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www.iglesiadetrujillo.blogspot.com Palabras de Vida del Gran Maestro, pág. 90. Lección 21 - Sábado, 23 de Mayo
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Palabras de Vida del Gran Maestro, pág. 90.

Lección 21 - Sábado, 23 de Mayo de 2015

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ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto. Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, más vosotros seréis bautizados

con el Espíritu Santo dentro de no muchos

días. Después de la crucifixión y resurrección de Jesús, los Judíos, sacerdotes y gobernantes de este mundo esperaban ver a los discípulos de Cristo abatidos y desanimados porque su Señor había sido condenado a muerte. Pero Cristo había dicho: Quedaos en la ciudad de Jerusalén hasta que os hayáis investidos de poder

desde lo alto.Después del derramamiento del Espíritu Santo, iban a comenzar su obra en Jerusalén, y extenderse desde esta ciudad hasta los confines de tierra.

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Volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, camino de un día de reposo. Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo. Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.

Mientras los discípulos esperaban el

cumplimiento de la promesa, humillaron sus corazones con verdadero arrepentimiento, y confesaron su incredulidad. Al recordar las palabras que Cristo les había hablado antes

de su muerte, entendieron más plenamente su significado. Los discípulos oraron con intenso fervor pidiendo capacidad para encontrarse con los hombres, y en su trato

diario hablar palabras que pudieran guiar a

los pecadores a Cristo. Poniendo aparte toda diferencia, todo deseo de supremacía, se unieron en estrecho compañerismo cristiano. Se acercaron más y más a Dios.

muertos al tercer

día;

predicase en su arrepentimiento y el

que nombre el

y

se

perdón

de

pecados en

todas

las

naciones,

co-

menzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas. Recibiréis poder, cuando haya venido

sobre vosotros el Espíritu Santo, y me

seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Durante la era patriarcal, la influencia

del Espíritu Santo se había revelado a menudo en forma señalada, pero nun- ca en su plenitud. Ahora, en obediencia a la palabra del Salvador, los discípulos

ofrecieron sus súplicas por este don.

Es la unión del Espíritu Santo y el

testimonio del testigo viviente que advertirá al mundo.

Lucas 24:46-48, Hechos 1:8; Los Hechos de los Apóstoles, pág. 30, Review and

Herald, April 4, 1893

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Porque Juan ciertamente bautizó con agua, más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días. Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les apa- recieron lenguas repartidas, como de

fuego, asentándose sobre cada uno de

ellos. Sobre los discípulos que esperaban y oraban vino el Espíritu con una plenitud que alcanzó a todo corazón. El Ser Infinito

se reveló con poder a su iglesia. Era como si durante siglos esta influencia hubiera estado restringida, y ahora el Cielo se regocijara en poder derramar sobre la

iglesia las riquezas de la gracia del Espíritu.

Y bajo la influencia del Espíritu, las palabras de arrepentimiento y confesión se mezclaban con cantos de alabanza por el perdón de los pecados.

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según el Espíritu

les daba que hablasen.

Moraban entonces en Jerusalén judíos,

varones piadosos, de todas las naciones

bajo el

cielo.

Y hecho este

estruendo, se

juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados.

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Bajo la instrucción de Cristo, los discípulos

habían sido inducidos a sentir su necesidad

del Espíritu. Bajo la enseñanza del Espíritu, recibieron la preparación final y salieron a emprender la obra de su vida. Ya no eran ignorantes y sin cultura. Ya no eran una

colección de unidades independientes, ni elementos discordantes y antagónicos. Eran ‘unánimes’, ‘de un corazón y un alma.

Hechos 2:4-8, 41; Los Hechos de los Apóstoles, pág. 37, Los Hechos de los

Apóstoles, pág. 36.

A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que

a este Jesús a quien vosotros crucificasteis,

Dios le ha hecho Señor y Cristo. Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para

que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y

todos fueron llenos del Espíritu Santo, y

hablaban con denuedo la palabra de Dios. El día de Pentecostés les trajo la iluminación celestial. Las verdades que no podían entender mientras Cristo estaba con ellos

quedaron aclaradas ahora. Sus corazones

estaban sobrecargados con una benevolencia tan plena, tan profunda, de tanto alcance, que los impelía a ir hasta los confines de la tierra, para testificar del

poder de Cristo.

en el partimiento del pan y en las

oraciones. Y

sobrevino

temor

a

toda

persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a

todos según la necesidad de cada uno. Y

perseverando unánimes cada día en el templo, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el

Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos. Cada cristiano veía en su hermano una revelación del amor y la benevolencia

divinos. Un solo interés prevalecía.

Cuando el Espíritu Santo fue derramado sobre la iglesia primitiva, los hermanos se amaban unos a otros.

Hechos 2:42-47, Hechos 4:32; Los Hechos de los Apóstoles, pág. 39,

Testimonios para la Iglesia, Tomo 5, pág. 222.