You are on page 1of 173

 

 
 
 
 
 
 
 
 
La guerra en la Antigüedad 
desde el presente 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 





 











































Jordi Vidal / Borja Antela 
(editores) 
 
 
 
 
 
 
 
La guerra en la Antigüedad 
desde el presente 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Libros Pórtico 




 











































©2011 J ordi Vidal / Borja Antela

Edita: Libros Pórtico
Distribuye: Pórtico Librerías, S. A.
Muñoz Seca, 6 · 50005 Zaragoza (España)
distrib@porticolibrerias.es
www.porticolibrerias.es

ISBN: 978-84-7956-089-8
D. L.: NA-1143 / 2011

Imprime: Ulzama Digital

Impreso en España / Printed in Spain
 
 
 
 
 


Índice


Introducción ................................................................................................. IX

1. La Arqueología e Historia Militar Antigua en Europa
y Estados Unidos: Situación actual y perspectivas ............................. 1
Francisco Gracia Alonso

2. Reflexiones sobre la historia, situación actual y perspectivas
de la Arqueología e Historia Militar antigua en España ................... 41
Fernando Quesada Sanz

3. Historia militar e historia de la guerra
en el Próximo Oriente Antiguo ......................................................... 75
Jordi Vidal

4. Los grupos de recreación histórica
(historical re-enactment) ................................................................... 91
Jordi Cortadella

5. The Western Way of War: Un modelo a debate ................................ 141
Borja Antela-Bernárdez















 

















Introducción


El presente volumen recoge buena parte de las intervenciones leídas en el
transcurso de la J ornada “Historia Militar de la Antigüedad: Tendencias
Historiográficas Actuales”, celebrada el pasado 2 de diciembre de 2010 en la
Sala de Actos de la Facultad de Letras de la Universitat Autònoma de
Barcelona.
La idea de celebrar dicha jornada surgió a raíz del interés de los
organizadores por promover un foro de debate y discusión científica sobre
las formas y mecanismos para escribir la historia de la guerra sobre la
Antigüedad, prestando especial atención a las tendencias historiográficas
más recientes, tanto a nivel nacional como en el ámbito internacional. Sin
embargo, más que celebrar una reunión de especialistas encerrados en una
sala con el objetivo de discutir sobre los problemas de nuestra disciplina, nos
pareció mucho más oportuno abrir el acto a la asistencia y participación de
todas aquellas personas, entre alumnos, compañeros, investigadores y
profesores de nuestra disciplina o de cualquier otra interesados en la materia.
El resultado de dicha propuesta con carácter abierto puede considerarse un
éxito, que obtuvo una asistencia masiva, especialmente de alumnos de los
grados de Arqueología, Historia y Humanidades de la UAB.
La elección de los ponentes de la J ornada fue relativamente sencilla. Así,
buena parte de los participantes son profesores del área de Historia Antigua
del Departamento de Ciencias de la Antigüedad y de la Edad Media de la
UAB, especializados tanto en el estudio de la guerra en la antigua Roma
(Toni Ñaco, Isaías Arrayás), como en el análisis de las tendencias
historiográficas en Historia Antigua y Arqueología (J ordi Cortadella). Al
mismo tiempo, nos pareció oportuno invitar a los profesores Fernando
Quesada (Universidad Autónoma de Madrid) y Francisco Gracia
(Universidad de Barcelona). Ambos aceptaron amablemente nuestra
invitación, lo que nos permitió contar con las inestimables aportaciones de
dos de los máximos especialistas españoles en Historia Militar Antigua.
Los resultados académicos de la jornada creemos que han quedado
perfectamente reflejados en los artículos recopilados en el presente volumen.
Así, Francisco Gracia ha llevado a cabo un minucioso repaso de las
tendencias historiográficas en el estudio de la guerra en la Antigüedad a
nivel internacional. Asimismo, Fernando Quesada ha realizado una detallada
reflexión sobre la perspectiva historiográfica de los estudios sobre historia de

 
X
la guerra en el ámbito nacional. J ordi Vidal ha planteado un análisis de las
tendencias historiográficas más recientes en el estudio de la guerra en el
Próximo Oriente Antiguo. J ordi Cortadella, por su parte, ha estudiado el
fenómeno del recreacionismo militar (re-enactment) de la Antigüedad,
especialmente aquél relacionado con la Roma Imperial. Finalmente, Borja
Antela, ha analizado las bases ideológicas y la vigencia del modelo del
Western Way of War formulado por V. D. Hanson. En cuanto a la aportación
de Toni Ñaco e Isaías Arrayás durante la celebración de la jornada, en la que
ambos leyeron la comunicación titulada “Del proyecto de los ‘horrores de la
guerra’ (H.F. Guggenheim 2007) al de las políticas públicas en la
reconstrucción de la paz (RICIP 2010)”, siendo su trabajo un estudio in
progress, realizado en el marco de dos proyectos de investigación diferentes,
ambos consideraron oportuno que dicha ponencia no formara parte del
presente volumen.
Tanto la calidad de los resultados obtenidos como el gran interés que a
todos los niveles suscitó dicha reunión, nos ha llevado a plantearnos su
continuidad en forma de jornadas anuales dedicadas a tratar de forma
monográfica distintos aspectos relacionados con la historia de la guerra en la
Antigüedad. Resulta por ello conveniente considerar el presente volumen
como el primer ejemplar de una serie de monografías de autoría coral
destinadas a recoger las cada vez más frecuentes preocupaciones sobre el
ámbito de las guerra y las prácticas militares (que a su vez impregnan
profundamente los aspectos sociales, económicos, culturales, religiosos y
políticos de una sociedad) en el marco del mundo antiguo.
Finalmente, conviene destacar que tanto la celebración de la jornada
como la posterior publicación del presente libro han sido posibles gracias a
la generosidad y la colaboración de muchas personas y organismos
académicos. De esta forma queremos agradecer en primera instancia el
esfuerzo y la colaboración de los profesores Francisco Gracia, Fernando
Quesada, Toni Ñaco, Isaías Arrayás y J ordi Cortadella, los auténticos
artífices de la jornada. Agradecemos también el apoyo académico y
económico prestado por el Departamento de Ciencias de la Antigüedad y de
la Edad Media de la UAB, en especial de su director, el profesor J oaquim
Pera, y su secretaria, la profesora Cándida Ferrero. De la misma forma
agradecemos también al decanato de la Facultad de Filosofía y Letras de la
UAB la ayuda económica concedida dentro del marco de la “2ª convocatòria
d’Ajuts per a l’organització de cicles de conferències, col·loquis i
congressos”. Asimismo, también agradecemos a Roger Riera y Daniel
Gómez su inestimable colaboración en todo lo relacionado con la
organización de la jornada. Por último, no quisiéramos olvidar aquí a todos
aquellos que como público estuvieron presentes y participaron de forma
activa y pasiva en el marco de discusión abierto durante la celebración de la
 
 
XI
jornada, cuyo apoyo nos ha servido de inspiración para éste y otros
proyectos. A todos ellos, muchas gracias.

Borja Antela / J ordi Vidal
Bellaterra, durante los Idus de Marzo de 2011
 





La Arqueología e Historia Militar Antigua en Europa y
Estados Unidos: Situación actual y perspectivas

Francisco Gracia Alonso
Universidad de Barcelona




El dos de diciembre de 2010, fecha en la que se pronunció en la Universitat
Autònoma de Barcelona la conferencia en la que se basa este artículo,
1
se
cumplían 205 años de la victoria de la Grande Armée sobre el ejército
austro-ruso en la batalla de Austerlitz, la más famosa e impactante de las
victorias de Napoleón. Se trata de uno de los enfrentamientos más estudiados
y glorificados de la historiografía militar, y un referente identitario en
Francia, empleado políticamente para influir en la cohesión interna del país
en períodos de crisis internacional extrema durante los siglos XIX y XX, y
paradigmático de una forma de entender la propia idiosincrasia y el
pensamiento de una parte importante de su cuerpo social. Así, la nación
francesa, abatida por la derrota en la Guerra franco-prusiana de 1870-71,
buscará durante las décadas siguientes su rearme moral en los fastos del
Imperio napoleónico. Las memorias del barón de Marbot, un ancien de la
epopeya napoléonica, publicadas en 1891, fueron reeditadas 38 veces
durante los seis años siguientes, ejemplo de una tendencia imparable, hasta
el punto de que en 1893 un escritor parisino clamaba ante la avalancha de
textos napoleónicos que ofrecían las editoriales: “Toujours lui! Lui partout!
Prenez les catalogues de librairie pour ces dernières années, et plus
particulièrement depuis quinze ou dix-huit mois: mémoires exhumés ou
travaux actuels, les libres d’historie que nous offrent les éditeurs, et qui
réussissent, tournent presque tous autour de Napoléon” (Robichon 1991, 20-
21).
Pero será la pintura, empleando la fuerza de la imagen, la que conseguirá
fijar los estereotipos de la leyenda napoleónica. Si artistas como Horace
Vernet (Fig. 1), Auguste Raffet y J ean-Charles Langlois habían rememorado
los principales episodios del Consulado y el Imperio durante la década de
                                                           

 Departamento de Prehistoria, Historia Antigua y Arqueología. E-mail: fgracia@ub.edu. 
1
Queremos agradecer a los profesores J ordi Vidal y Borja Antela su amable invitación a
participar en la J ornada de Conferencias sobre Historia militar de la Antigüedad, tendencias
historiográficas actuales, celebrada en la Universidad Autónoma de Barcelona el 02/12/2010. 
Francisco Gracia Alonso
2
 
1830, y J ean-Louis Ernest Meissonier mantenido viva la llama durante el
Segundo Imperio con su impresionante 1814 presentado en el Salón de París
en 1864, será a finales de siglo y hasta la primera Guerra Mundial cuando la
eclosión alcance su punto máximo. Édouard Detaille (Robichon 2007) y
Victor Huen (Huen 2004) entre otros, trabajando esencialmente para el
gobierno francés, pero también para particulares, fijarán la imaginería
imperial con obras que conocerán el éxito de masas mediante su
reproducción a gran escala en grabados y, sobre todo, tarjetas postales. La
exaltación de la gloria, la patriotería militarista y hasta cierto punto la
falsificación de la historia, pasaron a constituir los referentes explicativos de
las campañas de Napoleón, relegando a un segundo plano – cuando no
ninguneando – el rigor de los estudios históricos. Una línea de trabajo que no
finalizó como cabría suponer tras la segunda Guerra Mundial cuando Francia
debió asumir por la fuerza de la realidad un papel secundario en el contexto
internacional, sino que actualmente sigue nutriendo las bases de la grandeur
defendida por los partidos políticos de inspiración neogaullista que conectan
de ese modo con los principios ideológicos básicos de amplias capas de la
sociedad francesa.
Sin embargo, la investigación arqueológica permite fijar la realidad más
allá de la hagiografía y los memoriales partidistas. L’étoffe des héros – los
despojos de la gloria – quedaron perfectamente al descubierto en octubre de
2001. En Vilnius (Wilna) un grupo de obreros descubrió una gran fosa
común durante los trabajos de fundamentación de un bloque de viviendas. Al
tratase del antiguo emplazamiento de un cuartel de la época soviética, las
primera hipótesis apuntaron a asesinatos cometidos por las tropas rusas en
Lituania tras la segunda Guerra Mundial y fechas posteriores o, en el menos
comprometido de los casos, a ejecuciones llevadas a cabo durante la
ocupación nazi (Vette et alii 2004a, 78-79). No obstante, los primeros restos
materiales aparecidos en el osario permitieron fijar con rapidez la fecha
mítica de 1812 para la inhumación de los cuerpos. Un equipo de la U.M.R.
6578 del CNRS y la Universidad de Marsella, realizó en 2002 una
intervención arqueológica a gran escala, y el posterior análisis
paleoantropológico permitió determinar la existencia en el sector estudiado
de restos de 3.200 cadáveres, entre ellos los cuerpos de 20 mujeres, teniendo
la mayor parte una edad en torno a los 20 años en el momento de la
defunción. Las series de restos humanos incluían también un considerable
número de adolescentes de apenas 14 años (Vette et alii 2004b). Con ello un
hecho quedaba empíricamente demostrado: el ejército con el que Napoleón
cruzó el Niemen el 24 de junio de 1812 no estaba compuesto por aguerridos
veteranos (Trainé 1981) sino que en él formaban mayoritariamente jóvenes e
inexpertos reclutas aportados por la levas masivas realizadas tanto en
Francia como en los estados aliados y dependientes. Además, y pese a que la
Arqueología e Historia Militar Antigua en Europa y Estados Unidos

 
imaginación popular – y también una gran parte de los estudios históricos –
vincula la extrema mortandad sufrida por el ejército francés al rigor del
clima durante la retirada de Moscú, las fosas de Vilnius confirman los datos
proporcionados recientemente por los archivos rusos y franceses, en el
sentido de que las bajas en las tropas se iniciaron a gran escala – por
agotamiento y falta de suministros – nada más comenzar la campaña, y que
precisamente en Vilnius, final de la primera etapa del avance, se
establecieron los primeros grandes hospitales de campaña para enfermos y
rezagados (Zamoyski 2005). Una conclusión muy alejada de los fastos
anteriormente citados y que por encima de los análisis técnicos de la
campaña realizados por protagonistas de uno u otro bando (Von Clausewitz
2005), o de la recuperación de testimonios de soldados anónimos siguiendo
las nuevas orientaciones en el estudio de la historia militar (Walter 2004),
demuestra la realidad de la guerra napoleónica y las posibilidades de la
arqueología para acercarse objetivamente a ella.
Con todo, ni la riqueza informativa obtenida en la fosa de Vilnius ha
modificado la forma de aproximación a la historia del período a través de la
identificación y excavación de los campos de batalla. Tan sólo en Oraväis
(Finlandia), con participación de investigadores del grupo DIPATRI de la
Universidad de Barcelona, se ha iniciado el análisis sistemático del enclave
de uno de los principales enfrentamientos de la guerra ruso-sueca en 1808.
2


La arqueología del conflicto

Durante la última década se ha consolidado una nueva línea de trabajo en el
marco de la investigación arqueológica: la arqueología del conflicto. La
existencia de enclaves, monumentos (Fig. 2), cementerios y otros espacios
con especial significación en el ámbito de la historia militar, formaba parte
del recuerdo y el conocimiento pero no desde la perspectiva de la
investigación, sino vinculada esencialmente a un discurso de preservación y
protección del patrimonio histórico y cultural, actividad unida en muchos
casos a proyectos de difusión basados en parámetros obsoletos, en los que
mostrar y/o exponer se anteponían a ideas como explicar y comprender. De
este modo, la recuperación de material bélico no se ha afrontado desde una
perspectiva amplia, sino como un medio para disponer de elementos
museográficos, siendo así que la mayor parte de los museos militares
europeos – y especialmente los dedicados a la segunda Guerra Mundial –
suelen ser muestrarios más o menos completos de material, pero sin que
dichas series respondan a una programación específica, con las salvedades
                                                           
2
Información sobre el proyecto de investigación en:
http://www.multi.fi/~goranfri/batoravais.htm  
Francisco Gracia Alonso
4
 
de algunos centros modernos. Con todo, dicho material suele tener su origen
en piezas capturadas durante los combates o recogidas tras la finalización del
conflicto, puesto que su abundancia no hizo necesaria la práctica
arqueológica para obtenerlo. Existe, no obstante, una excepción: los
cementerios militares (Fig. 5). Los ejércitos aliados dignificaron con rapidez
los camposantos en los que reposan los restos de sus caídos y asumieron la
conservación de los cementerios alemanes hasta 1946. En dicha fecha, las
potencias ocupantes permitieron a la Deutsche Volksbund
Kriegsgräberfürsorge, una asociación privada creada en 1919 para dignificar
los cementerios militares alemanes en aplicación del artículo 225 del Tratado
de Versalles, asumir el cuidado de los cementerios situados en territorio
alemán. En 1954, siguiendo una petición expresa del canciller de la
República Federal Alemania, Konrad Adenauer, la asociación amplió sus
actividades a los diversos teatros de operaciones del frente occidental, no
siendo hasta 1993 cuando la Unión Soviética autorizó la búsqueda y
recuperación de cadáveres de soldados alemanes en su territorio, su
exhumación, y posterior inhumación en zonas acotadas y sujetas a
preservación (Esquíroz 1999).
La localización de dichos restos, difícil debido a la destrucción
sistemática que las tropas soviéticas realizaron de los cementerios de
campaña alemanes durante su avance, parte de la documentación conservada
en los archivos estatales germanos, corroborada con las informaciones
aportadas por los supervivientes de las distintas unidades presentes en cada
frente y, en último término, por los datos proporcionados por los habitantes
de cada territorio que conservan el recuerdo de la existencia de osarios. Una
vez determinada la zona de las fosas se procede en cada caso a la
prospección sistemática del terreno y la posterior excavación. Los cadáveres
recuperados se identifican con ayuda de los materiales que puedan conservar
– especialmente las placas de identificación – empleando técnicas de
documentación forense, habiéndose podido recuperar a lo largo de los seis
años posteriores a la firma del acuerdo germano-soviético los restos de
30.000 personas, de las cuales fue posible la identificación de 12.000.
3

Lamentablemente, el estudio de fosas comunes no se limita a conflictos
pretéritos, en los que el paso del tiempo puede conferir una mayor relevancia
al componente histórico que al drama de la pérdida de vidas humanas,
convirtiendo a las víctimas en meros documentos deshumanizados. Los
conflictos civiles y la represión política en Centroamérica y los Balcanes –
por citar tan sólo dos ejemplos recientes – son demostraciones fehacientes de
la importancia social de la investigación arqueológica para identificar a las
                                                           
3
Una información detallada sobre el trabajo realizado hasta la actualidad puede consultarse
en: http://www.volksbund.de/graebersuche
Arqueología e Historia Militar Antigua en Europa y Estados Unidos

 
víctimas de crímenes de guerra, determinar las circunstancias de su muerte, y
acumular pruebas forenses que puedan ser validadas ante los tribunales
internacionales para integrar las causas penales seguidas contra los autores
materiales y los inductores morales de cualquier práctica genocida.
La arqueología del conflicto, como área de investigación, se basa en la
definición de los tipos de yacimientos en los que se produjo una actividad
bélica ya sea primaria – un enfrentamiento – o derivada de la contienda, y el
estudio de los restos generados por las actividades humanas violentas. Así,
los diferentes elementos que constituyen el patrimonio histórico-
arqueológico susceptibles de ser excavados incluyen esencialmente los
campos de batalla, los campos de concentración o de prisioneros de guerra,
las fortificaciones, los campos de aviación, las instalaciones logísticas, las
fosas comunes y cualquier material bélico con independencia de su situación
actual, incluyéndose en este apartado desde depósitos de armas hasta los
pecios de navíos hundidos (Schofield 2005). En todos los casos, incluso en
aquellos en los que aparentemente la información recogida pudiera
considerarse menor, como en el estudio de las posiciones fronterizas
italianas en Etiopía en 1941, los datos presentan una visión de los conflictos
diferente a la comúnmente expuesta (González Rubial et alii, 2010).
Con independencia de la concentración de esfuerzos en los vestigios de
los conflictos del siglo XX, la arqueología del conflicto abarca cualquier
período histórico a partir de las guerras o enfrentamientos de bandas de las
comunidades cazadoras recolectoras. Los trabajos en la fosa neolítica de
Talheim (Baden-Würtemberg) (Vankilde 2003) y en los yacimientos de San
J uan Ante Portam Latinam (Laguardia, Álava) (Guilaine / Zammit 2002,
168-173) y Costa de Can Martorell (Dosrius) ya en el Calcolítico, son
indicadores de la importancia que las concentraciones de restos humanos
tienen para la interpretación de un período histórico, al proporcionar un
elemento clave que normalmente no suele identificarse en los asentamientos:
el componente físico humano y las pruebas de las causas violentas de su
muerte. Aunque los ejemplos citados son exponenciales de las posibilidades
que comporta el estudio de las muestras de violencia en la Prehistoria, debe
recordarse que prácticas violentas como el canibalismo están ampliamente
documentadas desde el Paleolítico medio.
Aunque es evidente que los grupos humanos se han agredido y dado
muerte por múltiples causas económicas o ideológicas desde el inicio de su
configuración como sociedades a nivel básico, sorprendentemente la
arqueología del conflicto es muy reciente. Surgió a partir del estudio de una
de las batallas más presentes en los medios de comunicación de masas: la
derrota del teniente coronel George Armstrong Custer y el 7th US cavarly
frente a los guerreros lakota y cheyenne junto al río Little Bighorn, en el
territorio de Montana, el 25 de junio de 1876 (Connell 2003; Scott et alii,
Francisco Gracia Alonso
6
 
1989). A raíz de la configuración del terreno como parque nacional de los
Estados Unidos, se realizó en 1988 una prospección sistemática del campo
de batalla con el objetivo de recuperar los restos humanos y materiales de la
batalla empleando técnicas de prospección y excavación arqueológicas
sistemáticas.
4
El resultado de la investigación y su posterior publicación
permitieron cambiar un paradigma histórico creado por la prensa pocos días
después de los sucesos y sublimado por la cinematografía estadounidense en
films como Murieron con las botas puestas (1941): la muerte heroica
defendiendo una posición de Custer y sus hombres impávidos frente a las
acometidas de centenares de guerreros. Nada más lejano a la realidad. La
dispersión de los cadáveres y la identificación de los diferentes tipos de
vainas de cartuchos de las armas empeladas, mostraron cómo el grueso de
las tropas se dispersó ante la superioridad numérica de su adversario y fue
acosada y muerta allí donde los hombres fueron alcanzados por sus
perseguidores, sin que pueda demostrarse, más que en algunos casos
concretos, una defensa a ultranza. Un extremo que, por otra parte, ya
indicaban los relatos lakotas y cheyenne injustamente obviados hasta fechas
recientes.
Se demostraba así que una investigación sistemática de un campo de
batalla podía no sólo acotar, sino reescribir sobre bases científicas la
historia. Y si esto es así en una batalla de finales del siglo XIX, alguno de
cuyos supervivientes vivieron hasta la tercera década de la siguiente
centuria, es evidente que en relación a los enfrentamientos en el mundo
antiguo, de los que en la mayor parte de los casos tan sólo se dispone de
fuentes escritas no contemporáneas ni objetivas, la posibilidad de avanzar en
el conocimiento es amplísima. Debe recordarse que la explicación e
interpretación de las campañas militares en el mundo antiguo se ha basado
hasta el presente en el análisis – básicamente acrítico – de los textos griegos
y latinos, soporte a un tiempo, junto a las tipologías materiales, de los
estudios sobre la organización de los ejércitos del mundo clásico, al partir
del falso axioma de que la documentación escrita siempre supera en
fiabilidad al registro arqueológico, que tan sólo proporciona los ítem del
período como prueba tangible de dichos relatos. Únicamente cuando
componentes políticos de carácter nacionalista han focalizado su atención
sobre un yacimiento específico en el que tuvo lugar un enfrentamiento
militar, se ha llevado a cabo una excavación sistemática del mismo.
Masada, la fortaleza que constituyó el último bastión de los zelotes frente
a Roma, ha sido excavada en su totalidad como muestra de la voluntad
política de independencia y supervivencia del estado de Israel, ideas que
                                                           
4
Una información detallada sobre el campo de batalla y el proyecto de difusión puede
consultarse en: http://www.custerbattle.com/  
Arqueología e Historia Militar Antigua en Europa y Estados Unidos

 
alcanzan el extremo de emplearse el conjunto arqueológico como lugar para
la ceremonia del juramento de fidelidad de los reclutas del ejército israelí.
Con anterioridad pueden citarse tan sólo dos casos destacados en el mismo
sentido: las excavaciones de Numancia y Alesia como ejemplos del
nacionalismo irredento español y francés. En la Muela de Garay (Soria), los
trabajos se iniciaron a mediados del siglo XIX con las intervenciones de
Eduardo Saavedra y Aureliano Fernández Guerra y el apoyo de la Real
Academia de la Historia. El estado expropió los terrenos en 1906, poco
tiempo después que el rey Alfonso XIII inaugurara el monumento
conmemorativo a los héroes de Numancia. Las intervenciones, no exentas de
polémica, continuarán bajo la dirección del hispanista alemán Adolf
Schulten (Schulten 2004), quien basándose en la Iberiké de Apiano afirmará
ser el descubridor de la ciudad celtibérica y ampliará sus intervenciones a los
campamentos de la línea de circunvalación romana, para lo que contó con el
patrocinio económico del káiser Guillermo II (J imeno / De la Torre 2005).
Numancia es un claro ejemplo de utilización sesgada del pasado histórico,
puesto que a pesar del trabajo científico desarrollado durante los últimos
veinte años, las ideas patrióticas continúan primando en alguno de los
estudios que se realizan sobre la historia del yacimiento (Lago / García Pinto
2006).
La polémica sobre la ubicación del lugar exacto de la resistencia de las
tropas de Vercingétorix contra César, alimentada por diversos estudios desde
el siglo IX, interesó al emperador Napoleón III quien, siguiendo los pasos de
su augusto tío en sus Comentarios a La Guerra de las Galias, tenía la
intención de escribir una biografía de J ulio César, obra que llegó a publicarse
anónimamente entre 1865 y 1866. El monarca ordenó la realización de
sondeos en la meseta de Mont Auxois para determinar la existencia de las
obras de circunvalación romanas, cuya existencia se consiguió demostrar en
1861 (Le Gall 1985). Tras visitar Napoleón III las excavaciones, el trabajo
quedó encomendado a la Comisión para la Topografía de la Galia, y
posteriormente a Víctor Pernet, Paul Millot y M. Stoffell, quienes excavarían
hasta 1865 reuniendo material suficiente para determinar que la batalla había
tenido lugar en dicho enclave (Le Gall 1989). Para conmemorar la
finalización de los trabajos, el emperador encargó al escultor André Millet la
construcción de una colosal estatua de Vercingétorix, que preside desde
entonces el emplazamiento de la resistencia gala. Para esculpirla, tuvo en
cuenta tanto las descripciones de las fuentes clásicas como la documentación
arqueológica, componiendo una recreación bastante aproximada del averno
con una concesión: la cara de la estatua tenía los rasgos, con melena y
bigote, de Napoleón III. Por si quedasen dudas sobre la intencionalidad, el
arquitecto Eugène Emmanuel Viollet-le-Duc instaló en la peana una placa de
Francisco Gracia Alonso
8
 
bronce circular con la inscripción: “La Galia unida, formando una única
nación, animada por un mismo espíritu, puede desafiar al Universo”.
Si la grandeur francesa basa una parte de su imaginario colectivo en el
espíritu de lucha que representa el sitio de Alesia, en Alemania, la victoria
del caudillo querusco Arminius sobre las legiones de Varus el año 9 d.C. en
el bosque de Teutoburgo, ha sido utilizada como referente del nacionalismo
y pangermanismo a partir del dominio que Prusia impuso sobre el resto de
estados alemanes desde mediados del siglo XVIII. Todos los regímenes,
desde Federico Guillermo II hasta el nacionalsocialismo, pasando por los
ideólogos de la Guerra de Liberación de 1813 como J ohannes Gottlieb
Fichte, recurrieron a la figura de Hermann / Arminius como ejemplo de las
virtudes del pueblo germano en lucha contra un invasor. Ideas que, de hecho,
ya formaban parte del imaginario alemán desde finales del siglo XV, cuando
la Germania de Tácito se imprimió en versión latina en Venecia el año 1470
y se tradujo al alemán en 1496, proporcionando un primer anclaje ideológico
a los estados feudales alemanes. Tras su empleo como arma de propaganda
durante la Guerra franco-prusiana, se decidió conmemorar el emplazamiento
del enclave que la historiografía germana denominaba “el campo de batalla
de Varo” e incluso “el lugar donde se gestó la nación alemana”. Los
historiadores concluyeron – tras un análisis de los textos clásicos – que la
batalla había tenido lugar en las proximidades del pueblo de Deltmold, sitio
escogido para erigir una estatua en honor de Arminius obra de J osef Ernst
von Bandel. J unto al monumento que honraba la victoria de Leipzig en 1813
alcanzada por prusianos, austríacos y rusos frente a las tropas de Napoleón
certificando el fin del dominio francés sobre Europa central, el memorial
constituyó uno de los elementos esenciales en la iconografía del
pangermanismo. Pero existía un problema: Deltmold se encuentra a más de
cincuenta kilómetros del emplazamiento real de la masacre de las tropas de
Publius Quinctilius Varus. Se trata de una clara demostración de cómo “el
paisaje de la batalla” juega un papel muy secundario en los relatos cuando
sin duda constituye uno de los elementos esenciales que condicionaron el
desarrollo de los hechos que intentan explicarse. Dicho de otro modo: el
emplazamiento elegido no respondía a la topografía descrita en los relatos de
los historiadores latinos.
En 1987, un oficial británico de la Armored Field Ambulance de
guarnición en Osnabrück, Anthony Clunn, aficionado a la arqueología y
estudioso de la historia militar antigua, se impuso la tarea de identificar la
situación exacta del campo de batalla de Teutoburgo. Allí donde los
historiadores profesionales habían errado, Clunn obtuvo un éxito
memorable. Su punto de partida fueron – como no podía ser de otro modo –
las fuentes clásicas, las colecciones arqueológicas locales y los relatos
tradicionales de las familias patricias locales que ya habían sido recogidas y
Arqueología e Historia Militar Antigua en Europa y Estados Unidos

 
evaluadas parcialmente por Theodor Mommsen a finales del siglo XIX.
Dedujo acertadamente que muchos de los materiales de época romana que
habían sido identificados como restos de la columna de Varus procedían de
otras zonas de Alemania, y que debían ser esencialmente las monedas los
elementos determinantes para identificar el campo de batalla debido al
acopio y/o ocultación de numerario que realizan los soldados antes de entrar
en combate. Siguiendo “la pista del dinero”, se concentró en las
proximidades de un sendero definido en la topografía regional como
herrstrasse o viejo camino militar y, con el apoyo de un detector de metales
y el asesoramiento del arqueólogo territorial Wolfgang Schülter, consiguió
recuperar más de un centenar de monedas correspondientes al reinado de
Augusto y al final de la República. Piezas que el gabinete numismático del
Kestner Museum de Hannover concluyó habían sido fabricadas en la ceca de
Lugdunum (Lyon) entre los años 2 a.C. y 1 d.C., por lo que encajaban
perfectamente con la cronología de la campaña de Varus y también, lo que
era aún más importante, con las series de monedas recuperadas en el
campamento romano de Haltern, cercano al río Lippe, en el que se supone se
refugiaron los escasos supervivientes del desastre.
La colina de Kalkriese fue así identificada como el posible punto de la
resistencia final de las legiones frente a los queruscos. Para comprobar dicha
hipótesis, entre 1988 y 1992 se realizaron prospecciones y excavaciones que
permitieron recuperar elementos del equipo romano, en especial glandes de
plomo, fíbulas, fragmentos de hebillas e incluso una máscara de parada en
plata. Sin duda, los trabajos de Clunn y Schülter habían identificado un
campo de batalla perdido y ayudado a comprender cómo se desarrollaron los
cuatro días de frenética marcha hacia la muerte de las legiones XVII, XVIII
y XIX junto a seis cohortes auxiliares y un elevado número de civiles.
5
Con
todo, es interesante señalar cómo la resistencia de una parte de los
seguidores de la historiografía tradicional ha intentado negar la evidencia
argumentando que las fosas comunes y los osarios localizados corresponden
no a la campaña de Varus, sino a uno de los enfrentamientos menores
acaecidos durante las posteriores campañas de Germánico. Un claro ejemplo
del camino que aún queda por recorrer. Tras las intervenciones, la
construcción de un centro museográfico ha permitido la difusión didáctica
del desastre del año 9 d.C., instalación que constituye un modelo de la
aplicación de las técnicas museográficas modernas a la explicación de la
historia militar.
6

                                                           
5
Una mayor información sobre la investigación del ejército de Varo puede obtenerse en:
http://www.kalkriese-varusschlacht.de/  
6
Sobre las características del Museo de Kalkriese es interesante consultar:
http://www.lwl.org/westfaelischegeschichte/portal/Internet/finde/langDatensatz.php?urlID=84
0&url_tabelle=tab_websegmente  
Francisco Gracia Alonso
10
 
El ejemplo más reciente de análisis arqueológico de un campo de batalla
del mundo antiguo son las fosas comunes de los soldados griegos caídos en
la primera batalla de Himera el 480 a.C. Del enfrentamiento que Herodoto
(VII, 166) calificó como un encuentro decisivo para impedir la expansión
cartaginesa en el Mediterráneo central, la construcción de la línea férrea
Palermo-Messina permitió, a partir de diciembre de 2008, a la
Sopraintendenza di Archeologia de Palermo, documentar unas 9.000 tumbas
de civiles y militares. Los caídos en combate, hombres jóvenes de entre 18 y
25 años en su mayoría, se alineaban en fosas comunes de hasta 30 cadáveres
en posición de decúbito supino, mostrando todos ellos a partir de los análisis
paleoantropológicos una profusión de heridas ocasionadas por golpes, armas
de filo y proyectiles, pudiéndose en muchos casos determinar la causa de la
muerte por la conservación en el osario de puntas de flecha o lanza. El
análisis espacial de la necrópolis ha permitido determinar diferentes modelos
de enterramiento. J unto a las siete fosas comunes excavadas hasta 2010 –
cada una de ellas conteniendo entre 25 y 30 cadáveres – se han identificado
tumbas individuales de guerrero e incluso otras conteniendo esqueletos de
equino, factor interpretado como una referencia al papel determinante que la
acción de la caballería reunida por las ciudades-estado de la isla bajo el
mando de Gelón, monarca de Siracusa, y Terón, tirano de Agrigento, tuvo en
la victoria sobre las tropas del magónida Amílcar según el relato de Diodoro
Sículo (XI, 24,1).
A diferencia de Teotuburgo, y por tratarse de un enterramiento
regularizado y no de la dispersión de restos en el campo de batalla, la
excavación no puede modificar el relato historiográfico clásico de la lucha,
pero sí aporta datos para la comprensión del ritual post-mortem dado a los
caídos, un aspecto que se había tratado esencialmente a partir del análisis de
la construcción de trofeos y la ofrenda de armas o spolio hostilium en los
santuarios (Gabaldón 2004).
Una vez demostrado que sólo la arqueología puede cambiar nuestra
forma de aproximación a la Historia militar, cabe plantearse si dicha
investigación es necesaria. Winston Churchill indicó que las batallas eran
las marcas de puntuación de la Historia, aludiendo a un concepto heroico
del conflicto como el que expuso en sus relatos de las guerras coloniales del
Sudán y contra los bóers. Con mayor acierto, y desde una perspectiva más
sucia y menos triunfante de la guerra, Andrew Brown comentó
acertadamente (Brown 1995; Sutherland 2005) que si las batallas eran las
marcas de puntuación de la Historia, los campos de batalla eran los
fragmentos de las páginas en los que dichas marcas de puntuación habían
sido escritas con sangre. No se discute pues la oportunidad de llevar a cabo
dicha investigación puesto que se trata de una oportunidad única de estudiar
los materiales relacionados con los conflictos humanos, sabiendo que la
Arqueología e Historia Militar Antigua en Europa y Estados Unidos
11 
 
fecha de amortización de los materiales exhumados corresponde
exactamente a un hecho del que existe constancia y descripción en diversas
fuentes escritas, a diferencia de lo que acontece con cualquier otro
yacimiento arqueológico cuya datación, aunque pueda precisarse, nunca
alcanza el estadio de determinar el día exacto de su composición (Dyer
1985). Un campo de batalla es, por así decirlo, una “foto-finish” de un
proceso histórico.
No se trata por consiguiente de intervenir para continuar la glorificación
de los conflictos, sino para reconstruir la historia. Una reconstrucción
realizada desde una perspectiva social, adaptada a la forma de escribir y
sufrir los conflictos bélicos por parte de las personas anónimas que tomaron
parte en ellos y sufrieron directamente sus consecuencias, y sin que el
objetivo principal sea el de reafirmar la posición de aquellos que observan la
acción desde lo alto de la colina o, en palabras del duque de Wellington,
desde el otro lado de la colina. Dicha visión de la Historia militar, aún
minoritaria, arranca de los trabajos de J ohn Keegan (Keegan 1976) en los
que se plantea un concepto crítico y social de la guerra, determinando el
papel importante del estudio de la percepción del combate por parte de los
soldados anónimos, substituyendo así la visión clásica y aséptica de los
acontecimientos dada por jefes militares y hagiógrafos profesionales. Una
visión materialista y particularista de la guerra que se ha abierto camino con
rapidez incluso en el muy tradicionalista y conservador feudo de las
presentaciones museográficas, como en el caso del Museo de los Campos de
Flandes en Ypres (Bélgica) (Fig. 4), donde se recogen los horrores de la
guerra de trincheras y el empleo de las armas químicas durante la Gran
Guerra desde el punto de vista de soldados y civiles anónimos con los que
los visitantes deben identificarse.
7
El impacto de ésta y otras propuestas ha
alentado la modificación del discurso expositivo de gran parte de los museos
militares europeos. Aunque aún son mayoría los centros en los que el
material – excelente – se acumula sin un tratamiento didáctico, como en el
caso del Museo de Blindados de Saumur,
8
otros como el Musée de l’Armée
de París, a instancias del Ministerio de Defensa francés, han iniciado
proyectos museográficos profundos para, en palabras de la en 2008 ministra
de defensa, Michèlle Aillot-Marie, “transformar un museo de objetos en un
museo de historia” (Fig. 3). Para ello se ha iniciado la ejecución del proyecto
ATHENA que incluye, en el marco de la difusión, una revista virtual,
L’Écho du Dôme, disponible en formato pdf a través de internet.
9
Por su
                                                           
7
Una información detallada en: http://www.inflandersfields.be
8
Información detallada en: http://museedesblindes.fr 
9
Detalles del proyecto de reestructuración del museo en: http://www.invalides.org 
Francisco Gracia Alonso
12
 
parte, otro museo centenario, el del ejército belga en Bruselas
10
ha dado
también pasos en la misma dirección, incorporando una interesante novedad:
la difusión patrimonial de todos los enclaves del país en los que tuvieron
lugar enfrentamientos bélicos de cualquier conflicto, creando así una política
de dinamización cultural y económica a través del proyecto Belgium
Battlefield of Europe.
Las ideas de Keegan, desarrolladas en trabajos posteriores (Keegan
1993), sirvieron de base a V. D. Hanson para la definición de lo que ha
venido a denominarse “el modelo occidental de la guerra” (Hanson 1990).
En su tesis, centrada en el análisis del sistema de guerra hoplítico, introduce
una novedad esencial respecto al tratamiento que la historiografía tradicional
ha planteado sobre el sistema militar en la antigua Grecia basado en las
fuentes clásicas y el apoyo de la arqueología como valoración de las
tipologías materiales. Sin renunciar – de hecho no podría – a dicha base
documental, Hanson analiza la figura del guerrero ciudadano como
individuo, primando su papel en la sociedad al unir los conceptos
democracia y participación en la defensa del estado como dos elementos
indisociables. Plantea así el argumento de que el concepto de la guerra
occidental, la batalla reglada entre dos contendientes o estados para definir la
supremacía política, es el resultado de una idea “civilizada” de la guerra en
la que los adversarios no recurren a sistemas considerados arteros como la
guerrilla o las emboscadas, ni tampoco a la lucha entre campeones,
separando así de la resolución de los conflictos al grueso de la población.
Aunque no lo indique en sus textos, el punto de referencia esencial de
Hanson es el soldado-ciudadano que define el ejército francés durante las
guerras de la Revolución. Las relaciones de los guerreros con los miembros
de sus unidades, la forma de empleo de las armas, la organización de los
sistemas de mando y control del combate, las sucesivas fases de las batallas
y las consecuencias de la lucha, en especial sobre la estructura económica de
los vencidos, son los principales rasgos definidores de su trabajo. No
obstante, los planteamientos del modo occidental de la guerra han
degenerado a raíz de las implicaciones de la política exterior de Estados
Unidos desde la primera Guerra del Golfo y, especialmente, tras el inicio de
la llamada Guerra contra el Terror tras los atentados del 11 de septiembre de
2001. El modo occidental de la guerra se utiliza como parte de la
diferenciación ideológica entre el Occidente cristiano y el mundo islámico,
definiendo una serie de enfrentamientos por la supremacía universal que ha
querido retrotraerse hasta las Guerras Médicas y, pasando por las Cruzadas,
llegar hasta la actualidad como base del rearme moral e ideológico
                                                           
10
Presentación de las colecciones y de los recursos disponibles en: http://www.klm-
mra.be/klm-new/frans/main01.php?id=menu_links/startpagina
Arqueología e Historia Militar Antigua en Europa y Estados Unidos
13 
 
norteamericano, un debate al que no son ajenas las referencias a los
conflictos relatados en La Biblia.
Pero a despecho de la corrupción de los postulados iniciales, las ideas de
Hanson – y especialmente de Keegan – siguen siendo válidas para analizar
los diferentes tipos de combate y su repercusión en el desarrollo de la
Historia, cuya influencia se ha extendido esencialmente en el ámbito
académico anglosajón con la virtud de que sus derivadas han sabido
conjugar perfectamente investigación histórica de calidad con programas de
documentación y protección del patrimonio histórico-arqueológico.
El desarrollo del Bloody Meadows Project marcó en el Reino Unido el
inicio de un nuevo concepto de análisis en los estudios de Historia militar. El
principio básico consiste en que la aceptación acrítica de los informes
oficiales, memorias personales y relatos más o menos coetáneos sobre una
batalla, incluye indefectiblemente errores basados en la subjetividad. Dichos
textos proporcionan esencialmente puntos de vista personales que describen
tan sólo una parte del conjunto general de una batalla y, en consecuencia,
distorsionan más que explican los hechos; ello, unido a la necesidad de
conocer el terreno en que se desarrolló la acción para comprender la
secuencia de los acontecimientos, así como la influencia de la topografía y
los factores ambientales en la acción, cuestiona la visión historiográfica
tradicional que se nos ha transmitido – y hemos interpretado – sobre la
guerra en cualquier período, pero más especialmente cuanto mayor es la
distancia de la época objeto de estudio. Incluso aquellas batallas que cuentan
con un mayor número de relatos escritos por sus protagonistas, y sobre las
que más se han debatido y analizado, pueden presentar problemas de
secuencia, desarrollo y comprensión en el momento de intentar contrastar
sobre el terreno las informaciones que constituyen el paradigma explicativo.
Personalmente, en los casos de las batallas de Waterloo (1815) y Empúries
(195 a.C.), hemos podido contrastar recorriendo en diversas ocasiones el
campo de batalla la existencia de informaciones y relatos difíciles de
corroborar. Si esto es así en el caso de la derrota final de Napoleón, cuyo
campo de batalla apenas ha cambiado desde principio del siglo XIX, y en el
que las principales construcciones que fueron testigos de la lucha – granjas
de Le Caillou, La Belle Alliance, Hougomont y La Haye Sainte – siguen en
pie en la actualidad proporcionando puntos de referencia inequívocos, ¿qué
podemos esperar al intentar analizar el lugar en que el cónsul Marco Porcio
Catón derrotó a la coalición de tribus iberas del nordeste de la península
Ibérica poniendo fin a su última sublevación contra Roma, cuando el aspecto
del terreno ha cambiado totalmente y tan sólo disponemos del relato de Tito
Livio (XXXIV, 15) para explicar la acción? Un autor que, por otra parte, no
se caracteriza por explicar los combates siguiendo el mínimo rigor necesario
para hacerlos creíbles, sino que se limita a narrar con prosa ágil,
Francisco Gracia Alonso
14
 
transcribiéndolas, informaciones anteriores pertenecientes a otros autores,
como Polibio o Diodoro Sículo. Livio no intenta explicar la historia
ciñéndose a la verdad, sino que tiene por objetivo realzar los valores del
hombre republicano siguiendo las ideas de Cicerón (Gracia 2003, 20-21). En
consecuencia, todas las interpretaciones realizadas de dicha batalla tienen el
mismo problema: la inconsistencia de las fuentes documentales empleadas.
La superación del problema indicado tan sólo puede acometerse a partir
de la investigación arqueológica. La identificación, delimitación y
excavación de los campos de batalla. En el Reino Unido, las primeras
aproximaciones a la problemática de la arqueología militar se relacionan con
la Guerra Civil del siglo XVII. El campo de batalla de Marston Moor (1644)
fue prospectado por Peter Newman a lo largo de la década de 1970, trabajos
completados posteriormente junto a Paul Roberts en 2003. Naseby, el
escenario de la victoria definitiva de los parlamentarios en 1645, fue
trabajado por G. Foard aprovechando el acopio de documentación realizado
por Edward Fitgerald a mediados del siglo XIX, en una clara demostración
de la necesidad de recurrir a los conjuntos documentales reunidos por
estudiosos que trabajaron esencialmente con fuentes documentales primarias
y no con interpretaciones o análisis posteriores de los hechos objeto de
estudio. Las fosas comunes producto de la batalla de Towton (1461) durante
la Guerra de la Rosas fueron objeto de una excavación sistemática por parte
de la University of Bradford y técnicos del West Yorkshire Archaeological
Services en 1966
11
(Fiorato et alii 2000) proyecto que se vehiculó en un
programa de investigación más amplio,
12
culminado con la participación
pública y privada en la definición de una estructura de protección y puesta en
valor del yacimiento arqueológico.
13
Sorprendentemente en relación a los
tempos que dichas actuaciones suelen tener en otros países europeos – y
especialmente en España – la respuesta de la sociedad británica y de su clase
política ante la problemática de la preservación y estudio de los campos de
batalla, así como su consideración como patrimonio histórico en Inglaterra,
fue muy rápida y en 1995 se procedió a la redacción de un documento marco
de protección conocido como English Heritage Registre of Historic
Battlefields.
El Bloody Meadows Project define la batalla como parte de una expresión
cultural o una forma de comportamiento de un sistema social, en clara
aplicación de los postulados de Hanson. Se intenta así analizar las diferentes
                                                           
11
Una información más detallada sobre la intervención puede consultarse en:
http://www.brad.ac.uk/acad/archsci/depart/resgrp/towton/  
12
Las características esenciales del proyecto se explican en:
http://www.brad.ac.uk/acad/archsci/depart/resgrp/archpros/Towton_Landscape/  
13
Principales características en: http://www.towton.org.uk/
 
Arqueología e Historia Militar Antigua en Europa y Estados Unidos
15 
 
características de una batalla desde perspectivas globales que incluyan
componentes no sólo tácticos, sino también ideológicos, políticos, morales e
incluso rituales. El primer estadio es la definición de las características
esenciales del desarrollo de la violencia militar, es decir, la propia sucesión
de los acontecimientos, un extremo que como hemos indicado dista en
muchos casos de estar definitivamente establecido. Para ello, y mediante la
aplicación intensiva de la prospección y los sistemas de ubicación geográfica
(GPS) se persigue la definición geográfica del terreno y determinar los
movimientos de las tropas en función de la dispersión de los materiales,
especialmente los proyectiles, cuyas concentraciones marcan el ritmo e
intensidad del avance de las unidades y la dureza de los enfrentamientos.
Establecida la secuencia, se analizan los elementos esenciales que rigen la
motivación del combate, sus funciones y propósitos: la destrucción del
enemigo, el colapso de la moral de una de las partes, la limitación o
potenciación de la violencia, las inflexiones en la lucha y las causas de la
decisión final. La batalla se comprende no como un hecho aislado sino como
la cristalización de una política basada a su vez en patrones ideológicos y
valores definitorios de un sistema social. Siendo la guerra un elemento
inherente a la sociedad, también lo son los elementos rituales que definen la
práctica del combate, prestándose así una especial atención a las fórmulas de
incitación al combate, los límites del comportamiento de los adversarios – la
falsa o mal llamada “caballerosidad en la guerra” –, y el colapso de los
movimientos ordenados de las unidades que componen los ejércitos.
La aplicación de los principios citados ha demostrado la necesidad de
substituir lo que ha venido en denominarse como guerra ritual derivada de
los relatos oficiales por una guerra real o lectura de los conflictos
empleando el análisis del terreno como base del conocimiento, del estudio
del discurso narrativo y de las interpretaciones funcionalistas. Dicho de otro
modo, determinar la imposibilidad de que un acontecimiento se produjera
como explican los textos si el análisis del terreno indica que ello es
imposible. La guerra real que hemos citado se superpone así a la guerra
imaginada de la que se ha nutrido hasta el presente una gran parte de la
historiografía, sumando los datos obtenidos de la forma de planificación y
desarrollo del combate en función de sus condicionantes y de los elementos
de cultura material que definen el campo de batalla.
El primer trabajo de campo del BMP, desarrollado entre 1998 y 2001 se
centró esencialmente en batallas consideradas referentes en la historia
inglesa, aunque de un modo no exclusivo. En el Reino Unido se trabajó en
los enclaves de Assandun, Bosworth, Cropredy Bridge, Linto, Maldon,
Naseby, Northampton, Roundway Down, Sedgemoor, St. Albans, Stamford
Bridge, Stoke y Tewkesbury. En Bélgica se analizaron los campos de
Courtrai y Oudenaarde; en Francia los de Bouvines, Fontenoy y Les Dunes;
Francisco Gracia Alonso
16
 
en Portugal Aljubarrota y Roliça, y en España Coruña y Sorauren. En una
segunda fase, desarrollada a partir de 2002, J ohn y Patricia Carman aplicaron
los conceptos del BMP a la identificación de campos de batalla del período
de la Grecia clásica (Carman / Carman 2005), factor que cobra mayor
importancia debido a la costumbre, mantenida hasta época medieval, de
inhumar a los caídos en grandes fosas comunes sin identificación
personalizada, lo que dio como resultado, según la expresión de R. Gilchrist
(Gilchrist 2003), a que “un sentimiento colectivo de pathos confiriera a
dichos sitios un componente sacralizado: los campos de batalla que han sido
testigos del sacrificio de la sangre humana”.
Condicionado por los sentimientos hacia los caídos, el tratamiento del
campo de batalla parte siempre de su consideración como un lugar histórico
que debe ser estudiado y protegido más allá de la presencia en el mismo de
monumentos conmemorativos y otros elementos identitarios, dado que se
considera al propio campo de batalla – su totalidad – como un elemento
tangible que debe ser protegido, confiriendo mayor importancia al espacio
que a los vestigios sobrevenidos como parte determinante del patrimonio. El
concepto heritage supone en este caso la plasmación de la idea “herencia
identitaria” para concienciar a la sociedad de que en ese punto concreto tuvo
lugar un hecho que determinó el curso de la Historia y, en consecuencia, una
parte de la definición presente del actual sistema social. El lógico resultado
de dicho planteamiento, siguiendo un modelo profusamente aplicado en
Estados Unidos, es la protección integral del yacimiento y su conservación
como base de difusión del pasado.
La identidad, interpretada como factor emblemático y de cohesión social,
marca las actuaciones sobre el patrimonio histórico en Estados Unidos. Los
campos de batalla de la Guerra Civil (1861-1865), la Guerra de
Independencia, las Guerras contra México o las Guerras indias, han sido
protegidos en su mayoría, integrándolos en una amplia red de Parques
Nacionales que aseguran su salvaguarda frente a la especulación y la presión
urbanística. Considerados expresión viva del pasado común de la nación,
todos ellos articulan centros de investigación y difusión de conocimiento
permanentes.
14
Un planteamiento encomiable y, en principio, irreprochable.
Sin embargo, los combates de la Guerra Civil se perciben en su mayor parte
desde una perspectiva heroica e incluso galante, extremo al que contribuyen
el gran número de grupos de reconstrucción histórica existentes en el país,
que representan de forma continuada los principales episodios en las
reuniones anuales conmemorativas, y contribuyen a la difusión de una cierta
idea de la contienda mediante su participación en productos multimedia.
                                                           
14
Una relación pormenorizada de los enclaves musealizados puede encontrarse en:
http://www.nps.gov/civilwar/  
Arqueología e Historia Militar Antigua en Europa y Estados Unidos
17 
 
Debido precisamente a esta visión incruenta de la guerra, el número de
intervenciones arqueológicas en dichos yacimientos es muy escaso fruto
esencialmente de la importancia casi reverente dada a los caídos en combate
por parte de la sociedad norteamericana, un factor perfectamente
ejemplificado en el cementerio nacional de Arlington
15
y en el memorial a
los caídos en la guerra de Vietnam.
16
Una de las escasas excepciones la
constituye la intervención en el pecio del navío de la Unión USS Monitor,
primer buque acorazado de la marina federal durante la Guerra Civil que,
tras destacar en la batalla de Hampton Roads, se hundió el 31 de diciembre
de 1862 a la altura de cabo Hatteras. Descubiertos sus restos en 1973, el
enclave fue declarado Santuario marítimo de los Estados Unidos, y entre
2001 y 2003 se procedió a la excavación del pecio y a la recuperación de
parte de sus restos, que actualmente forman parte del Mariner’s Museum de
Newport.
17
Pero se trata de un caso aislado y, por su propia característica
como yacimiento marítimo, diferenciado de los campos de batalla en tierra.

La divulgación de calidad. Un camino de largo recorrido

La investigación a principio del siglo XXI debe estar marcada y orientada
por la idea de la devolution. Especialmente en Europa, y aunque en menor
grado también en Estados Unidos, la investigación realizada por
Universidades, museos y centros de investigación se nutre de fondos
públicos. El origen de dicha financiación debería por lógica suponer que el
conocimiento sobre el pasado, una vez obtenido, no quedase circunscrito al
ámbito académico, sino que retornase a la sociedad mediante proyectos y
trabajos de divulgación de calidad incuestionable, contribuyendo así a la
formación educativa de la sociedad que puede acceder a informaciones sobre
su pasado como grupo social y del territorio en el que habita. Dicho retorno
supone además un claro incentivo para la retroalimentación del proceso,
puesto que si una investigación es mayoritariamente aceptada, el
rendimiento social y político que genera repercute positivamente en la
financiación de nuevas investigaciones.
Sin embargo, la difusión no ha formado parte en las últimas décadas de
las prioridades de los centros de investigación. Por ello ha sido la iniciativa
privada – ya sea en forma de colecciones editoriales o de empresas
específicas de dinamización cultural – la que más ha contribuido al
                                                           
15
Información específica sobre la concepción del cementerio militar como monumento en:
http://www.arlingtoncemetery.mil/ 
16
Información específica sobre la consideración y funciones del monumento en:
http://www.nps.gov/vive/index.htm
17
Una información detallada sobre el proyecto museográfico puede consultarse en:
http://www.marinersmuseum.org/uss-monitor-center/uss-monitor-center 
Francisco Gracia Alonso
18
 
conocimiento generalizado de la Historia militar y la preservación de los
campos de batalla mediante el fomento de su visita y conocimiento. La
editorial británica Osprey Military, inició a finales de la década de 1960 la
publicación de libros de pequeño formato dedicados al análisis riguroso de
unidades militares de todos los períodos con la serie Men-at-Arms,
continuadora, entre otros, de trabajos pioneros como los de Philip
Haythornthwaite editados por Blandford Press. Posteriormente, las series
Campaings y Fortress,
18
entre otras, incluyeron el análisis arqueológico
tanto en la identificación de estructuras arquitectónicas correspondientes al
período indicado, como a la información, dentro de la sección “El campo de
batalla, hoy” del estado actual del terreno de la batalla estudiada, la forma de
acceso, la mejor ruta para recorrerlo y comprenderlo, y la descripción de los
monumentos e instalaciones existentes. Por supuesto, no se trata de un
análisis amplio al no ser esa su finalidad, pero sí es riguroso y alcanza su
objetivo: la divulgación de calidad, extremo al que contribuye la selección
de autores e ilustradores, aunque con alrededor de un millar de títulos
publicados, no todos pueden tener la misma calidad – los referidos a temas
españoles adolecen de ella – y la concentración de sujetos en el mundo
anglosajón – lógica por constituir el núcleo esencial de sus ventas – reduce la
posibilidad de edición de trabajos sobre temas considerados periféricos o
excesivamente regionales.
Un papel clave no sólo en la difusión, sino especialmente en la
investigación es el desarrollado por los ilustradores. La necesidad de recrear
con el máximo rigor escenas del pasado, ya sean civiles o militares,
demostró hasta qué punto el análisis iconográfico de la antigüedad – y
especialmente el del mundo romano – dependían de un limitado número de
documentos arqueológicos. Fue necesaria por ello la investigación sobre el
instrumentum, los elementos característicos de la vida cotidiana y de la
panoplia militar para que la ilustración de finales del siglo XX no cayese en
los mismos anacronismos que la iconografía del XIX. Artistas como Peter
Connolly, Richard Hook, Angus McBride, y Ronald Embleton abrieron un
excelente camino con el apoyo de profesionales del mundo académico, que
vieron cuestionados sus conocimientos por preguntas de eximio detalle antes
consideradas superfluas, pero imprescindibles para ofrecer credibilidad en
una ilustración. ¿Quién se había preocupado hasta entonces de la forma en
                                                           
18
Una relación exhaustiva de los títulos publicados por Osprey puede consultarse en:
http://www.ospreypublishing.com/ La difusión de sus títulos en el mercado español propició
la traducción de unos setenta títulos por parte de Ediciones del Prado y, más recientemente,
RBA ha publicado diversas series dedicadas a la Tropas de Élite, la Segunda Guerra Mundial,
la Edad Media y las Guerras de Grecia y Roma. El éxito del formato Osprey, pese a algunas
deficiencias bibliográficas y de ilustración, ha dado origen a la publicación de series similares
en Francia, Italia y España. 
Arqueología e Historia Militar Antigua en Europa y Estados Unidos
19 
 
que se ataba una armadura de principio del Imperio? ¿O del proceso de
fabricación de un pilum? Es evidente que todas las dudas que se plantearon –
y se siguen planteando – constituyen un avance en la investigación cuya
resolución no depende de las informaciones de los textos clásicos, sino del
análisis de la documentación arqueológica y, lo que aún es más interesante
por las perspectivas que ha abierto: de la experimentación. A los citados les
seguirían en el mundo anglosajón Peter Bull, Steve Noon, Brian Delf y
Adam Hook entre otros, que han aumentado en los últimos años el nivel de
detalle en la reconstrucción histórica gráfica, especialmente en el marco de
la arquitectura. Y no sólo en el Reino Unido o los Estados Unidos. Los
ilustradores que basan su trabajo en la minuciosidad de las fuentes
consultadas gozan de un reconocido prestigio internacional, como el belga
Patrice Courcelle, autor de una amplia serie sobre los uniformes del período
napoleónico, pero que últimamente ha centrado parte de su atención en el
mundo romano y sus adversarios germanos y celtas, y el malogrado Dionisio
Álvarez Cueto, que llevó la ilustración militar en España a sus máximas
cotas durante la última década.
Una derivada reciente del trabajo de los ilustradores para presentar una
reconstrucción histórica de calidad se encuentra en la novela gráfica. El
cómic histórico ha dejado de ser en muchos casos un crisol de elementos
iconográficos incongruente, y tanto guionistas como ilustradores buscan la
mayor fiabilidad histórica recurriendo a amplias bibliografías, glosarios e
incluso el asesoramiento de profesionales en su trabajo, como Michael Green
del King’s College, avalista de la serie Murena (1999) de J ean Dufaux y
Phillipe Delaby, que recrea la Roma de los emperadores Claudio y Nerón, o
la obra de Marini Las águilas de Roma (2008) cuya trama discurre en el
reinado de Augusto y las campañas en Germania. Ambas son deudoras, entre
otras, del trabajo pionero de J aques Martin y la serie Alix, personaje
empleado también desde hace décadas como hilo conductor de comics
didácticos sobre el mundo antiguo, desde Grecia a China.
Con todo, Osprey, al igual que otras editoriales dedicadas a la publicación
de ensayos más profundos sobre Historia militar, como Pen & Sword o
Cassell & Co., no cubren todo el espectro de la divulgación. Las
publicaciones periódicas mensuales o bimensuales cubren un sector
importante de la demanda. Centrada en el ámbito del mundo antiguo, el
bimestral holandés Ancient Warfare,
19
publica desde 2007 trabajos de
especialistas siguiendo una pauta editorial novedosa consistente en publicitar
en su página web los temas de los dossiers centrales de los próximos
números proponiendo a los interesados la remisión de propuestas de
                                                           
19
Información completa sobre la línea editorial y los diversos números publicados disponible
en: http://www.ancient-warfare.com/cms/  
Francisco Gracia Alonso
20
 
artículos que posteriormente son aceptados o rechazados. En 2010 se ha
iniciado la publicación en España de una revista influenciada por el modelo
citado, Desperta Ferro,
20
dedicada al mundo antiguo y medieval, aunque con
una línea editorial mucho más efectiva y la participación de especialistas de
ámbito europeo en cada uno de los temas tratados. J unto a los dos ejemplos
citados, el espectro de las revistas dedicadas a la Historia militar o a la
Historia en general pero que incluyen artículos sobre diversos aspectos de
los conflictos bélicos en el ámbito editorial anglosajón es inabarcable, como
muestra, por ejemplo, la oferta de distribuidores como Amazon.
21
En este
sentido, en Estados Unidos se publican, por ejemplo, las cabeceras Military
Illustrated,
22
Military Heritage,
23
Military History
24
sobre historia de la
guerra en general, además de otros más específicos dedicados a la Guerra
Civil americana
25
o a la segunda Guerra Mundial.
26
Y la demanda de dichos
productos no hace sino aumentar creándose con cierta frecuencia nuevas
revistas específicas derivadas de las anteriores. En contra de lo que pudiera
creerse, no se trata de una problemática estrictamente norteamericana. El
mercado editorial francófono cuenta asimismo con una amplia muestra de
publicaciones sobre Historia e Historia militar,
27
algunas de las cuales se
centran en el análisis de batallas de cualquier período como Champs de
Bataille,
28
aunque la mayor parte de las cabeceras están dedicadas a las dos
Guerras Mundiales, con títulos como Ligne de Front, La Guerre 14-18, La
Guerre 39-45, 2ème Guerre Mondiale, Batailles & Blindés,
29
o Batailles
30
y
al período napoleónico, con títulos como Gloire et Empire,
31
La Revue
Napoléon, Napoléon Ier, Napoléon III, o Soldats Napoléoniens, algunas de
las cuales, como Tradition Magazine, llevan publicándose desde hace 25
años. Y el interés por dichos temas no sólo no decae sino que aumenta
exponencialmente. Los ejemplos citados muestran a la perfección como la
                                                           
20
Información sobre la revista en: http://www.despertaferro-ediciones.com
21
Véase un claro ejemplo en su página web:
http://www.amazon.com/b/ref=bw_ab_602342_7?ie=UTF8&node=252991011&pf_rd_p=309
252801&pf_rd_s=browse&pf_rd_t=101&pf_rd_i=602342&pf_rd_m=ATVPDKIKX0DER&p
f_rd_r=128N6XC65TKYEQVBHMBH  
22
http://www.adhpublishing.com/mi/index.htm
23
http://www.militaryheritagemagazine.com/ 
24
http://www.historynet.com/magazines/military_history 
25
http://www.historynet.com/americas-civil-war 
26
http://www.historynet.com/worldwar2 
27
Una relación no exhaustiva puede constatarse en:
http://www.journaux.fr/histoire_art-et-culture_1_0_45.html  
28
http://www.net4war.com/champsdebataille/index-cdb.php 
29
http://www.batailles-blindes.com/ 
30
http://batailles.histoireetcollections.com/ 
31
http://www.lcvservices.com/index.php?page=shop.browse&category_id=6&option=-
com_virtuemart&Itemid=1&vmcchk=1&Itemid=1 
Arqueología e Historia Militar Antigua en Europa y Estados Unidos
21 
 
divulgación histórica de calidad cubre una demanda específica de
conocimiento que contribuye a redefinir el papel y la percepción que la
Historia militar tiene en el mundo occidental.

Reconstrucción histórica y turismo militar

La difusión cuenta también desde hace más de dos décadas con una
excepcional vía de trabajo: la reconstrucción histórica. Deben distinguirse
los proyectos desarrollados sobre una cuidada base documental, y en los que
todos y cada uno de los elementos reconstruidos corresponden a la realidad
histórica del período tratado, y las asociaciones destinadas a la dinamización
social mediante su participación en certámenes y espectáculos lúdicos. El
primer grupo
32
se caracteriza por la fidelidad al detalle y, tanto en Europa
como a lo largo de los últimos años en España, la colaboración con
especialistas y docentes ha proporcionado excelentes resultados basados en
el rigor científico. El conocimiento sobre la guerra, y especialmente los
conflictos en el mundo antiguo ha avanzado sin duda gracias a dichas
iniciativas. Pese a que de nuevo son las guerras napoleónicas y la segunda
Guerra Mundial las que atraen la mayoría de grupos,
33
las guerras de Grecia
y Roma cuentan con un elevado número de asociaciones de reconstrucción –
a modo de ejemplo más de un centenar sólo en Estados Unidos, aunque las
sedes de dichas asociaciones cubren prácticamente toda Europa, además de
Canadá, Australia, Nueva Zelanda e, incluso, Venezuela –,
34
que incluyen
también la recreación de estructuras sociales enfrentadas al dominio romano,
ya sean pictos,
35
germanos,
36
celtas
37
o púnicos. Algunos de dichos grupos,
como la The Ermine Street Guard,
38
han alcanzado un altísimo nivel de
fiabilidad en sus reconstrucciones que justifica plenamente el trabajo
realizado, siendo ahora los investigadores académicos quienes extraen ideas
y plantean líneas de trabajo en función de los resultados obtenidos. Con
todo, cabe señalar que la reconstrucción histórica sigue siendo denostada –
                                                           
32
Véase una relación detallada de los principales grupos en:
http://www.reenactor.net/  
33
http://skirmishmagazine.com/skirmish-magazine/this-issue/  
34
Puede analizarse la lista de las principales asociaciones, así como los datos sobre las
reuniones en las que participan en:
http://www.romanempire.net/romepage/Links/roman_reenactment_groups.htm
35
Uno de los ejemplos más destacados en:
http://www.ironage-history.com/brigantia/ 
36
Uno de los grupos más activos, con amplia información sobre otras asociaciones en:
http://www.hallstattzeit.de/ 
37
Uno de los ejemplos más destacados puede consultarse en: http://www.les-
ambiani.com/site.php 
38
http://www.erminestreetguard.co.uk/ 
Francisco Gracia Alonso
22
 
por incomprendida – en amplios sectores universitarios, que la reducen al
estadio del folklore o las fiestas populares, negándole cualquier valor
intrínseco. Nada más alejado de la realidad.
La difusión basada en la reconstrucción es sin duda en la actualidad el
elemento pedagógico más determinante en los espacios museográficos.
Desde la Prehistoria hasta la actualidad no existe mejor forma que la
demostración para transmitir ideas y conocimientos al gran público. No se
trata tan sólo de los talleres didácticos que cualquier museo ha incorporado a
su oferta educativa, sino de la organización de centros específicos cuyo
núcleo vertebrador es específicamente la reconstrucción histórica.
Especialmente en Francia, los archéosites han alcanzado elevados niveles de
calidad, destacando entre ellos los ubicados en los yacimientos de Alesia,
39

Marle
40
o Samara
41
entre otros, ejemplos que cubren desde la Prehistoria
hasta la época merovingia, sin olvidar que en los museos dedicados a los
conflictos del siglo XX o la época napoleónica, las propuestas de difusión
son continuas.
La reconstrucción de calidad necesita disponer de buenos materiales para
hacer creíble, fiable y científicamente correcta la recreación. Y no es sencillo
disponer de ellos. Revistas especializadas como Tradition Magazine cuentan
con apartados específicos bajo el epígrafe “Revue de détail” en el que
historiadores y expertos analizan la tarea de los grupos, llegando hasta el
detalle de aplicar la información proporcionada por los reglamentos de época
para validar o rechazar las medidas de los ojales de una casaca napoleónica o
el trenzado de los alamares de un dolman. Para cubrir la demanda se ha
desarrollado una auténtica industria que cubre todos los períodos, siendo
ejemplo destacado de ella Armae
42
como inicio de una larga lista de
proveedores.
43
La importancia de los grupos de reconstrucción se ha
plasmado también en la cinematografía, donde la recreación histórica
rigurosa ha substituido durante la última década a las presentaciones
idealizadas derivadas, en el caso del mundo antiguo, de las producciones
italianas de las décadas de 1950 y 1960 conocidas como peplum. Aunque se
siguen realizando adaptaciones lamentables, como Troy (2004), el rigor y la
minuciosidad son generales, destacando en este sentido la serie Rome
(2007), probablemente la mejor reconstrucción realizada del período final de
la República. En Estados Unidos, la participación de los re-enactors en films
sobre la Guerra Civil se inició a principio de la década de 1990, contándose
                                                           
39
Una presentación del proyecto en: http://www.alesia.com/ 
40
http://www.museedestempsbarbares.fr/ 
41
http://www.samara.fr/ 
42
Su extenso catálogo cubre cualquier producto necesario para una reconstrucción militar
desde la antigüedad a la segunda Guerra Mundial: http://www.armae.com/ 
43
Clasificados por especialidades en: http://www.webieval.com/ 
Arqueología e Historia Militar Antigua en Europa y Estados Unidos
23 
 
títulos de excelente calidad histórica como Glory (1989), Gettysburg (1993),
Gettysburg. Three days of destiny (2007) (Fig. 6) o Goods and generals
(2003). Y no solo para la época indicada, puesto que films ambientados en la
segunda Guerra Mundial, como Saving private Ryan (1998) o las series
Band of brothers (2001) y The Pacific (2010) incorporan grupos de
reconstrucción para aprovechar sus conocimientos, en una clara
demostración de que la calidad en el trabajo histórico no es un elemento
superfluo sino un signo de respeto hacia el público. En los ejemplos
referidos a la guerra en la antigüedad, las necesidades de conjugar la
información proporcionada por las fuentes clásicas y la arqueología con el
trabajo real ha demostrado hasta qué punto las diferencias existentes entre
teoría y práctica distorsionaban el contenido de las síntesis.
Un apartado específico en el campo de la difusión lo constituye el
turismo militar. Surgido en Gran Bretaña para potenciar el conocimiento de
los campos de batalla en los que combatieron tropas británicas, es una
propuesta que ha arraigado en diversos países de Europa que explotan así la
potencialidad económica de su patrimonio histórico,
44
siendo cada vez más
numerosos los enclaves susceptibles de ser visitados.
45
Con todo, los campos
de batalla de la segunda Guerra Mundial,
46
y las campañas del duque de
Wellington en la península Ibérica continúan siendo los que tienen mayor
aceptación.
47
De hecho, la conmemoración a partir de 2005 de los diez años
de las campañas del Imperio napoleónico han dado un mayor relieve a estas
iniciativas secuenciando cronológicamente encuentros y rutas específicas
que está previsto culminen en junio de 2015 en el bicentenario de Waterloo.

Un hueco en la Academia

La publicación de los estudios académicos sobre la guerra sigue en líneas
generales los cauces del resto de temáticas de la antigüedad, empleándose
como canal principal las revistas universitarias generalistas. Como
excepción, desde principio de la década de 1990 se cuenta, no obstante, el
Journal of Roman Military Equipment Studies
48
dedicado especialmente al
ejército romano.
Pese a la importancia creciente que los estudios sobre Historia militar han
adquirido en los últimos años, su inclusión en el marco universitario como
disciplina es todavía muy puntual. En ninguna de las principales
                                                           
44
Una relación general de los circuitos puede consultarse en:
http://www.battlefieldstrust.com/resource-centre/  
45
http://www.battlefieldstrust.com/resource-centre/civil-war/battlepageview.asp?pageid=706  
46
http://battlefieldsww2.50megs.com/ww2_battlefield_tours.htm  
47
http://www.theculturalexperience.com/battlefield_tours/wellington_in_the_peninsula.php  
48
http://www.armatura.connectfree.co.uk/jrmes.htm  
Francisco Gracia Alonso
24
 
universidades europeas se incluyen cursos específicos de grado dedicados a
la arqueología del conflicto, siendo en los contados casos en los que se
ofrecen materias relacionadas con la guerra, como en la University of
Glasgow,
49
una vía de perfeccionamiento o segundo ciclo al que se accede a
partir de los estudios de historia o arqueología. Glasgow cuenta con una
institución pionera, el Center for Battlefield Archaeology, desde el que se
dirigen diversos proyectos de investigación, entre ellos la revisión
arqueológica de la batalla de Culloden (1746), y el análisis de la campaña
que condujo a la caída en 1942 de Singapur ante el ejército japonés en el
transcurso de la segunda Guerra Mundial. Tony Pollard e Ian Banks son en
el CBA los responsables de la edición de una revista específica, el Journal of
Conflict Archaeology
50
creada en 2005 cuyos objetivos, además del análisis
de los campos de batalla y la arqueología militar, cubre también otros
aspectos genéricos del conflicto como la arqueología industrial y de las
revueltas populares, los monumentos conmemorativos, las prácticas de
nacionalismo y el colonialismo asociadas a la guerra, el conflicto de clases y
sus orígenes, y la aplicación de la investigación forense a los yacimientos
formados como consecuencia de la guerra y su importancia en la denuncia y
defensa de los derechos humanos.
Los estudios sobre conflictos recientes tienen asociado un elemento de
gran calado que prima en su desarrollo: los factores y el impacto emocional
que tiene la posibilidad de recoger las experiencias de los supervivientes de
los hechos estudiados, especialmente dramáticas en el caso de crímenes de
guerra, así como la realización de ceremonias conmemorativas. Por ello, y a
diferencia de otros períodos, la arqueología e historia militar
contemporáneas cuentan con una importante proyección social dentro de lo
que ha venido en denominarse como “proceso de recuerdo”, una fórmula de
cohesión social relacionada con la concepción actual del tratamiento de la
muerte en el mundo occidental que incluye la construcción y mantenimiento
de monumentos conmemorativos que, si en un principio eran el resultado de
la necesidad política de exaltación de las victorias, en el presente se perciben
– y conciben – como un recordatorio de los horrores de la guerra al pasar al
primer plano de la identificación quienes padecen sus consecuencias antes
que quienes la dirigen.
Pero no siempre es así. Hasta la publicación del libro de L. H. Keeley
War before Civilization (1996) los análisis sobre las estructuras sociales de
las comunidades cazadoras-recolectoras y pre-jerarquizadas se regían por la
idea de la inexistencia de conflictos, dando carta de naturaleza a la tesis del
buen salvaje. Como resultado de sus postulados, y pese a las críticas, los
                                                           
49
Una explicación de los programas en:
http://www.gla.ac.uk/departments/battlefieldarchaeology/ 
50
http://brill.publisher.ingentaconnect.com/content/maney/jca  
Arqueología e Historia Militar Antigua en Europa y Estados Unidos
25 
 
estudios sobre la antropología de la guerra han dado paso a trabajos sobre
arqueología de la guerra, en cuyo análisis se identifican dos líneas de
estudio. Los trabajos calificados como “aproximaciones indirectas” en los
que se describen las heridas documentadas en los restos humanos
exhumados, los tipos de armas necesarios para causarlas, o el papel social de
los guerreros especialmente durante la Prehistoria reciente y la Protohistoria
a partir de los ajuares funerarios y las tipologías de enterramiento son cada
vez más frecuentes, aunque en muchas ocasiones las conclusiones asumidas
deberían revisarse al haber dependido en exceso para su enunciación de
presupuestos antropológicos argumentados en función de datos no coetáneos
espacial y cronológicamente con el sujeto de estudio. El segundo grupo, las
“aproximaciones directas” corresponderían a la identificación de campos de
batalla, un extremo, como se ha indicado anteriormente, escasamente
desarrollado.
Los proyectos citados deberían suponer una revisión en profundidad de la
forma en que la Academia ha tratado el estudio de la guerra especialmente
durante la segunda mitad del siglo XX. El análisis de la bibliografía
empleada por Hanson en la definición de su tesis sobre el modelo occidental
de la guerra muestra el escaso número de obras de síntesis producidas sobre
la guerra antigua durante la segunda mitad del siglo XX, puesto que los
trabajos de Y. Garlan (Garlan 1972), J . Harmand (Harmand 1973), W.K.
Pritchett (Pritchett 1971-1985), J . P. Vernant (Vernant 1968), J . Warry
(Warry 1980) e incluso Y. Yadin (Yadin, 1963) continuaban siendo las
referencias esenciales. Dichas obras, ejemplos sobresalientes de una escuela
de análisis ajustada a los parámetros académicos, ha sido continuada por los
trabajos de investigadores como Yann Le Bohec y Adrian Goldsworthy,
probablemente los autores más destacados de las escuelas francesa y
británica, que han unido a un riguroso trabajo de investigación las claves de
la divulgación histórica rigurosa que les ha permitido acceder a un público
no habitual de los cenáculos universitarios. Pero si bien en el campo de la
guerra en el mundo clásico puede debatirse respecto a los tratamientos dados
a conflictos de los que nadie pone en duda su existencia, en el ámbito de la
Prehistoria el problema es más profundo.
Con todo, dichas obras no pueden ser consideradas como una ruptura en
la forma de estudiar la guerra. Regresemos como punto final al modelo de
Hanson y a su trascendencia real. En síntesis plantea la vinculación entre
democracia y defensa del estado y propugna la necesidad cultural que las
poleis griegas tenían de resolver sus conflictos mediante una lucha en la que
no se dirimía tanto la potencia física y el entrenamiento de los contendientes
sino sus principios ideológicos. La batalla reglada consistía en una sucesión
de actos – presentados de forma similar a la estructura de una obra teatral –
(Hanson 1990, 285-286) en las que los combatientes luchaban al tiempo que
Francisco Gracia Alonso
26
 
eran observados, vinculándose por rasgos afectivos a compañeros y
unidades, y no adquiriendo el concepto más dramático del verdadero
significado de la guerra sino con el paso del tiempo y la acumulación de
horrores en el espíritu de cada guerrero. Pero pese a que fija la atención
sobre los aspectos psicológicos de la lucha y su impacto individual en cada
combatiente, la presentación que realiza de la forma de encarar el combate
no difiere de un relato de tintes heroicos cuando afirma: “la victoria o la
derrota dependían únicamente de la capacidad de los combatientes para
mantenerse en pie embutidos en su armadura durante una hora (…)
resistiendo a la tentación de retroceder o huir ante la punta de una lanza
blandida frente a su cara”; frases que podrían corresponder a la esencia de
cualquier discurso hagiográfico. La superioridad ideológica de su
planteamiento terminaría en el momento en que la tecnología militar supera
al espíritu del hombre como factor decisivo en el combate, con lo que la
segunda Guerra Mundial habría sido la última expresión del sistema de
combatir nacido en la Grecia clásica antes de que la era nuclear cambiara
radicalmente la forma de entender la guerra. La puerta abierta por Keegan y
Hanson no sólo no se ha cerrado, sino que cada vez es mayor el número de
trabajos que intentan explicar el conflicto desde la perspectiva del simple
guerrero, como J . W. I. Lee (Lee 2007), quien, proclamándose deudor de los
anteriores, ha descrito las relaciones personales y de cuerpo de los
mercenarios cirenos durante la retirada de J enofonte.
Keegan, pese a avalar las tesis de Hanson, realiza en sus trabajos
posteriores a The Face of Battle un estudio mucho más profundo a la vez que
más poliédrico de la guerra. La revisión del análisis de los conflictos no
puede circunscribirse a la definición del punto de vista del soldado anónimo
durante la traumática experiencia de un combate o una campaña, sino que
debe aportar una visión mucho más global del conflicto.
En su planteamiento, los conflictos no pueden comprenderse en función
de las afirmaciones de Clausewitz cuando indicaba que la guerra era una
continuación de la política por otros medios, puesto que dicha idea,
consolidada durante la época de la Ilustración y la definición del sistema
político de los estados-nación en substitución de los estados-reino en Europa,
no responde a la realidad. Keegan indica acertadamente que no existe una
única línea de interpretación del hecho bélico puesto que el conflicto no
responde siempre a los mismos – y únicos – planteamientos. La guerra es así
“mucho más que la política y es siempre una expresión de cultura, muchas
veces un determinante de las formas culturales y, en algunas sociedades, la
cultura en sí” (Keegan 1993, 31). Sin embargo, desde una perspectiva
esencialmente occidental, define la existencia de sociedades, sistemas o
grupos políticos alejados del etnocentrismo europeo como zulúes,
mamelucos, cosacos o los aborígenes de la isla de Pascua, en los que la
Arqueología e Historia Militar Antigua en Europa y Estados Unidos
27 
 
guerra constituiría una parte intrínseca de su ideología hasta el punto de
poder considerarse como la base de su sistema social. Los ejemplos
indicados definirían las sociedades guerreras por antonomasia. Cabe
preguntarse si Esparta, Roma o las tribus célticas, por indicar tan sólo
algunos casos, no podrían incluirse en los mismos principios dado el papel
central que confieren a los sistemas de vinculación entre guerreros, el
combate y el ejército como elementos determinantes de su cohesión social
interna. El modo occidental de la guerra como sistema restrictivo lo aplica
también a las fases iniciales de la conquista islámica, indicando que una vez
terminada la expansión, la guerra dejó de ser un elemento esencial en su
sistema cultural hasta el inicio de los enfrentamientos con Occidente. Dicho
contacto sería perjudicial para el sistema de los países cristianos al
“resolverse el dilema intrínseco al cristianismo respecto a la moralidad de
hacer la guerra, al contagiarse Occidente con la ética de la guerra santa,
que a partir de entonces dotaría a la cultura militar occidental de una
dimensión ideológica e intelectual de la que había carecido hasta entonces”
(Keegan 1993, 464).
Es decir, la ideologización del combate – podría interpretarse que la
irracionalidad del sacrifico en la lucha –, es una premisa adquirida por
Occidente durante la Edad Media, negando así que toda guerra sea en su
origen la expresión de una estructura de pensamiento y contradiciendo las
ideas de sacrificio personal en bien de la colectividad explicadas por
Hanson. Dichas ideas decaerían durante los siglos XVIII y XIX,
manteniéndose durante los conflictos calientes y fríos del siglo XX dentro de
unos parámetros comprensibles puesto que los bandos enfrentados antes,
durante y después de la segunda Guerra Mundial, respondían, de hecho, a
una misma tradición de combate. El error de Europa habría sido la
exportación de su sistema de lucha durante el colonialismo, dándolo a
conocer y permitiendo analizar sus errores y debilidades. Por ello, a
principio del siglo XXI, y ante amenazas diferentes, el militarismo basado en
las opciones políticas – no se cuestiona si son legítimas o no, únicamente se
indica que se trata de las occidentales por lo que su validez se da por
asumida – debe seguir siendo aceptado y empleado como una necesidad: “la
comunidad mundial requiere más que nunca guerreros hábiles y
disciplinados dispuestos a ponerse al servicio de la autoridad. Unos
guerreros que pueden con rigor considerarse protectores de la civilización,
no sus enemigos. El modo en que combatan por la civilización – contra el
fanatismo racista, los militaristas, los intransigentes ideológicos, los
vulgares saqueadores y el crimen internacional organizado – no puede
derivarse únicamente del modo occidental de hacer la guerra” (Keegan
1993, 466). Occidente se encontraría así ante el reflejo y la respuesta a su
Francisco Gracia Alonso
28
 
propia creación, siendo imposible negar su responsabilidad en el sistema
actual de conflictos.
Por ello, la historiografía occidental conceptual sobre la guerra incide en
la necesidad de estudiar las causas de los conflictos antes que las fases o
hechos de su desarrollo, extremo que aún no ha llegado a los trabajos sobre
el mundo antiguo para definir con certeza sus causas, asumiendo en la
medida de lo posible – o de lo aceptable – las responsabilidades, como
indica P. Partner: “las circunstancias del tiempo presente a menudo nos
llevan a pensar que la guerra santa sólo es parte de los conflictos actuales
en el caso musulmán, pero una visión ponderada de su versión cristiana
revela que la influencia de las cruzadas va mucho más allá de lo que
generalmente se supone y que actitudes cristianas que creemos enterradas
ejercen una influencia mayor de lo que imaginamos en nuestro punto de
vista presente (…) la guerra santa es un punto en el que se entrecruzan la
religión, la moral y la búsqueda del interés político” (Partner 2002, 25). Las
tesis actuales derivan pues hacia la justificación de la guerra. Establecer, en
apoyo de un planteamiento político e ideológico, la legitimidad del conflicto,
o lo que es lo mismo, cuando un grupo social o un estado tienen el derecho y
la justeza moral para empuñar las armas. La conclusión a la que llega Partner
es que las guerras santas no son nunca justas pues no responden al único
motivo que podemos comprender como aceptable: responder ante el ataque
recibido. Sin embargo, cabe añadir que no siempre es factible establecer la
causa inicial o primigenia de una agresión y que los componentes de acción-
reacción son indisolubles de cualquier planteamiento.
En consecuencia, es el código ideológico, la definición moral de la
guerra, uno de los factores esenciales en los estudios recientes. Bellamy
(Bellamy 2009, 21) invoca a Cicerón para explicar su concepción de la
justicia para hacer la guerra: la diferenciación entre el hombre y las bestias:
“la única excusa para ir a la guerra es poder vivir pacíficamente sin sufrir
daño alguno; cuando se logra una victoria, debe perdonarse a todos
aquellos que no han demostrado ser sanguinarios ni bárbaros en el ejercicio
de la guerra”, ideas que Roma no se cuidó de aplicar en demasía. Su tesis
recoge y amplía los trabajos anteriores de Michael Walzer (Walzer 2001)
quien estudió y definió los aspectos morales de la guerra, aludiendo a
elementos esenciales como la moralidad de las acciones que se imputan a los
combatientes, para enunciar el concepto de “convención de la guerra”,
entendido como el conjunto de normas articuladas, costumbres, códigos
profesionales, preceptos legales, principios religiosos y filosóficos, términos
asumidos que sirven para definir el grado de masacre – la delimitación entre
defensa y carnicería – que un sistema social está dispuesto a admitir como
necesario o soportable. Pero la idea de la guerra justa es siempre un paso en
Arqueología e Historia Militar Antigua en Europa y Estados Unidos
29 
 
la dirección de legitimar un enfrentamiento, agresión o respuesta preventiva
ante una amenaza real, sobredimensionada o inexistente.

A modo de conclusión

De lo expuesto anteriormente se deduce que respecto a la investigación y
difusión de la guerra en el mundo antiguo – esencialmente la concerniente a
Grecia, Roma y sus adversarios – no existe una propuesta historiográfica
unitaria en el ámbito académico. Los estudios generalistas sobre la
organización de los ejércitos, las biografías de jefes militares y las
recopilaciones de las principales batallas siguen gozando no sólo de una
amplia consideración, sino que son aún mayoritarios en la producción
científica como se desprende de los catálogos de las principales editoriales y
distribuidores. En la mayor parte de la obras de este primer grupo las fuentes
escritas y epigráficas continúan siendo el núcleo de la información,
contrastada cada vez en mayor medida por la inclusión de informaciones
procedentes del registro arqueológico pero sin que éstas últimas substituyan
a las primeras como fuente primigenia de análisis. En segundo lugar, la
aplicación de las tesis sobre el modo occidental de la guerra, siguiendo a
Keegan y Hanson, constituye cada vez más un referente en la producción no
tanto por elaboración y avance en las líneas de trabajo indicadas, sino por
aplicación directa de sus postulados. Pero, aún y cuando la metodología no
varíe, el campo a desarrollar es tan amplio que las aportaciones pueden ser
en muchos casos de gran interés y relevancia tan sólo mediante la
aproximación desde una nueva perspectiva a un corpus documental – el
mismo que el empleado por el primer grupo – que podría haberse
considerado ya agotado en sus posibilidades de proporcionar nueva
información. Los sistemas de difusión basados en la reconstrucción y la
experimentación ayudarán sin duda a profundizar en el análisis de las
experiencias del combatiente anónimo de cualquier ejército.
Queda una tercera vía que, partiendo del análisis académico de la guerra,
tiene como finalidad última plantear las causas políticas de la misma
(Padgen 2011); pero no desde la perspectiva de la dicotomía entre Roma y
Cartago, o de la oposición entre los poleis democráticas y aristocráticas, sino
desde una visión global contemporánea del enfrentamiento Oriente-
Occidente. Así, por ejemplo, las Guerras Médicas serían el inicio de la lucha
que la culta y más avanzada civilización occidental ha debido librar a lo
largo de su historia con el autoritarismo y las teocracias orientales, como si
el reinado de Darío III no fuera sino un preludio del régimen khomeinista en
Irán, y la guerra santa del siglo VII la base de los postulados de Osama Ben
Laden. Y aunque ambos bandos se nutren de referencias ideológicas y
argumentos históricos para sustentar sus postulados y acciones, cabe
Francisco Gracia Alonso
30
 
recordar, por encima de oportunismos coyunturales, que cada estructura
social es consecuencia de los factores que la definen y conforman,
esencialmente los contemporáneos y que, por ello, la invasión de Iraq no
tiene nada que ver ideológicamente con Marathon, las Termópilas o
Salamina. Y, sin embargo, y especialmente en Estados Unidos, es esta
tercera visión de los conflictos en el mundo antiguo la que se está
imponiendo con un único objetivo: contribuir al rearme moral de sus
ciudadanos ante una serie de conflictos que se prolongan ya durante una
década y cuyo coste humano y material es cada vez más difícil no sólo de
soportar sino también de comprender y aceptar, y demonizar al enemigo
haciéndole parecer el resultado actual no de una coyuntura, sino de un
sistema cultural y social que de forma cíclica amenaza e intenta destruir los
valores – etnocéntricamente considerados superiores – de la civilización
occidental.
En todo caso, y en cualquiera de los tres supuestos de estudio y análisis,
lo cierto es que nunca como en los últimos diez años, se había prestado tanta
atención por parte de la Academia y la sociedad al estudio y conocimiento de
la guerra en el mundo antiguo.
























Arqueología e Historia Militar Antigua en Europa y Estados Unidos
31 
 
Bibliografía

Bellamy, A. J ., 2009: Guerras Justas. De Cicerón a Iraq. Madrid.
Brown, A., 1995: The English Heritage Battlefield Register: origins,
Development and Application. Londres.
Carman, J ., 1997: Material Harm: Archaeological Studies of War and
Violence. Glasgow.
Carman, J . / Carman, P., 2005: “Ancient Bloody Meadows: Classical
Battlefields in Greece”, Journal of Conflict Archaeology 5: 19-44.
— 2006: Bloody Meadows. Investigating Landscapes of Battle.
Gloucestershire.
Carman, J . / Harding, A. (eds.), 1999: Ancient Warfare: Archaeological
Perspectives. Sutton.
Clunn, T., 2005: The Quest for the lost roman legions. Discovering the
Varus Battlefield. Staplehurst.
Connell, E. S., 2003: La batalla de Little Bighorn. Custer y la masacre del 7º
de caballería. Barcelona.
Dyer, G., 1985: War. Nueva York.
Esquíroz Gaumé, C., 1999: “Recuperación de los caídos en el frente del
Este”, Serga 2: 14-24.
Fiorato, V. / Boylston, A. / Knüsel, C., 2000: Blood Red Roses: The
Archaeology of a Mass Grave from the Battle of Towton AD 1461.
Oxford.
Gabaldón, M. M., 2004: Ritos de armas en la edad del Hierro. Armamento y
lugares de culto en el antiguo mediterráneo y mundo celta. Madrid.
Garlan, Y., 1972: La Guerre dans l’Antiquité. París. (Edición en español: La
Guerra en la Antigüedad, Madrid 2003).
Gilchrist, R., 2003: “Introduction: towards a social archaeology of warfare”,
World Archaeology 35(1): 1-6.
González Rubial, A. / Fernández Martínez, V. M. / Falquina Aparicio, A. /
Ayán Vila, Z. / Rodríguez Paz, A., 2010: “Arqueología del fascismo en
Etiopía (1936-1941)”, Ebre 38 4: 233-254.
Gracia, F., 2003: La guerra en la Protohistoria. Barcelona.
— 2009: Furor barbari! Celtas y germanos contra Roma. Barcelona.
Guilaine, J . / Zammit, J ., 2002: El camino de la Guerra. La violencia en la
prehistoria. Barcelona.
Hanson, V. D., 1990: Le modèle occidental de la guerre. La bataille
d’infanterie dans la Grèce classique. París.
Harmand, J ., 1973: La Guerre Antique de Sumer à Rome. París.
Hill, P. / Wileman, J ., 2002: Landscapes of War: The Archaeology of
Agression and Defence. Oxford.
Huen, V., 2004: La Grande Armée par Victor Huen. París.
Francisco Gracia Alonso
32
 
Keegan, J ., 1976: The Face of Battle. Londres.
— 1993: History of Warfare. Londres. (Edición en español: Historia de la
Guerra, Barcelona 1995).
Keeley, L. H., 1996: War before Civilization: The Myth of the Peaceful
Savage. Oxford.
J imeno, A. / De la Torre, J . I., 2005: Numancia, símbolo e historia. Madrid.
Lago, J . I. / García Pinto, A., 2006: Numancia. Eterno monumento a la
libertad. Madrid.
Le Gall, J ., 1985: Alésia. Le siège de la forteresse gauloise par César. París.
— 1989: Fouilles d’Alise-Sainte-reine (1861-1865). París.
Lee, J . W. I., 2007: A Greek army anot the march. Soldiers and survival in
Xenophon’s Anabasis. Cambridge.
Murdoch, A., 2006: Rome’s Greatest Defeat. Massacre in the Teutoburg
forest. Glouchestershire.
Padgen, A., 2011: Mundos en Guerra. 2500 años de conflicto entre Oriente
y Occidente. Barcelona.
Partner, P., 2002: El dios de las batallas. La guerra santa desde la Biblia
hasta nuestros días. Madrid.
Pritchett, W. K., 1971-1985: The Greek State at War. Berkeley.
Reddé, M., 2003: Alésia, l’archéologie face à l’imaginaire. París.
Robichon, F., 1991: “Napoléon, fin de siècle”, Tradition magazine 57: 20-
34.
— 2007: Édouard Detaille, un siècle de gloire militaire. París.
Schulten, A., 2004: Historia de Numancia. Pamplona.
Scott, D. D. / Fox, R. A. / Connor, M. A. / Harmon, D., 1989:
Archaeological Perspectives on the Battle of the Little Bighorn. Norman.
Sutherland, T. L., 2005: Battlefield Archaeology. A guide to the archaeology
of conflict. Bradford.
Thorpe, I. J . N., 2003: “Anthropology, archaeology, and the origin of
warfare”, World Archaeology 35,1: 145-165
Trainé, J ., 1981: La campagne de Russie. Napoléon 1812. París.
Vandkilde, H., 2003: “Commemorative tales: archaeological responses to
modern myth, politics, and war”, World Archaeology 35,1: 126-144.
Vernant, J . P., 1968: Problèmes de la Guerre en Grèce Ancienne. París.
Vette, Th. / Rigeade, C. / Adalian, P. / Dutour, O. / Signoli, M., 2004a:
“Wilna 1812, Les disparus de la Grande Armée”, Soldats Napoleoniens
3: 78-79.
— 2004b: “Wilna 1812, Les disparus de la Grande Armée 2
ème
partie”,
Soldats Napoleoniens 4: 65-67.
Von Clausewitz, K., 2005: La campaña de Rusia. Barcelona.
Warry, J ., 1980: Warfare in the Ancient World. Londres.
Walter, J ., 2004: Diario de un soldado de Napoleón. Barcelona.
Arqueología e Historia Militar Antigua en Europa y Estados Unidos
33 
 
Walzer, M., 2001: Guerras justas e injustas. Un razonamiento moral con
ejemplos históricos. Barcelona.
Wells, P. S., 2003: The battle that stopped Rome. Emperor Augustus,
Arminius, and the slaughter of the legions in the Teutoburg forest.
Londres.
Yadin, Y., 1963: The art of Warfare in Biblical Lands. Londres.
Zamoyski, A., 2005: 1812. La trágica marcha de Napoleón sobre Moscú.
Barcelona.


































Francisco Gracia Alonso
34
 
Discusión

ROGER RIERA: ¿Cómo podemos identificar a nivel arqueológico un campo
de batalla de la Antigüedad?

FRANCISCO GRACIA: El elemento esencial es, en primer lugar, determinar,
en función de la topografía del terreno, cuál es la posibilidad de ubicación de
un campo de batalla. En segundo lugar, debe procederse a una prospección
sistemática, aplicando la misma metodología de prospección que
utilizaríamos para documentar cualquier otro tipo de yacimiento
arqueológico. En tercer lugar debe utilizarse el detector de metales. De esta
forma podemos identificar concentraciones de objetos y la secuencia de
desplazamiento del conflicto. Posteriormente es cuando se inicia la
excavación arqueológica. En el caso de Talamanca (1714) el equipo
DIPATRI ha utilizado el GPS para el posicionamiento de todos los
materiales, lo que ha permitido reconstruir el desarrollo del enfrentamiento
militar.
Por lo tanto, un campo de batalla se ha de estudiar como cualquier otro
tipo de yacimiento arqueológico. El gran problema con el que nos topamos
en el caso de campos de batalla de la Antigüedad es el de la identificación
del lugar, tal y como se aprecia, por ejemplo, en el caso de Empúries. La
identificación de campos de batalla, sin embargo, es fundamental para ir más
allá de la mera reinterpretación de unas fuentes escritas cuya información es
a menudo sesgada e incompleta.

J ORDI PRINCIPAL: ¿Cómo valoras que la génesis de algunos de los proyectos
relacionados con la investigación arqueológica de campos de batalla tenga
un fuerte componente nacionalista?

FRANCISCO GRACIA: Esta pregunta se puede contestar desde muchos puntos
de vista. En realidad éste no es un problema actual sino que se remonta hasta
el siglo XIX. Un ejemplo de ello son los trabajos de excavación que
promovió Napoleón III en relación con el asedio de Alesia. Otro ejemplo,
aún sin llegar a identificar el lugar exacto del enfrentamiento, es la
utilización que el II y el III Reich hicieron de la batalla de Teutoburgo.
Efectivamente ese peligro que denuncias existe, y es el heredero directo
de la arqueología nacionalista propia del siglo XIX.
Por otra parte, debemos tener en cuenta el problema de la financiación de
la investigación arqueológica en España, una tipo de financiación que no
debería condicionar el desarrollo del trabajo arqueológico pero que,
lamentablemente, sí lo hace, muchas veces con la idea de reescribir la
historia. Sin embargo, no podemos aproximarnos a una parte de la historia,
Arqueología e Historia Militar Antigua en Europa y Estados Unidos
35 
 
reinterpretarla y plantearla de forma simplista, como una lucha entre
“buenos” y “malos”, como en el caso de la Guerra Civil a partir de la Ley de
la Memoria Histórica. Los muertos son muertos por ambos bandos y nuestra
obligación es la de explicar la génesis de un conflicto, su contexto y los
hechos que tuvieron lugar. Lo que no puede hacerse es interpretar en función
de la situación política de cada momento. Es de lamentar que desde la
Administración, desde cualquier administración, se haga un planteamiento
dirigista de las conclusiones de la investigación. Eso es muy peligroso.


































Francisco Gracia Alonso
36
 


Fig. 1. Horace Vernet, La batalla de Wagram. Museo de Versalles.







Arqueología e Historia Militar Antigua en Europa y Estados Unidos
37 
 


Fig. 2. Monumento al teniente coronel Gordon, ayudante de campo del duque de
Wellington, muerto en la batalla de Waterloo. Waterloo.



Fig. 3. La glorificación del sentimiento nacionalista de la guerra. Guardia a la
bandera francesa, 1914.

Francisco Gracia Alonso
38
 


Fig. 4. Los desastres de la guerra. La catedral de Saint Martin (Yprès), en 1918.



Fig. 5. Arqueología del conflicto. Cementerio estadounidense sobre la playa Omaha
(Francia).

Arqueología e Historia Militar Antigua en Europa y Estados Unidos
39 
 


Fig. 6. Reconstrucción histórica. Cartel del film, Gettysburg. Tres días para un
destino (2007).





Reflexiones sobre la historia, situación actual y
perspectivas de la Arqueología e Historia Militar
antigua en España

Fernando Quesada Sanz
Universidad Autónoma de Madrid


Para comprender la situación actual de los estudios sobre Arqueología e
Historia Militar antigua en España es a mi juicio necesario acometer alguna
reflexión comparativa, en especial con el ámbito anglosajón, y retroceder
algo en el tiempo. Pese a que existe una estimable e importante aportación a
dichos campos tanto en la tradición germana como en la francesa, cuyo peso
fue especialmente importante en las décadas finales del s. XIX y primeras
del XX, no cabe duda de que la referencia mundial es, en las últimas
décadas, la escuela académica británica y estadounidense, casi unitaria en
este tema, y su fuerte producción investigadora y divulgadora escrita por un
gran número de autores que no proceden del ámbito académico. Dado que
otro trabajo en este mismo volumen
1
trazará en detalle esa historia, nos
limitaremos aquí a un par de observaciones de referencia útil.

Algo de comparación

Como sabe cualquier especialista o aficionado español a los temas militares,
hasta hace muy poco una visita al Reino Unido o los Estados Unidos de
Norteamérica era motivo de envidia. En el ámbito anglosajón, en efecto, casi
cualquier librería mediana cuenta con una rica sección dedicada a cuestiones
militares, que abarca desde el estudio más o menos divulgativo de la historia
de armas y uniformes, a análisis bien sesudos sobre la economía y la
sociedad en los conflictos bélicos, pasando por toda la gama descriptiva de
batallas y campañas militares de todas las épocas, y memorias de militares
de toda graduación. Y todo esto no escondido en un rincón vergonzante sino
colocado habitualmente en lugares bien visibles e incluso privilegiados
desde el punto de vista del marketing editorial. Sólo en los últimos cinco
años, en un boom editorial sin precedentes, se ha alcanzado en España una
                                                           
1
Ver en este mismo volumen el capítulo de F. Gracia. 
Fernando Quesada Sanz
42
 
situación similar, hasta un grado incluso en que cabe temer a corto plazo un
problema de saturación y hartazgo por la forma en que diversas editoriales se
han lanzado con voracidad sobre el recién descubierto filón. Volveremos al
final sobre algunas de las consecuencias de este fenómeno.
En conjunto, y con los matices apropiados del caso, la Historia Militar
académica ha alcanzado en Gran Bretaña o Estados Unidos un status de
amplia respetabilidad y reconocimiento universitarios,
2
aunque sin alcanzar
todavía pleno rango de especialidad independiente que la sitúe al mismo
nivel que la Historia Económica o Social. Las cuestiones militares nunca se
libran del todo de un cierto halo de sospechosas tendencias freak, si no de
algo peor y socialmente incorrecto. Algún académico británico nos ha
expresado en alguna ocasión su idea de que, pese a la percepción que se
pueda tener desde Francia o España, la especialización en temas militares
sigue siendo considerada una línea ‘menor’ en las esferas más altas de su
tradición académica. Y desde luego, para mantener la respetabilidad, el
historiador o arqueólogo ha de mantener las adecuadas distancias con los
‘aficionados’ a las armas y los uniformes, los juegos de guerra y el
coleccionismo.
3

La Historia y Arqueología Militar han avanzado en el mundo anglosajón
a lo largo de dos avenidas paralelas pero sólo ocasionalmente conectadas.
Por un lado, el ámbito académico, universitario, con una muy estimable y
rigurosa producción que abarca todos los periodos y temas, y en la que ahora
no nos compete entrar, pero que ha sido la base de una oleada de
traducciones que se han realizado (y a veces perpetrado) en España en los
últimos cinco años. Regresaremos sobre ello también.
Por otro lado existe – de manera casi independiente – un mercado que se
centra en el ámbito ‘aficionado’ de los ‘wargamers’ y de los coleccionistas
de figuras de plomo, uniformes y armas. Se trata de un amplísimo mercado
que demanda y proporciona la ‘masa crítica’ de compradores a una
floreciente industria editorial, como muestran en Gran Bretaña y los USA
desde hace muchos años la colecciones editadas por sellos como Osprey,
Montvert, Arms and Armour Press, Greenhill, Tempus, Pen & Sword y otras
muchas editoriales, parte de las cuales sin embargo han desaparecido o se
                                                           
2
Como muestra, por ejemplo, y para el mundo antiguo que ahora nos ocupa, la existencia de
revistas especializadas como el Journal of Conflict Archaeology dentro del Centre for
Battlefield Archaeology de la Universidad de Glasgow. Sin embargo, el prestigioso Journal of
Roman Military Equipment Studies (JRMES) se publica desde fuera del establishment
académico.  
3
Con todo, esto está cambiando poco a poco. Véase al respecto el peculiar libro de Philip
Sabin, quien pese a su respetable posición como profesor de Estudios Estratégicos en el
King’s College de Londres, se ha atrevido a publicar Lost Battles, en el que, junto con la
parafernalia académica habitual de notas, bibliografía y citas, emplea modelos de simulación
tomados directamente del hobby de los wargames o juegos de guerra (Sabin 2007). 
Arqueología e Historia Militar antigua en España
43 
 
han fundido con otras en grupos mayores a lo largo de los últimos años.
4
Lo
mismo ocurre con revistas que abarcan desde un nivel asimilable en la alta
divulgación académica (como Ancient Warfare), a otras centradas en los
diferentes hobbies militares (como las desparecidas Battle, Wargamers’
Newsletter o Military Modelling, Wargames Illustrated y un largo etcétera).
Los autores de este segundo tipo de obras han salido durante mucho
tiempo de entre las filas de los propios aficionados, pero desde hace una
década aproximadamente los especialistas han accedido a bajar de su torre
de marfil, al tiempo que los editores han comenzado a exigir unos estándares
de trabajo más rigurosos, sin que por ello las ventas se hayan resentido. La
calidad de estas obras oscila entre trabajos excelentes en el conocimiento de
los detalles arcanos de armas o uniformes, a veces pero no siempre
producidos por académicos (en el caso del mundo antiguo, los Drs. N.
Sekunda, D. B. Campbell, D. Nicolle o R. Cowan entre otros), hasta libros
claramente prescindibles salvo para el más joven e inexperto de los
adolescentes que quiere documentarse para pintar su primera figura de
plomo. A menudo – pero no siempre –, la calidad va asociada a la
procedencia del autor, ya que pocos escritores ajenos al ámbito académico
manejan con eficacia los instrumentos adecuados para una publicación seria,
por divulgativa que sea. En todo caso, esa carencia de las herramientas del
oficio suele manifestarse en estos libros en la ausencia de bibliografías – y
por supuesto de notas –, de citas correctas a las fuentes originales, de
distinción entre datos y opiniones, aspectos todos que son requisito mínimo
en cualquier trabajo no ya de investigación, sino de divulgación seria. En los
últimos años, sin embargo, los libros de series tipo Osprey han mejorado
mucho su contenido en este sentido.
Una de las consecuencias del ejemplo que supone esta producción
extranjera para la naciente imitación española es que, en pocos años, se ha
producido un salto cualitativo en la producción de libros divulgativos y de
revistas, salto que en el Reino Unido ha llevado décadas. La razón es que el
mercado ‘aficionado’, una vez formado, es ávido, en España tanto como en
el mundo anglosajón, de productos cada vez más detallados y mejor
investigados, hasta el punto de que títulos muy generales y enfoques a veces
pueriles que hace apenas media década eran casi lo único disponible en el
mercado editorial español, se ven ahora desbordados por la demanda
creciente de obras más especializadas y mejor escritas. Sigue existiendo
también una demanda de productos de nivel elemental, marginalmente útiles
para las nuevas oleadas de aficionados, a menudo muy jóvenes, que se
introducen en la materia.
                                                           
4
A título de ejemplo, véase el enorme catálogo de Osprey Publishing:
http://www.ospreypublishing.com/, sin duda la editorial popular que mejor se ha adaptado a
los cambios de público y de estrategia editorial.  
Fernando Quesada Sanz
44
 
¿Una disciplina sospechosa?

En el Editorial introductorio que Tony Pollard y Iain R. Banks escribían en
2005 para justificar la aparición de una nueva revista especializada, el
Journal of Conflict Archaeology, se sentían obligados a explicar que desde
los años setenta del siglo XX, como consecuencia de la ‘Nueva
Arqueología’, por un lado, y la educación del ‘flower power’ de los sesenta
por otro – sin olvidar el impacto de Vietnam en el ambiente académico
estadounidense –, ‘Se produjo un marcado rechazo a discutir los aspectos
más claramente militares de esos conflictos o su expresión a través de actos
de guerra… En parte, esto era una reacción contra la ortodoxia de las
viejas generaciones, donde se asumían funciones militares [en los
yacimientos y fortificaciones] prestando escasa atención a explicaciones
alternativas no militares. En parte, además, no hay duda de que esta actitud
nació de la actitud mental de los arqueólogos que aprendieron el oficio a
fines de los sesenta y en los ochenta cuando entró en juego la llamada
generación del ‘flower power’. Puede que se trate de una simplificación
excesiva, pero durante casi tres décadas [hasta los noventa] el tema
simplemente no estaba de moda, y era sobre todo percibido como el hobby
mal enfocado de unos pocos derechistas y ‘wargamers’ (Pollard / Bank
2005, iv).
En efecto, tras su época de gloria durante las últimas décadas del s. XIX y
primera del s. XX, la Historia Militar adquirió definitivamente ‘mala fama’
después de los horrores de las Guerras Mundiales, en no pequeña medida
porque se percibía, tanto en el ámbito académico como fuera de él, una
relación entre su práctica y la actividad profesional (la guerra) de los
militares de estado mayor – en especial los prusianos – que durante décadas
la habían casi monopolizado. Era una Historia centrada en el análisis de las
batallas antiguas y no tan antiguas desde el impersonal punto de vista de las
‘fichas’ rojas y azules, geométricas y racionales, colocadas sobre mapas…
un tipo de enfoque inhumano que en los campos de batalla había costado la
vida a millones de personas. Ahora los europeos no leían en la prensa sobre
lejanas y exóticas guerras en la India, o China, o Sudáfrica, sino que muchos
de ellos tenían personal y directa experiencia de su realidad, caótica, llena de
horror físico y psicológico, y por tanto sabían lo lejana que era esta realidad
de los asépticos análisis ‘a vista de pájaro’ de la Historia Militar tradicional.
Que esta muy negativa percepción de la Historia Militar practicada hasta
entonces fuera a veces injusta y en cierto modo caricaturizada no la hizo
menos real e influyente. Si a esto unimos el péndulo de la moda académica,
que desde el final de la Segunda Guerra Mundial osciló hacia los análisis
sociales y el estudio de las infraestructuras económicas, supuestamente más
decisivas para la explicación histórica que la narración de acontecimientos
Arqueología e Historia Militar antigua en España
45 
 
políticos y militares, la decadencia de la Historia y Arqueología militar
estaba servida. Sólo entre un grupo relativamente reducido de aficionados a
las armas – y aún así en cierta semiclandestinidad – se mantenían activos los
intereses bélicos.
En el caso de España, paradójicamente, la situación política, que desde
las primeras décadas del s. XIX sobrellevaba un importante peso social y
político del ejército,
5
hubiera podido orientar las cosas de manera diferente.
Pero, y como veremos enseguida, las limitaciones de la formación histórica
de muchos altos militares del ejército franquista, y el creciente rechazo de
los investigadores no militares hacia todo lo que tuviera que ver con el
ejército, acabaron generando una situación paralela a la europea por razones
en parte diferentes.
Desde los años ochenta del s. XX, sin embargo, la situación fue
cambiando gradualmente en Europa y los Estados Unidos. Para las nuevas
generaciones que llegaban a la adolescencia y madurez, el horror de la
experiencia directa de la Guerra Mundial quedaba atrás, al igual que la
percepción de la amenaza inmediata de las ‘hordas soviéticas amenazantes
tras el Telón de acero’. La tradicional fascinación que las armas, los desfiles,
la tecnología ruidosa y peligrosa, y sobre todo la integración en un grupo
cohesionado, han ejercido sobre la mayoría de los adolescentes y jóvenes a
lo largo de la historia humana vuelve a hacerse notar, en Europa y por tanto
en España, en la creciente demanda de literatura divulgativa militar, y
también en el regreso del péndulo de la moda académica, regreso facilitado
además por un notable cambio de enfoque.
En efecto, la multifacetada Historia Militar presta hoy atención sobre
todo a aspectos antes menos valorados, como la logística, los símbolos y
ritos de la guerra, los aspectos sociales, la composición demográfica, étnica,
social de los ejércitos, las finanzas, la psicología del combatiente, etc., sin
abandonar los temas tradicionales como el análisis de tácticas, batallas y
campañas y el estudio de los objetos de la guerra, armas, uniformes y
vehículos. Pero también es cierto que en último extremo la guerra trata de –
con la sanción aprobadora del conjunto de la sociedad – destruir físicamente
a un enemigo. El estudio de las armas y las tácticas, de las operaciones,
acaba siendo central para entender los mecanismos y el funcionamiento de la
guerra, al igual que el comportamiento de los hombres que emplean esas
armas. Es aquí donde el trabajo pionero de J . Keegan The Face of Battle
(Keegan 1978), centrado en una aproximación mucho más realista y próxima
al punto de vista de lo combatientes, ha ejercido una influencia decisiva,
muy marcada en el periodo del mundo antiguo a través de los libros de V. D.
                                                           
5
Entre otros, González Pola 2003 para el s. XIX; más general, Puell de la Villa 2005;
Cardona 1990. 
Fernando Quesada Sanz
46
 
Hanson y otros autores.
6
El libro de Keegan tuvo cierto impacto en la nueva
generación de investigadores españoles a partir de comienzos de los años
ochenta (por ejemplo en quien escribe estas líneas), pero no fue traducido al
español hasta 1990 y por una editora, el Servicio de Publicaciones del Estado
Mayor del Ejército, de difusión escasa en el mundo universitario.

El caso español. Un repaso histórico

Creo que las razones por las que no ha existido en España una escuela de
Historia y Arqueología Militar digna de tal nombre, y menos aún en
comparación con el mundo francés, el alemán y, sobre todo, el anglosajón en
fechas recientes, son múltiples y psicológicamente complejas, pero a mi
modo de ver se basan sobre todo en que España ha estado – desde mucho
antes del franquismo – divorciada de su Ejército y de su tradición militar.
La construcción de la Historia de un estado moderno tiene mucho de
percepción y de autosugestión, especialmente entre el gran público pero no
sólo entre los civiles. Las ‘hazañas bélicas’, incluso en las derrotas, son a
menudo elevadas a la categoría de mitos para construir la idea de un glorioso
pasado militar. En términos militares, el Reino Unido aprovechó – y
aprovecha – sus lejanas campañas coloniales, en la India o en África,
libradas a una saludable distancia por lo que el horror real de la guerra no
fuera percibido directamente por la población. Francia bebe de su pasado
napoleónico y de la gloire de unidades como la Legión Extranjera, en la que
incluso la derrota de Camarón (Méjico, 1863) se convierte en un exemplum.
Si además el resultado es victorioso, como en la experiencia británica de
Rorke’s Drift (Zululandia, 1879), mejor que mejor. Incluso, aunque parezca
increíble, la experiencia de las monumentales contiendas mundiales de 1914-
18 y 1939-45 ha proporcionado – a vencedores, pero también a los
derrotados – motivos de exaltación militar. En la mayoría de los estados
occidentales, incluyendo Rusia y los Estados Unidos de América, esa
percepción del propio pasado ha generado una Historia Militar de la que las
distintas poblaciones se vienen sintiendo en general orgullosos, con razón o
sin ella, en la victoria y en la derrota.
No es el caso de España, en la que durante la época napoleónica la
sangrienta y desesperada Guerra de Independencia tuvo poco de épico, y
donde las campañas coloniales y las guerras civiles que asolaron España
durante todo el s. XIX y principios del XX fueron ampliamente rechazadas
                                                           
6
Para el mundo griego su equivalente, inspirado directamente en la obra seminal de Keegan,
fue el libro de D. Hanson, (1989) The Western Way of War, London. Finalmente, para Roma,
A. Goldsworthy publicó en 1996 su The Roman Army at War, Oxford, obra importante que le
abrió el camino para otros trabajos de carácter mucho más divulgativo. 
Arqueología e Historia Militar antigua en España
47 
 
por el conjunto de la población, que debía alimentar un mal articulado
ejército de quintos. No es lo mismo la generalizada percepción española de
que sus soldaditos bebían orines en un blocao cerca de Anual antes de morir
a manos de una cabila, o agonizaban de fiebre en los pantanos de Cuba, o
incluso atacaban torpemente el Alcázar de Toledo para matar a otros
españoles, que la percepción – respectiva en cada país – de las glorias
prusianas, napoleónicas o victorianas, en grandes batallas campales o en
resistencias heroicas, por mucho que detrás de esas glorias foráneas
existieran a menudo episodios igualmente sórdidos, como ocurrió a menudo
en las campañas británicas en Afganistán o Zululandia.
Pese a algunas acciones interesantes, llamativas o incluso – ¿por qué no
decirlo? – heroicas, la Historia Militar de España desde la Guerra de
Independencia es por lo general una serie tras otra de episodios tristes y a
menudo lamentables. Un ejército mal armado y organizado, sin recursos, a
menudo forzado a actuar como fuerza de represión interna o empantanado en
guerras impopulares, improductivas o salvajes – o todo a la vez, como en
Cuba o Marruecos – no inspira demasiado para realizar estudios académicos.
Además el ejército español pasó progresivamente de ser un foco liberal en la
Guerra de Independencia, a encastillarse como un grupo cada vez más
conservador, centrado en el control y la represión interna, un fenómeno que
se agudizó tras la Guerra Civil de 1936-39. Todo ello ha creado una
desconfianza en España hacia todo lo militar, desconfianza que se ha
extendido hasta la Historia Militar, percibida tradicionalmente como una
rama muy conservadora per se de los estudios históricos.
Por otro lado, tras la destrucción del nazismo y del fascismo italiano, y el
aislamiento de los años cuarenta, la intelectualidad española más inquieta y
activa ha sido no sólo por regla general antifranquista, sino también
antimilitarista y muy reacia a abordar estudios militares desde una óptica
desapasionada que equilibrara los excesos mitificadores, dejando de esta
modo campo libre a una Historia Militar hecha por aficionados y pobre de
conceptos. Así, al tiempo que los académicos desconocían lo militar y lo
rechazaban, algunos militares profesionales ocuparon plaza de historiadores,
realizando trabajos de ‘investigación’ militar histórica para los que a menudo
no estaban preparados – aunque por supuesto hay excepciones a la regla.
7
La
Historia y Arqueología Militar de los historiadores fue desde los años
cuarenta casi testimonial; la de los militares – que a menudo además
parecían apropiarse del tema –, era a menudo metodológicamente tosca e
                                                           
7
La Revista de Historia Militar, decana de las españolas en estos temas (su número 1 data de
1957) viene editándose por el ejército – actualmente por el Ministerio de Defensa – y contiene
numerosos ejemplos de ambas orientaciones. Desde hace una década su nivel académico
medio ha aumentado considerablemente y, en la actualidad, puede competir perfectamente
con cualquier publicación universitaria especializada. 
Fernando Quesada Sanz
48
 
incluso científicamente discutible por mitómana y laudatoria, incluso en
fechas relativamente recientes (e.g. Gárate 1981).
En consecuencia, la producción española del s. XX queda muy lejos, en
cantidad e incluso en calidad, de la anglosajona o de la francesa en temas de
historia militar antigua. Desde el punto de vista estrictamente arqueológico,
antes de la Primera Guerra Mundial, los primeros estudios sobre temas
militares en España no fueron obra de arqueólogos o historiadores españoles,
sino de expertos extranjeros, salvo excepciones muy aisladas y por lo
general poco acertadas amén de insertas en la tendencia glorificadora:
‘honra y alegría del español (sic), a la cual amó siempre más que a su vida,
era la espada, hasta el punto de suicidarse cuando se veía desarmado’
(Fulgosio 1872, 353). Los intentos de reconstrucción de armas y panoplias
de los antiguos hispanos en los Álbumes de láminas del s. XIX reflejan un
considerable atraso en los estudios arqueológicos y una dependencia casi
completa de las fuentes literarias (sobre todo las descripciones de Estrabón y
Diodoro), y una cierta dosis de imaginación (conde de Clonard 1861;
Giménez 1862).
De entre los investigadores extranjeros destacan las figuras de Pierre
Paris y Arthur Engel, con su interés por las campañas cesarianas en el sur de
la Península Ibérica y sus excavaciones en la muralla de Osuna (Engel / Paris
1906; cf. 1999). Un caso similar es el de Adolf Schulten, quien acompañado
del general prusiano Lammerer como topógrafo, realizó grandes
excavaciones en Numancia, además de interesarse por numerosos aspectos
de detalle de la antigüedad hispana (Schulten 1912; 1914-1931; 1943, entre
otros). Schulten hubo de enfrentarse a la furiosa oposición de algunos de los
habitantes de la provincia de Soria, quienes rechazaban las perspectivas
colonialistas y paternalistas que en cierto modo encarnaban los trabajos de
Schulten (Gómez Santacruz 1914). Por otro lado, sin necesidad de realizar
excavaciones a gran escala, el estudio del ingeniero Horace Sandars sobre el
armamento ibérico mantiene incluso hoy utilidad, y resultó muy adelantado a
su tiempo (Sandars 1913a y 1913b).
Esa tradición de investigadores extranjeros ha perdurado durante décadas
y hasta la actualidad, con hitos relevantes como el muy influyente estudio de
W. Schüle sobre las panoplias de la Meseta (Schüle 1969), o el más limitado
de W. Dehn sobre grebas (Dehn 1988). Sin embargo, con el paso del tiempo
el rápido desarrollo de la metodología empleada por los investigadores
españoles, unido al aumento exponencial de los datos conocidos, ha hecho
que algunos trabajos posteriores, pese a su interés en cuestiones concretas, a
menudo adolezcan de información actualizada (e.g. Lenerz de Wilde 1986 y
1992; Stary 1994) por lo que su influencia resulta mucho menor en el avance
de la investigación actual. La creciente colaboración con investigadores
Arqueología e Historia Militar antigua en España
49 
 
españoles, caso de Numancia, ayuda a equilibrar la balanza (e.g. Morales /
Dobson 2005).
La labor de investigadores como Paris y Schulten sirvió para colocar la
arqueología y la historia militar antigua españolas en el mapa europeo,
aunque todavía limitada al estudio de campañas globales del ejército romano
en territorio peninsular. Estos trabajos arqueológicos pioneros parecieron
tener continuidad inicialmente en algunos estudiosos españoles. Así, el
Marqués de Cerralbo (Aguilera y Gamboa 1911 y 1916) prestó especial
atención a las armas en sus excavaciones, secundado por su colaborador
J uan Cabré (e.g. Cabré 1929; 1931; 1939-40; además Lorrio 2004; Quesada
2004), quien a su vez formaría a su hija María Encarnación Cabré. Esta
investigadora comenzó a realizar una espléndida tesis doctoral sobre el
armamento celtibérico y el armamento de la Meseta desde un punto de vista
tipológico y de la simbología de las armas. Por desgracia, su más que
prometedora investigación (Cabré de Morán 1934a; 1934b; 1947; 1949;
1951; etc.) quedó truncada por el estallido de la Guerra Civil, poniendo fin
de esta forma durante décadas al posible desarrollo de una arqueología
militar rigurosa en España que, más allá de la descripción tipológica del
armamento, se ocupara de analizar el contexto histórico, social, económico,
militar, funcional, simbólico y ritual de las armas, así como del estudio de
las fortificaciones y los campos de batalla.
Tras la Guerra Civil, y bajo la asfixiante tutela de un ejército
omnipresente en muchos aspectos de la vida civil, algunos investigadores
como Antonio García y Bellido, realizaron trabajos de historia y arqueología
militar, como parte de sus investigaciones de otra índole. García y Bellido se
centró en cuestiones tipológicas (por ejemplo, García y Bellido 1946), pero
también en el conjunto del ejército romano en Hispania, los mercenarios
ibéricos y otras cuestiones (García y Bellido 1945; 1962; 1968). Por su parte,
también Manuel Marín Peña publicó en este periodo su libro Instituciones
Militares Romanas (Madrid 1956), obra que en aquellos momentos era
perfectamente equiparable a los mejores trabajos que se estaban realizando
en Europa, pero que no creó escuela.
En cualquier caso, esos trabajos de la posguerra fueron siempre el
resultado de esfuerzos individuales. Al mismo tiempo, muchos militares
consideraban que la Historia Militar era un ámbito que atañía especialmente
a su profesión. Prueba de ello la encontramos en la Historia del ejército
español (Madrid 1981), coordinada por el coronel de infantería J osé María
Gárate y redactada por militares bajo disciplina militar, como muestran los
propios créditos de la portada de la obra, ordenados por graduación y
profesión.
El estancamiento de los estudios de tema militar de la antigüedad se fue
superando gradualmente en los años ochenta del s. XX con la aparición de
Fernando Quesada Sanz
50
 
una generación de investigadores que pudieron ampliar su formación con un
amplio conocimiento de la bibliografía extranjera, en particular anglosajona,
y que se enfrentaron a estudios de tema militar, sobre todo estudios
tipológicos de armamento y fortificaciones, pero con un peso creciente de
los aspectos sociales, ideológicos y rituales. Algunos de estos estudios
nuevos en forma de monografía se publicaron incluso en editoriales
extranjeras iniciando una tendencia que hoy se ha generalizado (Kurtz 1987;
Griñó 1989; Quesada 1989 y 1997a).
También en los años ochenta por vez primera un – equivocado – libro de
divulgación de la serie Osprey, el dedicado a Rome’s enemies: Spanish
Armies (Treviño 1986) fue reseñado por un ‘peso pesado’ académico como
Alberto Balil en una revista científica (Balil 1987), adelantando una línea de
valoración de esta variante divulgativa que no eclosionaría realmente sino
veinte años después.
En este cambio fue decisivo el reconocimiento – a veces a regañadientes
– por parte de la comunidad de historiadores de que la guerra fue en la
Antigüedad una experiencia central de las sociedades, a la que las fuentes
literarias e iconográficas (que, no olvidemos, reflejan los valores e intereses
de los grupos dirigentes) otorgaron un papel primordial, quizá
desproporcionado, pero sin duda central. Sin obsesionarse con lo militar,
poco a poco se fue haciendo evidente para la comunidad científica que una
aproximación a la Antigüedad que no prestara a los temas militares una
atención equivalente a la otorgada a los aspectos económicos, rituales o
sociales, resultaría en una estructura coja e inestable para nuestra
comprensión del pasado.
Los mayores progresos se hicieron en los años ochenta en temas
relacionados con la antigüedad hispana, y sobre todo desde una perspectiva
arqueológica. Sin embargo, también en estos años se comenzaron a publicar
de manera creciente estudios referidos a temas militares del mundo griego y
romano, pero todavía de manera relativamente aislada. Son especialmente
significativos el estudio de Fernández Nieto (1975) sobre el mundo griego o
los sucesivos de J . Martínez Pinna sobre los orígenes del ejército romano,
resultado de su Tesis Doctoral (1981).
También a comienzos de los ochenta se tradujeron algunos de los libritos
divulgativos, de excelente calidad, de Peter Connolly, que hoy en día son
afanosamente buscados por los aficionados (Connolly 1981a y 1981b).

La situación actual en España. La investigación

El despegue que se iniciaba en los años ochenta se produjo definitivamente
en los años noventa del siglo pasado, y ha continuado en toda esta última
Arqueología e Historia Militar antigua en España
51 
 
década de manera creciente, tanto en el ámbito de la investigación como en
el de la divulgación.
En ambas facetas, la investigadora y la divulgativa, no cabe duda de que
el mundo antiguo es una subdisciplina relativamente menor. En la
producción publicada sobre Historia Militar en España, original o traducida,
sin duda el tema más popular es la Segunda Guerra Mundial, seguida por
otros periodos (época actual, periodo napoleónico y el mundo antiguo, no
necesariamente en este orden). Las modas lo dominan hoy todo, y también el
mercado editorial. Desde la segunda guerra de Irak (2003) sobre todo
asistimos a un verdadero ‘boom’ de publicaciones de Historia militar, que en
España se ha convertido de lento goteo en caudaloso torrente, en forma de
traducciones sobre todo, e incluso de algunas producciones propias. La
Antigüedad, siguiendo la tónica general, se sitúa en tercer o cuarto lugar
entre los temas favoritos de editores y público. Se ha producido así un
fenómeno de ‘retroalimentación positiva’ en el que la respuesta editorial a
una demanda percibida ha generado un mayor interés dada la mayor oferta
disponible, propiciando un crecimiento tanto de la investigación como de la
divulgación.
Desde el primer punto de vista, querríamos recordar que el concepto
mismo de ‘Arqueología militar’ es una etiqueta útil pero a la vez engañosa,
al igual que la llamada ‘Arqueología de la Muerte’, ‘Arqueología de
Género’, ‘de la Arquitectura’, etc. Lo mismo ocurre con la ‘Historia Militar
(Antigua)’. Desde mi punto de vista somos estudiosos del pasado, y esas
etiquetas indican simplemente un punto de partida y un énfasis inicial. Pero
los temas militares exigen, como antes apunté, abordar cuestiones tan
diversas como la tecnología metalúrgica, las convenciones iconográficas, los
ritos funerarios, el papel de las armas en la simbología, los estudios de fauna,
la fisiología del esfuerzo, la ideología del poder, la fiabilidad de las fuentes,
el análisis textual… y muchos otros temas. Es por ello que el proceso (por
otra parte natural) de especialización lleva a crear nichos académicos que
ofrecen tantas ventajas como problemas plantean. No es el menor de los
últimos el encasillamiento de los especialistas en cada tema, con una cierta
tendencia además a aplicar el principio de ‘vive y deja vivir’, que limita el
debate académico. Por ello las polémicas amistosas que se vienen
produciendo en el ámbito de la Arqueología Militar, por ejemplo entre quien
esto escribe y otros investigadores en torno al significado y papel de las
fortificaciones ibéricas y meseteñas, resulta beneficioso.
La consolidación de los estudios militares de la Antigüedad en España se
ha hecho evidente en los últimos años en diversos frentes.
En primer lugar, debe anotarse la aparición en las Universidades de
asignaturas específicas de Arqueología e Historia Militar antigua, dentro de
Cursos oficiales. Por poner un ejemplo familiar para quien escribe esto, es el
Fernando Quesada Sanz
52
 
caso de la Asignatura de Arqueología Militar que se imparte en el Máster de
Arqueología y Patrimonio, y en el de Historia y Ciencias de la Antigüedad,
de la Universidad Autónoma de Madrid, con gran demanda entre los
alumnos de postgrado.
8
Todavía estamos lejos de la creación de centros
específicos como por ejemplo el programa de postgrado en Conflict
Archaeology de la Universidad de Bristol
9
o el Centre for Battlefield
Archaeology de la Universidad de Glasgow, pero es un comienzo, como lo
es también la formación en la Universidad Autónoma de Madrid de un
Grupo de Investigación competitivo denominado ‘Polemos, Arqueología e
Historia de la Guerra Antigua’
10
o el portal de Internet del mismo nombre,
Polemos, creado en la Universidad de Barcelona y dedicado a los campos de
batalla de todos los periodos.
11

En paralelo, actividades universitarias de Historia Militar que hasta
recientemente sólo habían tomado en cuenta desde el mundo medieval en
adelante, ahora integran en sus programas de manera natural el mundo
antiguo. Es el caso del título de postgrado de ‘Especialista en Historia
Militar’ impartido en la UNED a través del Instituto Universitario General
Gutiérrez Mellado desde el curso 2009-2010,
12
o los amplios Cursos de
Introducción a la Historia Militar de España impartidos por el Instituto de
Historia y Cultura Militar, dependientes del Ministerio de Defensa,
13
todos
ellos integrando de manera natural especialistas civiles y militares. Los
propios militares adquieren desde hace unas décadas una cada vez más
sólida formación histórica, bien dentro de sus planes de estudio, bien
realizando licenciaturas añadidas, en un esfuerzo verdaderamente ejemplar.
También se vienen desarrollando en los últimos años Proyectos de
Investigación del mayor nivel (dentro de los Programas de I+D de los
ministerios correspondientes) dedicados específicamente a temas militares
de la Antigüedad, desde la perspectiva del estudio de las armas,
campamentos militares romanos, etc.
14
Igualmente, se realizan Proyectos
internacionales con esta misma temática, caso del recientemente concluido,
financiado por la ANR (Agence Nationale de la Recherche) francesa con una
                                                           
8
Ver http://web.uam.es/departamentos/filoyletras/prearq/master01.htm  
9
http://www.bris.ac.uk/archanth/postgrad/conflict
http://www.gla.ac.uk/departments/battlefieldarchaeology/  
10
Grupo UAM F-063 en el que se han defendido y vienen realizando varias Tesis Doctorales,
hasta cinco de ellas de tema exclusivamente militar. 
11
http://www.polemos.org/que-es-polemos 
12
Ver http://iugm.es/docencia/especialista-universitario/historia-militar/  
13
Ver http://www.ejercito.mde.es/unidades/Madrid/ihycm/Actividades/cursos/intro-historia-
militar-espana-principal.html  
14
Ver por ejemplo los Proyectos PB94/0189; PB97/0057; 0BHA 2001-0187, HUM2006-
08015 dirigidos por F. Quesada de la UAM (ver http://www.uam.es/equus ); o los Proyectos
BHA2002-03305 y HUM2006-00534 dirigidos por A., Morillo, de la UCM. 
Arqueología e Historia Militar antigua en España
53 
 
amplia participación de historiadores y arqueólogos españoles, titulado ‘La
guerre et ses traces. Conflits et sociétés en Hispanie à l’époque de la
conquête romaine (IIIe-Ier siècle av. J.-C.)’,
15
o el Proyecto sobre las
víctimas civiles de guerra en el mundo clásico, dirigido por el Dr. T. Ñaco
del Hoyo.
De tanta o mayor importancia desde una perspectiva a largo plazo es la
aparición de una serie de publicaciones periódicas especializadas en el
mundo militar antiguo. Destaca especialmente la revista Gladius, editada por
el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que nació del
esfuerzo personal de dos investigadores daneses trasladados a España en
1961 – Fernando Hoffmeyer y Ada Bruhn –, que finalmente consiguieron
fundar un Instituto de Armas Antiguas asociado al CSIC, absolutamente
novedoso en su época, que acabó tras una serie de vicisitudes instalando su
sede en J araiz de la Vera, donde todavía sigue, aunque lamentablemente ha
perdido su especificidad para el ‘estudio de las armas antiguas’. La revista,
asentada en España pero en la práctica extranjera en su gestión y artículos,
parecía morir en 1986 y definitivamente con el fallecimiento de Ada en
1991. Sin embargo, y tras un largo hiato, tanto el Instituto como la Revista
fueron reactivados por el CSIC en 1999. Aunque la situación de crisis
generalizada pone en peligro la existencia como tal del Instituto – lo que
sería una lamentabilísima pérdida de un activo ya existente – la revista se ha
convertido rápidamente en su segunda época en una referencia nacional e
internacional.
16
Uno de los rasgos de Gladius que hemos conservado ha sido
precisamente su decidida vocación multilingüe de proyección internacional.
De ese modo la revista publica consistentemente en torno a un tercio de sus
trabajos en inglés o francés, lo que es inusual en las revistas académicas
españolas de Humanidades.
En paralelo, se ha consolidado una serie de trabajos monográficos de alto
nivel de investigación, los Anejos de Gladius, de los que se han publicado
hasta la fecha trece volúmenes, que abarcan temas de Arqueología e Historia
medieval desde el mundo romano al mesoamericano, pasando por la Grecia
clásica o el mundo celta.
17

Pero, afortunadamente, Gladius no es la única iniciativa en este sentido.
El Prof. Sabino Perea, de la Universidad de Murcia, ha puesto en marcha
                                                           
15
Dirigido por M. Navarro, de la Universidad de Bordeaux III (ref. ANR-06-CONF-006-01). 
16
Gladius tiene todo su archivo histórico disponible gratuitamente en Internet en
http://gladius.revistas.csic.es/index.php/gladius. De entre las 21 revistas de Humanidades
editadas por el CSIC, es la que ha recibido más visitas desde la creación del Portal
Institucional para todas ellas (http://gladius.revistas.csic.es). Es una de las escasísimas revistas
científicas españolas de Ciencias Sociales y Humanidades indexada en los principales índices
reconocidos mundialmente, A&HCI (ISI, USA) y SCOPUS (Elsevier, NL). 
17
http://www.hoffmeyer.iam.csic.es/anejosglad.htm  
Fernando Quesada Sanz
54
 
otra revista especializada dedicada al mundo militar romano, Aquila
Legionis, y una serie de monografías parcialmente dedicada a temas
militares, la colección Signifer.
18

Estas revistas tienen un fuerte componente internacional, para tratar de
adaptarse a una presión normativista que algunas autoridades administrativas
no parecen calibrar bien. La publicación de novedades en Arqueología o
Ciencias Históricas no puede funcionar del mismo modo que las de Física, y
el tipo de revistas y su alcance no puede ser el mismo en Arqueología que en
Astronomía. Un trabajo de Astronomía, Física o Medicina es igualmente
relevante en Ciudad del Cabo que en Moscú o en Toronto. Por eso las
revistas científicas en estos temas tienen sistemas mundiales de indexación y
evaluación. En cambio, el trabajo arqueológico e histórico es, por su propia
naturaleza, de carácter más local, regional o a lo sumo continental. Es
absurdo presentar los resultados anuales de una excavación celtibérica, por
importante que sea, en una revista internacional como Antiquity, como si
fuera Nature o Science. En esas revistas pueden y deben publicarse
resultados finales, síntesis o enfoques teóricos relevantes para el trabajo de
los estudiosos de otras culturas, que puedan así beneficiarse de los avances
en otras regiones o subcampos. Pero a un especialista en cultura azteca no le
va a resultar útil la inmensa mayoría de los estudios de detalle sobre la
cultura ibérica, o a la inversa. Los trabajos de cerámica, tipología de armas,
estratigrafías, etc. tienen un alcance más limitado. A lo sumo, interesarán a
nivel mundial las conclusiones a que lleguemos, por ejemplo, sobre la
concepción de la guerra entre los iberos, o sobre el papel de la mujer en el
ritual funerario.
Es cierto, con todo, que la suma de todos estos esforzados trabajos locales
va configurando nuestro conocimiento global del pasado. Obviamente,
cuando se abordan momentos o culturas de impacto mundial o continental o
– por ejemplo los estudios sobre la expansión del género Homo, o el Imperio
Romano – los trabajos hechos en España adquieren un interés mucho más
amplio desde el punto de vista geográfico, pero son casos relativamente
aislados. En el impacto internacional de un tema de investigación es decisiva
por supuesto su capacidad de interesar a expertos de otros países. Por
ejemplo, el tema de la guerra en Iberia tiene una influencia internacional
mucho mayor cuando nos acercamos a la época de Aníbal, por razones
obvias. Y en este sentido, cuando los especialistas españoles en temas
militares trabajan sobre temas de ámbito geográfico mayor, sus aportaciones
no es sólo que sean bien acogidas internacionalmente, sino que están
cambiando sustancialmente el conocimiento general, caso por ejemplo del
ejército romano en época republicana e imperial, como reconocen con
                                                           
18
http://sapiens.ya.com/AQVILA-LEGIONIS/; http://sapiens.ya.com/signiferlibros/  
Arqueología e Historia Militar antigua en España
55 
 
naturalidad los mayores especialistas extranjeros (e.g. Morillo /
Aurrecoechea 2006; Quesada 1997a y 1997b).
En suma, actualmente en el ámbito académico español es perfectamente
posible realizar Tesis Doctorales y trabajos de investigación sobre
Arqueología e Historia Militar antigua y medieval, abarcando cualquiera de
sus facetas (tipología y función de las armas, simbolismo, consideraciones
económicas sobre el armamento, etc.).
Buena prueba de la normalización de la disciplina en nuestro país es la
frecuente organización de coloquios y congresos sobre esta temática (en
especial sobre arqueología militar romana), a menudo de carácter
internacional, como el Roman Frontier Studies, que en 2006, con motivo de
su 20ª edición, se celebró por primera vez en España (León).
19
Es sólo una
muestra de la docena de Congresos especializados celebrados en España
únicamente en los últimos diez años, en la Casa de Velazquez, Universidad
Autónoma de Madrid, Universidad SEK, Universidad de Lleida, de
Barcelona, Diputación de Castellón, Universidad de León etc.
20

Probablemente no haya muchas facetas específicas de los estudios de la
Antigüedad (Arqueología ‘de Género’, ‘Espacial’, ‘de la Arquitectura’,
ceramología, arqueometalurgia, etc.) que haya contado con un número tal de
reuniones especializadas en la última década.
En paralelo, ha aumentado exponencialmente en los últimos años el
número de publicaciones especializadas y su impacto. Si dejamos a un lado
los artículos científicos, que han crecido exponencialmente, basta el número
creciente de monografías como prueba de ello. Quizá el mejor ejemplo del
cambio de tendencia sea la forma en que el Ministerio de Defensa – y en
general el mundo militar – coordina sistemáticamente sus publicaciones con
especialistas civiles. La tendencia se apreciaba ya en la exposición que sobre
‘La guerra en la Antigüedad’ se celebró en Madrid en 1997, y que dio lugar
a un importante volumen (Guerra 1997), y se consolida plenamente en los
tomos de la monumental Historia Militar de España en curso, cuyo primer
                                                           
19
Publicado en tres tomos en la colección Anejos de Gladius 13 (supra), bajo la dirección
científica de A. Morillo, E. Hanel y E. Martín. 
20
Ver por ejemplo sobre la Iberia prerromana y mundo romano: Moret / Quesada 2002;
Morillo 2002; Bendala / Moret / Quesada 2002-2003; Morillo 2003; Alonso et al. 2003;
Morillo / Cadiou / Hourcade 2003; Pérez / Illarregui 2004; Costa / Fernández 2005; Morillo
2006; Oliver 2006; Berrocal / Moret 2007; Cadiou / Magallón / Navarro 2008; Illarregui /
Larrañaga 2008; Quesada / Navarro / Cadiou 2010. A ello hay que añadir coloquios
monográficos sobre la guerra en el Próximo Oriente Antiguo (Baquer et al. 2003).
Todo ello sin contar los recientes congresos, no publicados todavía, celebrados en 2010 en
Santander (el combatiente); Burdeos (Conflits et societés en Hispanie à l’époque de la
conquête romaine), Lleida (Les defenses exteriors i la poliorcètica preromana: els fossats;
sobre fosos en las fortificaciones protohistóricas) y Barcelona (sobre la situación de la
Historia Militar antigua). 
Fernando Quesada Sanz
56
 
volumen, dedicado a la Antigüedad, fue realizado por civiles especialistas en
el tema (Almagro 2009), ya que el Ministerio de Defensa se ha coordinado
con la Real Academia de la Historia para esta empresa, que ya tiene dos
volúmenes publicados.
F. Gracia percibía claramente este fenómeno de crecimiento en un review
article publicado en la prestigiosa revista Pyrenae (Gracia 2007). Quizá el
punto de partida del proceso pueda fijarse en el año 1997, en el que además
de la Exposición sobre la guerra antigua antes citada se publicó El
armamento ibérico (Quesada 1997), editado conscientemente en Francia
como una apuesta para maximizar su impacto internacional. Que tal apuesta
tuvo éxito queda probado por el hecho de que, además de ser recensionado
por las principales revistas especializadas españolas (como, entre otras,
Trabajos de Prehistoria, Gerión, etc.), el libro fuera objeto de amplias
reseñas en muchas de las más importantes revistas internacionales, en
número inusitado para una obra en español sobre un tema peninsular
(American Journal of Archaeology, Germania, Antike Welt, Revue
Archéologique, Praehistorische Zeitschritf).
Además, las editoras comerciales, y no solo las instituciones académicas
o públicas como las Diputaciones (cuyas ediciones se caracterizan
normalmente por una pobre distribución y ausencia de interés en el balance
económico), han empezado a interesarse por la publicación de obras de
investigación de temática militar antigua. Estas obras, que mantienen el rigor
académico, se presentan de manera atractiva para un público culto más
general, y llegan a tener una razonable difusión comercial (e.g., Gracia
2003), incluso en el caso de temas muy concretos pero de proyección amplia
(e.g. Quesada 2009).
Otro aspecto que conviene destacar es que en los últimos años
investigadores españoles empiezan a proyectar hacia el exterior no sólo la
investigación local, relacionada con aspectos puramente peninsulares (como
el armamento ibérico ya citado), sino que comienzan a publicar al máximo
nivel sobre cuestiones exteriores a la Península, caso por ejemplo de los
estudios sobre rituales de armas en el Mediterráneo antiguo (e.g. Gabaldón
2004), o la falange griega arcaica (e.g. Echeverría 2008). Más aún, en una
inversión notable de tendencia, no sólo investigadores extranjeros que antes
publicaban sobre las antigua militaria hispanas buscan ahora colaborar con
especialistas españoles (v. supra), y se informan detalladamente de la
bibliografía publicada en español, especialmente los de origen alemán y
francés (e.g. Cadiou 2008; Meister 2007; Moret 1996; Stary 1994), sino que
los especialistas españoles publican en el exterior de manera creciente, en los
foros más especializados, y no sólo en artículos de fondo sobre problemas
hispanos (e.g. Lorrio 1994; Quesada 1997b), sino en trabajos monográficos
de temas que, como antes decíamos, desbordan el marco de Iberia (e.g. Ñaco
Arqueología e Historia Militar antigua en España
57 
 
2003). En este sentido tiene especial significación que especialistas
españoles publiquen o coordinen de manera creciente monografías en el
extranjero sobre temas militares en el mundo griego clásico (e.g. Fornis
2008), e incluso sobre otros tradicionalmente mucho más distantes de la
investigación local, como la guerra en el Próximo Oriente (Vidal 2010). Es
evidente, por supuesto, que esta búsqueda para conseguir el mayor impacto
posible del trabajo realizado de temática de interés internacional, (no en el
ambiente limitado de la Academia española, sino en su lugar natural, el
ambiente académico europeo y americano), no se limita al mundo militar,
sino que viene siendo cada vez más frecuente en todos los temas. Esta
internacionalización, como hemos visto ya, se aprecia también en la
aprobación de Proyectos científicos internacionales.
El uso de Internet, y más concretamente la posibilidad de acceder al
contenido de las revistas a través de la red mundial, ha servido de forma
decisiva para ampliar el impacto de la investigación española. Por ejemplo,
en el caso de Gladius, el hecho de colgar los artículos en formato PDF para
su descarga gratuita ha permitido elevar su impacto a escala mundial. De
hecho, como hemos indicado, de las veintiuna revistas de humanidades
editadas por el CSIC, Gladius es la que más visitas recibe. Otro elemento
que está posibilitando el considerable crecimiento de la difusión
internacional de las investigaciones realizadas en España son las páginas
web de grupos de investigación en Arqueología e Historia Militar antigua.
21

Se cita actualmente mucho más la investigación española en el
tradicionalmente reacio mundo anglosajón precisamente gracias a que
Internet llega donde no llega la limitada difusión de las publicaciones
académicas españolas en formato papel.
Más allá de la proliferación de publicaciones y congresos sobre
arqueología e historia antigua militar, quizá el campo en el que se han
producido mayores avances en los cinco últimos años ha sido el de la
arqueología de los campos de batalla, antiguos y más recientes, como
muestra por ejemplo el número monográfico de la revista Iber 51 (2007)
titulado Campos de batalla, espacios de guerra, o el dossier recientemente
publicado por la revista Complutum, coordinado por A. González Ruibal
(2008). Aunque el periodo analizado por esta última se aleje de nuestro tema
actual, es un indicio de que la aplicación del método arqueológico a los
campos de batalla es cada vez más una realidad, como ocurre por ejemplo en
las excavaciones en el Cerro de la Cruz (Almedinilla, Córdoba), donde los
restos de un sistema de trincheras de la Guerra Civil reciben el mismo interés
que el poblado ibérico subyacente (Muñiz / Quesada 2010).
                                                           
21
Por poner dos ejemplos, http://www.uam.es/equus y http://www.polemos.org/  
Fernando Quesada Sanz
58
 
Aunque todavía estamos lejos de proyectos como el Battlefields Trust
británico, no cabe duda de que se está avanzando en la dirección correcta,
aún con debilidades propias de la infancia. Prueba de ello la tenemos en el
proyecto Baecula, con la probable identificación del campo de batalla de la
segunda guerra púnica en un lugar distinto al que tradicionalmente se había
apuntado (Bellón et al. 2005 y 2009). Se trata de un proyecto modélico
desde un punto de vista metodológico (prospección, uso sistemático de
detectores, GPS, sistemas de información geográfica, etc., cf. Quesada
2008a) realmente puntero a nivel internacional y que está recibiendo
constantemente consultas por parte de otros grupos sobre la utilización por
ejemplo de las tachuelas de las caligae con el fin de trazar el movimiento de
las tropas.
Afortunadamente Baecula no es un caso aislado, sino que ya le podemos
añadir los ejemplos de Andagoste (Ocharán / Unzueta 2002); o los
campamentos de época de Aníbal en la zona de Derrotas en la
desembocadura del Ebro (Noguera Guillén 2008). Aunque con retraso, la
investigación española se ha incorporado plenamente al estudio de los
campos de batalla, y lo ha hecho con una metodología ejemplar. Otro
ejemplo muy ilustrativo son las excavaciones del Cerro de la Cruz
(Almedinilla, Córdoba) (Muñiz / Quesada 2010), donde ha sido posible
identificar desde un punto de vista arqueológico una auténtica tragedia en
tres actos. El primero del siglo II a.C. con una masacre en el yacimiento
ibérico causada por tropas romanas en época de Viriato, con el hallazgo de
cadáveres mutilados (López Flores 2010). El segundo en el siglo IX d.C. con
la revuelta de Ibn Hafsun contra el emirato de Córdoba. Y el tercero, ya en el
siglo XX, donde las trincheras de la Guerra Civil abiertas en el cerro
aprovechan los aljibes de época ibérica para servir de refugio a dos
compañías del regimiento de Pavía que fueron sorprendidas en 1937 por un
ataque de las brigadas del ejército popular de la República (Muñiz 2010).

La divulgación reciente en España

Como apuntábamos arriba, el reconocimiento académico ha ido de la mano,
en los últimos veinte años, del reconocimiento popular. Además de la
fascinación – en ocasiones morbosa – que ejerce la guerra, el público lector
general interesado sabe casi instintivamente que las guerras son importantes,
que la humanidad se ha jugado y decidido mucho con la violencia
organizada, ahora y siempre. A menudo, si no se hace una divulgación seria,
esa fascinación puede derivar hacia lo anecdótico, hacia temas que al
historiador y arqueólogo profesional le resultan irrelevantes, como la
búsqueda de ‘la mejor arma’, ‘el mejor ejército’, ‘la batalla más perfecta’, ‘la
masacre más salvaje’, la ‘resistencia más heroica’ y así sucesivamente. En
Arqueología e Historia Militar antigua en España
59 
 
particular las inacabables discusiones sobre el mejor tanque / avión / ejército,
planteadas en tan simples términos, parecen ejercer una fascinación casi
fetichista, sobre todo en jóvenes que nunca han cogido un arma de verdad, y
menos visto sus efectos. Esas eternas discusiones sobre ‘el mejor tanque’, o
‘el mejor avión’ inspiran muchos libros de nulo valor. Uno de los deberes de
la buena divulgación es a mi juicio precisamente explicar la puerilidad de
esas visiones – que tienen su mercado, qué duda cabe – con un enfoque
mucho más riguroso.
No cabe la menor duda del impacto que el cine – y en menor medida las
series de televisión – ha ejercido en la última década sobre la popularidad de
los temas militares antiguos. El revival del viejo peplum, relanzado desde
Gladiador (2000), ha seguido hitos sucesivos, que enfatizan mucho el
aspecto militar, en Troya (2004), Alexander (2004), El Reino de los Cielos
(2005); la serie Roma (2005); 300 (2006), amén de productos menores como
El Rey Arturo (2004), La última Legión (2007) y subproductos vagamente
históricos como la serie Hispania (2010). El impacto de estas películas ha
dado lugar a la publicación – e incluso sobre-publicación – de monografías
específicas, a menudo traducciones, sobre temas relacionados. Esas películas
han multiplicado pues el interés y han permitido que la investigación
académica de alguna forma llegue al gran público, caso del libro Termopilas
de Paul Cartledge (oportunamente traducido por Ariel).
Inevitablemente, la divulgación ha conocido también muchas dificultades
a lo largo de estos años. Así, a falta de especialistas, las revistas generalistas
de quiosco con frecuencia han publicado trabajos con falta de actualización,
o en ocasiones, de rigor. Ese mismo problema se ha repetido también en
algunos libros de divulgación, excesivamente basados en el modelo
instaurado por el sello británico Osprey, reproduciendo también sus peores
errores, a menudo relacionados con la falta de un conocimiento de primera
mano de la realidad arqueológica o de los más elementales recursos de la
bibliografía moderna y la metodología del trabajo académico (e.g. Alcaide /
Vela 2000 – cf. reseña detallada en Gracia 2000). Con el paso del tiempo, el
esfuerzo de estas editoriales españolas, entre las que destaca Almena,
22
se ha
ido afinando, por lo que aunque las obras publicadas resultan de calidad muy
desigual, y hay que analizarlas caso por caso, algunas son estimables, como
sucede por ejemplo con un estudio sobre los pretorianos (Menéndez Argüin
2006) o el excelente – y agotado – estudio de las legiones romanas de J .
Rodríguez (2001), antes publicado por Signifer.
En ocasiones, el éxito comercial ha provocado que algunos autores que
han publicado previamente trabajos importantes, e incluso obras de
divulgación atractivas, se hayan visto impulsados a publicar obras menos
                                                           
22
Mucho más joven, pero con buenas sensaciones, es la editorial Sátrapa. 
Fernando Quesada Sanz
60
 
sostenibles,
23
por estar realizadas con cierta precipitación sobre temas
alejados de su campo de conocimiento real. Este peligro existe y se está
observando en determinados trabajos, que aparecen con problemas de
método o de actualización en la información y oportunidad de las
ilustraciones.
Con todo, en los últimos cinco años se está realizando por parte de
especialistas del mundo académico con experiencia en la divulgación un
esfuerzo notable para producir libros atractivos en su formato, amenos y
sobre todo rigurosos, dentro de lo que se puede denominar alta divulgación,
libros que además alcanzan cierto éxito comercial pese a que cuentan con
cierto aparato crítico y una amplia bibliografía actualizada (e.g. Gracia 2009;
Quesada 2008b y 2010).
La mayoría de las grandes editoriales han aprovechado el filón recién
descubierto y han creado colecciones especializadas en Historia Militar
(Crítica, La Esfera de los Libros, Ariel, Salvat, RBA), e incluso han
aparecido sellos editoriales casi por completo especializados en la temática
militar, especialmente de la Segunda Guerra Mundial, pero también
acogiendo periodos anteriores (Inedita, Tempus, etc.). La mayoría de estas
editoriales han apostado sin embargo por las traducciones, que resultan
considerablemente más rápidas y económicas que encargar una obra nueva.
A menudo se insiste además en unos pocos temas percibidos por los editores
(con acierto o sin él) como más atractivos, en detrimento de otros muchos.
24

En otros casos, la apuesta es por trabajos muy elementales y generales,
repetidos una y otra vez, que pueden ser atractivos – lo hemos dicho ya – por
su pueril enfoque para un público muy joven o muy poco informado, pero
que carecen de utilidad como alta divulgación y mucho menos como
investigación.
Puede darse así el caso de que la prisa por el ‘producto’ rápido acabe
matando la gallina de los huevos de oro de la divulgación de temas militares.
La reconversión del mundo editorial en un negocio de plazos cortos, donde
el libro ‘de fondo’ (y los libros de historia lo son) es un estorbo, y la rápida
percepción por editores avispados del filón editorial recién descubierto, ha
dado lugar pues a la aparición de numerosas colecciones que en cuestión de
meses distribuyen muchos títulos, en su mayoría traducidos, o encargados
con plazos muy breves a autores españoles.
Algunos editores pretenden contratar por cantidades ridículas libros de
cuatrocientas páginas a un año vista, ilustrados por especialistas a costes
                                                           
23
Citar concretamente algunos de estos trabajos que criticamos nos llevaría, para ser justos
con ellos, a hacer una reseña exhaustiva de cada uno, lo que obviamente no podemos hacer
aquí. 
24
Sin duda a veces hay grandes aciertos, como la traducción de De Souza (2008) por Akal.
Las traducciones de Libsa o RBA son desiguales.  
Arqueología e Historia Militar antigua en España
61 
 
imposibles por bajos. El problema es que no se debe pedir a un profesor muy
ocupado en docencia e investigación
25
en doce o dieciséis meses un libro
ameno y de calidad sobre el ejército romano, porque de repente alguien se
entere de que en ese plazo se va a estrenar Gladiator. Tampoco se deberían
encargar traducciones de textos con un vocabulario muy específico y
técnico, incluso en un trabajo divulgativo, a un traductor sin conocimientos
de historia militar, y pretenderlo en plazos imposibles. J unto con algunos
trabajos bien editados, traducidos con calma y revisados (los primeros libros
de la serie de Ariel, revisados por F. Gracia, vienen a la cabeza de
inmediato), están apareciendo títulos no ya mal traducidos, sino
inaceptablemente perpetrados por traductores que obviamente carecen del
más mínimo conocimiento de Historia Militar, con el resultado de proponer
traducciones que no es que sean erróneas y cómicas, sino que enfurecen a
cualquier lector mínimamente avisado, y engañan al que se inicia en estos
temas – y eso cuando puede entender las frases, que las hay incomprensibles.
No daremos ejemplos concretos, pero los foros especializados de Internet
bullen de indignación.
26

Una parte considerable del público entusiasta de la Historia Militar es
joven y cuenta con una buena formación que incluye, por vez primera en la
historia de España, un aceptable dominio del inglés. Teniendo en cuenta que
es ya posible obtener con rapidez y eficacia libros extranjeros a buen precio
– incluso a mejor precio que las traducciones españolas –, si la cuestión de
las traducciones y de las publicaciones apresuradas no se enmienda, hay un
riesgo claro (para los editores) de que muchos lectores deriven hacia los
libros en lengua original. Cierto que hay de todo en el mundo editorial, pero
también lo es que la desconfianza se extiende boca a boca y con gran
rapidez.
En otro orden de cosas, y siguiendo el modelo anglosajón y francés, en
España existen desde hace tiempo publicaciones periódicas de lujosa
presentación dedicadas al modelismo militar, wargames, e historia militar,
con difusión y periodo de vida muy diversos. Sólo en fechas recientes, sin
embargo, se ha acometido por parte de un grupo de jóvenes y entusiastas
editores con sólida formación histórica una revista especializada en el
mundo antiguo y medieval, Desperta Ferro.
27
Creada sobre el modelo de la
                                                           
25
Por no mencionar la creciente y crecientemente absurda carga de gestión académica que
está desmoralizando a buena parte del cuerpo docente. 
26
Por ejemplo, y sin intención de denunciar específicamente a ningún libro en particular,
véanse las encendidas discusiones – con casos verdaderamente sangrantes – en:
http://www.elgrancapitan.org/foro/viewtopic.php?t=14272
http://www.forosegundaguerra.com/viewtopic.php?t=7347
http://www.forosegundaguerra.com/viewtopic.php?t=6971
http://www.elgrancapitan.org/foro/viewtopic.php?t=13646  
27
http://www.despertaferro-ediciones.com/  
Fernando Quesada Sanz
62
 
conocida Ancient Warfare holandesa, el cuidado que se ha puesto en las
ilustraciones, mapas y en las elección de autores y temas hace que pueda ya
decirse que, con cinco o seis números publicados, su calidad es excelente,
comparable e incluso superior a la de cualquier revista similar europea o
americana.
Internet se ha convertido por su parte en una referencia indispensable
para la divulgación tanto como para la investigación, y con el mismo
problema de que para el no avisado es a menudo difícil distinguir la
información fiable de la que no lo es. El nivel de los foros especializados en
temas militares varía mucho, y por lo general es inferior en los apartados
dedicados al mundo antiguo. Con todo, y pese a la proliferación de foros y
blogs, que abren y cierran con cierta facilidad en España, los más
establecidos suelen contener información útil y relevante, incluso para el
investigador que quiere pulsar los intereses del público no especialista.
28

Otra vía de divulgación que reviste una gran importancia es el fenómeno
de la recreación histórica, sobre el que no insistiremos dado que hemos
hablado ya de él (Quesada 2008b, 367ss.) y que en este mismo volumen se
encontrará un capítulo específico. Creemos no sólo en el potencial
divulgativo, sino también en el investigador de la recreación histórica seria
29

para el estudio de los campos de batalla antiguos, el análisis del gasto físico
en calorías de un soldado marchando, o la reconstrucción de armas por parte
de herreros-recreacionistas, su peso, sistemas de suspensión, etc. El
fenómeno de la recreación histórica, sin embargo, no está exento de peligros:
a raíz del éxito de iniciativas excelentes y consolidadas como Tarraco Viva,
asistimos a la proliferación de otros festivales con una calidad cuestionable
desde el punto de vista de la recreación histórica que pueden llegar a
confundir al gran público.
                                                           
28
En España, y para el mundo antiguo, las referencias más interesantes son probablemente
http://www.elgrancapitan.org/foro/index.php;
http://www.hislibris.com/ y su foro paralelo
http://www.hislibris.com/foronew/viewforum.php?f=17;
http://www.esgrimaantigua.com/forum/;
http://www.militar.org.ua/foro/historia-militar-f20.html.
Los aficionados – y especialistas – españoles más avezados suelen encontrarse además en el
principal foro en inglés sobre el mundo militar antiguo:
http://www.romanarmytalk.com/rat/index.php  
29
La mayoría de las asociaciones recreacionistas tienen foros y blogs, algunos de interés.
Entre otros, cabe citar por su mayor rigor http://sgp.foros.ws/;
http://www.hispaniaromana.es/foro/index.php;
http://www.atheneapromakhos.org/agora/index.php;
http://foro.clandelcuervo.com/viewforum.php?f=1; aunque la información proporcionada a
menudo es discutible y hay mucho material irrelevante. Con todo, el nivel de estos foros y
portales web ha mejorado exponencialmente, con respecto a los extranjeros, en los últimos
cinco años.  
Arqueología e Historia Militar antigua en España
63 
 
Conclusiones y perspectivas

En conjunto, puede sostenerse que la Historia y la Arqueología militar de la
Antigüedad vive en los últimos diez años una época de florecimiento. Desde
el punto de vista de la investigación y la docencia, se acepta generalmente su
enseñanza universitaria, en asignaturas y cursos específicos, aunque el
panorama no está en absoluto consolidado. Del mismo modo, existen
revistas y series de monografías especializadas, y las editoriales comerciales
comienzan a publicar libros cada vez más especializados. Aunque muchas
traducciones dejan que desear, el número de especialistas españoles crece,
como aumenta también el número de estudiantes de postgrado interesados en
desarrollar Tesis Doctorales específicas sobre el tema, que no se paran en los
tópicos y la enseñanza transmitida y buscan nuevas aproximaciones.
Internet – y en especial las herramientas de búsqueda, bibliotecas
electrónicas, préstamo bibliotecario electrónico, correo etc. – se revela como
la herramienta más poderosa para la investigación en las Humanidades desde
la imprenta. El acceso a los datos se ha agilizado y abaratado enormemente,
y el proceso de ‘puesta en red’ de fondos antiguos y modernos crece a un
ritmo exponencial. El investigador está capacitado para separar el grano de
la paja, pero el aficionado normalmente no puede discriminar, lo que da
lugar a distorsiones notables en foros de aficionados e incluso en algunas
publicaciones divulgativas no realizadas por especialistas. Hay casos
sangrantes, e incluso la tan traída y llevada Wikipedia, fuente de periodistas
y estudiantes, tiene a menudo graves carencias y errores de bulto en sus
artículos, en la versión española mucho más que la inglesa. Eso es un peligro
cierto para quienes carecen de formación sólida.
En España se han desarrollado muy especialmente los trabajos sobre
fortificaciones prerromanas
30
y sobre armamento de la Edad del Hierro
31
y
aspectos simbólicos y rituales.
32
También sobre la conquista romana de
Hispania, las armas y los campamentos y ejércitos romanos.
33
Se trabaja
también, aunque hay mucho por hacer, sobre la concepción de la guerra, la
economía de las campañas y las formas de combate y las tácticas.
34
Los
                                                           
30
Ver los trabajos de, entre otros, L. Berrocal, H. Bonet, F. Gracia, E. J unyent, P. Moret, A.
Oliver, F. Quesada, F. Salas, etc. 
31
Ver entre otros I. Baquedano, M. Barril, C. Farnié, J. M. García Cano, G. García J iménez,
A. Lorrio, J. M. Pastor, F. Quesada, C. Reig, C. Sanz Minguez, etc. 
32
M. Dopico, P. Ciprés, M. Gabaldón, F. Gracia, R. Graells, L. Pérez Vilatela, F. Quesada, G.
Sopeña, etc.  
33
Ver entre otros F. Cadiou, C. Fernández Ibáñez, E. García Riaza, F. Gracia, E. Illarregui, A.
Morillo, J . Noguera Guillén, E. Peralta, E. Pitillas, F. Quesada, M. Salinas, S. Perea Yébenes,
etc. 
34
M. Campo, E. García Riaza, F. J . González García, F. Gracia, T. Ñaco, R. Pliego, F.
Quesada, E. Sánchez Moreno, N. Santos Yanguas, etc. 
Fernando Quesada Sanz
64
 
estudios sobre metalurgia y tecnología de las armas han sido hasta ahora
relativamente inconexos, porque los trabajos de excelentes especialistas
35

todavía no se han integrado bien con los especialistas en el empleo de las
armas. Cada vez hay más estudios sobre las armas metálicas prehistóricas,
36

aunque queda mucho por hacer sobre la guerra en la Edad del Bronce, por no
hablar de periodos anteriores, donde la misma idea de guerra es objeto de
debate antropológico. A estos temas no nos hemos referido en estas
reflexiones por cuestiones de espacio. Igualmente son ya muchos los
estudiosos españoles que se atreven a trabajar sobre el mundo griego,
37

púnico y romano extrapeninsular
38
e incluso el Próximo Oriente.
39

En el futuro inmediato, aparte de la continuación de muchas de las líneas
activas, creo que van a ser especialmente significativos los estudios sobre
campos de batalla antiguos, y los estudios experimentales sobre el
funcionamiento de las armas, además de los tecnológicos. Asimismo, hay
mucho campo en los estudios simbólicos, logísticos y demográficos.
La situación actual de la arqueología y la historia militar de la
Antigüedad en España no es perfecta, ni en algunos aspectos llega al nivel
alcanzado en otros países, especialmente en lo que se refiere a la
musealización de yacimientos y campos de batalla, a la generalización del
respeto del patrimonio, y a determinados aspectos metodológicos. Aún así,
es indudable que la situación es mucho mejor que hace apenas 15 años. La
mejor prueba de ello la encontramos en las universidades, donde los
estudiantes ya pueden cursar asignaturas específicas de arqueología militar
en determinados masters, al tiempo que se hallan en disposición de realizar
tesis doctorales sobre cuestiones relacionadas con la guerra en la Antigüedad
desde una posición de total respetabilidad, entendiéndose como una de las
vías básicas para la comprensión de las sociedades antiguas.
Por lo que se refiere a la divulgación, a mi modo de ver, para divulgar
bien es necesario dominar la materia que se divulga. No basta con leer cuatro
– o cuarenta – libros y artículos durante seis meses para poder elaborar un
trabajo que sea informativo, riguroso, y donde se expongan con equilibrio y
rigor las últimas ideas y polémicas. Conviene contar con un poso y una
fermentación de los conocimientos, y su enlace con otras materias, que sólo
puede ser resultado de una larga familiaridad y estudio. Pero tampoco es
necesario ser el máximo especialista en el tema para escribir, incluso puede
                                                           
35
J . Alonso, J . Barrio, I. Montero, C. Rovira, S. Rovira, etc. 
36
C. Blasco, C. Gutiérrez, etc. 
37
Entre ellos, M. Alvarez Rico, B. Antela, F. Echeverría, A. Domínguez, C. Fornis, A.
Noguera Borel, J . Pascual, etc. 
38
Como M. Barceló, A. Domínguez, E. Kavanagh, A. Menéndez Argüin, J . Moralejo, S.
Perea. J . Rodríguez, J . M. Roldán, R. Sáez, N. Santos Yanguas, etc. 
39
Como J . Martínez Babón, A. Mederos, F. Quesada, J. Vidal, etc.  
Arqueología e Historia Militar antigua en España
65 
 
ser contraproducente si no se tiene mucho cuidado, ya que puede caerse en
una visión sesgada o demasiado erudita.
Escribir alta divulgación exige a menudo un esfuerzo superior a redactar
un trabajo de investigación, en el que el vocabulario técnico y determinadas
cuestiones de base se dan por sabidas y el autor no se ha de preocupar en
exceso por el nivel de conocimientos de los lectores. Al contrario de lo que
ocurría hace un par de décadas, en la gran mayoría de los casos los
académicos valoran la divulgación de calidad – en ocasiones incluso porque
permite mantenerse al corriente de las innovaciones en campos que no son el
propio. Pero es una escritura que exige trabajo y tiempo, y las editoriales
españolas trabajan por lo general con plazos demasiado breves para que los
libros ‘fermenten’ adecuadamente.
En conjunto, sin embargo, la última década ha visto en la divulgación
sobre Arqueología e Historia militar antigua un crecimiento exponencial y,
en conjunto, de buena calidad. La contribución de Internet y el impacto de
los grupos de recreación histórica son factores decisivos que los especialistas
procedentes del mundo académico no debemos desdeñar. Al contrario,
debemos colaborar en la medida de nuestras fuerzas con muchos llamados
‘aficionados’, que a menudo tienen un excelente nivel de conocimientos, y
que, si aprecian interés y buena fe, están más que dispuestos a dejarse
aconsejar y a canalizar su mucha energía por vías muy productivas, tanto
para la investigación como para la divulgación.
Fernando Quesada Sanz
66
 
Bibliografía

Aguilera y Gamboa, E., Marqués de Cerralbo, 1911 (Inéd.): Páginas de la
Historia Patria por mis excavaciones arqueológicas. 5 vols.
— 1916: Las Necrópolis Ibéricas. Asociación Española para el progreso de
las Ciencias 2. Madrid.
Alcaide, J . A. / Vela, F., 2000: Mil años de ejércitos en España. Iberos.
Griegos. Cartagineses. Romanos. Godos. Madrid.
Almagro-Gorbea, M. (coord.), 2009: Historia Militar de España. Tomo I.
Prehistoria y Antigüedad. Madrid.
Alonso, N. / J unyent, E. / Lafuente, A. / López, J . B. (eds.), 2003: Chevaux-
de-frise i fortificació en la primera edat del ferro europea. Actes Reunió
Internacional, Lleida, Marzo 2003. Lleida.
Balil, A., 1987: “Recensión de R. Treviño: Rome’s enemies. Spanish
armies”, BSAA LIII: 472.
Baquer, M. A. / Córdoba Zoilo, J . M. / Sevilla, C. / J iménez, R. (eds.), 2003:
La guerra en Oriente Próximo y Egipto. Evidencias, historia y tendencias
de la investigación. Actas del Coloquio de Madrid, 2000. Supplementa ad
Isimu, 2. Madrid.
Bellón, J . P. et alii, 2005: “Baecula. Arqueología de una batalla”, en A.
Gálvez (ed.): Proyectos de Investigación 2002-2003. Jaén, pp. 11-66.
— 2009: “Baecula. An archaeological analysis of the location of a battle of
the Second Punic War”, en A. Morillo et alii (eds.): Limes XX. Estudios
sobre la frontera romana. Anejos de Gladius 13.I. Madrid, pp. 253-265.
Bendala Galán, M., 1987: “Reflexiones sobre los escudos de las estelas
tartésicas”, BAEAA 23: 12-17.
Bendala Galán, M. / Moret, P. / Quesada Sanz, F. (eds.), 2004: Formas e
imágenes del poder en los ss. III y II a.C. Modelos helenísticos y
respuestas indígenas. Actas Seminario Casa de Velázquez, Febrero 2004
=CuPAUAM 28-29. Madrid.
Berrocal Rangel, L. / Moret, P. (eds.), 2007: Paisajes fortificados de la Edad
del Hierro. Las murallas protohistóricas de la Meseta y la vertiente
atlántica en su contexto europeo. Bibliotheca Archaeologica Hispana 28.
Madrid.
Cabré Aguiló, J ., 1929: Excavaciones en la necrópolis celtibérica del Altillo
de Cerropozo, Atienza (Guadalajara). MJ SEA 105. Madrid.
— 1931: “La tipología del puñal en la Cultura de Las Cogotas”, AEspA 21:
221-241.
— 1939-40: “La caetra y el scutum en Hispania durante la Segunda Edad
del Hierro”, BSAA 6: 57-83.
Cabré de Morán, M. E., 1934a: “Dos tipos genéricos de Falcata Hispánica”,
AEspAA 30: 207-224.
Arqueología e Historia Militar antigua en España
67 
 
— 1934b: “El modelo de falcata más típicamente hispánico”, en Homenaje a
Mélida. AnABA, II. Madrid, pp. 207-212.
— 1947: “En torno a un nuevo puñal hallstático aparecido en la Península
Ibérica”, Rev. de Guimaraes 57: 120-138.
— 1949: “Los discos-coraza en ajuares funerarios de la Edad del Hierro de
la Península Ibérica”, en IV CASE Elche, 1948. Cartagena, pp. 186-190.
— 1951: “La más bella espada del tipo Alcácer-do-Sal de la necrópolis de la
Osera”, Rev. de Guimaraes 61: 249-267.
Cadiou, F., 2008: Hibera in terra miles. Les armées romaines et la conquête
de l’Hispanie sous la République (218-45 av. J.-C.). Casa de Velázquez.
Madrid.
Cadiou, F. / Magallon, M. A. / Navarro, M. (eds.), 2008: La guerre et ses
traces dans la Péninsule Ibérique á l’époque de la conquête romaine:
approches methodologiques. Saldvie 8. Zaragoza / Bordeaux.
Cardona, G. 1990: El problema militar en España. Madrid.
Clonards, Conde de, 1861: Album de la Infantería española. Madrid.
Connolly, P., 1981a (ed. or. 1977): Los ejércitos griegos. Madrid.
— 1981b (ed. or. 1978): Aníbal y los enemigos de Roma. Madrid.
Costa Ribas, B. / Fernández, J . H. (eds.), 2000: La Segunda Guerra Púnica
en Iberia. XIII Jornadas de Arqueología Fenicio-Púnica (Eivissa, 1998).
Treballs del Museu d’Eivissa i Formentera 44. Eivissa.
— 2005: Guerra y ejército en el mundo fenicio púnico. XIX Jornadas de
Arqueología fenicio-púnica. Treballs del Museu d’Eivissa i Formentera
56. Eivissa.
Dehn, W., 1988: “Eisenzeitliche Beinschienen in Südweteuropa. Eine
Ausstrahlung Griechischer Hoplitenrüstung”, Madrider Mitteilungen 29:
174-189.
Echevarría Rey, F., 2008: Ciudadanos, campesinos y soldados. El
nacimiento de la ‘pólis’ griega y la teoría de la ‘revolución’ hoplita.
Anejos de Gladius 12. Madrid.
Engel, A. / Paris, P., 1906: “Une fortresse ibèrique à Osuna. Fouilles de
1903”, en Nouvelles Archives des Missions Scientifiques XIII. Paris, pp.
357-487.
— 1999: Una fortaleza ibérica en Osuna (excavaciones de 1903). Edición
facsímil y traducción castellana a cargo de J . Pachón, M. Pastor, P.
Rouillard. Granada.
Fernández Nieto, F. J ., 1975: Los acuerdos bélicos en la Antigua Grecia (2
vols.). Santiago de Compostela.
Fornis, C., 2008: Grecia exhausta. Ensayo sobre la guerra de Corinto.
Hypomnemata 175. Göttingen.
Fernando Quesada Sanz
68
 
Fulgosio, M., 1872: “Armas antiguas ofensivas de bronce e hierro: su
estudio, en comparación con las que se conservan en el Museo
Arqueológico Nacional”, Museo Español de Antigüedades I: 353-372.
Gabaldón Martínez, M. M., 2004: Ritos de armas en la Edad del Hierro.
Armamento y lugares de culto en el antiguo Mediterráneo y el mundo
celta. Anejos de Gladius 7. Madrid.
Gárate Córdoba, J . et alii., 1981: Historia del Ejército Español I. Madrid.
García y Bellido, A., 1945: “Bandas y guerrillas en las luchas contra Roma”.
Discurso leído ante la Real Academia de la Historia. Madrid.
— 1946: “El casco de Lanhoso”, AEspA XIX: 356-358.
— 1962: “Los mercenarios españoles en la Segunda Guerra Púnica”, Revista
de Historia Militar VI: 7-23.
— 1968: Nueve estudios sobre la Legio VII Gemina y su campamento en
León. León.
Giménez González, M., 1862 (reed. 2003): El ejército y la armada desde la
Antigüedad hasta 1862. Madrid.
Gómez Santacruz, S., 1914: El solar numantino. Refutación de las
conclusiones históricas y arqueológicas defendidas por Adolf Schulten.
Madrid.
González Pola de la Granja, P., 2003: La configuración de la mentalidad
militar contemporánea (18689-1909). Madrid.
González Ruibal, A. (ed.), 2008: Arqueología de la Guerra Civil española.
Complutum 19.2. Madrid.
Goldsworthy, A., 1996: The Roman Army at War, 100 BC-AD 200. Oxford.
Gracia Alonso, F., 2000: “Recensión de J . A. Alcaide / F. Vela: 1000 años
de ejércitos en España: Iberos, griegos, cartagineses, romanos, godos”,
Gladius 20: 311-313.
— 2003: La guerra en la Protohistoria. Héroes, nobles, mercenarios y
campesinos. Barcelona.
— 2007: “Arqueología militar. Reflexiones en torno a varias novedades
editoriales”, Pyrenae 38.2: 117-122.
— 2009: Furor Barbari. Celtas y Germanos contra Roma. Barcelona.
Griño Frontera, B. de, 1989: Los puñales de tipo Mte. Bernorio-Miraveche.
Un arma de la Segunda Edad del Hierro en la Cuenca del Duero. B.A.R.
International Series 504. Oxford.
Guerra, 1997: La Guerra en la Antigüedad. Una aproximación al origen de
los ejércitos en Hispania. Catálogo de la exposición, Madrid, Abril-J unio
1997. Madrid.
Hanson, V. D., 1989: The Western way of war. Infantry Battle in Classical
Greece. London.
Illarregui, E. / Larrañaga, M. (eds.), 2008: Armamento e iconografía en la
Antigüedad y la Alta Edad Media. Anejo de Oppidum 1. Segovia.
Arqueología e Historia Militar antigua en España
69 
 
Keegan, J ., 1978: The Face of Battle. London.
Kurtz, W. S., 1987: La Necrópolis de Las Cogotas. Volumen I: Ajuares.
B.A.R. International Series 344. Oxford.
Lago, J . I., 2006: Numancia. Eterno monumento a la libertad. Guerreros y
batallas 27. Madrid.
Lenerz de Wilde, M., 1986: “Art celtique et armes ibériques”, Aquitania,
Suppl. 1: 273-280.
— 1991: Iberia Celtica. Archäologische Zeugnisse Keltischer Kultur auf der
Pyrenaenhalbinsel, I-II. Stuttgart.
López Flores, I., 2010: “Los restos óseos humanos del poblado ibérico”, en I.
Muñiz / F. Quesada (eds.): Un drama en tres actos... Oikos 2. Córdoba,
pp. 97-101.
Lorrio Alvarado, A. J ., 1994: “L’armement des Celtiberes: phases et
groupes”. Actes XIV Colloque AFEAF, Agen 1992. Aquitania 12: 391-
414.
— 2004: “J uan Cabré y el armamento de la Edad del Hierro céltica”, en J .
Blánquez / B. Rodríguez (eds.): El arqueólogo Juan Cabré (1882-1947).
Madrid, pp. 263-297.
Marín y Peña, S., 1956: Instituciones militares romanas. Enciclopedia
clásica II. Madrid.
Martínez Pinna, J ., 1981: Los Orígenes del Ejército Romano. Estudio de las
formas premilitares en relación con las formas sociales de la Roma más
primitiva. Tesis Doctoral Universidad Complutense de Madrid. Madrid.
Meister, F., 2007: Der Krieg des Sertorius und seine spanischen Wurzeln.
Untersuchungen zu Krieg und Akkulturation auf der Iberischen Halbinsel
im 2. und 1 Jh. v. Chr. Hamburg.
Menéndez Argüin, A. R., 2006: Pretorianos. La guardia imperial de la
antigua Roma. Madrid.
Morales Hernández, F. / Dobson, M., 2005: “Why La Rasa was not a camp
of the Scipionic siege of Numantia”, Madrider Mitteilungen 46: 104-111.
Moret, P., 1996: Les fortifications ibériques de la find de l’Age du Bronze à
la conquête romaine. Collection de la Casa de Velázquez. Madrid.
Moret, P. / Quesada Sanz, F. (eds.), 2002: La guerra en el mundo ibérico y
celtibérico (ss. VI-II a.de C.). Collection de la Casa de Velázquez 78.
Madrid.
Morillo Cerdán, A. (ed.), 2002: Arqueología Militar Romana en Hispania.
Anejos de Gladius 5. Madrid.
— 2006: Arqueología militar romana en Hispania II: Producción y
abastecimiento en el ámbito militar. León.
Morillo Cerdán, A. / Aurrecoechea, J . (eds.), 2006: The Roman Army in
Hispania. An archaeological Guide. León.
Fernando Quesada Sanz
70
 
Morillo Cerdán, A. / Cadiou, F. / Hourcade, D. (eds.), 2003: Defensa y
territorio en Hispania de los Escipiones a Augusto. León / Madrid.
Morillo Cerdán, A. / Hanel, N. / Martín, E. (eds.), 2009: Limes XX. Estudios
sobre la frontera romana. Anejos de Gladius 13. Madrid.
Muñiz J aén, I., 2010: “El Cerro de la Cruz, frontera entre ‘las dos Españas’
durante la Guerra Civil (1936-1939)”, en I. Muñiz / F. Quesada (eds.): Un
drama en tres actos... Oikos 2. Córdoba, pp. 151-163.
Muñiz J aén, I. / Quesada Sanz, F. (eds.), 2010: Un drama en tres actos. Dos
milenios de ocupación humana en el Cerro de la Cruz (Almedinilla,
Córdoba). Oikos 2. Córdoba.
Noguera Guillén, J ., 2008: “Los inicios de la conquista romana de Iberia: los
campamentos de campaña del curso inferior del río Ebro”, AEspA 81: 31-
48.
Ñaco del Hoyo, T., 2003: Vectigal incertum. Economía de guerra y
fiscalidad republicana en el occidente romano: su impacto histórico en el
territorio (218-133 a.C.). B.A.R. International Series 1158. Oxford.
Ocharán Larrondo, J . A. / Unzueta Portilla, M., 2002: “Andagoste
(Cuartango, Alava): un nuevo escenario de las guerras de conquista en el
Norte de Hispania”, en A. Morillo (ed.): Arqueología Militar Romana en
Hispania. Anejos de Gladius 5. Madrid, pp. 311-325.
Oliver Foix, A. (ed.), 2006: Arquitectura defensiva. La protección de la
población y del territorio en época ibérica. Castellón de la Plana.
Pérez González, C. / Illarregui, E. (eds.), 2004: Arqueología militar romana
en Europa. Salamanca.
Pollard, T. / Banks, I., 2005: “Why a Journal of Conflict Archaeology and
Why now?”, Journal of Conflict Archaeology 1: i-vii.
Puell de la Villa, F., 2005: Historia del ejército en España. Madrid.
Quesada Sanz, F., 1989: Armamento, Guerra y Sociedad en la necrópolis
ibérica de “El Cabecico del Tesoro” (Murcia, España), 2 vols. B.A.R.
International Series 502. Oxford.
— 1997a: “Aspectos de la guerra en el Mediterráneo Antiguo”, en La
Guerra en la Antigüedad. Madrid, pp. 33-52.
— 1997b: “Gladius hispaniensis: an archaeological view from Iberia”.
L’équipement militaire et l’armement de la République. JRMES 8: 251-
270.
— 2004: “J uan Cabré y los estudios de cultura material ibérica y celtibérica
ayer y hoy. Los arreos de caballo como estudio de caso”, en J . Blanquez /
B. Rodríguez (eds.): El arqueólogo Juan Cabré (1882-1947). Madrid, pp.
251-261.
— 2008a: “La ‘Arqueología de los campos de batalla’. Notas para un estado
de la cuestión y una guía de investigación”. en F. Cadiou / M. A.
Arqueología e Historia Militar antigua en España
71 
 
Magallón / M. Navarro (eds.): La guerre et ses traces. Salduie 8.
Zaragoza / Burdeos, pp. 21-35.
— 2008b: Armas de Grecia y Roma. Forjaron la Historia de la Antigüedad
Clásica. Madrid.
— 2009: Ultima ratio regis. Control y prohibición de las armas desde la
Antigüedad a la Edad Moderna. Madrid.
— 2010: Armas de la antigua Iberia. De Tartesos a Numancia. Madrid.
Quesada Sanz, F. / Navarro Caballero, M. / Cadiou, F. (eds.), 2010: De
armas, de hombres y de dioses. El papel de las armas en la Conquista
romana de la Península Ibérica. Gladius 30. Madrid.
Rodríguez González, J ., 2001: Historia de las legiones romanas, I-II.
Madrid.
Sabin, P., 2007: Lost Battles. Reconstructing the Great Clashes of the
Ancient World. London.
Sandars, H., 1913a: “The weapons of the Iberians”, Archeologia LXIV: 205-
294.
— 1913b: “False Iberian Weapons and other forged antiquities from Spain”.
Proceedings of the Society of Antiquaries XXV.
Schüle, W., 1960: “Frühe Antennenwaffen in Südwesteuropa”, Germania
38: 1-19.
— 1969: Die Meseta-Kulturen der Iberischen Halbinsel, I-II. Berlin.
Schulten, A., 1912: “Les point de lances représentées sur les Stèles
funeraires”, Bulletin Hispanique XIV: 196.
— 1914-1931: Numantia. Die Ergebnisse der Ausgrabungen 1905-1912, I-
IV. München.
— 1943: “Pilum”, en R.E. Pauly-Wissowa. Stuttgart, pp. 1333-1370.
De Souza, P. (ed.), 2008: La guerra en el mundo antiguo. Madrid.
Stary, P. F., 1994: Zur Eisenzeitlichen bewaffnung und kampfesweise auf der
Iberischen Halbinsel. I. Text. II. Dokumentation. Madrider Forschungen
18. Berlin.
Treviño, R., 1986: Rome’s enemies (4): Spanish Armies. Men at Arms,
Osprey. London.
Vidal, J . (ed.), 2010: Studies on War in the Ancient Near East. Collected
Essays on Military History. Alter Orient und Altes Testament, Band 372.
Münster.







Fernando Quesada Sanz
72
 
Discusión

BORJ A ANTELA: Me gustaría conocer tu opinión respecto al apoyo de las
instituciones a la musealización sistemática de campos de batalla.

FERNANDO QUESADA: Para bien o para mal el estado cada vez tiene menos
cosas que decir al respecto, ya que son las Comunidades Autónomas las que
tienen transferidas estas competencias. Me referiré al caso de Andalucía, que
es el que mejor conozco. El Cerro de la Cruz en Almedinilla, que es un
yacimiento con restos de una matanza de civiles en época romana, de un
asentamiento en época de crisis altomedieval, y además un campo de batalla
de la Guerra Civil, se está adaptando para la visita al público gracias al
decidido apoyo del Ayuntamiento y de las instituciones comarcales
(Subbética), provinciales (Diputación) y la Comunidad Autónoma, todo lo
cual denota una sensibilidad creciente respecto a esta cuestión.
En Andalucía ahora mismo existe un problema muy serio relacionado con
el campo de batalla de Baecula, localizado en Santo Tomé (J aén). Una vez
propuesta dicha localización, algunas personas de Bailén, lugar en el que
tradicionalmente se creía que había tenido lugar la batalla, y que jamás
habían mostrado antes especial interés en la misma, lanzaron una campaña
feroz de desprestigio contra el centro de arqueología ibérica en J aén,
reclamando para sí la localización de la batalla de Baecula. Un caso similar
puede repetirse próximamente con las Navas de Tolosa.
El problema que tenemos es que musealizar un campo de batalla no tiene
nada que ver con musealizar un yacimiento arqueológico concreto. Por
ejemplo, Baecula abarca un espacio de 420-500 ha mientras que un poblado
ibérico muy grande ocupa unas 10 ha. Es por ello que en el caso de los
campos de batalla se ha de acometer una tarea completamente distinta:
establecer rutas de visitas y tratar de ver el campo de batalla con los ojos del
soldado y no con los ojos de un arqueólogo acostumbrado a pequeñas
superficies, aunque tampoco con la visión de un satélite militar que
obviamente no existía en el mundo antiguo.
Comunidades como la J unta de Andalucía se muestran receptivas a llevar
a cabo este tipo de tareas de musealización. El problema es que en la actual
coyuntura económica los pocos recursos disponibles van dirigidos hacia
obras emblemáticas como la Alhambra o el conjunto arqueológico de
Medina Azahara, antes que a la musealización de un campo de batalla. En
este sentido todavía se percibe en los políticos la vieja desconfianza hacia lo
militar. Un ejemplo interesante lo encontramos en el Museo del Ejército
recientemente inaugurado en Toledo, donde se ha tratado de lavar la imagen
del ejército con un celo excesivo que ha acabado por descafeinar el museo,
Arqueología e Historia Militar antigua en España
73 
 
convirtiéndose en un lugar donde hay más buenas intenciones que historia
militar.

TONI ÑACO: Nos contaste en Burdeos que en el caso del Cerro de la Cruz
está siendo muy importante el trabajo de la antropóloga física. ¿Nos puedes
explicar por qué es tan importante su labor?

FERNANDO QUESADA: Encontrar fosas comunes es muy difícil en los
campos de batalla, salvo casualidades o la existencia de fuentes de
información (Wisby, Towton, Lituania). Por ejemplo, en el caso de Baecula
no será posible encontrarlas para los cartagineses, cuyos cadáveres se
dejarían casi con seguridad por el campo para ser devorados por los
carroñeros.
Una situación diferente es el asalto o la toma de un poblado, en el que se
localicen esqueletos tirados por las calles, un elemento que ralentiza
muchísimo la excavación pero que proporciona una información de calidad
excepcional. Por ejemplo, hace unos años Arturo Oliver excavó en el Puig
de la Nau (Benicarló) y se encontró con restos humanos localizados en las
calles. A priori el hallazgo admitía distintas interpretaciones. Arturo Oliver,
en su lectura de acuerdo con el trabajo de la antropología física, pudo
determinar que dichos cadáveres ya eran esqueletos cuando fueron cubiertos
por los sedimentos. De ahí que interpretara que esos cuerpos, que no tenían
huellas de marcas de golpes, estaban clavados en las paredes, puertas o
torres, y ya reducidos a estado esquelético cuando el poblado sufrió la
destrucción final.
Por el contrario, en el Cerro de la Cruz lo que estamos encontrando son
cadáveres tirados en la calle con evidentes señales de violencia (un individuo
aparece con un gran tajo en la cadera que le rebanó parte del coxis, otro
recibió un golpe de espada que le amputó el hombro, también se
identificaron los restos de una tibia cortada con una espada, etc.). Sólo con
un antropólogo físico sobre el terreno es posible identificar con fiabilidad, no
tan solo los golpes de armas cortantes y tajantes, sino la posición de los
cuerpos caídos, o si el cuerpo se quemó antes o después de morir.

J ORDI PRINCIPAL: ¿Crees que a partir de las evidencias que tenemos, los
yacimientos y los investigadores existe potencialidad para crear una
plataforma de difusión de la arqueología militar?

FERNANDO QUESADA: Giovani Brizzi, que estuvo en el congreso de
Burdeos, tras ver los informes sobre Baecula o los trabajos de J aume
Noguera sobre los campamentos romanos en el Ebro, me comentaba que
estaba asombrado por todo lo que se estaba haciendo en España.
Fernando Quesada Sanz
74
 
Yo no solamente veo potencial sino que creo que ése es el camino y,
además, ya se están dando pasos en ese sentido. Así, se está empezando a
pensar en una red relacionada con la segunda guerra púnica. Al mismo
tiempo, también se están reactivando las investigaciones en Numancia, con
trabajos a gran escala en los campamentos superpuestos de Renieblas e
incluso en el cerco escipiónico, donde ha quedado claro que Schulten hizo
gala de una imaginación romántica desaforada.
El principal problema en este sentido es la situación económica actual.


 
 




Historia militar e historia de la guerra
en el Próximo Oriente Antiguo

Jordi Vidal
Universitat Autònoma de Barcelona




1. Introducción

El objetivo del presente artículo es el de analizar el panorama historiográfico
actual en relación con el estudio de la guerra en el Próximo Oriente Antiguo,
con el fin de identificar cuáles son las principales tendencias en la
investigación, así como valorar la recepción en este ámbito de las principales
corrientes teóricas que se han desarrollado estos últimos años.
Teniendo en cuenta este propósito me parece inevitable que el desarrollo
del estudio se base en buena medida en el comentario de trabajos publicados
hasta la fecha. Sin embargo, en ningún caso existe la intención de
confeccionar un boletín bibliográfico exhaustivo sobre la guerra en el
Próximo Oriente Antiguo.
1
Los trabajos comentados son únicamente una
selección inevitablemente subjetiva, aunque espero que significativa, del
panorama historiográfico actual sobre la cuestión planteada.

2. La historia militar como wargame

En 1993 el profesor de la Vanderbilt University Robert Drews publicó su
controvertida obra The End of the Bronze Age. Changes in warfare and the
Catastrophe ca. 1200 B.C.
2
Tras su lectura, no era demasiado difícil adivinar
que el libro inmediatamente iba a suscitar polémica. Los motivos son varios.
Por una parte, Drews es un especialista en historia de Grecia que en esta
ocasión pretendía abordar una problemática, la crisis del 1200 a.n.e., muy
relacionada con un campo ajeno para él como es el del Próximo Oriente
Antiguo. De forma consciente o inconsciente, los recensionadores se
                                                           

Agradezco a Agnès Garcia-Ventura su lectura crítica del presente trabajo. Obviamente,
cualquier error en el mismo es responsabilidad únicamente mía. 
1
Para una recopilación sobre bibliografía de historia militar en el Próximo Oriente Antiguo
véanse los dos boletines bibliográficos publicados por Abrahami hasta la fecha (2005 y 2006). 
2
Drews 1993. 
Jordi Vidal
76
 
encargaron de denunciar ese intrusismo de Drews subrayando, por ejemplo,
algunas omisiones bibliográficas que, ciertamente, un auténtico especialista
en la materia nunca se habría permitido.
3

Sin embargo, más que la formación académica de Drews, el motivo de la
polémica fue la particular teoría que el autor defendía con vehemencia en su
libro. Así, Drews sostenía que la crisis del 1200 a.n.e., que en el Próximo
Oriente puso fin al sistema socio-político palacial característico de la Edad
del Bronce, tuvo una única causa de naturaleza estrictamente militar: la
creación de nuevas tácticas de infantería que acabaron con la hegemonía de
los carros de guerra en los campos de batalla. Mercenarios llegados al
Próximo Oriente procedentes de Cerdeña, Grecia y regiones de Anatolia
introdujeron un nuevo armamento ofensivo (jabalinas, nuevas espadas largas
cortantes y punzantes) y defensivo (grebas, coseletes, pequeños escudos
redondos) que les otorgó una superioridad militar decisiva respecto a los
ejércitos de carros de sus señores, contra los que finalmente se rebelaron y
acabaron por derrotar. Por lo tanto, y sin ninguna clase de ambigüedades,
Drews apostaba por una explicación única para la crisis del 1200, una
explicación que pasaba por la esfera estrictamente militar y que, desde luego,
descartaba otras posibilidades (factores sociales, económicos, políticos)
mucho más gratas para el stablishment académico.
Como apuntábamos al principio, una propuesta tan osada era de prever
que suscitaría un auténtico aluvión de respuestas.
4
Una de las críticas más
inteligentes y más contundentes al libro de Drews fue la publicada por el
eminente orientalista italiano Mario Liverani.
5
En un artículo-recensión de
ocho páginas Liverani de forma convincente descartaba la validez de la
propuesta de Drews por considerarla incapaz de explicar y resolver toda la
compleja problemática relacionada con la crisis del 1200.
Pero, en realidad, lo verdaderamente relevante para el tema que aquí nos
ocupa no es la validez o no de la hipótesis de Drews, sino el uso reiterado
que en su crítica del libro hace Liverani de un término muy curioso:
wargame. Así, más allá del título, Liverani afirma que la hipótesis de Drews
es “too mechanical and too simple, more akin to a wargame that to true
historical writing”.
6
Más adelante Liverani concluye señalando que “History
writing is not a war game, it is less automatic, more flexible and
complicated, it lacks the amusement of beating the adversary, but instead has
the fascination of complexity (even of doubt!)”.
7
El uso reiterado del término
                                                           
3
Véase Liverani 1994, 242ss. 
4
Véase, por ejemplo, Quesada 2003, con bibliografía. 
5
Liverani 1994. 
6
Liverani 1994, 242. 
7
Liverani 1994, 246. En ambos casos el subrayado de la palabra wargame es mío, mientras
que el uso indistinto de wargame / war game es del propio Liverani. 
Historia militar e historia de la guerra en el Próximo Oriente Antiguo
77 
 
wargame puede (¿y pretende?) producir en el lector la sensación de que
Liverani tiene cierta voluntad no solo de descartar sino también de
ridiculizar la hipótesis militarista de Drews. En este punto sería muy
interesante poder comprobar la reacción de Liverani ante un libro que
defendiera que la crisis del 1200 fue provocada únicamente por factores
económicos o sociales. ¿Calificaría Liverani esas hipótesis como economic
game o social game? Me temo que no.
En realidad el uso del término wargame es muy significativo y denota el
rechazo académico durante la segunda mitad del siglo XX de la historia
militar. Sobre el origen y las causas del descrédito de la historia militar en
ese periodo ya se ha escrito mucho,
8
aunque me parece necesario resumir
aquí algunos de los principales factores que lo originaron y que, en buena
medida, explican la reacción de Liverani contra el libro de Drews.
En primera instancia encontramos el uso perverso que los estados-nación
hicieron en el siglo XIX de la historia militar, una historia militar de reyes y
batallas utilizada como medio para la exaltación patriótica más furibunda.
9

No es de extrañar que dicho abuso haya dado lugar a una reacción totalmente
contraria.
Una segunda causa la encontramos en las tendencias historiográficas
dominantes durante buena parte del siglo XX: la escuela de los Annales y la
historiografía marxista. Así, ambas tendencias, a pesar de sus diferencias,
coincidieron en su beligerancia contra la historia político-militar, un tipo de
historia acientífica, decían, con tendencia a exagerar la relevancia de
determinados detalles y personajes, y que debía ser substituida por una
historia científica generalizadora de tipo socio-económico y cultural.
10
En el
ámbito de la arqueología se dio una situación muy similar. Así, la Nueva
Arqueología primero y la arqueología post-procesual después apenas
prestaron atención a cuestiones relacionadas con la guerra, y cuando lo
hicieron aplicaron una perspectiva simbólica con un alto grado de
abstracción. En este sentido, por ejemplo, las fortalezas que se excavaban se
                                                           
8
Véase, por ejemplo, el artículo de Quesada en el presente volumen. 
9
Hernández Cardona 2007, 11s. 
10
La bibliografía sobre esta cuestión es abundantísima. En castellano véase Burke 1996
[1990] y, más recientemente, Burguière 2009 [2006]. De especial interés resulta el capítulo de
Hobsbawm sobre el vínculo entre la historiografía marxista británica y los Annales
(Hobsbawm 1998 [1997], 183ss.). También es muy interesante el libro de Georges Duby, uno
de los más importantes representantes de la tercera generación de los Annales, sobre la batalla
de Bouvines (Duby 1988 [1973]). Duby, tras criticar duramente a la historia militar
tradicional, informaba al lector acerca de su intención de utilizar un hecho puntual como el de
la batalla de Bouvines para realizar un estudio sociológico y cultural de la guerra a principios
del siglo XIII. 
Jordi Vidal
78
 
interpretaban como símbolos arquitectónicos del poder de las elites, sin
apenas prestar atención a su funcionalidad militar.
11

En tercer lugar conviene destacar el hecho de que a menudo la historia
militar se ha concentrado en un número muy reducido de temas (descripción
y análisis de batallas y campañas, estudio del desarrollo tecnológico /
armamentístico, biografías de líderes militares, etc.), estudiados con
frecuencia de forma aislada de su contexto social o cultural. Esa
concentración temática ha suscitado el interés de un público determinado
pero ha sido considerada como una auténtica vulgaridad por parte de la
historiografía académica.
Por último, podemos destacar el desarrollo y la amplia aceptación en el
mundo occidental de una ideología pacifista que en ocasiones ha optado por
tratar de silenciar el estudio histórico de la guerra como estrategia necesaria
a partir de la cual fomentar una cultura de la paz.
12

Como consecuencia de todos estos factores, durante buena parte de la
segunda mitad del siglo XX la historia militar fue percibida como una
disciplina secundaria, pasada de moda y, por lo tanto, marginal en el ámbito
académico. Tal y como señalaban Pollard y Banks, la historia militar en
aquellos años descendió a la categoría de simple hobby propio de derechistas
y war-gamers.
13
Es en este contexto donde se explica la reacción de Liverani
al libro de Drews y su uso del término wargame para desacreditar su
hipótesis militarista sobre la crisis del 1200. Calificar de wargame a la
hipótesis de Drews prácticamente equivalía a calificar al propio Drews, y por
extensión al resto de historiadores militares, de war-gamers, de pseudo-
historiadores obsesionados con un objeto de estudio que apenas alcanzaba la
categoría de hobby y que se hallaba en las antípodas de la historia que de
verdad importaba, fuera esta una historia económica, social o cultural.
Sin embargo, y a pesar de este contexto intelectual claramente hostil, lo
cierto es que la historia militar tradicional ha gozado durante todos estos
años de una relativa buena salud en el ámbito de los estudios sobre el
Próximo Oriente Antiguo. Esta situación un tanto anómala es el resultado de
la tradicional impermeabilidad y el conservadurismo historiográfico propio
de los estudios sobre el Próximo Oriente Antiguo, donde las nuevas
corrientes teóricas se abren paso a duras penas, y donde en ocasiones las
modas historiográficas nacen y mueren sin apenas incidir sobre ellos. A
continuación repasaremos algunos ejemplos que atestiguan esa buena salud a
la que hacíamos referencia.
                                                           
11
Pollard / Banks 2005, iv. 
12
Hernández Cardona 2007, 12s. 
13
Pollard / Banks 2005, iv. De forma similar se han expresado Fagan y Trundle: “Battles and
wars were sidelined to antiquarians, wargamers, recreationists, and “enthusiasts” (Fagan /
Trundle 2010, 6). 
Historia militar e historia de la guerra en el Próximo Oriente Antiguo
79 
 
En diciembre de 2006 se celebró en Lyon un congreso titulado Les
armées du Proche Orient ancien 3
ème
-1
er
millénaire. A pesar de lo que indica
el título, lo cierto es que a lo largo del congreso se leyeron comunicaciones
relacionadas no sólo con los ejércitos sino también con otras muchas
cuestiones bélicas, por lo que en realidad puede considerarse el congreso de
Lyon como un auténtico congreso sobre la guerra en el Próximo Oriente
Antiguo. Un rápido repaso por las actas publicadas recientemente
14

demuestra el predominio de contribuciones que por su temática deben ser
consideradas como propias de la historia militar tradicional. Así, hasta un
total de 13 de los 17 artículos publicados abordan cuestiones propias de la
historia militar tradicional. En este apartado cabe incluir los cinco artículos
que analizan la composición y las características de los ejércitos de Akkad,
15

Ur III,
16
Aššur,
17
Nuzi
18
y el reino meso-asirio;
19
los tres artículos que
abordan cuestiones relacionadas con el armamento y la tecnología militar;
20

los dos artículos dedicados a la arquitectura militar de Ugarit
21
y del valle del
Éufrates Medio;
22
y tres artículos finales dedicados a la estrategia militar
mesopotámica,
23
la guerra de asedio
24
y la campaña neo-babilónica contra
Asiria.
25
Tan solo los cuatro últimos artículos escapan a esas temáticas más
tradicionales, abordando cuestiones que analizaremos en el apartado
siguiente.
El predominio de la historia militar tradicional en el congreso de Lyon no
es desde luego un caso aislado sino la prueba de una tendencia. Así, tras el
final de la Segunda Guerra Mundial y hasta el año 2000, un periodo durante
el cual la historia militar alcanzó las cotas más bajas de popularidad en el
ámbito académico, los especialistas en el estudio del Próximo Oriente
Antiguo no dejaron de publicar monografías
26
y volúmenes colectivos
27

sobre historia de la guerra en esa región, así como estudios sobre ejércitos,
28

                                                           
14
Abrahami / Battini 2008. 
15
Abrahami 2008. 
16
Lafont 2008. 
17
Ziegler 2008. 
18
Lion 2008. 
19
Postgate 2008. 
20
Vita 2008; Collon 2008; Rouault / Bellucci 2008. 
21
Calvet 2008. 
22
Tenu 2008. 
23
Córdoba 2008. 
24
Battini 2008. 
25
Joannès 2008. 
26
Yadin 1963 
27
Durand 1991; Nehmé 1999. 
28
Sasson 1969; Kendall 1974; Malbran-Labat 1982; Stillman / Tallis 1984; Beal 1992; Vita
1995; Mayer 1995; Abrahami 1997.  
Jordi Vidal
80
 
armamento
29
y tecnología y arquitectura militar,
30
al tiempo que se
celebraron importantes reuniones científicas de carácter internacional
dedicadas exclusivamente a esa cuestión.
31

En cierto modo puede afirmarse que ese interés por la historia militar ha
continuado vigente durante esta primera década del siglo XXI. Así se aprecia
repasando las líneas de investigación desarrolladas por las nuevas
generaciones de especialistas en historia de la guerra en el Próximo Oriente
Antiguo. Buen ejemplo de ello son los recientes estudios de Davide Nadali,
32

Tamas Deszö
33
, Fabrice de Backer
34
y Garret G. Fagan
35
sobre armas,
tácticas y organización del ejército neo-asirio, o mis propios trabajos sobre la
guerra de asedio durante el periodo paleobabilónico
36
y el Bronce Final
37
o el
empleo táctico de los estandartes militares también en época
paleobabilónica.
38

Sin embargo, el hecho de que la historia militar tradicional se practique
sin problemas en el ámbito del Próximo Oriente Antiguo no la convierte en
una disciplina inmune a críticas como las formuladas por Liverani. Es
inevitable que cuando esas críticas proceden de autores ajenos a la historia
militar, como es el caso de Liverani, sean recibidas con cierto recelo. Sin
embargo, también insignes historiadores de la guerra han denunciado
algunas prácticas que consideraban nocivas. Un buen ejemplo de ello lo
ofrece Yvon Garlan, quien en la introducción de una de sus obras criticaba
veladamente la historia militar señalando que “se hace fuerte en los
problemas técnicos del armamento, de la organización y de la táctica que,
tratados de un modo autónomo, parecen poseer en ellos mismos el principio
de su desarrollo; tiende a reducir la historia de la guerra a la de las
operaciones militares, las “batallitas”, que se incluyen de forma mecánica,
como un añadido, en la historia global de las sociedades antiguas”.
39
Y es
que, como apuntábamos, a menudo la historia militar ha caído en el error de
limitarse a la mera descripción y análisis de cuestiones estrictamente
técnicas relacionadas con la estrategia o el armamento, prestando poca o
ninguna atención, por ejemplo, a las repercusiones sociales de la guerra, lo
                                                           
29
De Maigret 1976; Philip 1989. 
30
Salonen 1965; Amadasi 1965; Marrassini 1971; Littauer / Crouwel 1979. 
31
“Warfare in the Ancient Near East”, XII Rencontre Assyriologique Internationale (Londres
1963) (publicado en Iraq 25/2 (1963), pp. 110-170).  
32
Véase, entre otros, Nadali 2004; 2005; 2010. 
33
Dezsö 2001; 2006. 
34
Véase, por ejemplo, De Backer 2009 y 2010. 
35
Fagan 2010. 
36
Vidal 2009. 
37
Vidal 2006. 
38
Vidal 2009b.  
39
Garlan 2003 [1972], 12s. 
Historia militar e historia de la guerra en el Próximo Oriente Antiguo
81 
 
que sin duda ha ido en detrimento de la calidad del discurso científico y de la
investigación. A continuación repasaremos algunos ejemplos que
demuestran la existencia de una interesante reflexión teórica sobre esta
cuestión, al tiempo que anuncian una nueva forma de estudiar la historia de
la guerra en el Próximo Oriente Antiguo.

3. Nuevos enfoques en el estudio de la guerra

En estos últimos años son muchos los especialistas que coinciden en
subrayar la existencia de un renovado interés, también a nivel académico,
por la historia militar.
40
Sin embargo, es necesario destacar el hecho de que
muchos de los estudios sobre el fenómeno de la guerra que se están
publicando actualmente abordan cuestiones que sobrepasan con mucho los
tradicionales focos de interés de la historia militar tradicional, prestando
especial atención a la interacción entre guerra, sociedad y cultura. Esta nueva
forma de abordar el estudio de la guerra ha sido bautizada por Jeremy Black
como New Military History.
41
Dicha etiqueta es útil, por cuanto destaca la
diferencia existente entre esos nuevos estudios y los trabajos de historia
militar tradicional. Sin embargo, se trata de una denominación en mi opinión
incorrecta ya que en muchos de los trabajos englobados bajo ese epígrafe el
elemento militar es prácticamente inexistente. Así, por ejemplo, calificar
como un estudio de Historia militar un análisis sobre el trabajo de las
mujeres en tiempos de guerra no tiene demasiado sentido, por muy nueva
que sea esa historia militar.
A continuación repasaremos algunos ejemplos que demuestran como, en
esta ocasión sí, ese renovado interés por el fenómeno de la guerra ha llegado
también al ámbito de los estudios sobre el Próximo Oriente Antiguo.

3.1. Guerra y sociedad

Bajo el epígrafe “Guerra y sociedad” generalmente se sitúan aquellos
trabajos que analizan el fenómeno de la guerra en relación con cuestiones
como la estratificación social, el género o el medioambiente, así como
aquellos estudios que se preocupan por temas como la conmemoración de
los conflictos armados o el impacto de la guerra sobre el cuerpo humano.
42

Al repasar la bibliografía más reciente podemos comprobar como,
efectivamente, en estos últimos años se han publicado trabajos que abordan
                                                           
40
Loreto 2006, 12s.; Gracia 2007; Quesada 2010, 13ss.  
41
Véase, por ejemplo, Black 2004, 26ss. 
42
Black 2004, 49ss. 
Jordi Vidal
82
 
prácticamente todas estas cuestiones en el marco del Próximo Oriente
Antiguo.
En 1999 Marc Van de Mieroop, en un trabajo de reflexión sobre las
tendencias historiográficas en Asiriología, reclamaba un cambio en el
estudio de la guerra en el Próximo Oriente Antiguo.
43
Así, Van de Mieroop
proponía abandonar un tipo de historia siempre basado en las figuras de
reyes y militares para pasar a analizar las consecuencias que la guerra tenía
sobre la gente corriente, sobre sus propiedades, sus lugares de hábitat, etc.,
en lo que podía denominarse como una historia de la guerra desde abajo. El
autor, para evitar la fácil y previsible objeción acerca de la falta de fuentes
para tratar una cuestión como ésta, esgrimía un ejemplo que demostraba que
hacer esta clase de historia era realmente posible. El ejemplo escogido por
Van de Mieroop era un pequeño archivo privado de finales del siglo VII
a.n.e.,
44
hallado en la ciudad de Nippur y propiedad de un noble de la ciudad.
Dicho archivo permitía conocer con cierto detalle los efectos devastadores
que el asedio de la ciudad por parte de Nabopolassar de Babilonia había
tenido sobre sus habitantes: aumento en el precio de los cereales,
empobrecimiento dramático de las clases bajas, aparición de hombres de
negocios dedicados a la compra de los hijos de las familias arruinadas, etc.
En realidad, ese cambio de perspectiva que reclamaba Van de Mieroop ya
se venía produciendo con anterioridad. En este sentido podemos recordar
que el estudio de un tema como las deportaciones masivas de población a
causa de un conflicto bélico ya es una forma de escribir historia de la guerra
desde abajo, por cuanto el foco de interés no son los líderes militares y sus
acciones sino las víctimas del conflicto, en este caso los deportados. Sobre
esta cuestión basta recordar la monografía clásica de Bustenay Oded
dedicada al estudio de las deportaciones en época neoasiria
45
o, más
recientemente, un artículo de Dominique Charpin en el que estudiaba la
deportación de poblaciones hurritas por parte de Hammurabi de Babilonia,
su posterior reasentamiento en Dilbat y su integración en la sociedad
babilónica.
46
Ambos trabajos fueron publicados con anterioridad al libro de
Van de Mieroop.
Con todo, sí parece que las reflexiones de Van de Mieroop surtieron
cierto efecto en el panorama historiográfico sobre el Próximo Oriente
Antiguo. Siguiendo su estela Rocío da Riva publicó un breve artículo sobre
el impacto que tenían los asedios de ciudades sobre la población civil.
47
Para
                                                           
43
Van de Mieroop 1999, 98ss. 
44
Oppenheim 1955. 
45
Oded 1979. 
46
Charpin 1992, 213ss. Más recientemente véase Forlanini 2010 acerca de las deportaciones
hititas. 
47
Da Riva 2008. 
Historia militar e historia de la guerra en el Próximo Oriente Antiguo
83 
 
ello se centró, al igual que Van de Mieroop, en la Baja Mesopotamia a
finales del siglo VII a.n.e., y al archivo privado de Nippur ya comentado
añadió una serie de textos procedentes de Babilonia y Uruk. El estudio de
esa documentación le permitió identificar a los niños de las ciudades como
las víctimas principales en caso de asedio.
De hecho, el estudio de los niños como víctimas de los conflictos
armados ha suscitado un interés destacable entre los investigadores. Buen
ejemplo de ello lo encontramos en el volumen de 1997 de la revista KTEMA
dedicado a la infancia y la educación en el Próximo Oriente Antiguo. En
dicho volumen Brigitte Lion publicó un trabajo sobre los centenares de niños
de las familias de seis localidades de la Alta Mesopotamia deportadas hasta
Mari el 1763 a.n.e., prestando especial atención a cuestiones como su edad y
sexo, su manutención así como su destino final, que en ocasiones implicaba
la separación definitiva de sus padres.
48

Otro de los grandes focos de atención ha sido el de la relación entre las
mujeres y la guerra en el Próximo Oriente Antiguo. En general, los trabajos
publicados sobre esa cuestión coinciden en explicitar la voluntad de terminar
con la clásica concepción de la guerra como una actividad que únicamente
concernía a los hombres. Un análisis cuidadoso de las fuentes demuestra que
las mujeres también participaron en y se vieron afectadas por la guerra, por
lo que no tiene justificación ninguna su tradicional omisión en la
reconstrucción histórica del fenómeno. Dicha omisión no responde a ningún
criterio científico, siendo tan solo el resultado de la tradicional consideración
de la guerra como uno de los elementos definidores de la masculinidad. Uno
de los trabajos pioneros sobre la cuestión fue el estudio de Amelie Kuhrt
sobre mujeres y guerra en el Próximo Oriente durante el primer milenio
a.n.e.
49
El artículo se plantea como un trabajo de síntesis en el que Kuhrt
describe la interacción entre mujeres y guerra a través de una serie escogida
de temas: lo femenino como metáfora de debilidad, la mujer como víctima
de la guerra, la mujer como transmisora del ethos militar masculino, el
significado de la presencia de mujeres en el campo de batalla, mujeres
acompañando a los ejércitos en campaña, la contribución material de las
mujeres al esfuerzo bélico, el papel de la mujer en la causa y la resolución de
conflictos armados, etc.
Un estudio mucho más concreto es el de Agnés Garcia-Ventura quien, a
través de la documentación neo-sumeria, enseña como las mujeres (tanto
ciudadanas sumerias como prisioneras de guerra) tenían la posibilidad de
ocupar los puestos que dejaban los hombres en los centros de producción
textiles durante los conflictos armados, incluyendo las tareas de supervisión.
                                                           
48
Lion 1997. 
49
Kuhrt 2001. 
Jordi Vidal
84
 
Ello significa que la guerra ofrecía a las mujeres la posibilidad de alcanzar
un estatus profesional que en tiempos de paz les estaba vetado.
50

Otro tema destacado ha sido el de la relación entre la guerra y el cuerpo
humano. En este sentido destaca especialmente el libro de Zainab Bahrani
dedicado precisamente a analizar la relación entre el cuerpo y la violencia.
51

En su opinión, las aproximaciones tradicionales al estudio de la guerra,
basadas en cuestiones estrictamente militares, son del todo insuficientes para
tratar de reconstruir la concepción que se tenía de la guerra en la Antigua
Mesopotamia. En su lugar Bahrani defiende la necesidad de llevar a cabo un
estudio de la filosofía e ideología de la guerra. Para alcanzar ese objetivo la
autora considera fundamental analizar la interacción entre poder, violencia y
cuerpo, dado que el concepto del cuerpo estaba íntimamente relacionado con
las ideas mesopotámicas sobre el mundo, la historia y el tiempo. Prueba de la
importancia de dicho análisis Bahrani la encuentra, por ejemplo, en el arte
neo-asirio donde el poder del imperio se representó a través de la violencia
ejercida sobre los cuerpos de los vencidos, unos cuerpos torturados,
ejecutados, deportados, suplicantes.

3.2. Guerra y cultura

Tal y como apuntaba Jeremy Black, el interés por el tema “guerra y
sociedad” ha generado a su vez una creciente atención hacia la dimensión
cultural de la guerra, en especial a su vertiente más simbólica.
52
También en
el ámbito de los estudios sobre le Próximo Oriente Antiguo encontramos
muestras recientes de ese interés por profundizar en el estudio de la guerra y
su simbología.
De esta forma, Davide Nadali ha estudiado la conmemoración de la
guerra en el Próximo Oriente en el III milenio a.n.e. Uno de los elementos
indispensables en la conmemoración del éxito militar son lo que él denomina
“monumentos de guerra”, es decir, aquellos paneles o estelas que se creaban
para perpetuar la memoria del éxito militar logrado, como la famosa Estela
de los buitres o el Estandarte real de Ur. Esos monumentos nos enseñan la
existencia de una auténtica iconografía de la guerra que se extendía desde
Sumer hasta Ebla, y que se basaba en la contínua repetición de unos motivos
determinados (enemigos desnudos, cadáveres abandonados y devorados por
los animales, etc.). La creación y vigencia de ese lenguaje figurativo de la
guerra durante el III milenio a.n.e. permitía la producción de monumentos
con un mensaje iconográfico de comprensión fácil e inmediata.
                                                           
50
García-Ventura, en prensa. 
51
Bahrani 2008. 
52
Black 2004, 55ss. 
Historia militar e historia de la guerra en el Próximo Oriente Antiguo
85 
 
Un segundo ejemplo lo encontramos en mi propio estudio sobre la
existencia y el significado de las “armas de prestigio” atestiguadas en un
contexto amorreo. Así, muchas de esas armas estaban realizadas con
materiales preciosos y servían como armas de parada, ofrendas votivas o
bien formaban parte de los ajuares funerarios de personajes destacados. Con
todo, algunos textos indican que en ocasiones esas armas también se usaban
como auténticos cetros esgrimidos por los mandos militares, simbolizando
su autoridad sobre los soldados. Un tipo distinto de “armas de prestigio” lo
constituyen aquellas armas o máquinas de guerra de manufactura corriente
convertidas posteriormente en objetos de culto como consecuencia del
significado histórico especialmente relevante que habían adquirido. El mejor
ejemplo de este último tipo en un contexto amorreo nos lo ofrece un ariete
que, probablemente debido a su participación decisiva durante un asedio, fue
depositado en un santuario dedicado al culto de los ancestros de Zimri-Lim,
rey de Mari. El ejemplo del ariete de Mari rápidamente nos recuerda a otros
casos atestiguados en la Biblia Hebrea, como las armas de Saúl depositadas
en un santuario filisteo dedicado a Aštarte (1 Sam 31: 10), o la espada de
Goliat, colocada por David en el santuario de Nob (1 Sam 21: 9).
53

También en el congreso de Lyon al que nos referíamos antes se leyeron
algunas comunicaciones cuya temática está estrechamente relacionada con el
estudio de la simbología de la guerra. A modo de ejemplo podemos recordar
aquí el artículo de Pierre Villard en el que el autor trata de reconstruir el
ceremonial para la celebración de las victorias militares en época neoasiria.
54

En líneas generales, y aceptando que dicho ceremonial no debió ser
homogéneo a lo largo de los siglos, Villard ha logrado identificar una serie
de elementos básicos constitutivos del mismo. Así, la celebración de la
victoria se integraba dentro del festival del Akitu (Año Nuevo) y tenía lugar
en Nínive y/o en Arbelas. Entre los elementos fundamentales de la
celebración destacaba la entrada triunfal del rey junto con las estatuas
divinas, la exposición de los prisioneros de guerra capturados (y que
posteriormente podían ser ejecutados), así como los restos de los líderes
enemigos vencidos. Al final tenía lugar una representación ante la población
de los episodios más importantes de la campaña (la victoria militar, la
obtención de botín, la humillación de los vencidos).

4. Conclusiones

El análisis de los trabajos recogidos en el apartado 3 confirma lo que
apuntábamos al principio del mismo: a pesar de ser todas ellas obras
                                                           
53
Vidal, en prensa. 
54
Villard 2008. 
Jordi Vidal
86
 
centradas en el estudio de la guerra, son trabajos en los que el elemento
estrictamente militar o bien no aparece o bien es secundario. De ahí nuestro
rechazo a situarlas bajo la etiqueta de historia militar, sea nueva o
tradicional.
En realidad todos esos ejemplos son una muestra de una nueva forma de
estudiar la guerra, en íntima relación con la esfera cultural y social. De esta
manera se ha tratado de corregir una de las grandes carencias de la historia
militar denunciada reiteradamente, esto es, la excesiva atención prestada a
batallas, armamento, estrategias y grandes líderes militares, cuyo estudio
aislado del contexto social y cultural era incapaz de producir una historia
comprensible de la guerra.
Sin embargo, ahora estamos obligados a evitar caer en el extremo
contrario. De la misma forma que la historia de la guerra no podía escribirse
obviando los aspectos sociales y culturales de la misma, la historia de la
guerra no puede escribirse sin tener en cuenta el elemento militar. La historia
militar es una historia necesaria que aborda cuestiones relevantes. Hechos
puntuales como las batallas condicionaron de forma decisiva no solo el
desarrollo de entidades políticas sino la vida de miles y miles de personas, a
menudo de forma decisiva. Igualmente, entender la estrategia, el armamento
y la arquitectura militar resulta imprescindible para explicar, por ejemplo, un
paisaje salpicado de ciudades y fortalezas cuya ubicación en un determinado
lugar y sus mismas características en buena medida se explican a partir de
consideraciones militares.
Desmilitarizar la guerra, aunque pueda resultar tentador para según qué
sensibilidades políticas, no es una opción honesta. Al margen de prejuicios y
descalificaciones intelectuales, lo cierto es que las batallas y las armas
forman parte del fenómeno bélico, de la misma manera que las víctimas
civiles o los monumentos conmemorativos. Tan solo la combinación entre la
historia militar y los nuevos estudios sobre la guerra puede conducirnos
hacia un conocimiento integral del fenómeno bélico.








Historia militar e historia de la guerra en el Próximo Oriente Antiguo
87 
 
Bibliografía

Abrahami, P., 1997: L’armée à Mari. Université Paris I.
― 2005: “Bibliographie sur les armées et les militaires au Proche-Orient
(I)”, Revue des Études Militaires Anciennes 2: 3-19.
― 2006: “Bibliographie sur les armées et les militaires au Proche-Orient
(II)”, Revue des Études Militaires Anciennes 3: 3-11.
― 2008: “L’armée d’Akkad”, en P. Abrahami / L. Battini (eds.): Les armées
du Proche-Orient ancien (III
e
-I
er
mill. Av. J.-C.). Oxford, pp. 1-22.
Abrahami, P. / Battini, L., (eds.) 2008: Les armées du Proche-Orient ancien
(III
e
-I
er
mill. Av. J.-C.). Oxford.
Amadasi, M. G., 1965: L’iconografia del carro da guerra in Siria e
Palestina. Roma.
Bahrani, Z., 2008: Rituals of War. The Body and Violence in Mesopotamia.
New York.
Battini, L., 2008: “Lorsqu’une ville est en état de siège: étudede cas néo-
assyriens”, en P. Abrahami / L. Battini (eds.): Les armées du Proche-
Orient ancien (III
e
-I
er
mill. Av. J.-C.). Oxford, pp. 185-205.
Beal, R. H., 1992: The Organization of the Hittite Military. Heidelberg.
Bellucci, B. / Rouault, O., 2008: “Les armes de Terqa”, en P. Abrahami / L.
Battini (eds.): Les armées du Proche-Orient ancien (III
e
-I
er
mill. Av. J.-
C.). Oxford, pp. 113-133.
Black, J., 2004: Rethinking Military History. London / New York.
Burguière, A., 2009 [2006]: Las escuela de los Annales. Una historia
intelectual. Valencia.
Burke, P., 1996 [1990]: La revolución historiográfica francesa. La Escuela
de los Annales: 1929-1989. Barcelona.
Calvet, Y., 2008: “Les systèmes défensifs d’Ougarit au Bronze moyen et
récent”, en P. Abrahami / L. Battini (eds.): Les armées du Proche-Orient
ancien (III
e
-I
er
mill. Av. J.-C.). Oxford, pp. 177-183.
Charpin, D., 1992: “Immigrés, réfugiés et déportés en Babylonie sous
Hammu-rabi et ses successeurs”, en D. Charpin / F. Joannès (eds.): La
circulation des biens, des personnes et des idées dans le Proche-Orient
ancien. Paris, pp. 207-218.
Collon, D., 2008: “Le developpement de l’arc en Mésopotamie”, en P.
Abrahami / L. Battini (eds.): Les armées du Proche-Orient ancien (III
e
-I
er

mill. Av. J.-C.). Oxford, pp. 93-112.
Córdoba, J. M., 2008: “Le “visage de la bataille”. Le pensé militaire
classique et l’étude de la guerre et du combat au Proche-Orient ancien”,
en P. Abrahami / L. Battini (eds.): Les armées du Proche-Orient ancien
(III
e
-I
er
mill. Av. J.-C.). Oxford, pp. 135-149.
Jordi Vidal
88
 
Da Riva, R., 2008: “La guerra en el Antiguo Oriente: el asedio a las ciudades
y la penuria de la población”, Historiae 5: 1-9.
De Backer, F., 2009: “Some Basic Tactics of Neo-Assyrian Warfare”,
Ugarit-Forschungen 39: 69-115.
― 2010: “Neo-Assyrian Siege Redoubts Tactics: Some Issues”, Historiae 7:
1-25.
De Maigret, A., 1976: Le lance nell’Asia Anteriore nell’Età del Bronzo.
Studio tipologico. Roma.
Dezsö, T., 2001: Near Eastern Helmets of the Iron Age. Oxford.
― 2006: “The Reconstruction of the Neo-Assyrian Army, as Depicted on
the Assyrian Palace Reliefs, 745-612 BC”, Acta Archaeologica
Academiae Scientiarum Hung. 57: 87-130.
Duby, G., 1988 [1973]: El domingo de Bouvines. Madrid.
Durand, J. M., (ed.), 1991: La guerre au Proche-Orient dans l’Antiquité.
Dijon.
Fagan, G. G., 2010: “I Fell upon Him like a Furious Arrow”: Toward a
Reconstruction of the Assyrian Tactical System”, en G. G. Fagan / M.
Trundle (eds.): New Perspectives on Ancient Warfare. Leiden / Boston,
pp. 81-100.
Fagan, G. G. / Trundle, M., 2010: “Introduction”, en G. G. Fagan / M.
Trundle (eds.): New Perspectives on Ancient Warfare. Leiden / Boston,
pp. 1-19.
Forlanini, M., 2010: “Deportati e mercenari dall’Anatolia occidentale all’alto
Eufrate sotto l’impero hittita”, Orientalia 79: 152-163.
Garcia-Ventura, A., en prensa: “Women, work and war: their relationship
during the Neo-Sumerian Period”, en RAI Münster 2006.
Garlan, Y., 2003 [1972]: La Guerra en la Antigüedad. Madrid.
Gracia, F., 2007: “Arqueología militar. Reflexiones en torno a varias
novedades editoriales”, Pyrenae 38/2: 117-122.
Hernández Cardona, F. X., 2007: “Espacios de guerra y campos de batalla”,
Iber 51: 7-19.
Hobsbawm, E., 1998 [1997]: Sobre la historia. Barcelona.
Joannès, F., 2008: “La stratégie des rois néo-babyloniens contre l’Assyrie,
de 616 à 606 av. J.-C.”, en P. Abrahami / L. Battini (eds.): Les armées du
Proche-Orient ancien (III
e
-I
er
mill. Av. J.-C.). Oxford, pp. 207-218.
Kendall, T., 1974: Warfare and Military Matters in the Nuzi Tablets.
Brandeys University.
Kuhrt, A., “Women and War”, Journal of Gender Studies in Antiquity 2: 1-
25.
Lafont, B., 2008: “L’armée des rois d’Ur: ce qu’en disent les textes”, en P.
Abrahami / L. Battini (eds.): Les armées du Proche-Orient ancien (III
e
-I
er

mill. Av. J.-C.). Oxford, pp. 23-48.
Historia militar e historia de la guerra en el Próximo Oriente Antiguo
89 
 
Lion, B., 1997: “Les enfants des familles déportées de Mésopotamie du nord
à Mari en ZL 11´”, KTEMA 22: 109-118.
― 2008: “L’armée d’après la documentation de Nuzi”, en P. Abrahami / L.
Battini (eds.): Les armées du Proche-Orient ancien (III
e
-I
er
mill. Av. J.-
C.). Oxford, pp. 71-81.
Liverani, M., 1994: “History as a War Game”, Journal of Mediterranean
Archaeology 7.2: 241-248.
Littauer, M. A. / Crouwel, J. H., 1979: Wheeled vehicles and ridden animals
in the Ancient Near East. Leiden.
Loreto, L., 2006: Per la storia militare del mondo antico. Napoli.
Malbran-Labat, F., 1982: L’armée et l’organisation militaire de l’Assyrie.
Genève / Paris.
Marrassini, P., 1971: Formazione del lessico dell’edilizia militare nel
semitico di Siria. Firenze.
Mayer, W., 1995: Politik und Kriegskunst der Assyrer. Münster.
Nadali, D., 2004: “La campagna di Assurbanipal contro gli Arabi: proposta
di lettura delle dinamiche di una battaglia in campo aperto”, Studi
Micenei ed Egeo Anatolici 46: 59-78.
― 2005: “Assyrians to War: Positions, Patterns and Canons in the Tactics of
the Assyrian Armies in the VII Century B.C.”, en A. Di Ludovico / D.
Nadali (eds.): Studi in onore di Paolo Matthiae presentati in occasione
del suo sessantacinquesimo compleanno. Roma, pp. 167-207.
― 2010: “Assyrian Open Field Battles. An Attempt at Reconstruction and
Analysis”, en J. Vidal (ed.): Studies on War in the Ancient Near East.
Collected Essays on Military History. Münster, pp. 117-152.
Nehmé, L., (ed.), 1999: Guerre et conquête dans le Proche-Orient Ancien.
Paris.
Oded, B., 1979: Mass deportations and deportees in the Neo-Assyrian
Empire. Wiesbaden.
Oppenheim, A. L., 1955: “Siege-documents from Nippur”, Iraq 17: 69-89.
Philip, G., 1989: Metal Weapons of the Early and Middle Bronze Ages in
Syria-Palestine (2 vols.). Oxford.
Pollard, T. / Banks, I., 2005: “Why a Journal of Conflict Archaeology and
Why now?”, Journal of Conflict Archaeology 1: i-vii.
Postgate, J. N., 2008: “The Organization of the Middle Assyrian Army:
Some Fresh Evidence”, en P. Abrahami / L. Battini (eds.): Les armées du
Proche-Orient ancien (III
e
-I
er
mill. Av. J.-C.). Oxford, pp. 83-92.
Quesada, F., 2003: “La ley del péndulo. Armas, carros de guerra, tácticas y
explicación histórica en el Antiguo Egipto y Oriente Próximo”, en M.
Alonso Baquer et al. (eds.): La guerra en Oriente Próximo y Egipto.
Evidencias, historia y tendencias de la investigación. Madrid, pp. 281-
302.
Jordi Vidal
90
 
― 2010: Armas de la antigua Iberia. Madrid.
Salonen, E., 1965: Die Waffen der Alten Mesopotamier. Helsinki.
Sasson, J. M., 1969: The Military Establishments at Mari. Roma.
Stillman, N. / Tallis, N., 1984 : Armies of the Ancient Near East 3000 BC to
539 BC. Worthing.
Tenu, A., 2008: “Les forteresses assyriennes de la vallee du moyen
Euphrate”, en P. Abrahami / L. Battini (eds.): Les armées du Proche-
Orient ancien (III
e
-I
er
mill. Av. J.-C.). Oxford, pp. 151-175.
Van de Mieroop, M., 1999: Cuneiform Texts and the Writing of History.
London.
Vidal, J., 2006: “Ugarit at War (2)”, Ugarit-Forschungen 38, 699-716.
― 2009: “The Siege of Razama. An example of aggressive defence in the
Old Babylonian times”, Altorientalische Forschungen 36, 365-371.
― 2009b: “The Use of Military Standards by the Old Babylonian Armies”,
Akkadica 130: 43-52.
― en prensa: “Prestige Weapons in an Amorite Context”, Journal of Near
Eastern Studies.
Villard, P., 2008: “Les cérémonies triomphales en Assyrie”, en P. Abrahami
/ L. Battini (eds.): Les armées du Proche-Orient ancien (III
e
-I
er
mill. Av.
J.-C.). Oxford, pp. 257-270.
Vita, J. P., 1995: El ejército de Ugarit. Madrid.
― 2008: “Le char de guerre en Syrie et Palestine au Bronze Récent”, en P.
Abrahami / L. Battini (eds.): Les armées du Proche-Orient ancien (III
e
-I
er

mill. Av. J.-C.). Oxford, pp. 57-69.
Yadin, Y., 1963: The Art of Warfare in Biblical Lands. New York
Ziegler, N., 2008: “Samsî-Addu et ses soldats”, en P. Abrahami / L. Battini
(eds.): Les armées du Proche-Orient ancien (III
e
-I
er
mill. Av. J.-C.).
Oxford, pp. 49-55.


 
 
 




Los grupos de recreación histórica
(historical re-enactment)

J ordi Cortadella
Universitat Autònoma de Barcelona


El objetivo del presente artículo es dar a conocer la existencia y reflexionar
sobre el origen y las actividades de los grupos de recreación histórica
(historical re-enactment, o living history), especialmente los relacionados
con el ejército romano. Se trata de un fenómeno relativamente reciente y en
claro auge, surgido en los últimos treinta años en el ámbito de los países
occidentales que se enmarca dentro del concepto de re-enactment, término
anglosajón que significa literalmente “volver a representar”, “revivir” o
“recrear” y que se puede traducir en castellano como “recreación histórica”.
1

El re-enactment es una especie de juego de rol (en inglés LARP: Live
Action Role-Playing Game) en el que los participantes recrean un periodo
histórico o, más concretamente, un hecho de armas. La base histórica, sin
embargo, es reinterpretada por los re-enactors, que no dudan en inventar
escenas plausibles basándose en su conocimiento del período. Algunas veces
pueden haber espectadores, pero no es una condición sine qua non del re-
enactment. Por tanto, no se trata estrictamente de un “teatro de calle” o un
happening en la medida que el público y espectáculo es sólo uno de sus
objetivos pero no es el único motivo que lo genera ni el más esencial. La
recreación histórica es una forma relativamente nueva de entretenimiento
que permite sumergirse con mayor o menor profundidad en una época
determinada a fin de experimentar su estilo de vida: comida, ropa, utensilios
y otras formas de la vida cotidiana de la época o acontecimiento histórico
elegido. Es difícil imaginar un contacto más íntimo con la historia y el
patrimonio, porque la recreación pone en juego el conocimiento, los
sentimientos y las emociones de las personas que se dedican a este
pasatiempo.
2

                                                           
1
Por su especificidad, el término re-enactment (con o sin guión) no se acostumbra a traducir
en otros idiomas, aunque en francés también se utiliza el término “reconstitution historique”,
en italiano “rievocazione storica” y en alemán “Neuinszenierung” (nueva escenificación) o
“Wiederaufführung” (reposición, reestreno).  
2
Para la relación entre individuo y patrimonio véase por ejemplo las reflexiones de
Lowenthal 1998 y Ballart 1997. 
J ordi Cortadella
92
 
La mayoría de los participantes son aficionados apasionados que
practican el re-enactment como un hobby. La edad de los participantes, sus
nacionalidades y clases sociales son muy diversas, y es fácil encontrar entre
ellos tanto a niños como a ancianos. Los re-enactors se dividen
generalmente en tres categorías: farbs (iniciados), mainstreams (medios) y
progressives (avanzados), dependiendo de la importancia que le dan a la
autenticidad de sus uniformes y su estilo de vida.
3
Farb es un término
despectivo de origen incierto y de etimología desconocida usado en la jerga
de los re-enactors anglosajones para referirse a los participantes que
muestran indiferencia hacia la autenticidad histórica, ya sea desde un punto
de vista material, cultural o en la acción. El farb, o también llamado algunas
veces “soldado de poliéster”, gasta relativamente poco tiempo y/o dinero en
conseguir la “autenticidad”, un concepto subjetivo que depende del contexto
y de las expectativas, pues mientras el re-enactor corriente (mainstream)
puede aceptar un objeto si éste consigue convencer al espectador, el núcleo
duro de los re-enactors (progressive) lo considerará farb si no está hecho de
una forma históricamente exacta. En el otro extremo del farb están los
progressives o núcleo duro del re-enactment, que buscan una inmersión
completa en la experiencia del re-enactment, tratando de vivir y actuar como
alguien de la época que representa. Esto incluye comer los alimentos de la
época, a la manera de la época, usar ropa de la época, hecha con el mismo
tipo de costuras de la época, incluida la ropa interior, y permanecer en el
personaje a lo largo de todo el evento, sin salirse del personaje cuando no
mira nadie, sin utilizar elementos modernos entre horas.
Un encuentro de re-enactment sigue generalmente un guión general
preestablecido, cuyas directrices se dan a conocer unos meses antes de la
reunión, en los blogs al uso. La “historia” a recrear acostumbra a limitarse a
un esqueleto, que los re-enactors completarán con sus mejores uniformes.
La parte de interpretación es, por lo tanto, muy grande. El re-enactment se
basa en la autenticidad, y, por consiguiente, el uniforme y el equipo, pero
también el comportamiento de los participantes, han de ser los adecuados
para que haya re-enactment.

1. Precedentes y pioneros

La recreación histórica es tan antigua como la sociedad misma. Desfiles,
procesiones, representaciones teatrales, actos religiosos y civiles varios, han
representado el pasado de múltiples formas.
4
Los ejemplos son fáciles de
                                                           
3
Para la sociología del re-enactor, el mejor estudio es el de Hadden 1999. 
4
Para una visión de conjunto del re-enactment véanse las obras de Redknap 2002; Goodacre /
Baldwin 2002; Horsler 2003; Agnew 2004 y 2007. Una breve historia del re-enactment en:
Los grupos de recreación histórica
93 
 
encontrar en cualquier tradición cultural. Baste recordar, por citar sólo dos
ejemplos cercanos, las procesiones de Semana Santa, que suelen ir
acompañados de “Armaos” (en Cataluña “Armats” o “Manaies”) vestidos a
la manera de los legionarios romanos;
5
o las fiestas de Moros y Cristianos en
Alcoy.
6
Estas recreaciones se caracterizan por un escaso rigor histórico en
cuestiones como los uniformes utilizados, así como en la reconstrucción
misma de las escenas. No obstante, a su manera, “Armaos” y comparsas
albergan la voluntad de intentar revivir de manera didáctica y en primera
persona unos tiempos pasados: la pasión de Cristo, unos, o la revuelta de Al-
Azraq del 1276, otros. Sin embargo, estas recreaciones tradicionales, a pesar
de ciertas similitudes de fondo, en su forma no guardan relación alguna con
los grupos de reconstrucción que aquí nos ocupan, aunque sí que intentan
mantener viva, o inventar, una cierta visión del pasado.
7

Parece que el catalizador del re-enactment moderno hay que buscarlo en
Estados Unidos en 1960-61, a raíz de las conmemoraciones del centenario de
la Guerra Civil Americana (1861-1865). Aunque al principio el nivel de
autenticidad del vestuario, armamento y representación fueron bastante
lamentables, estas primeras recreaciones de famosas batallas sedujeron la
imaginación de los norteamericanos hasta el punto de iniciar una tendencia
que rápidamente se extendió primero a Gran Bretaña y más tarde a Europa
continental. Las recreaciones bélicas en los Estados Unidos, desde
                                                                                                                                           
http://www.eventplan.mysite1952.co.uk/page29.html 
5
Durante la Contrarreforma las procesiones comenzaron a realizarse como manifestación
dramática de la muerte y resurrección de Cristo y como fórmula de cimentar la religiosidad
popular. Muchas cofradías, que se correspondían habitualmente con oficios concretos de los
cofrades (carpinteros, plateros, etc.), incorporaron entonces hábitos y vestimentas militares
como expresión de la jerarquía de la propia cofradía (capitanes, sargentos y soldados).
Actualmente se encuentran “armaos”, o su equivalente, en muchos municipios del Campo de
Calatrava. Son famosos los de Almagro y también los de la Macarena de la Semana Santa
sevillana. También perduran en Sicilia (en Marsala, Cianciana o Ispica). Para los “Armats”,
“Manaies”o “Manages” de Catalunya véase http://armatsimanaies.ppcc.cat/. En las comarcas
de Tarragona se han contabilizado 32 grupos, en Girona 14, en Lleida 11 y en Barcelona
también 11, aunque no todos ellos permanecen activos. Los más numerosos son los
“Manaies” de Banyoles, con 123 componentes, y los de Girona con 119. Los más cercanos al
re-enactment moderno son los de Blanes, con una sección exclusivamente dedicada a la
reconstrucción histórica rigurosa. Recientemente, los “Armaos” de Marchena (Sevilla),
centuria romana Señor de la Humildad y Paciencia, se han constituido como Legio X
Fretensis Cohort IV http://www.centuriaromana.com/ 
6
Celebrada en Alcoy desde 1668. El origen de la fiesta parece remontarse al 1617 en la
localidad albaceteña de Caudete. En los últimos tiempos las Fiestas de Moros y Cristianos
están viviendo un crecimiento espectacular, celebrándose en distintas ciudades y pueblos
españoles del Sureste peninsular, como la Región de Murcia, Castilla-La Mancha, Andalucía
Oriental, Lleida y especialmente el País valenciano. Para su interpretación social véase
Bernabeu 1981. 
7
Para la invención de las tradiciones históricas véase el clásico de Hobsbawm / Ranger 2002. 
J ordi Cortadella
94
 
escaramuzas a grandes batallas, alcanzaron una escala épica en 1998, cuando
25.000 “soldados” tomaron parte en una recreación de la Batalla de
Gettysburg (1863). Por su parte, en Gran Bretaña los primeros grupos de re-
enactment fueron la Southern Skirmish Association,
8
fundada en febrero de
1968 para reconstruir escenas de la guerra civil americana y, a finales del
mismo año, The Sealed Knot,
9
dedicado a la guerra civil inglesa (1642-
1651), que cuenta con miles de miembros. Poco después, en 1971, se creó la
Sabre Society, el primer grupo de recreación histórica del período
napoleónico, seguido en 1976 por la Napoleonic Association,
10
la mayor
agrupación de re-enactors del Reino Unido.
11
En el ámbito español, existen
diversos grupos de recreación histórica de estética napoleónica, como la
pionera asociación coruñesa The Royal Green Jackets
12
(1999), o la
Asociación Napoleónica Valenciana, que en 2005 ha formado su propio
grupo de re-enactment, el Regimiento de Infantería de Línea de Valencia
1808.
13

También se han creado numerosos grupos de reconstrucción histórica
centrados en la época medieval por toda la geografía europea. En España,
por ejemplo, existe la asociación denominada El clan del cuervo, que está
especializada en la reconstrucción militar de época visigoda del siglo VII
(Regnum Gothorum), en grupos vikingos de finales del siglo X (Vikingr) y la
vida civil y militar, tanto cristiana como musulmana, de la segunda mitad del
siglo XI (La España del Cid).
14

Ha aparecido también, en 2008, la autoproclamada Asociación Española
de Reconstrucciones Históricas, que incluye la recreación de una unidad de
las Waffen SS, así como una unidad de asalto de la infantería soviética y una
unidad alemana de la primera Guerra Mundial.
15
Este tipo de
reconstrucciones guardan también estrecha relación con el fenómeno del
                                                           
8
http://www.soskan.co.uk/ 
9
http://www.thesealedknot.org.uk/ 
10
http://www.napoleonicassociation.org/historical_reenactment.htm
11
Existen diversas asociaciones internacionales que agrupan una gran variedad de grupos de
recreación histórica, como la Society for Creative Anachronism (http://www.sca.org/) y el
Consortium of European Re-enactment Societies (http://www.cersonweb.org/webstart/)
además de múltiples páginas web generalistas como http://www.reenactor.net/, o
http://www.histrenact.co.uk/ y la española http://www.reconstrucciohistorica.cat/ 
12
http://www.royalgreenjackets.org/ 
13
http://www.valencia1808.com/v_02_grupo_recreacion_01_rgto1808.htm
14
http://www.clandelcuervo.com/ 
15
En la primera página de su web (http://www.aerh.es/) puede leerse esta inquietante
advertencia: la AERH no está vinculada ni comparte ningún partido, movimiento o ideología
política. Su única finalidad es la investigación y recreación histórica. La aparición en alguna
fotografía de simbología o iconografía de determinados regímenes no representa ninguna
identidad. La AERH se mueve únicamente por el interés de ofrecer a coleccionistas,
aficionados e historiadores un material que forma parte de la historia de la Humanidad. 
Los grupos de recreación histórica
95 
 
coleccionismo (de armas, insignias, medallas, cascos, gorras, boinas,
banderas, uniformes, etc.).
16

Tales fenómenos, aunque por una parte pueden implicar una especie de
“jugar a hacer el soldado”, por otra conllevan en muchas ocasiones la
creación de reconstrucciones muy fieles que sirven al historiador para poner
a prueba los relatos históricos sobre batallas confrontados con la realidad del
terreno, del soldado o de la estrategia. Este interés por revivir el pasado en
primera persona, el del entorno inmediato, en el cual se ha forjado la
modernidad de manera traumática, la de Estados Unidos de Lincoln, la de la
Gran Bretaña de Cromwel, o la de Europa actual, se explica también en parte
por la vistosidad de los uniformes.
El re-enactment moderno se diferencia de las formas más tradicionales de
recreación histórica en que no tiene por objetivo dramatizar un pasado que
ya se conoce, sino además aprender algo nuevo sobre el pasado a través de la
actividad misma de recreación, así como comunicar los hechos a un público
más amplio. Estas actividades se conciben, por tanto, simultáneamente como
estrategia narrativa y herramienta de investigación, pues existe la creencia de
que colocando a una persona actual en una situación del pasado simulada, la
historia “cobra vida” y se puede aprender algo de tal experiencia, que sería
menos accesible a través de los métodos convencionales para el estudio del
pasado.
17

Un rasgo característico, pues, del re-enactment moderno, que se
diferencia de las recreaciones tradicionales de carácter más folclórico, es la
búsqueda del rigor y la fidelidad de la reconstrucción histórica, en especial
todo lo relacionado con el atuendo, los utensilios, armas y equipo en general.
En este aspecto, se puede establecer una correlación bastante directa con el
fenómeno de la arqueología experimental. La experimentación con objetos
arqueológicos para determinar cómo fueron fabricados o cómo se utilizaban
los utensilios es común en la práctica arqueológica desde finales del siglo
XIX, pero no es hasta la década de 1960 cuando este campo de estudios ha
tenido un especial desarrollo en el ámbito anglo-sajón y escandinavo. Buen
ejemplo de ello lo encontramos en yacimientos arqueológicos como
Sagnlandet Lejre (Roskilde, Dinamarca),
18
Butser (Hampshire, Reino
Unido)
19
y Foteviken (Höllviken, Suecia),
20
donde los arqueólogos intentan
                                                           
16
Para comprender mejor el fenómeno del coleccionismo de armas antiguas y modernas véase
por ejemplo la web de Militaria en Barcelona. http://www.militariabcn.com/ 
17
Para una reflexión de este recurso emotivo en arqueología e historia véase Handler / Saxon
1988; Magelssen 2007 y Phillips 2008. 
18
Poblado de la edad del hierro danés (200 a.C.-200 d.C.) abierto en 1964
(http://www.sagnlandet.dk/English.425.0.html). 
19
Granja de la edad del hierro británica (300 a.C.) fundada en 1972 y trasladada a su
emplazamiento actual en 1991 (http://www.butser.org.uk/). 
20
Poblado vikingo (siglo XII) creado en 1993
J ordi Cortadella
96
 
reconstruir con las máximas garantías, además del armamento, el utillaje
lítico y metálico, las formas arquitectónicas y los sistemas de vida; donde, en
definitiva, se sitúa al visitante en lo más parecido a un poblado de la Edad
del Hierro con el objetivo pedagógico de hacerle revivir aquellos tiempos a
través de la experiencia personal.
Con el objetivo de obtener los recursos económicos necesarios para
desarrollar las actividades más experimentales, los centros encargados de
estos proyectos han buscado potenciar la vertiente más divulgativa, donde
los visitantes tienen la oportunidad de pasear a través de lo que serían
auténticos museos al aire libre y así revivir distintas escenas de la vida
cotidiana. Algunos de estos yacimientos musealizados, o fieles
reconstrucciones “ex novo”, todos ellos relacionados con la arqueología
experimental, pueden también tener actividades dirigidas a la historia militar,
reconstrucción de armas y trajes, y exhibiciones por parte de especialistas.
No obstante, a pesar de estos precedentes y de la labor llevada a cabo por
la divulgación arqueológica, debemos señalar que el re-enactment es un
fenómeno que tiene una dinámica particular relacionada, no solo con la
historia y la arqueología, sino también con los juegos de rol y los
espectáculos al aire libre. Por tanto, el re-enactment tiene una fuerza social
importante basada en su capacidad de movilizar a un gran número de
participantes en unas reconstrucciones que pretenden ser el retablo de un
pasado posible, donde algunos elementos se basan en evidencias
arqueológicas e históricas bien documentadas, pero otros, en cambio, no
dejan de ser meras especulaciones. Existen, en definitiva, muchos niveles de
aproximación en las reconstrucciones históricas, tanto en la reproducción del
armamento antiguo como en la recuperación de las tácticas militares del
pasado.

2. Re-enactment y ejército romano

Vivir a la manera de un soldado romano, lejos de la civilización moderna,
está de moda. En todo caso, eso es lo que parece desprenderse del número
sorprendente, exasperante, de links activas que uno se encuentra navegando
por internet: nada menos que 135 en todo el mundo (véase Anexo 1 y los dos
mapas de localización infra).
21

                                                                                                                                           
(http://www.fotevikensmuseum.se/engelsk/indexe.htm). 
21
Para una visión crítica de conjunto sobre el re-enactment del mundo romano y sus aspectos
más debatidos véase el excelente artículo de Appleby 2005. Existen diversas webs donde
poder encontrar listados de grupos romanos de re-enactment, aunque muchos de los links que
proponen están inactivos. Véase por ejemplo: http://www.romanhideout.com/reenactors.asp
http://www.legionxxiv.org/legionlinks/
http://www.romanempire.net/romepage/Links/roman_reenactment_groups.htm
Los grupos de recreación histórica
97 
 


Mapa de distribución
geográfica de los
grupos de re‐
enactment militar
romano a nivel 
mundial (con página
web activa en febrero
de 2011). Los
números remiten a 
los Anexos 1y 2. 
 
Unidades legionarias 
o sin especificar. 
Unidades auxiliares o 
pretorianas. 
Unidades bajo‐
imperiales. 
J ordi Cortadella
98
 
Por lo general, estos grupos de recreación se concentran en lugares con
importantes restos romanos, ya sean civiles, como Nimes, Arles o Tarragona,
o bien militares, como el limes renano y danubiano. Sin duda alguna, el
patrimonio histórico-arqueológico, su musealización, restauración y
promoción, hace de reclamo para el surgimiento y desarrollo del re-enactment,
y existe sin duda, en acertada expresión de Mim Bower, un auténtico
“Marketing de la nostalgia”.
22
A grandes rasgos, y sin que la diferencia sea
evidente, se pueden distinguir dos tipos de grupos: las asociaciones más
interesadas en el juego de rol (LARP), en vivir en propia carne la experiencia
del legionario; y las organizadas a la manera de las empresas de arqueología o
de patrimonio, generalmente ligadas a la actividad de un yacimiento, museo,
festival o entidad cultural. Ello no excluye que una asociación de re-enactors
pueda ser contratada (a buen precio) por una entidad de patrimonio, de
televisiones o productoras de cine, ni que los miembros de una empresa de re-
enactment no vivan con fidelidad el papel que se les asigna.
Los pioneros del re-enactment romano, por lo que he podido averiguar,
parecen ser la asociación The Ermine Street Guard,
23
creada el 1972 en Gran
Bretaña. Nació como parte de un festival local de Witcombe y Bentham
(Gloucestershire), por donde transcurría la antigua vía romana conocida
como Ermin Street (o más bien la conocida como Fosse Way). A partir de un
primer desfile, compuesto por ocho soldados romanos pertrechados de
manera más o menos teatral, se ha pasado actualmente a uno de los grupos
más numerosos y fidedignos, que supera los 60 miembros y cuenta con un
gran despliegue de medios con los que reconstruyen buena parte de los
aspectos relacionados con la Legio XX Valeria Victrix (número 117 del
Anexo 1). La apuesta por la autenticidad del equipo debe mucho a la
colaboración de H. Russell Robinson, experto en armamento romano de la
Royal Armouries. La elección de la unidad romana a recrear por parte de los
grupos de re-enactment nunca es ociosa. En este caso, la Legio XX Valeria
Victrix es la protagonista de la novela histórica Eagle in the Snow (1971),
considerada como una de las principales obras dentro de la narrativa inglesa
de su género. Su autor, Wallace Breem (1926-1990), sitúa a la Legio XX
como la única unidad encargada de la defensa de la frontera del imperio en
Germania y Galia a principios del siglo V, y relata cómo esta fue aniquilada
por la invasión de las tribus germanas en el año 406. Los protagonistas de
esta novela, Maximus y Quintus, inspiraron a los personajes principales de la
película Gladiator (2000, Dir. Ridley Scott) así como la batalla en
Moguntiacum (Maguncia) entre la Legio XX Valeria Victrix y los germanos
en la secuencia de inicio del filme.
                                                           
22
Bower 1995. 
23
http://www.erminestreetguard.co.uk/ 
Los grupos de recreación histórica
99 
 
Los miembros de la Ermine Street Guard emplearon miles de horas y
multitud de esfuerzos para conocer y recrear con autenticidad la vestimenta y
equipamiento de los legionarios y auxiliares, así como la artillería, los
campamentos, etc. Este grupo edita el boletín Exercitus donde se exponen
los resultados de la arqueología experimental que llevan a cabo, se revisan
hipótesis históricas, se comunican los nuevos avances en el conocimiento de
temáticas militares y se hacen valoraciones críticas sobre el re-enactment.
En Gran Bretaña he contabilizado once grupos de re-enactment centrados
en el ejercito romano, de los cuales cuatro recrean unidades bajo imperiales
(núm. 118, 122, 124 y 126). De las siete restantes, dos forman unidades de
auxiliares (núm. 121 y 127), cinco unidades legionarias (núm. 116, 117, 120,
123, 125) y una mixta, con legionarios y auxiliares (núm. 119). Su
localización también está directamente relacionada muchas veces con
campamentos legionarios en Britania, como Glevum (núm. 117),
Camulodunum (núm. 121, 122), Deva (núm. 123), Eboracum (núm. 124),
Vindolanda (núm. 125, 126) en el Muro Adriano o los castella del Muro
Antonino (núm. 127). Por tanto, entiendo que los habitantes de esas zonas
sientan una vinculación directa con las unidades militares recreadas, porque
estuvieron estacionadas allí o incluso, en el caso de los auxiliares, se
reclutaron entre las gentes de la región. También me parece significativa la
proliferación de unidades bajo imperiales, tal vez porque son sentidas como
más “britanizadas”. En el caso de la isla vecina, Irlanda, no ocupada por
Roma, la existencia de dos grupos de re-enactment (núm. 92, 93), con sede
en Cork, se explica sólo como “franquicias” relativamente recientes de
legiones británicas, de la galesa Legio VIII Augusta (núm. 123) unos, y de la
bien conocida Legio XX Valeria Victrix (núm. 117), otros.
24

Pero sin duda alguna, la mayor concentración de tropas romanas de re-
enactors, con diferencia, se encuentra actualmente en torno al antiguo limes
renano, donde sumando a alemanes, suizos, holandeses y belgas hacen un
total de 31 grupos. Una de las asociaciones más veteranas, fundada en 1985,
es la I Roemercohorte Opladen de Leverkusen, que reconstruye la vida
militar y civil de la Legio VI Victrix y la Cohor VI Astur de auxiliares (núm.
1). Se trata de uno de los mejores grupos alemanes del momento y de los
más completos de Europa, que actúan habitualmente en las demostraciones
del parque arqueológico de Xanten
25
y en el Limesmuseum de Aalen,
26
así
como en las actividades relacionadas con la Deutsche-limeskommissionk,
27

                                                           
24
Aunque las legiones de Cork tengan nombres y webs diferentes, podría tratarse del mismo
grupo que en un momento dado (parece que en 2008) ha cambiado de “patrocinador” o
simplemente se han segregado. 
25
http://www.apx.lvr.de/roemermuseum/ 
26
http://www.aalen.de/sixcms/detail.php?id=13372&_bereich=1599
27
http://www.deutsche-limeskommission.de/ 
J ordi Cortadella
100
 
entidad fundada en el año 2003 en Esslingen para coordinar todas las
acciones relacionadas con la protección, investigación y turismo del límite
superior renano-alemán. El grupo de Leverkusen sirvió de modelo para la
Cohors I Germanorum (núm. 25), el primer grupo de re-enactors creado en
el norte de Alemania. Inicialmente, en 1993, estaba ligado a la asociación
Roemercohorte Opladen (núm. 1), pero en 1995, con los refuerzos
provenientes del Interessengemeinschaft Lebendiges Frühes Mittelalter de
Hannover, pudo formar un grupo propio centrado en las tropas auxiliares
germánicas del ejército romano. La historia del grupo sigue un patrón
bastante corriente: se forma un primer núcleo, de tres o cuatro personas,
dependiente de otro mayor, hasta que consigue reunir la masa social
suficiente para segregarse. Actualmente, la Cohors I Germanorum cuenta
con 30 miembros activos. De características parecidas es la Classis Augusta
Germanica (núm. 24), unidad de la marina de guerra romana del bajo Rhin.
La combinación de civiles y militares es bastante habitual en estos grupos
para dar cabida a niños, mujeres y ancianos sin sobrepasar la reglas no
escritas del más riguroso re-enactment. De esta manera, además, la
recreación no queda limitada al campo estrictamente militar sino que
incorpora fácilmente la vida civil. Un grupo con características parecidas es
la asociación Flavii (núm. 2) que recrea la Legio I Flavia Minervia Pia
Fidelis Domitiana, la Legio I Germanica, y Cohors I Thracum de auxiliares.
Más antigua aún que las anteriores es la Cohors IIII Vindelicorum (núm. 13),
creada en 1982 en torno al Museo y a la Heimat- und Geschichtsvereins
(Asociación de Historia Patria) de Groß-Krotzenburg. Y en el aspecto de
representar la compleja vida del limes, cabe citar el grupo Limitanei
Taunenses que recrea a los beneficiarius (núm. 14), una división especial de
los soldados romanos desplegados en puntos estratégicos para asegurar los
caminos y las fronteras.
El modelo de entidad local que crea un centro de interpretación
arqueológica a partir de un yacimiento cercano se va repitiendo a lo largo del
limes y durante la década de los noventa. Véase el caso de la asociación
Legio VIII Augusta (núm. 16) fundada en 1991, de la Milites Bedenses
(núm. 10), creada en 1995, y de los Vigilia Romana Vindriacum (núm. 11),
aparecidos en 1997. En las fuentes del Rhin hallamos tres formaciones
suizas, una de ellas da vida, civil y militar, al campamento romano de
Vindonissa con toda la autenticidad que se puede esperar de los mejores
grupos de re-enactment (núm. 133); de las dos restantes, una reconstruye una
unidad de la guardia pretoriana (núm. 134) y la otra (135) se dedica a la
animación histórica en los eventos locales como la Fête Romaine de Augusta
Raurica (Bâle), la Journée Swisslife del Museo Romano de Nyon, la
inauguración de la villa romana de Orbe o incluso el Carnaval de Lausanne.
Los grupos de recreación histórica
101 
 
En el otro extremo, en la Germania inferior y las bocas del Rhin, Bélgica,
con cinco grupos, y Holanda, con otros cinco, atienden abundantemente a las
necesidades pedagógicas de los museos y centros de interpretación
arqueológica locales. Mientras la belga Cohors VII Praetoriana Lupae (núm.
35) es un grupo de animación y espectáculo fundado en 1991, la Legio XI
CPF (núm. 36) nació en 2006 siguiendo los pasos de la pionera británica
Ermine Street Guard. Por su parte, la holandesa Legio X Gemina (núm. 89)
es una veterana del re-enactment, creada a principios de los noventa.
A modo de balance, el Rhin está “guarnecido” nada menos que por veinte
unidades altoimperiales en toda regla, dieciocho alemanas (ocho legiones,
núm. 1, 2, 3, 4, 10, 11, 12, 16 con su cohortes y auxiliares 5, 6, 7, 8, 9, 13,
14, 24, 25), tres suizas (núm. 133, 135, 135), cuatro holandesas (núm. 85, 86,
87, 89) y tres belgas (núm. 34, 35, 36) con su comandante Quintus Spurius
Ligustinus (personaje histórico citado por Tito Livio 42. 34), que desde 1999
realiza demostraciones por cuenta propia (núm. 37). La vertiente más
pedagógica cuenta con grupos familiares de buen nivel, Pax Romana, y
Corbulo (núm. 85, 87). El Bajo Imperio está más “desguarnecido”, como
acostumbra a ser habitual, con tan solo cuatro formaciones en los cuatro
países (núm. 7, 15, 32, 88).
Al limes renano le sigue en importancia el limes danubiano, desde
Baviera a Moravia. Encontramos allí las bávaras Legio III Italica-Concors
(18) y la Cohors I Brevcorvm (núm. 17) en la fortaleza romana de Vetoniana
(Pfünz), reconstruida en 1994 como parque arqueológico. Lo mismo ocurre
en torno a Castra Regina (Regensburg), donde se ha formado una unidad
bajoimperial, los Tertiani Itálica, con sus Foederati (núm. 19), en Avgvsta
Vindelicvm (Augsburg) con su milicia local, los Populares Vindelicenses
(núm. 21), y el modelo se repite en Sorviodurum (Straubing), donde entorno
a su Römerpark ha surgido la Coh II Raet (núm. 20), que en su página web
ve la necesidad de advertir: Wir distanzieren uns ausdrücklich von jeglicher
Esoterik und rechter Ideologie (“Nos distanciamos explícitamente de toda
ideología esotérica y de derechas”). A su vez, la exposición Römer zwischen
Alpen und Nordmeer (“Romanos entre los Alpes y el Mar del Norte”)
organizada en Rosenheim en el año 2000 dio origen al grupo Kelten und
Römer, Geschichte zum Anfassen, inicialmente centrado en el mundo celta
pero que pronto también incorporó una unidad romana local, los Limitanae
Pontaenenses (núm. 22), con una cronología que va del 200 al 400 d.C. Se
trata pues, como en muchos otros casos de la zona, de recuperar, recrear y
reivindicar la historia propia, en la que lo romano se incluye en la medida
que forma parte de la tradición del lugar. También los legionarios de la
Legio II Italica se han decantado hacia la Antigüedad Tardía,
transformándose en los Italiciani Secundani y Lauriacenses Lanciarii (núm.
J ordi Cortadella
102
 
23). En la parte austriaca del limes,
28
el re-enactment tiene una larga
tradición y mucha calidad, ya que la Legio XV Apollinaris (núm. 30),
estacionada históricamente en Carnuntum, remonta su creación a 1985, y la
Asociación Exercitus Panonia Superior (núm. 31) se fundó en 1992. Más
recientemente, la asociación Gentes Danubii recrea todas las antiguas
culturas que se desarrollaron entorno del Danubio (del 1300 a.C. al 800
d.C.), incluyendo una unidad legionaria del siglo I d.C. y otra de la
Antigüedad Tardía (núm. 32). Asociada con Gentes Danubii también está la
húngara Legio XV Apollinaris (núm. 90). Por su parte, la idea embrionaria
de la también húngara Legio I Adiutrix (núm. 91) surgió en 1993 con el
objetivo de recrear el equipo y la vida militar de la defensa fluvial romana
del Danubio con la mayor precisión, pero hasta el año 2001 no la pudieron
llevar a la práctica; actualmente cuentan con 13 miembros (1 centurio, 1
vexillarius o signifer, 8 legios, 3 auxiliaris), además de un grupo de civiles
(que por lo general son las mujeres de los re-enactors militares). En la
República Checa también se buscan nuevos reclutas para ayudar a la
difusión de la civilización en “tierras bárbaras”, o al menos éste es el
reclamo de la Legio X Gemina Pia Fidelis (núm. 129). Existen testimonios
arqueológicos de unos veinte campamentos romanos en el sur de Moravia en
tiempos de Marco Aurelio, durante las guerras marcomanas (166-180 d.C.).
El más importante parece que se encontraba en Musov-Burgstall, donde se
han hallado testimonios epigráficos de la Legio X. Más recientemente, desde
2009, Chequia también cuenta con una Cohors Praetoria (núm. 128). Por
tanto, alemanes, austriacos, húngaros y checos, todos comprendidos, suman
unas fuerzas entorno del limes danubiano compuesta por once grupos
altoimperiales, cuatro alemanes (núm. 17, 18, 21, 21), tres austriacos (núm.
30, 31, 32), dos húngaros (núm. 90, 91) y dos checos (128, 129), la mayoría
formadas por cohortes de tropas auxiliares. A ellas hay que añadir las
formaciones bajoimperiales (núm. 19, 22, 23), de extracción alemana,
aunque también hay embriones en Austria y Chequia. El re-enactment de las
legiones romanas también ha seguido los pasos de sus antecesoras y ha
“conquistado” la Dacia. La asociación Terra Dacica Aeterna, creada en
2007 en Cluj-Napoca, tiene por objetivo recrear la vida cotidiana, civil y
militar, de la antigua Dacia. Para ello ha reconstituido la Legión XIII
Gemina (núm. 130), estacionada en Apulum (Alba Iulia) durante los siglos II
y III d.C.
En la “Germania libre” o Germania Magna, más allá del limes, siguen
habiendo re-enactors romanos, algunos de ellos de una muy alta calidad y
prestigio internacional. Los más destacados, sin duda alguna, son los
                                                           
28
Para las principales guarniciones y su gestión patrimonial véase
http://www.limes-oesterreich.at/html/index.php 
Los grupos de recreación histórica
103 
 
miembros de Timetrotter (núm. 26), sociedad dedicada a reconstruir el
mundo de la caballería militar de la Antigüedad, Edad Media y Época
Moderna, y que actúa en coordinación con historiadores, arqueólogos y
excelentes artesanos para conseguir recreaciones de muy alto nivel. Pero más
que un grupo de re-enactment, tiene el aspecto de una empresa dirigida hacia
la arqueología experimental y divulgación del patrimonio en festivales
históricos y producciones cinematográficas. Otros más recientes como la
Legio XIX Augusta (núm. 27), pequeño grupo formado por estudiantes de la
Humboldt-Universität de Berlin que, según nos cuentan, decidieron formar
una unidad legionaria de re-enactment en 2009, paradójicamente a raíz de la
celebración del Varusjahr (“Año de Varus”), que conmemora uno de los
mayores desastres militares de Roma.
Otra característica propia de la Alemania “germánica” es la recreación
del período de las grandes invasiones. Los grupos son numerosos pero caen
fuera del interés de este artículo. Solo recojo como ejemplo la asociación
Litus Saxonicum (núm. 28), dedicada a recrear la vida civil y militar del
pueblo sajón, sus desplazamientos durante el siglo IV d.C. y las defensas
romanas que generaron. Más allá del Elba, mil quinientos años después de
que los últimos comerciantes romanos abandonasen el Báltico y su ámbar,
en la polaca Rumia, se ha formado la Legio XXI Rapax (núm. 112) con la
intención de recrear la vida civil y militar del legionario altoimperial. Por lo
que se sabe, sus referencias son alemanas y austriacas. De hecho, la legión
recreada estuvo estacionada originariamente en el limes renano y en Panonia
antes de desaparecer a finales del siglo I d.C. Pero incluso en el interior de
tierras eslavas, en el Vístula y más allá, encontramos legiones. Dos polacas,
la Legio XIIII GMV, formada por la asociación Pro Antica (núm. 113)
fundada en 2001 por un grupo de ex alumnos y personal de la Facultad de
Historia de la Universidad de Lublin; y la Legio I Adiutrix (núm. 114)
formada el año 2003 en Varsovia; y una rusa, la Legio V Macedonica (núm.
131) de San Petesburgo, que organiza anualmente varios eventos y coopera
activamente con otros grupos internacionales. Entre sus proyectos está
realizar salidas de campaña y reconstruir episodios reales de batallas
históricas.
En los países nórdicos, la Legio VI Victrix Cohors II Cimbria (núm. 38),
hermanada con las otras legiones VI Victrix de Alemania y Gran Bretaña
(núm. 1, 124), es el primer grupo de re-enactment romano de Dinamarca. Su
creación es reciente (2005) pero ya cuenta con más de 50 miembros.
Generalmente actúa en colaboración con sus “enemigos” bárbaros, la
asociación Prindsens Hverving
29
para poder escenificar batallas al uso en los
festivales de historia viva. En Suecia y Noruega existen pequeñas unidades
                                                           
29
http://www.prindsenshverving.dk/ 
J ordi Cortadella
104
 
legionarias formadas por estudiantes universitarios a mediados y finales de
los años 90 (núm. 132, 110). La de Oslo surgió después de participar en el
festival de Trenne byar, un juego de rol (LARP)

sueco celebrado en 1994 y
que contó con más de mil participantes. Por tanto, existe en estos grupos una
clara influencia del re-enactment norteamericano y su función lúdica.
Por lo que respecta a los países latinos, en Francia podemos observar el
interés creciente por el re-enactment en general a través de webs como
Webieval, l’annuaire des reconstitutions historiques,
30
donde encontraremos
un amplio surtido de productos y servicios, especialmente referentes a la
Edad Media, clasificados por países. Por lo que se refiere a la Antigüedad
romana, vemos una clara diferencia entre los grupos de la costa mediterránea
y los de la costa atlántica. Mientras los primeros recrean legiones
republicanas o altoimperiales, los segundos lo hacen de formaciones
bajoimperiales, las que han dejado testimonio en la región a través de las
fuentes tardías, como la Notitia Dignitatum o la epigrafía. No cabe duda que,
más allá de las preferencias de los re-enactors, la elección está muy ligada
con el patrimonio de cada zona, sus yacimientos arqueológicos, los museos
regionales y el tipo de festivales que ofrecen.
Entorno a la Narbonense se concentran nueve formaciones romanas, seis
legiones (núm. 66, 68, 69, 70, 71, 73), una cohorte auxiliar (núm. 72) y la
recreación de la corte del emperador Adriano (núm. 67) con su guardia
pretoriana. Sus actividades giran en torno a eventos como la Fête Romaine
de Orange y su teatro, Les Grands Jeux Romains del anfiteatro de Nîmes o
las Journées romaines de Arles, de Martigues, de Autun, de Beaucaire, de
Sète ; las Journées gallo-romaines de Mont De Marsan, de Saint-Romain-
en-Gal (Vienne), la Vinalia, fête des vendanges romaines (Vienne), por citar
sólo algunos ejemplos.
La más veterana de estas formaciones es, tal vez, la Legio VIII Augusta
(núm. 73) de Albí, que desde 1998 recrean ellos mismos con fidelidad su
propio equipo a través del estudio de las estelas funerarias, bajorrelieves,
mosaicos, pinturas y descubrimientos arqueológicos realizados en los
campamentos militares. En esta tarea han colaborado con especialistas
europeos en la historia y la arqueología del ejército romano y con los
miembros de la prestigiosa Ermine Street Guard. Supongo que fueron los
festivales históricos quienes atrajeron a los primeros grupos de re-enactors
ingleses, y posteriormente debió producirse un “efecto contagio” que se ha
ido extendiendo y no para de crecer. Por ejemplo, la Legio VI Victrix, de
Arles (núm. 70), acaba de aprobar sus estatutos en noviembre de 2010.
Algunos grupos franceses tienen una amplia y variada oferta como la
asociación Pax Augusta (Lyon), que ofrece diferentes formas de recreación
                                                           
30
http://www.webieval.com/ 
Los grupos de recreación histórica
105 
 
histórica, pública o privada, según demanda. A través de la Legio V Alaudæ
(núm. 74) puede reconstruir: la instalación de un campamento; el
entrenamiento y las maniobras de los legionarios; la presentación de los
legionarios, su equipo y sus auxiliares germánicos; diversas escenas de la
vida cotidiana (juegos, castigos, etc.); la recreación de batallas (con la
participación de los grupos afines) y conferencias sobre diferentes aspectos
del ejército romano. Además, la asociación también se hace cargo de la
recreación del mundo de los gladiadores (combatientes y combates,
espectadores, árbitros, entrenadores, funerales, etc.) y la vida civil romana en
general (degustación de comidas, mercado de esclavos, danzas, artesanía,
vida religiosa, etc.). Otros se han especializado en aspectos más concretos
como la Cohors I Vigilvm (núm. 75), de la asociación Pax Romana
(Limousin), que recrea una unidad de bomberos de la ciudad de Roma en
tiempos de Adriano.
En la costa atlántica se recrea todo un mundo diverso, más cercano a la
Edad Media. Allí prospera el re-enactment bajo imperial: Vexilium
Seguntienses (núm. 77), Vexilio de la Legio II Augusta (núm. 78), Celtae
Seniores (núm. 79), Herculiani Seniores (núm. 81), y Taifali (núm. 76),
asociación, esta última, fundada en 2008, cuyo objetivo es reconstruir la vida
de los taifales, un pueblo originario de la Europa oriental instalado en
Aquitania a finales del siglo IV d.C. hasta su desaparición en el siglo VI.
Para ello se ocupan de diferentes aspectos de este período (vida militar,
artesanías, prácticas culinarias, religión) con un propósito educativo. Más al
norte, en la frontera belga y alemana, reaparecen los pueblos galos y su
romanización. Allí la recreación, cumpliendo con el objetivo de contribuir al
turismo cultural y a la valoración del patrimonio de la zona, toma como base
la Cohors II Nerviorum (núm. 82) establecida en Bagacum (Bavay, Nord-
Pas-de-Calais), o la Legio XXII Primigenia Pia Fidelis (núm. 83) creada
Nasium (Saint-Armand-Sur-Ormain, Lorraine) por la asociación La Cité des
Leuques. Ambos grupos se formaron en 2004. Así mismo, la asociación
Bellvm Gallicvm de la Lorraine se plantea como objetivo recrear con la
mayor exactitud posible a las legiones romanas del período cesariano, las
que llevaron a cabo la conquista de las Galias y generaron la sociedad galo-
romana, y no las unidades altoimperiales como acostumbra a suceder en el
“Midi” francés. En París, la asociación Gladius Scutumque (núm. 80) da
colorido a las Journées du Patrimoine – Arènes de Lutèce, y en la Île-de-
France, desde 2005, el grupo L’ost en marche
31
organiza periódicamente a
todo re-enactor marchas por caminos y senderos que recrean el movimiento
de tropas armadas de la Antigüedad y la Edad Media. Pero sin duda alguna,
el gran acontecimiento del noroeste de Francia, que congrega a más de mil
                                                           
31
http://ostenmarche.com/  
J ordi Cortadella
106
 
re-enactors de todos los períodos históricos, es el Festival International
d’Histoire Vivante, organizado por el Musée des Temps Barbares (Marlé,
Picardie) y que en 2011 llegará a su sexta edición.
En Italia el re-enactment es un fenómeno sobre todo del Lacio, con siete
grupos (núm. 101, 102, 103, 104, 105, 106, 107) y la Lombardía, con cinco
(núm. 94, 95, 96, 97, 98), aunque también se han formado grupos en el
Véneto (núm. 99), Emilia Romagna (núm. 100) y, fuera de la península, en
la isla de Malta (núm. 109). El grupo más antiguo, hasta donde he podido
averiguar, es la milanesa Cohors III Praetoria (núm. 97) que nació en 1999
con el nombre de Legio V Lucana y con la idea de recrear las legiones del
siglo I a.C., pero a inicios del 2004 el nombre cambió al actual y ahora se
ocupa de recrear una tropa de élite, la guardia pretoriana del periodo de
Domiciano (81-96 d.C.), con la máxima fidelidad posible. Sin movernos de
la Lombardía, existen dos Legiones VI Ferrata (núm. 95, 96). La primera
nació en 2001 como base de un proyecto para profundizar en la historia de la
implicación de los ínsubros en las legiones romanas. Su homónima parece
un grupo distinto si nos atenemos a la su página web y galería de fotos,
aunque las dos tienen su sede en Milán. De las laciales, parece que la más
antigua es la Legio X Gemina PFD, surgida de la asociación SPQR, creada
en 2004 y dedicada en un primer momento al re-enactment de gladiadores.
De un tiempo a esta parte, las legiones italianas empiezan a proliferar. En
2007 nació la Legio XIV Gemina Martia Victrix (Cassino) y al año siguiente
la Legio II Traiana Fortis, dentro de la asociación Imago Urbis
(Civitavecchia), cuyo objetivo es reivindicar la figura de Marco Ulpio
Trajano. En general, en Italia y aunque parezca paradójico tratándose del
país originario de las legiones históricas, el re-enactment militar romano,
como en el resto de países latinos, parece un fenómeno relativamente nuevo,
del año 2000 en adelante. Como en el resto de países, se nutre de los
festivales, ferias y eventos culturales ligados al patrimonio como el Natale di
Roma (21 abril de cada año), el festival cético de Bundan (Bondeno,
Bologna), el Brixellvm Romanorvm (Brescello, Reggio Emilia) o el Mercato
della Centuriazione romana (Villadose, Veneto), por citar solo los que he
podido encontrar en una primera búsqueda. También tiene bastante que ver
con el creciente interés por los temas bélicos y militares, del que el re-
enactment solo es un fenómeno más, y que explican la creación de la Società
Italiana per gli Studi Militari Antichi, que desde enero de 2008 publica la
revista Vexillum.
32

En Italia, el patrimonio siempre ha estado allí, y siempre ha sido
admirado y profusamente visitado; el fenómeno nuevo es el de la recreación
histórica; fenómeno de moda ligado al éxito de la arqueología experimental
                                                           
32
http://www.sosma.it/ 
Los grupos de recreación histórica
107 
 
anglosajona, y en parte a la necesidad de dar nueva vida al patrimonio ante el
gran público. Incluso recientemente en Pompeya, donde tradicionalmente el
patrimonio siempre ha estado más “vivo” que nunca, el Gruppo Storico
Pompeiano, ha creado la Legio I Adiutrix (núm. 108), la primera legión
mariana reconstituida en una ciudad tan ligada a Sila y al partido
antimariano. Y es que cada grupo de recreación histórica escoge una legión
por motivos que, aunque no siempre conocemos, nunca son aleatorios.
En este recorrido por las recreaciones históricas sobre el ejército romano
llegamos finalmente al punto de partida, a la cuna del re-enactment, Estados
Unidos. En Norteamérica, las legiones romanas son un fenómeno que
empezó a desarrollarse a partir de los años noventa, cuando en Europa
ingleses y alemanes ya experimentaban la dura vida del soldado romano
desde la década de los setenta y ochenta respectivamente. No obstante, la
pregunta no es por qué han tardado tanto sino más bien qué hacen diecisiete
legiones y una cohorte pretoriana en un continente que los romanos
históricos ni siquiera sabían que existía.
En ausencia de patrimonio histórico-arqueológico romano a reivindicar o
a divulgar, el fenómeno se explica, por una parte, a través de los juegos de
rol o LARP y, por otra, como parte de la reivindicación de los valores
tradicionales atribuidos a la civilización occidental y encarnados en la
cultura romana.
Respecto al LARP o juegos de rol, existen en Norteamérica diferentes
asociaciones de simulación de combates que, desde finales de los sesenta,
proponen encuentros regulares para que los “combatientes”, vestidos de
época o de fantasía, vivan su propia experiencia simulada de combate. Me
refiero, por ejemplo, a la Society for Creative Anachronism,
33
la Dagorhir
Battle Game Association,
34
la Markland Medieval Mercenary Militia,
35
la
Darkon Wargaming Club,
36
o la Military History Fest.
37
En todas ellas
pueden asistir grupos de amigos o asociaciones al completo, pertrechados a
la legionaria con mayor o menor acierto, para realizar exhibiciones o
practicar combates simulados. Incluso en Washington DC existe la sociedad
ROME-National Classical Combat Simulation,
38
especializada
exclusivamente en la antigua Roma. Aunque es un fenómeno iniciado en la
costa Este, también ha llegado a California con encuentros como la
Marching Thru History Exposition
39
o el Old Fort MacArthur Days.
40

                                                           
33
http://www.sca.org/ 
34
http://www.dagorhir.com/ 
35
http://www.markland.org/ 
36
http://www.darkon.org 
37
http://www.reenactorfest.com/ 
38
http://www.romanempire.net/ 
39
http://www.marchingthruhistory.com/ 
J ordi Cortadella
108
 
Por lo que se refiere a la reivindicación de la cultura clásica, ésta forma
parte de la tradición norteamericana desde los “padres fundadores”, aunque a
finales de los noventa tomó un nuevo carisma con la aparición de entidades
como Nova Roma,
41
organización internacional creada en 1998 en el Estado
de Maine con la explícita misión de restaurar la religión y la cultura romana
clásica. Se trata, por tanto, de uno más de los movimientos neo-paganos que
han ido surgiendo desde finales del siglo XIX, como el Neodruidismo,
42

especialmente en el mundo anglosajón. Debido a que tiene una estructura
basada estrictamente en la antigua República Romana, los miembros de
Nova Roma se gobiernan mediante un Senado y cuentan con magistrados,
leyes promulgadas por los comicios, y con su propia moneda.
La primera legión americana de la que tengo noticias se fundó en
Maryland en el año1991 con el nombre de Legio XX (núm. 50). Sus armas,
armaduras y pertrechos están cuidadosamente reconstruidos por ellos
mismos, y su objetivo es, como buenos re-enactors, pasar el día o el fin de
semana en campaña como sus homólogos antiguos. También cuentan con un
contingente civil, que recrea la vida cotidiana de la antigua Roma. En su
página web, muy citada por otros grupos, facilitan un detallado manual para
fabricar tu propio equipo de legionario.
43
Sin movernos del Noreste de los
Estados Unidos, encontramos la Legion XXIV Media Atlantia (núm. 49),
creada en torno al 2003 para la defensa de las fronteras de la antigua Roma
en la Provincia Pennsylvaniensis, Legio XIII Martia Victrix, Cohors I
Batavorum (West Virginia) (núm. 51), y la Legio III Cyrenaica (núm. 48)
que protege la provincia de Nova Britannia, es decir, Massachusetts.
En el Sureste, en Carolina del Sur, existe la Legio VI Ferrata Fidelas
Constans (núm. 52) que, desde el año 2001, celebra su propio festival en
Casta Romana (Ridgeville). Esta legión junto con la Legio XI Claudia Pia
Fidelis (núm. 53) de Georgia y la Legio II Augusta (núm. 58) de Arkansas,
forman parte de la Imperial Southern Provisional Army (ISPA)
44
que, desde
el año 2005, agrupa legionarios, auxila, gladiadores, ciudadanos romanos y
“enemigos de Roma” para aunar esfuerzos y compartir experiencias.
En el medio-este encontramos la Legio V Auladae (núm. 54) en
Tennessee, la tercera cohorte de la Legio XXX Ulpia Victrix (núm. 55) en
Indiana, la Legio X Equestris Veneria (núm. 56) en Illinois y la Legio XIIII
Gemina Martia (núm. 56) en Wisconsin. Todas ellas de creación reciente,
del año 2000 en adelante, y con sede inestable, dependiendo de la cohorte
                                                                                                                                           
40
http://fortmacarthur.tripod.com/ 
41
http://www.novaroma.org/nr/Main_Page
42
Sobre el neo-paganismo, sus creencias y las diferentes familias existentes véase, con no
pocas reticencias, el controvertido libro de Bouchet 2001. 
43
http://www.larp.com/legioxx/hndbk.html 
44
http://legvi.tripod.com/ispa/id2.html 
Los grupos de recreación histórica
109 
 
más activa. Un caso particular es el de la Legio X Fretensis (núm. 59) de
Texas. Su fundador se interesó por la esta Legión en 1981, viendo la mini-
serie de televisión Masada, producida por la American Broadcasting
Company, en la que jugaba un papel destacado tanto la Decima Legión como
su comandante, Flavio Silva (interpretado por Peter O’Toole). Así fue como
por primera vez Texas tuvo un legionario romano, aunque pertrechado de
manera imaginativa y, por tratarse de la represión de la revuelta judía y
Texas, no sé si con un cierto antisemitismo también. En 1992 la Legion X
seguía estando restringida a un círculo de amigos pero, con el tiempo,
algunos recalcitrantes comenzaron a asistir a algunos eventos de re-
enactment hasta que el grupo cristalizó definitivamente en 2007, cuando
fueron invitados a participar en la inauguración de la exposición Roma
Imperial del Museo de Historia Natural de Houston. Por tanto, este caso
reúne los tres condicionantes básicos que, a mi parecer, explican la aparición
de un grupo de re-enactors: el deseo individual y romántico por revivir una
experiencia histórica, el contacto con otros grupos mejor organizados y la
relación con una institución vinculada con el estudio o la conservación del
patrimonio.
En la costa del Pacífico, las legiones romanas se concentran en
California, aunque desde 2002 también existe un grupo en Las Vegas, la
Legio II Traiana Fortis (núm. 61), y recientemente en Colorado, la Legio II
Adiutrix (núm. 60). Respecto a las californianas, la Legio X Fretensis (núm.
62), la Legio VI Victrix (Núm. 63) y la Cohort I Praetoria (núm. 64) se
encuentran en el área de Los Angeles, mientras que la Legio IX Hispana
(núm. 65) tiene su sede en San Diego. Esta última, fundada en 1994, puede
considerarse como la veterana de las legiones de la costa oeste.
Originariamente, la Novena Legión nació como un grupo de simulación de
combates para participar en los juegos de rol (LARP), hasta que a finales de
1999 desavenencias internas motivadas por la demanda de mayor rigor
histórico llevaron a la segregación del grupo y a la creación, en enero del año
2000, de la Legio IX Hispana.
45
Toma su nombre de la legión que aparece en
una novela histórica de aventuras para jóvenes, The Eagle of the Ninth,
escrita en 1954 por Rosemary Sutcliff (1920-1992). Según se creía en la
época, la Legión IX Hispana desapareció luchando contra los caledonios
entorno al 117 d.C. La autora utiliza el hecho como argumento en torno a la
recuperación del Aquila de la mencionada Legión. No obstante, actualmente
                                                           
45
La Legio IX Hispana cuenta con diferentes centurias repartidas por toda la costa oeste, y
más allá: Centuria I Hibernici (California), Centuria II Actiana (Arizona, Nuevo México,
Colorado), Centuria III Pannoniana (Texas), Centuria IV Eburacensis (Tennessee, Virginia,
Pennsylvania), Centuria V Tarraconensis (Washington, Oregón, Alaska), además de una
Vexillation en Doncaster (South Yorkshire Gran Bretaña) (forma parte de la asociación Vicus,
Romans and Britons http://www.vicus.org.uk/) y España http://www.hispaniaromana.es/. 
J ordi Cortadella
110
 
se conocen testimonios de la Legión IX Hispana más allá de Britania y del
117. Por lo que parece, después de permanecer en el limes renano, la Legión
se perdió definitivamente en Oriente entorno al 160 d.C., hasta su
“reaparición” en las costas del Pacífico. Recientemente, en 2011, Kevin
McDonald ha llevado la novela al cine con el título The Eagle (versión
castellana El Aguila de la Novena Legión).
Las indicaciones y consejos que dan los organizadores de la Legio XI
Hispana (véase Anexo 3) para todo aquel, o aquella, que quiera “alistarse”
muestran perfectamente la filosofía del re-enactment y el perfil genérico de
un buen re-enactor:

•Situación histórica concreta para poder asumir correctamente el papel
elegido.
•Clara apuesta por la “experimentación” y la “autenticidad”.
•Fomento del sentimiento de camaradería.
•Coste económico relativamente bajo (unos 700$) y facilidades de pago.
•Demanda de una buena forma física y un aspecto adecuado, pero sin
discriminaciones por etnia o género (las mujeres también pueden ser
“legionarias” mientras disimulen su feminidad y puedan cargar con el
equipo).
• Propuesta de otras actividades civiles y artesanales, junto a las
estrictamente militares, para fomentar el re-enactment familiar.

Para terminar nuestra particular vuelta al mundo, la presencia de legiones
romanas en lugares aparentemente tan remotos como Australia (núm. 29) y
Nueva Zelanda (núm. 111), más allá de lo anecdótico, muestra la fuerza del
fenómeno y lo atractivo que resulta para el público en general.
A pesar de que los re-enactors auténticos prefieren fabricar ellos mismos
su equipo, no cabe duda que el fenómeno del re-enactment ha potenciado un
amplio mercado internacional de fabricación de armas antiguas donde tanto
los particulares como las asociaciones pueden adquirir un equipo militar
romano completo. Adjunto la lista de algunos fabricantes de reproducciones
de armas antiguas a nivel internacional para tomar conciencia de la
envergadura del fenómeno: Manning Imperial
46
(Victoria, Australia),
Ancient Weapons & Armoury
47
(Noida, India), Armae
48
(Lyon, Francia),
Avrificina Treverica
49
(Konz, Alemania), Nix Imperial Creations
50
(Houston,
                                                           
46
http://www.manningimperial.com/ 
47
http://www.ancient-weapons.com/products/about-us.html 
48
http://www.armae.com/ 
49
http://www.replik-online.de/ 
50
http://www.niximperial.com/ 
Los grupos de recreación histórica
111 
 
USA), Raven Armoury
51
(Thaxted, Inglaterra), Armamentaria
52
(Felixstowe,
Inglaterra), Aecheos (Rieti, Italia).
53
En España, hasta donde he podido
averiguar, existen dos empresas (tal vez mejor hablar de talleres) fabricantes
y distribuidoras de equipos militares romanos. Se trata de Prima Cohors
(Pamplona)
54
y Armillum
55
(con su taller situado en el barrio barcelonés de
Sarrià).

3. Fiestas y eventos sobre la Antigüedad en España y Portugal, con o sin
re-enactment

A nivel peninsular, por lo que se refiere estrictamente a la Historia Antigua,
los grupos de reconstrucción histórica son muy recientes y frecuentemente
están relacionados directa o indirectamente con la promoción del patrimonio
histórico arqueológico.
56
En Portugal, solo conozco la asociación Recriar
Historia (núm. 115), dedicada al re-enactment de todos los períodos
históricos, desde el siglo II a.C. hasta 1944. Para época romana se
concentran en las campañas contra Viriato y el Alto Imperio.
En España, el grupo más antiguo del que tengo noticias es el formado por
la empresa JANO Reproducciones Históricas (Cantabria),
57
dedicada a la
investigación, estudio y realización de reproducciones arqueológicas desde
el año 1994. En el año 1998 incorporó a sus actividades el campo de la
divulgación histórica, la enseñanza y la promoción del patrimonio cultural y
arqueológico con la recreación de la vida militar a través de un contubernio
legionario con toda su impedimenta, la Legio IV Macedonica (núm. 46).
Existe virtualmente otra Legio V (núm. 40) de la Asociación de Recreación
Histórica Complutum, pero por el estado de su página web, parece del todo
inactiva.
En la implantación del re-enactment en España no cabe duda que fue de
gran importancia la creación en 1999 del festival Tarraco Viva
(Tarragona),
58
con motivo de los actos en apoyo a la candidatura de
Tarragona como Patrimonio de la Humanidad. El festival atrajo y sigue
atrayendo grupos extranjeros de gran prestigio y ha generado una oferta local
                                                           
51
http://www.raven-armoury.co.uk/ 
52
https://www.armamentaria.com/store/ 
53
http://www.armatureromane.com/ 
54
http://www.prima-cohors.com/index.htm. 
55
http://www.armillum.com/ 
56
El re-enactment hispano ha sido tratado anteriormente por Gracia / Munilla 2000 y Quesada
2008. 
57
http://www.reconstruccionhistorica.com/ 
58
http://www.tarracoviva.com/ 
J ordi Cortadella
112
 
de calidad como la Associació Projecte Phoenix (Tarragona),
59
que recrea la
Legio VII Gemina (núm. 43), y la asociación Legio I Germanica (núm. 41),
también de Tarragona, que además reconstruye una unidades del Bajo
Imperio, los Septimani Seniores (núm. 42). En Álava existe otro grupo
dedicado al Bajo Imperio, laCohors I Gallica (núm. 45), asociación cultural
surgida en el año 2002 con el objetivo de estudiar, reconstruir y difundir la
historia y el patrimonio histórico del periodo tardoromano (finales del s. III
al s. V d.C.) en Iruña-Veleia (Trespuentes).
También se han creado grupos de reconstrucción histórica especializados
en la época ibérica, como Ibercalafell (Calafell),
60
y el existente en Azaila,
donde desde el año 2005, con el nombre de Sedeisken,
61
se celebran unas
jornadas dedicadas a descubrir y revivir la época íbera y promocionar el
Centro de Interpretación de Azaila y su yacimiento arqueológico del Cabezo
de Alcalá.
Siguiendo el ejemplo de Tarraco Viva, otras localidades con patrimonio
romano han ido creando o adaptando sus propios festivales, en los que la
presencia de grupos de recreación histórica es casi obligada. Es el caso del
Mercado Romano de Iesso (Guissona),
62
la Magna Celebratio de Badalona,
63

la feria grecoromana Triumvirat Mediterrani de L’Escala,
64
la Blanda
Aeterna de Blanes, o la Renovatio Arragonis de Sabadell. Con la
multiplicación de la demanda, han ido apareciendo nuevos grupos, más
especializados, que completan las formaciones de legionarios romanos. Es el
caso de la Asociación Pitiusa de Recreación Histórica IBOSHIM (núm. 44)
de Eivissa, dedicada a recrear diferentes soldados del ejército cartaginés así
como los famosos honderos baleares. Así mismo, la Asociación de
Recreación Histórica Athenea Prómakhos,
65
fundada en 2004, tiene como
objetivo estudiar, experimentar y recrear el mundo de los hoplitas griegos, de
finales del período arcaico hasta las guerras médicas, en todo tipo de ferias y
jornadas de tema histórico. El grupo lo integran básicamente aragoneses,
catalanes y valencianos, con algunos miembros de otras zonas de España.
Aunque no es un grupo catalán estricto, llevan a cabo buena parte de sus
actuaciones en Cataluña por sus vinculaciones con la cultura griega.
Otro foco de actividades de recreación histórica lo encontramos en tierras
celtibéricas, con la Asociación cultural celtibérica Tierraquemada,
66
que
                                                           
59
http://www.projectephoenix.org/ 
60
http://www.ibercalafell.org.es/ 
61
http://www.azaila.es/sedeisken/index.htm
62
http://www.guissona.net/turisme/mercat-roma 
63
http://magnacelebratio.cat/ 
64
http://www.triumviratmediterrani.org/ 
65
http://www.atheneapromakhos.org/ 
66
http://www.numantinos.com/ 
Los grupos de recreación histórica
113 
 
desde 1999, coincidiendo con la inauguración por el Ayuntamiento de
Garray (Soria) del Aula Arqueológica sobre el cerco romano de Numancia,
organiza la representación escénica de los episodios de la Guerras
Numantinas con el objetivo de contribuir a trasmitir el conocimiento y
vivencia del pasado celtibérico. También, desde 2002, tienen lugar las
Vulcanalia (Mara, Zaragoza).
67
Se trata de una celebración de carácter
histórico en torno a la victoria celtibérica sobre las tropas romanas del año
153 a.C. Los eventos forman parte del Proyecto Segeda, destinado a
promover la arqueología celtibérica y la excavación, conservación,
restauración, mantenimiento y difusión de esta zona arqueológica. Más al
norte, en Galicia se celebra la fiesta de ambientación romana Arde Lucus
(Lugo),
68
inaugurada el año 2000, coincidiendo con la proclamación de las
murallas de Lugo como Patrimonio Mundial. Para los fines de recreación
histórica de la fiesta, Lugo cuenta con una unidad de legionarios, la Cohors
III Lucensium (núm. 47).
También debemos citar las Fiesta de las Guerras Cántabras,
69

organizadas desde 2001 por la Asociación Guerras Cántabras (AGUECAN)
en el municipio cántabro de Los Corrales de Buelna (Besaya). La
participación popular es multitudinaria, organizada en numerosas comparsas
de romanos (Legio IV Macedonica, Legio V Alaudae, Legio VII Gemina,
Legio II Augusta, Legión X Gemina, Cohorte IV Tracia, Legio IX Hispana,
Cohorte Pretoriana) y de tribus cántabras (Aunigainos, Avariginios,
Blendios, Celtigos, Concanos, Coniscos, Orgenomescos, Plentusios,
Salaenos, Tamaricos, Vacceos, Vadinienses y los pobladores del Vindio).
Actualmente poca cosa tiene que ver esta fiesta con el re-enactment, pero la
evolución del evento podría fomentar su transformación. Por último, desde
1990 tiene lugar en Cartagena la Fiesta de Cartagineses y Romanos,
70

centrada en la rememoración de los hechos acaecidos durante la Segunda
Guerra Púnica, aunque su fuerte carácter “falleresco”, está más cercana a las
comparsas de Moros y Cristianos que a la estricta recreación histórica.
Mención aparte merece la Asociación Cultural Hispania Romana
(Madrid).
71
Fundada en 2007, esta entidad recrea una unidad de la Legio
VIIII Hispana (núm. 39). Su órgano de expresión es la revista Stilus. Según
sus estatutos (artículo 2), los fines de la asociación son:

•Recrear y recuperar lo mejor de la Antigua Roma en campos como la
cultura, la política, el arte, la literatura o la filosofía, entre otros.
                                                           
67
http://www.segeda.net/ 
68
http://www.ardelucus.com/ 
69
http://www.guerrascantabras.net/scripts/bienvenida.php 
70
http://www.carthaginesesyromanos.es/ 
71
http://www.hispaniaromana.es/ 
J ordi Cortadella
114
 
•Investigar y adaptar los rituales religiosos y las tradiciones clásicas para
un uso moderno de la religión romana, pese a lo cual, se respetará
plenamente las creencias religiosas que puedan tener los socios.
•Patrocinar y forjar lazos con grupos de reconstrucción histórica de la era
romana en todo el mundo, colaborando en la investigación en este
campo.
• Participar mediante grupos de reconstrucción histórica propios de la
Asociación, especialmente la Legio VIIII Hispana, en dichas
investigaciones y divulgaciones.
• Promover los estudios clásicos en general y las excavaciones
arqueológicas en localizaciones de época romana en particular, así
como actuar en la preservación del patrimonio arqueológico e histórico.
• Promocionar el uso del latín como elemento cultural y fomentar su
recuperación como posible vehículo de comunicación en un futuro.
•Fomentar la ayuda mutua, la solidaridad y las relaciones amistosas entre
los asociados, creando canales de comunicación entre ellos.
• Fomentar el intercambio de conocimientos y recursos entre los
asociados.

Particularmente me llama la atención su interés por adaptar los rituales
religiosos y las tradiciones clásicas para el uso moderno de la religión
romana, lo cual me lleva a pensar que se trata de un grupo cercano al neo-
paganismo, en estrecha relación con la asociación de origen norteamericano
Nova Roma. De hecho, desde 2005, la “Provincia Hispana” de Nova Roma
esponsorizaba un grupo de re-enactment con el mismo nombre.
72


4. Re-enactment y memoria del pasado

Una vez descrito un fenómeno como el de las dimensiones que actualmente
está adquiriendo el re-enactment romano, uno no deja de preguntarse si es
posible recrear un hombre del pasado. Es decir, por el hecho de ponernos
exactamente el uniforme que llevaba y desfilar por el mismo campo de
batalla, ¿sentimos y pensamos como un soldado de esa época? Como
historiadores diremos rotundamente que no, pero ¿piensa lo mismo el re-
enactor? En este sentido me gustaría llamar la atención sobre una corriente
historiográfica, la arqueología fenomenológica, según la cual el arqueólogo
(y el historiador) no puede limitarse a estudiar los objetos del pasado; para
comprender y reconstruir la historia, y por la tanto también la guerra, ha de
tratar de revivirlos. En términos generales, podemos decir que la arqueología
fenomenológica se ocupa de las relaciones entre “sujeto” y “objeto”, es
                                                           
72
http://www.novaroma.org/nr/Legio_VIIII_Hispana_%28Nova_Roma%29 
Los grupos de recreación histórica
115 
 
decir: tratar de describir el mundo social y material a partir de la forma en
que el ser humano tiene de concebirlo y sentirlo, más que desde los
conceptos abstractos, pues considera que hay una gran diferencia entre la
manera que tienen las descripciones científicas de representar el mundo y la
forma en la que las personas lo experimentan. Para el arqueólogo
fenomenológico, el cuerpo humano es el punto de partida para conocer el
mundo, es el lazo de unión entre presente y pasado, en la medida en que
todos los seres humanos (homo sapiens sapiens) tienen el mismo tipo de
cuerpo y, por tanto, perciben el mundo de la misma manera a un nivel
biológico básico. Así pues, creen que mediante la experimentación personal
de los indicios que nos han llegado del pasado – y aquí entra el re-enactment
si se realiza con el máximo rigor – podemos obtener nuevo conocimiento
sobre cómo y por que sucedieron los hechos, sobre lo que pensaron o
sintieron nuestros antepasados, siempre que tengamos en cuenta los factores
específicos de un determinado contexto espacial y temporal que
intervinieron en la experiencia humana como la edad, el género, el estatus
socioeconómico, etc.
73

Algunos re-enactors parten de la creencia que al recrear el pasado con la
mayor fidelidad posible pueden aprender mucho de él. En lugar de basarse
en las reflexiones de los académicos, buscan captar la “esencia” de los
hechos por ellos mismos. Explorando el pasado de manera vivencial quieren
contestar preguntas del tipo: ¿Cuánto duraba una lámpara de aceite? ¿Cuál
era el alcance de una ballista? ¿Con qué rapidez se podía tejer? ¿Cuál era el
desgaste de unas caligæ durante una marcha? ¿A qué sabía el garum? ¿Eran
eficaces el pedernal y la yesca para encender fuego? ¿Qué tan amplia era una
túnica?
Siguiendo las reflexiones de A. Cook,
74
hay diversos problemas clave
para entender la evolución actual del re-enactment. El primero tiene que ver
con la analogía. Es bastante obvio que no debemos esperar ninguna
equivalencia directa entre las experiencias psicológicas de “ratas de
laboratorio” modernas y los actores históricos originales, cuyas situaciones
están siendo imitadas. La conciencia del mundo en el que viven los
participantes inevitablemente modula la forma en que responden a la
situación. Y si el espectáculo se realiza delante del público, como
acostumbra a pasar, la presencia del observador inevitablemente altera aún
más la dinámica. Por esta razón, ni la experiencia subjetiva de los
participantes ni los comportamientos observados por un tercero se pueden
asignar directamente a una situación histórica original.
                                                           
73
Véase por ejemplo la valoración ponderada que hace Brück 2005. 
74
Cook 2004. 
J ordi Cortadella
116
 
Una preocupación importante de la recreación historia es la tendencia a
privilegiar el compromiso emocional con el pasado a expensas de un
tratamiento más analítico. En parte, esto se logra a través del mecanismo de
la solidaridad. La recreación invita a los participantes – y a su público – a
tratar de imaginar con simpatía a los protagonistas de la situación histórica
original y de identificarse con sus dificultades y dilemas.
Si bien es indudable que un ejercicio de este tipo tiene un cierto valor en
la medida que nos obliga a comprometernos con la perspectiva de los actores
históricos, es legítimo preguntarse si este objetivo entra en conflicto con la
distancia crítica, que es una de las mejores herramientas de la investigación
histórica. El historiador profesional – así tendría que ser – rechaza la
“simpatía” como un modo universal de compromiso con el pasado. No
obstante, hay que reconocer que el problema de la analogía es común a
cualquier tipo de conocimiento histórico, dada la inevitable distancia de
perspectiva entre el historiador y su objeto de estudio.
El re-enactment, a pesar de su evidente falta de autenticidad como réplica
de la experiencia histórica, tiene el mérito de invitar a los participantes y al
público asistente a considerar a los sujetos históricos como seres humanos y
no como meros accesorios, subproductos de las condiciones materiales, o
simples portadores pasivos de algún “espíritu histórico” abstracto y eterno.
Al mismo tiempo, y en cierta medida a la inversa, también obliga a los
participantes a examinar los utensilios, el medio ambiente, y las limitaciones
culturales en las que todas las vidas son vividas.
La verdadera pregunta no es si la recreación histórica nos permite simular
las mentalidades del pasado, sino si tal ejercicio puede ayudarnos a mejorar
nuestra comprensión de aquel mundo y la conducta de los que lo habitaron.
La clave para usar estas experiencias de manera constructiva es recordar que
no hay conclusiones adecuadas acerca de la Historia siempre que se saquen
sólo y únicamente de la analogía. No obstante, la naturaleza de la
experiencia vivida puede ser un poderoso estímulo a la reflexión, para volver
a las fuentes históricas convencionales armados con un nuevo conjunto de
preguntas y una sensibilidad renovada.
Hay el peligro de suponer que, debido a que durante el re-enactment
experimentamos ciertos fenómenos de una cierta manera, ésta fue la misma
experiencia por la que pasaron nuestros predecesores. Esta desviación psico-
intelectual es, por supuesto, una dificultad universal al oficio de historiador,
pero la intensidad misma asociada al re-enactment puede exacerbar esta
sensación.
Debemos tener siempre presente que el re-enactment nunca es una vuelta
a los hechos que se escenifican. Por el contrario, se trata de un conjunto de
actividades “modernas” que se inspiran en un interés por el pasado, de
personas actuales en diálogo con el imaginario histórico. Si la gente está
Los grupos de recreación histórica
117 
 
dispuesta voluntariamente a participar en estos ejercicios, debemos explorar
las razones por las que lo hacen y sus expectativas de resultados.
El re-enactment hace que el pasado parezca engañosamente presente y
concreto, pero no debemos olvidar que no se trata de un espectáculo del
pasado, sino de una actividad hecha por personas del presente que intentan
explorar el pasado. El verdadero potencial de la recreación histórica es
precisamente éste: mostrar la fragilidad de nuestros conocimientos
históricos, ilustrar el grado en que la Historia es un proceso abierto. A
diferencia de los monumentos históricos, el re-enactment es una forma más
abierta y creativa de conmemorar la memoria colectiva, un auténtico
“monumento móvil”, en expresión de S. Grapps.
75
Pero igual que los
monumentos, el re-enactment está sometido a los vaivenes de las modas, el
capricho de los gustos y los peligros de la invención.
76



                                                           
75
Gapps 2009. 
76
Me remito a la problemática general sobre estos temas recogida, por ejemplo, en los
trabajos de Lowenthal 1998; Ballart 1997 o Hobsbawm / Ranger 2000. 
J ordi Cortadella
118
 
Bibliografía

Agnew, V., 2004: “Introduction: What is Reenactment?”, Criticism 46 (3):
327-339.
— 2007: “History’s Affective Turn: Historical Reenactment and its Work in
the Present”, Rethinking History 11 (3): 299-312.
Appleby, G. A., 2005: “Crossing the Rubicon: fact or fiction in Roma re-
enactment”, Public Archaeology 4 (4): 257-265.
Ballart, J ., 1997: El patrimonio histórico y arqueológico: valor y uso.
Barcelona.
Bernabeu, J . L., 1981: Significados sociales de las fiestas de moros y
cristianos. Elche.
Bouchet, Ch., 2001: B.A.-BA du néo-paganisme. Puiseaux.
Bower, M., 1995: “Marketing nostalgia. An exploration of heritage
management and its relation to the human consciousness”, en M. A.
Cooper / A. Firth / J . Carman / D. Wheatley (eds.): Managing
Archaeology. London, pp. 31-37.
Brück, J ., 2005: “Experiencing the past? The development of a
phenomenological archaeology in British prehistory”, Archaeological
Dialogues 12 (1): 45-72.
Cook, A., 2004: “The Use and Abuse of Historical Reenactment: Thoughts
on Recent Trends in Public History”, Criticism 46 (3): 487-496.
Hadden, R. L., 1999: Reliving the Civil War: A reenactor's handbook.
Mechanicsburg.
Gapps, S., 2009: “Mobile Monuments: a view of historical Re-enactment
and Authenticity from Inside the Costume Cupboard of History”,
Rethinking History 13 (3): 395-409.
Goodacre, B. / Baldwin, G., 2002: Living the Past: Reconstruction,
Recreation, Re-enactment and Education at Museums and Heritage Sites.
London.
Gracia, F. / Munilla, G., 2000: “Reconstrucción histórica y difusión
cultural”, Revista de Arqueología 235: 8-17.
Handler, R. / Saxon, W., 1988: “Dyssimulation: Reflexivity, Narrative, and
the Quest for Authenticity in ‘Living History’”, Cultural Anthropology 3
(3): 242-260.
Hobsbawm, E. J . / Ranger. T. (eds.), 2002: La invención de la tradición.
Barcelona.
Horsler, V., 2003: Living the Past. London.
Lowenthal, D., 1998: El pasado es un país extraño. Madrid.
Magelssen, S., 2007: Living History Museums: Undoing History Through
Performance. Lanham.
Los grupos de recreación histórica
119 
 
Phillips, M. S., 2008: “On the Advantage and Disadvantage of Sentimental
History for Life”, History Workshop Journal 65: 49-64.
Quesada, F., 2008: “Legionarios por la avenida: la recreación histórica”. En
Armas de Grecia y Roma. Forjaron la historia de la Antigüedad
Clàssica. Madrid, pp. 367-377.
Redknap, M., 2002: Re-Creations: Visualizing our Past. Cardiff.

J ordi Cortadella
120
 
Discusión
77


ASISTENTE: Me gustaría conocer su opinión sobre una cuestión concreta. En
el caso de la reconstrucción, no solamente la relacionada con la historia
militar, ¿es mejor ceñirse a un período concreto de tiempo y reproducir
fielmente todos los detalles, o para lograr una mayor amenidad se debe
intentar una reconstrucción más general?

J ORDI CORTADELLA: Yo diría que las personas implicadas en esas
reconstrucciones debéis hacer lo que queráis, siempre y cuando no
traicionéis excesivamente la visión que se da del pasado. Con todo, debemos
distinguir claramente lo que es la divulgación histórica, donde se puede
transigir, y lo que es la arqueología experimental, donde ya no se puede
hacer lo que uno quiera sino que todo debe estar bien pautado. Yo a veces
me preocupo cuando en Tarraco Viva o en otras representaciones de este
tipo veo aparecer gladiadores, y la gente los admira, cuando en realidad esa
fue una cosa terrible. Sería como si representásemos el campo de
concentración de Auschwitz con todo su horror. Los gladiadores existieron y
no lo podemos negar, pero resulta más discutible el hacer una fiesta de algo
como el enfrentamiento entre seres humanos.
Volviendo a tu pregunta, lo cierto es que no soy capaz de darte una
respuesta precisa. Ahora bien, en ocasiones cuando se es excesivamente
purista en la reconstrucción, a la gente no le gusta. Lo mismo sucede en las
películas. Cuando una película de época romana o de la Edad Media intenta
una reconstrucción estrictamente fidedigna, entonces la gente protesta
porque no es esa “Edad Media” que esperaban encontrar, no es lo
suficientemente “exótica”, es demasiado cotidiana, más próxima a realidades
actuales de lo que se esperan. A veces una buena reconstrucción histórica
puede conducir a lo “peor”, a hacernos pensar, a hacernos reflexionar, y no
sólo entretenernos y divertirnos. Muchas veces se espera de la recreación
histórica lo que encontramos en el turismo de masas: pasar por muchos
países sin que nada nos influya.

BORJ A ANTELA: Me gustaría conocer qué opináis el resto de participantes de
la jornada sobre los grupos de reconstrucción histórica.

FRANCISCO GRACIA: Muy sencillo, hágase la reconstrucción, del tipo que
sea (económica, funeraria, militar, alimenticia), pero hágase bien. Es decir,
hágase la reconstrucción de la forma más ajustada posible a la
                                                           
77
Estas intervenciones corresponden a la conferencia sobre re-enactment pronunciada durante
la Mesa Redonda, no al texto que publicamos ahora, mucho más ampliado. Aún así, por el
interés de las intervenciones, hemos decidido mantenerlas. 
Los grupos de recreación histórica
121 
 
documentación textual y arqueológica disponible. Ello de por sí ya atraerá al
público, que hoy en día ya tiene capacidad suficiente para discernir entre lo
que es una presentación de un hecho histórico real de lo que es una
recreación lúdica carente de rigor.
Cuando se habla de ficción, y me refiero al cine o a la televisión, vemos
que si las producciones están bien asesoradas, si tienen un nivel alto de
reconstrucción documental y de presentación del marco en el cual se
desarrolla la acción, poseen un elemento de calidad que se convierte en un
valor añadido para su credibilidad. Por ejemplo, no es lo mismo lo que ha
presentado Fernando Quesada respecto a determinadas series de televisión
actuales que la reconstrucción de calidad que se hace en la serie Roma o, en
su momento, Yo Claudio.
Se puede plantear cualquier tipo de reconstrucción. Por ejemplo, el
proyecto Ibercalafell parte de elementos muy bien definidos (el mercado, el
enterramiento, la guerra, etc.) y su puesta en escena no plantea ningún
problema. Lo mismo sucede con el proyecto Segeda asesorado por Francisco
Burillo. Si está bien realizado no tiene por qué haber ningún rechazo. Otro
ejemplo son los gladiadores en Tarraco Viva, donde se explica cada uno de
los tipos de gladiadores específicos, cómo combaten, etc., por lo que en
realidad se está ofreciendo una clase de historia en tres dimensiones.
En Europa occidental, concretamente en el caso de Francia, todos los
equipos de reconstrucción pasan lo que podríamos denominar de forma
coloquial una “ITV”. Existe una revista, Tradition Magazine, con un
apartado titulado “Revue de détail” donde los grupos de reconstrucción
presentan, por ejemplo, su granadero de primer imperio francés, su marino
de la guardia, etc. y los especialistas militares realizan una crítica/validación
de sus trabajos.
La labor de los grupos de reconstrucción nos está permitiendo aprender
sobre muchas cuestiones relacionadas con el uso del armamento, unas
cuestiones que de otra forma no podríamos deducir simplemente a partir de
los restos arqueológicos.
En definitiva, es mucho más fácil comprender la guerra en el mundo
ibérico después de haber cogido el armamento, comprobado su peso, la
dificultad en su manejo, etc. Es por ello que el re-enactment, cuando está
bien hecho, se convierte en un elemento que sobrepasa lo meramente
folclórico para entrar dentro del campo específico de la investigación.

FERNANDO QUESADA: Sí, estoy de acuerdo con lo que planteas. Tal y como
has apuntado al principio, la gente es capaz de distinguir perfectamente entre
una buena y una mala reconstrucción histórica. Me gustaría poner el ejemplo
de la serie Hispania, la leyenda (estreno octubre de 2010, Bambú
Producciones para Antena 3 TV). De los cinco millones de espectadores de
J ordi Cortadella
122
 
la serie, no todos tienen un conocimiento histórico profundo, pero si se les da
un producto bien hecho y cuidado, psicológicamente complejo, incluso
aunque algunos elementos no sean exactos, el público lo agradece. Tampoco
en la serie Roma (2005-2007, creada por B. Heller, J . Milius yW. J.
MacDonald, producida por la HBO y la BBC) por ejemplo todos los cascos
no eran exactos, pero la serie sí era creíble en cuestiones como
funcionamiento de la mentalidad de la aristocracia romana y los tribunos de
la plebe. El resultado fue que la serie tuvo un éxito enorme y merecido. Tal
vez el principal problema en relación con la reconstrucción es que en los
últimos tiempos empiezan a proliferar muchos grupos que no cumplen con
los estándares de calidad deseables.

FRANCISCO GRACIA: Exactamente. Si en cualquier producción
cinematográfica norte-americana de carácter bélico nos molestamos en leer
los créditos finales vemos como se relaciona una gran cantidad de grupos de
reconstrucción que se prestan a intervenir como extras, unos extras sin duda
de calidad. Así, por ejemplo, en el caso de la película Gettysburg (1993, Dir.
Ronald F. Maxwell), la carga de Pickett resulta perfectamente creíble gracias
en buena medida a la participación de 2000 ó 3000 extras relacionados con
los grupos de reconstrucción. En el caso de Waterloo, cada año el fin de
semana más próximo al 18 de junio hay entre 2500 y 3000 individuos
vestidos con los uniformes adecuados y recreando un pasaje bélico.
La recreación de uniformes, campamentos, el proceso de fabricación de
la munición, etc., hacen que una reunión de reconstrucción se convierta en
un libro de historia y en un instrumento de divulgación excelente. Además,
este proceso de divulgación nos permite a los investigadores de alguna forma
efectuar el proceso de devolución a la sociedad de la inversión realizada para
financiar la investigación, e incluso que ésta puede llegar a favorecer el
desarrollo económico. Por ejemplo, cuando un concepto de musealización de
un campo de batalla está muy bien hecho, se convierte en una fórmula de
atracción económica y factor de desarrollo del lugar en el que se encuentra.
Por eso en Estados Unidos hay tantos campos de batalla declarados parques
nacionales, porque cada uno de ellos es un modelo de generación económica
en el lugar en el que se encuentra.

J ORDI CORTADELLA: La representación de Pasión en Semana Santa o las
luchas entre Moros y Cristianos también son formas de revivir el pasado. Por
lo que en este sentido los grupos de reconstrucción quizás no son un
fenómeno tan nuevo.
Por otra parte, podemos recordar el precedente que supone la pintura
historicista del siglo XIX, donde también se procura que los uniformes
militares sean los correctos y donde se constata un evidente esfuerzo por
Los grupos de recreación histórica
123 
 
representar la realidad. Entonces yo me pregunto ¿un grupo de
reconstrucción, o una película o una serie de televisión, donde la recreación
de los uniformes, de los movimientos tácticos, etc. sea lo más ajustada
posible a la información disponible, nos ofrecerá una imagen correcta de la
Antigüedad? En ocasiones esa representación tan fiel solo sirve para
esconder el mensaje subliminal que se quiere ofrecer. Por ejemplo,
Gladiator (2000, Dir. Ridley Scott) es una película que está relativamente
bien hecha, pero eso no significa que yo como historiador esté de acuerdo
con la Antigüedad que allí se muestra. En realidad en la película hay unos
valores que no son propios de la Antigüedad. En cambio, reconstrucciones
realizadas con menos medios pueden ser más reales, más próximas y más
fieles.

FRANCISCO GRACIA: No estoy de acuerdo con estos planteamientos. En
primer lugar, la pintura histórica del siglo XIX está muy mal hecha desde el
punto de vista de la precisión histórica, tal y como se aprecia por ejemplo en
los cuadros relacionados con la Protohistoria de la Península Ibérica de J osé
Madrazo. En segundo lugar, no hemos de mezclar el contenido con el
continente. Una cuestión es que intentemos una reconstrucción lo más fiable
posible de un periodo de la Antigüedad, y otra cosa es como después se
utilice esa reconstrucción para la transmisión de un mensaje. Es decir, el
guión de una película o de una serie no tiene por qué minusvalorar el atrezo.
Aunque lo cierto es que si el atrezo está bien hecho normalmente el guión
también lo estará, ya que ambos elementos, basados los dos en la
documentación, suelen estar estrechamente relacionados.

FERNANDO QUESADA: Por mucho que la reconstrucción sea correcta, nadie
puede llegar a pensar como un soldado de la antigua Roma. Por ejemplo, si
yo veo un rayo pienso en términos de diferencia de potencial eléctrico, pero
un soldado romano no lo haría. Nosotros sabemos lo que es la física y
conocemos determinados fenómenos naturales que en el mundo antiguo de
forma automática se atribuían a la magia. Es por ello que ni el reconstructor
ni el especialista pueden llegar a pensar como un soldado romano. Pero es
que la función de la reconstrucción histórica no es llegar a pensar como los
antiguos soldados, sino que su función es la de explicar al gran público cómo
eran las armas, cuánto pesaban, cómo se hacían las guardias, cómo hacían un
campamento, etc. Además, por otra parte, algunos grupos de reconstrucción
histórica han hecho aportaciones de gran valor para conocer determinadas
cuestiones de detalle. Pienso por ejemplo en los grupos de Marcus
J unkelmann.
J ordi Cortadella
124
 
ANEXO 1

Grupos de re-enactment centrados en el ejército romano (legiones,
cohors, auxilia y tropas bajo imperiales) ordenados por países (para un
listado alfabético de las unidades, véase Anexo 2).

Me he limitado a recoger los grupos con página web activa (febrero 2011).
Señalo en primer lugar, cuando existe, el nombre latino de la unidad.
Algunos grupos reconstruyen varias unidades, en tales casos van
mencionadas separadas por coma. El nombre de la asociación aparece en
cursiva. Cuando recrean unidades exclusivamente bajo imperiales, el
número aparece [entre corchetes]. Finalmente, (entre paréntesis) la ciudad i/o
región sede del grupo.

ALEMANIA

1. Legio VI Victrix, Cohors VI Asturum. Roemercohorte Opladen (Leverkusen, Nordrhein-
Westfalen)
http://www.roemercohorte.de
2. Legio I Flavia Minervia Pia Fidelis Domitiana, Legio I Germanica, Cohors I Thracum.
Flavii (Solingen, Nordrhein-Westfalen)
http://www.flavii.de/
3. Legio I Minervia Pia Fidelis (Monheim am Rhein, Nordrhein-Westfalen)
http://www.legioprima.de/
4. Legio XV Primigenia (Korschenbroich, Nordrhein-Westfalen)
http://www.legio-xv-primigenia.de/
5. Cohors Arenacum (vexillatio de la Legio XV Primigenia) (Rees, Nordrhein-Westfalen)
http://www.cohors-arenacum.de/
6. Cohors I Praetoria (Köln, Nordrhein-Westfalen)
http://www.cohors-praetoria.eu/
[7]Contubernium Primo (Köln, Nordrhein-Westfalen)
http://cms.contubernium.de/
8. Cohors XXVI Vol. C R. Broele Trans Rhenum (Rheinbrohl, Rheinland-Pfalz)
http://www.cohorte.de/
9. Cohors VII Raetorum (Melsbach, Rheinland-Pfalz)
http://www.coh-vii-raet.de/
10. Legio XXII Primigenia. Milites Bedenses (Pickließem, Rheinland-Pfalz)
http://www.milites-bedenses.de/index1.htm
11. Legio XVI Gallica. Vigilia Romana Vindriacum (Wintrich, Rheinland-Pfalz)
http://www.vigilia-romana-vindriacum.de/
12. Legio XIIII Gemina (Mainz, Rheinland-Pfalz)
http://legioxiiiigemina.de/
13. Cohors IIII Vindelicorum (Großkrotzenburg, Hessen)
http://www.vindeliker-kohorte.de/
14. Beneficiarius. Limitanei Taunenses (Wetteraukreis, Hessen)
http://www.limitanei-taunenses.de/
[15]Numerus Brittonum (Welzheim, Bade-Württemberg)
http://www.numerus-brittonum.de/
Los grupos de recreación histórica
125 
 
16. Legio VIII Augusta (Pliezhausen, Baden-Württemberg)
http://www.frasdorf.org/
17. Cohors I Brevcorvm. Vetoniana (Pfünz, Bayern)
http://www.vetoniana.de/
18. Legio III Italica Concors (Ingolstadt, Bayern)
http://www.legioiii-italica-concors.de/
[19]Tertiani Itálica, Foederati (Regensburg, Bayern)
http://dreams.wox.org/~celtae/SihFrewen/Galerie/index.html
20. Cohors II Raetorum (Straubing, Bayern)
http://www.coh-ii-raet.de/
21. Populares Vindelicenses (Augsburg, Bayern)
http://www.populares-vindelicenses.de/pages/intro.php
[22]Limitanae Pontaenenses. Kelten und Römer, Geschichte zum Anfassen (Rosenheim,
Bayern)
http://kelten-roemer-ev.de/
[23]Italiciani Secundani, Lauriacenses Lanciarii (Rosenheim, Bayern)
http://www.roemische-legion.de/
24. Classis Augusta Germanica (Osnabrück, Niedersachsen)
http://www.classis-germanica.de/
25. Cohors I Germanorum (Sehnde, Niedersachsen)
http://www.germanorum.de/
26. Timetrotter (Wahlitz, Sachsen-Anhalt)
http://www.timetrotter.de/
27. Legio XIX Augusta (Berlin)
http://www.legioxix.de.tl/
[28]Litus Saxonicum (Chemnitz, Sachsen)
http://www.litus-saxonicum.de/

AUSTRALIA

29. Sydney Ancients Hoplite & Roman Society (Sidney)
http://www.sydneyancients.5u.com/photo.html

AUSTRIA

30. Legio XV Apollinaris Cohors I (Pram, Oberösterreich)
http://www.legioxv.org/
31. Legio XIII Gemina. Exercitus Pannonia Superior (Wien)
http://www.legxiii.at/
32. Legio X Vindobona. Gentes Danubii (Wien)
http://www.gentes-danubii.at/neu/darstellung/roemer.html

BÉLGICA

[33]Legio II Herculia. Les lances libres (Valonia)
http://users.swing.be/stephane/
34. Cohors II Tungrorum (Valonia)
http://www.cohorte-tongrienne.herobo.com/
35. Cohors VII Praetoriana Lupae (Valonia)
http://www.cohorspraetorianalupae.be/
J ordi Cortadella
126
 
36. Legio XI Claudia Pia Fidelis (Flandes)
http://www.legioxi.be/
37. Quintus Project (Flandes)
http://www.project-quintus.be/index1.html

DINAMARCA

38. Legio VI Victrix, Cohor II Cimbria (Sabro)
http://www.romandanes.dk/

ESPAÑA

39. Legio VIIII Hispana. Hispania Romana (Madrid)
http://www.hispaniaromana.es/
40. Legio V. Asociación de recreación Histórica Complvtvm (Madrid?)
http://www.legiov.com/
41. Legio I Germanica (Tarragona)
http://www.primagermanica.com/
[42]Septimani Seniores (Tarragona)
http://www.primagermanica.com/
43. Legio VII Gemina. Projecte Phoenix (Tarragona)
http://www.projectephoenix.org/
44. Asociación Pitiusa de Recreación Histórica IBOSHIM (Eivissa)
http://www.inmobelnet.com/iboshim/index.htm
[45]Cohors I Gallica (Iriña)
http://www.cohorsprimagallica.com/
46. Legio IV Macedonica. JANO Reproducciones Históricas (Cantabria)
http://webs.demasiado.com/Legiocuarta/
47. Cohors III Lucensium (Lugo)
http://www.cohorsiiilucensium.es/

ESTADOS UNIDOS

48. Legio III Cyrenaica (Boston, Massachusetts)
http://www.capecodhibby.com/legioiii.htm
49. Legion XXIV Media Atlantia (Eastern Pennsylvania & New Jersey, Delaware)
http://www.legionxxiv.org/
50. Legio XX (Laurel, Maryland)
http://www.larp.com/legioxx/
51. Legio XIII Martia Victrix, Cohors I Batavorum (Charleston, West Virginia)
http://home.armourarchive.org/members/flonzy/Roman/index.htm
52. Legio VI Ferrata Fidelis Constans, Cohors II Italica C R, Cohors I Damascenarum
(sagittaria) (Summerville, South Carolina)
http://legvi.tripod.com/
53. Legio XI Claudia Pia Fidelas (Atlanta, Greorgia)
http://www.11thlegion.com/
54. Legio V Alaudae, (Nashville,Tennessee)
http://web.utk.edu/~cohprima/
55. Legio XXX Ulpia Victrix, cohors III (Fort Wayne, Indiana)
http://www.legiotricesima.org/
Los grupos de recreación histórica
127 
 
56. Legio X Equestris Veneria (Chicago, Illinois)
http://www.romechicago.com/
57. Legio XIIII Gemina Martia Victrix (Milwaukee, Wisconsin)
http://www.legionxiiii.com/
58. Legio II Augusta (Lafe, Arkansas)
http://www.ad43.org/
59. Legio X Fretensis (Houston, Texas)
http://www.legionten.org/
60. Legio II Adiutrix (Colorado Springs, Colorado)
http://www.rockymountainromans.com/
61. Legio II Traiana Fortis (Las Vegas, Nevada)
http://www.legioiitraiana.com/
62. Legio X Fretensis, cohors IV (American Canyon, California)
http://home.surewest.net/fifi/index9.htm
63. Legio VI Victrix (Los Ángeles, California)
http://www.legionsix.org/
64. Cohort I Praetoria (Los Angeles, California)
http://www.cohortipraetoria.com/
65. Legio IX Hispana (San Diego, California)
http://www.legio-ix-hispana.org/

FRANCIA

66. Legio I Consularis. Association Européenne de Reconstitution Antique-AERA (Aix en
Provence, Provence-Alpes-Côte d'Azur)
http://www.reconstitution-romaine.com/
67. Augustus Caesar Praetoria (Vaison-la-Romaine, Provence-Alpes-Côte d'Azur)
http://www.augustus-caesar.com/
68. Legio X Gemina. Lorica Romana (Comps Languedoc-Roussillon)
http://loricaromanalegxgemina.blogspot.com/
69. Legio VI Ferrata. Ars Maiorum (Arles, Provence-Alpes-Côte d'Azur)
http://www.legio6.com/
70. Legio VI Victrix (Arles, Provence-Alpes-Côte d'Azur)
http://www.legio6victrix.com/
71. Legio VII Claudia Pia Fidelis. Embonne le reflet de l’Antiquité (Agde, Languedoc-
Roussillon)
http://asso-embonne.c.la/
72. Cohors I Aquitanorum. Viaromana (Homps, Languedoc-Roussillon)
http://www.viaromana.com/
73. Legion VIII Augusta (Cambon d'Albi, Midi-Pyrénées)
http://www.leg8.com/
74. Legio V Alaudæ. Pax Augusta (Sathonay Camp, Rhône-Alpes)
http://www.paxaugusta.net/
75. Cohors I Vigilvm, Pax Romana (Corrèze, Limousin)
http://www.pax-romana.fr/
[76]Taifali (Rom, Poitou-Charentes)
http://www.taifali.org/
[77]Vexillum Seguntienses. Letavia (Brest, Bretagne)
http://letavia.canalblog.com/
[78]Vexillatio Legio II Augusta Antonina. Vita Gallica (Bréal sous Vitré, Bretagne)
http://www.vitagallica.fr/
J ordi Cortadella
128
 
[79]Celtae Seniores. Foederati (Saint-André-sur-Orne, Basse-Normandie)
http://foederati.jimdo.com/
80. Association Gladius Scutumque (Paris)
http://www.gladius-scutumque.fr/
[81]Herculiani. Les Herculiani (Laigneville, Picardie)
http://lesherculiani.monsite-orange.fr/
82. Cohors II Nerviorum. Bagaconervio (Bavay, Nord-Pas-de-Calais)
http://bagaconervio.e-monsite.com/
83. Legio XXII Primigenia Pia Fidelis, La Cité des Leuques (Saint-Armand-Sur-Ormain,
Lorraine)
http://arnaud.jacquemot.free.fr/
84. Association Bellvm Gallicvm (Pont a Mousson, Lorraine)
http://bellum-gallicum.wifeo.com/

HOLANDA

85. Cohors XV VCR, Classis Augusta Germanica, Ala I Batavorum. Pax Romana(Woerden)
http://www.paxromana.nl/
86. Legio II Augusta Nederland (Nijmegen)
http://www.legioiiavg.nl/
87. Corbulo (Nijmegen)
http://www.corbvlo.com/
[88]Fectio (Utrecht)
http://www.fectio.org.uk/
89. Legio X Gemina. Gemina Project (Leiden)
http://www.gemina.nl/

HUNGRIA

90. Legio XV Apollinaris (Szombathely)
http://www.legio.hu/
91. Legio I Adiutrix (Komárom)
http://www.legiobrigetio.com/

IRLANDA

92. Legio VIII Augusta (Cork)
http://www.romansireland.com/
93. Vexilatio Legio XX Valeria Victrix, Cohors IX Batavorum. The Roman Military Society
of Ireland (Cork)
http://www.romanarmy.ie/

ITALIA

94. Legio XII Fulminata (Bareggio, Lombardia)
http://www.xii-fulminata.it/
95. Legio VI Ferrata, Legio Herculiani Seniores (Milano, Lombardia)
http://www.storinsubria.it/sestalegio.html
96. Legio VI Ferrata (Milano, Lombardia)
http://www.legiosestaferrata.eu/Legiosestaferrata/home.html
Los grupos de recreación histórica
129 
 
97. Cohors III Praetoria. Ass. Cult. Cisalpina (Torino-Milano, Lombardia)
http://www.cisalpina.net/
98. Cohors II Praetoria (Crema, Lombardia)
http://www.praetoriani.eu/
99. Legio I Italica (Villadose, Veneto)
http://www.legio-i-italica.it/
100. Legio XII Fulminata (Sarsina, Emilia-Romagna)
http://www.legioxii.it/
101. Legio II Traiana Fortis, Imago Urbis (Civitavecchia, Lazio)
http://associazioneimagourbis.com/
102. Decima Legione (Roma, Lazio)
http://www.decimalegio.it/
103. Legio XI Claudia P F. Grupo Storico Romano (Roma, Lazio)
http://www.gsr-roma.com/
104. Legio XIII Gemina. Civiltà Romana (Roma, Lazio)
http://www.civiltaromana.it/I_legioXIII.html
105. Legio XXX Ulpia Victrix (Roma)
http://www.legioxxx.com/
106. Legio X Gemina PFD. SPQR (Roma, Lazio)
http://www.legiodecima.it/
107. Legio XIV Gemina Martia Victrix (Cassino, Lazio)
http://www.legioxiv.altervista.org/
108. Legio I Adiutrix. Gruppo Storico Pompeiano (Pompei, Campania)
http://www.legio1adiutrix.it/

MALTA

109. Legio X Fretensis Malta
http://legioxfretensismalta.com/

NORUEGA

110. Legio XV Apollinaris (Oslo)
http://foreninger.uio.no/legxv/

NUEVA ZELANDA

111. Legio II Augusta (Auckland, North Island)
http://www.spqr.co.nz/

POLONIA

112. Legio XXI Rapax (Rumia)
http://www.legioxxirapax.com/
113. Legio XIIII Gemina Martia Victrix. Pro Antica (Lublin)
http://www.proantica.org/
114. Legio I Adiutrix (Warsaw)
http://adiutrix.cba.pl/legio/

J ordi Cortadella
130
 
PORTUGAL

115. Recriar Historia (Setúbal)
http://www.recriarhistoria.org/

REINO UNIDO

116. Legio II Augusta (Portsmouth, Hampshire)
http://www.legiiavg.org.uk/
117. Legio XX Valeria Victrix. The Ermine Street Guard (Gloucester, Gloucestershire)
http://erminestreetguard.co.uk
[118]Batavi Iuniores Britanniciani (Ducklington, Oxfordshire)
http://batavi.50webs.com/
119. Legio XIIII Gemina Martria Victrix. Cohors I Batavorum. Cohors I Hamiorum. The
Roman Military Research Society (Kettering, Northamptonshire)
http://www.romanarmy.net/
120. Legio XIIII Gemina (Hertford, Hertfordshire)
http://www.legion-fourteen.com/
121. Coh I Fida Vardullorum Milliaria Eq Cr (auxilia Legio XIII Gemina). Colchester Roman
Society (Colchester, Essex)
http://www.camulos.com/crs.htm
[122]Secundani Britannica. Britannia (Essex)
http://www.durolitum.co.uk/
123. Legio VIII Augusta MGV (Corwen, Gales)
http://www.roman.org.uk/
[124]Comitatus (York, Yorkshire)
http://www.comitatus.net/
125. Legio VI Victrix Pia Fidelis. North Guard Research Society (Sunderland, Tyne and
Wear)
http://www.northguard.freeservers.com/
[126]Cohors V Gallorum (Arbeia-South Shields, Tyne and Wear)
http://www.quintagallorum.co.uk/
127. Cohors Sextae Nerviorum (auxilia Legion VI Victrix Pia Fidelis). The Antonine Guard
(Rough Castle, Escocia).
http://www.theantonineguard.org.uk/

REPÚBLICA CHECA

128. Cohors V Praetoria (Pilsen)
http://www.rimskalegie.cz/ajuvod.htm
129. Legio X Gemina Pia Fidelis (Praha)
http://legioxgpf.livinghistory.cz/web/

RUMANÍA

130. Legio XIII Gemina. Terra Dacica Arterna (Cluj-Napoca)
http://www.terradacica.ro/


Los grupos de recreación histórica
131 
 
RUSIA

131. Legio V Macedonica (San Petesburgo)
http://legvmac.ru/news/55/

SUECIA

132. Stockholms romersk-historiska sällskap (Stockholm)
http://www.student.nada.kth.se/~d94-mjo/srhs/

SUIZA

133. Legio XI Claudia Pia Fidelis (Windisch, Aargau)
http://www.legioxi.ch/
134. Cohor V Praetorianii (Bülach, Zürich)
http://www.cohvpr.ch/
135. Imperium Anticum (Nyon, Vaud)
http://www.imperivm.ch/
J ordi Cortadella
132
 
ANEXO 2

Listado de legiones, cohortes y otras unidades alto y bajo imperiales
creadas por los grupos de re-enactment

El número entre paréntesis [o entre corchetes] remite al listado por países
del Anexo 1. Cuando la unidad es espuria se indica con un asterisco (*).
Como puede observarse, la mayoría de las legiones son recreadas por más
de un grupo en diferentes países, no así las cohortes y el resto de unidades.
La causa de que unas legiones tengan más éxito que otras entre los re-
enactors queda por dilucidar.

Legiones

Legio I Adiutrix (91) (108) (114)
Legio I Consularis* (66)
Legio I Germanica (2) (41)
Legio I Italica (99)
Legio I Minervia P.F. (2) (3)
Legio II Adiutrix (60)
Legio II Augusta (58) (86) (111) (116)
Legio II Traiana Fortis (61) (101)
Legio III Cyrenaica (48)
Legio III Italica (18)
Legio IV Macedonica (46)
Legio V Alaudae (40) (54) (74)
Legio V Macedonica (131)
Legio VI Ferrata (52) (69) (95) (96)
Legio VI Victrix (1) (38) (63) (70) (125) (127)
Legio VII Claudia P.F. (71)
Legio VII Gemina (43)
Legio VIII Augusta (16) (92) (73) (123)
Legio IX Hispana (39) (65)
Legio X Equestris / Gemina (56) / (32) (68) (89) (106) (129)
Legio X Fretensis (59) (62) (102) (109)
Legio XI Claudia P F (36) (53) (103) (133)
Legio XII Fulminata (94) (100)
Legio XIII Gemina (31) (51) (104) (121) (130)
Legio XIV Gemina M.V. (12) (57) (107) (113) (119)
Legio XV Apollinaris (30) (90) (110).
Legio XV Primigenia (4) (5)
Legio XVI Gallica (11)
Legio XIX Augusta (27)
Legio XX Valeria Victrix (50) (93) (117)
Legio XXI Rapax (112)
Legio XXII Primigenia (10) (83)
Legio XXIV* Media Atlantia (49)
Legio XXX Ulpia Victrix (55) (105)

Los grupos de recreación histórica
133 
 
Cohortes auxiliares y pretorianas

Cohors I Aquitanorum (72)
Cohors I Brevcorvm (17)
Cohors I Germanorum (25)
Cohors I Praetoria (6) (64)
Cohors I Vigilvm (75)
Cohors II Nerviorum (82)
Cohors II Praetoria (98)
Cohors II Raetorum (20)
Cohors II Tungrorum (34)
Cohors III Lucensium (47)
Cohors III Praetoria (97)
Cohors IV Vindelicorum (13)
Cohors V Praetoria (128) (134)
Cohors VII Praetoriana (35)
Cohors VII Raetorum (9)
Cohors XV V.C.R. (85)
Cohors XXVI V.O.L. C.R. (8)

Otras unidades alto imperiales

Ala I Batavorum (85)
Beneficiarius (14)
Classis Augusta Germanica (24) (85)
Populares Vindelicenses (21)

Unidades bajo imperiales

Batavi Iuniores Britanniciani [118]
Celtae Seniores [79]
Cohors I Gallica [45]
Cohors V Gallorum [126]
Contubernium Primo [7]
Fectienses seniores* [88]
Italiciani Secundani [23]
Lauriacenses Lanciarii [23]
Legio II Augusta Antonina [78]
Legio II Herculia [33] [81] [95]
Limitanae Pontaenenses [22]
Numerus Brittonum [15]
Secundani Britannica [122]
Septimani Seniores [42]
Taifali [76]
Tertiani Itálica [19]
Vexillum Seguntienses [77]

Grupos sin unidad precisa o no identificada:
Association Bellvm Gallicvm (84); Association Gladius Scutumque (80); Comitatus [124];
Corbulo (87); IBOSHIM (44); Imperium Anticum (35); Litus Saxonicum [28]; Recriar
Historia (115); Stockholms romersk-historiska sällskap (132); Sydney Ancients Hoplite &
Roman Society (29); Timetrotter (26).
J ordi Cortadella
134
 
ANEXO 3
Página de información para “alistarse” en la LEGIO IX HISPANA
78


¡Bienvenido!
En esta página web encontrarás amplia información sobre nuestras
actividades de re-enactment de época romana, cuyos logros y objetivos nos
sitúan entre los grupos romanos de re-enactment más antiguos de los
EE.UU. Por favor, no dudes en escribirnos o enviarnos un correo electrónico
con tus comentarios o preguntas. Estamos aquí para enseñar y aprender.
Aunque concebido y organizado en marzo de 1993, nuestro primer acto
público fue en febrero de 1994.
Somos el primer grupo romano de re-enactment” del oeste de los EE.UU.
y el más grande de América del Norte. Actualmente contamos con
organizaciones locales por todos los EE.UU.

Objetivo de la Legio IX Hispana

Nuestro objetivo inicial es la reconstrucción total de una Centuria. Queremos
ser el primer grupo romano dere-enactment en salir a campo abierto con una
unidad compuesta únicamente por miembros del mismo grupo. Si te estás
planteando formar parte como hobby de un grupo romano de re-enactment y
te gusta lo que ves aquí, por favor plantéate unirte a nosotros.

Quiénes somos

Formamos una compañía de soldados, los legionarios romanos comunes, con
el apoyo de sus auxilia y civiles, todos del mismo período, presentando una
visualización dinámica de grandes proporciones. No hay oficiales ni títulos
de fantasía; sin gobernadores, senadores o tribunos... sin togas. Somos
simples soldados y civiles que se han asociado en un campamento militar
romano.

Dónde estamos

Estamos acampando al norte de la Provincia de Britannia, al norte de lo que
se convertirá en el Muro de Adriano. Nos encontramos a finales del siglo I
d.C. Vamos a ver... aproximadamente en el 15 de marzo del año 850 desde la
                                                           
78
Traducción del autor. El texto inglés original en: http://www.legio-ix-hispana.org/jun3.html 
Los grupos de recreación histórica
135 
 
fundación de Roma (97 d.C.), alrededor de las 8:30 horas de la mañana... o
algo así.

Qué estamos haciendo aquí

Estamos patrullando y pacificando la región que nos ha sido asignada, así
como realizando mejoras en nuestro campamento temporal. Hay un
“oppidum” que debemos tomar para finales de abril. También estamos
examinando los recursos de la zona, levantando uno o dos puentes y hay
rumores persistentes de que vamos a construir un camino adecuado durante
la próxima primavera.

Filosofía del re-enactment

La mejor manera de describir lo que hacemos es la frase “arqueología
experimental”. Nuestras exhibiciones son dinámicas, no estáticas. No nos
conformamos con desfiles y simulacros o muestra de arte. A través de
nuestras representaciones, preferimos poner nuestros pertrechos romanos y
equipo a prueba.
Creemos firmemente que la mejor manera de describir y entender los
utensilios que hacemos o adquirimos es utilizándolos, intensamente,
llevarlos al límite de sus posibilidades. No veneramos nuestro equipo ni lo
manipulamos con guantes de algodón. El equipo que hacemos y llevamos se
ha diseñado para durar, unos pertrechos militares totalmente funcionales,
igual que los originales.
Si se dobla, lo enderezamos.
Si se estropea, lo arreglamos.
Si se rompe, lo cambiamos.

Beneficios de unirse a la Legio IX Hispana

•Concentramos nuestros esfuerzos en la creación de un grupo dinámico
centrado en un solo período. No nos ocupamos de los cambios de la Legio
IX a través de la historia
•Hemos creado la infraestructura y el apoyo necesario para que puedas
integrarte rápidamente. No hay necesidad de que vuelvas a inventar la
rueda…
• Para mantener un alto nivel de autenticidad, nosotros mismos
fabricamos la mayor parte de la armadura, armas, utensilios y los otros
equipos que utilizamos. Siempre que podemos hacemos nuestro equipo a
mano, utilizando herramientas manuales, ¡incluso fabricamos las
J ordi Cortadella
136
 
herramientas cuando es necesario! No utilizamos métodos de fabricación
modernos ni productos estándar para los accesorios de la armadura o el
cinturón. Cortamos a mano, moldeamos a mano fundimos a mano siempre
que podemos. Nuestro equipo no es de precisión, puesto que el equipo que se
ha encontrado tampoco lo es. “Con pocas excepciones, la mayoría de
réplicas modernas están demasiado bien hechas”.
79
Nosotros somos esa
excepción y lo hacemos muy bien.
•Utilizamos el equipo... además de en exhibiciones muy instructivas y
demostraciones educativas, en grandes hechos militares, eventos históricos
(Ferias, “Highland games” y otros), funciones corporativas, museos y
escuelas (desde la enseñanza primaria hasta la universidad), donde muchos
entramos en combates simulados, construimos campamentos romanos,
también hacemos marchas con el equipo de campaña, ¡que llega a pesar 110
libras (50 kg)!
• Tenemos decenas de miles de horas de experiencia en el uso de la
armadura, el equipo y las armas romanas; mucho más que cualquier otro
club en América del Norte. La experiencia en el uso simulado de armas en
escenarios de combate de una gran intensidad física (¡algo que los soldados
romanos hacían en realidad!) nos ha dotado de una perspectiva única en
recreaciones romanas de cualquier lugar del mundo, una perspectiva que no
se puede aprender en desfiles, ejercicios, libros o películas, ni en combates
teatralizados, no importa cuán fuerte sea el gladius.
• Al unirte, puedes adquirir un auténtico y magnífico material de re-
enactment de calidad: armadura, armas y otros equipos en el Centro de
Recursos para Miembros ... ¿Qué tal una coraza “segmentata”, forjada,
hecha a mano y a medida para adaptarse a ti por solo 355$?
•No tenemos cuotas.
•... y para citar a Marcus, “La paga es buena, el agua es limpia”.
80


Conviértete en miembro activo de la Legio IX Hispana

Si eres nuevo en el re-enactment romano, aquí en nuestra página web
encontrarás una gran cantidad de recursos, información útil que te puede
ayudar a convertirte en un re-enactor romano. Sin embargo, si te gusta lo
que hacemos, lo que representamos y lo que somos, ¡te invitamos a unirte a
nosotros!
                                                           
79
Bishop, M.C. (2002), “Lorica Segmentata, vol. 1: A Handbook of Articulated Roman Plate
Armor”, Journal of Roman Military Equipment Studies, Monograph No.1: Armatura Press, p.
95. 
80
(N del T.) Marcus Flavius Aquila es el joven oficial romano protagonista de la novela The
Eagle of the Ninth. 
Los grupos de recreación histórica
137 
 
Es muy fácil convertirse en un miembro activo de la Legio IX Hispana,
no importa donde vivas. Lo que necesitas es el deseo de ser parte de lo que
estamos haciendo, de unirte a nosotros en el cumplimiento de nuestros
objetivos, además de la posibilidad de adquirir y utilizar el equipo necesario
como miembro de la Legio IX Hispana.
Si ya eres un re-enactor romano, unirte a nosotros también es fácil. Sin
embargo, es necesario que tu actual equipo sea aprobado para su uso en la
Legio IX Hispana. Para los re-enactors existentes con un equipo que no
cumple con nuestras normativa, tenemos un excelente programa para ayudar
a actualizarlo, ¡muchas veces sin costo monetario!

Aspecto físico

Somos gente moderna y esto es sólo una afición. A veces las condiciones
modernas pueden interferir en la buena recreación de un soldado romano
común. Aquí hay algunas pautas:

•Los miembros participantes como soldados deben estar en buena forma
física, apto y capaz de utilizar las armas y el equipo. La armadura pesa
alrededor de 18 libras (8 kg) y el escudo de 15 a 18 libras (de 6,8 a 8 kg).
•Siempre que sea posible, aquellos que necesiten lentes deben usar lentes
de contacto o no llevar gafas. Si de todas maneras debes usar lentes, estas
deben ser de apariencia mínima, con la montura transparente y sin cristales
de colores o polarizados.
•J oyería: Ninguna joya moderna debe ser visible.
•Tatuajes: Los tatuajes no deben ser visibles. Una manera divertida y
didáctica para ocultar un tatuaje es cubrirlo con un vendaje romano.
•Cabello: Evitar los peinados modernos, incluido el corte y la coloración.
El pelo largo no es generalmente un problema. La barba está permitida, pero
recortada y con forma históricamente aceptable.
•Maquillaje: Inaceptable en los soldados, excepto cuando se utiliza para
tapar artificios modernos como tatuajes, o para disimular el género.
• Género: La Legio IX Hispana permite que las mujeres representen
soldados romanos, pero sólo en la medida en que sean capaces de disimular
su feminidad y cumplan con los requisitos físicos. A veces esto significa
rellenar unas cejas depiladas o incluso usar bigotes postizos.
•Etnia: No importa.



J ordi Cortadella
138
 
Conviértete en soldado de la Legio IX Hispana

Si estás interesado en la recreación de la vida y la época de un soldado
romano común estacionado en la frontera, junto con las esposas, los niños y
los civiles que estuvieron allí; si estás interesado en aprender cómo se
usaban las armas, armaduras y pertrechos, aprendiendo por qué cada cosa
tiene la forma que tiene; si no temes ensuciarte un poco, o lastimarte, o
sudar, o incluso algo de herrumbre ... entonces, definitivamente la Legio IX
Hispana es sin duda el grupo de re-enactment romano pensado para ti.

Primeros pasos como soldado romano

Es fácil, muy fácil.
1) Solicitar la admisión. A continuación, un miembro del personal de la
Centuria contactará contigo.
2) Hacer o adquirir una tunica, balteus y caliga o calceus (prenda militar,
cinturón, zapatos del soldado). Puedes fabricarlos tú mismo con patrones e
instrucciones, podemos suministrarte los materiales necesarios en forma de
kit de bricolaje o puedes comprar estos artículos totalmente montados.

Costos

El re-enactment militar de cualquier período histórico puede ser una afición
cara. El re-enactment romano puede ser muy costoso ... pero solamente si tu
realmente quieres que lo sea.
Un casco romano artesanal a medida puede costar 600$ ¡o más! También
puedes gastarte lo mismo por un gladius, y otros 600$ por una lorica
segmentata... pero sólo si realmente quieres.
Desde que fabricamos la mayor parte del equipo que necesitamos puedes
adquirir todo tu kit básico por unos 700$. Eso incluye lare-enactor coraza
segmentata de reglamento hecha a medida para adaptarse a ti, casco, gladius,
pugio, pilum, escudo, ropa, zapatos, balteus militar y varios cinturones.
Tampoco es necesario adquirirlo de una vez. Tenemos un programa que te
permite hacerlo en pagos mensuales. También puedes compartir el equipo,
en cuyo caso convertirte en soldado romano puede costarte muy poco.
Además tenemos un sistema de intercambio propio. ¡Estamos firmemente
decididos a conseguir que esta afición sea asequible y todo un éxito!



Los grupos de recreación histórica
139 
 
Conviértete en un civil de la Legio IX Hispana

Sí, algunos miembros representan civiles. No representan la aristocracia,
tribunos, generales o sacerdotisas. ¡Nadie lleva toga! Los miembros civiles
son la gente común que acompañan o interactúan en un campamento de
soldados romanos. Esto puede incluir a las mujeres y los niños de los
soldados, así como una variedad de artesanos y a la población civil local.
Los miembros civiles a menudo son nativos o locales, generalmente
britanos, pero a veces civiles de otras partes del Imperio.
La muestra de la artesanía histórica es una parte importante de lo que
hacemos y por tanto ¡nos estimula mucho! La información acerca de la vida
diaria de los civiles se puede encontrar en: Legio IX Hispana Vicus

Contacta con nosotros o llama para más información.
Aprende cómo formar un grupo en tu zona.
Las incorporaciones son bienvenidas. ¿Has formado un grupo de la legión
romana? ¡Aprende cómo tu grupo puede unirse a la Legio IX Hispana!
Gayo Valerio Tácito Hibérnico
Centurión, Legio IX Hispana
Legio IX Hispana, Inc
3210 calle 32
San Diego, California, EE.UU.
Sean Richards, Presidente
legioix@pacbell.net







The Western Way of War: Un modelo a debate



Borja Antela-Bernárdez
Universitat Autònoma de Barcelona


Desde la publicación en el año 1989 de la obra The Western Way of War, de
Victor Davis Hanson,
1
mucho se ha escrito al respecto de la posibilidad de la
existencia de un “modo occidental” de hacer la guerra.
2
De hecho, el impacto
que dicha tesis de trabajo ha tenido tanto en la comunidad historiográfica
como en el público general y la concepción de éste con respecto al mundo
antiguo permiten valorar el sistema conceptual definido bajo el epígrafe de
Western Way of War como un modelo de comprensión de la realidad,
especialmente de la realidad antigua. Asimismo, al entender el mundo
antiguo como cuna de occidente, el valor de este marco conceptual en la
construcción del presente hace que el Western Way of War pueda plantearse
como una explicación que, si bien se fundamenta en la Antigüedad, se
resuelve y define gracias al presente. Por todo ello, consideramos que
merece la pena analizar con cierto detalle los pormenores de la definición de
la tesis enunciada por Hanson y abrazada posteriormente por un gran número
de autores, valorando sus antecedentes, su impacto en la historiografía
actual, con especial atención al mundo griego, y las consecuencias que de él
se derivan en tanto que marco de descripción del mundo de cara a la
comprensión del mismo y a su utilidad (o no) como sistema de evaluación
del futuro inmediato.
Definamos pues en primer lugar lo que puede entenderse como Western
Way of War. En principio, Hanson plantea que aquello que diferencia el
mundo griego, y en consecuencia también la tradición occidental, del resto
de mundo, es decir, esta “forma occidental” de hacer la guerra, es lo que él
denomina “pitched battle” o batalla campal, también entendida a menudo
                                                           

Investigación inscrita dentro del proyecto MEC ‘La gestión política de las ‘crisis
humanitarias’ en el mundo grecorromano (ss. IV-I a.C.)’ (HAR2010-19185). El autor
agradece los comentarios y apreciaciones que durante su elaboración ha recibido de Dr. J .
Vidal y Dr. F. Quesada Sanz, así como la exhortación que en su día recibió de X. C. Bermejo
a la lectura de Hanson. La responsabilidad de las opiniones aquí expuestas es únicamente del
autor. 
1
Hanson 1989.  
2
Parker 2010, 7-17. 
Borja Antela-Bernárdez
142
 
como batalla decisiva.
3
El término merece, sin duda, aclaración. Hanson
explica esta “pitched battle” como un enfrentamiento a campo abierto entre
dos formaciones de infantería, reunidas en el campo de batalla para matar o
morir. No obstante, el problema de la tesis de Hanson sobre la Western Way
of War resulta ya no de la definición teórica de ésta, sino de las
implicaciones que el “modo occidental” de la guerra suponen, de manera
intrínseca, en la explicación misma de la historia. Partiendo desde el
principio mismo, y siguiendo el hilo de los pensamientos de Hanson, parece
totalmente evidente que, en primer lugar, los griegos tienen un sistema
propio de combate que se opone completamente al de los persas, por
ejemplo, en el momento histórico culminante de la Antigüedad griega como
fueron las Guerras Médicas. La ecuación que resulta es bien sencilla: si
existe una diferencia en el modo de luchar de los griegos frente a los persas,
la victoria griega demuestra sin lugar a dudas que la forma de combatir de
los griegos es mejor que la de sus enemigos, lo cual es enfáticamente
refrendado nuevamente a la luz de los números del ejército persa, muchísimo
más numeroso que el esgrimido por los griegos. La victoria de éstos, pese a
la diferencia de efectivos, sólo puede deberse pues a la calidad de su forma
de luchar, es decir, a esa Western Way of War.
Parece pertinente entonces plantear algunas cuestiones que permitan
acabar de completar la definición de la Western Way of War. En primer
lugar, Hanson rechaza asociar la victoria griega al determinismo geográfico
o a cualquier otro tipo de argumento de carácter racial. En este sentido, los
griegos son considerados semejantes en capacidades a sus enemigos, sin que
pueda defenderse una diferencia entre ambos. Asimismo, si bien Hanson
valora en profundidad la importancia de la técnica, y en este sentido, debe
admitirse que las armas griegas en el conflicto contra los persas fueron
probablemente superiores, por el tamaño de las lanzas o la composición
metálica de sus escudos, de modo que la panoplia hoplítica griega era
claramente determinante en la lucha contra los persas, lo cierto es que el
autor no considera que esta diferencia pueda justificar con plena certeza las
razones de la victoria griega. En este sentido, la diferencia técnica debía
quedar probablemente contrarrestada por la diferencia numérica. Por lo
tanto, la verdadera razón de la victoria griega hay que buscarla en el modo
de lucha de los griegos, es decir, en la infantería hoplítica.
Resuelta, pues, buena parte de la ecuación, que nos revela que la Western
Way of War, además de la resolución de conflictos militares mediante la
“pitched battle”, es también una forma de combatir específica, que tiene su
origen en el mundo griego hoplítico, vale la pena detallar las características
                                                           
3
Bermejo 2004, 188: “Se llama batalla decisiva aquella en función de la cual se rige el
desenlace de una guerra. En esa batalla se concentran las principales fuerzas de los dos
ejércitos contendientes y quien obtenga la victoria gana la guerra”. 
The Western Way of War: Un modelo a debate
143 
 
que Hanson atribuye a la falange hoplítica. En este sentido, Hanson describe
la falange hoplítica como un sistema de combate fundamentado en
singulares características. En efecto, la falange hoplítica, a juicio de Hanson,
es el resultado de una conciencia de libertad personal por parte de los
hoplitas,
4
que a su vez es el producto de la participación de estos ciudadanos-
soldado en los sistemas representativos de los respectivos gobiernos de sus
poleis o ciudades-estado. Esta libertad se ve refrendada por un sentimiento
de camaradería igualitaria, resultado por una parte de los sistemas
representativos de las politeias de las ciudades-estado y, por otra, de las
necesidades vinculantes mismas del combate hoplítico, que basa su éxito
especialmente en la solidaridad entre los combatientes, al cubrir cada
soldado el flanco derecho de su compañero a la izquierda, de tal modo que
un error pone en peligro no sólo a quien lo comete, sino también a sus
compañeros, y por ende, a todo el grupo.
5
Esta fuerte solidaridad, a su vez,
se formaliza también en la aceptación de la iniciativa individual, de modo
que si bien cada soldado puede y debe mantener su puesto, a su vez, también
ha de decidir por sí mismo el curso del combate, de modo que la figura del
estrategos o general, pese a ser muy importante, no es, a juicio de Hanson,
del todo imprescindible en el ámbito del combate hoplítico, pues los
ciudadanos-soldado están capacitados, por sus costumbres en las asambleas
de las poleis respectivas, a participar, decidir y actuar en consecuencia. Estas
prácticas políticas son, pues, aplicadas también en el ejercicio de la guerra, a
juicio de Hanson, por la comunidad militar griega.
Por otra parte, la falange hoplítica, configurada como un cuerpo de
infantería cerrado, basado en la solidaridad de sus componentes, está
fundamentada en una importante disciplina, sin la cual los soldados huirían
ante el choque de armas con el enemigo, o simplemente no cubrirían el
flanco de su acompañante de la izquierda, lo que sin duda supondría el
desastre, al permitir una brecha en la formación. Aparte, las armas de la
falange hoplítica son claramente superiores a las de los enemigos.
6
De este
modo, la sencillez de las armas hoplíticas, pues la panoplia se compone al fin
y al cabo tan sólo de un escudo y una lanza, además de las armas que
protegen estrictamente el cuerpo (casco, coraza, grebas), permiten que la
falange hoplítica tenga una destacada flexibilidad táctica, como queda
demostrado posteriormente en ejemplos históricos como los relatados en la
Anábasis de Jenofonte o en las exitosas experiencias de Epaminondas en sus
enfrentamientos contra los poderosos espartíatas.
7

                                                           
4
Hanson 2004, 19.  
5
Echeverría 2005; Echeverría 2006; Echeverría 2010; Gallego 2007. 
6
Si bien este elemento definitorio no está presente con fuerza en Hanson 1989, sí que es
expuesto con posterioridad en Hanson 2004, 30-31. 
7
Hanson 1989, 19. 
Borja Antela-Bernárdez
144
 
En definitiva, planteadas las razones de la superioridad hoplítica con
respecto al resto de los posibles contendientes del Mediterráneo oriental en
su momento histórico, lo cierto es que para Hanson todas estas
características diferenciadoras no hacen sino subrayar, al fin y al cabo, la
más importante de las costumbres del combate griego, como es la de la
preferencia por las batallas de choque con tropas de infantería pesada. Más
allá, pues, de la falange hoplítica, el legado militar de los griegos está,
nuevamente, en la “pitched battle”, posibilitada por la importante innovación
militar de la falange, verdadero cuerpo revolucionario de infantería. Es,
pues, el enfrentamiento en una batalla de infantería (una infantería
conformada por unos hombres muy específicos, entre los que prima sobre
todo la libertad política, la solidaridad y la individualidad) lo que podemos
resumir como verdadera esencia del Western Way of War.
En resumen, podemos entender que lo que Hanson considera el origen de
la Western Way of War, es decir, la práctica militar griega, es resultado de
gobiernos consensuados de participación, igualdad entre los miembros de la
comunidad tanto a nivel político como jurídico, el control civil y
comunitario de las cuestiones militares, así como del individualismo y la
libertad que éste representa, el racionalismo aplicado no sólo a la
organización gubernamental sino también a las cuestiones militares y, por
último, a la necesaria separación entre política y religión.
8
En sí, Hanson
parece plantear estos argumentos como propios del mundo griego. En este
sentido, debemos clarificar que dichos elementos pueden ser aplicados al
mundo griego si éste se contrapone con su eterno enemigo, es decir, los
persas. En los relatos griegos, y en la historiografía desarrollada por
occidente a lo largo de los tiempos en relación con la lucha contra el mundo
oriental, los persas son entendidos, precisamente, como conceptualmente
opuestos a esta definición de lo griego.
9

Así, en la construcción del modelo propuesto por Hanson, los persas,
como ejemplo por antonomasia del bárbaro, así como de las culturas
orientales, son comprendidas en tanto que reverso del modelo griego, de
modo que su gobierno no se caracteriza, como en el caso helénico, por el
consenso sino por la autocracia, la voluntad de un soberano, con lo que la
igualdad queda negada, al igual que pasa con el control y discusión cívica de
las cuestiones militares, o el individualismo, que no tiene lugar en una
sociedad descrita y fundamentada en la sumisión a la autoridad de un único
gobernante, que no somete sus decisiones a la racionalidad, como puede
apreciarse constantemente en los relatos, por ejemplo, de Herodoto con
respecto a J erjes, sino como respuesta a sus deseos y designios personales.
                                                           
8
Hanson 2004, 39-41. 
9
Como queda patente en la retórica de la alteridad y los juegos de opuestos propuestos ya por
Esquilo en Los Persas. 
The Western Way of War: Un modelo a debate
145 
 
De este modo, esta óptica opone también la visión griega y la persa con
respecto a la religión, puesto que si bien Hanson defendía la existencia en el
mundo de las poleis de una separación entre religión y política, en el ámbito
bárbaro, y en concreto persa, la religión rige por encima de la política, al ser
considerado el Gran Rey más que un hombre, y ser por lo tanto obedecido y
venerado como una figura próxima a la divinidad. Evidentemente, en este
juego de alteridades, los griegos son el modelo correcto, y los persas su
antónimo reverso antagónico.
La definición del mundo griego que acabamos de exponer, formulada por
Hanson como fundamento de la importancia que concede a los griegos como
fundadores del Western Way of War, merece una cuidadosa reflexión. Como
decíamos, Hanson entiende que la revolución militar de los griegos se basa
en ese contexto de gobiernos de consenso, resultado del racionalismo
político, que además de plantear un control cívico de las cuestiones militares,
los valores de igualdad, individualidad y libertad adquieren un sentido
práctico y cotidiano, y donde la religión queda perfectamente separada del
ámbito de la política. Esta imagen del mundo helénico, que responde en gran
medida al esquema diseñado por el denominado “milagro griego”,
10
si bien
es totalmente tópica, no por ello es más real ni, mucho menos, aplicable a la
totalidad de la realidad antigua de Grecia. De hecho, el carácter democrático
o participativo de las decisiones es una cualidad bastante matizable dentro
del mundo de las poleis, donde si bien algunos gobiernos permitían la
participación de toda la ciudadanía, es bien sabido que ni todos los griegos
abrazaban este tipo de sistemas de organización, ni la totalidad de la
ciudadanía incluía o representaba, en efecto, al conjunto de los habitantes de
una comunidad.
11
Sobran, pues, los ejemplos de sistemas oligárquicos, como
el de Esparta, o incluso tiránicos y monárquicos, dentro de la Historia
Antigua de Grecia como para que resulte necesario proponer graves matices
al planteamiento de partida propuesto por Hanson. Asimismo, la
individualidad y la libertad son, por otra parte, valores clara y marcadamente
atenienses, que nuevamente no pueden generalizarse al conjunto de la
heterogénea comunidad helénica, donde nuevamente Esparta sobresale como
modelo de grupo, en el que la individualidad no es un valor ciertamente
apreciado, pues chocaría con la mentalidad igualitaria de los homoioi. Así
bien, la individualidad resulta una cualidad bastante poco útil en el ámbito de
la práctica militar griega, donde es el grupo, es decir, la falange, la que debe
sobreponerse por encima de cada uno de los individuos.
En cuanto a la racionalidad, podemos decir que en muchas ocasiones ésta
es también una característica tópicamente asociada al mundo griego, a partir
                                                           
10
Gernet 1983; Tourraix 2000. 
11
Como queda perfectamente ejemplificado en los diversos estudios compilados por Brock /
Hodkinson 2002. 
Borja Antela-Bernárdez
146
 
de la tradicional explicación del mismo como cuna de la filosofía. No
obstante, parece necesario aclarar que si bien existen filósofos provenientes,
según nuestros conocimientos, de buena parte del mundo griego, lo cierto es
que su influencia se centra con especial incidencia en el caso ateniense.
Asimismo, aunque conocemos la presencia y el valor de filósofos en otros
contextos, como ejemplifica Aristóteles y su relación con la corte
macedonia, por mencionar un caso bien conocido, no podemos generalizar
que existiese una comunidad de filósofos racionales por toda la numerosa
cantidad de ciudades griegas. Poco menos podemos, aun, asegurar que toda
acción militar griega estaba basada sencillamente en la racionalidad.
12

Ejemplos como los de las desastrosas campañas del general ateniense
Demóstenes en Grecia central
13
o el intento mismo de invasión de Sicilia,
14

ambos durante la Guerra del Peloponeso, demuestran que la racionalidad ni
está garantizada en el mundo griego ni es aplicable de manera estricta a un
ámbito como el militar, donde la razón debe competir en igualdad de
condiciones con el valor, la fortuna o la fuerza de los contendientes.
Por último, Hanson señala que la política, y en especial entiendo que
también la política militar, estaba perfectamente separada del ámbito de la
religión. Tal afirmación, que parece querer subrayar nuevamente el carácter
racional del mundo griego, está bien lejos de la realidad que conocemos para
los antiguos helenos. En primer lugar, baste mencionar algún ejemplo, como
el juicio de Sócrates o la expulsión de los Alcmeónidas de Atenas tras el
asesinato por Megacles del potencial tirano Cilón, para demostrar que en la
sociedad griega, como en cualquier otra sociedad, incluyendo la nuestra
propia,
15
el pensamiento político y religioso difícilmente están disociados.
16

De hecho, incluso los espartanos, culminación cultural de la formación
hoplítica, mostraron ciertas reticencias ante el combate a lo largo de las
guerras médicas por razones religiosas, como las fiestas carneias que
evitaron la presencia del ejército espartano al completo en las Termópilas
17
o
las celebraciones religiosas que también les había obligado a ausentarse del
enfrentamiento con los persas en Maratón. Asimismo, también Tucídides
recurre al pensamiento religioso cuando ha de explicar la peste en Atenas
durante los primeros tiempos de la Guerra del Peloponeso, al formular de
                                                           
12
Dodds 1980. 
13
Thuc. III. 97 
14
Thuc. VII, 87.  
15
Baste recordar que el nuestro tiempo presente los cargos públicos se juran también, en
ocasiones, ante Dios, o que las monedas de no hace tanto mantenían el lema “por la gracia de
Dios”, un homólogo del texto “With God from our side” que todavía puede leerse en los
billetes de EEUU, por mencionar algunos ejemplos. 
16
Buenos ejemplos son los estudios de Edmunds 1971 o Antela-Bernárdez 2009. 
17
Hdt. VIII, 72. 
The Western Way of War: Un modelo a debate
147 
 
nuevo el carácter sacrílego de los Alcmeónidas y el castigo de los dioses a
Atenas, a causa del gobierno de Pericles.
18

Todas estas reflexiones no hacen sino poner de manifiesto que los
argumentos del modelo definido por el esquema del Western Way of War
parecen, ciertamente, un tanto endebles. Sin embargo, resulta sorprendente
este hecho, teniendo en cuenta que Victor D. Hanson es, tal y como ha
demostrado frecuentemente, un excelente historiador de la Antigüedad. No
obstante, la serie de tópicos que fundamenta el Western Way of War no
parece responder directamente al conocimiento que tenemos sobre el mundo
griego antiguo. Vale la pena, entonces, retornar al principio teórico de este
modelo para analizar el porqué de tales generalizaciones en el discurso
histórico de Hanson.
Partamos, pues, nuevamente, de la definición básica y más sencilla del
Western Way of War, o mejor dicho, en este caso, de los fundamentos de la
revolución griega sobre el modo de hacer la guerra, es decir, de la falange
hoplítica. Ya apuntábamos con anterioridad que Hanson considera que la
característica principal y más fundamental de la forma de hacer la guerra de
los griegos es la “batalla campal” o “batalla decisiva” entre soldados de
infantería. Este tipo de batallas abiertas y con carácter de resolución
definitiva de un conflicto, donde los ciudadanos de cada una de las ciudades
en litigio se reunían con su panoplia para decidir y dirimir sus posibles
diferencias mediante un único combate de infantería había recibido ya la
atención pormenorizada de Hanson en una obra anterior a la del año 1989.
En efecto, en su tesis doctoral y en la publicación posterior correspondiente,
que recibió el título de Warfare and Agriculture in Classical Greece, Hanson
ya planteaba la importancia de este tipo de enfrentamientos, denominados
particularmente con el término griego agón,
19
de carácter, digamos, selectivo
y puntual como mecanismo de regulación de los conflictos entre las poleis y
la importancia de los mismos dentro de la economía agraria del mundo
griego. Ciertamente, los agones sirvieron durante buena parte de la época
arcaica para que las distintas comunidades griegas resolviesen sus conflictos
desde una perspectiva militar, sin que por ello tuviesen que declararse una
guerra formal. De hecho, para las pequeñas comunidades griegas de las
poleis, una guerra hubiese supuesto en la mayor parte de los casos un grave
riesgo para la supervivencia de la comunidad, teniendo en cuenta las
capacidades demográficas medias del mundo de las poleis.
Asimismo, la guerra, en tanto que invasión y destrucción de las
propiedades del enemigo debió ser una práctica bastante extraña en el mundo
griego anterior a las Guerras Médicas. Por una parte, para una invasión sería
                                                           
18
Thuc. II, 47. 
19
Lee 2006, 484-5. 
Borja Antela-Bernárdez
148
 
necesario movilizar de manera permanente a un contingente de soldados. En
primer lugar, estos soldados u hoplitas eran ciudadanos que, salvando el caso
aislado de Esparta, no se dedicaban a un entrenamiento cuidadoso en el
ejercicio de la guerra, sino que eran normalmente pequeños propietarios
agrícolas, comerciantes y artesanos que en un momento dado eran
convocados para defender los intereses de la comunidad por medio de las
armas. La práctica del agón les permitía no tener que ausentarse demasiado,
en todo caso no más de una jornada, a lo sumo, de sus asuntos y de sus
negocios, razón que permitía a su vez una correcta salud económica y social
en sus poleis. En segundo lugar, como el propio Hanson plantea, la invasión
con carácter destructivo resultaba, pues, una práctica que iba en contra de los
intereses mismos de los posibles contendientes invasores, puesto que, en
tanto que efectivos reclutados entre la población agrícola y urbana, no sólo
no podían abandonar por mucho sus cultivos o talleres, sino que no veían
con aceptación la destrucción de unas propiedades agrícolas, por medio de la
invasión, que podían acabar motivando las represalias de los enemigos, por
lo que la invasión acababa por poner en serio riesgo sus propios intereses
económicos.
20
De este modo, Hanson propone la interesante hipótesis de que
no es la devastación del terreno del enemigo lo que podríamos llamar el
objetivo de los enfrentamientos bélicos del mundo griego antiguo (de época
pre-helenística), sino que este lugar lo ocupa la batalla, en tanto que
enfrentamiento resolutorio de conflictos. La batalla en tanto que pitched
battle, en tanto que “batalla campal” o “batalla decisiva”.
Este interés de Hanson por las relaciones entre agricultura y práctica
militar tiene mucho que ver con su propio bagaje personal. El autor
proviene, en efecto, de una larga tradición familiar de agricultores.
21

Asimismo, sus ancestros inmediatos compartieron con los griegos que
Hanson estudia no sólo el vínculo con la agricultura, sino también con la
infantería.
22
En este sentido, el esquema propuesto por Hanson, según el cual
los agricultores griegos eran los pilares fundamentales de la infantería
hoplítica,
23
más allá de que sea cierto, no deja de parecer una reminiscencia
sobre su propia visión de la realidad actual. De lo que Hanson parece querer
expresarse, entonces, es ya no de la realidad antigua, sino que, como
                                                           
20
Por otra parte, Hanson ha defendido que la destrucción de propiedades agrícolas no es tan
sencilla, y por tanto, sería necesario evaluar con cautela los juicios que hasta el momento la
historiografía ha emitido de forma tradicional sobre el impacto de las guerras de invasión en
el ámbito de los grandes conflictos del mundo griego, en especial en relación con la Guerra
del Peloponeso. De este modo, Hanson defiende que la capacidad de los hoplitas para destruir
granjas o cultivos, incidiendo así en la economía enemiga, resulta un argumento totalmente
cuestionable: Hanson 1983, 1-16, especialmente 12. 
21
Hanson 1989, ix. 
22
Hanson 1989, 19-21; Hanson 1999, 1. 
23
Hanson 1999, 219, por señalar un buen ejemplo. 
The Western Way of War: Un modelo a debate
149 
 
cualquier otro historiador,
24
en realidad lo que quiere exponer es una
preocupación contemporánea, inminentemente actual. Al fin y al cabo, como
decía el mismo K. J aspers, se trata de ser constantemente presentes.
Más allá de esta problemática, lo cierto es que Hanson, llegados a este
punto de la explicación, no parece diferenciarse demasiado del resto de los
estudiosos del mundo antiguo. No obstante, lo sorprendente del caso es el
éxito que el término Western Way of War adquiere desde 1989, y el valor
que de él parece comprender el resto de la comunidad intelectual, al
emplearlo, y del resto de los lectores, al comprender correctamente a qué se
refiere dicho término. Resulta totalmente pertinente, entonces, explicar
pormenorizadamente el contexto en el que se fundamenta el éxito de la
propuesta de Hanson, así como la tradición específica en la que se enmarca.
En 1989, junto con la aparición de Western Way of War de Hanson, se
publicó también el famoso libro de Fukuyama The End of History and the
last man
25
que preconizaba el final de la historia, a raíz de la caida del muro
de Berlín. Esta obra, a pesar de basarse generalmente en razonamientos
habitualmente falaces y en una relectura bastante discutible de las teorías
sobre el materialismo de corte hegeliano en relación con la posibilidad de
descubrir los patrones de comprensión del la Historia,
26
obtuvo un
importante éxito debido a la hipótesis propuesta de que la caída del
comunismo suponía invariablemente la afirmación de que el liberalismo
democrático capitalista era la única opción viable, tal y como demostraba el
fracaso del bloque soviético, también conocido como bloque “oriental” en
oposición al bloque occidental, liderado por EEUU. En este sentido, Hanson
y Fukuyama parecen convivir en parámetros muy próximos de concepción
de la realidad, especialmente histórica.
Evidentemente, la confrontación y el terror provocado por la lucha entre
el bloque soviético u oriental y el bloque occidental a lo largo de la Guerra
Fría debió tener fuertes influencias en la formación de ambos autores, como
en la de tantos otros. En este sentido, el contexto posterior a 1989 no cambia
demasiado buena parte de estos conceptos de oposición y antagonismo,
como queda reflejado en la tesis de Samuel Huntington, quien publicó en
1993 un artículo titulado “The Clash of Civilizations?”.
27
La teoría de
Huntington, que posteriormente quedaría popularizada y desarrollada con
mayor amplitud en un libro,
28
definía una civilización como una cultura más
                                                           
24
Bermejo 2004, 193. 
25
Fukuyama 1992.  
26
Las teorías de Fukuyama iniciaron un duro debate en el seno de la disciplina histórica. Los
discutibles fundamentos expuestos por Fukuyama fueron discutidos por múltiples autores, de
los que las obras de Bermejo 1987 y Fontana 1992. 
27
Huntington 1993. 
28
Huntington 1997. 
Borja Antela-Bernárdez
150
 
o menos cerrada y con una tradición cultural más o menos hermética e
impermeable, que por ende, se encuentra en oposición con otras
civilizaciones con tradiciones diferentes.
29
No estamos ahora volviendo
nuevamente a los muy manidos conceptos definitorios de la entramada y
compleja dependencia colonial del s. XIX con respecto a los términos de
Cultura o Civilización,
30
que ya ha sido ampliamente estudiada.
En este sentido, la clave de la propuesta de Huntington está en el deseo de
supervivencia de cada civilización, que conlleva inexorablemente también la
necesidad intrínseca del enfrentamiento de ésta con otras civilizaciones.
31
En
suma, parece evidente que Huntington vuelve a poner en boga el debate que
ya en su día habían iniciado Spengler y Toynbee sobre la idea del choque de
civilizaciones.
32
No obstante, la propuesta de Huntington tiene ahora un
claro destinatario, al poder enmarcarse, al menos de manera consciente y
directa, teniendo en cuenta la fecha de su primera formulación en 1993, en el
esquema ya expuesto por Fukuyama y otros con respecto a la oposición entre
oriente y occidente. Al fin y al cabo, no mucho después del libro de
Huntington, que ve la luz en 1996, E. Said explicará en su ya mítico
Orientalismo las claves de la configuración de una perspectiva occidental
sobre el mundo oriental en tanto que monolítico, sumiso, ausente de
dinamismo y dominados por una devoción religiosa que impedía el éxito de
la razón.
33
La exposición de Said no trataba sino de poner en relieve toda una
serie de estrategias de poder que condicionaban directamente la perspectiva
que desde occidente se construía sobre oriente. Lo cierto es que trabajos
como los de Huntington, y en cierto modo, al oponer el modelo capitalista
occidental al soviético oriental, también el de Fukuyama, supusieron
nuevamente un retorno a la construcción apriorística de arquetipos de
comprensión de la realidad, y sobre todo, a la construcción de opuestos. De
este modo, oriente y occidente se encontraban cara a cara, y al menos según
la perspectiva de Huntington, cada uno de ellos se encontraba en oposición
con el otro con el objetivo de asegurar su propia supervivencia.
Al hilo como decíamos de las ideas de Toynbee
34
sobre el choque de
civilizaciones, Huntington plantea un escenario histórico futuro al
reflexionar sobre el s. XXI desde 1993 y 1996 respectivamente. En este
sentido, supone que los agentes históricos del s. XXI ya no serán, como en el
                                                           
29
Huntington 1997, 46-63. 
30
Bermejo 2009, 289-400. 
31
No cabe mencionar aquí las similitudes de este esquema con la teoría del “Imperialismo
Defensivo” romano, por poner un ejemplo bien estudiado, aunque existe, ciertamente, una
cierta reminiscencia a sistemas interpretativos como el planteado por Mommsen. Vid. Duplà
2005. 
32
Huntington 1997, 45. 
33
Said 2009.  
34
Bermejo 2009, 364-386. 
The Western Way of War: Un modelo a debate
151 
 
XIX o el XX las clases sociales, ideologías o los sistemas económicos (una
clara reminiscencia de la perspectiva propuesta por Fukuyama), sino las
civilizaciones. De este modo, la lucha de clases y la Guerra Fría pasarán a
ser sustituidas rápidamente y como constante del nuevo siglo por las
civilizaciones, quienes protagonizarán los principales conflictos del futuro
inmediato. De este modo, Huntington defiende que los conflictos entre
civilizaciones son absolutamente inevitables, pues cada civilización tiene
valores sensible y significativamente opuestos y distintos.
No deja de resultar curioso que Huntington se considere a sí mismo una
especie de reacción contra las tesis del final de la Historia de Fukuyama,
puesto que en muchos sentidos ambos comparten el mismo marco
explicativo. No obstante, frente al triunfalismo de Fukuyama ante el éxito
del capitalismo y del liberalismo democrático, Huntington llama la atención
sobre otra amenaza, no contemplada probablemente en el marco de la caída
del muro o el conflicto de la Guerra Fría. De este modo, Huntington define
el mundo en grupos o civilizaciones, entre las cuales destaca por su
extensión y por su poderío económico la que él denomina “civilización
occidental”, que se extiende por Norteamérica, Europa, Sudamérica y
Rusia.
35
La redefinición no es baladí, ya que le permite retomar el esquema
de los opuestos presente en el conflicto de la Guerra Fría, pero incluyendo
ahora en el bloque occidental a algunos nuevos aliados, como por ejemplo
Rusia, claramente desvinculada desde un punto de vista histórico y también
geográfico de cualquier intento de segmentación del mundo en las dos partes
de occidente y oriente. Frente a esta Civilización Occidental aparecen otras
civilizaciones, aunque su envergadura es claramente menor en comparación
con la occidental.
Curiosa resulta también la perspectiva básica de fricción o fractura
propuesta por Huntington, quien considera que la raíz de los conflictos entre
civilizaciones vendría determinada, de manera casi fundamental, por las
divergencias religiosas.
36
En este sentido, y como acontecía en la definición
que Hanson tomaba de los autores griegos, volveríamos en pleno siglo XXI a
la construcción de la alteridad mediante factores geográficos básicos, y a la
negación de la racionalidad e individualidad por causas de religión. En este
caso, Huntington peca probablemente de extrema simplicidad descriptiva, al
diseñar su mundo de civilizaciones en dos claros bloques: por una parte
occidente, y por otra el resto. Asimismo, desde un punto de vista
estrictamente espacial, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que todo
lo que no es occidente pertenece, por exclusión, a oriente. Al fin y al cabo, y
con ciertos intentos de aportar una perspectiva más compleja, Huntington
                                                           
35
Huntington 1997, 51-53. 
36
Huntington 1997, 112-120. 
Borja Antela-Bernárdez
152
 
nos ha llevado al mismo lugar de partida, es decir, a la confrontación entre
Oriente y Occidente, algo que, como sabemos, es perceptible desde
Herodoto.
La teoría del “Choque de Civilizaciones” de Huntington tuvo su respuesta
por parte, precisamente, de autores insertos en el ámbito de las civilizaciones
que Huntington hubiese englobado en el ámbito oriental. De una parte,
Muhammad Khatami, en su momento presidente de Irán, promovió una
reflexión contraria a la confrontación mediante su participación en una
reunión de las Naciones Unidas en septiembre de 2000, donde defendía
precisamente un concepto antitético a las tesis de Huntington, como era el
“Diálogo entre civilizaciones”. Esta perspectiva, claramente constructiva y
sostenible, era fundamentalmente enriquecedora al comprender el contacto
entre culturas y pueblos como una manera óptima de transmisión de
conocimientos y tradiciones, que permite habitualmente relativizar lo propio
mediante el conocimiento y observación de la realidad ajena. Esta
perspectiva integradora recibió un nuevo impulso por parte de las
instituciones internacionales gracias a la acuñación por parte de J . L.
Rodríguez Zapatero del término “Alianza de Civilizaciones”, claramente
heredero del de Khatami, una propuesta que defendía la formulación de una
alianza entre occidente y los paises árabes y musulmanes. La propuesta, que
tuvo lugar originalmente en una Asamblea General de la ONU en septiembre
de 2004, obtuvo un marco formalizado en 2007 cuando las Naciones Unidas
lanzaron su programa, con el título mismo de “Alianza de Civilizaciones”,
que incluía una serie de foros de diálogo y diversas medidas que
favoreciesen la comunicación entre países, pero que en el fondo tenía como
objetivo explícito la lucha contra el terrorismo a nivel mundial.
Dejemos un momento el problema de la relación entre la antítesis oriente-
occidente y el terrorismo para retomar la cuestión misma de la idea de las
civilizaciones, desde Huntington hasta la Alianza. En este sentido, los
politólogos, sociólogos, historiadores, ensayistas y humanistas varios han
planteado diversas perspectivas a este respecto. No obstante, resulta muy
interesante preguntarse por el concepto de identidad, que en el fondo es el
que acaba por definir a las personas dentro de un esquema tan global como
el de las civilizaciones. La pregunta, entonces, no es otra que a qué
civilización corresponde una persona. Evidentemente, hay muchas personas
que sólo pueden estar vinculadas, probablemente, a una civilización. No
obstante, hay muchas otras que viven entre civilizaciones, que conviven con
diversos mundos culturales. En este sentido es cuando el ámbito discutido y
problemático de las identidades entra en liza. En 2006, Amartya Sen,
reconocido economista indio y premio Nobel en 1998, publicaba un ensayo
The Western Way of War: Un modelo a debate
153 
 
titulado Identity and Violence: The Ilusion of Destiny,
37
en el cual se
preguntaba por esta misma problemática de las identidades, y de cómo la
oposición entre civilizaciones, tal y como se formulaba en discursos como el
de Huntington, afectaba en sí a las identidades mismas. Sen afirmaba
entonces que los conflictos se sustentaban, en el pasado y en el presente, por
causa de la ilusión de una identidad única. Por contra, Sen defendía la
pluralidad identitaria, no monolítica sino polifacética, incluso poliédrica.
38

En este sentido, teorías como las de Huntington desvirtuarían y anularían el
valor de las relaciones de interacción, materiales e intelectuales, entre
diversas identidades, entre diversas culturas o civilizaciones.
Asimismo, esta discusión sobre la posibilidad de construir realidades
plurales en positivo ha tenido diversos seguidores, que a lo largo de los
últimos años han conseguido pronunciarse con respecto a esta alienación de
la alteridad, que convertía la diferencia en una amenaza. Como ejemplo,
mencionaremos aquí la interesante obra de Amin Maalouf, autor de ficciones
que en 1998 decidió pronunciarse sobre esta difícil problemática, publicando
su libro Les Identités meurtrières,
39
donde planteaba la identidad de las
personas como el resultado de un conjunto de culturas, especialmente a raíz
de un mundo como el de la modernidad, marcado por los movimientos
demográficos, por la globalización informativa y por la múltiple difusión de
las culturas gracias a los medios, a la prensa, a la literatura y ahora también,
a internet. De este modo, resulta imposible hablar, entonces, de una
identidad única, sino de identidades que se forjan mediante la suma de
elementos diferentes, provenientes de diversos códigos culturales, de
diversas tradiciones o civilizaciones.
En este punto, parece necesario retomar nuevamente los aspectos básicos
que hemos revisado sobre la oposición entre Oriente y Occidente en el
marco cronológico de publicación de las obras de Hanson. Asimismo, vale la
pena detenernos en un aspecto clave para comprender el Western Way of
War, como es el de la disciplina de la Historia de la Guerra. En este sentido,
probablemente desde la Antigüedad, los estudios sobre la guerra han servido
como ejemplos múltiples de cara a generar modelos de comprensión no sólo
del ámbito bélico, sino incluso de la formación del carácter y de la
naturaleza humana misma.
40
No obstante, Hanson es heredero excepcional y
distinguido de una tradición mucho más reciente, que quizás pese a la
distancia comparte todavía algunos aspectos con la concepción de los
antiguos. Así, frente a la perspectiva de los estudios sobre estrategia y guerra
                                                           
37
Sen 2009. 
38
Sen 2009, 233-262 
39
Maalouf 2004. 
40
Las referencias en la las fuentes antiguas a esta concepción son abundantes. Un buen
ejemplo es el recogido en Pol. 3.3.4; 28.21.3. 
Borja Antela-Bernárdez
154
 
desarrollados durante el s. XIX y principios del XX, donde el historiador se
veía completamente alejado de la experiencia misma del soldado, y
planteaba sus observaciones, hipótesis y resultados siguiendo la tradición
más clausewitziana, la nueva Historia Militar planteada desde la II Guerra
Mundial está marcada por una fuerte perspectiva subjetiva, realista y cercana
para con el soldado y con el sufrimiento del combate. En este sentido, una
buena parte del mérito en la nueva formulación de este tipo de relatos
historiográficos les corresponde a autores como J ohn Keegan. Quizás como
resultado de la postmodernidad, o tal vez simplemente a raíz de los
espeluznantes relatos compuestos por imágenes y testimonios de la II Guerra
Mundial, donde la razón de la sinrazón de la guerra adquiere proporciones
universales y sobrepasa incluso en ocasiones la capacidad humana para la
comprensión,
41
Keegan y otros plantearon una nueva redacción de los
acontecimientos, donde abandonaban el protagonismo del estratega que
contempla la batalla, al estilo de Clausewitz, para llevar al lector al mismo
frente, al pelotón, al combate, al fragor más intenso de la batalla. De este
modo, la guerra pasa a ser ya no un juego de ingenio entre avezados
generales, entre hombres especializados, sino que se convierte en una
cuestión antropológica, en un elemento fundamental y natural de la cultura
humana. La experiencia del combate abandona su refinada distancia para
transmitir al lector las emociones, dolores, flaquezas y esencias del soldado
ante la muerte. Al fin y al cabo, la guerra supone el enfrentamiento del
hombre contra el hombre, y a su vez, también la encarnación misma de la
supervivencia, en la elección última entre matar o morir.
42

Esta aproximación directa a la vida más cotidiana y realista de la vida de
un soldado tiene en la obra The Face of Battle, de J . Keegan, una de sus más
interesantes exposiciones. En este sentido, Hanson parece ser, en cierto
modo, un alumno muy aventajado de Keegan,
43
pues su propuesta de recrear
la experiencia hoplítica y aproximarla al lector como nunca antes se había
hecho, hasta convertir la comunión entre el lector y el hoplita en una
experiencia directa de empatía y comprensión, ha sido merecedora de un
gran éxito dentro y fuera del mundo académico.
44
No obstante, Keegan y
Hanson comparten, además de su forma de discurso, algunos conceptos
destacados. En este sentido, destaca la afirmación de Keegan de la guerra
                                                           
41
Como ejemplifica perfectamente el novelista K. Vonnegut en su relato de las aventuras del
soldado Billy Pilgrim (Vonnegut 2007).  
42
Otro ejemplo destacable, aunque diferente, es el planteado por Tritle 2000. 
43
Hanson 1989 aparece prologado por el propio Keegan. Asimismo, Hanson publicó en un
libro titulado The Soul of Battle, en clara reminiscencia al título de Keegan (Hanson 1999). 
44
A pesar del fuerte rechazo que Hanson muestra por la tradición historiográfica, así como
por los estudios clásicos (Hanson 1989, 19; Hanson 1998).  
The Western Way of War: Un modelo a debate
155 
 
como algo inherentemente cultural.
45
En este mismo sentido se pronuncia
también G. Parker, al sentenciar que cada cultura tiene un modo propio de
hacer la guerra.
46

Evidentemente, tal y como hemos visto hasta ahora, la obra de Hanson se
enmarca en un contexto cultural de discusión y definición de lo propio y lo
ajeno donde las realidades culturales humanas se describen mediante la
segmentación geográfica del eje oriente-occidente. En consecuencia con
cuanto hemos expuesto aquí, lo cierto es que no resulta difícil pensar que si
toda cultura, siguiendo la afirmación de Keegan y Parker, o civilización, por
seguir la nomenclatura de Huntington, tiene una forma de luchar, entonces
podemos definir una forma occidental de luchar, y a su vez, mediante la
Historia Militar, estamos capacitados para llevar a cabo un sondeo histórico
de carácter reflexivo para encontrar las bases y el origen de dicha forma
occidental de hacer la guerra. Este es, al fin y al cabo, el objetivo de Hanson.
Y así lo expresa de forma explícita en su Carnage and Culture, donde se
expone a la perfección la teoría de que las grandes batallas de la Historia
pueden servir para desentramar el pulso identitario de una civilización.
47
En
este sentido, el conocimiento de la historia, y de la historia de la Grecia
clásica en particular, puede proveernos, en palabras de Hanson, de la única
explicación de cómo las preocupaciones pragmáticas de nuestra cotidianidad
pueden ser solucionadas.
48
Está claro, pues, que existe un mensaje en el
legado griego, especialmente en el legado militar, que Hanson considera
capital para su aprendizaje en la actualidad. Sin duda, se refiere, más que a
ninguna otra cosa, al Western Way of War.
Volvamos entonces, una última vez, al concepto mismo de “pitched
battle” o “batalla campal” o “batalla decisiva”, verdadero puntal definitorio
del Western Way of War. Definitivamente, si éste es el legado principal de
los griegos, según hemos visto, su valor debe estar relacionado con la
entidad cultural de la guerra. Es decir, que la “pitched battle” es la forma
cultural de hacer la guerra. Y asimismo, la cultura griega, no podemos
dudarlo a estas alturas, en la mentalidad de Hanson como en la de
muchísimos otros, es la semilla de la cultura/civilización occidental. Ergo,
todo cuanto hemos dicho que caracteriza la forma griega de hacer la guerra
también es fundamentalmente aplicable a la forma occidental de hacer la
                                                           
45
Hanson 1989, xii.  
46
Parker 2010, 7. Deberíamos plantearnos aquí mismo hasta qué punto el interesante
planteamiento de relato humano del combate por parte de Keegan y Hanson deja de tener
sentido si no hace referencia a una experiencia humana de carácter universal, sino tan sólo
cultural.  
47
Hanson 2004, 25, 27. 
48
Hanson 1989, 7: “Classical Greece still offers us the best – perhaps the only intellectual –
explanation for how the pragmatic concerns of our own daily existence in Western societies
have been addressed and solved”.  
Borja Antela-Bernárdez
156
 
guerra en cualquier otra época posterior hasta la actualidad. Así, libertad,
individualidad, democracia y representación o separación entre ámbitos
político y religioso, si bien hemos visto que no eran en sí realmente válidos
para el mundo griego, sí que podemos aceptarlos como representativos,
descriptivos y definitorios de lo que llamamos el mundo occidental, de la
civilización occidental. Evidentemente, este es un juego de contrarios, como
hemos ido viendo a lo largo de estas líneas, y por ende, cualquier afirmación
supone directamente la negación de lo opuesto. Es decir, que cuando Hanson
define el mundo griego, define también la esencia cultural del mundo
occidental a lo largo del tiempo, pero más todavía, define también en
negativo aquello que no menciona directamente, pero sin el cual no podría
existir un modo occidental de hacer la guerra, como es la forma oriental de
hacer la guerra.
Sobre la forma oriental de hacer la guerra, Hanson no dice mucho. Hay
que leer entre líneas para encontrar dos explicaciones de cierto interés. En la
primera de ellas, Hanson se expresa de forma críptica y, en cierto modo,
subliminal: “Americans, despite their Revolutionary tradition of surprise
attacks and ambushes by a motley collection of guerrilla frontiersmen, are
the most recent captives of this classical legacy”.
49
Esta afirmación encierra,
por una banda, la confirmación de la conciencia totalmente actual del
mensaje que Hanson quiere transmitir, cuya validez es plenamente
contemporánea, pues, como queda reflejado, America es la más destacada
receptora del legado griego del Western Way of War. Sin embargo,
sorprende la expresión utilizada, ya que, si bien los americanos son los
herederos de la Grecia Clásica, lo cierto es que lo son ahora, en el presente, a
pesar de que en otros tiempos emplearon ataques por sorpresa y emboscadas,
mediante técnicas de guerrilla.
Esta descripción de antónimos se ve reforzada por otra explicación, pocos
párrafos después: “The heavy infantry, the tactics of direct assault, and the
very firepower of American and European armies, which once captured the
public imagination as somehow 'heroic', have proven embarrassingly
ineffective in the postcolonial conflicts and terrorist outbreaks of the era
since the Second World War, as the men of the West have become bogged
down in the jungle and the mountainous terrains of Africa, Latin America,
and Southeast Asia (…). Instead, the guerrilla and loosely organized
irregular forces, the neoterrorists who for centuries have been despised by
Western governments and identified with the ill-equipped, landless poor,
now command attention, fear, or even admiration, not merely on political
grounds, or even through any brilliance of combat, but rather because of
their uncanny success at ambush and evasion of direct assault: they seek not
                                                           
49
Hanson 1989, 10. 
The Western Way of War: Un modelo a debate
157 
 
to engage in but rather to avoid infantry battle”.
50
La claridad de este
fragmento es absolutamente meridiana. Frente al Western Way of War,
caracterizado por la batalla de infantería, existe otra forma de hacer la guerra
que se basa en las emboscadas, en la guerrilla, y en definitiva, en el
terrorismo. De forma directa, Hanson describe también a aquellos que
protagonizan este tipo de acciones de guerrilla como “landless poor”, en una
clara oposición a aquellos que hemos definido por medio del modelo de la
Western Way of War como el modelo de los soldados occidentales, los
hoplitas, considerados tradicionalmente como propietarios agrarios.
51
En este
sentido, diversas conclusiones son posibles. Nos quedaremos con una sóla,
ahora mismo, como es la idea inherente al texto de la incapacidad de los
ejércitos occidentales para hacer frente a día de hoy a este tipo de lucha de
guerrillas, de terrorismo, como dice Hanson, después de más de 2500 años
de supremacía absoluta de las armas occidentales, del Western Way of
War.
52

Así pues, la oposición entre oriente y occidente adquiere también en el
ámbito militar un carácter de antítesis, al confrontar Western Way of War
con terrorismo. Algunos analistas han planteado incluso la oposición con
otros términos, más abruptos y exentos de los matices necesarios, como por
ejemplo Western Way of War vs. Yihad o Guerra Santa.
53
En esencia, queda
totalmente vinculada esta oposición con la definición misma que Hanson
planteaba para el Western Way of War en tanto que política laica,
racionalismo y separación de las cuestiones militares y religiosas. El juego
de opuestos resulta plenamente evidente.
El problema, sin embargo, es plenamente actual, y si bien existían plenas
certezas con respecto a la capacidad militar de occidente, representada a
menudo en la hegemonía mundial de las armas estadounidenses, lo cierto es
que la situación de nuestro presente dista mucho de aquellos tiempos de
1989 en que Hanson publicaba su libro, popularizando el término que nos
ocupa, y de la aplastante victoria occidental en la Guerra del Golfo, entre
1990 y 1991. Desde la invasión de Irak en 2003 por parte de una coalición
internacional de potencias lideradas por EEUU y motivada por la política de
persecución del terrorismo islamista, así como de otro tipo de intereses más
                                                           
50
Hanson 1989, 11. 
51
Asimismo, Hanson considera a los campesinos o propietarios agrícolas los mejores
soldados, una idea que no es original de Hanson, sino que ya aparece en obras anteriores,
como ejemplifica la expresión de Parke 1933, 1: “In spite of this elementary character of
Greek warfare their soldiers were often superior to those of the rest of the world”. 
52
Hanson 1989, 9. 
53
Vale la pena observar el modo en que se contraponen los conceptos de Oriente y Occidente
junto con las relaciones alrededor de las cuestiones de acción, dinámica histórica, libertad y
religión, como ejemplifica de manera magnífica la obra de I. Buruma y A. Margalit (Buruma /
Margalit 2005, 76-79, 96-97). 
Borja Antela-Bernárdez
158
 
prosaicos y materiales, el dominio mundial de las armas occidentales se ha
visto cuestionado. La ausencia de verdaderos resultados definitivos en una
guerra que, aun ahora, todavía parece durar, y la incapacidad de Occidente, a
pesar de sus vastos recursos técnicos y económicos, para someter y vencer
de forma definitiva ha motivado que la validez del Western Way of War haya
sido cuestionada. Si bien esta forma occidental de hacer la guerra, a juicio de
la comunidad historiográfica que ha seguido el modelo comprensivo de
Hanson, ha sido un agente básico de la historia, lo cierto es que ahora mismo
la era del Western Way of War, a juicio de algunos investigadores y como
resultado del fracaso de EEUU en Irak, parece tocar a su fin. Así rezan ya
algunas obras recientes, como la del prestigioso investigador Ian Morris,
titulada Why the West Rules – From Now. The patterns of History and what
they revealed about the Future,
54
un curioso ejercicio que parece invitar a la
adivinación, en vistas a que el porvenir se presenta incierto y oscuro, una vez
que quizás el dominio de occidente, fundamentado por su Western Way of
War, empieza a ser puesto en entredicho.
Para finalizar, considero necesario plantear una profunda reflexión, en
suma, como resultado de los datos aquí expuestos, y plantear a su vez una
serie de conclusiones personales, que señalo a continuación. En primer lugar,
el sistema teórico del Western Way of War se basa en premisas débiles tanto
a nivel histórico, desde su representación desaliñada y tópica del mundo
antiguo, como fenomenológico. Asimismo, la división maniquea del mundo
en dos opuestos, como son Oriente y Occidente, donde Oriente es un
monolito mudo que no cambia,
55
no hace referencia a la realidad, mucho más
matizable y compleja que la simple estructuración, y es característica de los
esquemas denunciados por Said y Buruma, con lo que no son en sí referentes
correctos de comprensión de la realidad. Por otra parte, la construcción de
una justificación del control militar occidental del mundo enraizada en el
mismo corazón del concepto de Western Way of War es una nueva fórmula
de cimentación de ideologías coloniales. De este modo, la composición de
identidades antitéticas y en conflicto alimenta ciertamente la oposición de
ambos mundos, y subraya como cotidianos ciertos aspectos de la realidad
que forman parte de lo anecdótico y lo incidental,
56
negando la continua y
cotidiana convivencia, así como la multiculturalidad, los préstamos
culturales, las influencias recíprocas o la simbiosis entre pueblos, etc. Como
ya establecía Bermejo de manera magistral, la historia, pese a todo, debe
servirnos para tender puentes en la diferencia, para comprendernos mediante
                                                           
54
Morris 2010. 
55
Porque además, como diría Said, no puede cambiar, en tanto que imagen desvinculada de la
realidad, es decir, en tanto que discurso (Said 2009, 21-22). 
56
Un buen ejemplo de ello puede encontrarse, en el ámbito de estudio de la Historia Antigua,
trabajos como el de Ubric 2007. 
The Western Way of War: Un modelo a debate
159 
 
la alteridad, para construir realidades plurales marcadas por la comprensión
de los paralelos o de los comportamientos ajenos.
57
Y el resto, quizás, son
sombras, como diría el poeta.


                                                           
57
Bermejo 1994, 29-30. 
Borja Antela-Bernárdez
160
 
Bibliografía

Antela-Bernárdez, B., 2009: “Alejandro Magno o la demostración de la
divinidad”, Faventia 29/1: 89-103.
Bermejo, X. C., 1987: El final de la Historia. Madrid.
— 1994: “Por qué, malia todo, compre ensinar historia”, Revista Galega do
Ensino 5: 15-30.
— 2004: “Pensando la Guerra: Algunas lecciones de la Grecia Clásica”, en
X. C. Bermejo Barrera: ¿Qué es la Historia Teórica? Madrid, pp. 182-
194.
— 2009: Introducción a la Historia Teórica. Madrid.
Brock, R. / Hodkinson, S. (eds.), 2001: Alternatives to Athens: Varieties of
Political Organization and Community in Ancient Greece. Oxford.
Buruma, I. / Margalit, A., 2005: Occidentalismo. Barcelona.
Dodds, E. R., 1980: Los griegos y lo irracional. Madrid.
Duplà, A., 2005: “Imperialismo defensivo y guerra justa: De T. Mommsen a
M. Walzer”, en J . Martínez Pinna (ed.): En el centenario de la muerte de
Th. Mommsen. Málaga, pp. 219-238.
Edmunds, L., 1971: “The religiosity of Alexander”, GRBS XII: 363-391.
Echeverria Rey, F., 2005: “El hoplita y la naturaleza de lo hoplítico: un caso
de terminología militar en la Grecia Clásica”, Studia Historica. Historia
Antigua 23: 75-93.
— 2006: “La identidad del hoplita griego, entre lo militar y lo social”, en F.
Echeverria Rey / M. Y. Montes (coords.): Ideologías, Estrategias de
definición y Formas de relación social en el Mundo Antiguo. Actas del V
Encuentro de Jovenes Investigadores: Historia Antigua. Madrid, pp. 123-
134.
— 2010: “La guerra extraña. La tradición militar griega y las formas
culturales de hacer la guerra”, en C. Fornis / J . Gallego / P. López Barja
(eds.): Dialéctica histórica y compromiso social, vol. II. Madrid, pp. 897-
916.
Fontana, J ., 1992: Historia después del fin de la Historia. Barcelona.
Fukuyama, F., 1992: El fin de la Historia y el último hombre. Barcelona.
Gallego, J ., 2007: “El campesinado griego: de la aldea a la polis”, en J .
Gallego / C. G. García McGraw (coords.): La ciudad en el Mediterráneo
Antiguo. Buenos Aires, pp. 49-86.
Gernet, L., 1983: Les grecs sans miracle. Paris.
Hanson, V. D., 1983: Warfare and Agriculture in Classical Greece.
Berkeley.
— 1989: The Western Way of War. Infantry Battle in Classical Greece.
Oxford.
— 1998: Who Killed Homer? The Demise of Classical Education & the
The Western Way of War: Un modelo a debate
161 
 
recovery of Greek Wisdom. New York.
— 1999a: The Other Greeks: The agrarian roots of the Western Civilization.
Berkeley.
— 1999b: The Soul of Battle: From ancient times to present days, how three
great liberators vanquished tyranny. New York.
— 2004: Matanza y Cultura: Batallas decisivas en el auge de la civilización
occidental. Madrid.
Huntington, S., 1993: “The Clash of Civilizations?”, Foreign Affairs
Summer: 72-73.
— 1997: El Choque de Civilizaciones y la reconfiguración del orden
mundial. Barcelona.
Lee, J . W. I., 2006: “Warfare in the Classical Age”, en K. H. Kinzl (ed.): A
Companion to the Classical Greek World. Oxford, pp. 480-508.
Maalouf, A., 2004: Identidades Asesinas. Madrid.
Morris, I., 2010: Why the West Rules – From Now. The patterns of
History and what they revealed about the Future. New York.
Parke, H. W., 1933: Greek Mercenary Soldiers. Oxford.
Parker, G. (ed.), 2010: Historia de la Guerra. Madrid.
Sen, A., 2009: Identitat i violència. Barcelona.
Said, E. W., 2009: Orientalismo. Barcelona.
Tourraix, A., 2000: Le Mirage Grec. Besançon.
Tritle, L., 2000: From Melos to My Lai: War and Survival. London.
Ubric, P., 2007: “La coexistencia religiosa en la cotidianidad de la
Antigüedad Tardía”, 'Ilu. Revista de Ciencias de las Religiones XVIII:
145-165.
Vidal-Naquet, P., 1992: La democracia griega, una nueva visión. Madrid.
Vonnegut, K., 2007: Escorxador 5. Barcelona.