UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA VERACRUZANA

CENTRO COSAMALOAPAN


FACILITADOR
PROFR. MIGUEL LÓPEZ MACÍAS

EXPERIENCIA FORMATIVA
OBSERVACIÓN Y PRÁCTICA REFLEXIVA III



ACTIVIDAD 1
LA COMPLEJIDAD DE LA PRÁCTICA DOCENTE. TEXTO
REFLEXIVO.

ALUMNO:
Rodolfo Guajardo Jiménez



5° SEMESTRE
CICLO A



COSAMALOAPAN, VER. AGOSTO DE 2014

AMOR POR LA EDUCACIÓN. Estoy aquí porque te quiero.
Aún no terminaba de leer el texto de Cecilia Fierro cuando de inmediato
vino a mi mente Paulo Freire. Recordé su concepción de la educación; hice una
pausa en la lectura para darme a la tarea de buscar una cita que hace tiempo
había leído y que encajaba precisamente con el estado de ánimo que estaba
experimentando; es la siguiente. “La educación es un acto de amor, y por esto un
acto de coraje. No puede temer al debate. No puede rehuir la discusión creadora,
so pena de ser una farsa.” Freire, 1971.
En este contexto tomaré el riesgo de mutilar este pensamiento ajeno para ayudar,
en un gesto de egoísmo inocente, a darle sentido a mis ideas, con el riesgo de
cometer el crimen de alterar algo que por sí sólo dice mucho más de lo que puedo
entender, entre otras cosas porque no soy maestro en servicio.
Primero hablaré del coraje, porque ser maestro es y siempre ha sido una profesión
para valientes. Ser maestro implica aceptar la gran responsabilidad de formar
nuevas generaciones; incluso es aceptar la renuncia a la idea de riqueza y éxito
como la sociedad los tiene concebidos; significa a veces dedicarle tiempo a los
hijos de otros más que a los propios; representa recibir cada mañana la confianza
de padres que aman a sus hijos y esperan que dejemos una huella positiva en
ellos, nos dan la oportunidad de perpetuar nuestra vida efímera, aunque sea por
una generación más que en el mejor de los casos algún día contará alguna
anécdota de lo bueno que fuimos (en el mejor de los casos). También es aceptar
que casi siempre a pesar del esfuerzo y dedicación, el maestro no sea valorado, a
veces como persona, a veces como profesional, a veces de ninguna forma.
Decidir ser maestro significa adentrarse a un mundo complejo, con dificultades
que hay que sortear. Conlleva abnegaciones, porque a pesar de que el gobierno lo
subyuga, porque la sociedad le exige y juzga, porque a pesar de sus problemas y
enfermedades tiene que enseñar, porque a pesar de todo ello, se levanta cada
mañana y sabe que vale la pena.
Así es, ser maestro es complejo, porque no sólo se trata de enseñar, se trata de
coexistir entre la vida privada, la escuela, el gobierno, la sociedad, los alumnos,
padres de familia, programas, compañeros de trabajo y sueldos bajos. Ésta
realidad compleja tan evidente es tan basta que hay que dar un giro de 360° para
tomar una imagen panorámica y que incluso así, deja pasar los detalles;
complejidad que no se puede encapsular en una hoja o en 1000, sino que hay que
vivirla tal y como es, en el día a día. He allí la multidimensionalidad.
Por ello si me preguntasen, ¿cuál es la dimensión más relevante? Sin dudarlo
respondería que es la personal, pues antes que nada debemos entender que ser
maestro es una decisión (lamentablemente reconozco que no en todos los casos).
Inmiscuirnos en esta dimensión implica descubrir el amor por la vocación de
servicio; significa encontrar las cualidades del maestro, su razón de ser.
La dimensión personal influye en las demás, ésta y la dimensión valoral son las
que le dan significado a la profesión. Es donde encontramos la vocación o la
falsedad de un maestro. Es donde podemos comprender si se es maestro por un
acto de amor o si sólo es un empleado. Es así que, dependiendo de cuál sea la
respuesta, se conducirá cada docente en su aula y en la vida.
Y es que hay que decirlo, hay quienes han decidido ser pequeños arboles de
ornato, muy bien estilizados, pero con una maceta como limite… pequeños
bonsái. Menos mal que no son mayoría, pues existen muchos más que han
crecido profesionalmente en el bosque de la autocrítica y quienes han sido
abonados con una fuerte capacidad creadora; ellos en la búsqueda de la luz y el
conocimiento hay crecido grandes y fuertes como un roble, abrazando la profesión
con amor, compromiso y entrega. Son maestros por vocación y existen, puedo
decir que hasta he tenido el privilegio de conocerlos y aprender de ellos.
Pero cada quien le imprime su toque, su estilo, su lenguaje, creencias, vivencias y
valores. Únicas e irrepetibles pero cuyo denominador común es la idea de hacer lo
mejor posible, con ética y profesionalismo.
Con la lectura reafirme la firme convicción que vale la pena ser maestro. Porque
cada vez que alguien me ha dicho que mi padre le dio clases y que fue un buen
maestro me hace sentir orgulloso de él; porque aspiro a que algún día le digan lo
mismo a mis hijos. Porque si queremos cambiar el mundo educando podemos
lograrlo. La concepción de los maestros sigue siendo la misma, sé que hay
buenos y malos, como en el resto de las profesiones, pero la profesión no es mala,
lo somos muchas veces las personas que no entregamos el extra.
La lectura me permitió alimentar mi deseo de seguir adelante, a entender que a
veces es fácil desalentarse; entender que no estamos eligiendo un camino fácil,
que nos enfrentaremos a adversidades difíciles de resolver. Me ayudó a
comprender mi frustración, a contener mi enojo, a tener paciencia y no
desesperarme, ME AYUDÓ A RECORDAR POR QUÉ ESTOY EN LA UPV.
Recordé que es porque estoy enamorado de esta profesión, recordé que estoy
orgulloso de mi padre, reflexioné de que somos una familia de docentes, donde mi
hermana siguió los pasos de mi padre y en la que tengo a un hermano empezando
a estudiar en la escuela Normal, y una esposa maestra, y que compartimos el
gusto por la educación además de la sangre. La representación que tengo ahora
del quehacer docente es que la veo como una relación de pareja entre el sujeto y
su trabajo. Muchas veces hay problemas entre ellos, mala comunicación, ambos
tienen defectos, pero hay algo que los une, debemos reconciliarnos con ella,
aceptar que nos gusta estar juntos y para que esto funcione debemos estar
dispuestos a cambiar.





CONSULTAS BIBLIOGRÁFICAS

FREIRE, Paulo. (1971) La educación como práctica de la libertad. Tierra Nueva,
Montevideo.

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