Sie sind auf Seite 1von 106

2

El material más apreciado por los arqueólogos

La cerámica fina La cerámica de barniz negro

Jordi Principal Albert Ribera i Lacomba

Manual de cerámica romana. Del mundo Helenístico al Imperio Romano. Albert Ribera i Lacomba (coord.). 1ª ed. Alcalá de Henares: Museo Arqueológico Regional; Madrid: Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias, Sección de Arqueología, 2013. 504 p. Cursos de Formación Permanente para Arqueólogos. ISBN 978-84-451-3455-9

Manual de cerámica romana. Del mundo Helenístico al Imperio Romano. Albert Ribera i Lacomba (coord.). 1ª

0. Pie. Puntal dels Llops (Valencia). Servicio de Investigaciones Prehistóricas (SIP)

Jordi Principal

Museu Arqueològic de Catalunya. jprincipal@gencat.cat

Albert Ribera i Lacomba

Doctor en Arqueología. Jefe de la Sección de Arqueología del Ayuntamiento de Valencia

I. Introducción

E s, por antonomasia, la vajilla cerámica de mesa predominante en los am- bientes helenísticos y romano-republicanos entre los siglos IV y I a.C. (Fig. 1). El gran problema básico de estas cerámicas de barniz negro es

el desconocimiento, hasta hace relativamente poco, de sus centros de produc- ción. Esto ha sido un hándicap considerable para su ya dilatado estudio, que se ha tenido que hacer desde los lugares de consumo y los medios de trans- porte, los pecios. Bien diferente sería el caso de las cerámicas finas de mesa de los periodos siguientes del Imperio Romano, para los que desde un prin- cipio de la investigación ya se disponía del origen, o se le presuponía con bas- tante aproximación. De ahí, que desde siempre sea asumido y consensuado hablar de sigillata aretina o itálica en general, y también más concretamente de sigillata de Puzzoli, del valle del Po y ya posteriormente, con mayor pre- cisión aún, de sigillata itálica o aretina de Italia central, de Cales, de Scopiet- to, de Lyon, napolitana, etc… Lo mismo cabría decir de la sigillata gálica, que se denomina según sus zonas de producción: sudgálica, centro-gálica o de la zona oriental, con luego sus diferentes centros alfareros de la Graufesenque, Montans, Banassac, Lezoux, Rheinzabern,…

Para nuestra sigillata hispánica ha sucedido lo mismo, con sólo un poco de retraso y normalmente se habla ya de la hispánica de la Rioja, de Andújar, de Bronchales, etc…

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS 1. Cerámicas de barniz negro de la necrópolis

1. Cerámicas de barniz negro de la necrópolis de Lucentum. Final siglo III a.C. Museo Arqueológico de Alicante (MARQ)

Para el panorama cerámico del mundo tardoantiguo, en un principio, cuando el desconocimiento era bastante generalizado, se optó por clasificar el material con nombres muy genéricos, meramente convencionales, que a veces se solapaban, y que hacían más referencia a su aspecto, como sigillata chiara, o a la época, caso de Late Roman…, que a su origen. Al mismo tiem- po, estas grandes clasificaciones, que solían incluir producciones sólo relacio- nadas por elementos excesivamente vagos y poco definitorios, debían ser ma- tizadas y subdividas en otros grupos ahora ya más coherentes, pero igualmente de procedencia poco clara, que se denominaban habitualmente con letras del abecedario. Así, la sigillata chiara, podría ser A, B, C o D. Con el tiempo, los avances de la investigación, especialmente de la mano de J. Ha- yes (1972), fueron ordenando este confuso panorama e integraron en un so- lo lenguaje las distintas producciones de Oriente y Occidente. Ahora, pues, para las etapas finales del Imperio Romano se hace referencia a las produc- ciones de África (Late Roman African Slip Ware), que incluiría la chiara A, C y D, de Focea o Late Roman C (LRC), de Chipre o Late Roman D (LRD), del valle del Ródano o chiara B, además de otras menos difundidas de Egipto o de Grecia.

La vajilla de barniz negro, como veremos, por los avatares de la investiga- ción ha seguido otra ¿lógica?, en la que bastante poco se ha utilizado una ter- minología ajustada a su origen, incluso cuando se conocía. Por el contrario,

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

se ha primado una denominación ciertamente geográfica, pero en algunos ca- sos incorrecta, la de cerámica campaniense, ya que se ha comprobado desde hace mucho tiempo que una buena parte de esa abundante variedad cerámi- ca procedería de otras regiones de Italia. Sería más adecuado, pues, mante- ner el término descriptivo genérico de barniz negro, ya que, al menos, se co- rresponde con la realidad de esta vajilla.

I. 1. Unos inicios tan simples como preliminares

Los inicios en Europa occidental del estudio científico de las cerámicas de barniz negro van ligados a la obra de Nino Lamboglia, gran figura de la ar- queología italiana y europea de la postguerra, cuyo destacado pasado fascista en Italia le fue de gran utilidad a la hora de trabajar en la España de esos tiempos, concretamente en lugares tan emblemáticos como Ampurias (Alma- gro y Lamboglia, 1959) y la Bastida de Moixent en la provincia de Valencia (Lamboglia, 1954). En ambos yacimientos aplicó la metodología de la exca- vación estratigráfica, por entonces algo casi inédito por estas latitudes, que anteriormente había desarrollado en sus trabajos en la ciudad romana de Al- bintimilium (Ventimiglia, Liguria, Italia) (Lamboglia, 1950). Dentro de una larga secuencia general, que iría desde el siglo II a.C. al IV d.C., a través del estudio estratigráfico de los materiales en su contexto y de la comparación con los de otros lugares que conocía, especialmente en el litoral de la Penín- sula Ibérica, sistematizó la sigillata chiara de los siglos II al IV d.C. (Lambo- glia, 1950) y para la cerámica de barniz negro, llamada genéricamente “cam- paniense”, planteó una propuesta preliminare de caracterización de varias de estas producciones de cerámicas de gran difusión, con todo su repertorio ti- pológico y con su correspondiente periodización cronológica. La cuestión en un principio parecía muy simple, ya que sólo existirían tres grandes produc- ciones, la Campaniense A, la B y la C (Lamboglia, 1952) (Fig. 2).

Aunque su propuesta fue universalmente aceptada en el Mediterráneo oc- cidental por los investigadores franceses y españoles, que dedicaron mucha más atención a estas cerámicas que los italianos, en general se tuvo poco en cuenta el calificativo de preliminare de esta clasificación, aunque bien pronto se evidenció que ese calificativo era bastante exacto.

No hay nada mejor que rectificarse a sí mismo, y al poco tiempo el mis- mo N. Lamboglia ya empezó a matizar, con bastante acierto, su planteamien- to inicial, otra vez con un título que no disimulaba el problema Polemiche campane (Lamboglia, 1960).

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS 2. Lamboglia y su clasificación A través de

2. Lamboglia y su clasificación

A través de la aplicación práctica en varios lugares, como los referidos Ampurias y la Bastida de Moixent, del esquema propuesto, pronto se vio que la realidad no era tan sencilla ni lineal, en especial para las cerámicas del gru- po B, que dentro de una cierta uniformidad tipológica presentaban una mor- fología variada, mientras que la amplitud del repertorio formal y cronológi- co de la Campaniense A escondía también la existencia de otras producciones que, en este caso, no compartían el mismo repertorio formal. Una vez expur- gado de estas intrusiones, lo que se expuso como definitorio para las facies A y C aún habría que considerarlo válido.

En esta línea, se delimitaron otros grupos de barniz negro, cada uno con su repertorio tipológico, desgajados de la Campaniense A, que ahora se lla- maron cerámica pre-campaniense (formas de la 21 a la 26 y la 29) (Fig. 3), que no era otra cosa que las producciones áticas del siglo IV a.C., y la proto- campaniense (formas 40, 42. 43, 44, 45, 46, 47, 49, 50 y 51) (Fig. 4), que agrupaba los materiales de los siglos IV y III a.C., de probable origen itálico.

También se diferenció de la Campaniense A un grupo (formas 30, 32, 52, 53, 54, 55, 57, 58, 60, 63) que sería propio de Minturnae (Fig. 5), una antigua y pequeña colonia marítima en el límite entre el Lacio y la Campania, que servía de puerto a la gran colonia latina de Cales, que fue uno de los grandes centros de producción de barniz negro, como veremos más a delante.

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

3. La cerámica precampaniense de Lamboglia

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 3. La cerámica precampaniense
J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 3. La cerámica precampaniense

4. La cerámica protocampaniense de Lamboglia

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS 5. La cerámica de Minturnae según Lamboglia A

5. La cerámica de Minturnae según Lamboglia

A partir de este momento, la identificación de la redefinida Campaniense A no presentó especiales problemas y el desarrollo de la investigación poco a poco fue completando, ya al nivel de detalle, el conocimiento de esta gran producción.

Por el contrario, durante mucho tiempo continuó sin aclararse exacta- mente que era la Campaniense B y el mismo desarrollo de la investigación durante algunas décadas no hizo sino añadir más confusión sobre este impor- tante grupo cerámico. Ante esto, con la mejor voluntad del mundo, frente la diversidad, y no poca confusión que iba surgiendo sobre esta abundante fa- milia de materiales, se fueron acuñando nuevos términos, concretos unos, ge- neralistas otros, más o menos equivalentes, o no, que se encuentran en la am- plia bibliografía ya generada: circulo de la B, beoide B etrusca de Volterra o Cosa, B lacial, B del Adriático que incluiría la de Jesi, B de Campania, que in- cluye la B de Cales (Cibecchini y Principal, 2004).

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

Circulo de la B, para unos significaría el conglomerado de todas estas pro- ducciones, aunque para otros sería un grupo concreto. La beoide tanto se en- tendería como la fase tardía (siglo I a.C.), como cualquier taller derivado de una supuesta B original. En la realidad, hubo un momento en que, según el inves- tigador que la utilizara, cada una de estas variantes significaba una cosa u otra distinta, como se ponía de manifiesto, además, en cualquier debate. Obviamen- te, la vaguedad del término ayudaba falsamente a la hora de catalogar los ma- teriales, pero, a la postre, contribuía directamente a crear esta confusión.

De hecho, en la actualidad, por Campaniense B sólo habría que entender una moda, una entelequia, una manera, un repertorio tipológico, un concep- to, o cualquier cosa abstracta similar; lo que sea, pero hay que tener bien pre- sente que no se trata de una producción real.

I. 2. Morel 1981: el gran corpus de las formas

Tomando activamente el relevo de N. Lamboglia, a partir de la década de los 60 emergió la figura de J.P. Morel, que, tras ¡50 años! de fructífera actividad, se ha convertido en el principal autor de referencia sobre la materia. Sus tra- bajos, desde Marruecos a Delos (1968; 1986), sin que falten sobre la Penínsu- la Ibérica (1978; 1998c), culminaron, pero no terminaron, con la magna obra, en dos volúmenes, uno de texto y otro de imágenes, La ceramique campanien- ne: les formes, el más completo compendio (1981) existente sobre la cerámica de barniz negro, centrado, como su título indica, en cuestiones tipológicas.

El grueso de esta obra, imprescindible para estudiar la cerámica de barniz negro, se dedica a ofrecer el repertorio casi exhaustivo de las piezas que por entonces se conocían, acompañadas de la correspondiente representación gráfica. Para ordenar y organizar esta ingente cantidad de material se siguió un criterio estrictamente tipológico y formal, para lo cual se definieron nue- ve categorías generales de vasos, señaladas por la primera de una serie numé- rica de cuatro cifras, que a su vez se podían subdividir en un máximo de otros nueve géneros, indicados por la segunda cifra. Para precisar más aún, otra subdivisión, lógicamente indicada por la tercera cifra, se refería a la especie. Casi por último, la cuarta cifra sería el detalle final que definiría la serie.

El esquema del sistema sería: 1 (categoría) 2 (género) 3 (especie) 4 (serie).

Las categorías y los géneros eran limitados en origen a nueve posibilida- des, en total y cerradas en el primer caso y como máximo en los otros seg- mentos. A partir de la serie, por ejemplo la F1111, se formaban los “tipos” añadiendo una letra al final, o sea, F1111a, F1111b, F1111c, ...

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

Cada uno de los tipos así definidos era descrito individualmente y si había nuevos ejemplares de los tipos conocidos se podrían ir añadiendo a la lista. El tipo delimitado en el compendio era el 1, o sea, F1111a1. Si luego surgían más serían el F1111a2, F1111a3, y así sucesivamente. Y para identificar la terminología, el mismo Morel proponía que una “F” antecediera al número otorgado a cada forma (Morel, 1981: 70), y no atribuir así nombres persona- les a las formas (como en el caso de Lamboglia, por ejemplo).

La pretensión, pues, era crear una catalogación abierta y continua para ir añadiendo los nuevos hallazgos.

Las categorías eran:

F 1000: Vasos sin asas, no profundos, de borde exvasado F 2000: Vasos sin asas, no profundos, de borde no exvasado F 3000: Vasos con dos asas verticales F 4000: Vasos con dos asas horizontales F 5000: Vasos con un asa vertical F 6000: Vasos con un asa horizontal F 7000: Vasos sin asas, profundos o cerrados F 8000: Gutti y askoi F 9000: Diversos

Los géneros difieren en cada categoría. Por ejemplo, dentro de la catego- ría F2000 habría:

F 2100: Vasos ápodos F 2200: Páteras F 2300: Forma 1 (de Lamboglia) F 2400: Pared cóncavo-convexa, etc…

La definición de la especie ya se hacía a partir de elementos más concre- tos e incluso de detalle. Por ejemplo, la especie F2510 serían vasos con un surco en el borde interno del borde y la F2520 tendría un surco externo for- mando una especie de collarín. La serie se completaría con características de detalle aún más particulares. La F2514, por ejemplo, se definiría por tener un surco al exterior y otro al interior del borde.

El elemento básico de esta amplia clasificación, pues, son los detalles for- males, ya que dentro de cada una de las series se pueden reunir y coincidir piezas similares pero de producciones diversas o también, por el contrario, darse numerosos casos de series con un único ejemplar. En todo momento, pieza por pieza, se hace referencia a la procedencia, la cronología y, cuando se conoce o presupone, el lugar de producción. En la introducción se hace

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

una breve reseña de las clases de cerámica de barniz negro que por aquel en- tonces se conocían y que ya incluyen muchas más que las iniciales A, B y C, indicándose ya una buena cantidad de talleres de ámbito local y regional, ade- más de las grandes producciones de amplia difusión, llegándose a mencionar unas 68 variedades de cerámicas de barniz negro en el ámbito del Mediterrá- neo occidental, con centros distribuidos en Marruecos, nordeste de Hispa- nia, Cerdeña y toda Italia (Morel, 1981: 45-51).

En menos de 30 años, pues, se había pasado de tres producciones con me- nos de 100 formas en total, a un sinfín de centros y una tipología que supe- raba los varios centenares. A un nivel práctico, esta minuciosa y organizada clasificación ofrecería las mejores posibilidades para catalogar piezas enteras, pero su uso ya es más complicado cuando se trata de fragmentos, que sería muy engorroso asociar a esta tipología por su gran precisión y extensión. La utilización de este ciertamente voluminoso repertorio tipológico siempre ha sido complicada y en la práctica ha supuesto que la gran mayoría de los in- vestigadores sigan usando las formas más simples y genéricas, que coinciden con las más frecuentes, de la Classificazione Preliminare, completadas con otras definidas posteriormente, varias por el mismo Morel, que en total no llegan a las dos centenas, aunque sólo unas treinta son las que aparecen habitual- mente. La presentación siguiendo el estricto criterio tipológico tampoco fa- cilita su uso, ya que lo normal a la hora de catalogar las cerámicas es dispo- ner de referentes organizados por centros de producción y no por la forma. Es como si se juntaran en una sola tabla las tipologías de la sigillata aretina, la sudgálica, la hispánica, la “lucente” y la africana.

Con todo, es una obra básica, de gran utilidad y de obligada consulta, aun- que, con sus 220 láminas de tipología (Fig. 6) y otras 363 de catálogo, que hay que relacionar, su manejo no es cómodo ni sencillo. En la realidad cotidiana, esta obra cambió en un principio la denominación tipológica escrita pero no la oral, ya que, para entenderse, todo el mundo a la hora de hablar sobre tal o cual forma seguía utilizando las referencias de Lamboglia, que todos cono- cían y entendían, mientras la numeración de la nueva clasificación se restrin- gía a los textos, normalmente acompañando a la antigua. Sólo en algunos po- cos casos en que la nueva tipología se refería a formas hasta entonces inéditas o no bautizadas, como la F4753 (Pérez Ballester, 1992), se hacía uso exclusi- vo de ella.

Finalmente, por cuestiones prácticas, se sigue utilizando mayoritariamen- te la clasificación preliminare, complementada con la numeración de Morel.

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS 6. Página de la tipología de J.P. Morel

6. Página de la tipología de J.P. Morel (1981)

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

I. 3. La terminología, una contradicción a superar. La hora de los centros de producción

En sentido estricto, la denominación de cerámica campaniense haría referen- cia a los vasos de barniz negro elaborados en la región italiana de Campania, de la misma manera que la sigillata hispánica es de Hispania y la sigillata itá- lica de Italia. Si se pretendiera utilizar una terminología estricta y correcta habría, pues, que modificar el término campaniense para referirse a la vajilla de barniz negro. En su momento, J.P. Morel (1963) acuñó la denominación de cerámica etrusco-campaniense, que fue alternando con la más aséptica, pero más real, de vernis noir, sin dejar nunca de lado la más usada, a pesar de su inexactitud, de campaniense.

Si campaniense quiere decir de la Campania, y no es una terminología his- tórica, ¿Por qué se llama Campaniense a cerámicas de barniz negro de Etru-

ria, la Cisalpina o Sicilia? ¿No sería mejor hablar de cerámicas de barniz ne-

gro de Campania, Etruria, Sicilia, Roma, Cerdeña, etc

...

?

En un principio, cuando la Classificazione preliminare, apenas se podían su- poner los orígenes de estas cerámicas, pero en la actualidad ya existen los su- ficientes datos como para proponer una denominación más adecuada con la realidad de su lugar de fabricación. Hay que tener en cuenta que práctica- mente en cada ciudad de Italia había una producción de barniz negro y que sólo se exportaron las de unos pocos lugares, normalmente asociados a zonas desde las que comercializaban otros productos, en este caso el vino. En ge- neral, las oficinas situadas en áreas territoriales más internas no entrarían en los grandes canales de difusión ultramarina y su distribución sería más de ti- po local-regional. Incluso en algunos casos se asociaría la razón de ser de una producción determinada a clientes muy concretos, como en algún santuario cercano.

Dada la complejidad de este grupo cerámico, sólo se tratarán aquí las pro- ducciones italianas de gran difusión mediterránea y alguna más de menor dis- tribución. Por lo ya expuesto, y tal como se hace normalmente con otros ti- pos de vajilla, se organizará el discurso según la procedencia de cada una de las producciones. También se hará mención de las cerámicas de barniz negro que se fabricaron en distintas zonas de la Península Ibérica.

II. Las producciones de barniz negro

La vajilla de barniz negro que hasta el siglo IV a.C. llegaba a la Península Ibérica procedía de Grecia y más concretamente de Atenas (Rouillard, 1994).

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

Los cargamentos de barcos como los pecios de Cala Sant Vicenç (Nieto y Santos, 2009) y el del El Sec (Arribas et alii, 1987), en aguas de Mallorca, atestiguan un comercio de vino griego, tanto de la Grecia propiamente dicha como de la Magna Grecia del sur de Italia, y vasos para consumirlo, que no sólo abastecían los oppida ibéricos del litoral Mediterráneo ibérico sino que también llegaban al interior, a la Alta Andalucía y a las actuales Castilla-La Mancha y Extremadura.

Hacia finales del siglo IV a.C. los talleres áticos dejaron de fabricar esos vasos. Los motivos son varios: un cambio en las modas cerámicas, que impu- sieron ahora las decoraciones con motivos sobrepintados ante los ya caducos y degenerados de figuras rojas, de fabricación más costosa y lenta y el auge de la vajilla metálica sobre la vajilla cerámica, siempre que era posible. Pero lo más importante sería el desplazamiento de los centros del comercio marí- timo, desde Atenas o Corinto, muy afectados por guerras y desastres conti- nuos desde fines del siglo V a.C., a otros nuevos ligados a la expansión y des- arrollo del mundo helenístico en Oriente: Rodas, Pérgamo, Éfeso, Alejandría, y en el Mediterráneo central: Siracusa, Tarento o la misma Car- tago.

Esta falta de oferta de un producto de cierto prestigio, hasta entonces prácticamente monopolizado por los atenienses, provocó que fueran surgien- do por todo el Mediterráneo nuevos talleres o que se desarrollaran los ya existentes, con la finalidad de imitar a la vajilla ática pero también para ela- borar formas propias, pero siempre con el común denominador de un “bar- niz” negro más o menos conseguido, a veces incluso más rojo que negro. En su mayor parte tuvieron una vocación regional o local, pero hubo unos po- cos que alcanzaron una más que notable expansión a lo largo y ancho del li- toral mediterráneo (Di Giuseppe, 2012; Pérez Ballester, 2008: 263).

Son estos más o menos grandes talleres los que vamos a examinar aquí (Fig. 7), al menos los que alcanzaron cierta difusión más allá de su zona de producción. Para exponer el tema con más claridad, vamos a prescindir, en la medida de lo posible, del simple pero no exactamente real sistema tradicio- nal de tratar estas cerámicas (Pérez Ballester, 1986) y las presentaremos si- guiendo su origen geográfico (Fig. 8), habida cuenta que el avance en la in- vestigación ya permite adoptar este planteamiento más lógico y coherente, con lo que, simplemente, se aproximan a lo que es normal a la hora de expo- ner las distintas producciones del mundo romano. Se seguirá, pues, un itine- rario a través de la Península Italiana de norte a sur, finalizando con los cen- tros de fabricación de la Península Ibérica.

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 7. Cuadro esquemático de

7. Cuadro esquemático de los principales centros italianos de barniz negro

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS 8. Los principales centros alfareros de Italia II.

8. Los principales centros alfareros de Italia

II. 1. El barniz negro del área etrusca

II. 1. 1. La producción de Volterra, la B auténtica de buena calidad y la Aretina de barniz negro

La tradición productiva etrusca en barniz negro es muy rica y heterogénea (Fig. 9). Se define principalmente por su vinculación con los modelos toréu- ticos, que se expresan mediante una acentuación de las características metá- licas de los vasos, como las formas angulosas con apéndices elaborados, asas, predominio de la decoración en relieve sobre la pintada, etc… Se llegó a la

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

9. Morel 5722. Producción etrusca

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 9. Morel 5722. Producción

imitación de los vasos metálicos en cerámica hasta sus últimas consecuencias:

no se trataba tanto de producir una réplica de un vaso metálico (apliques, re- lieves, calidad de la superficie, etc.), sino la consolidación del uso de la cerá- mica como modo de expresión del concepto toréutico. Tal estrategia produc- tiva comportó el desarrollo de un repertorio formal propio, fuera de una línea conceptual helénica, es decir, de lo mostrado por la cerámica ática e in- cluso la Campaniense A napolitana, y que desembocó en lo que se ha venido en llamar tradicionalmente el repertorio tipológico de la Campaniense B, co- mo punto final de tal evolución. El repertorio Campaniense B (Fig. 10) es una tipología de origen etrusco en su núcleo fundamental de formas, que di- versas producciones de Etruria pusieron “de moda” a partir de la primera mi- tad / mediados del siglo II a.C., y que por la calidad de sus productos y por sus formas “metálicas” conoció un notable éxito. Sin embargo, a nivel ultra- marino nunca alcanzó el volumen ni la ratio de su más directa competidora, y gran imitadora, la cerámica calena, la gran producción del norte de la Cam- pania que alcanzó su apogeo cuando utilizó profusa y masivamente este re- pertorio etrusco.

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS 10. El repertorio de la B etrusca A

10. El repertorio de la B etrusca

A lo largo de este proceso, habría que diferenciar un momento previo a la generalización del repertorio Campaniense B y otro posterior de fabricación, casi en exclusiva, de éste. Durante el primero, antes de mediados del siglo II a.C., los centros productivos fueron numerosos y heterogéneos, pero sus va- sos apenas trascendieron más allá de los mercados regionales etruscos. Los ti- pos o producciones más destacadas de este momento anterior a la creación del repertorio “B” serían la cerámica de Malacena, el grupo “asas en oreja” (anses en oreille) y la cerámica Volterrana D.

El grupo de “asas en oreja” estaría formado por un conjunto de talleres que producirían vasos de repertorio toréutico, básicamente cílicas M. 82/F4111, de calidad variable, durante finales del siglo III a.C./primera mi-

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

tad del II a.C. (Balland, 1969: 1-9 y 142-150), presentes, por ejemplo, en el nivel de destrucción del santuario báquico de Bolsena en el 186 a.C. (Pailler, 1983: 31). Sin embargo, algunos autores lo consideran como parte integran- te, o cuando menos precedente, del conjunto de la Campaniense B etrusca. A pesar de este evidente origen etrusco, ya que estos vasos del grupo de las asas en forma de oreja fueron producidos seguramente en Volterrana D (Pas- quinucci, 1972: 361-365) y a que incluso su parentesco morfológico resulta innegable (Balland, 1969: 151-158), hemos preferido mantener separados ambos grupos.

Como se ha comentado, será a partir de mediados del siglo II a.C. cuan- do se detecta ya la presencia clara de materiales etruscos totalmente relacio- nados con el repertorio Campaniense B, cuyo núcleo ya se hallaba plenamen- te en circulación en el área etrusca: los platos Lamb. 5 y 6, el cuenco Lamb 8, la copita Lamb. 2 y la píxide Lamb. 3.

Las áreas productoras más destacadas en este momento estarían al norte de Etruria, en Volterra y en el centro, en Arezzo, como indicaría tanto la tra- dición productiva como los análisis mineropetrográficos de las piezas. Otros centros etruscos productores de barniz negro en el siglo III a.C. se han loca- lizado al sur, alrededor de las antiguas urbes de Tarquinii y Caere (Cerveteri), y en el territorio de Vulci, pero este grupo meridional se integraría en otro modelo cerámico más propio del ámbito romano y lacial, el conocido como “Grupo de las Pequeñas Estampillas” (Di Giuseppe, 2005; Stanco, 2009).

Se supone que habría más centros alfareros en algún otro punto de la Etruria septentrional (¿Pisa?) (Pasquinuci et alii, 1998) y centromeridional (¿Bolsena?). Sin embargo, en ninguno de estos lugares probables y posibles existe ningún testimonio arqueológico determinante, como serían los hornos o los testares, que permita hablar en firme de talleres. Así pues, se impondría la tendencia generalizada de referirse a las producciones etruscas de manera un tanto laxa, pero centrando la atención en las zonas de fabricación más pro- bables y reales, a saber, Volterra y Arezzo, cuyos productos son, hoy por hoy, difícilmente diferenciables. Este será, pues, el criterio que seguiremos en el presente trabajo, tratar este grupo conjuntamente, aunque sea probable que existan varios talleres de fabricación, que, en todo caso, elaborarían unos va- sos bastante similares y con un indudable aire de familia.

Siguiendo con estas consideraciones terminológicas, también hay que re- ferirse a la cerámica aretina de barniz negro, una producción independiente. Por aretina de barniz negro se entiende normalmente un período muy deter- minado de la producción de barniz negro de Arezzo, en concreto su fase fi-

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

nal entre los inicios y la mitad del siglo I a.C., cuando el repertorio típico de la Campaniense B evolucionó hacia los precedentes de la terra sigillata. A me- diados del siglo I a.C. ciertos talleres aretinos fabricaron contemporánea- mente vasos de barniz negro y barniz rojo. Es decir, que la cerámica aretina de barniz negro (Fig. 11) representaría exclusivamente el último momento productivo del barniz negro en los talleres de Arezzo, antes de pasar a la te- rra sigillata.

De hecho, la individualización de tal momento resulta evidente en gran medida por la coincidencia con las formas más antiguas de sigillata, como las Consp. 1, 5.1., 8, 10 y 30 (Ettlinger et alli, 1990), que tienen su exacta con- trapartida en otras de barniz negro. Lo mismo sucede con las decoraciones (Fig. 12) y, lo que es más innegable, incluso con los sellos, que se repiten en- tre los últimos vasos de barniz negro y los primeros de barniz rojo. A pesar

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS nal entre los inicios y la mitad del

11. Formas de aretina de barniz negro, según Morel (1981)

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 12. Aretina de barniz

12. Aretina de barniz negro. Emporion (Sanmartí, 1978)

de todo, el parentesco de la aretina de barniz negro con el repertorio clásico de la Campaniense B, algo más antiguo, resulta más que evidente, puesto que la tradición morfotécnica de los prototipos en barniz negro, de las formas de sigillata, de los detalles tipológicos y de las decoraciones es la misma. Es de- cir, no se debería asociar la denominación de “cerámica aretina de barniz ne- gro” únicamente al último estadio productivo en barniz negro de los talleres de Arezzo, sino que debería usarse como apelativo para referirse al conjunto de la producción en barniz negro de los talleres aretinos, cuya tradición pro- ductiva remonta, por otra parte, a finales del siglo IV-III a.C.

Hay que destacar, pues, la evidente relación técnico-tipológica entre el mundo de las cerámicas etruscas del tipo Campaniense B del siglo II a.C. con la llamada aretina de barniz negro y las primeras sigillatas Itálicas.

Características técnicas

Pasta: es la tradicionalmente asociada al Tipo II de Cosa (Taylor, 1957), pe- ro también a la Volterrana D o a la aretina de barniz negro (Balland, 1969; Pasquinucci, 1972; Cibecchini y Principal, 2004). Es calcárea, de color beige claro o rosado, fina, dura y muy bien depurada, semejante a la de la sigillata aretina.

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

Barniz: espeso, liso, generalmente negro o negro azulado, luciente o brillan- te, uniforme, aplicado por inmersión, y que generalmente no suele cu- brir el fondo externo del pie del vaso (Fig. 13). Son, pues, en conjunto productos de muy buena calidad.

Tipología: coincide fundamentalmente con las formas 2 a 10 fijadas por Lamboglia (1952) para la Campaniense B, excepto la 1 y la 9, descono- cidas en el repertorio etrusco. La tipología utilizada se basa en tal orde- nación como conjunto original, la cual se complementa con las corres- pondencias y las variantes de Morel y algún añadido de éste.

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS Barniz : espeso, liso, generalmente negro o negro
E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS Barniz : espeso, liso, generalmente negro o negro

13. B etrusca con su decoración. Nivel de fundación de Valentia. SIAM

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 14. Lamb. 8a. B

14. Lamb. 8a. B etrusca. Valentia. SIAM

Sin embargo, puesto que son diferentes oficinas que ofrecen dicho reper- torio, debido seguramente a cuestiones relacionadas con la propia tradición de cada taller o zona productiva, con la más inmediata demanda o con las ne- cesidades de una menor o mayor comercialización de los productos, no en to- das partes se fabricaba exactamente lo mismo y de la misma manera. Aunque exista un “núcleo duro” de formas que se repiten de manera reiterada en to- das las producciones involucradas en el repertorio, algunas oficinas mantu- vieron formas de sus repertorios anteriores o bien crearon nuevas asociadas al repertorio base, e incluso transformaron / adecuaron la forma original “ti- po” según sus necesidades o aportaron detalles morfológicos propios.

La presentación se ha organizado en base a las diferentes categorías de va- sos que configuran el repertorio. A la identificación tipológica y a su origen, siguen una breve descripción morfológica y de la decoración que se encuen- tra en la forma, y algún comentario adicional sobre la pertenencia de la for- ma a una producción en particular.

a) Platos y fuentes

Lamb. 4/F1412-1416. Pequeño plato poco profundo, de borde col- gante ondulado y pie cónico (Lamb. 4a) o alto (Lamb. 4b). Decora- ción incisa de círculos concéntricos sobre fondo interno. Del tercer cuarto del siglo II a.C. a finales del tercer cuarto del siglo I a.C.

Lamb. 5/F2252, 2254 y 2257-2258. Plato de fondo llano y borde rectilíneo. En algunas publicaciones se alude a la forma “Lamb. 5- 7”, con la que se pretende cubrir la incertidumbre tipológica entre la forma Lamb. 5 y la más tardía Lamb. 7, con la inflexión angulo-

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

sa marcada o no en la parte superior de la pared, pero que no se pueden incluir claramente en ninguno de los dos. Su uso resulta discrecional, aunque se completa perfectamente con las variantes de Morel. Sin embargo, hay unas formas Lamb. 5-7a/F2282 y 5- 7b/F2277, que no guardan relación con la tradición aquí descrita. Su decoración es incisa de círculos concéntricos sobre fondo in- terno, con o sin franja de estrías, y algunas combinaciones estam- pilladas de sellos o marcas esquemáticas. De mediados del siglo II a.C. a mitad del siglo I a.C.

Lamb. 6/F1441, 1443 y 1445. Plato poco profundo, de borde col- gante largo y ondulado. Puede presentar decoración incisa de cír- culos concéntricos sobre fondo interno. De mediados del siglo II a.C. a finales del tercer cuarto del siglo I a.C.

Lamb. 7/F2283-2284 y 2286. Plato algo similar a la Lamb. 5, pe- ro con la inflexión bien marcada y angulosa entre el labio y la par- te horizontal. Generalmente de dimensiones mucho mayores. De- coración incisa de círculos concéntricos sobre fondo interno, con o sin franja de estrías y combinaciones estampilladas de sellos o mar- cas esquemáticas. De inicios del siglo II a.C. al último cuarto del si- glo I a.C.

b) Cuencos y copas

Lamb. 8a/F2566. De la forma B8 Lamboglia definió 2 subtipos, aunque serían formas independientes, con una entidad morfológi- ca y cronológica propia. La Lamb. 8a (Fig. 14) es un cuenco cón- cavo, de pared-borde rectilíneo, normalmente con dos surcos inci- sos bajo borde externo. Decoración incisa de círculos concéntricos sobre fondo interno, en general sin franja de estrías, y combinacio- nes estampilladas (palmetas/flores de loto y marcas). De mediados del siglo II a.C. a finales del tercer cuarto del siglo I a.C.

Lamb. 8b/F2243-2245. Cuenco bajo de pared convexa (Fig. 15). Decoración incisa de círculos concéntricos sobre fondo interno, con o sin franja de estrías y combinaciones estampilladas (palmetas / flores de loto y marcas). De mediados del siglo II a.C. a finales del tercer cuarto del siglo I a.C.

Lamb. 2/F1222. Pequeña copa o vaso exvasado de pared cóncava e inflexión marcada en la parte inferior de la pared. Sin decoración. De mitad del siglo II a.C. a finales del tercer cuarto del I a.C.

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 15. Lamb. 8b. Volterrana.

15. Lamb. 8b. Volterrana. Emporion (Sanmartí, 1978)

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 15. Lamb. 8b. Volterrana.

16. B etrusca. Valentia. SIAM

Lamb. 3/F7541, 7544-7545 y 7551-7553. Pequeña píxide de bor- de exvasado y pared cóncava. Sin decoración. De mediados del si- glo II a.C. a finales del tercer cuarto del siglo I a.C.

c) Copas con asas

Lamb. 10/F3451. Pequeña urna o copa con dos asas verticales, de perfil en “S”. Sin decoración. De mediados del siglo II a.C. a fina- les del tercer cuarto del siglo I a.C.

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

Pasq. 127/F3121-3122. Definida por M. Pasquinucci (1972). Pe- queña copa con asas verticales bífidas. De mediados del siglo II a.C. a finales del tercer cuarto del siglo I a.C. Todo este repertorio, a partir del último cuarto del siglo II a.C. fue profusamente imitado por los talleres de Cales.

Decoración: Son sencillas y repetitivas, con esquemas compositivos que hu- yen, generalmente, de la complejidad de otras producciones más anti- guas. Pueden ser impresas e incisas, siendo un rasgo distintivo la com- pleta ausencia de motivos pintados. Las decoraciones impresas no son frecuentes. Serían fundamental- mente estampillas con la forma de palmetas, de flores de loto y de se- llos/marcas esquemáticas. Las palmetas y las flores de loto son estampillas (Fig. 13 y 15) en hue- co con un diseño de palmas contrapuestas o pétalos gruesos. Acostum- bran a estar combinadas en composiciones de cuatro estampillas alter- nadas, dispuestas radialmente sobre el fondo interno del vaso y rodeadas por una amplia franja de estrías entre círculos concéntricos, a veces con un pequeño círculo inciso central. Usualmente aparecen en los cuencos de las formas Lamb. 8a y 8b. Las palmetas y flores de loto se asocian normalmente a las produc- ciones volterrana y aretina de mejor calidad del siglo II a.C. y proceden de las cerámicas etruscas de finales del siglo III a.C. Las marcas son estampillas cuadrangulares en hueco con los motivos compositivos internos en relieve. Generalmente se trata de dos “C” opuestas con un anillo o punto central, o bien, en otros casos más esque- máticos, figuras en forma de rombo o arcos de círculo opuestos, con puntos intercalados. La variabilidad en el diseño suele ser considerable. Hay composiciones de cuatro o seis unidades, dispuestas radialmente sobre el fondo interno del vaso, y rodeadas tanto por una franja de es- trías entre círculos concéntricos como por un par de círculos concéntri- cos simples y vacíos. También pueden llevar un pequeño círculo central inciso. Estos sellos aparecen en la fase tardía en los platos Lamb. 5 y 7, y el cuenco Lamb. 8b. Las marcas se asocian normalmente a la producción aretina. Podrían darse ya en la segunda mitad del siglo II a.C., pero la primera mitad de la siguiente centuria sería el momento de máxima representatividad. A mediados del siglo I a.C. es posible encontrar sellos epigráficos con los nombres de los mismos productores de barniz rojo (terra sigillata itáli- ca), con las cuales se solapan en los estadios iniciales de la producción de

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

la terra sigillata, tal como se hace evidente en la carga mixta de aretina de barniz negro y rojo del pecio Planier 3, de mediados del siglo I a.C. (Lequement y Liou, 1976). La decoración incisa es la más usual entre los productos etruscos. Son los clásicos círculos concéntricos incisos sobre el fondo interno, cu- yo número y combinación pueden variar grandemente, aunque la más generalizada sea la disposición por parejas o grupos de dos círculos in- cisos (Fig. 16). Aparecen tanto en solitario como enmarcando franjas de estrías pequeñas y finas, así como complementando diseños más com- plejos con estampillas. Sin embargo, las dos primeras opciones son las más frecuentes. El origen de la tradición de este tipo decorativo se en- cuentra en las producciones etruscas helenísticas. Los círculos concéntricos en solitario resultan más comunes en pla- tos Lamb. 4 y 6, y cuencos Lamb. 8a, aunque también es posible encon- trarla sobre los platos Lamb. 5 y 7, y sobre cuencos Lamb. 8b. En cam- bio, la combinación de círculos concéntricos y estrías es casi exclusiva de los platos Lamb. 5 y 7, y del cuenco Lamb. 8b, aunque también cabe se- ñalar algunos ejemplos esporádicos sobre cuencos Lamb. 8a.

Cronología: Las apreciaciones cronológicas se han realizado en las áreas re- ceptoras de la Península Ibérica, Galia meridional, norte de África y zo- nas puntuales de la Península Itálica, pero nunca en la zona de produc- ción. A grandes rasgos, la cerámica etrusca de barniz negro de buena cali- dad que utilizó el repertorio Campaniense B se exportaría desde un po- co antes de mediados de siglo II a.C. Su presencia, aunque minoritaria, en la fase de destrucción de Carthago, del 146 a.C y en los niveles de fun- dación de Valentia del 138 a.C. así lo indicaría (Principal, en este volu- men; Ribera y Marín, 2003).

Difusión: La presencia en la Península Ibérica de cerámicas de barniz negro de origen etrusco con anterioridad al siglo II a.C. es prácticamente nu- la. Sin embargo, el siglo II a.C. significará un cambio en esta situación pues los vasos etruscos empezarán a encontrarse con más asiduidad, so- bre todo en los contextos costeros de la Citerior de creación romana. Aun así, su hallazgo no deja de ser esporádico hasta la llegada de los va- sos del repertorio Campaniense B, que romperá, en cierta forma, tal si- tuación a partir de mediados de la centuria, aunque tampoco sin que los índices de presencia de este material etrusco sean excesivamente altos durante todo el periodo. Así, los ejemplares de cerámica de barniz ne-

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

gro etrusco que aparecen en los contextos de los dos primeros tercios de siglo II a.C. corresponden fundamentalmente a individuos del grupo “asas en oreja”, como sucede en Cartagena (Ruiz Valderas, 2008). En los campamentos del cerco numantino del 133 a.C. es muy abun- dante, como se puede ver en este mismo volumen. Esto se debería a los canales de distribución estatal de suministros del ejército, que no tienen que coincidir con lo que fue el comercio cotidiano. Tanto la producción “B” como la aretina de barniz negro se encuen- tran en el litoral hispano pero siempre en cantidades minoritarias, nor- malmente no superiores al 10 % del total. No falta en los lugares plena- mente romanos como Tarraco, Carthago Nova, Valentia o Emporion, donde suelen ser más abundantes que en los centros indígenas. También se ha identificado en Carthago. La aretina de barniz negro más o menos sigue esa dinámica. Es una variedad que no suele faltar en los yacimientos hispanos del litoral pero siempre en cantidades exiguas. Bien diferente es su importancia en el norte (Fiorentini, 1963) y centro de Italia (Palermo, 1998) y en algún yacimiento alpino, especialmente en Magdalensberg (Austria), donde es muy abundante en los inicios de la segunda mitad del siglo I a.C. (Ribe- ra, 2006; Schlinder, 1986). En recientes excavaciones en Roma parece- ría ser la cerámica fina de mesa más abundante a mediados del siglo I a.C., preludiando el gran éxito de la sigillata aretina. En los cargamentos de las naves hundidas apenas se han encontrado. Podría haber alguna en el pecio Grand Bassin B, hundido cerca del 100 a.C. en Gruissan, cerca de Narbona (Solier et alii,1981) y en el de Sant Jordi, de la misma época, en Mallorca (Colls, 1987). En ambos casos no estaría claro si estas cerámicas etruscas formaban parte del cargamento o, más probablemente, de la vajilla de la tripulación. Los pecios más in- teresantes para este grupo son el de la Île Plane y el de Planier 3, ambos de mediados del siglo I a.C., con una carga mixta de aretina de barniz negro y sigillata asimismo aretina (Lequement y Liou, 1976; Tchernia,

1968-70).

II. 2. El barniz negro de Roma

II. 2. 1. Las pequeñas estampillas: la primera cerámica romana

En la producción conocida como “Grupo de las Pequeñas Estampillas” se in- cluye un conjunto de talleres y oficinas que habría que localizar entre la Etru- ria centro-meridional y los alrededores de Roma, en la actual región del La-

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

cio. En esta área, desde la segunda mitad del siglo IV a.C. y hasta mediados/segunda mitad de la centuria siguiente, se fabricaron vasos de bar- niz negro de cierta calidad, principalmente cuencos. Su principal caracterís- tica, de ahí su nombre, son sus decoraciones impresas sobre el fondo interno del vaso (Fig. 17), consistentes en agrupaciones de cuatro o cinco pequeñas estampillas, o también una única central, normalmente de pequeñas dimen- siones (generalmente inferiores a 1 cm.), de diseño muy diversificado y cui- dado (palmetas, rosetas, estampillas figurativas, alfabéticas, etc.).

No hay que considerar este grupo como una producción unitaria y cohe- rente surgida de un único taller o talleres estrechamente conectados entre sí (como sí sucede con las series napolitanas o Campaniense A y las siracusanas o Campaniense C), ni tampoco dispondría de un repertorio formal compar- tido y desarrollado de manera coetánea por distintas producciones (como se definía la Campaniense B). En este caso, el nexo de unión de estas series ce- rámicas serían los esquemas decorativos y, en cierta medida, la repetición de ciertas formas asociadas a ellos.

El “Grupo de las Pequeñas Estampillas” fue originalmente definido por J.P. Morel (1969) como la producción de una oficina ubicada en Roma o en sus inmediaciones, a partir del análisis de la distribución y la frecuencia de

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA cio. En esta área,

17. Decoración Pequeñas Estampillas. Emporion y Rhode (Sanmartí, 1978)

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

aparición de dichos vasos, que apuntaba hacia la Italia central y más concre- tamente hacia la misma Roma y alrededores. El repertorio formal, a pesar de ser variado, se centraría en la fabricación del cuenco Lamb. 27ab/F2783- 2784, receptor por excelencia de la decoración impresa característica. Su cro- nología fue fijada entre finales del siglo IV a.C. y mediados del III a.C.

La identificación por parte de Morel en contextos de la Galia meridional, Península Ibérica y zona de Cartago llevó a plantear a dicho autor que el ta- ller de las “Pequeñas Estampillas” sería la primera producción cerámica de exportación romana, y que su difusión en el Mediterráneo centroccidental podría ser entendida como la señal y prueba de una primera expansión del comercio y de los intereses de Roma antes de la Primera Guerra Púnica.

Con posterioridad, otros investigadores han incidido en el tema aportan- do nuevos datos para la sistematización de los repertorios formal y decorati- vo, ampliando el elenco de centros productores, definiendo las áreas de dis- tribución y los productos comercializados en ultramar, Galia meridional (Bats, 1976) y Península Ibérica (Pérez Ballester, 1987; Sanmartí Grego, 1973) fundamentalmente e incluso proponiendo ajustes a la cronología ori- ginal. En este sentido, los datos procedentes de los yacimientos receptores ultramarinos del Mediterráneo occidental, en donde estas cerámicas apare- cen en contextos claros de segunda mitad del siglo III a.C., han llevado a plantear también la más que probable continuación de la producción de va- sos más allá de los topes cronológicos fijados por Morel.

Por otra parte, parece ya posible hablar con seguridad de fabricación de vasos de “Pequeñas Estampillas” no sólo en Roma o sus alrededores sino también en varios lugares de la Etruria centro-meridional, como Populonia, Tarquinia, Vulci, Caere, además de otros lugares del Lacio, caso de Lucus Fe- roniae y Praeneste-Signia, conformando el amplio Gruppo dei Piccoli Stampigli (GPS) (Di Giuseppe, 2012; Ferrandes, 2008; Stanco, 2009). Con todo, el tra- bajo original de Morel continúa siendo la referencia básica para su estudio.

No se conoce cuál sería el volumen productivo o el grado de introducción y consolidación del amplio GPS en los circuitos comerciales destinados a la exportación. No obstante, la apreciación general es qué la producción de “Pequeñas Estampillas” que se encontraría con más seguridad en la Penínsu- la Ibérica fue la que se sitúa en las oficinas de Roma o sus alrededores más in- mediatos, y que pasaremos a describir a continuación. No obstante, en algu- nos casos parece que también podrían identificarse algunas piezas adscribibles a la producción de Populonia (Romualdi, 1992).

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

Características técnicas

Pasta: Los vasos del GPS, y más concretamente aquellos del área romana, presentan pastas duras, finas, bien depuradas y homogéneas, de color, por norma general, beige claro, aunque también es posible encontrar variaciones que combinan el color base con matices rojo-naranja, y más raramente con el gris (azulado o verdoso). En los del área de Populonia, las pastas suelen presentar una coloración rosada o rojo claro, mientras que el barniz es negro profundo.

Barniz: denso y puede presentar tonalidades verde oscuro o azuladas, lucien- te, generalmente de buena calidad y aplicado de manera uniforme por inmersión, sin que en la mayoría de las piezas éste cubra el fondo exter- no del vaso. Hay que señalar una particularidad del modelado-torneado de algu- nos de los vasos del Grupo: muchos de los cuencos Lamb. 27ab presen- tan en la parte superior externa del vaso, justo bajo el borde, líneas ho- rizontales paralelas que a la manera de aristas dan al perfil superior reentrante del cuenco un aspecto poligonal.

Tipología (Fig. 18): el vaso por excelencia del GPS fue el cuenco Lamb. 27ab/F2783-284 (Fig. 17). Sin embargo, el repertorio no se limita sólo a este cuenco ya que hay otras formas, eso sí, muy minoritarias. En la Península Ibérica la aparición de otros vasos de “Pequeñas Es- tampillas”, con excepción del cuenco Lamb. 27ab, es esporádica (Prin- cipal, 2005).

Su repertorio se puede agrupar:

a) Platos y fuentes:

Lamb. 23a/F1124. El típico “plato de pescado” con borde colgan- te y cazoleta en el fondo interno.

Lamb. 36c/F1514 y 1521. Plato poco profundo y borde colgante con la decoración típica de cuatro pequeñas estampillas impresas en paralelo.

F1323. Plato poco profundo, con borde largo. La decoración es la típica de una única o bien de cuatro pequeñas estampillas impresas en paralelo. También se da en el grupo Pocola.

F2213. Pequeño plato poco profundo de borde grueso. Decoración de círculos incisos concéntricos, en grupos de dos, entre los que se disponen pequeñas estampillas impresas radialmente.

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS 18. Tipología del Taller de las Pequeñas Estampillas

18. Tipología del Taller de las Pequeñas Estampillas

b) Copas y cuencos

Lamb. 27ab/F2783-2784 y 2981. Cuenco hemiesférico de borde reentrante (F2783-2784) o más en vertical (F2981). Decoración tí- pica de pequeñas estampillas impresas en paralelo en número de cinco, cuatro o una sola, o en combinaciones de cuatro palmetas más roseta central. Está también en el grupo Pocola.

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

Lamb. 34a/F2734. Pequeña copa de borde grueso reentrante.

Morel 96a/F2621. Pequeña copa de paredes divergentes, ligera- mente carenada.

F1760. Pequeña copa de borde horizontal largo y pie alto. Decora- ción sobre la superficie del borde de círculos incisos concéntricos, en grupos de dos, entre los que se disponen pequeñas estampillas impresas radialmente (generalmente rosetas u ovas). También está en el grupo Pocola.

F2564. Cuenco de borde reentrante y labio grueso, con un surco horizontal profundo bajo el borde interno. Decoración de una úni- ca o bien de cuatro pequeñas estampillas impresas en paralelo.

F2771 y 2775. Cuenco pequeño-mediano, poco profundo. Deco- ración típica de cuatro pequeñas estampillas impresas en paralelo.

  • c) Copas con asas

Lamb. 42B/F4151-4152, 4253 y 4283. Cílica de paredes vertica- les o ligeramente divergentes y asas horizontales. Decoración de una roseta o de cuatro pequeñas estampillas impresas en paralelo.

  • d) Vasos de servicio

Lamb. 58c/F5226. Pequeña olpe de perfil cóncavo-convexo (Fig. 19). Decoración pintada, con un motivo de espiga en color blanco o marrón vinoso. Ocasionalmente presenta pseudogallones incisos. También se da en el grupo Pocola.

Lamb. 59/F5400. Pequeño lécito globular con un asa vertical.

19. Olpe de las Pequeñas Estampillas (Forma 5226)

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA — Lamb. 34a/F2734 .

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

Decoracion: Las cerámicas del GPS presentan decoraciones sin gran com- plejidad compositiva, sobre todo en lo que a las clásicas estampillas im- presas se refiere, que son las mayoritarias, aunque la variabilidad y la ca- lidad en el diseño de los timbres estampillados son muy altas. Las decoraciones pueden ser impresas y pintadas, siendo esta última muy minoritaria y circunscrita a unas formas muy concretas.

a) Decoraciones impresas

Son las decoraciones por excelencia del “Grupo Pequeñas Estampillas” (Fig. 17), generalmente inferiores a 1 cm., con diseños y motivos varia- dos y cuidados: fundamentalmente palmetas y rosetas complejas, pero también estampillas figurativas de animales, plantas, figuras humanas u otros objetos, además de alfabéticas o de motivos variados como ovas, puntos o composiciones esquemáticas. Las estampillas están impresas sobre el fondo interno del vaso, ya sea en solitario o formando un grupo de cuatro iguales dispuestas en para- lelo. También hay agrupaciones de cinco y de hasta seis estampillas, po- co frecuentes, siempre dispuestas en paralelo. A pesar de que la disposi- ción en paralelo sea la canónica y dominante, existen también ejemplos de grupos de cuatro palmetas dispuestas radialmente, en cruz. En muy pocos casos aparecen tales agrupaciones rodeadas por una banda de es- trías a ruedecilla (fundamentalmente platos F1232 o cílicas Lamb. 42B):

por norma se trata de composiciones de cuatro palmetas paralelas o en cruz, algunas de ellas con una roseta central, o también de una única ro- seta central rodeada por la banda de estrías. Este tipo de esquema com- positivo indicaría cronologías avanzadas ya dentro del siglo III a.C. La forma con el tipo de decoración básico es el cuenco Lamb. 27ab. El plato F1323, los cuencos F2564, 2771 y 2775 y la cílica Lamb. 42B también pueden presentar la decoración característica o alguna varia- ción. El plato F2213 y las copas de la especie F1760 presentan un esque- ma combinado de estampillas impresas (generalmente ovas y rosetas) y círculos concéntricos incisos. Para una descripción más precisa de las decoraciones estampilladas (composiciones, tipos y diseños), muy variada y extensa, nos remitimos a la bibliografía de referencia (Morel, 1969; Bats, 1976; Pérez Ballester, 1987; Principal, 2005; Romualdi, 1992; Sanmartí Grego, 1973; Stanco, 2009).

b) Decoraciones pintadas

Excepto en el grupo Pocola, no son muy frecuentes y se limitan a pocas formas. Las pequeñas olpes F5226 (Fig. 19) son quizá los únicos vasos

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

con decoración pintada de manera repetitiva, la cual, a su vez, las carac- teriza: un motivo esquemático en forma de espiga, en blanco o marrón- vinoso, dispuesto sobre el cuerpo ovoide. De manera excepcional, hay cuencos Lamb. 27ab, o incluso algún plato F1323, con decoración pintada en el interior del vaso: motivos de guirnaldas en friso bajo borde interno, e incluso algún motivo figurati- vo o en escena. La incidencia de tales decoraciones pintadas o de vasos del grupo Pocola es prácticamente nula en la Península Ibérica.

c) Otras producciones asociadas: los Pocola Deorum y el Grupo 96

Relacionadas con el “Grupo de las Pequeñas Estampillas” habría dos producciones que suelen tratarse de manera independiente pero que re- tienen importantes puntos de contacto con los vasos del GPS, a saber, los Pocola Deorum y el Grupo 96. Los primeros serían vasos de barniz negro, generalmente cuencos de la forma Lamb. 27ab/F2783-2784, con inscripciones dedicatorias a diversos dioses del panteón romano, pinta- das en blanco sobre la superficie externa o interna del vaso según la for- ma, repitiendo siempre la misma fórmula: el nombre del dios/diosa en genitivo (IVNONES, MENERVAI, VENERES, VOLCANI, etc.) seguido de la pala- bra POCOLOM (vaso o recipiente en su forma arcaica latina). Su conexión con “Pequeñas Estampillas” vendría porque algunos de los cuencos Po- cola presentan también la típica decoración impresa de pequeñas estam- pillas sobre fondo interno, repitiéndose incluso esquemas y diseños. Asi- mismo, tales dedicatorias se han hallado sobre otras formas del repertorio del GPS (copitas de pie alto F1760 o jarritas F5526). La cro- nología de tales vasos coincide con la general otorgada a “Pequeñas Es- tampillas”. El sentido es claramente ritual, asociado a prácticas religio- sas típicamente romanas, y su aparición en contextos que no sean de esta índole resulta más bien raro. Su presencia y repercusión en la Penínsu- la Ibérica es prácticamente nula. El Grupo 96 fue definido por Morel como una oficina o conjunto de talleres laciales o etrusco-meridionales en que se fabricaría la pequeña copa M. 96/F2621, desde finales del siglo IV/inicios del III a.C. Dicha forma, que se presenta muy variable en relación con su acabado y cali- dad (desde vasos cuidados a otros realmente mediocres), también se en- cuentra en el repertorio formal del GPS. Así pues, su fabricación hay que relacionarla más con la dinámica general de producciones concretas que no con un único taller o grupo dedicado exclusivamente a la elabo- ración de dicha copita.

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

II.3. El barniz negro de Campania septentrional

II.3.1. El taller de Cales

En un principio, se asimilaba automáticamente con esta gran ciudad del ex- tremo norte de la Campania (Pedroni, 2002), colonia latina del 334 a.C., una producción muy característica de páteras con ónfalo decoradas con relieves aplicados y conocidas desde hacía tiempo (Pagenstecher, 1909). En un exce- so de simplificación, se hizo habitual y tópico vincular directamente la deco- ración de relieve aplicado con la producción de Cales. Incluso muy reciente- mente aún se ha clasificado erróneamente como calena una estupenda pieza a relieves de procedencia oriental encontrada en la provincia de Albacete (Hernández, 2008).

La cerámica de Cales es, ciertamente, relieve aplicado (Fig. 20), pero es más que eso, es mucho más, es el centro donde se fabricó, más o menos, la mitad de la vajilla de barniz negro que se exportó al Mediterráneo occiden- tal, tal como han puesto de manifiesto los trabajos de Luigi Pedroni (1986; 1990; 2001) sobre los materiales de las alfarerías de esa ciudad, que en los úl- timos 20 años han supuesto un gran avance en el conocimiento general de las cerámicas de barniz negro. Precisamente, lo que más se echa en falta a la ho- ra de estudiar estas cerámicas son los referentes de los lugares de producción.

Entre finales del siglo III y la mitad del I a.C., al litoral del Mediterráneo occidental fueron llegando gran cantidad de vasos del taller de Cales. Esta

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS II.3. El barniz negro de Campania septentrional II.3.1.

20. Centauro en relieve. Cales arcaica. Valentia. SIAM

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

distribución también alcanzó el interior de la Península Ibérica (Marín y Ri- bera, 2001). La mayor parte de los materiales conocidos en el sur de Francia proceden de yacimientos situados en los alrededores del eje del Ródano y en el entorno de Marsella (Arcelin, 2000), siendo bastante más escasos los pro- cedentes del extremo occidental del Languedoc y del Rosellón.

Como suele ocurrir en estos casos, la caracterización y definición de un nuevo grupo cerámico provoca que su dispersión aumente de inmediato. Es- to es lo que ha pasado en los últimos años con las distintas producciones de barniz negro de Cales en Hispania, cuya presencia se ha generalizado a prác- ticamente todos los yacimientos del periodo republicano, ante su abundante distribución por casi toda la Península Ibérica (Poveda, 1998). En estos mo- mentos, sería una ardua tarea pensar en elaborar un catálogo exhaustivo de estas cerámicas, que, especialmente, requeriría revisar casi todos los materia- les que hasta ahora se han publicado.

En el estado actual, el nivel de conocimiento de estas producciones no abarca de manera uniforme a las dos provincias hispanas, ya que casi exclusi- vamente se ciñe a la Citerior, habida cuenta de la falta de información dispo- nible sobre la Ulterior.

La dinámica comercial de los productos calenos en Hispania parece seguir una trayectoria claramente continua y ascendente, desde las muy escasas pie- zas del periodo arcaico a las numerosísimas de la fase tardía.

En la evolución de este gran centro alfarero se distinguen varias fases de fabricación, algunas de las cuales supusieron notables rupturas con la ante- rior, pero en las que se manifestaría una evidente adopción de lejanos mode- los formales etruscos, primero precisamente con las famosas fíalas y su deco- ración a relieve del siglo III a.C. y luego, ya a fines del siglo II a.C., con la incorporación brusca del limitado y estandarizado repertorio de la Campa- niense B, que puso fin a un periodo de gran variedad formal pero de escasa implantación exterior (Fig. 21).

a) La fase arcaica (siglo III a.C.)

Se desarrollaron tipos cercanos a la vajilla metálica, ya que el origen y la fi- nalidad de estas producciones era sustituir una vajilla de lujo, como las fíalas metálicas griegas de la época clásica, por otra más económica. Así, tanto las formas como las decoraciones están inspiradas en éstas, y por ende podrían cumplir en origen su misma función de prestigio, si bien no hay que olvidar su uso específico y preferente como objetos rituales.

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS 21. Paso de la calena Antigua a la

21. Paso de la calena Antigua a la Media. Elaboración propia a partir de AAVV, 2000

Características técnicas

Tipología (Fig. 22): La pátera umbilicata o fíala es un plato poco profundo sin asas que presenta un pronunciado ónfalo central semiesférico, en torno al cual se desarrolla, de forma radial, una profusa decoración figu- rada o vegetal. La posibilidad de llevar impreso el sello de fábrica dis- puesto en torno al ónfalo, ha permitido la identificación de talleres ca- lenos como el de los Gabinii, L. Canoleius o K. Atilius, etc. Otra forma es la pátera con medallón central, más profunda, apoda o con pequeño pie indicado, carece de asa y desarrolla una decoración en relieve en el fondo interno, que puede ser vegetal, con una gran roseta de hojas lanceoladas, muy similar a la de la forma Lamb. 33a de la pro- ducción napolitana de la Campaniense A. Otros motivos son el meda- llón antropomorfo o cabeza de Gorgona (Fig. 23), o bien otras decora- ciones como la asociación de cangrejo (Fig. 24) y rana, motivo derivado de los tipos monetales magnogrecos (Pedroni, 1990: 156; 2001) y moti- vos mitológicos (triunfo de Hércules o Carro de Helios, escenas de lu- cha o el ciclo de la thiassos marina, con Nereida cabalgando sobre un tri- tón que porta un tymiaterion). La especie F2970 posee decoración figurada de máscaras teatrales dispuestas en forma de corona enmarcando el motivo central.

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 22. Calena arcaica y

22. Calena arcaica y antigua. Elaboración propia de materiales de Emporion (Sanmartí, 1978) y Tarraco (Puche, 1998)

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 22. Calena arcaica y

23. Calena arcaica de Lucentum. Detalle del relieve. MARQ

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 22. Calena arcaica y

24. Calena arcaica de Tarraco (Puche, 1998)

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 22. Calena arcaica y

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

El guttus leoncéfalo con figura femenina (Fig. 25) del Puntal dels Llops (Bonet y Mata, 1998) es una rara pieza, de dudosa adscripción ca- lena. Se conocen varios gutti (F8173 y 8183) en el litoral de la Citerior, desde el Cabecico del Tesoro a Cataluña, algunos también con cabeza de león y otros lisos, de mediados a finales del siglo III a.C. (Morel, 1981:

425), pero el del Puntal dels Llops es el único con decoración de relie- ve sobre la cazoleta. En todos los casos se desconoce su lugar de fabri- cación.

Cronología: Las escasas piezas calenas arcaicas de Hispania, en los pocos ca- sos que provienen de contextos estratigráficos, van asociadas a niveles de fines del siglo III o de inicios del II a.C., caso de las pateras de la Serre- ta y Lucentum, las copas con máscaras en relieve de Saguntum y el dudo- so guttus del Puntal dels Llops. El pequeño fragmento decorado de Va- lentia, encontrado en el estrato más antiguo de esta ciudad, a mediados del siglo II a.C., sería claramente residual (Escrivà et alii., 1992: 459). La difusión de estos pocos vasos sería una clara consecuencia del comercio romano-itálico inicial (Marín y Ribera, 2001).

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS El guttus leoncéfalo con figura femenina (Fig. 25)

25. Gutus con relieves. Puntal del Llops. SIP

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

Difusión: se encuentran muy dispersos, y normalmente sólo se conoce un fragmento o ejemplar en cada uno de los escasos yacimientos en que se sabe de su presencia. Únicamente en Carthago Nova y, sobre todo, en Ta- rraco, hay algunas piezas más, pero en total cuatro en el primero (Ruiz Valderas, 1994) y nueve en el segundo (Principal, 1998; Puche, 1998:

109). Su dispersión viene a coincidir con centros romanos (Tarraco, Car- thago Nova), núcleos prerromanos y prorromanos (Emporion, Saguntum) y áreas del litoral cercanas a ambos (Lucentum, Ilici, Bagur, Massana, Al- menara). El caso aislado de Ciudad Real se explicaría bien por su carác- ter minero, controlado por Roma. La pátera umbilicata de la Serreta d’Alcoi, en plena montaña interior alicantina, queda desconectada del resto, en un lugar destruido a inicios del siglo II a.C. (Sala, 1998). La existencia de un santuario podría explicarla. La inmensa mayoría de los casos de Hispania corresponden a páteras umbilicatas con decoración en relieve (F2170) y copas cónicas ápodas o con pequeños pies reducidos y decoración central en relieve (F2150, 2950), quedando como una excepción los dudosos gutti del Puntal dels Llops y el Cabecico del Tesoro, la olpe y el escifo (F4242) de la Albufe- reta, aunque esta última forma, clasificada en un principio en el grupo Byrsa 661, ahora parece que se mantiene la posibilidad de su origen car- taginés (Morel, 1998b: 18). Las páteras umbilicatas o fíalas encontradas en Hispania desarrollan una variada decoración tanto vegetal, muy sencilla con corona de hojas lanceoladas (Puche, 1998), o más compleja combinada con erotes (Abad, 1983) y pequeños putti (Ruíz Valderas, 1994), como escenas mitológicas (Orfeo tocando la lira (Abad, 1983), Victoria volante y apoteosis de Hér- cules (Domergue, 1969; Principal, 1998; Ramallo, 1989) o viajes de Uli- ses (Abad, 1983). La pátera profunda con medallón central, ápoda o con pequeño pie in- dicado, aparece en Hispania con una variada gama de decoraciones en re- lieve en el fondo interno: una gran roseta de hojas lanceoladas (Sanmarti Grego, 1978), medallón antropomorfo (Aranegui y Mascarell, 1978; Abad, 1983; Gusi, 1974) o cabeza de Gorgona (Abad, 1983), o bien otras decoraciones como la asociación de cangrejo y rana (Puche, 1998) y mo- tivos mitológicos (triunfo de Hércules o carro de Helios (Aquilué, 1993; Puche, 1998), escenas de lucha (Puche, 1998) o el ciclo de la Nereida ca- balgando sobre un tritón que porta un tymiaterion (Puche, 1998). Una pie- za F2970 posee decoración de máscaras teatrales en forma de corona (Pu- che, 1998) enmarcando el motivo central no conservado.

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

También se ha asociado a talleres calenos un cuenco F 2784 (Lamb. 27b) aparecido en “la casa del cura” de la Illeta dels Banyets en el Cam- pello (Alicante), dentro de un numeroso conjunto de materiales de fines del siglo IV e inicios del III a.C. (Pastor, 1998), lo que indicaría una no- vedad y un adelanto en las producciones de estos pequeños vasos, tan frecuentes, por otra parte, en el “Grupo de las Pequeñas Estampillas”, también presentes en este yacimiento y con esta misma forma. Tal vez esta pieza no proceda de un taller caleno.

Al igual que en Hispania, los fragmentos de este momento son raros y esporádicos en el sur de Francia, aunque cubren de un extremo a otro del litoral galo meridional, desde Montlaurés, junto a Narbona, al en- torno marsellés (Arles, Olbia, la Cloche), pasando por el puerto de Lat- tara, lo que configura una distribución eminente y casi estrictamente costera (Marín y Ribera, 2001).

b) La Variante antigua (200-130/120 a C.)

Coincidiendo con la liberación del problema cartaginés, se crearon en Cam- pania unos grandes complejos artesanales dedicados a la fabricación de vaji- lla fina y ánforas en los que durante casi dos siglos se producirá la casi tota- lidad de la cerámica de mesa consumida en Occidente. La mitad del volumen del barniz negro se elaboraría en Cales, en cuya producción se han diferen- ciado tres fases: antigua, media y tardía (Fig. 26).

El primer periodo también coincidió con la conquista romana de casi to- da Hispania. En una fase inmediatamente posterior a la tradicional exporta- ción de piezas clásicas en relieve, con las que pudo coincidir en su momento final, empezaron a comercializarse cerámicas lisas de procedencia calena. Ti- pológicamente, esta fase de la producción continuó con la tradición campa- na, observándose, al mismo tiempo, la adopción de otros modelos más pro- pios hasta entonces del área etrusca, probablemente del entorno de Volterra (Pasquinucci, 1972).

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS También se ha asociado a talleres calenos un

26. De izquierda a derecha: calena Antigua, Media y Tardía. Valentia. SIAM

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

Esta facies de Cales se corresponde con el grupo 3 de Valencia y con el Byrsa 661, que se definió en Karthago (Morel, 1983; 1986b), al que en un principio se le asignó un origen cartaginés pero poco más tarde ya se vio su procedencia ca- lena (Escriva et alii, 1992; Morel, 1998; Pedroni, 1986; 1990).

Características técnicas

Pasta: Arcilla beige verdosa-amarillenta clara a beige rosada, en ocasiones con el núcleo interior más anaranjado. Dura, depurada y compacta, con pequeñas inclusiones micáceas, algunos puntos de cal y núcleo interior generalmente más anaranjado.

Barniz: Cubriente de aspecto algo rugoso, buena adherencia y matices en su coloración que va del negro mate a negro profundo satinado o negro metálico con numerosas irisaciones azuladas. Las bases presentan gene- ralmente la cara externa en reserva, salvo raras excepciones, con presen- cia clara de huellas digitales debido a la aplicación del barniz por inmer- sión. Se aprecian dos matizaciones. Por una parte, un barniz negro generalmente mate, con irisaciones de color marrón-verdoso y de as- pecto rugoso, con líneas de torno muy marcadas y numerosas huellas di- gitales. En las piezas de estas características por lo general se observa una ausencia de barniz en la pared externa y en lo que sería el disco de apilamiento. Otras piezas poseen un barniz negro cubriente de aspecto algo rugoso, bien adherido y diversos matices en su coloración que va- ría entre el negro mate, negro profundo satinado o negro metálico con numerosas irisaciones azuladas.

Tipología: Las formas más típicas de un primer momento, en la primera mi- tad del siglo II a.C., de esta facies antigua son las pequeñas pateritas (M- 1153/SM-165a) con ónfalo central y decoración de hojas de hiedra, el bol con tres soportes en relieve de máscaras cerámicas o cardium (M- 2132) o la píxide de la especie F7510 (Fig. 27), con acanaladuras en el

27. Pixide. Cales Antigua. Camp de les Lloses (Tona, Bar- celona)

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA Esta facies de Cales

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

borde. Progresivamente se abandonó el uso de inscripciones, marcas epigráficas y decoraciones en relieve, para dar lugar a decoraciones más estereotipadas de rosetas centrales, palmetas u hojas, intensificándose los discos y las bandas de estrías sobre fondos internos. El repertorio formal (Fig. 28) de la cerámica de Cales en su facies an- tigua cubre, hacia mitad de siglo II a.C., una amplia variedad, adoptan-

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS borde. Progresivamente se abandonó el uso de inscripciones,

28. Tipología de la calena antigua

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

do tanto formas de talleres cercanos, caso de los de la zona de Nápoles (Lamb. 25/Ped. Tav.82.432, Lamb. 27B/F2821-2822, Lamb. 31/F2950- 2955, Lamb.33b/F2153, Lamb. 36/F1310-1314, Lamb. 55/F2233 y F2614), como de otros más alejados, del área etrusca (Lamb. 6/F1441- 1443, Pasq.127/F3120, Pasq. 147/F5740 y Pasq.152/F5212). Incluso al- gunas formas (F1313b, F1640, Lamb. 9/F2110-2987c (Fig. 29), Lamb. 14/F9132, F2153, F2615, F3210, San. 166, Pedroni tav. 12.50 y páteras apodas) serían casi exclusivas de esta producción calena. Los pies son bastante uniformes y estilizados, de sección trapezoidal, asimilables a los tipos F211-212 de Morel. Lo que a nivel general ahora llama la atención no es tanto su relativa escasa difusión, sino la abundancia de su repertorio tipológico, represen- tado por un mínimo de no menos 30 formas, que abarcan un muestrario diverso: platos (Lamb. 6), boles (Lamb. 9 y 33b), páteras (Lamb. 55), ta- paderas (Lamb. 14), tinteros (Lamb. 3), copas (Lamb. 25 y 27B, San. 166), copas con asas (Pasq. 127) (Fig.30) y brocales (Pasq. 147 y 152).

  • 29. Cales Antigua. Lamb. 9. Camp

de les Lloses (Tona, Barcelona)

  • 30. Calena Antigua. MP. 127. Va-

lentia. SIAM

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA do tanto formas de
J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA do tanto formas de

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

Decoración: motivos estampillados (Fig. 31), de pequeñas dimensiones, en número que oscila de tres a cinco, enmarcadas, en ocasiones, por acana- laduras o por decoración a ruedecilla. Los tipos de estampillas predomi- nantes (Fig. 32) son las pequeñas palmetas y las hojas cordiformes (Fig. 33), mostrando una clara diferencia con respecto a las estampillas de los otros grupos tratados. La decoración a ruedecilla es variada, siendo sim- ple, doble o formando pequeñas plumas de ave. El tipo de ruedecilla di- fiere de la “B” de producción etrusca, ya que son líneas cortas, unifor- mes y siguiendo la misma orientación, y también son diferentes de las producciones de Cales más tardías, que son muy oblicuas. Este tipo de ruedecilla se asemejaría más a la de la Campaniense A en cuanto forma- da por líneas adyacentes de perfil sinuoso y poco definidas.

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS Decoración : motivos estampillados (Fig. 31), de pequeñas

31. Calena antigua

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 32. Calena Antigua. Bases
J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 32. Calena Antigua. Bases

32. Calena Antigua. Bases con palmetas y motivos cuoriformes. Valentia. SIAM

33. Calena Antigua. Detalle de decoración. Valentia. SIAM

Cronología: Las formas más típicas de un primer momento, las pequeñas pateritas (San. 165a/F1153), el bol con tres soportes de máscaras cerá- micas o cardium (F2132) o la píxide (Lamb. 3/F7510), están en Emporion, Tarraco o Carthago Nova y no han aparecido en Valentia, a excepción del tipo Lamb. 3 que se ha documentado en el nivel fundacional. La evolu- ción cronológica del repertorio de la facies antigua se puede extraer de la observación de las diversas tipologías contextualizadas, pudiéndose formar 2 grupos, según aparezcan o no en los niveles de Valentia. Una especial mención recibirá el tipo San. 167 individualizado por E. Sanmartí Grego (1978: 99) en la Neápolis de Empúries, una pátera de paredes finas, con característico pie de sección trapezoidal y decorada con cinco minúsculas estampillas radiales en forma de araña. Inicial- mente se adscribía al siglo III a.C., y se estableció una posible proce- dencia de la zona de Cartago (Sanmartí Grego, 1978: 99). No obstante, sus características, no sólo técnicas, sino también formales y decorati- vas, la vinculan a la producción calena. Su presencia en Valentia se cons- tata en estratos fundacionales de contextos de excavaciones antiguas (Escrivá et all., 1992), si bien su escasa presencia denota al mismo tiem- po una cronología ligeramente más antigua, centrada en la primera mi- tad del siglo II a.C. Entre 130 y 120 a.C. esta fase productiva llegaría a su fin.

Difusión: aunque ya son más numerosas que en la fase precedente, tampoco son abundantes. Incluso en Valentia, que es donde se han registrado el

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

mayor número de formas y, tal vez, de ejemplares, nunca pasan de ser minoritarias frente a las restantes cerámicas coetáneas, en esta ocasión la Campaniense A napolitana (Escrivà et alii, 1992; Marín y Ribera, 2000). De todas sus formas, 20 se han encontrado en Valentia, 2 de las que faltan (F1153, F2132), lo son por motivo de su fecha más antigua. Varias de las registradas en Valentia, de momento, no se han registrado en otros yacimientos hispánicos. Los otros lugares con más formas de este periodo son Carthago Nova con 17, Emporion y Tarraco, con 8, y el área de Burriac/Iluro con 4. Destacaría la relativa abundancia de la for- ma San. 166 en Grachurris (Nuñez y Hernández Vera, 2000). No será casualidad que en los cuatro lugares de la Hispania Citerior con mayor población romano-itálica sea donde son más frecuentes estas cerámicas calenas: Tarraco, la capital administrativa y militar, Emporion, el primer puerto, Carthago Nova, el principal centro económico y mine- ro, y Valentia, una nueva colonia itálica. En Iluro han aparecido en rela- tiva abundancia, y en su territorio una serie de hallazgos demuestran una muy temprana presencia de elementos arquitectónicos romanos, como las termas de mediados del siglo II a.C. de Cabrera de Mar (Martín, 2000), muy semejantes a las coetáneas de Valentia (Marín y Ribera,

2010).

En la mayoría de los otros lugares en que se ha registrado su presen- cia, también se ve clara su vinculación con Roma, al haber campamen- tos militares (Numancia), nuevos centros urbanos (Aeso, Gracchurris, Ita- lica) y lugares costeros (Vinaròs, Lucentum, Saguntum, Torre la Sal) (Marín y Ribera, 2001). Se ha señalado la posible existencia de un frag- mento caleno, un jarro F5743, en la necrópolis ibérica del Corral de Saus, en el mismo borde la Vía Heraklea, entre cuyos materiales son fre- cuentes las importaciones itálicas de los siglos III y II a.C. (Izquierdo, 2000: 201). Las escasas referencias a la Ulterior, donde apenas conocemos su presencia esporádica, deben constatar más un vacío de la investigación que otra cosa. Las referencias bibliográficas (Ventura, 1993; 2000) de- notan una localización fundamentalmente costera, en el hinterland de las provincias de Huelva, Cádiz y Málaga, y un avance hacia el interior del Guadalquivir como en Mesas de Asta (¿Asta Regia?), Hispalis (Sevilla) e Italica (Santiponce, Sevilla) (García y García, 2010). Un yacimiento de gran valor para estudiar esta producción de barniz negro es el pecio de Escombreras 1, de mediados del siglo II a.C., cuyo cargamento principal (Fig. 34) lo componían ánforas greco-itálicas con

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 34. Carga del barco

34. Carga del barco de Escombreras 1. ARQVA

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

un abundante lote complementario de vajilla de barniz negro de origen campano, tanto de Cales (Fig. 35) como de Neapolis, y cerámica itálica de cocina (Pinedo y Alonso, 2004). En el sur de Francia, la relativamente reciente identificación y acep- tación de este grupo, hasta hace poco conocido como Byrsa 661 (Morel, 1983; 1986b), ha provocado que en la bibliografía algunas de las piezas que pudieran pertenecer a él se confundieran con otras producciones. Entrarían en este grupo ejemplares de Olbia de Provenza de las formas

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS un abundante lote complementario de vajilla de barniz
E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS un abundante lote complementario de vajilla de barniz
E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS un abundante lote complementario de vajilla de barniz
E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS un abundante lote complementario de vajilla de barniz

35. Calena antigua. Pecio de Escombreras 1. ARQVA

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 36. Tipología de la

36. Tipología de la calena Media

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

Lamb. 9 (F2110, más que la F2150), San. 166 (más que la F2614-2615) y la F1646. También se incluirían alguna Pasq. 127, si es que no perte- necen a producciones más tardías, bastante frecuentes en el mediodía francés durante el siglo I a.C. Algunos de los ejemplares de Lattara se deberían relacionar con esta fase antigua, lo mismo que alguna Lamb. 33b de los niveles de la segunda mitad del II a.C. Un caso especial es la pieza de Vieille-Toulouse, con un sello de L. Saura, probablemente de origen caleno. A estas piezas, se puede añadir una tapadera (Lamb. 14) del pecio de la Ciotat (Morel, 1983). En las Galias, las producciones calenas de este momento serían bas- tante raras, aunque su distribución indica una cierta dispersión por al me- nos tres puntos de la franja costera meridional y uno, Vieille-Toulouse, hacia el interior, en la vía natural que comunica Narbona con Burdeos. Aunque en Hispania estas cerámicas no son precisamente abundan- tes, suelen estar presentes en la mayor parte de los niveles del siglo II a.C. de los yacimientos costeros y también en algunos otros del interior cuya vinculación directa con la presencia romana es evidente, ya se tra- te de campamentos militares (Numancia) o de nuevas fundaciones (Gracchurris, Corduba, Valentia, Italica) promovidas para conseguir el control político y económico del territorio. En la Galia, la escasez de estas minoritarias cerámicas calenas, cuyos consumidores preferenciales parecen ser gentes de origen romano-itáli- co, se explicaría fácilmente aduciendo a la falta de una mínima concen- tración de estos potenciales usuarios, ya que, hasta la fundación de Nar- bo Martius, en el 118 a.C., no se puede hablar de asentamientos estables de itálicos en el territorio galo. Se supone que tanto estas escasas cerámicas calenas, como las más abundantes napolitanas, y los restantes productos itálicos a los que acompañaban, llegarían al litoral mediterráneo galo por mediación de la ciudad griega de Massalia y sus emporia, que siempre fueron los aliados de Roma en la zona. En este marco histórico-geográfico, hay que men- cionar la ausencia de los productos calenos del siglo II a.C. en yacimien- tos celtas cercanos a Marsella, caso de los más conocidos de Saint Blai- se y Entremont, que fueron abandonados durante los ataques romanos de los años 124-123 a.C. (Arcelin y Cayot, 1984), realizados para prote- ger a Massalia, y en los que la Campaniense A prácticamente monopoli- za el mercado de barniz negro (Marín y Ribera, 2001). La distribución de las cerámicas calenas en el medio siglo que iría del 180 al 130 a.C., sigue y acentúa los parámetros que ya se han visto en los

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

ejemplares, aún más escasos, de la etapa anterior. Se constata con clari- dad su vinculación con consumidores itálicos, que tendrían unas necesi- dades, al tiempo concretas y variadas, pero en cada caso muy específicas, que se cubrirían con este ciertamente rico repertorio formal, que con- trasta con el mínimo que utilizan los grandes talleres exportadores, bien ejemplificados en esta misma época por la Campaniense A napolitana.

c) La calena media (130/120-90/80 a C.)

Entre 130-120 a.C. tuvo lugar el brusco paso de la variedad calena antigua a la media (Fig. 21). Los talleres de esta área campana evolucionaron hacia una estandarización de la producción y del repertorio formal, que se redujo drás- ticamente, en lo que se observa la adopción de ciertas características técnicas de Etruria, alejándose ya de la tipología utilizada en el gran y más cercano centro napolitano de la Campaniense A, con el que compartía una buena par- te de su repertorio (Pedroni, 2001).

Características técnicas

Pasta: dura, calcárea, homogénea, de color castaño claro.

Barniz: negro no muy intenso, ni tan espeso como el de la etrusca, con un brillo lucente o mate, e incluso con ciertas iridiscencias, no tan evidentes como en las tardías. No obstante, aunque conservan fidelidad a los ras- gos generales definidos para la facies etrusca se diferencia en base al ma- yor o menor grado de intensidad y homogeneidad del barniz, tanto de la tonalidad como del brillo y textura.

Tipología: Las formas usadas (Fig. 36) a partir de este momento serían en su mayoría las que se correspondían con la Campaniense B de Lamboglia (1952): Lamb. 1, 2, 3, 4, 5, 6, 8a y 10, siendo normalmente las formas más abundantes las 5 (Fig. 37) y 8a (Fig. 38), y en menores proporcio- nes las 1, 2, 3 (Fig. 39), 4 (Fig. 40) y 6. En este momento hace su apari- ción la cratera de ovas F4753 en toda su variedad (F4750 a 4756) (Escri- và et alii, 1992; Pérez Ballester, 1992). Este grupo viene definido en general por un repertorio de decoracio- nes y formas algo evolucionadas, emparentadas con el repertorio de la “B” etrusca, siendo uno de los criterios de datación el perfil del pie, que alejado de las formas campanas reproduce los propios de las formas etruscas. De todo este repertorio, sólo habría una forma que no presenta un origen claro, la prolífica forma Lamb. 1/F2300 (Fig. 41), que es una au-

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS 37. Calena media. Lamb. 5. Missatges (Claravalls-Tà- rrega,
  • 37. Calena media. Lamb. 5. Missatges (Claravalls-Tà-

rrega, Lleida)

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS 37. Calena media. Lamb. 5. Missatges (Claravalls-Tà- rrega,
  • 38. Calena Media. Lamb. 8a. Valentia. SIAM

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS 37. Calena media. Lamb. 5. Missatges (Claravalls-Tà- rrega,
  • 39. Calena Media Lamb. 3. Missatges (Claravalls-Tà-

rrega, Lleida)

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS 37. Calena media. Lamb. 5. Missatges (Claravalls-Tà- rrega,
  • 40. Calena Media. Lamb. 4. Valentia. SIAM

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS 37. Calena media. Lamb. 5. Missatges (Claravalls-Tà- rrega,

41. Cales Media. La forma Lamb. 1

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

téntica novedad que, de momento, habría que considerar original de es- ta fase de Cales. Nunca formó parte del repertorio etrusco, aunque sí de la Campaniense B de Lamboglia. A partir del 100 a.C. es una de las más abundantes en el repertorio de Cales de su periodo medio y tardío. Que- daría por establecer el origen de esta forma, apenas señalada en Etruria sino es en producciones calenas. Morel (1981) incluye dos piezas de es- ta forma entre la Campaniense A, una de Ischia y otra de Ensérune, aun- que no estaría aún claro que los talleres napolitanos la hayan fabricado.

Decoración: apenas se concretan en círculos de ruedecilla y círculos concén- tricos enmarcando el fondo interno de la pieza (Fig. 42). Destacarían las ovas en el borde la F4753.

Cronología: La evidencia hispana aporta información sobre el momento más o menos concreto en que estas cerámicas calenas, antes conocidas como Campaniense B no etrusca, simplemente B, e incluso por algunos como beoides, inundaron las tierras hispanas y rápidamente compartie- ron el mercado con la otrora predominante Campanienses A napolita- na, que durante los primeros 80/70 años de la presencia romana, domi- naron, con un casi absoluto monopolio sobre las vajillas de barniz negro que se encuentran en Hispania.

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA téntica novedad que, de

42. Decoración de Cales Media. Valentia. SIAM

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

Los datos de Valentia dan a entender que en los niveles de fundación (138-135 a.C.) apenas se puede asegurar su presencia, siempre en un contexto de predominio casi total de la Campaniense A (Ribera, 1998:

321). En los campamentos de Numancia también están ausentes (Prin- cipal, en este volumen). Se podría suponer que irían apareciendo a par- tir del 130 a.C. y rápidamente se harían más abundantes, entrando en directa competencia con la Campaniense A, a la que no llegarían a su- perar hasta inicios del siglo I a.C.

Difusión: Al contrario que en las dos etapas anteriores, la gran abundancia de estas cerámicas en Hispania es una de las principales constataciones, que sirve como prueba más que evidente del éxito de los alfares calenos en los últimos decenios del siglo II y los primeros del I a.C., una vez aco- metido un radical cambio de imagen, en el que la calidad y la variedad anteriores se sacrificaron en aras de la estandarización y la cantidad (Pe- droni, 2000). En el último cuarto del siglo II a.C. estas cerámicas ya llegarían en bastante cantidad y en el primer cuarto del I a.C. se convertirían en las predominantes, situación que se mantendría con la calena tardía, hasta el 30 a.C. En Emporion las entonces denominadas Campanienses B, só- lo superan en número a la A a partir del 75 a.C. (Sanmartí Grego, 1978:

608), al igual que se ha constatado en Iluro a partir del 80-70 a.C. En la fase previa de 90-80 a.C. las proporciones eran ya casi paritarias: 60% de A y 40% de calena (García et alii, 2000), aunque en todos los casos hay que considerar que una buena parte del barniz negro napolitano ya sería residual de otros periodos. La principal dificultad para calibrar la presencia de esta fase de las ce- rámicas calenas es la falta de certidumbre a la hora de incluir en este grupo los materiales que se analizan. Lo habitual es que las cerámicas calenas de este periodo se confundan tanto con las llamadas “B” etrus- ca, por su calidad técnica y la semejanza tipológica, como con las cale- nas tardías, con las que comparten casi todo el repertorio formal. En los lugares bien excavados de fines del siglo II e inicios del I a.C. estas cerámicas están siempre presentes en abundancia, como en Empo- rion, Iluro, Ieso, Torre la Sal, Valentia y Carthago Nova. Su presencia coin- cide con la Campaniense A media, ya dentro de su fase final, y las pri- meras A tardías, con las que comparte un mercado que antes monopolizaba esta vajilla napolitana. Su dispersión también va clara- mente asociada a la del vino de las ánforas del ager Falernus y alrededo- res, que se encuentra cerca de Cales (Hesnard et alii, 1989; Tchernia,

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

1986). La razón de ser de la abundancia de estas cerámicas de mesa no era otra que la de servir de carga secundaria en las grandes naves que transportaban el vino itálico a Hispania. La elección de los productos de los alfares calenos como complemento de estos cargamentos, se debería a su larga tradición, su adaptación a una mayor productividad, su ya in- cipiente expansión y, sobre todo, su extraordinaria ubicación para alcan- zar fácilmente las vías de comunicación. En las Galias, al menos en cuatro lugares bien estudiados se encuen- tran estas cerámicas. Los más claros son Lattara y Marduel, en el Lan- guedoc, con niveles del último tercio del siglo II a.C., que es el momen- to de aparición y distribución de estos productos. También pueden pertenecer a este grupo parte de las Campanienses B de Nages IIIA, también en el Languedoc. Más problemática es la adscripción de los ejemplares sin contexto de Olbia y Glanum, en Provenza, aunque la pre- sencia en la primera de la forma F4753 avalaría alguna mínima repre- sentación. En todos los casos, son lugares en que el predominio de la campaniense napolitana es incuestionable en este momento. En Ruscino, en el Rosellón, también estaría presente esta cerámica (Solier, 1980). La carga de vajilla de barniz negro del pecio del Grand Congloué 2 también sería de esta fase (Fig. 43). Los hallazgos subacuáticos hablan de la probable presencia de esta vajilla en, por lo menos, dos pecios, uno en Provenza, la Cavaliere (Charlin et alii, 1978), y el otro en el Langue- doc Occidental, muy cerca de Narbona, el de Grand Bassin B (Solier et alii, 1981), que por la composición de su carga, sería coetáneo o un po- co posterior al momento de la fundación de esta nueva ciudad romana.

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 1986). La razón de

43. Cales Media del pecio del “Grand Congloué” 2

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

d) Fase tardía (90/80-40/20 a.C.)

Normalmente identificadas en la historiografía como las llamadas produccio- nes beoides (Morel, 1978; 1981; Arcelin, 1981), constituyen el grupo más nu- meroso de barniz negro en los niveles finales de la ciudad romana republica- na de Valentia, datados histórica y arqueológicamente en el 75 a.C., cuando Pompeyo la destruyó (Ribera y Calvo, 1995; Ribera y Marín, 2004-2005). Esta misma apreciación crono-estratigráfica evidencian los contextos conoci- dos en otros lugares, como se puso de manifiesto en la mesa redonda sobre el barniz negro de los siglos II-I a.C. realizada en Empúries (AA.VV., 2000). En los niveles de destrucción de Libisosa (Lezuza, Albacete), también de la guerra de Sertorio, se ha encontrado una gran cantidad de esta vajilla (Fig. 44) de mesa (Hernández, 2008).

Las cerámicas de esta etapa, aunque en su mayor parte, con respecto a la fase anterior, presentan una casi total continuidad tipológica, combinada con una paulatina pero palpable degeneración técnica, también manifiestan cier- tos rasgos específicos que ayudan y explican su diferenciación.

En el ámbito práctico, estas mismas características continuistas con la eta- pa previa, no dejan de poner problemas a la hora de diferenciarlas de aque- llas, visto que tipológicamente las diferencias muchas veces son mínimas. Por consiguiente, en muchas ocasiones, y sobre todo en el momento de efectuar un repaso meramente bibliográfico, es fácil encontrarse con la gran dificul- tad de atribuir unas cerámicas a este grupo o al anterior, especialmente cuan- do estamos ante calidades técnicas intermedias o se carece de elementos de- cisivos, como serían las decoraciones a losange o las formas más tardías, la Lamb. 7 y la 8b (Fig. 45).

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS d) Fase tardía (90/80-40/20 a.C.) Normalmente identificadas en

44. Calena tardía de Libisosa (Albacete)

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 45. Cales tardía. Lamb.

45. Cales tardía. Lamb. 8b con losange de Emporion (San- martí, 1978)

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 45. Cales tardía. Lamb.

Sin embargo, a pesar de estas inevitables dificultades, en Hispania es fácil reconocer no pocos conjuntos de cerámicas calenas tardías, que la mayor par- te de los investigadores hispanos denominaban beoides, termino, por otra parte, bien explícito por su sentido un tanto despectivo, que de alguna mane- ra se avenía con estas cerámicas de baja calidad. En algunos lugares también se habían catalogado como productos locales.

Características técnicas

Pasta: arcilla calcárea y granulosa, desarrollando una gama de colores que va del beige amarillento al rosado claro.

Barniz: negro violáceo, no homogéneo y en ocasiones con manchas rojizas o verdosas, e irisaciones metálicas. Los matices del barniz pueden ser metá- licos, lucente o algunas veces incluso mate. El barniz se aplica por inmer- sión, siendo visibles las huellas dactilares alrededor del pie y dejando el fondo externo en reserva, como es usual en las producciones calenas. Se intensifica, por lo general, una degradación de los barnices (Fig. 46), más acusada cuanto más nos adentremos en el siglo I a.C., que lle- gan a adquirir tonalidades marronáceas/chocolate más que negras.

46. Cales Tardía. Lamb. 2. Valentia. SIAM

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 45. Cales tardía. Lamb.

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

Tipología (Fig. 47): La forma predominante es la pátera plana Lamb. 5 y la copa Lamb. 1 (Fig. 48). Las restantes formas representadas son: Lamb. 2, 3, 4, 6, 8a, 1/8 y 10. En una etapa más avanzada, cercana a mediados del siglo I a.C., aparecen las formas 7 y 8b (Fig. 45). Esta facies tardía de la producción calena es bastante similar a la media en técnica, tipología y decoración, distinguiéndose por pequeños detalles como su típica de- coración en losange.

Decoración: la más característica es la referida losange (Fig. 45), un rombo de lados cóncavos con vértices acabados en una palmeta muy degradada, que es la auténtica marca de fábrica de esta fase. Otro motivo son una se- rie de círculos de estrías totalmente oblicuas que imitan a las de produc- ciones anteriores aunque es muy notable su orientación más oblicua. Las losanges se encuentran en varias formas: Lamb. 1, 1/8, 5, 8a, y 8b.

Cronología: entre el 90/80 y el 40/30 a.C.

Difusión: No puede ser más claro su carácter continuista, ya que siempre aparecen en los yacimientos que perduran de la fase anterior. A nivel ge- neral, se encuentran en todos los sitios que funcionan a lo largo de los primeros 70 años del siglo I a.C., siendo en la zona mediterránea de la Citerior la vajilla de mesa predominante en los contextos que se fechan entre el 90/80 y el 40/30 a.C. Sería el caso de la fase de Iluro entre el 75- 50 a.C. (García et alii, 2000) y de los materiales que se recuperan en grandes cantidades en el estrato de la destrucción de Valentia por Pom- peyo en el 75 a.C. (Ribera y Calvo, 1995; Marín y Ribera, 2000; 2001; Marín et alii, 2004; Ribera y Marín, 2004-05). También relacionadas con la guerra sertoriana serían las calenas tardías del nivel de destrucción del gran poblado de la Caridad (Caminreal, Teruel) (Vicente et alii, 1991), del de Libisosa (Lezuza, Albacete) (Hernández, 2008), del Tossal de la Cala (Benidorm) (Bayo, 2010) y del campamento de Cáceres el Viejo (Ulbert, 1985). Un poco más modernas son las piezas del relleno de un pozo de Pollentia, fechadas entre los años 50-40 a.C. (Equip de Pollentia, 1993; Sanmartí y Principal, 2000; Sanmartí et alii, 1996) y los contextos de Pollentia en general, cuyo estudio está suponiendo desligar la funda- ción de la ciudad de la fecha de la conquista de la isla, el 123 a.C., como ya se ha ido proponiendo a través de la circulación monetaria y de los mismos hechos históricos (Orfila, 2005). De discutida datación, al ser materiales de excavaciones antiguas, es el numeroso conjunto de Azaila, que tanto se ha colocado en la época sertoriana (Beltrán Lloris, 1990b) como en la de César (Beltrán Lloris, 1976; 1979), fecha esta última con

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 47. Tipología de la

47. Tipología de la Calena tardía

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS 48. Cales tardía. Lamb. 1. Va- lentia .

48. Cales tardía. Lamb. 1. Va- lentia. SIAM

la que irían mejor las cerámicas de barniz negro (Ribera y Marín, 2004- 05). Mucho más claro es el conjuntos del pequeño núcleo marítimo de Torre d’Onda (Borriana, Castelló), con una corta vida centrada entre el 75-50 a.C., y donde estas aún predominantes producciones tardías de Cales, ya conviven con las aretinas de barniz negro y las primeras ánfo- ras Tarraconenses (Arasa, 2000; Arasa y Mesado, 1997). De esta misma época sería el hundimiento del pecio de San Ferreol, cercano a Carthago Nova, datado entre 40-20 a.C., y en cuyo cargamento abundan estas calenas tardías con sus características losanges (Mas, 1985). Si aceptamos estas fechas, tal vez un poco modernas, pero centradas en la mitad del siglo I a.C., la masiva llegada a Hispania del barniz negro tardío de Cales alcanzaría a los inicios de la segunda mitad del I a.C. Esta cerámica calena convivió normalmente con la Campaniense A tardía, producción que no falta en el ámbito hispano, aunque no suele ser muy frecuente ya en estas fechas. En el litoral francés son abundantes en los niveles bien fechados de la primera mitad del siglo I a.C. de Ruscino, Lattara, la Cloche, la Galere, Nages IIIB y Marduel IB, además de en los conjuntos sin estratigrafía de Olbia y Glanum (Marín y Ribera, 2001). La más amplia difusión la ates- tigua una pieza con losange en una zona interior como Gergovia, en Au- vernia (Labrousse, 1948: 74). Como ya sucedía en el siglo II a.C., en Provenza y el Languedoc oriental los numerosos datos indican también en el siglo I a.C. el predo- minio continuado de la Campaniense A, en su versión tardía, fenómeno que sería exclusivo de esta zona del Midi (Arcelin, 2000), ya que en His- pania, y seguramente también en el Rossellón y el Languedoc occiden- tal, regiones menos documentadas, esas cerámicas napolitanas son des- plazadas por los productos calenos desde fines del siglo II / inicios del I a.C., y predominan durante toda la primera mitad del I a.C.

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

Esta diferencia en la comercialización de la cerámica de barniz negro se ha relacionado con la existencia de dos centros de distribución. El pri- mero, más antiguo, sería el controlado por Massalia, que tendría conti- nuos contactos con otra ciudad griega como Neapolis, de ahí la perdura- ción mayoritaria, en el siglo I a.C., de los productos napolitanos. El segundo sería el dependiente de Roma, que no solo abarcaría el Langue- doc occidental y el Rosellón, sino también la Galia interior y la misma Hispania. La creación de Narbona en el 118 a.C. debió suponer una aceleración de la integración de estos territorios galos en un marco co- mercial más amplio (Arcelin, 2000: 302). Este carácter minoritario de las series calenas tardías en el área marse- llesa contrastaría con la abundancia de los cargamentos de estas cerámicas en el litoral provenzal, algunos tan elocuentes como el de la Madrague de Giens (Tchernia et alii, 1978). De entre estos pecios, podríamos hacer dos grupos. El primero comprendería los de Roche Fouras (Liou, 1975), Ba- gaud 2 (Long, 1985) y Grand Congloué 2 (Long, 1987), que se datarían en- tre el 100 y el 80 a.C., y en los que no aparecen las típicas decoraciones en losange. El segundo agruparía al mencionado de la Madrague de Giens, además de los de Titan (Tailliez, 1961), Planier 3 (Tchernia, 1968-70) y Fos 1 (Giacobbi-Lequement, 1987), que se habrían hundido entre 60-40 a.C., y en los que aparecen losanges, excepto en Planier 3. En todos estos barcos, excepto en Fos 1, no se encuentra Campaniense A en su fase tar- día, con la que comparte el mercado de esta zona en la primera mitad del siglo I a.C., lo que incidiría en que la distribución de estas producciones coetáneas seguiría unos cauces de comercialización distintos, o que, en es- ta época tan avanzada del siglo I a.C., ya no se produciría esta cerámica napolitana (Ribera, 2001). Por el contrario, sólo se podría mencionar un pecio cuya carga principal de vajilla fina sea Campaniense A tardía, el de Riou 3, que también transportaba ánforas Dr. 1A y 1C (Long y Ximenes, 1988), aunque tal vez la Campaniense A del pecio de Albenga también sea de esta fase tardía (Lamboglia, 1952b). Mención especial merecería el controvertido barco de Spargi, cuya fecha de hundimiento ha fluctuado continuamente. La presencia de calena tardía con la forma 8b y losanges, además de las ánforas Dr. 1B, aconsejaría datar- lo a partir de la década 80-70 a.C. e incluso más tarde (Ribera, 2001). Prácticamente nada se puede asegurar para la denominada calena ter- minale (Pedroni, 2000), cuyo periodo de producción coincide con el de la sigillata aretina, tan abundante a todo lo largo y ancho de las provin- cias hispanas.

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

e) Conclusiones

Es indudable el importante volumen de las cerámicas de barniz negro de Ca- les en la Hispania de los siglos II y I a.C. Aunque sus inicios se pueden llevar hasta fines del siglo III a.C., que es cuando, al rebufo de las legiones y de la nueva administración, pudieron llegar las conocidas producciones de relieve aplicado, no fue hasta el siglo siguiente que su presencia se hizo más general. En los primeros 70 años del siglo II a.C., Cales aún se mantuvo en un discre- to segundo plano, siempre a la sombra de sus casi monopolistas vecinos na- politanos, que apenas dejaron opción a la llegada de otras vajillas, y más aún, cuando éstas del llamado periodo antiguo de Cales, formalmente imitaban bastante a las entonces triunfantes napolitanas de la Campanienses A. Estas primeras producciones lisas calenas, aparte de ser escasas, parecen circunscri- bir exclusivamente su área de expansión a ciudades romanas y a núcleos de población cercanos a aquellas, además de a grandes centros consumidores co- mo Cartago, y, en todo caso, dentro del litoral mediterráneo. Sus usuarios debieron ser romanos e itálicos que precisaban o estimaban más esta vajilla, ciertamente más fina, cuidada y formalmente más elaborada que la Campa- niense A, mucho más groseras y con un reducido repertorio tipológico que, por el contrario, no faltan ni escasean en los yacimientos ibéricos coetáneos.

El boom hispano de los productos calenos sólo se produjo cuando sus al- fareros efectuaron un gran cambio, consistente en copiar el sistema de su gran competidor napolitano, por medio de la reducción y la simplificación ti- pológica, que permitía un nivel de producción y exportación masivo, pero es- te cambio formal no se hizo solo copiando los vasos napolitanos, sino que se creó un repertorio propio, tomado en parte de vasos etruscos, que le permi- tía diferenciarse con claridad de la Campaniense A. El cambio se hizo, pues, para aumentar la producción y mantener las diferencias formales con el otro gran centro exportador. Estos nuevos planteamientos fueron plenamente exi- tosos y coinciden con la gran expansión de las cerámicas calenas en Hispania entre el 120 y el 40 a.C., periodo en el que el registro arqueológico es abru- madoramente claro al respecto, al señalarse la progresiva introducción masi- va de estas cerámicas en todos los núcleos de población, ahora tanto en los romanos como en los ibéricos, de tal manera que desde las primeras décadas del siglo I a.C. las producciones napolitanas se fueron haciendo cada vez más minoritarias. Ya es bien sabido el escaso papel que en Hispania juega la Cam- paniense A tardía, totalmente superada por sus homólogas calenas, al contra- rio de lo que parece suceder en el Midi francés, alrededor de Marsella, don- de las ultimas cerámicas napolitanas de barniz negro mantiene unas proporciones bastante superiores (Arcelin y Chabot, 1980: 195).

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

II. 3. 2. Teanum Sidicinum. Una producción muy concreta y poco difundida

Teano, en el extremo norte de la Campania actual, cerca de Cales pero mu- cho más antigua que esa colonia latina del 334 a.C., fue el centro del pueblo sidicino, pequeña agrupación política de lengua osca enclavada en medio de una auténtica encrucijada étnica, entre ausoni, samnitas y campanos y, desde mediados del siglo IV a.C., absorbida como civitas sine suffragio, también en el 334 a.C., por el avance de Roma hacia el sur, en los albores de la Guerra Samnita. Fue uno de los numerosos lugares de Italia donde se fabricó cerá- mica de barniz negro, aunque con unas características especiales por su finu- ra, repertorio formal y elaborada decoración pintada. Tal vez ya contó en el siglo IV a.C. con talleres derivados de la evolución final de la tradición de fi- guras rojas (De Filippis, 2007), pero su producción específica se iniciaría a partir de finales del siglo IV a.C. De ella se conocen, incluso, algunos sellos con la firma de los alfareros, cosa bastante rara en los vasos de esta clase, que, en este caso, tras el nombre aparecía, en osco, la mención del lugar de fabri- cación: upsatuh sent Tiianei [operati sunt Teani], es decir: hechos en Teano.

Características técnicas

Barniz: de reflejos metálicos. Discos de apilamientos marcados. Fondo ex- terno con un tono más rojo o rosado

Pasta: amarillenta, ligeramente rosácea

Decoración: aunque también presentan una decoración en relieve, al igual que las producciones de los centros campanos cercanos, Cales como ejemplo más cercano y significativo, las más características son sus ricas y exuberantes decoraciones incisas y sobrepintadas policromas con mo- tivos vegetales y geométricos. (Fig. 49). El grupo conocido como Are-

49. Cerámica de Teano

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA II. 3. 2. Teanum

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

thusaschalen, con la impronta en relieve de la ninfa siracusana calcada de la decadracma de Euainetos de la metrópolis siciliana, que decora el fon- do de las cílicas también se incluye en la producción de Teano de este momento (De Filippis, 2007: 130).

Tipología: es reducida (Fig. 50), con predominio de formas abiertas, espe- cialmente pequeños platos y páteras con ala exvasada en cuyo fondo in- terno se disponía la rica decoración un tanto barroca propia de este ta- ller. Por el escaso porte de sus dimensiones, la delicadeza de las decoraciones y la finura de las paredes, además de por su extraordinaria abundancia entre los ajuares de las tumbas, se trataría de una vajilla de lujo, nada funcional en la vida cotidiana pero, precisamente por eso, to- talmente apropiada como elemento de prestigio. Formas: F1314e, F1334a, F1751a, F1762a, F1765a, F1766a, F1766b, F1767a, F2283c, F2411a, F2411b, F2437c, F2561a, F2585a, F2585b, F2731a, F4363c, F5455a.

Cronología: fines del siglo IV a mediados del III a.C.

Difusión: además de Teano, donde es muy abundante en las numerosas ne- crópolis y santuarios que se han excavado (Sirano, 2007), se expande por toda la Campania, especialmente hacia el sur, a los grandes centros re- gionales de Capua, Neapolis o Cumas. También llegan a la Península Ibé- rica, especialmente al entorno de Cartagena (Pérez Ballester, 2002; Ruiz Valderas, 2008), en el último cuarto del siglo III a.C.

II. 3. 3. Minturnae

Centro portuario en territorio del pequeño grupo étnico de los ausoni, en la desembocadura del Garigliano, en el mismo límite de la Campania y el La- cio, creado como pequeña colonia romana, marítima, en el 340 a.C. Poste- riormente alcanzó gran desarrolló debido a que se convirtió en el puerto del activo centro alfarero de Cales y del famoso ager Falernus, zona de elabora- ción de uno de los mejores vinos de Italia (Tchernia, 1986).

Es uno de los múltiples centros italianos de fabricación de barniz negro que apenas tuvieron difusión. Hacemos mención de él porque fue incluido por Lamboglia (1960) entre los grupos que había diferenciado en su revisión de la primera clasificación. Sin embargo, es asimismo obligado mencionar que la vajilla de barniz negro de Minturnae fue objeto de un pionero trabajo sobre este tipo cerámico en los años 30 del siglo pasado (Lake, 1934). El tra- bajo identificaba diferentes tipos de vasos, de cronología entre los siglos IV-

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 50. Formas de la

50. Formas de la cerámica de Teano

107

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

III a.C., que ya eran calificados como cerámica “campaniense” por conside- rarse pertenecientes a una tradición de fabricación cerámica en barniz negro de especial calidad, típica de la Campania, y que se suponía disponía de una cierta coherencia como grupo.

Características técnicas

Pasta: amarillenta pálida muy depurada, que a veces se presenta rosácea cuando esta poco cocida.

Barniz: muy negro. Cronología: mediados del siglo III a.C.

Tipología: las que primero se identificaron (Fig. 4) fueron las siguientes:

Lamb. 30/F2978c, Lamb. 32/F2133a, Lamb. 52/F2537e, Lamb. 53/2163a y 5911a, Lamb. 54/F2212c, Lamb. 55/F2233f, Lamb. 57/F5931a, Lamb. 58/F5215a y b, Lamb. 60/F7221a y Lamb. 63/F2173a. Posteriormente, Morel añadió algunas más: F1342a, F1343a, F1351a, F2212b, F2231c, F2643b, F2784g, F2987a, F3321b, F3542a, F3544a, F3682a y b, F3732a, F4211a, F4363a, F5343a, F5442a, F5452a, F5621a, F5814c, F8163a, F9112a y b, F9113a y F9133a. Bastantes de estas formas son semejantes a algunas de Teano y Cales, algo lógico dada la cercanía a ambos centros productores.

Difusión: estrictamente local. Su escasa difusión se debería a que en el mo- mento de su fabricación apenas había empezado la expansión del comer- cio itálico que, precisamente, tuvo en la cercana Cales y en los vinos del territorio de su entorno uno de sus principales exponentes.

II.4. El barniz negro de Campania meridional

II.4.1. La producción neapolitana o Campaniense A

Es la cerámica de barniz negro producida en la zona del golfo de Nápoles desde el final del siglo IV a.C. Su centro productor primigenio se encontra- ría en la cercana isla de Ischia, donde se han encontrado unos talleres en Monte Vico, en el entorno de la iglesia de Santa Restituta (Olcese et al., 1996). Desde finales del siglo III a.C. en la misma ciudad de Nápoles se co- nocen otras oficinas, dos como mínimo, en Corso Umberto/Rettifilo (Accorona et alii, 1985) y Vico San Marcelino (Laforgia, 1997). Recientemente, también han aparecido indicios de su fabricación en Pompeya, cerca del templo de Apolo (Coarelli y Pesando et alii, 2005: 198).

108

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

Es la variedad de barniz negro más sencilla y clara de identificar y la que, en conjunto, más abunda fuera de Italia. Predomina en el occidente Medite- rráneo entre 200-100 a.C.

Se conoce bastante bien ya desde los primeros estudios de N. Lamboglia (1952 y 1960), contando con una consistente bibliografía (Py, 1978; 1993; Sanmartí Grego y Principal, 1998; Vivar, 2005) por lo que sólo presentare- mos un esquema general actualizado de esta producción.

Es una cerámica de pasta y barniz uniforme. En general, es de calidad me- dia, muy estándar, tipología escasa, la mayoría formas abiertas, que se repi- ten a lo largo del tiempo, con el predominio de unas pocas formas, especial- mente las Lamb. 27, 31 y 36.

Características técnicas

Pasta: arcilla calcárea, de color rojo o rojo-marrón, dura, porosa, con alguna vacuola y pequeñas partículas de mica plateada. Los primeros ejempla- res presentan pastas finas y bien depuradas, que a medida que evolucio- na la producción se van degradando, adoptando una coloración más marronácea (rojo ladrillo), un granulado más grueso y un tacto más as- pero.

Barniz: azulado-grisaceo y brillante. En la variante antigua, los barnices son densos, brillantes, con iridiscencias y reflejos metálicos, de buena cali- dad. En la fase clásica-media, continuó la misma dinámica, pero empie- zan a ser más frecuentes las manchas rojizas o marronáceas en la zona del pie. En la variante tardía los barnices adoptan tonalidades marroná- ceas, más diluidas y repartidas de manera heterogenia en cada pieza. La aplicación del barniz se hacía por inmersión, lo que provoca que algu- nos fondos externos no estén cubiertos por barniz, y que en el anillo ex- terior del pie aparezcan marcas digitales de colo rojo-marrón.

Decoración: las más comunes son las impresas, estampillas en forma de pal- metas y rosetas dispuestas en el fondo interno del vaso, además de las líneas de pintura blanca con zarcillos debajo del borde interno (Fig. 51). La tendencia general es que a lo largo del tiempo se vayan simplifican- do, degenerando, rarificando y se acaben perdiendo en la fase tardía.

Impresas. Son las más características de las variantes antigua y clásica-me- dia.

Palmetas: diseños variados; disposición canónica de cuatro en cruz, dispuestas radialmente sobre el fondo interno del vaso, general-

109

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

mente rodeadas por una orla de estrías (Fig. 52). Propias de las for- mas Lamb. 27B, 28ab, 36 y 42Bc.

Rosetas: diseños variados, pero generalmente sencillos. Disposición ca- nónica de una única roseta sobre el fondo interno del vaso (Fig. 53). Se encuentran en las formas Lamb. 27ab, 27c, 28ab, y también, op- cionalmente rodeada de una orla de estrías en la Lamb. 28ab.

Rosetón: diseño complejo, con la combinación de motivos vegetales. Disposición canónica de un único rosetón sobre el fondo interno de las copas ápodas Lamb. 33a (Fig. 54).

Hojas: únicamente se daría en la variante clásica-media. Diseños va- riados y de diversos tamaños (hojas de yedra (Fig. 55), cordiformes,

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS mente rodeadas por una orla de estrías (Fig.
E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS mente rodeadas por una orla de estrías (Fig.
  • 51. Campaniense A antigua. Lamb. 33a. Valentia. SIAM 52. Campaniense A antigua, Lamb. 28ab. Deco- ración estampillada Molí d’Espígol (Torna- bous, Lleida)

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS mente rodeadas por una orla de estrías (Fig.
E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS mente rodeadas por una orla de estrías (Fig.
  • 53. Campaniense A antigua, Lamb.27ab. Decora-

ción estampillada. Molí d’Espígol (Tornabous,

  • 110 Lleida)

54. Campaniense A antigua. Lamb. 33a

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 55. Campaniense A Media.

55. Campaniense A Media. Decoraciones de hojas de hiedra. Material de Carthago (Morel, 1982)

lanceoladas). Disposición canónica de cuatro dispuestas radialmen- te en cruz sobre fondo interno, con o sin orla de estrías. Aparece en las formas Lamb. 6, 27B y 55.

Incisas. Són características de los momentos finales de la variante clásica- media, y fundamentalmente de la tardía (Fig. 56). El elemento más ca- racterístico son los círculos, incisos en número diverso con anterioridad a la cocción, dispuestos sobre el fondo interno, formando circunferen- cias y circulos concéntricos. Se encuentran en las formas Lamb. 5, 6, 8B y 36.

Pintadas. Se dan en tres variantes:

Líneas-bandas: son líneas y bandas paralelas (dos como máximo), dis- puestas bajo el borde interno, generalmente blancas, aunque en la variante antigua se pueden encontrar también combinando con el color marrón-vinoso. Se encuentra en las formas Lamb. 31a y b, (Fig. 57) 33a y M. 68.

Círculos: circunferencias y círculos concéntricos (dos como máximo), dispuestas bajo el borde interno, generalmente blancas, aunque en la variante antigua se pueden encontrar también combinando con el color marrón-vinoso. Está en las formas Lamb. 31b, 48 y M. 68.

Guirnaldas: combinación de líneas-bandas paralelas bajo el borde inter- no, que enmarcan un tallo en zig-zag inciso con posterioridad a la

111

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

cocción, en la que se alternan puntos o pequeñas hojas trilobuladas, pintadas de color blanco. Presente en las formas Lamb. 31a y 33a.

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS cocción, en la que se alternan puntos o

56. Campaniense A tardía, formas Lamb. 5, 6, 8B y 31, del sur de Francia (Arcelin, 2000), Emporion (Sanmartí, 1978) y Camp de les Lloses (Tona, Barcelona) (foto)

112

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS cocción, en la que se alternan puntos o

57. Campaniense A Media. Bol Lamb. 31. Valentia. SIAM.

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

II.4.2. La periodización de la producción napolitana (Campaniense A)

Las variantes de esta clase cerámica de larga vida se corresponden con distin- tos momentos de su evolución cronológica. Dentro de una homogeneidad general, la tendencia evolutiva es a la continuidad y progresiva simplificación tipológica, el deterioro de la técnica de fabricación y el empobrecimiento del aparato decorativo. A partir de fines del siglo III a.C., cuando se inició su co- mercio masivo, sus diferentes fases productivas no se corresponderán exacta- mente con etapas claras de ruptura, tal como sí sucedió entre la calena anti- gua y la media, sino que son resultado de lentos procesos tendentes a la estandardización y simplificación (e incluso degeneración) de la producción, como también ocurriría entre la calena media y la tardía.

  • a) Fase primitiva (siglo IV a.C.) Difusión estrictamente local en el sur de la Campania. Utilizó for- mas derivadas de la vajilla ática de barniz negro.

  • b) Fase arcaica (ca. 280-220 a.C.) Inicio de la exportación antes de la Segunda Guerra Púnica, aun- que en cantidades exiguas. Llegaría al Golfo de León y al litoral ibérico (Cibecchini y Principal, 2002). Formas: Lamb. 23, 27ab, 28ab, 42Bc, 59.

  • c) Fase antigua (ca. 220-180 a.C.) Aumento de la producción. Se iniciaría en este momento la expor- tación mediterránea en cantidades considerables. Buena calidad con brillo metálico (Fig. 58). Pocas formas, aunque ya más diversi- ficado el repertorio, la mayoría abiertas (en este periodo ya se en- cuentran algunas cerradas, siempre minoritarias). Decoraciones va- riadas: relieves, palmetas, sobrepintada, con tendencia progresiva a

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA II.4.2. La periodización de

58. Campaniense A antigua Lamb. 27ab, Lamb. 28ab, Lamb. 49B. Molí d’Espígol (Tornabous, Lleida)

113

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

la simplificación (Fig. 59). Presente en varios pecios, especialmen- te en el Grand Congloué 1 (Fig. 60), con una buena representación de la vajilla napolitana de esta fase, acompañando a ánforas greco- itálicas (Benoit, 1961; Long, 1987). Formas: Lamb. 23, 27ab, 27B (Lamb. 27c), 28ab, 31a, 33a, 33b, 34, 36, 42Bc, 45, 48, 49A, 49B, 55, M. 68 y F3421.

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS la simplificación (Fig. 59). Presente en varios pecios,
  • 59. Decoración de la Campaniense A Antigua. Elaboración propia. Material de Emporion (Sanmartí, 1978) y Mo-

lí d’Espígol (Tornabous, Lleida) (foto)

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS la simplificación (Fig. 59). Presente en varios pecios,
  • 60. Campaniense A Antigua. Pecio del “Grand Congloué” 1

114

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

  • d) Fase clásica-media (ca. 180-100 a.C.) Momento de máxima difusión. Dominio completo del mercado del Mediterráneo Occidental, incluida Karthago, exportándose tam- bién hacia zonas orientales, como Delos (Morel, 1986) y Corinto (Romano, 1994). Calidad media (Fig. 61), producción muy están- dar con formas cada vez más sencillas, la mayoría abiertas, que se repiten y evolucionan de la fase precedente. Decoraciones cada más escasas, sobre todo las impresas, que se van perdiendo, llegando a desaparecer al final de esta fase.

Características técnicas

Tipología : (Fig. 62): Lamb. 5, 6, 8B, 27ab, 27B (Lamb. 27c), 28ab, 31, 33b, 34, 36, 49A, 55, M. 68. Abrumador predominio de tres de éstas: Lamb. 27, 31 y 36. Abundan en varios pecios a lo largo de la ruta del sur de Italia a la Pe- nínsula Ibérica, como el de Escombreras 1 (Fig. 63), cerca de Cartage- na (Pinedo y Alonso, 2004) y el de Punta Scaletta (140 a.C.) en la isla tos- cana de Giannutri (Firmati, 1992; Lamboglia, 1964), que representaría perfectamente la producción de esta fase hacia el 150-140 a.C. Sólo un poco posterior sería el conjunto de pecio de Illa Pedrosa, en la Costa Brava catalana, fechado hacia el 135-125 a.C. (Sanmartí Grego y Prin- cipa, 1998).

  • e) Fase tardía (ca. 100-40 a.C.) Periodo de decadencia técnica progresiva pero palpable, propicia- do por la competencia e influencia de otras producciones de difu- sión general (Sanmartí y Principal, 2000), especialmente las del

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA d) Fase clásica-media (

61. Campaniense A media, Lamb.27ab, Lamb. 27c. Camp de les Lloses (Tona, Barcelona)

115

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS 62. Tipología de la Campaniense A Media norte

62. Tipología de la Campaniense A Media

norte de la Campania, concretamente Cales, y, en menor medida, las de Arezzo (aretina de barniz negro) y Sicilia (Campaniense C). La actividad de estas oficinas empezó a decaer progresivamente a partir del inicio del siglo I a.C. El final de su producción se situa- ría en torno a mediados del siglo I a.C., entre 50-40 a.C. Se ha su- puesto que las devastaciones de la Guerra Social (91-89 a.C.) y de la Guerra Civil (88-82 a.C.), que afectaron duramente al área na- politana, tendría algo que ver en el inicio de la decadencia de esta variedad cerámica. Formas: (Fig. 64): Lamb. 5 (Lamb. 5/7), 6, 27ab, 27B (Lamb. 27c), 31b, 36, M. 113 (Fig. 65) (característico de este momento: bol abierto, evolucionado a partir de la forma Lamb. 27ab). Probablemente el mejor conjunto de esta fase sea el del pecio de Albenga, en la costa ligur italiana, de inicios del siglo I a.C. (Lam- boglia, 1952b).

116

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 63. Campaniense A Media

63. Campaniense A Media del pecio de Escombreras 1 (Cartagena). ARQVA

117

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS 118 64. Tipología de la Campaniense A tardía.

118

64. Tipología de la Campaniense A tardía.

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS 118 64. Tipología de la Campaniense A tardía.

65. Campaniense A tar- día, Lamb. 8b. Tossal de la Cala (Benidorm)

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

II. 5. El barniz negro de Sicilia

II. 5. 1 La producción siracusana o Campaniense C

Esta era la tercera de las denominadas producciones de barniz negro de ca- rácter universal distribuidas por todo el Mediterráneo occidental. N. Lam- boglia ya se dio cuenta de su fácil identificación por su pasta gris y su barniz oscuro; y de su escasez, pero también de su amplia distribución. También se percató de su abundancia en el Museo de Siracusa y de su datación preferen- te en el siglo I a.C.

Aunque se supone que el centro principal de fabricación estuvo en Sira- cusa, se han encontrado hornos de barniz negro relacionados con esta varie- dad un poco más al interior, en Morgantina (Cuomo di Caprio, 1992), aun- que siempre dentro de la Sicilia sudoriental. Estas cerámicas, procedentes de un centro productivo concreto correctamente identificado, algo de lo que di- fícilmente se dispone en la mayoría de las producciones de vajilla de mesa re- publicana, serían morfológicamente muy similares a las propias de Siracusa, de las que apenas se diferencian salvo por la ausencia de partículas volcánicas en las de Morgantina (Morel y Picón, 1994; Olcese y Picón, 1998). Posible- mente, ambos grupos se deban concentrar en una misma categoría (Gonzá- lez, 2005: 66; Malfitana, 2006; 2011).

No hay que relacionar con este grupo siciliano sudoriental, “C” o siracu- sano, otras cerámicas finas con pasta gris y barniz oscuro que se conocen en otros lugares del Mediterráneo occidental, caso de distintas producciones con un repertorio más o menos similar, algunas originarias de Hispania (Principal, 2008), que se reparten por Provenza, Cataluña, País Valenciano, Andalucía, África, Cerdeña e Ibiza. Estos productos, en su mayor parte, de- rivarían de la tradición púnica de cocción reductora y apenas fueron difun- didos más allá del lugar de producción, todo lo contrario que el barniz negro “C” siciliano, presente, aunque siempre en pequeñas cantidades, en buena parte de los yacimientos del litoral del Mediterráneo occidental durante casi todo el siglo I a.C.

Características técnicas

Pasta: su cocción reductora determina que las pastas sean grises, a veces de tono verdoso o claro junto a la superficie y amarronada o rosácea en el núcleo. La arcilla es granulosa y no demasiado dura, incluyendo desgra- sante de partículas no plásticas transparentes (cuarzos), blancas (calcáre- as, arenas silíceas), plateadas (micas), rojizas y oscuras (volcánica).

119

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

Barniz: aplicado por inmersión, es de tonalidad bastante oscura, casi opaca, y a veces incluso oliváceo. Es espeso pero se desprende con cierta facili- dad por tener poca adherencia. Es de tacto jabonoso y fácil de rayar. No suele cubrir toda la parte exterior de la pieza, ya que el pie y la parte in- ferior de la pared están con frecuencia exentos. Al desprenderse puede aparecer una especie de engobe grisáceo también de poca adherencia.

Tipología (Fig. 66): la mayor parte ya fue delimitada por N. Lamboglia (1952). Unas derivan de lo que sería el repertorio clásico de la “B” (Lamb. 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7) y otras serían exclusivas de este grupo (Lamb. 17, 18, 19, 20).

Decoración: es muy pobre, casi exclusivamente de grandes círculos concén- tricos incisos en el interior de las formas más abiertas. Estas acanaladu- ras suelen incluir, dentro de dos o, más raramente, de tres coronas de esos círculos, orlas o bandas de estrías verticales u oblicuas perpendicu- lares al eje de rotación del vaso. Mucho más raras son algunas esporádi- cas decoraciones estampilladas, caso de palmetas de forma y tamaños va- riados.

Cronología: su difusión tendría lugar durante la mayor parte del siglo I a.C., entre 100-40/30 a.C. En Valentia se encuentra principalmente en los ni- veles de la destrucción de Pompeyo del 75 a.C. y en Azaila también es- tá en su fase final, de mediados del I a.C. (Ribera y Marín, 2004-2005). No estaría tan claro el momento inicial de su exportación, ya que aun- que Morel llegó a identificar algún vaso esporádico en Carthago antes del 146 a.C., más hacia Occidente parece que no se empezaría a difun- dir hasta fines del siglo II a.C., según se desprendería de la información de Cartagena. Está ausente en los campamentos del cerco de Numancia (153-133 a.C.) y en los niveles de fundación de Valentia del 138 a.C. Los escasos hallazgos subacuáticos de la vajilla siciliana de barniz ne- gro se escalonan entre los inicios y la mitad del siglo I a.C.

Difusión: aunque siempre en escasas cantidades, ya sean totales como relati- vas, esta producción fue de las pocas de difusión universal; además, se distribuyó más allá del Mediterráneo occidental, pues se ha detectado su presencia en Delos (Morel, 1986), el Marruecos atlántico y hasta el sur de Alemania. En el litoral italiano se encuentra con bastante irregulari- dad. Desde Aquileia alcanzaría la Germania meridional. En el litoral del Mediodía francés alrededor de la desembocadura del Ródano parecería más abundante que en otras zonas, alcanzando unas proporciones entre el 2 y el 12% de la vajilla de barniz negro (Arcelin, 2000). En las costas

120

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 66. Tabla de la

66. Tabla de la Campaniense C

121

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

del norte de África, desde Túnez al Atlántico, también alcanzaría cierta relevancia, pero siempre entre el 4 y el 6 %.

En Hispania la difusión es también eminentemente costera y las pro- porciones escasas, a saber, entre 1’5 y 3’5 % de la vajilla de barniz negro en Emporiae, Iluro, Pollentia, Valentia, Villaricos, Málaga, Cádiz, Italica y Orippo. Alcanza algunas ciudades del interior en la cuenca del Ebro, co- mo la Caridad (Caminreal) y el Cabezo de Azaila. Donde parece que al- canzó mayores proporciones fue en Carthago Nova, pues en algunas ex- cavaciones su índice de presencia llegaría hasta el 10 % (Pérez y Berrocal, 2007).

En los numerosos pecios del Mediterráneo occidental que se cono- cen y que coinciden con las fechas de su expansión, apenas se han iden- tificado con seguridad piezas de este grupo y, mucho menos, grandes cargamentos como los de la gran producción napolitana (Sanmartí Gre- go y Principal, 1998) o de Cales (Ribera, 2001). A mayor abundamien- to, en los casos en los que tal vez se hayan encontrado estas piezas, mu- chas veces difíciles de separar de otras cerámicas de pasta gris coetáneas y de tipología similar, normalmente forman parte de una mínima pro- porción de la vajilla de barniz negro del barco. Esto sucede, entre otros, en los bien conocidos del Grand Congloué 2 (Long, 1987), la nave de Al- benga (Lamboglia, 1952b) o la Madrague de Giens (Tchernia et alii, 1978).

Los únicos navíos que podrían haber llevado un cargamento exclusi- vo de esta cerámica siciliana son el de Cap Taillat (Bon Porté, Francia), que llevaba tres piezas de esta cerámica siracusana (Joncheray, 1987), y el de Cap Dramont A (Saint Raphael, Francia) (Santamaria, 1961), ha- llazgos ya antiguos y bastante poco conocidos para hacer afirmaciones más concretas sobre la importancia de esta producción en los cargamen- tos de la época.

II.5.2. Grupo Byrsa 401

Definido en Karthago por Morel (1983 y 1986). Por sus componentes mine- ralógicos sería de probable origen siciliano, antes que africano o caleno (Mo- rel, 1998b: 18). Se asimila al grupo 1 de Valencia (Escrivà et alii, 1992).

Características técnicas

Pasta: beige clara a beige verdosa, con minúsculas inclusiones micáceas, por lo general dura y compacta, aunque en algún caso más blanda y porosa.

122

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

Barniz: negro mate, caracterizado por su muy escasa adherencia a la super- ficie de los vasos, que suelen presentar una ausencia casi total del barniz (Fig. 67), que se desprende con mucha facilidad, quedando sólo algunos restos adheridos a los ángulos del pie con el cuerpo. Rasgo similar, pe- ro más acentuado, que en la producción siracusana.

Tipología: prototipos difundidos por la Campaniense A: F2821; similar a Lamb. 31/F2955; Lamb. 34; Lamb. 36/F1314-1315 (Fig. 68). Bases: Tipo F 211b de Morel (1981).

67. Vaso Byrsa 401. SIAM

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA Barniz: negro mate, caracterizado
J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA Barniz: negro mate, caracterizado

68. Piezas del Grupo Byrsa 401. Valentia

123

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

Decoración: roseta central impresa, con siete pétalos separados por líneas en el fondo interno, y también estampillas en forma de tres o cuatro pal- metas unidas por su base, dispuestas en el fondo interno de los vasos.

Cronología: su presencia en el pecio de Cabrera 2B de inicios del siglo II a.C., en la Carthago anterior a la destrucción del 146 a.C. y en Valentia, fundada en el 138 a.C., indicaría unas fechas de inicios a mediados del siglo II a.C., más o menos entre 200-130 a.C., para su periodo de máxi- ma expansión.

Difusión: son muy escasos los ejemplares conocidos de esta producción. Además de los de Carthago que permitieron definir este grupo, donde tampoco abundan (Morel, 1983; 1986b), lo que más se puede comentar es la poca incidencia de esta rara producción, aunque dado que uno de sus rasgos definitorios sea la poca adherencia del barniz y su casi total desaparición por norma general, habría que considerar que bastantes piezas no se hayan identificado correctamente entre la vajilla de barniz negro. Tan sólo se han detectado en Valencia (Escrivà et alii, 1992), His- palis (Morel, 1986b), los Villares (Bonet y Mata, 1998), la Serreta, la Es- cuera (Sala, 1998), el Cabecico del Tesoro (García Cano et alii, 1989), Emporion, Rhode, la necrópolis de Cabrera de Mar y el pecio de la isla ba- lear de Cabrera 2/B, en este caso acompañando una carga de ánforas greco-itálicas y púnicas (Maña C-1, D, PE 15 y 16) fechadas a inicios del siglo II a.C. (Ramón, 1995). En el sur de Francia sólo se conoce un frag- mento en Lattara (Castanyer et alii, 1993: 539).

II.6. El barniz negro de Apulia II.6.1. La cerámica de Gnathia

Bajo este apelativo se suele englobar muy genéricamente cualquier vaso de barniz negro con decoración sobrepintada, de los siglos IV y III a.C. fabrica- do en el sur de Italia y supuestamente en la ciudad de Gnathia (o Egnatia, Gnathis o Gnathios), en la costa adriática de Apulia, al sur de Bari y al norte de Brindisi, en territorio indígena mesápico, no griego. En realidad, bajo es- ta denominación se debería tender a agrupar las piezas de una producción o de una manera de hacer y decorar muy concreta, y ciertamente original en sí misma, derivada pero diferente de la tradición final de las figuras rojas, que abarcaría, tanto la referida Gnathia, como otros talleres de la zona, especial- mente la gran colonia griega de Tarento. Esta ciudad debió ser no sólo el centro principal, sino el lugar desde donde estos bellos vasos polícromos se

124

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

expandieron por la Magna Grecia, que poco a poco fue proyectando sucur- sales, como la misma Gnathia. De hecho, el hallazgo de hornos de alfarería y desechos de cocción de estas series de barniz negro en la zona cercana al foro, además de gran cantidad de piezas, fue la causa de que esta producción pasase a ser conocida con el nombre de la ciudad indígena, que ciertamente fue un centro productor destacado pero no el único, ya que también en otros lugares de la región como Ruvo, Canosa o Rudiae se ha detectado su fabrica- ción (Forti, 1965; Morel, 1981: 47; Pérez Ballester, 2002; Puritani, 2002).,

A pesar de su minuciosa decoración y su tipología elaborada, fue una va- riedad cerámica de fácil y rápida ejecución, alcanzando cierta difusión en un momento del predominio de los influjos helenísticos y alejandrinos tenden- tes a un gusto decorativo casi miniaturístico, bien ejemplificado por esta ca- tegoría de vasos (Fig. 69), que con su elegancia y fantasía representa una de las expresiones más ricas de la pintura de la Italia Meridional, que influyó de alguna manera en las decoraciones sobrepintadas de la producciones poste- riores.

69. Cerámica de Gnathia. Co- lección Martí Esteve. SIAM

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA expandieron por la Magna

125

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

Características técnicas

Se pueden distinguir talleres y maestros decoradores con características bien definidas. También las formas de los vasos manifiestan el influjo de la cerá- mica indígena, asumiendo caracteres originales.

La cocción se hacía en tres fases, combinando atmósferas oxidantes y re- ductoras, aunque esta complicación técnica no fue un problema para conse- guir una abundante producción. Pasta: gamuza/beige bastante pálida y clara. Barniz: de buena calidad, denso, muy negro y espeso, además de brillante.

Tipología: las formas de los vasos se van haciendo más complicadas y barro- cas, apareciendo las acanaladuras plásticas, las asas se entrecruzan, las ja- rras presentan bocas trilobuladas, se busca imitar los vasos metálicos tanto en la forma como en el acabado del color de fondo, que pretende, a veces, parecerse al bronce y a la plata.

Entre las formas más características hay cráteras de campana, la troz- zella o una peculiar urna con dos asas sobreelevadas (F3661a y F3662a y b), la epikisis o jarra de amplia base (F5772) y el plato decorado con pe- ces y con un depósito central destinado a contener la salsa.

Del repertorio de Morel, bastantes formas son de esta producción (Fig. 70), que presenta, pues, un amplio repertorio, la mayor parte crá- teras y vasos cerrados con asas: F2121d, F3111a, F3112b, F3134a, F3422a, F3443a, F3532a, F3543b, F3631a, F3661a, F3662a, F3662b, F3671a, F3672a, F3673a, F3674a, F3688a, F3714a, F3734a, F4121b, F4122d, F4122e, F4131a, F4245a, F4245b, F4263a, F4443a, F4611c, F4612a, F4614a, F4614b, F4615a, F4616a, F4617a, F4618b, F4618c, F4721a, F4722a, F4742a, F4742b, F4912a, F4913a, F5142a, F5311e, F5531a, F5417b, F5419a, F5419b, F5551c, F5645a, F5645b, F5772a, F5772b, F5772c, F5816a, F6514a, F7112b, F7131a, F7131b, F7133a, F9421b y F9453a.

Decoración: pintada de color blanco, amarillo y, a veces, rojo, sobre el fon- do del barniz negro. Los temas figurativos se caracterizan por la repre- sentación de figuras casi siempre aisladas: personajes del culto dionisía- co (ménades y sátiros), pequeños erotes, Afroditas cabalgando sobre cisnes, animales reales o fantásticos, guirnaldas de flores con cintas, vi- des, hojas de yedra y ramas de olivo, pintados en un estilo miniaturisti- co, extremadamente variado y elegante, realzado por la vivacidad del ro- jo y el amarillo, superpuestos al blanco.

126

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 70. Tipología de la

70. Tipología de la cerámica de Gnathia

127

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

Un elemento decorativo muy importante fue el de las máscaras tea- trales trágicas y, sobre todo, cómicas, inspiradas en modelos griegos. También se representaron escenas de obras teatrales, especialmente del tipo tragicómico, muy en boga en esos momentos.

Difusión: especialmente en Apulia, pero también se encuentran en Sicilia y Campania, llegando al Lacio y Etruria, e incluso alcanzaron la misma Grecia y Carthago (Morel, 1980). También se encuentran en la Península Ibérica, preferentemente en el litoral, de Cartagena a Emporion de mane- ra decreciente (Cabrera, 2004; Pérez Ballester, 2002), pasando por Ibiza (Pérez Ballester, 1994b) y llegando al interior de Cataluña (Cura, 2000).

II. 7. Otras producciones minoritarias II.7.1. Grupo 2 de Valentia

En un principio (Escrivá et alii, 1992) se adscribió este grupo, a partir de ar- gumentos morfológicos y tipológicos, a las producciones calenas. Tras con- frontar directamente las piezas de Valentia con las de otros yacimientos de la Península Ibérica en la Mesa Redonda La ceràmica de vernís negre del ss. II i I a. C: centres productors mediterranis i comercialització a la Península Ibérica, cele- brada en Empúries en 1998 (AA.VV., 2000), donde mostramos las escasas piezas de este grupo, sin que se pudieran encontrar más en otros yacimientos hispánicos, tal vez parezca más aconsejable abrir un compás de espera que só- lo se cerrará con la realización del análisis de sus pastas. Actualmente se está investigando, en colaboración con el Laboratorio de Arqueometría de la Universidad de Barcelona, la posibilidad de su procedencia en la Calabria ti- rrénica, en el torno de la colonia latina de Vibo Valentia.

Características técnicas

Pasta: beige verdosa a beige rosada, dura y compacta, con pequeñas inclusio- nes micáceas, algunos puntos de cal y núcleo interior más anaranjado.

Barniz: negro, mate, con irisaciones de color marrón-verdoso y de aspecto rugoso, con líneas de torno muy marcadas y numerosas huellas digita- les. Estas piezas, aunque han perdido parte del barniz, presentan una mayor adherencia que el grupo Byrsa 401, centrándose la falta de bar- niz especialmente en la pared externa y en lo que sería el disco de apila- miento.

Tipología (Fig. 71): F 2821-2822; similar Lamb. 33b/F2110-2120; Lamb.

36/F1314-1315.

Bases: asimilables a los tipos F213a y 211 de Morel.
128

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 71. Grupo 2 de
J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 71. Grupo 2 de

71. Grupo 2 de Valencia. Valentia

129

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

Decoración: estampillada enmarcada por un círculo decorado a ruedecilla en el fondo interno, con palmetas de grandes dimensiones, dispuestas de forma radial en número de tres o cuatro. Las estampillas son similares a otras frecuentes en la Campaniense A, así como en las piezas calenas.

Cronología: por su repertorio tipológico y decorativo, cercano al de la pro- ducción antigua de Cales y a la media de Neapolis (Campaniense A), y además de por su presencia en los niveles fundacionales de Valentia, se debería fechar a mediados del siglo II a.C.

Difusión: estas cerámicas del grupo 2 de Valencia sólo se han identificado en esta ciudad y, probablemente, en Pompeya.

II. 8. Las cerámicas de barniz negro fabricadas en la Península Ibérica

En el Mediterráneo occidental, ya desde finales del siglo IV a.C., tras la in- terrupción en la llegada de la vajilla ática, los nuevos talleres intentaron cu- brir la consolidada demanda de vajilla fina “exótica” de mesa. En la Penínsu- la Ibérica se conocen talleres de cerámicas de esta clase en dos zonas púnicas, el entorno del Estrecho de Gibraltar, dentro del área de Cádiz, e Ibiza, y en otra griega, en Roses, en el extremo nordeste.

II.8.1. El grupo del nordeste: Rhode

Las cerámicas de barniz negro de los talleres de Roses fueron identificadas por Enric Sanmartí Grego (1978), al estudiar el barniz negro de Emporiae y Rhode: su característica definitoria era la presencia de una decoración impre- sa formada por tres palmetas dispuestas radialmente sobre el fondo interno del vaso, generalmente rodeada por orla de estrías. Y. Solier (1969) ya había sugerido que fuera una producción pseudocampaniense del Languedoc, que imitaba a la Campaniense A. También se identificaron y definieron otros ta- lleres estrechamente relacionados: “Tres Palmetas Radiales sobre Estrías” (Sanmartí Grego y Solier, 1978), “Nikia-Iôn” (Solier, 1969; Sanmarti Grego, 1978), “Rosetas Nominales” (Solier y Sanmartí Grego, 1978), “Boles 27 GL o 24/25B” (Morel, 1980).

A pesar de esta variedad, se subrayaba siempre la afinidad formal y técni- ca entre estos “talleres” y se apuntaba a la colonia griega de Rhode como pro- bable centro de producción de todos ellos.

En la publicación del DICOCER (AA.VV., 1993) se han reunido todos los tipos y formas de Roses bajo un mismo epígrafe: ROSES, seguido del núme- ro correspondiente a la forma: ROSES 26, ROSES 40, etc.

130

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

Las publicaciones de Jordi Principal sobre el barniz negro del siglo III a.C. de Cataluña (1998b) y las de Anna María Puig (Puig y Martín, 2006:

295-563) sobre las cerámicas de Roses, han aclarado problemas de talleres, formas, cronología y difusión. Principal añadió una producción más a las que estudió Sanmartí Grego: “Tres Palmetas Radiales con Roseta Central” o “3+1” (Cura y Principal, 1995; Principal, 1998b: 111). Puig propone una cla- sificación conjunta de toda la producción cerámica de Roses (barniz negro, cerámicas claras, grises, cocina), ya que las formas no son exclusivas de un so- lo tipo, sino que se repiten. Una misma forma se encuentra en barniz negro y también en pasta clara sin barniz o en pastas grises. En el denominado “ba- rrio helenístico” de la Ciutadella de Roses hubo un conjunto de hornos y ta- lleres que no se especializaron en una producción concreta (Puig y Martín, 2006: 299).

Características técnicas

Pasta: hay tres tipos de pastas bien diferenciados:

  • 1 Arcilla anaranjada (a veces amarillo-rojo, rojo-naranja, rojo-marrón y rosa). Dura, fina y bien depurada.

  • 2 Arcilla amarilla (también en tono amarillo muy pálido, casi blanque- cino, beige). Blanda, fina, un poco áspera.

  • 3 Arcilla roja (también en tonos rojo oscuro, granate). Muy dura y compacta.

Si bien los tipos 1 y 3 podrían reducirse al mismo tipo de arcilla, el tipo 2 ofrece menos certezas en este sentido (Puig, 2006; Vendrell et alii, 2006).

Barniz: la cubierta o barniz en las piezas de las pastas 1 y 3, es de color ne- gro intenso, brillante, denso, pero con algunas manchas rojizas (Fig. 72). Liso al tacto. Aplicado por inmersión, deja sin cubrir el fondo externo;

72. Taller de Roses, Lamb. 26. Molí d’Espígol (Torna- bous, Lleida)

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA Las publicaciones de Jordi

131

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

a veces, sin embargo, está aplicado a pincel, y cubre también el fondo ex- terno. Se observan en algunos de los ejemplares con barniz aplicado a pincel, líneas en reserva entre el pie y la pared del vaso, como en las ce- rámicas áticas. En el fondo interno de páteras y platos son frecuentes los discos de otro tono más claro (círculos de apilamiento). En ejemplares de pastas amarillentas el barniz, negro o rojizo, se desprende fácilmen- te, dejando la pieza sin cubierta barnizada.

Es una vajilla de tradición griega basada en prototipos y modelos áti- cos y helenísticos, y en algún caso masaliota. En el momento final de la producción se detectan también influencias de la vajilla itálica de barniz negro, sobre todo de la Campaniense A.

Tipología (Fig. 73): Puig ha elaborado una tipología de las cerámicas a par- tir de los hallazgos de la Ciutadella de Roses, aunque sin separar las bar- nizadas de negro de las que no lo están. Su tipología tiene tres niveles:

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS a veces, sin embargo, está aplicado a pincel,

73. Tabla del repertorio del Taller de Roses. Formas más frecuentes

132

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

  • 1. Grandes series o grupos de vasos: copas sin asas, jarras, formas ce- rradas con un asa, etc., un poco en la línea de la clasificación de Morel pero más simplificada. Cada una de estas series consta de números de dos cifras (decenas y unidades). Así, 1 a 9 son copitas/saleros sin asas; 10 a 19, boles y copas sin asas; 50 a 59, ja- rras y olpes, etc.

  • 2. Dentro de éstas, las diferentes formas, acompañadas del nombre de la serie: copa, taza, etc. Copita forma 2; copa forma 16; jarra forma
    52.

  • 3. Un tercer nivel depende de la orientación de los bordes. Se expre- sa añadiendo una letra minúscula al número de la forma. Se han es- timado un total de 7 tipos de borde diferentes. — Copa forma 10.c = de borde cerrado y perfil cóncavo — Copita forma 1.c = idem anterior — Craterisco forma 40.e (serie 40-49: cráteras, , ánforas, estamnos, pélices) = de borde abierto, bífido, de perfil convexo — Plato de peces forma 80.f (80-89: serie de platos y páteras) = borde vuelto, de perfil recto.

Habría 108 formas de vajilla de mesa, entre las que se cuentan 70 for- mas distintas de cerámicas de barniz negro de Roses. De ellas, 26 son formas abiertas: boles y copitas sin asas; 10 son platos, 7 tazas o copas con asas; y 16 pertenecen a formas cerradas: crateriscos, olpes, lécitos, gutti, jarras, etc. Las más frecuentes en Roses son:

ROSES 12: 20’5% (páteras o boles Lamb. 21 y Lamb. 26); ROSES 11: 13% (bol o copita Lamb. 25); ROSES 80: 11,7% (plato de pescado Lamb. 23). ROSES 40: 7,7% (craterisco Lamb. 40);

ROSES

14: 6,4% (cuenco

poco profundo o copa Lamb. 22 y

Lamb. 28); ROSES 1: 5,6% (copita Lamb. 24 y Lamb. 24/25) y ROSES 35: 4,5% escifo Lamb. 43).

Aproximadamente el 70% de las piezas se agrupan en sólo el 10% de las formas (7), que son las más difundidas o exportadas: ROSES 12, RO- SES 11, ROSES 80 y ROSES 40 sobre todo.

133

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

Según Principal, en la producción de “Tres Palmetas Radiales”, la Lamb. 26 sería la más frecuente, seguida de Lamb. 23, 36, 24a, 28, 25, 27ab, 31, 34, 49, 42, 43, 40; y un conjunto donde ya aparecen algunas formas de influencia itálica (Lamb. 31, 36, 34).

“Tres Palmetas Radiales sobre Estrías” sólo aparecen en Lamb. 26; “Nikia-Iôn” mayoritariamente sobre Lamb. 26, pero también en Lamb. 27ab, 40 y 42.

Decoración. Para Principal, la variante 1 de arcilla anaranjada concentra to- das las decoraciones estampilladas, tanto rosetas como palmetas. Por lo que respecta a las variantes 2 y 3, también presentan decoraciones es- tampilladas en palmeta y roseta, con una menor diversidad de tipos, así como algún ejemplar sin decoración.

Puig establece una tipología de elementos decorativos con las palme- tas y las rosetas como los principales motivos impresos, organizados en series según la orientación de los tallos u hojas en las primeras y el tipo de pétalos en las segundas. Estos motivos están siempre impresos en re- lieve, no en hueco como ocurría con las cerámicas áticas. Las palmetas son grandes, cuidadas y de diseños complejos, con hojas o palmas cur- vadas y puntitos o grupos de ellos entre las hojas. Las rosetas son muy variadas, con diseños en general más cuidados que los que encontramos en las otras cerámicas de barniz negro. Se han establecido las asociacio- nes de motivos, su relación con formas o tipos de bases, los círculos de estrías a ruedecilla y las escasas decoraciones sobrepintadas e incisas.

Según Principal, sobre las páteras y copas de “Tres Palmetas Radia- les”, predominan las decoraciones impresas con palmetas (Fig. 74 y 75); las rosetas, también presentes, aparecen solas y centradas en el fondo in- terno del vaso. Las estrías a ruedecilla acompañan normalmente a los motivos con palmeta, y opcionalmente las rosetas (en copas Lamb. 26 o 28, por ejemplo), y son muy variables: pequeñas, grandes, largas, finas, gruesas, etc… Las más características son triangulares-romboidales de fuerte impresión, “adiamantadas”. La decoración pintada en blanco se encuentra en los crateriscos Lamb. 40 (guirnaldas acompañadas de finas incisiones) y en los cuencos profundos Lamb. 31 (bandas horizontales blancas o marrón-vinoso bajo el borde interno).

La serie de “Tres Palmetas Radiales sobre Estrías” se define por un esquema decorativo de tres palmetas dispuestas radialmente sobre una banda de estrías, cuando, teóricamente, las tendrían que rodear según el esquema canónico del grupo.

134

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 74. Taller de Roses,
J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA 74. Taller de Roses,

74. Taller de Roses, Lamb. 26, decoración estampilla- da. Molí d’Espígol (Tornabous, Lleida)

75. Taller de Roses, Lamb. 28, decoración estampillada. Molí d’Espígol (Tornabous, Lérida)

En la serie “Nikia-Iôn” las palmetas son almendradas, de dibujo si- métrico y complejo, siempre iguales (Fig. 76); su número es variable, desde vasos con sólo tres palmetas hasta un máximo de seis, aunque el esquema más usual es el de cuatro, dispuestas radialmente en cruz, ro- deadas de orla de estrías. En el espacio central del fondo interno del va- so, entre las estampillas, puede encontrarse también un sello impreso, cruciforme o simplemente alargado, con el nombre en griego, supuesta- mente de los ceramistas que fabricaron los vasos: Nicias e Ión.

Cronología: las cerámicas de barniz negro de Roses aparecen ya en último cuarto del siglo IV a.C., siendo más clara su presencia entre finales del siglo IV e inicios del siglo III a.C. En estos momentos iniciales apare- cen formas como:

ROSES 10A (Lamb. 25B) ROSES 12C (Lamb. 26) ROSES 14 (Lamb. 28a) ROSES 34 ROSES 40 (Lamb. 40) ROSES 80 (Lamb. 23)

Hasta finales del último cuarto del siglo III a.C., se mantendría la produc- ción y la difusión del barniz negro de Roses, estando su fin entre el 200 y el 195 a.C., en relación con la campaña de Catón en Hispania: el primer acto

135

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS 76. Taller de Roses (grupo Ni- kia-Iôn), Lamb.

76. Taller de Roses (grupo Ni- kia-Iôn), Lamb. 26, decoración estampillada. Molí d’Espígol (Tornabous, Lleida)

de guerra en la Península Ibérica fue la toma de Rhode el 195 a.C., controla- da por los rebeldes hispanos. En esa última fase estarían presentes las formas:

ROSES 1.a (Lamb. 24) ROSES 2 (Lamb. 34) ROSES 11 (Lamb. 27ab) ROSES 12.a (Lamb. 26) ROSES 13.a (Lamb. 28) ROSES 80 (Lamb. 23)

Principal argumenta que las “Tres Palmetas Radiales” se documentarían desde inicios del siglo III a.C., aunque en contextos arqueológicos aparecen sobre todo a finales del siglo III e inicios del siglo II a.C. (en niveles arqueo- lógicos de c. 200 a.C.). En la primera mitad del siglo III a.C. aparecen en La Moleta del Remei (Alcanar) y otros yacimientos, con formas como la Lamb. 26, pero también Lamb. 27ab, 21/25, 24, 23, 40, 42 y 43. Algo más tarde es- taría la Lamb. 45 (guttus), 24/25B, 36. Hacia el último tercio del siglo III a.C., las Lamb. 25, 34, 26 más rectilíneas y siguen Lamb. 27ab, 40, 24/25B,

25.

Difusión: se extienden desde Roses a la costa e interior de Cataluña, Rousi- llon y Languedoc especialmente, pero algún ejemplar llega hasta Olbia de Provenza por el norte. Hacia el sur: área del Ebro, poblados ibéricos

136

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

valencianos de Camp del Túria y comarcas interiores, Alicante y área del sureste peninsular y poblados ibéricos del interior de Murcia, Los Nietos (Mar Menor) y Cartagena. Fuera de la Península Ibérica se han documentado piezas en las Baleares y en el Tirreno, Populonia e Ischia (Principal, 1998: 94-98).

Las piezas de la serie de “Tres Palmetas Radiales” son las más difun- didas, mientras que las de “Tres Palmetas Radiales sobre Estrías”, “3+1” y las que llevan los sellos “Nikia-Iôn” sólo se encuentran en Cataluña y Languedoc-Rosellón. En cuanto a “Rosetas Nominales” el único ejem- plar conocido fuera de Cataluña y el Languedoc-Rosellón se halla en la necrópolis de La Serreta, en Alicante.

Esta difusión comenzaría en el norte de Cataluña y el Languedoc- Rosellón en el primer cuarto o primera mitad del siglo III a.C., llegan- do pronto más allá del Ebro y de manera esporádica al Tirreno, mante- niéndose hasta el último cuarto del siglo III a.C.

II. 8. 2. Las cerámicas ebusitanas

Fueron primero definidas en la isla por M. Del Amo (1970), pero ha sido a partir del estudio de la factoría, el pecio y el fondeadero de Na Guardis en Mallorca, cuando se ha ordenado y sistematizado esta vajilla de mesa engo- bada o “barnizada”, que se presenta bajo cocción oxidante o reductora (Gue- rrero, 1998).

En la misma ciudad de Ibiza, o su entorno más inmediato, se han encon- trado alfares, testares y depósitos o pozos con productos de hornos, donde se producían ánforas pero también cerámica de cocina, de almacenaje y servi- cio, cerámicas finas y vajilla de mesa. Esta vajilla engobada ebusitana aparece en relación con su propia área de producción, con vasos locales y otros de im- portación que han permitido fechar bien estos materiales entre los siglos IV y III a.C. (Ramón, 1997; 2011).

Características técnicas

Desde el principio (Del Amo, 1970) parecía que hubiese dos clases diferen- tes: “grises ibicencas” y “rojas ibicencas”, aunque en realidad fue una misma clase cerámica cocida a fuego reductor u oxidante en los mismos hornos, con tipología formal y cronologías semejantes, aunque con ligeras diferencias.

Pasta: arcilla depurada y fina, con grandes diferencias en la cocción que las hacen presentar desde una consistencia dura y casi metálica (rara), a un

137

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

aspecto de pasta blanda, dehiscente, que mancha los dedos, de sonido apagado (más frecuente).

El color es variable en los dos tipos de cocción, pero uniforme en to- da la pieza. En cocción reductora predomina un tono gris plomizo, con variaciones desde gris oscuro al gris verdoso.

En cocción oxidante predominan los tonos ocre anaranjado u ocre claro. Las piezas de color claramente rojo u anaranjado coinciden con las de pastas duras y sonoridad metálica, mientras que las amarillentas parecen haber sufrido una cocción más irregular, con frecuentes grietas y vacuolas, y el tacto dehiscente ya mencionado.

Los análisis cualitativos y cuantitativos sobre algunas de estas cerámi- cas engobadas han determinado su carácter calcáreo y asocian a coccio- nes reductoras a las de color gris pero también a algunas con pastas gris claro o blancuzcas (¿amarillentas?) y engobes castaño-anaranjados, que se obtienen por “sobrecocciones poco severas o severas” (Buxeda y Cau, 1998: 112 -113). Esta apreciación no invalida la existencia de una varian- te de vajilla engobada en cocciones oxidantes, que dan pastas de colores rojos o anaranjados, con engobes que llegan al rojo coral, de consisten- cia dura y superficie lisa, ya mencionada.

Las arcillas deben proceder de un área común de la isla. Los aspec- tos finales se deben a diferentes situaciones de cocción en el horno (Bu- xeda y Cau, 1998: 112-113) y a que habría multiplicidad de centros pro- ductores dentro del mismo territorio insular.

Barniz: la cubierta no está formada por un engobe semivitrificado del tipo de las cerámicas áticas, “campanienses” o sigillatas, lo que denominamos “barniz”. Estas cerámicas ibicencas llevan un engobe bastante diluido aplicado por inmersión antes de la cocción, dejando el fondo externo de la base y la parte inferior de la pared externa en reserva. Dada su poca densidad, es absorbido por la superficie de manera irregular, depositán- dose en mayor proporción por el interior del vaso y de manera más dé- bil por el exterior.

En las cocidas a fuego reductor, el color de la cubierta es gris, con to- nalidades variables. El aspecto es casi siempre mate, aunque algunos ejemplares tienen cierto brillo y un tacto jabonoso, similar al de otras producciones reducidas como la “C” siracusana, consecuencia de some- ter al vaso a una cocción reductora y a un enfriamiento también reduc- tor (Morel y Picon, 1994: 44).

138

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

Con el fuego oxidante el color de la cubierta es muy variable, aunque predominan los tonos rojizos o castaños sobre los negros o grises. Las más frecuentes tienen un color entre ocre-castaño y ocre-amarillento, con varios tonos en la misma pieza

Tipología (Fig. 77): las formas más antiguas imitaron prototipos áticos de los siglos V y IV a.C. Las más abundantes son cuencos y copitas, cuyos pro- totipos áticos se encuentran en los ajuares de la misma necrópolis del Puig des Molins.

J ORDI P RINCIPAL / A LBERT R IBERA I L ACOMBA Con el fuego oxidante

77. Tipología ebusitana

139

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

La mayor parte del repertorio es de los siglos III y II a.C., formado por otro tipo de vasos. Las formas más frecuentes son el plato de pesca- do Lamb. 23, la pátera Lamb. 55, la copa de borde reentrante Lamb. 26 y el cuenco Lamb. 27, además del plato Lamb. 36 y el cuenco profundo Lamb. 31. Hay una veintena más de formas, entre ellas páteras y platos de diversa factura.

En general, no imitan fielmente los vasos itálicos de barniz negro y algunas formas serían más de filiación púnica u occidental que tirrénica (Guerrero, 1980: 169). Es una vajilla conservadora, de larga duración, ya que algunas formas aparecen en contextos de inicios del siglo III hasta finales del siglo II a.C. Vendría de una tradición cerámica púnica (Gue- rrero, 1980: 171) que arrancaría desde las producciones del llamado “barniz rojo occidental” y que aparece también en época helenística en Cerdeña (Campanella, 1999) o el área del Estrecho (Ponsich, 1968; Ni- veau de Villedary, 1999; 2003) además de la propia Ibiza, que refleja en su vajilla la variedad formal de su entorno.

Faltaría una tipología actualizada y completa sobre estas cerámicas.

Decoración: decoración impresa de rosetas y palmetas, a veces combinadas entre sí, la mayoría semejantes a las de producciones coetáneas de bar- niz negro (“Pequeñas Estampillas”, “Talleres de Roses”, Campaniense A) y otras totalmente originales o de influencia púnica.

Las rosetas aparecen solas en el fondo de cuencos profundos o poco profundos (Lamb. 26, 28, 23). En algún caso, se combinan con otras del mismo cuño, como en las “Pequeñas Estampillas”, o en posición central rodeadas de otras estampillas, normalmente palmetas.

Las palmetas, de tipología muy variada, aparecen agrupadas radial- mente alrededor del fondo interno en grupos de tres o cuatro, muy jun- tas y a veces unidas por su base, recordando a los productos más anti- guos de la Campaniense A, los vasos del Grupo Byrsa 401 o a producciones oxidantes o reductoras engobadas del área del Estrecho y ambiente púnico, como las de Kuass o del golfo de Cádiz (Ponsich, 1968; Niveau de Villedary, 1999; 2003). En una fase más tardía (siglo II a.C.) las estampillas se disponen radialmente de forma más abierta en el fondo interno, a veces incluso rodeadas de una o varias filas de estrías, como en las cerámicas de barniz negro. Algunas hojas trilobuladas, co- mo de hiedra, remiten también al siglo II a.C.

En algunos ejemplares encontramos decoración pintada: círculos o
140 bandas concéntricas blanquecinas alrededor del fondo interno, como los

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

que aparecen en la Campaniense A del siglo II a.C. (Pérez Ballester,

2008).

Cronología: es muy amplia. Las que imitan las áticas serían del siglo IV a.C., aunque falten contextos fiables. Las más frecuentes se reparten entre el siglo III a.C., especialmente en su segunda mitad, y el siglo II a.C., con fechas semejantes a sus prototipos “campanienses”. La práctica ausencia de imitaciones del barniz negro de Cales, frecuente en la isla, hace pen- sar que esta producción acabaría en el último tercio del siglo II a.C.

Difusión: las formas con prototipos áticos de los siglos V y IV a.C. se en- cuentran sólo en la isla y preferentemente en la necrópolis del Puig des Molins. Las posteriores aparecen en la costa oriental de la Península Ibérica, y son especialmente numerosas en la antigua Carthago Nova, donde supone el 30% de la vajilla de mesa de época prebárquida y Bár- quida (Ruiz Valderas, 2004); y más allá de su área de influencia, en la ne- crópolis y poblado de Los Nietos (Mar Menor, Cartagena), necrópolis de El Cabecico del Tesoro (Murcia), necrópolis de La Albufereta de Ali- cante, poblados de La Escuera (Alicante) y La Alcudia de Elche. Hay una concentración importante en el asentamiento costero del Tossal de la Cala (Benidorm) y una dispersión menor en los asentamientos ibéri- cos del interior del territorio valenciano (Page, 1984: 164-179; Bonet y Mata, 1988), donde llegarían acompañando a las ánforas púnico-ebusi- tanas coetáneas que se hallan en estos mismos yacimientos. Sólo algún ejemplar aislado ha aparecido al norte del río Turia, llegando a Catalu- ña desde el Ebro hasta Emporion y Ullastret (Bonet y Mata, 1988: 18; Principal, 1998), donde abundan las importaciones anfóricas ebusitanas desde el siglo IV a.C. Fuera de la Península Ibérica y las islas, han apa- recido en diversos puntos del norte de África, concretamente en la ne- crópolis de Les Andalouses en Argelia.

II. 8. 3. Barniz negro del entorno gaditano: los talleres de Kuass

La cerámica tipo Kuass (Asillah, Marruecos) tomó el nombre de los alfares donde se describieron por primera vez por Michel Ponsich (1968). Desde ese momento se le atribuyó un origen norteafricano, aunque posteriormente se ha demostrado que es una producción (Fig. 78) que debería situarse más ha- cia el extremo occidental del Mediterráneo, cuyo centro productor principal estaría en la bahía de Cádiz. Ahora, el tipo Kuass es una cerámica de barniz rojo (Fig. 79) púnico-gaditano que imitó a la última vajilla ática exportada en

141

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS 78. Desecho de cocción de Kuass, foto: A.

78. Desecho de cocción de Kuass, foto: A. Saéz

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS 78. Desecho de cocción de Kuass, foto: A.

79. Pieza de Kuass, foto: A. Saéz

occidente a finales del siglo IV a.C. Como las ibicencas, sus superficies adop- taron tonalidades rojas o castañas, de gusto púnico, y se decoraron con pal- metas y rosetas en el fondo interno de los vasos. Destaca su abundancia en las necrópolis gaditanas (Niveau de Villedary, 2000).

Este grupo se incluiría en lo que Morel definió como “producciones punici- zantes” (Morel, 1979: 1580), atribuibles al área cultural púnica, que engloba parte de África del norte, Sicilia occidental, Cerdeña, Islas Baleares y sureste

142

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

y mediodía de la Península Ibérica, que comparten rasgos de una koiné cultu- ral púnica (Morel, 1992: 218). En esta área se conjugaría la continua capaci- dad de imitación con la capacidad creativa, lo cual da como resultado produc- tos de calidad diversa. La tradición púnica se manifestó en las pastas grises por las cocciones reductoras, o las tipo “sándwich” por doble cocción. Es normal el uso de arcilla con impurezas y de barnices de no excesiva calidad. Otro rasgo púnico son las estampillas cruciformes, que es el motivo decora- tivo más característico (Morel, 1992: 221-222). También hubo preferencia por ciertas formas, como los platos de pescado, los pequeños jarritos o enó- coes, las copas Lamb. 28 y los bolsales (Niveau de Villedary, 2008; 2011).

Surgieron en un momento de “reestructuración” del equilibrio mediterrá- neo, cuando la dinámica de producción y circulación de los talleres “proto- campanienses” quedó reducida a un “circuito interno” de distribución (Prin- cipal, 1998: 176), sin tendencia a la comercialización ultramarina, lo que se tradujo en una “regionalización” de los intercambios y en el autoabasteci- miento de cada círculo con sus propios productos. En esta interpretación, la cerámica tipo Kuass sería la vajilla helenística “protocampaniense” del área gaditana y su distribución se realizaría en un “circuito interno”, el denomi- nado “Círculo del Estrecho”, la zona de influencia de Gadir.

Tipología: vajilla de inspiración helenística con formas de pequeño y media- no tamaño de mesa, aunque determinados recipientes cumplirían fun- ciones suntuarias y rituales.

Se ha creado una nueva tipología (Fig. 80) con 17 formas, definidas en base a criterios formales y funcionales, subdivididas en tipos y varian- tes de acuerdo a atributos secundarios.

Las primeras seis formas serían platos (más anchos que profundos). Numéricamente destacan los platos de pescado o Forma II, seguidos a distancia por la Forma I y III, de posible función ritual (fíalas o páteras de libaciones). Las Formas IV, V y VI, escasamente representadas, son perfiles más evolucionados de la última fase de los talleres. Las Formas VII y VIII se consideran copas para beber. Las Formas IX y X son cuen- cos multifuncionales muy numerosos, alguno de uso ritual (Tipos IX-B y IX-C), visto donde aparecen. Las lucernas, Forma XVI, aúnan ele- mentos griegos con la tradición local (Niveau de Villedary, 2008).

En los espacios de habitación, los vasos de tipo Kuass cubren un ser- vicio de mesa e iluminación. En las necrópolis el repertorio es una vaji- lla al servicio de la liturgia funeraria, de ahí las diferencias en la compo- sición de la vajilla, la estética y las características técnicas.

143

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

E L MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS 80. Tipología de Kuass 144

80. Tipología de Kuass

144

JORDI PRINCIPAL / ALBERT RIBERA I LACOMBA

Cronología: es un fósil-guía fiable para el siglo III a.C. Se diferencian tres fases:

La etapa inicial, entre finales del siglo IV y comienzos del III a.C., de buena calidad técnica, con barniz espeso, rojo, brillante y uniforme, aplicado a pincel sobre toda la superficie. Los esquemas decorativos son diseños estilizados de ejecución cuidada, herederos de la tradición ática. El más frecuente son cuatro palmetas, ligadas por la base y festoneadas.

La mayoría del repertorio inicial reproduce fielmente los últimos va- sos áticos, destacando los platos de pescado (Lamb.23, Forma II), los pe- queños platos Forma III, bolsales Forma VII, copas Lamb. 22/Forma VIII, cuencos Lamb.21/Forma IX, saleritos Lamb. 21-21/25 B/Forma IX-C, ungüentarios Forma XV y lucernas helenísticas Forma XVII.

La segunda fase, de la segunda mitad del siglo III a.C., coincidió con el apogeo. Acusada diversidad tecnológica por la generalización de la producción y su mayor expansión. Se fijó el repertorio local, mantenien- do algunos tipos anteriores (bolsales, platos de pescado, etc.) e introdu- ciendo innovaciones, con formas propias creadas de las áticas y de algu- nos tipos locales.

La última etapa fue de simplificación del repertorio propio y la adop- ción de nuevas formas, relacionadas con Campaniense A. Desde fines del siglo III a. C. se estandarizó la producción, las formas se simplifica- ron y los tipos más cuidados y decorados desaparecieron. Sería un fenó- meno común al conjunto de talleres mediterráneos. Esta tercera fase se extendió a la primera mitad del siglo II a.C., hasta desaparecer ante la competencia de las vajillas itálicas.

Distribución: su fabricación y presencia en ambas orillas del Estrecho es bastante significativa para demostrar la unidad económica y cultural del extremo occidente púnico. Aparece en la bahía de Cádiz y en la mayor parte de yacimientos costeros, desde el Algarve a Villaricos y costa nor- occidental de África, zona integrada en el área púnico-gaditana.

Dentro de un “segundo círculo”, se incluye el tramo medio-final del valle el Guadalquivir, hoy interior pero en la Antigüedad bañado por el Lacus Ligustinus. Hay cerámica tipo Kuass en otros puntos del Medite- rráneo occidental, acompañando como elementos subsidiarios a otros productos gaditanos, caso de las salazones.

En principio, la distribución de las primeras producciones hubo de ser limitada, reducida a la zona próxima a los centros productores de la

145

EL MATERIAL MÁS APRECIADO POR LOS ARQUEÓLOGOS

bahía de Cádiz. En la segunda fase, la vajilla no sólo se distribuyó por todo el Círculo del Estrecho sino que puntualmente y como consecuen- cia del tráfico comercial gaditano, las encontramos en los principales puertos mediterráneos (Niveau de Villedary, 2008).

II. 8. 4. Otras imitaciones

A partir del siglo I a.C., en Hispania aumentaron exponencialmente en can- tidad y diversidad las imitaciones de la vajilla fina (Principal, 2008; Roca y Principal, 2007), al tiempo que, a mediados de siglo, se iba produciendo la desaparición de las cerámicas de barniz negro y su sustitución por las de bar- niz rojo, la denominada terra sigillata.

146