“Ya he empezado a poner en marcha lo aprendido y mi familia está maravillada con los logros

,
pero sobre todo me siento muy satisfecha de poder realizar lo que más me gusta. Tuve la gran
oportunidad de confeccionarle unas prendas a la Coordinadora del Módulo de Desarrollo
Sustentable; y me llena de orgullo, satisfacción y motivación saber lo que puedo lograr con la
carrera de Modista en Corte y Confección del Instituto Maurer. Mil gracias.”
Dalet Cruz Galeana.
Santiago Juxtlahuaca, Oax.
“Me ha dado enorme satisfacción y beneficios estudiar este curso de Guitarra pues siempre me
ha fascinado la música, y aunque ya sabía algo, con este curso he perfeccionado y aprendido cosas
nuevas. Ahora ya hasta recibí mi primer sueldo como “músico” al enseñar a unos compañeros.
Me he integrado a una banda de rock como guitarrista y líder y soy capaz de interpretar “solos”
de Beatles, Guns & Roses, Maná, Caifanes, etc., y todo esto gracias al Instituto Maurer.”
Luis Jesús Jacobo G.
Salamanca, Gto.
“Aunque ya tenía tiempo realizando esta actividad no contaba con las técnicas suficientes para
complementar la práctica. Ahora con el curso de Instructor de Pilates me siento más segura en
mi desempeño y con toda confianza puedo planear mis rutinas y transmitirlas a otras personas,
explicando la razón de cada ejercicio y sus beneficios. Esto me ha dado mayor credibilidad y
confianza.”
Margarita Medina M.
San José del Cabo, B. C. Sur.
“Me gusta el método y la forma en que nos enseñan el Inglés, gracias a ustedes es más fácil
aprenderlo y practicarlo. Con el Sistema Maurer ahorro mucho tiempo porque no tengo que estar
consultando el diccionario, solo hay que disciplinarse para estudiarlo. ¡Me encanta su sistema,
buena idea!
Ruth Ojeda Rivera.
Cuautla, Mor.
“No tengo palabras para expresar lo que siento, el conocimiento actual de la Psicología me permite
entender mi trabajo y a quienes dependen de mí, y ya me ofrecieron un mejor puesto cuando
termine el curso. La forma en que están redactados los manuales de estudio es perfecta, lo
considero un sistema pedagógico de alto nivel que permite a los alumnos aprender con resultados
profesionales. Gracias Instituto Maurer ustedes son mucho más de lo que yo esperaba.”
Saúl López Fernández.
Boca del Río, Ver.

EL ESCLAVO.

(Fragmento del libro de Francisco J. Ángel Real).
Disfruta de tus relaciones sin hacer dramas. Si pretendes que todos hagan
lo que tú quieres o que sean como tú has decidido, si pretendes controlar a los
que te rodean, llenarás tu vida de conflictos.
Permite a otros que tomen sus propias decisiones como has de tomar las
tuyas, tratando siempre de lograr lo que es mejor para todos. Así podrás llenar
tu vida de armonía.
Y por último, ¿qué estás esperando para empezar a disfrutar de tu vida?,
¿que se arreglen todos tus problemas?, ¿que se te quiten todos tus traumas?,
¿que por fin alguien reconozca tu valía?, ¿que llegue el amor de tu vida?, ¿que
regrese el que se fue?, ¿que todo te salga como tú quieres?, ¿que se acabe la
crisis económica?, ¿que te suceda un milagro?, ¿que por arte de magia todo sea
hermoso y perfecto?
¡Despierta ya hermano!, ¡Despierta ya hermana!, ¡Esta es la vida!
La vida no es lo que sucede cuando todos tus planes se cumplen, ni lo que
pasará cuando tengas eso que tanto deseas.
La vida es lo que está pasando en este preciso instante. Tú vida en
este momento es leer este párrafo, donde quiera que lo estés haciendo y con las
circunstancias que te rodean ahora.

¿Tú de qué eres esclavo? ¿De las heridas que recibiste cuando eras
pequeño?, ¿de tus traumas de la infancia?, ¿de lo que alguien más decidió que
fueras?, ¿de una relación que no te satisface?, ¿de un trabajo que no disfrutas?,
¿de la rutina de tu vida?
¡Ya libérate!
Tira ya ese costal que llevas en la espalda en el que guardas el resentimiento,
el rencor y la culpa. Deja ya de culpar a otros y a tu pasado por lo que no marcha
bien en tu vida. Cada día tienes la oportunidad de empezar otra vez. Cada
mañana, al abrir los ojos, naces de nuevo, recibes otra oportunidad para
cambiar lo que no te gusta y para mejorar tu vida. La responsabilidad es toda
tuya. Tu felicidad no depende de tus padres, de tu pareja, de tus amigos, o de
tu pasado, depende solo de ti.
¿Qué es lo que te tiene paralizado?, ¿el miedo al rechazo?, ¿al éxito?, ¿al
fracaso?, ¿al que dirán?, ¿a la crítica?, ¿a cometer errores?, ¿a estar solo?
¡Rompe ya las cadenas que tu mismo te has impuesto!
A lo único que le debes tener miedo es a no ser tú mismo, a dejar pasar tu
vida sin hacer lo que quieres, a desaprovechar esta oportunidad de mostrarte
a otros, de decir lo que piensas, de compartir lo que tienes.
Tú eres parte de la vida y como todos, puedes caminar con la frente en alto.
Los errores del pasado ya han sido olvidados y los errores del futuro serán
perdonados. Date cuenta de que nadie lleva un registro de tus faltas, solo tú
mismo. Ese juez que te reprocha, ese verdugo que te castiga, ese mal amigo que
siempre te critica, ¡eres tú mismo! Ya déjate en paz, ya perdónate, sólo tú puedes
lograrlo.
¿Cuándo vas a demostrar tu amor a tus seres queridos?, ¿Cuándo te queden
unos minutos de vida?, ¿Cuándo les queden a ellos unos minutos de vida?
El amor que no demuestres hoy, se perderá para siempre. Recuerda que la
vida es tan corta y tan frágil que no tenemos tiempo que perder en rencores y
estúpidas discusiones. Hoy es el día de perdonar las ofensas del pasado y de
arreglar las viejas rencillas. Entrégate a los que amas sin esperar cambiarlos,
acéptalos tal como son y respeta el don más valioso que han recibido: Su libertad.

En este momento tu corazón lleva sangre a todas las células de tu cuerpo
y tus pulmones llevan oxígeno a donde se necesita. En este momento algo que
no podemos comprender te mantiene vivo y te permite, ver, pensar, expresarte,
moverte, reír, ¡hasta llorar si quieres!
No te acostumbres a despertar todos los días y estar aburrido, o
malhumorado, o preocupado. Abre tus ojos y agradece todas las bendiciones:
que puedes ver, tu capacidad de oír el canto de los pájaros, tu música preferida,
la risa de tus hijos. Pon tus manos en tu pecho y siente tu corazón latir con
fuerza diciéndote:
“Estás vivo, estás vivo, estás vivo”.
Yo sé que la vida no es perfecta, que está llena de situaciones difíciles. Tal
vez, así es como se supone que sea. Tal vez por eso se te han brindado todas las
herramientas que necesitas para enfrentarla: Una gran fortaleza que te permite
soportar las pérdidas, la libertad de elegir como reaccionar ante lo que sucede,
el amor y el apoyo de tus seres queridos.
Sé también que tú no eres perfecto, nadie lo es. Y sin embargo, millones de
circunstancias se han reunido para que existas. Fuiste formado a partir de un
diseño maravilloso y compartes con toda la humanidad sus virtudes y defectos.
Así está escrito en tus genes, en los genes de todos los seres humanos que han
existido y en todos los que existirán.
Tus pasiones, tus miedos, tus heridas, tus debilidades, tus secretos y tu
agresión, los compartes con todos tus hermanos. ¡Bienvenido a la raza humana!
Esos supuestos defectos son parte de tu libertad, parte de tu humanidad.
Si te preguntas ¿Quién soy yo para decirte todo esto?
Te contestaré que no soy nadie, soy simplemente una versión diferente de
lo que tú eres. Otro ser humano más entre miles de millones, pero uno que ha
decidido ser libre y recuperar todo el poder de su vida.

Ojalá tengas oportunidad de leer el libro, te será de mucha utilidad.

Un hombre estaba perdido en el desierto, destinado a morir de sed. Por suerte, llegó a una cabaña vieja,
destruida, sin ventanas y sin techo.
El hombre anduvo por ahí y se encontró con una pequeña sombra donde acomodarse para protegerse del
calor y el sol del desierto. Mirando a su alrededor, vio una vieja bomba de agua toda oxidada. Se arrastró
hacia allí, tomó la manivela y comenzó a bombear, a bombear y a bombear sin parar, pero nada sucedía.
Desilusionado, cayó hacia atrás, y entonces notó que a su lado había una botella vieja. La miró, la limpió de
todo el polvo que la cubría, y pudo leer que decía: "Usted necesita primero echar en la bomba toda el agua
de esta botella mi amigo, después, por favor tenga la gentileza de llenarla nuevamente antes de marchar."
El hombre destapó la botella, y vio que estaba llena de agua... ¡llena de agua! De pronto, se vio en un dilema:
si bebía aquella agua, él podría sobrevivir, pero si la vertía en esa bomba vieja y oxidada, tal vez obtendría
agua fresca bien fría del fondo del pozo, y podría tomar toda el agua que quisiese, o tal vez no, tal vez, la
bomba no funcionaría y el agua de la botella sería desperdiciada.
¿Usted, qué haría?
¿Echar el agua en la bomba y bombear para que salga agua fresca? o, ¿beber el agua de la vieja botella e
ignorar el mensaje?
¿Se arriesgaría a confiar en aquellas instrucciones escritas sabrá Dios por quién y cuánto tiempo atrás?
El hombre tomó una decisión: echó toda el agua en la bomba, agarró la manivela y comenzó a bombear, y la
bomba comenzó a rechinar, pero ¡nada pasaba!
La bomba continuaba con sus ruidos y entonces de
pronto surgió un hilo de agua, después un pequeño flujo
y finalmente, el agua corrió con abundancia... Agua
fresca, cristalina.
Llenó la botella y bebió ansiosamente, la llenó otra vez y
tomó aún más de su contenido refrescante. Enseguida, la
llenó de nuevo hasta arriba para el próximo viajero, tomó
la pequeña nota y añadió otra frase: "Créame…funciona".
El poder del hombre es ilimitado cuando confía
plenamente en obtener lo que desea. ¡Cree en tí mismo!

El Abuelo Navidad no vino en un trineo empujado por cuatro renos de narices rojas,
por lo menos eso fue lo que dijo tan pronto cruzó la puerta:
—Ese bendito auto, se supone que tiene no sé cuántos caballos de fuerza pero
cuando se daña es como si tuviera treinta chivos enfermos.
Pasó directo al baño mostrándonos las manos negras de grasa y cuando salió ya las
tenía limpias.
—Ahora sí, dijo sonriente, ¿dónde están mis queridos nietos?
Vi cómo levantaba a mis primos y decía:
—A ver, tú eres Mateo, ¿no es cierto? Y tú Silvina, claro, y tú Andrés, ¿no? y tú
Alondra, qué niña tan preciosa.
De pronto, se quedó con Alondra levantada, como buscando en el aire una vaca
voladora. Fue entonces cuando me miró.
—Ven, me dijo sonriendo, ven a saludar al Abuelo Navidad. Yo corrí y dos brazos
enormes me atraparon. Mis demás primos se amontonaron alrededor preguntando
qué les había traído.
Jo, jo, jo, rió, y se le cayó la barba blanca; quedó convertido otra vez en el abuelo
Víctor, pero sólo un segundo porque tan pronto como se volvió a poner la barba,
otra vez volvió a ser el Abuelo Navidad y empezó la fiesta:
A mí me tocó una patineta, una camiseta de la selección y una pelota. Me fui
corriendo a poner la camiseta, y cuando regresé me dieron ganas de subir de un
salto a la patineta: ahí empezó mi desgracia porque rodé de espaldas bajo la mesa;
para no seguir rodando me cogí del mantel y cuando saqué la cabeza el plato de la
ensalada de tomates estaba desparramado sobre el vestido nuevo de mi tía
Albertina y la mirada de todos estaba fija sobre ella.

— De los niños sí, de los monstruos no, dijo la tía Norma justo antes de pisar mi
patineta y rodar bajo la mesa, desde donde jaló el mantel con tanta fuerza que el
pavo fue a caer sobre los zapatos nuevos de la abuela Dorotea.
Al otro día mis primos estuvieron de acuerdo en que esa había sido la mejor fiesta
de sus vidas, pero nunca les conté, lo que me pasó con el Abuelo Navidad. El
simplemente me tomó de la mano y me sacó. Me dijo que se le había olvidado un
regalo, que lo acompañara.
—Claro, dije con alivio.
Ya en las calles llenas de luces que parpadeaban, empecé a ver grupos de niños que
corrían tras los carros. No alcancé a preguntar nada pues cuando el abuelo Víctor
paró en un semáforo y de inmediato se nos abalanzaron muchos niños
golpeándonos con las manos las ventanillas, las puertas, el parabrisas y hasta el
vidrio de atrás; mi abuelo, en lugar de ponerse furioso, sacó puñados de caramelos
de una bolsa de plástico. Por un momento vi sus caras iluminadas por la emoción
mientras recibían los caramelos. Ya había visto otras veces niños pidiendo dulces,
pero esa era una verdadera invasión: estaban por todos lados, corriendo y gritando
"Deme mi Navidad".
Cuando el abuelo Víctor movió el auto, yo no podía aguantarme las ganas de
preguntar.
—Abuelo, ¿de dónde salen?
—Del otro lado, me respondió con la voz ronca.
Entonces supe que el "otro lado" estaba en la misma ciudad donde vivíamos, pero
un poco más lejos de las calles luminosas, en los cerros, en las calles oscuras, en
los barrancos, bajo los puentes, sobre los árboles, en las coladeras… Y supe algo
que nunca antes me había contado, que él mismo venía del "otro lado".

Parecía como si nadie lo pudiera creer, pero sí, la ensalada estaba desparramada
sobre ese vestido nuevo, de eso no había duda.

—Sí, me dijo al verme la cara de sorpresa: cuando yo era niño, vivía en el "otro
lado". A veces no teníamos qué comer, Pablito, éramos muy, muy pobres.

Salí corriendo hacia la sala, pero me di cuenta de que Andrés trataba de quitarle a
la fuerza su muñeca nueva a Alondra, pero quiero aclarar que yo apunté la pelota
a la mano de Andrés, no al jarrón con dibujitos dorados.

Entonces me explicó por qué ahora le gustaba disfrazarse de Abuelo Navidad: para
hacer felices a los niños, dijo, porque él creía que su vida no tenía sentido sino daba
a manos llenas.

Tampoco es cierto que yo le haya sacado la peluca nueva a la tía Josefa, sino que
por arrancarle la muñeca, esta salió volando y le pegó en la cabeza a la tía, que en
esos momentos tenía un vaso de vino en la mano.

Todo eso me contó el abuelo como si fuera un secreto entre él y yo nada más,
mientras íbamos y volvíamos regalando, en cada semáforo, caramelos a cuatro
manos.

Tampoco tuve nada que ver con la camisa manchada de vino de mi tío Luis, ni con
la corbata quemada de mi papá, ni con el ojo morado de la tía Norma. Qué culpa
voy a tener que en ese momento mi papá estuviera prendiendo un cigarrillo y se
le cayera el fósforo sobre la corbata nueva y que del susto le pegara un cabezazo
a la tía Norma.

Después me di cuenta de que el regalo que faltaba, era ese largo y hermoso paseo
con él, con el Abuelo Navidad, en plena Nochebuena.

—Ahora sé por qué te dicen terremoto, gritó la tía Josefa.
—¿Terremoto? gritó la tía Albertina, huracán, querida.
—¡Pablo Javiiieeerr!, chilló mi mamá.
—Ya, dijo el Abuelo, tranquilos todos, entiendan que fue apenas un accidente y
que es Navidad, la fiesta de lo niños.

Edgar Allan García. Ecuador.

Que hay otros que nunca te olvidan.
Que siempre habrá un arco iris después de una tormenta.
Que debes celebrar las cosas maravillosas que hay en ti.
Que siempre podrás comenzar de nuevo
Cuántas sonrisas pueden llenar un día.
Que tus anhelos serán una realidad si te lo propones.
Encontrar tiempo para apreciar la vida y tiempo para compartir tu riqueza
espiritual.
Que tu presente es un regalo, y tu futuro otro más
Agregar una página dorada al diario de cada nuevo día, para convertir
"la felicidad eterna" en eterna felicidad.

EN INSTITUTO MAURER
Seguiremos sembrando las semillas del conocimiento para que den
abundantes frutos de bienestar para ti y tu familia.

¡Feliz Navidad!

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