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PROGRAMA No. 1062

1 PEDRO

Capítulo 1:2

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro recorrido por la primera epístola universal del Apóstol Pedro y llegamos a una parte de esta epístola que es bastante difícil, y debemos ser francos y admitirlo. Simón Pedro, el así llamado “pescador ignorante”, es alguien que nos presenta aquí una gran cantidad de doctrina, y podemos decir una doctrina bastante difícil. Permítanos leer el versículo 2 del capítulo 1; dice:

2 elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas. (1 P. 1:2)

Él se arroja inmediatamente a aguas muy profundas en lo que a doctrina se refiere. No le consideramos como un pescador ignorante, digamos de paso, porque él está hablando de cosas aquí que nosotros debemos confesar que no sabemos demasiado. Quisiéramos leerle amigo oyente, lo que dice la Biblia de Scofield en cuanto a esto, escuche usted: “El acto soberano de Dios en la predeterminación, elección y predestinación se originó lógicamente en una decisión divina, basada en Su omnisciencia eterna de todos los problemas, y de todos los planes posibles de la acción. El orden, lógico, no cronológico, es omnisciencia, decisión divina, predeterminación, elección, predestinación y presciencia. Ya que la decisión de Dios es eterna, así también su presciencia es eterna. La presciencia se extiende a todos los hechos. La elección es por lo tanto según la presciencia. La presciencia es según la elección, indicando que ambas están en un acuerdo perfecto”. Hasta aquí, lo que dice la

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Biblia de Scofield.

¿Sabe usted amigo oyente, lo que eso significa? Bueno, debemos confesarle, amigo oyente, y esperamos que usted no divulgue esto, pero debemos confesar que nosotros no sabemos lo que esto significa. Nos revela el hecho de que estamos tratando en realidad aquí con el lado de Dios de este problema.

Ahora, permítanos leer una declaración un poco más sencilla en cuanto a la elección. Quisiéramos mencionar lo que el doctor Shaeffer tiene que decir en su libro de doctrina. Creemos que nos va a ayudar y lo dice mucho mejor de lo que podemos decirlo nosotros; escuche usted. Dice el Dr. Shaeffer: “Habiendo reconocido el derecho soberano de Dios sobre Su creación y habiendo asignado a Él, el propósito racional en todo su planeamiento, la verdad contenida en la doctrina de elección sigue una frecuencia natural como la función necesaria de alguien que es divino”.

Ahora, eso es algo mucho más fácil de entender para mí. Debemos reconocer que nuestro Dios es un Dios soberano, y que éste es Su universo. Él lo creó. No sabemos por qué lo creó, no sabemos por qué lo creó de la manera en que lo hizo. ¿Por qué no nos dio un poco más de tierra para que tuviéremos un poco más de espacio donde estacionar nuestros automóviles? No sabemos por qué lo hizo Él de esta manera, pero así es como Él lo hizo. Y Él sigue ciertas leyes naturales, y nosotros las llamamos naturales, pero son Suyas; y Él las podría haber hecho para que se sometieran a otras leyes, si así lo hubiera querido. Ya que Dios es absolutamente omnisciente, Él conoce todo; ya que Él es omnipotente, Él tiene todo poder, y ya que Él es un Dios soberano, creemos que Él puede hacer todo lo que quiere y que es consistente con Su carácter.

Ahora, Él tiene el derecho de planear para el futuro. Aparentemente, Él hizo algún planeamiento. Nosotros los llamamos los decretos que Dios tenía en mente al mismo principio; es decir, un plan que Él iba a seguir. Este es en todo Su universo. Él lo hizo. Él

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nunca me preguntó a mí en cuanto a esto. En realidad, Él nunca me preguntó a mí si yo quería nacer o no. Él podía haberme dejado de lado. Él podía haberle dejado a usted de lado, amigo oyente, pero Él no lo hizo. Y gracias a Dios que no hizo eso. Me alegro que Él me llamó y que Él le está llamando a usted. Y luego, hubo el decreto para permitir la caída. Creemos que hubo necesidad de mucho planeamiento de parte de Dios cuando Él creó a este agente moral libre llamado hombre, y él llegaría a caer cuando Dios le dio a él libertad para elegir, porque así es la humanidad. Un hombre fue creado perfecto. Pero, la humanidad decidió y eligió desobedecer a Dios. Bien, Dios ha hecho arreglos para esto. Hubo un decreto para elegir a algunos para la salvación. Dios no lo consideró una pérdida total. Y la cruz de Cristo, amigo oyente, no es una ambulancia enviada a un accidente. Dios tuvo todo eso planeado, todo ya preparado, y luego, Él hizo un decreto por medio del cual proveía un Salvador. Él envió un Salvador al mundo. Por cierto que hizo eso. Y Él hizo un decreto que Él iba a salvar a todos aquellos que iban a Él, los elegidos. Usted puede llamarles lo que quiera llamarles. Pero el hecho de que Él les ha elegido, hace de ellos los electos. Ahora, alguien quizá diga: “Bueno, Él no eligió a los otros”. Amigo oyente, no encontramos eso en ninguna parte. Lo que sí podemos ver es lo que el Señor Jesucristo dijo: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera”. (Juan 6:37) Usted tiene que ir a Él, amigo oyente. Él presenta una invitación: “Venid a mí”, dice. Y esa es una invitación legítima. Él dice: “Todo aquel que quiera”. Por lo tanto, tiene que haber una respuesta, una reacción, y esa reacción es su responsabilidad, amigo oyente, y es mí responsabilidad.

Ahora, Pedro está hablando aquí de algo muy profundo. Él dice: Elegidos según la presciencia de Dios Padre. Amigo oyente, Dios no sólo conoce el plan que está siguiendo hoy, sino que conoce todo el plan. Él conoce el plan que está siguiendo. Pero tiene que haber habido una cantidad infinita de planes. Él está siguiendo este en particular. ¿Por qué? Porque Él eligió hacerlo. Él está en control de todo. Nosotros nos olvidamos con frecuencia que somos simplemente Sus criaturas. Nosotros nos olvidamos que tenemos muy poco que elegir. Yo no puedo determinar la hora en que debía nacer. Tampoco puedo determinar la familia en la cual nací. Tampoco puedo determinar mi estatura o el color de

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mis ojos. Hay muchas cosas sobre las cuales yo no tuve nada que hacer. Esa es la razón por la cual usted está donde está, amigo oyente; por la gracia de Dios. Usted puede darle gracias a Dios por eso. Y nunca tiene que enorgullecerse por eso.

Ahora, Dios tenía un plan y está desarrollando ese plan. No sabemos por qué criticamos a Dios por hacer eso. Lo que pasa es que pensamos que quizá Él está tratando de hacer algo que no es bueno en la forma en que está desarrollando las cosas, pero no es así, amigo oyente. Dios es bueno y misericordioso y paciente, y Él quiere salvarnos. Así es que, Dios es alguien en quien podemos confiar hoy. No nos preocupa cuando los hombres hacen planes. No sabemos por qué. Por ejemplo, si usted realiza algún vuelo en avión, digamos de Europa a los Estados Unidos, cuando sube al avión y éste levanta vuelo, por lo general se escucha la voz del capitán que nos da información en cuanto a su plan de vuelo. Por lo general es un hombre que ya ha realizado este viaje varias veces, y tiene mucha experiencia. Es una persona que sabe de lo que está hablando. Y, por lo general, hay cosas

que son interesantes. Él dice, por ejemplo: “Vamos a volar primero sobre Escocia. Luego, pasaremos sobre el norte de Irlanda, y luego, nuestro vuelo continuará sobre el Océano Atlántico. Pasaremos más adelante sobre Finlandia, pero no vamos a poder ver ese país porque estará cubierto de nubes. Pero cuando lleguemos a Groenlandia, esperamos poder ver esa zona. En este momento hay nubes sobre el lugar, pero son pasajeras. Luego, pasaremos por la Bahía de Hudson y Labrador, y entonces, nos acercaremos a nuestro punto de destino”. Y por lo general, el capitán bosqueja todo el viaje. Ahora, podemos comparar esto con la presciencia y la elección. El capitán del avión elige o decide dónde va

a ir, cómo se va a dirigir a ese lugar, y luego puede ser un viaje muy agradable. Quizá al

pasar por Groenlandia el tiempo no sea muy bueno, pero no va a resultar un viaje malo. Y por lo general, lo que él dice es lo que sucede en el viaje. Ahora, puede que resulte de otra forma, ya que él es solamente un ser humano.

Ahora, usted se da cuenta, amigo oyente, de que no hay ningún pasajero que se levante

y vaya a protestar ante el capitán. No hay nadie que le diga: “Usted no tiene ningún

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derecho de planear nuestro viaje”. Por lo general, todos están de acuerdo en que el plan es muy bueno. Nos alegra mucho, amigo oyente, saber que hay un Dios en este universo, y que Él sabe lo que está haciendo. Él sabe a dónde va. Él sabe todo lo relacionado a Él mismo. Y Él está haciendo lo mejor. Es por eso que decimos “Aleluya” por la elección que es “según la presciencia de Dios Padre”. Dios es capaz de hacerlo porque Él conoce todo. Ahora, el piloto del avión recibe información en cuanto a las condiciones de tiempo, y a él se le señala la ruta que debe seguir, pero todo eso podría cambiar durante el vuelo. En cambio, nuestro Dios conoce todo. Él conoce todas las condiciones. Él conoce todo aquello que se puede ver en el futuro, y lo que no se puede ver; así es que usted puede confiar en Él, amigo oyente. Elegidos según la presciencia de Dios Padre. Eso es lo que Dios el Padre ha hecho.

Ahora, Pedro continúa diciendo: En santificación del Espíritu. Ya hemos dicho anteriormente que, cuando la santificación se identifica con Cristo, indica que Él es nuestra santificación, y nosotros somos completos en Él. Y nosotros nunca llegaremos a ser mejores cuando lleguemos a la presencia de Dios de lo que somos en este mismo instante, porque nosotros somos completos en Él, y somos aceptos en el amado. Y no hay nada que podamos agregar a eso. Esa es nuestra posición en Cristo.

Ahora, él está hablando en cuanto a la santificación del Espíritu. Él está hablando aquí de otra cosa. Él está hablando en cuanto al Espíritu Santo en el mundo, quién no solo nos convierte y es responsable por nuestro nuevo nacimiento, sino que también comienza a obrar en muchas vidas y corazones para llevarnos a un lugar de madurez, donde lleguemos a ser creyentes completos y maduros. Desafortunadamente, hay muchos creyentes que han sido creyentes por 50 años y que van a ir al cielo como bebés de Cristo. Y creemos que va a ser algo embarazoso el ir allá como un bebé. En realidad va a ser algo trágico. El propósito del Espíritu Santo es el de santificarnos aquí en esta tierra. Nos gustaría ver un poco más de énfasis en esto, en lugar de toda la palabrería que se escucha en el presente.

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Suponemos que por lo menos hay 25 organizaciones diferentes en ciertos ministerios que han llegado a ser expertos en decirnos cómo uno puede llegar a ser un creyente bien adecuado. Amigo oyente, esperamos que usted nunca llegue al lugar donde usted no sienta su insuficiencia y su dependencia en Cristo Jesús como su Salvador. Es en realidad cansador escuchar a esos creyentes “adecuados”. Y cuando uno ve a estos que piensan que son adecuados, decimos que no queremos ser adecuados como ellos. Ellos son completamente inadecuados. No nos estamos refiriendo directamente a nadie en particular. Estamos hablando en cuanto al hecho de que el Espíritu de Dios dice que la santificación es por el Espíritu Santo de Dios, y no por medio de algún método, sino que es solamente por la obra del Espíritu de Dios. Cualquiera de los otros seres humanos tenemos una naturaleza vieja, somos pecadores, un pecador salvado por gracia.

Ahora, Pedro sigue diciendo: Para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo. Y aquí tenemos toda la Trinidad. Elegidos según la presciencia de Dios el Padre. Fue algo planeado. Vimos esto allá en la carta a los Efesios. La santificación es por medio del Espíritu Santo, y el Espíritu Santo nos protege. Y es por medio de la sangre de Jesucristo.

Ahora, podemos probar esto. Alguien quizá pregunte: “¿Cómo puedo saber yo que soy uno de los elegidos?” Amigo oyente, usted puede saber si lo es o no lo es. ¿Le ha llevado a usted a la obediencia? ¿Es Cristo realmente su Señor? ¿Es dueño absoluto de todo su ser, quien controla todo su ser? Y si lo es, entonces, usted le ama. Él dice: “Si me amas, guarda mis mandamientos”. Eso es número uno, si usted le ama.

Luego, obediencia. La obediencia significa que usted le obedece a Él. Usted no hace lo

Sino que quiere decir que es

que quiere hacer, y luego, llama a eso la voluntad de Dios. obediencia.

Ahora Pedro dice aquí: Ser rociados con la sangre de Jesucristo. Amigo oyente, hay mucho silencio hoy en cuanto a la sangre de Jesucristo. Aún en lugares que se consideran

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fundamentales. La sangre de Cristo, mientras corría por sus venas, no tenía ningún valor. Cuando Él estuvo sobre la cruz, y esa sangre fue derramada, y creemos que Su cuerpo quedó sin una gota de sangre, toda salió de Él y cayó allí al pie de la cruz, y eso no suena como algo muy estético. Alguien contaba que una señora muy distinguida fue a ver al nuevo Pastor de su iglesia en una ocasión, y le dijo a éste que el pastor anterior hablaba demasiado en cuanto a la sangre de Cristo y que ella esperaba que él no iba a hacer una cosa muy grande de la sangre de Cristo. El nuevo Pastor la miró y sonriente le dijo:

“Señora, puedo asegurarle que no voy a hacer algo demasiado grande de la sangre de Cristo”. Ella ya estaba a punto de contestarle: “Bueno, eso está muy bien”, cuando él continuó diciendo: “¿Sabe una cosa?, la verdad es que uno nunca puede hacer algo lo suficientemente grande de la sangre de Cristo”. Y amigo oyente, no creemos que uno deba tratar la sangre de Cristo de manera cruda, y vulgar. A veces se la trata de esa manera, pero, amigo oyente, cuando esa sangre fue derramada, Él entregó Su vida, la vida de la carne está en la sangre, dice la Escritura. Es derramada esa sangre por usted y por mí, para que nosotros tengamos vida.

Y el Apóstol Pedro está hablando aquí a aquellos que crecieron en el judaísmo. Ellos conocían lo que el Antiguo Testamento decía. Él está escribiendo a aquellos de la dispersión, los judíos más prominentes que estaban entonces en el Asia Menor, en una zona o área específica. Él está usando aquí palabras que ellos comprendían muy bien; el sumo sacerdote, en el día del perdón, tomaba la sangre y entraba al lugar santísimo, y salpicaba esa sangre 7 veces sobre el propiciatorio.

Ahora, el Señor Jesucristo ha tomado Su sangre al trono de Dios. Al trono que nos mira a nosotros y nos dice que somos pecadores culpables. Pero Él salpicó ese trono con Su sangre. Él entregó Su sangre, y así pagó el castigo del pecado, y ahora ese trono de juicio es un trono de gracia al cual podemos acercarnos, y podemos tener salvación.

Amigo oyente, el evangelio no ha sido predicado a no ser que usted diga algo en cuanto

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Quizá le ofenda a usted estéticamente, y esa es la ofensa de la cruz.

Él derramó Su sangre, y no es algo muy lindo por cierto. Pero mi pecado tampoco es algo hermoso. Eso es lo que es horrible verdaderamente, en cuanto a la cruz en la cual Él tuvo

a la sangre de Cristo.

que morir, por usted y por mí. Y debemos tener eso en cuenta, debemos tener eso delante de nosotros.

En cierta ocasión tuvo lugar un accidente en el cual un hombre arrolló en un paso a nivel a otro hombre. Dos o tres personas murieron en ese accidente. Hubo un juicio en el tribunal, y la persona que estaba a cargo de ese paso a nivel fue interrogado por un abogado. El abogado le preguntó: “¿Dónde estaba usted en el momento del accidente?” Y este hombre respondió: “Estaba en el cruce de la vía del tren”. El abogado le preguntó:

“¿Tenía usted una linterna?” Este hombre contestó que sí. Y luego, el abogado dijo que no tenía más preguntas para él. Cuando este hombre salió del tribunal, alguien le escuchó decir para sí mismo: “Menos mal que no me preguntaron si había batería en la linterna, porque necesitaba remplazarla”. Amigo oyente, hay muchas linternas hoy que se mueven de un lado para otro en nombre del fundamentalismo, del conservadorismo, pero esas linternas no tienen ninguna luz. Se encuentra en la sangre de Cristo, como dice Pedro aquí: rociados con la sangre de Jesucristo.

Ahora, él llega a unas palabras claves, dice: Gracia y paz os sean multiplicados. A causa de la obra de la Trinidad, Dios pensó en usted, Cristo murió, y el Espíritu viene a morar en usted para hacer de usted una mejor persona. Y Cristo derramó Su sangre para que usted pudiera tener perdón de sus pecados. Dios puede salvarle por Su gracia. Y Pedro dice aquí: Gracia y paz os sean multiplicadas. Usted nunca podrá tener paz, amigo oyente, si no es la paz de Dios. Amigo oyente, si usted pertenece a algún curso, y usted no es un creyente en Cristo, si usted no cree que Cristo derramó Su sangre por sus pecados, usted no puede tener paz en su corazón. No es necesario que nos informe eso. Usted no puede tener paz porque la paz es Cristo, y la seguridad y el gozo le viene a usted cuando sabe que sus pecados han sido perdonados. No estamos mostrando una linterna que no tiene luz. No

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estamos hablando de algo que es sencillamente una teoría. Estamos diciendo lo que Simón Pedro dijo. Ese pescador sabía muy bien esto porque Jesús se lo había dicho a Él personalmente. Él sabía esto porque él vio morir a Jesús, él vio donde fue sepultado, y le vio después de haber resucitado. Y este hombre sabía muy bien esto en su corazón. Él era un hombre que antes había sido insípido, mimado, titubeante, indeciso. Pero, ahora es un hombre firme, como una roca, y él podía pararse en el día de Pentecostés y predicar el evangelio, y finalmente ser crucificado. Y él puede escribir una epístola como esta. Por eso decimos que esta es la Palabra de Dios viviente a la cual estamos contemplando en este día. Así es que, amigo oyente, esa es una declaración tremenda la que encontramos aquí en el versículo 2 de este primer capítulo de la primera epístola del Apóstol Pedro. Y vamos a detenernos aquí por hoy. Es sorprendente en realidad, ver lo que hemos dicho, porque no sabemos mucho en cuanto a estas dos doctrinas tan tremendas. La elección es algo del lado de Dios. Él nunca nos ha informado en qué forma realiza Él esto. Él sencillamente nos dice que confiemos en Él, y amigo oyente, pensamos que esto es lo más importante, esto es lo esencial, confiar en el Señor Jesucristo.

Bien, amigo oyente, vamos a dejar aquí por hoy, y Dios mediante, en nuestro próximo programa, continuaremos nuestro estudio de este primer capítulo de la primera epístola universal del Apóstol Pedro.

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