Sie sind auf Seite 1von 63

cuatro

tap
anteproyecto

los “no lugares”


espaciosde anonimato
una antropología de la sobremodernidad

m a r c a u g é
LOS «NO LUGARES»
ESPACIOS DEL
ANONIMATO

Una antropología de la
Sobremodernidad

Marc Auge
Título del original en francés:
Non-lieux. Introduction á une anthropologie de la surmodenité
Indice
© Edition de Seuil, 1992
Colection La Librairie du XXé siecle, sous la direction de
Maurice Olender

Traducción: Margarita Mizraji

Ilustración de cubierta: Alma Larroca

Quinta reimpresión; septiembre del 2000, Barcelona

Derechos reservados para todas las ediciones en castellano PRÓLOGO ………………………………………….9

© Editorial Gedisa, S.A. Lo cercano y el afuera ..................................................15


Paseo Bonanova, 9 1°-1°
08022 Barcelona (España)
El lugar antropológico ...............................................49
Tel. 93 253 09 04
Fax 93 253 09 05 De los lugares a los no lugares ................................. 81
Correo electrónico: gedisa@gedisa.com
http://www. gedisa.com EPÍLOGO .........................................................................119

ISBN: 84- 7432 - 459- 9 Depósito REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS .............................. ....... 125
legal: B. 40205-2000

Impreso por: Romanyá Valls


Verdaguer 1 - 087S6 - Capellades (Barcelona)

impreso en España
Printed in Spain

Queda prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio


de impresión, en forma idéntica, extractada o modificada, en
castellano o en cualquier otro idioma.
Prólogo

Antes de buscar su auto, Juan Pérez decidió


retirar un poco de dinero del cajero automático. El
aparato aceptó su tarjeta y lo autorizó a retirar mil
ochocientos francos. Juan Pérez apretó el botón
1800. El aparato le pidió un minuto de paciencia,
luego le entregó la suma convenida y le recordó no
olvidarse la tarjeta. "Gracias por su visita", conclu-
yó, mientras Juan Pérez ordenaba los billetes en su
cartera.
El trayecto fue fácil: el viaje a París por la
autopista All no presenta problemas un domingo
por la mañana. No tuvo que esperar en la entrada,
pagó con su tarjeta de crédito el peaje de Dourdan,
rodeó París por el periférico y llegó al aeropuerto de
Roissy por la Al,
Estacionó en el segundo subsuelo (sección J),
deslizó su tarjeta de estacionamiento en la billete-
ra, luego se apresuró para ir a registrarse a las
ventanillas de Air France. Con alivio, se sacó de
encima la valija (veinte kilos exactos) y entregó su
boleto a la azafata al tiempo que le pidió un asiento
9
posibilidad sostenida de la aventura, el sentimien-
para fumadores del lado del pasillo. Sonriente y to de que no queda más que "ver venir"?
silenciosa, ella asintió con la cabeza, después de El embarque se realizó sin inconvenientes. Los
haber verificado en el ordenador, luego le devolvió pasajeros cuya tarjeta de embarque llevaba la letra
el boleto y la tarjeta de embarque. "Embarque por Z fueron invitados a presentarse en último térmi-
no, y Juan asistió bastante divertido al ligero e
la puerta B a las 18 horas", precisó. inútil amontonamiento de los X y los Y a la salida
El hombre se presentó con anticipación al con- de la sala.
trol policial para hacer algunas compras en el duty- Mientras esperaba el despegue y la distribu-
free. Compró una botella de cognac (un recuerdo de ción de los diarios, hojeó la revista de la compañía
Francia para sus clientes asiáticos) y una caja de e imaginó, siguiéndolo con el dedo, el itinerario
cigarros (para consumo personal). Guardó con cui- posible del viaje: Heraklion, Larnaca, Beirut,
dado la factura junto con la tarjeta de crédito. Dharan, Doubai, Bombay, Bangkok, más de nueve
Durante un momento recorrió con la mirada mil kilómetros en un abrir y cerrar de ojos y algunos
los escaparates lujosos —joyas, ropas, perfu- nombres que daban que hablar cada tanto en la
mes—, se detuvo en la librería, hojeó algunas actualidad periodística. Echó un vistazo a la tarifa
revistas antes de elegir un libro fácil —viajes, aven- de a bordo sin impuestos (duty-free price list),
turas, espionaje— y luego continuó su paseo sin verificó que se aceptaban tarjetas de crédito en los
ninguna impaciencia. vuelos transcontinentales, leyó con satisfacción las
Saboreaba la impresión de libertad que le ventajas que presentaba la clase business, de la
daban a la vez el hecho de haberse liberado del que podía gozar gracias a la inteligencia y generosi-
equipaje y, más íntimamente, la certeza de que sólo dad de la firma para la que trabajaba ("En Charles
había que esperar el desarrollo de los aconteci- de Gaulle 2 y en Nueva York, los salones Le Club le
mientos ahora que se había puesto "en regla", que permiten distenderse, telefonear, enviar fax o uti-
ya había guardado la tarjeta de embarque y había lizar un Minitel... Además de una recepción perso-
declarado su identidad. "¡Es nuestro, Roissy!" ¿Acaso nalizada y de una atención constante, el nuevo
hoy en los lugares superpoblados no era donde se asiento Espacio 2000 con el que están equipados los
cruzaban, ignorándose, miles de itinerarios indivi- vuelos transcontinentales tiene un diseño más am-
duales en los que subsistía algo del incierto encanto plio, con un respaldo y un apoyacabezas regulables
de los solares, de los terrenos baldíos y de las obras separadamente...")- Prestó alguna atención a los
comandos con sistema digital de su asiento Espacio
en construcción, de los andenes y de las salas de 2000, luego volvió a sumergirse en los anuncios de
espera en donde los pasos se pierden, el encanto de la revista y admiró el perfil aerodinámico de unas
todos los lugares de la casualidad y del encuentro
en donde se puede experimentar furtivamente la
11
10
camionetas nuevas, algunas fotos de grandes hote- juventud" no tendría, dentro de poco, sentido algu-
les de una cadena internacional, un poco no para las generaciones futuras. Los colores del
pomposamente presentados como "los lugares de la presente para siempre: la cámara congelador. Un
civilización" (El Mammounia de Marrakech "que anuncio publicitario de la tarjeta Visa terminó de
fue un palacio antes de ser un palace hotel", el tranquilizarlo ("Aceptada en Doubai y en cualquier
Metropol de Bruselas "donde siguen muy vivos los lugar adonde viaje. Viaje confiado con su tarjeta
esplendores del siglo XIX") Luego dio con la publi- Visa").
cidad de un auto que tenía el mismo nombre de su Miró distraídamente algunos comentarios de
asiento: Renault Espacio: "Un día, la necesidad de libros y se detuvo un momento, por interés profesio-
espacio se hace sentir... Nos asalta de repente. nal, en el que reseñaba una obra titulada
Después, ya no nos abandona. El irresistible deseo Euromarketing: "La homogeneización de las nece-
de tener un espacio propio. Un espacio móvil que sidades y de los comportamientos de consumo for-
nos llevara lejos. Nada haría falta; todo estaría a ma parte de las fuertes tendencias que caracteri-
mano..." En una palabra, como en el avión. "El zan el nuevo ambiente internacional de la empre-
espacio ya está en usted... Nunca se ha estado tan sa... A partir del examen de la incidencia del fenó-
bien sobre la Tierra como en el Espacio", concluía meno de globalización en la empresa europea, so-
graciosamente el anuncio publicitario. bre la validez y el contenido de un euromarketing
y sobre las evoluciones posibles del marketing in-
Ya despegaban. Hojeó más rápidamente el ternacional, se debaten una gran cantidad de pro-
resto, deteniéndose unos segundos en un artículo blemas". Para terminar, el comentario mencionaba
sobre "el hipopótamo, señor del río", que comenza- "las condiciones propicias para el desarrollo de un
ba con una evocación de África, "cuna de las leyen- mix lo más estandarizado posible" y "la arquitectura
das" y "continente de la magia y de los sortilegios", de una comunicación europea".
y echó un vistazo a una crónica sobre Bolonia ("En Un poco soñoliento, Juan Pérez dejó la revista.
cualquier parte se puede estar enamorado, pero en La inscripción Fasten seat belt se había apagado. Se
Bolonia uno se enamora de la ciudad"). Un anuncio ajustó los auriculares, sintonizó el canal 5 y se dejó
publicitario en inglés de un videomovie japonés invadir por el adagio del concierto N°1 en do mayor
retuvo un instante su atención (Vivid colors, vibrant de Joseph Haydn. Durante algunas horas (el tiem-
sound and non-stop action. Make them yours po necesario para sobrevolar el Mediterráneo, el
foreuer) por el brillo de los colores. Un estribillo de mar de Arabia y el golfo de Bengala), estaría por fin
Trenet le acudía a menudo a la mente desde que, solo.
a media tarde, lo había oído por la radio en la
autopista, y se dijo que la alusión a la "foto, vieja
foto de mi
13
12
Lo cercano y el afuera

Se habla cada vez más de la antropología de lo


cercano. Un coloquio que tuvo lugar en 1987 en
el museo de Artes y Tradiciones populares
("Antropología social y etnología de Francia"), y
cuyas actas fueron publicadas en 1989 con el
título L'Autre et le semblable, señalaba una
convergencia de los intereses de los etnólogos del
aquí y del afuera. El coloquio y la obra se sitúan
explícitamente en la serie de reflexiones que
comenzaron en el coloquio de Toulouse en 1982
("Nuevas vías en etnología de Francia") y en
algunos libros o números especiales de revistas.
Sin embargo, no es evidente que, como
ocurre a menudo, la comprobación de nuevos
intereses, de nuevos campos de investigación y de
convergencias inéditas no se base, por una parte,
en ciertos malentendidos, o no los suscite.
Algunas observaciones previas a la reflexión
sobre la antropología de lo cercano pueden
resultar útiles para la claridad del debate.
La antropología siempre ha sido una
antropología del aquí y el ahora. El etnólogo en
ejercicio es

15
aquel que se encuentra en alguna parte (su aquí del habla más de lo que sabe o piensa del pasado que
momento) y que describe lo que observa o lo que oye del pasado mismo. No es un contemporáneo del
en ese mismo momento. Siempre podremos interro- acontecimiento que refiere, pero el etnólogo es
gamos más tarde acerca de la calidad de su obser- contemporáneo de la enunciación y del enunciador.
vación y acerca de las intenciones, los prejuicios o Las palabras del informante valen tanto para el
los otros factores que condicionan la producción de presente como para el pasado. El antropólogo que
su texto: queda el hecho de que toda etnología tiene y que debe tener intereses históricos no es, sin
supone un testigo directo de una actualidad pre- embargo, stricto sensu, un historiador. Esta obser-
sente. El antropólogo teórico que recurre a otros vación sólo apunta a precisar los procedimientos y
testimonios y a otros ámbitos diferentes del suyo los objetos: es evidente que los trabajos de historia-
tiene acceso a testimonios de etnólogos, no a fuen- dores como Ginzburg, Le Goff o Leroy-Ladurie son
tes indirectas que él se esforzaría por interpretar. de máximo interés para los antropólogos, pero son
Hasta el arm chair anthropologist que somos todos trabajos de historiadores: corresponden al pasado y
por momentos se distingue del historiador que se consideran estudios de documentos.
analiza un documento. Los hechos que buscamos Esto en cuanto al "ahora". Vayamos entonces al
en los files de Murdock han sido bien o mal obser- "aquí". Por cierto que el aquí europeo, occidental,
vados, pero lo han sido, y en función de Ítems adquiere todo su sentido con respecto a un afuera
(reglas de alianza, de filiación, de herencia) que son lejano, antes "colonial", hoy "subdesarrollado", que
también los de la antropología de "segundo grado". han privilegiado las antropologías británica y fran-
Todo lo que aleja de la observación directa del cesa. Pero la oposición del aquí y del afuera (una
campo aleja también de la antropología, y los histo- manera de gran reparto —Europa/resto del mun-
riadores que tienen intereses antropológicos no por do— que recuerda los partidos de fútbol organiza-
eso hacen antropología. La expresión "antropología dos por Inglaterra en la época en que tenía un gran
histórica" es cuanto menos ambigua. "Historia fútbol: Inglaterra/resto del mundo) no puede servir
antropológica" parece más adecuada. Un ejemplo como punto de partida para la oposición de las dos
simétrico e inverso podría encontrarse en el uso antropologías más que presuponiendo lo que está
obligado que los antropólogos, los africanistas por precisamente en cuestión: que se trata de dos an-
ejemplo, hacen de la historia, en particular del tropologías distintas.
modo como ha quedado establecida por la tradición La afirmación según la cual los etnólogos tien-
oral. Todo el mundo conoce la fórmula de Hampaté den a replegarse sobre Europa por el cierre de los
Ba según la cual, en África, un viejo que muere es territorios lejanos, es cuestionable. En primer lu-
"una biblioteca que se quema"; pero el informante, gar, existen reales posibilidades de trabajo en Áfri-
viejo o no, es alguien con quien se discute y que ca, en América, en Asia... En segundo lugar, las

16 17
razones que llevan a trabajar sobre Europa en poder de simbolización de las sociedades europeas,
antropología son razones positivas. En ningún caso ya sea acerca de una insuficiente aptitud de los
se trata de una antropología por carencia. Y preci- etnólogos europeístas para analizarlo.
samente el examen de estas razones positivas pue- La segunda pregunta tiene un alcance comple-
de conducirnos a poner en duda la oposición Euro- tamente diferente: los hechos, las instituciones, los
pa/afuera que subyace en algunas de las definicio- modos de reunión (de trabajo, de ocio, de residen-
nes más modernistas de la etnología europeísta. cia), los modos de circulación específicos del mundo
Detrás de la cuestión de la etnología de lo contemporáneo ¿pueden ser juzgados desde un
cercano se perfila, en efecto, una doble pregunta. punto de vista antropológico? En primer lugar, esta
La primera consiste en saber si, en su estado actual, pregunta no se plantea, ni mucho menos, única-
la etnología de Europa puede pretender el mismo mente, a propósito de Europa. Cualquiera que co-
grado de refinamiento, de complejidad, de nozca un poco de África, por ejemplo, sabe bien que
conceptualización que la etnología de las socieda- todo enfoque antropológico global debe tomar en
des lejanas. La respuesta a esta pregunta es consideración una cantidad de elementos en
generalmente afirmativa, al menos de parte de los interacción, suscitados por la actualidad inmedia-
etnólogos europeístas y en una perspectiva de futu- ta, aun cuando no se los pueda dividir en "tradicio-
ro. De este modo, -Martine Segalen puede estar nales" y "modernos". Pero "también se sabe que
orgullosa, en la compilación que citamos antes, de todas las formas institucionales por las que se debe
que dos etnólogos del parentesco que han trabajado pasar hoy para comprender la vida social (el trabajo
acerca de una misma región europea puedan desde asalariado, la empresa, el deporte-espectáculo, los
ahora discutir entre ellos "cómo los especialistas de medios masivos de comunicación) desempeñan en
tal etnia africana", y Anthony P. Cohén puede todos los continentes un papel cada día más
sostener legítimamente que los trabajos sobre el importante. En segundo lugar, esta pregunta des-
parentesco llevados a cabo por Robin Fox en la isla plaza completamente a la primera: no es Europa lo
de Tory y por Marilyn Strathern en Elmdon ponen que está en cuestión sino la contemporaneidad en
de manifiesto, por una parte, el papel central que tanto tal, bajo los aspectos más agresivos o más mo-
desempeña el parentesco en "nuestras" sociedades lestos de la actualidad más actual.
y las estrategias que permite poner en práctica, y Es por lo tanto esencial no confundir la cues-
por otra, la pluralidad de culturas que coexisten en tión del método con la del objeto. Se ha dicho a
un país como la actual Gran Bretaña. menudo (el mismo Lévi-Strauss en varias oportu-
Debemos admitir que, así planteada, la pre- nidades) que el mundo moderno se presta a la
gunta es desconcertante: se trataría, en definitiva, observación etnológica, con. la sola condición de
de interrogarse ya sea acerca de un insuficiente poder aislar en él unidades de observación que

18 19
nuestros métodos de investigación sean capaces de no africano o en una empresa de los alrededores pa-
manejar. Y conocemos la importancia atribuida por risinos.
Gérard Althabe (que probablemente no sabía en su Dos observaciones pueden hacerse aquí. La
época que abría un camino de reflexión para nues- primera se refiere a la historia y la segunda a la
tros políticos) a los huecos de escalera, a la vida de antropología. Ambas se refieren a la preocupación
la escalera, en los conglomerados urbanos de Saint- del etnólogo por situar el objeto empírico de su
Denis en la periferia de Nantes. investigación, por evaluar su representatividad
El hecho de que la investigación etnológica cualitativa, pues aquí no se trata, para hablar con
tenga sus limitaciones, que son también sus venta- propiedad, de seleccionar muestras estadísticamente
jas, y que el etnólogo necesite circunscribir representativas sino de establecer si lo que vale
aproximativamente los límites de un grupo que él para un linaje vale también para otro, si lo que vale
para un poblado, vale para otros...: los problemas de
va a conocer y que lo reconocerá, es una evidencia definición de conceptos como los de "tribu" o
que no escapa a quienes hayan hecho trabajo de "etnia" se sitúan en esta perspectiva. La preocupa-
campo. Una evidencia que tiene, sin embargo, ción de los etnólogos los acerca y los diferencia al
muchos aspectos. El aspecto del método, la necesi- mismo tiempo de los historiadores de la micro-
dad de un contacto efectivo con los interlocutores historia. Digamos más bien —para respetar la
son una cosa. La representatividad del grupo elegi- anterioridad de los primeros— que los historiado-
do es otra: se trata en efecto de saber lo que nos res de la microhistoria se enfrentan a una preocu-
dicen aquellos a quienes hablamos y vemos acerca pación de etnólogos en tanto deben preguntarse
de aquellos a quienes no hablamos ni vemos. La ellos también acerca de la representatividad de los
actividad del etnólogo de campo es desde el comien- casos que analizan —la vida de un molinero del
zo una actividad de agrimensor social, de manipu- Frioul en el siglo XV por ejemplo— pero, para
lador de escalas, de comparador de poca monta: garantizar esta representatividad se ven obligados
fabrica un universo significante explorando, si es a recurrir a los conceptos de "huellas", de "indicios"
necesario por medio de rápidas investigaciones, o de excepcionalidad ejemplar, mientras que el
universos intermediarios, o consultando, como histo- etnólogo de campo, si trabaja a conciencia, tiene
riador, los documentos utilizables. Intenta saber, siempre la posibilidad de ir a ver un poco más lejos
por sí mismo y por los demás, de quién puede si aquello que ha creído poder observar al comienzo
pretender hablar cuando habla de aquellos a quie- sigue siendo válido. Es la ventaja de trabajar sobre
nes ha hablado. Nada permite afirmar que este el presente... modesta compensación de la ventaja
problema: de objeto empírico real, de representati- esencial que tienen los historiadores: ellos saben
vidad, se plantee de modo diferente en un gran rei- cómo sigue.

20 21
La segunda observación se refiere al objeto de plo del barrio de una ciudad o de un pueblo. Cuando
la antropología, pero esta vez a su objeto intelectual se han hecho monografías de este tipo, se presenta-
o, si se prefiere, a la capacidad de generalización del ban como una contribución a un inventario todavía
etnólogo. Es evidente que hay un trecho importan- incompleto y, la mayoría de las veces, al menos en
te entre la observación minuciosa de tal o tal el plano empírico, apoyándose en encuestas esbo-
poblado o el relevamiento de una cierta cantidad de zaban generalizaciones sobre el conjunto de un
mitos en una población determinada y la elabora- grupo étnico. La pregunta que se plantea en primer
ción de la teoría de las "estructuras elementales del lugar a propósito de la contemporaneidad cercana
parentesco" o las "mitológicas". El estructuralismo no consiste en saber si y cómo se puede hacer una
no es lo único que está en cuestión aquí. Todos los investigación en un conglomerado urbano, en una
grandes procedimientos antropológicos han tendi- empresa o en un club de vacaciones (bien o mal se
do mínimamente a elaborar un cierto número de logrará hacerlo) sino en saber si hay aspectos de la
hipótesis generales que podían, por cierto, encon- vida social contemporánea que puedan depender
trar su inspiración inicial en la exploración de un hoy de una investigación antropológica, de la mis-
caso singular pero que se remiten a la elaboración ma manera que las cuestiones del parentesco, de la
de configuraciones problemáticas que exceden alianza, del don y del intercambio, etc., se impusie-
ampliamente ese único caso: teorías de la brujería, ron en primer término a la atención (como objetos
de la alianza matrimonial; del poder o de las rela- empíricos) y luego a la reflexión (como objetos inte-
ciones de producción. lectuales) de los antropólogos del afuera. Conviene
Sin juzgar aquí la validez de estos esfuerzos de mencionar, a propósito de esto, respecto de las
generalización, tomaremos como pretexto su exis- preocupaciones (por cierto legítimas) de método,
tencia como parte constitutiva de la bibliografía aquello que llamaremos lo previo del objeto.
etnológica para hacer notar que el argumento de Este previo del objeto puede suscitar dudas en
peso, cuando se lo menciona a propósito de las cuanto a la legitimidad de la antropología de la
sociedades no exóticas, se refiere solamente a un contemporaneidad cercana. Louis Dumont, en su
aspecto concreto de la investigación, el método, prefacio a la reedición de La Tarasque, hacía notar,
entonces, y no el objeto: ni el objeto empírico, ni a en un pasaje que Martine Segalen cita en su intro-
fortiori el objeto intelectual, teórico, que supone no ducción a L'Autre et le semblable, que el
sólo la generalización sino también la compara- "deslizamiento de los centros de interés" y el cambio
ción. de las "problemáticas" (lo que se llamará aquí los
La cuestión del método no debería confundirse cambios de objetos empíricos e intelectuales) impi-
con la del objeto, pues el objeto de la antropología den a nuestras disciplinas ser simplemente
nunca ha sido la descripción exhaustiva, por ejem- acumulativas "y pueden llegar hasta a minar su

22 23
continuidad". Como ejemplo de cambio de centros importancia que ellos mismos (aun si, tratándose
de interés, menciona más particularmente, por de bretones, se pueda dudar de que las descuiden
oposición al estudio de la tradición popular, la totalmente). Si la antropología de la contem-
"comprensión a la vez más amplia y más diferencia- poraneidad cercana debiera efectuarse exclusiva-
da de la vida social en Francia, que no separa en mente según las categorías ya enumeradas, si no
absoluto lo no moderno de lo moderno, por ejemplo debieran construirse en ella nuevos objetos, el he-
el artesanado de la industria". cho de abordar nuevos terrenos empíricos respon-
No estoy seguro de que la continuidad de dería más a una curiosidad que a una necesidad.
una disciplina se mida por la de sus objetos. Tal
afirmación sería ciertamente dudosa aplicada a Estas cuestiones previas requieren una defini-
las ciencias de la vida, que no estoy seguro de que ción positiva de lo que es la investigación antropo-
sean acumulativas en el sentido al que alude la lógica, que se tratará de establecer aquí a partir de
frase de Dumont; cada vez que finaliza una dos comprobaciones.
investigación aparecen corno resultado nuevos La primera se refiere a la investigación antro-
objetos de estudio. Y esa afirmación me parece tanto pológica, que trata hoy la cuestión del otro. No es un
más discutible, a propósito de las ciencias de la vida tema con el cual se encuentre por casualidad: es su
social, porque siempre se trata de la vida social único objeto intelectual, a partir del cual le resulta
cuando cambian los modos de reagrupación y de posible definir diferentes campos de investigación.
jerarquización y se proponen así a la atención del Trata del presente, lo que basta para distinguirla
investigador nuevos objetos que tienen en común de la historia. Y lo trata simultáneamente en varios
con los que descubre el investigador en ciencias de sentidos, lo que la distingue de las otras ciencias
la vida el hecho de no suprimir aquellos sobre los sociales.
que él trabajaba inicialmente sino complicarlos. Trata de todos los otros: el otro exótico que se
Sin embargo, la inquietud de Louis Dumont define con respecto a un "nosotros" que se supone
resuena en aquellos mismos que se consagran a la idéntico (nosotros franceses, europeos, occidenta-
antropología del aquí y del ahora. Gérard les); el otro de los otros, el otro étnico o cultural, que
Althabe, Jacques Cheyronnaud y Béatrix Le se define con respecto a un conjunto de otros que se
Wita lo expresan en L'Autre et le semblable, y suponen idénticos, un "ellos" generalmente resu-
hacen notar humorísticamente que los bretones mido por un nombre de etnia; el otro social: el otro
"están mucho más preocupados por sus préstamos interno con referencia al cual se instituye un siste-
en el Crédito agrícola que por sus genealogías...". ma de diferencias que comienza por la división de
Pero, detrás de esta formulación, todavía se perfila los sexos pero que define también, en términos
la cuestión del objeto: nada dice que la antropología familiares, políticos, económicos, los lugares res-
deba acordar a la genealogía de los bretones más
25

24
pectivos de los unos y los otros, de suerte que no es Al mismo tiempo, le debemos a la antropología el
posible hablar de una posición en el sistema (ma- conocimiento de las sociedades lejanas y, más que
yor, menor, segundo, patrón, cliente, cautivo...) sin las que ha estudiado, le debemos este descubri-
referencia a un cierto número de otros; el otro miento: lo social comienza con el individuo; el
íntimo, por último, que no se confunde con el individuo depende de la mirada etnológica. Lo
anterior, que está presente en el corazón de todos concreto de la antropología está en las antípodas de
los sistemas de pensamiento, y cuya representa- lo concreto definido por ciertas escuelas sociológi-
ción, universal, responde al hecho de que la indivi- cas como aprehensible en los órdenes de magnitud
dualidad absoluta es impensable: la transmisión en los que se han eliminado las variables indivi-
hereditaria, la herencia, la filiación, el parecido, la duales."
influencia, son otras tantas categorías mediante Marcel Mauss, al analizar las relaciones entre
las cuales puede aprehenderse una alteridad com- psicología y sociología, reconocía sin embargo se-
plementaria, y más aún, constitutiva de toda indi- rias limitaciones a la definición de la individuali-
vidualidad. Toda la bibliografía consagrada a la dad sometida a la mirada etnológica. En un curioso
noción de persona, a la interpretación de la enfer- pasaje, precisa, en efecto, que el hombre estudiado
medad y a la hechicería testimonia el hecho de que por los sociólogos no es el hombre dividido, contro-
una de las cuestiones principales planteadas por la lado y dominado de la élite moderna, sino el hombre
etnología lo es también para aquellos que ésta ordinario o arcaico que se deja definir como una to-
estudia: la etnología se ocupa de lo que se podría talidad: "El hombre medio de nuestros días —ésto
llamar la alteridad esencial o íntima. Las represen- vale sobre todo para las mujeres— y casi todos los
taciones de la alteridad íntima, en los sistemas que hombres de las sociedades arcaicas o atrasadas, es
estudia la etnología, sitúan la necesidad en el una totalidad; es afectado en todo su ser por la me-
corazón mismo de la individualidad, e impiden por nor de sus percepciones o por el menor choque men-
eso mismo disociar la cuestión de la identidad tal. El estudio de esta "totalidad" es capital, en con-
colectiva de la de la identidad individual. Hay allí secuencia, para todo lo que no se refiere a la élite de
un ejemplo muy notable de lo que el contenido nuestras sociedades modernas" (pág. 306). Pero la
mismo de las creencias estudiadas por el etnólogo idea de totalidad, a la que sabemos que le daba tanta
puede imponer al hecho del que intenta dar cuenta: importancia Mauss, para quien lo concreto es lo
no es simplemente porque la representación del completo, limita y en cierto modo mutila la de indi-
individuo es una construcción social que le interesa vidualidad. Más exactamente, la individualidad en
a la antropología; es también porque toda represen- la que piensa Mauss es una individualidad repre-
tación del individuo es necesariamente una repre- sentativa de la cultura, una individualidad tipo.
sentación del vínculo social que le es consustancial. Podemos confirmarlo en el análisis que hace del

26 27
fenómeno social total, en cuya interpretación de - alemán. Tampoco nos sorprende que las
ben ser integrados, como lo apunta Lévi -Strauss en reacciones de las individualidades
su "Introducción a la obra de Marcel Mauss", no pretendidamente libres puedan captarse y aun
solamente el conjunto de los aspectos discontinuos preverse a partir de mues tras estadísticamente
bajo uno cualquiera de los cuales (familiar, técnico, significativas. Simplemen te, hemos aprendido
económico) se podría sentir la tentación de apre - paralelamente a dudar de las identidades
henderlo exclusivamente, sino también la visión absolutas, simples y sustanciales, tan to en el
que tiene o puede tener cualquiera de los nativos plano colectivo como en el individual. Las
que lo vive. La experiencia del hecho social total es culturas "trabajan" como la madera verde y no
doblemente concreta (y doblemente completa): ex - constituyen nunca totalidades acabadas (por
periencia de una sociedad precisamente razones intrínsecas y extrínsecas); y los
localizada en el tiempo y en el espacio, pero individuos, por simples que se los imagine, no
también de un in dividuo cualquiera de esa lo son nunca lo bastante como para no situarse
sociedad. Sólo que ese individuo no es con respecto al orden que les asigna u n lugar:
cualquiera: se identifica con la sociedad de la no expresan la totalidad sino bajo un cierto
cual no es si no una expresión y es significativo ángulo. Por otra parte, el carácter problemático
que, para dar una idea de lo que entiende por un de todo orden establecido no se manifestaría
individuo cualquiera, Mauss haya recurrido al quizá nunca como tal —en las guerras, las
artículo definido, refiriéndose por ejem plo a "el revueltas, los conflictos, las tensio nes— sin el
melanesio de tal o cual isla". El texto citado antes papirotazo inici al de una iniciativa individual.
nos aclara este punto . El melanesio no es Ni la cultura localizada en el tiempo y el
solamente total porque lo aprehendernos en sus espacio, ni los individuos en los cuales se encar -
diferentes dimensiones individuales, "física, fisio - na, definen un nivel de identidad básico más
lógica, psíquica y sociológica" sino porque es una acá del cual ya no sería pensable ninguna
individualidad de síntesis, expresión de una cultu - alteridad. Por supuesto, el "trabajo" de la
ra considerada también ella como un todo. cultura en sus márgenes, o las estrategias
Habría mucho que decir (y no se ha dicho poco) individuales en el inte rior de los sistemas
sobre esta concepción de la cultura y de la indivi - instituidos no deben tomarse en consideración en
dualidad. El hecho de que, bajo ciertos aspectos y la definición de ciertos objetos ( intelectuales)
en ciertos contextos, cultura e individualidad de investigación. Sobre este punto, las
puedan definirse como expresiones recíprocas discusiones y las polémicas h an padecido a
es una trivialidad, en todo caso, un lugar común, veces de mala fe o de miopía: destaquemos
del que nos servimos, por ejemplo, para decir que simplemente, por ejemplo, que el hecho de que
tal o cual una norma sea respetada o no, que pueda ser
persona es un bretón, un ingles, un auvernés o un eventualmente eludida o transgredida, no tiene
nada que ver con la consideración de todas sus
implicaciones lógicas,
28
29
las cuales constituyen ciertamente un verdade- La primera se refiere al tiempo, a nuestra
ro objeto de investigación. Por el contrario, hay percepción del tiempo, pero también al uso que
otros objetos de investigación que se someten a la hacemos de él, a la manera en que disponemos de
acción de los procedimientos de transformación o él. Para un cierto número de intelectuales, el tiem-
cambio, desviaciones, iniciativas o transgresiones. po ya no es hoy un principio de inteligibilidad. La
Es suficiente saber de qué se habla y nos basta idea de progreso, que implicaba que el después
aquí comprobar que, cualquiera que sea el nivel al pudiera explicarse en función del antes, ha encalla-
que se aplique la investigación antropológica, siem- do de alguna manera en los arrecifes del siglo XX,
pre tiene por objeto interpretar la interpretación al salir de las esperanzas o de las ilusiones que
que otros hacen de la categoría del otro en los habían acompañado la travesía de gran aliento en
diferentes niveles en que sitúan su lugar e imponen el siglo XIX. Este cuestionamiento, a decir verdad,
su necesidad: la etnia, la tribu, la aldea, el linaje o se refiere a varias comprobaciones distintas unas
cualquier otro modo de agrupación hasta llegar al de otras: las atrocidades de las guerras
átomo elemental de parentesco, que sabemos que mundiales, los totalitarismos y las políticas de
somete la identidad de la filiación a la necesidad de genocidio, que no testimonian, es lo menos que
la alianza; y el individuo, por último, que todos los se puede decir, un progreso moral de la
sistemas rituales definen como compuesto y petri- humanidad; el fin de los grandes relatos, es decir
ficado de alteridad, figura literalmente impensa- de los grandes sistemas de interpretación que
pretendían dar cuenta de la evolución del
ble, como lo son, en modalidades opuestas, la del conjunto de la humanidad y que no lo han logrado,
rey y la del hechicero. así corno se desviaron o se borraron los sistemas
La segunda comprobación no se refiere ya a la políticos que se inspiraban oficialmente en
antropología sino al mundo en el que descubre sus algunos de ellos; en total, o en adelante, una
objetos y, más particularmente, al mundo contem- duda sobre la historia como portadora de sentido,
poráneo. No es la antropología la que, cansada de duda renovada, podría decirse, pues recuerda ex-
terrenos exóticos, se vuelve hacia horizontes más trañamente a aquella en la que Paul Hazard creía
familiares, a riesgo de perder allí su continuidad, poder descubrir, en la bisagra de los siglos XVII
como teme Louis Dumont, sino el mundo contempo- y XVIII, el resorte de la querella entre los
ráneo mismo el que, por el hecho de sus transforma- Antiguos y los Modernos y de la crisis de la
ciones aceleradas, atrae la mirada antropológica, conciencia europea. Pero, si Fontenelle dudaba de
es decir, una reflexión renovada y metódica sobre la la historia, su duda se refería esencialmente a su
categoría de la alteridad. Dedicaremos una aten- método (anecdótico y poco seguro), a su objeto (el
ción especial a tres de estas transformaciones. pasado no nos habla más que de la locura de los
hombres) y a su utilidad (enseñar a los jóvenes la
30 época en la cual están

31
llamados a vivir). Si los historiadores, en Francia de las modas significa la desaparición de la moder-
especialmente, dudan hoy de la historia, no es por nidad como finalización de una evolución que se
razones técnicas o metodológicas (la historia como parecería a un progreso.
ciencia ha hecho progresos), sino porque, más fun- Este tema es inagotable, pero se puede encarar
damentalmente, experimentan grandes dificulta- desde otro punto de vista la cuestión del tiempo, a
des no sólo para hacer del tiempo un principio de partir de una comprobación muy trivial que pode-
inteligibilidad sino, más aún, para inscribir en él mos hacer cotidianamente: la historia se acelera.
un principio de identidad. Apenas tenemos tiempo de envejecer un poco que
Asimismo vemos que privilegian ciertos gran- ya nuestro pasado se vuelve historia, que nuestra
des temas llamados "antropológicos" (la familia, la historia individual pasa a pertenecer a la historia.
vida privada, los lugares de la memoria). Estas Las personas de mi edad conocieron en su infancia
investigaciones concuerdan con el gusto del público y en su adolescencia la especie de nostalgia silen-
por las formas antiguas, como si éstas les hablaran ciosa de los antiguos combatientes del 14-18, que
a nuestros contemporáneos de lo que son mostrán- parecía decirnos que ellos eran los que habían
doles lo que ya no son. Nadie expresa mejor este vivido la historia (¡y qué historia!), y que nosotros
punto de vista que Pierre Nora, en su prefacio al no comprenderíamos nunca verdaderamente lo que
primer volumen de los Lieux de mémoire: lo que eso quería decir. Hoy los años recientes, los sixties,
buscamos en la acumulación religiosa de los testi- los seventies, muy pronto los eighties, se vuelven
monios, de los documentos, de las imágenes, de historia tan pronto como hicieron su aparición. La
todos los "signos visibles de lo que fue", dice funda- historia nos pisa los talones. Nos sigue como nues-
mentalmente, es nuestra diferencia, y "en el espec- tra sombra, como la muerte. La historia, es decir,
táculo de esta diferencia el destello súbito de una una serie de acontecimientos reconocidos como
inhallable identidad. Ya no una génesis sino el acontecimientos por muchos (Los Beatles, el 68, la
desciframiento de lo que somos a la luz de lo que ya guerra de Argelia, Vietnam, el 81, la caída del muro
no somos". de Berlín, la democratización de los países del Este,
Esta comprobación de conjunto corresponde la guerra del Golfo, el desmembramiento de la
también a la desaparición, inmediatamente des- URSS), acontecimientos que sabemos que tendrán
pués de la guerra, de las referencias sartreana y importancia para los historiadores de mañana o de
marxista para las cuales lo universal era, a fin de pasado mañana y a los cuales cada uno de nosotros,
cuentas y del análisis, la verdad de lo particular, y por consciente que sea de no ser nada más en este
corresponde además a lo que se podría llamar, asunto que Fabrice en Waterloo, puede agregar
según muchos otros, la sensibilidad posmoderna algunas circunstancias o algunas imágenes parti-
para la cual una moda vale lo mismo que otra, y el culares, como si cada día fuera menos cierto que los
patchwork
33
32
hombres, que hacen la historia (y si no ¿quién ofrece muchos otros ejemplos. Esta superabundan-
otro?), no saben que la hacen. ¿No es esta super- cia, que no puede ser plenamente apreciada más
abundancia misma (en un planeta cada día más que teniendo en cuenta por una parte la super-
estrecho, como veremos luego) la que plantea pro- abundancia de la información de la que dispone-
blemas al historiador de la contemporaneidad? mos y por otra las interdependencias inéditas de lo
Precisemos este punto. El acontecimiento siem- que algunos llaman hoy el "sistema planetario",
pre fue un problema para los historiadores que plantea incontestablemente un problema a los his-
entendían ahogarlo en el gran movimiento de la toriadores, especialmente a los de la contemporanei-
historia y lo concebían como un puro pleonasmo dad, denominación que a causa de la frecuencia de
entre un antes y un después concebido él mismo acontecimientos de los últimos decenios corre el
como el desarrollo de ese antes. Más allá de las riesgo de perder toda significación. Pero este pro-
polémicas, es el sentido del análisis que propone blema es precisamente de naturaleza antropoló-
Francois Furet de la Revolución, acontecimiento gica.
por excelencia. ¿Qué nos dice en Penser la Révolu- Escuchemos a Furet cuando define la dinámica
tion? Que, desde el día en que estalla la Revolución, de la Revolución como acontecimiento. Es una
el acontecimiento revolucionario "instituye una dinámica, dice, "que se podrá llamar política, ideo-
nueva modalidad de la acción histórica, que no está lógica o cultural, para decir que su poder multipli-
catalogada en el inventario de esa situación". El cado de movilización de los hombres y de acción
acontecimiento revolucionario (pero la Revolución sobre las cosas pasa por una sobrecarga de senti-
es en este sentido ejemplarmente acontecedera) no dos" (pág. 39). Este sobredimensionamiento de
es reductible a la suma de los factores que la han sentidos, ejemplarmente juzgado desde el punto de
hecho posible y, después, pensable. Estaríamos vista antropológico, es también el que testimonian,
equivocados si limitáramos este análisis al solo al precio de contradicciones cuyo despliegue no
caso de la Revolución. " hemos terminado de observar, numerosos aconteci-
La "aceleración" de la historia corresponde de mientos contemporáneos; por ejemplo, cuando se
hecho a una multiplicación de acontecimientos ge- hunden en un abrir y cerrar de ojos regímenes cuya
neralmente no previstos por los economistas, los caída nadie osaba prever; pero también, y más aún
historiadores ni los sociólogos. Es la superabun- tal vez, en ocasión de crisis larvadas que afectan la
dancia de acontecimientos lo que resulta un proble- vida política, social y económica de los países libe-
ma, y no tanto los horrores del siglo XX (inéditos rales y de las cuales hemos tomado insensiblemente
por su amplitud, pero posibilitados por la la costumbre de hablar en términos de sentido. Lo
tecnología), ni la mutación de los esquemas que es nuevo no es que el mundo no tenga, o tenga
intelectuales o los trastornos políticos, de los poco, o menos sentido, sino que experimentemos
cuales la historia nos explícita e intensamente la necesidad cotidiana de

35
34
darle alguno: de dar sentido al mundo, no a tal tiempo se debe a la superabundancia de aconteci-
pueblo o a tal raza. Esta necesidad de dar un mientos del mundo contemporáneo, no al derrum-
sentido al presente, si no al pasado, es el rescate de be de una idea de progreso desde hace largo tiempo
la superabundancia de acontecimientos que co- deteriorada, por lo menos bajo las formas
rresponde a una situación que podríamos llamar de caricaturescas que hacen particularmente fácil su
"sobremodernidad" para dar cuenta de su modali- denuncia. El tema de la historia inminente, de la
dad esencial: el exceso. historia que nos pisa los talones (casi inmanente en
Pues cada uno de nosotros sabe o cree saber la vida cotidiana de cada uno) aparece como previo
cómo usar este tiempo sobrecargado de aconteci- al del sentido o el sin sentido de la historia, pues es
mientos que estorban tanto el presente como el nuestra exigencia de comprender todo el presente
pasado cercano. Lo cual, destaquémoslo, no puede lo que da como resultado nuestra dificultad para
sino llevarnos a exigir aun más sentido. La prolon- otorgar un sentido al pasado reciente: la demanda
gación de la expectativa de vida, el pasaje a la positiva de sentido (uno de cuyos aspectos esencia-
coexistencia habitual de cuatro y ya no de tres les es sin duda el ideal democrático), que se mani-
generaciones entrañan progresivamente cambios fiesta en los individuos de las sociedades contempo-
prácticos en el orden de la vida social. Pero, parale- ráneas, puede explicar paradójicamente los fenó-
lamente, amplían la memoria colectiva, genealógica menos que son a veces interpretados como los
e histórica, y multiplican las ocasiones en las que signos de una crisis de sentido y, por ejemplo, las
cada individuo puede tener la sensación de que su decepciones de todos 1os desengañados de la Tierra:
historia atraviesa la Historia y que ésta concierne desengañados del socialismo, desengañados del li-
a aquélla. Sus exigencias y sus decepciones están beralismo y, muy pronto, desengañados del pos-
ligadas a la consolidación de ese sentimiento. comunismo.
Es, pues, con una figura del exceso —el exceso La segunda transformación acelerada propia
de tiempo— con lo que definiremos primero la del mundo contemporáneo, y la segunda figura del
situación de sobremodernidad, sugiriendo que, por exceso característica de la sobremodernidad, co-
el hecho mismo de sus contradicciones, ésta ofrece rresponde al espacio. Del exceso de espacio podría-
un magnífico terreno de observación y, en el sentido mos decir en primer lugar, aquí otra vez un poco
pleno del término, un objeto para la investigación paradójicamente, que es correlativo del achica-
antropológica. De la sobremodernidad se podría miento del planeta; de este distanciamiento de
decir que es el anverso de una pieza de la cual la nosotros mismos al que corresponden la actuación
posmodernidad sólo nos "presenta el reverso: el de los cosmonautas y la ronda de nuestros satélites.
positivo de un negativo. Desde el punto de vista de En un sentido, nuestros primeros pasos en el espa-
la sobremodernidad, la dificultad de pensar el cio nos lo reducen a un punto ínfimo, cuya exacta

37
36
medida nos la dan justamente las fotos tomadas la gran historia, cuya silueta es tan habitual para
por satélite. Pero el mundo, al mismo tiempo, se nos nosotros como la de los héroes de folletín o la de las
abre. Estamos en la era de los cambios en escala, en vedettes internacionales de la vida artística o de-
lo que se refiere a la conquista espacial, sin duda, portiva. Son corno los paisajes donde las vemos
pero también sobre la Tierra: los veloces medios de moverse regularmente: Texas, California, Was-
transporte llegan en unas horas a lo sumo de hington, Moscú, el Elíseo, Twickenham, Aubisque
cualquier capital del mundo a cualquier otra. En la o el desierto de Arabia; aun si no los conocemos, los
intimidad de nuestras viviendas, por último, imá- reconocemos.
genes de todas clases, recogidas por los satélites y Esta superabundancia espacial funciona como
captadas por las antenas erigidas sobre los techos un engaño, pero un engaño cuyo manipulador sería
del más recóndito de los pueblos, pueden darnos muy difícil de identificar (no hay nadie detrás del
una visión instantánea y a veces simultánea de un espejismo). Constituye en gran parte un sustituto
acontecimiento que está produciéndose en el otro de los universos que la etnología ha hecho suyos
extremo del planeta. Presentimos seguramente los tradicionalmente. De estos universos, en gran me-
efectos perversos o las distorsiones posibles de una dida ficticios, se podría decir que son esencialmente
información con imágenes así seleccionadas: no universos de reconocimiento. Lo propio de los
solamente puede ser, como se ha dicho, manipula- universos simbólicos es constituir para los hombres
da, sino que la imagen (que no es más que una entre que los han recibido como herencia un medio de
millares de otras posibles) ejerce una influencia y reconocimiento más que de conocimiento: universo
posee un poder que excede en mucho la información cerrado donde todo constituye signo, conjuntos de
objetiva de que es portadora. Por otra parte, es códigos que algunos saben utilizar y cuya clave
necesario comprobar que se mezclan cotidia- poseen, pero cuya existencia todos admiten, totali-
namente en las pantallas del planeta las imágenes dades parcialmente ficticias pero efectivas,
de la información, las de la publicidad y las de la cosmologías que podrían pensarse concebidas para
ficción, cuyo tratamiento y finalidad no son idénti- hacer las delicias de los etnólogos. Pues las fanta-
cos, por lo menos en principio, pero que componen sías de los etnólogos se tocan en este punto con las
bajo nuestros ojos un universo relativamente ho- de los nativos que estudian. La etnología se preocu-
mogéneo en su diversidad. ¿Hay algo más realista pó durante mucho tiempo por recortar en el mundo
y, en un sentido, más informativo, sobre la vida en espacios significantes, sociedades identificadas con
los EE.UU, que una buena serie norteamericana? culturas concebidas en sí mismas como totalidades
Habría que tomar también en consideración esa plenas; universos de sentido en cuyo interior los
especie de falsa familiaridad que la pantalla chica individuos y los grupos que no son más que su
establece entre los teleespectadores y los actores de expresión se definen con respectó a los mismos

38 39
criterios, a los mismos valores y a los mismos una tradición etnológica con el de cultura localizada
procedimientos de interpretación. en el tiempo y en el espacio. Los no lugares son
No volveremos sobre una concepción de la tanto las instalaciones necesarias para la circula-
cultura y de la individualidad ya criticada antes. ción acelerada de personas y bienes (vías rápidas,
Basta con decir que esta concepción ideológica empalmes de rutas, aeropuertos) como los medios
refleja tanto la ideología de los etnólogos como la de de transporte mismos o los grandes centros comer-
aquellos a quienes estudian, y que la experiencia ciales, o también los campos de tránsito prolongado
del mundo sobremoderno puede ayudar a los donde se estacionan los refugiados del planeta.
etnólogos a deshacerse de ella, o, más exactamente, Pues vivimos en una época, bajo este aspecto tam-
a medir su alcance. Pues esta experiencia reposa, bién, paradójica: en el momento mismo en que la
entre otras cosas, sobre una organización del espa- unidad del espacio terrestre se vuelve pensable y
cio que el espacio de la modernidad desborda y en el que se refuerzan las grandes redes multina-
relativiza. Aquí una vez más hay que entenderse: cionales, se amplifica el clamor de los particularis-
así como la inteligencia del tiempo —creímos— se mos: de aquellos que quieren quedarse solos en su
complica más por la superabundancia de aconteci- casa o de aquellos que quieren volver a tener patria,
mientos del presente de lo que resulta socavada por como si el conservadurismo de los unos y el mesia-
una subversión radical de los modos prevalecientes nismo de los otros estuviesen condenados a hablar
de la interpretación histórica, del mismo modo, la el mismo lenguaje: el de la tierra y el de las raíces.
inteligencia del espacio la subvierten menos los Se podría pensar que el desplazamiento de los
trastornos en curso (pues existen todavía terruños parámetros espaciales (la superabundancia espa-
y territorios, en la realidad de los hechos de terreno cial) le presenta al etnólogo dificultades del mismo
y, más aún, en la de las conciencias y la imagina- orden que las que encuentran los historiadores
ción, individuales y colectivas) de lo que la complica ante la superabundancia de acontecimientos. Se
la superabundancia espacial del presente. Esta trata de dificultades del mismo orden, en efecto,
concepción del espacio se expresa, como hemos vis- pero, para la investigación antropológica, particu-
to, en los cambios en escala, en la multiplicación de larmente estimulantes. Cambios en escala, cam-
las referencias imaginadas e imaginarias y en la bios de parámetros: nos falta, como en el siglo
espectacular aceleración de los medios de transporte XIX, emprender el estudio de civilizaciones y de
y conduce concretamente a modificaciones físicas culturas nuevas.
considerables: concentraciones urbanas, traslados Poco importa que en cierta medida tomemos o
de poblaciones y multiplicación de lo que lla- no partido pues estamos lejos, cada uno por su
maríamos los "no lugares", por oposición al concepto parte, de dominar todos los aspectos, todo lo contra-
sociológico de lugar, asociado por Mauss y toda rio. Inversamente, las culturas exóticas no les pa-
40
41
recían antes a los observadores occidentales tan desconstructivista aplicada al corpus etnográfico
diferentes como para no sentirse tentados al prin- nos enseñe mucho más que trivialidades y
cipio a leerlas a través de las grillas etnocentristas obviedades (por ejemplo que Evans -Pritchard vivía
de sus propias costumbres. Si la experiencia lejana en la época colonial). Pero, por el contrario, es
nos ha enseñado a descentralizar nuestra mirada, posible que la etnología se desvíe y cambie sus
debemos sacar provecho de esta experiencia. El terrenos de estudio por el estudio de aquellos que
mundo de la supermodernidad no tiene las medi- han hecho terreno.
das exactas de aquel en el cual creemos vivir, pues La antropología posmoderna depende (digá-
vivimos en un mundo que no hemos aprendido a moslo en represalia) de un análisis de la sobremoder-
mirar todavía. Tenemos que aprender de nuevo a nidad de la cual su método reductor (del terreno al
pensar el espacio. texto y del texto al autor) no es sino una expresión
La tercera figura del exceso con la que se podría particular.
definir la situación de sobremodernidad, la conoce- En las sociedades occidentales, por lo menos, el
mos. Es la figura del ego, del individuo, que vuelve, individuo se cree un mundo. Cree interpretar para
como se suele decir, hasta en la reflexión y por sí mismo las informaciones que se le entregan.
antropológica puesto que, a falta de nuevos terre- Los sociólogos de la religión pusieron de manifiesto
nos, en un universo sin territorios, y de aliento el carácter singular de la práctica católica misma:
teórico, en un mundo sin grandes relatos, los los practicantes entienden practicar a su modo.
etnólogos, ciertos etnólogos, después de haber in- Asimismo, la cuestión de la relación entre los sexos
tentado tratar a las culturas (las culturas localiza- quizá no pueda ser superada sino en nombre del
das, las culturas a lo Mauss) como textos, llegaron valor individual indiferenciado. Esta individuali-
a interesarse exclusivamente en la descripción zación de los procedimientos, notémoslo, no es tan
etnográfica como texto: texto expresivo de su autor sorprendente si se refiere a los análisis anteriores:
naturalmente, de suerte que si le creemos a James nunca las historias individuales han tenido que ver
Clifford, los nuer nos enseñarían más sobre Evans - tan explícitamente con la historia colectiva, pero
Pritchard que éste sobre aquéllos. Sin poner en nunca tampoco los puntos de referencia de la iden-
cuestión aquí el espíritu de la investigación tidad colectiva han sido tan fluctuantes. La produc-
hermenéutica, según el cual los intérpretes se cons - ción individual de sentido es, por lo tanto, más
truyen a sí mismos a través del estudio que hacen necesaria que nunca. Naturalmente, la sociología
de los otros, se sugerirá que, tratándose de etnología puede poner perfectamente de manifiesto las ilu-
y de literatura etnológica, la hermenéutica de poco siones de las que procede esta individualización de
alcance corre el riesgo de la trivialidad. En efecto, los procedimientos y los efectos de reproducción y
no es cierto que la crítica literaria de corte de estereotipia que escapan en su totalidad o en

42 43
parte a la conciencia de los actores. Pero el carácter cida, es decir, a aquellos individuos humanos que
singular de la producción de sentido, reemplazado están en condiciones de tomarse a sí mismos como
por todo un aparato publicitario —que habla del objeto de una operación reflexiva.
cuerpo, de los sentidos, de la frescura de vivir— y Sin embargo, Freud tiene perfecta conciencia
todo un lenguaje político, centrado en el tema de las de que el hombre alienado del que habla, alienado
libertades individuales, es interesante en sí mis- en las diversas instituciones, por ejemplo la reli-
mo: remite a lo que los etnólogos estudiaron en los gión, es también todo el hombre o todo hombre,
otros, bajo rubros diversos, por ejemplo eso que se empezando por el propio Freud o por cualquiera de
podría llamar las antropologías, más que las aquellos que están en situación de observar en sí
cosmologías, locales, es decir, los sistemas de repre- mismos los mecanismos y los efectos de la aliena-
sentación que permiten dar forma a las categorías ción. Esta alienación necesaria es también aquella
de la identidad y de la alteridad. de la que habla Lévi -Strauss cuando escribe en su
Así se les plantea hoy en términos nuevos a los "Introducción a la obra de Marcel Mauss" que,
antropólogos un problema que suscita las mismas hablando con propiedad, el que llamamos sano de
dificultades que enfrentó Mauss y, después de él, el espíritu está alienado, puesto que consiente en
conjunto de la corriente culturalista: ¿cómo pensar existir en un mundo definido por la relación con los
y situar al individuo? Michel de Certeau, en demás.
L'Invention du quotidien, habla de "astucias de las Se sabe que Freud practicó el autoanálisis. Hoy
artes de hacer" que permiten a los individuos some - se les plantea a los antropólogos la cuestión, de
tidos a las coacciones globales de la sociedad mo - saber cómo integrar en su análisis la subjetividad
derna, especialmente la sociedad urbana, desviar- de aquellos que observan, es decir, a fin de cuentas,
las, utilizarlas y, por una suerte de bricolage coti- en vista del nuevo estatuto del individuo en nues-
diano, trazar en ellas su decoración y sus itinera- tras sociedades, saber cómo redefinir las condicio-
rios particulares. Pero estas astucias y estas artes nes de la representatividad. No se puede descartar
de hacer (Michel de Certeau era consciente de ello) que el antropólogo, siguiendo el ejemplo de Freud,
remiten ora a la multiplicidad de los individuos se considere como un nativo de su propia cultura,
término medio (el colmo de lo concreto), ora al en suma, un informante privilegiado, y se arries-
término medio de los individuos (una abstracción). gue a algunos ensayos de autoanálisis.
Freud, asimismo, en sus obras de finalidad socioló- Más allá del acento importante que hoy se pone
gica (El malestar en la cultura, El porvenir de una sobre la referencia individual o, si se quiere, sobre
ilusión), utilizaba la expresión "hombre ordinario" la individualización de las referencias, a lo que
(der gemeine Mann) para oponer, un poco como habría que prestar atención es a los hechos de
Mauss, la media de los individuos a la élite esclare- singularidad: singularidad de los objetos, singula-

44 45
ridad de los grupos o de las pertenencias, antropológico, no sólo porque las tres figuras del
recomposición de lugares, singularidades de todos exceso no son sino la forma actual de una materia
los órdenes que constituyen el contrapunto paradó- prima perenne que es la materia misma de la
jico de los procedimientos de puesta en relación, de antropología, sirio también porque en las situacio-
aceleración y de deslocalización rápidamente redu- nes de sobremodernidad (como en aquellas que la
cidos y resumidos a veces por expresiones como antropología analizó con el nombre de "acul-
"homogeneización, o mundialización, de la cultu- turación") los componentes se adicionan sin des-
ra". truirse. Así se les puede asegurar por adelantado a
La cuestión de las condiciones de realización de aquellos a quienes apasionan los fenómenos estu-
una antropología de la contemporaneidad debe diados por la antropología (desde la "alianza a la
desplazarse del método al objeto. No es que las religión, desde el intercambio al poder, desde la
cuestiones de método no tengan una importancia posesión a la hechicería): no están a punto de
determinante, o inclusive que puedan ser entera- desaparecer, ni en África ni en Europa. Pero volve-
mente disociadas de la del objeto. Pero la cuestión rán a tener sentido (recobrarán su sentido) con el
del objeto es una cosa previa. Constituye incluso un resto, en un mundo diferente, cuyas razones y
doble previo, puesto que, antes de interesarse en sinrazones los antropólogos de mañana tendrán
las nuevas formas sociales, en los nuevos modos de que comprender, como hoy.
sensibilidad o en las nuevas instituciones que
pueden aparecer como características de la
contemporaneidad actual, es necesario prestar aten-
ción a los cambios que han afectado a las grandes
categorías a través de las cuales los hombres pien-
san su identidad y sus relaciones recíprocas. Las
tres figuras del exceso con las que hemos tratado de
caracterizar la situación de sobremodernidad (la
superabundancia de acontecimientos, la superabun-
dancia espacial y la individualización de las refe-
rencias) permiten captar esta situación sin ignorar
sus complejidades y contradicciones, pero sin con-
vertirlas tampoco en el horizonte infranqueable de -
una modernidad perdida de la que no tendríamos
más que seguir las huellas, catalogar los elementos
aislados o inventariar los archivos. El siglo XXI
será
47
46
El lugar antropológico

El lugar común al etnólogo y a aquellos de los


que habla es un lugar, precisamente: el que
ocupan los nativos que en él viven, trabajan, lo
defienden, marcan sus puntos fuertes, cuidan las
fronteras pero señalan también la huella de las
potencias infernales o celestes, la de los
antepasados o de los espíritus que pueblan y
animan la geografía íntima, como si el pequeño
trozo de humanidad que les dirige en ese lugar
ofrendas y sacrificios fuera también la
quintaesencia de la humanidad, como si no
hubiera humanidad digna de ese nombre más que
en el lugar mismo del culto que se les consagra,
Y el etnólogo, por el contrario, se vanagloria de
poder descifrar a través de la organización del
lugar (la frontera siempre postulada y balizada
entre naturaleza salvaje y naturaleza cultivada, la
repartición permanente o provisional de las
tierras de cultivo o de las aguas para la pesca, el
plano de los pueblos, la disposición del habitat y
las reglas de residencia, en suma, la geografía
económica, social, política y religiosa del grupo)
un orden tanto más coercitivo, y en todo caso
evidente, en la medida en

49
que su transcripción en el espacio le da la aparien- sistemática de la naturaleza que han operado todas
cia de una segunda naturaleza. El etnólogo se ve así las sociedades, aun las nómades, prolonga la fanta-
como el más sutil y el más sabio de los nativos. sía y alimenta la ilusión.
Este lugar común al etnólogo y a sus nativos es La fantasía de los nativos es la de un mundo
en un sentido (en el sentido del latín invenire) una cerrado fundado de una vez y para siempre que, a
invención: ha sido descubierto por aquellos que lo decir verdad, no debe ser conocido. Se conoce ya
reivindican como propio. Los relatos de fundación todo lo que hay que conocer: las tierras, el bosque,
son raramente relatos de autoctonía; más a menu- los orígenes, los puntos notables, los lugares de
do son por el contrario relatos que integran a los culto, las plantas medicinales, sin desconocer las
genios del lugar y a los primeros habitantes en la dimensiones temporales de un estado de los luga-
aventura común del grupo en movimiento. La mar- res en el cual los relatos de origen y el calendario
ca social del suelo es tanto más necesaria cuanto ritual postulan su legitimidad y aseguran en prin-
que no es siempre original. El etnólogo, por su cipio su estabilidad. Dado el caso, es necesario
parte, también descubre esta marcación. Sucede reconocerse en él. Todo acontecimiento imprevisto,
incluso que su intervención y su curiosidad pueden aun si, desde el punto de vista ritual, es perfecta-
despertar en aquellos a quienes investiga el gusto mente previsible y recurrente, como lo son los
por sus orígenes que pudieron atenuar, ahogar a nacimientos, las enfermedades y la muerte, exige
veces, los fenómenos ligados a la actualidad más que se lo interprete, no para ser conocido, a decir
reciente: las migraciones hacia la ciudad, los nue- verdad, sino para ser reconocido, es decir para ser
vos poblamientos, la extensión de las culturas digno de un discurso, de un diagnóstico en los
industriales. términos ya catalogados cuyo enunciado no sea
Por cierto, en el origen de esta doble invención susceptible de chocar a los guardianes de la ortodo-
existe una realidad, que le provee su materia prima xia cultural y la sintaxis social. Que los términos de
y su objeto. Pero ésta puede engendrar también este discurso sean voluntariamente espaciales no
fantasías e ilusiones: fantasía del nativo, de una podría sorprender, a partir del momento en que el
sociedad anclada desde tiempos inmemoriales en dispositivo espacial es a la vez lo que expresa la
la perennidad de un terruño intocado más allá del identidad del grupo (los orígenes del grupo son a
cual nada es ya verdaderamente pensable; ilusión menudo diversos, pero es la identidad del lugar la
del etnólogo, de una sociedad tan transparente en que lo funda, lo reúne y lo une) y es lo que el grupo
sí misma que se expresa entera en la menor de sus debe defender contra las amenazas externas e
costumbres, en cualquiera de sus instituciones así internas para que el lenguaje de la identidad con-
como en la personalidad global de cada uno de los serve su sentido.
que la componen. La consideración de la cuadrícula Una de mis primeras experiencias etnológicas,

50 51
la interrogación del cadáver en el país aladiano, ño lo protegieron bien. El territorio se mantuvo
fue, desde este punto de vista, ejemplar: tanto más contra las amenazas de agresiones exteriores o de
ejemplar cuanto que, según modalidades varia- escisiones internas, cosa que no siempre sucede, lo
bles, está muy extendida en el África occidental y se sabemos: en este sentido, también, los dispositivos
encuentran en otras partes del mundo técnicas de la adivinación y de la prevención han sido
equivalentes. Se trataría, grosso modo, de hacer eficaces. Esta eficacia puede medirse a escala de la
decir al cadáver si el responsable de su muerte se familia, de los linajes, del pueblo o del grupo.
encontraba en el exterior de los pueblos aladianos Aquellos que toman a su cargo la gestión de las
o en uno de ellos, en el interior mismo del pueblo peripecias puntuales, el esclarecimiento y la reso-
donde se desarrollaba la ceremonia o en el exterior lución de las dificultades concretas son siempre
(y en este caso, al este o al oeste), en el interior o en más numerosos que los que son sus víctimas o que
el exterior de su propio linaje, de su propia casa, etc. los que cuestionan: existe solidaridad entre la gente
Sucedía por otra parte que el cadáver, haciendo un y el sistema funciona bastante bien.
cortocircuito en la lenta progresión del cuestiona- Semifantasía también porque, si nadie duda
rio, arrastraba al cortejo de sus portadores hacia de la realidad del lugar común y de las potencias
una "choza" en la que rompía la empalizada o la que lo amenazan o lo protegen, nadie ignora tampo-
puerta de entrada, significando con eso a sus co, nadie ha ignorado nunca ni la realidad de los
interrogadores que no tenían que buscar más lejos. otros grupos (en África, numerosos relatos de fun-
No se podría expresar mejor que la identidad del dación son ante todo relatos de guerra y de huida)
grupo étnico (en este caso la del grupo compuesto y por lo tanto también de los otros dioses, ni la
por los aladianos), que exige evidentemente un necesidad de comerciar o de ir a buscar mujer en
buen dominio de sus tensiones internas, pasa por otra parte. Nada permite pensar que ayer más que
una revisión constante del buen estado de sus hoy la imagen de un mundo cerrado y autosuficiente
fronteras exteriores e interiores... y es significativo haya sido, para aquellos mismos que la difundían
que tengan o hayan tenido que ser reformuladas, y, por función, se identificaban con ella, otra cosa
repetidas y reafirmadas en ocasión de casi cada que una imagen útil y necesaria, no una mentira
muerte individual, sino un mito aproximativamente inscrito en el
La fantasía del lugar fundado e incesantemen- suelo, frágil como el territorio cuya singularidad
te refundador no es sino una semifantasía. Ante fundaba el sujeto, como lo son las fronteras, con
todo, funciona bien o, mejor dicho, ha funcionado rectificaciones eventuales pero condenado, por esta
bien: las tierras fueron valorizadas, la naturaleza misma razón, a hablar siempre del último despla-
fue domesticada, la reproducción de las generacio- zamiento como de la primera fundación.
nes, asegurada; en este sentido los dioses del terru- En este punto la ilusión del etnólogo se toca con

53
52
la semifantasía de los nativos. No es, tampoco, total es ante todo el hecho social totalmente perci-
más que una semiilusión. Pues si el etnólogo se bido, es decir el hecho social en cuya interpretación
siente evidentemente muy tentado a identificar a está integrada la visión que puede tener de él
aquellos que estudia con el paisaje donde los cualquiera de los nativos que lo vive. Sólo que este
descubre y con el espacio al que ellos le dieron ideal de interpretación exhaustiva, que podría des-
una forma, tampoco ignora más que ellos las corazonar a cualquier novelista, por los esfuerzos
vicisitudes de su historia, su movilidad, la múltiples de imaginación que le exigiría, se basa en
multiplicidad de los espacios a los que se refieren una concepción muy particular del hombre "me-
y la fluctuación de sus fronteras. Puede inclusive, dio", definido también él como algo "total porque,
igual que ellos, sentir la tentación de tomar sobre a diferencia de los representantes de la élite moder-
los trastornos actuales la medida ilusoria de su na, "es afectado en todo su ser por la menor de sus
estabilidad pasada. Cuando las aplanadoras borran percepciones o por el menor shock mental" (pág.
el terruño, cuando los jóvenes parten a la ciudad 306). El hombre "medio", para Mauss, es, en la
o cuando se instalan "alóctonos", en el sentido sociedad moderna, cualquiera de las personas que
más concreto, más espacial, se borran, con las no pertenecen a la élite. Pero el arcaísmo no conoce
señales del territorio, las de la identidad. " sino el término medio. El hombre "medio" es seme-
Pero allí no está lo esencial de su tentación, que jante a "casi todos los hombres de las sociedades
es intelectual y de la que es testimonio de vieja data arcaicas o atrasadas" en que presenta como ellos
la tradición etnológica. una vulnerabilidad y una permeabilidad al entor-
La llamaremos, recurriendo a una noción que no inmediato que permiten precisamente definirlo
esta tradición misma ha usado y de la que ha como "total".
abusado en varias circunstancias, la "tentación No es del todo evidente que, a los ojos de Mauss,
de la totalidad". Volvamos un instante al uso que la sociedad moderna constituya por eso un objeto
hacía Mauss del concepto de hecho social y al etnológico dominable. Pues el objeto del etnólogo,
comentario que propone Levi-Strauss. La totalidad para él, son las sociedades precisamente localiza-
del hecho social, para Mauss, remite a otras dos das en el espacio y en el tiempo. En el terreno ideal
totalidades: la suma de las diversas instituciones del etnólogo (el de las sociedades "arcaicas o atrasa-
que entran en su composición, pero también el das"), todos los hombres son "medios" (podríamos
conjunto de las diversas dimensiones con respecto decir "representativos"); por lo tanto, allí la locali-
a las cuales se define la individualidad de cada uno zación en el tiempo y en el espacio es fácil de
de aquellos que la viven y participan de ella. Lévi- efectuar: vale para todos, y la división en clases, las
Strauss, lo hemos visto, ha resumido notablemente migraciones, la urbanización, la industrialización
este punto de vista al sugerir que el hecho social no vienen a dividir las dimensiones y a enredar la

55
54
lectura. Detrás de las ideas de totalidad y de socie- ignorar a la vez su carácter intrínsecamente pro-
dad localizada; existe la de una transparencia blemático, del que dan testimonio sin embargo en
entre cultura, sociedad e individuo. cada momento sus reacciones ante las otras cultu-
La idea de la cultura como texto, que es uno de ras o ante las sacudidas de la historia, y la comple-
los últimos avatares del culturalismo norteameri- jidad de una trama social y de posiciones individua-
cano, está ya presente toda entera en la de la les que no se pueden nunca deducir del "texto"
sociedad localizada. Guando, para ilustrar la nece- cultural. Pero no habría que ignorar la parte de
sidad de integrar en el análisis del hecho social realidad que subyace en la fantasía nativa y en la
total el de un "individuo cualquiera'" de esa socie- ilusión etnológica: la organización del espacio y la
dad. Mauss cita "el melanesio de tal o cual isla", es constitución de lugares son, en el interior de un
significativo ciertamente que haya recurrido al mismo grupo social, una de las apuestas y una de
artículo definido (este melanesio es un prototipo, las modalidades de las prácticas colectivas e indivi-
como lo serán, en otro tiempo y bajo otros cielos, duales. Las colectividades (o aquellos que las diri-
muchos sujetos étnicos promovidos a la ejem- gen), como los individuos que se incorporan a ellas,
plaridad). pero también es significativo que una tienen necesidad simultáneamente de pensar la
isla (una islita) sea propuesta ejemplarmente como identidad y la relación y, para hacerlo, de simboli-
el lugar por excelencia de la totalidad cultural. De zar los constituyentes de la identidad compartida
una isla, se pueden delinear o dibujar sin vacila- (por el conjunto de un grupo), de la identidad
ción los contornos y las fronteras; de isla en isla, en particular (de tal grupo o de tal individuo con
el interior de un archipiélago, los circuitos de la respecto a los otros) y de la identidad singular (del
navegación y del intercambio componen itinerarios individuo o del grupo de individuos en tanto no son
fijos y reconocidos que delinean una clara frontera semejantes a ningún otro). El tratamiento del espa-
entre la zona de identidad relativa (de identidad cio es uno de los medios de esta empresa y no es de
reconocida y de relaciones instituidas) y el mundo extrañar que el etnólogo sienta la tentación de
exterior, el mundo de la extranjeridad absoluta. El efectuar en sentido inverso el recorrido del espacio
ideal para el etnólogo deseoso de caracterizar las a lo social, como si éste hubiera producido a aquél
particularidades singulares, sería que cada etnia de una vez y para siempre. Este recorrido es "cultu-
fuera una isla, eventualmente ligada a otras pero ral" esencialmente, puesto que, pasando por los
diferente de cualquier otra, y que cada isleño fuera signos más visibles, más establecidos y más recono-
el homólogo exacto de su vecino. cidos del orden social, delinea simultáneamente el
Los límites de la visión culturalista de las lugar, por eso mismo definido como lugar común.
sociedades, en tanto se considera sistemática, son Reservaremos el término "lugar antropológico"
evidentes: esencializar cada cultura singular es para esta construcción concreta y simbólica del

56 57
espacio que no podría por sí sola dar cuenta de las social. Nacer es nacer en un lugar, tener destinado
vicisitudes y de las contradicciones de la vida social un sitio de residencia. En este sentido el lugar de
pero a la cual se refieren todos aquellos a quienes nacimiento es constitutivo de la identidad indivi-
ella les asigna un lugar, por modesto o humilde que dual, y ocurre en África que al niño nacido por
sea. Justamente porque toda antropología es an- accidente fuera del pueblo se le asigna un nombre
tropología de la antropología de los otros, en otros particular relacionado con un elemento del paisaje
términos, que el lugar, el lugar antropológico, es al que lo vio nacer. El lugar de nacimiento obedece a
mismo tiempo principio de sentido para aquellos la ley de lo "propio" ( y del nombre propio) del que
que lo habitan y principio de inteligibilidad para habla Michel de Certeau. Louis Marin, por su
aquel que lo observa. El lugar antropológico es de parte, toma de Furetiére su definición aristotélica
escala variable. La casa kabil, con su costado del lugar ("Superficie primera e inmóvil de un
sombreado y su costado luminoso, su parte mascu- cuerpo que rodea a otro o, para decirlo más clara-
lina y su parte femenina; la casa mina o ewe con su mente, el espacio en el cual un cuerpo es colocado"*)
legba del interior que protege al durmiente de sus y cita el ejemplo que él da: "Cada cuerpo ocupa su
propias pulsiones y el legba del umbral que lo lugar". Pero esta ocupación singular y exclusiva es
protege de las agresiones exteriores; las organiza- más la del cadáver en su tumba que el cuerpo na-
ciones dualistas, a menudo traducidas en el suelo ciente o vivo. En el orden del nacimiento y de la vi-
por una frontera muy material y muy visible, y que da, el lugar propio, al igual que la individualidad
rigen directa o indirectamente la alianza, los inter- absoluta, son más difíciles de definir y de pensar.
cambios, los juegos, la religión; los pueblos ebrié o Michel de Certeau ve en el lugar, cualquiera que
atyé, cuya tripartición ordena la vida de los linajes sea, el orden "según el cual los elementos son dis-
y de los grupos etarios: todos son lugares cuyo tribuidos en sus relaciones de coexistencia" y, si
análisis tiene sentido porque fueron cargados de bien descarta que dos cosas ocupen el mismo "lu-
sentido, y cada nuevo recorrido, cada reiteración gar", si admite que cada elemento del lugar esté al
ritual refuerza y confirma su necesidad. lado de los otros, en un "sitio" propio, define el "lu-
Estos lugares tienen por lo menos tres rasgos gar" como una "configuración instantánea de posicio-
comunes. Se consideran (o los consideran) nes" (pág.173), lo que equivale a decir que en un
identificatorios, relaciónales e históricos. El plano mismo lugar pueden coexistir elementos distintos y
de la casa, las reglas de residencia, los barrios del singulares, ciertamente, pero de los cuales nada
pueblo, los altares, las plazas públicas, la delimita-
ción del terruño corresponden para cada uno a un * Louis Marin, "Le lieu du pouvoir a Versailles", en La
conjunto de posibilidades, de prescripciones y de Production des lieux exemplaires, Les Dossiers des
prohibiciones cuyo contenido es a la vez espacial y séminaires, TTS, pág. 89.

58 59
impide pensar ni las relaciones ni la identidad com- santo patrón del terruño ordinariamente colocado
partida que les confiere la ocupación del lugar co- en un nicho a la sombra de una capilla aislada:
mún. Así, las reglas de la residencia que asignan su pues, si bien estos recorridos y estos recursos han
lugar al niño (junto a su madre generalmente pero desaparecido, su recuerdo no nos habla simple-
al mismo tiempo, sea en casa de su padre, sea en la mente, como otros recuerdos de infancia, del tiempo
de su tío materno, sea en casa de su abuela mater- que pasa o del individuo que cambia; efectivamente
na) los sitúan en una configuración de conjunto de desaparecieron, o mejor dicho se han transforma-
la cual él comparte con otros la inscripción en el do. Se celebra todavía la fiesta de tanto en tanto,
suelo. para hacer como antes, como se resucita la trilla a
Histórico, por fin, el lugar lo es necesariamente
a contar del momento en que, conjugando identi- la antigua cada verano; la capilla fue restaurada y
dad y relación, se define por una estabilidad míni- se da allí a veces un concierto o un espectáculo. Esta
ma. Por eso aquellos que viven en él pueden recono- puesta en escena no deja de producir algunas
cer allí señales que no serán objetos de conocimien- sonrisas perplejas o algunos comentarios retros-
to. El lugar antropológico, para ellos, es histórico en pectivos en algunos viejos habitantes de la región:
la exacta medida en que escapa a la historia como proyecta a distancia los lugares en los que ellos
ciencia. Este lugar que han construido los antepa- creían haber vivido día a día, mientras que se los
sados ("Más me gusta la morada que han construi- invita hoy a mirarlos como un pedazo de historia.
do mis abuelos..."), que los muertos recientes pue- Espectadores de sí mismos, turistas de lo íntimo, no
blan de signos que es necesario saber conjurar o podrían imputar a la nostalgia o a las fantasías de
interpretar, cuyas potencias tutelares un calenda- la memoria los cambios de los que da testimonio
rio ritual preciso despierta y reactiva a intervalos objetivamente el espacio en el cual continúan vi-
regulares, está en las antípodas de los "lugares de viendo y que no es más el espacio en el que vivían.
la memoria" que Pierre Nora describe tan precisa- Por supuesto, el estatuto intelectual del lugar
mente que en ellos podemos captar esencialmente antropológico es ambiguo. No es sino la idea, par-
nuestra diferencia, la imagen de lo que ya no somos. cialmente materializada, que se hacen aquellos
El habitante del lugar antropológico vive en la que lo habitan de su relación con el territorio, con
historia, no hace historia. La diferencia entre estas sus semejantes y con los otros. Esta idea puede ser
dos relaciones con la historia es sin duda todavía, parcial o mitificada. Varía según el lugar que cada
muy perceptible, por ejemplo para los franceses de uno ocupa y según su punto de vista. Sin embargo,
mi edad que han vivido en la década de 1940 y han propone e impone una serie de puntos de referencia
podido asistir en su pueblo (aunque éste no fuese que no son sin duda los de la armonía salvaje o del
más que un lugar de vacaciones) a la Fiesta de Dios, paraíso perdido, pero cuya ausencia, cuando des-
a los Ruegos o a la celebración anual de tal o cual aparecen, no se colma fácilmente. Si el etnólogo,

60 61
por su lado, se sensibiliza tan fácilmente ante todo superponen, parcialmente. Un itinerario puede
lo que significa la clausura en el proyecto de aque- pasar por diferentes puntos notables que constitu-
llos que observa, tal como se inscribe en el suelo, el yen otros tantos lugares de reunión: algunos mer-
sabio controla la inmanencia de lo divino en lo cados constituyen puntos fijos en un itinerario que
humano, la relación con el exterior, la proximidad ellos balizan; si el mercado es en sí mismo un centro
del sentido y la necesidad del signo, porque lleva en de atracción, el lugar donde se encuentra puede
sí la imagen y la necesidad. albergar un monumento (el altar de un dios, el
Sí nos detenemos un instante en la definición palacio de un soberano) que configura el centro de
de lugar antropológico, comprobaremos que es ante otro espacio social. A la combinación de los espacios
todo algo geométrico. Se lo puede establecer a corresponde una cierta complejidad institucional:
partir de tres formas espaciales simples que pue- los grandes mercados apelan a ciertas formas de
den aplicarse a dispositivos institucionales dife- control político; no existen sino en virtud de un
rentes y que constituyen de alguna manera las contrato cuyo respeto es asegurado por diversos
formas elementales del espacio social. En términos procedimientos religiosos y jurídicos: son los luga-
geométricos, se trata de la línea, de la intersección res de tregua, por ejemplo. En cuanto a los itinera-
de líneas y del punto de intersección. Concretamen- rios, pasan por un cierto número de fronteras y de
te, en la geografía que nos es cotidianamente más límites cuyo funcionamiento no es evidente de por
familiar, se podría hablar, por una parte, de itine- sí y que implican, por ejemplo, ciertas prestaciones
rarios, de ejes o de caminos que conducen de un económicas o rituales.
lugar a otro y han sido trazados por los hombres; Estas formas simples no caracterizan los gran-
por otra parte, de encrucijadas y de lugares donde des espacios políticos o económicos sino que definen
los hombres se cruzan, se encuentran y se reúnen, al mismo tiempo el espacio aldeano y el espacio
que fueron diseñados a veces con enormes propor- doméstico. Jean-Pierre Vernant muestra bien, en
ciones para satisfacer, especialmente en los merca- su libro Mythe et pensée chez les Grecs, cómo, en la
dos, las necesidades del intercambio económico y, pareja Hestia/Hermes, la primera simboliza el ho-
por fin, centros más o menos monumentales, sean gar circular situado en el centro de la casa, el
religiosos o políticos, construidos por ciertos hom- espacio cerrado del grupo replegado sobre sí mis-
bres y que definen a su vez un espacio y fronteras mo, y de alguna manera la relación consigo misma,
mas allá de las cuales otros hombres se definen mientras que Hermes, dios del umbral y de la
como otros con respecto a otros centros y otros puerta, pero también de las encrucijadas y de las
espacios. entradas de las ciudades, representa el movimien-
Itinerarios, encrucijadas y centros no son por lo to y la relación con los demás. La identidad y la
tanto nociones absolutamente independientes. Se relación constituyen el núcleo de todos los disposi-

62 63
tivos espaciales estudiados clásicamente por la normalmente sobre el calendario agrícola, y la
antropología. sacralidad de los lugares donde se concentra la
La historia también. Pues todas las relaciones actividad ritual es una sacralidad que se podría
inscritas en el espacio se inscriben también en la llamar alternativa. Así, por otra parte, se crean las
duración, y las formas espaciales simples que aca- condiciones de una memoria que se vincula con
bamos de mencionar no se concretan sino en y por ciertos lugares y contribuye a reforzar su carácter
el tiempo. Ante todo, su realidad es histórica: en sagrado. Para Durkheim, en Las formas elementa-
África, como a menudo en otras partes, los relatos les de la vida religiosa, la noción de sagrado está
de fundación de pueblos o de reinos refieren gene- ligada al carácter retrospectivo que resulta del
ralmente todo un itinerario, puntuado por altos carácter alternativo de la fiesta o de la ceremonia.
diversos previos al establecimiento definitivo. Sa- Si la Pascua judía o una reunión de antiguos
bernos asimismo que los mercados, al igual que las combatientes le parecen igualmente "religiosas" o
capitales políticas, tienen una historia; algunos se sagradas, es porque son la ocasión para que cada
crean mientras que otros desaparecen. La adquisi- uno de los participantes no solamente tome con-
ción o la creación de un dios pueden estar fechadas ciencia de la colectividad de la cual forma parte sino
y hay cultos y santuarios como hay mercados y también rememore las celebraciones precedentes.
capitales políticas: ya sea que perduren, se extien- El monumento, como lo indica la etimología latina
dan o desaparezcan, el espacio de su crecimiento o de la palabra, se considera la expresión tangible
de su desaparición es un espacio histórico. de la permanencia o, por lo menos, de la
Pero habría que decir unas palabras acerca de duración. Son necesarios altares para los dioses,
la dimensión materialmente temporal de estos es- palacios y tronos para los soberanos para que no
pacios. Los itinerarios se miden en horas o en sean avasallados por las contingencias temporales.
jornadas de marcha. El lugar del mercado no mere- Así permiten pensar la continuidad de las genera-
ce este título sino ciertos días. En África occidental ciones. Esto lo expresa bien, a su manera, una de
se distinguen fácilmente zonas de intercambio en las interpretaciones de la nosología africana tradi-
cuyo interior se establece durante toda la semana cional que considera que una enfermedad puede
una rotación de los lugares y de los días de mercado. ser atribuida a la acción de un dios enojado al ver
Los lugares consagrados a los cultos y a las asam- su altar descuidado por el sucesor de aquel que lo
bleas políticas o religiosas no son más que por había edificado. Sin ilusión monumental, a los ojos
momentos, en general en fechas fijas, el objeto de de los vivos la historia no sería sino una abstrac-
tal consagración. Las ceremonias de iniciación, los ción. La especie social está poblada de monumentos
rituales de fecundidad tienen lugar a intervalos no directamente funcionales, imponentes construc-
regulares: el calendario religioso o social se modela ciones de piedra o modestos altares de barro, ante

64 65
los que cada individuo puede tener la sensación noche, tal vez no haya tenido tiempo de volver a ese
justificada de que en su mayor parte lo han cuerpo en el momento de su despertar.
preexistido y le sobrevivirán. Curiosamente, una Los órganos internos mismos o ciertas partes
serie de rupturas y de discontinuidades en el espa- del cuerpo (los riñones, la cabeza, el dedo gordo del
cio es lo que representa la continuidad temporal. pie) son a menudo concebidos como autónomos,
Sin duda se puede atribuir este efecto mágico de sede a veces de una presencia ancestral, y en este
la construcción espacial al hecho de que el carácter objeto de cultos específicos. El cuerpo se
cuerpo humano mismo es concebido como una por- vuelve así un conjunto de lugares de culto; se
ción de espacio, con sus fronteras, sus centros vita- distinguen en él zonas que son objeto de unciones
les, sus defensas y sus debilidades, su coraza y sus o lustraciones. Entonces sobre el cuerpo humano se
defectos. Al menos en el plano de la imaginación desarrollarán los efectos de los cuales hablábamos
(pero que se confunde en numerosas culturas con el a propósito de la construcción del espacio. Los
de la simbólica social), el cuerpo es un espacio com- itinerarios del sueño son peligrosos desde el mo-
puesto y jerarquizado que puede recibir una carga mento en que se alejan demasiado del cuerpo con-
desde el exterior. Tenemos ejemplos de territorios cebido como centro. Este cuerpo centrado es tam-
pensados a imagen del cuerpo humano, pero, a la bién el lugar donde se encuentran y se juntan
inversa, también el cuerpo humano es pensado co- elementos ancestrales, y esta reunión tiene valor
mo un territorio, en forma bastante generalizada. monumental en la medida en que concierne a
En África occidental, por ejemplo, los componentes elementos que han preexistido y que sobrevivirán
de la personalidad se conciben en términos de una a la envoltura carnal efímera. A veces la
tópica que puede recordar a la tópica freudiana pero momificación del cuerpo o la edificación de una
que se aplaca a realidades concebidas como sus- tumba logran, después de la muerte, la transforma-
tancialmente materiales. Así, en las civilizaciones ción del cuerpo en monumento.
akan (las actuales Ghana y Costa de Marfil), dos Entonces se ve cómo, a partir de formas espa-
"instancias" definen el psiquismo de cada indivi- ciales simples, se cruzan y se combinan la temática
duo. Del carácter material de su existencia da tes- individual y la temática colectiva. La simbólica
timonio directo el hecho de que una de ellas es asi- política desarrolla estas posibilidades para expre-
milada a la sombra, y testimonio indirecto, el hecho sar el poder de la autoridad que unifica y simboliza
de que el debilitamiento del cuerpo es atribuido al en la unidad de una figura soberana las diversida-
debilitamiento o a la partida de una de ellas. Su des internas de una colectividad social. A veces lo
perfecta coincidencia define la salud. Si despertar logra, al distinguir el cuerpo del rey de los otros
a alguien bruscamente puede matarlo, es que una cuerpos como si fuera un cuerpo múltiple. El tema
de esas instancias, el doble que vagabundea por la del doble cuerpo del rey es absolutamente pertinen-

66 67
te en África. Así, el soberano agni de Sanwi, en la Esta inmovilidad, y la estrechez de los límites
actual Costa de Marfil, tenía un doble de sí mismo, dentro de los cuales se sitúa la figura real, compo-
que era un esclavo llamado Ekala, por el nombre de nen en un sentido absolutamente literal, un centro
uno de los dos componentes o instancias que hemos que refuerza la perennidad de la dinastía y que
mencionado antes: como era muy fuerte por tener ordena y unifica la diversidad interna del cuerpo
dos cuerpos y dos ekala (el suyo y el de su doble), se social. Destaquemos que la identificación del poder
consideraba que el soberano agni gozaba de una con el lugar en el cual se ejerce o con el monumento
protección particularmente eficaz, ya que el cuerpo que alberga a sus representantes es la regla cons-
del doble esclavo constituía un obstáculo a toda tante en el discurso político de los Estados moder-
agresión que apuntase a la persona del rey. Si no nos. La Casa Blanca y el Kremlin son, para quienes
cumpliese ese rol, si el rey muriese, su ekala lo los nombran, a la vez lugares monumentales, hom-
seguiría naturalmente a la muerte. Pero, más nota- bres y estructuras de poder, Al cabo de sucesivas
bles y mejor documentadas que la multiplicación metonimias, nos acostumbramos a designar a un
del cuerpo real, son la concentración y la país por su capital y a ésta por el nombre del edificio
condensación del espacio donde está localizada la que ocupan sus gobernantes. El lenguaje político es
autoridad soberana, y a ellas dirigiremos ahora naturalmente espacial (aunque más no fuese cuan-
nuestra atención. Muy frecuentemente, el sobera- do habla de derecha e izquierda), sin duda porque
no tiene asignado un lugar de residencia, condena- necesita pensar simultáneamente la unidad y la
do en otras palabras a una casi inmovilidad, a diversidad... y la centralidad es la expresión más
horas de exposición en la sede real, a ser presentado aproximada, la más representable y la más mate-
como un objeto a sus vasallos. Esta pasividad- rial a la vez de este doble y contradictorio impera-
masividad del cuerpo del soberano había asombra- tivo intelectual.
do a Frazer y, por su intermedio, a Durkheim. que Las nociones de itinerario, de intersección, de
comprobaba en ello un rasgo común a dinastías centro y de monumento no son simplemente útiles
reales muy alejadas unas de otras en el tiempo y en para la descripción de los lugares antropológicos
el espacio, como las del México antiguo, el África del tradicionales. Dan cuenta parcialmente también
golfo de Benin o el Japón. En todos estos casos del espacio francés contemporáneo, en especial de
resulta particularmente destacable la posibilidad su espacio urbano. Paradójicamente, permiten in-
de que un objeto (trono, corona) u otro cuerpo clusive caracterizarlo como un espacio específico
humano pueda sustituir momentáneamente al cuer- mientras que, por definición, dichas nociones cons-
po del soberano para asegurar la función de centro tituyen otros tantos criterios de comparación.
fijo del reino que lo condena a largas horas de Es habitual decir que Francia es un país cen-
inmovilidad mineral. tralizado, y es cierto que lo es en el plano político,

69
68
por lo menos desde el siglo XVII. A pesar de los plaza de la Iglesia. En el centro de la ciudad igual-
recientes esfuerzos de regionalización, sigue siendo mente, y siempre en las proximidades de la iglesia
un país centralizado en el plano administrativo (el y del ayuntamiento, se ha erigido un monumento a
ideal de la Revolución Francesa había sido los muertos. De concepción laica, no es verdadera-
inicialmente el de llevar a cabo la delimitación de mente un lugar de culto, sino un monumento de
las circunscripciones administrativas según un valor histórico (un homenaje a aquellos que han
modelo pura y rígidamente geométrico). Y lo sigue muerto en las dos últimas guerras mundiales y
siendo en el espíritu de los franceses, notablemente cuyos nombres están grabados en piedra): en cier-
por la organización de su red caminera y de su red tas fiestas conmemorativas, especialmente el 11 de
ferroviaria, concebidas ambas, por lo menos en un noviembre, las autoridades civiles y eventualmen-
comienzo, como dos telarañas en medio de las te militares conmemoran allí el sacrificio de aque-
cuales París ocuparía el centro. llos que han caído por la patria. Como suele decirse,
Para ser más exactos, habría que precisar que, son "ceremonias recordatorias" que corresponden
si alguna capital en el mundo no es tan concebida bien a la definición amplia, es decir social, que
como tal como París, no hay ninguna ciudad fran- propone Durkheim del hecho religioso. Sin duda
cesa que no aspire a ser el centro de una región de logran una eficacia particular por situarse en un
dimensiones variables y que no haya logrado, al lugar donde, más antiguamente, se expresaba de
cabo de los años y de los siglos, constituirse en un modo más cotidiano la intimidad de los vivos y de
centro monumental (lo que llamamos el centro de los muertos: en ciertas ciudades se encuentra toda-
la ciudad) que simboliza y materializa a la vez esta vía la huella de una disposición que se remonta a la
aspiración. Las ciudades francesas más modestas, época medieval, en la que el cementerio rodeaba a
e inclusive los pueblos, incluyen siempre un "centro la iglesia, en pleno centro de la vida social activa.
de la ciudad" donde están agrupados, uno al lado En efecto, el centro de la ciudad es un lugar
del otro, los monumentos que simbolizan uno la activo. En la concepción tradicional de las ciudades
autoridad religiosa (la iglesia), el otro la autoridad de provincia y de los pueblos (a la que autores como
civil (el ayuntamiento, la subprefectura o la prefec- Giradoux o Jules Romain dieron existencia litera-
tura en las ciudades importantes). La iglesia (cató- ria durante la primera mitad de este siglo), en las
lica en la mayoría de las regiones francesas) está ciudades y los pueblos tal como se presentaban bajo
situada en una plaza por donde pasan frecuente- la Tercera República y se presentan aún hoy en
mente los itinerarios que permiten atravesar la gran parte, en el centro de la ciudad es donde se
ciudad. El ayuntamiento nunca está lejos, aun en el agrupan cierta cantidad de cafés, hoteles y comer-
caso de que tenga delimitado un espacio propio y cios, no lejos de la plaza donde está el mercado,
haya una plaza del Ayuntamiento al lado de la cuando la plaza de la iglesia y la del mercado no se

71
70
confunden. A intervalos semanales regulares (el legibles, lo cual responde a la intensificación y a la
domingo es el día de mercado), el centro "se anima". aceleración del tránsito.
Uno de los reproches que se le hacen con frecuencia En Francia todo conglomerado urbano aspira a
a las ciudades nuevas, surgidas de proyectos de ser el centro de un espacio significativo y de por lo
urbanización a la vez tecnicistas y voluntaristas, es menos una actividad específica. Si Lyon, que es una
el de no ofrecer el equivalente de esos lugares metrópoli, entre otros títulos reivindica el de "capi-
animados producidos por una historia más antigua tal de la gastronomía", una ciudad pequeña como
y más lenta, donde los itinerarios individuales se Thiers puede decirse "capital de la cuchillería", un
cruzan y se mezclan, donde se intercambian pala- pueblo grande como Digouin, "capital de la cerámi-
bras y se olvida por un instante la soledad: el atrio ca'' y una gran aldea como Janzé, "cuna del pollo de
de la iglesia, la puerta del ayuntamiento, el mostra- granja". Estos gloriosos títulos figuran hoy a la
dor del café, la puerta de la panadería. El ritmo un entrada de las ciudades, junto a las indicaciones
poco perezoso y la atmósfera de charlatanería del que mencionan su carácter gemelo con otras ciuda-
domingo por la mañana siguen siendo una realidad des o pueblos de Europa. Estas indicaciones, que
contemporánea de la Francia provinciana. proveen de alguna manera una prueba de moderni-
Esta Francia podría definirse como un conjun- dad y de integración al nuevo espacio económico
europeo, coexisten con otras (y otros anuncios infor-
to, un racimo de centros de mayor o menor impor- mativos) que dan un estado detallado de las curio-
tancia que polarizan la actividad administrativa, sidades históricas del lugar: capillas del siglo XIV o
festiva y comercial de una región de amplitud del siglo XV, castillos, megalitos, museos de
variable. La organización de los itinerarios, es decir artesanías, de la puntilla o de la cerámica. Se
el sistema vial que liga estos centros entre sí me- reivindica la profundidad histórica con el mismo
diante una red, a decir verdad muy apretada, de carácter que la apertura hacia el exterior, como si
rutas nacionales (que unen centros de importancia aquélla equilibrase a ésta. Toda ciudad, todo pue-
nacional) y de rutas departamentales (que unen blo que no es de creación reciente reivindica su
centros de importancia departamental) da cuenta historia, la presentan al automovilista de paso en
muy bien de este dispositivo policéntrico y una serie de anuncios que constituyen una especie
jerarquizado: hasta hace poco en los mojones donde de tarjeta de visita. Esta explicitación del contexto
se señalan los kilómetros que jalonan regularmente histórico es bastante reciente en realidad, y coinci-
la ruta, se hacía mención de la distancia del de con una reorganización del espacio (creación de
conglomerado urbano más próximo y de la de la desvíos periurbanos, de grandes ejes de autopistas
primera ciudad importante que se atravesaba. Hoy fuera de los conglomerados urbanos) que tiende,
estas indicaciones figuran en grandes carteles bien inversamente, a producir un cortocircuito en ese

72 73
contexto, evitando los monumentos que dan testi- toma el metro regularmente y se familiariza con el
monio de él. Se puede interpretar muy legítima- subsuelo parisiense y los nombres de las estaciones
mente que tienden a seducir y a retener al pasajero, que aluden a las calles o a los monumentos de la
al turista, pero no se le puede atribuir precisamente superficie participa de esta inmersión cotidiana y
alguna eficacia en este sentido salvo poniéndolo en maquinal en la historia que caracteriza al peatón
relación con el gusto de la historia y de las de París, para quien Alésia, Bastille o Solferino son
identidades enraizadas en el terruño que marca referencias espaciales tanto o más que históricas.
incontestablemente la sensibilidad francesa de es- Así, los caminos y los cruces de rutas en Francia
tos veinte últimos años. El monumento fechado es tienden a volverse "monumentos" (en el sentido de
reivindicado como una prueba de autenticidad que testimonios y recuerdos) en la medida en que su
debe de por sí suscitar el interés: se ahonda la nombre de bautismo los sumerge en la historia.
distancia entre el presente del paisaje y el pasado Esta incesante referencia a la historia entraña
al que alude. La alusión al pasado complejiza el frecuentes superposiciones entre las nociones de
presente. itinerarios, encrucijadas y monumentos, que son
Es necesario agregar que siempre se le impuso particularmente visibles en las ciudades (y espe-
al espacio urbano y pueblerino francés una dimen- cialmente en París) donde la referencia histórica
sión histórica mínima mediante el uso de los nom- siempre es más masiva. No hay un solo centro de
bres de calles. Calles y plazas fueron antiguamente París. A veces está representado en los anuncios de
la ocasión de conmemoraciones. Por cierto era tra- las autopistas por el dibujo de la torre Eiffel, a veces
dicional que algunos monumentos proveyeran un por la mención "París-Notre Dame" que hace alu-
nombre a las calles que conducen a ellos o a las sión al corazón original e histórico de la capital, la
plazas en las que se los ha erigido, con un efecto de île de la Cité, encerrada por los brazos del Sena a
redundancia que por otra parte no deja de tener su varios kilómetros de la torre Eiffel. Por lo tanto, hay
encanto. Pero ya no tenemos las calles de la Esta- varios centros de París. En el plano administrativo,
ción, las calles del Teatro o las plazas del Ayunta- es preciso advertir una ambigüedad que siempre
miento. A menudo son los personajes notables de la ha constituido un problema en la vida política
vida local o nacional, o también los grandes aconte- francesa (lo que señala bien su grado de centralis-
cimientos de la historia nacional los que dan su mo): París es a la vez una ciudad, dividida en veinte
nombre a las arterias de ciudades y pueblos de distritos, y la capital de Francia. Los parisienses
suerte que, si fuera necesario hacer la exégesis de pudieron creer en varias ocasiones que ellos hacían
todos los nombres de calles de una metrópoli como la historia de Francia, convicción arraigada en el
París, habría que reescribir toda la historia de recuerdo de 1789 y que entraña a veces una tensión
Francia, desde Vercingétorix hasta de Gaulle. Quien entre el poder nacional y el poder municipal. Desde

74
75
1795 hasta una fecha reciente no hubo alcalde de titucional): y podemos preguntarnos si el carácter
París, con una breve excepción durante la revolu- siempre tenso y agitado de la vida democrática en
ción de 1848, sino sólo la división de la capital en Francia no depende por una parte de la tensión
veinte distritos y veinte municipalidades bajo la entre un ideal político de pluralidad, de democracia
tutela conjunta del prefecto del Sena y del prefecto y de equilibrio, sobre el cual todo el mundo está de
de policía. El Consejo municipal data sólo de 1834. acuerdo en teoría, y un modelo intelectual, geográ-
Hace algunos años, cuando se reformó el estatuto fico-político, de gobierno, históricamente hereda-
de la capital y Jacques Chirac se convirtió en el do, poco compatible con ese ideal y que incita sin
alcalde de París, una parte del debate político cesar a los franceses a repensar los fundamentos y
versaba sobre la cuestión de saber si ese puesto lo a redefinir el centro.
ayudaría o no a convertirse en presidente de la En el plano geográfico, y para aquellos
república. Nadie pensó verdaderamente que la parisienses que todavía tienen tiempo de vagabun-
administración de una ciudad, aunque vivan en dear, y que no son los más numerosos, el centro de
ella uno de cada seis franceses, pudiese ser un fin París podría ser un itinerario, el del curso del Sena
en sí mismo. La existencia de tres palacios por el que van y vienen los barcos moscas, y desde
parisienses (el Elíseo, Matignon y l'Hotel de Ville), donde pueden percibirse la mayor parte de los
con destinos distintos, es cierto, pero entre los monumentos históricos y políticos de la capital.
cuales es muy difícil hacer una distinción, y a lo Pero hay otros centros que se identifican de todos
cual es necesario agregar por lo menos dos monu- modos con plazas, encrucijadas donde se han em-
mentos de importancia equivalente, el palacio del plazado monumentos (la Opera, la Madeleine), o
Luxemburgo (o sede del Senado) y la Asamblea con las otras arterias que conducen a ellos (avenida
nacional (donde sesionan los diputados), muestra de l'Opéra, calle de la Paix, Champs-Elysées), como
suficientemente que la metáfora geográfica da si, en la capital de Francia, todo tuviese que conver-
cuenta de nuestra vida política con tanta mayor tirse finalmente en centro y monumento. En este
facilidad cuanto que ésta se considera centralizada momento parecería que así es, en efecto, a pesar de
y, a pesar de la distinción de los poderes y de las que se esfuman los rasgos específicos de los diferen-
funciones, aspira siempre a definir o a reconocer un tes distritos. Sabemos que cada uno de ellos tenía
centro del centro, de donde todo partiría y a donde un rasgo característico: los clisés de las canciones
todo volvería. No se trata evidentemente de una que celebran a París no dejan de tener su funda-
simple metáfora cuando nos interrogamos en de- mento, y seguramente todavía hoy podríamos ha-
terminado momento para saber si el centro del cer una descripción muy ajustada de los distritos,
poder se desplaza del Elíseo a Matignon, o aun de de sus actividades, de su "personalidad" en el
Matignon al Palais-Royal (o sede del Consejo cons- sentido en que los antropólogos norteamericanos

77
76
utilizaron este término, pero también de sus trans- monumentos antiguos. A lo largo de las autopistas
formaciones y de los movimientos de población que se multiplican las referencias a las curiosidades
modifican su composición étnica o social. Las nove- locales que deberían retenernos aun cuando esta-
las policiales de Léo Malet, a menudo situadas en mos de paso, como si la alusión al tiempo y a los
los distritos catorce y quince, despiertan la nostal- lugares antiguos no fuese hoy sino una manera de
gia de la década de 1950 pero no son en absoluto mentar el espacio presente.
inactuales.
Pero es un hecho: se habita cada vez menos en
París, aunque se trabaja allí siempre mucho, y este
movimiento parece el signo de una mutación más
general en este país. La relación con la historia que
puebla nuestros paisajes está quizá por estetizarse
y, al mismo tiempo, por desocializarse y volverse
artificiosa. Por cierto, conmemoramos con el mismo
sentimiento a Hugo Capeto y a la Revolución de
1789; siempre somos capaces de enfrentarnos du-
ramente, a partir de una relación diferente, con
nuestro pasado común y con interpretaciones con-
trarias de los acontecimientos que lo marcaron.
Pero, desde Malraux, nuestras ciudades se trans-
forman en museos (monumentos devastados, ex-
puestos, iluminados, sectores reservados y calles
peatonales), a pesar de que nos apartan de ellos
una serie de desvíos, autopistas, trenes de gran
velocidad o vías rápidas.
Estos desvíos, sin embargo, no se producen sin
remordimientos, como lo atestiguan las numerosas
indicaciones que nos invitan a no ignorar los es-
plendores del terruño y las huellas de la historia.
Contraste: a la entrada de las ciudades, en el
espacio triste de los grandes complejos, de las zonas
industrializadas y de los supermercados, están
plantados los anuncios que nos invitan a visitar los

78 79
De los lugares a
los no lugares

Presencia del pasado en el presente que lo


desborda y lo reivindica: en esta conciliación ve
Jean Starobinski la esencia de la modernidad. En
este sentido hace notar, en un artículo reciente,
que autores eminentemente representativos de la
modernidad en arte se han dado "la posibilidad
de una polifonía en la que el entre cruzamiento
virtualmente infinito de los destinos, de los
actos, de los pensamientos, de las reminiscencias
puede reposar sobre un bajo continuo que emita
las horas del día terrestre y que marque el lugar
que en ella ocupaba (que podría aún ocupar) el
antiguo ritual". Cita las primeras páginas del
Ulyses de Joyce, donde se hacen oír las
palabras.de la liturgia: "Introibo ad altare Dei";
el comienzo de A la Recherche du temps perdu,
donde la ronda de las horas en torno al
campanario de Combray ordena el ritmo "de una
vasta y única jornada burguesa..."; o también
Histoire, de Claude Simon, donde “los recuerdos
de la escuela religiosa, la plegaria latina de la
mañana, el benedicite del mediodía, el ángelus
de la tarde fijan puntos de referencia en medio
de
81
las vistas, los planos recortados, las citas de todo bras y lenguajes: palabras especializadas de la li-
orden, que provienen de todas las etapas de la turgia, del "antiguo ritual", en contraste con las del
existencia, del imaginario y del pasado histórico, y taller "que canta y que charla"; palabras también
que proliferan en un aparente desorden, en torno de todos aquellos que, hablando el mismo lenguaje,
de un secreto central..." Estas "figuras premodernas reconocen que pertenecen al mismo mundo. El lu-
de la temporalidad continua que el escritor moder- gar se cumple por la palabra, el intercambio alusivo
no cree mostrar que no las ha olvidado en el mo- de algunas palabras de pasada, en la connivencia y
mento mismo en que se libera de ellas" son también la intimidad cómplice de los hablantes. Vincent
figuras espaciales específicas de un mundo que Descombes escribe, así, a propósito de la Francoise
Jacques LeGoff mostró cómo, desde la Edad Media, de Proust, que ésta comparte y define un territorio
se había construido, alrededor de su iglesia y de su "retórico" con todos aquellos que son capaces de
campanario, mediante la conciliación de un paisaje entrar en sus razones, con todos aquellos cuyos afo-
nuevamente centrado y de un tiempo reordenado. rismos, vocabulario y tipos de argumentación com-
El artículo de Starobinski se abre significativamente ponen una "cosmología", a la que el narrador de la
con una cita de Baudelaire y del primer poema de Recherche llama la "filosofía de Combray".
los Tableaux parisiens, donde el espectáculo de la Si un lugar puede definirse como lugar de
modernidad reúne en un mismo vuelo: identidad, relacional e histórico, un espacio que no
puede definirse ni como espacio de identidad ni
...el taller que canta y que charla; como relacional ni como histórico, definirá un no
lugar. La hipótesis aquí defendida es que la
las chimeneas, los campanarios, esos mástiles de la sobremodernidad es productora de no lugares, es
ciudad, decir, de espacios que no son en sí lugares
Y los grandes cielos que hacen soñar con la eternidad. antropológicos y que, contrariamente a la moderni-
"Bajo continuo" (marche de basse}: la expresión dad baudeleriana, no integran los lugares anti-
utilizada por Starobinski para evocar los lugares y guos: éstos, catalogados, clasificados y promovidos
los ritmos antiguos es significativa: la modernidad a la categoría de 'lugares" de memoria", ocupan allí
no los borra sino que los pone en segundo plano. Son un lugar circunscripto y específico. Un mundo
como indicadores del tiempo que pasa y que sobre- donde se nace en la clínica y donde se muere en el
vive. Perduran corno las palabras que los expresan hospital, donde se multiplican, en modalidades
lujosas o inhumanas, los puntos de tránsito y las
y los expresarán aún. La modernidad en arte pre- ocupaciones provisionales (las cadenas de hoteles y
serva todas las temporalidades del lugar, tal como las habitaciones ocupadas ilegalmente, los clubes
se fijan en el espacio y la palabra. de vacaciones, los campos de refugiados, las barra-
Detrás de la ronda de las horas y los puntos cas miserables destinadas a desaparecer o a degra-
salientes del paisaje se encuentran, en efecto, pala-
83
82
darse progresivamente), donde se desarrolla una ja compleja, en fin, de las redes de cables o sin hilos
apretada red de medios de transporte que son que movilizan el espacio extraterrestre a los fines
también espacios habitados, donde el habitué de de una comunicación tan extraña que a menudo no
los supermercados, de los distribuidores automáti- pone en contacto al individuo más que con otra
cos y de las tarjetas de crédito renueva con los imagen de sí mismo.
gestos del comercio "de oficio mudo", un mundo así La distinción entre lugares y no lugares pasa
prometido a la individualidad solitaria, a lo provi- por la oposición del lugar con el espacio. Ahora bien,
sional y a lo efímero, al pasaje, propone al Michel de Certeau propuso nociones de lugar y de
antropólogo y también a los demás un objeto nuevo espacio, un análisis que constituye aquí obligato-
cuyas dimensiones inéditas conviene medir antes riamente una cuestión previa. Certeau no opone los
de preguntarse desde qué punto de vista se lo puede "lugares" a los "espacios" como los "lugares" a los
juzgar. Agreguemos que evidentemente un no lu- "no lugares". El espacio, para él, es un "lugar prac-
gar existe igual que un lugar: no existe nunca bajo ticado", "un cruce de elementos en movimiento": los
una forma pura; allí los lugares se recomponen, las caminantes son los que transforman en espacio la
relaciones se reconstituyen; las "astucias milena- calle geométricamente definida como lugar por el
rias" de la invención de lo cotidiano y de las "artes urbanismo. A este paralelo entre el lugar como
del hacer" de las que Michel de Certeau ha propuesto conjunto de elementos que coexisten en un cierto
análisis tan sutiles, pueden abrirse allí un camino y orden y el espacio como animación de estos lugares
desplegar sus estrategias. El lugar y el no lugar por el desplazamiento de un elemento móvil le
son más bien polaridades falsas: el primero no corresponden varias referencias que los mismos
queda nunca completamente borrado y el segundo términos precisan. La primera referencia (pág. 173)
no se cumple nunca totalmente: son palimpsestos es a Merleau Ponty quien, en su Fenomenología de
donde se reinscribe sin cesar el juego intrincado de la percepción, distingue del espacio "geométrico" el
la identidad y de la relación. Pero los no lugares son "espacio antropológico" como espacio "existencial",
la medida de la época, medida cuantificable y que lugar de una experiencia de relación con el mundo
se podría tomar adicionando, después de hacer de un ser esencialmente situado "en relación con un
algunas conversiones entre superficie, volumen y medio". La segunda referencia es a la palabra y al
distancia, las vías aéreas, ferroviarias, las autopis- acto de locución: "El espacio sería al lugar lo que se
tas y los habitáculos móviles llamados "medios de vuelve la palabra cuando es hablada, es decir,
transporte" (aviones, trenes, automóviles), los ae- cuando está atrapada en la ambigüedad de una
ropuertos y las estaciones ferroviarias, las estacio- ejecución, mudada en un término que implica múl-
nes aeroespaciales, las grandes cadenas hoteleras, tiples convenciones, presentada como el acto de un
los parques de recreo, los supermercados, la made- presente (o de un tiempo) y modificada por las

84 85
transformaciones debidas a vecindades sucesivas..." túen, y nada prohibe hablar de espacio para descri-
(pág. 173). La tercera referencia deriva de la ante- bir este movimiento. Pero no es ése nuestro propó-
rior y privilegia el relato como trabajo que, incesan- sito: nosotros incluimos en la noción de lugar antro-
temente, "transforma los lugares en espacios o los pológico la posibilidad de los recorridos que en él se
espacios en lugares" (pág. 174). Se deriva de ellos efectúan, los discursos que allí se sostienen y el
naturalmente una distinción entre "hacer" y "ver", lenguaje que lo caracteriza. Y la noción de espacio,
localizable en el lenguaje ordinario que de vez en tal como es utilizada hoy (para hablar de la con-
vez propone un cuadro ("hay,..") y organiza movi- quista espacial, en términos por lo demás más fun-
mientos ("tú entras, tú atraviesas, tú te das vuel- cionales que líricos, o para designar de la mejor ma-
ta..:"), o en los indicadores de los mapas: desde los nera o al menos lo menos mal posible, en el lenguaje
mapas medievales, que presentan esencialmente reciente pero ya estereotipado de las instituciones
el trazado de recorridos y de itinerarios, hasta los de viaje, de la hotelería o del ocio, los lugares
mapas más recientes de donde han desaparecido descalificados o poco calificables: "espacios de ocio"
"las descripciones de recorridos" y que presentan, a "espacios de juego", para aproximarlos a "punto de
partir de "elementos de origen dispar", un "estado" encuentro"), parece poder aplicarse útilmente, por
del saber geográfico. El relato, en fin, y especial- el hecho mismo de su falta de caracterización, a las
mente el relato de viajes, se compone con la doble superficies no simbolizadas del planeta.
necesidad de "hacer" y de "ver" (las historias de Podríamos por lo tanto sentir la tentación de
marchas y las gestas están jalonadas por las citas
de los lugares que resultan de ellas o que las oponer el espacio simbolizado del lugar al espacio
autorizan" (pág. 177) pero procede en definitiva de no simbolizado del no lugar. Pero eso sería atener-
lo que Certeau llama la "delincuencia" porque nos a una definición negativa de los no lugares, que
"atraviesa", "transgrede" y consagra "el privilegio ha sido la nuestra hasta el presente, y que el
del recorrido sobre el estado" (pág. 190). análisis propuesto por Michel de Certeau de la
En este punto son necesarias algunas precisio- noción de espacio nos ayuda a superar.
nes terminológicas. El lugar, tal como se lo define El término "espacio" en sí mismo es más abstracto
aquí, no es en absoluto el lugar que Certeau opone que el de "lugar", y al usarlo nos referimos al menos
al espacio como la figura geométrica al movimiento, a un acontecimiento (que ha tenido lugar), a un
la palabra muda a la palabra hablada o el estado al mito (lugar dicho) o a una historia (elevado lugar).
recorrido: es el lugar del sentido inscripto y simbo- Se aplica indiferentemente a una extensión, a una
lizado, el lugar antropológico. Naturalmente, es distancia entre dos cosas o dos puntos (se deja un
necesario que este sentido sea puesto en práctica, "espacio" de dos metros entre cada poste de un cer-
que el lugar se anime y que los recorridos se efec- co) o a una dimensión temporal ("en el espacio de

86 87
una semana"). Es pues algo eminentemente abs- espacio contemporáneo fuesen ante todo invitados
tracto y es significativo que hoy se haga de él un uso a contentarse con palabras vanas.
sistemático, así como poco diferenciado, en la len- Practicar el espacio, escribe Michel de Certeau,
gua corriente y en los lenguajes específicos de es "repetir la experiencia alegre y silenciosa de la
algunas instituciones representativas de nuestro infancia; es, en el lugar, ser otro y pasar al otro"
tiempo. Le Grand Larousse illustré le reserva un (pág. 164). La experiencia alegre y silenciosa de la
lugar aparte a la expresión "espacio aéreo" que niñez es la experiencia del primer viaje, del naci-
designa una parte de la atmósfera terrestre en la miento como experiencia primordial de la diferen-
cual un Estado controla la circulación aérea (menos ciación, del reconocimiento de sí como uno mismo y
concreta que su homólogo del dominio marítimo: como otro que reiteran las de la marcha como
"las aguas territoriales"), pero cita también otros primera práctica del espacio y la del espejo como
usos que testimonian la plasticidad del término. En primera identificación con la imagen de sí. Todo
la expresión "espacio jurisdiccional europeo" se relato vuelve a la niñez. Al recurrir a la expresión
advierte con claridad que está implicada la noción "relatos de espacio", Certeau quiere hablar a la vez
de frontera pero que, haciendo abstracción de esa de los relatos que "atraviesan y organizan" los
noción, de lo que se trata es de todo un conjunto lugares ("Todo relato es un relato de viaje...'', pág.
institucional y normativo poco localizable. La ex- 171) y del lugar que constituye la escritura del
presión "espacio publicitario" se aplica indiferente- relato ( "...la lectura es el espacio producido por la
mente a una porción de superficie o de tiempo práctica del lugar que constituye un sistema de
"destinada a recibir publicidad en los diferentes signos: un relato", pág. 173). Pero el libro se escribe
medios", y la expresión "compra de espacio" se antes de leerse; pasa por diferentes lugares antes
aplica al conjunto de las operaciones efectuadas por de constituirse en uno de ellos: como el viaje, el
una agencia de publicidad sobre un espacio publi- relato que habla de él atraviesa varios lugares.
citario". El auge del término "espacio", aplicado Esta pluralidad de lugares, el exceso que ella impo-
tanto a las salas de espectáculo o de encuentro ("Es- ne a la mirada y a la descripción (¿cómo ver todo?,
pace Cardin" en París, "Espace Yves Rocher" en La ¿cómo decir todo?) y el efecto de "desarraigo" que
Gacilly), a jardines ("espacios verdes"), a los asien- resulta de ello (se volverá a comenzar más tarde,
tos de avión ("Espace 2000") o a los automóviles por ejemplo al comentar la foto que ha fijado el
(Renault "Espacio") da testimonio a la vez de los instante: "Fíjate, ves, allí, soy yo al pie del Partenón",
motivos temáticos que pueblan la época contempo- pero en el instante sucedía que eso nos extrañaba:
ránea (la publicidad, la imagen, el ocio, la libertad, "¿qué es lo que he venido a hacer aquí?"), introdu-
el desplazamiento) y de la abstracción que los cen entre el viajero-espectador y el espacio del
corroe y los amenaza, como si los consumidores de paisaje que él recorre o contempla una ruptura que

89
88
le impide ver allí un lugar, reencontrarse en él das y mezcladas en su memoria y, literalmente,
plenamente, aun si trata de colmar ese vacío con las recompuestas en el relato que hace de ellas o en el
informaciones múltiples y detalladas que le propo- encadenamiento de las diapositivas que, a la vuel-
nen las guías turísticas...o los relatos de viajes. ta, comenta obligatoriamente en su entorno. El
Cuando Michel de Certeau habla de "no lugar", viaje. El viaje (aquel del cual el etnólogo desconfía
es para hacer alusión a una especie de cualidad hasta el punto de "odiarlo") construye una relación
negativa del lugar, de una ausencia de lugar en sí ficticia entre mirada y paisaje. Y, si se llama "espa-
mismo que le impone el nombre que se le da. Los cio" la práctica de los lugares que define espe-
nombres propios, nos dice, imponen al lugar "un cíficamente el viaje, es necesario agregar también
mandato venido del otro (una historia...)" Y es que hay espacios donde el individuo se siente como
cierto que aquel, que al trazar un itinerario enun- espectador sin que la naturaleza del espectáculo le
cia en él los nombres, no conoce necesariamente importe verdaderamente. Como si la posición de
gran cosa. Pero los nombres por sí solos ¿bastan espectador constituyese lo esencial del espectáculo,
para producir en el lugar "esa erosión o no lugar que como sí, en definitiva, el espectador en posición de
allí efectúa la ley del otro?" (pág. 159). Todo itine- espectador fuese para sí mismo su propio espec-
rario, precisa Michel de Certeau, es de alguna táculo. Muchos folletos turísticos sugieren un des-
manera "desviado" por los nombres que le dan vío de ese tipo, una vuelta de la mirada como esa, al
"sentidos (o direcciones) hasta allí imprevisibles". proponer por anticipado al aficionado a los viajes la
Y agrega: "Estos nombres crean no lugar en los imagen de rostros curiosos o contemplativos, solita-
lugares; los transmutan en pasajes" (pág. 156). rios o reunidos, que escrutan el infinito del océano,
Nosotros podríamos decir, inversamente, que el la cadena circular de montañas nevadas o la línea
hecho de pasar da un estatuto particular a los nom- de fuga de un horizonte urbano erizado de rascacie-
bres de lugar, que la falla producida por la ley del los. Su imagen, en suma, su imagen anticipada,
otro y donde la mirada se pierde, es el horizonte de que no habla más que de él, pero lleva otro nombre
todo viaje (suma de lugares, negación del lugar), y (Tahití, los Alpes de Huez, Nueva York). El espacio
que el movimiento que "desplaza las líneas" y atra- del viajero sería, así, el arquetipo del no lugar.
viesa los lugares es, por definición, creador de iti- El movimiento agrega a la coexistencia de los
nerarios, es decir, de palabras y de no lugares. mundos y a la experiencia combinada del lugar
El espacio como práctica de los lugares y no del antropológico y de aquello que ya no es más él (por
lugar procede en efecto de un doble desplazamien- la cual Starobinski definió en esencia la moderni-
to: del viajero, seguramente, pero también, parale- dad), la experiencia particular de una forma de
lamente, de paisajes de los cuales él no aprecia soledad y, en sentido literal, de una "toma de
nunca sino vistas parciales, "instantáneas", suma- posición": la experiencia de aquel que, ante el pai-

90 91
saje que se promete contemplar y que no puede no Chateaubriand se defiende allí de haber hecho su
contemplar, "se pone en pose" y obtiene a partir de viaje "para escribirlo" pero reconoce que quería
la conciencia de esa actitud un placer raro y a veces buscar “imágenes” para Los mártires. No pretende
melancólico. No es sorprendente, pues, que sea ciencia: "No marcho en absoluto sobre las huellas
entre los "viajeros" solitarios del siglo pasado, no 1os de los Chardin, de los Tavernier, de los Chandler,
viajeros profesionales o los eruditos sino los viaje- de los Mungo Park, de los Humboldt..." (pág.19). De
ros de humor, de pretexto o de ocasión, donde suerte que esta obra sin finalidad confesada res-
encontremos la evocación profética de espacios ponde al deseo contradictorio de no hablar sino de
donde ni la identidad ni la relación ni la historia su autor sin decir nada a nadie: "Por lo demás, es al
tienen verdadero sentido, donde la soledad se expe- hombre, mucho más que al autor, a quien se verá
rimenta como exceso o vaciamiento de la individua- por todas partes; hablo eternamente de mí, y habla-
lidad, donde sólo el movimiento de las imágenes ba con seguridad, puesto que no contaba de ningún
deja entrever borrosamente por momentos, a aquel modo con publicar mis Memorias" (pág. 20). Los
que las mira desaparecer, la hipótesis de un pasado puntos de vista privilegiados por el visitante y que
y la posibilidad de un porvenir. el escritor describe son evidentemente aquellos
desde donde se descubren una serie de puntos
Más aún que en Baudelaire, que se satisfacía notables ("...el monte Hymeto al este, el Pentélico al
con la invitación al viaje, pensamos aquí en norte, el Parnesio al noroeste...") pero la contem-
Chateaubriand, que no deja de viajar efectivamen- plación se acaba significativamente en el momento
te, y que sabe ver, pero ve sobre todo la muerte de en que, volviendo sobre sí misma y tomándose ella
las civilizaciones, la destrucción o la insipidez de misma por objeto, parece disolverse en la multitud
los paisajes allí donde brillaban antes los vestigios incierta de las miradas pasadas y futuras: "Este
decepcionantes de los monumentos hundidos. Des- cuadro del Ática, el espectáculo que yo contempla-
aparecida Lacedemonia, la Grecia en ruinas ocupa- ba, había sido contemplado por ojos cerrados hace
da por un invasor ignorante de sus antiguos esplen- dos mil años. Pasaré a mi vez: otros hombres tan
dores envía al viajero "de paso" la imagen simultá- fugitivos como yo vendrán a hacer las mismas
nea de la historia perdida y de la vida que pasa, reflexiones sobre las mismas ruinas..." (pág. 153).
pero es el movimiento mismo del viaje lo que lo El punto de vista ideal, porque agrega a la distancia
seduce y lo arrastra. Este movimiento no tiene otro el efecto del movimiento, es el puente del navío que
fin que él mismo, si no es el de la escritura que fija se aleja. La evocación de la tierra que desaparece
y reitera su imagen. basta para suscitar la del pasajero que todavía
Todo está dicho claramente desde el primer trata de percibirla: ya pronto no será más que una
prefacio del Itinerario de París a Jerusalén. sombra, un rumor, un ruido. Esta abolición del

92 93
lugar es también la culminación del viaje, la pose ción de algunos hombres de Iglesia a comienzos del
última del viajero: "A medida que nos alejábamos, siglo XII, la del cumplimiento de un rito de pasaje,
las columnas de Sunion parecían más bellas por encaminándose por el mar (pág. 31).
encima de las olas: se las percibía perfectamente Con Chateaubriand, se trata de otra cosa muy
sobre el azul del cielo a causa de su extrema distinta; el fin último de su viaje no es Jerusalén
blancura y de la serenidad de la noche. Estábamos sino España, donde va a reunirse con su amante
ya bastante lejos del cabo, y todavía resonaba en (pero el Itinerario no es una confesión: Chateau-
nuestros oídos el hervidero de las olas al pie de la briand se calla y "guarda las apariencias"): sobre
roca, del murmullo del viento en los enebros, y del todo no lo inspiran los lugares santos. Se ha escrito
canto de los grillos que son hoy los únicos habitan- ya mucho sobre ellos: "..Aquí siento perplejidad.
tes de las ruinas del templo: fueron los últimos ¿Debía ofrecer la pintura exacta de los lugares
ruidos que oí en la tierra de Grecia (pág. 190). santos? Pero entonces no puedo sino repetir lo que
Diga lo que diga ("Seré quizás el último francés se ha dicho antes de mí: nunca un tema fue quizá
salido de mi país para viajar a Tierra Santa, con las menos conocido por los lectores modernos, y sin
ideas, el objeto y los sentimientos de un antiguo embargo nunca un tema fue tan completamente
peregrino" (pág. 331), Chateaubriand no cumplió agotado. ¿Debo omitir la descripción de estos luga-
un peregrinaje. El lugar elevado en el que finalizó res sagrados? Pero ¿no será eso quitar la parte más
el peregrinaje está por definición sobrecargado de esencial de mi viaje y hacer desaparecer lo que es su
sentido. El sentido que se viene aquí a buscar vale fin y su objeto?" (pág. 308). Sin duda también, en
para hoy como valía ayer, para cada peregrino. El tales lugares, el cristiano que quiere ser no puede
itinerario que conduce allí, jalonado de etapas y de tan fácilmente, como delante de Ática o de
puntos fuertes, compone con él un lugar "de sentido Lacedemonia, celebrar la desaparición de todas las
único", un "espacio" en el sentido en que Michel de cosas. Entonces describe con aplicación, hace alarde
Certeau emplea el término. Alphonse Dupront hace de erudición, cita páginas enteras de viajeros o de
notar que la travesía marítima misma tiene allí poetas como Milton o el Tasso. Esquiva, y es
valor iniciático: "Así, en los caminos del peregrinaje, segura esta vez aquí la abundancia de palabras y de
desde la travesía, se impone una discontinuidad y documentos que permitirían definir los lugares
una especie de trivialización de heroicidad. Tierra santos de Chateaubriand como un no lugar muy
y agua muy desigualmente ilustrantes y sobre próximo a aquellos que nuestros folletos y nuestras
todo, con los recorridos en el mar, una ruptura guías ponen en imágenes y en fórmulas. Si volve-
impuesta por el misterio del agua. Datos aparen- rnos un instante al análisis de la modernidad como
tes, detrás de los cuales se disimulaba, más profun- coexistencia querida de mundos diferentes (la mo-
da, una realidad que parece imponerse a la intui- dernidad baudeleriana), comprobamos que la ex-

95
94
periencia del no lugar como remisión de sí a sí el sentido más físico y más trivial del término, es
mismo y puesta a distancia simultánea del especta- algo que se efectúa al término de un movimiento
dor y del espectáculo no está aquí siempre ausente. que vacía de todo contenido y de todo sentido el
Starobinski, en su comentario del primer poema de paisaje y la mirada que lo tomaba por objeto, puesto
los Tableaux parisiens, insiste en que la coexisten- que, precisamente la mirada se funde en el paisaje
cia de dos mundos es lo que hace la ciudad moderna, y se vuelve el objeto de una mirada segunda e
chimeneas y campanarios confundidos, pero sitúa inasignable: la misma, otra.
también la posición particular del poeta que quiere, A tales desplazamientos de la mirada, a tales
en suma, ver las cosas desde lo alto y de lejos, y no juegos de imágenes, a tales vaciamientos de la
pertenece ni al universo de la religión ni al del conciencia pueden conducir, a mi entender, pero
trabajo. Esta posición corresponde al doble aspecto esta vez aquí de modo sistemático, generalizado y
de la modernidad: "La pérdida del sujeto en la prosaico, las manifestaciones más características
muchedumbre o, a la inversa, el poder absoluto, de lo que yo propondría llamar "sobremodernidad".
reivindicado por la conciencia individual". Esta impone en efecto a las conciencias individua-
les experiencias y pruebas muy nuevas de soledad,
Pero se puede también señalar que la posición directamente ligadas a la aparición y a la prolifera-
del poeta que mira es en sí misma espectáculo. En ción de no lugares. Pero sin duda era útil, antes de
ese cuadro parisiense, es Baudelaire quien ocupa el pasar al examen de lo que son los no lugares de la
primer lugar, aquel desde donde ve la ciudad pero sobremodernidad, mencionar aunque fuese
que otro yo, a distancia, constituye en objeto una alusivamente, la relación que mantenían con las
"segunda visión": nociones de lugar y de espacio los representantes
más reconocidos de la "modernidad" en arte. Sabe-
Las dos manos en el mentón, desde lo alto de mi mos que una parte del interés que despertaban en
bohardilla, Benjamin los "pasajes" parisienses y, más en gene-
veré el taller que canta y que charla, las ral, la arquitectura de hierro y de vidrio, se debe al
chimeneas, los campanarios... hecho de que puede discernir allí una voluntad de
prefigurar lo que será la arquitectura del siglo
siguiente, un sueño o una anticipación. Podemos
Así Baudelaire no pondría simplemente en preguntarnos en este mismo sentido si los repre-
escena la necesaria coexistencia de la antigua reli- sentantes de la modernidad de ayer, a quienes el
gión y de la industria nueva, o el poder absoluto espacio concreto del mundo ofreció materia de
de la conciencia individual, sino una forma muy reflexión, no han iluminado por anticipado ciertos
particular y muy moderna de soledad. Poner de aspectos de la sobremodernidad de hoy, no por el
manifiesto una posición, una "postura", una actitud,
en
97
96
azar de algunas intuiciones felices sino porque ción basta para despertar el placer de los especta-
encarnaban ya, de un modo excepcional (en su dores que no son ni serán nunca los beneficiarios.
carácter de artistas), situaciones (posturas, actitu- El "peso de las palabras" del cual se enorgullece un
des) que se convirtieron en modalidades más pro- semanario francés que lo asocia con "la impresión
saicas, en el destino común. que causan las fotos", no es solamente el de los
Se ve claramente que por "no lugar" designa- nombres propios. Una cantidad de nombres comu-
mos dos realidades complementarias pero distin- nes (estadía, viaje, mar, sol, crucero...) poseen en
tas: los espacios constituidos con relación a ciertos cada caso, en ciertos contextos, la misma fuerza de
fines (transporte, comercio, ocio), y la relación que evocación. En sentido inverso, nos imaginamos
los individuos mantienen con esos espacios. Si las perfectamente la atracción que pudieron y pueden
dos relaciones se superponen bastante ampliamen- ejercer por otra parte palabras para nosotros me-
te, en todo caso, oficialmente (los individuos viajan, nos exóticas, o aun despojadas de todo efecto de
compran, descansan), no se confunden por eso pues distancia, como América, Europa, Occidente, con-
los no lugares mediatizan todo un conjunto de sumo, circulación. Ciertos lugares no existen sino
relaciones consigo mismo y con los otros que no por las palabras que los evocan, no lugares en este
apuntan sino indirectamente a sus fines: como los sentido o más bien lugares imaginarios, utopías
lugares antropológicos crean lo social orgánico, los triviales, clisés. Son lo contrario del no lugar según
no lugares crean la contractualidad solitaria. ¿Cómo Michel de Certeau, lo contrario del lugar dicho (del
imaginar el análisis durkheiminiano de una sala que no se sabe, casi nunca, quién lo ha dicho y lo que
de espera de Roissy? dijo). Aquí la palabra no crea una separación entre
La mediación que establece el vínculo de los la funcionalidad cotidiana y el mito perdido: crea la
individuos con su entorno en el espacio del no lugar imagen, produce el mito y al mismo tiempo lo hace
pasa por las palabras, hasta por los textos. Sabe- funcionar (los teleespectadores permanecen fieles
mos ante todo que hay palabras que hacen imagen a la emisión, los albaneses acampan en Italia
o más bien imágenes: cada uno de aquellos que soñando con América, el turismo se desarrolla).
nunca fueron a Tahití o a Marrakesh puede dar Pero los no lugares reales de la sobremoderni-
libre curso a su imaginación apenas leen u oyen dad, los que tomamos cuando transitarnos por la
estos nombres. Algunos concursos televisivos lo- autopista, hacemos las compras en el supermerca-
gran así una parte de su prestigio del hecho de que do o esperamos en un aeropuerto el próximo vuelo
ofrecen una enorme cantidad de premios, en espe- para Londres o Marsella, tienen de particular que
cial viajes y estadías ("una semana para dos en un se definen también por las palabras o los textos que
hotel de tres estrellas en Marruecos", "quince días nos proponen: su modo de empleo, en suma, que se
con pensión completa en Florida") cuya sola men- expresa según los casos de modo prescriptivo ("to-

98 99
mar el carril de la derecha"), prohibitivo ("prohibi- atención a tal pueblo fortificado del siglo XVIII o a
do fumar") o informativo ("usted entra en el tal viñedo renombrado, a Vézelay, "colina eterna",
Beaujolais") y que recurre tanto a ideogramas más o aun a los paisajes del Avallonnais, o del propio
o menos explícitos y codificados (los del código vial Cézanne (retorno de la cultura en una naturaleza
o los de las guías turísticas) como a la lengua en sí misma escondida pero siempre comentada).
natural. Así son puestas en su lugar las condiciones El paisaje toma sus distancias, y sus detalles arqui-
de circulación en los espacios donde se considera tectónicos o naturales son la ocasión para un texto,
que los individuos no interactúan sino con los tex- a veces adornado con un dibujo esquemático cuan-
tos sin otros enunciadores que las personas "mora- do parece que el viajero de paso no está verdadera-
les" o las instituciones (aeropuertos, compañías de mente en situación de ver el punto notable señala-
aviación, ministerio de transportes, sociedades co- do a su atención y se encuentra entonces condenado
merciales, policía caminera, municipalidades) cuya a obtener placer con el solo conocimiento de su
presencia se adivina vagamente o se afirma más proximidad.
explícitamente ("el Consejo general financia este El recorrido por la autopista es por lo tanto
tramo de ruta", "el Estado trabaja para mejorar sus doblemente notable: por necesidad funcional, evita
condiciones de vida" ) detrás de los mandatos, los todos los lugares importantes a los que nos aproxi-
consejos, los comentarios, los "mensajes" transmi- ma; pero los comenta. Las estaciones de servicio
tidos por los innumerables "soportes" (carteles, agregan algo a esta información y se dan cada vez
pantallas, afiches) que forman parte integrante del más aires de casas de la cultura regional, propo-
paisaje contemporáneo. niendo algunos productos locales, algunos mapas y
Las autopistas en Francia fueron bien diseña- guías que podrían ser útiles a quien se detuviera.
das y revelan los paisajes, a veces casi aéreos, muy Pero la mayor parte de los que pasan no se detie-
diferentes de los que puede apreciar el viajero que nen, justamente; eventualmente vuelven a pasar,
toma las rutas nacionales o departamentales. Con cada verano o varias veces por año; de suerte que el
ellas se ha pasado del filme intimista a los grandes espacio abstracto que se ven obligados regularmente
horizontes de los westerns. Pero son los textos a leer más que a mirar se les vuelve a la larga
diseminados por los recorridos los que dicen el extrañamente familiar, como a otros, más afortu-
paisaje y explicitan sus secretas bellezas. Ya no se nados, el vendedor de orquídeas de Bangkok o el
atraviesan las ciudades, sino que los puntos nota- duty-free de Roissy I.
bles están señalados en carteles en los que se Hace unos treinta años, en Francia, las rutas
inscribe un verdadero comentario. El viajero ya no nacionales, las departamentales o las vías férreas
necesita detenerse e inclusive ni mirar. Así, se le penetraban en la intimidad de la vida cotidiana. El
ruega en la autopista del sur que preste cierta recorrido vial y el recorrido ferroviario se oponían,

101
100
desde este punto de vista, como el anverso y el del jardín, del lado de la cocina o de la habitación y,
reverso, y esta oposición resulta parcialmente ac- por la noche, del lado de la luz, mientras que, si no
tual para aquel que se atiene, hoy, a la frecuentación hubiese alumbrado público, la calle sería el domi-
de las rutas departamentales y los transportes nio de la sombra y de la noche. Y antes, el tren no
ferroviarios distintos del TGV, aun de las líneas era tan rápido que impidiese al viajero curioso
regionales, cuando quedan, puesto que significati- descifrar al pasar el nombre de la estación..., cosa
vamente los que desaparecen son los servicios loca- que impide la excesiva velocidad de los trenes
les, las vías de interés local. Las rutas departa- actuales, como si ciertos textos se hubiesen vuelto
mentales, hoy a menudo condenadas a rodear los obsoletos para el pasajero de hoy. Se le propone otra
conglomerados urbanos, se transformaban antes cosa; en el "tren-avión", que es en parte el TGV,
regularmente en calles de ciudad o de pueblo, puede consultar una revista bastante semejante a
bordeadas a cada lado por las fachadas de las casas. las que las compañías aéreas ponen a disposición
Antes de las ocho de la mañana, o después de las de su clientela: esta revista le recuerda, a través de
siete de la tarde, el viajero al volante atravesaba un reportajes, fotos y anuncios publicitarios, la necesi-
desierto de fachadas cerradas (persianas cerradas, dad de vivir a escala (o a la imagen) del mundo de
luces que se filtraban por las celosías o directamente hoy.
sin luces, ya que las habitaciones y salas de estar Otro ejemplo de invasión del espacio por el
solían dar a la parte de atrás de las casas): ese texto: los grandes supermercados en los cuales el
viajero era testigo de la imagen digna y acompasada cliente circula silenciosamente, consulta las eti-
que los franceses gustan dar de sí mismos, que cada quetas, pesa las verduras o las frutas en una
francés gusta darles a sus vecinos. El automovilista máquina que le indica, con el peso, el precio, luego
de paso observaba alguna cosa de las ciudades que tiende su tarjeta de crédito a una mujer joven pero
hoy se han vuelto nombres de un itinerario (La también silenciosa, o poco locuaz, que somete cada
Ferté-Bernard, Nogent-le-Rotrou); al detenerse ante artículo al registro de una máquina decodificadora
un semáforo en rojo o por una congestión de trán- antes de verificar si la tarjeta de crédito está en
sito, podía ocurrir que tuviese que descifrar textos condiciones. Diálogo más directo pero aun más
(carteles de los comercios de la ciudad, informes silencioso: el que cada titular de una tarjeta de
municipales), que no le estaban prioritariamente crédito mantiene con la máquina distribuidora
destinados. El tren, por su parte, era más indiscreto, donde la inserta y en cuya pantalla le son transmi-
lo es todavía. La vía férrea, a menudo trazada tidas instrucciones generalmente alentadoras pero
detrás de las casas que constituyen el conglomera- que constituyen a veces verdaderos llamados al
do, sorprende a los provincianos en la intimidad de orden ("Tarjeta mal introducida", "Retire su tarje-
su vida cotidiana, no ya del lado de la fachada sino ta", "Lea atentamente las instrucciones"). Todas

102 103
las interpelaciones que emanan de las rutas, de los pasajero del vuelo próximo se precipita en el espacio
centros comerciales o del servicio de guardia del "libre de tasas", liberado del peso de sus valijas y de
sistema bancario que está en la esquina de nuestra las cargas de la cotidianidad, no tanto para
calle apuntan en forma simultánea, indiferente, a comprar a mejor precio, quizá, como para experi-
cada uno de nosotros ("Gracias por su visita", "Buen mentar la realidad de su disponibilidad del mo-
viaje", "Gracias por su confianza"), no importa a mento, su cualidad irrecusable de pasajero en el
quién: son las que fabrican al "hombre medio" , momento de la partida.
definido como usuario del sistema vial, comercial o Solo, pero semejante a los otros, el usuario del
bancario. Esas interpelaciones lo construyen y even- no lugar está con ellos (o con los poderes que lo
tualmente lo individualizan: en algunas rutas y gobiernan) en una relación contractual. La existen-
autopistas, la advertencia súbita de un letrero cia de este contrato se le recuerda en cada caso (el
luminoso (¡110!; 110!) llama al orden al automovilis- modo de empleo del no lugar es un elemento de eso):
ta demasiado apurado; en algunos cruces de rutas el boleto que ha comprado, la tarjeta que deberá
parisienses, cuando se pasa un semáforo en rojo eso presentar en el peaje, o aun el carrito que empuja
queda automáticamente registrado y el coche del en las góndolas del supermercado, son la marca
culpable identificado por foto. Toda tarjeta de cré- más o menos fuerte de todo eso. El contrato tiene
dito lleva un código de identificación que le permite siempre relación con la identidad individual de
a la máquina distribuidora proveer a su titular aquel que lo suscribe. Para acceder a las salas de
informaciones al mismo tiempo que un recordatorio embarque de un aeropuerto, es necesario ante todo
de las reglas del juego: "Usted puede retirar 600 presentar el boleto al registro (donde está escrito el
francos". Mientras que la identidad de unos y otros nombre del pasajero). La presentación simultánea
constituía el "lugar antropológico", a través de las al control de policía de la tarjeta de embarque y de
complicidades del lenguaje, las referencias del pai- un documento de identidad provee la prueba de que
saje, las reglas no formuladas del saber vivir, el no el contrato ha sido respetado. No todos los países
lugar es el que crea la identidad compartida de los tienen las mismas exigencias (documento de iden-
pasajeros, de la clientela o de los conductores del tidad, pasaporte, pasaporte y visa), pero desde la
domingo. Sin duda, inclusive, el anonimato relati- partida se asegura que esto se ha tenido en cuenta.
vo que necesita esta identidad provisional puede De suerte que el pasajero sólo adquiere su derecho
ser sentido como una liberación por aquellos que, al anonimato después de haber aportado la prueba
por un tiempo, no tienen más que atenerse a su de su identidad, refrendado el contrato de alguna
rango, mantenerse en su lugar, cuidar de su aspec- manera. Cuando el cliente del supermercado paga
to. Duty free: una vez declarada su identidad perso- con cheque o con tarjeta de crédito, también mani-
nal (la del pasaporte o la cédula de identidad), el fiesta su identidad, lo mismo que el usuario de la

104 105
autopista. En cierto modo, el usuario del no lugar aduanero, en el peaje o en la caja registradora.
siempre está obligado a probar su inocencia. El Mientras espera, obedece al mismo código que los
control a priori o a posteriori de la identidad y del demás, registra los mismos mensajes, responde a
contrato coloca el espacio del consumo contemporá- las mismas apelaciones. El espacio del no lugar no
neo bajo el signo del no lugar: sólo se accede a él en crea ni identidad singular ni relación, sino soledad
estado de inocencia. Las palabras casi ya no cuen- y similitud.
tan. No hay individualización (derecho al Tampoco le da lugar a la historia, eventual-
anonimato) sin control de la identidad. Natural- mente transformada en elemento de espectáculo,
mente, los criterios de la inocencia son los criterios es decir, por lo general, en textos alusivos. Allí
convenidos y oficiales de la identidad individual reinan la actualidad y la urgencia del momento
(los que figuran en las tarjetas y están registrados presente. Como los no lugares se recorren, se miden
en misteriosos ficheros). Pero la inocencia es tam- en unidades de tiempo. Los itinerarios no se reali-
bién otra cosa: el espacio del no lugar libera a quien zan sin horarios, sin tableros de llegada o de parti-
lo penetra de sus determinaciones habituales. Esa da que siempre dan lugar a la mención de posibles
persona sólo es lo que hace o vive como pasajero, retrasos. Se viven en el presente. Presente del
cliente, conductor. Quizá se siente todavía molesto recorrido, que se materializa hoy en los vuelos
por las inquietudes de la víspera, o preocupado por transcontinentales sobre una pantalla donde se
el mañana, pero su entorno del momento lo aleja registra a cada minuto el movimiento del aparato.
provisionalmente de todo eso. Objeto de una pose- Si es necesario, el comandante de abordo lo explicita
sión suave, a la cual se abandona con mayor o de manera un tanto redundante: "A la derecha del
menor talento o convicción, como cualquier poseí- avión, pueden ver la ciudad de Lisboa". De hecho,
do, saborea por un tiempo las alegrías pasivas de la no se percibe nada: el espectáculo, una vez más,
desidentificación y el placer más activo del sólo es una idea, una palabra. En la autopista hay
desempeño de un rol. carteles luminosos que dan la temperatura del
En definitiva, se encuentra confrontado con momento y las informaciones útiles para la prácti-
una imagen de sí mismo, pero bastante extraña en ca del espacio: "En la A3, embotellamiento de dos
realidad. En el diálogo silencioso que mantiene con kilómetros". Presente de la actualidad en sentido
el paisaje-texto que se dirige a él como a los demás, amplio: en el avión, los diarios se leen y se releen;
el único rostro que se dibuja, la única voz que toma varias compañías aseguran inclusive la retransmi-
cuerpo, son los suyos: rostro y voz de una soledad sión de los diarios televisados. La mayor parte de
tanto más desconcertante en la medida en que los automóviles están equipados con autorradios.
evoca a millones de otros. El pasajero de los no La radio funciona de manera ininterrumpida en las
lugares sólo encuentra su identidad en el control estaciones de servicio o en los supermercados: los

106 107
estribillos del día, los anuncios publicitarios, algu- lee a veces en las revistas "femeninas", se interesan
nas noticias son propuestas, impuestas a los clien- en el cuidado del hogar y en la atención de los bebés.
tes de paso. En suma, es como si el espacio estuviese Pero se percibe también en los supermercados el
atrapado por el tiempo, como si no hubiera otra rumor del prestigio contemporáneo: los medios, las
historia más que las noticias del día o de la víspera, vedettes , la actualidad. Pues lo más notable, en
como si cada historia individual agotara sus moti- suma, resulta lo que se podría llamar las "partici-
vos, sus palabras y sus imágenes en el stock inago- paciones cruzadas" de los aparatos publicitarios.
table de una inacabable historia en el presente. Las radios privadas hacen la publicidad de los
Asaltado por las imágenes que difunden con grandes supermercados; los grandes supermerca-
exceso las instituciones del comercio, de los trans- dos la de las radios privadas. Las estaciones de
portes o de la venta, el pasajero de los no lugares servicio de los lugares de vacaciones ofrecen viajes
hace la experiencia simultánea del presente perpe- a los Estados Unidos y la radio nos lo informa. Las
tuo y del encuentro de sí. Encuentro, identificación, revistas de las compañías aéreas hacen la publici-
imagen: ese elegante cuadragenario que parece dad de los hoteles que hacen la publicidad de las
experimentar una felicidad inefable bajo la mirada compañías aéreas... y lo interesante es que todos los
atenta de una azafata rubia, es él; ese piloto de consumidores de espacio se encuentran así atrapa-
mirada segura que lanza su motor de turbinas dos en los ecos y las imágenes de una suerte de
sobre no se sabe qué pista africana, es él; ese cosmología objetivamente universal, a diferencia
de aquellas que tradicionalmente estudiaban los
hombre de rostro viril que una mujer contempla etnólogos y, al mismo tiempo, familiar y prestigio-
amorosamente porque usa un agua de colonia con sa. De todo esto resultan dos cosas por lo menos. Por
perfume salvaje, es también él. Si estas invitacio- una parte, esas imágenes tienden a hacer sistema:
nes a la identificación son esencialmente masculi- esbozan un mundo de consumo que todo individuo
nas es porque el ideal del yo que difunden es en puede hacer suyo porque allí es incesantemente
efecto masculino y porque, por el momento, una interpelado. Aquí la tentación del narcisismo es
mujer de negocios o una conductora creíbles sólo se tanto más fascinante en la medida en que parece
representan con cualidades "masculinas". El tono expresar la ley común: hacer como los demás para
cambia, naturalmente, y las imágenes también, en ser uno mismo. Por otra parte, como todas las
los no lugares menos prestigiosos como son los cosmologías, la nueva cosmología produce efectos
supermercados frecuentados rnayoritariamente por de reconocimiento. Paradoja del no lugar: el ex-
mujeres. El tema de la igualdad de los sexos (inclu- tranjero perdido en un país que no conoce (el
so, en el futuro, la indiferenciación), se aborda allí extranjero "de paso") sólo se encuentra aquí en el
de modo simétrico e inverso: los nuevos padres, se anonimato de las autopistas, de las estaciones de

108 109
servicio, de los grandes supermercados o de las casas habitación nuevas"), donde no se vive juntos
cadenas de hoteles. El escudo de una marca de y que no se sitúa nunca en el centro de nada
nafta constituye para él un punto de referencia (grandes complejos: símbolo de zonas llamadas
tranquilizador, y encuentra con alivio en los estan- periféricas) al monumento, donde se comparte y se
tes del supermercado los productos sanitarios, ho- conmemora; la comunicación (sus códigos, sus imá-
gareños o alimenticios consagrados por las firmas genes, sus estrategias) a la lengua (que se habla).
multinacionales. Inversamente, los países del Este En este caso el vocabulario es esencial pues teje la
conservan algún tipo de exotismo porque no cuen- trama de las costumbres, educa la mirada, informa
tan todavía con todos los medios para alcanzar el el paisaje. Volvamos un instante a la definición que
espacio mundial del consumo. propone Vincent Descombes de la noción de "país
retórico" a partir de un análisis de la "filosofía" o
más bien de la "cosmología" de Combray:
En la realidad concreta del mundo de hoy, los "¿Dónde el personaje está en su casa? La pregunta
lugares y los espacios, los lugares y los no lugares no se refiere tanto a un territorio geográfico corno
se entrelazan, se interpenetran. La posibilidad del a un territorio retórico (tomando la palabra retórica
no lugar no está nunca ausente de cualquier lugar en el sentido clásico, sentido definido por ocios
que sea. El retorno al lugar es el recurso de aquel retóricos como el alegato, la acusación, el elogio, la
que frecuenta los no lugares (y que sueña, por censura, la recomendación, la admonición, etc.). El
ejemplo, con una residencia secundaria arraigada personaje está en su casa cuando está a gusto con
en las profundidades del terruño). Lugares y no la retórica de la gente con la que comparte su vida.
lugares se oponen (o se atraen) como las palabras y El signo de que se está en casa es que se logra
los conceptos que permiten describirlas. Pero las hacerse entender sin demasiados problemas, y que
palabras de moda —las que no tenían derecho a la al mismo tiempo se logra seguir las razones de los
existencia hace unos treinta años— son las de los interlocutores sin necesidad de largas explicacio-
no lugares. Así podemos oponer las realidades del nes. El país retórico de un personaje finaliza allí
tránsito (los campos de tránsito o los pasajeros en donde sus interlocutores ya no comprenden las
tránsito) a las de la residencia o la vivienda, las in- razones que él da de sus hechos y gestos ni las
tersecciones de distintos niveles (donde no se cruza) quejas que formula ni la admiración que manifiesta.
a los cruces de ruta (donde se cruza), el pasajero Una alteración de la comunicación retórica
(que define su destino) al viajero (que vaga por el manifiesta el paso de una frontera, que es necesario
camino)—significativamente, aquellos que son to- con toda seguridad representarse como una zona
davía viajeros para la SNCF se vuelven pasajeros fronteriza, un escalón, más que como una línea bien
cuando toman el TGV—, el complejo ("grupo de trazada" (pág. 179).

110 111
Si Descombes está en lo cierto, hay que concluir comunicación o del marketing: esto no marca tanto
que en el mundo de la sobremodernidad se está el triunfo de una lengua sobre las otras como la
siempre y no se está nunca "en casa": las zonas invasión de todas las lenguas por un vocabulario de
fronterizas o los "escalones" de los que él habla ya audiencia universal. Lo significativo es la necesi-
no introducen nunca a mundos totalmente extran- dad de este vocabulario generalizado y no tanto el
jeros. La sobremodernidad (que procede simultá- hecho de que sea el inglés. El debilitamiento
neamente de las tres figuras del exceso que son la lingüístico (si se denomina así a la disminución de
superabundancia de acontecimientos, la superabun- la competencia semántica y sintáctica en la práctica
dancia espacial y la individualización de las refe- media de las lenguas habladas) es más imputable a
rencias) encuentra naturalmente su expresión com- esta generalización que a la contaminación y a la
pleta en los no lugares. Por éstos, al contrario, subversión de una lengua por otra.
transitan palabras e imágenes que reencuentran A partir de esto podemos ver bien qué es lo que
su raíz en los lugares todavía diversos donde los distingue a la sobremodernidad de la modernidad, tal
hombres tratan de construir una parte de su vida como la definió Starobinski a través de Bau-
cotidiana. Sucede inversamente que el no lugar delaire. La supermodernidad no es el todo de la
pide prestadas sus palabras al terruño, como se ve contemporaneidad. En la modernidad del paisaje
en las autopistas, donde las "áreas de reposo" — baudeleriano, por el contrario, todo se mezcla, todo
siendo el término área verdaderamente el más se unifica: los campanarios son los "dueños de la
neutro posible, el más alejado del lugar y del lugar ciudad". Lo que contempla el espectador de la
dicho— son a veces designadas por referencia a modernidad es la imbricación de lo antiguo y de lo
algún atributo particular y misterioso del terruño nuevo. La sobremodernidad convierte a lo antiguo
próximo: área de Hibou, área del Gite-aux-Loups, (la historia) en un espectáculo específico, así como
área de la Combe-Tourmente, área de las a todos los exotismos y a todos los particularismos
Croquettes... Vivimos por lo tanto en un mundo locales. La historia y el exotismo desempeñan el
donde se ha vuelto un fenómeno general lo que los mismo papel que las "citas" en el texto escrito, esta-
etnólogos llamaban tradiciónalmente "contacto cul- tuto que se expresa de maravillas en los catálogos
tural". La primera dificultad de una etnología del editados por las agencias de viajes. En los no luga-
"aquí" es que siempre tiene algo que ver con el res de la sobremodernidad. hay siempre un lugar
"afuera", sin que el estatuto de este "afuera" pueda específico (en el escaparate, en un cartel, a la dere-
constituirse en objeto singular y distinto (exótico). cha del aparato, a la izquierda de la autopista) para
El lenguaje da testimonio de estas múltiples las "curiosidades" presentadas como tales: ananás
impregnaciones. En este sentido es muy revelador de la Costa de Marfil, los "jefes" de la República de
el recurso al inglés básico de las tecnologías de la Venecia, la ciudad de Tánger, el paisaje de Alesia.

113
112
Pero éstos no operan ninguna síntesis, no integran En este punto volvemos a encontrarnos con una
nada, autorizan solamente el tiempo de un recorri- cuestión que hemos rozado antes: la de la
do, la coexistencia de individualidades distintas, política. En un artículo consagrado a la ciudad,*
semejantes e indiferentes las unas a las otras. Si los Sylviane Agacinski recuerda lo que fueron el ideal y
no lugares son el espacio de la sobremodemidad, la exigencia del convencional Anacharsis Cloots.
ésta no puede, por lo tanto, aspirar a las mismas Hostil a todo poder "incorporado", reclama la muerte
ambiciones que la modernidad. Cuando los indivi- del rey. Toda localización del poder, toda soberanía
duos se acercan, hacen lo social y disponen los singular, aun la división de la humanidad en
lugares. El espacio de la sobremodemidad está pueblos, le parecen incompatibles con la soberanía
trabajado por ésta contradicción: sólo tiene que ver indivisible del género humano. En esta perspecti-
con individuos (clientes, pasajeros, usuarios, oyen- va, la capital, París, no es un lugar privilegiado más
tes) pero no están identificados, socializados ni que porque se privilegia "un pensamiento desarrai-
localizados (nombre, profesión, lugar de nacimien- gado, desterritorializado"; "La paradoja del lugar
to, domicilio) más que a la entrada o a la salida. Si dominante de esta humanidad abstracta, univer-
los no lugares son el espacio de la sobremodemidad, sal y quizá no simplemente burguesa —escribe
es necesario explicar esta paradoja: el juego social Agacinski— es que es también un no lugar, un
parece desarrollarse fuera de los puestos de avan- ninguna parte, un poco lo que Michel Foucault, sin
zada de la contemporaneidad. Es a modo de un incluir allí la ciudad, llamaba una 'heterotopía"
inmenso paréntesis como los no lugares acogen a (págs. 204, 205). Es muy cierto que hoy la tensión
los individuos cada día más numerosos, tanto más entre pensamiento de lo universal y pensamiento
cuanto que a ellos apuntan particularmente todos de la territorialidad se manifiesta a escala mun-
aquellos que llevan hasta el terrorismo su pasión dial. Aquí sólo hemos abordado el estudio por uno
del territorio a preservar o a conquistar. Si los de sus aspectos, a partir de la comprobación de que
aeropuertos y los aviones, los supermercados y las una parte cada vez; mayor de la humanidad vive,
estaciones fueron siempre el blanco privilegiado de por lo menos una parte del tiempo, fuera del terri-
los atentados (para no hablar de los coches bom- torio y que, en consecuencia, las condiciones mis-
bas), es sin duda por razones de eficacia, si se puede mas de definición de lo empírico y lo abstracto
utilizar esta palabra. Pero es quizá también por- varían según los efectos de la triple aceleración
que, más o menos confusamente, aquellos que rei- característica de la supermodernidad.
vindican nuevas socializaciones y nuevas localiza- El "fuera de lugar" o el "no lugar" que frecuenta
ciones no pueden ver en ello sino la negación de su el individuo de la sobremodemidad no es el "no
ideal. El no lugar es lo contrario de la utopía: existe
y no postula ninguna sociedad orgánica. * "La ville inquiete", Le Temps de la reflexión, 1987.

114 115
lugar" de poder donde se anuda la doble y contra- humano. Pero, de hecho, el lenguaje del Imperio era el
dictoria necesidad de pensar y de situar lo univer- mismo que el de las naciones que lo rechazan,
sal, de anular y de fundar lo local, de afirmar y de quizá porque el antiguo Imperio, al igual que las
recusar el origen. Esta parte no pensable del poder nuevas naciones, deben conquistar su modernidad
que siempre ha constituido la base del orden social, antes de pasar a la sobremodernidad. El Imperio,
si es necesario invirtiendo, como por lo arbitrario de pensado como universo "totalitario", no es nunca
un hecho natural, los términos que sirven para un no lugar. La imagen que está asociada con él es,
pensarlo, encuentra sin duda una expresión parti- al contrario, la de un universo donde nadie está
cular en la voluntad revolucionaria de pensar a la nunca solo, donde todo el mundo está bajo control
vez lo universal y la autoridad, de recusar a la vez inmediato, donde el pasado como tal es rechazado
el despotismo y la anarquía, pero, en términos más (se ha hecho tabla rasa con él). El Imperio, como el
generales, esa expresión es constitutiva de todo mundo de Orwell o el de Kafka, no es premoderno
orden localizado que, por definición, debe elaborar sino "paramoderno"; como aborto de la moderni-
una expresión espacializada de la autoridad. La dad, no es en ningún caso su futuro y no depende de
coacción que pesa sobre el pensamiento de ninguna de las tres figuras de la sobremodernidad
Anacharsis Cloots (lo que permite, en determina- que hemos intentado poner de manifiesto. En tér-
dos momentos, subrayar su "ingenuidad") es que él minos estrictos, hasta es el negativo de esa
ve el mundo como un lugar —lugar del género sobremodernidad. Insensible a la aceleración de la
humano, por cierto—, pero que pasa por la organi- historia, la reescribe; preserva a los que dependen
zación de un espacio y el reconocimiento de un de su jurisdicción del sentimiento de achicamiento
centro. Por otra parte es bastante significativo que, del espacio limitando la libertad de circulación y de
cuando se habla hoy de la Europa de los Doce o del información; por eso mismo (y como se ve en sus
nuevo orden mundial, la cuestión que se plantea reacciones crispadas ante las iniciativas tornadas
inmediatamente sea otra vez la de la localización en favor del respeto a los derechos del hombre),
del verdadero centro de cada uno de ellos: ¿Bruse- separa de su ideología la referencia individual y
las (por no hablar de Estrasburgo) o Bonn (por no asume el riesgo de proyectarla al exterior de sus
decir Berlín)? ¿Nueva York y la sede de la ONU, o fronteras, como figura cambiante del mal absoluto
Washington y el Pentágono? El pensamiento del o de la seducción suprema. Pensamos seguramente
lugar nos preocupa siempre y el "resurgimiento" de ante todo en lo que fue la Unión Soviética pero hay
los nacionalismos, que le confiere una actualidad otros imperios, grandes o pequeños, y la tentación
nueva, podría pasar por un "retorno" a la localiza- que tienen a veces algunos de nuestros hombres
ción de la cual parecería haberse alejado el Imperio, políticos de pensar que la institución del partido
como presunta prefiguración del futuro género único y del ejecutivo soberano constituye un

116 117
prerrequisito necesario para la democracia, en Epílogo
África y en Asia, depende extrañamente de
esquemas de pensamiento que esos mismos
políticos denuncian como arcaicos e
intrínsecamente perversos cuando se trata del Este
europeo. En la coexistencia de lugares y de no
lugares, el mayor obstáculo será siempre político.
Sin duda los países del Este, y otros, encontrarán
su lugar en las redes mundiales de la circulación y
del consumo. Pero la extensión de los no lugares
que les corresponden —no lugares empíricamente
reconocibles y analizables cuya definición es ante Cuando un vuelo internacional sobrevuela
todo económica— ha contagiado ya de velocidad la Arabia Saudita, la azafata anuncia que durante
reflexión de los políticos que sólo se preguntan ese período quedará prohibido el consumo de alco-
cada vez más adonde van porque saben cada vez hol en el avión. Así se significa la intrusión del
menos dónde están. territorio en el espacio. Tierra = sociedad = nación
= cultura = religión: la ecuación del lugar antropo-
lógico se reinscribe fugazmente en el espacio. Reen-
contrar el no lugar del espacio, un poco más tarde,
escapar a la coacción totalitaria del lugar, será sin
duda encontrarse con algo que se parezca a la
libertad.
Un autor británico de gran talento, David
Lodge, publicó recientemente una versión moder-
na de la búsqueda del Grial que él sitúa humorís-
ticamente, en forma muy lograda, en el mundo
cosmopolita, internacional y limitado de la investi-
gación semiolingüística universitaria.* El humor,
en este caso, tiene valor sociológico: el mundo
universitario de Small World no es sino una de las
"redes sociales" que se despliegan hoy sobre el
* David Lodge, Small World, Penguin Books, 1985.

119

118
planeta entero y que ofrece a individualidades Sería un error no ver en este juego de imágenes
diversas la ocasión de recorridos singulares pero más que una ilusión (una forma posmoderna de
extrañamente semejantes. La aventura caballe- alienación). El análisis de sus determinaciones
resca, después de todo, no era otra cosa, y el derro- nunca ha podido agotar la realidad de un fenóme-
tero individual, en la realidad de hoy al igual que en no. Lo significativo en la experiencia del no lugar es
los mitos de ayer, sigue siendo fuente de expectati- su fuerza de atracción, inversamente proporcional
vas, si no de esperanza. a la atracción territorial, a la gravitación del lugar
y de la tradición. La avalancha de automovilistas
en las rutas durante los fines de semana y los
períodos de vacaciones, las dificultades de las to-
La etnología siempre tiene que ver por lo me- rres de control para regular la congestión del trán-
nos con dos espacios: el del lugar que estudia (un sito aéreo, el éxito de las nuevas formas de distribu-
pueblo, una empresa) y otro lugar, más amplio, en ción lo atestiguan fehacientemente. Pero también
el que aquél se inscribe y donde se ejercen influen- lo documentan otros fenómenos que a primera
cias y presiones que no dejan de tener su efecto en vista se podrían atribuir a la preocupación por
el juego interno de las relaciones locales (la etnia, defender los valores territoriales o por descubrir las
el reino, el Estado). Así, el etnólogo está condenado identidades patrimoniales. Si los inmigrantes in-
al estrabismo metodológico: no debe perder de vista quietan tanto (a menudo tan abstractamente) a los
ni el lugar inmediato que está observando ni las residentes en un país, es en primer lugar porque les
fronteras correspondientes de ese espacio exterior. demuestran a estos últimos la relatividad de las
En la situación de supermodernidad, una par- certidumbres vinculadas con el suelo: es el emigra-
te de ese exterior está constituida por no lugares, y do el que los inquieta y los fascina a la vez en el
una parte de los no lugares, por imágenes. Hoy, la personaje del inmigrante. Si bien estamos obliga-
frecuentación de los no lugares ofrece la posibilidad dos, a la vista de los sucesos ocurridos en la Europa
de una experiencia sin verdadero precedente histó- contemporánea, a referirnos al "retorno" de los
rico de individualidad solitaria y de mediación no nacionalismos, quizá deberíamos advertir que ese
humana (basta un cartel o una pantalla) entre el retorno significa antes que nada un rechazo del
individuo y los poderes públicos. orden colectivo: el modelo de identidad nacional
El etnólogo de las sociedades contemporáneas evidentemente se presta para dar forma a este
descubre, pues, la presencia individual en el uni- rechazo, pero lo que le da sentido y vitalidad hoy y
verso globalizador en el que tradicionalmente estaba tal vez lo debilite mañana es la imagen individual
habituado a localizar las determinaciones generales (la imagen de la libre trayectoria individual).
qué daban sentido a las configuraciones par-
ticulares o a los accidentes singulares.

120 121
En sus modalidades más limitadas, al Habrá, pues, lugar mañana, hay ya quizá
igual que en sus expresiones más lugar hoy, a pesar de la contradicción
exuberantes, la ex periencia del no lugar aparente de los términos, para una etnología
(indisociable de una percep ción más o menos de la soledad.
clara de la aceleración de la historia y del
achicamiento del planeta) es hoy un
componente esencial de toda existencia
social. De allí el carácter muy peculiar y en
total paradójico de lo que se considera a veces
en Occidente como el modo de replegarse sobre
sí mismo, del "cocooning": nunca las historias
individuales (por su necesaria relación con el
espacio, la imagen y el consumo) han estado
tan incluidas en la historia general, en la
historia a secas. A partir de allí son
concebibles todas las actitudes
individuales: la huida (a su casa, a otra
parte), el miedo (de sí mismo, de los demás),
pero también la intensidad de la experien cia
(la performance) o la rebelión (contra los
valores establecidos). Ya no hay análisis
social que pueda prescindir de los i ndividuos,
ni análisis de los individuos que pueda
ignorar los espacios por donde ellos transitan.

Un día, quizá, vendrá un signo de otro


planeta. Y, por un efecto de solidaridad cuyos
mecanismos ha estudiado el etnólogo en
pequeña escala, el conjunto del espacio
terrestre se convertirá en un lugar. Ser
terrestre significará algo. Mientras es -
peramos que esto ocurra, no es seguro que
basten las amenazas que pesan sobre el
entorno. En el anonimato del no lugar es
donde se experimenta solitariamente la
comunidad de los destinos humanos. 123

122
Referencias bibliográficas

Cerceau, Michel de, L'Invention du


quotidien. 1. Arts de faire, edición de 1990,
Gallimard, "Folie-Essais".
Chateaubriand, Itinéraire de Paris à Jérusalem
(hacemos referencia a la edición de 1964,
Julliard).
Descombes, Vincent, Proust, philosophie du roman,
Editions de Minuit, 1987.
Dumont, Louis, La Tarasque. Gallimard, 1987.
Dupront, Alphonse, Du sacré, Gallimard, 1987.
Furet, François, Penser la Révolution,
Gallimard,1978.
Hazard, Paul, La Crise de la conscience
européenne, 1680-1715, Arthème Fayard, 1961.
Mauss, Marcel, Sociologie et anthropologie, PUF,
1966.
Starobinski, Jean, "Les cheminées et les clochers",
Magazine littéraire, N°280, septiembre de
l990.
L'Autre et le semblable. Regards sur
l'ethnologie des sociétés contemporaines,
textos reunidos y prologados por Martine
Segalen, Presses du CNRS, 1989.

125