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‘ Lección 4 La Escuela Clásica y la Teoría De La Disuasión Introducción: Las ideas criminológicas
Lección 4
La Escuela Clásica y la Teoría De La
Disuasión
Introducción:
Las ideas criminológicas de la escuela clásica constituyen el fundamento
de los modernos sistemas jurídico-penales aplicados en todo el mundo.
Por esta razón, presentaré, con una cierta amplitud sus principales
planteamientos y propuestas.
Objetivos Capacitantes
1.
El estudiante conocerá la importancia de las ideas de la ilustración en la
Escuela Clásica de Pensamiento.
2.
El estudiante reconocerá los representantes más significativos de la
Escuela Clásica de Pensamiento y sus ideas con respecto a las causas de
la criminalidad.
La filosofía que sustenta la teoría clásica del delito y de la pena, se
desarrollo a partir de las ideas que motivaron los grandes cambios
sociales y políticos producidos en Europa y América entre finales
del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX. Tanto la
Revolución francesa como los procesos de independencia de los
Estados Unidos y de los países Latinoamericanos se forjaron en
las nuevas ideas de los pensadores de la Ilustración, entre los que
se destacaron:
ROUSSEAU, JUAN JACOBO – (1712-1778) Filósofo y educador suizo, sus ideas esenciales fueron: naturaleza y libertad.
ROUSSEAU, JUAN JACOBO – (1712-1778) Filósofo y educador suizo,
sus ideas esenciales fueron: naturaleza y libertad. El hombre ha de
poseer libertad, es decir, independencia respecto a los demás. Sus
obras constituyeron las bases ideológicas para la Revolución
Francesa y loa movimientos libertadores en América.
MONTESQUIEU, CARLOS de SECONDAT (1689-1755) Pensador y
jurisconsulto francés. Su obra maestra (El Espíritu de las Leyes)
Habla sobre las relaciones que existen entre las diferentes
legislaciones y los pueblos que las adoptan.
A partir de ellos comenzaron a ser conceptos claves del mundo
moderno el racionalismo, la igualdad de todos los hombres, la libertad,
el contrato social en pro del bien común y de la convivencia, la justicia
sobre la base del respeto a las leyes y la participación de los
ciudadanos en los asuntos públicos.
Especialmente importante para la teoría clásica es el concepto del
contrato social, que es inherente al paradigma criminológico del
consenso. Según el paradigma del consenso las leyes serían la
expresión del acuerdo existente entre los ciudadanos en relación con el
bien común. Las leyes resolverían de este modo las posibles
discrepancias que puedan surgir entre los intereses generales (de la
sociedad) y los de los individuos.
Estas ideas de la ilustración supusieron en primer lugar, una nueva
concepción de la organización social en su conjunto. Pero, además, se
proyectaron también en una manera diferente de interpretar los delitos,
así como en los nuevos modos de prevenirlos y de castigar a los
delincuentes. La síntesis criminológica de las ideas de la Ilustración fue
expresada fundamentalmente por dos pensadores, cuyas obras
tuvieron una gran difusión: el italiano Cesare Becaria y el Británico
Jeremy Benthan.
Cesare Becaria (1738-1794)
De los
delitos y
de las penas,
la
obra principal de
Cesare Bonesana,
Marqués
de
Becaria,
es
uno
de
aquellos
contados libros que
verdaderamente cambian el curso de la historia. Publicado en 1764, tuvo
una gran influencia en el pensamiento penal de su tiempo y lo sigue teniendo en la
una gran influencia en el pensamiento penal de su tiempo y lo sigue
teniendo en la actualidad.
La obra De los delitos y de las penas, que hoy acogemos bajo el epígrafe
de la denominada escuela clásica, nació en su día como una propuesta
auténticamente revolucionaria en contra de la arbitrariedad, la ilegalidad y
los abusos de poder que caracterizaban a la justicia de su tiempo. Más
aún, algunos de los planteamientos formulados por Becaria no han sido
aún asimilados por algunas sociedades y legislaciones penales del mundo
occidental. Tres ejemplos de ello son sus propuestas de que las leyes
penales, para ser eficaces, deberían ser claras y comprensibles para los
ciudadanos, que la justicia debería aplicarse con rapidez y que debería
abolirse la pena de muerte.
En resumen, las principales ideas de Becaria sobre la delincuencia y la
manera de prevenirlas son las siguientes:
1. El contrato social y la necesidad del castigo:
Las leyes son la forma en que los hombres se unieron en sociedad, sacrificando
una parte de su libertad individual en pro de la seguridad común. Las penas
constituyen los motivos sensibles necesarios contra aquéllos que infringen las
leyes.
2.
La tendencia al placer como motivo del delito:
Los hombres delinquen debido a la elocuencia de las pasiones, que los impulsa
al logro del placer y a la evitación del dolor.
3.
La gravedad de los delitos:
La naturaleza del delito reside en su nocividad social. De acuerdo con la
naturaleza humana existen dos tipos de delito: los delitos atroces, que atentan
contra la seguridad de la vida, y los delitos menores, que menoscaban la
seguridad de los bienes, que son producto de una convención social. Los
hombres tienen menor inclinación
segundos.
para
llevar a
cabo
los primeros que
los
4.
El estudio científico de los delitos:
La sociedad debería estudiar, mediante las ciencias, las fuentes de los delitos y, antes de aplicar
La sociedad debería estudiar, mediante las ciencias, las fuentes de los delitos y,
antes de aplicar penas, utilizar los medios necesarios para prevenirlos.
5.
La libertad y la educación previenen la delincuencia:
La tendencia a delinquir es inversamente proporcional a la libertad
y
a
la
educación de que disfrutan los hombres: los hombres libres, que estudian y
reflexionan sobre los que los rodea, estarán menos inclinados a la
voluptuosidad, al libertinaje y a la crueldad que los hombres esclavos.
6.
El fin de las penas:
Las penas tienen como objetivo “impedir que el reo ocasione nuevos males a los
ciudadanos y retraer a los demás de cometer otros iguales”.
7.
Proporcionalidad entre delitos y penas:
Para resultar más eficaz, la pena debe ser superior al bien que nace del delito y
coherente con la propia naturaleza de éste.
8.
La Prontitud y certeza de la pena:
Cuanto más segura, más pronta y más próxima al delito cometido sea la pena,
tanto más justa y más útil será. La probabilidad de delinquir disminuirá en la
medida en que el intelecto humano se establezca mayores asociaciones entre
los comportamientos de los hombres y las consecuencias que les sobrevienen.
9.
Suavidad de las penas:
La suavidad del sistema penal deberá ser directamente proporcional al estado
de desarrollo social que tiene una determinada comunidad.
10. Rechazo a la pena de muerte:
La pena más eficaz no es la pena de muerte, que no deberá aplicarse, sino la
pérdida de la libertad. “Quien teme el dolor obedece las leyes: pero la muerte
extingue en el cuerpo todas las fuentes de dolor.
Jeremy Bentham (1748-1832)
Ya en Grecia del siglo IV antes de Jesucristo, Epicuro había desarrollado una
doctrina filosófica que consideraba que el logro del placer y la evitación del dolor
constituían las motivaciones básicas de la vida humana y también las fuentes de su moralidad. Transcurridos
constituían las motivaciones básicas de la vida humana y también las fuentes de
su moralidad.
Transcurridos 25 años de la aparición del impactante libro de Becaria, el inglés,
Jeremy Bentham publicó en 1789 su Introducción a los Principios de la moral y
la legislación, obra menos conocida y divulgada que la primera, pero que pasa
por ser otro de los alegatos fundamentales de la escuela clásica de
pensamiento. Bentham establece los siguientes principios sobre la conducta
humana y el control penal.
1.
El placer y el dolor:
El comportamiento de los hombres se haya sometido a dos dueños soberanos:
la evitación del dolor y la obtención del placer. Ellos determinan lo que hacemos,
lo que decimos, y lo que pensamos, y constituyen la única medida de lo correcto
y lo incorrecto.
2.
Condiciones de las que dependen el placer y el dolor:
Los placeres y los dolores serán mayores o menores según su intensidad, su
duración, su certeza, su proximidad o lejanía, su fecundidad, su pureza y su
extensión, o el número de personas a quienes afecta.
3.
El principio de utilidad:
Por ello el principio básico que rige el comportamiento humano es la utilidad, que
aprueba o desaprueba las acciones según que tiendan al logro de la felicidad o a
la prevención de la infelicidad, ya sea de los individuos concretos o de la
comunidad en su conjunto. El interés común no es otra cosa que la suma de los
intereses individuales.
4.
Fuentes del dolor y el placer:
El placer y el dolor pueden ser suministrados a los hombres desde tres fuentes
sancionadoras, la moral o popular, en la que el papel básico lo juegan otros
ciudadanos, la religiosa, de la mano de un ser superior, y la política,
administrada por el juez. Esta última es la única que pueden determinar las
leyes, mediante penas.
5.
Finalidad de las leyes:
Todas las leyes tienen como objetivo principal prevenir el daño que puede
infligirse a un individuo o a una comunidad, compensándolo mediante una pena,
con cuatro propósitos concretos de ambición decreciente:
-
Prevenir, si fuera posible, la comisión de toda clase de delitos.
- Si no fuera posible prevenirlos, al menos inducir al delincuente a cometer un delito menos
-
Si no fuera posible prevenirlos, al menos inducir al delincuente a cometer
un delito menos dañino.
-
Si decide cometer el delito, disponerle a no hacer más daño que el
necesario.
-
Efectuar la prevención del modo más barato posible.
6. La proporción entre los delitos y las penas:
Para el logro de estos objetivos Bentham establece una serie de reglas que
deberían regir la proporcionalidad entre los delitos y las penas. Las importantes
son las siguientes:
-
Regla primera: El valor de la pena no debe ser menor en ningún caso que
el suficiente para compensar el beneficio del delito.
-
Regla segunda: Cuanto mayor sea el daño del delito, mayor es la
gravedad de la pena con la que podrá ser compensado.
-
Regla tercera: Cuando los delitos entran en competencia, la pena por el
delito mayor debe ser suficiente para inducir a un hombre a preferir el
menor.
-
Regla cuarta: La pena debe ajustar de tal manera a cada delito concreto
que para cada parte del daño debe haber un motivo que impulsa al
delincuente la realización del delito.
-
Regla quinta: La pena en ningún caso superior a lo necesario para que
esté en conformidad con las reglas aquí expuestas.
Analiza el siguiente fragmento: Suavidad de las penas (Cesare Beccaria,
De los delitos y de las penas. Capítulo XXVII, págs. 101-103)
“” (…) Uno de los mayores frenos del delito no es la crueldad de las penas, sino
su finalidad, y en consecuencia tanto la vigilancia de los magistrados como la
severidad de un juez inexorable debe ir acompañada, para ser útil, de una
legislación suave. La certidumbre de un castigo, aunque sea moderado, causará
siempre mayor impresión que el temor de otro más terrible pero unido a la
esperanza de la impunidad; porque cuando los males, aunque mínimos, son
seguros, amedrentan siempre los ánimos humanos, mientras que la esperanza,
don celeste que a menudo es el único que poseemos, aleja sin cesar la idea de
los mayores, en especial cuando la impunidad, que la avaricia y la debilidad
procuran muchas veces, aumenta su fuerza. La misma atrocidad de la pena
hace que se ponga tanto más esfuerzo en esquivarla cuanto mayor es el mal
hacia el que se corre; y provoca que se cometan varios delitos para escapar de la
hacia el que se corre; y provoca que se cometan varios delitos para escapar de
la pena de uno solo. Los países y las épocas en que se practicaron los más
atroces suplicios fueron siempre los de más sanguinarias e inhumas acciones,
puesto que el mismo espíritu de ferocidad que guiaba la mano del legislador
sostenía las del parricida y del asesino. Desde el trono dictaba leyes de hierro
para ánimos atroces de esclavos, que obedecían. En la oscuridad privada
estimulaba a inmolar tiranos para crear otros nuevos.
Para que una pena alcance su efecto basta que el mal de la pena sea superior al
bien que nace del delito, y en este exceso de mal deben considerarse incluidas
la infalibilidad de la pena y la pérdida del bien que el delito produciría. Todo lo
demás es superfluo, y por lo tanto tiránico. Los hombres se regulan por la
repetida acción de los males que conocen, y no de los que ignoran”. (Págs.101-
103)
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