You are on page 1of 480

Nueva Época

N.°

79

Enero-Marzo

1993

REVISTA

ESTUDIOS

POLÍTICOS

PETER HABERLE

GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA

Derecho constitucional común europeo El proceso contra el Padre Mariana

JOAQUÍN VÁRELA

Un

precursor

de

la

monarquía

parla-

SUANZES

mentaria:

Blanco-White

y

el

«español»

(1810-1814)

GIACOMO SANI

CESÁREO R. AGUILERA DEPRATyJAUME VERNET LLOBET

ELVYRA ELENA PABON TARANTINO

Ciudadanos y sistema político: Participa- ción y cultura política de masas en Italia

Cuestiones simbólicas y Constitución es- pañola

Colombia y su revolución pacífíca. La nue- va Constitución de 5 de julio de 1991. Ini- cio de un marco institucional dentro de un contexto político pluralista

CONSEJO ASESOR

Presidente: CARLOS OLLERO GÓMEZ

Luis Aguiar de Luque, Elíseo Aja Fernández, Carlos Alba Tercedor, Enrique Alvarez Conde, Osear Alzaga Villaamil, Miguel A. Aparicio Pérez, Manuel Aragón Reyes, Andrés de Blas Guerrero, Carlos de Cabo Martín, José Luis Cascajo Castro, José Cazorla Pérez, Josep M. Colomer, Pedro Cruz Villalón, Luis Diez del Corral, Eduardo Espín Templado, Jorge de Esteban Alonso, Rodrigo Fernández Carvajal, Juan Ferrando Badía, Manuel Fraga Iribame, Jesús Fueyo Alvarez, Ramón García Cotarelo, Ángel Garrorena Morales, José Antonio González Casanova, José Juan González Encinar, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, Gurutz Jáuregui Bereciartu, Javier Jiménez Campo, Manuel Jiménez de Parga, Ignacio María de Lojendio, Luis López Guerra, Antonio López Pina, Pablo Lucas Verdú, José María Maravall Herrero, Miguel Mar- tínez Cuadrado, Isidre Molas Batllori, José Ramón Montero Gibert, Raúl Morodo Leoncio, Francisco Murillo Ferrol, Dalmacio Negro Pavón, Alfonso Padilla Serra, Manuel Pastor Martínez, Javier Pérez Royo, Nicolás Pérez-Serrano Jáuregui, José A. Portero Molina, Ramón Punset Blanco, Manuel Ramírez Jiménez, Francisco Rubio Llórente, Joaquín Ruiz-Gimcnez, Julián Santamaría Ossorio, Jordi Solé Tura, Joaquín Tomás Villarroya, Antonio Torres del Moral, Gumersindo Trujillo Fernández, Josep Valles Casadevail, Santiago Várela Díaz, Caries Viveí Pi-Sunyer

Director: PEDRO DE VEGA GARCÍA Secretario: JUAN JOSÉ SOLOZÁBAL ECHAVARRÍA

El Centro de Estudios Constitucionales no se identifica con los juicios de los autores de esta Revista

ESTUE

REVISTA

DE

POLITK

Enero-Marzo CENTRO DE ESTUDIOS CONSTITUCIONALES

1993

PLAZA DE LA MARINA ESPAÑOLA, 9

28071 MADRID

La correspondencia

con la REVISTA DF. ESTUDIOS POLÍTICOS

debe dirigirse a la Secretaría de la misma:

FUF.NCARRAI., 45 - 28004 MADRID - TELÉFONO 531 95 53

NORMAS PARA EL ENVIÓ DE ORIGINALES

El original de los trabajos se enviará a «Revista de Estudios Políticos», Fuenca- rral, 45-6. a planta. 28004 Madrid

Los trabajos deben ir mecanografiados a doble espacio y no exceder de treinta y cinco páginas. Si es posible, en su caso, acompañados de la versión en diskette.

Cada texto debe ir precedido de una página que contenga:

— Título del trabajo —

Nombre del autor o autores — Dirección completa y teléfono del autor — Número del NIF

Suscripciones:

EDISA López de Hoyos, 141 - 28002 MADRID Teléfonos 322 44 00 y 322 43 22

Venia directa y pedidos por correo de números sueltos:

C/ Fuencarral, 45

28004 MADRID - Teléfono 531 64 30

PRECIOS 1993

NUMERO SUELTO

Hspaña

1.400ptas.

Extranjero

22$

SUSCRIPCIÓN ANUAL

España

4.800 ptas.

Extranjero

61 S

Diseño: JESÚS PÉREZ MERCHÁN

ISSN: 0048-7694

Depósito legal: M. 2.426.—1958

N.I.P.O: 005-93-003-5

ARTE;S GRÁFICAS BENZAI., S. A. - Virtudes, 7 • 28010 MADRID

EVISTA

D

E

ESTUDIOS POLI'

ÍNDIC E

Año 1992

Núms. 75-78

CENTRO DE ESTUDIOS CONSTITUCIONALES

PLAZA DE LA MARINA ESPAÑOLA, 9 28071 MADRID ESPAÑA

ÍNDIC E

ESTUDIOS Y NOTAS

ACOSTA SÁNCHEZ, José: Los presupuestos teóricos del nacionalismo y el nuevo ciclo del

fenómeno.—Núm.

77, págs. 95-138.

ALCÁNTARA, Manuel, y DELAGE, Femando: Estabilidad y capacidad como legitimidad:

El partido liberal democrático japonés.—Núm. 75, págs. 291-31 1.

ARENILLA SÁF.Z, Manuel: El apoyo a la toma de decisiones en la Administración.—Núme- ro 77, págs. 139-168. BACIGALUPO, Mariano: Política y Constitución en la Alemania actual.—Núm. 75, pági- nas 271-290.

BARAS, Montserrat: Élites

177.

municipales y partidos políticos: 1983.—Núm. 76, págs. 161-

BOTELLA, Joan: La galaxia local en el sistema político español.—Núm. 76, págs. 145-160. BRUGUÉ TORRUELLA, Joaquim: Gobierno local y thatcherismo: Redefinición de la política municipal británica entre 1979-1990.—Núm. 77, págs. 285-302. CAPO GIOL, Jordi: La élite política local en España.—Núm. 76, págs. 127-143. CARMONA CUENCA, Encarnación: Las normas constitucionales de contenido social: Deli- mitación y problemática de su eficacia jurídica.—Núm. 76, págs. 103-125. CARVAJAL A., Patricio: Derecho de resistencia, derecho de revolución, desobediencia civil. Una perspectiva histórica de interpretación. La formación del derecho público

y de la ciencia política

en la temprana Edad Moderna.—Núm.

76, págs. 63-101.

COLOMÉ, Gabriel: Comunidades Autónomas y representación local.—Núm. 76, pági- nas 179-193. COLOMER, Josep M., y PADRO-SOLANHT, Albert: Espacio político-ideológico y temas de campaña (El ejemplo de las elecciones autonómicas de Cataluña de 1992).—Núme- ro 78, págs 131-159.

CUENCA TORIBIO, José M., MIRANDA GARCIA, Soledad: Sociología

de los ministros

de

la

Restauración

(1902-1931).—Núm.

75 : págs. 87-130.

CUENCA TORIBIO,

José

M.,

y MIRANDA GARCIA, Soledad: Sociología

ministerial

de

la

Restauración (1875-1902).—Núm.

78, págs. 71-104.

CHIMENTI, Cario: Algunos rasgos fundamentales del parlamentarismo italiano.—Núme- ro 75, págs. 7-46. CHOZA, Jacinto: El sentido común ecológico.—Núm. 77, págs. 249-258. DELAGE, Fernando, y ALCÁNTARA, Manuel: Estabilidad y capacidad como legitimidad:

ÍNDIC E

DELGADO SOTILLOS, Irene, y LÓPEZ NIETO, Lourdes: Un análisis de las elecciones muni- cipales (Contribución a partir del caso español).—Núm. 76, págs. 195-219. FLORES JUBERIAS, Carlos: Modelos de transición y sistemas electorales en la Europa del Este.—Núm. 77, págs. 169-217.

GÓMEZ-REINO CACHAFEIRO, Margarita, y OÑATE RUBALCABA, Pablo: Elecciones

locales

y autonómicas de

1991 en Madrid, municipio y comunidad.—Núm. 76, págs. 221-251.

GONZÁLEZ ENCINAR, José Juan; MIRANDA, Jorge; LAMOUNIER, Bolívar, y NOHLEN, Dieter:

El proceso constituyente. Deducciones de cuatro casos recientes: España, Portugal, Brasil y Chile.—Núm. 76, págs. 7-27.

GONZÁLEZ ENRIQUEZ, Carmen: Las transiciones a la democracia en Europa del Este (Un análisis comparado).—Núm. 78, págs. 191-217.

HARO, Ricardo: Elecciones primarias

abiertas (Apones para una mayor

democratización

del sistema político).—Núm. 78, págs. 273-288. IZQUIERDO, Juan de Dios, y REQUENA, Manuel: Estado actual de la investigación electoral en Castilla-La Mancha.—Núm. 75, págs. 259-270.

LAMOUNIER, Bolívar; GONZÁLEZ ENCINAR, José Juan; MIRANDA, Jorge, y NOHLEN, Dieter:

El proceso constituyente. Deducciones de cuatro casos recientes: España, Portugal, Brasil y Chile.—Núm. 76, págs. 7-27. LANCHESTER, Fulco: La innovación institucional forzada: el referéndum abrogativo, entre el «estímulo» y la «ruptura».—Núm. 78, págs. 9-34.

LEPENIES, Wolf: La situación de Alemania dos años después de la revolución: los límites de la Comunidad.—Núm. 77, págs. 33-55.

LÓPEZ AGUILAR, Juan Fernando: Maastricht titución.—Núm. 77, págs. 57-93. LÓPEZ GONZÁLEZ, José Luis: La I República

y la problemática de la reforma de la Cons-

española: Desunión e inestabilidad políticas

en el debate parlamentario.—Núm. 78, págs. 303-330. LÓPEZ NIETO, Lourdes, y DELGADO SOTILLOS, Irene: Un análisis de las elecciones muni- cipales (Contribución a partir del caso español).—Núm. 76, págs. 195-219.

LUCAS VERDÚ, Pablo: Una contribución capital para «aprehender» el significado de la disposición adicional primera de la Constitución.—Núm. 75, págs. 215-231. LLERA RAMO, Francisco J.: ETA: Ejército secreto y movimiento social.—Núm. 78, pági- nas 161-193. MANSILLA, H. C. F.: El disciplinamiento social como factor del desarrollo histórico (Una visión heterodoxa desde el Tercer Mundo).—Núm. 78, págs. 35-69.

MIRANDA, Jorge; GONZÁLEZ ENCINAR, José Juan; LAMOUNIER, Bolívar, y NOHLEN, Dieter:

El proceso constituyente. Deducciones de cuatro casos recientes: España, Portugal, Brasil y Chile.—Núm. 76, págs. 7-27.

MIRANDA GARCIA, Soledad, y CUENCA TORIBIO, José M.: Sociología ministerial de la

Restauración (1875-1902).—Núm. 78, págs. 71-104.

MIRANDA GARCIA, Soledad, y CUENCA TORIBIO, José M.: Sociología de los ministros de

la Restauración (1902-1931).—Núm. 75, págs. 87-130 ..

MORATA, Francesc: Institucionalización Núm. 76, págs. 255-297.

y rendimiento político del Estado

Automómico.

NOHLEN, Dieter; GONZÁLEZ ENCINAR, José Juan; LAMOUNIER, Bolívar, y MIRANDA, Jorge:

El proceso constituyente. Deducciones de cuatro casos recientes: España, Portugal, Brasil v Chile.—Núm. 76, págs. 7-27.

OÑATE RUBALCABA,

Pablo, y GÓMEZ-REINO CACHAFEIRO, Margarita: Elecciones

locales

y autonómicas

de 1991 en Madrid, municipio y

comunidad.—Núm.

76, págs. 221-253.

PADRÓ-SOLANET, Albert, y COLOMER, Josep M.: Espacio político-ideológico

y temas

de

ÍNDIC E

campaña (El ejemplo de las elecciones autonómicas de Cataluña de 1992).—Núme- ro 78, págs. 131-159. PÉREZ LUÑO, Antonio: Los iusnaturalistas clásicos hispanos y la polémica sobre el Nuevo Mundo.—Núm. 77, págs. 7-31. RECCHIA, Giorgio: Derechos fundamentales e integración europea: La jurisprudencia del

Tribunal Constitucional italiano.—Núm.

75, págs. 47-58.

RECCHIA, Giorgio: La contribución de Vélez Sársfield a las disciplinas publicísticas y al «constitucionalismo latino».—Núm. 76, págs. 45-62. REQUENA, Manuel, e IZQUIERDO, Juan de Dios: Estado actual de la investigación electoral en Castilla-La Mancha.—Núm. 75, págs. 259-270. RIBA l ROMEVA, Clara: índices de poder en Izquierda Unida.—Núm. 77, págs. 219-235. ROBLES EGEA, Antonio: Reflexiones sobre las coaliciones políticas.—Núm. 77, pá- ginas 303-320. RODRIGUFZ-AGUILERA DE PRAT, Cesáreo: El uso del referéndum en la España democrática

(I976-I9S6).—mm.

75, págs. 131-163.

ROVIRA VIÑAS, Antonio: Reflexiones sobre el derecho a la intimidad en relación con la informática, la medicina y los medios de comunicación.—Núm. 77, págs. 259-265. RUIPÉREZ ALAMILI.O, Javier: Algunas consideraciones sobre la reforma constitucional.— Núm. 75, págs. 233-258. SF.MSEY, Viktoria: Transición política en Hungría (1989-1990).—Núm. 78, págs. 241-

253.

SODUPE, Kepa: El estado actual de las relaciones internacionales como ciencia social:

¿Crisis o pluralismo paradigmático?—Núm. 75, págs. 165-213. SOLOZABAL ECHAVARRIA, Juan José: Acerca de la doctrina del Tribunal Constitucional en materia de libertad de expresión.—Núm. 77, págs. 237-248. SOLOZABAL ECHAVARRIA, Juan José: Sobre el Estado Autonómico español.—Núm. 78, págs. 105-129. TARNAWSKI, Edward: Revolucionarios e intérpretes: Las revoluciones anticomunistas en

la perspectiva comparada.—Núm. 78, págs. 219-240. TOBOSO, Fernando: Notas para el estudio de la elección pública.—Núm. 77, págs 321-

332.

VÁRELA SUANZES, Joaquín: El liberalismo francés después de Napoleón (De la anglofobia

a la anglofllia).—Núm. 76, págs. 29-43. VELASCO, Honorio M.: Identidad cultural y política.—Núm. 78, págs. 255-271. VERNENGO, Roberto J.: Legalidad y legitimidad: Los fundamentos morales del Derecho.— Núm. 77, págs. 267-284. VILAS NOGUEIRA, J.: Las elecciones autonómicas de Galicia (1981-1990).—Núm. 75, págs. 59-85.

ZAFRA VICTOR, Manuel: La difícil

constitucionalización

pagarés forales.—Núm.

78, págs. 289-302.

de los derechos históricos. Los

CRÓNICAS Y DOCUMENTACIÓN

LÓPEZ CASTRO, Ana María: La reforma del Senado y las Comunidades Autónomas.—Nú- mero 77, págs. 349-359.

PÉREZ SOLA, Nicolás: Breve análisis de las experiencias de referéndum en la VRepública

ÍNDIC E

ROBERTS, Geoffrey K.: Partidos y Parlamento en Gran Bretaña en 1991.—Núm. 77, págs. 333-348. VICIANO PASTOR, Roberto: Un paso adelante en la reforma institucional italiana: La introducción de la preferencia electoral única tras el referéndum del 9 de junio de 1991.—Núm. 75, págs. 313-326.

RECENSIONES

AZAÑA, Manuel: Discursos parlamentarios, por Andrés de Blas.—Núm. 78, págs. 361-

363.

BLAS GUERRERO, Andrés de: Tradición republicana y nacionalismo español, por Juan Maldonado Gago.—Núm. 76, págs. 307-311. CORCUERA ATIENZA, Javier: Política y Derecho: la construcción de la autonomía vasca, por Iñigo Lamarca Iturbe.—Núm. 78, págs. 364-373. FREUND, Julien: Vaventure du politique. Entretiens avec Charles Blanchet, por Carlos Rui/. Miguel.—Núm. 78, págs. 374-384. GARRORENA MORALES, Ángel: Representación política y Constitución democrática, por José Luis García Guerrero.—Núm. 75, págs. 327-334. GIESBERT, F. O.: Mitterrand el Presidente, por José M Cuenca Toribio.—Núm. 76, págs. 299-307. JIMRNKZ PIERNAS, Carlos: La revisión del estatuto territorial del Estado por el nuevo Derecho del Mar (El caso de los Estados archipelágicos), por Alejandro J. Rodríguez

Camón.— Núm. 76, págs. 330-333.

LANCHESTER, Fulco: Rappresentanza, responsabilitá e tecniche di espressione

del sujfra-

gio, por Luis Jimena Quesada.—Núm. 76, págs. 311-319. LUCAS, Javier de: Europa: ¿convivir con la diferencia? Racismo, nacionalismo y derechos de las minorías, por José Luis Pérez Triviño.—Núm. 77, págs. 375-378. PETERS, B. Guy: The Polilics of Bureaucracy, por Manuel Arenilla Sáez.—Núm. 76, págs. 319-333. PRIETO, F.: Historia de las ideas y de las formas políticas, por Dalmacio Negro Pavón.— Núm. 77, págs. 370-374. PRIETO SANCHIS, Luis: Estudios sobre derechos fundamentales, por Blanca Martínez de

Vallejo.—Núm. 75, págs. 334-352.

RAMIREZ, Manuel: Sistema de partidos en España (1931-1990), por Carlos Garrido Ló- pez.—Núm. 77, págs. 361-369.

SORIANO, Ramón: Las libertades públicas. Significado, fundamentos por Carlos Ruiz Miguel.—Núm. 75, págs. 352-360.

y estatuto jurídico,

TILLY, Charles: Coerción, capital y los Estados Egea — Núm 78, págs. 385-389.

europeos, 990-1990,

por Antonio Robles

NOTICIAS DE LIBROS

ALCÁNTARA, Manuel; CRESPO, Ismael, y MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, Antonia (comps.): Par-

tidos y elecciones en América Latina. Guía bibliográfica, por Esther del Campo.— Núm. 78, págs. 398- 401. ALCÁNTARA, Manuel, y MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, Antonia (comps.): México frente al umbral del siglo XXI, por Esther del Campo—Núm. 78, pág. 403.

IND I

CE

ARENAL, Celestino del, y NAJERA, Alfonso: La Comunidad Iberoamericana de Naciones. Pasado, présenle y futuro de la política iberoamericana de España, por Marisa Ramos.—Núm. 77, págs. 388-392. BORJA LOPEZ-JURADO, Francisco de: La autonomía de las Universidades como derecho fundamental: la construcción del Tribunal Constitucional, por Ana María López Castro.—Núm. 76, págs. 341-346.

CÁMARA VILLAR , Gregorio: La objeción de conciencia al servicio militar (Las dimensiones constitucionales del problema), por Ana María López Castro.—Núm. 75, págs. 368-

375.

Comunidades Europeas y Comunidades Autónomas. Relaciones jurídico-institucionales,

por Rafael Bustos Gisbert.—Núm. 78, págs. 392-394.

 

CRESPO, Ismael; MARTÍNEZ, Antonia, y ALCÁNTARA, Manuel (comps.): Partidos y eleccio-

nes en América Latina. Guía bibliográfica, por Esther

del Campo.—Núm.

78, pá-

 

ginas 398-401. CUENCA TORIBIO, José M.: Intelectuales y políticos contemporáneos, por Francisco Ortiz Chaparro—Núm. 78, págs. 397-398. D'ORMESSON, J., y SUREAU, F.: Garcon de quoi écrire, por José M. Cuenca Toribio.— Núm. 75, págs. 376-378. FERRO, M.: Histoires de Russie et d'ailleurs, por José M. Cuenca Toribio.—Núm, 75, págs. 386-387 GII.LESPIE, Richard: Historia del Partido Socialista Obrero Español, por Eva Anduiza Perea.—Núm. 77, págs. 382-386. HIRSCHMAN, Albert O.: Retóricas de la intransigencia, por Rafael García García.—Nú- mero 78, págs. 391-392.

INSTITUTO INTERAMERICANO DE DERECHOS HUMANOS: Memorias

del IV Curso Anual

In-

teramericano de Elecciones, por Ismael Crespo Martínez.—Núm.

76, págs. 348-349.

JF.I.LINEK, Georg: Reforma y mutación

de la Constitución,

por Carlos Ruiz Miguel.—Nú-

mero 75, págs. 361-365. LAMOUNIER, Bolívar (comp): A opcáo parlamentarisla,

por Ismael Crespo.—Núm. 76,

págs. 347-348. LEMKE, Christiane, y MARKS, Gary: The Crisis ofSocialism zares Valduvieco.—Núm. 77, págs. 387-388.

in Europe, por Iván Llama-

LÓPEZ RODO,

L: El principio

del fin.

Memorias,

por José M. Cuenca Toribio.—Nú-

mero 77, págs. 379-381. MARKS, Gary, y LEMKE, Christiane: The Crisis of Socialism zares Valduvieco—Núm. 77, págs. 387-388.

in Europe,

por Iván Llama-

MARTÍNEZ, Antonia; ALCÁNTARA, Manuel, y CRESPO, Ismael: Partidos y elecciones en América Latina. Guía bibliográfica, por Esther del Campo.—Núm. 78, págs. 398-

401.

MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, Antonia, y ALCÁNTARA, Manuel (comps): México frente al umbral del siglo XXI, por Esther del Campo.—Núm. 78, pág. 403.

MERINO HUERTA,

Mauricio: Fuera

del centro,

por Antonia Martínez—Núm. 78, pá-

ginas 401-402. MOLINELLI, Guillermo: Clase política

y reforma

electoral,

por Ismael Crespo.—Núm.

76, págs. 346-347. NÁJERA, Alfonso, y ARENAL, Celestino del: La Comunidad Iberoamericana de Naciones.

Pasado, présenle y futuro de la política iberoamericana de España, por Marisa

ÍNDIC E

ORTEGA Y GASSET, J.: Cartas de un joven español (1901-/908), por José M. Cuenca Toribio.—Núm. 75, págs. 375-376. PAGE, Edward C: Political Authority and Bureaucratic Government, por Manuel Arenilla Sáez.—Núm. 75, págs. 378-385. POWELL, Ch. T.: El piloto del cambio. El Rey, la Monarquía y la transición a la demo- cracia, por José M. Cuenca Toribio.—Núm. 75, págs. 365-367. REYES HEROLES, Federico: Los partidos políticos mexicanos en 1991, por María del Carmen Martínez Rodríguez.—Núm. 77, págs. 392-393. REYES HEROLES, Federico: El poder. La democracia difícil, por María del Carmen Mar- tínez Rodríguez.—Núm. 77, págs. 393-394. ROSE-ACKERMAN, Susan: Rethinking the Progressive Agenda. The Reform ofthe American Regulatory State, por Angélica Guckes.—Núm. 78, págs. 394-396. SÁNCHEZ DE DIOS, Manuel: La moción de censura (Un estudio comparado), por Osear Mateos de Cabo.—Núm. 76, págs. 338-341. SUREAU, F., y D'ORMESSON, J.: Garcon de quoi écrire, por José M. Cuenca Toribio.— Núm. 75, págs. 376-378. VALDUNCIEL DE MORONI, M." del Carmen: Objeción de conciencia y deber militar, por Guillermo Escobar Roca.—Núm. 76, págs. 335-338.

COLABORAN EN ESTE NUMERO

GONZALO FERNÁNDEZ DE LA MORA

Miembro numerario de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas Diplomática y autor de dieciocho libros de Filosofía y Derecho Público.

Ex-director de la Escuela

FRANCISCO FERNÁNDEZ

SEGADO

Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Santiago Director del Seminario de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN, Universidad de Santiago). Miembro del Instituto Español de Estudios Estratégicos del CESEDEN. Autor de ocho libros, entre ellos: Las Constituciones históricas españolas, 4.' edición, y El sistema constitucional español. Autor de más de 160 artículos publicados en muy distintas revistas científicas

ARSENIO GINZO

FERNÁNDEZ

Profesor titular de Historia de la Pilosofía en la Universidad de Alcalá de Henares. Su labor investi- gadora se ha centrado especialmente en la Ilustración, el Romanticismo y el Idealismo alemán, incluyendo la filosofía política. Entre sus publicaciones cabe mencionar: La Ilustración francesa Entre Voltaire y Rousseau (Madrid, 1985; Fr. Schleiermacher); Sobre la religión (Madrid, 1990; G. W. Fr. Hegel), y Escritos pedagógicos (Madrid, 1991).

CARMEN

GONZÁLEZ

ENRÍQUEZ

Profesora titular interina de Ciencia Política en la UNED. Doctora en Ciencia Política por la UNED. Ha realizado la tesis doctoral sobre la transición a la democracia en Hungría y ha publicado varios artículos sobre Hungría y Europa del Este en la Revista del Centro de Estudios Constitucionales, Cuadernos del Este, Política Exterior y Leviatán.

PETER

 

HABERLE

Catedrático de Derecho Público, Filosofía del Derecho y Derecho Canónico en la Universidad de Bayreuth y Profesor invitado de Filosofía del Derecho en la Escuela Superior St. Gallen y autor de numerosos libros y monografías.

H.

C .

F.

MANSILLA

Fue profesor en la Universidad Libre de Berlín y Research Fellow de la Academia Alemana de Ciencias y de la Fundación Volkswagenwerk. Publicaciones más importantes: Introducción a la teoría crítica de la sociedad (Seix Barral, Barcelona, 1970); Faschismus und eindimensionales Gesellschaft (Luchterhand, Neuwied, 1971); Systembedürfnis und Anpassung (Athenáum, Francfort, 1973), y dentro del marco de la teoría crítica de la modernización, Der südamerikanische Reformismus (Schnindelc, Rheinstetten, 1977); Entwicklung ais Nachahmung Vorarbeiten zu einer kritischen Theo-

rie der Modernisierung

(Hain, Meisenheim, 1978); Nationalidentitát, gesellschaftliche Wahrnehmung

nalürlicher Ressourcen undókologische Probleme in Bolivien (Fink, Munich, 1984), y Die Trugbilder der Entwicklung in der Dritten Welt. Elemente einer kritischen Theorie der Modernisierung (Scho- ningh, Paderbom-Zurich, 1986).

ELVYRA ELENA PABÓN TARANTINO

Licenciada en Ciencias Sociales y Económicas por la Universidad Pedagógica de Colombia (1962). Doctorada en Ciencia Política por la Universidad Pontificia Javeriana de Bogotá (1984). Ha sido profesora de Sociología Americana en la Universidad Politécnica de Nicaragua y en la Facultad de Derecho Internacional y Diplomacia de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá. Becaria Investigadora en Madrid del CEDEAL, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y de AIETI. Ha realizado investigaciones sobre temas educativos y políticos en las Universidades de Chile, Bogotá y Madrid Mastcr en Relaciones Internacionales por el Instituto Universitario Ortega y Gasset (1990). Autora del primer Anuario de la Casa de América (1992) y del libro El Frente Sandinista de Liberación Nacional como Partido de Gobierno en Nicaragua (Madrid, Plaza y Janes, 1986). Ha publicado diversos trabajos en Cuadernos de Trabajo de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense y pronunciado diversas conferencias sobre temas políticos y constitu- cionales.

JUAN LUIS

PERÉZ FRANCESCH

Profesor titular de Derecho Constitucional en el Departamento de Ciencia Política y Derecho Público de la Universidad Autónoma de Barcelona. Entre sus trabajos destacan El derecho de reunión (1988), El refrendo del nombramiento regio del Presidente de una Comunidad Autónoma (1989), El control parlamentario de los medios de comunicación públicos (1991), El Gobierno como órgano constitucio- nal de dirección política (1992) Su interés se ha centrado también en el estudio del pensamiento político catalanista: Les Bases de Manresa i el programa politic de la Unió Catalanista (1992).

CESÁREO R.

AGUILERA DE PRAT

Profesor titular de Ciencia Política en la Universidad de Barcelona. Entre sus publicaciones destacan, como coautor: Els grups politics a Catalunya: partits i programes (Los grupos políticos en Cataluña:

partidos y programas), 2 vols. (Barcelona, Avance, 1976); en colaboración con varios autores: La evolución del Estado en el pensamiento jurídico (Barcelona, Petrel, 1981); como autor: Gramsci y la vía nacional al socialismo (Madrid, Akal, 1984); Nacionalismo y autonomía (Barcelona, P.P.U. 1993), y con P. Vilanova: Temas de Ciencia Política (Barcelona, P.P.U , 1987). Colabora en el CIDOB y el Master de Estudios Internacionales de la Universidad de Barcelona.

MANUEL SÁNCHEZ DE DIOS

Profesor titular de Universidad de Ciencia Política en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Es autor de La moción de censura. Un estudio comparado (Madrid, Congreso de los Diputados, 1992).

GlACOMO SANI

Catedrático de la Universidad de Pavia. Ha sido profesor encargado del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas en la Universidad de Florencia Ha publicado numerosos trabajos y colaborado en diversas revistas italianas, norteamericanas e inglesas. Entre sus obras citaremos Gruppi Professio- nali, Struttura Burocrática, Tensioni IntraOrganizative, editada en Milán por Giuffré.

JOAQUÍN

VÁRELA

SUANZES

Catedrático de Derecho Constitucional.

JAUME VERNET LLOBET

Profesor titular de Derecho Constitucional en la Universidad de Rovira y Virgili de Tarragona-Reus. Entre sus publicaciones destacan: Concepte i objete de les liéis d'harmonització (1984); La posició institucional del presiden! del consiglio a les regions italianes (1988), y Normalització lingüística y accés a la Función Pública (1992). Es colaborador habitual de la Revista Lengua y Dret.

ÍNDICE DEL NUMERO 79

ESTUDIOS

Páginas

PETER HABERLE: Derecho Constitucional Común Europeo

Blanco-

7

GONZALO FERNÁNDEZ DE LA MORA: El proceso contra el Padre Mariana

47

JOAQUIN VÁRELA SUANZES: Un precursor de la monarquía parlamentaria:

White

y el español (1810-1814)

101

GIACOMO SANI: Ciudadanos y sistema político: participación masas en Italia

y cultura política de

121

CESÁREO R. AGUILERA DE PRAT y JAUME VERNET LLOBET: Cuestiones

simbólicas

y

Constitución

española

139

ELVYRA ELENA PABÓN TARANTINO: Colombia

y su revolución

pacífica.

La nueva

Constitución

de 5 de julio de 1991. Inicio de un marco institucional dentro de

 

un contexto político pluralista

161

NOTAS

JUAN LUIS PÉREZ FRANCESCH: Notas acerca del Gobierno como órgano de direc-

 

ción política

en la Constitución española de 1978. En especial su incidencia

en el ejercicio de las potestades

normativas

209

  • H. C. F. M ANSILLA : Apogeo y

declinación del movimiento sindical boliviano 1982-

1985.

Una nota sobre la

cultura política

del autoritarismo

227 '

ARSENIO GINZO FERNÁNDEZ: La religión civil y el pensamiento político de Rous-

247

seau MANUEL SÁNCHEZ DE DIOS: El modelo sueco de Estado del bienestar

283

CRÓNICAS Y DOCUMENTACIÓN

FRANCISCO FERNÁNDEZ SEGADO: La correlación entre el tamaño de las circuns-

 

cripciones y las distorsiones

de la proporcionalidad

en la elección del Con-

greso.

Un estudio empírico

305

CARMEN GONZÁLEZ ENRIQUEZ: Sistemas electorales y estabilidad política en Europa del Este

401

RECENSIONES

  • S. P. PAYNE: Franco. El perfil de la Historia, por José Manuel Cuenca Toribio .

433

  • J. TUSELL: Franco

y la guerra

civil.

Una biografía política,

por José Manuel

autonómica

en el proceso constitucional, por

 

RAÚL CANOSA USERA: Legitimación Carlos Ruiz Migue!

NOTICIA DE LIBROS

 

450

ÁNGEL J. GÓMEZ MONTORO: El conflicto entre órganos constitucionales, por César Aguado Renedo

461

RAFAEL JIMÉNEZ ASENSIO: Políticas de selección de la Función Pública española

(1808-1978),

por Manuel Zafra Víctor

463

J. DANIEL: La Blessure Toribio

suivi de Le Temps oui vient, por José Manuel Cuenca

466

MANUEL ALCÁNTARA e ISMAEL CRESPO: Partidos políticos

y procesos

electorales

en Uruguay (1971-1990),

por Antonia Martínez Rodríguez

 

468

M.

DE UNAMUNO: Epistolario Toribio

inédito

(1894-/936),

por José Manuel Cuenca

470

SALVO

MASTELLONE

y

ANTONIO

ALVAREZ DE MORALES:

Pensamiento

político

europeo (1815-1975),

por Constantino García

473

ESTUDIOS

DERECHO CONSTITUCIONAL COMÚN EUROPEO (*)

Por PETER HABERLE

SUMARIO

  • I. PROBLEMA

Y TESIS INICIAL: 1. El problema. 2. La tesis inicial.—II. ELEMENTOS

INTEGRANTES CONSTITUTIVOS:

1. Textos y materias o campos temáticos, ejemplos

de principios constitucionales «comunes» europeos. 2. Cauces de producción, es decir, procedimientos e instrumentos en materia de DCCE.—III. PERFILES DE UNA

TEORfA DEL DERECHO CONSTITUCIONAL COMÚN EUROPEO:

1. El «Derecho

común»

como categoría científico-jurídica.

2. Estructura de los principios del DCCE.

3. Ventajas del reconocimiento y ulterior desarrollo del DCCE; posibles inconve- nientes y limitaciones. 4 . Las dos vías existentes de producción del DCCE. 5 . La división del trabajo respecto de los géneros de literatura científica del DCCE.—

IV. PERSPECTIVAS.

  • I. PROBLEMA Y TESIS INICIAL

  • 1. El problema

En la actualidad, Europa se encuentra atravesando en muchos ámbitos tal

etapa de desarrollo, que se hace

necesario reconsiderar su identidad, sus raíces

históricas y su posible futuro. Así, en el ámbito político, piénsese en los

denominados países del Este europeo (por ejemplo, los países bálticos) y su «vuelta a Europa» mediante la reentrada en el círculo de países constitucio- nales a través de su alineación dentro del contexto comunitario constitucional

[Traducción de EMILIO MIKUNDA FRANCO]

(*•)

(*)

El presente artículo fue desarrollado en un ciclo de ponencias de un mes de duración

por el propio autor en la Universidad la «Sapienza», Roma, durante el mes de marzo de 1991, por invitación de dicha Universidad.

(**) Emilio Mikunda Franco es actualmente profesor titular de Filosofía del Derecho, Moral y Política en la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla.

Revista de Estudios Políticos (Nueva Época)

Núm

79. Enero-Mano 1993

PETER HABERLE

europeo-atlántico (puesta de manifiesto mediante la recepción activa de textos occidentales que les sirven de ejemplo); en el económico, mediante la integra- ción completa del mercado interior europeo en 1992 y la creación de un espacio económico europeo comunitario, resultado de la victoria de la econo- mía social de mercado; y en el cultural, al recuperar la herencia europea «común» gracias a la supresión del telón de acero, a la caída del muro de Berlín y al fracaso del marxismo-leninismo en 1989, dando lugar al renacimiento de los cinco Lander alemanes del Este como paisaje cultural, un milagro cultural de 1990, producido mucho antes del tan esperado «milagro económi- co». Todo ello es tan sólo una muestra de la profunda dimensión cultural y de la transformación experimentada en todo el Este de Europa, orientado ahora hacia la Europa integrada. El Arte, con mayúscula, y en particular muchas artes concretas, las cien- cias en abstracto y muchas disciplinas específicas parciales, se hallan también obligadas no sólo a servir de acompañante, sino a fomentar incluso tal des- arrollo, y ello no sólo en calidad de comentaristas, sino de pioneros. La fuerza de los textos clásicos, estimulante e inspiradora, desde Aristóteles a Popper, de Beethoven (Tercera y Novena Sinfonías) hasta las interpretaciones de K. Masur, y también el ejemplo dado por el ex-presidente poeta checoslovaco Vaclav Havel, o el parentesco entre «Somos el pueblo» de G. Büchner (Muerte de Danton, acto I, escena II) y el movimiento similar surgido de la revolución pacífica de octubre de la otrora Alemania del Este, en 1989, todo ello actúa las más de las veces mejor que cualquier discurso jurídico. Al mismo tiempo, la ciencia jurídica, en todas sus ramas, se ve obligada a colaborar a su modo, es decir, con sus metodologías y sus materias, en la «europeización de Euro- pa». De entre sus disciplinas o ramas parciales, la doctrina iuscivilista es la que ha conseguido notable ventaja en tanto que derivación del antiguo ius commune y gracias a su aquilatada tradición y a la técnica comparatista —pensemos en la aportación de H. Kótz: Derecho civil comunitario europeo (1981) (1), y en el artículo de E. A. Kramer «Derecho privado europeo comparado» (1988) (2); ambos autores bien podrían haberse sentido inspirados por textos clásicos de R. von Ihering (1852) (3) y por otros más recientes de

(1)

Lo mismo en FS K. Zweigert, 1981, págs. 481 y sigs. También por H. KOTZ: Rechts-

vergleichung undRechtsdogmatik, en K. SCHMIDT(ed.): RechtsdogmatikundRechtspolitik, 1990,

págs. 75 y sigs.

 

(2)

En Juristische Blátter, 1988, págs. 477 y sigs.

(3)

R. VON IHERING: Ceisl

des rómischen Rechts aufden verschiedenen Stufen seiner Enl-

wicklung, primera parte (1852), pág. 15: «La ciencia se ha rebajado al nivel de la jurisprudencia

regional

Los límites de la ciencia

en la jurisprudencia coinciden con los de la política

...»

(Darmstadt, 9." ed., 1953, pág. 15).

... Una forma humillante, indigna, de una ciencia

...

...

8

DERECHO CONSTITUCIONAL COMÚN EUROPEO

R. David (1969) y H. Coing (1986) (4)—. La ciencia jurídica europea «esta- blecida» es la que ha proporcionado sus mayores aportaciones desde los comienzos del Mercado Común Europeo en 1957 (5). Mas, a pesar de todo ello, se encuentra limitada por su propia naturaleza: en el ámbito territorial, por los países de la Comunidad Europea —es decir, por los doce países miembros de que se compone actualmente—; en el material, por el Derecho comunitario —el cual, por cierto, no es el Derecho constitucional de cada Estado nacional—, si bien amplía ulteriormente determinados elementos cons- titucionales, como los de Estado de Derecho, derechos fundamentales y eco- nomía de mercado. Ni qué decir tiene que tanto el Consejo de Europa como la Comisión Europea de Derechos Humanos van mucho más allá, tanto más cuanto que en la actualidad países como Hungría, perteneciente al Este, o bien son ya miembros o, como el caso de Polonia, han iniciado ya las gestiones para su adhesión al seno de la Comisión Europea de Derechos Humanos. El Consejo de Europa y la susodicha Comisión forman los «pilares del Derecho europeo» en su más amplio sentido (incluyendo aquí, igualmente, a la Con- ferencia para la Seguridad y la Cooperación en Europa). El pensamiento jurídico de carácter comunitario (6) exigido «aquí y ahora» es el más apropiado a la hora de poner en práctica tales pretensiones en Europa, y, por su parte, también ha sido desarrollado en ella (7). Algo más difícil resultará lograr su ubicación territorial, ya que ¿a qué Europa: la histórica, la presente o la futura —geográficamente hablando—, se refiere uno cuando habla de la «Europa comunitaria» o del Derecho constitucional común europeo? En cualquier caso, la «afanosa» génesis del pensamiento europeo (8) se puede seguir en la historia yendo hacia atrás hasta Herodoto cuando distingue Asia de Europa designándolas como dos espacios cultural y vitalmente diferenciados en cuanto a sus bases. También podría citarse una de las crónicas anónimas que comenta la victoria de Poitiers, en el 732, con

(4) Véase en KRAMER, op. cit. (nota 2), pág. 477, y en KOTZ, FS Zweigert, como ut supra

(nota 1), pág. 491, y

nota 23 (notas, asimismo, 12 y 16).

(5) H. P. IPSEN: Europáisches Cemeinschaftsrecht (1972); sobre A. BLECKMANN (Europa- recht, 5.*ed., 1990) hastaT. OPPERMANN (Europarecht, 1991), por sólo citar literatura alemana.

(6) Cfr. J. ESSER: Grudsalz und Norm in

der richterlichen Fortbildung des Prívatrechts,

1.' ed., 1956 (4. 1 ed., 1990), pág. 263, y pág. 390 del Schlagwortverzeichnis.

(7)

Más

al respecto, ut infra y en las notas 8 y sigs.,

12, 16, 65 y sigs.

(8)

Mejor- formulado en M. FUHRMANN: «Herodot Kommt bis Brüssel», en Eurogenesis,

FAZ del 30 de marzo de 1991, núm. 3, sobre «Europa en la Antigüedad» y sobre «El nacimiento

de Europa»; especialmente, P. KOSCHAKER: Europa und das Rómische Recht, 1947, págs. 5 y sigs., y Europa ais Gebiel der Rezeption, págs. 143 y sigs. Respecto al nacimiento del ius commune europeum, vid. F. WIEACKER: Privatgeschichte der Neuzeil, 2." ed., 1967, págs. 81 y sigs.

PETER HABERLE

estas palabras: «Los europeos regresaron pronto a sus patrias con el ánimo alegre» (9). Asimismo podría alegarse que Federico II, el Staufer, ante el peligro mogol, se decidió a usar como fórmula vinculante en los juramentos —común a todos los príncipes europeos— el nombre de Europa (10). La idea moderna «de una Europa plural» (Fuhrmann), basada en la premisa de una pluralidad de Estados soberanos nacionales individuales, deberá tener presente, también a nivel jurídico, esta dimensión tan profunda, al igual que la problemática situación en la que se «conjuró» el pensamiento europeo; a saber, como

indicación de la existencia de un espacio cultural propio, para cuya salvaguar- dia y validez deberían quedar asegurados en su seno, en tiempos de crisis y

guerras, la paz y demás valores fundamentales

—como el bienestar—, sirvien-

do asimismo de baluarte defensivo común hacia el exterior (recuérdese la idea de la cruzada del papa Pío II contra los turcos en 1453). Por tanto, el pensamiento europeo ya ha sido usado como correctivo contra egoísmos nacionales, y ello no sólo desde la primera y segunda guerras mundiales (11). La Europa de hoy debería servir menos como «defensa frente al exterior» y más como refuerzo de su condición de «puente», que abarca geográficamente, sin duda, la parte europea de la hasta hace poco denominada Unión Soviética e incluso a la misma Turquía dentro de sus «márgenes». Con ello, Inglaterra quedaría en una posición central en base a su tradición jurídica de la common law, tradición que bien podría actualmente ampliar el marco europeo dada su raigambre vetusta y moderna al mismo tiempo (12). Hoy por hoy, se viene desgajando ya una tarea específica apenas tomada en consideración por la Teoría General del Derecho y del Estado de cuño nacional. En una época que permite hablar de la llegada de la hora «del Estado constitucional a nivel planetario» en base a las tempranas reformas introduci- das por el presidente Gorbachov y sus efectos permanentes a largo plazo —incluso en los países en vías de desarrollo—, la Teoría General de la Constitución se encuentra, en la Europa actual, en un estado de auge único

(9) Cit. en FUHRMANN, op. cit., nota 8. Vid. la obra clásica de KOSCHAKER Europa und

das rómische Recht, 1947, en la que responde

a la pregunta de qué sea Europa (págs. 1 y sigs.)

desde la óptica histórico-cultural y científico-cultural («fenómeno cultural», «elementos cultura- les», «círculo cultural europeo»); sobre la idea cultural de una Roma que se extiende paulatina- mente por Europa, vid. op. cit., págs. 45 y sigs.

(10)

FUHRMANN, op.

cit.,

nota 8.

(11)

Cfr. FUHRMANN,

ibidem.

(12)

Sobre el ius commune

como Derecho «en común» y la tesis contraria a través de la

legislación inglesa de la common law, vid. COING: «Die Bedeutung der europáischen Rechtsges-

geschichte für die Rechtsvergleichung», en el mismo autor: Gesammelte Aufsátze, 1974-1975,

vol. 2 (1990),

págs. 157 y sigs.

 

10

DERECHO CONSTITUCIONAL COMÚN EUROPEO

en su género (13). El lema de la «casa común europea» exige mantener una situación puntera en lo tocante a la ciencia jurídica civilista. Una de las vías en este sentido la configura el «Derecho constitucional común europeo», al crear las bases internas de dicha «casa común europea» (para conservar la terminología) al pergeñar estructuras comunes, como el «reglamento de uso interno» (para los espacios nacionales aún quedan suficientes márgenes y tiempo), mientras que la reconstrucción de la Europa del Este exige una teoría general de la Constitución que sea simultáneamente europea «y» nacional. La europeización de la Teoría General del Derecho y del Estado (14) es programa y proyecto a la vez y se encuentra ya en fase inicial de desarrollo. Las siguientes líneas intentarán bosquejar esta tarea de generaciones sobre la tesis de un Derecho constitucional común europeo. Sin embargo, hay que advertir que por más esfuerzos que pongamos en llevar esta empresa a cabo de la forma más cuidadosa y flexible, no por ello podremos evitar ciertas dosis de osadía, ya que la propia Europa jamás avanzaría un paso en su desarrollo sin unas gotas de utopía (15).

  • 2. La tesis inicial

La tesis que adoptamos como punto de partida del Derecho constitucional común europeo viene a decir que todavía (sic) no existe tal Derecho consti- tucional europeo, toda vez que Europa como tal no forma un único Estado constitucional. Ello no obstante, cada vez va surgiendo un conjunto más y más amplio de principios constitucionales «particulares» que resultan «comu- nes» a los diferentes Estados nacionales europeos, tanto si han sido positivados como si no. Tales principios comunes aparecen parcialmente en las constitu- ciones de los Estados nacionales y en el seno del Derecho consuetudinario constitucional de éstos, derivado también en parte del ámbito de validez del «Derecho europeo» —como el de la Comunidad Europea, el del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, reforzado recientemente por el Consejo de Europa—, y el dimanante de la Conferencia para la Seguridad y la Coope- ración en Europa (que, como es sabido, vincula a Europa con el Atlántico).

(13) AI respecto, vid. P. HABERLE: «Die Entwicklungslánder im Prozess der Textstufendif- ferenzierung des Verfassungsstaates», en VRU 23, 1990, págs. 225-253.

(14)

Completando con mi artículo polémico de 1990, en VVDStRL 50, 1991, págs. 156

y sigs.

(15)

Cfr. G. NICOLAYSEN: Europa und Utopia, en FS Carstens, 1984, págs. 230 y sigs.;

en general, P. HABERLE: Ulopien ais Literaturgattung des Verfassungsstaates, en Ged.-Schrift

Martens, 1987, págs. 73 y sigs.

11

PKTKR HAHKKLH

El Derecho constitucional comunitario aparece con frecuencia en forma de principios generales del Derecho o standards. Los principios del DCCE —reseñados sin pretensión de exhaustividad— contienen de forma muy superficial y casual ideas jurídicas paralelas, análogas o similares. Se trata de profundizar en lo más hondo de la cultura jurídica de cada uno de los Estados constitucionales en particular, y sacar a la luz los factores comunes, lo concordante, lo familiar, yendo más allá de lo meramente jurídico-positivo. No conviene dejarse ofuscar la mirada al escudriñar el DCCE ni con las variantes puramente externas y formales de los textos jurí- dicos ni con las peculiaridades superficiales propias de cada nación. Aquello que se halla en el substrato común de la cultura jurídica y que, en última instancia, aboca en determinadas concepciones sobre la justicia, crece sobre un terreno de raigambre europea que descansa en la unidad histórica del viejo continente y que hoy se encuentra, de nuevo tras haber superado el horizonte del «futuro de Europa», en la actual conjunción de Estados nacionales euro- peos. Dos causas han bloqueado durante mucho tiempo toda vía de acceso al DCCE: la primera, el Estado nacional absoluto (16) y la idea de soberanía existente en el siglo xix; la otra —en parte también implicada en lo anterior—, la proximidad específica del Derecho constitucional al Derecho político de cada nación. Sin embargo, ambas, o sea, el Estado nacional «soberano» y la concepción del Estado constitucional como Derecho político del Estado, no se hallan enfrentadas —entiéndase bien— al posterior desarrollo y propia consolidación del DCCE. El Estado nacional, convertido hoy en «Estado cooperativo constitucional» (17), es en la Europa actual de 1991 tan impres- cindible como relativo; es decir, está tan imbricado desde un principio en la trama formada por los principios jurídicos transnacionales —tan evidente en los pactos suprarregionales sobre derechos humanos y en los tratados más preponderantes (como, por ejemplo, el de creación de la Comunidad Euro- pea)—, que ha terminado por disciplinar la soberanía nacional motivando y normalizando sus actuaciones. Es más, el «tipo» de Estado constitucional se caracteriza propiamente por el hecho de sustituir a la propia soberanía por

(16) Sobre la «dilución» del Derecho común en el nacional, vid. H. COING: Europáische Grudlagen des modernen Privatrechls, 1986, pág. 11; ibid., pág. 22, respecto de la vía que pasando por el Derecho comparado vuelve a la ciencia jurídica como ciencia europea unitaria. Sobre la «unidad de la ciencia jurídica europea en sus orígenes», vid. COING: op. cit., Obras,

1947-1975, vol. 2, 1982, págs.

137 y sigs.

(17) Mi artículo homónimo en FS Schelsky, 1978, págs. 141 y sigs. Anteriormente, W. VON SIMSON: Die Souveranitat im rechtlichen Verstandnis der Cegenwart, 1965, pág. 220: Fin de la justicia propia del Estado.

12

DERECHO CONSTITUCIONAL COMÚN EUROPEO

fundamentos basados en el Derecho, es decir, en la «constitución de la socie- dad abierta». La pertenencia de los Estados nacionales europeos al tipo de «Estado constitucional» se aproxima enormemente al hecho de que determi- nadas características de éste no son sino principios jurídicos reputados comu- nes. Reconocer que los Estados nacionales europeos se han constituido de forma «análoga» y que tales analogías son precisamente lo que de común tienen, al igual que lo que presupone su existencia, permite a cada Estado seguir su propio camino y, simultáneamente, contemplarse a sí mismo inmerso en el contexto común europeo. Permítanseme ahora dos palabras sobre Derecho político; la elaboración del DCCE no significa en modo alguno seguir una línea apolítica ni tampoco ser hostil a la política. El Derecho constitucional europeo es «político» en la misma medida en la que el Derecho constitucional lo es (18). Su creación parte de medios políticos, se refiere a la res publica y se desarrolla a la postre también mediante política. Lo «nuevo» en todo ello es tan sólo el reconoci- miento de que lo político se halla impregnando el más amplio y profundo contexto de la unidad y variedad europea, al igual que no sólo facilita un mayor espacio para el desarrollo del DCCE, sino que incluso lo fomenta. Al Derecho político en cuanto tal y al específicamente nacional y propio de cada uno de los distintos Estados europeos todavía le queda, por cierto, un amplio margen individual irrenunciable. El DCCE no pretende ni paralizar ni sofocar el Derecho constitucional sui generis de cada nación, sino, al contrario, pretende ante todo colaborar en su fundamentación, asumirlo y, simultánea- mente, potenciarlo.

II.

ELEMENTOS INTEGRANTES CONSTITUTIVOS

Los siguientes elementos constitutivos sólo pueden señalarse de forma fragmentaria: una visión completa del DCCE exige, en conjunto, una perspec- tiva sincrónico-diacrónica simultánea, impensable hoy día en un único inves- tigador.

  • 1. Textos y materias o campos temáticos, ejemplos de principios constitucionales «comunes» europeos

Los principios que permiten captar el DCCE sin pretender por ello la creación de un Estado europeo son determinados principios constitucionales

 

(18)

Tomado de K. STERN: Das Staatsrecht

in der Bundesrepublik

Deuischland,

lomo I,

2.

a ed.,

1984, págs.

14 y

sigs.

13

PbTER HABERLE

de tipo estatal, como los relativos a los derechos humanos y a la democracia (incluso si cristaliza en un régimen de autogestión en la Administración mu- nicipal), al igual que ciertos fines del Estado, como son el Estado de Derecho y el Estado Social de Derecho. Mas, a pesar de ser todo tan «general» —como aquí es el caso—, se perfila, no obstante, un ius constitutionale de cuño genuinamente «común europeo», un ius commune europeum y un iuspublicum europeum en cuyos contenidos se vislumbran factores comunes. Naturalmente que también en estos ámbitos se dan variantes nacionales sui generis; mas, pese a todo ello, igualmente se perfila ya un núcleo constitutivo común. Para ponerlo en evidencia, permítaseme aquí emplear un símil matemático: el de la fracción aritmética, compuesta por numerador y denominador. De este modo, cuantos más «numeradores» análogos se vayan dando a nivel tanto de Derecho europeo como de cada uno de los nacionales, tanto más claro resultará que disponen todos ellos de un «común denominador», es decir, de DCCE. La siguiente secuencia plantea una perspectiva sistemática: textos positi- vos, textos no positivos (es decir, sentencias judiciales sobre todo), doctrina científica (Derecho de los juristas), todo ello manifestaciones objetivas que, al actuar de consuno, desarrollan por sí mismas ideas jurídicas que se dan en común en Europa.

1) Recordemos el texto más antiguo del Consejo de Europa, fechado el 5 de mayo de 1949 (19). En su preámbulo dice, entre otras cosas, y en el sentido de las cláusulas posteriores, relativas al legado cultural que tanto éxito han tenido (20):

...

En inquebrantable unión con los valores ético-espirituales que forman el

legado común de sus pueblos y que son substrato de libertad personal, de libertad

política, y de la primacía de la Ley, base de toda democracia

...

(21).

También se evidencia la existencia de una cultura jurídica común europea en el preámbulo de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Euro- peo, de 1950:

Con el nuevo afianzamiento de su fe profunda en las libertades básicas ... y el mantenimiento esencial, por una parte, de un sistema político realmente

...

(19) Cit. en F. BERBF.R (ed): Vólkerrecht, Dokumentensammlung y sigs.

...,

vol. I, 1967, págs. 35T

(20) Más amplio en P. HABERLE: Artenreichtum und Vielschichtigkeit von Verfassungstexlen,

en FS Háfelein,

1989, págs.

225 y 237 y sigs.

(21) El artículo 1 habla de la «estrecha vinculación» entre los miembros para la defensa y promoción de los ideales y principios que forman su acervo y patrimonio común, así como de la protección de los derechos humanos y libertades fundamentales y su posterior desarrollo.

14

DERECHO CONSTITUCIONAL COMÚN EUROPEO

democrático y, por otra, de la idea del respeto común de los derechos humanos de los que derivan; decididos, en cuanto gobiernos de Estados europeos, anima- dos del mismo espíritu y poseedores de un legado común de bienes espirituales,

tradiciones políticas, respeto de la libertad y primacía de la Ley

...

(22).

Dicha línea de referencia a un «legado cultural y jurídico común a todos los europeos en cuanto a sus fundamentos» prosiguió en los años sesenta, impulsada por la jurisprudencia de la Corte Europea de Justicia, en la consi- deración de los derechos fundamentales como «principios generales del Dere- cho» respecto de la Comunidad Europea, en dos documentos muy relevantes, desarrollados al mismo tiempo y concretados en la «Declaración conjunta del Parlamento Europeo, del Consejo y de la Comisión», emitida en abril de 1977, en la que se formula el «principio de respeto del Derecho», lo que implica, «como así fue reconocido por la propia Corte europea», aparte de las normas contractuales y las derivadas del Derecho comunitario, «los prin- cipios generales del. Derecho y, en especial, los derechos fundamentales, principios y derechos que forman el substrato del Derecho constitucional de los Estados miembros». El Consejo de Europa habló, en su declaración sobre la democracia de abril de 1978 (23), de la elección general y directa de los miembros de la Asamblea como «excelente demostración del ideal democrático común a todos los Estados miembros», subrayando y precisando además que «los jefes de Gobierno consolidan su deseo de identidad europea tal y como lo manifestaron en la Declaración de Copenhague, y garantizan el respeto de los valores jurídicos, políticos y morales a los que se sienten vinculados, así como los principios de la democracia parlamentaria, del derecho, la justicia social y la protección de los derechos humanos» (24).

(22) Los límites de los derechos humanos respecto de la Comisión europea encargada de velar por ellos son: «seguridad nacional», en el seno de «un Estado democrático», o, en su caso, «de una sociedad democrática» (arts. 6.1, 8.2, 9.2, 10.2 y 11.2). Sin embargo, no exige que el citado standard deba necesariamente ser válido (Frowein, en FROWEIN-PEUKERT: EMRK-Kommen- tar, 1985, preparación al artículo 8.11), pero sí que se controle el margen de discrecionalidad judicial (margin ofappreciation), es decir, que se aplique el baremo eurocomunitario. Vid. infra, nota 50. (23) Ambos documentos se citan en vigor y/o con efectividad en BVerfGE 73, pág. 339 (especialmente, págs. 381 y sig.) = EUGR 10, 1987, págs. 21 y sig., lo que vuelve a poner de. manifiesto una vez más el carácter comunitario del DCCE. (24) Ibid., hablando incluso de una «democracia pluralista». Sobre este documento (y sobre los demás EEA), vid. S. MAGIERA: «Die Einheitliche Europáische Akte und die Fortentwicklung der Europaischen Gemeinschaft zur Europáischen Union», en Ged.-Schriftfür Geck, 1989, págs. 507 y sigs.; H. P. IPSEN: VierGlossen z. Einheillichen Europáischen Akte, en FS Partsch, 1989, págs. 327 y sigs.

15

PETER HABERLE

El Acta Única Europea, de febrero 1986, habla de la decisión de «actuar en consuno en pro de la democracia, en base a las constituciones y legislación de los Estados miembros, la Convención europea de protección de los derechos humanos y libertades fundamentales y los derechos recogidos en la Carta Social Europea, especialmente lo referente a libertad, igualdad y justicia social». Con no menor solemnidad se proclamó la «idea europea», formulada como «deseo de los pueblos democráticos de Europa», apostando en ella por la obligatoriedad de los principios democráticos básicos y la «salvaguardia del Derecho y, en especial, de los derechos humanos» (25) Aquí aparece una asombrosa continuidad abierta a un ulterior desarrollo; es más, incluso una relación entre los textos del Consejo de Europa y los pertenecientes a la Comunidad Europea. En este sentido, las declaraciones de los años ochenta de la Conferencia para la Seguridad y la Cooperación en Europa son la prueba documental de cómo el Derecho europeo dio nuevos impulsos al Derecho comunitario, en el más amplio sentido de la palabra, aunque desde una perspectiva neta y técnicamente jurídica ello tenga tan sólo el valor otorgado a las declaraciones de este tipo, lo que se denomina con el anglicismo de sofi law. Asimismo, el denominado «Documento de Copenhague», que gira en torno a la dimensión humana de la citada conferencia para la seguridad y cooperación en Europa, acuñó términos específicos clave, tales como «demo- cracia plural y Estado de Derecho, elementos esenciales para la salvaguardia y respeto de todo derecho humano» (26); «ideales de democracia y pluralismo político»; Estado de Derecho «no sólo como pura fórmula jurídica, sino también como justicia», y todo un elenco de «elementos de justicia» (por ejemplo, elecciones libres, clara línea divisoria entre el Estado y los partidos políticos, independencia de la fiscalía), y señaló la restricción de derechos y libertades como los de opinión y libre sindicación, posibles únicamente de acuerdo con los «standards internacionales», y la amplia temática en torno

(25)

Vid. la decisión del Parlamento Europeo del

13 de abril de 1989 (EuGRZ, 1989,

págs. 204 y sigs., bajo d): «Considerando, que la identidad de la Comunidad al formular los valores comunes a los ciudadanos y libertades fundamentales», hay que señalar como importantes la indicación sobre la dignidad humana y las tradiciones comunes de los Estados miembros (preámbulo), la garantía de dejar incólume el contenido esencial de tales derechos (art. 26) y la cláusula de protección del artículo 27. La Declaración de Stuttgart, del Consejo de Europa (junio 1983), cit.; según J. SCHWARZER-R. BIEBER (eds.): Eine Verfassung für Europa, 1984, págs. 380 y sigs., desea «se fomente una más estrecha colaboración para consolidar la conciencia de un legado cultural común como parte de su propia identidad».

(26)

Publicado en EuGR, 1990, págs. 239 y sigs.

16

DERECHO CONSTITUCIONAL COMÚN EUROPEO

a la protección de minorías nacionales como garantías de salvaguardia de su «identidad étnica, cultural, lingüística y religiosa». La Carta de París en pro de una nueva Europa, de noviembre de 1990 (27), se atreve a proclamar que «la única forma de gobierno de nuestras naciones» es la democracia. También se encuentran otros elementos textuales nuevos en proposiciones tales como «la democracia es la mejor protección para la libertad de opinión, la tolerancia frente a todo grupo social y la igualdad, de oportunidades para todos», o los de «reiteremos que la identidad étnica, cultural y lingüística de las minorías nacionales deben gozar de protección» y «libertad y pluralismo político son elementos que necesitan nuestros esfuer- zos comunes para desarrollar economías de mercado» (28) La Carta europea para la autogestión municipal, de 1985-88, denominada frecuentemente «cuarto pilar del Consejo de Europa», junto a los tres restantes (29) (Comisión de Derechos Humanos, Consejo Económico Social y el Con- venio Europeo para la Cultura) «por parte de los ciudadanos europeos», añade a los «ideales y principios» que forman su «legado común» y que se hallan reseñados en el preámbulo, «la consideración de que las corporaciones muni- cipales forman una de las bases esenciales de todo régimen democrático común a todo Estado miembro del Consejo de Europa». Y aunque el citado preámbulo de por sí ya se considera una importante aportación para la cons- trucción europea en cuanto a refuerzo y consolidación de la autogestión mu- nicipal en todos los Estados europeos «basada en principios de democracia y descentralización de poderes», lo importante es que de este modo van poco a poco apareciendo, en mero esbozo o como previa formulación, términos clave que actúan como eslabón de unión con el último de los documentos aquí examinados. La decisión final adoptada por los participantes en la Conferencia de la «Europa de las Regiones» (30), que fue celebrada en Munich en octubre de

(27)

Publicado en EuGR, 1990, págs. 517 y sigs.

(28)

Con razón, H. STEINBERGER, VVDStRL 50, 1991, págs. 9-11, observa una «creciente

tendencia a la recepción de principios estatales constitucionales», y en pág. 12, «el consenso de base fundado en los mismos valores». (29) Textos en F. L. KNEMEYER (ed.): Die europáische Charla der Selbstverwaltung, 1989, págs. 273 y sigs. Sobre la «Europa de los ciudadanos», vid. el volumen homónimo editado por S. Magiera, 1990, con el artículo de W. Fiedler sobre aspectos culturales (págs. 147 y sigs.). (30) De F. L. KNEMEYER: «Subsidiaritat - Fóderalismus - Dezentralisation», ZPR, 1990, pág. 173; U. PETERSEN: «Zur Rolle der Regionen in künftigen Europa», DOV, 1991, págs. 278 y sigs.; vid. W. BOTTCHER: «Europafáhigkeit durch Regionalisierung», ZRP, 1990, págs. 329 y sigs.; M. HEINTZEN: «Subsidiaritátsprinzip und Europáische Gemeinschaft», JZ, 1991 ,-págs. 317 y sigs.; F. ESTERBAUERL-PERNTHALER (eds.): Europáische Regionalismus am Wendepunkl, 1991; C. EISELSTEIN: «Europáische Verfassungsgebung», ZRP, 1991, págs. 18-21 y sigs.

17

PLTER HABERLE

1989, consolida en su proemio «la intención, con ayuda de la Obra para la Unificación Europea, de crear un contexto de libertad, paz, bienestar y justicia social», manifestando el convencimiento de que la «unión política europea de todos los pueblos y Estados del continente permanece expedita a todos

aquellos que respeten los derechos

humanos y se pronuncien por la democracia

y el Estado de Derecho», para, a reglón seguido, añadir: «1) Que la riqueza

de Europa consiste en la variedad de sus pueblos y etnias, sus culturas e idiomas, sus naciones, historia y tradiciones populares, sus países y sus

regiones y sus comunidades políticas

3) Que la subsidiariedad y el federa-

... lismo deben ser los principios arquitectónicos de Europa.»

2) La jurisprudencia de la Corte Europea de Justicia respecto de los «principios generales» —contenida en sentencias pioneras como la «Stauder»

(1969), la «Internationale Handelsgesellschaft» (1970) y «Nold» (1974), ésta tan próxima y encomiada por la ciencia— forma un «acervo» creciente de aspectos de DCCE «en acción». Se trata de «principios vinculados estructu-

ralmente y también

a simple vista con la Comunidad Europea», como

los de

democracia, Estado

de Derecho, Estado Social de Derecho, protección

de los

derechos humanos y libertades fundamentales y composición de la Comunidad Europea de forma similar a la del Estado federal, etc. (31). A todos ellos se añaden los principios constitucionales tradicionales de los Estados miem- bros (32).

(31)

En este sentido, T. OPPERMANN: Europarecht, 1991, pág. 158.

(32)

T. OPPERMANN, op. cit. nota 31. Algunos textos y citas de la literatura referida en el

Tribunal de Justicia de la CE bajo: «Aus der Rechtsvergleichung zu entwickelnden allgemeinen

Rechtsgrundsatzen»; también en A. BLECKMANN: Europarecht, 4. a ed., 1985, págs. 104 y sigs.

y 113 y sigs. («

en el marco iuscomparatista hay que tener en cuenta ...

la tradición constitucional

... viva que podría ser reflejada en las posturas adoptadas por el Parlamento Europeo»). B. BEUTLER-

R. BIEBER-J. PIEPKORN-J.

STREIL: Die Europaische Gemeinschafi-Rechtsordnung u. Politik,

3." ed., 1987, págs. 174 y sigs. («Como Derecho no escrito de la CE aparecen como principios generales del Derecho especialmente los derechos fundamentales y las tradiciones constitucionales de carácter general de los Estados miembros»); G. RESS, art. «Rechtsgrundsatze», en Lexikon des Rechls, vol. 1, grupo 4, 1990, págs. 1-3 (aquí diferencia y distingue su labor de colmar lagunas de ser recurso hermenéutico, y junto a ellas, la función de limitar y corregir aludida). Sobre derechos fundamentales como «principios generales del Derecho» y cómo se logran median- te un estudio iuscomparatista basado en criterios axiológicos, vid. I. Pernice, en E. GRABITZ

(cd.),

«Gemeinschaftsverfassung, art.

164, red., n.'42,58 m.w.N.»; vid. ibid., «Gemeinschafts-

verfassung und Grundrechtsschutz», NJZ, 1990, pág. 2409 (especialmente, págs. 2412 y sigs.), en panorámica sobre «perspectivas de cultura europea en materia de derechos fundamentales» (ibid., págs. 2419 y sigs.).

18

DERECHO CONSTITUCIONAL COMÚN EUROPEO

Al crear el Tribunal Europeo de Derechos Humanos —según sus propias confesiones— un «orden público europeo» mediante el que se expresa de forma colectiva su comunidad constitucional jurídica (33), acaba de sintetizar así su jurisdicción pretoriana en una acertada fórmula que deja entrever lo ingente de su detallada labor en la Comisión de Derechos Humanos, antes citada, al reescribir (por cierto, de forma muy sugestiva) el Ius Publicum Europeum. Su exégesis evolutiva y de una «efectividad mucho mayor», su pugna por lograr «standards europeos y principios de sociedad democrática», todo ello goza de una enorme reputación (34). Habría que nombrar aquí a los Tribunales Constitucionales nacionales junto con la Corte Europea de Justicia y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, pues aunque su estilo jurisprudencial sea diferente en base a sus propias y genuinas tradiciones y a las diferentes mentalidades subyacentes —incluso tras realizar un cotejo recíproco—, no obstante sí que puede hablarse en todo caso de una «europei- zación de la justicia constitucional» (nacional) a medio plazo —incluso si se establece ésta como postulado—, lo que implica decir que ya se puede hablar de un cada vez más intenso proceso de integración por vía hermenéutica de principios europeo-constitucionales «foráneos» a nivel de Derecho comparado en su fase inicial. La creciente tendencia al análisis iuscomparatista, o dicho de otro modo, la toma en consideración de criterios hermenéuticos por parte de la Comisión Europea de Derechos Humanos, al igual que de otros textos europeos (35), debe ser tan tenida en cuenta como las conferencias mantenidas por los Tribunales Constitucionales y que quedan debidamente reflejadas en la Revista europea de Derechos Fundamentales (EuGRZ), en la que se trabaja a nivel

(33) Al respecto, D. THURER: «Der Verfassungsstaat ais Glied einer europaischen Gemein- schaft», VVStRL 50, 1991, págs. 97-106. Sobre las garantías no escritas del contenido esencial del Derecho en el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, vid. P. HABERLE: Die Wesens- gehaltsgarantie des An. 19, Abs. 2 GG, 3. a ed., 1983, págs. 424 y sigs. (34) Véase Gr. K. W. WEIDMÁNN: Der Europáische Gerichtshoffür MR aufdem Weg zu einem europ. Verfassungsgerichl, 1985, págs. 75 y sigs., 237 y sigs., 267 sigs. (35) Cfr. Suiza: «BG im Blick auf die Mindestgrundsátze des Europarates f. die Behandlung von Gefangenen» (cit. de J. P. MULLER: Elemente einer Schweizer Grudrechtstheorie, 1982, págs. 174 y sigs.: «Y puesto que la base de convicciones jurídicas comunes de los miembros del Consejo de Europa allí se hallan, deberán ser asimismo tenidas en cuenta a la hora de concretar las garantías de los derechos fundamentales contenidos en la Constitución federal»). Digno de tener en cuenta también por su tendencia, el fallo del llamado «caso Niccolo» respecto de Francia (Consejo de Estado francés), publicado en EuGR, 1990, págs. 99 y sigs. Cfr. al respecto LUDET-STOTZ: «Die neue Rechtssprcchung des Conseil d'Etat zum Vorrang Vólkerrechtlicher Vertráge», EuGR, 1990, págs. 93 y sigs. Además, C. LERCHE: «Ein Sieg für Europa?», ZaoRv 50, 1990, págs. 599 y sigs.

19

PETER HABERLE

informal como fase previa y que no es, en modo alguno, menos eficaz por ello (36). El Consejo Superior del Poder Judicial del Tribunal Constitucional federal alemán se halla muy cercano, tanto ideológica como materialmente, a un De- recho europeo constitucional. Su informe número 75.223 (págs. 243 y sigs.) señala que «los Estados miembros desean crear un Tribunal en el seno de la Comunidad ante el que aparezcan expeditos cauces de acceso al Derecho como los que han ido surgiendo a lo largo de siglos de cultura y tradiciones jurídicas en común» (37). Asimismo, «los acuerdos comunitarios deben ser entendidos a la luz de la tradición y cultura jurídica comunes a Europa». Líneas antes, el susodicho Tribunal había manifestado (Decisión 73, 339- 378): «Todos los órganos superiores de la Comunidad se han pronunciado desde entonces con toda relevancia en el sentido de dejarse guiar en el ejercicio de sus atribuciones y en cuanto a la prosecución de sus objetivos comunitarios por el respeto ante los Derechos fundamentales como máxima de deber jurí- dico, tal y como se desprende en especial de las Constituciones de los Estados miembros y de la Comisión Europea de Derechos Humanos» (38). Finalmente, los límites de los principios comunitarios constitucionales se perfilan igual- mente en su papel de «recurso hermenéutico subsidiario» de dicha Comi- sión (39).

3) La Ciencia o, formulado de forma más precisa, las teorías del Derecho y del Estado de cuño europeo (tanto la alemana como las restantes) que se dedican al comentario y estudio del Derecho a nivel comparado, es un tercer

(36) Cfr. la segunda conferencia (EuGR, 1974, págs. 81 y sigs.) y la cuarta sobre: «Bestand und Bedeutung der Grundrechte» (EuGR, 1978, págs. 426 y sigs.) (37) Le siguen indicaciones sobre Derecho romano, common law inglesa, Derecho común, al igual que formación de principios generales del Derecho en Francia, etc.

(38) Vid. ibid., pág. 386 = EuGR, 1987,

pág. 23: «Estándares mínimos en cuanto a la

estructura de los derechos fundamentales.» Vid. al respecto decisión «transitoria», del Tribunal Constitucional federal alemán, comentada por H. P. IPSEN, EUGR, 1987, págs. 1 y sigs. (39) Vid. EuGRZ, 1987, págs. 203-206: «A la hora de interpretar la ley fundamental hay que tener en cuenta contenidos y desarrollo de la Convención Europea de Derechos Humanos (sic); por ello es útil también la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos como recurso para determinar contenido y envergadura o alcance de los derechos fundamentales, así como los principios jurídico-estatales de los fundamentos de la Ley Fundamental de Bonn.» Vid. EuGRZ, 1990, págs. 329-331, y el voto privado de MAHRENHOLZ, en EuGRZ, 1990, págs. 333-334, el cual caracteriza esta forma de actuar como de ya «clásica». Otras reseñas en A. BLECKMANN, Slaatsrecht, II: Die Grundrechte, 3." ed., 1983, pág. 87, con la siguiente aclaración: «Esto puede ser entendido en el contexto científico-hermenéutico como prueba tangible de la tradición constitucional occidental existente en común.» Vid. P. HABERLE: Wesensgehalga- ranlie, 3.' ed., 1983, pág. 410.

20

DERECHO CONSTITUCIONAL COMÚN EUROPEO

implicado que colabora, a sabiendas o no, en la creación de un DCCE. Sus aportaciones derivan, en parte, por vía de reelaboración dogmática de los textos anteriormente citados, así como a través de los comentarios de la normativa promulgada en la Comisión Europea de Derechos Humanos (40), al igual que de la del Tribunal de Justicia de la CE y de las de los Tribunales Constitucionales de cada país a medida que éstos se «europeizan» (¡europei- zación de la justicia constitucional!), y en parte también mediante la prepara- ción de los respectivos proyectos normativos, es decir, de los textos legales, al aventurar una «política de reserva científica»,'cara a una ulterior jurispru- dencia. Aquí habría que anotar algunos logros de la labor científica alemana como vehículos de creación del DCCE; veamos tan sólo algunos de los términos como prueba. En primer lugar, hay que destacar la literatura jurídica, que ha allanado el camino del Tribunal Europeo hacia los derechos fundamentales a través de los principios generales del Derecho —léase vía tradiciones comunitarias constitucionales de los países miembros— (41). Al exigir la ciencia jurídica europea como condición material un mínimo de «homogeneidad de principios respecto de las estructuras constitucionales» (42), indica así a la vez de forma implícita elementos de DCCE (43). Finalmente, remisiones «a la homogeneidad de las decisiones valorativas», «a la herencia común de los pueblos de Europa», «a los bienes generales europeos», todas ellas expresiones que no traducen sino la idea de un pensa- miento jurídico común europeo constitucional (44).

(40) La literatura sobre la Comisión Europea de Derechos Humanos habla de «standards europeos comunes»; cfr. K. DOEHRING, Algemeine Staatslehre, 1991, pág. 229 (infra, indicación de Frowein). (41) Pionero fue P. PESCATORE desde 1968 (vid. T. OPPERMANN,0/>. cit. nota 31, pág. 1599). PESCATORE: «Bestand und Bedeutung der GR im Recht der EG», EuGRZ, 1978, págs. 441 y sigs., donde señala la «Declaración de Copenhague sobre Democracia» de 1978 y la realizada de consuno en 1977 (ibid., págs. 442-443). El autor habla en el contexto de principios de la libre democracia y de la condición no escrita de integración europea. Más datos, en A. BLECK- MANN: Europarechl. 4." ed., 1985, págs. 104 y sigs.; OPPERMANN, op. cit., págs. 158 y sigs.; R. STKEKiZ.Bundesverfassungsrichterlicher Grundrechtsschutz u. Europáisches Gemeinschafis- rechl, 1989, págs. 367 y sigs. y 378 y sigs. (42) H. P. IPSEN: Über Verfassungs-Homogeneitát in der EG, en FS Dürig, 1990, pá- ginas 159-160. (43) Sobre «prelación de principios constitucionales» de la CE, en IPSEN: «Europ. Verfas- sung-Nationale Verfassung», EuR, 1987, págs. 195 y sigs., lógicamente advirtiendo, en la pág. 196, que «la Constitución conlleva ciertamente a la referencia del Estado, lo que es prohi- bitivo en el caso de la Comunidad». Esto es válido, asimismo, para el DCCE. (44) C. O. LENZ: «Gemeinsame Grundlagen u. Grundwert des Rechts der EG», ZRP, 1988, págs. 449 y sigs. (v.gr.: «Los países miembros son todos democráticos, entidades alineadas

21

PETER HABERLE

D. Thuerer ha adelantado en una de sus frases lo siguiente: «En el seno del Consejo de Europa, el Estado constitucional europeo acaba de configurarse de manera unitaria, firme y vinculante» (45); análogamente, J. Schwarze (46) ha impulsado a su vez el desarrollo de un «Derecho comunitario europeo administrativo». La Teoría del Derecho y del Estado y la ciencia jurídica europea, junto con sus disciplinas integradoras, como el Derecho administrativo y el de protección del medio ambiente, y el Derecho social y cultural, todas ellas verán reforzada en el futuro cada vez con mayor vigor su propia participación en el incipiente desarrollo del DCCE, además en la misma medida en la que ya lo están logrando a nivel de Derecho comparado; es decir, al comentar e interpretar textos, y mediante su fecunda labor de creación de categorías y conceptos jurídicos, tarea que facilita en parte laque deben realizar previamen- te los órganos decisorios y jurisprudenciales. El Derecho comparado opera, ciertamente, con textos en vigor en manos de juristas y científicos del Derecho, pero también opera con aquellos otros textos que, no estando formalmente en vigor, un día podrían estarlo (por ejemplo, con declaraciones o soft law). En este sentido sí se puede decir que el Derecho comparado se convierte en cultura comparada (47). Resumiendo: legisladores, jurisprudencia constitucional y ciencia jurídica (constitucional) constituyen en Europa un substrato jurídico común indisocia- ble que contiene elementos del tipo «Estado constitucional», es decir, ante todo respeto a la dignidad humana, democracia pluralista, derechos humanos y libertades fundamentales, Estado de Derecho (imperio de la ley), justicia social, autogestión administrativa a nivel municipal, subsidiariedad, tolerancia

dentro del Estado social de Derecho de carácter comunitario. Por todo ello, sus Constituciones

ostentan ciertos niveles de homogeneidad en cuanto a las decisiones de carácter axiológico

Derecho no es sólo parte del legado común europeo

El

... Junto a las decisiones valorativas básicas

... figuran los métodos hermenéuticos de la jurisprudencia y del desarrollo del substrato común de Europa.» (45) D. THÜRER: «Der Vf-Staat ais Glied einer Eur- Gemeinschaft», VVDStRL 50, 1991, págs. 97 y 106, y LSL 4, pág. 137. (46) Cfr. infra, nota 52. (47) Sobre los cuatro niveles de comparación o cultura jurídica básica, «Derecho básico del DCCE», «standards de derechos fundamentales del DCCE», entre otros. Mejor enunciado en H. STEIGER (debate): «Respecto de los derechos fundamentales podemos decir que nos encon- tramos, gracias a la jurisprudencia del Tribunal Europeo, en vías de desarrollar un Derecho europeo en común.» Sobre Derecho comparado en la rama publicista, R. BERNHARDT, ZaoRV, 1964, págs. 431 y sigs.; J. M. MOSSNER: «Rechtsvergleichung u. Verfassungsrechtssprechung», AoR 99, 1974, pág. 193; P. HABERLE: N. Vf. in der Schweiz, cit. Sobre Derecho comparado y metodología del Derecho europeo comunitario, véase el homónimo trabajo en H. W. DAIG, FS Zweigert, 1981, págs. 395 y sigs.

22

DERECHO CONSTITUCIONAL COMÚN EUROPEO

y protección de minorías, regionalismo y federalismo. Cuanto mayores sean las variantes de las formas particulares y mayor asimismo el grado de diferen- ciación y abstracción o, en su caso, de concreción de los principios, tanto más variadas serán las formas en las que se ponga en evidencia la remisión al «legado común» y a los «valores ético-espirituales», pasando por los prin- cipios generales del Derecho contenidos en cada una de las constituciones hasta alcanzar los standards europeos, la homogeneidad conceptual y la cate- goría de «Estado europeo constitucional». Europa se vuelve comprensible desde los principios generales del Derecho que ostenta y que simultáneamente se muestran como legado o herencia constitucional y programática. La «constitucionalización de Europa» se efec- túa sobre el terreno de su propia cultura jurídica, que auna en su seno unidad y variedad. Los ámbitos jurídicos «subconstitucionales», como el Derecho privado y el Derecho del trabajo, al igual que cada vez en mayor medida el de protección del medio ambiente y el Derecho social (en tanto que el Derecho penal protege los bienes jurídicos), también se hallan involucrados de antemano y son altamente efectivos. El esquema tradicional jerárquico de fuentes del Derecho de disposición vertical sólo ostenta en este contexto un valor relativo, es decir, el resultante a la hora de comprender la interacción mutua del DCCE y del homólogo civil. Otro tanto puede decirse respecto de textos positivos meramente formales, como, por ejemplo, los preámbulos de las declaraciones, los textos positivos y consuetudinarios del Derecho constitucional y todas aquellas disposiciones relativas a derechos humanos —incluyendo sus respec- tivas jurisprudencias—, al igual que de la dogmática científica y su categori- zacíon conceptual. La relevancia que le otorga el hecho de ser potencialmente un recurso hermenéutico «universal» en todo momento o, si se tercia, «regio- nal» es precisamente característica «común» de todos sus instrumentos y contenidos, por lo que será de ahí justamente de donde arranque el desarrollo del DCCE. Limitarse al mero hecho de «colmar lagunas» sería una función demasiado precaria para caracterizar la calidad de su labor, aparte de que no se ajusta a los procesos de creación de disposiciones jurídicas realizados en régimen de cooperación impulsados por el pensamiento comunitario. No se puede crear ni derivar toda una cultura jurídica común limitándose a colmar lagunas en Europa. Dicha cultura brota y se extiende desde un substrato básico común enraizado tanto en el pasado como en el presente y orientado hacia el futuro de Europa.

23

PETER HABERLE

  • 2. Cauces de producción, es decir, procedimientos e instrumentos en materia de DCCE

Un segundo aspecto sistemático deriva de la cuestión tendente a dilucidar qué sujeto, es decir, qué órgano o fuente material, y qué procedimientos han contribuido a la formación del DCCE y si en el futuro seguirán igualmente contribuyendo. Hagamos un primer balance: lo primero de todo sería nombrar a los legisladores constitucionales de cada nación que se hallan trabajando a nivel comunitario europeo mediante sus propios textos constitucionales, es decir, mediante su progresivo desarrollo resultante de aplicar el paradigma que ofrecen los niveles hermenéuticos (48). En este contexto habría que incluir tanto los procedimientos de revisión total como los parciales, toda vez que, incluso en el caso de que el mismo texto difiriera según los respectivos contextos nacionales de referencia, ello no obstante su contenido seguiría siendo «común» a todos ellos. Así, por ejemplo, cuando las nuevas constitu- ciones cantonales de Suiza preconizan la protección de la «dignidad humana» están, a su vez, perfilando un standard europeo común en el que actúan múltiples instancias y funciones dentro del plano de la efectividad comunitaria europea (49). Algo similar puede predicarse respecto de la jurisprudencia constitucional tanto a nivel europeo como, respectivamente, nacional (50) en cuanto a la ciencia jurídica constitucional se refiere e incluso respecto de todas* las enti- dades consagradas a la exégesis constitucional, donde necesariamente se va incluyendo, por supuesto, tanto al poder legislativo como a los tribunales de cualquier instancia. Las líneas divisorias «nacionales» se han vuelto por ello algo más que meramente «permeables»: la sociedad abierta de los intérpretes

(48) Véase a este respecto mi artículo en FS Partsch, 1989, pág. 555, así como en VRU 23, 1990, págs. 225 y sigs.; el paradigma evolutivo del análisis textual por niveles no excluye «irregularidades en el tiempo», sino que las considera necesarias, recordando casi la teoría de la evolución biológica; los argumentos de selección y variación son los reseñados aquí. (49) Cfr., como reseña, los textos de P. HABERLE ya citados sobre Suiza y el constituciona- lismo en JoR 34, 1985, pág. 303 (especialmente, págs. 424 y sigs.), y sobre dignidad humana en HdBSlR, vol. I, 1978, págs. 815 y sigs. Además, la especial referencia a Suiza en el artículo «Schweiz, Verfassungspolitik im Blickauf Gesamteuropa», en NZZ, 20 de noviembre de 1990. (50) Cfr., en general, K. W. WEIDMANN: Der europ. GH f. MR auf dem Weg zu einem

Europ. GH, 1985; I. MAIER (ed.): Europáischer MR-Schutz, 1982; J. A. FROWEIN-W. PEUKERT:

Europ. MR-Konvenlion (Kommemar), 1985; cfr. supra, notas 22 y 31-33; FROWEIN: «Der Europ.

MR-Schutz ais Beginn einer europ. Vfg- Rechtssprechung», JuS, 1986, págs. 845 y sigs.; J.

SCHWARZE (ed.): Der EuGH ais Vf-Gericht

...

,

1983.

24

DERECHO CONSTITUCIONAL COMÚN EUROPEO

constitucionales —siendo nacional— (51) es la que ha tendido los puentes de unión al crearse el DCCE; más todavía, cada vez destacan con mayor evidencia sujetos y estructuras, trámites y procedimientos que dimanan de la susodicha sociedad abierta de intérpretes constitucionales a lo largo de toda la geografía europea. Todos ellos colaboran en el DCCE, a veces de forma indirecta, cuando crean modelos que difieren entre sí al producir consciente- mente variantes y alternativas del legado cultural jurídico europeo y del presente cultural del Derecho comunitario. Un claro ejemplo lo vemos en el concepto de «principios generales» del Derecho tal y como lo entienden jueces y magistrados de la Corte Europea; es decir, como correa de transmisión en sentido técnico, idónea para el conocimiento y posterior elaboración del DCCE, especialmente en lo referente a derechos fundamentales. Algo similar puede decirse igualmente del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, ya que si bien no se trata en sentido estricto de un Tribunal Constitucional, no obstante está impulsando con inusitado vigor la elaboración de los princi- pios del DCCE en base a los escasos textos de la Comisión Europea de Derechos Humanos. No hay que olvidar que son los textos del Consejo de Europa los vehículos más importantes y el fermento del DCCE. Un participante realmente «excepcional» es la propia ciencia; es decir, cada una de las comunidades científicas nacionales y la mismísima ciencia jurídica europea en su más amplio sentido, a condición de no dedicarse exclusivamente a un «Derecho administrativo europeo» (52), a un Derecho privado europeo (53), a un Derecho europeo del trabajo (54) y a un Derecho penal europeo (55), sino que sea consciente de trabajar de forma mediatizada allí donde se concentran los campos jurídicos más simples, digamos, en los principios fundamentales o básicos del Derecho que integran cada una de las materias jurídicas, para concentrar sus esfuerzos finalmente, y en toda su extensión y profundidad, en los principios que informan el DCCE.

(51) Vid. mi referencia propuesta en «Die offene Gesellschaft der Vfs-interpreten», JZ,

1975,

págs.

297 y sigs.

(52)

Sobre ello,

vid.

el

trabajo

de

pionero de J.

SCHWARZE: Europ. Venvaltungsrecht,

2 vols.,

1988, así como el libro dirigido por él Europ.

VW-Recht

im werden,

págs.

19 y sigs.;

U. EVERLING: «Auf dem Wege zu einem VW-Recht», JuS, 1987, págs. 1 y sigs. (53) Vid. al respecto P. C. MULLER-GRAFF: Privairecht und Europ. Gemeinschafirecht, 1989, pág. 15: «El Derecho privado que Europa tiene en común como herencia cultural», y Binnenmarklziel u. Rechtsordnung, 1989, pág. 65: «Crecer y redescubrir una Comunidad Eu- ropea».

(54)

Cfr. R. BIRK (ed.): Europáisches

Arbeitsrecht,

1990.

(55)

Al respecto, vid. U. SIEBER: «Europ. Strafrecht, Europ. Einigung (Bochumer Strafre-

chtslehrertagung, 1991)», ZgesStrW, 1991.

25

PETER HABERLE

Cuando en el ámbito del Derecho administrativo europeo se habla del principio configurador del Estado de Derecho (56), en ese momento precisa- mente se está haciendo mención implícita a todo esto, del mismo modo que en el ámbito Derecho europeo del trabajo con relación a las ideas del Estado Social de Derecho o en el Derecho penal europeo en cuanto al principio «nulla. poena sine lege» (57). La comunidad científica cada vez se vuelve más comunidad eurocomunitaria en el sentido de traspasar sus Estados nacionales de Europa a Europa. Hoy ya no se puede hablar de la europeización de la teoría del Derecho y del Estado como visión de futuro. Ya hace tiempo que se van perfilando proyectos concretos basados desde un principio en datos europeos comunes —como, por ejemplo, la investigación sobre el derecho de los partidos políticos de La Haya (58) o la ciencia jurídica medioambien- tal— (59). El ámbito cultural de la Comunidad Europea, al igual que los «elementos europeos del Estatuto de Radiodifusión», adoptados en forma de Convención sobre Televisión del Consejo de Europa y las directivas al respecto de la Europa comunitaria de 1989, han producido ciertos «standards mínimos europeos», al igual que un «Derecho constitucional de los medios de la Europa comunitaria» (60). También se les puede denominar foros y marcos institucio-

(56) Cfr. J. SCHWARZE, op. cit. nota 52, vol. II, 1988, págs. 843 y sigs. (Seguridad jurídica y protección de la confianza) y págs. 1135 y sigs. (Principios jurídico-estatales de procedimiento administrativo). (57) En este sentido se manifiesta la conferencia de profesores de Derecho penal de Zurich en su debate; vid. VVDStRL, 50, 1991, pág. 56. (58) Vid. en el contexto las aportaciones de D. Tsatsos, en TSATSOS-D. SCHEFOLD-H. P. SCHNEIDER (eds.): Parieienrecht im europ. Vergleich, 1990; con estudios iuscomparatistas de M. MORLOK (ibid., págs. 655 y sigs); y TSATSOS: «ZU einer gemeinsamen europ. Pateienrechts- kultur?», DoV, 1988, págs. 1 y sigs. (59) Cfr., en general, M. KLOEPFER: Umweltrechl, 1989, págs. 289 y sigs.; I. PERNICE, infra, nota 91. La dependencia interconstitucional de la Ley Federal de Bonn en países como Portugal, España, Polonia, Grecia y Suiza, magistralmente presentada por U. BATTIS-E. G. MAHRENHOLZ-D. TSATSOS (eds.): Das GG im inlernalionalen Wirkungszusammenhang der Vf., 1990, así como los informes de D. Schefold y P. Ridola sobre Italia (págs. 69 y 81). Vid. el volumen sobre los cuarenta años de la Ley Federal de Bonn editado por STERN-STARCK en 1990, GG u. Di Vfs-Rechsprechung im Spiegel ausl. Vf-Entwicklung. Una valoración sistemática de estos tres tomos, completada con otros paralelos agrupados en torno a Italia (Constitución de 1947), España (Constitución de 1978), Francia y Suiza (Constitución de 1874), llevaría muy de cerca a los contomos del DCCE. (60) Vid. lit. de IPSEN: «Der kulturbereich im Zugriff der EG», Gedschrifi Geck, 1989, págs. 339 y sigs.; W. FIEDLER: Impulse der EG im kulturbereich, en S. MAGIERÁ (ed.): Das Europa der Burger, 1990, págs. 147 y sigs.; B. MOWER-M. SCHMIDT-VOCKENHAUSEN: «Europ. Elemente der Rundfunkordnung», Jura, 1991, págs. 113 y sigs.; M. SCHWEITZER: EG-Kompeten- zen im Bereich von Kultur und Bildung, en D. MERTEN (ed.): Fóderalismus und EG, 1990, págs. 147 y sigs.

26

DERECHO CONSTITUCIONAL COMÚN EUROPEO

nales, como el Instituto de Estudios Europeos de Florencia, el programa Erasmo y tantos otros proyectos iniciados por la CE en común (por ejemplo, en Budapest y Salzburgo); lo decisivo de todo ello es que la comunidad científica en cada una de las disciplinas particulares se incline «tendencialmen- tc» hacia la meta eurocomún. Todo ello no significa en absoluto rechazo alguno de la ciencia jurídica como disciplina «nacional», permaneciendo como tal en mayor medida toda- vía que si se limitara al papel de simple «proveedor». Sin embargo, ello significa que la dimensión actual y potencial europea debe ser tomada en consideración ya desde un principio, en toda cuestión jurídica tanto nacional como estatal, a nivel constitucional. Metodológicamente, el afianzamiento del Derecho comparado a nivel de Derecho constitucional puede considerarse el «quinto» método exegético y vehículo de perspectiva eurocomún (61). La integración de la metodología iuscomparatista en la de Savigny no se limita, por cierto, tan sólo a comparar los ordenamientos jurídicos europeos en materia constitucional (62). El mé- todo comparatista, empero, puede ser empleado en Europa preferentemente como método exegético en base al hecho de que, pese a toda su variedad, sigue desarrollando una cultura común europea de consuno. Se trata de la unidad cultural de Europa, cuya raigambre forma el substrato del DCCE (63). La elaboración general de la «historia del Derecho europeo», actualmente en fase de profundización, forma también un elemento más del mosaico de

(61) Vid., completando mi lección magistral de Madrid, «Grundrechtsgeltung u. GR-Inter- pretation im Vf-Staat», JZ, 1989, pág. 913, y más en profundidad en VRU 23, 1990, págs. 225 y sigs. (62) En mi conferencia «1789 ais Teil der Geschichte, Gegenwart und Zukunft des Vfs-Staa- tes», JoR 37, 1988, págs. 35 y sigs. También en H. STEINBERCER, Der Vfs-StaatalsGlied, cit.

(63) Hasta hoy permanecen como ejemplos los escritos iniciales y pioneros de E. RABEL en materia de Derecho comparado, especialmente en aspectos de jurisprudencia internacional (cfr. Ges. Aufs., vol. II, 1965; vol. III, 1967). En las págs. 3 y sigs. del vol. III aparecen términos muy relevantes hoy como «comparación histórica», «introspección de ideas básicas», «diversificación de las reservas de soluciones», «crítica jurídica, política», etc.; cfr., asimismo, el vol. II, pág. 1: «Si la tarea primera y primordial del Derecho comparado consiste en probar

y relacionar sistemas jurídicos buscando semejanzas, diferencias y mutuas influencias

...»

M.

REINSTEIN es el otro clásico del moderno iuscomparatismo que vuelve más modesto a todo

iuspublicista que se precie. Cfr. sus grandes artículos en Ges. Schrifien, vol. 1, 1979, págs. 251 y sigs. («clases de recepción»); 1956, id., págs. 261 y sigs., bajo la frase: «La ciencia jurídica adoptará de nuevo, como a principios del siglo xix, su rol de preservadora de la unidad cultural jurídica» (pág. 262). Al respecto, H. COING: «Aufgaben der Rechtsvergleichung in unserer Zeit»,

NJW, 1981, págs. 2601 y sigs. (especialmente, pág. 2604: «Época que se extiende nuevo tus commune»).

...

hasta un

27

PETF.R HABERLE

«europeización de las ciencias jurídicas», es decir, del campo que acota el Derecho comparado en su dimensión histórica (64).

III.

PERFILES DE UNA TEORÍA DEL DCCE

  • 1. «El Derecho común» como categoría científica

La categoría aquí propuesta como DCCE se incardina en la tradición conceptual propia de las ciencias jurídicas que le pudieran reportar utilidad

en su futura carrera, véase tanto en el aspecto formal como material. En

primer lugar, y en calidad de modelos

y precursores, se encuentran los textos

y materias del «Derecho civil comunitario»—hoy por hoy, foco de discusión por parte de la ciencia jurídico-privatista—, vinculado a conciencia con el antiguo ius commune europeo de los siglos xm a xvm (65). En cualquier caso, no hay que dejar de mencionar aquí fenómenos más antiguos si cabe, como el desarrollo del «Derecho común francés» (66) durante el siglo xvi ni pasar por alto las divergencias exegéticas que fue necesario superar a mediados del xix en los Estados de la Confederación Alemana del Norte respecto de la Ordenanza General Cambiaría y Código Mercantil (alemán) (67). Y si en

Alemania se dio una especie de forma predecesora de lo que más tarde sería la Federación de Estados (Lánder), en Francia, en cambio, aquélla fue una etapa de unificación que arrancó de los usos y costumbres existentes a lo

largo de toda la geografía francesa y desembocó

en el Derecho común francés,

base del Código de Napoleón. En todo caso, siempre fueron los textos y

materias del Derecho común el vehículo y la forma de expresión de una unidad jurídico-político-cultural que se extendió allende las fronteras. Por

(64)

Características al respecto son las publicaciones del Instituto Max-Planck, de investi-

gación histórica, en cuanto a la colección «Ius commune», con números como el de E. V. HEYEN (ed.): Geschichte der VW-Rechtswissenschaft in Europa, 1982, y Wissenschaft und Recht in der Venvaltung des Ancien Régime, 1984. Vid. los FS de Gagner (editados por M. STOLLEIS y otros, 1991) bajo el título Sludien zur Europ.-Rechtsgeschichte. Recientemente, D. WILLOWEIL, en R.

SCHULZE (ed.): Europáisches Recht und Vfs-Geschichte, 1991, págs. 141

y sigs.

(65)

H. KOI.TZ: Gemeineuropáisches Zivilrecht, en FS K. Zweigert, 1981, págs. 481 y sigs.

(especialmente, pág. 490); E. A. KRAMER: «Europ. Privatrechtsvereinheitlichung», Jurislische

Blátter, 1988, págs. 477 y sigs., con indicaciones de otras fuentes, como COING: Ursprünglkhe Einheil der Rechtswissenschaft, 1986; F. GESCHNITZER: Schaffung eines gemeinsamen europáis- chen Zivilrechls, 1960. Kramer pondera de forma precisa los argumentos pro-contra en la creación

de

un «Derecho comunitario europeo civil» (ibid., págs. 485 y sigs.). Impresionante el trabajo

de COING en «Europáisierung der Rechtswissenschaft», NJW, 1990, págs. 937 y sigs. También

H. P. MANSEL, JZ,

1991, págs. 529 y sigs.

(66)

(67)

Vid. KOTZ, op. cit.,

pág. 499.

Vid. KOTZ, op. cit.,

pág. 489.

28

DERECHO CONSTITUCIONAL COMÚN EUROPEO

ello, no es nada fortuito que la obra, hoy ya clásica a nivel de teoría del Derecho y Derecho comparado, de J. Esser Principio y norma en la elabora- ción jurisprudencial del Derecho privado (1956; cuarta edición, 1990) pole- mice por doquier en torno a un «pensamiento jurídico en común», configuran- do así una terminología jurídica clave que alcanzará hasta los mismos princi- pios de las ciencias de la cultura (68). En el campo del Derecho público aparecen cada vez con más frecuencia ideas jurídicas comunes respecto del Derecho estatal y el eclesiástico por una parte, y por otra (69), como eslabón de unión entre el Derecho público y el privado (70); finalmente —y esto es lo relevante en este contexto—, también en el Derecho constitucional alemán en cuanto «Derecho constitucional común a todos los alemanes» (71), ampliado desde la óptica iuscomparatista al De- recho constitucional suizo común, extremo este constatado en el respectivo debate sobre la materia (72). En particular, en los últimos tiempos se dan algunos indicios aislados que apuntan a un Derecho comunitario europeo o a fórmulas similares (73) en el propio seno del Derecho europeo y en su más

(68) Vid. supra, nota 6: «herencia jurídica común» (pág. 221); «pensamiento jurídico

común de la jurisprudencia» (pág. 263); «principios de Derecho común» (pág. 287); «la destruc-

... nacional» (pág. 293); «Derecho común contenido en los principios generales del Derecho (prin- cipes généraux du droit)» (pág. 345). Sobre los principios jurídicos de las naciones basadas en el régimen de Estado de Derecho, generalmente reconocidos, vid. ibid., págs. 34 y sigs. y 387 y sigs.

...

ción de esta base comunitaria

es

producto de tres factores: absolutismo, ilustración y Estado

(69) Vid. P. HABERLE: «Gemeinrechtkirchliche Gemeinsamkeiten der Rechtsprechung staa- tlicher und kirchlicher Gerichte?», JZ, 1966, págs. 384 y sigs.; más adelante, de forma paralela, en sentido de un «concepto jurídico unitario» respecto a la «integración del Derecho eclesiástico en una categoría más amplia que la secularmente dualista», vid. K. SCHLAICH: «Kirchenrecht und Kirche», ZevKR 28, 1983, págs. 337 y sigs. (especialmente, pág. 359).

(70)

M. BULLINGER: Oeffentliches

Rechl und Privatrechl,

1968.

(71) P. HABERLE: «Landesbrauch oder Parlamentarische Rechtsystem?», JZ, 1969, págs. 613 y sigs. (con referencias jurisprudenciales). Sobre Derecho administrativo alemán «común» a todos los Lánder (aspectos históricos), en FORSTHOFF, VWR I, 10.* ed., 1973, pág. 51; sobre «Derecho del Estado "común" a todos los alemanes», vid. M. FRIEDRICH, JOR 34, 1985, págs. 1 y sigs.

(72)

Cfr. el artículo: «Neuere Verfassungen und Verfassungsvorhaben in der Schweiz », ...

JoR 34, 1985, págs. 303 y 340 y sigs. Vid. reseñas en nota 94. (73) Cfr. H. P. IPSEN: Europáisches Gemeinschafisrecht, 1972, pág. 108 («el Derecho' comunitario es Derecho que todos tienen en común»); E. RIEDEL: «Entschádigung für Eigentum- sentzug nach Art. 1 des Zuzatzprotokolls zur EMRK - Zur Herausbildung eines gemeineuropáis- chen Standards», EuGRZ, 1988, págs. 333-338; J. A. FROWEIN: Eigentumsschutz in Europarecht, en FS Kutscher, 1982, págs. 189-200 («standard europeo común, proceso de toma y daca entre niveles nacional y europeo»); del mismo autor: Die Herausbildung vurop. Vfs-Prinzipien, en FS Maihofer. 1988, págs. 149 y sigs. En general, véase COING: Gemeines Rechl und Gemeinschafis- recht in Europa, en FS Hallstein, 1966, págs. 116 y sigs.

29

PETER HABERLE

estricto sentido (es decir, en el Derecho de la Comisión de Derechos Humanos, en el del Consejo de Europa y el dimanante de la Conferencia para la Seguridad y Cooperación en Europa). A nivel de política general, como el de la discusión sobre protección de minorías respecto de los alemanes residentes en los otrora territorios alemanes de Polonia, se habla ahora, en 1991, de una regulación elaborada en base a «standares europeos», reflejada en el denominado tratado de buena vecindad, actualmente en vía de negociación (74). ¿Qué podemos colegir de esta reseña? Pues bien, que la categoría «Derecho común» es la adecuada en gran medida para designar y fomentar el desarrollo de un Derecho de objetivos comunes, impulsado por legisladores, científicos y juristas que lo aplican en la praxis a todo nivel y que además manifiestan su eficacia allende las fronteras, apuntando a objetivos básicos que se desarrollan, finalmente, en un substrato de raigambre y cultura jurídica comunes. (Aquí se incluye el factor tiempo en cuanto idea de un desarrollo a corto y a medio plazo.) Esta función heurística del «pensamiento jurídico común» se muestra altamente eficaz en las más diversas constelaciones ético-jurídicas de la vieja Europa, alentando así a su asunción hoy, en vistas a la Europa contemporánea, como DCCE. La participación de Inglaterra en Europa y su plena integración jurídica- mente institucionalizadas (a nivel CE, Comisión de Derechos Humanos y Conferencia para la Seguridad y Cooperación en Europa) pone también de manifiesto que su tradición basada en la common law—muy justamente traída a colación por la ciencia jurídica privatista en vistas a la obtención de un Derecho común— (75) más que obstaculizar lo que hace es precisamente lo contrario: fomentar el desarrollo de un Derecho común en nuestra Europa.

  • 2. Principios estructurales de DCCE

Teóricamente, la cuestión de principios respecto del DCCE es altamente significativa por referirse a algo fundamental y no al mero detalle formalista,

(74) Cit. del FAZ, 6 de marzo de 1991, pág. 1. Declaraciones del ministro federal alemán

  • H. D. Genscher en vistas al convenio de buena vecindad con Polonia: «En conjunto, se ha

logrado reflejar por escrito en el citado convenio, cobrando por ello validez internacional, una parte esencial del standard mínimo europeo existente sobre derechos de minorías, como el que consta en el documento final del encuentro de Copenhague sobre la dimensión humana de la Conferencia para la Seguridad y Cooperación en Europa y anteriores recomendaciones del Consejo

de Europa» (FAZ, 18 de mayo de 1991). (75) Cfr. ESSER: Grundsatz, cit. (nota

6), págs.

183 y sigs. 225 y sigs.; vid. también E.

  • A. KRAMER, op. cit. (nota 65), pág. 486, como posible contraargumento. COING, NJW, 1990,

pág. 937, cita la common law americana como ejemplo cara a la posibilidad de una «ciencia

jurídica supraestatal».

30

DERECHO CONSTITUCIONAL COMÚN EUROPEO

al tiempo que indica apertura y flexibilidad. El concepto de «principio» ha experimentado ya hasta el presente y a todos los niveles de la ciencia jurídica sus cualidades específicas: en el ámbito meramente iusprivatista europeo común, en la forma elaborada por J. Esser en su gran proyecto: Principio y norma, antes citado, y en el del estatal, en lo tocante a derechos fundamenta- les (76). El reconocimiento de la existencia intrínseca de principios de Derecho constitucional común europeo hace que éste sea especialmente adecuado para el cumplimiento de sus objetivos, por lo que no debe unificar de forma inflexible, sino actuar de forma no dogmática tras el Derecho positivo (escrito —sensu stricto— o consuetudinario); debe facilitar, al participar en su tarea, el recurso a principios ético-jurídicos, ampliando la panorámica de la cultura jurídica. En último extremo, la cuestión de principios —a saber, la de los principios constitucional-común-europeos, o principios del DCCE—hace que la relativa a las fuentes del Derecho pase a ocupar, en el mejor de los casos, un lugar secundario, si no la convierte, en último término, en algo puramente tangencial (muchos argumentos se han aducido ya desde hace tiempo en pro de la supresión de la locución «fuente del Derecho»); la existencia de algo que se va desarrollando al paso de los complejos estadios que surgen en la ^creación y exégesis de textos jurídicos, cuando en ellos participan muchos implicados, así lo sugiere. La validez y su respectivo ámbito, o sea, la forma en la que aparece el DCCE, son sólo aspectos secundarios, aunque puedan, de hecho, ostentar las máximas cotas jurídicas dentro del Derecho nacional constitucional; sin em- bargo, en ciertas circustancias, será suficiente con leyes ordinarias —con las que, por ejemplo, se sancionan a nivel estatal convenios como el fundacional del Consejo de Europa— y con principios generales del Derecho (no positi- vados) (77) puestos de manifiesto a través de la magistratura de Tribunales

(76) R. ALEXEY: Theorie der Grundrechte, 1985; véase, igualmente, del mismo autor:

«Grundrechte ais subjektive Rechte und ais objektive Normen», Der Staat, 29, 1990, págs. 49 y sigs. Del mismo modo, mi «referencia» al respecto en VVDStRL 30, 1972, pág. 186, debate sobre si Grundsatz und Norm, de J. Esser, es adecuado o no para tratar la temática de los derechos fundamentales». Finalmente, F. BYDLINSKI: Fundaméntale Rechtsgrundsálze, 1988. (77) El recurso a los principios generales del Derecho es sólo aglutinante específico para procesos de reunificación en el seno de varias culturas jurídicas, tanto si se hallan firmemente positivados (por ejemplo, el art. 215.2 del Tratado de Constitución de la CEE; el art. 123.2 de la Ley Fundamental de Bonn; el art. 3S.l.c) del estatuto alemán IGH; el art. 7 de la ley de navegación suiza; también el núm. 7 de la ABGB) como si no lo han sido; no obstante lo cual, pueden ser entendidos como componente «inmanente» y prueba tangible de una «generalidad» material, arraigada en último extremo en aspectos comunes culturales. Todo lo que no se encuentra en un estado suficientemente denso, desde el punto de vista jurídico —es decir, precisamente lo

31

PETER HABERLE

Constitucionales —tanto en sentido estricto como en el más amplio— (por ejemplo, el Tribunal Federal suizo y el mero Derecho europeo, como el Acta Única Europea de 1986 y las dimanantes de la Conferencia para la Seguridad y Cooperación de Europa; por ejemplo, respecto de la «dimensión humana» de Copenhague y París, de 1990). Las mismas ideas se dan, con frecuencia, en forma progresiva en los más dispares ámbitos de validez del ordenamiento jurídico y, poco a poco, en casi todas las fuentes del Derecho para así hacerse valer como substrato común europeo, apareciendo en las constituciones de las naciones del continente (por

ejemplo, el art. 28.1, ap. 2, de la Ley Fundamental de Bonn; el art. 9 de la Constitución portuguesa de 1976; el preámbulo de la Constitución española

de 1978 y en el más reciente de la húngara de 1949-89 «

la economía

... social de mercado que hace realidad el Estado de Derecho»; el de la Comisión

Europea de Derechos Humanos, de análogo tenor; la declaración en común

de la Comunidad Europea, de abril 1989:

«Europa refuerza la existencia

... de una comunidad jurídica basada en la salvaguardia de la dignidad humana y de los derechos fundamentales»; el Acta Única Europea, de 1986 [salvaguar- da de la ley]; finalmente [1990], la Carta de París de la Conferencia para la

Seguridad y Cooperación en Europa [subordinación del poder del Estado al Derecho]).

  • 3. Ventajas del reconocimiento y desarrollo del DCCE; posibles inconvenientes y límites

La exigencia de una labor abierta y consciente respecto del DCCE tiene un trasfondo teórico y otro práctico. Veamos primero el práctico: el legislador y el intérprete constitucional nacional pueden enriquecerse ambos de la exigen- cia de un cúmulo de principios reputados corrientemente comunes o, en todo caso, capaces de convertirse en ello a nivel constitucional. También pueden sacar partido de la experiencia que otros hayan realizado anteriormente en Europa a la hora de resolver problemas jurídico-constitucionales, así como también resolver los suyos propios gracias a una labor iuscomparatista basada en textos análogos «foráneos». Otro tanto puede decirse en cuanto a lograr un balance equilibrado mediante «préstamos» de textos y normativas legales, caso de existir déficit. Las ciencias jurídicas en general y la doctrina consti-

cultural—, puede convertirse en principio del Derecho a través del vehículo de los «principios generales del Derecho». El método iuscomparatista es justamente el de «concretización de los principios generales del Derecho» (formulación similar en K. LARENZ, JZ, 1962, págs. 269 y sigs.). Los standards son una versión moderna de tales principios. Ambos conceptos tienen carácter de principios.

32

DERECHO CONSTITUCIONAL COMÚN EUROPEO

tucional en particular no son todavía lo suficientemente conscientes de su propia envergadura empírico-científica. Las experiencias obtenidas por otros Estados constitucionales europeos como soluciones, y las respuestas que de ello dimanan, tanto a nivel político como exegético-jurídico, pueden ser integradas mediante su «recepción». Las constituciones nacionales europeas asemejan un gran «tallen> en el que a fin de cuentas existen unos procesos de producción y recepción jurídica comunes a todos. A nivel interno, en los Estados federales ya se puede comprobar este aserto de forma casi modélica (por ejemplo, en Suiza, respecto de los movimientos de revisión parcial o total de los años sesenta) (78). En el ámbito europeo podría decirse algo similar (por ejemplo, de la CE, del Consejo de Europa y de la Conferencia para la Seguridad y Cooperación en Europa), si bien no se ha tomado todavía suficientemente conciencia de ello ni tampoco se designa por su nombre. Donde también se observa especial- mente es en la Eurppa del Este, donde resulta más fácil crear estados consti- tucionales, ya que allí siempre puede decirse, desde la óptica occidental, que ciertos principios constitucionales no corresponden en el fondo sino a «stan- dards europeos comunes». Respecto del trasfondo teórico, bien pueden añadirse dos palabras: por una parte, el paradigma usado en los análisis de niveles en los textos indica cuan efectivo se halla el tipo denominado «Estado constitucional» a lo largo y ancho del planeta, especialmente allende el Atlántico. La especial proximi- dad geográfica y la vecindad de ciertos Estados constitucionales concretos en la vieja Europa posibilita procesos de intercambio por el mero hecho de que Europa tiene «una» cultura (79). Este aspecto cultural, denominado con más precisión conceptual «cultura jurídica», es motivo suficiente para acercar a todo legislador e intérprete constitucional europeo mucho más todavía, por tener siempre a mano el posible recurso de acceder o reconducir su trabajo al DCCE. La Europa del Este en especial puede recuperar su identidad cultural tras el vacío dejado al desplomarse el marxismo-leninismo, reafirmando su pertenencia a la Europa cultural. Consecuentemente con ello, ya se empiezan a vislumbrar por doquier en todo el Este los efectos de la imitación como ejemplos de textos constitucionales occidentales. Por otra parte, la consecución del mercado interno europeo, que se con- sumará en 1992, exige un Derecho constitucional económico unificado (efec-

(78) Vid. al respecto mi trabajo Neuere Verfassungen u. Vfs-Vorhaben in der Schweiz, ci' .., págs. 303 y sigs. (79) Vid. mi trabajo homónimo respecto de las perspectivas jurídico-constitucionales de la cultura y respecto de Europa en JoR, 1983, págs. 9 y sigs. En general, P. MORAND: L'Europe galante, 1988, y O. MOLDEN: Die europáische Nation, 1990.

33

PETER HABERLE

tivo bajo los principios de la economía social de mercado y extensible a las libertades económicas y a los aspectos de seguridad social). El cada vez más amplio tráfico económico allende las fronteras (80) no sólo exige soluciones unificadas a nivel de Derecho privado, sino de Derecho constitucional: he aquí una muestra del DCCE. La integración europea, empero, no se efectúa sólo a nivel económico, sino fructificando a nivel cultural y profundizando en el jurídico, impulsada por el desarrollo del DCCE, que debe tener en cuenta en todo caso previamen- te, por supuesto, la diversidad cultural europea a la hora de reflejarse a nivel positivo como reacción. La Europa del Este en particular sólo puede reinser- tarse en el contexto global europeo a nivel de los estratos más profundos, independientemente de la manera en que lleve a término su integración; es decir, tanto si lo hace desde la más estricta, mediante su adhesión a la CE, como si es de otra más tenue mediante la inclusión en el Consejo de Europa o por pertenecer a la Conferencia para la Seguridad y la Cooperación en Europa (factor que últimamente se ha reforzado adoptando el anglicismo soft law), con todo lo cual colabora intensamente en la consecución de un DCCE (cfr. suprá). Grosso modo, la toma de conciencia del DCCE ya existente y el cuidado desarrollo del nuevo pueden conducir al tantas veces soñado refuerzo de la «identidad europea» (81). Mas tampoco hay que silenciar posibles inconvenientes y limitaciones. No en vano todo europeo está orgulloso de la diversidad de su continen- te (82) tanto a nivel cultural como al jurídico, todo ello sin hablar aquí de la solución denominada «tabula rasa para todos» a la hora de la unificación jurídica europea de T. Mayer-Maly. Sin embargo, es justamente esta diversi- dad la que ilumina, en último extremo, la unidad cultural del continente y sus últimos (y penúltimos) principios de justicia, hoy asumidos por numerosas constituciones, que no son en el fondo sino idénticos. Aparte de que no se trata de sumar y cuantificar sólo a nivel numérico, sino de evaluar con baremos de justicia y análogos criterios. Deducir el DCCE únicamente puede llevarse a cabo con sumo cuidado y con una gran sensibilidad frente a todo lo no «europeo común» (82), ya que lo nacional es lo que atribuye carácter especí-

(80) Cfr. respecto del campo civilista H. KOTZ, op. cit. (nota 65), y FS Zweigerl, págs. 488 y sigs. (81) Ejemplarmente desarrollado en el campo privatista por E. A. KRAMER, op. cit. (nota 2), pag. 487: «En todo caso, el Derecho europeo privado no es sólo un producto cultural secundario marginal, sino uno de sus componentes centrales en base a su vieja tradición y alta calidad formal y material.» (82) Tiene razón E. A. KRAMER {op. cit. [nota 2], págs. 486) en este contexto.

34

DERECHO CONSTITUCIONAL COMÚN EUROPEO

fico y es piedra de toque precisa donde radica la diversidad jurídico-cultural europea. El tener siempre bien presente el contenido «nacional» específico de cada Derecho constitucional de un Estado concreto o país es lo que, en último término, puede evitar que se incurra en el error de reducir «a común denomi- nador» de forma precipitada justamente aquello que debe ser y permanecer «diferente»; piénsese en los preámbulos de textos legales en cuanto a su dimensión de resumen expositivo de la historia nacional, en las garantías de las festividades nacionales y en tantos otros textos constitucionales repletos de símbolos (83). Tampoco se debe allanar toda diferencia en la estructura federal de países como, por ejemplo, Suiza, Alemania y Austria —en lo tocante a la autonomía de sus Lánder— más allá de lo meramente teórico de todo arquetipo de Estado federal comunitario europeo. Pues bien, a pesar de todo ello, también aquí aparecen con mayor vigor características comunes, como la posibilidad de crear un Derecho común a todos los alemanes (84) e incluso a todos los ciudadanos residentes en los cantones, al igual que la idea de la federación (85).

  • 4. Las dos vías existentes de producción del DCCE

El DCCE no es un producto acabado. Debe ser todavía rigurosamente elaborado y desarrollado, a la par que reflexionado, por más alcanzables que parezcan sus materias ya desarrolladas, en potencia o de hecho. Visto grosso modo, podrían diferenciarse dos vías sobre las que formular el DCCE: 1) la jurídico-política del legislador, y 2) la exegética de la judicatura. Ambas se diferencian sólo en su aspecto básico, interfiriéndose con frecuencia: el intér- prete crea un gran marco jurídico-político y viceversa; la política aplicada al campo del Derecho presupone varios momentos hermenéuticos previos (por ejemplo, al tratar del análisis comparado de niveles existentes en los textos).

(83)

Más amplio en mis trabajos de reelaboración: Práamble im Text und Kontext von

Verfassungen, en FS Broermann, 1982, págs. 211 y sigs.; Feiertagsgarantien ais kulturelle Identitátselemente des Verfassungsstaales, 1987.

(84)

Cfr. supra,

nota 72; infra,

nota 94.

(85)

Al respecto, vid. K. STERN: Das Slaatsrecht der BRD, 2.' ed., 1984, págs. 699 y

sigs.; J. ISENSEE: Ide u. Geslall des Foederalismus im GG, cit., págs. 599 y sigs.; U. HAFELIN-W.

HALLER: Schweizerisches Bundesstaatsrecht, 2.' ed., 1988, págs. 94 y sig.; C. STARCK (ed.):

Zusammenarbeit der Gliedsattaten im Bundesslaal, 1988; P. PERNTHALES: Allgemeiner Slaals- u. Vfs-Lehre, 1986, págs. 430 sigs. Puede verse un trabajo ejemplar de iuscomparatismo federal en T. FLEINER, VVDStRL 46, 1988, págs. 123-126 (debate). Sobre la totalidad, véase mi trabajo «Aktuelle Probleme des dt. Foederalismus», Die Verwaltung, 1991, págs. 169 y sigs.

35

PF.TER HABERLE

1) Política jurídica en materia de DCCE. En principio, se dedican a una labor jurídico-política quienes pergeñan el Derecho constitucional, empe- zando por el legislador constitucional de cada nación, pero también quienes redactan sus reformas, tanto parcial como en su totalidad, al preparar los proyectos y borradores e ir comparándolos, conscientes de ello o no. El análisis de los niveles que existen en los textos puede sacar a la luz esta labor comparatista (86). Comparar significa reelaborar tanto lo igual como lo des- igual. Quienquiera que desee elaborar un nuevo proyecto constitucional para su propio país en Europa podrá reconocer, en base a un amplio estudio del continente, qué principios se consideran de hecho «comunes» y cuáles deben permanecer como propios y específicos de cada país. Las constituciones y análogos proyectos de la Europa del Este de cuño más reciente, y sobre todo los relativos a los nuevos Lander alemanes, evidencian en cuántos campos se da ya el substrato jurídico común de principios constitucionales, de recibo en el Este de Europa, configurado como ius commune constitutionale; la economía social de mercado, los derechos fundamentales clásicos y los pro- cedimientos de protección jurídica pertenecen a este apartado (87). al igual que la apertura del Este de Europa y sus procesos actuales de adaptación al Derecho constitucional occidental (que a veces resultan ser elementos de una «constitución modelo») son allí prueba reforzada de la consolidación de prin- cipios constitucionales concordantes de Derecho europeo en común. Los de- rechos fundamentales de la Comisión de Derechos Humanos, si bien a nivel nacional no siempre se sitúan ni se interpretan al mismo nivel de los derechos constitucionales, son, no obstante, el núcleo central del DCCE (88). Frente a la interacción existente entre el Derecho puro y simple y el constitucio-

(86) Sobre Suiza, vid. mi trabajo Neuere Verfassungen

...

Schweiz, cit., págs. 303 y sigs.,

proseguido por U. BATTIS-E. G. MAHRENHOLZ-D. TSATSOS (eds.), op. cit.,

pág.

17. Respecto

de los países en vías de desarrollo, cfr., asimismo, mi aportación en «Die Entwicklungslander im Prozess der Textstufen Differenzierung des Verfassungsstaates», VRU 23, 1990, págs. 225 y sigs.

(87) Cfr. los textos de Hungría en JoR 39, 1990, págs. 258 y sigs., y sobre los estados federales de los antiguos territorios alemanes del Este, págs. 373 y sigs. Sobre el desarrollo constitucional en la Europa del Este, véase mi trabajo homónimo en FS Kilagawa, 1991. (88) Suiza menciona el rango constitucional de la «Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo». Cfr. al respecto J. P. MULLER: Elemente eine schweizerischen GR-Theorie,

1982, pág. 177; también, M.

E. VILLIGER: «Die europáische MR-Konvention u. die schweizeris-

che Rechtsordnung», EuGRZ, 1991, págs. 81 y sigs. Sobre Austria, véase L. K. ADAMOVICH-B. C. FUNK: Oesterr. Vf-Recht, 2.*ed., 1984, pág. 82. Sobre los principios generales del ordenamien- to jurídico de todos los Estados miembros de la susodicha Comisión, vid. H. MIEHSLER Intkomm- EMRK, 1986, Rdnm. 86 y sigs. (referente al art. 6).

36

DERECHO CONSTITUCIONAL COMÚN EUROPEO

nal (89) no se debería subestimar la labor jurídico-política conseguida al reuni- ficar de iure a Europa a tenor de lo dispuesto en el artículo 100 y \00.a) del Tratado fundacional de la CEE, pues si bien desde un punto de vista puramente formal se halla ubicado un peldaño más abajo que la Constitución (90), bien podría elevarse a medio plazo en base a los reglamentos y a las directivas comunitarias para lograr una efectividad de mayor envergadura capaz de servir de modelo reunificador; dicho de otro modo, se trata de cooperaciones cons- titutivas en vías de consecución de un DCCE. Todo lo hasta ahora dicho es válido, por ejemplo, para el Derecho que regula el medio ambiente (91). Por lo demás, también hay que citar como hitos todos los esfuerzos encaminados a la revisión del DCCE «primario», es decir, eventos tales como la creación conjunta de un Acta Única Europea, al igual que los simples proyectos de una Constitución europea (92). Todas estas partes presuponen estudios com- parados previos y pueden señalarse como labor ex ante en vistas a la creación de un DCCE. Es evidente que con la mera creación de textos constitucionales concordan- tes sólo se da un primer paso en la vía de acceso al DCCE, reiteradamente aludido, al igual que es sabido también que formas textuales idénticas en modo alguno significan garantía de contenidos idénticos, toda vez que dichos textos ostentan a veces o bien un contenido indeterminado o bien incluso equívoco. Este argumento, que relativiza el paradigma de análisis antes alu- dido a nivel de los textos, debe ser tomado muy en serio. Y viceversa, el DCCE puede aparecer bajo distintas redacciones debido al hecho de que, pese a toda diferencia, el proceso interpretativo depende, en último término, de cada una de las concepciones y valores que se atribuya a la justicia en las diferentes naciones. No existe ningún artículo, a nivel de Derecho constitucional, similar en su tenor literal al artículo 100 del Tratado constitutivo de la CEE; quiero decir con esto que no existe institución jurídica alguna en toda Europa dedicada a la unificación jurídica —por muy buenas razones—, pese a lo cual la

(89) Al respecto, P. LERCHE-STILLER: Vjs-Wandel ais aktuelles Politicum, en FS Mainz,

1971, págs. 285-286; P. HABERLE: Die Wesensgehallgarantie

...

,

cit.

(90) Sobre el artículo 100 del Tratado fundacional de la CEE, vid. A. KRAMER, op. cit. (nota 2), pág. 480.

(91) Cfr. I. PERNICE: «Auswirkungen des europ. Binnenmarkts auf das Umweltrecht-Ge- meinschafts-(Vcrfassungs)-rechtliche Gnindlagen», NVwZ, 1990, págs. 201 y sigs.

(92) Al respecto, véase R. LUSTER (ed.): Bundesstaat Europ. Union, Ein Vfs-Enlwurf, 1988. Vid. también el proyecto constitucional de una unión europea presentado por la fracción del «Europáische Volkspartei» (septiembre 1983) en J. SCHWARZE-R. BIEBER (eds.): Eine Verfassung

fur Europa,

1984, págs. 571

y sigs.

37

PETER HABERLE

actividad jurídica del Consejo de Europa (y de la Conferencia para la Segu- ridad y Cooperación en Europa), la de la Comisión de Derechos Humanos y la del Consejo de Seguridad, todas ellas trabajando en materia de derechos fundamentales, han dado como resultado una ingente labor que calificamos como «labor previa». Así, pensemos en las iniciativas presentadas en materia de protección del medio ambiente y en las que regulan los medios de comu- nicación. Por cierto, que también habría que preguntarse si con todo ello, paralelamente a los gremios como sucede en el Derecho civil (93), no debería ser tarea científica la de proceder a una investigación, mediante el método comparatista, de la totalidad del Derecho constitucional europeo que alcanzara incluso a sus propias propuestas político-constitucionales. En todo caso, hay que advertir del peligro de incurrir en exageraciones; sea cual fuere la alegría del descubridor y pionero respecto a los elementos del DCCE, se impone asimismo el respeto de sus límites, entre los que se encuentra la soberanía constitucional de cada nación y la individualidad de los respectivos Estados como factor condicionante de «lo común», dimanante todo ello de la diversidad cultural viva de Europa. El DCCE no debe conver- tirse en mero instrumento de allanamiento o nivelación uniforme ni de igua- lamiento forzoso de todo Derecho constitucional nacional en una Europa unida puramente imaginaria o en una que lo pretenda llegar a ser. El vigor y la fuerza del DCCE dependen de su riqueza, incluyendo el «sentido particular» y las «dislocaciones» de cada uno de los tipos de derechos contenidos en sus constituciones nacionales. Lo válido a nivel federal para relacionar cualquier Derecho constitucional alemán o suizo con las constituciones de sus propios Lánder o cantones (94) es, asimismo, válido a fortiori para relacionar el DCCE y el Derecho constitucional nacional (subsidiariedad).

2)

La vía exegética de la judicatura en el reconocimiento del Derecho.

La segunda vía para reconocer y/o desarrollar el DCCE es la exegética. He aquí un campo donde la metodología científica debe realizar todavía su tarea previa. También la jurisprudencia constitucional debería ocuparse y responsa- bilizarse de ello en la práctica. Las doctrinas sobre metodología de la interpre-

(93)

Cfr. H. KOTZ, FSZweigen. cit. (nota 1); KRAMER, op. cit. (nota 2), págs. 479y sigs.

(94)

Al respecto, mis aportaciones: Neuere Verfassungen

cit. (nota 86). Amplía la lite-

, ratura las jornadas de Passau mantenidas por profesores de Teoría del Derecho y del Estado, publicadas en VVDStRL 46, 1988; por ejemplo, VITZHUM, págs. 7 y 13 y sigs.; G. SCHMID, págs. 92 y 113, y B. C. FUNK, pág. 174 (debates). Preferentemente críticos, cfr. C. STARCK, ibid., págs. 156.

38

DERECHO CONSTITUCIONAL COMÚN EUROPEO

tación constitucional (95) se han decidido ya a la ampliación de la dimensión europeo-comunitaria. Concretamente, se trata de la dedicada al estudio com- parado a nivel científico-cultural. Tanto si se «canoniza» el método iuscom- paratista como quinto método, según Savigny (96), como si se renuncia a atribuir esta denominación tan sugestiva —lo reconozco—, todo ello es pura- mente contingente. Lo esencial es que el estudio comparado de las constitu- ciones ya se practica de hecho abiertamente y a conciencia, sobre todo en cuanto a derechos fundamentales, aunque también aparece en cuestiones de Derecho constitucional primario a nivel nacional y no solamente en las rela- tivas al Derecho europeo en sus aspectos técnicos. Con esto debe quedar muy claro que no siempre se puede o se debe «reconocer» el DCCE de forma «automática». El método iuscomparatista constitucional puede inducir, por ejemplo, a la creencia de que sólo entre los tres cantones alemanes de Suiza, Alemania y Austria surge «lo común» o a tomar conciencia de ello, como, por ejemplo, en el ámbito de la problemática del Estado federal («Derecho europeo regional común»). A partir de un morffento dado, la cantidad se transforma en calidad, dando lugar a una «metodología axiológico-iuscompa- ratista», como, por ejemplo, la existente en materia de derechos fundamenta- les, toda vez que muchos Estados constitucionales europeos ya han hallado soluciones concordantes que traspasan el ámbito de la propia Comisión Euro- pea de Derechos Humanos, como las reflejadas en la más reciente declaración de la Conferencia para la Seguridad y Cooperación en Europa. De esta manera, los intérpretes del Derecho constitucional nacionales que no difieran sensible- mente en este punto pueden involucrar a «los otros europeos» como medios de ayuda a la interpretación. Así se europeiza la sociedad abierta de intérpretes constitucionales. Las doctrinas nacionales sobre el Estado de Derecho desem- peñan en todo ello un rol de pioneros y tienen una responsabilidad especial:

la de formar la comunidad científica europea.

Cada vez se hace más necesaria una doctrina sobre la metodología común

(95) Es ya un clásico P. SCHNEIDER-H.

EHMKE: Ppzien. der Vfs-lnterpretation, 1963; asimis-

mo, K. HESSE: Grundzüge des Vfs-Rechts der BRD, 17.' ed., 1990, págs. 19 y sigs.; R. DREIER-

SCHWECMANN (eds.): Probleme der Vfs-lnterpretation, 1976. (96) Vid. las propuestas de Constitución en JZ, 1989, págs. 913-916, desarrolladas más

ampliamente en VRU 23, 1990, págs. 225-244. El método jurídico ya ha comenzado a integrar, en sus compendios, el método iuscomparatista (en principio). Cfr. H. M. PAWLOWSKI: Methoden- lehre für Juristen, 2.*ed., 1991,págs. 117 y sigs. («acceso al acervo de experiencias y conoci- mientos», con indicación a la tesis del autor sobre el «quinto» método hermenéutico). El método

iuscomparatista se aborda en

F. MULLER: Juristische Methodik, 2.' ed., 1976, págs. 124-146 y

sigs., 164;4."ed., 1990, págs. 21, 198, 210; vid. K. LARENZ, puntualizando, enMethodenlehre, 5.*ed., 1983, págs. 227, 233.

39

PETER HABERLE

europea. Esbozada ya en materia de Derecho civil (97), es todavía hoy por hoy un petitum o desiderátum en Derecho constitucional. Así, pues, no se trata de «disciplinar» con todo ello la franqueza y la fuerza creadora de todo acto interpretativo por el que se conozca de forma vinculante «de qué manera precisa» hay que combinar cada uno de los métodos de la hermenéutica constitucional (98). En lugar de ello, en cambio, las metodologías nacionales se deberían ocupar, con más intensidad de lo que han venido haciendo hasta ahora, de elaborar sistemáticamente lo que se da en común a nivel de Derecho constitucional en todo Estado constitucional europeo (incluyendo los requisitos de compresión previos «comunes» del Derecho y sus correspondientes técnicas de racionalización, etc.). Así, mien- tras que, por ejemplo, en Suiza.ya se practica con gran interés el Derecho comparado en materia de derechos fundamentales (99), en Francia, y pese a su propia autoconciencia de grandeza, sigue existiendo una gran oquedad —en cuanto a estudios análogos se refiere— en este campo. La Teoría General del Estado en Italia (100), al igual que sucede en España (101), se halla, en cambio, mucho más avanzada al respecto.

(97) Cfr., con referencia a Coing, H. KOTZ, op. cit. (nota 1). Una aportación imponderable

en el desarrollo del DCCE aparece en el artículo 7 de la ley de la navegación suiza, posiblemente influido por el artículo 1.2 del Código Civil homónimo, a cuyo tenor dice:'«En caso de que el

... principios secularmente reconocidos del Derecho marítimo, y a falta de éstos, según las normas que él mismo establecería si fuera legislador, teniendo presente que al hacerlo así debe respetar tanto el Derecho legislado como el consuetudinario y tanto la ciencia como la jurisprudencia de los Estados que practican la navegación.» (98) Vid. mi comentario al respecto, o sea, «Kommentierung statt Verfassunggebung?», en DVBI, 1988, págs. 262-267.

legislador federal

no haya establecido ninguna norma al respecto, el juez juzgará según los

(99) Ejemplar es J. P. MULLER, op. cit. (nota 35) (referente a la literatura jurídica angloa- mericana y alemana), y del mismo autor, Die GR der schweizerischen Verfassung, 1991, págs.

4 y sigs., 87 y sigs., 391 y sigs., 419 y sigs.

112 y sigs., y P. SALADIN: Grundrechte

im Wandel,

3." ed., 1982, págs.

(100) La Teoría del Derecho y del Estado italiano no sólo cita desde hace tiempo la literatura jurídica alemana, sino que la reelabora en todos sus géneros. Cfr., en general, R. SCHULZE (ed.):

Dt. Rechtswissenschaft und Staatslehre im Spiegel der italienischen Rechlskullur wahrend der zweiten Halfte des 19. Jahrh., 1990. También en revistas, como A. CORASANITI: «Note in Tema di Diritti fondamentali», Dirilto e Societá, 1990, págs. 189 y sigs.; en estudios monográficos, como M. CARDUCCI: L'accordo di coalizione, 1989, págs. 3, 15, 125 y passim; P. RIDOLA:

Democrazia pluralistica e liberta associative, 1987, passim; en libros de texto, como P. GROSSI:

/ diritti di liberta ad uso di lezzioni, I, 2.' ed., 1991, págs. 97, 145, 281, etc.; F. SORRENTINO:

Le fonti del Diritto, 1987, págs. 145,

152; A. PACE: Problemática delle liberta costituzionali

(Parte genérale), 1985; en obras de recopilación, como A. A. CERVATTI: Le garanzie costitucio-

nali nelpensiero di C. Mortati, 1990, pág.418; Dottrine generali

e costitucionali delta Repubblica

italiana, 1962; A. BALDASARRE: Liberta, problemi generali, en Enciclopedia giuridica, I, 1988, págs. l.etc ; A. D. ATHENA: Adattamento del Diritto interno al Diritto internazional; F. LANCHES-

40

DERECHO CONSTITUCIONAL COMÚN EUROPEO

Pero por más «avanzadas» que vayan hoy las comunidades científicas nacionales respecto del conocimiento del Derecho constitucional de sus veci- nos europeos, lo que depende de su propio temperamento visible —sin ir más lejos, en las diferencias en cuanto a estilo y argumentación—, no le vendría tampoco nada mal a la nueva Alemania reunificada constituirse en «foro para la elaboración del Derecho constitucional comparado», dada su situación central y su papel de mediador. De este modo podría adelantar el trabajo preparatorio en vistas al desarrollo del DCCE, orientado tanto al Este como al Oeste, efectuándolo a dos niveles: jurídico-político y hermenéutico. La reunificación alemana, que ha de realizarse a nivel de concienciación a pequeña escala, ya posee, a gran escala, su paralelo en el ámbito cultural al servir de puente entre los países del Este y el Occidente de Europa. Nue- vamente vuelve a aparecer aquí la unidad en la variedad cultural que ha servido de base al lema «Que crezca unido lo que pertenece unido».

  • 5. La división del trabajo respecto de los géneros de literatura científica del DCCE

La teoría del Estado, o mejor dicho, la llamada teoría de la Constitución, puede y debe impulsar los trabajos del DCCE de forma diferenciada según la clasificación de los textos jurídicos (102). En primer lugar debemos colocar al libro de texto, siguiendo el modelo del Código Civil (103).

TER: «Stato», en Enciclopedia del Diritto. En comentarios literarios se da un cierto déficit por permanecer desde hace tiempo muy introvertida en el aspecto nacional; cfr. sólo V. CRISAFULLI-L. PALADÍN (eds.): Commentario breve, 1990. (101) La Teoría del Derecho y del Estado en España, por su parte, en intensísima relación

con la italiana (y todo ello no sólo desde la última Constitución de 1978), se ocupa intensamente también de la literatura alemana; así, por ejemplo, J. J. ENCINAR: El Estado unitario federal,

1985; A. E. PEREZ-LUÑO: Derechos humanos, Estado de Derecho y Constitución, 2.' ed.,

1986;

  • P. CRUZ VILLALÓN: La formación del sistema europeo del control de constitucionalidad (1918-

1939), 1987. Las jomadas hispano-alemanas sobre Derecho comparado, dirigidas por A. López Pina (Madrid, 1989), se ocupan tanto del «Ius commune constitucionale» como del «regionale»

(por

ejemplo, Competencias ejecutorias de la Generalitat de Cataluña, 1989). Anteriormente,

  • A. RANDF.LZHOFER (ed.): Deutsch-Spanisches Verfassungsrechtkolloquium, 1982. La literatura

jurídica sobre la Comisión de Derechos Humanos actúa como elemento central «nuclear» del DCCE (por ejemplo, Portugal: Coloquio sobre direitos fundamentáis e convengáo europeia dos direitos do homen, 1983). Los más tempranos pioneros, a través del «Simposio Internacional de

la Fundación Humboldt»

(1978), en Neue Entwicklungen im óffentlichen Recht, ed. por T.

BERBERICH y otros, 1979. Digno de tener en cuenta es H. U. ERICHSEN (ed.): Lateinamerika und

Europa im Dialog, 1989. (102) Sobre las doctrinas constitucionales dentro del campo de fuerza de los géneros litera- rios, véase mi artículo homónimo en FS Kaufmann, 1989, págs. 15 y sigs. (103) Cfr. H. KOTZ: «Gemeineurop. Zivilrecht», en FS Zweigert, 1981, págs. 481-489:

41

PF.TF.R HABERLE

Respecto de las materias jurídicas, la sistemática y la dogmática —que incluyen puntos de vista de política legislativa y, en su caso, variantes político- constitucionales, posibilidades y alternativas—, se debe elaborar el libro de texto de tal modo que la interacción disciplinaria incluya a toda Europa. En el proceso de preparación se podrían delimitar sus ámbitos parciales en con- creto, como el de los partidos políticos y estructuras democráticas (104), derechos fundamentales (105), justicia constitucional (106), incluso adminis- tración autonómica y municipal (107). Lo esencial es tan sólo que se traspasen las fronteras nacionales «desde un principio y de manera consciente», viéndose todo ello en retrospectiva, es decir, a nivel de hacienda constitucional (también aquí allende las propias fronteras), mediante la visión contemporánea actua- lizada que ofrecen los estudios de constituciones y derechos fundamentales a nivel comparado. Historia constitucional y análisis comparado de las propias constituciones son dos aspectos que traslucen con evidencia su íntima vincu- lación: la de ser dos facetas del mismo evento; en suma, la comparación dentro del espacio y del tiempo (108). Algunas monografías, conceptos y

artículos e incluso colecciones ya deberían ir por delante, siendo no menos cierto que de todo ello ya se dan algunos ejemplos (109). Otro problema de distinto cariz es el relativo a los comentarios jurídicos. El libro Jurisprudencia

constitucional comentada (110) gira en torno a fallos y

sentencias del Tribunal

Constitucional, sin olvidar reseñar a grandes rasgos los precedentes históricos. Sin embargo, no necesita aportar al libro de texto ningún tipo de sistemática comparada en temas de DCCE. Es natural que, limitado a cada «caso», en

«El libro de texto sobre Derecho europeo civil (iniciado en materia contractual y delictiva) exige y puede citar algunos ejemplos para acotar un campo jurídico específico, desde un principio, desde la perspectiva europea.»

(104)

Cfr. supra,

nota 58.

(105)

Ejemplar es el trabajo de J. P. MUU.ER, op. cit. (nota 35). Más específico, J.

ILIOPOULOS-STRANGAS (ed.): Extremisten und Oeffenllicher Diensl, 1981. (106) Ejemplos: A. AUER: DieSchweizerische Verfassungsgerichtsbarkeit, 1984; W. KALIN:

Vfs-Gerichtsbarkeii in der Demokratie, 1987; C. STARCK-A. WEBER (eds.): Vfs-Gerichtsbarkeit in Westeuropa, 2 vols., 1986. (107) Así, por ejemplo, D. THURER: Bund und Gemeinden, 1986; prólogo de KNEMEYER (ed.), supra, nota 29. (108) H. KOTZ: Rechtsvergleichung, cit. (nota 1), emplea la metáfora de designar al Derecho comparado y a la Historia comparada «hermanas gemelas». (109) Cfr. la obra recopilatoria del Derecho húngaro-alemán en clave iuscomparatista: Die Verfassung ais Katalysator zw. Gesellschaft und Staat, ed. por A. ADAM y H. SCHOLLER, 1990 («Internationale Festschriften um den nucleus eines europ. Gelehrten gestaltet, kónen Spiegel gemeineurop. Rechtswissenschaft sein»).

(110) Así, mi libro homónimo, 1979.

42

DERECHO CONSTITUCIONAL COMÚN EUROPEO

algo deba profundizar en particular: debe integrar el método iuscomparatista como «quinto» método hermenéutico dentro del canon metodológico, adelan- tándose (paradójicamente, ex post, por así decirlo) de esta manera a la tarea de los Tribunales Constitucionales nacionales. El aludido quinto método hermenéutico aparece así como la «clave común europea», como el método de elaboración del contexto europeo por excelencia aplicado a casos judiciales nacionales. Y puesto que los tribunales nacionales —normalmente sometidos todos ellos a presión en cuanto a tiempo de trabajo— pueden ir aprendiendo poco a poco a resolver las polémicas que surgen en el Derecho constitucional nacional en base al acervo común europeo, constatamos que la ciencia jurídica puede ejercer en este contexto un papel de pionera. Será, pues, mucho más tarde, cuando cuaje el comentario jurídico-constitucional elaborado con base a lo común europeo, el que ensamblará el mosaico, compuesto de múltiples decisiones y comentarios separados, en un bloque único (111).

A través de todo lo hasta ahora dicho se ve cuan fomentada

se encuentra

la Teoría del Derecho y del Estado como ciencia a la hora de elaborar el DCCE, ya que es ella quien debe ir por delante con todo su amplio acervo de principios y la amplitud de su temática y puede llegar a ser la que dé los primeros pasos de un ius commune (ahora léase constitutionalé), como ya los dio la ciencia jurídica privatista en los pasados siglos al pergeñar un «ius civile europeum», que hoy se sigue manteniendo. No se interprete esto como un argumento para minimizar oculta o abiertamente la gran cultura iuspriva- tista europea; más bien al contrario: su carácter y su fuerza han sido reitera- damente ensalzados como ejemplares. Más aún, la ciencia del Derecho cons- titucional y la iusprivatista nunca deben ser alentadas en sentido de pugna mutua por construir o reconstruir hoy el ius commune. Cada una de ellas trabaja en buena parte en la consecución de una cultura jurídica en la Europa contemporánea. No hay que olvidar que tanto el Derecho constitucional como el privado deben ser entendidos cada uno dentro de su propio ámbito de validez y en sus propias coordenadas (112).

Sería muy de desear que así se lograra desde el intercambio fructífero de

(111) En especial, la ciencia jurídica europea como disciplina del Derecho europeo debería trabajar a su vez a nivel comparatista en sus planos más nacionales, es decir, evaluando su Derecho constitucional-administrativo como formas previa o paralela de su propio pensamiento jurídico. Así, por ejemplo, J. SCHWARGE: Legislationfor Europe. 1992, 1989; del mismo autor, Europáisches VW-Recht, 2 tomos, 1988. (112) Al respecto, K. HESSE, op. cit., 1988; P. HABERLE: Verfassung und Privairecht, en

M . HALLER-H. HAUSER-R. ZACH (eds.): Addendae,

1990.

43

PETER HABERLE

perspectivas sobre planteamiento y solución de problemas hasta el reto por conseguir la mejor metodología común europea (113). Ciertamente, el trabajo en pro de un DCCE evidenciará la necesidad de crear un campo futuro donde se elabore el Derecho de los juristas (Juristen- recht). La teoría del Derecho y del Estado podría acotar un campo de acción que no le fuera sustraído demasiado rápido por la respectiva jurisprudencia constitucional de cada nación (114). De esta manera se habría constituido a nivel europeo, legitimándose sobre una nueva base: como teoría iuscomparatista constitucional, la cual no sólo adoptaría el Derecho constitucional nacional respectivo como ejemplo histó- rico de forma mejor o peor lograda, sino que simultáneamente desarrollaría en profundidad el posible Estado europeo constitucional, en parte ya experi- mentado a nivel superior, como tipo ideal. Unidad y variedad europeas —evidentes desde 1989, año que hizo época— quedarían reforzadas de este modo. La teoría constitucional, si bien madura- da en el seno del Estado nacional, podría fructificar como ciencia cultural europea, puesto que así se perfila en los textos clásicos desde Aristóteles hasta Tocqueville, Hauriou, Heller y Mortati, pasando por Locke y Montes- quieu (115). A hombros de tales gigantes podría extender su visión un poco más allá (de un confín a otro de Europa) sin sobredimensionarse a sí misma. Mas también los autores «clásicos» y «los posglosadores» deben tener su oportunidad en esta tarea, hasta que un buen día el DCCE contemporáneo alumbre a sus propios clásicos (como, por ejemplo, J. Madison), del mismo

(113) Las revistas especializadas desempeñan un gran papel como vehículo de transmisión y reflexión del DCCE y sus contenidos en Europa (por ejemplo, la EuGRZ desde 1974). Hay que destacar la Revue Européenne de Droit Public, en varias lenguas, desde 1989. También la antigua ZVgl RWiss. Constituir una ciencia jurídica europea puede hacerse mediante artículos, recensiones y comentarios de sentencias, todo ello en colaboración y diálogo entre colegas, a nivel nacional y allende las propias fronteras. También hay que incluir los «anuarios», sean de tipo «general» (como el JoR y como el Yearbook der University of Rome II, Department of Public Law), sean de tipo «limitado a una temática concreta» (por ejemplo, Annuaire International de Justice Constitutionnelle, Université Aix, Marseille II, vol. 2, 1986). (114) Sobre si la Teoría del Derecho y del Estado (alemana) se agota en sus comentarios sobre jurisprudencia constitucional, cfr. B. SCHLINK: «Die Entthronung der Staatsrechtswissens- chaft durch die Vfs-Gerichtsbarkeit», Der Slaat, 28, 1989, págs. 161 y sigs.; también mis artículos «Grundrechtsgeltung und Grundrcchtsinterpretarion ¡m Verfassungstaat», JZ, 1989, pág. 913, y «Praktische Grundrechtseffektivitát», Die Verwaltung, 22, 1989. (115) Sobre H. Heller, cfr. C. MULLER-I. STAFF (eds): Der Soziale Rechlssiaal, en Cedá- chtnisschrifl für H. Heller (1891-1933), 1984, y mi aportación al respecto en DVB1, 1985, págs. 949 y sigs.; sobre C. Mortati, C. MULLER-I. STAFF (eds), op. cir, 1986; M. GALIZIA-

P. GROSSI (ed.): llpensiero giuridicodiCostanlino Wesensgehaltsgarantie ...

Mortati, 1990; sobre M. Hauriou, P. HABERLE:

44

DERECHO CONSTITUCIONAL COMÚN EUROPEO

modo que la rama iusprivatista ya los posee. Pienso en Savigny, Von Ihering, Huber y Zweigert (116). La formación cotidiana de los juristas también debe ser, a fortiori, europeizada (117) como preparación de una ciencia jurídica común europea y de su respectiva praxis.

IV.

PERSPECTIVAS

Europa —y ahora se puede decir ya toda Europa—, la del Norte y la del Sur, la del Este y la Occidental, se origina en cierto modo «en la economía»; el atractivo de la economía social de mercado ha sido puesto en evidencia nuevamente por los propios países del Este al reencontrarse a sí mismos. La economía no debe ser subestimada en modo alguno, ni como factor configu- rador de la historia ni como motivo de revoluciones. Y, sin embargo, no es ella ni la última ni la más profunda de las causas: Europa se origina en su cultura y es hoy consciente de ello como nunca en su anterior historia, reen- contrándose de forma específica con la cultura de los Estados Unidos de América, a la que se halla vinculada en materia constitucional, herencia claramente admitida. La economía, tanto en su vertiente ideal como real respecto del tipo «Estado constitucional», se encuentra al servicio del ser humano, como así lo proclaman reiteradamente algunos de sus textos más antiguos y también los más recientes (118). La dignidad humana, premisa cultural antropológica del Estado constitucional (119), forma uno de los logros culturales del actual Estado constitucional más arduamente desarrollado y que más veces se ha visto amenazada, pese a salir siempre airosa en último extremo, refiriéndo- se a toda la humanidad en conjunto y no sólo al individuo aislado, según F. Schiller (1789). El Estado constitucional europeo se basa en la cultura de la dignidad humana, positivada hasta en sus más ínfimos detalles. Puesta de manifiesto por Europa, encierra tendencias de universalidad. El principio de

15,

(116) De manera programática: K. ZWEIGERT, op. cit.; «Rechtsvergleichung 1949-50, págs. 5 y sigs.

...

»,

RabelZs

(117) Al respecto, cfr. KRAMER, op. cit. (nota 2), y COING: «Europáisierung der R-Wissens- chaft», NJW, 1990, págs. 937-940; F. OST-M. HOECKE: «Für eine europ. Juristenausbildung», JZ, 1990, págs. 911 y sigs. Sobre el significado pedagógico del iuscomparatismo, puede verse H. KOTZ, cit., JB1, 1982, págs. 355-357.

(118) P. HABERLE: «Wirtschaft ais Thema neuerer Verfassungstaatlicher Verfassungen»,

Jura, 1987, págs. 577-578 y sigs.; el mismo, Textstuffen

usw, cit., en FS Parísch, 1989, págs.

554-567 y sigs. (119) Vid. mi artículo al respecto en HdbStR, I, 1987, págs. 815 y sigs., titulado «Mens- chenwürde ais Grundlage der staatliche Gemeinschaft».

45

PETER HABERLE

«responsabilidad» (H. Joñas) obliga al Estado europeo constitucional y lo vincula a nivel mundial a causa de la doble consideración que existe sobre la dignidad humana. Dicha dignidad es un elemento del desarrollo de los principios de justicia elaborados a lo largo de la historia europea: desde los textos clásicos de Aristóteles (Etica a Nicómaco) hasta los angloamericanos del due process o a los rawlsianos de justicia (justicia as fairness). Si se consigue con estos simples bosquejos que Europa tome conciencia en serio de que su tarea actual es desarrollar el DCCE y que ya se halla en el mejor de los caminos de comprenderlo, entonces se podrá constatar que todo esto no es sino expresión de un proceso de análisis sobre los diferentes niveles existentes en los textos jurídicos, proceso jurisprudencial y proceso de pura ciencia, en lucha, a la postre, por la consecución de la justicia. Cada una de las ciencias jurídicas conserva todavía un poco de esta referencia sin igual, pero podrían ganarla del todo de nuevo si trabajaran tendencialmente hacia lo común europeo. La teoría de la Constitución, en comparación con la ciencia jurídica privatista y sus bien consolidados méto- dos, que incluyen los principios de justicia, tiene mucho que recuperar en este campo y no hay por qué silenciarlo ni soslayarlo. Esperemos que en la Europa del 91 pueda recuperar una gran parte. El proceso incoado a nivel mundial en cuanto a recepción y producción normativa en materia de Estado constitucional y a algunos de sus elementos textuales se refiere, desde el marco geográfico de la Europa del Este hasta aquellos países africanos y latinoamericanos en vías de desarrollo, todo ello da pie para un moderado optimismo. La labor ya concluida en la Europa actual respecto del perfeccionamiento del análisis de niveles existentes en textos jurídicos, fundado en la cultura y en una sana apreciación y mutuas influencias, que por todo ello la labor conjunta de creación de una ciencia jurídica común europea —jurídico-cons- titucional—, en el sentido expuesto en este trabajo, ha dejado de pertenecer al reino de la utopía. Puede hacerse y debe ser todo un éxito. Hay que dar una oportunidad al DCCE como aspecto parcial cuando suene la hora del «Estado constitucional a nivel planetario» (120).

(120) Dedicado a mis anfitriones durante la estancia en Roma en 1991 (marzo); a saber:

A. A. Cervatti, F. Lanchester y M. Frh. von Bieberstein, así como al anfitrión de Madrid (mayo 1989): A. López Pina (cfr. «La garantía constitucional de los derechos fundamentales»).

46

EL PROCESO CONTRA EL PADRE MARIANA

Por GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA

SUMARIO

  • I. E L HOMBRE Y LA OBRA.—II. LA REFORMA MONETARIA.—III. L A POSICIÓN DE MA-

RIANA: I La perspectiva económica. 2. La perspectiva política. 3. La perspectiva

moral.—IV. ESTADO DE LA CUESTIÓN.—V. E L PROCESO.—VI. ACTA DE ACUSA- CIÓN.—VII. EXCULPACIÓN.—VIII. TRAMITACIÓN FINAL.—IX. LA SENTENCIA.—

  • X. CARACTERIZACIÓN DEL PROCESO.

    • I. EL HOMBRE Y LA OBRA

Juan de Mariana nació Puebla Nueva el 2 de abril

en Talavera en marzo de 1536 y fue bautizado en como hijo de padre y madre desconocidos, si bien

hay motivos para pensar que su progenitor fue el deán de Talavera Juan Martínez de Mariana, clérigo ilustrado. A los diecisiete años fue enviado a estudiar humanidades a la Universidad de Alcalá, donde permaneció poco tiempo, pues pronto fue captado para la naciente Compañía de Jesús, al iniciarse el año 1554. Hizo sus dos primeros cursos de estudios eclesiásticos en el noviciado de Simancas y continuó los de teología y lenguas clásicas en Alcalá.

El sucesor de Ignacio de Loyola en el generalato de la Compañía llevó a Mariana, recién ordenado sacerdote, al colegio romano en 1561, donde explicó teología. En 1569 fue enviado a la Sorbona, también para explicar teología, y allí se doctoró. Por supuestas razones de salud, Mariana, que viviría ochenta y ocho años, pidió el traslado a España, y, vía Amberes, fue destinado a Toledo en 1574. No deja de ser sorprendente que un estudioso, preparado en las mejores universidades del mundo, fuera dedicado en la ciudad del Tajo

al simple ejercicio del ministerio sacerdotal.

Pese a cuanto afirman todos sus

47

Revista de Estudios Políticos (Nueva Época) Núm. 79. Enero-Marao 1993

GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA

biógrafos apologistas, en el talante de Mariana, que acababa de cumplir treinta y ocho años, había algo que sus superiores consideraban problemático. En Toledo, Mariana compatibilizó la catequesis y la predicación con la investigación. Su primer trabajo fue emitir un dictamen a favor de la edición políglota de la Biblia que, bajo el patronato de Felipe II, dirigió Arias Montano en la gran imprenta de Cristóbal Plantin, en Amberes. La llamada Biblia regia filipina, verdadero monumento de la filología escriturística, apareció en 1572. Se hicieron oír ciertos críticos que, entre otras cosas, acusaban a Arias Mon- tano de prestar demasiada atención a la exégesis rabínica. En agosto de 1579, Mariana envió al Inquisidor General el dictamen que se le había encomendado, que era básicamente favorable a Arias Montano, y en el que mostraba su dominio del hebreo, griego y latín bíblicos, así como de las complejas cues- tiones lingüísticas y dogmáticas disputadas. Algo de este dictamen aparece en el estudio Pro editione Vulgata, mucho más tarde incluido en el polémico tomo de varia lección que, con el título Tractatus septem, se imprimiría en Colonia en el año 1609. Iniciado el camino crítico, Mariana se encargó de la censura de libros o la edición de clásicos. Colaboró con su amigo el Inquisidor General, Gaspar de Quiroga, en la puesta al día del Index librorum expurgatorum (1583-1584). También participó, a ruegos de su gran amigo y protector el sabio dominico García de Loaysa y Girón, confesor de Carlos V, consejero de Felipe II y futuro arzobispo de Toledo, en la redacción, con Francisco de Pisa, del Manual para la administración de los sacramentos

(1584).

Desde 1584 Mariana dedicó la mayor parte de su tiempo a reunir materiales para sus Historiae de rebus Hispaniae, cuyos primeros veinte libros se impri- mieron en Toledo en el año 1592. La edición de Maguncia (1605) incluía los treinta libros definitivos. La primera versión castellana, que revisa y amplía el texto latino, se titula Historia general de España (Toledo, 1601). En sucesivas ediciones fue añadiendo unos Sumarios que llegaron hasta 1621, año de la muerte de Felipe III. Rectificaciones y apologías aparte, algunos reprocharon a Mariana ser poco benévolo con su patria. El maestro Menéndez Pelayo, que admiraba el latín clasicista del jesuita, lo definió como «especie de estoico bautizado, inexorable censor de príncipes y pueblos». En 1599, con el «privilegio real», las prensas toledanas dieron a la luz De rege et regís institutione. En el dialogado prefacio, dedicado a Felipe III, el escritor se preguntaba si no caía en «temeridad e imprudencia»; pero lo cierto es que en España nadie se escandalizó de que Mariana hiciese suya la legitimación del tiranicidio en circunstancias extremas, según una doctrina que se remontaba, por lo menos, al medieval Juan de Salisbury. Pero, con ocasión del asesinato de Enrique IV el 14 de mayo de 1610, los enemigos

48

EL PROCESO CONTRA EL PADRE MARIANA

de la Compañía de Jesús lanzaron el rumor de que el regicida había leído el libro de Mariana, lo que en el proceso se demostró que era falso, y el 8 de junio el Parlamento de París acordó que De rege, recién condenado por la Sorbona, fuera quemado, y así se hizo en el atrio de la catedral. Meses antes de ese auto de fe a la francesa, Mariana había sido procesado en España por su tratado Sobre la moneda de vellón. Desengañado por los sinsabores que le habían producido sus audaces incursiones en el campo de la gobernación, Mariana retornó a sus trabajos

escriturísticos,

y a los ochenta y cuatro años

publicó Scholia in Ve tus et Novum

Testamentum (Madrid, 1619). Es un tomo de más de mil páginas, donde se analiza, desde el punto de vista filológico, histórico y teológico, vocablos esenciales. El censor de esta erudita obra calificó de «sapientísimo» a su autor. Fue reimpresa al año siguiente en París con doctas glosas de los escrituristas jesuitas M. Sa y P. Lanselio.

Mariana es un clásico de la historiografía hispana, un clásico del pensa- miento político del barroco y un clásico de la economía preliberal internacio- nalmente reconocido. No se trata ahora de ahondar en esos capitales aspectos, ya bien estudiados, sino de analizar el revelador e insuficientemente conocido proceso a que dio lugar su importante tratado De monetae mutatione , prohi- bido cuando se publicó en 1609 y no editado en español hasta 1854.

II.

LA REFORMA MONETARIA

En los reinos peninsulares había monedas de oro, de plata y de vellón (aleación de cobre y pequeñas cantidades de plata). Estas monedas tuvieron diversos nombres, pesos y ley, según los lugares y los tiempos. Una de las que alcanzó más dilatada vigencia fue el maravedí, que circuló desde mediados del siglo xi hasta la segunda mitad del xix. Hubo maravedís de oro, como los acuñados por Alfonso VIH de Castilla, y de cobre, como los últimos de Isabel II. A la muerte de Enrique IV la situación política era caótica, y la economía, bastante crítica. Había tres monedas de oro (dobla, enrique y castellano), una de plata (el real) y tres de vellón (blanca, cuartillo y dinero), de varios pesos y leyes. Los Reyes Católicos tuvieron que reconstruir el Estado, y una de sus importantes medidas económicas fue la estabilización. En las Cortes de Toledo de 1480 se fijó la equivalencia de las distintas piezas con el maravedí o unidad monetaria. El ordenamiento de 19 de marzo de 1483 determinó el valor del oro respecto a la plata, y la pragmática de Medina del Campo de 13 de junio

49

GONZALO FERNANDEZ Dl£ LA MORA

de 1497 coronó el proceso y perduró. Entonces se redujo el metal circulante a cuatro monedas: el excelente de oro, el real de plata, la blanca y el maravedí. Estas dos últimas eran de vellón, y el inadecuado nombre de la blanca para una moneda cobriza procedía de que en un tiempo se las había plateado superficialmente. El excelente equivalía al ducado veneciano, que era un medio de pago internacional, y en 1504 acabaría denominándose ducado; 65 y 1/3 de estas piezas, de 3,5 gramos, pesaban un marco (230 gramos en Castilla) de oro de 23 y 3/4 quilates, o sea, casi puro, y cada ducado equivalía a 375 maravedíes. El real de plata, de una ley de 931 milésimas, pesaba 3,43 gramos y valía 68 blancas o 34 maravedíes. La blanca de vellón pesaba 1,20 gramos, con una ley de sólo 19 granos de plata por kilo, y valía medio maravedí. El contingente de maravedís se limitó a diez millones. A pesar de que las Cortes pedían una rebaja del peso y de la ley del ducado de oro, con el dudoso pretexto de su creciente exportación, Carlos V se resistió a modificar la estabilización monetaria de los Reyes Católicos hasta que en 1537 decidió sustituir el ducado isabelino por una moneda de peso y ley ligeramente inferiores, el escudo, de 3,375 gramos y de una ley de 22 quilates o 917 milésimas, al que fijó una equivalencia de 350 maravedís. El doblón de oro era la pieza de dos escudos y la onza la de ocho. El real de plata (había piezas de uno, dos, cuatro y ocho reales) y la blanca de vellón se mantuvieron con el mismo peso y ley, hasta que en 1552 se rebajó la aleación del vellón (5,5 granos de plata en vez de 7). Pero, a pesar de las cuantiosas remesas de Indias, se conservó la estabilidad de la plata, que era el verdadero patrón metálico. Felipe II mantuvo el escudo de oro y el real de plata con el mismo peso y ley, pero en 1566 elevó la equivalencia del escudo a 400 maravedís, man- teniendo la del real en 34 maravedís, pero rebajó la proporción de plata en el vellón a 4 granos en vez de 5,5. La ley de la plata se expresaba en dineros y el oro en quilates. Según aquel sistema, caído en desuso, un dinero se dividía en 24 granos y la plata pura tendría 12 dineros o 288 granos. La ley del real era 268 granos equivalente a 930,5 milésimas. Felipe III, a propuesta de su valido Lerma, aprobó la sustitución del vellón por cobre, o sea, la supresión del pequeño porcentaje de plata en las monedas de uno, dos (blanca), cuatro, ocho maravedís, etc. Con esta operación, la Hacienda lograba un beneficio del 100 por 100 en la acuñación de la moneda fraccionaria, puesto que un marco de cobre, generalmente importado, costaba 34 maravedís; los gastos de manipulación, otros tantos, y se obtenía 140 maravedís. El 13 de junio de 1602 Lerma procedía a una nueva devaluación reduciendo el peso del maravedí a la mitad, es decir, de un marco de cobre se obtendrían 280 en vez de 140. Por una orden de 18 de noviembre de 1603

50

EL PROCESO CONTRA EL PADRE MARIANA

se dispuso el resellado de las antiguas monedas para duplicar su valor legal:

así, sobre la antigua de dos maravedís se troqueló un luí. Con dos resolucio- nes, en el espacio de un bienio, se multiplicaba el beneficio fiscal a costa de que, en el caso de la moneda de vellón (en realidad, puro cobre), se alejase el valor legal o nominal del valor real o metálico. Estas operaciones fiduciarias prudujeron confusión comercial, alza de precios y extenso malestar social, y condujeron a que las piezas de plata tuvieran un «precio» o plusvalía. Las protestas de las Cortes se sucedieron hasta conseguir de Felipe III, en 1619, que se retornara al vellón o aleación de plata y cobre, promesa pronto incum- plida (1). En este contexto publicó Mariana su tratado contra la mutación de la moneda de vellón.

III.

LA POSICIÓN DE MARIANA

  • 1. La perspectiva económica

El cálculo de Mariana, posterior a la regulada revaluación de 1603, es muy sencillo. El marco de cobre tenía entonces un valor de mercado de 46 maravedís; los gastos de acuñación se elevaban a 34 maravedís, con lo que el real coste total era de 80 maravedís. Como de un marco de cobre se obtenían 280 maravedís, Hacienda ganaba 200 sobre una inversión de 80, lo que significaba un lucro del 250 por 100. Los historiadores de la economía han señalado «la coincidencia entre los modernos estudios y el cálculo de Maria- na» (2). Mariana consideraba que esta decretada revaluación de la moneda de vellón, ahora únicamente de cobre, tenía consecuencias económicas muy negativas. La primera es que «suben todas las mercaderías sin remedio a la misma proporción que abajaron la moneda» (3). Esta relación no es exacta, pues el valor de los metales también oscila en el mercado; pero se cumplía

(1) Véase la clarificadora introducción del estudio de E. CoLLANTEsyJ. P. MERINO «Política monetaria de Carlos II», en Acta numismática, vol. VIII, Madrid, 1978, págs. 221-249, que rectifica los equívocos y errores más difundidos entre los historiadores contemporáneos. (2) J. LLUIS Y NAVAS: «LOS estudios del Padre Mariana sobre el valor de la moneda a través de los tiempos», en Cesaraugusta, núms. 17-18, Zaragoza, 1961, pág. 100. (3) JUAN DE MARIANA: Sobre la moneda de vellón que al presente se labra en Castilla y de algunos desórdenes y abusos, en Obras, vol. II, Madrid, 1854, Ed. Rivadeneyra, pág. 581; también pág. 586. Una reimpresión más cercana editada por I.E.F., Madrid, 1987, 98 págs.

51

GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA

con una cierta aproximación en períodos determinados cuando, de algún

modo, imperaba el patrón oro o plata. La segunda es que «el peso, la medida y el dinero son el

fundamento

sobre el que estriba toda contratación», y no se deben mudar «porque no bambolee y confunda todo el comercio» (4). Efectivamente, que la libra cambie de peso o que el ducado varíe su contenido de oro eran causa de confusión y recelo en los intercambios.

La tercera es que «será fácil falsear esta moneda» (5) porque «es gran cebo con costa de doscientos ducados hacer setecientos». Sin duda, cuanto mayor es la diferencia entre el valor intrínseco de una moneda (precio del metal y labor de acuñación) y el valor nominal o legal, mayor será la tentación de correr el riesgo de falsificarla. La cuarta sería que «nadie podrá atesorar para hacer obras pías» (6), aunque podría evitarse tal inconveniente utilizando el oro. Incluso en el caso de la moneda de vellón, el argumento sólo tiene fuerza si se trata de asientos contables o de rentas nominales, no de moneda metálica, pues la mejor ley conservará más valor que la de peor. La quinta es que «subirá por este camino el cobre» (7), y cita ejemplos que confirman la regla. Es de notar que, en este punto, se contradice la primera objeción, pues se admite que el metal es una mercancía sujeta a las leyes del mercado y no una referencia inmutable. La sexta es que «es necesario un día para contar mil ducados y es menester otro para conducirlo a las partes donde se hacen compras o pagas» (8), lo que sería cierto cuando se manejase moneda de vellón, pero no la de plata y oro, y menos aún si se operaba con letras de cambio. La séptima es que «las deudas del rey y de particulares se paguen con esta moneda será nueva injusticia» (9). Ciertamente, los acreedores serían perjudicados si sus reclamaciones en vellón con plata fueran saldadas con vellón de sólo cobre y menor peso. La octava es que, «vista la carestía, se embarazará el comercio necesaria- mente». Si al devaluarse la moneda suben los precios, disminuirán los inter- cambios, al menos temporalmente, hasta que se efectúe un reajuste. Y Mariana

advierte que si el Estado acude al remedio de «poner tasa a todo no querrá vender».

...

la gente

(4)

ídem: op.

cil.,

loe. cit.

(5)

ídem: op. cit., pág. 585; también pág. 591.

(6)

ídem: op.

cil.,

loe. cil.

(7)

ídem: op. cil., pág. 586.

(8)

ídem: op.

cil., loe. cit.

(9)

ídem: op.

cit.,

loe. cit.

52

EL PROCESO CONTRA EL PADRE MARIANA

La novena es que las «rentas del rey bajarán notablemente» (10), concre- tamente los arriendos redimibles en moneda de vellón; pero ¿no se compensará tal pérdida con el beneficio de la acuñación?.

La décima es que «bajarán todas las rentas de dinero

de suerte que el

... que se acostó con mil ducados de juro amanecerá con ochocientos o menos, conforme a la baja, porque los mil que le den no le valdrán más que antes los ochocientos», lo cual aplica Mariana a monasterios, hospitales, hidalgos, doncellas, etc. Sin duda, la inflación mina las rentas monetarias hasta casi anularlas, sin compensación alguna. Por estas razones estrictamente económicas, Mariana se opuso no sólo a la manipulación de la moneda de vellón, sino también a la de las de plata y oro. Su conclusión es que «cualquier alteración en la moneda es peligrosa y bajarla de ley nunca puede ser bueno» (11). La experiencia confirma su tesis

fundamental: «Dos valores tiene la moneda, el uno intrínseco natural, que será la calidad del metal y según el peso que tiene, a lo que se allegará el cuño, que todavía vale alguna cosa el trabajo que se pone en forjarla. El segundo valor se puede llamar legal o extrínseco, que es el que el príncipe

le pone por su ley

El verdadero uso de la moneda y lo que en las repúblicas

... bien organizadas se ha siempre pretendido y practicado es que estos valores

vayan ajustados» (12).

  • 2. La perspectiva política

Pero Mariana rebasa el ámbito estrictamente económico para entrar con

brío en el político y afirma que «el mayor inconveniente de todos

...

es el

odio común en que forzosamente incurrirá el príncipe por esta causa

...»

(13),

«de los malos efectos que se han seguido y, como siempre, han redundado

en notable daño del pueblo y del príncipe mismo

...»

(14). Y, refiriéndose

concretamente a España, escribe: «Pues todo el mundo clama y gime bajo la

carga, viejos y mozos, ricos y pobres, doctos e ignorantes, no es maravilla si, entre tantos, alguno se atreve a avisar por escrito lo que anda por las plazas y de que están llenos los rincones, los corrillos y calles» (15). De este modo

piensa que «cumple en conciencia

...

ya que unos están impedidos de miedo,

(10)

ídem: op. cil.,

he.

cil.

(11)

ídem: op. cit., pág. 590.

(12)

ídem: op. cil., pág. 580; también pág. 590.

(13)

ídem: op. cil., pág. 588.

(14)

ídem: op. cil., pág. 581.

(15)

ídem: op. cil., pág. 577.

53

GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA

otros en hierros de sus pretensiones y ambición, y algunos con dones tapada la boca» (16). En suma, la cuestión monetaria es políticamente «de las más importantes que de años atrás se ha visto en España». Y con la declarada intención de poner sobre aviso a los gobernantes, Mariana efectúa una serie de graves denuncias despersonalizadas. La primera

contra los procuradores a las Cortes castellanas: «Los más de ellos son poco a propósito, como sacados por sorteo, gentes de poco ajobo en todo, y que

van resueltos, a costa del

pueblo miserable, de henchir sus bolsas

... sería mejor para excusar cohechos y causas que nunca allá fuesen ni se juntasen» (17).

y que

La segunda denuncia encubierta es «que se dice que se gasta sin orden y que no hay libro ni razón de cómo se gasta lo que entra en la despensa y en la Casa real» y que «el gasto se podría estrechar algún tanto» (18). La tercera denuncia es que «no hay en el mundo reino que tenga tantos premios públicos, encomiendas, pensiones, beneficios y oficios» (19). La cuarta denuncia es que «dícese que de pocos años acá no hay oficio ni dignidad que no se venda por los ministros con presentes y besamanos, hasta las audiencias y obispados». Tan grave considera la denuncia, que, además de «dícese», Mariana se cubre añadiendo: «no debe ser verdad, pero harta miseria es que se diga» (20). La quinta es una consecuencia de la anterior: «Vemos a los ministros, salidos del polvo de la tierra, en un momento cargados de millaradas de ducados de renta. ¿De dónde ha salido esto sino de la sangre de los pobres,

de las entrañas de los negociantes y pretendientes?

Dícese que los que

... tratan la hacienda real entran a la parte de los prometidos, que son grandes intereses, lo mismo los corregidores por su ejemplo o los ministros demás

que venden las pragmáticas reales todos los años para no ejecutarlas, rematan las rentas, y admiten las pujas y las fianzas de quien de secreto les unta las

manos. No se acabarían de contar los cohechos y socaliñas

Verdad es que

... no hay ninguno de éstos que no tenga quien le haga espaldas en la casa real

y en las audiencias, que deben entrar a la parte» (21). Y la sexta es un pronóstico nacional pesimista: ante estos «desórdenes y abusos que se debieran atajar» (ídem, op. cit., pág. 577), no «basta responder

(16)

ídem: op. cit., loe. cit.

(17)

ídem: op. cit., pág. 578.

(18)

ídem: op. cit., pág. 591.

(19)

ídem: op.

cit.,

loe. cit.

(20)

ídem: op. cit., pág. 592.

(21)

ídem: op. cit., pág. 592.

54

EL PROCESO CONTRA EL PADRE MARIANA

que los tiempos están mudados, sino los hombres, las trazas, las costumbre y el regalo, que todo esto nos lleva a tierra si Dios no pone la mano» (22). Cuando entra en la arena política, el tratado de Mariana adquiere tintes de diatriba.

  • 3. La perspectiva moral

Según Mariana, la desmetalización de las piezas de vellón equivale a un

tributo: «bajar la moneda

rías ...,

echar pechos ...,

hacer estancos de las mercade-

..., todo es uno, y todo es quitar a los pueblos sus bienes por más que

se les disfrace con dar más valor legal al metal de lo que vale en sí mis-

mo» (23). E insiste: «son maneras disfrazadas de ponerles gravámenes y tributos, y desangrarlos y aprovecharse de sus haciendas» (24). Lo argumenta con un ejemplo: «¿Podría el príncipe salir con que el sayal se vendiese por terciopelo?» (25). Si tal hiciere se trataría sin duda de un impuesto. Efectiva- mente, la inflación provocada por la excesiva circulación fiduciaria es una de las formas más indiscriminadas de fiscalidad enmascarada. Supuesto que rebajar el peso y la ley de la moneda, conservando su valor nominal, es un tributo, Mariana se pregunta si tal decisión se ha tomado legítimamente por el Gobierno de Felipe III. Su respuesta es negativa porque «es doctrina muy llana, saludable y cierta que no se puede poner nuevos pechos sin la voluntad de los que representan al pueblo» (26). Esta tesis se repite varias veces a lo largo del trabajo: «Los reyes sin consentimiento del pueblo no pueden hacer cosa alguna en su perjuicio, quiere decir, quitarle toda su hacienda o parte de ella» (27); «no es lícito poner pecho sin voluntad de aquellos en cuyo perjuicio redunden» (28); «ninguna cosa que sea en perjuicio del pueblo la puede el príncipe hacer sin consentimiento del pueblo, y llámase perjuicio tomarles alguna parte de sus haciendas» (29), etc. Cita entre otras autoridades a Tomás de Aquino, Inocencio III, Ostiense, Panormi- tano y Comines; también apela al Antiguo Testamento y al Derecho romano, y recuerda que «los aragoneses en particular toman al rey juramento cuando

(22)

ídem: op. cit., pág. 593.

(23)

ídem: op. cit., pág. 580.

(24)

ídem: op. cit., loe. cit.

(25)

ídem: op. cit., pág. 581.

(26)

ídem: op. cit., pág. 579.

(27)

ídem: op. cit., pág. 578.

(28)

ídem: op. cit., pág. 579.

(29)

ídem: op. cit., pág. 580.

55

GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA

se corona que no alterará la moneda» (30). Llega hasta afirmar que, según la bula/rt coena Domini, incurren en excomunión los que ilegalmente imponen tributos. A Mariana no le consta que el pueblo haya dado su consentimiento a que se rebaje el peso y ley de ciertas piezas, y concluye: «Este arbitrio nuevo de la moneda de vellón, si se hace sin acuerdo del reino, es ilícito y malo; si con él, lo tengo por errado y en muchas maneras perjudicial» (31). Era una tajante condena del recurso fiscal a que había apelado el Gobierno de Lerma para tratar de atender al gasto público. Y, a modo de colofón, Mariana x reivindica incluso el derecho a equivocar- se: «En negocio que a todos toca, todos tienen licencia de hablar y avisar de su parecer, quier que sea errado, quier acertado» (32).

IV.

ESTADO DE LA CUESTIÓN

Inmediatamente después de la publicación de los Siete tratados, y a causa de dos de ellos, la Inquisición interrogó y arrestó a Mariana. La información publicada sobre este hecho capital en la biografía del jesuita, y de tanta significación política y jurídica en la España de la época, es insuficiente.

  • 1. El jesuita Alonso de Andrade, continuador de la obra de su hermano

de religión J. E. Nieremberg Claros varones de la Compañía de Jesús (4 vols., 1643-1647), redactó una breve biografía de Mariana, apologética y con intención más bien edificante (vol. V, 1677), en la que reconoce: «Las noticias que tenemos son cortas, aunque le alcanzamos vivo» (33). Efectiva- mente, la información factúal es muy escasa y no menciona el proceso, aunque afirma que Mariana merece ser «contado entre los mártires de la verdad» (34).

  • 2. El año 1768, es decir, después de la expulsión de los jesuítas, se

publicó, por primera vez en España, el Discurso de las enfermedades de la

Compañía (Madrid, Imprenta de G. Ramírez), que, con varios títulos, se había editado en español, francés, italiano y latín (Burdeos, 1625). El anónimo editor antepuso al texto de Mariana un prólogo de veinte páginas, otras diez de testimonios y una erudita disertación de sententa páginas. Dice haber cotejado seis manuscritos en lengua española, uno de ellos propiedad del gran

(30)

ídem: op.

cit

..

pág. 588.

(31)

ídem: op.

cit.,

pág. 593.

(32)

ídem: op.

cit.,

pág. 593.

(33)

Cito por la 2.' ed., Varones ilustres de la Compañía

de Jesús,

vol. III, Bilbao, 1891,

pág. 459.

(34)

ídem: op.

cit.,

vol.

III, pág. 466.

56

EL PROCESO CONTRA EL PADRE MARIANA

amigo y defensor de Mariana, Tomás Tamayo de Vargas. La preocupación casi exclusiva del editor es demostrar la autenticidad de la obra y la depuración del texto publicado. Las alusiones al proceso inquisitorial son breves y oca- sionales. Citando a Paulo Colomesio, escribe: «Hallándose Mariana en la cárcel por la persecución que le movió el duque de Lerma cuando imprimió en Colonia Agripina su discurso De la mutación de moneda, pasó de orden del Consejo, Francisco de Sos, general de la orden de San Francisco y obispo de Osma, a reconocer sus papeles y halló este libro sobre la Compañía, escrito en lengua castellana, el cual manifestó a diversas personas, y una de ellas fue Nicolás Ricardo, dominicano, con cuyo motivo se sacaron copias que se esparcieron por Francia, Italia y Alemania, y últimamente se dio a luz no sólo en el idioma español, en que fue escrito por su autor, sino en el latino, el francés y el etrusco» (35). Es interesante la noticia de que Lerma, el 30 de enero de 1618, donó la casa profesa de la Compañía en la calle del Prado de Madrid y también los restos de su bisabuelo San Francisco de Borja, con la condición de que nunca se mudaran a otro sitio (36), lo que demuestra que Lerma consideró el incidente con Mariana como un episodio individual, no representativo de la institución, y que la Compañía conservó buenas rela- ciones con el valido. En el Discurso de Mariana hay una frase que puede considerarse autobiográfica. El general Aquaviva «determinó chocar con los Padres antiguos de esta provincia de Toledo y comenzó por dos Padres de esta casa profesa. Toda la ocasión fue que avisaron al general de algunas faltas, que debió ser con alguna libertad. Quiso, a lo que pareció, vengarse por este camino y enviarlos desterrados, al uno de esta provincia y al otro de esta casa. No le salió bien porque el cardenal Quiroga defendió al uno, avisado no sé por quién de lo que pasaba y de la intención de nuestro Padre general. El otro salió a Castilla» (37). Conocida la protección que Quiroga prestó siempre a Mariana, es muy verosímil que quien se salvó de la proyectada sanción fue el propio Mariana, que recurrió al cardenal toledano. La legitima- dora calificación de la falta como «libertad» contribuye a identificar al prota- gonista.

  • 3. El primer estudio riguroso y global de la vida y la obra de Mariana

es el que el erudito levantino Vicente Noguera Ramón antepuso al primer volumen de la Historia general de España, magníficamente impreso por Benito Monfort en Valencia el año 1783. Ocupa 84 páginas de texto y 18 de documentos inéditos. Los biógrafos posteriores han utilizado, a veces sin

(35)

ídem: op. cit., págs. 30 y 31; lo reitera parcialmente en págs. 79 y 80.

(36)

ídem: op. cil., pág. 23.

(37)

ídem: op. cil

..

pág. 102.

57

GONZALO FERNANDEZ OK LA MORA

citarlo, el estudio de Noguera, muy valioso por la erudita información y por la equilibrada crítica de los testimonios y de la obra de Mariana. El autor, que transcribe, como apéndice R, la relación de servicios que Mariana presentó al Tribunal, tuvo a la vista una copia del proceso, probablemente la misma que he utilizado, puesto que Noguera añade como apéndice S la carta de Felipe III a su embajador en Roma y los dictámenes de Francisco Peña, que, aunque ajenos al proceso judicial, también se encuentran al final del manus- crito que manejo. Considero probable que parte de la documentación aportada procediese del archivo salvado de la Casa que había sido de la Compañía de Jesús en Valencia poco después de la expulsión en 1767, es decir, sólo tres lustros antes de que Noguera publicara su notable trabajo. El autor dedica ocho páginas a resumir el proceso y son sus exactas noticias las que han gravitado hasta ahora sobre toda la literatura posterior.

  • 4. Jaime Balmes escribió en 1842 su artículo Mariana (38). En él sigue

a Noguera; pero, dentro de un espíritu apologético, formula unos juicios

personales: «cierta agrura

un dejo sentido de acerbo», «índole inflexible,

..., carácter altivo», «tono atrevido y fogoso que no asienta muy bien a su profe-

sión y estado», «dureza y exaltación» y «arrebato». Y cree que «llegó a formarse una especie de poder tribunicio» (39).

  • 5. En la Biografía eclesiástica completa (30 vols., Madrid, 1848-1868),

redactada por una comisión bajo la dirección de B. S. Castellanos de Losada, se dedica una entrada de medio centenar de páginas a Mariana. Acerca del proceso, el autor sigue a Noguera; pero como éste no logró localizar la supuesta sentencia, el autor escribe: «Hasta aquí se tienen noticias puntuales del curso y circunstancias de la causa seguida contra Mariana, y de aquí en adelante sólo podrá juzgarse por conjeturas más o menos probables.» La conjetura del autor es que el jesuíta fue «restituido a su dignidad primera» (40), expresión ambigua que parece insinuar una plena obsolución; pero de ello no hay constancia documental alguna.

  • 6. En 1854, Francisco Pi y Margall publicó un extenso Discurso preli-

minar a una selección de Obras del P. Mariana para la benemérita Biblioteca de Autores Españoles (Juan de Mariana: Obras, 2 vols., Madrid, 1854. Inclu- ye: Historia de España, Contra los juegos públicos, Del rey y de la institución

real, De la moneda de vellón, Escritos sueltos y De las cosas de la Compañía,

en total, 1.166 páginas a doble columna). Es un trabajo escrito en estilo

(38)

Publicado en francés en Revue Critique et Littéraire.París, 1842, y en español en La

Civilización,

vol. II, 1842, págs. 193 y ss., y recogido en Obras completas,

33 vols., Barcelona,

1925-1927, reeditadas, 7 vols., Madrid, Ed. BAC, 1948-1950.

(39)

(40)

Ed. BAC,

vol. V,

págs. 45, 53, 57 y 58.

CASTELLANOS et ai:

op.

cit.,

vol.

XIII, pág.

153.

58

EL PROCESO CONTRA F.L PADRE MARIANA

oratorio, donde el prologuista expone difusamente sus propias ideas morales y políticas y polemiza con el jesuíta, al que llega a calificar de «hombre pérfido, un sacerdote hipócrita», cuyo «pensamiento capital consistía en or- ganizar una teocracia omnipotente». Dedica una página a glosar el tratado De monetae mutatione y, en una nota, recuerda que «suscitó un proceso» (41). Más que un estudio sobre Mariana es un pronunciamiento personal y un ejercicio retórico, que nada aporta al estado de la cuestión inquisitorial. El Discurso lo «refundió» en el opúsculo Juan de Mariana. Breves apuntes sobre su vida y escritos (Madrid, 1888), menos radical, pero igualmente politizado.

  • 7. El jesuíta Francisco Garzón escribió un extenso libro para, con lógica,

datos y casi tanto ímpetu como su adversario, refutar la exégesis, más que progresista romántica, de Pi y Margall: a Mariana, «merced a los estudios de Pi y Margall, se le conoce al revés» (42). La obra se inicia con una biografía en la que Garzón escribe: «De mutatione monetae dio terrible susto a los

corrompidos privados del Rey y con Mariana en una cárcel

y de la cárcel

... salió Mariana, a los sesenta y cuatro años, con el corazón entero como había entrado y sin borrar un ápice de su libro, que salió, como su autor, absuelto por la Iglesia» (43). No hubo cárcel, sino convento. Mariana se mostró dispuesto a borrar lo que se le pidiera; y la censura suprimió muchas páginas de sus tratados. Garzón, siempre apologético, reproduce el último capítulo

de un Defensorio en favor de la Compañía (1588) (44), cuyo manuscrito, «de puño y letra de Mariana», afirma tener «a la vista» (45). Esta es una de las razones que le mueven a sostener que el texto publicado en Burdeos del

Discurso de los grandes defectos que hay en la forma del gobierno de los jesuítas (1625) está interpolado. También aduce fragmentos de Mariana para probar su adhesión á la existencia y procedimientos del Santo Oficio.

  • 8. José Ignacio Valentí, quizá talaverano, publicó un opúsculo apologé-

tico, El Padre Mariana. Noticia histórica de su vida y escritos (2. a ed.,

Madrid, 1897), en el que calificó al jesuíta de «alma grande, severa, inflexi- ble» (46); pero dedicó sólo cuatro líneas al «famoso proceso» (47).

(41)

Pi Y MARGALL: op. cit.,

págs. xxxvin y XLXXX.

(42)

FRANCISCO DE PAULA GARZON: El Padre Juan

de Mariana

y las escuelas

liberales,

Madrid, 1889, pág. 21.

 

(43)

ídem: op.

cit.,

pág. 40.

 

(44)

ídem: op. cit.,

 

(45)

ídem:

op.

cit.,

págs. 639- 645. pág. 623.

(46)

VALENTÍ: op.

cit.,

pág.

55.

(47)

ídem: op. cit., pág. 67.

59

GONZALO FERNANDRZ ÜK LA MORA

  • 9. Antonio Astrain, cuya dispersa contribución a la biografía de Mariana

está bien documentada, pasa muy rápidamente sobre el proceso y se interesa especialmente por el Discurso de los grandes defectos que hay en la forma

de gobierno de los jesuítas (Burdeos, 1625), luego reimpreso en España como Discurso de las enfermedades de la Compañía (Madrid, 1768). Este escanda- loso alegato ¿era obra de Mariana? Para Astrain, «el libro es indudablemente suyo y auténtico» (48). «Escrito en 1605», el autor repartió alguna copia.

Una de ellas fue requisada en la habitación del jesuíta después de su detención

en 1609, y hacia 1619 empezaron a circular copias

en medios hostiles a la

Compañía. Cuatro años antes de la edición postuma y pirata de Burdeos, en octubre de 1621, el General de la Compañía, Mucio Vitelleschi, elegido en 1616, se dirigió personalmente a Mariana pidiéndole que declarase «que lo que escribió no lo dijo como quien tenía y defendía aquello por verdad, sino como quien dudaba y deseaba presentar a la Congregación sus dificulta- des» (49). Y Astrain comenta: «Hallábase entonces Mariana en los ochenta y cinco años, y esta edad no es la más a propósito para cambiar de ideas» (50); es decir, no hubo rectificación.

La innovadora Compañía de Jesús, que no había sido bien acogida por algunas órdenes tradicionales, fue objeto de duros ataques en el último tercio del siglo xvi y padeció divisiones internas. Mariana figuró al principio entre

los más adictos;

escribió una Defensión en favor de la Compañía, que perma-

neció inédita, y se le encomendó que disuadiera al rebelde y «perturbador» jesuíta Gabriel Vázquez; pero, según Astrain, éste «pervirtió a Mariana» (51). En realidad, los problemas venían de lejos. En 1581, el General Claudio Aquaviva, el segundo no español que asumía el mando supremo, amonestaba a Mariana por «la desedificación que daba en Toledo por su libertad en injuriar a otros y murmurar» (52). Diego de Avellaneda, nombrado superior en la casa de Toledo, se quejaba al General del «señorío y libertad del P. Mariana;

no digo más, sino que para tener paz es menester sin replicar hacer todo

cuanto quiere y mucho

caso de él» (53). En 1593, Mariana se presentó a la

elección para diputados de la provincia toledana a la V Congregación General que se celebraría en Roma, y resultó perdedor por «sus ideas contrarias a

(48) A. ASTRAIN: Historia de la Compañía de Jesús en la asistencia de España, Madrid,

1902-1925, vol. III, pág. 576; vol. V,

pág. 66, y vol. III, pág. 431.

(49)

ídem: op. cit., vol. V, pág. 67.

(50)

Idem:op. cit., loe. cit.

(51)

ídem: op. cit., vol. III, pág. 575.

(52)

Citado por ASTRAIN: op. cit., vol. III, pág. 574.

(53)

Citado por ASTRAIN: op. cit., pág. 575.

60

EL PROCESO CONTRA EL PADRE MARIANA

nuestro instituto», según su superior (54). Era, en fin, un hombre «duro e ¡nmortificable». Los significativos testimonios aportados por Astrain, que reiteradamente reconoce la inteligencia de Mariana, descubren a un hombre soberbio, terco, crítico y rebelde. Lo difícil de explicar no son sus serios problemas de disciplina, que, en mi opinión, se remontan a su estancia en París, sino que permaneciese toda su larga vida, aunque jerárquicamente marginado, en una institución vertebrada sobre el voto de obediencia.

  • 10. El hispanista Jorge Cirot dio a las prensas su excelente monografía

Mariana historien (Burdeos, 1904) utilizando los manuscritos Egerton, que, con algún error, había inventariado Gayangos (55), y los de la Biblioteca

Nacional de Madrid, que había reseñado Gallardo (56). En dos apéndices publicó doce documentos inéditos; pero ninguno se refiere al proceso. En cambio, transcribe el importante texto de la denuncia contra Mariana, proba-

blemente dirigida

a Lerma (el destinatario es tratado de excelencia) y firmada

en Madrid el 28 de agosto de 1609 por un doctor Fernando de Azevedo.

Respecto al proceso propiamente dicho, Cirot reconoce que, «a falta del

manuscrito

nos remitimos a Noguera» (57), y extracta la información que

..., ofreció el valenciano. Esta obra de Cirot, complementada por artículos pos- teriores (58), es la más erudita y rigurosa de las existentes sobre el jesuíta.

  • 11. González de la Calle estudió el pensamiento de Mariana (59). Las

referencias biográficas son mínimas: «El opúsculo De morte et inmortalitate y el De mutatione monetae atrajeron sobre Mariana la censura teológica y la cólera real, sufriendo, a los setenta y tres años, severa reclusión y peniten-

(54)

Citado por ASTRAIN: op. cit., vol. III,pág. 578; ASTRAIN: op. cii., vol. III, pág. 574.

(55) PASCUAL GAYANGOS: Catalogue of the manuscripls in the spanish language in the British Museum, 4 vols., Londres, 1875-1893, concretamente, vol. I, págs. 194, y ss. Son los manuscritos Eg. 1869, de 274 folios; Eg. 1873, de 251 folios; Eg. 1871, de 372 folios, y Eg. 291, de 156 folios.

(56) BARTOLOMÉ GALLARDO: Ensayo de una biblioteca española de libros raros y curiosos, 4 vols., Madrid, 1863-1869, concretamente el apéndice al vol. II, pág. 100. Posteriormente se inició la publicación del Inventario general de manuscritos de la Biblioteca Nacional, vol. I, Madrid, 1953, que ha llegado hasta el vol. XII, 1988, con el manuscrito 8.499; en el vol. VIH,

1965,

aparece el manuscrito 2.819, que no conoció Cirot.

(57)

(58)

CIROT: op.

cit.,

pág.

102.

En Bulletin hispanique,

Burdeos, VI, 1904, págs. 309-311; VII, 1905, págs. 409-411;

X, 1908, págs. 95-99; XIX, 1917, págs. 1-25; y XXXVIII, 1936, págs. 295-352.

(59)

PEDRO URBANO GONZÁLEZ DE LA CALLE: «Ideas político-morales del P. Mariana», en

Revista de Archivos,

Bibliotecas y Museos, vol. XXIX, Madrid, 1913, págs. 388-406; vol. XXX,

1914,

págs.

46-60

y 201-228;

vol. XXXI,

1914, págs.

242-262,

y

vol. XXXII, 1915,

págs. 400-419.

 

61

GONZALO FERNANDEZ DE I.A MORA

cia» (60). Expone la teoría monetaria de Mariana (61) y, creyéndola inédita, transcribe la denuncia de Azevedo, fechada en Madrid el 28 de agosto de 1609 (62), que ya había encontrado en la Biblioteca Nacional y publicado Cirot diez años antes. El autor manifiesta que dos ejemplares del Tractatus que consultó en la Universidad de Salamanca y otros dos en San Isidro de Madrid, estaban mutilados y censurados, según las órdenes expurgatorias.

  • 12. El jesuita John Laures estudió las ideas políticas y económicas de

su hermano de religión en el libro The Political Economy qf Juan de Mariana (Nueva York, 1928) y prestó, entre otros importantes servicios, el de transcri- bir el tratado De monetae mutatione, tan difícil de encontrar que el erudito Noguera había tenido que servirse de la versión española (63). Laures, que dedica la mitad de su trabajo al pensamiento político, sólo alude al proceso en un breve párrafo. Y escribe: «No se sabe con seguridad si se llegó a dictar sentencia. Es seguro, sin embargo, que el preso fue liberado después de un confinamiento de cuatro meses a condición de que enmendara los pasajes ofensivos» de su tratado (64).

  • 13. A. de Balmaseda, en su opúsculo El P. Juan de Mariana (Madrid,

1930), escribe acerca del fiscal Gil Ymón que «era bien conocido por sus crueldades» (65), supone que «milagrosamente pudo librarse al P. Mariana de ser ejecutado» (66), y afirma que «la causa no llegó a fallarse, recobrando el P. Mariana su libertad al cabo de un año y medio, durante cuyo tiempo soportó la prisión con admirable estoicismo. Antes de liberarlo hiciéronle prometer que el libro no se imprimiría» (67). El autor, que frecuentemente cita a G. Mayans, no aduce ningún testimonio en que fundar los asertos transcritos. Desde luego, la promesa de no reimprimir el primitivo texto no

fue necesario exigirla, puesto que la hizo espontáneamente el jesuita al iniciar- se el proceso.

  • 14. Cuando Marcial Solana publicó su Historia de la Filosofía española.

Época del Renacimiento (3 vols., Madrid, 1941) dedicó un extenso capítulo

(60)

ídem: op. cit., vol. XXIX, pág. 390.

(61)

ídem: op. cit., vol. XXX, págs. 209-223.

(62)

ídem: op. cit., vol. XXXII, págs. 404-405.

(63)

El ejemplar que utilizo es el de la Biblioteca Menéndez Pelayo de Santander, segura-

mente adquirido por don Marcelino en sus beneméritas cacerías librescas por Europa; en los Estados Unidos, por ejemplo, no hay ninguno; el de la Academia de la Historia de Madrid está censurado y mutilado.

(64)

LAURES: op.

cit.,

pág.

6.

(65)

BALMASEDA: op.

cit.,

pág.

38.

(66)

ídem: op. cit., pág. 11.

(67)

ídem: op.

cit., loe. cit.

62

El. PROCESO CONTRA EL PADRE MARIANA

al pensamiento de Mariana (Solana: op. cit., págs. 535-563) y aludió muy sucintamente a la actuación inquisitorial, «pues el proceso se ha perdido» (68).

  • 15. Manuel Ballesteros Gaibrois se ocupó de Mariana en los prólogos

a su Antología. P. Juan de Mariana (Madrid, 1943) y estudió extensamente al personaje en su libro El Padre Mariana. Vida de un sabio (Madrid, 1944). Es la biografía más completa; tiene en cuenta la bibliografía anterior y ofrece una imagen muy brillante del jesuita. Ballesteros consagra un capítulo al proceso, apoyado en la base documental de Noguera y de Cirot (69), y concluye traduciendo un fragmento de la carta de Mariana al Papa (17-V-1610) desde su prisión madrileña (70), apelación suprema cuya tramitación en Roma todavía desconocemos. Tampoco Ballesteros tuvo acceso a las actas del pro- ceso.

  • 16. El pensamiento político de Mariana fue motivo de un objetivo libro,

el de G. Lewy: Constitutionalism and statecraft during the Golden Age of

Spain. A Study of the Political Philosophy of Juan de Mariana (Ginebra,

1960), donde distancia al jesuita de los monarcómanos y lo sitúa en el contexto doctrinal de la época. Pero no aporta nueva información acerca del proceso.

Sigue la misma línea A. Pasa:

Un grande teórico della política nella Spagna

del secólo XVI, Giovani Mariana (Ñapóles, 1930).

  • 17. Quizá la primera visión panorámica sobre el polifacético humanista

—no el teólogo— sea el breve y erudito libro del hispanista británico Alan Soons Juan de Mariana (Boston, 1982). Constantemente apoyado en Cirot, el autor dedica dos páginas al proceso y afirma que el origen de la causa estuvo en una denuncia de Lerma al Papa, subraya la animosidad de quien fue confesor real e inquisidor hasta 1621, el dominico Luis de Aliaga, y resume la sentencia de 1610 en cuatro puntos: privación de los derechos electorales eclesiásticos, destierro de Madrid, reclusión en un convento y quema solemne de los Tratados. Pero los jesuítas no tenían tales derechos, Mariana nunca había sido vecino de la Corte, siempre había vivido en una casa religiosa, y hay pruebas de que sus Tratados fueron censurados y quizás destruidos, pero no incinerados públicamente. Resume el inédito Origen de los villanos que llaman cristianos viejos (71), que, en mi opinión, no es de Mariana (72). Y se equivoca al afirmar que De monetae mutatione es una «republication» o reedición de una sección del famoso De rege (73). Lo más

(68)

SOLANA: op.

cit.,

pág.

542.

(69)

Op. cit

..

págs. 220-229.

(70)

El original latino de esta epístola se encuentra en la Biblioteca Vaticana.

(71)

Biblioteca Nacional, ms. 2.803.

 

(72)

SOONS: op. cit., págs. 21-22.

(73)

ídem: op. cit., pág. 17.

63

GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA

original del libro es la exposición y análisis crítico del importante diálogo De morte el inmortalitate, nunca traducido a una lengua moderna (74).

  • 18. Ese manuscrito del proceso, que tantos consideran perdido, existe.

Hace años descubrí una copia del siglo xvn en la magnífica Biblioteca Lassala de Valencia. Son 113 folios sin numerar, escritos por ambas caras en letra cursiva, casi sin correcciones y con escasas abreviaturas, a 21 línea por folio. El copista, fiel en los textos latinos, advierte que omite las citas en griego, que son muy escasas. El ejemplar, de fino papel de hilo, encuadernado en pergamino de la época, se encuentra en perfecto estado de conservación, apenas usado. Lo he cotejado con otro manuscrito de 142 folios en letra redondilla del siglo xvm y maltratada encuademación holandesa, copia bas- tante fiel del anterior o de un antecedente común, en la Biblioteca Nacional de Madrid (75). También lo he cotejado con otro manuscrito (76) de la Abadía de Montserrat en 175 folios de letra redondilla de finales del siglo xvm o principios del xix, preparado con una breve nota preliminar para ser publicado, que se declara copiado de un legajo existente en Roma; no incluye dentro del texto las citas de Mariana en latín, omite documentos como el epistolario con A. Schottus, y presenta alguna variante, más bien exculpatoria, poco signifi- cativa. Agradezco al bibliotecario Xavier Poch la nítida serocopia que leí cuando mi trabajo ya estaba totalmente redactado. Utilizo y transcribo única- mente el primer manuscrito, del que poseo una excelente serocopia encuader- nada, que, con la amistosa autorización del actual propietario, Vicente Lassala Bau, realizó generosamente para mí el erudito valenciano Vicente Giner Boira.

  • V. EL PROCESO

No se sabía con seguridad quién era el doctor Fernando de Azevedo que firmó la denuncia contra el tratado de Mariana. Cirot no excluye que fuese Hernando de Malute y Azevedo (77); pero, de acuerdo con el archivador del legajo, que se encuentra en la Biblioteca Nacional, se inclina por el Fernando de Azevedo que fue obispo de Osma en 1610, arzobispo de Burgos en 1613 y finalmente presidente del Consejo de Castilla en 1616. Esta fundada hipótesis viene corroborada por Alonso Méndez de Parada, quien comparece en el proceso como testigo de la acusación y declara haber tratado del libro de

(74)

(75)

(76)

(77)

ídem: op. cil., págs. 70-81.

Núm.

2.819 del Inventarío.

Núm. 905.

CIROT: op.

cil.,

pág.

98.

64

EL PROCESO CONTRA El. PADRE MARIANA

Mariana con Fernando de Azevedo, del Consejo de Castilla, quien «podría ser diese noticias de ello al señor Duque de Lerma». Azevedo hizo una fulgurante carrera eclesiástica y civil. La temprana (28-VIII-1609) y documen- tada denuncia que desencadenó el proceso vino de un inquisidor próximo a la soberanía. La reacción de Lerma fue inmediata y radical, puesto que las investigacio- nes inquisitoriales se iniciaron a primeros de septiembre. En todo, salvo en la decisión final, se procedió con extraordinaria rapidez. La causa estaría vista para sentencia en menos de cien días, del 2 de octubre al 9 de enero. Después de un interrogatorio preliminar, al que fue sometido Mariana por la Inquisición toledana, Decio Caraffa (78), arzobispo de Damasco y nuncio de Paulo V en Madrid, nombró, el 8 de septiembre de 1609, al franciscano Francisco de Sossa, que era obispo de Canarias y miembro del Consejo Real y del Consejo Supremo de la Inquisición, juez apostólico para incoar un proceso contra el jesuíta. La resolución del nuncio, que dice actuar «a instancia de su Majestad», ya era acusatoria, pues en ella se afirmaba que el libro de Mariana era «perjudicial y escandaloso» y que implicaba «muy grande delito digno de punición y castigo» y se autorizaba al juez para que si fuera necesario «prenda y ponga en prisión segura» al acusado. El primer auto del juez, el mismo día 8 de septiembre, fue encargar al canónigo de Canarias, Miguel Múgica, de prender y poner «a buen recaudo» al acusado. El segundo auto, de 2 de octubre de 1609, fue ordenar la «información sumaria de testigos y personas graves» sobre «el escándalo que de su publicación (Tractatus VII) se ha seguido en esta Corte y en otras partes contra la Persona real, Gobierno y Ministros destos Reinos». En esta requisitoria ya se descubre a Lerma tras la persona del monarca. El mismo día se empezó a tomar declaración a los testigos de la acusación. El primero fue fray Juan de Vivanco, de treinta y ocho años de edad, franciscano, lector de teología en la Universidad de Salamanca, quien declaró que el tratado de Mariana era «un libelo difamatorio, el mayor que salir pudiera contra la persona del Rey y de todos sus Ministros», que «todas las proposiciones son muy falsas y mentirosas porque las pone con generalidad y sin exceptuar a ninguno». El segundo testigo, que declaró el 3 de octubre, fue Ignacio de Ibero, abad del monasterio bernardo de Fitero, en Navarra, quien afirmó que en el

(78) Los Caraffa, noble y antigua familia napolitana, dieron catorce cardenales y un pontífice a la Iglesia, Juan Pedro Caraffa (1476-1559), que adoptó el nombre de Paulo IV (1555-1559). Había sido legado pontificio en España, que vetó su elección papal, y guerreó con Felipe II en 1556. Decio Caraffa, arzobispo de Damasco, fue nuncio en Madrid desde el 22 de mayo de 1607 hasta su promoción al cardenalato en agosto de 1611.

65

GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA

tratado de Mariana se decían «cosas que son en deshonor de todo el reino de España y de la gente principal que se junta en ella a hacer Cortes y en deshonor de todo el estamento eclesiástico». El tercer testigo que declaró, el mismo día 3 de octubre, fue Alonso Méndez de Parada, de cincuenta y seis años, Juez del Crimen, quien afirmó que el libro de Mariana se vende en varios puntos de Madrid, que el autor había pedido veinte ejemplares y solicitado que se enviasen otros a Toledo, y que había visto el pliego de correcciones de erratas que Mariana había hecho imprimir en Toledo para intercalar en los ejemplares, de lo que se le había indicado que «diese noticia al señor Duque de Lerma». Calificó la obra de «libelo infamatorio contra la Monarquía de España». A la vista de esta información sumaria, el 14 de octubre, el obispo en funciones de juez nombró fiscal de la causa a un seglar, el licenciado Baltasar Gil Ymón de la Mota (79), quien elaboró un cuestionario de diecisiete pregun- tas, que fueron formuladas ante el juez a Mariana, el mismo 14 de octubre, en la celda del convento de San Francisco de Madrid, donde se hallaba preso. El acusado se reiteró autor del libro Tractatus septem, como ya había declarado el 5 de septiembre a los «señores de la Inquisición de Toledo», donde residía «antes de que le prendieran». A la pregunta de si había sometido su obra a la aprobación eclesiástica, Mariana dijo que, por orden del Provincial de la Compañía de Jesús, Juan García, lo habían leído tres jesuítas profesores de Alcalá: Pedro de Arrabal, Luis de Torres y Cristóbal de Castro, quienes le propusieron algunas correcciones en materia teológica, que tuvo en cuenta; pero ninguna en lo tocante a la gobernación del reino. Añadió que el texto

lo había concluido

hacía cuatro años, o sea, en 1605, aunque antes de la

impresión había revisado algunos puntos.

(79) En el manuscrito que utilizo, como la mayoría de los autores, se le apellida Gilimón de la Mota; pero por Mesonero Romanos, entre otros, se sabe que todavía en 1833 la villa amurallada de Madrid tenía cinco puertas reales y doce portillos, uno de los cuales era el «portillo de Gil Ymón, inmediato al convento de San Francisco, mirando casi al mediodía, que tomó su nombre del célebre licenciado Baltasar Gil Ymón de la Mota, fiscal de los Consejos y Gobernador del de Hacienda en 1622, que tenía allí sus casas» (R. DE MESONERO ROMANOS: Manual de Madrid, 2.' ed., Madrid, 1 de enero de 1833, pág. 319). Según Peñasco, el campillo de Gil Ymón se situaba «entre la calle del Águila y la ronda de Segovia; en el plano de Teixeira no tiene nombre; en el de Espinosa se le denomina Portillo de Gil Imón. En 1678 se cedió terreno al convento de San Francisco para aumentar la enfermería. El nombre proviene de que el terreno del campillo y colindantes eran propiedad del fiscal del Consejo de Castilla don Gil Imón de la Mota, quien parece ser vivía en la calle Mayor» (H. PEÑASCO y C. CAMBRONERO: Noticias, tradiciones y curiosidades de las calles de Madrid, Madrid, 1889, págs. 244-245). Imón es una villa de la provincia de Guadalajara que en 1847 tenía 200 casas y escuela primaria (PASCUAL MADOZ: Diccionario geográfico, estadístico, histórico de España, vol. IX, Madrid, 1847,

s. 424-425).

66

EL PROCESO CONTRA EL PADRE MARIANA

Preguntado por la elección de una prensa alemana, Mariana declaró que se trataba de un mercader católico de una ciudad católica y que, «escarmentado de las molestias que se padecen con impresores en España», envió su manus- crito al extranjero en busca de «persona que lo quisiese estampar a su costa». La pregunta décima se concentró sobre las frases presuntamente delictivas de los tratados De monetae mutatione y De morte et inmortalitate, es decir, de las genéricas denuncias de venalidad tanto civil como eclesiástica. Mariana distingue: lo que se afirma en el primer tratado coincide con los casos del conde de Villalonga y del licenciado Ramírez de Prado, de quienes «se publicaron todas aquestas cosas y otras mayores». Respecto del segundo tratado, Mariana explica que está escrito «en forma de diálogo, y es una disputa en la que en una parte se ponen y refieren los defectos por las palabras generales tan ásperas como lo hacen los que arguyen que proponen su parte con todo el encarecimiento posible, y después, la otra parte, que es como respuesta y la verdadera denuncia del autor ofreciendo verdad». Al serle aducidos sus propios texos críticos, Mariana reiteró que pensaba en el citado caso del conde de Villalonga y en el del administrador de la alcabala de Toledo, que había sido condenado a muerte. A la pregunta decimocuarta el acusado declaró que había «comunicado el Tratado con personas de las más graves que había en Toledo, donde se hallaba, y entre ellas el limo. Cardenal», que no pudo ser su amigo Gaspar de Quiroga porque murió en 1594 y la reforma del vellón arranca de 1602. Se preguntó a Mariana —cuestión decimoquinta— si negaba que el Príncipe, en grave necesidad, puede acreditar moneda, a lo que el historiador respondió que discutió el asunto «en cuanto al derecho, creyendo del hecho lo que el pueblo decía», y que pensó hacer un «gran servicio al componer ese tratado, donde distingue lo cierto de lo incierto y propone su opinión, que no es otra que la común de los doctores». Entre esas opiniones se ratificaba en la de que para ciertos tributos generales se requiere «el consentimiento de la repú- blica». Respecto a su descalificación de los procuradores en Cortes, Mariana arguye que se limitó a recoger «la voz pública del pueblo y que le pareció cosa muy digna que el Príncipe la supiera». Excusa al «Príncipe tan cristiano y celoso» y declara su intención de «llegar a las orejas de Su Majestad para que lo remedie». El 27 de octubre, el fiscal presentó su acusación formal y afirmaba que Mariana, «dolosa y maliciosamente y de propósito, y con gran ofensa y escándalo de la república ha hecho libelos infamatorios y hécholos imprimir con atrevimiento y osadía nunca en estos ni en otros tiempos usada», que afectan a las acciones del Rey y que constituyen «varios delitos en que se

67

GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA

mezcla el de lesa Majestatis». Esos delitos son varios. El primero es poner en entredicho el derecho soberano de «acuñar moneda y moderar y disponer su valon>. El segundo es haber escamoteado en letra pequeña la razón de la reforma monetaria. El tercero es «provocar los ánimos a movimientos». El cuarto es «infamar a los procuradores de Cortes en sus talentos e inclinaciones y especialmente notárseles de vendibles». El quinto es calificar de tirano a quien impone tributos sin el consentimiento de la república y considerarlo excomulgado por lo dispuesto en la bula In Coena Domini. El sexto es que, recurriendo a ejemplos extranjeros y otras argucias, no tanto advierte «el peligro de la impaciencia del Reino cuanto la pronostica e incita». El séptimo es acusar de ineptos a los ministros. El octavo es acusar de prevaricación a los titulares de oficios públicos que «en un punto de tiempo salen con muchos millares de ducados de renta». El noveno es acusar de corrupción a unos empleados públicos en connivencia con sus superiores. El décimo es sentar la «mala y atrevida doctrina de que en cosa que toca a todos cada uno tiene libertad de decir lo que quisiera, ahora sea diciendo verdad, ahora engañán- dose». El undécimo se contiene en el tratado De morte et inmortalitate, donde compara la situación del Imperio español con la caída del romano a causa de su extensión excesiva y de «la licencia de los vicios». El duodécimo es acusar de ingratitud al Rey. El decimotercero es afirmar que hay «gastos superfluos en la casa Real». El fiscal concluye pidiendo que se condene a Mariana a que «públicamente se desdiga» y que «las penas capitales en que ha incurrido las pueda imponer y ejecutar la Justicia seglar». Y se requiere al acusado para que en el plazo de tres días responda. A continuación se transcribe el texto íntegro del acta de acusación.

VI.

ACTA DE ACUSACIÓN

Digo que el dicho Juan de Mariana, olvidado de las obligaciones de la religión en que es profeso y de las que tiene al servicio de S. M. como su vasallo y a la de ser natural de estos reinos y morador en ellos, dolosa y maliciosamente y de propósito y con gran ofensa y escándalo de la república, ha hecho libelos infamatorios y publicádolos y hécholos imprimir con título de libro en gran desacato de la Real Persona y del Estado de estos reinos y gobierno y ministros de ellos con atrevimiento y osadía nunca en éstos ni en otros tiempos usada ni vista, con estudio particular de frases y palabras enconadas, descom- puestas y deshonestas, poniendo faltas y defectos en las acciones reales, infa- mando el gobierno, notando descompuestamente a los ministros, inclinando los ánimos a desobediencia, levantamientos y conmociones para cuyo efecto com- puso un libro cuya inscripción es Johannis Marianae ex Societate Jesu tractatus

68

EL PROCESO CONTRA EL PADRE MARIANA

septem. Y porque su malicia y atrevimiento tuviese efecto y no se le atajase ni impidiese, le envió a imprimir fuera del reino y escogió que la impresión se hiciese en Colonia, ciudad de Alemania donde es el mayor trato y concurso de libros de toda la Europa, con fin de que con brevedad se leyese y extendiese por toda ella el dicho libro, el cual, aunque en el volumen es libro, en muchas partes de él es libelo infamatorio de la Persona Real y sus acciones, y de sus ministros y gobiernos con insistencias multiplicadas en las cuales y en los dichos libelos infamatorios, notas y persuasiones van implícitos varios delitos en que se mezcla el de «lesa Majestatis». Y puesto que hay muchas partes y particulares en que corregir el libro y castigar al autor, las que tocan a la materia de este proceso son:

  • 1. Que siendo preeminencia real y una de las cosas que tocan a la soberanía

acuñar moneda y el moderar y disponer el valor y ley de ella, así, atendiendo a lo que toca al bien público como a las necesidades instantes de la Corona, en cuya conservación consiste el de los reinos. Y habiendo S. M., por cédulas y órdenes, dispuesto y mandado que se creciese el valor de la moneda de vellón para convertir el crecimiento en necesidades públicas e instantes tocando lo uno y lo otro, y el juzgar de la justificación de las causas a la Persona Real, el dicho Juan de Mariana entre los Siete Tratados del dicho libro compuso uno, que empieza en la plana 189, De monetae mutatione tomando por principal asunto de él reprobar, reprender y tachar esta acción enseñándola y publicándola por injusta con cuidado particular de buscar palabras que con mayor impresión y significación la notasen y desacreditasen, con lo cual sólo la proposición asunto y fin del libro contiene delito atroz por impugnar en público una acción real ya hecha y ejecutada como atributo de la soberanía. Y aunque la entrada es decir que entra impelido a ello de voluntad sincera y con deseo que S. M. y ministros lo lean y remedien, ésta no es salida de un exceso tan grande por haber sido el medio tan descompuesto, tan verboso y tan enconado, que todo viene a parar a notar y reprobar acciones reales y ofender ministros y desacreditar la república y estado del reino, infamar la nación y costumbres de ella, con palabras prevenidas con tanto dolo e inculcación, que todo junto ni cada parte de por sí no pudo ordenarse, componerse ni publicarse sin ofender la Majestad Real.

  • 2. Que el dicho tratado en la plana 190 pone el argumento de él, dividido

y apartado de la prefación de letra más menuda, y en él presupone que el dicho

acrecimiento de la moneda de vellón tuvo fundamento en acudir a necesidades públicas, y porque ésto lo justificaba lo apartó del cuerpo del tratado y lo hizo imprimir de letra menos legible para que o no se leyese o no se tuviera por parte del tratado o se advirtiera, quitando de su parte todo lo que fue posible la causa tan legítima y bastante que justificaba el dicho acrecimiento y dejando todo el cuerpo del tratado sin ella. Pues si su intento fuera escribir verdad y cumplir con la obligación de ella, era forzoso entrar fundando y pasar, después, a referir los inconvenientes que se habían experimentado, lo cual no fue así,

69

GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA

sino dejando la dicha causa como inútil, corrige y nota en ésta y en todas las demás repúblicas toda la acción.

  • 3. En el dicho tratado, en la prefación, en la primera columna, habiendo

dicho que escribir él aquel tratado parecería a muchos atrevimiento y a otros temeridad que él, olvidado del peligro, reprobase y notase lo que hombres de mayor experiencia y prudencia habían aprobado como remedio de los daños instantes, y dicho que era su excusa la sincera voluntad con que entraba de ayudar, pone estas palabras: «Ac potius quando universa gens clamat et sub onere gemit, senes et iuvenes, divites et egeni, docti et indocti, absonum videri non debet, si Ínter tan multos aliquis audet de scripto pronuntiare, quae palam et arcano in conclavi et in plateis et circulis non absque animorum motu vitupe- rantur». O sea, «cuando todo el pueblo clama y gime debajo de la carga, viejos y mozos, ricos y pobres, doctos e indoctos, no ha de parecer disonancia si entre tan muchos, alguno se atreve a escribir lo que en público y en secreto, en plazas y corrillos se vitupera no sin movimiento de ánimo». Cuya culpa además de constar por toda la contextura de las palabras se aprueba con reconocer él mismo que era materia peligrosa y sujeta, en parecer de muchos, a atrevimiento y temeridad y representar aclamación de pueblo, opresión y gemidos de la carga, y movimiento de ánimos; todas palabras que notan la acción de injusta y provo- can los ánimos a movimientos con afirmar que lo están ya.

  • 4. En el capítulo segundo del dicho tratado, segunda columna de él, que

está en la plana 193, infama con palabras descompuestas a los procuradores de Cortes en quien está la representación del reino y nota sus hechos y manera de proceder en la comisión de servicios y en ello con gran daño de la república y del estado de ella y de la autoridad y servicio real, mezcla afirmación, nota y represión de la instancia que presupone se hace con ellos de parte de S. M., y las palabras son: «Procuratores civitatum in conventus vocari certe in Castella parum prodest, plerique eorum rebus gerendis parum sunt idonei, quippe forte ducti, leves homines, ingenio vaenali, nihilque prae oculis habentes prae cupi- ditate ex publica calamitate gratiam Principis promerendi, ex ea lucrum captandi. Solicitationes, adde aulicorum minas ¡miscentium precibus et pollicitationibus, quibus vel cedri Libani everterentur et caderent. Nemini id est dubium, atque ut res sunt nunquam eos votis Principis repugnaturos, satis constant, ut non impetret tándem quaecumque voluerit; foretque consultius si ii conventus nun- quam haberentur, quo inútiles excusarentur sumptus multiplicesque corruptelae. Verum nos hoc loco non quod fit despicimus, sed quod ratio exigit, populi consensu libero non vi aut precibus minisve expresso tributa nova subditis imperari.» O sea, «en Castilla poco aprovecha llamar a Cortes los procuradores de las ciudades. Los más de ellos son poco idóneos para tales negocios, sacados por suertes, hombres livianos y de inclinación vendible, sin tener delante de los ojos otra cosa más que deseo de ganar la gracia del rey con el daño público y de ella sacar provecho para sí. Añade a esto las insistencias con ellos de los criados del Rey que a los ruegos y promesas que les hacen mezclan amenazas que subvertirían y harían caer los cedros del Líbano. Ninguno dudaría, y consta

70

EL PROCESO CONTRA EL PADRE MARIANA

claramente que en el estado que están ahora las cosas nunca contradirán nada de lo que se les pidiese por el Rey para que deje de conseguir todo lo que quisiese, y que fuera mejor que nunca hubiera Cortes para excusar gastos inútiles y tan varias maneras de corrompimientos, puesto que no es mi intención notar lo que se hace, sino que la imposición de tributos nuevos se haga conforme a razón por consentimiento libre del reino y no dado por fuerzas, amenazas o ruegos.» En las cuales palabras hay multiplicidad de graves y atroces delitos. Uno que toca al notar e infamar a los procuradores de Cortes en sus talentos e inclinaciones y especialmente notárseles de vendibles. El otro, la correlación

que hace a S.

M. y ministros de que para las cosas que son de su servicio, y

socorro de las necesidades y estado público, les hacen consentir en los tributos que se proponen por ruegos, por promesas y por amenazas, injustificando con ello las concesiones del reino y las materias que en él se tratan concernientes al bien público y necesarias y convenientes a la conservación de los reinos.

  • 5. En el dicho capítulo, fundando que S. M. no puede imponer tributos

sin consentimiento del reino, y teniendo por imposición de tributo el acrecimien- to de la moneda, dice que así como no puede disponer nada en daño de los particulares sin voluntad de ellos, tampoco puede tomar parte de sus bienes por medio de imposición de nuevo tributo. Y para comprobación de ello alega a Felipe Comines en la Vida del rey Luis XI de Francia, refiriendo en latín las palabras que él dijo en francés de esta manera: «Quare ut in proposito pergam, nullus est Rex aut Princeps in orbe terrarum, qui possit a gente sua, vel quadran- tem unum, exigere nisi iis volentibus qui debent repraesentari, nisi per violen- tiam et tyrannidem.» Y volviendo con sus propias palabras, prosigue diciendo éstas: «Quin paulo deinceps adiicit praeter tyrannidis notam, anathematis etiam sententia involvi, qui secus faxit Princeps. In quo mihi respicere videtur sextum caput diplomatis, quod in Coena Domini promulgatur, execretatione ex ritu

Christiano devinciens, quicumque in ditione nova tributa imperarit. (

...)

A qua

execratione an Reges eximantur contra facientes aliorum esto iudicium, nobis

sane eximí non videbatur, quando necque faciendi secus habent potestatem necque id a iure conceditur.»

Las palabras que atribuye a Felipe Comines dicen que «no hay rey ni príncipe en la tierra que, sin violencia y tiranía pueda imponer en su reino ni aun un maravedí sin no es con voluntad de los que lo han de pagar», y refiere haber añadido el mismo autor que «el príncipe que lo hiciere, además de la nota de tiranía, incurre en excomunión», que el dicho Mariana entiende es la del capítulo sexto de la Bula in coena Domini, que excomulga a cualquiera que en su señorío impone nuevos tributos, y que deja a otros que juzguen si eso comprende a los reyes, que a él le parece que sí cuando ni tienen poder de hacerlo ni se lo concede el derecho, en lo cual excedió y cometió delito grave. Lo uno porque, trantando de acción particular de S. M., cual lo fue el acrecimiento de la moneda de vellón, es su intento probar, por la alegación y palabras del dicho autor, que es acto de violencia y tiranía, y por la del mismo y la suya que se incurre en la excomunión de la Bula in coena Domini. Y para extensión y confirmación

71

GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA

de ello prosigue con decir: «Addo ipse non modo Principem ejus delicti et supplicii esse reum, quicumque tributi nomine id facit, sed etiam qui monopolii specie et fraude, nisi populi consensus accedat.» Afirmando que incurre en esta manera de delito y pena el rey que lo hace no sólo con nombre de tributo, sino también haciéndolo por vía de estanco sin consentimiento del reino poniendo ejemplo en los de la sal, naipes y solimán. Aunque lo colora con decir que no disputa de la justificación de ellos y que entiende estarán prudentemente insti- tuidos, todavía afirma que los estancos no discrepan de tributos y que no menos en lo uno que en lo otro se requiere consentimiento del reino.

Y aunque el sujeto del capítulo es general fundando que el rey sin consen- timiento del reino no puede imponer tributos, él mismo, en el capítulo siguiente, que es el tercero, tiene por especie de tributo el crecimiento de la moneda y funda en él que no hay diferencia de que S. M. haya hecho ganancia por vía del crecimiento de la moneda que si la hiciera por vía de imposición de tributos

o estanco, y que lo uno y lo otro no diferencia de tomar a los particulares parte de su hacienda. Y concluye con decir: «Ac vero nesciam qui possint id facientes execrationem censuramque evadere in Coena Domini promulgari solitam ómni- bus annis quando ut in monopoliis est dictum, artes hae omnes quacumque simulatione eodem omnes pertinent, ad gravandum populum novis oneribus» (plana 196). Por las cuales palabras juntas las precedentes viene a afirmar haber

  • S. M. incurrido en las censuras de la Bula in coena Domini en cuanto dice que

no sabe que ninguno que haga crecimiento de moneda bajando el peso o quitando de la bondad que se libre de la dicha censura, siendo todas las proposiciones que hace contrarias a la verdad porque generalmente los reyes instando causas necesarias, pueden en sus reinos imponer tributos sin pedir ni esperar su consen- timiento. Y aunque por ley particular de España, los señores reyes dispusieron que esto no se haga sino en Cortes, esto es cuanto a pechos y servicios y no cuanto a hacer estancos, subir la moneda, echar derechos en las mercaderías, ninguno de los cuales es pecho, tributo ni servicio de los que trata la ley se hagan en Cortes, y así S. M. y los señores reyes, de tiempo inmemorial a esta parte, por su derecho propio y preminencia real han estado y están en quieta y pacífica posesión de hacerlo, lo cual el dicho Mariana, contra verdad y justicia, intenta turbar y desacreditar valiéndose de la autoridad de un historiador tan atrevido como él.

  • 6. En el capítulo décimo del dicho tratado cuya inscrición es «Maiora

incommoda ex ea monetae mutatione» en la plana 210, en el fin, refiere una mudanza de moneda que se hizo en Inglaterra por Enrique VIII y lo que en tiempo de los reyes Eduardo e Isabel, sus hijos, pasó para reducirla y que en efecto, fue quitarla sin pagar nada a los dueños. En la columna primera de la plana siguiente acaba con decir «infame latrocinium, turpissimum peculatum», palabras deshonestas y descompuestas aunque sean referidas a los reyes extra- ños, pero llenas de delitos atroces en la aplicación que de ellas hace a S. M. en las siguientes: «Prudens lector advertat, an ¡isdem vestigiis ingrediamur, an in eo facto imago depicta contineatur tragoediae nobis haud dubium instantis.»

72

EL PROCESO CONTRA EL PADRE MARIANA

O sea, «el lector prudente advierta si entramos por las mismas pisadas y si en ese hecho se contiene una imagen pintada de la tragedia que sin duda nos está instando». Cuyo sentido es preciso sin podérsele dar otro que S. M. ha de hacer otro tanto que es habiendo crecido la moneda y cobrado el beneficio de ella prohibirla sin dar su valor ni recompensa a los subditos llamándolo tragedia introduciendo con ello las inteligencias enconadas y los malos sucesos que por natural sentido de este nombre se significan, lo cual acrecienta con decir luego en la columna siguiente: «Sed maius ómnibus alus incommodum, id est, com- mune odium, quo Princeps profecto flagrabit.» Las cuales palabras cayendo como caen sobre el sujeto especial de haber S. M. crecido la moneda de vellón es afirmar que ha de incurrir en común odio de la república, especialmente que muchas veces usa de la palabra «Princeps» en sentido especial de la persona de S. M. y acaba el capítulo con decir se maravilla cómo ignoran eso los ministros y si lo supieron con cuánta temeridad quieren precipitarse en tales peligros, concepto que lo repite en la columna cuarta del capítulo XI que es el siguiente: «Necque vero expedit toties periclitan, quid provinciales (sic) patien- tia possit tolerare, ne cum exitio communi omnium exasperetur et pereat» (plana 213). En modo que no es tanto advertir el peligro de la impaciencia del reino cuanto pronosticarla e incitarla.

  • 7. En el capítulo XIII, cuya inscripción es: «Principis inopiae succurrendi

num via se aliqua ostendat?», en nota y reprensión de los ministros reales, continuando el fin que lleva de infamarlos y reprenderlos. Dice en el principio de estas palabras: «Omnino in república eae sunt angustiae tam gravis inopia, ut no sit mirum penes quos rerum administrado est, insolentia aliqua remedia somniare et inepta, qualis profecto videatur, quam modo arripuere pecuniae depravatio, iis argumentis quae universa hac disputatione sunt explicata» (plana 217). O sea, «las angustias de la república son tantas, tan grave su pobreza, que no es maravilla que los ministros a cuyo cargo está la administración de las cosas sueñen remedios insolentes e ineptos como en realidad de verdad lo parece el que tomaron en la depravación de la moneda por los argumentos que en toda esta disputa se han explicado». Siendo así que el hecho que reprueba con las dichas palabras descompuestas tuvo el principal fundamento y autoridad en la aprobación de S. M. y bastaba sólo eso para que se abstuviera de palabras tan desacatadas.

  • 8. Y en el mismo capítulo, en la plana 219 del libro, hace un invectiva

atrevida y desacatada contra S. M. y los ministros reales con estas palabras:

«Verum quod vulgo fama fert, plañe est miserabile ; nullum hoc tempore in provincia magistratum, nullam procurationem, ne sacerdotia quidem et Episco- patus meritis'dari, cuneta esse vaenalia, necque sine pretio concedí, conficta haec fortassis, esto certe aucta, sed ita dici calamitosum est. Omnino regios ministros videre est terrae plañe filios exuccos ad publicas procurationes acce- deré, puncto mox temporis beatos evadere, multa aureorum millia annua nume- rare. Unde haec nisi ex pauperum sanguine, ex medullis lttigantium publicasque procurationes ambientium?» O sea, «verdaderamente es muy miserable lo que

73

GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA

la fama divulga que en el reino en este tiempo ningún magistrado, ningún oficio ni aún beneficios ni obispados no se dan por méritos, ser todo venal, no se conceder sin precio. Puede ser que no sea verdad, pero aún se añada algo: harta calamidad es decirse que de todo punto se ven los ministros del rey, hijos del jugo de la tierra entrar en los oficios públicos y luego en un punto de tiendo salir dichosos con muchos millares de escudos de renta. ¿De dónde es sino de la sangre de los pobres y de la sustancia de los litigantes y pretendientes de oficios?». Atrevimiento y delito grande con palabras tan sediciosas y descom- puestas que ellas mismas lo están probando sin otra inducción.

  • 9. Y luego en la columna siguiente, insistiendo en la misma nota e infamia

de ministros, lo hace con estas palabras: «Qui regia vectigalia administran!, eos frequens fama damnat, quasi foedere cum Publicanis facto lucri et pecuniae ea conducentibus pactae partem multo maximam ad se derivent, quod ad rectores singularum urbium promanat, eo peiori exemplo quod leges provinciales seu pragmáticas vendunt populis quotannis iis obtemperare recusantibus, publica iis addicunt palam a quibus ex arcano pecuniam acceperunt.» Y en la plana siguiente: «Quaestores eam functionem cum magno compararint (quae nova corruptela est argumentum inversae reipublicae) iidem vendant necesse est, atque ex aliena miseria lucrum captent. Pecuniam regiam ad mercimonia con- vertunt, sic regiis litteris uno et duobus annis non satisfaciunt. Qui commodis- sime post quatuor aut octo menses debita solvunt parte etiam aliqua expensione detracta, uncia nempe aut duabus uncus ex universa summa ut cum creditore convenerunt.» Y aunque estas dos cláusulas tienen congrua relación a los admi- nistradores de las alcabalas y a los corregidores y tesoreros de las ciudades y villas y partidos y que infamar estos oficios por escrito es delito grave y contra el buen ejemplo público, el modo con que lo dijo es dispuesto para que fuera del reino donde no se tiene noticia de los oficios de éste se refiera la inteligencia a los que tienen oficios superiores, y para los que no, se engañasen y las entendieren limitadamente del género de oficios de que habla, pasa adelante a tocar los consejeros y ministros superiores, y habiendo dicho que estos abusos se remediarían con visitarlos, dice estas palabras: «Tametsi id etiam praedicant, vero an falso non dixerim, sed affirmatur tamen vulgo, nullum ex his quaesto- ribus esse, qui in aula in regiis tribunalibus fautores non habeant parte nempe peculatus speque invitatos, quae alia miseria est superioribus non minus exitia- lis.» O sea, «aunque también se publica no digo que sea verdadero o falso; pero afírmase comúnmente que ninguno de estos tesoreros deja de tener en la casa y tribunales reales sus fautores que participan con ellos del dinero público en que ellos han cometido el delito de peculado o de la esperanza de conseguirlo que es otra miseria más perniciosa que las pasadas». De manera que a un mismo tiempo nota los ministros inferiores y la participación con ellos de los superiores y los actos reales de haberse vendido las tesorerías llamándolo nueva corruptela y argumento de estar la república mal gobernada y causa que habiendo comprado los oficios vendan el uso de ellos.

  • 10. Y en el dicho capítulo en la columna última de él y de todo el tratado,

74

EL PROCESO CONTRA EL PADRE MARIANA

hace una afirmación general de todas las proposiciones atrevidas que dejaba hechas así cuanto a la reprobación del crecimiento de la moneda como de todas las demás con estas palabras: «Haec ego sentiebam in iis ómnibus articulis, de quibus in hac scheda disputatum est, ac sigillatim de aereae monetae mutatione depravationeque. Quae inconsulta gente facta iniqua videtur, consentiente multis modis exitialis» (plana 221). O sea, «eso es lo que he sentido en todos estos artículos de que se ha disputado en este tratado y particularmente de la mudanza y depravación de la moneda de vellón que sin consentimiento del pueblo parece inicua y con él dañosa de muchas maneras». Y acaba el tratado con el presupues- to de que había de sentirse aquel libelo como infamatorio y, sin embargo de ello dice: «Si quis exacerbabitur iis quae in nostra disputatione ponuntur, is cogitet, remedia quae sunt salutaria eadem amara saepe esse et aéria.» O sea, «y si alguno se sintiere de lo que en esta disputación se pone, piense que los remedios saludables muchas veces son amargos y agrios». Y al pie de esto enseña una mala y atrevida doctrina con estas palabras: «Tum in re quae ad omnes spectat cuivis liberum esse, de ea quid sentiat explicare sive verum dicat, sive fallatur.» O sea, «en cosa que toca a todos, cada uno tiene libertad de decir lo que quisiere ahora sea diciendo verdad, ahora engañándose». Todo lo cual está lleno de afirmaciones de que de propósito se resolvió escribirlo aunque tocaba a los que se habían de sentir de ello que referido a las personas de quien señaladamene había hablado es Su Majestad Real, sus ministros superiores e inferiores, los procuradores de Cortes y, umversalmente, el Estado de la repú- blica y gobierno de ella.

  • 11. El dicho Mariana en el dicho libro desde la plana 356 imprimió otro

tratado cuyo título es De morte et inmortalitate en cuya prefación, plana 359, infamando estos reinos dice: «Quidquid alibi per partes corruptum est, quasi confusis omnium gentium vitiis in mores Hispanorum minorum migrasse. Unde quasi ex summo praecipitante fortuna graves calamitates imminere, ac vero iam instare videantur. Virtute partum imperium opulentia perdit, et opulentiae asse- clae voluptates. Animorum vigorem, quo res tantae bello paceque perfectae sunt, vitiorum licentia extinxit, qua nihil est militari disciplina exitialius. Is videlicet victoriarum de hostibus fructus fuit, amplifican principatus térra qui- dem latissime, mari autem ipsis orbis caelique finibus terminati. Romanorum exemplo corruimus minori temporis intervallo, quibus exitiale fuit in Asiam imperium propagasse, inde Romam tanstulisse voluptatum ¡Ilécebras instrumen- taque.» O sea, «todo lo que cada provincia está corrompida, mezclados los vicios de todas ha pasado a las costumbres de España de manera que parece que la fortuna, precipitada de lo alto, amenaza graves desgracias y ellas ya instan. El Imperio que ganó la virtud lo pierde la opulencia y los deleites que vienen con ella; el vigor de los ánimos con que llegaron a consumarse las cosas de la guerra y de la paz, la licencia de los vicios los ha acabado porque nada hay que tanto daño haga al ejercicio militar. Este ha sido el fruto de las victorias de los enemigos ampliar el reino por tierra larguísimamente y por el mar que el término de la tierra y del cielo lo es suyo. Caemos a ejemplo de los romanos

75

GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA

con intervalo de menos tiempo que ellos cuya caída se causó de haber propagado el Imperio a Asia y pasado a Roma los instrumentos y regalos de los deleites». Todas ellas palabras de ánimo mal afecto a esta monarquía y deseoso de que no se conserve, haciendo pronósticos temerarios en que se complican especies «lesa Majestatis». En la misma prefación, a las palabras precedentes se siguen éstas: «Quid vero necesse est multíplices peculatus commemorare, magistratus hisce praeser- tim annis vaenales, ignaros, turpes et sórdidos sacerdotes, omnia auro pervia; nihil iam meritus dari, nihil virtuti, nullum innocentiae probitati et eruditioni locum esse relictum, ambitiosis et pravis modo diligentibus atque gratiosis públicos honores et procurationes dari nullo maiori delectu. Propinquitatem cum aulicorum aliquo pro virtutibus esse.» O sea, «¿Qué necesidad hay de referir los muchos hurtos del dinero público, los magistrados venales mayormente en estos años, los sacerdotes ignorantes, torpes y sórdidos, todo encaminado por oro. No se da nada a los merecimientos, nada a la virtud; no se haber dejado lugar a la inocencia, a la verdad, a las letras; darse los honores y oficios públicos a los malos y ambiciosos si son diligentes y favorecidos sin ninguna otra mayor atención; el parentesco con los privados sucede en lugar de merecimientos». Palabras tan atrevidas y con haberse perdido tanto el respeto que no sólo dichas en público y en libro, pero aún habladas privadamente ofendieran el respeto real y autoridad pública. Lo cual continúa sin cesar acrecentando la ofensa con estas palabras: «Quod si mentem a proximis annis, quibus sua quoque inerant vitia, ad paulo superiora referatis, bella intestina, procerum dissidia, promis- cuam libidinum licentiam, stupra, caedes, peculatus, rapiñas, in regia ipsa suppositos partus, regentium ignaviam.» O sea, «y si volvéis la atención desde los años próximos en que también había sus vicios, poco más arriba, guerras crueles, encuentros de Grandes, licencia promiscua de deshonestidades, estu- pros, muertes, peculados, rapiñas, y en la misma Casa real partos supuestos, descuido de gobierno». En lo cual está un nuevo libelo infamatorio de las cosas de estos reinos y atrevimiento desenfrenado contra cosa tan sagrada como la Casa real.

  • 12. Y en la plana 362, refiriendo la muerte de García de Loaysa dice que

fue vencido de molestias y trabajos que sufrió con la muerte de su amo (enten- diéndolo por la Majestad del rey don Felipe II nuestro señor que está en el cielo) transferido el imperio y la gracia en otros y que éstos fueron mayores cerca de su muerte (80). Y que «don Pedro Portacarrero y Rodrigo Vázquez, varones insignes, arrebató la muerte para quitar de delante dos firmes testigos de la autoridad y honor que se les había quitado» (81), tachando en esto atrevidamente lo que se ordenó acerca de estos tres ministros.

(80) El fiscal no cita el texto latino porque no hace una referencia literal: «praesertim laboribus et molestiis victo corpore, quas in magna rerum varietate, atque heri morte imperio et gratia in alios translata gravissimas pertulit, sub vita finem maiores» (plana 362, cois. 1 y 2). (81) «In eo numero Petrus Portocarrerius generalis Inquisitor, et Rodericus Vasquius, Cas-

76

EL PROCESO CONTRA EL PADRE MARIANA

  • 13. Y en la plana 381, con la misma descomposición, dice estas palabras:

«Quid rapiñas ínter privatos et fraudes dicam, magistratuum sordes, multíplices peculatus, invalido legum auxilio, quae vi ambiti postremo pecunia debilitantur? Quid inmensa vectigalia quae maiora in dies plebibus imperantur, nullo fructu, quoniam in eorum usum fe re cedunt qui sunt in aula gratiosi, in insanis regiae sumptibus consumatur? Denique, ut uno verbo complectar, caetera omnia pre- fecto perturbata et suis sedibus sunt convulsa, sub onere gemiunt populares, vitam in anxietate et dolore agunt, qua non acerbiorem morte? Quid numerum dicam inopum sine ulla ope, sine lare familiari vagantium, manum ad stipem porrigentum? Quid pecuniam adulteratam? commercia impedita? rerum et anno- nae caritatem? quae sunt omnia nostri saeculi nostraque labes et vulnera gra- via?». O sea, «¿para qué diré los hurtos y engaños entre los particulares, las suciedades de los magistrados, los muchos robos del dinero público con el poco favor que se da a las leyes, las cuales se van enflaqueciendo con fuerza, con rodeos y, últimamente, con dinero? ¿Para qué diré los inmensos tributos, que con imperio se ponen y van siendo mayores cada día con ningún fruto porque se convierten en uso de los privados y en los gastos superfluos de la Casa real? Y, finalmente, para comprenderlo todo en una palabra: cierto las cosas todas están turbadas y fuera de sus lugares. Los del pueblo gimen oprimidos de una gran carga, pasan su vida en congoja y dolor no menos áspera que la misma muerte. ¿Para qué diré el número de pobres que, sin esperanza alguna y sin tener ya cosa propia, andan vagando arrimados a un palo? ¿Para qué diré el dinero adulterado y los comercios impedidos y la carestía de las vituallas y todas las cosas? Estos son los graves males de nuestro siglo y de nuestro reino».

De todo lo cual se convence que si un rebelde enemigo de él quisiera tratar descompuestamente de las cosas de la Majestad Real y de las de estos reinos (aunque se dispusiera a hacerlo falsamente) no pudiera hallar palabras más atrevidas, más descompuestas, ni afirmaciones más falsas que las que el dicho Mariana se atrevió a todo y a la impresión y divulgación de libelos tan infama- torios; y que la república está en estado de darse satisfacción no sólo dentro de ella, sino que sea tan extendida, como el dicho Mariana encaminó lo fuese la lectura de su libro y de los dichos libelos, haciéndose castigo público y ejemplar de él.

Pido y suplico a V. S. que condenándole ante todas cosas a que públicamente se desdiga, le haga la condenación que merece tan grave y atroz culpa, dispo- niéndolo en la forma necesaria para que las penas capitales en que ha incurrido las pueda imponer y ejecutar la Justicia seglar, sobre que pido justicia.

El acta de acusación

transcrita le fue

comunicada a Mariana, el 28 de

octubre de 1609, por el notario de la causa, Bartolomé Gutiérrez.

tellae Praeses, primi oCurrebant, viri praestanles, quos mors rapuit ne diu deformes testes viseren- tur honoris detraed» (plana 362, col. 2).

77

GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA

VII.

EXCULPACIÓN DE MARIANA

El 28 de octubre Mariana solicitó que se le autorizase a hablar y dejarse aconsejar por el rector de la Compañía de Jesús en Madrid y que se prorrogase en otros tres días el plazo para exculparse, lo que le fue concedido. El 3 de noviembre el acusado respondió a los cargos del fiscal con un texto que ocupa 35 folios manuscritos y que se transcribe a continuación:

Para responder a los cargos que pone el señor Fiscal contra mi libro de los Tratados, que se imprimió últimamente en Colonia, digo que el descargo prin- cipal se reduce a dos puntos. Uno es que yo imprimí el dicho libro con licencia; que no quebranté las leys del reino; y guardé las Constituciones de mi religión, de suerte que, por ese respecto, no se me puede cargar delito alguno. El segundo es que los abusos y cohechos de que traté eran públicos, los más deducidos en juicio y todos por la pública voz y fama que corría y, como tales, se podían decir de palabra y por escrito en cualquier parte del mundo, doctrina toda muy llana entre teólogos y juristas. Si dicen que tuve mala intención de motejar al Gobierno de estos reinos. Respondo que las intenciones no se deducen a juicio porque se reservan al de Dios; lo segundo que era imposible tener tal intención, pues cuando este Tratado de la moneda se escribió y puso en latín, Su Majestad mandaba castigar a Villalonga y a Ramírez de Prado por quienes aquello se dirigió; además que de ordinario hace castigar semejantes desórdenes como éstos; y las residencias que cada día vienen a esta Corte; y no es nota del Príncipe que en sus reinos haya desórdenes, que siempre los hay más o menos, sino vanagloria que no los consienta, antes los mande castigar como Su Majestad lo sepa. Añádese que mi sana intención se podrá echar de ver, lo primero, en las palabras que dije al principio y al fin del libro; y, así, donde está declarada la intención, no hay que interpretarla a mala parte, aunque podrá ser que, por yerro, las palabras no parezca corresponden tanto como debían a ella. Supuesto esto, se responde a los cargos de la manera siguiente. Al principio, que es como prefación de la acusación, se dicen tres cosas a las que conviene responder. La primera que dice es que he hecho en el dicho libro «libelos infamatorios». Y porque lo repite muchas veces adelante, digo que libelo famo- so, como se colige del Código en la ley única «De libellis famosis» y del Decreto, etc. Ver «libellus famosus» de los intérpretes del Derecho canónico en la cuestión citada, Alejandro Domingo, Hugo y otros no es otra cosa sino «scriptura sive carmina sive soluta orationes scripta quae infamationem alicujus continent nondum antea alioquin publicam. Quando enim res quam ea scriptura continet iam erat publica non habet rationem libelli infamatorii ut ostendatur publicaque fíat». De aquí infiero que para libelo famoso se requieren tres cosas:

que sea contra alguna persona o algunas personas señalada y determinadamente; la segunda cosa que no sea pública y tenida como tal; la tercera que se haga

78

EL PROCESO CONTRA EL PADRE MARIANA

de propósito sólo para ese efecto. Y así que mi libro no fue libelo infamatorio porque yo no nombro ni señalo directa ni indirectamente a alguno que por él puede quedar infamado, no pierda su fama porque esto se dijo por lo que pasaba públicamente en tiempos de aquellos ministros Villalonga y Ramírez de Prado y lo ha castigado ya Su Majestad, y no es infamia de un Rey o reino que haya abusos si se castigan y corrigen como lo hizo Su Majestad.

Además, no puede ser libelo para España ni las demás naciones lo que dice, pues era público y sabido por todo el mundo por las cárceles, cargos y castigos que ha hecho Su Majestad en ellos por los excesos y abusos que habían intro- ducido.

Lo tercero porque el libelo no sirve de otra cosa sino de infamar, ni se hace con otro fin o celo. Pero si tratando de historia o de doctrina o incidentalmente se dice alguna cosa en común de los abusos de la república para que se lleve adelante el cuidado que hay de remediarlo; éste no es libelo ni nadie lo puede llamar así, pues de otra manera ninguna historia habría en el mundo que no fuese libelo, pues en ella se cuentan muchas faltas de singulares y muchos abusos de la república; pero llévase todo bien porque son cosas públicas y se hacen por el bien común y para escarmiento de otros porque la historia es maestra de la vida. Cosa maravillosa que de muchos que vieron esos tratados dentro y fuera del reino, especialmente el de la moneda, sobre el que carga más la acusación, ninguno advirtió que se le pudiera dar nombre tan odioso como aquí se le da en que se ve cuan diferentes son los juicios de los hombres. Lo que yo entiendo es que mi intención no fue la que el señor Fiscal me impone, y si falto en las palabras, que como hombre pude errar, fue por inadvertencia y por no acabarme de declarar, de lo cual me pesa.

Dice lo segundo que dicho libro es en gran desacato de la Persona Real y del estado de estos reinos y Gobierno. Respondo que yo no trato del Gobierno, porque ni trato en todo el libro de Su Majestad, directa ni indirectamente, ni de sus Consejos en que consiste el Gobierno, que todos son buenos, sino de los abusos e inconvenientes que, con efecto, Su Majestad ha castigado, y para que en adelante haya escarmiento, y no de otra cosa, y esto en latín y no muy ordinario para que se vea que no pretendía alborotar ni inclinar a levantamientos, como dice luego el señor Fiscal. Verdad es que algunas cosas dije con alguna libertad de que me pesa; pero puédese dar perdón a mi edad, estudios y buen celo, aunque no haya sido tan prudente como yo quisiera.

Lo tercero hace misterio en que este libro se imprimió en Colonia donde

dice que es el mayor mercado de libros de toda Europa, y no es allí, sino en Francoforte, ciudad de la Alemania la alta, lejos de Colonia. Pero en este punto

me remito a lo que dije

en mi confesión número 9 y que es, en suma, que en

el Consejo, a la sazón, estaba la puerta cerrada para imprimir. Envié el libro para que- se imprimiese en la imprenta de Plantino en Flandes, allá me la imprimieron en Colonia sin que yo lo supiese, de todo lo cual hay certificación por las cartas que de allí vinieron y que presento y que verificarán las firmas

79

GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA

el Padre Pedro de Rivadeneyra y el Padre Cristóbal López, y Juan Asrrey, librero flamenco.

En el número primero dice que es preminencia real acuñar la moneda, minorar y disponer el valor y ley de ella. Respondo que en esto me remito a lo que pruebo en el tratado De monetae mutatione, capítulo III. La suma es