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UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

FACULTAD DE CIENCIAS POLITICAS Y SOCIOLOGÍA Departamento de Sociología V (Teoría Sociológica)

Departamento de Sociología V (Teoría Sociológica) MODELOS DE IDENTIDAD MASCULINA: REPRESENTACIONES Y

MODELOS DE IDENTIDAD MASCULINA:

REPRESENTACIONES Y ENCARNACIONES DE LA VIRILIDAD EN ESPAÑA (19602000)

MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR PRESENTADA POR

Antonio Agustín García García

Bajo la dirección del doctor Fernando J. García Selgas

Madrid, 2009

ISBN: 978-84-692-6746-2

Universidad Complutense de Madrid

Tesis Doctoral

Director: Fernando J. García Selgas

Modelos de identidad masculina: representaciones y encarnaciones de la virilidad en España (1960 2000)

Antonio Agustín García García Departamento de Sociología V (Teoría Sociológica) Facultad de Ciencias Políticas y Sociología

Madrid, 2009

Índice

Agradecimi

v

Introducción. Las (des)identificaciones masculinas como problema sociológico

1

PRIMERA PARTE

B ASES PARA UN ESTUDIO SOCIOLÓGICO DE LAS MASCULINIDADES ESPAÑOLAS

17

Capítulo Primero

MASCULINIDAD, MODERNIDAD

 

Las masculinidades modernas como objeto de investigación

19

1.1. Alrededor de una primera definición de masculinidad: enganchando el problema de las masculinidades contemporáneas en sus condiciones de

20

1.2. La modernidad como fondo: la emergencia histórica de la Masculini

26

1.2.1. Cuerpos, sexos, identidad: la dicotomía de los sexos moderna

34

1.2.2. La estabilización de la Masculinidad como categoría política

41

1.3. El tropo de la Masculinidad moderna: la identidad masculina como oposición

51

1.3.1. Actividad/Pasividad: La masculinidad como acción

60

1.3.2. Autonomía/Heteronomía: El ejercicio del control

63

1.3.3. Razón/Emoción: La disolución de las dependencias

66

Capítulo Segundo

B ASES PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LAS MASCULINIDADES

 

De la Masculinidad como posición a la masculinización en los procesos expositivos

73

2.1. Alrededor de una sociología de las masculinidades

78

2.1.1.

El psicoanálisis freudiano como paradigma de transición: de la Masculinidad a los procesos de encarnación de la marca genérica

81

2.1.1.1. El Sujeto como efecto relacional: la amenaza del retorno

85

2.1.1.2. La mística de la masculinidad freudiana

90

2.2. Acercamientos desde la sociología al análisis de las

100

2.2.1. Cerrar la brecha: La lectura funcionalista de la masculinidad como rol sexual

101

 

2.2.1.1. Diferenciación e internalización de los roles sexuales

104

2.2.1.2. Los límites de la masculinidad como rol sexual: masculinidad en crisis

110

2.2.1.3. La masculinidad como posici ón

114

2.2.2. El sistema de los géneros: la lectura de las masculinidades como hegemonía

119

 

2.2.2.1. Masculinismo y patriarcado: la pluralización de las masculinidades

123

2.2.2.2. Orden de género y hegemonía: la masculinidad como experiencia de poder

127

2.2.2.3. La masculinidad como negaci ón

133

2.2.3. Identidad, performance, poder: la masculinidades como diferencia

135

– i –

2.2.3.1.

Nuevas direcciones en la comprensión de las masculinidades

142

 

2.2.3.2.

Las masculinidades como differance

145

2.3.

El análisis de las masculinidades en sus procesos expositivos: un modelo de acercamiento a las diatribas contemporáneas de las masculinidades españolas

151

2.3.1. La reubicación de la agencia en los procesos exposi tivos

154

2.3.2. Estar expuesto y exponer: intencionalidad y ambivalencia en los procesos de exposi ción

160

Capítulo Tercero

 

V ICISITUDES P OST Y MASCULINIDADES C ONTEMPORÁNEAS

 

Transparencia y quiebras de las (des)identificaciones masculinas

169

3.1. Modernidad, Masculinidad, Exposi ción

172

 

3.1.1. Encarnar el vacío: la tesis de la transpare ncia

177

3.1.2. Cartografías del fuera de campo

183

3.1.3. Exposición y exceso en los cuerpos traslúcidos

186

3.2. La transparencia como hipótesis

190

 

3.2.1. Vicisitudes –post y la emergencia de la marca de género

191

3.2.2. El análisis de la transparencia en las masculinidades españolas (1960 2000)

199

3.2.2.1. El dato cuantitativo en sus contextos de produ cción

207

3.2.2.2. Fuente oral y subjetividad: reinscribir los relatos masculinos

210

3.3.2.3. El tiempo de la ficción encarnada: representación y anclaje histórico

214

SEGUNDA PARTE

 

REPRESENTACIONES Y AUTOREPRESENTACIONES DE LA VIRILIDAD ESPAÑOLA DE LOS SESENTA A LOS NOVENTA

217

Capítulo Cuarto

 

MASCULINIDADES TARDOFRANQUISTAS: L A PUGNA POR LA CONTENCIÓN

 

Tradición, modernidad y desarrollismo (1960 1971)

227

4.1. Tradición y modernidad en la España franquista: la exposición de la Masculinidad

230

4.2. Desarrollismo y cambio social: los anhelos de una masculinidad cosmopolita

242

4.3. La transformación de la vida cotidiana: las representaciones de la pugna por la

contenci

 

247

4.4.

La transparencia apacible y la implosión contenida de la Masculinidad

257

– ii –

Capítulo Quinto

MASCULINIDADES P ROBLEMÁTICAS : TRANSICIÓN, DESEO Y GÉNERO

Las tensiones de la Masculinidad (1972 1989)

265

5.1. De un pasado irreconciliable: la Masculinidad señalada (1972 1979)

269

5.2. Exceso y deseo: el devenir masculinidades (1977 1986)

279

5.3. Institucionalización del género: masculinidades desiguales (1983 1991)

288

5.4. La transparencia como

294

Capítulo Sexto

MASCULINIDADES DICHAS : L A EMERGENCIA DE LA MARCA

 

Crisis, tozudez y quiebra ( 1990 2000 )

299

6.1. Señalar la Masculinidad: entre el machismo y las nuevas masculinidades (1990 1996)

305

6.1.1.

Las masculinidades vividas en el tropo de la crisis

315

6.2. El regreso de los monstruos (1997 …): el dislate de la Masculinidad

329

6.2.1.

Tozudez y quiebra de las (des)identificaciones masculinas

336

6.3. La lógica de la transparencia en la estabilización de las (des)identificaciones masculinas contemporá neas

341

C ONCLUSIONES

349

Bibliografía citada

363

Filmografía

375

– iii –

A gradecimientos

Es de bien nacido ser agradecido (refranero popular)

Si pocos trabajos de investigación pueden pensarse como un esfuerzo individual, en el

caso de una tesis lo colectivo se hace evidente. Y así, más allá del consejo del refranero

y sin preocuparme tanto la consideración de mí mismo como dejar por escrito la alta

consideración en la que yo tengo a toda esa gente que me ha ayudado y hecho posible

que estos años se hayan convertido en una aventura viable, he de reconocer la amplia

red de ayudas, apoyos y afectos que me han permitido llegar hasta aq uí.

Ayuda que comienza en las instituciones que han servido de paraguas a este trabajo.

Comenzando por el Ministerio de Educación que por medio de una beca de FPU

financió esta investigación y al Departamento de Sociología V (Teoría Sociológica) de la

Universidad Complutense de Madrid que me auspició como becario y, años después,

como profesor. Gracias por su apoyo a los miembros del Departamento. Gracias muy

especialmente a Manuel R. Caamaño que me animó a embarcarme en esta empresa y

me empujó a pensar la teoría sociológica con arrojo, profundidad y buen humor.

Ayuda que vino de otras instituciones. Aquellas que me acogieron en mis viajes

académicos, el Department of Modern Languages–University of Bradford (gracias

Richard Cleminson), el Department of Sociology SUNY (thanks Michael Kimmel) y el

Department of Sociology UCSC (Herman Gray, Rosa Linda Fregoso, Teresa de

Lauretis, muchas gracias) me abrieron sus puertas y me permitieron crecer en la

experiencia brindada y contribuyeron a esta tesis desde la absoluta paciencia que

mostraron al escuchar mis dudas y ayudar a solventarlas. También el Departamento de

Sociología y Política Social de la Universidad de Murcia, en el que trabajé unos años en

los que estaba enzarzado en este proyecto y en el que encontré colegas y amigos (Elena,

Andrés, Paco, un placer, nos vemos).

– v –

Apoyo de esas redes de investigación en las que presenté mis ideas, en las que este proyecto creció y se convirtió en tesis, en las que aprendí a investigar y pensar en colectivo. Gracias especialmente a los miembros del GRESCO pero también a esas personas que me crucé en congresos y encuentros académicos y que fueron generosos con sus comentarios, halagos y críticas; gracias, como no, a los y las estudiantes que también fueron parte de estos años y aceptaron el envite a pensar y preguntar ayudándome a precisar mis puntos de vista.

Apoyo también de todas esa gente que se da cita en las páginas de esta tesis y a las que agradezco su implicación. Las que me ofrecieron generosamente su tiempo y sus historias para que pudiera pensar las masculinidades por medio de sus relatos, aquellas que me ayudaron a hacer los contactos, y muchas más que buscaron películas descatalogadas, grabadoras para transcribir o simplemente se presentaron con materiales que podían ayudar (Pili, muchas gracias, María, Lele, Txopo… gracias).

Afectos trufados de ayuda y apoyo, los que vinieron de los pasillos de la Facultad (Concha, Carmen, muchas gracias), los que empezaron allí para terminar estando aún más cerca (ay, Elena, cómo agradecer), los que partían de cerca (Nico, Juan, gracias). Gracias a esa gente con la que he compartido estos años y han sabido pasar cuando había que pasar, cuidar incluso cuando me ponía arisco y acompañar con cariño un esfuerzo que de otra manera habría sido imposible. Irene, Lola que queda ría de mí sin vosotras.

Apoyo, ayuda y afectos. Gracias Fernando, sin duda no habría sido posible sin tu implicación en mi trabajo y tu dirección, por los empujones –bien dados– y los consejos, gracias, por la paciencia mostrada y tu generosidad, muchas gracias.

Afectos, apoyo, ayuda y más afectos. Muchas gracias Toñi, muchas gracias Nicolás, por comprender hasta lo incomprensible, promocionar mi alegría y llenarme de ideas; sólo desde ellas he podido entender las otras.

– vi –

Madrid, noviembre de 2008

Imagen de la instalación Shadow Piece (2005) de David Claerbout Introducción Las (des)identificaciones masculinas

Imagen de la instalación Shadow Piece (2005) de David Claerbout

Introducción

Las (des)identificaciones masculinas como problema sociológico

«Nos hemos pasado tanto tiempo diciendo quién era el verdadero hombre… Es tan frecuente que incluso hombres particular mente atípicos se definan como normales o incluso paradigmáti cos. Es tanta la megalomanía corporativa masculina, que cual quier tentativa de trabajar la identidad masculina es, en ese sentido, peligrosa de volver a caer en alguna androlat ria, o autobombo»

Josep Vicent Marqués (2003), «¿Qué masculinidades?»; en Val cuende del Río y Blanco López, Hombres. La construcción cultural de las masculinidades. Madrid, Talasa.

Modelos de Identidad Masculina: Representaciones y encarnaciones de la virilidad en España 1960 2000

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La imagen que se recoge en la página anterior pertenece a la vídeoinstalación Shadow Piece (2005) del artista David Claerbout (Courtrai, 1969) que formó parte de la exposición Intocable. El ideal de la transparencia (Museo Patio Herreriano de Valladolid, 2007). Al observar el video proyectado en la oscuridad de la sala del museo me asalta la mis ma inquietud, la misma extrañeza que me ha acompañado en el desarrollo de esta in vestigación. Cuando conozco un poco más del proceso artístico que precede a mi es tancia solitaria frente a la pantalla, encuentro que la metáfora que atraviesa mi análisis resuena en las imágenes proyectadas.

« Shadow Piece consiste en la incrustación sobre una fotografía anónima de un edifi cio de los años 50 de personajes vestidos con ropa que evoca la misma época, transeúntes que desfilan tras las puertas de cristal o queriendo penetrar en el interior del edificio. A pesar de sus intentos, el edificio t ransparente es inaccesible» (Patio Herreriano, 2007)

Ese señor con sombrero que insiste en empujar la puerta del edificio cerrado recuerda al movimiento que intento señalar para entender las diatribas de las (des)identificaciones masculinas españolas contemporáneas, finalidad de esta tesis. Más aún cuando sé que no sólo el cerrojo hace inexpugnable el espacio diáfano que se abre a la mirada a través de la fachada de cristal. Al tratarse de una fotografía, el edificio permanecerá cerrado. No es una cuestión de aldabones y candados; tiene más que ver con la imposibilidad de atravesar aquello que ya quedó completo y contenido en la imagen rescatada y anó nima de los años cincuenta. En el esfuerzo estéril del varón que empuja las puertas se condensa la lógica de las transformaciones recientes en la construcción de las subjetividades masculinas y las relaciones de género contemporáneas. También aquí es ese señor con sombrero que representó los anhelos de la sociedad burguesa moderna –el mis mo que fue y estudió Ortega y Gasset (García Selgas et al., 2003), el mismo que parece desprenderse del giro cultural que describe M. Weber (1965) en La ética protestante y el espíritu del capitalismo– el que se enfrenta a una suerte de barrera transparente, de cristal que detiene el intento de entrar a ese espacio que en la imagen, como espectadores, ocupamos frente a la proyección. ‘Encerrado’ en el exteriorpasado, detenido en ese momento indeterminado de la fotografía de otro tiempo, vistiendo una ropa que no se ajusta a las modas casual wear que reinan en el interioractualidad. La imagen podría hablar, y de hecho habla, de un conflicto; pero en la secuencia, el señor con sombrero

Las (des)identificaciones masculinas como problema sociológico

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desiste pronto, se gira y sigue su paseo por esa exterioridad que no es accesible a mi mirada como espectador. ¿Vuelta a lo público como si nada hubiera pasado, como si la barrera desapareciera al darle la espalda, como si las categorías de interior y exterior se dieran la vuelta y el cautivo fuera el espectador?

En esta imagen aparecen dos de las claves de mi análisis de las masculinidades españolas contemporáneas. Por una parte el sujeto objeto de investigación, mi caso de estudio. En esta tesis se habla de varones, pero no de todos los varones. Mi interés es por ese señor con sombrero en tanto que encarna al protagonista de la modernidad occidental. Pese a lo que el modelo ilustrado pretendía establecer, el Sujeto universal de la Razón y la Historia respondía a un arquetipo concreto que, efectivamente, por un tiempo man tuvo sus credenciales diluidas en esa universalidad (Bordo, 1993). Pero hoy emergen y señalan a ese señor con sombrero en su especificidad. Son los varones occidentales, blan cos, heterosexuales, propietarios, educados, cabezas de familia, empleados o emplea dores, ciudadanos… los que se enfrentan a esa puerta infranqueable cuando se explicita el privilegio de su posición en la retórica moderna. En lo que sigue hablaré de varo nes heterosex uales de clases socioeconómicas medias para referirme a ellos, porque a ellos me quiero acercar desde una perspectiva de género recogiendo así el consejo de parte de las teorías feministas contemporáneas de cartografiar la posición no cuestio nada –al menos, hasta hace bien poco– de la dicotomía de los géneros modernas (Phe lan, 1993) y persiguiendo el esfuerzo de los Critical Studies on Men 1 o estudios críticos sobre los varones, en castellano– por hacer visible la marca de género de estos varones

1 Sorprende que ante el limitado desarrollo de la teorización e investigación en este campo, no más de treinta años si se considera su vertiente crítica, el juego de las etiquetas con el que autodenomi narse asemeje el juego del despiste. Men’s Studies, estudios de la masculinidad profeministas o, la que aquí rescat o, est udios críticos sobre los varones sin ser intercambiables, ya que responde a movimientos de política académica por hacerse con un espacio de enunciación reconocido –en el sentido de admi tidos, principalmente por las académicas feministas– y delimitado –frente a los movimientos intelectuales reaccionarios o de exaltación de una masculinidad tradicional y/o biológica–, no dejan de nombrar al mismo grupo de investigaciones y teorías que han hecho de la masculinidad un objeto sociológico problemático. Si aquí opto por la de estudios críticos sobre los varones, propuesta por J. Hearn y sus colaboradores desde el centro del mismo nombre en la universidad de Linköping (Sue cia) es porque considero que es la que más se aproxima a la consideración teórico metodológica que defiendo en esta tesis y porque creo que es la que mejor define la bibliografía que manejo por su raigambre europea y no sólo anglosajona.

Modelos de Identidad Masculina: Representaciones y encarnaciones de la virilidad en España 1960 2000

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(Kimmel, 1997). Mostrar el género de los sin género , el género que se presenta como ausencia de género, como género invisible por transparente.

Por otra parte, la imagen de la vídeoinstalación despliega la misma metáfora que cons tituye la tesis que aquí defiendo. La transparencia de la puerta de cristal –la que permite ver a través como si no estuviera, la que impide el paso como si se tratara de un in amovible muro de hormigón– recoge la dinámica en la que se están dirimiendo las re laciones de género y los procesos de subjetivación, como dos caras de la misma mone da, de estos varones. Mi análisis apuntará que la invisibilidad moderna de la marca de género (Kimmel, 1993) deviene barrera transparente en las postrimerías de la modernidad. Inapreciable por ella misma pero no en sus consecuencias –más bien al contra rio, los efectos sociales del despliegue contemporáneo de las masculinidades pueden asociarse a problemas tan palpables y groseramente materiales y en cierto modo opa cos como la violencia de género–, la transparencia habla de la incapacidad contempo ránea de los varones descritos para hacerse cargo de su género y así intenta apuntar una de las fuentes, si no la principal, de las desigualdades que por razón de género siguen describiendo nuestra realidad y la poca conciencia que como agentes implica dos en esa realidad tienen los protagonistas de este estudio. Hacer visible la invisible transparencia del género de los varones heterosex uales de clases medias requiere aten derla indirectamente en sus consecuencias y exige una perspectiva más compleja.

¿Cómo defender esta tesis? ¿Dónde apoyarla y cómo desplegar su explicación? No son preguntas sencillas. Y es que la masculinidad, como nodo conceptual que atraviesa esta investigación, es una categoría difícil de precisar: en ocasiones incómoda, en otras eva siva. Incómoda en tanto que en ella se dan cita demasiadas perspectivas, incluso dema siados anhelos que no siempre nos acercan a la comprensión sociológica de la expe riencia de los varones como seres con género. Pondré un ejemplo. Los estudios de las masculinidades son un novísimo campo de estudio dentro de las ciencias sociales. En nuestro país su teorización y análisis apenas se ha puesto en marcha y su producción todavía es errática. Los intentos sociológicos o desde otras ciencias sociales afines como la antropología o la psicología de acercarse a la masculinidad como categoría social (e.g. Marqués, 1991; Gil Calvo, 1997 y 2006; Fernández Llebrez, 2004; Guasch, 2006;

Las (des)identificaciones masculinas como problema sociológico

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Armengol, 2007) se mezclan en las estanterías de las librerías con otros que no pasan de la soflama o la melancolía más o menos argumentada de ciertas posiciones que se ven diluirse 2 . Por eso me parece apropiada la cita de J. V. Marqués con la que se abría esta introducción, porque advierte de esa deriva tantas veces ensayada de la vuelta a la exaltación masculina cuando se entiende cuestionada 3 y en cierto modo avanza la nece sidad de anclar el análisis de las masculinidades más allá de los juegos de las redencio nes o de la vuelta a la hombría como sustancia. En este sentido la categoría es incómoda, señalada como sospechosa por algunas perspectivas feministas 4 y blandida por ciertos movimientos sociales para justificar un discurso victimista a la vez que orgullo so de una condición entendida como natural, sustancial, esencial.

Pero también la calificaba de evasiva. La masculinidad se escurre de los textos clásicos de la sociología, como pasa, en general, en el pensamiento occidental. Se escurre porque parece que está fuera del análisis. La masculinidad no sólo es alcanzada por la transparencia en los discursos y experiencias de los agentes sociales que aquí se estudian; su transparencia empapa los trabajos de las ciencias sociales hasta hace bien poco –si es que, en cierto modo, no lo sigue haciendo–. Pero su escurrimiento no es hacia fuera: la masculinidad empapa los textos sociológicos y en ese sentido se escurre por las obras de la sociología clásica y gran parte de la contemporánea. Confundida en esa universalidad del sujeto moderno, los estudios de M. Weber en torno a los proceso de racionalización, el interés de E. Durkheim por el paso de sociedades de solidaridad mecánica a otras de solidaridad orgánica y su preocupación por la anomia o el análisis

2 Es elocuente el título de la obra que, cuando termino esta tesis, se ha convertido en referente de los movimientos de varones antifeministas, El varón castrado (2006) de José Díaz Herrera.

3 En este sentido es muy interesante el eco que están teniendo en nuestro país los trabajos de autores como Farell, figura controvertida, y en ese sentido paradigmática para ciertos movimientos de varones iracundos, en tanto que autor afín a los primeros grupos profeministas que se implican en el movimie n to por la igualdad de género en Estados Unidos y que abandona sus posiciones iniciales con la tesis de que los derechos, en cierto modo naturales, de los varones están siendo arrasados por la liberación femenina. En este trabajo no se alcanzan estas narrativas en tanto que constitutivas del pensamiento académico en torn o a la masculinidad ya que su trabajo está más vinculado a movi mientos sociales y sus investigaciones tienen poco eco en el trabajo sociológico en este campo, pero sí se incorporarán en tanto que dan cuenta de una de las reacciones masculinas analizadas, por ejemplo, por Osborne (2004) en relación con los movimientos por los dere chos de los padres separados y divorciados.

4 Para un análisis de los recelos que la masculinidad ha generado en el pensamiento y movimiento feministas véase Digby, 1998.

Modelos de Identidad Masculina: Representaciones y encarnaciones de la virilidad en España 1960 2000

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de K. Marx del capitalismo y sus formas sociales en cierto modo son relatos pendien tes 5 de la masculinidad moderna, pero en sus obras el género se diluye y la masculinidad no se apreciada como tal (Kimmel, 1993). No hay por tanto una sociología clásica de las masculinidades (Connell, 1995; Seidler, 2000) aunque en los albores de la socio logía y su intento por dar cuenta de las condiciones de vida en la modernidad indus trial lo que encontramos es una reflexión en torno a la masculinidad y sus avatares en Occidente.

La estrategia explicativa que se despliega en esta tesis intenta superar este paroxismo en el que parece que encalla la masculinidad cuando se mira en sí misma o cuando se mira sin verse. Mi tarea es la restitución de la masculinidad como categoría de (des)identificación que opera en Occidente y que puede pensarse, con una suerte de retroactividad en la emergencia de la modernidad (Mosse, 2000) y situarse en el desa rrollo actual de las sociedades modernas en relación a las tensiones que envuelven las relaciones de género (Connell, 2000; Kimmel, 2001). Se definen así los tres pies en los que se apoya mi propuesta: (i) devolver la masculinidad al contexto de la modernidad como su condición sociohistórica de posibilidad, (ii) considerar la masculinidad en tanto que proceso de (des)identificaciones de los varones objeto de estudio y (iii) analizar, desde las hipótesis resultado de los dos puntos anteriores, el modo en el que se entienden la masculinidad y las relaciones de género en el caso concreto y situado de las representaciones y autorepresentaciones de la virilidad española desde los años sesenta.

(i) Los procesos de (des)identificación de los agentes sociales no ocurren en un vacío. Si se habla de masculinidad –o feminidad– es para nombrar las estelas de sentido en las

5 Estas teorías están pendientes de la masculinidad tanto por su observancia de las posiciones masculinas, aunque sin nombrarlas en sus teorías, como por encontrarse imbuidas de un masculinismo que termina por borrar la marca de género de aquellos de los que habla. A fin de cuentas, a poco que se aprecien sus discursos desde una perspectiva de género, en Weber nos encontramos con un empre sario capitalista, varón de clase media y supuestamente heterosexual, en Marx se habla del proleta rio, de nuevo varón, que ha de encarnar los anhelos de la nueva sociedad capitalista y en Durkheim, igual más diluido por la naturaleza de su explicación, ese individuo que accede a la solidaridad orgánica en el int e rcambio social de tareas, bienes y funciones termina por ser un varón en tanto que las mujeres quedan fuera del mercado laboral. Para un análisis más detallado de este aspecto en estos y otros autores de la sociología clásica véase Kimme l, 1993 y Seidler, 2000. Una revisión española del papel del género en la Teoría Sociológica, si bien más centrado en las mujeres, puede verse en la compilación de editada por Durán (1998).

Las (des)identificaciones masculinas como problema sociológico

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que se fraguan las identidades. Pertenecen, por tanto, a un plano que pronto excede lo meramente individual y nos conecta con la cultura y las representaciones que en ella se tejen sobre la hombría (Gilmore, 1994). Por ello, es necesario rastrear las condiciones, retóricas y prácticas en las que se conforman los actuales modelos de masculinidad. Posiblemente aq uí es donde se agazapa una de las razones para esa ceguera que las ciencias sociales han mostrado por siglos para alcanzar a las masculinidades porque, aceptando el diagnóstico de que «[l]a sociología es hasta ahora la reflexión no histórica de la aparición, histórica, de la sociedad y del individuo. Sociedad e individuo, como realidades, son históricas” (Pérez Agote, 1996: 12), se traza la paradoja que permite a los clásicos hablar de una realidad, la de los varones heterosexuales de clases medias, sacando precisamente la especificidad de su protagonista del esclarecedor cuadro que nos aportan del origen social de la modernidad.

Precisando este punto en mi proyecto, es imposible alcanzar lo que hoy se entiende por hombría sin inmiscuirse en el proceso de surgimiento, estabilización y quiebra del mo delo Ilustrado y el programa de la modernidad (Mosse, 2000). Y por ello, en mi investigación de las masculinidades tengo que dar cuenta de estas dinámicas al menos en dos puntos. Primero, en la reflexión en torno a qué elementos se convirtieron en eje de la masculinidad moderna –al menos en esa masculinidad central que constituye mi objeto de estudio–, y para ello es necesario volver sobre el relato de la modernidad que se encuentra en el origen de la sociología como disciplina. Pero aún más productivo es el recurso a los enfoques críticos que durante el siglo veinte volvieron sobre esta trans formación de las formas de vida en Occidente y señalaron las sombras de la Ilustración. La Escuela de Frankfurt y su crítica de la razón instrumental (e.g. Horkheimer y Adorno, 1994; Marcuse, 1993) y los análisis sociohistóricos y su cuestión por el origen de nuestras estructuras vitales y de pensamiento (e.g. Elias, 1987), pero sobre todo el giro post en el pensamiento social y filosófico (e.g. Foucault, 1968 y 1978; Jameson, 1996) posibilitan una relectura de los sentidos asociados a la masculinidad no sólo en su momento de solidificación en los albores de la modernidad – vid. capítulo primero–, sino también en el momento de su fluidificación (Bauman, 2007; García Selgas, 2001) en condiciones de alta modernidad (Giddens, 1993) o de capitalismo tardío (Jameson, 1996) – vid. capítulo tercero–. Dicho más claro, el recurso a las teorías de la modernidad

Modelos de Identidad Masculina: Representaciones y encarnaciones de la virilidad en España 1960 2000

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y su crítica permite considerar la masculinidad como producto de una época y, así, condicionada por el desarrollo mismo de la modernidad.

En el análisis del cambio social de Occidente desde las tensiones en torno a la pervivencia, crisis o superación del la modernidad, se puede perseguir la masculinidad ya no sólo como representación sociocultural de una posición en el sistema de los géneros, sino como categoría política (Winterhead, 2002) presente en la organización social de la ciudadanía y traducida en una serie de privilegios. Considerar esta dimensión de la masculinidad es crucial para cartografiar tanto la posición sujeto en la que se desplie gan las características ideales del ser hombre como para alcanzar las consecuencias de su quiebra , esto es, comprender las formas y tensiones contemporáneas de la masculinidad como efectos –reacciones, restituciones, crisis, tozudez– ante la fluidificación de esa posición. En este contexto, invisibilidad y transparencia, como nodos de mis hipó tesis analíticas, conectan el desarrollo de la modernidad con los modos concretos en los que se estabilizan las subjetividades masculinas.

(ii) Es por ello que, en la presente investigación doctoral, resuena el problema de las identidades o, como se argumentará, de los procesos de (des)identificación en que las identidades se estabilizan. Es decir, me interesa alcanzar esa transformación de las es tructuras vitales que representa la modernidad y su desarrollo actual desde el plano más restringido de la experiencia de ser hombre y, para ello, tengo que conectar el cam bio social y lo que implica para esa categoría cultural de la masculinidad con sus en carnaciones efectivas por parte del específico colectivo de varones que he señalado como objeto. Éste es el campo de estudio de esta tesis: el del encuentro de los sujetos con las prácticas discursivas (Hall, 2003). Lo que aboca a una reflexión en torno a los modos en los que lo social sedimenta en los cuerpos, en los que los modelos son encarnados por los agentes sociales.

La noción de identidad es un concepto de larga historia que hace referencia a la mis midad, a la continuidad de algo. Se introduce en ciencias sociales ya en los prolegóme nos del siglo veinte para preguntarse «por el sentimiento de permanencia de los individuos más allá de los cambios concretos» (Pérez Agote, 1998: 366). La cuestión, muy pertinente en las convulsiones de la estabilización de la modernidad, pronto se encuen

Las (des)identificaciones masculinas como problema sociológico

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tra atravesada y partida por las dificultades para su precisión. Frente a los grandes re latos clásicos que se encontraban con identidades fuertes e históricas –el proletariado como sujeto político en K. Marx o la construcción del espíritu del capitalista como re sultado de la ética protestante en M. Weber–, Simmel pronto objeta que «[t]odos somos fragmentos, no sólo del hombre en general, sino de nosotros mismos» (1977: 44). En esa

tensión entre una cultura objetiva y una cultura subjetiva en la que explica las tribulacio nes del ‘hombre’ de la urbe contemporánea se avanza una consideración más proble mática y social del porqué y el cómo de esas identidades. Ésta es la pregunta de S. Freud en la construcción de su modelo de desarrollo de la psique adulta, pero también

la de G. H. Mead desde el interaccionismo simbólico y su preocupación por cómo cons

truimos el sentido de las cosas y de las mismidades en esa red de relaciones complejas

y cambiantes que es la sociedad. Durante el siglo veinte la noción de identidad ha de

venido un nodo del pensamiento social que hace pasar por ella, de modo directo o tan gencial, buena parte del trabajo de la sociología contemporánea en el intento por com prender los procesos en los que nos hacemos con esa idea de coherencia interna y unidad desde la que desplegamos nuestra capacidad de agencia social. Precisada en las alianzas con la psicología social, fragmentada en perspectivas que la movilizan en sen tidos diferentes y contestada en una red amplia de teorizaciones y debates, la noción de identidad no siempre resulta cómoda y está atravesada en la actualidad por una pro funda polémica que termina por preguntarse su utilidad en el pensamiento social con temporáneo (Hall y du Gay, 2003). Desde las explicaciones funcionalistas con su teoría de roles (Parsons y Bales, 1956) a las teorías de la socialización como construcción so cial de la realidad (Berger y Luckmann, 1968), desde las explicaciones estructuralistas (Althusser, 2000; Bourdieu y Passeron, 1981) que la entienden, apegados a una lectura marxista de la realidad, como determinación ideológica y material, a las teorías post estructurales (Derrida, 1989; Foucault, 1978; Hall, 2003) que intentan mostrarla como productos fluidos y cambiantes de la historia de su emergencia y de la interacción misma en la que se mantienen, o desde la crítica de la racionalidad instrumental de las identidades modernas (Horkheimer y Adorno, 1994) hasta las rearticulaciones actuales de las grandes estelas de sentidos en las que entendemos el mundo y nuestro lugar en él (Beck, 1998; Giddens, 1995), en todas estas aprox imaciones y desde sus perspectivas

Modelos de Identidad Masculina: Representaciones y encarnaciones de la virilidad en España 1960 2000

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específicas, la identidad se ha convertido en elemento en liza, lugar problemático a la vez que necesario para hacernos con explicaciones de nuestra realidad social.

Pero como decía, en esta tesis no se entra en la labor prometeica de dar cuenta de todas estas retóricas y sus complejos matices; su interés es mucho más parcial y por ello se realiza un corte en dos direcciones. La primera tiene que ver con el tropo o preocupa ción desde el que se entra al problema de la identidad, y la segunda con el objeto espe cífico que se atiende en esta investigación. La principal cuestión que me lleva a aden trarme en el tema de las identidades es aquélla que se pregunta por la conexión entre la existencia y emergencia de modelos de identidad –representaciones sociales que orde nan la diversidad humana desde cipos identitarios concretos– y los modos concretos en los que estos modelos son encarnados por los agentes sociales. No es una relación evidente y tampoco existe consenso a la hora de dar cuenta de ella, como se verá en deta lle en el segundo capítulo; los vericuetos teóricos para pensar esta relación se han cons truido en la confrontación de diferentes perspectivas que se enredan en el peso de las estructuras sociales y la capacidad de agencia de los individuos. Por tanto, en la cons trucción de una perspectiva de análisis válida para mi objetivo se tendrán que evaluar estas perspectivas y así preguntarse por los modos en los que las identidades se configuran en procesos de significación y (des)identificación activos y complejos.

La otra dirección de corte se hace ya evidente en el subtítulo de esta tesis. Mi objeto son, como ya se ha repetido, las diatribas contemporáneas que atraviesa ese señor con sombrero que encarna la modernidad burguesa en tanto que señalado como agente so cial con género. Así que no me detendré en los múltiples ejes en los que las (des)identificaciones funcionan, sino que me centraré en el caso específico de aquéllas que tienen que ver con la existencia de los géneros en tanto que noción que ordena las diferencias sex uadas de los agentes sociales. Como defiende Haraway:

«Todos los significados feministas modernos de género parten de Simone de Beau voir y de su afirmación de que “una no nace mujer” […]. Género es un concepto desarrollado para contestar la naturalización de la diferencia sexual en múltiples terrenos de lucha» (Haraway, 1995: 221)

Por lo que volveré sobre el desarrollo de esta tradición para hacerme con una teoría sobre las masculinidades capaz de contar cómo esa diferencia sexual sigue luchándose

Las (des)identificaciones masculinas como problema sociológico

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y naturalizándose en nuestras vidas prestando especial atención a la realidad de aqué llos varones heterosexuales de clases socieconómicas medias que se erigieron como centro de la lógica de la identidad moderna. Conviene aclarar que no es que se defien da que explicando su experiencia genérica esté todo dicho; en absoluto, los procesos de (des)identificación ocurren en una compleja red de sentidos culturales ordenados por relaciones, a su vez complejas y contradictorias, de poder (Arditi y Hequebourg, 1999). Así que entrarán en el juego argumental otros elementos –la blanquitud , la nacionalidad, la clase socioeconómica, la sexualidad…–, pero el énfasis se carga en la dirección de cartografiar en su género a un grupo en principio coherente en estos ejes para, ya en un segundo momento, hacer emerger las especificidades que dejan apreciar que esta coherencia no era tan amplia y que, de hecho, también las diferencias internas juegan en el mantenimiento del sentimiento de hombría 6 .

En definitiva, estos cortes no son más que el resultado del proceso de desarrollo argumental y de investigación encarado en esta tesis y que se resume en un desplazamiento de su objeto y perspectiva desde el inicio del trabajo al momento en el que encaré su redacción final. De hecho, el resultado responde más al subtítulo de la misma que al título con el que se presento el proyecto original. En el subtítulo se nombra mi objeto, esa virilidad que remite a la hombría de los sin género , como la perspectiva desde la que se aborda, considerando que no es tanto en el modelo en sí sino en las representaciones y encarnaciones del mismo en las que es posible alcanzar los múltiples sentidos en los que se dirimen lo que aq uí se denominará las exposiciones de la masculinidad. Aún así, la decisión de mantener el título responde tanto al interés por hacer explícito el camino que hay detrás como a una razón más centrada en el desarrollo argumental que se despliega en las siguientes páginas. Los modelos de identidad masculina fueron el

6 En este sentido, es importante enfatizar que al definir mi objeto como los varones heterosexuales de clases socioeconómicas medias dejo fuera las importantes implicaciones que, especialmente y pen sándolo desde el caso español, tiene la clase social. Manteniendo presente la relevancia que adoptan las diferencias de clase en la estabilización de las masculinidades –piénsese, por ejemplo, lo notorias que son las expresiones de las masculinidades obreras y proletarias en la construcción de determina das imágenes asociadas al machismo y popularizadas de modo un tanto tosco en imágenes como las del ‘albañil que piropea a las mujeres’–, en mi interés por alcanzar el género de los sin género resulta más interesante aislar al grupo concreto en el que esta invisibilidad es más notoria. En cualquier caso, aquí hay una línea de análisis que en esta tesis sólo se transita puntualmente pero que sin duda puede servir para ampliar las conclusiones de este trabajo en futuras investigaciones.

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punto de partida de mi pregunta por las masculinidades españolas de clase media, y lo fueron porque en la lectura de las principales referencias de la sociología de las masculinidades dominante se nombraba así aquello que yo intentaba estudiar. El trabajo de investigación y reflexión que empezó allí termina por devolver una revisión de su pun to de partida, una propuesta de reubicación teórica de los términos y presupuestos que se movilizan en la sociología del género, especialmente en la que estudia las masculinidades, y que apunta a un acercamiento menos estructuralista a esta dimensión iden titaria y relacional.

(iii) De tal modo que el objetivo que mueve esta investigación es la cartografía de los varones heterosex uales de clases socioeconómicas medias españoles y sus experiencias recientes como seres genéricos, en esa doble acepción de genéricos en tanto que con fundidos con la generalidad y en tanto que marcados como con género, un género, el masculino. Cartografía que se despliega en la historia de nuestro país de