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26/10/2009

Política antidroga y Plan Colombia: existen alternativas*

Camilo González Posso** ::ver perfil del autor

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¿Existen posibilidades de cambios significativos en la política de guerra antidrogas? ¿Cuáles son las rectificaciones necesarias? ¿Cuál es el curso probable del Plan Colombia y cómo influir en él? Una mirada profunda del problema, que invita al debate.

Una nueva oportunidad

La semana pasada el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó el proyecto de ley que crea la “Comisión del Hemisferio Occidental de Política Antinarcóticos”, con el mandato de “(1) revisar y evaluar la política sobre oferta de drogas ilícitas… y (2) Identificar políticas y programas alternativos para mejorar la actual política antinarcóticos[1]. La Comisión debe rendir su informe en doce meses y estará integrada por diez “notables” designados por el presidente Obama y el Congreso.

La exposición de motivos del proyecto admite abiertamente el fracaso de las políticas actuales en los términos que siguen: “Con el paso de los años se han gastado millones de millones de dólares de los contribuyentes para librar la guerra contra la droga en América Latina y el Caribe. No obstante nuestros esfuerzos, desde comienzos de los años 80 el número de usuarios vitalicios (”lifetime drug users“) de marihuana, cocaína y heroína ha registrado un aumento constante en Estados Unidos. Sin duda alguna ha llegado el momento de reexaminar nuestros esfuerzos antinarcóticos aquí y a lo largo de las Américas[2].

Aunque constituir una Comisión no necesariamente implica que ella proponga nada novedoso -y, menos todavía, que sus recomendaciones sean aplicadas- el apoyo bipartidista que recibió el proyecto y el interés de la Casa Blanca justifican la expectativa que el proyecto ha creado en distintos ambientes y la atención que Colombia debería otorgarle a este proceso.

Son muchos los interrogantes y las dimensiones de la política antidrogas en Colombia y sus relaciones con el conflicto armado y las posibilidades para la paz. Para este ejercicio me referiré a tres cuestiones: ¿Existen posibilidades de cambios significativos en la política de guerra antidrogas? ¿Cuáles son las rectificaciones necesarias? ¿Cuál es el curso probable del Plan Colombia y cómo influir en él?

Colombia prohibicionista

Durante la última reunión de la Comisión de Estupefacientes de las Naciones Unidas que tuvo lugar en Viena el 11 y 12 de marzo y que fue comentada en Razón Pública Colombia se alineó con las posturas más conservadoras. Con presencia de delegados de 100 países, la Comisión aprobó la ampliación de los plazos para reducir la producción y el consumo de estupefacientes hasta el 2019. Las metas previstas hace 10 años no se cumplieron, avanzó el consumo y se amplió y diversificó la oferta de psicotrópicos ilegales y legales, al tiempo con el crecimiento del negocio del narcotráfico y lavado de activos en todos los circuitos legales.

Pero no obstante el fracaso de esta orientación, las estrategias son las mismas que le dan peso a la guerra, es decir al enfoque militar y la criminalización en toda la cadena, aunque no faltan consideraciones secundarias sobre la necesidad de respuestas a los problemas de drogadicción, riesgos de transmisión de VIH o alternativas de desarrollo para los productores en países en desarrollo.

Seguirá la mano dura

Durante la próxima década serán cada vez mayores las presiones contra el prohibicionismo y el enfoque de la “guerra” antidrogas, pero probablemente seguirán predominando las estrategias militares y de represión de la oferta.

Los Estados Unidos, no obstante la opinión de cerca de 80 países, se opusieron en Viena a incorporar en las políticas de Naciones Unidas medidas de reducción del daño y otras de descriminalización selectiva del consumo. Colombia con otros pocos países ayudó a impedir el consenso en esas materias y la apertura de un camino de rectificaciones a políticas fracasadas durante dos décadas.

El Director de la Comisión sobre Drogas de Naciones Unidas ha pretendido responder a las críticas al prohibicionismo alegando que “es necesario un cambio en las políticas contra la delincuencia, pero no a favor de las drogas”. Esta posición plantea un divorcio entre los efectos perversos del prohibicionismo en tanto es la matriz de las mafias narcotraficantes y sus circuitos legales de negocios y entre los problemas de drogadicción y salud. Asimismo, desconoce que el prohibicionismo es el mejor escenario para la violencia, el fomento de producción y consumo, y el incremento de riesgos de daño a drogodependientes y comunidades.

América Latina en favor de la reforma

Artículo publicado en www.razonpublica.org.co el 26 de octubre de 2009