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Jesuítas alemanes y la
colonización del sur
EDUARDO TAMPE, S.J.
L
Con una dedicación
encomiableJos jesuítas
levantaron la capilla de
"San José-y dos días
después de su llegada, el
24 de marzo, abría sus
puertas la "Escuela de San
José", llamada así por estar
al alero de la capilla del
mismo Santo Patrono.
Sería éste el primer
establecimiento
educacional de la región.
En él se enseñaría
'lectura, escritura,
catecismo, gramática
castellana, geografía,
dibujo lineal y un idioma
extranjero.
a fundación de Puerto Montt -12 de febrero de
1852- coincidió con la llegada de los primeros
colonos de habla alemana. Buen número de ellos,
de religión católica, anhelaban la presencia de un
sacerdote católico. Aunque desde 1854 había un pequeño
templo, sólo de vez en cuando recibían la visita del párroco
de ¿albuco, que desconocía el idioma alemán.
Considerando esa realidad, el obispo Fray Francisco de
Paula Solar solicitó al Superior General de la Compañía de
Jesús, P. Pedro Beckx, apoyo espiritual para la atención de
los colonos germanos. El 22 demarzo de 1859 arribaron los
padres jesuítas Teodoro Schwerter (40 años) y Bernardo
Engbert (32) y el hermano José Schoor (43).
La primera labor misionera
Con una dedicación encomiable los jesuítas levantaron
la capilla de «San José» y dos días después de su llegada,
el 24 de marzo, abría sus puertas la «Escuela de San José»,
llamada así por estar al alero de la capilla del mismo Santo
Patrono. Sería éste el primer establecimiento educacional
de la región. Enél se enseñaría «lectura, escritura, catecismo,
gramática castellana, geografía, dibujo lineal y un idioma
extranjero».
En 1862 los religiosos se hicieron cargo de la atención
parroquial en Puerto Montt, siendodesignadovicepárroco
el P.Bernardo Engbert. Y a través de las misiones ambulan-
tes, llevaron la palabra de Dios y los sacramentos hasta los
lugarejos más distantes. Se organizó el sistema de «misión
circular»: se procuraba que cada poblado tuviese su capi-
lla, a donde llegaba el misionero una o dos veces al año,
permaneciendo algunos días ocupado en la atención es-
piritual de los feligreses.
La extensión de la viceparroquia era entonces de 198
Km. de norte a sur y 220 Km. de este a oeste, limitando su
territorio con las parroquias de Calbuco al sur, Maullín al
poniente y Osorno al norte.
MENSAJE W «0. JULIO 1993 259
1593-1993
| «uil» en Chile
«El distrito -escribía el P. Schwertera/
P. Visitador Jopé Ma. Suárez,e¡28deenero
de 1865- tendrá unos diez mil chilenos re-
partíaos en diez pueblecitos, fuera de Puerto
Montt y las colonias alemanas. Todos esos
puntos situados en diversas costas e islas,
algunos en distancia de siete u ocho leguas,
debemos visitar para ayudar a los sanos y
enfermos, que no es poco, principalmente en
tiempo de enfermedades epidémicas, como
las hay varias veces». En 1870 había, ade-
más de la iglesia parroquial, trescapillas
más en la ciudad y no menos de 36
repartidas por los alrededores.
La labor misionera de los discípulos
de San Ignacio se fue acentuando a medi-
da q uese extend ieron por los alrededores
de Puerto Montt. Lugares como Puerto
Varas, Frutillar, Puerto Octay, en las ori-
llas del lago Llanquihue, recibieron la visita de
esos misioneros.
Atención educacional y pastoral
La importancia que iba adquiriendo Puerto
Montt hizo que los jesuítas levantaran una nue-
va iglesia para ejercer sus ministerios. Esta se
abrió al culto en la Navidad de 1872, en la calle
Guillermo Gallardo. Por esa época, algunos sa-
cerdotes habían incrementado la comunidad,
entre otros los PP. Sander, Fink, Mundwyller,
Hno. Schrak, etc.
El aumento de la comunidad y la iglesia
nueva, permitió que los jesuítas, en su labor
misional, se extendieran hasta Osornoy Valdivia
por el norte y a las islas por el sur. Hay que
añadir los ministerios en la misma ciudad de
Puerto Montt, como la misa diaria, la celebra-
ción de festividades, predicación, enseñanza del
catecismo al pueblo en las escuelas fiscales; visi-
tas y catecismo en la cárcel a los enfermos; admi-
nistración de los sacramentos y apoyo a las
Congregaciones como del Santísimo Sacramen-
to, Santo Rosario, Buena Muerte, Sagrado Cora-
zón, Stabat Mater y otras agrupaciones piado-
sas.
Crecía el interés de los colonos por enviar a
sus hijos a educarse a la escuela de los jesuitasen
Puerto Montt. Comenzó a sentirse la necesidad
de un colegio con internado, para que los niños
Residencia en Puerto Montt. Fotografía de la iglesia i,il como fue
fabricada por el P. Enríen en 1872, y del edificio antiguo
recibieran una sólida formación religiosa y en
letras humanas.
Con este objetivo llegaron en septiembre de
1881 tres nuevos sacerdotes alemanes: PP.
Huberto Duffels, Leonardo Junkers y Juan
Mell wig. El 27 de abril de 1882 se abrió el nuevo
colegio,conel nombrede«San Francisco Javier».
La misma importancia que iba adquiriendo
la provincia por el aumento de la población y
demás actividades, decidió en 1893 al Obispo,
elevar a parroquia la viceparroquia existente en
Puerto Montt, creando al mismo tiempo la de
Puerto Varas. Párroco de la primera fue nom-
brado el P. Juan Bautista Mundwyller y de la
segunda el P. Juan Mellwig. Este último ya se
había familiarizado con la región circundante al
lago Llanquihue, y desde 1885 había escogido
como centro de sus actividades la localidad de
Puerto Varas. Levantócua tro capillas en villorios
cercanos al principal puerto lacustre, en la Fá-
brica, Puerto Rosales y Línea Nueva, siguiendo
después Frutillar, Ensenada, El Volcán, Puerto
Octay, etc. Cerca de las capillas los padres pu-
dieron también construiralgunasescuelitaspara
impartir la enseñanza elemental a los hijos de los
colonos. Posteriormente esos niños proseguían
sus estudios en el colegio San Francisco Javier de
Puerto Montt.
En 1906asumió la parroquia de Puerto Varas
un sacerdote que dejó gratos recuerdos entre sus
feligreses, el P. Juan Duschl. Testimonios de su
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IS'JJ-1993
Fachada del Colegio San Francisco Javier, de Puerto Montt
La labor
misionera de los
discípulos de
San Ignacio se
fue acentuando
a medida que se
extendieron por
los alrededores
de Puerto
Montt. Lugares
como Puerto
Varas, Frutillar,
Puerto Octay, en
las orillas del
Llanquihue,
recibieron la
visita de esos
misioneros.
trabajo son todavía el famoso «Cerro
Calvario» que se alza en la parte alta
de la ciudad y desde cuya cúspide se
domina admirablemente el panora-
ma del lago. El párroco tuvo buen
cuidado de señalar con nombres y
santos de la Iglesia las calles de la
ciudad.
Sin embargo, no faltaron momen-
tos dolorosos. Las iglesias de Puerto
Varas y de Puerto Óctay fueron pre-
sas de las llamas provocadas por ene-
migos de la religión, poniendo en se-
rio peligro la vida de los moradores: el
23 de mayo de 1907 incendiaron la
casa habitación y templo parroquial
en Puerto Octay; el 11 de Junio de
1911 sucedió algo similar en la casa de
la comunidad jesuíta y templo de
Puerto Varas.
La preocupación por los enfermos,
los indefensos, los que sufren y los
débiles, forma parte de la vida y mi-
sión de la Iglesia. Bajo su alero se
construyéronlos hospitales «San José»
en Puerto Varas (1908) y «La Santa
Cruz» en Puerto Octay (1919).
Un testimonio de la obra de los
misioneros nos ha quedado en la reli-
giosidad de los católicos alemanes.
«... A las 5 de la mañana los veían cada día
llegar al templo: hombres robustos, vigo-
rosos como los robles de sus bosques...al
otro lado, las mujeres, las madres y los
hijos, los niños pequeños, rubios,
sonrosados...»
«Pocos momentos después la Iglesia
estaba llena. ¡Era de ver ¡a devoción tan
humilde, tan respetuosa, tan grave! Co-
menzaban las oraciones: las rezaban en
común, como si fueran todos una sola
familia unida. Alternaban con la oración
el canto. Cantaban en alemán y en caste-
llano. Las voces poderosas, robustas, ru-
das de los hombres, primero; las voces
suaves y delicadas de las mujeres, en se-
guida...» escribía el rector de la Uni-
versidad Católica en el diario La Unión
de Santiago, después que visitó esta
zona.
Los sacerdotes jesuítas mantuvie-
ron la parroquia de Puerto Montt has-
ta el año 1913. Era la única existente en
la ciudad. Durante 52 años de labor
estrictamente parroquial, evangeliza-
ron con celo y prudencia ese inmenso
territorio a ellos encomendado.
Aunque todos trabajaron con igual
caridad y sacrificio, es justo destacar
los nombres de los PP. Schwerter,
Engbert, Enrich, Harl, Tilly, Mellwig,
Fink y los hermanos coadjutores
Peters, Degener, Schrank, Dreimuller,
etc, infatigables organizadores del
servicio espiritual en las parroquias y
en las misiones.
Los jesuítas abrieron en 1916 una
pequeña escuela parroquial en Puerto
Varas, que en sus inicios dependía del
párroco P. Cristian Harl, y pasó poste-
riormente a la «Corporación Colegio
Germania». El año anterior -22 de
enero de 1915- se había iniciado la
construcción del nuevo templo parro-
quial, el mismo que aún existe y que
es la parroquia de la ciudad lacustre.
El iniciador de esta obra fue el P.
Guillermo Sander, y el maestro cons-
tructor Edmundo Niklitschek. El
templo fue bendecido el 24 de no-
viembre de 1918 por el obispo
MENSAJE M" 420, JULIO 1M3 261
letuite en Chile
diocesano, Mons. AntonioCastro. Sin
embargo, en 1926, razones de fuerza
mayor impidieron a los jesuítas conti-
nuar con esas obras.
Desde comienzos del siglo XVII la
Compañía de Jesús, en muchos paí-
ses, ha cultivado su devoción a Jesús
Redentor. Los jesuítas de Puerto
Montt no podían permanecer ausen-
tes de esta expresión de fe tan propia
de su espiritualidad. Por eso cada año
en sus iglesias se reza el «Mes del
Sagrado Corazón». El día primer
viernes de cada mes se tiene también
la liturgia propia en recuerdo del Co-
razón de Jesús.
Algo similar ocurre con la devo-
ción a «María Santísima». El «Libro
diario» de los padres jesuítas de Puer-
to Montt nos dice que desde los pri-
meros años de la llegada de los colo-
nos, en mayo, se tenía el «Mes de
María» (según la costumbre europea).
En América, por razones climáticas se
cambió la fecha a noviembre y di-
ciembre.
Los últimos cincuenta años
El acrecentamiento del patrimo-
nio estructural y cultural del colegio
fue el objetivo común de los sucesivos
rectores. En 1944, siendo rector el P.
Fernando Letelier, se adquirió la isla
de Chinquihuey se amplio la casa con
una nueva construcción destinada a
Casa de Ejercicios Espirituales duran-
te el año escolar.
El I
o
de abril de 1939 se creó la
diócesis de Puerto Montt. Una de las
gestiones iniciales del primer obispo
fue pedir al Superior General de los
Jesuítas que los padres nuevamente
tomaran bajo su responsabilidad la
parroquia matriz de la ciudad sede
episcopal; los jesuítas aceptaron y el
P. Alfredo Waugh fue nominado pá-
rroco el 5 de agosto de 1940, quien fue
reemplazado por el P. Miguel
Olavarría.
En febrero de 1960 fue nombrado
titular de la parroquia matriz el P.
Joaquín Barros. A los pocos meses
reunió a un grupo de hombres: tenía
interés en conocer personalmente a
muchos de los presentes, exponerle
sus inquietudes, sus planes; quería
que los católicos se ayudaran entre sí,
comenzando por compartir una sen-
cilla cena, como Cristo con sus discí-
pulos. Ahí formó la «Agrupación de
Amigos Católicos», AMICAT, de
Puerto Montt.
Con motivo del terremoto que
asoló a las provincias sureñas en 1960,
varias iglesias resultaron seriamente
dañadas.
El párroco, ante la angustia de la
población por falta de víveres en los
días posteriores al sismo, tomó con-
tacto conelobispo,y organizaron doce
centros de distribución de alimentos.
Por acuerdo de la Intendencia de la
provincia, el P. Barros fue el encarga-
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MENSAJE N»«0, JULIO 1963
Jesuítas en Chile
Comunidad de
Ancud en 1930
El I
a
de abril de
1939 se creó la
diócesis de
Puerto Montt.
Una de las
gestiones
iniciales del
primer obispo
fue pedir al
Superior
General de los
Jesuítas que los
padres
nuevamente
tomaran bajo su
responsabilidad
la parroquia
matriz de la
dudad sede
episcopal.
do de la adquisición de los víveres
para su ulterior reparto.
Los padres jesuítas mantuvieron
la parroquia matriz en su iglesia hasta
el 31 de mayo de 1982. Desde el I
o
de
junio se trasladóa la capilla «San Fran-
cisco de Sales», ubicada al costado de
la iglesia Catedral.
Al finalizar el año 1949, egresó del
colegióla primera promocióndealum-
nos del sexto año de humanidades.
Diez años después el colegio San Fran-
cisco Javier llegó a los primeros cien
años de existencia.
El Superior General de la Compa-
ñía de Jesús, P.Juan Bautista Janssens,
se asoció a la celebración enviando
una extensa carta, de la cual transcri-
bimos lo siguiente: «...deesa centenaria
labor apostólica, y más aún, de hondo
agradecimiento al Divino Dador de todo
bien, por la protección y ayuda que ha ido
otorgando, y por todo loque, con el auxilio
de la gracia, se ha podido realizar a través
de estos cien años. De ¡a humilde funda-
ción hecha en marzo de 1859, proviene
como de su fuente todo un conjunto
variadísimo de excelentes obras apostóli-
cas, diseminadas por la región entera...que
han sido decisivas para lograr la sólida y
ferviente vida cristiana de toda la provin-
cia de Llanquihue...»
En 1978 se inauguró un moderno
pabellón destinado a la educación bá-
sica. Años después el P. Jaime Guzmán
fue el iniciador de nuevas obras y du-
rante su rectorado seconstruyó el nuevo
edificio que alberga las salas de clases
de la enseñanza media. Y además
implemento la sala Teodoro Schwerter
como sala de conferencias, que presta
servicios a la comunidad en general.
Un hecho muy importante, no sólo
para el colegio sino para los colegios
particulares en general, se logró en
1980, cuando el Ministerio de Educa-
ción derogó el último decreto de con-
trol sobre la enseñanza particular, en-
tregándole plena autonomía a la ense-
ñanza privada.
La presencia de la Compañía de
Jesús en Puerto Montt ha sido de un
innegable valor. Tanto para quienes
han formado parte de la comunidad
escolar del colegio San Francisco Ja-
vier donde ha sido posible evangeli-
zar a la niñez, a la juventud y sus
familiares, como también para la co-
munidad más amplia de la provincia
de Llanquihue, a la que los padres
jesuítas han acompañado en su histo-
ria y desarrollo espiritual. •
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