como protagonista a un autor que, a medida que cuenta su historia, nos cuenta que está contando una histo- ria. El tono sugiere que estos escritores tienen todos más o menos la misma edad; que tienen casi el mismo nombre, lo que no implica coincidencia alguna con esta trinidad; podrán ser muy jóve- nes pero ya enseñan en la universidad; se vinculan con mujeres que parecen te- ner la misma formación; algunas de es- tas mujeres han abandonado la historia antes de comenzar, mientras otras estu- vieron hace poco y podrán volver o no; si no vuelven, eso significará el fin del libro. Esto es enigmático, pero en un sentido práctico; como lector de La

10 enero 2014

en un sentido práctico; como lector de La 10 enero 2014 vida privada de los árboles

vida privada de los árboles, cuando veo en la página 12 que el libro finaliza- rá en el momento en que Verónica, la protagonista ausente a lo largo de todo el libro, vuelve a la casa donde el narra- dor Julián la está esperando y al cuidado de su hija, pero lo mismo ocurrirá cuan- do Julián tenga la certeza de que ella no volverá, entonces lo que puedo hacer es mirar dónde termina el libro para saber cuántas páginas más me mantendrán en suspenso. La respuesta es 88, y en el co- rrer de esas 88 páginas soy magistral- mente convertido en un mal lector o ele- vado a la categoría de uno verdadero. Un mal lector no puede esperar a descu- brir cómo resulta todo, pero el lector de verdad aprendió a lidiar con ese suspen- so y ser parte de la atmósfera que el au- tor ha tejido a su alrededor de forma se- ductora. El comienzo de cada uno de es- tos libros ocurre en unas pocas simples líneas; siempre estás in media res, lo que siempre es bueno; después de todo, es en esas primeras líneas donde se fija el tono de un libro, y en el caso de Zam- bra el tenor y la esencia de su escritura. Zambra te ingresa en su mundo, que rá- pidamente te envuelve, un mundo con un pasado, con un padre que se mante- nía ajeno a la política, y un hogar prote- gido donde los juegos de jugaban y la música se construía, con los primeros

amores, pero también con una historia de dictadura con toda la culpa y la ino- cencia asociadas, y también con acerti- jos y sugerencias, búsquedas y peregri- naciones, durante los cuales el autor lle- va de la mano al lector en forma cons- tante, incluso cuando él se aparta en for- ma breve de la historia, lo que sólo in- crementa el misterio: ¿quién es este es- critor que nos cuenta sobre el mundo concreto aunque sombrío en el cual vive, con padres reales, con un empleo real y memorias reales, pero también con vecinos que de hecho son otros y eventos que podrían haber sucedido fá- cilmente de otra forma, dejándonos con preguntas aunque ya sepamos todo? Como resultado, este libro queda conti- go por cierto tiempo debido a que su conclusión, sin importar cuán perspicaz hayas sido para alcanzarla, no es lo que importa en última instancia; hay una esencia más sutil para esta escritura, la que, sin detalles violentos, representa una atmósfera de terror pasado, una época donde la gente desaparecía, sin volver jamás. Los muertos y los desapa- recidos de la era Pinochet muy rara vez son mencionados por su nombre; pero es a través de su ausencia que están pre- sentes en el tono, la melancolía que nun- ca se hace explícita o muy pesada, que permanece liviana, tan penetrante, en un

mundo donde aquellos que no desapare- cieron deben vivir con la memoria de las almas muertas.

CRIADO EN EL PALACIO. En la colección de ensayos de Zambra el lector puede rastrear los orígenes del estilo del escri- tor, los nombres de todo tipo de poetas y novelistas interesantes que nutrieron su escritura, algunos de los cuales son desconocidos fuera del mundo hispáni- co. Estos ensayos lo revelan como un escritor en extremo inteligente, elocuen- te e incisivo, y un lector que formula ideas claras, aspecto de su escritura que no debería quedar sin mencionar en un tributo a él. Como los ensayos también muestran, él era desde una edad tempra- na un nourri dans le sérail (*) como lo dicen tan bien los franceses, pero, como todos los verdaderos lectores que luego devienen escritores, él crea su propio harén. Desde el principio, cada autor elige los escritores de su establo, inclu- so también decidiendo, de forma cons- ciente o inconsciente, el escritor en que se convertirá, lo que a menudo es para- dójicamente un escritor diferente de los autores que él disfrutaba leyendo, y que dejaron su marca en él. Y también está el Zambra poeta, fi- nalmente. Él ha expresado sus propios pensamientos en esta materia en un ar- tículo titulado “De manzanas y naran- jas”, manifestando, en alusión a Bor- ges, el producto de la mezcla de los géneros de prosa y poesía no pasa ne- cesariamente por innovar en materia formal, pero sí el anhelo por el espíritu épico y retórico perdido de las histo- rias que eran cantadas, y citando a Ro- berto Bolaño, quien alguna vez dijo que la mejor poesía del siglo XX fue escrita en forma de novelas. Zambra tiene sus dudas al respecto, pero cree que a veces puede ser saludable mez- clar manzanas y naranjas. El poeta Zambra dejó su marca en sus propias novelas. Todo esto es mi forma de ex- presar que Alejandro Zambra es un merecido ganador de este premio.

Amsterdam, 30 de octubre de 2013.

(*) En español, “criado en el serrallo”, re- fiere a alguien que nació o vivió en un deter- minado lugar que se supone debe conocer perfectamente. En lugar de serrallo también se puede utilizar el término palacio o harén

5 9 / E L P AIS CUL TURAL / N° 1255

Heber Raviolo (1932-2013)

La inteligencia callada

Carlos María Domínguez 22 de no viembre, un empe ño

sostenido p or dive rs ific ar co- lecciones en tantas disciplinas

y materias como la realidad del

país lo permitió. Cuando cum- plieron 50 años de trayectoria

una multitudinaria foto en las puertas del Te atro So lí s fue

el ocuente de la di ve rs idad

ideo ló gica, p olític a y cultural

de l p ro ye cto. Entre todas las

col ec ci ones , l a que lo ocupó

con mayor entusiasmo y fortu- na fue la de Lectores de Banda Oriental, que desde 1978 entre-

gó mensualmente títulos de la

literatura nacional, latinoameri- cana y univers al a p recios re- ducidos, en ediciones anotadas

y p ro lo gadas que fo rmaron a

más de una generación de lec- tores. La cuidó con seriedad, la amó con seriedad, conversó ca- lladamente con sus más de tres

mil suscriptores en todo el país.

Si se suma el apoyo sosteni- do a l a o bra de B enjamí n Nahum y Jo sé Pe dro B arrán,

Vi vi an Trías, Dani el Vi dart,

Re ye s A badi e, entre muc ho s otro s his to riadores y e ns ayis - tas, a la literatura de Juan José Mo ro sol i, Lí be r F al co, An- derssen Banchero, Héctor Gal- mé s, Washington Be navi de s, Julio C. da Rosa, el lanzamien- to de las primeras obras de To- más de Mattos, Mario Delgado

Aparaín y Henry Trujillo, y la

cantera de nue vo s narrado re s premiado s y pub li cado s año tras año por el concurso “Na- rradores de la Banda Oriental”, organizado con la Intendencia de Lavalle ja y l a F undaci ón Lolita Rubial, es sencillo des- cartar cualquier viso de retóri- ca: Heb er Ravi ol o l le vó ade- lante una obra mayor en las le-

tras nacionales. Ap arte mo s la admirac ió n,

queda el amparo a una tradición letrada que en Uruguay es mo- desta y tiene tres movimientos básicos: el de la generación del 900, el del 4 5 y el del 6 0. La obra de esas tres generaciones quedó fijada en letras de molde, básicamente, gracias al princi- pal esfuerzo de Benito Milla en

de , e s p or habe r s ido durante

ci nc ue nta año s e l e di to r de

rio Época, Marcha, pero si bri- lla ah ora c on el re fl ej o de u n pedazo del país que lo trascien-

1932, se recibió de profesor de literatura en el IPA, fue discí- pulo de Carlos Real de Azúa y Domingo L. Bordoli, crítico li- terario en la revista Asir, el dia-

vi de o e l 2 9 de s etie mb re de

UN PIONERO. Nació en Monte-

ediciones de la Banda Oriental.

ri o, la caótic a antes ala de las

labras que atestaban su escrito-

sidad, prefería no decir nada. El porte robusto de su cuer- po le daba as pecto de árb ol o de cerro. Fue un hombre serio que se divirtió con seriedad a lo largo de muchos años entre los documentos, papeles y pa-

la necesidad. Si no había nece-

prec is as , útiles, animadas por

fino y apretaba el labio inferior para no hablar de más. Heber Ravi ol o detes taba habl ar de más y to do s l o c onoci mo s como un hombre de p alab ras

al zar l as ce jas. Us ab a b ig ote

sombra con un tic que le hacía

ojos y los ojos huye ran de la

T ENÍA CARA de gau- cho, el arco orbitari o pronunciado, como si le hubieran cavado los

buena p arte de la historia, las ideas y la li te ratura que ho y pueden justificar la pretensión de una c ul tura urug uaya. La muerte de Al be rto O re ggi oni en 2001 convirtió a Raviolo en el úl ti mo editor de una raz a

esencialmente justificada por la vo caci ón de le er, des cubrir y

di fundir obras argume ntadas

por su aporte y su valor, dentro

y fuera de las cuentas del nego-

cio editorial. He be r Ravio lo no es taba sol o Banda O ri ental fue creación colectiva de un grupo de intelectuales formado en la Facultad de Arqui te ctura e n 1961, pero dirigió y garanti- zó hasta s u muerte, el pasado

Om bú
Om bú

Alfa, Heber Raviolo en Banda Oriental, Ángel Rama y Alberto Oreggi oni e n Arc a. Su valo r puede ser discutido, no hay cul- tura viva sin cuestionamientos y asimilaciones, pero tampoco sin un corpus que conserve lo que fue escrito y pensado. Esa tarea ocupó a Ravio lo de po r vida, pare ce elemental, lo es , p ero basta mirar lo s c ambios en la industri a e di to ri al para com- prender que ya no se hará nada semejante, en parte porque esa obra fue hecha por vocación in- telectual en medio de la preca- riedad económica y política, y de un modo más decisivo, por- que los grandes grupos econó- micos que entraron en el mundo del libro cambiaron los modos de pro ducción, las es trategias comerciales y por último, el va- lor simbólico de su circulación. Ho y p ue de ostentars e una bi - blioteca entera de novedades sin más valor que el de su renta de

caja, inimaginable para los pio- neros de la edición uruguaya.

LEER AL EDITOR . “Hay algo que tuvimos siempre claro —señaló Ravi ol o e n un rep ortaje con motivo del reconocimiento que le hizo la Ac ademia Nacional de Letras en 2008, y es que no podíamos publi ca r c ual - quier cosa, aun cuando el au- tor quisiera pagar su propio li- bro. Existió siempre un control de ca li dad, por llamarlo de una mane ra . Por lo ta nto, hubo autores que decidimos no publi ca r. Es o p asa en cu al - qui er ed itoria l, salv o q ue se dedique a los llamados best-se- llers. Por supuesto que intenta- mos sacar títulos que nos per- mi ta n o bten er un míni mo de retorno, lo cual no es fácil y a veces se le erra como a las pe- ra s. Otra s vec es uno publi ca un libro porque le gusta, o por- que lo co nsi de ra im porta nte,

aun sabi en do que a l o m ejor no gana nada con él. En algu- nas ocasiones, ese libro da la sorpresa y vende muy bien.” Es tas dec laraciones de Ra- violo no s on me mo rables por su audac ia, s on me mo rabl es por su sentido común, que aca- so un día llegue a ser escanda- loso, y por la sencillez con que exhiben un modo de participar en la cultura del país . N ada más aje no a l a aus te ri dad de Raviolo que la exageración de sus logros y capacidades. Y sin embargo, quienes p ub licamo s con él conoci mo s l as corre c- ciones de un lector implacable. ¿Cuánto vale una c orrección? El público no tiene por qué sa- berlo. Vale una amb ic ió n que Raviolo compartía con exquisi-

ta complic idad. S us si le nc io s guardaban una inteligencia mi- nuciosa que se manifestaba por

el detalle preciso, a veces finí-

simo de una expresión, y cons- ta que vari os autores fueron acompañados en la creación de sus obras con decisivos conse- jos, incluido reescribir, no pu-

blicar. Mejoraba las traduccio- nes para ahorrarle ripios al lec- tor. Recuerdo una en especial, que me enamoró del fraseo de Conrad sin saber que también debía agradecerlo al editor. Por mues tra, en la edic ió n del relato Juventud de Edhasa,

es crib ió el traduc to r e sp añol Amado D iéguez: “L uchamos, trabajamos, sudamos, casi nos matamos, a veces en efecto nos matamos, in te ntando logra r algo… que no logramos…”. Y

di ce la edic ió n revis ada p or

Ravi ol o: “L uc has, trabaj as, sudas, casi te matas, en ocasio- nes realmente te matas, inten- tando conseguir algo y no pue- des…”. La diferencia corre por cuenta del amor al idioma. De un lado, cinco pesadas cacofo-

ní as en una e di ci ón de tapa

dura; del otro, el mismo texto en una e di ci ón prec aria, c on- vertido en música. Los le ctores de Banda Oriental deben saber que tam- bién leyeron a un editor.

10 enero 2014

// ESCRIBEN: MERCEDES ESTRAMIL / DANIEL MELLA

Biografía de Constance Wilde

Una esposa ideal

Juan de Marsilio

seo de Wilde por su esposa, y se ha- bría intensificado su trato con jóve- nes guapos. Constance debió sopor- tar no solo que Oscar se ausentara del hogar por largos períodos, sino también que “Bossie” se pegara a la familia en varias vacaciones de ve- rano, a costa del presupuesto fami- liar, siempre sobregirado. La mujer pasó ocho años sin sexo antes de te- ner un amante. El personaje crece en la desgra- cia. Si bien se separó de Oscar y cambió de apellido, dio a su esposo una ayuda económica a la que no estaba obligada. El reinicio de la re- lación con Lord Douglas marcó la ruptura definitiva. Elogió sin reser- vas la “Balada de la Cárcel de Rea- ding”, poema que Wilde escribió a

Génova, 1898), al igual que Wilde, tos e intereses propios de su biogra- y en el cristianismo social. Luego de raíz de su prisión. Ella murió joven,

adhería al nuevo esteticismo, parti- fiada. Para empezar, muestra a una la condena de su esposo interrumpió por un error médico. Sin embargo, dario del arte por el arte, que en In- joven muy bella para los cánones de estas actividades, ocupada en reha- Moyle no termina de convencer de

glaterra sería la transición hacia las su época, capaz de atraer a los hom- cer su vida y la de sus hijos en el que su biografiada interesa por sí

misma. Es simbólico que sus des-

No se dilucida aún si Constance cendientes, en 1963, mandaran es-

Franny Moyle logra demostrar en el dibujo, la pintura y la cerámica,

vanguardias de inicios del siglo XX. bres. Interesada desde temprano por exilio europeo.

artista que se hacía la nieta de prós-

por exilio europeo. artista que se hacía la nieta de prós- pero banquero John Horatio Lloyd.

pero banquero John Horatio Lloyd. Juntos constituyeron tras vencer la EN LONDRES, a fines del siglo oposición familiar inicialun exito- XIX, casarse con Oscar Wilde (Du- so “matrimonio literario”, ayudán- blín, 1854-París, 1900) hubiera sido dose en sus carreras y logrando la osado para cualquier muchacha de asidua concurrencia de importantes buena familia. Llegado desde Ox- figuras del ambiente artístico a sus ford a fines de la década de 1870, fiestas y recepciones. Si bien la ca- con fama de crítico y poeta, en poco rrera de Constance como narradora, tiempo y a base de extravagancias, periodista y crítica fue mucho menos

se labró un prestigio artístico que le relevante que la de su marido, tuvo valió caricaturas en la prensa conser- cierta notoriedad, ayudó a su esposo vadora. No era previsible el affaire en traducciones de sus obras y, se- homosexual con Lord Alfred “Bos- gún indicios que aporta Moyle, po- sie” Douglas, hijo del Marqués de dría haber colaborado con Wilde en Quensberry, por el que iría a prisión el cuento “El gigante egoísta”.

unos quince años después, pero era segura la exposición al chismorreo.

Si bien la celebridad de Constan- ce se debió principalmente a su es-

Constance Lloyd (Dublín 1859- poso, Moyle da cuenta de los talen-

este libro que las inclinaciones artís- militó por el “vestido racional de la sabía o no de la homosexualidad de cribir en la tumba: “Esposa de Os- ticas de Constance eran previas a su mujer”, lo que en la época del corsé su esposo. Acaso se negara a ver, car Wilde”. enamoramiento de Wilde, y tal vez era tan feminista como pelear por el por admiración y amor, pese a que fueran su causa: el joven poeta en- sufragio y otras causas políticas li- ya no tenían intimidad: con el se- CONSTANCE, de Franny Moyle.

cajaba a la perfección en la idea de berales. Se interesó en el ocultismo gundo parto habría terminado el de-

Circe, 2013. Barcelona, 464 págs.

Novela I

EL CANTO DE LOS ALACRA- NES, de Juan Introini. Ed. Yaugurú, 2013. Montevideo, 84 págs.

LA PÓSTUMA presentación de El canto de los alacra- nes, de Juan Introini (1948- 2013) realizada básicamente por Óscar Brando y Miguel Ángel Campodónico, no hizo sino confirmar la calidad hu- mana de un escritor “atípico” o, de otro modo, la singulari- dad y altura narrativa de un académico de perfil bajo. Fi- lólogo, latinista y narrador,

10 enero 2014

Introini murió a comienzos de julio dejando a punto esta novela breve, de apariencia difícil y título enigmático sugerido por su gran amigo, el poeta Alfredo Fressia. Oír el canto de los alacra- nes o escorpiones —como el de las sirenas odiseicas— conlleva un castigo, que es algo más que la confirma- ción humillante de no enten- derlo en medio del placer de escucharlo. Hay en principio dos maneras de referir y “en- tender” la última novela de Introini. La primera es li- neal: ayudan Platón y la tri- logía fílmica de los herma- nos Wachowski (Matrix y

tri- logía fílmica de los herma- nos Wachowski ( Matrix y gún modo reconstruir trozos de

gún modo reconstruir trozos de aquel pasado, escenificar- lo, actuarlo y filmarlo. Para eso hay también tres mujeres que se prestan al juego (Amalia, Amelia, Amaranta: un trío de remi- niscencias marosianas) y un oportuno laberinto donde ti- pos vulgares contratados para filmar esos juegos de adultosterminan perdién- dose, enloquecen o mueren. En esta línea de lectura la novela es un sistema de cajas chinas en la que se repiten personajes y situaciones. El

tiempo y la llegada de la veterano canoso, Almada y

Gálvez van siguiendo los mismos derroteros y cayendo

nostalgia, el dinero y la tec- nología les permiten de al-

secuelas), un mundo virtual que refiere a otro, real, que quizá no existe. Hay dos hombres (y arquetipos) que se conocen desde la infancia, cuando espiaban a una veci- nita procaz en las vacaciones de verano: el Ingeniero y el Arquitecto. Con el paso del

en las mismas trampas, con- figurando un relato pseudo policial, con abogados, de- tectives, matones, droga. Lo que el Ingeniero le dice a Al- mada cuando lo contrata es más o menos lo que la espa- ñola Viviana le dice a Gál- vez. Desde este lugar la na- rración va cambiando de dueño, pero una y otra vez está contando lo mismo. En otra lectura, comple- mentaria, esta es una novela sobre el arte de novelar y de escribir, no como arte del es- pectáculo chatarra, obsce- nidad y droga barata de los tiempos que corrensino de la Verdad, así, con mayúscu-

11 7 / EL PAIS CULTURAL / N 1255 la. También sobre el arte lec-

11 7 / EL PAIS CULTURAL / N 1255

11 7 / EL PAIS CULTURAL / N 1255 la. También sobre el arte lec- tora:
11 7 / EL PAIS CULTURAL / N 1255 la. También sobre el arte lec- tora:
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11 7 / EL PAIS CULTURAL / N 1255 la. También sobre el arte lec- tora:
11 7 / EL PAIS CULTURAL / N 1255 la. También sobre el arte lec- tora:
11 7 / EL PAIS CULTURAL / N 1255 la. También sobre el arte lec- tora:

la. También sobre el arte lec- tora: si los personajes avan- zan como sonámbulos, vién- dolo todo y no viendo nada, puede decirse que la misma ceguera nos afecta como lec- tores. Ahí cobra su dimen- sión poética y ética ese canto que viene a oírse casi a las puertas de la locura, detrás de un mundo que negocia con profesionales de la exac- titud ingeniero, arquitecto, informáticoque perdieron la brújula vital y la buscan desesperados a través de la representación. Escritor relativamente tar- dío, Introini había publicado tres libros de cuentos ( El in- truso , 1989; La llave de plata , 1995; Enmascarado , 2007) y una novela excep- cional ( La tumba , 2002), antes de esta culminación que parece oscura y laberín- tica como su trama pero es en cambio clara y exacta. Por supuesto, no sabemos qué cosa son, qué significan realmente y por qué están ahí esos alacranes que cantan (o si están). Y en no saberlo radica la epifanía latente que propone Introini. Quedarnos a las puertas, como lectores de la novela pero intuyendo, como un personaje más en la serie interminable, que en- trar al laberinto del arte es- conde la severa posibilidad de no salir.

M. E.

Novela II

ROJO FLOYD , de Michele Mari. La Bestia Equilátera, 2013. Buenos Aires, 247 págs.

SYD BARRETT nació en 1946. Veintiún años después sacaba su primer disco, The Piper at the Gates of Dawn , con la banda que había fun- dado con su amigo de la in- fancia Roger Waters y de la

que era compositor principal

y primera guitarra: Pink Flo-

yd. Tan solo un año más tar- de la banda lo había dejado atrás. Era demasiado erráti- co, tomaba demasiados alu- cinógenos, pifiaba continua- mente en el escenario. Antes

de despedirlo, contrataron a David Gilmour, otro amigo de Syd, para tocar en vivo y en simultáneo las mismas partes que él. No funcionó. Una noche, camino a un to- que, sencillamente ya no lo pasaron a buscar. EMI, la compañía disquera, mantuvo

a Syd como solista. Tardaron

tres años en grabar su album clásico The Madcap Laughs , editado en 1970. En la tapa, Syd figura acuclilla- do y feral en un piso de par- quet cuyos listones había pintado de rojo y azul. Poco después, debido a su incapa- cidad para tocar en público y relacionarse con sus seme- jantes, esquizofrénico, se re-

cluyó en un sótano en la casa de sus padres, donde apenas cabía de pie y donde pasaría

pintando, comiendo carame- los y engordando hasta el día de su muerte por complica- ciones con la diabetes, en

2006.

Pink Floyd, se sabe, pasó

a convertirse en la banda más grande del mundo. Más grande que Queen, los

la banda más grande del mundo. Más grande que Queen, los Beatles, los Stones. Al me-

Beatles, los Stones. Al me- nos en lo que toca a la pro-

ducción de las giras y los es- pectáculos. Cualquiera puede recordar el despliegue escé- nico de The Wall , el show musical más famoso y millo- nario del siglo pasado. Pero tal vez la (des)medida sea

más evidente aún si se piensa en una gira posterior, la del A Momentary Lapse of Reason . Cuando le tocó el turno a la ciudad de Venecia, mandaron construir una isla flotante capaz de soportar más de 400 toneladas frente

al Palazzo Ducale. Esa no-

che, debido al volumen de la música, se vinieron abajo un centenar de piezas de arqui-

H ay que leer

H ay que leer

¡Alemania, Alemania!

de Felipe Polleri

PORQUE es el libro más extenso y más intenso de la obra del escritor uruguayo. Dividido en tres partes, toca la Inglaterra de la guerra y el espionaje, el abismo de crueldad y frialdad esta- dística del nazismo, y un tal Antoine, más cercano al personaje paradigmático de otros de sus libros. Hay violencia extrema, humillación desesperada, y un uso especial del diminutivo para la burla, la ternura o el humor. Por momentos recuerda alterna- damente a Céline y Artaud, dos de sus maestros. (HUM)

burla, la ternura o el humor. Por momentos recuerda alterna- damente a Céline y Artaud, dos

tectura antigua, estallaron más de ochenta vitrales y se despegaron 342 piezas de mosaicos bizantinos. Toda esta información está contenida en Rojo Flo- yd. También se relatan cosas que no sucedieron. El primer mérito de Michele Mari, el

autor, es disfrazarlas, hacer- las pasar por ciertas, hacerlas funcionar para sostener la te- sis de que, por más que Syd Barrett haya quedado fuera de la banda desde muy tem- prano, es justamente alrede- dor de su colapso y de su au- sencia que Pink Floyd cons- truye su carrera. Mari nos persuade hábilmente de que la mejor parte de los discos y de las letras de las canciones refieren a su amigo genial perdido en los laberintos de

su mente, como si el impacto que causó en Waters y Gil- mour presenciar el colapso de Barrett lo hubiese conver- tido en el centro de sus obse- siones. Tal vez lo más intere- sante de la novela, aparte de la miríada de datos fabulo- sos, sea el modo en que el autor va construyendo me- diante monólogos ficticios de los miembros de la banda, de Barrett, de amigos suyos, músicos y hasta de personaje de cancionesla figura me- lancólica de un hombre real y alucinado, cuyo descenso a la locura es el núcleo de su leyenda, y que a lo largo de las páginas va adquiriendo una dimensión inquietante, casi sobrenatural.

D. M.

 

I NVENTARIO

 

Fotografía

 

ria de la fotografía calle-

jera o el manifiesto que CALLEJEANDO. MANI- promete el título no lo en-

FIESTO DE FOTO- contrarán acá. GRAFÍA URBANA, de

 

Tanya Nagar. Océano, 2012. Barcelona, 176

 

Infantil

 

págs.

CUENTOS DEL PAGO, de José María Obaldía. Planeta, 2013. Montevi- deo, 55 págs.

MÁS QUE UN manifies- to, es un libro que aborda

 

conceptos básicos de la fotografía (obturación, DOS CUENTOS compo- profundidad de campo, nen este breve libro de exposición, fotografía José María Obaldía. Como nocturna), tipos de cáma- expresa el autor en su con- ras y procesos, ejemplos traportada, se refiere al concretos de fotografía pago como el escenario callejera de la propia au- propio, el lugar en el que tora y un repaso por el se mueven los personajes. trabajo de otros fotógra- Dos niños viven su infan- fos. Tanya Nagar, o cia entre trompos y gallos Tanya-N, como se la co- de peleas. La historia está noce en Internet, es una suspendida en cuanto a activa fotógrafa que ha momento histórico y más difundido su trabajo de podría pertenecer a la tra- forma online. Es un libro dición oral que a la litera- manejable por su formato tura infantil escrita. De he- y agradable en su diseño, cho, su autor es narrador pero aquellos que bus- oral y, como tal, ha repre- quen la reflexión profun- sentado a Uruguay en va- da sobre la ética, la histo- rios encuentros.

10 enero 2014

12 8 / EL PAIS CULTURAL / N° 1255

12 8 / EL PAIS CULTURAL / N° 1255 T E X T O S El

T

E

X

T

O

S

El trapecio inferior

Jerry Lewis

E L TRABAJO. Ralph Waldo Emerson decía que era el ele- vado precio de la vida, la má- xima suerte del hombre. Yo

considero que esta máxima es maravi- llosa porque el trabajo siempre ha hecho bien a mi alma. Como mejor me en- cuentro, de verdad, es trabajando ocho horas al día, siete días por semana. Y por aquel entonces no trabajaba menos; a los veinticuatro años era incapaz de concebir la idea de desperdiciar un mo- mento descansando. ¿Para qué descan- sar? Estaba tan lleno de energía que si cualquiera, incluso Dean [Martin], me hubiera hablado de aflojar la marcha, ni siquiera le hubiera prestado atención. Dean y yo tomamos el tren para acu- dir al Colgate Show. Con las luces del alba llegamos a los alrededores de la Pennsy[lvania] Station; luego el largo y oscuro túnel y la visión familiar de las vigas y estructuras de hierro, la multitud hormigueante hasta perderse de vista, el entorno de nuestro vagón particular, los chirridos, los apretones, las sonrisas… ya se sabe, la gran sensación que produ- ce llegar a Nueva York.

(…) Sábado por la noche. Reunión de peces gordos en Essex House: todos los guionistas, directores y productores [del show] están presentes: dan vueltas a las bromas, los chistes, las réplicas y las situaciones cómicas; todos discuten excitados qué ha de conservarse y qué ha de quitarse; en conjunto, la función parece al mismo tiempo sensacional y desesperanzadora. Todos los nervios es- tán de punta y el humo de los cigarrillos se extiende en capas tan densas que el final de esta última reunión antes de la presentación del espectáculo es un ver- dadero alivio. Satisfechos o no los asis- tentes, mañana por la noche sabremos qué opina el resto del país.

mañana por la noche sabremos qué opina el resto del país. Cansado, veo cómo se van

Cansado, veo cómo se van todos y cierro la puerta; luego me acerco a la ventana y miro las lucecitas que se dis- tinguen a lo lejos. Me emociono al pen- sar en Patti, en los niños, en mis padres. Las noches de Irvington vuelven repen- tinamente a mi memoria; hace tanto tiempo que me preguntaba si realmente crecería y tendría una vida feliz… Pongo la televisión, me echo en un sofá y suelto un prolongado suspiro. Son las tres de la mañana. Miro atonta- do el aparato, intentando seguir el argu- mento de una estúpida película de aven- turas. Finalmente, caigo dormido.

Decir que la primera “Colgate Co- medy Hour” fue un éxito es decir sólo la mitad de la verdad. El estreno tuvo lugar la noche del 17 de setiembre, do- mingo, del año 1950, de ocho a nueve

en el viejo Park Theatre, cerca de Co- lumbus Circle. Según la tasa de audien- cia fue un éxito formidable. Pero la ma- yoría de las publicaciones acentuaron mucho más las habilidades de Jerry que las de Dean. Por ejemplo, el crítico tele- visivo del New York Times , en su co- lumna del día siguiente, dijo que yo ha- cía el “trabajo” del equipo, y se refería a Dean como a un hombre francamente “competente”. ¿Competente? Vaya pa- labra tan poco halagadora. La verdad es que no hay nada nuevo, pues la mayoría de los críticos de televisión eran enton- ces tan absurdos como lo son hoy día. Volviendo a lo de Dean, me serviré de una especie de metáfora para expli- car con exactitud lo que supuso el final de colaboración entre Dean y yo. Imagi- nemos que un día vamos al circo… Allí, en el centro de la pista, el trapecista

hace su trabajo en el trapecio mientras miles de miradas observan cada movi- miento, sin darse cuenta de que si su compañero que está en un trapecio infe- rior no lo agarrase, el primero no ten- dría ningún mérito. Pues bien, Dean era el que tenía que agarrarme desde su trapecio inferior; era el mejor comparsa de la historia del mundo del espectáculo. Su sentido del tiempo y de la oportunidad era perfecto, infinito, y tan frágil que casi parecía que no hiciera nada. Y ahí, precisamente, es- taba la magia que da forma y sustancia a la actuación. Eso era lo que hacía que Martin y Lewis funcionaran. La verdad es que yo jamás lo hubiera hecho tan bien con cualquier otro.

El autor

JERRY LEWIS (Nueva York, 1926) fue uno de los actores có- micos más populares a media- dos del siglo XX. Hijo de un ac- tor y de una cantante, inició pre- cozmente su carrera a los 16 años. Tras un breve período de aprendizaje, se asoció con Dean Martin, con quien conformó un dúo cómico que actuó con enor- me éxito durante una década en teatros, hoteles, clubes noctur- nos y películas. Con y sin Mar- tin, llegó a trabajar en casi 50 películas entre 1949 y la década de 1980. En 1960 empezó a di- rigir, dirigir y producir sus pro- pias películas. El presente texto pertenece a Jerry Lewis in Per- son (1983), traducido al caste- llano por la editorial catalana Parsifal en 1991 como Jerry Lewis por Jerry Lewis.

EN EL PRÓXIMO NÚMERO Frank Zappa Jean Cocteau Magela Ferrero Eric Hobsbawm Raúl Zurita

EDITOR JEFE:

László Erdélyi

COORDINACIÓN:

Elvio E. Gandolfo Álvaro Buela María Sánchez

10 enero 2014

SECRETARIA: DISEÑO: del Grupo Metro Susana Yaquinta DEPARTAMENTO DE DISEÑO: CULTURAL CORRESPONSALES: Ezequiel
SECRETARIA:
DISEÑO: del Grupo Metro
Susana Yaquinta
DEPARTAMENTO DE DISEÑO:
CULTURAL
CORRESPONSALES:
Ezequiel Pérez Medeiros (Editor)
Raquel Rodríguez (Jefa)
Juana Libedinsky (Nueva York)
Ioram Melcer (Jerusalén)
INFOGRAFIAS: Departamento
de Infografías de EL PAIS
Ingrid Tempel (París)
FUNDADORES: Arq. Eduardo Scheck - Homero Alsina Thevenet

Este es un suplemento del diario EL PAIS, Plaza Cagancha 1168, Montevideo, Teléfonos 29020115, 29023061, int. 281 al 285. Fax: 29027723 Síguenos en Facebook elpaiscultural

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5 / EL PAIS CULTURAL / N 1255

INDICE

 
   
 
    SEPARATA
 
SEPARATA
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Montevideo, viernes 10 de enero de 2014

En estas columnas se han detallado autores, dibujantes, fotógrafos y temas mencionados en las ediciones 1226 a 1250 de EL PAIS CULTURAL. Otros índices similares, cada uno de ellos con el contenido de 25 ediciones, han sido publicados desde 1989.

 

Las cifras corresponden a edición y página.

 

Nros. 1226 a 1250

 

Assange, Julian

1247/8

Nros. 1226 a 1250   Assange, Julian 1247/8
 

Astiazarán, Panta

1240/1

A

 

Atxaga, Bernardo

1248/1

Auster, Paul

1232/11

Ayestarán, Lauro

1241/1,

1241/16

Abad Faciolince, Héctor Abellio, Raymond Abin de María, Carlos Aguerre, Pedro Aharonián, Coriún

1235/12

   

1233/10

B

 

1237/10

1239/9

 

1241/3

Baccino, Napoleón

1247/12

Almazán, Alejandro 1239/12

Balandier, Georges

1244/8

Altesor, Sergio

1227/11,

1242/1

Ball, Philip

1231/11

Alsina Thevenet, Homero 1246/11 Álvarez, Mónica G 1238/9

Baron, Alexander

1233/5

Barthes, Roland

1238/12

Alzugarat, Alfredo

1228/8,

1234/10,

Baudelaire, Charles

1226/5

1244/11,

1249/11,

Bellatin, Mario

1231/5

1250/11

Belli, Gioconda

1244/11

Ameijenda, Ariel 1227/1

 

Benítez Pezzolano, Hebert Benjamin, Walter Bergara, Matías Bibliotecas escolares Bizzio, Sergio

1234/10

Andralis, Juan

1228/6

 

1226/5

Ansiedad de la imagen 1242/6

1226/12,

1231/12

Aramburu, Fernando Arbeleche, Jorge Arfuch, Leonor Arlt, Roberto Arte Latinoamericano Artigas en la puerta de la Ciudadela

1248/5

1226/10

1239/5

1227/11

 

1250/10

Black Sabbath, 1245/4

1238/11

Blanes, Juan Manuel Blanqué, Andrea

1233/6

Buenos Muchachos

1230/7

1249/4

1230/1,

1231/10,

Burel, Jorge

1231/6

   

1234/6,

1236/10,

 

1233/6

 

1237/9,

1239/4,

 

C

 
 

1243/5,

1247/9,

1249/10

1249/10

Blixen, Carina

1232/11,

1245/9,

 

1250/10

Caetano, Gerardo

1236/11

Boden, Margaret Bolaño, Roberto Bonilla, Elisa Borrelli, Darwin Bosch, Mauricio Botana, Natalio Botero, Fernando Botero, Lina Bourgois, Philippe Bourke-White, Margaret Bouvard y Pécuchet Brando, Óscar

1248/10

Calcagno, Sonia

1245/10

1236/6

Camnitzer, Luis

1240/6

1226/10

Camus, Albert 1243/8

 

1226/1,

1250/11

Canetti, Elias

1248/12

1246/9

Cannarsa, Basso

1248/1,

1248/2

1247/1

Cañibano, Raúl

1243/10

1226/6

Capus, Alex 1237/9

 

1226/6

Carr, David Carreño, Leonardo Carrère, Emmanuel Carrión, Jorge Cartier-Bresson, Henri Cine sobre mujeres “Clarín”, Leopoldo Alas Coetzee, Cohen, David Cohen, Leonard Colmegna, Ariel

1247/8

1235/8

1238/6,

1241/9

1248/6

1235/9

1227/5

1238/5,

1249/5

1236/9,

1237/7,

1243/12

 

1244/9

1245/8

Briante, Miguel

1233/11

1230/1

Brown, Fredric

1229/8

1232/11

Buela, Álvaro

1226/1,

1245/8,

1230/9

1246/11,

1247/10

1244/1

 

Buenos Aires 1244/4

1228/8,

1234/1,

10 enero 2014

II 6 / EL PAIS CULTURAL / N° 1255

 

1246/1,

1249/11

 

E

 
  1246/1, 1249/11   E  

Contaminación sonora Conteris, Hiber Corbellini, Helena Corriente del Golfo Courtoisie, Agustín

1233/4

1247/10

 

1248/9

Eche 1228/5 Eco, Umberto 1237/8 Einstein, Albert 1237/10

 

1235/5

1226/10,

1227/10,

 

1230/10, 1232/10,

El Lago de los Cisnes 1232/1

1234/10,

1239/9,

El Príncipe

1250/1

1240/11,

1243/10,

Eminem

1240/12

1244/8,

1245/6,

Énard, Mathias 1234/1

 

1246/10,

1248/10,

Erdélyi, László

1240/12,

1244/10,

1250/1

1247/8

Crisis del 2002 Crónica latinoamericana Curie, Marie

1227/10

Escanlar, Gustavo 1239/7

 

1238/5

Especial Lauro Ayestarán 1241

1227/4

Estramil, 1229/4, Mercedes 1230/10, 1232/9, 1236/10,

 

CH

 

1238/8,

1239/10,

1240/8, 1242/10,

1243/4,

1246/6,

 

1250/4

 

Chagall, Marc Chaze, Elliott Chikiar Bauer, Irene Chilibroste, Lucía

1231/4

Estrázulas, Enrique 1229/7

 

1231/10

Eugenides, Jeffrey

1229/4

 

1236/8,

1242/9,

1228/1

Europa, Historia reciente de 1231/1

 

1250/9

1232/4,

1249/1

 

Fonseca, Rubem

 

1235/10,

1245/10

   

F

 

Font, Natalia

1249/8

 

D

 

Fontana, Hugo

 

1226/11,

1227/6,

 

1229/6,

1230/11,

 

1233/8,1234/11,

 

Faget, Rolando

1247/4

1235/5,

1237/11,

D’Rivera, Paquito

1238/4

Falcoff, Laura

1228/6,

1232/1

1238/1,

1239/10,

Da

Cruz, Pedro

1226/6,

1230/4,

Falú, Darío

1249/12

1244/5,

1245/11

 

1234/4,

1239/8,

Fante, John

1246/5

Fontanarrosa, Roberto Ford, Richard Frank, Anna Fressia, Alfredo Freund, Gisèle Fuentes, Carlos Fuguet, Alberto

 

1249/9

1242/8,

1249/4

Faraday, Michael

1246/8

1244/4

Daft Punk 1239/1

Fernández, Andrés

1243/6

1234/6

Dalla Torre, Gabriel Dalton, Pedro Damiani, Jorge Darnauchans, Eduardo Darnton, Robert Davidson, Bruce

1246/10

Fernández, Pablo

1227/1,

1238/6,

1239/5

1230/6

1240/1,

1246/1

1228/2

1234/4

Fernández Giordano, Federico 1231/4 Fernández Raggio, MaríaAgustina1232/8

1226/6

1231/8

1239/6

1248/8

Fischerman, Diego

1250/9

 

1235/8

Flaubert, Gustave

1227/5

 

G

 

De

Marsilio, Juan

1226/10,

1227/10,

Fogwill

1226/12,

12129/5,

 

1231/11,

1235/10,

1245/3

1236/11,

1238/10,

Fondebrider, Jorge

1228/4,

1233/1,

 

1239/5,

1240/10,

 

Gaiman, Neil Gamberale, Chiara Gandolfo, Elvio E

 

1247/5

1245/5,

1249/10,

1245/5, 1249/10, 1242/10

1242/10

1250/10

1226/2,

1228/10,

De

Montherlant, Henry

1239/4

 

1230/5, 1232/5,

De

Santis, Pablo

1230/12

1238/5,1240/10,

Delgado, Leandro

1232/8,

1237/4,

1242/11,

1244/6,

1243/9,

1244/9

1246/7,

1247/5

Delgado, Paula

1244/9

García, Fernando

 

1227/8,

1232/6,

Derrida, Jacques

1226/1

 

1233/6,

1236/3,

Di

Candia Cutinella, Antonio 1235/8

 

1239/1,

1246/7,

Di

Giorgio, Marosa

1234/10,

1249/8

1245/4,

1247/1,

Díaz, Junot Dicker, Joël Diederichsen, Diedrich Domínguez, Carlos María

1243/4

1250/6

1240/8

García Lorca, Federico Gardam, Jane

 

1226/8

1243/12

1238/10

1228/1,

1231/10,

Gargurevich Pazos, Gabriel

1239/6

 

1232/9,

1233/11,

GartonAsh,

Timothy

1231/1,

1231/3

1234/8,

1235/10,

Geymonat, Roger Gioia, Ted Giordano, Paolo Goldin, Daniel Goldman, Gustavo González, María de los Ángeles González, Pilar

1236/11

1237/6,

1238/11,

1234/8

1240/4,

1246/5,

1250/4

1249/5,

1250/5

1226/10

Dubra, Adela 1249/8

1241/8,

1241/11

Duchamp, Marcel

1239/8

1236/5,

1247/6

Dueñas, María

1247/6

1228/12,

1232/1,

Duras, Marguerite

1230/10

   

1232/12, 1237/12,

 

10 enero 2014

I7II/ EL PAIS CULTURAL / N 1255

 

1242/12,

1245/1

  1242/12, 1245/1 Marías, Javier 1236/5  

Marías, Javier 1236/5

 

González Bertolino, Damián Gramellini, Massimo Greenaway, Peter Guani, Nacho Guimaraens, Inés Gutiérrez, Jorge

1244/6

Marotti, Mario

1237/10

1231/10

Marramao, Giacomo

1243/10

1237/1

Martínez, Virginia 1244/10

 

1249/1,

1249/3

Maslíah, Leo

1248/11

1227/1,

1239/7

Matheson, Richard

1230/5

1226/5,

1227/5,

Mattos, Tomás de 1245/5

 
 

1228/11, 1235/9,

Medeiros, Alejandro 1233/4 Medina Vidal, Jorge 1239/5 Mehldau, Brad 1239/8

1245/10

 

Mella, Daniel

1230/6,

1233/10,

H

Hamilton, Ian 1232/5

 

1242/5, 1243/6, 1244/10, 1245/10, 1247/11, 1248/11 Meyer, Richard 1242/8

Hancock, Herbie 1233/1

Millán T., Juan 1249/2

 

Hahn, Óscar

1246/4

Mili, Gjion

1250/12

Harlem 1235/8 Heaney, Seamus 1242/9

 

Millhauser, Steven 1231/12 Miralles, Ana María 1230/10 Mondongo 1229/5

 

Herralde, Jorge 1236/6

Hiriart, María Inés Hitchens, Christopher Hitler

1248/9

 

Mondragón, Juan Carlos 1250/11

1245/12

Montero, Rosa

1227/4

1238/9

Monterroso, Augusto 1246/12

 

Hoffmann, E.T.A 1242/1

 

Librerías del mundo Limónov, Eduard Lissardi, Ercole López Desivo, Sandra Lord, Catherine Lucini, Javier Luppi, Carlos

1249/5

Moreau, Jean-Pierre

1249/10

“Hoski” Gadea, José Luis

1237/4

1235/9

Morena, Daniel 1241/10

 

Hynes, Eric 1245/8

 

1243/6

Morris, Frances 1236/3

 

1237/10

Motta, Ed

1246/9

1242/5

Mouffe, Chantal 1234/10 Mujica, Hugo 1250/10 Munro, Alice 1250/5 Muntz, Alejandro 1248/4 Muñoz Molina, Antonio 1235/6

 

I

 

1227/10

1227/10,

1230/8,

   

1243/1

Ibargüengoitia, Jorge

1227/12

 

Iglesias, Luis Fernando 1231/8,

1233/10,

M

   
 

1244/1, 1248/4,

 

N

 

1249/9

Índice Cultural 1201-1225 Ivanov, Lev

1229

 

1232/3

Maca

1230/9,

1238/12,

 
 

1241/16

Noel-Ted, Jeremy

1232/5

J

 

MACBA (Buenos Aires) Macor, Leila Malhotra, Namit Man Ray

1227/8

Nooteboom, Cees

1235/1

1226/10

Novick, Aldo

1233/10

1242/4

Nueva York

1227/6

 

1228/3

 

James, Henry Jaramillo Agudelo, Darío Jazz, Historia del Jitrik, Noé

1249/12

Manguel, Alberto 1245/1

   

O

 

1238/5

Manzino, Leonardo

1241/14

1234/8

Maquiavelo, Nicolás

1250/1

1234/5

   
 
  Oates, Joyce Carol O’Connor, Flannery Ojeda, Álvaro   1237/5

Oates, Joyce Carol O’Connor, Flannery Ojeda, Álvaro

 

1237/5

K

 

1232/12

1226/8,

1228/5,

 

1230/9,

1240/9,

 

1247/10,

1248/5

Kalman, Jón

1229/6

Ombú

1228/1,

1230/1,

Katayama, Kyoichi

1228/11

1231/8,

1233/8,

Kennedy, John Fitzgerald

1243/1

1234/12,

1236/12,

Kusama, Yayoi 1236/1

 

1237/6,

1238/1,

 

1241/1,

1244/6,

L

 

1245/5

1247/1,

1250/1

Ortiz, Manuel Ángeles Orwell, George Ovejero, José

 

1226/8

 

1243/5

Lago, Sylvia Larroca, Oscar Laurenzo, Paco Lee, Chang Rae

1228/8

1236/10

1244/10

 

1229/8,

1234/5

 

P

 

1235/11

Lestido, Adriana 1232/6

 

Levrero, Mario

1542/5,

1242/5,

 

1250/5

Panzeri, Dante

1228/5

10 enero 2014

IV 8 / EL PAIS CULTURAL / N° 1255

Parodi, Aníbal

1238/6

Sánchez, Alejandro

1236/11

Truong, Monique

1226/11

Pauls, Alan 1245/9

 

Sánchez, María

1228/10,

1231/9,

 

Payares, Gabriel

1239/10

1242/6,

1243/10,

U

 

Peeters, Benoît

1226/1

1248/6

Peirone, Fernando

1240/11

Sánchez Vilela, Rosario Santángelo, Andrés Santos Melgarejo, Adriana

1250/7

Pena, Fernando

1250/6

1243/9

 

Peña, Pedro

1227/4,

1229/7,

1241/1,

1241/3,

Ulanski, Stan

1235/5

1237/8,

1239/11,

 

1241/8

Ungar, Antonio

1234/11

1243/11,

1248/10

Saroyan, William Sassen, Simone Savater, Fernando Schaeffer, Jean-Marie

1237/12

Uruguay laico

1236/11

Perea, Daniel Peruzzo, Nicolás Pessoa, Fernando Petipa, Marius Petit, Michèle Phelps de Cisneros, Patricia Pinilla, Ramiro Piñeiro, Claudia Piratas, Historia de Plan Ceibal Platero, Soledad

1226/4

1235/1

 

1240/10

1232/10

V

 

1234/12

1236/9

1232/1

Schmidt, Arno 1243/11

 

1247/9

Sequeira, Alejandro Serrano, José Luis Serrano Blanquer, David Serres, Michel Sharpe, Tom Silva Meinel, Javier Simenon, Georges Simmel, Georg Simmons, Sylvie Sol Soriano, Manuel Spark, Muriel

1229/1,

1239/1

 

1249/4

1236/10

Valdés Urrutia, Cecilia 1249/6

 

1229/6

1238/9

Vann, David

1247/10

1238/8

1249/10

Varela, José Pedro 1245/5 Vargas Llosa, Mario 1226/6

 

1249/10

1231/6

1250/6

1231/9

Vayra, Renzo

1227/12,

1230/12,

1233/5,

1237/5,

1242/11

1233/12,

1235/12,

 

1246/10

1248/10

1239/12,

1241/11,

Poesía Moderna, Oxford Companion de Polleri, Felipe

1244/1

1246/12

1232/5

1230/9

Vega, Carlos 1241/6

 

1227/11,

1231/5,

1239/10

Veloso, Daniel

1226/4, 1246/8,

 

1242/11,

1248/9

1242/10

1247/4

Power, Kevin

1230/4

 

Venecia 1235/1

 

Pron, Patricio

1228/10,

1242/12

Pron, Patricio 1228/10, 1242/12 Verlichak, Victoria 1229/5, 1236/1,

Verlichak, Victoria

1229/5,

1236/1,

Prose, Francine

1234/6

1244/4

Putnam, Hilary

1246/10

Vescovi, Valentina

1237/1,

1242/4

 

Vichi, Marco

1240/9

Q

 

Vilamajó, Julio 1238/6 Vilas, Manuel 1228/10

 

Villanueva Chang, Julio 1236/12

Vineis, Nilda

1241/6

Queer, Cultura

1242/8

 

Quignard, Pascal

R

1247/10

W

Wauquier, Eleonor

1226/1,

1234/1,

 

1235/11,

1245/10

Read, Hebert

1238/10

Webb, Alex 1234/2

Reclus, Eliseo

1233/8

Weiss, Gabriel 1235/10

Rehermann, Carlos

1229/1

West, Kanye Western, textos sobre

1239/1

Rey, Rafael

1231/1,

1236/6

1227/10

Riccetto, María

1249/1

White, T.H 1239/11

 

Rimbau, Esteve

1237/3

WikiLeaks 1247/8

Rock de hoy 1228/4

 

Winocur, Rosalía Wojciechowski, Gustavo

1250/6

Rodrigo, Antonina 1226/8

 

Rodríguez, Marcelo Rodríguez, Oriol Rodríguez Pouget, Sophía Rosencof, Mauricio

1231/8

“Maca” 1246/1

 

1235/6,

1248/1

Stavans, Ilan Stefánsson, Stiglitz, Joseph Sueños y literatura

1238/4,

1246/4

Wolkowicz, Daniel

1228/6

1243/8

1229/6

Woolf, Virginia

1228/1,

1228/12,

1249/11

1230/8

1240/4

Rubino, Aldo 1227/8

 

1245/1

Wright, Austin

1232/10

   

1233/12

 

S

1244/12

Supervielle, Jules Szarkowski, John

T

1250/12

Yan, Mo

Y

1246/6

Sáenz, Miguel Saer, Juan José Saítta, Sylvia Salaberría, Ramón Salbarrey, Gloria

1237/6

   

1247/1

Tani, Ruben Tapia, Patricio Tchaikovsky, Piotr Ilitch Tin, Louis-Georges Towles, Amor Trelles Merino, Gualberto

1245/6

Z

 

1226/10

1248/8,

1250/8

1229/6,

1232/10,

1232/1

 

1238/10,

1242/10

1237/11

 

Salgado, Sebastião

1249/6

1230/11

Zas, Diego

1248/4

Salter, James

1238/1

1240/10

Zombis

1229/1

10 enero 2014