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JOSÉ ALCÁNTARA

LA TEOLOGÍA DE LA
TRANSFORMACIÓN

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CAPITULO 1

El eje principal de la teología de la transformación es la convicción de que en Jesucristo, Dios


nos ha llamado a ser aquello que el Creador quiso que fuéramos, como hombres y mujeres,
desde el principio: su imagen y semejanza (Génesis 1: 26-27). Ser la imagen y semejanza de
Dios significa tener el mismo carácter de Dios, cuyos rasgos esenciales son la compasión y la
justicia (Éxodo 34: 6-7).

La manera en que se manifiesta tal compasión y justicia es entregándose a los demás, como
Dios lo hizo en el Antiguo Testamento con Israel, figura del Pueblo de Dios, y en el Nuevo
Testamento en la forma de Jesús para toda la humanidad. Jesús es, pues, el modelo humano
de cómo nos ve Dios, como su hija e hijo amados. Si nosotros no nos podemos ver de esa
manera es por causa del pecado, que actúa como una sombra que oculta nuestra verdadera
personalidad (I Cor. 13: 12). Sin embargo, en nosotros está ocurriendo un cambio por obra del
Espíritu de Dios que mora en nosotros, pues en Cristo Dios nos está restaurando a ser lo que
debiéramos ser. En otras palabras, Cristo mismo está siendo formado en nosotros. Y todo
esto está ocurriendo por la pura Gracia de Dios, aún a pesar nuestro. Esto es lo que la Biblia
llama transformación.

La transformación es obra de Dios y es un regalo incondicional y sin acepción de personas, el


cual ocurre en y a través de Jesucristo. En Jesucristo somos hechos una nueva persona y
empezamos a vivir una nueva vida. Por tanto, aunque el proceso de transformación ha
empezado ya en nosotros, realmente nos damos cuenta de ello cuando reconocemos la
presencia de Jesucristo.

¿Qué es, pues, lo que a nosotros nos corresponde hacer? En primer lugar, renunciar a una
vida que realmente no es nuestra sino de nuestro egoísmo y del mundo, es decir, a una vida de
esclavitud. Es claro que si nuestra satisfacción depende principalmente de que mi yo se sienta
realizado por encima de los demás, y de que yo sea alguien en el mundo (es decir, recibir el
reconocimiento del mundo), entonces estoy esclavizado a ella, pues sin esto siento que no soy
nada ni valgo nada.

En segundo lugar, aceptar la libertad que tenemos en Cristo. La libertad es lo opuesto de la


esclavitud, es decir, que solamente renunciando a la esclavitud podemos estar en condición de
ser libres. Y sólo somos libres cuando verdaderamente ejercemos la libertad. La libertad, como
lo hemos mencionado, es gratis, es regalo de Dios, pero nos corresponde a nosotros ejercerla,
primero renunciando a la esclavitud y segundo viviéndola. Y es solamente ejerciendo la libertad
que dejamos de ser esclavos y nos transformamos en personas verdaderamente libres.

Vivir la libertad es, pues, parte del proceso de transformación, ya que ejercerla no es fácil. En
otras palabras, renunciar a la esclavitud no es fácil por que toda nuestra vida depende de ella.
Es como el preso que se ha acostumbrado s su celda a tal grado que tiene miedo de salir de
ella, pues ahí tiene seguridad y se siente protegido. Por otra parte, aceptar la libertad requiere
aprender a ser libre, depender cada vez menos de las cosas que aparentemente daban sentido

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a mi vida y descubrir aquello que es verdaderamente significativo, que es verdadera vida. Para
decirlo de otra manera, tal vez el punto más importante no es poner tanto esfuerzo en la
renuncia a la esclavitud (aunque habrá caso en que esto sea verdaderamente más importante,
como por ejemplo la dependencia al alcohol, a las drogas, etc.) como en ejercer la libertad, ya
que en realidad cuando ejercemos la libertad de cierta forma estamos renunciando a la
esclavitud.

Diaconía y transformación

Hay varias formas en las que la libertad se ejerce, pero sin duda la más importante en la Biblia
es el servicio a los demás. En esto se resume toda la Ley y los Profetas, y podríamos añadir,
toda la enseñanza cristiana. De hecho, hay una palabra que se usa en el Nuevo Testamento
para darle el significado amplio que tiene en el contexto de la teología de la transformación:
Diaconía.

La palabra diaconía tiene dos acepciones en el Nuevo Testamento: Es entendida como servicio
y como ministerio. Pero debemos subrayar que la palabra misma en su contacto cultural griego
se aplicaba exclusivamente al servicio realizado por esclavos o sirvientes.

Es solamente en el contexto cristiano que la palabra diácono (a) y diaconía, es decir, servidor y
servicio, adquieren el sentido de ministerio. Aquellas palabras que se usaban para designar
una tarea servil y al que la ejecutaba, adquieren de pronto dignidad  ¿cómo ocurrió esto? Que
el servicio sea visto como un ministerio, o que el ministerio como un servicio, viene de la carga
teológica que la revelación bíblica confiere a la acción de servir.

Ahora bien, si decimos que el servicio tiene un significado teológico, entonces estamos
diciendo que el servicio no es simplemente un acto de misericordia, de buena voluntad. Es,
antes que nada, una consecuencia inevitable de la revelación. El verdadero significado el
servicio se encuentra, por tanto, no en la actividad por la actividad misma, sino en su función en
la totalidad del esquema teológico revelado en las Escrituras.

Por consiguiente, para entender el significado teológico del diaconado, del servicio con relación
a la transformación, debemos comprender primero el marco teológico de las Escrituras. Es en
este marco, y sólo en este marco, donde el servicio adquiere todo su sentido y significado,
donde la tarea servil es dignificada y se convierte en ministerio.

Hacia una hermenéutica de la transformación.

Por supuesto comprender el marco teológico de las Escrituras no quiere decir entender
totalmente la revelación bíblica. Esto es una tarea inagotable que solo alcanzará su
consumación al final de los tiempos. Más bien quiere decir que captamos, que percibimos el
orden y la dirección en que se despliega la presencia de Dios en la historia humana. Esto nos
permite ver que cada uno de los aspectos de la revelación es consistente con el todo, y que el

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todo es el que da significado a cada una de sus partes. Ver la totalidad de la revelación bíblica
como y la realidad concreta en que vivimos como marco de referencia para la lectura de la
Biblia, es lo que llamamos hermenéutica. La palabra Hermenéutica significa literalmente
interpretar, pero no es interpretación arbitraria, sino una manera de comprender lo que la Biblia
dice en un lugar particular, pero ampliando su significado a la luz de nuestra realidad y de toda
la revelación. De esta manera adquirimos una comprensión más amplia de lo que la Biblia
significa para nuestro mundo contemporáneo. Hacer esto es el punto de partida para hacer
teología.

El servicio es, entonces, uno de los elementos de la revelación; diríamos que es una actividad a
través de la cual Dios nos revela algo. Por eso el servicio, visto desde una perspectiva
teológica, posee un significado que va más allá del carácter altruista del acto de servir. Pero tal
significado sólo se manifiesta en el contexto de toda la revelación bíblica.

Así pues, antes de hablar de diaconía tenemos que hablar de teología. Es necesario, por tanto,
una pausa que nos permita clarificar no sólo que entendemos por teología bíblica, sino también
examinar el proceso que da origen a la reflexión teológica plasmada en las Escrituras.

Escritura, Palabra y Revelación.

Las Escrituras.

La reflexión teológica debe comenzar en las Escrituras y regresar a las Escrituras. Por tanto, la
teología debe partir de una afirmación sobre la naturaleza y significado de las Escrituras, ya
que la Biblia es el terreno en que la teología cristiana se encuentra enraizada.

En las Escrituras encontramos, en forma escrita, la narración de los actos de Dios en la


historia. Es una narración que emplea lenguaje humano con todas sus limitaciones pero que,
sin embargo, pretende expresar una realidad trascendente. Por lo tanto podemos decir que las
Escrituras significan más de lo que dicen. Lo que dice lo dice en lenguaje humano, en un
contexto cultural específico, en un momento histórico preciso; por consiguiente, hay que
entender el lenguaje y sus limitaciones, y las delimitantes histórico-culturales de la narración
bíblica para entender cabalmente lo que dice y como lo dice.

Por ejemplo, en el capítulo 3 de Génesis nos narra como el ser humano, hombre y mujer,
desobedecieron a Dios. Nos lo dice con la historia de lo que ocurrió en el huerto de Edén. Pero
para entender lo que esa narración significa necesitamos colocarla en un contexto más amplio.

Por supuesto, podemos quedarnos a discutir qué tipo de árbol era, quién tenía más culpa, etc.
En otras palabras, podemos quedarnos a discutir lo que dice la narración, lo cual ciertamente
tiene su valor. Pero esta actividad no demanda de mí una respuesta personal. Puedo usar esta
actividad para elaborar tal o cual teoría (doctrinal, antropológica, sociológica, etc.), o
simplemente aceptar con mi intelecto que allí dice algo sobre la caída del ser humano; pero yo,
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como persona total, no me involucro en la narración, no establezco un compromiso con lo que
me dice. Al analizar que dice un texto, es hasta cierto punto una tarea necesaria como un paso
previo: tenemos que entender que dice un texto antes de pasar a intentar comprender su
significado, y esto es cierto no solo de la Biblia, sino de cualquier texto. En un texto cualquiera,
si nos quedamos a este nivel de análisis no hay mayores consecuencias. Pero si hacemos lo
mismo con las Escrituras y nos quedamos con el puro texto, corremos el riesgo de confundir lo
que dice textualmente un pasaje con lo que Dios quiere revelarnos a través de ese pasaje. Es
decir, ponemos la fuerza de la revelación y su autoridad en la letra y no en donde debe estar,
en la Palabra.

Pero la narración bíblica pretende significar más de lo que dice. En otras palabras, no es sólo
un texto histórico-literario, sino el medio que eligió Dios para expresar su Palabra, su
revelación.

La Palabra.

Así pues, al acercarnos a las Escrituras podemos tener actitudes diversas en cuanto a lo que
buscamos en ellas. Podemos, por ejemplo, usar las Escrituras para respaldar ideas que nos
hemos formado a partir de otras fuentes (libros, sermones, etc.) o podemos usarlas como un
diccionario para satisfacer nuestra curiosidad sobre el significado "bíblico" de una palabra dada.
En este caso nuestra actitud puede estar justificada por el deseo de aprender, pero no
involucra ningún compromiso de nuestra parte.

Una actitud diferente es cuando nos acercamos a las Escrituras como la Palabra no con una
actitud mística o espiritual, sino que reconociendo que en las Escrituras Dios ha plasmado su
revelación y que, por lo tanto, aquello que yo descubro en la Biblia tiene autoridad e implica un
compromiso de mí parte. Una vez que yo he escuchado la Palabra ya no puedo ignorarla.

Cuando nos acercamos a las Escrituras como la Palabra revelada estamos reconociendo dos
cosas. Una, que Dios ha hablado y actuado en la historia humana, y que lo que Dios ha dicho y
hecho se encuentra plasmado en las Escrituras, y que Dios ha seguido hablando y actuando en
la historia humana en consistencia con lo que se encuentra en las Escrituras. Esto significa que
las Escrituras no sólo nos dicen lo que Dios dijo en palabra y obra, sino que también nos
permiten escuchar lo que Dios está haciendo y haciendo hoy.

En segundo lugar, al acercarnos a las Escrituras como Palabra revelada, estamos


reconociendo que la Palabra nos introduce a la revelación de Dios, a una esfera de
conocimiento desde la cual toda la creación adquiere un significado distinto a las concepciones
humanas. Esto quiere decir que todos los conceptos bíblicos sólo encuentran su sentido real y
verdadero en el contexto de la revelación total, y que nosotros captamos esta revelación por la
Palabra y no por la letra. En otras palabras, el propósito de las Escrituras es mostrar la
revelación histórica de Dios, y no el significado de palabras aisladas, las cuales sólo adquieren
valor teológico con relación a toda la revelación.

Por consiguiente, podemos decir que la comprensión de cualquier concepto bíblico, presupone
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una comprensión amplia y profunda de la naturaleza y contenido de la revelación. Pero,
además, dicha comprensión no es un mero conocimiento intelectual, sino una actitud de
compromiso ante la Palabra revelada. De hecho, si usamos "comprender" es porque queremos
dar la idea de "captar" por encima de "conocer" intelectualmente, pues el "comprender" o
"entender" es mas que conocer y lleva implícito una respuesta comprometida.

Revelación.

La revelación bíblica tiene dos dimensiones: Una es histórica, es decir, Dios se revela en la
historia humana; por consiguiente, la comprensión de dicha revelación requiere de una
comprensión histórica como trasfondo. El contexto histórico es, por tanto, el marco de
referencia de la revelación en el que adquiere su primer significado. Pero es también en virtud
de la historia como expresión de la realidad humana, que la revelación adquiere un sentido
igualmente significativo para nosotros.

La segunda dimensión es textual. La revelación de Dios en la historia ha sido recogida en un


texto, en donde se convierte en lenguaje escrito. El texto bíblico que ha llegado a nuestras
manos es obra de seres humanos guiados por el Espíritu de Dios; seres humanos, con todas
las limitaciones que esto implica, expresando el mensaje histórico divino en lenguaje humano,
también con las limitaciones correspondientes.

Estas dos dimensiones de la revelación bíblica: -histórica y texto-, están profundamente Inter-
relacionadas, pero no son la misma cosa. Dios se revela y actúa en el plano histórico, real y
concreto, en el que se desarrolla la existencia humana. Y esta experiencia de la revelación de
Dios es plasmada en las Escrituras. Lo que avala la autenticidad del texto bíblico es la
veracidad histórica de lo que narra. No es el texto lo que comprueba la realidad, sino a la
inversa. De tal manera que las Escrituras son verdaderas y tienen autoridad, porque lo que
narran es verdadero en el sentido más profundo de la palabra: son historia y experiencia
humana en la que Dios ha intervenido, se ha revelado. Y es también en virtud de la historicidad
de nuestra existencia que nosotros podemos recibir en forma igualmente concreta la revelación
divina a través de las Escrituras.

Las Escrituras se convierten así en el terreno donde mi realidad contemporánea encuentra


resonancia con una realidad en la que Dios habla. Las Escrituras se tornan verdaderamente en
Palabra.

El Modelo Paulino de hacer Teología.

El apóstol Pablo nos muestra en sus cartas cómo a partir de su propia experiencia histórica se
acerca a las Escrituras (para él se trataba del Antiguo Testamento) para discernir el significado
de Jesús en el contexto de toda la revelación divina. Por supuesto, él había establecido una
relación personal con Cristo, pero también había sido llamado de una manera especial a
mostrar que significaba ese Cristo en el contexto de la historia humana, en particular para un
grupo, para una comunidad que compartía la experiencia de Cristo.
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El apóstol Pablo, por consiguiente, no escribe sus cartas para satisfacer la curiosidad de las
iglesias o los individuos. Escribe porque se enfrenta a la problemática de la iglesia naciente,
una iglesia constituida por seres humanos imperfectos, desarrollándose en un ambiente cultural
opresivo, que no cuenta con una teología bien definida y esquematizada. Pablo, pues, pregunta
a Dios como responder a las necesidades de la iglesia, y esa pregunta, que involucra oración y
estudio, la hace a través de las Escrituras. En este proceso Pablo hace teología al buscar
respuestas de Dios para una conflictiva histórica concreta. Y Dios, por su Espíritu y a través de
las Escrituras, le revela su respuesta, su Palabra.

Podemos esquematizar lo anterior de la siguiente manera:

1. REVELACION: respuestas de Dios en la historia a las preguntas vitales del hombre.


2. HISTORIA concreta del hombre: terreno en el que se escriben las Escrituras.
3. TEOLOGIA: preguntas vitales del hombre.

En donde la REVELACION se da en la HISTORIA a través de la PALABRA-ACTO de Dios


cuya expresión se encuentra en las ESCRITURAS, con el propósito de encontrarse en ellas
con la PALABRA que da la respuesta, la REVELACION de Dios a la problemática del que
pregunta.

Como podemos ver, el punto de encuentro entre Dios y el hombre es la realidad histórica del
hombre. Pero este encuentro se da como un proceso dinámico, en un diálogo con la Palabra a
través de las Escrituras.

Es en este diálogo que Pablo es llevado a contemplar el significado del Cristo. Y por ello, en
casi todas sus cartas, Pablo se esfuerza por llevar a sus lectores a contemplar cuando menos
un aspecto del significado del Cristo en el contexto de la revelación total, 'pues es a partir de
Cristo que la revelación también adquiere sentido. Y es a partir de esta revelación total que
Pablo aborda los problemas particulares de la comunidad a la que se dirige, apelando a la
comprensión de lo que Dios ha revelado más que a su autoridad apostólica.

En el siguiente capítulo intentaremos analizar un ejemplo concreto de la manera en que Pablo


hace teología, utilizando el texto de Romanos 12: 1-2. Tal vez el lector se pueda adelantar e
intentar hacer el ejercicio desde ahora.

Preguntas de Estudio:

1. ¿Cuál sería el énfasis de una teología de la transformación?


2. ¿Qué relación ve entre el ejercicio de la libertad en Cristo y el servicio?
3. ¿Por qué decimos que la transformación es un proceso?
4. ¿Cuál es la diferencia entre lo que la Biblia dice y lo que significa?
5. ¿Cuál es la diferencia entre Escritura y Palabra?
6. ¿Cómo se llega a la revelación?
7. ¿Qué es la hermenéutica de la transformación?
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8. ¿Cómo hace teología el apóstol Pablo?
9. Comente si este texto se le hizo difícil y en qué sentido
10. ¿Qué preguntas le surgen después de estudiar el texto? Hacer una lista.

CAPITULO 2

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Nuestro estudio anterior terminó señalando cómo se hace teología. Entendemos que Dios se
ha expresado en medio de la historia humana interviniendo directamente en ella: esto es
revelación. Entendemos que tal intervención ha quedado plasmada, aunque en forma
imperfecta por ser medios humanos, en la escritura bíblica.

Por otra parte, entendemos también que la interpretación del texto bíblico requiere entender el
contexto histórico y lingüístico, pero también lo que significa para nosotros aquí y ahora.
Finalmente, el texto bíblico revela su significado, se vuelve Palabra para nosotros, cuando
desde nuestras propias circunstancias vitales dialogamos con el texto en busca de una
respuesta a nuestras preguntas vivénciales. Entonces, la Palabra se hace carne y mora en
nosotros, para que nosotros la hagamos efectiva en nuestra vida a través de nuestras
acciones.

En la carta a los Romanos el apóstol Pablo realiza un ejercicio en teología, del cual hemos
tomado el modelo que presentamos. Brevemente diremos que el apóstol dedica los primeros
11 capítulos a relatar y reflexionar, sobre la base del Antiguo Testamento, lo que Dios ha hecho
en la historia humana y en las personas, incluyendo al pueblo de Israel, pero también a todos
los demás pueblos. Al llegar al capitulo 12 el apóstol hace una pausa para invitar al lector a
reaccionar a lo que ha entendido, ya que lo que ha expuesto puede resumirse en una sola
palabra “las misericordias de Dios”. Así que nos llama a llevar a cabo un ejercicio teológico que
requiere de la interpretación de lo que la revelación de Dios significa en términos prácticos. Es
decir, el apóstol nos invita a llevar la interpretación a su realización por medio de su
encarnación en nosotros. Él nos dice entonces que la clave de este proceso es la
transformación.

La teología de la transformación en Romanos 12:1-2

Más que una exposición esta es una invitación a reaccionar al texto. Es, por tanto, necesario
tener el texto a la mano y seguirlo cuidadosamente, pero también ayuda cuando intentamos
ponerlo en nuestras propias palabras sin violentarlo. Algo así hemos hecho aquí. Es
también importante escribir nuestra propia reacción a lo que leeremos, por lo que hemos
dividido el estudio en secciones que nos permitirán detenernos a reflexionar sobre lo que
cada una significa para nosotros.

1. El apóstol Pablo comienza con un llamado que apela no a la obediencia: “les ruego,
hermanos y hermanas, por las misericordias de Dios...” El principio de la
transformación no parte de un acto de obediencia ciega, sino del reconocimiento de
que hemos recibido las misericordias de Dios. El texto nos invita a examinar nuestra
vida y descubrir en ella que a pesar de la injusticia del mundo y de nuestro propio
egoísmo, hemos recibido compasión. Así que un buen principio es preguntarnos
¿Cuáles son aquellos momentos en nuestra vida en que podemos reconocer que
hemos sido tratados como algo especial, a pesar de saber que no lo merecíamos?
Una buena manera de reconocer esto es viendo la injusticia del mundo y, en medio de
ella, ver a aquellas personas que son más víctimas que nosotros, o que han
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desarrollado una personalidad egoísta y están atrapadas en ella. Tal vez podamos
reconocer que por alguna razón hemos dejado de sentirnos víctimas y ahora somos
actores, y que hemos empezado a actuar en forma diferente ante la maldad. Esto es
resultado de las misericordias de Dios en mi vida ¿cuáles son concretamente? ¿En
qué momentos de mi vida puedo distinguirlas?

2. Notemos que es el reconocimiento de lo que Dios ha hecho en nuestra vida lo que nos
hace ver también que no hemos respondido en forma adecuada. Que hemos recibido
un regalo que no estamos compartiendo completamente. Por tanto, el apóstol nos
invita a “ofrecer nuestro cuerpo en sacrificio santo, agradable a Dios..., que es vuestro
culto verdadero”. Detengámonos un poco para desglosar lo que esto significa:

3. “Ofrecer vuestro cuerpo en sacrificio santo, agradable a Dios...”. Pablo usa


generalmente la palabra “cuerpo” con dos sentidos: como cuerpo físico, en cuyo caso
significa nuestro cuerpo de carne y hueso. La invitación entonces es responder con
nuestro cuerpo, es decir, no sólo espiritual o anímicamente, sino aún físicamente al
grado de que nos puede doler, cansar, es decir, en “sacrificio” pero también hacer
disfrutar físicamente el gozo de entregarnos a otra persona. No es difícil reconocer
aquí que el modelo es el mismo Jesús quien por servir a los demás ofreció su propio
cuerpo en sacrificio, no sólo en la cruz sino toda su vida.

4. Pero Pablo también habla de “cuerpo” para referirse a la comunidad tan fuertemente
unida que si uno sufre todos sufren y si uno se goza todos se gozan. Esto significa
que cuando el apóstol invita a responder como persona individual, al mismo tiempo
invita a no ser individualista sino a realizar mi compromiso en compañía de los demás.
El “sacrificio” entonces ya no es personal sino comunitario, y como tal es “santo” y
“agradable a Dios”, de ahí que termine con una afirmación sorprendente “esto es el
verdadero culto”.

5. Es decir, el verdadero reconocimiento de Dios y de quien es Él, (que eso es lo que


significa rendirle culto), no comienza con un acto ritual, sino con una entrega efectiva
de nuestro cuerpo al servicio de los demás todos los días de la semana, y de
participar efectivamente en la vida comunitaria cada día. Esto es “vivir como Dios”, o
más claramente, “vivir como Jesús o dejar que Jesús viva y se exprese en mi vida
cotidiana”. Por eso es una vida “santa” y “agradable a Dios”, no porque somos
mejores personas que otras, sino porque a pesar de nuestras limitaciones,
inconsistencias y nuestros defectos Dios actúa en y a través de nosotros. Nosotros
sólo tenemos que dejarnos usar por Dios, lo que ciertamente implica ponernos en
posición de ser usados (estar cerca de quien necesita la ayuda de Dios y ser el medio
para que Dios actúe. Al final de la semana quizá experimentemos el gozo de haber
sentido la presencia de Dios en nuestras acciones, o quizá nos sintamos frustrados
por no haber realizado lo que hubiéramos querido (por razones nuestras o por otras
circunstancias) Entonces nos acercamos, junto con la comunidad, para presentar a
Dios nuestros gozos y nuestras carencias, para animarnos las unas y los unos a
los(as) otros(as), y para experimentar la renovación que viene de Dios.

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6. Como veremos en un estudio posterior, este es el principio de la verdadera comunidad
de Dios, aquella en la que se expresa Cristo encarnándose en las personas
individuales, y en la comunidad misma que forma su Cuerpo. Por eso también le
llamamos comunidad cristiana, y de ahí se desprende el concepto de Iglesia, que
significa literalmente Comunidad.

Al finalizar el primer verso, si hemos evaluado nuestra vida y reaccionado desde nuestra
realidad, reconoceremos que nosotr(as) os mismos(as) y nuestra comunidad distamos mucho
de ser lo que el apóstol nos invita a ser. Es precisamente por eso que hablamos de un
proceso. La comunidad no es una comunidad que ya se ha realizado como Cuerpo Santo, sino
una comunidad en la que dicho proceso se está llevando a cabo. No es un grupo de personas
perfectas, sino de personas que han reconocido que a pesar de su imperfección Dios las ama,
las reconoce como hijos e hijas suyas, como imagen y semejanza suya (por lo que no tienen
nada de que gloriarse y si mucho de qué estar agradecidas) Y reconociéndolo, están
dispuestas a esforzarse por vivir a la altura de los que Dios dice que son, sabiendo que cuentan
con el Espíritu de Dios encarnado en ellas mismas quien, lejos de juzgar sus fallas, está ahí
para consolarlas y levantarlas. Esto es el proceso de transformación, un proceso que no ha
sido completado, sino que se realiza cada día hasta que lleguemos a ser como Cristo, o más
bien, como el verdadero Cuerpo de Cristo en comunidad. Esta pausa reflexiva es importante
para pasar el segundo verso.

1. Por que esta es una comunidad verdaderamente alternativa a los patrones del mundo,
por ello Pablo llama a reconocer el reto que esto implica: “No se conformen al mundo”.
Pablo juega con la palabra transformar. El mundo exige que nos conformemos a él, que
nos hagamos a su forma, que vivamos con sus reglas de la ley del más fuerte, de la
injusticia y del egoísmo. Aunque esta ley esté frecuentemente disfrazada de
“superación personal, beneficio material, mejor estilo de vida” (lo que en sí mismo no es
malo, pero quizá tampoco es lo mejor en la vida), sabemos que en el fondo se nos
oculta que esto sólo es posible si aceptamos que esto sea a costa de mantener a otros
en la marginación social, económica, educativa, etc.)

2. Aunque el apóstol no lo dice, debemos advertir que si hacemos eso dejamos de ser una
verdadera alternativa, dejamos de ser el Cuerpo, y ultimadamente el proceso de
transformación, de liberación, de ser verdaderamente personas justas y compasivas,
deja de avanzar. Pero lo peor no es sólo que el proceso se detiene, sino que entra en
un estado degenerativo, es decir, será muy fácil caer en el autoengaño en el mejor de
los casos, y en el fingimiento y la hipocresía en el peor. Una manera de encubrir lo que
ya no somos es el dogmatismo y la falsa piedad, y una consecuencia es que
empezamos a utilizar lo que Dios nos dio (los dones otorgados, las habilidades
descubiertas, la posición social adquirida) para explotar a los demás. En otras palabras,
tal vez no sólo volvamos a ser atrapados por los intereses del mundo, sino que nos
convirtamos en personas “religiosas” que no se han dado cuenta que su religión no es
más que una forma más de sujeción a los intereses del mundo.

3. La respuesta a esta amenaza es clara para Pablo. Evidentemente él es consciente de


la posibilidad que hemos descrito en el párrafo anterior, y no duda que en más de una
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ocasión se habrá de caer en la trampa del mundo. Desde luego, no hay condenación,
sino la exhortación para no dejarse desanimar: “Más bien transfórmense por medio de la
renovación de su entendimiento”. Para decirlo de otra manera, el apóstol nos exhorta a
continuar con imperecedera fuerza el proceso de transformación, renovándonos
constantemente en su entendimiento (reflexionando constantemente en comunidad
sobre el significado de la Palabra ante las diferentes circunstancias, dialogando con
Dios, compartiendo entre sí mismos y con los demás que tal vez aún no son parte de la
comunidad y, sobre todo, buscando nuevas maneras de servir, de ser esa comunidad
alternativa)

4. Entonces Pablo termina este segundo verso con una afirmación tan sorprendente como
la que hace el final del primer verso. “Entonces podrán distinguir verdaderamente la
Voluntad de Dios, su perfección, su bondad y, sobre todo, lo agradable que es”. Dicho
de otra forma, entonces podremos distinguir verdaderamente la revelación de lo que no
lo es, es decir, de lo que es una religión falsa o de lo que es falso en la religión, no para
juzgar y condenar sino para mostrar a quienes tengan ojos para ver y oídos para oír lo
que Dios está haciendo en las personas y en la historia humana, que es eso
precisamente la verdadera revelación. Cuando llegamos a este punto, nos damos
cuenta que el proceso de transformación ha adquirido una dimensión teológica, ya que
si al principio nos invita a vivir verdaderamente por la gracia y misericordia de Dios,
termina invitándonos a dar a conocer a Aquel que nos transforma, pero no como una
imagen construida solamente con palabras, sino con acciones, tal como Dios
verdaderamente se revela en la historia.

Como nos hemos dado cuenta, comenzamos con la afirmación de que Dios ha hecho algo en
la historia y en nuestras vidas. Recurrimos a la Escritura para a qué nos llama esa revelación,
y encontramos lo que ello significa (aunque, por supuesto, no exhaustivamente), y después lo
confrontamos con nuestra propia realidad (que es lo que se espera que hayamos hecho ante
cada paso del estudio anterior y que hayamos escrito nuestra reacción), para regresar
nuevamente a descubrir lo que sería la verdadera revelación. Sin embargo, entre el primer
paso y el último ha habido la indicación de un proceso que se llama transformación. Si este
proceso no es real, si no esta ocurriendo verdaderamente, o si no estamos comprometidos con
él para que ocurra, entonces sólo hemos avanzado intelectualmente pero nuestra vida sigue
igual. Esperamos que este no sea el caso.

Preguntas de estudio.

1. Para cada párrafo comentar qué es lo que ello significa con relación a:

a. uno mismo
b. mi entorno familiar y físico
c. mi grupo de trabajo más inmediato (¿comunidad amextra?)
d. mi comunidad social
e. mi proyecto de vida

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2. Conseguir una copia de la declaración de la Misión y Objetivos de Amextra. ¿cree que
expresa adecuadamente lo que hemos estudiado hasta ahora? ¿Qué añadiría o
cambiaría?

CAPITULO 3

Hemos señalado en el estudio I que el servicio, como acción social, es un ministerio en la


medida en que lo vemos y los ejercemos desde una perspectiva bíblica teológica. No sólo es,

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sino que las Escrituras nos muestran que el servicio es un ministerio indispensable en la tarea
de la Iglesia - entendida como pueblo de Dios -, ya que a través de la práctica del servicio
(diaconía) que la Iglesia hace visible su verdadera naturaleza, la de ser la manifestación
concreta de un orden nuevo, de una manera diferente de vivir y de hacer las cosas. Es en este
servicio, en suma, donde se concretiza la proclamación de un auténtico Evangelio.

También hemos visto en el estudio II que el servicio es, de hecho, la manera en que se expresa
la verdadera transformación y lo que previene que la transformación degenere en lo opuesto de
lo que es. Intentaremos ahora analizar el servicio desde la óptica de la transformación
contrastándolo con el “servicio social”, es decir, con aquella actividad que realizan muchas
agencias, organizaciones e individuos sin que necesariamente tengan una conciencia de la
transformación como la hemos definido nosotros.

Una de las preguntas con que sin duda nos enfrentamos ante diferentes organizaciones e
instituciones cristianas es si lo que hacemos es realmente tarea de la Iglesia, ya que no
buscamos principalmente que la gente se convierta. El problema está en qué se entiende por
evangelización. Si por evangelización entendemos la proclamación de una nueva realidad
llamada Reino de Dios, el servicio es claramente la proclamación del Reino en la acción del
Pueblo de Dios. Ciertamente la gente puede o no responder a este forma de proclamar el
Evangelio, pero el que la gente responda o no condiciona ni limita la proclamación. En otras
palabras, la proclamación del Evangelio es incondicional y si bien invita a la gente a participar
en el proceso de transformación, que es invitarla a ser parte del Reino, el servicio no puede
estar condicionado a una respuesta pues esto traicionaría la esencia misma del Evangelio, la
proclamación de la Gracia y la liberación. Sobre esto hablaremos en otra ocasión.

Por lo pronto, la afirmación anterior nos lleva a hacernos una pregunta importante ¿Significa
esto que todo servicio es proclamación del Reino, y que cualquiera que sirve es sólo por ese
hecho parte del Pueblo de Dios? Podemos abordar esa pregunta a partir de tres reflexiones
que no pretenderán contestarla sino ofrecer una base desde la cual se le pueda dar una
respuesta personal:

1. El Reino de Dios se manifiesta en acción social (de cierto tipo), pero la acción social no
es el Reino de Dios. El Reino de Dios no está confinado en la acción social; el servicio
no es más que una de sus manifestaciones. El Reino abarca otras esferas de la
actividad humana y de la realidad natural que deben ser integradas para obtener una
visión mas completa del Reino.
2. El servicio, de cualquier índole, puede expresar la realidad del Reino, pero no por el
simple hecho de ser servicio, sino porque se conforma a la naturaleza del Reino de
Dios.
3. Cualquier persona que sirve a su prójimo en cualquier contexto puede estar expresando
la realidad del Reino y aún ser parte de él, pero no por el simple hecho de servir, sino
porque su acción y su persona se conforman a la naturaleza del Reino.
4. El Reino de Dios es multidimensional. Esto significa que no podemos reducir su
significado a una sola esfera de la realidad ni a una sola actividad humana. El Reino
penetra en todas las esferas de la realidad, incluyendo la realidad física, social,
psicológica y espiritual de las personas, y aun en aquellas no accesibles al conocimiento
14
ni a la conciencia humana. El Reino incluye valores definidos que no pueden ser
supeditados al pragmatismo de la realidad social, porque son valores que tienen
implicaciones más amplias y profundas de lo que nosotros podemos concebir. Podemos
ver algunas de éstas implicaciones a dos niveles, uno social y uno personal.

Nivel Social

Si la acción social solo se viera como servicio altruista, de misericordia, de compasión o como
un trabajo, no sería necesario considerar aspectos que no fueran estrictamente pertinentes a la
acción social. Bastaría tomar como único criterio normativo la realización satisfactoria de tareas
específicas (la construcción de una casa, la vacunación, la formación de habilidades) Si se
llegaran a considerar elementos ajenos al objetivo práctico, fuese solamente en función de
dicho objetivo. El propósito es, pues, ayudar a la gente y todo lo demás está supeditado a este
propósito. En términos generales esta es la manera en que operan la mayoría de las agencias
de desarrollo, incluyendo a algunas agencias cristianas, y esto es perfectamente aceptable. Un
acercamiento de este tipo permite que la agencia funciones eficientemente en una gran
variedad de circunstancias, pero no puede - porque no debe - ver el servicio como un ministerio
de transformación, pues el objetivo es la tarea y no la transformación.

Sin embargo toda acción social, como toda actividad humana, se encuentra guiada, consciente
o inconscientemente, por una concepción de la realidad, por una cosmovisión. Esta
cosmovisión opera como marco de referencia desde el cual se opta por ciertas decisiones en
oposición a otras. En otras palabras, el suponer que el servicio es razón suficiente para la
acción social es una ilusión; ya que detrás de cada acción hay una cosmovisión que determina
la razón de ser del servicio, se sea consciente de ella o no.

La diferencia, por tanto entre la acción social llevada a cabo por cualquier agencia de desarrollo
y la que realiza una agencia cristiana no está tanto en sus objetivos, quizá ni siquiera en los
procedimientos, sino en el marco de referencia, la cosmovisión que guía a cada una de ellas.
Ahora bien, cuando una agencia cristiana no reconoce y reflexiona seriamente sobre su
cosmovisión, puede llegar a adoptar principios prácticos tomados de otros modelos
"funcionales" que, sin embargo, no se conforman a la cosmovisión del Reino. Es por eso que al
ver la acción social seriamente como una manifestación del Reino, implica una reflexión
constante sobre lo que ello significa para nuestro trabajo y para nuestra persona. A
continuación podemos identificar algunas de esas implicaciones.
1. Dado que el Reino (la cosmovisión) abarca todas las dimensiones de la realidad, el
servicio social toma en cuenta todas las esferas de la actividad de las personas como
igualmente válidas e importantes. Si bien el objetivo principal del trabajo social sea
resolver las necesidades inmediatas, esto no es en detrimento de otras manifestaciones
de la persona (que no necesariamente se manifiestan como "necesidades") Por
consiguiente, quien sirve desde la óptica del Reino no puede limitar su participación en
el trabajo social al aspecto puramente técnico, sino que debe actuar siempre como
persona sensible a otra persona.
2. Por consiguiente, quien sirve debe ser consciente de que su participación en la tarea del
servicio, incluye aspectos que van más allá de la preparación profesional para los cuales
15
también debe prepararse. En el servicio como ministerio entra en juego toda la persona,
tanto la quien sirve, como la quien es servida. De hecho, es la persona, mas que sus
conocimientos o habilidades, lo que será determinante en el trabajo de transformación.
3. Esto quiere decir que la agencia cristiana que reconoce que su cosmovisión
es el Reino, no se ve a si misma como una "organización" estructurada para
cumplir un solo objetivo -para lo cual solo se requieren personas
capacitadas para la realización del mismo -, sino como una comunidad de
personas completas sirviendo a personas completas.
4. La agencia cristiana de servicio que sirve a personas completas debe verse
a si misma como comunidad y funcionar como comunidad, porque su tarea
está íntimamente ligada al servicio mutuo entre las personas que sirven.
Esto nos lleva a considerar el nivel personal de nuestra reflexión.

Nivel Personal

La cosmovisión bíblica, el Reino, determina la naturaleza de la agencia de servicio y hace que


esta sea, no una organización sino una comunidad de servidores que ve su tarea como un
ministerio. Pero esto solo es cierto en la medida en que cada una de las personas que integran
esa comunidad vea su tarea y la de los demás a.) Como una tarea que involucra a la persona
misma más que a sus conocimientos y habilidades y, b.) Como una tarea realizada por una
persona que necesita de cada una de las personas de la comunidad apoyándola como persona
y no sólo en la tarea que realiza.

Si el trabajo de quien sirve depende de su persona mas que de sus conocimientos, la atención
que el o ella deben a su desarrollo personal es fundamental. Este desarrollo puede conceder
cuando menos la misma importancia que al desarrollo de habilidades, a los aspectos de
relaciones interpersonales psíquicas, espirituales, familiares, etc. En otras palabras, la persona
que reconoce su tarea -cualquiera que sea - como un ministerio que parte de la cosmovisión
del Reino, debe introyectar en si mismo y en todas las esferas de su vida la realidad del Reino,
como condición fundamental de su trabajo. Es necesario estar siendo transformada para ser
persona completa, y es necesario ser persona completa para ver personas completas.

Ante esto, debemos reconocer que la realidad cotidiana actúa en contra del desarrollo integral
de la persona (especialmente en aquella que se ha desarrollado en el medio urbano) La
cosmovisión que hemos heredado de nuestro mundo nos ha condicionado a ver a nuestra
persona, a evaluarla, en función de un objetivo externo que define nuestra personalidad. Este
objetivo es generalmente nuestro trabajo. Mi trabajo es lo que me da valor, lo que me hace
valioso. En este sentido doy valor solo a un aspecto de mi persona, a lo que hago, negándome
mi valor por lo que yo soy. Desde el punto de vista del Reino de Dios, lo que soy es mas
importante que lo que hago y es, en última instancia, lo que da valor a lo que hago. Es la
persona del barrendero lo que hace de su tarea un ministerio, y no el barrer lo que hace valiosa
a la persona. Pero las estructuras sociales en que nos movemos imponen su cosmovisión y
presionan para que nos ajustemos a ella, creando tensiones cuando queremos establecer
prioridades. Así, la realización de una tarea (que puede ser el servicio mismo), adquiere
prioridad sobre mi desarrollo personal y, paulatinamente comienzo a definirme a mi mismo y a
16
los demás en relación a lo que hago y a lo que hacen, y no con relación a lo que soy y a lo que
son.

La necesidad de que uno se vea a si mismo y a los demás como persona para realmente
realizar su ministerio, exige el contexto de una comunidad en la que se encuentre el apoyo, la
cosmovisión, que no se encuentra en la realidad social.

La agencia cristiana de servicio es una comunidad de servidores que se ven primeramente


como personas, y ven la comunidad como un lugar donde se desarrolla un aspecto de la
persona, el aspecto de servicio; pero que al mismo tiempo reconoce y promueve el desarrollo
de las otras dimensiones de la persona como una condición indispensable para que la persona
realice el ministerio particular que le ha sido encomendado. Como hemos indicado, esto es la
transformación.

Pero así como la persona tiene que operar en una realidad donde no impera la cosmovisión del
Reino, la agencia debe hacer lo mismo bajo tensiones similares a las que sufren las personas.
La tensión entre el ser el hacer de la persona ocurre en la agencia entre la organización que
hace y la comunidad que es. La realidad es que en las estructuras sociales en las que las
personas y la comunidad han sido llamadas a servir, demandan objetivos definidos, habilidades
específicas, resultados mediales, planeación que no puede considerar como primordial tiempo
para el desarrollo de la persona en otras dimensiones ajenas al objetivo.

La cosmovisión del Reino reconoce esta realidad, pero no la acepta como definitiva ni como
normativa. Tampoco la rechaza, sino que busca penetrarla para generar su transformación,
para "personalizarla". Este cambio ya está dado como posible tanto en el ámbito personal
como en el ámbito social en la realidad inaugurada por Jesucristo, es a nosotros a quienes nos
toca actualizarlo en nosotros individualmente y como comunidad.

Nuestras preguntas, nuestras reflexiones, no van por tanto hacia el rechazo de una realidad en
nombre de otra, ni hacia la sumisión a las demandas de una "organización", sino hacia la
transformación de esa realidad personal y de la organización, en una realidad que promueva el
desarrollo integral de mi persona y la de los demás, y en una organización que facilite la
comunidad. Es en la medida en que respondemos a estas preguntas, a estas reflexiones, que
nuestro servicio será un ministerio

El servicio al prójimo se conforma a la naturaleza del Reino en la medida en que en el prójimo


no se ve sólo al pobre, al oprimido, al desamparado, sino a la persona creada a la imagen y
semejanza de Dios. Esto significa que respetamos su libertad para que asuma su
responsabilidad de definir su propia situación y decidir los cambios que dicha situación
requiera. La pobreza, el desamparo, la opresión son condiciones que se buscará eliminar, pero
no con el sólo propósito de cambiar la condición social y/o material (lo cual puede o no ocurrir)
de la persona, sino para que se reconozca como tal a si mismo y, al hacerlo, reconozca
también la persona en los demás (con frecuencia, comenzando con su propia familia)

De ahí que el servicio pueda promover el Reino si lo que se pretende es transformar a la


persona y no sólo su condición social, si se está dispuesto a comprometerse con la persona y
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no solo con el cambio de condiciones, necesario si, pero no suficiente.

El servicio que únicamente promueve el cambio social sin un compromiso con la


transformación del individuo en persona, no solo no se "conforma" a la naturaleza del Reino,
sino que incluso puede militar en contra del Reino. El sujeto que solo cambia su condición
social (y bajo esta perspectiva, la condición social adquiere valor de "clase social" de estatuas),
no solo no descubre su personalidad como imagen de Dios, sino que puede obscurecerla aún
mas; e igualmente, lejos de reconocer en los demás a personas, se distancia de ellas
cosificándolas, usándolas como medios para un fin personal.

Pero la persona transformada, o mejor, en proceso de transformación, adquiere en el cambio


de condición social no un nuevo status social, sino posibilidades y dones que enriquecen su
persona para enriquecer la persona de los demás. A fin de cuentas, el cambio de condición
social pasa a segundo plano, de tal modo que la persona rechaza voluntariamente las
perspectivas de un cambio superior en favor de regresar a ayudar a los demás. La persona que
está siendo transformada se convierte en servidor al "conformarse" a la naturaleza del Reino.

La persona que sirve a su prójimo se "conforma" a la naturaleza del Reino cuando la razón por
la que sirve es el haber sido servido, el haber descubierto su personalidad en Jesucristo a
través de lo que Jesucristo hizo por él o ella.

Lo paradójico de esta afirmación es que nadie sirve inicialmente a su prójimo por esa razón.
Uno puede descubrir muchas motivaciones, algunas buenas, algunas malas, detrás de nuestro
servicio, pero la razón del Reino se adquiere y se reconoce como tal no "a priori" sino en el
proceso mismo de servir. Y es que el cambio en nuestras motivaciones no es una decisión de
la voluntad, sino un cambio (transformación) de la personalidad, cambio que ocurre cuando
servimos. En esta acción, lo que voy siendo va cambiando lo que hago y lo que hago va
cambiando lo que soy. La transformación del sujeto en persona no es un cambio teórico,
"espiritual", sino un cambio concreto, real, visible.

Ahora bien, esta transformación de la persona cambia la naturaleza de su servicio y lo


convierte en ministerio. A la vista de los demás, este tipo de servicio puede no ser diferente al
que realiza cualquier otro, pero su significado es radicalmente distinto. Es un significado que ya
no deriva del servicio mismo sino del Reino de Dios.

Preguntas para compartir

1. ¿Cómo satisfago mi necesidad de transformación personal?

a. Espiritualmente
b. Emocionalmente
c. Socialmente.
d. Intelectualmente.

2. ¿Qué estorba la satisfacción de esa necesidad en sus diferentes aspectos


18
(tiempo, falta de compañerismo y o oportunidades de compartir, materiales
de estudio, etc.)?

3. ¿Qué necesito yo para:

a. Mantener
b. Favorecer
c. procurar mi transformación personal

4. ¿Qué papel juega mi familia, iglesia, etc. en este proceso de transformación


o no-transformación?

5. ¿Qué papel juego yo para que las personas de mi familia, iglesia, etc. se
desarrollen conmigo?

6. ¿Cómo podríamos como comunidad empezar a promover nuestro desarrollo


personal, de quienes nos acompañan (familia, etc.) y de los demás?

7. ¿Qué estoy haciendo para que se desarrolle la personalidad, y de esa


manera favorecer la transformación, de las personas a las que sirvo?

a. En el ámbito personal.
b. En el ámbito de la comunidad

8. ¿Qué podrimos hacer como personas y como comunidad para que las
personas que colaboran con nosotros en el servicio, descubran un nuevo
significado para su persona y para su tarea, esperando que él o ella se
conformen cada vez mas a la naturaleza del Reino?

CAPITULO 4

Sin duda alguna, cuando nos afirmamos que AMEXTRA está fundamentada en una filosofía
o teología cristiana, debe surgir la pregunta ¿y qué significa ser cristiano? Quizá cada uno y
cada comunidad cristiana tenga su propia definición y posiblemente todas ellas sean válidas.
Sin embargo, lo mínimo que podemos decir es que todas tienen algo en común, el estar
basadas en la Biblia. Así que lo que queremos hacer aquí no es negar la definición de lo que
es ser cristiano que cada uno pueda tener, sino tratar de ampliar su significado a partir de la
palabra Transformación según la Biblia.

La palabra “transformación” viene del Griego metamorfos, y significa cambio de forma.


Todos reconocemos este proceso, pues es el mismo que se observa cuando un gusano se

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transforma en mariposa. En el Nuevo Testamento la palabra aparece en varios contextos.
Uno de ellos específicamente con relación a Jesús (Mateo, Cap. 17:2, y Marcos 9:2), donde
se narra su Transfiguración en presencia de sus discípulos, y entonces vemos que
transformación también se puede usar para decir cambio de figura o de apariencia. En los
demás casos se refiere específicamente a los cristianos como en Romanos 12:2 que ya
hemos estudiado, en I Corintios 15:52, en II Corintios 3:18, y en una manera indirecta
también se refiere a la Creación en Romanos 8:21. Además, se encuentra implícita de
muchas maneras en todas las Escrituras. Como podemos ver, el término es muy rico y
no podríamos agotarlo, así que en este y en los siguientes estudios nos dedicaremos a
ampliar el sentido que ya le dimos en el segundo estudio. Vamos, pues, a explorar el
significado la palabra Transformación en cuando menos cuatro dimensiones. Ahora bien, el
elegir cuatro dimensiones no es una decisión accidental. El Apóstol Pablo habla de cuatro
dimensiones de conocimiento en su carta a los Efesios, con las cuales se llega a conocer el
significado del amor de Cristo:

Si seguimos cuidadosamente esta oración veremos un proceso que se da en cuatro etapas,


cada una de las cuales comienza con un “para que”, y que culmina con un objetivo final: “ser
llenos de toda plenitud de Dios”.

La primera etapa tiene que ver con algo que debe ocurrir en nosotros, algo que nos capacita
o nos habilita para que se realicen las otras etapas: “ser fortalecidos en el ser interior”, “para
que habite Cristo... en sus corazones”. En este estudio hablaremos de estas primeras
etapas, sobre lo que volveremos más adelante.

En la segunda etapa, el apóstol nos dice por qué debemos ser fortalecidos y qué ocurre
cuando Cristo habita en nosotros. Es como el requisito para que, junto con la comunidad de
quienes también han sido, están y estarán siendo transformados (los santos), podamos
comprender todas las dimensiones del amor de Cristo. El aspecto comunitario, sin embargo,
empieza a realizarse desde el momento en que Cristo comienza a habitar en nuestros
corazones, pues es precisamente eso lo que hace que podamos relacionarnos con los
demás de una manera distinta.

En la tercera etapa vemos que nuestra relación no es solamente con las personas que nos
rodean ahora, sino también con una comunidad histórica, con una tradición que nos ha
legado la enseñanza, y con una comunidad futura que heredará y continuará con lo que a
nosotros nos corresponda hacer.

Finalmente, la cuarta etapa de este proceso nos lleva a una conclusión, conocer el amor de
Cristo en comunidad es para que seamos “llenos de toda plenitud de Dios” o, como lo dice
Pablo en otra parte (Efesios 2: 22), para que “Dios habite en nosotros”. Ciertamente ahora no
experimentamos plenamente la presencia de Dios en nosotros, no porque no sea verdadera
sino porque nuestra transformación no ha llegado a su plenitud. Sin embargo, la
experimentamos lo suficiente para estar convencidos de la promesa de su realización
completa y, por lo tanto, para estar convencidos de que por eso vale la pena promover la
transformación aquí y ahora, pues creemos que Dios la llevará a su plenitud de Amor,
Justicia y Reconciliación.
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Seguramente nos daremos cuenta la profundidad de estas afirmaciones, y no debiéramos
desanimarnos si no las podemos asimilar completamente. De hecho, Pablo nos dice más
adelante que el amor de Cristo “excede todo conocimiento” (3:19) Y es que a final de cuentas
no se trata de conocimiento en el sentido racional, sino de un conocimiento que viene de la
experiencia, es decir, de la práctica. Como veíamos en Romanos 12:1-2, la voluntad de Dios
se conoce conforme uno está siendo transformado, y es la transformación y no la inteligencia
lo que permite “conocer” la revelación de Dios.

Podríamos concluir diciendo que las cuatro dimensiones del Amor de Cristo se refieren
también a cuatro dimensiones de la transformación, las cuales a su vez nos permiten
profundizar en el significado del Amor de Cristo. O para decirlo de otra manera, la
transformación ocurre en cuando menos cuatro dimensiones, loa que nos permiten
experimentar y comprender en comunidad la plenitud del Amor de Cristo. Así que
sugeriremos que las cuatro dimensiones se refieren a la transformación, y que podrían ser
descritas de la siguiente manera:

1. La profundidad: la dimensión personal de la transformación.


2. La anchura: la dimensión comunitaria y ecológica de la transformación.
3. La longitud: la dimensión histórica de la transformación.
4. La altura: la dimensión escatológica de la transformación.

En términos más familiares podemos decir que estas cuatro dimensiones tienen que ver con
cuatro conceptos ya conocidos: La dimensión personal corresponde al discipulado, es decir,
al reconocimiento de mi responsabilidad personal por mi propio crecimiento. Si bien esto
debe realizarse en comunidad, la responsabilidad final de mi propia transformación es mía. El
discipulado es seguir las enseñanzas de Jesús para ir descubriendo de lo que somos en
Cristo, par ir descubriendo lo que realmente somos ante Dios.

La dimensión personal nos capacita para comprender las otras dimensiones. Nos permite
ver en la segunda dimensión que la transformación no es un acontecimiento individualista,
sino algo que se extiende a todo lo ancho del universo, incluyendo a nuestro prójimo y a la
Creación misma, es decir, al mundo. Somos transformados para promover la transformación
de nuestro prójimo y del mundo, incluyendo todas sus dimensiones: natural, social,
intelectual, espiritual, emotiva etc., y se relaciona con el concepto de vocación y misión.

La tercera dimensión nos lleva a descubrir que la vocación y la misión nos identifica con una
tradición histórica que se ha negado, desde el principio de la historia humana, a aceptar el
egoísmo, la injusticia, la falta de compasión, la violencia, etc., como forma de vida y de
relacionarse con los demás y con el medio ambiente. Una comunidad que, por el contrario,
cree en la compasión, la justicia, la paz y la reconciliación como la verdadera forma de
construir un mundo mejor. Así, nos identificamos históricamente con una comunidad histórica
que cree que la transformación personal es verdadera vida, y que esta se realiza en relación
con los demás y con el medio ambiente, manifestándose como una nueva humanidad
llamada Pueblo de Dios. La última dimensión, como lo hemos mencionado, es aquella que
da fundamento a la esperanza, es decir, a la confianza de que lo que no se ve todavía
21
completamente, se realizará en plenitud, no porque el ser humano lo lleve a cabo, sino
porque es la Voluntad de Dios, quien en Jesús inicia el establecimiento de su Reino, y cuya
realización esta garantizada por su propia promesa y su propio carácter. Es pues, la promesa
del Reino de Dios, ya presente y revelándose en la transformación, pero también llevándonos
a su plena manifestación, lo que da sentido (dirección y significado), a todas las otras
dimensiones de la transformación.

Ahora bien, es importante comprender que las cuatro dimensiones son las dimensiones de
una sola cosa, y que no ocurre una después de la otra sino simultáneamente. La dimensión
personal no es posible sin la dimensión comunitaria, y esta tampoco sin la dimensión
histórica, así como la historia no tiene sentido sin la esperanza. Sin embargo, para explorar lo
que significan tendremos que estudiarlas separadamente, reiterando que son absolutamente
inseparables.

La profundidad: la dimensión personal de la transformación.

Un pasaje bíblico que nos ayuda a profundizar en la dimensión personal es el que escribe el
apóstol Pablo en su segunda carta a los Corintios:

Comenzamos este estudio preguntándonos qué significa ser cristiano. Dejemos a un lado por
el momento la cuestión de cómo se llega a ser cristiano. Aunque diferentes tradiciones
tienen diferentes formas de iniciación, baste por ahora decir que se trata de un llamado
personal de Dios al que uno responde en algún momento de su vida en forma personal.
Porque es personal, uno no puede determinar para otro cómo ocurre, sino que cada cual
reconoce su propio proceso. Más una vez que uno reconoce el llamado y lo asume, viene la
pregunta de qué significa.

En el pasaje citado, Pablo sugiere que el ser cristiano es un proceso en el que somos
transformados de gloria en gloria. Y esto ocurre en tanto contemplamos y reflejamos, con la
cara descubierta, como en un espejo, la gloria del Señor.
Para comprender lo que Pablo está diciendo es necesario explicarnos la palabra gloria. Su
significado hebreo en el Antiguo Testamento sugiere la idea de pesadez y, por implicación,
se trata de una presencia que se impone. También sugiere la idea de brillantez. Podríamos
que se refiere a la presencia imponente, como de una luz deslumbrante. Con esta palabra
Pablo alude a un pasaje particular en el Antiguo Testamento: la revelación de Dios ante
Moisés (Éxodo 33:12-34:10) Ahí Moisés pide a Dios que le muestre su gloria (3:18), pero
parece que con ello Moisés quiere decir "su presencia", según el contexto de los versículos
anteriores (vv. 14-15) Esto lo vemos cuando efectivamente Dios manifiesta su presencia (su
gloria), por medio de los rasgos de su carácter:

Este pasaje deja claro que lo que Dios permite que se conozca de Él es su carácter, y que
los rasgos dominantes de su carácter, aquello que se impone y que deslumbra, son su
Compasión y su Justicia. Cuando Moisés desciende al pueblo, su rostro está resplande-
ciente. Moisés tiene, entonces que usar un velo que le cubra el rostro, y sólo se lo quita para
22
hablar con Dios y para dar la Palabra de Dios a su pueblo.

Ahora bien, Pablo, se refiere a Moisés para indicar la diferencia entre el ministerio
“descubierto” de ahora, cuando ya no hay que ocultar la Gloria de Dios, es decir, su
Misericordia y su justicia, que se expresa a través de la Gracia como un regalo, y el
ministerio “cubierto” por la Ley que se impone como condición para ser aceptado por Dios.
No nos detendremos por ahora a profundizar en esta diferencia. Lo que nos interesa resaltar
es la manera en que Pablo usa la palabra gloria como rostro.

Rostro, por supuesto, implica carácter. Porque lo que Dios muestra a Moisés no es su rostro
literalmente, sino los rasgos fundamentales de su carácter: la Compasión y la Justicia. Es
esto lo que ve Moisés, y es esto lo que impacta su propia personalidad a tal grado que él
mismo refleja ante su pueblo el carácter de Dios. Podemos pues, decir, que la gloria a la que
se refiere Pablo es el carácter de Dios cuando menos en dos de sus rasgos: la compasión (o
amor) y la justicia.

Así que lo que Pablo dice es que nosotros estamos siendo transformados en nuestra
personalidad. Los rasgos que nos caracterizan como seres humanos comunes y corrientes,
están siendo transformados en rasgos que nos acercan al carácter de Dios. Ahora bien, esto
no significa de ninguna manera que ir adquiriendo el carácter de Dios significa ser “más
espirituales” o más “santos” en el sentido religioso del término. Significa concretamente ser
cada vez más compasivos y más justos. Ciertamente todos los seres humanos somos
capaces de sentir compasión y actuar con justicia porque hemos sido creados a la imagen y
semejanza de Dios (Génesis 1:26-27) Pero también tenemos que reconocer que nuestro
sentido de compasión y nuestro sentido de justicia están distorsionados por efecto de nuestro
egoísmo, que es la raíz del pecado. Por lo tanto podemos decir que la compasión y la
justicia humana no son exactamente lo mismo que la compasión y la justicia divinas.

Creo que la diferencia fundamental está en el origen y en la naturaleza misma de la compasión


y la justicia. En el ser humano descansan en los sentimientos, de manera que con frecuencia
hablamos de un sentimiento de justicia y de un sentimiento de compasión. En Dios, la
compasión y la justicia no son cuestión de sentimientos sino de personalidad. Desde el punto
de vista de Dios, la compasión y la justicia no son sentimientos esporádicos sino la esencia de
su personalidad, de su carácter. Dios se revela como amor y como justicia personificadas, de
tal manera que Él es compasivo porque es Justo y Él es justo porque es Compasivo.

Creo que es aquí donde empezamos a ver las diferencias más claramente. Ser justo y
compasivo no es actuar o sentir de cierta manera, sino ser de cierta manera. Es tener una
personalidad, un carácter, que es esencialmente justo y compasivo. Y esto es algo que no
podemos lograr por medio de acciones, sino que es regalo de Dios. Ser justo y compasivo es
adquirir una personalidad que naturalmente no tendríamos. Naturalmente usamos nuestro
sentido justicia y compasión humanos, a veces de maneras muy sutiles, para satisfacer
nuestro egoísmo. Para sentirnos de cierta manera. Porque el egoísmo, el ponerme yo como
el centro del universo, desconociendo a Dios y al resto de la Creación, ha hecho que la
imagen de Dios de la que El invistió al ser humano, quede oculta bajo mi propia
personalidad. Mi personalidad es aquello que ha sido formado en mi por el mundo (mi medio
23
ambiente, mi cultura, mi familia, etc.), de tal manera que podríamos decir que es como un
velo que me cubre el rostro, como una máscara (la palabra persona quiere decir
precisamente “máscara”), una personalidad falsa en sustitución de la imagen y semejanza de
Dios que él puso en nosotros.

Pero, por otra parte, el optar por la transformación, el haber respondido al llamado de
reconciliación con Dios, conmigo mismo, con mi prójimo y con mi medio ambiente,
desechando mi vieja personalidad, significa recibir el regalo de que la personalidad de Dios
se forme en mí en Cristo, con lo que se inicia en mí un proceso de re-formar en mí su propia
imagen y semejanza. Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, pero esta realidad
estaba oculta y distorsionada por la máscara del egoísmo. Ahora esta imagen y semejanza
empieza a brillar, a manifestarse en todo su esplendor como rasgos concretos de mi
carácter, de mi personalidad.

Ahora bien, el proceso de transformación de mi vieja personalidad en el carácter de Dios,


ocurre por medio de dos acciones que Pablo describe de la siguiente manera: “reflejando
(mirando) a cara descubierta como en un espejo la gloria (el carácter) del Señor”.
Evidentemente, una de las acciones es realizar aquello que nuestra nueva personalidad nos
pide hacer: obras de compasión y de justicia, pues eso es reflejar el carácter de Dios. En
otras palabras, siendo compasivos y llevando a cabo la justicia es como paulatinamente, de
gloria en gloria (de carácter en carácter), nuestra personalidad se va transformando en una
personalidad compasiva y justa, Porque es en este proceso en el que el Espíritu del Señor
se revela a través de nosotros.

Pero hay otra dimensión en este proceso que yo quisiera señalar. La palabra que Pablo usa
para “reflejar”, también puede ser entendida como “contemplar”. Algunos traductores han
preferido la primera versión porque parece más consistente con el contexto. Sin embargo, la
ambigüedad de la palabra añade algo que Pablo elabora más adelante. La sugerencia que
nos da el segundo significado de la palabra es que para “reflejar” uno tiene que “contemplar”.
Para decirlo de otra manera, reconocer en qué consiste ser justo y compasivo a la manera
de Dios, abierta e incondicional y no a la manera humana (que, como ya dijimos, podría tener
una motivación oculta) necesitamos mirar constantemente cómo es Dios “mirando a cara
descubierta como en un espejo la gloria (el carácter) del Señor”. Si Él la verdadera Justicia
y la Compasión mismas, entonces necesitamos referirnos a Él constantemente para verificar
que nuestras acciones son de Él y no nuestras. De hecho, lo que ocurre es que es el mirar el
rostro, la Justicia y la compasión misma de Dios en Jesucristo lo que me va transformando,
de carácter en carácter (de gloria en gloria), en la imagen verdadera de Dios.

Así pues, el proceso de trasformación de mi persona se da en dos direcciones. Por una


parte, al contemplar la gloria de Dios, su justicia y su compasión, en Jesucristo, estoy siendo
transformado, “porque Dios... es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación
del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”. Esta es una actividad que no
se lleva a cabo por mi propio poder sino por el Espíritu del Señor que habita en mí, que está
transformándome de lo que yo era en lo que él quiere que sea, un hombre justo y compasivo
como Dios revelado en Jesucristo.

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Pero por otra parte, al reflejar yo la Gloria de Dios, su justicia y su compasión, en forma
concreta en mi práctica cotidiana, estoy siendo transformado. Esto es algo en lo que yo
tengo una participación concreta. Porque en mí ya está actuado la restauración de la imagen
de Dios en Jesucristo, pero yo puedo elegir entre cubrir mi rostro y no manifestar en mis
acciones la compasión y la justicia de Dios, o puedo dejar que en mis acciones resplandezca
la Justicia y la Compasión de Dios.

Estas direcciones de la transformación de mi persona están manifestadas en Cristo. Él hace


lo que ve del Padre. No actúa de si solo, sino que sus acciones reflejan lo que ve y conoce
del Padre. Su personalidad sintetiza lo que Dios quiere que nosotros también seamos: hijos
de Dios en los cuales se refleja todo el poder y deidad del padre, verdaderas imágenes de
Dios.

Esto nos lleva a una conclusión muy importante. La gran tentación es reducir el discipulado, el
proceso de transformación que está ocurriendo en nosotros, al puro aspecto de la práctica.
Después de todo es lo más fácil y convincente... O uno puede “espiritualizar” el discipulado, la
transformación, y convertirla en una experiencia interior, que es lo más satisfactorio. Ambas
experiencias pueden ser muy convincentes y satisfactorias para nuestro yo, para nuestro
egoísmo. Pero ninguna de estas dos actitudes es transformación. Por el contrario, lo que estas
experiencias crean es un falso sentimiento de compasión, de justicia y de religiosidad.

El verdadero discipulado consiste en ir descubriendo que ser justo no es actuar o sentir de


cierta manera, sino ir transformando todo nuestro ser, el ser interior y su manifestación
exterior. La verdadera transformación ocurre cuando profundizamos en nuestra
transformación interior para que el resplandor hacia afuera sea auténticamente la imagen de
Dios. Pues sólo aquel que está siendo transformado por la compasión y la justicia de Dios
hasta lo más profundo de su ser, puede ser realmente justo y compasivo.

Preguntas de estudio

1. ¿Cómo definiría el discipulado?


2. La transformación es un proceso. Explique qué significa esto sobre la base de éste
artículo.
3. ¿Qué significaría contemplar el rostro de Dios?
4. ¿Qué significaría reflejar el rostro de Dios?
5. ¿Qué quiere decir la frase “formación, en Jesucristo, del carácter de hijo o hija de
Dios?

25
CAPITULO 5

El término que la Biblia usa para describir a la comunidad de Dios es Pueblo, cuyo significado
original es linaje (Ham, Etnos) Esto significa que el concepto bíblico de Pueblo de Dios hace una
distinción radical entre el Pueblo de Dios y aquel que no es Pueblo de Dios, los primeros
reconocen que su origen y razón de ser es Dios, en tanto que los segundos no han reconocido
tal origen y, por consiguiente, tampoco encuentran su razón de ser en Él. En otras palabras, el
Pueblo de Dios es aquel que ha experimentado la presencia de Dios y, al reconocer éste hecho
encuentra en tal experiencia encuentra identidad. 1 En cambio, el pueblo que no reconoce la

1
Desde luego, todos los pueblos y personas han experimentado la presencia de Dios, pues Él mismo se ha
dado a conocer. Pero no todas las personas y pueblos reconocen tal experiencia como fundamental. En Éxodo
6:3, se señala que Dios se revela de otras maneras, pero sólo a través de la transformación de su pueblo es que
éste puede reconocerlo plenamente a Él “Me aparecí a Abraham a Isaac y a Jacob como El-Sadday -El Altísimo-;
pero no me di a conocer a ellos con mi nombre de Yhwh”.

26
experiencia de Dios carece de identidad y, por tanto, construye su identidad con otros principios:
nación, poder, cierta estructura de valores cívicos, sociales, políticos, religiosos, etc., lo cual en
el fondo son un sustituto de Dios y por tanto podemos decir que son dioses.2

Sin embargo, en algún momento el llamado Pueblo de Dios era no-pueblo, es decir, un pueblo
carente de identidad verdadera (I Pedro 2:10), es decir, un pueblo que no reconocía la presencia
de Dios. ¿Qué es, pues, reconocer la presencia de Dios? La Biblia señala que es simple y
sencillamente aceptar que siendo Dios el Creador, todo lo han recibido por Gracia y que, por
tanto, su criterio de vida sólo puede ser la compasión y la justicia.

Pero pasar de ser no-pueblo a Pueblo es un proceso y no un acontecimiento que ocurre de un


momento a otro. Como sabemos, es difícil dejar de arraigar la identidad personal en aquello
que hemos mencionado arriba, y es aún más difícil que esto ocurra en un grupo de personas.
Por ello indicamos que es necesario un proceso de transformación comunitaria en términos
similares al proceso personal. Podemos observar este proceso en el Antiguo Testamento a partir
del texto de Éxodo 6: 6-7:

Podemos observar que el no-pueblo comienza a transformarse en Pueblo de Dios a través de


un proceso que podemos describir de la siguiente manera:

Dios revela su presencia en su Nombre “Yo soy Yhwh”. Esto significa que la primera acción
transformadora consiste en cuestionar nuestro supuesto conocimiento de Dios a partir de
criterios puramente religiosos. A diferencia de otros dioses, Yhwh se revela en una acción
concreta: “Yo os libertaré de la esclavitud”. El texto se refiere a la esclavitud a que este pueblo
estaba sometido bajo los egipcios. Sin embargo, la esclavitud era más que opresión, era pérdida
de identidad, o tal vez podemos decir que el pueblo era esclavo porque no sabía quién era. De
manera que cuando Yhwh se revela les hace saber también quienes son y ese es el principio de
su liberación. Ellos y ellas son creación de Yhwh y por tanto no tiene porque estar sometidos a
nadie. Podríamos decir que es la autoconciencia, otorgada por Yhwh, de su verdadera identidad
lo que posibilita su liberación. Desde luego, Yhwh acompaña esta autoconciencia con el acto
concreto de liberación social y espiritual, pero es importante mantener que es la revelación de
Yhwh lo que hace que el pueblo le atribuya a él y no sí mismos, otras circunstancias u otros
dioses su liberación.

Es por ello que la tercera afirmación en nuestro texto es “Yo os haré mi pueblo y seré vuestro
Dios; y sabréis que yo soy Yhwh, vuestro Dios”. Esto significa que la revelación de Yhwh se da
en el acto mismo de la liberación, tanto espiritual como social. Es entonces cuando Él establece
un pacto con el pueblo, éste será su pueblo y Él será su Dios. En esta declaración, la afirmación
de que Yhwh será su Dios implica que cualquiera que sea el concepto que el pueblo tiene de
“dios” es transformado por una única noción de Dios, eliminando así a cualquier otro “dios”. La
categoría de Dios ya no será la que el pueblo haya creado para definir su identidad, sino que
2
Hablar de falta de identidad significa hablar de la verdadera naturaleza humana. La búsqueda de una identidad
corporativa es la raíz del nacionalismo, el cual llega a adquirir características religiosas. De ahí que quizá se
pudiera oponer, cuando menos en castellano, el concepto de Pueblo al concepto de Nación, el uno para referirse al
Pueblo de Dios y el otro al no-pueblo que, por falta de identidad, busca desesperadamente construirse una identidad
en la nacionalidad (Cf. Gen.11: 4)
27
desde ahora estará dada por la revelación única de Yhwh: el Creador, justo y misericordioso.
De la misma manera, la categoría de Pueblo de Dios estará definida por que éste refleja la
imagen revelada de Yhwh, la gracia de su creación, la misericordia y la justicia.

Así pues, en la base del proceso de transformación encontramos un significado distinto del
nombre de “Dios”. Yhwh se niega a ser denominado “dios” hasta darle un nuevo significado a la
palabra al investirla con el nombre y las acciones que Él mismo ha revelado. De la misma
manera, el nombre de Yhwh Dios implica una concepción diferente del significado de Pueblo,
pues ya no será solamente etnos sino Pueblo de Yhwh Dios, es decir, pueblo que le pertenece
solamente a Él.

Podemos ahora elaborar algunos puntos que hemos señalado:

El principio de la transformación ocurre por iniciativa de Dios, iniciativa que se llama revelación o
auto revelación de quién es Él. El ser humano no conoce naturalmente a Yhwh, porque a El
sólo se le puede conocer si El mismo se revela. Por consiguiente, el ser humano solamente
puede construirse imágenes de dioses, elaboradas con diferentes grados de sofisticación, desde
burdos ídolos de piedra, hasta elaboraciones mentales soportadas por todo un sistema religioso-
teológico. Yhwh, por el contrario no puede ni siquiera ser imaginado. Es Él quien se revela a sí
mismo a quienes elige, y al elegirlos hace de ellos un Pueblo, una comunidad tan radicalmente
distinto que ni siquiera puede ser nombrado de la misma manera. 3
De hecho, el auto revelación de Yhwh muestra la falsedad (e irrealidad) de los dioses. El primer
momento de la transformación es, por consiguiente, el recibir la revelación de que Yhwh puede
ser algo totalmente distinto al Dios que uno ha imaginado: El pueblo empieza a descubrir al
verdadero Dios de la siguiente manera:

Dios (Yhwh) se revela a través de sus obras, las cuales Él realiza de dos formas: directamente,
interviniendo personalmente en la Historia humana (Cf. Éxodo 15:1-13) A través de su pueblo,
quienes realizan también las obras de Gracia, Amor y Justicia de Dios. Estas obras de Yhwh
tienen un efecto en la persona misma y en su medio ambiente (el prójimo y su entorno físico y
social)

Lo que Dios revela de sí mismo a través de sus actos puede ser percibido por el ser humano al
reconocer que la Creación tiene su origen den Él. Esto da un sentido y dirección distintos a la
vida humana. De pronto se descubre que la vida sin Dios no tenía sentido ni dirección, y que la

3
A Dios no se le puede “conocer”, pues lo que de Él se conoce se debe a que Él mismo lo revela. Como hemos
visto anteriormente, lo que Dios revela de sí mismo es que Él es el Creador y que los rasgos de su carácter que ha
mostrado su Compasión y su Justicia. El término “dios”, en hebreo Elohim significa literalmente “divinidad” o
“divinidades”. Por ello la Biblia utiliza un nombre impronunciable e identificable, Yhwh, (que nosotros traducimos
como Yahvé o Jehová), con el propósito de diferenciarlo de otros “dioses”. Sin embargo, en nombre “Dios” con
mayúscula se utiliza por conveniencia, aunque se presta a confusión. Juan el Evangelista señala que a “A Dios
nadie le vio jamás, el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”(1:18), es decir, Jesús
lo identifica como Padre aparentemente queriendo decir con ello que él es el origen de todas las cosas (Creador), y
que su relación con su pueblo es con amor y justicia, es decir, “paternal”, sin que esto quiera decir que Jesús
identifica a Dios con una figura masculina sino que más bien se refiere a su carácter.
28
que se le daba se debía a la creación de “dioses” (religiones, ideologías, creencias, estilos de
vida, etc.) En cambio, al entrar en contacto con las obras de Yhwh, el ser humano percibe algo
que no es normal, algo que le da un sentido, una orientación distinta a su vida (que no viene de
su propia imagen de dios) La respuesta que la persona da a esta revelación es la evidencia de
la transformación que empieza a operarse en ella a partir de la revelación. Es una respuesta
que manifiesta que su vida ha adquirido un sentido y que la persona empieza ha actuar en esa
nueva dirección.

Yhwh se revela a través de su Palabra. Yhwh ha actuado, pero también ha revelado el


significado de sus acciones, el cual va más allá de las acciones mismas. Las acciones de Yhwh
en la persona y su entorno dan sentido a su vida, pero es la Palabra de Yhwh la que le da
significado, no sólo ha su vida personal, sino también a su entorno histórico-social y a su
relación con el mismo.

Los hechos de Yhwh en el tiempo crean la verdadera historia tanto comunitaria como personal al
dar sentido a ese tiempo, pero Yhwh también habla para explicar --comunicar-- el significado de
sus hechos en la historia. Ese explicar es también revelación que Él da por Su Palabra de dos
formas:

Estableciendo una relación personal con la persona a través de Su Palabra Escrita. Las
escrituras el marco normativo de referencia porque es la revelación histórica de lo que Yhwh
ha hecho y del significado que Él le ha dado a sus acciones. De manera que si queremos
establecer un diálogo con Yhwh, el terreno para llevarlo a cabo son las Escrituras.
Estableciendo una relación personal con la persona a través de otros (del resto del Pueblo de
Yhwh) Pero las Escrituras son también el resultado de la reflexión de un Pueblo sobre los
hechos de Yhwh, de manera que también el pueblo mismo es el portavoz de Yhwh, o más bien,
debe ser el portavoz de Yhwh porque Él lo ha elegido como receptor de la Revelación y, por
consiguiente, comunicador de la misma.

La liberación de Yhwh es diferente a la liberación desde un punto de vista humanos porque es


integral, esto es, no se reduce a un sólo aspecto de la realidad humana. La liberación de Yhwh
es liberación de la servidumbre a los ídolos cuando menos entres áreas: liberación espiritual,
liberación psicológica y liberación social

Pero además, la liberación tiene un propósito específico, es decir, es liberación para un


propósito. La liberación de Yhwh es para restablecer en su pueblo la imagen de Yhwh (el
carácter de Yhwh), que es el servir.

El Pacto que Yhwh establece con su Pueblo es un pacto de adopción. La adopción de Yhwh se
comprende mejor si retomamos la idea de no-pueblo, es decir, falta de identidad. A través del
Pacto Yhwh da identidad a este no-pueblo y lo convierte en verdadero Pueblo.

¿Qué es un no-pueblo? Quizá la mejor manera de definirlo es usando la palabra “comunidad”


como sinónimo de Pueblo y decir que un no-pueblo carece de comunidad. Lo que el Pueblo de
Yahweh tiene en común y por tanto, lo hace comunidad, es precisamente Yahweh; y es la
aceptación del señorío de Yhwh lo que hace que cada miembro de dicha comunidad sea
29
realmente parte de la misma. En otras palabras, la “a-filiación” (etimológicamente “la her-
manación") comunitaria no es por afiliación a la comunidad, sino por adopción, y por tanto,
tampoco se mantiene por fidelidad a la comunidad sino por fidelidad al Señor. En el Nuevo
Testamento uno de los términos que se usan para definir este tipo de comunidad es “familia”, en
la cual Yhwh es el Padre.

Se basa en un concepto de "familia" desconocido en el ser humano. Se basa en un concepto de


solidaridad fraternal desconocida para el ser humano. Ambas están basadas en el hecho de que
Yhwh es el Padre, pero en Jesús es también el Hermano; el Señor y el Siervo.

El pacto que Yhwh hace con nosotros se llama Gracia, pero es una gracia concreta que tiene un
propósito: Restablece la relación con Yhwh a iniciativa de Yhwh y con el propósito de que
nosotros restablezcamos nuestra relación con el prójimo (humano y creacional)

Conclusión

En el proceso que hemos revisado se va consumando la idea de Pueblo, que es también


sinónimo de Cuerpo y Reino, (de lo cual hablaremos en los siguientes capítulos) e incluiría esto
a la creación como el espacio físico del Pueblo y del Reino, pero también en una forma más
relacional como el Hábitat del cuerpo --Tierra Prometida. Como hemos señalado antes, Dios en
su gracia creo al ser humano a su imagen y semejanza, con los rasgos de compasión y justicia,
para que los ejerciera en su relación con su prójimo y con el resto de la creación. Ciertamente
esto significa que el ser humano es la representación de Dios ante la Creación (incluyendo al
prójimo y a su propio cuerpo) y por tanto el responsable por su cuidado. Pero este ser humano
no es un individuo sino una comunidad, hombres y mujeres, y por ello cuando Dios se revela
después de la caída causada por el egoísmo humano, no se revela solamente a individuos sino
a un pueblo que carece de identidad o, mejor dicho, tiene una identidad falsa. Esta revelación
inicia la nueva formación de la comunidad que Dios creó al principio. Ahora bien, con está
comunidad Dios está creando en la historia una nueva realidad llamada Reino de Dios. Sobre lo
que hablaremos en el siguiente capítulo.

Preguntas para discutir:

1. ¿Qué significa para nosotros la palabra “Dios”?


2. ¿Por qué es importante distinguir lo que entendemos por Dios?
3. ¿Cómo sabemos que somos el pueblo del verdadero Dios, tanto como individuos como
comunidad?
4. ¿Cuáles serían algunas manifestaciones concretas de que una comunidad está
manifestando que es pueblo de Dios?

30
CAPITULO 6

El Pueblo de Dios y el Reino de Dios

La imagen que la Biblia nos revela sobre Dios es una sola: Él es el Creador. Sin embargo, el
pueblo de Israel eligió en un momento de su historia otra imagen, motivado por querer ser
como los otros pueblos. Ya que los otros pueblos tenían dioses que se manifestaban a través
del poder, un poder que el dios transfería al líder o rey, Israel quiso también tener un Rey y con
ello también cambió su concepción de Dios.

La idea de Dios como Rey se presta, pues, a confundir la divinidad con el poder. Por ello vemos
que Dios comienza a manifestar una manera distinta de entender su forma de actuar. Dios
ciertamente es Rey si por eso entendemos que Él está en control de toda la creación porque es
Creador antes que Rey. Es decir, Dios es Rey no porque hace alarde de su poder sino por que

31
manifiesta su amor por su Creación, incluyendo al ser humano.

La Biblia nos muestra que Dios acepta ser designado como Rey como concesión al pueblo de
Israel. Pero al mismo tiempo Dios se propone revelar una forma distinta de reinar. Este es un
rey que manifiesta su realeza no con poder sino sirviendo con humildad, no con la volubilidad de
los monarcas humanos, sino con la fidelidad de un padre o un esposo que ama a su pueblo
(Salmo 145: 6-10)

Ahora bien, la idea de Dios como Rey implica la idea de un reino. Este no es un reino espacial o
temporal, sino un reino universal porque tal reino es la Creación misma. Pero la idea del reino
implica también una manera de relacionarse como comunidad. En otras palabras, quienes
forman parte del reino viven según las normas de ese reino. En este sentido es mejor hablar del
reinado de Dios más que del Reino de Dios, pues lo que se indica es que los miembros del reino
son realmente aquellos que aceptan y se someten al reinado de Dios. Así que podemos decir
que cuando Dios forma un pueblo forma también un reinado, ya que los miembros del Pueblo
viven de acuerdo a los principios del Rey. Estos principios, lo volvemos a repetir, son la
Misericordia y la Justicia. Tales principios tienen como propósito hacer del Reino de Dios no un
reino de poder, sino de reconciliación y de paz (Éxodo 19:56; Deuteronomio 23:15, 24:22)

Sabemos que cuando Israel olvidó esta imagen de Dios, se construyó una imagen de poder que
se llamó la Monarquía y entonces empezó a ver a Dios como una imagen de poder, como el
Rey divino que sancionaba lo que el Rey humano hacía. Por eso durante la monarquía
encontramos imágenes violentas de Dios, en alianza con Israel en su batalla contra las otras
naciones.

Esta manera de ver ha Dios ha prevalecido a través de la historia. Siempre que en una nación o
una clase social quiere justificar su poder hace de Dios una figura de poder que convierte en su
aliado. Así, cuando una nación se enfrente contra otra suele invocar la alianza de su dios, como
si el poder de Dios estuviera al servicio de la guerra, la injusticia, y las razones políticas y
económicas. De la misma manera actúa un grupo que se convierte en opresor de otro al
imponerle su visión de la realidad invocando a un dios de poder. Pero el dios poderoso que está
de lado de una nación contra otra o de un grupo social contra otro ya no es el Dios de la Biblia
sino un ídolo.

Por eso, durante los periodos cuando hay abuso de poder y se usa el nombre de un dios para
justificarlo, surge un grupo de personas llamadas profetas. Los profetas reciben la revelación de
Dios acerca del verdadero Reino, y proclaman la justicia, la compasión, la reconciliación y la paz
contra la injusticia, el odio, la discriminación racial, social, religiosa, sexual, etc. (Amós 5:7-27)
Como los profetas predican lo contrario de lo que los grupos de poder quieren oír, son
generalmente perseguidos, a veces aún por el propio grupo con que se identifican

Cuando las estructuras de poder convierten al Poder en dios, la víctima es toda la creación.
Entonces se pierde la imagen bíblica de la naturaleza del ser humano y de su relación con la
Creación. En su lugar el ser humano es visto como la cúspide de la creación, como el Rey cuyo
mandato es sojuzgar y explotar a la creación, en vez de cuidarla y mantenerla (Génesis 2:15)

32
Así pues, a través de los profetas, Dios muestra que su Reino no es como los reinos de este
mundo, y su poder no radica en la fuerza sino en la justicia y la compasión. Él ha tomado, pues,
la iniciativa de reestablecer su Reino, o mejor dicho, su reinado, a partir de un grupo de gente
que se niega a definir el sentido de la vida a partir del poder. Este grupo es el que hemos
llamado Pueblo de Dios, de cuyo seno nacería el verdadero Rey (Isaías 6:3: 9:6-7) Así, se habla
de la venida del Reino, lo cual significa la restauración de la Creación (Isaías 40:9-11, 52:7;
Abdías 21; Miqueas 4:3; Sofonías 3:15; Zacarías 14:16-17)

De esta forma la manifestación concreta del Reino está vinculada a la manifestación concreta
del Rey, pero un rey cuya naturaleza no sea el poder sino el servicio. Con él dará principio el
Reino, con la llegada del Mesías, el Hijo del hombre. Podemos resumir las ideas anteriores de
la siguiente manera:

1. El Reino de Dios es el reinado de Dios, que se caracteriza por la práctica de la Justicia y


la Misericordia (amor), como un acto de reconciliación (Shalom)
2. El Reino de Dios se manifiesta en la creación, a través de un pueblo que se relaciona con
ella no a través del ejercicio del poder sino de la justicia y la compasión, y con ello
manifiesta las características del Reino.
3. El Reino se manifiesta concretamente con la llegada del Mesías.

El Reino de Dios y el Hijo del Hombre.

¿Por qué el Reino se manifiesta con Jesús, el Hijo del Hombre? Como ya hemos dicho, Jesús
se reconoce primeramente a sí mismo como solidario con el ser humano. Podemos decir que
Jesús es el modelo de aquél que se somete al reinado de Dios, y al hacerlo lo reconocemos no
sólo como hijo de Dios sino como “príncipe” del verdadero reino. Por ello el Reino es el centro
del la predicación y acciones de Jesús (Mateo 3:2, 4:17; Marcos 1:14-15; Lucas 4:43, 9:2), y
todas las demás enseñanzas de Jesús derivan de la enseñanza sobre el Reino (Juan 3:3,5)
El Reino se inicia con Jesús mismo. Él es llamado Rey (Mateo 2:2; Marcos 15:2; Lucas 19:38;
Juan 12:13, etc.), y anuncia la llegada del Reino (Lucas 11:20, 16:16, 17:21)
Ahora bien, Jesús delega la misión del Reino a sus discípulos (Lucas 22: 29), y ésta consiste
en extender el Reino por la proclamación (Mateo 28:18-20), y por la acción (Romanos
14:17; I Corintios 4:20; II Tesalonicenses 1:5; Hebreos 11:28; Santiago 2:5; II Pedro
1:11), con el propósito de formar, por obra de Dios, una nueva humanidad (Efesios 2:13-18)
De la manifestación de la nueva humanidad, del Pueblo de Dios, depende, pues la redención
de toda la Creación (Romanos 8:9)

El Reino de Dios es pues, toda la Creación. Pero su presencia histórica es el Pueblo de Dios el
cual, en medio de las estructuras de poder manifiesta que el Reino es todo lo contrario al poder.
Quizá el texto que resume esto es el que encontramos en Lucas 22:25

Es importante recordar que este texto, y otros que hacen alusión a lo mismo (por ejemplo Juan
13), son textos eucarísticos, es decir, textos que tienen que ver con la formación de la
comunidad cristiana a través de la Muerte y Resurrección de Jesús, muerte y resurrección que
anuncian el padecimiento bajo el poder humano y el triunfo sobre éste. Así, la comunidad
33
cristiana nace como comunidad de una nueva realidad llamada Reino de Dios, una manera
distinta de relacionarse, y este es el fundamento de la Iglesia Histórica que continúa la tradición
del verdadero Pueblo de Dios del Antiguo Testamento.

Iglesia y Transformación

El presente estudio nos ha llevado a una reflexión sobre la naturaleza de la Iglesia en sus dos
acepciones: como Pueblo de Dios y como iglesia local. En el primer caso entendemos que es
una realidad teológica, esto es, es una realidad que se manifiesta a través de personas
concretas haciendo acciones concretas, pero no necesariamente en forma institucionalizada ni
confesional. En el segundo caso entendemos que es una realidad sociológica que se manifiesta
institucional y confesionalmente.

Obviamente, la iglesia local no es la Iglesia, ni la Iglesia es la iglesia local, sino más bien en la
iglesia local podría manifestarse la Iglesia. Esto significa también que la manifestación de la
Iglesia no está confinada al marco institucional y confesional, es decir, a la iglesia local, sino que
lo rebasa. Por consiguiente, expresaremos la idea de Iglesia más bien con el término Pueblo de
Dios, y limitaremos el término iglesia a su acepción institucional y confesional.

El concepto de Iglesia (Pueblo de Dios) tiene como marco fundamental de referencia la idea
de que la esfera de la Soberanía de Dios es toda la Creación visible e invisible (Is. 42:5, Sal.8,
19) 4

La Soberanía de Dios (Reinado de Dios, Reino de Dios) es lo que da cohesión a la Creación y le


da su integridad. Su Soberanía se manifiesta en la Creación a través de la presencia concreta
del Amor (Compasión) y la Justicia, los cuales son los atributos esenciales que Dios mismo ha
dado a conocer sobre su persona (Cf. Éxodo 34:6-7) La práctica de la Compasión y la Justicia
crea el Shalom: Paz, Armonía, Integración, Etc. (Gen. 1-2)
La Caída es el resultado del egoísmo humano, lo cual genera injusticia y falta de compasión que
resulta en violencia. El efecto de la Caída se manifiesta en la Creación, la cual es afectada de
varias, pero principalmente en las relaciones entre el ser humano y Dios (Gen. 3:10), entre el ser
humano y sus semejantes (Gen. 3:16) y entre el ser humano y el resto de la Creación (Gen.3:
18-19, Rom. 8:20-23)

En el principio, el Shalom de la Creación era evidente en las relaciones de justicia y el amor


entre todas sus partes. Pero después de la Caída la presencia del Shalom dejó de ser evidente
(Gen. 3; Rom.1:20-25,) En su lugar se manifiesta el egoísmo, la injusticia y, como resultado de
ello, la violencia (Gen. 4:8)

A partir de la Caída se inicia un proceso, en el marco referencial de la Creación, que da origen a


la Historia. 5 La Historia se desarrolla en dos planos. Por una parte en ella se manifiesta el

4. El reinado de Dios es, pues, sobre toda la Creación, de manera que podemos decir que el Reino de Dios es la
Creación.
5.La realidad de la Creación antes de la Caída sólo se puede representar míticamente. Esto es porque la
34
proceso de reconciliación iniciado por Dios a través de un pueblo; este proceso es documentado
por la historia bíblica y tiene un sentido: restaurar el Shalom de Dios. El Shalom se entiende
entonces como Reconciliación: entre el hombre y Dios, entre el hombre y su prójimo, y entre el
hombre y la Creación.

Pero en otro plano histórico se manifiesta el proceso de degeneración de las relaciones. Este
proceso está documentado por la historia humana y carece de un sentido.

Así que en la Historia se manifiestan dos planos de realidad mutuamente excluyentes, ya que
dónde no se manifiesta la Reconciliación, sólo puede manifestarse la paulatina desintegración
de las relaciones y la falta de sentido, esto es, una dirección y un significado.6

El proceso de restauración de ese rompimiento de relaciones se da por iniciativa de Dios. Por


ello la historia bíblica no narra los acontecimientos humanos, sino los acontecimientos divinos en
la historia humana. La restauración es encausada a través del ser humano porque en éste se
dio la caída con el consecuente rompimiento del Shalom.

La restauración descansa en el restablecimiento del Shalom por medio de la reconciliación entre


el ser humano y Dios, el ser humano y sus semejantes y el ser humano y el resto de la Crea-
ción, aunque no necesariamente en ese orden ni en forma secuencial.7
La reconciliación se realiza por el Amor y la Justicia. La reconciliación, por tanto, apunta hacia el
Shalom de Dios. La reconciliación es la acción humana que prefigura el verdadero Shalom que
es la Paz de Dios. Así, el verdadero Shalom no es resultado de la acción humana sino de la
Soberanía de Dios, pero en la reconciliación ya está actuando Shalom de Dios porque ésta es el
resultado del amor y la justicia.8 .

El proceso de reconciliación se realiza a través de un Pueblo que mantiene, a través de la


historia, cuando menos tres características fundamentales:

Es un Pueblo con una prehistoria. Es decir, es un Pueblo cuya propia historia humana está
eslabonada a la historia bíblica desde sus orígenes, y después de la historia bíblica está
eslabonada a una tradición histórica cuyo centro de vida es la historia bíblica. En otras palabras,

conciencia histórica es un desarrollo posterior que parte de una conciencia mítica que paulatinamente adquiere
forma histórica. (Ver. Richard H. Moye, "In the Beginning: Myth and History in Genesis ans Exodus" en Journal of
Biblical Literature, 109, 4(Winter, 1990)577-598.)
6. Fue San Agustín quien, en La ciudad de Dios señala por primera vez este doble plano histórico, ya implícito en las
Escrituras. Para un estudio más reciente ver Jaques Ellul. La ciudad, Buenos Aires: La Aurora, 1972.
7. En este punto podemos sugerir que la reconciliación primordial es con Dios. Pero, ¿que es reconciliación con
Dios? Aparentemente no es una reconciliación de orden confesional o ritual, la cual podría tener connotaciones
puramente idolátricas. La Reconciliación que Dios desea es está claramente definida por El: no una confesión ni un
rito, sino acciones concretas de Amor y Justicia (Cf. Miqueas 6:8, en donde el orden comienza describiendo las
acciones concretas: hacer justicia y misericordia, y solamente después la reconciliación con Dios tiene verdadero
sentido; ver también Mateo 25: 31-45). Por consiguiente, se podría sugerir que la reconciliación a través del al
justicia y la misericordia con el prójimo y con la Creación, por su misma naturaleza, ya apunta a la reconciliación con
Dios y, en ocasiones, hasta la precede.
8.Otra manera de decirlo es que el Reino de Dios es establecido por Dios y no por esfuerzo humano, pero el reinado
de Dios se manifiesta en las acciones de amor y justicia del hombre (Cf. Mat. 5 y ss.)
35
el Pueblo de Dios encuentra sus raíces, su tradición, en la historia bíblica que es la historia de
Dios formando un Pueblo.

Es un Pueblo con un destino escatológico, es decir, que tiene una esperanza (de lo que
hablaremos en el siguiente capítulo). 9 En otras palabras, es un Pueblo que se desenvuelve en
la historia con una dirección y un propósito específicos: la reconciliación y, a través de ésta, la
restauración final del Shalom de Dios. Es un Pueblo que ve su historia con un sentido y con una
misión concreta.

Es un Pueblo que tiene una conciencia ética fundamentada en la práctica de la Justicia y la


Compasión como medios de lograr la Paz, o más específicamente la reconciliación, el Shalom.

El reconocimiento de una prehistoria (tradición), deriva de la práctica del Shalom, porque ésta
práctica crea la necesidad de una identificación con otros que han practicado lo mismo.

De igual manera, la práctica del Shalom da “sentido”, es decir, significado y dirección, a la vida y
crea en ella una conciencia escatológica. Este sentido se puede definir en términos de misión.

El Pueblo de Dios, en su práctica como tal, adquiere una conciencia de pasado, de dirección y
de objetivo (misión), es decir, una conciencia histórica.

La práctica del Shalom y la conciencia ética genera una conciencia teológica, o más bien, se
espera que esto ocurra. 10
Esta conciencia histórica, enraizada en una tradición y en un sentido de misión, aunada a la
práctica del Shalom, da forma al Pueblo de Dios, y este adquiere una identidad, es decir, se
reconoce como Pueblo de Dios porque conoce a Dios (Ex. 19:3-6; Lev. 19:2,37; Deut. 6:25; Miq.
6:8).

El modelo del Pueblo de Dios es revelado en las Escrituras a través de la formación del pueblo
de Israel. Pero el Pueblo de Dios no es Israel, sino que en Israel se manifiesta históricamente,
el Pueblo de Dios. De igual manera, las características del Pueblo de Dios revelan el carácter
de Dios (Ex.34:6), y es en el seno de este Pueblo que Dios se revela, en Jesucristo, como
modelo de la persona que es parte del Pueblo de Dios (Fil. 2:5-8).

9
La palabra “Escatología” quiere decir aquello que se relaciona con los últimos tiempos. Algunos la aplican
para especular acerca de lo que ocurrirá al final del tiempo. Nosotros la aplicamos como aquello a lo que
apunta la historia: la realización plena del Reino de Dios y, por lo tanto no es un asunto de especulación sino de
esperanza. Es una esperanza que da sentido a la historia, pues entonces sabemos a dónde vamos, y como ya
lo sabemos hace que el padecimiento del tiempo presente por cause del Reino, es decir, para que el Reino se
haga presente ahora como una señal de lo que será pleno cuando reine la Justicia y la Compasión y, por
consiguiente, la reconciliación y la Paz.
10. Lo opuesto sería que la conciencia teológica generara una práctica del Shalom, pero aparentemente este no es
normalmente el caso. Por el contrario, comenzar con la conciencia teológica genera no una práctica del Shalom
sino el establecimiento de una practica religiosa que sustituye a la práctica del Shalom. Esta sería precisamente la
crítica de los profetas al estado israelita, el cual pierde su identidad como Pueblo de Dios al perder la práctica del
Shalom sustituyéndola con la práctica de la religión. La práctica de la religión niega, entonces, su calidad de Pueblo
de Dios y afirma su calidad de ser simplemente un pueblo como los otros pueblos.

36
Es a partir de Jesucristo que el modelo de Pueblo de Dios prefigurado en Israel, adquiere una
forma concreta al ser encarnado en su Persona. En Cristo se forma y se resume el Pueblo de
Dios, y en El se revela la verdadera naturaleza del Pueblo de Dios (Ef. 1:3-5; 2:10, 14-22).

La naturaleza del Pueblo aparece en Jesucristo como corporativa, es decir, como un Cuerpo (I
Cor. 12:12-13:13); y encarnacional, esto es, como una Nueva Humanidad (Ef.2:14-15; 4:22-24).

Lo que caracteriza al Pueblo a partir de Jesucristo es que además manifestar el Shalom en el


mundo, sus miembros se descubren entre sí como mutuamente dependientes porque están
corporativamente sujetos a Cristo.

El descubrimiento de la dependencia mutua es el descubrimiento de los dones particulares con


los que cada uno ha sido investido para apoyar el ejercicio de los dones de los demás. La
conjunción de los dones particulares crea Comunidad. La Comunidad ya se manifiesta
públicamente, pero no todavía en forma institucionalizada o confesional, sino por la práctica de
un estilo de vida distinto (Este sería el "remanente" al que se dirige la literatura profética del
Antiguo Testamento, o la Comunidad primitiva de Hechos 2:44-47).

La Comunidad, a través del ejercicio de los dones de sus miembros, manifiesta no sólo el
Shalom sino la posibilidad real de una humanidad distinta. Se diría que el Pueblo manifiesta la
posibilidad del Shalom, en tanto que la Comunidad manifiesta la posibilidad de un nuevo tipo de
personas que pueden relacionarse de una manera distinta.

La estructuración de la comunidad da origen a una comunidad de fe que, como resultado de


ejercer el Shalom en el mundo, anuncia práctica y confesionalmente como comunidad, la
realidad de Dios y de su obra de reconciliación en la historia, a través de la Proclamación y de la
Experiencia Sacramental. El carácter que la proclamación y la experiencia sacramental toman,
dan una forma específica a la comunidad de fe, y esta forma se manifiesta como asamblea o
iglesia local. La iglesia es constituida, a partir de la comunidad, por la estructuración de la fe en
una Confesión y en torno a la Proclamación y la experiencia sacramental.

La comunidad de fe que se estructura como iglesia, crea un espacio visible donde se congrega
el Pueblo de Dios. Las personas que por su experiencia personal de la presencia de Dios (como
Amor, Justicia, Reconciliación), tienen el deseo de congregarse de forma visible con el Pueblo
de Dios, encuentran el la iglesia local esa posibilidad.

La comunidad de fe crea también como iglesia local la posibilidad del ejercicio más amplio de los
dones en forma organizada, y la posibilidad de apoyo sistemático a las personas que están en el
proceso de descubrirse como Pueblo de Dios.

La tarea misionera tradicional debiera verse, por tanto, no como la tarea de una iglesia que
pretende crear otra iglesia a partir de la institucionalización y la confesión. Como hemos
observado, esto último es el resultado de un proceso que comienza con un Pueblo sobre el cual
Dios ya ha estado trabajando. Un pueblo que, sin tener conciencia confesional ejerce, sin
embargo, la justicia y la misericordia.
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La iglesia sólo puede identificarse con este proceso que no es suyo sino de Dios, para, en
solidaridad, abrirse a la influencia misma del proceso, transformase a sí misma, y contribuir con
sus dones (quizá confesionales e institucionales, pero no solamente).

En este sentido, la iglesia sólo puede reconocer sus raíces como Pueblo en ese Pueblo que ella
es capaz de identificar no en lo que dice sino en lo que hace, y reexaminares a sí misma a
través de la participación renovada en el proceso, preguntándose si lo que confiesa es
corroborado por lo que hace, o si habrá perdido la marca como ocurrió con Israel. La misión,
entonces, ya no es la "evangelización" de una población, sino su propia y constante
"evangelización" en Comunidad con el Pueblo de Dios que Dios mismo está formando ahí
donde la iglesia ha sido colocada.

 ¿Cuál es, entonces, la función de la iglesia? Siguiendo el modelo neotestamentario, diríamos


que es abrirse para que en ella, esa Comunidad reconciliadora que se está formando, reconoz-
ca otros niveles de reconciliación: el sacramento y la palabra. Pero siempre esa apertura
deberá ser parte de un proceso de "inmersión" de la misma iglesia en la comunidad donde,
insistimos, Dios ya está trabajando, con el propósito de identificarse y solidarizarse con el trabajo
de Dios. De lo contrario, la iglesia sólo puede adquirir una forma puramente institucional y
confesional, forma que es una realidad sociológica, pero que tiene poco que ver con la realidad
teológica que expresan las Escrituras.

ÍNDICE

CAPITULO 1 ...........................................................................................................................................................................2
DIACONÍA Y TRANSFORMACIÓN .............................................................................................................................................3
HACIA UNA HERMENÉUTICA DE LA TRANSFORMACIÓN. .........................................................................................................3
ESCRITURA, PALABRA Y REVELACIÓN...................................................................................................................................4
Las Escrituras. .................................................................................................................................................................4
La Palabra. ......................................................................................................................................................................5
Revelación........................................................................................................................................................................6
EL MODELO PAULINO DE HACER TEOLOGÍA. .........................................................................................................................6
PREGUNTAS DE ESTUDIO: ......................................................................................................................................................7
CAPITULO 2 ...........................................................................................................................................................................8

38
LA TEOLOGÍA DE LA TRANSFORMACIÓN EN ROMANOS 12:1-2 ...............................................................................................9
PREGUNTAS DE ESTUDIO......................................................................................................................................................12
CAPITULO 3 .........................................................................................................................................................................13
NIVEL SOCIAL......................................................................................................................................................................15
NIVEL PERSONAL.................................................................................................................................................................16
PREGUNTAS PARA COMPARTIR .............................................................................................................................................18
CAPITULO 4 .........................................................................................................................................................................19
LA PROFUNDIDAD: LA DIMENSIÓN PERSONAL DE LA TRANSFORMACIÓN. .............................................................................22
PREGUNTAS DE ESTUDIO ......................................................................................................................................................25
CAPITULO 5 .........................................................................................................................................................................26
PODEMOS AHORA ELABORAR ALGUNOS PUNTOS QUE HEMOS SEÑALADO:............................................................................28
CONCLUSIÓN .......................................................................................................................................................................30
PREGUNTAS PARA DISCUTIR: ...............................................................................................................................................30
CAPITULO 6 .........................................................................................................................................................................31
EL PUEBLO DE DIOS Y EL REINO DE DIOS ............................................................................................................................31
EL REINO DE DIOS Y EL HIJO DEL HOMBRE. ........................................................................................................................33
IGLESIA Y TRANSFORMACIÓN ..............................................................................................................................................34
ÍNDICE....................................................................................................................................................................................38

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