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TE BENDIGO

Por:

Miguel Arcila Montoya

EDICIÓN VIRTUAL
2006
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CONTENIDO
CONTENIDO................................................................................................................... 2
PRESENTACIÓN ............................................................................................................ 3
BENDICIÓN .................................................................................................................... 4
BENDECID, BENDECID................................................................................................ 5
AGRADECED ............................................................................................................... 13
ORACIÓN FINAL DE LA SANGRE DE CRISTO ...................................................... 15
ORACIÓN FINAL EL SEÑOR ES MI REFUGIO ....................................................... 17
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PRESENTACIÓN

Aquí se encontrará a Jesús vivo y, encontrando a Jesús, se


recibirá de Él la paz, la alegría, el amor, la curación interior y
física, la prosperidad y la felicidad. Se aprenderá a poner en
acción el Poder de Dios en la vida a través de su Palabra que es
siempre viva y eficaz.

La bendición es una palabra poderosa y eficaz de Dios, por medio


del hombre, como representante que actúa en su Nombre y por
su Eficacia, que trae realmente sobre las personas, animales o
cosas, la salud, la prosperidad, la fecundidad de la vida que,
según la Biblia, se desarrolla no como un fenómeno natural, sino
como un efecto de la Bendición de Dios.

Bendecir, significa colocar a la persona bajo la protección de


Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Significa, también, invocar
sobre ella las gracias y bendiciones de Dios; es por lo tanto ésta,
una oración muy poderosa.
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BENDICIÓN

Yavé dijo también a Moisés: "Di a Aarón y a sus hijos: Así


bendecirán a los hijos de Israel. Dirán:
"Yavé te bendiga y te guarde, Yavé haga resplandecer su rostro
sobre ti y te conceda lo que pidas, vuelva hacia ti su rostro y te
conceda la paz."
"Y con eso, estará mi Nombre sobre los hijos de Israel, y yo los
bendeciré", Números, 6: 24-26.

–"Que el Señor te bendiga y te proteja; que el Señor haga


resplandecer su rostro sobre ti y te muestre su bondad; que el
Señor alce sobre ti su rostro y te conceda la paz" (Traducción
Hebreo).

–"Que Yavé te bendiga y te guarde. Que Yavé haga resplandecer


su faz sobre ti y te otorgue su gracia. Que Yavé te vuelva su
rostro y te traiga la paz" (La Santa Biblia, Paulinas).

–"El Señor te bendiga y te guarde; el Señor haga brillar su rostro


sobre ti y te conceda su favor; el Señor te muestre su rostro y te
dé la paz" (Biblia de América).

–"Que el Señor te bendiga y te proteja; que el Señor te mire con


agrado y te muestre su bondad; que el Señor te mire con amor y
te conceda la paz" (Biblia Dios Habla Hoy).

"Habló Yahveh a Moisés y le dijo:


Habla a Aaron y a sus hijos y diles:
Así habéis de bendecir a los israelitas. Les diréis:
Yahveh te bendiga y te guarde;
Ilumine Yahveh su rostro sobre ti y te sea propicio;
Yahveh te muestre su rostro y te conceda la paz.
Que invoquen así mi nombre sobre los israelitas y yo los
bendeciré." (Biblia de Jerusalén, edición popular).
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BENDECID, BENDECID

Solamente Dios tiene el poder de bendecir; y lo hace libremente,


por amor. La bendición de Dios no sólo le da al hombre salud,
fecundidad, bienestar, sino que lo hace más persona, más
hombre de Dios. Quien recibe la bendición de Dios está
preparado para afrontar la vida. Una de las grandes bendiciones
para el hombre es la de poder bendecir, o sea, alabar a Dios por
todo lo que Él hizo y hace.

"No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto. Al contrario,


devuelvan bendición, pues Dios los ha llamado a recibir
bendición" (1Pedro, 3:9).

La Biblia dice que soy llamado a bendecir; sí, sí, yo fui llamado a
bendecir, repito: "Al contrario, devuelvan bendición, pues Dios
los ha llamado a recibir bendición"

¿A quién debo bendecir?

¡A todas las personas! El esposo debe bendecir a la esposa, y


ella a su esposo; los padres deben bendecir a sus hijos, y los
hijos deben bendecir a sus padres; los jefes a sus subalternos, y
viceversa; soy llamado a bendecir... bendecir... bendecir... una,
dos, doce veces al día... y a todas las personas.

Comienzo, pues, por mí mismo a bendecir con alegría; pero,


antes, pido a Dios, en Nombre de Jesús, el perdón para mis
pecados:

Señor Jesús, me coloco en tu presencia, soy de tu pueblo


pecador, pero cuento con tu misericordia y con el poder Redentor
de tu Sangre. Por eso ahora, te pido perdón por mis pecados,
Señor.

Purifica, Señor Jesús, mí corazón, y límpiame con tu Sangre de


todo odio, rencor y de todo lo que es obstáculo para tu gracia y
haz de mí hoy, instrumento de tu bendición. ¡Jesús, ten piedad de
mí!

Señor, derrama en mí corazón el Espíritu Santo y el don de


bendecir. Esto te lo pido, Oh Dios, por el Nombre Poderoso de
Jesús.
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Soy heredero de la bendición, soy llamado a bendecir, por lo


tanto, empiezo por mí mismo.

Con los ojos de la fe, cojo la mano de Jesús y con mí mano junto
a la suya:

Hago la señal de la Cruz en mi frente, y digo:

Yo bendigo mi mente, en el Nombre del Padre y del Hijo y del


Espíritu Santo.

Hago la señal de la Cruz en mis ojos, y digo:

Yo bendigo mis ojos en el Nombre del Padre y del Hijo y del


Espíritu Santo.

Hago la señal de la Cruz en mi boca, y digo:

Yo bendigo mi boca y mi lengua, en el Nombre del Padre y del


Hijo y del Espíritu Santo.

Hago la señal de la Cruz en mí corazón, y digo:

Bendigo mi corazón en el Nombre del Padre y del Hijo y del


Espíritu Santo.

Hago la señal de la Cruz en mí pecho, y digo:

Bendigo mi cuerpo y mi alma, mi espíritu y todo mi ser, en el


Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Aleluya!

Ahora bendigo a mí esposa y ella me bendice; hago la señal de la


Cruz en su cabeza y digo:

Yo te bendigo, mi amada, en el Nombre del Padre y del Hijo y del


Espíritu Santo. ¡Aleluya!

Y mí esposa se dirige a mí, hace la señal de la Cruz en mí cabeza


y me dice:

Yo te bendigo, querido; en el Nombre del Padre y del Hijo y del


Espíritu Santo. ¡Aleluya!
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En este momento bendigo a mis hijos, en el Nombre del Padre y


del Hijo y del Espíritu Santo.

Ahora, voy a bendecir a mis jefes, subalternos, compañeros de


trabajo y a todas las personas con las que tengo alguna relación
profesional:

Señor Jesús, quiero presentarte todas las personas con las que
tengo alguna relación profesional, mis compañeros de trabajo,
las personas que comparten mi labor. Quiero traerlas a tu
presencia y las bendigo en el Nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo.

Ahora bendigo también a mis descendientes y antepasados; esto


es, a las personas que siguen después de mí en el orden familiar:
mis hijos, mis nietos; y las personas que están antes de mí: mis
padres, mis abuelos, mis bisabuelos:

Yo los bendigo en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu


Santo, para que todos sean como mí, herederos de la bendición
en Jesucristo Nuestro Señor.

En este momento bendigo a las personas que más amo: los


amigos, parientes, vecinos:

Los bendigo en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu


Santo.

La Palabra de Dios también me dice:

"Bendigan a quienes los persiguen. Bendíganlos y no los


maldigan", Romanos, 12: 14.

"Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, y oren por quienes los
persiguen", Mateo, 5:44.

"bendigan a quienes los maldicen, oren por quienes los insultan",


Lucas, 6:28.

Voy, pues, a bendecir a las personas que me maldicen y


persiguen, a mis enemigos. Creo que no tengo enemigos, pero
hay algunas personas con las que no me llevo bien: una vecina,
un pariente, la suegra, el suegro, una cuñada, etc., voy a bendecir
a esas personas con las que no me relaciono muy bien, ni ellas
se relacionan bien conmigo.
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Pienso en las personas con las que tengo dificultad para convivir
y digo:

Bendigo a mis enemigos grandes y pequeños en el Nombre del


Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Yo podría estarme preguntando: ¿Qué significa invocar la


bendición de Dios? o ¿Qué significa bendecir?

Solamente Dios tiene el poder de bendecir; y lo hace libremente,


por amor. La bendición de Dios no sólo le da al hombre salud,
fecundidad, bienestar, sino que lo hace más persona, más
hombre de Dios. Quien recibe la bendición de Dios está
preparado para afrontar la vida. Una de las grandes bendiciones
para el hombre es la de poder bendecir, o sea, alabar a Dios por
todo lo que Él hizo y hace.

Voy, entonces, con mucha fe, mirando hacia Jesús Resucitado y


Glorioso, a abrir mí corazón, y a bendecir como Dios me mandó
en la Biblia, en el Libro de los Números, Capítulo 6, Versículos 24
al 26:

"Que el Señor te bendiga y te proteja;


Que el Señor te mire con agrado y te muestre su bondad;
Que el Señor te mire con amor y te conceda la paz"

Y, acorde a que "La gente se arrodillaba una vez más para recibir
de él la bendición. Ahora, pues, bendigan ustedes al Señor Dios
de Israel, que hace cosas prodigiosas en la tierra, que hace
crecer al hombre desde el seno materno y lo forma según su
voluntad. Que él les conceda a ustedes sabiduría, y que entre
ustedes haya paz. Que el Señor mantenga su lealtad hacia
Simeón y le cumpla las promesas que hizo a Finees; que no deje
de cumplírselas a él y a sus descendientes, mientras el cielo
exista.", Eclesiástico, 50: 21-24.

Y, "Aarón levantó sus manos sobre los israelitas y los bendijo",


Levítico, 9:22.

Repito la oración de bendición, nuevamente y despacio. Y voy a


repetir algunas palabras claves:

"El Señor vuelva hacia ti su rostro" –me mire con agrado– ... ¡Qué
feliz sería, si en vida pudiera conocer, y ver el rostro del Señor!
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"El Señor te conceda su gracia" –me muestre su bondad– ... sus


bienes... sus dones... su protección...

"El Señor vuelva hacia ti su rostro" –me mire con amor– ... el
Señor se dé vuelta hacia ti..." El Señor te dé su paz.

Repito esta oración de bendición, en voz alta o mentalmente,


varias veces al día: Para esto fui llamado, para ser heredero de la
bendición. ¡Aleluya. Gloria a Dios!

¡Formaré un gran ejército de personas que bendicen!

Que bendicen su matrimonio, sus hijos, bendicen a su familia, a


los parientes, a los amigos, a los enemigos.

Dios "te" bendiga, Dios "te" bendiga, Dios "te" bendiga... repito
esto todo el día y ante todas las personas que encuentro, lo
mismo digo en voz alta o mentalmente delante de todas las
personas que encuentro en el trabajo, en la casa, en la calle, en el
bus, en el carro, en el estudio.

Y que Dios también me bendiga.

Que Dios te bendiga, que Dios te bendiga, que Dios te bendiga,


que Dios bendiga mí matrimonio, que Dios bendiga mí familia,
voy a repetir lo mismo una, dos, decenas y decenas de veces al
día y que Dios, en el Nombre de Jesús, también me bendiga.
Amén... ¡Aleluya!

Ven Señor Jesús, ven Señor, llena mí corazón de tu amor, de tu


poder y de tu Espíritu Santo.

La paz del Señor Jesús es grande en medio de nosotros, en


nuestros corazones. Es muy grande la bendición que siento
sobre mí.

Por tanto, cierro los ojos, dejo de lado mis preocupaciones, mi


trajín y mi trabajo, me coloco en la presencia de Jesús, abro
ámpliamente mi corazón y oro:

Padre eterno: te amo mucho, y hoy te agradezco por tu bendición,


porque tú eres mí Padre amoroso y porque Tú me reconcilias
contigo a través de Jesucristo Nuestro Señor.
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Te amo, Padre, te adoro y te bendigo y me dispongo a recibir la


bendición que viene de Tí de tal manera que sea inundado de tu
gracia, de tu paz y de tu amor; que sea la del Padre, la del Hijo y
la del Espíritu Santo. Amén.

Te agradezco también, Padre, porque hoy, a causa de tu Palabra


aprendo que soy Tu bendición a favor de mis seres queridos.

Tu promesa, Señor: "y serás una bendición para otros. Bendeciré


a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; por
medio de ti bendeciré a todas las familias del mundo" (Génesis
12: 2-3), quiero se aplique a mí. Quiero entrar en posesión de esta
palabra divina y convertirme en canal e instrumento tuyo, para
poder bendecir a todas las personas.

Por lo mismo, en tu presencia, quiero renunciar a toda palabra


vacía que hayan proferido mis labios y quiero reclamar la Sangre
de Jesucristo, para que purifique mi corazón, mi mente, mi
lengua.

Te pido perdón por las maldiciones que haya proferido contra las
personas. Renuncio a todas ellas. Por la Sangre de Jesús quiero
suspender el efecto maligno de mis maldiciones, aún de las que
haya proferido inadvertidamente, porque hoy tu Palabra me ha
liberado.

Debo bendecir para ser heredero de la bendición. Padre, bendigo


a mis hijos, a mí pareja, mis padres, mis hermanos, parientes y
familiares. Bendigo a las personas con las que convivo, a mis
jefes, a mi trabajo. Bendigo lo que me agrada realizar.

Bendigo todos los momentos que estoy viviendo, bendigo mi


salud, bendigo las personas difíciles en mi vida, los que me
persiguen e injurian. Bendigo en el Nombre del Padre y del Hijo y
del Espíritu Santo.

Y te pido, Padre Eterno, que con esta Bendición Divina y en


Nombre de Jesús, Tú derrames el Poder del Espíritu Santo para
que sane a tu pueblo.

Soy una bendición de Dios para mi prójimo. La bendición de Dios


viene a través de mí, para él. Por eso, ahora, extiendo mi mano a
la persona que está junto a mí.
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La bendición de Dios es plena, es perdón, es salvación, es salud,


es paz, es curación y es liberación.

Voy a orar:

Libra, Padre Santo, a este ser querido mío de todo remordimiento


que esté en su corazón, de todo complejo de inferioridad y de
toda acusación interior. Líbralo, Señor, por el Poder del Nombre
de Jesús, de todo miedo al futuro, de todo desánimo, tristeza,
soledad y desolación interior.

Líbralo, Señor, de la amargura, del arrepentimiento por lo dicho,


por el pasado, por las actitudes tomadas que no estaban de
acuerdo a tu Palabra. Quiero clavar todo esto en la Cruz de
Nuestro Señor Jesucristo y quiero invocar los méritos de la
Sangre de Jesús sobre todo pecado y sobre las cosas negativas
de la vida de este ser querido.

Padre, creo que no existe lo imposible para Tí y te pido que


dispongas de mis manos para bendecir y que en Nombre de
Jesús, llegue la Curación Divina para el ser querido.

Unge, Señor, con tu Poder mis manos y cura este mi ser querido.

Levanta, Señor Jesús, a los que están enfermos, reducidos a su


lecho. Tú eres Todopoderoso, no hay límites para ti. Cura, Señor,
a los que sufren de anemia, problemas de circulación de la
sangre, debilidad, dolores musculares, reumatismo, diabetes.

Ven Señor con tu Poder. Grande es la unción que estás


derramando en nuestros corazones. Ven, Señor y bendice a los
enfermos de cáncer, ¡Oh! Señor, te pido, ahora, en el Nombre de
Jesús, la Curación Divina para estas personas. Libera Señor, a
los seres queridos que sufren de jaqueca, de heridas que no
cicatrizan, diabetes, dolores de cabeza, confusión mental,
desequilibrio. Ven Señor, toca al ser querido que agobiado pide la
curación de su enfermedad.

¡Ten Misericordia, Señor Jesús!

Visita también los corazones afligidos y lávalos con tu Sangre;


Jesús, libra a los que sufren del corazón, del páncreas, del
hígado, a los que sufren de vómitos y náuseas, a los que sufren
de dolores e inflamación de la rodilla. Cura Señor a los que están
enfermos de sus ojos y de la cabeza.
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Quiero agradecerte, Señor Jesús, porque tu Poder es grande,


porque es grande tu Gracia. Quiero agradecerte porque soy tu
instrumento. Quiero agradecerte porque tu Bendición pasa a
través de mí.

Quiero agradecerte porque, en la medida con que bendigo en tu


Nombre, Señor, yo también me convierto en heredero de la
bendición. Padre Eterno, en el Nombre de Jesús, como Hijo Tuyo
con absoluta confianza, en este momento quiero dar tu
bendición.

Mi ser querido:

"Yavé te bendiga y te guarde, Yavé haga resplandecer su rostro


sobre ti y te conceda lo que pidas, vuelva hacia ti su rostro y te
dé la paz" (Números 6:24-26).

A ti, Padre Eterno, toda la alabanza desde mí corazón en el


Nombre de Jesús, en unidad con el Espíritu Santo, por la
poderosa intercesión de la Virgen María. Amén. Amén.
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AGRADECED

Y, por último:

"darán gracias al Padre, que los ha capacitado a ustedes para


recibir en la luz la parte de la herencia que Él dará al pueblo
santo" Colosenses, 1:12.

"Háblense unos a otros con salmos, himnos y cantos


espirituales, y canten y alaben de todo corazón al Señor. Den
siempre gracias a Dios el Padre por todas las cosas, en el nombre
de Nuestro Señor Jesucristo" Efesios, 5:19-20.

"Que el mensaje de Cristo permanezca siempre en ustedes con


todas sus riquezas. Instrúyanse y amonéstense unos a otros con
toda sabiduría. Con corazón agradecido canten a Dios salmos,
himnos y cantos espirituales" Colosenses, 3:16.

Te doy gracias, Señor, porque eres bueno de corazón. Porque tu


amor y tu bondad, tu ternura y compasión son eternas.

Te doy gracias, Señor, a Tí que eres el Único, el Verdadero,


porque tu amor es eterno y porque me enseñas a amar.

Gracias porque en tu amor hiciste maravillas para con los


hombres y llenaste los cielos de belleza incomparable, has
juntado las aguas en un mar sin fronteras, y revestiste la tierra de
árboles y flores.

Gracias porque hiciste grandes lumbreras que iluminan mi vida;


de tu Amor surgió el calor del sol y la luz de la luna.

Gracias porque sembraste el cielo de estrellas puras y


relucientes, por haberme Creado a tu imagen y semejanza,
porque has puesto tu amor en mí corazón, y me has llenado de
tantas bendiciones.

Gracias por mi capacidad de razonar, porque me hiciste


inteligente, por mi pensamiento con el cual descubro tantas
maravillas que has hecho.

Gracias Señor por mis sentidos: por mis ojos, porque por medio
de ellos puedo contemplar las maravillas de la creación; por mis
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oídos, porque escucho el canto de las aves, las palabras y las


canciones de mis seres queridos.

Gracias por darme unos sentimientos, por el amor, la ternura, el


cariño, el afecto, la comprensión, la alegría, los cuales puedo
compartir con mis seres queridos y ellos conmigo. Por medio de
ellos descubro que Tú vives en mí y que me estás amando en
cada instante de mí existir. Por darme la oportunidad de advertir y
sentir tu inmensa ternura. De verás, Señor, eres incomparable.

Gracias Señor, porque cuando me aparto de Tí, no me


abandonas, ni me dejas solo, sino que con compasión y con
amor me buscas y me tiendes tu mano para me levante. Gracias
por tu perdón. Es inmenso, es infinito e inigualable. Gracias
porque me amas por encima del bien y del mal que hay en mí,
porque vienes a mi encuentro y con tu abrazo amoroso de Padre,
me recibes y te alegras conmigo y preparas una fiesta, la gran
fiesta del perdón. Gracias porque con todo ello me estás
manifestando un amor sin fronteras. ¡Bendito seas Señor!

Gracias, Padre Eterno, por Jesucristo tu Hijo, en el Espíritu Santo.


Gracias porque desde siempre has querido la mayor felicidad
para mí y mis seres queridos. Gracias porque haces salir el sol
sobre buenos y malos y haces caer la lluvia sobre justos e
injustos.

Gracias Señor porque eres fuente de alegría, porque no quieres la


tristeza, ni la rutina; gracias porque sonríes a mi lado, porque
eres mi amigo entrañable, mi paz, mi bendición, mi felicidad. Eres
todo Señor. Eres incomparable, glorioso, eterno, infinito, santo.

Gracias, de corazón, Señor, por tu gran amor, porque puedo


compartir este momento contigo, porque siento que me amas,
porque siento que soy importante para ti y que mi vida te
interesa. Gracias de todo corazón Señor. Y gracias por aquellas
cosas maravillosas que hoy has realizado y estás realizando en
mí. ¡Gracias por siempre Señor. A ti Señor sea dada la gloria, el
honor, la alabanza, el poder y la bendición ahora y siempre, y por
los siglos de los siglos. Amén!
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ORACIÓN FINAL DE LA SANGRE DE CRISTO

Oración de la Sangre de Cristo


Señor Jesús, en tu nombre y con
el Poder de tu Sangre Preciosa
sello toda persona, hechos o
acontecimientos a través de los cuales
el enemigo me quiere hacer daño.

Con el Poder de la Sangre de Jesús


sello toda potestad destructora en
el aire, en la tierra, en el agua, en el fuego,
debajo de la tierra, en las fuerzas satánicas
de la naturaleza, en los abismos del infierno,
y en el mundo en el cual me moveré hoy.

Con el Poder de la Sangre de Jesús


rompo toda interferencia y acción del maligno.

Te pedimos Jesús que envíes a mi hogar


y lugar de trabajo a la Santísima Virgen
acompañada de San Miguel, San Gabriel,
San Rafael y toda su corte de Santos Ángeles.

Con el Poder de la Sangre de Jesús


sello mi casa, todos los que la habitan
(nombrar a cada una de ellas),
las personas que el Señor enviará a ella,
así como los alimentos y los bienes que
Él generosamente nos envía
para nuestro sustento.

Con el Poder de la Sangre de Jesús


sello tierra, puertas, ventanas,
objetos, paredes, pisos y el aire que respiro,
y en fe coloco un círculo de Su Sangre
alrededor de toda mí familia.

Con el Poder de la Sangre de Jesús


sello los lugares en donde voy
a estar este día, y las personas, empresas
o instituciones con quienes voy a tratar
(nombrar a cada una de ellas).
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Con el Poder de la Sangre de Jesús


sello mí trabajo material y espiritual,
los negocios de toda mi familia,
y los vehículos, las carreteras, los aires,
las vías y cualquier medio de transporte
que habré de utilizar.

Con Tu Sangre preciosa sello los actos,


las mentes y los corazones de todos los habitantes
y dirigentes de mi Patria a fin de que
Tu Paz y Tu Corazón al fin reinen en ella.

Te agradezco Señor por Tu Sangre y


por Tu Vida, ya que gracias a Ellas
he sido salvado y soy preservado
de todo lo malo.

Amén.
17

ORACIÓN FINAL EL SEÑOR ES MI REFUGIO

El Señor es mí refugio
Yo que vivo bajo la sombra protectora
del Altísimo y Todopoderoso,
digo al Señor: "Tú eres mi refugio,
mi castillo, ¡mi Dios, en quien confío!"

Solo Tú puedes librarme


de trampas ocultas y plagas mortales,
pues me cubrirás con tus alas,
y bajo ellas estaré seguro.
¡Tu fidelidad me protegerá como un escudo!

No tengo miedo a los peligros nocturnos,


ni a las flechas lanzadas de día,
ni a las plagas que llegan con la oscuridad,
ni a las que destruyen a pleno sol;
pues mil caerán muertos a mi izquierda
y diez mil a mi derecha,
pero a mí nada me pasará.
Solamente lo habré de presenciar:
veré a los malvados recibir su merecido.

Ya que he hecho del Señor mi refugio,


del Altísimo mi lugar de protección,
no me sobrevendrá ningún mal
ni la enfermedad llegará a mi casa;
pues Él mandará que sus Ángeles
me cuiden por dondequiera que vaya.
Me levantarán con sus manos
para que no tropiece con piedra alguna.
Podré andar entre leones,
entre monstruos y serpientes.

Señor, yo acepto tu promesa cuando dices:


"Yo lo pondré a salvo,
fuera del alcance de todos,
porque él me ama y me conoce.
Cuando me llame, le contestaré;
¡yo mismo estaré con él!
Lo libraré de la angustia
y lo colmaré de honores;
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lo haré disfrutar de una larga vida:


¡lo haré gozar de mi salvación!"