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AVISOS ESPIRITUALES DE SANTA TERESA DE JESUS

PEDRO POVEDA CASTROVERDE

Covadonga 1912

Portada: “Santa Teresa”. Pintura de Carlota Santos Sede de la IT en Rio de Janeiro (Brasil) Edicición digital

PRESENTACION

4

ADVERTENCIAS

6

I.

DEDICATORIA

7

II.

LOS LIBROS DE LA SANTA

8

  • 1. A lo que debéis aspirar

8

  • 2. Desear cosas posibles

9

  • 3. Cuán difícil es vuestra misión

9

 
  • 4. Pecados

9

  • 5. Oración y meditación

10

  • 6. Perfección

11

  • 7. Paz y medios para obtenerla

11

  • 8. Amor mutuo

11

  • 9. Preferencias

12

  • 10. Humildad

12

  • 11. Desasimiento

13

  • 12. Amor y temor

13

  • 13. Amor y señales

13

  • 14. Temor y señales

14

  • 15. Mortificación

15

  • 16. Propio conocimiento

15

  • 17. El camino

16

  • 18. Alabanzas

16

PRESENTACION

En vísperas de la celebración del V Centerario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, la Institución Teresiana brinda una vez más un conjunto de textos de la Santa seleccionados y recopilados por Pedro Poveda, hoy santo, en Covadonga en 1912. Los llamó “Avisos espirituales de Santa Teresa de Jesús” y los dedicó a las jóvenes profesoras de las primeras Academias fundadas por él en Oviedo (1911) y Linares (1912). En esta ocasión los “Avisos” se publican en formato digital.

Poveda siempre mostró extraordinario interés y admiración por la figura de Santa Teresa de Jesús, hasta el punto de constituirla en titular y referente de la obra iniciada por él en Oviedo en 1911, siendo por aquellos años canónigo de Covadonga.

La selección de los textos que conforman “Avisos Espirituales” tiene la clara intencionalidad de dar a conocer la figura de Santa Teresa de Jesús, de modo cercano y asequible, a todas las personas que se acercaban a su proyecto educativo, y más aún, a quienes decididamente colaboraban en él de manera activa. En la dedicatoria toma prestadas unas palabras de Fray Luis de León y les pide que, apoyadas en la sabiduría de la Santa, “pongan en ejecución la más alta y más generosa filosofía que jamás los hombres imaginaron; y lleguen con las obras donde apenas llegaron con la imaginación los ingenios”.

En una nota preliminar escrita por Poveda en el mismo folleto, relata las obras de Santa Teresa que ha manejado para la selección de “Avisos”. Son básicamente tres: Camino de Perfección, Moradas y Conceptos del Amor de Dios. En el Archivo Histórico de la Institución Teresiana se conservan unos apuntes escritos de su puño y letra, repartidos en varias libretas, en las que anota datos muy diversos sobre la vida de la Santa de Ávila, viajes, itinerarios, fundaciones, hechos, textos entrecomillados. Todo ello escrito entre 1912 y 1914. Dolores Gómez Molleda, en el estudio crítico de la obra de Poveda, comenta al referirse a estos datos: “como si tuviera la intención de pasarlos a una o varias personas con el fin de difundir el estudio y el interés sobre la santa”.

Quienes lo conocieron, cuentan de él que hablaba mucho de Santa Teresa, de modo que alumnas y profesoras se enteraban, conocían y se encariñaban con lo que él llamaba “el espíritu de Santa Teresa”.

En los años treinta, momento de tensiones ambientales y violencia social en España, Pedro Poveda se ocupó personalmente y con especial interés de la formación de tantas jóvenes como estaban en primera fila de misión. Se formaron diversos grupos, uno de ellos, compuesto por jóvenes ya licenciadas y doctoras, opositoras y de estudios superiores, que en muchos casos se acercaban a las actividades que organizaba la Institución Teresiana, siendo mayores que las demás y con responsabilidades sociales y académicas ya iniciadas. A ellas dedicó Poveda una serie de charlas y conferencias.

El 30 de enero de 1933 quiso explicarles personalmente, transmitirles, algo sobre un librito que había escrito en Covadonga y que tituló: “Avisos espirituales de santa Teresa de Jesús”, para que les quedara bien claro la especial relación que tenía la Obra a la que se acercaban con Santa Teresa, puesto que la tenía por titular. “Voy a daros a conocer -les dijo- ‘Avisos Espirituales’, un librito que hice con mucho cariño compendiando doctrina de la Santa a base de la edición de La Fuente. Lo escribí en Covadonga el año 1912 (…) Con mis libros abiertos sobre la mesa iba buscando en la doctrina de la Santa lo que entendía que podía convenir a las profesoras de la Institución. Viene a ser este libro como un programa de lo que habían de ser. Cada párrafo de él responde a alguna de las ideas que yo tenía de cómo habían de ser quienes deseaban participar en la Obra. Este librito tiene el mérito del amor con que está hecho…”

La primera edición de “Avisos Espirituales de Santa Teresa de Jesús” se hizo como encuadernable, aprovechando la última página del primer número del Boletín que se publicó en Linares (Jaén) el 5 de octubre de 1913. Esta última página coleccionable de cada número con los “Avisos” culminó el 1 de febrero de 1914.

Como folleto independiente, se editó en Jaén en 1918 y diez años después se reeditó en Madrid.

En 1981 el Archivo Histórico de la Institución Teresiana editó un facsímil del folleto de 1918. En el primer volumen de la edición crítica de los escritos de San Pedro Poveda (Madrid 2005) se profundiza y se pone en valor su significado en el conjunto de los demás escritos y textos orales.

Hoy, en vísperas del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús y en el 140 aniversario del nacimiento de San Pedro Poveda, la Institución Teresiana pone en la red los “Avisos Espirituales de Santa Teresa de Jesús” (Covadonga, España, 1912).

Mª Asunción Ortiz, Directora del Archivo Histórico de la Institución Teresiana

ADVERTENCIAS

  • C. P. CAMINO DE PERFECCIÓN

  • M. MORADAS

  • C. D. CONCEPTOS DE AMOR DE DIOS

  • C. CAPÍTULO.

  • N. NÚMERO

La edición que se ha tenido a la mano ha sido la de las “Obras de Santa Teresa de Jesús”, novísima edición, por D. Vicente de la Fuente, Madrid, Compañía de Impresores y Libreros del Reino, San Bernardo, 92, 1881.

I.

DEDICATORIA

A las Profesoras de las Academias de Santa Teresa de Jesús

En mi deseo de dedicaros algún obsequio digno de vosotras en la fiesta de S. Pedro, os consagré unos días de trabajo, en los cuales estudié nuevamente las obras de la gloriosa virgen de Ávila, nuestra madre; hoy os presento el fruto de esa menguada labor, ofreciéndoos unos Avisos espirituales de Santa Teresa de Jesús.

Todo cuanto en estas cuartillas se dice está copiado, a la letra, de las obras de nuestra bendita Santa; porque nadie como esta portentosa mujer, doctora de la Iglesia universal, española y santa, podía marcar los derroteros que deben seguir mujeres que se dedican a la enseñanza, que tienen a gala ser españolas, que aspiran a la santidad, y que consagran todas sus energías a una Obra que vive bajo su advocación.

Plegue al cielo que de vosotras, que habéis de practicar cuanto la Santa os enseña, pueda decirse, en “día no lejano, lo que de las Carmelitas dijo Fray Luis de León -que desasidas de todo lo que no es Dios, y ofrecidas en sólo los brazos de su Esposo divino, y abrazadas con Él, con ánimos de varones fuertes, en miembros de mujeres tiernos y flacos, ponen en ejecución la más alta y más generosa filosofía que jamás los hombres imaginaron; y llegan con las obras adonde en razón de perfecta vida y de heroica virtud, apenas llegaron con la imaginación los ingenios.

Así lo desea con el mayor fervor, y lo pide constantemente a nuestro amadísimo Jesús, por intercesión de nuestra Santa, vuestro mínimo cooperador.

Pedro Poveda

En Covadonga, fiesta del angelical joven San Luis Gonzaga, del año 1912

II.

LOS LIBROS DE LA SANTA

Lo que dice nuestra santa madre la Iglesia de los libros de la Santa Madre Teresa de Jesús están llenos de pura y santa doctrina y son muy propios para elevar el corazón de los fieles y encenderlos en el amor de las cosas celestiales.

En el prólogo de la edición de las obras completas de nuestra Santa, dice D. Vicente de la Fuente que, después de lo dicho por el maestro Fray Luis de León, todo elogio de los libros de la Santa, resultaría pálido y bajo.

Veamos cómo se expresa el insigne agustino, «en la alteza de las cosas que trata, y en la delicadeza y calidad en que las trata, excede a muchos

ingenios; y en la forma del decir y en la pureza y facilidad de estilo, y en la gracia y buena compostura de las palabras, y en una elegancia desafeitada, que deleita en extremo, dudo yo que haya en nuestra lengua escritura

que con ellos se iguale

y no dudo sino que hablaba el Espíritu Santo en

Que, dejados

... ella en muchos lugares, y que le regía la pluma y la mano

... aparte otros muchos y grandes provechos, que hallan los que leen estos libros, dos son a mi parecer los que con más eficacia hacen. Uno, facilitar

en el ánimo de los lectores el camino de la virtud; y otro, encenderlos en el

amor de ella y de Dios

con cada una de sus palabras pega al alma fuego

... del cielo que la abrasa y deshace» 1 .

1. A lo que debéis aspirar

«

Y

como si anduviesen solazando, y holgando, van poniendo por obra

... lo que pone a la naturaleza en espanto, y el ejercicio de virtudes heroicas le han convertido en un entretenimiento gustoso, en que muestran bien por la obra la verdad de la palabra de Cristo, que su yugo es suave, y su carga ligera. Porque ningún seglar se alegra tanto en sus aderezos, cuanto a vuestras reverencias les es sabroso el vivir como ángeles. Que tales son sin duda, no sólo en la perfección de la vida, sino también en la semejanza y unidad que entre sí tienen en ella, que no hay dos cosas tan semejantes, cuanto lo son todas entre sí, y cada una a la otra; en la habla, en la modestia, en la humildad, en la discreción, en la blandura de

espíritu, y finalmente en todo el trato y estilo.

Que como las anima una misma virtud, ansí las figura a todas de una misma manera; y como en espejos puros, resplandece en todas un rostro, que es el de la madre Santa, que se traspasa en sus hijas» 2 .

  • 2. Desear cosas posibles

«Ya os dije en otra parte, que algunas veces nos pone el demonio deseos grandes, porque no echemos mano de lo que tenemos a mano para servir a nuestro Señor en cosas posibles, y quedemos contentas con haber deseado los imposibles. Dejado, que en la oración ayudaréis mucho; no queráis aprovechar a todo el mundo, sino a los que están en vuestra compañía, y así será mayor la obra, porque estáis a ellas más obligadas.

¿Pensáis que es poca ganancia, que sea vuestra humildad tan grande y mortificación, y el servir a todas, y una gran caridad con ellas, y un amor del Señor, que ese fuego las encienda a todas, y con las demás virtudes siempre las andéis despertando? No sería sino mucho y muy agradable servicio al Señor, y con esto, que ponéis por obra, que podéis, entenderá su Majestad, que haríades muchas más; y así os dará premio, como si lo ganásedes muchas. Diríais que esto no es convertir, porque todas son buenas. ¿Quién os mete en eso? Mientras fueren mejores, más agradables serán sus alabanzas al Señor, y más aprovechará su oración a los prójimos» 3 .

  • 3. Cuán difícil es vuestra misión

«¿Pensáis hijas mías, que es menester poco para tratar con el mundo, y

vivir en el mundo, y tratar negocios del mundo, y hacerse como he dicho, a la conversación del mundo, y ser en lo interior extraños del mundo, y enemigos del mundo, y estar como quien está en destierro, y en fin, no ser

hombres sino ángeles?

porque no es ahora tiempo de ver imperfecciones

... en los que han de enseñar: y si en lo interior no están fortalecidos en

entender lo mucho que va en tenerlo todo debajo los pies y estar desasidos

  • 2 Fray Luis de León

de las cosas que se acaban y asidos a las eternas, por mucho que lo quieran encubrir, han de dar señal. Pues con quien lo han, sino con el mundo, no hayan miedo se lo perdone, ni que ninguna imperfección dejen de entender. Cosas buenas muchas se les pasarán por alto, y aun por ventura

no las tendrán por tales: mas mala o imperfecta no hayan miedo

...

Ansí

que no penséis es menester poco favor de Dios para esta gran batalla a

donde se meten, sino grandísimo». 4

4. Pecados

«Yo sé de una persona, a quien quiso nuestro Señor mostrar, cómo quedaba un alma cuando pecaba mortalmente. Dice aquella persona, que le parece, si lo entendiesen, no sería posible ninguno pecar, aunque se pusiese a mayores trabajos que se pueden pensar por huir de las ocasiones» 5 .

«Oí una vez a un hombre espiritual que no se espantaba de cosas que hiciese uno que está en pecado mortal, sino de lo que no hacía. Dios por su misericordia nos libre de tan gran mal, que no hay cosa mientras vivimos merezca este nombre de mal, sino ésta, pues acarrea males eternos para sin fin» 6 .

«Esto es, hijas, de lo que hemos de andar temerosas, y lo que hemos de pedir a Dios en nuestras oraciones; porque si Él no guarda la ciudad, en vano trabajaremos, pues somos la misma vanidad» 7 . «Por amor de Dios, que tengáis en esto gran aviso de nunca os descuidar hacer pecado venial, por pequeño que sea, con acordaros hay este remedio (agua bendita) 9 , porque no es razón el bien nos sea ocasión de hacer mal. Acordaros después de hecho, este remedio y procurarle luego: esto sí. Es muy gran cosa traer siempre la conciencia tan limpia, que ningún impedimento os estorbe a pedir a nuestro Señor la perfecta amistad que pide la esposa» 8 . «Miren que es peor la recaída que la caída; ya ven su pérdida; confíen en

  • 4 Camino de Perfección, capítulo III, números 2 y 3.

  • 5 Morada Primera, capítulo II, número 8.

  • 6 Morada Primera, capítulo II, número 4.

  • 7 Morada Primera, capítulo II, número 5.

la misericordia de Dios, no nada en sí» 9 .

5. Oración y meditación

«Porque a cuanto yo puedo entender, la puerta para entrar en este castillo, es la oración y consideración, no digo más mental que vocal, que como sea oración, ha de ser con consideración; porque la que no advierte con quién habla, y lo que pide, y quién es quien pide, y a quién, no la llamo yo oración aunque mucho menee los labios; porque aunque algunas veces sí será, aunque no lleve este cuidado, mas es habiéndole llevado otras; mas quien tuviese de costumbre hablar con la majestad de Dios, como hablaría con su esclavo, que ni mira si dice mal, sino lo que se le viene a la boca y tiene deprendido, por hacerlo otras veces, no lo tengo por oración, ni plega a Dios que ningún cristiano la tenga de esta suerte» 10 .

«Digo yo que aún, si pidiérades meditación, pudiera hablar dello, y aconsejar a todas la tuvieran, aunque no tengan virtudes; porque es principio para alcanzar todas las virtudes y cosa que nos va la vida en comenzarla todos los cristianos; y ninguno, por perdido que sea, si Dios le despierta a tan gran bien, lo había de dejar, como ya tengo escrito en otra parte, y otros muchos que saben lo que escriben, que yo por cierto no lo sé, Dios lo sabe» 11 .

«Sabed hijas, que no está la falta para ser o no ser oración mental, en tener cerrada la boca; si hablando estoy, enteramente entendido y viendo que hablo con Dios, con más advertencia que en las palabras que digo, junto está oración mental y vocal, salvo si no os dicen, que estéis hablando con Dios, rezando el Pater noster y pensando en el mundo: aquí callo. Mas si habéis de estar como es razón se esté, hablando con tan gran Señor, es bien estéis mirando con quién habláis, y quién sois vos, siquiera para hablar con crianza» 12 .

«Ahora, pues, tornemos a nuestra oración vocal, para que se rece de manera, que sin entendernos, nos lo dé Dios todo junto, y para, como he dicho 16 , rezar como es razón.

  • 9 Morada Segunda, capítulo único, número 19.

    • 10 Morada Primera, capítulo I, número 8.

    • 11 C. P. Capítulo 16, número 2.

La examinación de la conciencia, y decir la confesión y santiguaros, ya se sabe ha de ser lo primero; luego hija, procurad, pues estáis sola, tener compañía. Pues, ¿qué mejor que la del mesmo Maestro que enseñó la oración que vais a rezar? Representad al mesmo Señor junto con vos, y mirad con qué amor y humildad os está enseñando, y creedme, mientras pudiéredes, no estéis sin tan buen amigo. Si os acostumbráis a traerle cabe vos, y Él ve que lo hacéis con amor, y que andáis procurando contentarle, no lo podréis, como dicen, echar de vos; no os faltará para siempre; ayudaros ha en todos vuestros trabajos; tenerle heis en todas partes, ¿pensáis que es poco un tal amigo al lado? ¡Oh, hermanas! Las que no podéis tener el pensamiento sin divertiros, acostumbraos; mirad que sé yo que podéis hacer esto, porque pasé muchos años por este trabajo de no poder sosegar el pensamiento en una cosa, y esto muy grande, mas sé que no nos deja el Señor tan desiertos, que si llegamos con humildad a pedírselo, no nos acompañe. Y, si en un año no pudiéramos salir con ello, sea en más; no nos duela el tiempo en cosa que tan bién se gasta ¿quién va tras nosotros?» 13 .

«Porque me he alargado mucho en decir esto en otras partes, no lo diré aquí. Sólo quiero que estéis advertidas, que para aprovechar mucho en este camino, y subir a las moradas que deseamos, no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho, y así lo que más os despertare a amar, eso haced. Quizá no sabemos qué es amar, y no me espantaré mucho; porque no está en el mayor gusto, sino en la mayor determinación de desear contentar en todo a Dios, y procurar en cuanto pudiéremos, no le ofender, y rogarle que vaya siempre adelante la honra y gloria de su Hijo, y el aumento de la Iglesia Católica. Estas son las señales del amor, y no penséis que está la cosa en no pensar otra cosa, y que si os divertís un poco, va todo perdido» 14 .

«Decíame poco ha un gran letrado, que son las almas que no tienen oración, como un cuerpo con perlesía o tullido, que aunque tiene pies y manos, no los puede mandar; que así son, que hay almas tan enfermas, y mostradas a estarse en cosas exteriores, que no hay remedio, ni parece que pueden entrar dentro de sí. Y si estas almas no procuran entender y remediar su gran miseria, quedarse han hechas estatuas de sal, por no volver la cabeza hacia sí, así como lo quedó la mujer de Lot por volverla» 15 .

  • 13 C.P. Capítulo 26, número 1.

  • 14 Moradas IV. Capítulo 1, número 7.

«Es cosa donosa, que aún nos estamos con mil embarazos y imperfecciones, y las virtudes que aún no saben andar, sino que ha poco que comenzaron a nacer, y aún plega a Dios estén comenzadas, ¿y no habemos vergüenza de querer gustos en la oración y quejarnos de sequedades?» 16 .

  • 6. Perfección

«Entendamos, hijas mías, que la perfección verdadera es amor de Dios y del prójimo; y mientras con más perfección guardáremos estos mandamientos, seremos más perfectas. Toda nuestra regla y constituciones no sirven de otra cosa, sino de medios para guardar esto con más perfección» 17 .

«Todas las pretensiones de quien comienza oración (y no se olvide esto, que importa mucho) ha de ser trabajar y determinarse y disponerse con cuantas diligencias pueda a hacer su voluntad conformar con la de Dios; y (como diré después) estad muy ciertas, que en esto consiste toda la mayor perfección que se puede alcanzar en el camino espiritual. Quien más perfectamente tuviere esto, más recibirá del Señor, y más adelante está en este camino; no penséis que hay aquí más algarabías, ni cosas no sabidas y entendidas, que en esto consiste todo nuestro bien; pues si erramos en el principio, queriendo luego que el Señor haga la nuestra, y que nos lleve como imaginamos, ¿qué firmeza puede llevar este edificio?» 18 .

  • 7. Paz y medios para obtenerla

«Paz, paz, hermanas mías, dijo el Señor y amonestó a sus apóstoles tantas veces. Pues creedme, que si no la tenemos, y procuramos en nuestra casa, que no la hallaremos en los extraños.

Acábese ya esta guerra por la sangre que derramó por nosotros, lo pido yo a los que no han comenzado a entrar en sí, y a los que han comenzado, que no baste para hacerlos tornar atrás» 19 .

  • 16 Moradas I. Capítulo 1, número 7.

  • 17 Moradas o Capítulo único, número 14.

  • 18 18Morada Segunda. Capítulo único, número 16.

«No penséis, amigas y hermanas mías, que serán muchas las cosas que os encargaré, porque plega al Señor hagamos las que nuestros santos Padres ordenaron y guardaron, que por este camino merecieron este nombre; yerro sería buscar otro, ni deprenderlo de nadie. Solas tres me extenderé en declarar, que son las de la mesma constitución, porque importa mucho entendamos lo muy mucho que nos va en guardarlas para tener la paz, que tanto nos encomendó el Señor interior y exteriormente: la una es amor unas con otras; la otra desasimiento de todo lo criado; la otra verdadera humildad, que aunque la digo a la postre es muy principal, y las abraza todas» 20 .

8. Amor mutuo

«Cuanto a la primera, que es amaros mucho unas a otras, va muy mucho; porque no hay cosa enojosa que no se pase con facilidad en los que se aman, y recia ha de ser cuando dé enojo. Y si este mandamiento se guardase en el mundo, como se ha de guardar, creo aprovecharía mucho para guardar los demás, sino que por más o por menos, nunca acabamos de guardarle con perfección» 21 .

«Tornando a el amaros unas a las otras, parece cosa impertinente encomendarlo; porque ¿qué gente hay tan bruta, que tratándose siempre,

y estando en compañía

y creyendo las ama Dios, y ellas a Él que no

... cobre amor? En especial, que la virtud siempre convida a ser amada; y ésta, con el favor de Dios, espero yo en su Majestad siempre la habrá en las desta casa. Ansí que en esto no hay que encomendar mucho a mi parecer, en cómo ha de ser este amarse, y qué cosa es amor virtuoso el que yo deseo haya aquí, y en qué veremos tenemos esta grandísima virtud; que es bien grande, pues nuestro Señor tanto nos la encomendó, y tan encargadamente a sus apóstoles» 22 .

«Importa tanto este amor de unas con otras, que nunca querría que se os olvidase» 23 .

  • 20 C. P. Capítulo 4, número 3.

  • 21 C. P. Capítulo 4, número 3.

  • 22 C. P. Capítulo 4, número 6.

9. Preferencias

«Parece que lo demasiado entre nosotras, no puede ser malo, y trae tanto mal y tantas imperfecciones consigo, que no creo lo creerán sino los que han sido testigo de vista. Aquí hace el demonio muchos enredos, que en conciencias que tratan groseramente de contentar a Dios se siente poco,

y les parece virtud; y las que tratan de perfección lo entienden mucho, porque poco a poco quita la fuerza a la voluntad, para que del todo se emplee en amar a Dios. Y en mujeres creo debe ser esto aún más que en

hombres ...

porque de aquí viene el no se amar tanto todas, el sentir el

agravio que se hace a la amiga, el desear tener para regalarla, el buscar tiempo para hablarla, y muchas veces más para decirle lo que la quiere, y otras cosas impertinentes, que lo que ama a Dios. Porque estas amistades grandes, pocas veces van ordenadas a ayudarse a amar más a Dios».

«Mas en atajar estas parcialidades es menester gran cuidado desde el principio que se comienza la amistad, y esto más con industria y amor que con rigor.

No consintamos, oh, hermanas, que sea esclava de nadie nuestra voluntad, sino del que la compró por su sangre» 24 .

10. Humildad

«Yo no entiendo, ni puedo entender, cómo haya ni pueda haber humildad sin amor, ni amor sin humildad. Ni es posible estar estas dos virtudes en su perfección sin gran desasimiento de todo lo criado» 25 . «Una vez estaba yo considerando, por qué razón era nuestro Señor tan amigo de esta virtud de la humildad; y púsoseme delante (a mi parecer sin considerarlo, sino de presto) esto, que es porque Dios es suma verdad y la humildad es andar en verdad, que lo es muy grande no tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada; quien esto no entiende anda en mentira. A quien más lo entiende, agrada más a la suma verdad, porque anda en

  • 24 C. P. Capítulo 16, número 1

ella. Plega a Dios, hermanas, nos haga merced de no salir jamás de este propio conocimiento» 26 . todo este edificio, como he dicho, es su cimiento humildad, y si no hay

« ...

ésta muy de veras, aun por vuestro bien, no querrá el Señor subirle muy alto, porque no dé todo en el suelo.

Así que, hermanas, para que lleve buenos cimientos, procurar ser la menor de todas y esclava suya, mirando cómo o por dónde las podéis hacer placer y servir; pues lo que hiciéreis en este caso, hacéis más por vos, que por ellas, poniendo piedras tan firmes que no se os caiga el castillo» 27 .

11. Desasimiento

«Ahora vengamos al desasimiento que hemos de tener, porque en esto está el todo, si va con perfección. Aquí digo está el todo, porque, abrazándonos con sólo el Criador, y no se nos dando nada por todo lo criado, su Majestad infunde las virtudes, de manera que, trabajando nosotros poco a poco lo que es en nosotras, no tenemos mucho más que pelear, que el Señor toma la mano contra los demonios y contra todo el mundo en nuestra defensa» 28 .

«… Ya sabéis que no hay peor ladrón que el de casa, pues quedamos nosotras mesmas, que si no se anda con gran cuidado, y cada una, como en negocio más importante que todos, no mira mucho en andar contradiciendo su voluntad, hay muchas cosas para quitar esta santa libertad de espíritu que buscamos, que pueda volar a su Hacedor, sin ir cargadas de tierra y plomo. Grande remedio es para esto traer muy continuo en el pensamiento la vanidad que es todo, y cuán presto se acaba, para quitar la afición de las cosas que son tan baladíes, y ponerla en lo que nunca se acaba, (que aunque parece flaco medio, viene a fortalecer mucho el alma), y en las muy pequeñas cosas traer gran cuidado; en aficionándonos a alguna, procurar apartar el pensamiento della, y volverle a Dios, y su Majestad ayuda» 29 .

  • 26 Morada Sexta, Capítulo 10, número 6

  • 27 Morada 7. Capítulo 4, números 12 y 13

  • 28 C. P. Capítulo 8, número 1.

12.

Amor y temor

«Pues, buen Maestro nuestro, dadnos algún remedio cómo vivir sin muchos sobresaltos en guerra tan peligrosa. El que podemos tener, hijas, y nos dio su Majestad, es amor y temor, que el amor nos hará apresurar los pasos, y el temor nos hará ir mirando a dónde ponemos los pies, para no caer en camino, a donde hay tanto en que tropezar, como caminemos todos los que vivimos; y con esto a buen seguro que no seamos engañadas. Diréisme que en qué veréis que tenéis estas virtudes tan grandes, y tenéis razón, porque cosa muy cierta y determinada no la puede haber; porque siéndolo, de que tenemos amor, lo estaremos de que estamos en gracia.

Mas mirad, hermanas, hay unas señales que parece que los ciegos las ven, no están secretas: aunque no queráis entenderlas, ellas dan voces, que hacen mucho ruido; porque no son muchos los que con perfección las tienen, y ansí se señalan más. ¡Como quien no dice nada: amor y temor de Dios! Son dos castillos fuertes desde donde se da guerra al mundo y a los demonios» 30 .

  • 13. Amor y señales

«Los que de veras aman a Dios, todo lo bueno aman, todo lo bueno quieren, todo lo bueno favorecen, todo lo bueno loan, con los buenos se juntan siempre, y los favorecen y defienden; no aman sino verdades, y cosas que sean dignas de amar.

¿Pensáis que es posible los que muy de veras aman a Dios, amar vanidades, ni riquezas, ni cosas del mundo, ni deleites ni honras? Ni tienen contiendas, ni andan con envidias, todo porque no pretenden otra cosa sino contentar al Amado. Andan muriendo, porque los ame, y ansí ponen la vida en entender cómo le agradarán más, que el amor de Dios,

si de veras es amor, es imposible estar muy encubierto. Si no mirad un S. Pablo, una Magdalena; en tres días el uno comenzó a entenderse que estaba enfermo de amor, éste fue S. Pablo; la Magdalena, desde el primer

día; ¡y cuán bien entendido!

Es fuego grande, no puede sino dar gran

... resplandor; y, si esto no hay, anden con gran recelo, crean que tienen

bien que temer, procuren entender qué es, y hagan oraciones, anden con humildad, y supliquen al Señor no los traiga en tentación; que cierto, a no haber esta señal, yo temo que andemos en ella. Mas andando con humildad, procurando saber la verdad, sujetas al confesor, y tratando con él con verdad y llaneza, como está dicho, fiel es el Señor. Mas si sentís este amor de Dios, que tengo dicho, y el temor que ahora diré, andad alegres y quietas, que, por haceros turbar el alma para que no goce tan grandes bienes, os pondrá el demonio mil temores falsos, y hará que otros os los pongan; porque ya que no puede ganaros, al menos procura haceros algo perder, y que pierdan los que quieran ganar mucho ...

Ansí, que no dejaréis de entender este amor a donde está, ni sé cómo se puede encubrir. Pues si amamos acá a las criaturas, dicen ser imposible, y que mientras más hacen por encubrirlo, más se descubre, siendo cosa tan baja, que no merece nombre de amor, porque se funda en no nada y es asco poner esta comparación; ¿y habíase de poder encubrir un amor tan fuerte como el de Dios? ¿Tan justo, que siempre va creciendo, teniendo tanto que amar, que no ve cosa para dejar de amar, y tantas causas de amar; fundado sobre tal cimiento, como es ser pagado con otro amor, que ya no puede dudar dél, por estar mostrado tan al descubierto con tan grandes dolores, y trabajos, y derramamiento de sangre, hasta perder la vida, porque no nos quedase ninguna duda deste amor? ¡Oh, válgame Dios, qué cosa tan diferente debe ser el un amor del otro, a quien lo ha probado! Plega a su Majestad nos le dé a entender antes que nos saque desta vida; porque será gran cosa a la hora de la muerte, ver que vamos a ser juzgadas de quien habemos amado sobre todas las cosas» 31 .

«¡Como me he alargado! Pues no tanto como quería, porque es cosa sabrosa hablar de tal amor, ¿qué será tenerle? ¡Oh Señor mío! dádmelo Vos, no vaya yo desta vida, hasta que no quiera cosa della, ni sepa qué cosa es amar fuera de Vos, ni acierte a poner este nombre en nadie, pues todo es falso, pues lo es el fundamento y ansí no durará el edificio. No sé por qué nos espantamos: cuando oigo decir, aquél me pagó mal, estotro no me quiere, yo me río entre mí. ¿Qué os ha de pagar, ni qué os ha de querer? En esto veréis quién es el mundo, que en ese mesmo amor os da después el castigo» 32 .

  • 31 C. P. Capítulo 40, números 2, 3, 4 y 6.

14. Temor y señales

«El temor de Dios es cosa también muy conocida de quien le tiene y de los que le tratan; aunque quiero entendáis que, a los principios, no está tan crecido, sino es en algunas personas, a quien como he dicho, da el Señor en breve tanto, y las sube a tan altas cosas de oración, que desde luego se entienden bien. Mas, a donde no van las mercedes en este crecimiento que, como he dicho, en una llegada deja un alma rica de todas las virtudes, vase creciendo más cada día. Aunque desde luego se entiende, porque luego se apartan de pecados y de las ocasiones, y de malas compañías y se ven otras señales ...

¡Oh, que es gran cosa no tener ofendido al Señor, para que sus esclavos infernales estén atados, que en fin, todos le han de servir, aunque les pese, sino que ellos es por fuerza y nosotros de toda voluntad! Ansí que, teniéndole contento, ellos estarán a raya, no harán cosa con que nos puedan dañar, aunque más nos traigan en tentación y nos armen lazos secretos. En lo interior tened esta cuenta y aviso, que importa mucho que no descuidéis, hasta que os veáis con tan gran determinación de no ofender al Señor, que perderíades mil vidas antes que hacer un pecado mortal, y de los veniales estéis con mucho cuidado de no hacerlos de advertencia, que de otra suerte, ¿quién estará sin hacer muchos? Mas hay una advertencia muy pensada, y otra tan de presto, que casi haciéndose el pecado venial y advirtiéndose es todo uno que no nos podemos entender. Mas pecado muy de advertencia por muy chico que sea, Dios nos libre dél, que yo no sé cómo tenemos tanto atrevimiento, como es ir contra un tan gran Señor, aunque sea en muy poca cosa: cuando más que no hay muy poco, siendo contra una tan gran Majestad, y viendo que nos está mirando, que esto me parece a mí es pecado sobre pensado, y como quien dice: Señor, aunque os pese haré esto; ya veo que lo veis, y sé que no lo queréis, y lo entiendo: mas quiero más seguir mi antojo y apetito que no vuestra voluntad. Y qué ¿en cosa desta suerte hay poco? A mí no me parece leve la culpa, sino mucha y muy mucha.

Mirad, por amor de Dios, hermanas, si queréis ganar este temor de Dios, que va mucho en entender cuán grave cosa es ofensa de Dios, y tratarlo en vuestros pensamientos muy de ordinario, que nos va la vida, y mucho más tener arraigada esta virtud en nuestras almas, y hasta que la tengáis, es menester andar siempre con mucho cuidado y apartarnos de todas

las ocasiones y compañías que no nos ayuden a allegarnos más a Dios. Tened gran cuenta con todo lo que hacemos, para doblar en ello vuestra voluntad; y cuenta con que lo que se hablare vaya con edificación: huir de donde hubiere pláticas que no sean de Dios.

Ha menester mucho para arraigar y para que quede muy impreso en este temor, aunque si de veras hay amor, presto se cobra; mas, en teniendo el alma visto en sí con gran determinación, como he dicho, que por cosa criada no hará una ofensa a Dios, aunque después se caiga alguna vez (porque somos flacos y no hay que fiar de nosotros, cuando más determinados, menos confiados de nuestra parte, que de donde ha de venir la confianza ha de ser de Dios), no se desanime, sino procure luego pedir perdón» 33 .

15. Mortificación

«Es muy amiga de regalo (la carne) ya lo veis, y harto peligroso pacificarse en ellos, si lo entendiésemos: yo lo pienso muchas veces y no puedo acabar de entender cómo hay tanto sosiego y paz en las personas muy regaladas. ¿Por ventura merece el cuerpo sacratísimo de nuestro dechado y luz menos regalos que los nuestros? ¿Había hecho por qué padecer tantos trabajos?

¿Hemos leído de santos, que ya sabemos que son los que están en el cielo cierto, tener vida regalada? ¿De dónde viene este sosiego en ella? ¿Quién nos ha dicho que es buena? ¡Qué es esto que tan sosegadamente se pasan los días con comer bien y dormir y buscar recreaciones y todos los descansos que pueden algunas personas, que me quedo boba de mirarlo! No parece ha de haber otro mundo y que en aquello hay el menor peligro de él.

¡Oh hijas, si supierais el grande mal que aquí está encerrado! El cuerpo engorda, el alma enflaquece, que si la viésemos parece que vaya a expirar» 34 .

«Poned los ojos en el Crucificado, y haráseos todo poco. Si su Majestad nos mostró el amor con tan espantables obras y tormentos, ¿cómo queréis

  • 33 C. P. Capítulo 41, números, 3 ó 4 y 5.

contentarle con solo palabras?» 35 .

«Abrazaos con la cruz que vuestro Esposo llevó sobre sí, y entended que ésta ha de ser vuestra empresa; la que más pudiere padecer, que padezca más por Él, y será la mejor librada» 36 .

16. Propio conocimiento

«

...

que

la humildad siempre labra como la abeja en la colmena la miel, que

sin esto todo va perdido. Mas consideremos que la abeja no deja de salir a volar para traer flores, así el alma en el propio conocimiento; créanme, y vuelen algunas veces a considerar la grandeza y majestad de su Dios. Aquí hallará su bajeza mejor que en sí misma y más libre de las sabandijas adonde entran en las primeras piezas, que es el propio conocimiento, que aunque, como digo, es harta misericordia de Dios que se ejercite en esto; tanto es lo demás como lo de menos, suelen decir. Y créanme que con la virtud de Dios obraremos muy mejor virtud, que muy atadas a nuestra tierra.

No sé si queda dado bien a entender, porque es cosa tan importante este conocernos, no querría en ello hubiese jamás relajación, por subidas que estéis en los cielos; pues mientras estamos en esta tierra, no hay cosa que más nos importe que la humildad. Y así torno a decir que es muy bueno y muy rebueno tratar de entrar primero en el aposento, a donde se trata de esto, que volar a lo demás, porque éste es el camino; y si podemos ir por seguro y llano, ¿para qué hemos de querer alas para volar? ...

Y a mi parecer jamás nos acabamos de conocer, si no procuramos conocer a Dios; mirando su grandeza acudamos a nuestra bajeza, y mirando su limpieza veremos nuestra suciedad; considerando su humildad veremos cuán lejos estamos de ser humildes» 37 .

  • 35 Morada Séptima. Capítulo IV, número 11

  • 36 Morada Segunda. capítulo único, número 11.

17. El camino

«¡Oh Señor, que todo el daño nos viene de no tener puestos los ojos en Vos! Que si no mirásemos otra cosa sino el camino, presto llegaríamos; mas damos mil caídas y tropezones y erramos el camino, por no poner los ojos, como digo, en el verdadero camino. Parece que nunca se anduvo, según se nos hace nuevo, cosa es para lastimar por cierto, lo que algunas veces pasa; por esto digo, que no parecemos cristianos, ni leímos la Pasión en nuestra vida. Pues tocar en un puntico de ser menos, no se sufre, ni parece que se ha de poder sufrir; luego dicen, no somos santos, Dios nos libre, hermanas, cuando algo hiciéramos no perfecto de decir no somos ángeles, no somos santas. Mirad que aunque no lo seamos, es gran bien pensar, si nos esforzamos lo podríamos ser, dándonos Dios la mano; y

no hayáis miedo que quede por Él, si no queda por nosotras

Manos a la

... labor, como dicen, no entendamos cosa en que se sirva más el Señor, que

no presumamos salir con ella con su favor. Esta presunción querría yo en esta casa, que hace siempre crecer la humildad, y tener una santa osadía, que Dios ayuda a los fuertes y no es aceptador de personas.

¿Pues qué es esto que hacemos por Vos, Señor, hacedor nuestro, que es tanto como nada, una determinacioncilla? Pues, si con lo que no es nada, quiere su Majestad que merquemos el todo, no seamos desatinadas» 38 .

18. Alabanzas

«En lo que os puede hacer daño grande, si no tenéis aviso, en las alabanzas, que nunca acaba de que comienza, para después abajaros más; es lo más ordinario, en decir que sois más santas, con palabras tan encarecidas que parece los enseña el demonio; y así debe ser a veces, porque si lo dijesen en ausencia, pasaría; mas en presencia, ¿qué fruto puede traer, sino daño, si no andáis con mucho aviso?

Por amor de Dios os pido que nunca os pacifiquéis en estas palabras, que poco a poco os podrían hacer daño y creer que dicen verdad, o en pensar que ya es todo hecho y que lo habéis trabajado. Vosotras nunca dejéis pasar palabra sin moveros guerra en vuestro interior, que con facilidad se

hace si tenéis costumbre. Acordáos cuál paró el mundo a Cristo nuestro Señor, y qué ensalzado le había tenido el día de Ramos ...

Yo tengo harta experiencia de esto. Solía afligirme mucho de ver tanta ceguedad en estas alabanzas, y ya me río, como si viese hablar un loco. Acordáos de vuestros pecados y puesto que en alguna cosa os digan verdad, advertid que no es vuestro, y que estáis obligados a servir más. Creed que es menester aquí estar con la espada en la mano de la consideración:

aunque parezca no os hace daño, no os fiéis de eso: acordáos cuántos estuvieron en la cumbre y están en el profundo» 39 .

19. Las malas razones

«Muchas veces os lo digo, hermanas, y ahora lo quiero dejar escrito aquí, porque no se os olvide, que en esta casa, y aun en toda persona que quiere ser perfecta, se huya mil leguas de razón tuve, hiciéronme sinrazón, no tuvo razón quien esto hizo conmigo, de malas razones nos libre Dios. ¿Paréceos que había razón para que nuestro buen Jesús sufriese tantas injurias, y se las hiciesen, y tantas sinrazones? ¿Por ventura podéis pasar tanto que no debáis más? ¿Qué razón es ésta? por cierto, yo no la entiendo.

Cuando nos hicieren alguna honra o regalo, o buen tratamiento, saquemos, esas razones, que cierto es contra razón nos le hagan en esta vida; mas cuando agravios (que así los nombran, sin hacernos agravios) yo no sé qué hay que hablar» 40 .

«Otros hay, que han dejado todas las cosas por el Señor, y ni tienen casa, ni hacienda, ni tampoco gustan de regalos, antes son penitentes, ni de las cosas del mundo, porque les ha dado ya el Señor luz de cuán miserables son; mas tienen mucha honra, no querrían hacer cosa, que no fuese tan bien acepta a los hombres tanto como al Señor, gran discreción

y prudencia

Estas almas, por la mayor parte las lastima cualquier cosa

... que digan ellos. No abrazan la cruz, sino llévanla arrastrando y así las lastima y hace pedazos» 41 .

  • 39 C. D. Capítulo II, números 12, 13, 14 y 15.

  • 40 C. P. Capítulo 16, número 1.

  • 41 C. D. Capítulo II, números 35 y 36.

20. Resolución

«Ya, hijas, habéis visto la gran empresa que pretendemos ganar ¿qué tales habremos de ser, para que en los ojos de Dios y del mundo no nos tengan por muy atrevidas? Está claro que hemos menester trabajar mucho, y ayuda mucho tener altos pensamientos para que nos esforcemos a que lo sean las obras, pues con que procuremos guardar cumplidamente nuestra regla y constituciones con gran cuidado, espero en el Señor admitirá nuestros ruegos» 42 .

«En fin hermanas mías, con lo que concluyo es, que no hagamos torres sin fundamento, que el Señor no mira tanto la grandeza de las obras, como el amor con que se hacen; y como hagamos lo que pudiéramos, hará su Majestad que vamos pudiendo cada día más; y más como no nos cansemos luego, sino que lo poco que dura esta vida (y quizás será más poco de lo que cada uno piensa) interior y exteriormente ofrezcamos a el Señor el sacrificio que pudiéramos, que su Majestad le juntará con el que hizo en la Cruz por nosotras al Padre para que tenga el valor que nuestra voluntad hubiere merecido, aunque sean pequeñas las obras» 43 .

«Plega a nuestro Señor nos tenga de su mano, y enseñe siempre a cumplir su voluntad. Amen» 44 .

A.M.D.G

  • 42 C. P. Capítulo IV, número 1.

  • 43 Morada Séptima, número 25.

www.institucionteresiana.org Príncipe de Vergara 88. 28006 MADRID. España Edicición digital, 3 de diciembre de 2014
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